P. 1
La transición en Chile y su sistema de partidos

La transición en Chile y su sistema de partidos

|Views: 163|Likes:
Publicado porLeonel Flores Vega

More info:

Published by: Leonel Flores Vega on Aug 23, 2010
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOC, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

08/28/2010

pdf

text

original

La transición en Chile y su sistema de partidos

Leonel Flores Vega

Introducción
Este breve texto, nos plantea uno de los procesos mas problemáticos e importantes a lo largo de la historia de Chile. En efecto, me refiero al proceso político chileno, que durante los setentas, ochentas y noventas, experimentaron primero la democracia a lo largo de su historia, después la dictadura y el regreso a la democracia. En este sentido, nos basaremos en la premisa fundamental de los partidos políticos, como una de las características mas sobresalientes del sistema político chileno, aunado del aprendizaje político de le elite que son los que a final de cuentas crean y toman decisiones en el régimen político. Esto fue parte de lo que Huntington llama la tercera ola de democratización y abarco gran parte de países latinoamericanos y parte de Europa del este. Hoy en día hay, el tema de la transición, ha sido uno de los temas más estudiados en las dos últimas décadas, estudios teóricos y empíricos que han unido esfuerzos para poder explicara la realidad, de cada país. Ahora bien, “el concepto de “transición” se identifica en la actualidad más con el momento de cambio hacia un sistema democrático que como una transformación de un sistema político a otro cualquiera” (Bolívar y Yocelevzky; 1996). En este sentido, la transición en Chile es aleccionador, no tanto como el caso español, pero si por los ensayos de diferentes experiencias en cuanto a sistema de gobierno y sus diversas alternancias en el poder por parte de los partidos de izquierdas, centro y derechas.

Las paradojas de la democracia en Chile.
El régimen político en Chile, había sido uno de los mas estables a lo largo de su historia, pues a partir de 1833, después de su
Sociólogo en la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Es colaborador del Cuerpo Académico Laboratorio de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (PROMEP).

independencia, por primera vez establecieron una constitución, esta se manejo con mucha estabilidad, sin grandes conflictos al menos hasta antes de 1973. Esto aunado a las elecciones que desde el comienzo de su constitución se dio. Una característica fundamentalmente importante, es que sus partidos políticos han pertenecido y estado vinculado con los partidos internacionales como el ala socialista, comunista y el demócrata cristiano. Además que en Chile, cada uno de ellos poseen una representación importante, es decir, estos partidos tienen la posibilidad de ganar una elección. Hay incertidumbre en los procesos electorales, en palabras de Przeworsky <institucionalización de la incertidumbre> ellos ya la poseían. Hasta antes de 1973, la relación de clase y el vínculo con la sociedad por parte de los partidos políticos y organizaciones sociales, facilita una distribución plural de las opciones ideológicas. “El enraizamiento en la sociedad ha sido el rasgo más característico del sistema de partidos chileno, cuestión que se expresa en las claras diferencias entre los partidos, los cuales, además de poseer ideologías universalistas muy definidas, han mantenido una clara vinculación, real y a veces simbólica, con instancias contrapuestas en el sistema productivo. En forma gruesa se puede distinguir: una derecha conservadora, cuya base de apoyo social eran las élites económicas; un centro reformista enraizado en las clases medias; y finalmente, una izquierda marxista que reclutaba sus base en la clase obrera y, en parte importante, en el resto de las clases trabajadoras” (Bolívar; 1995). Es decir, todo el espectro político ideológico se encontraba

representado, no solo por la sociedad, sino también por los partidos políticos. Aunado a una relativa gobernabilidad, que fue capaz de resolver sus problemas institucionalmente, razones por las cuales, los militares, no habían ingresado, pues la élite política había sido capaz de concertar para crear acuerdos en las decisiones gubernamentales. “La importancia del sistema de partidos reside en su papel articulador

