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LAS PREGUNTAS DE LA VIDA.

Fernando Savater

Capitulo 1: La Muerte para empezar

La muerte nos hace realmente humanos, ya que nos muestra cuan mortales somos. No es mortal quien
muere sino quien está seguro de que va a morir. Además es muy personal porque no se puede ceder, es decir, que
cada uno debe morir por si mismo y no puede “contratar” a alguien para que muera por uno. La muerte no sólo es
necesaria, sino que resulta el prototipo de lo necesario en nuestra vida.
Empezamos realmente a pensar cuando descubrimos que tarde o temprano moriremos, ya que a partir de
ese momento elaboramos nuestros propios pensamientos y no repetimos lo que otros dicen.
Los animales al carecer del tipo de pensamiento que tiene el humano, no son mortales en la misma forma
que estos. Si bien mueren, no están concientes durante su vida de que morirán. Cuando el momento les llega
pueden sentir algo de miedo, porque el instinto les dice que algo malo les sucederá, pero en realidad no entienden
que.
La muerte es siempre inminente, ya que puede alcanzar a cualquiera sin importar edad, sexo, o estado de
salud. Todos pueden morir en cualquier momento ya sea por accidente o por crimen. Desde el primer momento que
empezamos a vivir, ya estamos listos para morir. Si no soñásemos al dormir nadie hubiese pensado en la
posibilidad asombrosa de una vida después de la muerte.
Sueños placenteros ------ ideas de paraíso
Pesadillas ------------------ ideas de infierno
Según Epicuro, el estado de muerte nunca fue experimentado, por lo tanto no debe ser temido. Lucrecio
apoya esta idea diciendo que el estado de muerte es igual al estado anterior al nacimiento, y como nadie teme a este
estado, nadie debería temer a la muerte. Ellos buscan darnos serenidad con estas afirmaciones y tratan de explicar
porque no debemos temer a la muerte.
No existe nada positivo de la muerte, ya que si nos angustia, es porque es algo negativo. En cambio la vida
es positiva, y la pensar en la muerte nos hará valorarla y pensar en ella.

Capitulo 2: Las verdades de la razón

La pregunta previa a todas las preguntas, o sea lo primero que uno debe preguntarse, es de que forma uno
adquiere nuevos conocimientos, es decir, ¿ Cómo conozco algo?
Los conocimientos que uno tiene provienen de la experiencia, ya que provienen de lo que uno estudio, o de
lo que a uno le dijeron o enseñaron, o de algo que se aprendió por experiencia propia ( Ej: El Fuego quema, se
aprendió porque algún tarado se quemó con fuego).
Estos conocimientos no son del todo fiables, ya que cuando estudie algo, pudo haber sido valido para la
época pero erróneo para el futuro ( Ej: La tierra es plana), o si me lo dijeron se pueden haber equivocado sin querer
o adrede, y por ultimo si lo viví puede ser que mis sentidos me engañaran ( Ej: El palo en el agua que parece
quebrado). Esto no quiere decir que no deba confiar en estos conocimientos, sino que debo analizarlos a fondo con
la mente o preguntar a alguien que sepa, es decir, debo buscar argumentos para validarlos o, si son erróneos,
descartarlos. A este proceso de análisis a fondo se lo denomina razón ( hábitos deductivos, tanteos y cautelas en
parte dictadas por la experiencia y basados en la lógica). La razón es el medio que usamos para hallar la verdad.
La razón se puede compartir con otros ya que si una creencia mía se apoya en argumentos racionales no
será racional solo para mí. Esta e una característica de la razón: es universal. La verdad comparte esa característica
de objetividad. Si una creencia mía propia se apoya en argumentos racionales, no pueden ser racionales sólo para
mí. Nunca es exclusivamente mi razón (no es subjetiva).
El trabajo de la razón es buscar la verdad ( o lo mas parecido a la realidad) y determinar los diferente
campos d esta. No se debe confundir los campos de la verdad o se estaría cometiendo un error.
Los tipos de veracidad a los que se aspira varían según los campos de la verdad. Ortega y Gaset distinguió
entre ideas y creencias.
Son ideas, nuestras condiciones intelectuales, mientras que creencias son aquellas certezas que damos por
sentadas hasta el punto en el que no pensamos en ellas. ( EJ: al salir por una puerta veremos el frente de la casa y
no el espacio interior).
El trabajo de la filosofía es cuestionar las creencias y sustituirlas por ideas bien argumentadas. Sin embargo
las creencias son necesarias para vivir todos los días. ( Sentido común).
Hay muchos que han planteados serias dudas sobre la verdad que se puede alcanzar.
Para el escéptico, todo supuesto conocimiento humano es cuando menos dudoso y a fin de cuentas nos
descubre poco o nada de lo que pretendemos saber. El mundo es inestable por lo que no hay conocimiento
verdaderamente seguro ni siquiera fiable cuando se lo examina a fondo. Se le reprocha al escepticismo ser
contradictorio consigo mismo. Si es verdad que conocemos la verdad, al menos ya conocemos 1 verdad. Ni
siquiera se puede descartar l razón sin utilizarla puesto que tiene que razonar para convencernos que razonar no
sirve para nada.
El relativismo pone en cuestión que seamos alguna vez capaces de alcanzar la verdad por medio de
razonamientos. Los relativistas opinan que mis condicionamientos subjetivos siempre se imponen a cualquier
pretensión de objetividad universal (= hay tantas verdades como caracteres individuales). El problema yace en que
el relativismo no es relativo puesto que hasta para desconfiar de los criterios universales de la razón y de verdad,
necesitamos algo como 1 razón y 1 verdad que sirvan de criterio universal.
Otros creen que la razón lleva a errores y que el conocimiento se obtiene por revelación o visión inmediata.
La cuestión es que el único modo de alcanzar la verdad es a través de la razón. Razonar no es algo que se
aprende en soledad sino que se inventa al comunicarse y confrontarse con los semejantes: toda razón es
fundamentalmente conversación. Sólo se conversa entre iguales. La razón es 1 servicio público universal. La razón
también tiene relevantes consecuencias políticas, ya que todo razonamiento es social. No basta con ser racional
(aplicar argumentos racionales a cosas o hechos) sino que resulta imprescindible ser razonable (acoger en nuestros
razonamientos otras subjetividades).
Si bien en 1 democracia todos tenemos derecho a intervenir en la gestión de la comunidad, debe haber
algún medio de jerarquizar las ideas; ya que valen más aquellas que tienen mejores argumentos.
Como hombres, debemos desarrollar la capacidad de ser convencidos por las mejores razones, vengan de
quien vengan.

