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2
Resto de Obra

por Kermês

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4
Ama LLuLLa II................................................

Oceanía, la Desconocida............................

El Poder II...................................................

Las 184 Playas Gallegas............................

Centiloquio (de la A a la K).......................

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6
AMA

LLULLA

II

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PLAN DE OBRA

INTRODUCCIÓN
FÉ DE ERRATAS Y ACTUALIZACIÓN
BIBLIOGRAFÍA
GUÍA HISTÓRICA
FORMATIVOS
Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Belice
Honduras y Guatemala
México
U.S.A. y Canadá
Las Islas
CONQUISTAS
Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Belice
Honduras y Guatemala
México
U.S.A. y Canadá
Las Islas
INDEPENDENCIAS
Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Belice
Honduras y Guatemala
México
U.S.A. y Canadá
Las Islas
GUÍA TURÍSTICA
Costa Rica
Nicaragua
El Salvador
Belice
HONDURAS Y GUATEMALA
Copán

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Tegucigalpa
San Pedro Sula
Resto de Honduras
Tikal
Guatemala City
Antigua
Resto de Guatemala
MÉXICO
México D.F.
Alrededores de Ciudad de México
Teotihuacán
Tula
Puebla
Alrededores de Puebla
Xochicalco
El Tajín
Papantla
Acapulco
Oaxaca
Monte Albán
Mitla
Tuxtla Gutiérrez
San Cristóbal de las Casas
Palenque
Bonampak y Yaxchilán
Mérida
Uxmal
Chichen Itzá
Cancún
Túlum
Otros lugares de interés
Norte de México
U.S.A. Y CANADÁ

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New York
Texas
California
El Este
El Centro
El Oeste
Cataratas de la Herradura y Toronto
Resto de Canadá
LAS ISLAS

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INTRODUCCIÓN

Y llegó el 92.
Vº Centenario. Fastos. Conmemoraciones. Protestas. Derroche. Aplausos.
1.992.
¿Qué podía hacer alguien al margen de lo oficial y hasta de lo social?...
Volver, viajar. Decidí cruzar el gran charco de nuevo; tenía una deuda, principalmente
con los mayas.
Méjico fue conquistado en 1.521, expulsaron a los invasores justo trescientos
años después, 1.821; descomponiendo y sumando las dos fechas históricas,
1+5+2+1+1+8+2+1, el resultado es 21. Con los cinco países que iba a recorrer, el
total de los conocidos se situaba en 21. Estamos en el período 1.992 del calendario
cristiano, 1+9+9+2, igual a 21. Por disponibilidad de vuelo, hube de partir un día
21, del segundo mes del año. Pude comenzar este libro cualquier otro día, pero
justo cuando me apeteció era, sincrónicamente, el 21, del penúltimo mes. Ya
apareció el fundamento esotérico de la obra, la misma fecha se repite el número
cósmico de 7 veces. Curiosamente, también, el lapso transcurrido es de justo, 9
meses, el trabajoso parto al que aludía en la primera introducción.
Esta segunda parte es inferior a la primera. Aun realizándola con el mismo
espíritu y método, lo visitado y descrito es menos importante, el ánimo declina y la
dedicación ha sido menor. De todos modos, aquí está todo sobre toda América.
Lo más interesante, a priori, Aztecas; los restos de aquellas épocas que
semejan imposibles, están de México capital hacia abajo; en el norte guardan mala
proporción las grandes distancias a recorrer con los monumentos a ver. Copan y
Tikal, bien merecían el riesgo de Honduras y Guatemala; no ocurre lo mismo con los
otros países del istmo central. Los nada arqueológicos U.S.A. resultaban
insoslayables, y como despedida las canadienses cataratas del Niágara. Además de
esas grandes lagunas por un lado y otro –casi desiertas para la orientación de esta
Guía- , quedaron por inspeccionar directamente todas las naciones del Caribe, pues
aunque a algunas me hubiera apetecido ir, no quise hacer discriminaciones.
En este segundo Periplo americano rondaría los 30.000 km. Recorridos;
añadiéndolos a la mucha más amplia experiencia anterior, podemos calcular sin

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gran margen de error unos 100.000 kilómetros (daban para 3 vueltas al Globo) “a la
americana”, que ya dan bastante de sí.
No puedo finalizar esta introducción sin un admirativo recuerdo para mi
joven amigo Javier Ares, que se acaba de ir –en parte, por mi culpa, aunque he
querido hacerle desistir- desde su Betanzos natal al homólogo boliviano, ¡pero en
bicicleta!, vía México, Mesoamérica y Andes completos. Otra vez queda demostrado
que viajar es más cuestión de voluntad que de dinero.
“Javi”, Fernando, Ángel, “Cuco”, tantos, viajeros todos que he conocido y
conoceré, los sedentarios no pueden comprender el placer que experimentamos los
nómadas cuando cambiamos de pasto.

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FE DE ERRATAS Y ACTUALIZACIÓN
He de disculparme personalmente, como máximo responsable, de los
excesivos errores de composición y ortografía que se padecen en “AMA LLULLA I”,
no obstante haber sido repasada ¡seis veces! por sendas personas más o menos
experimentadas. Los únicos fallos detectados que cambian el sentido del texto,
son los siguientes:
Página 115, 8ª línea desde abajo; el tercer miembro del triunvirato era
FLORES
Página 135, 2ª línea del 4º párrafo; (1.820 – 1.853).
Página 305, 6ª línea por abajo; no me bebí el niño, sino, como el lector
habrá deducido con su perspicacia habitual, el vino.
Página 311; es COCHABAMBA
Página 379, línea 2ª; remisión a pág. 99.
Respecto a la Deuda Externa (mencionada en la página 152), era para toda
América Latina de un monto total de 410.000.000.000$ en 1.990; a la cabeza,
Brasil (123.000 millones), México (98.200) y Argentina (60.973); España resultaba
acreedor por valor de 9.033.000.000$,
El “lapsus” de Cartagena de Indias (explicado en pág. 185) me lo ha rellenado
mi amigo “Albertosqui”, que estuvo allí en 1.992.Considera indispensables el fuerte
y playa de Bicachica ( en la de “La Boquilla”, las langostas y pescados más frescos),
la muralla submarina de la Escollera y los fuertes de S. José, S. Fernando y S. Felipe
de Barajas; asimismo, toda la ciudad amurallada o “Corralito de Piedra”, en la que
destaca el Palacio de la Inquisición; de propiedad particular, el Parque Nacional de
las Islas Rosario (coralinas) contiene maravillosos y variados acuarios; como
prostíbulos curiosos (el súmmum sería el de burras de Barranquilla, pero no se pudo
confirmar), el “Gari” y “ Noches de América”.
En el plano político, el único cambio de altura se ha producido, respecto a
lo escrito, en Brasil, donde un forzado a dimitir Collor de Melo dio paso en la
presidencia a Itamar Franco.

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BIBLIOGRAFÍA
“Breve Historia de Centroamérica”, Héctor Pérez Brignoli. Alianza E.
“Vocabulario Español-Maya”, Zavala y Medina. Mayan Área.
“El tiempo de Mesoamérica”, Alfredo López Austin. I.N.A.H.
“Calendario Azteca”” G.V. Editores.
“Los mexicas y su cosmos”. I.N.A.H.

“Origen de las Pirámides en Egipto y América” José Díaz-Bolio.


“América Central”, Claude Baudez. Editorial Juventud.
“Historia social y económica de la R. Dominicana”, Roberto Casá. Editora
Buho.
“La formación de América del Norte”, Isaac Asimov. Alizana E.
“El Nacimiento de los Estados Unidos” Isaac Asimov. Alizana E.
“Culturas de la América Indígena” Wwolfgang Haberland. F.C.E.
“Gran Enciclopedia Larousse”.
“Aquí en Costa Rica”, Beatrice Blake. P. en I.S.A.
“Nicaragua” Jordi Soler. Insa Anaya.
“Guía del Salvador”. Guías Ucci.
“Visita breve a las ruinas de Copán”, Rodolfo Díaz Celaya.
“Copán en el mundo maya”, Vito Véliz.
“Copán, ayer y hoy”. Instituto Hondureño de Antropología y Historia.
“Tikal”, William R. Coe. University of Pensylvania.
“Teotihuacán, la ciudad de los dioses”, Adrián García. Valadés. G.V.E.
“Tula”, Eduardo Matos Moctezuma. G.V. Editores.
“Tajín: misterio y belleza”, Leonardo Zaleta. Editorial Eón.
“Puebla y CHolula”. Editur S.A.
“CHolula minimonografía”, Félix Angulo Castañón. Inprehscl.
“Valle de Oaxaca”, Igancio Bernal. I.N.A.H.-Salvat.
“Guía Oficial. Palenque”. I.N.A.H.-Salvat.
“Bonampak”, García Moll-Juárez Cossío.I.N.A.H.-Salvat.
“Guía Oficial. Yaxchilán”. I.N.A.H.-Salvat.
“Uxmal.Kabáh.Sayil.Labná”, Lilian Scheffler. Panorama Editorial.

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“CHichén Itzá”, Elizabeth Varela. Ediciones Alducín.
“Todo sobre Tulum”, Demetrio Sodi. Panorama E.
“Guía de viajes. México”. Plaza & Janés. E. Laertes.
EEE.UU. (Costa Atlántico)”. P&J.
“EE.UU. (Costa Pacífico)”.P&J.
“Cuba”, Eduard Bailby. Ediciones Grech.
“Puerto Rico”, Enrich Balasch i Blanch.Laertes.
“República Dominicana”, Lorenzo Pérez-Verdú.Laertes
“Antillas”, Jean Pierre Jardel. Granica.
Gracias, maestros.

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AMÉRICA DEL NORTE
23.477.000 Km2. de extensión total; 154.000 km. de costas y una anchura
máxima de 6.437 Km. desde la zona ártica al norte, hasta los desiertos del sur, la
raza humana ha depredado un 90% de los bosques preexistentes –ahí es nada-.
La población total se cifra en 363.000.000, con una densidad de 15,5
habitantes por km2
AMÉRICA CENTRAL E ISLAS
758.000 Km2 de gran complejidad geológica determinada por uno de los
grandes ejes de actividad volcánica del planeta. Del Caribe se presume que estuvo
conectado con el Mediterráneo (era paleozoica).
Se estiman (1.990) 62.722.000 habitantes en el área, con una alta densidad
de 82,7 por kilometro cuadrado.

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FORMATIVOS
Las generalidades de “Ama LLulla I” pueden ser, en su mayor parte,
perfectamente válidas para todo el ámbito geográfico americano, tanto continental
como isleño; allí nos remitimos. Ahora trazaremos concisas sinopsis según el siguiente
agrupamiento cartográfico: I. Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Belice. II.
Honduras y Guatemala. III. México. IV. U.S.A. y Canadá. V. Las Islas.
Formativos son los imprecisados e imprecisables períodos de siglos durante
los cuales, tras el surgir de la vida vegetal y animal, se produjo primero el deambular
y a continuación el arraigo de grupos humanoides y humanos que, con luchas y
avances, retrocesos y fracasos, fueron evolucionando en usos, costumbres y
realizaciones hasta ser delimitables por los estudiosos del ramo en espacio y tiempo,
para colocarles una de las etiquetas de cultura.
Toda cultura Clásica, en cualquier parte del Planeta, es resultado y
consecuencia de cientos y miles de años nebulosos sobre los que muy poco se puede
saber y decir.

COSTA RICA, NICARAGUA, EL SALVADOR Y BELICE.


Durante milenios, se vivió, se existió sólo en presente sin un pasado que no
se conocía y sin un futuro que no se imaginaba. Todo lo pasado se sumía en el mito;
los Formativos son mitológicos y penosa reconstrucción a partir de inidentificados
trozos de piedra, hueso y cerámica. En esta zona de paso y confluencia, primero
plantas, después de animales y finalmente de hombres, hay que tener en cuenta la
mayor riqueza relativa de la parte de la costa del Pacífico y el relativo aislamiento
condicionado por barreras montañosas ó selváticas difícilmente soslayables. Es raro
que concuerden los resultados de las no muy numerosas excavaciones con los estudios
de los historiadores; las principales contribuciones históricas han consistido, más
que en resolver problemas, en plantearlos.
Situados en puntos ecológicamente bien elegidos, las colonias humanas que
nomadeaban por nuestro marco geográfico desde hacía cerca de 20.000 años, habían
formado poblados de no más de 250 unidades allá hacia el 1.300 a. de C. Para la
alimentación, a los mariscos correspondió un papel muy importante, pero parece
que se comía poco pescado. En el aspecto religioso, es cierta la pre-existencia de lo

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femenino, como diosas de la fertilidad, antes del 750 a.C., ya que todas las fases
conocen la agricultura, usándose el almocafre ó bastón plantador.
Los grandes grupos lingüísticos eran las lenguas CHorotegamanges, el
Hokalteca, las familias del grupo Nahua y el Macro-Mayo, todas en la vertiente
pacífica. En las otras áreas, central y atlántica, las lenguas pertenecen al grupo
Macro-Chibcha. El conjunto no deja de presentar una cierta unidad. No había
arquitectura de piedra. Pinturas corporales y tatuajes, eran muy comunes. Como
arma más corriente y utilizada, el arco; la guerra parece haber sido endémica,
buscándose prisioneros para sacrificarlos o comérselos, ó para ambas cosas.
Hay que citar al arqueólogo sueco Carl Hartman como el pionero, en Costa
Rica (1.896 – 1.903). De la mayor parte de estos territorios no se sabe prácticamente
nada, por la sencilla razón de que inmensas regiones siguen arqueológicamente
inexploradas.
Del norte de Nicaragua para arriba, hay numerosos yacimientos del estilo
llamado Usulután. En Nicaragua estaban los Corobicí o los legendarios CHontales,
de avanzado grado de desarrollo cultural; los primeros pueblos invasores norteños
fueron los CHorotegas, desalojados por los Nicaraos, que dieron origen al topónimo.
Hasta el s.VI se permaneció al margen de influencias mayas, pero se detectan algunas
otras de origen sudamericano.
De la visualización de innúmeras tomas geográficas, se desprende que la
mejor cerámica
-curiosamente, en una pieza el mito bíblico de Jonás- se elaboró en Costa
Rica, excelentemente policromada (hombres e incluso niños, siempre con el pene
erecto); también han aparecido elaboradísimos trabajos en oro y jadeíta; son los
principales yacimientos Línea Vieja, Las Huacas y Papagayo; en El Salvador, la
estatuaria, en basalto, numerosa y monumental en Nicaragua, representándose
sobre todo antropozoomorfismo de cocodrilos.

HONDURAS Y GUTEMALA
El grupo principal se localiza en Los Naranjos (Honduras), con 7 grandes
montículos y una pirámide de gradas de 18 metros a la que se accedía por una
rampa. Vestidos de algodón y de corteza. Las ocarinas esféricas con comunes. La
sociedad se va jerarquizando y no se acostumbraba depositar objetos de oro con el

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difunto, pero sí dar muerte a sus servidores y enterrarlos para que le hicieran
compañía.
Hacia abajo de Los Naranjos se agrupan los lugares arqueológicos de Lo de
Vaca, Las Vegas, Yarumela y Tenampua; hacia arriba, Naco, que comprende una
pirámide de mampostería de 4 metros de altura y un juego de pelota.
Ni falta hace decir que en los dos hitos importantes del área, Copán (H.) y
Tikal (G.), hubo períodos formativos, pero la descripción de ese par de maravillas
se hará íntegramente en el momento en que el autor las conoció.

MÉXICO
El auténtico motivo que me hizo retornar a los peligros de América. ¡Viva
México!. Volcán acrisolador de conocimientos astrales y agrícolas que desbordaron
sus cráteres derramando lavas de progreso por todo el itsmo. México de los mayas
desaparecidos. Es válido lo indicado en el último párrafo del apartado anterior, y
aquí solo se insinúan algunas generalizaciones.
Teniendo en cuenta que hay localizados más de 50.000 yacimientos
arqueológicos, se comprende fácilmente lo dificultoso de la esquematización. Quedan
patentes pobladores desde hace unos 12.000 a. (Tepexpán y Santa Isabel de Itzapán)
, y a todo el período entre 6.500 y el 500 a.C., se le denomina fase El Riego; los
principales restos de pinturas rupestres están en la sierra de S. Francisco, en la
Baja California. Ya se cultivaba algo de calabazas, chiles y frijoles, pero el paso
decisivo se iba a dar con el maíz, a partir, quizás, de la hierba salvaje teosinte. Las
cerámicas se empiezan a desarrollar por el 2.500 a.C. Unos mil años más tarde –
como si no fuera nada tal lapso temporal-, nacerá la cultura madre mesoamericana,
Olmeca.

U.S.A. y CANADÁ
Por allí arriba, al haber una comunicación terrestre entre el cabo Deschnew
(Siberia) y Alaska, comenzó hace unos 70.000 años la inmigración de grupos
protomongólicos. La fase primitiva, lítica, se conoce como puntas Glovis. Hacia el
2.000 a. C. comienza el Periodo Neoindio, con los grupos mogollones, hohokam y
anasazi, que desarrolló cerámica de fondo blanco y decoración negra. En la costa
pacífica residían grupos heterogéneos de pueblos: haidas, tlingit, nootkas, etc.; en
el nordeste algonquinos e iroqueses, cultura de Adema. Un millar de años antes de
nuestra era, principió la cultura de los Túmulos funerarios, entre los ríos Missouri y

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Mississipi. No obstante algunas singularidades, no hubo verdadera metalúrgia. A
partir del s.VII, lo calificado como anasazi se convirtió en la zona suroeste en la
renombrada Cultura Pueblo con edificios de ladrillo y adobe de varios pisos; los
cuatro grupos étnicos principales eran hopi, tano, keres,y zuñi, que si bien poseían
organización matrilineal, la autoridad era masculina.
En Canadá, la extensa zona de bosques y tundras fue dominio del grupo
lingüístico atapapsco, que comprendía muy diversas tribus, predominantemente
nómadas con campamentos estacionales. El área más septentrional, desde Alaska a
Groenlandia, cobijó diversas culturas esquimales que se unificaron sobre el siglo X
en la tribu Thule, con la característica principal en casas circulares semisubterráneas.

LAS ISLAS
Son, enumeradas alfabéticamente: Antigüa y Barbuda, Bahamas, Barbados,
Cuba, Dominica, Granada, Haití, Jamaica, Puerto Rico, República Dominicana, San
Cristóbal y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Trinidad y Tobago; o
sea 14 países isleños, que sumados a los 12 del subcontinente sur, los 2 del norte y
8 del centro nos dan un total de 36 Estados independientes americanos, todos ellos
tratados en “Ama LLulla I”.
La parte de las Antillas orientada hacia el sur fue siendo poblada, sobre el
comienzo de la era cristiana, por un pueblo originario de la cuenca del Orinoco, los
Araguacos, cuyo relativo pacifismo condujo a que a partir del s. IX fueran siendo
sucesivamente diezmados por otro grupo de la misma procedencia, los belicosos
Caribes.
Cuba estaba habitada por dos familias nómadas, los Siboneyes y los
Guanajuatabeyes, así como por los más conocidos Taínos, sedentarios. También
“buenos”, que es lo que significa taínos (cultura arahuaca, de Suramérica), se
asentaron en Puerto Rico; sus interesantes petroglifos se encuentran en los centros
ceremoniales de Tibés y de Caguana. Lo mismo es extrapolable a la República
Dominicana, con vestigios de por lo menos 3.000 años antes de Cristo, primero
Ciboneyes (2.000 antes de Cristo) y después Igueres (provenientes de Puerto Rico),
desembocando en la Cultura Taína de grandes viviendas circulares (Canayes), dioses
o cemíes como Yocatu Vagua Morocoti (yuca) o Guabancex (huracanes, por cierto,
ya de aquella femeninos), exogamia, un calendario lunar y hasta poesía.

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CULTURAS CLÁSICAS
Abastecimiento agrícola consecuencia del conocimiento estelar-solar,
aprovechamiento hidráulico, organización social por castas y monumentos comunales
para la posteridad, son las características sine qua non exigibles a una Cultura para
que sea clasificada como Clásica.

COSTA RICA, NICARAGUA, EL SALVADOR Y BELICE.


A los bosques tropicales húmedos de Costa Rica llegarían emigrantes de las
lejanas selvas de Ecuador y Brasil, pero la mayor impronta la dejó “el pueblo que
huye”, los Chorotegas, que lo hicieron del sur de México en el siglo XIII; vivían en
aldeas de hasta 20.000 miembros con plaza central, mercado y centro religioso,
estando institucionada la guerra. Otra étnia colonizadora sería la de los Chibchas
(Colombia), que dejó curiosas formaciones lineales de esferas de granito con perfecta
esfericidad; de un tamaño que va del de una naranja hasta los casi 2 metros de
diámetro, se encontraron en el valle del río Térraba y en la Isla del Caño.
En Nicaragua, los Chorotegas se constatan desde el siglo I; cuando los
suplantaron los Nicaraos, trajeron la Cultura Nahua, también mexicana. Las tierras
altas centrales las ocuparon los Matagalpas, las llanuras orientales Miskitos y Sumus,
en el sur de los llanos los indios Rama, y los Guatusos por debajo del gran lago,
pero ninguno de estos grupos desarrolló culturas cualificables.
El Salvador era “La Patria de Quatzalcuat – la serpiente con plumas de
Quetzalt- “, Zalcuatitlán en lengua natuat, de donde ya se deduce la gran influencia
norteña. Desde el siglo V y sobre todo a partir del XI, llegaron sucesivas oleadas de
Pipiles, de origen tolteca. Además del importante conjunto arquitectónico resto
del antiguo centro religioso maya de Tazumal, hay una interesante zona arqueológica
en torno a San Agustín, y otros restos en Comasagua, Guija, Giuatau, Quelepa,…
Por proximidad geográfica, y a pesar de la posterior división o frontera
administrativa, a Belice hay que considerarlo territorio maya; en Altún-Ha estaba
el principal centro ceremonial descubierto (siglo VI a IX); Otros reseñables son
Nohochtunich y Xanantunich.

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HONDURAS Y GUATEMALA
Plenamente mayas. Copán y Tikal tendrán el espacio que se merecen en el
lugar correspodiente.

MÉXICO
Monumentalidad era uno de los requisitos exigidos a cualquier Cultura
Clásica. Aquí, como en otros muchos lugares del Globo, la monumentalidad toma
forma piramidal; ¿por qué?... A veces, inesperadamente, en cualquier librería, se
encuentra uno con obras sencillas que nos vienen a explicar complejos problemas.
Ese es el caso del trabajo sobre este tema del mayista José Díaz-Bolio.
El origen solar de todas las religiones actuales es indudable –otras
insondables, tienen raíces subterráneas, pero sus adeptos hace siglos que dejaron
de darse publicidad-; la forma piramidal imitaría la llama de ese fuego solar (del
griego piros, fuego), y su estructura vendría determinada porque al estar el Sol en
su zenit no proyectara sombra en ninguno de sus cuatro lados iguales. Sin excepción,
todas las grandes religiones se han originado en la zona más solar del planeta.
Las PIRÁMIDES más conocidas, las egipcias, terminan en ángulo, pero las
americanas están truncadas y además sus proporciones no son las consideradas
matemáticamente como patrones. La causa, según los estudios de Díaz-Bolio, estuvo
en que toda la idea arquitectónica surgió de una víbora de cascabel, en concreto,
entre los más de sesenta tipos que se dan en México, en la Croótalus Durissus. Tal
serpiente, en posición erecta (del reposo, espiral concéntrica, surgieron las primeras
pirámides, redondas), muestra claramente unas escamas piramidales en su parte
superior frontal, y desde la mortífera cabeza sale una hilera de escamas que da esa
imagen de pirámide trunca. La bóveda angular maya simbolizaría el estar dentro de
una víbora de cascabel. El héroe –dios Quetzalcóatl era la “serpiente emplumada”-
Desde y en esos templos crotálicos situados en las cumbres piramidales de
difícil acceso (imitando el angosto cascabel), los dirigentes mesoamericanos
desarrollaron su gran obsesión, el TIEMPO, elaborando desde el siglo VI antes de
Cristo un complejísimo sistema calendárico que servía de sustento a la legitimidad
de sus linajes, enlazando sus sagas con las de los dioses.
Consideraban al tiempo como algo material y cíclico. El orden cósmico incluía
tanto el divino como el natural y el social, estando el cosmos regido por un gran

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ciclo combinación de otros de múltiples naturalezas. El tiempo –espacio de los
dioses habría originado el tiempo de los hombres-.
La fecha hito de la era maya, desde la que se contaba el tiempo hacia
delante y hacia atrás, era el Kin 13.0.0.0.0., 4- ahau, 8º de cumkú, que los estudiosos
han hecho coincidir con el 12 de agosto del año 3.113 antes de Cristo, ¿qué ocurrió
en tal fecha?... “Otra vez será así, otra vez así estarán las cosas, en algún tiempo,
en algún lugar”.
Uno de los cíclicos calendarios completos se consumaba cada 52 años, cuando
el tiempo se consumía a sí mismo y llegaba la noche en que el dios Sol podría no
amanecer; el modo de mantener la vida del astro era mediante los SACRIFICIOS. La
manera de provocar súbitas erupciones sanguíneas vivificadoras es el brusco
arrancamiento de corazones. En lo alto de la pirámide brillaba el Fuego Nuevo
sobre el pecho del guerrero inmolado: comenzaba un nuevo cómputo temporal.
Pirámides, tiempo y sacrificios son componentes inseparables de las Culturas
Clásicas, siendo las principales Olmeca, Teotihuacán, Zapoteca, Totonaco, Maya,
Tolteca y Azteca.
La cultura madre de todos los desarrollos mesoamericanos es la de los
OLMECAS , centro de origen y punto de partida de todo un complejo socio-religioso.
El conjunto mayor es la Venta, al este, en el Golfo de México, entre las actuales
Veracruz y Tabasco; cerca, pero de mucha menor relevancia, San Lorenzo y Tres
Zapotes.
La época de esplendor fue entre los siglos IX y V antes de Cristo, si bien
huellas de precursores se encuentran desde hace 1.500 años (por tales dataciones,
los estudiosos la colocan en el formativo medio y tardío, pero no le podemos negar
la vitola de Clásica, con todo merecimiento).
La pirámide principal, tierra y ladrillos de adobe, tiene más de 30 metros
de altura y un eje longitudinal de unos 140 metros; cada 100 años se reconstruían y
ampliaban todas las edificaciones.
Lo más notable son las colosales cabezas masculinas (también altares y
estelas, menos conocidos), de entre 1,5 y 3 metros de altura y hasta 30 toneladas,
cuyas canteras se encuentran a ¡240 kilómetros!; algunas, con rasgos negroides y
mongoloides; bastantes enanos. También alcanzaron categoría las figuritas en arcilla,
pero la cerámica es bastante pobre.

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Aquí estuvieron los principios de la escritura jeroglífica, así como los
fundamentos de los sistemas aritmético y calendárico. En el origen de su mitología
está omnipresente el Jaguar.
Cronológicamente, con un salto quizá apoyable en Tlatilco (750 antes de
Cristo) en las orillas del lago donde se asienta la actual capital (como curioso,
grandes orejeras), se pasa a TEOTIHUACÁN, con inicio en el III antes de Cristo. Más
de 70.000 habitantes llegaron a poblar sus 22,5 Km 2 .,abasteciéndose en los cultivos
de las chinampas (siglo VI), balsas tejidas cubiertas con juncos y lodo que se fijaban
al fondo del lago con plantas que crecían rápidamente.
Las gigantescas pirámides del Sol y la Luna se erigieron del siglo II antes de
Cristo al II después de Cristo, denotando un intelecto agudo, frío y calculador. El
dios principal parece haber sido el de la lluvia. Los números se expresaban por
puntos (1) y rayas (5).
También adorando a la deidad de la lluvia (Tláloc o Cocijo, de rasgos
olmecas), surgió Monte Albán en el valle de Oaxaca, con el esforzado trabajo de los
ZAPOTECAS (posteriormente, los Mixtecos). Se los sitúa del siglo II al IX. Además de
una escritura glífica, tenían perfeccionado un calendario solar y otro ritual de 260
días.
Y llegaron los MAYAS, no se sabe de dónde si es que de otra parte vinieron,
ni adonde fueron, si es que se marcharon al abandonar sus majestuosas ciudades.
Ya en el primer siglo se erigían estelas y estaba en uso la cronología maya, a la vez
que bien asentada la idea de la pirámide-templo y el centro ceremonial en forma
de plaza, pero la etapa de auge se sitúa entre los siglos IV y X, abarcando Guatemala
(probablemente, el origen), Belice, el occidente de Honduras y El Salvador y los
actuales estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas.
La imponente arquitectura sacrificaba el espacio interior (no se practicaban
ventanas) en provecho del exterior, para impresionar, impresión aumentada por
numerosísimos relieves de gran altura artística y abundante pintura mural raramente
conservada. El barroquismo, el hieratismo y la solemnidad, la maestría naturalista
y humanizada, están siempre presentes. No eran obras defensivas, pero sí se usaron
en ocasiones como criptas de personajes a los que solían acompañar, voluntariamente
o no, los cadáveres de servidores.
Los gobernantes, con preciosos ornamentos, seguían la sucesión masculina
directa, aunque era importante la presencia de la mujer. El “verdadero hombre”,

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Halach Uinic era el monarca-sacerdote; Ahau Can el sacerdote secundario y el que
profetizaba CHilam. El reptil Itzam Na, era su creador; Kinich Ahau el dios-sol, que
gravitaba sobre los cielos y los 9 inframundos.
La escritura y el calendario de las tierras bajas mayas son las máximas
conquistas intelectuales de todos los indígenas americanos, y no sólo de tal
continente, pues el concepto de 0 fue inventado antes que en la formulación arábiga
y su año solar se acercaba más a la realidad que el inesacto juliano entonces vigente
en Europa; por el contrario, no conocieron las fracciones.
El primer obispo de Yucatán, Diego de Landa, quemó la mayoría de los
Códices. Escribían en columnas dobles de arriba abajo y de izquierda a derecha,
mediante símbolos de estilizaciones vegetales, animales o humanas, que si son
difíciles de dibujar, requirieron el más meticuloso de los trabajos para las frecuentes
inscripciones en piedra.
La combinación del calendario solar (también descubrieron y describieron
el lunar y el venusiano) y del ritual, hacía que el complicado nombre completo de
un día se repitiera únicamente cada 52 años, su ciclo. El sistema numeral era de
base 20.
De pronto, adiós; las ciudades fueron abandonadas, los dirigentes
desaparecieron y los campesinos volvieron al sistema de vida anterior a la época
clásica.
Los típicos juegos de pelota, tan difundidos entre los mayas, pudieron haber
empezado al norte de Veracruz , en el Tajín, debido a la abundancia de caucho para
elaborar las pelotas. Fueron los TOTONACOS (por algunos llamados Totomecas) los
que entre los siglos VII y XIII vivieron en tan maravilloso poblado pétreo.
Migraciones e invasiones de pueblos norteños, con algunos resurgíres, marcan
lo que los tratadistas ya reseñan como Post-Clásico. La primera tribu Nahua (su ser
original, Cipactli, femenino, nadaba en la inmensidad de las aguas) que aparece en
la Historia es la de los TOLTECAS, que se establecen en Tula (la Tollan de sus anales)
en el siglo X; Mixcóatl y Quetzalcóatl fueron sus primeros líderes míticos y al
último, Huémac, los CHichimecas le obligaron a abandonar la gran ciudad en 1.668.
Provenientes de la inlocalizada Aztlán (“Isla Blanca” de cuevas) se sabe que
llegó un grupo no muy relevante bajo el dios tribal Huitzilopochtli (“Colibrí del
sur”) a Chapultepec, en 1.256; un siglo más tarde ya habían fundado Tenochtitlán
(por su caudillo Tenoch, o por un nopal –nochtli- sobre una piedra –tletl-) y luchaban
por la hegemonía con sus vecinos acolhauas y tepanecas; son los guerreros AZTECAS.

26
Las dinastías de la nobleza no eran hereditarias, sino electivas, por méritos
de lucha, bajo el mando supremo del soberano, el Tlatoani, que usaba colores
azulverdes. Como casi siémpre , en el origen de todo está la diosa madre tierra,
Coaticlue, representada con cabeza de dos serpientes enfrentadas. Tonatiuh, el 5º
Sol, exigía continuos sacrificios cíclicos para no desaparecer.
También merecen ser citados los Tarascos ó Puréquechas de Tzintzuntzan
(siglo X), los Otomies (probables destructores de Teotihuacán), la peculiar cultura
de los Huastecos al norte de Veracruz (de singular escultura y escandalizando con
sus prácticas éroticas) y como representante de las culturas norteñas del desierto,
la de Paquimé (Casas Grandes, estado de Chihuahua).

U.S.A. y CANADÁ
En estos ámbitos no se sobrepasó el nivel cultural correspondiente a un
Formativo que, en consecuencia, tiene prolongación temporal hasta el momento
del choque cultural con los europeos.

LAS ISLAS
Ninguna de ellas alberga restos arqueológicos clásicos que compensen el
viaje de un aficionado.

CONQUISTAS
Y llegaron de las grandes aguas, con grandes canoas, con aún más grande
ambición. Unos eran morenos, otros rubios, tenían barbas y luengos palos que
contenían el trueno. Decían venir de un reino llamado Europa y apoderarse de todo
en nombre de su rey.

COSTA RICA, NICARAGUA, EL SALVADOR Y BELICE.


Las poblaciones indígenas de fines del siglo XV (de las que sólo quedan
muestras de Talamancas en C.R. y de Matagalpas en N.) eran poco densas y estaban
relativamente dispersas, incluyendo desde bandas y tribus hasta cacicazgos y
confederaciones. Desde el mar se vislumbraban costas volcánicas y selváticas; no
aparecían ríos navegables y escasos eran los puertos.

27
El primero en reconocer el litoral fue el mismísimo Cristóbal Colón (1.502),
de un modo imprevisto, en su cuarto y último viaje, llamándolo Veragua. Un año
antes, Rodrigo Bastida había explorado el Darién (Panamá) en busca del paso a
Coyba (“ al otro lado”), a la buscada especiería oriental, pero más les deslumbraba
el oro, aunque lo que conseguían eran perlas, más ilusión que riqueza.
De hecho, la conquista efectiva no comenzó hasta la tercera década del
siglo XVI, durando 20 años de continuas luchas, tanto contra hostiles indios como
entre las diversas facciones de conquistadores. Las expediciones partieron por un
lado de México y, en menor medida, de Panamá. Las mortíferas epidemias de viruela,
neumonía y tifus, fueron las mejores avanzadillas del invasor hispano.
Se encontraron carniceros humanos tan conocidos como Pedro de Alvarado
ó el inefable Pedrarias -¡que duró hasta los 90 años!-. La penetración fue muy
difícil por no haber un centro de poder para dominar; el sometimiento muy forzado,
con continuas rebeliones indígenas. Hasta 1.562 no acabó Vázquez de Coronado
con la última conquista, la de Costa Rica. El asentamiento español quedó limitado
a las tierras altas del centro y costas del Pacífico.
Belice, que era en parte del extenso imperio maya, nunca fue
verdaderamente colonizado, lo que lo convirtió en otro refugio de la piratería. El
palo Campeche y la caoba incitaron al primer asentamiento inglés en 1.662; llegaron,
procedentes de Jamaica, colonos con sus esclavos negros; pasaría a llamarse
Honduras Británica.
Administrativamente, todos estos territorios dependían de la Audiencia de
Guatemala, conformando junto con Honduras y hasta 1.821, el llamado Reyno de
Guatemala que se nominaría en la independencia Provincias Unidas del Centro de
América. Nombre aparte, fueron jurisdicciones más de carácter privado y eclesiástico
–ni falta haría decirlo- que estatal.

HONDURAS Y GUATEMALA.
Por Honduras, aunque extenuado y dado por muerto, deambuló Cortés en
1.525; Francisco de Las Casas había formado allí en su nombre otro Trujillo. En
Guatemala, los Cakchiqueles (del tronco maya), habían tenido la mala idea de
ofrecer vasallaje al conquistador del imperio, que les envió en 1.523 a 120 jinetes
y 300 peones al mando de Alvarado para sojuzgarlos a ellos y sus aliados los Quichés.

28
La Audiencia de los Confines se instituyó en 1.542 (antes, el Obispado de
Guatemala – 1.534, ascendió a Arzobispado en 1.742), pero la jurisdicción de la
Audiencia de Guatemala, que se extenderá todo el período colonial desde Chiapas
hasta Costa Rica, no se confirma hasta 1.570, dependiendo del Virreinato de Nueva
España. En 1.660 la primera imprenta (aunque, en Centroamérica, se había
adelantado El Salvador en 1.641) y la Casa de Moneda de Guatemala para 1.731.
En toda la Audiencia hubo una dificultad intrínseca de vertebración y
comunicaciones; El Camino Real colonial era “una manera pomposa de llamar a una
senda de mulas”. Se fue produciendo una penetración relativamente lenta desde el
Pacífico hasta el Atlántico. Había –y hay- que convivir con terremotos, erupciones
volcánicas y huracanes. El tráfico de mercancías y pasajeros fue azaroso y a menudo
esporádico. Todo ello, en conjunto, significó elevados costes de explotación que
convirtieron las espesuras tropicales en agrestes, difíciles y peligrosas.
Los exuberantes bosques se fueron talando y quemando. Se extrajo algo de
mineral argentífero, pero la base siempre fue agrícola (cacao, añil, café, azúcar,…)
y pronto ganadera. Las culturas sometidas quedaron alienadas, entre motines y
rebeliones, con sus raíces rotas (por ejemplo, a los nativos nicaragüenses se les
mandó, en viajes sin retorno, a las minas peruanas).Notorio el inmenso poder
ideológico de la Iglesia. La larga depresión del siglo XVII provocó que la vida
centroamerícana se ruralizara progresivamente, predominando la economía de
subsistencia.
A mediados del XVIII, la acción política de la nueva dinastía borbónica incita
a la mejoría de la coyuntura económica general, pero la diversidad y el localismo
dan paso a una excesiva concentración capitalina en Santiago de los Caballeros de
Guatemala, al irse imponiendo gradualmente el centralismo estatal. El auge del
añil y de la ganadería lo que hizo fue concentrar la riqueza en unas pocas faltriqueras
(“Nos visten a precios que nos mantienen más desnudos que vestidos”). El Reino de
Guatemala nunca dejó de ser marginado y periférico dentro del vasto conjunto
colonial hispano.

MÉXICO
Colón, en 1.502, había oído las primeras noticias sobre tierras muy pobladas
e inmensamente ricas hacia el norte; se las habían proporcionado unos mercaderes

29
mayas. El gobernador Diego Velázquez envió dos expediciones fracasadas, bajo los
mandos de Hernández de Córdoba (1.517) y Juan de Grijalba; para la tercera, piensa
en Hernán Cortés (aunque pronto se arrepiente), al que había obligado a casarse
tras tenerlo preso.
El escribano Cortés (que hasta había cursado dos años de Derecho en
Salamanca), de 33 años parte apresuradamente con 11 naves, cerca de 700 hombres
y 16 caballos, siguiendo el derrotero de sus predecesores y desembarcando en Tabasco
para tomar posesión de lo que aún ni imaginaba; allí, entre otras, le regalan a la
india Malintzin, Malinche ó Marina, su a partir de ahora compañera y valiosísima
intérprete. Como los que seguían fieles a Velázquez quieren retornar a Cuba, Cortés
manda barrenar y hundir las naves, que no quemarlas; en todo momento daba
muestras de gran diplomacia, convincente oratoria y dotes militares (llevaban no
corazas, sino escaupiles, ropa de algodón acolchada muy eficaz contra las flechas).
Con base en Villa Rica de la Veracruz, donde dejó una guarnición, y llevando
6 piezas de artillería, somete a los Totonacas, Zempoaltecas y Tlaxcaltecas, que se
le unen en gran número por ser enemigos de los dominadores Aztecas hacia cuya
capital lacustre, Tenochtitlán, se dirigen.
El emperador Moctezuma, dubitativo por las profecías y presagios del retorno
del dios-héroe Quetzalcoatl, a la vez que envía presentes da órdenes hostiles, por
lo que Cortés decide una muy mortífera demostración de fuerza en la Matanza de
CHolula, tras lo que la pasmada hueste enfila una de las tres soberbias calzadas que
cruzaban el lago Texcoco. El tecuthil Moctezuma, débil e indeciso, lo recibe el 8 de
noviembre de 1.519, jurando obediencia y prometiendo tributo junto con sus nobles,
ante el escribano Pedro Fernández. Hecho esto, comienza la recolección del oro.
Mientras, Diego Velázquez había mandado una expedición al mando de Pánfilo
de Narváez para prender a Cortés; éste, deja a Pedro de Alvarado en su palacio con
120 hombres y derrota a Narváez, que queda tuerto. Todos unidos, se las prometen
muy felices , pues constituían ahora un auténtico ejército de 1.300 soldados, 96
caballeros, 80 ballesteros, 80 escopeteros y unos miles de feroces y vengativos
indios auxiliares, pero en Tenochtitlán, los aztecas, hartos, habían sitiado al pequeño
retén y combaten también sin tregua contra la nueva hueste, que ha de huir como
puede, desparramando los tesoros obtenidos, en la Noche Triste del 30 de junio del
1.520 (“Noche de Espanto”, para el cronista Bernar). En la retirada hasta la aliada

30
Tlaxcala, murieron unos 800 españoles, perdiendo Hernán Cortés un par de dedos.
Moctezuma había sido lapidado por sus propios súbditos al querer apaciguarlos,
estando ahora al mando el bravo Cuitlahuaca.
Cortés, astuto, bautiza aquellas tierras como Nueva España del mar Océano
y prepara el cerco; una epidemia de viruela merma a los sitiados que no reciben
provisiones. Cuitlahuaca muere, siendo sustituido por Cauthemoc (“águila que cae”
–muy premonitorio- ), que siempre rechazaría la rendición.
Diversas expediciones punitivas iban mermando las fuerzas y la moral
aztecas. Se construyeron y botaron bergantines en el lago. Para el cruento ataque
final, se contó con 700 peones armados de espada y rodela, 118 ballesteros y
escopeteros, 86 jinetes y 18 piezas de artillería, junto a los imprescindibles
ameríndios renegados. El 13 de agosto de 1.521 es capturado el líder Mexica y se
sigue destruyendo, hasta la totalidad, su maravillosa capital.
En Octubre de 1.524, Cortés parte a la búsqueda de uno de sus capitanes
sublevados y de nuevas conquistas, llegando entre indescriptibles penalidades hasta
la actual Honduras; por el camino, ahorcó a Cuauthémoc, por conspirar. En junio
del 26 retorna a México, pero desde la Corte española se le separa del gobierno y
se nombra presidente de la Audiencia a Nuño Beltrán de Guzmán. Hernán Cortés
obtiene de Carlos I el marquesado del Valle de Oaxaca y el cargo de Capitán General
de la Nueva España, ante lo que Beltrán decide partir hacia el norte, conquistando
la Nueva Galicia a la búsqueda de la quimérica Cíbola y sus 7 ciudades de oro;
tomado prisionero, se le envió a España y ya no regresó.
Durante 10 años, el nuevo marqués, señor de 23.000 indios y grandes
haciendas agrícolas, preparó y envió varias expediciones marítimas hacia los Mares
del Sur; en la tercera, personalmente, llegó hasta California en competencia con el
virrey Antonio de Mendoza. En 1.540 vuelve a su patria y acompaña al emperador
en la fracasada expedición a Argel; decepcionado al negársele toda gloria -¿y qué
esperabas?-, se retiró a Castilleja de la Cuesta, donde fallece a finales de 1.547,
con 62 años ; ordenó que sus restos fueran enviados a la tierra que supo conquistar.
El mismo conquistador había iniciado la explotación de minas de plata en
Sultepec y Taxco, pero las minas más ricas se descubrirían en el norte: Zacatecas
Real del Norte, Pachuca y Guanajuato; Nueva España aportó sobre un 25% del total
del oro y plata enviado a la metrópoli (como en el resto de América, tampoco

31
apareció el necesario hierro). México capital mantuvo durante el siglo XVII sus 125.000
habitantes (bastante más de la mitad, no blancos). Entre los virreyes destacar a
Luís de Velasco, que en 1.611 organizó una expedición para explorar Japón.
Riqueza y color configurarán la sociedad del siglo XVIII, en el que siempre
se habla de recuperación (demográfica y capitalista) tras una profunda depresión
anterior. La política americanista venía pre-configurada por la europea, donde dos
años de cada tres se vivía en guerra. Tratados como el de Utréch determinaban las
alianzas y diplomacias, secretas o no. Condicionados pero aislados y postergados,
los criollos iban creando su propio mundo.

U.S.A. y CANADÁ
Parece que el pionero en explorar al norte de las costas de Nueva España
fue Diego de Miruelo, con cuya carabela se cruzó Juan Ponce de León (1.513) al ir
rumbo a Florida, de la que tomó posesión. Se iba a tardar un siglo en colonizar
aquellas latitudes -tierra que explorar no era lo que faltaba, precisamente-, pues
lo que buscaban todos era un paso hacia la india. Sucesivamente, Hernández de
Córdoba (1.518), Álvarez de Pineda (1.519), Gordillo y de Queixos (1.520) y otros,
costearon el litoral norte americano; a la vez, Juan y Sebastián Caboto lo hacían
para Inglaterra (en 1.579 Francis Drake tocaría costa en la actual San Francisco) y
Gaspar y Miguel Corté Real a favor de Portugal.
Como las fabulosas riquezas de Quivira no aparecían, las expediciones
norteñas cogieron mala fama (los indios, además, se mostraban hostiles), Narváez
, el tuerto es quien obtiene la capitulación para la conquista (1.528), pero su
expedición fracasa y él muere; uno de sus acompañantes, Alvar Núñez Cabeza de
Vaca, caminó errabundo ¡8 años! por allí. Otro que perdería la vida sería el veterano
del Perú, ya Marqués y Adelantado, Hernando de Soto, que a partir de 1.539 y
durante tres agónicos años recorrió gran parte de los actuales U.S.A.. Vázquez de
Coronado llegó hasta Kansas y Oklahoma en 1.540.
El primer enclave europeo fue San Agustín, fundado en 1.565 por Pedro
Menéndez de Avilés; se hizo con la intención de frenar a los franceses (ya en 1.506,
Jean Denis había surcado el estuario del San Lorenzo), pero éstos acabarían
estableciéndose en Luisiana y los ingleses en Virginia. Con poca originalidad, van
surgiendo Nueva Francia, Nueva Holanda y hasta Nueva Suecia. Por el septentrión,

32
los esquimales (“comedores de carne cruda”, que a sí mismos se llamaban, como
en todas partes, “hombres”) ínuit vieron a los primeros europeos en 1.619, a bordo
de balleneros holandeses; en Alaska, el contacto se hizo por los rusos especialmente
en el siglo XVIII (el estrecho de Bering es por un danés, aunque al servicio de Pedro
“el Grande”). Pero quien se iba a quedar con lo uno y con lo otro, con lo de más
aquí y con lo de más allá, sería, como siempre, Gran Bretaña.
Virginia –así llamada en honor a una reina bastante puta-, compañía mercantil
por acciones, surge de la primera expedición inglesa a Jamestown en 1.606.
Rodeándola, de norte a sur, New Hampshire, Massachusetts (con los famosos “Padres
Peregrinos” del “Myflower”, 1.602.; un año antes habían arribado los primeros
esclavos negros). Rhode Island, New York, Connecticut, Pennsylvania, New Jersey,
Delaware, Maryland, Carolina del N., Carolina. del Sur y Georgia, constituyen las 13
colonias fundadoras, aunque históricamente se obvien a Nueva Escocia, Terranova,
Jamaica y Barbados.
Unas tenías “status” de colonias reales, otras de propietarios y un tercer
grupo con carta de otorgamiento; en la colonización inglesa predominaron
particulares corporativistas de disidentes. A principios del siglo XVIII eran apenas
400.000 moradores sin ninguna institución específica de la Corona inglesa que se
encargase de su control. Con abierta mentalidad mercantil, autosuficientes, se
desarrollaron muy rápidamente, favorecidas por los resultados de las batallas
europeas, no siéndoles ya necesaria la protección de la metrópoli a partir de la Paz
de París en 1.763.
La voz indígena Canadá, muy oída por Jacques Cartiér al desembarcar en
aquellas gélidas tierras en 1.526, no se sabe lo que significa (también Cartiér
estableció la primera factoría comercial francesa en suelo U.S.A., en 1.540). El
fundador y gobernador primero de la Nueva Francia fue Samuel CHamplain (1.603),
que en 1.608 erige Quebec y se alía con hurones y algonquinos. A pesar de tanto
filósofo naturalista, del buen indígena y de su fama de trato de igualdad, la realidad
debía ser otra, pues franceses e iroqueses estuvieron en guerra hasta 1.653.
El liderazgo lo asumieron los jesuitas, que impulsaron y realizaron largos
itinerarios continentales. Religión y comercio, (sobre todo pieles preciosas) estaban
tan unidos, que la principal Compañía se encontraba apoyada por el cardenal
Richelieu, y la colonia religiosa Ville-Marie dio origen a Montreal.

33
No obstante cierto desentendimiento de la Corona francesa, la casuística
europea con los fluctuantes y cíclicos conflictos bélicos con el imperio isleño,
condicionaron las ocupaciones y el desenvolvimiento de estas colonias francesas,
donde se le dio un mayor protagonismo –interesado-, a los indígenas.

LAS ISLAS.
Algunas de ellas las descubrió, habitó ó visitó Cristóbal Colón. Sirvieron de
base para las expediciones españolas a Tierra Firme. Vivero de piratas y corsarios,
eran la cuña y lanzadera contra el imperio de ultramar español para sus enemigas
Francia e Inglaterra (que también andarían a la greña, con Holanda de esporádica
tercera invitada). Costas sinuosas, cayos, bajíos, corrientes y vientos huracanados,
provocaron los naufragios de los unos y los otros.
Al principio lo que se buscó fue oro,; en la Española (República Dominicana
y Haití), Puerto Rico y Cuba se cribaron yacimientos y proliferaron las explotaciones,
pero después de 1.516 la extracción aurífera descendió tanto por el agotamiento
de las minas como por la escasez de mano de obra, extinguida aceleradamente.
Hacia 1.525 la etapa del oro antillano había concluido.
Agricultura y ganadería, con mano de obra negra y esclava, por aclimatación
de plantas y animales tanto europeos como africanos y hasta asiáticos. Sería la
siguiente etapa, siempre orientada y dependiente del mercado nacional, buscando
la exportación y necesitando la importación.
Como llaves de América, había que guardarlas bien, lo que necesitó de
imponentes y costosas fortificaciones normalmente mal atendidas y peor abastecidas;
en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, quedan las muestras de aquellas moles
pétreas que no pudieron detener lo imparable.
La Hispaniola, escenario de la primera colonia europea en el Nuevo Mundo,
sirvió para experimentar las lucrativas encomiendas (abolidas en la isla en 1.544);
de unos 250.000 taínos, en 1.508 habría sobre 60.000 y en 1.519 apenas 3.000; aquí
se estableció la primera Real Audiencia (1.511), el primer hospital, el primer convento
(franciscano), el primer obispado, la primera biblioteca y la primera universidad;
en su suelo arraigaron las primicias de caña de azúcar. En su parte sur, buenos
yacimientos de oro. Santo Domingo fue el inicial centro administrativo y la urbe de
mayor importancia de las Indias Occidentales. Piratas, cimarrones y contrabando

34
provocan el despoblamiento y la decadencia a principios del XVII, lo que facilitaría
el asentamiento francés y la división, de hecho, de la isla en 1.697 (tratado de
Ryswick). Recuperación con el tabaco y la ganadería y coexistencia, mal que bien,
con los vecinos franceses, sus negros, sus mulatos y sus ideas revolucionarias.
“La Perla de las Antillas”, “El Pórtico del Nuevo Mundo”, la Ínsula más
extensa, fue conquistada en 1.510 por 300 fieros soldados al mando de Diego
Velázquez, que para no ser exterminado construye el fuerte de Nuestra Señora de
la Asunción, que se convertiría en la primera ciudad cubana, Baracoa. Cuando el
cacique Hatuey es conducido a la hoguera, dice aquello famoso: “Sí los españoles
van al cielo, entonces no quiero ir allí”. Más masacres, negros, minas de oro agotadas,
el buen puerto de la Habana sirvió para tránsito y trampolín. Filibusterísmo,
decadencia y recuperación con azúcar, tabaco y ganadería. Los ingleses la ocupan
en 1.762, aunque se van un año después tras haber dejado su semilla.
Bautizada por Colón isla de San Juan Bautista, los araucos la llamaban
Boriquén (“tierras del valiente señor”). 50 hombres mandados por Ponce de León
comenzaron el genocidio en 1.508; un año después se funda San Juan Bautista de
Puerto Rico. La evolución, los acontecimientos son paralelos a los de sus dos
hermanas mayores antillanas, con la anécdota de que aquí sufrió Drake la herida
que le provocó la muerte.
La cuarta y última de las Antillas Mayores, Jamaica, cayó bajo el dominio
inglés, al igual que Antigua (si bien el nombre viene de la iglesia sevillana de Santa
María la Antigua, la ocuparon los británicos a partir de 1.632), Bahamas (la San
Salvador del Descubridor y la Fuente de la Eterna Juventud de Ponce de León –
Biminis_), Barbados, San Cristóbal y Nevis y Trinidad y Tobago.
Franceses e ingleses se disputaron, con diversa suerte, Dominica, Granada
(la isla de las Especias colombina), S. Vicente y las Granadinas y Santa Lucía.

INDEPENDENCIAS
El dominante afloja la presión, el dominado se desarrolla y se crece; aparece
el motivo, la disculpa, la provocación ó el interés ajeno; ceder puede ser vencer
pero otorga mala imagen; el conflicto, la lucha, lo insuperable; el hecho, el derecho,
la independencia. Seguirán los mismos siendo dependientes pero sus frutos irán a

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parar ahora a gentes más similares, aparentemente más cercanas pero lejos, tan
lejos, como siempre ha estado el explotador del explotado.
“Siempre hay ilusiones que mueren en los momentos de triunfo”.

COSTA RICA, NICARAGUA, EL SALVADOR Y BELICE.


Como estas cuatro demarcaciones pertenecían a la Audiencia de Guatemala
(que, oficialmente, respaldó a Fernando VII), aquel fue el centro decisorio. Las
independencias sobrevinieron más impuestas por las fuerzas externas que por las
voluntades autóctonas. El emperador mexicano Agustín de Iturbide propuso una
Federación a la que se unió toda Centroamérica tras proclamar su independencia el
15 de septiembre de 1821.
La anexión a México poco duró, pues los mexicanos fueron vistos como
vulgares invasores. El 1 de julio de 1.823 el Congreso proclama la independencia
absoluta de la Federación de Centroamérica, que comprendía Guatemala, El Salvador,
Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Su población total apenas sobrepasaba el millón de habitantes, con una
debilidad económica estructural sin alternativas a la vista arrastrando una muy
cuantiosa deuda. La presencia británica se tornó mucho más manifiesta y el cónsul
F. CHatfield en interesado árbitro (Gran Bretaña llegó a declarar protectorado toda
la costa atlántica en 1.843).
El primer presidente (1.825) fue salvadoreño, Manuel José Arce, sustituido
tras la primera guerra civil fraticida por el hondureño Francisco Morazán en 1.829
(que trasladó la capital federal a San Salvador); ambos, liberales, se dedicaron a
perseguir a los conservadores y hasta se llegó a expulsar al Arzobispo.
En el 37 insurrección indígena general –nadie estaba muy contento- y un
año después, para evitar el control de las rentas de aduana, se disgrega la Unión.
Costa Rica, con sólo 50.000 habitantes en 1.800 y aislada del resto, no
participó en ninguno de los conflictos civiles; su primer presidente se llamaba Juan
Mora Fernández, pero quien echó las bases institucionales del nuevo estado liberal
fue Braulio Carrillo (1.835-42), ayudado por el éxito temprano del café, que unificó
en lo posible la sociedad; hasta la dictadura del general Tomás Guardia (1.870-82)
sería progresista, habiendo mucho menos personalismo que en los demás países. No
obstante, un golpe de estado aúpa al poder a Federico Tinoco en 1l917, pero tras

36
dos años se vuelve a los cánones constitucionales (nada originales en ninguna de
estas naciones, por cierto). En el 48 una Junta (tras 40 días de guerra civil),
encabezada por José Figueres, asume el poder y da una nueva constitución en
1.949 que suprime al ya de hecho insignificante ejército nacional; un año después,
la Junta entrega el poder a Otilio Ulate, retornando del 53 al 58 Figueres por lo
constitucional y de nuevo, incombustible, en 1.970 (moriría en el 90). Al penúltimo
presidente Oscar Arias Sánchez, se le concedió el honor y el dinero del Premio
Nobel de la Paz en 1.987. El actual (desde 1.990) es Rafael Calderón Fournier.
Dos episodios, el primero determinante y el segundo anecdótico, aunque
revelador, tienen que ser incluidos aquí, pues aunque afectaron a ámbitos mayores
–la interconexión centroamericana es real por encima de artificiosas fronteras,
quieran o no-, están ligados personalmente a Costa Rica.
United Fruit Company. Decir “Yunay” en todas las costas del Caribe, es
decir banana, explotación, guerras, control. Junto con la Cuyamel Fruit (fusionada
en (1.929) y la Standard Fruit and Steamship, lo monopolizó todo. Se formó en
1.899 con un capital de 11 millones de dólares, y su principal socio fundador era
Minor Keith, casado con la hija de un ex -presidente costarricense. Keith, sobrino
de Meiggs, director del ferrocarril concluido en 1.890, sustituiría en el cargo a su
tío antes de aspirar a cotas más altas.
William Walker. Mencionarlo, era invocar al azote de Centroamérica. Tras
ser un precoz prodigio académico y fracasado profesional y amante, se convirtió
en aventurero líder de soldados de fortuna. Curtiéndose primero por la baja California
y México, en 1.855 llega a proclamarse Jefe de Estado de Nicaragua (con evidente
respaldo estadounidense) e invade Costa Rica, donde el presidente Juan Rafael
Mora y su cuñado comandan un numeroso, heterogéneo y mal armado (por los
británicos) ejército que lo pone en fuga. Pero la carrera de William Walker no
acabó allí, pues regresó, primero a Nicaragua y posteriormente a Honduras, donde
se le fusiló de una vez.
En Nicaragua, el liberalismo parecía haberse encarnado en León, mientras
los grupos conservadores enseñoreaban Granada, luchándose sin cuartel y reinando
la anarquía largos años y predominando el regionalismo por doquier. Ganado, cierto
auge minero, junto con el incipiente y apreciado “suave – aromático” café, algo de
añil y cacao, mantuvieron peligrosamente la dependiente economía. El intento liberal

37
de 1.893 condujo a que José Santos Zelaya interviniera en Honduras y El Salvador
para constituir la efímera (1.895-98) República Mayor de C., lo derrocaron en 1.909
y la primera intervención de los marines se fecha en 1.912, ejerciendo como
instrumentos de un protectorado tendente a construir el canal transoceánico (en
20 años, 1.848 – 68, 125.000 mineros habían sido transportados por Vanderbilt rumbo
al oro californiano; para bloquear la ingerencia alemana, con el tratado de 1.901
se rompió la prohibición mutua entre Gran Bretaña y U.S.A. –desde 1.850- para
controlar unilateralmente un canal); inaugurado el de Panamá en 1.914, las fuerzas
invasoras no evacúan hasta el 25, pero han de volver al año siguiente ante la guerra
civil y las guerrillas, poniendo en la presidencia al general Moncada en 1.928.
Paradigma clásico de militar instaurado en el poder, Anastasio Somoza García consigue
la presidencia en el 37 (en 1.934 hizo méritos asesinando a Sandino y sus
lugartenientes como jefe de la Guardia Nacional, modelo de cuerpo policial
entrenado para la represión) y maneja el país hasta que lo matan en 1.956. Le
suceden sus hijos Luis, de “presi” y “Tacho” en la Guardia Nacional; llegaron a
poseer más de un tercio de todos los activos de la economía nacional. El clan acaba
por ser expulsado por el Frente Sandinista de Liberación (creado por Carlos Fonseca
1.961), que gana las elecciones en 1.984, con un poco carismático general Ortega
al que no dejan gobernar ni desde fuera ni desde dentro. Violeta, viuda del asesinado
periodista y líder conservador Pedro Joaquín Chamorro, lo derrota en 1.990 y va
trapicheando como puede.
A pesar de darse el primer grito de independencia del itsmo en El Salvador
(5 de Noviembre de 1.811), era patente la continuidad de las estructuras coloniales;
se reactivaron las exportaciones de añil y el café comienza a cultivarse a mediados
de siglo. El inicio de la reforma liberal correspondió a ¨Rafael Zaldibar (1.876 – 85),
y su finalización al general Francisco Menéndez, que abre un período de gobiernos
militares autoritarios. Miembros de una sola familia, Meléndez-Quiñonez, ocupan
la presidencia de 1.913 a 1927; en el 31 nuevo golpe militar a cargo del general
Maximiliano Hernández para reprimir las insurrecciones indígenas y al Partido
Comunista, fundado en 1.925 por Farabundo Martí. A Hernández lo derroca su propio
jefe de policía, siguiendo el militarismo político, con la sociedad totalmente
bloqueada y la permanente influencia de la embajada U.S.A. que en 1.979 bendice
otro golpe de estado represivo del coronal Majano (en 1,980 se asesina a todo un

38
Arzobispo). Napoleón Duarte, de Democracia Cristiana, gana las elecciones de 1.984,
pero la lucha guerrillera insurgente, F.L.N.F.M., sigue su escalada, siendo pan común
los secuestros y atentados terroristas. En los comicios del 89 es electo el candidato
de “Arena” Alfredo Cristiani.
Al perder España sus colonias centroamericanas, Belice se liga
definitivamente a Gran Bretaña, a pesar de las continuas reclamaciones
guatemaltecas. En 1.838 se abole la esclavitud. La actividad económica está
controlada por la Belice Estate and Produce Company desde mediados del XIX. A fin
de siglo se expande la extracción del asqueroso chicle. El 15 de septiembre de
1.981 proclama su independencia, controlando desde aquella el gobierno el primer
ministro George C. Price.

HONDURAS Y GUATEMALA.
En Honduras, el encono entre los pobladores de Tegucigalpa y Comayagua,
obligó a que a partir de 1.823 se alternara anualmente la capital -¡toma ya!-. Minería
escasamente reactivada, desintegración regional y dispersión de los núcleos de
población, era el panorama post-independentista. Los presidentes eran títeres de
la vecina Guatemala hasta el liberal Policarpo Bonilla (1.984), al que apoya Nicaragua.
De esas dos fronteras provendrán los complicados vaivenes políticos hasta que el
caudillo Tiburcio Carías Andino gobierna con mano dura para sus paisanos y blanda
para las compañías bananeras, desde 1.932 al 48.
Había escasas posibilidades de movilidad social en un contexto de atraso y
pobreza generalizados. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, suben
considerablemente los precios del café y hay cierta prosperidad en toda la zona.
Siguieron mandando los mismos, de lo que es clara muestra el que ocupe la casa
presidencial (1.948 – 54) Gálvez, u n abogado bananero. Tras otro interregno militar
de dos años, Villeda Morales gobierna, con apoyo militar, por supuesto, hasta 1.963.
La notoria corriente migratoria desde El Salvador, provoca en 1.969 la
“Guerra del Fútbol”. Aumenta el gasto público y crece el endeudamiento externo.
Se instalan bases militares U.S.A.. Gobiernos militares derrocados por
correligionarios que terminaban con el traspaso de poderes de la Junta Militar en
1.980. Como resultado de la última convocatoria electoral, en 1.989, ostenta la
presidencia Rafael Leonardo Callejas.

39
Para finalizar el macabro rompecabezas, sólo falta Guatemala, por su mayor
importancia histórica, mal modelo y ejemplo para todas las demás.
Mariano Gálvez era el jefe de estado titular cuando el rompimiento de la
Federación (su colega Morazán quiso volver a unificarlos, pero lo fusilaron en 1.842).
Rafael Carrera, mestizo líder de la insurrección indígena, hace una buena “carrera”
y de sucio porquerizo pasa a onmímodo dictador hasta su muerte en 1.865. La
oposición entre capital y provincias estuvo siempre presente y se le sumaron
conflictos locales entre regiones y ciudades; la grana o cochinilla dio base para una
moderada prosperidad mediado el siglo. Los huertos del Pacífico pasan a reemplazar
en importancia comercial a los del Atlántico, donde las culturas negras vegetan ó
agonizan. Una selecta inmigración de empresarios y comerciantes, mayormente
anglosajones, renovaría drásticamente los hábitos de la clase dirigente (más tarde,
llegará la extraña impronta cultural estadounidense).
Los liberales triunfan en 1.871 con Justo Rufino Barrios, joven y acaudalado,
que promueve una reforma agraria rápida y radical; autoritario, temperamental y
decidido, gobierna dictatorialmente -¡a pesar de ser liberal!-. En 1.885 se le ocurre
promulgar un decreto proclamando la Unión de Centroamérica, por todos rechazada
de inmediato; Invade El Salvador y muere.
Otra dictadura, la de Manuel Estrada Cabrera, se perpetúa 22 larguísimos
años (1.898 – 1.920), derrocado por uno de sus lugartenientes. Y así hasta la Segunda
Guerra Mundial, con partidos políticos que eran complejas agrupaciones, de escasa
plataforma ideológica, en las que predominaba el liderazgo personal.
Esperanzada efervescencia social con el educador filósofo Juan José Arévalo,
que logra el 85% de los votos en 1.945; hasta 1.951 tuvo que hacer frente a ¡25!
Conatos de golpe militar. El coronel Arbenz Guzmán, reformista agrario, renunció
en 1.954 y el poder efectivo pasa a manos militares y la represión despiadada
acaba siendo parte consustancial del régimen.
Y pasa a primer plano el dirigismo yanqui. Se crea en 1.960 el Mercado
Común Centroamericano, canalizándose a través del Banco Central de Integración
Económica las disposiciones financieras de Estados Unidos (como las industrias
estaban concentradas en Guatemala y El Salvador, Honduras se retiró en el 71,
permaneciendo Nicaragua y Costa Rica). La administración Kennedy instaura en
1.961 la Alianza para el Progreso, la que en verdad contenía un operativo de contra-

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insurgencia, pues no sólo preocupaban los grupos guerrilleros y partidos más o menos
de izquierdistas, sino que había que socavar también todo movimiento estudiantil.
En lo puramente militar, el Consejo de Defensa Centroamericana (en él también se
integrará Panamá), organizado en 1.963. Como remanente de todo eso, la deuda
externa se cuadruplica entre el 77 y el 83.
En Guatemala, por golpe militar, como no podía ser menos, obtuvo el poder
en 1.982 el general Ríos Montt, destituido un año después por su compañero Mejía
Víctores. Combinando corrupción, paternalismo y represión, los milicos dejan que
en las elecciones de 1.986 gane Democracia Cristiana con Vinicio Cerezo, sustituido
en el 91 por Jorge Serrano Elías.

