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CAPITULO I

1. EL PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN

1.1. TEMA

Enfoque de la LIBERTAD en la Obra “El Cosmopolita” de Juan Montalvo

1.2. PROBLEMA

¿De qué manera el enfoque de la libertad en la Obra el Cosmopolita de

Juan Montalvo influye en la educación de los alumnos del sexto curso

del Instituto Tecnológico Superior Oscar Efrén Reyes del cantón Baños

de Agua Santa?

1.3. Delimitación

Campo: Literatura

Área: Literatura ecuatoriana

Aspecto: Influencia de la literatura en el pensamiento

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1.4. Justificación

Es importante que se trabaje en el rescate de la cultura propia de

nuestro país, de la identidad propia ecuatoriana, actualmente la juventud

tiende a adoptar tradiciones y costumbres de otras regiones u otros

pueblos, valorizan más lo ajeno que lo propio, ello genera una pérdida

de las costumbres y tradiciones de los pueblos pues su esencia misma

se deteriora con el paso de los años y se corre el peligro de que se

pierda en el olvido.

Se hace necesario tomar acciones que fomenten el rescate de los

valores cultuales propios del cantón Baños de Agua Santa, para que las

nuevas generaciones conozcan de la trayectoria literaria de Juan

Montalvo, escritor ambateño de reconocida trayectoria que dio lustre a

su pueblo natal y al país pues su obra se la conoce en toda

Latinoamérica, su espíritu combativo a la tiranía y a los abusos del poder

dejo una huella imborrable en el tiempo y marcó un hito en la historia de

nuestro país.

Su obra continuará siendo un referente para las futuras generaciones y

gracias a la implementación de la Cátedra Montalvina en los Colegios a

nivel nacional contribuirá a mantener vivo su pensamiento.

1.5. OBJETIVOS

1.5.1. Objetivo General

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• Relacionar el desarrollo del enfoque de la Libertad en la Obra el

Cosmopolita de Juan Montalvo y su influencia en la educación de los

alumnos del sexto curso del Instituto Tecnológico Superior Oscar Efrén

Reyes del cantón Baños de Agua Santa.

1.1.1. Objetivos Específicos

• Fundamentar teóricamente la importancia del enfoque de la Libertad en

la Obra el Cosmopolita de Juan Montalvo

• Identificar los factores que se relacionan con la libertad en la obra el

Cosmopolita de Juan Montalvo

• Analizar la Obra el Cosmopolita de Juan Montalvo y su enfoque libertario

en la educación.

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CAPITULO II

JUAN MONTALVO

2.1. Biografía

Juan María Montalvo Fiallos (Ambato, 13 de abril de 1832 – París, 17 de

enero de 1889) fue un ensayista y novelista ecuatoriano.

Vivió apasionadamente la política de partidos de su país, y su pensamiento

liberal estaba fuertemente marcado por el anticlericalismo y la oposición a los

dictadores Gabriel García Moreno e Ignacio de Veintemilla. Luego de la

publicación de la revista El Cosmopolita, por medio de la cual criticaba a la

dictadura de García Moreno, Montalvo viajó a Colombia, donde escribió gran

parte del resto de su obra. Uno de sus libros más conocidos es Las Catilinarias,

publicado en 1880. Entre sus ensayos destacan Siete Tratados (1882) y

Geometría Moral (póstumo, 1902). También escribió una secuela de Don

Quijote de la Mancha, llamada Capítulos que se le olvidaron a Cervantes.

Murió a causa de una pleuresía en París. Su cuerpo fue embalsamado y

enterrado en su ciudad natal, en Ecuador.

2.1.1. Infancia y Formación

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Su padre, don Marcos Montalvo, hijo de un inmigrante andaluz, se dedicaba a

los negocios ambulantes. En Quinchicoto, cerca de Ambato, conoció a doña

Isabel Villacreses de Fiallos, con quien se casó el 20 de enero de 1811.[] La

pareja tras un tiempo se domicilió en Ambato, ciudad en la que don Marcos

llegó a destacarse.[ ]Fallecidos ya algunos hermanos en la edad de la infancia,

Juan se convirtió en el menor de los varones, y sus padres le procuraron

mimos y cuidados. Tuvo siete hermanos: Francisco, Francisco Javier, Mariano,

Alegría, Rosa, Juana e Isabel. Su niñez transcurrió no sólo en su casa, sino

también en la cercana quinta de Ficoa. En 1836 sufrió de viruelas y quedó con

el rostro marcado. A los siete años fue a la escuela, una humilde casa de

aldea, de una sola planta, pobremente administrada y sostenida.[] En 1843,

cuando tenía once años, su hermano fue arrestado, encarcelado y desterrado

por enfrentarse políticamente a la dictadura de Juan José Flores. Según el

escritor Galo René Pérez, el destierro de su hermano le "dejó una lesión moral

de la que no se recuperó jamás", llevándolo a odiar a las dictaduras.[]

En 1845, su hermano regresó de su destierro en Perú, y lo llevó consigo a

Quito a continuar sus estudios. Sus dos hermanos mayores, Francisco y

Francisco Javier, le orientaban e influenciaban en su gusto por las letras,

aparte de haberle creado, cada uno con su prestigio, un ambiente favorable en

el mundo de sus estudios.[5] Entre 1846 y 1848 empezó a estudiar gramática

latina en el colegio San Fernando. Posteriormente estudió filosofía en el

seminario San Luis, donde recibió el grado de maestro,[ ]y después ingresó a la

Universidad de Quito para estudiar Derecho, no porque quisiera ser abogado,

sino porque entre las profesiones de entonces (medicina, leyes y teología) ésta

le era la menos desagradable.[]

5
En Quito se hizo amigo del poeta y político liberal Julio Zaldumbide, con quien

se reunía de continuo. En su casa a veces asistían practicantes de letras,

destinados a convertirse en conocidos escritores: Agustín Yerovi, José

Modesto Espinosa y Miguel Riofrío. Juntos comentaban a los grandes autores

románticos europeos. En 1853 el presidente Urbina decretó la libertad de

estudios en colegios y universidades. Por las nuevas regulaciones, Montalvo se

vio privado de su cargo de secretario en el colegio San Fernando y además fue

impulsado a abandonar su carrera de Derecho tras haber aprobado solamente

el segundo curso. Así, decidió volver a Ambato.

En el ambiente melancólico de su casa (sus padres y su hermano mayor para

entonces habían fallecido)[] se concentró en el enriquecimiento de su formación

de autodidacta, acostumbrado a tomar notas de sus lecturas en cuadernos que

se conservan.[] Estudiaba gramática española y tratados de carácter idiomático.

Profesando un respeto consciente a Capmany y Clemencín, estaba convencido

de que era necesario fundar las originalidades estilísticas en la posesión de

una forma correcta autorizada por los clásicos y los estudiosos más notables

de la lengua.

[]

2.1.2. Primer viaje a Europa

El 17 de febrero de 1857, durante el gobierno de Francisco Robles, Montalvo

fue nombrado adjunto civil a la legación ecuatoriana en Roma, mientras que

Francisco Javier Salazar fue nombrado secretario de la misma. En buena

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medida este nombramiento se dio gracias a las diligencias de su influyente

hermano, el doctor Francisco Javier Montalvo.[] A mediados de julio llegó a

Francia. Aunque el asiento de sus funciones de adjunto civil era Roma,

Montalvo se quedó seis meses en París, por causas ajenas a su voluntad. Ahí

conoció a don Pedro Moncayo, diplomático ecuatoriano, quien le brindó

facilidades para su estímulo intelectual, y a celebridades francesas tales como

Lamartine y Proudhon.[] Desde enero hasta agosto de 1858, mantuvo

correspondencia con su hermano Francisco Javier destinada a su publicación

en el semanario quiteño La democracia, que este último dirigía. Estos escritos,

que conformaron una porción muy importante de su futura revista El

Cosmopolita, no fueron bien recibidos en el Ecuador.[ ]Durante esta etapa en

París, Montalvo se volvió melancólico, pues extrañaba su provincia. En Los

proscritos, ensayo aparecido en El Cosmopolita, escribió:

La nostalgia consiste en un amor indecible por la patria y un profundo disgusto

del país en que se está..., es un deseo de llorar a gritos al mismo tiempo que

eso es imposible.

También se acentuó su misantropía, inclinación que tuvo desde sus años de

infancia, por hallarse en un medio extraño e indiferente.[] Su permanencia en

París duró tres años, durante los cuales se dedicó a sus estudios, los contactos

con personalidades, los paseos urbanos de observación provechosa, la

elaboración de páginas literarias, varias aventuras amorosas y breves tareas

de oficina.[] Asimismo, durante este tiempo se le manifestó un agudo

reumatismo, cuyos efectos le acompañaron durante el resto de su vida.

Dejó Francia y en enero de 1858 ya se hallaba en Italia. Visitó Roma, disfrutó

mucho su visita a Florencia, e igualmente memorables le resultaron sus

impresiones de Nápoles, Sorrento, Pompeya y Venecia. De Italia viajó a

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España, y especialmente le agradó Andalucía; visitó Granada y Córdoba,

disfrutando de la arquitectura musulmana de la Alhambra y el Generalife[] De

Granada regresó a París, atravesando La Mancha, donde constató la miseria

en que se hallaba la región en ese entonces.

2.1.3. Retorno al Ecuador y exilio

Tuvo que regresar al Ecuador no sólo por la inestabilidad de los gobiernos y la

agitación política, sino también por la artritis que lo aquejaba. Cuando llegó, en

1859, el país era gobernado por García Moreno. Lo primero que hizo fue

escribirle al dictador una larga carta, un tanto discursiva, pero cargada de

admoniciones y amenazas, que según parece, no lo irritó del todo. [] A finales de

1861 colaboró en la revista literaria El Iris de Quito. En 1865 comenzaron sus

amores con María Adelaida Guzmán, con quien contrajo finalmente matrimonio

en Ambato el 17 de octubre de 1868 y tuvo dos hijos.[]

El 3 de enero de 1866, después del primer período dictatorial de García

Moreno, publicó El Cosmopolita, revista de carácter político-literario editada en

Quito en 40 páginas, cuyas siguientes entregas siguieron apareciendo hasta

enero de 1869, y sostuvo una acalorada polémica con José Modesto Espinosa,

que le salió al paso. En 1867 editó El Precursor del Cosmopolita y al año

siguiente comenzó a cartearse con Eloy Alfaro y polemizó con Juan León Mera,

publicando en su contra dos folletos: El Masonismo Negro y Bailar Sobre las

Ruinas. []En 1869 se produjo la revolución de García Moreno, y el mismo año

Montalvo, temiendo por su vida, tuvo que expatriarse. Acudió a la embajada de

Colombia, y ni bien recibió su pasaporte para abandonar el país, partió la

mañana del 17 de enero de 1869 rumbo a Ipiales junto a otros dos exiliados:

Mariano Mestanza y Manuel Semblantes.

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La familia Arellano del Hierro, de Tulcán, recomendó a Montalvo ante el doctor

Ramón Rosero, de Ipiales, para que le acogiera en su hogar; por su parte,

Mestanza y Semblantes continuaron su viaje hacia la costa, para navegar a

Panamá y desde allí hacia Europa. Durante su estadía en Ipiales, Montalvo

recibió la primera carta de Eloy Alfaro desde Panamá, invitándolo a

acompañarlo. Pronto fraternizaron y Alfaro le instaló cómodamente; le compró

pasaje para Francia, le dio una suma de dinero para las primeras semanas de

permanencia en aquel país y le prometió extenderle las ayudas que en lo

posterior llegara a solicitarle. Llegado a la capital francesa, su interés inmediato

fue establecer conexiones con las personas que quizás se hallaban en

disposición de ayudarle, pues desde su destierro cayó en una situación de

apremio; había salido del Ecuador con pocas pertenencias y le era imposible

obtener ingresos seguros y periódicos. Regresó a Panamá, rumbo a Ipiales. Y

aunque ahí le faltó dinero para continuar su viaje, Alfaro nuevamente acudió en

su ayuda. Montalvo lo relata de la siguiente manera:

Eloy Alfaro.

Entre los nombres que han de bendecir por cuenta mía, está el de Eloy Alfaro,

joven apenas conocido para mí, amigo nunca. Tan luego como supo el trance

en que me hallaba, se me vino por sus pasos, y me tranquilizó con la más

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exquisita delicadeza. Y no contento con traerme un billete de pasaje de primera

clase, me ofreció una letra para Barbacoas de la suma que yo quisiese, la cual

rehusé, porque en esa ciudad me esperaba otro amigo, otro hermano.

Una vez en Ipiales decidió continuar hacia Perú, donde se encontró con José

María Urbina, desterrado por García Moreno. Ahí buscó fomentar la oposición

contra el gobierno de su país, y quizá una revolución. Pero no tuvo éxito, y

frustrado, regresó a Ipiales. Durante su destierro redactó varios libros, tales

como El bárbaro de América en los pueblos civilizados de Europa, El libro de

las pasiones, Diario de un loco, De las virtudes y los vicios y Capítulos que se

le olvidaron a Cervantes. En 1872 falleció su hijo Carlos Alfonso, de cinco años

y ocho meses; se le comunicó la noticia desde Ambato.

En octubre de 1874, mediante diligencia personal de Alfaro, fue publicado su

libelo La dictadura perpetua, pero no comenzó a circular en Ecuador antes de

mayo de 1875. De todos modos, La dictadura perpetua inspiró a un grupo de

liberales a asesinar a García Moreno, el 6 de agosto. Paradójicamente, el autor

del homicidio fue un hombre ajeno a los conjurados, el colombiano Faustino

Lemos Rayo, quien quería cobrarse una venganza de celos conyugales. Al

enterarse de la noticia, Montalvo afirmó: "no ha sido el machete de Rayo, sino

mi pluma quien le ha matado". Poco después publicó el ensayo El último de los

tiranos.

En mayo de 1876 de manera voluntaria y con el socorro económico de sus

amigos liberales, Montalvo regresó al Ecuador. En Quito publicó el folleto Del

Ministro de Estado por medio del cual atacó y ocasionó la renuncia de Manuel

Gómez de la Torre, Ministro de Gobierno del presidente Antonio Borrero. El 22

de junio apareció el primer número de la revista El Regenerador, cuyo último

número se publicó el 26 de agosto de 1878. El 9 de julio organizó la que se

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denominó "Sociedad Republicana" y en su discurso inaugural exaltó la

importancia de la Internacional y propuso algunos de sus principios. Dijo:

El objetivo (de la Internacional) es honesto, es moderado; los medios de que se

vale son lícitos; sus anhelos plausibles. La organización del trabajo, la

correspondencia de honorarios y salarios con oficios y obras; la libertad

revestida del derecho, sofrenada por el deber y otros fines semejantes, son los

de esa asociación que está rebosando en Europa...La Internacional reconoce el

principio de propiedad no quiere sino que las clases laboriosas no malogren su

trabajo y la industria tenga sus leyes a las cuales se sometan la ociosidad y el

lujo. Esta sociedad no es perseguida por la fuerza pública; los enemigos del

pueblo están gritando contra ellas, cierto: Pero ¿qué autoridad tienen para la

democracia las alharacas de Napoleón III y de Bismarck?

Dejó transitoriamente la ciudad para descansar en una propiedad de sus

hermanos, cercana a Baños. Pero pronto fue llamado por Eloy Alfaro, quien

había llegado a Guayaquil a preparar un pronunciamiento contra el gobierno de

Borrero. Así, el 6 de septiembre del mismo año Montalvo llegó a Guayaquil y

fue recibido por una entusiasta multitud. Fue incapaz de hablar en público, y

más bien prometió un agradecimiento a su modo, mediante la palabra impresa,

que en efecto circuló entre los guayaquileños al día siguiente. Y aunque

Montalvo ese día había conseguido verse lisonjeado públicamente, su alegría

no duró mucho, pues Ignacio de Veintemilla se proclamó dictador el 8 de

septiembre. Sus amigos le prevenían del riesgo que corría bajo el nuevo

gobierno, pero Montalvo no podía exiliarse, pues no contaba con suficientes

recursos económicos.

En los comicios de 1877 fue electo diputado por la provincia de Esmeraldas,

pero no asistió nunca a las Cámaras. Tras un tiempo, finalmente partió hacia

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Ipiales, donde vivió preocupado y pendiente de su seguridad. En poco más de

un mes viajó a Panamá, con la intención de publicar Las Catilinarias. Cuando

después de 3 meses regresó a Ipiales, de inmediato se empeñó en acciones

concretas de agitación popular y de levantamiento armado contra la dictadura

de Veintemilla. Dejó de nuevo Ipiales, y el 30 de julio de 1881 estaba ya en

Barbacoas, Nariño; ahí se detuvo más de doce días, antes de encaminarse a

Tumaco y de ahí a Panamá, donde permanecería por un tiempo indefinido.

Para este entonces, la relación que tenía con su esposa se quebrantó por

completo por el estilo de vida que Montalvo llevaba y por su desentendimiento

en las obligaciones familiares. Eloy Alfaro le había anunciado únicamente que

su viaje a Europa no admitía ya dudas; junto con José Miguel Macay, su

próspero socio financiero, se comprometió a ayudarle económicamente y a

vigilar la edición de sus folletos. Finalmente Montalvo viajó a París con el deseo

de editar su obra Siete Tratados.

2.1.4. Segundo viaje a Europa

Estaba orgulloso de sus Siete Tratados y deseaba publicarlos de la forma más

lujosa posible. Pero no logró reunir el dinero que demandaba el proyecto, hasta

que consiguió el auspicio del empresario José Joaquín de la ciudad de

Besançon. Cuando fueron publicados sus Siete Tratados, Montalvo fue

reconocido y elogiado por varios críticos europeos, aunque sólo en el ámbito de

la cultura hispana (mantenida por emigrantes españoles e hispanoamericanos

por medio de publicaciones) o hispanistas de París. En consecuencia, Montalvo

se apresuró a promocionar sus tratados en España. A finales de mayo, habían

recibido los dos volúmenes de los Siete Tratados el director del diario El Globo

y Emilio Castelar. El 23 de octubre de 1882 su esposa María Adelaida falleció,

y el mismo año Montalvo inició una relación sentimental con la francesa

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Augustine-Catherine Contoux, que mantuvo hasta sus últimos días. Con ella

tendría un hijo en 1886, fruto de su concubinato.

Ansioso por conquistar la fama en España, Montalvo armó inmediatamente un

viaje a Madrid, y llegó a la ciudad el 2 de junio de 1883. Se instaló en el mejor

hotel de aquellos años: el Hotel París, ubicado en la Puerta del Sol. Muchos

hombres de letras fueron a visitarle o le invitaron a encontrarse con ellos:

Gaspar Núñez de Arce, Jesús Pando y Valle, Marcelino Menéndez Pelayo y

Manuel del Palacio, además de Juan Valera, Emilia Pardo Bazán, Leopoldo

García Ramón y Carlos Gutiérrez, a más de dos figuras italianas: Cesare Cantù

y Edmundo de Amicis. El mismo año el presidente José Plácido Caamaño le

ofreció una diputación, que rechazó.

