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Comentario Biblico, Antiguo y Nuevo Testamento

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Esto es de gran ayuda permitiendo más claridad a pasajes en la escritura.
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BOSQUEJO DEL CONTENIDO

<100101>

2 Samuel 1:1—8:18 Primeros años del reinado de David

1:1—4:12 David e Isboset
5:1-25 David adquiere todo el poder
6:1—7:29 David, el arca y la casa de Dios
8:1-18 Más victorias

<100901>

2 Samuel 9:1—20:26 El rey David y su corte

9:1-13 David y Mefiboset
10:1—12:31 Guerra contra Amón y sus consecuencias
13:1—18:33 David y sus hijos mayores
19:1—20:26 Regreso de David y sublevación de Seba

<102101>

2 Samuel 21:1—24:25 Reinado de David: problemas y perspectivas

21:1-22 Hambruna y guerra
22:1—23:7 Dos salmos de David
23:8-39 Los valientes de David
24:1-17 Censo y plaga
24:18-25 El nuevo altar

COMMENTARIO

<100101>

2 SAMUEL 1:1—8:18 PRIMEROS AÑOS DEL
REINADO DE DAVID

1:1—4:12 David e Isboset

La muerte de Saúl abrió el camino para que David cumpliera su destino de ser
rey de Israel. Sin ambigüedades, el escritor bíblico en 1 Samuel fue señalando
hacia adelante hasta llegar a esta conclusión. No obstante, había todavía dos
obstáculos grandes en el camino de David: Desde una perspectiva humana, es
cierto que no había ninguna certidumbre de que David llegaría a ser rey de todo
Israel. El primer obstáculo era que Isboset, uno de los hijos de Saúl, no había
muerto en la batalla de Gilboa, y que pronto fue reconocido como rey por la

mayoría de las tribus (ver <090209>

1 Samuel 2:9). David llegó a ser rey de Judá, con
el resultado de que se desató una guerra civil. El otro obstáculo era que los
filisteos estaban decididos a mantener débil a Israel y en sujeción a ellos. Pero
los filisteos cometieron un error táctico: No hicieron nada para prevenir que
David llegara a ser rey en Judá, supuestamente porque querían alentar la guerra
civil entre los israelitas pensando que dividiría y debilitaría a Israel; ni tampoco
atacaron a Isboset por la misma razón. Por esto, David no tuvo dos enemigos
simultáneamente, y pudo vencer ambos obstáculos, uno después de otro. El
escritor no tiene ninguna duda de que Dios intervino en las decisiones filisteas,
como en todos los demás eventos que llevaron a David al trono de todo Israel.
1:11-16 El mensajero amalequita. Al principio de este relato David sigue
en Siclag (ver <093026>

1 Samuel 30:26), esperando noticias de la invasión filistea al
norte de Israel. Resulta irónico que el mensajero que trajo la noticia de Gilboa
fuera un amalequita, de la nación que había sido una enemiga persistente de
Israel. Tanto Saúl como David habían luchado contra ellos. Pero este
amalequita era un inmigrante a Israel, un residente extranjero (13).

No es ninguna sorpresa para el lector el hecho de que se le diga de la muerte
de Saúl y Jonatán, pero lo que sí sorprende es la descripción dada por el
amalequita respecto a cómo murió Saúl. Es posible que Saúl no muriera
inmediatamente después de caer sobre su propia espada (<093104>

1 Samuel 31:4),

sino hasta que llegó el amalequita, quien ahora dijo a David: lo maté (10) a
pedido de él. Pero es posible que el amalequita, en parte, estuviera mintiendo.
En general, parece más probable que haya estado saqueando los cadáveres en
el campo de batalla a que haya estado allí por casualidad en medio de un recio
combate (6).

No se nos dice si David le creyó del todo o no, pero al no contar con otros
testigos, aceptó la evidencia de las palabras del hombre (16) y de la diadema y
el brazalete que había traído de Gilboa. En base a esa evidencia David ejecutó
al mensajero. La acción de David al hacerlo es totalmente consecuente con su
actitud hacia la persona de Saúl expresada en <092406>

1 Samuel 24:6 y 26:9. El rey
era el ungido de Jehovah, y el amalequita, como residente de Israel, estaba
bajo la obligación de obedecer la ley-código de Israel; no obstante, había dado
muerte al rey de Israel. Al ejecutarlo como homicida David ya estaba actuando
como rey y juez.

Hay otro aspecto político en el episodio. Al actuar como lo hizo David
demostraba una vez más que no era enemigo de Saúl: Defendió hasta lo último
los derechos del rey muerto.
1:17-27 Lamento de David. El poema en los vv. 19-27 no es un lamento
privado para expresar los sentimientos de David, sino un poema nacional
describiendo en lenguaje memorable la profundidad de la pérdida de Israel. El
lamento fue publicado (dicho en un equivalente moderno), puesto por escrito y
distribuido por toda la nación (18). El libro de Jaser era un documento antiguo
usado por algunos escritores del AT (cf. <061013>

Josué 10:13). No sabemos por

qué el poema se tituló el Canto del Arco.

Dios había rechazado a Saúl, como 1 Samuel lo muestra repetidamente, pero
este poema considera a Saúl desde una perspectiva humana y nos recuerda su
importancia para Israel a lo largo de muchos años: Aportando liderazgo,
creando la unidad nacional, haciendo retroceder a los filisteos y trayendo
prosperidad a Israel (ver v. 24). Jonatán es incluido con Saúl, tanto por su
profunda amistad con David como por sus triunfos militares (ver 1 Samuel 14).

Los símbolos poéticos a lo largo del lamento son dignos de notar aunque se
entienden sin dificultad. En el v. 20 David expresa su esperanza de que la
noticia de la muerte de Saúl no llegara al enemigo: Gat y Ascalón eran dos
ciudades filisteas importantes. En el v. 21 maldice los cerros de Gilboa donde
cayeron muertos Saúl y Jonatán. En la última estrofa de su lamento David llama
a Saúl y Jonatán valientes y armas de guerra, recordando a los lectores el
hecho de que sus muertes sucedieron en el contexto de una desastrosa derrota
para Israel. El poema no expresa ninguna esperanza para el futuro, pero David
mismo estaba destinado a dar esperanza y victoria a la nación derrotada.
2:1-7 David proclamado rey de Judá. La muerte de Saúl significó que
David ahora tenía libertad para irse del territorio filisteo y volver a Judá, su
tierra natal. Dos cosas hubieran podido obstruir este cambio. Si Saúl hubiera
dejado un sucesor fuerte, igual de hostil hacia David, no habría sido posible. Si
los filisteos hubieran objetado el traslado, habría resultado muy difícil moverse.
Así que no sorprende el que David consultara al Señor sobre el asunto; o sea
que le pidió a Abiatar que consultara el oráculo sagrado (ver <092309>

1 Samuel

23:9-12).

Ni el escritor bíblico ni el lector se sorprenden ante el hecho de que David fuera
proclamado rey (aunque de una sola tribu, la de Judá). La voluntad de Dios se

había revelado con claridad desde mucho antes, como en 1 Samuel 16. No
obstante, desde una perspectiva puramente política, la decisión de los hombres
de Judá
resulta inesperada. La muerte de Saúl y la victoria aplastante de los
filisteos en Gilboa ha de haber creado un caos político en todo Israel, y los
ancianos de las tribus al principio han de haber vacilado mucho sobre el mejor
curso de acción. David tenía por lo menos tres cosas para ofrecerles: Buena
fama como soldado, antecedentes de acciones provechosas para Judá y algún
tipo de alianza o acuerdo con los filisteos. El también era, por supuesto,
oriundo de Judá.

El mensaje de David a la ciudad de Jabes, en Galaad, es de interés especial.
Esta ciudad tenía fuertes lazos con Saúl (ver 1 Samuel 11; 31:11-13) y estaba
situada en la Transjordania, en la misma área donde Isboset, el rey rival de
David, estableciera su ciudad capital, Majanaim (8, 9). Hubiéramos esperado,
entonces, que Isboset y no David, fuera el que enviara a Jabes, en Galaad, un
mensaje de gratitud y aliento como éste. El hecho es que David ya estaba
indicando a los israelitas fuera de Judá que creía que era el auténtico sucesor de
Saúl, y que tenía autoridad sobre todo Israel. Su mensaje ni tuvo en cuenta la
existencia de Isboset.

La ciudad capital de David era Hebrón, hacia el sur de Judá. Más adelante,
Jerusalén sería su capital, pero en ese tiempo Jerusalén no estaba en manos
israelitas. De hecho, Jerusalén puede haber sido en cierta forma una barrera,
separando a Judá de las tribus israelitas que quedaban más al norte. De ser así,
esto ayudaría a explicar por qué Judá tomó su propia iniciativa de escoger su
propio rey.
2:8-32 Guerra civil. Abner (mencionado por primera vez en <091450>

1 Samuel

14:50) evidentemente había escapado del campo de batalla donde muriera
Saúl, haciéndose cargo de los intereses israelitas en la parte norte del país.
Aunque él mismo era un pariente cercano de Saúl, no se proclamó rey sino que
trató de conseguir el apoyo de los israelitas para Isboset, el hijo sobreviviente
de Saúl. Así que Isboset fue proclamado rey, en teoría, sobre todo Israel (9),
pero en realidad sobre un área limitada. Los filisteos eran ahora
indiscutiblemente los verdaderos dueños de las áreas centrales de Israel,
especialmente de las regiones tribales de Efraín y Benjamín. El área principal
bajo el control de Isboset estaba al este del río Jordán (Galaad), y allí tenía su
capital, Majanaim (ver mapa, p. 363). Sin embargo, Efraín y Benjamín y

algunos otros grupos (9) lo reconocían como rey, pese a las realidades de la
situación.

