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EL_SUELO_Y_LA_SALUD_DE_LOS_SERES_VIVOS

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El suelo sano soporte de vida sana Juan Guillermo Restrepo Arango1, MV

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Docente Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, AA 1226, Medellín, Colombia. Cuti@epm.net.co

¿Porqué un médico veterinario debe iniciarse en el estudio del suelo? Esta pregunta la respondió el ingeniero agrónomo y nutricionista André Voisin en su obra titulada Suelo, Hierba, Cáncer (12), publicada hace 43 años. En ella propone a los veterinarios, los agrónomos, los zootecnistas, los nutricionistas y a los químicos a pensar en una forma holística, utilizando un enfoque científico transdisciplinario. El texto dice: “El polvo de nuestras células es el del suelo. Meditemos una y otra vez sobre este texto de las Escrituras (Génesis 3, 19): <<Polvo eres y en polvo te convertirás>>. No se trata solamente de una enseñanza religiosa y filosófica. Esta sentencia representa, ante todo, una gran enseñanza científica que debería grabarse sobre la puerta de todas las Facultades de Medicina del mundo entero. Tal vez recordásemos entonces, un poco más, que todos los elementos minerales que componen nuestras células se encuentran, en un momento dado, en el suelo de Normandía, de Renania o de Australia; si este polvo ha sido mal incorporado a las células de la planta, del animal o del humano, nuestras células funcionarán defectuosamente.” Reflexionando sobre las palabras de Voisin, puede decirse que el estudio del suelo debe ser enfocado por el clínico veterinario y el zootecnista, no únicamente desde la perspectiva de la pedología, la cual, aunque importante ya que permite conocer la textura, estructura y la génesis de los componentes de mismo, puede ofrecer una visión limitada del ecosistema del suelo. Debe estudiarse el suelo desde la óptica proporcionada por la edafología, la cual, además de considerar las características fisicoquímicas del suelo, valora la relación entre el mundo vegetal y el mundo animal, ya se manifiesten éstos como una bacteria Rhizobium, un pez, un árbol gigantesco, un alga, una micorriza, una lombriz de tierra, un armadillo, una vaca o un ser humano. La medicina, la ecología y la agricultura se integran por medio del trabajo científico de René Dubos (3), el cual sienta las bases para comprender la razón de una agricultura y ganadería respetuosa de la vida. Describe el suelo como un sistema donde se integran los organismos vivos con los minerales, considerando primordiales a las bacterias, como grandes transformadoras de la roca madre. En el suelo, ecosistema de máximo interés para los agricultores, se integran, gracias a la muerte, los componentes de todos los seres vivos. Todos los residuos de animales y plantas no se acumulan en la naturaleza sino que son consumidos rápidamente por los microbios, pasando a través de una cadena de alteraciones bioquímicas, que paso a paso los transforman en sustancias cada vez más simples. Los microbios a su vez mueren y se transforman. De esta forma, los componentes de todos los seres vivos vuelven

