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Comentario Biblico, Antiguo y Nuevo Testamento

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Esto es de gran ayuda permitiendo más claridad a pasajes en la escritura.
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INTRODUCCIÓN

EL CONTEXTO HISTORICO

Isaías vivió en un período trascendental de la historia de su país, la segunda
mitad del siglo VIII a. de J.C., que vio el nacimiento de la profecía escrita en la
obra de Amós, Oseas, Miqueas y de él mismo, pero también la caída y
desaparición de la mayor parte de Israel (las diez tribus del reino del norte).
(Ver cuadro en p. 656.)

En el año 740 a. de J.C., la muerte del rey Uzías (6:1) puso término a una
época de bonanza en que tanto Judá como Israel había disfrutado de unos 50
años de respiro al verse libres de agresiones en gran escala. Pronto sería sólo
un recuerdo. El resto del siglo estaría dominado por la voracidad de los reyes
asirios: Tiglat-pileser III (745-727), Salmanasar (727-722), Sargón II (722-
705) y Senaquerib (705-681). Sus ambiciones no se reducían a simples
saqueos sino a formar imperios; y para la consecución de sus fines sacaron de
cuajo poblaciones enteras llevándolas cautivas y castigando el más mínimo
signo de rebelión con inmediatas y espantosas represalias.

En el año 735 a. de J.C., Jerusalén sintió la sacudida de su acercamiento,
cuando llegaron los ejércitos de Israel y Siria para obligar al rey Acaz a integrar
una coalición antiasiria. El enfrentamiento de Isaías con el rey (cap. 7) puso al
descubierto cuál era el verdadero problema de este período, es decir, la
elección entre una fe sin sobresaltos, y alianzas nacidas de la desesperación; y
la decisión del rey de jugar el todo por el todo depositando su confianza no en
Dios sino en Asiria, significó implícitamente ser rechazado, tanto él como sus
partidarios, y la emisión de la profecía de un rey perfecto, Emanuel, que surgiría
del derruido linaje de la dinastía davídica.

Israel pagó su rebelión con la pérdida de sus regiones del norte (“Galilea”,

<230901>

Isaías 9:1) hacia 734 a. de J.C., y de su existencia como nación en 722 a.
de J.C. En cuanto a Judá, colindando con una cosmopolita provincia asiria
(<121724>

2 Reyes 17:24 ss.) en el territorio antes ocupado por Israel, no estaba

para gestos patrióticos.

Pero fue un patriota el que sucedió al rey Acaz. Ezequías (para cuya cronología
ver <121801>

2 Reyes 18:1) era un tizón en quien se turnaban la fe y la impaciencia
para reavivar la llama. Gran parte de la energía de Israel fue dedicada a
mantenerlo al margen de intrigas contra Asiria (ver sobre <231428>

Isaías 14:28-32;
18:1-7; 20:1-6). Finalmente la pugna hizo crisis en un amargo conflicto entre el
profeta y la facción proegipcia de la corte, implícita en los caps. 28—31. El
resultado de la misma fue la revuelta de Ezequías contra Asiria (caps. 36, 37),
que atrajo contra él el poderío de Senaquerib en el año 701 a. de J.C. y dejó
casi postrado al pequeño reino de Judá, pese a que Jerusalén se vio
milagrosamente librada del desastre.

Los tratos de Isaías con Ezequías no se limitaban únicamente a asuntos
pertinentes a estrategia política ni al futuro inmediato; su último encuentro con él
señaló con precisión la diferencia entre estos dos hombres de fe. En <233905>

Isaías

39:5-7 Isaías mira con gran anticipación a la cautividad en Babilonia, fruto de la
desobediencia del rey; pero la única reacción del rey es una sensación de alivio:
“¡En mis días habrá paz y estabilidad!” Era una perspectiva comprensible para
un monarca pero inaceptable para un profeta. De modo que la profecía sigue su
curso hasta su consumación en la sección final.

A los acontecimientos implícitos en los caps. 40—55 se los identifica, sin lugar
a dudas, con el nombre de Ciro (<234428>

Isaías 44:28; 45:1), lo que nos introduce
de golpe al mundo del siglo VI. Este rey de Anzán, de la región sur de Persia,
tomó control del Imperio Medo en el año 550 a. de J.C., y procedió a
conquistar la mayoría de Asia Menor en el 547 a. de J.C. Esto le significó una
posición dominante contra el Imperio Babilónico (donde los judíos sufrían la
cautividad desde antes de la caída de Jerusalén, en el 587 a. de J.C.). A todo
esto el Imperio Babilónico estaba debilitado y dividido; y el rey Nabonido,
ausente de la capital (donde su hijo Belsasar funcionaba por delegación),
estaba en pugna con los sacerdotes. En el año 539 a. de J.C., Ciro derrotó al
ejército babilónico en el campo de batalla y sus fuerzas entraron en Babilonia
sin resistencia. Fiel a la profecía en <234428>

Isaías 44:28, repatrió a los judíos
(además de otros pueblos subyugados) con instrucciones de reedificar su
templo (<150102>

Esdras 1:2-4; 6:2-5). Su propia inscripción en el “Cilindro de
Ciro” (ahora en el Museo Británico), revela que esa fue su política general, para
lograr los buenos oficios de los dioses a quienes devolvía sus santuarios (ver
sobre <234125>

Isaías 41:25).

Un considerable número de judíos retornaron, pero pronto chocaron con “el
pueblo de la tierra” al rehusar éstos su ayuda para reedificar el templo
(<150404>

Esdras 4:4). El trabajo se paralizó por casi 20 años, hasta que Hageo y
Zacarías impulsaron un nuevo intento en el año 520 a. de J.C., y la obra fue
concluida en el 516 a. de J.C. Muchos comentaristas ven esta situación, con
sus tensiones humanas y su preocupación en cuanto a Jerusalén y al templo,
como el trasfondo presupuesto en los caps. 56—66. En este comentario, sin
embargo, la hebra que mantiene unidos los últimos capítulos se considera como
temática más que histórica, no más preocupada con Babilonia sino con la tierra
natal y la ciudad-madre, ambas tales cuales eran en su imperfección y en la
medida que transcendían lo terrenal y miraban a los cielos nuevos y a la tierra
nueva, y a la “Jerusalén celestial”.

PATERNIDAD LITERARIA

El punto de vista tradicional y del Nuevo Testamento

Hasta los tiempos modernos el libro de Isaías era universalmente considerado
como una unidad, producto del profeta de su nombre del siglo VIII. Un solo
manuscrito contenía la totalidad de la obra, hecho que conocemos no sólo por
los descubrimientos de Qumrán sino también por <420417>

Lucas 4:17 (donde la
lectura escogida fue de uno de los últimos capítulos); esa presunción se ve
corroborada por Eclesiástico 48:22-25, escrito 200 años antes. El NT coincide
plenamente: ver, p. ej. <431237>

Juan 12:37-41; <450927>

Romanos 9:27-29; 10:20, 21.

Crítica moderna

Aparte de las averiguaciones tentativas del exégeta judío medieval Ibn Ezra
(cuyas observaciones en otros escritos apoyan al punto de vista tradicional), la
idea de una paternidad literaria múltiple de Isaías vio la luz solamente en los dos
últimos siglos. Su forma más simple y persuasiva es adjudicarle a Isaías los
caps. 1—39, y los caps. 40—66 a un profeta anónimo que vivió entre los
exiliados de Babilonia en el siglo VI. Se sugirió que, como una secuencia
apropiada de Isaías, esa obra fue agregada como un apéndice de Isaías y,
siendo anónima, finalmente perdió su identidad separada.

Los principales argumentos en favor de esta tesis y de sus principales variantes
son, en primer lugar, lo que se ha llamado la “analogía profética”; es decir, el
hecho de que los profetas habitualmente se dirigían a sus contemporáneos (y
los destinatarios de los caps. 40—66, eran predominantemente los exiliados);

y, en segundo lugar, el estilo y vocabulario distintos y el énfasis teológico
particular de los caps. 40—66. De esto nos ocuparemos más adelante.

Pero ningún erudito sostiene esta teoría en esta manera sencilla, pues por sus
propios principios exige mayor elaboración. Un somero análisis muestra que los
caps. 1—39 pertenecen a Isaías, subdivididos en una colección básica de
oráculos del profeta que se remontan al siglo VIII, suplementada con
posterioridad por discípulos en distintos períodos (p. ej. los caps. 13, 14 del
exilio babilónico en el siglo VI; los caps. 24—27 probablemente al finalizar el
régimen pérsico, en el siglo IV). Este material añadido, incluyendo numerosas
contribuciones menores, suma alrededor de 250 versículos de los caps. 1—39
(es decir, alrededor de un tercio), y algunas de las unidades mayores serán
analizadas como formadas de varias partes, con su propia historia de
crecimiento.

A los caps. 40—66 se los divide generalmente en dos partes principales:
Deutero- (es decir, segundo) Isaías (40—55; exílico; digamos alrededor de
545 a. de J.C.) y Trito (tercero) Isaías 56—66; postexílico; digamos alrededor
de 520 a. de J.C.). A la primera sección (caps. 40—55) se la considera
habitualmente como una unidad, la obra de un “gran desconocido” discípulo de
Isaías; en cuanto a la última parte (caps 56—66), muchos creen que es obra de
los seguidores del segundo profeta (Deutero-Isaías), de distintas escuelas de
pensamiento, que interpretaron su mensaje a la siguiente generación. Los
comentaristas discrepan sobre el número de situaciones históricas y de partidos
(p. ej. moralista, institucionalista, patriótico, universalista) que aquí se
descubren, y, consecuentemente, en su análisis del Trito-Isaías; pero al menos
se detectan por lo general cuatro fuentes en estos 11 capítulos.

Es importante tener en cuenta que esta supuesta galaxia de autores y
suplementos no es totalmente arbitraria. Una vez aceptado el criterio inicial de
dividir el libro, no se lo puede descartar así como así; debe ser aplicado en
forma consistente (con los resultados que hemos visto) o no aplicarlo en
absoluto. De modo que, a pesar de la atractiva simplicidad de una obra
supuestamente compuesta por dos volúmenes (por Isaías y un sucesor), la
única alternativa viable a un solo autor no es pensar en dos autores sino en algo
así como una docena.

Es de justicia añadir que recientemente el acento de los eruditos críticos ha sido
puesto en la unidad de esta diversidad. Los suplementadores son considerados
como una escuela de discípulos impregnados del pensamiento de Isaías y

profetizando en su espíritu a las nuevas generaciones. De modo que sus
enseñanzas, según este punto de vista, generaron vástagos durante siglos
después de su muerte, y su nombre fue unido, con toda propiedad, a la familia
de escritores surgida de sus oráculos.

Evaluación de los argumentos en favor de la autoría múltiple

En vista de la fuerte tradición en favor de la unidad de la paternidad literaria, la
carga de la responsabilidad de probar lo contrario descansa sobre los que
dividen el libro. Los principales criterios sustentados por ellos no son
invulnerables.

1. La analogía de la profecía. Si los caps. 40—66 son de Isaías, es
innegable que la profundidad y extensión de su inmersión en una época distante
hacen que su experiencia sea altamente excepcional. Pero, en primer lugar,
rechazar aquello que trasciende las analogías conocidas es exaltar la analogía
sobre la razón, e incidentalmente no estar de acuerdo con el Dios innovador de
estos caps. (<234318>

Isaías 43:18). En segundo lugar, exagera en esta instancia lo
que es una diferencia de grado más bien que de clase entre estos caps. y el
resto. Los caps. 1—39 contienen muchas excursiones hacia un futuro
reconocible, las que han sido en la mayoría de los casos atribuidas por los
críticos a editores posteriores más que a Isaías, basándose en la misma
“analogía de la profecía” (la que entonces pasa a estar basada en textos
adoptados para apoyarla). Además, algunas de estas profecías hablan (como lo
hacen los caps 40—66) como desde dentro del futuro que describen, p. ej. en
los tiempos perfectos del bien conocido oráculo del nacimiento en <230902>

Isaías

9:2-6, o en la visión de la cautividad y juicio en <230513>

Isaías 5:13-16. Con un
alcance más grande, Jeremías celebra la condenación de Babilonia como
estando en el punto de vista de la generación final de cautivos, urgiéndoles a
escapar (<245008>

Jeremías 50:8; 51:45; cf. <234820>

Isaías 48:20), aunque él había
prohibido tales pensamientos a sus contemporáneos literales en su época y
papel diferentes (<242904>

Jeremías 29:4-14).

Aun más adecuado a nuestro punto, <231301>

Isaías 13:1—14:23 (un oráculo
atribuido a “Isaías hijo de Amoz”) ve a Babilonia como la ven los caps. 40—
66, no como la anárquica provincia asiria de la época de Isaías sino como un
poder mundial cuya caída inminente significará el fin del exilio de Israel. A este
oráculo debemos agregar la visión tipo sueño de <232101>

Isaías 21:1-10, donde el

informe de la caída de Babilonia pone a Isaías en estado de perplejidad.

A la luz de todo esto, el involucramiento intenso de los caps. 40—66 con el
exilio babilónico, sus enseñanza y su secuela, puede trascender las expectativas
del lector, pero difícilmente las de Isaías. Para él podía bien ser el florecimiento
final de su preocupación con la interacción entre aquellos opuestos, Babilonia e
Israel, en los propósitos de Dios a largo plazo, y representar el cumplimiento de
su ministerio.

Puede ser valioso agregar que aun la anomalía más grande, el mencionar a Ciro
un siglo y medio antes de su época (<234428>

Isaías 44:28; 45:1), no le faltan
paralelos (ver la predicción sobre Josías, el doble de este intervalo, en <111302>

1

Reyes 13:2). En segundo lugar, el poder para predecir es precisamente la
prueba anunciada aquí de que Yahweh solo es Dios (cf. <234121>

Isaías 41:21-23,
26-29; 44:7, 8, 25-28; 46:10, 11; 48:3-8. Note que 48:8 culpa a la sordera de
Israel, no al silencio de Dios, por la ignorancia de la nación de las nuevas cosas
que han sucedido al final del exilio).

2. El estilo característico de los caps. 40—66. Este sería un argumento
válido contra la paternidad literaria de Isaías, solamente en el caso de que estos
capítulos estuvieran dirigidos a una situación y a destinatarios comparables a los
de 1—39. Pero si de veras son de Isaías, son el producto de su ancianidad; un
mensaje escrito, no predicado; preocupado por consolar y no para advertir;
dirigido a las futuras generaciones con apenas un vistazo al presente. Se trata
de circunstancias inmensamente diferentes. Tales profecías pueden parecer una
improbabilidad intrínseca (ver lo anterior), pero las objeciones no se pueden
hacer tanto al anverso como al reverso. En realidad lo extraordinario sería
(aceptado, en favor del argumento, que Isaías fuera el autor) que un cambio tan
radical de situación, método y objeto no produjera ningún cambio apreciable
de pensamiento y expresión.

Por cierto que habría de esperarse en los caps. 1—39, si todo el libro fuera de
Isaías, ocasionales anticipos de los caps. 40—66, cuando se anticipaban
momentáneamente los temas de este último capítulo y eso es lo que ocurre. Se
le expresa a Senaquerib en <233726>

Isaías 37:26 (701 a. de J.C.), la soberanía de
Dios en la historia, tema principal de los caps. 40—66. Parece que Yahweh
está diciendo: “¿No lo has sabido? ¿No lo has oído? (cf. <234028>

Isaías 40:28),

que desde tiempos antiguos, yo lo hice (cf. <234104>

Isaías 41:4, heb.), que desde

los días de la antigüedad (cf. <234521>

Isaías 45:21; 46:10) lo dispuse (cf. <234611>

Isaías

46:11; 48:3)?” Un lenguaje similar sobre este tema se descubre en <232211>

Isaías
22:11. Sobre el “gran éxodo” el cap. 35 no sólo compite exitosamente con la

más refinada elocuencia de los caps. 40—66 (con los que tiene que agruparse
si se quiere mantener la teoría de la múltiple paternidad literaria), sino que
también, y en casi todos sus versículos, utiliza los giros idiomáticos especiales
de los caps. 1—39. Además, en las visiones referidas a la armonía final,
difícilmente pueden separarse pasajes tales como <231106>

Isaías 11:6-9 y 65:25.

Puede que se trate de rarezas comparativas, pero son las primicias
reconocibles de una cosecha posterior.

3. Vocabulario. Las denuncias iniciales de Isaías exigían términos tales como
“zarzas y ortigas”, “azote”, “turbión”, “remanente”; pero la última parte del libro
cuyo tema es la confianza restablecida y la vocación, pone el acento en la
iniciativa de Dios para “crear”, “elegir” y “redimir”. Sus “propósitos” parecieran
abarcar lejanas “riberas”, el “fin de la tierra” y “toda carne”; esto, por supuesto,
da lugar a una invitación a la “alabanza”, la “alegría” y “cantar alabanzas”. Aun
las partes subsidiarias de la oración reflejan el cambio de sujeto, puesto que los
últimos capítulos abundan en vocablos que ponen énfasis y calidez a una
aseveración.

Sin embargo, junto a las variaciones, debemos mencionar la cantidad
significativa de vocablos que son comunes a ambas partes de Isaías, y que rara
vez, o nunca, se los encuentra en otros pasajes del AT. “El Santo de Israel” (12
veces en 1—39, 13 veces en 40—66) es el ejemplo mejor conocido, pero
varias otras expresiones para Dios añaden su más pequeño testimonio: p. ej. el
término yoser (el que forma o proyecta) usado con un pronombre posesivo
(<232211>

Isaías 22:11; 29:16; 44:2); “el Fuerte de Israel (Jacob)” (<230124>

Isaías 1:24;

49:26; 60:16). También hay algunos vocablos únicos en su género, para
designar a Israel que ocurren en ambas secciones, tales como “ciegos”
(<232918>

Isaías 29:18; 35:5; 42:16-18), “sordos” (<232918>

Isaías 29:18; 35:5; 42:18;

43:8), “los que abandonan a Jehovah” (<230128>

Isaías 1:28; cf. 65:11), “rescatados

de Jehovah” (<233510>

Isaías 35:10; 51:11), “la obra de mis manos” (<232923>

Isaías

29:23; 60:21). (Estos ejemplos han sido tomados de una lista de R. Margoliath,
The Indivisible Isaiah, 1964.) Es el gran repertorio de expresiones isaíticas
que ha originado la teoría (que se apoya en muy escasa evidencia) de que un
grupo de discípulos perpetuaron las formas de pensamiento de Isaías a lo largo
de los siglos. Es más fácil imaginar una sola mentalidad.

4. Teología. Debería estar claro, a esta altura de nuestro estudio, que estas
dos partes principales del libro enfrentan situaciones diferentes y se
complementan en sus enseñanzas. Pero hay más que esto. El comentarista J. A.

Motyer sugiere que las profecías de los caps. 1—39 predicen un devastador
castigo histórico que plantea serios problemas teológicos en vista de las
doctrinas y promesas establecidas en otras partes de esos caps. Por lo tanto,
los caps. 40—66 son más que una consumación: son una solución sin la cual
los caps. 1—39 terminarían en una discordancia irresoluble. Y “si un profeta
puede ser inspirado para declarar la verdad de Dios en el contexto de la
historia,... no es pedir mucho que también fuera inspirado para hallar las
soluciones a los problemas teológicos planteados por esas revelaciones...”

Para resumir: la teoría de la paternidad literaria múltiple (desde que la
paternidad dual se reduce necesariamente a esto) crea por lo menos tantas
dificultades como las que trata de evitar. (También plantea interrogantes en
otras partes del AT, donde los profetas preexílicos utilizan material de este
libro; pero no vamos a detenernos en este punto aquí.) La teoría hace de Isaías
el autor de un torso; admite un criterio de análisis por el cual muy pocos de los
profetas serían los autores de sus escritos; supone siglos de actividad creadora
no solamente de una escuela isaítica sino de grupos similares reverentes de
otros profetas, cuya libertad para desarrollar o adaptar la obra de su maestro
se compara, notablemente, con la prolijidad y el cuidado, en una fecha no muy
posterior, de transmitirla en forma inalterada, y cuya existencia no pasa de ser
una inferencia. También está obligada a responder a la primitiva e inalterada
tradición sobre la unidad de Isaías, y resolver el problema que le crea el hecho
de que, aparentemente al menos, el NT apoya este punto de vista.

Por cierto, puede argüirse que el NT no se pronuncia sobre estos problemas,
sino que se reduce a citar sin digresiones; esta es la opinión de muchos que
aceptan su autoridad sin reservas. No obstante, es una exégesis más directa, a
menos que las objeciones sean aplastantes, considerar que “Isaías” ahí significa
“Isaías”; y en todo sentido esta hipótesis pareciera ofrecer una simplicidad
similar. Las alternativas (de las cuales hay más que las que hemos mencionado)
tienden a hacerse más elaboradas mientras más se las estudia; y esto no
constituye un síntoma tranquilizador. Cuando esto ocurre, es tiempo de buscar
un centro diferente y un esquema más integrado y más ajustado a la realidad.

BOSQUEJO DEL CONTENIDO

<230101>

Isaías 1:1-31 Una situación de crisis

1:1 El profeta y su tiempo

1:2-4 La gran acusación
1:5-9 La devastación de Judá
1:10-20 Corrupción pietista y su limpieza
1:21-31 El lamento de Dios y su determinación

<230201>

Isaías 2:1—4:6 La Jerusalén de Dios y la Jerusalén del hombre

2:2-5 La ciudad de Dios
2:6-9 La ciudad de Mamón
2:10-22 El terror del Señor
3:1-15 Juicio por decadencia
3:16—4:1 De la seda al cilicio
4:2-6 La gloria por venir

<230501>

Isaías 5:1-30 La amarga vendimia

5:1-7 La parábola
5:8-23 Los seis ayes
5:24-30 Los depredadores de Dios

<230601>

Isaías 6:1-13 El llamado del profeta

<230701>

Isaías 7:1—12:6 Tormenta y sol: Asiria y Emanuel

7:1-17 Isaías enfrenta al rey Acaz
7:18—8:22 Explicación de la elección
9:1-7 El amanecer mesiánico
9:8—10:4 La sombra sobre Samaria
10:5-34 El hacha de Dios sobre Judá
11:1—12:6 El reinado mesiánico

<231301>

Isaías 13:1—23:18 Mensajes para las naciones

13:1—14:23 Babilonia
14:24-27 Asiria
14:28-32 Filistea
15:1—16:14 Moab
17:1-14 Damasco e Israel del norte
18:1-7 Etiopía
19:1-25 Egipto
20:1-6 La crisis de Asdod
21:1-10 Babilonia, “Desierto del Mar”
21:11, 12 Edom
21:13-17 Arabia

22:1-25 Jerusalén
23:1-18 Tiro

<232401>

Isaías 24:1—27:13 La victoria final de Dios

24:1-23 La tierra y el cielo son juzgados
25:1-12 La gran liberación
26:1—27:1 Triunfo después de aflicción
27:2-13 Un pueblo para Dios

<232801>

Isaías 28:1—31:9 La crisis asiria: ¿La ayuda de Dios o de los
hombres?

28:1-29 Un desafío a los escarnecedores
29:1-8 La liberación de último minuto para Ariel
29:9-24 La oscuridad interior de Israel: profundizada y desvanecida
30:1—31:9 Egipto y Asiria en perspectiva

<233201>

Isaías 32:1—35:10 La salvación y su oscuro preludio

32:1-8 Un reino de verdaderos hombres
32:9-20 No es llano el camino a la paz
33:1-24 El anhelo de ser libres
34:1-17 El juicio universal
35:1-10 El desierto floreciente

<233601>

Isaías 36:1—39:8 Las pruebas supremas para Ezequías

36:1—37:38 La matanza asiria
38:1-22 La enfermedad de Ezequías
39:1-8 Los enviados de Babilonia

<234001>

Isaías 40:1—48:22 La larga noche en Babilonia

40:1-11 El Señor largamente esperado
40:12-31 Dios el incomparable
41:1-29 Dios y la historia
42:1-17 Luz para las naciones
42:18—48:22 Siervo inconstante e inmutable Señor

<234901>

Isaías 49:1—55:13 La alborada de la redención

49:1-13 El segundo “cántico del Siervo”
49:14-23 Consuelo para Jerusalén
49:24—50:3 Consuelo para los cautivos
50:4-9 El tercer “cántico del Siervo”
50:10, 11 Un epílogo al cántico
51:1-8 Más sustento para la fe

51:9—52:12 Expectativa creciente
52:13—53:12 El cuarto “cántico del Siervo”
54:1-17 La fecunda ciudad madre
55:1-13 Gracia abundante

<235601>

Isaías 56:1—66:24 Gloria y vergüenza de Sion

56:1-8 Bienvenida a los proscritos
56:9—59:15a La vergüenza de Sion
59:15b-21 El libertador solitario
60:1—62:12 La gloria de Sion
63:1-6 El vengador solitario
63:7—64:12 Las necesidades urgentes de Sion
65:1—66:24 La gran divisoria

COMENTARIO

1:1-31 UNA SITUACION DE CRISIS

1:1 El profeta y su tiempo

Isaías significa “Yahweh (es) salvación”, nombre muy apropiado para el
“profeta evangélico”. La lista de reyes indica que profetizó durante no menos
de 40 años, desde c. 740 a. de J.C., —último año de Uzías (cf. <230601>

Isaías

6:1)—, hasta algún tiempo después del sitio de Jerusalén en el año 701 a. de
J.C., en la época de Ezequías cuyo reinado continuó hasta 687/6 a. de J.C.

1:2-4 La gran acusación

El llamado a los cielos y a la tierra nos trae a la memoria las últimas órdenes
de Moisés (cf. <053019>

Deuteronomio 30:19), y en el cual el vocablo enfático hijos
añade una nota de intensidad personal. En la directa declaración de Dios de los
vv. 1b, 3 ([Yo] crié... mí... mi) con el comentario confirmatorio del v. 4, ya
estamos en el corazón de la crisis: la familia de Dios ha roto relaciones con él.
(El v. 3 es aun más conmovedor en el conciso original, sin el pero. En el v. 4a
el sentido bien puede ser “generación de malignos, hijos depravados [de
Dios]”, la misma paradoja que en el v. 2b). El título Santo de Israel es casi
peculiar a Isaías; se lo encuentra en 12 oportunidades en los caps. 1—39 y 13
en 40—66. La expresión se encuentra sólo dos veces en el resto del AT. Es un
eco de las voces de los serafines (<230603>

Isaías 6:3), pero al mismo tiempo mitiga

la lejanía de “santo” por el hecho de que Dios se da a Israel. <281109>

Oseas 11:9

anticipa este pensamiento.

1:5-9 La devastación de Judá

Sea que se trate de uno de los últimos oráculos de Isaías, colocado aquí para
iniciar el libro con una nota de urgencia, o de un fogonazo de una visión previa
(tal cual lo sugiere el como de los vv. 7d, 8d, pues el profeta parece describir
lo que nadie sino él puede ver), en ambos casos pone de relieve ciertos temas
que le fueron señalados en ocasión de su llamado. Cf. la cerrazón mental del v.
5a con 6:9 s.; la devastación del v. 7 con 6:11 s., la preservación de los pocos
en el v. 9 con <230613>

Isaías 6:13. Tenemos aquí la primera insinuación del motivo
“remanente” que se hará prominente a medida que avanza la profecía (ver
especialmente <231020>

Isaías 10:20-22).

5, 6 El cuadro no es el de un hombre enfermo, sino de uno azotado hasta el
borde de la muerte y que, sin embargo, pide más. Así lo deja entrever el v. 5a y
los síntomas de 6b son los de heridas recibidas, cf. las llagas con las “heridas”
de <235305>

Isaías 53:5. 7, 8 Aparece aquí la realidad literal: es la tierra de Judá la
que ha sido pisoteada por las hordas extranjeras, quedando en pie solamente
Jerusalén (Sion). Es evidente que se trata de las consecuencias de la invasión
de Senaquerib, bosquejada en <121813>

2 Reyes 18:13, con sus efectos entrevistos

en <233730>

Isaías 37:30-32, y su estadística registrada en el “Prisma Taylor” donde
Senaquerib declara haber capturado no menos de 46 ciudades amuralladas,
junto con innumerables aldeas y 200.000 personas. La cabaña es la choza del
labriego o del vigía, abandonada reliquia de la cosecha. 9 Es lo que se merece
la gloriosa Sion, en un tris de ser barrida de la faz de la tierra como Sodoma.

1:10-20 Corrupción pietista y su limpieza

10 ss. El recibir el apelativo de Sodoma implicaba en un solo acto la acusación
y la sentencia. Como lugar de desastre, Sodoma significó todo lo que Pompeya
e Hiroshima nos significan a nosotros; de ahí el v. 9. Por mala reputación
ocupaba un sitial destacado, hasta que Isaías anunció el v. 10. Tuvo la
confirmación de Ezequiel (cf. <261648>

Ezequiel 16:48) y de nuestro Señor (cf.

<401123>

Mateo 11:23), que establecieron la medida de la culpa según la
oportunidad. De todos los arranques proféticos sobre la irrealidad religiosa (cf.

<091522>

1 Samuel 15:22; <240721>

Jeremías 7:21-23; <280606>

Oseas 6:6; <300521>

Amós 5:21-

24; <330606>

Miqueas 6:6-8) ésta es la más poderosa y sustentada. Su vehemencia
no la supera ni siquiera Amós, y se complementa en su forma y contenido.

Primero se rechazan las ofrendas y luego los oferentes (vv. 11, 12); pero a
medida que el tono de Dios se agudiza yendo del disgusto al asco, su acusación
específica se retiene hasta el espeluznante final del v. 15: ¡Vuestras manos
están llenas de sangre!

El reproche da paso al mandato, en ocho llamadas atronadoras, a dejar de
hacer lo malo (v. 16) y aprender a hacer lo bueno (v. 17). Esto es
arrepentimiento en su pleno significado, absolutamente personal y totalmente
práctico (cf. <270427>

Daniel 4:27; <400308>

Mateo 3:8; <421908>

Lucas 19:8). Estas
demandas profundas nos preparan para la oferta de la salvación inmerecida que
sigue inmediatamente.

18 Es notable que el gran ofrecimiento, al igual que la gran acusación de los vv.
2-4, aparezca como un eco de los tribunales de justicia: Venid... y razonemos
juntos,
es decir, “discutamos nuestro caso” (cf. <182307>

Job 23:7). Dios exige una
franca confrontación; pero, dado eso, puede cambiar lo inalterable, y borrar lo
imborrable (la grana y el carmesí no sólo son deslumbrantes: son colores
indelebles); solamente así el llamado lavaos (16) puede ser otra cosa que una
burla. 19, 20 Nos recuerda, una vez más, a <053015>

Deuteronomio 30:15-20 (cf.

sobre v. 2), que casi podría denominarse el texto de la disertación.

1:21-31 El lamento de Dios y su determinación

1:21-23 Pureza perdida. 21, 22 Al igual que en la endecha “¡Cómo han
caído los valientes!” (<100125>

2 Samuel 1:25; cf. el “¡cómo!” de <231412>

Isaías 14:12;

<250101>

Lamentaciones 1:1, etc.) el tema es la gloria esfumada; aun las metáforas
que se refieren a ello van de lo trágico a lo trivial (prostituta... plata... vino).
Lo único que se lamenta es la pérdida moral: no el imperio de David o la
riqueza de Salomón, simplemente su justicia. 23 Presenta en miniatura la misma
progresión des-de la revuelta espiritual a la injusticia social que se describe
entre los vv. 2 y 17.
1:24-26 Fuego purificador. Dios toma su propia metáfora del v. 22, para
revelar el ardiente aspecto del amor y el misericordioso aspecto del juicio. Es el
amor, lo opuesto a la indiferencia, que considera tus escorias como mis
adversarios;
cf. 62:1; <660319>

Apocalipsis 3:19.
1:27-31 Fuego destructor. La línea trazada por Dios entre amigos y
adversarios, los “redimidos” y los quebrantados, pasa a través de Sion; no
entre judíos y gentiles sino entre convertidos (sus arrepentidos, es decir, los
que “tornan”) y rebeldes. Para estos últimos, el fuego es el fin, no el comienzo.

La clave para la metáfora de los robles y los jardines (vv. 29, 30) está en el v.
31: representan la fuerza y organización humanas, en las cuales nos sentimos
tentados a confiar, es decir el fuerte y su trabajo; cf. <300209>

Amós 2:9. (Es
innecesario ver en todo esto una referencia a ídolos o a ritos de la fertilidad, p.
ej. los pequeños “jardines de Adonis” cuyo marchitarse representaba la muerte
anual de Dios, si bien esto pudiera haber sugerido esa insólita metáfora.) Hay
un eco moderno a la advertencia de que la destreza del hombre puede conducir
a su perdición, la chispa que enciende la conflagración.

2:1—4:6 LA JERUSALEN DE DIOS Y LA JERUSALEN
DEL HOMBRE
2:1
El nuevo encabezamiento sugiere que estas profecías pueden haber
circulado como una unidad antes de ser incluidas en la colección completa.
Alternan bruscamente entre la gloria final de Jerusalén y su sórdida actualidad.

2:2-5 La ciudad de Dios

Aquí, como en el casi idéntico pasaje de <330401>

Miqueas 4:1-5, se descubre la

verdadera eminencia de Sion, que el Señor está en ella (cf. <196815>

Salmo 68:15,
16, donde los picos de los montes más altos miran “con envidia” [NC]); y esta
es la única gloria de la iglesia. Su papel no es intimidar a los hombres sino
atraerlos (vv. 2c, 3a); pero los hombres necesitan de la verdad y del gobierno
inflexible de Dios (vv. 3b, 4a; cf. 42:4), el inconmovible centro de todo círculo
perfecto. El idílico final de la profecía no puede escindirse del comienzo, o se
nos deja con la amarga caricatura de esta escena en <290309>

Joel 3:9, 10. De modo
pues que tanto aquí como en Miqueas, la visión aparece como una apelación
(v. 5) no al sueño de realizar algún día un movimiento mundial, sino a responder
en la actualidad y en el sitio donde estemos.

Es probable que nuestro Señor tuviera en mente este pasaje cuando la primera
señal de afluencia de gentiles dio cumplimiento a su profecía en <431232>

Juan 12:32,

de ser levantado (el mismo verbo, en un sentido más rico, como aparece en la
LXX de <230202>

Isaías 2:2b; “elevado” [RVA] “ensalzado” [NC]) para atraer a sí

a todos los hombres.

