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Comentario Biblico, Antiguo y Nuevo Testamento

Comentario Biblico, Antiguo y Nuevo Testamento

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Publicado porM. Camilo
Esto es de gran ayuda permitiendo más claridad a pasajes en la escritura.
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INTRODUCCIÓN

Originalmente los libros de Crónicas fueron sólo un libro y el nombre en heb.
era “Los eventos del día”; es decir, en el sentido más estricto de la palabra un
“diario” aunque se le debería haber llamado “anales”: los eventos de los años.
La LXX, versión gr. del AT, lo llamó “Paraleipómenon”, el “libro de cosas
omitidas” ya que a primera vista parecería contar de nuevo las historias de los
libros de Sam. y Rey. añadiendo alguna información que ellos omiten. Al leerlo
más cuidadosamente nos damos cuenta muy pronto de que el nombre es
inadecuado porque obviamente Crónicas hace más que rellenar los huecos.
También excluye mucho de lo que Sam./Rey. cuentan, y cuando los dos
cuentan la misma historia generalmente lo hacen de forma muy diferente. Al
traducir la Biblia al latín, Jerónimo dijo que este libro era de hecho una “crónica
de toda la historia sagrada” y de allí es de donde proviene el título actual. Tal
como lo indica Jerónimo, no solo cubre el período que Sam./Rey. relatan sino
la historia del AT completa desde Adán hasta casi la gente del tiempo del
mismo autor.

FECHA Y PATERNIDAD LITERARIA

Después que Ciro, rey de Persia (quien conquistó Babilonia en 539 a. de J.C.)
ascendió al poder, muchos de los judíos que vivían desterrados en su territorio
regresaron a su propia tierra. Ya que Crónicas más de una vez da por
concedido ese hecho, debe ser obvio que fue escrito después de ese evento.
Muchos han creído que Crónicas, Esdras y Nehemías fueron todos escritos por
la misma persona y que esa persona fue el mismo Esdras, quien los escribió
bastante pronto después de haber regresado del exilio. Pero también hay
motivos para fechar Crónicas más tarde, probablemente en el siglo IV a. de
J.C. Si eso es correcto entonces no se sabe quién fue el autor. Simplemente se
le llama “el cronista”. En todo caso su libro fue escrito para la comunidad judía
que se había establecido nuevamente en el área alrededor de Jerusalén con un
templo reconstruido y con sacerdotes descendientes de Aarón (aunque ya sin
trono para los reyes de la descendencia de David dado que ahora formaba
parte del Imperio Persa).

CONTENIDO

Aunque Crónicas cubre un período larguísimo de historia, se concentra en el
período de la monarquía, cuando Israel fue gobernada por cerca de 450 años
por una sucesión de reyes desde Saúl (c. 1050 a. de J.C.) hasta Sedequías (c.
600 a. de J.C.). Seguramente Sam./Rey. fue su fuente de información principal,
reforzada por otros libros que para nosotros se han perdido. En lugar de
idealizar los eventos que no se encuentran en la historia más antigua —como
algunos han sugerido— es posible que el cronista esté siguiendo distintos
documentos veraces. En 1 Crónicas 1—9 se han compilado listas de nombres
(la mayoría pero no todas de árboles genealógicos) que unen la historia del
pueblo de Dios desde el principio de los tiempos bíblicos. Primero Crónicas
10—29 cubre el reinado de David, y 2 Crónicas 1—10 el de Salomón. 2
Crónicas 11—36 trata el linaje real que descendió de ellos —o sea los reyes
del reino israelita sureño de Judá— hasta que termina en el exilio en Babilonia.

PROPOSITO

Crónicas presenta la historia desde un punto de vista diferente de Sam./Rey.
Las diferencias, los rasgos característicos de Crónicas, tienen que ver con la
teología —verdades acerca de Dios y del pueblo de Dios que le interesan—
del cronista. De principio a fin asume que sus lectores ya saben lo que pasó y
su objetivo es interpretar los hechos.

De estas características, una de las más obvias es el énfasis en el linaje real de
David, y por lo tanto en el reino ubicado en Jerusalén. (Los reyes que
gobernaron el reino del norte desde 931/30 a. de J.C. en adelante de por sí no
le interesan mucho.) Otro asunto al que le dedica mucho tiempo y lugar es el
templo de Salomón con su sacerdocio y su culto. Algunos han sugerido que
este interés especial se debía a su deseo de motivar a sus contemporáneos a
dedicarse con todo corazón a las actividades del “segundo templo”, el templo
de ellos que reemplazó al de Salomón pero sin la misma grandiosidad. Pero
cuando nos fijamos en cuán seguido dirige la atención del lector no sólo al
templo de Salomón (del cual tenían uno equivalente en sus días), sino también al
trono de David (del cual no tenían equivalente), estamos en camino a
comprender el significado más profundo de su mensaje. No se trata de
celebraciones religiosas ni de estructuras políticas. El doble énfasis de trono y
templo, monarquía y sacerdocio que da el cronista es relevante en toda época

porque el primero es acerca de cómo Dios gobierna a su pueblo, y el segundo
es acerca de cómo el pueblo se relaciona con Dios.

Esto a su vez ayuda a explicar la opinión del cronista sobre el reino dividido. En
lo que a nombres respecta, el norte se llamaba Israel y el sur Judá. Pero el
verdadero “Israel” se refería a todos aquellos para los cuales la monarquía
verdadera se expresaba por medio de los hijos de David y el sacerdocio
verdadero por medio de los hijos de Aarón. Esto se refería directamente a los
del sur (al menos que se rebelaran), pero podía incluir a los del norte igualmente
(si volvieran). 2 Crónicas 13 es un capítulo clave en este respecto (ver
especialmente vv. 4, 5, 8-12). El cronista por lo tanto utiliza frecuentemente la
frase “todo Israel”, habla de la posibilidad de su reunificación y renovación, y
presenta una imagen de un Israel ideal (no como si fuera una fotografía de la
nación en un momento dado, sino como un calidoscopio o montaje de
vislumbres reunidas de varios lugares y de diferentes tiempos).

En manera semejante describe una monarquía ideal en el centro de una Israel
ideal en los reinados sucesivos de David y Salomón. Como ya hemos notado,
sus primeros lectores conocían bien las historias de estos dos hombres, y
sabían cuán humanos eran, incluyendo sus grandes fracasos y virtudes. Así que
nosotros, como los antiguos lectores, debemos entender que la representación
de David y Salomón que nos da el cronista es el “retrato oficial” que
complementa (y no contradice) al de Sam./Rey. con arrugas y verrugas
mundanas. Nunca es incorrecto, lo que sí es selectivo. Llama la atención a las
características de sus reinados que nos demuestran algunos aspectos de la
manera corriente en que Dios gobierna las vidas de su gente.

Lo que el cronista anhela para su propia época y lo que constituye su mensaje
para las épocas futuras incluye todo esto y también tres características más.
Una es continuidad. Esto se destaca en las listas de nombres en los primeros
nueve capítulos, las cuales unen al pueblo de Dios a través de las generaciones;
y a nivel más profundo por medio de su constante interés en principios
inalterables. Le gustaría poder decirnos que no hay motivos por los cuales
(teniendo en cuenta el cambio de algunas circunstancias) los mismos principios
no debían de poder aplicarse en la vida del pueblo de Dios tanto ahora como
en aquel entonces.

Otra característica es lo que algunos llaman “retribución merecida”, lo que
significa “si peco recibiré mi castigo” (aunque también “si obedezco recibiré
bendiciones”). Las Escrituras reconocen en otras partes, y el cronista también

lo hace, que en la práctica las cosas son más complicadas que eso, pero este
principio de causa y efecto sigue como hecho básico y fundamental. Una de sus
consecuencias es que siempre existe la esperanza nueva para cada nueva
generación: Para simplificar este aspecto de este principio también se entiende
que “si me arrepiento, seré perdonado”. El NT simplemente clarifica el
principio. El cristiano, tal como su homólogo en el AT, descubre que tanto la
obediencia como la desobediencia tienen efectos inevitables; y la persona que
no es convertida, por su parte, recibirá el castigo por el pecado básico de
rechazar a Cristo, y recibirá bendición cuando obedezca el evangelio.

Finalmente, hay estadísticas sorprendentes del cronista. Sumas de dinero, el
tamaño de los ejércitos, y cosas por el estilo, muy seguido difieren de las de
Sam./Rey., y frecuentemente son tan grandes que parecen ser improbables.
Muchas de las discrepancias de hecho se pueden hacer compatibles fácilmente,
y puede ser que muchas de las aparentes exageraciones se deban a
malentendidos de palabras como “miles”, que generalmente se refiere a
unidades de combate mucho más pequeñas; o a la clase de errores que uno
comete al copiar documentos como los que nosotros mismos hacemos cuando
agregamos un cero extra o ponemos la coma en un lugar equivocado. Pero
varias de estas dudas siguen sin explicación. Es apropiado dejarlas de esa
manera, siempre y cuando recordemos que en otras áreas el cronista era un
escritor muy cuidadoso; que su preocupación con los principios regulares por
los cuales Dios obra en el mundo sería servida mejor por los hechos
verdaderos que por la ficción; y que tanto él como sus primeros lectores —
quienes conocían bien las historias antiguas (Sam./Rey.) y que estaban mucho
más cerca que nosotros del mundo que ambas historias describían—
obviamente tomaban con mucha más calma esos asuntos como las cifras que
nos parecen difíciles de aceptar.

BOSQUEJO DEL CONTENIDO

1 Crónicas

<130101>

1 Crónicas 1:1—9:34 Conexiones

1:1—3:24 Conexiones con el pasado
4:1—7:40 Conexiones entre la familia
8:1—9:34 Conexiones entre la corona y el templo

<130935>

1 Crónicas 9:35 —29:30 David

9:35—12:40 Rey y pueblo
13:1—14:17 David en Jerusalén
15:1—17:27 El arca del pacto
18:1—20:8 Israel entre las naciones
21:1—22:19 La casa de Dios
23:1—27:34 Organización del templo y el reino
28:1—29:30 La sucesión

COMENTARIO

1:1—9:34 CONEXIONES

El estilo de los primeros capítulos de Crónicas es tan desconocido para los
lectores modernos que fácilmente nos podría desanimar y hacernos pensar qué
posible valor podrían tener para nosotros. Debido a esto, debemos recordar
que el contenido del libro es bien conocido para los que están familiarizados
con el resto del AT (aunque el estilo no lo sea), y que lo era aun más para las
personas para las cuales fue escrito.

La sección <130101>

1 Crónicas 1:1—9:34 es una introducción apropiada para el
resto del libro porque el cronista hace aquí lo que hará a través del libro entero.
Toma datos acerca de la historia del pueblo de Dios que ya son bien conocidos
y los describe de una manera nueva. También abarca el período de toda la
historia, desde el comienzo hasta prácticamente su misma época; y aunque es
lógico que tiene que omitir una gran cantidad, incluye muchos personajes y
eventos auténticos. De modo que su concepto de la historia es tanto
comprensivo como personal.

