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GUARIJÍOS

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COORDINACIÓN ACADÉMICA Enrique Serrano Carreto Lilia Cruz-González Espinosa CONSULTORÍA EN DEMOGRAFÍA Constanza Rodríguez Hernández SISTEMA DE INFORMACIÓN GEOGRÁFICA Verónica Gámez Montes José Alberto Salas Serrato Laura Virginia García Vidales SERVICIOS DE INFORMACIÓN Y CÓMPUTO Eduardo Bello Jiménez Patricia Moreno Hernández María de Lourdes Ayala Blanca Ramírez Martínez NOTA SOBRE LOS AUTORES Jaime Vélez Storey es antropólogo social y candidato a doctor por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, su temática de investigación es antropología étnica y fronteras, entre otros grupos indígenas ha trabajado con guarijíos. Claudia J. Harriss es etnóloga egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y maestra en antropología cultural de la Universidad de Oregón. Desde 1995 hace trabajo de campo etnológico entre los guarijío de Chihuahua. Actualmente es investigadora en el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Fotografía 1a de forros y portada: Construyendo violines. San Bernardino, Sonora. Fotógrafo Fernando Rosales, 1997. Fototeca Nacho López, CDI. Fotografía página 5: Detalle de la fotografía en pág. 17).

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JAIME VÉLEZ STOREY CLAUDIA J. HARRISS CLARE

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CDI 972.004 C65 GUARIJ. Vélez Storey, Jaime Guarijíos / Jaime Vélez Storey, Claudia J. Harriss Clare. -- México : CDI : PNUD, 2004. 31 p. : retrs., tabs. – (Pueblos indígenas del México contemporáneo) Incluye bibliografía ISBN 970-753-028-6 1. INDIOS DE CHIHUAHUA - GUARIJÍOS 2. INDIOS DE SONORA GUARIJÍOS 3. GUARIJÍOS - HISTORIA 3. GUARIJÍO (LENGUA) 4. GUARIJÍOS VIDA SOCIAL Y COSTUMBRES 5. GUARIJÍOS - ECONOMÍA 6. ALIMENTACIÓN GUARIJÍOS 7. GUARIJÍOS - VESTIMENTA 8. GUARIJÍOS - ORGANIZACIÓN SOCIAL 9. GUARIJÍOS - POLÍTICA Y GOBIERNO 10 . GUARIJÍOS - FIESTAS Y CEREMONIAS 11. GUARIJÍOS - RELIGIÓN 12. COSMOVISIÓN GUARIJÍA 13. CICLO VITAL - GUARIJÍOS 14. GUARIJÍOS - RELACIONES INTERÉTNICAS I. Harriss Clare, Claudia J., coaut. II. t. III. Ser.

D.R. © 2004 Jaime Vélez Storey y Claudia J. Harriss Clare Primera edición, 2004 D.R. © 2004 Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas Av. Revolución 1279, Colonia Tlacopac, Delegación Álvaro Obregón, C.P. 01010, México, D.F. D.R. © 2004 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Av. Presidente Mazarik 29, Colonia Chapultepec Morales, Delegación Miguel Hidalgo, C.P. 11570, México, D.F. ISBN 970-753-028-6 / Guarijíos ISBN 970-753-006-5 / Pueblos Indígenas del México Contemporáneo http://www.cdi.gob.mx. Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra, sin contar previamente con la autorización del titular, en términos de la Ley Federal del Derecho de Autor, y en su caso de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones legales correspondientes. Impreso y hecho en México

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ETNOHISTORIA Y TERRITORIO
EN LA ACTUALIDAD, LOS DOS PRINCIPALES GRUPOS DE GUARIJÍOS —AUTODENOMINADOS “GUARIJÓ” (WARIHÓ ) EN CHIHUAHUA Y “GUARIJÍO” (MACURAWE) EN SONORA— HABITAN UNA REGIÓN EN LAS ACCIDENTADAS ESTRIBACIONES DE LA SIERRA MADRE OCCIDENTAL, en los alrededores de la frontera que delimita Chihuahua y Sonora, entidades federativas que separaron la vida política, administrativa y social del territorio histórico guarijío. Por lo general, los guarijíos viven en su territorio original, el que ocupaban a la llegada de los españoles. Hace 2 mil años este grupo etnolingüístico formó parte de las bandas procedentes del actual suroeste de Estados Unidos que descendieron al noroeste de México. Desde entonces se establecieron como cazadoresrecolectores, con una actividad agrícola incipiente, en la región conocida como la Baja Tarahumara, en el actual estado de Chihuahua, donde se asentaron, en forma seminómada, a todo lo largo y ancho de la Sierra Madre Occidental, incluidas sus vertientes hacia los litorales del Golfo de California. Esta migración se tradujo en la formación de un gran mosaico

