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Comentario Biblico, Antiguo y Nuevo Testamento

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Esto es de gran ayuda permitiendo más claridad a pasajes en la escritura.
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INTRODUCCIÓN

<111629>

1 Reyes 16:29—<121036>

2 Reyes 10:36 Los dos reinos: El período de la

dinastía de Omri

16:29—22:40 Acab, rey de Israel

<112241>

1 Reyes 22:41—<120829>

2 Reyes 8:29 Durante los reinados de los hijos de

Acab
9:1—10:36 Jehú y el fin de la dinastía de Omri

<121101>

2 Reyes 11:1 —17:41 Los dos reinos: Desde Jehú hasta la
destrucción de Samaria

11:1—14:29 El período de la dinastía de Jehú
15:1—17:41 Las últimas décadas de Israel

<121801>

2 Reyes 18:1—25:30 Judá sola

18:1—20:21 Ezequías
21:1-26 Los cambios de Manasés y Amón
22:1— 23:30 Josías
23:31—25:30 El fin de Judá

COMENTARIO

<120101>

2 Reyes 1:1-18 Ocozías y Elías. El anuncio sobre la rebelión de Moab
(1) anticipa la historia que ocupará todo el cap. 3. Aquí sugiere la corrupción y
la ruina de la dinastía de Omri que de acuerdo con lo que se predijo ocurriría
durante el reinado del hijo de Acab (<112129>

1 Reyes 21:29).

No se atribuye el accidente de Ocozías al juicio de Dios sobre él. Lo que trajo
la condenación profética fue su acción de pedir un oráculo de un dios
extranjero. El autor ridiculiza a este dios de Ecrón al cambiarle el nombre del
original Baal-zebul (“Príncipe Baal”) a Baal-zebub (“Señor de las moscas”).
(Zebul también ocurre en el nombre de Jezabel que significa “¿Dónde está el
Príncipe?”) En vez de regresar con un oráculo de Baal-zebub de Ecrón, los
mensajeros de Ocozías regresaron con un oráculo de Jehovah por medio de

Elías. Por no querer buscar a Jehovah durante su enfermedad Ocozías hizo que
el Señor demostrara su poder sobre la vida y la muerte.

El fin horrible de los dos capitanes y sus compañías en los vv. 9-12 es difícil de
explicar. Puede ser que la vida de Elías haya estado en peligro por lo que hacía
Ocozías tal como fue el caso anteriormente con Acab y Jezabel. (Las palabras
del ángel a Elías en el v. 15 —no le tengas miedo— apoyan esta opinión.) O
quizá Ocozías debía aprender que a una persona de Dios, lo mismo que a Dios
mismo, no se le dice qué es lo que debe hacer. Desde luego, las palabras de
súplica usadas por el tercer capitán produjeron una respuesta muy diferente.

Aunque no se sabe lo que Ocozías esperaba lograr al mandar a buscar a Elías,
todo lo que recibió fue escuchar exactamente lo mismo que ya se había
profetizado, que moriría sin recuperarse de sus heridas (16).

En vista de la profecía anterior de Elías a Acab (<112129>

1 Reyes 21:29)
esperaríamos que Ocozías fuera el último rey de la dinastía de Omri. Pero
después de la muerte de Ocozías, Joram, otro hijo de Acab (<120301>

2 Reyes 3:1)

empezó a reinar. El cumplimiento de las palabras de Elías se debe aguardar aún
más.
2:1-18 La partida de Elías. La jornada en esta narración abarcó sitios que
estaban llenos de asociaciones con el pasado de Israel. Gilgal (1) fue el primer
lugar donde los israelitas pararon después de cruzar el Jordán. Los israelitas
varones que habían nacido durante los años en el desierto fueron circuncidados
allí y también fue allí donde celebraron la Pascua (Josué 5). Betel (2), a unos
24 km. dentro del área montañosa, fue el lugar donde Jacob se encontró con
Dios (Génesis 28). Jericó (4), en el valle del Jordán no muy lejos de Gilgal, fue
la primera ciudad que Josué tomó (Josué 6), y el Jordán (6) había dejado de
correr milagrosamente para permitir que Israel entrara a la tierra prometida
(Josué 3).

Aparte del desvío a Betel, la jornada tiene como foco los sitios asociados con
la entrada de Israel a la tierra prometida. El propósito de esto, o al menos el
propósito que el autor tuvo para relatarlo, es atraer la atención a los
importantes papeles que Elías y Eliseo desempeñaron en la historia de Israel.
Eventos previos en la vida de Elías recuerdan aspectos del ministerio de
Moisés, p. ej. igual que Moisés Elías recibió una revelación de Dios en el monte
Horeb, y la matanza de los profetas de Baal hace eco de la tragedia del
incidente de la adoración del becerro de oro (<023225>

Exodo 32:25-29). Ahora lo

vemos cruzando al lado este del Jordán (de manera similar a como se cruzó el
mar Rojo cuando Moisés era el líder), donde también terminó el ministerio de
Moisés. Ciertamente, el fin de la vida de Moisés fue casi tan misterioso como el
de Elías (<053406>

Deuteronomio 34:6). Las semejanzas entre las vidas de estos dos
hombres se destacan en el NT cuando ambos aparecen para hablar con Jesús
en su transfiguración (<401703>

Mateo 17:3).

Hay un significado teológico en las semejanzas entre Elías y Moisés. Moisés fue
el mediador del pacto en Sinaí/Horeb, también fue el profeta
(<051815>

Deuteronomio 18:15; 34:10) por medio del cual Israel ocupó una relación
de pacto y llamado el pueblo de Dios. Elías fue el profeta por medio del cual el
pueblo volvió al pacto del Sinaí y se salvó la posición especial de Israel. En
breve, las semejanzas con Moisés intensifican dramáticamente la importancia de
Elías en la historia de Israel y en los libros de los Rey. en particular. H. H.
Rowley (“Elijah on Mount Carmel”, BJRL, 43 [1960], 190-219) hábilmente
resume la relación entre los ministerios de Moisés y Elías: “Sin Moisés la
religión de Jehovah como figuraba en el AT nunca hubiera existido. Sin Elías
habría muerto.”

Si se identifica a Elías como un segundo Moisés, entonces sería adecuado que
Eliseo siguiera el molde de Josué. Tal como Josué sucedió a Moisés como líder
del pueblo, Eliseo sucedió a Elías al cruzar el Jordán sobre tierra firme y seca
del este al oeste tal como lo hizo Josué (14) y siguiendo en los pasos de Josué
al pasar por Jericó (15-22). (Hasta el mismo nombre de Eliseo nos hace
recordar el de Josué. Eliseo significa “Dios es salvación”, y Josué quiere decir
“Jehovah es salvación”.)

La partida de Elías demostró el poder y misterio de Dios. Eliseo y los grupos
de profetas en Betel y Jericó lo sabían de antemano (3, 5) pero finalmente
ocurrió de manera imposible de describir claramente (11). La petición de Eliseo
que recibiera una doble porción del espíritu de Elías (9) refleja el derecho a la
herencia que le pertenecía al primogénito (<052117>

Deuteronomio 21:17), y
podemos ver una conexión entre esto y la manera en que Eliseo se refiere a
Elías como su padre (12). Viene a ser un pedido oficial de ser el heredero del
ministerio de Elías. La condición que Elías impuso (10) probablemente se
refiere a que Eliseo entendiera su partida y no solo que fuera testigo de ella. El
grito de Eliseo, carro de Israel y sus jinetes (12), demostró que él apreció el
hecho de que Elías era la verdadera fortaleza y protección del pueblo de Dios.

Rasgó sus ropas como señal de luto por la gran pérdida que esto representaba
para el pueblo.

Cuando Eliseo se acercó al Jordán y éste se partió para él tal como se había
partido para Elías, ese evento confirmó que el espíritu que había sido activo en
Elías ahora reposaba sobre él. De modo que los profetas de Jericó lo
reconocieron como su nuevo señor (15). Sin embargo, ellos no habían
entendido la partida de Elías tan bien como Eliseo porque insistieron en ir a
buscarlo. Eliseo sabía que eso era inútil (16-18).

En el siglo V a. de J.C., el profeta Malaquías predijo que el regreso de Elías iba
a predecir “el día de Jehovah, grande y terrible” (<390405>

Malaquías 4:5). En su
contexto esto indica a un profeta que repita el ministerio de Elías, en particular
llamando al pueblo a volver a Dios (<390406>

Malaquías 4:6), pero condujo a
muchas especulaciones de que Elías iba a volver en persona (ver <401710>

Mateo

17:10; <410828>

Marcos 8:28). Jesús indicó que el ministerio de Elías se había
reanudado con Juan el Bautista, cumpliendo las palabras de Malaquías
(<401114>

Mateo 11:14; 17:11-13).

Las compañías de profetas en Betel y Jericó probablemente estaban entre los
7.000 israelitas fieles mencionados en <111918>

1 Reyes 19:18. Para más comentario

ver más adelante sobre <120601>

2 Reyes 6:1-7.
2:19-22 Saneamiento del manantial de Jericó. Jericó era una de las
ciudades más antiguas del mundo, con una historia de conquistas que se trazaba
hasta c. 8.000 a. de J.C., y esta distinción se debía al hecho que había un
manantial abundante que regaba toda el área de alrededor y la hacía fértil. En
los días de Eliseo, sin embargo, las aguas del manantial se habían echado a
perder. Lo que Eliseo hizo con la sal fue solo un acto simbólico porque tirar sal
sobre aguas corrientes no podía afectar la fuente profunda de donde procedía
el manantial. Lo que realmente purificó las aguas fue la palabra de Jehovah que
habló Eliseo. En ese incidente también podemos ver el juramento que Josué
había pronunciado sobre Jericó (<060626>

Josué 6:26) que ahora era revocado por
las palabras de Eliseo, el nuevo Josué. De manera significativa, el nuevo Josué
estaba tomando la misma ruta que el primer Josué había tomado cuando hizo
entrar a Israel en Canaán (Betel quedaba cerca de Hai, donde Josué se mudó
después de tomar Jericó; <060702>

Josué 7:2).

2:23-25 El incidente en Betel. Al pasar por Betel, Eliseo volvió por el
mismo camino que había venido con Elías (Betel-Jericó-Jordán en los vv. 2-8;
Jordán-Jericó-Betel en los vv. 13-23).

La muerte de los jóvenes que se burlaban de Eliseo es tan repentina y
escandalosa como la muerte por fuego de los capitanes en <120109>

2 Reyes 1:9-12.

Es aun más escandalosa si se sigue la traducción “niños pequeños”. En los vv.
23 y 24 se usan dos palabras diferentes: ambas podrían ser traducidas o
“niños” o “muchachos”. La RVA prefiere muchachos, pero no traduce el
adjetivo en el v. 23 que los describe como “pequeños”. Esto verdaderamente
implica que eran niños, a menos que en este caso el adjetivo debiera ser
traducido “despreciables” o “indignos”. Un juicio tan feroz se podría explicar si
se estaban burlando de Eliseo específicamente por encabezar a los profetas. Es
posible que el insulto calvo se refiriera a la manera en que los profetas se
afeitaban la cabeza como señal de que pertenecían a una escuela de profetas.
Después de este incidente Eliseo viajó hacia el norte a la escena de la gran
victoria de Elías sobre los profetas de Baal, y desde allí a la capital de Israel.
3:1-20 Los preparativos para recuperar Moab. Este Joram, rey de Israel,
no se debe confundir con Joram, rey de Judá, especialmente porque sus
reinados coincidieron por un tiempo.

El relato parecería sugerir que Joram fuera digno de un poco de elogio porque
sólo cometió pecados del tipo de los de Joroboam y no descendió al abismo
de corrupción de Acab y Jezabel. Aunque destruyó una de la imágenes de Baal
que Acab había hecho (2), es claro al leer el cap. 10 que permitió que el culto
de Baal siguiera creciendo en Samaria. Lo más importante que se logró en la
contienda de Elías en el monte Carmelo fue que el culto de Baal no fuese
promovido más como la religión oficial de Israel; pero mientras Jezabel
estuviera al cargo del palacio, el culto de Baal continuaba siendo una de las
características de la vida en la capital.

Una de las cosas que aprendimos de la piedra moabita (ver la Introducción) es
que Moab se había convertido en un vasallo de Israel durante el reinado de
Omri. De acuerdo con <120101>

2 Reyes 1:1 se rebeló durante el breve reinado de
Ocozías de modo que le tocó a Joram el tratar de recuperar el control sobre el
área y el pueblo.

El relato tiene muchos paralelos con la campaña de Acab contra Siria (1 Reyes
22). Ambas campañas se llevaron a cabo para recuperar el territorio al este del

Jordán; en los dos casos se hizo una alianza con Josafat de Judá (el cual
expresó su responsabilidad con las mismas palabras; ver <112204>

1 Reyes 22:4 y

<120301>

2 Reyes 3:7); en ambos casos Josafat pidió que se buscara un profeta por
medio del cual pudieran pedir consejos de Jehovah; y ambas campañas
tuvieron resultados poco claros.

El rey de Edom tomó parte junto a Josafat (9). Se presume que éste era el
“gobernador” que de acuerdo con la historia estaba a cargo de Edom en <112247>

1

Reyes 22:47, o sea no nombrado por Josafat pero que no era miembro de la
dinastía nativa. Así es como parece que Judá recuperó el control sobre Edom
desde los días de Hadad (1 Reyes 11).

Una severa escasez de agua hizo que los reyes fueran a consultar a Eliseo. Nos
recuerda de la sequía durante el reinado de Acab y cómo ese rey fue en busca
de Elías (<111801>

1 Reyes 18:1-15). Sin embargo, en otros aspectos las

circunstancias eran muy distintas.

Joram habló con devoción y confianza de que Jehovah era el que iniciaba la
campaña (10 y 13), aunque no hemos leído nada previamente que nos diga que
buscó su consejo en este asunto. Eliseo rechazó su devoción por ser superficial,
si es que no era completamente falsa (13, 14). Joram había atribuido a Dios la
sanción por sus acciones sin tratar de descubrir la voluntad de Dios, ¡un error
muy común! Sólo cuando se encontró en serio aprieto hizo lo que debería
haber hecho mucho antes.

El uso de un músico para ayudarle a Eliseo a profetizar (15) nos recuerda del
uso de instrumentos de música por los profetas extáticos en <091005>

1 Samuel
10:5-13. Eliseo profetizó que tendrían agua y éxito militar, y la primera parte de
la profecía se cumplió al siguiente día. Eliseo no desempeña ningún papel más
en la historia.
3:21-27 La batalla contra los moabitas. Es sorprendente que el ejército
moabita haya malinterpretado la vista del sol de la madrugada resplandeciendo
sobre el agua (22-23). Probablemente debemos ver la obra de Dios en la
manera confusa de pensar del enemigo; éste fue el medio por el cual el Señor
entregó a Moab en las manos de los tres reyes (18). Estos versículos contienen
juegos de palabras basados en la palabra heb. “Edom” que es muy similar a las
palabras “rojo” y “sangre”. Estejuego de palabras no se puede expresar en la
traducción al castellano.

Joram y sus aliados derrotaron a los moabitas tal como Eliseo lo había
profetizado. Sin embargo, cuando el rey de Moab sacrificó a su hijo
primogénito sobre el muro de Quir-jaréset (27) los israelitas se retiraron de
allí
y no fueron en pos de la victoria. La razón por la cual se retiraron no es
evidente en el texto. ¿Hubo gran ira contra los israelitas por parte de los
moabitas porque su rey fue forzado a cometer un acto de desesperación tan
malo? En otras palabras, ¿renovó el sacrificio la determinación de los moabitas
a combatir?, ¿o fue la ira (o “enojo”) por parte de Israel? O sea, ¿es posible
que las tropas israelitas estuvieran tan impresionadas (terror o temor
supersticioso) al ver un sacrificio humano que desistieron de la campaña?
Cualquiera de estas interpretaciones es posible. El resultado final de la campaña
es dudoso; si Israel se retiró ¿continuó Moab siendo libre? La piedra moabita
celebra una rebelión que tuvo éxito, pero eso no soluciona el problema, porque
pudo haber sido escrita antes de que ocurriera la campaña de Joram.
4:1-7 El milagro del aceite. Los milagros caracterizaron el ministerio de
Eliseo. El saneamiento de las aguas de Jericó (<110219>

1 Reyes 2:19-22) fue el

primero. Una serie de siete milagros más vienen a continuación (<110401>

1 Reyes

4:1—6:7). La importancia de todos ellos se comentará en el último de la
secuencia (<120601>

2 Reyes 6:1-7).

Era una costumbre aceptable en Israel que si alguna familia no podía pagar sus
deudas de ninguna otra manera, algunos de sus miembros, o todos, trabajarían
para el acreedor (<032539>

Levítico 25:39-41). Esta fue la situación en la que se
encontró la viuda de uno de los profetas; estaba a punto de perder sus dos
hijos. La situación era muy seria porque la viuda no tendría quien trabajara en el
campo de la familia. Se veía frente a una espiral descendente de deudas que la
llevarían a la ruina si Eliseo no la podía ayudar.