2:6-9 La ciudad de Mamón

La marejada de supersticiones (v. 6), alianzas (v. 6c) riquezas (v. 7a),
armamentos (v. 7b) e ídolos (v. 8), que hacían de la cosmopolita Judá cualquier
cosa menos la luz de las naciones descrita más arriba, sugiere los días de Jotám

y Acaz, muy al comienzo de la carrera de Isaías, en el período comprendido
entre la prosperidad de Uzías y las reformas de Ezequías. Aunque aglomerada
de gente, la tierra está desprovista: lo tiene todo a excepción de Dios (v. 6a).

6 Sobre la reputación de los filisteos como adivinos, cf. <090602>

1 Samuel 6:2-6;

<120102>

2 Reyes 1:2-4. 7 En cuanto al materialismo que se menciona, ver

<051716>

Deuteronomio 17:16, 17. 8 El vocablo que utiliza para ídolos es un término
favorito de Isaías, tal vez porque es idéntico al adjetivo “inútiles” o “nulos” (cf.

<181304>

Job 13:4). 9 Hombre y ser humano (adam,... is, los términos genérico e
individual para “hombres”); el <194902>

Salmo 49:2 traduce esos vocablos como
“gente común” y “gente notable”; pero nos parece que es demasiado
rebuscado. Se repiten, como una manera de decir “todos” en los vv. 11 y 17.

2:10-22 El terror del Señor

Los siniestros refranes (vv. 10b, 19b, 21b; 11 y 17) y la inmensidad de la
escena, le dan una extraordinaria fuerza a este poema. Es la consumación de la
visión inicial por Isaías del Señor “alto y sublime” (<230601>

Isaías 6:1), y establece
el argumento final contra la confianza depositada en la potencia terrenal, tema
constante de esta profecía. El hecho de que haya un día de Jehovah de los
Ejércitos
(v. 12) le da a la predicación de Isaías la misma fuerza impelente que
a Pablo (cf. <441731>

Hechos 17:31) —elemento que la iglesia tiende a perder— y
en este pasaje la referencia es, sin duda alguna, al último día, no a una crisis
intermedia. Esto lo veremos en mayor detalle en los caps. 24—27
(apocalípticos).

La seguidilla de cosas altas cubre mucho de lo que siempre hallamos como
imponente en los recursos naturales (vv. 13, 14), las defensas construidas (v.
15) y las realizaciones técnicas y culturales (v. 16; ver más adelante). Y, sobre
todo, en el hombre mismo y en la religión hecha por el hombre (vv. 17, 18).
Pero más notable aun es el final, su escena de frenético apuro (como el de

<660615>

Apocalipsis 6:15-17) haciendo resaltar la presente paciencia de Dios, que
podría reducirnos, en un instante, a una huida ignominiosa y a arrojar lo que por
tanto tiempo nos ha ordenado arrojar afuera (v. 20).

16 Tarsis significa probablemente una refinería, y los barcos así denominados
serían los construidos para transportar cargas de lingotes. O pudiera referirse a
Tartesio, en España, y para barcos de ultramar (cf. <232306>

Isaías 23:6). El extraño
vocablo que se traduce barcos hace hincapié en su belleza (lujoso), más que
en su tamaño. 22 No figura en la LXX pero tiene la misma importante función

del v. 5 para traducir la visión en acción. La alusión hálito... nariz se refiere a
la fragilidad de la vida humana; constituye un efectivo preludio al próximo
capítulo.

3:1-15 Juicio por decadencia

Así como en la escena anterior todo era a lo cósmico y abrumador, aquí es a lo
pordiosero. Es un estudio en desintegración, bajo la presión de la escasez en un
pueblo sin ideales. Esa escasez, que es desesperante, se manifiesta de dos
maneras: en las cosas materiales (pan y agua, v. 1; vestido, v. 7) y en un
déficit de liderazgo (vv. 2-4). En algunas partes de Judá la profecía comenzaba
a cumplirse, sin duda alguna, cuando los asirios saquearon la tierra y
deportaron a los cautivos (ver sobre <230105>

Isaías 1:5-9), pero su total
cumplimiento esperó un siglo hasta que Nabucodonosor llevó a los ciudadanos
más capaces a Babilonia (cf. <122414>

2 Reyes 24:14), dejando atrás un régimen

débil e irresponsable.

2, 3 La lista de los cabecillas nos permite un vistazo de primera mano a la
sociedad en los tiempos de Isaías, cuyas respetables figuras incluían una mezcla
de charlatanes (adivinos... experto... encantador); 4 ss. Pero con todo el
desgobierno de este grupo diverso, peores cosas habrían de ocurrir: al principio
una total incompetencia y la anarquía resultante (vv. 4, 5), y finalmente una ruina
tan completa, que parecería irrecuperable (vv. 6-8). Los muchachos del v. 4
constituyen una eficaz metáfora como los muchachos y mujeres del v. 12;
pero esta ruina (v. 6) bien puede tener un sentido literal. A pesar de la certeza
de que Jerusalén no caería ante Senaquerib (<233733>

Isaías 37:33-35) Isaías vio,
con la misma claridad con que lo vio Miqueas, que su gloria final (cf. <230202>

Isaías

2:2, 5) tendría que ser precedida por la destrucción (<232204>

Isaías 22:4, 5; 32:6;

cf. <330312>

Miqueas 3:12; 4:1-8). No formó parte de su enseñanza (si bien con
frecuencia se asegura que lo fue) que Dios preservaría su ciudad en forma
incondicional.

Paradójicamente, el total derrotismo predicho en los vv. 6 y 7 es detectado en
los versículos siguientes al actual espíritu de bravata. 8, 9 La clara muestra del
libre pensar y osada inmoralidad descritas en estos versículos no sólo afrentan a
Dios mismo, quien es la única fuente de gloria (como lo hace patente el
sorprendente cierre del v. 8), sino que, en última instancia, no le deja a uno
nada en que creer. Luego que el escéptico se haya dado gusto, queda varado
en el yermo que él mismo ayudó a producir. De manera que los 13-15 dictan
sentencia contra los contemporáneos brutales y despiadados de Isaías, que

dieron impulso al fatal proceso. El cap. 5 será más explícito; pero no será más
condenatorio.

3:16—4:1 De la seda al cilicio

Nunca la trivialidad fue expuesta con tanta falta de piedad o más abruptamente
alcanzada por la tragedia. Aun el desfile inicial es chocante como también
absurdo, contra el horrible trasfondo del v. 15 que es su costo humano. No hay
necesidad de caricatura: los 21 detalles del atavío (vv. 18-23) conforman un
pequeño reino por sí mismo, suficiente para ocupar toda la mente, y totalmente
vulnerable. La terrible escena de la transformación (<230324>

Isaías 3:24—4:1) ha
sido establecida más de una vez, y en los vv. 25, 26 el destino del individuo se
transforma en un símbolo de la ciudad-madre misma, imagen que puede
utilizarse nuevamente tanto para referirse a Babilonia como a Jerusalén (cf.

<234701>

Isaías 47:1-3; 52:2).

Si bien estas trivialidades en particular pueden parecer remotas, todas las
generaciones —y ambos sexos— tienen sus propios y solemnes absurdos que
pueden ser totalmente absorbentes. En el contexto de estos capítulos nos
muestran un aspecto más de gloria terrenal, su vacuidad, que debe ser
avergonzada ante la gloria de Dios. Este esplendor se abre paso en la siguiente
sección.

4:2-6 La gloria por venir

El tenor general de este pasaje, en su contexto, es que la salvación yace más
allá del juicio. La gloria de Israel debe ser la de un nuevo crecimiento después
de la destrucción, de santidad luego de ser purificados por fuego, y de la
shekinah de Dios, es decir la presencia manifiesta de Dios, como en los días
del éxodo.

2 El retoño tiene su paralelo en el fruto de la tierra. Quiere señalar que Israel
debe nacer de nuevo: desde sus raíces debe surgir una nueva generación
cuando el juicio haya destruido toda su gloria presente y dejado muy pocos
sobrevivientes. Lo que aquí se tiene en mente es una comunidad renovada; más
adelante surgirá que un Hombre constituirá este crecimiento por excelencia (cf.

<242305>

Jeremías 23:5; <380308>

Zacarías 3:8; 6:12; y cf. expresiones similares en

<231101>

Isaías 11:1).

3 Obsérvese el individualismo: el nuevo Israel consistirá de los personalmente
santos, cuyos nombres están en el libro de la vida (cf. con la última frase,

<023232>

Exodo 32:32; <390316>

Malaquías 3:16; <662012>

Apocalipsis 20:12-15). Pero 5 los
describe como una comunidad, reunidos en un espíritu muy distinto al de 1:13,
y resguardados por la gloria de Dios. Esta gloria reposará sobre todo lugar
del monte Sion, desde el momento en que todos son santos, y por ello no
estará reducida al santuario, como ocurría en el desierto. El himno 112 de
Cantos Bíblicos basa el tema de una de sus estrofas en los vv. 5 y 6; con toda
justicia ve en esa expresión la presencia de Dios “como gloria y dosel” por
encima y alrededor de la iglesia. 6 Cf. <232504>

Isaías 25:4, 5.

5:1-30 LA AMARGA VENDIMIA

Con una secuencia independiente, este capítulo tiene mucho en común con los
que le precedieron (para la metáfora de la vendimia, cf. <230314>

Isaías 3:14; sobre

la humillación de los encumbrados, cf. <230209>

Isaías 2:9 con 5:15) y castiga
algunos de los pecados sociales que ya hemos visto. Lleva la extensa obertura
del libro a un fortísimo clímax.

5:1-7 La parábola

Esta es una pequeña obra maestra. 1 Su introducción, una canción de amor
(BJ) halaga al oído y despierta la imaginación; la viña, al igual que el jardín
amurallado y el vergel del Cantar de los Cantares de Salomón (<220412>

Cantar de

los Cantares 4:12-15) seguramente hablará de una novia y su hermosura,
guardada celosamente para el novio. 3, 4 Pero los oyentes quedan
boquiabiertos por el anticlímax y por pedírseles su opinión, para descubrir que,
al igual que David ante Natán (<101201>

2 Samuel 12:1-7) habían estado asintiendo

a su propio enjuiciamiento (cf. también <402140>

Mateo 21:40-43). 7 Finalmente, en
el lenguaje original se pone énfasis en la acusación valiéndose de una inolvidable
última línea, tersa como un epigrama. Su doble juego de palabras desafía toda
reproducción, pero en una versión libre diría: “¿Halló rectitud? ¡Solamente
tumultos! ¿Halló decencia? ¡Solamente desesperación!”

La parábola trae a su culminación, como nada podría hacerlo, la sinrazón y lo
indefendible del pecado; nos hallamos buscando alguna causa que explique el
motivo del fracaso de la vid, y no hay ninguna. Solamente los seres humanos
pueden ser tan caprichosos.

5:8-23 Los seis ayes

Aquí, “las uvas silvestres de Judá” (frase de G. A. Smith) se muestran en los
términos más sencillos. Los ayes se suceden unos a otros con progresiva

rapidez, para dar un sentido de creciente vehemencia, como en las apelaciones
emocionantes en el clímax de <230112>

Isaías 1:12-17. Son una muestra, no un
inventario, relacionados con el tema prevaleciente de Isaías sobre la arrogancia
humana y su caída; por lo tanto son predominantemente los pecados de los
grandes y poderosos.

El ataque tiene toda la mordacidad de un retrato personal. Aquí están los
grandes, expuestos a la vista de todos; aparecen como extorsionistas (vv. 8-
10), jóvenes disolutos (vv. 11, 12; cf. vv. 22, 23) y escarnecedores, para
quienes los únicos valores dignos de mención son los materiales (vv. 18-23).
5:8-10 Extorsionistas. La ley sobre la propiedad, que Nabot defendió con
su vida (cf. <032523>

Levítico 25:23; <112103>

1 Reyes 21:3) se ha transformado en letra
muerta, pero el insaciable deseo de adquirir más tierras, será, irónicamente,
satisfecho. 10 Bato era una medida de capacidad para líquidos equivalente a un
efa para áridos, de 37 litros; el homer (no confundir con el gomer de

<021636>

Exodo 16:36) tenía una capacidad diez veces mayor (cf. <264511>

Ezequiel

45:11). La cosecha sería desastrosamente inferior a lo sembrado.
5:11-17 Jóvenes disolutos. El negarse a medir, es decir, a enfrentarse con las
normas fijadas por Dios (vv. 12b, 13a) es, para los profetas, anatema
(<240807>

Jeremías 8:7; <280606>

Oseas 6:6; <300601>

Amós 6:1-7), sea que tome la forma de

una insensata religiosidad (<230103>

Isaías 1:3, 10-17), sofistería (<230520>

Isaías 5:20,

21), ocultismo (<230819>

Isaías 8:19, 20) o el saturado escapismo ilustrado aquí. El
juicio de estos sibaritas, al igual que las mujeres enloquecidas por la moda de

<230316>

Isaías 3:16—4:1, habrá de ser que perderán lo único para lo cual vivieron
(v. 13b), y de encontrarse como objeto de un apetito más insaciable que el de
ellos mismos (v. 14) 14 Seol (ver sobre <231409>

Isaías 14:9, 15; 38:10, 18).
5:18-23 Escarnecedores. Ya que el idioma heb. utiliza la misma palabra
para una cosa y para su consecuencia, el v. 18 pudiera significar “que traen el
castigo a la rastra (sobre ellos mismos)... que traen la retribución a la rastra
(sobre ellos mismos)...” (cf. heb. de <010413>

Génesis 4:13; <381419>

Zacarías 14:19). El

siguiente versículo tiende a confirmar esta afirmación. Como alternativa, la
metáfora puede ser intencionalmente oscura, desde el momento en que el
escarnecedor, en su perversidad, no es arrastrado hacia el pecado sino que lo
busca con fruición y se deleita en él. No hay casi generación en la cual no
existan tales “audaces pensadores”, ya sean blasfemos (v. 19), pervertidos (v.
20) o tranquilamente omniscientes (v. 21). Causaron tanta sensación como los

inveterados bebedores del v. 22 y los realistas del v. 23, que sabían del valor
del dinero.

5:24-30 Los depredadores de Dios

24, 25 El por tanto y por esta causa tañen una doble nota inevitable al juicio,
en términos de una lógica consecuencia (v. 24) y de ira judicial (v. 25), las
cuales están siempre presentes cuando Dios castiga. La figura de la mano divina
extendida, será vista nuevamente en <230912>

Isaías 9:12, 17, 21; 10:4; de modo
que esta referencia aislada podría ser responsabilidad del copista que la insertó
aquí, pero es mejor considerarla como la oscuridad previa a la tormenta,
sirviendo de nexo de unión de este capítulo con los que le siguen. 26-30 El
ejército, terrible en su precisión y ferocidad, descrito en los versículos finales,
pavorosa conjunción de máquinas y bestias salvajes, es Asiria. Pero esta
potencia, la mayor de su época, está a disposición de Dios (v. 26), pobre
consuelo para el rebelde, para quien este grupo de capítulos termina sin un rayo
de esperanza.

6:1-13 EL LLAMADO DEL PROFETA

Es hasta ahora que podemos hacer una pausa para la visión inaugural, tal fue la
urgencia del llamado al arrepentimiento y tan necesaria la detallada descripción
de la escena de estos capítulos para explicar qué fue lo que arrancó la
confesión de Isaías (v. 5) y cuál el contexto del decreto de endurecimiento (vv.
9, 10). En esta visión se disciernen fácilmente las preocupaciones más
importantes del libro: la ineludible santidad de Dios y su sola majestad; la gloria
que ha decretado y la limpieza que demanda; la purificación del penitente y la
resurgente vida que habrá de brotar del linaje de Israel.

1 El rey Uzías murió después, no antes, del llamado de Isaías, como lo deja
entrever claramente <230101>

Isaías 1:1. Si su muerte tiene alguna significación,
aparte de la fecha, es que murió leproso, por mofarse de la santidad del culto a
Dios cuando “su corazón se enalteció” (<142616>

2 Crónicas 26:16; cf. <230217>

Isaías
2:17). La referencia a trono, templo, Rey de los vv. 1, 5, sugieren a algunos
escritores un festival de entronización divina, pero no hay serias evidencias en
favor de esa opinión; su importancia radica, en todo caso, en señalar cuál es la
autoridad ante la que deben inclinarse todos los seres humanos.

2 Serafines significa “feroces” o “ardientes”, ajustado epíteto para las
serpientes de <042106>

Números 21:6, 8 e <231429>

Isaías 14:29; 30:6. Aquí, estos seres

alados son semejantes a hombres (sus pies; su mano, v. 6), pero el objeto de
la descripción es hacer nuevamente hincapié en la santidad de Dios, ante cuya
presencia aun los seres deslumbrantes e inmaculados quedan abrumados,
incapacitados de mirarle ni ser mirados por él pero prontos a servir (v. 2) e
incansables en alabarle (v. 3). 3 La antífona, si bien breve, proclama en voz
tonante, en la primera línea (cf. v. 4), la naturaleza, el nombre y el poder de
Dios (Ejércitos, heb. se ba’ot, son las huestes o recursos que él comanda en el
cielo y en la tierra), y en la segunda línea la extensión y el carácter de su
dominio. Gloria es la manifestación refulgente de lo que él es y, por lo tanto, de
su santidad; toda la tierra, no solamente Israel, fue hecha por y para esto. Lo
que se infiere de ello, con respecto al juicio y a la salvación, nos lo da

<231109>

Isaías 11:9; 40:5. <041421>

Números 14:21-23; <350214>

Habacuc 2:14. Llena.
Obsérvense las variaciones sobre el tema de la llenura en los vv. 1, 3, 4.

4, 5 El estremecimiento de los fundamentos, la oscuridad y el espanto
despiertan reminiscencias del Sinaí (<021916>

Exodo 19:16-18) y premoniciones de

juicio: ver sobre ello el comentario del NT en <581228>

Hebreos 12:28, 29 y

obsérvese la relevancia de <400508>

Mateo 5:8. Forma parte integral del mensaje de
Isaías que sus palabras serán las de un hombre perdonado, tan culpable él
mismo como aquellos a quienes ofrecerá la vida o la muerte. 6, 7 También es
característico que el juicio juega un papel prominente en la purificación. El
ardiente mensajero y el carbón encendido deben haber presagiado al principio
cualquier cosa menos la salvación (cf. <230125>

Isaías 1:25, 26; 4:4); sin embargo,
vino del lugar del sacrificio y habló el lenguaje de la expiación (tu pecado ha
sido perdonado
proviene del verbo heb. para expiar). El carbón encendido
conlleva la total significación del altar del cual provino; que la penalidad por el
pecado fue pagada por un sustituto ofrecido en lugar del pecador. El símbolo,
aplicado a los labios de Isaías, la región anatómica donde su necesidad era más
apremiante, le da la certeza de un perdón personal.

8, 9 La respuesta de Isaías: Heme aquí, envíame a mí, es doblemente notable;
en primer lugar por el contraste con su anterior desesperación (v. 5) y con el
apocamiento de, digamos, Moisés o Jeremías; y en segundo lugar por el hecho
de que esta voz es aceptada en la corte celestial. (Ver en <112219>

1 Reyes 22:19-

23, y <660501>

Apocalipsis 5:1-14, la comparación y el contraste.) 10-13 El decreto
de endurecimiento citado en su totalidad o parcialmente por lo menos seis
veces en el NT (<401314>

Mateo 13:14, 15; <442826>

Hechos 28:26, 27), debería ser
leído hasta su conclusión en los vv. 11-13, donde se descubre que el juicio
despeja el terreno para el nuevo crecimiento. Isaías cumplió su comisión de

enceguecer y ensordecer al pueblo, proclamando (no retaceando) la verdad. Y
aquí Dios comparte con el profeta la crítica significación de su ministerio. La
pecaminosa Israel ha llegado a un punto donde un solo nuevo rechazo de la
verdad la condenará a un juicio inevitable. El dilema del profeta es que no hay
manera alguna de salvar al pecador sino por la verdad cuyo rechazo le
condenará totalmente. El único signo de vida (cf. <231101>

Isaías 11:1; <181407>

Job

14:7-9) está ausente de la LXX, que omite el v. 13c; pero el libro de Isaías,
entre los Rollos del Mar Muerto confirma nuestro texto, y es inconcebible que
la doctrina de Isaías del remanente divino contradijera su comisión inicial (ver

<231020>

Isaías 10:20-23). De modo, pues, que la visión termina con esperanza: en
lugar de “semilla de malvados” (<230104>

Isaías 1:4, BJ) sobrevivirá la simiente
santa,
expresión de infinita promesa a la luz, tanto del v. 3, respecto de la
santidad, como de las repetidas promesas de la “simiente” victoriosa en

<010315>

Génesis 3:15; 22:18; <480316>

Gálatas 3:16.

7:1—12:6 TORMENTA Y SOL: ASIRIA Y EMANUEL

Estos capítulos han sido denominados “El libro de Emanuel” a causa del niño
prometido en <230714>

Isaías 7:14; 8:8, cuya naturaleza y reinado aparecen en

<230901>

Isaías 9:1-7; 11:1-10, contra un trasfondo de amenaza local (<230701>

Isaías

7:1-9) y dispersión universal (<231111>

Isaías 11:11-16). Las profecías emergen
directamente de una crisis contemporánea, pero se proyectan a los últimos días
(<230901>

Isaías 9:1) y a toda la tierra (<231109>

Isaías 11:9, 10; 12:4, 5).

7:1-17 Isaías enfrenta al rey Acaz

7:1-9 El llamado a la fe. La fecha es c. 735 a. de J.C. y la situación es una
desesperada propuesta de Israel y Siria para unirse con sus vecinos contra el
arrollador conquistador asirio. Ante la negativa de Judá a cooperar, llegaron
con un ejército para derrocar a su rey con su propio candidato, el hijo de
Tabeel
(v. 6).

3 Resulta impresionante y significativa la intervención de Isaías en medio de la
alarma general. Su hijo Sear-yasuv (“Un remanente volverá”) es un portento
viviente de juicio y salvación (ver sobre <230117>

Isaías 1:17; cf. 8:18); el mismo
lugar escogido de reunión probaría, un día, cuán fatal era la decisión tomada
por el rey (<233602>

Isaías 36:2); 4 la exhortación cuídate y ten calma fue el
primero de una serie de llamados que se prolongaron durante toda su vida para
confiar en lugar de intrigar (cf. v. 9b; 8:12, 13; 28:16; especialmente 30:15). El
llamado era más que racional; Siria e Israel los dos cabos de tizón que

humean, pronto serían apagados. Siria fue aplastada en el año 732 a. de J.C.,
mientras que Israel perdió sus territorios del norte en 734 a. de J.C., su
existencia nacional en 722 a. de J.C., y su identidad racial luego de una serie de
repoblaciones que se prolongaron por lo menos hasta el reinado de Esarjadón
(cf. <150402>

Esdras 4:2), al cabo de lo cual (669 a. de J.C.) fue destrozado hasta

dejar de ser pueblo (v. 8b).

7b-9a La inferencia pareciera ser que mientras Judá está bajo la protección del
único Dios, sus enemigos no cuentan más que con hombres, ¡y qué hombres!
¡Es suficiente con nombrarlos! 9b El llamado a la fe es el meollo de la
predicación de Isaías, con un juego de palabras que remedan un lema, tan
esquivo al traductor como el de <230507>

Isaías 5:7. La BJ, con belleza idiomática,

traduce: “Si no os afirmáis en mí, no seréis firmes.”
7:10-17 La señal de Emanuel. 11, 12 El ofrecer cualquier prueba que Acaz
quisiera nombrar no deja lugar a dudas de que el llamado a la fe era (y es) en
primer lugar un llamado a la voluntad (cf. <430717>

Juan 7:17). El hacer caso omiso
del ofrecimiento era rechazar de plano a Dios, pero Acaz ya había tomado una
decisión. La fe no jugaba ningún papel en su religión (<121603>

2 Reyes 16:3, 4, 10-

20) ni en su política. Tras la pulida conversación religiosa (v. 12; cf.

<050616>

Deuteronomio 6:16) se escondía un plan para jugarles una treta a sus
enemigos aliándose con el mayor de ellos (cf. <121607>

2 Reyes 16:7-10). Isaías
aclara perfectamente en el v. 17, reforzado por los vv. 18-25, la clase de amigo
que habría de resultar Asiria.

13 ss. Mientras tanto, Dios tenía su propia señal, para una mayor audiencia que
la de Acaz (el os de los vv. 13, 14 en plural, para toda la dinastía de David), y
con un alcance mayor que una simple muestra de poderío. Los detalles
concurrentes en parte tranquilizan (vv. 15, 16), en parte advierten (v. 17); la
leche cuajada y miel es algo enigmático, como símbolo de abundancia natural
(cf. v. 22; <020308>

Exodo 3:8) pero al mismo tiempo de una tierra despoblada (v.
22b), incultivada (cf. 23-25). Pero el corazón de la señal es Emanuel. No se
dice quién es; aparecerá en <230906>

Isaías 9:6, 7; 11:1-5. Basta, por ahora, que
mientras el rey recurre a un ejército, Dios tiene su mirada puesta en el
nacimiento de un niño (cf. <011719>

Génesis 17:19).

Mucho se ha discutido sobre de qué manera la señal encaja con la crisis. Como
una directa profecía de Cristo (cf. <400122>

Mateo 1:22, 23), pareciera demasiado
remoto hablarle a Acaz; no obstante, la señal era para la amenazada casa de
David
(v. 13; ver párrafo anterior), y la visión de un príncipe venidero fue

tranquilizante. Cf. 37:30; <020313>

Exodo 3:13; <450411>

Romanos 4:11, por señales que

confirman la fe más que forzarla. Ver también sobre <230801>

Isaías 8:1-4. Pero bien
pudo Dios descorrer el velo de la distante escena echando mano a lo cercano.
Algunos sugieren que la señal tuvo vigencia inmediata en: a) el tiempo indicado
los pocos años desde la concepción de un niño ahora, hasta alcanzar la edad
de tomar decisiones, v. 16; o b) el nombre “Dios (es) con nosotros” que una
madre contemporánea quisiera darle a su hijo, lo contrario a Icabod (cf. <090421>

1

Samuel 4:21); o c) la jerarquía, si anunciaba un nacimiento de la realeza, que
tiende a ser un presagio de esperanza. (Pero cualquiera sea la estimación que
se haga este niño no podía ser Ezequías, nacido algunos años antes.) Estas
posibilidades no se oponen necesariamente entre ellas, ni con la predicción a
largo alcance sobre el nacimiento de Cristo.

14 La BJ y BC traducen “doncella” aunque RVA, NC y RVR prefieren virgen
con el apoyo de la LXX como la cita de <400123>

Mateo 1:23. El equivalente más
apropiado en castellano es “doncella”: describe una esposa en potencia; tal
como en <012443>

Génesis 24:43 y la joven María de <020208>

Exodo 2:8; presume más
que afirma su virginidad, término que pierde su vigencia en el acto matrimonial.
Antes de su cumplimiento en el NT, su milagrosa inferencia hubiera pasado
inadvertida, eclipsado por a) y c), por ejemplo, mencionados más arriba. Los
tiempos de concebirá y dará a luz son indeterminados: los participios heb. no
hacen la distinción entre presente y futuro

7:18—8:22 Explicación de la elección

7:18-25 La invasión y sus consecuencias. Las dos metáforas en los vv.
18-20 hacen de la nube de soldados depredadores no sólo una desagradable y
vívida perspectiva sino un azote de Dios, tema desarrollado en <231005>

Isaías 10:5-

11. 20 Sobre la navaja alquilada, cf. <262918>

Ezequiel 29:18-20. La ironía radica
en que Acaz imaginó que él la había alquilado. 21-25 El punto en cuestión es el
triste espectáculo de la tierra prometida transformándose en una jungla por falta
de israelitas, su abundancia (v. 22) un reproche a su esparcimiento y su estado
salvaje una prueba de su declinación. Es el tipo de reproche que puede recibir
una iglesia en decadencia que vive de glorias pasadas que ya no puede
sostener.
8:1-4 La señal de Maher-salal-jas-baz. La señal de Emanuel (<230714>

Isaías

7:14-27), si bien se refería a los sucesos que habrían de ocurrir en los últimos
tiempos, implicaba una señal por el futuro inmediato en que, no importaba cuán
pronto naciera Emanuel, la actual amenaza habría pasado antes de haberse

percatado de ello. Pero no se especificó el momento de su nacimiento; de ahí
que la nueva señal es dada con referencia únicamente a un acontecimiento
contemporáneo, y con sus aspectos más oscuros. Este niño sería el fruto de un
nacimiento normal, y por su nombre “El botín se acelera; el saqueo se
apresura” (ver nota de la RVA) sería un importante testigo (cf. <230818>

Isaías 8:18)

de las predicciones de Dios, tanto sobre el enemigo a la puerta (v. 4; cf.

<230716>

Isaías 7:16) como sobre la próxima víctima de Asiria, es decir Judá (cf.

<230717>

Isaías 7:17). La prolija atestación (v. 2) llamaría la atención y también
confirmaría que el nombre precedió al acontecimiento. (Sobre una inscripción
posterior consultar <233007>

Isaías 30:7, 8.)
8:5-8 Las mansas aguas de Dios y el torrente asirio. Considerando que
Siloé (cf. <430907>

Juan 9:7) es otro vocablo para significar “conducto” (en este
caso un acueducto a cielo abierto, no el túnel de Ezequías, que en ese entonces
pertenecía al futuro), es probable que sea el encuentro con el rey (7:3) lo que
sugirió esta figura para representar la tranquila ayuda de Dios. Al recurrir al
maligno para combatir el mal, Judá se encontraría en el camino de la impetuosa
correntada que desató; y la tierra que estaba comprometiendo era de
Emanuel. Pero hay esperanza como también amenaza en la expresión hasta el
cuello
(v. 8); por amor a Emanuel se estableció un límite (cf. <231024>

Isaías 10:24-

27).
8:9-15 Dios nuestro refugio o nuestra ruina. 9, 10 Estos versículos,
espléndidos en su desafío, constituyen la respuesta del profeta al significado de
Emanuel, Dios está con nosotros; y también la insistencia del Señor (con
mano fuerte,
v. 11) de que el pueblo modificara su manera de pensar,
incluyendo la terminología que utilizaban, y sus actitudes emocionales (v. 12),
centrándolo todo en Dios (cf. el llamado a un enfoque transformador en

<451202>

Romanos 12:2). 12a. Conspiración ha de referirse a la intimidatoria
coalición de 7:2; como alternativa puede significar no otra cosa que “liga” o
“alianza” y ser el término que utilizaba Acaz por tomar partido con Asiria. Si
fuera la segunda interpretación, Isaías estaría diciendo: “Esta no es una alianza
que valga la pena ni siquiera mencionar”; es decir: “No deposites tu confianza
en Asiria ni temáis a Siria; confía y teme a Dios.”

12b, 13a Son citados en <600314>

1 Pedro 3:14, 15 (que identifica a Cristo con
Jehovah de los Ejércitos) como sin duda Jesús mismo había implicado en su
alusión a <230814>

Isaías 8:14, 15 en <422018>

Lucas 20:18a (cf. <450933>

Romanos 9:33;

<600207>

1 Pedro 2:7, 8). Ver también comentario sobre <232816>

Isaías 28:16. Es la más

sólida de todas las realidades, de que Dios está presente aquí: o
“todosuficiente” o insuperable.
8:16-22 La luz es quitada. El tenor general del párrafo es que Israel está
rechazando la luz (vv. 19-22) y por ello perdiendo las enseñanzas y
bendiciones de Dios (vv. 16, 17). Lo único que tendrán son señales (v. 18); y
todo lo que pueden esperar es oscuridad (v. 22).

Pero 16-18 condensan inmensas promesas. Con la expresión mis discípulos,
Dios introduce una nueva definición de su pueblo en su relación con él
(<230604>

Isaías 6:45). Estas son las voluntarias excepciones a <230609>

Isaías 6:9, 10; la
obediente fe de Isaías (v. 17) habla de ello, y al pequeño grupo del v. 18 se lo
ve en <580213>

Hebreos 2:13 como típico de la iglesia congregada alrededor de
Cristo, una verdadera iglesia modelo, que se deja enseñar, fiel, expectante,
conspicua. Sobre la función de los hijos de Isaías como señales y prodigios,
ver <230703>

Isaías 7:3; 8:1-4. Los interlocutores en los vv. 16 y 17, son
evidentemente el Señor (v. 16) y el profeta (vv. 17-22); los imperativos del v.
16 están en singular, y no hay persona alguna a quien pudiera dirigirse
naturalmente el profeta. Una alternativa atractiva es que no fuera Isaías el
destinatario del mensaje de Dios, sino Emanuel (cf. v. 8c; <580213>

Hebreos 2:13),
pero los hijos de Isaías, portadores de la señal, parecen estar en mente en el v.
18.

19-22 Es muy marcado aquí el contraste con este grupo piadoso. Con
médiums en lugar de profetas, galimatías en lugar de enseñanzas, y con los
muertos como guías de los vivos, no es de extrañar que no les ha amanecido.
Para la prohibición sobre tales prácticas, ver <051809>

Deuteronomio 18:9-12.

9:1-7 El amanecer mesiánico

1-5 La Biblia hebrea coloca el v. 1 como último versículo del cap. 8, pero

<400415>

Mateo 4:15, 16 lo establece como comienzo de nuestro pasaje. Zabulón y
Neftalí son sitios perfectamente localizados y cayeron ante Asiria a los pocos
meses de haber hablado Isaías con Acaz (ver sobre <230701>

Isaías 7:1-9). De
modo que la primera parte de Israel que habría de sucumbir sería la primera en
ver la gloria (v. 1b), sorprendente profecía de la que hicieron caso omiso; cf.

<430146>

Juan 1:46; 7:52. El creciente alivio y alegría de los vv. 1-5 a medida que
son abolidos los arreos de la guerra, nos preparan para el encuentro con el
Libertador; pero en lugar de un Gedeón de los últimos tiempos (cf. 4b) es el
niño (v. 6) ya anunciado como Emanuel en 7:14; 8:8.

6, 7 Al par que <230714>

Isaías 7:14 se concentra en su nacimiento y <231101>

Isaías

11:1-16, en su reinado, los vv. 6, 7 dan especial énfasis a su persona. Otras
escrituras confirman que los tres primeros títulos implican divinidad: Admirable
Consejero
significa “sobrenatural” (cf. especialmente <071318>

Jueces 13:18), y es

Yahweh de quien se dice que su “consejo es admirable” (NC) en <232829>

Isaías

28:29. Algunos han intentado reducir Dios Fuerte a la categoría de un héroe
deiforme (cf. <263221>

Ezequiel 32:21, donde, sin embargo, el término es plural),

pero <231021>

Isaías 10:21 utiliza el idéntico término sólo junto a Jehovah, el Santo
de Israel. Padre Eterno no tiene un paralelo exacto; pero hay una paradoja de
dar ese nombre a una criatura que aún no ha nacido. Padre significa la
benevolencia paternal del perfecto gobernante sobre su pueblo al que ama
como a sus hijos. Paz, en heb., significa tanto prosperidad como tranquilidad, y
el v. 7 desarrolla las connotaciones de Príncipe (en el vocablo dominio con el
sentido de “gobierno”), como asimismo de paz, brindando ahora la primera
seguridad explícita de que el príncipe será del linaje de David (cf. <231101>

Isaías

11:1). En cuanto a la última frase del v. 7, ver <263622>

Ezequiel 36:22; <380802>

Zacarías

8:2.