de la participación de los individuos, especialmente mediante el sistema electoral, pero también de distintos agrupamientos y actores sociales que aparecen, así, normalmente subordinados a los partidos, a la política a los políticos” (Yocelevzky; 1997; 74). Una característica que fue minando el camino democrático del régimen chileno fue la inexistencia de una institucionalidad que garantizara gobiernos democráticos estables, es decir, el drama Presidente versus Congreso era permanente. Hay un sistema presidencialista en el cual desde el ejecutivo se podían promover los grandes proyectos revolucionarios de izquierda y derecha (Nueva República) (Garretón; 2000). Esto en otras palabras, “el conflicto social, agudizado entre 1970 y 1973, se expreso en tres conflictos políticos paralelos: primero, entre el gobierno y los partidos de oposición dentro del sistema; segundo, el de la izquierda entre los partidos en el gobierno y las organizaciones y tendencias que, dentro de ellos y fuera del sistema, pugnaban por la resolución del conflicto social mediante la ruptura del sistema político; y tercero,, un conflicto casi simétrico en la oposición entre los partidos y tendencias dentro de ellos y organizaciones extraparlamentarias que pugnaban por oponerse al gobierno dentro del sistema o derrocarlo…” (Yocelevzky; 1997; 83). El sistema político institucional no garantizaba gobiernos mayoritarios para proyectos de tanta envergadura. Por lo tanto, había una gran posibilidad de inestabilidad política dentro del régimen mismo. No había una institucionalidad que obligara a coaliciones. Podía haber algunas, pero solo respondían a razones electorales coyunturales, porque no había un sistema institucional que forzara a coaliciones mayoritarias. (Durante 30 o 40 años dirigieron el país gobiernos minoritarios. (Garretón; 2000).

El colapso
Un rasgo importante de la democracia chilena es que como nadie era mayoría, había que estar permanentemente negociando, negociando

concertándose y llegando a acuerdos. Cuando no sucede esto, se va generando un ambiente de desconfianza en las instituciones, lo que los politólogos llaman ingobernabilidad. Específicamente “la legitimidad fue afectada adversamente por una variedad de factores, entre ellos la estrategia insurreccional, seguida por los principales grupos organizados de la derecha, por un lado, por el otro, la estrategia de transformación elegida por la Unidad Popular. El diseño de esta estrategia estaba dentro de la ley, pero ella cuestionaba los principios de moderación y negociación a través de los cuales el sistema político había obtenido su legitimidad” (Garretón; 1988; 151). El golpe de Estado, de 1973, fue producto de una crisis general de la sociedad chilena y de la incapacidad del sistema político para procesar las demandas sociales concentradas en el Estado, a la vez que de la incapacidad del sistema económico para incorporar a los nuevos actores a mejores condiciones de vida como lo había hecho antes con los sectores medios y obreros industriales (Serrano; 2000). En este sentido, los organizaciones civiles y políticas en Chile comenzaron con una ideología a la que se ha denominado “ideologización”, esta nos remite a donde todos los actores, incluidas las fuerzas armadas, son potencialmente revolucionarias y por ello pretendían tomar el poder del Estado y realizar desde ahí las grandes transformaciones de la sociedad y así hacer todo el mundo feliz. Esto aunado a las discrepancias irreconciliables de la “negociación” y “mi verdad”, se opta por esta última a cualquier precio. Es decir, los actores son los que deterioran la institucionalidad del régimen democrático y más aun la legitimidad. La confrontación que prevalecía en el mundo político interno, se dejó ver con un supuesto “fraude electoral en las elecciones parlamentarias de 1973. Todo el mundo sabe que no hubo fraude, pero se afirmo su existencia, con el fin de socavar la legitimidad del sistema electoral como sistema arbitral. De parte del gobierno, se usaron procedimientos para cumplir a toda costa con el programa, de