El aceite que siguió saliendo del frasco milagrosamente nos recuerda las
provisiones de aceite y harina que recibió la viuda que alojó a Elías (<111713>

1

Reyes 17:13-16), pero en este caso el aceite se vendió para pagar la deuda.
4:8-17 Un hijo para la mujer de Sunem. Sunem quedaba cerca de Jezreel
(<061918>

Josué 19:18). Sunamita (12) es un adjetivo femenino derivado del
nombre de la aldea y aquí se utiliza para describir a la mujer que le dio
hospitalidad a Eliseo. Nunca se da su nombre verdadero. En el v. 13
aprendemos que la relación entre Eliseo y el palacio era muy diferente de la de
Elías. Parece que lo estimaban mucho y tenía bastante influencia allí. Este

versículo anticipa los acontecimientos del cap. 8 cuando el criado de Eliseo,
Guejazi, intercedió al rey en nombre de la mujer.

La promesa de un hijo en circunstancias muy improbables es semejante a la
promesa de Dios hecha a Abraham y Sara (<011810>

Génesis 18:10) y la actitud
escéptica de la mujer nos recuerda a la de Sara en esa ocasión (<011812>

Génesis

18:12). Pero la palabra del profeta era digna de confianza como se comprobó
pronto.
4:18-37 El hijo de la mujer sunamita es resucitado. Esta historia tiene
aspectos similares a la historia de Elías y cómo revivió al hijo de la viuda de
Sarepta (1 Reyes 17). En ambos casos, el milagro ocurrió en la cama del
profeta en un altillo (o aposento alto) y consistió en una acción repetida. Pero la
historia actual se cuenta con más detalles que la anterior y con mucha más
acerbidad. Y en esta ocasión se declara inequívocamente que el niño había
muerto.

La acción de la mujer al acostar al niño muerto sobre la cama del profeta y al ir
en busca de él sugiere que tenía fe en que podría resucitar a su niño. Se cuenta
de manera simple pero conmovedora cómo volvió a vivir el niño y cómo se
reunió con su madre. Dios, por medio de su siervo, había manifestado una vez
más su poder sobre la vida y la muerte.
4:38-41 La olla de guiso envenenada. Este incidente pasó durante una
hambruna (38), quizá a la que se refiere en 8:1, que duró siete años. Tal como
en el cap. 2, encontramos a Eliseo en compañía de una comunidad de profetas
(los hijos de los profetas), esta vez en Gilgal. Dado que los víveres comunes
escaseaban, uno de los profetas recogió frutos desconocidos que resultaron ser
venenosos. Lo más probable es que el acto de Eliseo de añadir harina (tal
como el acto de poner sal en el manantial de Jericó en 2:21) fue simbólico no
más. El acto fue eficaz porque fue del hombre de Dios.
4:42-44 Dar de comer a 100 personas. Se asume que los 100 hombres
(43) también eran miembros de la comunidad de profetas. Los 20 panes de
cebada habrían sido pequeños y chatos y, por supuesto, insuficiente comida
para tantos. Por eso el criado hizo la pregunta con tanta sorpresa. No obstante,
Eliseo había recibido la promesa de Dios de que sobraría, y es lo que ocurrió.
5:1-27 La sanidad de Naamán. Las batallas de Israel contra Siria estaban
entremezcladas con épocas de paz entre los dos países (p. ej. <112201>

1 Reyes
22:1). La historia de Naamán está situada en uno de esos períodos. Uno de los

temas que ocurren en varias partes de la historia es que el Dios de Israel es el
Dios del mundo; es el único Dios; y su poder y sus intereses no son locales sino
de nivel cósmico.

Este tema emerge tan pronto como se introduce a Naamán. El era un general
sirio por medio del cual Jehovah había librado a Siria. Jehovah estaba en
control de la subida y caída de las naciones, y no sólo de Israel. La enfermedad
que sufría Naamán no era necesariamente lepra porque la palabra heb. para
lepra cubría una variedad de enfermedades que afectaban la piel.

Naamán había escuchado de la fama de Eliseo como sanador por medio de la
criada de su esposa, que era israelita. A pesar del hecho de que Naamán había
derrotado a su propio pueblo y la había llevado cautiva, la muchacha demostró
un sincero interés en su bienestar. Su fe simple en que Eliseo era capaz de
curarlo ofrece gran contraste con la reacción del rey de Israel. La manera en
que le sobreviene el pánico en el v. 7 es casi cómica y está llena de ironía. El
rey no podía ejercer el poder de Dios sobre la vida y la muerte, pero no se le
ocurrió mandar a Naamán al hombre de Dios que sí podía.

Al principio Naamán estaba indignado por las instrucciones de Eliseo de que se
lavara siete veces en el Jordán (10-12). Sus siervos, sin embargo, tenían más fe
(tal como la criada israelita había mostrado más fe que el rey israelita). Le
explicaron juiciosamente que si él estaba dispuesto a hacer lo difícil, entonces
por qué no hacer lo que era más fácil. La obediencia a las instrucciones simples
de Eliseo produjeron la cura. Muy a menudo Dios pide fe y obediencia en
asuntos pequeños cuando pensamos que requiere hechos valerosos.

La respuesta de Naamán demostró gran humildad y agradecimiento. No
sabemos qué creía anteriormente acerca del Dios de Israel, pero ahora declara
que es el único Dios (15). De ahora en adelante él solo adoraría a Jehovah
(17). Cuando pidió llevar tierra de Israel sobre un par de mulas no quiere decir
que pensaba que Jehovah sólo podía obrar en el territorio de Israel. Al
contrario, es probable que reflejaba la creencia de que la tierra de la nación de
Jehovah era santa y entonces necesitaba la tierra para crear un área consagrada
para el culto del Señor en Siria. El pedido en el v. 18 no significa que deseaba
seguir adorando a Rimón (un título del dios sirio Hadad) y a Jehovah al mismo
tiempo. Esto iría en contra de lo que declaró en los vv. 15 y 17. El problema
que tenía era que, como miembro de la corte de Siria, tenía que pretender
adoración a Rimón para cubrir las apariencias aunque ahora daba su fidelidad
sólo a Jehovah. La bendición de Eliseo le aseguró del perdón que pedía. Todo

este pasaje nos debería hacer más comprensivos hacia los que tratan de servir
a Dios en medio de gente de otras creencias.

El intento de engaño por parte de Guejazi (20-27) provee un apéndice triste y
saludable a la historia. Ya que era un oficial de alto rango, Naamán había traído
con él muchos obsequios de gran valor, los cuales Eliseo no quiso aceptar. La
tentación de obtener algunos de estos regalos para sí mismo fue muy fuerte
para Guejazi el cual tomó ventaja de la gratitud y generosidad de Naamán de
manera muy cruel. Estar en el servicio de Dios no protege a sus siervos de la
tentación. En verdad, muy seguido los pone en una posición en la cual es
posible abusar de su prestigio y de aprovecharse de otros. Las palabras de
Eliseo en el v. 26 sugieren que habría épocas en las cuales era correcto aceptar
obsequios, pero esta vez (por razones que no se explican) no era una de esas.
6:1-7 El hierro del hacha perdido. El cuadro de los hijos de los profetas se
hace un poco más claro en esta historia. Vivían juntos en comunidad bajo el
liderazgo de Eliseo. (La frase crucial en el v. 1 lit. se puede leer: “el lugar donde
habitamos en tu presencia”.) Parece que existían tales comunidades en Betel,
Jericó y Gilgal (<120203>

2 Reyes 2:3, 5, 15-18; 4:38), pero no se identifica cuál de
éstas es la de este relato, ni tampoco si Eliseo estaba conectado de la misma
manera con todas ellas. Sería incorrecto imaginárselas como comunidades
monásticas como las que florecieron en el desierto de Judá durante los siglos
IV a VI a. de J.C., ya que es evidente que los profetas podían casarse y criar
hijos (<110401>

1 Reyes 4:1). En esta historia encontramos a una comunidad
edificando un nuevo poblado para poder acomodar el aumento de su población
(lo cual indica que estaba creciendo bajo el liderazgo de Eliseo).

El acto de Eliseo para recuperar el hierro hundido del hacha es tan misterioso
como las acciones anteriores del saneamiento del manantial de Jericó y la
neutralización del veneno del guiso. Tal como en esas historias, revela a Eliseo
como un hombre de poderes extraordinarios, poderes que no poseía ningún
otro miembro de la comunidad profética. Esos poderes eran suyos debido a su
posición especial como hombre de Dios (6). El efecto acumulativo de estos
relatos tan extraños es sugerir lo que quiere decir esta frase: El no era solo un
hombre piadoso que servía a Dios sino un hombre que tenía una relación única
con Dios distinta de las de otros profetas del período. Tal como fue el caso con
Elías, Eliseo fue la persona que Dios escogió para un momento preciso en la
historia de Israel en un sentido especial.

6:8-23 Eliseo y los sirios. Esta historia provee un alivio cómico antes de la
tensión y tragedia que vienen a continuación. Cuando el rey de Siria quiso
capturar a Eliseo debido a su habilidad de prevenir al rey de Israel cada vez
que planeaban un ataque por sorpresa, el plan estaba condenado al fracaso
¡porque si Eliseo sabía los planes de Siria de antemano, se supone que también
supo acerca de éste! La frustración del rey de Siria en los vv. 11-13 tiene
mucho humor.

Eliseo no realiza acciones evasivas sino que se queda en Dotán mientras que las
numerosas fuerzas sirias rodeaban la ciudad. En el v. 17 el criado ve la razón
por la calma confianza de Eliseo: Los caballos y carros de fuego (nos recuerdan
a <120211>

2 Reyes 2:11, 12) eran muchísimos más que las tropas sirias. Se nota el
balance entre la vista espiritual que él recibió cuando Eliseo oró y la ceguera
con la que se hiere a los sirios cuando ora por segunda vez. El humor se torna
en farsa cuando Eliseo mismo lleva a las confundidas tropas a Samaria. Allí ora
para que se les abran los ojos con las mismas palabras que usó para que su
criado recibiera la vista especial. Pero lo que ven no es tan tranquilizador: Se
encuentran en la capital de Israel donde se presume que las tropas israelitas los
superaban en número.

El rey de Israel reconoció que la autoridad de Eliseo era más alta que la de él.
En vista de <112035>

1 Reyes 20:35-43 es sorprendente que Eliseo prohibiera que
mataran a las tropas enemigas. La razón no se aclara, excepto que parece que
en esta situación estaban en vigencia diferentes reglas de guerra (22). En
cambio, el enemigo fue agasajado con un banquete real y después los
regresaron a su rey. Se sintieron tan incómodos que no hicieron más incursiones
en Israel.
6:24—7:2 Los sirios sitian Samaria de nuevo. El tono cambia de comedia
a tragedia. Dada la conclusión de la historia anterior (23), es sorprendente
encontrar a los sirios sitiando Samaria en el v. 24. Esta aparente contradicción
se debe a que las historias acerca de Eliseo no están en orden cronológico (ver
sobre 8:1-6).

El sitio causó una gran hambruna en la capital y la severidad de ésta se ve en el
énfasis que el autor pone en los precios altísimos que se cobraban por la
comida (25). La impotencia del rey se expresa conmovedoramente en el v. 27.
El colmo fue cuando llegó la horrorosa noticia de que el hambre había causado
que alguien se comiera a su propio hijo. El rey rasgó sus ropas como símbolo
de su pesar revelando que llevaba cilicio debajo de ellas. Esa era la costumbre

que señalaba la tristeza en tiempos de desastre (<250210>

Lamentaciones 2:10) y en

tiempos de arrepentimiento por el pecado (<112127>

1 Reyes 21:27) o cuando

oraban para que fuesen librados (<121901>

2 Reyes 19:1, 2). Cualquiera de estas
puede haber sido la razón por la cual el rey decidió vestirlo en esta crisis.

No se nos cuenta por qué estaba tan enfadado con Eliseo (31), pero no es
difícil adivinar la razón. Eliseo, quien tenía el poder de advertirle cuando venía
una invasión siria (para que la pudiera frustrar), no había prevenido ésta;
también tenía la habilidad de multiplicar aceite y pan, pero no la había utilizado
para evitar la hambruna.

Un cambio de gobierno está indicado en el v. 32. Durante el sitio de Samaria
anterior “todos los ancianos del país” se habían reunido alrededor del rey
(<112007>

1 Reyes 20:7). Ahora, en una variación de esa escena, encontramos a los
ancianos reunidos en la casa de Eliseo. Se reconocía que el verdadero
liderazgo reposaba con el profeta y no con el rey (ni el nombre del cual se
menciona, como si no fuese importante su identidad).

Algunas versiones del v. 33 en heb. dicen que el mensajero del rey y no el rey
mismo descendió a la casa de Eliseo (tal como lo tiene la RVA) y las palabras
citadas son las del rey pero transmitidas por el mensajero. La actitud del rey se
entiende pero es incorrecta; porque si el mal provenía de Jehovah esa no era
razón para no pedirle ayuda. Lo que es más, era una actitud que llevaba a una
desesperación más profunda porque, como lo sabía muy bien el rey, no había
nada que él pudiera hacer. Si Dios no nos ayuda en esos momentos, no habrá
ninguna ayuda.

Eliseo respondió que la liberación estaba muy cerca. En 24 horas habría tanta
comida que los precios iban a bajar dramáticamente (<110701>

1 Reyes 7:1). Lo que

Eliseo da a entender aunque no lo dijo en tantas palabras es que el sitio
terminaría. En <110702>

1 Reyes 7:2 se describe al mensajero como el comandante
en cuyo brazo se apoyaba el rey (pero no en cuyo brazo se estaba apoyando
el rey, porque el rey no estaba presente en esta escena; ver comentario sobre

<110633>

1 Reyes 6:33), lo que significa que era el ayudante habitual del rey.
Naamán utilizó una frase muy similar al describir su servicio al rey de Siria
(<120518>

2 Reyes 5:18). El escepticismo del hombre produjo la grave predicción
sobre el final de su propia vida (2).
7:3-20 Samaria salvada otra vez. El modo milagroso en que terminó el sitio
se cuenta en los vv. 6 y 7. Pero el pueblo de Samaria no se hubiese dado

cuenta a tiempo de lo que había pasado si los marginados de la puerta de la
ciudad no hubiesen echado su suerte con los sirios (3-5). Hay mucho suspenso
en el v. 8 mientras nos preguntamos si las cuatro personas van a llevar las
buenas noticias a la ciudad para salvar a la población muriendo de hambre. El
rey estaba tan desesperado que todo lo que podía hacer era sospechar una
trampa (12). Como en la historia de Naamán, un servidor es el que provee el
buen consejo (13). Las provisiones que los sirios habían abandonado eran
tantas que la profecía de Eliseo acerca del precio de la comida se cumplió y
durante la estampida de gente que pasaba por la puerta de la ciudad, el
asistente del rey se encontró con el fin predicho (16-20).
8:1-6 La tierra sunamita. Hay varias señales aquí de que las historias de
Eliseo no están en orden cronológico. Ya que esta historia tiene que ver con
Guejazi (quien abandonó el servicio de Eliseo en <110502>

1 Reyes 5:27) debe haber
ocurrido antes de la sanidad de Naamán. El hambre que Eliseo predice en el v.
1 es probablemente el mismo a través de la historia de <110403>

1 Reyes 4:38-41.

La historia muestra el cuidado continuo que Eliseo tiene por la mujer sunamita y
su familia. La mujer actúa como cabeza de la familia, a lo mejor porque su
marido (bastante viejo según <110414>

1 Reyes 4:14) ya murió para entonces. La
manera en que el rey trata a la mujer cuando ella regresa muestra el gran
respeto que tenía de Eliseo (4-6). Se ve ilustrado aquí también el cuidado
providencial de Dios en el hecho de que Guejazi contaba la historia del hijo de
la mujer cuando ella vino a apelar al rey.
8:7-15 Ben-hadad es asesinado por Hazael. La gran reputación de Eliseo
en Siria se demuestra en la extraordinaria deferencia que Ben-hadad le muestra
en el v. 9. En heb., la pregunta de Ben-hadad acerca de su enfermedad es muy
parecida a la de Ocozías en <120102>

2 Reyes 1:2, lo cual nos invita a comparar los
dos incidentes. ¡Ambos reyes se dirigieron a dioses extranjeros para descubrir
qué pasaría, pero mientras que el rey israelita buscó a Baal-zebub, el rey sirio
fue al Dios de Israel!

El mensaje de Eliseo al rey enfermo en el v. 10 se puede leer de dos maneras
muy diferentes: una es “Vé y dile, ‘Ciertamente sanarás’, pero el Señor me ha
mostrado que de cierto morirá”; la otra es: “Ve y di, ‘Ciertamente no vivirás’,
porque el Señor me ha mostrado que de cierto morirá”. El problema es que en
heb. la palabra “no” y “a él” difieren muy poco. Aunque el texto principal
contiene la primera manera, la segunda manera de leerla aparece en la nota
marginal como la forma correcta de interpretarla. La mayoría de los traductores

siguen la nota marginal en este caso porque la regla es que la lectura más difícil
es más probable que sea la correcta. El cambio a “no” se puede explicar
fácilmente diciendo que uno de los copiadores no quiso dar la impresión de que
Eliseo había dicho una mentira. Un cambio en la dirección opuesta no se puede
explicar tan fácilmente.

La razón para el mensaje falso queda oscura, pero el v. 10 probablemente
expresa la tensión entre lo que Eliseo sabía acerca de la enfermedad de Ben-
hadad y lo que sabía acerca de las intenciones de Hazael: La enfermedad
misma no era de muerte, pero Beh-hadad iba a morir de todos modos porque
Hazael pensaba matarlo y apoderarse del trono. Eliseo no dijo que Dios había
escogido a Hazael para que fuese rey en lugar de Ben-hadad, sólo que lo sería,
y que haría sufrir mucho a Israel.