A los primeros nueve capítulos se les llama frecuentemente “genealogías”. En
verdad contienen muchos árboles genealógicos, y para poder entenderlos
puede ser que le ayude al lector reflexionar sobre listas similares en partes de la
Biblia más conocidas. Génesis 5, p. ej. muestra cómo Dios se ocupó de que la
raza humana se esparciera a través de la tierra tal como lo había planeado, y
cómo la preservó a pesar de ser tan pecaminosa. Mateo 1 muestra cómo Dios
se ocupó de que por medio de la misma raza el hombre que habría de salvarla
de sus pecados finalmente viniera al mundo. De la misma manera, uno de los
grandes temas de Crónicas es que los propósitos de Dios para el beneficio de
la humanidad nunca fallan.

Aun así “genealogías” en un término muy limitado para describir estos capítulos,
porque incluyen otros tipos de listas. Lo que todas estas listas tienen en común
es que los nombres en todas ellas no han sido solo coleccionados sino que
están conectados. Esas conexiones, tanto las de padre e hijo como de otras
clases, nos dicen que Dios obra continuamente a través de la historia de su
pueblo.

1:1—3:24 Conexiones con el pasado

El árbol genealógico de <130101>

1 Crónicas 1:1—3:24 comienza en el principio de
la historia humana y va hasta quizá el año 400 a. de J.C., cuando fue escrito
Crónicas En uno de los extremos encontramos a Adán, al antepasado de toda
la humanidad; en el otro a una familia judía que se había establecido
nuevamente cerca de Jerusalén después del exilio, y para esa comunidad fue
escrito el libro. La conexión es una sucesión continua (algunas de las ramas de
familias se expanden mientras que otras no) pasando por Noé, Abraham y
David.
1:1-3 La familia de Adán. Esta lista proviene de Génesis (<010503>

Génesis 5:3-

32) y básicamente nombra las diez generaciones desde Adán hasta Noé.
1:4-27 Las familias de Noé. La primera vez que se expande el árbol las
familias de los hijos menores de Noé aparecen antes que la de Sem, cuya
genealogía formará el tronco principal, tal como en Génesis 10. Ese capítulo es
reducido y resumido un poco, mientras que <011110>

Génesis 11:10-26 lo es mucho
más, en lo que corresponde a los vv. 4-23 y vv. 24-27. El cronista también
copia de Génesis las descripciones breves y memorables de Nimrod (10) y
Peleg (19), los primeros dos comentarios secundarios de muchos más que
añaden toques vívidos a lo que de otra manera sería listas aburridísimas de
nombres.
1:28-33 La familia de Abraham. Nuevamente, la familia principal se guarda
para el final, de modo que antes de la familia de Isaac tenemos la de Ismael
(<012512>

Génesis 25:12-16 abreviado), y también las de sus hermanastros, los hijos
de Abraham no por Sara ni por Agar sino por Quetura (<012501>

Génesis 25:1-4).

1:34-54 Las familias de Isaac. Una vez más Crónicas presenta la familia
secundaria primero, los hijos de Esaú, (35) antes de la familia más importante
que es la de su hermano menor Jacob. De nuevo los detalles han sido
resumidos y reducidos (<013610>

Génesis 36:10-14, 20-43) asumiendo que los

lectores ya sabrían por su conocimiento de <013609>

Génesis 36:9 la razón por la

que Esaú (34), Seír (38) y Edom (43) han sido agrupados de esta manera. Los
reyes edomitas se mencionan no como árbol de familia sino simplemente como
sucesión, y puede ser que los jefes ni fueran eso; pero no importa, siempre y
cuando se establezca la conexión entre los nombres. Estas personas no son
sólo nombres, como lo prueban las breves descripciones de los dos Hadad
(46, 50), que como la de Nimrod (10), añaden sus toques de realismo.
2:1, 2 Las familias de Israel. La familia central que el cronista siguió desde
Adán a través de Noé y Abraham llega ahora al hermano de Esaú, Jacob. El
nombre “Jacob” aparece sólo en un capítulo de su libro, donde se refiere a lo
que escribió otro autor (<131613>

1 Crónicas 16:13, 17; <19A506>

Salmo 105:6, 10); el
cronista siempre utiliza la expresión alternativa, “Israel”. La continuidad de
Israel, el país que milagrosamente todavía sobrevive en su propia época, y la
gracia de Dios que lo ha preservado hasta entonces, son su gran tema; de
modo que desde el principio ese es el nombre que prefiere.
2:3-9 Las familias de Judá. La mayoría de estos parentescos están
mencionados en <014612>

Génesis 46:12 (ver Génesis 38) y Josué 7. Los nombres
de Hemán y Eitán aparecen también en los encabezamientos de los Salmo 88 y
89 (ver también <110431>

1 Reyes 4:31), así que puede ser que esta sea la primera
insinuación de que el cronista está tan interesado en el culto del templo de Israel
como en su monarquía y familia real. De aquí en adelante él trata con la línea
real, no como última sino como primera.

Está igualmente interesado en Israel entero, y lo que significa pertenecer al
pueblo de Dios. Hace esa observación con cuatro de los nombres de esta
sección. En el caso de Batsúa (“hija de Súa”), Judá se casa con una mujer
pagana, su relación con Tamar es incestuosa, y sin embargo, por la gracia de
Dios, las dos mujeres son añadidas al árbol de familia, Tamar ciertamente de
una manera privilegiada (ver <400103>

Mateo 1:3). Esta clase de énfasis no tiene
igual en Esdras ni en Nehemías; ver la Introducción sobre paternidad literaria.
Por otro lado, Er y Acar nacieron en la “familia santa” pero eso no les asegura
automáticamente de la gracia de Dios.
2:10-17 La familia de Judá por Ram. Esta es la familia que nos lleva a Isaí
y de él a David, quien ocupará el centro del concepto que el cronista tiene de la
historia. El concepto de un “árbol de familia” es bien apropiado en este
momento; el tronco de Isaí (ver <231101>

Isaías 11:1, 10) es una figura conocida en
el arte religioso de la Edad Media. De nuevo, el cronista está igualmente
interesado en el tronco principal del árbol (10-12) y en las ramas que de él

crecen (13-17). No ha extraído la información de esta sección de un solo
documento, aunque la mayoría de los detalles se encuentra en otras partes
(<040203>

Números 2:3; <080419>

Rut 4:19-22; <091606>

1 Samuel 16:6-13, donde se le llama

a David el octavo hijo de Isaí; <100218>

2 Samuel 2:18). Parece que él mismo la ha
compuesto y, dado que las generaciones mencionadas aquí no son suficientes
para cubrir los nueve siglos entre la emigración de Judá a Egipto y la edificación
del templo por Salomón (<021240>

Exodo 12:40; <110601>

1 Reyes 6:1), podemos llegar
a la conclusión de que le preocupa más la continuidad que el cumplimiento. (Se
debe notar la “elasticidad” de las genealogías bíblicas, ya que el término bíblico
“padre” puede referirse a cualquier antepasado varón e “hijo” a cualquier
descendiente varón.)
2:18-24 La familia de Judá por Caleb. Existen varias dificultades con el
primer y el último versículo de esta sección. Puede ser que quieran decir que de
su mujer Azuba
Caleb fue el padre de Jeriot (¿una hija?) (18), y que después
que murió Hesrón
Caleb tuvo un hijo con su esposa (24). En todo caso, a este
Caleb no se le debe confundir con el Caleb de Números 13 y 14, que fue
contemporáneo del descendiente de este Bezaleel. El hecho de que Bezaleel
aparezca aquí (20) une nuevamente las dos mayores preocupaciones del
cronista, o sea la monarquía y el templo, al mencionar, en medio de la familia
real que engendró a David, al hombre que dirigió la construcción del santuario
original (<023102>

Exodo 31:2-5).
2:25-41 La familia de Judá por Jerameel. Después de varias ramas (25-
33), el árbol genealógico corre directamente a Elisama (34-41). Si está
completo, él sería más o menos contemporáneo de David; si este es uno de
esos casos de “exageración” donde se han omitido algunas generaciones y
“padre” se refiere realmente a “antepasado”, puede ser que haya vivido durante
la misma época que el cronista. Lo que sí es más importante es la aparición de
otro extranjero, Jarja (34, 35) asimilado de la misma manera que Batsúa (3) sin
ninguna evidencia de desaprobación, aunque ella representa a Canaán y él a
Egipto: los dos principales enemigos de Israel antes y después del éxodo. (En
vista del v. 34, puede ser que Ajlai en el v. 34 es hija o nieta de Sesán.)
2:42-55 La familia por Caleb (repetición). La mención aquí de más
“calebitas” no significa que el cronista tenga una mente desorganizada. Esta
forma de repetir los temas anteriores, por el contrario, anuncia un tipo de
arreglo muy cuidadoso, lo cual se hace aparente cuando vemos que <130210>

1

Crónicas 2:10—3:9 trata en orden las familias de Ram, Caleb, Jerameel, Caleb

y Ram. Este diseño cruzado se puede encontrar en muchas partes de la Biblia.
Hur une las dos listas de Caleb (19, 50), pero la segunda generalmente tiene
que ver con algo nuevo. Zif, Hebrón, Quiriat-jearim y Belén (42, 50, 51) no
son personas sino lugares —qiryat y bet significan “ciudad” y “casa”
respectivamente— y “padre”, en este caso podría traducirse como “fundador”
o “líder”. De la misma manera, los vv. 52-55 no tienen tanto que ver con
personas sino con clanes (como las naciones en <130111>

1 Crónicas 1:11-16).
3:1-9 La familia por Ram (repetición). Aquí está la familia que vino de
David, para balancear (en la sección anterior Ram) la familia de la cual provino
David. Esta información pudo haber venido de <100302>

2 Samuel 3:2-5; 5:5, 14-
16, aunque por raro que parezca, Crónicas tiene el relato más completo,
mencionando nada menos que 19 hijos de David.
3:10-16 La familia de Salomón. Esta sección cubre la mayoría de los años
del reino, aunque el cronista casi ni lo menciona (sólo la palabra “reinó” en el v.
4); su preocupación en estos capítulos tiene que ver con personas y sus
conexiones. La cantidad de información que ha compuesto hasta ahora se
concentra en un cabo, la genealogía de los reyes. Pero eso no quiere decir que
se incluirá a todos los monarcas israelitas. Falta Saúl, Atalía y todos los reyes
del norte después de la división del reino. Lo que importa es la descendencia
de David. La fuente de información del cronista es por supuesto los libros de
Rey. ¡He aquí una simplificación drástica!
3:17-24 La familia de Joaquín. Esta sección prácticamente ignora dos
momentos decisivos de la historia de Israel: el exilio y la restauración. De la
misma manera que la única insinuación de la monarquía fue la frase “David...
reinó” (4), la única insinuación de estos acontecimientos es la frase Joaquín el
cautivo
(17). Mucho más importante para el cronista es que el pueblo de
Israel, y en particular la descendencia de David, ha sobrevivido todo este
tiempo, y las últimas personas de esta genealogía, los hijos de Elioenai (24),
ponen al día y actualizan una historia que comenzó con Adán.