a la tierra y, reducidos en formas más sencillas, quedan disponibles para contribuir a la constitución de nuevas formas de vida microbiana y vegetal, que a su vez serán consumidas por los animales, incluido el ser humano. Eugenio Odum (7) describe que a partir del año de 1926 se empezó a utilizar en la literatura científica el término biogeoquímica, empleado inicialmente por el ruso Vernadskii y más tarde, desde el año de 1943, divulgado por G.R. Hutchinson. Muestra estudios realizados sobre el intercambio de los elementos químicos, entre los cuales se incluyen todos los componentes esenciales del protoplasma, los cuales circulan en la biosfera a través de vías características, pasando por el ambiente, los organismos vivos (bacterias, plantas y animales) y otra vez el ambiente. Estas vías más o menos circulares se conocen como ciclos biogeoquímicos. La partícula bio se refiere a los organismos vivos, geo a las rocas, aire y agua del planeta. La geoquímica se relaciona con la composición química de la Tierra y con el intercambio de elementos entre las diferentes partes de la corteza terrestre, su atmósfera y sus mares, ríos y otros cuerpos de agua. Motivado por los estudios de Voisin y de Schütte, Paul Duvigneaud en La Síntesis Ecológica (4), propone un nuevo campo de la ecología, llamado por él Epidemiología Biogeoquímica. Esta incluye el estudio de aquellas situaciones en las que la composición química de las plantas alimenticias puede quedar modificada por la del suelo en el que crecen, incitando cambios que pueden provocar alteraciones desfavorables para la salud de los consumidores. Se analiza desde el caso más simple como es la acumulación, en concentraciones tóxicas, de un metal a lo largo de la cadena trófica. Este es el caso de la intoxicación con selenio, conocida como seleniosis. Se reportó desde la antigüedad en Asia Central, posteriormente en las llanuras del oeste de Norteamérica. En Colombia se presenta en las regiones secas de la cuenca del río Magdalena. Son territorios donde la roca madre contiene un poco más de Selenio (Se) que otras zonas donde no existe el problema de salud poblacional. El selenio, el cual es necesario para el óptimo crecimiento de algunas plantas, a la vez que necesario para la salud de los animales se encuentra en el suelo en forma de compuestos orgánicos e inorgánicos. Los compuestos orgánicos, más solubles, tienen importancia como causantes de intoxicación en bovinos, ovinos, equinos, porcinos y humanos. El selenio es depositado normalmente en la superficie del suelo por medio de la biomasa aérea que cae paulatinamente cuando mueren plantas concentradoras o indicadoras. La lozanía de estas plantas indica que en el suelo donde ellas crecen hay concentraciones relativamente altas de selenio en forma asimilable. Una característica climática común en las regiones donde existe el problema médico de la seleniosis es la escasa precipitación pluvial durante el año. Si hubiera muchas lluvias, los compuestos solubles de selenio desaparecerían disueltos por el agua y no podrían sostener el metabolismo de estas plantas indicadoras. Como consecuencia de lo anterior, se hallan zonas muy delimitadas, donde las plantas indicadoras crecen con exuberancia y al morir y descomponerse dejan en el suelo el selenio orgánico, que queda disponible para el desarrollo de otras plantas. Si estas tierras se cultivan con maíz, trigo,

centeno o pastos, estas plantas pueden contener mayor cantidad de selenio y llegar a producir la intoxicación conocida como seleniosis, la cual puede manifestarse de acuerdo a la cantidad de selenio acumulada en las plantas, como formas de intoxicación aguda de carácter mortal en el caso de altas concentraciones de selenio en las plantas o, el caso más frecuente, en forma de intoxicación crónica por el consumo de plantas con concentración de selenio relativamente pequeña, ligado a sus proteínas. Se pueden presentar signos y síntomas tales como somnolencia, alteraciones neuromotoras, caída del pelo, deformaciones en cascos, pezuñas, anquilosis articulares, anemia y malformaciones fetales, entre otros (6) El epidemiólogo de los factores biogeoquímicos debe considerar que los problemas pueden ser causados ya sea por un exceso o una carencia absoluta de determinado elemento. En otras ocasiones pueden ser deficiencias o excesos relativos, los cuales indican desequilibrios en las relaciones existentes entre determinados minerales. Un ejemplo de la primera posibilidad puede ser la carencia de cobalto (Co) en los suelos y en los pastos que en ellos crecen, situación que puede desencadenar en los rumiantes signos y síntomas de anorexia, anemia, atrofia muscular, pérdida de peso y la muerte. Estos problemas de salud se presentan ya que este mineral interviene en un proceso biológico complejo que realizan las bacterias del rumen para sintetizar la vitamina B12. Son similares los problemas que ocurren con los suelos pobres en yodo (Io), lo cual sucede más frecuentemente en zonas alejadas del mar, aunque la naturaleza de la roca madre juega un papel importante en la etiología de la enfermedad, debido a que las deficiencias se asocian a las calizas carboníferas y a las rocas dolomíticas y no a las rocas eruptivas ni a los suelos gredosos. Esta carencia se manifiesta como el cuadro clínico del bocio. André Voisin (1971) resalta la estrecha correlación existente entre la naturaleza del suelo y el cáncer de estómago que ocurre en el País de Gales y describe los análisis realizados por Haviland en los años de 1868 y posteriormente en l899, en los cuales al examinar la relación existente entre la frecuencia del cáncer y el mapa geológico de Inglaterra y el País de Gales, llegó a la conclusión de que la frecuencia de la enfermedad era más elevada en los terrenos arcillosos bajos expuestos a inundaciones estacionales por los ríos. Havilan escribía en 1899: “¿cómo es posible que los terrenos calcáreos (limestones) coincidan siempre, en Inglaterra y en el País de Gales, con una ligera mortalidad de cáncer en el estómago, mientras que en los terrenos arcillosos compactos, frecuentemente inundados (flooded Clays), corresponden a una mortalidad más elevada?”. Esta hipótesis fue analizada por Voisin 60 años más tarde, descubriendo que estos suelos carecen de cobre (Cu) asimilable por las plantas, y contienen un exceso de zinc (Zn), Cobalto (Co) y Cromo (Cr). La consulta bibliográfica de Voisin (13) describe que en los años de 1951 y 1952, Legon, del Servicio Geográfico de Londres y utilizando métodos cartográficos, estadísticos y epidemiológicos modernos, realiza un mapa de la frecuencia del cáncer en el estómago, siendo evidente la corroboración de la hipótesis de Havilan. También sorprende la correlación