parte de la oposición se usaron todos los procedimientos para erosionar y terminar con el régimen de la Unión Popular” (Garretón; 2000; 221). Esto, se junto con el incumplimiento de una serie de propuestas prometidas en campaña por Allende al proponerse y prometer cambios sociales sin poseer una estrategia de construcción de mayorías para realizarlos. Dicha situación es comparable con la situación mexicana y la alternancia en México con Vicente Fox, pues llega al poder y en las cámaras no logra mayoría y no utiliza la concertación para generar una mayoría y por ende, sus reformas, no son aprobadas. Sin lugar a dudas, el 11 de septiembre para los chilenos involucra 3 aspectos diferentes mencionados por Garretón “la culminación de una crisis de la democracia, por consiguiente del sistema político; un golpe de Estado, esto es, una insurrección; el inicio de un proceso revolucionario o contrarrevolucionario encabezado por el poder militar” (Garretón; 2000; 217). Sin embargo, estos sucesos van afectando ámbitos como la economía, el entorno social y por supuesto la política. El derrocamiento de Allende, no solo es provocado por los conflictos internos, puesto que existen en núcleos norteamericanos ya antes de las elecciones de septiembre de 1970, además de los núcleos de derecha. Hubo tácticas legales o constitucionales, como es el intento de obtener mayoría en el congreso para derrocar al presidente. Aunque lo cierto es que ellas se apartaban de la tradición política chilena. Aunado a esto, “En Chile el periodo que va desde 1960 hasta el término del gobierno de Salvador Allende (1973), se enmarca dentro de lo que llamare una <guerra bipolar interna>, es decir, esta inserto en los parámetros globales de una guerra bipolar de carácter internacional, que tiene características peculiares en América Latina con el enfrentamiento entre EEUU y los interese de la coalición CubaURSS” (Moulian; 2001; 39).

El poder hegemónico que en el siglo pasado Estados Unidos ejerció en todo el mundo, llegó a América Latina y Chile no fue la excepción, pues en el gobierno había un gobierno de izquierda. Como esta potencia ha atacado todo lo que no se parezca a él, es decir, a partir de los años 60 se desarrollaran en Chile, como en el resto de América Latina, múltiples acciones de parte de los Estados Unidos para poder frenar la influencia revolucionaria, impulsada desde la isla (Cuba). La formula ocupada para la neutralización de estas influencias fue la creación de varios frentes que tuvieran como característica el actuar dentro de nuestro espacio, mas que como influenciadores ideológicos o filosóficos, como colaboradores concretos o directos en la defensa de sus intereses, acciones que tenían como misión de acabar con cualquier idea política contraria a los intereses capitalistas (Moulian; 2001). Entre las pérdidas más importantes en aspectos políticos es “la crisis y ruptura del sistema de partidos chileno mediante el golpe de Estado en 1973, fue posible, a lo menos, por que algunos mecanismos del mismo fueron alterados significativamente. Hubo: (1) modificaciones al campo ideológico desarrollista y, (2) inclusión de nuevos actores reales e independientes al sistema de partidos” (Bolívar; 1996; 65). Esto se intensifico más cuando se es decidido, que el golpe no es transitorio, es decir, no buscaba restituir las instancias civiles y democráticas, sino que busca un nuevo orden. Al ser un régimen autoritario obviamente manifiesta un anti-partidismo y anti politicismo, con ello desaparece el sistema de partidos en Chile. Los partidos que apoyaban al gobierno de la unidad popular en el momento del golpe de Estado, en 1973, fueron puestos fuera de la ley, siendo de sobra conocidas las características de la persecución desarrollada en su contra. Los partidos y movimientos de la derecha que apoyaban al golpe se autodisolvieron, por lo que la democracia cristiana permaneció como la fuerza política no proscrita más

relevante, siendo declarada en “receso” por la dictadura (Bolívar; 1996; 68). El modelo económico de Allende, es el Estado de bienestar, aunque, la crisis económica, es estrictamente una derivación de la crisis política, que, por supuesto, luego repercutirá sobre la crisis política, agravándola y polarizándola aun más. Pero la crisis económica es el resultado del comportamiento de todos los actores, no solamente del gobierno. Si no, no se explicara que el 12 de septiembre de 1973 los supermercados estuvieron llenos, esto significa que había boicot económico y acaparamiento (Garretón; 2000). Lo que se ha manejado como “El modelo de enclaustramiento”, significa que las fuerzas armadas son confinadas a las tareas que le son definidas como propias, por que la sociedad tiene sus propios mecanismos legítimos de resolución de conflictos, sin necesidad de recurrir al poder armado. Lo que se le inculca a las Fuerzas Armadas es que ellas son las garantes del mundo libre y occidental frente a posibles agresiones, que no van a venir directa o militarmente de la Unión Soviética, sino que a través de las fuerzas subversivas que surgen en el interior de cada país: son reserva moral de la nación y garantía de la unidad nacional. En 1973, se les platea dos proyectos. 1) el cumplimiento de su deber constitucional, es decir, reprimir la insurrección de los sectores de oposición del gobierno. 2) les impulsa a tomarse el poder para resolver automáticamente la crisis. (Garretón; 2000; 222-225).