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Desarrollaron un modo de vida construido culturalmente a partir del entorno en el que habitaron, agreste y de recursos escasos, y sujeto a la competencia con otros grupos humanos.
de tribus nómadas, seminómadas y sedentarias (con agricultura incipiente de maíz, frijol y calabaza), las cuales, al paso de los años, conformaron una región cultural diversa en lenguas y dialectos. Así, los guarijíos comparten antecedentes históricos tanto con los indios nativos del suroeste de Norteamérica —hopi, comanches, ute, apaches, navajo y los llamados indígenas “pueblo”—, como con los actuales indios mayos (yoreme), pápagos (tohono odam), pimas (o´ob), tarahumaras (rarámuri), tepehuanos (odami), seris (concac) y yaquis (yoeme). Aún más, durante muchos años compartieron ese territorio que, al parecer, disputaron con otros grupos indios actualmente extintos, tales como los baborigamis, baciroas, conícaris, chínipas, guailopopos, guazapares, husarones, macoyagüis, tubares, yecorames y zoes, registrados en las investigaciones etnohistóricas como hablantes de alguna variante de la lengua yuto-nahua, de filiación cahita o tarahumara. De esta manera, los guarijíos desarrollaron un modo de vida construido culturalmente a partir del entorno en el que habitaron, agreste y de recursos escasos, y sujeto a la competencia con otros grupos humanos. Esta competencia, de carácter fuerte y defensivo, estaba acorde con la adaptación que les exigía el hecho de alternar la movilidad para la caza y la recolección de frutos y raíces comestibles, con la defensa de ciertos espacios o de sus rutas vitales de abastecimiento de agua. Fue así como este grupo de cazadores-recolectores se ubicó en la región que comprende desde los actuales municipios de Chínipas, Moris y Uruachi —por la mesa del río Mayo—, en Chihuahua, hasta la cuenca del río —al pie de la Sierra—, en los municipios de Álamos y El Quiriego, al sur de Sonora. El pie de la Sierra, en el actual estado de Sonora, también presenta un territorio irregular; aquí las alturas varían desde los 300 metros sobre el nivel del mar por el río Mayo, en donde el clima es seco-estepario, cálido pero extremoso, zona atravesada por los afluentes del río Chínipas y los arroyos Tepachique y Septentrión, entre otros, hasta casi 2,000 metros sobre el nivel del mar en las cumbres de Chihuahua, zona que cuenta con áreas boscosas de pinos e encinos,

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la división jerárquica del trabajo por sexos tampoco haya sido muy común. En su organización social, sustentada en familias extensas, tanto los hombres como las mujeres, los niños y los ancianos, en la medida de sus fuerzas y habilidades, trabajaban de manera colectiva para la obtención de alimentos y la construcción de viviendas. A partir de la familia organizaban bandas para la reproducción social y cultural, ambas interdependientes.

LA LENGUA
Guarijío o guarijó significa “gente” o “las personas que hablan la guarijía”. La lengua de ambos grupos es muy parecida y está clasificada como una variante tara-cahita, emparentada con la lengua tarahumara y, a la vez, con la de los indios mayos. Los estudios más recientes definen esta lengua como perteneciente al grupo nahua-cuitlateco, del tronco yuto-nahua, familia pimacora, subdivisión cahita-tarahumara, en su expresión lingüística guarijío. Se señala que los guarijíos de la Sierra se refieren al grupo del río Mayo en Sonora con el término de makulái, que para ellos (los de la Sierra) significa “gente mezclada entre guarijíos y mayos,” mientras que los del río nombran a los guarijós de la Sierra “tarahumaras”. Hoy en día, entre los guarijíos de Chihuahua y de Sonora se reconoce una existencia compartida, a la vez que se acepta un

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Tejedora. Mesa Colorada, Sonora. Fotógrafo Fernando Rosales, 1997. Fototeca Nacho López, CDI.

cuyo clima es frío, con temperaturas bajo cero en el invierno. Las prácticas culturales y lingüísticas de los guarijíos evidencian la identidad étnica y su cohesión social como tribu; estas prácticas estuvieron moldeadas por su particular forma semisedentaria de asumir su entorno y por sus actividades de subsistencia, por lo que prácticamente no desarrollaron una estratificación social a partir de la división del trabajo; es probable que

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Hoy en día, entre los guarijíos de Chihuahua y de Sonora se reconoce una existencia compartida.

gran distanciamiento social y político; y si bien mantienen sus referentes de identidad étnica, territorial y cultural, las diferencias lingüísticas no son muy notorias.

ECONOMÍA Y PRÁCTICAS COTIDIANAS
Acorde con su modo de vida, los integrantes de la tribu recolectaban toda clase de alimentos y frutas del monte, tales como pitahayas, echo, fruta de tempisque, raíz de chichigo, miel de abeja, etcétera, actividad que combinaban con la caza menor —desde ranas y ratas de monte, hasta armadillos, conejos, liebres y ardillas— y la caza mayor —venados y jabalíes, y otras presas ya extintas, como el oso—, al igual que con una actividad agrícola incipiente. En esta última intervenían varios individuos, agrupados bajo el principio de la ayuda mutua, base de su organización social. En su dieta alimenticia de frutas silvestres, yerbas y raíces, los guarijíos llegaron a conocer y dominar hasta 123 variedades de plantas comestibles y 17 medicinales. Además, desarrollaron habilidades para la

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pesca en los arroyos y ríos de la zona, en donde se proveían de bagres, mojarras, lisas y camarones de agua dulce, estos últimos denominados “cochirones”. Hasta la fecha, los grupos guarijíos dependen de alguna forma de la caza, al igual que de la recolección de plantas silvestres. Una vez que lograron dominar la agricultura, cultivando maíz, frijol y calabaza durante las temporadas de lluvia, recurrieron a la siembra de pequeños huertos de autosubsistencia, lo que les permitió la delimitación de sus territorios y una relativa sedentarización, pues sus tierras, extensas pero escarpadas, no son aptas para la agricultura extensiva, toda vez que carecen de nutrientes y abonos naturales. Hoy en día, los guarijíos son ganaderos, pero también cultivan maíz, frijol, calabaza y hortalizas en las laderas de los montes, y en la Sierra tienen huertos de durazno y membrillo. La técnica que utilizan para lograr los cultivos de temporada es la tradicional, de tumba, roza y quema; esta actividad, denominada por los guarijíos “mahuechar” el terreno (la palabra viene de mawe-nál-má), se lleva a cabo los meses de “las aguas”, mayo y junio, con el fin de sembrar en julio. Desviando el agua hacia pequeñas presas, las comunidades ubicadas sobre el río Mayo utilizan esta vertiente para regar sus jardines de temporada, en los que siembran cebollas, ajos y tomates.