9:8—10:4 La sombra sobre Samaria

En <230525>

Isaías 5:25 se vio la mano de Dios lista para castigar; la misma amenaza
se cierne sobre este pasaje, señalándola en <230912>

Isaías 9:12, 17, 21; 10:4. Si
bien se refiere principalmente al reino del norte (vv. 9, 21) el pasaje final
(<231001>

Isaías 10:1-4) bien puede incluir a Judá, como lo hizo en <230524>

Isaías 5:24,

25.
9:8-12 Juicio contra la bravata. Reírse de hechos (v. 10) podrá entusiasmar
a una concurrencia (v. 10), pero constituye un rechazo de enfrentar lo que los
síntomas implican. A ese punto nada puede impedir el juicio. Los enemigos de
Rezín (v. 11) serían principalmente los asirios (ver sobre <230701>

Isaías 7:1-9); las
presiones del v. 12 pueden haber ocurrido en el período comprendido entre la
conquista de Damasco por los asirios en 732 a. de J.C. y la caída de Samaria
en 722 a. de J.C.
9:13-17 Juicio por relajamiento. El juicio comienza con los líderes (cf.

<590301>

Santiago 3:1) pero no excusa a los seguidores (v. 17). Entre los primeros,
son los profetas los que se ganan el desprecio y la censura de Dios (v. 15),
comparados, como lo pone Delitzsch, a “la cola de un perro adulón”.

9:18-21 Juicio por la desunión. El pecado, doblemente destructivo; lo
primero que hace es reducir la sociedad a una selva, luego esparce su fuego en
medio de ella, tal cual lo certifican nuestras contiendas modernas. Pero los
juicios que nos infligimos a nosotros mismos, siguen siendo los juicios de Dios:
vv. 19a, 21b.
10:1-4 Juicio por la injusticia. No son las crudas pasiones de los párrafos
anteriores sino las maldades legalizadas del gobierno (v. 1) lo que lleva al
clímax de la serie. Los tremendos interrogantes del v. 3 podrían arruinar las
utilidades adquiridas en toda una vida, y todo ello dentro de los términos de la
ley.

10:5-34 El hacha de Dios sobre Judá

Este pasaje es importante como ejemplo del control que Dios ejerce en la
historia, en el mundo en general y entre su pueblo escogido en particular. Los
vv. 9-11 parecieran indicar la fecha del oráculo como después de la caída de
Samaria (722 a. de J.C.); pero no hay que pasar por alto la certeza absoluta
anterior de Isaías sobre este suceso (cf. <230804>

Isaías 8:4).
10:5-19 Asiria, instrumento de Dios. 5-15 El conocimiento de que el
agresor es manejado por Dios plantea el problema creado por los éxitos de los
malvados en su justo contexto, al mostrar que sirve a los fines de la justicia
cuando pareciera desafiarlos (vv. 6, 7), y no es nada impresionante en sí
mismo, (v. 15) ni queda, en última instancia, sin castigo (v. 12). Se confiesa su
vacuidad, incidentalmente, en las muestras del pensamiento asirio: la
complacencia de los vv. 10, 11, el orgullo del v. 13a y la mentalidad del ladrón
de los vv. 13b, 14. Las ciudades fortificadas del v. 9 (cf. <233619>

Isaías 36:19)
señalan el inexorable avance del enemigo, según el orden del texto heb., desde
Carquemis, sobre el Eufrates, hasta las proximidades de Samaria. Cf. el avance
más local que, como un torbellino, mencionan los vv. 27b-31.

16-19 De las dos metáforas, la enfermedad y el fuego del bosque, entretejidas
en estos versículos (el heb. no tiene ninguna regla contra tales mezclas de
figuras), la primera lleva la connotación, tal vez, de corresponder a los medios
de que se valdría Dios contra el ejército asirio (ver sobre <121935>

2 Reyes 19:35),

mientras que la segunda es una reiteración del tema dominante de Isaías de
bajar a los encumbrados (cf. vv. 33, 34; 2:12, 13).
10:20-23 Un remanente convertido. En este pasaje pletórico de inferencias
se observa la doble significación de los dos términos en la expresión un

remanente volverá (Sear-yasuv, cf. <230703>

Isaías 7:3). Por una parte no más de
un ínfimo número sobrevivirán al juicio inminente o volverán del exilio (vv. 22,
23; cf. <231111>

Isaías 11:11); y por la otra parte, volverá al Dios fuerte (v. 21; cf.

<230906>

Isaías 9:6) supone conversión. Dios busca hombres que se arrepientan;
cuya confianza, a diferencia de la de Acaz en <121607>

2 Reyes 16:7, está
depositada en él más que en los hombres (vv. 20, 21). Tal es el verdadero
Israel: no es la inmensa masa de los descendientes de Abraham (ver la alusión
en el v. 22a con respecto a <012217>

Génesis 22:17; cf. <450416>

Romanos 4:16;

<480307>

Gálatas 3:7-9). Pablo no solamente cita este pasaje (<450927>

Romanos 9:27,

28) sino que arguye extensamente que el “remanente según la elección de
gracia” (<451105>

Romanos 11:5) es una clave para entender el trato de Dios con

Israel y el mundo.

21 Referente a Dios fuerte ver sobre <230906>

Isaías 9:6, 22, 23 En cuanto a la
doble mención de la destrucción... decidida, obsérvese la deliberación con la
cual actúa Dios en este capítulo: véanse la impertérrita mano en el v. 4 (comp.
con <230912>

Isaías 9:12, etc.), la imparcialidad de los vv. 12, 25, la preocupación
por una justicia simple en los vv. 2, 22b y los resultados positivos avizorados en
los vv. 20, 21.
10:24-34 El agresor detenido. Es un doble llamado a la fe: en primer lugar
recordando su amor en el pasado (vv. 24-27), y en segundo lugar describiendo
una amenaza siria que súbitamente queda en la nada (vv. 28-34). Se la describe
como un ataque del norte que cubre los últimos 15 o 30 km. de Jerusalén.
Desde que la ruta escogida del ejército de Senaquerib iba a ser desde Laquis
(cf. <233602>

Isaías 36:2) al sudoeste de Jerusalén, la intención del oráculo no es,
presumiblemente, de informar sino de inspirar, primero conjurando la más
vívida impresión de un enemigo del norte que desciende sobre Jerusalén, y
luego cambiando abruptamente la escena desgajando y cortando los árboles
gigantescos (vv. 33, 34), que es el juicio metafórico distintivo de esta profecía
(cf. <230212>

Isaías 2:12, 13; 6:13; 10:18, 19). Constituye un dramático refuerzo a la
expresión de Isaías no temas (v. 24), su lema durante la crisis (cf. <230704>

Isaías

7:4; 8:12, 13).

11:1—12:6 El reinado mesiánico

Volvemos al tema de Emanuel, y al mismo tiempo que el infortunio de la casa
real (v. 1) revela el lado oscuro de la señal dada a Acaz (<230713>

Isaías 7:13-25);

el resto es luminoso.

11:1-5 El rey perfecto. El árbol, derribado pero no aniquilado, constituye un
vívido contraste con el arrasado bosque de Asiria (<231033>

Isaías 10:33, 34). En

<230613>

Isaías 6:13 el tronco era Israel, viviendo en el remanente (ver también

sobre <230402>

Isaías 4:2); aquí es la casa de David, y el vástago en un hombre.

1-3a El Espíritu (v. 2). No solamente su nacimiento real lo capacita para el
cargo, sino el Espíritu divino lo hace, al igual que a los jueces y a los primeros
reyes (cf. <070310>

Jueces 3:10; 6:34, etc.; <091010>

1 Samuel 10:10; 16:13), de modo
que él es un Salomón, un Gedeón y un David, en una sola persona, si bien no
parcial o caprichosamente investido, sino en forma rica (v. 2) y perdurable. Los
dones son triples y no séptuplos: de sabiduría y de inteligencia para el
gobierno (cf. <110309>

1 Reyes 3:9-12), de consejo y de fortaleza para la guerra

(cf. <230906>

Isaías 9:6; 28:6; 36:5), y de conocimiento y de temor del Señor para

el liderazgo espiritual (cf. <102302>

2 Samuel 23:2). El se deleitará (v. 3) lleva la
connotación de que el temor del Señor es para él una fragancia.

3b-5 Muestran la puesta en práctica de estos poderes, que lo hacen guía,
guardián y ejemplo de su pueblo. Surge en el v. 4b que está investido de
manera sobrenatural, de lo cual no queda ninguna duda en los versículos
siguientes.
11:6-9 El paraíso recuperado. En esta escena idílica se desarrolla de
manera perfecta el título “Príncipe de Paz” (<230906>

Isaías 9:6). En verdad, la paz
es difícil de ganar: sigue al juicio (cf. v. 4b), arranca de la justicia (cf. v. 5), de
acuerdo con la secuencia expuesta en 32:17. Sin embargo, su meollo es la
relación expresada como el conocimiento del Señor (v. 9; cf. <243134>

Jeremías

31:34). Como un cuadro esto es inolvidable y muy eficazmente pone de relieve
la expresa reconciliación, la armonía y la confianza. El reinado de Cristo ya
produce esta clase de transformación en la esfera del carácter humano, y en
última instancia cambiará toda la creación (cf. <450819>

Romanos 8:19-25). Si esto
ha de ocurrir lit. tal cual se lo describe aquí, eso es otro cantar; pareciera
preferible considerarlo como una expresión terrenal de los “cielos nuevos y
tierra nueva” (<236517>

Isaías 65:17, 25) en el cual la variedad no será un problema,
y donde los débiles serán el complemento, ya no la presa, de los fuertes. Cf. v.
9b con <350214>

Habacuc 2:14.
11:10-16 El gran retorno. 10 El eco del v. 10 se oye en 12a, destruyendo
los linderos de la nacionalidad, mientras enfatiza el hecho de que la salvación
depende de un solo nombre bajo el cielo (cf. <440412>

Hechos 4:12). Este Rey es

tanto raíz como “retoño” (v. 1) de la casa real: cf. <662213>

Apocalipsis 22:13, 16.

Obsérvese la respuesta voluntaria de las naciones en los vv. 10, 12a; cf.

<230203>

Isaías 2:3; 42:4; 51:5. Al mismo tiempo no todos correrán a él, y surge
claro de este pasaje, como asimismo de muchos otros, que los que escojan
enemistad hallarán, lógicamente, la destrucción (v. 14, cf. v. 4). 13, 14 La
extinción de los celos (cf. <230920>

Isaías 9:20) es la contrapartida humana de los
vv. 6-9 liberando la combatividad del pueblo de Dios, para su uso correcto (v.
14, cf. <590401>

Santiago 4:1, 7).

15, 16 El tema de un éxodo aun mayor será ampliamente desarrollado en los
últimos capítulos (<233501>

Isaías 35:1-10; 48:20, 21), y lo de habrá un camino
en... Asiria
adquirirá una mayor significación en 19:23-25.
12:1-6 Cántico de salvación. Después de la alusión al éxodo (<231116>

Isaías

11:16) hay ecos pertinentes del cántico de Moisés (cf. v. 2b con <021502>

Exodo

15:2a, y menos exactamente, v. 5a con la respuesta de María, <021521>

Exodo

15:21a).

La ira que se posó sobre Israel en el refrán de <230912>

Isaías 9:12, 17, etc., es
finalmente retirada, y la canción celebra la finalización de la separación (v. 1)
del temor (v. 2) y de la necesidad (v. 3). Es característico de Isaías que la
tranquila “confianza” (v. 2) se instala desde el comienzo y que el ser
“consolado” por Dios es la secuela de la cautividad (v. 1; cf., <234001>

Isaías 40:1;

66:13). Pero es Dios mismo el verdadero centro del salmo: Dios en relación
con el cantor (vv. 1, 2); Dios, conocido por sus hechos (vv. 4, 5) y por su
nombre, es decir, su autoproclamación. Obsérvese la inusitada combinación de
“Jah Jehovah” (v. 2; ver nota de la RVA), poniendo énfasis en el nombre
personal expuesto en <020314>

Exodo 3:14, 15; también el término especial que
utiliza Isaías de el Santo de Israel (v. 6); y, por sobre todas las cosas, Dios
presente en poder, es grande en medio de ti (v. 6).

13:1—23:18 MENSAJES PARA LAS NACIONES

Pese a la oscuridad de los detalles, estos capítulos enseñan una verdad
principal y central: que el reino de Dios es el mundo. Esto, en términos
generales, es fácil de anunciar; el expresarlo en todas sus letras, como lo hace
esta sección, es para mostrar que su soberanía no es nominal, sino real y cabal.

Los oráculos fueron emitidos en distintas fechas (cf. <231428>

Isaías 14:28; 20:1);
reunidos, forman un preludio entre la predicción de la crisis asiria de los caps.
1—12 y su cumplimiento en los caps. 28—39.

13:1—14:23 Babilonia

El hecho de que Isaías hijo de Amoz (<231301>

Isaías 13:1; cf. 1:1) profetizara de
Babilonia como la gran opresora, anticipando su papel en 100 o 200 años, es
una inferencia importante para la paternidad literaria de los caps. 40—66; ver
la Introducción.

En contra de lo anterior, S. Erlandsson (The Burden of Babylon, Lund, 1970)
sostiene que “Babilonia” aquí es meramente la ciudad como era en el tiempo de
Isaías, antes de su elevación al poder imperial, y que su destrucción es la de
689 a. de J.C. por su señor, el rey de Asiria. Este enfoque, sin embargo,
implica relacionar sólo seis de los 45 versículos directamente con Babilonia; ver
el regreso de Israel del exilio en <231401>

Isaías 14:1, 2 sin relación con la cautividad

babilónica; y adjudicar el canto sarcástico de <231404>

Isaías 14:4-23 a Senaquerib
de Asiria, bajo uno de sus títulos secundarios como rey de Babilonia. Aunque
los detalles de esta teoría impresionan, es difícil ver la razón por la cual la
Babilonia provincial de la época de Isaías atraería este oráculo de alcances
mundiales, salvo que ello tuviera referencia al papel que Babilonia jugaría en la
cautividad y el segundo éxodo de Israel. Sobre todo, la disección del cap. 13
por la que Babilonia casi se convierte en un pensamiento tardío (vv. 9-11) y la
redirección del cap. 14 a Asiria, hacen que esta interpretación aparezca como
forzada en lugar de convincente.
13:1-16 El día del Señor. 2 El poema se lanza directamente en la escena de
una batalla, con todas las señales y griterío de un ataque que resulta ser un
juicio divino a gran escala (vv. 4, 5). Mis consagrados (v. 3) le sirvan a
sabiendas o sin saberlo. El término carece aquí de una connotación moral,
como el v. 16 lo deja ver claramente.

Si bien Babilonia es el tema central del cap. (vv. 1, 19), representa algo más
importante que ella misma, desde que la ambigua palabra heb. para tierra (vv.
5, 9, 13) da lugar a otro significado, mundo (v. 11), en un marco de cataclismo
cósmico tal como lo utiliza el NT para describir los últimos días; cf. vv. 10, 13
con <402429>

Mateo 24:29.
13:17-22 El derrocamiento de Babilonia. 17 Los medos, como aliados
principales del reino medopersa de Ciro, estaban destinados a conquistar
Babilonia bajo las órdenes de Ciro en 539 a. de J.C. Su proeza militar (vv. 17,
19), que derrocó al Imperio Babilónico, no se necesitaba contra la ciudad
misma, tomada sin resistencia. Este fue, sin embargo, el comienzo del fin para

Babilonia. 19-22 Resume la declinación que se cumplió en forma irreversible
cuando Seleuco Nicator abandonó la ciudad al final del siglo IV a. de J.C.,
para edificar su nueva capital, Seleucia, a 64 km. de distancia. Aun siendo así,
su deserción no se produjo hasta el siglo II d. de J.C. 21, 22 Los seres de
estos versículos (cf. <231423>

Isaías 14:23; 34:11-15; y también 35:7) no se pueden
identificar, pero son evidentemente repulsivos e inmundos desde el punto de
vista ceremonial; de ahí que “sátiros” (BJ; BC, NC; ver nota de RVA), una
suerte de demonio (cf. <031707>

Levítico 17:7), es una traducción preferible, en el v.
21, la de chivos salvajes, que eran animales limpios. El contraste entre el más
hermoso de los reinos
(v. 19) y esta “habitación de demonios y... de toda ave
inmunda y aborrecible” (<661802>

Apocalipsis 18:2) reaparece en el derrocamiento
final del mundo impío en Apocalipsis 18, el mundo que Satanás le ofreció a
Jesús en <400408>

Mateo 4:8, 9.
14:1, 2 Los papeles se invierten. Aparece aquí el germen de los caps. 40—
66 y, particularmente, de los caps. 56—66, en los cuales el dominio de Israel
es de mayor interés. El punto de partida, como en el cap. 40, es la gracia
divina, descrita aquí en términos de emoción y de volición. Obsérvese el
contraste entre la misericordia y “no tendrán misericordia” en 13:18. En este
corto espacio se bosquejan dos aspectos de la futura relación de los gentiles
con Israel, mostrándolos como convertidos o como siervos. Con los residentes
extranjeros del v. 1, integrados a la comunidad, cf. 56:3-8.

Los grados de servicio mencionados en el v. 2, que va de una ayuda amistosa
(2a) al cautiverio (2b), reaparecen en 66:18-21 y 60:10-16 (véase comentarios
sobre estos pasajes).
14:3-23 Dicterio contra el rey de Babilonia. 3, 4a Dios ordena que las
últimas palabras a ser emitidas contra los conquistadores lo sean por sus
víctimas y no por sus admiradores. En cuanto a la identidad del rey de
Babilonia,
no es, por supuesto, el ineficaz Nabonido, el rey final (de quien era
delegado Belsasar), sino la dinastía en su totalidad, y el reino así personificado.
Ver también sobre los vv. 12-21 más adelante.

Los dos movimientos de la canción de burla (vv. 4b-11; 12:21), enmarcados
por su prólogo y su epílogo (vv. 3, 4a; 22, 23), anuncian de entrada sus temas,
en 4b y 12, con una característica exclamación de comparación: ¡Cómo...! (ver
sobre 1:21). Cf. cap. 47.

4b-11 El primer tema trata del quebrantado opresor; su epitafio real es el
inefable alivio que el mundo siente por su caída (v. 7). El nombre que Dios les
reserva a tales tiranos no es el de “hombres providenciales” sino “machos
cabríos” (texto heb. del v. 9 para los caudillos), descripción casi tan denigrante
como el patético estado al cual todos son reducidos. El real cobertor del v. 11
es la última y brutal verdad para el hedonista. Seol (v. 9, etc.) es el término
genérico con que se designa el reino de los muertos; no es el infierno como
institución penal, para el cual el NT utiliza el término Gehena. La palabra para
los muertos (v. 9) es de una etimología incierta; esta descripción poética y
también, p. ej. la de <232614>

Isaías 26:14 y del <198810>

Salmo 88:10 sugieren una
virtual suspensión de la existencia; pero el AT puede, en ocasiones, ver más allá
de esto, a la resurrección del cuerpo (ver comentario a <232616>

Isaías 26:16;

<271202>

Daniel 12:2).

12-21 El segundo tema es la caída de lucero, hijo de la mañana (Vulg.
“Lucifer”): es decir, la fatal ambición del tirano más que su opresión. A menudo
se toma esta canción como un relato de la rebelión de Satanás (tomado con
Ezequiel 28); pero es una conjetura muy precaria. La historia del orgullo y de la
caída es, en el mejor de los casos, similar a lo que se dice de Satanás en

<421018>

Lucas 10:18; <540306>

1 Timoteo 3:6 y, de cualquier modo, cuando la Escritura
se refiere directamente a su caída, se refiere al desmembramiento de su
régimen, no su caída de la gracia (cf. <661209>

Apocalipsis 12:9-12).

Algunos sugieren que un relato ya existente de la estrella de la mañana,
ejerciendo su señorío sobre los demás y luego cayendo a tierra, puede yacer
detrás de este poema (hay paralelos verbales cananeos al personificado
lucero... de la mañana o “Lucero de la Aurora” [BJ], al título el Altísimo y a la
descripción de un monte de la asamblea, al norte [v. 13] de la corte celestial);
pero tal relato, de existir, no se ha descubierto aún. La idea de un ataque al
cielo, sin embargo, estaba conectada con Babilonia (es decir, Babel, Génesis
11). Una de sus ironías es la idea de que para ser semejante al Altísimo (v.
14) hay que ser exaltado, mientras, por el contrario, debe ser el servir (cf.

<501405>

Filipenses 2:5-11). Los vv. 16-21 describen lo feo y lo breve de la falsa

gloria.

La expresión lo más profundo de la fosa (v. 15) haciendo juego con los
recónditos lugares del monte divino (v. 13), permite una visión anticipada de
las distinciones dentro del Seol, que se aclaran luego en el NT (cf. <421626>

Lucas

16:26).

14:24-27 Asiria

Reafirma, en forma sucinta <231005>

Isaías 10:5-34, sobre la amenaza inmediata que
pende sobre Judá. 24 La afirmación de Dios como lo he pensado... recoge la
misma expresión usada para los propios planes de Asiria en 10:7a (“pensará”).
25 Es característico de la estrategia divina que el enemigo sea quebrantado en
el preciso instante de su victoria en mi tierra (cf. <440427>

Hechos 4:27, 28). 26, 27

Sobre la mano extendida, cf. <230912>

Isaías 9:12; 10:24-27.

14:28-32 Filistea

Los vv. 28 y 32 dan vida a este oráculo. Acaz, el proasirio, está muerto; Asiria
se ve en dificultades (v. 29a); ahora una misión filistea (v. 32a) arriba a Sion a
proponer una rebelión, cosa que siempre le encanta a Ezequías. Si esto ocurrió
en 727 a. de J.C., cuando murió el asirio Tiglat-pileser III, el v. 29a hubiera
añadido mayor fuerza; pero la fecha más probable es la de 716-15 a. de J.C.
Era una prueba de obediencia tan aguda para Ezequías como lo fue la del cap.
7 para Acaz; y los filisteos eran un pueblo formidable en ese momento, al que
no se podía ofender así como así (cf. <232818>

Isaías 28:18, 19).

La respuesta de Dios fue triple: en primer lugar, que aún habría que esperar
peores cosas de Asiria (v. 29); en segundo lugar Filistea es un pueblo
condenado (vv. 30b, 31); y en tercer lugar, el verdadero bienestar viene sólo
de Dios (vv. 30a, 32). Es el mensaje constante de Isaías: confianza, no intriga.

15:1—16:14 Moab

El rótulo característico de este oráculo, citado y desarrollado con más detalles
en Jeremías 48, es el íntimo conocimiento y gran simpatía, presto a mitigar el
juicio pero incapaz de evitarlo. Moab tenía lazos familiares con Israel (cf.

<011936>

Génesis 19:36, 37) y particularmente con David (cf. <080417>

Rut 4:17; <092203>

1

Samuel 22:3, 4), si bien no tenía nada en común con la fe de Israel. Aparece en el
AT como una influencia mala (cf. Números 25) y un enemigo inveterado (cf.

<120301>

2 Reyes 3:4-27).
15:1-9 Derrota y fuga. 1 Se desconoce el sitio geográfico de Ar-moab; las
consonantes pueden significar “ciudad”, otro término para Quir, es decir, Quir-
jaréset (cf. <231607>

Isaías 16:7, 11), principal plaza fuerte de Moab (moderna
Kerak), situada al sur. Todo se perdió a la caída de Quir, pero la fuga en
dirección sur hacia Zoar (v. 5), en Edom, sugiere que la invasión vino del norte,
cuyas ciudades mencionadas aquí (la mayoría de las cuales están sobre la

carretera real, cf. <042121>

Números 21:21-30) habían mirado a Quir para hacerse
fuertes. 5 La angustia de este versículo se repite en <231607>

Isaías 16:7, 9, 11. No
es raro hallar en el AT expresiones que demuestren sensibilidad por las miserias
de la guerra (cf. <240419>

Jeremías 4:19-21) y generosidad hacia el enemigo (cf.

<022304>

Exodo 23:4, 5; <202521>

Proverbios 25:21, 22) pero pocas veces se combinan
de manera tan conmovedora como aquí. 7 Es aparente que los fugitivos,
abrazando sus tesoros (cf. <421221>

Lucas 12:21) están atravesando la frontera; el
torrente de los sauces
puede ser el wadi el-Hesy entre Moab y Edom. 9 A
pesar de la compasión de Dios, el juicio es de él, y debe aumentar (cf.

<402337>

Mateo 23:37, 38).
16:1-5 Moab puede mirar a Sion. 1, 2 Se les aconsejó a los moabitas que
habitaran en la “Roca del Desierto” (BJ; texto heb. Sela; cf. <121407>

2 Reyes 14:7;

es decir, la fortaleza edomita conocida ahora con el nombre de Petra), como
paloma que hace nido (cf. <244828>

Jeremías 48:28). Pero aquí Dios ha meneado la
nidada (v. 2) para obligarla a buscar refugio como una vasalla de Sion. El
tributo habitual de este país pastoril eran los corderos (cf. <120301>

2 Reyes 3:4).

El sentimiento del v. 2 habla más elocuentemente que cualquier tributo de
dinero sea que los vv. 3, 4a expresen el ruego de los refugiados o la
exhortación del Señor a Sion que les dé la bienvenida. El ruego, o pedido,
puede aun dramatizar para nosotros el llamado a usar nuestra mente (consejo),
conciencia (decisión) y recursos (refugio) para con los perdedores en la vida
(a quien Dios parece llamar aquí “mis” desterrados en el texto no enmendado
del v. 4a; ver nota de la RVA). La perspectiva de Sion como un refugio y lugar
de reunión (cf. <231432>

Isaías 14:32; 2:3, 4) conduce en los vv. 4b, 5a a otra de las
visiones de Isaías de un rey perfecto que vendrá. Entre las cuatro virtudes de su
régimen (v. 5) note su disposición a promover lo recto, en contraste con la
perversidad de <235907>

Isaías 59:7 y la parálisis de <350104>

Habacuc 1:4.
16:6-14 Orgullo y caída de Moab. Las metáforas de la vendimia de

<244811>

Jeremías 48:11, captan con precisión la fatal tranquilidad de Moab: “sobre
sus sedimentos ha estado reposado. No ha sido vaciado de vaso en vaso.” La
vid, base de su prosperidad, también domina este oráculo con sus
subproductos (v. 7), sus exportaciones (v. 8b) y festividades (v. 10),
notoriamente vulnerables.

12 En el texto heb. hay un amargo juego de palabras: aparezca exhausto, y su
memorable frase final muestra la bancarrota de todas las religiones paganas,
muy semejante a lo expresado por nuestro Señor en <400607>

Mateo 6:7. 14 Como

años de jornalero significa “más bien corto que largo”, como el permanente
mirar al reloj de un obrero desganado.

17:1-14 Damasco e Israel del norte

Sin duda pertenece a los primeros días de Isaías, cuando Siria e Israel del norte
estaban en estrecha alianza (ver cap. 7) y sus reinos aún intactos. Un breve
párrafo le dice a Damasco su destino, pero es Israel el que carga con el peso
de la reprensión, como asimismo con la indignidad de ser contado entre los
paganos, siendo que su oráculo aparece entre los de aquellos.

3b, 4 Tal vez redactado de esa manera para recordar la partida de la gloria en
el día de Elí (cf. <090421>

1 Samuel 4:21); pintan un alarmante cuadro de
desaparecida belleza y, con 5 metódica depredación. Pero a su debido tiempo
se cumple el plan de Dios para lograr un puñado de convertidos que adoren a
su Hacedor (v. 7) y no a la obra de sus manos (ver <143010>

2 Crónicas 30:10, 11).
9 Sus ciudades fortificadas, son aquellas dejadas por los cananeos y que aún
permanecían en la época de Isaías. 10, 11 Si éste fue un proceso trágicamente
malgastado, estos vv. muestran que fue por culpa exclusiva de Israel de elegir
ese camino, en la doble metáfora de la desdeñada plaza fuerte (v. 10a) y de la
cosecha arruinada. 10 Vides importadas, con una promesa rápida,
representan el pacto de Israel con la pagana Damasco contra Judá y Asiria,
para su propia ruina (ver <230705>

Isaías 7:5-8). 12-14 Generalizan la afirmación

dada en <230708>

Isaías 7:8 y 8:4; su más notable paralelo es el Salmo 46.

18:1-7 Etiopía

1 La palabra para designar a Etiopía es Cus, y actualmente el Sudán; pero
Isaías incluye la región más allá de los ríos (es decir, presumiblemente el
Atbara y el Nilo Azul) que sugiere la actual Etiopía. La expresión zumbido de
alas
semeja en su fonética a la palabra “tsetse”, es decir que imita el zumbar de
los insectos. 2 Todo enfatiza el hecho de que los enviados de este capítulo lo
son desde los extremos de la tierra; y la apelación exótica de este hecho se
vería acrecentada por su notable apariencia, de alta estatura y piel brillante y
formidable reputación (v. 2b), pues Cus había logrado controlar a Egipto. Pero
esta delegación, como las demás (ver sobre <231428>

Isaías 14:28-32), se despide
con el id de Dios. 3, 4 Dios no necesita de intrigas; él tomará su tiempo,
trabajando tan silenciosamente como las sazones (v. 4). El enemigo llegará
hasta las mismas montañas de Judá (v. 3; cf. <231425>

Isaías 14:25), 5, 6 sólo para

ser destruidos al borde mismo de la victoria, como cosecha destruida en la
víspera de la siega.

7 Pareciera mirar más allá de la inmediata crisis de la agresión que había traído
a los mensajeros a Jerusalén. Isaías ve ahora a los viajeros bajo una nueva luz,
como los primeros de muchos que un día vendrán a Sion para rendir homenaje
(el texto heb., sin la palabra de en el v. 7, sugiere que serán ellos mismos el
obsequio de homenaje). Es la situación ya vista en <230203>

Isaías 2:3; 11:10; será
desarrollada más adelante en los caps. 60—62; está expresada gozosamente
en los <196831>

Salmo 68:31-35 y 87:4.

19:1-25 Egipto

Este oráculo expresa vigorosamente la verdad de que Dios hiere con miras a
sanar (ver v. 22). El quebrantamiento inicial es seguido por una renovación que
supera toda promesa hecha a los gentiles en el AT. Tal vez muestre a Egipto en
sus dos aspectos: en primer lugar, como la potencia mundial hacia la cual dirigía
siempre sus miradas (cf. <232005>

Isaías 20:5), pero en segundo lugar como parte
del mundo de Dios, por el cual se preocupa; con un sitio en su reino en el cual
serán invalidadas las actuales diferencias de rangos y de razas.
19:1-15 Egipto puesto de rodillas. 1-4 La metáfora de la nube veloz de
Dios (v. 1) indica que la figura retórica poética lleva en sí las verdades de este
pasaje, según el cual se ve fracasar toda ventaja de Egipto. Es significativo que
lo primero que se derrumba son sus recursos espirituales: sus creencias, su
moral (v. 1), su unidad (v. 2) y sabiduría humana (v. 3). A continuación perderá
su libertad (v. 4); el amo déspota podría ser uno de sus señores etíopes, p. ej.
Tirhakah en vida de Isaías, o uno de sus posteriores conquistadores, persas o
griegos; hasta podría ser un tirano nativo; lo importante no es tanto la identidad
del individuo, sino la secuencia de la decadencia a la tiranía. 5 ss. Luego Dios
toca su recurso vital, el Nilo, y decaen una a una sus industrias. Todo termina
en una impotente anarquía (vv. 11-15), mortificante para una nación que se
había enorgullecido por 2.000 años por el entrenamiento de sus oficiales. 12

Cf. <110430>

1 Reyes 4:30. 13 Tanis y Menfis eran las reconocidas y antiguas
capitales de Egipto; a Tanis, en el delta, se la recordaba como escenario de la
gran opresión (cf. <197843>

Salmo 78:43). 15 Cf. <230914>

Isaías 9:14, 15.
19:16-25 Egipto convertida. El quíntuple refrán, en aquel día... es un
indicador (como en otras partes, p. ej. <230401>

Isaías 4:1, 2) del día del Señor.
Isaías preve la conversión de los gentiles, bajo la figura del más antiguo de los

opresores y seductores de Israel (cf. <233002>

Isaías 30:2-5). Se sigue la pista del
proceso desde sus comienzos, que fue en temor (vv. 16, 17) conduciendo a la
sumisión (v. 18), dándole acceso a Dios (vv. 19-22, altar, sacrificios) hasta la
comunión (v. 23) y plena aceptación (vv. 24, 25).

18 Si las cinco ciudades deben entenderse en sentido lit., no las podemos
identificar ahora. Es probable que la expresión signifique “unas pocas” o aluda
al precedente de Josué 10, cuando la conquista de las cinco ciudades cananeas
posibilitó una victoria general. La Ciudad del Sol sería la de On, conocida
luego como Heliópolis; pero el heb. significa aquí (quizá como retruécano)
“Ciudad de Destrucción”. Lo transcendental, en todo caso, es que se trata de
la captura de una importantísima plaza fuerte del paganismo. 19 Alrededor de
170 a. de J.C., Onías IV, expulsado sumo sacerdote, erigió un templo en
Leontópolis, Egipto, justificándose en los términos del v. 19. Pero pareciera
que la intención del versículo tuviera, más bien, un sentido simbólico: ahora
habrá tierra santa donde antes todo era profano. El obelisco, cf. el de Jacob en
Betel, fue un hito demarcatorio del territorio de Dios (<012813>

Génesis 28:13, 18).

23-25 Alargando la otra mano para abrazar también a Asiria —tan a menudo
acoplada a Egipto en el peor de los contextos (cf. <280711>

Oseas 7:11; 9:3)—
estos versículos dan una insuperable visión de la total inclusión de los gentiles en
el reino. Israel contará con una parte igual a la de los otros, es decir una tercera
parte (tercero, v. 24; pero no el tercer lugar), y sus títulos distintivos serán
compartidos con sus más crueles enemigos: mi pueblo, cf. <280223>

Oseas 2:23;

<600210>

1 Pedro 2:10; obra de mis manos, cf. <232923>

Isaías 29:23; mi heredad, cf.

