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Mario O'Donnell - Historias Argentinas

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Cuando Belgrano izó por primera vez la insignia azul y blanca, cosida por una de las olvidadas de nuestra historia,

Historias Argentinas

file:///G|/historiasargentinas.htm[09/09/2010 13:44:30]

la rosarina María Echevarría de Vidal, comunicó el hecho a Buenos Aires. La airada respuesta revelaba el
inconfundible estilo de Bernardino Rivadavia, una de las figuras más discutibles de nuestra historia pero ensalzado
por la versión consagrada: "E1 gobierno deja a la prudencia de V.S. mismo la reparación de tamaño desorden (la
jura de la bandera), pero debe prevenirle que ésta será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos
de su autoridad y los intereses de la nación que preside y forma, los que jamás podrán estar en oposición a la
uniformidad y orden. V.S. a vuelta de correo dará cuenta exacta de lo que haya hecho en cumplimiento de esta
superior resolución."
El Primer Triunvirato privilegiaba el temor a desagradar al embajador Lord Strangford y se sometía a la estrategia
inglesa de sostener hipócritas buenas relaciones políticas con España mientras le arrebataba mercados en sus
colonias sublevadas. El apoyo británico a la insurrección rioplatense, que tenía como condición la de impedir toda
manifestación independista, durante los años previos y posteriores a Mayo fue decisiva aunque embozada debido a
su alianza con la Corona española en su guerra contra la Francia de Napoleón. A esa estrategia respondió también
el envío en 1812 a bordo de la “George Canning” de oficiales indianos que se habían destacado en las guerras
europeas para conducir los ejércitos insurrectos de las colonias hispánicas en América que carecían de jefes
experimentados pues los mejores habían quedado del lado realista..

Furioso y despechado, don Manuel responde el 18 de julio de 1812, sincerándose que había izado la bandera para
"exigir a V.E. la declaración respectiva en mi deseo de que estas provincias se cuenten como una de las naciones
del globo". Pero ya que el gobierno no dictaba la independencia, no le cabía otra conducta que recoger la bandera,
"y la desharé para que no haya ni memoria de ella -escribe con conmovedor despecho-. Si acaso me preguntan
responderé que se reserva para el día de una gran victoria y como ésta está muy lejos, todos la habrán olvidado."
Razones tenía Belgrano para estar sorprendido puesto que, imbuido de la necesidad de no hacer públicos los
anhelos autonómicos, había elegido para la bandera los colores borbónicos de la casa del Rey Fernando VII, tres
franjas, dos azul celeste exteriores y una blanca interior, con lo que también pretendía lealtad con el Rey preso y no
con España, puesto que en él había supuestamente delegado el Papa la “propiedad” de América, con lo que se
descalificaba la intención de la Junta de Sevilla de reivindicar sus derechos sobre la colonia.

CAPITULO IV

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