No hay ninguna razón evidente para que David atacara a Isboset, así que
parece probable que Isboset decidió atacar a David a fin de conquistar a Judá.
Las tropas de Isboset fueron enviadas a Gabaón, cerca de la frontera norte de
Judá, y David mandó a sus propias tropas para impedir su avance. Al igual que
1 Samuel 17, ambas partes trataron de evitar una matanza innecesaria
escogiendo paladines para resolver la cuestión. Quizá ambas partes creían que
Jehovah les mostraría su voluntad dando una victoria rotunda a un grupo de
doce hombres sobre el otro. No obstante, después se libró una batalla campal
(17); los vv. 30, 31 nos dan una idea de su magnitud.

El propósito principal de todos los detalles consignados en esta narración es
presentar al lector a Joab. Joab sería el comandante en jefe de David todo el
tiempo de su largo reinado, y es evidente por los vv. 28-30 que ya estaba al
mando. El relato explica cómo sucedió que Abner, el comandante israelita, dio
muerte a uno de los hermanos de Joab. Se nota que Abner no quería matar a
Asael, sobre todo porque quería evitar una enemistad con la familia de éste.
Después de la muerte de Asael, Joab se mostró dispuesto a actuar
sensatamente y hacer una tregua, pero sus sentimientos personales no se dan a
conocer en este capítulo. Serán revelados en <100327>

2 Samuel 3:27.
3:1-5 La familia de David. El escritor no da más detalles de la guerra civil,
en la que David sin pausa fue ganando terreno (1). En cambio, da detalles de
las esposas e hijos de David. La implicación bien puede ser que David estaba
seguro y establecido en Judá, a diferencia de Isboset cuya causa estaba
perdida. Hasta donde sabemos Isboset no tenía familia. Pero la importancia
principal de los detalles es establecer un fundamento para los eventos
posteriores. Varios de los hijos de David jugaron un papel importante. Amnón
y Absalón son los personajes principales en los caps. 13—18, y Adonías trató
de apoderarse del trono cuando David ya era anciano (1 Reyes 1). No se
menciona todavía a Salomón: Nacería más adelante, en Jerusalén (ver <101224>

2

Samuel 12:24).

Ya se han mencionado los casamientos de David con Ajinoam y Abigaíl
(<092542>

1 Samuel 25:42, 43). Su enlace más reciente con Maaca cimentaría una
alianza con Talmai, rey de Gesur, pequeño Estado en el norte de la
Transjordania.

3:6-21 Abner cambia de bando. Es evidente por el v. 6 que Abner era un
hombre ambicioso. Era poderoso en el reino de Isboset, pero a estas alturas,
como Abner lo señalara, el verdadero poder en Israel estaba en las manos de
David. Podríamos sospechar que planeó deliberadamente el altercado con
Isboset, a fin de tener una buena excusa para abandonarlo. En realidad no se
registra que tuviera relaciones sexuales con la ex concubina de Saúl, pero no
negó la acusación. Tal cosa representaría una pretensión al trono de Saúl (ver

<101621>

2 Samuel 16:21, 22), y no es sorprendente que Isboset protestara y en
consecuencia hubiera un altercado.

Abner ahora se sentía en libertad de enviar mensajeros a David, ofreciendo
ayudarle a convertirse en rey de todo Israel. La pregunta: ¿De quién es la
tierra?
(12) tenía la intención de informar a David que él, Abner, no Isboset,
era el hombre de mayor influencia sobre las tribus del norte. Esto
indudablemente era cierto, pero si tanto Abner como Isboset hubieran
sobrevivido algunos años más, es muy posible que Abner se hubiera visto
obligado a luchar contra Isboset. La alianza que Abner propuso a David (12)
probablemente incluía una alta posición militar para Abner en el ejército de
David. La insistencia de David en el sentido de que Mical, su primera esposa,
le fuera devuelta (12, 14) se debía a varias razones. Saúl se la había quitado en
un acto cruel e injusto (<092544>

1 Samuel 25:44), y David estaba decidido a
rectificar la injusticia. La pérdida de Mical también había sido una humillación
pública para David, y eso también tenía que ser rectificado. Existía
probablemente también un motivo político: Su matrimonio con la hija de Saúl le
daba prestigio en Israel, y legitimidad para suceder a Saúl como rey. Por
último, el casamiento de David con Mical había sido al principio un enlace por
amor (<091820>

1 Samuel 18:20) y su afecto por ella puede haber sido una razón
más para reclamarla ahora. David llevaba la razón, pero aun así nos
compadecemos de Paltiel.

Abner cumplió con su parte del acuerdo. Cuando volvió a presentarse ante
David, ya podía prometerle la aceptación inmediata de David como rey por
parte de todo Israel (21). Esto era, por supuesto, ventajoso para David y
podemos estar seguros de que le demostró a Abner su satisfacción. A su vez,
Abner ha de haberse sentido satisfecho de como se iban desarrollando las
cosas, y no tenía ninguna razón para sentir temor. Así que se fue en paz, y con
un “salvoconducto”.

3:22-39 Homicidio de Abner. Quizá Joab creía que Abner era un espía y
que no se podía confiar en él, como se lo dijera a David (25). Pero lo más
probable es que eso fue meramente una excusa: el v. 30 da la verdadera razón
por la cual asesinó a Abner tan alevosamente.

El asesinato de Abner fue motivo de mucha vergüenza para David. El asesino
era uno de sus más altos capitanes, y la sospecha se hubiera generalizado de
que David había dado órdenes de matar a Abner. En el reino de Isboset, habrá
parecido que David intentaba matar a todos los parientes de Saúl a fin de
consolidar su propia posición. La única defensa que le quedaba a David era
mostrar públicamente, en toda forma posible, que era inocente de ese
homicidio. De modo que honró a Abner e hizo duelo público por él. El v. 37
indica que pudo convencer al pueblo, tanto en Judá con en el norte de Israel,
de que era inocente.

El que el escritor dé un informe completo de la muerte de Abner muestra que
posteriormente los enemigos de David todavía lo acusaban de una hostilidad sin
tregua hacia Saúl y su familia. Es verdad que David nada hizo para castigar al
asesino; el v. 39 da la razón para ello. David no quiso significar que tenía un
carácter débil, sino que Joab y su hermano Abisai (los hijos de Sarvia) eran
demasiado influyentes en el reino como para hacerles un juicio. El resentimiento
de David por la acción de Joab duró muchos años (ver <110205>

1 Reyes 2:5, 6).
4:1-12 Homicidio de Isboset. El asesinato de Abner podía haber causado
una brecha permanente entre el reino del norte y Judá, impidiendo que David
fuera rey de todo Israel, Pero sucedió lo contrario: La muerte de Abner debilitó
aun más a un rey débil y a un reino débil. El rey débil fue asesinado y el reino
quedó aniquilado.

No se dan explicaciones de por qué Recab y Baaná asesinaron a Isboset. Saúl
cierta vez había atacado a Gabaón (ver <102102>

2 Samuel 21:2), y quizá Beerot,
donde vivían Recab y Baaná, había sufrido por ello (las dos ciudades aparecen
juntas en <060917>

Josué 9:17). Sea o no que los asesinos tuvieran un resentimiento
anterior contra Saúl y su familia, lo cierto es que creían que David los
recompensaría por haber matado a su rey rival. Por lo tanto, una vez más
David tuvo que protegerse de los rumores de que él había dado la orden de
hacerlo. Lo hizo ejecutando a los homicidas y hablando bien de Isboset.

Así terminó el reinado de Isboset. Aparentemente no dejó hijos, y su único
pariente cercano era su sobrino cojo, Mefiboset (4). Es evidente que nadie

creía que Mefiboset tenía la capacidad para ser rey. (El relato de Mefiboset
sigue en el cap. 9.) De hecho, los asesinatos habían abierto el camino para que
David fuera rey de todo Israel; el escritor bíblico sabía que la mano del Señor
había estado aun en las perversas acciones humanas, pero es fácil comprender
por qué algunos israelitas creían que la mano de David mismo había interferido
y que había pagado a los homicidas para que asesinaran a sus rivales.

