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DISCURSO DÍA DEL POFESOR

Hoy rendimos homenaje a José Manuel Estrada, quien ejerció la docencia en todos
los niveles educativos.
El que se haya convertido en uno de los más destacados historiadores argentinos,
pone de manifiesto el valor del estímulo docente, que hizo crecer con énfasis su
interés por la historia, al recibir un premio.
En su persona quedan representados todos los profesores que con profunda
vocación contribuyen a la educación de las nuevas generaciones.
Educación: ¡es una palabra que tiene una dimensión tan recóndita!
La compleja sociedad actual exige de la escuela multiplicar sus roles, ya que debe
cumplir funciones de asistencia social, como las de alimentar y contener,
obligándola muchas veces, a relegar su tarea específica que es enseñar.
Es por eso que hoy la educación, se ha convertido en un desafío, y priorizar
cualquiera de esas cuestiones, es un riesgo que corremos juntos.
Tener la capacidad de comprender y lograr ejercer lo que esta compleja tarea
implica es en don que solo los elegidos poseen.
Escabroso es el camino de quien se atreve a la formación de esa nueva
generación llamada “los nativos digitales”, pues al encontrarnos en un nuevo
escenario tecnológico repleto de satélites de comunicación, de fibra óptica, de
información digitalizada, de computadoras cada vez más potentes, de realidad
virtual, de simulaciones, nos muestra una nueva perspectiva del rol: el de
aprendices. Y hoy, la visión tradicional de la escuela y de la pedagogía, está
minadas por esos avances tecnológicos y los mass media.
Es por eso que hoy resulta tan oportuna una frase de Eric Hoffer: “En épocas de
cambios radicales, el futuro es de los que siguen aprendiendo, los que ya
aprendieron, se encuentran equipados para vivir en un mundo que ya no
existe”.
Parafraseando a Aguinis: Cada uno de nosotros, puede tener dos actitudes en la
vida: Construir o Plantar. Elijamos Plantar.
Los constructores pueden demorar años en sus tareas, pero un día terminan
aquello que estaban haciendo. Entonces se detienen y quedan limitados por sus
propias paredes. La vida pierde todo sentido cuando la construcción acaba.-
Pero existen los que plantan, los que deciden convertirse en jardineros. Estos a
veces sufren con las tempestades, las estaciones y raramente descansan. Pero al
contrario de un edificio, el jardín jamás para de crecer. Y, al mismo tiempo que
exige la atención del jardinero, también permite que, para él la vida sea una gran
aventura.
Los jardineros se reconocerán entre sí, porque saben que en la historia de cada
planta está el crecimiento de toda la Tierra.

Profesora Ana María Mansilla