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Comentario Biblico, Antiguo y Nuevo Testamento

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Esto es de gran ayuda permitiendo más claridad a pasajes en la escritura.
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INTRODUCCIÓN

EL AUTOR Y SUS TIEMPOS

Sofonías, el autor de la profecía, era de familia piadosa, como lo demuestra su
nombre, que significa “guardado por Jehovah”. Aunque no es único en el AT
(cf. <242101>

Jeremías 21:1; <380610>

Zacarías 6:10), muestra la seguridad de sus padres
en la providencia del Dios de Israel aun en el nacimiento de su hijo.
Aparentemente descendió de Ezequías, el decimocuarto rey de Judá (716-687
a. de J.C.), como lo describe su genealogía (<360101>

Sofonías 1:1), la más larga
encontrada en cualquier libro profético. El mismo versículo identifica la fecha de
las profecías durante el reinado de Josías, el decimosexto rey de Judá (640-
609 a. de J.C.), el cual era descendiente de Ezequías. (Ver la gráfica en la pág.
656.)

El período entre los piadosos reyes Ezequías y Josías fue marcado por el
decaimiento religioso. La adoración verdadera fue pervertida por el malvado
Manasés (<122101>

2 Reyes 21:1-18) y por su hijo Amón (<122119>

2 Reyes 21:19-26),

abuelo y padre de Josías, respectivamente. Tal vez la preservación de una
familia recta y de su hijo durante este período turbulento llevó a sus padres a
darle a Sofonías su nombre.

Es asunto de debate cuándo, durante el reinado de Josías, fueron pronunciadas
las profecías de Sofonías. Algunos sugieren una fecha antes de que Josías
restaurara el culto a Jehovah, la respuesta correcta de Israel a Yahweh, el Dios
al que él había jurado lealtad en el monte Sinaí (Exodo 19—24). Toda la vida
del pueblo, política, social y religiosa, debía ser dirigida por la voluntad de Dios
como había sido revelada en Sinaí en la ley, como fue registrada en el
Pentateuco, pero ellos reiteradamente decidieron ignorarla, viviendo según sus
propios deseos. Fue solamente bajo Josías que volvieron a captar la visión del
culto a Jehovah (<122201>

2 Reyes 22:1—23:30; <143401>

2 Crónicas 34:1—35:27). Se
sugiere una fecha anterior a Josías, puesto que todavía existían prácticas
paganas (1:4-9). Esto fecha al libro antes de 621 a. de J.C., el principio de sus
reformas. El argumento no es convincente, sin embargo, puesto que la reforma

nacional religiosa instituida por un rey no fue seguida universalmente por el
pueblo, y ni siquiera por futuros gobernantes.

Aunque prohibidas oficialmente por Josías, las prácticas paganas continuaron
indudablemente entre el pueblo, lo que no excluye alguna fecha durante su
reinado. Jeremías, contemporáneo de Sofonías, condenó algunas de las mismas
prácticas (<360104>

Sofonías 1:4, 5; cf. <240208>

Jeremías 2:8; 8:2; 19:5, 13: 32:35), y la
necesidad que surgió alrededor del mismo período por otros profetas, Nahúm
y Habacuc, también sugiere que las reformas de Josías no fueron completas ni
permanentes.

Los extraordinarios paralelos entre Sofonías y Deuteronomio (ver.

<360105>

Sofonías 1:5, 13, 18; 3:5) apoyan una fecha posterior al principio de las
reformas de Josías, que fue iniciada por el descubrimiento de “El libro de la
Ley” en el templo (<122208>

2 Reyes 22:8). Se acepta generalmente que el
documento que fue descubierto era una forma de Deuteronomio, que sirvió
como base para restablecer el culto a Yahweh. Las referencias aparentes de
Sofonías a Deuteronomio lo llevan a uno a sugerir que él profetizó después del
redescubrimiento del libro.

En los caps. 2 y 3 se mencionan varias naciones, y la referencia a Asiria
(<360213>

Sofonías 2:13-15) en particular ayuda a determinar la fecha del libro.
Sofonías predijo la destrucción de Nínive, la capital de Asiria (<360213>

Sofonías

2:13). Asiria, desde la derrota y deportación de Israel en 722 a. de J.C. (<121704>

2

Reyes 17:4-41; 18:9-12), era la amenaza más importante que se cernía sobre
Judá. Aunque aparentemente invencible para Judá, bajo la mano de Dios
usando el poder de los vecinos babilonios, los días de Asiria estaban contados.
Para el fin del siglo sexto se desvanecía rápidamente. En 612 a. de J.C. Nínive
cayó ante Babilonia y todo el imperio fue tomado en 605, de modo que la
profecía de Sofonías debe ser anterior a 612 a. de J.C.

Otras naciones mencionadas incluyen a los filisteos (<360204>

Sofonías 2:4-7), a

Moab y a Amón (<360208>

Sofonías 2:8-11) y a Cus (Etiopía) (<360212>

Sofonías 2:12).

Los filisteos habían sido antagonistas de Israel desde su regreso de Egipto
después del éxodo, y finalmente fueron sometidos, aunque no erradicados, por
David. La liga de sus cinco ciudades estados, Asdod, Ascalón, Gaza, Ecrón y
Gat, estaba en la orilla del Mediterráneo, al occidente del mar Muerto. Gat
aparentemente había declinado para el tiempo de la profecía de Sofonías,
puesto que no se incluye en su oráculo de juicio, que no era único en sus

advertencias respecto a estos pueblos (cf. <231428>

Isaías 14:28-32; Jeremías 47;

Amós 1:6-8; <380905>

Zacarías 9:5-7).

Las dos naciones de Transjordania, Amón y Moab, estaban relacionadas por
sus antepasados, los hijos que Lot tuvo con sus hijas (<011936>

Génesis 19:36-38), y

de esta manera (por medio del parentesco de Lot con Abraham; <011205>

Génesis

12:5) también estaban emparentadas con Israel. Esta relación, sin embargo, no
era cercana, puesto que había frecuente oposición entre Israel y sus “primos”
del otro lado del Jordán (cf. <070312>

Jueces 3:12-30; <091101>

1 Samuel 11:1-11; <120301>

2

Reyes 3:4-27).

Cus, o Etiopía, había sido derrotada por los babilonios en 663 a. de J.C.
cuando éstos invadieron Egipto, al cual controlaba Etiopía desde el tiempo de
la dinastía veinticinco (c. 716-663 a. de J.C.). En 2:12 tenemos lo que podría
ser una memoria de esta destrucción, o, más probablemente, Cus se usa como
una designación alternativa para todo Egipto (véase <232004>

Isaías 20:4 y

<263004>

Ezequiel 30:4-9). El juicio de Dios entonces no caería solamente sobre el
vecino más pequeño de Judá, sino también sobre los poderes más importantes
del mundo, Egipto y Asiria, que estaban más lejanos.