5:1-25 David adquiere todo el poder

Este capítulo relativamente breve consigna tres de los logros más importantes
de David. Primero, unificó a la nación, y todos los israelitas lo reconocieron
como rey. Segundo, tomó a Jerusalén que era una de varias ciudades dentro de
territorio israelita que no estaban en poder de los israelitas. Esas ciudades
dividían al país, separando a una tribu israelita de otra. Sus habitantes
cananeos, por otra parte, representaban un peligro permanente, ya que con
frecuencia estaban dispuestos a aliarse con los filisteos en contra de Israel. Por
lo tanto, David eliminó este peligro, adquiriendo el poder sobre todas estas
ciudades extranjeras. Su tercer logro fue eliminar totalmente la amenaza filistea.
Derrotó tan completamente a los viejos enemigos que nunca más fueron un
problema para Israel. El cap. 8 consigna más logros de David.
5:1-5 Rey de todo Israel. Este párrafo pone en claro que David no
conquistó las tribus israelitas del norte, y que tampoco las gobernó contra su
voluntad. La iniciativa de aclamarlo como su rey surgió de ellos: Sus
representantes viajaron hacia el sur hasta Hebrón para invitarle a ser su rey. Se
ve que la muerte de Isboset había significado el colapso del gobierno en el
norte, y frente a la agresión filistea, los representantes de las tribus del norte
estaban ansiosos por tener un gobierno fuerte y eficaz. Teóricamente, podían
haber elegido a alguien de entre ellos mismos, pero optaron por David por tres
poderosas razones que se explican en los vv. 1 y 2.

El resumen del reinado de David en el v. 5 hace posible calcular la fecha de la
toma de Jerusalén (descrita en los vv. 6-9). El reinado de Isboset había durado
sólo dos años (2:10), pero David siguió reinando en Hebrón durante cinco
años más. Los ancianos israelitas probablemente lo reconocieron como rey en
cuanto murió Isboset, pero pasó un tiempo antes de estar preparado para
atacar a Jerusalén.
5:6-16 La toma de Jerusalén. Jerusalén era una ciudad antigua. En la
antigüedad tanto la tribu de Judá como la de Benjamín habían intentado tomarla

(ver <070108>

Jueces 1:8, 21) pero seguía bajo el poder de un pueblo cananeo
llamado jebuseo. Era una ciudad muy bien fortificada, y los jebuseos se sentían
seguros de que las tropas de David no la podrían capturar. Existen ciertas
dudas sobre el significado de algunas palabras y frases en los vv. 6-8, pero
parece probable que los jebuseos eran despectivos: ¡Hasta una fortaleza de
ciegos y cojos podía derrotar el ataque de David! En lugar de un ataque
directo sobre las fuertes murallas, los hombres de David aparentemente
encontraron un conducto de agua por el cual pudieron entrar a la ciudad
sorpresivamente. El abastecimiento principal de agua para Jerusalén venía de un
arroyo fuera de los muros de la ciudad; trabajos arqueológicos han descubierto
varios conductos y túneles.

Habiendo tomado a Jerusalén David pronto la convirtió en su capital. Era
mucho más central que Hebrón, y ya que se encontraba en territorio benjamita
ayudaría a que los israelitas del norte sintieran que David era realmente rey de
todo Israel. David se hizo edificar allí una casa o “palacio” (DHH) y estableció
su harén real. Nótese el nombre de Salomón en el v. 14.

El hecho de que un rey extranjero, Hiram,... envió mensajeros a David,
demuestra el creciente poder e importancia tanto de David mismo como de la
nación que gobernaba. Durante la mayor parte del siglo X a. de J.C., Israel fue
la nación más poderosa de toda la región. El escritor bíblico reconoce las
habilidades y logros de David, pero da los méritos definitivamente a Jehovah
Dios de los Ejércitos
(10). Dios no dio estos logros para glorificar a David
sino para beneficiar a su pueblo Israel (12). No cabe duda que David brindó
muchos beneficios materiales, paz y prosperidad a Israel.

El escritor no comenta sobre el harén de David. En un sentido era un símbolo
reconocido de la posición política de David en el antiguo Cercano Oriente;
pero los capítulos siguientes mostrarán cuántos problemas causaron la rivalidad
entre sus muchos hijos. <051717>

Deuteronomio 17:17 ofrece una advertencia
general contra tener muchas esposas, tan apropiada para David como para
Salomón.

Nota. 7 Sion es un sinónimo bíblico de Jerusalén usado con frecuencia.
Posiblemente había sido originalmente el nombre de la parte de la ciudad que
era una fortaleza. Jerusalén ahora se llamó la Ciudad de David; nombre que
era usado todavía en la época del NT (ver <420211>

Lucas 2:11).

5:17-25 Derrota de los filisteos. Los filisteos habían permitido, sin interferir,
que David gobernara en Judá; un Israel dividido les daba a ellos más poder.
Pero en cuanto todas las tribus israelitas apoyaron a David, los filisteos se
convirtieron en sus enemigos (17). Sus ataques probablemente sucedieron
antes de la toma de Jerusalén, y la fortaleza mencionada es Adulam, cuartel
militar anterior de David (ver <092201>

1 Samuel 22:1-4). Ambos ataques filisteos
fueron en el valle de Refaím (18, 22) que quedaba al sur de Jerusalén, lo que
puede haber llamado la atención de David sobre la importancia de toda esta
región.

Las dos victorias de David se describen brevemente, pero con suficientes
detalles para mostrar que consultó a Jehovah antes de cada batalla. Dios
nunca dejó de contestar a su rey escogido; el contraste con Saúl es digno de
notar (cf. <092806>

1 Samuel 28:6).

6:1—7:29 David, el arca y la casa de Dios

Saúl nunca había mostrado interés en el arca del pacto, y había ofendido a
profetas y sacerdotes. David, por el contrario, trabajando unido con los
profetas y sacerdotes, trataba al arca con gran reverencia y honra. El arca fue
instalada permanentemente en Jerusalén (cap. 6). El cap. 7 expresa algunos de
los planes de Dios para el futuro, con respecto a la nueva morada del arca y a
David.
6:1-19 El arca es llevada a Jerusalén. Este capítulo resume la historia del
arca (<090404>

1 Samuel 4:4—7:2). Durante muchos años el arca había
permanecido en Baala, una ciudad llamada también Quiriat-jearim (<090702>

1

Samuel 7:2; ver <061509>

Josué 15:9). Al transferir el arca a Jerusalén, David estaba
también transformando a Jerusalén, convirtiéndola en el santuario más
importante de su reino. Se convirtió en su capital religiosa tanto como política.
La acción en sí tenía también valor político, ya que daba a Jerusalén
importancia adicional a los ojos de todo Israel, ayudando así a unificar al país.
El énfasis del escritor bíblico está, no obstante, en los aspectos religiosos de las
acciones de David. Tuvo sumo cuidado en tratar el arca con toda reverencia.
La muerte de Uza (6-8), que nunca fue olvidada, era un recordatorio del poder
de Dios simbolizado por el arca. (Los israelitas en Bet-semes habían sufrido
por un manejo descuidado similar, ver <090619>

1 Samuel 6:19.) David comprendió
que no tenía libertad de hacer lo que quería con el arca; y aun menos que podía
manipular al Dios representado por el arca. Aunque este suceso fue lamentable
en ese momento, tener este historial fue sin duda un consuelo para generaciones

posteriores de israelitas; les recordaba que su Dios Jehovah era más poderoso
que cualquier atacante u opresor extranjero. También les enseñó que el respeto
por la santidad de Dios era esencial al bienestar de la nación.

Entonces, el arca se instaló en Jerusalén, pero en una tienda (17). El templo no
fue construido hasta el reinado de Salomón (1 Reyes 6).
6:20-23 Infertilidad de Mical. Este episodio de Mical aparece
inesperadamente, y es desconcertante por qué fue tan hostil hacia las acciones
de David. A pesar de lo que dijo, ha de haber visto que el pueblo no
despreciaba a David sino que compartía su gozo en las celebraciones. La
airada réplica de él se justifica bajo estas circunstancias. Quizá el escritor quiere
que asumamos que este altercado entre David y Mical llevó al distanciamiento
permanente entre ellos. En cualquier caso, ella nunca tuvo hijos.

El v. 23 presenta lo importante. Muchos capítulos posteriores se ocupan de los
hijos de David y sus ambiciones de ocupar el trono. Si Mical hubiera tenido
alguna vez un hijo, éste hubiera sido un fuerte candidato para el trono, como
nieto de Saúl e hijo de David. Pero no hubo tal hijo y el escritor quiere que
lleguemos a la conclusión que en esto también estaba la mano de Dios.
7:1-17 Profecía de Natán. Este capítulo continúa la historia de David y del
santuario en Jerusalén. Los acontecimientos que consigna son de una fecha
posterior en el reinado de David, como lo insinúa el v. 1.

Tenemos aquí el pasaje más importante de los libros de Sam., y uno de los
pasajes clave de todo el AT. Trata el futuro del santuario en Jerusalén y de la
monarquía davídica, las dos instituciones vitales para el pueblo de Israel durante
varios siglos después de David. Por medio del profeta Natán, Dios hizo
promesas seguras a David sobre estas dos cosas. Estas solemnes promesas
divinas eran en suma un “pacto eterno” con David (ver <102305>

2 Samuel 23:5).

Los dos temas se conectan hábilmente por medio del uso de la palabra “casa”.
La misma palabra heb. significaba no solamente una casa común, sino también
un templo y, tercero, una dinastía (como en la actualidad la familia real inglesa
es llamada “la casa de Windsor”). El capítulo comienza hablando de los planes
de David de construir un templo a Jehovah, una casa para Dios (5). Luego en
el v. 11, se presenta el tema de una casa para David; no su palacio sino su
dinastía davídica, o sea sus hijos y descendientes que le sucederían como reyes
en Jerusalén.

