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Quetzalcoatl

Todas las culturas tradicionales han dado enorme importancia al lenguaje gráfico, a los
signos, a los símbolos, como reveladores de una realidad superior que ellos manifiestan.
En el caso de las culturas americanas, en ausencia de un lenguaje escrito, estas
representaciones gráficas cobran una dimensión particularmente prominente. Son los
símbolos sagrados los que transmiten el conocimiento de la cosmogonía, es en ellos en
los que el hombre encuentra el soporte que le permite el conocimiento del universo y, la
realización, en sí mismo, de la unidad original.

Nuestra sociedad contemporánea ha perdido consciencia del sentido simbólico de las


cosas. La misma idea de simbolismo ha sido relegada a la de simple representación o
alegoría. Aún el lenguaje escrito –empezando por las mismas letras, como signos de
poder, que manifiestan energías que los trascienden, cuya combinación da lugar a las
palabras, con las que todas las cosas se nombran, y que estas, concatenadas, expresan
todas las ideas expresables– ha perdido su poder mágico, se ha convertido en letra
muerta, palabras huecas e ideas que no van más allá de si mismas, de su literalidad
evidente, desprovistas de misterio y trascendencia. El pensamiento y las ideas
filosóficas tienen como único reducto este lenguaje, y no se le otorga un valor
significativo a otros vehículos de expresión, particularmente a aquellos signos y gestos
cuya contundente simplicidad ha dejado de ser una virtud y se equipara con simpleza o
falta de profundidad. De esta manera, para el hombre contemporáneo, los signos tienen
un valor profano, utilitario o decorativo; descriptivo de la variedad de las cosas y de sí
mismo, de su individualidad en lugar de su identidad, de su progresión hacia la
multiplicidad caótica y no de su conexión con la unidad primordial.

Para las antiguas culturas americanas, así como para las sociedades arcaicas,
"primitivas" y tradicionales en general, es muy otra la valoración de los signos.
Aritmética y geometría van más allá de contar, medir y describir el mundo. Los
símbolos representan ideas y energías que los trascienden, y que ellos manifiestan en
una forma directa, inmediata y sintética, sin la limitación lineal del discurso, de la
cantidad, la forma y la duración. Es a través de ellos que el hombre conoce de otras
realidades superiores, otro espacio y otro tiempo; pasando de lo profano a lo sagrado, de
la multiplicidad fenoménica a la unidad arquetípica, de su perentoria individualidad a su
eterna y suprema identidad. Esta es la virtud del símbolo, la facilitación de una ruptura,
de un cambio de nivel, lo que constituye su verdadera razón de ser.

En el lenguaje simbólico americano, al igual que en el universal, hay dos motivos


geométricos predominantes: el cuadrado y círculo.

Entre las numerosas y extraordinariamente ricas variaciones y combinaciones de estos


dos elementos geométricos, expresión simbólica de los principios cosmogónicos y
cosmológicos universales, la greca con gancho de la tradición precolombina es la que
nos ocupa en este estudio.

Siendo este acercamiento de naturaleza gráfica, el discurso es breve, dejando a las


imágenes hablar por ellas mismas. Para aquellos interesados en profundizar en los temas
de la Simbología Precolombina, remitimos al lector a la obra con el mismo nombre de
Federico González,1 cuya lectura ha inspirado este estudio y que además de tratar sobre
los temas simbólicos propios de la Antigüedad Americana, constituye asimismo una
introducción a la Simbología en general.

