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EL SILENCIO

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05/19/2013

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EL SILENCIO

“Cuando un hombre ignora sus fuerzas espirituales, sale de sí buscando el sentido de la vida en la seguridad, en los estímulos secundarios y en la satisfacción de sus impulsos. El ejercicio del silencio le permite reencontrarse”. (Dürckheim) “El silencio es el único amigo que jamás traiciona.” (Confucio) A menudo la mejor respuesta es un silencio. (Francisco de Sales) El que rompa el silencio, habrá roto lo más grande que hay. (Francisco de Sales) Cuando termina de hablar el hombre, entonces habla Dios. (Francisco de Sales) "En el silencio esperan todas las melodías imaginables". (Beethoven) "El silencio es el grito más fuerte". (de la película La Vida es Bella) En el silencio sólo está Uno, consigo y a solas, y el sentido del silencio es encontrarse con Uno Mismo. (Francisco de Sales) “Las grandes elevaciones del alma no son posibles mas que en la soledad y en el silencio” (San Francisco de Asís)

Hay un silencio que se produce cuando no se ocasionan ruidos exteriores, un silencio de falta de ruido, pero no me voy a referir a él.
Francisco de Sales

EL SILENCIO Me voy a referir al silencio que se encuentra dentro de nosotros, a ese que se accede tras zafarse del parloteo mental continuo, al que se llega mediante ejercicios prácticos de relajación y meditación, al principio, y de un modo prácticamente instantáneo después. Ese silencio que es como un vientre materno en el que uno se siente a salvo, en el que uno puede indagarse, vaciarse, saberse en paz, y sentirse más uno mismo y más identificado que con quien corre por la vida y es víctima de sus inconvenientes. Es un silencio que sólo nos da silencio. Para entrar en ese silencio hemos de despojarnos de todo tipo de ruidos adquiridos; tenemos que dejar en la puerta la mente y su incesante runrún; las ambiciones y los temores, fuera; las preocupaciones y nuestras mezquindades, fuera; la prisa y quienes creemos ser, fuera. Sólo puede acceder uno si está desnudo de todo, en su auténtica modestia, despojado de títulos y materia, tan honesto y tan honrado como sea posible. Estas son algunas de las condiciones para poder acceder a ese club privado. En ese silencio nos damos perfecta cuenta de que nos sentimos dos: el que está dentro y el que quedó fuera, en el ruido. Nos sentimos otro que no es el que vive en el cuerpo. Nos gustaría renegar de quien sabemos que no somos, y quedarnos para siempre en ese silencio, pero no puede ser, y no es lo adecuado; en el Ccamino que hemos elegido

Francisco de Sales

EL SILENCIO han de convivir la espiritualidad con las facturas que hay que pagar. Nuestra función en la vida es poder armonizar todos nuestros componentes, y comprender que somos el mismo siempre, y saber que podemos compatibilizar el gozar los placeres mundanos con el acceso al silencio, que podemos alternar el estar dentro y fuera, y lograr llevar la paz y comprensión del silencio a la desarmonía que nos impone el exterior. Este es el silencio que podemos y debemos alcanzar. Está un poco más allá de esa visión del silencio como aburrimiento, como estado que nos obliga a pensar y no nos apetece pensar, en que nos damos cuenta de lo mal que estamos, o del desastre de vida que llevamos, o las cosas materiales que no hemos alcanzado, o los chicos que no nos hacen caso y las chicas que ni nos miran; así que mejor no quedarse en silencio, que uno se pone a pensar, y es mejor no pensar, que es un rollo, y es mejor sólo distraerse, mejor mucho ruido, chumba chumba, diversión mediante el alcohol, chumba chumba, la tele, los juegos, los pasatiempos, chumba chumba, y todas las distracciones posibles, y la evasión del silencio como norma número uno. Lo malo, entre otras cosas, es que nos creemos que somos nosotros quienes estamos decidiendo, y no es así: es una mente autónoma y condicionada quien está decidiendo por nosotros. No mandamos en nuestra mente, no está a nuestro servicio como herramienta útil que es, sino que nosotros le pertenecemos. Confundimos