Sin embargo, no debemos olvidarnos que anteriormente Elías recibió
instrucciones de ungir a Hazael como rey de Siria (<111915>

1 Reyes 19:15), y
aunque nadie es ungido, en el pasaje actual se da a entender que en algún
sentido esto cumple con las instrucciones. Por otro lado, las dos citas de
Hazael tienen diferentes énfasis. En <111917>

1 Reyes 19:17 todo lo que haría sería
tomar parte en remover el culto a Baal de Israel, mientras que en la visión de
Elías (y en eventos subsiguientes) la opresión de Siria sobre Israel llegó al punto
más devastador durante su reinado.
8:16-24 Joram, rey de Judá. En los vv. 16-29 encontramos el segundo
intermedio que tiene que ver con Judá en medio del relato de la dinastía de
Omri. El texto heb. en el v.16 sugiere que Josafat y su hijo Joram eran
corregentes. Durante el reinado de Joram, la alianza de Josafat con Israel
(<112204>

1 Reyes 22:4; <120301>

2 Reyes 3:7) produjo un fruto amargo en Judá. Los
pecados de Joram, definidos en líneas generales diciendo el camino de los
reyes de Israel,
se refieren a su casamiento con la hija de Acab (18). Este
versículo introduce (pero no nombra) a Atalía, quien juega un papel principal en
el cap. 11. El v. 19 suena como un eco de <111136>

1 Reyes 11:36 y 15:4 con la cita

de la promesa de Dios de darle una lámpara a él, y a sus hijos,
continuamente.
Sin embargo, esta es la última vez que la promesa se
menciona: Un hecho que, en vista de los acontecimientos en Judá más adelante,
va a ser de mal agüero.

El intento exitoso de Edom de independizarse (anticipado en <111114>

1 Reyes
11:14-22) y la rebelión de la ciudad de Libna (se presume que fue en contra de
los filisteos, ya que quedaba cerca de la frontera de Judá y Filistea) se deben

entender como las consecuencias de la maldad de Joram (cf. con la invasión de
Sisac en el relato del reinado de Roboam; <111425>

1 Reyes 14:25-28).
8:25-29 Ocozías, rey de Judá. Ocozías, rey de Judá, continuó en los pasos
de su padre (y de su madre; 26, 27). La nota de su alianza con Joram, rey de
Israel, introduce los eventos que condujeron a la destrucción del culto de Baal
tanto en Israel como en Judá. También tenemos aquí la primera cita de Hazael
como opresor de Israel, lo cual es el inicio del cumplimiento de la visión de
Eliseo. La muerte de Ocozías no se menciona hasta <110927>

1 Reyes 9:27, 28.

9:1—10:36 Jehú y el fin de la dinastía de Omri

9:1-13 Jehú es ungido rey de Israel. Ahora que Hazael reinaba en
Damasco sólo quedaba por llevarse a cabo una de las instrucciones de Dios a
Elías (<111915>

1 Reyes 19:15, 16). Una vez que eso fue hecho los eventos
marcharon rápidamente al cumplimiento de la profecía de Elías acerca de la
caída de la dinastía de Omri (<112120>

1 Reyes 21:20-28).

Por alguna razón Eliseo mismo no ungió a Jehú sino que envió a una persona
anónima de la comunidad de los profetas para que lo hiciera. La instrucción en
el v. 1 cíñete los lomos significa prepararse para alguna clase de actividad;
aquí quiere decir que el profeta debía ponerse ropas adecuadas para la
jornada. Jehú no ha sido presentado anteriormente excepto en la instrucción a
Elías (<111916>

1 Reyes 19:16), pero a medida que pasa la historia descubrimos que
era el jefe del ejército de Israel, como también lo había sido Omri (<111616>

1 Reyes

16:16). (No se le debe confundir con el profeta Jehú en <111601>

1 Reyes 16:1-7.)

El ejército estaba defendiendo Ramot de Galaad, presumiblemente que
después de haberla capturado como parte no informada de la campaña en 1
Reyes 22.

Las palabras del profeta (7-10) recuerdan a las de Elías en <112121>

1 Reyes 21:21-

23, pero añaden la nota de que Dios iba a vengar la sangre de sus siervos (7).

El entusiasmo de las tropas sugiere que la dinastía de Omri había perdido su
popularidad. Era el tiempo maduro para un golpe de Estado.
9:14-37 Las muertes de Joram, Ocozías y Jezabel. Con la información de
la presencia de Joram y Ocozías en Jezreel debido a las heridas de Joram (14,
15) retoma el hilo del capítulo anterior (<110828>

1 Reyes 8:28, 29) y la acción se
renueva en la parcela de Nabot de Jezreel (21). Después de la secuencia de
preguntas repetidas tres veces (que nos recuerda a <120109>

2 Reyes 1:9-14), Jehú

declara sus motivos (22). Al descubrir las intenciones de Jehú, Joram dio vuelta
con su carro (23) de manera muy parecida a como lo hizo Acab cuando fue
herido en Ramot de Galaad (<112234>

1 Reyes 22:34). El autor está recogiendo
deliberadamente temas y motivos que han aparecido a través de la historia al
acercarse a su clímax.

La manera en que Jehú mata al herido Joram mientras éste huye es despiadada
y escandalosa (24), como también lo es su trato del cadáver de Joram (25, 26;
ver <052122>

Deuteronomio 21:22, 23; <102110>

2 Samuel 21:10-14). Aunque Jehú cita
una profecía anterior para justificar lo que ha hecho, es una profecía de la cual
no sabíamos nada y nos deja con la curiosidad de saber si es auténtica o si es la
obra conveniente de la imaginación de Jehú.

El profeta no mandó que se matase a Ocozías, rey de Judá (vv. 7-10) aunque
Jehú lo hace (27-29). Se presume que Jehú sintió que era justificable porque
Ocozías era hijo de Atalía, nieta de Omri (<110826>

1 Reyes 8:26). Los detalles
geográficos de estos versículos no están claros, pero es interesante que las
fuerzas de Judá (los servidores de Ocozías) estaban apostadas en Meguido,
Israel.

Por su parte, Jezabel, consciente de la dirección que estaban tomando los
acontecimientos, enfrentó su muerte con un distanciamiento frío y hasta con un
poco de humor irónico. Se pintó los ojos y se arregló el cabello, no porque
pensaba seducir a Jehú (lo que dice demuestra eso) sino porque “¡deseaba
dejar esta vida con mucha elegancia!” (T. R. Hobbs, 2 Kings [Word Books,
1985], p. 109). Sus primeras palabras repiten de nuevo la pregunta que se le
hizo a Jehú en los vv. 18, 19 y 22 (lit. “¿Es paz?”), pero esta vez la pregunta
fue intencionalmente irónica. Al llamar Zimri a Jehú le estaba haciendo recordar
a otro jefe del ejéricto que había matado a su rey, pero siete días más tarde él
mismo sufrió una horrible muerte (<111609>

1 Reyes 16:9-19).

Su muerte fue brutal y horrorosa. La manera deliberada en que los carros de
Jehú la atropellaron (33) sobrepasó la profecía de Elías (<112123>

1 Reyes 21:23),

tal como la cita de la profecía que Jehú recordaba (36, 37) sobrepasó a la
original en detalle y ferocidad. El hecho que Jehú pudo comer y beber mientras
que los perros devoraban el cadáver (34) hace resaltar su crueldad.
10:1-17 La matanza de los hijos y seguidores de Acab. El texto heb.
parece tener un defecto al referirse a cartas enviadas a Jezreel en el v. 1, dado
que Jehú ya estaba allí. El texto gr. tiene “a los principales de la ciudad [o sea,

Samaria], a los ancianos...” etc. Probablemente esa fue la lectura original ya
que tan solo un pequeño error al copiar la oración en heb. podía producir la
referencia a Jezreel.

Jehú desafió a los principales de Samaria a que eligiesen un sucesor de Joram
que pudiera luchar para que la dinastía sobreviviera (3). Su objetivo final era la
muerte de los 70 posibles sucesores, lo cual obtuvo por medio de coacción. La
llegada a Jezreel de las cabezas de los hijos en canastas proveyó la horripilante
prueba de que el hecho se había cometido (6-8).

La pregunta de Jehú en el v. 9 (Pero, ¿quién ha matado a todos éstos?) es
difícil de interpretar. Parecería que estaba negando tener la responsabilidad
directa por la matanza de los príncipes, pero no es claro a quién se la atribuía.
¿Mantenía que tenía sanción divina para todo lo que había hecho de modo que
a la larga este derramamiento de sangre era la responsabilidad de Jehovah? ¿O
culpaba a los principales de Samaria por esta atrocidad que les había forzado a
cometer? Si el primer caso es correcto, su referencia a la profecía de Elías en el
v. 10 sigue el mismo tema; si el segundo es correcto, menciona la profecía para
apoyar la venganza de Samaria que estaba por conseguir. Sea lo que sea, el
objetivo de Jehú fue ganar el apoyo del pueblo (9), que se supone se refiere a
los ciudadanos de Jezreel y a los soldados apostados allí.

La próxima fase del derramamiento de sangre por Jehú fue la masacre de todos
los parientes y seguidores de la familia real que quedaban en Jezreel (11).
Después procedió a Samaria para repetir el mismo proceso allí (17). En camino
encontró y mató a 42 parientes de Ocozías, rey de Judá (13, 14). De capricho
se le ocurrió matarlos aunque había ordenado a sus soldados que los tomaran
vivos. A través de todo esto mantenía que su motivación era el celo por
Jehovah
(16), una declaración que debemos sospechar en vista del desdeñoso
uso de profecía para justificar sus atrocidades (<110925>

1 Reyes 9:25, 26, 36-37).
Aunque se dice que al matar a la familia de Acab había actuado conforme a la
palabra que Jehovah había hablado a Elías
(17), el veredicto final del autor
acerca de Jehú (29) pone todo esto en una perspectiva más amplia (ver lo
siguiente).
10:18-28 La matanza de los profetas de Baal. El derramamiento de
sangre continuó con la eliminación en toda Samaria de los que adoraban a Baal.
Jehú los engañó al pretender que servía a Baal mucho más que Acab (18),
después de todo nadie hubiera dicho que Acab había apoyado
inquebrantablemente a la nueva religión, hasta le había puesto a dos de sus hijos

nombres que contenían el nombre de Jehovah (Joram y Ocozías). La purga
religiosa en la cual se embarcó Jehú se llevó a cabo con su crueldad típica.
Cuánto abarcó exactamente depende de si se toma lit. la palabra heb. “siervos”
(como en la RVA), en tal caso se da a entender que se erradicó completamente
el culto de Baal. (La otra posibilidad es que se traduzca “siervo” como ministro
o profeta, en tal caso sólo eliminaron a los jefes del culto.)
10:29-36 La evaluación de Jehú. Los caps. 9 y 10 proveen una imagen de
Jehú bastante ambigua. Por un lado, actuó conforme a “la palabra que el Señor
había hablado a Elías” (<111017>

1 Reyes 10:17); por el otro lado, hemos visto que
parece que sobrepasó esa palabra y la manipulaba para que apoyase la
exterminación brutal de cualquiera que se opusiese a él. Así que a pesar del
éxito que tuvo en erradicar la adoración de Baal de Israel (28) no se le
describe como un personaje ejemplar sino como a una persona cuyos métodos
estropearon lo bueno que pudo haber hecho. Tal como muchos líderes de
revoluciones, se permitió excesos en su intento de eliminar la maldad que veía,
mientras que cometía maldades propias. La manera en que maltrató la profecía
también lo incluye en la clase de políticos sin escrúpulos que se otorgan a sí
mismos una autoridad profética y justifican sus actos apelando a la voluntad de
Dios.

Esto es solo implícito en la narrativa bíblica, pero también existe alguna crítica
explícita en la evaluación del reinado de Jehú con la que concluye el autor. La
aprobación que Dios da por lo que Jehú logró hacer es limitada (30); le
prometió a Jehú una dinastía de cinco generaciones en total (su propio reinado
más el de cuatro generaciones de descendientes): mucho más corta que la
dinastía para siempre (el modelo de David) que se le prometió
condicionalmente a Jeroboam (<111139>

1 Reyes 11:39). Es significativo el hecho de
que el profeta Oseas se refiriera al fin de la dinastía de Jehú mencionando
castigos “por los hechos de sangre de Jezreel” (<280104>

Oseas 1:4).

Lo que es más, Jehú declaró que poseía celo de Jehovah (16) pero cómo se le
puede creer cuando fue en pos de los becerros de oro de Jeroboam (29, 31).
La desaprobación divina de su reinado está ilustrada en las victorias de Hazael,
las que se describen como reducciones del territorio de Israel por Jehovah (32-
33). Finalmente, Jehú representa una triste ilustración del hecho de que el
nombramiento divino y el ser ungido por un profeta no garantizan que el que los
recibe estará a la altura del llamado de Dios.

11:1—17:41 LOS DOS REINOS: DESDE JEHU HASTA LA
DESTRUCCION DE SAMARIA

11:1—14:29 El período de la dinastía de Jehú

11:1-21 Atalía, reina de Judá. Ya conocimos a Atalía, la hija de Acab que
se casó con Joram, rey de Judá (<120818>

2 Reyes 8:18, 26). La única manera en
que se puede explicar su intento de eliminar la dinastía de David es
comprendiendo su propia ambición al trono. La oportunidad se presentó
cuando Jehú asesinó a su hijo Ocozías y a muchos de sus parientes. Otros
parientes debieron haber muerto durante su intento de dar un golpe de Estado.
En breve, ella emerge como una mujer cruel y calculadora.

Si sus planes hubiesen salido bien ella habría eliminado la dinastía de David.
Segundo Rey 8:19 nos recuerda de la misericordia que Dios tuvo para con la
dinastía debido a la promesa que le había hecho a David, y en esta historia
vemos esa misericordia en acción. Sin embargo, la salvación de la dinastía no
se cuenta por lo que se refiere a la intervención divina; se logró por medio de
valor, fidelidad y astucia humanos.

Se describe a Josabet simplemente como la hermana del difunto Ocozías (2).
Entonces pudo haber sido la hija de Atalía. Sin embargo, ya que el término heb.
también tiene el significado de “media hermana”, puede ser que ella fuera la hija
de Joram por otra de sus esposas reales. Otros detalles tampoco están muy
claros. No sabemos por qué decidió salvar a Joás (quien no pudo haber tenido
más que un año de edad cuando ella lo escondió; vv. 3-4, 21) y no a cualquiera
de los príncipes de la corte real que estaban por ser ejecutados. (Ver también
el comentario sobre <111201>

1 Reyes 12:1-3). La ausencia de la madre del niño en

la historia es sorprendente.

Comenzando con el v. 4 que es cuando el sacerdote Joyada (9) entra en la
escena, los eventos se describen con más lujo de detalles. (Según <142211>

2
Crónicas 22:11, Josabet era la esposa de Joyada.) Desafortunadamente
muchos detalles acerca del despliegue de los soldados en los vv. 4-11 siguen
siendo oscuros porque no podemos entender algunos de los términos,
especialmente los militares. Lo que sí es muy claro es que Atalía no contaba
con el respaldo de las tropas (aunque debe haber tenido un poco de apoyo, al
menos al principio, o no podría haber ordenado la muerte de los príncipes). En
base a los desconcertantes detalles nos formamos la impresión de que Joyada

hacía planes meticulosos y sus arreglos para garantizar la seguridad eran
perfectos.

Si Joás fue coronado a los siete años de edad o no (12) depende de la correcta
traducción de una palabra heb. que se refiere a algún símbolo de la dedicación
del rey. Frecuentemente se le traduce “poner la corona”, pero el significado
exacto es incierto. El mismo problema afecta el pacto o testimonio que se le
presentó. Puede haber sido alguna clase de placa con una inscripción, quizá
resumiendo los requisitos del monarca. Puede que no haya ninguna conexión
con los pactos que Joyada hizo en el v. 17. Los gritos del pueblo cuando
ungieron a Joás (12, 14) atestiguan la popularidad de la restaurada línea de
David en Judá.

La muerte de Atalía se cuenta con gran economía de palabras (13-16). Su
reinado no recibe ningún resumen final, porque para el autor no fue un reinado
legítimo.

El primer pacto sobre el cual ofició Joyada (17) restableció la relación entre
Jehovah y el rey de Judá, y la relación entre Jehovah y el pueblo (que serían el
pueblo de Jehovah
). El segundo tenía que ver con la aceptación de Joás por
parte del pueblo. El reavivamiento del servicio de Jehovah se vio expresado en
la destrucción de los atributos del culto de Baal y la ejecución de sus
sacerdotes (18). Obviamente Atalía que provenía de Israel (con su devoción a
Baal), había introducido las prácticas en Jerusalén, aunque no sabemos si lo
hizo antes o después de la muerte de Ocozías. El reavivamiento de la
monarquía fue completo cuando Joás descendió del templo hasta el palacio
donde se sentaría en el trono de David (19-21). El cap. 12 en heb. comienza
en lo que en nuestra versión es el v. 21 del cap. 11. A través del capítulo
debemos recordar que éste es el Joás, rey de Judá, que no se debe confundir
con el rey de Israel del mismo nombre (<121310>

2 Reyes 13:10-25).
12:1-3 Joás, rey de Judá: Introducción. Aparentemente aunque el autor no
consideró el reinado de Atalía de seis años un período legítimo de la monarquía
(1), tampoco los incluyó en el reinado de 40 años de Joás. Lo que hizo es
contar los años del reinado de Joás empezando cuando se le proclamó rey en
el séptimo año de Jehú, rey de Israel.

