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Comentario Biblico, Antiguo y Nuevo Testamento

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Esto es de gran ayuda permitiendo más claridad a pasajes en la escritura.
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BOSQUEJO DEL CONTENIDO

<140101>

2 Crónicas 1:1—9:31 Salomón

1:1—2:18 Se establece a Salomón
3:1—5:14 La construcción del templo
6:1—7:22 La ceremonia de dedicación
8:1—9:31 El esplendor de Salomón

<141001>

2 Crónicas 10:1—36:23 Los reyes

10:1—12:16 Roboam
13:1—14:1 Abías
14:2—16:14 Asa
17:1—21:1 Josafat
21:2-20 Joram
22:1-9 Ocozías
22:10—23:21 Atalía
24:1-27 Joás
25:1-28 Amasías
26:1-23 Uzías
27:1-9 Jotam
28:1-27 Acaz
29:1—32:33 Ezequías
33:1-20 Manasés
33:21-25 Amón
34:1—35:27 Josías
36:1-23 Los últimos reyes

COMMENTARIO

2 CRON. 1:1—9:31 SALOMON

David fue célebre por ser el rey de Israel más importante, y su reinado fue la
edad de oro de Israel. Crónicas recalca esto (1 Crónicas 10—29). Así que
ahora que desaparece el gran rey y su hijo Salomón lo sucede, lo que sigue es

de interés especial para el pueblo de Dios que no ha tenido el privilegio de vivir
bajo su gobierno.

Debemos prestar atención a dos cosas en particular en 2 Crónicas 1—9.
Cuando los dos reinados se parecen el uno al otro, puede ser que veamos
principios que David impuso y que Salomón, y todos los que cuidarán del
pueblo de Dios, deben obedecer. Cuando difieren, esto no es la culpa de
Salomón (el cronista omite tales cosas), sino que se debe a que los éxitos de
David estaban incompletos. El hijo hace lo que el padre no hizo, y es la otra
parte, por así decir, del rey ideal según Dios. La edad de oro comprende los
dos reinados juntos. Sobre todo, esto significa la construcción del templo, que
se prohibió a David construirlo por ser hombre de guerra, pero ordenado a
Salomón el hombre de paz.

1:1—2:18 Se establece a Salomón

Dios obra por medio de Salomón como lo hizo por medio de David (<140101>

2

Crónicas 1:1). Los dos reinos se combinan para formar un modelo de cómo
Dios gobierna a su pueblo. “Hombre de reposo”, sin embargo, no quiere
indicar que la fe de Salomón es pasiva, o sea, que asume que Dios hará todo;
por lo contrario, estos primeros capítulos lo muestran muy activo en sus
relaciones con Dios, con su pueblo y con las naciones vecinas, y sumamente en
su entusiasmo por el proyecto del templo.
1:1-6 Salomón busca a Jehovah. Desde el principio el cronista señala que a
Salomón se le debe considerar un personaje modelo junto a David: todo lo
desagradable que ocurrió al establecerse Salomón (1 Reyes 2) se omite (1).
Todo Israel (2) acudirá al lado del nuevo rey como lo hizo con el antiguo (1
Crónicas 11—12). Junto al Salomón que ilustrará la soberanía de Dios sobre
su pueblo está el Salomón que busca a Jehovah (5), tal como lo haría cualquier
creyente. Como en el caso de David, el arca que representa la gracia divina y el
altar que representa la respuesta humana están en dos lugares distintos (<131501>

1
Crónicas 15:1-3; 16:37-40), y el cronista intencionalmente menciona sólo los
sacrificios del altar que Salomón ofreció (contrástelo con <110315>

1 Reyes 3:15).

También nos recuerda que el tabernáculo y el altar en cuestión eran los que
Bezaleel había hecho en el tiempo de Moisés; Salomón los sustituirá a ambos
(ver <140401>

2 Crónicas 4:1-11a).
1:7-13 Salomón pide una bendición. En la visión de Salomón el modelo
gracia-fe está claro. Salomón responde idealmente en su oración a la oferta de

Dios en la cual tiene en cuenta la naturaleza de Dios (lo que ha hecho, lo que ha
dicho que hará, y lo que sólo Dios puede dar, vv. 8-10), la propia incapacidad
de Salomón y la necesidad de su pueblo. La respuesta de Dios (11, 12)
anticipa las palabras de Jesús en <400633>

Mateo 6:33: que debemos buscar el reino

de Dios y su justicia.
1:14-17 Salomón prospera en el mundo. La noticia de las relaciones
diplomáticas y comerciales de Salomón con otras naciones aparece cerca del
fin de su reino en Rey. (<111026>

1 Reyes 10:26-29); se ha puesto cerca del
principio aquí como un elemento del establecimiento de su poderío, antes de
que comenzara su obra principal, el templo. También establece el carácter de
su reino como uno de “descanso”, en el cual las hostilidades han sido sustituidas
por comercio, y la guerra por la paz. Estos contrastes con el reinado de David
ayudan a poner a Salomón junto a su padre formando las dos partes del rey
ideal.
2:1-18 Salomón se prepara para edificar el templo. Se tiene en vista la
edificación de un templo y un palacio, pero al omitir los detalles del palacio
(<110701>

1 Reyes 7:1-12) el cronista se fija en el templo. Crónicas también omite

<110503>

1 Reyes 5:3-5, dado que ya dio las razones por las que David no pudo
edificar el templo (1 Crónicas 17; 22:7-10; 28:2, 3).

En medio de los dos anuncios sobre la mano de obra que Salomón utilizó se
encuentran las dos cartas que se mandaron él e Hiram, rey de Tiro. La obra en
la que se le pide a Hiram que ayude es algo nuevo, y en la escala más grande
posible; pero para lo que será no es nada nuevo; a saber, la antigua religión de
Israel. Las observancias antiguas están presentes (4; ver <023007>

Exodo 30:7, 8;

40:23; Números 28—29), los mismos materiales que antes (7; ver <023535>

Exodo

35:35), y hasta una contraparte del supervisor original: el artesano Oholiab (13,
14; ver <023534>

Exodo 35:34). (Los detalles, por ej. en los vv. 10, 14, 18, difieren

de los paralelos en <110511>

1 Reyes 5:11, 13; 7:14; parece que de vez en cuando el
cronista usa diferentes fuentes. Si Salomón usó mano de obra israelita o no, ver
sobre <110513>

1 Reyes 5:13-18.)

Es otra de las características del cronista el darnos las palabras de Hiram en los
vv. 11, 12: tal como las de la reina de Saba en <140908>

2 Crónicas 9:8, muestran al

mundo de afuera reconociendo que la presencia y la bendición de Dios
descansan en Israel cuando el escogido rey de Dios gobierna.

3:1—5:14 La construcción del templo

Según Crónicas, es por la obra del templo (en lugar de las otras cosas que Rey.
cuenta acerca de él) que la posteridad recordará a Salomón. Ya que todo lo
que hizo se encuentra abreviado en Crónicas, la construcción del templo está
reducida comparada con la descripción más detallada en 1 Reyes 6—7,
porque el cronista, como siempre, asume que sus lectores ya saben eso. La
meta de todo este proyecto es preparar un lugar digno de Dios para que su
pueblo conozca su gloria y presencia entre ellos. Pareciera como si toda esta
sección se dirigiera a <140513>

2 Crónicas 5:13, 14, y que esté diciendo: “Cuando
Salomón había terminado de hacer esto y esto y esto otro, entonces apareció la
gloria de Jehovah.”
3:1-17 El edificio. La ubicación (1) está llena de simbolismo. Allí David había
visto tanto la ira como la misericordia de Dios (<132116>

1 Crónicas 21:16), como

también Abraham mucho antes (<012214>

Génesis 22:14: “En el monte del Señor

será provisto”; <012202>

Génesis 22:2 es la otra vez en toda la Biblia que se
menciona Moriah). También allí, mucho después, Simeón tendría al bebé Jesús
en sus brazos y diría “mis ojos han visto tu salvación” (<420230>

Lucas 2:30).

El breve relato de la construcción del edificio en donde Dios iba a mostrar su
gloria (ver el último versículo de esta sección, 5:14) comienza naturalmente con
la entrada (4). Es posible que esta haya sido una torre, seis veces más alta que
ancha (así en la RVA), pero es más probable que las dos medidas eran
solamente “20”. El pórtico lleva al lugar santo, la sala mayor (5, 7), y de allí al
lugar santísimo (8) donde están los querubines (10-13). Se destaca la
cantidad y la calidad del adorno; Parvaim (6) es el nombre de un lugar ahora
desconocido, pero su oro obviamente era muy bien cotizado, como el oro
puro
y el oro de buena calidad de los vv. 4 y 5; 600 talentos (8) es una
cantidad enorme; los 50 siclos del v. 9 se deben referir a la cantidad de hojas
de oro necesarias para dorar las cabezas de los clavos (¡clavos realmente
hechos de oro no serían muy prácticos!). También hubo un velo entre el lugar
santo y el lugar santísimo en el tabernáculo (<022631>

Exodo 26:31-33); el edificio
de Salomón claramente sigue los mismos principios que el de Moisés; sin
embargo, los detalles son diferentes. Finalmente, afuera del edificio, se
mencionan las columnas independientes Jaquín y Boaz (15-17).
4:1-11a El mobiliario. Aquí también el énfasis se pone en los principios.
Tanto tabernáculo como templo tienen un velo en el lugar santo; ambas también

deben tener un altar (1). El antiguo era de 5 codos cuadrados y 3 de alto
(<023801>

Exodo 38:1, 2); el nuevo es de 20 codos cuadrados y 10 de alto.

Al salir del edificio lo primero que le llamaría la atención a uno sería el altar.
Después se fijaría en la fuente (2-5), que quedaba un poco al costado (10);
luego las diez pilas (6); luego, cuando uno se daba vuelta para mirar hacia el
lugar santo, notaría los diez candelabros (7) y las diez mesas (8). El tabernáculo
solo tenía una de cada una de estas cosas y el cronista en otras partes se refiere
a ellos de la misma manera (<141311>

2 Crónicas 13:11); de aquí la tradición judía
de que el templo contenía las diez nuevas y la original de cada una.
4:11b-22 Resumen de la obra. Este pasaje sigue a <110739>

1 Reyes 7:39-50 en
detalle. Incluye elementos que no se habían mencionado anteriormente, indica la
gran cantidad de bronce tanto como de oro que se utilizó (18), y llama la
atención sobre la cooperación entre Salomón y Hiram-abi. En un sentido los
dos fueron los que hicieron todos estos utensilios (18), de la misma manera
que Moisés y Bezaleel fueron igualmente responsables por la construcción del
tabernáculo (<023322>

Exodo 33:22, 23).
5:1-14 Todos vienen al templo. El éxito del proyecto es el resultado de la
obra de Salomón: Después que el templo ha sido terminado entonces se
mencionan las contribuciones de David (1). La iniciativa ha sido de Dios: La
característica central de este lugar de adoración es que el arca, ese símbolo de
la gracia, presencia y pacto de Dios, estará allí (2-10). La fecha para la
inauguración del templo cae adecuadamente en el séptimo mes (3), o sea, la
fiesta de los Tabernáculos, cuando todo ya ha sido cosechado y se alaba a
Dios por lo que ha provisto. La antigua tienda ahora se sube lit. al nuevo templo
(5), demostrando que ésta es la nueva personificación de los principios
originales. Y allí han quedado hasta el día de hoy (9) probablemente quiere
decir “de allí en adelante” (de hecho el arca había desaparecido antes de la
época del cronista), pero apropiadamente describe estos principios espirituales.
Hebreos 8—9 muestra la continua importancia en el NT.

Casi toda esta sección proviene de <110801>

1 Reyes 8:1-11, aunque los vv. 11-13
han sido añadidos, conectando estas ceremonias con las de David cuando él
trasladó el arca a Jerusalén en 1 Crónicas 15—16. La palabra todo ocurre
repetidamente: En el Israel ideal, todos serán unidos alrededor de estos
principios (3), y entre ellos se verá la gloria de Dios, como cuando ambos, el
templo (vv. 11-13) y el tabernáculo (<024034>

Exodo 40:34-35) fueron

completados.

6:1—7:22 La ceremonia de dedicación

Estos capítulos, igual que el cap. 5, siguen a 1 Reyes 8—9. Los
acontecimientos que describen le interesan al cronista aun más que el templo
como edificio. Dos terceras partes del relato de estos acontecimientos tienen
que ver con la oración y la respuesta a la oración. Desde un punto de vista
Salomón sigue los principios establecidos por David. El pueblo de Dios recibe
bendiciones cuando se une al soberano leal escogido por Dios (<140603>

2 Crónicas

6:3; <131602>

1 Crónicas 16:2). Pero también hace lo que David no pudo hacer,
porque mientras que David tuvo que batallar para establecer el reino, capturar
Jerusalén y trasladar el arca allí, la regla de Salomón se centra en la presencia
continua del arca es su hogar permanente.
6:1-11 La dedicación comienza. La obra de Salomón ha sido aprobada por
Dios evidentemente ya que la gloria divina ha llenado el templo (5:13, 14); la
noticia de esto (1, 2) lleva a la declaración preliminar de Salomón (4-11), que
sucesivamente lleva a su larga oración (14-42). La oscuridad del lugar
santísimo sin ventanas representa el hecho de que a Dios no se le puede ver (1;
ver <022021>

Exodo 20:21). De la misma manera, el arca, el símbolo de su presencia
en el templo (2, 11), muestra que aunque vive en los cielos Dios está siempre
disponible en la tierra para los que oran (14-42).