Capítulo 3: Yo adentro, yo afuera

Por muy fantástica que sea la hipótesis de que la realidad que percibo no es tal como de hecho la percibo, es
al menos posible de imaginarlo. ¿Podemos entonces estar seguros de algo, si ni siquiera somos capaces de
descartar la falsificación universal.
Descartes es considerado como el fundador de la filosofía moderna en busca de la certeza racional. Planteó
la hipótesis de que todo lo que consideramos real pudiera ser simplemente un sueño y que los sucesos que parecen
ocurrirnos, fueran sólo incidentes del mismo. Planteó también que quizás somos víctimas de un genio maligno, una
entidad poderosa como un demonio dedicada a engañarnos constantemente, haciéndonos sentir lo que no existe. En
ambos casos tendríamos que equivocarnos sin remedio y tomar lo falso por verdadero. Este filósofo pretende saber
por sí mismo y comprobar por sí mismo lo que sabe. Por eso llamó metódica a su forma de dudar: trataba de
encontrar un método para avanzar en el conocimiento fiable de la realidad. Puede que yo no tenga cuerpo ni la
apariencia física que creo tener... pero al menos se con certeza que existo. Para poder soñar y dudar debo existir.
También para que me engañen necesito ser. La proposición yo soy, yo existo es necesariamente verdadera =>
pienso, luego existo.
¿Qué es ese yo? Para Descartes se trata de una res cogitans, una cosa que piensa. El yo es un asunto mental;
para Descartes una sustancia estable y personal.
David Hume dice: “cuando penetro en lo que llamo yo mismo siempre tropiezo con una u otra percepción
particular”.
Pero puede que la palabra yo no sea el nombre de una cosa, sino una especie de localizador verbal como los
términos aquí y ahora. Al plantear como irrefutable la existencia del Yo, Descartes estaba pensando en su alma.
Tengo conciencia y también autoconciencia (la capacidad de objetivar aquello de lo yo soy conciente y
situarlo en una serie con cuya continuidad me veo especialmente comprometido).
Mi Yo no sólo está formado por ese dominio interno o mental. Esa dimensión interior también viene
acompañada por una exteriorización de yo en el mundo de lo percibido: mi cuerpo. Del mismo modo que considero
mía mi conciencia, también tengo a mi cuerpo por mío, aunque sufra transformaciones. No podríamos explicar que
cuando menciono el cuerpo me refiero a aquello que siempre va conmigo. Mi cuerpo es la parte del mundo que mis
pensamientos pueden cambiar. Mi convicción profunda es que yo empiezo y acabo en mi cuerpo. Pero ¿tengo o
soy un cuerpo? Descartes (quien suponía que el alma es un espíritu) respondería tengo un cuerpo. Según cierta
visión popular estamos dentro de nuestro cuerpo. Estamos en nuestra cabeza. Quienes creen tener un cuerpo y estar
dentro de él se refieren a un “dentro” que no es interior sino que está en todas partes del cuerpo y en ninguna, de la
que sólo el cerebro podría aspirar a ser la sede privilegiada.
En cambio a quienes creen que somos nuestro cuerpo [reduccionismo: lo primero es un modo en que está lo
segundo].
Hay dos formas de leer mi vida y lo que soy:
° Lado de afuera: se me puede juzgar por mi funcionamiento
° Lado de adentro: resulto ser un experimento del que sólo yo mismo en mi interioridad puedo opinar.
Mi funcionamiento influye decisivamente en mi experimento y viceversa.
¿Existe algún otro yo aparte del mío? No es fácil contestar. Al que llega a la conclusión de que en el mundo
no hay más yo que el suyo, se le llama un solipsista. Argumento anti-solipsista (Wittgenstein) no puede haber un
lenguaje privado: todo idioma humano necesita ser compartido por otros y tiene como objeto compartir el mundo
de los significados con ellos. En mi interior encuentro un lenguaje que yo no he inventado; que como todos los
lenguajes tiene que ser público, es decir que comparto con otros seres capaces como yo.
SOY UN YO POR QUE PUEDO LLAMARME ASÍ FRENTE A UN TU EN UNA LENGUA QUE
PERMITE DESPUÉS AL TU HABLAR DESDE EL LUGAR DEL YO.