Nota. Surgen dos rompecabezas aquí. En otras partes de la Biblia Zorobabel
es el hijo de Salatiel, no de Pedaías (19); una explicación que se ha sugerido es
que Pedías se casó con la viuda de su hermano y el hijo de ellos vino a ser el
hijo de Salatiel (ver <052505>

Deuteronomio 25:5, 6). La palabra inesperada seis
(22) tiene sentido si las palabras y sus hijos han sido insertadas en el versículo
accidentalmente.

4:1—7:40 Conexiones entre la familia

El cronista incluyó en los caps. 1—9 más de una genealogía de Judá y más de
una genealogía de Benjamín. ¿Por qué? Judá está presente en los caps. 1—3
como parte del árbol de la familia real de David, lo cual es el tema de esos
capítulos; y Benjamín aparecerá en los caps. 8—9 como parte de la línea real
de Saúl, el tema de esos capítulos. Tanto Judá como Benjamín figuran en los
caps. 4—7 como dos de las tribus que se extienden como ramas del árbol de
Israel.
4:1-23 La tribu de Judá. Varios puntos conectan esta lista con la del cap. 2,
pero en general no se sabe cómo están relacionadas. Sin embargo, tal como
antes (<130110>

1 Crónicas 1:10, 19, etc.), el cronista incluye puntos no sólo de
interés sino de importancia. En primer lugar, estas son personas de verdad.
Cuando el lector encuentra nombres de lugares como Belén y Tecoa (4, 5)
entre ellos —”padre” en estos casos significa “fundador” o “líder”; ver
comentario sobre <130242>

1 Crónicas 2:42-55— se debe recordar que el libro está
basado en hechos reales y no ficticios. Los significados de los nombres y las
profesiones de la gente dan un realismo adicional: Belén es “casa de pan”,
Najas (12) es “ciudad de bronce”; Jarasim (14) es “valle de artesanos” y en
otras ciudades florecen los trabajadores del lino y alfareros (21-23).

En segundo lugar, estas personas ilustran principios espirituales. Jabes (9, 10)
es digno de honor porque su nombre, que suena como la palabra heb. “dolor”,
hubiera sido considerado desafortunado; pero la fe en Dios comunicada por
medio de la oración acaba con esas supersticiones. Mered (17, 18) se casó
con una mujer egipcia —estos versículos han ocasionado mucho debate, pero
ese hecho al menos está claro— y es aun otro ejemplo (ver <130203>

1 Crónicas
2:3, 34, 35) de cómo improbables extranjeros fueron incluidos en la membresía
del pueblo de Dios, y demuestra la amplitud de la visión del cronista. Puede ser
que Caleb, hijo de Quenaz (v. 15), muy prominente más adelante (<061406>

Josué
14:6-15), haya sido otro extranjero, adoptado por la tribu de Judá sin haber
nacido en ella.
4:24-43 La tribu de Simeón. La próxima es la tribu de Simeón, siempre
asociada directamente con Judá, cuyo extenso territorio compartía. <061901>

Josué

19:1-9 menciona esto en la lista de lugares reproducidos en los vv. 28-33.
Estos datos geográficos, con mucha menos genealogía que en <130401>

1 Crónicas
4:1-23, indican que la tierra y la población de la tribu habían disminuido, de lo
cual estaban conscientes los lectores del cronista (Simei, v. 27, es la excepción

que prueba la regla). Por el otro lado ninguna tribu de Israel puede simplemente
marchitarse, y los vv. 38-43 dan ejemplos de vitalidad inclusive en Simeón.
5:1-26 Las tribus de Transjordania. Como en el caso de Simeón, se dan
datos geográficos para el próximo grupo de tribus. Rubén, Gad y la media tribu
de Manasés se instalaron al este del Jordán en las regiones mencionadas en los
vv. 8b-11 y 23, que colectivamente se conocen como Galaad. El cronista
menciona que Rubén fue el primogénito de Israel (1), aunque los derechos del
primogénito fueron transferidos a José (y así a Efraín y a Manasés) y el lugar
dominante pasó a Judá (<013522>

Génesis 35:22; 48; 49:4, 8-12, 22-26). Como en
el caso de Simeón, tenemos detalles de batallas. Todas estas tribus de Galaad
tomaron parte en la campaña de los vv. 19-22 y sufrieron la invasión del v. 26.
Si la guerra con los hagrienos es la misma que la del v. 10, entonces los dos
eventos se responden uno al otro desde cada extremo de la ocupación de
Transjordania que duró tres siglos (10, 26; obviamente muchas generaciones
de la familia de Rubén han sido omitidas en los vv. 3-6). Ellos ilustran una regla
espiritual básica: por un lado, la victoria se debe a la oración creyente (20); por
el otro, la derrota se debe a la rebelión incrédula (25, 26).
6:1-81 La tribu de Leví. Con 81 versículos y la posición central dedicada a
ella, esta tribu es evidentemente de gran importancia. Su historia (vv. 1-30)
declara la razón inmediatamente. Los sumos sacerdotes de Israel descendieron
de Cohat, el segundo hijo de Leví. El sacerdocio y la monarquía forman el tema
principal de Crónicas Así que aquí la genealogía se sigue hasta el exilio (15);
nuevamente, la continuidad es más importante que los grandes eventos que
interrumpen el relato, y en este capítulo no hay tales eventos (ni siquiera el
éxodo; y a Moisés se le menciona de paso no más, v. 3) excepto por —y note
la importancia— la construcción del templo (10). Si ese detalle realmente
pertenece, como muchos piensan, al v. 9, cabe exactamente en el centro de la
lista, así que aquí también hay un diseño formal que subraya la centralidad del
templo y el sacerdocio. Otras ramas del árbol de familia siguen a continuación;
una de ellas incluye al gran Samuel (27, 28), con tan poco énfasis como el que
recibió Moisés.

La función de la tribu (31-53) se relaciona en forma similar con el punto
principal, los reinados de David y de Salomón, cuando se establecieron a los
tres músicos principales Hemán, Asaf y Eitán, uno de cada una de las familias
levíticas (33, 39, 44). Las 12 generaciones de Aarón, los sumos sacerdotes
que ofrecían los holocaustos y las ofrendas (49-53), confirman el mismo punto.

El alcance de la tribu (54-81) abarca toda la nación. Leví no tiene territorio
propio como tribu, pero cada una de las otras tribus le da ciudades y tierra. Es
muy típico del cronista que escriba de esta manera cuando las condiciones eran
tan diferentes; como si quisiera decir que no importa lo que pase, el principio
de un sacerdocio representativo debe ser mantenido.
7:1-12 Las tribus militares. Algo nuevo aparece aquí: detalles acerca del
poderío militar de una tribu. Con tan pocos nombres en comparación con listas
anteriores (casi nada considerando que a Isacar y David los separaban 900
años, vv. 1, 2), puede ser que al cronista le escaseaba información genealógica
y tuvo que utilizar informes de censos militares para completar la lista. El
número de hombres de guerra en el tiempo de David ayuda a reiterar el hecho
de que en el pasado Israel era muy diferente a la nación, pobre y reducida, que
había llegado a ser en la época del cronista, y uno debe buscar bajo la
superficie lo que se refiere a la idea de poderío verdadero.

Notas: Acerca de los números tan altos en esta sección, ver la Introducción.

La tribu de Dan no está mencionada aquí, a menos que el v. 12b lea (ver

<014623>

Génesis 46:23): “Los hijos de Dan: Husim, su hijo, uno.”

Algunos creen que la sección completa de Benjamín (6-12) es en verdad sobre
Zabulón, quien de otra manera (como en el caso de Dan) no figura para nada
en la lista, mientras que la verdadera genealogía de Benjamín está en el cap. 8,
poniendo en equilibro la de Judá en el cap. 4. Por el otro lado, la secuencia
Benjamín/Dan/Neftalí en <014621>

Génesis 46:21-24 puede ser que aquello es lo que

tenemos aquí también en <130706>

1 Crónicas 7:6-13.
7:13-40 El resto de las tribus. Las secciones de Manasés y Efraín son
difíciles. En la primera, la referencia a Galaad (¿lugar o persona?, ver

<043239>

Números 32:39, 40) no clarifica si los vv. 14-19 tratan de la tribu entera de
Manasés o sólo de la mitad de ella (ver 5:23); y la mención de Maaca es rara a
menos que se suponga que uno debe omitir algunas de las palabras del v. 15
para poder leer “tomó mujer... (quien) se llamaba...” También es poco claro en
la próxima sección si el Efraín de los vv. 22, 23 es el fundador de la tribu, el
hijo de José (nacido en Egipto, <014150>

Génesis 41:50-52), o un descendiente del

mismo nombre. Las otras dos secciones son sencillas.

No debemos despreciar a estas tribus, aunque es cierto que llegarían a formar
parte del renegado reino del norte. El cronista hace notar que en estas listas,
como en el caso de las anteriores, los que no son israelitas son bienvenidos a la

familia de Israel (14), hombres ilustres han nacido de ella (27), y las mujeres
reciben un lugar de honor (15b [ver Números 36] y 24).

8:1—9:34 Conexiones entre la corona y el templo

Quizá Benjamín en el cap. 8 es el último en una secuencia de cinco que pone en
equilibrio a Judá en el cap. 4: Una tribu real en cada extremo con la tribu
sacerdotal de Leví (cap. 6) en el medio (ver nota sobre <130706>

1 Crónicas 7:6-
11). El cap. 9 entonces expone una vez más una sección predominantemente
levita (1b-34) y una benjamita (35-44), una sacerdotal y una real, para hacer la
transición que lleva a la próxima sección principal del libro. O uno podría tomar
los caps. 4—7 como un estudio breve de las tribus, y <130801>

1 Crónicas 8:1—

9:34 como el escenario del punto de vista de Benjamín (real) y Leví
(sacerdotal) de lo que viene a continuación, mientras que <130935>

1 Crónicas 9:35-

44 es una repetición de la parte apropiada de las listas de Benjamín que dirige
al lector a la historia de Saúl.
8:1-40 Desde Benjamín: se prepara el trono. La lista en los vv. 1-28 se
compara en su alcance con las de Judá y Leví. Difiere considerablemente de
otras listas de Benjamín (por ej. <130706>

1 Crónicas 7:6-11; <042638>

Números 26:38-

41) y su sección parece estar desconectada; aquí, como en otros lugares, es
posible que se deba a que “hijos” se refiera a descendientes en otros tiempos y
lugares. Aun debemos interpretarlos como si estuviesen unidos por medio de
los vínculos de las tribus.

Dentro de la tribu, la familia específica que ocupa los vv. 29-40 se encuentra
aquí porque es la familia de Saúl. Se repetirá en <130934>

1 Crónicas 9:34-44 para
servir como introducción inmediata a lo que el cronista considera la historia del
reino. Tal como fue el caso de Noé, Abraham, Moisés, Josué y Samuel, no se
le da atención a Saúl, y aun menos a los acontecimientos cruciales del período.
Como siempre, Crónicas está más interesado en continuidad que en cambios.