Sin embargo, los Siete Tratados no fueron bien recibidos por todos; la Iglesia

en el Ecuador, a través del arzobispo de Quito monseñor José Ignacio

Ordóñez, mostró su descontento con la obra. El 19 de febrero de 1884 el

arzobispo reprobó y condenó los Siete Tratados por medio de una carta

pastoral. Pronto Montalvo respondió al clérigo por medio de su libro Mercurial

eclesiástica, escrito con pasmosa fuerza de improvisación y lleno de ataques

violentos contra Ordóñez y la Iglesia. Por ese motivo, el arzobispo Ordóñez

viajó a Roma con la intención de conseguir del Papa la prohibición de su

lectura, y en poco tiempo León XIII incluyó a los Siete Tratados en el Índice de

libros prohibidos.

Más tarde, en 1886, Montalvo empezó la publicación de El Espectador, libro

compuesto de tres volúmenes, cada uno de los cuales contenía diecisiete,

diecinueve y nueve ensayos cada uno. De vuelta en Francia, sus planes de

retorno al Ecuador fueron fracasando, y tuvo que permanecer en París. En

1888 el presidente Antonio Flores Jijón le ofreció la posición de cónsul en

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Burdeos y Montalvo no aceptó su propuesta.[35] En París, posiblemente entre el

8 y el 10 de marzo de 1888, su salud se deterioró de manera brusca debido al

mal clima: un fuerte aguacero lo sorprendió mientras regresaba de la casa

editorial donde había corregido ciertos detalles del tercer volumen de El

Espectador, y contrajo neumonía.

2.1.5. Últimos días

En los días siguientes los síntomas de su enfermedad fueron empeorando y

Montalvo cayó prácticamente en la indigencia. Durante ese largo tiempo de

padecimientos frecuentemente le visitaron Agustín L. Yerovi y Clemente Ballén.

Los médicos que habían atendido a Montalvo los primeros días de su

enfermedad no se dieron cuenta que la neumonía inicial que lo aquejaba se

había convertido en un derrame pleural, como determinó el médico León

Labbeé, quien lo sometió a un tratamiento que, aunque lo mejoró durante un

tiempo, no pudo detener sus cada vez más intensos padecimientos. Cuando

Labbeé se dio cuenta, tras un nuevo examen del líquido pleural, de que se

había presentado un peligroso foco de supuración, indicó la conveniencia de

practicar una operación inmediata, harto difícil, a la que Montalvo aceptó

someterse.

Cuando llegó el día de la operación, en el momento de decir si concedía su

permiso para la anestesia, para sorpresa de todos contestó diciendo: "En

ninguna ocasión de mi vida he perdido la conciencia de mis actos. No tema,

doctor, que me mueva. Operará usted como si su cuchilla no produjera dolor".


[37]
Los detalles testimoniales del doctor Agustín Yerovi, sobre este hecho, son

los que siguen:

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La operación que sufrió Montalvo, horroriza. Consistió en levantar dos costillas

de la región dorsal, después de cortar en una extensión de un decímetro, las

partes blandas de esa región; dar la mayor dilatación a la herida, mediante

pinzas que recogen carnes sangrientas, y luego colocar algo como una bomba,

que tiene el doble objeto de aspirar los productos del foco purulento, e inyectar

líquidos antisépticos; es decir: algo como fuego. -Todo esto duró cosa de una

hora; mientras tanto, el enfermo no había exhalado una queja, ni contraído un

músculo. La actitud serena y hasta majestuosa, interesó a los médicos,

practicantes y espectadores. Uno de ellos exclamó: ese hombre es un carácter.

Montalvo también fue sometido a una operación de apostemas en la garganta.

Al terminar el largo proceso operatorio, el cirujano advirtió que había evidencia

de que el foco infeccioso había invadido otros puntos del organismo, y que no

había otra opción que dejar abierta la herida para ir drenando periódicamente el

líquido purulento. Esa herida quedó abierta hasta su muerte.[39] Montalvo

comprendió que su fin se aproximaba y pidió ser conducido a su casa de la rué

Cardinet No. 26 donde dijo: "Solo siento que toda mi vida se concentra en mi

cerebro. Podría componer hoy una elegía como no la he hecho en mi

juventud"[18] Leopoldo García Ramón, quien confesó que iba a acompañarle

semanalmente mientras estuvo postrado, relató lo siguiente:

Cuando a mi regreso de España, en septiembre del año pasado (1888), fui a

visitarle, se me oprimió dolorosamente el corazón al comprobar los progresos

de la terrible neumonía purulenta que le consumía. Le consideré perdido.

Llevaba en el costado una herida que a propósito mantenían abierta los

médicos; habían practicado en su garganta una operación difícil y dolorosa;

muy a pesar de todo, ¡qué limpieza la de su ropa interior! ¡Con qué afán

arreglaba los puños de la camisa de dormir para ocultar sus pobres muñecas!

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¡Cuánto agradeció a mi mujer que consintiese verle así, sin afeitar, despeinado,

hecho una ruina! Luchaba con rabia contra la enfermedad: no quería morir.

La condición de Montalvo cada vez era peor, y el 15 de enero de 1889 hizo

aproximar al doctor Agustín L. Yerovi para manifestarle sus últimos deseos

(entre ellos el ser enterrado en París); el 16 de enero comenzó a agonizar, el

17 de enero pidió a su ama de llaves que lo vistiera con su traje negro y con

frac y le pidió que tratara de comprar un puñado de claveles para su féretro.

Fueron sus últimas palabras.[]

La colonia ecuatoriana costeó sus funerales que fueron solemnes y en la

iglesia de San Francisco de Sales. Durante el régimen liberal se repatriaron sus

restos embalsamados a Guayaquil, y el 12 de julio de 1889 fueron enterrados

en el cementerio de la ciudad, donde permaneció hasta el 10 de abril de 1932.

Al día siguiente de su exhumación se trasladaron a Ambato, a donde llegaron

el 12, para reposar desde entonces en su mausoleo. En 1895 se publicó de

manera póstuma en Francia Capítulos que se le olvidaron a Cervantes; y en

1902, Geometría Moral.

Foto: Busto de Juan Montalvo en la ciudad de

Quito

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CAPITULO III

3.1 LAS INFLUENCIAS LITERARIAS PLASMADAS EN SUS OBRAS

3.1.1 Antigüedad Clásica

Montalvo leyó todo cuanto entonces se podía leer acerca de Historia, Filosofía

y Literaturas Elénicas,[43] y citó en sus obras de manera directa o glosada a

bastantes griegos de la antigüedad.[44] Del mismo modo, aunque en menor

grado, sentía admiración por la antigua Roma. El teatro romano de Terencio,

Plauto y Séneca sirvió, si no de inspiración, de modelo, a los cinco dramas que

escribió y que fueron recopilados en su Libro de las pasiones: La Leprosa,

Jara, El descomulgado, Granja y El dictador. En definitiva, lo grecolatino llegó

al escalón más alto de su saber, siendo el cimiento sólido de su formación y el

arma que esgrimió en sus enconadas polémicas.[45] Admiraba de Grecia a

Sócrates, y de Roma a Julio César, como ejemplo del soldado, y a Cicerón, por

su oratoria.

3.1.1.1 Literatura Española

Conocía buena parte de la literatura española, desde los romances hasta el

romanticismo. En más de una ocasión hizo críticas a varias obras literarias

17
españolas y dedicó su ensayo El buscapié a exaltarlas. Sentía especial

admiración y respeto por Cervantes y consideraba a su Don Quijote de la

Mancha como lo más acabado en el mundo de las letras, al mismo tiempo que

despreciaba la continuación escrita por Avellaneda. Por otro lado, Montalvo

consideraba a las letras españolas contemporáneas a él (segunda mitad del

siglo XIX) como vagas e improductivas, impugando especialmente las malas

traducciones de textos, aunque supo apreciar a los intelectuales españoles de

la época.

3.1.1.2 Literatura Francesa

Las letras francesas, antes y después de las guerras de la Independencia,

tuvieron decisiva influencia sobre los escritores hispanoamericanos. El

romanticismo tanto español como hispanoamericano tuvo sus simientes en

Francia, y en América brotó primero y duró más. Montalvo fue un ideólogo

romántico del liberalismo; sus modelos fueron Chateaubriand, Rousseau y

Víctor Hugo, mientras que por Lamartine sentía un profundo aprecio. Asimismo

admiraba a Montaigne y Montesquieu, quienes junto a Rousseau inspiraron su

pensamiento político. De Montaigne tomó no sólo la exaltación del hombre en

su estado natural, sino varios temas y la técnica literaria que usaba en sus

ensayos. Muchas de las ideas de Montalvo, sin ser necesariamente copiadas,

son eco de El espíritu de las leyes de Montesquieu, y Rousseau tuvo su

influencia en el escritor ecuatoriano por sus ideas sobre educación, gobierno,

Estado, ciudadanía etc., expresadas en Emilio y El Contrato Social.

3.1.1.3 Otras influencias

En cuanto a la literatura en inglés, admiraba mucho a Byron y a Milton, y

probablemente sus ensayos fueron también inspirados por Bacon. Su revista El

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Espectador se inspiró en The Spectator de Addison. La literatura

estadounidense también fue citada por Montalvo, aunque sin juicios críticos.

Conocía las grandes obras literarias publicadas en italiano, aunque no se dejó

influir, al parecer, por el estilo, los temas y las ideas de los maestros italianos.

En cuanto a la literatura en alemán, estudió los clásicos del siglo XVIII, aunque

no conocía el idioma. Sentía admiración por Goethe; sobre él, Schiller y

Klopstock dijo que eran "ingenios de primer orden, de esas antorchas altísimas

que se hallan a la vista de todas las naciones". De Hispanoamérica conoció la

prosa de Bolívar, la poesía y especialmente la Gramática de Andrés Bello, la

poesía de Olmedo y los argentinos precursores del romanticismo.

3.2 Géneros

Si se comprende al ensayo como un género, y al periodismo una rama del

ensayo, toda la obra de Montalvo sería ensayística, con la excepción de su

Libro de las pasiones, compuesto de cinco dramas, y Capítulos que se le

olvidaron a Cervantes, que es una novela. Según el profesor Antonio Sacoto

Salamea, el ensayo es el "género en el cual como tapiz Montalvo copia la

cruenta lucha política de una época, nos da conceptos de la cultura y la

barbarie, pone de relieve los males que corrompen una sociedad y denuncia

inmisericorde los elementos causantes de esta estagnación". Hay que notar,

sin embargo, que en la composición de sus ensayos son frecuentes las

digresiones.[.

En cuanto a lo poético, no publicó ningún libro de poesías, pero sí hay algunas

poesías sueltas a través de sus escritos. Su poesía ha sido considerada como

fría y llena de reminiscencias y desde el punto de vista temático, carente de

originalidad. Respecto a los dramas que escribió, sólo se conocen cinco,

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publicados después de su muerte bajo el título de El libro de las pasiones. No

fueron creaciones para ser representadas, aunque bien pudieran montarse en

escena; su preocupación más bien fue didáctica, pues sus obras teatrales

tenían un fondo moralista.

Su única novela, Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, es una

continuación del Quijote ambientada en América, en la cual Montalvo se

preocupaba mucho de demostrar la perfección lingüística a la que llegó

Cervantes, en vez de desarrollar sus personajes. Como periodista, Montalvo

era consciente del influjo del periodismo como motor generador en la cultura y

en la vida social y política, aunque lo usó para sustentar con cierto afán de

proselitismo puntos de vista que compaginaban su orientación ideológica y

política.

3.3 Temas Frecuentes

3.3.1 Civilización y Barbarie

En el ensayo hispanoamericano de la época se consideró que la barbarie era el

obstáculo para el avance de la civilización, la propagación de la cultura.

Montalvo de acuerdo con esta idea, calificó como barbarie, entre otras cosas, el

uso de la fuerza bruta, los actos de opresión imperialista, el despotismo de los

gobiernos, y el fanatismo religioso.

3.3.2 Política

Montalvo era un idealista y le desagradaba la realidad política del Ecuador.

Fiaba de la moral y de los principios como base del funcionamiento de la

nación, y le preocupaba mucho destacar la importancia de las dotes morales de

los políticos, cuando en realidad tanto los conservadores como los liberales

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tenían defectos. Por eso el profesor Louis Arquier afirmó que “Cada vez que

habla de política el articulista se enfrenta con una contradicción, el tema le

atrae y le repele a la vez”.

Montalvo era muy respetuoso de las leyes, pero le molestaba el hecho de que

algunas fueran injustas. En El Cosmopolita atacaba a los legisladores que

creaban o derogaban leyes a su conveniencia:

Un diputado tiene las mercaderías en camino para la aduana, proyecto de ley

rebajando los derechos anexos a esas mercaderías. A la nación le importa esa

rebaja. Otro diputado es dueño de una fábrica en que se elabora cierto artículo,

proyecto de ley reduciendo la pensión impuesta a ese artículo. A la República

le importa por entonces aquella reducción.

También despreciaba la tiranía, a la que se refería, entre otras formas, como

"el abuso triunfante, soberbio, inquebrantable. En su opinión, para que haya

tiranía necesariamente debía haber un pueblo dispuesto a soportarla, ya sea

por timidez o apatía; así, el pueblo era tan culpable del establecimiento de una

tiranía como el mismo tirano. Su posición liberal le llevó a oponerse a cualquier

régimen que no haya sido elegido por sufragio, aunque llegó a oponerse al voto

popular si el país no gozaba de sus libertades.[]

Respecto a los derechos de las personas, defendió en varias ocasiones los

derechos de la mujer. También defendió los derechos de los indígenas y los

negros, más por su idea de igualdad de todos los hombres ante Dios que por

simpatía hacia ellos, pues probablemente tenía prejuicios raciales.[62]

Consciente de la gran responsabilidad que pesaba sobre los intelectuales con

respecto de los problemas sociales de los indígenas, afirma:

21
No, nosotros no hemos hecho este ser humillado, estropeado moralmente,

abandonado de Dios y la suerte; los españoles nos lo dejaron, como es y como

será por los siglos de los siglos.

Montalvo en pocas ocasiones se refería a los militares. Pensaba que la historia

y la guerra son inseparables y se limitaba a discernir entre guerras justas e

injustas. Asimismo, como hombre de su época no permanecía insensible ante

el aspecto heroico de las luchas y la grandeza que hay en despreciar la propia

vida en aras de un ideal.

3.3.3 Anticlericalismos

Montalvo deseaba la separación de Iglesia y Estado, y en sus escritos no

pretendía hablar a sus lectores de religión y fe sino del Ecuador y de su

gobierno. Atacaba o defendía al clero según su situación política. En más de

una ocasión, buscando en vano su apoyo político, escribió para elogiar las

cualidades del buen clero, pero en la mayoría de las veces sus escritos eran

anticlericales. En El Cosmopolita atacó al clero porque era un miembro fuerte e

influyente del Partido Conservador que dominaba entonces el poder; también

por interesarse más en los bienes terrenales que en los celestiales, por

simoníaco. Cuando escribió esta obra, en 1866, el clero era muy poderoso en

Ecuador, y no sólo no admitía el menor indicio de oposición sino que la

consideraba como herejía. Respecto al fanatismo religioso, relató una anécdota

interesante aunque exagerada en Las Catilinarias:

Hace visto en Quito un cabrón de Méndez subir al púlpito, quemarse las manos

en un mechero, meter en la boca una vela encendida, y probando con esto que

la virtud de Dios obraba en él, gritar que en ese instante el diablo estaba

andando suelto por la iglesia, y formar remolinos espantosos de plebe

22
engañada y escarnecida. Y no ha habido policía que baje a ese pícaro del

pescuezo y le imponga un fuerte castigo corporal, ni gobierno que le mande

con grilletes a Guayaquil, a embarcarle en el primer buque ballenero que

parezca. Al mismo penitente embaidor se le había visto, cuando el terremoto de

Imbabura, salir azotándose por las calles de Quito, y gritando que por las

maldades y falta de devoción de la gente había ocurrido esa desgracia.

Levantada ahí al punto una armazón de madera en la plaza de la Catedral de

Quito, subió allá el arlequín, y, desnudo por delante seis dedos abajo el

ombligo, forrada la espalda con un cuero de vaca debajo de un tul negro, se dio

cinco mil azotes, burlándose así de las cosas santas, del pueblo congregado,

del siglo décimonono, del Gobierno, y hasta de Sancho Panza, quien, al fin y al

cabo, se dio siquiera cinco buenos y pasaderos. En Bogotá, Caracas, Santiago,

Lima, Buenos Aires, parecerán imposibles estas escenas de nefanda barbarie,

que se han visto repetir mil veces en Quito en las mayores aflicciones públicas.

Terremotos, lluvias de ceniza, cóleras furibundas de los volcanes, allí están los

frailes gachupines a quemarse las manos en el púlpito, a morder cabos de vela,

a ver el diablo con sus ojos, y decir que todo lo provocan y lo hacen los

liberales.