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Vista de Pacayvo, Uruachi, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 1995. Acervo personal.

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El 70 por ciento de las viviendas de los guarijíos de Sonora constan de uno o dos cuartos, con un techo terrado sobre vigas de palma; las paredes son de adobe o de varas de sahuaro entreveradas y recubiertas de barro, y los pisos casi siempre son de tierra apisonada. En las cumbres de Chihuahua predomina la madera como material de construcción; sólo excepcionalmente se utilizan los ladrillos de barro o de cemento. Menos de la cuarta parte de los hogares dispone de agua entubada y de letrinas, y apenas el 2 por ciento cuenta con electri-

cidad. Algunas viviendas tienen un cuarto para cocinar, sobre fogones, en tanto que en otras casas se cocina al aire libre, sobre tres piedras a ras de suelo. En años recientes, a través de algunos programas de apoyo de los gobiernos de Chihuahua y Sonora, se han repartido láminas, mangueras para agua y letrinas, y se han sorteado placas solares. En 2002, en un programa de asistencia, la Coordinadora de la Tarahumara inició la repartición de materiales entre las mujeres para mejorar sus viviendas, sobre todo a las madres solteras o viudas.

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Hasta hoy, los grupos guarijíos dependen de alguna forma de la caza, al igual que de la recolección de plantas silvestres.
El número de personas que habitan en una casa es de entre cinco y siete; casi todas las viviendas tienen tapancos —los cuales se utilizan como bodega para los aperos de labranza y también para todo tipo de herramientas, ropa, cobijas, alimentos, etcétera—, y todas ellas cuentan con mesas para comer y sillas o bancos hechos con materiales regionales, al igual que con molinos de mano y metates. En Sonora, la mayoría de las viviendas guarijías poseen un sonogori, que es el sitio en el que se almacenan los granos para protegerlos de las aves y de los roedores. La dieta tradicional de los guarijíos consiste en tortillas de maíz, frijoles, café con azúcar y, ocasionalmente, cuando hay fiestas, carne de res o de venado; sus frutos predilectos son el guamúchil, la pitahaya y el papache. Los guarijíos de Sonora y los que viven por la mesa del río Mayo, en Chihuahua, suelen consumir pescado del arroyo Guajaray o del río Mayo. Sus huertos familiares los proveen de ajos, cebollas, chiles, rábanos, ejotes, cilantro, jitomates, melones, sandías, etcétera. Además, consumen productos comerciales chatarra, como refrescos, papas y dulces, los cuales en los últimos años han contribuido al deterioro de su salud; el resultado es un aumento de la obesidad en la población, así como del número de personas que padecen diabetes u otras enfermedades relacionadas. En cuanto a la indumentaria, se sabe que hasta mediados del siglo XX los hombres guarijíos todavía usaban la zapeta (taparrabos), prenda característica de los grupos indígenas de la Sierra Madre Occidental confeccionada con manta. En lugar de camisas, por lo regular usaban una tela de frescolín o la manta de los costales de harina de trigo —producto de uso diario en la región— amarrada por el cuello con un hilo. Por lo general andaban descalzos o usaban huaraches de cuero de tres puntadas y suela de hule, conocidos por entonces como “rayas”. En el caso de las mujeres, su ropa consistía en una falda sin blusa, y casi siempre andaban descalzas. Tanto las mujeres como los hombres completaban su indumentaria con el sombrero de palma, el cual era una manera práctica de protegerse del sol. El sombrero tradicional de palma, una marcada característica de su indumentaria, hasta la fecha es un símbolo de identidad guarijío.

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Vista de Mesa Colorada, Sonora. Fotógrafo Fernando Rosales, 1997. Fototeca Nacho López, CDI.

En la actualidad, los hombres guarijíos visten pantalones de mezclilla, cinturón ancho de cuero con hebilla, camisa vaquera de manga larga —casi siempre a cuadros—, chamarra de mezclilla, huaraches, zapatos o botas de cuero y sombrero vaquero o de palma, o cachucha de beisbolista. Aunque la mayoría aún calza los huaraches conocidos como “llantas”, éstos tienden a ser desplazados por el calzado mercantil, sobre todo entre los jóvenes, quienes consideran “deseables” las botas y tenis de fabricación comercial, pues les gusta cada vez más la ropa vaquera norteña (las chamarras, las levitas, etcétera). La vestimenta tradicional de las mujeres consta por lo general de enaguas o falda amplia y sencilla, medias altas (en Chihuahua), blusa de manta y pañoleta de colores en la cabeza. En ciertas ocasiones, como en las fiestas, velaciones o cuando salen de su localidad para visitar a alguien,

cambian su indumentaria por amplios vestidos de una sola pieza, confeccionados con telas estampadas de flores multicolores. Tanto los hombres como las mujeres usan toda clase de suéteres en invierno. La sociedad guarijía contemporánea no tiende a preservar la indumentaria “típica”; la vestimenta se asemeja en su totalidad a la de los mestizos del norte del país, aunque se distingue por la manera particular de mezclar distintos colores y el uso de estampados floreados. Muchas mujeres visten también pantalones de mezclilla —a veces debajo de las faldas— para protegerse las piernas, sobre todo cuando caminan por las veredas de la Sierra.

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El sombrero tradicional de palma es un símbolo de identidad guarijío.