EL LIBRO Y SU MENSAJE

Algunos han cuestionado si partes del libro son originales, especialmente

<360314>

Sofonías 3:14-20; sobre la base cuestionable de que la nación descarriada,
que enfrentaba el juicio y que se le había advertido que se arrepintiera, no
habría recibido un mensaje de esperanza, como se encuentra en estos
versículos. Se alega que el juicio era la regla antes del exilio, y que la esperanza
entró en los mensajes del profeta sólo después del evento. Esta reconstrucción
aparentemente lógica choca con el AT como un todo, que vez tras vez coloca
juntos dos aspectos del carácter de Dios: la justicia santa y el amor compasivo,
que no se excluyen mutuamente (véase la mezcla en Isaías 1—2; Oseas 2;
Amós 9). Esta mezcla de esperanza y juicio no debe ser una sorpresa si uno
considera la naturaleza del pacto entre Dios y su pueblo. Parte integral de él
eran tanto las bendiciones por la obediencia (p. ej. <052801>

Deuteronomio 28:1-14)

como las maldiciones por la desobediencia (<052815>

Deuteronomio 28:15-68).
Hasta el suceso del éxodo, tan central para la fe del pueblo de Dios, es una
combinación de ambos: esperanza para los que obedecían a Dios (<021221>

Exodo

12:21-28) y castigo para sus oponentes (12:29, 30; 14:26-28).

Un tema teológico que une el libro es el juicio. La predicación sobre este tema
(<360102>

Sofonías 1:2-6) lleva al profeta al juicio final, el día de Jehovah

(<360107>

Sofonías 1:7—3:20), que se precipitará en los “últimos días” por acciones
humanas. Aunque Sofonías no es el único que discute el día (cf. Isaías 2;
Jeremías 46—51; Ezequiel 7; Joel 2), en ninguna otra parte sirve como tema
unificador teológico de un libro como lo hace aquí.

Sofonías muestra la naturaleza doble de este día como un tiempo de juicio
punitivo y también de bendita esperanza. El castigo caerá sobre Judá por su
fracaso de seguir el pacto. Las prácticas paganas específicas están inscritas
para condenación (<360104>

Sofonías 1:4-6), como lo son las de los líderes de Judá

(<360303>

Sofonías 3:3, 4). Su apatía (<360112>

Sofonías 1:12, 13) y su orgullo

(<360203>

Sofonías 2:3) son condenadas particularmente.

Las naciones tampoco están exentas de juicio (cap. 2); su corrupción es como
la citada en <010605>

Génesis 6:5-7. El orgullo precipita su caída (<360210>

Sofonías 2:10,

15).

A Israel se le ofrece esperanza si se humilla, revirtiendo su necio orgullo
(<360312>

Sofonías 3:12). Hay esperanza inmediata para Israel (<360203>

Sofonías 2:3),

como también promesas de bendiciones futuras para él (<360313>

Sofonías 3:13-17)

y para las naciones (<360309>

Sofonías 3:9). La esperanza nacional, social e
individual solamente puede florecer en el contexto de la humildad. El orgullo y
la esperanza no pueden existir juntos.

BOSQUEJO DEL CONTENIDO

<360101>

Sofonías 1:1 Encabezamiento

<360102>

Sofonías 1:2-6 Juicio

<360107>

Sofonías 1:7—3:8 El día como juicio

1:7-13 Judá
1:14—2:3 El día del Señor
2:4—3:8 Naciones individuales

<360309>

Sofonías 3:9-20 El día como esperanza

COMENTARIO

1:1 ENCABEZAMIENTO

Jehovah, Yahweh, el Dios del pacto de Israel (<020602>

Exodo 6:2-6), es la fuente
última de esta profecía que se describe muy generalmente como su palabra. La
persona que proclama el mensaje de Dios es Sofonías. De cualquiera de las
genealogías proféticas (cf. <243614>

Jeremías 36:14), la de él es la más larga; se traza
hasta Ezequías, el decimocuarto rey de Judá (716-687 a. de J.C.; véase la
Introducción). Esta genealogía inusualmente larga fue incluida posiblemente
para evitar la inquietud de que el padre de Sofonías hubiera sido de Etiopía (un
cusi en heb.), puesto que Etiopía era objeto de uno de los oráculos (2:12). A
los egipcios y etíopes no se les permitió acceso a la comunidad israelita hasta la
tercera generación (<052307>

Deuteronomio 23:7, 8).

Una explicación más probable, sin embargo, era el deseo de relacionar al
profeta con su antepasado justo y real. Esto era especialmente importante
después de los errados predecesores de Josías, el presente rey, quien era,
como Ezequías, un adorador comprometido de Jehovah (véase la
Introducción).

1:2-6 JUICIO

De inmediato, sin más introducción, Jehovah comunica un aterrador mensaje de
horrendo juicio, no sólo en general para todo el mundo (2, 3), sino más
específicamente para Judá y para Jerusalén, su capital (4-6). No actuando a
distancia, Yahweh se encarga en forma personal de esta devastación.

2, 3 Jehovah advierte que él acabará por completo con todas las cosas de la
faz de la tierra
. La lista de seres que enfrentan la destrucción, hombres...
animales... aves del cielo y... peces del mar,
muestra que él se propone un
acto de “des-creación”. Esos seres aparecen en la lista en exactamente el orden
opuesto al de la creación (<010120>

Génesis 1:20-28). Esta destrucción excederá
hasta a la del diluvio (Génesis 6—9), puesto que aquí los peces también
sentirán el golpe de la ira de Dios. Toda la creación sufrirá como resultado del
pecado de la humanidad (cf. <450820>

Romanos 8:20, 21). La humanidad es
particularizada especialmente al ser mencionada dos veces, siendo los
pecadores impíos que precipitaron la reacción de Dios. Ellos serán eliminados
o aniquilados (4; cf. <110907>

1 Reyes 9:7), un término que indica el cumplimiento de

la pena de muerte sobre los infractores de la ley (<023114>

Exodo 31:14) que es muy

apropiada en este contexto.

El oyente puede estar seguro de que estas palabras severas son ciertas, puesto
que son una declaración de Jehovah, el Señor mismo (ver también

<360110>

Sofonías 1:10; 2:9; 3:8, 20). El no solamente habla; actuará, como se ve
por las siete veces que ocurre el Yo (o verbos de primera persona del singular)
en los vv. 2-4.