<053209>

Deuteronomio 32:9.

20:1-6 La crisis de Asdod

Una inscripción por Sargón llena todo el cuadro. La ciudad filistea de Asdod se
había rebelado contra Asiria, que rápidamente depuso a su rey. Yamani, nuevo
cabecilla, continuó la lucha, con el apoyo prometido de Egipto y Etiopía,
habiendo también solicitado ayuda de Judá. La disuasión poderosa de Isaías
resultó ampliamente justificada: Egipto no se incorporó a la lucha, Asdod fue
subyugada y Yamani, que huyó a Etiopía, fue entregado a la tierna merced de
los asirios.

1-3 Tartán, en idioma asirio, significa comandante en jefe. Corría el año 711 a.
de J.C.; la revuelta había estallado en 713 a. de J.C. e Isaías había adoptado,
inexplicablemente, como lo indica el v. 3, el vestido de esclavo (desnudo,

significaría estar vestido únicamente con un taparrabo). El v. 2 es un paréntesis.
Dios ahora lo expone como el destino reservado a los rebeldes asirios.

Pareciera que hicieron caso de la advertencia, desde el momento en que Judá
no fue castigada por Asiria. G. A. Smith señala que este idioma por señales (cf.

<230818>

Isaías 8:18) logró que el mensaje alcanzara al pueblo, y no meramente a la
corte. La incomodidad y humillación de Isaías fueron el precio por la seguridad
de su pueblo.

21:1-10 Babilonia, “Desierto del Mar”

Este oráculo, al igual que el próximo, tiene una vigorosa cualidad visionaria (en
la metáfora del “centinela”) y un título simbólico. El tema aparece en el v. 9
como la caída de Babilonia. 1 La frase Desierto del Mar pareciera combinar
dos aspectos de la naturaleza indomable y avasalladora que se observa más
explícitamente en <245142>

Jeremías 51:42, 43. Pero las mismas consonantes
podrían traducirse simplemente “desiertos” o posiblemente “destructores”.

2-7 Se pinta un cuadro vivo y dislocado de un ataque de los persas (Elam,
como un sátrapa persa) y de los medos (v. 2) que sorprenderá a los defensores
de Babilonia descuidados y banqueteando (v. 5), tal como lo registra Daniel 5.
Pero lo más sorprendente de todo es la parte que le tocó representar a Isaías
en la visión. Su gran agitación en los vv. 3, 4 es parecida a la de Jeremías en

<240419>

Jeremías 4:19-26, a pesar de que la caída de esa persecutoria ciudad, este
lugar de gemido (v. 2) fue el anochecer que yo anhelaba (v. 4). Pero estas
reacciones opuestas incidentalmente arrojan luz sobre lo escrito en los últimos
capítulos en el sentido de que revelan el verdadero sentimiento de uno en quien
(como a todos los exiliados) Babilonia se les hacía tanto prisión como hogar. Si
en verdad Isaías habría de hablarles “al corazón” (<234002>

Isaías 40:2) de una
generación posterior, como si él mismo fuera parte de ellos, este profundo
envolvimiento es claramente un prerrequisito; es el lado interior de su profetizar.
Obsérvese también su doble estado consciente: en cierta medida se mantiene al
margen en su papel de centinela (v. 6), y debe informar solamente lo que ve y
oye (cf. <350201>

Habacuc 2:1-3). Se pone mucho énfasis en esta objetividad (vv. 6,

7, 10).

En 8a (realmente inconsecuente luego del v. 7), NC justificadamente traduce
“ya los veo”. El profeta, justo cuando su vigilia parece interminable, ve la
prometida cabalgata, y sabe que significa el fin de Babilonia. <661802>

Apocalipsis
18:2 retoma el grito de “Ha caído, ha caído”, y trata a Babilonia como típico de

un mundo impío. 10 La frase final del pasaje: Oh trillado pueblo mío, hijo de
mi era
capta no sólo la agonía, sino el propósito de las interminables pruebas
que sufrió Israel.

21:11, 12 Edom

Los nombres, asociados a lugares, pertenecen a Edom, pero el título “Duma”
(ver nota de la RVA; cf. <012514>

Génesis 25:14) puede haber sido escogido por su
ominoso significado: “Silencio”. El meollo del asunto es: “¿Cuánto falta para la
mañana?”, que refleja un período de sufrimiento. La respuesta no es una
perogrullada sino una advertencia de que de haber una tregua será tan sólo
temporaria (cf. <200418>

Proverbios 4:18, 19). Los tres imperativos lit. “preguntad,
volved, venir” (v. 12b), pueden ser interpretados en su significado aparente o,
más profundamente, como el fundamental llamado divino: “Buscad, arrepentíos,
venid.” Pero la respuesta de Edom se la puede colegir de <233405>

Isaías 34:5-17, y

del libro de Abdías.

21:13-17 Arabia

13 Las primeras versiones traducían “noche” por Arabia pues ambos vocablos
cuentan con las mismas consonantes. Posiblemente se trate de un doble
entendimiento: cf. v. 11 y los títulos simbólicos en <232101>

Isaías 21:1; 22:2. El
significado especial de este oráculo radica en la advertencia a la más libre e
inaccesible de las tribus de que el largo brazo de Asiria los alcanzará incluso a
ellos, a la orden de Dios. Los del extremo sur, Tema y Dedán, tendrán que ir
en socorro de Cedar, su más expuesta tribu hermana. El significado de esto
podría ser que las caravanas de mercaderes pudieran haber cometido el error
de meterse en zonas asoladas por la guerra y volver con las manos vacías y
muertos de hambre. La registrada invasión de Arabia por Sargón, en 715 a. de
J.C., favorece la opinión de que los fugitivos habrían sufrido las consecuencias
de un ataque directo. 16, 17 Cf. <231614>

Isaías 16:14 y su comentario.

22:1-25 Jerusalén

22:1-14 El valle de la Visión. 1 El título simbólico (cf. sobre <232101>

Isaías 21:1,

11, 13) enfatiza el hecho de que aun el propio pedestal del profeta, desde el
cual ha contemplado a las naciones, no está exento de juicio. Valle, tomado del
v. 5, puede referirse a Jerusalén, como rodeada de montañas (cf. <19C502>

Salmo

125:2), o algún otro sitio específicamente localizado (cf. <290312>

Joel 3:12, 14).

2 ss. Hay un claro contraste entre la algazara de la ciudad (vv. 2a, 13) y su
horrendo futuro. Lo que no está claro es si la parranda está en su apogeo,
como lo dice Isaías (quizás después de la retirada de Senaquerib, <233737>

Isaías

37:37) o si debiéramos incorporar un verbo en tiempo pretérito en el v. 2a:
“Tú, que estuvisteis llena...”, como en el lamento de <230121>

Isaías 1:21. De
cualquier manera que fuere, solamente Isaías ve adónde llevará esta vida
desenfrenada, resumida para todo tiempo en el v. 13b (cf. <461503>

1 Corintios

15:32).

Con característica visión (cf. <232101>

Isaías 21:1-10) predice la caída de Jerusalén
un siglo más adelante (586 a. de J.C.) con sus muertes por hambre (v. 2b; cf.

<250409>

Lamentaciones 4:9), sus líderes fugitivos (v. 3; cf. <122504>

2 Reyes 25:4, 5) y

sus casas destruidas para reforzar la muralla (v. 10; cf. <243304>

Jeremías 33:4). El

papel jugado en todo esto por los guerreros de Elam y de Quir (v. 6) no se
menciona en ninguna otra parte; pero Quir formaba parte del Imperio Asirio
(cf. <121609>

2 Reyes 16:9), y bien pudiera ser que algunos contingentes o
mercenarios de estas avanzadas fueran parte del legado de los asirios a
Nabucodonosor.

8-14 Sobre la Casa del Bosque como una armería (v. 8), ver <111017>

1 Reyes

10:17; sobre la provisión de agua (vv. 9, 11), cf. los preparativos de Acaz y
Ezequías (<230703>

Isaías 7:3; <122020>

2 Reyes 20:20) en los propios días de Isaías. Los
dos muros
(v. 11) eran probablemente, como lo sugiere J. Gray “la
convergencia de las paredes que rodeaban el cerro sudeste, con una extensión
para incluir los dos estanques”.

Obsérvese, en todo esto, que Jerusalén oscilaba entre el activismo (vv. 9-11) y
la vida desenfrenada (vv. 12-14); la primera era una negación de la fe (v. 11b),
la segunda una negación del arrepentimiento. Las palabras de 11b (y de

<233726>

Isaías 37:26) conforman una sorprendente anticipación de los caps. 40—
66, donde se menciona a Dios repetidamente como (lit.) “haciendo y
formando” (“lo determiné... he hecho”) y que lo viene haciendo desde la

antigüedad (cf. <234307>

Isaías 43:7; 44:2, 24); etc. Es otra insinuación en favor de
la paternidad literaria única de Isaías (ver Introducción).
22:15-25 Ese mayordomo... Sebna. Este alto funcionario aparece
nuevamente con Eliaquim (cf. v. 20) en <233603>

Isaías 36:3; 37:2. Es posible que
fuera el líder del partido proegipcio (ver caps. 30, 31) que se mofó de la
predicación de Isaías; pero aquí se lo condena simplemente por su arrogancia y
ostentación. Cada uno de los matices en el mensaje de Dios que se refieren a
este personaje está cargado de desprecio, desde la expresión ese mayordomo
(v. 15) hasta vergüenza... (v. 18); pone al descubierto el vehemente anhelo del
hombre por el poder y el reconocimiento, y el amor por los símbolos de la
posición (sepulcros y carros espléndidos) y los arreos de su función, que no
pasan de ser meras cáscaras. Se ha encontrado un gran dintel de un panteón
como sería el de un funcionario de jerarquía, describiéndolo como
administrador del palacio, y podría ser el de Sebna; pero un agujero ha
destruido su nombre.

20 ss. Eliaquim hace un fuerte contraste con Sebna, sobre quien ha sido
promovido cuando aparecen nuevamente en 36:3. En su relación con Dios se lo
denomina mi siervo (v. 20; cf. “ese mayordomo”, v. 15); en su relación con los
hombres será padre de la comunidad (v. 21). Sin embargo, su caída (vv. 24,
25) vendrá del mismo paternalismo mal entendido: es decir, por su incapacidad
para decir “no” a los “zánganos” de su familia que buscaban su padrinazgo. Por
mejores que hayan sido sus intenciones, era un abuso de su función, y las más
firmes promesas de Dios no son nunca garantía para cubrir esto. Con la
secuencia de los vv. 23 y 25, cf. <090230>

1 Samuel 2:30; <242224>

Jeremías 22:24;

<660201>

Apocalipsis 2:1, 5.

22 La llave de... David cabe en este contexto de responsabilidad. Una llave
era un objeto substancial que se guardaba en el cinturón o colgando del
hombro, pero las palabras iniciales del v. 22, con su eco de 9:6, hacen hincapié
en la responsabilidad dada por Dios que acompañaban dichas palabras, es
decir para ser utilizadas en el interés del rey. “Abrirá” y “cerrará” significan el
poder para tomar decisiones, que nadie bajo el rey podía anular. Este es el
trasfondo de la comisión a Pedro (cf. <401619>

Mateo 16:19) y a la iglesia (cf.

<401818>

Mateo 18:18), con la advertencia contra el abuso, como se infiere de lo
expresado anteriormente. Sin embargo, la autoridad final, en estos términos, es
reclamada para Cristo mismo (cf. <660307>

Apocalipsis 3:7, 8).

23:1-18 Tiro

Tiro tenía un alcance mayor aun que Babilonia; sus mercaderes eran conocidos
desde el océano Indico (cf. <111022>

1 Reyes 10:22) hasta el canal de la Mancha.
Apocalipsis 17 y 18 combinaron los oráculos del AT sobre Tiro y Babilonia
(cf. Isaías 14; Ezequiel 27) para el cuadro compuesto del mundo como
seductor (cf. v. 17) y opresor, contra la ciudad de Dios.
23:1-14 Repercusiones y motivos de su caída. Las noticias alcanzaron a
sus barcos en Chipre, su más próxima colonia (v. 1; ver sobre <230216>

Isaías 2:16

en cuanto a Tarsis), dejándolos sin hogar como si el mismo mar quedara sin
hijos por la ausencia de sus mercaderes (v. 4); como provocando el desaliento
en Egipto (v. 5); y como dispersando a los habitantes de Tiro misma (la costa,
v. 6), en la distante Tarsis (v. 6) o en la cercana Chipre (v. 12).

El v. 8 se refiere a la colonización de Tiro, consecuencia de su desarrollo
comercial; y el oscuro v. 10 puede entenderse como una distante colonia que
es presa de la anarquía ante el colapso de la ciudad madre. La palabra Canaán
se utiliza en el v. 11 como el territorio del suelo patrio de Tiro y de Sidón,
término que se amplió para abarcar toda la Palestina; la palabra mercaderes
del v. 8, en estrecha relación, muestra hasta qué punto era sinónimo su nombre
con el ámbito de sus transacciones comerciales.

La causa humana del derrumbe, pareciera ser Babilonia (v. 13) en lugar de
Asiria, recordando que ambas potencias subyugaron parcialmente a Tiro. (Más
tarde los griegos, y más tarde aun los musulmanes y los cristianos, la capturaron
y recapturaron.) Pero la raíz de la causa se la busca en el v. 8 y la respuesta en
el v. 9: ¿Quién ha planeado esto...? Jehovah de los Ejércitos... Es una
particular instancia de su juicio contra la soberbia (v. 9) dondequiera que
aparezca, que es uno de los grandes temas de este libro: ver sobre <230210>

Isaías

2:10-22.
23:15-18 Renovación de su antiguo llamado. 15 Como hecho histórico es
interesante consignar que después de cada desastre (hasta la Edad Media) Tiro
se recobró, luego de un cierto lapso, y reanudó su comercio. Los setenta años
parecen referirse a una cifra redonda para significar una vida, como “los setenta
años” de la cautividad judía. Pero la metáfora de la prostituta olvidada (vv. 15-
17) hace que la renovación sea al mismo tiempo patética y corruptora; se nos
muestra la perenne seducción de las cosas materiales, si bien el último versículo

las reclama para su propio uso. Es el doble énfasis de <661803>

Apocalipsis 18:3 y

21:24.

24:1—27:13 LA VICTORIA FINAL DE DIOS

Después de las naciones por separado (caps. 13—23) aparece ahora a la vista
el mundo entero. Estos cuatro capítulos, denominados con cierta vaguedad “El
apocalipsis de Isaías”, hablan de la caída de los enemigos tanto sobrenaturales
como terrenales (<232421>

Isaías 24:21, 22; 27:1), y de la misma muerte (<232508>

Isaías

25:8); contienen (<232602>

Isaías 26:29) una de las dos claras promesas del AT de
la resurrección corporal. Pero esta escena más amplia es divisada desde el
punto de observación de Isaías en Jerusalén, teniendo a Judá, Moab
(<232510>

Isaías 25:10-12) y las grandes potencias de Egipto y Asiria (<232712>

Isaías

27:12, 13) a cercana y mediana distancia. Por abrumadores que sean los
juicios, la nota dominante es el gozo, como se echa de ver en las canciones que
frecuentemente irrumpen en la profecía.

24:1-23 La tierra y el cielo son juzgados

24:1-13 La humanidad en el caos. Utilizando el recurso de las repeticiones,
las rimas y los juegos de palabras, se refuerzan los vigorosos trazos verbales. 1
Trastornará su superficie es una excelente traducción de la RVA. 5 La razón
de ser del juicio surge (obsérvese la repetición de por esta causa del v. 6) del
desprecio del hombre por las leyes y obligaciones. No hay certeza absoluta de
que el pacto eterno se refiera a la promesa divina a todos los seres vivientes
de Génesis (9:9-11), desde que la expresión del v. 5 podría significar
simplemente “la más permanente de las empresas”; pero obsérvese la
referencia al diluvio en el v. 18b. 7 ss. El énfasis sobre la tristeza es un
sorprendente comentario a lo que <581125>

Hebreos 11:25 llama “los placeres del
pecado”, y el término la ciudad del caos (heb. tohu, v. 10; cf. <010102>

Génesis

1:2) es un testigo a la acción regresiva del pecado, volviendo el orden de Dios
al caos. El único rayo de esperanza es la mención de los rebuscos (v. 13), el
permanecer algunos pocos (v. 6) como en <231706>

Isaías 17:6 y los explícitos

pasajes referidos a “remanentes”, <231020>

Isaías 10:20-23.
24:14-16 Ultima alabanza y actual privación. Los cánticos parecieran
provenir del remanente diseminado (ver sobre v. 13) que, a la luz del evangelio,
pueden ser tanto los gentiles de Dios como el pueblo judío (cf. <431152>

Juan

11:52). La expresión en el oriente (v. 15) lit. es “en las luces”. La traducción
cuenta con el apoyo de la frase que hace juego en el v. 14, desde el occidente.

Pero esto es un gozo anticipado; estamos de vuelta en las actuales
circunstancias apremiantes del v. 16 (cf. las mismas metáforas en 17:4-6).
24:17-23 Juicio cósmico. 17 Los tres sustantivos, sorprendentemente
parecidos en el original, insisten implacablemente sobre el juicio. 18a Para la
infructuosa fuga, cf. <300519>

Amós 5:19. 18b Cf. comentario al v. 5 sobre el
trasfondo. 21, 22 El ejército de lo alto significaría en algún contexto no otra
cosa que “estrellas” (cf. <234026>

Isaías 40:26); pero aquí, como contraparte de los
reyes de la tierra,
sentenciados a prisión y a ser castigados (cf. <610204>

2 Pedro

2:4) se refiere sin duda a los “espíritus de maldad en los lugares celestiales”
(<490612>

Efesios 6:12). La referencia más completa a tales seres en el AT la

tenemos en <271002>

Daniel 10:2-21; cf. tal vez Salmo 82. Ver también en el NT,

<450838>

Romanos 8:38, 39; <510215>

Colosenses 2:15; <661207>

Apocalipsis 12:7-12. 23
Pero el fin es gloria total. Si el sol y la luna han de perder su esplendor es
porque su brillo queda superado por la luz misma, por el Señor que reina en
toda su magnificencia. Es esencialmente la misma visión que la de

<662122>

Apocalipsis 21:22-27.

25:1-12 La gran liberación

25:1-5 El fin de la tiranía. Este cántico se inicia sin previo anuncio (a
diferencia de los del v. 9; <232601>

Isaías 26:1-21; 27:2-11), y por su reiteración de
la palabra tiranos (vv. 4, 5; cf. v. 3) traduce el particular sufrimiento y
correspondiente gratitud de los débiles y sufridos. Es un “Magníficat” del AT. 1
Dos de las características del obrar de Dios (maravillas, designios) ya fueron
mencionadas en los nombres del rey prometido (<230906>

Isaías 9:6), y se repetirán

en <232829>

Isaías 28:29. En cuanto a la larga maduración de sus planes (antaño),
énfasis favorito en Isaías, ver sobre <232211>

Isaías 22:11. 2-5 El canto, de
consiguiente celebra no solamente la victoria por venir (cuando queden
arrasadas las defensas del enemigo, v. 2, haya recibido el homenaje
correspondiente, v. 3, y silenciado su estruendo, v. 5), sino el refugio que ya
puede ser hallado en Dios mientras la maldad da lo peor de sí (v. 4); su
acometida es descrita en términos de la naturaleza desatada (tormenta) y de
insuperable calor.
25:6-8 La finalización de la oscuridad y la muerte. 6 El banquete
introduce una nota positiva en lo que de otra manera es principalmente un relato
de males eliminados. Es una nota de realización (pues una fiesta es una
celebración), de abundancia (v. 6b) y de gozo compartido (obsérvese la
cuádruple repetición de todos en los vv. 6-8). Nuestro Señor saboreaba esta

perspectiva festiva a pesar de verse obligado a ofrecer a sus discípulos una
copa muy distinta: cf. <402629>

Mateo 26:29.

7 La cubierta o velo podrá ser el luto (v. 8b) o la ceguera (cf. <470301>

2 Corintios
3:15) de la humanidad caída; ambos se complementan. 8a La traducción para
siempre
es la que va más al grano (cf. p. ej. 28:28), pero la raíz también
encierra la idea de “victoria” (cf. <461505>

1 Corintios 15:54) o preeminencia y es

utilizada en <091529>

1 Samuel 15:29 y <132911>

1 Crónicas 29:11 donde aparece como
“gloria” y “majestad”. En cualquiera de los dos casos, la promesa es una de las
glorias del AT y del NT. En un solo versículo (cf. también <662104>

Apocalipsis

21:4) el último enemigo se ha ido y se ha derramado la última lágrima.
25:9-12 El final del orgullo. 9 Este versículo pertenece tanto al párrafo
anterior como a este mismo; pero tal vez la conjunción porque (v. 10) es la que
une más estrechamente estos versículos. Hay una insinuación de tensa
expectativa más que de mera pasividad en el verbo traducido hemos
esperado; cf.
<232608>

Isaías 26:8; 33:2; 40:31; 49:23b.

10 Moab, sorprendentemente local en una escena tan universal (cf. “Edom” en

<233405>

Isaías 34:5) se la exhibe como la personificación del orgullo (v. 11b; cf.

<231601>

Isaías 16:16), quizá especialmente el orgullo de gente pequeña. De la misma
manera el muladar expresa la indignidad tanto como lo inexorable del juicio
para los orgullosos; cf. la secuencia en <231414>

Isaías 14:14, 15, 19.

26:1—27:1 Triunfo después de aflicción

26:1-6 La sufrida ciudad. Por fin divisamos nuestra propia ciudad,
enfrentada a su rival. Esta última cuenta con su nuevo epíteto, enaltecida (v. 5),
para agregar a los de <232502>

Isaías 25:2 (“fortificada”) y <232503>

Isaías 25:3,
“ciudades de las naciones tiránicas”. 1 Nuestra ciudad es fortificada, no con
fuerza bruta sino con la actividad salvadora (1b) del Dios viviente, la Roca de
la eternidad
(v. 4). De modo que nuestro disfrutar de esta protección personal
e invisible debe ser personal, en verdad (v. 2) y confianza (vv. 3, 4). Estos
versículos son tan lógicos como hermosos, enraizados en Dios. 3 Completa
paz
(lit. “paz, paz”) es su don de bienestar y plenitud a una mente no
meramente constante sino firme (la palabra es pasiva, “anclado en ti”). 4 El
llamado a confiar para siempre es igualmente lógico, basando nuestra fe sobre
la fidelidad de Jehovah... la Roca de la eternidad y basado el para siempre
de nuestro compromiso en la eternidad de su ser. Jesús señalaría, además, la
eternidad del compromiso de Dios con los suyos (<402231>

Mateo 22:31, 32).

26:7-18 La larga noche de espera. El “esperar” en este pasaje es en parte
por el derrocamiento del mal por medio de la corrección (vv. 9-11) o la
destrucción (vv. 11c, 13-15) de los malvados, pero es fundamentalmente un
anhelar por Dios mismo (te hemos... te espera, vv. 8, 9). 7 Cf. <200506>

Proverbios

5:6. 8 La proclamación del nombre de Dios podría ser una experiencia
conmovedora en el culto público (cf. <193403>

Salmo 34:3; 68:4). A esto alude la
última frase del v. 13, y se burla de los tiranos que han ocupado el sitial que por
derecho le corresponde a Jehovah. 14 Que se trata de señores terrenales y no
de falsos dioses lo prueba el v. 14a (ver sobre <231409>

Isaías 14:9). Es una
predicción que se cumplirá con tanta certeza como usar el tiempo pasado (el
“profético perfecto”). 16-18 Con su confesión de fracaso y frustración (¡cuán
bien se aplica a la iglesia cristiana!), estos versículos agregan otro ingrediente a
este anhelo general por cosas mejores. Hay otra exclamación similar en el
segundo “Canto del Siervo”, <234904>

Isaías 49:4. Aquí, como allí, la respuesta de
Dios eleva la situación a un plano totalmente nuevo, que es el tema del siguiente
párrafo.
26:19—27:1 Resurrección y juicio final. Después de la oración de los vv.
7-18, el Señor da su respuesta. 19 Si bien oscuro en sus detalles, promete
claramente la resurrección corporal. La afirmación paralela, <271202>

Daniel 12:2,
añade dos situaciones más: la resurrección de los pecadores y una eternidad de
vida o de vergüenza. Los cadáveres debe ser “sus” porque los siervos de Dios
son todavía suyos en la muerte, aun sus cadáveres. Nótese el contraste entre la
metáfora triunfante del nacimiento en el v. 19b y el lenguaje trágico del
nacimiento del v. 18b, los dos unidos por un verbo heb. distintivo en común.

20 Reproduce el mismo cuadro de la salvación dentro del juicio, como en el
caso de Noé cuando Dios lo encerró dentro del arca, o cuando Israel en
Egipto recibió instrucciones de refugiarse del ángel destructor (<021222>

Exodo

12:22). 21; 27:1 Su juicio es tan abarcador como lo fue en <232421>

Isaías 24:21,

donde “el ejército de lo alto” corresponde al Leviatán de aquí (cf. “El dragón
y sus ángeles” en <661207>

Apocalipsis 12:7 ss.). Los insólitos epítetos furtiva,
tortuosa,
son exactamente los mismos términos aplicados al Leviatán (Lotan)
en la antigua poesía épica cananea de Baal, quien venció al monstruo que está
en el mar.
Este material cananeo es adaptado a la verdad divina que ahora
trasmite y que destruye su estructura pagana. Tanto aquí como en <235109>

Isaías

51:9, 10, el contexto es el juicio, no (como en el paganismo) una supuesta lucha
en la cual, antes de llevar adelante su deseada tarea de crear un mundo

ordenado, el dios-creador derrotó primero a la oposición de los dioses del
desorden.

27:2-13 Un pueblo para Dios

27:2-6 La viña fructífera. El cariñoso cuidado (vv. 2-4) y la abundante
fertilidad (v. 6) deben ser vistos en el marco del cap. 5, la viña que fracasó y
fue abandonada. Aquí es el fin hacia el cual Dios había estado obrando. 4, 5
Estos versículos crípticos pueden ser interpretados en el sentido de que la ira
de Dios no se abate más contra su viña, sino solamente contra los espinos y los
cardos (es decir, los enemigos de su pueblo) que la hollaron en <230506>

Isaías 5:6;

y preferiría reconciliarse con estos antagonistas antes que destruirlos. 6 El fruto
que beneficiaría al mundo se interpreta en <230507>

Isaías 5:7 como justicia y

rectitud. Obsérvese el recordatorio, al igual que en <233731>

Isaías 37:31, que tanto

física como moralmente las raíces son precondición del fruto.
27:7-11 Adversidad fructífera, poder infructuoso. Esta sección pone de
relieve el contraste entre la adversidad medida que garantizaría el éxito de Israel
(vv. 7-9) y el desastre total que destruiría al tirano (vv. 10, 11).

8 Con expulsión: esta rarísima palabra heb., pudiera significar lit. “una seah
por cada seah” (seah: 1/3 de efa = 12,3 litros), es decir, cuidadosamente
prorrateado, litro por litro; o, posiblemente, “espantándolo” (cf. el término
expulsión que la RVA ha interpretado correctamente en el sentido de enviarlos
al exilio). 9 Se expresa la renuncia a la idolatría tanto como la condición (de
esta manera
) como la permanente consecuencia (su fruto, v. 6) de disfrutar
del perdón de Dios (cf. <201606>

Proverbios 16:6). El exilio no será en vano si es un
paso en dirección a esa meta. 10, 11 La ciudad fortificada es sin duda alguna
la ciudad del opresor (cf. <232502>

Isaías 25:2). El colorido de la descripción de los
vv. 10b, 11a, resalta por el contraste que resulta de la viña bien cuidada de los
vv. 2, 3. Cf. el v. 11b con <234418>

Isaías 44:18, 19; 45:6, 7.
27:12, 13 Lo último de la cosecha. La cosecha que le describe puede ser la
del huerto o del campo, pues el verbo “recoger” puede usarse tanto para trillar
a mano ciertos frutos (<232827>

Isaías 28:27) como para varear olivos de las ramas

más altas (<052420>

Deuteronomio 24:20), de modo que sean recogidos uno por
uno.
El punto es la cosecha perfecta de Dios de su pueblo verdadero de modo
que “ninguna faltará” (cf. <234026>

Isaías 40:26, 27). Para Israel dentro de su tierra
(v. 12) el énfasis está en elegir a la minoría de la masa (cf. <231020>

Isaías 10:20-
23). Para los que estaban en la dispersión, está en el llamado de trompeta que

les llama a casa (v. 13). El NT mostrará que el llamado del evangelio tiene ya
ese doble efecto de elegir y salvar (<460102>

1 Corintios 1:23, 24), entre judíos y
gentiles por igual. De modo que estos dos versículos muestran el triunfo final del
Señor en términos no de conquista o nueva creación (como podría inferirse),
sino simplemente de personas reunidas y traídas de vuelta al hogar. Esto es,
después de todo, el meollo del asunto (cf. <660709>

Apocalipsis 7:9 ss.).

28:1—31:9 LA CRISIS ASIRIA: ¿LA AYUDA DE DIOS
O DE LOS HOMBRES?

28:1-29 Un desafío a los escarnecedores

El cap. 28, compuesto por una serie de fugaces destellos más que de una
escena uniformemente iluminada, desafía a los frívolos gobernantes de Jerusalén
a enfrentarse a las realidades de la historia, de la moral y de las acciones
divinas. Pareciera que se han preservado trozos de un violento altercado en los
vv. 7-13 o más allá. El contexto es el más inquietante período de intrigas con
Egipto que llevó a la revuelta de Ezequías contra Asiria y las represalias del año
701 a. de J.C., descritas en los caps. 36, 37; pero muchas veces las profecías
exceden estos reducidos confines.
28:1-6 Los ebrios de Efraín. Se trata de una profecía clara y temprana,
antes de la caída de Samaria en 721 a. de J.C. En cuanto a su función, en este
contexto, ver sobre los vv. 7-13. 1-4 Capta la hermosura exterior de esa
opulenta ciudad edificada en un cerro, pero la ve como una guirnalda
adornando las sienes de un borracho (v. 1b), espléndida metáfora para una
gloria que es incongruente (v. 4a) y que rápidamente se va marchitando. La
amenaza del granizo del v. 2 (referencia a Asiria) es un nuevo énfasis que se
pone sobre el segundo aspecto de la metáfora anterior, que luego es retomada
en el v. 17, y por la metáfora de la fruta temprana del v. 4b. En un solo
párrafo Isaías ha compendiado las advertencias de Amós a esta ciudad amante
del placer y saturada de vino (cf. <300212>

Amós 2:12; 4:1; 6:6). 5, 6
Característicamente, las nubes se abren por unos instantes para dejar ver la
verdadera diadema que adorna al verdadero Israel, el remanente (ver sobre

<231020>

Isaías 10:20-23). Obsérvese que el espíritu de justicia... y de valor (ver

sobre <231102>

Isaías 11:2) es el Señor mismo, presente y activo dentro de sus

siervos.
28:7-13 Los ebrios en la función pública. 7, 8 Con las palabras pero
también éstos
se aclara la relevancia del precedente oráculo a su actual

contexto. El embrutecido Efraín lo había pasado mal; también Judá es
meramente otro tal, desde sus líderes espirituales abajo. El sacerdote y el
profeta
que se tambalean y vomitan, configuran un cuadro de trazos tan vivos,
que algunos piensan que traduce un encuentro entre Isaías y un grupo de ellos
en un cónclave.

9-13 De ser así, los vv. 9, 10 expresan el escarnio de ese grupo (¿A quién
enseñará conocimiento o a quién hará entender el mensaje?,
refiriéndose al
profeta Isaías); y el v. 13 su ominosa réplica, arrojándoles a la cara las mismas
palabras. El texto heb. del v. 10 es una rima pueril, casi el equivalente de
nuestro irrisorio “bla, bla” pero no tan desprovisto de significado. Por línea cf.
v. 17a (“cordel”). Cf. la paráfrasis de J. B. Phillips: “¿Hemos sido recién
destetados?... ¿Tenemos que aprender que la-ley-es-la-ley-es-la-ley, la regla-
es-la-regla-es-la-regla?... Sí, con labios tartamudos y una lengua extranjera
hablará el Señor a este pueblo.” Es decir, considera un desatino lo atinado de
Dios, y recibirás tu merecido de mano de los asirios (v. 11), y tu condenación
de las mismas palabras que te habrían salvado (vv. 12, 13). El mensaje
rechazado del v. 12 halla su expresión clásica en <233015>

Isaías 30:15; cf. el

comentario en <230709>

Isaías 7:9b. La cita que del v. 11 hace Pablo en <461402>

1

Corintios 14:21 es, por lo tanto, un recordatorio, fiel a este contexto, de que las
lenguas desconocidas no son el saludo de Dios a una congregación de
creyentes, sino una reprimenda a una congregación de incrédulos.
28:14-22 El cimiento estable y el refugio de la mentira. 15, 16 Al igual
que en <231801>

Isaías 18:11-15, pero ahora en un marco de temeraria confianza,
pacto y piedra angular están en contraposición. El pacto con la muerte, y el
convenio con el Seol, podría aludir a una invocación a los dioses de las
moradas subterráneas, en la necromancia (cf. 8:19) o a un tratado con Egipto,
pero más bien puede entenderse como la baladronada del v. 15b de engaño y
mentira; es decir, como si Dios pusiera en sus bocas la estimación de su
esperanza. La versión de ellos habría sido, sin duda, la siguiente: “Nada nos
puede afectar; nuestros pactos son a prueba de todo.” Dios conocía cuáles
eran sus reales enemigos y los que se decían sus amigos. La promesa de la
piedra angular, juntamente con la de <230814>

Isaías 8:14 se cita en <450933>

Romanos

9:33; <600206>

1 Pedro 2:6; cf. <19B822>

Salmo 118:22. En <230814>

Isaías 8:14
explícitamente significa el Señor, pero aquí el Señor coloca la piedra; los dos
asertos se juntan en Cristo, como lo deja claramente sentado el NT.

<450932>

Romanos 9:32 expone las inferencias de la cláusula sobre la fe (cf.

<230709>

Isaías 7:9), el que crea... y recurre a la LXX para no se apresure (ver la
nota de la RVA). Apresurar supone ansiedad y confusión.