Continuó con su oposición al clero en sus Siete Tratados y en las citadas Las

Catilinarias, porque se sentía defraudado al ver que el clero no luchaba contra

Veintemilla. Su obra más furibunda fue Mercurial eclesiástica, escrita como

respuesta a la condena del portavoz del clero, Monseñor José Ignacio

Ordóñez, a su obra. No obstante, se puede asegurar que en la práctica

Montalvo se llevó mejor con la autoridad eclesiástica que con los católicos

conservadores.[67] Un caso ilustrativo es su Contestación a la carta de un

sacerdote católico al señor redactor de El Cosmopolita, publicada en el número

23
3 de su revista. El citado sacerdote era el nuncio apostólico, Monseñor

Antonelli, quien con suma cortesía defendía la necesidad del Concordato. Con

la misma deferencia Montalvo en 25 páginas se expresa con la mayor claridad

acerca de lo que deben ser a su juicio las relaciones entre Iglesia y Estado. Se

declara partidario del Patronato, afirma que en caso de desacuerdo ha de

primar la razón de Estado, rechaza el Concordato firmado por García Moreno y

termina especificando que considera el cristianismo como la verdadera religión

y aseverando: "Nunca seré contrario sino de la superstición, el fanatismo y los

abusos de los malos sacerdotes". El nuncio le mandó una segunda carta de

tono amistoso, defendiendo siempre el punto de vista de la Iglesia pero sin

condenar las posiciones personales del escritor.[]

Montalvo se oponía a la dominación clerical, como a cualquier otra, y

cuestionaba el “mito de una Iglesia perfecta hasta el más mínimo detalle y

autorizada así a sancionar cualquier asomo de crítica”. En definitiva, su

posición frente al clero obedecía a la política en primer lugar, luego a su

filiación liberal antiteocrática y a experiencias vividas ante el clero,[] a pesar de

lo cual no dejó de ser religioso.[]

24
CAPITULO IV

4. SU PRINCIPAL OBRA

4.1 El Cosmopolita

Ni pensador ni heterodoxo. El polemista. Su poderoso don de reírse. La

Geometría Moral y don Juan Valera. Su gusto por el melodramas. Su

casticismo

25
Montalvo prosiguió solo o casi solo la lucha. Este cuerpo a cuerpo con el

«tirano» decidió, puede decirse, de su destino de escritor y de hombre;

imprimió carácter a su obra, rumbo a su vida, sello a su figura. La publicación

de El Cosmopolita, que Montalvo hacía imprimir en gruesos cuadernos

sucesivos y lanzaba para impedir que cuajara la candidatura de García Moreno

a un nuevo período presidencial, lleva en sí el fallo de su fortuna. Frente a

García Moreno -hombre para él fasto y nefasto, ya que ni la gloria ni el

infortunio de Montalvo se conciben sin aquel coloso por derribar-, alma y estilo

cobran mayor relieve en el luchador; y en esta actitud pugnaz, su obra y su vida

le esculpen prodigiosamente.

La lucha airada contra aquel hombre vivo y efectivo, como más tarde la lucha

despectiva contra Veintimilla, toman de su mismo carácter personalista, un

nervio, un acicate extraordinario.

Cuando Montalvo atacaba en general los vicios y la corrupción de las

costumbres, sus hermosas cóleras perdían un tanto de su briosa eficacia, como

embotándose en el blanco fofo y disperso de la multitud. En toda multitud hay

dos clases de ignorancia: la una, primitiva, arcilla cándida e ingenua, dócil al

toque del pulgar modelador; la otra, la de los semiletrados, suspicaz y cominera

por dárselas de precavida. Esta última se alzó contra Montalvo. La falsa

interpretación de sus palabras, la mal intencionada santurronería, le obligaban

a cada paso a la rectificación preventiva, a la explicación innecesaria, que eran

rémora al discurso donde éste podía soltar su vena cuán ancha era; o traba

inoportuna y enfadosa, rara vez ocasión oportuna a gallardos contraataques

imprevistos.

26
No así cuando enemigos de carne y hueso le servían de elástico trampolín para

estos atrevidos saltos a la hipérbole y a la bufonería, con que Montalvo solía

libertarse del fastidio de discurrir y se elevaba merced a su risa poderosa.

De esta risa poderosa, de este don libertador, Montalvo usará más tarde hasta

el exceso, extremando su genio caricatural, a la manera, por ejemplo, de un

León Daudet, que tanto se le parece en la cordialidad de la cólera y la

sabrosura de la lengua henchida de jugos vitales. Sea que García Moreno le

inspirase cierto respeto, sea que, joven aún, se sintiese menos acerbo, ello es

que gusta más, por lo pronto de dar a su prosa polémica aquel entono señorial

que todo lo alza a grande estima. Montalvo en El Cosmopolita, más y mejor

que polemista, se muestra como una especie de orador grave y circunspecto.

Abunda en materia por la que tenía tan singular miramiento, cual es la de las

creencias religiosas. A nada parecía entregarse tan por entero como a la

sublimidad de los pensamientos que dilatan una autoridad majestuosa en una

atmósfera sobrecogida al soplo del misterio. La palabra divina, el dogma

inescrutable, el alto destino del hombre y su mísera terrenidad, le infundían un

respeto lleno de sibilina veneración. Y si tal cual clérigo suelto, o glotón cura de

aldea, le regocijaba con sus patrañas, y si la risa le retozaba en el cuerpo al

desbandar rebaños de beatas y frailes, en cambio erguía el pecho y reclinaba

la cabeza a modo de pontífice solemne tan luego como su pensamiento y sus

palabras entraban en recinto consagrado a la virtud.

Sus contemporáneos, ni los nuestros no se fijaron en este aspecto de Montalvo

que la posteridad irá poniendo en claro. Masón, hereje, blasfemo, impío, le

decían a él, cristiano a prueba, espíritu religioso, que acataba sacerdotalmente

la penumbra de los santuarios.

27
No puede menos de asombrarnos ahora cómo se pudo hacer piedra de

escándalo con sus enseñanzas. Principalmente en materia de ideas o ideales

políticos. Pues que fue en todo la cordura y la mesura misma, aparte de los

excesos de expresión. A punto que no parece sino que la confusión viniese de

la mezcla o del contraste implícito que hacían su temperamento combativo,

extremoso, pronto a airarse, y su inteligencia ponderada, equitativa, sagaz. Si

su culto es el de los héroes, la moderación, el sufrimiento, consejos son que

Montalvo repite con señalada insistencia. No de otro modo el puntilloso don

Quijote hace a cada paso elogio de la templanza. Nunca se aleja mucho de

creer que en el término medio reside, si no siempre la virtud, por lo menos la

solución más deseable al llano buen sentido. En su moral ensalza, junto al

heroísmo, virtudes opacas, humildes, vivificándolas al toque de su elocuencia.

“Seamos como la albahaca”, dice. Su retórica no rehuye las fáciles insidias del

lugar común: triunfa en el desarrollo de las máximas elementales de la

sabiduría popular, y más cuando las reviste del alba túnica cristiana. Por donde

se echa de ver el influjo de su educación religiosa sobre su genio discorde.

Yerran, pues, quienes siguen tomando a Montalvo por pensador heterodoxo.

Ni heterodoxo ni pensador cabe llamarlo en la genuina acepción de los

términos. Si al discurrir soberanamente sobre toda cosa, asumió el oficio de

pensador, y lo encumbró en el sentido del hombre que contempla y habla,

poniendo en e l tono, en el acento de sus escritos más que en sus razones, el

ascendiente de la persuasión, jamás hizo Montalvo hincapié en doctrinas más o

menos sistematizadas. Ni es su fuerte la dialéctica. No le preocupó nunca en

demasía la trabazón lógica de los conceptos, sino el despliegue frondoso y libre

de una materia tratada a grandes rasgos. Es de verle ensanchar el ademán

cuando explaya a su manera un razonamiento. A modo de castellano viejo que

28
se emboza en su ancha capa y echa a andar con talante asegurado para que le

abra paso la multitud ante la apostura de su continente... así, clásico a la

española, es decir, lo más profuso y lo menos lógico posible, su período se

envuelve en amplios giros y avanza seguro de sí, sin premura ni camino

prefijado.

Aquel tan noble garbo y compostura, decoro de su persona al parque de su

estilo, es quizá, con su respeto a la virtud, su rasgo más característico; y es,

puede decirse, la expresión adecuada de su moral, sostenida como está por lo

que Montalvo llama, con muy castiza arrogancia, «la hombría de bien», resorte

caballeresco de temple superior al sentiment de l'honneur, en que el orgullo

estoico y solitario de Alfredo de Vigny, gran espíritu que en este aspecto se le

parece, veía el único sostén de la moral en nuestra civilización.

Pero Montalvo ni lo asienta como doctrina ni lo define como ideal. Trabaja

como la naturaleza, que no conoce la línea recta; ni su invención es metódica;

si bien nunca, pierde su finalidad. Avanza siempre Montalvo, mas

serpenteando a capricho. Siempre es su hablar donairoso, nunca ergotista y

dialéctico, persuasivo sin ser polémico; no ahínca nunca en «probar». Discurre

y sale tan campante. Tiene de Montaigne aquel irrompible ir y venir y tornar de

una a otra cosa, aquel deambular despacioso y, al parecer, despreocupado por

entre temas ligados en engarce apenas alusivo. Le sigue también en la

perpetua erranza a través de ejemplos de Grecia y Roma, en la que el viejo

gascón le sirve a menudo de guía. Mas, siendo en Montalvo pasión del alma lo

que en Montaigne diletantismo, no puede ir muy lejos el socorrido ejercicio del

paralelo entre el escéptico indolente o indoloro y el convencido reivindicador.

Nada más dispar. «La blanda almohada» no era para cabeza tan reverente del

29
misterio, en lo religioso; ni tan pronta a la convicción y al improperio, en lo

político o personal.

Ese ondular de digresiones tras digresiones, ese divagar sin rumbo aparente,

desconcierta al lector que va en busca de algo preciso, seduce al lector que lee

por el placer de leer o se entrega al vaivén o al orden disperso de los

recuerdos, incidencias y concomitancias. Poco familiarizado con la lectura de

Montalvo, don Juan Valera, por ejemplo, tratando de hallar un método o

principio de composición donde ésta brilla por su ausencia, o un plan donde no

le hay, al hablar de las ideas de Montalvo -en el prólogo que se le había pedido

para que honrara la aparición de una obrilla póstuma de Montalvo-, no acertó a

decidir si aquellas páginas inéditas eran «apuntes desordenado que Montalvo

tenía entre sus papeles» o un «tratado cabal, el octavo, añadible a los siete».

Tan pronto se inclinaba a creerlas mero esbozo o acopio de materiales para un

tratado ulterior, como a calificarlas de obra esotérica, acaso oscura por lo

simbólica: «Confieso que ando a tientas por este dédalo o intrincado laberinto»,

decía. «Lo simbólico, la doctrina misteriosa, la enseñanza esotérica que puede

haber en este tratado, son puntos que no escudriño yo, ni toco», añadía

sonriendo. «Tal vez no perciba yo lo más sustancial que hay en el fondo de

esta Geometría Moral; tal vez no logre tocar yo las raíces y me quede por las

ramas»... Si quien tan límpidamente escribió sobre el Fausto se abstiene ahora

de exégesis y no toca estas supuestas reconditeces, es simplemente porque

no ha lugar; y si no lo declara es porque el diplomático zahorí sabía lisonjear

nuestro orgullo nacional, tan ufano de su Montalvo intocable, que acaso iba ya

a alarmarse con los discreteos de su risueña ironía. Contentose con llamarle

«el más complicado, el más raro, el más originalmente enrevesado e inaudito

de todos los prosistas del siglo XIX». Pero bien sabía que nunca fue muy

30
honda -ni para qué- la intención filosofante de Montalvo, quien enhebraba como

al azar los flotantes hilos de su discurso, seguro de que concurrirían a la

impresión de conjunto.

En cuanto al mencionado Prólogo, entre razones y excusas para no escribirlo,

nos dio Valera uno que, ni mejor le hubiera puesto escritor alguno entonces, ni

dejó, en su indecisión, punto importante por tocar. Apuntó, como jugando, más

de un atisbo feliz. En lo tocante a la Geometría, lo que hay es únicamente que

Montalvo extremó ahí de casualidad aquel su acostumbrado holgar a la vera de

cualquier sendero que se le cruzaba al paso como una alusión.

La geometría aquella, que tanto inquietó a Valera, no es sino una elegante

divagación sobre el amor. Parece, en efecto, un nuevo «tratado», análogo a los

otros siete, y escrito inmediatamente antes o después, del tratado De la

Belleza. En éste, acaso, por correspondencia o conexión de asuntos, enseña

con los mismos ejemplos, habla, casi en los mismos términos, de los mismos

personajes que aparecieron luego en la Geometría. Lucen en el tratado De la

Belleza trozos que están en la Geometría, que se quedaron en ésta, sin duda

por no haberle dado su autor la última, mano para la imprenta; pues de otro

modo no había acaecido que Montalvo se repitiera casi con idénticas palabras.

Por ejemplo, dice en La Belleza: «Feo fue el pobre Esopo, feo, refeo, feo donde

más largamente se contiene: feo de más de la marca: esencia de feos:

archifeo, feote, feísimo». Y en la Geometría: «En cuanto a Esopo, ese sí fue

realmente feo, feo de más de marca, prototipo de feos, lo que se llama feo,

refeo; feo en toda la extensión de la palabra y donde más largamente se

contiene». Y en uno y otro tratado aparecen asimismo Sócrates, Hudibrás,

Duguesclin, etc., en parejas actitudes. Y abundan esos desfiles de augustas

sombras, que Montalvo gustaba de desarrollar en teoría pausada, imponente,

31
de aire grandioso: Julio César, Alejandro, Alcibíades, Napoleón, Dante,

Petrarca, Alfieri, Byron, Goethe, cien más conquistadores invencibles de

coronas o corazones, conquistados y vencidos aquí por el amor.

Inferior quizá, para algunos, pero tan «tratado» como los otros, esta disertación

es demasiado extensa y prolija para que se la juzgue mera copia de elementos

destinados a un trabajo que no llegó a redactarse de verdad. Mas no sabremos

decir si no lo publicó en vida por desconfianza o saciedad o desabrimiento, o si

lo postergó adrede para remodelarlo, o si, hallándolo a su gusto, lo reservó

para aparición póstuma. De todos modos, no se le puede tomar como

lineamiento o bosquejo a este nuevo derroche de lengua y erudición peculiar,

un tanto cuanto desordenado.

Simple esbozo no es éste, que contiene bajorrelieves de tan raro vigor plástico

en su ingenuidad, como el cuadro de Belcebú, el enorme perro bondadoso y

tranquilo, que con sus tres jinetillos regocijados forman un pedazo de friso,

esculpido con gracia y fuerza singulares.

Bien está que se haya publicado, pues como dijo el mismo Valera al respecto,

nada de Montalvo debe quedar inédito.

Pero, ¿y aquel don Juan de Flor?, se dirá ¿Y aquellas cartas de mujeres?

¿Cómo es posible? Culpa de Montalvo no fue tanto, cuanto del gusto

deplorable de sus lectores. ¿No gustaron éstos, hasta el delirio, las lágrimas y

el contagio, de aquella exasperante Carta de un Padre Joven? Montalvo

reincidió, como cedió una vez más al prurito de melodrama, intercalando en su

disertación sobre las desdichas y felicidades inherentes al misterio erótico, que

con tan «pugnantes llamas» encendía su imaginación, el episodio de Safira y

las aventuras imaginarias de su don Juan hiperbólico.

32
Limitándonos, deliberadamente, al elogio exacto y a la perspectiva de altura,

prescindir no es posible, sin embargo, de anotar al paso aquel persistente

desvarío de Montalvo como novelador y dramaturgo. No parece sino como que

le obsediera en sus ratos perdidos ese personaje, falsamente misterioso, en el

fondo absurdo, hecho de retazos de mal satisfecho orgullo amatorio y de

violentos escorzos de la más sumaria psicología de teatro popular: escenas de

ambigú declamadas en lengua culta que vuelve más pesados e inverosímiles

los trances de la fanfarronería donjuanesca, inútilmente complicada de

escrúpulos morales. Si sorprende en el Montalvo escritor la supervivencia de tal

rezago de mala literatura, menester será analizarla como indicio de su

represado temperamento, en un examen inteligente de sus adentros. Valgan

estos toques de sombra incierta. para resalte del más verídico de sus futuros

retratos.

Fácil sería seguir el proceso de las sucesivas apariciones y encarnaciones

fantásticas de este tipo de solitario, desde su Aguilar juvenil hasta su póstumo

don Juan de Flor, pasando por este su Herculano que vive rodeado de sombra

impenetrable en su caparazón de recónditas y silenciosas virtudes, que se

enamora de la tal Safira de un modo extraño, y sin decirle lindos ojos tienes, le

prueba su pasión en folletinescos percances: la niña va a ahogarse, él llega

improviso, se arroja al río, lo rompe en pujante esguazo, la toma a ella por el

cabello, y la salva; se incendia la casa, va a arder la niña, él atraviesa

incombustible las llamas, y la salva; los godos entran a saco el pueblo, van a

violar a la doncella, él llega, mata a los violadores, y la salva intacta. Llega

siempre, no se sabe de dónde, y por supuesto, en el momento supremo.

Los Dramas de Montalvo, irrepresentables, apenas legibles, en su

grandilocuencia temeraria, tremebunda como sus nombres, La Leprosa, El

33
Descomulgado, ofrecen también curiosos aspectos de esta como segunda

naturaleza de Montalvo. Tan pronto le tienta, el luciferino prestigio de la

rebeldía, como simula demorar impávido entre ruinas. Sin duda por lo

romántico de ambas actitudes, pasa de una a otra.

Si dejó páginas cargadas de falso énfasis poético, de candor melodramático, la

verdad es que las aventuras medrosas y pasos sentimentales a que le condujo

su fantasía de cuando en cuando tocada de aquel devaneo, no son las que se

compaginan mejor con lo que en su obra parece llamado a definirlo por lo alto.

Deleznables al vuelo del tiempo, hay también páginas de circunstancia, a las

cuales tan sólo el aliento del estilo comunica todavía, aquí y allá, animación y

movimiento; alegatos por causas ya ganadas, ya pasadas en autoridad de cosa

juzgada. Es la suerte de esta clase de esfuerzos; la victoria que los consagra

los deja atrás, abolidos, ya sin objeto. Todas las libertades que Montalvo pedía,

conseguídolas habemos e incorporándolas a nuestros hábitos de vida pública y

a nuestra formación mental, con todos sus excesos y, claro está, con todos sus

desengaños. En el ritmo alterno de las generaciones, otras vendrán, llegan ya,

que pedirán lo contrario, y volverán a sacrificar en aras de una autoridad fuerte

y algo dogmático, ahítas de garrulería electoral y confusión demagógica. Mas

no por eso el mérito de Montalvo consiste sólo en haber sido gran escritor.

Preciso es considerarlo en estos mismos escritos con ojos retrospectivos. Fue

un precursor. Y como casi todos los precursores, acaso habría perdido su fe al

verla así realizada. El mejor de sus continuadores, el fiero y percuciente

González Prada, ¿no se refugió, temprano, en sus Horas de lucha, a sutilizar

sus «Minúsculas»?

Aunque América decepciona, con todo, si tendiera Montalvo ahora una mirada

que la abarcase, como aquella Ojeada, por ejemplo, que del recluso Quito de

34
entonces echó por sobre las fronteras, halagaríale el camino andado, si bien a

tientas y a trompicones. Ya tanta sangre no corre.