4-6 Aunque toda la creación sufrirá, Judá y Jerusalén son particularizadas.
Ellos, el pueblo del pacto de Dios, habiéndose consagrado a él
voluntariamente, tienen un mayor grado de responsabilidad. De igual manera el
pueblo de Dios es primero entre muchos en Amós 1:3—2:16. Jesús hizo de
esto un principio que se aplica universalmente: “de todo aquel a quien le ha sido
dado mucho, mucho se demandará de él” (<421248>

Lucas 12:48). Dios dice
Extenderé mi mano, no para ayudar a Israel como lo había hecho antes (p. ej.

<050434>

Deuteronomio 4:34), sino para castigar, así como cuando Aarón extendió
la vara e inició las plagas sobre Egipto (<020719>

Exodo 7:19).

Los que enfrentarán el ser quitados de este lugar (ya fuera que se tratara de la
misma Jerusalén o del templo, que es verdaderamente “el lugar”,

<051205>

Deuteronomio 12:5), son identificados por sus malas acciones. Algunos
todavía adoraban a Baal, un título que significa “señor, dueño, amo”, que no
era usado solamente para las deidades paganas, sino también para Jehovah
mismo (el nombre Belial significa “Yahweh es Baal”). Dios está aquí
denunciando la adoración de Asera, la diosa cananea de la fertilidad, o también
del dios Bel (Baal) de los asirios. Aunque algunos sugieren que la reforma
religiosa de Josías, iniciada en 621 a. de J.C., detuvo completamente las
prácticas paganas, el hecho de que se mencione lo que queda del culto de
Baal
podría indicar que las reformas recién iniciadas estaban efectuándose,
aunque todavía no estaban completas (véase la Introducción). Los sacerdotes
idólatras
(<122305>

2 Reyes 23:5) también serán eliminados, hasta el punto de
borrar sus nombres. El objeto de su adoración, el ejército de los cielos, son
los dioses estrellas (cf. <050419>

Deuteronomio 4:19; <122103>

2 Reyes 21:3-5;

<240802>

Jeremías 8:2) que Israel sabe que fueron creados por Jehovah mismo

(<010114>

Génesis 1:14-17).

Otro problema era el sincretismo o mezcla de sistemas religiosos. El heb. del v.
5, que dice que la gente jura por su rey [Malcam], puede indicar que ellos
adoraban no solamente a Yahweh (usando su nombre en juramentos), sino

también hacían lo mismo a su representación humana. Aunque no hay evidencia
de esta práctica en el mismo Israel, era común por todas partes en el antiguo
Cercano Oriente. Este versículo también podría referirse a Milcom (Moloc),
(RVA; LXX y otras versiones), un dios pagano amonita (<111105>

1 Reyes 11:5,
33). Hasta podría haber una combinación de las dos posibles interpretaciones,
es decir, que aunque fingían lealtad a Jehovahh como rey, en realidad estaban
viviendo bajo la autoridad de un usurpador, Milcom el pagano. En cualquier
caso, la gente mezclaba la adoración al verdadero Dios con la del que no era
digno de adoración (<022003>

Exodo 20:3). Como en Jeremías (<240212>

Jeremías 2:12,

13), Yahweh es afrentado por Judá, que se volvió de la verdad para seguir
mentiras.

1:7—3:8 EL DIA COMO JUICIO

Las advertencias de condenación llevan a las del día del juicio final, el día del
Señor, que es el tema del resto del libro (ver la Introducción). Este día aparece
en su naturaleza doble, no solamente como un día de juicio doloroso
(<360107>

Sofonías 1:7—3:8), sino también un día de esperanza bendita

(<360309>

Sofonías 3:9-20). Afectará a las naciones (<360114>

Sofonías 1:14-18; 2:4-15)

y también a Judá (<360118>

Sofonías 1:18-13; 2:1-3; 3:1-7), tanto en eventos

históricos que se vislumbran (<360204>

Sofonías 2:4-15) como también en grandes

sucesos del fin de los tiempos (<360114>

Sofonías 1:14-18; 3:8-13). Es el “día del
Señor” porque en ese día sólo él actuará, no solamente en poder santo y en
justicia, sino también en gracia amorosa.

1:7-13 Judá

7 Se nos pide callar ante la presencia del Señor Jehovah (cf. <350220>

Habacuc

2:20). Uno puede quedarse callado como en los brazos amorosos de una
madre (<19D102>

Salmo 131:2), pero aquí tiene un sabor diferente, puesto que se
refiere a un silencio que cae en la aterradora presencia del creador, sustentador
y juez del universo. Este es el respeto demandado por el oficial del tribunal
cuando ordena “todos de pie” cuando entra el juez en la sala. El Señor está
ahora acercándose porque su día, el día de Jehovah, está cercano (cf. v. 14;

<231306>

Isaías 13:6; <263003>

Ezequiel 30:3; <290115>

Joel 1:15; <310115>

Abdías 1:15).

En anticipación a este día, Jehovah ya ha hecho preparativos personalmente,
como lo demuestran sus actos en este versículo y también los usos de Yo y
verbos de primera persona del singular en los vv. 8, 9, 12 y 17. Como un
sacerdote, ya ha preparado un sacrificio o fiesta de sacrificio (cf. <244610>

Jeremías

46:10). También ha escogido (consagrado) o apartado a sus invitados para una
función especial (cf. <032108>

Levítico 21:8; <100811>

2 Samuel 8:11). En un macabro
juego de palabras uno puede entender que los invitados están listos para
participar de la fiesta de sacrificio o para ser ellos mismos el sacrificio. Los que
se oponen a Jehovah serán sometidos a su juicio.

8 En este mismo día del sacrificio, el primer castigo se dirige tanto a los jefes
de las naciones, a la casa real, como a los que están siguiendo influencias
“extranjeras”, posiblemente indicando prácticas religiosas paganas (cf. <121022>

2
Reyes 10:22). Josías mismo no es mencionado, tal vez porque esto es de un
período temprano en su reinado cuando las verdaderas riendas del poder
estaban en manos de otros funcionarios (<122201>

2 Reyes 22:1), eso es, a los que

se alude aquí.