Salomón no tiene otra bendición que dar a su pueblo sino la proclamación de la
grandeza del Dios de Israel. Este es un Dios que cumple lo que promete, en
particular lo que prometió a David (4). Al elegir esta ciudad y a este rey, ha
hecho un pacto igual que el que hizo con Moisés en el período del éxodo (5, 6,
una cita rara; frecuentemente cuando uno espera que el cronista se refiera al
éxodo, no lo hace; para él ese pacto ha sido absorbido en éste, como el
tabernáculo en el templo). Dios planeó y cumplió la sucesión de David por
Salomón (7-10). Y no es sorprendente que el arca esté en el centro de esta
nueva edad, como estuvo en el tiempo de Moisés (11).
6:12-21 La oración de acceso. El comienzo de la oración de Salomón está
lleno del Dios incomparable (14). Aquí le repite a Dios muchas de las cosas
que la sección anterior dijo acerca de Dios, añade que Dios demanda
obediencia (16), y deja bien claro lo que Salomón entiende de cómo Dios
habita con los hombres sobre la tierra (18): A la figura de las manos y boca
de Dios (4, 15), ahora añade los ojos y los oídos que están siempre abiertos a
las oraciones de su pueblo (19-21). Esto explica por qué el propósito principal
del templo es tanto el alojamiento del arca (las promesas de gracia del pacto de

Dios, 11) como el quemar incienso (que simboliza la oración; compare vv. 18-
21 con 2:6).
6:22-42 La oración de intercesión. Esta oración trascendental la ofrece
Salomón con la sabiduría que Dios le otorgó, en nombre de todo el pueblo de
Dios y cubre una gama de situaciones muy amplias, reales y posibles. Como
casi todo lo que se encuentra en los caps. 6—7 ha sido tomado de 1 Reyes,
pero es especialmente adecuado para las generaciones posteriores como la del
cronista cuando las situaciones imaginarias se han vuelto realidad. Es una
oración acerca de la oración. Salomón ora para que Israel sea un pueblo que
no solo reciba bendiciones en forma pasiva, sino que ruegue activamente por
ellas. El templo y el arca recordarán a cada generación de la necesidad de tener
una experiencia personal de la presencia de Dios. Cada uno debe aprender a
orar hacia este lugar, no necesariamente en forma física, pero sí siempre con
el corazón y la mente enfocados en el significado de él.

Las siete situaciones detalladas se pueden definir de esta manera: La
administración de justicia (22, 23), derrota en la guerra (24, 25), sequía (26,
27), escasez por diferentes causas (28-31), el extranjero que busca a Dios (32,
33), la “cruzada” justa (34, 35) y el pecado que lleva al exilio (36-39). Varias
por supuesto son características de la geografía e historia de Israel, pero todas
tienen equivalentes para el pueblo de Dios en cualquier cultura, clima o edad.
7:1-10 La respuesta de fuego. Aunque la aparición de la gloria de Dios se
menciona a cada extremo de la oración de Salomón, no quiere decir que
apareció dos veces (tanto en el v. 1 como en el v. 3 se puede leer algo
parecido a “el fuego tanto como la gloria”), pero el v. 3 sí indica que ahora
estaba sobre el templo y dentro del templo, de modo que todos lo podían ver.
Confirmó que los planes y diseños de Salomón habían sido hechos como Dios
lo había querido. Pero el fuego simbolizaba más que eso. Lo que Dios
aprobaba ahora era el uso del templo por primera vez para lo que lo había
ordenado, o sea, para el encuentro entre Dios mismo y su pueblo por medio de
la oración de Salomón. Por lo tanto, ésta es una señal pública para que Israel la
experimente y la recuerde, distinta a la respuesta personal que Dios está por
dar a Salomón (12-22). En otros encuentros cruciales entre Dios e Israel el
fuego también descendió: En el tiempo de Moisés (<030924>

Levítico 9:24), de

David (en este mismo lugar, <132126>

1 Crónicas 21:26) y de Elías (<111838>

1 Reyes

18:38). Nuevamente David y su hijo están agrupados como colegas iguales en
el plan de Dios (10).

La “fiesta del mes séptimo” (5:3), que era la de los Tabernáculos,
aparentemente caía después de esta semana adicional de celebración por la
dedicación del templo (9).
7:11-22 La respuesta de revelación. A diferencia del fuego de Dios que
apareció en público y fue pasajero, la visión —o mejor dicho, la entrevista—
que Dios le dio a Salomón fue en privado pero muchos se han apropiado de
ella. Es una respuesta concisa y llena de significado a todo lo del cap. 6. El v.
12 confirma lo que Salomón dijo acerca del templo en <140601>

2 Crónicas 6:1-11.

Los vv. 13, 14 aceptan la oración de <140622>

2 Crónicas 6:22-42 con sus siete
partes (y dan por concedido que existe un pueblo al que se le llama con el
nombre de Dios y el que posee una tierra; lo cual lo convierte en un pasaje del
NT que no se debe aplicar desconsideradamente en nuestros días). Los vv. 15,
16 confirman que los ojos, los oídos y el nombre de Dios están ciertamente en
el templo (<140618>

2 Crónicas 6:18-21, 40). Los vv. 17, 18 confirman <140614>

2

Crónicas 6:14-17; está todo en singular y se refiere a Salomón, y aunque en
Rey. él pecó y su trono quedó desocupado, en el sentido de Crónicas, él
cumplió la voluntad de Dios, y a Israel nunca le ha faltado un soberano. Pero
los vv. 19-22, que prosiguen después del séptimo pedido de Salomón (<140636>

2

Crónicas 6:36-39), están en plural y se refieren a Israel, y aunque se pueda
discutir si Salomón desobedeció a Dios o no, ciertamente Israel sí lo hizo. Lo
que es más, el cronista y sus lectores han visto en la actualidad la amenaza de
perder la tierra y el templo (20) tanto como la restauración por la que se había
rogado a Dios (<140637>

2 Crónicas 6:37-39). Estos últimos versículos también son
el resumen de la regla fundamental de causa y efecto que desempeña un papel
tan importante en las enseñanzas del cronista: Si obedecen, prosperarán; si
desobedecen, sufrirán; si se arrepienten, se les perdonará.

8:1—9:31 El esplendor de Salomón

En la mayor parte esta sección se parece mucho a <110910>

1 Reyes 9:10—10:29.
Pero el cronista ignora 1 Reyes 11 porque las necedades y las hostilidades
hacia el final de la época de Salomón aminorarían la imagen del reino ideal.
Hizo lo mismo con David (ver comentario sobre <132921>

1 Crónicas 29:21-30); de
nuevo, padre e hijo son dos lados de la misma moneda. Se debe notar que
ninguno de ellos se representa a sí mismo como personas individuales sino que
ambos se ven en solidaridad con el pueblo de Israel el cual recibe la bendición
divina por medio de ellos (cf. <140710>

2 Crónicas 7:10).

8:1-10 El poderío de Salomón. Si se da por sentado que <110910>

1 Reyes 9:10-

14 (en donde Salomón le concede estas ciudades a Hiram) era conocido, y que
el cronista no se proponía arreglar y entender una versión dañada de Rey.
(como algunos sugieren), la explicación más sencilla de los vv. 1, 2 es que
describen a Hiram devolviendo las ciudades. Estaba claro en aquel pasaje que
no le gustaron, y en este que necesitaban ser renovadas.

Los versículos introducen una sección que va a mostrar el poderío de Salomón
para el beneficio de la nación. Los vv. 3, 4 incluyen la única campaña militar
registrada en nombre del “hombre de paz”, y muestran cómo se establecieron
las fronteras en el norte lejano (la construcción de un puerto en el mar Rojo, en
el sur lejano [vv. 17, 18], puede ser que sea la contraparte a esto, y ya se ha
insinuado el alcance del dominio de Salomón en 7:8). Los lugares mencionados
en vv. 4-6 dan evidencia de un país bien armado y defendido y bien provisto.
El uso de los cananeos que sobrevivieron como mano de obra revela en su
contraste la libertad y la independencia del israelita nato (7-10). ¡Bendito es el
pueblo de Dios bajo la soberanía de un rey tan poderoso!
8:11-16 La adoración de Salomón. Esta sección describe en más detalle
que <110925>

1 Reyes 9:25 toda la obra de Salomón para la casa de Jehovah
(16). Puede ser que ese versículo responda a 2:1, y de esa manera concluye la
parte principal (casi siete capítulos de largo) de la historia de Salomón, el que
edifica el templo. Se menciona a su reina egipcia aquí por causa del peligro que
correría al acercarse demasiado a la “santidad” del templo, porque “todo lo
conectado con el arca es santo” (en lugar de aquellas habitaciones donde ha
entrado el arca...,
v. 11); los riesgos de las cosas sagradas fueron ilustrados
en el tiempo de David por la historia de Uza (1 Crónicas 13). Crónicas no
especifica si la razón por la que estaba en peligro era porque era gentil, mujer o
sencillamente (como Uza) alguien no autorizado; lo que se destaca no tiene que
ver con ella sino con el templo. Aunque Salomón no era sacerdote, sin
embargo, se le permite hacer mucho con respecto al templo (12-15). Se remite
al mandamiento de Moisés (13) y a lo establecido por David (14), pero lo que
hace la mención de esos nombres augustos es que sus propios mandamientos
(15) sean considerados de la misma importancia. Todo lo que establece es con
la intención de ser un marco para la manera del pueblo de adorar a su Dios.
8:17—9:12 La fama de Salomón. Ezión-geber (<140817>

2 Crónicas 8:17) en

verdad indica el alcance del poderío de Salomón (ver sobre <140803>

2 Crónicas
8:3, 4), pero es también uno de los puntos de entrada para su gran tesoro (Ofir,

como Parvaim en <140306>

2 Crónicas 3:6, es desconocido, pero su oro era muy

famoso), y <140817>

2 Crónicas 8:17, 18 también nos recuerda de la importancia de
Salomón en los países de alrededor como Edom y Tiro. La visita de la reina de
Saba también pudo haber tenido motivos comerciales ya que la autoridad de
Salomón cruzaba las rutas de comercio de muchas de estas naciones. Pero la
razón indicada es su fama (<140901>

2 Crónicas 9:1), particularmente la fama de sus

cosas y su sabiduría (<140905>

2 Crónicas 9:5). Lo que se cuenta acerca de su
visita es el discurso espléndido que dio en alabanza a Salomón; no por su
propio bien, sino para la gloria de Jehovah quien lo ha hecho quien es, y para
felicitar al pueblo para beneficio del cual (una vez más) se le ha engrandecido
(<140908>

2 Crónicas 9:8). Nuevamente se menciona a Hiram porque sus siervos
están involucrados en la importación de cosas de valor a Israel (sándalo es una
variedad desconocida de madera, pero obviamente era de mucho valor), pero
otra razón es, sin lugar a duda, recordarnos que él había dicho algo similar a lo
que dijo la reina al principio de esta larga sección (<140211>

2 Crónicas 2:11).
9:13-28 Las riquezas de Salomón. El oro representaba la riqueza del reino
de Salomón. Una vez que se completó el templo, y que el palacio y la
residencia real estuvieron suficientemente recubiertos de oro (17-20), el resto
se utilizó en una exposición de escudos ornamentales para la Casa del Bosque
del Líbano
(15, 16). El cronista no dice todavía que todo este esplendor va a
durar no más que una generación (ver comentario sobre <141209>

2 Crónicas 12:9-

11), y tampoco dice qué clase de edificio era éste (ver <110701>

1 Reyes 7:1-12);
sólo le preocupa mencionar que el valor de la exposición era colosal. La gama
de cosas exóticas importadas que traía la flota mercantil israelita-tira (21) pone
los toques finales a este relato de la riqueza, sabiduría y poderío del gran rey
(22-28). No sabemos si el quinto artículo es pavos reales (RVA), o si barcos
de Tarsis
realmente iban a Tarsis (España) o sencillamente eran comerciantes
de largas distancias. Crónicas nos recuerda nuevamente, reanudando 1:15, que
la riqueza de Salomón enriquece también a su pueblo (27).
9:29-31 La muerte de Salomón. Los últimos versículos de la historia de
Salomón provienen de <111141>

1 Reyes 11:41-43, y hacen tres cosas. Van
directamente al final de ese capítulo, omitiendo la mayor parte de él (la historia
del declive moral de Salomón), de manera que termina su reinado en una nota
alta. Se refieren a otros relatos, no sólo para verificar la exactitud sino para dar
la autoridad adicional que merecen los escritos de los profetas. Y también unen
a Salomón una vez más con su padre, porque también se le concedió a David
esta clase de epitafio (<132929>

1 Crónicas 29:29).

10:1—36:23 LOS REYES

Apenas Salomón fue enterrado y ya el glorioso reino se derrumba. La división
sigue los límites tribales antiguos: Una frontera de este a oeste al norte de
Jerusalén deja hacia el sur a Judá y Benjamín, junto con Simeón (asimilado a
Judá ya hace mucho tiempo), y también por supuesto los de la tribu de Leví
que habitaban en esos territorios. Pero el pueblo interpretó la división como si
fuera la tribu de David en contra de las demás, de modo que la parte del sur se
llegó a conocer como “Judá” mientras que la mayoría se consideraban “Israel”
(<141016>

2 Crónicas 10:16).

Esto causa complicaciones en el uso del término “Israel” en el resto de
Crónicas En forma más amplia, se le usa en buen sentido para referirse al
pueblo de Dios, tanto del norte como del sur. En un sentido político es
solamente el reino del norte. Cuando se refiere a la gente, no es necesariamente
malo, porque siempre se encuentran verdaderos israelitas allí (<141113>

2 Crónicas

11:13-17; 28:9-25; 30:11; <111918>

1 Reyes 19:18), y hasta Jeroboam, el primer
rey del norte, cumple con la voluntad de Dios al rebelarse contra Roboam
(<141015>

2 Crónicas 10:15; 11:4). Pero sí es malo cuando significa, como es por lo
general el caso, que el sistema y los que están a cargo de él están determinados
a mantenerse independientes del trono de David y del templo de Salomón aun
cuando ya no tienen razón para serlo (<141308>

2 Crónicas 13:8-12), y todavía más
cuando reyes como Acab y su familia no sólo abandonan el ideal de
David/Salomón sino que introducen dioses extranjeros (<142317>

2 Crónicas 23:17;

1 Reyes 30-33).

Sin embargo, el cronista habla del norte sólo cuando su historia tiene algo que
ver con el sur, porque es de allí que seguirá la descendencia de David por los
próximos 300 años y por 20 reinados. Su objetivo va a ser el demostrar cómo
los sucesores de David y Salomón siguieron o ignoraron los ideales que ellos
establecieron y si resultó en bendición o castigo.