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Maestra rezandera y su esposo músico. Pacayvo, Uruachi, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 1998. Acervo personal.

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LA COLONIZACIÓN Y LA CONFORMACIÓN DEL TERRITORIO
Los guarijíos vivieron unidos como grupo territorial hasta su contacto con los misioneros españoles, quienes llegaron y se establecieron en la región a partir de los siglos XVII y XVIII. Al contacto con los colonizadores españoles, las fronteras del hábitat guarijío fueron dislocadas de súbito, su modo de vida tradicional fue alterado y violentada su organización tribal en general, lo que resultó en la inmediata resistencia indígena a la sujeción y al dominio religioso y militar. La primera rebelión guarijía y guazapar que se tiene registrada ocurrió en 1616; en ella, los insurrectos dieron muerte a ocho frailes jesuitas. A ésta siguió la de 1632, que costó la vida a los padres Julio Matías Pascual y Manuel Martínez, y desembocó en la matanza de 800 guarijíos de Chínipas, Chihuahua, mientras que otros indígenas fueron arraigados en las misiones de Conícari de Vaca, en Sonora, en los márgenes del río Mayo, y en la de Cajurichi, en Chihuahua. Este sistema de control militar y religioso provocó que desde principios del siglo XVII una buena parte de los guarijíos se concentrara en los estados de Sonora y Sinaloa. Los evangelizadores encabezados por el padre Juan Castini fundaron las misiones-pueblo, unidad social que se impuso sobre la antigua vida tribal y seminómada

que sustentaba por entonces el modo de vida de los guarijíos. Los indígenas que no se sometieron llevaron una vida “montaraz”, como decían los españoles, quienes estaban interesados en catequizar y ocupar a los guarijíos en los reales de minas, en las misiones y en los presidios. Es sabido que este proceso fue uno y lo mismo: entre 1680 y 1690, los misioneros jesuitas establecieron siete pueblos guarijíos en las inmediaciones de Chínipas, convirtiendo al cristianismo a más de 3 mil indios, al mismo tiempo que fundaron los minerales de Álamos, Cusihuiriachi y Urique. En 1708 se estableció el mineral de Batopilas, y por los mismos años el Real de Minas de Uruachi, hecho que propició la creación de centros comerciales en la zona y disparó la total ocupación del territorio por los blancos. La parte de Sonora en la que se ubican los guarijíos está atravesada por el río Mayo y otros arroyos menores, como los de

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Los indígenas que no se sometieron llevaron una vida “montaraz”, como decían los españoles, quienes estaban interesados en catequizar y ocupar a los guarijíos en los reales de minas.

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Mujer montando mula. Agua Honda, Uruachi, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 1998. Acervo personal.

Cedros, Guajaray, Cuchujuaqui, San Bernardo, Rábanos y Taymuco. Se trata de un territorio de difícil acceso, cuyos caminos de terracería comunican el municipio de Álamos con las localidades de San Bernardo, Mesa Colorada y San Juan Sejaqui, para llegar hasta Burapaco. Otro camino va desde Navojoa hasta Burapaco, y de ahí hacia El Quiriego. Los asentamientos localizados en la cuenca superior del río Mayo, en el estado de Chihuahua, sólo cuentan con caminos entre los pueblos de Creel, San Rafael,

Churo y Temoris, para continuar por caminos de terrecería o brechas hacia Chínipas y Uruachi. En 2003, el municipio de Uruachi abrió algunos caminos de terrecería entre las comunidades de Arechuyvo, Tojiachi y San Ignacio, y también entre San Juan, Chiltepin y Palmarito. Sin embargo, las vías de comunicación entre las rancherías siguen siendo las veredas, en donde el transporte es a pie, a caballo o en mula. Otras poblaciones importantes son las rancherías situadas en el otro lado del alto río Mayo, en Moris, y las poblaciones de

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Aldama, Balleza y Valle de Zaragoza. Estas últimas, relativamente recientes, probablemente son resultado de migraciones de personas en busca de trabajo. La lengua, como ya vimos, presenta dos grandes variantes regionales: la de los guarijíos de la Sierra (Chihuahua) y la de los guarijíos del río Mayo (o arroyo de Guajaray), Sonora, al norte de San Bernardo, municipio de Álamos. En la actualidad, la mayoría de los integrantes de este grupo son bilingües, español-guarijío, ya que en sus relaciones hacia el exterior, así como en las escuelas-albergues, hablan en español, mientras que el guarijío lo reservan para el ámbito doméstico, ceremonial y de la política local.

DEMOGRAFÍA ACTUAL
El censo de población del año 2000 registró en la República mexicana 1,671 hablantes de lengua indígena guarijía (HLIG) mayores de cinco años. A partir de estas cifras, se establece que un total de 1,649 hablantes de dicha lengua continúan viviendo en los estados de Chihuahua y Sonora, en tanto que el resto se encuentra repartido en los estados de Baja California (seis), Durango (cinco) y Sinaloa (cinco), entre otros. Por lo que se refiere a Chihuahua y Sonora, el desglose de la población guarijía es de 917 hablantes en el primero, y de 732 en el segundo. Ahora bien, si se analiza el