Después del golpe
Después de haber efectuado el golpe de estado, tal parecería que la reinstalación de la democracia en Chile sería relativamente rápida o por lo menos su historia lo dejaba entrever con esa perspectiva. Sin embargo, como es reiterado y reafirmado por Garretón, el golpe necesitaba el comandante en jefe para efectuarse, cuando éste pasa a ser jefe de Estado, su legitimidad política puede ser puesta en duda. En este sentido, los organismos de inteligencia y represión son contra

la sociedad, los opositores y la necesidad de controlar a los amigos (Garretón; 2000). Para entender y hacer más simple la caracterización del gobierno de Augusto Pinochet, retomemos a partir de 1975, Pinochet entregó el manejo pleno de la economía a un grupo homogéneo y de alto nivel técnico de economistas liberales de la escuela de Chicago, quienes procedieron a desmantelar el Estado económicamente hegemónico que había alcanzado a construir parcialmente la Unidad Popular y sustituyeron la tanto tiempo vigente estrategia de desarrollo mediante sustitución de importaciones, por otra de apertura al exterior con énfasis en las exportaciones, la inversión extranjera y en general el papel protagónico del sector privado (Boeninger; 2000). Este régimen se vino a institucionalizar, tiempo después. En efecto, me refiero a el referendo de septiembre de 1980 y la promulgación constitucional de marzo de 1981 marcaron un punto alto de institucionalización política la régimen. Aunado a esto, podemos vislumbrar la complicidad de las fuerzas armadas y por último, la ambivalencia con respecto a la redemocratización que siente la mayora parte de la derecha política. Es decir, no había ninguna clase política capaz de expresar el descontento de expartidarios desilusionados del régimen y, por lo tanto, de ejercer una presión tendiente a darlo por terminado (Garretón; 1988).

Cimientos de la oposición
La oposición en los primeros años de la transición, eran sinónimo de muerte, por ello, los actores se limitaban en sus aspiraciones en los primeros años del régimen militar no puede hablarse estrictamente de oposición, sino más bien de resistencia. Se constituye un espacio opositor a través de la iglesia católica, esta defiende los perseguidos por la represión y la acumulación y difusión de información al respecto. La iglesia aparece como el único actor frente al poder estatal-militar. Pero la naturaleza propia de este actor le impide asumir a cabalidad el rol de oposición. Evolución de la democracia

Cristiana, de la aprobación a la crítica del régimen militar. Intento de lucha armada contra el régimen por parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Aunque es más resistencia armada que por supuesto es reprimida. Dos fenómenos importantes introducen algunos cambios en la oposición: 1) Desplazamiento de la Democracia cristiana a la oposición y 2) Recomponer al Capitalismo, y reinsertarlo en la economía mundial (Garretón; 2000). Una fase, de apertura, aunque sin las condiciones para la oposición se da “en septiembre de 1980, el régimen militar sometió a aprobación una nueva constitución política. La oposición cuestionó la legitimidad de la convocatoria, argumentando que no existían garantías para un acto electo limpio, sin embargo participó en él. Los resultados oficiales arrojaron 67.04% para el sí y 30.19% para el no. La oposición los desconoció y se apresuró a denunciar la nueva Constitución como ilegítima en “la forma y el fondo”, esto es, tanto por el procedimiento de aprobación como por su contenido”, prosigue este autor, planteando “la constitución de 1980, adopto un muy singular modelo de transición. Para empezar fijo dos periodos: el primero, denominado el de transición, debía regir a contar del 11 de marzo de 1981 hasta el 11 de marzo de 1989. El segundo, de democracia plena, estaría vigente desde esa fecha en adelante” (Allamand; 2000; 139). Las secuencias de los acontecimientos en Chile al parecer, no iban a beneficiar tanto al régimen autoritario de Pinochet, esto es constatado tras “las protestas sociales, desatadas al principio por la severa recesión económica y el desempleo producido en 1982-83, se transformaron luego en una estrategia política de derrocamiento del régimen militar por medio de la movilización social, proceso cuya dirección pasó muy pronto a manos de los partidos políticos al amparo de la relativa liberalización lograda” (Boeninger; 2000; 115). Esta fase culmina, con un histórico acuerdo, como si el aprendizaje político de los partidos hubiese culminado, es decir se hayan dado cuenta que la democracia en sí, les permite la pluralidad y libre

