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ensayo de secundaria

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martes 15 de enero de 2008

LA EDUCACIÓN SECUNDARIA EN MÉXICO
LA EDUCACIÓN SECUNDARIA EN MÉXICO La educación secundaria en México ha representado, representa y representara uno de los más grandes retos del Sistema Educativo Nacional. En el transcurso de este trabajo pretendo dar a conocer a ustedes, la realidad de la Educación Básica en su nivel de Secundaria y con mayor énfasis en la modalidad de Telesecundaria. Los temas que se abordaran son cobertura educativa, deserción escolar, Eficiencia Terminal, calidad, rezago entre otros de suma importancia para toda la población ya que recordemos, un pueblo mejor educado tiene mas posibilidades de progresar, además la tarea educativa no solo es responsabilidad de la escuela, el maestro, el alumno y los padres de familia, si no de toda la sociedad, porque México lo hacemos todos y no unos cuantos. La escuela secundaria inicia en la década de los 60, a partir de entonces se empieza a incrementar la escolaridad de la población. Hoy por hoy se conocen diversas modalidades: técnicas (agropecuarias, pesqueras, industriales), generales, telesecundarias, para trabajadores y las privadas. Este nivel educativo tiene una reciente incorporación a la educación básica, en 1993 al mismo tiempo que se pone en marcha la Ley General de Educación la secundaria se vuelve obligatoria, gratuita y laica para todos los individuos, por lo que a partir de entonces se inicia una fuerte lucha, el gobierno mexicano expande la cobertura hasta los lugares mas lejanos con el propósito de garantizar una educación democrática y universal, pero es sabido que a 15 años de trabajo no se ha logrado satisfacer la demanda educativa en un 100%, si bien es cierto se han dado apoyos pero no es suficiente. No podemos decir que hemos triunfado en materia de cobertura mientras en estados como Guerrero, Chiapas, Veracruz, Oaxaca y Jalisco se concentra el 49% de escuelas multigrado, e incluso algunas que ni siquiera tienen instalaciones dignas para dar una clase, como se pueden llamar telesecundarias cuando ni Televisión tienen, esto refleja la incapacidad del

gobierno para cubrir las necesidades del Sistema Educativo Nacional. Además, de todos los niveles educativos existentes en el país, la secundaria es a la que menos se destinan recursos. El gasto educativo por alumnos en México es de 15% del PIB per cápita, mientras el promedio de los países de la OCDE es de 23%. No obstante se da mayor a poyo a la educación media superior y superior. Por otro lado el preescolar y primaria reciben más apoyo que la secundaria pero aun así es inferior al de la OCDE. El número de escuelas secundarias han crecido pero se ha dejado a un lado la calidad que se brinda, por lo que ahora lo prioritario no es llegar a todos, sino darles una educación de calidad que les sirva para incorporarse a la vida social del país, debemos darles las suficientes armas para enfrentar con éxito este mundo tan hostil. De entre todas las modalidades se ha hecho mucha critica a la Telesecundaria por los bajos resultados obtenidos en pruebas nacionales como PISA y/o ENLACE, pero no se han considerado muchos factores, uno de los mas importantes es entender que no fue diseñada para atender a grandes masas, por tanto la diversidad de su demanda ha crecido de manera significativa haciendo mas difícil el cumplimiento del carácter propedéutico o terminal de la educación básica. Aunado a esto la Telesecundaria se ubica en zonas rurales donde generalmente el apoyo de las autoridades gubernamentales es casi nulo y la influencia del contexto tiene consecuencias radicales. Me refiero a un apoyo casi nulo, ya que durante las visitas de observación realizadas me he percatado en base a entrevistas con los directivos que la única ayuda del gobierno son los salarios del personal, mientras las necesidades de la escuela se cubren con cuotas voluntarias de los padres de familia. Por otro lado la influencia del contexto se ve reflejada en el aprovechamiento de los alumnos por ejemplo: como pueden las autoridades comparar una escuela privada con una del medio rural, si las condiciones de alimentación y atención por parte de los padres son muy diferentes, otro aspecto importante son las motivaciones de los alumnos así como sus aspiraciones y proyectos a futuro, algunos estudian por tener mejores