Y lo que ha dado en llamarse americanismo va lentamente creando una

especie de conciencia de su destino. ¿Quién no siente hoy, o por lo menos,

quien no profesa el americanismo como expresión del sentir de toda una raza

en todo un continente? Va siendo un lugar común, aun antes de clarificado su

contenido. Pero en la época de Montalvo, la naciente solidaridad, despertada al

soplo americanizante de la Independencia, volvió a dormirse en el aislamiento y

hurañería de repúblicas más recelosas que fraternales. Tan sólo espíritus

magnánimos descubrían desde su cima solitaria el porvenir indivisible y

anhelaban por la unión preparatoria. Ninguno más que Montalvo. Y su

americanismo es de la mejor ley: no teórico ni político, menos aún literario,

busca inútil de imposible o pobre originalidad artificial; sino cordial sentimiento

de unidad, de interés vivo por todas y cada una de sus partes, intuición de su

profunda predestinación. Pocos son y en modo alguno intencionales,

sistemáticos, los toques de color o sabor americanos propiamente, en el estilo

o en el pensamiento de este «español» de los mejores tiempos. Y nada le llenó

de complacencia como este elogio, cual el mayor para un americano que

comprendía bien su abolengo en el mundo del espíritu y de la cultura. ¿Qué

diría hoy de las ínfulas y conatos de los teorizantes, más arrogantes a fuer de

americanos crudos, que profesan una especie de cómico menosprecio y

sistemático apartamiento de la Europa madre y maestra, mientras exceptúan,

eso va de suyo, a la asiática Rusia? «Ciudadano del mundo», como el filósofo

antiguo y el poeta moderno, gustaba Montalvo de proclamarse. ¿Habremos por

esto de negarle la ciudadanía espiritual de americano? Le interesaba la suerte

35
de la civilización, al mismo tiempo que miraba, y con pasión de sacrificio, por la

suerte de su propia patria. Al ahogarse en ella, pedía espacio: he ahí todo.

Hora sería ya de hablar de su casticismo y, en detalle, de su estilo. Bien es

cierto que todo es hablar de ello, en tratándose de Montalvo. Más a punto

vendría, sin embargo, si mostrásemos todo el primor en los Siete Tratados y

otros ensayos en donde hizo mayor gala de riqueza sintáctica y lexicográfica.

Digamos aquí tan sólo que su purismo no fue intransigente ni momificante; que

nunca trabó su lengua el temor paralizante del galicismo; que su arcaísmo no

es obra de taracea. Bien como, en épocas de vigor, el castellano asimiló tanto

italianismo que siguió siendo luego una elegancia clásica, así, en manos de un

escritor castizo cual Montalvo, toda libertad es legítima. Empero choca y

disuena, en cultor tan remirado del idioma, su prontitud en querer adoptar

aquella ortografía que sólo es prima de iletrados y que, so capa de

simplificación, desfigura el aspecto, profana el linaje, la gloria antigua de los

vocablos. ¿Fue acaso por la esperanza de tener que luchar menos con los

cajistas, que le estropeaban sin cesar las pruebas? Vencido fue aun así.

Heredados de Montalvo, -y de toda una generación de gramáticos y de

puristas, sus contemporáneos y sucesores-, aun se mantienen, en el

periodismo, en la conversación familiar, en el parlamento, giros y modismos de

la más genuina proveniencia clásica. Por muchos años no se conoció en la

república otra crítica que la gramatical. De una acerbidad cruel, como casi

siempre, estrecha y obcecada, dejó sin embargo implantado por largo tiempo

un respeto saludable a la propiedad de las voces, sus correspondencias y más

genialidades de la lengua. Han cesado aquellas doctas y feroces controversias

gramaticales; han desaparecido los maestros: sobrenadan los vestigios de esa

elegancia anticuada.

36
La lectura de Montalvo volverá a dar a los escritores esa elegante familiaridad

de giros, torneos, construcciones, no ya incrustados a la fuerza ni sacados,

como con pinzas, del diccionario, sino vivificados, como en el maestro, por el

gusto más natural, por el amor, el placer más sonriente. En Montalvo, el más

contorneado fraseo, el idiotismo más privativo, el arcaísmo más venerando,

suena a hablado, a cosa viva, a expresión popular en su nobleza.

Si bien en cauces al parecer complicados, por lo vario y cambiante de sus

meandros y por lo elaborado de la dicción, tan fácil corrió siempre esta

abundante lengua, que a todos es dable gustarla, y mal se puede decir que

esté ahí par a regalo de arcaizantes. Como tampoco puédase tildar a Montalvo

de exclusivismo aislado, en engreimiento maniático de purista.

Ni siquiera le tienta el arte por el arte; o es para él, como si no existiera.

Reconoce como un deber, impone al escritor como obligatoria, una misión

eleva da. La suya fue de moral pública y privada, de virtud, más que de

defensa e ilustración de la lengua.

En el prospecto mismo de El Cosmopolita anuncia que «tal cual trozo de

literatura y amena poesía» será allí episodio deleitable, esparcimiento licito del

ánimo. Sus viajes serán lecciones, pruebas sus recuerdos.

A tal concepto de misión educadora débase, acaso, que esta obra de juventud,

y de batalla, en donde cabían en rigor todos los excesos, mayores sean en

suma los anticipos de una como provecta cordura, que los rezagos de un

impetuoso romanticismo. Sus mismos ataques a García Moreno no son en

modo alguno comparables a sus vehementes, virulentas Catilinarias contra

Veintimilla.

37
Le valieron, sin embargo, el destierro, voluntario por anticipado; pero obligado

por ineludible.

38
CAPITULO V

5. LA LIBERTAD

5.1 Definición de la Libertad

Sobre la libertad se ha dicho y se seguirá diciendo mucho. Se argumenta, por

ejemplo, en algunas concepciones, que siendo el hombre libre no lo es del todo

pues tiene toda actividad regulada por pautas de conducta que le dicen lo que

debe y lo que no debe hacer. A estas se suma la contradicción que sostiene

que aún teniendo la conducta regulada por normas existe la disyuntiva de lo

que el individuo decide o no decide hacer, otorgándole otra acepción a la

palabra libertad, libre albedrío.

Guillermo Cabanellas al respecto nos dice: se trata de la “facultad humana de

dirigir el pensamiento o la conducta según los dictados de la propia razón y de

la voluntad del individuo, sin determinismo superior ni sujeción a influencia del

prójimo o del mundo exterior”, a lo que podemos agregar que, siendo así, el ser

humano es libre independientemente de la existencia de las normas que rigen

39
su conducta y de las sanciones que, como resultado de la priorización optada,

se deriven.

Pero este hecho tiene un antecedente nacido de una relación de dependencia,

si nos remontamos a los tiempos primeros de la existencia del hombre, como

nos dice Juan Monroy: la única posibilidad que tuvo el animal humano para

subsistir dependió de la formación de grupos (clanes, tribus, gangs). Lo que

explica un rasgo del hombre tan antiguo como su existencia: su sociabilidad”.

Si a esto le sumamos lo venido después, desde las viejas Concepciones

Estatales, Platónicas como Aristotélicas, Rousseau y su Social Contract, el

nacimiento del Constitucionalismo, Montesquieu y la Teoría de la Separación

de Poderes y el reconocimiento de los Derecho Fundamentales de las

Personas, concluiremos –inobjetablemente– que la libertad forma parte de la

evolución del hombre y que ha sido tema de discusión y polémica durante toda

nuestra existencia y que además se denota una gran dependencia, o

necesidad, del hombre a vivir con otros en sociedad para facilitar la respuesta a

sus necesidades. Siendo así y dando cuenta que al fin el hombre es libre y que

en medio de tanta libertad depende de otros para poder aplacar su necesidad

de bienes que le aseguren la subsistencia; la misma relación de dependencia,

¿no constriñe la libertad?

A continuación enfocaremos el tema según algunos autores.

Volviendo a Guillermo Cabanellas define a la libertad en una forma genérica

como: “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra,

y de no obrar, por lo cual es responsable de sus actos”, sin embargo este

mismo autor asigna, en el campo jurídico, la siguiente sentencia: “Entendida la

40
libertad como autonomía individual, absoluta en el pensamiento, y mayor o

menor según las relaciones surgidas de la convivencia social, ha movido a

definiciones de juristas y legisladores. Envuelta en la anonimia, pero aureolada

por notable perspicacia jurídica, los romanos decían: “Libertas est potestas

faciendi id quod Jure licet” (La libertad es la facultad de hacer lo que el derecho

permite)”.

Justiniano transcribió en el Digesto el concepto y las palabras similares de

Florentino: la libertad es la facultad de hacer cada uno lo que le plazca, salvo

impedírselo la fuerza o el derecho.

Aún encadenada así en algo la libertad, su valor es tan grande que Gayo la

consideraba como el mayor de los bienes: “Libertas omnibus rebus favorabilior

est” (La libertad es la más preciada de las cosas). Y tan elevado es su precio

que, ratificando a su colega Ulpiano, exclamaba: “Libertas pecunia lui non

potest” (la libertad no se puede pagar con dinero). Los piratas sarracenos, con

los cristianos medioevales y los guerrilleros morunos con los prisioneros de

guerra del siglo XX, demostrarían que aquel insigne jurista no siempre estaba

en lo cierto.

Paulo, a su vez, expresaba: “Libertas ad tempus dari non potest” (La libertad no

se puede conceder temporalmente). Por qué esa amenaza de retornar a la

esclavitud amarga, como simple condena a la libertad, la transitoria liberación.

No obstante, en la realidad procesal y como atenuación penitenciaria, se

conoce esa libertad revocable o en cuotas que representan instituciones como

41
la libertad provisional de los procesados y la libertad condicional de los

condenados de ejemplar comportamiento ulterior.

Las Partidas, inspiradas en el Digesto, caracterizaban la libertad cual “poderío

que ha todo hombre naturalmente de hacer lo que quisiese, sólo que fuerza o

derecho de ley o de fuero se lo embargue”.

En Francia, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la

libertad se consagra como Derecho Fundamental en el artículo 2° y se define

en el 4° en estos términos: “La facultad de hacer todo aquello que no

perjudique a otro”.

Como conducta personal, la libertad se entiende en el sentido más amplio y a

la vez ingenuo. En el Anarquismo Puro, como aquella potestad de hacer lo que

se quiere, imposible por carecer de omnipotencia y por el respeto que infunden

los demás en su individualidad y en su conjunto. Con sentido más moral, la

libertad se circunscribe a hacer cuanto no daña a otro, con la imprecisión

consiguiente al daño y a la autoridad para apreciarlo. En aspecto más jurídico,

la libertad consiste en el derecho de hacer cuanto las leyes permiten y todo lo

que no prohíben.

Desaparecida la esclavitud, al menos en sus formas más groseras, la libertad

personal está garantizada en el orden civil, y es irrenunciable e inalienable. No

sucedía así en el Derecho Romano, donde dada la extensión de las facultades

individuales, el mayor de 20 años podía vender su propia libertad y

transformarse en esclavo, condición digna del capaz de tal suicido moral.

42
El propio Escriche, partícipe del entusiasmo que la libertad suscitaba en todos

sus aspectos y más en la España del siglo XIX, luego de su calvario

constitucional y de la primera de las guerras civiles ganada bajo su signo,

declara que la libertad –en su sentido natural y verdadero– es la facultad que

tiene el hombre de obrar o de no obrar en todo, como crea convenirle. Por eso

toda la ley le es contraria, porque toda la ley le ataca y disminuye. Pero no llega

a una conclusión anarquista, como buen jurista.

Por eso agrega que la ley que nos quita una parte de nuestra libertad nos

asegura la porción que nos queda, confiriéndonos los derechos de seguridad

personal, de protección para el honor y de prosperidad; de modo que el

sacrificio que hacemos para adquirir tan preciosos bienes es mucho más

pequeño que la adquisición. La libertad, pues, de los ciudadanos, será mayor o

menor según la mayor o menor gravedad de los obstáculos que la ley oponga a

sus acciones o actos; y tales pueden ser las leyes de un estado que absorban

casi enteramente la libertad de los individuos que lo componen.

La libertad, por la que se luchaba empeñosamente en Europa en el curso del

siglo XIX, se ha convertido en el siglo XX en divisa de carácter internacional.

Con el lema de la “Libertad de los Pueblos” hicieron los luego vencedores de la

Primera Guerra Mundial; pero a ello siguió una ola de dictaduras en Europa,

como nunca se había conocido desde el destruido Absolutismo Real. Por la

aspiración de la “Libertad del Individuo”, oprimido en los sistemas totalitarios,

se anunció que se batallaría en la Segunda contienda universal; y también los

triunfadores –a tanta distancia ya de su victoria– tienen mucho que cumplir.

43
El ansia de libertad, inextinguible en los individuos y en los pueblos por larga

que la opresión se muestre e insaciable por mayor tolerancia que se logre o

consienta, se manifiesta en la vida de los países coloniales como sentimiento

de emancipación e independencia.

5.2 Libertad en lo Religioso, Moral y Ético

Hay tantas respuestas de libertad como hombres en el mundo. Para unos la

libertad significa la ausencia de ataduras humanas; otros encuentran la libertad

en la democracia; para muchos, la libertad es poder decir y hacer lo que mejor

les parece; para otros es no estar esclavizado.

Según el Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española: “la

libertad es la facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su

inteligencia y antojo; es el estado o condición del que no está prisionero o

sujeto a otro; es la falta de coacción y subordinación; es la facultad que se

disfruta en las naciones bien gobernadas, de hacer y decir cuanto no se

oponga a las leyes ni a las buenas costumbres”. En fin, de libertad

encontraremos infinidades de acepciones y conceptos; pero para enfocarnos

en los aspectos más resaltantes de éste significado tendríamos que penetrar

en los puntos de vista histórico, religioso y ético.

Desde el punto de vista histórico, al igual que toda especie viviente procede por

evolución de toda una cadena de especies sin que se produzcan nunca saltos

espectaculares, así también toda conducta humana procede por evolución de

toda una cadena continua de conductas anteriores, sin saltos espectaculares (y

44
si los hay es preciso buscar los eslabones perdidos en vez de diseñar

modernas mitologías). De lo cual es preciso inferir que lo que hoy

denominamos LIBERTAD procede por evolución de la ESCLAVITUD, es decir

que la realidad que hoy llamamos libertad es una forma evolucionada de una

realidad antigua, ya extinguida, que denominamos esclavitud.

Para muchos, libertad es el contrario de esclavitud (y no a la inversa). De

manera que si no hubiese existido la esclavitud, ni siquiera se hubiera percibido

ni definido la libertad, de la misma manera que si no hubiese oscuridad, nunca

hubiéramos percibido y definido la luz, tan esquiva por lo demás a ser definida.

Esclava es la persona que no es dueña de sí misma, sino que es propiedad de

otra persona, física o jurídicamente. Por consiguiente, libre sería la persona

sobre la cual nadie ejerce derecho de dominio, es decir de amo.

Y la primera duda que nos asalta es si no existe la barrera natural, el límite

(finis) de la libertad: ¿qué es la esclavitud? ¿Cómo podemos definir esa

realidad? Al no tener límites se nos convierte en indefinible, es decir en in-finita,

con lo cual a cualquier cosa se le llama libertad.

Ahora bien, encontramos también que desde la perspectiva religiosa, la libertad

es simplemente la verdad de Jesús. Para los religiosos, él es el modelo y el

ejemplo de lo que realmente significa ser libre. Sobre todo, Jesús estaba libre

del pecado Su vida entera era una expresión perfecta de la justicia de Dios en

todos los sentidos. Este hecho es tan conocido que no es necesario entrar en

más detalles. También estaba libre de Satanás y de los poderes de las

45
tinieblas. Podía decir de Satanás, “Nada tiene en mí” (Juan 14:30). Estaba

libre del temor. Podía denunciar el pecado en los líderes religiosos. No temía a

las multitudes que le querían matar. Podía fijar su rostro hacia Jerusalén e ir al

encuentro de su muerte. Estaba libre de toda enfermedad. No hay testimonio

escrito que indique que su salud fuera menos que perfecta en ningún momento.

Estaba libre de la tradición religiosa. No tenía ningún respeto para nada por la

religión que no procediera de Dios. Estaba libre de todas estas cosas y muchas

más. Pero no sólo estaba libre de sino libre para. Estaba libre para hacer la

voluntad de su Padre en todo y todos los días. Estaba libre para ser la perfecta

expresión de su padre celestial en todo lo que decía y hacía. Estaba libre para

dar su vida por nosotros.

La libertad que disfrutaba Jesús es la libertad que ofrece a todos aquellos

quienes creen en él. En Romanos 8: 19-22 Pablo escribió: “Porque el anhelo

ardiente de la creación es el de aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por

causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será

libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de

Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con

dolores de parto hasta ahora” ¿Cómo se ha de entrar en esta libertad que

predican las religiones cristianas? Encontramos la respuesta en el versículo

que ya hemos citado “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis

verdaderamente mis discípulos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará

libres”. En la religión, la verdad que entra en los corazones de todos los seres

humanos, es la que traerá la verdadera libertad a todos. No es la doctrina del

46
hombre que entra en nuestras mentes lo que nos hará libres; si no la verdad

que proviene de Dios.

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros

permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y

conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8.31-32). De acuerdo con

las palabras del Maestro, la libertad del hombre se encuentra en la verdad de

su evangelio.

La mentira es el antónimo de la verdad. A través de los tiempos, la debilidad

del hombre lo ha llevado a mentir Los mentirosos tendrán su parte en el lago

que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apoc. 21.8). La

libertad es sinónimo de verdad en toda su esencia. La verdad a medias, no

libera al hombre de sus pecados.

Muchos se convierten en esclavos de los vicios. El licor, el tabaco, las drogas,

etc., una vez se posesionan del ser humano se le hace muy difícil liberarse de

ellos. En Romanos 7:15-25 el Apóstol Pablo, todo un apóstol, confiesa lo difícil

que se le hace vencer la carne. El verso 19 dice: “Porque no hago el bien que

quiero, sino el mal que no quiero, eso hago, y si hago lo que no quiero, ya no lo

hago yo, sino el pecado que mora en mi.” Lo que es imposible para los

hombres es posible para Cristo. “De cierto, de cierto os digo que todo aquel

que hace pecado, esclavo es del pecado” (Jn. 8.34). “Así que si el Hijo os

libertare seréis verdaderamente libres.” (Jn. 8.36).

47
La libertad es Cristo, porque el vino a romper las cadenas con que nos tenía

atados Satanás. Cristo vino a dar la libertad a los presos que estaban

encadenados a sus delitos y pecados. La libertad en Cristo no compara con

ninguna otra cosa a que pueda aspirar el ser humano. Todo lo que tenemos

que hacer es escuchar su voz, aceptar su invitación, y obedecer su palabra.