Capítulo 4: El animal simbólico

Soy un ser parlante, un ser que habla; alguien que posee un lenguaje y que por tanto debe tener semejantes.
El lenguaje está abierto a la comprensión de seres inteligentes. El lenguaje es el certificado de pertenencia de mi
especie, el verdadero código genético de la humanidad.
Lo más asombroso del hombre es que es hábil y se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento.
Nada de lo porvenir le encuentra falto de recursos puesto que posee la capacidad técnica de controlar las fuerzas
naturales poniéndolas a su servicio. Sólo de la muerte no tendrá escapatoria. Quizás lo verdaderamente más
humano sea el propio asombro del coro sofoclíteo ante lo humano, esa mezcla de admiración, orgullo,
responsabilidad y hasta temor de las hazañas y fechorías humanas.
Pero según Giovanni Pico, la dignidad de nuestra condición nos viene de que somos algo menos que los
demás seres. A las demás cosas no le queda más remedio que ser lo que Dios ha hecho y ha querido que sean.
Todos los seres están así prefijados de antemano menos el hombre. Lo asombroso del hombre es que se mantiene
abierto e indeterminado y debe responder sin excentricidades a lo que marca su naturaleza. El hombre es también
un poco Dios. Puede hacer mal uso de esa discrecionalidad pero también puede alzarse hasta la mismísima
inmortalidad.
Siempre se ha intentado definir lo humano por contraposición con lo animal y con divino. El hombre
expresa siempre el latente temor a que se lo confunda con las demás bestias. Pero Darwin con su evolución humana
a partir de otras formas de vida animal, demuestra nuestro parentesco con ellos. Tradicionalmente, se ha hablado
del ser humano como un animal racional. A los animales la inteligencia les sirve para procurarse lo que necesita y
parece estar exclusivamente al servicio de sus instintos. En cambio a los humanos nos sirve para descubrirnos
necesidades nuevas. El hombre es un animal insatisfecho. Los humanos utilizamos la inteligencia tanto para
satisfacer nuestros instintos como para interpretar las necesidades instintivas de nuevas formas. La conducta animal
es predeterminada; y el comportamiento humano es indeterminado y libre. Filósofos distinguen entre el medio
propio en que habitan los animales y el mundo en que vivimos los humanos. En el medio animal no hay nada
neutral. En el mundo humano cabe cualquier cosa, incluso lo que nada tiene que ver con nosotros, o lo que
perdimos o lo que aún no hemos conseguido. No podemos hacernos la idea de lo que es ser un murciélago o un
lingueirón, simplemente por que no lo somos.
El lenguaje humano es más profundamente distinto de los llamados lenguajes animales. Estos últimos se
refieren a la finalidades biológicas de la especie mientras que los significados del lenguaje humano son
abstracciones. Los lenguajes animales (tan radicalmente distintos del nuestro que parece abusivo denominarlos
lenguajes) mandan señales útiles para la supervivencia del grupo. Lo característico del lenguaje humano es que
sirve para decir lo que queremos decir. Pese a la variedad de idiomas que no todos manejamos, lo importante es lo
que quiso decir la persona (su voluntad).
Los niños aprenden a hablar por que se les despierta esa intención. El ser humano tiene el propósito de
comunicarse ante de disponer de los medios. Lo característico del lenguaje humano es objetivar un mundo
comunicable de realidades determinadas en el que otros participan conjuntamente con nosotros. Cada idioma abre
un mundo diferente.
El hombre es un animal simbólico. Un símbolo es un signo convencional acordados por miembros de la
sociedad humana para referirse o comunicar algo. Las palabras y números son símbolos. Cualquier cosa natural o
artificial puede ser un símbolo si nosotros queremos que lo sea. Los símbolos se refieren sólo indirectamente a la
realidad física y sin embargo apuntan directamente a una realidad mental, pensada, imaginada, hecha de
significados y de sentidos.