9 Todavía otra perversión aparentemente religiosa incluye a aquellos que saltan
sobre el umbral
(un término usado en el AT solamente en asociación con un
templo; <090504>

1 Samuel 5:4, 5; <260903>

Ezequiel 9:3). Esto muy probablemente
significa la práctica pagana de los filisteos de no pisar el umbral del templo de
Dagón (<090504>

1 Samuel 5:4, 5), otra intrusión al culto israelita de Yahweh. Otra
posibilidad es que la segunda mitad de este versículo es una explicación de la
primera mitad oscura. Lo que entonces está implicado no es una mal religioso
sino económico o social. Los líderes que debían proteger sus cargos mediante
un gobierno justo y recto en lugar de eso están llenando sus residencias reales
con violencia (cf. <350102>

Habacuc 1:2, 3) y con fraude. Cualquiera sea la
interpretación que se adopte, la cláusula final del versículo indica que Jehovah
no considera los errores que se cometieron como menores, sino como de la
misma magnitud que los que llevaron a la primera “des-creación” en el tiempo
del diluvio (cf. 1:3; <010611>

Génesis 6:11).

10, 11 El autor presenta el desarrollo geográfico del juicio de Dios en aquel día
de Yahweh. El norte provee un acceso más fácil a Jerusalén debido a colinas
en otras direcciones. Esta es no solamente la ruta más natural para mercaderes
y comerciantes, sino también para ejércitos que atacan. La ubicación de las dos
primeras zonas mencionadas es conocida, la puerta del Pescado, que era
probablemente una puerta importante hacia el norte de la ciudad (<143314>

2

Crónicas 33:14; <160303>

Nehemías 3:3). El Segundo o “nuevo” Barrio estaba al
norte del templo y era, según su nombre, una adición más reciente (<122214>

2

Reyes 22:14; <161109>

Nehemías 11:9). Las colinas es una referencia más general,
pero bien podría señalar a un rasgo específico en el norte de Jerusalén. El

mercado interior o barrio de negocios, llamado de Mactes estaba situado
aparentemente en una depresión, posiblemente una cantera excavada en forma
de mortero (cf. <071519>

Jueces 15:19; <202722>

Proverbios 27:22).

Una seria calamidad les acontece a los habitantes de estos lugares, y ellos
responden con un angustioso clamor y gemido. La estruendosa destrucción
también se traduce como clamores de angustia en otras partes (p. ej. <231505>

Isaías

15:5; <244805>

Jeremías 48:5), ajustándose bien al contexto presente. Parte de la
calamidad incluirá un colapso económico. Esta es una referencia adicional a la
indeseada influencia extranjera, puesto que mercaderes es lit. “gente de
Canaán”, cuya habilidad para el comercio bajo su nombre posterior, “fenicios”,
era bien conocida.

12 Actuando como la policía en una incursión en busca de contrabando,
Jehovah realizará un escrutinio con lámpara. Su meta no es buscar una
persona honesta (cf. <240501>

Jeremías 5:1), sino atrapar a los que le han disgustado
para castigarlos. Su pecado no está en la práctica clara y pública del mal (4-
11), sino en su omisión secreta y más privada de cualquier bien, una
complacencia completa. Son comparados a parte del proceso de la
fermentación del vino que, cuando no es agitado, junta las partículas más
pesadas en el fondo del barril. Este residuo, la hez puede causar coagulación
que hace que el vino no se pueda beber. Estas personas niegan la actividad de
Dios y son condenadas por su apatía, como Martin Luther King reprendía a
nuestra generación diciendo: “Tendremos que arrepentirnos en esta generación,
no tanto por las malas acciones de los malvados, sino por el espantoso silencio
de la gente buena.”

13 Dios mostrará a los ricos apáticos cuán descarriados han estado. Ellos han
pervertido el mismo fundamento teológico del entendimiento de Israel de la
historia, que Dios interviene activamente en el mundo, trayendo bendición o
juicio. Una teología mal encaminada es por lo menos tan seria como obras mal
encaminadas. Como castigo, los medios de poder y posición por los que los
pecadores obtuvieron su estatura les serán quitados (cf. <052830>

Deuteronomio

28:30-42; <300511>

Amós 5:11; <330613>

Miqueas 6:13-15).

Desde la perspectiva del NT acerca del amor de Dios como se mostró en
Cristo, es muy fácil olvidar que el carácter de Dios también incluye santidad y
justicia. Como en el AT la gracia de Dios se desbordó hacia su pueblo y hacia
los que siguieron su voluntad revelada, así en el NT su santa ira no se retendrá
de los que vuelven espaldas a su revelación como lo hizo la gente apática de

Judá. Ni la identificación de ellos como su pueblo es prueba suficiente contra su
ira si no hay la aplicación correspondiente de su voluntad en la vida y en las
relaciones.

1:14—2:3 El día del Señor

Sofonías ahora describe, en forma de himno, el día catastrófico de Jehovah.
Este día no solamente afectará a su propio pueblo sino al mundo entero. Un
ingenuo entendimiento del día era que Dios bendeciría a Israel, su pueblo,
mientras que juzgaría y condenaría a los que se habían opuesto a él y a su
pueblo (ver <300518>

Amós 5:18-20). Israel había olvidado que la elección trae

responsabilidad (<300302>

Amós 3:2), y que una relación correcta con Dios no se
basa en el nacimiento sino en la obediencia. Ellos sufren si Dios no es honrado,
como todas las naciones, pero la bendición también está a la mano para todos
los justos, cualquiera que sea su herencia étnica. Esta doble naturaleza del día,
como también su universalidad, culminará en la segunda venida de Cristo. Este
día final del Señor (<530202>

2 Tesalonicenses 2:2) también será universal y de dos

naturalezas (<402403>

Mateo 24:3-33; Apocalipsis 19—22).
1:14-18 Amenazas generales. 14-16 El día es inminente, cercano... y se
apresura con rapidez,
un tema importante para el profeta (véase v. 7). Su
advertencia no se refiere a un día distante, sino para ahora; y no es algo que se
espera con gozo. Más ágil que un corredor, y más presuroso que un
valiente
(ya sea por ansia de sangre o por el terror), lo cual aumentará el
tumulto.

El día terrible se describe en un catálogo incisivo de horror, arreglado en una
contrapartida de seis partes para los seis días de la creación original. Desde el
punto de vista de Jehovah, se cumple con su ira (cf. <260719>

Ezequiel 7:19;

<280510>

Oseas 5:10; <350308>

Habacuc 3:8), mientras que su impacto en la humanidad
se describe en cinco pares de sinónimos. Las emociones son atacadas con
angustia y... aflicción acompañadas por el sufrimiento físico mediante la
desolación y... devastación. Al trauma emocional se añade tinieblas y...
oscuridad.
Para Amós esto caracterizaba el juicio de Dios (<300518>

Amós 5:18-

20; cf. <230822>

Isaías 8:22; <290202>

Joel 2:2) y también trae a la mente el caos previo a

la creación (<010102>

Génesis 1:2) dentro del cual la luz del poder de Dios todavía
no había brillado. Estos horrores, acompañados por el golpe del toque de
corneta y de griterío,
son típicos de las “teofanías”, en las que Dios, el
creador todopoderoso y juez del universo confronta su creación (cf.