MÉXICO.
Las propias ambiciones criollas, la falta de autoridad legítima en la metrópoli
y la crisis agrícola, propiciaron una situación de pólvora seca que vino a inflamar un
cura, Miguel Hidalgo, que desde el templo parroquial de Dolores lanzó el grito de la
rebelión a mediados de septiembre de 1.810; capturado y muerto el líder eclesiástico,
las insurrecciones no fueron dominadas, estando otro sacerdote (ejecutado en 1.815),
José María Morelos, en el origen de la lucha del sur; numerosas partidas de
campesinos, indios, mestizos y mulatos siguieron en pie de lucha.
La revolución se reinició en 1.821, promovida por la aristocracia criolla y
bajo el mando militar del oficial realista Agustín de Itúrbide, pasando Nueva España
el 24 de agosto a ser México. La herencia, un país destrozado, deudas monstruosas
y lucha de partidos; la consecuencia, un Imperio con Agustín I que ante la insurrección
acaudillada por Santa Ana, ha de abdicar en 1.823 para que se instaure la Primera
República, presidida por Guadalupe Victoria –hombre, no fémina, ¿eh? -. Masonería,
ingerencias españolas y luchas civiles, propician que en 1.833 el general Santa Ana
se convierta en presidente. Anarquía, bandolerismo, rebeliones indígenas,
devastaciones y lucha de castas, junto con cólera, carestía y miseria, conformaron
el caos del que saldría muy beneficiado E.E.U.U., que en 1.848 se hizo con más de
la mitad del territorio mexicano.
Más Constituciones vacías de contenido y más luchas ininterrumpidas entre
conservadores y liberales, traen el Segundo Imperio, detentado por ¡un francés!
Maximiliano I, que acaba como el anterior emperador, fusilado (1.867).

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Benito Juárez y Lerdo de Tejada intentaron un vasto plan de reformas y
desarrollo agrícola e industrial hasta que el general Porfirio Díaz toma el poder en
1.877; su dictadura, de 33 años, consigue la paz y la prosperidad económica a costa
de ahogar en sangre a todo insurrecto y de poner todo el país en manos del capital
extranjero. El latifundista Francisco Maderos consigue el poder con las armas (1.911),
y con las armas se le quita y se le asesina; es la época épica de Emiliano Zapata y
Pancho Villa.
Con vaivenes, huelgas, asesinatos y demás, a partir de 1.918 se suceden
gobiernos revolucionarios entre los que destacan los de los generales Obregón y
Cárdenas, que promovieron las reformas educativas y cultural, agraria y liberal.
Ávila Camacho será quien en 1.945 dote al Partido Revolucionario Institucional de
estabilidad, asegurando la continuidad de la obra de los presidentes que le siguen,
hasta hoy, con Carlos Salinas de Gortari.

U.S.A. Y CANADÁ
Transcurridos tres cuartos del siglo XVIII, la población de las colonias inglesas
en América había sobrepasado el par de millones, pero una gran parte era de origen
Irlandés, escocés, alemán, francés, suizo y hasta judío, que escasa lealtad podían
guardar a la Corona. Lo anímico se unió a lo económico –siempre, la base, oculta ó
no-. La Ley de Timbres (nuevos impuestos) de 1.766, pronto derogada por la gran
oposición, proporcionó el detonante. Samuel Adams sería el primer americano en
declararse abiertamente independista, fundando una organización secreta “Hijos
de la Libertad”, que provocaron la llamada “Reunión de Té de Boston” (1.773) al
arrojar cajas de la infusión al agua disfrazados de indios; un poco antes, había sido
un negro, Crispus Atucks, la primera baja de la revolución.
Tras las batallas ganadas (con la ayuda de Francia, España y Holanda) bajo
la dirección del rico plantador George Washington, el 4 de julio de 1.776 se hace
efectiva la Declaración de la Independencia (reconocida por Inglaterra en 1.783),
inspirada por Thomas Jefferson. La Constitución (de sólo 7 artículos), cuyo máximo
responsable fue Gouverneur Morris, se aceptó por los 13 Estados en 1.788,
continuando independientes y soberanos. El Banco de los Estados Unidos se crea en
1.791, auspiciado por Alexander Hamilton.

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En 1.812, U.S.A., se sentía ya tan poderosa como para declarar la guerra a
su “madre” Inglaterra, que le da una lección ocupando e incendiando la flamante
capital federal. La guerra civil o de Secesión se inicia en 1.861, por diferencias
extructurales y al querer los del norte implantar aranceles proteccionistas; el
victorioso Lincoln (en 1.865 queda abolida la esclavitud) es asesinado y el poder del
ejército se patentiza al acceder el general Grant a la presidencia (1.868).
El territorio se multiplicó sucesivamente por compras (a Francia, España y
Rusia), conquistas(México) y “expropiaciones forzosas” (la masacre a los indígenas
proseguirá hasta 1.890). En 1.848 aparece oro en California, en el 69 ya había línea
férrea Este-Oeste, a principios del nuevo siglo U.S.A. tenía el más alto índice de
desarrollo mundial, Arizona (1.912), Alaska y Hawaii (1.959) aportan las últimas de
las 50 estrellas del trapo que ondea sobre el planeta.
Los presidentes más reseñables del siglo XX son: Wilson por entrar en la
Primera Guerra Mundial, Roosevelt por la Segunda ( si bien la orden de arrojar
bombas atómicas la dio su sucesor Truman), Eisenhower por haber sido general,
Kennedy como primero católico (asesinado en 1.963), Nixon por dimitir y Clinton
por haber triunfado, impulsado por su esposa, en las últimas elecciones festivas.
Canadá había pasado a estar bajo el dominio inglés, tras continuas luchas
de banderín, por el Tratado de París en 1.763, si bien la muy importante provincia
de Quebec se mantuvo francófila e independentista (hasta nuestros días). La unión
entre el Alto Canadá y el Bajo Canadá no se produjo hasta 1.840.
La reina Victoria anunció la autonomía de las provincias federadas en 1.867
integrándose en la Commonwelth en 1.926 y obteniéndose, en su marco,
independencia de hecho cinco años después. Por tanto los sucesivos gobernantes
sólo tuvieron que administrar el considerable auge económico.
El nuevo trapo o bandera, símbolo de soberanía total, se adoptó a finales
del 64, pero la nueva Acta Constitucional que traspasó la autoridad legal y estatutaria
no llegó hasta el 82. En esa última época, el líder constitutivo había sido Pierre
Trudeau (que acabó dimitiendo), gobernando actualmente, y desde 1.984, el Partido
Progresista Conservador encabezado por Brian Mulroney.

43
LAS ISLAS
Al igual que en los anteriores apartados o períodos, sólo se tratará de las
tres islas principales y mayores que son además, las de patente influencia hispana;
la independencia y actualidad política del resto constituirían un desnudo mosaico
de datos, los más relevantes de los cuales serán reseñados en la parte turística.
Si bien la primera conspiración independentista, rápidamente sofocada,
tuvo lugar en 1.809, sería el terrateniente francmasón Carlos Manuel de Céspedes
(muerto en batalla en 1.874) quien iniciara la Guerra de los 10 Años en Cuba.
Firmada la paz, se abole la esclavitud en 1.886. José Martí (hijo de un sargento de
artillería del ejército español) funda el Partido Revolucionario y la latente lucha se
reanuda en el 95, resolviéndose tajantemente por E.E.U.U. (Con la disculpa de la
explosión de “Maine” -266 muertos_ ) el primer día del año 1.899 (ningún
representante de los insurgentes fue invitado a firmar, ni siquiera a asistir al acto).
Gobernadores militares e intervenciones de las tropas del nuevo amo, duran hasta
la transmisión del poder al general José Miguel Gómez, “don Pepe Tiburón”.
Corrupción, dictaduras y golpes de estado con el aval estadounidense, van a
desembocar –con todos esos ingredientes- en el general Fulgencio Batista, que
permite a los de siempre hacer y deshacer a su antojo desde 1.934 y hasta que en
la fiesta de fin de año del 59 huye al verle las barbas a Fidel Castro; ¡aguanta Fidel,
estamos contigo!.
¡Viva Puerto Rico libre!, “grito de Lares”, lo lanzó Francisco Ramírez en
1.868, pero como sólo lo secundaron 380 hombres, lo callaron por las armas. En
1.887 se funda el Partido Autonomista, pero será la guerra U.S.A.- España de 1.898
la que implique (con 16.000 soldados) el traspaso de soberanía, no a los isleños,
sino a los estadounidenses, que hasta 1.948 no permiten el primer gobernador nativo
(por si a alguien importa, el actual se llama Rafael Hernández Colón). La Constitución
de 1.950 convirtió a Puerto Rico al cabo de dos años en Estado Libre Asociado,
representado en el Congreso U.S.A. por un comisionado residente con voz, pero sin
voto.
La parte oriental de la Española (la otra parte, Haití, había abolido la
esclavitud en la temprana fecha de 1.793, con Toussaint Louverture, al que sucede
Dessalines, lográndose la independencia –con ayuda inglesa- en 1.804), dirigida por

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José Núñez de Cáceres, se proclama independiente en 1.821 tomando el nombre de
Haití Español, pero un año después la invasión de los vecinos haitianos (los de
origen francés) provoca que en la segunda independencia (1.844) se adopte la
denominación de República Dominicana, siendo elegido primer mandatario el general
Pedro Santana, que en 1.861 ¡la reincorpora! a la soberanía española; la Guerra
Restauradora, en la que sobresale el líder Gregorio Luperón, consigue la
independencia definitiva en 1.865, pero sólo porque el senado U.S.A. rechaza ¡otro
ofrecimiento! de anexión. Caudillismo, política despótica y entreguista, dictaduras,
empréstitos, desigualdades y deuda externa (heureaux verbigracia, se especializó
en estafar al propio Estado) , dan pie a la ocupación U.S.A. de 1.916 al 1.924,
dejando como herencia al déspota Rafael Leónidas Trujillo, que manejó el país
desde 1.930 hasta que lo mataron a tiros en el 61. Otro clan militar en el 63, otra
intervención U.S.A. en el 65. Otro clan militar en el 63, otra intervención U.S.A. en
el 65, cambios de forma y nombres pero perennidad de fondo e intenciones, el ya
octogenario Joaquín Balaguer es por sexta vez presidente desde las últimas
elecciones, habiendo encarcelado al último que se atrevió a derrotarle (Salvador
Blanco), por corrupción.

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GUÍA TURÍSTICA
COSTA RICA
51.100 km2.. 2.994.000 habitantes. Moneda, el Colón.
NICARAGUA
130.700 Km2. 3.871.000 habitantes. Moneda, el Nuevo Córdoba.
EL SALVADOR
21.040 Km2. 5.252.000 habitantes. Moneda, El Colón.
BELICE
22.965 Km2. 188.000 habitantes. Moneda, Dólar de Belice.
En ninguno de estos países he estado (sólo toqué, ocasionalmente, El
Salvador, sin nada reseñable). Todo el Itsmo central es de alta peligrosidad; el
peligro -sin riesgo, la vida es monotonía- es algo consustancial a todo viaje de
investigación, pero ha de verse compensado con algo nuevo, distinto, inédito; no es
el caso de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Belice, pues lo que se supone que
hay, sólo en matices difiere de lo que sí se puede observar en lugares cercanos de
no mucho menor riesgo, pero de mayor riqueza arqueológica, urbana, paisajística y
humana.

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COSTA RICA
La singularidad de carecer de ejército desde 1.948 –si bien un asiduo del
país comentaba que “la secreta” actuaba- y de ser obligatoria y gratuita la educación
a partir del lejano 1.869 – en teoría, al menos-, le dan un toque especial, junto con
una ineludible preocupación ecológica por la supervivencia forestal (es el territorio
más deforestado de América), de fauna (850 especies de aves; casi nada, más que
toda U.S.A.) y flora (1.100 especies de orquídeas); el 27 % de su extensión está a
resguardo en 46 Parques Nacionales (con la milésima parte de la superficie terrestre,
posee el 5% de la biodiversidad del Planeta).
El punto más ancho mide sólo 300 kilómetros, lo que puede ser una
inmensidad, pues las carreteras son malas y si bien los litorales los constituyen
tierras bajas, todo el centro es montañoso, con máxima elevación en le Cerro CHirripó
(3.820 m.), que es la de toda América Central. Por la ubicación, no demasiado
alejada del ecuador, la duración de los días y las temperaturas no varían
drásticamente por las estaciones, aunque sí lo pueden hacer con la altura, así como
la cantidad de precipitaciones, no infrecuentes. No resulta un lugar barato para el
turismo; es ilegal el cambio callejero de dinero (pero, por supuesto, abunda).
De robos, no andan tan mal como todos sus vecinos, si bien no están exentos.
Una ventaja es la legalidad de la prostitución, que conlleva exámenes médicos
regulares. Taxis asequibles (con medidores “marías”, pero siempre se deben convenir
tarifas con antelación). Los nostálgicos de los trenes de la jungla no dispondrán
más que de uno bananero restaurado y organizado –así no tiene gracia- entre la
capital y Siquirres. Abundante pesca de altamar para los aficionados, que en el
Atlántico (Caribe Golfo de Veragua, que comprende desde Honduras y Panamá),
pueden encontrar sábalo ó róbalo y peces-vela al otro lado.
San José, fundada en 1.737, tardó casi un siglo en convertirse en la capital.
Se acerca a los 300.000 habitantes. Ocupa un fértil valle rodeado de montañas con
cafetales a más de un millar de metros sobre el nivel del mar. Lo más notable se
ubica en la confluencia de avenida Central y calle Central; por allí no falta Catedral.
Destacamos el Museo Nacional (antigua fortaleza Bellavista) y el Museo de Jade, en
los que se verá abundante cerámica y similares, si bien la mayor parte de objetos

47
de oro (cerca de dos millones de piezas) la acaparó el Museo del Banco Central;
pintura y escultura en el Museo de Arte.
En los alrededores destaca la localidad de la Alajuela (20 Km. desde S.
José), donde se encuentra el famoso parque de gran piscina natural Ojo del Agua.
En todo el Valle Central abundan los volcanes, bosques nubosos, lagos y se pueden
rastrear legados histórico-culturales. Al volcán Poás (36 Km. de la capital), activo,
se puede llegar por una buena carretera, pero es más famoso el Irazú (a 32 Km. de
Cartago), desde cuya cima (3.800 m.) se ven ambos océanos.
De la capital colonial, CARTAGO (1.100.000 habitantes) no mucho han dejado
los terremotos; en los renombrados jardines Lankester cultivan cientos de variedades
de orquídeas y bromelias. Pueblos encantadores son Zarcero (sin hoteles), la
limpísima Grecia (Premio continental de ausencia de mierda), Sarchí como cuna de
artesanía en madera (carromatos), Heredia, Barva y Orosi. En las laderas del volcán
Turrialba, el llamado Monumento Nacional Guayabo es el sitio arqueológico de más
importancia, abandonado por su 10.000 desconocidos moradores antes de que
llegaran los españoles, que no lo exploraron; habitado entre los siglos I a. de C. y
XV d.C., bajo la advocación de los dioses jaguar y cocodrilo, destaca el recientemente
descubierto sistema de acueductos subterráneos que todavía funciona.
La Costa Atlántica, salpicada de bellas playas, unas de arena blanca y otras
de arena negra, cuenta con el puerto de las exportaciones, LIMÓN, muy dañado por
el terremoto de abril del 91. Hacia el sur el PARQUE NACIONAL CAHUITA, protege un
arrecife de coral demedio kilómetro; al norte, PARQUE NACIONAL TORTUGUERO,
principal lugar de anidamiento para la tortuga verde y con una de las precipitaciones
anuales mayores del mundo. Casi toda esta costa carece de comunicaciones
terrestres, dependiendo la mayoría de sus pobladores de los canales y el mar.
El punto de partida para la Zona Norte es Ciudad Quesada; el Puerto Viejo
de Sarapiquí fue el de mayor relevancia durante la época colonial. La reserva de LA
SELVA, dispone de 50 Km. de senderos desde los que observar árboles, aves, reptiles,
anfibios y mamíferos. El Volcán del Arenal cumple con los requisitos extereotipados.
La provincia de Guanacaste, de sabor indigenista, tiene en Playa Grande el lugar de
desove de la tortuga baula, el reptil mayor del mundo (sobre metro y medio y una
tonelada); en Ostional, las tortugas lora.

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Otro puerto en decadencia del pacífico es PUNTARENAS, donde están las
playas más cercanas a San José. Otro paraíso es Montezuma, de playas variadas y
bellas con dificultoso acceso y malos servicios. Como Parque más importante, Manuel
Antonio, hábitat de titíes, perezosos, mapaches e iguanas, donde sí hay muchos
lugares adecuados para alojarse.
Para encontrar quetzales, “rara avis”, hay que desplazarse por la Zona Sur
(San Gerardo de Dota). Los grandes caminantes pueden ascender a la cima CHirripó
o Ventisqueres. Una de las playas más populares es Zancudo (¡ojo!, que éstos y
otros insectos de arena, abundan y pican), y uno de los más bellos escenarios boscosos
Golfito, feudo de la United Fruit Company desde 1.938 al 85, y puerto libre desde
1.990 (extranjeros y nacionales –llamados, cariñosamente, “ticos”- apagan allí sus
fiebres consumistas.
Por último, destacar la abrupta y rocosa ISLA DE COCOS (a unos 400 km.de
la costa pacífica). Tiene dos centenares de cataratas, muchas desaguando
directamente en acantilados al mar. Hay aves, lagartos y peces de agua dulce que
no se encuentran en ninguna otra parte… y que no escapan a los humanos. Para que
nada falte, como antiguo refugio pirático (verbigracia, el portugués Benito Bonito
“el de la espada sangrienta”) guarda fantásticos tesoros escondidos todavía no
localizados.
En general tanto en las frías informaciones enciclopédicas ó folletinescas,
como en la cálida descripción que hace Beatrice Blake (heredada de su madre,
residentes allí), se desprende una imagen de turismo de aventura –que busca quién
lo desea-, más que turismo de comodidad.

NICARAGUA
Alguien la califica de nación “violentamente dulce”, Jorge Soler lo considera
“país inacabado”. Es el mayor de los estados centroamericanos; auténtico “eslabón
biogeográfico”; la frontera con Honduras, más de 450 Km., coincide con la máxima
anchura del itsmo. En general, montañoso, con llanuras costeras hacia el norte; de
los 17 volcanes, el Viejo o San Cristóbal (1.745 m.) sobresalen en altitud; el clima
varía según las zonas. Destacan las dos grandes masas de agua en su depresión
central, los lagos Cocibolca o Nicaragua y Xolotlán o Managua. Ferrocarriles (331

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Km.) y carreteras (único país que no ha conseguido unir las dos costas) no son nada
buenas, pudiendo ponerse difíciles durante las lluvias las condiciones de tráfico.
Siete de cada diez habitantes son mestizos; la población amerindia
(incluyendo a los zambo-mosquitos) está en un 5%, destacando por su pureza racial
los Sumus y Rama; grupos afrocaribeños en la franja atlántica. Zonas de vacio
demográfico (Atlántico) otras de alta densidad (Pacífico), tasa de crecimiento rápido,
migración interior y exterior, secuelas de guerra, economía de resistencia y
subsistencia, desequilibrios por todos lados; gran deuda externa.
La superficie deforestada va aumentando considerablemente a la vez que
el deterioro de las cuencas hidrográficas; el suelo está dedicado a usos inadecuados
y más de la mitad infrautilizado, acelerándose los procesos de erosión y de aridez.
En el subsuelo existen importantes reservas de minerales metálicos.
Para zanjar las rivalidades entre la liberal León y la aristocrática Granada,
en 1.858 se declara capital a la aldea agrícola de MANAGUA, que crece y crece
hasta los 700.000 habitantes a pesar de los sucesivos terremotos; la víspera de la
Nochebuena del 72, dos fortísimos movimientos sísmicos sucesivos la sacudieron
dañando el 90% de sus edificaciones y causando unas 11.000 víctimas mortales;
desde un punto de vista urbanístico, se puede decir que la ciudad casi no existe,
subsisten calles, pero no casas. La Catedral, de severo diseño neoclásico, está a
cielo abierto; cerca, ambos en el Parque Central, otro de los pocos monumentos
antiguos supervivientes, el Palacio Presidencial. El único lugar arqueológico es
ACAHUALINCA (cerca del casco viejo) con un pequeño museo. Por las orillas del lago
Managua, diseminadas, algunas pequeñas poblaciones interesantes, como Tipitapa.
Bañada por el otro lago, Nicaragua o ¨Granada (160 Km. X 60 Km.; 8.157
2
Km , poco menos que el Titicaca), Hernández de Córdoba fundó en 1.524 la ciudad
de GRANADA, con una catedral (neoclásica) e iglesias donde predicó –en el desierto-
Fray Bartolomé. Entre el más de millar de islas (hay tiburones de agua dulce),
mencionar Zapatera (52 Km.), puesto que los indígenas precolombinos dejaron
petroglifos e ídolos de sumo interés.
León (100.000 habitantes), hacia el norte y el Pacífico, antigua capital,
conserva la Catedral mayor de Centroamérica, en estilo barroco; en la casa de
Rubén Darío hay un museo-archivo. En la costa, el puerto importante es Corinto, y

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las playas más populares Massachapa, Osomil y Junquillo. Se puede comer tortuga,
langosta y camarón.
El litoral del Caribe, más lluvioso y con numerosas inundaciones, tiene como
verdadera capital afrocaribeña a BLUEFIELDS, punto de partida para las ISLAS DEL
MAÍZ, donde los cocoteros crecen sobre blanquísimas arenas, gozándose de buenas
instalaciones turísticas. Los que se animen a ir, que no dejen de probar la bebida
nacional, “pinolio” o “triste”, a base de cacao y maíz.

EL SALVADOR
Otra orografía montañosa, atormentada, difícil; otra gente con las
características de vida de su entorno. La red de carreteras está en parte sin asfaltar;
los 600 Km. de vías férreas parecen bastantes. La estación lluviosa comprende de
mayo a noviembre.
El Quetzaltepec (Volcán San Salvador) amenaza la capital, cuyo valle se ha
visto sacudido por 16 violentos terremotos desde 1.575 (los españoles ya lo llamaban
Zalcuatitlán, “Valle de las hamacas”, por los frecuentes bamboleos). No obstante,
SAN SALVADOR (480.000 habitantes) tiene su correspondiente Catedral metropolitana
y varias iglesias coloniales, si bien algunas con madera y lámina, por lo que ya
sabemos. Abundan los Monumentos (a héroes, generales, próceres…), y el Palacio
Nacional hubo de ser erigido dos veces (1.866 y 1.903, ayudando a los terremotos
un incendio que los dejó sin Archivo Histórico) y el Teatro Nacional seis (reinaugurado
en 1.978). Casas señoriales (como mucho, de finales del XIX) y Museos poco dotados,
configuran el panorama capitalino, que debe ser observado desde el mirador Puerta
del Diablo (1.100 m. de altitud). No faltan el Jardín Botánico ni el Zoológico.
Por lo exiguo del territorio nacional y la ubicación concéntrica de la capital,
se pueden efectuar visitas relativamente cortas a los diversos Parques (el Balboa, a
12 Km., fue el primer “turicentro”, 1.949) y playas (la llaman Costa del Sol). Los
principales puertos son Acajutla y Cutuco. Los poblados indígenas que mejor
conservan sus usos y costumbres (indumentaria y hasta algo de idioma) se llaman
Panchimalco, Caluco, Izalco (con un impresionante crácter volcánico), y Nahuizalco.
Los mayas han dejado el importante centro religioso de TAZUMAL, habiendo otra
zona arqueológica en torno a San Agustín (Comasagua, Guija, Ciuatan, Quelepa…).

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BELICE
Un poquito mayor que El Salvador pero pequeño. Orientado no al Pacífico,
sino al Atlántico. LLano pero con frondosa selva tropical. Las carreteras son escasas.
La mezcolanza racial es absoluta habiendo rubios de azules ojos y negros que aún
recuerdan a África (entre sus vecinos tienen fama de “malos”, temiéndose sus
incursiones a bordo de descubiertas furgonetas); se intentan entender en “creol” o
criollo, con gran influencia de la lengua inglesa.
Por pertenecer geográficamente a la península de Yucatán, sus selvas ocultan
fastuosas ruinas mayas de los siglos VI a IX. El lugar arqueológico demás fácil acceso
es ALTÚN-HA (50 Km. de Belice); otros centros ceremoniales fueron Nohochtunich y
Xunantunich.
La antigua capital BELICE CITY (44.000 h.), sigue siendo la ciudad de mayor
importancia; conserva algunos edificios coloniales en madera (principios del siglo
XIX), como la Catedral Anglicana y la Casa del Gobernador. Desde 1.970 la capitalidad
la ostenta una pequeña población de apenas 6.000 moradores, situada en el interior,
BELMOPAN.
Entre los dos centenares de cayos coralinos que jalonan la costa, apropiados
para submarinismo y actividades afines, destaca Cayo Ambergris, por haber vuelos
diarios desde Belice y por tener buena dotación hotelera.

HONDURAS
2
112.088 Km .. 5.105.000 habitantes. Moneda, el Lempira.

GUATEMALA
108.889 km2.. 9.257.000 habitantes. Moneda el Quetzal.
Quien desee rastrear, conectar con los mayas –se ve a extranjeros en trance,
meditando frente a los jeroglíficos-, tiene que recorrer Copán y Tikal, aunque
pertenezcan a dos naciones de tan mala reputación. Durante mi estancia en Honduras
mataron a 18 japoneses de un autobús para robarles; en Guatemala, una bomba de
la guerrilla nos dejó incomunicados. Si bien por proximidad se podrían visitar
sucesivamente ambos centros mayas conectando por carretera, no es aconsejable;
mejor, partir de las respectivas capitales, con lo que aprovecharemos para conocer

52
otras cosas interesantes, que las hay, como en todos los sitios, aun los peores.
Ánimo.
¿Qué se me habrá perdido en Honduras?: es la primera frase que se lee en
mi diario de viaje; desde luego que no son lugares a recomendar para las vacaciones
de un matrimonio burgués con hijos, pero siempre que uno no se meta en honduras,
vale la pena venir a Honduras, por Copántl.
El tráfico aéreo (carecen de grandes compañías nacionales) pasa siempre
vía El Salvador. Las líneas aéreas, por ser ellas las responsables (tendrían que retornar
al pasajero sin cobrar) se empeñan en obligar a comprar billetes de ida y vuelta –
que luego, en inmigración no suelen exigir-, cuyo reembolso no siempre es factible
y frecuentemente acarrea pérdidas de tiempo y dinero. El temor y la desconfianza
llegan a extremos como no permitir dentro de la maleta una navaja o ¡una tijera!
(en este caso, que se ha repetido, van dentro de un sobre precintado en la cabina
de pilotos).
COPÁN
Hito viajero para el buscador del resplandor maya. Una extensión total del
área de 24 km2., con 2 km2. para la zona principal, con un total de 3.400 estructuras.
Se llega desde San Pedro Sula por una carretera aceptable –sólo baches ocasionales-
; Hay Postas de Tránsito con el letrero “Reportese”, pero no inspeccionan; en
cualquier parada, aunque sea imprevista, surgen como setas los vendedores
ambulantes. Nada de “Stop”, señales octogonales con “Alto”. La gente, a pie o a
caballo, porta grandes machetes oxidados, sin fundas. Para dar paso accionan el
intermitente del lado por el que hay que pasar (izquierdo). En los cables del tendido
eléctrico han arraigado grupos de vegetación. Cabañas o casitas de adobe; los
pudientes con tejas. Los “tutes” o “limpiamundos”, grandes gallinazos negros, se
ceban con los perros muertos. Bastantes ríos de no mucho arrastre, y no sucios. Se
mea y se caga a la vista, sin mayor reparo. El tabaco se seca en pequeños edificios
de ladrillo con horno en la parte inferior. Escaso tránsito.
La entrada al recinto arqueológico es cara; da derecho a entrar también en
Las Sepulturas –viniendo de Sula, antes-, que son pequeñas estructuras rectangulares
hechas con piedra sobre las que emergen montículos en su mayoría intocados; un
par de estelas en una piedra de tonalidad diferente; algo de más de media hora
llega para recorrer este aperitivo o postre del gran plato maya.

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¿Qué técnicas poseerían aquellos desparecidos antepasados si ahora se van,
lentamente, subiendo los grandes bloques de piedra mediante una polea de la que
tira un camión?. Los núcleos de los edificios son de trozos de piedra con argamasa;
los exteriores de bloques rectangulares pequeños (manejables a mano). Se aprecia,
a veces, una inclinación que podría serla de 70 . Sobre la tierra que los siglos
depositaron encima de las pirámides, habían enraizado gigantescas ceibas que siguen
allí y que con sus raíces, reventaron las hileras pétreas, estando todo retorcido. Al
menos, la impresión general no es de abandono; se trabaja, aunque sin medios y sin
prisas. En las áreas más interesantes: “Zona frágil. No pasar”. En las entradas a los
subterráneos, puertas infranqueables; parece que lo que hay bajo tierra supera con
mucho a lo visible.
Mejor que la arquitectura, la escultura, el arte supremo maya. Su estatuaria
es de gran expresividad, con una concepción global que llevaba a los artistas a
esculpir el bloque por los dos lados, ya con figuras, ya con símbolos. El glifo emblema
de Copán es el murciélago de nariz respingada. Las estelas encontradas se fechan
desde el siglo V, siendo las más artísticas del VII al IX. La inscripción jeroglífica más
larga de toda América está aquí, la del monarca “Humo Ardilla” (año 745), ciclópea
escalinata inclinada con 62 gradas y 1.200 glifos. Las estelas servían como
“documento” de legitimación, narrándose también eventos importantes, victorias
y sucesiones. Se ve claramente representado cómo los gobernantes se autosangraban
en lengua y pene para tener revelaciones. Se efectuaban ofrendas. Muchas estelas
han sido robadas (lo mejor, en el museo Peabody de EE.UU.)
Del centenar largo de grandes emplazamiento mayas conocidos, Copán fue
el segundo en magnitud. Aquí se vivía en paz, pero sobre el año 800 comenzó la
belicosidad y la decadencia, degenerando y desapareciendo las muestras de escritura
pictórica e ideográfica. La estela más antigua, de doble figura humana (con turbantes
con máscaras), se data en el 651, mientras que la última se talló en el 783. Tanto en
las estelas como en las mastabas (escalinatas por los cuatro lados) aparecen los
solemnes personajes con sus bragas decoradas con rostros y portando en las manos
barras ceremoniales con cabezas de serpientes en los extremos; usaban sandalias,
rodilleras y pulseras. En algunos puntos se conserva la primitiva pigmentación roja,
el tono sagrado. El dios solar, Kim, tiene la cara arrugada, los dientes salidos, la
boca caída y los ojos bizcos. Surgen, esculpidos, sapos, ranas, tortugas y caracoles.

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En el Juego de Pelota (segundo en tamaño del período clásico, año 774; debajo, dos
canchas más antiguas) se grabaron guacamayas, de las que se pueden ver dos
magníficas parejas –vivas- en la entrada al recinto. Se representó a Chak, deidad
nariguda, a las 13 deidades de las correspondientes capas del Oxlahuntikú o cielo y
en el montículo más alto –si bien a muchos dejan subir, es peligroso por estar las
gradas muy desacompasadas –filas de esculturas de calaveras o Tzompantlis. Las
seis gradas del templo del dios de la muerte, Ek CHuak, son las mayores de todo el
territorio maya. Entre las cabezas encontradas, la mayor, de aproximadamente un
metro, representa a Iztamná, el señor de los cielos. El eje de la plaza principal de
la acrópolis sigue la dirección Norte-Sur, con desviación de 160 hacia noroeste. Las
escalinatas rituales se orientan al oeste.
Todo se concibió, diseñó, construyó y desarrolló siguiendo el orden del
movimiento fijo de los astros que marcan el tiempo y el devenir de la existencia
humana, como individuo y como grupo. La Rueda Calendárica interrelacionaba el
Calendario Tzolkin Sagrado (260 días) y el Haab o Vago (365 días), repitiéndose los
ciclos cada 52 años, denominándose Kim a un día, Unial al mes de 20 días, Tum al
año de Cuenta Larga o Serie Inicial (360 días), Katum a 20 tum (7.200 días) y Baktum
a 20 katum, o sea, 144.000 días. Cada linaje o grupo de familias tenía su santuario
para el culto ancestral al antepasado común. El orden cósmico se auguraba por
medio de los ritos de sangre. En la última época se escribieron Códices, los destruidos
por los acólitos de fray Diego de Landa (únicamente se sabe de cuatro ejemplares
sobrevivientes en Europa).
El sitio de Copán ya lo mencionó Diego García de Palacio a finales del siglo
XVI; en el primer tercio del XIX comenzó el saqueo anárquico; el diplomático
estadounidense Lloyd Stephens compró las ruinas por 50$ en 1.839; el investigador
inglés Alfred Percival fue el primero serio (1.880); a partir de 1.975 se formalizó el
enfoque y desde 1.980 se considera Patrimonio de la Humanidad. Fuera de lo que es
propiamente el valle, han aparecido otros 550 sitios arqueológicos con
aproximadamente otros 1.600 edificios. El fundador de la dinastía de Copán fue
Yax-Kuk-Mo, en el 435; el último, U-Cit-Tok (822). En el apogeo pudieron llegar a
vivir en el valle 20.000 personas.
Y con pesar, tras hora de didáctico recorrido hemos de abandonar Copán,
llevando en el recuerdo la tonalidad clara de sus millones de piedras, pues son de

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origen volcánico con altos contenidos de sílice y oxido de aluminio (se deterioran
bastante). Para pernoctar hay varios locales mediocres en el pequeño pueblo de
Copán Ruinas; el único hotel bueno es la parte nueva del “MARINA”, con piscina y
todo.
El Museo de Copán Ruinas cierra a las cuatro de la tarde. Contiene claras y
completas explicaciones sobre lo expuesto y la historia. Entre las excelentes piezas
sobresalen los objetos “Excéntricos”, así llamados por no conocerse su uso –semejan
hachas de estilo abstracto y motivación esotérica-. Como en otros lados, fotógrafos,
filmadores y grabadores micrófono enristre, se apoderan de las mejores vitrinas;
últimamente se les han añadido los que portan su computadora personal; sólo los
estudiantes –por falta de medios- y el que esto escribe –porque no le da la gana-
parecen acordarse del papel y del lápiz.
TEGUCIGALPA
600.000 habitantes, capital desde 1.880. De entrada, ya se nota quien manda
aquí: el letrero de Coca-Cola, domina la capital. “El Picacho” desde el que se ve la
panorámica del valle que queda a más de 1.000 m. de altitud, es el lugar idóneo
para la vallada residencia del embajador U.S.A.. “Las Lomas”, zona residencial,
alberga todas las embajadas (las pobres están en Colonias satélites o Barrios
Parásitos). Siendo el país más montañoso de Centroamérica, no hay volcanes –si
bien desde el avión resulta espléndida la visión del cono y cráter del “Popo”-.
Huele a gasolina quemada –no cara-, problema de carburación y puesta a
punto. Si bien presumen de tranquilidad, por todos lados guardias, bien armados.
Un compañero de viaje aéreo –estos informadores ocasionales resultan
imprescindibles; ¿cómo serán sus vidas?- ya había dicho que era la peor ciudad para
ser capital, una mierda. La impresión es de pobreza, sobre todo bajo la pobre luz
eléctrica nocturna que mal ilumina, nada de nada. El Barrio Rosa o “Bulevard” es la
zona de moda pero sin cosa alguna que destaque. El rio Grande –casi seco, convertido
en cloaca: ¿cómo no habrá plaga total de cólera!- es el límite entre la capital y
COMAYAGÜELOS, donde se celebra el mercado, en competencia con el de Dolores,
del otro lado del exhausto riachuelo infecto.
La CATEDRAL (siglo XVIII) resulta pequeña; al Niño Jesús lo tienen vestido
estilo Luis XIV; en vez de sagrario una bola del Planeta venerada por ser obsequio
papal; “Al orar, vigile sus pertenencias”.

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En uno de los cerros dominantes, en lo que fue residencia presidencial
(vetusta, como todo), el MUSEO NACIONAL. Se explica –por enésima vez- el origen
de la Humanidad y se conserva algo colonial; no falta ninguno de los repetitivos
tópicos pseudoculturales. Lo mejor, varios cráneos con deformación a lo ancho,
íntegros, espléndidos.
Los diarios no son malos de contenido y es excelente la impresión gráfica;
se felicitan muchos cumpleaños y al presidente le dedican páginas enteras, con
gran fotografía. De la corrupción da idea el que un lote de coches italianos
consignados a una empresa dependiente del ministerio de Hacienda, fue abandonado
y se está pudriendo al descubrirse el “carrazo”; en contrasentido, sancionan a
futbolista por quitarse la camiseta y “enseñar pelo en pecho” –literal- festejando la
victoria. El sueldo mínimo está en 5.000 lempiras (nombre de cacique muerto en
1.535), unas 10.000 pesetas. Por 30.000 dólares, según ley del Congreso, japoneses
y chinos –que están comprando todo- se pueden hacer residentes.
Si bien en los alrededores han instalado hoteles más modernos, en la zona
peatonal capitalina está el “Plaza”, con la peculiaridad de gozar en la suite 609 de
dos cuartos de baño completos y separados, si bien no había papel higiénico, sino
caja de toallitas de papel; contra la prudente personal costumbre de no comer en
los hoteles, por estos países hay que recomendarlos como lo menos malo. Los
prostíbulos, con salones bar y patio y hasta orquestinas, son de otra época, pero en
hoy; lo mejor, “ejem”, el “Géminis”; si bien cachean concienzudamente a los
clientes, en uno se coló alguien con una granada de mano y la tiró al enfadarse con
una de las peripatéticas: ocho muertos. Algunos grandes billares. Luz de 110 W. y
enchufes de patillas. Impuestos del 7%. La mejor cerveza, “Port Royal”.
SAN PEDRO SULA
Un giratorio luminoso con “CocaKola” sirve de anuncio a la Municipalidad
(si bien la “Pepsi” compite duramente). A esta ciudad de aspiraciones industrializadas
(300.000 habitantes) que se las quiere dar de modernismo ala hondureña, se puede
llegar por autobús o por avión. En transporte de carretera directo (no llega a 50
Km./hora) hay que recomendar “Hedmann Alas”, por ser la única con ¡adelanto!
sobre el horario de salida; no olvidarse de intentar conseguir “sitios de privilegio”;
los vendedores, con carné de “Prensa Cultural”, hasta consiguen llegar a ser
innovadores –una, da previamente la prueba de sus rosquillas-. Buen ganado a los

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lados de la vía; a los terneros les ponen yugos par que no mamen. Si se usare taxi
(carecen de taxímetros), regatear siempre aunque de entrada parezca barato –para
ellos, será mucho dinero-; sale mejor contratar por mucho tiempo que trayectos
cortos.
Mal olor, a suciedad en las ciudades. El analfabetismo oficial es del 30%;
niños descalzos, amputados. A los que hablan estilo cubano (hay huidos del castrismo)
no se les entiende. Poca proporción de población negroide. ¡No tienen ni exprimidores
para las frutas!. De artesanía, un poco de cuero y madera. Buena música en las
emisoras de radio. La medida de la importancia del inglés la da el que haya “Clínica
de pronunciación”.
Disponen en Sula de un Centro Cultural, con biblioteca pública y todo. El
hotel de prosapia, en plena plaza principal, “Gran Hotel” (piscina, pero bañera sólo
en suites), con maquinitas expendedoras de café en las habitaciones; en las afueras,
más moderno y caro y rodeado de vigilantes, el “Copantl” (en todos, mirillas en las
puertas), con todo tipo de servicios complementarios (Casino, entre otros) que el
viajero durmiente ocasional no usa. El servicio, amable y hipócritamente interesado
resulta ¡desesperante! ; Son de lo más cortito imaginable, incapaces de mínima
iniciativa, desconfiados hasta molestar. Con la malditas computadoras, ¡peor!.
RESTO DE HONDURAS
“El Caribe empieza en Honduras, el encanto nunca termina”, dicen sus
folletos de propaganda; pero ¡dónde está ese encanto?... debe ser difícil de encontrar.
Su encanto debe tener ser diputado, pues el sueldo es ¡15 veces! el mínimo; la
gente de a pie a un buen coche lo llama “coche de diputado”.
El topónimo Honduras tuvo su origen (1.502, Colón) en la profundidad de
sus aguas; son 880 Km. sobre el Caribe y 153 en el espléndido y conflictivo Golfo de
Fonseca, zona camaronera por excelencia donde han instalado industrias que
destrozan los manglares. Consideran a Puerto Cortés el mejor del itsmo. Las playas
superiores, las de Tela (a una la llaman “Coca-Cola”). Ensalzan el lfuerteOmoa
(1.775). De las aguas interiores destacan el Lago Yojoa (gran pesca) y las cataratas
de Pilhapanzak.
¡Y no podían faltar las idílicas ISLAS caribeñas!, las llaman BAHÍA (Roatan,
Guanaja y Utila, las mayores) y están orientadas al buceo por poseer otro de los
segundos arrecifes coralinos mundiales –como el primero es, indudablemente, el

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australiano, el segundo lugar tiene múltiples candidaturas-; al haber estado ocupadas
por los ingleses, se conservan rasgos y costumbres anglosajonas.
La capital colonial, COMAYUGA (1.537), conserva las viejas catedral y Santa
Rosa de Copán. Cerca de Santa Bárbara, se han descubierto recientemente ruinas
en Tencoa.
Acabemos esta auténtica república bananera –en todos los sentidos- con un
pequeño homenaje a la calidad de sus periódicos; éste es el análisis que uno de
ellos hacía de la situación militarista americana: Guatemala con guerrilla de 30
años y ejército que no quiere negociar; El Salvador con un poderoso ejército al que
no gusta compartir el poder; en Honduras, descontento por los bajos sueldos de los
oficiales; en Nicaragua grandes concesiones y presiones del general Humberto Ortega;
ídem en Ecuador, descontento; en Perú mandan a la sombra del japonés;; consignas
en Bolivia; donde hay más posibilidades, Brasil; no quieren recortes en Argentina; a
Chile llegó la criminalidad; en Venezuela están en ello y también inquietud en la
República Dominicana. Pero, ¿y cómo estamos en el resto del mundo?
TIKAL
Visita obligada para los amantes de la cultura y arte maya; fue centro de su
imperio; es la ciudad más antigua que se conoce, con presunto origen en el año 600
antes de Cristo y misterioso abandono en el 950; sus restos los encontró en 1.848 el
coronel Modesto Méndez. Es sublime, a incluir entre lo imprescindible de todo el
continente.
Por carretera, muy intrincado; más rápido y fácil, que no seguro, por el
aire, “Aerovías” goza de tarifas algo más baratas para los que se arriesguen en un
bimotor de hélices de los sesenta y en el que todo está apolillado; como
compensación, se observa mejor el paisaje al ir bajo y despacio y despeje y aterrizaje
son puntuales –lo que no consiguen los modernos reactores-. Tras la panorámica
volcánica que bordea la capital, arrugadas montañas –como si las –apretaran-,
medianas alturas con ríos, zona más llana y larga sucesión de arbolados montículos
pequeños con grandes charcas; al fin, el pequeño aeropuerto de Santa Elena.
Una relajante delicia, tras días de ajetreo urbano, el lago Petén Itzá (unos
50 Km. de largo), con la islita de Flores (trágico escenario de la derrota final de los
mayas en el 1.697) en el Centro; las callejas están sin asfaltar y en el centro del
promontorio se levanta un mínima catedral, con su placita. Cerca, se pueden visitar

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las nada promocionadas Cueva de la Serpiente,y Actum Kan (con iluminación). Los
60 Km. de carretera al yacimiento arqueológico perfectamente asfaltados. Haciendas
ganaderas con sus cuidadores habitando en cabañas de tejados de hoja de palma
(tan bien hechos que pueden durar hasta 30 años y no traspasa nadita de agua), las
paredes son de madera sin ensamblar o de adobe; la vida se desarrolla en plan
público, sin la más mínima noción de intimidad.
Para entrar en el Parque Nacional Tikal (1.957), el extranjero paga el triple
que el lugareño. Preciosos pavos multicolores cruzan delante del vehículo; en las
ruinas, cantidad de monos araña. Cuidado en los habitáculos de las pirámides (de
dos o tres cuerpos, mueren en una pieza de poco fondo pero ancha con techo
triangular plagado de nidos), pues los ruidos suelen ser de aves, pero también hay
tarántulas, serpientes y escorpiones,… Varios parques adyacentes guardan otros
muchos lugares arqueológicos, pero en la mayoría únicamente se aprecian los
montículos y se deduce su uso; Topoxte queda dentro de la laguna de Yaxha, Zotz,
Uaxactum (la estela más antigua), Nakum y Naranjo, son los mayores. Todo es zona
de bosque tropical húmedo de apariencia selvática. Las vías de comunicación son
de terracería, incluyendo las desaconsejables –guerrilla- que van a Belice (de donde
llegan en sus camionetas los blancos ingleses y muchos negros “revoltosos”), a
Copán y México (se suele cruzar por río).
En Santa Elena, un buen hotel, “El Patio”; por mitad de camino (desviación
junto al lago), el “Camino Real”. Donde mueren las comunicaciones-durante mi
estancia literal, como secuelas de una bomba-,un único hotel de ladrillo y tejas,
“Jungla”; “bungalows” con piscina en “Tikal” e infectas cabañas en “Jaguar” –lo
digo por propia experiencia, aunque no hubiera luz-. En pequeños comedores
dispersos sirven la bazofia al uso con fríjoles, enchiladas y tamales –pedir pescado
para comprobar la cara de extrañeza que ponen-; el que queda al aire libre con
cubierta de cemento (junto al Museo, que no contiene otra cosa que estelas nada
notables), mejor y con menos clientela. Uno de esos chavalines que pululan entre
la miseria haciendo de todo por no valer para nada, dijo “Aquí está prohibido robar”.
De noche, sólo se escuchan los ruidos inidentificados de la jungla; menos mal que
no era época de mosquitos, pero luciérnagas voladoras con intermitencias de luz,
al girar y ejecutar una a modo de danza circular, daban la impresión de bolas
luminosas verdosas o de almas en pena.

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¡Ánimo!, a desgastar zapatos; es duro, meritorio; sudor. Se ingresa y siempre
por la derecha. ¡Ojo!, no “picar” en el primer montículo pues tras dificultosa
ascensión se comprueba que por el lado opuesto han excavado cómodas escaleras.
Otros montículos sin limpiar y ruinas bajas, con alguna estela y altares deteriorados.
Hay gente trabajando, pero se pasan horas enteras sentados a la sombra pues les
han dicho que su labor es principalmente de mantenimiento. En el extremo derecho
(Zona Norte), dos pequeños templos gemelos y otro con escalinata sin nada notable;
hubo allí un temascal (baño de vapor para los privilegiados de nacimiento). Se
camina un buen trecho y cuando despistadamente se mira hacia arriba, largo silbido
de admiración, por la torre que se alza imponente por encima de la densa vegetación;
es el Templo de la Serpiente Bicéfala, el más alto de Tikal y de América entera (del
año 740, con nada menos que 65 puntiagudos – y peliagudos de trepar- metros). Es
una experiencia sublime, única, cuya culminación compensa el riesgo: cuando llegas
arriba sabes por qué te la jugaste. Abajo, hay escalinata de madera (sin pasamanos)
y a continuación se aprovechan las raíces de los árboles –el otro sendero es más
difícil-; una vez llegados a la plataforma superior, una escalera metálica vertical
permite acceder al fastuoso pináculo; indescriptible el panorama, hay que verlo, es
imprescindible subir. En la inacabable extensión verde, sobresalen de las copas
arbóreas las partes superiores de los templos de mayor altura.
No fue más que el principio. Viene el Templo del Gran Sacerdote (año 850,
50 metros), con un dintel original de madera en el que se distinguen tallas de
figuras humanas –es el ascenso más peligroso y no compensatorio-. A continuación
la Plaza de la Gran Pirámide (la más antigua) o Mundo Perdido. Seguir los edificios,
no tomar el camino más lejano a la derecha pues es casi una hora sin nada. Al lado,
Plaza de los 7 Templos, con un triple Juego de Pelota y, pegadito, otro templo de 57
metros del año 750. Al llegar a la encrucijada se puede acceder (izquierda) a la
Gran Plaza –es la entrada más espectacular e impactante- o seguir (derecha) hasta
el Templo Acanalado (interesante por un pequeño túnel abovedado en codo) y el de
las Inscripciones (texto geroglífico a la parte contraria a la escalinata); pero esto
último es mucho paseo pues habría que volver a la encrucijada o tomar la senda de
salida- también se puede hacer en automóvil pero no tendría gracia-.
La Gran Plaza, el epicentro. Composición de piedra única, privilegio para
contemplar, extasiados, durante horas. En la mancha pétrea en lo verde, se enfrentan

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-¿como rivales o amigos?- los dos templos, el del Gran Jaguar (45 metros) y el de las
Máscaras (38 metros), ambos del año 700. La plaza está rodeada de aguadas o
embalses, pero la vegetación no permite verlos. Por la angosta (y casi 45 0 de
inclinación) escalinata del Gran Jaguar ya no dejan trepar (aunque se conserva la
gran cadena que servía a los valientes a agarrarse); fue la tumba de uno de los
extraños gobernantes. Desde el interior de la crestería del Templo de las Máscaras,
la visión del uno frente al otro, del Este contra el Oeste, enmarcados por los huecos
rectangulares de entrada (dentro, agradablemente fresquito, todo verdoso por la
humedad), algo singular, irrepetible. A un lado, edificios con habitaciones en varios
niveles y estructuras de carácter residencial y administrativo; casi laberíntico. Al
otro, gran conjunto de edificaciones que tuvieron finalidades ceremoniales y que
se hayan algo deterioradas y como amontonadas o apelmazadas.
A considerar que para erigir todo esto hubo primero que devastar la jungla,
talar y quemar, para después asentar las bases con inmensas plataformas; a
continuación, lo visible, que ya semeja imposible. Cinco calzadas, con parapetos,
de una extensión de aproximadamente kilómetro y medio y unos cincuenta metros
de anchura, servían como avenidas procesionales –ahora, ni apenas restos, se camina
siempre sobre tierra-. La inclinación base de las construcciones puede ser de 70,
pero los sucesivos niveles, escalonados, más. Las desviaciones son menores que en
otros lugares –la del Gran Jaguar, 60 -. El Parque abarca 576 km2 (24 Km. de longitud);
en los 16 km2 explorados aparecieron más de 4.000 –que se dice pronto, pero,
¿edificarlas?- construcciones de diversa índole y todos los días se siguen produciendo
hallazgos (como una gigantesca escultura ese mismo día).
Bajo la foresta de especímenes de hasta más de 50 metros (cedros, ceibas
–árbol sagrado maya-, caobas, zapotes –de donde se saca el chicle-, las palmeras y
lianas), entre las que pían 285 especies de pájaros, no es imaginable lo que queda,
ni en un siglo de excavaciones calculan que se podría averiguar. Tal vez 10.000
plataformas y edificios anteriores subyacen tapados por lo que ahora entrevemos.
Han sido, por lo menos, 1.100 años de construcción aparentemente ininterrumpida.
Aparecen incontables CHultunes (cámaras subterráneas cavadas en la roca). Aturde.
Desconcierta. El pionero fue Alfred Percival Maudslay (1.881) y entre los más grandes
mayistas no se puede dejar de citar a Alfred Marston Tozzer. Significativas piezas se
han ido a museos como el de Basilea (Suiza) o al omnipresente Peabody.

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La piedra es caliza o caliza dolomítica. Los templos se solían asociar por
pares y enfrente se colocaba normalmente la estela y un altar cercano. Con el
difunto de alto rango se enterraban sirvientes; se practicó la decapitación. No
existían cementerios (usualmente, el entierro bajo el piso de la propia casa). La
arquitectura maya no concebía huecos para ventanas ni puertas en los huecos de
entrada (posiblemente cortinas). Ausencia de objetos o útiles de metal.
La gran época de Tikal se corresponde con las de Copán y Palenque (México,
en donde se ha comprobado la relación con Tehotihuacán). Los pensadores mayas
no concebían nada tangible de forma permanente y todo era renovable y repetible
en sus ciclos de tiempo (el mayor de los cuales parece cifrado en 1.872.000 días);
consiguieron manejar a sus semejantes durante siglos por medios y hacia fines que
no se llegarán a comprender actualmente.
Si a Tikal se le calculan 10.000 residentes permanentes y un máximo de
50.000, siendo ineludibles largas labores ocupacionales (siembra, tejido, alfarería,…),
¿cómo cuadran número de operarios y obras resultantes?. ¿Tanta cantidad de gente
iba a estar perennemente trabajando para gloria presente y futura de unos pocos?.
GUATEMALA CITY
En un amplio valle a 1.500 metros. 1.000.000 largo de pobladores. Seriamente
dañada –si bien no se aprecia- por el terrible terremoto de 1.976 (con 22.000
muertos). Los aviones sobrevuelan ensordecedoramente la capital haciendo vibrar
los edificios. Se circula –lo mismo ocurría en Tegucigalpa- mal y el olor a petróleo es
denso (pretendían vender el carburante a 600 C. para obtener el mayor beneficio).
La CATEDRAL (1.782), de tres naves, nada destacable exteriormente y con
una gran simetría interior (columna, cuadro, capilla; columna, cuadro, capilla;…);
las columnas de tipo dórico con capitel jónico. Los Museos quedan hacia el
aeropuerto, viéndose un antiguo acueducto de gran longitud ahora inutilizado y
erizado de soldados ametralladora en ristre. CENTRO DE ARTESANÍA extrañamente
limpio (más que la Plaza Mayor, con pestilentes soportales por los meados) y
modernizado. En el MUSEO DE ARQUEOLOGÍA Y ETNOGRAFÍA –los precios de entrada,
ridículos- están los grandes cajones de embalaje por el medio; buenas piezas (caras
compuestas y recompuestas) de jade; varias estelas interesantes; de Tikal, una
maqueta de época que demuestra la previa planificación; cerámicas policromadas
de calidad; figurillas de fertilidad con las caderas muy pronunciadas; pebeteros,

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incensarios y braseros fálicos (con testículos); bien. EL MUSEO DE ARTE MODERNO,
en un buen edificio con techo de madera tallada. El de HISTORIA NATURAL tiene los
especímenes muy mal disecados; el Queztál –nombre también de la unidad monetaria-
fue adoptado como ave nacional en 1.871 (U.S.A. lo había hecho con el águila de
cabeza blanca en 1.782). Los otros dos museos están dedicados al Arte Indígena y al
Traje Indígena.
Casi todo a oscuras (los comercios, enrejados, con persianas y sin rótulos).
Por todos lados “ladinos” (mestizos) borrachos –o muertos_, tirados y en actitud
amenazadora. Varios palacetes coloniales y de épocas posteriores con llamativas
fachadas. Se han dejado ganar por las cadenas de comidas yanquis, pero con el
lentísimo servicio local. Buenas Avenidas, siendo la 6ª y la 7ª, junto con la de la
Reforma, las más concurridas. La central de teléfonos, que no cierra –servicio costoso-
, está pasada la arcada del edificio más lindo, el palacio rosa en la 7ª, donde
asaltan los agobiantes cambistas que poco más pagan que los bancos. Más lejano,
el Centro Cívico (donde dan los folletos turísticos) es un aglomerado de edificios
más modernistas. Los taxis permanecen en sus paradas fijas (inspeccionar asientos,
ruedas y ¡hasta motor!), siendo difícil encontrarlos por las calles.
Desde el acristalado último piso del Hotel “Ritz” (piscina) se goza de la
visión panorámica de toda la “City”; con la promoción que ofrecen en el aeropuerto,
gran ahorro; pedir habitación con terraza, pues cuesta lo mismo; las cajas de
seguridad (ya en la habitación, ya en recepción), están en todos los hoteles para
ser usadas, y es muy conveniente; en éste prohíben visitas, pero si pagas 8$,
¡adelante!; el teléfono lo cobran aunque no lo utilices. Hacia el extrarradio el otro
bueno, más reciente, hotel “El Dorado”; enfrente, restorán “El Rodeo”,
sobresaliente, con solomillos de campeonato; al lado, en “Pizzas”, sirven cerveza
de barril, algo inusual; la comida en sí nunca resulta costosa, los que encarecen la
factura son los vinos. Al impuesto al uso del 7%, le añaden un 10% para el Instituto
Guatemalteco de Turismo.
ANTIGUA
La “Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala” quedó
destruida por terremoto de mayor intensidad que los otros en 1.773, provocando el
traslado de la capital. El Valle -45 Km. desde Guatemala Capital, sin ningún problema-
lo delimitan la mole del Volcán de Fuego y el doble perfil del Volcán de Agua,

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donde, haciendo honor a su nombre, una riada sepultó otro poblado en 1.541. Lo
reconstruido y el núcleo principal en granito “Manteniéndose airoso a través de los
siglos desafiando las iras de las conmociones terrestres” (según reza en una placa),
conforman con toda razón, merecimiento y necesidad, otro patrimonio C. de la
Humanidad.
Ciudad espléndida, auténtica, la Plaza mayor se conserva porticada en tres
de sus laterales, con tramos de columnas de madera. En la catedral reconstruida a
lienzos, se puede descender a grandes criptas abovedadas; en la de debajo del
altar mayor, un Cristo en madera de época. Calles completamente empedradas,
casas todas de planta baja. Varios conventos, visitables, en ruinas. Algunos Museos,
destacando el del Libro Antiguo. Hoteles y restoranes en casonas antiguas, de
relajantes patios.
Abundante artesanía en telas y jades; más de 200 vestidos típicos de variados
coloridos armoniosos. Muchos viajeros y turistas, ociosos, disfrutando de tal sosiego
–pero, por todas las esquinas y en muchos establecimientos, guardianes bien armados;
en toda América el peligro es patente, no latente como en Europa-.
RESTO DE GUATEMALA
Eclipsados por el inigualable esplendor de Tikal, no faltan otros restos del
dominio maya, sobresaliendo entre los muchos QUIRIGÚA, no sólo por tener la estela
de mayor altura (12 metros), sino por estar cercana al Lago Izábal, donde se levanta
el majestuoso fuerte de SAN FELIPE. Además de los mayas, restos olmecas en la
Democracia, pokomanes en Mixco Viejo y Quiché Utatlán, capital del reino Quiché.
Todos los que lo visitaron se hacen lenguas del LAGO DE ATITLÁN (el pico
Atitlán, con 3.533 metros), de gran belleza y rodeado de pequeñas aldeas con los
nombres de los doce apóstoles; a 100 Km. de la capital y unas dos horas y media de
rodar –en los mapas locales, se indica la distancia y el tiempo-. Más hacia el oeste
Quezaltuenango (2.500 metros de altitud), entre montañas y volcanes (uno el Santa
María, casi la destruye en 1.902).
En el litoral atlántico (117 Km.) las buenas playas se agrupan en torno al
Puerto Barrios; en la costa del pacífico (332 kilómetros), San José es un importante
puerto comercial.

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MÉXICO
1.958.201 Km2.. 86.154.000 habitantes. Moneda, el Peso.
El 85% de su suelo es abrupto, concentrándose la mayor parte de los
pobladores en la vasta región de valles, altiplanicies y mesetas. Sólo es aprovechable
para la agricultura un 15% de la superficie pero, sin embargo, el subsuelo es muy
rico en minerales y petróleo. Uno de los mayores productores de plata, flúor y
estroncio.
“Cuando llegaron los salvajes de los españoles destruyeron nuestra cultura
porque no sabían lo que era una Cultura”.
México –tanto empeño en usar la x oficial y en pronunciarla, y los mexicanos
hablan todos con la j; la denominación aborigen parece haber sido Cemanáhuac- es
meta para todo soñador o buscador de Culturas desaparecidas. Más de ¡50.000!
yacimientos arqueológicos esperan ser visitados. Los más interesantes están en los
alrededores del Distrito Federal y en la península de Yucatán; el extremo opuesto
del Pacífico (El Petén) y todo el itsmo de Tehuantepec, conforman el inmenso e
intrincado corredor arqueológico que no es ni siquiera la mitad del inmenso país
(los puntos más alejados, Tijuana y Mérida, distan 4.338 Kilómetros), quedando
todo al norte de la capital zonas dispersas, tanto precolombinas como coloniales.
En semejante caos mal organizado, donde prima la improvisación y es
completamente necesario mantener, o al menos aparentar, gran serenidad, la
variación y el contraste van a ser constantes compañeros de viaje. Si bien es uno de
los países más montañosos el mundo (120 picos por encima de los 3.000 metros,
siendo Orizaba la más alta cima 5.777 metros), abundan también los desiertos y las
selvas; si se buscan playas, se encontrarán con toda clase de arena en los 10.000
kilómetros de costas (7.250 hacía el Pacífico). Cuatro franjas horarias diferentes.
17 millones de indios con 56 lenguajes. Un 60 % del total, mestizos. La mitad de la
población en paro o en subempleo. Grandes oscilaciones climáticas y térmicas. 20%
de analfabetismo.
Para recorrerlo todo, o siquiera una parte significativa, es imprescindible
volar; se deben consultar tarifas “Vimex” y “Tourimex”, con importantes reducciones
para los “gringos” (la designación que nos dan –a todos, seamos de donde sea- tuvo
su origen cuando los invasores norteamericanos entraron en la capital en 1.846

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cantando “Green grous the bushes” –”Verdes crecen los arbustos”-). Se podrá
contemplar todo tipo de flora (los característicos cactus: agaves, cazabes, mezquitas
y yucas) y quizás de fauna (coyotes, pecaris, zopilotes, tapires, armadillos,… -la
diferencia estriba en que la fauna se mueve y la flora no-); se oirán insufribles
músicas (marimbas, salsas, jarabes, jaranas, corridos, rancheras, boleros,…; el
término mariachi se derivó del francés “mariage” –boda-) mientras se bebe tequila,
pulque, mezcal (derivados del magüey), excelentes vinos de la Baja California o
cervezas tan buenas como “Negra Modelo” y de calidad como “Bohemia”.
“Bienvenido paisano” es el letrero que nos recibe en el aeropuerto, frase
cálida tan distinta del “Welcome to U.S.A.”, muestra de pulcritud, corrección –que
no educación- e insipidez; en México lindo y florido palpita la vida. Quien llegue de
los U.S.A., que se atreva a sentarse en un endeble carrito tirado por bicicleta (en el
Zócalo –en 1.843 Santa Ana dispuso se erigiese un monumento a la independencia;
sólo se colocó el basamento o zócalo, denominación genérica que se extendió a
todas las plazas mayores-, frente a la catedral) y se deje llevar entre el tráfico del
centro: notará la diferencia.
MÉXICO DISTRITO FEDERAL
El aeropuerto ya ha sido absorbido por el núcleo urbano y los aviones
sobrevuelan el centro a no gran altura. El Distrito Federal todo lo devora, cada día
a cientos -¿o miles?- de los supuestos 20.000.000 -¡quién lo puede controlar?- de
individuos que se apiñan en 2.000 Km2. Olor a gasolina, aire cálido, un poco pesado.
Calles abarrotadas con puestitos que ofrecen de todo. Avisos de gran peligrosidad.
Algún indio despistado y hasta anacrónico –en todo el viaje no se vio indio alguno
con el “mecapal” (la correa para portes colocada alrededor de la frente), algo tan
frecuente de Ecuador para abajo -.Tráfico anárquico con bocinazos y pitidos de los
policías con aire de chulos perdonavidas; el irresoluble problema lo agravan las
ininterrumpidas obras de la línea 8 del Metro (funciona de 6 a 24 horas)). Mal
señalizados los lugares para cruzar, pero por suerte los conductores están
acostumbrados a esquivar y son bastante amables. Todos los bancos y algunos
comercios con guardias armados de rifles y ametralladoras que dan pavor, no por
las armas, sino por quienes las manejan. Quedan todavía edificios desvencijados
por el terrible terremoto de1.985; otros siguen en reforzamiento con corsés férreos;
algunos abandonados solares denotan lo destruido. Escasos hombres con barba.

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Poquísimas motocicletas. Dicen los lugareños que a “Barriga llena, corazón contento”
(también, que “Te salvas de un rayo, pero de tu raya”), pero, ¿quién puede malvivir
aquí con sueldos mínimos de muchos miles de pesos pero que en pesetas equivalen
a unas 13.000?... Encerrados en un valle que se está hundiendo de un modo gradual
y palpable, amenazados por pavorosos volcanes, zarandeados por todos, estos
muchísimos millones de viejos, hombres, mujeres y niños, tienen que sentir la vida
de otra manera.
El leer los titulares de los periódicos extremecedor: “Mata a su padre y a su
madre a cambio de un carro”, “Despelleja vivo a su mejor amigo”. “Cansada de
parir, esteriliza a su marido con unas tijeras”, … Entre los numerosísimos
diarios, uno de los menos sensacionalistas “La Prensa”: “él único periódico que
tiene más lectores que letras”. Todos los taxis llevan taxímetro –son los más rápidos
en bajar bandera-; la mayoría Wolswagen “escarabajo”; los de color amarillo suelen
ser infectos, los verdes empezaron en el año 1.991 y obligatoriamente con catalizador
para gasolina sin plomo; la matrícula primera sirve para toda la vida; sólo permiten
circular en días alternos, según la terminación par o impar del número de placa .
Por estar a 2.240 metros sobre el nivel del mar, “es mejor tomar las cosas
con calma y no abusar de las actividades”; las bebidas alcohólicas afectan más
fuertemente y el sistema digestivo trabaja más lento. La mayoría de los locales de
comidas sirven “corrido” de 13 a 24 horas. Los mercados de abastos están bastante
limpios y ordenados, pero ni atisbo de cámaras frigoríficas. Abundancia de oro en
joyerías de portal; a pesar del ambiente, sin aparente protección. Anuncian ¿tijeras
para zurdos!. Las farmacias proliferan –también, extrañamente, las librerías- y las
medicinas tienen un límite superior de cobro; en la “Farmacia de Dios”, “medicinas
baratas”. La iluminación es deficiente en todos lados. La corriente de 110 W., los
enchufes de patillas. “Se ponchan –pinchan o rajan- llantas gratis”, es el letrero
que ponen en las entradas de los garajes. Si te dicen “cuero” es alabatorio, pero no
confundir con “güero” (blanco) . Avisos sobre robos por todas partes y por parte de
todos, pero no se debe uno dejar dominar por la psicosis; en caso de robo, tomarlo
como un gasto más de viaje. Es miércoles de ceniza; la gente camina marcada con
una cruz de tipo griego impresa con tinta en la frente; pasó el Carnaval y no se notó
–no se celebra “a lo grande” más que en Veracruz y Mazatlán-.