Conocer la verdad no es suficiente para alcanzar la libertad. Sin la obediencia

al Evangelio, nadie tiene libertad completa

En conclusión la libertad necesita de la verdad. La libertad requiere del

entendimiento (facultad que busca la verdad) y de la voluntad (facultad que

busca el bien). Usando ambas el hombre puede determinar dónde está el bien

verdadero y escogerlo. La libertad puede aumentar en el sentido de adquirir

mayor facilidad de conocer y escoger el bien. Mejorará a base de realizar

buenas elecciones, pues se crea el hábito de optar por el bien. La libertad

disminuye con los pecados, pues los vicios dificultan elegir bien. “El que peca

es esclavo del pecado”. Por ejemplo, la persona que se deja vencer por la

pereza cada vez se vuelve más perezosa y le cuesta escoger bien en asuntos

que supongan esfuerzo. Los que ayudan a ser libres son los que difunden la

verdad –“la verdad os hará libres”–, y ayudan a escoger el bien. Por ejemplo,

quien invita a un amigo a drogarse le dificulta la libertad atándole a ese defecto;

en cambio, quien anima a trabajar, rezar o comportarse bien facilita el buen

ejercicio de la libertad.

Quien hace el mal adquiere un vicio y si ejerce un acto bueno adquiere una

virtud. ¿Por qué? Según los grandes socráticos, es imposible que un hombre

ejerza un acto libre sin que en su misma índole de hombre adquiera una

profunda reconfiguración intrínseca. La vida humana está entretejida de

48
multitud de actos, pero no es indiferente actuar bien o mal, porque cada acto

tiene consecuencias externas, pero también –y sobre todo– consecuencias

internas.

Los vicios nos encadenan, las virtudes contribuyen a hacernos más libres. La

libertad es un valor que a menudo está oscurecido. A veces se escucha

¡déjame hacer mi vida! Aquí está la oportunidad para hacerlo. ¿Por qué?

Primero, porque en el paso al acto el ser humano no puede ser sustituido. El

hombre está en sus propias manos, dice la Antropología Clásica; nadie puede

sustituir su iniciativa. Este hallazgo clásico lleva a formular la libertad como

Causa Sibi, ser causa en orden a actos, ser causa para sí en orden a actos:

desarrollarse, actualizar sus facultades corre a cargo de cada cual.

Los actos virtuosos los ejercitamos desde la libertad y sólo así podemos

progresar en esa libertad. Por eso, la gran tradición clásica hasta Tomás de

Aquino, sostiene que el invalorable don de la libertad radica en controlar la

propia conducta, es ser Causa Sibi. La libertad ante todo es el autodominio. Es

dueño de sí el que tiene virtudes y no es dueño de sí el que no las tiene porque

tiene vicios. Por eso, la alternativa ética es ontológica, afecta al ser mismo del

hombre: uno se hace bueno o se hace malo. ¿Cómo se hace bueno o se hace

malo? A través de sus actos, por esto es por lo que son importantes puesto que

el origen de la moralidad está en los actos y éstos se determinan por sus

objetos.

Libertad no es hacer lo que nos da la gana –eso es el libertinaje, corrupción de

la libertad– sino hacer lo que hay que hacer, es decir, realizar las cosas según

el querer de Dios no forzosa o necesariamente sino libremente, porque nos da

la gana de hacerlo.

49
La mayor libertad se da en el cielo donde la inteligencia y voluntad alcanzan su

mayor perfección, descubren con toda facilidad donde está el bien verdadero y

eligen siempre con acierto.

5.3 Libertad De Expresión

Libertad de Expresión es la libertad de expresar pensamientos, ideas o

creencias a través de la palabra (escrita u oral), la expresión artística, científica,

etc. Por supuesto que esta libertad tiene sus límites lógicos. Uno de esos

límites es el derecho al honor. Otro es el respeto a los sentimientos religiosos

de la persona. Por otro lado, no habría que olvidar tampoco, que el Derecho a

la Libertad de Expresión es también un derecho importante en una sociedad

democrática.

Considerado lo anterior, surge ahora una reflexión interesante: si el Derecho es

capaz de establecer unas pautas éticas tan elevadas cuando regula la libertad

de expresión y el derecho al honor, ¿debería ser inferior la norma para los que

se rigen además por principios cristianos? Si se acepta que el espíritu de las

enseñanzas de Jesucristo es mucho más excelso que las simples leyes

humanas, ¿habría alguna justificación para que alguien usara el “lenguaje del

odio” o la “vejación gratuita”? No parece que debiera ser así, sobre todo si se

tiene en cuenta el espíritu de las admoniciones apostólicas:

Es triste reconocer que en mucho de lo que se publica, incluido Internet,

aparecen expresiones no sólo de crítica o de cuestionamiento de doctrinas

religiosas, sino también de “lenguaje del odio” o “vejación gratuita” cuando se

denuncia a los Testigos de Jehová o a otras confesiones. Se olvida muy a

50
menudo que la inmensa mayoría de las personas que los componen son

personas de fe que desean hacer la voluntad de Dios y vivir vidas pacíficas.

Pero en otras ocasiones ocurre que son los mismos dirigentes religiosos de

algunas confesiones religiosas los que inculcan en sus seguidores el desprecio

a otros. Un ejemplo ilustrativo es el de los Testigos de Jehová. Sus dirigentes

quizá podrían reflexionar en si es ético, desde el punto de vista del espíritu de

las enseñanzas de Jesús, usar un “lenguaje del odio” o de “vejación gratuita”

para con los que ya no están entre sus filas o a los que con todo desprecio

llaman una y otra vez en sus publicaciones “apóstatas”. Manipular incluso las

Escrituras para inculcar odio y decir lo que en realidad éstas no dicen, puede

verse en este ejemplo, según se publicó en La Atalaya 1 de octubre de 1993:

“Los apóstatas están entre los que odian a Jehová y se sublevan contra él. La

apostasía es, en realidad, una rebelión contra Jehová.”

El tema es extremadamente sutil, pues el campo de la religión puede ser muy

sinuoso y se escapa muchas veces al Derecho Positivo. La falta de ética por

parte de los que permiten y enseñan esa política de “aborrecimiento” sólo

recuerda al mismísimo Espíritu de la Inquisición que despreciaba

absolutamente todos los derechos y libertades de la persona humana.

De modo que, ¿quién tiene derecho de usar su libertad de expresión para

“odiar”, “vejar” o “mancillar” a otros? Puede tratarse de los ataques

desmesurados o llenos de odio de personas particulares contra alguna

confesión religiosa, o al revés, que sea una confesión religiosa la que a través

de la propaganda de sus líderes mancille o veje el honor y buen nombre de

personas. Pero según lo considerado hasta ahora, habría que llegar a la

51
conclusión de que ninguna ley, jurídica o moral, podría justificar semejante

conducta. Al fin y al cabo, ¿no es Dios el Padre de todos y el verdadero Juez

de toda la tierra? (Santiago 4:12)

Sin de los derechos humanos o la falsedad. Pero parece también necesario

tener en cuenta que, tanto desde la perspectiva del Derecho como desde los

altos valores cristianos, no todos los modos tienen por qué ser lícitos, sobre

todo si lo que se desea como meta final es rectificar las cosas para lo que es

verdadero, educar en la justicia o contribuir para la edificación de los demás.

5.4 Clases de Libertad

De acuerdo a Ortega y Gaset, el hombre se encuentra inmergido en el mundo y

actúa en diferentes planos: en el plano material o mundo de la naturaleza, y en

el espiritual o mundo de la cultura.

El mundo de la naturaleza es el mundo de la necesidad, pues está regido por la

ley de casualidad, mediante la cual –de un modo ineluctable– a todo efecto

corresponde una causa. En cambio, el mundo de la cultura es el mundo de la

libertad, porque dicho mundo es creado por acciones humanas que son

realizadas por el hombre no casualmente, sino obedeciendo aun principio

teológico finalista.

Una piedra debe caer necesariamente, de acuerdo con las leyes de la

gravedad; un hombre puede o no realizar un acto, aceptando las

consecuencias de su acción u omisión.

Siendo así, la libertad tiene un concepto amplísimo ya que puede referirse a las

cosas del mundo de la naturaleza o bien a la del mundo de la cultura. Según

52
Soler “si algún concepto hay cuyos atributos sean infinitos, inagotables, ese

concepto es el de libertad”.

La libertad absoluta no existe pues aún los cuerpos en el espacio se

hallan sometido a las leyes de la gravedad universal de Newton o a las del

campo unificado de Einstein.

En el mundo de la cultura tampoco existe la libertad absoluta, por cuanto ella

debe detenerse ante la esfera de la libertad de los otros hombres con quienes

convivimos.

De allí que la libertad sea una entidad relativa y podríamos conceptuarla como

la no sujeción a algo. Pero esta concepción, vaga y generalizada, debe

delimitarse; así decimos: libertad física, o sea no sujeción a algo material;

libertad biológica, o sea vida independiente de otros organismos; libertad

política, o sea gobierno propio que es independencia con respecto a lo externo

y posibilidad de elegir gobernantes o de ser elegido en lo interno; libertades

públicas; libertades civiles; libertades económicas; etc.

En el mundo de la cultura, la libertad puede ser individual o colectiva. La

libertad colectiva consiste en la independencia con respecto a otros Estados.

La libertad individual puede ser pública o privada, o sea libertad política y

libertad civil, dentro de la vieja denominación de Aristóteles.

Así tendremos que una aproximación al concepto de libertad nos la hace

mostrar como un derecho, como un derecho imprescindible e inalienable de la

53
persona humana, ínsito a ella y por ende perteneciente indisolublemente a su

naturaleza.

Esto nos conduce a la concepción de la libertad como un derecho natural, un

derecho natural fundamental y primordial.

De acuerdo a la Enciclopedia Jurídica Omeba, tendremos que Libertad en el

sentido de la Filosofía del Espíritu, “es el estado existencial del hombre en el

cual éste es dueño de sus actos y puede auto determinarse conscientemente

sin sujeción a ninguna fuerza o coacción psicofísica interior o exterior. Opínese

así este concepto al de determinismo causal que, en la medida en que implica

forzosidad, es y constituye una limitación a la posibilidad de obrar.”

Lo que nos indica esta definición es que se debe entender por acto libre aquel

que se ejecuta con dominio y propiedad en la decisión; esto es, con pleno

conocimiento y facultad para realizar otro distinto o, cuando menos, para

omitirlo.

La existencia de la libertad es un hecho de experiencia inmediata y universal en

la vida humana; un hecho que es, a la vez, el de la coexistencia social del

hombre. Y si la coexistencia social implica la vigencia de uno o más sistemas

normativos, resulta que el hombre es libre en tanto posee una inteligencia

capaz de comprender el sentido normativo de sus actos y una voluntad capaz

de decidir la realización de éstos.

La libertad humana opera así, tanto en la esfera de la razón como en la de la

voluntad. De ahí que todo ejercicio de aquélla signifique una volición no ciega

ni absoluta ni instintiva, sino racional. Y de ahí también que el grado de libertad

54
interior depende proporcionalmente del conocimiento del sentido de una

acción.

Sobre todo lo anteriormente dicho, podríamos decir que la libertad es un

derecho que otorga el Estado al individuo y no es una norma jurídica sino que

es el poder del individuo de realizarse a sí mismo, de resistir a la opresión del

Estado y las Leyes, a la esclavitud de las cosas, a fin de desarrollar su íntima

personalidad y erigirse en el creador de su propio destino.

5.5 Libertad y Ética

Desde un punto de vista ético la libertad humana se puede definir como la

“autodeterminación axiológica.” Esto significa que una persona libre se

convierte, por ese mismo hecho, en el verdadero autor de su conducta, pues él

mismo la determina en función de los valores que previamente ha asimilado.

Cuando no se da la libertad o se da en forma disminuida entonces el sujeto

actúa impedido por otros factores, circunstancias y personas, de modo que ya

no puede decirse que es el verdadero autor de su propia conducta. De acuerdo

con esto se dice que la condición previa de la libertad en un individuo es la

captación y asimilación de los valores. En la medida en que un individuo amplía

su horizonte axiológico podrá ampliar paralelamente el campo de su propia

libertad. Y en la medida en que una persona permanezca ciega a ciertos

valores, se puede decir que posee una limitación en su libertad.

La libertad humana tiene que ir paralela con el sentido axiológico y el sentido

de responsabilidad, de no ser así se convierte en libertinaje.

55
Uno de los aspectos más importantes en la vida de una persona es su proceso

de liberación. La libertad puede aumentar o disminuir a lo largo de la vida. Los

primeros factores que limitan la libertad del hombre son los condicionamientos,

el Súper Yo, las manipulaciones ajenas, las emociones sofocantes y las

ataduras de una filosofía pesimista.

El tipo de libertad del que estamos hablando es la libertad interior, ésta se rige

por valores captados, también es llamada libertad axiológica una vez que se

asimilan los valores. El hombre elige realizar algún valor o rechazarlo. La

Libertad no existe cuando una persona es ciega para los valores. Actuar

libremente significa inclinarse, adoptar y realizar un valor, o rechazarlo. Cuando

no existe uno o varios valores en la mente del individuo, su conducta va a estar

orientada, no por valores, sino por instintos, reflejos, condicionamientos,

hábitos, inclinaciones surgidas del inconsciente, presiones externas, etc. La

percepción de los valores es indispensable para que exista un acto libre.

Existen dos modos de percibir lo valores:

a) En forma conceptual: Es la que se logra por medio de explicaciones

teóricas o descripciones más o menos distantes del objeto valioso.

b) En forma intuitiva: Es la que se logra por medio de una vivencia en la

cual se capta, se aprecia y se adopta ese valor como tal dentro del

mundo personal del sujeto cognoscente.

Para que la libertad axiológica se pueda dar debe existir la posibilidad de un

conocimiento holístico o intuitivo de uno o varios valores. Sin este tipo de

56
conocimiento, muy diferente al conocimiento conceptual, no es posible que se

dé la libertad que nos lleva al valor moral. En otras palabras: para elegir un

valor primero hay que conocerlo y apreciarlo en cuanto a tal.

Para un manejo sencillo de las clasificaciones de la libertad, esta se ha divido

en dos muy sencillas:

a) Libertad de: Significa libertad de obstáculos, de vínculos o de

restricciones, sean estos de orden físico o de orden moral.

b) Libertad para: Significa libertad para alcanzar un objetivo o para realizar

un valor o para llegar a una meta, es de tipo interna y reside en la

voluntad.

La postura que niega la libertad humana es el “determinismo”, postura

propuesta por Skinner que ha cobrado auge. Este psicólogo conductista

rechaza la libertad en función de un fenómeno también real: los

condicionamientos en que vive inmersa la mayoría de la gente.

La tesis central del determinismo dice que el hombre ya está fijado o

“determinado” en cierta dirección por diferentes causas que desconoce en el

momento mismo y que, por tanto, su decisión “libre” sólo sigue siendo de

nombre. Los principales expositores de esta corriente fueron: Leibniz, Spinoza,

Freud y Skinner, cada uno con su tesis sobre el comportamiento del hombre.

57
Julián Marías, citando a Leibniz, nos dice, por ejemplo, cuando se refiere a

la libertad: “Todas las mónadas son espontáneas, por que nada externo puede

coaccionarlas ni obligarlas a nada; pero no basta esto para que sean libres. La

libertad supone, además de la espontaneidad, la deliberación y la decisión. El

hombre es libre por que escoge entre lo posible después de deliberar. Pero

tenemos, como dificultad, la presencia divina; Dios, desde un comienzo, ve el

ser de las mónadas, y estas encierran en sí todo lo que les ha de acontecer y

han de hacer. ¿Cómo es posible la libertad?”

Leibniz echa mano de algunas agudas distinciones de la teología católica,

especialmente del español Molina, para interpretar la ciencia de Dios. Dios

tiene tres tipos de ciencia: 1. Ciencia de Pura Intelección; 2. Ciencia de Visión,

3. Ciencia Media. Por la primera, Dios conoce todas las cosas posibles; por la

Ciencia de Visión conoce las cosas reales o futuras; por la Ciencia Media Dios

conoce los futuribles, es decir, los futuros condicionados, las cosas que serán

si se pone una condición, pero sin que esta condición esté puesta. Dios conoce

lo que haría la voluntad libre, sin que esté determinado que esto haya de ser

así, ni se trate, por tanto, de futuros, como Cristo sabe que si en Tiro y Sidón se

hubieran hecho milagros, las gentes hubieran hecho penitencia. Las cosas

contingentes no son necesarias; su necesidad sólo viene dada a posteriori,

después de un decreto de la voluntad divina, posterior a la ciencia de libre

intelección y a la ciencia media.

Dios crea a los hombres y los crea libres. Esto quiere decir que se determina

libremente a obrar, aunque han sido determinados por Dios a existir. Dios

quiere que los hombres sean libres, y permite que puedan pecar, por que es

58
mejor esa libertad que la falta de ella. El pecado aparece, pues, como un mal

posible que condiciona un bien superior: a saber, la libertad humana.

Existen otros tipos de Determinismo además de los expuestos por los

pensadores mencionados anteriormente; éstos son el Determinismo Biológico y

el Sociológico que sostienen la existencia de otras fuerzas rectoras de la

conducta humana como pueden ser la programación genética y la coerción

social.

Sin embargo, frente al Determinismo Absoluto que es al que hicimos referencia

en los párrafos anteriores, se levanta una postura contraria denominada

Libertarismo.

¿En qué creen los libertarios? En pocas palabras, creen que la libertad

individual es el valor fundamental que debe subyacer a todas las relaciones

sociales, intercambios económicos y al sistema político.

Los libertarios esencialmente predican la libertad en todos los campos,

incluyendo el derecho a lo que uno quiera con su propio cuerpo mientras esto

no infrinja la propiedad e igual libertad de otros. En este sentido, creen que la

gente que quiere tomar drogas, ver pornografía, prostituirse o pagar por una

prostituta, o comprometerse en cualquier clase de actividad sexual consensual,

debería poder hacerlo sin ser importunada por la ley y asediada por la policía.

Prescribe entonces, que ser libre significa elegir y actuar de la forma que se

quiera, es decir, poder comportarse de manera distinta de cómo se ha hecho si

así se hubiese querido o elegido. Ello significa que se tiene una libertad de

decisión y de acción que escapa a toda determinación causal.

59
Analicemos ahora la postura media, una posición que deja al margen los

extremos y que más allá de postulados incompatibles entre libertad y causa,

concilia a ambas, es decir, se reconoce que la conducta del hombre se

encuentra determinada, pero que dicha determinación, más que impedir la

libertad, es la condición necesaria para ella.

Esta última postura distingue entre Determinismo Universal, el cual reconoce y

acepta; y Determinismo Absoluto, el cual objeta, dado que niega la libertad

humana la cual presupone la existencia de varias formas posibles de

comportamiento y la posibilidad de decidir libremente entre cualesquiera de

ellas.