<022018>

Exodo 20:18; <050411>

Deuteronomio 4:11). Aun las fortalezas no están a

prueba de los avances del Señor.

17, 18 En términos gráficos que tienen el propósito de sacudir a sus oyentes,
Jehovah mismo describe los resultados de su juicio sobre la humanidad. Los
hombres que recibieron el pacto para dirección se tambalearán como si
estuvieran ciegos, una maldición prometida por el mismo pacto que habían
ignorado (<052828>

Deuteronomio 28:28, 29). La misma sangre de vida de la

humanidad (<031711>

Levítico 17:11) será considerada tan indigna como el barato y

abundante polvo (cf. <121307>

2 Reyes 13:7; <380903>

Zacarías 9:3). La humanidad no
puede comprar su escapatoria del juicio de Dios con su plata ni su oro,
refiriéndose ya sea a su riqueza acumulada y mal usada (11, 13) o, más
probablemente, a sus ídolos impotentes que a menudo eran cubiertos con estos
metales (cf. <233022>

Isaías 30:22; <260719>

Ezequiel 7:19, 20). El celo de Dios, su fuerte
deseo de proteger su posición única como creador de Israel, su redentor y
gobernante del pacto, se despierta ante los intereses paganos de su pueblo.
Como resultado, el fuego de su celo (<050424>

Deuteronomio 4:24) consumirá no
solamente a Israel, sino a todos los habitantes de la tierra (cf. vv. 2, 3; 3:8;

<610310>

2 Pedro 3:10-12). No deben esperar más advertencias, puesto que el fin
vendrá en forma repentina y también rápida. Esta promesa aterradora sólo fue
cumplida rápidamente por Judá con la devastadora destrucción de Jerusalén y
su templo, que tuvo lugar en 587 a. de J.C., durante la propia vida del profeta.
2:1-3 ¿Qué hacer? Después de describir el día de Jehovah que afectaría toda
la tierra, Sofonías de nuevo singulariza a Judá (ver 1:4-13). Aunque todavía se
aproxima (2), la ira de Dios puede ser calmada si la gente responde
correctamente a los reclamos de Jehovah sobre sus vidas (3). En medio de un
juicio terrible y merecido, todavía hay una verdadera posibilidad de gracia.

1, 2 El día de la ira de Jehovah todavía viene, de modo que esta profecía
continúa a la anterior. Dios expresa su disgusto no solamente con su ira, sino
también por los títulos que se usan para dirigirse a su pueblo. Son llamados una
nación (goy), un término generalmente reservado para pueblos paganos. Aquí
podría haber una equiparación de los escogidos de Dios con los paganos en su
conducta inaceptable y su actitud hacia Dios. Esta nación ha llegado a no tener
vergüenza o a ser “indeseable” para él. Ellos deben agruparse y congregarse
como el tamo o rastrojo sin valor (<020507>

Exodo 5:7, 12), esperando la ira de
Dios, que originalmente los había congregado para sí como sus amados en
Sinaí.

3 Los mansos entre el pueblo de Dios, los pobres en espíritu (cf. <360312>

Sofonías

3:12; <400503>

Mateo 5:3) que son conocidos por su obediencia, tienen otra
oportunidad de cumplir las demandas del pacto. En vez de depender de la
religión sincretista y de la riqueza o del poder, deben buscar tres cosas. La
primera es al mismo Jehovah, el Dios dador del pacto, al que muchos han
abandonado (<360106>

Sofonías 1:6). También deben buscar justicia, vivir
rectamente conforme a la dirección de Dios, y un estilo de vida de
mansedumbre abnegada (cf. <041203>

Números 12:3; <201533>

Proverbios 15:33).

Sólo este completo abandono de sí mismos y de sus agendas a la voluntad de
Dios podría posiblemente guiarlos a la salvación, protegerlos de su ira
destructiva. Sin embargo, esto no podía ser tomado a la ligera por el pueblo de
Dios, como lo evidencia la palabra quizás, de profundo significado teológico
(cf. <023230>

Exodo 32:30; <300515>

Amós 5:15). Sofonías no parece convencido de que
el pueblo responderá masivamente a su llamado al arrepentimiento (3:7), de
modo que el resultado no parece estar en la gente, sino más bien en Dios. Su
justicia y su santidad demandan el reconocimiento y castigo del pecado, pero él
tiene otras características también, incluyendo misericordia, gracia y amor que
permiten el perdón del pecado cuando el arrepentimiento es genuino (cf.

<023406>

Exodo 34:6, 7; <053001>

Deuteronomio 30:1-10). El quizás aquí guarda la
soberanía de Dios, y no nuestra licencia para pecar. No podemos asumir el
perdón de Dios como una clase de “gracia barata” que nos permite pecar
impunemente (<450601>

Romanos 6:1). Por otra parte, Dios no puede sino perdonar
ante el verdadero arrepentimiento. A la luz de su naturaleza pecaminosa, la
humanidad es llamada a hacer su parte: arrepentirse y obedecer. A la luz de la
naturaleza misericordiosa de Dios, la respuesta apropiada de su parte puede
dejarse con seguridad a él.

2:4—3:8 Naciones individuales

El profeta usa oráculos de juicio contra Judá y sus vecinos como un incentivo
para la respuesta de Judá al llamado de Dios a la obediencia (1-3). En el heb.
porque, al principio del v. 4, relaciona estos versículos con los vv. 1-3, pero el
impacto se pierde en las versiones que lo omiten (BJ). Las profecías están
estructuradas en un diseño que no toca a Judá directamente (<360204>

Sofonías 2:4-

15), hasta que al fin Jerusalén, su propia capital, se menciona (<360301>

Sofonías

3:1-8; cf. Amós 1:3—2:16 para el mismo diseño).
2:4-7 Filistea. Filistea comprendía cinco ciudades-estados: Gaza, Ascalón,
Asdod, Ecrón
y Gat. A las primeras cuatro, que se presentan geográficamente

de sur a norte, se les advierte de la destrucción y la desolación. La exclusión de
Gat podría indicar que ya había sido destruida (ver la Introducción). El
despoblamiento seguirá a un asalto violento a mediodía, indicando ya sea un
ataque sorpresivo durante el calor sofocante (cf. <100405>

2 Samuel 4:5;

<240604>

Jeremías 6:4), o uno tan invencible que la batalla se decidiría en la mitad de

un día.