Las promesas de Dios referentes a estas dos cosas se juntan en el v. 13. El hijo
de David edificará el templo; la dinastía durará para siempre. Estas son
promesas muy positivas, pero el capítulo contiene también algunos puntos
negativos. Primero, se rechaza el plan de David de construir el templo.
Segundo, Dios no se agrada de los templos. (Estos dos puntos se insinúan en
los vv. 5-7.) Tercero, el v. 14 reconoce que algunos de los descendientes
serían reyes indignos y merecerían y recibirían castigo divino. Estos varios
puntos, tanto positivos como negativos, proveen una descripción y una
explicación por los eventos desde el tiempo de David (temprano en el siglo X
a. de J.C.) hasta 587 a. de J.C. En este período el templo fue construido, no
por David, sino por su hijo Salomón. Muchos de sus descendientes eran
débiles y pecadores, pero la dinastía se mantuvo durante cuatro siglos sin
interrupción.

En el año 587 a. de J.C. el templo fue destruido por los babilonios y Judá dejó
de ser un reino. La familia de David siguió existiendo, pero nunca recuperó el
trono. ¿Qué mensaje contiene este capítulo para este cambio de situación? Nos
dice primero que Dios no depende de templos y, por lo tanto, su pueblo no
necesita templos. Esteban volvió a enfatizar esta lección en la época del NT
(ver <440744>

Hechos 7:44-50). Segundo, la promesa de Dios con respecto a los
descendientes de David era permanente. Fue la base de la esperanza del
Mesías, “el Hijo más grande del gran David”. Esta promesa dio seguridad a las
generaciones del pueblo de Dios que vivieron en los últimos siglos del período
del AT, y luego se cumplió en el nacimiento de Jesucristo; de lo cual son
testigos el NT entero y la iglesia cristiana.

Todas estas promesas, tal como las cumplió Dios, harían que el nombre de
David fuera grande (9). Sin ninguna duda David fue el rey más grande de Israel
y su fama se cuenta para siempre entre los hombres más importantes de la
historia. Pero su grandeza dada por Dios no era para su propio beneficio y
gloria, sino para beneficiar a la nación que gobernaba. Por lo tanto, el v. 10 da
los planes y promesas de Dios para Israel por medio de David. Estas promesas
se cumplieron durante el propio reinado de David, y siguieron siendo los planes
definitivos de Dios para su pueblo a pesar del hecho de que en épocas
posteriores Israel y Judá con frecuencia sufrieron reveses políticos,
principalmente por sus pecados contra Dios. Estos planes dependían del
cumplimiento de la promesa de Dios de enviar a un Hijo de David, el Mesías,
que sería el que finalmente llevaría al pueblo de Dios a gozar de la seguridad y
paz que siempre necesitan.

7:18-29 Oración de David. Una acción de gracias personal era la respuesta
apropiada a las promesas hechas a David por medio de Natán. Esta oración
agradecida fue ofrecida en el santuario-tienda que David acababa de levantar
(18), y nada más se dice del templo propuesto. La única casa que David
mencionó fue la de su futura dinastía (19, 25). Estaba agradecido tanto por el
contenido de las promesas de Dios como por el hecho de que se las había
dado a conocer. Como dijo, a pocos les es revelado el futuro de su familia
(19).

La oración de David no ignora el hecho de que las bendiciones de Dios a su
familia significarían también bendición a Israel. Los vv. 23, 24 recuerdan la
bondad de Dios a Israel en el pasado. La continuación de la línea de David
significaría la bendición continua de Dios sobre el pueblo que había escogido y
tomado como pueblo suyo para siempre. Las palabras agradecidas de David
en esta oración serían de consuelo y motivo de tranquilidad para muchos
israelitas en épocas difíciles en el futuro.

8:1-18 Más victorias

Muchas de las victorias que registra este capítulo sucedieron antes de los
acontecimientos del cap. 7. Al colocarlas aquí el escritor bíblico ilustra el
comienzo del cumplimiento de las promesas de Dios a David bosquejadas en el
cap. 7.

Una nueva derrota de los filisteos es relatada brevemente (1). La frase Meteg-
haamá
es desconocida, y quizá ni sea el nombre de un lugar; varios
comentaristas la traducen “supremacía”. El versículo paralelo en Crónicas se
refiere a la bien conocida ciudad de Gat (<131801>

1 Crónicas 18:1). Los filisteos

estaban en la frontera sudoeste de Israel.

Los moabitas habían sido aliados de David en una etapa anterior (<092203>

1
Samuel 22:3, 4), y no sabemos qué causó ahora la guerra entre ellos. La
crueldad con que los trató sugiere que eran culpables de una grave traición (2).
Los moabitas estaban en la frontera sudeste de Israel.

Las campañas descritas en los vv. 3-10 eran contra diversos reinos arameos, al
norte de Israel. Al final David estaba recibiendo tributo de varios Estados más
pequeños y su dominio se extendió al norte hasta el río Eufrates (ver mapa,
p. 363). Los vv. 12-14 vuelven al área sudeste, y nos dicen que David derrotó
a los hijos de Amón y los edomitas además de los moabitas.

Es así que David logró triunfos militares dondequiera que hacían falta. También
desarrolló una sana administración de Israel mismo (15). El capítulo termina
dando una lista de los funcionarios principales. Joab y Abiatar son ya nombres
conocidos para el lector. Benaías comandaba la guardia real, y tuvo un papel
importante en la subida de Salomón al trono (1 Reyes 1). Algunos de los hijos
de David eran sacerdotes,
pero no se describen aquí sus funciones.

El nombre nuevo más significativo en esta lista es el de Sadoc. Muchos eruditos
creen que tenía conexiones anteriores con la adoración en Jerusalén, pero esto
sólo puede ser una suposición. Sean los que sean sus antecedentes, más
adelante llegó a ser el único sumo sacerdote en Jerusalén, y su familia se
mantuvo en el sumo sacerdocio durante muchos siglos.

9:1—20:26 EL REY DAVID Y SU CORTE

Con el cap. 9 comienza una nueva sección de los libros de Sam. El cap. 8 ha
resumido los logros de David, mayormente fuera de las fronteras de Israel. El
cap. 9 se dedica a asuntos internos. La casa es la corte real, y sus asuntos
afectaban a todo el reino.

Los caps. 9—20 han sido llamados con frecuencia “el relato de la sucesión”, ya
que el tema más preponderante en ellos se relaciona con el tema del sucesor de
David. Todos los lectores, desde el principio, han sabido que fue Salomón
quien subió al trono después de David; y el <101224>

2 Samuel 12:24 indica, al
principio del relato, que Dios mismo favorecía a Salomón desde su nacimiento.
Pero en ese momento no se sabía quién sería el próximo rey, y es probable que
el propio David no decidiera apoyar a Salomón hasta casi el final de su reinado.
Por lo tanto, los otros hijos de David, especialmente Absalón, aspiraban a
apoderarse del trono. Los caps. 9—20 y 1 Reyes 1; 2 siguen toda la secuencia
de los acontecimientos.

Estos capítulos muestran cómo aun en el reinado de David, Dios cumplió las
dos cosas que Natán había descrito a David en <100712>

2 Samuel 7:12-15. Por un

lado, el amor de Dios sería constante hacia el propio David y su sucesor
escogido (¡que todavía es una incógnita!). Por otro lado, Dios castigaría la
conducta pecaminosa con vara de hombres, o sea usando las acciones de otros
hombres como castigo. Es así que en los caps. 9—20 vemos cómo los
pecados de David le causaron muchos sufrimientos y problemas a pesar de lo
cual el amor de Dios nunca le fue quitado.

9:1-13 David y Mefiboset

Mefiboset ya ha sido mencionado en <100404>

2 Samuel 4:4. Era uno de los pocos
sobrevivientes de la familia de Saúl, después del asesinato de Isboset. Su
ciudad, Lo-debar, quedaba cerca de Majanaim, la capital de Isboset. David
ahora lo trajo a Jerusalén. Algunos eruditos han supuesto que David lo
consideraba como un posible peligro y que lo trajo a Jerusalén a fin de poder
observar sus actividades. De ser así el escritor bíblico no da ningún indicio. El
énfasis es más bien en la bondad de David, y en la posición de honor que
otorgó a Mefiboset. David estaba cumpliendo su promesa a Jonatán, padre de
Mefiboset (<092042>

1 Samuel 20:42), no sólo con Mefiboset sino también su hijo
Micaías (12) después de él. El capítulo nos recuerda dos veces que era lisiado
de ambos pies,
recalcando así su impotencia. Es dudoso que hubiera podido
alguna vez ser un rival eficaz de David, a pesar de la acusación que hizo Siba
más adelante (<101603>

2 Samuel 16:3).

10:1—12:31 Guerra contra Amón y sus consecuencias

El cap. 10 trata exclusivamente de una exitosa campaña israelita contra los
amonitas, y resume el registro de las victorias de David que comenzara en el
cap. 8. Es en realidad un capítulo eslabón, pues esta campaña militar en
particular tuvo sus efectos en Jerusalén. Uno de los soldados que luchara en la
Transjordania era Urías, cuya esposa Betsabé fue seducida por David en
ausencia de su esposo. Después, David aprovechó la guerra para hacer morir a
Urías. Es así que los caps. 10—12 conectan el tema de la guerra con los
asuntos de la corte real.
10:1-19 La campaña amonita. Amón era un pequeño reino en la
Transjordania que había sido hostil hacia Israel durante el reinado de Saúl; éste
había derrotado al rey Najas, cuya muerte se menciona aquí (ver 1 Samuel
11). David, por el contrario, había sido hasta ahora aliado de los amonitas. Los
jefes de los hijos de Amón
(3), o sea los nobles amonitas, indudablemente
temían que ahora que David era rey de un Israel unido cambiaría de actitud
hacia ellos. Aun si sus sospechas fueran fundadas, fue insensato insultar a David
y provocarlo a pelear. El reino amonita era demasiado pequeño para ganar una
guerra contra Israel por lo que buscaron aliados entre los sirios al norte.