Capítulo 5: El Universo y sus alrededores

Los humanos necesitamos un mundo en que vivir y no solo la realidad porque en cierto modo ese mundo nos
pertenece, la especie humana le pertenece y ha brotado de él como cualquier otro de sus componentes. Esta idea de
mundo tiene varios niveles desde el mas próximo y aparentemente trivial hasta el mas abrumador y cósmico. El
primero seria “mi mundo” refriéndose a la familia, el grupo de amigos, y luego va ascendiendo por el ambiente
social y cultural, es decir, los que son como yo, aunque no los conozca. Mas allá, esta el país (la comunidad
nacional a la que pertenezco) y más allá aun esta la escala planetaria, (mi planeta) en donde yo y mis semejantes
humanos vivimos. Si seguimos subiendo, seria el sistema solar, luego la galaxia y finalmente el universo. Antes,
las explicaciones a cerca del universo provenían de los mitos: los astros eran dioses, y las cosas dentro de él
provenían de seres fabulosos. Pero en muchos casos éstos representaban ideas, y por tal motivo, muchos filósofos
las tomaron y cambiaron a los mitos por una forma de narración mental de la naturaleza, las cuales fueron menos
antropomórficas y acudieron a elementos impersonales para explicar la realidad. Estas explicaciones filosóficas
tienen varias ventajas respecto de las míticas:
° No son meras repeticiones de una tradición sino que proponen un punto de vista personal sobre lo existente.
° Acuden por lo común a elementos materiales no antropomórficos o a formas intelectuales
despersonalizadas.
° Son más objetivos o realistas
° Siempre hacen una distinción fundamental entre las apariencias brindadas por los sentidos y la realidad que
éstas sustentan, la cual solo puede ser descubierta utilizando la razón.
° Los mitos no admiten ser argumentados por quienes los asumen, en cambio, las explicaciones filosóficas
pueden ser apoyadas con argumentos razonables.
A continuación se desarrollan las tres grandes preguntas que se hacen los filósofos acerca del Universo
1. ¿Qué es el universo? Existen dos definiciones para este termino:
° “Heavy”: totalidad nítidamente perfilada y distinta al agregado de sus diferentes partes, acerca de la cual
cabe plantearse interrogantes específicos. El problema con el que se encontraron los filósofos aquí tuvo que ver con
la idea de un objeto infinito... entonces salen las interrogantes de que si existe un objeto infinito... y en caso de
existir, ¿cómo sabemos que es uno? El error esta en tratar de formularse sobre lo inmenso las mismas preguntas
que tienen sentido a una escala mas reducida.
° “Light”: Nombre que le damos al conjunto o colección indeterminada de todo lo existente.
En filosofía el materialismo es una perspectiva caracterizada básicamente por dos principios complementarios:
primero, no existe un Universo sino una infinita pluralidad de mundos, objetos o cosas que nunca se pueden
concebir o considerar bajo el concepto de unidad; segundo, todos los objetos o cosas que percibimos están
compuestas de partes y antes o después se descompondrán en partes. La mínima unidad en que se pueden
descomponer las partes se llama “átomo”, pero no tiene nada que ver con los átomos de la química.
2. ¿Tiene el universo algún orden o designio? Teniendo en cuenta el significado etimológico de la palabra, podría
decirse que el cosmos es algo bien organizado. Pero para contestar esta pregunta hay que analizar primero el
significado (o lo que significa para cada uno de nosotros) el termino “orden”. Es decir, el orden puede significar
algo muy diferente para dos personas y es por eso entonces que no se puede universalizar este concepto. Llamamos
“orden del mundo” a nuestra forma de disponer de él. Pero vale aclarar que existen regularidades observables en
los procesos del Universo y los científicos pueden hacer previsiones sobre ellos que se cumplen de modo
satisfactorio, sea cuales fueren los intereses o caprichos de los observadores.
El principio antrópico intenta explicar la relación que debe existir entre el universo y sus propiedades de modo tal
que puedan existir observadores (o sea nosotros). Dice que de algún modo, al menos la porción que conocemos,
debe tener ciertas características para que se pueda desarrollar en ella la aparición de los observadores. El principio
antrópico admite dos formulaciones:
° La primera se debe a Robert Dick y más tarde sería suscrita por Stephen Hawking: “Puesto que hay
observadores en el universo, éste debe poseer propiedades que permitan la existencia de tales observadores.” Si
fuésemos incompatibles con la comprensión del universo, no lo sabríamos porque no existiríamos.
° La segunda es de Brandon Carter y está planteada de un modo mucho mas comprometedora pero sugestiva:
“El universo debe estar constituido de tal forma en sus leyes y en su organización que no podía dejar de producir
alguna vez un observador.” Esta intenta implicar que somos la finalidad del Universo y por tal motivo se la toma
como una postura muy poco modesta.
3. ¿Cuál es el origen del universo? Nosotros siempre asociamos la idea de la existencia de algo como una
consecuencia de otra cosa. (Ej: el árbol viene de la semilla que plante). Pero, si todo tiene una causa, ¿no debería
haber una causa de Todo? Decimos que la causa de algo tiene que ser distinta y anterior a ese algo. Pero si decimos
que el Universo es todo lo que existe en la realidad, la causa debe formar parte de la realidad, pero al formar parte
de la realidad estaría contemplada por el universo. Entonces como puede ser que algo que no forma parte de la
realidad sea la causa de la realidad, ya que si no forma parte de la realidad no puede actuar. Resulta inexplicable
que haya “nada”, ya que no se puede imaginar una situación espacio-temporal para la cual no haya nada. La
respuesta más popular a la pregunta del origen del universo tiene que ver con la idea de un Dios creador. Nos
apoyamos en ese pilar para escapar de una pregunta de cuya respuesta sabemos “nada”. Cuando respondemos
entonces que el universo lo ha hecho Dios, nos preguntaremos entonces de donde salió Dios, y para esa pregunta
diremos que Dios es eterno e infinito y que se creo a si mismo, pero estamos en la misma situación que la causa del
universo, por lo que no resolvemos nada. Se puede plantear la metáfora de que el universo es como un reloj que
necesita de un relojero (Dios). También existen teorías de la creación del universo a partir del Big Bang, pero
volvemos nuevamente al problema de la causa del Big Bang, es decir por que se produjo tal explosión en ese
momento y no antes o después, etc...