10:1—12:16 Roboam

La necedad de Roboam fue tan grande al principio de su reinado que Jehovah
dijo que el norte tenía razón en rebelarse contra él (<141015>

2 Crónicas 10:15;

11:4). En <111201>

1 Reyes 12:1-24 y 14:21-31 se presentan sólo sus puntos malos.
El cronista añade material de otras partes que indica que después del desastre
inicial vino un período de reinado exitoso, luego un segundo desastre seguido
por arrepentimiento y restauración. Por más que se casara con varios miembros

de la familia de David (<141118>

2 Crónicas 11:18-21), eso de por sí no pudo hacer
a Roboam un rey al estilo de David, y el libro de Rey. tiene razón al insinuar
que en general su reinado no fue un éxito. Pero el relato más imparcial del
cronista, aunque llega a la misma conclusión (<141214>

2 Crónicas 12:14), establece
un modelo para el resto del libro: El pecado trae problemas; arrepentirse trae
bendición.
10:1-19 El reino dividido. Siquem había sido un lugar de importancia política
y religiosa desde la antigüedad, y era un sitio apropiado y central para la
asamblea de todo Israel (1) para la coronación. El primer factor de tres que
ponen a Roboam muy incómodo (y para eso el lector se supone que conoce las
circunstancias de <111126>

1 Reyes 11:26-40) se encuentra en la persona de
Jeroboam, hijo de Nabat, quien también aparece (2). Con él como líder natural
las tribus le traen el segundo problema, impuestos y mano de obra forzosa (4).
Se suponía que la mano de obra forzosa no afectaría a israelitas de nacimiento
(8:9), pero parece que lo hizo de todas maneras (18; <110513>

1 Reyes 5:13, 14;

11:28).

Roboam consultó a consejeros ancianos y a jóvenes, y el obstinado consejo de
los jóvenes ganó. Roboam iba en contra del principio bíblico de respetar la
madurez (cf. p. ej. <230304>

Isaías 3:4, 5), aunque, para ser justo con él, ya que los
jóvenes eran sus contemporáneos (8), deben haber tenido al menos 40 años
(<141213>

2 Crónicas 12:13). Dándose cuenta de que no iban a ganar ninguna
concesión, Jeroboam y las tribus del norte se sublevaron, y el tercer factor —la
profecía de Ajías (<111129>

1 Reyes 11:29-39)— regresó para burlarse de
Roboam. Dios había dicho que esto iba a pasar, y pasó (15). El lema de la
rebelión (16) es un reverso irónico de <131219>

1 Crónicas 12:19. Roboam, quien
no estaba listo para aceptarla todavía, envía (¡de todas las personas que podría
haber enviado!) a su ministro a cargo del tributo laboral para imponer el sistema
aborrecible, con graves consecuencias (18).
11:1-23 La obediencia de Roboam. Dios prohíbe otro intento de reunificar
a Israel a la fuerza y hay que darle mérito a Israel porque desiste de atacar (1-
4). Esta obediencia debe ser la razón para la bendición que sigue a
continuación: Un programa de fortificaciones (5-12), un aumento considerable
de la vida religiosa (13-17), y el crecimiento de la familia real (18-23). Parece
que las ciudades fortificadas (6, 7) formaban una línea de defensa no contra el
reino del norte (aunque “hubo guerra constante entre Roboam y Jeroboam”,

<141215>

2 Crónicas 12:15), sino contra invasiones del sur (ver sobre <141201>

2

Crónicas 12:1-4). Se dice sólo lo suficiente acerca de la religión alternativa
establecida por Jeroboam (ver <111225>

1 Reyes 12:25-33) para explicar el éxodo
general del norte al sur de los israelitas que temían a Dios. Un becerro que
representaba a Jehovah (ver <023204>

Exodo 32:4) era suficientemente malo, pero
se le fue la mano con los machos cabríos que representaban a algún demonio
regional (15). De acuerdo con nuestros valores morales, la familia de Roboam
no sólo era grande sino también tenía relaciones de consanguinidad (18, 20);
aquí, en todo caso, se le considera como algo virtuoso, en vista del relajamiento
de Salomón en esta área (<111101>

1 Reyes 11:1-8), y en el v. 23 les buscó muchas
mujeres
a sus hijos es más probable que “les dio... muchas mujeres”, como
tienen otras versiones.

La obediencia y por lo tanto la bendición duraron por tres años (17), tiempo no
suficiente como para afectar el veredicto final: “hizo lo malo” (<141214>

2 Crónicas

12:14).
12:1-16 Los últimos años de Roboam. No es difícil ver en el v. 1a el
orgullo y la confianza en sí mismo (lo opuesto de humildad y confianza en Dios)
que llevaron directamente al pecado de 1b y finalmente al castigo de los vv. 2-
4. Sisac, el originador de la vigésima segunda dinastía, había reunificado Egipto
(muy irónico dado lo que Roboam había hecho a Israel) y ahora quería
extender su poderío hacia el nordeste, sin duda en connivencia con Jeroboam y
los líderes de Edom y Siria (<111114>

1 Reyes 11:14-40). Los detalles de la invasión
no provienen de Rey. (3-8); la fuente del cronista describe un ejército que es
inmenso, aunque 60.000 (3) probablemente debería ser “6.000”, y los registros
de la campaña según Sisac indican que más de 150 ciudades fueron
capturadas. Jerusalén no es una de esas, así que la profecía del v. 7 se cumplió
y se sobornó a Sisac con el pillaje del templo y el palacio (9).

El evento de más amplio alcance del reinado de Roboam fue la división del
reino (cap. 10). Crónicas añade primeramente datos acerca de él que ilustran el
principio que dice que “la obediencia lleva bendición” (cap. 11) y ahora datos
que ilustran el principio que dice que “la desobediencia lleva su castigo” y “el
arrepentimiento lleva a la restauración”. El cap. 12 contiene todos los términos
clásicos con los que el cronista enseña esas cosas: rebelarse (2), el “abandono
mutuo” en el v. 5 (ver también v. 1), humillarse (6, 7, 12); y el v. 6b muestra el
significado de la verdadera confesión y arrepentimiento: Justo es Jehovah o
sea: “Jehovah tiene razón y nosotros no.” El fundamento de esta enseñanza fue
establecido en la oración de Salomón (<140624>

2 Crónicas 6:24, 25) y la respuesta

de Dios (<140714>

2 Crónicas 7:14). Aun con la bendición del cap. 11 y la
restauración del cap. 12 (tal vez debido más a que en Judá las cosas
marchaban bien
[12; <141113>

2 Crónicas 11:13-17] que al arrepentimiento del
rey), queda el hecho de que a Roboam se le recuerda como el rey que dividió
el reino e hizo lo malo (14).

13:1—14:1 Abías

Crónicas le dedica a Abías tres veces más espacio que Rey.; Rey. lo desecha
rápidamente como uno de los reyes malos (<111501>

1 Reyes 15:1-8).
Verdaderamente la influencia de la madre del rey no puede haber sido buena
(<141516>

2 Crónicas 15:16). Si no fuera por el incidente que cuenta Crónicas,
Abías hubiera pasado a la historia como un rey mediocre.

La guerra entre el norte y el sur no era como para decidir el asunto de quién
debía gobernar toda la nación sino que consistía más en apoderarse de tierras
en pequeña escala, y en esos tiempos parece que Judá lo hacía mejor (4a, 19).
Pero parecía que Abías estaba perdiendo la batalla que se describe aquí; la
intención de las cifras en el v. 3 es mostrar su desventaja (ver la Introducción).
Aprovechó la oportunidad para dar un discurso extraordinario que expone
algunos de los principios básicos de la teología del cronista.

En primer lugar, apela a todo Israel (4); aunque al principio se dirige a
Jeroboam, muy pronto lo desciende de categoría bruscamente al referirse a él
en tercera persona, como si ni siquiera estuviese allí (6, 8). Lo más importante
es la lealtad del pueblo y, si su lealtad es a Jehovah, deben reconocer que Dios
ha delegado su soberanía a la familia de David con un pacto de sal (5; siendo
el probable significado “eterno”; ver <041819>

Números 18:19). En el reinado previo
esto marchó mal, por un lado por culpa de la rebelión y por el otro por la
necedad. (No importa realmente si fue el caso de que los hombres ociosos y
perversos
del v. 7 se reunieron alrededor de Roboam y lo persuadieron [o
“pudieron más” que él], o si se reunieron alrededor de Jeroboam y “se
opusieron” a Roboam, el punto de Abías es el mismo.) En estas circunstancias
la rebelión fue parte del plan de Dios. Pero ahora las cosas han vuelto a la
normalidad: hay un rey verdadero en el trono de David, un culto verdadero en
el templo de Salomón, y no hay excusas para tener un sustituto (8-12).

En esta ocasión Judá tiene no sólo la teología correcta sino también la actitud
correcta (14b, 18), así que el cronista omite la conclusión de Rey. (<111503>

1

Reyes 15:3) y termina con detalles positivos que indican la bendición de Dios
(19-21).

14:2—16:14 Asa

Igual que con Abías, el relato del cronista del reinado de Asa es tres veces más
largo que el de Rey. (<111509>

1 Reyes 15:9-24). También tiene complicaciones que
desconciertan al lector moderno. La mayoría tiene que ver con fechas, aunque
estas también tienen implicaciones para la teología. Para nuestra conveniencia,
la tabla que sigue a continuación tiene las fechas desde la división del reino.

De la manera que se presenta la historia parece dar las siguientes fechas:

Año 20 La accesión al trono de Asa (<141213>

2 Crónicas 12:13; 13:2)

Año 30 Terminan los diez años de paz (<141410>

2 Crónicas 14:10)

Año ?? La invasión de Zéraj (<141409>

2 Crónicas 14:9)

Año 35 La ceremonia del pacto (<141510>

2 Crónicas 15:10)

Año 55 Empieza la guerra (<141519>

2 Crónicas 15:19)

Año 56 El ataque de Baasa (<141601>

2 Crónicas 16:1)

Año 59 La enfermedad de Asa (<141612>

2 Crónicas 16:12)

Año 61 La muerte de Asa (<141613>

2 Crónicas 16:13)

El problema con esto es que según <111606>

1 Reyes 16:6 y 8, Baasa murió en al
año 46. De manera que un bosquejo alternativo asume que los años
mencionados en <141519>

2 Crónicas 15:19 y 16:1 no son años del reinado de Asa

sino del reino dividido:

Año 20

La accesión al trono de Asa (<141213>

2 Crónicas 12:13; 13:2)

Año 30

Terminan los diez años de paz (<141401>

2 Crónicas 14:1)

Año 35

Empieza la guerra = la invasión de Zéraj (<141409>

2 Crónicas

14:9 = 15:19); la ceremonia del pacto (<141510>

2 Crónicas 15:10)

Año 36

El ataque de Baasa (<141601>

2 Crónicas 16:1)

Año 59

La enfermedad de Asa (<141612>

2 Crónicas 16:12)

Año 61

La muerte de Asa (<141613>

2 Crónicas 16:13)

Esto encaja bien, pero también tiene sus propios problemas: <141519>

2 Crónicas
15:19 y 16:1 representan los únicos ejemplos de esta manera de fijar fechas (es
decir, en años del reino dividido); lo que es más, dicen claramente que estos
son años del reinado de Asa y no del reino dividido. El problema queda sin
solución. Otros asuntos semejantes serán discutidos luego (ver sobre <141511>

2

Crónicas 15:11, 19; 16:12, y “Nota sobre la cronología” en 16:1-14).

14:2-15 El corazón del rey. Después de la nota de <111511>

1 Reyes 15:11 que

Asa hizo lo bueno (2), el cronista dará detalles específicos en <141403>

2 Crónicas

14:3—15:15 de lo recto que fue (con material de distinto origen). Asuntos
religiosos (2-5) y militares (6-8) muestran tanto la obediencia de Asa como la
bendición de Dios, y dos veces se utiliza el término clásico reposo (6, 7; ver
sobre <132209>

1 Crónicas 22:9). También el favorito del cronista, “buscar” (4; ver
v. 7), y se habla de este Dios al cual se busca como el Dios personal de Asa, el
Dios histórico de Israel y el Dios colectivo de la nación (2, 4, 7).