existente entre los estudios cartográficos de Legon y los nombres dados por los pobladores nativos a algunas regiones. Por ejemplo los habitantes del valle del río Derwent, llamaron este territorio el “Valle del Cáncer”. André Voisin fue uno de los primeros investigadores que llamó la atención sobre la relación dinámica existente entre las características cualitativas y cuantitativas del suelo y la salud de las plantas, de los animales y los seres humanos. Difundió el enfoque científico que consideraba un suelo saludable como algo más complejo que una colección de minerales y recuperó la visión de concebir el suelo como la integración de factores bióticos y abióticos. Voisin (13) estudió el impacto ejercido por una excesiva incorporación de abonos potásicos al suelo y su relación con la tetania de la hierba de los bovinos. Esta enfermedad, que había aparecido en las regiones que comenzaron a utilizar intensamente los fertilizantes de síntesis química a partir de 1930, se caracterizaba por una parálisis repentina del animal, que los granjeros confundían con la fiebre vitular o de leche. Los investigadores comenzaron a ver la relación existente entre la rotura, volteo y el abonado intensivo de las praderas con abonos ricos en potasio. También podía ocurrir en el sistema de rotación de cultivos con programas intensivos de fertilización química, muchas veces reforzado con el suministro de purín. Al revisar las prácticas de manejo de los fertilizantes químicos, Voisin investigó las eventualidades que podían ocurrir en el manejo de los mismos. Cuando una pradera u otro cultivo forrajero se abona con fuentes ricas en potasio (K), la planta se satura con este mineral, en una duración relativamente corta, lo cual los nutricionistas describen como un “consumo de lujo”. Para agravar la anterior situación, la incorporación de abonos potásicos al suelo, disminuye ligeramente las cantidades absorbidas de magnesio (Mg) por las plantas, presentándose en éstas, síntomas de carencia de este mineral. Se ha evidenciado que cuando se aporta simultáneamente potasio, en asocio con nitrógeno y ácido fosfórico se acentúan los desbalances. En el animal, esto provoca un desequilibrio iónico, existiendo una concentración plasmática elevada de iones potásicos en relación con los iones magnésicos. Con la intensificación de las técnicas agrícolas empleadas actualmente, está aumentando la magnitud de los trastornos en los ciclos biogeoquímicos, al permitir que los herbívoros ingieran hierba exageradamente abonada con fertilizantes de síntesis química, ya sean completos (NPK) o sin potasio (NP), en praderas cuyos períodos de descanso son forzadamente acortados. Este forraje provoca la liberación de gran cantidad de amoníaco en el rumen por medio del metabolismo bacteriano, lo cual disminuye la absorción de magnesio. (8). Aunque los problemas clínicos provocados por el desbalance de los iones de magnesio y calcio eran más frecuentes en los rebaños bovinos seleccionados para las lecherías intensivas, éstos son cada vez más frecuentes en los hatos especializados para producir carne, consecuencia de una mayor presión y agotamiento del suelo y sus reservas de minerales y materia orgánica, añadiendo a lo anterior el impacto de los sistemas de alimentación, desquilibrados en fibra, generalmente altos en fuentes de nitrógeno. (8)