La libertad humana no es absoluta. Existen varios obstáculos que disminuyen

y, a veces, nulifican la libertad de la conducta humana. El Estudio de ellos

proporciona mayor claridad para la comprensión de los actos humanos en la

vida real. En la medida en que falta libertad, el acto humano pierde su calidad

de humano y llega a convertirse en un simple acto del hombre. A pesar de esto,

la libertad puede conquistarse e incrementarse a partir del nivel de desarrollo y

madurez propio de cada uno. Afortunadamente existen procedimientos

psicológicos que fomentan este gradual crecimiento de la libertad personal.

5.1 Factores que ayudan a la búsqueda de libertad

La Ignorancia consiste en la ausencia de conocimientos, es un obstáculo ya

que para elegir algo es preciso conocerlo. El mejor consejo para obtener la

libertad es abrir horizontes, ilustrar acerca de nuevas posibilidades. Muchos

fracasos en las carreras profesionales se deben a una elección incorrecta de

60
ella por ignorar otras especialidades que estarían más de acorde con las

cualidades del sujeto.

El Miedo consiste en la perturbación emocional producida por la amenaza de

un peligro inminente y es un obstáculo ya que en casos extremos (pavor),

puede producir una ofuscación completa de las facultades superiores y todo lo

que se ejecuta en esos momentos pierde el carácter de acto humano pues el

sujeto no puede responder de ello.

La Cólera y Otras Pasiones son factores importantes para encontrar la libertad.

La cólera, también llamada ira, enojo o coraje, al igual que otras emociones y

pasiones producen una fuerte limitación en nuestra capacidad de elegir

libremente. Las emociones como el odio, la tristeza, la alegría, los celos, la

envidia y el enamoramiento son respuestas orgánicas (de adecuación o de

inadecuación, de aceptación o de rechazo) por parte del sujeto cuando percibe

un objeto afín o discordante. La emoción llevada a los extremos recibe el

nombre de pasión.

La Violencia es una fuerza externa, física o psíquica, ante la cual es difícil o

imposible resistirse. Ésta puede debilitar la libertad del sujeto hasta el grado de

suprimir toda responsabilidad en lo que se refiere a la conducta realizada en

esos momentos.

Los Desajustes Psíquicos entre los cuales sobresale la neurosis, debilitan la

libertad debido a que la persona se siente atada a ciertos patrones de

61
conducta, a mecanismos de defensa, a lo que le dicta el auto concepto o el

Súper Yo, a las emociones exageradas, como la ansiedad y la angustia.

5.2 Libertad y Persona

Es difícil aceptar la libertad pues tenemos muchos y grandes

condicionamientos, obstáculos, impedimentos. Además, como la libertad no es

objetivable, no la podemos demostrar.

El hombre no sólo es sino que también se hace; es fruto de sí mismo, de su

libertad, de sus opciones libres. Es hombre en búsqueda de verdad. Pero

además, jerarquiza y realiza los valores según su proyecto personal de vida.

Es por ello que la sociedad y la comunidad deben dar al niño que nace, las

condiciones para que encuentre lo necesario para realizarse como persona en

vistas a una integral realización.

Para la Antropología, el hombre además de individuo es persona, es sujeto, es

uno, es único. El hombre se manifiesta, se revela como persona en su relación

con los otros. Es un Yo en relación con un Tú. Existe en el mundo con los

demás para realizarse personal y comunitariamente.

Su perfeccionamiento como persona se realiza en relación con el otro. El

hombre es un ser responsable de otro. Esto supone responder a la llamada del

otro, de otra persona que exige tu atención, respeto y poder vivir en plenitud.

Todo esto implica responsabilidad.

62
5.3 Libertad y Educación

Es importante mencionar también a la educación. La educación es un factor

también muy importante para conocer la libertad. Y es que solo a través del

aprendizaje propio del individuo es como este llegara a su independencia

ideológica, económica; bajo ciertas circunstancias; y podrá evitar a los

"enemigos de la libertad", que no son otra cosa que aquellos factores que no

hacen posible la libertad.

Una educación libre es aquella en la cual se permite la libre expresión de ideas,

aunque sean incorrectas para el contexto sobre el que está trabajando. En vez

de regañar se orienta a los educandos para que ellos mismos decidan su

libertad.

En el proceso de educar toman parte los profesores, los alumnos, la familia, la

institución educativa, la sociedad, etc. Cada una de estas esferas debe

posibilitar un clima de respeto y tolerancia, de autonomía e independencia para

la educación en libertad.

El educador debe tener respeto a su ideología, a su persona, a su concepción

política, a sus iniciativas y al ejercicio profesional.

El educando debe cumplir dos condiciones: respeto al docente y autonomía

propia. Debe ser tolerante con las opiniones del profesor, siempre que éste no

quebrante conscientemente los derechos del alumno.

63
La institución escolar debe estar libre de opresiones y manipulaciones, tanto de

la política educativa de la nación, como de presiones sociales, de intolerancia

del equipo docente, de intransigencias del alumnado o de los padres de familia.

La sociedad en la que está inserta la institución escolar favorece o dificulta

también la educación en libertad, ya que no es lo mismo un centro educativo en

sociedades totalitarias que en sociedades democráticas. La sociedad proyecta

en la escuela su cosmovisión y según sea más o menos respetuosa con la

dignidad de la persona humana, resultará fácil o incómodo educar en libertad.

La educación es correcta, si es una educación de la libertad de o de la libertad

para. Con la expresión "libertad de" se habla de la liberación de prejuicios,

estereotipos, esquemas mentales de los adultos, que es preciso operar, como

terapia, en la mente del educando y del educador. Un docente no liberado es

incapaz de educar en libertad a sus alumnos. Sólo el profesor "libre de" puede

producir un tipo de educación semejante a la que él ha recibido o se ha auto

impuesto.

Al estar "libres de" el educando y el educador están preparados para auto

realizarse como libres para juzgar a los demás entregarse sin prejuicios,

dominar la naturaleza, ejercer el mando y otras funciones necesarias en la vida

personal y social de los individuos.

El compromiso del maestro es doble: asistir y ayudar al alumno a que corra su

riesgo y arriesgarse él mismo ante sí y ante el alumno. Este compromiso ha de

ser liberador y no manipulador; el docente ha de buscar la independencia de

64
juicio y acción, porque cuanto menos necesite el alumno su apoyo, a medida

que progresa cronológica y escolarmente, tanto mayor ha sido el provecho

obtenido en el proceso educativo.

5.4 Libertad y Ley

5.4.1 El Derecho De Ser Libre

Existe un marco legal donde se encuentra la libertad. Es decir, la libertad está

encerrada dentro de la ley, aparentemente. Este marco comienza con la

declaración universal de los derechos humanos.

La ley toma a la libertad como un derecho que esta otorga. . Lo correcto sería

decir que la libertad permite que existan los derechos de la ley. La libertad es

una facultad natural de la humanidad. Contamos con ella desde nuestro

nacimiento.

El problema es que debido a nuestra dependencia, también natural, hacia

nuestros padres nos es imposible practicar esta facultad. Con el tiempo se nos

trata de enseñar lo que es libertad, cuando nosotros ya la poseemos. Esta

escrita en nuestro cuerpo. Es la educación que se nos da; la que nos dice que

es nuestra libertad o, más correctamente, como vivirla. Necesitamos entonces

una educación liberal para poder conocerla a fondo.

5.9.2 Libertad Positiva y Negativa

65
Coaccionar a un hombre es privarle de la libertad: libertad, ¿de qué? Casi

todos los moralistas que ha habido en la historia de la humanidad han enlazado

la libertad. Igual que la felicidad y la bondad, y que la naturaleza y la realidad,

el significado de este término se presta a tantas posibilidades que parece que

haya pocas interpretaciones que no le convengan. No pretendo comentar la

historia ni los muchísimos sentidos que de esta palabra han sido consignados

por los historiadores de las ideas. Propongo examinar nada más que dos de los

sentidos que tiene esta palabra, sentidos que son, sin embargo,

fundamentales, que tienen a sus espaldas una gran parte de la historia de la

humanidad, y me atrevería a decir, que la van a tener todavía. El primero de

estos sentidos que tienen en política las palabras freedom o liberty que

empleare con el mismo significado- y que siguiendo muchos precedentes,

llamare su sentido negativo, es el que esta implicado en la respuesta que

contesta a la pregunta de que cual es el ámbito en que al sujeto –una persona

o un grupo de personas- se le deja o se le deja hacer o ser lo que es capaz de

hacer o ser, sin que en ello interfieran otras personas. El segundo sentido, que

llamare positivo, es el que está implicado en la respuesta que contesta a la

pregunta de qué o quién es la causa de control o interferencia que puede

determinar que alguien haga o sea una cosa u otra. Estas dos cuestiones son

claramente diferentes, incluso aunque las soluciones que son deán ellas

puedan mezclarse mutuamente.

5.9.3 La Idea De Libertad Negativa

66
Normalmente se dice que soy libre en la medida en que ningún hombre ni

ningún grupo de hombres interfieren en mi actividad. En este sentido, la libertad

política es simplemente el ámbito en el que un hombre puede activar, sin ser

obstáculo por otros. Yo no soy libre en la medida en que otros me impiden

hacer lo que yo podría hacer si no me lo impidieran, y si a consecuencia de lo

que me hagan otros hombres, este ámbito de mi actividad se contrae hasta un

cierto límite mínimo, puede decirse que estoy coaccionado a quizás oprimido.

Sin embargo él termino coacción no se aplica a toda forma de incapacidad. Si

yo digo que no puedo saltar más de diez metros o que no puedo leer por que

soy ciego, o que no puedo entender las páginas más oscuras de Hegel, sería

una excentricidad decir que en estos sentidos estoy oprimido o coaccionado.

La coacción implica la intervención deliberada de otros seres humanos dentro

del ámbito en que podría actuar si no intervinieran. Solo se carece de libertad

política si algunos seres humanos le impiden a uno conseguir un fin. La mera

incapacidad de conseguir un fin no es falta de libertad política. Esto se ha

hecho ver por el uso de expresiones modernas, tales como libertad económica

y su compartida opresión económica.

Se dice, muy plausiblemente que si un hombre es tan pobre que no puede

permitirse algo respecto a lo cual no hay ningún impedimento legal una barra

de pan, un viaje alrededor del mundo, o recurrir a los tribunales de la misma

manera que la cojera mas impide correr naturalmente no se diría que esta

incapacidad es falta de libertad y mucho menos falta de libertad política. Solo

porque creo que mi incapacidad de conseguir una determinada cosa se debe al

hecho de que otros seres humanos han actuado de tal manera que a mí, a

diferencia de lo que pasa con otros, se me impide tener suficiente dinero para

poder pagarla, es por lo que me considero victima de coacción u opresión. En

67
otras palabras, este uso de este término depende de una especial teoría social

y económica acerca de las causas de mi pobreza o debilidad. Si mi falta de

medios materiales se debe a mi falta de capacidad mental, o física, diré que me

han quitado la libertad (y no meramente hablaré de pobreza) solo en el caso de

que acepte esta teoría. Si además creo que no me satisfacen mis necesidades

como consecuencia de determinadas situaciones que yo considero injustas e

ilegitimas, hablará de opresión o represión eco Mónica. Rousseau dijo: La

naturaleza de las cosas no nos enoja, lo que nos enoja es la mala voluntad. El

criterio de opresión es el papel que yo creo que representan otros hombres en

la frustración de mis deseos, lo hagan directa o indirectamente y con intención

o sin intención de hacerlo. Ser libre en este sentido quiere decir para mí que de

esta ausencia de interposición, más amplia es mi libertad.

Esto es lo que querían decir los filósofos políticos ingleses clásicos cuando

usaban esta palabra. No estaban de acuerdo sobre cual podían o debía ser la

extensión del ámbito de esa libertad. Suponían que tal como eran las cosas, no

podían ser ilimitadas porque si lo fuera, ello llevaría consigo una situación en la

que todos los hombres podrían interferirse mutuamente de manera ilimitada, y

una clase tal de libertad natural conducirá al caos social en que las mínimas

necesidades de los hombres no estarían satisfechas, o si no las libertades de

los débiles serian suprimidas por los fuertes. Como veían que los fines y

actividades de los hombres no se armonizan mutuamente de manera

automática, y como (cualesquiera que fuesen sus doctrinas oficiales) valoraban

mucho otros fines como la justicia, la felicidad, la cultura, la seguridad o la

igualdad en diferentes grados estaban dispuestos a reducir la libertad en aras

de otros valores y, por supuesto en aras de la libertad misma. Pues sin esto era

imposible crear el tipo de asociación que ellos creían que era deseable por

68
consiguiente, estos pensadores presumían que el ámbito de las acciones libres

de los hombres debe ser limitado por la ley. Mill, en Inglaterra y Constant y

Tocqueville en Francia, que debía existir un cierto ámbito mínimo de libertad

personal que no podía ser violado bajo ningún concepto, pues si tal ámbito se

traspasaba, el individuo mismo se encontraría en una situación demasiado

restringida incluso para ese mínimo desarrollo de sus facultades naturales, que

es lo único que hace posible perseguir e inclusivo concebir los diversos fines

que los hombres consideran buenos, justos o sagrados. De aquí se sigue que

ha que trazar una frontera entre el ámbito de la vida y el de la autoridad

pública. Donde haya que trazarla es una cuestión a discutir y, desde luego a

regatear. Los hombre dependen en gran medida los unos de los otros, y

ninguna actividad humana es tan completamente privada, como para no

obstaculizar nunca en ningún sentido la vida de los demás. La libertad del pez

grande es la muerte del pez chico, la libertad de algunos tiene que depender de

las restricciones de otros. Y se sabe que otros han añadido: La libertad de un

profesor de Oxford e suna cosa muy diferente de la libertad de un campesino

egipcio.

5.9.4 La Idea De Libertad Positiva

El sentido positivo de la palabra libertad se deriva del deseo por parte del

individuo de ser su propio dueño. Quiero que mi vida y mis decisiones

dependan de mí mismo, y no de fuerzas exteriores, sean éstas del tipo que

sean. Quiero ser el instrumento de mí mismo y no de los actos de voluntad de

otros hombres. Quiero ser sujeto y no objeto, ser movido por razones y por

propósitos conscientes que son míos, y no por causas que me afectan,'. por

69
decirlo así, desde fuera. Quiero ser alguien, no nadie; quiero actuar, decidir, no

que decidan por mí dirigirme a mí mismo y no ser movido por la naturaleza

exterior, o por otros hombres como si fuera una cosa, un animal o un esclavo

incapaz de representar un papel humano; es decir, concebir fines y medios

propios y realizarlos. Esto es, por lo menos, parte de lo que quiero decir

cuando digo que soy racional y que ni¡ razón es lo que me distingue como ser

humano del resto del mundo. Sobre todo, quiero ser consciente de mí mismo

como ser activo que piensa y que quiere, que tiene responsabilidad por sus,

propias decisiones, que es capaz de explicarlas en función de sus propias

ideas y propósitos. Yo me siento libre en la medida en que creo que esto es

verdad y me siento esclavizado, en la medida en que me hacen darme cuenta

de que no lo es.

La libertad que consiste en ser dueño de sí mismo y la libertad que consiste en

que otros hombres no me impidan decidir como quiera, pueden parecer a

primera vista conceptos que lógicamente no distan mucho uno del otro y que

no son más que las formas negativa y positiva de decir la misma cosa. Sin

embargo, las ideas positiva y negativa de libertad se desarrollaron

históricamente en direcciones divergentes, no siempre por pasos lógicamente

aceptables, hasta que al final entraron en conflicto directo la una con la otra.

Una manera de aclarar esto es hacer referencia al carácter de independencia

que adquirió la metáfora del ser dueño de uno mismo, que en sus comienzos

fue, quizá, inofensiva. Yo soy mi propio dueño; no soy esclavo de ningún

hombre; pero ¿no pudiera ser (como tienden a decir los platónicos o los

hegelianos) que fuese esclavo de la Naturaleza, o de mis propias

desenfrenadas pasiones? ¿No son éstas especies del mismo género esclavo,.

unas políticas o legales y otras morales o espirituales? ¿No han tenido los

70
hombres la experiencia de liberarse de la esclavitud del espíritu o de la

Naturaleza y no se dan cuenta en el transcurso de esta liberación de un yo que

les domina, por una parte, y por otra, de algo de ellos que desaparece? Este yo

dominador se identifica entonces de diversas maneras con la razón, con mi

naturaleza superior, con el yo que calcula y se dirige a lo que satisfará a largo

plazo, con mi yo verdadero, ideal o autónomo, o con mi yo mejor, que se

contrapone por tanto al impulso raciona a los deseos no controlados, a mi

naturaleza inferior, a la consecución de los placeres inmediatos, a mi yo

empírico o heterónomo, arrastrado por todos los arrebatos de los deseos y las

pasiones que tiene que ser castigado rígidamente si alguna vez surge en toda

su Verdadera naturaleza. Posteriormente estos dos pueden estar

-representados como separados por una distancia aún mayor: puede

concebirse al verdadero yo como algo que es más que el individuo (tal como-se

entiende este término normalmente), como un todo social del que el individuo

es un elemento o aspecto: una tribu, una raza una iglesia, un estado, o la gran

sociedad de los vivos, de los muertos y de los que todavía no han nacido. Esta

entidad se identifica entonces como el verdadero yo, que imponiendo su única

voluntad colectiva u orgánica A sus recalcitrantes miembros, logra la suya

propia y por tanto una libertad superior para estos miembros. Frecuentemente

se han señalado los peligros que lleva consigo usar metáforas orgánicas para

justificar la coacción ejercida por algunos hombres sobre otros con el fin de

elevarlos a un nivel superior de libertad. Pero lo que le da la plausibilidad que

tiene a cable, coaccionar a los hombres en nombre de algún fin (digamos p.e.

la justicia o la salud públicas) que ellos mismos perseguirían, si fueran más

cultos, pero que no persiguen porque son ciegos, ignorantes o están

corrompidos. Esto facilita que yo conciba coaccionar a otros por su propio

71
bien, por su propio interés, y no por el mío. Entonces pretendo que yo sé lo

que ellos verdaderamente necesitan mejor que lo saben ellos mismos. Cuando

más,, lo que esto lleva consigo es que ellos no se me opondrían si fueran

racionales, tan sabios como yo, y comprendiesen sus propios intereses como

yo los comprendo. Pero puedo pretender aun mucho más que esto. Puedo

decir que en realidad tienden a lo que conscientemente se oponen en su

estado de ignorancia porque existe en ellos una entidad oculta -su voluntad

racional latente, o su fin verdadero-, que esta entidad, aunque falsamente

representada por lo que manifiestamente sienten, hacen y dicen, es su

verdadero yo, del que el pobre yo empírico que está en el espacio y en el

tiempo puede que no sepa nada o que sepa muy poco, y que este espíritu

interior es el único yo que merece que se tengan en cuenta sus deseos 11. En

el momento en que adopto esta manera de pensar, ya puedo ignorar los

deseos reales de los hombres y de las sociedades, intimidarlos, oprimirles y

torturarlos en nombre y en virtud de sus verdaderos los, con la conciencia

cierta de que cualquiera que sea el verdadero fin del hombre (la felicidad, el

ejercicio del deber, la sabiduría, una sociedad justa, la autorrealización) dicho

fin tiene que identificarse con su libertad, la libre decisión de su verdadero yo,

aunque frecuentemente esté oculto y desarticulado.