posibilidades de empleo, otros por seguir recibiendo el programa de OPORTUNIDADES, y unos mas por que al finalizar la secundaria tienen la edad suficiente para poderse ir a los Estados Unidos en busca del sueño americano. Significando esta ultima una causa de la deserción escolar, entre otras como la reprobación ya que en comunidades rurales e indígenas es común ver que los padres sacan de la escuela a sus hijos por reprobar el año, situación mas notoria en las niñas. Es aquí donde nos enfrentamos ante una gran interrogante ¿Reprobar o no reprobar en educación básica? Cuando sabemos que nuestra decisión puede truncar las oportunidades de una persona. Cabe mencionar la gran importancia otorgada a las evaluaciones realizadas por el INEE de manera estandarizada para saber el aprovechamiento de los alumnos, lo malo de esto es que se le ha dado otras interpretaciones, como la comparación entre modalidades y regiones, cuando las evaluaciones deberían de utilizarse como un instrumento para medir alcances y limitaciones así como un medio por el cual se pueden realizar propuestas pedagógicas y políticas educativas que favorezcan un mejor aprovechamiento de los alumnos en la adquisición de conocimientos y en un mejor desempeños del docente que cumpla con los propósitos establecidos en el plan y programa de estudios vigente. Pues como lo expresa muy atinadamente Silvia Schmelkes “La evaluación en si no causa la calidad de la educación; pero sin evaluación, no es posible lograr mayor calidad educativa”. CONCLUSION Reconozco el esfuerzo que el Gobierno de la República ha hecho para mejorar la situación educativa en México, sin embargo no es suficiente, aun falta mucho. La cobertura de primaria esta cubierta en casi el 100% pero el 70% de secundaria no es satisfactorio aun, por lo que es necesario dar continuidad a este trabajo y no dejarlos inconclusos como el proyecto de Enciclomedia en secundarias que lo único que a causado son mas problemas debido a la desorganización, seguido de esto cabe mencionar que los libros de la reforma educativa de 2006 fueron diseñados en gran medida con bases en

este nuevo recurso tecnológico, las capacitaciones y libros no llegaron a tiempo y del recurso tecnológico pues que decir, solo nos queda esperar. Los retos del Sistema Educativo Nacional se extienden cada ves mas, hacia el logro de una verdadera calidad educativa ofreciendo a la población una educación que valga la pena. Por otro lado debemos interesarnos no solo en la entrada de los alumnos a las secundaria si no mas bien en su permanencia de ahí la frase “Entrar, estar y salir”. Para finalizar un punto muy importante no exijamos a las secundarias y muy especialmente a las Telesecundarias buenos resultados en pruebas internacionales que nos comparan con países primermundistas, cuando el apoyo y las condiciones que se viven no son las mismas, es mas, la carga curricular de nuestro sistema es superior al de cualquier otro, las desventajas son abismales y las criticas no se dejan esperar. No exijamos si no apoyamos. Para lograr una mejor calidad educativa y todo lo anterior (cobertura, deserción y formación) es necesario sumar esfuerzos, debemos compartir la responsabilidad de hacer de México un país con más y mejores oportunidades de crecimiento.

Ensayo Sobre La Educación en México Parte # 2
Valentín Gómez Farias, Melchor Ocampo y Benito Juárez tienen un factor común que los une, y no sólo el hecho de ser verdaderos Beneméritos de la Nación ni el hecho que hayan cambiado el rumbo de la historia con sus ideas revolucionarias, reformistas o cómo quiera verse desde cualquier ángulo: Fueron hombres Visionarios, eso los mantiene en el pedestal de la gloria de nuestro país. Pero al fin y al cabo, fueron humanos, cometieron errores. Y uno, que no pudieron prever, fue el artículo número tres expuesto en la constitución de 1857. ¡Niños! ¿Qué dice el artículo número tres de la Constitución mexicana? « La educación que imparta el gobierno debe ser gratuita, laica y obligatoria. »