número de HLIG de acuerdo con su ubicación en su territorio original, la distribución por municipios en el estado de Chihuahua es la siguiente: Uruachi, 480; Chínipas, 118, y Moris, 98, cuyo total es de 696, que representan el 75 por ciento del total estatal. El 25 por ciento restante se localiza en los municipios de Aldama, 40; Ascensión, 23; Ahumada, 12; Bachíniva, 20, y Balleza, 80. La gran mayoría de los 732 hablantes de guarijío de Sonora se ubican al sur en los municipios de Álamos, El Quiriego y Rosario, que concentran 638 hablantes: el 87.2 por ciento del estado. Se distribuyen en 23 rancherías, entre las que destacan Mesa Colorada, Los Bajíos y Guajaray. Los restantes 94 hablantes viven la mayoría en los municipios de Cajeme, 53, y Navojoa, 18; sólo algunos individuos se localizan en ciudad Obregón y Hermosillo. Considerando los cálculos de hogares guarijíos (personas que viven en un hogar donde el jefe y/o la cónyuge y/o algún ascendiente habla la lengua guarijía), la población a nivel nacional es de 2,844, en Chihuahua de 1,574 y en Sonora de 1,207 (véase cuadro en la p. 31). La población en hogares guarijó de Chihuahua se distribuye de la siguiente manera: en el municipio de Uruachi 757, en las localidades de Arechuyvo, La Barranca, Chagayvo, El Cursal, Chilpitin, El Noriego,

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La Haciendita, Mocorichi, Pacayvo, Palmarito, San Ignacio, San Juan, Tojiachi de Arriba y Tojiachi de Abajo; en el municipio de Chínipas 226, en el área de Loreto y Santa Ana, y en el municipio de Moris 152, distribuida en El Gavilán, La Finca Pesquera y La Trompa. Por otro lado, en el municipio de Aldama viven 71 en hogares guarijós y en el de Balleza 129. La distribución de hogares guarijíos en el estado de Sonora es la siguiente: en el municipio de Álamos. 763, de los cuales 552 hablan lengua indígena, y en el municipio de El Quiriego y en la localidad de Rosario, 65 y 21 hablantes de lengua indígena, respectivamente. En lo que se refiere a la escolaridad, el censo 2000 señala que un poco más del 50 por ciento de los guarijós, en su mayoría personas mayores, no ha cursado la primaria. Por ejemplo, de un total de 1,716 individuos censados, 761 no contaban con instrucción escolar. De ellos, la mayoría eran hombres de más de 45 años de edad. De los censados, 485 reportaron haber cursado la primaria y sólo 241 afirmaron ha-

berla terminado. Es interesante notar que un mayor porcentaje de mujeres terminó la escuela primaria, en comparación con los hombres de su misma edad: 64 mujeres frente a 52 hombres. Según el censo, la escolaridad en general es mayor en la zona guarijía de Chihuahua que en la de Sonora: 116 personas con la primaria terminada en el primer estado y 81 en el segundo. Además, la región guarijó de Chihuahua cuenta con más escuelas que la del grupo de Sonora. Mientras que en la Sierra hay escuelas en las rancherías y pueblos de Loreto y Arechuyvo (que asimismo cuentan con telesecundaria y telepreparatoria), las rancherías de Tojiachi, Chagayvo, Pacayvo, Mocorichio, San Juan, La Barranca y la Finca Pesquera, del municipio de Moris, tienen escuelas primarias. En la región guarijío de Sonora, las únicas localidades con escuelas primarias son Mesa Colorada y Los Bajíos, debido a lo cual las personas que quieren tener a sus niños y niñas en la escuela normalmente tienen que mudarse a estos pueblos durante el año escolar. Respecto de los servicios médicos, ca-

Los habitantes de la gran mayoría de las poblaciones deben caminar de cuatro a nueve horas para llegar a una clínica médica.

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Alumnos y maestro de una escuela indígena. La Barranca, Uruachi, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 1996. Acervo personal.

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si no los hay. La región que abarca los dos grupos guarijíos de los municipios de Uruachi, Chínipas y Moris en Chihuahua, y Álamos y El Quiriego en Sonora, sólo cuenta con cuatro clínicas rurales. Los habitantes de la gran mayoría de las poblaciones deben caminar de cuatro a nueve horas para llegar a una, es decir, no hay hospitales cercanos; cuando las personas de Chihuahua quieren conseguir transporte por camioneta, deben ir a Santa Ana o hasta San Juanito, a nueve horas, y las de Sonora a San Bernardo, también a varias horas de

camino. Sin embargo, la mayoría de la gente no puede pagar lo que cuesta la renta de un servicio de transporte, entre 2 mil y 4 mil pesos. Ésta es una de las razones por las que los grupos guarijíos recurren a los conocimientos de sus mayores y a la medicina tradicional para curarse.

ORGANIZACIÓN COMUNITARIA
Tanto en Chihuahua como en Sonora existe la organización de las autoridades tradicionales, que funcionan a través del denominado Consejo Supremo Guarijío, la máxima

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El Consejo Supremo Guarijío, la máxima autoridad política, es el encargado de nombrar a los gobernadores de la tribu, así como a los secretarios generales en las distintas localidades.

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autoridad política de la etnia; este Consejo es el encargado de nombrar a los gobernadores de la tribu, así como a los secretarios generales en las distintas localidades. Las decisiones más importantes en materia política se toman en las sesiones del Consejo Supremo, el cual, de manera independiente, actúa como intermediario entre las comunidades y el gobierno en cada uno de los dos estados. Además, el gobernador representa a las comunidades ante el Consejo Supremo de Pueblos Indígenas, organismo que aglutina a los indios en una de las entidades federativas. Si bien estas formas organizativas fueron impulsadas en los años setenta a partir de la política indigenista del gobierno nacional, lo cierto es que han sido asumidas por los guarijíos como parte de sus procesos democráticos y, sobre todo, de sus luchas por el territorio y la posesión de la tierra en sus distintas formas de propiedad,