expresión. Esto es característica única de la democracia, pues constataron que el régimen autoritario jamás lo permitiría, por ello comenzaron a organizarse para hacer frente. En otras palabras, “El periodo que va desde el inicio de las protestas (mayo de 83) con la irrupción de la política en el espacio público, hasta el momento en que se produce un acuerdo mayoritario de la opción para enfrentar al régimen en el plebiscito de 1988 rechazando al candidato propuesto por las fuerzas armadas (febrero de 88) marca la culminación de lo que hemos denominado Proceso de aprendizaje de la sociedad” (Garretón; 2000; 236-237). En este sentido, la Concertación de partidos para la Democracia se funda a fines de los ochentas y propone a Patricio Aylwin, para la elección presidencial del 14 de noviembre de 1989. En marzo de 1999, se restaura el régimen representativo y sume el gobierno, después de poco menos de veinte años de dictadura, un demócrata cristiano apoyado por una coalición de centro izquierda, junto con el Partido Socialista. El Partido Comunista, aunque no participa en el frente, llama a su militancia a votar, tardíamente a favor suyo” (Bolívar; 1996; 71). Otro punto es, “expertos han reconocido la relación entre sistemas electorales y el numero de partidos y coaliciones, y la competencia dinámica entre ellos. Sin embargo, variaciones mucho más sutiles en las aéreas de selección de candidatos la sincronización y la secuencia de las elecciones, y la capacidad para recompensar a los perdedores, pueden afectar profundamente las consecuencias de las distintas formulas electorales para los sistemas de partidos (Siavelis; 2004). La transformación del régimen, se desarrollo por una coyuntura planteada por el mismo régimen, los resultados fueron favorables para la Alianza democrática, las confrontaciones que se dan en las elecciones y los resultados son los siguientes “el representante de la dictadura, Hernán Büchi, a la coalición democrática de Patricio Aylwin, asistiendo también un nuevo conglomerado “apolítico”,

encabezado por Francisco Errázuriz, que quiere aprovecharse de la aparente crisis de los partidos. Patricio Aylwin, obtuvo 55.17 de los votos; el candidato del régimen milita, un 29% y Francisco Javier Errázuriz, logra un 15.43%. Es decir, la restauración de la democracia comienza con la restitución del régimen presidencial representativo” (Bolívar; 1996; 71).

Chile después de la transición
Tras la victoria de la Alianza Democrática, se debía enfrentar a las discrepancias que van surgiendo, al efectuarse un cambio significativo en un régimen. Efectivamente, lo que debía resolver la concertación era crear las condiciones necesarias para garantizar la gobernabilidad del país a partir de 1990. En este sentido, dado que la democracia funciona en el marco del Estado de Derecho, resultaba fundamental llegar con el gobierno saliente a un acuerdo de reforma de la constitución que le permitiera reconocerla como legítima (Boeninger; 2000) Otro factor al que la Alianza se tenía que afrentar para el inicio de la consolidación de la democracia es, debía asegurarse el reconocimiento de la victoria electoral, como los intentos de golpe que pudieran buscarse como respuestas ante el triunfo de la Alianza Democrática. Aunado a ello, “vencer el miedo y resistencia de los sectores indecisos. El triunfo de la oposición en el plebiscito debía significar no solo el alejamiento de Pinochet del poder, sino un proceso de renegociación o acuerdo con las fuerzas armadas para cambiar la constitución para asegurar elecciones. Reconocimiento de la victoria electoral, impedir el fraude o cualquier otro intento golpe de Estado ante el triunfo de la oposición” (Garretón; 2000; 239). En este sentido la élite política tenía que “El problema central para el análisis de los actores políticos es el establecimiento de los elementos de continuidad y cambio en la reestructuración del sistema político. Éste es el elemento sustantivo que se expresa en las diferentes periodizaciones del proceso que hacen tanto los analistas como los