Entre la profusión de metáforas, aquellas de la tormenta y la inundación
aparecieron en el v. 2, para significar a los asirios; 17 el cordel y el nivel llaman
la atención a la finalidad de <233013>

Isaías 30:13, 14, y de <300707>

Amós 7:7, 8; 20 la
insuficiente cama y manta dicen la última palabra sobre recursos que fracasan
miserablemente. 21 Sobre Perazim y Gabaón, ver <131411>

1 Crónicas 14:11, 16.
Dios, que barrió a los enemigos de David, barrerá ahora el reino de David. En
cuanto a su extraño trabajo, arrojarán luz los siguientes párrafos. De paso
digamos que a Lutero le servía de aliciente meditar que al par que el juicio es el
extraño trabajo de Cristo, la salvación es su “tarea propia”.
28:23-29 La pericia del labrador: una parábola. Los constantes cambios
del labrador y sus diversas maneras de trabajar la tierra, tan caprichosas a
primera vista, pero tan expertamente apropiadas, dan la clave a los complejos
recursos de Dios, que es el maestro (vv. 26, 29). El más extraño trabajo de
Dios (v. 21) se adecua, exactamente según se infiere, a las distintas épocas (v.
24) tipos (v. 25) y contexturas (vv. 27, 28) que maneja. Sobre golpea con un
palo
(v. 27) ver sobre 27:12; y aprenda de esta parábola a no manejar todas
las situaciones con una técnica favorita. 29 Obsérvese la ligazón de
maravilloso y designios, como ocurre con el nombre de príncipe divino en

<230906>

Isaías 9:6 y en <232501>

Isaías 25:1.

29:1-8 La liberación de último minuto para Ariel

1-4 El final del v. 8 identifica a Ariel como Sion, y en <264815>

Ezequiel 48:15
significa “fóculo” (BJ) de ahí que Moffat lo traduce aquí (poniendo énfasis en la
vocación celestial de Jerusalén): “El propio fogón y altar de Dios.” La alusión al
culto en el v. 1b lo confirma, pero el v. 2b le da una torva significación a la
metáfora por su insinuación a un holocausto, exactamente como el v. 3a ofende
el orgullo de la ciudad mencionando su pasado (cf. aquella donde acampó
David
).

5-8 La promesa de una liberación milagrosa se cumplió parcialmente en 701 a.
de J.C., (ver 37:33-37). Pero la reunión de las naciones (vv. 7, 8), la
advertencia te sitiaré (v. 3; cf. 37:33) y las señales espectaculares del v. 6
sugieren una lucha aun mayor (cf. Zac 14:1-21). Los vv. 7, 8 pintan con netas
pinceladas la desilusión de la nación; son innumerables las ocasiones en que el
mundo “se ha relamido” anticipadamente por la muerte de la iglesia.

29:9-24 La oscuridad interior de Israel:
profundizada y desvanecida

29:9-12 Un pueblo sin visión. 10 La frase, cargada de significación, Ha
cerrado vuestros ojos (a los profetas),
dice bien a las claras que Israel es el
sujeto de este oráculo, que se amplía en las lecciones de <202918>

Proverbios 29:18

y <090301>

1 Samuel 3:1-14. 11, 12 El <197409>

Salmo 74:9 nos permite echar un vistazo
a tal estado, donde la voluntad de Dios se ha convertido en un libro cerrado.
Los verbos reflexivos utilizados en el v. 9 sugieren que la ceguera es de tipo
judicial; el hacer su propia voluntad les ha significado un castigo. Cf. <230609>

Isaías

6:9, 10; 30:10.
29:13, 14 Religión sin realidad. 13 Jesús vio este versículo como imagen
del farisaísmo (<410706>

Marcos 7:6, 7). 14 Es su propia consecuencia, porque en
ausencia de profundidad, la capacidad se vuelve contra ella misma para
oscurecer todo lo que toca (cf. <450122>

Romanos 1:22; <460101>

1 Corintios 1:19).
29:15, 16 Desprecio al Creador. 15 La mezcla de furtividad y bravata (cf.

<233001>

Isaías 30:1) pudiera expresarse de maneras inconscientes, tales como la
supresión de verdades no deseadas (cf. <233009>

Isaías 30:9-11). Tanto Jeremías

(<240226>

Jeremías 2:26) como Ezequiel (<260812>

Ezequiel 8:12) hallaron el mismo mal
uso de la conciencia en su época. 16 La incontestable ilustración del alfarero
es nuevamente utilizada en <234909>

Isaías 49:9 y, penitentemente, en <236408>

Isaías

64:8; Pablo la recoge en <450920>

Romanos 9:20, 21.
29:17-21 La gran reversión. Lo absurdo de indisponerse contra Dios (v.
15) se pondrá en evidencia cuando su obra sea completada, cuando trascienda
lo mejor que conocemos (v. 17) y se resarzan las deshonras e injusticias del
presente (vv. 18-21). 17 El quid del asunto está dado por los tiempos de
verbo: es decir, el presente Líbano (incultivado como el desierto de <233215>

Isaías

32:15) será convertido en buena tierra, mientras la buena tierra será
considerada un bosque en comparación con su nueva fertilidad.
29:22-24 Un pueblo para la alabanza de Dios. 22 El v. 22b se refiere a
Jacob como individuo. Ya no se revolverá en su tumba (como diríamos) debido
al comportamiento de sus descendientes. 23 El pensamiento del pueblo de Dios
expresando la santidad de Dios que es lo primero que se menciona en la
oración de Jesús (“santificado...”), es elaborado en <263623>

Ezequiel 36:23 y su

contexto y en <490104>

Efesios 1:4, 6, etc., trayendo la futura perfección a tener que

ver con nosotros ahora.

30:1—31:9 Egipto y Asiria en perspectiva

30:1-5 La sombra de Egipto. Por fin se menciona por su nombre el ilusorio
refugio denunciado en <232814>

Isaías 28:14-22. Diez años antes Isaías había
disuadido a Judá a hacerle el juego a Egipto contra Asiria (cap. 20); ahora se
han reafirmado en su decisión y los enviados de Judá están en camino. 4 Sus
embajadores parecieran ser los de faraón, en cuyo caso se infiere que Hanes
estaría cerca de Zoan (Tanis la localidad importante más cerca a la frontera
con Israel) y no a 80 km. aguas arriba del Nilo según se la identifica
habitualmente.
30:6-8 El aliado inoperante. 6 Isaías ve las incomodidades y peligros del
viaje (6a) como típicos de toda la empresa, y los tesoros de 6b, tan
incongruentes en el desierto Néguev, como un cuadro de esfuerzos y recursos
malgastados. 7 Rahab, que en heb. se deletrea de manera distinta a la conocida
Rajab de Josué 2 (reflejado en el deletreo diferente en la RVA), es un término
que se utiliza para designar a Egipto también en <198704>

Salmo 87:4 (cf. <198910>

Salmo

89:10). Pareciera significar “arrogante” o “turbulento”, y está asociado con “el
dragón” (¿cocodrilo?) en <235109>

Isaías 51:9 que es otro de los nombres de Egipto

en <262903>

Ezequiel 29:3. 7, 8 Moffat traduce brillantemente el v. 7c: “Dragón que
no hace nada”, devastador mote para inscribir (v. 8) alrededor de Jerusalén;
tan categórico y claro como fue de críptico un dicho anterior (cf. <230801>

Isaías

8:1).
30:9-14 Una estructura endeble. La verdad y la rectitud (v. 10) son tan
vitales para una comunidad como la solidez y la precisión lo son para un edificio
(v. 13). Es una de las afirmaciones más claras de la lógica de los juicios de
Dios; cf. <261310>

Ezequiel 13:10-16, sobre empapelar (de acuerdo con nuestra
terminología actual) para cubrir las rajaduras; <300707>

Amós 7:7, 8, sobre la

plomada de albañil, y <350209>

Habacuc 2:9-11 sobre los crujidos que se escuchan

en el edificio del tirano.
30:15-17 El precio de la incredulidad. 15 Puede interpretarse como un
claro desafío de Isaías; ver sobre <230701>

Isaías 7:1-9. En arrepentimiento es lit.

“volverse” a Dios cf. <231021>

Isaías 10:21; quietud y confianza son la antítesis de

la frenética actividad del v. 16 (cf. <232816>

Isaías 28:16); confianza le da una
pincelada de amor a cada una de estas respuestas. 17 La amenaza tristemente
revoca la promesa de <032608>

Levítico 26:8; cf. <053230>

Deuteronomio 32:30.

30:18-26 Las buenas cosas que hay a disposición. Egipto y Asiria se
esfuman de la escena al amanecer su gloria, señalada al principio en términos
personales (vv. 18-22) y luego en términos materiales (vv. 23-26). 18
Obsérvese la relación entre el esperar de Dios y el esperar (confiar) del hombre
(18a, d; cf. <230817>

Isaías 8:17; 64:4), y la misericordia de su exaltación como Juez
(18b, c; señalar el contraste entre 5:15, 16). 20, 21 La confianza descrita en los
vv. 20, 21 es la del nuevo pacto (cf. <243133>

Jeremías 31:33, 44) más que la de la
gloria final, porque no excluye la congoja o la posibilidad de extraviarse, por
limitado que esto sea (v. 21). Tu Maestro es un sustantivo plural con el verbo
en singular es decir, una pluralidad de la plenitud y majestad de Dios; y la
palabra se refiere a la instrucción moral o torah (“ley”). Su voz, que nos llama,
nos viene de atrás, de nuestras espaldas (v. 21) solamente cuando nos
desviamos, no cuando le seguimos. 23-26 Expresan, en contraste con el v. 20a,
en los términos del mundo conocido y familiar, la nueva creación que los
trascenderá totalmente; cf. <236019>

Isaías 60:19-22; 65:17-25.
30:27-33 El fuego purificador. A la par que estos versículos analizan la
situación inmediata, nominando a Asiria (v. 31) también se aplican al final de los
tiempos. 28 Un día las potencias impías se verán envueltas (como Judá,

<230808>

Isaías 8:8) en la inundación y arrastradas por el freno de Dios (como Asiria

en <233729>

Isaías 37:29) hacia su destrucción. 29-32 Sin embargo, para nosotros
esto significa liberación (v. 29): cada golpe de juicio merecerá sonidos de
panderos (v. 32) como en el caso de María (cf. <021520>

Exodo 15:20); 33 pero la
tumba de los opresores no será ya el mar Rojo, sino un Tófet, es decir el lugar
de la destrucción final que el NT llama Gehena o infierno. <240731>

Jeremías 7:31,

32 nos dice cómo adquirió este significado; la alusión a el rey se refiere
probablemente a Moloc, que básicamente es la misma palabra que rey (ver
nota de la RVA; cf. <122310>

2 Reyes 23:10).
31:1-5 Algunos confían en caballos. 2, 3 El poder relativo de la carne y del
espíritu, según lo veía Isaías, contradijo totalmente la afirmación de sus
contemporáneos (cf. <233015>

Isaías 30:15, 16) y, en su mayor parte, la nuestra
propia. Es la clave a su pensamiento, y habría de ser dramáticamente
reivindicado (cf. la burla de <233608>

Isaías 36:8, 9, con el resultado en <233736>

Isaías

37:36-38). 2 El desastre interpreta correctamente el término amplio “mal”; cf.

<234507>

Isaías 45:7; <300306>

Amós 3:6. 4, 5 El león rugiente y los pájaros que
revolotean
en vuelo de huida, describen lo que está libre de la interferencia
humana; posiblemente sugieren también (Delitzsch) los aspectos formidables y
tiernos del Señor como protector (cf. <053211>

Deuteronomio 32:11).

31:6-9 La derrota de Asiria. La matanza sobrenatural de los asirios está
registrada en <233736>

Isaías 37:36. 6 Pero Isaías está más preocupado con la
conversión (volved) que con la liberación: obsérvese su penetrante estimación
de la situación (de manera radical, “profundamente”, cf. <232915>

Isaías 29:15;

<280909>

Oseas 9:9). 7 Cf. <230220>

Isaías 2:20; 30:22. 9 Con el fuego de Jehovah en

Sion; cf. sus penetrantes inferencias en <233314>

Isaías 33:14.

32:1—35:10 LA SALVACION Y SU OSCURO PRELUDIO

32:1-8 Un reino de verdaderos hombres

Este cuarto oráculo sobre el rey que viene (cf. <230714>

Isaías 7:14; 9:6, 7; 11:1-5)
describe su mayor triunfo, en el florecimiento de sus propias cualidades (dado
por el Espíritu de Yaweh; cf. <233215>

Isaías 32:15) en el carácter de sus súbditos,
desde sus funcionarios abajo. (El pasaje puede traducirse “Si para justicia
reinara un rey... entonces...”, etc. Pero la traducción tradicional es más simple
en su construcción y más de acuerdo con las enseñanzas de Isaías desde

<230714>

Isaías 7:14 en adelante.)

1, 2 Después del plural magistrados la traducción correcta de aquel hombre
es “cada uno” como en BJ y NC. Aquí hay hombres que están en el poder,
usando del poder como lo usa Dios: cf. v. 2 con <232504>

Isaías 25:4, 5; 26:4. 3, 4
Aquí también hay gente que usa las facultades de que dispone (v. 3; obsérvese
el contraste con <233010>

Isaías 30:10, 11; 42:20) y encuentran nuevas aptitudes (v.
4). 5 Sobre todas las cosas, la verdad ha desalojado la ficción tras la cual se
escondía el vicio. El v. 5 cf. con <422225>

Lucas 22:25-27, pues Dios no reconoce
títulos de cortesía. 6-8 Estos versículos no son una predicción sino un
comentario en los términos utilizados en el v. 5, correctamente empleados los
tiempos verbales en el presente de indicativo.

32:9-20 No es llano el camino a la paz

Las señoras regalonas de los vv. 9-13 (cf. <230316>

Isaías 3:16-26) constituyen un
ejemplo extremo de la sociedad predominantemente indolente de la época (cf.

<232213>

Isaías 22:13; 28:15). Obsérvese la triple repetición de la palabra confiadas
en los vv. 9-11. 10 Si la RVA está en lo cierto en la versión de 10a, este
oráculo data de alrededor de la época de la revuelta de Ezequías contra Asiria,
por la cual la invasión de 701 a. de J.C., fue la represalia. Pero 10a podría
igualmente significar un largo período, “de año o años” (Torres Amat); de
cualquier manera, el desastre del v. 14 y la gloria de los vv. 15-20, trasciende

todo lo que ocurrió en el tiempo de Isaías. La era presente, desde Pentecostés
(cf. v. 15) puede formar parte del cuadro de un pueblo de Dios emancipado de
la Jerusalén terrenal (vv. 14, 19).

El principio básico expuesto en este poema es que la paz no es algo que Dios
le impone por la fuerza a una sociedad corrompida: la tierra tiene que ser
limpiada y vuelta a sembrar con justicia, de la cual la paz es el fruto (vv. 16,
17). Para que esto sea posible es indispensable la promesa del Espíritu (v. 15);
es el secreto de los dones compartidos del Mesías descritos anteriormente en
los vv. 1, 2. En cuanto a 15b, véase sobre 29:17. Tales cuadros de una tierra
segura y bien regada (v. 20) expresan las “cosas nuevas” de Dios que habrán
de venir, en términos de las cosas que ya son conocidas.

33:1-24 El anhelo de ser libres

Pareciera que este capítulo, muy semejante a un salmo por sus numerosos
cambios de modos y oradores hubiera sido concebido para uso público en una
emergencia nacional: cf. la respuesta de Dios (vv. 10-12), con la del <196006>

Salmo

60:6-8, y el diálogo en los vv. 13-19 con el <192403>

Salmo 24:3-6.
33:1-9 El anhelo por el desagravio. Denuncia (v. 1), súplica (vv. 2-4),
alabanza (vv. 5, 6) y lamentación (vv. 7-9) ocurren en rápida sucesión. 1 El
destructor se deja sin nombrar, quizá para tipificar a todos aquellos que son
cegados por la maldad y no pueden ver las reprensiones que atesoran. 2-4 El
poder acudir a Dios mismo trae una visión más rica que la justicia tosca del
hombre. Con Dios no sólo existe la perspectiva de la respuesta final (vv. 3, 4),
sino que su brazo fuerte (v. 2) es suficiente para las demandas de cada día (cf.

<235004>

Isaías 50:4). 5, 6 Además, en contraste con el v. 4, hay “gozo sólido y
tesoro permanente”, que se resume en el temor de Jehovah; la relación entre
el amo celestial y el siervo terrenal que es el tesoro, no meramente la llave para
el mismo. 7 Cf. <233602>

Isaías 36:2, 3, 22. 8 Los caminos nos han quedado
desolados
recuerda (pero en distinto lenguaje) los duros tiempos anteriores a
Débora (cf. <070506>

Jueces 5:6), cuya victoria transformó otra desesperante

situación.
33:10-16 El desafío como respuesta. La intervención de Dios no se limitará
al enemigo (vv. 10-12) sino que también quemará la maldad de Sion (vv. 13-
16). 14 El fuego consumidor no es solamente su intolerancia personal contra
el pecado; desde otro ángulo es la autoinmolación del pecador (vv. 11, 12),
desencadenada por la conjunción de prácticas vanas (v. 11a) y actitudes

agresivas (11b). Sobre este tema de autodestrucción, ver también <230131>

Isaías

1:31 y, con otra metáfora, <233013>

Isaías 30:13.

El coloquio de los vv. 14-16, que es un autoescudriñamiento del corazón,
sugiere el de los Salmo 15 y 24:3-6. Se ha dicho que están basados en las
pruebas de admisión ritual utilizadas en los santuarios (<021914>

Exodo 19:14, 15),

dado un contenido ético. 15 Obsérvese el “puritanismo”: las vigorosas
renuncias reconocen como semillas de la acción la fuerza de los hábitos,
palabras, pensamientos e impresiones sensoriales. Si este versículo es negativo,
ello es para clarificar el significado de “los de limpio corazón” preparándolo
para el v. 17.
33:17-24 La felicidad ante el cumplimiento. La inolvidable promesa del v.
17a, para la cual es indispensable la última frase del v. 15 (cf. <400508>

Mateo 5:8;

ver como contraste la consternación de 6:5), es el punto focal de todo el
pasaje. Otras expectativas irradian de él, p. ej. la dilatada campiña (v. 17b) que
alegra los ojos luego del encierro obligado por el asedio, y la tranquila Sion,
nuevamente territorio de peregrinaje (v. 20); mientras el recuerdo de los tiranos
y de las indignidades que ahora pertenecen al pasado añaden sabor al presente
(vv. 18, 19). Pero la mirada se vuelve al Señor como fuerte y soberano (vv. 21,
22). Los títulos de autoridad, tales como Juez, Legislador y Rey que Judá, al
igual que nosotros, se resistía sostener, constituyen las bases y argumentos de
esta serenidad.

El cuadro de una ciudad flanqueada por mejores defensas (v. 21) que las del
Nilo o Tigris (cf. <340307>

Nahúm 3:7, 8) —porque serán aguas sobre las cuales no
podrá navegar flota hostil— da origen a una nueva metáfora en el v. 23 para
significar la derrota de los licenciosos (bien que sean gentiles o “los pecadores
de Sion”; cf. v. 14). Pero este es un paréntesis; el pasaje termina reafirmando la
gracia enriquecedora, sanadora y perdonadora de Dios (vv. 23b, 24).

34:1-17 El juicio universal

De la misma manera que los caps. 24—27 coronaron los oráculos locales con
la perspectiva de juicio final y salvación, así los caps. 34 y 35 dejan muy atrás
la crisis asiria. Otra similitud más es que en medio de estos sucesos cósmicos,
cuya majestuosa descripción en el v. 4 tiene su eco en <660613>

Apocalipsis 6:13,

14, Edom, como Moab en <232510>

Isaías 25:10-12, resulta sorteado para combatir
a Sion, cuyo año de liberación será justamente éste (cf. v. 8 con <233504>

Isaías

35:4), por un juicio que enfoca a corta distancia toda la escena. 5-7 La

tronada, luego de abarcar todo el horizonte, llega de pronto sobre sus cabezas
en el v. 5 y allí queda, porque Edom simboliza, en la Escritura, lo profano (cf.

<581216>

Hebreos 12:16) y el perseguidor (cf. <310114>

Abdías 1:14), el oponente y
adversario de la iglesia. La metáfora en los vv. 5-7 es una horrenda variante del
cuadro del banquete (Isaías cf. 25:6), que trata de la carnicería después de la
fiesta que incluye sacrificio, y usando un idioma corriente para mostrar que todo
el pueblo, desde las “sangres jóvenes” y los dirigentes (v. 7a) hasta los de
menor rango y jerarquía (v. 6), está condenado (cf. <236301>

Isaías 63:1-6).

8 ss. El erial de los vv. 8 ss. nos recuerda tanto a Sodoma como a Babilonia
con la brea y el azufre de los vv. 9, 10, y las fantasmagóricas ruinas de los vv.
11-15. (cf. <231319>

Isaías 13:19-22). 11b Caos y vacío equivalen a “sin orden y

vacía” de <010102>

Génesis 1:2. Implican aquí y en <240423>

Jeremías 4:23 el deshacer de
la misma obra de la creación. La mención de cordel y plomada, le da a esta
demolición un inquietante aire de precisión comparable solamente con la
minuciosidad (vv. 16, 17) con que se llenaron las ruinas con los apropiados
monstruos. 14 Sobre chivo salvaje (“sátiro”), ver la nota de la RVA a

<231321>

Isaías 13:21. La lechuza podría ser un ave nocturna o un demonio. Vale la
pena observar que el juicio es descrito, tanto aquí como en otros lugares, como
algo peor que la extinción: el último estado es una especie de parodia, obscena
y (v. 17b) persistente del primero.

35:1-10 El desierto floreciente

La gloria de este capítulo está acrecentada, de ser posible, por su situación
como un oasis entre el erial visionario del cap. 34 y el relato de guerra,
enfermedad y locura de los caps. 36—39.

Su tema es el próximo éxodo, mayor que el primero. 1, 2 Por qué el desierto
estará alfombrado de flores primaverales (el azafrán, o probablemente el
“narciso” [NC], o el lirio o simplemente la “flor” [BJ] reemplazan
correctamente la tradicional rosa [RVA]), y sombreado por grandes árboles
(la gloria del Líbano), es una pregunta que obtiene su respuesta del hecho de
que Jehovah pasará por allí; 3-6 y la razón de su venida surge del v. 4 (cf. v.
10): es para recoger a su pueblo y llevarlo de vuelta al hogar. <581212>

Hebreos
12:12 trata el v. 3 como que viene al caso todavía para la esperanza de los
cristianos; y cuando los milagros de sanidad en los Evangelios anuncian la
alborada de una nueva era según los vv. 5 y 6, la culminación de la promesa del
v. 4b aún no se ha cumplido (cf. <236102>

Isaías 61:2; <420419>

Lucas 4:19-21; <530107>

2

Tesalonicenses 1:7-10).

Si los primeros versículos describieron indirectamente la venida de Dios,
reflejada en el desierto primaveral, el repentino acrecentamiento en las
esperanzas y los milagros de sanidad (vv. 1-6a), el viaje de vuelta al hogar de
su pueblo es similarmente presentado en los vv. 6b-10. El desierto producirá
arroyos y praderas, aparece una calzada segura, y finalmente hacen su entrada
en el último versículo los alegres peregrinos camino de Sion.

De modo que la profecía alcanza un clímax que ya se remonta muy por encima
de la época de Isaías, y anticipa el estilo y el pensamiento de los caps. 40—66
(cf. la cita del v. 10 en <235111>

Isaías 51:11) en su descripción lírica de este nuevo
éxodo, la venida de Dios mismo, la repoblación de Sion y la alegría sin fin de
los redimidos.

36:1—39:8 LAS PRUEBAS SUPREMAS PARA EZEQUÍAS

En estos cuatro capítulos alcanza un tremendo clímax la situación política que se
ha desarrollado a lo largo del ministerio de Isaías, reforzada por dos severas
pruebas sobre la fidelidad e integridad del rey, que van a tener consecuencias
de largo alcance.

Aparte del salmo de Ezequías, que aparece únicamente en <233809>

Isaías 38:9-20,

estos capítulos coinciden, casi palabra por palabra, con 2 Reyes 18—20.

36:1—37:38 La matanza asiria

Para sus detalles, ver comentario en <121813>

2 Reyes 18:13—19:37. Isaías omite

<121814>

2 Reyes 18:14-16 y parte del v. 17a.
36:1-22 El cap. 36 nos muestra, en términos generales, la técnica de
subversión puesta de manifiesto para todas las épocas, en los discursos de los
vv. 4-10 y 13-20, es decir, la habilísima utilización que de la verdad hace el
tentador, el armar sus flechas lengüetas con unos cuantos hechos
incontrovertibles (p. ej. la perfidia de Egipto [v. 6] y el fracaso de los dioses [v.
19]), su uso del ridículo (v. 8), de amenazas (v. 12b) y la adulación (vv. 16,
17); y su perversión de la teología, tergiversando las reformas de Ezequías (v.
7), seleccionando pasajes de la predicación de Isaías (v. 10; cf. <231006>

Isaías

10:6, 12), y sacando perniciosas conclusiones de falsas religiones (vv. 18-20).
Las instrucciones del rey, no le respondáis (v. 21) tuvieron en cuenta el hecho
de que quien hablaba no buscaba la verdad sino la victoria.

37:1-38 El cap. 37 (ver mayores detalles en comentario a 2 Reyes 19) es un
modelo de respuesta a la intimidación. Nada le debía la constancia de Ezequías
a su ciego optimismo; prueba de ello lo tenemos en su cilicio (v. 1). Su pedido
de una oración (v. 4) de Isaías mostraba dónde radicaba su confianza, y su
metáfora de nacer (v. 3) probó que era un hombre de visión, cuyos anhelos no
eran para el antiguo orden sino para el nuevo (observar también la evidencia de
36:7 en cuanto a sus valientes reformas). Su alusión al remanente (v. 4) hace
nuevamente hincapié a la predicación de Isaías (cf. <231020>

Isaías 10:20-23). Bajo
la renovada guerra de nervios de Senaquerib (vv. 9-13) Ezequías actuó otra
vez con notoria inteligencia: no desechó del todo la amenaza ni sucumbió a ella.
El mostrar la carta al Señor (v. 14) resume el acto de oración y la candidez de
sus palabras finalmente desprenden un eco de sus gestos. Al igual que en los
Salmo, la situación se aclara a medida que ora (v. 19) y sus motivos se
exaltaron al más alto nivel (v. 20).

En las sucesivas réplicas de Isaías (<233705>

Isaías 37:5-7, 21-35) obsérvese la
ausencia de rencor personal contra aquellos cuyas políticas habían fracasado
totalmente (cf. <232814>

Isaías 28:14, 15; sobre Eliaquim y Sebna, v. 2; ver sobre

<232215>

Isaías 22:15-25). En el animado canto triunfal de los vv. 22-29, era hora
de responder al desafío de Senaquerib: “¿En quién confías...” (<233605>

Isaías 36:5)

con la pregunta: ¿A quién has afrentado e injuriado? (<233723>

Isaías 37:23), y de

mofarse de él por no conocer el significado de su propia carrera (v. 26;
obsérvese el énfasis isaítico sobre lo que Dios determinó desde los días de la
antigüedad;
ver sobre <232211>

Isaías 22:11).

La historia completa demuestra que el éxito que alimentó la arrogancia humana
(en cualquier época) proclama, cuando todo se aclara, la absoluta soberanía de
Dios.

38:1-22 La enfermedad de Ezequías

Para el comentario ver <233801>

Isaías 38:1-8, 21, 22, cf. sobre <122001>

2 Reyes 20:1-

11.
38:9-20 El lamento de Ezequías es similar al clamor de Job (cf. Job 7) y a
varios salmos (cf. Salmo 88) particularmente los que recurren a la alabanza.
Las palabras finales, donde el singular da paso al plural, sugieren el uso público
del salmo (cf. <192522>

Salmo 25:22; 51:18, 19).

10 Seol (ver también comentario al v. 18 y a 14:9) se describen aquí
poéticamente como una ciudad o una prisión; como una comunidad en el v. 18;

y como un monstruo devorador en <230514>

Isaías 5:14. 12 En este punto la

finalidad surge de la acción del tejedor; en <180706>

Job 7:6 es la velocidad de su

lanzadera.

13-15a En estos versículos aparece un asombro al estilo de Job, donde el
acudir instintivo de Ezequías a Dios se ve detenido por el pensamiento de que
la situación en que se encuentra se la debe a él. Pero si esto agudiza el
problema, también es un principio de solución, desde que una sola y perfecta
voluntad será lo más importante. Ver más adelante el comentario sobre los vv.
17-20.

15b, 16 Estos versículos son de significado dudoso como lo indican las
diferentes versiones. Andaré con inquietud todos mis años (v. 15b); tal vez el
verbo heb. sugiere una procesión (cf. <194205>

Salmo 42:5; Mateo 5) y expresa el
pensamiento de “caminaré en reverente temor”. No está clara la referencia a
tales cosas en el v. 16a, y lo torpe del idioma heb. sugiere un texto
deteriorado, pero el v. 15 señala la aceptación de la voluntad de Dios como
esta disciplina vivificante (cf. <19B950>

Salmo 119:50, 67, 71).

17-20 Aquí asoma el hecho real del amor de Dios y aclara desde la primera
afirmación de seguridad, que era por mi bien y sigue así hasta la notable frase
pero tú libraste mi vida del hoyo de la destrucción (lit. “has amado mi alma
del abismo”), a la certeza del perdón en el v. 17c. La utilización de Seol como
sinónimo de muerte es la clave de los vv. 18 y 19, y del uso que de esos
vocablos hace el AT en general, que concentra en ese juego de términos todo
lo que tiene de negativo la muerte: la separación del hombre de una
congregación de alabanza; la pérdida de su poder y de su posición; el
esfumarse en el pasado; su vuelta al polvo. Al mismo tiempo surge claro del v.
17 que Ezequías se ve a sí mismo muriendo sin la seguridad del perdón de sus
pecados, y es en este contexto que él visualiza la vida después de la muerte,
como ingrata y sin gozo, como en realidad lo sería. Mientras tanto, hay
aspectos positivos expresados en otros lugares en el AT en una fraseología
distinta: p. ej. ser “llevado” por Dios (<010524>

Génesis 5:24; <120209>

2 Reyes 2:9;

<194915>

Salmo 49:15), y estar “con” él (<197323>

Salmo 73:23; cf. <19D918>

Salmo 139:18 y

17:15). Cf. en <232619>

Isaías 26:19 “revivirán... resurgirán... despertarán” (BJ) y

<271202>

Daniel 12:2. Pero todavía no hay ninguna síntesis. Ezequías puede
regocijarse (vv. 19, 20) en promesas múltiples para continuar (<122004>

2 Reyes

20:4-6). El resto lo descubrirá muy pronto (<460209>

1 Corintios 2:9).

39:1-8 Los enviados de Babilonia

Para un comentario detallado ver sobre <122012>

2 Reyes 20:12-19.

La fe de Ezequías, a prueba contra los golpes más duros, se esfuma al toque de
la adulación (obsérvese como trasunta deleite su relato de los vv. 3, 4), y el
mundo reclama otra víctima por su amistad. Conocemos lo suficiente de
Merodac-baladán como para sugerir que este emprendedor rebelde contra
Asiria escondía, tras su visita, planes subversivos. Pero la Biblia guarda silencio
sobre esto, y se condena a Ezequías por gloriarse en su riqueza y en el
patrocinio humano.

Es muy oneroso el precio de la deslealtad (vv. 5-7). Para Ezequías había
conformidad al posponer el problema (v. 8); pero no de tal modo Isaías.
Evidentemente tuvo que soportar esa pesada carga, y de tal modo vivió bajo su
peso, que cuando Dios le habló de nuevo fue a uno que en espíritu había ya
vivido por muchos años en Babilonia (vv. 6, 7) y podía hablar “al corazón” (cf.

<234002>

Isaías 40:2) de una generación de exiliados que aún no habían nacido.

40:1—48:22 LA LARGA NOCHE EN BABILONIA

Cualquiera que sea nuestro punto de vista de la relación existente entre los
caps. 40—48 con su gran preludio en 1—39 (ver Introducción), entramos en
40:1 a un mundo diferente al de Ezequías, sumergido en la situación predicha en

<233905>

Isaías 39:5-8, de la cual se felicitó tanto de escapar. Nada se dice del
interludio de un siglo y medio; despertamos, por así decirlo, en la otra ribera del
desastre, esperando impacientes la terminación de la cautividad. En los caps.
40—48 la liberación está en el aire; hay la persistente promesa de un nuevo
éxodo, con Dios a la cabeza; hay un acercamiento de un conquistador, que
finalmente resulta ser Ciro, que destruirá a Babilonia; también se abre ante los
ojos un nuevo tema, que revelará la gloria del llamado a ser un siervo y luz para
las naciones. Todo esto está expresado con una magnífica y exultante
elocuencia en un estilo escuchado rara vez hasta este momento (cf. <233501>

Isaías
35:1-10; 37:26, 27), pero sostenido ahora para darle su tono característico a
los restantes capítulos del libro.

40:1-11 El Señor largamente esperado

40:1, 2 La voz gentil. Consolad lleva la connotación de un toque de gentileza
femenina como en 66:13 ampliada en el v. 2 donde hablad al corazón se
encuentra siempre en contextos de la certeza de ganar de vuelta a una persona

(cf. <015021>

Génesis 50:21; <071903>

Jueces 19:3; <101907>

2 Samuel 19:7; <280214>

Oseas 2:14).

Mi pueblo y Jerusalén aparecerán a menudo en estos capítulos, separados
hasta que la ciudad madre reciba de vuelta a sus hijos (cf. cap. 54).