Capítulo 6: La libertad en acción

El hombre habita en el mundo; lo que significa que actúa en el mundo aparte de estar contenidos en él y
formar parte del mismo. Que actuemos significa que no sólo respondemos al mundo que habitamos sino que lo
vamos inventando y transformando de una manera no prevista por ninguna pauta genética.
Hay una diferencia entre lo que meramente me pasa, lo que hago sin darme cuenta y sin querer, lo que hago
sin darme cuenta pero según una rutina adquirida voluntariamente y lo que hago dándome cuenta y queriendo.
Parece que la palabra acción es un término que solo va con la última posibilidad, puesto que ésta es un acto
voluntario. No hay actos involuntarios; pero lo que sí puede ocurrir es que tomen lugar actos voluntarios en contra
de la voluntad de las personas.
Decir hacer algo y hacerlo es diferente; porque depende de mí que lo haga o no. No sé cómo muevo el
brazo cuando quiero, ni si hay diferencia entre querer moverlo y moverlo efectivamente, pero sé, en cambio que si
no hubiera querido moverlo, no se habría movido. Es acción mía todo lo que no ocurriría si yo no quisiera que
ocurriese. A esa posibilidad es a la que llamamos libertad. Si no lo hago libremente, no se puede decir que actúo.
La acción es libre porque su causa es un sujeto capaz de querer, elegir y poner en práctica proyectos, es decir,
realizar intenciones.
La doctrina determinista establece que si yo supiese cómo están dispuestas todas las piezas del mundo ahora
y conociera exhaustivamente todas las leyes físicas, podría describir sin error cuanto va a ocurrir en el mundo en
cualquier momento. La física contemporánea no es determinista del mismo modo en que lo era la física clásica.
Pero la cuestión de la libertad no se plantea en el terreno de la causalidad física, sino en el de la acción humana en
cuanto tal; que debe también ser considerada desde dentro haciendo intervenir variables como la voluntad,
intención, motivos, etc.
El término libertad suele recibir 3 usos distintos:
° Disponibilidad para actuar de acuerdo con los propios deseos o proyectos. Alude a cuando carecemos de
impedimentos para obrar tal como queremos. Implica una cierta probabilidad de lograrlo. Ante lo imposible nadie
es realmente libre.
° La libertad de querer lo que quiero. La espontaneidad de mi querer es libre aunque las circunstancias hagan
que la posibilidad de ponerlo en práctica sean nulas.
° Libertad de querer lo que no queremos y de no querer lo que de hecho queremos . No sólo tenemos
intenciones sino que también quisiéramos tener intenciones que de hecho no queremos. No es idéntico lo que yo
quiero hacer ahora y lo que yo quiero ser. Puedo elegir lo que quiero ser a partir de mi voluntad pero no es posible
elegir mi voluntad misma.
Para Sartre, el hombre no es nada sino la disposición permanente a elegir y revocar lo que quiere llegar a ser.
La noción de libertad tiene una amplia gama de aplicaciones teóricas y uno puede aceptarla en uno de sus
sentidos y rechazarla en otros. La libertad es imprescindible para establecer responsabilidades, porque sin
responsabilidad no se puede articular la convivencia en ningún tipo de sociedad. Ser libre no es sólo un motivo de
orgullo sino que también supone aceptar nuestra responsabilidad por lo que hacemos y las consecuencias de ello.
Esto significa admitir que he sido yo cuando se busca un culpable. Según Sófocles, lo que nos hace responsables
no es lo que proyectamos hacer ni lo que hacemos, sino la reflexión sobre lo que hemos hecho.
Tanto Sófocles como Shakespeare suele hablar de una responsabilidad culpable. El lazo entre libertad y
responsabilidad se hace más evidente cuando la primera nos apetece y la segunda nos angustia. En cambio, el
Bhagavad Gita sostiene que debemos resignarnos a la acción como parte del orden de la naturaleza pero
entregándonos a ella con pleno desinterés. Así el peso de la responsabilidad de la acción se alivia con el chocante
razonamiento de que hay que cometer lo evitable como si fuese inevitable.
El hombre parece ser el único animal que puede estar descontento de sí mismo: el arrepentimiento es una
de las posibilidades siempre abiertas a la autoconciencia del agente libre. Para saber si esto es antinatural, debemos
establecer cuál es la naturaleza humana.

