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Diane WOOD, “El sistema mercantil”, de su libro El pensamiento económico

medieval, (Barcelona, 2003, cap. V: pp. 157-86) los elementos componentes de dicho
sistema.

Los componentes del sistema mercantil son la protección de la balanza comercial y de los
metales preciosos.
La ganancia de una nación implicaba la pérdida de otra, por lo que cada una tenía como
objetivo mantener la balanza a su favor y para ello debían implementarse diferentes medios.
Hacia fines del siglo XIV se relacionaba el comercio con la soberanía nacional (terrestre y
marítima). En esa época se suscitaban diferentes guerras por la soberanía nacional, por
ejemplo: la Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra, y en ellas se utilizaba al
comercio como un importante arma diplomática. Por ejemplo: la manipulación del
comercio de la lana inglesa que realizaba Eduardo III en las primeras etapas de la guerra. El
rey le cortaba el suministro de lana a Flandes y le obligaba a aliarse con él y conseguir
sumas para la guerra.
Si Inglaterra era el amo del mar, tenía el dominio de las mercancías y la supremacía naval.
El comercio inglés estaba amenazado en 1384-1388 por Felipe el Bueno de Borgoña. Las
fábricas de lana estaban en Calais y Dover y si dominaba estos estrechos, Inglaterra
controlaba el comercio entre Italia y España Y Gran Bretaña por el sur, y Flandes, Holanda
y ciudades hanseáticas, por el norte.
En el sistema mercantil existía la concepción que decía que en el mundo había una cantidad
fija de recursos que se debía equilibrar a favor de quien se ocupase de ellos. A través del
proteccionismo se llegaba a ello. Eduardo III había protegido la producción y exportación
de telas inglesas, basada en la lana inglesa como materia prima. El segundo problema era
que la lana salía del reino y los extranjeros obtenían beneficios comprándola y
manufacturándola ellos mismos, por lo que debía ordenarse que la lana no podía salir del
país bajo pena de confiscación de los bienes y de ser juzgada por el rey.
En Inglaterra la relación de la balanza comercial y los metales preciosos era muy estrecha,
ya que donde no existían los recursos para obtenerlos, solamente se podían obtener a través
de pagos de los bienes que se exportaban.
Cuando al balanza comercial era favorable, no había conflictos, pero si no era así, podía
llegarse a la carestía de los metales preciosos, ya que éstos se usaban para pagar los bienes
importados.
A fines del siglo XIV y principios del siglo XV se produjo una crisis en la provisión de
plata en toda Europa. Parte de esta situación era producida por una balanza de comercio
negativa con el Levante (“Gran Escasez de Metales Preciosos”).
Eduardo III se quejaba de que los comerciantes se llevaban las monedas al extranjero para
su propio beneficio, pues las monedas de oro y plata eran más fuertes, pero de menor precio
que las de otros reinos. La alteración del valor estaba en relación con el problema de los
metales preciosos. Éstos se llevaban al extranjero, donde adquieren mayor valor y así se
reducen las provisiones.
En el siglo VIII hubo una redistribución mundial del oro y la plata, basándose en sus
precios relativos. El oro salía de Europa y la plata entraba, ya que el penique de plata era la
moneda corriente. El oro iba a Bizancio y al mundo islámico. La plata volvió a Oriente
desde Europa durante el siglo XIII.
En el siglo XIII se vuelven a acuñar monedas de oro. En el siglo XIV en Inglaterra, el
precio del oro en relación a la plata era ele más elevado del continente, y esto fue la fuente
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de los conflictos. Inglaterra vio reducida su provisión de moneda, especialmente de plata y
se puso en circulación el florín. Eduardo III pidió que no se acepten monedas de oro para
los pagos y estableció controles en los puertos para que no inunden el país los florines y los
reales franceses.
Los beneficios de la guerra y del comercio de lana que arribaba a Inglaterra como oro,
aseguraba provisiones suficientes para la década de 1360.
El oro en Europa, especialmente en Inglaterra estaba sobrevalorado en relación con la plata.
La falta de plata en Europa comenzó a sentirse en el Siglo XIII y la primera legislación a
favor de la protección de los metales preciosos que prohibía la exportación de plata se
produjo en 1278 y desde 1364 se prohibió oficialmente la exportación de oro de Inglaterra.
En el siglo XIV, período de transición, los funcionarios no tenían muy en claro
posiblemente lo que significaba la balanza comercial o la igualdad, por lo que algunos
autores (Aylesbury) parecían defender una balanza comercial más equitativa que favorable
a su país.
Mercantilistas posteriores tuvieron temas básicos de debate: establecimientos de
monopolios, de control del mar, de proteccionismo de la industria local y de los embargos
que se aplicaban a las exportaciones, fundamentalmente materias primas. Todo estos temas,
aconsejando cómo hacer favorable a la economía nacional la balanza comercial, junto con
los metales preciosos y mantener los recursos para las acuñaciones, fueron temas de gran
importancia.