Gabaón (29) es un lugar, como Jerusalén (ver comentario sobre <130401>

1
Crónicas 4:1-23). Las relaciones de la familia establecida allí se clarifican y se
armonizan con <090901>

1 Samuel 9:1 cuando la RVA provee la nota que incluye a

Ner (ver <130936>

1 Crónicas 9:36), lo cual asume que tenía un hermano y un hijo,
ambos llamados Quis; esto reconoce que ninguna de las dos historias dan una
genealogía completa. Por otro lado, si la genealogía que continúa después de
Saúl está completa, terminaría alrededor del período del exilio; pero si está

incompleta, duraría mucho más aunque dejó de ser parte de la monarquía con
los eventos de <131006>

1 Crónicas 10:6.
9:1-34 Desde Leví: la continuación del templo. Si los caps. 4—8
realmente forman una unidad, 9:1a la termina eficazmente, y 9:1b-2 introduce la
próxima sección con otra atenuación sorprendente: Crónicas le dedica sólo un
versículo al exilio antes de embarcarse a dar listas de la comunidad que volvió
del mismo. Dichas listas corren paralelas a Nehemías 11 y son
predominantemente de la tribu de Leví, aunque la primera de las cuatro
secciones (los israelitas, los sacerdotes, los levitas y los servidores del
templo,
v. 2) incluye a Efraín y Manasés además de Judá y Benjamín (3-9). El
cronista nunca abandona su ideal de “todo Israel”, con el norte resucitado y
unido al sur. Los sacerdotes (10-13) son la familia de Aarón, que ofrecen los
holocaustos de la religión israelita; los levitas (14-16) tienen otras tareas
religiosas; y los servidores del templo, o los porteros (17-34), tienen tareas más
generales.

Si <130801>

1 Crónicas 8:1—9:34 forman una unidad, entonces el período en el cual
el libro está interesado está flanqueado por estas dos partes, la parte benjamita
que dirige a la monarquía y la parte levita que sigue desde el exilio, nuevamente
dando énfasis a la continuidad.

9:35—29:30 DAVID

David, a quien se le dedican prácticamente los próximos 20 capítulos, es
obviamente de importancia clave en el orden de cosas del cronista. Debido a la
superposición de padre e hijo, sin embargo, la historia de Salomón (a quien se
le presenta por primera vez en el cap. 22) cubrirá casi el mismo número de
capítulos, y la manera en que uno debe interpretar esto es que los dos reyes —
uno al lado del otro— constituyen un ideal. Debido a que los dos grandes
temas del libro son monarquía y sacerdocio, se puede decir que David
establece el trono mientras que Salomón edificará el templo. Al primero se le
describe como hombre de guerra, y al otro como hombre de paz. De todas
maneras, ambos temas (trono y templo) figuran en los dos reinados.

Ya que el período de David y Salomón se manifiesta como un ideal, las
descripciones de ellos difieren un poco de las de Sam. y Rey. Allí son humanos
y falibles, sus retratos muestran “verrugas y todo”, mientras que los que
veremos aquí son los retratos oficiales de los dos monarcas. No es que el
cronista quiera “blanquearlos”; todo el mundo ha escuchado de los pecados y

necedades de estos personajes. Lo que ha decidido es ser selectivo para
revelar los principios detrás del esplendor de sus reinados.

9:35—12:40 Rey y pueblo

Teniendo en el trasfondo el fracaso de su antecesor, Saúl, el primer rey de
Israel, David recibe el reino y se convierte en el punto clave de una nación
unida. Aunque murió hace muchos años (en relación tanto con el cronista y sus
lectores como con nosotros), él personifica los principios perdurables alrededor
de los cuales siempre se le da forma a la vida del pueblo de Dios.
9:35-44 La familia del primer rey. Hasta ahora “crónicas” se ha referido a
genealogías y otras listas de nombres. De ahora en adelante se propone hacer
algo nuevo —narraciones, la historia del reino de Israel—, y al último rey se le
presenta por medio de la última genealogía, su árbol genealógico copiado de

<130829>

1 Crónicas 8:29-38.
10:1-14 El fracaso del primer rey. De los 23 capítulos que 1 Samuel
dedica al reinado de Saúl (9—31), el cronista omite 22. Simplemente cuenta la
historia de la muerte de Saúl, y añade dos versículos propios (13, 14). A él no
le importa ni el declive gradual de las vicisitudes de Saúl ni las de su familia
después de su muerte (2 Samuel 1—4); por lo que concierne al reino, la
dinastía de Saúl terminó en el monte Gilboa (6). La infidelidad a Dios de Saúl
(13, 14) es importante por más de una razón. Hace resaltar la fidelidad de
David. Este, a diferencia de Saúl, es el hombre según el corazón de Dios (<091314>

1

Samuel 13:14; el cronista no cita la frase porque su retrato total de David la va
a ilustrar). Es la obediencia de David que sólo puede dar marcha atrás a los
malos resultados de la desobediencia de Saúl. De modo que si algunas
experiencias recientes (en el caso de los lectores del cronista, el exilio) tienen un
paralelo con las del reinado de Saúl (7; <130525>

1 Crónicas 5:25, 26; 9:1b),
entonces la manera de restaurarlas se debe aprender por el reino de David
(<143308>

2 Crónicas 33:8).

11:1-3 El pueblo del nuevo rey. <100501>

2 Samuel 5:1-3 es la fuente de

información. Cumpliendo la antigua profecía (<014910>

Génesis 49:10) el pueblo
acudió unido en obediencia al jefe de la tribu de Judá. A David se le presenta
como a uno que es de la misma carne y sangre de su pueblo, su salvador
victorioso, nombrado por Dios para esta obra, y que hace un pacto (3) el cual
el pueblo acepta. La importancia de estos elementos se verá en el descendiente
más importante de David, Jesús.

11:4-9 La ciudad del nuevo rey. Jerusalén será la ciudad que tendrá el
trono. La soberanía poderosa de David sobre la vida del pueblo resultará en
alabanza, paz y prosperidad (ver Salmo 122). Esto es lo que significa la
soberanía de Dios en cualquier época (<581222>

Hebreos 12:22). En esta ciudad, en
el tiempo de David, es donde el templo de su hijo será edificado (<131712>

1

Crónicas 17:12; 22:1) y todavía antes de eso será el lugar donde el culto del
Dios de Israel se centrará sobre el arca del pacto (<131503>

1 Crónicas 15:3-28).
Pero inclusive antes de eso es el lugar donde, por medio de su virrey, Jehovah
de los Ejércitos
(9) es soberano de su pueblo.
11:10—12:22 Los guerreros del nuevo rey. Estas listas aparecen mucho
más tarde en 2 Samuel (<102308>

2 Samuel 23:8-39), pero aquí están más pronto
para mostrar cómo desde el principio “todo Israel” en toda su variedad se
unifica alrededor de un rey de esta clase. Tal como las listas de los caps. 1—9,
puede ser que éstas vengan de varios períodos para poder hacer una
observación más eficazmente.

Los que se destacan de los valientes que David tenía eran “los tres” (<131111>

1

Crónicas 11:11-14); y así los llama <102308>

2 Samuel 23:8-12 cuando da el relato
entero (algo falta en Crónicas; el ojo de uno de los copiadores debe haber
saltado de la batalla [12; <102309>

2 Samuel 23:9] a una parcela de tierra [12;

<102311>

2 Samuel 23:11]). A continuación vienen los 30, tres de los cuales nos han
dado otro de los incidentes inolvidables que le gustan tanto al cronista (<131115>

1
Crónicas 11:15-19). Este proviene del principio en la carrera de David (<092201>

1

Samuel 22:1). Abisai y Banaías (<131120>

1 Crónicas 11:20-25) aparentemente eran
iguales de los primeros tres, y las proezas de Benaías eran especialmente
memorables.

Como tantas de las personas en los caps. 1—9 la mayoría de “los valientes” en

<131126>

1 Crónicas 11:26-47 no son más que nombres para nosotros. No está
claro cómo se relacionaban con los 30, y varios han sido añadidos a la lista de
2 Samuel 23. Paradójicamente, al incluir nada más que sus nombres (excepto
por un toque adicional de vez en cuando; <131132>

1 Crónicas 11:32, 39, 42) los

hace más reales en toda su variedad.

Ahora se mencionan cuatro grupos que se unieron a David durante el reino de
Saúl, cuando estaba en Siclag (<092706>

1 Samuel 27:6) o en su fortaleza en el

desierto (<092314>

1 Samuel 23:14). (Note nuevamente el arreglo similar,
Siclag/fortaleza/fortaleza/Siclag. Ver comentario sobre <130242>

1 Crónicas 2:42-

55.) Primero un grupo de Benjamín (<131201>

1 Crónicas 12:1-7): David debe ser

aclamado por “todo Israel”, incluso la tribu de Saúl. Estos vienen del clan y de
la ciudad del propio Saúl. Quizá la puntería famosa que tenían (<131202>

1 Crónicas

12:2; <072016>

Jueces 20:16) acompaña la sensibilidad política y espiritual que les
insta a apoyar a David cuando la lealtad a la tribu los obligaría a alinearse con
Saúl. Los últimos detalles sobre los de Gad (<131208>

1 Crónicas 12:8-15) puede
ser que se refieran a que estaban a cargo de cien/o miles, y que fue el desborde
del Jordán, si no ellos mismos, que hizo huir a los habitantes de los valles; pero
en ambos versículos (14 y 15) la RVA está más en armonía con los deseos del
cronista de poner énfasis sobre el valor de los que apoyaban a David. El grupo
unido de Benjamín y Judá que se unió a él al principio de ese período (<131216>

1

Crónicas 12:16-18) por alguna razón le hizo sospechar de algo. A lo mejor
tenía en mente la traición de Doeg (1 Samuel 21—22). Nada pudo asegurarle
más que la respuesta inspirada que recibió cuando el Espíritu invistió a Amasai
(<131218>

1 Crónicas 12:18; como en <070634>

Jueces 6:34; <142420>

2 Crónicas 24:20) y
dejó bien claro que la bendición de Dios era para el rey escogido y para los
que se uniesen a él. Desde el fin del reinado de Saúl (1 Samuel 29—31)
proviene el cuarto grupo (<131219>

1 Crónicas 12:19-22). Algunos de los de
Manasés habían esperado astutamente hasta que la perdición de Saúl fuera
prácticamente cierta para tomar su decisión, pero aun así fueron aceptados.
12:23-40 La reunión en Hebrón. Esto fue para ungir a David rey antes de
que estableciera su capital en Jerusalén (<131101>

1 Crónicas 11:1-9). Algunas
personas son mencionadas por nombre (27-28); los contingentes tribales son
descritos en una variedad de maneras. Por una vez, la cuenta de las tribus no
está limitada a 12 (un gesto geográfico de sur a norte y después al este incluye
a Leví, las dos tribus de José, y ambos territorios de Manasés, lo cual resulta
en un total de 14, ¡en verdad “todo Israel”! No sólo la variedad sino también la
unidad de Israel recibe el énfasis (38), a diferencia de la desunión en los días de
los jueces. El pueblo de Dios unidos bajo el soberano escogido por Dios tienen
gran motivo para regocijarse (39, 40).