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EL SILENCIO a Yo con la mente, creemos que somos la mente, y ese es el gran error. Si no podemos desconectar la mente a nuestro antojo, estamos perdiendo el tiempo, porque somos esclavos. Sólo en el silencio se manifiesta la sabiduría. Lo que es nuestra autenticidad y pureza se mantiene a salvo en el silencio. Uno de los objetivos del silencio es desacelerar la charlatanería interior, desidentificarse de las divagaciones de la mente, y poder comprobar que uno no es la mente, puesto que puede estar en un espaciotiempo donde ella no está. El silencio es necesario para escuchar las sanas intenciones, los sueños felices, los buenos deseos; para que se aposente la paz; para poder escuchar cómo se mueren las prisas y las confusiones, y poder acudir a su entierro. Decía Confucio que el silencio es un amigo que jamás traiciona. Y es muy cierto. Todo lo que se comprenda en el silencio, y se viva en ese silencio, y se sienta en ese silencio, jamás romperá la confidencia; será el secreto más callado, hasta que a uno se le escape expresándolo en la forma de ser y actuar, muy distinta de antes de producirse el encuentro. Quien rompa ese silencio habrá roto lo más grande que hay. La autenticidad del Yo se encuentra en la respuesta que surge del profundo silencio interior, y es muy curioso que

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EL SILENCIO la propia mente se ocupa obsesivamente de evitar que la mente se ocupe del Sí Mismo: lo que algunos denominan el Yo pequeño, que pone todas las trabas que se le ocurren para que no sea fácil acceder al Yo Superior. Curiosamente, cuando uno quiere hacer una meditación se acuerda de todo lo que tiene pendiente, de cosas totalmente olvidadas, y todas las moscas del universo vienen a posarse sobre uno. Hay, indudablemente, “algo” que se opone a que uno entre en su silencio con facilidad. El silencio exterior se asocia con la soledad, y por lo tanto, se activa el mecanismo desconocido que no permite disfrutar la soledad y el silencio, y así, cada vez que uno llega a casa, si está solo, lo primero que hace es poner la tele o la radio, aunque no la esté viendo ni esté escuchando lo que dice. También suele encender más luces de las que necesita, porque de esa forma se encuentra menos solo. En cuanto se monta en el coche, si va solo, pone la radio aún antes de arrancar. El silencio exterior, por lo que parece, provoca un cierto nivel de angustia que hay que eliminar urgentemente: produce desazón, inquietud, rareza… o no. Uno quiere creer eso porque no está acostumbrado al silencio y necesita una auto-justificación para no experimentarlo. Por temor a ese silencio exterior se pone frente al televisor, pongan lo que pongan; por miedo, llena su agenda de citas que no le aportan más que aburrimiento, cuando resulta que es necesario ese silencio para poder diseñar el resto de la vida. En el camino de Descubrir hay muchos momentos en que uno tiene que estar en silencio, exterior e interno. Esto