base de su autonomía e identidad étnica. Este tipo de luchas reivindicatorias han propiciado la cohesión social de los guarijíos, en particular de los que están asentados en Sonora. El Consejo Supremo también tiene una función económica, pues es el responsable de la administración de los fondos monetarios para el apoyo a la producción; asimismo, regula las relaciones entre los ejidatarios y los comuneros, o entre éstos y los gobiernos estatales, u otro tipo de propietarios, y brinda asesoría en algunos trámites; por ejemplo, los que tienen que ver con la transmisión de derechos familiares. También se encarga de la organización de los festejos y eventos culturales, actuando como intermediario entre la comunidad y los distintos organismos estatales que los promueven. Por otro lado, la Asamblea General es la instancia organizativa de las localidades ejidales, tanto en Chihuahua como en Sonora; las decisiones de las localidades se ejecutan a través de los comisarios ejidales, electos por los ejidatarios; éstos incluyen tanto a mujeres como a hombres. Además de su sentido de pertenencia territorial y ejidal, uno de los principales referentes de la identidad étnica guarijía es la lengua. Debido a que muchos de los integrantes de esta tribu viven dispersos, en rancherías y casas alejadas unas de otras,

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las celebraciones tradicionales brindan al grupo la oportunidad de reunirse para socializar la lengua y recibir las últimas noticias, para establecer los compadrazgos y las relaciones de noviazgo entre los jóvenes, así como las alianzas para organizar el trabajo y “echarse la mano” en la construcción de las casas, y también para organizar las salidas de cacería, las jornadas de trabajo con el ganado o para planear futuros eventos comunitarios. Las fiestas y celebraciones de los guarijíos están íntimamente vinculadas con el calendario agrícola anual de la fiesta de Semana Santa, celebrada en los antiguos pueblos de las misiones de la Sierra, y con el calendario doméstico, representado por las fiestas tuguri o tuburada, celebradas en los patios de las casas en las rancherías. Sus creencias religiosas y la tradición oral están relacionadas con la naturaleza, el agua, la tierra, la Virgen —la madre de todos— y con Dios —el creador del hombre—, simbolizado por la cruz, la cual puede observarse en las casas y en las milpas, o también pendiente de una cadena, sobre el cuerpo, como protección contra accidentes y enfermedades. En torno a la cruz, para la llegada de “las aguas” los hombres guarijíos de Sonora danzan “la Pascola”, con música de arpa y violín, mientras que las mujeres bailan “la Tuburada” o “Tuguri”; estas danzas en honor a Dios y a la na-

turaleza aseguran la abundancia de cosechas y la reproducción del grupo mismo. En el antiguo pueblo de la misión de Loreto, Chínipas, en Chihuahua, los guarijós celebran la Semana Santa durante cinco días; en esta fiesta participa un amplio sector de hombres, mujeres y jóvenes de las comunidades. En Sonora, por las fechas de la cosecha se realiza la fiesta anual de la cavapizca, que normalmente dura tres noches. En esta celebración, en la cual participa el maynate (cantador y maestro rezandero), los hombres bailan “la Pascola” y las mujeres “el Tuguri”. Todas las fiestas religiosas están marcadas por el sincretismo entre la cosmovisión guarijía y los símbolos de la religión católica. La organización de las celebraciones es colectiva, ya que todos los miembros de la comunidad proveen los alimentos y los utensilios necesarios, y participan en la construcción de la ramada bajo la cual se baila. El centro de estas fiestas siempre es la cruz, a la que se dirige el maynate; éste

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Además de su sentido de pertenencia territorial y ejidal, uno de los principales referentes de la identidad étnica guarijía es la lengua.

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El creador del hombre está simbolizado por la cruz. Mesa Colorada, Sonora. Fotógrafo Fernando Rosales, 1997. Fototeca Nacho López, CDI.

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GUARIJÍOS

Pascolero de Semana Santa. Chínipas, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 1998. Acervo personal.

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canta mientras toca las sonajas, acompañado por los integrantes de la ramada, por los músicos que tocan el violín y el arpa, y por los danzantes pascoleros. Durante el mes de mayo, tanto los guarijíos de Sonora como los de Chihuahua celebran la fiesta de la Santa Cruz —el día 3— y las dedicadas a San Isidro Labrador; en junio festejan a San Juan, a quien se le piden lluvias tanto para los huertos como para las pequeñas parcelas de temporal; la bendición de las semillas que serán usadas en el ciclo agrícola también se lleva a

cabo en la fiesta de este santo. Estas celebraciones, junto con las que se realizan en diciembre para agradecer las cosechas ob-

Sus creencias religiosas y la tradición oral están relacionadas con la naturaleza, el agua, la tierra, la Virgen —la madre de todos— y con Dios —el creador del hombre.

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Fariseos y mestizos durante la Semana Santa, Loreto, Chínipas, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 2000. Acervo personal.

tenidas —la cava-pizca en Sonora—, son las más importantes del año. Las celebraciones evidencian las expresiones artísticas, tanto en las máscaras y en los danzantes como en los instrumentos y ejecuciones musicales. Durante las

fiestas se come tamales y pozole de carne, y se bebe el tesgüino —bebida preparada a partir de maíz fermentado—, lo mismo que el tepache —hecho de arroz— o el mezcal —llamado bacanora, batari o sótol de agave.

El centro de estas fiestas siempre es la cruz, a la que se dirige el “rezador” o maynate; éste canta mientras toca las sonajas, acompañado por los integrantes de la ramada, por los músicos y por los danzantes.

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GUARIJÍOS

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Máscara de pascola. Mesa Colorada, Sonora. Fotógrafo Fernando Rosales, 1997. Fototeca Nacho López, CDI.