Se pone a prueba el ejército que él ha movilizado cuando Judá es invadida por
otro ejército más grande. Las cifras parecen inmensas (pero véase la
Introducción); el pueblo de Dios tiene la desventaja y debe confiar en su Dios.
No se identifica al enemigo; varias sugerencias incluyen el ejército egipcio (ver

<141608>

2 Crónicas 16:8) al mando de un general nubio. Las palabras memorables
del v. 11 muestran cómo en una crisis suprema, más que en cualquiera otra
ocasión, el corazón del rey reposa en Jehovah, y es muy claro que es Jehovah
quien gana la victoria (12-14).
15:1-19 La palabra de Jehovah. La mayor parte de este capítulo (<141501>

2

Crónicas 15:1-15) una vez más proviene de una fuente que no es Rey. A
primera vista, la profecía de Azarías viene después de la victoria de Asa;
parece que conduce a una reforma renovada, aun más que la de <141403>

2
Crónicas 14:3-5, y la ceremonia de renovación incluye botín (11). Por el otro
lado, puede ser que los vv. 1-15 especifiquen en qué consistía el movimiento
general de <141402>

2 Crónicas 14:2-7.

El mensaje de Azarías es primeramente una declaración en términos bien claros
de lo que en Crónicas llamamos “castigo o bendición merecidos” (2). Aunque
se le llama una profecía (8), los verbos en la parte principal de ella (3-6)
pueden estar tanto en tiempo futuro o pasado, y generalmente se les considera
una mirada hacia el pasado, específicamente al libro de los Jueces, porque las
descripciones se asemejan a ese período que también ponía énfasis en el tema
de “castigo o bendición merecidos”: en aquel entonces (4) tanto como hoy en
día (2) era un asunto de buscar y de ser hallado. Vale mencionar que el Dios
que habla por medio de Azarías es el Dios del rey, de su pueblo y de sus
antepasados (ver <141402>

2 Crónicas 14:2-7). La ceremonia del pacto que se
observa en el decimoquinto año de Asa (10) abarca todo (note las palabras
todo, toda, todos y todas en los vv. 8-15), y otra vez tiene que ver con el
buscar a Jehovah (12, 13, 15).

Los últimos versículos, donde el cronista vuelve a lo de Rey. (<111513>

1 Reyes

15:13-15) nos deja con dos preguntas. El v. 17 parece contradecir <141403>

2

Crónicas 14:3; sin embargo, <141402>

2 Crónicas 14:2-8 tiene que ver con Judá
mientras que es muy probable que Israel en este versículo se refiera al territorio
del norte que Asa adquirió más tarde (ver v. 8). El v. 19 parecería contradecir

<111516>

1 Reyes 15:16 y 32, pero sin lugar a dudas esos versículos se refieren a la
“guerra fría” continua entre Asa y Baasa, que no estalló hasta el ataque de

<141601>

2 Crónicas 16:1.
16:1-14 La voz del mundo. El ataque de Baasa (1) es una prueba para Asa,
y una en la que él habrá de fallar. El reino del norte y su vecino del norte, Siria,
son mutuamente hostiles por la mayor parte de este período; una alianza entre
Judá y Siria es políticamente astuta, Asa tiene recursos para pagar lo que
cueste (aunque no se sabe de dónde), ya hay un precedente establecido, y le
sale bien (2-6). El mundo que los rodea diría que era lo más obvio. Pero de esa
manera comenzó a no consultar a Jehovah (12). Por lo que sigue (7-10)
notamos: la venida de otro profeta; la lección de que la sabiduría de Asa
parecía producir buenos resultados, pero que confiar en Dios hubiera
producido mejores; la repetición de esa sencilla lección de confiar, tan básica
en las enseñanzas bíblicas, y la apelación a hechos del pasado para confirmarla;
la garantía que se recibe lo que se merece (castigo o bendición); y por primera
vez tal rebeldía que el rey de Dios persigue al profeta de Dios. Esto hace juego
con la terquedad del v. 12b.

Nota sobre la cronología. Si <141601>

2 Crónicas 16:1 quiere decir lo que parece
decir (año 36 de Asa, cronología 1 en las p. 430-31), su enfermedad (año 39,
v. 12) aparece como castigo merecido bastante rápido. Pero eso no explica los
problemas que presenta esa cronología, ni lo que pasó en el año 35 (<141519>

2

Crónicas 15:19), ni por qué Hanani predijo guerra, no enfermedad, como
castigo para Asa (<141609>

2 Crónicas 16:9). Por el otro lado, si <141601>

2 Crónicas
16:1 se refiere al año 36 del reino (cronología 2 en la p. 431), las preguntas
reciben respuesta. Los problemas de esta cronología todavía existen pero
demuestra que la causa da el efecto aunque no tan rápidamente ni obviamente
como se supone a veces.

17:1—21:1 Josafat

El relato del reinado de Josafat en muchos aspectos es como el de su padre,
pero no tiene la conclusión deprimente de rebelión prolongada, ni el marco
cronológico que recibió el reinado de Asa (confuso que fue). También es

mucho más completo y presenta dos características sorprendentes. Los
primeros 40 versículos de 1 Reyes 22 cuentan la historia de la alianza entre
Josafat y Acab (2 Crónicas 18), y diez versículos más que dan notas generales
acerca de su reinado completan el relato en Rey.; la versión en Crónicas es el
doble de largo, lo cual muestra su verdadera importancia. Lo que es más,
ninguno de los dos acontecimientos principales que Crónicas toma de Rey., ni
el largo ni el corto (<112201>

1 Reyes 22:1-40, 48, 49), presentan a Josafat en buena
luz, y el cronista hasta añade la desaprobación de los profetas; sin embargo,
tras pensarlo detenidamente lo considera un gran rey y un buen monarca, y aun
como un segundo Salomón.
17:1-19 El esplendor de Josafat. Después de medio versículo de
introducción tomado de <111524>

1 Reyes 15:24, el cronista describe la bondad y el
esplendor de Josafat. Los dos elementos están entretejidos: Poderío y
prosperidad, como siempre, se consideran de bendición procediendo de la
búsqueda honesta de Dios (2-6); el v. 3 probablemente se debería leer
“anduvo en los primeros caminos de su padre”, o sea Asa. (El tercer año del
v. 7, fue cuando Asa murió, y después del reinado unido de padre e hijo
Josafat comenzó a reinar solo; ver “Nota sobre la cronología” a continuación.)
De modo que el programa de enseñanza religiosa (7-9) le extiende a su pueblo
su propio amor a Dios y sus leyes (4), sus riquezas y honor son famosos entre
las naciones (10, 11) y también dentro de Judá (5), y listas de ejércitos (12-19)
complementan las notas militares de los vv. 1, 2. Un desarrollo similar se puede
ver en Josafat mismo. El promovió su fe personal en Dios, y era una fe que
“actuaba juntamente con sus obras” (ver <590222>

Santiago 2:22), una religión activa
y no quieta: buscó al Dios de su padre, andando según sus mandamientos
(4), y lo hizo de tal manera que su pueblo recibió bendición bajo su soberanía.

Nota sobre la cronología. El reinado de Josafat aquí (<141707>

2 Crónicas 17:7;
20:31) se fecha desde la enfermedad de Asa y la “corregencia” empezando en
873/872 a. de J.C.; el reinado más corto insinuado en <120301>

2 Reyes 3:1; 8:16 se

fecha desde la muerte de Asa en 870/869 a. de J.C.
18:1—19:3 La campaña contra Ramot de Galaad. Esta sección sigue la
historia de 1 Reyes 22, pero la mención del esplendor de Josafat (<141801>

2

Crónicas 18:1) y el banquete en su honor (<141802>

2 Crónicas 18:2) son sólo los
primeros de varios cambios que hacen que el rey del sur sea el personaje
principal en vez del rey del norte; el relato termina con eventos y una profecía

que tienen que ver con Josafat (<141901>

2 Crónicas 19:1-3) pero no con Acab

(como en <112236>

1 Reyes 22:36-39).
18:1a se refiere al cap. 17, dando una introducción muy positiva; <141801>

2

Crónicas 18:1b anticipa la secuela insatisfactoria. La alianza matrimonial, de la
cual habrían de provenir problemas interminables, incumbía al hijo de Josafat,
Joram, y la hija de Acab, Atalía. La alianza militar (<141803>

2 Crónicas 18:3)
también fue poco aconsejable. Al final de la historia se descubre que Siria es el
enemigo en cuyas manos ha caído la ciudad de Ramot de Galaad (<141830>

2

Crónicas 18:30), y nos damos cuenta de que el cronista ve el modelo de Asa
repetido en su hijo, o sea, un buen comienzo, una secuela estúpida y un profeta
que dice en el primer caso: “No deberías haberte unido a Siria en contra de
Israel” (ver <141601>

2 Crónicas 16:1-9, Hanani), y en el segundo caso: “No
deberías haberte unido a Israel en contra de Siria” (ver, <141901>

2 Crónicas 19:1-3,

el hijo de Hanani, Jehú).

Pero Josafat es más que un mero Asa en tamaño mayor. Se alude a la
integridad de su carácter en las palabras proféticas de Micaías en el v. 16. Se
preocupa de todo Israel con el corazón de un pastor y cree que lo mejor que
puede hacer es, lit., ir de acuerdo con Acab (<141803>

2 Crónicas 18:3) y asumir
que las diferencias que tienen entre ellos mismos no tienen importancia. La
profecía de Sedequías dice que eso es lo correcto, aunque los eventos que
siguen prueban que estaba equivocado (<141810>

2 Crónicas 18:10, 34); la de
Micaías dice que esto no irá bien, y revela algo que pasa detrás del escenario
que es mucho más siniestro (<141816>

2 Crónicas 18:16-22); la de Jehú le dice a
Josafat que su gran corazón tiene que ser más discernidor y al mismo tiempo
más despiadado (<141902>

2 Crónicas 19:2 ver <401016>

Mateo 10:16).

Hay otros dos puntos en <141901>

2 Crónicas 19:1-3 acerca de estas profecías. De
acuerdo con la de Micaías, Josafat en verdad volvió en paz a su casa (son las
mismas palabras que en <141816>

2 Crónicas 18:16). Según la profecía de Jehú, nos

preguntamos cómo y cuándo vino la ira de Jehovah.
19:4-11 Las reformas judiciales de Josafat. Estos versículos parecen
hacer juego con el cap. 17. Ninguno de los pasajes provienen de Rey., y
ambos tienen que ver con los éxitos de Josafat, un rey bueno y grande como
Salomón; este tiene que ver con su sabiduría en el área de gobernar. ¿Por qué
han sido separados los dos pasajes? Quizá este proyecto es un intento de
prevenir la ira que amenaza en <141902>

2 Crónicas 19:2; quizá la intención es

mostrar otra semejanza con el relato de Asa en donde otra obra de reforma
aparentemente siguió al mensaje profético (<141508>

2 Crónicas 15:8-15).

Los vv. 6-10 en general están de acuerdo con las disposiciones de

<051618>

Deuteronomio 16:18—17:13. El interés personal de Josafat en el asunto
recuerda al de Samuel en <090715>

1 Samuel 7:15-17; y también brilla su propio
carácter como una persona que se preocupa verdaderamente por el bienestar
de su pueblo.
20:1-30 La invasión de Judá. Este relato aparece solo en Crónicas Hay
similitudes y diferencias entre él y los eventos de 2 Reyes 3. La invasión que se
describe aquí no puede ser “la ira de Jehovah” anunciada en <141902>

2 Crónicas

19:2, pero parece haber sido permitida por Dios como oportunidad para
probar su salvación y no enviada como castigo.

Existe un poco de confusión acerca de quiénes fueron los invasores y de dónde
vinieron, pero en todo caso fue una gran multitud (2) que se acercaba desde
la dirección del mar Muerto. Es importante notar que lo primero que se dice
acerca del héroe del relato (porque eso es lo que es) es que Josafat tuvo
temor
(3). El relato ya ha demostrado cuán difícil le era ser duro. Quizá debido
a que le faltaba esa clase de fuerza interna, el autor de Rey. no lo pudo ver en
el papel de héroe. Pero su temor le hace “buscar a Jehovah”, y lo que es más,
hace que toda la nación se una a él para buscar a Jehovah (3, 4): Sin duda
como resultado del diligente cuidado pastoral de su pueblo evidente en los
caps. 17 y 19.

Al frente de la congregación eleva su oración basada en los hechos del pasado,
refiriéndose a Salomón (9; <140628>

2 Crónicas 6:28, 34), a David (6; <132911>

1

Crónicas 29:11, 12), a Josué (7a) y a Abraham (7b), y aplicándolos a los
hechos del presente (10, 11). En el clímax de la oración la debilidad de Josafat
se hace evidente como el camino indispensable para recibir la bendición de
Dios (12). Igualmente memorable es la inspirada respuesta que procede de la
boca del levita Yajaziel; otra referencia al pasado, en este caso a

<052002>

Deuteronomio 20:2-4: “Deteneos, estaos quietos y ved la victoria que el
Señor logrará para vosotros” (17). Los eventos de la mañana siguiente
muestran la misma fe “que actuaba juntamente con sus obras” de parte de
Josafat que también había caracterizado a Asa en circunstancias similares
(“porque en ti nos apoyamos y en tu nombre vamos”, <141411>

2 Crónicas 14:11), y

también muestran la victoria de Jehovah que trae gran honra y gloria a su
nombre (20-26).