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EL SILENCIO da la sensación de separación de los demás y de la vida. No es así. La vida está dentro, y lo que se vive dentro se proyecta fuera después. Se ha de encontrar un equilibrio y saber alternar el recogimiento con la extroversión, y la frivolidad con la más profunda espiritualidad. El equilibrio se conoce cuando se conocen ambos extremos. El silencio exterior, el de no hablar con palabras, crea una situación inquietante porque la necesidad de comunicación es inherente a la naturaleza humana. Uno de los motivos de infelicidad viene de no relacionarse con otras personas, pero no es necesario llevarlo al extremo de contar todo y hablar por acallar al silencio. Hablar lo que requiera el momento es una buena medida. VISTO DE OTRO MODO El Silencio Interior no se refiere exclusivamente a la ausencia de sonidos que vienen de fuera, como ya dije antes, sino que se refiere a algo más. El silencio no es un vacío de estados: el silencio es un estado. El silencio es la ausencia de conflictos aunque estos sigan estando; el silencio es un encuentro a solas, en la más honda intimidad, con la parte que uno es aunque se desconozca; el silencio es el Ser; es no estar en el mundo ni en el tiempo; es la puerta obligada de entrada a lo trascendental; es no estar pendiente de otras cosas, sino de Uno Mismo; el silencio es estar atento, observarse, sentirse, oírse fuera de otros ruidos; el silencio es el modo en el que sí suceden las cosas, el modo que las experiencias necesitan para asentarse en su sitio; el silencio se ha de vivir en uno mismo, no es experiencia prestada, no es dogma, no es utópico, ni exclusivo, pertenece a quien lo busque, a quien quiera integrarlo, a quien quiera vivirlo.
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EL SILENCIO A veces se pretende crear el silencio en el interior y lo que se encuentra es una sucesión atropellada de pensamientos, que son vacío, pero no tranquilidad; lo que se encuentra es un vacío ignorante que no deja que se instale el silencio-serenidad. A veces aparece un silencio de alborotos, pero no es el silencio-sabiduría: es el silencio de desconocimiento, y la ausencia que no dice nada. El miedo al silencio interior puede surgir por el temor a que se formulen ciertas preguntas que exijan una respuesta; el miedo al silencio interior puede producirse por el temor a encontrarse, cara a cara y sin escapatoria, con una realidad, mi realidad, a la cual logro burlar entre el ruido y las ocupaciones exteriores; el miedo al silencio interior puede deberse al temor que produce lo desconocido, aunque lo desconocido en este caso es Uno Mismo; el miedo al silencio interior puede nacer del temor al aburrimiento, del temor a esa sensación equivocada de estar perdiendo el tiempo (yo, en cambio, digo que se está invirtiendo en mejorar la calidad del resto del tiempo). El silencio interior sirve para conectarme con la Realidad que es el poder único, con la Realidad que está más allá de todas las formas y todos los modos. Nos pone en contacto directo, sin intermediarios, con el poder creador, con la Esencia Divina. Algunos de los efectos de ese tipo de silencio son algo parecido a esto: 1.- la mente se aclara, se armoniza, es más profunda. 2.- la conciencia capta lo que se encuentra en el fondo de nosotros mismos. 3.- se desarrolla la sensibilidad interna que permite acceder con mayor claridad la intuición. 4.- se crea una consciencia mayor que permite estar más atento a la vida y al presente personal. 5.- se descubre con un sentimiento que somos todo y a la vez una parte de todo.
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EL SILENCIO 6.- se siente una comunión con Dios y una interrelación con todo lo creado. 7.- se siente la auténtica paz, ausente de conflictos y libremente expresada. 8.- nos lleva a descubrir al sujeto último que está detrás de todas las personalidades y de los distintos yoes. 9.- permite acumular fuerzas físicas, afectivas, mentales y espirituales. Además de esto y por supuesto, se puede tener cualquier otro tipo de sensaciones, sentimientos, experiencias, vivencias… todo ello absolutamente personal e intransferible. Parece que no hay otra cosa que aporte tanto como el silencio a la vista de todo lo anterior. Todo lo expuesto es cierto y se puede lograr. Pero, claro que hay un pero, mientras haya conflictos interiores, deseos, problemas emocionales o personales, será un poco más dificultoso acceder al auténtico silencio interior. La gran dificultad para acceder a la paz interior es la guerra interior. La paz se va instalando a medida que se van resolviendo discusiones, confusiones y dudas. Si se fuerza un silencio interior, entonces será una paralización de la vida, que se puede confundir con el silencio creador. El silencio creador se produce sin ningún esfuerzo. Si hay que hacer esfuerzo es porque hay algo que se opone y se crea una tensión, y ya no se puede instalar el silencio-paz. Pero, aún queda otro pero, así como el contacto de conocimiento y toma de confianza con el silencio se puede realizar desde ahora, para entrar en el silencio interior profundo es importante tener ya clarificada la forma de ser y actuar, la identidad, ser y sentirse más sólido, más sereno, porque si la persona se abre al silencio interior profundo sin tener estructurada firmemente su personalidad, y como el silencio es un dejar de intervenir con la mente crítica y la mente que regula y controla, uno podría ser víctima de las fuerzas incontroladas que hay en
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EL SILENCIO los niveles inferiores. Podrían aparecer impulsos reprimidos, fantasías que pueden adquirir enormes proporciones, o la entrada de los denominados “espíritus del bajo astral”, como sucede en algunos médiums. Para que el silencio sea parte de un Ccamino positivo, tiene que estar siempre presidido por un deseo sano de encontrar tras él, o en él, la Verdad, la Realidad Última, el Creador… y a Sí Mismo. Hay más miedos al silencio: se trata de ese miedo a la soledad que supone el encuentro con uno mismo. Necesitamos un tiempo interior, de vacío y silencio, para reconocernos. Un tiempo y silencio interior para escuchar nuestra actitud de lo externo hacia lo interno. No estamos siendo nosotros; estamos siendo nuestra actitud. (Y la desconocemos). Es elemental poder saborear silencios elegidos para conectar con visiones personales. Potenciando el silencio interior desarrollamos las capacidades interiores, la salud, la intuición y el autoconocimiento.

POR SI NO LO SABES (Deepak Chopra) Escuchar la voz del silencio es lo más parecido a la voz de Dios. El espíritu no necesita comunicarse con palabras. Te ayuda de otras formas: 1º - Puede hacerte sentir que sabes algo a ciencia cierta. Ese estado se llama intuición. 2º - Puede aquietar tu mente. Ese estado se llama paz. 3º - Puede impedir que te inquietes. Se llama desapego. 4º - Puede eliminar las dudas sobre ti. Se llama estar centrado.