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COSMOVISIÓN
La cosmovisión de estos grupos se expresa en sus celebraciones, y su cosmogonía es evidente en una serie de mitos y leyendas, al igual que en otras prácticas religiosas realizadas por los individuos en la vida cotidiana. El mito de origen relata la creación de los guarijíos (hechos de barro), del hermano mayor de Dios (el diablo) y de los yoris (hombres blancos), que son los hijos del diablo. Este mito también explica la subordinación de los guarijíos a los blancos. Dentro de sus creencias, el hermano mayor debe ser siempre respetado. Otros cuentos hablan de los animales del entorno o de la wajura, una serpiente gigante que habita en el río Mayo, capaz de llevar a las personas a la muerte, sobre todo si caminan cerca del río por las noches. Unas víboras invisibles llamadas paisori son las protectoras de los arroyos y aguajes. Las paisori deben ser respetadas, pues de otra forma pueden dañar la salud de la gente. Como la región cuenta con escasas fuentes de agua, estos cuentos y leyendas funcionan

para recordar a las personas la importancia de cuidar este vital líquido.

MATRIMONIO Y CICLO DE VIDA
Tradicionalmente, cuando un joven quería casarse pedía a su futuro suegro la mano de la novia. En caso de aceptar, la mujer se iba a vivir a la casa de los padres del novio, en donde residían juntos hasta que construían su propia casa. Pero la residencia patrilocal nunca ha sido una regla estricta, y lo más común es que los matrimonios jóvenes residan en donde más les conviene, tomando en cuenta las necesidades que tienen las familias extendidas respecto del trabajo en el campo, la disponibilidad de tierras para sembrar y construir la casa, y el acceso a las fuentes de agua. Hoy en día, cuando una mujer joven quiere casarse se arregla diario con sus mejores prendas, se pinta la boca y se pone a hacer tortillas en la cocina, la cual, en muchos casos, como ya vimos, se encuentra en el solar de la casa, a la vista de la comunidad. El cortejo entre los jóvenes es a partir de miradas, y si acaso, se saludan

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Unas víboras invisibles llamadas paisori son las protectoras de los arroyos y aguajes para recordar a las personas la importancia de cuidar este vital líquido.

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GUARIJÍOS

Cocina en la casa de Rafael. Pacayvo, Uruachi, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 1995. Acervo personal.

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brevemente en las fiestas. Actualmente, la mayoría de los jóvenes no piden permiso a sus mayores para juntarse con su pareja; simplemente se van juntos por la noche, apareciendo varios días después en la casa donde vivía la novia para recoger sus pertenencias y hablar con sus padres para que aprueben la unión. En general, cuando la pareja se escapa la mujer puede decidir si se casa o no; sólo lo hace cuando está de acuerdo con la unión. Los hombres guarijíos no acostumbran robarse a las muchachas “por la

fuerza.” La pérdida de una hija es motivo de tristeza para las madres —pueden pasar varios días llorando y lamentándose con sus amigas—, ya que llegan a sentirse solas sin la ayuda de su hija en la casa. Mientras que, comúnmente, los padres no expresan tristeza por haber dejado que su hija se case; por el contrario, cuando ven que el muchacho es “muy trabajador,” normalmente se les ve muy contentos porque su hija “no va a pasar hambres” y “va a haber más guarijíos”. Por otro lado, si la pareja va a vivir con los familiares del novio, la suegra ca-

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si siempre se pone contenta de recibir a la nuera, pues sus hijas casadas están distanciadas, viviendo en otras rancherías. Cuando un matrimonio tiene hijos, éstos por lo general nacen en la casa, asistidos por una partera o por su esposo, si ella no está disponible. Antes del parto, la mujer toma un té que ayuda a las contracciones; la partera asiste a la madre con masajes para colocar de manera adecuada al bebé y así facilitar su nacimiento. Debido a la falta de asistencia médica, todavía muchas mujeres, al igual que niños, mueren durante el parto. En la infancia, los niños y las niñas, además de ir a la escuela, ayudan a sus padres en el trabajo de la casa y en el campo, de manera que cuando llegan a la adolescencia la mayoría de ellos tienen los conocimientos necesarios para mantener la economía familiar. La violencia doméstica es

Abuela y nieta. San Juan, Uruachi, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 1999. Acervo personal.

La violencia doméstica es casi inexistente entre los guarijíos; el castigo corporal como forma de disciplina es un pecado que asocian con la conducta de los yoris, ya que consideran que sólo Dios o los santos pueden castigar.

casi inexistente entre los guarijíos; el castigo corporal como forma de disciplina es un pecado que asocian con la conducta de los yoris, ya que consideran que sólo Dios o los santos pueden castigar. Así, la educación y socialización de los niños se realiza a través del ejemplo de sus mayores. Al llegar a la vejez, los guarijíos, además de cuidar a los nietos y ayudar en algunos trabajos en la casa, se encargan de transmitir los mitos y las historias sobre el

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GUARIJÍOS

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Mujer guarijía en la puerta de su cocina. Arechuyvo, Chínipas, Chihuahua. Fotógrafa Claudia J. Harriss, 1996. Acervo personal.