Capítulo 7: Artificiales por naturaleza

El hombre puede ser considerado un animal simbólico. Ya que los símbolos son convencionales, decimos
que el hombre es un animal convencional, un ser vivo capaz de establecer, aprender y practicar acuerdos de
significados con sus semejantes.
Los términos “natural” y “naturaleza” son diferentes entre sí a su vez aceptan varios significados diferentes. Los
principales usos del termino naturaleza son:
° Cada una de las cosas que existen en el universo tienen su propia naturaleza. La naturaleza de algo es su
forma de ser, de llegar a ser y de operar en conjunto del resto de lo existente. De modo que la Naturaleza con
mayúscula será el conjunto de los poderes o propiedades de todas las cosas, tanto de las que hay como de las que
podría llegar a haber. En este sentido, los objetos creados por el hombre son también naturales, tan naturales como
cualquier planta silvestre o animal que habita en este mundo natural.
° Según este otro sentido de la palabra es natural lo que aparece en el mundo sin intervención de la mano
humana. Entonces tenemos seres naturales y objetos artificiales. Pero se plantea aquí una controversia: si un
producto que se halla libremente en la naturaleza, es creado aparte en un laboratorio, ¿este producto pasara a ser
natural o artificial? Esto no ocurre sólo con un producto sino con los otros seres vivos (“cruzas artificiales”
realizadas por humanos) Entonces, qué son...¿naturales o artificiales? Y hasta llegaríamos al propio hombre, que
no podría ser engendrado en ciertos casos sin la ayuda de otros hombres. ¿Podría decirse que somos artificiales por
naturaleza?
En el caso del hombre lo natural se contrapone a lo cultural, ya que lo natural sería lo innato, lo
biológicamente determinado, y lo cultural lo que aprendemos de los demás una vez nacido. Pero pasa que en los
humanos (y solo en general) cada rasgo natural esta siempre contaminado por la cultura y viceversa. Ejemplo:
comer es natural, pero nosotros elegimos la comida por el antojo. Por esto decimos que lo natural se halla
impregnado por lo cultural. Y entonces los términos “natural” o “naturaleza humana” encierran aspectos
fuertemente culturales.
La costumbre es una segunda naturaleza, ya que es natural lo más antiguo, lo habitual, lo de siempre. Y por
eso se consideran antinatural en determinados momentos ciertas formas de actuar que podrían ser perfectamente
naturales en otras circunstancias. Ej.: sería natural, si formáramos parte de un determinado tipo de civilización
india, echarse un eructo al terminar de comer; pero sería “antinatural” hacer lo mismo en nuestra civilización, no?
También suele llamarse natural el comportamiento impulsivo. Ya que 1 persona deja de actuar naturalmente
cuando cambia de actitud por influencia de alguna causa exterior, es más natural el arrebato instintivo que el
cálculo racional.
Algo que nunca llegaremos a encontrar en la naturaleza son los valores, es decir el Bien y el Mal en sus
manifestaciones mas indiscutibles. En todo caso podemos encontrar cosas naturalmente buenas y malas, según la
forma de ser de cada uno de los elementos que existan. Lo naturalmente bueno es lo que le permite a otra cosa
seguir siendo lo que es. Lo malo es aquello que le pone obstáculos o lo destruye. Para la naturaleza no hay tales
cosas buenas y malas porque no tiene la capacidad de valorar. En cambio en hombre sí, y entonces debemos
preguntarnos acerca de los criterios que utilizaremos para dicha valoración. A juicio del queridísimo autor del libro
son 3:
° Intrínseco (intimo): todo lo natural es puramente natural, nada tiene propiamente más valor que otra cosa, o
sea que nada tiene valor propio; si hay algo de sobrenatural (algo así como un cariño que le demos o un valor extra
aportado por nosotros) en lo natural, el valor le vendrá de ese añadido divino y no de si mismo.
° Utilitario: por la utilidad que brinda
° Estético: por su belleza.
Podríamos decir que lo artificial es algo mejor que lo natural, ya que nos protege de la naturaleza, por ejemplo,
las vacunas que nos protegen de los virus.
A pesar de que no tenemos obligaciones para con la naturaleza, mucha gente piensa que no debemos destruirla y
que por el contrario debemos ayudar a conservarla (en cuanto a biodiversidad, paisajes, etc..), ya que atentar contra
ella es en definitiva atentar contra nosotros mismos, desde el momento que formamos parte de ella.
La relación característica del hombre con el acontecer natural ha estado siempre basada en la técnica. Junto
al lenguaje simbólico, la técnica es la capacidad activa más distintiva de nuestra especie. No solamente es el
manejo de instrumentos para realizar ciertas operaciones vitales, sino también, crear instrumentos por medio de los
cuales puedan hacerse otros instrumentos. Por extensión se llama técnica a todos los procedimientos necesarios
para hacer algo bien. En este sentido la técnica nunca nombra un comportamiento ocasional (por más genial que
sea), sino que implica un conjunto de modos y reglas que se transmiten, que pueden ser aprendidos y reproducidos:
una cierta tradición eficaz. La técnica hizo posible que hoy en día, el hombre pueda alcanzar su afán de dominio
constructivo o destructivo. Oswald Spengler opina de modo pesimista sobre lo que a la técnica le concierne. Según
él, la técnica nace como táctica vital del feroz depredador que hay dentro de cada ser humano, y que con cada
nueva “técnica” que aplicamos, queremos aplicar muchas nuevas más (circulo vicioso de la ambición). Otro
pensador fue Martín Heidegger, quien opina que llegará un momento en que la sociedad humana se volverá
satisfecha de conseguir lo que desea y entonces se preguntará ¿para que?, ¿hacia donde? y ¿después que? respecto
a los fines de la futura tecnología con la que se espere innovar.
Las máquinas no son inhumanas. Por el contrario, son más humanas que nosotros mismos, ya que ellas son
diseñadas y construidas por los humanos, mientras que nosotros provenimos de un plan biológico, del azar de los
genes de una cadena de ADN.
La gran obra de arte humana es la mismísima sociedad humana, ya que la formamos nosotros mismos y sin
ella nada podría fabricarse. Es un artefacto que formamos todos juntos viviendo en común y respetando (a veces sí
y a veces no) ciertas normativas.