13:1—14:17 David en Jerusalén

El reinado de Saúl y el reinado de David en Hebrón (mencionado brevemente;

<131233>

1 Crónicas 12:33, 38) son sólo el preludio de la importante historia del
reino. Primero, el arca, el símbolo del pacto de gracia de Dios, debe ser
instalada en la nueva capital de David (<131301>

1 Crónicas 13:1-4); entonces Dios

hablará “en su santuario” (<196006>

Salmo 60:6-8) para proclamar las bendiciones

que David recibió en su hogar (<131401>

1 Crónicas 14:1-7) y su fama en el

extranjero (<131408>

1 Crónicas 14:8-17). Hay un vistazo hacia atrás que contrasta
el caso de Saúl, y un vistazo hacia el futuro a los temas mellizos que se
desarrollarán a través del libro, adoración/templo/sacerdocio y
gobierno/trono/monarquía.
13:1-4 El traslado del arca. La mayor parte de este capítulo (6-14)
proviene de <100602>

2 Samuel 6:2-11, mientras que <100511>

2 Samuel 5:11-25
aparecerá en el próximo capítulo; el arca es de principal importancia como lo
demuestra la introducción (1-4). Su descripción (Exodo 25; 37) y su historia
reciente (1 Samuel 4—7) ya se conocen; el problema del cual nos enteramos
aquí es que durante el reinado de Saúl Israel no la utilizó para consultar al
Señor (3; no le consultamos, al Dios del arca, <131014>

1 Crónicas 10:14), pero

ahora David y todo Israel con él sí que lo harán.

“Todo Israel” recibe aun más énfasis en el v. 5 que repite <100601>

2 Samuel 6:1

indicando también un área más extensa de norte a sur que la frase común
“desde Beerseba hasta Dan” (<132102>

1 Crónicas 21:2). La primera asamblea
decide y la segunda actúa para traer el arca al centro de la vida del país.

Las experiencias de Uza y de Obed-edom ilustran la “bondad” del arca. Es un
“bien feroz”; Uza había compartido su casa con ella durante 20 años (<090702>

1

Samuel 7:2; <100603>

2 Samuel 6:3), así que se entiende la confianza que se tomó,
pero fue fatal. Cuando era tratada con el respeto apropiado, brindaba todo lo
bueno.
14:1-7 David se establece en Jerusalén. Con el arca en camino a la capital
de David (el próximo capítulo continuará con el resto de 2 Samuel 6), Crónicas
ahora vuelve a <100511>

2 Samuel 5:11-25, para dar énfasis a otro contraste vital.
Primeramente, en estos versículos se le da a David una “casa” notable en
Jerusalén —en más de un sentido— mientras con la muerte de Saúl en la
batalla del monte Gilboa “todos los de su casa murieron junto con él” (<131006>

1

Crónicas 10:6).
14:8-17 La fama de David se extiende. El contraste continúa con los éxitos
militares y nuevamente el cap. 10 está en vista. Cada rey toma su turno
enfrentando a los filisteos; Saúl pierde, David gana; en el caso del primero se
honra a los dioses paganos (<131010>

1 Crónicas 10:10), en el otro son humillados

(<131412>

1 Crónicas 14:12); Saúl ni consultó ni obedeció al Señor (<131013>

1 Crónicas

10:13, 14), mientras que David hizo ambos (<131410>

1 Crónicas 14:10, 11, 14-16).
Ambas reacciones de Dios hacia David fueron memorables. Su “irrupción” en

esta ocasión fue de alabanza (<131411>

1 Crónicas 14:11; a diferencia de 13:11), y
el sonido misterioso en las copas de los árboles significaba que la acometida
era de Dios, y todo lo que David tenía que hacer era formar fila y marchar (cf.

<070504>

Jueces 5:4; <196808>

Salmo 68:8).

15:1—17:27 El arca del pacto

El arca representa el pacto de gracia, o sea, la iniciativa de Dios al formar a
Israel como su pueblo para siempre. Cómo responden a esa gracia en fe y
adoración es uno de los temas principales del cronista. Ciertamente tiene gran
interés en el templo, pero es más que eso: vuelve vez tras vez (1 Crónicas 13;
15—17; 23—28; 2 Crónicas 3—7; 29—31; 35) a la forma apropiada de
honrar y alojar el arca, cómo se debe hacer y por quién, y las ocasiones
religiosas que se centrarán en ella. Por eso su trato de <100611>

2 Samuel 6:11, 12.

Entre medio de esos dos versículos —que vendría a ser el período de tres
meses— inserta el establecimiento del reino de David (cap. 14) y la
preparación del festival religioso durante el cual se traerá el arca a su hogar
“apropiado” (<131501>

1 Crónicas 15:1-24). La liturgia que David detalla cuenta la
misma historia (cap. 16), y la profecía y la oración del cap. 17 nuevamente
manifiestan la verdadera relación entre lo que Dios hace para David y lo que
David hace para Dios.
15:1-15 La ceremonia correcta. El viaje del arca a Jerusalén se reanuda, en
un estilo no menos alegre, pero ahora más respetuoso. El arca se debe llevar y
no acarrear y por supuesto eso lo deben hacer los levitas (2, amplificando

<100613>

2 Samuel 6:13; verdaderamente todo la sección 1-24 es un agregado al
relato anterior). Esto se debe a que David “ha consultado” (de nuevo a
diferencia de Saúl) y ha recibido la respuesta no por medio de alguna
experiencia mística sino por la ley de Moisés (13, 15; <051008>

Deuteronomio 10:8).

Tener reverencia por el arca quiere decir no sólo tener sentimientos
respetuosos sino una obediencia práctica a la palabra de Dios.

Una vez más representantes de todo Israel participan (3), con tres divisiones
más de la tribu de Leví además de las tres normales (4-10; <020616>

Exodo 6:16,

18, 22). La “purificación” requerida de los sacerdotes y de los otros líderes
levitas sin duda es la descrita en <021910>

Exodo 19:10-15, pero lo importante no
son los ritos de por sí sino la actitud del corazón y la relación con Dios que
reflejan.

15:16—16:3 La alabanza correcta. El hecho de que David ordenó la
música para la jornada festiva nos recuerda su interés especial en este aspecto
ya que era “el dulce salmista de Israel” (<102301>

2 Samuel 23:1); también de la lista
de músicos principales, uno de cada uno de los tres grandes clanes de Leví, ya
mencionados en <130631>

1 Crónicas 6:31-47, y, por el otro lado, anticipa el papel
que la música jugará en el templo. No está claro cuántos de los levitas en <131517>

1
Crónicas 15:17, 18 eran porteros y músicos, aunque Obed-edom parece haber
sido uno de ellos; ni tampoco está claro si es el mismo Obed-edom en cuya
casa se alojó el arca (<131525>

1 Crónicas 15:25; ver comentario sobre <132604>

1

Crónicas 26:4-8). Pero el grupo formaba un coro y orquesta bien organizados
(<131519>

1 Crónicas 15:19-24). (Alamot y Seminit puede ser que se refieran a
voces altas y bajas; las palabras figuran en algunos de los encabezamientos del
los Salmo).

El cronista añade a <100613>

2 Samuel 6:13 una nota de aprobación de parte de

Dios (<131526>

1 Crónicas 15:26) porque David había “consultado” y obedecido,
pero reduce la pelea entre David y su esposa (<100620>

2 Samuel 6:20-23) a una

simple nota de su desaprobación (<131529>

1 Crónicas 15:29): El representante de la
casa de Saúl todavía no se aviene a la mente de Dios, pero David sí.
16:4-36 El salmo de acción de gracias de David. El salmo que el grupo de
Asaf debe usar en el culto de adoración es muy pertinente, porque cantaría
delante del arca del pacto de Dios, a Jehovah (4) (que es el nombre del pacto
de Dios), ahora que el arca ha sido puesta en el centro de la vida de Israel. Ese
es el escenario (4-6, 37) y el tema del salmo. Combina partes de los Salmo 96,
105 y 106. La primera parte (<19A501>

Salmo 105:1-15) expresa lo que significa
alabar a Jehovah (8-13), y por qué, a saber debido a su pacto (14-18). Es un
pacto de gracia: o sea, cuando no podían hacer nada por sí mismos, el amor
inmerecido de Dios ha escogido y rescatado a su pueblo (19-22). La segunda
parte (Salmo 96) alaba a Dios por su soberanía sobre todas las naciones, y por
lo tanto sobre sus dioses (ver 10:10; 14:12), y verdaderamente sobre toda la
tierra (23-33). Los últimos versículos (<19A601>

Salmo 106:1, 47, 48) convocan a
todo el pueblo de Dios a unir sus voces a la alabanza de los levitas (34-36): son
un grito a Dios el salvador, y la palabra que significa Sálvanos es “Hosanna”;
es significativo que la repetirá la multitud rodeando al último rey de la familia de
David cuando entra al templo triunfalmente (<411109>

Marcos 11:9, 10).

16:37-43 El arca y el altar. Sólo el grupo de Asaf se queda en Jerusalén,
mientras que los de Hemán y Jedutún (probablemente otro nombre de Eitán,
6:44) son enviados a Gabaón.
17:1-27 ¿Una casa para el arca? En general este capítulo reproduce el
relato anterior. Pero los cambios a <100711>

2 Samuel 7:11 y 14 son significativos.
Aquí, el v. 10 tiene doblegaré a en lugar de “te daré descanso de” porque,
para el cronista, el descanso es una de las características del reinado de
Salomón y no del de David, y porque después de la confusión del período de
David será el privilegio de Salomón edificar un templo. De la misma manera, el
v. 13 omite la posibilidad de que Salomón haga lo incorrecto (aunque lo haría).
En la opinión del cronista Salomón y David deben ser considerados como los
cofundadores del reino, los personajes ideales de la era de oro.

Es obvio que David piensa edificar una casa para el arca, e igualmente obvio
dado el discurso de Natán, quien es un hombre de Dios, que no hay nada de
malo en tal deseo. Las palabras de Dios le enseñarán a los débiles deseos de
David cómo podrán ser enaltecidos con el desafío que viene con nuevo
entendimiento. Una casa permanente para el arca es algo que Dios nunca ha
pedido (4-6); en verdad diseñó el arca para que fuese portátil (<022514>

Exodo

25:14). Lo que Dios hace para David tiene prioridad sobre lo que David
pudiese hacer para Dios (7-10); note el uso repetido de “yo” en estos
versículos. Y en los días de David y Salomón establecerá una casa y un reino
(11-14) los cuales, aunque serán de ellos, también serán de Dios, y por lo tanto
eternal; y por ello algo más impresionante que un reino político destinado a
perecer en cuatro siglos más (otra señal, como 16:34-36, del reino de Cristo en
el NT). Entonces el capítulo desarrolla del tema del “arca” (1) ambos temas de
“templo” y “trono” (2).