5 Los filisteos eran parte de los “Pueblos del mar” que habían emigrado del
Egeo, con un sub-grupo de Creta (por eso “quereteos” en <093014>

1 Samuel 30:14

y <262516>

Ezequiel 25:16). Incapaces de asentarse en Egipto, se movieron al norte
a lo largo de la costa del Mediterráneo en el siglo XIII a. de J.C., y fueron una
espina en el costado de Israel por muchos años. En una designación única en el
AT, ellos son llamados aquí Canaán, residentes del territorio considerado en
todas partes como cananeos (<061303>

Josué 13:3). Dios habla directamente a ellos

en esta profecía de ay (cf. <300518>

Amós 5:18; 6:1). Con la palabra del Creador
del universo contra ellos, tienen razón para temer, especialmente cuando él les
promete la aniquilación.

6, 7 Los centros de población de Filistea serán vaciados, con sólo pastores
esparcidos que apacentarán sus rebaños. Estos estarán entre el remanente de
la casa de Judá.
El importante concepto teológico del remanente tiene más de
un significado. En ocasiones alude al juicio destructivo de Dios que es tan
completo que solamente quedarán unos cuantos sobrevivientes (cf. <010723>

Génesis

7:23; <231706>

Isaías 17:6). Por otra parte, la esperanza también está implícita en el
concepto, puesto que la destrucción, aunque devastadora, no es total. Cuando
menos quedarán algunos sobrevivientes. El concepto no es raro en los profetas
(<242303>

Jeremías 23:3; <330507>

Miqueas 5:7, 8) e indica tanto la santa justicia de Dios

como su gracia amorosa.

La profecía muestra la relatividad de la obra de Dios al bendecir y al castigar.
Aquí, el castigo para los oponentes de Judá resulta en bien para Judá que
recibirá de nuevo lo que originalmente se le quitó (ver <360320>

Sofonías 3:20). Esta

restauración de la fortuna, que a veces se refiere al regreso del exilio
(<242914>

Jeremías 29:14), señala en este contexto la restauración en el día del
Señor, la inauguración final del reino de Dios al cual todas las restauraciones
anteriores señalaban.

Nota. 6 Los quereteos (cf. v. 5) aparentemente se mencionan aquí también
(versiones en inglés). Un cambio de vocal en el heb. resulta en una referencia a
pradera de pastores, que también se ajusta al contexto.

2:8-11 Moab y Amón. Estas naciones, situadas en Transjordania, estaban
emparentadas étnicamente con Israel por medio de Lot, el sobrino de Abraham
(<011936>

Génesis 19:36-38), y a menudo estaban en conflicto con Israel. Por
ejemplo, se opusieron al paso de los israelitas errantes que trataban de moverse
hacia su tierra prometida (Números 22—25). Cada una es objeto de profecías
separadas en otras partes (p. ej. Isaías 15—16; <244801>

Jeremías 48:1—49:6;

<300101>

Amós 1:13—2:3), y ésta es la única ocasión en que las dos son
mencionadas en una misma profecía.

8 Estas dos naciones atacaban verbalmente a Judá, cubriéndola de afrentas e
insultos (cf. <260515>

Ezequiel 5:15; 16:57). También afrentaron, un término usado

en otras parte refiriéndose a jactarse (cf. <263513>

Ezequiel 35:13). Todo esto era

para desmoralizar a Judá (véase esta estrategia usada contra él en

<160401>

Nehemías 4:1-3).

9 La seguridad y severidad de su castigo es resaltado por el solemne juramento
de Dios usando sus poderosos nombres que inspiran reverencia. El es Jehovah
de los Ejércitos
o “Señor todopoderoso”, el guerrero divino, comandante en
jefe de las huestes o ejércitos celestiales (cf. <350308>

Habacuc 3:8-15). El no
solamente es poderoso sino personal, teniendo una relación directa y personal
con Judá, puesto que él es su Dios. Este hecho en sí mismo debiera hacer
detener a Moab y a Amón. Al asaltar verbalmente a su pueblo, en realidad
ellos están asaltando a Dios mismo.

El castigo será como el de las proverbiales Sodoma y Gomorra, las dos
ciudades situadas cerca del mar Muerto que fueron destruidas por sus malas
acciones (cf. Génesis19:24-26; <052923>

Deuteronomio 29:23; <230109>

Isaías 1:9). La
destrucción será tan completa que hasta la vegetación útil perecerá; la sal en la
tierra sólo dejará florecer las ortigas. Ellos no solamente perderán el producto
de la tierra: los de Transjordania perderán la tierra misma ante los que
anteriormente ellos se habían burlado, el remanente, los sobrevivientes del
pueblo de Dios, cuya bendición será la ya mencionada en el v. 7. La bendición
final para el pueblo de Dios, Israel y más ampliamente la iglesia, todavía yace
en el futuro, cuando toda la creación disfrutará la gloria experimentada antes de
la caída (<450818>

Romanos 8:18-23).

10, 11 Resumiendo los dos versículos anteriores, Dios muestra el pecado
subyacente como soberbia (cf. v. 15; <231311>

Isaías 13:11). Como justa respuesta
a las naciones que se burlan del Dios verdadero y poderoso, él vindicará a su
pueblo. El demostrará su verdadero poder al destruir a sus dioses ineficaces e

impotentes. Como resultado, el reconocimiento y la adoración (se postrará) al
Dios verdadero se extenderá por todas las naciones paganas. Jehovah se
mostrará a sí mismo, no geográficamente limitado, sino universal en poder y
lugar.
2:12 Etiopía. En el flanco sudoeste de Judá Egipto estuvo por un período
durante finales del siglo VIII y principios del VII a. de J.C., gobernado por los
etíopes (o cusitas) de la vigesimoquinta dinastía. Este título del poderoso
Egipto, que implicaba su propia e ignominiosa sumisión en el pasado, podría
muy bien enfatizar un destino similar que les espera a manos del todavía más
poderoso Dios de Israel. El personalmente, como el guerrero divino (9),
empuñará su propia espada trayendo en derredor de ellos destrucción y
muerte.
2:13-15 Asiria. Volviéndose al norte, Jehovah enfrenta al enemigo más
indomable de Judá: Asiria, con Nínive, su ciudad capital (ver el libro de
Nahúm). Esta nación cruel y poderosa, que había mantenido al Oriente Medio
bajo su dominio por décadas, sería destruida ella misma por la mano o poder
(ver en 1:4) del Dios de Israel. Su bulliciosa capital sería un desierto vacío y
árido.