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EL SILENCIO Estos regalos te los ofrece la voz del silencio. No puedes esforzarte para conseguirlos, ni ir tras ellos, ni planearlos, ni manipularlos. El secreto está en ir a tu interior y hacer amistad con el silencio. ATENCIÓN Otro de los beneficios de varios años de silencio personal: “Si consideramos atentamente la vida de aquellos que más han beneficiado a la humanidad, proporcionando alivio y consuelo no sólo a los cuerpos sino también a las almas, encontraremos que su apostolado siempre estuvo precedido por largos periodos de recogimiento y de aparente inactividad, los cuales en realidad suscitaban y concentraban potentemente las energías espirituales que debía irrumpir después y difundirse de forma irresistible.” (Roberto Assagioli)

POR SI NO LO SABES
(A partir de ideas del libro Creatividad y plenitud de vida, de Antonio Blay)

Partimos de la base de que todos creemos que por encima de nosotros existe una Realidad (cada uno que la llame como quiera) que se expresa a través de todos los modos y formas que existen, visibles e invisibles. El silencio nos comunica en línea directa con esa fuerza o poder creador primordial llamada Realidad, y entonces pasamos a ser canales directos con acceso directo. El silencio es el poder más grande que existe. Abrirse al silencio es abrirse al potencial total, incondicional. EFECTOS DEL SILENCIO La mente se aclara y se armoniza. Profundiza mucho más con una capacidad de percepción desconocida. Permitimos que todo el revuelto de emociones y pensamientos se aposente, se estructure por sí mismo. Nuestra conciencia

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EL SILENCIO discierne con más claridad la profundidad que existe detrás de lo aparente y de lo confuso. Al ahondar en el punto de conciencia, aumenta la potencia de nuestra mente y de toda nuestra personalidad de un modo extraordinario. Desarrollamos la sensibilidad interna y la intuición. Descubrimos la unidad profunda que hay detrás de toda la multiplicidad de formas y manifestaciones. Gracias al silencio profundo se manifiesta la auténtica paz. Ayuda en la realización personal. Nos lleva a descubrir al sujeto que está tras todas nuestras manifestaciones. Acumulamos fuerzas físicas, mentales, afectivas y espirituales. Nos ponemos en sintonía con el poder creador único, y este se expresa en nosotros y a través de nosotros. Es, en suma, el mayor realizador personal, quien nos facilita el contacto con el Ser, y quien nos confirma que también somos algo que está más allá de nosotros mismos. ¿CÓMO IR HACIA EL SILENCIO? Mientras tenemos interiormente problemas de deseos, de emociones, de conflictos, es muy difícil vivir el silencio, porque todo ello está buscando constantemente solución o huida. La mente empuja continuamente a pensar, soñar, imaginar, suponer… la gran dificultad que tenemos para poder estar en paz es la propia guerra mental que llevamos en el interior. Por ello, es imprescindible solucionar ese estado de guerra. Sólo el hecho de vivir las cosas que nos pasan con más intensidad, y con absoluta consciencia, es lo que permite que las cosas realmente se resuelvan, se liquiden, de forma que no dejen poso, ni rencillas pendientes, y se puedan archivar como asuntos resueltos. Sólo después de la expresión total de las cosas, y la lucha total si es necesaria, llega la paz.

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EL SILENCIO Buscar la paz de otro modo que no sea resolver el conflicto es buscar una paz falsa, es una tregua disfrazada, o una mentira tapada. La auténtica paz viene cuando luchamos, movilizamos, liquidamos todo lo que nuestra mente nos reserva para nosotros, y los miedos, los problemas, las dificultades… sólo la vida intensa, consciente, inteligente, zanja los asuntos definitivamente. No se convierten en otro problema pendiente que dejamos a la mente para que resuelva, sino que se los entregamos a la mente cerrados y resueltos para que no les causen distracción. Entonces ya no es necesario seguir buscando la paz, porque entonces la paz se presenta sola, ya que la paz habita en nosotros y lo único que nos impide vivirla son las cargas que tenemos dentro. Hay que tener cuidado de no confundir el silencio interior con el acallamiento forzoso, en un esfuerzo de la voluntad, para que se produzca una aparente aquietamiento de las cosas. El silencio creador se produce sin ningún esfuerzo, y donde hay que hacer esfuerzo es porque hay una resistencia que se opone. Si existe resistencia, no es el auténtico silencio creador. Eso sí, se pueden tener momentos de silencio aún teniendo problemas dentro, y es bueno tener esos momentos hasta que se pueda disfrutar del verdadero, pero no es el auténtico silencio creador que será quien nos permita el contacto con los niveles superiores de conciencia El primer paso, por tanto, es limpiar todo eso que en nuestro interior obstruye la manifestación del verdadero, porque a partir del contacto con el auténtico, nuestra personalidad se organiza, se estructura y se fortalece, es decir, nuestra mente adquiere la capacidad de controlar sus impulsos y coordinar todas las fuerzas internas en relación con el exterior.