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EL ZÓCALO (Plaza de la Constitución) es el punto emblemático del mero
Centro de Ciudad de México; cuadriculo amplísimo, posee una antiestética tonalidad
grisácea, pasando lo mismo con los adoquines, los soportales y todas las edificaciones
adyacentes. Las calles que lo rodean, cuadriculadas, son antiguas, de desvencijadas
casas muchas abandonadas, no animándose más que por obsoletos comercios que
en sus bajos ofrecen lo más inverosímil, extraño e inesperado. El eje central y vía
de comunicación principal es el PASEO DE LA REFORMA, recorrible a pie (de un
extremo a otro, Alameda a Bosque de Chapultepec, sobre una horita a buen paso –
no fiarse del tiempo o la distancia que den los lugareños-).
TEMPLO MAYOR. Apareció casualmente por obras en 1.978 y se encuentra
sin acabar de excavar; se demolió para la contigua catedral y resto de palacios, se
construyeron encima todo tipo de edificaciones, se cortó con el alcantarillado,
pero sigue siendo magno. Era el autentico “ombligo” del Imperio Azteca. Se han
encontrado 7 niveles, los inferiores no los conocían ¡ni los aztecas!; éstos, efectuaron
sucesivas reconstrucciones (1.380-1.519) sepultando la pirámide anterior con otra
nueva al finalizar cada uno de sus ciclos de 52 años. La escalinata todavía apreciable,
iba con 114 escalones, conducentes a los dos oratorios de la cumbre, el de
Huitzilopochtli (dios de la guerra) y el de Tlátoc (dios del agua); a ese nivel, urnas
funerarias con ofrendas para personajes importantes y piedras para sacrificios. Se
han rescatado más de seis millares de objetos, una porción exhibida en el Museo
anexo.
MUSEO DEL TEMPLO MAYOR. Espléndido. Maqueta del antiguo recinto
completo (construido sobre estacas rellenas de barro, por los terremotos y por
estar dentro de un lago) que tuvo 500 metros de lado y contuvo 78 construcciones
ciclópeas. Dimensiones del Templo Mayor: 81 metros por 76 de base y 45 de altura
(las torres catedralicias actuales, 60). En los numerosos paneles explicativos –poca
luz- se va narrando la historia de los mexicas emigrantes desde Aztlán (1.156, “lugar
de garzas o de la blancura”, en su lengua nahua) a Tecnochtitlán (1.325). Se considera
a Itzcoatl el fundador del Estado (1.427-40). Las guerras, comerciales, se declaraban
con la presentación de obsequios y se regía por leyes acatadas por ambos bandos.
Un Tlachtlimalcatl consistía en un guerrero enemigo que en inferioridad había de
luchar sucesivamente contra varios y si sobrevivía se le integraba; en 4 años se

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llegaba a guerrero-pájaro, y al morir se acompañaba al sol (también las mujeres
muertas en parto).
Sus dioses eran todos deformes. Oro y plata, excrementos del Sol y de la
Luna (su monolito, Coyollxauhqui, destaca entre lo expuesto). Los tonalpouhque
(sacerdotes) orientaban la vida de pipiltiu (nobles) y macehualtiu (plebeyos),
distribuidos en diversos calpulli (barrios); sobre todo reinaba en aquellos gloriosos
tiempos que auguraban la hecatombe el tlatoanix Motecuhzoma Xocoyotzin.
CATEDRAL. Iniciada en 1.573 (copiando planos dela de Salamanca) y no
terminada hasta 1.813. Presume ser la mayor del continente –es grande pero no
grandiosa-. Amalgama de todos los estilos, predominando el barroquismo criollo
(fatal incendio en 1.967). Dividida muy cerca de la entrada por un altar, a
continuación el coro con los órganos, bancos, otro altar que queda como un pegote
y, con poco espacio, el altar mayor. La cripta no puede ser visitada. Todo, con un
corsé interior de tubos de hierro. Pegado y algo inclinado, el Sagrario Metropolitano
(siglo XVIII), iglesia con fachada churrigueresca e interior neoclásico (1.830) bastante
feo. El Museo no es muy interesante.
MUSEO DE ANTROPOLOGÍA. Ensalzado por propios y extraños no es para
tanto; simplemente, bien –y como en todos los cientos que he visitado, excursiones
de niños incordiántes y japoneses-. Tuvo sus orígenes en la colección iniciada por el
virrey Antonio de Bucarelli en el siglo XVIII. En forma de u cuadrada, su planta
superior es etnográfica, representándose todas las regiones de la nación (la danza
de los Santiagueros se ejecuta sobre un caballo blanco contra Satanás). Abajo,
dividido por culturas y zonas, lo arqueológico, sin muchas explicaciones ni piezas
(la famosísima Piedra del Sol-Tonatiuh, que no Calendario Azteca, esculpida en
1.749, es un monolito de basalto de 3,5 metros de diámetro y 24.500 kilos de peso).
En el Instituto Nacional de Arqueología e Historia, a pesar de acreditaciones
y recomendaciones, se negaron a expedirme un permiso o pase para museos y zonas
arqueológicas (si puede parecer extraño, más lo es que los empleados del Centro
Gallego ocultaran toda mínima información).
BOSQUE DE CHAPULTEPEC. Donde disfrutaba MoctezumaII en su residencia
veraniega, el “montículo de los saltamontes”. Imposible de recorrer completo a
pie, extrañamente conservado, paz bucólica; bidones de basura de dos en dos (para
la orgánica y la inorgánica). Arriba, el Castillo, (excelentes vistas) que sirvió para

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residencia imperial alberga el MUSEO DE HISTORIA, con todo tipo de muebles y
objetos de uso lujosos. Otros museos dentro del recinto: Arte Moderno, Arte
Contemporáneo, Rufino Tamayo, Galería de Historia y Auditorio Nacional. También,
Zoológico y hasta un lago con barcas.
MUSEO NACIONAL DE LAS CULTURAS. A un lateral de la Catedral. Contiene
algunas piezas (en su gran mayoría, reproducciones) de todos los lugares del planeta;
bien estructurado. En los patios interiores, arbolados, con cantarina fuente, se
aísla uno completamente del tumulto citadino.
MUSEO DE LA CIUDAD DE MÉXICO. Distribuido por el palacio de un primo de
Hernán Cortés. Mediante maquetas y notas explicativas se sigue la desecación del
gran lago. Piezas varias.
Enfrente, en una iglesia sin mayor relevancia, una sencilla placa ((1 metro
por 0,5 metros) en una pared lateral al altar indica que allí estuvieron las cenizas
de Cortés de 1.547 a 1.947 (traslado a España); cualquiera de las otras sepulturas
(incluida la de Lucas Alamán, protector de los huesos del conquistador) tiene mayor
relieve –único caso en que el informante se negó a recibir propina-.
Anexo, un Hospital fundado por Hernán Cortés que se puede visitar; allí
mismo tuvo lugar el encuentro con Moctezuma.
PINACOTECA VIRREINAL. Sólo para muy amantes de pintura religiosa (siglos
XVI a XVIII); consecuentemente, en una antigua iglesia, si bien muy remozada.
OTROS MUSEOS: Museo de Arte Nacional, en una de ls construcciones más
monumentales del continente; Museo de Bellas Artes, grandioso pero moderno, sin
el toque de distinción y categoría que conserva lo antiguo; los principales murales
del famoso Diego Rivera (el otro gran muralista es Siqueiros y Frida Kahlo, esposa
de Rivera, era también artista) están en el interior del Palacio Nacional, sede de la
presidencia, en el Zócalo; Museo Franz Mayer (colección de arte de gran valor);
Museo de San Carlos (pinturas europeas y mexicanas, siglos XIV a XIX); Museo Nacional
de las Estampas; Museo Nacional de Artes Populares; el Museo León Trosty (calle
Viena 45) está dentro de la casa donde lo asesinó el español Mercader en 1.940. Los
museos cierran los lunes; resto de días abiertos hasta las 5 de la tarde; domingo y
feriados, entrada gratuita.
BASÍLICA DE GUADALUPE. Viene la devoción de cuando en 1.531 Juan Diego
presentó la faz virginal al obispo dibujada en su sayo; probablemente, hubo algún

71
importante templo profano en el cerro Tepeyac, que domina gran parte del valle.
Arriba de todo, la capilla primitiva; a inferior nivel “El Pozito”, pequeña capilla
muy bonita, redonda; cerca, la Capilla de los Indios, inclinadísima; más descompuesta
todavía, con una sección para cada lado, la iglesia antigua, cerrada por peligro; la
basílica nueva, mal modernista, horrible, para quitar la fe a los que la tengan.
IGLESIA DE SAN FRANCISCO. De 1524, se nota aquí claramente el hundimiento
que sufre todo el valle pues queda a ¡3metros! por debajo del nivel de la calle
(últimamente se ha prohibido la prospección de nuevos pozos); además, se tuerce
progresivamente. Muy bien restaurado el interior, con excelentes pinturas murales.
San Francisco es la más conocida (por expreso deseo de Cortés, 12 hermanos
de la orden fueron los primeros en arribar; los seguirían los agustinos y dominicos,
no llegaron los Jesuitas hasta 1.672), pero paseando, surgen recoletas iglesias
retorcidas donde hay que entrar para experimentar la sensación del universo no
simétrico (ni recto, ni vertical, ni horizontal), distinto al que estamos acostumbrados.
Los ángulos de inclinación llegan a ser tan inverosímiles, que es imposible permanecer
quieto y te vas deslizando contra las paredes; pero lo curioso es que al no doblarse
toda la estructura en la misma dirección (una torre para un lado, el altar torcido,
las capillas para arriba, el suelo para abajo, retablos a la izquierda, púlpito a la
derecha,…), las impresiones ópticas y de equilibrio no las pueden asimilar nuestros
órganos correspondientes, por no estar habituados ni preparados para ese mundo
disforme, y te tienes que salir.
MUSEO DEL CARMEN. La iglesia conserva buenas pinturas y algunos altares
de azulejos, pero lo morboso se encuentra en el subsuelo: una docena de momias,
bien vestidas, expresivas, recientes, dentro de íntegros féretros con tapa acristalada.
MUSEO DEL AUTOMÓVIL. Recientemente inaugurado, visita obligada para
todo amante de los coches. Avenida de División Norte, 3.572. El más antiguo uno
francés de 1.904, con faros de carburo; entre el centenar de soberbios ejemplares
expuestos (cada tres meses se cambian muchos; es un depósito de particulares),
destacan los “Packard”. Algunas motocicletas también primitivas precursoras.
PLAZA MONUMENTAL. La de más cabida del mundo (en muchas guías aparece
con 100.000 asientos, pero en realidad es que no llegan ni a la mitad); no es
monumental, sino simplemente muy grande, un embudo gigantesco con buena visión

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desde todas las localidades y excelente acústica. Al faltarle balconadas y palcos en
la parte superior, carece de todo “tronío”.
Ciudad de México es una inabarcable megaurbe hipertrofiada; tan imposible
de recorrer toda como lo es el país que encabeza. Rudi Robins, residente desde los
diez meses de edad, ha “escudriñado hasta el cansancio” y elaborado una “Guía de
lo mejor de todo en la Ciudad de México”; en ella, enumera y describe los 10
mejores de cada apartado. Recomienda como más económico recorrer las 220
colonias en los “peseros” o colectivos, que paran en cualquier parte –pero hay que
conocer itinerarios (los vocifera un ayudante colgado del estribo); en el Metro
abarrote según horas y los taxis siempre en atascos-.Polanco es la zona residencial;
Zona Rosa la más elegante; en Cuaunhtemoc los domingos se instala un mercado de
arte; el Mercado de la Lagunilla es el equivalente a un “rastro”, donde se debe
“llevar a su máxima esencia el arte de regatear”; en la Plaza San Jacinto, los
sábados un “bazar” con más de un centenar de puestos artesanales de calidad.
Como parque de atracciones, “Reino Aventura”.
Ya de cosecha propia recomiendo encarecidamente ir al impresionante,
majestuoso, bello y espléndido edificio de Correos; con su piedra limpia y sus
ventanales de ojivas, debe ser el más bonito de la nación –y México, donde hay las
construcciones más monumentales de toda América-; súbase por la elegantísima
escalinata metálica. Entre los muchos majestuosos, el del Palacio de la Minería, en
el que se celebraba la Feria Internacional del Libro y la Comisión Vº Centenario de
España había alquilado el espacio más amplio y mejor, pero al ser en un patio
interior a desmano, sufría la vergüenza de ser el único vacío. Importantes: para
vacunarse, C/Benjamín Hill, 14 (Vía Revolución); para telefonear, C/José María
Izzazaga, 20 (Hotel Virreyes) y central en C/Victoria (peor servicio) –aunque parezcan
dos actividades sencillas, son direcciones inestimables, por lo difíciles de obtener-
. Las Casas de Cambio pagan más aquí por el dólar que en U.S.A. –si bien en U.S.A.
dicen lo contrario-; se debe consultar en varias, cierran a las 15 horas y se agrupan
en el barrio Europa.
Para tumbarse, comer en la hierba y retozar libremente, tienen La Alameda
((y el Bosque Chapultepec); ya a primeras horas de la mañana las parejitas se
apretujan, amarteladas, ellas son pegajosas –culo algo grande pero en su sitio,
donde agarrarlo; tetas presuntuosas; facciones algo brutas; envejecen

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prematuramente-. En la Ciudadela, junto con otro parque, un antiguo y amplio
edificio de planta baja alberga la Biblioteca de México. Otro lugar emblemático es
Tlatelolco, la Plaza de las tres Culturas, pero ya ha sido absorbida o sepultada por
las necesidades viales del tráfico rodado; queda allí, a un ladito, con su iglesia de
piedras en remodelación (todo el país está en obras, o con piezas que faltan para
estudio, o amplias secciones cerradas al público), los restos bastante relevantes de
un templo-palacio de la última época y varios edificios modernos.
HOTELES Y RESTORANES. El que pretendía ser lo superior, “Hotel de México”
(220 metros y restorán giratorio), allí sigue, en construcción y abandonado durante
décadas –algo similar al “Hotel Olímpico” de Barcelona-. Por encima de los 5 estrellas,
los hoteles de Gran Turismo, poniéndose a la cabeza “Aristos” y presumiendo “Nikko”
de “edificio a prueba de terremoto con sistema controlado por computadora”. En
el zócalo, el “Ciudad de Méjico”, elegante joya arquitectónica con espejos, lujoso
recibidor, candelabros y bello elevador. En el 7º piso del “Majestic”, desde la siempre
repleta terraza del comedor se goza de espléndida visión del colorido zócalo, pero
no de la comida, deficiente (menos mala la del restorán del “Ciudad de Méjico”).
Se puede dormir en un auténtico monumento nacional –mejor dicho, intentarlo en
sus amplias suites a nivel de la bulliciosa “rue”-, el “Hotel de Cortés”, pero al
menos descansar en su precioso patio, alrededor de la fontana, con bailes mexicanos
y amables meseros; un oasis en la vorágine, algo de época anterior. Opción distinta
son los muchos Balnearios terapéuticos de los alrededores, o las placenteras
Haciendas convertidas en magníficos y tranquilos establecimientos hoteleros, pero
allí se dejaría de palpar el ambiente citadino, además de que entrar en el meollo
urbano resulta tan difícil como salir.
Para comer, otro profundo conocedor como es Eduardo Suárez –realizador
de la guía más completa-, considera el mejor “San Ángel In”, la “Hostería de Santo
Domingo” es el más antiguo y la “Hacienda de los Morales” fíca en un edificio del
siglo XVIII. En la Torre Latinoamericana (160 metros, con cimentación flotante para
los temblores), tras subir a ver el panorama de tejados desde el piso 42, se puede
escoger la vista que más guste un piso antes, en restorán “Muralto” –de comida,
flojillos, como en general-. Por si a alguien el evocador “Rincón del Pibe” (zona
centro) le trae reminiscencias de calidad o abundancia, sepa que si dan aquellos
“cueros” en Argentina, los destierran o les quitan la licencia. Los amantes de la

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comida exótica, al “Méjico Májico” (C/Cruces, 10) –me encantó la víbora, pero no
me atreví con los gusanos de magüey, plato nacional estelar-.
“La edad del hombre no se mide por el tiempo que ha vivido, sino por el
vino que ha bebido y las mujeres que ha tenido”, se lee en uno de los innúmeros
puestos callejeros –la manta, la mercancía y el vendedor- que jalonan accesos y
aledaños de la Plaza Garibaldi, el sitio de diversión ininterrumpida por excelencia.
Restoranes con baile y lugares de espectáculo buscan voceando su clientela (servicio,
siempre, numerosísimo, ¡pero lento!). Parejas o familias enteras con muestra de
tres o cuatro generaciones, solicitan en la calle de los animosos mariachis una
pieza y la escuchan coreándola o diciéndose sutilezas –lo que para ojos ajenos
resulta ridículo-. En los Centros Nocturnos, antros (los lugares de rameras elegantes
quedan en la Zona Rosa), se sale a bailar con las hembras que haya por allí; algunos
ya avisan “No se permite entrar a los que vayan armados”, pero en todos te registran
con malas maneras.

ALREDEDORES DE CIUDAD DE MÉXICO


Tremendo el problema de circulación. Los Caminos de Cuota estatales
equivalen a autovías; los privados, Autopistas. En las carreteras convencionales
mucho bache y odiosos “vibradores”-auténticos badenes que obligan a parar y salir
en 1ª velocidad- en toda población, núcleo escolar, cruce, etcétera. Bastante
arbolado, sobre todo en los suburbios. Más hacia las afueras, se acentúa la miseria,
sucesivos cerros con Colonias de Pobres de casas de bloques sin pintar. Mucha aridez
en donde se podía cultivar, pero falta agua - si la siguen sacando del lago, se siguen
hundiendo-. Vigilantes, el Popocatépetl (familiarmente, “Popo”) aún activo, 5.420
metros, “corazón que humea”; a su lado, “la mujer dormida”, Ixtaccikuatl.
Y contaminación. 4.356.000 toneladas métricas de contaminantes se arrojan
a la atmósfera del Valle de Méjico, anualmente. 30.134 establecimientos industriales
(con centrales termoeléctricas). Durante 353 días de 1991 se rebasaron los límites
máximos de concentración de ozono.
CUICUILCO. La pirámide más antigua (siglo VII antes de Cristo), bien
conservada por haber estado cubierta por una erupción volcánica. En la Villa
Olímpica. Amplia base circular (135 metros de diámetro) y cuatro cuerpos
superpuestos a los que se accede mediante una rampa. Por el resto del área

75
arqueológica (1 kilómetro X 4 kilómetros), pobres restos que se van rescatando de
entre la lava.
TEYANUCA. Fue la capital Chichimeca. En este “lugar amurallado” queda
una pirámide usada por diversos grupos que le dieron estructuras superpuestas que
se notan en los ángulos. Se conserva bien por haberla cubierto los nativos ante la
llegada de los invasores. En tres de sus lados (68 metros X 76 metros de base y 18 de
altura), esculturas de serpientes en la base, unas pegadas a otras constituyendo
una especie de muro bajo.
ACATITÁN (Santa Cecilia). Por la misma ruta, tres difíciles kilómetros
después. Pequeña, perfectamente reconstruida incluyendo el tabernáculo. Muy
angostos los escalones para obligar a mirar hacia los pies y no poder así desafiar a
la divinidad adorada, también chichimeca.
TEPOTZOTLAN. Pueblito con linda plaza. El Museo (virreinal) del convento
Jesuita de lo mejorcito, todo bien distribuido en sus dependencias (armaduras,
pinturas, marfiles,…¡hasta un santo italiano entero, de cuerpo presente!). Mucho
pan de oro, concentrado sobre todo en la redonda capilla de Loreto, muestra excelsa
de sincretismo árabe-local.
XOCHIMILCO. Barrio alejado constituido por canales en los que asentaron
las chinampas que sirven de fértiles bases para cultivos ornamentales. Mucha
suciedad. El paseo en barca debe hacerse en plan colectivo o sale caro. Ya se ha
expropiado el ejido para su reventa a hoteleros japoneses.
HUEXOTLA. En CHapingo, tras el anodino pueblo de Texcoco. La iglesia de
San Luis se muestra amarillenta por fuera pues en la epidemia de cólera del siglo
XVIII se ordenó cubrir todas con cal viva. Torre inclinadísima. En el interior se han
salvado algunas buenas pinturas murales y el púlpito de piedra tallada; curiosísimo
un Cristo exageradamente ensangrentado con cruz toda floreada y debajo el Sol.
Saliendo, hacia la izquierda, un muro ¡almenado! De 3,5metros de espesor,
siguiéndolo, se llega hasta las bases de unas pirámides con rampa, a medio excavar;
en las partes superiores, técnica de piedras cilíndricas adosadas.
TEOTIHUACÁN
50 Kilómetros de rodar aceptable desde la capital, si bien ya es Estado de
México, que rodea completamente a México Distrito Federal. Visita ineludible a
esta “ciudad de los dioses” para cualquier mortal. Un total de 23,5 km 2.

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Redescubrimiento y desbrozamiento a partir de 1.928; alrededores descuidados,
con cactus “órganos” y nopales -¿cómo estaría todo esto si no fuera por el turismo?-
. Muy prometedor el hotel “Villas Arqueológicas”, con clara maqueta explicativa. Al
anochecer, espectáculo de luz y sonido. Museo cerrado durante todo el año del
manido Vº Centenario.
¿Quiénes concibieron esas monstruosidades?, ¿por qué las abandonaron?...
la primera fase constructiva corresponde al siglo II antes de Cristo, y en el VIII
después de Cristo hubo un devastador incendio, posible resultado de una invasión.
Los grandes templos se levantaron en el siglo I (se han calculado 2.500.000 toneladas
de ladrillos nada más que para la pirámide del Sol), con una mezcla de piedra
volcánica molida y lodo.
El eje central de la ciudad es el Miccaotli o Calle de los Muertos (3 kilómetros
-¡que han asfaltado!- con 23 templos y otro tanto de oculta prolongación). Con
origen o fín en la pirámide de la Luna y en el extremo el templo de Quetzalcoatl.
Tal vía –aquí alguien se dio cuenta y la midió- tiene una desviación N.E. de 15º 30´.
En los 2.600 conjuntos habitacionales encontrados, pudieron llegar a albergarse
200.000 personas de la época de esplendor, durante la cual la influencia y predominio
de este centro fueron inmensos y extensos: el principal producto de comercio fue
la obsidiana.
La mayor mole, Pirámide del Sol (Nanauatzin), tiene una base de 225 X 220
metros y una altura de 63 (volumen de 1.000.000 m3). Cinco niveles que se suben
con relativa facilidad y desde cuyos descansos no se ve el tramo superior al siguiente.
Bajo tal masa, varios túneles forman un trébol en el centro, y seis metros más
abajo existe una inmensa caverna natural. De menor tamaño (150X120X46) pero
con colocación preeminente, la Pirámide de la Luna (Tecciztecatl) permite comprobar
el desnivel (excavado deliberadamente) de 27 metros que con respecto a su plaza
guarda la mal llamada Calle de los Muertos (45 metros de anchura). Entre las muchas
estructuras adyacentes -bastante deterioradas- destaca, en el lado oeste de la
Plaza de la Luna, el Palacio de Quetzalpapalotl, junto con el de los jaguares y la
subestructura de los Caracoles Emplumados.
Como final o principio, la cuadrada plaza amurallada conocida por La
Ciudadela (lado de 400 metros), presidida por el templo de Quetzalcoatl, con las
figuras mejor esculpidas y coloreadas. Después, o antes, no dejar de ir –se hace

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preciso el automóvil- hasta el conjunto que forman los edificios residenciales
denominados Zacuala, Yayahula y Tetitla, por el valor de sus dependencias y murales,
sobre todo el último.
Mi taxista-guía aseguraba que cuando el último rayo de Sol entenebrece
Egipto, el primero ilumina a sus parientes americanos, dato a poner en duda pues
su cobertura cultural no se correspondía con su antiguo oficio de maestro –¡así
salen los niños!-.
TULA
A 90 Kilómetros de la capital (Estado de Hidalgo); saliendo en esa dirección
se venlos Jardines del Recuerdo, grandiosa colina-mausoleo de la familia del
Secretario de Agricultura que gusta de enterrarse de pie- -si alguno resucita se
muere por la contaminación-. El pueblo de Tula de Allende (feo, 70.000 habitantes)
tiene lo mismo que todos los del camino, la iglesia colonial (convento de San José ,
1.554); el resto, bajas construcciones sucias dedicadas mayoritariamente a
“Refacciones de autos”. Aridez; central térmica y refinería; aguas fecales para
riego.
Tula Xicecotitlán o Tollán, capital de los Toltecas, se extendió sobre 17 km2,
estando ahora poco excavada (desde 1.940) y como abandonada. Para el paseo por
las ruinas –hay museo y bar-, como en otros lugares, es muy recomendable portar
paraguas o sombrilla, pues en ellas pega muy duro. Fundada en el 804 y destruida
en 1.116; de aquí saldría el héroe-dios Quetzalcoatl, la serpiente emplumada.
En la plaza principal y sin excavar, un supuesto Palacio residencial. En el
lado este y con la fachada orientada al oeste, el Templo principal, que estuvo
recubierto de piedras bellamente grabadas de las que quedan muestras. Lo más
conocido y emblema del lugar, son los Atlantes (4,8 metros de alto y 8.500 kilos de
peso), que sirvieron de columnas para el Tlahuizcalpantechtli –”templo de la estrella
de la mañana”, para entenderse -. En el patio central del llamado Palacio Quemado,
se encontró un gran CHac-mool, personaje recostado con la cabeza volteada y un
recipiente en el vientre (idénticos en la lejana CHichén Itzá). Un adoratorio o altar
en el centro de la plaza y al norte y al oeste Juegos de Pelota, frente a uno de los
cuales está el Tzompantli o lugar de las calaveras (las de los guerreros principales
tenían los dientes limados y sustituidos por piedras preciosas, así como horadaciones
en la barbilla).

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PUEBLA
Capital del estado del mismo nombre. Fundada en 1.530. Más de un millón
de habitantes. Sus calles, conservando también la denominación antigua, se numeran
según los puntos cardinales. Pordioseros y amputados, no muchos, y conmovedores
los grupos de músicos ciegos. Bastantes antenas parabólicas, no de fibra, sino de
rejilla metálica. Población agradable, de amplios parques muy arbolados; tráfico
no agobiante ni agresivo y edificios que constan de bajo y primer piso. Sabrosísimos
helados –que quitan la sed, por naturales-, nieves y paletas. ¡Hay cerveza de barril!.
Al cementerio lo llaman Panteón de la Piedad (panteones para los ricos, los pobres
en hierba). Gente elegante y refinada, hasta orgullosilla; tonos de piel menos
obscuros y ritmo más reposado. A los de Distrito Federal les llaman, despectivamente,
“chilangos”. Para información detallada (y localista), la Oficina de Turismo que da
frente a la catedral; al menos informan –en todo el país, muy mala atención turística-
, aunque cobren los planos.
Puebla de Zaragoza, antaño llamada Angelópolis (por haber sido ángeles
quienes colocaron la campana María en una de las altas torres catedralícias), tienen
censados 2.600 inmuebles coloniales (el 15% requieren pronta restauración). Es
Patrimonio Cultural de la Humanidad. Todas las casonas disponen de patio interior;
muchas fuentes y algunas arcadas. La mejor visión del conjunto desde el cerro
donde se asientan los dos feos fuertes de Loreto y Guadalupe: dichas fortalezas se
comunican entre sí, con la catedral y el cerro opuesto, San Juan (todo clausurado,
inaccesible, por supuesto).
La Catedral (terminada en 1.649), con gran atrio, luce por fuera el color de
la contaminación, pero resulta bonita y amplia por dentro tras ingresar por alguno
de sus tres portones; en la nave central, el coro de marquetería y tres órganos –el
del centro, moderno, casi fastidia todo el conjunto-; gran baldoquino marmóreo y
otro altar al fondo. En la iglesia de la Universidad Autónoma venden objetos sin el
mínimo recato en un altar lateral y el agua bendita se coge en una fuente con
varios grifos junto a la sacristía. Dentro de la Iglesia de Santo Domingo la
ornamentadísima Capilla de la Virgen del Rosario, con reja también recubierta de
pan de oro; el nuevo altar principal sí logra estropear el conjunto; en la pila de
agua bendita un letrero ruega no echar dentro sal.

79
El Museo Amparo, privado, de pulcro no parece mejicano –lástima limpiaran
también en demasía las piezas expuestas y que falten, como en todos, buenos
paneles explicativos (en vez de simples notas para cumplir), visión general de la
antropología mundial, buenas muestras de todas las culturas, murales con pinturas
y frisos esculpidos y magníficos muebles y objetos de lujo en plata; explicaciones
por auriculares, con pantalla, en varios idiomas, incluido el japonés –están por
todas partes-. El Mueso de las Artesanías se ubica en el Convento de Santa Rosa; lo
más destacable la cocina recargada de azulejos (en azulejos, famosa la Casa del
Alfeñique, siglo XVIII), donde se elaboró por primera vez por las monjitas para su
obispo el mole poblano (especias, chile y chocolate). En otro convento, Santa Mónica,
el Museo de Arte Religioso. Para no pagar en los Museos –ni caros ni baratos, pero
suman-, debido a lo intrincado de los edificios, se pueden buscar salidas por donde
entrar; también las cafeterías suelen tener acceso desde el exterior y al recinto.
Hay buenos hoteles, pero el “Colonial” hace honor a su nombre. Convento
jesuítico con pinturas desde el siglo XVI. Las habitaciones de más de 4 metros de
altura, bañeras con azulejos decorados y muebles tallados. Comedor con fuente.
Algo descuidado y averiado, decadente pero orgulloso, auténticamente auténtico.
En el saldo negativo, los males hoteleros nacionales del servicio, la limpieza y la
iluminación deficientes; para colmo, grapan la ropa que se echa a lavar.
En la radio, entre numerosos anuncios anodinos, temas musicales españoles,
no mejicanos. Los diarios derrochan en papel; a los salteadores los fotografían con
todas sus armas empuñadas; grandes despliegues para quinceañeras y despedidas
de solteras. Antes de las comidas ofrecen el aperitivo y preguntan qué se desea “
de tomar” (beber); gustazo las cervezas heladas en gruesas jarras escarchadas. Si
no entiendes te preguntan “¿mande?”; mucho “a la orden” y el “ándele” equivalen
al “de nada” y a “que le vaya bien”. Para picar algo comestible, sitios de “Antojitos”.
Pan excelente que sustituyen a veces con “tortillas” que sirven calientes envueltas
en gruesos paños. Vinos de alta graduación de uvas variedades francesas. ¡CHorizos
de color verde!. Para vender un “carro” signo $ en el cristal trasero. Campaña
contra las tarjetas de crédito, pero en todos los hoteles exigen se firme con una de
ellas en blanco.

80
ALREDEDORES DE PUEBLA
A casi todos los lugares que se detallan a continuación se podrían acceder
desde Ciudad de México, pero se circula con mucha menor dificultad desde el centro
de Puebla ( a 125 kilómetros de la capital, más o menos autopista). Del Distrito
Federal se sale en autobús desde una de las 4 Centrales de Autobuses (una para
cada punto cardinal); los billetes por ordenador; mala información, retrasos,
paciencia. Los retretes, que son asquerosos hasta en locales de lujo, mejor no
usarlos en terminales de línea, donde a veces hasta quieren cobrar por ello –mear al
aire libre es más reconfortante, y higiénico-. En las afueras de Puebla también se
vislumbran los dos grandes volcanes, nevados (al “Popo” le efectúan limpieza de
cono cada lustro), con” La Malinche” al otro extremo. Mencionar el magno “África
Safari”, aunque sólo sea porque a su fundador lo mató –en venganza- uno de sus
leones. Un problema para circular en vehículo alquilado es el que al cambiarse
frecuentemente de Estado, la policía de tráfico (“que es muy brava”) pide papeles
y retiene el carro si no hay “mordida”.
CHOLULA.No cabe mayor duda; LA PIRÁMIDE MAYOR DEL MUNDO; algo que
sobrepasa toda mesura, no creíble sin verlo. No podemos más que imaginar la
magnitud de lo que nos aplasta al internarnos por los luengos túneles –variar de
nivel o vislumbrar las interesantes pinturas, no dejan-. En la base de adobe, encima
piedra volcánica, y como remate piedra tallada. En la cima han intentado desvirtuar
el logro con una iglesia de albo interior recargado de adornos de pan de oro, un
esqueleto es la reliquia consagrada bajo el altar; hay Museo. Lugar ineludible, magno;
asombroso.
Este “cerro hecho a mano”, también conocido como Pirámide Tepanapa,
fue comenzado en el Siglo I con estructura circular, añadiéndosele otras 7 encima
hasta alcanzar una base cuadrada de 475 metros (mayor que la de Keops) y una
altura de 62; es el equivalente a la bíblica Torre de Babel (con inclusión del diluvio
y de gigantes). Se dedicó a Tonal o Tantiuh, el Sol.
Desde el pueblo se ve la mole de la pirámide como una montaña cubierta de
vegetación; desde la pirámide se ven las 49 cúpulas (7X7 naves) del Convento de
San Gabriel (1.549, franciscano), copia de la mezquita cordobesa –como en tantos
lugares, existe la leyenda de haberse edificado 365 templos-. En la plaza se puede

81
pasear bajo los 42 arcos del soportal de la antigua Audiencia CHolula, todo obedece
a la inmensidad.
CACAXTLA. Siguiendo la misma concepción, otro gigantesco montículo en
el que se conservan perfectamente algunas espléndidas pinturas olmecas del siglo
VIII; la construcción, en general, se encuentra en estado ruinoso y cubierta con una
horripilante estructura metálica. Desidia, abandono, falta de atención e información.
Los Tres Cerrillos fueron cubiertos a propósito, con piedras y encima con tierra.
Aquí, por el camino, y por todos lados, iglesias, cada una con su pueblito en
el que desprecian a los “Chilangos”; muchas cúpulas son amarillas como homenaje
al Sol; fachadas muy pintadas y decoradas, mosaicos y azulejos. En los “tianguis”
(mercados) se puede parar a intentar quitar la sed; para los no bebedores de alcohol,
zumos naturales. Las dos poblaciones que más destacan en la ruta son Tlaxcala y
Tonanataintla; la primera es capital del estado más pequeño y además de la vetusta
iglesia de San Francisco (siglo XVI) tiene una plaza con todos los edificios en fuerte
color naranja ¡y sin un solo bar!; la iglesia de la segunda es curiosísima por sus
santos y angelitos esculpidos en piedra y muy chaparritos, con todas las tonalidades
de piel del blanco al negro.
MALINALCO. Santuario excavado en la roca en la última época anterior a la
conquista pero con raíces más profundas y antiguas. La iglesia del empedrado pueblo
(“hierba retorcida”), inclinadísima pero sin darse caída. Luenga y dificultosa
escalinata de desiguales peldaños en piedra lleva a la horadación circular (unos 5
metros de diámetro) sin techo en donde hay un ara de sacrificios en forma de
águila; otras dos águilas a los lados y un jaguar o similar al fondo, junto con restos
de otras esculturas y estructuras piramidales y habitacionales. Desde la plataforma
principal (con un par de pirámides pequeñas) la visión del fértil valle encajonado
entre montañas es espléndida, pero el tedioso desplazamiento, atravesando el bosque
de los Lagos de Zempoala y el Valle del Silencio (“el mejor restaurante de México”,
“el mejor cabrito del mundo”) con sus balnearios de aguas terapéuticas, no
compensa, a no ser a los muy aficionados … o a los que tengan que escribir un libro.
CALIXTLAHUACA. A 9 kilómetros al norte de la modernizada ciudad de Toluca;
es válido lo dicho en el párrafo anterior. En el pueblo Museo Antropológico y otro de
Numismática; también un mínimo Museo de Sitio. Los primitivos constructores,
Matlazincas, veneraban al cercano volcán (difuminados entre la neblina,

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desproporcionadamente elevados en el amplio llano, semejan irreales, un espejismo)
y como deidad principal al dios agrícola Coltzín. La pirámide principal es redonda,
con un anexo posterior cuadrado; varias bases escalonadas, tres cuerpos superpuestos
y una cúpula inclinada; desviación al noroeste. La zona de ruinas se extiende por
kilómetros pero sólo destacan otra pirámide cuadrada y un “calmelac” (centro de
estudios). Cerca, Temoaya, lugar de gran fama por sus tapetes de lana tejidos a
mano.
XOCHICALCO
Poco mencionado y nada promocionado, se le debe considerar una de las
zonas arqueológicas más importantes y relevantes de todo el país, que sí compensa
sobradamente el desplazamiento. A 40 kilómetros de la ciudad de la eterna
primavera, Cuernavaca (260.000 habitantes); También cerca está Taxco, lo más
ensalzado colonialmente (con un gran “Zoofari”, si bien el que se considera mejor
de todo México se ubica en Zacango, Toluca, con 2.800 ejemplares de 200 especies).
Por la zona, para los muy bebedores, Tenancingo, donde se elaboran 36 bebidas
dulces con las diferentes frutas de sus huertas. Otros atractivos son las Grutas de
Cácahuamilpa y La Estrella, con cartel de hermosas, imponentes y kilométricas.
En Xochicalco, “”casa de las flores” –bien puede tratarse de una metáfora,
flor por ofrenda-, se encuentran representadas en diversos grados todas las más
importantes Culturas prehispánicas. Seguramente fue la encrucijada y lugar de
reunión de todas las civilizaciones que coexistían en una época determinada, el
principal centro astrológico, donde se ajustó y unificó el calendario en el año 650,
prolongándose su apogeo hasta el siglo X, tras lo que sería misteriosamente
abandonada.
La gran montaña (a más de 1.500 metros) fue allanada en toda su parte
superior para construir gran número de terrazas sobre las que erigir los variados
templos y conjuntos; en total, unos 11 km2 . En la cúspide, la Pirámide de las Estelas,
de 21 metros de lado y casi totalmente recubierta de exquisitos bajo relieves de
maravillosas proporciones y expresión; muy bien restaurada, consta de un único
cuerpo con declinación noroeste y 14 escalones. Subiendo de la plaza principal
hacia el norte, una pirámide a modo de escalón para acceder a la destrozada Plaza
de las Serpientes Emplumadas, en el sector de las cavernas y pasadizos subterráneos.

83
En la parte central, un intacto Juego de Pelota (pionero en todo el altiplano) con
dos gradientes escalonadas desde las que contemplar el juego del tlachtli.
Al noroeste otra gran pirámide desde la que, con la gran laguna del valle a
los pies, es inolvidable la puesta del Sol tras las montañas escalonadas que semejan
otro altar natural. Visita fascinante e imprescindible (cuidado con los bonitos arbustos
que bordean los malos caminejos, pues ocultan grandes espinas que cortan como
navajas; no olvidar a los reptiles venenosos, antes que ellos se acuerden de nosotros).
EL TAJIN
Vieja respuesta y nuevo interrogante. Ciudad sagrada de Hurakán, TAjín
(“rayo”). Capital del Totonacapan o Guetlachtlán, de los totonacas (que practicaban
la circuncisión, la poligamia y la deformación craneana) venidos de donde sale el
Sol, el CHicomostoc, lugar de las 7 cuevas. Misterio y belleza; de lo mejor.
Dentro de una jungla que parece selva, se entra por la Plaza del Arroyo
dejando hacia el este una pirámide achatada (90X53X12) de 7 cuerpos. No parece
haber orden ni concierto entre las numerosas construcciones. Descuidado, como
todo, la corrupción que restalla en todos los periódicos se hace aquí patente al
haber 800 trabajadores en nómina y 350 cumpliendo, mal que bien. En 95 hectáreas
(mucho montículo inexplorado) artísticas construcciones fechadas desde el siglo I
al XIII, que no se conocieron hasta 1.785. La cantera de piedra (hay un bloque de 11
metros, por ejemplo) dista unos 40 kilómetros . De los revestimientos de estuco
quedan retazos, así como de la pintura.
La que más destaca es la Pirámide de los Nichos, si bien al lado, y adelantada
hacia el sur, se encuentra la mejor conservada, de curiosa forma. Más o menos
centrada se aprecia una plaza con una plataforma baja. La base cuadrangular de la
Pirámide de los Nichos es de 36 metros, y 18 metros su altura; la fachada principal
al oriente; siete niveles con 364 (7X52) nichos de unos 60 centímetros. de lado;
debajo, tres construcciones anteriores. El 7 era el número dedicado a los muertos.
En algunos de los numerosos y dispersos edificios, la base está inclinada
hacia dentro y la parte superior hacia fuera. La piedra de la Pirámide Xicalcoliuhqui
(sólo la base en reconstrucción) es de una tonalidad diferente, amarilla; el nombre
quiere decir “voluta de jícara” o Greca Escalonada, que es un ornamento o símbolo
muy repetido y de un valor psíquico o mágico mas allá de lo estético. Frente a la
pirámide nº 5 del área de La Cañada, se localizó un monolito de piedra negra (1,38

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metros) que se cree representa a la deidad principal, Tajín-bastante similitud con
el Lanzón del Chavín peruano-. Como en todo gran centro ceremonial, no podían
faltar los Juegos de Pelota; al del sur lo adornan varios tableros esculpidos en bajo
relieve.
Al norte de la pirámide principal y sobre una elevación artificial de 5 metros,
otro conjunto destacable de edificios civiles que se conoce por “El Tajín Chico”.
Usando como elementos arquitectónicos talud, tablero, cornisa, greca y nicho, y
techándolo con losas que llegaban a casi un metro de grosor, se configuraron
verdaderos Palacios-fortaleza. Como modelo de creatividad y audacia resalta el
Templo de las Columnas (196 de largo, 94 de ancho y 24 de altura), cuya fachada se
ornamentó con cruces de brazos iguales.
PAPANTLA
Viniendo desde México Distrito Federal, ya desde bastante antes de
Huanchnango hace aparición el verdor , ríos , lagos, plantaciones de duraznos y
plataneras. En el autobús –poco se fuma- una luz con chivato sonoro avisa si se pasó
el límite de velocidad. No se oye un “taco” palabrota, blasfemia, enfado o juramento.
Poza Rica se fundó en 1.951 como resultado de la riqueza petrolera. Grande
(dan la cifra de medio millón de habitantes, pero que no aparenta) y turbulenta
(tres presidentes del consorcio de compañías asesinados), las viviendas se sitúan en
los pozos, mientras funcionan las “bimbas”; todos los edificios son bajos, con una
Plaza Cívica. La refinería está fuera de uso, pero para contaminación se sobra y
basta el basurero ¡donde vive gente!. Como los japoneses compraron la empresa,
están reduciendo plantilla. Banca Sérfin por todos lados. Tienen un aeropuerto con
aviones de 17 plazas. Es Estado de Veracruz, el más rico del país.
El pueblo de Papantla (es pueblo, aunque la cifra oficial sea de 150.000
moradores –deben haber añadido un cero de más-) queda encajonado entre montañas
con dos catedrales que no pasan de ser iglesias no muy grandes. Lugar tranquilo.
Las “Morras” (mujeres) se sientan los fines de semana en los bancos de la plaza a
esperar a el galán soñado y nunca encontrado. Un par de hoteles en los que pernoctar
antes o después de visitar el cercano Tajín, sin lujos. Los indígenas visten blusa y
pantalones bombachos blanquísimos (los lavan con un fruto)¸los auténticos siguen
descalzos. Centro del cultivo de la vainilla. Cafetales. Muy buenos unos refrescantes

85
sucedáneos del vino que elabora “Domécq” –también domina el ramo de los vinos
auténticos, con calidad-.
Lo representativo de Papantla son sus Voladores, ya extendidos por muchos
lugares turísticos. 5 “tocotinas”, (hombres voladores) con trajes tradicionales trepan
por un mástil hasta una plataforma móvil que debe quedar a 32 metros del suelo
(también debía de ser de madera, pero ya hay muchas metálicas, mismo aquí, en el
sitio madre). Uno se queda tocando la flauta y el tamboril y los otros 4 se tiran,
boca abajo, colgados de los pies con la cuerda que previamente se ha enrollado;
según el canon –no seguido-, debían dar 23 vueltas antes de tocar el suelo y
enderezarse, pues 4X13=52, su “siglo”.

ACAPULCO
Ciudad bonita, cautivadora, con categoría, hito de turismo mundial de elite;
queda inscrita en una hermosa y amplia bahía en forma de garra; a un lado y al
opuesto, grandes lagunas de agua dulce, Coyuca y Tres Palos. Los precios del
transporte desde el aeropuerto (15 Kilómetros), de latrocinio; para enlaces de
autobuses, en la Glorieta.
Se pasa primero por la recogida y exuberante Bahía de Puerto Marqués,
después viene el hotel “Princess” con su extenso campo de golf, las colinas
residenciales para artistas y mafiosos. “Las Brisas” con sus “bungalows” con alberca
privada, el “mogollón” de edificios (con cierto orden y clase) y el Acapulco
Tradicional, delimitado y distinguible del Acapulco Loco (las colinas que cierran la
bahía, para nativos), el Acapulco Dorado (zona de buenos hoteles) y del nuevo
proyecto de ampliación en curso, Punta Diamante –japonés, como no-.
Indudablemente, lo más famoso es La Quebrada, ubicada al otro lado de la
bahía –inaudito, los grandes trasatlánticos atracan en la mismísima playa, ¡vaya
calado!-, en el punto más estrecho. Los “clavadistas” se precipitan contra las
rompientes olas (5 metros de ancho) desde 38 metros de altura. El mejor mirador
es el que queda al mismo nivel que la plataforma de lanzamiento, frente a ella,
pero en el restorán se encontrará sombra y asiento, si bien cobran diez veces más.
Los tritones, iniciados desde la niñez, siempre los mismos cooperativamente, rezan,
calculan y al abismo (de noche con antorchas y ojos vendados; cada año, campeonato
mundial). Personalmente, considero tanto o más meritorio el peregrinaje de subida

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por el vertical del acantilado, pues mientras tirarse es sólo sublime instante de
voluntad, único, subir es duradero, suma de riesgos.
Mal el tráfico, habiendo nada más que dos avenidas; los fines de semana,
caótico. De noche, la vida, la juerga. El agua se ve limpia, así como la arena,
dorada. Actúa contundentemente una policía especial de turismo. “La Condesa” es
la casa de cambio que menos mal paga. Lujosos yates por doquier.El mejor
observatorio, en pleno centro, arriba, el Fuerte de San Diego (1.617), pentágono
irregular con circunferencia central que alberga un Museo Histórico de cuando esto
era el puerto de arribada de las Filipinas (pionero Andrés de Urdaneta en 1.565).
En el Zócalo, una Catedral moderna. No faltan ni zoológico, ni acuario ni
plaza de toros. Pero la bella Acapulco sigue teniendo como principal atractivo y
reclamo sus 23 hermosas playas: las clásicas de Caleta y Caletilla, apropiadas para
ir con niños; La Roqueta en la isla del mismo nombre; Tamarindos, Hornos, Hornillos
y Condesa al centro, con suave oleaje; la muy extensa de Icacos; Pichilingue en
Puerto Marqués; el rectilíneo y apenas urbanizado arenal de Revolcadero (hacia el
aeropuerto; peligrosa resaca); adecuada para practicar “surf” y con las más
espectaculares puestas de sol, Pie de la Cuesta.
Acapulco, nunca morirás.
OAXACA
Tras desaparecer, la costa, ondulaciones y colinas bajas; la aridez predomina
sobre el verdor, aunque haya bosques; a las hélices del avión -¡únicos puntuales, los
obsoletos!- parece costarles superar las redondeadas crestas montañosas en cuyo
valle se asentaba (1.550 metros) la antigua Huaxayacaca apoteca, la colonial
Antequera y hoy por hoy Oaxaca (130.000 habitantes). Si bien hay varios módulos
informativos turísticos, perder la esperanza de encontrar un folleto decente, ni
nada –fallan en toda la nación la infraestructura, los servicios, las directrices, modos,
usos, dinero, sapiencia,…-.
Se puede encontrar lo mejor en artesanía, máscaras (de huesos de vaca y
pelo natural), filigrana en oro y plata, ámbar,… Los indios fabrican todo en la calle,
a la vista; hablan el español en susurro, ofrecen suplicando. En el “ Corredor
Turístico”, los mejores centros de venta, pulcros; zonas peatonales pavimentadas
con adoquines y cantos rodados. Abundan médicos y abogados, de deprimentes
consultorios. Grandes, sensacionales, columnados, repetidos, floridos o con fuente,

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los patios porticados interiores llaman todos, y uno por uno, la atención; ausencia
de escudos nobiliarios.
El Zócalo, muy arbolado –recomendable la terraza del “Asador Vasco”
(también abundan neumáticos “Euskadi Radial”)-, tiene otra plaza anexa frente a
la achatada Catedral, de un barroco evolucionando a churrigueresco; lo más
destacable, el coro –reciente- en piedra. Entre las otras dos docenas largas de
iglesias, destaca Santo Domingo (siglo XVI), con pintura blanca y trabajado pan de
oro con imaginería elementalísta y barroquismo al límite; el amplio convento cobija
al Museo Regional, donde se contemplan cráneos zapotecas trepanados (únicos), el
tesoro no muy rico de la tumba nº 7 de Monte Albán, variopintos objetos religiosos
y coloniales y hasta un garrote vil en perfecto estado de uso.
Casi como otro museo, a disposición de quienes se lo puedan pagar, el hotel
“Presidente”, antiguo convento (1.576), cárcel, ayuntamiento y cine. En la suite
209 dos baños, dos teléfonos y dos televisores. Se conserva un repujado y completo
dormitorio virreinal. Restos de pinturas en las paredes. En uno de los 5 patios, un
lavadero octogonal con cúpula con otra pila anexa para el aclarado.
La costa no queda muy lejana, pero lo malo y curvilíneo de la carretera
sube el suplicio a unas 5 horas, lo que lleva a aconsejar subirse a lo que para
muchos es otro suplicio y para todos un emocionante riesgo, la avioneta (30´).
Recomendables Puerto Escondido y Puerto Ángel, pero lo que se está promocionando
es Huatulco, ¡faltaría más!, para eso los hoteles son del gobernador (tiene su riesgo
esta gente; sin ir más lejos, diez de los principales colaboradores presidenciales
acababan de morir en accidente de helicóptero de dudosa causa –la repetición de lo
que parecía un “virus” de hélices me llevó, a pesar de no ser aprensivo, a renunciar
a mi medio de transporte preferido-).
MONTE ALBAN
El principal conjunto de ruinas (y a sólo 9 kilómetros de Oaxaca) de los más
de tres centenares conocidos en los alrededores y edificados antaño por el “pueblo
de las nubes”. En cuevas y abrigos rocosos han aparecido huellas humanas de hace
unos 8.000 años. Bella cerámica. Por llover poco, entre las principales deidades
Cocijo, dios de la lluvia. Claras influencias olmecas y de Teotihuacán. Piedras
ciclópeas. La greca escalonada, que simboliza a la serpiente, tema básico decorativo.
Abundantes estelas verticales aisladas; muchas edificaciones pintadas en rojo. Juegos

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de Pelota, pero sin aro para pasar la pelota. Tumbas abovedadas de planta cruciforme.
En el siglo VIII se acaba el esplendor zapoteca de Monte Albán y serán los mixtecas
los que a partir de 1.200 revitalicen la zona, si bien ya con centros muy dispersos.
En la subida al macizo, montañoso de Albán junto a los restos de una fundición
de oro, “paracaidistas” pobres que se agarran a la tierra que no es suya dentro de
casuchas de lámina de cartón. Sabrosísimas tartas en la cafetería, de autoservicio.
Pequeño museo con lajas y monolitos. Resuenan continuamente, a herrería, las
“balatas” o “chicharras”. Patrimonio de la Humanidad. En las extensas ruinas (40
Km2) permiten bastante libre albedrío (demasiado hormigón para sujeciones). Un
cartel prohíbe la venta de estatuillas, pero las ofrecen, a la vista, por todos lados.
¡Ojo al sol!.
Aquellos olvidados artífices tuvieron que recortar, aplanar y rellenar con
sus desconocidas técnicas la topografía natural hasta lograr una majestuosa plaza
de unos 300 metros de largo por 200 de ancho. Por los cuatro lados, grandes edificios
escalonados. Fuera del núcleo principal pirámides, adoratorios, conjuntos
habitacionales y tumbas, entre las que destaca la 104, por sus muros pintados al
fresco. Otra visita contemplativa pasmosa, ineludible, y van…
MITLA
Es de lo más lejano a Oaxaca (menos de 40 Kilómetros, con asfalto aceptable),
en paisaje árido que con las torrenciales lluvias tornase verde; los árboles ostentan
un fuerte color violeta. Depósitos cónicos para maíz y fríjoles, donde se ahúman y
conservan. En Túle, un ciprés de 40 metros de altura y 42 de perímetro, al que se le
suponen 2.000 años.
Destacan entre los numerosos yacimientos arqueológicos Cuilapán
(espléndido convento) por su importante tumba, Zaachila por ser la capital zapoteca
tardía, las galerías de Dainzú (“cerro del cacto”), las esculturas de Lambityeco (¡un
hombre barbado!) y, sobre todos, Yagul, pues tras la subida de cabras se goza de
una amplia panorámica desde su deteriorada fortaleza, habiendo por allí una tumba
triple esculpida y decorada.
Al fin en Mitla, se puede adquirir artesanía (principalmente ponchos o sarapes
y muñecas) en su amplio mercado. La “ciudad de los muertos” (con original cierre
de cactos-órgano), el inframundo, no estaba abandonada en la época de la conquista.
Sólo hay geometría pura, sin figuras humanas ni símbolos mitológicos. Los muros de

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los numerosos edificios-palacios (como ejemplo, uno de los salones bien restaurados
mide 38X7) columnados se decoraron con mosaicos de piedra admirablemente
recortados y unidos a los demás sin argamasa (¡más de 100.000 piedrecitas!). El
dibujo quedó perfecto, sin alteraciones, siguiendo un modelo distinto en cada
tablero. Los que quieran abrazarse a la Columna de la Vida podrán saber los años
que les quedan de más o menos penosa existencia.
TUXTLA GUTIERREZ
La moderna ciudad, sin resto colonial alguno, toma su topónimo de Miguel
Gutiérrez (1.852), un independentista; casi llega a los 100.000 habitantes y antes
se llamó Coyatócomo (“lugar donde abundan los conejos”). Capital del estado de
Chiapas, semeja activa, rica, alegre, menos sucia y más “Urbana” que otras. En su
aeropuerto, como en todos, los extraños “hombres del maletín” con ostentoso reloj,
pulsera, sortijón y gafas de sol; ¿qué llevarán? ¿a dónde irán?, ¿a qué se dedicarán?.
Se bebe “posh”, aguardiente de caña fermentada.
Si bien se han localizado algunos complejos en ruinas, poco explorados y
nada explotados (destaca entre ellos Tonina), para ver piezas arqueológicas, hay
que pagar la entrada del Museo Regional (en el Parque de la Convivencia), donde
han dedicado una única sala –si bien, amplia- a Arqueología. Cuatro esplendidas
urnas ceremoniales; un cráneo de niño de 12 años con muy patente deformación
tubular erecta, igualito que las figurillas olmeca; otras dos deformaciones a lo
ancho y un enterramiento infantil intacto, con los dientes, ojos y piel. Bien dispuesto
el piso de Etnología, en el que destaca una conservada marimba, cuya invención
disputan a los mayas desde Angola e Indonesia. “Que nadie pensé que estos lugares
eran mejores antes de que tú los visitaras”.
En uno de los lados de la amplia Plaza Cívica está la Catedral, de una sola
nave y última versión de 1981; simpático su campanario, con un reloj carrillón de
48 campanas con diversas melodías y una procesión de los 12 apóstoles a gran
tamaño y convenientemente caracterizados. El inevitable Zoológico –otro que dicen
es el mejor de Iberoamérica-con la disculpa de la preservación de la fauna regional,
un Jardín Botánico con orquideario y algo más original, una Xiloteca, con diversos
tipos de madera.
Pero lo más promocionado de aquí es el Cañón del Sumidero. Por tierra,
desde Tuxtla, se sube por el parque natural –extrañamente, no cobran- y desde 4

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miradores sucesivos se contemplan las casi verticales paredes rocosas que llegan a
superar el kilómetro, si bien la mucha anchura les resta espectacularidad. Por el
río (unas 3 horas de recorrido), se parte de Chiapa de Corzo, pueblito colonial
(1.528) con una bellísima fuente estilo mudéjar, la iglesia de Santo Domingo y el
Museo de la Laca. Es leyenda que los indios Chiapas se suicidaron en esos acantilados.
SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS
Una carretera bien asfaltada pero empinada y retorcida, nos sube por encima
de los 2.000 metros, entre densísima vegetación y bosques de pinos. El servicio de
“lujo” y” primera” de los autobuses, otra utopía; adecuadamente, en uno de los
cacharros abarrotados ponía: “Fe y esperanza”. Los letreros indicativos indican
dirección y número de carretera, pero no distancia; al anunciar los municipios,
aparecen los habitantes según el último censo. Casuchas de chapas y bloques. San
Cristóbal goza de la fama de ser de lo más bonito y auténtico de todo México; los
lugares bonitos concretos los hay en muchas villas, pero ninguna lo es como conjunto,
y en cuanto a auténtico, ni cosas ni personas dan esa impresión que sí se captaba,
verbigracia, en Perú o Bolivia. Es obvio que exceptuando edificios singulares de las
grandes capitales, lo único que tienen es lo que dejaron los españoles; se podrá ver
viejo y pobre, pero son casas, no pocilgas y cuchitriles. San Cristóbal lo fue de los
LLanos, pero se cambió en honor a fray Bartolomé.
A la entrada del pueblo un llamativo castillo cuyo propietario murió nada
más acabarlo, pero en previsión de que a “jaula nueva, pájaro muerto”, ya tenía
diseñado otro para panteón. Todas las edificaciones bajas, con tejas; algunas rejas
meritorias en madera; entradas en piedra labrada; preciosos patios interiores en
prometedores hoteles. Las piedras de los pavimentos están tan pulidas, que las
ruedas de los vehículos chirrían aunque circulen a baja velocidad. Las torcidas
calles cambian su nombre por tramos –imprescindible mapa-. En “La Langosta”
preparan cerveza con leche y jengibre y sirven vinos de categoría. Mucho arreglador
de aparatos electrónicos. En las emisoras, más tiempo para anuncios que de música
–española, no local- y noticias. Los lugareños hablan entre ellos con un tono
dialogante tan bajito, que se puede estar a un metro prestándoles atención y no
captarlos. A “gracias”, contestan “para servirle”.
Buena Catedral, de albas columnas altas y techos de madera repujada;
púlpito tallado en una sola pieza –por primera vez he visto entrar a alguien en

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recinto sagrado en bicicleta-. Por largas escaleras pintadas en el mismo color que
los tabernáculos, se puede subir hasta un par de iglesias que coronan sendos cerros.
En la de Santo Domingo, mucho pan de oro, pero puesto como pegote. El renombrado
Na Bolom (“casa del jaguar”), museo-taller, es más autopropaganda que otra cosa;
la propietaria, la suiza Gertrudis, conserva viveza en sus ojos que han visto desfilar
91 años. El Sna Jolobil (en maya tzotzil, la otra variedad es tzeltzal), la “casa del
tejido”, con mucha india, no es tampoco gran cosa. En las afueras, una Gruta con
un kilómetro de inseguro y húmedo pasadizo –interesante-, otro derruido y 20 o
más inexplorados.
PALENQUE
La población en sí no vale nada. En su placita arbolada, gran ambiente
dominical con la muestra de tipismo de los hombres lacandones (pues las mujeres
ya visten al uso), indios a los que se supone descendientes de los mayas –feos, no se
les parecen en nada- y que lucen luengas melenas lacias, visten una especie de
camisón blanco y andan grotescamente; constituyen uno de los 22 grupos lingüísticos
de la familia maya, de la que quedan 5 ó 6 millones de individuos. Algo alejado del
pueblo el único hotel adecuado, “Misión”, plagado de pequeñas salamandras casi
transparentes y gigantescos sapos a los que nadie concede importancia; mirar debajo
de la cama por si hay bichos –o ¡italianos!, que están por todas partes-.
A ocho kilómetros el recinto arqueológico –mucho más económico el
colectivo, aunque lo use uno solo, que el taxi-; dentro no se venden bebidas y fuera
nada de alcohol. En otra demostración de rapacidad turística, cobran doble o triple
a la entrada si se porta video –si daña lo filmado, que no lo permitan-. El museo de
sitio estaba clausurado, habiendo otro en construcción. Las primeras pruebas de
ocupación datan del año 100 antes de Cristo, el apogeo se sitúa en el siglo VII
(máxima extensión de 8 km2.) y, como siempre, poco después cesan las actividades
arquitectónicas y hasta se cree que la ciudad fue destruida intencionadamente. Ya
en 1.785 se realizó la primera excavación.
El principal templo, llamado de las Inscripciones, se proyectó y realizó en
función de una tumba; puede ser la más perfecta de todas las perfectas
construcciones mayas, con una serie de 620 jeroglíficos; la cripta funeraria (9 metros
de largo, 4 de ancho y 7 de altura) queda 25 metros por debajo del piso del santuario;
para bajar y subir por la resbaladiza escalera pétrea, no se debe mirar al final y hay

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que pisar en las partes más deterioradas, yendo siempre de lado y en “zig-zag”;
abajo, una puerta triangular, un sarcófago monolítico y la lápida esculpida que
representa lo más parecido a un cosmonauta que nos podamos imaginar-; los relieves
de estuco en las paredes no se pueden ver por culpa de una reja. ¡Ojo!, para acceder
a esta pirámide seguir el sendero que la bordea por su derecha, pero no subir por la
prometedora escalera que hay al lado y que continúa por un camino de raíces y
piedras sin fin (por esa tortura, las indias iban descalzas hasta su pueblo, a más de
dos horas; el descanso en la selva es placentero hasta que te localiza un mosquito
y avisa a familiares y amigos; inspeccionar siempre antes de sentarse, limpiar, no
hurgar en los huecos ni entrar en pasadizos oscuros).
Frente a ese templo, un Palacio porticado con grandes subterráneos por los
que se puede vagar libremente –convendría llevar linterna-; en sus patios interiores
las mejores esculturas en piedra y modelados en estuco con mascarones, medallones
y figuras humanas grandes, preciosistas; se puede –con valor- subir a una torre de
tres pisos abierta a los cuatro puntos; la desviación es de unos 20º al Norte Este.
Cerca cuatro templos sobre amplios basamentos con escalinata central; en uno
apareció una cruz de piedra. El Juego de Pelota no resulta relevante, flanqueado
por tres templos pequeños con pórticos que tienen santuarios centrales con dos
cámaras laterales en la crujía posterior. Varias mesas-altares con los bordes
impecablemente grabados. A fuer de repetitivo, hay que afirmar que Palenque
también es de lo mejor.
Si se sigue el curso del arroyo (una parte encauzado subterráneamente con
bóvedas triangulares de 3 metros de altura) y se baja de nivel por una peligrosa
pendiente, se encontrará la refrescante recompensa en forma de cascada en la que
darse un relajante baño entre redondeadas piedras calizas y sombreados musgos.
BONAMPAK Y YAXCHILÁN
Decidí ir. Por tierra serían varios días por traqueteantes pistas y sin lugares
donde comer ni dormir –desechado-; por aire (también vuelan desde Ocosingo),
una de las dos desechas avionetas monohélices la guía el ya madurito “Niño”. En mi
diario de viaje se lee “Si muero y alguien lee esto, que se sepa que estoy haciendo
lo que deseo; muero tranquilo, en paz. En mi vida he dicho algo que no haya hecho
o hecho algo que no pueda decir”. Como entró la bruma de “el norte”, nadie se

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atrevió a volar, a pesar de las buenas ofertas económicas. No pude ir. Como siempre,
lo intenté.
Bonampak surgió en el siglo VII en plena selva, junto a un río. Se descubrió
en 1.946 y llamó la atención por lo perfectamente conservado de sus pinturas murales
–hoy, prácticamente desaparecidas-, se ocupan 112 m2 en tres cámaras (270 figuras
humanas y 108 textos). Los edificios monumentales se distribuyen alrededor de una
plaza de 100 metros de lado. Dinteles y estelas profusamente esculpidos. Muchas
edificaciones no exploradas.
Yaxchilán (“piedras verdes”), en la misma densa selva tropical y junto a
otro río, se descubrió en 1.881 y han sido intervenidos y consolidados 30 edificios.
Dinteles, estelas, altares y escalinatas plagados de inscripciones jeroglíficas
calendáricas. La Gran Plaza tiene 500 metros de largo con una anchura media de
60. Un Laberinto con galerías subterráneas sumamente angostas. Entre las deidades
no podía faltar el Sol o Kin.
MÉRIDA
Y llegamos a la Península de Yucatán, el no va más en arqueología
(yacimientos en número superior a un millar). Tierra completamente llana, con
arbustos medianos y apenas cultivos; no hay ríos, de ahí la importancia otorgada a
los pozos, “cenotes” sagrados. Se nota otra infraestructura hotelera y turística,
menos suciedad y algo más de organización e información (mucho video, pero muchos
en inglés).
La capital del estado de Yucatán, Mérida, con un cuarto de millón de
ciudadanos, fue fundada en 1.542, pero en la actualidad no tiene mayor importancia
que como punto de partida a las diversas ruinas. En el Zócalo una Catedral en estilo
herreriano con el venerado Cristo de la Unidad. El pequeño Museo de Antropología
está dentro del Palacio Cantón. El Monumento a la Patria, llamativo, lo realizó el
escultor colombiano Rómulo Rega, él sólito en 11 años. La Avenida de Montejo es la
arbolada vía de diversión. Comercios de baja calidad. Elegantes residencias recuerdo
de la época de la riqueza henequenera (ahora, industrias petroleras y de elaboración
de piensos). Grandes y lujosas hamacas bien tejidas; variados vestidos con volantes
y bordados de color sobre fondo blanco. En los alrededores, algunas haciendas
convertidas en hoteles que no pueden ocultar el paso de los años. A 35 Kilómetros el
mar, buenas playas.