El cap. 8 describe algunas de las victorias de David sobre los reinos y ejércitos
arameos, y no es seguro cuándo sucedieron las victorias del cap. 10. Dado que
el capítulo trata de un período anterior al nacimiento de Salomón, la guerra

debe haber sido en los primeros tiempos del reinado de David. La decisión de
los sirios de hacer las paces con David (19) puede, entonces, haber sido
temporaria. Lo importante es que rompieron su alianza con los amonitas,
quienes siguieron la guerra sin esperanzas de triunfar. El final de la guerra se
describe en <101229>

2 Samuel 12:29-31.
11:1-13 Las relaciones de David con Betsabé y Urías. Era habitual que
las actividades militares cesaran durante los meses de invierno, de modo que
David reasumió sus operaciones militares contra Amón en el tiempo en que
los reyes suelen salir a la guerra,
o sea la primavera. El v. 1 no infiere que era
la obligación de David acompañar a su ejército. Estar presente en persona no
era necesario cuando una victoria israelita era tan segura. El ejército amonita
fue destruido y su ciudad capital sitiada. Los israelitas ya eran poderosos, y la
posición de David era muy segura. Sucede con demasiada frecuencia que un
sentido de tranquilidad y seguridad es el preludio a un fracaso espiritual y
moral.

Entonces, David estaba en su derecho de quedarse en Jerusalén, pero sus
acciones son inexcusables. Betsabé era una mujer casada, y David lo sabía. La
nota en el v. 4 sobre su impureza significa que recién había menstruado, por lo
que no hay ninguna duda de que el embarazo era el resultado del adulterio de
David con ella. La moralidad de Betsabé también quizá podría cuestionarse
pero el autor bíblico adjudica toda la culpa a David: él era el rey, y estaba
actuando despóticamente, abusando de su poder y posición.

Los intentos inútiles de David por inducir a Urías a descender a su casa y tener
trato carnal con su esposa también es indigno (6-13). El autor no hace ningún
intento por justificar a David. El antecedente de esta parte del relato es el caso
de que, al inicio de la campaña, los soldados habían hecho un voto de
abstenerse de tener relaciones sexuales (cf. <092104>

1 Samuel 21:4, 5). Es posible
que la sugerencia de David a Urías de que se lavara los pies (8) se refiera a un
ritual que lo eximiría de dicho voto. Sea como fuere, Urías consideraba que
estaba en servicio activo y mostró las más altas normas de conducta.
11:14-27 Muerte de Urías. Hasta ahora David tenía la esperanza de que su
adulterio permanecería en secreto, y que el niño por nacer fuera aceptado
como hijo de Urías. Ahora había perdido esa esperanza, decidió quitarle la vida
a Urías. Temía un escándalo público, por supuesto, y esto hubiera sido todavía
más serio porque la pena en Israel para el adulterio era la muerte. A pesar de
eso David, principal juez del país, ¡no podía sentenciarse a muerte a sí mismo!

Es así que su inmoralidad casual le causó un grave problema. La muerte de
Urías le resolvió el problema: David se casó con la viuda, y nadie se enteraría
de quién era el niño (27). No hay duda que Joab adivinó la verdad, pero nunca
hubiera traicionado a David. Pero el v. 27 nos recuerda que Dios sabía toda la
verdad.

David, entonces, no vaciló en planear la muerte de Urías, pero tenía la
esperanza de evitar la muerte de cualquier otro soldado. Cuando Joab leyó las
instrucciones de David, le hizo un reajuste al plan, con el resultado de que
varios soldados murieron con Urías (17). Se había dado cuenta que el plan de
David era demasiado obvio; su propio plan disimulaba el hecho de que Urías
era el marcado para morir. La lealtad de Joab a David es revelada en este
incidente, y también su crueldad. Pero el verdadero asesino era David.

La referencia en el v. 21 es a <070950>

Jueces 9:50-53. La muerte de Abimelec les
había mostrado a las tropas israelitas los peligros de acercarse demasiado al
muro de una ciudad sitiada.
12:1-14 Reprensión de Natán. Natán era un profeta (<100702>

2 Samuel 7:2), el

portavoz de Dios en la corte real y un digno sucesor de Samuel. Tenía la
autoridad y la valentía de actuar como crítico y juez del rey. Antes de hacer sus
acusaciones directas del v. 9 contó su famosa parábola. Algunas parábolas
bíblicas tenían la intención de ser adivinanzas, pero no ésta. David fue
conducido a suponer que Natán estaba describiendo un incidente real, así que
pronunció sentencia antes de saber a qué se refería realmente Natán. David
sabía que el castigo correcto para el robo de una oveja era pagar cuatro veces
su valor (<022201>

Exodo 22:1), pero también expresó indignación: Un ladrón tan
despiadado merecía la muerte. Fue así que se condenó a sí mismo.

El propósito de la parábola no era únicamente inducir a David a condenarse a
sí mismo, sino también exponer vívidamente las realidades de la situación. Los
reyes, si eran codiciosos, tenían el poder de tomar lo que querían, y el
ciudadano común no podía hacer nada al respecto. Natán destacó lo codicioso
que David había sido. Además de tener sus esposas, aparentemente había
tomado las concubinas de Saúl (8) como un símbolo de que se había
apoderado del control real que fuera de Saúl.

Los vv. 11-14 dan el veredicto de Dios. David llegaría hasta la vejez, pero la
violencia en su propia familia traería el mal contra él. Los capítulos siguientes
muestran cuán cierta resultó esta profecía. Absalón cumplió lit. la predicción en

el v. 11 (<101622>

2 Samuel 16:22). No obstante, es importante notar que el castigo
de Dios fue acompañado del perdón porque David se arrepintió. (13). El
arrepentimiento sincero de David es muy diferente de los intentos de Saúl por
engañar a Samuel (1 Samuel 13 y 15). El título del Salmo 51 conecta a dicho
salmo de penitencia con este episodio.
12:15-31 Nacimiento de Salomón. La predicción final de Natán de que el
hijo ilegítimo moriría, fue la primera en cumplirse. David no lo aceptó con
fatalismo. Este pasaje enfatiza cuánto amaba David al infante y enfoca su
angustia durante su enfermedad final. Sus sentimientos eran tan profundos que
ignoró los convencionalismos habituales, al punto de causar ansiedad a sus
siervos. El dolor sincero de David, tanto como su cariño por Betsabé, tienen el
efecto de ganarse la simpatía del lector. Pero el propósito del autor era mostrar
qué efectivo era el veredicto de Dios: El castigo de David había comenzado.

Los capítulos siguientes continúan el relato de las dificultades de David. Pero
dos versículos en este pasaje (24, 25) muestran que mientras castigaba a
David, Dios no olvidaba a Israel. El nacimiento de Salomón fue el modo como
Dios cumplió su promesa de <100712>

2 Samuel 7:12, 13. El mensaje de David por
medio de Natán de que Jehovah amaba a Salomón es una señal para el lector
de que éste era el hijo escogido por Dios para ser el próximo rey. Los planes
de Dios para el futuro estaban trazados. (Salomón no vuelve a aparecer en el
relato hasta 1 Reyes 1.)

Los vv. 26-31 completan el relato de la guerra victoriosa contra Amón. En esta
ocasión el propio David fue con el ejército. Joab nuevamente demostró su
lealtad al rey.

Nota. 30 Es posible que la corona muy pesada no perteneciera al rey amonita
sino al ídolo de Milcom, el dios principal adorado en Amón. (Ver nota de la
RVA.)

13:1—18:33 David y sus hijos mayores

El personaje central de estos capítulos es Absalón, el tercer hijo de David (ver

<100302>

2 Samuel 3:2, 3). El hijo mayor, Amnón, fue asesinado por Absalón, y es
muy posible que el segundo hijo muriera de joven, ya que no se lo vuelve a
mencionar. De cualquier manera, después de matar a Amnón, Absalón tenía
campo libre para aspirar a la corona.