14, 15 Lo completo de la destrucción se describe al indicar algunos de los
animales y aves que habitarán las ruinas, en contraste con la muchedumbre de
gente que previamente había vivido allí. Esta metrópoli había reclamado ser
única, una característica del mismo Dios (cf. <234505>

Isaías 45:5, 6, 18, 21). Su
seguridad es ilusoria, puesto que ahora los que pasan por allí mirarán con
asombro y desprecio las ruinas de esta ciudad que en un tiempo era orgullosa
(cf. <241908>

Jeremías 19:8).
3:1-7 Jerusalén. Casi como un artillero usando disparos de prueba para
marcar su blanco, el profeta finalmente ha encontrado su alcance cuando le
dispara a Jerusalén. Este es un poderoso dispositivo retórico en el que la
audiencia ha sido introducida al mensaje porque están de acuerdo
entusiastamente en que sus vecinos paganos y enemigos de tanto tiempo sean
castigados. Sólo cuando ya están bien inmersos en el espíritu de condenación
Dios presenta a los más endurecidos malhechores, los mismos de la audiencia,
con su pecado (1-4), sin vergüenza (5) y su renuencia a arrepentirse (6, 7).

El poder retórico se aumenta al no identificar a la ciudad que va a ser
condenada. Inmediatamente después de una profecía contra Nínive, los oyentes

asumirán que ella es todavía el objeto. Sólo cuando se mencionan en el v. 2 los
pecados específicos contra Jehovah, el Dios nacional de Israel, es que ellos
comprenden que ellos mismos son los culpables.

La espada de dos filos del castigo de Dios es evidente aquí. Aunque esos que
injustamente se oponen al pueblo de Dios sufrirán, su mismo castigo traerá
liberación y sanidad a aquellos a los que ellos habían oprimido. Es importante
mantener una relación correcta con Dios más que asumir que realmente existe,
como a Judá mismo se le recuerda en los versículos siguientes.

1 Jerusalén, la capital de la nación del pacto de Dios que había sido escogida
como modelo de santidad piadosa y de fidelidad en un mundo pagano, en lugar
de eso está actuando peor que sus vecinos. Ella se rebela contra el pacto (cf.

<240417>

Jeremías 4:17; 5:23) y ella misma oprime a otros en lugar de alimentarlos.
En lugar de ser un pueblo santo y puro, se ha manchado, como uno cuyas
manos están sucias por el derramamiento violento de sangre (cf. <235903>

Isaías

59:3; <250414>

Lamentaciones 4:14).

2 La rebelión de Jerusalén (1) es contra su propio Dios. El pueblo no escucha
cuando el profeta habla (<233008>

Isaías 30:8-12; <300212>

Amós 2:12). No aprenden
cuando él los corrige o los disciplina con sus actos poderosos en la historia de
su nación (<230105>

Isaías 1:5-9; <240503>

Jeremías 5:3). En vez de buscar la ayuda que
les ofrece el dador del pacto, le vuelven la espalda, rehusando confiar en Dios
que cumple sus promesas.

3, 4 La opresión y la corrupción de Jerusalén son puestas sobre ella por sus
dirigentes, tanto civiles (3) como religiosos (4). Los primeros devoran a los que
están a su cuidado como bestias rapaces. Los segundos pervierten
completamente su llamamiento. En vez de hablar la verdad de Dios en su
nombre, los profetas buscan gloria para sí mismos por su propia perfidia
mentirosa. En vez de mantener la santidad del templo y enseñar obediencia a la
ley,
los sacerdotes contaminan el primero y pervierten la segunda (cf.

<262226>

Ezequiel 22:26).

5 Hay un contraste entre Jerusalén y sus dirigentes, por una parte, y el justo
Dios que en ninguna manera está envuelto en malas acciones (cf. v. 13), por la
otra. Esto debiera inspirar arrepentimiento, pero no ocurre. En contraste con la
justicia infalible, el continuo juicio imparcial de Dios, el perverso actúa sin
vergüenza, sin siquiera reconocer sus acciones como malas.

6, 7 Dios se aflige cuando debe castigar, y él provee para su pueblo ejemplos
de naciones que han enfrentado su ira, y que como resultado han sido
exterminadas (cf. <360103>

Sofonías 1:3, 4, 13; 2:4, 9, 13, 15; 3:7) y completamente
desoladas. Jerusalén, sin embargo, no escucha. Dios no es caprichoso, y no
golpea sin advertencia ni razón. De hecho, el es paciente, deseoso de detener
su ira si el arrepentimiento pudiera venir (<023406>

Exodo 34:6, 7; <041418>

Números

14:18, 19; <300406>

Amós 4:6-11; <450922>

Romanos 9:22-24). El quiere que la gente
viva bajo su pacto, temiéndole y aceptando su instrucción. Esto incluye no
solamente actitudes correctas hacia él, sino también acciones rectas a la luz de
la instrucción de su pacto. El clamor de su corazón es que su pueblo sea
librado del horrible castigo que ha caído sobre sus vecinos y que les espera a
ellos; pero inútilmente. No sólo continúan su corrupción, sino que ansiosamente
la buscan. Menosprecian la gracia de Dios.

8 Por tanto, eso es, a la luz de todas las injusticias de las naciones y de la
misma Jerusalén (<360114>

Sofonías 1:14—3:7), Dios iniciará un pleito contra toda la
tierra. Como fiscal acusador reunirá a todos los pueblos y naciones. Servirá
como testigo, testificando (cf. <242923>

Jeremías 29:23; <330101>

Miqueas 1:2) de sus
malas acciones. Como juez, decidirá el caso, y como ejecutor realizará la
sentencia, consumiendo a toda la tierra por el furor de su ira... y por el fuego
de
su celo.

3:9-20 EL DIA COMO ESPERANZA

Dios está obligado por su rectitud y su justa santidad a castigar el pecado en su
pueblo y en todo el mundo (8). El es también, sin embargo, un Dios amante y
compasivo, de modo que la tierra no será totalmente destruida. El castigo
servirá como agente purificador para todas las naciones (9, 10), pero más
específicamente para su propio pueblo (11-13). Esta gracia, de ninguna manera
merecida y viniendo como una franca dádiva sólo de Dios (18-20), es un
motivo de regocijo (14-17).

Este cambio de tono y perspectiva no es el resultado de otro autor de un
período posterior, agregando su piedad optimista a un libro que de otro modo
es deprimente, como algunos han sugerido. En cambio, es un retrato de Dios en
varios de los aspectos multiformes de su carácter. El no es sólo juez antes del
exilio y sólo salvador después, sino, como un padre (cf. <281101>

Oseas 11:1-4),
ama aun mientras aplica la disciplina. La pena causada por el castigo no es un
fin en sí, sino el medio por el cual restaurar a una relación correcta.