propios actores. Para éstos últimos, el establecer su origen, es a menudo establecer, al mismo tiempo, las fuentes de su legitimidad…” (Yocelovzky; 1999; 70). Un factor, al que debía enfrentarse el nuevo gobierno chileno, que no necesariamente es característico de Chile, sino de la mayoría de las transiciones de los regímenes autoritarios, en efecto, me refiero al papel que jugaría el ejército, quien poseía el monopolio de la violencia, en el régimen democrático. Respecto a esta profundización de la democracia, existen algunos datos que confirman, “La participación electoral se comenzó a elevar rápidamente con la ampliación del derecho al voto de la mujer en 1949, hasta alcanzar el 60% de la PEV en 1964. En las últimas elecciones parlamentarias antes del golpe militar de 1973, dicha tasa llegó al 70%, siendo superior a la de Brasil, levemente menor a la de Argentina y comparable a la de entonces en Francia. Después de la interrupción dictatorial, la tasa de participación alcanzó un record en 1988 y desde entonces ha presentado una tendencia a la baja que, no obstante no ha sido uniforme” (Navia; 2004; 85 y 86). Esto significa, que tras el peso de su historia, ya existía una visón de lo que se tenía que hacer para mantener una democracia exitosa ahora que el aprendizaje político los habían permeado.

Consideraciones Finales
Efectivamente, el proceso de transición chileno tuvo gran importancia la acción y la evolución de la oposición política. Fundamentalmente como un proceso de aprendizaje, de una clase política con una formación basada en la práctica y en la memoria histórica capacitaba para u oponerse a gobiernos democráticos exitosamente, pero no enfrentar dictaduras. Aunado a esto, éste era un sistema de articulación de temas y actores sociales con referencia al Estado, que se desprendía de una trama de relaciones entre las organizaciones de la sociedad civil y la estructura de sus partidos políticos. Su fuerza arraigaba en la expansión de la participación política. Su debilidad

residía en la insuficiente autonomía de la sociedad civil y en la fragilidad latente del compromiso con el régimen político.

Bibliografía
• Allamand, Andrés. “Chile la transición empantanada”, en Elizondo, Carlos y Maira, Luis (eds.). Chile-México: dos transiciones frente a frente. CIDE, Grijalbo, ProChile, México, 2000. Pp. 133-166. • Boeninger, Edgardo. “Transición chilena: articulación y límites” en Elizondo, Carlos y Maira, Luis (eds.). Chile-México: dos transiciones frente a frente. CIDE, Grijalbo, ProChile, México, 2000.

Bolívar Espinoza, Augusto y Yocelevzky, Ricardo. “Sistema de partidos y representación en la transición a la democracia en Chile”, en Sociológica, año 11, No 30, enero-abril de 1996. Pp. 57-87.

• Elizondo, 2000.

Carlos

y

Maira,

Luis

(eds.).

Chile-México:

dos

transiciones frente a frente. CIDE, Grijalbo, ProChile, México,

Moulian Jara, Iñaki. “Bipolaridad en Chile 1960-1973”, en Revista Austral de Ciencias Sociales, enero, Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile, 2001. pp. 39-52.

Navia, Patricio. Participación electoral en Chile, 1988-2001, en Revista de Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile, 2004, pp. 81-103.

Garretón, Manuel Antonio. “La evolución política del régimen militar América chileno Latina, y los problemas en la transición a la democracia”. En Transiciones desde un gobierno autoritario: comps, O´Donnell, Guillermo. Schmitter, Philippe C. et al. Paidós, 1988, pp. 147-185.

________________, “Hacia una nueva era política. Estudios sobre las democratizaciones”, en Sociología política. cambio político y transición a la democracia, Esperanza Palma (Comp.), UAM-A, 2000, pp. 245-268.

Siavelis, Peter. “Sistema electoral, desintegración de coaliciones y democracia en Chile: ¿el fin de la concertación?”, en Revista de Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile, 2004, pp. 58-80.

• Serrano, Sol. El siglo XX chileno: integración, exclusión y ruptura, en Elizondo, Carlos y Maira, Luis (eds.). Chile-México: dos transiciones frente a frente. CIDE, Grijalbo, ProChile, México, 2000. Pp. 39-62.

Yocelevzky, Ricardo. “Partidos, élite y democracia en Chile”, en Perfiles Latinoamericanos, diciembre, No 11, Facultad Latinoamericana de Ciencias sociales. México, 1997, pp. 71-89.

________________. Democratización y transición en Chile, en Perfiles Latinoamericanos, junio, No 14, Facultad Latinoamericana de Ciencias sociales. México, 1999, pp. 63-82.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->