20:31—21:1 El fin del reinado de Josafat. Con 20:31 Crónicas
nuevamente converge con Rey. (<112241>

1 Reyes 22:41-50), aunque hay algunas
diferencias. Se destacan cuatro problemas. El v. 31 parece diferir de <120301>

2

Reyes 3:1 y 8:16; pero véase la nota sobre la cronología que sigue a 17:1-19.
El v. 33 difiere de 17:6, aunque ni al autor ni a sus lectores de la época les
hubiera parecido raro esto; Josafat fue uno de los que eliminó los “lugares
altos”, aunque 25 años más tarde algunos ejemplos particulares evadían su
vista. Es probable que el libro de los reyes de Israel (34) no sea el libro de
Rey. de nuestra Biblia. Los vv. 35-37 son distintos que <112248>

1 Reyes 22:48-49,
pero puede ser que sencillamente sean la primera parte de la historia: Ejemplo
de otra alianza estúpida con el reino del norte, de manera que al triunfo de la
confianza en <142001>

2 Crónicas 20:1-30 lo sigue un recuerdo de la continua
debilidad de Josafat. Rey. toma el hilo de la historia al punto en que los barcos
fueron destrozados, y muestra a un rey que finalmente ha aprendido su lección
y nunca más hará acuerdos con la casa de Acab. Ya se ha hecho suficiente
daño y el cap. 21 lo describirá.

21:2-20 Joram

El relato en Crónicas es dos veces más largo que el de Rey. (<120816>

2 Reyes
8:16-24), subrayando la maldad de un rey malo. El contraste con lo que ya se
ha dicho está muy bien hecho en los vv. 2-4; la familia grande y próspera que
se le dio al buen rey Josafat como señal de la bendición de Dios es lo primero
que destruye su hijo (4, existe un precedente en <070901>

Jueces 9:1-6 pero no una
justificación). El trono que Joram heredó era “israelita” en el buen sentido (2,
4), pero se convirtió en uno “israelita” en el sentido malo (6, ver Introducción e
introducción a <141001>

2 Crónicas 10:1—36:23). ¿De dónde vino este cambio? El
punto crucial fue su matrimonio con una hija de Acab, Atalía; eso produjo
muchos intercambios entre las dos casas reales (véase cómo los mismos
nombre reales se pusieron de moda en los dos reinos creando mucha
confusión), y en particular la adopción en el sur de la religión pagana que ya
había infectado al norte. En vez de imitar la bondad de su padre (12), Joram
eligió explotar su debilidad, porque fue Josafat quien imprudentemente
promovió todas estas alianzas.

A pesar de la infidelidad de Joram el pacto de Jehovah no le permite destruir a
los descendientes de David como se lo merecen (7). Pero todavía hay pago
por el pecado, y es Jehovah mismo quien lo trae. La carta de Elías (11-19) no
se encuentra en Rey., lo cual es sorprendente. Elías no fue un profeta que

escribió ni tampoco profetizó en el sur. Sin embargo, la carta enfrenta una
situación “norteña” en el reino sureño. Habla francamente del castigo merecido
(Han pecado, de modo que sufrirán), y está rodeada de ejemplos de eso: vv.
8-11 y 16, 17 describen las catástrofes que resultaron por el pecado de Joram
mismo y por haber desviado a otros. Todo lo que pudiera haber deseado —
poderío, familia, salud, respeto, las cosas que indican la bendición de Dios
sobre el obediente—, lo perdió. Después de su muerte no recibió ni honor ni
lamento, y el cronista asume que nadie querrá más información acerca de él
(contraste con <141611>

2 Crónicas 16:11 y 20:34).

22:1-9 Ocozías

Esta vez el cronista ha abreviado mucho <120825>

2 Reyes 8:25—9:29. La RVA
clarifica algunos puntos que pueden ser confusos en otras versiones al proveer
Ocozías en <142117>

2 Crónicas 21:17, y 22 en el v. 2 (también ver la nota sobre

hija o “nieta” en el v. 2).

Esta historia de otro “rey malo” sucesivo hace resaltar lo que en este período
era tan perjudicial para Judá, o sea la influencia del norte (3, 4), especialmente
la influencia de Atalía. Su posición primero como reina y luego como reina
madre junto con su fuerte personalidad le otorgaba enorme poder. Y a pesar
de la semejanza entre la hazaña del v. 5 y la que casi le costó la vida a su
abuelo (cap. 18), Ocozías —igual que Joram— se debe considerar en
contraste con Josafat (9; cf. <142112>

2 Crónicas 21:12). Quizá el evento más
sorprendente en ambos reinados es la caída (7) de Ocozías. A Jehú le tocó
ejecutar juicio ya que, según Rey., lo destruye a él y a su séquito como parte
del proceso de limpieza del norte. Pero del punto de vista del sur, el trato de
Jehú con la casa de Ocozías es tan importante como su trato con la casa de
Acab: La clase de masacre que Joram causó en <142104>

2 Crónicas 21:4 y que su

familia había sufrido en <142116>

2 Crónicas 21:16, 17 ocurre nuevamente. Ese
hecho, añadido a la muerte de Ocozías, quiere decir que no hay ningún hijo de
David capaz de gobernar (9) y el pacto de Dios con David para siempre (<142107>

2

Crónicas 21:7) está a punto de fallar. Pero la historia de Joram muestra que
Jehovah está siempre en control a través de tales eventos, de modo que los que
le ocurren a Ocozías fueron de parte de Dios (7). De hecho donde dice la
caída
quizá deberíamos leer que “un cambio de cosas” estaba dispuesto por
parte de Dios como en <141015>

2 Crónicas 10:15 (y cf. <131014>

1 Crónicas 10:14).

Los vv. 8, 9 difieren del pasaje paralelo en Rey. Hasta cierto punto se les
puede armonizar a los dos: La muerte de Ocozías pudo haber ocurrido antes

de la de su familia y de su séquito, como dice 2 Reyes 9—10 y se asume que
los lectores saben que su sepultura ocurrió en Jerusalén (<120928>

2 Reyes 9:28).

22:10—23:21 Atalía

Esta sección comienza con la muerte de Ocozías y termina con la muerte de su
madre Atalía. Pero su “reinado” es una anomalía. Ni empieza ni termina con la
forma común de palabras. No pertenece a la casa de David y ni siquiera
pertenece al reino de Judá. Sin que ella lo supiera, mientras ella ocupa el trono,
un niño en el templo ya es el rey verdadero (<142303>

2 Crónicas 23:3, 7, 10). Su
reinado de seis años es desechado en media frase mientras que se le dedica un
capítulo entero al día de su muerte.

El declive de Judá a través de los reinados de su esposo y de su hijo ahora
llega al punto más bajo. Pasa lo mismo que en el tiempo de Saúl dos siglos
antes y es el peligro perenne; el pueblo de Dios se vende a los valores de sus
vecinos paganos hasta que solo la casa de David los puede rescatar. Por cuarta
vez todos los miembros de la familia real han sido muertos excepto uno (<142210>

2

Crónicas 22:10, 11; ver 21:4, 16, 17; 22:8), pero esta maldad también significa
que en el plan de Dios la última y más improbable persona saldrá siendo la que
Dios elegirá, como en el caso de David (<130215>

1 Crónicas 2:15). No se debe

perder tampoco la semejanza con Lucas 1.

El cap. 23 viene mayormente de 2 Reyes 11 pero el cronista tiene algunas
observaciones que hacer. El golpe de Joyada es más extenso de lo que uno
pensaría. El junta a líderes con influencia (<142301>

2 Crónicas 23:1), llama una

asamblea de todo Judá (<142302>

2 Crónicas 23:2), atribuye lo que hace a la

autoridad de Jehovah (<142303>

2 Crónicas 23:3), y presenta a Joás como rey en

función (<142311>

2 Crónicas 23:11); todo como en la versión de Rey. pero
intensificado. Lo que tres soberanos sucesivos han abandonado pero que Dios
y su pueblo fiel han guardado en secreto (como al mismo Joás) ahora aparece
nuevamente: Se hace un pacto (<142316>

2 Crónicas 23:16) para reafirmar la
relación básica con Jehovah. El apoyo popular del golpe (<142312>

2 Crónicas
23:12) marca el fin de Atalía, y la manera de pensar extranjera que ella había
impuesto es desechada en favor del regreso a los principios de David y, antes
de él, de Moisés (<142316>

2 Crónicas 23:16-18). Así que tanto el trono como el
templo ahora son lo que deberían ser, y la revolución causa (usando las
palabras clásicas) alegría y calma (<142318>

2 Crónicas 23:18-21). Pero del punto

de vista humano, la pasaron raspando.

24:1-27 Joás

Con la subida al trono de Joás vemos una vez más el “reinado de Jehovah que
está en manos de los hijos de David” (<141308>

2 Crónicas 13:8), ya que bajo los
últimos tres monarcas estuvo de hecho en las manos de la hija de Acab. El de
Joás es el primer reinado de tres que comienzan bien, aunque no es hasta el
tercero, el de Uzías, que vemos de nuevo gran esplendor.
24:1-16 Un buen comienzo. El resumen de la primera mitad del reinado de
Joás se encuentra en los primeros versículos, ya que tener una familia (3) en
Crónicas es frecuentemente la recompensa de Dios por la obediencia (2). En
este caso también es algo más: La familia real que cuatro veces corrió el riesgo
de extinción comienza a florecer nuevamente.

El proyecto del templo de Joás tiene éxito y desde el principio representa su
servicio a Dios y la recompensa de Dios. 2 Reyes 12 también contiene
información de este período. Dejando de lado por el momento el pasaje
curioso de vv. 5b-7, la obra de restauración se describe directamente y con
bastante detalle. Tres versículos necesitan comentario: La contribución (9) es la
de <023011>

Exodo 30:11-16 y 38:25, 26; la nota de regocijo (10) confirma que la
obra es del mismo tipo que la del tabernáculo en los días de Moisés
(<023604>

Exodo 36:4-7) y la del templo en los de David y Salomón (<132901>

1
Crónicas 29:1-9), además de repetir la reacción pública a la accesión al trono
de Joás (23:1); los utensilios (14) fueron hechos sólo después que se había
terminado el edificio; hasta ese momento todo el dinero había sido dedicado a
esa obra principal (<121213>

2 Reyes 12:13).

En los vv. 5b-7 la falta de diligencia de los levitas en recaudar los impuestos y
contribuciones puede haber sido debido a que Joás había tomado la iniciativa
con el ejemplo de la generosa ofrenda personal, como había hecho David. No
podían contar con los fondos del templo gracias al salvajismo de Atalía y sus
hijos (7; o sea asociados; ver 22:10). Aparentemente llegaron a un arreglo
mutuo: La “colección” (5) se transformó en la “contribución” (8, 9). Ya que la
idea de “buscar a Jehovah” es tan central en la teología de Crónicas, quizá va
en favor de Joás que esperaba ver en Joyada un espíritu de “buscador”
(requerido, v. 6).
24:17-27 Un mal fin. De nuevo Crónicas está basado en 2 Reyes 12.
También sigue un diseño que se repite mucho en la historia de Israel: Atalía
primero, seguida por el Joás de <142401>

2 Crónicas 24:1-16, seguido por el Joás

de <142417>

2 Crónicas 24:17-27, llevan a Israel por el mismo sube y baja que se
vio antes con Saúl, y después con David y Salomón, seguidos por Roboam.

La pérdida de influencia de Joyada marca el cambio en Joás (17, ver v. 2). Los
jefes de Judá,
se supone que son los mismos del antiguo partido de Atalía (7),
emergen nuevamente y hacen pecar al rey y al pueblo (17, 18). El hijo de
Joyada se inspira a dar un mensaje claro al estilo de cualquiera de los profetas,
en un grupo de palabras características del cronista. La más obvia es
“abandonado”: el v. 18 se conecta con el v. 20, luego con el v. 24, y luego con
el v. 25, siempre con la idea de “donde las dan las toman”. De la misma manera
en que Joás “conspiró” contra Zacarías (21) y lo mató (22), él mismo es la
víctima de una conspiración y asesinato (25). Aun el “buscar” que Joás había
requerido del padre de Zacarías (ver sobre v. 6) se le echa en cara en la frase
lo demande del v. 22. Pero la venganza de Jehovah no es inevitable; la idea de
que uno recibe lo que merece es más complicada que eso; es para recordar a
Israel de la posibilidad del arrepentimiento que se le envían profetas (19).

25:1-28 Amasías

Igual que la de su padre, la historia de Amasías va de buen comienzo a mal
final. Tiene una variación útil: Así como Joás necesitaba un guía fuerte, Amasías
tenía las palabras sencillas de Dios por medio de un profeta. Se pueden
encontrar en 2 Reyes 14, pero la versión de Crónicas (15, 16) es más
completa.
25:1-13 Un buen comienzo. No con un corazón íntegro puede ser que
indique que Amasías hizo lo recto al principio y lo malo más tarde; pero lo más
probable es que no confió en Dios desde el principio como lo insinúan los vv. 6
y 9. En verdad tuvo cuidado de quedarse dentro de lo que mandaba la ley en el
v. 4 (<052416>

Deuteronomio 24:16), pero eso tendría ecos irónicos (ver comentario

sobre el v. 13).