13:1-22 La violación de Tamar. Tamar era la media hermana de Amnón.
Su madre era Maaca (ver <100302>

2 Samuel 3:2, 3). El matrimonio con una media

hermana era prohibido bajo la ley de <031811>

Levítico 18:11 y <052722>

Deuteronomio

27:22. Quizá el rey tenía autoridad para suspender esta ley, como sugirió
Tamar (13), pero de cualquier manera Amnón consideraba sencillamente que
sería difícil poder casarse con ella (2). Su lascivia, engaño y brutalidad lo
convierten en un personaje muy antipático; era el hijo mayor de David, pero
evidentemente no un hombre apropiado para gobernar a Israel. Pero el
propósito del relato no es moralizar sobre Amnón, sino mostrar cómo los de la
propia familia de David le trajeron “mal” calamitoso, cumpliendo lo dicho en

<101211>

2 Samuel 12:11. David se enojó mucho (21) pero evidentemente no hizo
nada para castigar al malhechor. Esto fue un grave error porque no hizo más
que aumentar la furia comprensible de Absalón al punto de odiar a Amnón.
13:23-39 El homicidio de Amnón. Hasta ahora, nuestra simpatía ha sido
para Absalón, pero este pasaje revela que su carácter no era mucho mejor que
el de Amnón. Era igual de violento e igual de engañador. Presumiblemente
esperó dos años (23) antes de entrar en acción, a fin de engañar a su padre.
Este capítulo muestra que aun los hijos del rey no tenían libertad para ir y venir
a su antojo, sino que necesitaban un permiso real para ausentarse de la corte.
Por eso Absalón trazó sus planes cuidadosamente, planes que incluían su huida
a Gesur, de donde era su madre.

La descripción detallada del falso rumor de que Absalón había dado muerte a
todos sus hermanos puede haber tenido el propósito de demostrar la mano de
Dios actuando para proteger a Salomón. Es cierto que Absalón, de haber
querido, podría haberlos matado a todos, y de ser así, Salomón hubiera muerto
con ellos. Más adelante, Absalón ambicionaba ser rey, pero en este momento
su única motivación era vengarse de Amnón.

El v. 39 agrega un toque humano realista; después de tres años el dolor de
David por Amnón había disminuido, y comenzaba a pensar en Absalón de una
manera distinta, siendo que probablemente era el mayor de los hijos
sobrevivientes. Este cambio de actitud preparó el camino para el cap. 14.
14:1-20 Estratagema de Joab. Podemos deducir con razón del v. 19 que
Joab había tratado de persuadir a David de que perdonara a Absalón y lo
trajera de vuelta a la corte real. De ser así, no lo consiguió. Joab parece haber
estado ansioso por asegurarse de una sucesión sin problemas, y consideraba
explícitamente a Absalón como el hombre que sucedería a David. Es así que

tenía en mente los intereses de la nación, pero dos veces dio su apoyo al hijo
equivocado de David (ver también <110107>

1 Reyes 1:7).

No pudiendo persuadir a David, decidió hacerle un truco y se valió de una
mujer sabia. Al igual que Natán en el cap. 13, ella pretendió que existía un
caso que tenía que atender David en su papel de juez principal. La “moraleja”
de su historia era que el bienestar de toda la familia es más importante que el
castigo correcto para un individuo, y David coincidió con ella. Aplicando este
principio, ella argumentó que el bienestar de toda la nación era más importante
que el castigo de su príncipe heredero (13) y que, por lo mismo, Absalón
debería ser traído del exilio.

El temor de Joab era que David muriera mientras Absalón estaba todavía en el
exilio, dejando a Israel en un caos político. Las palabras de la mujer en el v. 14
parecen significar que Dios estaba alargando la vida de David hasta haber
traído de vuelta a Absalón.
14:21-33 Regreso de Absalón a Jerusalén. Aunque la mujer de Tecoa
aduló a David respecto a su sabiduría (20), su acción en cuanto a Absalón en
realidad no fue muy sabia. Permitió que Absalón regresara a Israel, pero se
negó a restaurarlo a su posición en la corte. Absalón podía haberle causado
poco daño a David en el exilio, y es posible que no le hubiera deseado mal a
David si lo hubiera recibido bien. En cambio, la acción de David lo enojó
profundamente y al mismo tiempo le dio amplia oportunidad de organizar una
conspiración contra el rey. Este pasaje muestra cuán atractivo era Absalón por
fuera pero a la vez qué arrogante.
15:1-12 Conspiración de Absalón. No cabe duda que Absalón era un líder
por naturaleza, con muchas habilidades. De haber tenido otra carácter, hubiera
sido un rey excelente después de David. Es notable que pudiera persuadir a
tanta gente en Israel que lo apoyara y se pusiera en contra de David. Los vv. 1-
6 cuentan cómo engañó a la gente que estaba descontenta con el sistema
judicial y no cabe duda de que aprovechó cualquier otro tipo de descontento.
Aún así, uno pensaría que los grandes beneficios que David dio a la nación
hubieran mantenido leal a la mayoría de la población. Así que las habilidades de
Absalón pueden notarse en su capacidad de organizar un fuerte apoyo para su
causa. Hasta Ajitofel, abuelo de Betsabé, abandonó a David (12). Absalón fue
también habilidoso en lograr una conspiración en tan grande escala sin que
llegaran rumores a la corte real. De los diversos trozos de información
podemos llegar a la conclusión de que Absalón consiguió muchos seguidores

tanto en Judá (donde estaba Hebrón) como en las tribus del norte, pero no
muchos en Jerusalén. Es probable que para guardar el secreto Absalón no se
atreviera a hacer una campaña de ninguna significación en Jerusalén en busca
de apoyo.

Nota. 6 Al decir los hombres de Israel el escritor quizá quiera significar los
hombres de las tribus del norte en oposición a los de Judá, pero es más
probable que quiera decir norte y sur en contraposición con los de Jerusalén.
15:13-37 Huida de David. David tenía dos alternativas: quedarse en
Jerusalén y ser sitiado o huir a un lugar seguro. Escogió esto último, lo cual
salvó a Jerusalén de la destrucción y le dio tiempo para maniobrar y organizar
un ejército contra Absalón. Por lo tanto, huyó hacia el este, llegando finalmente
a Majanaim en la Transjordania, la antigua capital de Isboset (<101724>

2 Samuel
17:24). Los caps. 15 y 16 enfocan detalladamente las actitudes y decisiones de
algunos personajes importantes en esta situación.

Los servidores (14) de David pocas opciones tenían, ya que Absalón los
hubiera despedido o aun matado. Ni David ni Absalón dieron a las concubinas
opción alguna (16; ver <101622>

2 Samuel 16:22). Sus hombres (18) se refiere a las
tropas personales de David junto con sus guardaespaldas extranjeros; el
ejército regular parece haber apoyado a Absalón (ver <101701>

2 Samuel 17:1). La

lealtad de las tropas personales de David, exteriorizada aquí por Itai, su
capitán, fue lo que últimamente le dio la victoria.

Era una buena señal para David el que los dos sumos sacerdotes
permanecieron fieles a él (24-29). Es interesante que David enviara el arca de
Dios
de vuelta a Jerusalén, resignado a aceptar la voluntad de Dios para él. A
diferencia de los israelitas en la época de Elí (<090403>

1 Samuel 4:3, 4) David no

creía que el arca le daría la victoria por arte de magia. También podía
aprovechar a los hombres que le eran fieles en Jerusalén; su pregunta a Sadoc:
¿No eres tú un vidente?,
más bien significa “¿No eres tú un hombre
observador?”

Otro fiel amigo enviado de vuelta a Jerusalén fue Husai (30-37), quien debe
haber sido un miembro reconocido del concilio real. El relato en general hace
ver claramente que Ajitofel era un consejero importante (ver <101623>

2 Samuel

16:23) y su apoyo a Absalón era motivo de gran ansiedad para David. Por lo
tanto, David envió a Husai de vuelta, con la esperanza de que pudiera

contradecir cualquier consejo dado por Ajitofel a Absalón. Fue una buena idea
que dio buen resultado (<101701>

2 Samuel 17:1-14).
16:1-14 Siba y Simei. La lucha por el poder era entre padre e hijo, David y
Absalón. ¿Cuál de los dos tendría el apoyo de la familia de Saúl? David vio
enseguida que se habían puesto del lado de Absalón. Simei mostró
abiertamente su hostilidad hacia David, acusándolo de haber causado la muerte
de varios de la casa de Saúl. Culpaba a David por los homicidios de por lo
menos Abner e Isboset (caps. 3, 4). En respuesta, David una vez más
demostró ser menos sanguinario que Joab, y también más dispuesto a buscar y
aceptar la voluntad de Dios (10-12).

En cuanto a Mefiboset, nieto de Saúl, Siba convenció a David de que éste lo
había traicionado. En ninguna parte se consignan los verdaderos sentimientos
de Mefisboset hacia David, pero la acusación de Siba (3) probablemente no
haya sido cierta. Es muy difícil ver la manera cómo la lucha entre David y
Absalón hubiera podido resultar en que Mefiboset recobrara el reino. Por otro
lado, es fácil comprender por qué Siba hizo su acusación: se le prometió
inmediatamente una recompensa.
16:15-23 Husai y Ajitofel. Al entrar con su ejército en Jerusalén sin
encontrar resistencia, Absalón seguramente formó un concilio de consejeros,
incluyendo a Husai y Ajitofel. El propósito de Husai, como sabemos por

<101534>

2 Samuel 15:34, era engañar a Absalón y socavar el consejo de Ajitofel.
Logró inmediatamente engañar a Absalón, insinuando que él creía que Absalón
era el elegido de Jehovah. Pero en realidad estaba seguro de que David seguía
siendo el escogido de Dios.