En el año 1996, como consecuencia de la aparición de la enfermedad conocida como Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB), vuelve a tomar importancia la epidemiología biogeoquímica. Analizándose la información clínica e epidemiológica de la enfermedad en Inglaterra y después de una amplia revisión de literatura, se presenta una hipótesis en la cual se sostiene que la epizootia de EEB se inició como resultado de la combinación de factores genéticos, nutricionales y exposición crónica a pesticidas órgano fosforados con capacidad mutagénica, los cuales alteraron el modelo genético de la síntesis de proteína. Así mismo, estudios epidemiológicos han indicado la presencia de casos de EEB en granjas donde los animales enfermos nunca habían recibido raciones con concentrados comerciales fabricados con harinas de carne, sangre y hueso, a través de las cuales se podrían haber infectado con el prión pero se confirma que todas ellas estaban sometidas al tratamiento intensivo con órgano fosforados para el control de la mosca Hypoderma bovis que afecta el ganado bovino en la isla de Gran Bretaña. Además, la unidad epidemiológica de la EEB del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación Británico informa la relación que ha encontrado entre la mayor prevalencia de la enfermedad en la región del suroeste de Inglaterra, coincidencialmente en regiones con prácticas agrícolas intensivas y suelos pobres en magnesio y calcio, relación importante, ya que desde el año de 1954 se demostró que el ión magnesio era capaz de reducir la cantidad de acetilcolina liberada en la sinapsis nerviosa y que existía una intrincada relación entre éste y el ión cálcico para mantener el equilibrio entre las neuronas. Se llama la atención a los investigadores para evitar caer, desde el punto de vista de la causa única, en un enfoque que reduzca el problema únicamente al fenómeno infeccioso del prión. (9, 10) Existe un episodio de salud pública reportado en las regiones agrícolas del nororiente de la India, el cual puede considerarse una tragedia humana y una llamada de alerta a los científicos y técnicos que pretenden manipular los procesos biológicos que regulan los suelos, los cultivos y la crianza animal. Se advierte que la zona de Bengala Occidental se encamina hacia una catástrofe sin precedente, ya que cantidades excepcionales de arsénico (As) se han infiltrado en las napas freáticas que alimentan los pozos de agua de varios miles de aldeas, habitadas por más de un millón de personas. Desde 1980 se han reportado los casos clínicos en doscientas mil personas, las cuales están presentando lesiones cutáneas que van desde despigmentación, queratosis, hasta casos avanzados de hiperqueratosis, enfermedades que pueden desembocar en un cáncer. (1). Para la presentación de este grave problema de la salud humana se conjugaron diversos factores, lo cual demuestra la importancia de ser cuidadosos en la toma de las decisiones técnicas. Al estudiar el caso, se descubrió la relación existente entre el inicio de la aplicación, en la India, alrededor del año de 1960 del paquete tecnológico de la llamada revolución verde, donde se comenzaron a sembrar variedades de arroz de alta producción, las que, a diferencia de los centenares de variedades tradicionales que los agricultores sembraban antes en sus policultivos, eran exageradamente exigentes en agua y fertilizantes químicos ricos en fosfatos.