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grupo, al igual que los conocimientos locales sobre las plantas medicinales y las tradiciones y costumbres propias. Las costumbres funerarias dictan que los difuntos deben llevar todas sus pertenencias dentro del ataúd; asimismo, los familiares acompañan el cuerpo con comida, café y cigarros para “el viaje”, y también para que el difunto pueda vivir después de la muerte con lo que se considera necesario. Una casa puede ser abandonada o quemada si los familiares sienten la presencia del muerto. Finalmente, a manera de ofrenda, es común ver a las personas tirar pequeñas porciones de comida y café antes de consumirlos, pues se cree que los muertos “viven aquí con nosotros, están bien vestidos y hay que darles comida para mantenerlos contentos”. Lo anterior muestra que la vida después de la muerte es concebida como la continuación de la vida real, pues para ellos sus difuntos están presentes. De ahí la convivencia cotidiana de los guarijíos con sus antepasados difuntos. Respecto de las nuevas religiones en la región, que tratan de cambiar la cosmovisión de los grupos, según el censo de 2000 el 66.75 por ciento de los 2,475 censados se considera católico, el 28.69 por ciento afirma no tener religión y el resto se divide entre los grupos pentecostal, testigos de Jehová, adventistas y otras religiones protestantes. Por otro lado, varios grupos de

personas del Instituto Lingüístico de Verano trabajan desde hace más de once años en el municipio de Uruachi, pero no han logrado cambiar las creencias o las costumbres de los guarijíos, quienes utilizan esta institución como un simple recurso para obtener medicamentos y servicios dentales. En general, puede decirse que la presencia de otros grupos religiosos, hasta ahora, no ha afectado significativamente las formas de pensar y las prácticas religiosas de los guarijíos.

RELACIONES INTERÉTNICAS
Las principales relaciones interétnicas de los guarijíos se dan con los rarámuri o tarahumaras, con los mayos y, en menor medida, con los yaquis y los pimas, en tanto convivencia e interacción social. En el caso de los mestizos, se trata sobre todo de una relación económica o laboral, pues muchos guarijíos trabajan en ranchos ganaderos o como peones agrícolas, y también en la construcción o en el trabajo doméstico en las casas. Así, puede decirse que la tradición migratoria regional en busca de trabajo ha sido una característica de los guarijíos, sobre todo en el estado de Sonora. En general, estas migraciones estacionales han propiciado las relaciones interétnicas con los blancos o yoris, ya sea en los pueblos de la Sierra o en las ciudades de la región.

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GUARIJÍOS

El censo de 2000 indica que la mayoría de los guarijíos se ocupan en actividades agropecuarias y trabajan como artesanos y obreros, o como ayudantes o peones. Asimismo, casi todos tienen ganado y otros animales domésticos, como gallinas, puercos y chivas, que aumentan la economía familiar. En la Sierra muchos hombres se emplean como obreros en los aserraderos, donde cuentan con un salario diario. Comúnmente, los aserraderos trabajan por temporadas relativamente cortas —de uno a cinco meses al año—, cuando

la gente no está ocupada con sus parcelas y siembras. Entre las artesanías locales que venden fuera del grupo encontramos las servilletas bordadas —realizadas por las mujeres—, los sombreros de palma, los cestos o guaris y las ollas de barro —conocidas como sigorí. Asimismo, con la vaqueta de vaca, chiva o puerco se confeccionan tehuas (zapatos), chaparreras y bolsas, así como monturas y caronas (especie de manta gruesa rellena de fibra de sotol que va antes de la montura) para los caballos o mulas.

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BIBLIOGRAFÍA
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GUARIJÍOS

CARACTERÍSTICAS DE LA POBLACIÓN EN HOGARES GUARIJÍOS, 20001
Total Población en hogares guarijíos Hablantes de lengua indígena
2

%

Hombres 1 498 58.6 28.7 12.7 12.3 26.7 17.3 22.8 14.0 6.3 0.6 866 445 187 180 403 256 324 225 97 13 902 44.3 42.3 12.1 1.2 386 398 109 9 523 51.3 36.9 373 241

Mujeres 1 346 801 371 174 171 356 236 324 173 81 5 814 375 328 99 12 120 12 36

2 844 1 667 816 361 351 759 492 648 398 178 18 1 716 761 726 208 21 751
3

No hablantes de lengua indígena No especificado Población de 0 a 4 años Población de 5 a 14 años Población de 15 a 24 años Población de 25 a 44 años Población de 45 a 64 años Población de 65 y más años Población de edad no especificada Población de 15 años y más Sin instrucción escolarizada Con algún grado de primaria Con posprimaria No especificado Población ocupada Ocupados en actividades agropecuarias Ocupados sin ingresos Viviendas Con agua entubada Con drenaje Con electricidad
4

31

432 277 587 372 97 198

63.4 16.5 33.7

Notas 1 Se refiere a la población en hogares en donde el jefe, el cónyuge o algún ascendente declaró ser hablante de lengua guarijía. 2 Incluye hablantes de guarijío y de otras lenguas indígenas de 5 años y más. 3 La diferencia entre la población ocupada y aquella en actividades agropecuarias está distribuida en otras actividades económicas. 4 La diferencia entre la población ocupada y aquella sin ingresos está distribuida en otros rangos de ingresos. Fuente: Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas / Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “Sistema Nacional de Indicadores sobre la Población Indígena de México”, 2002, con base en XII Censo General de Población y Vivienda, México, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 2000.

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Guarijíos, de Jaime Vélez Storey y Claudia J. Harriss Clare, se terminó de imprimir en diciembre de 2004 en los talleres de Impresora y Encuadernadora Progreso, S.A. de C.V., San Lorenzo Tezonco 244, Col. Paraje San Juan, Deleg. Iztapalapa, C.P. 09830, México, D.F. El tiraje fue de 6 000 ejemplares. Las tareas de digitalización y retoque de imágenes, composición tipográfica, diagramación y cuidado de edición estuvieron a cargo de la Coordinación Editorial de la CDI.

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