Joás creció siendo educado por el sacerdote Joyada y de esa manera fue
interrumpida la influencia de Atalía sobre la familia real de Judá. ¿Puede ser que
ésta fuese la razón por la cual Josabet escogió a Joás (entonces de un año de

edad), porque era muy joven para haber aprendido algo de su abuela, la
servidora de Baal? En el v. 2 dice: ... hizo lo recto... todo el tiempo en que le
instruyó el sacerdote Joyada,
para explicar cómo terminó cayendo en el
paganismo según lo relata Crónicas (<142417>

2 Crónicas 24:17-22), aunque el autor
de Rey. no parece saber nada de ese desliz. El único comentario negativo que
tiene es que Joás no quitó los lugares altos (3).
12:4-16 Joás, rey de Judá: La restauración del templo. Por qué fue
necesario reparar el templo no se aclara en esta sección. <142407>

2 Crónicas 24:7

explica que los hijos de Atalía habían “arruinado” parte de la casa de Dios al
utilizarla para el culto de Baal.

Los preparativos que se hicieron para colectar el dinero (4, 5) no son muy
claros. El v. 4 distingue entre tres clases de fuentes de ingreso; la primera frase
se acepta como la descripción que incluye a todas las otras. Es posible, sin
embargo, que la lista incluya cuatro tipos distintos. El hecho de que se dedicó
dinero de todas estas partes para hacer las reparaciones indica cuán seria era la
situación. Lo que tampoco ayuda es el significado incierto de la frase heb. que
se ha traducido de parte de su administrador. Otra posibilidad es que diga
“de sus propios fondos” lo que indicaría que parte de los ingresos personales
de cada sacerdote también se debían dedicar para financiar este proyecto. Eso
también indicaría la urgencia de la tarea. El mismo problema aparece en el v. 7,
donde vemos la misma expresión.

No se cuenta en qué año de su reinado Joás comenzó las reparaciones del
templo, así que no sabemos cuánto tiempo pasó hasta el año 23 (6). La
impresión que da es que el proyecto se demoró por mucho tiempo. Esto por su
parte sugiere que el celo y la moral de los sacerdotes estaba de capa caída.
Como resultado, el proyecto se quitó de las manos de los sacerdotes y se
introdujo un nuevo sistema para financiar el mantenimiento del templo. Es
evidente que la monarquía tenía más autoridad que el sacerdocio en esos
momentos por la manera en que Joás pudo reorganizar todos estos asuntos.

El dinero que se había puesto en el cofre (9) no pudo haber sido en monedas
porque éstas no se inventaron hasta alrededor del 650 a. de J.C. (en Asia
menor). Cuando no se podía pagar en especie, la mercancía de intercambio era
de metal (generalmente oro o plata) en piezas de pesos que conocemos.

La lista de artesanos que trabajaron en las reparaciones (11, 12) sugiere que el
daño era bastante extenso. Escuchamos aquí un eco triste del proyecto de

edificación original durante el reinado de Salomón. Le choca al lector hacer la
comparación entre los recursos de Salomón que parecían ser sin límites, y la
dificultad que Joás tuvo para recaudar el dinero necesario para las
reparaciones.

El significado de los vv. 13 y 14 es un poco incierto pero parece decir que la
manufactura de utensilios para el templo se tuvo que posponer para que el oro
y la plata disponibles se pudiesen utilizar para financiar las reparaciones (más
evidencia de la escasez de recursos). ¿Se habían perdido los utensilios? ¿O
fueron profanados o malversados? ¿O fueron parte de las cosas sagradas que
Joás usó para sobornar a Hazael (ver comentario sobre vv. 17, 18)? ¿Es
posible que la falta de sustitutos haya parado el culto normal del templo? ¿O
continuaba con artículos más mundanos? Tales preguntas no se contestan en el
texto.
12:17, 18 Joás, rey de Judá: Jerusalén amenazada. La primera frase,
Por aquel entonces, coloca este acontecimiento durante el programa de
reparación que comenzó después del vigésimo tercer año de Joás (6) y por lo
tanto durante el reinado de Joacaz, rey de Israel (que también comenzó en el
vigésimo tercer año de Joás; <111301>

1 Reyes 13:1). La débil posición de Israel

durante el reinado de Joacaz (<111307>

1 Reyes 13:7) hizo posible que el ejército de
Hazael penetrara hacia el sur hasta el área de Judá, amenazando a la misma
Jerusalén.

Parece que Joás no tenía el poderío militar para hacer retrasar el avance de
Hazael. En cambio lo sobornó con artículos caros de los tesoros del templo y
del palacio (18). El autor de Crónicas pinta una escena aun más sombría de la
invasión, culpando la tragedia al desliz al paganismo de Joás después de la
muerte de Joyada (<142423>

2 Crónicas 24:23-25).
12:19-21 Joás, rey de Judá: Asesinato. Lo que la narración acaba de
contar sugiere que Judá estaba débil y empobrecida durante el reinado de Joás,
y eso probablemente explica el descontento que finalmente se expresó en su
asesinato. Típicamente, al autor de Rey. no le interesan los motivos que tenían
los asesinos y trata brevemente el asesinato de Joás en el contexto de su
fórmula establecida para concluir.
13:1-9 Joacaz, rey de Israel. Joacaz se pareció a su padre Jehú porque
siguió tras los pecados de Jeroboam (2). La consecuencia fue que Israel
sufrió bajo la opresión de Hazael y su sucesor (otro Ben-hadad; v. 3).

Entrevemos algo de la seria emergencia de Israel en el v. 7, donde se describen
los pequeños restos del ejército de Joacaz. (En contraste, Acab pudo dirigir
2.000 carros a la batalla de Karkar.) En esta crisis, Joacaz fue en busca de
Jehovah (4), pero la actitud y devoción del pueblo no cambiaron para nada (6).

La historia en los vv. 3-5 sigue una estructura conocida del libro de Jueces: El
furor de Jehovah se enciende contra Israel; Jehovah entrega a Israel en manos
de opresores; piden la ayuda del Señor; Dios oye y envía un libertador.
También se parece al resumen del éxodo en <052607>

Deuteronomio 26:7-9.

La identidad del libertador enviado por Jehovah (5) todavía se discute. A lo
mejor se refiere al rey asirio Adad-mirari III, cuya campaña occidental de c.
805 a. de J.C. redujo el dominio de Hazael. Otra sugerencia más probable es
que fuera Eliseo. Esto pondría la liberación en el reinado de Joás, lo que está
de acuerdo con los vv. 22-25 (ver comentario subsiguiente).
13:10-13 Joás, rey de Israel: Resumen de su reinado. Estos versículos
proveen un resumen acostumbrado del reinado de Joás. Como sus dos
predecesores, él continuó en los pecados de Jeroboam (11). Su guerra
contraAmasías de Judá (contada en el cap. 14) se destaca por su mención en el
v. 12, pero no su derrota más importante contra los arameos (25).
13:14-19 Joás de Israel:Joás y Eliseo. Después de la noticia de la muerte
de Joás la narrativa da marcha atrás para relatar un incidente acerca de Eliseo.
Este no ha aparecido desde el principio del cap. 9 y ahora lo encontramos en
su lecho de muerte después de haber sido el líder de los profetas por 15 años.
A pesar de que el resumen anterior criticó duramente a Joás, esta historia lo
presenta siendo respetuoso y dedicado al anciano hombre de Dios (ver <120804>

2

Reyes 8:4-6).

Las palabras del rey en el v. 14 repiten la exclamación del propio Eliseo
durante la partida de Elías (<120212>

2 Reyes 2:12, ver el comentario). Con estas
palabras Joás reconoció que Eliseo era la fortaleza y protección de Israel y se
lamentó mucho por su muerte inminente. El grito es especialmente conmovedor
en esta ocasión dado el caso que casi todos los “carros y jinetes” de Israel
habían sido destruidos (7). ¿Quedaría completamente indefensa Israel ahora
que Eliseo estaba por irse?

La historia envuelve actos simbólicos como los que había en las historias de los
milagros de Eliseo que ya hemos visto. En esta ocasión, sin embargo, el rey fue
el que los hizo (aunque Eliseo puso sus propias manos sobre las del rey cuando

tiró la flecha; v. 16). La profecía de Eliseo (17) confirma que el asunto
subyacente en este incidente tenía que ver con la supervivencia de Israel ante la
opresión siria. La primera acción simbolizó la victoria y recuperación. Sin
embargo, cuando el rey no repitió la acción las suficientes veces eso determinó
que su victoria sobre Siria sería limitada (19). Se presume que simbolizaba su
falta de fe o determinación.

El sitio mencionado en el v. 17 (Afec) es probablemente el mismo de <112026>

1

Reyes 20:26, 30. Quedaba al este del mar de Galilea y no se le debe confundir
con el Afec en el llano costero a unos 20 km. de Jope yendo hacia el interior
(<090401>

1 Samuel 4:1, etc.).
13:20-21 La muerte de Eliseo y su último milagro (¡en ese orden!). A
diferencia de Elías, Eliseo experimentó el proceso normal de muerte, entierro y
descomposición. Este incidente debe haber ocurrido al menos dos años
después de su muerte, ya que sólo quedaban sus huesos. En toda la Biblia no
se encuentra ningún otro milagro póstumo como éste. A lo mejor el punto de la
historia es subrayar una vez más el poder especial de Eliseo, tal vez mostrar
que hasta el poco poder que pudiera quedar en sus huesos era suficiente para
resucitar a un muerto. Pero lo más importante es que simbolizaba el hecho de
que la acción de Eliseo en los versículos anteriores le traía a Israel nueva vida
aún después de su muerte.
13:22-25 Joás, rey de Israel: Comienza la liberación de Israel. Aunque
Joacaz imploró el favor del Señor y Yahweh le escuchó (4), no hubo liberación
de la opresión durante su reinado (22). La situación se alivió con las victorias
ganadas por su hijo Joás, después de que Hazael fue sucedido por su hijo Ben-
hadad (probablemente el tercer rey del mismo nombre; ver <112001>

1 Reyes 20:1).
Las tres victorias de Joás fueron las que predijo Eliseo (18, 19). Esto marcó el
comienzo del reavivamiento de la buenaventura de Israel que llegó a su clímax
durante el reinado del sucesor de Joás.

De la misma manera que Judá era preservada debido a las promesas de Dios a
David (<111136>

1 Reyes 11:36; 15:4; <120819>

2 Reyes 8:19) en el v. 23, la preservación
de Israel se basa en un pacto mucho más antiguo: El pacto de Dios con la
nación entera que incluía la promesa de la tierra. Hablando en forma humana, la
supervivencia de Israel estaba en peligro, pero en verdad estaba garantizada
por un pacto hecho y sostenido por Dios.

14:1-22 Amasías, rey de Judá. Se presenta formalmente a Amasías (1-4)
como un rey que fue tan bueno como su padre, pero no mejor que él. El último
rey que fue comparado a David fue Asa, en cuyo caso la comparación fue
lisonjera (<111511>

1 Reyes 15:11); ahora Amasías se compara a David pero en
forma crítica (3). Al ejecutar a los asesinos de su padre siguió las enseñanzas
del libro de la ley de Moisés, obviamente refiriéndose a alguna forma de
Deuteronomio (ver <052416>

Deuteronomio 24:16). La derrota de los edomitas (7)
no vino a ser la conquista de Edom pero al menos preparó el terreno para que
su hijo Azarías tomara Eilat de mano de los edomitas y la edificara (22). Eilat
quedaba en el golfo de Acaba cerca de Ezión-geber, que era el antiguo puerto
de Salomón en el mar Rojo (<110926>

1 Reyes 9:26).

Mucho de lo que se cuenta de Amasías es positivo, pero la guerra contra Israel
(8-14) lo hace quedar mal. No se dice si Joás lo provocó (ver <142506>

2 Crónicas
25:6-13). Puede ser que haya una conexión entre los mensajeros que Amasías
envió a Israel y el incidente que se menciona en Crónicas Tal vez Amasías
esperaba negociar indemnizaciones pacíficamente. Por otro lado, las últimas
palabras del mensaje de Joás sugieren que interpretó el mensaje de Amasías
como provocación a la guerra. La fábula que Joás cita (o inventa) en el v. 9
pone a Amasías en el desfavorable papel del cardo y eso demuestra el desdén
con el cual Joás lo veía. Es posible que la referencia al matrimonio indique que
Amasías estaba tratando de negociar una alianza con Israel por medio del
matrimonio, pero no existe ninguna otra evidencia de esto.

Joás no marchó con su ejército directamente a la frontera norteña de Judá sino
que movilizó el ejército hacia abajo a las rutas que daban acceso a Jerusalén
desde el occidente. Los dos ejércitos se enfrentaron en Bet-semes (que
pertenece a Judá
se añadió para distinguirla de otra con el mismo nombre al
norte de Israel), y Amasías sufrió la ignominia de la derrota y el cautiverio. Joás
entonces entró en la misma Jerusalén al destruir unos 180 m. de la parte
noroeste del muro. Los tesoros del templo y del palacio no pudieron estar
rebasando de ninguna manera ya que el padre de Amasías los había vaciado de
todo lo costoso para pagar a Hazael y evitar el saqueo de Jerusalén (<111218>

1

Reyes 12:18). Al llevarse rehenes, disuadieron a Judá de continuar las
hostilidades.

Los vv. 15, 16 repiten casi palabra por palabra la noticia de la muerte de Joás
que se encuentra en <111312>

1 Reyes 13:12, 13.

Probablemente se dejó a Amasías en libertad cuando Joás se retiró, ya que no
está incluido entre los rehenes del v. 14. No pudo haber sido un rey muy
popular después de haber sido responsable por tanto sufrimiento en su país, y
es sorprendente que sobrevivió 15 años más (17) antes de que lo asesinaran
(19). La muerte de dos generaciones de reyes de Judá en un golpe de Estado
del palacio (aunque en ninguno de los casos se intentó sustituir la dinastía de
David) provee una crítica amenazadora de los cambios tan sangrientos en la
dinastía de Israel. ¿Seguía Judá en los pasos de Israel a pesar de las reformas
religiosas de Joás? Las muertes violentas de Joás y Amasías nos hacen
preguntar por primera vez lo que llega a ser un punto clave durante los reinados
de Ezequías y Josías: ¿Se puede evitar la destrucción por medio de reyes
reformadores?
14:23-29 Jeroboam II, rey de Israel. Solo siete versículos se dedican a
uno de los reyes de Israel más importantes; un hecho que ilustra cuán enfocado
estaba lo que realmente le interesaba al autor. Fue durante el reinado de
Jeroboam II que lo que se empezó a recuperar con Joás llegó al clímax. Sus
conquistas devolvieron a Israel los territorios perdidos. La ubicación exacta de
Lebo-hamat no se conoce, pero su importancia aquí es que había marcado la
frontera del norte del reino de Salomón (<110865>

1 Reyes 8:65). El mar del Arabá
es el mar Muerto, la parte del sur del cual correspondía al límite sur del terreno
israelita al oriente del Jordán (o sea, hasta e incluyendo a Moab).

El v. 28 nos cuenta un poco más de los éxitos de Jeroboam II, pero la cláusula
crucial es difícil de traducir. Dice lit. que “restituyó Damasco y Hamat a Judá en
Israel”, lo cual no tiene sentido. Se han propuesto varias soluciones. La RVA
asume que “a Judá” quiere decir que Damasco y Hamat “habían pertenecido a
Judá”, una lectura que por su parte crea problemas históricos. Otra posibilidad
es que en lugar de Judá, el lugar mencionado se refiere a “Yaudi” (“Damasco y
Hamat en Yaudi”). Yaudi era un pequeño país al norte de Siria. Ninguna
solución es completamente satisfactoria. Pero si las conquistas de Jeroboam II
llegaron hasta Damasco y Hamat debe haber restituido la influencia de Israel
hacia el norte a lo que había sido durante el reino de Salomón.

El v. 25b dice que sus éxitos los había profetizado Jonás hijo de Amitai (el
profeta del libro de Jonás). Dos profetas que predicaron mensajes muy
diferentes uno del otro durante el reinado de Jeroboam II fueron Oseas y Amós
y sus libros muestran que a pesar de la recuperación militar y económica todo
no iba bien en Israel.

Los vv. 26 y 27 nos recuerdan la respuesta de Dios en 13:4, 5 y describen las
victorias de Jeroboam II como continuación y clímax del acto de liberación de
Dios. El hecho de que Jeroboam II caminó en los pecados de su tocayo (24)
no cambia el resultado. Los acontecimientos no los decide ni la obediencia ni la
desobediencia de ningún rey, sino la voluntad de Dios.

15:1—17:41 Las últimas décadas de Israel

15:1-7 Azarías, rey de Judá. El nombre de este rey ocurre en una variedad
de formas confusas: Uzías en los vv. 13, 30, 32 y 34 y Uza en <122118>

2 Reyes

21:18.

Azarías recibe la misma clase de elogios limitada que sus dos antecesores (3,
4). Esta vez se omite la comparación a David. Solo se menciona un incidente
de su largo reinado o sea la enfermedad de la piel que tuvo (quizá no fue lepra
exactamente porque la palabra heb. abarca una variedad de enfermedades). La
narración mucho más larga en Crónicas (2 Crónicas 26) sugiere que el reino de
Azarías vio un reavivamiento en Judá parecido al de Jeroboam II en Israel.