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Resultará menos caro y hasta más instructivo el apuntarse a alguna excursión
para recorrer por ejemplo, la Ruta Maya o Ruta Puuk. Hay varios recintos dignos de
verse. Edzná, posee 5 Km2 de ruinas. Coba, habitada hasta el siglo XV, fue importante
centro político y religioso. Kohunlich, lo más sureño, en plena jungla, gozaba de un
sofisticado sistema de irrigación. Kabah (“el señor de la mano fuerte y poderosa”,
de rasgos negroides) conserva el arco de entrada al sacbé (caminos sagrados que
unieron estos lugares entre sí). 240 monumentos en Dzibalchaltum, destacando el
templo de las 7 muñecas. En Sayil (“lugar de hormigas”), un espléndido edificio
rectangular de tres pisos. Labná (“casas viejas”) fue el modelo arquitectónico de
Uxmal. Mayapan se fundó en el 1.270 como capital de los Itzá. Tayasal queda en
una isla lacustre. Becan, Xiapak, Xpuhil, Chicanná, Rio Bec,…etcétera,…etcétera.
La ciudad maya más occidental hasta ahora descubierta, no de piedra sino de ladrillos
cocidos, es Comalcalco.
No se pueden obviar las grutas, como la sagrada de Balancanchen (“trono
de jaguar”), con guías, luz y sonido; las más famosas y visitadas, las de Loltún. De
los cenotes o pozos destaca el subterráneo de Dzitrup, donde al mediodía el sol
entra por un hueco iluminando el agua transparente.
UXMAL
Lo mayor y más importante de toda la zona. Produce una sensación parecida
a las obras clásicas griegas. La piedra es de tonalidad muy clara. La composición
ornamental se vuelve abstracta para expresar conceptos religiosos; se conjunta lo
realista con lo simbólico; escultura y pintura se unen con naturalidad a la
arquitectura; es un Todo. Se fundó en el siglo VII y se abandonó; los Xines la ocuparon
en el siglo X.
Las edificaciones mayores siguen el eje norte sur, alrededor de plazas. El
bautizado como Palacio del Gobernador, consta de más de 20.000 bloques tallados;
en el Templo de los Falos, estos cumplían la función de canales para el agua de
lluvia. La Zona Norte no está lejana, pero el tremendo calor y los montículos
apenas desbrozados, la desaconsejan. No asustarse con las abundantes iguanas (de
un metro, aproximadamente). Por todos lados instalaciones para el espectáculo
nocturno turístico de luz y sonido. Beber agua, no otros refrescos. Lo archifamoso,
la imagen que ilustra portadas y provoca ansias viajeras, es la Pirámide del Adivino.
Su base es elíptica, la altura de 35 metros y el ancho 53,5 metros. En realidad son

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5 templos superpuestos que se pueden apreciar gracias a un agujero practicado
sobre la mitad de la estructura. Buen desafío con el que se topa al ingresar en el
recinto, siendo tan aguda la inclinación que hay que agarrarse a las cadenas de
ayuda; en los escalones no cabe el pié y el descalzarse no es posible por lo hirviente
de las piedras; por el lado opuesto mucho peor, con una pendiente, casi casi, vertical.
CHICHEN ITZÁ
El lugar más nombrado, sin duda. Carretera buena pero con los odiosos e
inevitables vibradores. Palapas (cabañas) de palos y zinc o palma (sus moradores no
tienen nada que hacer ni esperar; media de 5 hijos). Paisaje inhóspito. Las mujeres,
de rasgos a lo maya, consideran signo de gran elegancia dejar un vuelo de puntilla
de la enagua unos diez centímetros por debajo de la falda. Entre ellos hablan
dialectos mayas; en español, poco acento y perfecta pronunciación de la d. Se
peinan continuamente, incluso más los hombres. En estas zonas apartadas se captan
únicamente emisoras de radio locales. En todas las mesillas de los hoteles, la Biblia.
Por el camino, Valladolid. Un único y pobre museo en una iglesia pequeña,
pero de estructura maciza y sin ventanas, como todas las de esta zona,
evidentemente defensivas. La Catedral no merece comentario. Mercado amplio,
extrañamente inodoro –como la mayoría-. En el amplio cenote sagrado (el más
grande los naturales), dentro de un restorán, permiten bañarse, bajo propia
responsabilidad.
Chichén se comenzó a erigir en el siglo V. Los toltecas la ocuparon en el
siglo X y posteriormente los itzás le dan su nombre y estructura definitiva, hasta
que la abandonan a principios del siglo XIII. El área total abarca 3 kilómetros X 2
kilómetros. Todo fue propiedad de un cónsul yanqui que lo compró en 1.885; el
museo Peabody (Universidad de Harvard) se llevó todos los objetos valiosos. De los
cientos de orgullosas construcciones de antaño, se pueden visitar una treintena
(orientadas hacia el Este con desviación de 17º); hacía el sur, a una media hora de
caminar, Chichén Viejo, ruinoso. La única construcción cilíndrica maya (16 metros
de altura) se conoce como El Caracol y se considera observatorio astronómico. El
Juego de Pelota, el mayor de Mesoamérica, mide 168 metros de largo por 70 de
ancho; la voz se puede escuchar a 150 metros de distancia; en el muro norte, un
sorprendente hombre barbado. El Tzomplantli es un relieve de cráneos ensartados
en estacas de 60 metros X 12 metros. El cenote sagrado, lugar de sacrificios y

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ofrendas valiosas, tiene 60 metros de diámetro y 20 de profundidad. En la Gran
Plaza (150 metros de lado), gran conjunto de pilastras y columnas.
Por encima de todos, el monumento emblemático es la Pirámide de Kukulkán,
también conocida como El Castillo. Base cuadrada de 55,5 metros, 30 metros de
altura, 9 cuerpos escalonados. Subir es fácil, pues la pendiente es de 45º, dando
tiempo a contar los escalones, 91; como hay cuatro escaleras, el total son 364.En la
cúspide el templo principal está orientado al norte, rodeado de un corredor con
entradas por las otras tres direcciones. En los equinoccios de primavera y otoño,
los rayos solares configuran una ondulante serpiente de 34 metros a lo largo de la
balaustrada principal, fenómeno conocido hace tiempo y al que asisten unas 25.000
personas, pero que no es único –más bien debe ser común, no estudiado en otros
lugares-, pues en el Templo de las 7 Muñecas de Dzibilchaltún, el arqueólogo Víctor
Segovia ha descubierto ((con 60 testigos) otra proyección geométricamente
ordenada.
CANCÚN
A tal topónimo, sinónimo de atracción turística, se le atribuyen dos
significados tan dispares como “olla de oro” y “lugar de víboras” –me quedo con el
segundo-. Empezando por sus orígenes (en los años setenta se decidió edificar allí
¡por computadora!), es tan artificiosa que repugna. Desde el abarrotado y aséptico
aeropuerto hasta la zona mexicana, construcciones nada buenas en parcos colores
albergan a los miles de turistas que las agencias envían diariamente; es una franja,
arenosa en su origen, de más de 20 kilómetros atiborrados de cemento, sin
conjunción, armonía, ni un paseo decente. A un lado, el mar, abierto, picado y con
arenilla que oscurece el agua (por ello, en todos los hoteles varias piscinas); al
otro, una laguna surcada por todo tipo de artilugios de alquiler.
Para colmo, en muchos sitios el servicio es poco atento y hasta despectivo
(precios altos, a no ser excursión contratada y sin salirse de los límites); debe ser
amargante estar 10 ó 12 horas todos los días de todos los años haciendo lo mismo y
comprobar como otros derrochan displicentemente lo que ellos nunca conseguirán
–pero no se dan cuenta que muchos de esos en vacaciones están en su mismo caso
el resto de todos los años-. Abundan desproporcionadamente los zurdos, que escriben
muy forzado, y retorciendo la mano.

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Desde Cancún se parte para un par de islas también muy turísticas. Cozumel
(“de las golondrinas”), la isla más grande habitada (53 Kilómetros de largo, 500 km2
), posee una espectacular formación coralina e interesantes restos arqueológicos
en illo tempore consagrados a la diosa de la fertilidad, Ixchel, la luna. Isla Mujeres
(menos masificada y cara, 30 km 2 ) debe el nombre a las figurillas de barro
encontradas; no faltan ni las albas playas bordeadas de palmeras ni los petrificados
recuerdos mayas.
TULUM
Bajando desde Cancún, puntos dispersos de promoción turística asentados
en la misma arena, tamizada, blanquísima y finísima; recomendable Xel-ha, prístino
y cuidadísimo acuario natural. El recinto arqueológico (de sólo 380 metros X 165)
desilusión. Pegado al mar, ese mar que vale más que todo –la montaña para verla, la
costa para vivirla-, “la muralla” (siglo VI) está derruida, los suelos levantados y la
construcción es tosca; para colmo, se prohíbe, mediante cuerdas que los rodean,
el acceso a todos los pequeños habitáculos (afirman haber pinturas). Quien vaya,
que aproveche para bañarse en una “playa maya”-pero dando un rodeo, pues si no
habrá que pagar-.
OTROS LUGARES DE INTERÉS
Inevitablemente, por unos u otros motivos –propios o ajenos-, siempre quedan
puntos negros en un itinerario sistemático, por mucho que se programe. Del
exhaustivo y agobiante recorrido que acabamos de hacer por ciudad de México para
abajo, a izquierda y derecha, a través del golfo de Tahauantepec (el punto más
estrecho 250 kilómetros de costa a costa) rumbo a la selva del Petén y la península
de Yucatán, solamente han quedado obviados cuatro lugares de esos que sí se querrían
conocer si fuera posible volver: Jalapa, Veracruz, Villahermosa y Campeche.
JALAPA es la capital del estado de Veracruz, tiene 200.000 pobladores y su
Museo Arqueológico se considera el segundo en importancia de la república, con
muestras de las culturas olmeca, huaxteca y tocomeca. Edificada sobre 7 colinas,
Jalapa Enríquez conserva en el núcleo urbano una parte colonial, y en sus afueras
(a 21kilómetros) se puede gozar de la tranquilidad de las 3 cascadas de Xico y de la
belleza de miles de orquídeas que jalonan su camino.
La Villa Rica de la VERA CRUZ es el nombre que dio Hernán Cortés a las
lindas playas donde desembarcó un viernes santo de 1.519; Cuatro Veces Heroica,

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de aquella primera fundación todavía se conserva el fuerte de la pequeña Isla
Gallega. Hoy es el puerto más importante del país, suponiéndose que ha sobrepasado
el medio millón de habitantes. A 34 kilómetros se encuentran las ruinas totocanas
de Zempoala (siglo X).
VILLAHERMOSA (165.000 habitantes), capital del estado de Tabasco (“tierra
anegada”), se desparrama a orillas del río Grijalva; si bien se fundó a poco de
desembarcar, actualmente, petrolera, no conserva estilo colonial. Lo que la dota
de interés es su Parque-Museo La Venta, donde en un marco apropiado y cuidado, se
exhiben las gigantescas cabezas olmecas; también, el Museo Regional de Antropología
Pellicer. A casi 60 kilómetros, en región lluviosa, las impresionantes cuevas de piedra
caliza de Coconá, acondicionadas. En dirección contraria y más lejos (cerca de 100
kilómetros –más la vuelta-), Comalcalco, el centro maya más occidental conocido.
CAMPECHE. ¡Acabamos! . Su nombre en maya se escribe Ah Kim Pech (100.000
habitantes), viniendo a querer decir “lugar de serpientes y garrapatas”; capital del
estado del mismo nombre. Sus playas están excesivamente llenas de lodo. Los restos
de la muralla hexagonal (fin del siglo XVII) separan la antigua ciudad de la moderna.
Catedral en claro estilo barroco del XVIII; templos, fuertes y un par de museos con
estelas y joyas mayas; 65 kilómetros al este, el extenso yacimiento maya (siglo VIII)
de Edzná, con jeroglíficos sin descifrar.
¿Acaso podemos ilusionarnos con descifrar lo ya hundido en el pozo del
tiempo y la memoria?. ¡Como comprender los restos de un esplendor logrado
partiendo de otra mentalidad!.
NORTE DE MÉXICO
A no ser con mucho tiempo para esta sola nación o pretendiendo un estudio
monográfico, por concentración espacial la mejor opción, sin duda, es de México
Distrito Federal para abajo; la mayoría del resto de los 31 estados federados quedan
hacia el norte, con mayor extensión territorial y dispersión arqueológica, a la vez
que menos interés y culturas. Siguiendo los criterios que fácilmente se deducen del
texto, no se puede dejar de hacer mención de Morelia, Querétano, Guadalajara,
San Miguel de Allende, Guanajuato, Tepic, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango,
Chihuahua y Baja California.
MORELIA. La fundó en 1.541 el primer virrey español, Antonio de Mendoza,
cambiándosele la denominación en 1.828 en honor del cura revolucionario José

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María Morenos. Está llegando al cuarto de millón de habitantes. El pasado colonial
permanece patente en sus palacios, templos, museos y conventos. A 50 kilómetros
está la que fue capital de los tarascos o purépechas. Tzintzuntzán, donde se
encuentran los yacatas, templos piramidales, con la singularidad de tener forma de
T.
QUERÉTANO. Asentamiento otomí sojuzgado en 1.531. En 1.867 allí se apresó
y ajustició al emperador Maximiliano. Capital del estado homónimo, algo
industrializada (170.000 habitantes) conserva bonitos vestigios del pasado, entre
los que destacan los churrigerescos altares en oro de Santa Clara y, como una de las
obras civiles coloniales de mayor importancia, el Acueducto de más de un kilómetro
(mediados del XVIII).
GUADALAJARA. “Debajo del puente… había un conejo…”. La segunda ciudad
de la república, con más de dos millones de habitantes; capital del estado de Jalisco
(“¡no te rajes!”), se enorgullece de ser cuna de los mariachis. El centro histórico es
un paraíso colonial, con una Catedral (siglo XVI) que mezcla elementos góticos,
toscanos, mudéjares, barrocos y neoclásicos, y un Museo del Estado con arqueología
y pinacoteca. Desplazándose 60 kilómetros -y retorno-, los impenitentes se podrán
sumergir en el lago natural más grande de México, 1.080 km2, CHapala.
SAN MIGUEL DE ALLENDE. No se puede dejar de hacer mención de algún
núcleo pequeño en el que estar en plan contemplativo paseando sin rumbo por
empedradas calles, descansando del sol a la sombra de elegantes residencias o
sentado en crujientes bancos de vetustas iglesias. La primera parte del topónimo
de un lugareño revolucionario, decapitado como tantos otros; desde 1.926 es
monumento nacional y lugar preferido de los vecinos norteños de habla radiada.
Entre Querétano y Guanajuato, a 2.000 metros de altitud.
GUANAJUATO. Capital de ese estado (“cerro de las ranas”) y hasta de la
república (durante un mes de 1.858), 50.000 moradores; guarda muchos restos de
la época del florecimiento minero, como la conocida Alhóndiga, de una de cuyas
esquinas colgó la cabeza de Hidalgo durante 10 años. El mejor hotel se ubica en un
antiguo castillo de estructura medieval, rumbo a La Valenciana, la iglesia con tres
altares barrocos en oro. Cerca está el centro geográfico de México, al que se puede
subir para tener una maravillosa vista, el Cerro de Cubilete (2.600 metros).

100
TEPIC. El “lugar entre cerros” capital del estado de Nayarit (“dios de las
batallas”), con 130.000 habitantes. La capital anterior era Compostela (a 36
kilómetros) donde se celebra a caballo, como no, el 25 de julio. En el Museo Regional
se guardan interesantes colecciones de arqueología y etnología cora y huichol. A
menos de un centenar de serpenteantes kilómetros, Txtlán del Río, zona arqueológica
de gran valor por tener un templo con ventanas en forma de cruz latina, unicas.
Cerquita de la costa, con un servicio ininterrumpido de pescadores locales de La
Batanga, la Isla de Mexcaltitán (“casa de la luna”), de forma ovalada y sólo 350
metros de diámetro, que se cree es la legendaria Aztlán de las 7 tribus nahuatlacas.
SAN LUIS DE POTOS. El estado del que es capital, con 305.000 censados,
ostenta el mismo nombre por haberse hallado oro y plata y querer emular el cerro
boliviano; llegó a ser capital de la república con Juárez en 1.863. Su casco antiguo
es una joya colonial, con edificios revestidos con azulejos de alegres colores. En el
Museo Regional, colecciones de antigüedades prehispánicas.
ZACATECAS. El “lugar donde abunda el zacate”. Se reveló en 1.548 como
lugar donde abunda la plata (todavía hoy por hoy, tras intensiva explotación, se
extraen diariamente 200.000 kilos de plata de la mina más grande del mundo).
75.000 habitantes. Entre la arquitectura colonial de gran belleza, destaca la Catedral
(siglo XVIII), considerada el edificio más exuberante del barroco mexicano. El Museo
Pedro Coronel es uno de los mejore del país, pues no sólo tiene restos precolombinos
y coloniales, sino también pinturas de Goya, Miró y Picasso. La mina del Edén está
acondicionada para recibir visitas. La panorámica se puede captar desde el Cero de
la Bufa, al que se accede en teleférico. Para que nada falte, a 50 kilómetros, la
imponente zona arqueológica del CHicomostoc (La Quemada), el “lugar de las 7
cuevas”.
DURANGO. También es capital de un estado que también ostenta el mismo
nombre; también es centro minero, de hierro en este caso, para variar. 210.000
pobladores. La panorámica general de los nada desdeñables vestigios coloniales se
obtiene desde el cerro del mercado. En los alrededores hay una perfecta villa del
oeste cinematográfica. No se puede dejar de traer a colación la inhóspita Zona del
Silencio, por habitar en tal desierto la única tortuga del mundo que se ha adaptado
a semejante medio ambiente; para compensar los más de 400 kilómetros de
desplazamiento (se puede retornar o seguir a Chihuahua), el extraño fenómeno de

101
que ondas radiales y electromagnéticas no se propagan en semejante sitio; cono
aleatorio peligro, que caen con cierta frecuencia meteoritos.
CHIHUAHUA. El nombre del estado “zona seca y arenosa”, ya lo dice todo
sobre los que fueron dominios de pimas, conchos, julines, tapalcomes, tepehuanes,
varojíos, tubaris, apaches, comanches y tarahuamaras, hollados por primera vez
por el gran Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1.530-36). Actualmente, la ciudad (405.000
habitantes) suena más que nada por los diminutos perros que descienden de los
techichi que acompañaban a los toltecas. Las 15 Grutas de Coyame están plagadas
de estalactitas, estalagmitas y cristalizaciones de inimitable factura. La agreste
Sierra Tarahumara se puede atravesar en tren (650 kilómetros, 73 túneles, 28 puentes,
unas 12 horas) que llegan hasta los Mochis, a través de los impresionantes desfiladeros
de la Barranca del Cobre. En dirección contraria, 350 kilómetros al noroeste, la
más importante muestra arqueológica del norte, Paquimé (Casas Grandes), cultura
del desierto.
BAJA CALIFORNIA. La larga y estrecha península se divide en dos estados,
Norte y Sur; el primer asentamiento (1.697) y capital hasta 1.830 fue Loreto (en el
sur), pero la influencia fronteriza ha desplazado tal condición al norte, Mexicali
(365.000 habitantes). Desde el aire no resaltan otras cosas que colinas poco habitadas
rodeadas de mar, muchas islas, cabos y golfos; soledad. Clima desértico (han pasado
hasta 6 años sin lluvia) y malas comunicaciones endémicas. En las poblaciones del
sur existe un servicio de enlace mediante ferrys con destinos como Puerto Vallarta
(estado de Jalisco, donde se rodó “La noche de la iguana”). En las laderas de la
Sierra de San Francisco, cuevas con interesantes pinturas rupestres desde antes de
nuestra era.

102
U.S.A.
9.372.614 km2..249.975.000 habitantes. Moneda, el Dólar.
Es el cuarto país mundial en cuanto a extensión. Produce el 30% del carbón,
el 60% del petróleo, la mitad del maíz y la tercera parte del algodón mundial.
Tierras cultivadas, un 21%.
40% de protestantes y 30% de católicos; como media, ingresaban 20.910 $
por cabeza en 1.989.
CANADÁ
9.970.610 KM2.. 26.522.000 habitantes. Moneda, Dólar.
El más extenso de toda América y segundo del mundo. 95,6% de alfabetismo.
Primer explotador de pescado mundial; petróleo y gas natural en el Atlántico Norte.
46,6% de católicos y 28% de protestantes.
Se acabaron los milagros reales del pasado y los grandes imperios de
realizaciones inimaginables,; todo esto ha quedado atrás, debajo.
Arriba, en lo alto, United States of América, Estados Unidos, EE.UU., E.U.A.,
el milagro real del publicismo, el gran imperio de la hiperproducción. En continente
tan extenso y largo, hubo sitio para todas las colonizaciones de los siglos pasados;
por encima del legado español y del inglés, el francés, Canadá.

103
NUEVA YORK
Peter Minuit negoció en 1.626 con los indios algonquinos (mercadurías por
valor de 60 florines) la adquisición de una franja de tierra posteriormente llamada
Manhattan Island cuando los ingleses se la recompran a los holandeses cambian el
New Amsterdam por el New York. Muchos de sus 7.500.000 habitantes (los 5 distritos
del área metropolitana) pobladores actuales la conocen con el apelativo de Big
Appel (“La gran manzana”), pero no hay que echar en saco roto la recalificación de
la sorna de los inmigrantes gallegos –tanto en forma como por contenido-, “Nabo
Mayor”.
El territorio urbano de New York City lo integran 5 distritos (boroughs)
claramente diferenciados: Manhattan, donde nos detendremos; detrás –tomando
como referencia la Estatua de la Libertad-, hacia el norte geográfico, The Bronx,
donde se ubica el mayor Parque Zoológico (1.000 especies y Mundo de las Tinieblas,
con animales nocturnos) y un universalizado Jardín Botánico; a la izquierda (este),
Queens, con extensa reserva de animales salvajes; hacia el mar, Brooklyn, con su
renombrado Jardín Botánico que dispone de sección fragante para ciegos (además,
el Distrito Histórico, con lo más auténtico del siglo XIX y un Museo para Niños con
40.000 objetos de participación) y con el lugar de veraneo Coney Island (si bien
cerca está Rockaway Beach, tres veces más grande); al fondo a la derecha (todo el
resto del oeste de Manhattan pertenece a otro estado), cerrando la bahía, Staten
Island, también con playas menos promocionadas. ¡Difícil se hace pensar que todo
esto desaparecerá y la siguiente humanidad no conservará ni el recuerdo!
El aeropuerto internacional, Jhon F. Kennedy, en el extremo de Brooklyn
(unos 50 kilómetros a Manhattan), está dividido por terminales en las que cada
compañía aérea goza de cierta autonomía y por donde no conviene despistarse –ni
uno mismo ni al equipaje-. Para vuelos más cortos (que no requieren los 42.000
litros de combustible de cruzar el Atlántico –Tomás Feliú y Jesús González lo
intentaban por aquellas fechas ¡en globo!-), en Queens, la Guardia. Por ser el punto
mundial tan neurálgico, se pueden conseguir tarifas irrisorias para o desde New
York; dentro de U.S.A., VUSA (Visit U.S.A.) y otros ventajosos descuentos (también
en ferrocarril y autobuses, pero recordar que son abonos a adquirir únicamente
fuera del país).

104
El observatorio clásico y más céntrico es el nivel 102 del Empire State
Building, pero los años pasan (es de 1.931) y desde 1.973 la mejor y más espectacular
visión se obtiene desde el piso 107 (411 metros) de la “torre gemela 2” del World
Trade Center, con una perspectiva de 80 kilómetros a la redonda sobre 4 estados,
por encima del East River(Rio al Este) y del Hudson (por comparación, New Jersey
parece casi despoblado). Todo acristalado, se dispone de espacios suficientes para
apoyarse o sentarse y hacer coincidir lo que se mira con los dibujos explicativos a
escala de los cristales: gran acierto. Excursiones en helicóptero y barco son opciones
muy convenientes para efectuar recorridos completos y conocerlo todo “por fuera”.
La primera imagen que se vendió al resto del mundo, fue obsequio francés
(1.886, 46 metros); la Estatua de la Libertad, antorcha en ristre, corona plagada de
ojos, presentaba un tono completamente verdoso, de bronce oxidado.
Al lado, en la isla Ellis (centro de inmigración hasta 1.954), Museo de la
Inmigración; en la tercera isla de la puerta de Manhattan, la de los Gobernadores,
edificios y fortificaciones. Información Turística, en cualquier idioma, en el Centro
de Información del Visitante (Times Square, calle 42, entre Brodway y 7ª Avenida)o
en el Centro de Información de Columbus Circle, frente a Central Park –donde se
encuentran las tiendas más elegantes y las joyerías más lujosas con sus
correspondientes guardianes bien armados-
Tan inevitable es hacer recorridos a pie –pues sino no se “palpa” la urbe-
como en taxi –por las distancias, sólo asequibles a muy andarines que dispongan,
además, de tiempo suficiente-. Ningún problema de orientación: a lo largo, 12
avenidas correlativas; a lo ancho, cortándolas perpendicularmente, calles; ni un
nombre, sólo numeración. Ni el viandante puede perderse ni el taxista dar rodeos
innecesarios para cobrar más a través de la portilla de su cristal blindado. Se circula
bien cuando no llueve, pero los desplazamientos son lentos, por lo largos. La norma
numérica se rompe en la punta de la península, que por ser el asentamiento primitivo
no tuvo planificación, con calles enrevesadas y angostas; en el extremo se conservan
edificios de pocas plantas con tabernas en sus bajos del siglo XVIII; Walt Street,
desde donde se decide el modo de vivir de cientos de millones de seres, nada;
calles estrechas, nada.
Si se sigue subiendo, tras las torres modernistas se cambia de estilo, a otras
altísimas construcciones más antiguas y artísticas, rematadas muchas al estilo de

105
castillos centroeuropeos. A continuación, más agrupamiento de edificios que en
otro lado parecerían altos pero que aquí semejan bajos (por ejemplo, de la O.N.U.,
ni enterarse), comparativamente. Las 340 hectáreas del desahogo del Central Park
y el peligroso Harlem (calles 90 a 178), donde se acaban los rascacielos, y todo.
Cantidad de puentes y túneles, plagados de automóviles.
Times Square en la intersección entre la 7ª Avenída y Broadway (la avenida
mayor, que corta en diagonal), centro teatral, nocturno y comercial; se conoce
como “la gran vía blanca” no por el color de sus edificios –sucios, al igual que las
calles y las aguas-, sino por los grandes anuncios luminosos. Los 19 edificios del
Rockefeller Center delimitan una pista de patinaje que en verano invade el restorán
(allí, en la entrada desde 5ª Avenida, “Librería de Francia”, con amplia sección en
lengua española en el sótano). CHinatown no resulta típicamente china más que en
las tiendas de alimentación. Pegada, la “Pequeña Italia”, vulgarísima. Anexos, otros
barrios plasmados en celuloide y que no se parecen en demasía a la imagen que nos
hemos formado de ellos: Soho, East Village y Greenwich.
New York desilusiona, tanto por imaginarla de otra manera como porque no
sea más de lo que es; con todo, guste o no guste, es la actual capital del mundo, sin
serlo ni de su estado (lo es Albany)ni de los 50 de la gran nación. La ciudad se
muestra triste, apagada. Carritos de comida por las calles y venta y espectáculos
callejeros. Plaga de negros y hispanos (“spanglish”); judíos con pinta de tal. Excepto
los grupos de negrazas enjoyadas vestidas de cuero y raso que se comunican entre
sí con grandes risotadas, todos los demás presentan desconfiada cara de amargura
que ni los auriculares musicales que se colocan logran aliviar. New York –apreciación
extensible a gran número de ciudades y al país en general- no ha sido capaz de
asimilar al resto de América ni a amplias dosis de Europa, África, Asia y hasta
Oceanía.Tiene que ser frustrante para los “Wasp” (White, anglosaxon, protestant)
verse susperados en número y hasta categoría social por gentes a las que consideran
inferiores por color, por procedencia y por religión. Si bien las estadísticas oficiales
no conceden que “los invasores” sean más de uno de cada cuatro (para negros, 12
% nacional y doble en New York), lo que se ve las contradicen, y la inmigración
clandestina debe haber superado a la controlada; ¿y el sub-mundo?... de alcantarillas
y registros salen blancas fumarolas tenebrosas, de los sótanos siniestras cadenas
transportadoras que parecen querernos engullir a los de superficie. Todas las ansias

106
se traducen en tragar y beber de continuo, lo que unido a la motorización, hace
convertirse a la mayoría en auténticos cebones humanos. En U.S.A. no hay cosas
con servicios o precios, si no que el precio implica tal cosa o cual servicio; no existe
lo bonito o lo bueno, sino lo costoso –se debe indicar siempre la cantidad hasta la
que se está dispuesto a pagar-.
Si algo singular y concreto compensaría por sí solo el viaje a New York, eso
es, sin ningún género de duda, el MUSEO METROPOLITANO. Imposible de recorrer en
un día, cuanto menos de verlo (se cierran secciones por horas y días). El imponente
edificio se erigió en 1.880 a instancia de financieros e industriales coleccionistas.
No se cobra entrada pero se sugiere donación a cambio de la chapita prensible –
práctica común en muchos otros museos, que sí cobran cuota- que permite el acceso;
imprescindible dotarse de mapa, aunque va a resultar imposible no perderse. Las
piezas superan los 2.000.000, en innúmeras salas con el nombre del correspondiente
mecenas –claro, esto, allí, desgrava fiscalmente, como deporte, investigación, etc.-
. Lo mejor sería elegir épocas, estilos o culturas que interesen y centrarse en ello,
pues hay mucho y bueno de todo. Sin ser partidista, el mejor es el marmóreo
afiligranado patio español, con fuente (italiana) incluida. A destacar, las armaduras.
Se han llevado edificios enteros (de Egipto, el Templo de Dendur, de hace 2.000
años) vueltos a ensamblar, así como interiores de todas las épocas. Excelente
disposición de luz y temperatura (restaurante, como no –no vendría mal un hotel
para pasarse allí todo un mes seguido-). Es tan impresionante y sensacional que los
visitantes –con la excepción nipona, por supuesto- ¡ni quitan fotografías!.
Dependiendo del Museo Metropolitano pero en el Parque Fort Tryon, otra sublime
demostración de envidia, nostalgia y poderío económico: cinco monasterios
medievales europeos desmontados, transportados y reconstruidos piedra a piedra y
conocidos como “The Cloisters”.
En el emblemático líder del consumismo, la Cultura es un consumo más.
Cerca del difícilmente superable Metropolitano, el gran Museo de Historia Natural;
la historia de la ciudad en el museo de tal nombre (calle 104); las mejores muestras
del arte estadounidense, en el Whitney Museum (calle 75). Otros de la serie el de
Arte Moderno, los Guggenheim y Frick, y junto al de los Indios (calle 155, Harlem,
no recomendable), la Sociedad Hispánica, que incluye a Portugal. En un pequeño
portaviones anclado en el Hudson, Museo de Tecnología.

107
Por su identificación de dinero-poder-tamaño y carencia de auténtica cultura
propia, aspiran hasta a lo más grande de los otros, construyéndose en honor a tal
manía la sinagoga Emam-El (calle 65) con nada menos que 2.500 asientos, o la
catedral neogótica de San Juan el Divino (1.892, inacabada torre de 120 metros;
calle 112). La otra catedral, la de San Patricio (calle 50), dispone de 15 altares. En
la 5ª Avenida, varias iglesias dispuestas como lo que son –teatros- más que como lo
que deberían ser –lugares de culto-; a ambos costados de la de la Trinidad, rancios
cementerios con hierba rala y lápidas verticales en las cabeceras; el retablo más
artístico, en piedra al estilo gótico, en la de Santo Tomás.
En síntesis, esto es la cabecera del imperio que tiene por bandera barras y
estrellas y por símbolo al “Tío Sam” (un suministrador de carne al ejército en 1.812).
Los detalles de todas las ciudades y de todos los estados se encuentran en numerosas
guías de viaje de muy distinta idiosincrasia que esta.

TEXAS
El estado de la estrella solitaria. Contrastes de paisaje y de gentes,
uniformidad en el orgullo; petróleo, vacas y “cowboys”. En general, la impresión
que se desprende de las numerosas películas de cine y televisión se ajusta a la
realidad –por desgracia, también en España-, y casi ni falta hacía tanto viajar para
saber cómo es aquello. En Texas, todo más acentuado. Por encima de los caballos
aman a los coches, llamando la atención los “monstruos de Texas” (furgonetas 4X4
que se elevan sobre gigantescas ruedas) y las alargadas “limousinas” (que se alquilan
para celebraciones de quinceañeras); poquísimas motos –y barbudos-; a través de
rectilíneas autopistas se desplazan unos detrás o al lado de otros sin apenas maniobra
sin cambios de raíl, gran corrección y respeto (3 infracciones en 3 años, retirada de
carnet de conducir –de identidad, no existe; ¡ni prohibición de armas de fuego!-) a
señales y aparcamientos (todos con plazas para minusválidos –pagando, claro-
).Riqueza y limpieza -50 dólares por tirar un papel-; escupes y aparece un negro
para limpiar (teléfonos en retretes, absolutamente inodoros); los texanos lucen sus
dólares y los negros limpian, siempre limpian. Principal afición el “shoping”, comprar
y comprar, lo útil y lo inútil, lo que gusta por gustar y lo que no porque no; toda la
familia en el coche, engullendo hamburguesas y maíz y tragando líquidos helados
(cuando no tienen la boca llena, raro, hablan radiado entre ellos; sino, atienden a

108
los numerosos chiquillos para que coman y beban); aparcar en uno de los grandes
centros de compras, comprar, comer y beber extraños productos industriales –ante
la cara que puse una vez al probar uno de esos líquidos infectos, ni me cobraron-,
gastar, reírse con la boca llena en las estructuradas diversiones, pagar el
aparcamiento, últimas compras y risas, y a seguir rodando y engordando. Very
happy holiday; american liffe.
El héroe texano fue Sam HOUSTON, y su apellido ostenta la ciudad que va
para el par de millones de texanos…y hispanos (y negros que barren… o aspiran).
Como tantas otras ciudades creadas en época relativamente reciente y con
orientación determinada (ésta la fundaron especuladores del suelo en 1.836), se
estructura en un núcleo de gigantescos edificios destellantes (el espejo es la última
moda en urbanismo) que parecen vigilar y dominar sobre una llanura plagada de
edificaciones bajas, autopistas y muchos espacios verdes. A recomendar el Museo
de Ciencias Naturales, aunque los especímenes prehistóricos sean en su mayoría
reproducciones plásticas; algo de los indios y egipcios (lo llaman “lo misterioso”)
teatro “imax” con tecnología láser y mineralogía. En el Museo de Arte, bueno, con
pintura, imaginería y tablas religiosas, destaca por encima de las secciones de arte
del centro y del sur del continente y de Oceanía, la gran colección de objetos de
oro (algunos grandísimos, macizos) de Ghana. Pero como lo que más interesa es
comprar -¿o gastar?-, le dan casi la categoría de museo a La Galería, tres niveles de
tiendas sin nada fuera de lo normal, y Los Túneles, que son eso, túneles (¡6 kilómetros
¡), sin mucho ni gran servicio de comercios ni restaurantes (para comer y ver, uno
giratorio –piso 38- en la zona centro). Por encima de todo, el “Astrodome, la octava
maravilla del mundo,… el monumento más grandioso para deportes y
entretenimientos”, y como el summum de los espectáculos, el Rodeo, con 66.000
asistentes que ostentan fanfarronamente sus botas, sombreros y sobretodos; lo que
importa es que no decaiga, aunque hasta los toros Long Horn parezcan algo
amaestrados –lo más emocionante, las carreras de carritos tirados por 4 caballos-;
en el recinto cubierto y cerrado donde se guardan los muchos cientos de animales
(hasta gallinas y carneros, para concursos), ni el más tenue mal olor -¡dale, negro!-
Saliendo, toda una avenida bordeada de ininterrumpidos puestos de venta
de variadas flores; en las afueras cuidados jardines y bosques (particulares, cobran);
un mediano parque de atracciones de la cadena Disney, zoológico y ranchos dedicados

109
a safaris. En la zona industrial, plagada de refinerías, se alzan los casi 200 metros
del monumento que conmemora la batalla de San Jacinto (donde capturaron a
Santa Ana mientras dormía la siesta)), con museo histórico y placa que indica el
coste: 1.500.000 $ en 1.939. Más allá, el centro de control espacial de la N.A.S.A.,
con naves auténticas ante las que lo que más maravilla es el que un hombre soporte
estar encerrado en tan exiguos espacios mientras recorre las inmensidades.
Conformando otra ciudad dentro de Huston, su famoso y promocionado
Centro Médico, otro negocio más. Lo de la eficacia U.S.A. es otro mito, o falsa
imagen o imaginación ( se ha de reconocer que prácticamente todos los puestos
subalternos están en manos hispanas); esperas, ignorancia, desidia,…recomendación
o similar resulta imprescindible. Establecido en 1.945, comprende 38 instituciones
en 50 edificios, disponiéndose de un magnífico hotel, tan pulcro y silencioso como
todo lo demás.
También la cercana isla de Galveston (con ferry ¡gratis!) tiene su centro
médico, pero está en decadencia, como toda la ciudad desde que la flota de guerra
abandonó sus bases. Muchas viejas casas en madera; si bien la delincuencia es alta
y peligrosa, por lado alguno se ven rejas o cercas. Algunos museos, uno de trenes.
Playas. Muy renombrado el “mardi gras” (martes gordo, de carnaval), en el que es
de esperar se les caliente la sangre a esta gente insípida.
La otra gran ciudad texana, más al norte, es Dallas (1.000.000 de habitantes),
otro centro financiero y comercial. ¡Comería usted, lector macho, un espléndido
“Steak” mientras una todavía mayormente espléndida mujeraza se le contonea
alrededor?... hay que tener mucho estómago. Los estadounidenses son
necesariamente madrugadores; saltan de sus camas, beben y mascan lo que les
ponen a mano, y al mando de sus grandes automóviles se dirigen al trabajo: está
amaneciendo; entre las 12 y 14 horas, rápido receso para eso, para rápida comida,
acodados a un mostrador o de pie en la misma calle; la auténtica comida se sitúa
sobre las 7 de la tarde, en casa o, mejor, para los reluctantes tejanos machos –que
se perfuman demasiado y con malas esencias-, en el “cabaret”. En Houston, en
Dallas, en Texas, los matones de la entrada te aparcan el coche, empiezas a soltar
dólares, te acomodan otros matones, sueltas más dólares; al ritmo de las canciones
ellas se van desnudando en las pistas hasta quedar con mínima braguita, el cliente
se acerca y le mete unos billetes en el elástico; si la esplendorosa hembra tiene que

110
repetir su actuación fuera de la pista, pues más dólares, que para eso están; él
mastica y mira, ella provoca y cobra; es dudoso exista sexo a la vez tan impúdico y
tan aséptico.
Ninguna de las dos ciudades ostenta la capital, que corresponde a Austin
(500.000 habitantes, al sur de Dallas y al Oeste de Houston). Poblaciones con
resonancias españolas son San Antonio (donde la batalla de “El Álamo”) y la fronteriza
delRío Grande, ¡oh novelas y películas de pistoleros!) El Paso. Como maravillas de
la naturaleza, el Cañón de Palo Duro (200 kilómetros de longitud), las Cavernas
Carisbad (40 kilómetros)) y el variadísimo Parque Nacional Big Bend (2.900 km2.).

CALIFORNIA
El pionero fue portugués, Rodrigues Cabrilho en 1.542; la primera misión
española la fundaría Junípero Sierra (1.769); el motivo por el que estas calurosas
tierras les fueron arrebatadas al gobierno mexicano está implícito en su sobrenombre
actual: estado dorado. Junto con el abundante oro, quedaron los topónimos sacros:
Santa Mónica, Santa Cruz, San Diego…, hasta la capital es Sacramento (325.000
habitantes).
El antiguo (1.781) Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles de
Porciúncula, se conoce hoy, más pragmáticamente, por Los Ángeles, la segunda
mayor concentración urbana del país con 3.500.000 de pobladores, en su núcleo.
En el funcional aeropuerto los microbuses de cada hotel recorren las diversas
terminales captando clientes, pero cuidado porque la mayoría son ruidosos por su
proximidad a este destino de tantos vuelos desde la otra costa, desde la que se
ganan 3 horas al día o a la noche. El área central es una aglomeración totémica que
rinde culto al dólar, simbolizado por el edificio principal, cilíndrico, el más alto,
fálico; alrededor, un cinturón de delincuencia, con borrachos y drogados tirados,
callejeando, esperando lo imposible, con veraz expresión de haber perdido toda
esperanza, incluida la esperanza de la esperanza, pues la ilusión nunca la conocieron,
ni oyeron mencionarla jamás; todas estas zonas “de morenos” son peligrosísimas –
ni apearse del coche ni llevar ventanillas abiertas-. Como huyendo de ese foco que
cinco días a la semana han de cruzar para encerrarse en sus oficinas (con llave y
guardián), las áreas de los pudientes. Desde el aire las autopistas resultan muy
lindas, pero para los usuarios son desesperantes.

111
CHinatown, la Korean, la Indian,… conforman sus mundos aparte,
desplazados, fuera de s ámbito natural, intentando reconstruir en la tierra que les
da de comer la tierra que les dio el ser –no se integran, son parásitos succionadores:
extraña simbiosis capitalista-. Amplia bahía tamizada por colonias residenciales. A
la cabeza de los Museos el de J. Paul Getty, el de mayor presupuesto mundial, con
el inconveniente de que al estar en la privativa Malibú Canyon, no permiten aparcar
y se ha de solicitar la visita telefónicamente; otros son los de Ciencia e Industria,,
Arte, “Gene Autry Western”, Botánico, Historia Natural, del Pacífico,…Como mayor
atracción la verdadera y primitiva Disneylandia; un “Medieval Times” con gran
espectáculo, gigantesca Montaña Mágica, estudios de la “Universal”, fabuloso Rodeo;
hasta se puede dormir en el trasatlántico “Queen Mary” o sobrevolar el Gran Cañón
–siempre que se disponga de dólares abundantes-.
Si en las calle del barrio de Hollywood quisieran filmar una película, le
faltaría escenario; en el nada rutilante “boulevard” principal todo tipo de “souvenirs”
durante todo el día y toda la noche; en su pavimento, inscritos en estrellas de
discreto tamaño, los nombre de “las estrellas” de televisión, cine y música; las
huellas de pies y manos de los productos humanos más admirados y vendidos, sobre
vulgar cemento pisado y repisado por ser la entrada a un cine de portada estilo
chino en el que se proyectan sus imágenes y nuestras ilusiones. A continuación,
Beberly Hills, con millonarias mansiones rodeadas de extensos céspedes cuidadísimos;
proliferan “Rolls”, “Mercedes” y “Porche”; comercios internacionales, selectos;
arriba, en la colina, las fotografiadas letras (que de noche no se iluminan) y a su
izquierda lo que parece macro y albo palacio y que es, simplemente, el
abastecimiento de agua.
S AN F R A N C I S C O es una ciudad encantadora (750.000 habitantes),
tanto, que no parece EE.UU.; estilo europeo, español con c a l l e s; bastante
construcciones en piedra, con frontispicios tallados, columnados o con estatuas, no
desentonando, casi complementándolos, los modernos edificios acristalados y
destellantes. “Hyppies” desfasados, anclados, que tocan el saxofón y piden con un
letrero acompañados de lustrosos gatos persas; con tanta “pinta rara”, la muestra
palpable de delincuencia más amortiguada la dan los intactos cristales de los cajones
donde se mete la monedita y se coge el diario. La “Market Street” resulta siempre
entretenida, pero la gran diversión, la autentica gozada, está en las kilométricas

112
manifestaciones qe la toman por escenario y donde cada uno se disfraza y actúa
con tal ingeniosidad y naturalidad (incluidos minusválidos, niños y viejos –travestidos
y animales), que semejantes indescriptibles desfiles sólo pueden ser organizados y
contemplados en un lugar tan especial como San Francisco. Saliendo del edificio de
la prensa “Hearts”, en dirección contraria al muelle de embarque, está la zona más
peligrosa, a continuación los concurridos “gays”, algo más lejos las calleS y jardines
donde floreció el movimiento “hyppie” (a los que no se han integrado, los años les
han pasado –nos pasan- igual); buena música, en directo, en muchos locales. Los
típicos tranvías son abiertos, con bancos de madera y gente colgada de sus estribos,
todos alegres; cuando se terminan los raíles, el conductor se baja, empuja, y una
plataforma giratoria de madera permite cambiar la dirección. El predominio de
población oriental se hace más patente, por supuesto, en CHinatown (Avenida Grant),
donde las puertas, ventanas y tejados copian a las pagodas; en las numerosísimas
tiendas de alimentación dorados patos asados de apetitoso aspecto y olor, mejillones
verdosos y almejas como platos mostrando su hermafroditismo (tal cual, pero sin
pelos, testículos, vagina y gruesos y flácidos penes). Se debe seguir el largo y didáctico
paseo ¡tan ameno!, por el adyacente barrio italiano (North Beach), con las inevitables
“pizzerías”; se llega al “Ghirardelli” (con diversos parques y espectáculos) ya en la
zona “Fisherman’s”, entre muelles de pilotes de madera, frente a la isla-prisión de
Alcaltráz, visitable. Comer marisco en la calle, ver los conservados barcos a vela o
a rueda de vapor, comprar objetos curiosos, entrar en el “Museo Ginnes”, bajar a
un submarino -¡qué capacidad de odiar hay que tener para sumergirse allí!- o tirarse
desde el filmadísimo puente “Golden” (que resiste todos los terremotos), todo, se
puede hacer en la preciosa San Francisco.

EL ESTE
Boston (4.000.000 de habitantes capital de Massachusetts), es la más norteña
de las antiguas ciudades puritanas (1.630), con el escenario de quema de brujas
cercano de Salem y la prestigiosa universidad de Harvard (1.636). Ya por debajo de
New York, Filadelfia (1.750.000 habitantes), fundada por suecos en 1.640.
Washington Distrito Federal, capital federal de U.S.A., está situada en el
pequeño estado de Maryland (capital, Annapolis); la ciudad tiene poco más de 600.000
habitantes, pero su área metropolitana la pueblan unos 3.500.000 de personas, con

113
mayoría de raza negra. Los monumentos más interesantes, cercanos entre sí, son el
Capitolio (donde se puede asistir a una sesión del Congreso), el Instituto Smithsoniano
(un legado inglés), el Memorial Lincoln (Jefferson y Grant también tienen los suyos),
la Biblioteca del Congreso (¡13.000.000 de ejemplares!) y la Casa Blanca (algunos
de cuyos salones también pueden ser pisados y admirados por el vulgo)).
En el extremo de la península de Florida (700 kilómetros de longitud) está
Miami (400.000 habitantes), con todo lo que ya sabemos. Por el centro, en Cabo
Cañaveral, el centro de navegación espacial John Fidgeral Kennedy; cerca, en
Orlando, el reino mágico de Disneyworld, para los que tengan hijos.
Como ciudad más representativa del “profundo sur”, en Louisiana, New
Orleans (555.000 habitantes), con su antiguo distrito francés y unos famosos
carnavales. Por N.O. desemboca el “padre de las aguas”, el gran río Mississippi,
frontera de los tiempos más o menos gloriosos.
Por el norte, la frontera con Canadá son los Grandes Lagos (Ontario, Erie,
Hurón y Superior, compartidos). Detroit (4.500.000 habitantes) es la capital del
automóvil y Chicago (3.000.000 de habitantes, a orillas del lago Michigan,
estadounidense) siempre nos recordará a Al Capone.
Los Monte Apalaches, desde Alabama hasta el Atlántico (altura máxima,
2.037 metros), pueden ser recorridos a través del “Appalachian Trail”, que atraviesa
14 estados con varios Parques Naturales; como por sus 3.200 kilómetros de senderos
entre bosques no se permiten los vehículos, éstos tienen los 755 kilómetros de la
“Blue Ridge Parkway”.

EL CENTRO
Al oeste del Mississippi, hacia el norte, en Dakota del Sur, el “Mount Rushmore
Memorial”, donde están esculpidas las cabezas de Washington, Jefferson, Lincoln y
T. Roosevelt, de 18 metros cada una. En Montana, las estribaciones más
septentrionales de las Montañas Rocosas, con el Parque Nacional de los Glaciales.
El extremo noroccidental de Wyoming lo forma un rectángulo de 100X100 kilómetros,
que es el famoso “Yellowstone”.
En el centro centro se ubican las ciudades que ya parecen resultarnos
familiares por su reiteración en las películas de vaqueros: Cheyenne, Denver,

114
Oklahoma, Santa Fe, (en sus alrededores _Nuevo México_, las aldeas de los indios
pueblo), Kansas City,…
Salt Lake City (160.000 habitantes), mormona, capital de Utah, es lugar
ideal para los que no saben nadar, pues la salinidad del lago (6 veces más que el
mar), permite flotar sin esfuerzo. En el Parque Nacional Zion se pueden ver petroglifos
y restos prehistóricos.

EL OESTE
Washington (Capital Olympia) es el estado equivalente a la Galicia Española,
teniendo su puerto más importante en Seattle (500.000 habitantes).
La única ciudad grande de Oregón es Portland (400.000 habitantes); en su
suelo se encuentran los bosques mejor conservados y más protegidos.
En uno de los desiertos de Nevada surgió, en este siglo, La Vegas (200.000
habitantes), el sitio más adecuado para terminar este exiguo recorrido U.S.A.:
juguémonos nuestros últimos dólares.
Por encima de Canadá y colindando con Rusia (estrecho Bering), las heladas
tierras de Alaska, compradas en 1.867, dadoras de oro en 1.890, y de petróleo a
partir de 1.960; el monte Mckinley, los poblados esquimales, islas, fiordos e icebergs,
el río Yukón, pueden ser recorridos a partir de la capital del estado, Anchorage.

CATARATAS DE LA HERRADURA Y TORONTO


Al llegar a CANADÁ, lo primero que llama la atención es lo tranquilo que
parece todo (en grandes carteles, Droga=Cárcel), si bien algo abandonado fuera de
temporada. La gente semeja de más categoría. Se denota la prosperidad. Todo muy
controlado, estilo centro-europeo. Modernidad y pulcritud. Educación. Su cocina
propia no destaca por nada, a los vinos les falta grado y solera, y las cervezas
resultan corrientes. Las ofertas de sexo se agrupan en los diarios bajo el rótulo
“negocios personales”. Las tan famosas cataratas del Niágara toman el nombre del
río que las produjo, río que sirve de frontera entre U.S.A. y Canadá, pero los yanquis,
tal como tienen por costumbre, se han apropiado del término, y también de la isla
del medio (Goat I), construyendo carretera y mirador pero, a pesar de todo, sus
vistas son peores y sus cataratas menores que las de los vecinos. La altura del lado
estadounidense (la ciudad más cercana es Búfalo, y hay puente fronterizo) es superior

115
en dos metros (56, y otro tanto bajo las aguas), pero la longitud que les corresponde
es de 320 metros. Al otro lado, los canadienses quieren dejar bien claro que tienen
sus propias cataratas, diferenciándolas como “Horseshoe Falls”, o sea Cataratas de
La Herradura (675 metros de longitud). Hace 12.000 añitos la caída estuvo a 11
kilómetros de de distancia de la actual, pues las aguas producían una erosión
aproximada de metro por año (actualmente se ha corregido a 30 centímetros cada
10 años).
La ciudad llamada Niágara (como su homónima de rival yanqui) es pequeña,
orientada hacia su única fuente de ingresos. Han excavado túneles en 3 niveles, dos
por debajo de la caída de las aguas (2.000.000 de litros al segundo, por término
medio), que impresionan –en el primer nivel, al aire, desde la ventana de la derecha
se obtiene la mejor perspectiva-. En los meses en que no hay témpanos flotantes,
se puede ir en barco y hasta por debajo del río (y también por encima, en
helicóptero); más seguros los comedores panorámicos instalados en 3 torres. En el
Museo conservan diversos recipientes usados para tirarse; una mujer fue la primera
en hacerlo en un barril en 1.901 –al lado, en una tienda, nos pueden hacer una
fotografía que pasada a blanco y negro “cuela” perfectamente por auténtica noticia
periodística-. El hotel de más renombre es el “Sheraton”, pero la mejor vista, en
primera línea, desde los “Skyline” (en el nuevo se goza de balcones).
Las tan promocionadas cataratas son un fiasco –sobre todo, para quien haya
visto Iguaçu-. Inscritas en un entorno muy urbanizado, sucias por las cercanas fábricas
humeantes, no merecen una visita por sí solas. Pasado el segundo puente, el ¡Niágara
Español!, amplio recodo del río que se cruza en un teleférico construido hace casi
80 años por un ingeniero español.
La ciudad industrial de Toronto (3.800.000 habitantes) está relativamente
próxima a las cataratas; se extiende por las orillas del lago Ontario. Hacen Museos
de todo (hasta de hockey), por no tener mucho, pero uno que vale la pena es el
“Royal Ontario”, con una de las mejores colecciones mundiales de arte chino. Se
nota amplia ascendencia italiana (muchos usan sombreritos), también abundan
japoneses y bastantes judíos con su bonete, barbas, gafas y hojas de cotizaciones
bursátiles; unos y otros siempre andan colgados de sus teléfonos portátiles. ¡Ojo!
Aunque se presume cierto bilingüismo, la mayoría –incluidos centros oficiales- han
despreciado la lengua francesa. Por su gran extensión, destaca el Parque Algonquino
–por las mismas calles o carreteras, no es 116
raro ver cruzar respetadas ardillas grises-
RESTO DE CANADÁ
El mayor atractivo es un paisaje bastante intacto, lo peor el frío clima. El
estilo de vida es muy tranquilo, en próximo contacto con la Naturaleza domeñada
(en la bandera, la hoja de arce, símbolo nacional). Sus lagos (¡150.000!) y ríos (con
sus canales y esclusas) contienen la séptima parte de toda el agua dulce del mundo.
Pesca; grutas. La región de los bosques y praderas está al sur, en el norte coníferas
y tundra (y hielo), llanuras en el centro y este, y las Montañas Rocosas al oeste.
Las principales ciudades se alinean a partir de Toronto y siguiendo el curso
del río San Lorenzo, que comunica los lagos con el océano. Quedan algunos fuertes
de la época de los pioneros, así como granjas. En el Atlántico, las abruptas y ricas
costas de la isla de Terranova y la de Baffin, que cierra el enorme mar interior de la
Bahía de Hudson; en medio, la Península del Labrador; arriba, fragmentación en
peligrosas e inhóspitas, improductivas y deshabitadas islas y fiordos. Millares de
lagos y ríos en las llanuras del centro, que terminan contra las Montañas Rocosas.
En el extremo sur de la costa oeste se asienta Vancouver (1.550.000 habitantes),
ciudad sofisticada con alrededores de gran belleza; más belleza paisajística,
grandiosa, hacia el norte, pero de difícil acceso, así como la zona esquimal del
Yukón.
La sede del gobierno está en Otawa (870.000 habitantes), por disposición
de la reina Victoria en 1.857; en ella se mezcla lo antiguo y lo moderno; un buen
museo en la Galería Nacional. Cosmopolitismo y modernidad en Montreal (3.100.000
habitantes), que no obstante conserva un interesante casco antiguo; es una isla de
45X15 kilómetros, abarcable desde la cima del Mont Royal. Por último Québec
(6.00.000 habitantes), cuyas murallas siguen en pie, así como el castillo de Frontenac.

117
ANTIGUA Y BARBUDA
440 Km2. 77.000 habitantes. Dólar Caribe-Este
BAHAMAS
13.939 Km2. 253.000 habitantes. Dólar de Bahamas.
BARBADOS
430 Km2. 255.000 habitantes. Dólar de Barbados.
CUBA
110.922 Km2. 10.609.000 habitantes. Peso
DOMINICA
751 Km2. 83.000 habitantes. Dólar C. –E.
GRANADA
344 Km2. 85.000 habitantes. Dólar C. –E.
HAITÍ
27.750 Km2. 6.486.000 habitantes. Gourde
JAMAICA
10.991 Km2. 2.420.000 habitantes. Dólar de Jamaica.
PUERTO RICO
8.897 Km2. 3.522.000 habitantes. Dólar U.S.A..
REPÚBLICA DOMINICANA
48.308 Km2. 7.170.000 habitantes. Peso
SAN CRISTÓBAL Y NEVIS
262 Km2. 44.000 habitantes. Dólar C. –E.
SAN VICENTE Y LAS GRANADINAS
388 Km2. 116.000 habitantes. Dólar C. –E.
SANTA LUCÍA
617 Km2. 151.000 habitantes. Dólar C. –E.
TRINIDAD Y TOBAGO
5.130 Km2. 1.277.000 habitantes. Dólar Trinitario.
El Caribe. Un paraíso imaginario o real. Cocoteros y palmeras sobre albas
arenas y prístinas aguas. Tiburones, miseria y tifones. Huellas españolas, inglesas,
francesas y holandesas. Hay de todo.

118
ANTIGUA Y BARBUDA
Además de estas dos islas (volcánica la primera y coralina la segunda), a
destacar el peñasco de Redonda (2 kilómetros X 1 kilómetro), por sus fosfatos;
otros numerosos islotes rodeados de arrecifes coralinos, son muy adecuados para
las aves marinas. Asociadas a la Commonwealt desde 1.967 e independiente desde
el 81. En la isla principal está la capital, Saint John’s (36.000 habitantes), donde un
museo recuerda la estancia del almirante Nelson –que por aquí se casaría con una
viuda- y su amigo el futuro Guillermo IV; abundan hoteles de todas las categorías.
Pequeño yacimiento arqueológico en Indian Creek.
BAHAMAS
Una veintena de islas grandes y siete centenares de islotes componen el
archipiélago, independiente desde 1.973, si bien con instalaciones militares U.S.A.
y lo que esto comporta. La sede del gobierno, Nassau (170.000 habitantes), se
ubica en la isla New Providence, aunque la mejor dotación turística corresponde a
la Gran Bahama, donde está el mayor puerto. Por lo demás, extensas playas de
aguas transparentes en las que practicar submarinismo entre complicadas
formaciones coralinas.
BARBADOS
En una atmósfera muy británica (independiente, pero dentro de la Comunidad
Británica, desde 1.966), el turismo de esta isla calcárea (capital Bridgetown, 100.000
pobladores) la encontrará bien equipada. Se han descubierto petróleo y gas natural.
El primer presidente de EE.UU., vivió aquí. Se conservan edificios antiguos en piedra
y monumentos neogóticos; la catedral, Saint-Michael, data de 1.789. Los lugareños
“bajans”, saben preparar el exquisito pez volador y la típica bebida “sangaree”.
CUBA
La Habana (2.000.000 de habitantes) se debe contornear junto a su motivo,
el mar, lo que es posible a lo largo de los varios kilómetros del paseo del El Malecón.
Su puerto lo vigilan la fortaleza de la Punta y el Castillo de El Morro, ambos de final
del siglo XVI, siendo todavía más antiguo el Castillo de La Fuerza (1.538); otros
bastiones defensivos eran los castillos de Chorrera y Cojimar; la última, la más
inexpugnable, de impresionantes murallas, es la fortaleza de San Carlos de la Cabaña
(1.774). El casco antiguo se agolpa alrededor de la Plaza de Armas, considerándose
la más bella de las plazas la de la Catedral (cuadrada, de 1.788); abundan las

119
viviendas señoriales bien conservadas. Para seguir callejeando, el Paseo de la
Alameda y la magna Plaza de la Revolución.
La antigua capital, fundada en 1.514, Santiago, guarda el encanto de su
pasado colonial; cuna de los trovadores, su carnaval es uno de los más trepidantes
del Caribe; no le falta su Castillo del Morro (1.643). Pequeñas localidades muy
cercanas a La Habana y magníficamente conservadas, son Guanabacoa y Santa
María del Rosario. No se podrían olvidar ni Trinidad ni Sancti Spiritus, ni tampoco
los 400 kilómetros de barrera de coral que bordean los cayos del archipiélago Jardines
del Rey, en Camagüey; entre las playas, Varadero, y como es la menor más destacable,
la de Los Pinos.
DOMINICA
Volcánica (fumarolas y chorros de agua caliente), soberbiamente accidentada
(picos superiores a los 1.000 metros), último refugio de los caribes (en la reserva de
Salybia) y calmo paraíso botánico; unos 350 ríos y litoral profundamente rocoso,
con escasas playas. Desde poco después de su plena autonomía en 1.978, gobierna
una mujer, Mary Eugenia Charles. Capital, Roseaux (25.000 habitantes), con parte
histórica en la ciudad alta y algunos alojamientos en la baja; numerosos rastafaris.
Se pueden encontrar roedores agutíes y raros manicúes “opossums”; para comer
crapauds (ranas enormes).
GRANADA
Como otras islas vecinas, formó parte de la Federación de las Antillas
Británicas; independizada desde 1.974, un lustro después el izquierdista Maurice
Bishop derroca al primer ministro, pero el ejército lo asesina en el 83 y EE.UU.
invade el territorio. El imponente fuerte Saint-George’s dio nombre a la capital,
con vegetación lujuriante y verdes montañas.
HAITÍ
Montañosa pero deforestada (no queda ni un 2 %), la accidentada costa
forma calas y puertos naturales. Port-au-Prince (515.000 habitantes), capital, tiene
la catedral de la Trinité y un Museo Nacional, pero la ciudad más histórica es Cap-
Haïtien, con las majestuosas ruinas de la Citadelle de la Ferriére, palacio fiel reflejo
de Versalles mandado construir por el primer rey, Henri Cristophe. Pinturas “naif” y
vudú más o menos auténtico. Cómase una homard Flambu (langosta) con diri et
djondjon (arroz y setas negras secas); para beber, buen ron.

120
JAMAICA
La Xaymaca (“tierra de bosques y aguas”) de los Arawak obtuvo la autonomía
absoluta en 1.962. La sede de los “rastas”, Kingston, va por los 665.000 moradores,
conservándose interesantes edificios coloniales entre los que destaca Fort Charles.
Es uno de los centros caribeños de vacaciones mejor organizado, adecuado para el
“dolce far niente”. Los nativos trabajan en paja, madera, cerámica, filigrana de
plata y telas pintadas a mano.
PUERTO RICO
El viejo San Juan (550.000 habitantes) es un museo en sí, con un centro
histórico de 7 X 7 cuadras. La panorámica de la capital rodeada de murallas, se
obtiene desde el Fuerte de San Cristóbal (1.643). Por calles escalonadas se pueden
admirar los numerosos palacios e iglesias (la Catedral data de 1.521). Lo más notable,
el Castillo de San Felipe del Morro (1.540), de seis niveles jamás conquistados.
Ponce, segunda ciudad nacional, “perla del sur” y puerto comercial, conserva
parte señorial. Parguera no es más que un pueblecito de pescadores, pero cerca
está la Bahía Fosforescente, que reluce de noche con millones de microorganismos
(también ocurre en la Bahía de Mosquito). Mayagüez (“lugar de muchas aguas”) es
la tercera ciudad en tamaño, también punto y partida de excursiones. Entre las
islas circundantes, citar Caja de Muertos, La Mona y Culebra. La espectacular Selva
Pluvial del El Yunque se considera el Bosque del Caribe (Sierra de Luquillo). Como
broche de oro, restos arqueológicos precolombinos (afueras de Ponce): Centro
Ceremonial de Tibés.
REPÚBLICA DOMINICANA
Santo Domingo (1.300.000 habitantes) se extiende horizontalmente, sin
edificios altos, caótica y animada; no tiene plaza pero sí un concurrido Malecón. El
Alcázar de Colón (1.509, sin un sólo clavo en sus orígenes), la Casa del Cordón, las
ruinas de San Francisco (monasterio) y San Nicolás (hospital), la calle de Las Damas
y la catedral de Santa María la Menor (1.521), son las muestras antiguas más notables
de la primera capital de Indias. Es de destacar un magnífico Jardín Botánico de dos
millones de metros cuadrados.
Por orden alfabético, nombrar los Altos de Chavón (ciudad de los artistas),
el Lago Enriquillo (el mayor de las Antillas, 200 km2., plagado de caimanes y aves),
Jarabacoa (para los que busquen montaña), Playa Dorada (el centro turístico por

121
excelencia) y, sobre todo Santiago de los Caballeros, a donde van tantos españoles
a estudiar odontología –como mi amigo Fernando “Cowboy”, que me habla de los
“dominican-york”, enriquecidos por la droga en U.S.A., que portan ostentosas
cadenas de oro de las que cuelgan en el pecho placas con su nombre, también en
oro-.
SAN CRISTÓBAL Y NEVIS
San Cristóbal, de antiguo llamada Liamui-a (“isla fértil”) y actualmente St.
Kitts, se asoció con Nevis en 1.967, pero no obtuvieron la independencia hasta el
83; ambas son volcánicas. La capitalidad la ostenta en St. Kitts la pequeña población
de Basseterre (18.550), con varios fuertes y un magnífico castillo. Están en vías de
urbanización y expansión turística.
SAN VICENTE Y LAS GRANADINAS
Ante la disolución de la Federación de las Islas Occidentales (1.962), San
Vicente entra en la Commonwealt (1.969) y cuando se independiza (1.979) le
adjudican las Granadinas del norte (a destacar Bequia, Mustique y Cannouan –algunas,
privadas-, pues tienen arena blanca, mientras que la de San Vicente es negra,
volcánica. Aquí, el capitán Bligh del “Bounty” consiguió aclimatar el árbol del pan
(artocarpus incisa). Fuerte mestizaje de negros e indios: “black-caribs”. Capital,
Kingstown con 20.000 pobladores, dos catedrales (católica y protestante) y la
protección del fuerte Charlotte (siglo XVIII). Junto al río Bucamente, principalmente,
petroglifos y extrañas inscripciones triangulares; en Bequia, Moon Hole, viviendas
trogloditas.
SANTA LUCÍA
Luanalao (“país de las iguanas”) fue la más disputada de las Antillas
(independencia política en n1.979); volcánica y montañosa, goza de bahías profundas
y tranquilas con hoteles de gran lujo a precios bastante altos. La capital es el
apacible puerto de Castries (55.000 habitantes); entre los fuertes destaca el Viejo,
Charlotte y el de la Paloma. En Sonfrière, manantiales con propiedades curativas.
Deliciosos cangrejos y langostas. Los que no puedan prescindir de las compras-
recuerdo-regalo, se han de limitar a algunos recuerdos de paja.
TRINIDAD Y TOBAGO
Trinidad, bajo dominio español hasta 1.802 en que fue cedida a los ingleses,
se anexionó en 1.889 Tobago y conjuntamente obtuvieron la independencia en 1.962;

122
están situadas frente a la desembocadura del Orinoco. Magníficas playas de palmeras
con bellísimas aves del paraíso; petróleo con grandes refinerías en Pointe-à-Pierre;
el más grande lago (Pitch Lake) de asfalto natural del mundo (42 hectáreas con 90
metros de profundidad). Puerto España, capital de 350.000 pobladores, es un
auténtico crisol étnico y cultural, con unas famosísimas festividades de carnaval
que ya comienzan con el año (ojo, que no abundan los hoteles). En las grutas de
Aripo, estalactitas y estalagmitas realmente esplendorosas. Respecto a Tobago,
decir que es el paraíso de los pájaros, que se atribuye una presunta “gruta Robinson
Crusoe” y que es de admirar la gran barrera de coral de Bucco Reef.
RESTO DE ISLAS
No han sido tratadas hasta ahora por su prolijidad, pero tampoco son
obviables. Ante todo, Estados Unidos, con sus islas Vírgenes, territorio no incorporado
comprado a Dinamarca (1.917) cuyos residentes gozan de ciudadanía U.S.A. pero
no derecho de voto; a unos 60 Kilómetros al este de Puerto Rico, se compone de
medio centenar de islotes casi todos deshabitados y de St. Thomas (Charlotte Amalie,
capital), St. Croix y St. John; el turismo es la fuente principal de ingresos y empleos.
Y Francia, y los Países Bajos y el Reino Unido; son poseedores de las Antillas Menores,
llamadas Antillas francesas, Antillas holandesas y Antillas inglesas (estas últimas
agrupadas en un mercado común, en 1.973, llamado Caricom, se agrupan en islas
de Sotavento –Leeward- y de Barlovento –Windwards_), que consideraremos,
brevemente, a continuación. Señalar, antes, que el franco, el florín y el dólar E.C.
(east caribbean) son las monedas respectivas.
Guadalupe. Departamento de ultramar francés que comprende Basse y
Grande Terre, Les Saintes, Marie-Galante, Désirade, St. Barthélemy y St. Martin.
Las dos islas mayores están separadas por un canal; la ciudad de mayor importancia
es Pointe-à-Petre (en Grande Terre, 40.000 habitantes). El archipiélago de las Santas
es de pescadores, comenzando a abrirse al turismo. Marigalante debe su topónimo
a Colón. La Deseada nunca lo fue, por haber albergado una leprosería, SanBartolomé,
antigua propiedad de la Orden de Malta (1.651), es refugio de multimillonarios. Por
último, San Martín es (como la isla anterior) un amplio puerto libre, de ventajosos
precios. Para sus primitivos usuarios naturales, esto eran “bellas aguas”, Karukera.
Martinica. “Isla de las flores”, otro departamento de ultramar; célebre como
cuna de la emperatriz Josefina (esposa de Napoleón I) y como inspiradora de los

123
pintores Gauguin y Laval (1.887). La capital, Fort-de-France, pasa de los 100.000
habitantes. El turismo es importante. En lugares apartados, el único reptil mortal
del área, la serpiente trigonocéfala o “punta de lanza”.
Las Antillas Neerlandesas configuran un territorio autónomo dividido en dos
grupos: cerca de Venezuela (ni 60 kilómetros al continente), Aruba, Bonaire (con
petróleo) y Curacao (Willemstad, 125.000 habitantes); al este de Puerto Rico, la
parte sur de la ya mencionada San Marín (con la capital, Philipsburg, 7.000
habitantes), Saba y San Eustaquio (o “Statia”). Se habla el papiamento, mezcla de
español, portugués, holandés, inglés y lenguas africanas.
Anguila es, como todas las mencionadas a continuación, una dependencia
británica (capital, The Valley). Las Bermudas (Hamilton, 6.000 habitantes) se
componen de 150 islas pequeñas, de las que están habitadas una veintena. Las
tropicales Caimán (George Town) son un trío. La tranquila Montserrat sirvió de
refugio a Paul McCarney. Turcas y Caicos son 30 islas o islotes que viven de la sal y
la pesca. Finalmente, con autonomía limitada, las Islas Vírgenes Británicas, una
cuarentena con capital en Road Town (Isla de Tortola).