<121407>

2 Reyes 14:7 es un trampolín para el relato detallado de la guerra entre
Amasías y Edom que vemos aquí. Considerando que su ejército no es
suficientemente grande (cf. <141408>

2 Crónicas 14:8 margen; <141714>

2 Crónicas
17:14-18), contrata a mercenarios del norte, y por eso es reprendido por el
primer profeta de los dos que hay en este capítulo. Abías (<141308>

2 Crónicas

13:8-12) y Asa (<141411>

2 Crónicas 14:11) le podrían haber dicho por qué fue
reprendido. Su queja de que si hiciera lo recto le costaría mucho es
probablemente una indicación de la falta de integridad en su fe, pero de todos

modos lo hizo. El resultado es instructivo. Generalmente los ejemplos de causa
y efecto del cronista son simples y rápidos, así que en este caso la obediencia
resulta en la victoria (11, 12). Pero frecuentemente la vida real no es tan simple;
la obediencia de Amasías hace que los mercenarios desilusionados por la
pérdida del botín que hubieran obtenido según el contrato, se vuelvan en contra
de Judá (10, 13). En todo caso, estos problemas que en su manera simple de
pensar obviamente no merecía (ver sobre v. 4), lo deben haber hecho más
cínico y cuidadoso de escuchar al próximo profeta.
25:14-28 Un mal fin. La reprimenda del segundo profeta se debe al hecho
de que importó dioses extranjeros (15). Parece que culpa a Amasías por ser no
solo pecaminoso sino poco razonable (¿Por qué adoptar dioses que han
decepcionado a su propia nación?). Pero, a lo mejor, su victoria mostró que
había cambiado de lado. Se vuelve del consejo inoportuno al consejo ameno
(16-17; ver Roboam, <141008>

2 Crónicas 10:8, y Acab, <141807>

2 Crónicas 18:7), y se

embarca en otra guerra, esta vez en contra de Israel. Esto se debe a una
combinación de causas: El deseo de Amasías de vengarse por los daños
cometidos por los mercenarios que había despedido (13), su excesiva
confianza después de la victoria en la última guerra (19; así es como lo ve el
Joás de Israel), y el castigo de Dios por “buscar” a los dioses de Edom (20;
cf. vv. 15-16). Como consecuencia, Amasías sufre la invasión, derrota,
captura, y destrucción y saqueo de Jerusalén (21-24).

La observación peculiar y curiosa en el v. 25 (las fechas en el sur se relacionan
con las del norte) refleja la situación especial. Amasías fue rehén en Samaria
por diez años y sólo después de la muerte de Joás pudo volver a Jerusalén
por los próximos 15 años de su reinado. Mientras tanto el pueblo de Judá,
enfrentado con el problema sin precedente de tener y no tener rey hizo a su hijo
Uzías regente; ver sobre <142601>

2 Crónicas 26:1. Los que conspiraron para

asesinarlo repetían la fatalidad de su padre Joás (<142425>

2 Crónicas 24:25), y
mostraban cómo lo que uno merece no siempre viene inmediatamente; en este
caso parece que la conspiración se estuvo fraguando por 25 años (27).

26:1-23 Uzías

El nombre de Uzías en Rey. es Azarías, que significa “Jehovah/ayuda”; el
nombre aquí, “Jehovah/fortaleza”, es muy adecuado para la versión de la
historia del cronista porque aunque tiene mucho de ayuda, tiene más sobre la
fortaleza (ver v. 8). Regente a los 16 años cuando se llevaron a su padre
cautivo, corregente después de que volvió diez años más tarde, y finalmente rey

único cuando Amasías fue muerto 15 años después de eso, entonces empezó
los próximos 27 años de su largo reinado al capturar y reedificar Eilat (1, 2).
Este evento, junto con la lepra de la que se enfermó hacia el fin de su vida (21)
—señales de aprobación y desaprobación de Dios respectivamente—, es
prácticamente todo lo que Rey. tiene para decir acerca de Uzías (<121421>

2 Reyes

14:21, 22; 15:1-7). Esto indicaría que su reinado fue otro de esos de “buen
comienzo pero mal final” como los últimos dos, y otro eco del de Joás es la
influencia de Zacarías (como la de Joyada, ver v. 5 y 24:2) en la primera parte
buena. Sin embargo, Uzías fue un mejor rey que Joás o Amasías. La historia
nos cuenta que él y su contemporáneo del norte Joroboam II dieron a ambos
reinos una verdadera prosperidad y poderío gracias al declive y las vicisitudes
de la superpotencia Asiria. Las Escrituras nos cuentan que la visión del Señor
sentado en su trono otorgada a Isaías “en el año que murió el rey Uzías”
(<230601>

Isaías 6:1) marcó el fin de su reinado de 52 años y el final de una era

significativa.
26:1-15 Un buen comienzo. La edificación de Eilat fue una señal tanto de la
bendición de Dios como de las cualidades de Uzías que trajeron esa bendición.
Significaba que el territorio tanto como el comercio del reino ahora se extendían
más lejos que nunca (con excepción del reinado de Salomón 8:17, 18).
Marcaba a Uzías como una persona de visión.

Crónicas describe la personalidad detrás de esos logros: La comparación con
Amasías (4) no es un comentario sarcástico acerca de Amasías sino que se
enfoca en lo bueno que hizo; el “buscar” a Dios (5) es la manera en que el
cronista describe su devoción personal; y las instrucciones de Zacarías en el
mismo versículo muestran que era suficientemente humilde como para aceptar
buen consejo. El resultado es que el pueblo recibió muchas bendiciones por
medio de este hombre con visión de futuro. Las bendiciones no son sólo
militares sino extensos intereses en la agricultura, la base, por supuesto, de la
vida económica de la nación (6-15). Detrás de todo están las mismas tres
palabras clave, afirmadas dos veces (7, 8, 15): ayuda, fama, poderoso (o lleno
de fuerza).
26:16-23 Un mal fin. El poderío de Uzías (“fuerte en el Señor”) lo corrompió
(16). Rey. nos cuenta de su lepra; Crónicas añade la razón por ella. El quemar
incienso en el templo (16) era la prerrogativa de los sacerdotes (<023001>

Exodo
30:1-10). Fue precisamente por no obedecer esta ley que el primer rey del
reino del norte fue condenado (<111228>

1 Reyes 12:28 - 13:5). Intentar ejecutar el

rito fue algo malo (18), pero enojarse cuando lo reprimieron fue lo que causó
su castigo (19).

Recibió lo que merecía casi inmediatamente. Pero hay características que
separan a este ejemplo de los anteriores. Uzías no “abandonó” al Señor como
tantos otros antes de él. El había ido al corazón de la religión de Israel, y fue
por culpa de sus acciones allí y no en otras partes que se le consideró infiel
(18). Sus acciones no se podían disculpar por razón de su juventud o falta de
madurez; era un hombre de mucha experiencia. Es casi seguro que su aflicción
no fue la lepra en el sentido moderno, sino un tipo de condición de la piel que
privaba a alguien de la vida pública en Israel. Su castigo fue la expulsión del
templo, y del palacio (21) y del servicio a su pueblo por el resto de su vida. Las
palabras de Pablo dan una advertencia muy apropiada (<460902>

1 Corintios 9:27).

27:1-9 Jotam

Jotam hizo conforme a todas las cosas que había hecho su padre Uzías (2),
excepto por la falla resonante de Uzías al final; su reinado corre paralelo al de
su padre en el sentido general de su vida y de su rectitud, en el poder que tuvo
(6) para edificar en las ciudades y en el campo, para ganar guerras y para
recibir tributo. El cronista hace destacar estas señales de bendición y omite las
observaciones negativas acerca de ataques a Israel (ver <121537>

2 Reyes 15:37),
de modo que todo lo que dice acerca del reinado de Jotam es positivo, lo cual
lo hace el primer rey en 170 años —desde Abías— del cual no se escribe nada
malo. Después de los últimos tres reinados que comenzaron bien y terminaron
mal, el de Jotam es el primero en una serie de tres que son monocromos; el de
él, siendo todo bueno, es completamente distinto al de su hijo el cual fue un
desastre total.

Sin embargo, el pueblo (2) ya proveía un contraste con el rey justo. Crónicas
es mucho más que el cuento de monarcas cuyas carreras ilustran los principios
sencillos que dicen que la obediencia recibe buena recompensa y la
desobediencia se castiga. Ya en los reinados de Joram (<142119>

2 Crónicas 21:19,

20) y Atalía (<142321>

2 Crónicas 23:21) personas buenas no habían aprobado a los
soberanos malos; ahora hay corrupción entre la gente a pesar de la rectitud del
rey. Así que la nación recibe bendiciones por amor a Jotam y continúa pecando
sin castigo hasta “que sea quitado de en medio el que ahora lo detiene” (<530207>

2

Tesalonicenses 2:7), y la accesión de Acaz al trono revele la bancarrota tanto
del trono como del pueblo. La suya es la generación que Moisés anticipaba que
“se bendiga a sí mismo en su corazón, diciendo: ‘Yo tendré paz, aunque ande

en la terquedad de mi corazón’ “ (<052919>

Deuteronomio 29:19), pero que luego

encuentra que se ha equivocado gravemente (ver lo que sigue).

28:1-27 Acaz

El cronista vuelve a escribir el relato de <121601>

2 Reyes 16:1-20 y destaca el
contraste entre padre e hijo. De Jotam, sin faltas, cambia repentinamente a
Acaz del cual no se puede decir nada positivo; él es aun peor que los tres reyes
del período de Atalía del siglo pasado. Este relato subraya su infidelidad (22) y
cuenta cómo el culto de Jehovah había sido sustituido por el culto de dioses
extranjeros (24, 25). La infidelidad del pueblo ahora está al descubierto y el
resultado es que se encuentran —en las palabras de la profecía de Moisés
mencionadas ya— desarraigados y echados a “otra tierra” (<052928>

Deuteronomio

29:28). Así que el reinado de Acaz recuerda la infidelidad del reino del norte
cuando se separó y también anticipa las deportaciones que vendrán en unos
130 años.

Mientras tanto, en una de esas incursiones raras al norte de la frontera, el
cronista muestra dos cosas importantes que están ocurriendo allí. Después de
haber condenado la soberanía de la casa de David por tanto tiempo, los reyes
de Israel finalmente han sido derrotados y deportados por los invasores asirios.
El cronista ni menciona el evento sino que sencillamente describe al norte que
ahora está sin reyes. La gente del norte, sin embargo, se distingue de sus reyes
y todavía se considera “familia” y hasta se arrepiente del pecado cuando Dios
les envía un profeta.

De modo que ahora el sur está en condiciones peores que las del norte en toda
su historia mientras que el norte está dispuesto a ser restaurado tanto como lo
estuvo el sur en su historia. Todo está listo para la venida de Ezequías, el nuevo
Salomón, y para la restauración de “todo Israel”.
28:1-8 Cautiverio. Ninguno de los reyes anteriores del sur fueron tan malos
como Acaz. Sin ningún otro preliminar que el v. 1a los primeros cuatro
versículos dan una lista de sus pecados en creciente orden de infidelidad. Ya
que incluye las prácticas abominables por las que Jehovah había echado a
las naciones cananeas cuando Israel entró en Canaán por primera vez (3) no es
de extrañar que Judá empiece a sentir que se le está echando también (5, 8).

Los ataques de Siria e Israel, no muy exitosos en <121605>

2 Reyes 16:5-9, fueron
suficientemente eficaces para las observaciones que el cronista quería hacer. En
primer lugar, el resultante cautiverio fue un adelanto del cautiverio más grande

que va a venir. En segundo lugar, los vv. 5, 6 parecen ser reflexiones
deliberadas sobre las palabras de Abías en <141311>

2 Crónicas 13:11, 12 y 15-17:
Abandonar a Jehovah, el Dios de sus antepasados, resulta en derrotas con gran
matanza y en ser entregados en manos de los enemigos, tanto para Israel como
para Judá.
28:9-15 Los vecinos. Las circunstancias en Samaria son sorprendentes en
varios aspectos. Primero, no solamente hay allí un profeta verdadero sino que
también se le escucha (9, 13). Luego, el revés de las palabras de Abías que
prueban que Judá es tan culpable ahora como Israel lo era antes (ver
comentario sobre vv. 5, 6) no quiere decir que Israel ahora sea inocente; por el
contrario: Dios está enojado con ambos reinos (9, 11, 13). Más adelante,
cuando aparecen jefes en Samaria (12) se supone que la dinastía de reyes del
norte ha llegado a su fin; así que el camino está abierto para que la gente común
del norte se reúna con sus hermanos (8, 11, 15) del sur. El v. 13 parecería
lamentar esta posibilidad y también el hecho de que el norte se sintiera culpable.
Finalmente, la buena acción en el v. 15 que afecta a gente de Samaria y de
Jericó anticipa la parábola de Jesús en <421025>

Lucas 10:25-37. Ambos incidentes
muestran cómo la gracia de Dios obra a veces asombrando y desconcertando a
su pueblo.
28:17-27 Acaz pide ayuda a Asiria. Hay esperanza para el norte. Pero
mientras tanto Judá, con Acaz, sigue hundiéndose más y más. Las acometidas
filisteas (18) recuerdan los días de Saúl como también la clase de situación de
la cual sólo el verdadero rey de Dios puede rescatar a su pueblo (en el pasado
fue David, ahora es Ezequías). Pero el pueblo y el rey juntos se han rebelado
(19), y ya que se niegan a pedir ayuda al único que se la puede prestar, no se
deben sorprender cuando Asiria redujo a Acaz a estrechez en lugar de
fortalecerlo
(16, 20, 21). Finalmente, al pedir ayuda a dioses extranjeros y al
despojar el templo completamente (22-25) todo lo que ha hecho es poner el
reino del sur en la posición que estaba el del norte (<141308>

2 Crónicas 13:8, 9).

Sólo queda un rayo de esperanza: Que cuando muera, alguien tenga la
sabiduría de negarle el sepulcro con los reyes de Israel (27).