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EL SILENCIO El segundo, es ser un buscador de la verdad, la realidad, lo auténtico. Si no existe este objetivo, el silencio puede no producir la transformación, el acceso al nivel trascendente de realidad. También es imprescindible que en todo momento se mantenga la autoconciencia y que haya una gran lucidez. ¿CÓMO HAY QUE PRACTICAR EL SILENCIO? El silencio es una práctica que acompaña a todas las demás prácticas de trabajo interior. Para la autosugestión se necesita el silencio; para recibir los beneficios de la oración, se necesita; para tratar de contacta con la Mente Universal, se necesita. Incluso en la vida cotidiana, que debiera ser un constante ciclo de actividad y reposo. El silencio no es nada más que el reposo de nuestra personalidad y nuestro yo personal. Se debe practicar diariamente. Cinco, diez minutos; nunca más de media hora. Hay que elegir una postura confortable; mejor que la espalda y la cabeza estén rectas, verticales respecto al suelo, por lo tanto sentados cómodamente pero de modo que nos resulte fácil mantener esta postura. Para comenzar, mejor hacer una serie de respiraciones más profundas y completas de lo habitual, tomando conciencia clara de sí mismo. Respirar suave y profundamente mientras se va tomando conciencia del cuerpo físico, que está aquí presente. Pasar luego a la conciencia del estado anímico y estado afectivo, y constatar que allí hay un estado de tranquilidad, de cordialidad y de amor suave. Pasar después al nivel de la mente y darse cuenta de que uno está mirando la mente, que ésta está aquí presente, tranquila, serena, despierta, pero sin estar pendiente de ningún objeto. Cuando se han seguido los tres pasos se dice que la mente está alineada, y es entonces, sólo entonces, cuando la

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EL SILENCIO persona puede olvidarse de su cuerpo, de afectividad y de su mente. Una vez hecho esto, empieza propiamente el ejercicio del silencio. Se puede empezar por darse cuenta de la respiración: “Yo, que estoy aquí, tranquilo, presente, dándome cuenta de que la respiración funciona sola. Yo.” Y al decir yo, que se sienta presente. Esto hasta que note que hay una verdadera pacificación. Y notará cómo su conciencia va ahondando. Entonces hay que prestar atención a notar el silencio alrededor de la cabeza, dentro de la cabeza y dentro del pecho. Con la práctica habitual se va consiguiendo un estado de gran pacificación, de gran profundización. En el silencio no se busca nada. Se trata simplemente de que Yo esté presente, sin confundirme con nada, sin apoyarme en nada, sin buscar nada. En todo caso, buscar la noción pura, última, de ser, de Realidad. No olvidar que hay que mantenerse dueño de la situación; hay que mantener, junto con la lucidez, un claro grado de autoconciencia. Nada de esos vacíos en los que uno parece diluirse. No; la persona es centro de conciencia, y este centro ha de mantenerse y ahondarse. Quien está en el ejercicio ha de ser el Uno Mismo, y no la personalidad. Para salir del ejercicio hay que hacerlo de un modo gradual. Los pasos, todos lentamente, son: un acto de resolución interna de querer volver a la conciencia exterior, acentuar suavemente los movimientos de respiración, y abrir los ojos, mover, suavemente, las manos, y, siempre despacio y con suavidad, levantarse.

CUENTECITO Se cuenta que un oficial del gobierno preguntó al gran Rinzai cuál era el secreto de la religión resumido en una palabra. Silencio, respondió. ¿Y cómo se alcanza el
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EL SILENCIO silencio? Meditación, dijo. ¿Y qué es la meditación? Silencio.

CUENTECITO En ocasiones, los ruidosos visitantes ocasionaban un verdadero alboroto que acababa con el silencio del Monasterio. Aquello molestaba bastante a los discípulos; no así al Maestro, que parecía estar tan contento con el ruido como con el silencio. Un día, ante la protesta de los discípulos, les dijo: “El silencio no es la ausencia de sonido, sino la ausencia de ego”.

RESUMIENDO Como has podido ver, es tan creativo y enriquecedor, tan necesario, que no necesita de mis ánimos para que empieces, a la mayor brevedad posible, a descubrirlo.

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