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125
126
Oceanía
la
Desconocida

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128
INTRODUCCIÓN

Un año.
En busca del atolón. El más difícil todavía. La Vuelta al Mundo. ¡Y voy a ir!
¡Muerte o Poder! Altar o Tumba.
“Nuestros peligros pueden, realmente, empequeñecer los del pasado. Así
también nuestras oportunidades”.
Voy a dar la Vuelta al Mundo, aunque sea lo último que haga en este mundo.
Hace un año.
¡Lo conseguí!
Un año, hace un año que justo volvía a pisar suelo ibérico, amaneciendo. Al
anochecer, mi hermana Loreto me despedía en Barajas para los últimos 500
kilómetros del final; una horita más por el aire y aterrizaje en Labacolla, donde me
recibía mi otra hermana, Olga. Aquí mismo, Campo de Estrellas de Santiago el
Mayor, 65 días antes, ambas, Olga y Loreto, me habían despedido- quizás, nos pasó
a los tres por la mente la sombra de no volvernos a ver, nunca, en esta vida, pero ni
me emocioné: la única lágrima al partir por mi sobrinita Paula (ahora, acompañada
por Lucía: ¡qué crezcan!)-.
Adelante. Ánimo. Paciencia. Constancia. Serenidad.
1.993 fue el año del Jacobeo. Para mí, individualista acérrimo, “Rafaeleo”.
Comentando con el canciller del Arzobispado pretensiones del viaje- siempre preparo
un documento acreditativo rotundamente sellado por empresa, universidad, banca,
iglesia y policía-, no pudo menos que exclamar: ¡usted si que va a hacer un buen
“Xacobeo”!
Con nada más que 8 kilos de equipaje- no considero mi menor mérito, y de
suma utilidad para esperas de aeropuerto, haber dado la Vuelta al Mundo con una
sola maleta al hombro-, despegaba de Santiago para tomar tierra en la terminal 3
del londinense Heathrow, donde con silencio y pulcritud pululaban hindúes, iraníes
y los inevitables japoneses- ¡hay que salir!, para ver-.
Se vive pero no se acaba de creer, de asimilar, el sobrevolar a más de 11.000
metros (en la aparentemente segura, pese a los meneos, jorobita de un poderoso
“Jumbo Boeing 747”) Bélgica, Alemania, Checoslovaquia, Austria, Yugoslavia,

129
Bulgaria, Turquía, Irán, India, Tailandia y Malaysia; 11.000 km. de un tirón en 13
horitas flotando en el éter. Changi, el mejor aeropuerto del mundo (nominación en
1.991), en el cosmopolita emporio financiero de toda Asia, Singapur; grandes fuentes
luminosas, jardines interiores, pantallas y paneles informativos, las llamadas locales
gratuitas así como los diversos cinemas, pero ¡5 dólares! por una cerveza; las tazas
de los mingitorios son bajitas, adecuadas a ellos. Después, otros 6.000 km. y 7
horas con escalas en Melbourne y Sidney, tras mar y más mar, grandes islas
deshabitadas, meandros, ríos fangosos, mucha vegetación, multitud de barcos en
la bahía de Singapur; tipos curiosos, muchachitas deseables, tiendas “duty free” –
nada baratas-, todo informatizado, los retretes siempre impecables, ¡mundo de
locos!; la diferencia horaria con “Spain” era ya de 6 horas “ganadas” que irían
aumentando hacia el este. Como última ración
- por cierto, los guisantes y judías servidos durante el primer vuelo, sabían
(o no sabían, para ser exactos) exactamente igual que los últimos y todos los
intermedios-, otro montón de kilómetros y una montaña de horas; fue preciso
totalizar unos 25.000 km. y 30 horas por el aire- con bastante bamboleo, además-
para el primer destino, Manila. Había superado mis propias marcas anteriores, en
todo.
¡Adelante! Los sedentarios que permanezcan en sus butacas de “skay”
creyendo que conocen mundo por las seleccionadas y mediatizadas imágenes de su
televisor. ¡Y prefiero hacerlo solo!
Vivir en el aire. Aquello no era sino una menudencia de 10 aterrizajes y
despegues para la primera etapa (triple). A seguir, Jakarta, Kota Kinabalu, Bandar
Seri Begawan, Kuching, Kuala Lumpur, Jakarta otra vez, Yogyakarta, Surabaya y
Dempasar, donde me quedé “estancado” tras 26 siempre peligrosas maniobras (en
pleno vuelo, el índice de siniestralidad es muchísimo menor).
Resultó ineludible cruzar de nuevo multitud de islas toda vegetación y una
zona de la inmensa Australia nada desértica, sino todo lo contrario (los empleados
de aeropuertos, ya con el pantalón corto; se sobrepasaba, siempre y con mucho,
los 30 grados); bis en Sidney, a continuación Brisbane, el peligrosísimo Port Moresby,
retorno a Cairns para ir a Honiara y Port Vila hasta establecer la base de operaciones
aéreas en Nadi, el aeropuerto internacional de las islas Fiji, el punto neurálgico de

130
toda la extensión de Océano tenuemente tamizado de islitas o atolones y que
conocemos, conjuntamente, como Oceanía.
De allí a Tongatapu, Apia (retorno a Nadi), Port Vila otra vez (Nadi otra
vez), Funafuti, Tarawa y nueva sub-sede logística en Nauru, la riquísima mini-isla
atravesada por la teórica línea del ecuador.
Con pena-ansia de acabar, para Kosrae, Ponape, reencuentro con Kosrae,
Nauru y Nadi y ya desde allí, en el día más largo, de 43 horas (por mucho que lo
haya explicado Julio Verne es algo que tampoco se acaba de entender), como quien
no quiere la cosa, otros 9.000 km. dentro del gran cilindro metálico veloz que me
depositó en tierra civilizada, Los Ángeles, previa escala en Honolulu- la cual, Hawai,
colonial, ni quise visitar-. Leer, leer y leer, ¡qué placer leer! lo que se valora un
buen hotel y una cómoda limusina. Esto se acaba; solo, siempre solo (y sudando,
siempre sudando). De despedida, directo desde L.A.X., por encima de California,
Arizona, Nuevo México, Kansas, Illionois, Indiana, Ohio, Pensilvania, Nueva York,
saliendo por Boston -¡qué espectáculo de tormenta!- para, siguiendo el paralelo 44,
retorno. Fin.
Fueron casi seis millares de minutos de aeroplano para acumular casi ocho
decenas de millones de metros (en los aviones mayores, una pantalla electrónica va
proporcionando a todos los pasajeros todos los datos). 97 horas y media para 77.500
km. – con 74 aterrizajes y despegues-; el total del itinerario, con otros medios de
transporte y los propios pies, sobre 82.000 kilómetros.
Hizo falta mucho más de voluntad que de dinero; por extraño que resulte,
el dar la Vuelta al Mundo en avión no es muy costoso, hasta se puede considerar
barato. En las oficinas centrales de “Iberia” en La Coruña hay uno de esos escasos
especímenes humanos cuya característica principal es la eficacia (todos sus
compañeros de toda Galicia están continuamente llamándolo para hacerle consultas);
al buen Cano debo la información y diseño del “World Around”. Es éste un billete
emitido conjuntamente por “Iberia”, “Qantas” (Australia) y “Air Pacific” (Fiji) que
faculta durante todo un año, girar por aire alrededor del Planeta, siempre en la
misma dirección pero permitiendo determinados retrocesos y modificaciones- su
coste estaba en poco más de 300.000 pesetas-; gracias al consejo de Cano, viajé
con el más costoso pero muy conveniente “Business Class”, con las agradecidas
ventajas de ir delante de todo con butacones más amplios, salir los primeros, tener

131
más elección de comida y bebida, mejor atención y, sobre todo, salas exclusivas-
donde las haya- para los insoportables enlaces, con teléfono, televisión, lecturas,
auto-servicio (comer y beber) libre y hasta ducha.
¿Qué hice en el después? … otro coruñés mucho mayor viajero, todavía, que
uno mismo, Fernando Paz Leis, siempre dice que lo difícil no es el partir, sino el
volver. Afortunadamente, estoy donde y como pensaba hace justo un año. Al retorno
fue la búsqueda, el reencuentro, con la propia tierra, con los olores, sabores, familia,
la mujer, conocidos, amigos, cultura, paz. Lo que había ido a buscar tan lejos ya
sabía de antemano que estaba muy cerquita, en el vecino Portugal; una ciudad
amurallada como Óbidos no existe en toda Oceanía (ni en España), un solitario
paraíso como su Laguna, tampoco.
Un ciclo solar después, han llegado los momentos de releer y redactar lo
aprehendido. Esto es lo que conozco sobre Oceanía, la desconocida.

Quinta Bom Succeso, Óbidos.

Junio, 1.994.

132
FILIPINAS

Puede empezar pareciendo extraña la inclusión del archipiélago filipino en


un derrotero sobre Oceanía, pero menos extraño es que sea el punto de partida
para un gallego-español que husmea rastros de su cultura. Todo tratado de geografía
asimila Filipinas a Asia, pero tampoco es exacto. Si consideramos el Océano Pacífico
como elemento aglutinador y concepto definitorio, es innegable que tan Oceanía
es Filipinas (y la Malaysia de Borneo e Indonesia, o Galàpagos y Pascua por el extremo
opuesto) como el resto de islas circundadas. Si seguimos el criterio de los biólogos
según la escisión clásica entre Bali y Lombok, también Filipinas (y el mismo Japón)
nos quedaría dentro de nuestro marco. Si optamos por el meridiano que cruza Tokio
y delimita Papúa-Guinea, sí que Filipinas e Indonesia quedan fuera, pero también lo
estarían, entonces- y los criterios han de ser uniformes-, dos tercios de Australia,
considerada en toda enciclopedia como Oceanía.

MANILA
La sensación en la primera tierra (insular) asiático-oceánica, fue la misma
que en todo país tropical: vaharadas de aire cálido, placidez, lasitud,… un tufillo a
gasolina no muy acusado. Y contaminación, elevadísima; como todavía no pueden
llegar a adquirir máscaras, se protegen con pañuelos o, muchos, con toallitas que
también usan para el sudor. Tráfico, muy, muy denso y lentísimo, anárquico, al
montón; bicicletas y motos circulan peligrosamente por las aceras (apenas guardias
de tráfico y los semáforos se respetan menos que más). Vehículos nada rutilantes,
algunos (lo mismo los mercantes en el mar) con las luces sin encender por la noche.
Los transportes más usados- pueden llegar a ser peligrosos para el turista- son los
“jeepneys”, derivados de los “Jeeps” que el ejército de ocupación abandonó o
vendió rehabilitados (se suelda un trozo y ya tiene mayor capacidad, se carroza con
tablas y ya no se mojan) para componer un variopinto espectáculo, en cadena pero
no en serie, pues todos ostentan una o varias peculiaridades. Los peatones también
al mogollón, ejerciendo el “dribling”. Incesantes pitidos y bocinazos, pero de aviso,
a intermitencias (no continuos, de enfado); se lo toman como hay que tomárselo:
inevitable.

133
Definición de Manila: inmensa cloaca superpoblada. Anexas a los más altos
y grandes edificios (no llamativos), las más miserables chabolas de lata, cartón y
papel (la lata es el tejado, el cartón la pared, y el papel la cama). Allí donde ven el
mínimo solar libre, se aferran y ya no hay manera de echarlos. La gente, en principio,
es amable, servicial e interesada por el turista, al que le cobrarán de más todo lo
posible –como regla general, el triple-. La sensación de peligrosidad no es muy
grande, te miran atentamente pero no como si pensaran “si pudiera te mataba y
robaba”, sino “¡qué suerte tienes haber nacido como naciste, qué pinta de rico
llevas!”. No hay establecimiento (restoranes incluidos) sin uno o más guardas
ostentosamente armados a la puerta; con todo extranjero o con el nativo bien
motorizado y vestido, siempre serviciales.
El calor es siempre agobiante, espeso, húmedo. De noviembre a febrero es
la buena estación, con algo de aire fresco y pocas lluvias; la primavera europea
viene a corresponderse con el verano local. La urbe está cruzada por el río Pasig,
cuya escasez de puentes (una docena para una inmensidad de más de cuatro millones
de seres humanos) agrava el caos irresoluble, la desorganización. Ciertas zonas
quedan bajo el nivel del mar, y como en la parte opuesta a la bahía está la Laguna
Bay influida por las mareas, si coinciden dos altas fuertes, inundación al canto. Los
tifones se producen a partir de junio, con harta frecuencia. La iluminación es por
todas partes deficiente, pobre, espaciada; es usual que falte unas siete horas por
día. Terremotos, frecuentes; el que me cayó en suerte en lo alto del gran edificio
(18 pisos) del Hotel Manila, hizo oscilar las lámparas durante algo más de medio
minuto, percibiéndose no un temblor, sino bamboleo (ni salió en la prensa porque
sólo murieron 6; el último noticiable, había sido en julio del 90).
La alta presión atmosférica provoca dolor de cabeza; no se debe estar más
de media hora andando bajo el sol de plomo – conveniente llevar un paraguas,
abierto: también puede ponerse a llover, sin transición perceptible-. ¡El olor!,
nauseabundo; con las lluvias todavía se intensifica y anuncia el tifus; por todos
lados apesta, con aguas inmundas, charcos-cloacas y basuras de todo tipo dispersas
y amontonadas. Infernal ruido incesante aumentado por los generadores domésticos
e industriales cuando falla el suministro. Deporte de esquiva de “jeepneys” y taxis
locales (bicicleta o moto con sidecar o cajón, abierto pero con habitáculo para
todos cuantos se atrevan a meter – “metro” subterráneo no hay-); las motocicletas

134
escasas y de poca cilindrada –sólo grandes las de la policía, aunque no nuevas-;
muchos automóviles con cristales obscuros o espejados. Gente, gente, gente y más
gente, siempre y en todas partes multitud, no existe la intimidad ni la privacidad;
algunos hacen al extranjero extrañas ofertas que siempre se deben desoír. Los hay
que se suben la camiseta y van con la barriga al aire; la mayoría descalzos o con
chancletas; todo el que puede tumbado o, en su defecto, en cuclillas –raro,
comprobado: la gente no huele ¡y no usan desodorantes!-. Afortunadamente,
escasísima industria (la única chimenea, en plena cabecera del Parque Rizal). El
modo de clausurar un local son dos tablas cruzadas, punteadas, con el rótulo “Closed”
por orden del alcalde; ¿quién podría clausurar esta ciudad?, ¿cuál es el modo de
cerrar las capitales todas?
INTRAMUROS era el reducto español de seguridad (los nativos no tenían
permitido habitarlo), de 6 metros de altura por 13 de ancho, con un perímetro total
de 13 kilómetros; se tiene acceso por 7 puertas y, cómo no, dentro llegó a haber 15
iglesias y 6 monasterios. Mc’Arthur ordenó el 1.945 su destrucción sistemática,
pero con las murallas no pudieron y hoy día se pueden recorrer por el holgado
adarve imaginando esplendores coloniales de siglos idos. Extramuros, todo es reseca
pradera y un campo de golf –sin ser jugador, no parece de lo mejor-; pedigüeños
(dentro, también).
Lo más ensalzado es San Agustín, con restos de lo primitivo del s. XVI; la
iglesia ha sido pintada con volutas a lo clásico en un tono gris que estropeó la
piedra, lo único notable es el púlpito. En su Museo, restos de lo poco que se salvó de
los sucesivos saqueos; muchos cuadros, en su mayoría modernos y de pésima
ejecución; los dos claustros, a doble nivel, delimitan un patio tropical con fuente.
La Catedral, erigida y destruida (incendios, terremotos, tifones y bombas) en una
docena de ocasiones, no conserva nada de magnificente.
Restos, ruinas, letreros (en inglés) donde hubo edificios civiles o religiosos,
… apenas nada queda (miseria, gallinas y pavos, durmiente -¿o muertos?-…). Hay,
dispersas, algunas viviendas reconstruidas al estilo antiguo, muy dignas para
habitarlas, si bien tampoco por aquí dentro se disipa la imagen general de extensa
cloaca atiborrada de gente (imposible sentirse solo a no ser bien encerrado en la
propia habitación; si se enciende el receptor de televisión, “culebrones” con

135
protagonistas asiáticos pero con la misma pobreza decorativa y expresiva de los
americanos).
Fuerte Santiago es el bastión defensivo del extremo noroeste colindante
con el río; destruido en ocasiones sucesivas desde que un rajá lo habitó inicialmente,
estaba en obras. Se conserva la celda donde el héroe independentista José Rizal
(de los otros héroes nacionales, Marcelo del Pilar y López Jaena, nadie parece
acordarse) esperó su ejecución en 1.896, con diversos recuerdos y objetos de uso
personal y retratos; cobran entrada, no dejan bajar a los sótanos y, encima, piden
donativo; las obras clásicas de Rizal, “Noli me tangere” y “Filibusterismo”, no
están editadas en la lengua en que fueron escritas, castellana. El gobernador de
todo esto entre 1.590 y 93, se llamaba Gómez Pérez das Mariñas.
MUSEOS
Casa Manila, en Intramuros, es un museo en sí, reproducción que semeja
fiel del antiguo modo de vivir, sus muebles, bacinillas, utensilios de cocina, abanicos,
un repujado salón de baile, … Al lado –se accede por la misma entrada: nunca
tendrán cambio, ni dólares -, una demostrativa muestra fotográfica de cómo quedó
todo esto después de la 2ª Guerra Mundial.
Nayong Pilipino – no usan la efe y ahorran sílabas: “cano” por americano- es
un reducto entre los dos aeropuertos para cuyo acceso cobran siete veces más a
todo extranjero: hay que enseñar cualquier carné, afirmar tajantemente que se es
residente, insistir, resistir, y esperar que se lo crean. Están reproducidas viviendas
típicas de varias islas, que se usan como puestos de venta. En jaulas, unos pocos
pájaros y águilas filipinas; acuario; actuaciones; bien una islita toda cerrada por
mallas metálicas con algunas aves sueltas. En el pequeño Museo Etnológico, lo más
destacable son las flechas con puntas bifurcadas. En general, el conjunto está algo
abandonado.
En el edificio del Banco Central (frente al Club de Yates), Museos del Dinero
y el Metropolitano (también en obras y sin contener otra cosa que grandes lienzos y
esculturas en madera, modernos). Muchas monedas (metal y papel) de todos los
países del mundo con una sección dedicada a las representaciones animales; algo
de oro antiguo español y unas pocas piezas griegas y romanas; lo mejor, los
“piloncitos”, pequeñas bolitas de oro que se usaron como dinero antes del dominio

136
extranjero, llevando unas marcas entre las que predomina la erre mayúscula
invertida, que significa “chinos”, dando idea de quienes dominaban el comercio.
Palacio de Malacañang (1.802), que fue la residencia del gobernador español
y posteriormente de los presidentes. Situado al norte del río Pasig, enfrente se
contemplan los jardines del mismo nombre. Según el día de visita, se puede llegar
a pagar ¡diez! veces más o menos. Zona acotada, limpia y agradable, todo pintado
de blanco y con verjas (a pesar de todo, se han “colado” algunos misérrimos); es lo
más bonito de la capital. A cada salón se le da el nombre de un presidente y contiene
objetos de su uso; el cicerón cambia cada dos salas. Destaca el dormitorio de Marcos
– ese día, no enseñaron los 2.000 pares de zapatos de Imelda-, todo en madera,
incluidas las lámparas y adornos y apliques. Cory Aquino tenía un (restallante) piano
todo pintado de amarillo. Sensacional biombo de plata (hindú); también todo un
tresillo con repujadísima mesa, ¡todo plata! ¡Qué lujo!, ¡cómo viven a nuestra costa!:
si estas inconmensurables riquezas las muestran, qué no tendrán escondido.
El Museo Nacional de la Imagen, desgraciadamente para ellos, real del país;
intentando mantener una digna apariencia de cara al exterior, su interior está
destartalado, herrumbroso y con muchos cristales y puertas rotos. Muestrario sí
hay, de flores, fauna y utensilios varios. La única gran sala refaccionada es la de las
pinturas (que no se corresponden con el entorno), en la planta baja. Restos líticos
de núcleos habitacionales desde 150.000 años a. C.; el desarrollo tribal comenzó
30.000 años a. C. Cerámica no muy evolucionada ni perfeccionada, más bien tosca.
Urnas funerarias en madera y ofrendas. Huesos, cráneos,… Muestras de armas,
tambores, embarcaciones y todo tipo de aparejos de etnias no civilizadas todavía.
La típica y uniformizada explicación general de vulcanología e historia. No tienen
ni siquiera aire acondicionado.
El Museo Ayala es privado pero gratuito. Contiene medio centenar de casillas
iluminadas con figuras (muy bien hechas y seleccionadas) que explican la historia
de Filipinas desde la Edad de Piedra hasta hoy. Dan una carpeta con las explicaciones
en el idioma que se desee. Digno de verse, poco más, alguna figura y varias maquetas
de embarcaciones.
El Zoológico, relativamente céntrico, es a la vez Jardín Botánico; la entrada
es económica y sin “discriminaciones”. Sucio, descuidado, suelos rotos y levantados,
como en toda la ciudad. Elefante, hipopótamo, rinoceronte, muchos leones y

137
cocodrilos, largas serpientes adormecidas, aves de todos los tamaños y colores,
cebras y otros ungulados, dos elegantes parejas de jirafas, monos de varios tamaños
–los grandes simios, de auténtica pena, con sus ojos de expresión más inteligente
que la de muchos que los miran-, avestruces y similares; lo que más abundaba,
gatos. No puede dejar de recomendarse esta visita por el hecho de que se verán
especies inexistentes y hasta desconocidas en Europa, con rutilantes coloridos. A
estos sitios la gente no viene sólo a ver, sino a estar, y se traen sus viandas y termos
para pasar el día.
CASA DE ESPAÑA
En calle Polaris 43, alquilada, sin ayudas y en precaria situación. La dirige
un filipino hijo de españoles, Sr. Reyes. No llegan ni a un centenar los asociados;
alguna actividad cultural y poco más – en la librería, junto a novelas del “Oeste”, el
Diccionario de la Real Academia-. Un vulgar restorán (enfrente, “Alba”, prometedor
y con propietario español que cura sus propios embutidos y jamones).
Un Casino “Españolo” en la cabecera del Parque Rizal.
El Centro Cultural (Avenida Buendía o Gil Puyat, “Greta Life”, número 221
–ni así los taxistas se darán por enterados-) queda frente a la Embajada (Torre ACT);
lo dirige Doña Dolores Pita, “betanceira”, que me dice que el idioma español, en sí,
está completamente olvidado por estas latitudes; los restos hay que rastrearlos en
el Tagalo (la lengua que se intenta imponer a nivel nacional, si bien el entendimiento
interinsular es muy dificultoso, con mayoría del Visayo), que conserva los números
y las expresiones básicas (por ejemplo, los elementos de una casa) y, mucho más,
en el “Chabacano”, que aunque reducido a zonas muy determinadas, usa más de la
mitad de sus expresiones según castellano antiguo.
En la acera opuesta al Centro Cultural, la agencia de viajes “Marsmam”,
dirigida por doña Josefina, que habla español, algo no suficientemente frecuente.
IGLESIAS
La de Santa Cruz, cruzando el río, en el distrito Quiapo, conserva únicamente
la fachada colonial; el resto, moderno. Cerca, el Nazareno, más acorde. La más
famosa es la pequeña de Las Pinas (por su órgano de 800 tubos de bambú, construido
a principios del XIX), que queda lejos, después del aeropuerto Ninoy Aquino (al
lado, el Casino). También destacan Sta. Ana y Sto. Domingo, más citadinas.

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La edificación mayor de la afamada Universidad de Santo Tomás es, por
descontado, su iglesia
- si bien, la menos frecuentada-. El conjunto ocupa un extensísimo cuadrado
al norte del río. Se pueden obtener variadas licenciaturas, no siendo la prueba
menos importante la de soportar el hedor de sus retretes. Aulas viejas, pobres,
desnudas. Todo en inglés, ni la más mínima indicación de usarse lengua española.
Guardias armados –las armas es dudoso funcionen en una emergencia- a las puertas
de acceso (muralla y alambradas) y por todos lados. Hay hospital, oficina de correos,
museo de historia natural,…
HOTEL MANILA
Vive de la historia, la cobra, él es historia; el motivo, que desde una de sus
“suites” dirigió una de las masacres de la 2ª Guerra Mundial el recordado general
Mc Arthur; nada queda en lo que han reducido sus habitaciones de la atmósfera de
entonces, con mobiliario todo moderno (los magnates a los que pagamos el capricho
–más de 200.000 pesetas noche- siempre ordenan quitar las pocas antigüedades). El
Presidente tiene reservada otra “suitte” (esto es el centro de la vida de alta sociedad
–desgraciadamente, niños incluidos-), y en la “Penthouse”, de tres dormitorios, ¿se
disfruta? de una pequeña piscina privada. Como era de sospechar, todo esto ya se
rindió hace tiempo al dólar, perteneciendo a la cadena “Summit”, si bien el director
es catalán –todo preocupado porque no pusiera en el libro que apareció un calzoncillo
en una lámpara de mi habitación-. Tenis, piscina, masaje, servicio médico,… de
todo. Su “hall” está considerado uno de los hitos hoteleros mundiales, inmenso y
“columnado”; en los lujosos restoranes, los precios de comida y bebida son abusivos.
Hay que pagar el abolengo y el gozar de una zona “neutra” (convenientemente
vigilada, piso a piso, pasillo a pasillo, detectores de metal incluidos) en pleno centro
de la bahía.
Emergiendo del fortísimo aire acondicionado del Gran H. M. – que llega a
acatarrar-, la ola de calor golpea como una manta que lanzaran encima de uno.
Una opción para potentados es usar el helicóptero que comunica el H. Manila con el
Distrito Financiero –lo que demuestra ¡cómo está el tráfico!-, pero la gente de a pie
ha de cruzar un extremo del renombrado Parque Rizal (muy grande pero deslavazado,
con jardín japonés y chino y una reproducción de la nación, siendo las construcciones
más bonitas el ministerio de turismo y su gemela enfrentada) para desayunar (hasta

139
las 10), comer (12 a 3) o cenar (7 a 11), si bien los locales populacheros atienden a
toda hora. En los varios “Josephine´s”, aceptable, pero no muy atento servicio en
el anexo de la bahía. El “Aristocrat”, menos caro y lleno, tiene zona con y sin aire
acondicionado
–no es difícil decidirse-. No distinguen bien el orden de los platos, si primero
carne o pescado; no hay la manía del café a posteriori, pero a priori lanzan a la
mesa vasos de agua que semejan baldes rebosando hielo y que no es nada aconsejable
beber por mucha sed que se traiga. Puede valer el “Guernica´s” (calle del Pilar); al
lado, “Lafayette”, no tan francés como su nombre quiere indicar. El manducar en
los puestos callejeros resulta ahorrativo, para quien se atreva.
Un menú tan malo como otro cualquiera pudiera ser lapu-lapu, kare-kare y
halo-halo; si quiere pedir “tapas”, diga pica-pica.
En otra zona, en plena avenida Makati llama siempre la atención “Sea Food
Market”, donde llegas, eliges pescados y mariscos (muchos, vivitos y coleando) y
allí mismo, a la vista de los de dentro y los de fuera, una auténtica legión de
cocineros te los prepara para que los degustes
–el fallo, el gran exceso de luz fluorescente-. En la acera contraria, lo
contrario, el recogimiento, la carne y la poca luz, “Steak Town”, una recoleta casa
de tres pisos con agradable decoración y servicio (siempre numeroso, siempre lento,
agradeciendo las propinas – mejor darlas antes, los locales son bastante tacaños-).
Me empiezo a cansar, sudor; duermo más de lo usual, calor; gasto por encima
de la media. Pero no decaigo un ápice. Veo, conozco, aprendo; transmitiré.
Metro Manila, Metropolitan o Manila Metropolitana, incluye también
Caloocan, Pasay y C. D. Quezón (en total, 13 municipios), pululando entre el caótico
conjunto cerca de 10.000.000 de seres en su mayoría sin rumbo, horizonte sin fin.
Las distancias son grandes, el calor es tórrido, pesado y húmedo, con el cielo nunca
despejado; sólo los muy practicantes de la andadura pueden desarrollar un ritmo
apropiado para conocer, para poder palpar, sentir algo; no fiarse en demasía de los
semáforos. Por no ser la gasolina muy cara –si lo fuera, daría lo mismo-, se quema
en demasía, acentuándose el problema con el uso de contaminantes motores
japoneses de segunda mano. Como si no quisieran aumentar el “smog”, pocos fuman,
pero ya se van acostumbrando. Se empiezan a ver los primeros gordos desfondados
y las primeras caras de insatisfacción y expresión de anunciante – la “civilización”

140
no la detiene ni todo el Océano Pacífico-. Cabellos negros, lustrosos, densos; muy
pocos calvos, apenas canas; se peinan sin el mínimo rubor en la calle o en el taxi.
Los miopes llevan los óculos guardados. Fácilmente constatable la aseveración
científica de que las mujeres sudan menos -¡son ellas las que nos hacen sudar!-;
fácilmente deducible que los piratas de estos mares –que aún quedan, y bastantes-
no se colocaban turbantes enrollados para sujetar los pelos, ¡sino para el sudor!- la
costumbre local de llevar una toalla pequeña para secarse y tapar nariz y boca, no
del todo desdeñable-.
Del caos irresoluble, de la desorganización, del abandono, el distrito negocial,
Makati, es el único que ofrece imágenes parciales de ordenamiento racional, si
bien tampoco se libra de misérrimos negociejos para hacer fotocopias o lo que sea;
aún así, quedan algunos espacios libres de aglomeración, de lumpen, algo así como
zonas residenciales –chalés, aunque no sean de piedra-, acotadas convenientemente.
Grupos de hombres jóvenes sin nada que hacer, observando y esperando, ni ellos
saben a qué. Chicas y chiquillas por lo general de buen ver; cualquier taxista se
puede ofrecer a proporcionar “compañía”, y por la calle aparecerán
“intermediarios”. Carritos venden cacahuetes. Los que intentan ayudar a aparcar,
se lo toman más en serio con su silbato que los guardias de verdad. Los taxistas no
son nada proclives a usar el taxímetro –como pretenden cobrar el triple, ofrézcaseles
la mitad de lo pedido para quedar contentas ambas partes: tras el pre-acuerdo
(después intentarán quedarse con la vuelta), inquirirán el nombre tras presentarse
ellos, dedicación y si se está casado y de dónde se es-.
La zona más turística es Ermita y sus aledaños, por donde los comerciantes
están agrupados por oficios (curiosas, las barberías); abundancia de casas de cambio
(variando bastante el ídem); zapatos y botas de pieles de cocodrilos y serpientes.
Los edificios más altos son hoteles de lujo y de 1ª clase, pero sin “zona de seguridad”.
Muchas tiendas de antigüedades a lo largo de la calle Mabini, pero ni por allí ni a
través de los mismísimos padres de la santa madre iglesia ni de los dirigentes de la
gobernación, conseguí localizar sigilo o sello antiguo (“dies”); algunos llamativos
trabajos en filigrana de oro; los tejidos son famosos (“Dónde vas con mantón de
Manila…”), pero adolecen de falta de cromatismo y temática de diseño, sólo valiendo
la pena, en todo caso, por lo exótico, buscar blusas transparentes de tejido de pina
(fibra de piña).

141
Chinatown no se presenta nada singularizada, ¡sucia!, con vomitivos olores;
tramo de río que semeja gelatina, con barcazas-viviendas en las riberas, repletas.
Si bien todo semeja un prostíbulo, las áreas específicas son Malate y Ermita (calles
Mabini y del Pilar), si bien en la avenida Makati hay locales ad hoc de no tan baja
estofa. La moda del “karaoke” también ha invadido este ramo –el ansia de ser
aplaudido, aún pagando-. Los locales más clásicos (verbigracia, los renombrados
“Thrillers”, con las trabajadoras del sexo en uniforme inglés, con sombrerito de
paja y todo) parecían haber sufrido un tifón, legal, con las dos tablas cruzadas y
claveteadas del precinto. El gran ambiente está, dicen, en las altas horas de la
madrugada, pero ni se me ocurrió constatarlo personalmente por si en horario
nocturno venían los papás de la banda de chiquillos que ya intentó robarme por allí
en horas diurnas. Más costoso pero menos peligroso es confiarse al taxista habitual;
el mío, un tal Eduardo, pertenecía a la elite, la nómina del mismo Hotel Manila con
sus taxis blancos rotulados y respetados (los siguen en categoría los “Golden Cab”:
categoría a la filipina, no imaginar ninguna maravilla); además, exhibía orgulloso
colgado del retrovisor un enorme carné de colaborador de la policía; en los atascos
–o sea, siempre-, conectaba una potente sirena que tenía la virtud de abrirnos paso
y otorgarnos bula para no respetar semáforos ni nada. El nivel de prostitución
intermedio se ejerce en casas de nivel intermedio (“a la filipina”), con mejor
decoración interior que aspecto externo pero atmósfera (¿olorífica?) más cargada;
tras ser inspeccionado por los matones del primero y segundo cinturón de seguridad,
se pasaba siempre a un salón rojo, rojísimo, a inspeccionar a las que nunca usaron
cinturón de castidad. Los “capos” hacen los parabienes con toda su hipócrita
amabilidad. Bastante deprimente, nada enervante.
¡A pasear! De Intramuros rumbo sur, siguiendo la bahía, pasando el Memorial
Rizal, hay un amplio Centro Cultural medio desangelado con un museo
deshabitualmente cerrado. El Club de Yates, con agua infecta, aparece cercado
completamente por enjambres de chiquillería en promiscuidad –pero las niñas,
vestidas-, con algún que otro presunto padre o abuelo, o madre o abuela (y, siempre,
gente durmiendo sobre cualquier cartón). A continuación, la terminal de transporte
a la Isla Corregidor – el barco parece de fiar - escenario bélico.
Tras tragar ávidamente una “San Miguel” – la especial, buena, hay que pedirla
especialmente (vasos, cuberterías y demás artefactos de consumo, en su mayoría,

142
japoneses, en segunda invasión, más productiva que la anterior; el pan local, integral,
excelente)-, a seguir pateando y transpirando. “Sir”, “sir”, “sir”,… no paran, no se
puede dejar de sonreír e inclinar la testuz ante tanto saludo y atención; los niños
saludan, las jovencitas se tronchan de risa, los adultos ofrecen de lo más variado.
Ponen auténtico interés en el turista- los japoneses, lógicamente, parecen no
gustarles tanto-, en dirigirle la palabra, darle la mano y saber de él, incluso, sin
esperar algo a cambio.
Un obrero no llega a 400 pts. /día, los maestros ganan sobre 17.000 (al
mes). En los diarios (gran formato, mal papel, regular impresión) resalta el
presidencialismo, seguido en el “hit parade” por tres féminas: primera dama, “ex”-
Cory Aquino e ¡Imelda Marcos!, que seguía levantando oleadas de devoción. Se
practica mucho el billar; en cualquier tarima, en plena rúa, juegos de cartas. Las
canciones en tagaley resultan todas iguales, con una letra de la que no se entiende
ni “papa” y un ritmo monocorde. Ya por la calle, juventud hipnotizada por los
video-juegos.
Un buen modo de echar un rápido vistazo desde arriba a la capital (y como
desplazamiento básico) es el Metro-Rail que la recorre en paralelo a la bahía. Los
trenes constan de dos largos vagones acristalados y adecentados, circulando, como
los coches, por su derecha. Barato, dan ficha para meter y controlar a los usuarios
(un guarda convenientemente armado a cada lado de la estación). Son 18 andenes
aéreos por encima de avenidas atestadas de puestos de venta. En la terminal de
Monumento, un enorme Centro Comercial que está ¡limpio! Y ordenado; en la terminal
opuesta, venta callejera; en una, en otra y en todas partes, apiñados gentíos,
enjambres asiáticos característicos, muchedumbres comiendo su arroz y lo que
puedan acompañar, durmiendo tirados, respirando continuamente humo. Desde la
perspectiva, se observa mucho solar abandonado, pero repletos de piedras y basuras
(o gente); muchos tejados- casi todos- de planchas metálicas onduladas.
Paradigmático: a un lado, las misérrimas viviendas donde se apilan y afanan en
vida, al otro, amplios panteones y buenas tumbas donde ya nada importa el descanso
(destaca el Cementerio Chino).

143
CRUCIFIXIÓN VOLUNTARIA
Innatas tendencias masoquistas comunes a todo mortal pueden llegar a valer
como explicación para el espectáculo de alguien flagelándose salvajemente una
espalda ya completamente escaldada y tumefacta, regando el suelo con sangre.
Pero ¿y la crucifixión?; hacer el voto en conciencia, darlo a público, prepararse,
llegar a los maderos y dejar que, brutalmente, te traspasen las dos manos con
luengos clavos, ¿qué explicación puede tener a lo largo de cientos de años en miles
de crucificados voluntarios?
En la capital, el paroxismo religioso no se hace patente, amortiguado por
otra vorágine, la del modernismo; por el distrito Quiapo sí era dado cruzarse con
algún “antipo” aislado o en grupo (riéndose todos y con las toallas para el sudor… y
la sangre) que semejaban más costumbrismo que piedad o religión – lo mismo en
iglesias, donde se leían con desgana los libritos de oraciones-.
Rodando en dirección norte, por la llanura verde jalonada de míseras
viviendas y sin indicios de industria, montones de basura por todos lados, se atraviesa
primeramente Quezón-City, anexo a Manila-Metro; sigue una especie de autopista
con un nimio peaje; adelante, no muy lejos, SAN FERNANDO DE PAMPANGA (hay otra
población homónima, cerca de Vigan), en una alternancia de desparramados poblados
ora bautizados sacramente, ora a lo profano o lo local; surgen un par de iglesias, la
grande, “Iglesia Ni Cristo”. Pampanga es el lugar donde pueden ser contemplados
más a gusto las atrocidades de la Semana Santa sin salir de la isla de Luzón, si bien
sería en la de Marinduque, entre aquella y Mindoro, donde el fanatismo alcanza su
más sangrienta manifestación.
El sonido de múltiples campanillas parece querer invitar a la devoción, pero
resultaron ser para anuncio de venta ambulante, que el negocio es el negocio, aún
en estas fechas. Tras atravesar ringleras de casas de adobe, esperaba una larga y
sofocante caminata por los arrozales resecos. Camino al “Calvario”, se veían
flagelantes echando rítmicamente a sus costas la mano munida con una ancha correa
de tejido fuerte del que cuelgan las barritas de madera que maceran la carne; ni
ellos ni el “séquito” que siempre los acompaña parecen darle la mínima importancia,
y siguen haciendo su vida normalmente, aunque algunos llevaban la cara tapada.

144
Un montículo emerge de la tórrida planicie; allí, tres cruces. Gentío, sudor,
polvo, se bebe todo lo líquido; sol, sol, vendedores de casi todo, emoción, sadismo;
12 horas 30 minutos. Empiezan a llegar, surgen, los primeros oferentes; son jóvenes,
barbilampiños, serios, como en trance; por no tener barba –el que escribe debía ser
el único barbado de toda Manila-, se la pintan, queriéndose identificar con las
imágenes más clásicas de Cristo; se tumban sobre los leños y los improvisados
maestros de ceremonias, sin preámbulos ni comedimientos, sitúan encima del centro
de cada palma la punta de un clavo de acero de unos 10 centímetros. Martillazo
preciso, entra, martillazo, sangre, otros martillazos, crucifixión; arriba los tres –en
1.994 se clavaría a la primera mujer, una belga-; la roja sangre chorrea desde lo
alto sobre los que estamos al pie de las cruces. Sin una mueca, sin un quejido, hasta
sin signos de dolor, allí aguantan expuestos al Sol, al dios cristiano, a sí mismos,
durante un período que oscila entre los 5 y 10 minutos.
Trágico, sublime, impresionante, inolvidable.
Un soporte en la base de la cruz (para los pies del clavado también hay una
plataforma de apoyo) y una pértiga que actúa sobre la sujeción posterior, permiten
subir y bajar el artilugio de querida tortura; con unas tenazas arrancan los clavos
niquelados (que serán sucesivamente utilizados para atravesar otras carnes,
cartílagos y huesos) y el que ya ha cumplido la promesa es acompañado hacia su
morada mientras se tapa, mal que bien, las terribles heridas con sendos trocitos de
algodón. Otros tres nazarenos, escuálidos, con lienzo blanco a la cintura, impávidos,
son clavados y alzados sobre el constante asedio de fotógrafos y filmadores ávidos;
caballeros e infantes romanos no intentan ni siquiera poner orden. Así durante
cerca de tres densas horas; el olor a sangre se mezcla con el del sudor y se adhiere
al polvo que penetra por las narices y boca. Es el rito, la expiación propiciatoria, un
deseo. Filipinas. Amén.

PAGSANJAN
Cambio de dirección; hacia el sur; de lo sagrado hasta lo profano. Eduardo,
el taxista-agente confidencial, va abriéndose paso a sirenazos entre la densísima
circulación sin que nadie proteste; la vegetación es mayor, con montañas en los
fondos y hasta un volcán; el “firme”, nada firme. Niños a pedir y, sobre todo, a
vender, pero sin mayor pesadez; buenos trabajos artesanales en madera; tradición

145
con el mazapán. Un anuncio muestra sucesivas influencias, incultura y recuerdos
de alguien ido: “Papa Ben”.
Ya en Calamba el tráfico se intensifica hasta detenerse, pues es ámbito de
piscinas en clubes privados y públicos, que destrozan toda la floresta circundante.
Hacia el oeste se sitúa Tagaytay, pueblecito con amplia panorámica sobre montañas
y valles.
Y tras un martirio de un centenar de kilómetros, el arco de entrada –estilo
“Puerta de Alcalá”- a los edificios coloniales (fin del s. XIX) que albergan los
comercios, restorán y punto de partida para la aventura fluvial –”La Bamba” era el
tema de boga-. Previo enfundarse un chaleco flotador y mal acomodarse sobre
mugrienta almohadilla, comienza la boga. Todas las canoas están hechas de madera,
nada de plásticos ni fibras, con capacidad máxima para tres pasajeros, además de
los imprescindibles remeros, uno en cada extremo. La inolvidable travesía dura una
hora larga.
De principio el ritmo de las palas parece monótono, el curso de agua
placentero, adecuado para ir contemplando los escarpados márgenes plagados de
lujuriante vegetación, con largas lianas colgando, exuberantes, desde los altos
precipicios. Pero, pronto, el cauce se estrecha, se ramifica (en fines de semana,
plagados de turistas, las opciones aleatorias llegan a provocar encontronazos entre
los que remontan y los que bajan), los rápidos de agua proliferan y se da entrada a
la emoción –no es de dudar que cualquiera de estos veteranos y curtidos palistas
ganara una clásica Oxford-Cambridge-. Giro, amenaza de vuelco, encontronazo
contra la roca, choque en el fondo, salto, deriva, colisión,… como un juego, con
uno mismo de objeto lúdico; lo mejor es quedarse quietecito y confiar en los propios
dioses, en el Destino, en la suerte y, sobre todos, en los muy expertos y fuertes
remeros que impulsan, frenan, desvían, saltan al agua y empujan y hasta ¡elevan!
la piragua en los tramos secos, donde a tal propósito se han colocado gruesas ramas
transversales – lo dicho, uno, ni moverse lo más mínimo-.
Tras la vorágine, esa especie de centrifugado, el descanso es algo así como
un islote donde, si hay sitio, se pueden reponer fuerzas con pollo a la brasa e,
ineludiblemente, beber lo que pongan frío delante. Toca seguir; todas las
embarcaciones y todos los tripulantes semejan los mismos, pero para ellos sí que es
distinto y localizable en el tumulto cada cliente. Adelante.

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Gordos caribúes, medio flotantes en el líquido turbio. A lo lejos, tras un
recodo, se vislumbra una masa compacta, ¿de gente? … sí, pues chillan; acercándose,
un enjambre humano que se presenta impenetrable, cubriendo toda la anchura del
río; es como si cada hoja de cada árbol se hubiera convertido en un ser humano
pero siguiendo igual de apretadas, compactas. Aquí rodó y en esto se inspiró Francis
Ford Coppola para “Apocalipsis Now”. Nos acercamos, nada, ni un hueco, ni una
esperanza, sólo la turba chillona; ya a punto de la inmersión en aquella masa humana,
ya con el convencimiento de ser engullidos, se va insinuando un pasadizo de carnes
morenas y húmedas entre el que se puede pasar lentamente; a un lado y otro, miles
de pares de ojos contemplándote, centenares de gargantas asustándote… el
“impasse”, la espera, el agua. Empieza un niño, tras varios amagos, algo
tímidamente, le siguen otros con decisión y al final, todos, ¡todos!, a tirar agua
fangosa encima del intruso; es un baño total, absoluto, por inmersión y aspersión,
perdidas nociones de tiempo, lugar y existencia, con el único deseo de que aquello
acabe. Se debe vestir – o ir desnudo- ropa adecuada, cámaras o vídeos en bolsas
impermeables bien agarradas, las gafas vuelan con los chorros, no hay peinado que
se resista. Los remeros sonríen, achican y siguen rumbo al tramo final. Esto es el
pasaje de Pagsanjan. Rito de Agua.
Se finaliza –quedará el retorno, con el mismo ritual, pero ya prevenidos- en
un anfiteatro natural ente muros pétreos de unos cien metros de altura; de frente,
al fondo, dos caudalosas cascadas de unos 50 y 30 metros, aproximadamente. Los
que no hayan quedado suficientemente hartos de mojaduras (y falta la de la vuelta),
pueden aquí alcanzar el orgasmo del masoquista de la ducha; dos almadías de
troncos de madera movidas a fuerza de brazos tirando de los cordajes que las
sustentan y guían, llevan a la mismísima base de las cataratas, donde el chorro
potente, inmenso, que golpea encima, debajo, a los lados, por todos los poros del
atrevido, es el sumun de la era del Acuario.
Mojados, remojados, requetemojados, los cansados excursionistas serán
localizados por sus dos guías, que volvieron a ejercer sus instintos de sabuesos de
los turistas propios. Apocalipsis ahora. Alucine. Experiencia sensacional.
Arribada. Propina pedida – y merecida-. Risas del taxista y de los músicos y
de los que todavía están secos. Tragar lo que den para reponer fuerzas. Vuelta al
hotel, vuelta a la tierra tras pasar por el agua, de lo líquido a lo sólido.

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QUÉ MÁS BUSCAR EN LA ISLA DE LUZÓN
Casi al extremo noroeste, la joya colonial es Vigan, de angostas callejas
salpicadas de iglesias y otros monumentos. Para bañarse, la mejor opción las Cien
Islas (son más), con caletas ocultas, grutas y arrecifes coralinos. Para montañistas,
las cordilleras Mountain Range, donde siguen en cultivo las empinadas terrazas
arroceras construidas por los Ifugaos hace más de 2.000 años. Cerca de Baquio
(famosa por sus curanderos), en La Trinidad, se podrían ver las momias de Kabayan;
después, Bontoc, con las aldeas del pueblo Igorot (a pie) y la posibilidad de degustar
carne de perro. En la aldea de Sagada, cavernas funerarias.
Hacia el sur, la principal atracción es el volcán Mayon, considerado el cono
natural más simétrico de la Tierra- el inconveniente, que entra en erupción cada 10
años o menos-. Para comer los peces más diminutos del mundo, en el Lago Buhi,
rumbo a Legaspi. Por aquí todavía está en servicio una descuidada, lenta y poco
fiable línea ferroviaria, única que subsiste en todo el archipiélago.

Y EN LAS OTRAS ISLAS


Sólo nos quedarían 7.106, de las que las mayores son (de norte a sur, de
Luzón para abajo) Mindoro, Marinduque, Masbate, Leyte (donde Mac Arthur cumplió
su promesa de regresar), Samar, Panay (con toros, fuertes e iglesias de los
colonizadores), Negros (isla del azúcar), Cebú, Bohol y Mindanao, restando un
fragmentado “puente” hasta Borneo con el archipiélago Sulu, nido de piratas
contrabandistas nada propicios a visitas.
Podríamos recorrer –es un decir- hasta 17.500 km. de costas accidentadas y
variadas, viendo 900 especies de orquídeas (la flor nacional es la sampaguita) y
hablando 111 lenguajes y dialectos. Las han intentado ordenar, administrativamente,
en 14 regiones y 73 provincias, contabilizándose 60 grandes núcleos poblacionales.
Los arenales de Mindoro todavía están habitados por aborígenes más o menos
puros. En Marinduque se celebra durante la Pascua un pintoresco festival. En la
pequeña isla coralina de Mactán, vecina a Cebú, mataron a Magallanes. La más
visitada de las Visayas es Cebú, por su situación centro naviero de toda Filipinas; la
ciudad del mismo nombre es la “reina del sur”, con el fuerte español de San Pedro
(1.565, Legaspi), la basílica de S. Agustín, la antiquísima calle Colón, cataratas

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Cawasan y sinnúmero de tugurios. Mindanao es la segunda ínsula en tamaño y su
capital, Zamboanga, “romántica ciudad de flores”, pero también, desgraciadamente,
el foco de disturbios principal de la nación, proliferando los secuestros guerrilleros;
en un valle se acaba de descubrir en 1.972 un pueblo pre-malayo, los Tasaday,
viviendo en la edad de piedra. Para acabar, arqueología, isla de Palawan, en cuyas
cavernas de Tabon se han encontrado interesantes restos de hace unos 300 siglos.

149
MALAYSIA
“El Tigre de Malasia”, tiburones, sables, piratas, selvas, negocio, odio,
veleros, muerte, gemas, amor… son componentes inseparables de un amplio y difuso
ámbito geográfico; la nación heredera de muchas de esas singularidades,
mezclándolas, sin solución de continuidad, coetáneamente, con un gran impulso
industrial, tomó el nombre de Malaysia, algo ya concreto, con fronteras,
administrativamente delimitado.
Hay dos Malaysias, la occidental y la oriental; la primera es una estrecha
península, un apéndice continental asiático, mientras la segunda ocupa la parte
noroeste de la inmensa y misteriosa isla de Borneo. El objeto de este libro-guía son
las islas independizadas – más o menos (sí en lo legal, no en la práctica en su
mayoría)- del Pacífico.
Tras realizar, una vez más, el acto técnico sublime de un despegue de avión
que nunca deja de maravillar, se contemplan las montañas de poca altura del sur de
Luzón, casi deshabitadas y con núcleos muy aislados; inmensos arenales inaccesibles;
agua dominando a tierra. Siguen islas de todos los tamaños y de los más diversos y
sinuosos contornos, con grandes extensiones de bosque uniforme y denso rodeadas
por estrechas y blanquecinas cintas de arena. Más agua, azul marino verdoso.
Inolvidables islitas de infinitos matices que se olvidan al momento de llamarnos
otra más la atención; y las que no emergen, con plataformas, sumergidas, esmeraldas
sobre turquesas. Las nubes nos las roban, esas nubes que semejan sólidas montañas
de vaporoso algodón.
Cuidado que en líneas aéreas “Malaysia” no siempre coinciden los números
de los vuelos. Minúsculas azafatas uniformadas con luengos vestidos llenos de adornos
arabescos. No se deben de fiar de las máquinas de detección, pues luego cachean a
mano. La ventaja de los no fumadores es que hay colas especiales, más cortas- por
otra parte, fijarse en los locales y los de pinta de veteranos, que sabrán trucos para
ahorrar esperas-. Si en 1ª la comida no es gran cosa, la clase de tropa va jodida.
Escala en el extremo norte de la insondable Borneo, Kota Kinabalu. ¡Qué
tranquilidad!; tras la turbamulta de la terminal de Manila, este aeropuerto y sus
alrededores con poca gente, relajada, casi sin policía, con pulcritud, es otra

150
dimensión. La sala “Golden Louge” tiene ducha móvil en el propio retrete, con
desagüe. Otra vez al aire, otra corta travesía, otro aterrizaje.
No quise pararme en Bandar Seri Begaman, capital de BRUNEI Darussalam
(un cuarto de millón de islamistas estrictos en 5.700 km cuadrados, de selva
rebosante de petróleo, gas natural y caucho). Sólo un vistazo aéreo a los minaretes
revestidos de oro de la mezquita Omar Ali Saifuddin (nombre del padre del sultán
actual, el hombre más rico del mundo, en cuyo palacio se circula sobre patines y se
huele a cocina española), pero el resto de las edificaciones dan imagen más bien de
pobreza. Las instalaciones del aeropuerto, sin ningún tipo de lujo.
Por encima de 2.000 km. hacia el oeste. Barcos y más barcos navegando
cual por “barco-pista” en el estrecho entre Asia y Sumatra. Ciénagas, selvas tropicales
y ríos marrones, no en vano la traducción del topónimo de la capital malaya, Kuala
Lumpur, es “confluencia cenagosa”. Cerca de 2.000 km. hacia atrás, al este, para
tomar tierra isleña, ¡al fin!, en uno de los dos estados, Sarawak, malayos de Borneo
(el resto, la mayoría, Kalimatam, pertenece a Indonesia) son 200.000 km. cuadrados
(con 5.000.000 de habitantes, más chinos y autónomos que propiamente de raza
malaya). La región del norte, bañada por el Mar de las Célebes, es la más primitiva
e inexplorada, Sabah; la costumbre incendiaria pirata –que aún persiste: la costumbre
y los piratas- dio origen al topónimo Api Api (fuego fuego), y la 2ª Guerra Mundial
redestruyó todo; hay un pintoresco ferrocarril para valientes aventureros y una
montaña (Kinabalu: 4.101 m., máxima altura en el sudeste asiático) para arriesgados
escaladores.

KUCHING
Capital de Sarawak, 150.000 pobladores, significa “el gato”. Es algo
placentero, pausado, sin que te incordien, hasta se puede entrar en un
establecimiento sin que digan nada; gusta, merecería dedicarle mayor estancia y
tiempo. El tráfico bastante fluido- pero cuidado, pues al ser por la izquierda, los
coches atacan por donde no se espera-, con muchas motocicletas, sobre las que
ellos y ellas no se quitan el casco de protección ni para efectuar las compras y
gestiones. Escasez y deficiencia de las emisoras de radio, con alocuciones en malayo,
árabe, inglés, chino y ¡hasta español!; ¿la televisión?... bien gracias- apagada-. Los
hoteles de mayor categoría (y precio) los de las cadenas Inn y Hilton; uno intermedio,

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muy aceptable, el “Borneo”- todos exigen garantías, sin darlas, buenos son ellos-,
con su correspondiente discoteca con actuación en directo, en la que a los actuantes
les pasaban los camareros notitas petitorias y laudatorias. El único “night club”
cerrado a cal y canto. Cerveza a presión; el vino no lo deben conocer. En las calles,
sin apenas viandantes, no hay cafeterías, bares ni nada parecido. A pesar de estar
casi sobre el ecuador, la temperatura desciende unos grados por las noches. Ofertas
de acupunturas y diagnosis por pies y manos.
La ciudad es perfectamente recorrible andando. Se disfruta, simplemente,
viendo, observando el que lo sepa hacer. Todas las rúas están porticadas, conveniente
tanto para resguardarse del sol como de la lluvia. Nada se ve destartalado ni viejo
en demasía, predominando los tonos claros y el blanco en las pequeñas construcciones
de dos pisos a lo sumo. Todos son locales abiertos, sin escaparates ni puertas; muy
pocos guardias y policía, ni tan siquiera en bancos
– donde suelen no querer billetes para cambios, sino “travellers”-; escasos
semáforos. Joyerías bien surtidas. Prácticamente todo el comercio y artesanía en
manos chinas, muy industriosos y aplicados, algo ajenos y distantes, pero atentos.
Las chicas de colegios uniformadas, las árabes con sus largos vestidos y tocados,
pero sin tapar la cara; los hombres con bajos sombreros cilíndricos. Por doquier
presente el aroma de las especias a la venta por sacos, y del sándalo e incienso
quemados, si bien en algunos lugares no se puede evitar el hedor de la putrefacción
acelerada por el calor dentro de los bidones, papeleras y el alcantarillado a cielo
abierto.
Aún abundando los puestos de comida por todos lados (y las maderas y
mimbres), para comprarla, lo mejor es el viejo Mercado, con pollos, terneras y
cerdos, verduras de lo más variado y pescado no muy bueno; en bolsas, colgaban
extraños condimentos de fuertes colores. A la segunda vuelta ya todo semeja conocido
y la tercera llega a cansar, aunque siempre se produzcan descubrimientos y
redescubrimientos. El primer animal típico de la renombrada fauna isleña, fue una
gorda rata. No hay miseria aquí, se puede vivir con visos de pobreza, pero
dignamente; escasísima la gente tirada por las esquinas. Con el nivel de vida y los
nuevos hábitos alimentarios han aumentado los gordos, sobre todo de edades cortas.
Rarísimo que se fume, a no ser purillos obscuros, casi rituales; apenas calvos; nada
de gafas, a no ser los chinos. ¡No pintan los autobuses! Bastantes abogados; muchas

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clínicas dentales. Sólo vi un cinema. La “Calsberg” está difundida, pero son mejores
cervezas las “Anchor” y “Tiger”. Grandes equipos musicales a la venta.
Amabilidad natural en los malayos, que si te ven despistado se acercan a
ofrecer ayuda. Las chicas sonríen y dicen “¡hello!” – las feas miran, las guapas que
se lo creen se dejan mirar-. Empiezan a implantarse y a captar a la clientela juvenil
las cadenas yanquis de “alimentación”, con lo sabrosa que debe ser esa manteca
tan amarilla que se expende al por mayor; se usa también mucho una fruta color
chocolate que no semeja comestible, pero que lo debe de ser; aceite vegetal que
contribuye al mal sabor culinario. Mucho pescadito seco, minúsculo. El “tigre de
Malasia” se ha convertido en un langostino rayado grande –la cebra de los crustáceos,
¡olé!-. Sastrerías de confección rápida y barberías con su cilindro barrado giratorio.
En los aleros, sólidos nidos de los que surge un piar continuo a modo de silbato.
Para la sed, probar con los zumos locales enlatados de extraños coloridos.
La ciudad la atraviesa el río Sarawak (fangoso, obscuro, con abundante
mierda), sin un solo puente; como estaban en obras por la ribera, la valla la tenían
pintada con baranda, palmeras, césped, agua y farolas, además de frases de disculpa.
En la calle Bazar, que bordea el río en su parte urbanizada, las dos centrales de
información, la de una frente a la otra y las dos cerradas (por reformas); se paseaban
algunos turistas, pero no se les presta mayora atención. Al otro lado del río, sobre
un promontorio, se divisa el albo y almenado Fuerte Margarita (1.878), de estilo
inglés, rodeado de céspedes y de cráneos presuntamente rientes, actual Museo de
la Policía; cerca, el Palacio Astana (1.870) construido por el rajá Charles Brooke y
sede actual del gobierno de este estado, uno de los 13 de Malaysia. Sigue patente la
impronta de los Rajás Blancos de Borneo que no cedieron su poder y sus amplias
posesiones hasta después de la 2ª Guerra Mundial, en 1.946. El iniciador de la
dinastía había sido el aventurero James Brooke, que sometió a los Dayaks hostiles
y se proclamó en 1.839, sucediéndole su sobrino y un sobrino- nieto.
En 1.888, sobre una loma y siguiendo instrucciones del científico Wallace,
se comenzó a erigir el albo edificio inglés-normando estilo clásico que alberga el
Museo de Sarawak. Subiendo hacia él, otra buena construcción ostenta el letrero
“Jabatan Muzium”, pero dicen que allí no. Como en todos, se empieza con la
evolución del planeta, pero incidiendo especialmente en el petróleo, que para eso
lo tienen en el subsuelo. Siguen muestras de reptiles, más que disecados,

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plastificados; mejoraron la técnica con las aves y los mamíferos (incluyendo algún
gran primate). Bastantes conchas y moluscos. Después, armas, tejidos, mimbres,
utensilios varios… Culto a la serpiente con representación fálica – o viceversa-;
indicios de deformación craneana pero sólo con presión sobre la frente, buscándola
plana y hundida. No es muy grande, pero arriba todavía caben, con tallas en madera
obscura, unas casas-dayak en las que lo más destacable era la reserva de cráneos
humanos, colgados y puestos a ahumar como los quesos. Gratuito.
A través de un puente peatonal, cercana, La Extensión, local más moderna
y de mayor amplitud. Como en todos los museos y lugares arqueológicos de todo el
mundo, secciones en obras, en remodelación o “cerradas porque le da la gana al
jefe”. Excelentes muestras de orfebrería con metales nobles; buenos muebles
tallados, repujados y taraceados. Extraña la impresión de maniquíes occidentales
con ropajes orientales; lo más llamativo y valioso un par de grandes figuras (casi de
metro y en vitrina de seguridad) sedentes de un matrimonio chino ejecutada en
marfil. Dormitorios y estrados para sentarse la nobleza con ricas incrustaciones;
cerámica; como fina, la reproducción de varias “casas-largas” con sus accesorios,
cráneos incluidos. Lo chino siempre resulta lo más llamativo, meritorio y rico. Estos
museos cierran en un día tan poco usual como los viernes.
Las Catedrales católica y anglicana, San José y Santo Tomás en competencia,
desmerecen en tamaño, arte y no digamos en número de fieles, de la competencia
china e islámica; lo cierto es que coexisten 23 grupos étnicos, siendo el Islam la
religión oficial. Frente a los templos chinos siempre hay casas de comidas –a veces,
“asociadas”-; las varillas de las ofrendas humean y ambientan: el más renombrado
es el Tua Pek Kong, de 1.843. Entre los islámicos sobresale la State Mosque, de gran
cúpula e interiormente desprovista de todo ornamento; fuera, alrededor de un
amplio depósito circular con grifos, los creyentes mahometanos realizan sus
abluciones y se lavan los “pinreles” (en estanterías permanecen los calzados mientras
se ora); en círculo, por todo el bajo promontorio, tumbas en tierra cuyas columnitas
de cemento se rodean con un paño blanco – debe cumplir la función de flores-.
El edificio civil más antiguo es el Pabellón, con galerías blancas, destinado
a oficinas gubernamentales; al lado, unas torres redondas de 1.886 y enfrente
Correos, con frente clásico de seis pares de columnas y friso. Las otras construcciones

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notables son la Casa de la Corte (1.874) y la torre de la antigua Prisión, todas
pintadas en blanco y con jardines adyacentes.
Los domingos, Mercado Abierto en Jalan (avenida) Satok, con productos y
artículos de la jungla. Algunos centros comerciales no muy surtidos. En pleno auge
la venta y uso de teléfonos portátiles. En los locales de cambio ni saben lo que es la
peseta; ni rastro ni influencia de gastronomía española, ni de ninguna otra cosa, ¡ni
siquiera fútbol! (conocen al Milan y a los ingleses). Muy elevado porcentaje de
zurdos –lo mismo pasaba en Filipinas-, en un mundo en el que todo está pensado y
hecho para los diestros.

QUÉ MÁS VER POR AQUÍ


“El Hombre de Borneo”, datado en 40.000 años, apareció en las Cavernas
de Niah, pobladas hasta el siglo XV de la era actual; difícil de llegar, desde Miri, ya
próxima a Brunei, la entrada de la Caverna Pintada (60 m. x 250 m.; dimensiones
de la entrada, no de toda la caverna) es auténtica antesala de un auténtico mundo
paleolítico; utilidad más prosaica de estas grutas es el ser buena fuente de nidos de
pájaros para sopas. Toda la isla sería como un inmenso parque natural (tan solo en
este territorio se han identificado y diferenciado medio millar de especies avícolas),
pero entre los acotados el más recomendable es el Parque Nacional Bako (37 km. al
norte de Kuching), en la desembocadura del río del mismo nombre, hasta donde no
hay otro modo de transporte que por agua, para ver las legendarias plantas
carnívoras. En Semmongok (22 km. desde Kuching), centro de rehabilitación para
orangutanes y otros animales salvajes. Subiendo por él se podrán visitar las mejores
casas comunales; pasado el centro principal del interior, Kapit, las comunidades
menos “contaminadas”; se han de llevar obsequios para el jefe de las grandes
cabañas dayak.
Un buen taxista es una “joya”, compañero impagable – ya se lo cobrará él a
base de bien- en latitudes extrañas, lo difícil es encontrar uno “decente”, pero
vale la pena el empleo de tiempo en encontrarlo, pues a partir de ese momento se
tornará en el defensor de su pasajero frente a terceros, evitando timos de otros e
inclusive mirando que su cliente no derroche; si aparece, conservarlo, y si se le
invita a un refrigerio en la propia mesa, escudero incondicional que te quitará todo
el dinero que pueda pero impedirá que te lo quiten otros. Prácticamente en todas

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las islas alquilan coches, siendo ésta de las de menos inconvenientes, pues se conduce
convencionalmente y las carreteras están en buen estado. Las inmediaciones costeras
de Kuching se jalonan por islitas bañadas por el sur del Mar de China, orillas revueltas
y opacas; pocos puentes, vías únicas entre los muchos millones de palmeras medianas
y de vegetación alta y densa. Buntal es uno de los pueblecitos de pescadores donde
preparan todo tipo de pescados y mariscos (las ostras en una especie de tortilla)
recientemente sacados del mar; hay un buen hotel, pero la mayoría de las casas
son palafitos, ya sea sobre arena, ya sobre el agua. Por allí se llega al Cultural
Village, donde te recibirá una amable recepcionista que, previo pago de onerosa
cuota de entrada (incluyendo comida) te entrega un “selamat dagant” (“pasaporte”,
para los que no sepan malayo) junto con un conveniente pañuelo de recuerdo a usar
para el sudor; adentro.
El “Kampung Budaya” se ubica inmerso en la base del Mount Santubong,
legendario, plenamente impresionante, levantándose en vertical hacia las nubes,
totalmente cubierto de impenetrable vegetación y llorando por tanta belleza a
través de numerosas estrechas cataratas. En un teatro con reconfortante aire
acondicionado, comodísimos asientos de fieltro en gradiente, juegos de luces y
todo, se representan en sesiones de mañana y tarde danzas rituales y lúdicas de las
principales etnias de esta parte de Borneo. Algo de pena da ver a los indios “hacer
el indio”, sus mortíferas cerbatanas (con las que revientan globos colgados del
techo) y “parangs” (sables cortos) ya de adorno, sin poder matar, comer y ahumar
el ansiado cráneo del intruso, que ahora lo ha comprado con papeles que le permiten,
a su vez, comprar lo que no precisa, ni para la libertad ni para la felicidad. La
coreografía y el sonido de los tambores (uno grande lo tocaba un niño más menudo
que él) y resto de instrumentos son perfectos; preciosista, novísima, impecable,
toda indumentaria – con el único defecto de tapar en demasía la piel de las bellísimas
bailarinas estilizadas, mientras ellos van casi desnudos-. A cambio de perderse las
últimas danzas (incitantes, con la simplicidad primitiva de movimientos y sonidos)
se podrá recorrer sin agobio todo el camino entarimado que circunda el laguito,
penetrando en cada una de las siete viviendas comunales sin colas y sin tener que
esperar para la estampación de los grandes sellos. Las familias que allí viven de
modo fijo, permiten unas más y otras menos acceder a sus intimidades; alguna
obliga a descalzarse –los pies de estas gentes son más táctiles, con más vida que los

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nuestros insensibilizados por el calzado-, todas querrán vender algo. El conjunto
resulta muy agradable y limpio, adoleciendo de alguna inseparable artificiosidad.
Para los accesos, completamente en madera, tres vías: tradicional con escalones
en un tronco, convencional con escalera de peldaños, y rampa para carritos de
minusválidos. Unos indígenas domesticados son más amables que otros, pero todos
deben de estar hartos de ver tanto turista tan raro y tan diverso; hablan y entienden
perfectamente inglés, y si sus abuelos cortaron alguna cabeza y se tragaron
glotonamente el resto, no se les nota nadita. En Borneo ya no se comen a nadie;
Borneo es un excelente destino turístico.
Salida, con pena. Retorno a Kuala Lumpur para retomar línea. Facilidades,
ninguna objeción para visados, ni apertura de maleta – viajar en primera con una
sola maleta, lo facilita todo: primeros en salir del avión, últimos en entrar con
llamada personalizada, sala de espera exclusiva, teléfono local gratuito, etcétera-
. Ecuador, a las 6 en punto empezó la claridad, de súbito, con poca transición (lo
mismo, inverso, va a suceder a las 18 horas). Las montañas de Malaysa aparecían
bajas desde diez mil metros por encima; en el territorio continental inmensas
plantaciones de palmeras ordenadas en filas o círculos. En el mar, postes con redes
submarinas para que se cuele el pescado y quede dentro. Espléndidas bahías
solitarias, rectilíneas; islas entrevistas, soñadas y deseadas; arenales que apenas
emergen de las aguas. El suelo indonesio aparece más cultivado y parcelado.