29:1—32:33 Ezequías

Las Escrituras cuentan la historia de Ezequías en dos formas muy distintas. Al
reescribir el libro de Rey., el cronista extiende los cuatro versículos de las
reformas religiosas de Ezequías (<121803>

2 Reyes 18:3-6) a 84 (2 Crónicas 29—

31), y reduce el resto (<121807>

2 Reyes 18:7—20:21) a una tercera parte (2

Crónicas 32). Esto no se debe sólo a su gran interés en el templo. En el cap. 28
ha insinuado que la amenaza que Asiria representa sigue creciendo; los días de
su debilidad, cuando el poderío de Uzías tuvo la oportunidad de crecer, ya se
han terminado; ha estado ocupando las naciones más pequeñas del Cercano
Oriente, incluso Israel, y los primeros tres capítulos del cronista sobre Ezequías
se deben leer con vista al inminente peligro de invasión (<143201>

2 Crónicas 32:1).

El reinado de Acaz puso a Judá al borde de la ruina y destruyó a Israel. El
reinado de Ezequías es la oportunidad para que ambos reinos comiencen de
nuevo, un poco parecido al final del reinado de Saúl. Mucho de lo que se
cuenta aquí recordará esa época, frases como conforme a todas las cosas
que había hecho su padre David
(<142902>

2 Crónicas 29:2) —que no es sólo una
fórmula— y capítulos enteros (especialmente 29—31) muestran paralelos a la
obra de Salomón en caps. 7—9. Del punto de vista del cronista, Ezequías es el
mejor rey descendiente de David que ha vivido desde la época de oro.
29:1-19 La reparación y limpieza del templo. De la misma manera que
Jotam ha sido comparado con Uzías, y Uzías con Amasías (<142702>

2 Crónicas

27:2; 26:4), Ezequías se compara con David que murió hace 13 generaciones
(2), y desde el v. 3 en adelante su obra se asemeja a la de Salomón.
Probablemente comenzó “el primer día del año” durante el primer año de su
reinado, no inmediatamente después de su accesión al trono (3, 17), con un
discurso formal a los líderes religiosos —levitas (5) debe incluir a los
sacerdotes quienes, por supuesto, eran de la tribu de Leví— exigiéndoles que
tengan éxito en reparar los estragos que Acaz había hecho en el templo. Acaz
había temido que vendrían muchos problemas y por eso fue en pos de dioses
extranjeros, pero Ezequías no tiene dudas de que primeramente había
infidelidad en Acaz y esa fue la causa de los problemas, que para ahora
incluyen turbación, horror y escarnio (8) —mencionados en <242918>

Jeremías

29:18— tanto como la primera experiencia de exilio para ambos el norte y el
sur (9). Ahora que hay personas responsables que ocupan el trono y el templo,
la ira de Dios será prevenida (10, 11). Todo lo que ha profanado el templo se
lleva al valle al este de la ciudad para ser quemado (16; 15:16). La obra ha
tomado 16 días (17; ver comentario sobre 30:3).
29:20-36 El restablecimiento del culto del templo. La ceremonia de
reabrir el templo comienza con holocaustos (20-24). El sacrificio por el
pecado
representa purificación por el pasado y el holocausto la consagración
para el futuro. Puede ser que el sacrificio del v. 21 se iba a ofrecer por los

pecados del trono, del templo y de la nación (del sur), pero el v. 24 parece
indicar que Ezequías incluyó a las dos partes de la nación. A continuación se
describen las alabanzas de los que adoraban (25-30), aunque todo se hizo
simultáneamente (27). Después de eso, toda la congregación trajo sus ofrendas
(31-36). Igual que en ocasiones similares en las épocas de Moisés, David y
Salomón uno no se sorprende de ver la misma clase de buena disposición,
abundancia y gozo. Esta acción popular la puso en movimiento Ezequías; por
su parte, él “predicaba” lo que los profetas (¡incluyendo a David!) habían
dicho, lo cual era la misma palabra de Jehovah (25); en todo caso, todo se
derivaba de lo que Dios había realizado (36).
30:1-12 La invitación a la Pascua. Después de la reapertura del templo el
primer festival acostumbrado que se celebró en el templo fue la Pascua. Rey.
no menciona esto, y algunos piensan que lo inventó el cronista para justificar las
prácticas del templo de sus propios días y para engrandecer la imagen de
Ezequías. Pero no se ha podido probar ese punto y este capítulo es
consecuente con el resto de esta historia de Rey. que lo muestra tratando de
unir norte y sur alrededor del festival más apropiado para el nuevo comienzo
del pueblo de Dios (5). La decisión de celebrarlo en el segundo mes no fue
arbitraria, como la invención de Jeroboam de una religión alternativa para su
reino del norte cuando se separó al principio (<111232>

1 Reyes 12:32, 33). Todos
estaban de acuerdo con Ezequías que dado que no estaban listos en la fecha
apropiada (3; <142917>

2 Crónicas 29:17) lo mejor era usar la concesión que la ley
permitía de celebrar la Pascua un mes más tarde (<040909>

Números 9:9-11). Esto
había sido diseñado para los que estaban ritualmente “impuros”; p. ej. por
causa de contacto con los muertos, o porque estaban muy lejos de casa: Muy
adecuado para un país que se había alejado de Dios y estaba contaminado por
el choque mortal de religiones paganas.

La invitación (6-9), en términos muy parecidos al discurso del rey a los líderes
religiosos (<142905>

2 Crónicas 29:5-11), es para todo Israel (6), norte y sur (todo
Israel y Judá
). Un aspecto positivo del énfasis del cronista que uno recibe
rápidamente lo que merece es que cada generación puede tener un nuevo
comienzo (8). La reacción del norte es mixta, pero en todos los que se reúnen
—como en <142936>

2 Crónicas 29:36— de nuevo es la gracia de Dios que los trae

(12).
30:13-27 La celebración de la Pascua. La fiesta de los panes sin levadura y
la Pascua iban de la mano; el nombre de cualquiera de las fiestas se podía usar

para las dos. Aunque no se sabe la razón por la cual los sacerdotes estaban
avergonzados (15), lo importante es que se necesitaba liderazgo por parte del
rey, y sirve para recordar que la monarquía y el sacerdocio se necesitan en la
economía de Dios. Las irregularidades en la ceremonia de los vv. 15-20 (que, a
propósito, sería muy raro que el cronista las inventara; ver sobre <143001>

2
Crónicas 30:1-12) eran de esperarse en una situación tan original, o sea, con un
templo restaurado y una nación unida. Pero Ezequías las pasó por alto porque
(como otro Salomón) pudo ver su espíritu más allá de la letra de la ley, y rogó
por su pueblo con las palabras de la gran oración de 7:14 que se recuerdan
también en el clímax del v. 27. Los siete días adicionales del v. 23 recuerdan la
ceremonia original (<140708>

2 Crónicas 7:8-10) y por primera vez desde la época

de Salomón, hubo representantes de todo Israel.
31:1-10 Las ofrendas generosas. Los dioses falsos que habían prometido
prosperidad pero no pudieron otorgarla finalmente son repudiados (1). Es el
regreso al Dios verdadero lo que hace posible la generosidad en este capítulo.
Lo que Ezequías tiene en mente aquí es continuar la adoración de Dios que
había comenzado tan prometedoramente. Como David y Salomón (1 Crónicas
23—26; <140812>

2 Crónicas 8:12, 13) habían hecho antes, Ezequías constituye
grupos de sacerdotes y levitas, y les provee lo que necesitan para sus tareas
religiosas (<132903>

1 Crónicas 29:3; <140910>

2 Crónicas 9:10, 11); y le exige al pueblo
que les den sus estipendios (2-4). Igual que en ocasiones históricas previas, las
ofrendas generosas vienen automáticamente, y no decaen al pasar el año. En el
primer mes se abre de nuevo el templo; en el segundo se celebra la Pascua; en
el tercero comienza la cosecha de granos (fiesta de las Semanas) hasta el final
de la cosecha de uvas (fiesta de los Tabernáculos) en el séptimo mes (5-7).
Ezequías bendice a Israel, como lo habían hecho sus grandes antepasados (8;
6:3; <131602>

1 Crónicas 16:2), por la generosidad que ellos también habían visto

(10; <132906>

1 Crónicas 29:6-9; ver <023602>

Exodo 36:2-7).
31:11-21 La fiel administración. Una vez que se acepta el principio de
“proveer para el ministerio”, Ezequías se dedica a los detalles prácticos del
almacenamiento (11-13), distribución en las ciudades (14-18), y en áreas
rurales (19). Esta obra administrativa, aunque parezca un poco secular, es tanto
parte del servicio de la casa de Dios (21) como cualquiera de las otras cosas
que emprendió y se hace con cuidado y minuciosidad. Es bastante fácil que la
burocracia se haga el enemigo de la vida espiritual, pero hay una gran diferencia
entre las estructuras que impiden el trabajo y las que lo encaminan.

32:1-23 La invasión asiria. Ezequías ha llegado al reino “para un tiempo
como éste” (<170414>

Ester 4:14) en dos sentidos. Nacionalmente, es un tiempo
providencial para la renovación tanto del norte como del sur.
Internacionalmente, la máquina de guerra asiria está por tocar a la puerta y las
campañas de <121817>

2 Reyes 18:17—19:36 que el cronista reduce a un solo
ataque amenazan la destrucción política de Judá. Esta amenaza es el tema de
este capítulo, y se ve a la luz de las reformas religiosas de los caps. 29—31:
donde Rey. da la fecha del año 14 de Ezequías (<121813>

2 Reyes 18:13), Crónicas

dice que pasó después de estas cosas y de esta fidelidad (1).

Se encontró con gran resistencia (2-8). <121812>

2 Reyes 18:12 no indica que tenían
miedo sino que intentaban ganar tiempo para la obras defensivas detalladas en
los vv. 1-8. Para algunas personas de Jerusalén estas obras defensivas eran una
alternativa para no confiar en Dios (<232208>

Isaías 22:8-11), pero para Ezequías
eran la expresión de su confianza. El mensaje de Senaquerib (9-15) demuestra
cuán poco sabía de su enemigo porque lo que pensaba que era un insulto a
Jehovah en realidad era obediencia a él (12). Son los asirios los que en verdad
insultan a Dios (16-19, recordando <190202>

Salmo 2:2) al animar al pueblo de Dios
a creer que esta vez no actuará para honrar su nombre. Por eso la oración del
v. 20, contestada por el ángel destructor (ver <132115>

1 Crónicas 21:15;

<021212>

Exodo 12:12) que causó alguna catástrofe; tanto esto como el asesinato de
Senaquerib se encuentran en la historia secular. Note cómo se despliega la
recompensa tanto la buena como la mala y cómo se describe en el caso de
cada uno de los reyes. La bendición de Ezequías —el término del sitio— fue la
recompensa por las reformas comenzadas hacía 14 años (como ya se discutió
antes); y el castigo de Senaquerib —su asesinato— ocurrió 20 años después
de sus campañas contra Judá. Crónicas acorta toda la historia y la termina con
las señales características del visto bueno de Dios: Reposo para Israel (22) y
fama para Ezequías (23).
32:24-33 El fin del reinado de Ezequías. Puede ser que estos incidentes
corran junto a los eventos que se acaban de describir en lugar de venir después
de ellos: en aquellos días Ezequías cayó enfermo o “en el transcurso de
aquellos días Ezequías había caído enfermo”. Igual que en la última sección,
esta imagen general del rey más importante desde Salomón nos debe advertir
que no simplifiquemos demasiado la doctrina de recompensas y castigos. En
ningún momento se nos contó que la enfermedad fue el resultado de algún
pecado (24a); por otro lado, sanó por medio de la oración, con una señal que
mostró que venía pronto (24b; se asume que conocemos <122001>

2 Reyes 20:1-

11). El furor de Dios (25), tal vez en la forma de la invasión que se acaba de
describir, vino como resultado del orgullo; la retirada del invasor vino como
resultado de la humildad; aunque la segunda tendría más éxito luego (26). El
esplendor de Ezequías fue como el de Salomón (27-29). Los recursos que
tenía disponibles se simbolizan adecuadamente en el famoso túnel que llevaba a
la ciudad una fuente de agua sin fin, las “aguas de Siloé” que su padre Acaz
había desechado porque no quiso confiar en Dios (30; <230806>

Isaías 8:6).
Ezequías todavía era capaz de fallar la prueba, como en el caso de la embajada
de Babilonia que vino aparentemente con un interés astronómico en su “señal”,
probablemente también hablando de las posibilidades de una alianza política
(31; <122012>

2 Reyes 20:12-19). Pero su epitafio final es el que le corresponde a
un hombre sumamente importante y bueno.

33:1-20 Manasés

En <122101>

2 Reyes 21:1-9 se muestra toda la debilidad de Manasés, y lo que
Crónicas añade sirve solamente para subrayarla. El y su padre forman un
contraste enorme, como el que vimos inmediatamente antes con Jotam y Acaz:
Primero bueno, luego malo, más tarde muy bueno y muy malo. Pero el cuadro
que el cronista da es diferente. Al añadir la historia del arrepentimiento de
Manasés altera ese modelo; en lugar de servir para mostrar cómo las
consecuencias de una reinado malo duran por mucho tiempo, él muestra las
consecuencias inmediatas de la primera parte del mal reinado; y en el curso de
su vida ve el modelo de Acaz seguido por Ezequías (que refleja también el
modelo de Saúl seguido por David en la época antigua y más tarde se verá en
el exilio seguido por la restauración).
33:1-9 El pecado de Manasés. Un reinado tan largo, aun más largo que el
de Uzías, generalmente se consideraría la marca de la bendición de Dios.
Parecería que lo largo del reinado estaría en desacuerdo con una historia de
maldad tan constante como se ve en el relato de la historia de Manasés en Rey.
No es sorprendente que el cronista añada los vv. 11-20 al pasaje de Rey.
21:11-20. Pero antes describe al rey en forma peor que a su abuelo Acaz (si
eso es posible), mencionando brujería y ocultismo, y al templo, anteriormente
cerrado, ahora efectivamente profanado (ver <051809>

Deuteronomio 18:9-13). Sin
duda este tipo de prácticas no se hacían solamente por tergiversación, sino que
se les consideraba un medio religioso para alcanzar un objetivo político, en este
caso proteger la posición de Manasés. No aprendió de la historia que esa era

la manera de perder la tierra (2, 8) y hasta actuó peor que los cananeos en su
necedad autodestructiva (9).
33:10-20 El arrepentimiento de Manasés. El pecado de Manasés fue tan
grande, según Rey., que a largo plazo (50 años después de su muerte) hizo que
la destrucción de Judá y Jerusalén fuese inevitable (<122326>

2 Reyes 23:26, 27;
24:3, 4). El cronista, más interesado en las consecuencias inmediatas, llega al
clímax cuando Manasés y el pueblo se niegan a escuchar la advertencia de Dios
(10), y en seguida sigue eso con la humillación del v. 11. Obviamente esto
anticipa el día en que Babilonia será la potencia imperial que llevará a muchos
israelitas al exilio por mucho años. Se han sugerido varias ocasiones cuando
Manasés, forzado por la mayoría de su reino a reconocer a Asiria como señor,
pudo haberse portado mal y haber sido castigado.