Aunque Jehovah le hirió con la enfermedad de la piel no se dice
específicamente que fue como castigo. Es posible que el autor quiso afirmar la
soberanía de Dios tanto sobre la salud como sobre la enfermedad y no tuvo la
intención de sugerir que tenía algo que ver con la retribución. Por el otro lado,
el relato del autor de Crónicas indica claramente que la enfermedad del rey le
vino como castigo (<142616>

2 Crónicas 26:16-21), y si esta historia era bien
conocida, el autor de Rey. pudo haber pensado que no valía la pena repetirla.

La enfermedad obligó a Azarías a dejar las tareas propias de la monarquía
mientras que su hijo Jotam actuaba de corregente. Probablemente su
enfermedad fue más seria que la de Naamán, a quien no le impidió continuar
con sus responsabilidades en el palacio en Damasco. O quizá se creía que
alguien con esta clase de enfermedad no podía ejercer como rey.
15:8-31 Israel va camino a la destrucción. Al final de la dinastía de Jehú
Israel entró en otro período de inestabilidad parecido al que ocurrió después de
la muerte de Baasa. Pero en esta ocasión no había ninguna luz al final del túnel.

Zacarías, sucesor del ilustre Jeroboam II, fue asesinado al cabo de sólo seis
meses en el trono (8-10). El v. 12 llama la atención a la palabra de Dios a Jehú
en la que dijo que sus descendientes gobernarían por cuatro generaciones

(<121030>

2 Reyes 10:30). En el contexto de la muerte violenta de Zacarías, esto se
parece más a una amenaza que a una promesa.

A Salum, el asesino de Zacarías, no le fue mucho mejor ya que murió a mano
de Menajem después de un mes (13, 14). Salum ni recibe la evaluación que el
autor suele dar de la conducta de cada rey.

Tifsaj se negó a abrirle las puertas a Menajem (16) lo cual significa que el
pueblo no lo reconocía como rey. (La ubicación de esta ciudad no se conoce.
No hay que confundirla con otro lugar del mismo nombre cerca del río Eufrates
mencionado en <110424>

1 Reyes 4:24. El texto gr. la llama Tapúaj, una ciudad

mencionada en <060608>

Josué 6:8.) La atrocidad que Menajem cometió allí fue una
advertencia a otras ciudades para que no se les ocurriera hacer lo mismo.

La popularidad de Menajem no pudo haber mejorado cuando exigió más
impuestos para poder dar una cantidad de plata a Pul (también llamado Tiglat-
pileser III), rey de Asiria. Aunque la RVA dice que el rey asirio vino contra el
país,
en heb. no tiene que ser interpretado necesariamente de ese modo.
Textos asirios también mencionan el pago de tributo de Menajem, pero no se
insinúa en ellos que tuvo que rendirse por causa de una invasión. La declaración
en el v. 19 acerca de que le dio a Tiglat-pileser toneladas de plata para que le
ayudara a consolidar el reino en su mano
insinúa una situación muy distinta.
Menajem se sometió de voluntad propia porque necesitaba la ayuda asiria para
combatir a enemigos indeterminados (el incidente en Tifsaj del v. 16 sugiere que
el problema era oposición interna; o pudo estar amenazado por un reino
independiente desde el este del Jordán; ver comentario sobre Pécaj; o Siria
pudo representar un nuevo peligro). Textos asirios dan dos posibilidades para
la fecha de este incidente: 743 o 738 a. de J.C. A este obsequio inicial tan
impresionante lo seguirían tributos anuales más humildes.

No importa qué clase de oposición Menajem enfrentaba, la causa principal por
la que no le caía bien al escritor de Rey. es porque se adhirió a los pecados de
Jeroboam (18).

Pecaías, el hijo de Menajem, recibe el mismo veredicto (24). El hecho de que
fue asesinado después de sólo dos años (25) sugiere que disfrutó de menos
apoyo que su padre.

Pécaj, su asesino y sucesor, no representaba una mejora en lo que a los
pecados de Jeroboam se refiere (28). El hecho de que encabezaba un
contingente de Galaad, al este del Jordán (25) ha hecho pensar a algunos

eruditos que ya había establecido un reino rival allí. La ventaja de esta teoría es
que explica el reinado de 27 años (27), que de otra manera es imposible
acomodar; los años se empezarían a contar desde el comienzo de su reino
independiente. Pécaj y sus partidarios aparentemente querían terminar con el
servilismo de Israel a Asiria. La política antiasiria de Pécaj explica la campaña
devastadora de Tiglat-pileser en contra de Israel (29), que discutiremos luego
en conexión con 16:7-9. No es sorprendente que los resultados catastróficos
de la política de Pécaj lo hayan hecho impopular a su vez. Fue asesinado por
Oseas, el último rey de Israel (30).
15:32-38 Jotam, rey de Judá. Jotam recibe el mismo elogio mínimo que
recibieron sus antecesores al trono de Judá (34, 35). Los únicos eventos de su
reinado que se distinguen tienen que ver con sus proyectos de edificación (de
los cuales 2 Crónicas dice mucho más) y los ataques de Pécaj y Rezín que son
el tema del próximo capítulo. Aquí (pero no en el cap. 16) se dice que Jehovah
envió estos ataques (37).
16:1-4 Acaz, rey de Judá: Introducción. Por primera vez desde la muerte
de Atalía el autor da un informe inequívocamente malo sobre un rey de Judá.
Excepto por Joram, Acaz es el único rey de Judá del cual se dice que anduvo
en el camino de los reyes de Israel
(3). En el caso de Joram, la frase se
refería específicamente a la apostasía de Acab (<120818>

2 Reyes 8:18), y parece
que es lo mismo aquí ya que la apostasía (incluyendo holocaustos humanos que
nunca son mencionados en la crítica de los reyes de Israel) caracterizó el
reinado de Acaz.

16:5-9 Acaz, rey de Judá: Guerra contra Siria e Israel. Rezín es el primer
rey de Siria que se nombra desde que escuchamos de Ben-hadad hijo de
Hazael (<111325>

1 Reyes 13:25), quien probablemente murió c. 770 a. de J.C.
Rezín reinaba en Damasco ya en 738 cuando Tiglat-pileser III recibía tributo de
él. Textos asirios atestiguan que las campañas de Tiglat-pileser en contra de
Israel (<111529>

1 Reyes 15:29) y Siria (<111609>

1 Reyes 16:9) ocurrieron en los años

733 y 732 respectivamente.

<230701>

Isaías 7:1-6 alumbra más estos eventos. El cuadro que emerge es que
Rezín y Pécaj querían crear una coalición en contra de Asiria en la que incluirían
a Judá. No pudiendo persuadir a Acaz para que se uniera a ellos se
propusieron quitarlo del trono y reemplazarlo con su propio candidato (Ben-
tabeel; <230706>

Isaías 7:6). Su éxito hubiera llevado a su fin la dinastía de David.

El v. 6 dice que las campañas de Rezín resultaron en que recuperó Eilat para
Siria,
lo cual es muy curioso porque Eilat, cerca del golfo de Acaba, no parece
haber estado bajo control sirio en ningún momento. Si se leyera “Edom” en
lugar de Siria (lo cual requiere un cambio muy pequeño en heb.) tiene más
sentido geográfico y político.

La reacción de Acaz a la amenaza (en contra del consejo de Isaías, según
Isaías 7) fue pedir ayuda de Asiria mandando un presente de oro y plata (de los
tesoros del palacio y del templo) a Tiglat-pileser. Al recurrir a Asiria buscando
socorro Judá andaba en los pasos de Israel (ver <121519>

2 Reyes 15:19): Un paso

siniestro en vista de la absorción de Israel por el Imperio Asirio.

La reacción del rey asirio fue catastrófica tanto para Israel como para Siria. El
fin de Israel se cuenta en <111529>

1 Reyes 15:29. La mitad del norte del territorio
de Pécaj fue arrasada y mucha de la gente deportada; fue entonces cuando fue
reorganizada como provincia asiria, dejando al sucesor de Pécaj en el trono de
un reino muy reducido.
16:10-20 Acaz de Judá: El altar extranjero. Se presume que la visita de
Acaz a Tiglat-pileser ocurrió mientras éste estaba reorganizando Siria al haber
conquistado Damasco en 732 a. de J.C. y ahora formaba parte del sistema
administrativo de Asiria.

No hay motivo de pensar que la decisión de Acaz de copiar el altar que vio en
Damasco era un aspecto de su servilismo a Asiria. No se parece a los altares
de estilo asirio, y <142823>

2 Crónicas 28:23 dice que era para el culto de “los
dioses de los reyes de Siria” que habían sido poderosos en contra de Israel en

el pasado. En breve, la introducción de tal altar en el templo de Jerusalén
simplemente ilustra la atracción irresistible que Acaz tenía por los dioses
extranjeros. La obediencia del sacerdote Urías (10, 15, 16) muestra que él era
tan apóstata como el rey o le servía de manera que no se permitía resistir. Lo
más probable es que le obedecía por obligación porque más tarde recibe la
aprobación de Isaías (<230802>

Isaías 8:2).

Los vv. 17 y 18 mencionan otras reformas que Acaz introdujo en el templo, y
la última se dice que fue hecha a causa del rey de Asiria (18). Lo que
realmente significa no está claro. No hay razón de pensar que Tiglat-pileser III
obligó a Acaz a instituir prácticas religiosas asirias, o que le obligó a reprimir la
religión nacional de Judá. Quizá el pasadizo exterior del rey simbolizaba los
vínculos entre el rey y el culto de Jehovah que por alguna razón era inaceptable
para el regente asirio.
17:1-6 El fin de Israel. Sabemos por medio de textos asirios que Oseas fue
nombrado rey (o al menos confirmado como rey) por Tiglat-pileser III. De
modo que comenzó su reinado como un rey títere y vasallo.

Se dice (2) que como rey no fue tan malo como sus antecesores: Un veredicto
que se compara favorablemente con Acaz de Judá en vista de 16:3. De modo
que es irónico que su reinado terminara con la destrucción de Israel.

Oseas causó la ira de Asiria al negarse a pagar el tributo anual y al negociar una
alianza con Egipto (4). La identidad de So, rey de Egipto es incierta. (Pudo
haber sido el faraón libio Osorcon IV. Otra manera de leer sugiere que So era
el nombre de un lugar: “... a So, al rey de Egipto.”) Sin embargo, Egipto en este
momento era demasiado débil para poder dar un apoyo eficaz, así que el
intento de la independencia resultó tan catastrófico como el de Pécaj
anteriormente.

Para esa época, el hijo de Tiglat-pileser III, Salmanasar V (726-722 a. de
J.C.) le había sucedido. En el v. 4 se cuenta que Salmanasar detuvo y
encarceló a Oseas. Dado que es improbable que esto haya sucedido antes de
la invasión y sitio de Samaria que se menciona en el v. 5, lo más probable es
que los eventos no se han dado en orden cronológico. El sitio de tres años
debe haber traído gran hambre y todos los horrores relacionados con eso
(como en <120624>

2 Reyes 6:24-30), al menos nos ahorra tener que leer los
espantosos detalles. Dos veces Samaria había sido sitiada y dos veces se salvó
(1 Reyes 20; <120624>

2 Reyes 6:24—7:20), pero esta vez no iba a venir ayuda. La

ciudad cayó en 722 a. de J.C., al mismo tiempo de la muerte de Salmanasar V.
En documentos asirios, su hermano y sucesor, Sargón II, se atribuye a sí mismo
la toma de la ciudad. Los que fueron deportados (6) eran 27.290 según
Sargón. Esta cifra parece ser muy alta para Samaria así que debe tomar en
cuenta gente de otras ciudades de Israel también. Los deportados fueron
reubicados en distintas partes del Imperio Asirio (6), algunas de las cuales no
se pueden ubicar con certidumbre.
17:7-23 Resumen teológico de la historia de Israel. La mejora mínima de
Oseas sobre sus antecesores no pudo hacer que cambiara el rumbo a la ruina
inevitable de Israel a la cual la llevaban sus pecados. Seguir las prácticas de
las naciones que Jehovah había echado
(8) está expresamente prohibido en

<031803>

Levítico 18:3, 24-28, donde se predice que la consecuencia de la
desobediencia será el exilio. Los lugares altos (9-11) eran sitios de adoración
en otros lugares, pero en la opinión del autor, eran ilegítimos, especialmente
después de la construcción del templo en Jerusalén. Sin embargo, no eran
lugares donde se practicaba la idolatría (por ej. <110303>

1 Reyes 3:3, 4). Pero aquí
la situación es diferente; el autor critica la construcción de lugares altos para la
veneración de dioses extranjeros. El v. 12 se refiere al mandamiento en contra
de la idolatría (<022004>

Exodo 20:4, 5).

El v. 13 resume el mensaje de Jehovah por medio de sus profetas tanto a Israel
como a Judá. Por eso es probable que el uso del plural en los verbos que
vienen a continuación en los vv. 14-17 (no obedecieron, desecharon, se
hicieron vanos, imitaban,
etc.) tenga que ver tanto con Judá como con Israel.
De cierto, la práctica de hacer holocaustos humanos (17) ocurrió con Acaz
(<111603>

1 Reyes 16:3) y Manasés (<112106>

1 Reyes 21:6), los dos reyes de Judá. Sin
embargo, el enfoque en el v. 16 es verdaderamente Israel, porque se refiere a
los becerros de Jeroboam (<111228>

1 Reyes 12:28-30).

Cuando se dice que Dios echó de su presencia a su pueblo (18, 20), se refiere
a que fueron echados de la tierra. Esto no se debe a que el autor pensaba que
Jehovah estaba restringido al área de Israel, sino que consideraba esa área el
ruedo en el cual los propósitos de Jehovah para con su pueblo se cumplían.
Judá entra de nuevo en la escena en los vv. 19 y 20 , y la expresión toda la
descendencia de Israel
en el v. 20 claramente incluye a Judá (es decir que
todas las tribus descendieron del antepasado Israel/Jacob). El pasaje compara
a los dos reinos y por lo tanto anticipa también el propio exilio de Judá.

El resumen final (21-23) localiza la catástrofe de Israel hacia los pecados de
Jeroboam y por lo tanto nos recuerda la profecía de Ajías de que el exilio sería
el resultado final de las acciones de Jeroboam (<111415>

1 Reyes 14:15, 16).
17:24-34a Acontecimientos subsiguientes en Samaria. El v. 24 no se
debe interpretar para que diga que los israelitas fueron sustituidos por
extranjeros a través de toda la tierra. La cantidad de israelitas deportados dada
por Sargón (ver anteriormente en <111706>

1 Reyes 17:6) no pudo haber sido toda
la población de Israel ni aun la mayoría de la misma. Lo que el v. 24 describe
es la sustitución de israelitas por extranjeros en Samaria y otras aldeas
escogidas. Era la costumbre asiria sustituir poblaciones deportadas por grupos
de otras partes del Imperio. El propósito era disminuir los sentimientos
nacionalistas para que fuera menos probable una rebelión.

La conexión entre causa y efecto que se asume en el v. 26 suena un poco
primitiva y supersticiosa pero el autor la comparte en el v. 25. Como siempre
desea afirmar la soberanía de Jehovah sobre los eventos históricos y discernir
sus propósitos. Dadas las críticas del autor acerca de las prácticas religiosas de
Israel, uno se imaginaría que el sacerdote que fue enviado de vuelta después del
exilio sería apóstata. Sin embargo, no hay ningún indicio de eso en este relato, y
no se le echa la culpa por el fracaso de la misión. De cierto, el fracaso fue solo
parcial porque las poblaciones extranjeras adoptaron el culto de Jehovah
aunque no abandonaron la idolatría anterior (33). Como los israelitas en los
días de Elías, trataron de protegerse de todo al venerar a Jehovah junto con sus
dioses tradicionales (ver sobre <111821>

1 Reyes 18:21).

Aunque algunas versiones se refieran a “los samaritanos” en el v. 29, la RVA
hace lo correcto al referirse a los de Samaria. No hay ninguna evidencia que
conecte a los idólatras mencionados en este versículo y la secta de los
samaritanos (estrictos monoteístas) que aparece más tarde y que encontramos
en el NT. El historiador judío Josefo, escribiendo en el primer siglo d. de J.C.,
influenció traducciones e interpretaciones de este pasaje por mucho tiempo al
declarar que los samaritanos de su época descendían de los extranjeros que
habían sido importados de Asiria (Ant. IX, 14, iii). Su afirmación no tenía
fundamento histórico y lo que hacía era reflejar el prejuicio de esa época en
contra de los samaritanos. En todo caso, los de Samaria en el v. 29 no se
refiere a los extranjeros importados sino a los habitantes israelitas de cuyos
altares se apoderaron los extranjeros.

17:34b-41 Ultimo comentario sobre Israel. Aunque es común traducir el v.
34 como si comenzara más comentarios (que siguen hasta el v. 41) sobre la
población importada del norte, hay buenos motivos para reconocer que hay
una transición a otro tema. La primera parte del versículo ciertamente sigue al v.
34 (Hasta el día de hoy persisten en sus prácticas antiguas), pero es mejor
traducir la segunda parte como si comenzara: “Nadie ha temido a Jehovah
(solo), ni han actuado conforme a sus estatutos...” etc. El pensamiento que se
expresa aquí es que los extranjeros que se establecieron en el norte no eran
únicos en el hecho que no veneraban a Jehovah exclusivamente, porque nadie,
ni siquiera los hijos de Jacob, a quien puso por nombre Israel, pudieron
hacerlo. Los vv. 35-39 parafrasean los requisitos del pacto de Jehovah con
Israel (como un eco de secciones de Deuteronomio 4-6). Tal como en el v. 20,
todos los descendientes de Jacob se tienen en cuenta y, por lo tanto, los vv. 40,
41 incluyen a Judá tanto como a Israel al condenar a los que no actúan
conforme a los requisitos del pacto y cuyos descendientes siguen actuando de
la misma manera hasta el día de hoy.