¿Pueden ustedes notar el error, el enorme equivoco que cometieron aquéllos hombres de extraordinarias virtudes legales? La educación, quizá, para el año en que se proponía la Constitución de 1857, teniendo como lucha los años subsecuentes 1858, 1859 hasta su victorioso final en 1860, fue en lo más acertado hacerla gratuita. Es ahí donde no pudieron lograr la visión de un México encaminado al futuro. ¡Horror! En nuestros días, en nuestro presente siglo, la educación no debe ser gratuita, no al menos la educación superior, la universitaria. Nunca se pusieron a pensar aquéllos hombres que la educación se deformaría a grados tan extremos debido a la constante transformación de nuestra pirámide poblacional. Ciertamente nuestro sistema educativo padece de serios problemas cuantitativos (A lo que me refería en el ensayo anterior, pero sin poder exponer por completo éstos mismos): Los recursos destinados por el sector público no han sido suficientes –menos aún en épocas de crisis, de las que parece jamás podremos salir si seguimos como hasta ahora-, los maestros están mal pagados (De ahí que ahora se les haya otorgado el cariñoso mote de “Pobresores”), muchas son las escuelas que carecen de material didáctico suficiente, adecuado y ya ni se diga, moderno. Aún persisten las irregularidades y atrasos en el pago de sueldos y salarios. De ahí que la sociedad se haya mal acostumbrado a hacer para todo una huelga, manifestación y cuanta tontería más se le ocurra. Mas sería un grave error pensar que con presupuestos más elevados automáticamente se resuelven los problemas y carencias educativas del país; más aún, podemos decir que en estos momentos nuestros obstáculos más serios para lograr un nivel educativo no son de tipo cuantitativo, sino cualitativo, y es aquí donde enfrentamos la crisis más profunda, que de no resolverse, por muchos millones que se le inyecten al sistema no saldremos adelante. « Shht, shhtt comadre, ¿y qué ha hecho la Secretaria de Educación Pública, la UNAM y otras instituciones públicas, junto con los gobernantes en turno para erradicar el problema educativo que usté viene exponiendo? ¿Acaso mienten al decir que tales logros cuantitativos, esos que aparecen en las estadísticas y que impresionan a propios y extraños: incremento en el número de alumnos, reducción del analfabetismo, aumento en el número de escuelas y profesores, en el número de egresados, son cifras reales? » « No, comadre, no, no han mentido… del todo. Sin embargo, a la vez se fue dando, y en cierto sentido fomentando con ello, por esa inquietud política, una reducción constante de los niveles de calidad. ¿Qué ha pasado?: Maestros hechos al vapor, alumnos acreditados aunque no hubieran pasado los exámenes, a través de ese absurdo conocido como “pase automático”, burocracia creciente (Y quien diga que no se ha valido de estás artimañas y otras más variadas aquí en México, ¡Miente! Por supuesto que miente),