La expresión el doble por todos sus pecados puede ser tomada en el
bondadoso sentido de <236107>

Isaías 61:7 y <380912>

Zacarías 9:12 (en esos versículos
utilizan otra palabra para el vocablo “doble”) o, con la mayoría de los
comentaristas, en el sentido punitivo de <032618>

Levítico 26:18, 43 y

<661806>

Apocalipsis 18:6. La primera acepción expresaría bien la gracia que
subyace en estos capítulos, pero en la segunda no es necesario inferir la idea de
ganar o merecer la salvación: sólo una vigorosa certeza de que la sentencia de
Jerusalén ha sido más que cumplida. De paso digamos que doble pudiera
significar “contrapartida” o “equivalente”.
40:3-5 El llamado del heraldo. La ruta seguida por la procesión (compuesta
de toda la humanidad, v. 5) empequeñece hasta la insignificancia las rutas de las
festividades paganas. El desierto es doblemente significativo, como un ejemplo
de las barreras que todos deben ceder ante el avance de la procesión real (v. 4;
ver cap. 35) tanto como un recordatorio del primer éxodo. <280214>

Oseas 2:14 lo

hace, en su austeridad, un lugar de arrepentimiento y de renovación; Juan el
Bautista, con profético simbolismo, utilizó a estos fines el desierto en forma lit.
(cf. <400301>

Mateo 3:1-3). Pero la venida de Dios (cf. <400313>

Mateo 3:13-17), y el

“éxodo” que él iba a realizar (cf. <420931>

Lucas 9:31) iban a tomar una forma

absolutamente inesperada.
40:6-8 La palabra del predicador. 6 Este versículo introduce en escena al
profeta y su responsabilidad. Todo mortal es un eco a la frase solemne del v.
5, pero lo pone en la perspectiva de la abrumadora presencia de Dios. 8 Sin el
grandioso final del v. 8, el pasaje no pasaría de ser más que una expresión de
anhelo como en <181401>

Job 14:1-12; pero con ese final, reafirma la incansable
predicación de Isaías sobre la fe (cf. 7:9; 31:3). Sus implicaciones cabales
aparecerán sólo en <600123>

1 Pedro 1:23-25, donde la palabra, en su forma final
como evangelio, ya no es un mero contraste a nuestra transitoriedad, sino la
cura de ella. Cf. <620217>

1 Juan 2:17.
40:9-11 Las nuevas del anunciador. 9 Sion, tú que anuncias traduce un
solo vocablo del heb., del cual “evangelista” es su equivalente gr. (no como un
término especializado). Aquí está en género femenino (en concordancia con
Sion) de ahí que Sion sea probablemente la mensajera. En <234127>

Isaías 41:27;

52:7 es la oyente.

40:12-31 Dios el incomparable

Este soberbio poema reprocha nuestras pequeñas ideas y lánguida fe, algo a la
manera del desafío de Dios a Job (Job 38—41), por su presentación de Dios
como Creador (vv. 12-20) y Ordenador (vv. 21-26) de un universo
empequeñecido por su presencia. La meta del pasaje es el v. 31 donde las
imaginaciones humanas (v. 18) y sus dudas (v. 27) dan lugar a la humilde
expectativa a la que se nos incita a través de todo el libro (cf. <232708>

Isaías 27:8;

ver sobre <230701>

Isaías 7:1-9).
40:12-20 El Creador. La materia (v. 12), la mente (vv. 13, 14) y los seres
vivientes (vv. 15-17) son colocados en su lugar por el gran Originador, vistos
según él los vería. Esto no es para despojarlos de significación, sino para
demostrar que su significación deriva solamente de él (cf. <200822>

Proverbios 8:22-

31; <451134>

Romanos 11:34). ¡Tal Creador no precisa, por supuesto, de nuestro
impaciente consejo ni comparte nuestra impotencia! Lo que somos, a los ojos
de Dios, torna en doblemente absurdo lo que es Dios visto con ojos humanos
(vv. 18-20). En <234409>

Isaías 44:9-20 y 46:1-7 se estudian extensamente los

patéticos esfuerzos de los idólatras; y <450118>

Romanos 1:18-23 expone la

terquedad que produce la ceguera.
40:21-26 El Ordenador. Continúan los gigantescos símiles, que deben ser
tomados como poesía y no como ciencia (con el v. 22b donde velo sugiere la
finura de la gasa, cf. los símiles del <19A226>

Salmo 102:26; 104:2). 23, 24 Estos
versículos sobre la transitoriedad de los potentados, acercan la verdad general
de los vv. 6-8 un paso más a la situación particular de los cautivos; y el v. 26
saca la verdadera lección que da el majestuoso movimiento de las estrellas: no
la ausencia del control de Dios sino su precisión. La última sección retorna al
mismo pensamiento.
40:27-31 El “pronto auxilio”. 27 Una equivocada conclusión que se saca
de la trascendencia de Dios, es que él es demasiado grande para interesarse en
los seres humanos; 28 lo correcto es inferir que es demasiado grande para
fracasar: no hay ningún punto en que las cosas “lo superen”. Pero los vv. 29-31
permiten que la gran transición del poder ejercido al poder impartido sea
experimentado por medio de la fe expresada en la palabra esperan (v. 31; cf.
sobre <232509>

Isaías 25:9). De manera que el último recordatorio de la fragilidad
humana (v. 30) mira hacia adelante: despeja el camino para la confianza y a la
trascendencia de los recursos naturales. La frase renovarán sus fuerzas (v.
31) lit. se traduce por “cambiar fuerza”, como podría ser cambiarse de ropa o

cambiar una cosa vieja por una cosa nueva. Puede ser significativo el hecho de
que las tres últimas metáforas hablan de sobreponerse a una imposibilidad
natural y a dos debilidades naturales, finalizando con una nota de continuado
progreso.

41:1-29 Dios y la historia

41:1-7 El desafío de Dios a las naciones. 1 El llamado al silencio inicia los
procedimientos imaginarios de una corte, donde Dios enfrentará al mundo
pagano poniéndolo a prueba por medio de una pregunta. (El llamado de que
renueven fuerzas las naciones pareciera como una repetición accidental de

<234031>

Isaías 40:31, pero también pudiera ser una advertencia de que el encuentro

será formidable.)

2 El punto en cuestión es el alarmante avance de aquel que ha de venir del
oriente
y que <234428>

Isaías 44:28 identificará como Ciro. El es llamado para
justicia,
es decir, para el recto propósito de juicio y liberación que Dios ha de
efectuar. (En estos capítulos “justicia” tiende a tener este sentido dinámico, a
veces unida con “salvación”, <234508>

Isaías 45:8; 56:1.) Ante sus pies (cf.

<070410>

Jueces 4:10), porque el verdadero comandante es el no reconocido

Yahweh (cf. <234502>

Isaías 45:2, 8).

4-7 El anuncio del Señor en el v. 4 es la única voz clara en el pánico
prevaleciente ante la cercanía de Ciro. Aunque los estadistas tratan de elevar la
moral (vv. 5, 6a) y los artífices preparan un nuevo grupo de dioses, el v. 4
ubica toda la escena dentro del plan eterno de Yahweh el Creador. Se verá
esto nuevamente en <234424>

Isaías 44:24—45:8.
41:8-20 El Siervo de Dios es tranquilizado. 8 ss. Hay una súbita nota de
calor en el pero tú... y en la repetición de los nombres personales. La larga
serie de promesas con los verbos en tiempo futuro de los vv. 10b-20, está
característicamente anclada en los hechos del presente y del pasado: una
relación comprometida (vv. 8, 10a) y una elección y llamado irrevocables (v.
9). La palabra siervo estampará su propia característica a los próximos
capítulos, con un énfasis creciente en su inferencia de autoentrega, hasta
alcanzar el clímax del cap. 53. Aquí, sin embargo, su único corolario es la
protección del amo que se lo ve como una seguridad multifacética de vigor
impartido (v. 10), enemigos dispersos (vv. 11-13), triunfo sobre los obstáculos
(vv. 14-16; cf. <402121>

Mateo 21:21) y provisión inagotable (vv. 17-20). Los
títulos divinos, el Santo de Israel (vv. 14, 16, 20; ver sobre <230102>

Isaías 1:2-4),

tu Redentor (v. 14; es decir tu pariente protector, cf. <032525>

Levítico 25:25) y el

Rey de Jacob (v. 21) ponen su sello sobre todo ello.

Todo esto aparece como un trasfondo realista de un Israel acobardado (vv. 10,
11), empequeñecido (v. 14), adecuado punto de partida para la gracia de Dios.
15, 16 Como contraste, el trillo era el más só-lido de los objetos, hecho de
pesados tablones y tachonados con pedazos de pedernal encajados en una de
sus caras; lo arrastraban sobre el grano recogido para separarlo de la paja, que
luego se aventaba para que la cáscara fuera llevada por el viento (v. 16). La
enorme escala de la metáfora tiene que haber parecido desmentida por el “día
de las pequeñeces” (<380410>

Zacarías 4:10) que siguió al retorno de Babilonia, si
bien no exagera el impacto ejercido por el pueblo de Dios en el mundo, tanto
en el pasado como en el futuro.
41:21-29 El renovado desafío de Dios. Retorna el tono de los vv. 1-7,
pero ahora se dirige a los dioses (cf. v. 23). 22-24 La acusación del v. 22 es
de que ni aun pueden interpretar los eventos (las cosas que han sucedido),
mucho menos predecirlos (ver sobre vv. 26, 27). Cuando a esto se suma su
incompetencia (v. 23b), la única conclusión es su irrealidad (vv. 24, 29), y la
palabra abominación (v. 24) revela súbitamente que la burla es mortalmente
seria. Por lo general se reserva esta palabra para los ritos paganos o para los
ídolos (cf. <234419>

Isaías 44:19); transferido al adorador muestra cuán corruptora
es la elección de una mentira para la alianza final de uno. El tema es retomado
en <450118>

Romanos 1:18-32.

Los vv. 25-29, amplían el tema de los vv. 2-4 con nuevos detalles. 25 El norte
y el este vienen apareados en este versículo (cf. v. 2) definiendo con mayor
precisión la conquista de Ciro, que abarcó el Imperio Babilónico desde el golfo
Pérsico a los mares Caspio y Negro. La declaración invocará mi nombre
tiene que ser considerada con <234504>

Isaías 45:4; es decir, Ciro invocaría el

nombre de Yahweh (cf. <150102>

Esdras 1:2, 3), aunque no como un verdadero
convertido. Esta afirmación está avalada por sus inscripciones, que con toda
diplomacia atribuyen sus victorias a los dioses de los pueblos que conquistaba:
a Marduc, en Babilonia, y a Sin, el dios-luna, en Ur.

26, 27 Al poner su énfasis en la predicción, tocaría al mundo pagano en un
punto muy sensible, desde que la adivinación era una gran preocupación (cf.

<234713>

Isaías 47:13), y Creso de Lidia habría de pagar muy caro por la
ambigüedad del oráculo de Delfos sobre sus proyectos contra Ciro.
(Habiéndole dicho que destruiría un gran imperio, se trabó en combate y

destruyó el suyo propio.) Ver la Introducción sobre este desafío a predecir
sucesos como lo hizo Yahweh y su relación con la paternidad literaria de estos
capítulos.

42:1-17 Luz para las naciones

42:1-9 El primer “Cántico del Siervo”. La súbita quietud luego de los
abrumadores temas de los caps. 40 y 41 se ha comparado con el “sonido
apacible y delicado” de <111912>

1 Reyes 19:12. Cuatro o cinco veces aparece en
estos capítulos como un pasaje aislado de esa naturaleza, que pinta al Siervo
como el “hombre para los demás”, con un creciente énfasis en el sufrimiento en

<234901>

Isaías 49:1-13; 50:4-9; y 52:13—53:12; seguido del triunfal <236101>

Isaías

61:1-4 que enumera las bendiciones que él distribuye.

Al final de la serie, él es el uno en lugar de los muchos; 1 pero aquí, presentado
como mi siervo y mi escogido, está íntimamente ligado con el “Israel” de

<234108>

Isaías 41:8 ss. El ser investido con el Espíritu y la implantación de la
justicia (vv. 1, 3, 4), o verdadera religión, sin embargo, son semblanzas del
reino davídico de <231101>

Isaías 11:1-5; 32:1-8 (cf. el entrelazamiento de este
pasaje con el Salmo real 2:7 en ocasión del bautismo de Jesús, <400317>

Mateo

3:17), de modo que ya a esta altura comienza a surgir un individuo de la masa
de Israel. El cierre del capítulo (vv. 18-25) reforzará notoriamente esta
impresión.

2-7 La gentileza del Siervo, tanto en su no dogmatismo (v. 2) como en su
ternura hacia los débiles y desamparados (v. 3) no se frustra por alguna
debilidad de sí mismo: las palabras desalentará y desfallecerá (v. 4) sutilmente
toman los términos heb. ya utilizados para la caña cascada y la mecha que se
está extinguiendo
(v. 3). <401217>

Mateo 12:17-21 identifica el cuadro, y un
vistazo al mundo que espera (v. 4c) confirma el carácter de su misión. Luz
para las naciones
(v. 6) fue una de las primeras designaciones de Jesús (cf.

<420232>

Lucas 2:32) y uno de los títulos formativos de su iglesia (cf. <441347>

Hechos

13:47). Pero mientras la iglesia habría de participar en esta liberación de los
ciegos y presos (v. 7; cf. “el siervo del Señor” descrito en <550224>

2 Timoteo 2:24-

26), sólo su cabeza podía ser descrita como el pacto de Dios, uniendo a
Jehovah y al pueblo (v. 6; cf. <234908>

Isaías 49:8) en su persona (cf. <402628>

Mateo

26:28).

Los vv. 8, 9 vinculan el motivo del Siervo como los temas de los caps. 40 y 41
respectivamente, porque el celo de Jehovah por su verdadera gloria se

expresará principalmente en el esparcimiento de su luz por todo el mundo. Esta
es la fase de su proyecto que habrá de venir, las cosas nuevas declaradas
antes que salgan a luz, que también han sido reveladas en bosquejo “desde el
principio” (<234126>

Isaías 41:26, 27; cf. <011201>

Génesis 12:1-3).
42:10-12 El mundo aclama a su Señor. El rasgo sobresaliente de estos
capítulos son los cánticos (cf. <234423>

Isaías 44:23; 39:13; 52:9, etc.) al igual que
los caps. 24—27 y estrechamente emparentados con los Salmo 93; 95—100
tanto en su tema como en su lenguaje. 10 Cf. v. 10a con los <199601>

Salmo 96:1;

98:1; y el v. 10b con el <19A723>

Salmo 107:23, 24. Aquí no solamente la naturaleza
sino las naciones rompen a cantar por el gozo de la liberación recién lograda.
11 Los empedernidos rivales de Israel, Quedar (cf. <19C005>

Salmo 120:5-7) y el

edomita Sela, de quien se oyó por primera vez en contextos de juicios
(<232116>

Isaías 21:16, 17; 16:1), demuestran la amplitud de esta gracia. Pero véase

el siguiente párrafo.
42:13-17 Jehovah declara su celo. Los violentos símiles, como hombre de
guerra
(v. 13),... como la que está de parto (v. 14), excluyen cualquier idea
de gracia como un simple ablandamiento de la disposición de ánimo de Dios.
Más bien su furia (v. 13) contra el mal, y su detenido celo para repararlo (v.
14; cf. <421250>

Lucas 12:50) suple tanto sus motivaciones como su ternura (v. 16a)
y constancia (v. 16b) para con sus víctimas. La salvación sólo vendrá por
medio del juicio, y no será para el impenitente (v. 17). Cf. <236301>

Isaías 63:1-6,

vehemente complemento del cap. 53.

42:18—48:22 Siervo inconstante e inmutable Señor

Hay una inquieta acción recíproca en estos capítulos entre la gracia de Dios y la
terquedad de su pueblo, cuya determinación para destruirse a sí mismo es
superada solamente por su tenacidad expresada con estilo clásico en <234321>

Isaías

43:21.
42:18-25 Ciegos guías de ciegos. Este amargo anticlímax al retrato del
verdadero siervo (vv. 1-9), del mundo que espera (vv. 10-12) y del ansioso
Redentor (vv. 13-17) es vívidamente paralelo al permanente fracaso de la
iglesia de cumplir adecuadamente con su llamado. En la primera visión de
Isaías, el ver y oír sin percepción (cf. vv. 18-20) era una señal de peligro (cf.

<230610>

Isaías 6:10-13.); aquí es una incapacidad que paraliza. La ineficacia del
mensajero incompetente (cf. <101829>

2 Samuel 18:29) es la ineficacia de Israel, y es
testaruda: es un heredero del pacto (v. 19b; véase nota más adelante); tiene la

capacidad (v. 20) y los datos (v. 21) para conocer la voluntad de Dios; aún
está invitado a escuchar atentamente (v. 23). Aun el aprieto en que se
encuentra fue planeado para enseñarlo y no para destruirlo (v. 25b); pero la
lección, hasta el momento, no ha hecho mella en él.

Nota. 19 Mi mensajero puede traducirse “el que está en paz conmigo” (cf.

<190704>

Salmo 7:4, v. 5 en heb): la forma pasiva sugiere “el que ha aceptado el
ofrecimiento de paz (“relaciones amistosas”).
43:1-21 Gracia abundante. El Pero ahora (v. 1) es un rasgo distintivo de
estos capítulos, así como el amor de Dios, permanentemente rechazado, vuelve
una y otra vez con la iniciativa. Se halla la misma expresión heb. en <234401>

Isaías

44:1; 49:5; 52:5; 64:8 (7, heb).

1-7 Estos versículos le dan a Israel, en elocuente detalle, la seguridad que
Cristo le da a la iglesia, que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Ni el fuego ni las aguas, ni los pueblos, ni la distancia, pueden cobrar sus
víctimas: cada uno (v. 7) está invitado a escuchar atentamente, a quien Dios
llama mío (v. 1) llegará en seguridad (cf. <234026>

Isaías 40:26). A continuación se
enumeran varias de las cuerdas que los atan a Dios, tales como la creación, la
redención, el llamado (v. 1), el amor (v. 4), la adopción (v. 6) y el honor de su
nombre (v. 7). Se pone énfasis en esta relación, única en su género, recurriendo
a la figura de un rescate humano (vv. 3, 4; cf. v. 14), es decir, que han caído y
caerán grandes naciones, para dar lugar a Israel. <202118>

Proverbios 21:18 habla

en términos similares; el otro lado de la cuestión es que las naciones se
beneficiarán de Israel mucho más de lo que pierdan (cf. <234201>

Isaías 42:1-9), y

que su último rescate tendrá que ser una víctima muy diferente (cf. <235305>

Isaías

53:5, 6).

8-13 Estos versículos enfrentan de nuevo a Israel con sus pecados contra la luz
(v. 8; cf. <234218>

Isaías 42:18-20); no obstante, se le considera, según su altísimo
llamado, como siervo escogido (v. 10) tanto para su propia instrucción (para
que me conozcáis y me creáis, y entendáis
) como para el mundo. Su propia
historia testificó por Jehovah (vv. 10-12); un día el título mis testigos obtendría
su pleno vigor (cf. <440108>

Hechos 1:8), pero por el momento Israel aparece en su
carácter pasivo y renuente. La escena forense es la de <234101>

Isaías 41:1-4, 21-
23; el punto en cuestión es que, aparte de Yahweh no hay otro Dios, tanto en
los tiempos pasados, como en el presente y en el porvenir (vv. 10b, 11, 13).

14-21 Se nombra a Babilonia por primera vez desde <233907>

Isaías 39:7. Y
aunque el texto heb. del v. 14 es oscuro, la principal fuerza del pasaje es la
clara promesa de un éxodo aun mayor, en el cual las maravillas que Dios
obrará en el desierto (vv. 19, 20) superarán a las del mar Rojo (vv. 16-18).
Nuevamente la promesa está arraigada en el pacto: obsérvense los términos de
relación en los vv. 14, 15 y de elección en los vv. 20c, 21.

Para su pleno cumplimiento debemos mirar más allá de los modestos retornos
al hogar desde Babilonia de los siglos VI y V a. de J.C., si bien éstos se tienen
en cuenta, al éxodo que el hijo de Dios realizó en Jerusalén (<420931>

Lucas 9:31;

cf. <461004>

1 Corintios 10:4, 11), que por sí solo justifica el lenguaje utilizado en
éste y similares pasajes. Ver también sobre caps. 35 y <234003>

Isaías 40:3-5.
43:22-28 La gracia despreciada. 22-26 La desolada respuesta de Israel al
ardor divino es un bostezo de apatía. Ningún desaire podía ser peor; sin
embargo, permite establecer una aguda comparación entre la religión como una
carga (vv. 23b, 24a) y como agradecido homenaje (v. 23a) al portador de la
carga (vv. 24b, 25; cf. <234603>

Isaías 46:3, 4), que una vez más ofrece exponer su

caso ante un tribunal de justicia (v. 26; cf. <234101>

Isaías 41:1).

27 En este contexto su primer padre es probablemente Jacob, al recordárseles
a los israelitas que tienen muy poco de que jactarse, sea por sus antepasados
como por sus actuales líderes. 28 La embestida final es mortal, porque
anatema traduce el término heb. herem, reservado a los objetos del juicio
como Jericó o los amalequitas, con quienes no se podía tolerar ningún acuerdo.
Es el vocablo más fuerte del idioma.
44:1-28 El Dios viviente y su gran diseño. 1-5 Estos versículos reabren un
interrogante aparentemente agotado con un característico y ahora (ver sobre
43:1), y asombrosamente reafirman al desagradecido Israel su llamado como
siervo... a quien yo escogí (v. 1, repetido en el v. 2), junto con el

afectuoso Jesurún (“recto”; cf. <053305>

Deuteronomio 33:5; pero ver

<053215>

Deuteronomio 32:15; cf. sobre 42:19), y siguiendo a prometer mayores
cosas que habrán de venir. El derramamiento del Espíritu es un vislumbre del
nuevo pacto, como en <243131>

Jeremías 31:31-34; <263626>

Ezequiel 36:26 s.; <290228>

Joel
2:28, 29; y las confesiones de la alianza en el v. 5 son un goce anticipado de la
conversión de los gentiles, como los del <198704>

Salmo 87:4-6 (donde, sin
embargo, es Dios quien los enrola). Los vástagos (v. 3) de Israel señalarán la
afluencia de las aguas vivas de Dios, así como los sauces demarcan el curso de

un río (vv. 3, 4). El libro de Hechos sigue la pista de parte de esta corriente de
vida sobre el suelo sediento.

6-8 Estos versículos constituyen la verdadera esencia de estos capítulos, con el
énfasis en que Dios es el Adalid de Israel (Redentor, v. 6; cf. <234114>

Isaías

41:14), su explícito monoteísmo (vv. 6b, 8b), su hincapié sobre la predicción
(v. 7b) y su tono tranquilizador hacia un Israel indiferente (v. 8).

9-20 Predican el mismo mensaje pero desde la otra parte, tornando en
vergonzosa la belleza estética de la idolatría, no dejando encubierto ningún
aspecto de la misma. Es uno de los temas favoritos de estos capítulos: cf.

<234018>

Isaías 40:18-20; 45:20; 46:1-7. La adoración de “esas cosas” (Torres
Amat) dadas por Dios (v. 9, cf. v. 14) y esculpidas por el hombre es
igualmente absurda y blasfema (cf. <450125>

Romanos 1:25). La consiguiente
incapacidad del hombre para ver esto (tan moderna como antigua) viene de un
primer rechazo para enfrentarlo (vv. 18-20; cf. <450121>

Romanos 1:21).

21-28 Retornamos a la positiva y gozosa revelación del verdadero Dios. 21
Acuérdate se refiere probablemente a las cosas sobre las cuales Israel puede
dar fe (cf. v. 8), como así también a las locuras paganas recién descritas (hay
un llamado similar en <234508>

Isaías 45:8). Pero la repetida demanda de Dios de
controlar y predecir el curso de la historia se renueva aquí dramáticamente por
medio de promesas específicas en los vv. 26-28. Las veladas predicciones de
buenas nuevas para Jerusalén y de un libertador, en <234102>

Isaías 41:2, 25-29, de
pronto son develadas mostrando a Ciro y su edicto de reconstrucción; profecía
que con el tiempo se cumplió (cf. <150101>

Esdras 1:1-4). Tal minuciosidad tiene su

parangón solamente en <111302>

1 Reyes 13:2, donde se nombra a Josías 300 años
antes de su época. 27 La referencia a las profundidades es otra alusión al
éxodo, un recordatorio de la capacidad de Dios para ejecutar estas nuevas
maravillas. 28 La expresión mi pastor no significa otra cosa que la utilización
que Dios hace de este dirigente para sus propios fines (ver <234504>

Isaías 45:4b, y

sobre <234125>

Isaías 41:25).
45:1-25 El Dios de toda la tierra. 1-8 Estos versículos colocan el control
que el Señor ejerce sobre Ciro en el marco de su total soberanía (v. 7), su
autorrevelación en todo el ámbito del mundo (v. 6) y su voluntad para
reivindicar la justicia (v. 8).

1-3 El término ungido es la base del título de Mesías; pero su utilización en el
AT es general, principalmente para los reyes ungidos por Dios (cf. Saúl:<092406>

1

Samuel 24:6). Aquí se subraya el hecho de que Ciro ha sido nominado y
equipado para una suprema tarea para la cual todas sus victorias no serán más
que el preludio. Cada una de las frases de los vv. 1b-3a pone de relieve estos
éxitos; los tesoros de la oscuridad son los más cuidadosamente ocultados, por
ser los más preciados. (Como conquistador de Lidia, bajo el reinado de Creso,
y de Babilonia, Ciro habría de adquirir una incalculable riqueza.) 4 Pero el
hecho de que era el fin y clímax de su carrera, la liberación de Israel (cf. v. 13)
era, para Ciro, un episodio de importancia menor; así de defectuosas son las
evaluaciones humanas (cf. <235508>

Isaías 55:8). Su reconocimiento de Yahweh (cf.

<150102>

Esdras 1:2-4), como de otras deidades pareciera haber sido superficial

(ver sobre <234125>

Isaías 41:25): un reconocimiento de su existencia e influencia (v.
3) sin el correspondiente conocimiento personal (v. 4).

7 Luz y... tinieblas... paz y... adversidad son expresiones típicamente
hebraicas, en parejas opuestas, para “todo lo que es” (cf. <194901>

Salmo 49:1, 2).
Adversidad significa lit. “mal”, pero esta palabra heb. es un término demasiado
general para sugerir que Isaías hace a Dios el autor de la maldad; ver, más bien,

<180210>

Job 2:10; <300306>

Amós 3:6; <451136>

Romanos 11:36. Algunos han visto en estas
palabras un ataque al dualismo zoroástrico, con sus dioses rivales del bien y del
mal; pero este versículo se opone igualmente al politeísmo, blanco de la mayor
parte de las invectivas contenidas en estos capítulos. No hay suficiente
evidencia de que Ciro hubiera sido zoroastra como lo fueron algunos de sus
sucesores.

9-13 El enfoque vuelve de Ciro a un Israel algo quejumbroso (los sujetos en
plural de los verbos en el v. 11, y la alusión a Ciro en la tercera persona en el v.
13, indican este cambio), con un clásico reproche por sospechar que Dios
estuviera estropeando su obra (cf. <232916>

Isaías 29:16). 11 La versión de la RVA
es correcta, con la connotación irónica de sus imperativos equivalentes a
indignas preguntas. 12 La lección objetiva del cielo estrellado fue utilizada de
manera similar, aunque más suavemente, en <234026>

Isaías 40:26-31. 13 Cf.

<234428>

Isaías 44:28.

14-25 Previendo el gran influjo de los gentiles, estos versículos van mucho más
allá de la liberación. Los caps. 60—62 retomarán el tema con mayor detalle.
Aquí está expresado primero en un discurso a Israel (vv. 14-19) y luego en un
llamado a la humanidad a reconocer a su Señor, como algún día habrá de
suceder, y de ahí encontrar la salvación en compañía de la nación que una vez
lo despreció (vv. 20-25).

14 Tales nombres como Egipto, etc., y los detalles de encadenados y
homenaje, ilustran el triunfo de Dios en términos de una escena contemporánea,
utilizando el vívido colorido de victorias humanas. En el cumplimiento, éstas
serán trascendidas, como lo dejan entrever claramente los vv. 20-25. Los
gentiles aquí son aquellos que nunca hasta ahora pertenecieron al imperio
israelita; su rendición será tan total como si fueran prisioneros de guerra, pero
en realidad será por convicción (vv. 14c-16) y terminará en salvación (vv. 22,
24).

15 La expresión tú eres un Dios misterioso puede tal vez ser la continuación
de la confesión de los convertidos, reconociendo al Dios invisible en lugar de
sus ídolos; más probablemente sería la ex-clamación de Israel por los
inescrutables caminos de Dios, “que sobrepasa todo entendimiento”. 18, 19
Replican que, por todo ello, él ha obrado según un gran diseño y se ha revelado
inequívocamente. Vacía (v. 18) y vano (v. 19) es tehú, como en <010102>

Génesis

1:2 (“sin orden”); el v. 18b mira hacia el fin a la vista de la creación, (cf. la frase
para que fuera habitada) la transformación de un mundo inicialmente informe
en un mundo habitable. De la misma manera, Israel logrará un final glorioso.

22-25 Estos versículos finales son notables, en primer lugar por el cuadro de
conversiones sinceras en toda la tierra, y en segundo lugar por la audaz
utilización que el NT hace de los vv. 23, 24, aplicándolos directamente a Cristo
en <502910>

Filipenses 2:10, 11 (e indirectamente en <451409>

Romanos 14:9, 11). Cf. el

uso hecho en 8:12b y 13a en <600314>

1 Pedro 3:14, 15.
46:1-13 Los dioses inútiles de Babilonia. Hace juego con el enfoque
detallado de toda la escena (cf. las referencias explícitas a Ciro [<234428>

Isaías

44:28; 45:1] y Babilonia y su derrocamiento [<234701>

Isaías 47:1-15]), el hecho de
que ahora se especifican los dioses en particular. 1 Bel (“señor”; cf. Baal) era
un título transferido del antiguo dios Enlil al dios Marduc, patrono de Babilonia,
cuyo hijo Nebo (o Nabú) era el dios del aprendizaje. Sus nombres aparecen, p.
ej. en Belsasar y Nabucodonosor. Ambos dioses eran transportados
habitualmente en procesiones, pero en esta escena son refugiados monstruosos;
montados sobre animales que se esfuerzan por soportar semejante peso. El
contraste entre esta carga, con sus demandas en dinero y músculos (vv. 6, 7), y
por otra parte Yahweh, el que soporta la carga a lo largo de toda la vida (vv. 3,
4), eleva a su clímax la serie de ataques a la idolatría en estos capítulos. El tema
de la predicción, constante ingrediente en estos pasajes (cf. <234123>

Isaías 41:23),

recibe su clásica aseveración en el v. 10a y las dos realidades idénticas de la

carrera del conquistador, como depredador y predestinado, se colocan lado a
lado en el v. 11a (cf. <234102>

Isaías 41:2, 25; 44:28; 45:1-7).

12, 13 Justicia es una palabra que admite varias acepciones. Básicamente
significa lo que es correcto, es decir, como debería ser, en su propio estado.
Puede, por lo tanto, incluir ideas de rectitud, de justicia y de corregir lo que
está mal. En estos capítulos predomina esta última acepción relegando a
segundo plano el significado de victoria (ver sobre <234102>

Isaías 41:2); pero no se

ha perdido su dimensión ética (cf. <234801>

Isaías 48:1; 53:11; 58:2) y aquí debería
tener prioridad en el v. 12, dejando que el significado de “victoria” surja en el v.
13, paralelamente con salvación.
47:1-15 Babilonia condenada. Es una endecha o una canción de burla, en el
característico ritmo decreciente de tales poemas (se la percibe, en la
traducción, en la sucesión de una frase larga a una corta del v. 2a). Cf.

<230121>

Isaías 1:21-31; 14:4-23.

Es el destino que le corresponde a Babilonia: no puede haber misericordia,
pues jamás mostró misericordia (cf. <590213>

Santiago 2:13). Pero la descripción no
está exenta de lástima. Somos testigos del triunfo de la justicia pero al mismo
tiempo de la tragedia del pecador. Polvo, trabajo, desnudez, vergüenza,
silencio, tinieblas (vv. 1-5) son símbolos de condenación que se suman a la
amargura ante el fugaz resplandor de su arrogante ufanía (v. 8), que se apagará
para siempre (vv. 7-11). Se nos hace carne la congoja de su corazón al
fracasar los recursos en los que confía (los encantamientos, hechicerías y
horóscopos de los vv. 12-14), que los antiguos aliados prudentemente se
retiran cada uno... por su lado (v. 15) como que eran amigos solamente para
los tiempos de bonanza.

Digamos de paso que las crónicas confirman la enorme profusión de ritos
mágicos en Babilonia, a los que se alude en los vv. 9, 12, 13; y <262121>

Ezequiel

21:21 describe con vivos trazos una selección de los mismos utilizados por
Nabucodonosor.
48:1-22 “Amor mostrado a los que no aman.” 1-8 Volver la atención de
Babilonia otra vez a Israel nada tiene de elogioso. Su fácil mención de Jehovah
y de la Santa Ciudad, (vv. 1, 2) no hace juego con su idolatría (v. 5);
aparecen, en realidad, como inveterados hipócritas (vv. 1, 4, 8). Es un cuadro
más oscuro aun que el de la infidelidad de <234027>

Isaías 40:27 y aun la frialdad de

<234322>

Isaías 43:22, si bien se la anticipó en el pecado contra la luz, implícita en

<234218>

Isaías 42:18-20. El alegato de la profecía, hasta aquí dirigido contra los

paganos (cf. <234121>

Isaías 41:21-24), ahora tiene que ser vuelto contra el propio
pueblo de Dios, estos empecinados escépticos (vv. 3-8). Ver la Introducción.

9-22 Todo esto, sin embargo, sólo sirve para revelar la paciencia de Dios por
lo que es: inmerecida (v. 9), constructiva (v. 10; ver nota más abajo) y resuelta
(v. 11). Después de toda su franqueza todavía puede afirmar tanto su llamado
(v. 12) como su amor (v. 14) y dar la libertadora orden de ¡Salid de
Babilonia!
(v. 20). Su eco se escuchará a través de los próximos capítulos (cf.

<234909>

Isaías 49:9; 52:11; 55:12; 62:10). No obstante, esto no es una rapsodia;
una y otra vez se insistirá en que el alto precio que habrá que pagar por la
obstinación es nada menos que el adiós a la paz (vv. 18, 22); es decir, a la
salud espiritual y a la sociedad. El triste realismo del v. 22 reaparece en

<235721>

Isaías 57:21, y el libro termina con una nota más dura en <236624>

Isaías 66:24.

Notas. 10 Presenta problemas de traducción. El heb. tiene “como”, que
también podría significar “a costo de” o “en el carácter de”; la diferencia está en
una sola letra que se confunde fácilmente con “como”. En el v. 10b el rollo de
Isaías de los Rollos del Mar Muerto apoya la traducción probado; pero
escogido es el significado normal de la palabra de acuerdo con los textos
tradicionales (ver nota de la RVA). 16 El versículo termina con un
extraordinario cambio de orador; el que habla no es más el Señor, como en los
vv. 15, 16a, sino uno que él ha enviado, así como también es enviado el
Espíritu. Podría ser el profeta pero tiene mayor significación si anticipa el “me”
de <234901>

Isaías 49:1; 50:4; 61:1; en otras palabras, el Siervo en quien Jesús había
de verse. Es un extraordinario reflejo, a la distancia, de la Trinidad.