La greca con gancho es la representación simbólica de Quetzalcoátl (quetzalli=pluma


preciosa y cóatl=serpiente), la serpiente emplumada, personaje mítico que aparece a lo
largo de las tradiciones americanas como héroe civilizador, rey, sacerdote y deidad. Su
presencia y simbolismo permea todo el pensamiento precolombino y sus alcances y
conexiones son vastos y complejos. No es nuestro propósito o competencia entrar en
estos campos, que pertenecen propiamente a la Historia de las Religiones, la
Antropología o la Arqueología. Valga decir que estas ciencias modernas, en su
generalidad, estudian estos temas desde un punto de vista historicista, y por lo tanto
limitado a una visión que excluye el dominio de lo sagrado, es decir de lo eterno, de
aquello que está más allá del tiempo. Asimismo, el acercamiento académico
contemporáneo a estas materias obedece a curiosidad científica o necesidad de catalogar
y organizar racionalmente información. El propósito con que aquí enfrentamos los
símbolos, es como elementos vivos y transformadores, no el esclarecimiento y
comprensión de nuestros antepasados históricos, sino la conexión con nuestros orígenes
sagrados, que por cierto son los mismos que los de estos pueblos americanos que nos
dejaron este legado de símbolos. Nuestro interés en Quetzalcoátl radica en su
simbolismo como elemento sintetizador de las ideas de la Tradición Única y Unánime,
manifestadas en una cultura particular: América Precolombina, y expresadas a través del
símbolo de la greca con gancho.

Quetzalcoátl, pájaro-serpiente, reúne en sí lo que vuela: lo sutil, lo celeste, y, lo que


repta: lo denso, lo terrestre, es decir, la conjunción de los opuestos, paradigma del
proceso creativo, merced al cual el Universo es, y el hombre, como intermediario entre
el cielo y la tierra, tiene la posibilidad de realizar en sí mismo.
Osiris
Su nombre egipcio es Asir o Usir. En castellano suele nombrársele con la forma
helenizada Osiris.

Iconografía

A Osiris se le representa casi siempre momificado, con el rostro de color verde o negro,
una corona Atef, el cayado (heqa) y el látigo (mayal o nebeh) o el cetro uas.
Ocasionalmente, se le asigna forma de pez.

Mitología

Era el jefe de la tríada Osiriaca, formada por Osiris, Isis y Horus.

Osiris fue un héroe cultural, rey mítico, fundador de la nación egipcia, que enseñó a los
hombres la civilización, las leyes, la agricultura y cómo adorar a los dioses. Muere
como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot. Es el responsable de juzgar a
los muertos en la Duat, donde está acompañado por 42 dioses-jueces (uno por cada
nomo) que dictaminarán lo que acaecerá al difunto.

Triada osiríaca: Osiris, Isis y Horus. Museo del Louvre.

Fuentes que se hacen eco de este mito son: Tratado de Isis y Osiris de Plutarco, textos
de Diodoro de Sicilia, y los Textos de las Pirámides:[1] [2]

Osiris es hijo de Geb y Nut, fruto de una intriga amorosa. Cuando Ra se entera de la
infidelidad de su esposa, decreta la imposibilidad de parirlo en ningún mes del año.
Thot, otro amante de Nut, jugando una partida con la Luna (Jonsu), consiguió ganarle
una 72ª parte de cada día del año, con la que compuso cinco días que añadió al año
egipcio de 360 días. Es el origen mítico de los cinco días epagómenos, considerados
fuera del año, y exentos de la maldición de Ra. Por eso, Osiris nace el primer día de
ellos.[3]

En los días epagómenos, nacieron en orden de días:

1. Osiris, fue considerado un día desafortunado.


2. Horus ""El Viejo"", fue considerado un día afortunado o desafortunado.
3. Seth, fue considerado un día desafortunado. Nació rasgando el costado de su
madre.
4. Isis, fue considerado un día afortunado.
5. Neftis, fue considerado un día desafortunado.

Mediante una trampa artera, su hermano Seth lo asesinó, cortando su cuerpo en catorce
pedazos que esparció por todo Egipto. Su esposa y hermana Isis recuperó amorosamente
todos los miembros, excepto el viril, que se había comido el pez oxirrinco. Con la ayuda
de su hijo adoptivo, Anubis lo embalsamó y, posteriormente, Isis con su poderosa magia
logró insuflar nueva vida al cadáver momificado de Osiris, quedando embarazada de él.
Engendraron así a su único hijo, Horus, quien vengó la muerte de su padre, desterrando
a Seth al desierto y recuperando el trono de Egipto, mientras que Osiris permanecería
como rey de los muertos, en los fértiles campos de Aaru.