fueron menguando la calidad, además de otros problemas aún más profundos, los que a continuación tendré a bien explicarle, para que no le quede la menor duda. Si realmente queremos elevar nuestro sistema educativo –aunque dudo que muchos de los que lean esto quieran salir de la mediocridad educacional en la que han venido viviendo a los largo de estos añosdebemos transformar nuestro actual sistema, viendo al fondo de los problemas y ofreciendo mejores alternativas… » « ¡ay no, comadre! Eso es más que imposible… ¿Quiere cambiar de tajo todo por lo que se lucho en el pasado? Me quiere usté decir que de nada valió el esfuerzo de Don Melchor Ocampo, de un Benito Juárez y que de buenas a primeras, nomás porque se le hinchan los ovarios quiere borrar lo conseguido… Preguntome yo. » « Ejem, ejem, como iba diciendo, entre los aspectos que necesitamos cambiar destacan: 1.- La educación gratuita. Aunque se le ha enarbolado como uno de los logros más importantes de la Revolución Mexicana –y como he dicho y repetiré siempre, para esos años si que fue un logro enorme, dadas las condiciones de pueblo azuzado por los privilegiados que tenían acceso a la verdadera educación-, en realidad nos ha hecho más daño que bien, en esta época, ya que en primer lugar la educación es todo, menos gratuita, no bajan ángeles a construir escuelas ni los querubines a dar clases; cuesta mucho, sólo que somos los contribuyentes los que la pagamos. Pero como muchos mexicanos creen que si es gratuita, por esa razón se sienten sin derecho a exigir… » « Comadre, ¿pos’ tienen razón, qué no? ¿Cómo si les están haciendo el grandísimo favor de regalársela? » Abogo a su condición de conocedora de los dichos populares, acuérdese de ése que dice: “Lo que se regala es lo que menos se valora”. Y es tiempo, aquí y ahora, de reconocer que en nuestro país la mayor parte de la población no valora en su debida dimensión este enorme bien. He ahí el error de los hombres que descansan en eterna gloria. Mientras que en otros países como Estados Unidos, Japón o Alemania el gasto promedio más elevado de una familia normal es el que destinan a la educación de sus hijos. Mientras, en México, resulta común que un padre de familia de clase media o baja destine un presupuesto mayor a las cervezas, los cigarros y el tequila que a la educación de su paridera. Y ahora le pregunto, comadrita: ¿Cómo es que en esos países considerados los más poderosos del mundo, cada año, millones de jóvenes dediquen sus vacaciones a trabajar para pagar sus estudios. Mientras que nosotros tenemos un país pobre, mísero y cada año millones de nuestros jóvenes salen a asolearse en vacaciones sin tener nada que hacer? ¡Horror! ¡Vergüenza! Resulta muy difícil esperar que aquellos a los que nada o muy poco les cuesta asistir a una escuela, la valoren y le tomen verdadero cariño, y exijan buenos profesores y salones limpios. Y quizá lo más grave de todo es que este sistema genera muchas injusticias, ya que el joven que no pudo seguir estudiando por problemas económicos, y por lo tanto se tuvo que poner a trabajar, con sus impuestos paga la educación de otro joven de clase media, zángano, ignorante, alcohólico y quizá hasta drogadicto (comúnmente se les puede encontrar en los pasillos de la UNAM en el Distrito Federal), que él y su familia bien podían haberla pagado. Lo correcto, lo justo, es que aquellos jóvenes que se van a beneficiar directamente de los estudios que están obteniendo paguen por ello, y no obreros, campesinos y personas de bajos recursos que, quieran o no, pagan impuestos y con éstos financian la educación. ¡Propongo, entonces, que la educación universitaria no se gratuita! ¡Jamás de los jamases!, que los alumnos paguen lo que realmente cuesta, si tan importante les resulta su educación y futuro, que trabajen, que generen con el producto de su esfuerzo la garantía de una excelente educación. Y para aquellos que no tengan los recursos suficientes puedan ser becados para que empiecen a pagar cuando trabajen, o bien que laboren dentro de su misma escuela, pagando con ello su colegiatura. ¡Ah, pero no! En México el peor insulto que puedes hacerle a una persona es darle trabajo. Así es la paridera en nuestro país, les ofende el progreso, les da miedo trabajar “¿Cómo?, ¿Trabajar en lugar de procrear hijos? Joven tan loca, se le zafó un tornillo, desquiciada”. « Uste, comadre, luego luego a insultar. ¿Qué ventajas habría de darnos esa locura que propone? Hágame usté favor… » 1.- Sería el alumno, y no la sociedad, quien cubriría esta inversión. 2.- Los alumnos se sentirían con más derechos para exigir una mejor preparación, la valorarían más y le

tendrían más cariño a su institución. 3.- Los recursos ahorrados podrían canalizarse para mejor la educación primaria y eliminar el analfabetismo.

Pero me olvidaba, alguien no puede proponer semejantes cosas porque la tratan de ‘loca’ y quieren hacer todo un análisis psicológico en base a lo escrito. ¡Menuda tontera! Eso sólo lo pueden opinar los ignorantes, los flojos, los que para todo siempre tienen ‘peros’, para los eternos inconformes que los haga sacar de ese conformismo azuzado. ¡Que no le propongan a una persona ‘cuerda’ sacarlo de su ensimismamiento, porque es la peor de las ofensas! » « ¡Ay comadre, me asusta! Ya no haga corajes, mejor dígame qué pasaría con los niveles escolares: preescolar, primaria, secundaria y preparatoria y otro tipo de escuelas. » La educación tampoco debe ser gratuita para todos; los padres deben pagarla, salvo en aquellos casos en que se demuestre que no cuentan con los recursos, entonces la SEP puede becarlos. Si le educación deja de ser gratuita, si no en todos los casos, sí en muchos de ellos, podemos esperar que lógicamente se reduzcan los impuestos –hasta ahora labor titánica- y, más aún, aquellos que envían a sus hijos a escuelas privadas, ya que le están ahorrando al gobierno ese gasto y de hecho están pagando la educación por partida doble; por lo tanto, lo que pagan debe ser total o parcialmente deducible de impuestos. ¡ah verdad! Próximo capítulo: Los libros de texto.