David, poniéndose delante de Jehovah (16; se supone que es enfrente del
arca), responde con una oración modelo. Primero (16-22) alaba a Dios cuyo
plan de bendición para su pueblo abarca tanto el pasado (especialmente la
formación de Israel en el tiempo del éxodo) como el futuro. Después pide (23-
27) que Dios haga lo que dijo que haría (12), la verdadera oración de fe que
descansa en tierra firme y tiene por lo tanto la seguridad de que se le escuchará.

18:1—20:8 Israel entre las naciones

Estos tres capítulos condensan no menos que 14 capítulos de la historia anterior
(2 Samuel 8—21). El cronista omite las historias de los miembros de la familia

de Saúl que sobrevivieron (2 Samuel 9; ver <131006>

1 Crónicas 10:6), y del
adulterio de David (la mayor parte de 2 Samuel 11—12) y el mal que le siguió
(la mayor parte de 2 Samuel 13—21; ver <130301>

1 Crónicas 3:1-9). Las batallas
de David continúan y el autor las destaca. Puede ser que parezca raro que el
cronista no quiera representar a un David lascivo, sin embargo, no le molesta
representar uno sediento de sangre. Pero los éxitos militares de David se deben
entender como señales positivas de bendición (<131806>

1 Crónicas 18:6, 13). Estas
guerras eran la preparación necesaria para la época de “descanso” cuando se
edificaría el templo.

Los antecedentes de algunos de los incidentes de las guerras de David contra
los amonitas y los filisteos han sido omitidos en Crónicas; por ej. Najas (<131902>

1

Crónicas 19:2) como adversario de Saúl en 1 Samuel 11 y Goliat (20:5) a
quien David mató según 1 Samuel 17. Antecedentes que sí han sido
representados son los éxitos tanto en su patria como en el extranjero, con
vecinos tanto amistosos como antagonistas. En <131801>

1 Crónicas 18:1—20:8

tenemos un desfile de lo que se realizó en ese sentido.
18:1-13 Asuntos exteriores. Los filisteos, los enemigos de David desde el
cap. 14, comienzan y terminan los próximos tres capítulos (<131801>

1 Crónicas
18:1; 20:4-8). El cap. 18 brevemente menciona a los adversarios tradicionales
de Israel al este del Jordán, Moab y Edom (2, 12, 13), pero trata mayormente
con las naciones al norte de Israel, en la región de Siria moderna y del Líbano.
Casi todas son hostiles, pero hay una (Hamat, como Tiro en <131401>

1 Crónicas
14:1) que es aliada. En cualquier caso, la fama de David sigue creciendo, y sus
éxitos preparan la paz durante la cual Salomón edificará el templo. De la misma
manera, tanto amigos como enemigos contribuyen al depósito de artículos de
valor que serán los presentes de David para la casa de Jehovah (7-11). En un
sentido David está “descalificado” para edificar el templo porque es un hombre
de guerra (<132208>

1 Crónicas 22:8-9), pero eso no es señal de desaprobación de
Dios. A Abisai, p. ej., se le admira por su papel en la campaña contra Edom (a
diferencia de <100813>

2 Samuel 8:13) porque la victoria se la dio Jehovah a David

(12, 13).
18:14-17 Asuntos domésticos. Una nota del “establecimiento” de David
sigue a continuación, como en <100815>

2 Samuel 8:15-18. El capítulo con
antecedentes del propio cronista menciona el hogar de David en Jerusalén
(<131401>

1 Crónicas 14:1-7). Los quereteos y los peleteos eran soldados
extranjeros de Creta y Filistea que eran los guardaespaldas de David.

19:1—20:3 Las campañas amonitas. Los amonitas eran otra nación al este
del Jordán (ver <131802>

1 Crónicas 18:2, 12,13). La única indirecta de que hubo

una amistad previa entre David y Najas (<131902>

1 Crónicas 19:2) es la enemistad
entre Najas y Saúl en 1 Samuel 11, aún antes de que David apareciera en la
escena. La opinión amonita acerca de David (<131903>

1 Crónicas 19:3) demuestra
que tanto si quisieran hacer amistad con él o si quisieran oponerse a él, David
era alguien a quien las naciones vecinas tenían que tener muy en cuenta.
Cuando comienzan las batallas, los ejércitos sirios relacionados con los de

<131805>

1 Crónicas 18:5 son involucrados en el conflicto. Los hermanos Joab y
Abisai, sobrinos de David (<130213>

1 Crónicas 2:13-17) eran compañeros de
batalla a cargo de sus ejércitos (lo cual puede que aluda a como <131812>

1
Crónicas 18:12 se relaciona con el encabezamiento del Salmo 60). Los aliados
sirios son eliminados en dos campañas (<131914>

1 Crónicas 19:14-18; los números

de <101018>

2 Samuel 10:18 difieren; ver la Introducción). Los amonitas mismos son

derrotados finalmente (<132001>

1 Crónicas 20:1-3), pero no se dice nada acerca
del adulterio de David con Betsabé y del asesinato de su esposo (<101102>

2 Samuel

11:2—12:25); al cronista le concierne presentar los éxitos de David, no sus
pecados.
20:4-8 Las campañas filisteas. Esta sección de “Israel entre las naciones”
hace un círculo completo al mencionar que los enemigos filisteos han sido
sometidos una vez más (4; ver <131801>

1 Crónicas 18:1). El cronista tiene mucho
cuidado de no decir, ni siquiera ahora, que a David se le ha dado “reposo” (ver
sobre <131710>

1 Crónicas 17:10, y <100711>

2 Samuel 7:11); para él, eso será el
privilegio de Salomón. El hermano de Goliat (5): ver sobre <102119>

2 Samuel

21:19.

21:1—22:19 La casa de Dios

El cronista ha tomado el cap. 21 casi por completo de 2 Samuel, pero el cap.
22 es todo suyo. El relato del censo que David ordenó, y de la epidemia con la
cual Dios lo castigó por haberlo hecho, en 2 Samuel 24 es simplemente parte
de la narrativa, pero para el cronista su importancia yace en algo que aquel
capítulo no menciona: El lugar donde la propagación de la epidemia paró era el
sitio donde estaría el propuesto templo. Aquí estará la casa de Jehovah Dios
(<132201>

1 Crónicas 22:1) es la bisagra de esta sección. Es hacia este versículo que
se dirige el cap. 21, y desde él inmediatamente procede el cap. 22.
Prácticamente todo está listo para la construcción del templo —la idea inicial, la
confirmación de Dios, el arca restaurada, el principio de un almacenaje de

materiales, y ahora el sitio— así que el cap. 22 presenta a Salomón, el que
finalmente construirá el templo. La construcción no va a comenzar hasta que el
reinado del guerrero David ceda el lugar al del más pacífico de Salomón. El
resto de 1 Crónicas está dedicado principalmente a planes administrativos muy
detallados (<132301>

1 Crónicas 23:1—29:30).
21:1-17 Censo y epidemia. Por primera vez el cronista marca un pecado de
David. La razón por la cual se desvía de su práctica normal de presentar a
David como el rey ideal es que esto era malo a los ojos de Dios (7); lleva
(como ya notamos) a la designación del sitio para el templo. Lo que provocó a
David a cometer este pecado ahora resulta en un castigo que según <102401>

2

Samuel 24:1 se debe principalmente a algún pecado previo por parte de la
nación. Teniendo en mente quizá el principio de <590113>

Santiago 1:13, el cronista
introduce inesperadamente la figura de Satanás (1). El es quien, como en

<180203>

Job 2:3, causa los problemas, aunque sólo con el permiso de Dios y dentro
de los límites impuestos por él.

No está claro por qué hacer un censo era malo. La ley lo permitía, con ciertas
condiciones (<023011>

Exodo 30:11-16); un censo dio el nombre al libro de
Números, y los primeros capítulos de 1 Crónicas contienen listas muy similares.
A lo mejor ya que esta fue una lista militar (5), los motivos de David eran
malos. Crónicas indica frecuentemente que la verdadera seguridad de Israel
yace en confiar en su Dios, no en el tamaño de su ejército (por ej. <141411>

2

Crónicas 14:11; 16:8). No es David sino Joab quien aquí se presenta en buena
luz, aunque en la historia anterior no es un personaje muy agradable (<110205>

1

Reyes 2:5, 6). El lleva a cabo el censo bajo protesta, pero con Leví y Benjamín
tuvo que hacer una excepción: se presume que fue debido a <040147>

Números
1:47-50 (quizá consideraban que ambas tribus eran custodios del tabernáculo
que quedaba en el territorio de Benjamín, <131639>

1 Crónicas 16:39). Los números

del censo difieren de los de <102409>

2 Samuel 24:9; otra vez, ver la Introducción.

Un ángel con una espada se aparece también a Balaam (<042231>

Números 22:31) y

a Josué (<060513>

Josué 5:13-15), y tanto en esos pasajes como aquí el lugar donde
aparece se considera santo. Aquí es el que trae la epidemia (11). David está en
camino al norte saliendo de Jerusalén con un grupo de ancianos cuando lo ve;
quizá van a Gabaón a ofrecer holocaustos como arrepentimiento (ver vv. 29,
30). Otra variación posible del v. 17 es más conmovedora: “y yo soy un
pastor” (en lugar de he actuado mal).

21:18-21 El lugar donde paró la epidemia. Arauna (la versión del nombre
que el cronista usa es “Ornán”) es uno de los habitantes cananeos originales de
Jerusalén (ver <131104>

1 Crónicas 11:4, 5), pero obviamente reconoce al ángel de

Jehovah y su rey ungido de Jehovah (<132120>

1 Crónicas 21:20-21). Reconociendo
que la honra de Jehovah no disminuye sino que se engrandece por estos
acontecimientos, David se agrada de pedir el uso de la era de este pagano para
que sea el sitio de un altar y el templo.