Las reformas que acompañaron su arrepentimiento son señales típicas de
bendición (14-17). Su oración (18, 19; cf. v. 13) se ha perdido; la Oración de
Manasés de los libros apócrifos es una composición más nueva. Otro pasaje
del NT estrechamente relacionado es la descripción de la misericordia de Dios
para con “el primero de los pecadores” hecha por Pablo en <540115>

1 Timoteo

1:15-16.

33:21-25 Amón

El relato de su reino es el más corto en Crónicas y es poco más que un
apéndice al anterior. Aquí Amón deshace lo bueno que Manasés hizo en sus
últimos años; y la tarea de su hijo Josías será corregir todo lo malo del reinado
de Amón. En Rey. Amón sencillamente añade a los pecados de Manasés, y a
Josías le toca rectificar el daño de ambos reinos. No se sabe nada más acerca
de la conspiración del v. 24 y no hay nada seguro acerca del pueblo de la
tierra
en el v. 25.

34:1—35:27 Josías

Este relato de Josías, del mismo largo del de Rey. (<122201>

2 Reyes 22:1—23:30),
tiene diferentes énfasis aunque los dos libros lo consideran un gran hombre. En
Rey. todas sus reformas se relacionan con el descubrimiento del “libro de la
Ley”; la famosa celebración de la Pascua se menciona brevemente, pero a él se
le describe como el mejor de todos los reyes de Judá y el clímax de la historia
del reino (<122325>

2 Reyes 23:25). Para el cronista el reinado de Ezequías es el más
importante y desde ese tiempo Judá ha estado yendo cuesta abajo. Al mismo
tiempo no le alcanzan las palabras para elogiar todas las obras piadosas de

Josías (<143526>

2 Crónicas 35:26) y esas empiezan mucho antes del descubrimiento

del libro en el templo.

La fecha que se da en <143401>

2 Crónicas 34:1-8 (años 8, 12 y 18 del reinado de
Josías) ha causado que muchos se pregunten si Rey. y Crónicas están en
desacuerdo acerca de cuándo comenzaron las reformas.Los comentaristas
difieren sobre cuál libro se propone dar un orden cronológico y cuál uno
esquemático. En todo caso, la situación en la historia es el declive en el poderío
e influencia de Asiria lo cual le da a Josías más libertad de acción, alivia la
presión de Judá (para bien o para mal; a Josías le faltará la solidaridad que hizo
posible la unión de Israel bajo Ezequías), y hace que se vuelvan a alinear las
potencias internacionales de modo que Egipto y Babilonia pronto serán las
potencias a las cuales se tendrá muy en cuenta (<143520>

2 Crónicas 35:20, 21;

36:5, 6).
34:1-13 Josías el reformador. El cronista ha rellenado <122201>

2 Reyes 22:1-7
de dos modos: Uno es el carácter piadoso de Josías antes de que comenzara la
reparación del templo y sus métodos exhaustivos una vez que comenzó. Ni al
mismo Ezequías se le da mérito por esta piedad sin desvío (2). La frase siendo
aún muchacho
sin duda indica una búsqueda personal de Dios antes de
cumplir los 20 años de edad (y a los doce años, v. 3). Sus primeras reformas
fueron muy extensas (4-7); los señores asirios de Israel al norte estaban siendo
atacados por otros frentes y no podían cuestionar el movimiento hacia el norte
de la soberanía de Josías (6). De manera característica el cronista considera
que los que hacían la obra y los músicos compartían igualmente del servicio
de los levitas en la casa de Dios (9-13).
34:14-33 Se halla el libro. El descubrimiento del libro de la Ley puede ser
la recompensa por la devoción de Josías, pero si lo es, es bastante incómoda.
No sabemos durante qué período de abandono se perdió el libro y ni siquiera
se sabe qué clase de libro era exactamente, aunque la opinión de la mayoría es
que era parte de Deuteronomio (los caps. 12, 16, 27 y 28 se parecen mucho a
lo que sigue). Quizá también estaban includos más de la Torah, los primeros
cinco libros de la Biblia.

Otro rasgo del excelente carácter de Josías (ver v. 2) es que busca activamente
una palabra de Jehovah (21). La respuesta por parte de la profetisa Hulda (23-
28) es rara porque las maldiciones que el libro anuncia (Deuteronomio 27—28;
quizá también, p. ej. Levítico 26) se refieren a pecados cometidos antes del
tiempo de Josías (25) y el castigo caerá después de su tiempo (28). Josías

murió por heridas sufridas en la guerra (<143523>

2 Crónicas 35:23, 24), pero al
menos no vivió para ver la caída de Jerusalén como sería la experiencia de la
nación. El corazón del pueblo no era como el corazón de su rey. Todos los
hombres de Judá
(30) —la frase utilizada frecuentemente en reinados
anteriores para mostrar la disposición unida de la gente— ahora deben ser
obligados a comprometerse al servicio de Dios (32, 33).
35:1-9 La celebración de la Pascua. Hay solo tres versículos en la historia
más antigua (<122321>

2 Reyes 23:21-23) acerca de este evento excepcional. Para
Josías debe haber sido lo más natural después del pacto que habían renovado
entre Israel y Jehovah (<143429>

2 Crónicas 34:29-32). Estaba ansioso de que se
observaran las fechas y tareas apropiadas (1-4). La nota curiosa (3) acerca de
poner el arca en el templo (¿cuándo fue quitada? ¿Por qué no se la trajo
antes?) puede haber sido una representación de nuevo de la inauguración
original del tabernáculo o del templo. En la opinión del cronista Ezequías fue el
mejor rey, pero la contribución de animales para el sacrificio hecha por Josías
fue más exorbitante que la de Ezequías (6-9), y las ceremonias se referían
directamente a Moisés (12) no sólo a David (15); fue una ocasión única en
toda la historia de la monarquía (18).
35:20-27 La muerte de Josías. En otro agregado al relato de Rey. (<122329>

2

Reyes 23:29, 30) la muerte de Josías, 13 años más tarde, se conecta aquí con
su desobediencia, aunque en circunstancias medio raras. Carquemis (20) iba a
ser el lugar donde se reunirían los asirios a sus aliados egipcios, tratando de
resistir el poderío de Babilonia que seguía creciendo. Si Josías tuvo razón al
ponerse al lado de alguno, no se sabe, pero las palabras del rey egipcio vienen
como mensaje de Dios (22; para palabras similares aunque de otra parte ver

<143623>

2 Crónicas 36:23; <121825>

2 Reyes 18:25; <431149>

Juan 11:49-52). De alguna
manera este mensaje le fue confirmado como uno que debía escuchar. Su
muerte fue lamentada profundamente.

36:1-23 Los últimos reyes

Crónicas termina mencionando los detalles más importantes del relato de los
últimos cuatro reinados de la monarquía de Rey. En Judá, a Josías lo
sucedieron tres hijos y un nieto. A todos se les da los nombres alternativos “del
trono” (ver <130315>

1 Crónicas 3:15, 16; <122417>

2 Reyes 24:17). Nada más se sabe
acerca del hijo mayor, Johanán. Parece que el cuarto, Salum, subió al trono
primero con el nombre de Joacaz; tres meses más tarde lo sustituyó el segundo,
Eliaquim/Joacim a quien lo sucedió su hijo Jeconías/Joaquín después de siete

años; finalmente le tocó el turno al hijo que le quedaba a Josías,
Matanías/Sedequías. Estos cambios se debían a los eventos a nivel
internacional. Asiria estaba en un declive incurable; Babilonia estaba ansioso de
apurarlo; Egipto lo quería hacer demorar. En el transcurso de seis meses en
609 a. de J.C. Josías fue muerto, Joacaz depuesto, Joacim instalado, todo por
parte de los egipcios. Pero en la batalla de Carquemis cuatro años más tarde
Egipto fue derrotado por los babilonios y ellos fueron los que depusieron a
Joaquín el hijo de Joacim (tres meses después de la muerte de Joacim en 597
a. de J.C.) y pusieron a Sedequías en el trono para los últimos pocos años que
le quedaban a la monarquía, hasta que éste también se rebeló y fue quitado.

Aunque el cronista excluye tanto, vale la pena notar lo que incluye. No
menciona la muerte de ningún rey pero sí nota que cada uno en su turno
desaparece de la escena, causando la ruina de la monarquía de David. También
menciona el saqueo y destrucción final del templo de Salomón. Y deja bien
claro que sea lo que fuere el castigo a largo plazo que todo esto representa,
también es el pago inmediato por los pecados de la última generación. Y sin
embargo, Israel sobrevive, tanto la nación como la tierra, como lo hacen obvio
los últimos versículos del libro aunque terminan en 36:21 sin añadir el anuncio
de la restauración de Ciro.
36:1-4 Joacaz. Ya en el tiempo de Josías hacía más de un siglo que el
Imperio Asirio dominaba el Cercano Oriente. Pero en los últimos años lo
apuntalaba Necao, rey de Egipto, quien también fue responsable por la muerte
de Josías (<143520>

2 Crónicas 35:20-24). Por alguna razón se saltaron a los tres
hijos mayores de Josías (quizá Johanán ya había muerto) e hicieron rey al
cuarto con el nombre de Joacaz. La multa que se demandaba en el v. 3
seguramente hizo mermar el tesoro del templo (ver vv. 7, 10 y 18) y después
de tres meses Necao quitó a Joacaz del trono y lo sustituyó con su hermano
Joacim. El sacerdocio y la monarquía estaban acercándose peligrosamente al
fin. El exilio de Joacaz en Egipto fue un adelanto del cautiverio más grave que
se venía.
36:5-8 Joacim. Fue durante el reinado de Joacim que Babilonia se apoderó
de la región al tomarla de manos de Egipto (<122407>

2 Reyes 24:7). Puede ser que
el sometimiento de Joacim al poderío babilonio (6) no ocurrió cerca del fin de
su reinado, como uno pensaría al leer el v. 6, y es posible que no haya ido a
Babilonia y mucho menos que haya muerto allí (<122401>

2 Reyes 24:1, 6). Pero el
cronista usa dos veces las palabras fatalistas a Babilonia, en el v. 6 refiriéndose

al rey y en el v. 7 a los tesoros del templo. El exilio y el fin del templo y el trono
son más y más inminentes.
36:9-10 Joaquín. El reinado de Joaquín aparece más abreviado que los dos
anteriores. Parece que hubo una rebelión en contra de Babilonia que fue la
causa por la cual Nabucodonosor vino en persona y mandó llevarle (<122410>

2

Reyes 24:10-12). Lo único que le importa al cronista es que nuevamente
tesoros del templo y del palacio del que ocupa el trono fueron llevados a
Babilonia.

36:11-21 Sedequías. El relato del reinado de Sedequías se une con la
historia de la ruina final del reino. Su pecado se menciona (12) pero representa
el pecado de la nación (14); las reformas de Josías, tal como se había insinuado
entonces, no tuvieron un efecto duradero y el colmo llegó cuando el pueblo se
negó a escuchar y a confiar en los mensajes de Dios (16). En los términos que
se han usado tanto desde 7:14, no hubo humildad (12), no se volvieron a Dios
(13) y, como consecuencia, no hubo remedio (16). Se destaca el hecho de que
todo lo ha realizado Dios (15-17), y lo que está haciendo es llevarse a
Babilonia
(18, 20) todo lo que queda del templo de Salomón y toda la
población del reino de David. “La gente más pobre del pueblo de la tierra” se
quedó (<122414>

2 Reyes 24:14), pero el cuadro del cronista es que la tierra quedó

prácticamente despoblada.

Sin embargo, los vv. 20, 21 muestran que Dios tenía la intención de conservar
un remanente de su pueblo en Babilonia, que esta tierra también sobreviviría —
su devastación era efectivamente el sábado largamente esperado— y que su
palabra (<242511>

Jeremías 25:11) no estaba contradicha sino confirmada por estos

eventos.
36:22-23 Posdata. Estos son los primeros versículos de Esdras, añadidos
aquí (no se sabe por quién) para unir las dos historias. Verdaderamente
Crónicas no los necesita para completar su mensaje dado que la promesa de
restauración ya está incluida en los dos versículos anteriores.

Michael Wilcock

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