Esta paradoja se ha desenmascarado frecuentemente. Una cosa es decir que

yo sé lo que es bueno para X, mientras que él mismo no lo sabe, e incluso

ignorar sus deseos por el bien mismo y por él bien de él, y otra cosa muy

diferente es decir que eo ipso lo ha. elegido, por supuesto no concientemente,

no como parece en la vida ordinaria, sino en su papel de yo racional que puede

que no conozca su yo empírico, el verdadero yo, que discierne lo bueno y no

puede por menos de elegirlo una vez que se ha revelado. Esta monstruosa

72
personificación que consiste en equiparar lo que X decidiría si fuese algo que

no es, o por lo menos no es aún, con lo que realmente quiere y decide, está en

el centro mismo de todas las teorías políticas de la autorrealización. Una cosa

es decir que yo pueda ser coaccionado por mi propio bien, para ver el cual yo

estoy demasiado ciego; en algunas ocasiones puede que esto sea para mi

propio beneficio y desde luego, puede que aumente el ámbito de mi libertad.

Pero otra cosa es decir que, si es mi bien, yo no soy coaccionado, porque lo he

querido, lo sepa o no lo sepa, y soy libre (o verdaderamente libre) incluso

cuando mi pobre cuerpo terrenal y mi pobre estúpida inteligencia lo rechazan

encarnizadamente y luchan con la máxima desesperación contra aquellos que,

por muy benévolamente que sea, tratan de imponerlo.

Esta transformación mágica o juego de manos (por el que con tanta razón, se

rió William James de los hegelianos) sin duda alguna puede también

perpetrarse tan fácilmente con el concepto negativo de libertad en el que yo,

que no debiera ser violentado ya no es el individuo con sus deseos y

necesidades reales tal como se conciben, sino el verdadero hombre por dentro,

identificado con la persecución de algún fin ideal, no soñado por su yo

empírico. E igual que en el caso del yo positivamente libre, esta entidad puede

ser hinchada hasta convertirla en alguna entidad superpersonal -un estado, una

clase, una nación o la marcha misma de la historia-, considerada cómo sujeto

de atributos más verdadero que el yo empírico. Pero la concepción positiva de

la libertad como autodominio, con la sugerencia que lleva consigo de un

hombre dividido que lucha contra sí mismo, se ha prestado de hecho en la

historia, en la teoría y en la práctica, a esta división de la personalidad en dos:

el que tiene el control dominante y trascendente y el manojo empírico de

deseos y pasiones que han de ser castigados y reducidos. Este hecho histórico

73
es el que ha tenido influencia. Esto demuestra (si es que se necesita

demostración para una verdad tan evidente) que las concepciones que se

tengan de la libertad se derivan directamente de las ideas que se tengan sobre

lo que construye al yo, a la persona al hombre y de libertad para que signifique

todo lo que quiera el manipulador. La historia reciente ha puesto muy en claro

que esta cuestión es meramente académica.

Las consecuencias que lleva consigo distinguir dos yos se harán incluso mas

claras si se consideran las dos formas más importantes que históricamente ha

tomado el deseo de auto dirigirse – dirigirse por el verdadero yo de uno mismo-

la primera, de la segunda, la de la autorrealización o total auto identificación

con un principio o ideal especifico con el fin de conseguir el propio fin.

74
CAPITULO VI

6 ANÁLISIS CRÍTICO

6.1 El Enfoque de la libertad de Montalvo

La “libertad” es una de las ideas vertebrales de la vida y obra de Don Juan

Montalvo, no solo como concepto filosófico que fundamenta su

pensamiento y principio espiritual inspirador del desarrollo de su brillante y

prolífica obra, sino como ideal y causa de su militancia política; y lo que es

más, como esencia de su individualidad, conforme lo puntualiza en el

séptimo capítulo de EL ANTROPÓFAGO: donde escribe: “nací libre: al salir al

mundo recibí el baño de la libertad, y en mi alma resplandeció una aurora

divina, anuncio del favor con que la ley de redención quiso protegerme. Nací

libre, por eso lo soy; nací libre, por eso no gimo bajo el yugo de la

servidumbre, y mi alma se encumbra por las regiones altas, al paso que

mi cuerpo se contonea sin temor de cadenas ni mordaza” . Para Juan

Montalvo la libertad trasciende el ámbito de la inmediatez de lo político, lo

75
social o lo económico. La libertad es consustancial al ser humano: “Somos

libres porque lo somos, no porque un individuo consiente en que lo seamos

mientras a él le agrade”.

En esta declaración Montalvo fundamenta su libérrimo pensamiento. El ser

humano no debe su libertad a otro miembro de la especie, por poderoso que él

sea. La libertad no nace de la voluntad de nadie, sino de la propia

espiritualidad de la especie. Ser concebido y nacer es condición suficiente

para que la libertad exista. La enfática declaración montalvina no admite

subterfugios ni ambigüedades y constituye un grito de guerra contra cualquier

pretensión que trate de desvirtuar a la libertad disfrazándola como gracia o

regalo de algún señor. Libertad no es benevolencia ni dádiva, no es favor ni

concesión; libertad es derecho innato e inalienable del ser humano; es su

atributo congénito e inmanente, en virtud del cual, está plena y absolutamente

autorizado a luchar con todo su coraje y energía contra cualquiera que

pretenda atropellarla.

6.2 Tres dimensiones de libertad

Juan Montalvo distingue los tres planos de la libertad: “La libertad natural la

tenemos del Altísimo, la personal de la naturaleza, la política de la

sociedad humana”. En estas tres dimensiones de la libertad, compendia la

confluencia de lo espiritual, lo material y lo social, son los tres planos

intrínsecos de la existencia humana, de los que nadie puede escapar ni

prescindir. En su individualidad el ser humano se reconoce a sí mismo como

parte de la universalidad, él está en todo y todo está en él; todos los seres

humanos somos uno en la especie y la especie está en cada uno; nadie es

más ni menos que nadie, cierto que diferentes en las formas accidentales

76
pero iguales en la esencia compartida. Libertad natural la denomina Montalvo,

porque radica en la propia condición humana, y ella la tenemos del Altísimo,

dice para explicarnos su fundamento espiritual, en el que no hay barreras ni

ataduras circunstanciales que la coarten o restrinjan. La espiritualidad se

manifiesta a través de los principios, los valores y las virtudes que liberan

al ser humano de las bajas pasiones y ataduras impuestas por la

materialidad.

La personal, es la segunda dimensión de la libertad, y esta hace

relación al plano de lo específico del ser humano, en el que las

características singulares de cada uno lo hace diverso respecto de sus

semejantes. Persona es la particularización humana, manifestada en las

cualidades irrepetibles de cada uno de los miembros de la especie. Cada ser

humano, en tanto persona, es diferente de todos los demás, pero esto

corresponde básicamente a los atributos de forma, por ello Juan Montalvo

explica que esto proviene de la naturaleza. Se trata de una misma “esencia”

manifestada mediante las más diversas características “fenoménicas” que

varían sin alterar lo que es fundamental.

Finalmente, Montalvo dice que la tercera dimensión de la libertad es “la

política –que viene- de la sociedad humana”. Esta dimensión corresponde a la

perspectiva colectiva del ser humano, que no puede existir sino en comunidad.

Carece de sentido fantasear con un ser humano aislado, la soledad absoluta

es tan irreal como ilusa. Fuera de la sociedad el ser humano no puede

ser concebido, ni nacer, ni sobrevivir. La autorrealización del ser humano solo

es posible en sociedad.

77
Cuando Juan Montalvo habla de los tres planos o dimensiones de la libertad,

no habla de tres libertades distintas, sino de tres dimensiones de un mismo

atributo, como las caras de una pirámide, que no constituyen tres cuerpos

distintos sino manifestaciones externas de una misma esencia.

Estas tres perspectivas de la libertad corresponden a las tres dimensiones

esenciales del ser humano: la espiritual, la material y la social. Ninguna de

ellas puede separarse ni aislarse.

6.3 Dios y libertad

Juan Montalvo es anticlerical pero no ateo, y la libertad, conforme lo escribe,

en cuanto atributo natural del ser humano, tiene su fuente precisamente en

Dios: la espiritualidad universal, sublime y absoluta: “Uno de los atributos del

infinito es la libertad; si Él nos hizo a su imagen y semejanza, ¿no es claro

que somos libres?”. Así, en la libertad radica la esencia del ser humano, a

quien Montalvo concibe como una integridad espiritual y material, como lo

precisa en EL COSMOPOLITA “esta sociedad íntima del cuerpo y el alma

constituyen el hombre”

En su vocación universalista Montalvo, rebasa las esquemáticas visiones

fragmentarias, que pugnan por esgrimir un reduccionismo arbitrario, para

confinar al ser humano a la estrechez de tan solo uno de sus múltiples y

diversos planos. Montalvo va más allá y escribe: “Si por las facultades de

la materia nos asimilamos a los brutos, por las del espíritu nos remontamos al

cielo y somos imagen del Creador: el alma es la excelencia del hombre: el

alma, este principio indefinido, esta sustancia invisible e impalpable, no

conocida por nosotros; el alma, esta animación, este anhelo por lo divino, que

nos hace considerarnos superiores, y que nos aflige cuando la vemos atada a

78
la carne mortal”6. En el alma vibra la espiritualidad. El alma es ese destello

divino que eleva al ser humano desde lo corriente a lo superior. Según el

filósofo alemán Hegel: “El Espíritu Universal es el espíritu del mundo, tal como

se despliega en la conciencia humana. Los hombres están con él en la

misma relación que el individuo con el todo, que es su sustancia. Y este

espíritu universal es conforme al espíritu divino que es el espíritu

absoluto”, omnipotente, sin tiempo ni espacio. El alma en cambio, es esa

esencia pero singularizada, es como la gota frente al océano, que es de la

misma naturaleza pero infinitamente particular. El alma es la espiritualidad del

ser humano.

6.4 La libertad y el ser humano

La libertad es la sustancia del ser humano en su dimensión individual,

personal y colectiva. La libertad lo abarca todo y está en todo, es la plena

autorrealización espiritual y material del ser humano en cada instante; no

admite moldes ni ataduras; vuela sin cortapisa y atraviesa el horizonte infinito

como saeta imposible de atraparla; es la integridad simultánea e instantánea.

El ser humano libre se eleva hacia lo excelso, mientras despliega su iniciativa

exuberante y enciende su talento creativo. Las ataduras físicas y mentales se

derriten al calor del espíritu de libertad, que se abre paso impertérrito

venciendo cuanto obstáculo pretende inútilmente oponérsele. El ser humano

libre es fuerza, voluntad y poder; es idealismo fulgurante, es potencia

indetenible, es energía inagotable, es optimismo irrefrenable. Para Juan

Montalvo la libertad es el signo positivo del si, que drásticamente lo contrasta

con la negatividad del no: “El sabio, el poeta, el héroe, todos le deben la vida al

79
si… El no es el reino de la nada …. El no es la muerte, vacío mezquino… el si

es vida, fuerza, poder, es el universo iluminado. El sol es un si

resplandeciente. Multiplicador sublime, el si es el origen y fuente de todo

cuanto existe; el amor es un si incrustado en el corazón. No, genio tenebroso,

agente de la desesperación, yo te maldigo”.

En el libro VI de EL COSMOPOLITA, la mística que da sentido a la

extraordinaria vida de Montalvo precisa con recia determinación su propósito

de vida: “Ilustrar la conciencia pública en cuanto me lo permita el caudal de

mis escasas facultades; tocar el centro de los no perdidos corazones y hacerlas

latir en los nobles afectos; traer a su trono la libertad despojada, y renovar su

culto con pomposas ceremonias, éste si será mi objeto; si lo he de cumplir,

no se; si he de morir en este santo encargo, tampoco: los escollos son

frecuentes, las espinas de la senda muy punzantes”.

Montalvo marca diferencias, no se confunde con nadie ni se vaporiza en la

medianía del oportunismo repulsivo, da la cara y se enfrenta por la verdad,

pone su firma a su palabra y la mantiene sin quebranto ni transacción, no

se atemoriza ni se resigna, porque siempre tiene el coraje para decir: “Si es

necesario morir porque digo la verdad aquí estoy: las amenazas no

bastan, deben verificarse; ¿acaso es amable la vida cuando se la vive tan

odiosa? Odiosa es la que se lleva adelante en las tinieblas de la barbarie,

respirando el hálito pestilente de la esclavitud, oyendo los alaridos de la

corrupción. Hablar del bien, predicar la moral, clamar por la libertad,

propagar la ilustración”. Para Montalvo: “el estilo es el hombre”; su

inconfundible impronta marca la época, destaca personajes y estigmatiza

80
personejos, contrasta las diferencias entre su entereza y la impostura de los

tránsfugas, confronta su elevada talla moral y la pequeñez de los mediocres.

6.5 La libertad de pensar, trabajar, hablar

En torno a la libertad reflexiona y cuestiona: “Queréis “la libertad de pensar,

hablar, trabajar, aprender y enseñar”, vosotros los enemigos de la libertad

de pensamiento … a causa de la guerra impía que lleváis adelante contra

todas las libertades que son el fuero del género humano … La libertad de

raciocinio va derechamente a la libertad de conciencia … no mandaríais a

empellones al infierno a quienes se toman la libertad de pensar … Libertad de

pensar es libertad de leer la esclavitud del espíritu, esa donde la razón se halla

presa, el discurso natural con grillete y el alma con carlanca…. Los

católicos de luces y conciencia miran con horror aquí esa, donde todas las

libertades han dejado, extinguiéndose, una huella de ceniza … Libertad de

hablar sin libertad de pensar, no existe … Libertad de hablar … Quieren

también, dice, “la libertad de trabajar”. Falso; lo que quieren es la libertad de

vivir del trabajo ajeno, de engordarse con el sudor de la frente del pueblo, de

comer, beber y dormir en brazos de la ociosidad”. Montalvo denuncia a

quienes usurpan la palabra libertad para reducirla a la humillante condición de

sórdida y rapaz expresión, arteramente utilizada para atropellar la

dignidad humana. No hay libertad para robar, delinquir o matar; no hay

libertad para el vicio, la maldad o la envidia; no hay libertad para someterse al

yugo infamante y abyecto ante el tirano o ante el invasor; no hay libertad para

esclavizar o esclavizarse; no hay libertad para traicionar a la Patria y venderla

a la potencia extranjera; no hay libertad para el servilismo y el sometimiento.

81
6.6 Libertad y límite

La inconmensurable ilustración de Montalvo, su brillante mentalidad universal,

su elegante estilo y correcto manejo del idioma castellano le permite

enfocar al concepto de libertad desde las más disímiles aristas y las más

controvertidas perspectivas, con visiones que bien podrían desconcertar a

muchos, pero no al ilustre ambateño, que las confronta dialécticamente para

encontrar y explicar la verdad.

En sus “Lecciones al pueblo” del IV capítulo de EL COSMOPOLITA

escribe: “Los tiranos están de continuo diciendo: Libertad; las víctimas

murmuran por lo bajo: Libertad. ¿Quién la comprende en su verdadero

sentido? ¿Quién conoce su divina esencia?”. La penetrante y perspicaz

inteligencia de Montalvo pone de manifiesto el uso y el abuso del término

libertad, pronunciado igualmente por el audaz tirano que la conculca y por el

pueblo que la busca, pero la arbitrariedad del farsante no desvirtúa su

esencia. La diversidad de acepciones no puede desembocar en el relativismo

que todo confunde, ni en el anonadamiento que arrasa con cualquier

significación.

6.7 El Humor presente en la obra de Juan Montalvo

Este ensayo analiza la prosa panfletaria de Juan Montalvo desde el punto de

vista del humor. Montalvo, además de dedicar muchas páginas a disertar sobre

82
la risa, buscó con frecuencia insertar efectos humorísticos en su estilo,

encaminados a ridiculizar a sus enemigos políticos. ¿Hasta qué punto un autor

eminentemente moralista, un libelista cáustico como Montalvo, que echa mano

del insulto, la burla y el sarcasmo, puede considerarse un humorista? Para

comprender esta ambigüedad entre un Montalvo solemne y otro burlón, entre

un Montalvo austero y otro irónico se analizan aquí ciertos recursos literarios

que utiliza este autor y con los que provoca efectos que lindan con lo

humorístico.

Palabras clave: Humorismo, el chiste, la risa, la parodia, el discurso paródico, el

insulto, el sarcasmo, la sátira, la ofensa.

Antes que un aserto, este ensayo plantea de entrada, un interrogante. Juan

Montalvo es uno de esos escritores que, luego de leerlo, nos deja ambiguas

impresiones. Discurra o disienta de esto o de aquello se encarama siempre a la

peana del moralizador. Aun en la diatriba toma aliento para elevarse al púlpito

de los admonitores y, desde allí, condenar vicios, defectos y flaquezas

humanas; y todo en un tono de Savonarola, y todo con la autoridad de un padre

de concilio para, luego, y casi sin transición, resbalar a la befa, la burla, la

ironía o el sarcasmo que restallan cual chasquidos de zurriago en la piel de sus

enemigos. Su obra y su estilo no son sino un reflejo de su vida y su compleja

personalidad jalonadas, ambas, por un impulso intelectual hacia un

racionalismo de sabor dieciochesco y, por otra parte, por una tendencia,

instintiva y romántica, a la desmesura pasional. El mensaje moralizante no es,

en ningún momento, abandonado; machacón y con frecuencia farragoso se

vierte en el ese lujoso recipiente de la prosa montalvina, una prosa medida

siempre, rica en evocación castiza y ennoblecida por la tradición clásica. Sin

83
embargo, no es por el contenido de sus prédicas, no es -desde luego- por su

tendencia a un estoicismo melancólico, ni tampoco por su concepción

pesimista del ser humano -fruto de experiencias propias y reflejo de amargas

lecturas de pensadores franceses del siglo XVII: La Bruyère, La Rochefoucault

y Vauvenarges sobre todo, quienes encontraron en la filosofía un tardío

consuelo a sus fracasos- que Montalvo ocupa un lugar de privilegio en la

historia literaria; lo es fundamentalmente por el arte implícito en su prosa. Si

Montalvo permanece como un paradigma en las letras americanas no es tanto

por sus ideas, hoy rezagadas para el gusto de las nuevas generaciones, sino

por esa búsqueda suya, constante y no claudicada, de encontrar a cada paso

nuevas resonancias al idioma castellano.