Los investigadores han planteado dos hipótesis para explicar el fenómeno, todas ellas girando alrededor de la tecnología agrícola adoptada. Las gigantescas obras para la irrigación de los cultivos de arroz exigente en agua, fueron consumiendo las reservas de agua subterráneas, obligando, cada vez más, a profundizar los pozos. Al analizar los sedimentos de los pozos se encontró al arsénico presente en grandes cantidades, asociado a la pirita (sulfuro de hierro). Una hipótesis argumenta que el descenso generalizado de las napas freáticas es responsable del envenenamiento del agua, ya que esto facilita la oxidación de los sulfuros y la consiguiente liberación del arsénico en el agua. La segunda hipótesis, basada en las concentraciones de fosfatos exageradamente elevadas, que se han encontrado en las napas freáticas, sugiere que los fosfatos de los abonos químicos, cuyo ión posee propiedades similares a las del arsénico, se ubican en la pirita, en el lugar del arsénico, favoreciendo que este elemento quede libre en el agua. La información antes analizada revaloriza el aporte científico de Voisin, de considerar el suelo sano como el elemento fundamental de la salud humana, animal y vegetal. El trata de mostrar a los médicos humanos y veterinarios y a los agrónomos una forma más holística de aproximarse a los fenómenos de salud y enfermedad, en la cual se diera valor al concepto de terreno. Para eso, revivió la discusión acerca de este concepto, enriqueciendo el debate que a partir del siglo XIX realizaban los investigadores de la práctica médica acerca de los dos paradigmas imperantes. Uno de éstos, fundamentado en la escuela homeopática de Hanneman del siglo XVII, la cual estaba influenciada por los escritos neo-hipocráticos, en especial por el tratado “Aires, lugares y aguas” (5) y posteriormente sostenido por el patólogo celular Rudolf Virchow en el siglo XIX, quién argumenta la importancia del terreno, es decir del ambiente biofísico y cultural donde está inmerso el individuo. El otro, divulgado ampliamente desde el siglo XIX, amparado por la teoría de Luis Pasteur y conocida como la especificidad etiológica, considera que cada enfermedad infecciosa está causada por un solo agente microbiano. Para Virchow, más que el microbio en sí, es la condición preexistente del terreno interno de la célula vegetal o animal lo que determina que los tejidos alberguen microorganismos considerados patógenos o les opongan resistencia. El escribía “Si pudiera volver a vivir mi vida, la dedicaría a demostrar que los gérmenes buscan su hábitat natural, el tejido enfermo, en lugar de ser la causa del tejido enfermo” Conviene aclarar que el propio Pasteur era consciente de la primacía del medio sobre el microbio y sus escritos están llenos de referencias a las condiciones específicas del medio interno que predisponen a los tejidos a sufrir la infección de un germen determinado. Gracias a la formación investigativa de Luis Pasteur en el campo de química, en especial de la fermentación, reconocía que los gérmenes son organismos vivos que para sobrevivir requieren condiciones muy específicas de temperatura, humedad, pH. Esto lo llevó a ser consciente de la primacía del medio sobre el microbio y identificó las condiciones específicas del clima interno que predisponen a las células a sufrir la infección por un germen determinado. (11).

Debe realizarse una relectura cuidadosa de la obra, antes citada de Voisin, para que a la luz de las hipótesis en ella planteadas, reflexionar sobre el camino tomado por la medicina humana, animal y vegetal durante el siglo XX y los albores del XXI. Ella ha estado y está orientada, casi exclusivamente, por el paradigma del agente, ya sea el virus, el protozoario, la bacteria y ahora, el prión. Actualmente, aunque apoyada en la biotecnología, continúa guiada por la visión científica que busca destruir un agente u otra veces, manipular las células del huésped para que lo destruya. Desafortunadamente se continua usando la actitud y lenguaje militar en la medicina, y es así como el léxico científico de actualidad se refiere a una pistola para manejo de material genético, un arsenal antibiótico, una nueva arma de la medicina. Debe reconocerse que la teoría de los gérmenes productores de enfermedad aunque válida, no es la única forma de explicar la enfermedad ya que muchas veces gérmenes catalogados como patógenos, a pesar de estar establecidos en los tejidos, no provocan ninguna enfermedad y otras veces gérmenes considerados inocuos ubicados en esos mismos tejidos, pueden provocar trastornos en la salud (3). En “Suelo, Hierba, Cáncer” Voisin(13) sostiene que “Es el medio el que hace tuberculosos a los animales. Si en una granja existe un elevado porcentaje de animales tuberculosos, mientras que en otra granja no lo hay, es que en la primera el medio es favorable al desarrollo de la tuberculosis. Si eliminamos de esta primera granja las vacas tuberculosas, sin modificar las condiciones que favorecen el desarrollo de la tuberculosis, una gran proporción de animales sanos que sean adquiridos después para sustituir a los sacrificados, no tardarán en ser nuevamente atacados”. Se enfatiza que “ las condiciones del medio que, en una granja, conducen al desarrollo de la tuberculosis son múltiples, pero pueden clasificarse en dos categorías: condiciones de vida insana y alimentación deficiente en calidad y/o en cantidad”. Reflexiona sobre el asunto de la miseria, actualmente en aumento a nivel mundial y que está acompañada con el incremento de los casos de las enfermedades llamadas emergentes, siendo una de las más importantes la tuberculosis y argumenta que “el contagio existe ciertamente; no obstante, la lucha contra la tuberculosis debe orientarse no solamente contra el bacilo mismo, sino hacia el mantenimiento de un terreno resistente a este bacilo. La miseria, la fatiga, las privaciones, el hacinamiento, etc., se consideran, en justicia, como elementos que predisponen a la presentación de la misma.” El autor se hace una pregunta: “¿Por qué unos apacibles bacilos tuberculosos se vuelven tan peligrosos? Los pulmones de todos nosotros están poblados de millones de bacilos tuberculosos, con los que nos llevamos bien...” En el campo de la sanidad vegetal Francis Chaboussou (2) preocupado por la magnitud de la incidencia de las enfermedades iatrogénicas desencadenadas por el uso de agrotóxicos en las plantas cultivadas, postula la teoría de la trofobiosis (Trofo: alimento – biosis: vida). Esta sostiene que las defensas orgánicas de los vegetales, seres autótrofos, están determinadas por una nutrición equilibrada, la cual impide la acumulación en la savia o el citoplasma, de substancias nutritivas tipo azúcares y aminoácidos libres que utilizarán los heterótrofos (insectos). Analiza que las formas de propagación de hongos y