Husai no interfirió con el primer consejo de Ajitofel. Ajitofel con buena razón
pensaba que el apropiarse públicamente de las concubinas de David resultaría
en una separación total y permanente entre padre e hijo. Es posible que muchos
israelitas habían vacilado en apoyar a Absalón por si acaso él y su padre se
reconciliaran; las reacciones hostiles contra David en ese caso hubieran sido
peligrosas. Husai probablemente pensó que el hecho de que Absalón tomara
las concubinas podía generar tanto apoyo por David como por Absalón, así
que no dijo nada.
17:1-14 Exito de Husai. El próximo consejo de Ajitofel tenía que ver con el
aspecto militar de la rebelión. Su plan era bueno. La rapidez y la sorpresa

darían una victoria con pocas víctimas. Una vez muerto David, toda oposición a
Absalón sería inútil.

Husai expresó elocuentemente su consejo (8-13). Se basaba en el hecho de
que el ejército de Absalón era más grande que el de David. La falla en su plan
(como Husai bien lo sabía) era que incluía una larga demora que daría a David
y Joab, con toda su experiencia militar, tiempo de sobra para prepararse
adecuadamente. De hecho el plan de Husai era tan malo que Ajitofel se suicidó
(23). El autor bíblico reconoce que Absalón y sus oficiales fueron burlados por
Dios tanto como por Husai (14).
17:15-29 Antes de la batalla. Husai se apresuró a avisar a David, por lo
visto antes de que Absalón tomara una decisión. El relato detallado de los vv.
17-22 enfatiza que los mensajeros casi fueron apresados; su huida fue otro
ejemplo de la intervención de Dios para frustrar a Absalón.

Gracias a Husai, David estableció su centro operativo en Majanaim, ciudad
fortificada, mientras que Absalón a la larga cruzó el Jordán con su ejército (24).
Amasa, el comandante en jefe, no tenía la habilidad y experiencia de Joab, de
quien era pariente (también lo era de David y Absalón.) Los vv. 27-29 indican
que aun en Majanaim, antes la capital de Isboset, David tenía amigos de
influencia; podía enfrentar la inminente batalla con confianza.
18:1-18 Muerte de Absalón. Inevitablemente ese día hubo allí una gran
matanza
(7). Las rebeliones no son baratas. Los servidores de David
pudieron demostrar la superioridad de su experiencia, mientras que las tropas
de Absalón no conocían bien la zona y como resultado sufrieron muchas bajas
(8). Pero indudablemente murieron muchos hombres de ambos bandos.

El escritor concentra su atención en la vida de sólo dos hombres, David y
Absalón. Ninguno de los dos parece haber apreciado la perspectiva de Ajitofel
en 17:3, el hecho de que la muerte de sólo un hombre (sea David o Absalón)
resolvería la cuestión. David estaba dispuesto a arriesgar su vida (y Absalón no
sólo arriesgó la suya sino que la perdió), pero sus tropas fueron más sabias que
el rey, y se aseguraron de que su vida no corriera peligro. Joab se aseguró de
que Absalón perdiera la vida, y con su muerte terminó también la batalla y la
guerra (15, 16). Joab veía la situación con más claridad que David, a quien le
era imposible considerar a su hijo como un enemigo.

El v. 18 completa el relato de Absalón, dando un ejemplo más de su
arrogancia. Su único verdadero monumento fue su tumba, en un bosque. Sus
palabras infieren que sus tres hijos (<101427>

2 Samuel 14:27) ya habían muerto.
18:19-33 La noticia de la muerte de Absalón. La elección de un
mensajero para enviar al rey dependía del contenido de la noticia. ¿Era la
noticia buena o mala? Ajimaas estaba seguro de que la noticia era buena, pero
Joab sabía que David estaba más interesado en el bienestar de Absalón que en
el resultado de la batalla. Por eso Joab escogió un soldado extranjero para
llevar a David la mala noticia de la muerte de Absalón. El relato es uno de los
más conmovedores de la Biblia: David tenía la esperanza de algo bueno, al
interpretar lo extraño de que iban llegando dos distintos mensajeros.

Las patéticas palabras finales de David son irónicas: Si sencillamente se hubiera
quedado en Jerusalén, ¡hubiera muerto él en lugar de Absalón! El sufrimiento
profundo e irracional de David prueba cuán real era el castigo de Dios,
profetizado por Natán (<101210>

2 Samuel 12:10). Enfatizar esto es el propósito

principal del escritor.

19:1—20:26 Regreso de David y sublevación de Seba

Las guerras, especialmente las civiles, pueden lograr sus propósitos, pero
inevitablemente dan lugar a nuevos problemas. David había ganado, pero el
país había perdido su unidad, y los caps. 19 y 20 muestran algo de las
consecuencias. David al final pudo restablecer la unidad para el resto de su
reinado, por lo que las promesas que Dios le hiciera se cumplieron. No perdió
el trono, pero sus últimos años fueron infelices.
19:1-15 Preparación para el regreso de David. Esta sección se ocupa de
tres distintos grupos de personas: El ejército de David, los partidarios de
Absalón en el norte y los representantes de la tribu de Judá. David podía
fácilmente haber ofendido a cualquiera de éstos. Tenía que demostrar
magnanimidad y perdón a los antiguos rebeldes sin encolerizar a los que le
habían sido fieles.

Al principio corría el peligro de ofender a su victorioso ejército hasta que una
vez más Joab se hizo cargo. La decisión de David de designar a Amasa jefe
del ejército (13) era por dos razones. Primera, mostraría a todos los rebeldes la
amplitud del perdón de David, ya que Amasa había sido comandante de ellos.
Segunda, David sintió satisfacción en deponer a Joab, quien había sido
responsable de la muerte de Absalón.

Las tribus del norte estaban dispuestas a aceptar una vez más a David como
rey, pero evidentemente Judá mostró algo de vacilación. Podemos inferir que la
rebelión de Absalón había dividido a Judá y, como tribu, no sabían cuál sería la
actitud de David hacia ellos. No obstante, era esencial para la posición de
David que su propia tribu le diera todo su apoyo, y se propuso ganar su lealtad.
Como resultado, hubo algo de antagonismo entre el norte y el sur (ver vv. 40-
43).
19:16-39 Regreso de David. Toda esta sección sucede junto al río Jordán,
y es un cambio completo de <101601>

2 Samuel 16:1-14. Los que habían
reaccionado hacia David de diversas maneras cuando éste huía de Jerusalén
ahora salieron a su encuentro al regresar victorioso. David perdonó a enemigos
como Simei (18-23) y recompensó a los que habían sido realmente leales a él,
como Barzilai (31-40). Una vez más, Siba logró hablar con David antes que
su señor, Mefiboset, pero esta vez Mefiboset se presentó él mismo y trató de
reparar el daño que Siba había causado (17, 18, 24-30). Quizá David no podía
decidir cuál de los dos decía la verdad, o sentía que la lealtad de Siba merecía
alguna recompensa. La consecuencia importante fue que Mefiboset perdió algo
de sus propiedades, pero conservó su vida y presumiblemente su posición de
honor en la corte.
19:40—20:13 Rebelión en el norte. Los versículos finales del cap. 19
vuelven a tratar la relación tirante entre Judá y las tribus del norte. Los del norte
no sentían mucho entusiasmo por David (40), aunque declaraban tener más
derecho sobre el rey (43). El antagonismo entre ellos y Judá resultó en otra
rebelión contra David, encabezada por Seba (<102001>

2 Samuel 20:1). Fue en
realidad cosa de poca monta que acabó sin batallas, a pesar de lo cual tuvo sus
ramificaciones (<102002>

2 Samuel 20:2).

El interés personal se centra en Joab y su pariente Amasa. Amasa demostró ser
un general ineficaz, y fue Joab de nuevo quien con su habilidad y lealtad a
David derrotaría al enemigo. Este relato demuestra otra vez el carácter
inhumano y cruel de Joab.
20:14-26 El final de la rebelión. Lo débil de esta rebelión es demostrada
por el hecho de que Seba, sin detenerse para pelear, emprendió la retirada a
Abel-bet-maaca, una ciudad fronteriza en el norte de Israel. Aun allí no libró
ninguna batalla sino que esperó hasta ser sitiado. Parece que Abel fue una mala
alternativa, porque era una ciudad que tenía fama de ser sabia y pacífica (18,
19). Sus ciudadanos actuaron con rapidez y dieron fin a las hostilidades

matando a Seba. Una vez más la muerte de un solo individuo resolvió el
problema.

El victorioso Joab regresó al rey en Jerusalén, seguro de que éste volvería a
nombrarlo comandante en jefe de todo el ejército de Israel, y David lo hizo
(23). Los últimos versículos del capítulo dan una lista de los oficiales de David
hacia el final de su reinado, que contiene algunos cambios en relación con la
lista anterior en <100816>

2 Samuel 8:16-18. La mención de un tributo laboral es
nueva, y muestra que la administración de David tuvo que depender del trabajo
forzado de muchos israelitas nacidos libres, en obras y proyectos del Estado. El
cambio más conmovedor es que no se mencionan los hijos de David. Algunos
de sus hijos todavía vivían, incluyendo a Adonías y Salomón, pero Amnón y
Absalón habían muerto bajo trágicas circunstancias. El relato de los hijos de
David continúa en 1 Reyes 1.