3:9, 10 Las naciones. Entonces, en el día del Señor, Dios restaurará a
aquellos que han caído por medio de la purificación de la contaminación. Se
señala su lenguaje para ser renovado (cf. <230605>

Isaías 6:5-7) a fin de ser
utilizado ahora para invocar el nombre de Jehovah en adoración y servicio.
Este servicio se caracterizará por unidad (de común acuerdo; cf. <243239>

Jeremías

32:39) y universalidad, desde que todos pueden responder. La unidad original
de lenguaje, perdida en Babel (<011101>

Génesis 11:1-9), será restaurada
últimamente a fin de que toda la creación pueda adorar a Dios.

Un grupo que responderá entre los pueblos distantes será el de más allá de
Etiopía (Cus) en el Nilo superior. Existe cierta dificultad textual en la última
mitad del versículo (10), pero si significa algunos de los pueblos de Dios
desterrados, o nuevos convertidos a Jehovah (cf. <360211>

Sofonías 2:11), los
recipientes de la gracia de Dios le adorarán, trayendo ofrenda (cf. <197210>

Salmo

72:10). Quienesquiera que sean, son reconocidos ahora por Dios mismo como
suyos.
3:11-13 Jerusalén. Hablando directamente a esta ciudad, Jerusalén con su
templo erigido sobre el monte de mi santidad, Dios ofrece esperanza. El
castigo y la vergüenza para la ciudad serán evitados por la intervención directa
de Dios. La soberbia y vanidad, la arrogancia de la autodeterminación sin Dios,
serán erradicados. En contraste con los expulsados serán los de carácter
humilde, los que permanecen en la ciudad y constituyen el remanente de

<360104>

Sofonías 1:4 y 2:7. Son los que dependen de Dios para sus provisiones y
no de sus propias artimañas. Los oprimidos por circunstancias (<360203>

Sofonías

2:3; cf. <400503>

Mateo 5:3) y los empobrecidos encontrarán su refugio en Jehovah

y en su poderoso nombre (9).

Estos sobrevivientes se describen negativamente, en contraste con los
malhechores de los versículos anteriores. Son los que no practican iniquidad
(5), no dicen mentira y no tendrán lengua engañosa. Sus mismas bocas serán
purificadas por Dios (9). Mientras los malhechores buscaban seguridad en sus
propios fraudes y no la encontraron, estos pobres, sí, la encontrarán,
juntamente con los demás (cf. 2:7, 14; <192302>

Salmo 23:2) y libertad del temor.
3:14-17 Regocíjate. Visualizando las bendiciones de la mano de Dios como
ya realizadas, el profeta exhorta a su pueblo a regocijarse. Este pequeño salmo
de salvación (cf. Salmo 98; <231201>

Isaías 12:1-6; 52:7-10) podría haber sido
proclamado por Sofonías, o podría haber sido adoptado de la liturgia existente.

Continúa alabando a Dios por su presencia en Sion de acuerdo con lo
prometido en su pacto con David (2 Samuel 7; cf. Salmo 2; 89).

14, 15 La exhortación al remanente de Judá a cantar de gozo es repetida tres
veces. El regocijo no surge de sus propias acciones, sino por causa de la
presencia de su Dios. Su castigo (8) ya pasó, y el enemigo extranjero, el
instrumento de la ira de Dios, ha sido quitado. Ahora, en la presencia
benevolente de su amante Señor y Rey, Jehovah, ellos no tienen más razón de
temer (cf. <620418>

1 Juan 4:18).

16, 17 Aquel día, el día de Yahweh, antes visto en su aspecto más serio (ver
2:7, 14), se presenta ahora en su aspecto más positivo. El temor, y su
manifestación física, impotencia (manos debilitadas; cf. <231307>

Isaías 13:7;

<240624>

Jeremías 6:24), son cosas del pasado por causa de la misma presencia del
Dios de Israel quien es también su Rey (15). En su potencia como el guerrero
divino (2:9), él es suficientemente poderoso como para salvarlos. Tal como
actuó a favor de su pueblo en el pasado (<050434>

Deuteronomio 4:34), así lo hará

otra vez, en aquel entonces y hoy día (<192408>

Salmo 24:8; <471004>

2 Corintios 10:4).

Poder y delicadeza se combinan en la misma figura (cf. <234010>

Isaías 40:10, 11).

El guerrero es también como un padre, deleitándose en el retorno de su hijo
perdido y calmando sus temores. El grito de batalla (<360114>

Sofonías 1:14) será

reemplazado por el canturrear suave de una madre para su infante.
3:18-20 Más promesas. Aunque el pueblo ya tiene motivos para
regocijarse, las profundidades de las bendiciones de Dios no han sido
sondeadas. Mientras el v. 18 es oscuro textualmente, aparentemente es una
bendición impartida por Dios, permitiendo que los que sienten pesares,
posiblemente por la falta anterior de adoración piadosa de Dios (festividad),
se acerquen a él con deseo gozoso en vez de obligación religiosa.

La opresión previa, de amenaza externa y corrupción interna (<360303>

Sofonías 3:3,

4), será removida y los lastimados física (cf. <400406>

Mateo 4:6, 7) y
geográficamente, o los desechados socialmente (la descarriada; cf.

<053004>

Deuteronomio 30:4) serán salvados (17) y reunidos (8, 20). Aun su
renombre será restaurado a los que una vez eran pueblo de vergüenza (cf.

<360201>

Sofonías 2:1; 3:5).

Jehovah está presente bendiciendo activa y personalmente, como lo fue en
juzgar (ver <360103>

Sofonías 1:3). El habla directamente (Yo, o verbos en primera
persona del singular) ocho veces en estos últimos tres versículos. También

habla directamente a Israel como a ti. A pesar de la tensión que ellos trajeron
sobre su relación por su pecado, Israel es todavía el pueblo de Dios y él es
todavía su Dios (<020607>

Exodo 6:7). Aun se dirigen uno a otro en términos íntimos.

Dios resume lo anteriormente dicho reiterando su plan de restaurar a su pueblo.
Esto no sólo los beneficia, sino también causa que todos los pueblos de la
tierra
, los que han sentido su mano de castigo (<360102>

Sofonías 1:2; 3:7, 8),
reconozcan su cuidado por su pueblo que ha vuelto de la infamia a ser objeto
de alabanza.

Toda la profecía es segura, terminando como comenzó, en el nombre del
Señor, Jehovah. El deseo más caro de Dios no es de infligir castigo, aun sobre
los que desobedecen. Por lo contrario, es de restaurar a toda persona a una
relación correcta con él mismo. Sea nacionalmente, como con su pueblo Israel,
o individualmente, en nuestra propia vida, él anhela poder restaurar nuestras
fortunas.

David W. Baker

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