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INDONESIA
Son las “islas (nesos) de India (indos)”, el mayor estado insular del mundo,
30 archipiélagos diferenciados restos del istmo que uniera Australia y Asia. De este
a oeste abarcan 5.150 km., del norte al sur 1.771. 27 provincias divididas
geográficamente en cuatro grupos. De las 5 islas principales, Sumatra es la mayor,
con el mismo tamaño que España; seis millares de las pequeñas están completamente
desiertas, deshabitadas. La huella más antigua la dejó el Pithecanthropus Erectus,
“hombre de Java”, hace nada menos que medio millón de añitos; el primer extranjero
extraño en pisarlas sería Marco Polo en 1.292, y los primeros en pisotearlas los
portugueses (1.509).
“Unidad en Diversidad” es el adecuado lema nacional, no siempre posible
de seguir por tres centenares de pueblos diversos con el doble de lenguajes y dialectos
a los que se quiere dotar de unión mediante el Bahasa, idioma de los más sencillos
del Planeta. La Constitución reconoce, loablemente, la libertad de cultos para tal
mosaico de gentes esparcidas por la más diversa orografía en sucesivas oleadas
migratorias (85 % de musulmanes). Los monzones del este soplan de junio a
septiembre, y los del oeste desde diciembre hasta marzo, trayendo las lluvias más
copiosas, pero el calor tropical está omnipresente los 365 días, con una humedad
superior al 70 %. Semejantes condiciones climáticas han producido la más grande
flor que existe: Raflesia, de ¡1 metro! de diámetro. El 90 % de la población vive,
malamente, de la agricultura.
YAKARTA
“Ciudad de la gran victoria”, Jayakarta, por la que obtuvo el sultán Fatahillah
en 1.527; en tiempos remotos comenzó por ser llamada Sunda Kelapa, y los invasores
holandeses la trocaron como Batavia. Con un total, mal contado, de 10.000.000 de
pobladores, los calificativos que he leído dedicados en varias guías como
“aglomeración en intrincado laberinto… miseria indescriptible… caótica”, o “ciudad
sórdida, mugrienta y nauseabunda”, no se corresponde, en modo alguno, por lo
observado de cerca; es una de las mejores capitales del mundo, si no la mejor.
A 20 km. se aterriza, y ya la imagen de las terminales del aeropuerto (grandes
edificios independientes con amplios y cuidadísimos jardines en los espacios
intermedios) es reflejo de la ciudad, sin olvidarnos de la otra cara, representada
por la terminal final o común, donde los pesadísimos taxistas se pegan materialmente
a uno, importunándolo hasta extremos insoportables (hay 18 compañías de taxis,

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pero el primer “sablazo” de aeropuerto a hotel es, en todos lados, muy difícil de
eludir). Allí mismo se puede obtener – si los taxistas dejan- una información general
turística y sobre alojamientos; lo superior, 5 estrellas diamante, y buena opción 5 y
4 estrellas, pero quitada esta docena selecta, ya se entra en vulgaridad y deficiencias,
pero incluso con los de rango mayor hay que tener cuidado por si están ya vetustos,
y unos y otros, aun los más ínfimos, son demasiado caros para lo que ofrecen. Con
la excepción de alojarse, el resto de actividades cotidianas no resulta caro en
Indonesia (bastante menos que en Filipinas y mejor relación precio-producto en
Malaysia).
El tráfico por la mano izquierda, con conducción algo impaciente, plaga de
motos y carritos-motos (los cascos les caen como una patada) y alto porcentaje de
furgonetas y todoterrenos. Se fuma bastante. No gran amabilidad pero sí curioso
interés por el turista, habiendo siempre alguien al acecho del solitario (vienen
detrás, se ponen al lado y comienzan a hilar: negar saber inglés e intentar
despegarlos, pues resultan mala compañía)
Los vendedores también se llegan a poner impertinentes. Mucho billar, con
tantas féminas como machos practicando. En todas las emisoras, cuando llegan las
horas en punto, noticias homogeneizadas. Hay cinco alcaldes y hasta un gobernador
para tamaña urbe. En los transportes públicos exceso de carteristas, ladrones y
asaltantes, pero ya el mismo aspecto de los autobuses (hay de todo tipo, hasta de
dos pisos) desanima a subirse a ellos, así como los “railways” aéreos que cubren
largos trayectos tanto en perpendicular como en paralelo al mar.
El punto céntrico absoluto y símbolo por excelencia de la capital es el
“Monas” (Monumen Nasional), vértice de una zona donde el derroche de espacios
no es igualado en parte alguna del mundo; un quilométrico parque cuadrado está
delimitado por las cuatro Avenidas Merdeka, desde cuyos ángulos confluyen otras
cuatro en la base del obelisco. Sus 137 metros de bloques de piedras se terminaron
de colocar en 1.981, simbolizando la fertilidad, la “linga” y el “yoni”; hay ascensor
hasta la escultura en oro puro (35 quilos) de la llama sagrada, pero – como suele
ocurrir – estaba en obras y fuera de uso. No se accede por la gigantesca base vallada,
sino por el otro monumento del príncipe Diponegoro a caballo; cobran. En los sótanos,
marmóreos, impresionantes en magnitud, los cuatro lados están cubiertos por
escaparates con dioramas de figuras en gran tamaño representando y narrando su

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historia, sobre todo el período de independencia; muy bien, instructivo y agradable
de contemplar. Mucha gente (sobre todo parejas mixtas) viene aquí para oír música,
descalza – no para oír mejor, sino porque los zapatos siempre les estorban-, por lo
perfecto de la acústica interior.
Los cuatro laterales del anterior conglomerado de praderas y carreteras
están delimitados por grandes edificaciones, unas muy largas y otras muy anchas,
pero sin el más mínimo apelotonamiento. El Palacio Presidencial (1.794) es sencillo,
columnado, blanco, bonito, de planta baja, nada ostentoso. Varios cuarteles
patentizan la preponderancia del militarismo, pero incluso éstos tienen unas entradas
muy amplias ocupadas por jardines. El ayuntamiento, las embajadas, los grandes
bancos, las líneas aéreas “Garuda”, los ministerios, todo lo tenido por representativo,
está bordeando este vórtice de la metrópoli.
Hacia el sur, en sentido contrario que el mar, la mejor planificación
urbanística jamás vislumbrada, un ordenamiento que supera a la mayoría de las
antiguas capitales europeas y de las modernas americanas; es como si hubieran
bombardeado, dinamitado y limpiado toda esta parte de la urbe para reedificarla
con lógica. No se pueden ni deben escatimar los calificativos ensalzatorios para la
nueva Yakarta y sus mentores, esto es una grandísima ciudad, en toda su extensión
y en toda la extensión de la palabra. El derroche de espacio es tal, que el entrar en
cualquiera de los edificios completamente espejados, supone un largo rodeo a través
de muros, cuidados jardines, barreras, aparcamientos y guardas. La principal avenida
paladín de lo expuesto, es la Jalan Thamrin. Bastante limpieza. Apenas focos de
miseria; en los suburbios muchos tejados con tejas, incluso en las moradas de inferior
categoría. El tráfico es denso pero se circula; todos se meten, se meten, pitan algo
enfadadillos, pero no llegan a chocar ni enfadarse de verdad; a veces semejan
retorcerse los vehículos y no se observan rascazos en las carrocerías.
En las primeras páginas de todos los diarios (y en todos los países), la palabra
que más destaca es “corruption”, ocupando el segundo lugar “inflation” -¡cuánto
nos parecemos a despecho de distancias y orígenes!-. En la radio, puntualmente
cada hora, noticias uniformizadas con afán dirigente. El acento, la pronunciación,
resultan muy europeas, continentales, casi a la española; la infiltración debió llegar
a través del portugués (curioso que el azúcar sea “gula”) y cuando hubo que usar
términos nuevos, desconocidos, se fueron adoptando de los visitantes o invasores

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desembocando, como nos pasa a todos, en el inglés americanizado. Si bien, en
Filipinas nadie parecía desconocer la lengua de Shakespeare, en Malaysia ya había
algunos y en Indonesia bastantes.
A pesar de todo el modernismo, de la cercanía del venidero siglo XXI, no ha
podido ser eliminada la tradición, los siglos idos. Todavía quedan portadores con
luenga pértiga y dos grandes pesos equilibrándose a los extremos, exhibiendo desde
agua para vender hasta leña para quemar. El gentío (difuso, no aglomerado) come
en todo momento que puede, sentado encima de las aceras o echado en todo
momento en cualquiera de los jardines y parques de gran extensión que hay por
todas partes; pocos usan tenedor, quien cuchara, algunos con palillos, pero la mayoría
directamente con los dedos (en el meñique y pulgar se suelen dejar las uñas
larguísimas); las pitanzas se preparan en carritos, muchos de ellos antiguos, de
madera, y por las noches no se interrumpe el servicio, alumbrándose con relucientes
fanales galvanizados de gas. En los hoteles, vuelve el s. XX, con frasquitos de
vitaminas japonesas en la nevera de cada habitación.
Los taxis (“taksis”) son baratos y usan taxímetro, pero la norma general de
que el eructar no es mala educación, parece convertirse para los taxistas en
obligación, y resulta repulsivo lo reiterado de tal práctica; para colmo, los muy
cerdos se quedarán al final del “sonoro” recorrido con la vuelta del pago de la
carrera. Casi todos los coches tienen los vidrios obscurecidos. Sobre los sucísimos
ríos, cual chocolate, pocos puentes. Las motos-triciclo, simpáticamente saltarinas,
no tienen, por supuesto, el casi imprescindible e inevitable aire acondicionado,
pero a cambio, te da en la cara todo el aire contaminado.
El Centro de Información para visitantes se ubica en la entrada del Teatro
de Yakarta (Jalan Thamsin); el pequeño local y el par de gordas que informan
rácanamente sólo sobre la capital, no justifican tan pomposo nombre. Frente por
frente, en el mismo edificio, la mejor Central de Teléfonos. Es preferible irse más
lejos (Jalan Kramat Raya 81), al Directorio General de Turismo – hasta lujoso-,
donde obsequian libros sobre todo el archipiélago. El cambiar “Amex” (sus varias
oficinas no están céntricos) es muy difícil, los bancos sienten preferencia por “Visa”.
VIEJA BATAVIA. No queda apenas nada. Cuanto más hacia el norte, hacia el
mar, peor; parece otra ciudad. La zona portuaria es fea, de barracones de madera
y lata, proliferando los “bar-masages”; se intercalan viviendas, negocios, manjales,

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almacenes, aguas estancada… un auténtico depósito de mierda que impide ver el
mar. En una parte vallada para cuyo acceso hay previamente que cotizar, están los
panzudos veleros, las magníficas goletas de Macasar, todas iguales, muy anchas con
el castillete a popa; filas de hombres con gorros y toallas protegiéndolos del sol
inclemente - ¡peor son los que van en moto con cazadora y hasta guantes!- cargan
y descargan sin cesar fardos o, principalmente, tablones de valiosas maderas
exóticas; buen sitio para pasear y observar. De las construcciones coloniales, en
estado ruinoso o de abandono en su mayor parte, destacar los museos restaurados
alrededor de una plaza; son el Wayang o de las Muñecas y el Histórico; en esa
misma plaza el antiquísimo cañón portugués “Si Jaguar”, que en su culata luce una
figa o símbolo de la fertilidad.
TAMAN MINI INDONESIA INDAH. Compensan los aproximadamente diez
kilómetros del desplazamiento. Por entrar no cobran y las tasas de los usos son
pequeñas. Resulta imposible de ver en un solo día; quizás, podría ocupar entre tres
y seis, según la dedicación y minuciosidad. Para hacerse una idea, dos trenes lo
recorren, uno por línea aérea y otro a ras de suelo; asimismo dos líneas de teleférico
– lo mejor- convergentes en una terminal de la que parten en ángulo o uve; también,
taxis, autobuses, vehículos particulares, carritos, transeúntes… El centro de las
kilométricas instalaciones (300 hectáreas) lo ocupa un extenso lago por el que en
barcas a motor se navega entre las representaciones a escala y relieve de las
principales islas indonesias. Bordeando el lago, las reproducciones de la viviendas
de diferentes etnias, pero no reducidas o a tamaño natural, sino aumentadas,
grandiosas y cuidadas. Un gran castillo, palacios, templos… de todo. Además del
teatro principal, seis museos independientes (uno de ellos dedicado a la Filatelia y
otro a la isla de Komodo); restoranes con todo tipo de comidas; etcétera, etcétera.
¿Cuál es el coste de mantenimiento diario de esta especia de “Disneylandia” a la
Indonesia?; ¿De dónde viene tanto público para llenar esto? En fin, algo impensable,
inabarcable, con una extensión y amenidad mayor que la mayoría de las ciudades.
MUSEO NACIONAL. Se conoce por “museo del elefante”, por el que de bronce
hay a la entrada (s. XIX). Bien. En las salas del bajo muestras textiles, armas,
reproducciones de viviendas nativas, gamelanes, barcas, estatuas de madera (ellos,
eréctiles; ellas tapándose) y de piedra volcánica, utensilios de la vida cotidiana,
social y festiva, mapas, gorros, objetos de plata repujada y todo lo de siempre,

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pero en indonesio. Arriba (el aire acondicionado, que no existe abajo, se agradece,
resguardado por puertas giratorias), dos secciones con valiosos y meritorios trabajos
en oro (sortijas, pulseras, collares, pectorales, mangos de cuchillos y espadas, hasta
un escudo).
Otros museos serían el de Arte y Cerámica, con las más importantes pinturas
y esculturas de artistas contemporáneos indonesios, junto con cerámicas de China
y sudeste asiático; Textil; de las Fuerzas Armadas; Naval y el de Adam Malik (con
cerámicas y porcelanas, pinturas, armas y antigüedades); enfrente, el Sasmita Loka.
El Archivo Nacional lo alberga una construcción de 1.760. Foco de actividades
culturales, el Taman Ismail Marzuki tiene planetario. Jardín de Orquídeas. Un parque
de atracciones “Fantasy Land”. Varios grandes y modernistas centros comerciales
para practicar “shopping”. Curioso el Mercado de Pájaros en Jalan Pramuka. Para
ver – y temer- serpientes venenosas y medio millar de cocodrilos, “Crocodili Farm”.
MEZQUITA ISTIQLAL. De las mayores del mundo. Una moderna y nada
meritoria mole cuadrada de 10 pisos de altura, abiertos, dando a patios; en el
centro, inmensa cúpula; aparte, un alto y estrecho minarete que más parece una
antena. A los no creyentes no nos permiten el acceso (guardianes con bastones) al
interior. En los bajos, los lavatorios –a pesar de que se lavan, siguen con apariencia
de sucios-. La mayoría no medita con recogimiento, sino que duerme sin disimulo.
Amplio aparcamiento, puentes sobre sucísimo río que la circunda, cierre y portalones
metálicos- ni mínima imagen de religiosidad: ¡si Mahoma levantara la cabeza!-.
En la acera de enfrente, la CATEDRAL (1.879) católica, también con
aparcamientos dentro de las verjas, pero todo en menor tamaño y proporción. El
techo es todo de madera, con cúpulas entrelazadas muy cerradas que dan la
impresión de una plantación de palmeras. En las bancadas, los nombres de las
familias o empresas que los usufructúan. Grandes mosaicos con las estaciones del
viacrucis en las dos naves laterales. Pequeño Museo que sólo abre lunes, miércoles
y viernes de 10 a 12.
La tercera religión en discordia, a la vista de las anteriores, es la protestante,
con su Iglesia Inmanuel, otra gran finca cerrada; redonda, tiene balaustrada en el
piso superior y estrados en el bajo; de fieles, mucho menos que las anteriores.

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Los chinos tienen por enseña el Jin-De Yuan o “templo dorado”, de 1.650.
También de los portugueses, como no, restan una par de monumentos católicos,
Tugu (1.725) y Sion (1.693).
El ZOO queda bastante lejos (unos 10 km.), en el suburbio Ragunan. Es tan
extenso que los guardianes usan motocicletas y resulta probable perderse – como
uno que todos suponemos: y puede no aparecer “taksi” para el retorno… y puede
llover, torrencialmente-. No es un clásico zoológico donde encierran a los pobres
animales que se han dejado capturar; no hay jaulas, sino amplios espacios vallados
entre árboles, hierba y charcos (lo que dificulta la visión del visitante y lo obliga a
duraderas caminatas). La estrella indisputable es el “Varanus Komodiensis”, el
singular Dragón de Komodo, el gigantesco lagarto (varios metros y varios cientos de
quilos) que sólo se da en una pequeña isla del Pacífico. Elefantes asiáticos –uno me
largó tal trompazo que si me caza me mata-, aves del paraíso, vistosos casuarios
(brillante pelaje negro, papos y crestas azules, violetas, rojas y doradas) que también
eructan, babirusas (como cerdos bravos pequeños de hocico alargado), cabras, un
impresionante rinoceronte, jirafas, bueyes en cantidad, guepardos, monos, tigres,
todo tipo de pájaros y reptiles y así hasta ¡3.600! especies. Mejor ir por la mañana,
pues a la tarde les dan de comer y se muestran más apocados. Experiencia para
valientes: desde serpientes pequeñas que se te meten en tu cuerpo hasta la gran
pitón que te puede meter en el suyo, es factible fotografiarse con tan poco
tranquilizadora compañía; inolvidable.
EL MERCADO DE ANTIGÜEDADES se expansiona todo a lo largo de la calle
Surabaya, en la zona residencial de Menteng, donde se ubican las mejores casas
unifamiliares-¡vaya chalés!-. Allí se encuentra algo de todo y no son excesivamente
insistentes; si se va a algo más que a mirar y se busca algo concreto, con decírselo
a uno solo, éste se lo comunicará a todos los demás tenderetes y ya te buscarán y
seguirán; sin mayor reparo, se puede ofrecer la cuarta parte de lo que pidan.
La partida. Otra etapa más y estamos comenzando la “tournée”-. Suspensión
del vuelo por ignotas razonas. Nos llevan a todo el pasaje – las razones “técnicas”
se pagan- al mayor parque recreativo -¿todavía?-, “Taman Impian Jaya Ancol”, donde
ofertan hasta auto-cine. El lujoso hotel “Horison” cambia las alfombras de los
ascensores diariamente (se sabe por el nombre pintado del día correspondiente de
la semana); en recepción el cuadro de honor con la fotografía del “empleado del

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mes”; todo en la habitación funciona por botonería electrónica- lo difícil es
aprenderse previamente para qué vale cada mando- ¡y hasta se come bien! (con
“Chianti” italiano, acompañado por la lombarda Daniella, nada difícil de distinguir
pues éramos los dos únicos no japoneses de la manada humana).

YOGYAKARTA
Cuando hubo avioncito disponible (en mal estado y con pésimo servicio), de
aeropuerto internacional (con su legión de limpiadores y jardineros) a pista nacional
(desplazamientos a pie). Nos hallamos en el centro geográfico de la isla de Java,
núcleo histórico, centro cultural y primera capital independiente (1.946-50);
también, es el punto de mayor interés y desplazamiento turístico, base de
operaciones para tantos lugares ineludibles. Con medio millón de habitantes, una
buena parte de ellos tienen fama de hábiles ladrones. Las edificaciones todas de
poca altura, con continuidad de locales comerciales totalmente abiertos (ni puertas
ni escaparates) en sus partes bajas. Como medio de transporte citadino local, las
bicicletas con plataforma delantera (“becak”) desde la que el usuario contempla
todo el panorama y traga todo el dióxido de carbono; nubes de carritos de caballitos,
algunos con saco en el culo para recoger cagallones; otras modalidades para los
que se quieran liar por ahorrar en taxi, son los “mikrolet”, “oplet”, “colt” o “bemos”
(mini autobuses) y los “ojeks” (motociclos). Las “antigüedades” (también en Yakarta)
se fabrican en la misma acera, sin mínimo disimulo; preciosas muñecas en diversos
materiales de elaboración, mejor todavía la vivacidad de las marionetas; bruñidos
objetos en metal; funden, estiran y trabajan muy meritoria y artísticamente la
plata a la vista del cliente; bronces, maderas…; las pinturas resultan excesivamente
“naif”; con las peonzas logran milagros de rapidez.
De noche, la vida continúa, amortizada pero pujante, en la rúa. La
iluminación es deficiente en la arteria principal; en las otras, ni internarse. La
pesadez de los caza-turistas resulta muy agobiante para quien le guste, simplemente,
pasear. Buena pinta y aroma de los pollitos que se comen en el suelo, bajo un toldo.
Guitarristas-cantantes amenizan las sombras.
El “Natour Garuda” es el hotel clásico, el típico de los pasados tiempos
coloniales que se ha tenido que ir adaptando a los modernos sin perder demasiada
dignidad; también es el mejor situado en la desparramada ciudad; hay otro con

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también cuatro estrellas y varios más de buen aspecto exterior, pero las deficiencias
comienzan bajando de tres.
Todo esto es una proyección de Asia hacia, en, Oceanía; los turistas buscan
lo que ya ha cambiado pero sigue existiendo. Tienen aquí incluso una Universidad.
Relativamente cerca, playas de arena nada blanca, más bien volcánica. Sabroso té
de Jazmín se vende en cartones “tetrabrik”, los refrescos nacionales no son nada
malos y ¡cerveza “San Miguel”! con licencia nacional. La Policía de Turismo no
vigila mucho y no controla nada. Los renombrados restoranes “Mama´s” y
“Superman´s” siguen siendo centro de reunión para románticos con añoranza, pero
no tienen nada de singular ni se diferencian de otros muchos; el “Legian” si tiene
otro aspecto y está en un primer piso, en la avenida principal; parece prometer el
“Sparta Steak”. El Centro de Información Turística la da adecuada, pero también
cualquier hotel o en el mismo aeropuerto, obsequiando unos mapas plastificados
de desusada calidad. Por todas partes, auto-bautizadas “Galerías de Arte”, a cientos,
en las que se puede ver hilado, pintado (los cuadros, perfectamente válidos para
apartamentos modernos), marionetas de ensueño, teatro, danza, música, de todo;
cuero, madera, oro…; la ropa resultaría excesivamente chillona y llamativa fuera
de aquí.
KRATON: PALACIO DEL SULTÁN (1.756). Ciudad (amurallada en cuatro
kilómetros y con 20.000 servidores) dentro de la ciudad. Caballeros de edad en
ropaje tradicional custodian por dentro y fuera el recinto y guían las visitas pagadas,
sin dejar sus armas. Se recorren diversos recintos de estilos preciosistas con tallas
en incrustaciones en oro; hay pabellones para danza, bailes, meditación y otras
“actividades”: menos trabajar, lo que sea- se vive como un sultán-. A los muñecos,
marionetas y retratos oficiales se les aumentan las orejas, hacia arriba y en punta,
como murciélagos. Muestran los recuerdos, fotos y objetos- es de suponer lo bueno
esté a buen recaudo- de cuando el sultán estudiaba, era “boy-scout” o montaba a
caballo (que ya no está para estos trotes); colecciones de cristal, cerámica, ropas,
etcétera; de algunas cosas indican y realzan lo que costaron; lo que se observa no
denota muy buen gusto, pero es demostrativo- una vez más- de lo bien que en todas
partes unos pocos derrochan a costa de la diaria amargura de la mayoría; un
armatoste que debe ensordecer al dar la hora luce una gigantesca pegatina “made
in Germany”.

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WATER CASTLE. Taman Sari o residencia de verano, palacio acuático, “jardín
fragante” entre canales y estanques del 1.765. Otro capricho costosísimo del que
guerras y terremotos sólo han dejado muestra. Se paga una pequeña cuota y se
visita con guía. Todo muy deteriorado y las aguas con verdín. El sultán gozaba de
sauna en su estanque particular, habiendo otro, de mayores proporciones, para
sultana e hijos.
El Museo Arqueológico y Etnográfico, Sono Budoyo, se encontraba
arbitrariamente cerrado. Algo similar (no abre por las tardes) el Museo Affandi, con
la tumba de su rico fundador allí, pobre, sencillamente, en la tierra de un rincón
del jardincito. El Museo de la Independencia está muy céntrico, en Jalan Colonel
Sugiyono.
Por el exterior, en el Mercado de los Pájaros (Bird Market) no se ven más
que jaulas, pero en los vericuetos interiores hay de todo, además de aves de cualquier
tamaño y color. Mejor ir después de comer, por si se quitan las ganas con las cabezas
de corderos decapitados, las tripas al aire y los olores. Todo muy viejo, decrépito,
con suelo de tierra obscura; casi todas las vendedoras ancianas; no molestan en
demasía al presunto comprador. Lustrosos y orgullosos gallos de pelea, algún lagarto
gigantesco, hierbas variadas, cantidad de piensos, conejos, palomas, cacatúas, loros
de inimaginable tonalidad; vida, Asia. Al lado del mercado, por encima, a un nivel
superior, lo que debió ser un antiguo fuerte. En el Jardín Zoológico mantienen
encerrados en una veintena de hectáreas a medio millar de desdichados animales.
Párrafo aparte un par de componentes esenciales en el vivir cotidiano de
estas gentes y esta ciudad, la música y la danza. Tanto como oírlos resulta placentero
contemplar el instrumental y los intérpretes de los Gambelanes; lo repulido y brillante
de latones, cobres y bronces, demuestra más que un cuidado rutinario un gran
cariño y dedicación, casi amor; la expresión concentrada, ausente, de los músicos
de edad- los jóvenes están más a si cae alguna turista-, es imagen de su transporte
a otros tiempos y a otras regiones de comunidad acústica. En cuanto a las danzas,
son la manifestación corpórea de un sentimiento etéreo ancestral; se practican en
locales turísticos, templos y, el sumun, en el mismo patio del sultanato; las danzas
reales de la corte de Yogyakarta se basan principalmente en las epopeyas del
Ramayana y del Mahabarata, la Klono Topeng Alus y la K. T. Gagat se ejecutan
ceremoniosa y respetuosamente desde el s. XV.

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BOROBUDUR
Por las carreteras, no malas del todo, aceptables para dónde estamos y el
poco tráfico, suele haber divisiones de distritos o municipios con grandes mojones
columnados y hasta con arco, en piedra, en su mayor parte antiguos. Tiradas por
todo lados, piedras talladas en número suficiente como para construirse el propio
templo –cual rompecabezas, hágalo usted mismo-. Las casas que flanquean la cinta
de asfalto son corrientuchas pero dignas, habitables, no pocilgas. Arroz y más arroz,
parece no supieran cultivar otra cosa: tradición; lo ponen para que lo desgranen las
ruedas de los automóviles; y hasta te exigen que pases por encima. La tierra es de
lo más feraz imaginable, el problema de subsistencia nunca pudo darse. Predominan
en ruta bicicletas y motocicletas, yendo las musulmanas con la toca y el casco
encima (no se quitan los farrapos ni para jugar baloncesto; en todos los colegios
están uniformados). Con chófer a la puerta y esto resulta muy duro; el impacto
calorífico y las variaciones desde el aire acondicionado o desde la sombra, son
tremendamente impactantes y deshidratantes; las intermitencias de lluvia casi diaria
torrencial no despejan la atmósfera, sino que adensan. La gasolina es un bien
preciado que se tasa por botellas, habiendo déficit de ellas y colas para conseguirlas.
El Vihara Buddha Uhr (nombre original sánscrito), mandado erigir por la
dinastía Cailendra en el s. VIII, resulta armónicamente perfecto en su grandiosidad.
Hay un recinto todo cerrado con holgados y cuidados jardines, un Museo (con piedras
sueltas y fotografías de la cuidadosa reconstrucción del templo a partir de 1.814),
tienda de suvenires, restorán y algo más. El Vihara va ascendiendo desde una
plataforma de 117 metros de lado en cuatro pisos o niveles de planta cuadrada,
encima tres gradientes redondas con los “stupas” culminando; tras un escalón
cuadrado intermedio, en la estructura circular superior, noveno estrato astral -¡y
una antena que desentona!-. Por cada lado, en cada dirección, escalinata con los
escalones muy altos. La desviación de los ejes con respecto al terrestre, es mínima.
Todas las paredes de los cuatro primeros niveles, a uno y otro lado, fueron
esculpidas (1.500 paneles) en medio relieves, recogiéndose escenas de la vida
cotidiana de la elite de entonces, representando todo tipo de animales y hasta
barcos. En los pisos circulares los muros son completamente lisos, compuestos por
bloques de tamaño relativamente pequeño. Cuatro centenares largos de hornacinas
con Buda sedente, joven, meditativo. Cada “stupa” (campanas invertidas de cerca

168
de dos metros con horadaciones) contiene su Buda, que suele encontrarse decapitado.
Es frecuente la deidad Ganeca, el elefante. Ésta es una de las maravillas del arte
hindú (56.640 m cúbicos de piedra tallada) y universal.
El fondo de uno de los laterales lo delimitan esbeltas montañas, estando el
resto de la panorámica dejado al horizonte infinito, sin divisarse ningún otro templo
ni montículo; el valle es un auténtico vergel, frondoso, tropical, bello; espléndido,
apacible, relajante.
PRAMBANAN
De camino se pasa junto a un cementerio tan amplio y cuidado, que parece
un pueblo. Como casi siempre, llueve al atardecer, ¡y cómo!, pero durante poco
tiempo y pronto todo vuelve a quedar reseco. Pacen cuidadísimos caballos,
estilizados, de poca alzada. Los ciclistas arrastran pesadas estructuras. Los
porteadores con pértigas, soportan pesados bultos a los extremos. Cruzamos
bastantes puentes, que si todavía no se han caído, ya no se caerán jamás. En cualquier
punto que nos detengamos, montones de gente siempre dispuesta para todo y a la
espera de alguna inesperada dádiva.
El recinto de Prambanan (s. IX) se halla inmerso en un marco geográfico
menos fastuoso que Borobudur. Una plataforma amurallada cuadrada con cuatro
entradas cuyos portalones fueron iguales, contiene los ocho templos principales;
aparte, diseminados, algunos templetes, pero guardándose siempre perfecta simetría
y armonía. El mayor o templo principal es flanqueado por otros dos de también
considerable tamaño; es el único con cuatro entradas o escalinatas, teniendo el
resto nada más que una. Otros tres menores enfrente y los dos más pequeños en los
laterales, todos ellos con los peldaños de acceso por el lado que da a una especie
de plaza. En la parte superior de todas las cúpulas, antena pararrayos. Los relieves
son auténtica y realmente suntuosos, plenos de sensualidad; no hay Budas. El acceso
del este en el templo principal ostenta un vano de entrada y un recinto interior
mayores que los otros. Las estatuas de los recintos sagrados, de tamaño superior al
humano, zoomorfas o mixtas, se tallaron en medio relieve sobre un plano posterior
recto, a modo de estela –no es ésta la única semejanza con el mundo mágico maya-
. Todo alrededor, los restos de los templos destruidos (más que derruidos o
desmoronados). Algunos templos tenían pozos. En el Museo de sitio han dispuesto

169
esculturas en abundancia, fotos de las obras (llegó a haber por aquí 224 templos) y
algunos fósiles y reproducciones de orfebrería en oro.
Todo este ámbito central de la Isla de Java está plagado de construcciones
sacras, esotéricas, santas, mágicas. Estamos rodeados de las ondas pétreas del
espiritismo hindú. A pesar del sinnúmero de construcciones, se ve como algo posible,
han sido una cuestión de tiempo, número y de lograr aunar, de grado o por la
fuerza, voluntades; nada comparable, prescindiendo del aspecto puramente artístico
(que aquí es muy superior), a los logros presunta y presuntamente atribuidos a los
incas en América que son, simple y escuetamente, imposibles, por la magnitud y
técnica de sus componentes.
Relativamente cerca unos de otros y tomando siempre como punto de partida
y descanso Yogyakarta, no pueden dejar de ser citados y visitados Candi Pawon, C.
Mendut, Siwn, Plaosan, Boko y Sari. Más lejanos, pero con la recompensa de las
mejores representaciones eróticas, SUKUH y GEDONG SONGO (lo más antiguo,
KALASAN, del 778, con planta de cruz griega). Entre las cuevas, destacan las de
GOA SELARONGO, acondicionadas para el turismo.
CANDI PAWON es una estructura menor, pero donde mayor es el asalto e
insistencia de los vendedores –mejor no preguntar ni el precio por curiosidad, pues
lo tomarán por interés y perseguirán al no interesado bajando sus pretensiones
inverosímilmente-; las paredes exteriores están completamente esculpidas, pero
no hay nada notable dentro. CANDI MENDUT tiene, un gran Buda en actitud de
estarse contando los dedos; flanqueándolo, dos divinidades menores (de tamaño
superior al humano); las cuatro paredes se van estrechando hacia la cúspide,
formando una extraña cúpula; por las cercanías, campanas-stupas y otros restos,
todos en obras. SIWU fue la mayor aglomeración de templos (250), pero todos se
encuentran ruinosos, con excepciones de uno principal y los suyos complementarios.
Similar aspecto externo, panorama pétreo desolador, el de PLAOSAN, donde pueden
contemplarse excelentes esculturas y dos cámaras con cúpulas calcadas o antecesoras
de las mayas; aparte, un par de pavorosas estatuas exentas, fieros guardianes
rodeados de serpientes y con cierto aspecto felino. Asimismo, la cúpula denominada
arquitectónicamente “falsa” en BOKO, pero el interior se nos presenta desnudo,
desvalijado. Con un pequeño desvío, a través de carretera (como todas, con buen
firme) rodeada de frondosidad, SARI; se suben escaleras, se ven unos portalones y

170
plataformas (nada de relieves ni estatuaria), se divisa una amplia perspectiva y
Prambanan, y se acabó.
Por todos lados, templos y similares para dar y tomar, inabarcables; la
inevitable similitud y el agobiante calor, aconsejan ceñirse a los principales descritos.
Muy recomendable y tiene que resultar inolvidable, el asistir a representaciones de
danzas, si las hubiere, en estos recintos. El que suela haber algún “vigilante” o
“trabajador” estirado en el suelo, durmiendo, da muchas veces más impresión de
tumba que de templo.
TUMBAS DE LOS RAJÁS DE IMOGIRI
Lo MEJOR de este periplo de circunvalación. Es la segunda vez en su vida
que el que esto intenta describir ha logrado ser trasladado en el tiempo (la otra
ocasión, en la iglesia de Chincheros- s. XVII- en Perú); no he visitado un monumento
del siglo X, HE ESTADO EN EL S. X, viví hace 1.000 años en Imogiri.
Aunque hay menos de una veintena de kilómetros desde Yogyakarta, ni las
agencias de “tours” ni los propios hoteles promocionan esta auténtica maravilla
atemporal; el motivo se revela al ir ascendiendo (tras mediana caminata como
prólogo) los ¡345! escalones para acceder a la cumbre de la montaña donde reposan
los restos de los sultanes o rajás: el porcentaje de muertos por ataque cardíaco o
deshidratación sería elevadísimo; aparte, los auténticos ritos no son para las masas.
En la primera parte del camino, aún recto o con poca pendiente, ya ofrecen
refuerzos líquidos y sólidos para lo que se avecina; ellos saben el por qué, el
despistado se extraña. Una chica algo tonta pero muy apetecible – no en tales
circunstancias- se me pegó a los talones, subía como si tal cosa tras de mi estela de
sudor, se sentaba un escalón más abajo que el mío en los frecuentísimos descansos,
esperó impávida bajo el tórrido sol mi regreso del túnel del tiempo y todavía recuerdo
con lástima su mirar desesperado, como de incomprensión, cuando partí en el taxi
para un mundo por ella ignoto pero ¿deseado? Imogiri es otro mundo, otra época,
pero antes de inmolarse en el ara del tiempo hay que sufrir la purificación de la
ascensión renqueante a través de la piedra, ir dejando litros del propio líquido,
kilos superfluos del propio cuerpo como tributo a las tumbas que jalonan el viacrucis;
ninguno de esos féretros pétreos presentan inscripciones, relieves ni nada, están
tan prístinos y libres de pensamiento como el peregrino cuando logra llegar a la
cumbre. Antes, todavía, como siempre, otro tormento, el de los vendedores, que

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aquí se limitan a acechar a la presa, tentándola desde la sombra de sus tenduchos
en los que puede haber ¡hasta hielo!; cuanto más arriba esté el puesto el reparador
e imprescindible líquido, más cobran por el sorbo. Nada más que lunes (mañana) y
viernes (tarde) se permite la entrada a los impuros (y no durante el Ramadán), y en
aquel viernes nada más que otro chico y otra chica (Peter anda Gabriella)
descendientes de vikingos se atrevieron a arrostrar la conquista y a estar en el
pasado.
Traspasadas las puertas del panteón-fortaleza, tras paréntesis de descanso,
entregan una hoja con las normas (no mujeres con menstruación, no sombreros, no
cámaras) y cobran. Todos los abundantes guardianes portan entremetidos en su
“sarong” (prenda tradicional de vestir, especie de falda desde los pies al pecho,
también muy usada cotidianamente, así como los turbantes obtenidos enrollándose
una larga cinta a la cabeza) una funda con un puñal que también serviría como
maza y que parecen dispuestos a usar. Hay que ir descalzo, sin camisa y con una
sarong que un guardián ayuda a atarse; a las mujeres les colocan dos, pero los
hombros han de ir siempre descubiertos (ni tirillas de sostenes). Adentro, se penetra
hoy en el pasado; tres niveles más atravesando portalones de madera tallada pero
sin ornamentaciones; al fin, La Tumba principal.
Allí, la cámara del tiempo, la espera más o menos prolongada entre el
espeso y embriagador humo de las ofrendas. Penetrar, entrar en la historia, en el
ayer lejano; no ver, sino vivir. Es una caseta grande, toda de madera, de techo bajo
–lo más parecido para tener una inadecuada referencia, sería el aspecto externo de
hórreo asturiano – y conservada por el humo incesante durante siglos. Fieles
apretujados, sudorosos. La parte central, a lo largo, la ocupa un sarcófago de gran
tamaño de madera obscura y lisa; a los dos laterales de la cabecera, lo que deben
ser ceniceros, con incrustaciones de oro. La actitud correcta es arrodillarse, bajar
la cabeza y juntar las manos como para orar. De la larga retahíla en lengua sánscrita
que suelta el anciano guardián-sacerdote como si todos los debiéramos entender,
sólo está clara la expresión “¡money, money! (en todas las tumbas todos depositan
su exiguo óbolo en bandejas colocadas al efecto); después te pone cariñosamente
un puñado de pétalos de flores en la mano para depositar encima del féretro.
Espeluznante. Y así mil años, una eternidad, continua veneración diaria de la que
no han gozado ni los más eximios emperadores, ni Mausolo ni los mismísimos faraones.

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Al lado, en otro habitáculo menor, un solo sarcófago, menor, de aspecto menos
imponente y más reciente.
Un nivel abajo, otro mini-mausoleo, recientemente techado, que parece
como olvidado, con tres féretros en piedra, sencillísimos. De este segundo nivel, a
derecha e izquierda, parten dos avenidas con acceso, en cada avenida, a tres
recintos. En cada uno de ellos, su voladizo de recepción, la purificación del sari –
habría que llevar uno puesto para no tener que estarse cambiando cada vez- y la
visita respetuosa a un número de tumbas que oscila de dos a cuatro. Un total de 8
enterramientos a un lado y otros 8 al otro. En el segundo nivel había otro “hórreo”
cerrado y junto la salida lo que semejaba tumba reciente, ya modernizada, en
granito pulido, abierta, techada. Las familias de los cuidadores moran en el
perímetro, ofreciendo refrescos; se oye poco inglés. Lenguajes y usos de otros
tiempos, atmósfera ancestral a pocos kilómetros de un mundo que sí evolucionó
pero que no parece mejor después de vivir y respirar el estancado.
Nos ha sido dado penetrar en el nivel superior o Kasultan Agungan, donde
desde hace unos 10 siglos se veneran los restos mortales de Sri Ratu Batang,
acompañado de Sri Paduka Sultán Agung y S. P. Hamangkurat Amral. Que descansen
en paz y que los dejemos descansar, en el inolvidable Imogiri.

MÁS JAVA
Ésta es la isla más poblada y rica en tradiciones y monumentos de todas las
de los numerosísimos archipiélagos; unos 200 km. de longitud y 100 de anchura
máxima; se la denomina “Jardín de Oriente”. El servicio ferroviario es relativamente
bueno y va desde una punta a otra, no siendo nada rápidos a pesar de sus servicios
exclusivos o específicos para turistas. También en las líneas de autobuses hay diversas
categorías, debiéndose optar, siempre que sea posible, por la de “ejecutivos”; el
horario nocturno es muy usual.
En el extremo occidental de la alargada isla, lamido por el renombrado
Estrecho de la Sonda, se ubica el puerto de MERAK, salida y llegada de los ferris a
Sumatra; no posee nada de mínimo interés. Parecido comentario para BANTEN,
donde arribaron los primeros holandeses en 1.596 y antiguo centro de un rico
sultanato del que sobrevive todavía la vieja mezquita, una torre y fortificaciones.
El palacio de BOGOR fue la sede oficial de los gobernadores generales holandeses

173
desde 1.745 a 1.942; sir Stamford Raffles mandó comenzar a cultivar en 1.871 los
Kebun Raya, jardines botánicos que han alcanzado el medio millón de especies de
plantas (con 3.000 tipos de orquídeas híbridas) y la decena de millar de arbóreas.
BANDUNG ya llega a los dos millones de pobladores y sus mujeres tienen fama de
ser las más hermosas de toda la isla; relativamente cercanos el “Taman Safari” (35
hectáreas), el Parque Nacional de Penanjung y, sobre todo, el poblado de CIAMPEA,
donde han localizado una piedra con inscripciones en sánscrito del rey Purnawarman
de Tarumanegara proveniente del 450 a. C.
La capital de la zona central es SEMARANG (1.400.000 h.); con el venerado
templo Sam Po Kong, dedicado a un almirante musulmán chino eunuco (s. XV).
PARANGTRITIS es la playa a donde peregrinaban los sultanes de Yogyakarta para
encontrarse con Nyai Loro Kidul, la diosa de los Mares del Sur. En la MESETA DE
DIENG, a 2.000 m. de altitud, están los cinco templos hinduistas-budistas más
antiguos. SOLO, también nominada Surakarta, tiene una Kraton (palacio) de 1.745
y algunos museos, siendo peculiares los tejidos decorados con “batik” (estampado
por sellos). En los alrededores de MALANG también, cómo no, importantes restos
de templos de ya casi olvidado esplendor.
SURABAYA, gran puerto comercial y base naval, segunda ciudad indonesia (3
millones, o por ahí), es la cabecera del sur u oriente; su ZOO es el mayor del
sudeste asiático (sección e animales nocturnos); entre los santuarios más o menos
próximos destacan Singosari (consagrado a Shiva), Kidal (1.260), Jago (1.268) y el
bellísimo complejo de Panataran. Un corto u ¿apacible? Paseo marítimo llevaría
hasta ISLA MADURA, relativamente virgen, con sus poblados de pescadores,
muchachas increíblemente sensuales y una necrópolis de épocas antiguas. Última
estación ferroviaria en KEPATANG y de ferri en BANYUNANGI, desde donde en media
horita, Silimaluk, Bali, isla de Bali.

BALI
“Bali. Isla de Bali.
Este montañoso y fértil promontorio de roca y tierra, originado por
primigenias erupciones volcánicas y escapado de las fauces de las aguas marinas,
parece perdido y casi olvidado entre la amplitud de los mares y lo extenso de las
otras islas que lo amparan.

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Ni demasiado grande ni demasiado pequeña, su tamaño es el adecuado
para poder ser contemplada y dominada desde las cumbres de las más altas montañas
volcánicas que tachonan su suelo. Lujuriosa vegetación la cubre por entero, y todos
los cultivos serán pronta y generosamente fertilizados, ya que la inmediatez al
ecuador planetario determina la una y los otros. Por el contorno, playas, esas playas
entrevistas y soñadas en que mareas prístinas lamen acariciantes a las albas arenas
y no se atreven a llegar hasta los cocoteros y palmeras que, aunque, orgullosos, a
su vez se inclinan ante la fuente del todo.
El Sol, con el intervalo de las tinieblas para descansar, es casi perenne
invitado y señor. En suma, lo que se conoce como un lugar paradisíaco.
Los pobladores de tan privilegiado territorio, constituyen una espléndida
etnia, individuos bien dotados por la Naturaleza que destacan comparativamente
entre los de su raza. Lo nítido del mar les permitía surtirse de todo tipo de peces y
moluscos sin gran peligro, lo rico de la tierra coger los frutos y cosechas sin mayor
esfuerzo, lo puro del aire pensar y actuar sin demasiado prejuicio. La organización
social, desde tiempos inmemoriales, es por castas brahmánicas.
Mandaba el Príncipe. Vástago primogénito de una estirpe real sin taras, su
sana naturaleza y su vigorosa educación le permitían ser el primero por excelente,
superior o aventajado en muchas de las actividades cotidianas. Su autoridad era
ancestral, totémica, indiscutida e invulnerable; absoluta. Los símbolos regios se
respetaban y veneraban. Como dueño aceptado de mares, tierras, aires, vidas y
sentimientos, gozaba de todas las prerrogativas.
Los súbditos usufructuaban los terrenos productores del indispensable arroz;
las mejores primicias y lo más granado de las abundantes recolecciones se ofrendaba
al Príncipe.
El principal entretenimiento, además del canto y la danza y otros juegos
con instrumentos de madera, lo constituían las peleas de gallos, pues a lo lúdico
unen lo bélico, a la incertidumbre del ganador las pasiones de la lucha y de la
sangre. Los excelentes ejemplares del Príncipe podían llegar a perder, pero en ese
caso se apropiaba de los plumados ganadores.
Las mujeres, como no podía ser menos, bellísimas, sensuales. Cualquiera
sobre la que el bien amado Príncipe manifestara deseos, se consideraba plenamente

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afortunada, al igual que toda su parentela. Al hombre que osare, simplemente,
fijarse en una de las concubinas reales, se le arrancaban los ojos.
Bali. Isla de Bali.
Un día que amaneció igual que los demás, en las cercanías naufragó un
barco japonés repleto de substanciosas mercancías; las costas acogieron todos los
variados despojos. Los isleños siempre consideraron que lo que arrojaban las olas
era propiedad de quien lo encontraba, y en este caso no tenía por qué ser distinto.
Estamos en los albores de uno de esos períodos temporales en que ha dividido
lo inaprensible el calendario gregoriano, concretamente en los del vigésimo. Holanda,
uno de tantos piratas de lo llamado civilización, tenía a Bali bajo su interesado
protectorado. Los armadores japoneses del buque reclamaron a través de su gobierno
los bienes perdidos o su valor al gobierno holandés, exigiendo éste a la familia
regente balinesa que satisfaciera una elevadísima indemnización. El Príncipe se
negó a todas las exigencias por respeto a las costumbres de sus antepasados, a
pesar de que tanto su madre como la madre de su madre le ofrecieron el dinero.
Era la disculpa que el país europeo estaba esperando para anexionarse
definitivamente otro dominio asiático. Comisionó a uno de sus engolados generales
respaldándolo con todo el poderío de una marina acostumbrada a tantas y tantas
masacres. El general, típico producto de academia militar (donde todos han de
soportar lo insoportable a quien conozca la dignidad), había recurrido a las usuales
intrigas y trápalas para seguir ascendiendo; era su oportunidad, educado como
estaba en el odio a aquellos grupos humanos que conservan, en lo físico o en lo
espiritual, lo que recuerda a los demás lo que hemos perdido.
Al producirse el desembarco del numeroso contingente de soldados dotados
del más moderno material de la época, el Príncipe eligió la muerte voluntaria,
siguiendo su voluntad la práctica totalidad de los isleños; las madres clavaban el
kris en los cuerpos de sus hijos antes de traspasar su propio corazón, otros optaron
por arrojarse al encuentro de la metralla de los cañones o encima de las bayonetas
de los extranjeros profanadores.
¿Quién tenía El Poder?, ¿el Príncipe balinés o el general holandés?”
Antecede el prólogo (histórico), literal y completo, de la primera parte de
mi novela “El poder”. Da idea de la ilusión con que partí para aquellas islas idílicas

176
e idealizadas; la idea de la desilusión con que he vuelto –he dado la vuelta al mundo
pero el mundo no me la ha dado a mí- es más difícil de lograr dar.
“Paraíso insular”, “ínsula de dioses y demonios”, “isla de la luz”, “amanecer
del mundo”,… incomparable, mítica, famosa, soñada, barata, tropical, pintoresca,
inmaculada, amigable, culta, extraordinaria, artesana, danzarina, musical, religiosa,
sagrada, hermosa, fascinante,… “mañana del mundo”. Nada de eso, o casi nada. Si
algo de ello, o mucho, tuvo, está definitiva e irreversiblemente cambiada.
Los aeropuertos, por estos pagos, constituyen la fuente neurálgica de
ingresos; cobran tasas al pasajero por su utilización, por acceder al recinto en
coche, y hasta por rodar por la carretera de acceso. En el aeroplano local de
“Sempati”, goteras en clase ¡”Gold”! – por condensación, no por agujeros en el
fuselaje-. Desde el cielo inalcanzable, visión de montañas bajas, cultivos varios y
bosques tropicales no muy densos. Toda la muy extensa llanura de Surabaya, con
volcanes delimitándola a lo lejos, estaba inundada en dirección al mar, de tal manera
que para llegar a algunas concentraciones de viviendas se debía ir por carreteras a
modo de puentes o, ni eso, en barca. Un puente de arena sobre el mar no conduce
a ninguna parte -¿se estará ya notando por aquí el aumento del nivel de las aguas?-
Con cerca de 3.000.000 de isleños, Bali (5.500 km. cuadrados) alcanza alta
densidad poblacional. Sobre un 10 % de ese número se concentra en la capital.,
DENPASAR, y parece que muchos tienen coches, algunos bicicletas y todos motos,
pequeñas, ruidosas y contaminantes provocando una cacofonía insoportable durante
todo el día y la mayor parte de la noche. Siendo casi todo negativo, el tráfico es lo
peor, es como un tiovivo, siempre dando vueltas los mismo o sus clones, cual cadena
continua, incesante; las motocicletas -¿de dónde vienen?, ¿a dónde irán tantas?-
surgen por todos los cruces a raudales, con los ocupantes concentradísimos en el
manejo, todos muy serios. Para colmo, el mejor hotel (Natour Bali, 1.927), tiene
los mejores dormitorios al otro lado de la carretera con respecto a recepción y
restorán – muy malo-, y no cubren con seguro de atropellamiento tan arriesgada
pernoctación; al más puro estilo U.S.A., al llegar a cualquier alojamiento te plantan
el listado de precios delante y a elegir según los billetes que estés dispuesto a
soltar, quedando muy extrañados si lo que deseas es elegir no por precios, sino por
visualización directa de habitáculos; los enchufes tienen unos seguros de agujeros
giratorios, truco no fácil de colegir.

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Por la capital, por los alrededores, por aglomeraciones turísticas, por playas,
por montes, entre templos, en el perímetro, hube de deambular, siempre agobiado
por gentes y sudores, pues las conexiones aéreas son pésimas y el aeropuerto no
adecuado al incesante cargar y descargar de turistas (sobre todo australianos en
borrachera perenne). La mayoría de las compañías aéreas – a mi próximo punto de
destino, Port Moresby, únicamente se atreve a volar “Qantas” – se han mandado
mudar a habitaciones del “Bali Beach” (tan grande, que tienen maquetas indicativas
con luces para saber donde se está y por donde se debe ir a los distantes y numerosos
pabellones con tanto jardín, piscina y demás intermedios); la atención es desastrosa,
groseramente desinteresada. Los capitalinos son mucho menos amables que el resto
de isleños, pocos saben inglés, pero como compensación a agradecer, molestan y
agobian menos que en las zonas más turísticas. La iluminación es pobrísima, no por
falta de puntos de luz, sino por poca intensidad lumínica de esos puntos. Toda la
isla está considerada de alto índice de peligrosidad de hurtos. En las calles céntricas
porticadas, la concentración comercial, proliferando aparatosos equipos musicales.
Pocos vigilantes. Abundancia desusada de salas cinematográficas. Siempre, esos
grupos de gentes que no tienen nada que hacer, por las esquinas, noche y día.
“Bata” es la marca de calzado más extendida. Por las aceras te puedes topar con
pequeñas ofrendas de flores o arroz contenidas en hojas de palmera.
El Museo de Dempasar queda dentro de un amplio templo, con poco
contenido; máscaras, trajes y tocados rituales, algo de cerámica y restos pétreos
en tres o cuatro edificaciones separadas. Como todos los templos, en conjunto o
por accesos principales o los varios tronos, perfectamente orientado hacia el oeste.
La capital cultural de Bali es UBUD, dispersa entre la vegetación, más
tranquila, con sus hoteles-bungalós (el “Champlug Sari”, que parecía el mejor, una
mierda en relación al coste). En ningún otro sitio podía tener su morada el
mundialmente reconocido pintor español Antonio Blanco; por dejar entrar en su
casa-castillo (a lo indonesio) cobran una alta cuota –a mí, por supuesto, no,
invitándome a té y pastel-; 23 años que lleva aquí, pintando, con su esposa-musa
indonesia, dos hijos, y ya no quiere salir de casa por lo que todo ha cambiado- “¡por
culpa de las cadenas hoteleras internacionales!”-; Con su boina y pañoleta –pose a
lo Dalí- inseparables, intenta consolarse en la pintura y contemplando su Cruz al

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Mérito Civil. La hija tiene una pensión cercana (ojo, que en vez de bañera y retrete
lo más usual es agujero común con ducha, “mandi”).
Taxis, sopor, medios entendimientos, comida, dormir; mucho recorrido para,
a veces, poco que ver. Lugar recomendable para comer, “Café Lotus”, con las mesas
alrededor de un estanque, todo tan bello como un decorado pero auténtico (son
usuales los perros libérrimos, no sólo en templos, sino también en restoranes, pero
la sarna ha sido casi erradicada y ya aúllan poco). El medio local de transporte
fuera de las mayores aglomeraciones urbanas, es el carrito con caballo, esos
caballejos sufridos, de poca alzada, duros, que van al paso, al trote y hasta al
galope; los carros son de madera, techados, con ruedas neumáticas y suelen llevar
saco “recoge-cacas”; matriculados, están preparados para cuatro pasajeros, pero
acogen más y toda la impedimenta que quepa. Gran proporción de taxis son pequeñas
furgonetas, japonesas. Por carretera, las gasolineras escasean tanto que hasta se
reseñan en algunos mapas (en todas, colas para abastecimiento); hay puestecitos
de venta de “Bencine Premium” –no es cara-. La vegetación, omnipresente,
compacta, inacabable; únicamente el trazado de asfalto la interrumpe, pero las
hierbas intentan la invasión; las carreteras de montaña estaban en muy mal estado,
estrechas, infames, con socavones. Profundos cursos de agua son salvados por los
puentes. Tras abrir uno de los abundantes cocos que crecen a los bordes, después
de tragar fresca agua y rascar la sabrosa y blanda pulpa blanca, vamos a lo que se
viene a Bali, adelante, de templos.
Templos los hay por todas partes, a veces más que casas. Pocos presentan
aspecto de abandono, alguno es de nueva traza, muchos cerrados. La familia que
puede mantiene el suyo, además del de la comunidad. A los lados de las carreteras
cuelgan pértigas de bambú de 4 ó 5 metros cuya parte superior se comba con
algunos adornos –vendrán a ser lo que nuestras palmas de Ramos o laurel-. En algunos
pueblos grandes monigotes (demonios) destinados a arder en ceremonia. El hinduismo
balinés es el “Hindu Darma”, basado en el Ramayano y el Mahabarata, con el sistema
de castas no rígidamente respetado. Los templos son “pura” (el que alberga el ya
descrito museo de Denpasar es el Pura Jagatnatha, dedicado al dios supremo Sang
Hyang Widi Wasa – el centro de arte Werdhi Budaya debe ser algo digno de ver-).
Pasando por Batuan –ni las descripciones ni las rutas balinesas siguen un
orden preestablecido, por lo que ruta y descripción son también, aquí, bastante

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aleatorias- se ven bellos templos y gigantescas estatuas; altos tronos vacíos con
tallas para que los ocupe el dios invisible. En el apéndice peninsular del noroeste,
pocas poblaciones, dos pares de volcanes y nada antiguo. El centro de la isla está
dominado y los caminos condicionados por el alto monto Catur y dos compañeros.
Al norte, Singaraja. Las partes a visitar las sitúan al este y al sur. El templo de
Penulisan, muy arriba, no compensa el largo y pesadísimos desplazamiento ni la
peligrosa ascensión de escalinatas húmedas, musgosas y resbaladizas (tanto así,
que conjuntamente al boleto venden uno de aseguramiento); le han colocado,
alrededor, altas antenas repetidoras de radio; al menos se sube solo, sin molestias
ni prohibiciones ni inhibiciones en la visita; jalonando la fatigosa subida, grandes
cobertizos abiertos en mal estado, aguardando sus grandes ceremonias o romerías;
de pinturas rupestres ni rastro, ni camino indicado por el que se pudiera acceder a
ellas; al igual que en otros templos, el elemento sacro más repetido es una plataforma
o peana de base con pilastras sobre las que se yergue una hornacina con tejadillo
(muchos, rematados por corona real); lo singular de Penulisan son los monolitos
dedicados, predominantemente, a deidades femeninas, frecuentemente
decapitados, cubriéndolos de la mitad para abajo con un trozo de lienzo blanco.
Las grandes estatuas de la porosa piedra balinesa en el centro de las plazas públicas
semi cubiertas por lienzos polícromos, forman parte del curioso paisaje rural.
La visión sobre el Lago Batur es maravillosa, sobrecogedora y placentera de
modo simultáneo, el lago lame las faldas de un volcán; a su orilla, encajonado
entre montañas, Truyan, antiquísimo poblado muy interesante, pero los taxistas
suelen negarse a arriesgar la amortiguación en tan penosas “corredoiras”. Contra
la costumbre taquillera, el templo de Batur (Pura Ulun Danu) tiene entrada libre –
pero alquilan la bufanda o pañuelo largo que, necesariamente, se ha de llevar a
modo de faja alrededor de la cintura: con tanto templo, mejor es llevar una de
casa, o comprarlas-; es el segundo en tamaño de toda la isla y aunque una parte
está cerrada a los no creyentes como los muros son bajos, se pueden observar las
ceremonias; de las diversas estancias o conjuntos de templetes, las más ricas
presentan sus portalones y dinteles con meritorios trabajos de pan de oro; sorteando
los numerosos perros sueltos, desde la parte externa posterior es impactante la
perspectiva del lago Batur y sus aledaños.

180
Después, Besakih, el templo madre, el mayor, con otros 17 accesorios
amparándolo; no tiene escalinatas, sino luenga pendiente –ir por la derecha, pues a
la izquierda están los vendedores, los cuales cuentan a su favor con tejadillos para
el caso de lluvias – hasta las escaleras del recinto propio; hay que registrarse y
soltar cuantiosa donación (no es lo más general que exijan descalzarse para andar
sobre la sucia gravilla) y mejor no dejarse acompañar por los pegadizos guías, que
no dicen nada más que puntos comunes y pretenden esquilmar todavía más; había
dos excepcionales ofrendas ceremoniales, una un pájaro sagrado Garuda de 3 metros,
muy adornado y colorido ¡todo de granos de arroz!, siendo la otra una gran
combinación a base de leche, miel y huevos; las altas estructuras de bambúes para
las cremaciones rituales, son a veces subvencionadas por agencias de viajes que
venden entradas; bordeando toda la parte privada, en el exterior de la parte más
alta se contempla un extenso basurero mantenido “limpio” por legión de lustrosas
gallinas ¿sagradas?
Por todos lados, en cada camino, tras cada curva, los arrozales (a veces,
dispuestos en laboriosas terrazas), las palmeras, tejados de paja y sinnúmero de
postes para cables de luz (la hay por todos lados, si bien con poca intensidad); de
servicio de agua dentro de las viviendas, poco o nada, pero a la asiática son muy
limpios, y al anochecer se les ve lavarse en las acequias, junto con sus animales.
Aunque los pobladores de la antaño tradicionalista isla intentaran aislarse –que no
parecen intentarlo-, el proceso ya es absolutamente irreversible. La gente joven ya
viste a lo occidental (más escasas cada vez las mujeres –viejas- con pechos sin
cubrir), usan cada vez más el inglés y su modo de vida- televisión incluida e influyente-
va transformándose. No se sabe si como reminiscencia de alguna antigua tradición
o por haber mucho maricón, cantidad de chicos van agarrados de la manita o
amorosamente abrazados por las calles. Más patente la modernización en las casas,
usándose mayoritariamente bloques prefabricados de cemento en detrimento del
barro, la madera y el bambú; de los tejadillos va siendo relegada la paja y las
hojas, presentándose sobre todo en teja, seguida de planchas de cinc. No obstante
cemento y asfaltos (aluminio y fibra todavía no se invitó al consumo), insectos y
hormigas siguen enseñoreándose de sus antiguos dominios; bien acompañados por
pájaros, los coros de insectos interpretan desusadas y sonoras sucesiones de ruidos-
unos, semejan el discar del teléfono-. La repostería resulta sabrosísima. Las mujeres

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no denotan barriga hinchada a pesar de los frecuentes embarazos. El hurgarse la
nariz (junto con el eructo) tampoco debe de considerarse de mala educación. Los
machos cuidan, recortan y depilan esmeradamente el escaso bigotito. La nota más
agradable la ponen las gigantescas cometas decoradas que bailotean grácilmente
en lo alto; la ilusión del niño que la sostiene es nuestra única esperanza – pero
sepultarán su ilusión y nuestra esperanza-.
Y seguimos de templos. Los nativos tienen como día de oficio obligatorio el
domingo, viéndose filas de mujeres con cestas cilíndricas de mimbre a la cabeza,
con una especie de fruteros rebosantes o con cajas con tapas cromadas donde
portan sus ofrendas -¿quién se las comerá?, pues no aparecen cuidadores (sacerdotes)
específicos del culto-. Algunos templos y otros monumentos muestran esculpidas
en relieve antiquísimas cruces esvásticas. En la misma Ubud están radicados los
templos Yeh Pulu y Guming Kawi, además de el Puri Lukisan y un Museo Lempad. El
Museo Arqueológico Purbakala –no cobran, raro- no es más que cuatro galerías
formando un cuadrado (el resto de edificios, para investigación) en donde se ven
varios féretros de piedra, alguno gigantesco y la mayoría con forma ovoide y formados
por dos trozos simétricos ensamblados. El acceso al Penataran Sasih es vigilado por
un par de elefantes a los que se ha pretendido dar aspecto demoníaco; hasta a una
fuente le colocaron “sari”; en el segundo recinto en importancia se venera algo así
como gigantescas tapaderas o tapones de bronces, con forma de tambor; la
orientación del trono (igualito los que hay por las calles) exacta al oeste. En la
Cueva del Elefante, para variar, se baja (pero después hay que subir, aunque poco);
estropeado el recinto con cobertizos actuales; fuentes con seis caños que salen de
seis estatuas femeninas; la entrada a la cueva es por la boca de una máscara esculpida
en una ladera de montaña, el túnel de unos diez metros lleva a un ensanchamiento
en forma de T con el elefante (no más de 50 cm.) a la izquierda y 3 idolillos a la
derecha, en altares excavados en la tierra, que no roca. Aún nos quedarían el Museo
Neka y un santuario Heron Blanco, además de el Mercado al aire libre. Todo lo
descrito, más o menos, por la misma calle –carretera, más bien- de Ubud, ubicándose
en las otras los locales comerciales de pinturas a lo “naif” y telas de “batik”,
restoranes y demás, que se van progresivamente desperdigando hasta que finaliza
el área urbana. Entre unos de esos entresijos calle, carretera, viviendas, varios, la
Foresta de los Monos (con varios templos corrientuchos, pero a lo que se va es a ver

182
primates), que están tan tranquilamente por el medio de los caminos mordisqueando
los trozos de batata que les entregan los empleados; ¡mucho cuidado!, no llevar
ninguna prenda ni objeto colgante, ni tan siquiera gafas, pues los bichejos son muy
audaces y se te suben y te cogen lo que puedan, llegando a morder (sin producir
sangre pero dejando marcas); los recién nacidos, monísimos; ir, es toda una monada,
¡a centímetros de uno mismo!
La mayor concentración de santuarios, cuarentena, en PEJENG- haber, hay
tantos que al segundo o tercer día ya ni llaman la atención, pasando desapercibidos
incluso para un avezado observador-; de todas maneras, no son nada notables, y en
lado alguno lo mencionan o recomiendan. Sí es famoso el Pura Kehen de BANGLÍ,
pero peligro para la salud, que se puede caer en la tentación de intentar dormir en
lo que fue Palacio Real que es un auténtico desastre, a no ser para poco escrupulosos
y aficionados a “mandis” y otras lindezas higiénicas –se debe, siempre, inspeccionar
previamente el bungaló correspondiente entre jardines, por muchas ganas que se
tengan de descanso, para evitarse muy desagradables sorpresas-. En el Pura Kehen,
debe ser por eso de creerse famosos, además de cobrar la entrada piden donación,
te quieren endosar guía y vender flores -¡tiempos en que eran de bienvenida al
meteco!- y hasta dedicarte (pagados, claro) bailes de niña; también, y esto no
constituye singularidad pues semeja norma general, a todos parece interesarles
muchísimo donde naciste, de dónde vienes y a dónde vas; en contraste los elefantes
guardianes presentan las trompas amenazadoramente levantadas, exhibiendo
grandes colmillos – con todo, no es animal que logre producir efecto de fiereza-;
meritorios portalones, altos, bien repujados; como siempre, unas partes permanecen
cerradas a las visitas y presuntas tumbas se precintaron con candados; poca
estatuaria; como en otros, el altar principal consta de varios pisos superpuestos.
Todo este ámbito está dominado por la mayor mole de la isla, el volcán Agung, cuya
última erupción desastrosa ocurrió en 1.963.
KLUNGKUNG es la principal sede de pinturas, que resultan más ingenuas
que terroríficas para ojos occidentales. El templo del frente está rodeado de un
estanque amplio plagado de lotos, las pinturas en su techumbre (representando los
tormentos del infierno) y en el otro templo de la izquierda, el guardado por serpientes
con cabeza de dragón y cascabel erecto. A la derecha, un museo, cerrado. Cobran
por aparcar y hasta por mear –todos meamos fuera, contra la pared sagrada-.