Capítulo 8: Vivir juntos


Nadie llega a convertirse en humano si está sólo: os hacemos humanos los unos a los otros. Empezamos a
humanizarnos antes de la palabra, ya con la mirada de los semejantes. No seríamos lo que somos sin los otros pero
nos cuesta ser con los otros. Esto significa que es inevitable que nos resulte dolorosa la convivencia con los otros.
Los humanos nos enfrentamos en la sociedad porque no somos lo suficientemente razonables. De todos modos,
sería peor el infierno de ser ignorado por los otros que vivir entre ellos. Podemos afirmar vivimos incomunicados si
por comunicación entendemos que los demás nos interpreten espontáneamente de modo tan exhaustivo como
nosotros mismos creemos expresarnos. Por justificadas que estén la protestas contra las formas efectivas de la
sociedad actual, estamos humanamente configurado para y por nuestros semejantes. Es nuestro destino de seres
simbólicos. Para conocernos a nosotros mismos necesitamos primero ser reconocidos por nuestros semejantes.
Tenemos una tendencia innata a hacernos conocer.
Los grandes enfrentamientos colectivos no los suelen protagonizar individuos personalmente violentos sino
grupos formados por gente disciplinada y obediente a la que se ha convencido de que su interés común depende de
que luchen contra ciertos adversarios extraños y los destruyan. No son violentos por razones antisociales sino por
exceso de sociabilidad: tienen un afán de conservar su identidad a toda costa.
Hegel explica el paso de nuestra animalidad natural a nuestra humanidad histórica y cultural a través del
mito <El amo y el esclavo>. Partamos de que por el mundo vaga un ser dotado de conciencia. Tiene apetitos que
busca satisfacer inmediatamente. No hay mundo como algo independiente y separado de la conciencia, por lo que
tampoco hay realmente conciencia como una voluntad autónoma para sí misma. Pero ahora supongamos que la
conciencia se transforma en autoconciencia y comienza a valorar la propia independencia de sus deseos respecto al
mundo circundante, el mundo se transforma en algo ajeno. La autoconciencia ya no se conforma con la
supervivencia biológica; quiere su voluntad autónoma distinta del mundo que se le opone. Ant4es o después, la
autoconciencia habrá de enfrentarse a otra autoconciencia en apariencia semejante. Entonces tiene lugar la lucha a
muerte por el reconocimiento entre ambas. Puesto que ambas son concientes de su mortalidad, deberán probar
hasta que punto se hallan por encima del mero instinto de supervivencia. El combate será ganado por el que sea
más capaz de sobreponerse al terror a morir. La autoconciencia vencida queda sometida a las órdenes del vencedor.
Por medio del trabajo el mundo deja de ser sólo un obstáculo y se convierte en material para realizar
transformaciones. A la larga el amo recae en la animalidad y ya no le queda otro entretenimiento humano que
identificarse con la muerte. Cada una de las dos autoconciencias representa una mitad de la voluntad autónoma del
hombre: la afirmación de su independencia como valor superior a la mera supervivencia biológica y el empeño
técnico de llegar a vivir más y mejor.
De Platón en adelante los filósofos han tratado siempre la política como un conflicto indeseable que hay
que corregir, no como una expresión de libertad creadora que debe ser protegida y encauzada. Política = colisión de
intereses. Sin embargo, la democracia implica que siempre habrá política. La democracia se asemeja a la filosofía
puesto que el proyecto de la democracia en el plano sociopolítico es lo mismo que el de la filosofía en el plano
intelectual (pensar por sí mismos, sin dogmas establecidos y aceptando las polémicas).
Utopía es un lugar que no está en ninguna parte. Los filósofos suelen ser aficionados a ellas porque son la
propuesta de una alternativa global a las sociedades realmente existentes; y en la mayoría de los casos la propuesta
de una armonía social basada en la renuncia a la codicia y abusos del interés económico privado. Pero las utopías
convierten los ideales humanos (libertad, igualdad, seguridad...). Las distopías son utopías francamente detestables
(modelos a no seguir). Algunos utopistas y casi todos los políticos totalitarios han reclamado un hombre nuevo
como materia prima dispuesta para someterse a sus proyectos.
En las sociedades existentes no todos los ideales resultan plenamente compatibles. La marcha efectiva de
las sociedades no puede ser comprendida sin aplicar tanto el criterio de contrato social como el que establece uqe
somos el resultado de elecciones privadas que determinan lo mejor para todos.
La justicia es el respeto, espontáneamente experimentado y recíprocamente garantizado, de la dignidad
humana. Los derechos humanos son algo así como una declaración más detallada de lo que implica esa dignidad
que es justo que los hombres se reconozcan los unos a los otros. No hay derechos humanos colectivos. Las más
características manifestaciones humanas sólo pueden comprenderse en un contexto social. Ahora bien, queda
establecido que cada cual debe sertratado socialmente de acuerdo con su conducta y no según factores aleatorios
(ej: raza). Pricipio moral más importante => hospitalidad entre nosotros.
Innegablemente puede afirmarse que la risa es un argumento a favor de la vida en común de los hombres.
Nada es tan sociable ni une tanto como el sentido del humor. Hasta quien ríe solo en verdad ríe a la espera de las
almas gemelas que puedan unirse a reír con él.

Capítulo 9: El escalofrío de la belleza

Los dos elementos que nos condicionan socialmente a los humanos son el placer y el dolor, los cuales nos
enseñan a vivir y a sobrevivir. Como nadie disfruta ni sufre de la misma manera, el placer y el dolor nos dotan de
una “biografía irrepetible”, esta perfila la auténtica individualidad de cada individuo. El placer puede ser una
sensación física agradable (por medio de los sentidos) o todo aquello que sentimos como aprobación. Existen
también placeres de la razón, estos nos causan placer al realizar una acción generosa, valiente, etc.; es decir que
además de los placeres antes mencionados lo “bueno” nos causa placer.
La belleza es una satisfacción sensorial, pero también interviene la razón. La belleza es placentera aunque no sea
útil o “buena”. Lo bueno, también es reconfortante, ya que hacer algo bueno, nos produce un sentimiento de placer.
Según Kant, lo “bueno”, al igual que lo reconfortante y lo útil son placeres placenteros, que derivan de la
belleza. La belleza buena o útil es más placentera. El placer producido por la belleza es una “placer desinteresado”
ya que los hombres buscan satisfacer sus necesidades sino que también tienen interés de que las cosas sean bellas.
Para Kant, la belleza “adherente” es aquella que sabemos para que sirve, mientras que la belleza “vaga” o “libre”
es aquella sin sentido ni concepto.
Santayana, sostiene que los valores estéticos, nunca pueden ser separados del resto de los valores vitales
humanos. Según este autor, los bueno y los bello, están íntimamente ligados, ya que sostiene que lo que
encontramos bueno, lo encontramos bello. Para Santayana, es posible valorar y desconfiar de la belleza producida
por los artistas, y dice que los griegos desconfiaban de las grandes obras de arte.
Platón, sostenía que los artistas de su ciudad tenían que ser desterrados porque éstos tenían una gran
capacidad de seducción y “fuerza”. Esto de fuerza quiere decir que son capaces de producir placer y dolor, y si son
capaces de producir placer quiere decir que son dueños parcialmente de la educación ciudadana. Los artistas no le
parecen a Platón candidatos idóneos a educadores. Y dentro de los artistas mas peligrosos, Platón incluiría a los
dramaturgos, porque no hay nada que produzca tanta seducción como las representaciones que estos hacían.
Cuando este autor habla de artistas buenos se refiere a los artistas populares porque son aquellos que despiertan
emociones sanas y sus manifestaciones son colectivas, a diferencia de los buenos artistas en los que prima la
subjetividad, lo personal.
Según este autor, hay una gran diferencia entre el arte y la filosofía. En el arte predomina ante todo la
personalidad hechicera del artista, mientras que la filosofía aspira a la realidad impersonal. Los artistas consiguen
gracias a su capacidad seductora objetivar universalmente su mera subjetividad; mientras que la tarea del filósofo
es apropiarse subjetivamente por medio del conocimiento de la universalidad objetiva.
Para Schiller, la belleza estética es imprescindible en la formación tanto moral como intelectual del
ciudadano. El juego y el arte se relacionan, porque según este autor, los niños no hacen más que aprender para
después, al ser adultos poder jugar. Esto está muy relacionado con una frase que dice: “sólo juega el hombre
cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y sólo es plenamente hombre cuando juega”. Llama
“creadores” a los artistas y no a los científicos porque sostiene que el científico o descubridor no creó ni descubrió
por si mismo nada, tarde o temprano alguien lo iba a hacer, en cambio la creación de un artista es todo producto de
su imaginación.
No es obligación del artista pintar algo ”bello”, sino que pueden representar la fealdad con sus obras, esto no es
mal visto, ya que luego se define a la belleza como “lo bello no gusta ni disgusta solo nos detiene”. No es feo o
malo representar algo feo o malo ya que no es obligatorio representar lo bonito, es posible representar la fealdad y
la maldad.
El arte moderno y contemporáneo parecen haber abandonado el concepto tradicional de belleza pero no,
solo no la ofrecen fácilmente ni de forma gratuita ni accesible. Stendhal dijo que “la belleza es una promesa de
felicidad” esto quiere decir que a través de algo bello, el hombre descubre y aspira a lo que podría ser la plenitud.
La paradoja de la felicidad es: QUE A VECES PUEDE SER EXPERIMENTADA COMO BEATITUD Y EN
OTRAS OCASIONES COMO ESCALOFRIO.
Capítulo 10: Perdidos en el tiempo