El precio que se menciona aquí (<132125>

1 Crónicas 21:25) puede ser que haya
sido por el lugar para la obra del templo entero, a diferencia del precio mucho
menor mencionado en <102424>

2 Samuel 24:24 quizá sólo por el lugar del altar en
ese caso. Jehovah confirma lo correcto y justo de esa manera de actuar
enviando fuego desde los cielos (<132126>

1 Crónicas 21:26) tal como el ángel

confirmó el llamado de Gedeón (<070620>

Jueces 6:20-24). Un paralelo más
significativo es el fuego que cayó sobre el altar cuando se armó el tabernáculo
por primera vez (<030924>

Levítico 9:24) y cuando el templo es consagrado

finalmente (<140701>

2 Crónicas 7:1). La “respuesta” del Señor (<132126>

1 Crónicas
21:26, 28) explica su plan para la bendición de su pueblo. Aquí estarán tanto la
casa, o sea el lugar donde se aloja el arca, la cual representa la gracia divina,
como el altar que representa la reacción humana (<132201>

1 Crónicas 22:1). Como
en el caso de Job, de las intenciones malvadas de Satanás resulta gran bien
(<184212>

Job 42:12).
22:2-5 Los materiales para la casa. Esta sección, y en verdad el resto de 1
Crónicas, no tiene igual en Sam. o Rey. Ya que Salomón aparece en la escena
en este punto y David no desaparece hasta el fin del libro, los próximos ocho
capítulos unen los dos reinados como fundamento doble de los 400 años de la
monarquía. Al mismo tiempo todos tienen que ver con el templo, enfatizando
nuevamente sobre los temas mellizos del cronista, o sea el sacerdocio y la
monarquía. Para el templo David reúne cantidades tremendas de materiales;
entre estos se encuentran contribuciones de una variedad de países no israelitas
(ver sobre <132120>

1 Crónicas 21:20, 21); por este medio la fama de Jehovah se
extenderá ampliamente. Todos estos aspectos marcan la importancia de este
edificio.
22:6-19 Instrucciones para la casa. David le habla largo y tendido a
Salomón sobre la construcción del templo, luego brevemente a todos los
principales de Israel
(17). El cap. 28, con casi el mismo tema, será un
discurso público con las últimas palabras dirigidas a Salomón. Es revelador que

esta transferencia de autoridad es tan parecida a la de Moisés y Josué tanto
tiempo atrás. El mandamiento Esfuérzate, pues, y sé valiente es una copia
exacta (13; <060109>

Josué 1:9) del pasaje lleno de semejanzas. Moisés había
guiado al pueblo de Dios por un período de confusión y cambios, durante el
cual llegaron a ser una nación; Josué los llevaría a la tierra de reposo (<060112>

Josué

1:12-15). De la misma manera David ha tenido que ser un hombre de guerra
(8; ver <132803>

1 Crónicas 28:3), pero no se le culpa por eso, mientras que
Salomón será un hombre pacífico, lo cual es simplemente la realidad (ver
comentario sobre <131813>

1 Crónicas 18:13). En verdad, la traducción en la RVA
hombre pacífico es un poco engañosa. “Varón de paz” es más correcto: él
será un “hombre reposado”, en el sentido de reposo de los enemigos, aunque
después de su advenimiento Dios también le dará a Israel “paz” (shalom, como
en el nombre de Salomón) y “reposo” (la palabra que ocurre en <061123>

Josué

11:23; 14:15; <051210>

Deuteronomio 12:10 es muy parecida). Es posible que
desde el punto de vista ritual la sangre que David derramó en sus guerras pueda
haberlo descalificado para participar directamente en la edificación del templo
(8b), pero se destaca el hecho que su papel era proveer para la casa de
Jehovah
(14), y no solo los materiales para la construcción, sino después de
sus victorias, un período libre de guerra; mientras tanto la responsabilidad de
Salomón es edificar el santuario (19). La relación entre los dos reinados la
resume David en su discurso a los principales de Israel en los vv. 17-19.

23:1—27:34 Organización del templo y el reino

Estos capítulos son amedrentadores tanto al leerlos rápidamente, en cuyo caso
uno sólo ve listas de nombres como las de los caps. 1—9 que no ayudan para
nada, como al leerlos cuidadosamente, en cuyo caso uno nota aparentes
discrepancias en ellos. De hecho éstas son listas de familias de la tribu de Leví,
con más información incluida, describiendo la participación de los levitas en los
servicios del templo. Gran parte de esta sección parece estar relacionada con
períodos diferentes al de David, algunos hasta el mismo tiempo del cronista.
Pero todo cae bajo el título “de David”, de la misma manera que toda la ley del
AT se centra en Moisés y toda la sabiduría del AT en Salomón. Tal como
David preparó materiales para la construcción del templo, de la misma manera
Israel era un pueblo preparado para el servicio de Dios.
23:1-6 La asamblea de líderes. El v. 1 se debería considerar un
encabezamiento general del resto de 1 Crónicas (y no sólo como la primera
ceremonia de dos como implica <132922>

1 Crónicas 29:22). Los siete capítulos que

quedan, como si fueran puestos entre paréntesis entre este versículo y <132928>

1

Crónicas 29:28, hacen llegar el reinado de David a un clímax espléndido. El AT
reserva la frase anciano y lleno de años para grandes personas que merecen
gran honor, como Abraham o Job. El cronista omite los pecados y problemas
del hombre David porque desfigurarían el retrato oficial del rey David. La
impresión de que hubo dos asambleas y dos “coronaciones” puede que sea
correcta; reunió es el término en <132302>

1 Crónicas 23:2 y 28:1.

La división de la tribu de Leví entre sacerdotes y (otros) levitas (2) se discutirá
más adelante en este capítulo, mientras que la división en cuatro partes de los
“levitas” (4, 5) es la base de éste y los próximos cuatro capítulos. El hecho de
que la edad mínima de los levitas es 30 años aquí (3) y 20 en otras partes (24,
27) es uno de los detalles que indican que esta sección (como mucho de los
capítulos anteriores de este libro) es un agrupamiento de ilustraciones de Israel
de varios períodos.
23:7—24:31 El personal del santuario. Listas de familias levitas (<132307>

1

Crónicas 23:7-23; 24:20-31) rodean dos secciones centrales que tienen que
ver con las tareas de los levitas (<132324>

1 Crónicas 23:24-32) y las divisiones de

los sacerdotes (<132401>

1 Crónicas 24:1-19).

Los tres hijos de Leví encabezan las primeras listas de nombres (<132307>

1

Crónicas 23:7-23); es probable que <132306>

1 Crónicas 23:6b sea considerado el

título de esta sección. Los gersonitas de <132307>

1 Crónicas 23:7 pueden haber

sido una generación más tarde que los de <130617>

1 Crónicas 6:17, y las fechas
relacionadas con las personas en 23:9a una vez más puede que sean diferentes.
Crónicas distingue las tareas de los sacerdotes y las del resto de la tribu de Leví
(<132313>

1 Crónicas 23:13).

Las últimas tareas se dan con detalle en <132324>

1 Crónicas 23:24-32. En algunos
aspectos cambian, por supuesto, una vez que el tabernáculo permanente
sustituye al movible (<132325>

1 Crónicas 23:25, 26), y parece que se relacionan con
los levitas en general (o sea, todas las divisiones mencionadas en <132304>

1

Crónicas 23:4, 5). 20 (<132324>

1 Crónicas 23:24, 27); ver sobre <132303>

1 Crónicas

23:3.

Las divisiones de los sacerdotes (<132401>

1 Crónicas 24:1-19) son otra clase más
de clasificaciones dentro de la misma tribu. Una mirada hacia atrás recuerda la
muerte de los dos hijos mayores de Aarón (<132402>

1 Crónicas 24:2), aunque no

menciona la razón vergonzosa por ella (<031001>

Levítico 10:1, 2). La frase oficiales

de la casa de Dios en heb. se lee “oficiales de Dios” (<132405>

1 Crónicas 24:5).
Tal vez sea un sinónimo de oficiales del santuario (describiendo con más detalle
a los oficiales del santuario y de Dios) o quizás las dos descripciones quieren
decir que estos líderes eran “dedicados” o sobresalientes. La mirada hacia
adelante anticipa algunas de la 24 “casas paternas” que aparecen más tarde,
por ej. Joyarib (<132407>

1 Crónicas 24:7) en 1 Macabeos 2:1, Cos (<132410>

1

Crónicas 24:10) en <150261>

Esdras 2:61 y <160763>

Nehemías 7:63, y la más famosa

Abías (<132410>

1 Crónicas 24:10) en <420105>

Lucas 1:5.

La última lista de levitas, <132420>

1 Crónicas 24:20-31, corresponde a la de <132312>

1

Crónicas 23:12-23, pero la sigue por una generación más. Nuevamente el
concepto de Israel que el cronista tiene parece tener muchos niveles, reunidos
de documentos de muchos períodos diferentes.
25:1-31 Los músicos. Después de la lista del personal del santuario viene la
segunda división de los levitas, la de los músicos. Además está dividida en dos
maneras, primeramente de acuerdo a las tres familias de Asaf, Jedutún y
Hemán (1-6), y luego de acuerdo con los 24 “ciclos” encabezados por sus
hijos (7-31). A Hemán se le llama vidente del rey aquí (5), y lo mismo se dice
de Asaf y Jedutún en otras partes (<142930>

2 Crónicas 29:30; 35:15); obviamente
hay una conexión entre la profecía y la música, aunque la frase bajo la
dirección,
que tal como profetizaba que también se menciona tres veces en
los vv. 1-3, demuestra que en tiempos bíblicos (ver <461402>

1 Corintios 14:26-33)

los discursos y las canciones podían ser inspiradas sin estar extáticos o
descontrolados.

A los primeros cinco nombres de los hijos de Hemán (4) los siguen nueve otros
nombres de formas poco comunes, que en heb. suenan como versículos de los
Salmo: Ananías, Hanani = “Ten misericordia de mí, Señor, ten misericordia de
mí” y más por el mismo estilo. ¡Quizá Hemán nombró a sus hijos con sus
salmos favoritos!

Los ciclos de cantores, como los ciclos de sacerdotes en <132407>

1 Crónicas 24:7-

18 son 24. Listas completas en cada caso, como el sentido del v. 8 (ver <132431>

1

Crónicas 24:31; 26:13) son características del cronista, como lo es su
convicción de que en el plan de Dios todo su pueblo debe reunirse.
26:1-19 Los porteros. El marco básico para este grupo de listas es vv. 1-3,
9-11 y 19. De las tres grandes familias de los levitas (<130601>

1 Crónicas 6:1) solo

los coreítas (1, Coré era un coreíta según <130622>

1 Crónicas 6:22) y los hijos de

Merari (10) están representados aquí; el Asaf del v. 1 no es el famoso de 25:1
quien era un gersonita (<130639>

1 Crónicas 6:39-43) sino el Ebiasaf de 9:19. Donde
uno esperaría ver una lista de porteros gersonitas en cambio encontramos la
familia de Obed-edom (4-8). A este personaje intrigante no se le da el linaje
levita, pero si todas las citas son de la misma persona, entonces debe ser el
levita de 15:18, lo cual lo califica para estar en esta lista, como también la
bendición especial del v. 5 y de <131314>

1 Crónicas 13:14 (y ver sobre <131517>

1

Crónicas 15:17-25).

Aunque los de la generación de Obed-edom pueden haber sido porteros en la
época de David, mucho antes de que se construyera el templo (<131517>

1 Crónicas
15:17-18), su nombre figura aquí también (15) después de habérselo edificado,
de modo que es del período de Salomón; mientras que <130917>

1 Crónicas 9:17-32

(que dio bastante detalle acerca de las tareas de algunos de los porteros)
incluye algunos de los mismos nombres aún después de la construcción del
segundo templo unos cuatro siglos más tarde. Todo esto es parte de la técnica
del cronista de utilizar información de varios niveles y distintas épocas para
crear una imagen a fondo de la vida y culto del pueblo de Dios. La fama de uno
de los porteros por ser consejero entendido (14) y la mención de los lugares
donde otros estaban de turno demuestra el realismo y la veracidad de las partes
no obstante la manera artística en que la obra entera ha sido formada.
26:20—27:34 Los oficiales. Las cuatro divisiones levitas en <132304>

1 Crónicas

23:4, 5 se dieron en orden de tamaño. El orden de las listas detalladas ha sido
distinto, es como si empezara del centro y se desplegara hacia afuera: Personal
del santuario, seguido por los músicos, después los porteros y ahora finalmente
vienen otros oficiales, algunos de los cuales estaban encargados de la
administración externa
(<132629>

1 Crónicas 26:29; ver nota de la RVA), en
verdad a través del país, y a cargo de tareas seculares tanto como religiosas
(<132630>

1 Crónicas 26:30, 32). Las listas del cap. 27 se extienden más allá de la

tribu de Leví.