183
Klungkung es una población más grande que todas las de cercanías y sus edificios,
extrañamente, están concentrados en los aledaños de la plaza, con no más de dos
o tres pisos de altura y preciosas balconadas talladas, en madera. Ya por el sur, y en
la costa, el renombradísimo TANAH LOT, buen paseo al borde de los acantilados,
divisando el arco que el mar formó en la blanda roca; espléndido sitio para comer
con el solo sonido -¡sin motocicletas enervantes!- de las olas, pero de templo nada
de nada, pues el mar cortó la comunicación y sólo con mareas bajas y calmas se
podría intentar el acceso (y el cartel que se vislumbra al pie de las escaleras es de
suponer que también lo prohíba); un consejo: éntrese por la carretera de la derecha
para evitar toda la avenida de persistentes vendedores. ULUWATU es uno de los
recintos en cuyo priorato se indica que no entren mujeres con su período –pero
nadie lo comprueba-; tiene el aditamento de los monos que enseñorean el lugar,
pero como templo es de lo más pobre y desprovisto totalmente de estatuas, junto
con pequeñajo; el acantilado, puntiagudo, altísimo, impresionante. Tanah Lot y
Uluwatu son lugares únicamente para amantes del paisaje en sí, no del arte o de la
arquitectura.
El ancestral poblado de TENGANAN sí compensaría cualquier desplazamiento,
en todos los sentidos y desde cualquier punto de vista y gustos. Por la costa las
carreteras son menos malas y sinuosas, siendo esta parte sureste la más bella, con
la vegetación menos densa permitiendo vislumbrar extensas praderas y redondeados
montículos. Si se siguiera el recorrido turístico, se acabaría por llegar a la playa de
Candidasa, cortita de arena como la inmensa mayoría, si no con arena volcánica
negruzca. Para entrar en Tenganan hay que hacer una donación, más o menos
generosa. Es un valle, no propiamente encajonado, orientado norte-sur. Avenida
central con árboles que dan sombra agradecida por múltiples gallos de pelea dentro
de sus galleras de bambú. Distintos niveles del suelo que salvan con rampas de
piedras del río. Varias fuentes donde se refresca el ganado- una vaca, tan inmóvil e
impávida, que la tomé por adorno primero y disecación después-. A los lados,
viviendas, amuralladas, pero ya el barro y la piedra se van alternando con bloques
de cemento. Se puede acceder a los interiores para observar lo que venden y cómo
lo fabrican “in situ”; el “batik” es el auténtico, doble, con ambos lados impresos
por los sellos metálicos. Lo mejor, y propio de Tenganan, los libritos de hojas de

184
palma que se enrollan cual abanico y que permiten conservar el olor de la que fue
idílica isla de Bali durante muchos meses en la propia casa.
La expresión inmutable de las gentes balinesas no es de contento, pero
tampoco de tristeza. Muy aficionados a los sortijones con piedra. Algunos tatuajes.
Las plataformas techadas en los pueblos y caminos sirven de puntos de reunión
para hombres. Excelentes vacas, ocas y patos. Los vinos, australianos, se venden a
granel, por medidas o por vasos. Jabón “Deluxe”, el de las estrellas. Muy ingeniosas
las papeleras conseguidas de las ruedas de caucho, hasta con tapadera. Escasísimos
los guardias, soldados o policías. Cierta pasión por el fútbol. Las farmacias se llaman
“apotik” – siempre me fijo pues tengo una hermana farmacéutica (la otra, periodista)-
. No quieren – en ningún país- los billetes algo rotos. En algunos cruces, además de
“padmanasas” (tronos del Sol), colocan imponentes estatuas de grandes proporciones
y orgullosas actitudes, como de lucha o estudio. Cuando hay árboles en floración
consiguen mejorar, incluso, el paisaje.
Y quedaría mucho más por visitar, por observar, por gozar (o sufrir)-¡fotos
no!, por favor-. La máxima distancia son unos 200 kilómetros y el perímetro total
no llega, ni de lejos, a 1.000. A la altura de Klungkung (que fue sede del reino más
importante), el pueblecito de pescadores de Kusamba, con sus barcas con balancines
laterales y proas con figuras animales talladas. Restos de pobladores aborígenes
primitivos (Bali Aga) en el ya mencionado Trunyan, donde no quieren ir los taxistas.
Cavernas en Batubulan y unas de madera en Mas Wood (debajo de Ubud). No desechar
el santuario balinés de Gunung Kawi, ni los templos Pulaki, Mengwi, Batukau y
Sangsit. Otro templo real es Mengwi y uno budista (no preocuparse, que hay iglesia
católica tanto en Denpasar como en Kuta) en Banjar, también con “hot spring”, así
como “holly spring” en Tampaksiring y hasta Tirta Empul Spring. Entre los palacios,
el antiguo de Tirta Gangga, el de agua de Ujung y el presidencial Tampak Siring.
KUTA
Pasemos al lado estrictamente turístico, masificado, insoportable. Unida
“urbanísticamente” a la popular Kuta está Legian; relativamente cercana Sanur, de
más categoría, algo menos de gentío, pero sin las espectaculares puestas de sol de
las otras, playas de excelente arena, oleaje excesivamente fuerte, algunos tramos
vallados y pagados, con plaga de masajistas, peluqueros, vendedores de gafas y
camisetas…

185
El fin de semana en Kuta tiene que ser, obligatoriamente, la diversión a
cualquier precio. Manadas de vociferantes australianos (borrachos), rubiazas de
quitar el hipo (borrachas); enjambre de japoneses teñidos de rubio, caoba o a
mechas (no parecen borrachos, pero es que saben disimular). Al turista, consumidor,
a pesar de todo no deseado, si bien (o mal) necesario, se le trata a baquetazo
limpio, simple objeto que exprimir, como mercancía más que es; te silban por la
calle, te hacen gestos obscenos, ni la consideración mínima. En el casi interminable
arenal, hacia poniente, la mayor oferta turística imaginable. Al menos, Kuta tiene
calles en todo el sentido del término, pero cada local es un negocio desde el que te
salen a buscar; una moto se para al lado y el ocupante trasero abre un maletín lleno
de cachivaches listos para la venta. Legian es una línea continua e ininterrumpida
de construcciones de planta baja en las que ofrecen lo mismo, repetitivamente;
mucho artículo de cuero y prendas de vestir. Susurrantes, múltiples individuos de
mala catadura se acercan sigilosa y sibilinamente ofreciendo hachís, marihuana,
mujeres y otras cosas más raras. En el tramo central de la vía principal de Kuta hay
un trío de restoranes contiguos con parrilla y elección de los mariscos en vivo (poco
variados), pero el pescado tiene mala pinta, huele y sabe mal, y las carnes son
congeladas, mal cortadas y correosas; “Bounty” es un buen local para tomarse una
copa, pero no se busque soledad o alguna tranquilidad en sitio alguno, simplemente,
es algo que no se vende aquí. Algo bueno sí tiene Kuta: proporciona la mejor
información turística en su céntrico y bien atendida oficina de un primer piso.
El oasis de sonido y muchedumbre dentro de la atestada y ruidosa Bali es
NUSA DUA, cuyo emblema es la rana. No parece que lo vayan a estropear pues el
sensacional acceso es una extensión de césped cuidadísimo y palmeras que actúan
como amortiguador y aislante para ruidos y gentíos; ¡se puede pasear!, y sin
vendedores ni mugre; campo de golf. Las principales cadenas hoteleras –”Meliá”
incluida- han instalado lujosos y muy amplios hoteles en los que disfrutar sin agobios.
Instálense, los que puedan, en Nusa Dua.
La parte opuesta a Kuta, en el golfo que se forma en dirección a Sanur,
parece la más bonita, la de menos aglomeración y la única protegida de vientos y
mareas fuertes en toda la costa. Mucho más arriba, Padang Bai, estación de ferris
para la vecina isla de Lombok; el pecio flotante nunca acaba de hundirse; al menos
, se debe ir en 1ª clase, donde aunque los asientos están desastrados, puede que

186
llegue a funcionar el aire acondicionado. Pagando más – que tampoco es mucho, ni
en 1ª-, catamarán hidro-foil en fibra, con potencia de sobra, un lujo novísimo,
auténtico salón-mirador (¡con bebidas frías!) sobre el mar desde Benos, que además
queda más cercano a Kuta y Denpasar, destinos habituales a los que la misma agencia
transporta a precios razonables.
Desde esta parte se divisa, no lejana, NUSA PEDIDA, rocosa y cubierta de
densa vegetación; el turismo lo están orientando hacia la vecina islita Nusa
Lembongan. En Nusa Pedida (45.000 habitantes), antiguo lugar de destierro, hay
una gigantesca cueva de piedra caliza (Goa Karangsavi), algunos templos de interés
y un trono al dios-sol Surya en Tanglad. También, para los aficionados a la ornitología,
es el único hogar del “rotchild´s” mynah”, uno de los pájaros más raros de este
Planeta nuestro.

LOMBOK
“Se puede ver Bali en Lombok, pero no Lombok en Bali”: falso, Lombok no
llega a la altura de su hermana mayor y son bastante distintas, y no sólo porque
entre ambas se sitúe la teórica Línea Wallace de división entre Asia y Oceanía. La
“Sparkling Princess”, poblada por un par de millones de descendientes Sasaks, vivero
de preciadas teca y caoba, lo que quiere es parecerse a Bali en recepción y
acaparamiento de dólares, en atosigamiento, en caza y derrribo de todo turista
que se deje caer por allí; van a copiar todos los defectos desarrollistas y no han
querido aprender nada del desastre vecino. Nada más poner pie en el atracadero de
Lembar – en el aeropuerto (con música, además de la mezquita de al lado) es de
suponer que todavía peor-, el asalto de los caza-turistas es abierto, sin disimulo; te
agarran, te cogen los bultos, te empujan al interior de un “bemo”, te hacen
propuestas de cambio o compra del reloj y las gafas que portes, etcétera, y no uno
solo, sino ayudantes, familiares y amigos, que a partir de ese momento te
considerarán de su propiedad y te estarán vigilando solapadamente por mucho que
los rechaces, con el único objetivo de aligerarte de dólares. ¿Dónde aprenderán a
conducir –y no mal -si no se ve ni una auto-escuela ni coches de prácticas? Fuera de
la capital, predomina la tracción animal, los “dokars” de dos ruedas.
La vegetación de Lombok es mucho menos densa, estando los cultivos del
excelente arroz más concentrados, con extensiones inundadas mucho mayores y

187
graneros-almacén con amplios espacios para extenderlo y secarlo antes de
introducirlo en los tambores giratorios de descascarillado. Presencia de la religión
islámica con mezquitas desde las que el muecín llama a la oración a través de
altavoces (sin necesidad de subirse al minarete). Los campesinos se inclinan, se
doblan, para trillar el arroz; tampoco para barrer se le ha ocurrido a nadie colocar
mangos a las escobas de rígidas varillas de mimbre –el plástico aún no ha acabado
de estropear los paisajes,… pero no tardará-. Los puntos de venta variopintos no
abundan tanto como en Bali, donde todos, absolutamente todos los bajos que daban
a carreteras principales se destinaban a tales fines. Perfecto, por lo reciente y poco
transitado, el asfaltado. Quietismo en las gentes, mirar fijo pero ausente;
encogimiento sobre sí mismo, uso facultativo de los pies descalzos; mucho adormilado
y tumbado. Desusada afición por los pitillos olorosos (“Garam”). Los varones gustan
de dejar crecer las uñas del meñique y del pulgar. Entre las féminas se distinguen
claramente dos tipos que se deben corresponder con la raza originaria y los
mestizajes, respectivamente, el “rural” con ejemplares bien rellenados y sensuales,
y el “urbano” con especímenes pequeños, de pasmada expresión e inclusive mal
encaradas.
Viniendo de Bali, se rozan las deseables trillizas Air, Meno y Trawangan,
islotes llanos con sus encantos naturales intactos, poco más del millar de habitantes
en conjunto y unas posibilidades de submarinismo soberbias. El puerto de LEMBAR
se posa al fondo de una protegidísima y bonitísima bahía donde se fluye apacible,
casi religiosamente, en silencio si no fuera por los practicantes del ¡”karaoke”! en
el ferri; las turbias aguas son surcadas por barquitas con velas a rayas, todas de la
misma tela. No lejos, el núcleo capitalino, formado por Mataram, Cakranegara
hacia el interior y Ampenan dirección mar; los tres distritos, dirigidos
administrativamente por MATARAM, poseen continuidad urbana, con carreteras, no
calles. Las poderosas cadenas hoteleras todavía no habían decidido programar
inversiones, siendo el hotel más aceptable ¡”Granada”! – el anterior propietario
estuvo en España una vez: aprovecho, allí para hacer proselitismo geográfico y
cultural-; en vez de la usual Biblia (o Nuevo Testamento), una esterilla para
arrodillarse las cinco veces diarias a orar en dirección La Meca -¿sabrán dónde
queda eso?-; las pequeñas salamandras resultan muy decorativas subiéndose por
las paredes de los dormitorios, mientras fuera, por el siempre amplio jardín, variedad

188
de pájaros y similares enjaulados. Avanzando hacia el este, las acciones se van
lentificando; hay que fijarse en servicio y tasas, pues pueden llegar a sobrecargar
la cuenta hasta en una cuarta parte.
El Palacio y los Jardines de Agua de Mayura, formaron parte de la corte real
balinesa (1.744), pero poca cosa queda; su lago artificial, sucio –pero con peces: así
saben – está en el centro del palacete; sí se conservan bien talladas y pintadas las
vigas y las columnas. El templo Segara también sin nada notable, pero al menos con
la atención de varias mujerucas que preparaban las ofrendas – ni la primera fumando
desde que salí de España-; queda sobre la deprimente playa. Al lado, el Cementerio,
sin valla, con tumbas de cemento en forma de bañera antigua (más alta en el
respaldo). El mayor templo, de 1.720, es Pura Meru, dedicado a la trinidad hinduista
(Brahma, Vishnú y Shiva); dos simples recintos cerrados sin ni siquiera árboles y un
tercero principal con tres templetes de tejados superpuestos; su pozo está
interiormente tapizado de helechos, y para el agua se usan dos cubos, de modo que
siempre hay uno, de contrapeso, dispuesto. Perros deambulando, pero en menor
número y no tan bien alimentados como en Bali. El Museo bueno, para ser donde
estamos; tiene hasta una vitrina repleta de objetos (una tetera, verbigracia) y
armas todas en oro; cerámica, orfebrería, madera y lo usual; ingeniosas las nasas
expuestas.
La capital tiene Universidad, con instalaciones apropiadas. Como en todas
partes, bastantes notarios. Mucho sombrerete tipo musulmán, cilíndrico y bajo. Es
común por los puestos de fruta el emblemático Durian, auténtica prueba para
paladares foráneos y exquisitez para nativos; a pesar de sus duras púas lo abren
fácilmente por abajo y extraen el pegajoso fruto de sus compartimentos; huele
peor que sabe, sabiendo muy mal. De entre los frutos raros cautiva el Buah Kaleng,
especie de capullos que preparan en almíbar natural. Los naturales de las islas
comen sabrosos preparados basados, como no, en el arroz; transportan o presentan
sus manjares en cuidadosos envoltorios de hojas de palmas entrelazadas. Otro
alimento muy preciado es el cogollo de palmera, y es frecuente ver a alguien cargando
con un gran tronco recién cortadito y ya pelado. Las grandes hojas de las plataneras
se usan como paraguas.
Por las proximidades de la capital Narmada, jardín real en sus tiempos, con
varios niveles pero nada espectaculares; abandonadas las piscinas de entonces,

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han hecho una grande ahora; el templo hindú, cerrado a las visitas. Sobre una
mínima roca, el santuario Batu Bolong, sin mayores ornamentos, entre dos playas
solitarias con la arena bastante obscura. En el de Lingsar (1.714) permiten prácticas
hinduistas e islámicas; pequeño, construido a la ribera de un río, en uno de sus
tronos aparece esculpida la cruz gamada; es el único con pequeños monolitos,
redondeados, con las telas cubriéndolos en sus mitades inferiores. Del estilo, con
pocos templetes, sin mérito ni ornamentación y apenas uso o culto, Suranadi, donde
al ser el agua de manantiales que borbotan del suelo, está excepcionalmente ¡limpia!
En un alto montículo ¡hay que subirlo!- desde el que se divisa gran parte de la isla
y el fertilísimo valle o llanura en declive hacia el mar (con sus preciosos cultivos de
arroz); Pengsong; lo único que hay son tres tronos, y sobre uno un monolito obscuro
ovoide al que le ha crecido un árbol; en la colina siguiente otro trono solitario
emergiendo entre el tupido verde, pero ¡cualquiera va!; aquí sí es aconsejable
soportar al guía por si uno se cae y para no cesar en la ascensión por vergüenza,
pues los escalones pétreos que parecen ir ya a terminar en cada recodo mudan
bruscamente de dirección, siendo los peldaños de distinta altura según el tramo,
pero sin dar en anchura para el paso; a continuación de las escalinatas hechas a
pico se comienza y se sigue trepando por pleno monte, y cuando ya se está
deshidratado y parece no puede haber nada peor, ¡a escalar rocas resbaladizas!; el
colmo, que arriba aparecen niños con grandes sacos, tan tranquilos, sin sudar ni
gota, corriendo y tirándoles con tirachinas a los monos –andan siempre ajustándose
los saris: las gentes, no los monos-.
Se puede continuar por el monótono camino (nada de interés, hasta los
mercados o ferias poco movidos) hasta la Bahía de Lombok, pequeñita y preciosa,
protegida; el horizonte todo lo invade la isla de Sumbawa (dos horas de barco),
monopolizándolo. Hacia el norte, las alturas mayores, el Rinjani, 3.726 metros; en
su ladera el lago Segare, a 2.000 m. de altitud. Descansar, comer, escribir, dormir.
A seguir.
La carretera a Bangsal atraviesa montañas en las que la vegetación semeja
compacta; a ambos lados, los monos con capas de pelaje gris y marrón observan
con expresión de curiosidad el transitar de los escasos vehículos. Bangsal es el
extremo terminal de un valle muy encajonado, muy lindo, pero el lugarejo es simple
embarcadero en una playa de arena volcánica sucia en la que no existe ni muelle de

190
atraque; inevitables puestos de venta y ofrecimientos de restoranes. Tranquilamente,
cerca, se podría surcar el agua en cualquier embarcación local hasta las Gili (las
mejores instalaciones hoteleras en Trawangan, en cuya parte norte se da el coral
azul).
Rumbo Rambitan; si se continuara algo más se llegaría de nuevo a la costa,
a la playa Kuta. Para acceder a este poblado famoso hay que registrarse, dar donativo,
soportar todo tipo de pedigüeños, adscribirse a un guía y sufrir que todos en todas
las casas te vengan a vender lo mismo, lo único que hay, telas de colores ya vivos,
ya parcos, o con bordados. La aldea no se encuentra muy estropeada (cercanas,
Sengkol y Pujut, quizás más auténticas). Las viviendas tienen la base en barro; en
el interior los aposentos, uno para el hombre y otro para la mujer y sus hijos; un
altillo o desván en el que a saber qué pueden guardar. Fibras vegetales, bambúes,
mimbres, cañas y esterillas son los materiales. El tejado, de paja o hierbas largas,
llega casi a ras de suelo, para proteger tanto del sol como de la lluvia –que ni uno ni
otra son excepción-. No hay ventanas. El pozo comunal, de grandes dimensiones y
profundidad, está situado a la entrada. Pero lo más auténtico y cercano que aquí se
puede contemplar, lo verdaderamente característico, construcción emblema de eta
isla, son sus graneros de arroz; de forma semicilíndrica, con cúpulas en punta y
lobulados, se asientan sobre pilastras de barro y poseen torna-ratos.

¿QUEDAN ISLAS?
Algo así como otras 13.674; sí, trece mil seiscientas setenta y cuatro, islote
más, islote menos. Será por islas. ¿Cómo recorrerlas?: imposible; ¿cómo
seleccionarlas?: siguiendo los criterios que se dan a continuación. Coche, descartado;
bicicleta para atletas locos; tren no hay; restan barco y avión. Pensando en el
coste, el barco no tiene porque resultar mucho más económico, pues la mayor
duración implica más gastos de manutención y hospedaje, además de que las
capitales y lugares más importantes no tienen por qué ser también puertos de mar;
las olas son siempre más aventuradas que los aires, y los horarios marítimos
muchísimo más aleatorios que los aéreos –téngase siempre en cuenta por donde
estamos-. Queda una muy buena opción en avión, los pases aéreos, “Air Pass”;
“Garuda” ofrece tres modalidades según la duración, todas ellas con relativamente
bajos precios; no se olvide nunca que estas ventajosas modalidades, que a lo largo

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y ancho del mundo ofrecen todos los países muy extensos (incluida Europa como
conjunto), se tiene que adquirir, siempre, fuera de la nación a recorrer, sin que
nadie las venda en el propio territorio.
SUMATRA, por tamaño, es la segunda isla de Indonesia y la quinta del mundo,
con configuración alargada (1.800 km. contra una anchura media de 400).
Infraestructura deficiente y frecuentes corrimientos y derrumbes que bloquean las
carreteras o la única línea férrea. Al norte numerosos volcanes, cataratas, rica
flora y fauna. La capital, Medan (2.000.000 h.), famosa por los contratiempos que
sufren los viajeros, es un importante puerto con una gran mezquita, palacio del
sultán y el profundo lago Toba (1.265 km. cuadrados, mayor que el mar Muerto, por
ejemplo). Cercano, el “Cocodrile Farm”, con una par de miles de ejemplares; el
centro de rehabilitación de orangutanes se ubica en Bohorok. En el oeste la capital
es Padang, con museo y un jardín botánico de 70.000 hectáreas – que se dice pronto-
con raras muestras tanto de fauna como de flora (la “marquisa” es el fruto de la
pasión). El centro cultural y turístico es Bukittinggi, a pesar de estar bastante peor
de hoteles que la capital. En la costa del este, más de 3.000 (tres mil) islas; la
capital de esa zona es Pekanbarn, con el palacio del sultán (1.889), una “stupa” del
s. X y muchas playas (dicen que regular de hoteles, ¡cómo serán!). Por último, la
capital del sur es Palembang, con un par de museos y algún hotelucho mediocre.
Puede que el lugar arqueológicamente más interesante de toda Indonesia
sea Muara Jambi, en la parte centro-este de Sumatra. Son 7´5 km.de largo y 12 km.
cuadrados de extensión. 8 templos y 27 “menapos” (restos de más antiguas
construcciones, de la ancestral Telagorajo, cultura clásica malaya). Los trabajos de
reconstrucción tuvieron comienzo allá por 1.978 (el descubrimiento se había
producido en 1.920), y van lentamente, pues todo estaba cubierto por la vegetación
selvática. El período glorioso se produjo entre los siglos X y XIII, pero se tiene
referencias históricas constatadas desde el s. VII. Por las tomas fotográficas que
me fue dado contemplar, el yacimiento ha de ser grandioso.
La parte indonesia de Borneo es KALIMANTAN. Apenas está explorada
turísticamente, resultando el desplazamiento hacia el interior muy dificultoso, por
no existir prácticamente carreteras, y no se debe olvidar que, hace pocos decenios,
a las orillas de sus ríos los Dayaks se dedicaban a “pescar” cabezas de hombres
blancos. Posibilidad de aventuras organizadas con parafernalia local. Se puede

192
pernoctar en las “longhouses” de los dayaks, pero quien busque un alojamiento de
categoría no cuenta más que con el “Altea” (****) en Balikpapan (al este). En el
oeste, entre un centenar de ríos, el Kapuas, de 1.143 km. Pontianak está situada
sobre el mismísimo ecuador terráqueo, conservando el palacio sede del antiguo
reino de Sambas. Parque Nacional con las gigantescas “rafflesias”. En el poblado
Saham, la casa más larga, de 186 por 6 metros y habitada por 270 dayaks –que no
deben de gustar gozar de mucha intimidad-. Para los sitios en que nos moveríamos,
los hoteles, según su propaganda, serían pasables. Al sur, “provincia del millar de
ríos”. En la capital, Banjarmasin, el transporte es fluvial, con el tradicionalísimo
mercado flotante y viviendas “lanting” de madera o bambúes en las riberas. A 40
kilómetros –de los de allí-, Martapura, donde conseguir diamantes a buen precio o,
en su defecto, joyas de oro, plata, latón, hierro o textiles (“sabrosos” frutos durian
para los que no tengan “un chavo”). Samarinda es el punto de partida más
conveniente para aventurarse ríos arriba. Los únicos restos exhumados de antiguos
templos hinduistas, las estatuas del museo de Banjarbaru.
NUSA TENGGARA comprende todo el rosario de islas desde Java a Timor,
poseyendo cada una su cultura singular y algunos motivos espectaculares;
subdesarrolladas desde todo punto de vista, también lo están desde el turístico,
pasándose de unas a otras en los pintorescos e irregulares ferris locales o en motoras
o veleros quien se atreva; por haber pocos angloparlantes, se debería de aprender
algo de indonesio; con suerte, en las ciudades principales se encontraría donde
cambiar cheques de viaje. De Lombok ya hemos tratado extensamente; al este, las
pequeñas Islas de la Sonda comprenden 566 montoncitos de arena, tierra, rocas y
lava. En Sumbawa, musulmana, quedan enormes tumbas megalíticas decoradas. La
isla de los dragones, Komodo, tiene sólo 280 km. cuadrados y el único modo de
llegar es por mar; arañas venenosas, serpientes de mar y tiburones, pueblan su
desolación; los lagartos o “varanes” (4 metros y 150 quilos) se alimentan de los
ciervos y cerdos salvajes, pero para verlos bien a gusto es recomendable comprar
“una entrada makan bwaya” (una cabra que colgarían para observarlos mientras la
devoran -¿pero los lagartos no son especie herbívora?-). Flores, católica, estribación
de volcanes activos y extinguidos (el Keli Mutu tiene dentro lagos: uno azul, otro
verde y el tercero marrón), goza de aeropuerto –aterriza como puedas-. La capital
provincial se localiza en Timor, antiguo dominio portugués actualmente en guerra

193
latente; la metrópoli de Kupang ya ha superado el medio millón de habitantes. De
hoteles, casi ni rastro.
Otra isla grande aunque de atormentado perímetro es Sulawesi, ya
perteneciente a las famosas Célebes, nido de los piratas más feroces. Ocupa una
posición central en el archipiélago, por lo que las comunicaciones son variadas
(hacia fuera, que hacia dentro las carreteras son un horror). En Minahasa, misteriosos
dibujos e inscripciones nunca descifrados (los nativos la llaman “la piedra de la
discusión sobre la división”); también viejo cementerio megalítico con 144 sarcófagos
o “waruga” artísticamente esculpidos con motivos vegetales, animales y geométricos.
En cuevas dispersas, restos de las fortificaciones y armamentos japoneses durante
la 2ª Guerra Mundial –aún son aprovechables para la 3ª-. De hoteles, puede pasar
por aceptable. En el sur, Cultura de los Torajas, única capaz de compararse con la
balinesa (etnia Bugis). Desde 1.545, restos de fortificaciones españolas, portuguesas,
inglesas y holandesas (el fuerte Rotterdam, de 1.634). La capital provincial, Ujung
Pandang, fuel el antiguo Reino de Goa, conservándose arquitectura de época y un
buen Museo con arqueología, historia, numismática, manuscritos, cerámica y
ornamentos; aquí estuvo prisionero durante 27 largos años el príncipe Diponegoro.
Cerca, Sungguminasa, con su viejo palacio de madera y la piedra “tamanurung”
llena de inscripciones; también la tumba del sultán Hasanuddin y la mezquita de
mayor antigüedad (1.603). Otro lugar arqueológicamente interesante sería Leang-
Leang, con cavernas rocosas con signos habitacionales de hace 5.000 años.
La actual provincia de Maluki son las Molucas, las genuinas Islas de las
Especias, encontradas en 1.440 por Nicoli di Conti (primer fuerte portugués en
Ternate en 1.511, monopolizando el muy lucrativo comercio). Aproximadamente un
millar de islas e islotes, con 79 puertos y 25 aeropuertos, pero sólo ¡4 kilómetros!
De carreteras asfaltadas. La capital, en Ambon, sucia, ruidosa y cara, con fortalezas
en ruinas y museo en el antiguo palacio del sultán. Más abajo, acabando ya el
territorio indonesio, las 7 Islas de la Banda.
IRIAN JAYA es la denominación del lado indonesio de la isla de Nueva Guinea,
bautizada, tan poco originalmente, por el español Iñigo Ortiz de Reyes en 1.546 (los
portugueses la habían descubierto antes, en 1.527, llamándola Meneses). Tras
Australia y Groenlandia es la tercera a nivel mundial, con 883.670 km. cuadrados.
Los holandeses vendieron este trozo (410.000 km. cuadrados) en 1.963. Se requiere

194
permiso de tránsito. Las selvas más impenetrables del mundo (como muestra, que
hasta 1.938 no se encontró el Valle de Baliem, con el pueblo Dawi); eternas nieves
en sus montañas (la más alta, Puncak Jayawijaya, 5.500 m.; el lago mayor, el Paniai).
Se busca la codiciada Ave del Paraíso. 250 subgrupos de raza melanesia, los Negritos
entre ellos. En la capital, Jayapun, estableció el general Mc Arthur sus cuarteles
generales, manteniéndose un museo.

195
PAPÚA-NUEVA GUINEA
12 horas de guardia me cayeron en el aeropuerto de Denpasar, cuyas
instalaciones no están adecuadas al tráfico de avalancha que soportan (como positivo,
que además de las dos oficinas de turismo en la terminal al aire libre, hay un
mostrador para contratación de taxis donde ¡por una vez! no abusan). A Papúa-
Nueva Guinea sólo se puede volar desde Australia, por lo que me tocaron 3 turnos
de vuelo (10 horitas) con compañero negro borracho en el último que me obligó al
cambio –si se tiene que viajar en categoría inferior a la contratada, abonan la
diferencia y tienen alguna deferencia; a mí me consideraban viajero “PIP”-.
Longuísimas sesiones agotadoras que van mermando progresiva y claramente las
fuerzas. Llevaba ya en mi morral 41.500 km. -¡ni la mitad!-. De aeropuerto en
aeropuerto y sigo porque no tengo otro remedio.
El aeródromo de PNG es como un gran barracón con ventiladores en vez de
lámparas; lo primero con que se topan los aguerridos viajeros –que aquí hay que
serlo para atreverse a venir; no es opción para simples turistas- son los folletos de
la “Expo´92” (donde PNG tuvo su muy visitado y loado pabellón); después, el gran
susto, el “gorila”, un zoomorfo aduanero, piloso y musculado, que podría ser vendido
por tal a cualquier zoológico. El visado (1 mes) lo cobran y se quedan con el cambio,
el del banco es abusivo y la tarifa de taxis de atraco, ¡qué clan! A este tal aeropuerto
“Jacksons” internacional sólo se atreven a volar “Qantas” y “Air Niugini” (destinos
Hong Kong, Singapur y Jayapura-Irian Jaya, reciente).
Independiente desde 1.975, se conocen por Nueva Guinea los territorios al
norte de las montañas centrales, mientras que Papúa es la parte sur. Estas junglas
agrestes, surcadas por anchos ríos y cercadas por bellos mares coralinos festoneados
de islas idílicas, las pueblan sociedades tribales con más de setecientos idiomas y
dialectos. Remotas regiones vírgenes del interior salvaguardan todavía vastos
recursos madereros y minerales (oro, plata, cobre, níquel, petróleo y gas); entre
los cultivos sobresales café, cacao y copra, mientras las plataformas costeras
proporcionan excelentes pesquerías. Antes de la colonización no existía una religión
nacional, considerándose junglas y montañas habitadas por espíritus reproducidos
en tallas que se guardaban en las casas tribales de culto; los misioneros han sido
muy influyentes. Como la red de carreteras es muy limitada, los desplazamientos

196
suelen efectuarse por el aire, en vuelos escalofriantes. El único camino terrestre
entre Papúa y Nueva Guinea es el sendero de Kokoda y, más difícil todavía, el
sendero Bulldog, con sus famosas serpientes y sanguijuelas; dispersos por los densos
bosques tropicales, difíciles de atravesar, muchos vestigios de la guerra; en las
aldeas suele haber una choza libre (“haus kiap”: casa del explorador). Para intentar
entenderse está el “pidgin”, versión local y simplificada de inglés entreverado de
alemán y lenguas locales. Los “raskol” (problemas delictivos) son el problema
prioritario en el Parlamento, junto con las disputas locales que derivan en trifulcas
de clanes. La temperatura es constante todo el año, yendo de cálida a bochornosa;
llueve todos los meses (de diciembre a marzo más). La malaria es endémica;
vacunarse de fiebre amarilla. Bello panorama turístico, vaya.

PORT MORESBY
Pocos automóviles por la buena carretera que va del aeropuerto a la capital;
se conduce por la izquierda, volantes a la derecha; desproporcionado el número de
gasolineras, lo más nuevo que se ve. El taxista -¡ladrón!- va explicando con énfasis
lo que es cada simple barracón aislado dedicado a restorán, centro de compras o
banco (hay 7), todo de lo más elemental. Nítidamente, se escucha una única emisora
de radio; por antenas parabólicas se reciben varias de “visión lejana” (una local);
la luz es de 240 voltios.
La espléndida bahía tachonada por hileras de suburbios y palafitos en madera
lleva el nombre de Fairfax, padre del capitán John Moresby que trocó la denominación
del asiento original del pueblo Motu-Koibatu, la aldea Hanuabada (¡ni intentar
recorrerla sin guía local!; de noche, ni asomar la nariz; tampoco hay a donde ir ni
qué ver). Por el paseo que bordea la playa situada entre las dos ensenadas principales,
se concentran nativos cuya expresión y actitud no inspiran la mínima confianza
(papúa, en portugués, es “pelo hirsuto”). En altozano privilegiado, el único hotel
seguro -¡carísimo!: como todo (el kina, dividido en 100 toea, ¡más cotizado que el
dólar!)-, “Travelodge” (176 R. Huaten Avenida, 212266), con neveras bien surtidas,
un piano amenizando, cocodrilo en el menú (camareros ¡descalzos! y “record” para
registrarse en recepción: 30 minutos). Entre las recientes construcciones del núcleo
capitalino, de no mucha altura y espejadas, los barbudos, patilludos, prognatos y
de frente hundida (ellas con los pelos disparados, en punta, en todas direcciones),

197
no parecen tan fieros como los pintan y como semejan en directo; al menos, no se
meten con uno ni pelean entre ellos, vistiendo al uso universalizado, de pantalón y
camiseta (ellas, mayoría de gordas, con largas faldas de vuelo). Los Mercados están
en recintos sin cubrir y con los exóticos productos por los suelos –los precios, por las
nubes-. Parece haber de todo y no se aprecia miseria de ningún tipo ni se ve gente
tirada por las calles. Australia domina el cotarro. El viento aminora el calor. Catedral
acristalada. En la colina que domina el antiguo poblado, recortado sobre la hierba
en grandes caracteres, el nombre de Don Bosco- lo que no me trae nada buenos
recuerdos aquí, en uno de los extremos del redondo Planeta-.
MUSEO NACIONAL Y GALERÍA DE ARTE.- Alejados del núcleo urbano y separados
de la carretera, por lo que se hace imprescindible un taxi que, además, espere -
prepararse para la factura-. En la misma colina, el Parlamento, con más de un
centenar de diputados cuya pinta incitaría a risa en cualquier otro lugar; la fachada
es imitación de la construcción típica con tejado triangular y muy puntiagudo,
gozando la fachada de decorado figurativo en diversas tonalidades. En el museo no
cobran entrada pero ha de efectuarse donación, por si acaso. Bastante amplitud y
buena disposición, pero poco explícitos los letreros. Las fotografías de narices
perforadas, cuerpos y caras tatuados y cubiertos de barro, dan pavor. La cerámica
apenas evolucionó, pues se usaban preferentemente recipientes y utensilios de la
abundante madera. Bien el tejido, incluyendo corazas (que también se
confeccionaban con fibras vegetales). De armas, sobresale un lazo rígido de madera
que tiene por la parte de la nuca un estilete, de modo que si se mueve el prisionero
se la clava. Lo mejor son las esculturas de los tótems, altos troncos labrados con
máscaras y un cocodrilo. Algunas embarcaciones íntegras y una cabaña ceremonial.
Secciones de volcanismo y minería. Lo más característico, las máscaras, son la
exageración sublimada de la propia faz, con los rasgos, ojos y adornos abultados y
distorsionados. Colecciones de moluscos y similares y pájaros disecados, con un par
de aves del paraíso de gran tamaño y ostentosos plumajes. Por los pequeños jardines
interiores del recinto, algún que otro animal exótico, sin disecar.

EL RESTO
El lugar de excursión cercano a la capital (50 km.) es la Meseta de Sogeri,
con criadero de cocodrilos., los cementerios de guerra y de Bomana y, sobre todo,

198
la espectacular catarata de Rouna. Con bellos corales y aguas tibias, los fiordos de
Tufi, pero el modo más realista de llegar allí ya tendría que ser el avión. En la costa
norte y como antigua capital colonial y actual de Nueva Guinea, Lae -¡superpeligrosa!-
, surgida durante la era del oro y donde desapareció en 1.930 la conocida aviadora
estadounidense Amelia Eearhart; tienen reliquias de la 2ª Guerra Mundial, Universidad
de Tecnología y Jardín Botánico. Por la zona, Wau y Bulolo, los centros de la fiebre
del oro (a algunos, aún les dura) y cuna del temido pueblo Anga, que viste capas de
corteza y momifica a sus muertos ahumándolos en cavernas. Para escaladores, el
monte Wilhelun (4.509 metros), donde se suelen sufrir mareos, quemaduras de sol
e hipotermia (con suerte, no todo a la vez, como dice el fundador de las guías de
viaje Lonely, Tony Wheeler). Por el río Baiyer (de donde hasta los misionero tuvieron
que huir), mayor conjunto de aves del paraíso del mundo (33 de las 38 clases viven
en P.N.G.; también, canguros en las montañas Toricelli); otro río de súper
aventureros, el Sepik (1.126 km.), no explorado hasta 1.855; con suerte, se puede
ver la “Reina Alejandra”, la mariposa de mayor tamaño. Madang es la ciudad más
dedicada al turismo, hasta con oficina de información, pero conviene andar con
sumo cuidado; está en una península rodeada donde viven los pequeños Simbais. En
las Highlands, tierras altas, sin explorar hasta la década de los treinta, quedan
cientos de aldeas diminutas como en la Edad de Piedra. El centro industrial se ubica
en Gordons y el comercial el Boroko.
La otra isla papuense importante es New Britain, cuya capital, Rabaul, es el
principal destino turístico; fue estratégica base naval japonesa, pudiéndose ver 54
barcos hundidos y recorrer hasta 500 km. de túneles. Las Trobiand son conocidas
por los trabajos de campo del gran etnólogo Malinowski, y todavía se sigue
practicando la costumbre de fecundar la tierra eyaculando en agujeros (festival
Yam); intentan incorporarlas al circuito turístico. Ya perteneciente en lo geográfico
a las Salomón del Norte, Bougainville es escenario de sangrientos conflictos
provocados por la codicia de su rico cobre ambicionado, entre otras, por la empresa
española “Riotinto”.
Unas últimas palabras para los cultos de cargamento. Cargos Cult, otra de
las extrañas prácticas de este rincón del mundo tan poco frecuentado. Resulta que
como durante la 2ª Guerra Mundial desde los aviones les tiraban paquetes (cargos)
con viandas y utensilios, se creen que manteniendo dentro de la selva rudimentarias

199
pistas de aterrizajes y torreones de aviso, el maná volverá, y siempre están de
guardia, vigilantes, oteando las nubes. Lo peor no es lo tontos que son, sino que
algunos listos se aprovecharon para dárselas de profetas y predicadores asegurando
que sus dioses aprueban todo tipo de robo de objetos de esos estados evolutivos
industriales que los blancos les usurpan.

200
AUSTRALIA
A priori no tenía proyectado pisar la “terra incognita”, pero es muy difícil
eludir tal masa sólida desafiante de la masa líquida. Por su inabarcable perímetro y
los modos de vida anglófilos reflejados en su literatura, nada llama la atención lo
bastante como para justificar tan larga secuencia tangencial en toda una vuelta al
mundo. Obvio resulta que restos megalíticos o grandes realizaciones culturales antes
de la colonización –ni tampoco después-, son inútiles de buscar, por quasi
inexistentes. Ésta es tierra para amantes de modernismos y proyecciones de futuro
(con mentalidad anglófila-germana, no latina). Por otra parte, es un país con
suficiente promoción turística como para que resulte fácil toparse con guías
completas sobre sus posibilidades de exploración o esparcimiento. De todos modos,
lo dicho, inevitable por volumen; media docena de veces (total o parcialmente)
sobrevolé la tierra austral, y hube de efectuar una escala, a pesar de los
impedimentos, pues la entrada a territorio australiano está tan restringida que
tienes que dar hasta el color de la mierda que cagas. Un nada placentero panorama
de 7 horas previas de negativas, gestiones, cabreos, malos entendimientos,
desplazamientos y burocracia en la embajada para poder, simplemente, usar Australia
como plataforma de lanzamiento a otras islas más pequeñas, receptivas e
interesantes. Gracias al interés de las camareras del “Salón de Pagadores Máximos”,
pudo el fatigado y debilitado viajero aislarse del gentío y reponer algunas fuerzas
para no acabar de perder el placer de la aventura. Resistir y avanzar. ¡Aún queda
mucha Oceanía!
El paisaje resulta una auténtica maravilla observado desde arriba; tras
páramos desérticos, la fertilidad de la parte oeste, pero todo aparentemente
deshabitado y hasta inexplorado. Ríos que bajan turbios. El “modus vivendi” se
percibe tranquilo, acomodaticio, apacible. La gente se comporta muy cariñosamente
entre ellos y con los más menudos. No parece cara la vida (en los billetes, el retrato
de la reina Isabel de Inglaterra). El turismo es abundante fuente de ingresos, estando
muchos de los folletos impresos exclusivamente en lengua japonesa. Patente el
interés por preservar la flora y la fauna, con declaraciones, fumigaciones,
inspecciones y demás (no se puede entrar ningún producto alimenticio); avisos de
S.I.D.A. y de que se use “condom”. El inglés que se habla es arrastrado y comprimido,

201
no fácil de captar. Bulliciosos en grupo, tímidos como individuos, nada dados al
saludo a extraños (ni siquiera al entrar en el ascensor); afanosos, perseguidores de
dinero; condescendientes con la negritud, pero dominantes. Corrientemente son
altos, robustos, grandes; las barrigas denotan su afición a la bebida. No se preocupan
mucho del vestir, siendo el pantalón corto muy usual (incluso, por ejemplo, en
taxistas); si intentan ser elegantes no lo consiguen, fallándoles siempre el calzado
–no combina y va sucio-, además de abandonarles frecuentemente el desodorante.
El sombrero es para muchos parte integrada. Semejan bastante contentos de la
vida, de su vida. Que les aproveche.
CAIRNS
La capital del noroeste, de las Queensland, queda (como la mayor parte de
las ciudades) un poco al interior, no en la misma costa, para aprovechar la
desembocadura del río como punto a buen resguardo. Todo por aquí, el paisaje, la
vegetación, son exuberantes, tropicales, sin asomo de arideces. La pequeña ciudad
conserva casas bajas en madera y edificios de fines del siglo anterior con sus pórticos
y balconadas. Todo aparece limpio, cuidado y tranquilo, sin tampoco mucha altura
para las construcciones más modernas; espaciosidad. Circulación por la izquierda,
con cuidado. De museos no andan nada sobrados, destacándose la “Galería
Primitiva”. Da idea del nivel el que se oferten excursiones en “Harley Davidson” o
en globo. Hacia el norte, Port Douglas, meca del turismo tropical con una playa de
cuatro millas. Contorneando todo este litoral, la Gran Barrera de Arrecife, con más
de 2.000 km. y unas 5.000 islas.

202
SALOMÓN
Trazos de arena, las islas que no existen; plataformas bajo el mar,
peligrosísimas para la navegación. La más bella esmeralda no puede reflejar las
tonalidades de las aguas marinas; los arenales que semejan atolones, pero sin serlo,
se tomarían por charcas dentro del propio Océano Pacífico. La plenitud de los Mares
del Sur (29.000.000 km. cuadrados de agua y 500.000 km. cuadrados de tierra), sus
27.000 islas y atolones.
Al bajarse en el aeropuerto internacional de las “Islas de la Felicidad”, ya
comienza a captarse la imagen de “Suburbio de la Civilización” –mala copia-. La
“Información Turística” es una entelequia, pobre; casi ni ventiladores de aspas
(240 v.). Avisan de que la malaria es un problema presente (frascos de insecticida
en las mesillas de los hoteles), aumentando con el calor (y lluvias) entre noviembre
y abril; los vientos más fuertes, de abril a noviembre. De emisoras de radio, sólo se
capta una en onda media; las imágenes televisivas no son muy regulares. Hay tres
entidades bancarias (nacional, neozelandesa y otra). Los billetes mayores son de
50 dólares, como monedas se usan las de Australia. Todos los puestos directivos y
de responsabilidad para los blancos, los negros –entre los que hay una sospechosa
proporción de pelos amarillos (que no rubios)- como subalternos y gracias (algunos
siguen usando “faldas”). O sea, que es una colonia “a la moderna”.
Los primeros gobiernos independientes consideraban el turismo como
incompatible con la cultura isleña y su modo tradicional de vida -¡qué razón tenían!,
pero ya había sido inoculado el “virus U.S.A.”-; hoy día, tres años después de crearse
un ministerio de turismo, la imagen real la da la vergüenza de interpretar sus danzas
tradicionales ¡al ritmo de una grabación! El 80 % de los salomoneses vive en
comunidades rurales. El hibisco es la flor-símbolo de tiempos irrecuperables. El
“Club de Honiara” (valla metálica, una pista de tenis y un par de cobertizos) permite
la entrada sólo a sus miembros, pero en el cartel indica que los visitantes de fuera
son bienvenidos. El pavor a los no infrecuentes ciclones se demuestra en que la guía
telefónica trae normas para antes, durante y después.

203
HONIARA
Poblado capital (30.000 habitantes, por lo alto) de todo el archipiélago; isla
de Guadalcanal, bélicamente célebre. Su descripción es muy fácil, tanto por su
tamaño como por su distribución; consiste en poco más de un kilómetro a lo largo
de una sola avenida. Si nos situamos en la única intersección de las dos únicas
carreteras asfaltadas (el acceso desde la pista de aterrizaje y la avenida Mendaña),
el panorama y la distribución son tal como sigue. En este punto neurálgico, las
oficinas de las pocas líneas aéreas, algún comercio y un par de oficinas bancarias.
Todos los edificios son de planta baja, más barracones que construcciones, con
tejadillos de chapa metálica. Hay varios cines, concurridos, en los altillos. Tomando
hacia la derecha, con el mar a nuestra izquierda, sólo entrevisto, lo primero es el
Mercado. Llama la atención lo bueno del pescado, expuesto en contenedores
pequeños de fibra con hielo; bulbos terrosos de variadas formas, tamaños y tonos -
¿y sabores?-. Dos métodos de venta: a lo grande por kilos, o por grupitos (6 tomatitos,
6 cacahuetes…) que el comprador va sustituyendo por monedas; piñas, cocos,
plátanos. Los vendedores se distribuyen entre el suelo y unas plataformas abiertas
y techadas; en uno de los laterales, tiendas cerradas, con mostrador, donde se
ofrece todo lo que se tiene. Los alimentos para consumo inmediato se expenden en
bolsitas de papel marrón, bien impregnadas de grasa; por pocos centavos, unos
papeles doblados que deben contener alguna sorpresa. Una sección para sartas de
caracolillos de mar y conchas que hasta no mucho sirvieron como moneda local.
Más allá, el “boulevar” religioso. Una iglesia católica pequeña, una
evangelista, otra adventista y la grande, la Unión Metodista, que es un buen edificio
circular con alta techumbre cónica y laterales en cristalitos abatibles
inmaculadamente pulcros. Las instituciones religiosas, como otra faz del
colonialismo, poseen anexos dedicados a la enseñanza de los revoltosillos niños
uniformados. Enfrente, sobre una de las colinas que van sirviendo de fondo a toda
la avenida, otra gran construcción religiosa –siempre son las mayores y mejores-
cuyo visible cartel anunciador insiste en la conveniencia de vacunaciones y
precauciones varias. Contrastando con la pompa religiosa, el desaliño civil; tanto
el Parlamento Nacional como la Oficina del Primer Ministro no pasan de ser barracones
sin diferenciarse en demasía del resto. El único edificio de dos pisos en toda la

204
capital está dedicado a oficinas, pero en la falda de una colina ya se levanta la
estructura de otro de nada menos que 4 pisos.
Siguen las tiendas del ramo general, algunos establecimientos dudosos de
“comidas rápidas” con buen olor y mala presencia –peor la de cocineros y camareras-
, heladerías (riquísimos, totalmente naturales), un poco de electrónica, accesorios
de pesca, ropas, calzados, ramo del automóvil y compañía. La gente viste
pobremente, muchos descalzos, pero es una pobreza llevada si no con dignidad, sí
con costumbrismo, como algo ancestral, normal y usual, natural, de origen; se
fuma poco; proliferan diversas tonalidades doradas en las cabelleras.
Pasado el puente sobre el río, Chinatown, que en nada parece china, todo
lo más por la grafía de algún letrero desperdigado. Numerosos almacenes de ventas
generales con vigilante cajero o cajera, éstos sí, de ojos oblicuos. Una arcada estilo
oriental nada meritoria señala el otro extremo, con otro puente de madera reforzada
sobre el sucio cauce. El mayor edificio se anuncia como “Gran Restorán y Gran
Club”; las tiendas tienen pórtico y acera de maderamen. El Museo de Conchas de
Mar contiene pocas y no muy ricas, ni de forma ni de colorido.
Volviendo al punto de salida y tomando ahora hacia la izquierda, lo primero
es la Oficina de Información, donde no se preocupan de atenderte pero puedes
pasar a la posteridad inscribiéndote en el libro de registro después de coger todo
cuanto folleto quieras (en su mayoría, editados por compañías aéreas). Al lado, el
“Hotel Mendaña”, centro de la alta vida social capitalina, del que ya trataremos.
Enfrente, el Museo Nacional. A continuación, Teléfonos, Correos y el Jardín Botánico.
Poco más; nada menos.
Los nativos apenas muestran curiosidad y casi ni miran para el extranjero;
ni siquiera los vendedores ofertan las mercancías al acercarse a ellos. Artesanía en
maderas excesivamente pulidas y escasamente trabajadas. No hay playa si no donde
el H. Mendaña – nos lo vamos a encontrar hasta en los sellos… y en la sopa, pues su
barbada faz se intenta reproducir en los dos retratos que flanquean el comedor del
hotel al que da nombre-; el resto de la costa es una mezcolanza de roca, arenisca y
hierba, con los árboles enraizados en el mismísimo borde de la marea. Buena bollería.
Poca policía. La parada de taxis bajo un gran árbol. La circulación no es densa pero
bastante para estos andurriales, auténticos suburbios de la civilización.
En 1.541 nace en Galicia, probablemente en el propio “Campo de Estrellas”
de Santiago, Álvaro de Mendaña y Neira, que emigra a estos mares perdidos en
1.568, retornando -¡con su aristocrática esposa!- en 1.594 y muriendo al poco tiempo

205
en Nendo (isla de Santa Cruz). La cadena japonesa “Kitano” le ha puesto su nombre
al hotel principal del archipiélago, si bien trocando ñ por n –excepto en los retratos…
y en todos los sitios en que yo los corregí-. El hotel no llega a la categoría del
homenajeado, con agua templada, divisiones de madera, lento servicio y regular
cocina… “The Capitan” es el restorán, pues la señora viuda de Mendaña siguió al
comando de la aventurada expedición. A pesar de que proclaman que esto no es
peligroso (luz muy escasa), alambradas y desastrados guardas haciendo ronda.
MUSEO NACIONAL.- Almacén de unos 20 x 8 m. donde han puesto lo que
tienen. No cobran, pero a la entrada está, bien visible, la caja de donaciones junto
al libro de registrarse. El gran detalle, el pequeño sismógrafo al que para que nadie
lo toque le han pegado un papel en el que en grandes letras pone “Tambu” (tabú).
Se detalla como recolectan, elaboran y transportan las tiras de conchitas marinas
dispuestas como arandelas en largos cinturones de tela que se enrollan y llevan
encima de la cabeza; los más ricos usan arandelas mayores; también las caracolas
grandes sirven como dinero. En las tallas se establece una relación propiciatoria
con los peces, sobre todo el bonito; en los extremos de las canoas, aún hoy, se
graba un “nguzunguzu”, prevención contra Kesoko, el demonio con cabeza de pájaro
que se apodera de los peces. Un par de especies de espantapájaros, de pajas, para
bailes rituales, completos, de pies a cabeza. Las muestras de tejido son complejas
y elaboradas, con adornos para los jefes. Como armas, hachas de piedra de lo más
primitivo y mazas pesadas de madera, de diversas formas; un arco con sus flechas
y varias lanzas, que están melladas en gran parte longitudinalmente para que no se
puedan desclavar. En el suelo sobre una tarima, las reliquias de la guerra -¡qué
terrible impacto tuvo que ser para esta gente!: si bien, por los extraños rubios, se
hizo tanto el amor como la guerra-; un par de herrumbrosas ametralladoras, un
cráneo partido, prendas sueltas de uniformes y cascos y, lo mejor, botellas de “Coca
& Cola” de las antiguas, con el nombre tallado en el mismo cristal.
Describir la isla resulta tan fácil como haberlo hecho con su capital. La
única carretera practicable – con reparos- corre paralela a la costa norte con una
distancia máxima de extremo a extremo que rondaría los 150 kilómetros. Dirección
izquierda, hacia el oeste, todo son cocoteros cargados de frutos que en gran parte
(millones) se pudrirán; la hierba alcanza la altura de una persona; donde la densa
vegetación permite otear las colinas; éstas aparecen espléndidas, suavemente

206
onduladas y recubiertas de hierba uniforme. Donde hay asfalto, ni señales ni pinturas;
donde no se echó asfalto, charcas de tamaño variable según las lluvias; varios
puentecillos en madera sobre los que se cruzan riachuelos unos limpios y otros
sucios. Las playas no corresponden a la idílica imagen formada y fotografiada, pues
la mayoría son pedregosas y las de arena la tienen obscura, nada atrayentes; frente
al aeropuerto, la Playa Roja.
Por una senda entre altas hierbas se llega al pomposamente autodenominado
Museo Vilu de la Guerra. Tras pagar bastante se puede orinar encima de unas cuantas
chatarras que se siguen pudriendo al aire libre. Su contemplación suscita el
pensamiento de que muy imbéciles hay que ser para transportar tan lejísimo tales
cantidades de material para matar y ser muerto- el negocio, inmenso para los de
siempre-. Lo único cuidado entre los restos de los aviones es el engranaje de un ala
que permite plegarla y extenderla sin dificultad (era de un portaviones). Los
mosquitos es este cementerio de guerra se muestran, contagiados, más bélicos –
pero no alcanzan, ni de lejos, la capacidad de ataque de los de mi querida Lagoa de
Óbidos, donde ahora escribo esto-; en demás, esquivan bastante bien. Terminando
el recorrido, la playa de Tambea, un submarino japonés y la bahía Lambi.
Vamos ahora en sentido opuesto, este. Pasado el aeropuerto la carretera es
tan mala que en principio desanima a seguir, aunque mejora en la zona de
plantaciones de palmeras perfectamente alineadas para extraerles aceite de palma.
Algo más adelante, según el mapa, debe estar el Centro de la Cultura Melanesia,
pero nadie sabía dónde ni cartel alguno lo anunciaba. Barro y coches que se quedan
hundidos -¡lástima de mi “Range Rover”!-. A seguir, pequeños cantos rodados sueltos
y la impresión de rodar sobre el lecho de un río. De súbito, se acabó; la construcción
de un puente nuevo no está acabada y no hay manera de cruzar, media vuelta. Da
tiempo de fijarse en que la vegetación es más variada, con proliferación de lianas
y helechos. Algunas misiones católicas y mínimas poblados de los que no todos
gozan de luz eléctrica. Las barracas se levantan sobre pilares; las hay en chapa (las
menos), madera y fibra vegetal (las más); no resultan exteriormente miserables,
simplemente son así. El número de gasolineras que bordean la capital, muy
desproporcionado. La altura máxima de la isla de Guadalcanal se sitúa en su
epicentro, Popomanasen (2.330 m.). Una de las ventajas de este tipo de turismo es
que poquísima gente viaja con sus chiquillos.

207
Aunque no estén muy bien contabilizadas, Salomón puede constar de un
millar de islas, si bien sólo media docena alcanzan un tamaño a considerar; están
mal difuminadas por entre 600.000 km. cuadrados de aguas profundas. La provincia
de Guadalcanal tiene 5.336 km. cuadrados y 88.000 habitantes, provincia Central
con capital en Tulagi, Gizo es capital del Oeste, la llamada Isabel en memoria de la
esposa de Mendaña se centraliza en Buala, Malaita (con 4.234 km. cuadrados) tiene
capital en Anki, las otras son Makira (Kirakira) y Temotu (Lata). Se afirma que en
Gold Ridge (Guadalcanal) puede haber 400.000 toneladas del cada vez más
despreciado oro. Al sur, en la isla Rennel, la reserva internacional del lago Te´Nggano
contiene 200 atolones de coral con numerosas especies únicas de pájaros. Al norte,
la isla de Savo (31 km. cuadrados y 2.500 nativos en 14 poblados) entró en erupción
cuando la expedición del gallego en 1.568 y últimamente en 1.840. Volando de
Tulagi a Anki, dentro de la laguna Langa Langa están las interesantes islas artificiales
de los Laulasi, de hace 600 años. Una de las lagunas mayores del mundo, Marovo.
Después de Mendaña nadie más reseñable apareció por estos islotes
(presuntamente habitados desde hace unos 5.000 años) hasta que a fines del XIX se
llevaron esclavos para las plantaciones de Fiji y Nueva Guinea; bastantes europeos
pagaron con sus vidas. Durante 6 meses de 1.942, las desmesuradas batallas entre
japoneses y aliados convirtieron esta “esquina del planeta sin televisión comercial”
en el centro de la atención mundialista. Hoy día todavía se puede contemplar gente
polinesia en Ontong Iava. 70 lenguajes con 100 dialectos. Para perderse por estos
laberintos de agua salada, arena y coral, se puede pernoctar en las misiones (donde
las hubiere); si no, en los poblados (donde los haya) recurrir al Hombre Grande,
pero cuidado con los “tambus”. En la isla de Gizo (50 km. cuadrados) hay un par de
hoteles con baño; en el oeste, en el lago Roviana, bungalós de familia. Otros 6
bungalós con 22 camas en la islita de Vulelua (en algunas, el calor volcánico permite
freír huevos en el suelo). El lago natural mayor del Pacífico en la isla de Rennell, al
sur. En Malactia (4.200 km. cuadrados) están otras islas artificiales, las del pueblo
Saltwater. En Langa Langa y Lao todavía se manufacturan las monedas de conchas
en hileras de un par de metros llamadas “tafuliae” (equivalentes a unas 12.000
pesetas); la capital provincial es Anki, donde se dispone de una acomodación con
seis habitaciones con baño privado. Jardín Botánico y cataratas en Tenaru y Mataniko,
donde son útiles las canoas (Te Puke). La primera “kua” (cruz) se plantó al este, en

208
Puerto de la Cruz; por aquel entonces, como Pedro Sarmiento de Gamboa se creía
que estaba cerca de las míticas minas, se sacó el nombre de Salomón de su
imaginación, mientras que el capitán Ortega se sacó, no sabemos de dónde ni por
qué, el de Guadalcanal. ¡Y viva España!
La P.A.T.A (Pacific Area Travel Association) proporciona la siguiente
información sobre Arrecifes y Corales. Se forman con cristales de calcio carbonado,
cientos de miles de pólipos individuales que funcionan como colonia u organismo
simple dentro de su gran complejidad. Los más rápidos crecen 10 centímetros por
año; otros, solamente milímetros. La reproducción es tanto sexual como asexuada.
Hay muchísimos cientos de especies de colares, aunque de similar apariencia. La
primera teoría sobre la formación de los corales la emitió Charles Darwin. Tipos de
arrecife: emergiendo recientemente (“fringing”), plataformas, barreras y atolones
(como resultado de la combinación con un volcán). Estos ecosistemas resultan
especialmente frágiles; cada vez se nota más la polución marítima; los mamíferos
y animales depredadores y domésticos, han causado estragos y daños (por ejemplo,
en Fiji ya sobreviven escasos especímenes de iguanas coloreadas).
¡Adiós Salomón! Lo que queda atrás (muertes, asesinatos, detenciones,
arsenales y Bouganville, en Papúa-Nueva Guinea) y lo que espera delante (que no se
vuele en “Air Tungaru” de Kiribati porque se han quedado sin ingeniero y que en
Vanuatu están asesinando mediante magia negra) no anima mucho. Aquí están en
pleno período electoral, pero nadie le da demasiada importancia ni los partidos
políticos tienen para gastarse en publicidad. Les gusta el fútbol y se ve algún que
otro campo con porterías. Hay cocodrilos, arañas gigantes y escorpiones, pero no
se les otorga mayor importancia que a los políticos. Menos peligroso y comestible,
el cangrejo del coco, de mar y tierra (Birgus Latro), bocado exquisito. Mácima
figura local, Alex Wickham inventó el estilo “crawl” de nadar. Máximo recuerdo,
Paul Gaughin, que murió en Hiva Oa (Marquesas) en 1.903. Si alguien cazó mariposas
“Reina Victoria”, sepa que sólo dejan sacar un ejemplar. El valor que se le otorga a
todo en una isla pequeña se comprueba en la etiqueta de las botellas indicando el
valor del retorno. Penosas las danzas, danzantes, espectadores y escenario. El pestazo
a sudor se transporta metros, como si tuvieran todos los muertos de la 2ª Guerra
Mundial bajo el sobaco. ¡Hasta para servir queso lo acompañan de lechuga! La

209
indiferencia ya se ha convertido en displicencia, la falta de atención en falta de
consideración.
Saliendo de Guadalcanal, montañas impracticables; sólo posible la
comunicación a través de ríos que, a veces, realmente escalan laderas de montañas.
Flores de hibisco (que se marchitan en menos de medio día) en los apoyabrazos de
la clase “Belama Pass” (pero no había sala de espera especial); la servilleta con
agujerito para sujetarla al botón de la camisa –en los restoranes buenos los camareros
(-as) te la colocan sobre (entre) las piernas-. Creí sufrir una alucinación al moverse
durante dos minutos un estrato de nubes en la misma dirección y a la misma velocidad
que el avión, por lo que al haber debajo otras capas de nubes estáticas como
referencia, producía el efecto de dos mundos desplazándose en direcciones opuestas.