Nadie podrá dar cuenta de su vida o hablar de sí mismo sin referirse inmediatamente al tiempo. Por tanto se
debería suponer que nada nos es tan conocido y familiar que el tiempo. Sin embargo, no sabemos bien qué es el
tiempo cuando nos lo preguntan; ya que el tiempo resulta difícil de pensar. Para pensar en algo hay que fijarse en
ello y fijarlo; pero no hay modo de ver el tiempo quieto. Al no detenerse el tiempo, no puedo fijar un ahora en el
presente. Lo que consigo es conmemorar es un ahora que ya no es o prevenir un ahora que aún no es. Al presente
lo vemos venir y lo vemos alejarse, pero nunca lo vemos estar. Consecuentemente, para fijar tanta movilidad
deberé ponerla en conexión con otro movimiento. La noción de tiempo está ligada a la del movimiento en toda su
extensión.
Las formas de medir el tiempo tienen que ver con las diversas culturas y situaciones históricas de las
sociedades. A decir verdad, los humanos, conscientes del tiempo y de la dificultad para pensarlo, hemos ingeniado
diversas formas de establecer su paso. Solemos absolutizar como naturales las formas de temporalidad que en
realidad corresponden a nuestra cultura y época. Cada sociedad establece medidas unánimes del tiempo para todos
su socios puesto que esto responde a la necesidad de acotar claramente el momento oportuno de realizar ciertas
actividades sociales y el afán de sincronizar tareas que debemos llevar a cabo en común con los demás.
En las sociedades técnicamente desarrolladas vivimos en un tiempo de precisión agobiante pero más
privatizado que en otras colectividades. Son más bien las relaciones entre particulares las que se ven sometidas a
horarios estrictos.
Más aún, existe otro tiempo más allá de las formas humanas de medirlo; esto significa que ciertos cambios
naturales cumplen sus plazos sea cual fuere nuestra forma de orientarnos socialmente en lo temporal. De existir
como un tiempo natural.
La vida siempre ocurre en el presente y fuera de este nada es del todo real; nada tiene efectos directos. El
pasado y futuro tienen una realidad virtual. Pero a su vez vemos que el presente es también la zona temporal donde
pasado y futuro son reales (donde pueden tener algún tipo de efectos). Debería decirse entonces que hay 3 tiempos:
presente de cosas pasadas, presentes y futuras; los cuales son de carácter fundamental para el sujeto activo.
La postura fatalista del destino niega el futuro al establecer que todos los acontecimientos a venir están
determinados desde siempre; asfixiando nuestra libertad. Las formas de negación del futuro se deben a una
concepción espacial del tiempo. Es difícil tener imágenes que no sean espaciales cuando intentamos imaginar el
tiempo.
Instantes temporales Lugares del espacio
En cada instante se hallan todos los cuerpos En cada lugar sólo puede encontrarse 1
contemporáneos cuerpo
Cualquier subdivisión del tiempo abarca lo En cada punto sólo cabe 1 cosa definida
infinito.
No podríamos viajar por el tiempo puesto que los lugares del tiempo no son adyacentes sino que tienen una
sucesión interna que no puede ser invertida sin destruir lo propiamente temporal del tiempo.
Queremos suponer que el tiempo pasa pero en realidad siempre está allí. Lo que transcurre y decrece
incesante es nuestro tiempo. Nosotros nos medimos en el tiempo. El ser humano está hecho de tiempo y esto
significa estar abocados a la muerte. La temporalidad es la conciencia de el tránsito hacia el acabamiento, y eso nos
angustia y empuja hacia la melancolía. Lo que nos ata al tiempo y la mortalidad es el cuerpo, la única parte
sometida al desgaste. El fruto del miedo ha forjado en el hombre la idea de algo atemporal: el alma; la cual sí sería
consciente del tiempo pero no desgastada por este. Pero aquello que no puede morir no está vivo. El nacimiento y
la muerte son ingredientes constantes de nuestra existencia temporal puesto que son aquello a lo que sin renunciar a
nuestra libertad podemos llamar destino humano.