49:1—55:13 LA ALBORADA DE LA REDENCION

49:1-13 El segundo “Cántico del Siervo”

Los límites de este pasaje han sido fijados de manera variada, pero hay
acuerdo compartido por la mayoría, que ello ocurre en los vv. 1-6. Pero cada
uno de los vv. 5-8 muestra parte de la respuesta de Dios en cuanto a la misión
que le corresponde a su siervo; y el v. 8, eco de <234206>

Isaías 42:6, no puede ser

tronchado de su secuela.

Después del cap. 42, con sus semblanzas recíprocamente incompatibles de “mi
siervo” (<234204>

Isaías 42:4, 18-21), se hace cada vez más aguda la ineptitud de
Israel. Los próximos capítulos resolverán la tensión, no por el descarte o la

mejora de este siervo, sino por el surgimiento de un verdadero Siervo cuya
misión será en beneficio, en primer lugar, de Israel mismo.

Esto se deja ver de inmediato, en esta pasaje, ante la clara conciencia del
Siervo. Aquí no demuestra contrición alguna por los pecados deplorados en

<234801>

Isaías 48:1-6, o por la ceguera de <234218>

Isaías 42:18-20; sólo una sensación

de estar preparado para el momento de Dios (vv. 1-3; cf. <234816>

Isaías 48:16).
La falta de respuesta de Israel es algo contra lo cual ha luchado, no compartida
(v. 4) y si bien se le designa como “Israel” (v. 3), su campo misionero es
“Israel” (v. 5) antes que serlo del mundo (v. 6).

Esta paradoja de un Israel enviado a Israel es parte del poderoso empuje del
AT hacia el NT, dado que ni aun el “remanente” de israelitas verdaderos
(<450906>

Romanos 9:6, 27) puede cumplir las expectativas sin límites de los vv. 1-
13. Somos impulsados a buscar una materialización más perfecta de la luz y
salvación (v. 6) y del pacto (v. 8) en Cristo como la cabeza de su iglesia, “el
Israel de Dios” (<441347>

Hechos 13:47; <480616>

Gálatas 6:16). Además, el tema de la

conquista por medio del servicio, engarzado en <234201>

Isaías 42:1-4, ha
comenzado a tañer la nota de sufrimiento y rechazo (vv. 4, 7), que aumentará
en agudeza y significación en los “Cánticos” tercero y cuarto.

8 Pablo cita el v. 8a en <470602>

2 Corintios 6:2 como algo ya cumplido (cf. la

utilización que de <236101>

Isaías 61:1, 2a hace nuestro Señor en <420418>

Lucas 4:18-

21). Sobre la expresión te pondré por pacto para el pueblo, ver comentario
en <234206>

Isaías 42:6. 9 ss. A los presos que retornan al hogar en los vv. 8-13 se
los visualiza como a israelitas dispersos por todo el mundo, no solamente en
Babilonia (cf. v. 12 con v. 22); pero la alusión al v. 10 en <660717>

Apocalipsis 7:17

nos dice que se incluye también a los gentiles que se dirigen a su nuevo hogar
(cf. <234405>

Isaías 44:5). 12 Sevene, es decir Asuán, sobre el Nilo (ver nota de la
RVA). Algunos ms. leen “Sinim” (cf. nuestro término “sinólogo” del gr. para los
chinos). Pero lo más que podemos decir con seguridad es que el v. 12 preve
convertidos traídos de tierras distantes, de las cuales “Sinim” podía ser
evidentemente un ejemplo notable.

49:14-23 Consuelo para Jerusalén

14 El carácter distintivo de estos capítulos lo constituyen las ruinas desérticas
de Sion, personificadas como una mujer despojada de su esposo y de sus
hijos. 15, 16 Resulta típica la respuesta de Dios: en primer lugar no está
abandonada, porque él no puede olvidarla; 19, 20 y en segundo lugar todavía

la aguardan sus mejores días, cuando su nueva familia rebasará todos los
linderos. El NT aplica tales promesas no a la “Jerusalén actual” sino a la
“Jerusalén de arriba” (<480425>

Gálatas 4:25-27; cf. <235401>

Isaías 54:1), es decir, la
iglesia universal en los cielos y en la tierra. Efectivamente las ruinas de la ciudad
fueron reedificadas en los siglos VI y V a. de J.C., pero estas profecías
trascienden la modesta escala de esos acontecimientos. 22, 23 Con respecto a
la abyecta rendición que describen estos versículos, ver sobre <234514>

Isaías 45:14.

Sobre la expresión los que esperan en mí, ver sobre <232509>

Isaías 25:9.

49:24—50:3 Consuelo para los cautivos

Se refleja un doble recelo en cuanto al poder y la voluntad de Dios para salvar.
A la primera se responde afirmando el control de Dios sobre la historia
(<234925>

Isaías 49:25, 26) y sobre la creación (<235002>

Isaías 50:2, 3), y a la última

comparando su carácter con el de Israel (<235001>

Isaías 50:1), ya que en él no se
encuentra, como en Israel, asomo alguno de inconstancia, y ninguna presión
ejercida sobre él desde el exterior (mis acreedores). Solamente sus pecados
(v. 1b) son responsables por la ruptura (cf. <235901>

Isaías 59:1, 2); por inferencia la

actitud del Señor es la de <280301>

Oseas 3:1-3, donde la esposa errática es amada

y traída de vuelta al hogar.

50:4-9 El tercer “Cántico del Siervo”

Luego de la demostración de paciente gentileza en el primer “Cántico”
(<234201>

Isaías 42:1-9) y la aceptación de un trabajo frustrante en el segundo

(<234904>

Isaías 49:4, 7), aquí el Siervo enfrenta el desprecio activo y la furia del
mal. Según lo intuye el lector, hay un solo paso a la cruz. No hay ahora ninguna
sugerencia de aun el desaliento momentáneo, como en 49:4; el Siervo se ha
aplicado a aprender (v. 4) y a dar (v. 6) como alguien dedicado en mente y
cuerpo. 4 El plural (lit) “los siendo enseñados” enfatiza el hecho de que él está
aceptando el curso común de entrenamiento (cf. <580508>

Hebreos 5:8), y el
elemento de reiteración en la frase cada mañana sugiere una disposición
atenta, a lo largo de toda su vida, al desarrollo de la voluntad de Dios; “el
asunto de un día en su día” (cf. <110859>

1 Reyes 8:59). La consiguiente autoridad y

aptitud de sus palabras son las del profeta por excelencia.

De modo que su padecimiento, aún no explicado (hasta el cap. 53), ya da sus
frutos, como lo puede hacer todo padecimiento. 5 Con respecto a Dios, lo
hace su ofrenda de obediencia; 6 con respecto a los hombres lo ofrenda como
un don costoso y voluntario, no una exacción resentida (entregué...; no

escondí...). 7-9 Internamente, utiliza su descrédito y aislamiento para dejar
sentada su absoluta confianza en Dios. En <450831>

Romanos 8:31-39 Pablo canta
la variante cristiana de este canto, por quien la justicia de Otro silencia al
acusador, y por quien la ayuda de Dios (vv. 7a, 9a) es explícitamente declarada
como amor (<450835>

Romanos 8:35, 37, 39).

50:10, 11 Un epílogo al Cántico

Los dos versículos toman las palabras de fe recién emitidas haciéndose el
pivote de la vida o la muerte para el oyente. 10 El compromiso con Dios
resulta, a la vez, una alianza con su Siervo, cuyas palabras obligan y cuya fe es
normativa (cf. vv. 7-9). Es un indicador de su identidad, como un solo
individuo y maestro de discípulos. 11 Describe ya sea a los perseguidores (cf.
v. 6 y <19B812>

Salmo 118:12) o, más probablemente, a los autosuficientes, en
contraste con el v. 10. La última línea puede ser una generalización de la tristeza
en que termina siempre el pecado, pero puede ser un anticipo del castigo
después de la muerte, según la enseñanza del NT.

51:1-8 Más sustento para la fe

La fe, que “es por el oír” (<451017>

Romanos 10:17), es alimentada por los tres
mensajes anunciados por oídme (v. 1) oídme (v. 4) oídme (v. 7). Confirman el
llamado de <235010>

Isaías 50:10 a una confianza sin vacilaciones, sugiriendo
primero mirar hacia atrás, a los humildes comienzos de Israel, para ver lo que
Dios puede hacer cuando él no era uno solo (v. 1, 2); luego mira hacia
adelante a la prometida consumación, tanto en este mundo (vv. 4, 5) como en
el próximo (v. 6); finalmente, mira contra ese trasfondo a las actuales
humillaciones (vv. 7, 8). Las palabras del Siervo en <235009>

Isaías 50:9 hacen eco
del pensamiento de la mortalidad del hombre, a la luz de la eternidad de Dios. 6
La traducción como moscas en lugar de “de la misma manera” (ver nota de la
RVA) se basa en la postulación de un sustantivo colectivo y singular utilizado en

<020816>

Exodo 8:16, 17 (12, 13, heb).

51:9—52:12 Expectativa creciente

Las sucesivas repeticiones ponen una nota de urgencia a toda la sección, que
adquiere su tono con las palabras iniciales: ¡Despierta, despierta! La súplica
del hombre provoca una respuesta de seguridad y desafío marcada por la
reiteración de Dios de Yo soy, yo soy (v. 12), ¡Despierta! ¡Despierta! (v. 17);
finalmente ¡Apartaos! ¡Apartaos! (de Babilonia) (<235211>

Isaías 52:11).

51:9-11 Se sobrepasa al éxodo. 9, 10 Rahab, el monstruo marino y el
mar, que sugerirían a un no israelita los poderes del caos enfrentando los
dioses de la creación (cf. sobre <232701>

Isaías 27:1), son aquí símbolos del éxodo,
como lo deja entrever claramente el v. 10. Rahab se ha utilizado ya como un
sobrenombre para Egipto en <233007>

Isaías 30:7 (ver nota). Para un simbolismo

similar sobre el juicio final ver sobre <232701>

Isaías 27:1. 11 Pero el ruego de Isaías
en favor de un nuevo éxodo trae a su memoria una promesa ya formulada, y
este versículo cita <233510>

Isaías 35:10 casi al pie de la letra.
51:12-16 Los cautivos son consolados. 12-14 Dios mismo (Yo, yo...) es la
base del consuelo, tanto como Hacedor en contraste con la transitoriedad de
las meras criaturas; y 15, 16 como el Dios del pacto (tu Dios... mi pueblo) que
cuenta su llamado a Israel el glorioso coronamiento —no el anticlímax— de la
sorprendente serie, cielos... tierra... Sion. Obsérvese que Sion es un término
que en la última frase del v. 16 se refiere al pueblo. 16a Recuerda la misión del
Siervo en <234902>

Isaías 49:2; en realidad Israel ha cumplido principalmente su
llamado como portador de las palabras de Dios al mundo.
51:17-25 Se invierten los papeles. El “tú” es femenino a través de todo
este pasaje y consistentemente personifica a la ciudad madre (ver sobre v. 16,
arriba). De sus varias metáforas, la de la copa o copa del vértigo, destinada a
cambiar de manos (vv. 17, 22) transmite el mensaje principal, mientras el rasgo
conmovedor y las brutalidades de la derrota se evidencian en el andar a tientas
y en la postración de los vv. 18, 23, y por el símil del antílope atrapado (v.
20). El panorama de todas las calles (v. 20), sembrados de los moribundos,
habría de dejar una profunda huella en Lamentaciones (cf. <250211>

Lamentaciones

2:11, 12, 19, 21).
52:1-10 Las buenas nuevas de paz. 1, 2 El llamado de Dios: ¡Despierta!
¡Despierta!,
le devuelve a Israel su propia oración de 51:9, en una réplica que
es la mejor respuesta. Cf. una réplica comparable dada por nuestro Señor en

<410922>

Marcos 9:22, 23. 3, 5 El objeto principal de estos versículos es el de librar
a la metáfora de la redención de toda idea de transacción comercial. Tal como
lo señaló <235001>

Isaías 50:1, los dominadores de Israel no pueden aducir
pretensiones sobre ella ni sobre Dios: son sus agentes (lejos de ser inocentes),
no sus acreedores. A la par que <600118>

1 Pedro 1:18, 19 dará un nuevo matiz al v.
3b; la única preocupación aquí es la soberana salvación de Dios, por amor de
mi nombre... mi nombre (vv. 5, 6; cf. <263621>

Ezequiel 36:21; <450224>

Romanos

2:24).

7-10 Estos versículos presentan en forma conmovedora la llegada de las
noticias (cf. <101819>

2 Samuel 18:19-33); ponen de manifiesto los tres factores
componentes de toda experiencia semejante: primero, el mensajero, cuyo lustre
es el de su mensaje (y debe ser un enviado, como lo señala Pablo en

<451015>

Romanos 10:15, nadie menos); segundo, los centinelas, “los que
esperaban la redención” (<420238>

Lucas 2:38), pues de lo contrario las nuevas
caerán en oídos sordos; tercero, el evento, que aquí no es otro que el Señor en
acción (vv. 8b-10) visto, no desde lejos, sino de cerca (lit. “ojo a ojo”, significa
cara a cara, como en <041414>

Números 14:14). Obsérvese la exclamación, tipo

salmo, en los vv. 9, 10 (cf. <199803>

Salmo 98:3, 4; ver comentario en <234210>

Isaías

42:10-12).
52:11, 12 Rompimiento total con Babilonia. El cuadro es el de una
procesión sacerdotal, no la partida sin ceremonia de <021233>

Exodo 12:33. Los

regresos en <150105>

Esdras 1:5-11; 7:7-10, habrían de tener algo de este carácter,
y Esdras mismo tomó a pecho la promesa de la divina escolta (<150822>

Esdras

8:22) y no se vio defraudado. Pero detrás de la partida lit. desde Babilonia,

<661804>

Apocalipsis 18:4 ve un movimiento mayor, la liberación de la iglesia del
abrazo y juicio del mundo, “para que no participéis de sus pecados y para que
no recibáis sus plagas”.

52:13—53:12 El cuarto “Cántico del Siervo”

Del gran retorno volvemos los ojos a la solitaria figura cuya agonía fue el precio
de ese evento. Estamos en el corazón del libro, el centro de su trama de
pecado y justificación, gracia y juicio.

El poema, desusadamente simétrico, está escrito en cinco párrafos de tres
versículos cada uno. Comienza y termina con la exaltación del Siervo (primera
y quinta estrofas); enmarcado en todo ello tenemos la historia de su rechazo en
las secciones dos y cuatro que, a su vez, encuadran el centro del poema (vv. 4-
6) donde se describe el significado expiatorio del sufrimiento. Dios y el hombre,
reconciliados, comparten la narración (nótese el “mi” y “yo” de las secciones
externas con nuestro y nuestras de <235301>

Isaías 53:1-6).
52:13-15 El gozo frente a él. Aquí aparece la certificación celestial de las
valientes palabras de <235007>

Isaías 50:7-9, aplicando al Siervo términos de
exaltación que pueden caracterizar a Dios mismo (cf. “alto y sublime”;

<230601>

Isaías 6:1; “Alto y Sublime”, <235715>

Isaías 57:15; cf. también <230516>

Isaías 5:16;

55:9). Los muchos, dispuestos contra él, dará lugar a los “muchos” convictos e

iluminados (vv. 14, 15; obsérvese la repetición de esta palabra, a un nivel más
profundo, en <235311>

Isaías 53:11, 12). 15 La traducción asombrará, que cuenta
con el apoyo de la LXX, constituye una buena apertura a la secuencia de
“despertado”, “silenciado”, “convencido”. Pero “rociará” (ver nota de la RVA)
es difícil de aceptar gramaticalmente, aunque no imposible. Cabría en el
contexto con su inferencia de purificación por sacrificio (cf. <600102>

1 Pedro 1:2) o

tal vez de hacer un pacto (cf. <022406>

Exodo 24:6, 8; una palabra diferente).
53:1-3 El desprecio de los hombres. Se ve con toda claridad el abismo que
separa el anuncio de Dios de la opinión humana, en el contraste entre lo que se
ha creído (cf. v. 1 con <451016>

Romanos 10:16, 17, 21) y lo que es naturalmente
atractivo (v. 2) o que ha causado impresión (v. 3). Cf. la reacción a Jesús
humillado en Mat 27:39 y a la predicación de la cruz (<460102>

1 Corintios 1:23).
Dolores y sufrimiento (v. 3) que se repiten en el v. 4 significan lit. “dolores” y
“enfermedad”, que pueden sugerirle al lector un hombre enfermo o uno de
corazón atribulado (como en <241518>

Jeremías 15:18). Pero cabría otra categoría,
la del médico que se ve envuelto voluntariamente en el caso; porque también es
un hombre de dolor y de enfermedad en el sentido de que se entrega a estas
cosas para aliviarlas. Este es el sentido definido en <400817>

Mateo 8:17 citando

<235304>

Isaías 53:4.
53:4-6 “Oh dulce trocar...” Esta es la estrofa central en todo sentido. Aquí
se aclara el significado de la desgracia del Siervo, con el invertido orden de la
expresión del v. 4a, para hacer hincapié en el cambio de los papeles y los
pronombres enfáticos él y nosotros (vv. 4a, b) para poner al descubierto las
incomprensiones de los hombres: él llevó nuestras enfermedades y sufrió
nuestros dolores. Nosotros le tuvimos...

4, 5 El significado aumenta en claridad a través de estos versículos: el dolor que
soporta es el nuestro (v. 4); es el castigo por el pecado (v. 5a); es el precio de
la salvación (v. 5b). Pero permanece siendo una paradoja, una de las maneras
de Dios, más elevada que las nuestras (<235509>

Isaías 55:9), según se nos recuerda

por la sorprendente conjunción de sus heridas (cf. <230106>

Isaías 1:6) y de nuestra
curación como causa y efecto. 6 Este versículo es quizá el más penetrante en su
descripción del pecado y de la expiación, poniendo al descubierto la futilidad,
que es en nosotros una segunda naturaleza que nos aísla tanto de Dios como de
los hombres; pero también es la iniciativa divina que transfirió el castigo que
merecíamos a un sustituto. La metáfora según la cual cargó en él el pecado, se
aclara en <010413>

Génesis 4:13; <030501>

Levítico 5:1, 17 (donde cada uno paga su

propia penalidad) y también <031017>

Levítico 10:17; 16:22 (donde la
responsabilidad recae sobre otro). Obsérvese la expresión todos nosotros,
que da idéntico comienzo y terminación del versículo; es la gracia que
totalmente responde al pecado.
53:7-9 Manos malvadas, víctima voluntaria. El silencio de la víctima (ver
en contraste el clamor de otro “cordero inocente” en <241119>

Jeremías 11:19; 12:3)

nace del amor y de la fe, como lo habría de demostrar Jesús (<600223>

1 Pedro
2:23, 24) no de debilidad o de prudencia. C. R. North traduce el v. 8a: “Desde
el arresto y la sentencia fue llevado” (la BJ traduce: “Tras arresto y juicio fue
arrebatado”); toda la estrofa evoca en forma inequívoca el juicio de Jesús y su
secuela (ver sobre v. 9).

8 <440833>

Hechos 8:33 y el texto de la LXX apoyan más bien que el texto heb. la
traducción generación (“contemporáneos”). 9 Es mejor el singular “rico”.
Permanecería un enigma hasta los sucesos relatados en <402757>

Mateo 27:57, 60 y
desconcierta aun hoy a los que sostienen que son inaceptables las predicciones
detallistas. Las antiguas versiones y los Rollos del Mar Muerto confirman la
autenticidad de “rico”, que corrige el plural de la LXX, restaurándolo al
singular.
53:10-12 Coronado con gloria y honor. En esta estrofa la reivindicación es
completa. Los perseguidores desaparecen gradualmente de la escena, para
revelar a Jehovah (enfático en el v. 10; cf. <440428>

Hechos 4:28) y al Siervo (v.
12, derramó su vida hasta la muerte) como los últimos hacedores de lo que
ha sido hecho. Más aun, van implícitos en cada uno de los versículos la
resurrección y triunfo del Siervo, al mismo tiempo que aparecen más facetas de
su expiación que las de los vv. 4-6.

10 Como sacrificio por la culpa lit. significa “una ofrenda de culpa”, el
sacrificio que hablaba de compensación o satisfacción. El texto heb. de este
versículo admite su vida (es decir, él mismo) o el Señor (“a sí mismo”, BJ)
como el oferente del sacrificio; pero el v. 12 no deja duda alguna en cuanto a
que la autoentrega es del Siervo. 11, 12 Muestran otros aspectos de su obra
salvadora en términos de justificación, de cargar con los pecados (ver sobre v.
6), identificación (contado con los transgresores; cf. <422237>

Lucas 22:37) y de
intercesión (intercedido). Se lo muestra como sacerdote y sacrificio, patriarca
(v. 10b) y rey. Finalmente los muchos... muchos en los vv. 11, 12 (cf. fuertes,
v. 12, la misma palabra) por quienes el Uno sufrió, reaparecen en cumplimiento
de las promesas iniciales (cf. <235214>

Isaías 52:14, 15, muchos... muchas).

54:1-17 La fecunda ciudad madre

La exuberancia, paz y seguridad de este capítulo emergen del desamparo y de
la muerte recién descritos, que se introducen en la descripción del gran retorno
en <235213>

Isaías 52:13. En términos cristianos, al calvario del cap. 53 le sigue la
iglesia que crece del cap. 54 y el llamado del evangelio del cap. 55.
54:1-10 Esposa y madre. Pablo vinculó este pasaje con la historia de Sara y
de Agar (cf. <480427>

Gálatas 4:27) y vio aquí la verdadera iglesia, con sus
miembros que nacieron de lo alto (ver también sobre <234914>

Isaías 49:14-23). La

promesa de una expansión universal (v. 3; cf. <234919>

Isaías 49:19) y la sugerencia

de futuras tensiones a que será sometida la vieja estructura (v. 2) fue
vívidamente soportada en la era de los apóstoles. En cuanto a la metáfora de la
esposa errante, ver <235001>

Isaías 50:1; aquí, sin embargo, con rara simpatía, se
hace resaltar el dolor en lugar de la culpa (v. 6) de la desviación, con el
corolario de la ternura de la reunión (vv. 7, 8), y se hace notar que su
permanencia es tan incondicional e inmerecida (cf. misericordia, v. 10) como
la promesa de <010911>

Génesis 9:11, y (podemos añadir ahora) de <401618>

Mateo

16:18.
54:11-17 La ciudad de gemas. La estrecha tienda del v. 2 y la desmenuzada
Jerusalén son igualmente eclipsadas por esta combinación de hermosura y
fuerza; es un cuadro resplandeciente de la iglesia, elaborado más tarde en

<662110>

Apocalipsis 21:10-27. Pero su significado es traducido en términos no
gráficos en los vv. 13-15, donde la justicia del v. 14 y la inexpugnabilidad de
los vv. 15-17 están hondamente enraizadas en el hecho de un personal
discipulado universal (v. 13; cf. <230816>

Isaías 8:16; <243134>

Jeremías 31:34), que es
una de las marcas del nuevo pacto. Esta es la verdadera fuerza de la ciudad de
Dios, a la cual no se le promete inmunidad contra todo ataque sino la
incuestionable arma de la verdad (v. 17; cf. <422115>

Lucas 21:15).

55:1-13 Gracia abundante

Este llamado en favor de los necesitados no tiene parangón por la ternura de su
acogida, ni aun en el NT. El capítulo alcanza su clímax en dos oportunidades:
en los vv. 1-5 y luego, a mayor altura aun, en los vv. 6-13.
55:1-5 Pobreza, abundancia, misión. 1-3 La cuádruple repetición de venid
es tan imperiosa como la necesidad humana (obsérvese el énfasis de ansias
insatisfechas en los vv. 1, 2, como p. ej. en <210103>

Eclesiastés 1:3 y <430413>

Juan

4:13) y tan estrecha como un solo individuo. La Biblia termina con un eco de

esa invitación (cf. <662217>

Apocalipsis 22:17), y en <430635>

Juan 6:35 Jesús hizo la
misma identificación de venid... y comed con “el que a mí viene”. La paradoja
de comprad sin dinero pone de relieve los dos hechos mellizos de segura
posesión y total dependencia que van implícitos en la gracia (cf. la unión de lo
seguro con lo inmerecido en <580416>

Hebreos 4:16).

3-5 Extienden la invitación a un plano totalmente personal, comprometiendo a
la mente y a la voluntad y atrayendo a los oyentes al pacto, para participar en
la misión universal del Mesías. David es nombrado solamente aquí en los caps.
40—66, pero es suficiente para identificar al Mesías real de <230714>

Isaías 7:14,

etc., con el Siervo de <234201>

Isaías 42:1, etc., por quienes esperan las naciones.
(La sugerencia de algunos de que la promesa hecha a David en <100712>

2 Samuel

7:12-16 se transfiere aquí del rey al pueblo, no coincide con el énfasis del v. 3b
en su permanencia. Más bien, la visión de David en el <191843>

Salmo 18:43-45, 49
de naciones sometidas como testimonio al Señor, es ampliada por la posibilidad
de naciones convertidas: cf. v. 5 con <380820>

Zacarías 8:20-23; 9:9, 10.)
55:6-13 Pecado, perdón, gloria. 6-9 A la par que el hombre es un ser
hambriento y necesita satisfacer su necesidad corporal (vv. 1-5), también es un
impío que necesita de la salvación. El llamado de Dios y su buscar (vv. 1-5)
deben ser correspondidos por los del pecador. El v. 7 es una clásica afirmación
de arrepentimiento, un desafío a la mente (cf. el vocablo neotestamentario para
“arrepentimiento”) y a la voluntad, los hábitos (su camino) y los planes
(implícito en el texto heb. por pensamientos). Es tanto negativo (deje) como
positivo (vuélvase), personal (a Jehovah), como específico (por
misericordia); su llamado se ve reforzado por lo breve del tiempo (v. 6) y la
pura generosidad de la promesa (v. 7).

10, 11 La declaración de los vv. 8, 9 no solamente mira hacia atrás al v. 7, sino
hacia adelante a los vv. 10-13, para avergonzarnos y sacarnos de nuestras
mezquinas expectativas. Los pensamientos de Dios son de más largo alcance,
más fértiles y más elevados que los nuestros. La comparación de su palabra
con la lluvia y la nieve sugieren una obra lenta y silenciosa, que a su debido
tiempo transforma la faz de la tierra. La referencia es a su decreto (cf.

<234426>

Isaías 44:26; 45:23) más bien que a su invitación o instrucciones, que
pueden ser rechazadas (<234818>

Isaías 48:18, 19; cf. la figura similar a la del v. 10

en <580604>

Hebreos 6:4-8).

12, 13 Estos versículos establecen su decreto combinando la alegría de la
liberación (v. 12a) por la venida del mismo Señor (cf. v. 12a con <235212>

Isaías

52:12; 12b con el <199612>

Salmo 96:12, 13) con el restañamiento de las heridas de

la antigua devastación (cf. v. 13a con <230723>

Isaías 7:23-25 y posiblemente

<010318>

Génesis 3:18). Obsérvese su renombre especial como libertador.

56:1—66:24 GLORIA Y VERGÜENZA DE SION

En tanto los caps. 40—55 delinearon el exilio babilónico, analizando la trama
de la redención especialmente en términos de un retorno de los israelitas, el
resto del libro llama nuestra atención a la tierra natal, la cual se ve parcialmente
en su ya familiar aspecto de un sitio de corrupción (<235609>

Isaías 56:9—59:15a) y

devastación (<236307>

Isaías 63:7—64:12), pero exhibida también como será
cuando Dios haya venido en su rescate, para transformarla en una “corona de
belleza”, centro y polo magnético de toda la tierra (caps. 60—62). Los
capítulos finales (65, 66) al igual que el preludio (<235601>

Isaías 56:1-8) muestran la
bienvenida que Dios brinda a los de afuera y a los paganos a su santo monte y
reino eterno, pero hace hincapié en el peligro que se corre de ser excluido a
perpetuidad de esas glorias.

56:1-8 Bienvenida a los proscritos

1, 2 Luego del alborozado clímax de los caps. 40—55, estos versículos
presentan la sobria obligación de la integridad (v. 1) y de la piedad (v. 2) que
es la condición para ser salvos. En el v. 1 el derecho muestra dos de sus
facetas al ir acoplado tanto con la justicia (es decir, juego limpio) y la
salvación; porque la justicia de Dios está orientada en el sentido de corregir
las cosas, no solamente de condenar lo que está mal (cf. <450321>

Romanos 3:21-

26; ver también comentario en <234612>

Isaías 46:12, 13).

3-8 Vierten una traducción práctica similar a la de la visión misionera de los
caps. 40—55 en términos más modestos, en su preocupación demostrada por
el eunuco y el extranjero, forasteros en medio de Israel. A los primeros se les
dice que la ley que rige contra ellos (cf. <052301>

Deuteronomio 23:1) fue dada en
amor (para hacer que esta cruel mutilación fuese aborrecible en Israel, si no en
otra parte), y este amor ahora equipara sensiblemente esta desventaja con algo
mejor (v. 5), respondiendo a su exclusión física con las palabras en... y dentro,
y su falta de posteridad con la palabra eterno. De la misma manera los
extranjeros son tratados de acuerdo con su actitud, no a su nacimiento,
principio ya aceptado por la aceptación de Dios —a pesar de

<052303>

Deuteronomio 23:3—, de Rut la convertida. Pero las grandiosas palabras
del v. 7b fueron demasiado grandes para los encargados del templo (cf.

<402113>

Mateo 21:13; <442128>

Hechos 21:28). Con el poco conocido v. 8, cf.

<431016>

Juan 10:16: es una de varias indicaciones de que nuestro Señor conocía
sobradamente estos capítulos.

La importancia del sábado reiterada en este pasaje (vv. 2, 4, 6), surge más
claramente con el apoyo de las dos frases que aparecen en el v. 4b, haciendo
de este día no un fin en sí mismo, sino una señal del amor por Dios (cf.

<235813>

Isaías 58:13) y de lealtad al pacto (cf. <023113>

Exodo 31:13).

56:9—59:15a La vergüenza de Sion

56:9-12 Duermen los atalayas. Ver, como contraste, <235208>

Isaías 52:8; 62:6.
Las expresiones son perros mudos, “perros dormilones”, “perros avaros” (vv.
10, 11a), caracterizan a los líderes espirituales (centinelas; cf. <260317>

Ezequiel

3:17) mientras que pastores es generalmente el término del AT para los
dirigentes. Resulta instructiva la secuencia: espiritualmente, carecer de visión (v.
10a; cf. <090301>

1 Samuel 3:1) es no tener mensaje alguno (v. 10b), derivar a la
pasividad (v. 10c) y la autogratificación (v. 11a). Ciertamente, los pastores se
están comportando como sus ovejas porque se apartan tras sus propios
caminos
(vv. 16; cf. <235306>

Isaías 53:6). Peor aun, son bebedores y
depredadores (vv. 11c, 12) llevando hasta el límite la codicia y la pasividad.
57:1-13 Flagrante apostasía. Los centinelas se han relajado (<235609>

Isaías

56:9-12) y por lo tanto el mal ha entrado a torrentes. Bien podría ser la época
de Manasés, el hijo apóstata de Ezequías, cuya persecución de los inocentes
(<122117>

2 Reyes 21:17) concordaría con el v. 1, y cuya decisión de quemar a su

propio hijo (<122106>

2 Reyes 21:6) señala aquí la reiniciación del culto a Moloc (vv.

5b, 9).

2 El pensamiento del versículo es semejante al de <661413>

Apocalipsis 14:13. 5 El

tema de la lujuria se refiere a los ritos de fertilidad sexual de la religión
cananea, prácticamente generalizados también en los primeros tiempos de
Jeremías (cf. <240220>

Jeremías 2:20-25). (Sobre el v. 5b, ver el primer párrafo
anterior.) Por transición natural se pasa de la prostitución, en el sentido lit., a la
figura de Israel como la esposa que se torna prostituta. En los vv. 6-13 (donde
la partícula tu es consistentemente femenino singular) las metáforas tales como
cama, memorial (es decir, las marcas de la profesión de prostituta), perfumes,
etc., están entretejidas con las actualidades, tales como sacrificio e ídolos en el
ámbito religioso, y mensajeros en el ámbito político. No podemos saber si el v.
9a se refiere a la religión o a la política; el texto heb. dice al rey, que podría ser

tanto “Moloc” (ver el párrafo anterior) o un aliado terrenal (cf. <233002>

Isaías 30:2-

5).

Hay una connotación de amor en el cuadro de fatigada tenacidad en el v. 10, y
de infatuación e inminente desilusión en los vv. 11-13. Todo el pasaje
constituye un digno compañero de Oseas 1-3 y <421334>

Lucas 13:34, 35.
57:14-21 Gracia abundante. 14 Las repeticiones, tales como allanad,
allanad
, y más adelante, paz, paz son netamente características de los caps.
40—66 (cf. <234001>

Isaías 40:1; 52:1; 65:1); así también es representado
vividamente aquí el tema de Dios como Salvador. En el v. 14 él es el libertador
soberano. 15 La conjunción del Sublime y de los humildes nos prepara para

<401128>

Mateo 11:28; <430114>

Juan 1:14; 16 haciéndose eco de <010603>

Génesis 6:3, habla
de la paciencia de Dios; y 17, 18 exponen su franca decisión de reclamar a los
que no merecieron ni se comprometieron, resumido en la espléndida primera
línea del v. 18. 19 Ha cristalizado la oferta de gracia, que reaparecerá en

<490217>

Efesios 2:17 como el germen del evangelio de Pablo a los gentiles. 20, 21
Consecuentemente se revela la condición de los impíos, con más claridad que
en <234822>

Isaías 48:22, en términos de una salvación que rehusaron. Solamente su
decisión separa la paz, paz del v. 19 de la no hay paz del v. 21.
58:1-14 Gazmoñería y realidad. El llamado de Dios con voz de trompeta
(v. 1) a los formalistas está relacionado con la denuncia previa (<235701>

Isaías 57:1-

13) tanto como Romanos 2 lo está a Romanos 1, y su énfasis es en gran parte
el de los Evangelios y el de Santiago Negativamente (vv. 1-5) obsérvese la
conjunción de prácticas religiosas (vv. 2, 5) y la crueldad social (vv. 3b, 4) que
los piadosos de todas las generaciones parecieran no darle ninguna importancia
(cf. Mateo 23; <590401>

Santiago 4:1-3), pero que Dios encuentra nauseabunda (cf.
1:15). Positivamente (vv. 6-14), la redefinición del ayuno como reforma social
(v. 6) tierna preocupación (v. 7) y renuncia a darse el lujo de acusar con el
dedo (v. 9), es un anticipo de la forma en que nuestro Señor interpretó la
ley.