Las comparaciones entre Israel y Judá que encontramos en este capítulo (aquí
y en los vv. 19, 20) presagian la inminente destrucción de Judá.

18:1—25:30 JUDA SOLA

18:1—20:21 Ezequías

18:1-8 Introducción. El capítulo anterior da una nota amenazadora para
Judá, porque llevaba fuertes implicaciones de que sufriría la misma suerte que
Israel. Aquí, sin embargo, la posibilidad de un desastre parece retroceder.
Ezequías cambió totalmente la política de su padre y condujo a Judá fuera de la
senda de la idolatría. No sólo destruyó la parafernalia que tentaba al pueblo a
venerar a dioses extranjeros sino que hasta tuvo que deshacerse de la serpiente
de bronce que Moisés mandó hacer en el desierto (<042108>

Números 21:8, 9)
porque también la veneraban (4). El peligro es fácil de entender en vista de
descubrimientos arqueológicos que han demostrado que las serpientes eran
símbolos importantes en el culto cananeo de la fertilidad.

El rey Asa fue el último rey del que se dijo lo que ahora se dice de Ezequías:
que hizo lo recto ante los ojos de Jehovah conforme a todas las cosas que
había hecho su padre David
(3; ver <111511>

1 Reyes 15:11). Lo que es más,
Ezequías es el primer rey que se animó a quitar los lugares altos (4).
Verdaderamente, se le alaba por su esperanza y fidelidad inquebrantables (5,

6). Veremos, sin embargo, que esta evaluación tan amable será modificada un
poco en el cap. 20.

En el resumen del reinado de Ezequías lo que recibe la atención especial es su
rebelión contra Asiria (7). La mayor parte de los tres capítulos dedicados a su
reinado se ocupan en describir las consecuencias de esta rebelión (<111813>

1 Reyes

18:13—19:37). Su campaña contra los filisteos (8) se debe ver como otro
aspecto de su posición antiasiria. Gaza había sido conquistada por Sargón II, y
la campaña de Ezequías que abarcó hasta Gaza y sus territorios debe haber
tenido por objetivo el debilitar el control de Asiria en esa área. Si ese fue el
caso, probablemente se llevó a cabo poco después de la muerte de Sargón en
705 a. de J.C. y antes de que su sucesor, Senaquerib, hubiera establecido su
firme control sobre todo el imperio.
18:9-12 Asiria contra Israel. A primera vista estos versículos parecerían
repetir la información del cap. 17. Sin embargo, aquí se dan las fechas de los
eventos y cómo coinciden con los años del reinado de Ezequías (9, 10). El
resultado es que invita al lector a hacer comparaciones y contrastes entre la
invasión asiria de Israel y la de Judá que se relata en los vv. 13 ss. Entonces,
los dos relatos empiezan con palabras similares, lit.: “en el cuarto año del rey
Ezequías (que era el séptimo año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel),
Salmanasar, rey de Asiria subió contra Samaria...” (9); “En el año 14 del rey
Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, subió contra todas las ciudades
fortificadas de Judá...” (13). Oseas fue un rey bastante mejor que sus
antepasados (17:2), pero la rebelión contra Asiria terminó con la destrucción
de Israel. Ezequías fue un rey muchísimo mejor que Acaz, y Judá sobrevivió la
rebelión contra Asiria (pero por el momento solo, como veremos más
adelante).

Las noticias cronológicas que se dan en los vv. 9 y 10 no concuerdan con las
del v. 13. Si la caída de Samaria en 722 a. de J.C. ocurrió en el sexto año de
Ezequías (10), entonces éste debe haber subido al trono cerca de 728 a. de
J.C. Su decimocuarto año (ver v. 13) debería haber sido 715 a. de J.C., pero
sabemos que la campaña de Senaquerib contra Judá, según lo escrito en textos
asirios, ocurrió en 701 a. de J.C. Se han propuesto varias soluciones a este
problema: Algunos mencionan errores de escribas, otros hablan de corregentes.
Esto sirve como buen ejemplo de las dificultades que presentan los
sincronismos bíblicos.

18:13-37 Asiria contra Judá. La reacción de Ezequías al ataque de
Senaquerib fue recapitular inmediatamente y pagar el duro tributo que le impuso
(14-16). Sin embargo, en el v. 17 encontramos a Jerusalén siendo sitiada
nuevamente. Algunos eruditos suponen que lo que se relata son dos campañas
asirias distintas: vv. 13-16 registran los eventos del 701 a. de J.C., mientras que
del v. 17 en adelante se refiere a otra campaña en el futuro (quizá con fecha c.
688 a. de J.C.) de la cual no existe evidencia en documentos asirios. Otra
alternativa es asumir que después de que Senaquerib recibió el tributo de
Ezequías siguió presionando para que Jerusalén se rindiese incondicionalmente.
Sería comparable con lo que hizo Ben-hadad al demandar más y más de Acab
durante el primer sitio de Samaria (<112001>

1 Reyes 20:1-11). Y de la misma
manera que Acab se puso firme y decidió resistir, Ezequías rehusó entregar la
ciudad.

Tres funcionarios militares de alto rango fueron enviados a Jerusalén (17) desde
Laquis, a la cual estaban sitiando (<143209>

2 Crónicas 32:9; el sitio se sabe también
por una serie de relieves asirios impresionantes descubiertos en las ruinas del
palacio de Senaquerib en Nínive, y el efecto devastador lo atestiguan los
descubrimientos arqueológicos en la misma Laquis). Tres funcionarios del
mismo rango de la corte de Ezequías salieron a la muralla de la ciudad para
escuchar el mensaje de Senaquerib (18) que el lugarteniente del rey asirio leyó
(19; lit. el Rabsaces).

El discurso del comandante utiliza repetidamente la palabra heb. traducida
“confiar” (confianza, confías, etc.); también ocurre en el v. 19, aunque algunas
traducciones varían. Este es el tema de todo el discurso: ¿En quién confía
Jerusalén? El comandante astutamente descarta todo objeto de confianza
concebible para demostrar que Jerusalén no tiene defensa. Egipto se elimina
fácilmente con la llamativa figura de una caña que al quebrarse hiere la mano del
que se apoya sobre ella (21). Isaías también critica la confianza en Egipto
(<233001>

Isaías 30:1-5; 31:1-3), pero la alternativa que propone es buscar a

Jehovah (<233101>

Isaías 31:1). El militar asirio continúa eliminando a Jehovah como
posible ayuda, pero lo hace sin sugerir que el Señor no exista o que sea débil,
sino en forma más astuta al sugerir que Jehovah no responderá porque
Ezequías ha quitado los lugares altos donde se le adoraba (22). La lógica
exacta de los vv. 23, 24 es difícil de seguir, pero la idea principal es muy clara:
¡El ejército de Judá está tan reducido que ni siquiera podrían armar una
caballería eficaz si el mismo Senaquerib les proveyese los caballos! Finalmente,
vuelve al tema de las reformas de Ezequías; éstas han ofendido a Jehovah, y

Senaquerib declara que Asiria ha venido a destruir a Judá por orden del Señor
(25).

La lógica del comandante es convincente y demoledora: Egipto es muy débil
para poder ayudar, las fuerzas militares de Judá son inútiles y Jehovah se ha
apartado de su pueblo; no hay nadie de quien Ezequías podría esperar socorro.
No nos sorprende que los dignatarios de Judá hayan pedido al militar asirio que
hablara en arameo (el idioma de la diplomacia internacional) en lugar de heb.
(26); temen que el discurso socave la moral de la ciudad. El comandante se
niega porque sus palabras son para todos. En el v. 27 les recuerda vívidamente
cuán horrible es morir de hambre cuando una ciudad es sitiada. Luego se dirige
directamente al pueblo (28-35), fomentando la deserción al prometer la buena
vida a los que se rindiesen voluntariamente (31, 32). También vuelve al aspecto
religioso (33-35), pero en este caso con una lógica distinta: Los dioses de otras
ciudades no pudieron salvar a sus pueblos del poderío de Asiria, entonces,
¿cómo será posible que Jehovah pueda salvar a Jerusalén? Sin embargo, el
contexto del resto del libro de Rey. socava su lógica porque contiene amplia
evidencia de que Jehovah no es como los otros dioses.

Los tres dignatarios de Judá regresaron a Ezequías con sus vestiduras rasgadas
como señal de dolor y angustia (ver <120630>

2 Reyes 6:30).
19:1-7 Isaías. Al recibir el mensaje, Ezequías también rasgó sus vestiduras y
se cubrió de cilicio; en el v. 2 encontramos a los oficiales y los jefes de los
sacerdotes también cubiertos de cilicio, lo que indica el serio aprieto en que se
encontraba Jerusalén (para el significado de cilicio ver el comentario sobre

<120630>

2 Reyes 6:30). Lo fundamental del mensaje para Isaías era pedirle que
elevara una oración por el remanente que aún queda (4). La intercesión era
una de las actividades tradicionales entre los profetas de Israel (ver <023230>

Exodo

32:30-32; <240716>

Jeremías 7:16; 15:1). La referencia de un remanente nos
recuerda que las ciudades fortificadas de Judá estaban cayendo en manos de
las fuerzas de Senaquerib (<111813>

1 Reyes 18:13) y Jerusalén se estaba quedando

muy aislada (ver <230107>

Isaías 1:7-9, que probablemente describe estos mismos
tiempos). Ezequías fijó su esperanza en el hecho de que el mensaje de
Senaquerib había ridiculizado al Dios vivo; quizá Dios le había escuchado y
actuaría para reprenderlo (4).

El tema de “escuchar” (u “oír”) se repite a través de los primeros 20 versículos
de este capítulo. Ezequías oye el mensaje de Senaquerib (1); espera que
Jehovah escuche la blasfemia (4); Isaías le dice que no tema lo que ha oído (6);

Senaquerib oirá cierto rumor (7); el Rabsaces oye que el rey ha partido de
Laquis (8); Senaquerib oye del avance de Tirhaca (9) seguro que Ezequías ha
oído lo que el rey de Asiria ha hecho a otros países (11). El clímax de la
secuencia llega cuando Isaías asegura a Ezequías que Jehovah ha escuchado su
oración (20).

El profeta Isaías introduce la palabra de Jehovah en esta situación (6), y el
conflicto sube a un nuevo nivel. Ahora para contrarrestar la palabra del gran
rey, el “rey de Asiria” (<111828>

1 Reyes 18:28) hemos oído la palabra del
verdadero gran Rey, el Dios de Israel. La primera profecía de Isaías fue corta y
concisa: Ezequías no debía temer; Dios era soberano sobre las acciones de
Senaquerib y lo haría volver a su propia tierra donde sería asesinado. Lo que
no está claro es cómo esta profecía se relacionaba con el despliegue de todos
los demás eventos. El rumor (7) parecería ser las noticias del avance de
Tirhaca (9), pero eso de por sí no causó el regreso de Senaquerib a Asiria. La
causa final por la derrota de Senaquerib (35, 36) no se menciona aquí.
19:8-19 Una carta y una oración. La retirada del lugarteniente (8) anticipa
en miniatura el cumplimiento de la profecía: al oír noticias del progreso de
Senaquerib aquél regresa a éste. No debe haberse llevado todas las tropas por
supuesto, de lo contrario el pueblo de Jerusalén hubiera podido reabastecerse
de comida. Es mejor pensar que dejó una fuerza considerable fuera de
Jerusalén mientras que volvía a informar a Senaquerib del estancamiento. Si
Libna es el mismo lugar que Tell-bornat, entonces quedaba al norte de Laquis,
y la acción de Senaquerib representaba el avance de su ejército principal en
ruta a Jerusalén. Su salida de Laquis debe haber sucedido después de la
finalización exitosa del sitio allí.

El texto heb. en el v. 9 habla lit. de “Tirhaca, rey de Cus”. El Cus bíblico
corresponde a la tierra directamente al sur de Egipto, o sea la moderna Nubia o
Sudán del norte (en el sentido estricto no es “Etiopía”, como dice la RVA). En
701 a. de J.C. la decimoquinta dinastía de Cus gobernaba tanto Cus como
Egipto. El Tirhaca bíblico es Taharca, el penúltimo soberano de esa dinastía
quien reinó de 690 a 664 a. de J.C. El título de rey que se le ha dado en este
versículo es mirando retrospectivamente porque en 701 a. de J.C. era solo un
príncipe a cargo de una expedición de su hermano el faraón Shebitku.

Al oír que Tirhaca se estaba acercando, Senaquerib mandó otro mensaje a
Ezequías. Para entonces Senaquerib debe haber estado un poco ansioso por
poner fin al problema que tenía en Jerusalén para que pudiera reunir su ejército

en el sur y poder combatir contra las fuerzas de Tirhaca. Aunque este mensaje
es similar al de los vv. 33-35 tiene algo imprevisto. Parece que Senaquerib
estaba informado de la esencia de la profecía de Isaías porque se refiere a ella
(10). No niega que Jehovah existe o que ha hablado por medio de su profeta;
¡simplemente llama a Jehovah mentiroso! Otra lista de ciudades derrotadas
ilustra el punto de que Asiria es invencible (11-13).

Ezequías recibió este último mensaje en forma de una carta que llevó al templo.
Pensaba llamarle la atención sobre el contenido blasfemo a Jehovah (16). Su
oración comenzó con el reconocimiento de que aunque el Señor tenía su trono
entre los querubines
en el templo de Jerusalén, su presencia y poderío no
estaban limitados de ninguna manera. Dios era Dios de todos los reinos de la
tierra
y era el creador de los cielos y la tierra (15). También reconoció que la
jactancia de Senaquerib tenía bastante de verdad: muchos pueblos habían sido
conquistados y sus dioses habían sido destruidos (17, 18). Pero no eran dioses
verdaderos. Pidió que Jehovah demostrara al mundo que era el único creador y
soberano en el acto de salvar a Jerusalén (19).
19:20-34 Isaías de nuevo. A diferencia de su primera profecía, la segunda
es larga y en forma poética. Después de la primera declaración en las que
asegura a Ezequías que Dios ha escuchado su oración, tenemos una profecía en
tres partes.

La primera parte (21-28) es para Senaquerib. Describe a la población (hija)
de Jerusalén burlándose de él mientras que huye (21). Se le acusa de blasfemar
contra el Dios de Israel, no solo con sus palabras más recientes sino por
atribuir las amplias conquistas al poderío de Asiria (22-24). La verdad que no
quiso reconocer es que Jehovah mismo decretó esas conquistas (25-26). El
error de Senaquerib está en pensar que él era el que daba forma a los eventos
mundiales y no Jehovah. Ha usurpado el lugar de Dios al declararse el poder
supremo y al demandar completa fidelidad. Y ahora, por su insolencia, Jehovah
le va a hacer regresar (27, 28). Muchos de estos mismos temas ocurren
también en <231005>

Isaías 10:5-19.

La segunda parte (29-31) se dirige a Ezequías. Aunque Jerusalén sufrirá las
consecuencias del sitio de los asirios, se recuperará al final. Esto era una señal
para Ezequías (29), o sea algo en donde podrá discernir claramente la mano de
Dios obrando. La última frase también ocurre al final de <230907>

Isaías 9:7.

La tercera parte (32-34) corresponde a la suerte de la campaña de
Senaquerib. El sitio no culminará en un ataque contra Jerusalén. Generalmente
cuando un ejército asirio sitiaba una ciudad terminaban atacándola. El primer
paso era construir terraplenes de sitio para que se pudieran poner arietes contra
las murallas, y mientras construían los terraplenes había arqueros que los
cubrían tirando flechas protegiéndose con escudos. Estas son las actividades a
las cuales se refiere el v. 32. No van a ocurrir porque Senaquerib regresará a
su casa. La razón principal por la cual Dios salva a Jerusalén no es la blasfemia
de Senaquerib, tampoco lo es la devoción de Ezequías ni sus oraciones, sino su
propia gloria y su promesa a David de que tendría una dinastía para siempre
(34).
19:35-37 El fin de Senaquerib. La muerte repentina de 185.000 soldados
se describe lacónicamente y en términos milagrosos. El número es muy alto
para ser solamente una sección del ejército invasor, y quizá debemos pensar
que la calamidad no se limitó a las fuerzas acampadas fuera de Jerusalén sino
que afectó a todas las fuerzas destacadas en Judá. No es sorprendente que la
catástrofe humillante no se relata en ningún documento asirio sobre la campaña.
La versión de los eventos que Senaquerib dio (que se encuentran en dos
inscripciones) se concentra en el hecho de que puso fin a la rebelión y pasa por
alto que no logró capturar Jerusalén. Termina en Nínive con una nota positiva
por el recibo del tributo mencionado en <111814>

1 Reyes 18:14. En los relieves
esculpidos que conmemoran la campaña, Senaquerib decidió hacer resaltar el
exitoso sitio de Laquis.