virus carecen de reservas, tal y como existen en los organismos autótrofos, motivo por el cual necesitan de una savia o citoplasma como fuente nutricional, con acumulación proteolítica. Los insectos muestran una capacidad, aún no bien estudiada, de detectar un grupo de plantas que estén desquilibradas en medio de un cultivo, utilizándolas como alimento y aumentando exageradamente su población, convirtiéndose en plaga. Reflexionando sobre estas consideraciones, es preocupante la situación actual de degradación del sistema biogeológico conocido como SUELO, provocada por los fenómenos de la deforestación, la erosión, la compactación, la salinización y la contaminación, entre otros. En Colombia, por ser un país ubicado en las regiones tropicales cercana a la línea ecuatorial, la mayoría de estos fenómenos antes mencionados se magnifican. Los técnicos que intervienen en el campo de la agricultura deben manejar adecuada e integralmente los conceptos científicos de la Edafología y la Agroecología, porque todas las técnicas por medio de las cuales el ser humano actúe sobre el suelo deben ser cuidadosas y respetuosas del bienestar de este ecosistema viviente, recordando que la vida se perpetúa a través de una constante común unión y movimiento, entre todas las sustancias orgánicas en su ciclo de la vida y la muerte. Si se trabaja adecuadamente, del suelo brotarán formas vivientes saludables, de lo contrario, el suelo enfermo generará seres vivos enfermos. Referencias 1. Bagla, P, Kaiser, J. L’arsenic contamine dangereusement les eaux Indiennes. Les experts redoutent une épidemie de cancers. La Recherche 1997; 295: 42 – 44 2. Chaboussou, f. La trophobiose et la proctection de la plante. Revue des Question Scientifiques 1972; 143 -N° 1: 27-47 3. Dubos, René. El espejismo de la salud. México: Ed. Fondo de Cultura Económica, 1968. 4. Duvigneaud, Paul. La Síntesis Ecológica. Barcelona: Ed. Alhambra; l981. 5. Faure, O. Un médecin des lumiéres en quete de Lois. Samuel Hanneman fonde l’homéopathie en réaction aux échecs de la médecine. La Recherche 1998. 310: 67 –69 6. McDonald P, Edwards R.A.,Greenhalgen J.F.D., Morgan C.A. Nutrición animal. 5ª ed. Zaragoza (España): Ed. Acribia; 1999. 7. Odum, Eugene P. Interamericana;1985. Fundamentos de ecología. México: Ed.

8. Percy, TW, Cecava, M J. Editors. Beef cattle feeding and nutrition. 2 a ed. California: Academic Press; 1995.

9. Purdey, M. ¿Are organophosphate pesticides involved in the causation of bovine spongiform encephalopathy (BSE)? Hypothesis based upon a literature review and limited trials on BSE cattle. J of Nutrit Med 1994; 4: 43 –82 10. Purdey, M. Mad cows and warble flies: A link between BSE and Organophosphates? The Ecologist 1992; Vol 22 N° 2 11. Reid, D. Medicina tradicional china. Barcelona: Ed. Urano; 1999. 12. Voisin, A. Suelo, hierba, cáncer. Madrid: Ed. Tecnos; 1971.

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