La sección <132620>

1 Crónicas 26:20-32 tiene que ver con oficiales a cargo de los
tesoros, o almacenes (20; la misma palabra que en <132725>

1 Crónicas 27:25).

Parece que algunos (<132621>

1 Crónicas 26:21, 22) estaban a cargo de los

“utensilios para el culto”, como en <130928>

1 Crónicas 9:28-32; otros (<132624>

1

Crónicas 26:24-28) de lo que habían traído como botín. Las responsabilidades
de otros son judiciales (<132629>

1 Crónicas 26:29) o fiscales (si se tiene en mente

impuestos religiosos y seculares en <132630>

1 Crónicas 26:30, 32). Una vez más el

cuadro que se forma proviene de varios períodos: las tierras extensas que se
describen en <132630>

1 Crónicas 26:30-32 pertenecen a épocas anteriores; la
participación de los levitas en la administración figura sólo en períodos
posteriores (<141908>

2 Crónicas 19:8-11). Ya que la historia de Israel se puede
comprender sólo al considerarla en forma íntegra, asimismo su carácter y
personalidad se pueden comprender sólo cuando se junta a toda la gente de
importancia, incluyendo hasta Saúl (<132628>

1 Crónicas 26:28).

El movimiento en <132629>

1 Crónicas 26:29-32 de la esfera religiosa a la secular
nos trae a algo que tiene poco que ver con los levitas, una lista del ejército
(<132701>

1 Crónicas 27:1-15). Esto también es parte de Israel cuando se le
considera en forma completa. Los jefes son los mejores ejemplos del liderazgo
que la historia es capaz de ofrecer, a saber 12 de los valientes de David de

<131110>

1 Crónicas 11:10-31, y a lo mejor las estadísticas representan el ideal de
las tropas: 12 regimientos cada uno de 24 “miles”, recordando los 12 ciclos de
sacerdotes y especialmente los 24 ciclos con 12 músicos en cada uno (<132407>

1
Crónicas 24:7-18; 25:6-31). De modo que aunque Asael había muerto antes
de que David llegara a ser rey de todo Israel, su nombre encabeza uno de los
regimientos (<132707>

1 Crónicas 27:7; <100218>

2 Samuel 2:18-23), mientras que la
organización del ejército tiene más en común con el estilo de Salomón.

La sección<132716>

1 Crónicas 27:16-24 menciona a los oficiales que se presume

estaban involucrados en el censo de <132723>

1 Crónicas 27:23, 24. Se mencionan
12 “tribus”, si se cuenta a Manasés una vez, aunque es una lista medio rara, y lo
único que se puede hacer es ofrecer opiniones por qué Gad y Aser fueron
omitidas y Aarón añadida. El censo es probablemente el mismo de <132101>

1

Crónicas 21:1-8; el relato allí no contradice necesariamente lo que dice éste,
como algunos lo han sugerido.

La sección <132725>

1 Crónicas 27:25-31 es otra lista de 12, esta vez de
administradores del patrimonio real, los jefes del servicio civil. Como siempre,
no le molesta al cronista incluir a personas que no eran israelitas pero que se
han unido en el servicio del Dios de Israel (Obil y Jaziz, <132730>

1 Crónicas 27:30-

31).

Finalmente, el gabinete principal de David (<132732>

1 Crónicas 27:32-34) contiene
a algunos que podemos identificar, como su “tío” Jonatán, y otros conocidos de
otras partes (<131814>

1 Crónicas 18:14-17; 2 Samuel 15—17). Los nombres
famosos y el orden magistral que encontramos en estas listas nos dice
nuevamente que ésta es una imagen ideal del pueblo de Dios. En particular los

caps. 23—27 exponen un tipo davídico de administración del templo de
Jerusalén y del reino de Israel que al rey escogido por Dios le hubiera gustado
haber logrado y a su vez haber pasado a sucesivas generaciones.

28:1—29:30 La sucesión

Estos dos últimos capítulos se refieren nuevamente al cap. 23, donde el v. 1
(“David... proclamó a su hijo Salomón rey sobre Israel”) sirve como título para
la sección entera (<132301>

1 Crónicas 23:1—29:30) con la que termina el primer
libro. Una “reunión” de líderes israelitas se convoca en <132302>

1 Crónicas 23:2; en

<132801>

1 Crónicas 28:1 se introduce otra, una “asamblea” más grande y formal,
para lo que, en efecto, será la coronación de Salomón (<132922>

1 Crónicas 29:22-

24). También recordamos el cap. 22, porque lo que se dice en esta sección
acerca de Salomón, y a Salomón, amplifica de manera pública y formal lo que
David ya había dicho en forma más personal allí. De mucho interés es el hecho
de que David, el rey ideal de Israel de tantas maneras, está por dejar el trono, y
el pueblo de Dios en las generaciones posteriores necesita saber cómo se han
de mantener vivos los ideales de David una vez que él ya no esté presente. Las
últimas instrucciones que le da a Salomón y a Israel son por tanto de alcance
muy amplio.
28:1-10 Las instrucciones de Jehovah. La formalidad de este discurso
público contrasta con lo que ha pasado anteriormente, pero el contenido es
muy parecido a las conversaciones menos formales del cap. 22; También
recuerda las palabras de Moisés al comisionar a Josué “ante la vista de todo
Israel, ‘¡Esfuérzate y sé valiente’ “ (<053107>

Deuteronomio 31:7; ver aquí vv. 8, 10,

20).

El misericordioso plan de Dios para su pueblo (representado por el arca) es
más importante que el interés del cronista en que se edifique una casa para...
el arca
(2). Según ese plan David es el hombre de guerra y Salomón es el
hombre de paz (3; 22:9). Dios ha elegido a este padre y a este hijo de todo
Israel para que se sienten en su trono y edifiquen su templo (4-6). La promesa
de un reino para siempre en un sentido no tiene condiciones (<131712>

1 Crónicas

17:12-14), pero en otro sentido depende de la obediencia humana (7). Una
parte vital del “legado” de David a sus descendientes es el principio propuesto
en el v. 9 : Si tú le buscas, él se dejará hallar; pero si le abandonas, él te
desechará para siempre.
Esta es una declaración clásica de “La doctrina de
castigo merecido y retribución inmediatos” de Crónicas, que ocurrirá
frecuentemente en 2 Crónicas

28:11-21 El diseño del templo. Todo lo que David ha dicho en los vv. 1-10
ha hecho resaltar la iniciativa y la acción de Dios. Ahora esto se debe poner en
acción por Salomón. Se relaciona con lo que Dios le dio a hacer a Moisés
cuando se diseñaba el primer tabernáculo (diseño, 11, es la misma palabra
utilizada en Exodo 9, 40 que también se traduce como “modelo”); abarca
personas tanto como cosas utilizadas en la obra del servicio de la casa de Dios
(13). El diseño de Dios para Moisés aquí se renueva con David (19) y también
con Salomón (20, 21). Dios esperaba que Salomón colaborara activamente, y
Salomón nunca sintió que los planes de Dios fueran fastidiosos ni restrictivos. El
v. 20 es aun más parecido que los vv. 8 y 10 al consejo animador de

<053106>

Deuteronomio 31:6-8 y <060105>

Josué 1:5-7, el eco del cual también se

escucha en <581305>

Hebreos 13:5, 6.
29:1-9 El desafío al compromiso. David ya ha presentado al pueblo la
necesidad de ser obediente a Dios (<132808>

1 Crónicas 28:8); ahora les desafía a
que sean generosos y actúen de todo corazón. El da el ejemplo (2-5a) y ellos
aceptan el desafío (5b-9). La cantidad de tesoros mencionados aquí es enorme
(ver la Introducción), pero muestra una generosidad como la que se vio cuando
se construyó el tabernáculo (<023520>

Exodo 35:20—36:7), como la que
demandaron los profetas en los días del segundo templo no mucho antes de la
misma época del cronista (<370103>

Hageo 1:3, 4; <390308>

Malaquías 3:8-10), y como la

de la iglesia del NT cuando se estaba edificando una clase diferente de
“templo” (<460301>

1 Corintios 3:16; 2 Corintios 8— 9; <441127>

Hechos 11:27-30). Los
primeros lectores del cronista deben haber sentido la fuerza de estos versículos
en el término dracmas (7), una moneda conocida es sus días pero no en los de
David. El cronista, no un hombre indiferente como algunos se imaginan que era,
nota en este caso, como también en otras partes, el gozo, la generosidad, y la
integridad de corazón que el desafío de David evocó (9).
29:10-20 La gran acción de gracias. Los que vivían en la época del
cronista no deben haber tenido ninguna esperanza de poder participar en una
ocasión tan espléndida como ésta, pero el autor quiere destacar el principio
subyacente: Este Dios es real en todas las edades (10, 18) y es al mismo Dios a
quien le pertenece todo (11, 14). Naturalmente entonces toda esta
abundancia
(16), todo lo que cada generación ve cuando considera sus
bendiciones, también proviene de Dios. Esta verdad una vez más evoca un
gozo y una generosidad profundos (17, 19).

El pueblo de Dios se ha apropiado de partes de esta oración memorable desde
entonces. Aun las palabras solemnes del v. 15 deberían, paradójicamente,
inspirar la confianza: La edad de oro de David no tiene más permanencia que
ninguna otra; y aquella edad, como todas las edades, encuentra su esperanza
solamente en el Dios que nunca falta.
29:21-30 Salomón es ungido rey. Al día siguiente, un día tanto de
sacrificios como de celebración (¡Los que le dan a Dios, reciben de Dios!), es
la ocasión del ascenso oficial de Salomón al trono. Esta fue su segunda
entronización (22); se espera que los lectores sepan algo de la primera que fue
arreglada de prisa para prevenir que su hermano tomase el trono (1 Reyes 1).
Ya que el cronista asume que la historia pasada es bien conocida, la imagen
que presenta de los dos personajes centrales es obviamente hecha a propósito:
La oposición que Salomón tuvo que reprimir antes que todo Israel le rindiera
obediencia (23), como los problemas que David tuvo antes de morir en buena
vejez
(28), todo eso es omitido, porque en Crónicas estos dos hombres juntos
representan el ideal de “rey”. El esplendor de Salomón lo pone al mismo nivel
que la grandeza de su padre, y detrás de ambos está Dios, el rey eterno (<132805>

1

Crónicas 28:5; 29:11). El trono y el reino son inquebrantables porque son de
Jehovah (23).

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