« ¡ey, ey, comadre! ¿Y qué se obtuvo a fin de cuentas con todo este palabrerío? » En términos generales, pues nada. Ja. No es verdad, en términos generales se puede decir que nadie está más interesado en la educación de los niños que sus propios padres (O quiero pensarlo así); sin embargo, a éstos se les ha negado la posibilidad real de que influyan en los planes de trabajo, textos oficiales (tercer tema a tratar), materias, etcétera, que desde muy arriba la Secretaría de Educación Pública implanta e impone. « Ajá, sí y yo me trago todo esto, ¿no? Comadre… A ver, déme ejemplos… » Póngase a investigar nada más lo que pasó durante el gobierno de Luis Echeverría, ese es uno de los ejemplos más patéticos. Donde se cambiaron planes de estudio, programas, materias, agravando el divorcio drásticamente entre el Sistema y los padres. Ya que de buenas a primeras –así como le hizo Benedicto XVI al borrar el purgatorio de un plumazo y decir que siempre sí existe el infierno- el padre y la madre se encontraron con que ya eran otras matemáticas, otra “lengua nacional”, otra geometría la que se les estaba dando a los niños, otras que no entendían y, por lo tanto, estaban imposibilitados para ayudar a sus propios hijos. ¿Y eso a quién más le convenía y le conviene para seguir manteniendo en la ignorancia a los hijos de México? « ¿A papá Gobierno? »

¡Bingo!

El tema de este libro es la situación de la escuela secundaria y del alumno adolescente en las condiciones de posmodernidad. Si consideramos a la posmodernidad como una edad de la cultura como lo plantea Lyotard,1 ésta se constituye en el marco que moldea tanto a los sujetos como a las instituciones y las prácticas sociales, las redefine y resignifica permitiendo comprender lo que sucede con ellas. Ya no estamos en la época de los adolescentes existencialistas sartreanos. Tampoco se trata de las generaciones masivamente politizadas de los años setenta. Nuestra conjetura es que buena parte de los adolescentes de fin de siglo se hallan influidos por un “clima de ideas” de posmodernidad. Esto no significa que los jóvenes hayan leído La condición postmoderna; como la adhesión al existencialismo no implicaba que conocieran más que las tapas de El ser y la nada. La analogía con el existencialismo, que por lo demás no debe ir más allá de esta comparación, puede tener algo de fructífero si se repara que, en dicha corriente, había por un lado, una importante producción teórica y filosófica y, por otro, una “moda” que incluía una vestimenta, un aspecto físico y ciertas actitudes o hábitos. En el caso de la posmodernidad también nos encontramos con estas dos vertientes: una producción teórica sobre la cuestión y una moda que, debido a los medios de comunicación, se difunde en todo el planeta. Pero no sólo buena parte de los adolescentes son posmodernos, sino que la sociedad misma se “adolescentiza” en las condiciones de posmodernidad y la escuela secundaria, una institución hija de las ideas de la modernidad, ingresa en una crisis mucho más profunda que en cualquiera de sus etapas anteriores. El deterioro de la escuela secundaria argentina en el tiempo se mide por décadas; en el espacio, en mayor o menor medida, abarca a la casi totalidad de los establecimientos, y en cuanto a sus manifestaciones las hay de todo tipo y tenor. En noviembre de 1984, los resultados de una encuesta entre alumnos del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires y del curso de ingreso de una universidad privada indicaban que: “Entre 500 alumnos que terminaron o están por terminar el secundario, el 36% no sabe sumar fracciones, el 78% ignora si 6/8 es mayor o menor que 2/4, el 55% no acierta a responder cuánto suman los ángulos interiores de un triángulo y un pentágono, el 21% no puede precisar qué países nos rodean y el 31% no tiene una idea precisa de quién fue Julio Verne.” 2 Por otra parte, la escuela secundaria logró llegar a las páginas policiales de los diarios en reiteradas oportunidades en los últimos años con noticias de agresiones físicas que tuvieron por consecuencia lesiones de diversa consideración para sus protagonistas: algún alumno golpeó con un fierro a una profesora que lo había amonestado, un padre trompeó a un profesor que no le había dado permiso a su hija para ir al baño, varios alumnos resultaron heridos por choques producidos entre barras de distintos establecimientos.