21:1—24:25 REINADO DE DAVID: PROBLEMAS Y
PERSPECTIVAS

Estos cuatro últimos capítulos de 2 Samuel son considerados con frecuencia
como un apéndice del libro. Su contenido es variado, y cortan el relato de las
luchas por la sucesión. Pero, a pesar de esto, existe más unidad de tema y
propósito deliberado por parte del escrito de lo que parecería al principio.
Estos capítulos ilustran algunos de los otros problemas de David, y muestran
cómo Dios proveyó dirección y partidarios leales a David en medio de sus
dificultades. Muestran también cómo, juntas, las experiencias de la vida y de
Dios lo convirtieron en “el dulce salmista de Israel”. Por último, esta sección
presenta ciertas perspectivas importantes para el futuro.

21:1-22 Hambruna y guerra

21:1-14 Ajusticiamiento de la familia de Saúl. La mayoría de los
problemas del reinado de David se debieron a la guerra, pero la tierra de Israel
ocasionalmente sufría también por las sequías y hambrunas, y este capítulo
cuenta una hambruna particularmente grave, quizá más hacia el principio del
reinado de David. El oráculo de Dios, cuando fue consultado (1), se refirió a un
episodio que no se menciona en otra parte, un ataque de Saúl sobre la
población de la ciudad de Gabaón. El antecedente es que al defender a Israel,
Saúl había atacado no sólo a los filisteos sino a cualquier pueblo no israelita que
representaba una amenaza. Pero éste no era el caso de los gabaonitas, y
quebrantar un antiguo acuerdo con ellos (ver Josué 9) era un crimen grave. El

mal no se había solucionado. Según las leyes modernas castigar a la familia de
Saúl por los pecados de Saúl sería igual de malo, pero en la antigüedad se
mantenía firmemente el principio de la responsabilidad de toda la familia. Aun
así, podemos todavía opinar que los gabaonitas fueron vengativos.

La razón principal para contar este relato es mostrar que David no fue
responsable de la muerte de los siete hombres ahora ajusticiados. Sin duda
habría algunos israelitas como Simei (<101605>

2 Samuel 16:5-8) que acusaban a
David de odiar a la familia de Saúl. Este pasaje, por lo tanto, recuerda al lector
cómo David trató a Mefiboset, y muestra el cuidado escrupuloso de los restos
de Saúl y sus descendientes.
21:15-22 Incidentes de las guerras filisteas. Esta sección nos da un
fragmento de las guerras filisteas de David, y no resulta claro qué propósito
tiene, ni por qué se ha colocado en este lugar. En cierta forma establece un
fundamento para el cap. 22, que contiene un salmo en el cual los enemigos y las
guerras son el tema principal. Probablemente la razón principal es proveer un
escenario para la descripción de David como lámpara de Israel que no debe
ser apagada (17). El rey era considerado por sus hombres como vital para el
bienestar de Israel, una representación muy diferente de la descripción de un
rey por Samuel en 1 Samuel 8. David había sido castigado por Dios, como lo
han mostrado los capítulos anteriores, pero en los capítulos finales se nos
recuerda la relación íntima entre el Señor y David, el rey escogido y ungido por
Dios.

Nota. 19 Eljanán... mató a Goliat. Esta es una declaración desconcertante,
pero tanto este versículo y el que es su paralelo en <132005>

1 Crónicas 20:5 (donde
las palabras son algo distintas) contienen problemas textuales. Es improbable,
pues, que contradiga el relato de la derrota de Goliat por mano de David en 1
Samuel 17. Una posibilidad es que Eljanán sea el nombre personal de David y
“David” su nombre como rey.

22:1—23:7 Dos salmos de David

22:1-51 Un canto de alabanza. Este canto se incluye también, con unas
pocas diferencias, en el libro de Salmo como el Salmo 18. Su lugar entre los
salmos demuestra que era usado como un himno de acción de gracias general.
Su uso aquír es en parte para ilustrar la reputación de David como salmista,
pero más particularmente para ofrecer un comentario general sobre la
experiencia de Dios por parte de David. Mucho de su reinado lo había

dedicado a luchar contra una variedad de enemigos (1) pero había ganado
hasta lograr un período de paz. Ha de haber sido un hombre muy capaz, pero
en este salmo da a Dios el mérito por la victoria y el éxito.

Los vv. 1-7 describen lo que Dios ha significado para David: sobre todo es su
libertador. Los vv. 8-20, en un lenguaje muy gráfico, describen a Dios
respondiendo a los pedidos de ayuda de David, y enfatizan el gran poder de
Dios. Los vv. 21-25 se refieren al porqué de la intervención de Dios: Como
rey, David había hecho respetar las leyes de Dios entre el pueblo de Israel. (El
v. 24 por lo visto no recuerda el pecado de David contra Urías; el salmo se
ocupa de las normas del reino, no de su conducta personal.)

Los vv. 26-37 enfocan el tema de la fidelidad de Dios; realmente ha cumplido
su pacto con David (ver cap. 7). Los vv. 38-46 consideran a los enemigos de
David, especialmente a las naciones extranjeras que había derrotado con la
ayuda de Dios. Los vv. 47-51 completan el salmo con renovada alabanza. Las
últimas palabras del capítulo miran hacia el futuro: Dios guardaría su pacto
también con los descendientes de David. Para una explicación más detallada,
vea el comentario correspondiente al Salmo 18.
23:1-7 Ultimas palabras de David. Este segundo salmo toca los mismos
temas que el cap. 22, pero enfatiza más el pacto que Dios había hecho con
David y presta menos atención a los enemigos. Estos perversos deben
manejarse con cuidado, pero su fin es indudable (7).

El salmo reconoce al Espíritu profético que inspirara a David como un dulce
salmista.
Pero, sobre todo, la monarquía de David es descrita vívidamente.
Porque su gobierno fue cumplido con justicia y el temor de Dios fue
maravillosamente ventajoso para Israel (4). La salvación y el cumplimiento de
todo... anhelo de David en el v. 5 también se relacionan con su gobierno;
también quiere significar victoria y prosperidad.

23:8-39 Los valientes de David

La ayuda que Dios había brindado a David contra sus enemigos ha sido
reconocida en los dos salmos. El escritor testifica ahora de la ayuda humana
que había recibido, y presenta una lista de sus soldados más destacados.
Primero, había un grupo elite de tres cuyo heroísmo se ilustra en los vv. 8-12.
Los vv. 13-17 mencionan las hazañas de tres más, sin dar sus nombres, que
pertenecían a los treinta principales. Los vv. 18-23, destacan a otros dos de
los treinta, Abisai y Benaías, mencionados en capítulos anteriores.

Asael (24) había sido asesinado a principios del reinado de David (<100223>

2
Samuel 2:23), y la muerte de Urías (39) también ha sido explicada (<101117>

2

Samuel 11:17). Esto sugiere que se iban agregando otros hombres a los treinta
cuando era necesario para mantener esta cantidad. De esta manera se explica
la cantidad de treinta y siete (39).

24:1-17 Censo y plaga

Este es un capítulo desconcertante para el lector moderno; aunque si somos
perspicaces reconoceremos que las acciones de Dios, sean cuando sean,
pueden ser inescrutables, fuera de nuestra comprensión. Aquí el escritor bíblico
no explica por qué el Señor estaba encolerizado con Israel (1), ni por qué el
censo era pecado. Existen evidencias de que en el antiguo Cercano Oriente un
censo era considerado peligroso y capaz de despertar la ira divina. El hecho es
que este censo fue seguido por una plaga, y el escritor bíblico ve en ella la
mano de Dios. En 1 Crónicas se menciona la actividad de Satanás, pero el
escritor de Sam. se preocupa más por recalcar el control de Dios sobre todos
los eventos históricos. Sea como fuere, la intervención de Dios fue probada por
la palabra de Jehovah (11); de hecho, la plaga era el menor de tres posibles
males.

El v. 16 nos presenta la era de Arauna. Como los lectores de antaño lo
hubieran sabido, éste era el sitio del futuro templo, edificado por Salomón en
Jerusalén. Fue precisamente en este lugar, entonces, que la presencia de Dios
se reveló en esta situación de plaga. La ira y el poder de Dios habían sido
demostrados; ahora también la misericordia de Dios se haría evidente en Israel.

24:18-25 El nuevo altar

El párrafo final concluye los libros de Sam. con una pujante mirada hacia el
futuro. La era de Arauna se convierte en un lugar sagrado, un altar para los
sacrificios, las ofrendas y la oración (25); de hecho, el embrión del templo de
Salomón. Aquí tenemos una escena de esperanza y comunión (y la plaga había
llegado a su fin).

A pesar del pecado de David (10) en este capítulo aparece su lado bueno.
Confesó su pecado, tuvo cuidado de consultar al profeta de Dios, intercedió
por su pueblo (17) y pagó a Arauna todo lo que había tomado de él. En los
capítulos anteriores David ha distado mucho de ser un rey perfecto, y es
todavía aquí considerado como un hombre pecador; pero a pesar de ello dejó
un buen ejemplo para que los reyes posteriores siguieran, no siendo el menor

de ellos su preocupación de que Dios sea adorado correctamente. Estas
preocupaciones siguen en los libros de los Rey., que pasan a completar el
relato de la vida de David.

D. F. Payne

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