9 La promesa: Entonces invocarás... mira hacia atrás a las oraciones no
contestadas del v. 3 (cf. <590403>

Santiago 4:3, 8 ss.), y el inspirador desarrollo en

los vv. 9b-12 es una expresión del principio de <400702>

Mateo 7:2: “Con la medida

con que medís se os medirá.” 11 El hermoso símil del jardín de regadío
reaparece en <243112>

Jeremías 31:12. Toda la serie de metáforas de los vv. 10-12
recompensa el estudio de las mismas. 13, 14 Pero para evitar que se piense
que la filantropía lo es todo, estos versículos describen lo estricto de guardar el

sábado y el placer que da, según lo desea Dios. Si el ayuno es ocasión de
mostrar nuestro amor al vecino, el día de reposo debería expresar, antes que
nada, nuestro amor a Dios (si bien el pasaje anterior y la práctica de Jesús de
guardar el sábado no dejan lugar a dudas de que debe desbordar al hombre).
Significará un renunciamiento (v. 13a) y la autodisciplina de superar lo trivial (v.
13b). A la gente de este espíritu Dios puede darle sin temor grandes cosas (v.
14).
59:1-15a Mutua separación. Este pasaje es, en gran parte, la oscura
contraparte del cap. 58. Existe el mismo problema de las oraciones no
contestadas y una respuesta similar (vv. 1, 2). Pero mientras el cap. 58
describe la verdadera justicia y sus bendiciones, el cap. 59 describe el pecado
(vv. 3-8) y su anulación de todos los valores (vv. 9-15) (cf. v. 10 de cada
capítulo). El final es el caos, con la vida humana (en la expresión de Hobbes)
“solitaria, pobre, sucia, brutal y corta”.

2 Explica, en forma clásica, la aparente inactividad de Dios como consecuencia
de la separación; no desarrollada aquí en términos de su cambio repentino
(como en <230115>

Isaías 1:15) sino como el propio producto del pecado mismo. 3
ss.
La anarquía que se expande, pone los puntos sobre las íes; si esto es
pecado, ni siquiera la sociedad podrá sobrevivirlo, menos aun la comunión del
hombre con Dios. 5, 6 Los huevos de víboras y las telas de arañas hablan
con toda claridad, primero, de la ponzoñosa influencia de los impíos,
propagada justamente por los intentos de eliminarla (v. 5b; cf. los esfuerzos
para prohibir el arte obsceno) y, segundo, la inutilidad de confiar en sus
políticas o en sus promesas (v. 6) débiles como una telaraña.

7, 8 Pablo se inspiró en estos versículos en <450315>

Romanos 3:15-17 para
alcanzar el clímax de su exposición referente a la universalidad de nuestra culpa.
9 Con su por esto, nos revela las consecuencias progresivas de escoger la
maldad. 10 El andar palpando las paredes a plena luz es el juicio que los
contemporáneos de Jesús cortejaban (cf. <430319>

Juan 3:19) y sufrieron (cf.

<431235>

Juan 12:35-40). 14 Las cuatro figuras personificadas, con la verdad (es
decir la integridad) postrada que es siempre “la primera víctima” en tiempos
desordenados, pueden haber contribuido en algo a la figura retórica de

<661107>

Apocalipsis 11:7, 8. 15a Tal vez el toque más revelador es el hombre
decente convertido en víctima, único que marcha con el paso cambiado. Es un
desbaratarse peor que el de <300513>

Amós 5:13; es decir, no sólo se ha torcido la

justicia pública, sino también la opinión pública con ella.

59:15b-21 El libertador solitario (cf. 63:1-6)

La intervención divina es el único puente posible tendido entre la vergüenza de
Sion, recién descrita, y las glorias que habrán de venir (ver comentario a la
introducción de la sección <235601>

Isaías 56:1—66:24).

16, 17 La preocupación del Señor es mayor de lo que permiten ver algunas
versiones. Se asombró capta mucho mejor el sentido como en <236305>

Isaías 63:5.

Con esta indignación no compartida cf. la solitaria pesadumbre y enojo de
Jesús en <421941>

Lucas 19:41, 45. La armadura y la vestimenta del v. 17 reafirman
el tema del v. 16b; el Señor no cuenta con ayudas externas para luchar contra
el mal, solamente su diáfano e intenso rechazo del mismo. Justicia pareciera
tener una connotación de dinamismo tanto como de cruzada, y un mayor
significado estático de integridad (cf. sobre <234612>

Isaías 46:12, 13). De la misma

manera, la armadura de Dios aquí ilumina <490613>

Efesios 6:13-17: es lo que Dios

usa, no sólo lo que da.

Este celo es gobernado por estricta justicia. 18 Está erizado de palabras de
retribución: retribución... ira... furor... (cf. <451219>

Romanos 12:19); pero
despeja el camino para un reino de convertidos. 19, 21 El lugar de origen no
descalificará (v. 19) ni habilitará (v. 20) al hombre para la membresía; la prueba
es espiritual (vv. 19a, 20b; cf. <400810>

Mateo 8:10-12), y el pacto es, sin duda, el
nuevo pacto cuyos participantes no sólo “todos... me conocerán” (a Jehovah;

<243134>

Jeremías 31:34), sino que todos hablarán por él como una nación de

profetas (cf. <041129>

Números 11:29; <290228>

Joel 2:28).

60:1—62:12 La gloria de Sion

Estos resplandecientes y regocijados capítulos describen las bendiciones que
trascienden el antiguo orden y aun, en ciertos pasajes, las de la misma era
cristiana; pero el lenguaje es el de las ordenanzas del AT y de la Jerusalén lit.:
requerirá que se traduzca en términos de la “Jerusalén de arriba” (cf. <235401>

Isaías

54:1 ss.; <480426>

Gálatas 4:26). También Apocalipsis 21 se nutre libremente del
cap. 60 para pintar su cuadro de la radiante ciudad del cielo; y la interpretación
de esa visión (en la cual es posible más de un punto de vista) debe afectar a la
de la actual profecía. El punto de vista que aquí se sustenta es que el retorno a
Jerusalén de los israelitas dispersos sirve de modelo a un movimiento mucho
mayor, la inclusión universal de los convertidos a la iglesia, y que la visión mira
repetidamente más allá de esto, al final, al estado de última gloria.

60:1-9 La estrella de las naciones. Los tu, los ti y los tus de este capítulo
son femeninos y singulares, y se refieren a Sion, la ciudad madre (ver sobre

<234914>

Isaías 49:14-23; 51:17-23; 54:1-10), cuyos hijos... e hijas (v. 4)
pertenecen a todas las nacionalidades, no sólo a la dispersión israelita (cf.

<198703>

Salmo 87:3-6; <480426>

Gálatas 4:26). De modo que las naciones (v. 3) y los
de las costas (v. 9) son más que meros transportistas de este movimiento hacia
la tierra natal: ellos son, en gran medida, parte componente de los que buscan
tu (de Sion) luz (v. 3) y esperarán expectantes al Señor (v. 9) dirigiéndose a
su hogar como palomas hacia sus palomares (v. 8). Ver también sobre los
vv. 10-16. El oro e incienso (v. 6) recuerdan al lector cristiano de los
precursores de esta migración en Mateo 2, cuyo homenaje, sin embargo, fue
peligroso y cuyos dones incluían la mirra enigmática (cf. <401523>

Mateo 15:23;

<431939>

Juan 19:39), indicadores de la lucha que aún quedaba por delante.

Sobre el escenario y el simbolismo de, especialmente, los vv. 6-9 (de los cuales
el v. 7 es crucial para entender el capítulo) ver los comentarios a la introducción
de la sección <236001>

Isaías 60:1—62:12 anteriores. Los términos sacerdotales del
v. 7 excluyen una interpretación puramente lit. de la profecía, desde el momento
en que el NT insiste en que no puede haber un retorno al culto basado en
sacrificios de carnero... altar... y templo, los cuales eran solamente “la sombra
de los bienes venideros” (<581001>

Hebreos 10:1; cf. <581310>

Hebreos 13:10-16;

<430421>

Juan 4:21-26). Sobre Tarsis ver sobre <230601>

Isaías 6:16.
60:10-16 Los deleites de la conquista. Los gentiles de este pasaje no son
convertidos sino vasallos, no ganados a la causa sino conquistados. La
Escritura siempre contempla muchos de los tales (cf. <421927>

Lucas 19:27;
Apocalipsis 27:7-9). En metáforas sobre las victorias y sus frutos —trabajo de
extranjeros (v. 10), inmunidad de todo ataque (v. 11a; cf. <662125>

Apocalipsis
21:25, 26), tributo exótico (v. 11b), y otras cosas semejantes— Dios promete
el triunfo de su reino y la perpetua (v. 15) felicidad de su pueblo. El aparente
imperialismo del pasaje no hace otra cosa que expresar la sobria verdad de que
rechazar el dominio de Dios constituye siempre un acto de suicidio (v. 12), y de
que los mansos heredarán la tierra.
60:17-22 El pleno resplandor de gloria. El oro en lugar del bronce es un
cambio divino característico (cf. <236103>

Isaías 61:3, 7), al mostrar el contraste de
la declinación y devaluación humanas (cf. las sustituciones de <111426>

1 Reyes

14:26-28 y la conmovedora tristeza de <250401>

Lamentaciones 4:1, 2). El pasaje
está tan repleto de estas nuevas glorias que no cabe otra interpretación sino que

describe la perfección final, donde en un pueblo... todos... justos no serán
necesarios los administradores ni recaudadores sino la compulsión de la
justicia y la concordia (v. 17b), y ninguna defensa sino la Salvación que es
inseparable de Dios (cf. <235917>

Isaías 59:17), y la Alabanza que es la confianza
hecha perfección. El centro vital de esta gloria, es decir, la inmediata presencia
de Dios está revelado en los dos versículos de en medio, 19 y 20. Los pasajes
de <662123>

Apocalipsis 21:23; 22:5, confirman que esta visión excede no solamente
los límites del AT sino también los de la era cristiana, expresando en términos
humanos (cf. v. 22) la nueva creación de la cual hablará nuevamente <236517>

Isaías

65:17-25.
61:1-4 El cántico del ungido de Jehovah. Si bien la expresión “el siervo de
Jehovah” está ausente de esta canción (como también lo está de <235004>

Isaías

50:4-9), pareciera artificial hacer de y me del v. 1 un nuevo orador. Nuestro
Señor vio su misión revelada tan claramente en este cántico como en los demás
(cf. <420417>

Lucas 4:17-21; 7:22); y podemos observar, en este investido del

Espíritu (cf. <231102>

Isaías 11:2; 42:1) y ungido, una combinación de términos que
se relacionan con el Siervo y con el Rey mesiánico.

La alegre tarea de aquí es una adecuada secuela del fatigoso trabajo de los
primeros cánticos (ver sobre <234201>

Isaías 42:1), el fruto se vislumbró en

<235310>

Isaías 53:10-12. Nuestro Señor pudo citar este pasaje al comienzo de su
carrera porque ya había aceptado, en su bautismo y tentación, el papel de
Siervo sufriente, y con ello, la cruz. Estos son los “beneficios de su pasión”; sus
milagros hablaron el mismo idioma.

El escenario continúa siendo la cautividad, vistas primero desde Babilonia (v.
1b), y luego de la arruinada Jerusalén (v. 3). Para sus primeros destinatarios la
promesa sería tan lit. como la amenaza anterior de exilio (cf. 39:6); pero como
cumplida por Jesús (cf. <420421>

Lucas 4:21) inauguró las bendiciones proclamadas
en las bienaventuranzas y en otros lugares a los oprimidos, y particularmente a
los que están de duelo (cf. tal vez <300606>

Amós 6:6). La libertad a los cautivos
habría de ser también espiritual, como tuvo que aprenderlo Juan el Bautista. (La
pregunta que formuló en <420719>

Lucas 7:19, ¿fue provocada por las esperanzas

que había depositado en el “manifiesto” de <420418>

Lucas 4:18?) Obsérvese el
elemento de lenta maduración y paciente reconstrucción, implícita en las
metáforas de los robles y de las ruinas antiguas.

Pero la notoria omisión de Jesús de las palabras el día de la venganza... (cf.

<420419>

Lucas 4:19, 20) señala tácitamente a una última etapa no alcanzada aún (cf.

<402531>

Mateo 25:31-46; <441731>

Hechos 17:31; <530106>

2 Tesalonicenses 1:6-8). En sus
distintos contextos se ve la profecía en su pimpollo, la flor y, por inferencia, en
la fruta ya madura. Para mayores detalles ver sobre 63:4.
61:5-9 La amplia compensación. Algunos piensan que este pasaje cabe
dentro del generoso espíritu misionero de, p. ej. 19:24, 25; 45:22; 66:18-21,
como si relegara a los gentiles a un perpetuo servilismo. Esto es confundir
metáfora con hechos. Bajo la figura de un Israel sacerdotal, servido por
extranjeros (vv. 5, 6) y enriquecido por sus anteriores depredadores (vv. 7, 8),
la realidad es el pueblo de Dios (cuya posición no es nacional: cf. <600217>

1 Pedro

2:17; <660709>

Apocalipsis 7:9), vindicados y disfrutando de toda su herencia como

reyes y sacerdotes (cf. <600209>

1 Pedro 2:9; <660106>

Apocalipsis 1:6), mientras que el
orgullo del hombre es humillado y es aherrojado su poder. En cuanto a los
gentiles, vistos como derrotados, ver sobre <236010>

Isaías 60:10-16; en cuanto a

los gentiles convertidos ver sobre <231916>

Isaías 19:16-24; 60:1-9. 7 Con respecto
a la promesa de que tendrán doble porción, cf. posiblemente 40:2.
61:10, 11 El cántico de los justificados. Para esta exclamación de gozo cf.

<231201>

Isaías 12:1-6, y las canciones de los caps. 24—27. Obsérvense las dos
metáforas que traducen la justicia: primero, como manto, del cual el mejor
comentario es “el mejor vestido” de <421522>

Lucas 15:22, festivo y totalmente
inmerecido; segundo, como brotes de planta de vida, producto de lo que hace
germinar las semillas,
cuya vitalidad inherente se manifiesta en crecimiento y
forma. La primera describe la justicia tal como es conferida desde afuera (cf.

<450322>

Romanos 3:22); la segunda brota del interior (cf. <450810>

Romanos 8:10);
ambas hacen de ellas un don de Dios. Sobre los matices de su significado, cf.
sobre <234612>

Isaías 46:12, 13.
62:1-5 La hermosura nupcial de Sion. Este es otro poema en las series
(comenzando en 49:14 y terminando en <236607>

Isaías 66:7-16) que describe a
Sion como a una mujer que añora a su esposo y a su familia. Pero aquí el
acento está puesto según la perspectiva de Dios sobre la reunión: la energía de
su voluntad (v. 1a), la altura (v. 1b) y la anchura (v. 2) de su ambición por ella;
su orgullo en perfeccionarla (v. 3), su gozo en traer de vuelta al hogar a los
desterrados (v. 4a); y el misterio central, que no es filantropía sino ardiente
amor (vv. 4b, 5b).

4 De los cuatro nombres que aparecen en este versículo, los dos últimos han
pasado a integrar (y también fuera de él) el vocabulario cristiano como Jefsibá
y Beulá (ver nota de la RVA); su mención juntas ilustra el contraste entre la fe

bíblica y los cultos cananeos. La metáfora de Dios como esposo señala a la
fidelidad (cf. sobre <235001>

Isaías 50:1) y deleite, mientras Baal como esposo era

poco más que una fuente de fertilidad (cf. <280212>

Oseas 2:12, 13). 5 Los hijos de
Sion pueden hacer que la metáfora suene mal en nuestros oídos, pero llevan la
intención de enriquecerla recordándonos que los piadosos están desposados
con la ciudad madre al par que engendrados por ella, cuya restauración
significará la delicia, tanto de ellos, como de Dios.
62:6-12 Acelerando el gran día. El gran regreso a la patria es visto tanto
desde el centro como desde la periferia: desde la expectante Jerusalén (vv. 6-9,
11b. 12) y desde los más alejados confines de la tierra (vv. 10, 11a). Cada uno
provee un cuadro de los apropiados preparativos humanos para el momento
decisivo de Dios. 6-8 Primero Dios da a ciertos hombres preocupación por
Sion como la suya propia (cf. 6b, 7a con la), llamando a estos guardias (cf.

<235609>

Isaías 56:9-12) y recordadores (ver sobre <236307>

Isaías 63:7) a oraciones

importunas (cf. <421108>

Lucas 11:8; 18:7), que estimula con promesas explícitas
(vv. 7, 8). 10 Luego llama a los que padecen esclavitud a que reclamen su
libertad, y a que sirvan como guías de distantes pueblos de los cuales y con los
cuales traería a los ciudadanos de Sion al hogar. Sobre la identidad de estos
últimos, ver sobre <236001>

Isaías 60:1-9. 12 Obsérvese, finalmente, el cuádruple
título de esta comunidad rescatada (cf. el nuevo nombre prometido en el v. 2);
un clímax triunfal para este grupo de capítulos y todavía una promesa para la
iglesia de Dios cuando es perseguida.

63:1-6 El vengador solitario

Este es el trozo compañero de <235915>

Isaías 59:15b-21 (cf. v. 5 con <235916>

Isaías

59:16). Al par que ambos tratan del juicio y de la consiguiente salvación, este
poema, con su dramático diálogo (cf. <192407>

Salmo 24:7-10) pone de relieve el
día de la venganza (v. 4), tema que se mezclaba en 61:2 con el de la
restauración. Las dos actividades están relacionadas casualmente, como la
victoria (con su derramamiento de sangre) con la liberación (con su gozo y
paz). El NT suscribe la secuencia, al elaborar este poema en <661911>

Apocalipsis

19:11-16, donde Jesús es el guerrero. Pero en ambos Testamentos Dios
primero ha ofrecido un lugar donde refugiarse de su juicio (cf. <232705>

Isaías 27:5).

1, 2 Edom y su ciudad Bosra ya tipificaron al mundo impenitente en <233406>

Isaías

34:6. Hay un juego de palabras con el nombre de Edom (“rojo”) e
indirectamente con Bosra, palabra similar a “vendimiador”. Soy yo, que hablo
en justicia
(v. 1) se refiere al indefectible cumplimiento de lo que Dios anuncia

(cf. <234523>

Isaías 45:23; 55:11). Obsérvese grande para salvar. Este es de
interés dominante, aun en este pasaje que trata de juicio. 3 La frase he pisado
el lagar yo solo
puede recordarles a los cristianos del Calvario, pero su
significado (cf. <661915>

Apocalipsis 19:15) es que Dios se interesa al máximo y
tiene el suficiente poder para llevar a cabo su obra de juicio.

63:7—64:12 Las necesidades urgentes de Sion

Las glorias de los caps. 60—62 y la visión de una acción decisiva en <236301>

Isaías

63:1-6 incitan al profeta a una de las más elocuentes intercesiones de la Biblia,
al pasar revista a la anterior bondad de Dios y a los actuales aprietos de su
pueblo.
63:7-14 Las anteriores misericordias de Dios. 7 Isaías desempeña el
oficio de un “recordador” (cf. <236206>

Isaías 62:6); su decisión de recordaré
significa, “traeré a memoria”. 8 En la metáfora de las esperanzas que un padre
tiene para sus hijos, retoma el tema inicial del libro (<230101>

Isaías 1:1, 2), y en el v.

9 cita libremente del libro del Exodo (cf. a su vez <020307>

Exodo 3:7; <233314>

Isaías

33:14; 19:4). 10-14 Los términos utilizados guardan una estrecha relación con
los del Salmo 78: p. ej.: Se rebelaron y entristecieron (cf. <197840>

Salmo 78:40);

y el símil de guiar a los animales a sitios de pastoreo en los vv. 13, 14 (cf.

<197852>

Salmo 78:52, 53). Pero utiliza los términos con una nueva intensidad (cf. v.
9a), y con un nuevo énfasis en el Espíritu Santo como Señor en medio de su
pueblo (vv. 10, 11. 14). La referencia de los vv. 10-14 es a la rebelión de
Israel luego de la experiencia del desierto, por la cual fueron castigados pero no
desechados. Por amor a sus anteriores misericordias, el Señor continuó
guiándolos (cf. vv. 13b, 14 con el <197872>

Salmo 78:72, donde David continúa la

obra de Moisés).
63:15—64:12 La familia olvidada de Dios. La apelación repetida tres
veces, tú... eres nuestro Padre (<236316>

Isaías 63:16; 64:8), le da a esta oración
su especial intensidad, a medida que el sentimiento de rechazo lucha con el de
aceptación.

Los síntomas del rechazo o alejamiento son en parte exteriores, con el enemigo
pisoteando todo lo que era santo (<236318>

Isaías 63:18; 64:10, 11), pero más

graves son los síntomas internos: la dureza espiritual de <236317>

Isaías 63:17, los

estragos del pecado según la descripción de <236405>

Isaías 64:5b, 6 (un brillante
retrato de su poder para aprisionar, depravar y desintegrar), y una general

indiferencia (<236407>

Isaías 64:7) que hace que la condición sea humanamente

incurable.

En todo esto se ve el juicio de Dios, quien ha retenido su intervención
(<236315>

Isaías 63:15b), endurecido sus corazones (<236316>

Isaías 63:16; cf. 6:10) y

los ha entregado (heb. “derretir”) al poder (o por medio de) de... sus
iniquidades (<236407>

Isaías 64:7). La última de estas frases deja aclarado que no
es Dios el responsable por esta desgraciada situación espiritual: nace del propio
coqueteo de los hombres con el pecado.

Por el otro lado existe la constancia del Padre a la cual se puede recurrir (ver el
comentario de apertura del capítulo); es más tenaz que la fidelidad humana (cf.

<236316>

Isaías 63:16 con 49:15; <192710>

Salmo 27:10), y más permanente (desde la

eternidad, <236316>

Isaías 63:16b). Además queda probada por su poderosa
intervención en favor de aquel que en él espera (<236404>

Isaías 64:4; cf. 8:17;
30:18) ¿y por qué no habrían de repetirse (64:1-5a)? (El NT señala de qué
manera inimaginable trascenderían: cf. <460209>

1 Corintios 2:9, 10.) Por sobre
todas las cosas al Padre se le apela como el alfarero (64:8) que todo lo sabe y
que todo lo controla. Esta sumisa confianza es un espíritu muy distinto al de

<234509>

Isaías 45:9, 10; hace de la oración, que resueltamente comenzó con una

alabanza (<236307>

Isaías 63:7), un modelo para todos los que tienen que suplicar

desde lo más profundo.

Pero termina con una pregunta. La respuesta de Dios revelará cuánto o cuán
poco la contrición del profeta ha hecho mella en el corazón de su pueblo.

65:1—66:24 La gran divisoria

Lejos de terminar con un resplandor general, estos capítulos agudizan sin
piedad el contraste entre la luz y la oscuridad, y anulan toda idea de privilegio.
Es el final de una búsqueda como aquella de Apocalipsis y las parábolas del
juicio, llevando hasta sus últimas consecuencias las implicaciones de la visión
inaugural de Isaías (cap. 6).
65:1-16 Los propios y los repudiados. 1, 2 El heb., tal cual es, coincide
con <451020>

Romanos 10:20, 21 al referirse en el v. 1 a los gentiles y en el v. 2 a
Israel. Aunque la frase una nación que no invocaba mi nombre (v. 1) puede
reclamar apoyo antiguo, el texto heb. no alterado se traduce así: “Una nación
no llamada por mi nombre”, apuntando claramente a los gentiles, más bien
como la respuesta de Dios al desdén de Israel (<236319>

Isaías 63:19), que como un

mero eco de <236407>

Isaías 64:7.

De ahí que los gentiles han de ser incorporados y rechazado el judaísmo
apóstata (vv. 1-7); pero los vv. 8-10 reafirman la promesa de un “remanente”
de israelitas piadosos (ver sobre <231020>

Isaías 10:20-23). La línea divisoria de
Dios no corre entre los judíos y gentiles como tales, sino entre los que “buscan”
y “los que olvidan” (vv. 10c, 11a), que son respectivamente los benditos y los
malditos de los vv. 13-16.

3-7 Con respecto a los ritos prohibidos, cf. <235703>

Isaías 57:3-10. Las
desviaciones anteriores fueron predominantemente licenciosas; las de la
actualidad son provocadoras, echando a un lado los altares de Dios (vv. 3b,
7b; cf. <051202>

Deuteronomio 12:2-7), incursionando en la necromancia (v. 4a; cf.

<051811>

Deuteronomio 18:11), comiendo carne prohibida en abierto desafío (v. 4b;

cf. 66:17; <051403>

Deuteronomio 14:3, 8), y atribuyéndose, a partir de estas
perversiones, una “santidad” mágica, poderosa como un hechizo (v. 5a; lit.
“porque yo soy santo para contigo”) porque soy más santo que tú. Para el
colmo del insulto, ver el v. 11.

8 El símil de las uvas buenas de un pobre racimo, relaciona el tema del
“remanente” con el de la viña arruinada del cap. 5, utilizando tal vez, como
argumento, las estrofas iniciales de una canción de vendimia, desde que las
palabras no lo destruyas parecieran ser el nombre de una tonada en los títulos
de los Salmo 57—59. 10 En cuanto al valle de Acor, con su turbulento
pasado y futuras esperanzas, ver <060726>

Josué 7:26; <280215>

Oseas 2:15. 11, 12
Fortuna y Destino, Gad y Mení, eran adorados en Siria y otros lugares.
Nótese el juego de palabras en los vv. 11, 12, Os destinaré... con la mesa y el
vino, cf. <461002>

1 Corintios 10:21, 22, donde la pregunta de Pablo:
“¿Provocaremos a celos al Señor?” (cf. nuestro v. 3) podría indicar que el
Apóstol tenía en mente este pasaje.

13, 16 Aquí el ritmo inicial es el de una endecha o una canción de burla (cf.
14:3-23) y los agudos contrastes anticipan el de los Evangelios (cf. <402531>

Mateo

25:31-46; <420620>

Lucas 6:20-26; <430336>

Juan 3:36). El nombre, el Dios de la
verdad,
es lit. el Dios del “amén”, es decir, lo que es seguro y fiel; cf. la
expresión utilizada por nuestro Señor (“de cierto, de cierto”) y su título en

<660314>

Apocalipsis 3:14 (ver también <470101>

2 Corintios 1:18-20).
65:17-25 Cielos nuevos y tierra nueva. Lo nuevo es representado
íntegramente en los términos de lo viejo, pero sin las angustias pasadas; no se
hace ningún intento de describir algún otro tipo de novedad. De ahí la familiar
puesta en escena, Jerusalén, y la modesta satisfacción, principalmente la

oportunidad de disfrutar de la obra de sus manos (v. 22). Esto permite que
aparezcan en relieve las cosas más importantes del pasaje: la curación de viejos
males (v. 17b); gozo (vv. 18, 19); vida (v. 20; ver más adelante); seguridad
(vv. 21-23a); comunión con Dios (vv. 23b, 24) y concordia entre sus criaturas
(v. 25).

Con respecto a cien años (v. 20) se quiere significar que en este nuevo
escenario un mero siglo es vergonzosamente breve, tan vasta es la escala.

Esto deja abierto el interrogante en el sentido de saber si el pasaje promete lit.
estas bendiciones, o describe el estado final por medio de analogías terrenales.
Si las condiciones fueran lit., serán las del milenio, como se lee directamente en
Apocalipsis 20, donde los santos resucitados parecieran coexistir con el mundo
de los vivos, antes del juicio final. Contra esto, sin embargo, tenemos la
secuencia según la cual la nueva creación (vv. 17, 18) precede a estas
bendiciones aquí, pero las sigue en <662101>

Apocalipsis 21:1. Por esta razón
pareciera preferible que tomemos a este pasaje como una analogía, y sus
alusiones al pecador (v. 20, ver nota de la RVA) y a la serpiente (v. 25) como
promesas de juicio y de victoria. No prosperarán más los malvados, ni los
fuertes harán presa de los más débiles, ni el tentador podrá escapar a su
sentencia (cf. v. 25: con <010314>

Génesis 3:14, 15), en el mundo perfecto por venir.
Pero todo está expresado libremente, en forma local y pictórica, para inflamar
la esperanza más que para satisfacer una curiosidad. Obsérvese, finalmente, la
inferencia por la alusión a <231106>

Isaías 11:6-9, que eso no ha de ocurrir lisa y
llanamente por un fíat creador, sino por obra del Rey mesiánico.
66:1-5 Adoradores bienvenidos y no bienvenidos. Esto no constituye una
protesta contra la reconstrucción del templo, como lo han sugerido algunos,
puesto que fue Dios quien lo ordenó (<370102>

Hageo 1:2-11). Más bien es un
reproche a la práctica eclesiástica estéril, el espíritu que habría de erigir muros
humanos alrededor de Dios (vv. 1, 2a; cf. <100706>

2 Samuel 7:6; <440748>

Hechos 7:48-
50, 54). 2b Obsérvese la actitud de pureza que Dios espera de nosotros, como
en <421813>

Lucas 18:13, desde el momento en que el hombre no sólo es pequeño
sino pecador. Ver, sin embargo, <235715>

Isaías 57:15.

La práctica eclesiástica estéril también engendra irrealidad (v. 3) e intolerancia
(v. 5). 3 El heb. tiene una secuencia lit. como la expresa la RVA: El que mata
un toro es como el que mata a un hombre.
Podría significar (según la
mayoría de las versiones) que un ritual que no pasa más allá de lo correcto, es
como una matanza inútil y una idolatría (cf. 1:13: <240721>

Jeremías 7:21, etc.), o

que en la actualidad coexiste con la brutalidad y el sacrilegio. La intolerancia del
v. 5 se tradujo, casi al pie de la letra, en <430924>

Juan 9:24, 34. Es una de las
primeras alusiones auténticas a las persecuciones religiosas y al odio teológico,
una de las manchas más vergonzosas de la iglesia.
66:6-17 La última intervención. Si bien los términos utilizados en esta
sección y en la siguiente, son aun términos del AT, con su templo (v. 6), carros
(v. 20), sus “lunas nuevas” (v. 23, BJ) y sábados (v. 23) se refieren claramente
al tiempo final. 7-9 Acentúan lo totalmente novedoso del evento que se mofa
del lento proceso de la historia; ¿Nacerá una nación en un instante? es el
equivalente de <461505>

1 Corintios 15:51, 52: “Seremos transformados... en un
abrir y cerrar de ojos.” El v. 9 da la última y triunfal respuesta al mensaje de
Ezequías a Isaías en 37:3.

10-14 La exuberante escena familiar de estos versículos que concluyen los
poemas de Sion como esposa y madre (ver sobre <234914>

Isaías 49:14-23), se

centraliza ahora en los hijos de Sion (cf. <480426>

Gálatas 4:26). Obsérvese que la
ciudad madre en realidad es la fuente secundaria, no primaria, de su riqueza y
bienestar: todo es del Señor, aun el amor de una madre (v. 13), si bien utiliza a
la comunidad redimida para dispensar sus dones. Las últimas dos líneas de
estos versículos se refieren al dónde y al cuándo de esta ayuda: Os consolaré...
en Jerusalén seréis consolados.
Se unen aquí la directa comunión con Dios y
el pleno compromiso con su iglesia. En <431622>

Juan 16:22 Jesús le dio al v. 14 una

fuerte referencia personal.

15, 16 El fuego y la espada son los aspectos duros de toda intervención divina
(cf. <401034>

Mateo 10:34) pero ésta es la última (cf. v. 24; <530107>

2 Tesalonicenses
1:7-10). Si bien se refiere a todo mortal, los objetos taxativos de la ira son los
apóstatas del v. 17 (cf. <236503>

Isaías 65:3-7; <031107>

Levítico 11:7, 29), que
conocieron la luz y la despreciaron. 17 Uno que está en el centro, se refiere
tal vez al líder en un rito mágico religioso: cf. Jazanías “entre ellos” en

<260811>

Ezequiel 8:11.
66:18-24 Las naciones reunidas. Partiendo desde un punto de vista
milenarista, la venida del Señor será seguida por la evangelización de todo el
mundo, el pleno retorno de Israel, y el establecimiento de una Jerusalén como
capital de mundo y centro de peregrinación. Como alternativa, esta sección
final puede considerarse como un epílogo que abarca la primera y segunda
venidas de Cristo. El v. 18 anuncia el propósito de Dios para con el mundo, y
los vv. 19-21 los medios mediante los cuales los pondrá en ejecución: la señal

(Cristo crucificado y resucitado; <401238>

Mateo 12:38-40?); los sobrevivientes o
remanente salvado, enviados a las naciones (v. 19); y la reunión de su pueblo
en su Jerusalén (v. 20), y los gentiles admitidos en plena comunión con los
judíos (v. 21). Desde este punto de vista Jerusalén no es lit. una ciudad (cf.
nuevamente <480425>

Gálatas 4:25, 26). Los vv. 22-24 describirían (siempre en
términos del AT) los estados de gloria y perdición finales.

En mayor detalle: en 19 los nombres representan las lejanas avanzadas del
mundo de Israel. 20, 21 Por lo tanto, desde las partes más remotas de la tierra,
los dispersos de Israel serán traídos a Jerusalén por los gentiles como un
homenaje. Hay un doble significado en este término, que se refiere a la ofrenda
vegetal de Levítico 2, etc., pero que también significa el tributo que el vasallo
debe pagar a su señor. Pero también estos gentiles serán aceptables: no
solamente como vasijas limpias dignas de comulgar con los israelitas, sino
también como sacerdotes y levitas. (Gramaticalmente de entre ellos podría
referirse a los israelitas que retornaron, pero el anticlímax es improbable.) Pablo
emplea una notable variante de este simbolismo en Romanos 15: 15, 16.

22 Para los cielos nuevos, etc., cf. <236517>

Isaías 65:17. 23 De mes en mes y de

sábado en sábado no atañen a los cristianos (cf. <510216>

Colosenses 2:16), y no
es plausible suponer que estas “sombras” han de ser restablecidas: Prefiguran
aquí, por su sustancia, la gozosa dedicación de toda vida al Creador.

23 Cf. <271212>

Daniel 12:12b; <410948>

Marcos 9:48. En la sinagoga se repite la lectura
del v. 23 después de leerse el v. 24, para restarle dureza al final de la profecía.
Pero es un final verdadero. “Es evidente” (citando a G. A. Smith) “que ninguna
cosa puede resultar. Si los hombres sobre cuyos oídos había caído la gran
profecía, con toda su música y todo su evangelio... se empecinaran en preferir a
sus ídolos, su carne de cerdo... su sentarse sobre las tumbas, que a un Dios tan
evidente y a una gracia tan grande.”

“¡Buscad al Señor mientras puede ser hallado!” (<235506>

Isaías 55:6).

Derek Kidner

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