También se amontonan en sanidad escolar los pedidos de licencia de los docentes por razones psiquiátricas y un diario transcribía no hace mucho declaraciones de una profesora que decía: No quiero volver al aula, tengo miedo de tirar a un alumno por la escalera, lo que en el marco en el que vivimos es altamente probable que ocurra en cualquier momento. Se podría hacer la crónica de esta muerte anunciada, sea la de un alumno o la de algún profesor. Las mencionadas constituyen algunas de las manifestaciones más espectaculares y visibles de que algo no funciona del todo bien en la escuela secundaria en la Argentina. Sin embargo, hay otras expresiones, más habituales y cotidianas, como los rostros hastiados de los alumnos, el cansancio de los profesores, las quejas de los padres, que siendo menos dramáticas hablan de lo mismo: una institución que se debate en una crisis profunda. Aunque no sirva de consuelo y salvando las distancias, vale la pena señalar que la insatisfacción con el estado de la escuela secundaria no es exclusiva de la Argentina. En un boletín del Servicio Informativo y Cultural de los EE.UU. se decía en 1984, con cierto tono “reaganiano” al uso para la época: …los resultados de los exámenes, en toda la nación, acusaron un alarmante descenso en el aprovechamiento escolar. A mediados de los setenta hubo un acentuado alejamiento de la experimentación y un retorno a los elementos básicos. En muchos estados empezaron a hacerse pruebas de aprovechamiento para la graduación de los alumnos de enseñanza media.3 En 1986 un profesor español planteaba un problema bien conocido por los docentes argentinos al decir: Si un alumno que entra en mi clase por la mañana no está dispuesto a escucharme porque se ha quedado viendo la televisión hasta tarde, ¿se puede decir que su “desmotivación” estriba en el carácter trasnochado de mi asignatura? “¡Adáptate!”, nos grita el pedagogo de turno. ¿Pero en este preciso caso, qué significa? ¿Renunciar a dar instrucción? 4 De 1988 son estas palabras que se refieren a Francia: La formación de los profesores se ha tornado inadecuada respecto de la heterogeneidad de las clases. /…/ la división entre la enseñanza profesional y la enseñanza general se ha hecho mal, el problema del acceso a la enseñanza superior no se ha resuelto.5 Este libro aspira a realizar un análisis general de la escuela secundaria argentina actual, de las diversas facetas de su crisis, de la historia que llevó a la actual situación, de las condiciones sociales y culturales en las que se desenvuelve la escuela, de la situación en que se encuentran el alumno adolescente, los profesores y los padres, de los proyectos de transformación. Aspira más a plantear problemas para enriquecer un debate que a ofrecer soluciones e intenta abarcar de un modo global las

cuestiones planteadas. No se trata de una investigación educativa, sino más bien de un ensayo general sobre la situación de la escuela secundaria, aunque, naturalmente, hace uso de los resultados de varias y valiosas investigaciones sobre el tema. Aunque hay muchos libros destinados a tematizar la escuela secundaria, el presente se distingue de cualquier otro, para bien o para mal, por otorgar en el análisis un papel central a la noción de posmodernidad. Ocurre que creemos que desde esta noción, que involucra una gran cantidad de ideas, es posible entender mejor la situación de la escuela y del alumno adolescente. Se parte de tratar sucintamente la cuestión "modernidadposmodernidad", considerando, en particular, el "clima de ideas" posmoderno gestado en la década de los ochenta, como el marco de referencia en el que se mueven y se redefinen el sujeto adolescente y la institución escuela secundaria. A continuación se tematiza la cuestión del adolescente considerando algunos análisis clásicos como los de Arminda Aberastury, Peter Blos, Erik Erikson y Louise Kaplan a la luz de las nuevas condiciones socioculturales. Finalmente consideramos la situación de la escuela secundaria, ámbito clásico de socialización del adolescente, en las condiciones de posmodernidad. El trabajo se cierra con el establecimiento de algunas conclusiones.
Notas 1. Lyotard, Jean-François, La condición postmoderna, Buenos Aires, REI Argentina, 1989. p. 13 2. Kunis, Ricardo, “Retroceso en la enseñanza de la escuela secundaria”, Buenos Aires, Clarín, 27-10-92. 3. Servicio Informativo y Cultural de los EE.UU. de América. “El sistema educativo de los EE.UU.”, folleto, noviembre de 1984. 4. Peña-Ruiz, Henry. “Filosofía, educación y ética”. En Revista de Filosofía y de Didáctica de la Filosofía. Año IV, número 4, Madrid, 1986. 5. Casanova, Jean-Claude. “La educación en Francia frente a graves problemas”. En La Nación, Buenos Aires, 18-8-88.

El libro

Los autores

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