Estas consideraciones justificarían la pertinencia del interrogante planteado al

inicio de este ensayo; en efecto, se trata de una pregunta que, en el fondo,

entraña una duda: ¿es que el humor, entendido como esa disposición jovial del

ánimo para descubrir el lado ridículo o jocoso de la vida, tiene realmente cabida

en las páginas de Juan Montalvo? Y más aún: ese sarcasmo que, sin piedad,

vierte el escritor sobre sus enemigos, ¿es, acaso, fruto de una visión

humorística de los demás o es, quizás, otra cosa? ¿Es que se puede hablar de

humor en las páginas de Las Catilinarias, de La Mercurial eclesiástica, El

Cosmopolita o de Los capítulos que se le olvidaron a Cervantes? Además, que

yo conozca, nadie se ha ocupado de tan peliagudo asunto en relación con la

literatura de Montalvo. Digo "peliagudo" porque esto del "humor" es cosa muy

seria de dilucidar.

Estas ambigüedades tan frecuentes en Montalvo han llevado, a no pocos de

sus lectores, a catalogarlo como un autor que, no obstante el tono adusto que

84
en él domina, se desahoga, de rato en rato, en humor; ese humor suyo que no

parece desprenderse de la sana alegría sino, más bien, se asemeja a un

regodeo en cierta opaca melancolía. Ante estas dubitaciones bien cabe,

entonces, preguntarnos ¿qué clase de humor es éste de Montalvo? No es

desde luego, ese humor que brota del desborde de lo vital y desemboca en la

risa jocunda de un Arcipreste de Hita o de un Rabelais ¿Es, acaso, el humor de

un Miguel de Cervantes que mira el mundo como una paradoja y enfrenta la

vida con una alegría continua? ¿Es ese humor del Quijote que busca divertir a

sus lectores, procurando -como su autor lo dijo-: "que el melancólico se mueva

a risa, el risueño la acreciente"? Aunque cervantino por confesión y convicción,

el humor de Montalvo está lejos de aquel de su modelo español, pues según

todo parecería indicar, éste se desprendería más de la indignación que de la

alegría. Satírico a lo Molière y desollador a la manera de Aristófanes, el autor

de la Mercurial Eclesiástica practica un humor grotesco que linda con ese

"vértigo de la hipérbole" del que un día habló Baudelaire. Lo suyo fue la sátira,

la ironía, el esperpento y con ellos se divertió a costa de la vapuleada

humanidad de sus adversarios: los presidentes García Moreno, Borrero,

Veintemilla, el arzobispo Ordóñez a los que, en su odio, llama "sabandijas

grandes" que él, para su mala suerte, ha debido despanzurrar, lamentando que

no haya tenido el albur de enfrentar a enemigos de su talla, un Napoleón o un

Bismarck. Y aunque la sátira comparte linderos con lo cómico, ésta tiene un

carácter equívoco, pues si bien pertenece a la vida social no participa por

entero de la vida del arte.

"Este hervor de la naturaleza que se llama risa -disertaba Montalvo-- tan

saludable cuando viene en razón, es necesario para el buen temperamento del

alma y del cuerpo." Y si bien reconoce que "el que dice gracias, buenas o

85
malas, muchas o pocas, no es buscado ni para obispo, ni para oidor, ni para

novio, ni para maldita de Dios la cosa;" sin embargo, reconocía que "el que las

escribe, merece el aplauso de las gentes… Cervantes, Shakespeare, Molière

son la admiración perpetua de los hombres." (Fisiología de la risa). Y entre

esos lectores que lo han aplaudido se halla don Miguel de Unamuno quien

confiesa haberse divertido con ciertas páginas del ambateño, sobre todo

aquellas en las que éste da jabón -y de lo lindo- a sus enemigos.

86
CAPITULO VII

7. METODOLOGÍA

7.1 Analítico - sintético

Aplica el análisis al fenómeno de estudio y lo sintetiza para una mejor

comprensión e interpretación de éste.

Ayuda al investigador a comprender la forma como está constituido el problema

desde su concepción macro para luego sinterizarla en una forma más pequeña

y simple para que su comprensión sea más clara y precisa.

7.2Histórico - lógico

Analiza el pasado para comprender el presente y proyectarse hacia el futuro y

saca conclusiones de forma lógica. Relaciona los hechos del pasado con el

presente.

7.3 Inductivo - deductivo

El investigador indaga en la realidad para comprender el problema y luego saca

sus conclusiones que den una explicación lógica al fenómeno de estudio.

Busca la verdad a través de la investigación y análisis de la información que se

encuentra disponible o crea sus propios instrumentos de investigación que le

permitan comprender el fenómeno de estudio.

87
Se utilizarán métodos que permitan experimentar y cuantificar el fenómeno de

estudio y con ello le permitirá al investigador verificar las teorías e hipótesis que

se dieron alrededor del problema sujeto de estudio.

7.4 Fundamentación Axiológica

Esta investigación no estará sujeta a normas religiosas, morales, valores,

políticos, culturales u otras; tendrá libertad axiológica por lo que será objetiva

en su análisis del problema.

7.5 Fundamentación Epistemológica

La presente investigación buscará comprender la relación existente entre de

las diferentes instancias del contexto histórico – social, ideológico – político,

científico – técnico, económico y cultural, donde todos los elementos que

intervienen en el problema están interrelacionados unos con otros y forman

parte del todo.

7.6 Fundamentación Ontológica

La presente investigación está ubicada dentro en el paradigma Crítico –

Propositito, porque no solamente analizará las causas y consecuencias del

problema sino que también propondrá una solución a este.

La presente investigación está ubicada en el enfoque cualitativo, con elementos

cuantitativos.

88
Será objetiva, utilizará la estadística descriptiva en el análisis de los datos;

establecerá relaciones causales que supongan una explicación al fenómeno.

La metodología constituye la vía más expedita para comprender el hecho o

fenómeno, y resolver el problema de estudio, sobre todo nos permite conocer la

realidad, sea para describirla o transformarla.

7.7 Investigación de campo

La investigación se realizará en el Instituto Tecnológico Oscar Efrén Reyes en

el lugar de los hechos.

7.8 Investigación Bibliográfica o Documental

Esta investigación se realizará a través de la revisión de libros, documentos,

revistas, Internet, tesis de grado disponibles que traten sobre el tema a

investigar que permitan ampliar los conocimientos y comprensión de la

realidad.

89
7.9Cronograma

T IE M P O E N E R O F E B R E R O M A R Z O A B R IL M A Y O J U N IO
A C T IV ID A D E S 1º 2º 3º 4º 1º 2º 3º 4º 1º 2º 3º 4º 1º 2º 3º 4º 1º 2º 3º 4º 1º 2º
1 .- S e s ió n d e t r a b a jo
2 .- E la b o r a c ió n y p r e s e n t a c ió n d e l p r o y e c t o
3 .- A p r o b a c ió n d e l p r o y e c t o
4 .- T r a b a jo d e c a m p o
5 .- P r o c e s a m ie n t o y a n á lis is d e la in f o r m a c ió n
6 .- R e d a c c ió n d e l in f o rm e
7 .- P r e s e n t a c ió n d e l in f o r m e f in a l
8 .- D e f e n s a d e l in f o r m e

90
7.10 Encuesta

INSTITUTO TECNOLÓGICO SUPERIOR OSCAR EFRÉN REYES

Instrucciones

Lea detenidamente la pregunta y responda de acuerdo a lo planteado. Marque con

una (X) en el casillero

1. ¿Conoce usted sobre la vida y obra de Juan Montalvo?

SI NO

2. ¿Conoce usted, acerca de su vida y obra literaria?

SI NO

3. ¿Conoce usted si existe difusión de su trayectoria como escritor?

SI NO

4. ¿Considera usted importante que se difunda por algún medio la vida y obra de

Juan Montalvo?

SI NO

5. ¿Las Autoridades del Instituto realizan alguna actividad conmemorativa a favor

de la difusión de la vida y obra de Juan Montalvo?

91
SI NO

6. Considera usted que debería incluirse como materia de estudio la obra literaria

de este escritor?

SI NO

7.11 ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS

1. ¿Conoce usted sobre la vida y obra de Juan Montalvo?

ITEM N %
SI 120 100
NO 0 0

El 100% de los estudiantes consultados conocen algo de la vida y obra de Juan

Montalvo

2. ¿Ha leído usted alguna obra de Juan Montalvo?

ITEM N %
SI 40 33,33
NO 80 66,66

40 estudiantes de los 120 encuestados han leído alguna vez una obra de Juan

Montalvo, mientras que 80 alumnos no han leído una obra del escritor ambateño.

92
3. ¿Conoce usted si existe difusión de su trayectoria como escritor?

ITEM N %
SI 0 0
NO 120 100

El 100% de los estudiantes investigados manifiestan desconocer si existe difusión sobre

la trayectoria del escritor.

4. ¿Considera usted importante que se difunda por algún medio la vida y obra de

Juan Montalvo?

ITEM N %
SI 97 81
NO 23 19

El 81% de los estudiantes consultaos opina que es importante que se difunda por algún

medio la vida y obra de Juan Montalvo, mientras que un 18% no lo considera

importante esta actividad de promoción.

5. ¿Las Autoridades del Instituto realizan alguna actividad conmemorativa a favor

de la difusión de la vida y obra de Juan Montalvo?

ITEM N %

93
SI 0 0
NO 120 100

Se determina que en el Instituto Tecnológico Superior Oscar Efren Reyes no se realiza

ningún tipo de actividad conmemorativa a favor de la difusión de la vida y obra de Juan

Montalvo debido a que el 100% de los estudiantes consultados manifiestan que este

tipo de actividades no se realiza en la institución por parte de las autoridades del

plantel.

6. Considera usted que debería incluirse como materia de estudio la obra literaria

de este escritor?

ITEM N %
SI 68 57
NO 52 43

El 57% de los estudiantes considera que si se debería incluir como parte de las

materias de estudio a la vida y obra de Juan Montalvo, mientras que un 43% no

considera que se deba incluir en el pensum de estudios.

94
CAPITULO VII

8. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Una vez realizada las encuestas a los estudiantes del sexto curso del Instituto

Tecnológico Superior Oscar Efrén Reyes y del análisis de los resultados obtenidos

podemos emitir un criterio al respecto de la problemática que se presenta en esa

institución:

8.1 Conclusiones
95
1. Todos los estudiantes investigados conocen quien es Juan Montalvo

2. El 33,33% de los estudiantes investigados si han leído alguna obra de

Juan Montalvo

3. No existe un programa, en el Colegio que rescate y promueva el

conocimiento de la trayectoria de este importante referente cultural,

gracias a que el autor se destacó en varios ámbitos de la literatura así

como de la vida pública de nuestro país, e inclusive es reconocido en

Latinoamérica por su aporte sus obras.

4. La mayoría de estudiantes encuestados están de acuerdo con que se

instaure como materia de estudio, las obras del autor ambateño.

8.2 Recomendaciones

1. Se recomienda realizar eventos que promuevan el rescate de la cultura de

nuestra ciudad tanto en el mismo Instituto como en la ciudad. Las

actividades que se pueden llevarse adelante para ésta propuesta pueden

ser: concursos de libro leído, ensayos, monografías y resúmenos, foros.

2. Establecer una alianza entre la municipalidad el Instituto y otras

instituciones educativas para promover la cultura en la ciudad.

3. Implementar dentro del pensum de estudios como parte de la formación el

estudio de la vida y obra de Juan Montalvo

4. Fomentar la lectura en los estudiantes ya que se está perdiendo este buen

hábito.

96
5. Realizar la impresión de material bibliográfico o informativo del autor, con

el apoyo de la municipalidad del cantón y el apoyo de otras instituciones

públicas o privadas.

8.3 Anexos

97
Foto Nº 1: Mausoleo en donde reposan los restos mortales de Juan Montalvo. Ubicado

en las calles Montalvo y Bolívar en pleno centro de la ciudad.

98
Foto Nº 2: Parque Juan Montalvo

Foto Nº 3: Busto en homenaje a Montalvo

99
Foto Nº 4: Oleo de Montalvo Se en la Casa Ambato como parte del Museo que se

erigió en su memoria.

100
Foto Nº 5: Retrato de Juan Montalvo

101
8.4 Bibliografía

JIMENEZ Carlos (1999) Módulo de Tutoría 1. Ministerio de Educación y Cultura

– Prodec, Ecuador

HERRERA Luís (2000) Maestría en Gerencia de Proyectos Educativos.

Ecuador

MONTALVO Juan (2007) El Cosmopolita. Ediciones Casa de Montalvo. Ambato

Ecuador.

Linkografía

http://www.rincondelvago.com

http://www.geocities.com

http://www.mixmail,com

http://es.wikipedia.org/wiki/Libertad

http://www.google.com.ec/#q=concepto+de+libertad+de+expresion&hl=es&source=univ

&tbs=nws:1&tbo=u&ei=_SrgS9HmFIG49QT1jKTECQ&sa=X&oi=news_group&ct=title&r

esnum=1&ved=0CAsQsQQwAA&fp=6140697d46623db1

8.5 Glosario

102
• Tirano.- Quién gobierna un estado a su voluntad

• Menester.- Necesitado o pobre

• Déspota.- Soberano que gobierna sin sujeción a ninguna Ley

• Prodigioso.- Suceso sobrenatural cesa cara

• Patíbulos.- Tablado o lugar en que se ejecuta la pena de muerte

• Opresión.- Acción o efecto de oprimir

• Sátira.- Composición poética u otro escrito cuyo objeto es censurar acremente o

poner en ridículo a alguien o algo

• Pulcritud.- Limpio, fino, honrado

• Sarcasmo.- Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o se

maltrata a alguien o algo así

• Hereje.- Persona que niega alguno de los dogmas establecidos por alguna

religión

103
• Bodoque.- Persona de cortos alcances.

ÍNDICE

PORTADA…………………………………………………………………………………………i

104
DEDICATORIA…………………………………………………………………………………..iii

AGRADECIMIENTO…………………………………………………………………………….v

CONTENIDO…………………………………………………………………………………….vi

INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………………..xi

CAPITULO I

1. EL PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN

1.1. TEMA…………………………………………………………………………..………….1

1.2. PROBLEMA………………………………………………………………………………1

1.3. Delimitación………………………………………………………………………………1

1.4. Justificación………………………………………………………………………………2

1.5. OBJETIVOS………………………………………………………………………………2

1.5.1. Objetivo General…………………………………………………………………………3

1.5.2. Objetivos Específicos……………………………………………………………………3

CAPITULO II

2. JUAN MONTALVO………………………………………………………………………..….4

2.1. Biografía…………………………………………………………………………………..4

2.1.1. Infancia y Formación…………………………………………………………………….5

2.1.2. Primer viaje a Europa……………………………………………………………………7


105
2.1.3. Retorno al Ecuador y exilio……………………………………………………………..8

2.1.4. Segundo viaje a Europa……………………………………………………………….13

2.1.5. Últimos días……………………………………………………………………………..15

CAPITULO III

3.1 LAS INFLUENCIAS LITERARIAS PLASMADAS EN SUS OBRAS………………18

3.1.1 Antigüedad Clásica…………………………………………………………………….18

3.1.1.1 Literatura Española……………………………………………………………………19

3.1.1.2 Literatura Francesa……………………………………………………………………19

3.1.1.3 Otras influencias………………………………………………………………….......20

3.2 Géneros…………………………………………………………………………………….20

3.3 Temas Frecuentes…………………………………………………………………………21

3.3.1Civilización y Barbarie……………………………………………………………………21

3.3.2 Política……………………………………………………………………………………22

3.3.3 Anticlericalismos……………………………………………………………………….23

CAPITULO IV

4. SU PRINCIPAL OBRA…………………………………………………………………27

4.1 El Cosmopolita………………………………………………………………………….27
106
CAPITULO V

5. LA LIBERTAD………………………………………………………………………………..41

5.1 Definición de la Libertad……………………………………………………………….41

5.2 Libertad en lo Religioso, Moral y Ético………………………………………………46

5.3 Libertad De Expresión…………………………………………………………………52

5.4 Clases de Libertad…………………………………………………………………….54

5.5 Libertad y Ética………………………………………………………………………..57

5.6 Factores que ayudan a la búsqueda de libertad…………………………………...63

5.7 Libertad y Persona…………………………………………………….……………….64

5.8 Libertad y Educación………………………………………………….……………….65

5.9 Libertad y Ley………………………………………………………….……………….67

5.9.1 El Derecho De Ser Libre…………………………………………….………………..67

5.9.2 Libertad Positiva y Negativa…………………………………………………….........68

5.9.3 La Idea De Libertad Negativa……………………………………….…………........69

6.1 El Enfoque de la libertad de Montalvo………………………………………………..78

6.2 Tres dimensiones de libertad……………………………………………………………79

6.3 Dios y libertad……………………………………………………………………………..81

6.4 La libertad y el ser humano………………………………………………………………82


107
6.5 La libertad de pensar, trabajar, hablar………………………………………………….84

6.6 Libertad y límite……………………………………………………………………………85

6.7 El Humor presente en la obra de Juan Montalvo……………………………………..86

CAPITULO VII

7. METODOLOGÍA…………………………………………………………………………….90

7.1 Analítico – sintético……………………………………………………………………….90

7.2 Histórico – lógico………………………………………………………………………….90

7.3 Inductivo – deductivo……………………………………………………………............91

7.4 Fundamentación

Axiológica……………………………………………………………………………………….91

7.5 Fundamentación Epistemológica…………………………………………………..........91

7.6 Fundamentación Ontológica……………………………………………………………...92

7.7 Investigación de campo…………………………………………………………………...92

7.8 Investigación Bibliográfica o Documental……………………………………………….92

7.9 Cronograma de Actividades………………………………………………………………93

7.10 Encuesta………………………………………………………………………………….94

7.1 Análisis e interpretación de los datos……………………………….…………………..95

CAPITULO VIII

108
8. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES………………………………….………..101

8.1 Conclusiones ……………………………………………………………………………..101

8.2 Recomendaciones………………………………………………………………............102

8.3 Anexos……………………………………………………………………………...........103

Foto Nº 1: Mausoleo de Montalvo………………………………………………………….103

Foto Nº 2: Parque Montalvo en la ciudad de Ambato…………………………………….104

Foto Nº 3: Busto en homenaje a Juan Montalvo………………………………………….104

Foto Nº 4: Oleo de Juan Montalvo………………………………………………………….105

Foto Nº 5: Retrato de Don Juan Montalvo…………………………………………………106

8.4 Bibliografía……………………………………………………………………………......107

8.5 Glosario……………………………………………………………………………………108

Índice…………………………………………………………………………………………..110

109