Su asesinato (37) profetizado por Isaías (7) ocurrió en 681 a. de J.C. Hay una
referencia a él en un texto asirio pero los detalles continúan siendo oscuros.
20:1-11 Enfermedad y recuperación. La fecha de la enfermedad de
Ezequías en el v. 1 (En aquellos días...) es imprecisa y solo implica que fue
cerca de la invasión de Judá por Senaquerib. Pero la mejor cronología la
provee el v. 6: La promesa de 15 años más de vida señala el año decimocuarto
del reinado de 29 años de Ezequías (18:2) que también fue el año de la invasión
de Senaquerib (<111813>

1 Reyes 18:13); y la promesa de la liberación de la ciudad
indica un tiempo antes de los acontecimientos del cap. 19 y no después. En
resumen, los hechos en este cap. no están en orden cronológico. La razón
parece ser que este incidente y el que le sigue (12-19) no eran faborables a
Ezequías. Están separados deliberadamente del resto para poner en contraste

la imagen de los caps. 18—19. Y al ponerlos aquí y no más temprano proveen
un puente al reinado de Manasés y sus consecuencias.

En el año 14 de su reinado Ezequías tenía solo 39 años de edad (<111802>

1 Reyes
18:2), y la noticia de su muerte inminente debe haber sido un duro golpe (<112001>

1

Reyes 20:1). Pero su reacción, cuando se le compara con la que tuvo durante
la amenaza de Asiria, no refleja bien su devoción. En 19:15-19 su oración
afirma la soberanía de Dios y desea que Dios reciba toda la gloria, pero en este
caso atrae la atención a su propia devoción (3). Dios respondió con
misericordia y envió a Isaías con una promesa doble de sanidad y de salvación,
pero sería por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David (6; note la
similitud con 19:34) y no por causa de la devoción de Ezequías. La profecía fue
puesta de tal manera que rectificara la actitud de Ezequías. La referencia
anterior en la que David es mencionado como antepasado de Ezequías (5)
sirvió para recordarle de su parte en la dinastía prometida a David.

El uso de una pasta de higos para la afección de la piel de rey (7) es típico de
las prácticas antiguas de “medicina popular”. Sería sorprendente si este
tratamiento no se hubiese utilizado antes. Quizá debemos asumir que sí se usó,
pero que fue ineficaz hasta que Isaías trajo la promesa de que sanaría.

El pedir una señal provee otra oportunidad para comparar desfavorablemente
el Ezequías de ahora con el anterior Ezequías de gran fe. El que se sanase en
tres días debería haber sido suficiente señal de que Dios le estaba dando 15
años más de vida. ¡Pero Ezequías quería una señal que confirmara la señal! El
carácter exacto de la señal que sigue es difícil de entender porque no se sabe el
tipo de estructura sobre el cual cayó la sombra. Algunas versiones se refieren al
“reloj de Acaz” (11), lo que asume que la sombra retrocedió diez medidas en
algún tipo de aparato para medir el tiempo. Sin embargo, lo más probable es
que se refiera a escalones en una escalera (RVA). Ya que podía elegir,
Ezequías optó por la señal más dramática de las dos (9, 10) y la recibió (11).
Hay mucha especulación sobre cómo fue posible la señal, y no se ha producido
una respuesta satisfactoria.
20:12-19 Enviados de Merodac-baladán. Merodac-baladán (Marduc-
aplaidina en los textos babilonios) gobernó Babilonia independientemente por la
mayor parte del período 721-709 a. de J.C. antes de que Sargón II lo
desterrase. Pero después de la muerte de Sargón empezó a trabajar de nuevo
por la independencia de Babilonia. Consiguió el trono nuevamente por un corto
período en 703-702 a. de J.C., pero Senaquerib lo expulsó de Babilonia de

modo que encontró exilio en el sudoeste de Elam. La embajada a Ezequías sin
lugar a dudas fue parte de su intento de encontrar aliados en el oeste en sus
esfuerzos de romper los yugos de Asiria. La visita coincide bien con el tiempo
en que Merodac-baladán ocupó el trono la segunda vez en 703-702. Ya que la
razón inmediata para la visita era la enfermedad de Ezequías (12) esto sugiere
que éste estuvo enfermo por uno o dos años. Esta es una reconstrucción muy
posible de los eventos. Sin embargo, el relato paralelo en <233901>

Isaías 39:1 pone
la visita de la embajada después de que Ezequías se recuperó, o sea en, o poco
después, del año 701 a. de J.C. (ver nota sobre vv. 1-11). Aunque Merodac-
baladán estaba desterrado para entonces, es posible que seguía tratando de
influenciar en los eventos entre bastidores. Con la evidencia actual no se
pueden resolver las incertidumbres cronológicas.

La pronta disposición de Ezequías de permitir que los enviados viesen sus
tesoros y armería (13) sugiere que estaba listo a formar una alianza con
Merodac-baladán. Dado que Isaías se oponía a las alianzas con extranjeros
(ver <233001>

Isaías 30:1-5; 31:1-3) su fuerte condena de esta acción (16-18) es
enteramente consistente. Predijo el día en que Babilonia sería el enemigo y se
llevaría la riqueza y la gente. La respuesta de Ezequías (19) fue egoísta e
impenitente. Lo que lo consoló fue el hecho de que Isaías había hablado de
desastres que vendrían en los días de sus descendientes y no durante su propio
reinado. Su suposición que habría paz y estabilidad en mis días también
puede reflejar su satisfacción con la alianza que había hecho.

El capítulo termina entonces con una nota de profunda tristeza: El mejor
reformador que Judá ha visto hasta entonces recibe el aviso de que su reino
caerá y será desterrado, y no se ofrece ninguna esperanza de que arrepentirse
pudiera prevenir la tragedia.
20:20, 21 Conclusión. Entre los otros logros de Ezequías se mencionan
específicamente el estanque y el acueducto por los cuales se traía agua a la
ciudad. El proyecto también se menciona, con más detalles geográficos, en

<143230>

2 Crónicas 32:30. Probablemente fue parte de los preparativos cuando
Senaquerib sitiaba la ciudad, diseñados para proveer una fuente segura de agua
que fuera accesible desde dentro de la ciudad (ver también <143202>

2 Crónicas

32:2-4).

21:1-26 Los cambios de Manasés y Amón

21:1-18 Manasés. Manasés volvió a andar en los caminos de su abuelo
Acaz, eliminando las reformas de Ezequías como si nunca hubiesen existido.
Restableció los lugares altos, el culto a Baal y Asera floreció como en el tiempo
de Acab en Israel y el templo fue profanado con altares a los dioses de la
astrología. Se introdujeron también sacrificios humanos y otras prácticas
abominables. La observación de que toda esta maldad provocó la ira de
Jehovah (6) es ominosa y la perspectiva para el futuro parece más lúgubre a
pesar de la promesa condicional citada en los vv. 7, 8. Ya que la condición de
fidelidad a la ley de Moisés no se ha cumplido; la promesa de que no volverá a
desplazar los pies de Israel de la tierra
está ahora en seria duda.

Los vv. 10-15 resumen el mensaje de profetas anónimos del reinado de
Manasés y el fin de Judá se predice en términos crudos e inequívocos.
Jerusalén será juzgada con la misma medida que Samaria (13). La referencia a
la casa de Acab reanuda la comparación entre Acab y Manasés sugerida en el
v. 3. El juicio será total, simbolizado por la imagen vívida del plato limpio. El
remanente de mi heredad (14) se puede referir a Judá después de la caída de
Israel, pero más probablemente se refiere a la población reducida de Judá
después de la campaña de Senaquerib. El desamparo y la entrega de este
remanente marca el fin del cuidado especial de Dios por su pueblo. Las
maldades del reinado de Manasés son sólo los últimos resurgimientos de una
desobediencia que ha resultado endémica (15). En estos versículos la imagen
del desastre inminente que Isaías había esbozado (<122017>

2 Reyes 20:17-20) toma

dimensiones trágicas.

El derramamiento de sangre inocente (16) puede ser que indique la
persecución de los que se oponían a la política de Manasés, de la misma
manera que los profetas de Jehovah fueron muertos durante el reinado de Acab
y Jezabel.

El jardín de Uza en donde Manasés fue sepultado era una extensión del
cementerio construido por Azarías/Uzías (“Uza” es la forma breve de su
nombre).
21:19-26 Amón. Amón siguió en el camino de su padre y su única distinción
es que fue asesinado (23). El significado de la frase el pueblo de la tierra es
incierto; puede ser que indique una parte en particular de la sociedad y no el
pueblo entero. Este grupo apoyó fervientemente la restauración de la dinastía

de David durante el período de Atalía (<121114>

2 Reyes 11:14). Aquí ejecutaron a
los asesinos de Amón y pusieron a su hijo de ocho años a reinar en su lugar
(24; ver <122201>

2 Reyes 22:1). Amón fue sepultado en el mismo lugar que su

padre (26).

22:1—23:30 Josías

22:1-20 Se halla el libro de la ley. Después de dos pésimos reyes
encontramos nuevamente a un rey que está a la altura de la norma establecida
por David (2).

En los vv. 3-7 vemos en curso un programa de renovación del templo
evocador del que llevó a cabo Joás (2 Reyes 12). En la ocasión previa, las
reparaciones fueron necesarias porque algunas secciones del templo habían
sido dedicadas a prácticas extranjeras durante el reinado de Atalía. El abuso
del templo durante los reinados de Manasés y Amón ofrecen la explicación
lógica para las actividades de Josías.

En el curso de las renovaciones el sumo sacerdote Hilquías descubrió el libro
de la Ley
en el templo (8). Cuando se leyó el libro y Josías escuchó lo que
contenía su reacción fue de intensa angustia (10, 11). Como resultado, instituyó
las medidas que se describen en el cap. 23. Sin embargo, sería un error
concluir por estos acontecimientos que Josías se convirtió en un reformador por
razón del hallazgo del libro de la Ley en su decimoctavo año. Las reparaciones
del templo sugieren que ya se estaban implementando reformas religiosas
cuando se encontró el libro, y el relato del cronista lo confirma (<143403>

2 Crónicas

34:3-7). En vista de lo que sigue, la mayoría de los eruditos están de acuerdo
en que el libro de la Ley estaba relacionado con el libro de Deuteronomio, si
es que no era exactamente el mismo.

La reacción de Josías muestra que el contenido del libro, en verdad, era muy
serio. Sus demandas no habían sido satisfechas y el rey temía las consecuencias
(13). Cuando el rey ordenó que se consultara a Jehovah, el sumo sacerdote, el
secretario y el ayudante consultaron a la profetisa Hulda, de la cual sólo se sabe
lo que dicen estos versículos. Vivía en el Segundo Barrio de Jerusalén (14;
lit. “en el Misne”), probablemente el área al norte de la antigua ciudad de
David, un sector que había aparecido alrededor del templo de Salomón y el
palacio. La ubicación y su matrimonio con un oficial del palacio (14) indican
que ella misma era parte del sistema de la corte.

Hulda solo dio un pobre consuelo. Confirmó las conclusiones del mismo Josías
de que la ira de Jehovah se había encendido contra Judá porque se habían
ignorado las demandas del libro. (La defensa de que no se había obedecido el
libro porque estaba perdido no hubiera sido válida, porque el libro se había
perdido en primer lugar porque había dejado de tener importancia; se presume
que pasó durante el reinado de Manasés.) Dos veces habló de una catástrofe
inminente y aparentemente inevitable (16, 20). Pero al menos Josías no la vería
gracias a la devoción con la que había respondido a las demandas del libro (19,
20).
23:1-3 La renovación del pacto. Josías reunió representantes de todo el
pueblo para una lectura pública del libro. Originalmente los ancianos (1) eran
los jefes de familias de Israel, pero hacia el final de la monarquía puede ser que
el término se utilizaba para cualquier líder civico. El establecimiento religioso lo
representaban los sacerdotes y los profetas (2). Ahora se refiere al libro como
el libro del pacto porque al leer el contenido el rey y el pueblo renovaron su
dedicación a las palabras de este pacto escritas en este libro (3). A los
requisitos de este pacto también se les llama los mandamientos, testimonios y
estatutos de Jehovah, palabras que se utilizan muy seguido en Deuteronomio
(por ej. <050617>

Deuteronomio 6:17) para describir las leyes del pacto que Dios
hizo con Israel en Sinaí. En resumen, Josías presidió sobre lo que fue nada
menos que una ceremonia de renovación del pacto de Moisés. Se puso de pie
junto a la columna
(3), el lugar donde tradicionalmente se paraban los reyes
de Judá cuando se les ungía como reyes (<121114>

2 Reyes 11:14). La posición
probablemente significaba que representaba un papel doble: el de líder y
compañero del pueblo del pacto (ver <121117>

2 Reyes 11:17).
23:4-20 Reformas. Estos versículos muestran cómo quitaron y destruyeron
toda la parafernalia de las prácticas idólatras introducidas por Manasés. El
hecho de que el informe de esto viene a continuación de la renovación del
pacto implica que todas estas acciones se cumplieron en respuesta al libro de la
ley. Sin embargo, varias de ellas involucraron zonas del templo (4, 6, 7, 11, 12)
que ya iban siendo renovadas cuando se halló el libro. De modo que parece
muy probable que el autor ha incluido reformas que ocurrieron tanto antes
como después del hallazgo del libro de la Ley (una opinión que mantiene <143403>

2

Crónicas 34:3-7).

Algunos de los artículos que se quemaron deben haber sido de metal o de
piedra de modo que sólo se podían quemar simbólicamente sin destruirlos del

todo. Simbólico también fue el sacar las cenizas y llevarlas a Betel (4) como
también el arrojar del polvo del árbol de Asera sobre las tumbas del valle
Quedrón (6, ¿para que el mismo polvo fuera profanado?).

No está claro qué medidas tomó Josías contra los sacerdotes idólatras de los
lugares altos de Judá en el v. 5. El verbo (quitó en la RVA) puede tener el
significado de “deponer” o “destruir”. En el caso de los sacerdotes de los
lugares altos de Samaria ciertamente los destruyó (20). Sin embargo, ya que el
v. 5 no utiliza el mismo verbo explícito como en el v. 20, es mejor asumir que
simplemente los depuso. Estos sacerdotes idólatras no eran los mismos de los
lugares altos que se mencionan en los vv. 8, 9. El sustantivo heb. utilizado en el
v. 5 se refiere específicamente a los sacerdotes de deidades extranjeras y éste
no se emplea en los vv. 8 y 9. Los sacerdotes de esa sección eran sacerdotes
de Jehovah que servían al Señor en los lugares altos y no en Jerusalén. El
significado del v. 9 es oscuro, pero probablemente quiere decir que después de
que los trajeron a Jerusalén comieron con los otros sacerdotes de allí (lit. “sus
hermanos”), mas no tomaban parte en los holocaustos del templo.

Los reyes de Judá de los vv. 5 y 12 son probablemente Manasés y Amón,
aunque es posible que se refiera a reyes de antes también. Las reformas de
Ezequías quizá no pudieron alcanzar todos los abusos que se introdujeron antes
de su reinado; ver sobre vv. 13, 14.

Los sitios conectados con la idolatría fueron profanados para prevenir que
fueran utilizados nuevamente para los mismos propósitos. Se hizo esto en los
lugares altos a través de Judá (8) y en Tófet, otro altar ubicado en el valle que
rodeaba a Jerusalén al lado sur (10). Jeremías también se refiere a Tófet (se
piensa que el nombre significa “chimenea”) como uno de los lugares donde se
ofrecían sacrificios humanos (<240731>

Jeremías 7:31). Los lugares altos establecidos
por Salomón en el monte al este de Jerusalén también fueron profanados (13,
14). Las reformas de Josías deben haber sido más exhaustivas que todas las
anteriores porque evidentemente reyes reformadores previos habían dejado las
piedras rituales y las imágenes de Asera intactas en algunos sitios (14).

En los vv. 15-20 vemos que las reformas se extendieron hasta partes del
antiguo territorio de las tribus del norte. Desde 721 a. de J.C., después de la
caída de Samaria, esta área había sido administrada como provincia del
Imperio Asirio. Según <143406>

2 Crónicas 34:6 las reformas alcanzaron hasta el
distrito de la tribu de Neftalí al norte, en la región que desde 732 a. de J.C.
pertenecía al Imperio Asirio. La razón por la cual Josías pudo interferir en estas

áreas sin provocar a los asirios se debe a que desde 630 a. de J.C. el Imperio
Asirio empezó a desmoronarse y a perder control de las provincias
occidentales. El cronista fecha las medidas de Josías en el norte a los 12 años
de su reinado (<143403>

2 Crónicas 34:3), o sea 629-628 a. de J.C. Alrededor del
mismo tiempo Judá debe haber dejado de ser vasallo de Asiria obteniendo su
libertad por omisión.

Esta parte del relato pone énfasis en las actividades de Josías en Betel
demostrando cómo cumplió las palabras que el hombre de Dios había hablado
en el período de Jeroboam (1 Reyes 13). Especialmente nos recuerda del
incidente en los vv. 17, 18 acerca del hombre de Dios. Los otros hechos de
Josías en el norte se mencionan brevemente (19, 20).
23:21-23 Se celebra la Pascua. La Pascua de Josías no fue una fiesta para
celebrar sus reformas. La Pascua se celebró en obediencia al libro del pacto
(21). Estos versículos no quieren decir que la Pascua no se había celebrado
para nada desde el período de los jueces o de la monarquía; lo que se da a
entender es que la de Josías fue única en su alcance y en la forma en que se
celebró. En lugar de ser un festival familiar celebrado en casa, como está
previsto en Exodo 12—13, Josías hizo un festival nacional centralizado en
Jerusalén, de acuerdo con <051601>

Deuteronomio 16:1-8. (Según 2 Crónicas 30
Ezequías organizó una celebración de la Pascua a nivel nacional en Jerusalén,
pero había sido un poco irregular porque se celebró en el segundo mes en vez
del primero.)
23:24-27 La catástrofe es inevitable. Más reformas (específicamente el
parar las tendencias que Manasés introdujo; ver <122206>

2 Reyes 22:6) se resumen
con énfasis en la obediencia a las demandas del libro de la ley. La fidelidad
única de Josías se alaba en términos que nos recuerdan a los que se usaron
para describir a Ezequías (25; ver 18:5). En verdad los dos versículos serían
contradictorios si se tomaran lit., pero son simplemente dos expresiones
hiperbólicas para prodigar elogios a los dos reyes que llegaron lo más cerca
posible del ideal que el autor tenía en mente.