En los textos funerarios, como el Libro de los Muertos, el faraón difunto se identifica
con Osiris, rey de los muertos, del mismo modo que en vida lo había hecho con su hijo
Horus.

Osiris como dios del vino


Osiris, según las crónicas, fue el primero que hizo trepar la vid por una estaca y pisó los
racimos. El viajero griego Diodoro Sículo relata:

"Osiris enseñó a la humanidad el cultivo de la vid, así como a vendimiar la uva y cómo
guardar el vino".
Horus
Iconografía

Horus fue representado como un halcón, o un hombre con cabeza de halcón, con la
corona Doble. También, como un disco solar con alas de halcón desplegadas, sobre las
puertas y en las salas de los templos; y con forma leonina como Harmajis. El símbolo
jeroglífico del halcón posado sobre una percha se empleó, desde la época predinástica,
para representar la idea de dios.

Historia

Horus es un dios muy antiguo, ya conocido en la época predinástica. Era un dios


vinculado a la realeza que tutelaba a los monarcas tinitas, cuyo centro de culto era
Hieracómpolis. Desde el Imperio Antiguo, el faraón es la manifestación de Horus en la
tierra, aunque al morir se convertirá en un Osiris, y formará parte del dios creador Ra.
Durante el Imperio Nuevo se le asoció al dios Ra, como Ra-Horajty. Forma parte
troncal de la Gran Enéada. Forma parte de la tríada Osiriaca: Osiris, Isis,Horus.

Mitología

Según la mitología heliopolitana (Heliópolis), Geb (la tierra de Egipto) y su esposa y


hermana Nut (el cielo), dan vida a dos varones, Osiris y Seth, y dos mujeres: Isis y
Neftis. Osiris se casa con Isis, y Seth con Neftis. La leyenda da cuenta de los
innumerables enfrentamientos entre Osiris y su hermano Seth. Gracias a un engaño,
Seth logra asesinar a Osiris, lo descuartiza y oculta sus restos para evitar que encuentren
su cuerpo, desperdigándolos por todo Egipto. Su mujer, Isis, enterada de lo sucedido,
busca cada pedazo, día y noche, por todos los rincones de Egipto. Finalmente, Isis logra
recuperar todos los restos de su difunto marido Osiris, pero hubo una parte que jamás
pudo encontrar: el pene. Isis utilizó sus poderes mágicos para resucitar a su marido
Osiris, que a partir de entonces se encargaría de gobernar en el país de los muertos, la
Duat.

También, utilizando su magia, Isis pudo concebir un hijo del resucitado Osiris: a Horus.
Al poco tiempo de nacer, Horus, hijo de Osiris, fue escondido por su madre Isis y lo
dejó al cuidado de Thot, dios de la sabiduría, que lo instruyó y crió hasta convertirse en
un excepcional guerrero. Al llegar a la mayoría de edad, ayudado por los Shemsu Hor
luchó contra Seth para recuperar el trono de su padre, asesinado por aquél. Seth quedó
como el dios del Alto Egipto y Horus del Bajo Egipto. Posteriormente Horus fue dios de
todo Egipto, mientras que Seth era dios del desierto y de los pueblos extranjeros. Este
mito representa la lucha entre la fertilidad del valle del Nilo (Osiris) y la aridez del
desierto (Seth).

Más adelante dejó el gobierno a los reyes míticos, denominados Shemsu Hor, según la
tradición.

Como dios solar, Horus defiende la barca de Ra, con la ayuda de Seth, contra la gran
serpiente Apep. Además es el protector de Osiris en el inframundo egipcio, o Duat.
Durante el juicio de Osiris, según el Libro de los Muertos, es el mediador entre el finado
y Osiris.