Sin embargo, se reitera una vez más la ruina profetizada en 21:10-15 y
confirmada por Hulda en 22:15-20. El impulso del pecado y juicio que
Manasés desencadenó habían cobrado una intensidad que no se podía parar.
El fin que Israel experimentó ahora se acerca también a Judá.

23:28-30 La muerte de Josías. Ninguna de las historias de los reyes
reformadores de Judá tienen un final feliz. Joás fue asesinado (<121220>

2 Reyes

12:20), como también lo fue su hijo Amasías, quien siguió en sus pasos (<121419>

2

Reyes 14:19). Ezequías recibió, por medio de Isaías, la advertencia infausta del
exilio de Judá (<122016>

2 Reyes 20:16-18), y Josías murió repentinamente en el

campo de batalla. La profecía de Hulda (<122220>

2 Reyes 22:20) había enfatizado
que Josías no viviría para ver la trágica caída de Judá, pero no insinuó para
nada que tendría un fin violento. De modo que el relato de su muerte nos toma
por sorpresa, especialmente por su brusquedad y la ubicación después de la
fórmula de cierre del reinado de Josías (compare con la nota del asesinato de
Joás en <121220>

2 Reyes 12:20).

El año era 609 a. de J.C. y el contexto político era los últimos días de Asiria.
Las ciudades asirias Asur y Nínive ya habían caído en manos de Babilonia y los
medos, y el último rey de Asiria, Asurubalit, había huido a Harán en el noroeste
de Mesopotamia. Necao de Egipto eligió enfrentar a Asiria en vez de a un
enemigo nuevo y desconocido (Babilonia) cuando salió para ayudar a
Asurubalit. Josías no quería ver el resurgimiento del poderío de Asiria de modo
que trató de parar al ejército egipcio mientras pasaba por Palestina en dirección
al norte. Murió en el intento, pero su intervención debe haber retrasado a
Necao suficientemente como para influenciar en el resultado de los eventos.
Harán cayó en manos de Babilonia, y sus aliados y Asiria dejaron de existir.

23:31—25:30 El fin de Judá

23:31-34 Joacaz. El reinado de tres meses de Joacaz probablemente empezó
a cambiar de nuevo las reformas de su padre, porque hizo lo malo ante los
ojos de Jehovah
(32). Con la ausencia de Asiria, Necao de Egipto aprovechó
la ocasión para tomar control de Siria-Palestina. Después de su fracasado
intento de salvar Harán, Necao había establecido una base en Ribla en el río
Orontes en Siria. Mientras estaba allá depuso a Joacaz y exigió tributo de Judá
(33). Más tarde se llevó a Joacaz a Egipto donde murió (34; tal como lo
predijo Jeremías, <242211>

Jeremías 22:11, 12, donde se le llama Salum, indicando
que Joacaz fue el nombre que tomó al subir al trono). Su hermano Eliaquim fue
nombrado rey en su lugar y tomó el nombre de Joacim (34).
23:35—24:7 Joacim. Joacim subió al trono como vasallo de Egipto, al cual
debía pagar tributo anualmente. El verbo utilizado para lo que se exigía del
pueblo en plata y oro (<122335>

2 Reyes 23:35) es muy fuerte y sugiere medidas
pesadas y opresivas (multa en RVA). Joacim siguió haciendo lo malo que su

hermano había empezado durante su reinado (<122337>

2 Reyes 23:37) y es

condenado severamente por Jeremías (<242213>

Jeremías 22:13-23). Su resuelta

oposición a los profetas de Jehovah (<242620>

Jeremías 26:20-23; 36:1-32), puede
indicar apostasía, pero el pecado por el cual es juzgado específicamente es por
promover la injusticia social (<242213>

Jeremías 22:13-17).

El control de Egipto sobre Judá duró sólo cuatro años porque en 605 a. de
J.C. los egipcios fueron derrotados por Babilonia en la batalla de Carquemis.
Esta ciudad sobre el río Eufrates, había sido un puesto de avance egipcio desde
609 a. de J.C. El ejército de Necao fue derrotado totalmente por
Nabucodonosor, príncipe de Babilonia, y Egipto perdió el control de Siria-
Palestina (24:7; ver también <244602>

Jeremías 46:2). En el mismo año murió el rey
de Babilonia, Nabopolasar, y Nabucodonosor lo sucedió en el trono. Por eso
se le conoce como rey de Babilonia en <122401>

2 Reyes 24:1.

Joacim probablemente se convirtió en su vasallo (24:1) en 605 a. de J.C.
inmediatamente después de la victoria de Nabucodonosor en Carquemis. (Otra
alternativa sería 604/603 a. de J.C. cuando Nabucodonosor pasó de nuevo
por Palestina.) De esa manera Judá cambió un amo de Egipto por uno de
Babilonia.

Los ataques contra Judá mencionados en 24:2 eran probablemente por
mercenarios bajo las órdenes de Nabucodonosor después que Joacim se había
rebelado (1). Pero aunque estos eventos se pudieran explicar en forma política

al autor no le cabe duda de que era Jehovah quien los envió contra Judá para
destruirla
para que se cumplieran los mensajes proféticos anteriores (2-4).
Aunque todavía le quedaban 12 años a Judá antes de que fuera destruida, el
autor interpreta esto como el primer evento de una serie inexorable.
24:8-17 Joaquín: El primer sitio y deportación. Igual que su tío Joacaz,
Joaquín reinó sólo por tres meses. Le tocó a él resistir toda la furia de la
reacción de Nabucodonosor por la rebelión de su padre (<122401>

2 Reyes 24:1). El

también hizo lo malo ante los ojos de Jehovah (9), probablemente
continuando las políticas injustas de Joacim.

Su corto reinado estuvo ocupado con el sitio de Jerusalén por Babilonia el cual
empezó al final de 598 a. de J.C. y duró hasta febrero de 597 a. de J.C. (las
fechas las provee la crónica caldea). Al rendirse (12) Joaquín fue aprisionado y
deportado a Babilonia (15), tal como lo había profetizado Jeremías
(<242224>

Jeremías 22:24-28). Otros miembros de la familia real y oficiales de Judá

también fueron exiliados.

Los herreros y artesanos mencionados en los vv. 14 y 16 probablemente eran
personal militar ya que se les incluye entre los ejercitados para la guerra en el
v. 16. Una mejor traducción sería “ingenieros y mineros” (o sea constructores
de terraplenes y torres, y excavadores de túneles, importantes tareas al sitiar
una ciudad). En ese caso, el v. 14 se refiere sólo a personal militar que serían
unas 10.000 personas. Sin embargo, el v. 16 habla de 7.000 hombres de
guerra y 1.000 constructores y mineros, 8.000 en total. Otra dificultad más es
el hecho de que <245228>

Jeremías 52:28 menciona el número de personas
deportadas en esta ocasión de 3.023. Quizás esta cifra se refiere a la población
civil. Añadidos a los hombres de guerra del v. 16 nos da un total de 10.000,
que es la cifra mencionada en el v. 14. Esto, sin embargo, dejaría a los 1.000
constructores y mineros fuera de la suma final, a menos que estén incluidos en
los 7.000 hombres de guerra del v. 16 (o sea, hay que leer de esta manera: “...
siete mil hombres de guerra, incluyendo mil constructores y mineros, todos los
valientes ejercitados para la guerra...”). No hay solución sin problemas y
debemos admitir que no sabemos cuántos fueron deportados en total. Lo que sí
está claro es que los que Nabucodonosor se llevó a Babilonia eran la flor y nata
de la población, los que serían útiles como administradores y soldados. Los que
dejó atrás eran la gente más pobre del pueblo de la tierra (14).

Como era de esperar, el autor enfatiza el hecho de que al deportar a la familia
real y al llevarse los contenidos de los tesoros Nabucodonosor está cumpliendo

las profecías (13), en este caso se refiere a la profecía de Isaías (<122017>

2 Reyes

20:17, 18).

Matanías, el tercer hijo de Josías y tío del desterrado Joaquín, fue nombrado
rey vasallo por Nabucodonosor y tomó el nombre de Sedequías (17).
24:18—25:7 Sedequías: Rebelión y segundo sitio. Sedequías siguió las
políticas de sus predecesores (<122419>

2 Reyes 24:19). En la traducción del v. 20,
la RVA comienza un nuevo párrafo para explicar que Sedequías se rebeló
contra el rey de Babilonia. Una alternativa más atractiva es seguir el hilo del
relato y unir las dos partes del versículo para que diga: “Pero Sedequías se
rebeló contra el rey de Babilonia” (Hobbs, 2 Kings, pp. 345, 354). El
significado entonces sería que Sedequías se rebeló a pesar de todo por lo que
había pasado Jerusalén; no había aprendido nada de los acontecimientos
recientes.

<242701>

Jeremías 27:1-11 nos cuenta que la rebelión se ideó temprano en el
reinado de Sedequías e involucraba a Judá en una alianza anticaldea con Edom,
Moab, Amón, Tiro y Sidón. Para Jeremías, la rebelión representaba una necia
desobediencia a la voluntad de Jehovah e instaba a que se sometiesen a
Nabucodonosor al cual Jehovah había levantado (<242712>

Jeremías 27:12-15).

La alianza anticaldea probablemente se formó en 594 a. de J.C. cuando
Babilonia estaba debilitada por una rebelión interna. Jeremías registra la visita
de Sedequías a Babilonia en 593 a. de J.C. (<245159>

Jeremías 51:59), quien pudo
haber tenido la intención de convencer a Nabucodonosor de su fidelidad. Na-
bucodonosor finalmente avanzó contra Judá en 589 a. de J.C., sitiando la
ciudad de Jerusalén en diciembre de ese año (<122501>

2 Reyes 25:1). El sitio
comenzó en el noveno año de Sedequías y terminó en el undécimo (1, 2), pero
no duró dos años enteros. El heb. del v. 3 dice que el fin llegó “en el noveno
[día] del mes”, pero <245206>

Jeremías 52:6 provee la información de que este mes

era el cuarto (la RVA incorpora ese detalle en <122503>

2 Reyes 25:3). Esto

demuestra que el sitio duró 18 meses. (<243705>

Jeremías 37:5-8 indica que el sitio
paró brevemente mientras los caldeos se ocupaban del avance del ejército
egipcio.) Terminó en julio de 587 a. de J.C. cuando se abrió una brecha en la
muralla (4), pero la ciudad no hubiera podido aguantar mucho más de todas
maneras porque el hambre que el sitio creó había llegado a niveles
desesperados (3).

Sedequías huyó, escapándose por una ruta que se describe en forma confusa
(4) y se llevó a los soldados que defendían la ciudad. Una vez fuera de la
ciudad se dirigieron hacia el Arabá, o preferentemente “por el camino de
Arabá”, el camino de Jerusalén a Jericó. Es probable que Sedequías esperaba
cruzar el Jordán para refugiarse en Edom, Moab o Amón, todos los cuales eran
miembros de la alianza (<242703>

Jeremías 27:3). Pero los alcanzaron antes de que
pudieran llegar al Jordán. Parecería, por el v. 6, que Nabocodonosor no dirigía
el sitio de Jerusalén en persona porque estaba en Babilonia en el cuartel general
en Ribla. El castigo de Sedequías fue brutal pero no demasiado severo
considerando lo que se solía hacer en esos días (los asirios tenían fama por
cegar a sus prisioneros).
25:8-21 Deportación y destrucción. Cerca de un mes después de que se
abrió una brecha en la muralla llegó un funcionario de Babilonia para organizar
la destrucción de Jerusalén y el destierro de la población. La referencia al año
19 de Nabucodonosor
hace destacar el hecho de que ya no había rey en Judá
por el cual se pudieran fechar los eventos. La dinastía de David había llegado a
su fin.

La ciudad, incluyendo el templo, fue incendiada y la muralla fue demolida (9,
10). Se llevó cautivos a los que quedaban en la ciudad y a los que habían
desertado. <245229>

Jeremías 52:29 da el total de los que fueron deportados esta
vez como 832. Como ya vimos antes, las cifras que da Jeremías no son la suma
total. Se dejó atrás a la gente más pobre para cultivar la tierra (12). Los
campos y las viñas producirían mucho más de lo que la población, reducida
como estaba, iba a necesitar y la tarea de los que se quedaron era proveer
todo lo que sobrara al rey de Babilonia.

La lista del mobiliario y los artículos del templo en los vv. 13-17 es
conmovedora por la manera deliberada en que hace recordar a la edad de oro
de Salomón. Los objetos de bronce que no se pudieron pesar (16) nos
recuerda <110747>

1 Reyes 7:47, y la descripción de las dos columnas (17) resume

<110715>

1 Reyes 7:15-22.

A varios funcionarios de la ciudad no se les llevó cautivos ni se les dejó en la
tierra sino que los llevaron ante Nabucodonosor en Ribla y allí los ejecutaron.
No se dice por qué. Quizá pensaban que no se les podía confiar.

La última oración del v. 21 (Así fue llevado cautivo Judá lejos de su tierra)
es un eco exacto de la frase acerca de Israel en <121723>

2 Reyes 17:23. El punto es
muy claro: Judá sufrió el mismo fin que Israel, tal como se había profetizado.
25:22-26 Gedalías. Los caldeos reorganizaron el área con Gedalías, hijo de
Ajicam, como gobernador. Ajicam había sido uno de los funcionarios que
Josías envió a la profetisa Hulda después del hallazgo del libro de la ley
(22:12); en el reinado de Joaquín su influencia le había salvado la vida a
Jeremías (<242624>

Jeremías 26:24). Gedalías mismo debe haber sido un miembro
de la jerarquía de Jerusalén, una persona en quien los caldeos confiaban y a
quien el pueblo respetaba.

Varios de los jefes de los soldados (quizá los que huyeron de los caldeos
cuando capturaron a Sedequías; v. 5) se reunieron con Gedalías en Mizpa, el
nuevo centro administrativo a 13 km. al norte de Jerusalén. Gedalías les
prometió asilo si prometían vivir pacíficamente obedeciendo a los caldeos. Su
consejo servid al rey de Babilonia y os irá bien (24) recuerda el consejo
anterior de Jeremías a Sedequías (<242712>

Jeremías 27:12). De cierto es posible
que Jeremías pudo haber influenciado en Gedalías ya que se estableció en
Mizpa después que los caldeos lo pusieron en libertad (<244005>

Jeremías 40:5, 6).

Quienes consideraban a Gedalías un colaborador detestable de los caldeos
planearon la manera de matarlo. Lo asesinó un tal Ismael, de la descendencia
real
(25), y varios judíos y caldeos que estaban con él en Mizpa también
fueron muertos. Según <244014>

Jeremías 40:14 el rey de Amón era responsable por
la conspiración; Amón había sido uno de los miembros de la alianza anticaldea
(<242703>

Jeremías 27:3). Si Gedalías fue instalado cuando llegó el funcionario de
Nabucodonosor en el quinto mes (8), su gobierno duró sólo dos meses (25).

Por temor a que los caldeos tomasen represalia por la muerte de Gedalías toda
la población de Mizpa huyó a Egipto (26).
25:27-30 Joaquín en cautividad. En un cambio de escena repentino
dejamos atrás la tierra de Judá, sin gobierno y en caos, y nos mudamos a
Babilonia.

Evil-merodac (Evil-Marduc en textos caldeos) sucedió a su padre
Nabucodonosor en 562 a. de J.C.; en 561 sacó a Joaquín de la prisión donde
había vivido como rehén real y lo traladó a su palacio en donde disfrutó de
relativa libertad.

El propósito de estos versículos se ha discutido mucho. ¿Se incluye este
incidente por su valor histórico o para tratar de comunicar parte del mensaje
del autor? Si el último fuese el caso, ¿qué es exactamente lo que trata de
comunicar? Algunos consideran que la puesta en libertad de Joaquín es un
resquicio de luz en la oscuridad de la cautividad que señalaba la posibilidad de
que Judá también pudiera ser libertada y restablecida a su propia tierra. Otros
piensan que a pesar de la rehabilitación de Joaquín la narrativa termina en forma
pesimista de todos modos sin ofrecer nada de consuelo. Si el autor quiere
comunicar la esperanza aquí es improbable que sea una esperanza explícita de
regreso de Judá de la cautividad. Como vimos en conexión a <110846>

1 Reyes
8:46-51, el restablecimiento en la tierra no entra en el cuadro que el autor tiene
del futuro de Judá más allá del exilio. Si hay alguna esperanza en estos
versículos debe pertenecer a una clase mucho más evasiva. El libro termina
ambiguamente y sin resolución. La esperanza que se ofrece es que exista la
posibilidad de que la cautividad no sea la última palabra de Dios a Judá.

John J. Bimson

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