210
VANUATU
De “Paraíso Intocado” nada, pero algo queda, mucho más y con mejores
complementos que en los otros sitios; Vanuatu es el destino turístico más
recomendable en todo este amplio ámbito oceanográfico. Con los países ocurre
como con las personas, a primera vista éstas “caen” mal y aquellos “entran” peor;
Efate es una isla de primera impresión muy agradable que se confirma. El flamenco
“a toda pastilla” resuena en el pequeño aeropuerto –cobran hasta por vuelos locales-
(así llamado en honor de B…) se debe a que el alemán que regenta el bar estuvo en
España, y afirma que gusta mucho –la música, no él- y lo reclaman. La mano francesa
se nota en todo, y es el idioma preponderante sobre el inglés, si bien los naturales
usan, siempre, entre ellos el idioma natal (el Bislama, hablado por el 60 %, predomina
sobre los otros 106 lenguajes con cientos de variantes o dialectos); con origen en el
“pidgin” (término derivado de “business” con pronunciación china), en siglo y medio
se ha desarrollado rápidamente otro entendimiento (70 %) con estructuración
anglosajona. Los negros éstos son feos, sin paliativos, además de algo canijos;
algunos rubiales; no suelen ir descalzos. Todo, carísimo (propiedades, alquileres,
electrodomésticos, comida…).
Nada se libra de los ciclones; en los tableros oficiales de anuncios se dan
instrucciones para la emergencia; en estos días hay uno rondando por aquí, el Adel,
que en el pasado fin de semana afectó ocho islas en la costa noreste de P.N. Guinea
(800 casas, 20 escuelas, 1 muerto y 9 heridos). Como curioso hecho micro-económico,
que el penúltimo ciclón, Kina, hizo subir en los mercados el precio de la raíz llamada
“cassava”. También, terremotos; hace un mes en las islas de Futuna y Alofi alcanzó
el grado 6´5 escala Richter, quedándose sin agua, luz y teléfono y viviendas sobre
pilotes, si bien aguantaron las construcciones modernas y las tradicionales “fales”.
PORT VILA es la capital, con un núcleo en lo alto (centro Pompidou) donde
se asientan las oficinas oficiales y la moderna y limpia catedral. Se muestra
europeizada. Una pequeña Universidad. Mucho taxi por ser longitudinal,
extendiéndose adosada a la bahía y con una parte en cuesta, con los edificios de
pocas plantas.
Comercio muy bien surtido y excelentes supermercados en los que hay hasta
chorizos –made in Vanuatu- y ¡bocadillos!, no sándwiches. Ricos helados. Muchas

211
tiendas de vídeo, completísimas. Revelados de fotografías en 1 hora. Cervezas locales
tirando a buenas (sin llegar a la calidad de las papuenses o neozelandesas), con
licencia sueca. Establecimientos “Duty Free” – en todos lados siempre me han
parecido un cuento- en cuyos precios no se nota la exención. Demasiado tráfico
para los pocos habitantes; además de los taxis (con taxímetros que no siempre
usan), pequeñas furgonetas nuevecitas de un lado para otro con pasajeros (circulación
por la derecha). Algunos comerciantes chinos. El banco local es el “Indosuez”,
habiendo otras dos delegaciones extranjeras. Sobre las prístinas aguas de la bahía
se mecen costosos yates de gran lujo. Desusado horario comercial: de 7´30 a 11´30
y de 13´30 a 16´30 (el cierre nocturno –se vuelve noche antes de las 18 y también
amanece antes de las 6 horas – ya es voluntario y aleatorio). Japoneses, nada
elegantes. No estamos en época de lluvias pero llueve a diario, sin conseguir disipar
el vaho aberrante que a veces van soltando los transeúntes (y no sólo los negros
apestan).
El hotel ideal, con el que todos soñamos alguna vez y parece existir nada
más que en el celuloide, es el “Iririki”, ocupando toda una amplia isleta frente a
Port Vila, dentro de la apacible ensenada casi totalmente cerrada sobre sí misma;
un pequeño bote trasborda en todo momento; los bungalós (o “rates”) están sobre
la arena, pegaditos al mar. “Le Lagon” está también independiente en otro islote y
es todavía de mayor lujo, pero queda más lejos, al otro lado de la lengua de tierra
entre aguas azulísimas. El “Radisson” tiene hasta casino de juego. Por estar los tres
mejores “a tope”, me tuve que conformar con el nº 4, el “Kaiviti”, donde gocé de
una buena dúplex con excelente trato y rebaja. Para comer, el “Waterfront”,
abarrotado, se lleva la clientela, pero los mariscos y pescados no tenían muy buena
pinta; más arriba, más distinguido, menos popular, el “Rendez Vous”, con buena
cocina francesa, sin abusar de cremas y vegetales como suele ser jodida costumbre.
Ni en hoteles ni en cafeterías el agobio y grosería de la exigencia de pago por
adelantado; no esperan propina. Uno cree no exista nada peor que la Coca &Cola -
¡hasta el color es asqueroso, antinatural!-, hasta que prueba sus sucedáneos o
imitaciones; en los propios U.S.A. los sureños han desatado la guerra con la “Dixi-
Cola”, las de Nueva Zelanda y Vanuatu son “maliñas”, pero supera a todas en
asqueroso mal sabor la australianas, ¡todavía empeorable con su pésimo ron! Las

212
botellas primitivas de la tal C&C que quedaron por aquí durante la 2ª Guerra Mundial
(estuvo De Gaulle pero no es muy recordado ni explotado), se venden a 4 dólares.
En las dos emisoras locales predomina el francés (no obstante irse
imponiendo, como en todos lados, el inglés en la calle, siendo a lo primero que
recurren ante el extraño). La “Lambada” es lo más radiado. “Nights Clubs” para
parejas. En público, la gente muestra poca intimidad, intimidad de la que, por otra
parte, nadie parece mostrarse muy celoso (dejando, por ejemplo, abiertas las puertas
y ventanas de las habitaciones de los hoteles: no parece haber delincuencia a pesar
de aparecer menos policías de los mínimos). La apertura del “Flamingo” era esperada
con gran expectación. Hay bingo. Los domingos no se vende alcohol. La única
televisión finaliza sus emisiones a las ¡22 horas! Cine a diario (en francés),
exceptuando jueves. Hay un Teatro Vanuatu donde dicen todo “auténtico” – es un
grupo de danza y teatro, no un local-. El semanal “Vanuatu Weekly”, trilingüe, sale
los sábados (informa de que en varios de estos países se amenaza con huelga:
enseguida aprenden los malos usos). El ambiguo “Club de los Leones” está por
todas partes. Gente de raza negra se quiere integrar o interesa integrarlos, es otra
imitación que da pena; pandillas de ambos sexos observan lo que desean y
probablemente nunca puedan adquirir; deambulan sin rumbo fijo, sólo mirando y
deseando, cansinamente, arrastrando los pies. El aspecto es manso, la actitud
apacible, pero no deja de percibirse tensión latente, de animales domados; primero
los exploradores, después los explotadores, también los colonizadores y
evangelizadores, militarmente los japoneses, a su manera los estadounidenses y el
consumismo ahora –mucho se les ha masacrado, engañado y explotado-, tienen a
estos salvajes amansados, pero no completamente dominados.
Lunes, miércoles, viernes y sábado, el Mercado, simplemente en la explanada
frente a Correos, sin ningún producto sobresaliente; la mercancía se coloca
directamente sobre el suelo y las vendedoras se sientan en cajas o taburetes. Por
allí, en las tiendas, los hoteles, en lugares especializados, mucho para comprar,
desde lo más clásico y fino (como ejemplo, una delegación de “Tiffanis”) hasta
rústicos penachos de plumas. Los hilos, las maderas talladas, policromadas máscaras,
engarces con coral rojo o madreperlas, abundan. El objeto estrella es el marfil de
colmillo de jabalí, que se vende tal cual, sin ningún otro adorno o complemento; tal
colmillo requirió 7 años para redondearse, cerrarse sobre sí mismo, y si alguno

213
alcanza el doble círculo, su precio se disparará; símbolo de poderío económico para
jefes tribales, es una de las joyas más originales que se puede conseguir por Oceanía.
Port Vila se desarrolló a partir del poblado indígena Ifira, que por dificultad
de pronunciación se trocó, primeramente, en “Fila. Por el oeste tienen un cabo al
que denominan Puente del Diablo, según leyenda resto del que tendió tal personaje
hasta la mismísima Australia. El punto opuesto en el Globo sería Mauritania. Antes
fueron conocidas como NUEVAS HÉBRIDAS, descubiertas por el portugués Pedro
Fernández de Quirós que llegó a Espíritu Santo un día del lejano 1.606. El pseudo-
idioma Bislama, del que ya dijimos tiene numerosas concomitancias con el “pidgin”,
como vocablo deriva de “beche de mer”, un repelente pez negro muy apreciado
por los chinos para elaborar sopas. El mayor acontecimiento antes de la Guerra
Mundial había sido el arribo del director de cine Douglas Fairbanks, con su “yate del
millón de dólares”, que estuvo filmando caníbales y pigmeos. De 1.860 a 1.904
miles de Ni Vanuatus (pues éste es su nombre) fueron esclavizados para que
trabajaran las plantaciones de Queensland y Fiji. En 1.920 llegaron vietnamitas
para cultivar las concesiones francesas, pero la mayoría de sus descendientes ya
están repartidos y pocos quedan. La propiedad se otorga en régimen de “leasehold”
por períodos de 50 a 75 años, siendo la máxima duración para las plantaciones (de
explotación mixta, con ganado).
La bebida nacional es una variante de la “kava”, cuya composición varía
según los países; no es propiamente alcohólica, pero sí intoxicante y bastante
soporífera. Más sana el agua, que en Efate se puede consumir sin mayor problema
ni precaución (no así en las otras islas, por donde además pueden darse brotes de
malaria). El gran negocio fue, en tiempos no lejanos, la copra; para extraer aceite
de coco se requiere exprimir 6.000 piezas por tonelada, y como Vanuatu exportaría
en un buen año –con permiso de los ciclones- 40.000 toneladas, se requieren 240.000
de cocos, a 2.000 por habitante -¿quién recolecta?, ¿cómo?-. No engañarse si se
quiere comer pollo, pues el “poulet” es un pescado típico local, de aguas profundas.
Preciada y cobrada exquisitez el cangrejo del coco, cuyas sabrosas pinzas musculadas
son capaces de triturar los cocos –lo cual no es nada fácil con un martillo-; el mayor
que se capturó aquí tenía ¡1 metro! de envergadura y pesó nada más y nada menos
que 5 kilos, calculándosele 50 años de vida; el desarrollo normal requiere de 15 a
20 años, siendo la especie de cangrejo ermitaño mayor del mundo (cría desde los

214
trópicos del Pacífico al Océano Índico); nace en el mar y vivirá en la tierra,
refugiándose durante el día en su concha y saliendo de noche a por cocos y a por
todo lo que pille -¡cuidado donde se pisa!-, pues es omnívoro.
Lo pomposamente denominado Museo-Biblioteca-Centro Cultural son un par
de habitaciones grandes con algunas vitrinas de pájaros y culebras disecadas (todo
revuelto, para reordenarlo); algún mineral, trozos de cerámica, maderas y resto de
lo usual, pero en poco número, destacando tan sólo unas grandes figuras simbólicas
de evocación e innovación.
CONTORNEANDO EFATE.- No hay ningún núcleo de población y ver un
automóvil es excepción. Carreteras pésimas. Los taxistas tienen la costumbre de
cobrar, bebérselo y fallar al día siguiente; están en plan comisionista (comercio,
restoranes…), ya encubierta, ya descaradamente. El “tour” se puede realizar en 5
ó 6 horas, según lo que se pare, que tampoco hay mucho en dónde. Encomendándonos
al gran dios Tagaro, vayamos a ello.
Lo más cercano es un Museo-Fundación “sui generis” fundado y regentado
por un refugiado ruso; hay objetos curiosos como una silla de montar totalmente en
madera -pobre caballo-; tambores verticales que superan a una persona logrados
de árboles huecos y coronados con mascarones que recuerdan a la isla de Pascua;
las máscaras antiguas a imagen y semejanza del dios cosmopolita Make-Make; sellos
de “batik” y un poco de todo lo que se pueda almacenar; la entrada es libre. Un
poco más adelante una pequeña iglesia (hay pocas y minúsculas) toda ella pintada,
cruces incluidas, de un increíble color violeta pálido. La bahía es espléndida, bella,
con ríos y aguas marinas prístinas; se cierra sobre sí misma un par de veces, remanso
de paz, verdor y azul. Algunos chalés muy a la europea; no se ven casi hamacas. Los
pescadores recalcitrantes pueden intentarlo con el fogoso marlin. Pocos perros.
Los conductores saludan siempre, riéndose; se debe respetar y practicar esta buena
y amigable costumbre local, así como dar siempre el nombre y, a veces, la mano. El
ganado vacuno es de origen europeo, sin joroba, teniéndolo concentrado en granjas
a lo isleño, entre cocoteros y sin estabular.
Sin dar razones, recomiendan efectuar el recorrido (poco más de 150 km.)
en sentido contrario a las agujas del reloj. Tras el asfalto que delimita a la capital,
la pista de tierra, muy bacheada por zonas. El paisaje es variado, con árboles de
varias clases; los efectos del último y reciente ciclón se hacen bien patentes, con

215
grandes ejemplares arrancados de cuajo (con raíces y tierra); muchos claros en las
plantaciones de cocoteros, uno caídos y otros sin penacho, como serrados por arriba;
otros bosques parecen peinados, con los grandes ramajes perennemente inclinados
hacia el mismo lado, faltando las hojas de palma en la parte que incidió el viento.
El cocotero tocado por el huracán tardará nada menos que 7 años en volver a dar
fruto. Existen árboles e hierbas medicinales. El ciclón Uma azotó y devastó toda la
isla en 1.987; en 1.992 otro, tremendo. En la plantación Belview estuvieron las
instalaciones del mayor hospital de la marina U.S.A., con 35 especialistas, pero
como suelen hacer, al abandonarlas las destruyeron. Efate se usó como depósito y
base de lanzamiento para Honiara, siendo Quoin Hill el aeródromo del 2º escuadrón;
Havannah Harbour era puerto estratégico de la famosísima y disuasiva 7 ª flota.
Posteriormente, se explotó el manganeso en la mina Forari, llegando a trabajar a la
vez un millar de empleados entre 1.962 y 1.978. Raro que con todo eso no hayan
estropeado esta imagen de paraíso, no lográndolo ni la mismísima iglesia católica
(la primera misión arribó en 1.840 y los pobladores de la isla Erekor son descendientes
del misionero McKenzie). Ahora lo intentan los chinos, que han financiado la
construcción del Parlamento; se usa mucho adminículo “made in China”. No gusta
el nefasto aire acondicionado, prefiriéndose ventiladores de aspas en el techo.
Como muestra de civismo, que en todos los lavabos se conserva el correspondiente
tapón del desagüe. No obstante, no pueden librarse completamente de las malas
influencias, y junto con amenazas de huelgas empieza la contaminación química
industrial y los cancerígenos (de las culpas no se libra Japón).
Las dispersas viviendas por el perímetro insular ya las erigen con cemento,
si pueden; la mayoría siguen siendo totalmente en chapa desechada durante la 2ª
Guerra Mundial, quedando algunas muestras vegetales de estructura o trazado
cuadrangular, con tejados inclinados de doble vertiente. Lo único interesante Las
Cascadas, cercanas a la capital (hacia el oeste o derecha, mirando al mar); un
negro cobra 300 vt. pero no da “ticket”; adentrarse por el estrecho y resbaladizo
sendereo es hacer oposiciones para romperse, como mínimo, una pierna, pero al
llegar a las cascadas se puede comprobar que el paraíso también está en los ríos (lo
cierto es que todos los de esta isla, nacidos en la vertiente del monte Mc´Donald -
647 metros-, son totalmente transparentes); las aguas fluyen lentas, rumorosas,

216
limpísimas, en sucesivos desniveles que forman piscinas naturales y grandes charcas
donde da auténtica lástima no sumergirse.
De inmediato, cuesta del 25 % por la que rapidísimamente se gana visión de
toda la costa hasta la capital; espléndido tramo. A seguir, la vía mala, a tumbos. En
el siguiente tobogán, otra sensacional vista panorámica, con la isla Lelepa (donde
hay dibujos en cuevas y murió el legendario jefe Roy Mata) bajo nuestro nivel:
preciosa, finas arenas blancas y transparentes aguas donde practicar submarinismo
con visita incluida a buques y aviones hundidos. Se continúa paralelamente a la isla
Moso, que forma con ésta un estrecho canal de muy poca profundidad. En el poblado
de Siviri explotan unas cuevas bastante interesantes (también en todas las playas
que pueden cobran, y bastante). Divisando más islas e islotes se llega hasta los
restos de la mina de manganeso. Ya estamos muy al este, casi al sur, ¡sin ver un solo
coco en los árboles!; alguna cabaña de los poblados vende lo que hay, siendo lo
mejor los restallantes corales de intenso color rojo (y conchas extrañas), cuyo importe
se deposita en una caja, sin vigilancia alguna. La mejor playa es Eton, con árboles,
arena, rocas, verde y un río de ensueño, por lo pulcro. Los practicantes del golf
disponen de 18 hoyos en el club “White Sands” (hay otro saliendo rumbo oeste: en
cuya costa se libró la decisiva batalla naval del Mar de Coral); los caballeros pueden
montar en el Club Hípico; se está comenzando a construir un complejo deportivo
grande. Es todo, es suficiente, es muy recomendable la isla de Efate.
Si lo que se pretende es, también o además, conocer los parajes interiores,
el modo más convencional es ir río Epule arriba hasta los poblados indígenas, donde
se podrá navegar en la canoa de un único balancín lateral, “carpark” (lo más cómodo
ir en excursiones organizadas por agencias locales, que para eso están). De modo
más breve se ofrecen visitas a villorrios melanesios, comiendo allí y sin que falten
las danzas más o menos preparadas. Si se prefiere el mar, cruceros en barcos de
madera, aluminio, fibra… catamaranes o trimaranes; destaca el “Coongoola”, antiguo
velero de 2 mástiles con 23 metros de eslora. ¡También helicóptero! ¡Viva Vanuatu!

LAS OTRAS ATRACCIONES


Cada año, durante los meses de abril y mayo y sólo los sábados, se puede
asistir de cerca a uno de los mayormente sublimes rituales de valor que la raza
humana elaboró en sus albores. Con retorcidas lianas y trozos de ramas, sin ningún

217
clavo ni alambre o cuerda, se levantan en diferentes sitios 8 torres de una altura
rondando los 35 metros; el oferente trepa a la cima, se coloca en el borde, mira al
cielo, el llamado, invocado desde la tierra, y ¡allá va!, sujeto de los tobillos por dos
lianas hasta golpear con la espalda en el polvo (nada de agua ni colchonetas).
Antiguamente estos salvajes saltos (“yams” o “jumps”) se preparaban cada
5 años y no se permitían extraños en el ceremonial, pero el dólar manda y los jefes
locales ya han llegado a admitir 50 asistentes foráneos; no se cobra por mirar, pero
sí por fotografiar –demasiada tentación, incluso para mí, alérgico a todo tipo de
cámaras-. El origen milenario lo sitúa la leyenda en Tamali, que continuamente
maltratada por su esposo discurrió arrojarse desde lo alto de un árbol “banian”
tomando la precaución de las lianas; el marido la quiso seguir, pero sin lianas, y se
quedó viuda –debe de ser por eso que se tiraron posteriormente sólo hombres para
lavar la afrenta, digo yo-.
Las mujeres Bunlap visten faldas de fibras vegetales, sin nada debajo, por
supuesto; los hombres Bunlap usan cinturón tejido para sujetar una funda (namba)
que les mantiene el pene eréctil, con los testículos al aire. Viejos y niños danzan al
pie de las torres en orgía de espíritus y tradición. Un mínimo de 15 jóvenes se
lanzan por torre y día. A la isla de PENTECOSTÉS se llega (desde Port Vila, donde
venden vídeos de esto y de otros eventos) por avión o con 3 días de travesía por
mar. Único.
Comparado con lo que somera y pálidamente acabamos de describir, poner
como principales atractivos de la isla de TANNA un volcán en actividad, las danzas
“tokas” y una matanza colectiva de cerdos salvajes, puede parecer poco, pero es
bastante. En esta ínsula sureña de Nuevas Hébridas estuvo como primer europeo el
capitán Cook en 1.774, llamándola Puerto Resolución en honor a su buque. Lo
auténticos colonizadores serían los hermanos McGeongh (irlandeses, como no).
Hoy día la habitan 20.000 humanos y muchos caballos salvajes, de un modo bastante
natural, primitivamente; después de cantar y danzar, cogen un bote -la gente, los
caballos procrean en el monte- y se pasan largo tiempo en el mar –y se pasan largo
tiempo en el mar (muchos pueblos creían, y creen, en sus orígenes que quien
fertilizaba a las hembras era el espíritu del agua, y no el macho).
El volcán Yasur (360 m.) se halla desde hace años en continua erupción (sin
acabar de explotar), siendo impresionante por las noches. Cataratas espectaculares

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en Yapilmai y la oportunidad de ver en el mar al rarísimo mamífero Dugong. Sobre
la práctica de pasar hambre durante meses para reventar de hartura en días en los
que el jefe oficia de redistribuidor de alimentos, Marvin Harris ha escrito mucho y
bien, pero ser salpicados por chorros de sangre hirviente entre chillidos de docenas
de jabalíes y cientos de negros pintarrajeados golpeando como posesos con mazas
de madera y piedra, es una experiencia a vivir y sentir en pocos sitios y por pocas
personas.
En otro orden de cosas también es posible participar en sesiones de
invocación al espíritu de John Frum, que instituyó una especie de culto de cargo
como manifestación de resistencia ante las intromisiones extranjeras. Todos los 15
de febrero se espera la llegada de los aviones con sus dádivas.
Para conseguir tejidos confeccionados con técnicas de hace 30 siglos, irse
hasta ESPÍRITU SANTO (donde hay un cabo Quirós), al poblado Wusi. Luganville es la
capital isleña, y Malo Peak su cota más elevada. Famosísima la playa Campagne,
con “blue holes” que se elevan 20 metros sobre las aguas profundas y cristalinas.
En 1.980 eclosionó un movimiento secesionista santeño, el Movimiento
Nagramiel, llegando a desembarcar tropas de Papúa-N.G.; el líder pro-
independentista se llamaba Jimmy Moli Steven, con base en Fanafo.
Las mayores masacres de jabalíes –los suelen atar para que resulte más
fácil, cabrones – se produce en la isla de AMBRYM, donde algunos llegan a reventar
hasta dos centenares de cráneos a golpes; únicamente un colmillo entre una treintena
estará debidamente cerrado sobre sí mismo. Existe un centro cultural en un poblado
de la etnia Fanla, North Ambrym. Densas junglas, elevadas rocas negras y enormes
volcanes conforman el paisajes. Ancianos hombres-medicina (aficionados a fumar
luengos puros o en pipa) entre ídolos fálicos y erguidos “tam-tam” pueden llegar a
curarlo casi todo.
Las tribus más aisladas quedan en IMALEKULA, casi completamente intocadas
por influencias exteriores –no pensar en encontrar hotel ni nada parecido por allí, a
lo más, cabañas de troncos-; son los Nambas Pequeños, escasamente vestidos con
fibras de hibiscos. Ídolos inquietantes de tamaño sobrehumano, máscaras
ceremoniales de ojos proyectados, dibujos geométricamente simétricos, cráneos
de antiguos jefes y ancestros. El centro masculino (nakamal), con su área de danzas

219
(nasara), es estrictamente tabú para las mujeres y los escasos visitantes, pues es
donde se practican las circuncisiones.
Por último, mencionar un grupo de un par de islas y media docena de
islotes por el sólo hecho de llamarse TORRES.

220
FIJI
El “Nadi Internacional” es el centro neurálgico, más en lo técnico que en lo
geográfico, de todo el Océano Pacífico, sobre todo para su parte sur; a pesar de
tanto enlace y trasiego, es un lugar absolutamente tranquilo. Oficinas de compañías
aéreas, información turística, agencias de viajes, aduanas y demás, conforman un
mundillo por el que uno puede moverse sin ningún tipo de agobios, si exceptuamos
al taxista necesitado de dinero o al caza-huéspedes de hotel de poca clientela que
en plan misterioso comunica la súper-oferta (el transporte, después, suele ser
gratuito, ¡qué menos!). Antes de abrirse las puertas de la aeronave y poder pisar la
cálida y siempre tranquilizadora tierra firme, al igual que en otros aeropuertos de
estos pagos, rocían todo con un “spray” desinfectante que además de a los gérmenes,
amenaza con matar a los pasajeros.
Ese carácter de nudo de comunicaciones aéreas propicia que en las cercanías
del citado aeropuerto proliferen los hoteles de mero paso, pero no por ello mal
acondicionado; son todos más o menos parejos (como el “Tokatoka”, donde se paga
a tocateja, o el “Raffles”, por nombre y proximidad – se puede ir con la maleta al
hombro-), sin estridencias. El relaciones públicas –para el vulgo, maletero-, si lo
hay o está en turno, puede resultar más o menos paniaguado, llegando a abrazar
como si lo conociera de toda la vida al posible dador de “tip” (quienes se suelen
quedar siempre sin propina son los recepcionistas, a los que en realidad se les da
más trabajo). Todos ofrecen puestos de recuerdos, refrescos, comida, cafetera en
habitación… Las neveras aparecen vacías en la mayoría para evitarse complicaciones
de cobro, pero siempre hay libre disponibilidad de café, té y hasta tostador.
Sobresaliendo por precio
–he de constatar que me hicieron un buen descuento gracias al carné del
“Ideal Gallego”- y ubicación, “Sheraton”, cadena internacional que no goza de mis
preferencias, pero donde cualquier turista convencional disfrutaría de todos los
servicios y del entorno, llegando a entusiasmarse con las cenas a la luz de antorchas
(unos embudos invertidos con mecha que apestan a gasolina) al borde de la limpia
playa delimitada por céspedes cuidados; las aguas están turbias y no invitan a la
inmersión, mientras que la arena resulta obscura por no tamizada; en realidad es

221
una islita artificiosa, privativa, apartada, donde estaban a punto de inaugurar un
campo de golf.
Cuando todavía ni se sabía lo que era un hotel, en los tiempos en que
ubérrimas costas, montañas y valles estaban poblados por feroces y peligrosos
caníbales, algún explorador holandés se atrevió a desembarcar en 1.640, tocando
bahías en las dos islas mayores (Viti Levu y Vanua Levu) la renombrada “Bounty”,
en 1.789, al mando, todavía, del después abandonado capitán William Bligh. En
ninguna de las dos islas grandes establecieron la capital, Levuka (1.820), sino en la
pequeña de Ovalau, donde el Gran Jefe Cakobau cedió todas las islas a la reina
Victoria en 1.874, a pesar de ser tan generoso gobernante –de lo que no era suyo-
sólo dominador del delta Bau del río Rewa. Ya con el primer gobernador, sir Arthur
Gordon, se empezaron a enterar los fidjianos y todos los de los otros archipiélagos
de lo sinónimos que en el lenguaje pirático inglés resultan colonizar y esclavizar.
Después de la 1ª Guerra Mundial, con las ricas plantaciones a todo producir, el jefe
Ratu Sir Lala Sukuna se convertiría en líder precursor de la independencia.
Por nada más que 150 dólares con la efigie de Washington, todo extranjero
se puede agenciar un “Fiji Island Pass” que permite todo tipo de desplazamientos
aéreos posibles en 30 días (el visado, sin pedirlo, es válido por 4 meses) entre Nadi
o Nausori (el otro aeropuerto, el nacional, en la capital Suva) y las islas de Vanua,
Levuka, Taveuni y Kadavu, a bordo de pequeños aviones con propulsión de hélices.
La opción marina permite elegir en amplísima gama de cruceros en todo tipo de
embarcación. Quien prefiera lo mixto, pues tiene hidroaviones disponibles. Sin duda,
Fiji es lo más preparado para el turismo en este ámbito oceánico, si bien lo que se
va a encontrar no compensa un tan largo y costoso desplazamiento desde el
continente europeo. Sintomático, que aunque aparezca algún restorán mejicano o
italiano, no lo hace ninguno español. Para animarse, llenar un “bilo” (cuenco sin
base) de “kava” (aquí llamada yaqona) y gritar ¡”maca”!, como se hacía antigua y
ceremonialmente al acabar de prepararla cuando esto era más puro y tan distinto.

SUVA
La actual capital, en la isla grande, con 85.000 habitantes, es una mezcla
de etnias y arquitecturas; la fundaron los australianos en 1.870. Parece un decorado
la amplísima y placentera bahía, con aquellas montañas escalonadas recortándose

222
en el fondo del cielo. Es el núcleo urbano que más me gustó en toda Oceanía,
conservando prácticamente intactos los edificios coloniales, las balaustradas, los
pórticos, las arcadas… En la Oficina de Visitantes, más que proporcionar información
lo que hacen es colección y oferta de folletos turísticos privados. En las tres bien
edificadas iglesias, se hacen competencia la anglicana, la metodista y la católica-
romana. En la avenida más próxima al mar, un buen edificio estilo neoclásico alberga
la Librería de la Ciudad; al lado, restorán chino “Ming”, que si por fuera llama la
atención, dentro es toda una preciosidad; después, otra bonita construcción,
Telecomunicaciones.
Hacia lo alto, en cuesta, Marks y Cumming son las arterias más comerciales,
porticadas, con casi exclusividad hindú -¡qué mujeres esbeltas y de profunda belleza!-
; preciosidades de trabajo en filigrana de oro: collares, pendientes, pulseras…
Concurrido local de apuestas. Estupendos supermercados; abundancia de vinos y
espumosos (franceses). Junto a la Terminal de Autobuses, el Mercado (los de esta
isla están mejor acondicionados, cerrados, pero así resultan menos típicos; los
domingos no se expende alcohol), donde predominan los fijianos
– ellas, todas, llevan el pelo alborotado y rizado, resultando mejores
ejemplares físicos los hombres- sobre los chinos e hindúes, y los puestos de fruta
sobre los otros (curiosamente, los de comida todos enrejados).
El MUSEO, fundado en 1.904, es también el mejor de todos los archipiélagos
de los Mares del Sur. Queda en un Parque de amplios y cuidados jardines, con una
glorieta anexa a bajo torreta con un gran reloj, funcionando; todo resulta precioso,
acogedor. Al lado, la casona donde mora el Primer Ministro (antes, del Gobernador),
grande, colonial, palaciega, en lo más alto; en la entrada, un guardia con la roja
casaca colonial, impávido, hierático.
El Museo consta de dos grandes salas en el bajo y una menor encima, con
buenas, grandes y antiguas (principios del XIX) muestras de “masi”, esteras vegetales
muy decoradas geométricamente; es como una especie diferente de tejido. Bastantes
libros resultado de investigaciones y buenas reproducciones de lo expuesto para
llevarse de recuerdo, pero los precios son altísimos (el de la entrada, también).
Muy completa la información histórica, con lo que suele faltar en la mayoría de
estos lugares: gráficos, dibujos, documentos y fotografías. Lo más antiguo,
pedernales, cerámica y piedras-falo sagradas. Varias canoas antiquísimas, una doble
de 14 metros de largo que para ser impulsada precisaba 4 remeros para cada uno de

223
los suyos de 10 metros; otra de aproximada longitud pero construida con haces de
bambú y con habitáculo en popa para ¡el fuego! Dentro de vitrina, maniquí con el
abultado vestido ritual de investidura de los jefes (al cuello, colmillos de marfil y
grandes redondeles). Entre las muchas armas (dagas, cañones, etc.), caracolas
arrojadizas. Destaca un peto con cabezal defensivo y casco de pez-púa. Buenas
muestras de orfebrería en plata. Preciosas “tambuas” de espermas, grandes, muy
bien grabadas. Muchos tampones, sellos y sigilos -¡tan deseables!-. En un panel se
va desarrollando cómo la primitiva comunidad Rotuman sufrió el impacto cultural
de Tonga y Samoa antes del europeo; de 1.879 a 1.916 llegaron 6.000 hindúes para
las plantaciones, habiendo ya igualado actualmente en número a los nativos y
superándolos muy ampliamente en lo económico –pues trabajan más y son menos
informales-.
En los alrededores, un buen CENTRO CULTURAL (hay otro, a 10 km., llamado
“Isla Orquídea”) bien organizado. En el acceso te tocan el gran tambor de madera
y en la parte central organizan espectáculos con música y paseos en barcaza
tradicional –el agua podría estar menos sucia-. Reproducciones de las antiguas
viviendas comunales (Vale ni Tauvanua: por la costa ya no queda ni una) de
longuísimos tejados altos y puntiagudos, templos o Bure-Kalou y Vales Levus (casas
de jefes). Muy buenos comercios para adquirir artesanía, varios restoranes, banco
y hasta peluquería.

RESTO DE LA ISLA
Por proximidad al aeropuerto internacional, NADI, estructurada y agrupada
en calles. En su playa, de arena obscura no apetecible, con abundante sombra de
palmeras, los hindúes (que son mayoría aquí) no se quitan la ropa. Un letrero prohíbe
expresamente la entrada en un bar a las mujeres, que tampoco entran usualmente
(ni las parejas se abrazan). Me explican que el redondelito pintado en la frente es
para avisar del estado de desposada. Gran supermercado. Alto número de bajos
comerciales con excelentes productos, pero muchos de fuera o de otras islas
oceánicas.
SIGATOKA es algo mínimo.
La segunda ciudad isleña tampoco es gran cosa, siendo el centro religioso
principal por haber sido el lugar destierro de la serpiente Kaliya por imperativo de

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Krishna. Todas las edificaciones de LAUTOKA son de planta baja, quedando algún
edificio colonial de madera, porticado, con terraza con balaustre. Viviendas sencillas,
nada lujosas, pero que no se ven pobres (ni pedigüeños). En domingo, todos los
establecimientos cerrados, incluyendo restoranes. La Prisión de las afueras no denota
peligrosidad en los delincuentes, pues consiste en barracones de madera dentro de
una malla que saltaría o rompería un niño. Riachuelos algo turbios.
El valle que se extiende hasta las pistas de aterrizaje, resulta esplendoroso,
dedicado en su mayor parte a cultivo de caña de azúcar. La carretera costeña es
muy buena, pero al separarse de ella desaparece un asfalto que, o nunca se conoció,
o se olvidó hace tiempo. Bonísimo el ganado que pace en las cunetas, semejando
un adorno. Los raíles siguen el trazado de asfalto –mejor dicho, al revés, pues
primero fue el tren que el automóvil-, pero están abandonados y cubiertos por las
hierbas, aunque las señales de los cruces aparezcan nuevas. Diseminadas, pequeñas
mezquitas con sus escuelas o madrazas, ornamentados templos hinduistas con mínimo
atrio, iglesias católicas (y de las otras) en construcción. Todo muy calmo, casi idílico,
como de juguete.
En viajes un poco largos es costumbre compartir el taxi, por lo que toda la
gente hace señas de parada en las carreteras; si no se quiere que sea así, hay que
dejarlo claro en el momento del acuerdo previo, así como la preferencia –si se
tiene- de ocupar el asiento trasero, pues los hindúes lo que desean es que vayas
delante de “cháchara”; paran continuamente por gasolina, dan un aviso, para
llevar al niño al colegio; por lo demás, bien, sin problemas, con poco tráfico,
suficiente educación y consideración, y hasta el impensable lujo de algún carril
doble para adelantamiento en cuesta. Curiosamente, a la dirección norte le llaman
Reina y Rey a la del sur (unos 500 kilómetros de perímetro). Una amplia plataforma
se extiende hasta el mar, con más hierbas que arbustos, nada de cocoteros,
abundancia de cañas para extraer azúcar. Para transporte de caña todavía se utiliza
el trencito “Primera de Fiji”, restaurado, abierto, con sus pequeños asientos forrados
en rojo. Del mismo propietario (pues la “estación” se ubica enfrente) o en
combinación con él, el KA-LEVU (“Gran Uno”: antiguos jefes) CENTER no mostraba
signos de actividad por estar fuera de temporada, pero todo lo que había por allí
eran cabañas cerradas con candado, una tienda y un restorán.

225
Más allá, en dirección Suva, recomendable paseo (a pesar del coste) por el
Parque de Pájaros de KULA (cerca, un prometedor “Hotel Fiji´s” en islita rodeada
de arena); todo junto a un río, con puentes de madera y mesas bajo la sombra
natural de la vegetación; amplias alambradas con especímenes de aquí, África,
Asia, América y canarios, siendo lo mejor los fieros halcones; en una se puede
entrar para contemplar de muy cerca palomos y a esos preciosos loros locales de
fuerte colorido. A esta zona la denominan Costa del Coral, pudiéndose comprar tal
producto marino o conchas en Coral Village (todos lo “villages” ya son de construcción
modernista, sin rastros del tipismo de las tradicionales “rausinas”) o en los otros
puestos de venta anexos a la ruta. Ni rastro de guardias de tráfico. Hacia la capital
aumenta la densidad de la vegetación. Tierra rojísima. Caballos libres con los que
se puede llegar a chocar. El famosísimo “Garden of the Sleeping Giant” alberga la
mayor colección de orquídeas del archipiélago, comenzada en 1.977 por Raymond
Burr (“Ironside”); queda en un pequeño valle al norte de Nadi, en las montañas
Sabeto. También por aquella zona, Viseisei, el poblado a donde llegaron en 1.835
los primeros misioneros a bordo de “druas” (canoas de 30 metros para 100
ocupantes). En los poblados interiores todo depende del Gran Jefe, al que es
imprescindible llevarle un presente propiciatorio (todos gustan de la “yang-onna”,
bien cargada de “piper methysticum” – pimienta-); antiguamente, el regalo ritual
de todas las grandes ocasiones era el “tam-bua” (de 6 a 20 centímetros), la excreción
en forma de cuerno del esperma del cachalote, que se comía, se bebía o se fumaba
(es ilegal sacarlo de las islas
–posteriormente, tuve docenas de ellos tan bien imitados en pasta, que
mis clientes de la costa oeste norteamericana no acababan de creérselo-). Para el
resto, se pueden alquilar caballos; para el mar, lanchas-taxi; hay amplia oferta
turística, variada, a elegir, según los gustos, el bolsillo y lo que busque cada uno.
Dicen no esperar propinas ¿qué esperan entonces?-.
Los polos turísticos desarrollados se ubican, todos, en torno al aeropuerto
internacional y a la capital. En el norte hay poco, nada en el este. A la izquierda, al
oeste, dos hileras contiguas de islitas, grupos de Yasawa y Mamanuca, con ciertos
resortes turísticos, habiendo la posibilidad de adscribirse a algún crucero, más o
menos pesado o ameno según los compañeros de viaje que caigan en suerte. Las
reliquias de la 2ª Guerra Mundial figuran como gran atractivo. Sabiéndolas buscar,

226
por varios sitios existen cuevas sagradas, restos ocultos de cultos primitivos. Quien
quiera contemplara algo de una mina de oro, que se vaya a Vatukoula. La parte
central, montañosa, forestalmente casi virgen, no tiene posibilidad de
comunicaciones.

LAS OTRAS ISLAS


Un tercio de los montoncitos de tierra que el océano no ha podido engullir
–todavía- están habitadas, o sea, sobre el centenar, si bien las dos mayores acaparan
el 85 % del total de la extensión. Todo territorio isleño tiene la impronta de la
emoción, un amplio matiz de desafío ante el piélago que lo circunda; eso nunca se
capta en tierra continental, que se cree más voluminosa que el mar. La duplicidad
de atracción y temor a las aguas marinas llega desde nuestros orígenes genéticos,
pues del mar, y no de la tierra, todos provenimos; en los artificiosos, tiempos de
tergiversación generalizada, ello ha dado origen, incluso por regiones del Globo tan
apartadas y atrasadas, a rellenar espacios marítimos aun allí donde si maldita falta
hace, pero ¿tapar es dominar?
La otra isla grande, Vanua Levu, con capital en Labasa (importantes templos
hinduistas) y principal núcleo en Savusavu, no tiene nada de tanto interés (quizás,
las cataratas Naselesele, en el suroeste) como para compensar el desplazamiento;
ídem de ídem para las islas que le siguen en tamaño, Kandavu (al sur), Taveuni
(pegada a Vanua y con adecuada dotación turística), Ngan y Lakemba (en línea con
Viti L.); al noroeste el archipiélago Yasawa, al sureste el Lau (en medio el Lau del
norte) al este las islas Nabariqui. En la isla de Vatulele (con pista de aterrizaje),
petroglifos. En isla intermedia, Beqa, una fortificación y otros restos de los fijianos
primitivos. Sólo la isla de Ovalau (a 80 km. de distancia de Suva), por su antigua
capital Levuka, conserva restos coloniales incluyendo una torre de iglesia (1.858)
en piedra; allí, donde se imprimió el primer periódico, la acomodación es limitada,
con el veterano “Hotel Royal” (de 1.840 y reformado en 1.882).
Despedida de Nadi, de las Fiji, módulo oceánico para tantos enlaces,
despegues y aterrizajes
-¿causará mayor efecto la bebida alcohólica a bordo de aviones?: lo parece-
; la aproximación e inmersión en tierra siempre producía el efecto de que las islas
pequeñas adyacentes dejaban de ser sólo superficie para recuperar la dimensión de

227
altura. No dejan de repetirse compañeros de vuelo ocasionales a los que acabas
desconociendo tanto como en el primer encuentro ocasional.
Fiji es un país tirando a caro; de la importancia del turismo da idea el que
lo lleve el Ministerio de Industrias Primarias. Un problema no de desdeñar, es que el
cobro de las sempiternas tasas lo aceptan únicamente en moneda local, por lo que
suele tenerse que ir al banco cercano, donde sólo un empleado se dedica al cambio
(otros 3 ó 4 a lo suyo por dentro), lo que puede llegar a provocar la irremisible
pérdida del vuelo. En la sala de pagadores-altos no suele haber nadie atendiendo,
si bien está todo el servicio dispuesto, por lo que puede uno despacharse a gusto.
Conseguí, más de una vez, ser el primero en salir de la aeronave, el último en subir,
líder en los mostradores (por no portar equipaje en la bodega). En las “toilets”,
“bathrooms” o “restrooms” –lo de W.C. debe ser “inglés-español”, pues no se ve en
otros lados- de Nadi, las únicas pintadas obscenas. En las cisternas dos opciones;
vaciar media capacidad o el total
–úsese siempre la segunda-. Las declaraciones de aduanas distinguen entre
“nunca casado”, “casado ahora” y “separado”.
Con la mayoría de los fijianos ocurre también como con los negros, todos
parecen iguales; los sirvientes suelen ir con falda, terminada a nivel de tobillo en
vuelo recortado a triángulos. Todo lo propio, ancestral, ha pasado en pocos años a
ser lo extraordinario, por lo que el vestido tradicional parece disfraz; es triste
tener que ir a los “zoológicos del folclore”, a cotos cerrados, a guetos, a intentar
encontrar el pálido reflejo de lo que fue un pasado todavía inmediato. En aeropuertos
y hoteles no es excepcional cruzarse, unos por arriba, otros por abajo, con lindos
pájaros que se resistan a dejar sus recientes espacios naturales ahora artificialmente
delimitados; la Naturaleza nunca renuncia a lo suyo, pero ya no lo puede recuperar
jamás. Las mujeres poseen más rasgos negroides que los hombres; son bien plantadas,
de ojos melosos, pero muy culonas con aspecto auténticamente salvajes (japonesas
con más que ojos, crueles rasgaduras)-. Los hindúes fijianos a pesar de la piel
oscurísima no son propiamente negros, si no de otra tonalidad, brillante en vez de
opaca, destacando siempre mucho los ojos. Sigue el altísimo porcentaje de zurdos.
En las escuelas comienzan los problemas con la droga. La cerveza, malísima. El
calor no resulta tan agobiante como en los archipiélagos aledaños, corriendo un
airecillo de agradecer, si bien no es como para usar chaquetas por la noche, como

228
algunos hacían. “¡Bula!” –Ó algo parecido- de despedida (y también de bienvenida);
como suena parecido y se dan siempre por aludidos, es más fácil y cómodo decir
¡hola!... y no adiós.

229
TONGA
Agradable, apacible, la primera impresión; todos los gobiernos debieran
cuidar más la recepción en los aeropuertos, personalizarla, arroparla, servirla, pues
ese primer contacto ya predispone, en contra o a favor. Proliferan los folletos
informativos (más que en la propia “Oficina de Visitantes”) y se exhibe una muy
conveniente lista de alojamientos, aunque los precios reales siempre serán más
altos. El hotel puntero, “Dateline!, ni dispone de receptor de televisión en su nada
lujosa suite, con vistas al inmenso mar, claro, traslúcido. Todos los domingos y
festivos son completamente inhábiles, para poder ir a los recintos de culto cristianos.
Los japoneses llevan camino (industrial y personal) de invadirlo todo, como sucesores
de los que los invadieron a ellos, pero no disponen de número (ni espacio propio,
esencial). Como por todos lados, sigue sufriéndose el hablar arrastrado, radiado
(dejando colgar la sílabas finales de las cortas frases), de los anglosajones; es de
temer que esa gente sea en el modo de vivir como en el de hablar, desapasionados
–capaces de matar sin inflexión pasional-, anodinos… Los hombres nativos prefieren
el “lava-lava”, predominante, a los pantalones, y muchos visten por encima otra
faldilla que suele ser de fibra vegetal o de un substituto de género de punto; se
supone resto de una vestimenta primitiva puramente vegetal. Las mujeres,
inevitablemente gordas. Son altos, grandes, fortachones, de despejadas facciones,
como desafiando al océano. Nunca serviles, aunque siempre se muestren agradables.
Se han encontrado restos poblacionales desde el siglo VI (de las 170 islas,
actualmente 36 habitadas). En el s. XII, como grandes navegantes, lograron todo un
imperio insular, que comprendía Samoa y una parte de Fiji, pero ese primer
gobernante Tui´Tonga, desapareció misteriosamente un día, al igual que otros reyes
quasi mitológicos; posteriormente, la decadencia sería resultado de los asesinatos
familiares. Los primeros navegantes europeos eran de Holanda (1.616), Schouten y
Lemaire; Cook las llamaría “islas de la amistad”. Estuvieron en guerra civil de
1.790 a 1.820. La actual dinastía reinante se proclamó en 1.845, pero quien
ciertamente “reina” es lo Inexistente –de concreta existencia-, pues la domesticación
total ya se había iniciado en 1.826 con la misión cristiana Wesleyan, que logró
prontamente destronar al dios creador Tangaloa´Eitumatupu´a (en 1.839 se

230
decretaron leyes basadas en ¡los X mandamientos!). Las temperaturas menos altas,
de junio a septiembre; entre diciembre y enero, el gran calor.
Desde la isla principal, Tongatapu (“sur sagrado”), se divisa toda una hilera
de islitas, muy arboladas. Más al oeste, el grupo Vava´u, descubierto por Francisco
Antonio Mourelle (1.781), que estuvo en Puerto Refugio; los franceses piratearon lo
que pudieron en 1. 837; en todo ese archipiélago sólo hay 20.000 habitantes (5.000
en su capital); una residencia real en Fangatongo, con la correspondiente capilla
de Saint Peter. El otro grupo principal en estos 362.500 km. cuadrados de aguas
jurisdiccionales, es el de la Ha´apai, con capital en Eua (queda a 160 km. de
Tongatapu, mientras que a Vava´u hay 110 más); dos islas conos de volcán, Tofua y
Kao. Las dos islas grandes restantes que conforman todo el reino son Niua Fo´on y
Ninatoputapu, pero, sin duda, lo más interesante de visionar, preciosidad, son los
estrechos canales que separan los numerosos islotes en Vava´u (la visibilidad puede
llegar a los 30 metros de profundidad, abundando el coral negro). Hay algunos
ferris y buena opción son las avionetas (por ejemplo, en “Teta tours”). Otro palacio
real en Likufa (la isla capital del distrito Ha´apai, de 57 unidades), donde se erigió
un monumento al capitán Cook en recuerdo de su última estancia. El tan recordado
y ensalzado Cook estuvo un total de tres veces, las tres (1.773, 74 y 77) con su
irremplazable buque “Resolution”; introdujo el primer caballo, perros, gatos, cerdos
y numerosas plantas. Otro acontecimiento memorable en la isla Tofua, el motín del
“Bounty”. Hoy día, la pretensión de todas las islas es ser incluidas en el Área Mundial
Heritage. La mayor humedad, de diciembre a marzo.

TONGATAPU
El primer trámite al aterrizar en la capital, antes del mismo sellado (sólo
visan por los días pedidos), es un folleto avisando del “a.i.d.s.” y de que “tener
más de una pareja sexual es muy arriesgado” -¡como si la vida sin riesgo mereciera
la pena de ser vivida!-. La ciudad, NIKU´ALOFA, es pequeñaja, Muchas casas de
madera y casi toda porticadas. Toda la ribera del mar la han rellenado -¡puta manía!-
, colocando grandes trozos de piedras volcánicas; bordeando el sempiterno océano,
un paseo, sin construcciones que impidan la visión. En obras la Railway (en tongeño
Taufa´Ahae) Road, la calle más comercial con edificios de, a lo más, un único piso.
Los automóviles todos abiertos parecen indicio de ausencia de robos, pero las rejas

231
y la vigilancia en supermercados (aceptablemente surtidos) van en contra de la
suposición. Desgraciada e inevitablemente, en las poses falsamente violentas de
los jóvenes ya se nota la ruptura generacional, propiciada por los filmes yanquis.
Entre las escasas representaciones oficiales, un Consulado Honorario de España,
pero la mayor esfera de influencia es la de China. Por el lado contrario del mar, la
Laguna Fanga´uta.
El Palacio Real, estilo victoriano inglés (1.822), viene a ser como una casa
de familia media; sólo la torreta con bandera indica su realeza, pues no tiene
muralla (simple cierre de rejilla metálica) y los soldados son escasos (visten falda y
se cubren con el sombrero de las tropas coloniales, de ala izquierda totalmente
erguida). Las Tumbas Reales también se protegen con valla metálica, siendo su
propio cierre una simple valla delimitadora de madera pintada en blanco, ya medio
caída; el primer enterramiento se efectuó en 1.893 y el último (una reina) en 1.
965; sin ninguna aparatosidad, un león y la efigies de los sepultados sobre los túmulos.
La tradición obliga a conservar a los antepasados en el propio jardín, bajo el
montoncito de arena, piedra o cemento; el Cementerio Común da al mar, sin cierre
alguno; además de flores colocan grandes lienzos representando, con preferencia,
la Última Cena.
Apartado religioso; el más amplio, omnipresente, todopoderoso. La Catedral
de Santa María, con escuela anexa, está flanqueada por dos torreones que intentan
imitar al gótico en sus rosetones; bello interior, amplísimo, plagado de recios bancos
de madera; una estructura de hierro y numerosísimos listones de palo forman la
techumbre; vidrieras de colores y gran crucifijo de buena talla. Otra, más grande,
la Basílica, redonda, con los laterales acristalados que se abren para que corra el
aire. Una más, también inmensa, la Iglesia del Centenario, cuyos bloques de cemento
todavía estaban recubriendo de piedra; tiene varias torres. También Iglesia Anglicana
y hasta Iglesia-Escuela Mormona. La clientela es numerosa en los cotidianos eventos
religiosos.
Pasemos a lo profano. Siempre interesante y entretenido el Mercado, recinto,
también sin cerrar, con los laterales y dos cuerpos centrales techados y con tarimas
para las mercancías. Las canastas de trasporte se fabrican con tiras verdes –si bien
el plástico, poco a poco, comienza la destructora invasión-; en general, se trabaja
mucho la fibra para sombreros, bolsos y bandejas. Grandes calabazas, lo más repetido

232
(y comidos). Aquí, nada de pescado ni carne -¡qué mal aspecto!-, que se expenden
en establecimientos aparte, separados. Gran afición a los cacahuetes, que son lo
único que también se ofrece por las calles. Además del largo plátano convencional,
otro corto y ancho. El fruto más curioso, dentro de la poca variación, es uno del
tamaño de una pelota de fútbol que siendo verde por fuera, al desgajarse ofrece
brillantes tonos rojos, proliferando por todos lados y los vendedores están cogiendo
la mala costumbre de llamar a todo el que tiene pinta de turista –totalmente
imposible el disimularla. Trabajan el coral negro y marfil o algo parecido, pero no
muy artísticamente. Posibilidad de desplazarse en “ve´etolu”, una moto (¡con
volante!) que empuja al recipiente de pasajeros. La comida típica es el “umu”, una
mezcla presuntamente pantagruélica de pescados y vegetales; lo cierto es que se
puede comer con menor escasez y menos mal que en la mayoría de las islas de por
aquí. Para compras, además de en las iglesias, ¡cómo no!, hay un centro de producción
de la Asociación de Mujeres. En la única emisora, Radio Tonga, poca voz y mucha
música, con proliferación de “¡aleluyas!”.
A danzar. La danza, profunda, ritual, ancestral, genética, y se enseña desde
la escuela primaria, en la casa, casi en la cuna. La “otuhaka” es sólo para mujeres
y la “me´etu´upaki” para hombres; la común, mixta, “lakalaka”, con cientos de
ejecutantes moviéndose al unísono, produce efectos hipnóticos. Aunque las viviendas
sean pobres, ninguna carece de su césped correspondiente, sin presentarse
aglomeradas. De la corteza del árbol “hiapo” se hacen “ngatus” o “tapas” a usar
como alfombras, adornos o recubrimientos en pared y techo; a base de mazar y
entretejer la tal corteza, logran hasta ejecutar bonitos relieves, llamados “kupesi”.
Los tan deseados rubros turísticos han producido la consiguiente inflación
sobre los productos no autóctonos (coches, frigoríficos, equipos musicales…), pero
para lo esencial, como la comida, hay unos precios paralelos, exclusivamente para
lugareños, pues comer (y beber) no es barato para el visitante. El teléfono sí resulta
económico y se puede utilizar durante las 24 horas. Bastante buena iluminación por
las calles principales. Contenedores para la basura, algunos usados como vivienda.
Los automovilistas jamás pitan, la conducción es sosegada. Se ríen a carcajadas,
sobre todo los jóvenes. Como en otras muchas islas, los contraceptivos son
considerados “taboo”. Ya andan a vueltas con el primer partido político -¡no saben
lo que les espera!-, el Movimiento Pro-Democracia; la actual Asamblea la componen
7 representantes de los nobles y 7 del pueblo. Como muestra de practicismo, que
en el campo de fútbol que queda junto a la residencia real, a las porterías les han
añadido unos suplementos para que sirvan también para jugar al rugby.

233
¡AL FIN ARQUEOLOGÍA!
Saliendo de la capital rumbo poniente, se topa con un tipo de árboles
diferentes que se concentran en ese extremo noroeste; de sus ramas, en número
imposible de contar ni tan siquiera calcular, racimos y más racimos de murciélagos
negros, algunos de considerable tamaño y otros con las alas caídas, sin contraer;
incluso a plena luz de día y dormidos, se escuchan de lejos sus penetrantes chillidos
que luego, cuando de noche salen a cazar, les servirán a modo de ondas de radar,
pero sin poder evitar que alguna gente los abata a tiros. La carretera costera bien
asfaltada, pero por el interior son pistas de tierra; a pesar de no haber tráfico,
limitan la velocidad a 65 km. por hora. Bajando para el sur, en la parte opuesta al
gran entrante marino que delimita a Nikualofa, el sensacional espectáculo de “Blow
Holes”, donde los contemplativos podrían pasarse horas, y donde los nerviosos se
calman en cuestión de minutos; secuencialmente, a lo largo de muchos kilómetros
de escarpada costa, las olas chocan y se levantan a grandes alturas, produciendo la
impresión de que el mar hierve y rebulle; en la plataforma isleña se produjo un
fenómeno geológico de levantamiento o hundimiento súbito, no progresivo, cuya
consecuencia es un pronunciado escalón inmenso contra el que se fragmenta el
ímpetu de Neptuno para de inmediato colarse por lo múltiples agujeros y dejar oír
sus poderosos bramidos; tan subyugante, que podemos dejar de mirar donde
colocamos los pies sobre las rocas tan irregulares y cortantes, lo que amenaza
peligro.
Tras comprobar que, desgraciadamente, al igual que las aguas exteriores,
tan transparentes y deseables, las de la laguna también están muy contaminadas
(por todas las orillas, esa asquerosa espuma denotando presencia humana
destructiva), otra muestra de la indelicadeza humana, pájaros encerrados en un
pequeño Parque en el que no cobran pero sí tienen caja para donativos; además de
algunos lagartos menudos, entre la vegetación de dentro de las jaulas de malla
intentan volar y escapar diversos especímenes de poco porte, entre los que destacan
loritos cuyo colorido no logrará jamás imitar ningún pintor, decorador ni computador.
Por aquí se ubica otra residencia real, mínima antigualla; una más reciente la
acababan de terminar junto al aeropuerto (Fuaamotu, lo más sureño: cortas
distancias, siempre), pero no destaca otra cosa que la inevitable iglesia; otra vez
una red metálica como todo recinto de seguridad, y vecinos de tipo corriente con
residencias tan vulgares como la de su rey. Capillas muy superiores en tamaño y
diseño a la real; abundan los mormones, siempre en parejas, a la caza y captura de

234
adeptos. En un árbol como tantos otros, una placa destaca que es a dónde arribó
Cook.
Atrás quedaron las playas de Monotapu y Hufangalupe; al este, otra similar,
Oholei; finísima la alba arenisca de estas calas excavadas por el ímpetu de las
profundidades entre las rocas inhóspitas; esto ya se asemeja a la idea de playa
tropical; la costa se presenta baja y llena de vegetación, con predominio de cocoteros
separados entre sí y sin hierbas intermedias. En Oholei está la Cueva Hina, cerrada,
pero cuyo interior es dado contemplar por el agujero que deja pasar los rayos de
luna a cuyo embrujo se cena y se danza; hay un ruedo arenoso central y en derredor
bancos de madera. Continuando, en el arenal de Anahulu otra cueva utilizable, ésta
con estalactitas y agua interior en la que sumergirse en el presunto misterio.
El auténtico misterio llega. Ocupa el tercer lugar en el pasado esotérico del
Pacífico (tras Pascua –conocida cuando “Ama Llulla”- y Nan Madol –que conoceremos
en unas páginas-). Haveluliku, Lapaha y Ha´amonga; los dos primeros lugares es
posible que los propios vecinos ni los tengan en cuenta, pero preguntando e
insistiendo se llega tanto a las piedras como a las tumbas. Las Makatolo ´A Maui de
Haveluliku son tres pedruscos de tamaño mediano tirando a grande, alargados y
redondeados (no llegan a dos metros de alto y el grosor roza el metro); según la
tradición, llegaron de la vecina isla de ´Eua traídas por gallinas, cuando éstas
volaban. En Mu´a, sin recinto ni guarda ni respeto, con los cerdos campando a su
albedrío por encima, sepulturas de reyes del siglo XIV, los Langis de Lapaha; con
tres niveles o terrazas de escasa altura y separación (sobre un metro de plataforma),
las dos construcciones son de tamaño similar (unos 40 por 30 metros,
aproximadamente); encima, sobre el césped, la losa que oculta los cuerpos, sin
ninguna orientación astronómica ni inscripciones de tipo alguno; enfrente, otro
montículo sin excavar con dos grandes losas sobre las que han crecido árboles
voluminosos.
Lo mejor, el TRILITÓN DE HA´AMONGA. Observatorio astronómico, se
compone de dos columnas (5´1 m. de altura y 51.000 kilogramos) sobre cuyas muescas
superiores encaja otro monolito (casi 6 metros de largo por cerca de 5 de perímetro;
80 toneladas) con un símbolo compuesto de dos ángulos agudos entrecruzados, uno
un poco más largo que el otro -¿Cruz del Sur?-. Fue mandado construir por el undécimo
monarca, Tu´itaui, doce siglos antes de comenzar a computarse la era actual. Según

235
la leyenda, los bloques fueron traídos de la isla Wallis en una gigantesca canoa por
el dios Maui. Mediciones científicas han demostrado que sirvió como calendario
lunar, controlándose por su sombra los equinoccios.
Caminando un poco hacia el mar, un bloque denominado ´Esi Makafakinanga,
aplanado, de unos dos metros de altura y 30 cm. de grosor (3´5 T.M.); alguna relación
tiene con el trilitón y con el rey de entonces, hercúleo guerrero de gran maza. De la
maleza han logrado rescatar (se supone existirán otros) los basamentos pétreos de
un par de grandes habitáculos sacros, que flanquean una Langi Heketa de tres niveles
(24 x 16´5 x 1´5). Continuando por el sendero, pasillo entre densa vegetación con
salidas laterales para contemplar el mar traslúcido, al cambiar la dirección nos
encontraremos en un claro con el trazado de otra extraña construcción, rectangular;
el itinerario, muy practicable, retorna al punto de partida. Han colocado una tenue
barrera para cerdos no muy intrépidos, no cobran –ni a los turistas, ni a los cerdos,
ni a turistas cerdos- y la pareja de perpetuos puestecillos (corales, caracolas y
conchitas) ni están atendidos.
Muy cercano a la capital, el Centro Cultural Nacional. Diseñado y levantado
con ayuda internacional, después se descuidó y su anfiteatro se presenta comido
por la pertinaz hierba. Grandes cabañas al estilo de las que en tiempos ancestrales
resguardaban a las grandes canoas, hoy vacías, con techos chapeados; los laterales
son rectos, los extremos redondeados y los tejados abombados (el conjunto, casi
oblongo). Intentan vender, sin mayor interés, lo que en todos lados, pues parece
existir un centro de enseñanza artesanal. En algo así como museo, dentro de urnas
acristaladas, armas y otros utensilios más pacíficos; fotografías de épocas, edificios
y personajes pasados. Como muy interesante, información fotográfica de restos
arqueológicos en la isla Pangaimotu, así como de otros no promocionados de extensas
fortificaciones en ésta.
El transporte popular rural aún es el carro de caballos con ruedas de amplia
circunferencia. Pululan los cerdos, muy gordos, de lustrosa piel obscura; algunas
cabras y caballos; perros de poca alzada y escueta constitución –nada que ver con
mi Fila Brasileiro, de más de 60 kilos-, huidizos. Por todas partes las tumbas caseras,
montículos sin ninguna verja; los que pueden, los adornan con colgaduras. El luto
dura un año, de riguroso negro; cuando muera el rey, todos, niños incluidos, un año

236
de contrición, sin música moderna ni locales nocturnos. Los tejados de paja, como
todo lo antiguo, casi olvidados.
Follón, uno más, en el hotel, por el usual mal servicio, los siempre
exorbitantes precios y el robo descarado en el cambio (y la falta, provocada, de
sueltos de vueltas); el cabreo, el chillar, exabruptos y blasfemias a la española,
provocan el recular de todos los presentes. En la terminal, obsequio –interesado-
de Japón- ¡cómo sería la otra!-, el solitario viajero español ha de compartir el
único “sandwich” con otro solitario periodista neozelandés; nada de cerveza ni
alcohol (la “Royal”, de malta, licencia sueca, resulta aceptable). Quietud. ¿Llegará
el avión? Cuando como favor especial se dignan encender la luz, se puede comenzar
a escribir rodeado de la curiosidad de los vigilantes y taxistas.
Rumbo Apia. Tras la estela de Stevenson –uno de los “culpables” de que me
encuentre aquí, lejano, desamparado-.
Tonga mereció la pena.

237
SAMOA
Hotel, taxi, aeropuerto, espera, embarque, despegue, vuelo, aterrizaje,
información, taxi, otro hotel. Agua, mar, océano, dominándolo todo; a veces,
salteadas, motitas de arena o piedra. Nos estamos desplazando, a saltos, por un
área de 10.000 por 5.000 km. nada menos que 50.000.000 km. cuadrados. El viajero
no se puede parar, entre otras razones porque no tiene donde. ¡Cómo se añora un
regazo familiar! Mañana, volverá a amanecer. Avancemos, aunque sea a rastras.
En Samoa, alto riesgo de tifus (tampoco se libran de malaria), muchos casos
detectados 10 % de probabilidades de muerte y transmisión por agua o pescado
contaminado. Contra la fiebre inoculada por las legiones de voraces mosquitos
mordedores, los nativos emplean hace siglos una substancia extraída de un árbol de
flores amarillas que crece en la isla Savaii; el biólogo estadounidense Paul Cox está
intentando este remedio contra el S.I.D.A.. El mayor calor, de diciembre a abril,
con lluvias, pero resulta agobiante los 366 días del año bisiesto, pues se está muy
cerca del ecuador; humedad media del 80 %. El ciclón Ofa provocó una reciente
devastación (los ciclones se producen de noviembre a marzo). Censo oficial de
diciembre del 92; 161.298.
Si bien los emigrantes indios, malayos y filipinos ya llevaban más de 3.000
años poblando la Polinesia, se afirma que no lograron llegar aquí hasta el siglo XI; 4
de las islas mayores están habitadas y 5 no; los europeos aparecerían en el s. XVIII.
En la isla Upolu (dominada por la caldera Fito) existen 360 villas con un promedio
de 350 moradores, representando un 90 % los indígenas. Afirmación en la propaganda
oficial (venden su propio mapa en la Oficina de Visitantes) de poseer 1.800 km. de
carreteras –depende a lo que se le llame “carretera”-. Pocos taxis y transportes.
Variedad de especies de pájaros exóticos. 130.000 km. cuadrados de jurisdicción
costera con formaciones coralinas para submarinistas en Palolo Profundo; para los
entusiastas del “surf”, la mejor playa en Solosolo; para temerosos, piscina natural
de Fatumea en el colegio metodista de teología de Piula (costa este de Upolu).
Principales plazas culturales, Vailima y Mulinu´u. Parque Nacional en “O Le Pupu
Pue”; cataratas en Togitogiga; cavernas con cataratas, Papaseea. Los filatélicos
disponen de ejemplares ya con su celofán protector. Los botánicos se toparán con

238
“tenilas”, flores nacionales samoanas, alargadas, muy rojas (bermejas), de eje
central y gruesos pétalos a los lados.
UPOLU
Apia queda pegada al mar, con la vista libre excepto en la parte del mercado;
la delimitan los dos principales alojamientos, el clásico “Aggie Grey´s” y el moderno
“Tusitala Kitano” (del primero sólo valen la pena los cuartos que dan al mar, pues el
resto son cabañas sin intimidad, y el segundo se encuentra ya bastante degradado
-¿por qué se ha dejado de usar la práctica mosquitera?-). El punto epicéntrico es
una pequeña torre con reloj donde confluyen las dos avenidas marítimas y la calle
más comercial. Los edificios coloniales, en suyo con pretensiones de suntuosidad,
casi completamente abandonados; los que se siguen usando, con pintura que fue
blanca cubriendo sus viejos maderámenes, resultan deprimentes, siendo penosas
las oficinas oficiales en ellos ubicadas. Las mayores iglesias antiguas, también en
buena madera, con las techumbres derruidas y las cristaleras rotas, como dormidas;
las dos mayores, de cara al mar, cerradas, con intento de inicio de obras (en una,
un mercadillo); el interior, siempre desprovisto de imaginería. La iglesia “diamante”
(Taimane o Vasa Loaloa) se fundó en 1.889 en honor de John Williams, misionero
inglés que llegó en 1.830 y al que matarían 10 años después en Vanuatu. Incluso el
cementerio aparece sucio y descuidado, con las estatuas decapitadas, sin flores;
mejor las tumbas “particulares”, que aparecen por cualquier lado, con terrazas en
gradiente que llegan a alcanzar el número de siete. Llama la atención el tamaño y
el surtido de las ferreterías.
Los taxistas (mucho viejo cacharro, sin sombra de taxímetro) todavía peor
que en otros lados, engañando descaradamente al acordar un precio de palabra o
hasta por escrito y modificándolo después alevosamente, pues se creen legitimados
para ello. Bastante gente mal encarada, con facciones no limpias, brutas, zafias;
siendo algunos grandes, no hay corpulencia generalizada; no semejan nada felices,
mediatizados por la consecución de dinero. Resulta chocante la tan extendida
costumbre de las efusivas demostraciones amorosas de parejas del mismo sexo. En
menos de una hora, a pie, a buen paso se recorre la capital completamente (42.000
h.). Se puede llegar a comer aceptablemente, pero la cerveza local es mala, algo
dulzona; destaca el restorán del “Coconuts Beach Club” (en el sur, en oposición a
Apia), “Amigo´s” para carne y en pescados “Le Marlin”.

239
Robert Louis Stevenson es el mayor atractivo, el gran reclamo, de toda
Samoa; los nativos le llamaban “Tusitala”. El intento de alcanzar a pie la cumbre
donde reposan sus restos mortales –la literatura lo ha inmortalizado-, suele acabar
en fracaso y agotamiento, pero queda la gozosa opción del helicóptero, que en
apenas cinco minutos llenos de plenitud permite saborear toda la bahía antes de
enfilar la montaña de Stevenson como si fuera contra ella; la tumba es rectangular,
alba, de dos estrados; después, la bahía del otro lado, una península con el
Parlamento y toda la ciudad, todo un grandioso panorama aéreo, tan distinto del
avión – en el que se está fuera, mientras aquí (además, suelo transparente) te
encuentras dentro del espacio, del propio aire-; la inclinación de los virajes llega a
asustar; da lástima aterrizar, es una muy buena experiencia, aunque bastante
costosa. La casa del famoso escritor tiene buen aspecto (mejor, por comparación,
que la embajada china de al lado), pero los sábados, todo, incluyendo oficinas y
comercios, cerrado, para poder ir a rezar. Cerca, una impresionante Mezquita con
cúpula de 20 metros, sede de la reciente religión shiita de los Bahais. En derredor,
el Jardín Botánico, cruzado por un riachuelo de rápido curso que se precipita en
bella cascada de buena altura (cuidado con el camino, que es peligroso, a veces de
simples lianas); abundancia de lagartos completamente negros, mismo color que
los mosquitos (más agresivos de lo común); con frecuencia se entrecruzan los
simpáticos kiwis –los pájaros, no los árboles- y no son raros los caballos de gran
alzada. Hacia Vailima, donde el gran viajero vivió su últimos cuatro años (murió en
1.894), las casas de los ricos y la fábrica del licor local, obscuro y ambarino, fuerte
pero sabroso (en el mismo barracón fabrican y venden tejidos- con buen aroma-).
El Mercado de pescado, pequeño, abastece únicamente de túnidos; no hay
frigoríficos, ni tan siquiera hielo; los vendedores ahuyentan las moscas con papeles
o ramas. El mercado grande es el de las legumbres, donde también se ofrecen
objetos de recuerdo, telas, plásticos y conchas; afortunadamente, todas las canastas
siguen siendo de lianas. Lo más abundante unos bulbos que una vez cocidos no
saben a nada. El recinto es abierto y con algunas tarimas de cemento, pero los
ocupantes prefieren sentarse en el suelo; fuman, en demasía, ellos y ellas. Todavía
otro mercadillo de ropa y utensilios, pero son puestecitos de conocidas marcas
extranjeras y camisetas locales con dibujos incitando a la violencia. Toda la parte
próxima a la mar ocupada por puestos de comida y bebida, abarrotados de continuo;

240
se traga pescados machacados, pollo asqueroso, muchos bizcochos y extrañas salsas
–por una vez, nada resulta apetitoso-; las bebidas son opacos líquidos, densos,
hasta verdes.
El espectáculo preferido es la instrucción de la policía, hecha al aire libre,
en una explanada próxima al mar; de risa si ellos no se lo tomaran tan en serio;
total ausencia de marcialidad, con sandalias (no todos las tienen), faldas y camisolas
de azul desvaído; unos usan quepis y otros gorras de plato; a las órdenes, quién se
va para la derecha, quién gira a la izquierda, a éste se le cae el fusil, a otro lo
saludan los parientes, el de más allá se cae al suelo. Les encantan las gafas de
monturas chillonas y cristales espejados. Bastante mezcla racial, con un rubito por
aquí, una piel clara en demasía por allí,… no sólo en el pelo y la piel se nota la
influencia estadounidense de los vecinos de Samoa del Este u Oriental, inevitable,
tan presente en el Pacífico como en África –o en la misma España o Portugal, sin ir
más lejos-. Al conectar la radio suena “Si a tu ventana llega una paloma” y “ La
Lambada” ¡en idioma samoano! Los gatos se muestran más amistosos que los perros,
pero ambos son cazados y comidos. Saludo tradicional, “¡talofa!”. Cuando llueve,
los viandantes ni inmutarse: después de mojarse, ya secará. ¡Algunos mariquitas!
Amplios locales de billares y una “Lotto” con máquinas selladoras. La basura en
recipientes con tarima. Se barre la propia hierba. Diarios con doble columna, inglés
y samoano, vendiéndose por la calle (algo poco visto). Buena pinta los helados.
Placas solares en algunos edificios. La insistencia en cobrar por adelantado llega a
repugnar, así como el intento de cobrar de más, pues aunque ellos sepan que la
razón es del turista, su razonamiento es muy distinto: ya que todo el que viene de
fuera es rico, tengo derecho a quedarme con lo que traiga a mi isla. Bastantes usan
barba u otros recortes pilosos, con cierta chulería.
El movimiento rodado es bastante alto en Apia, pero disminuye al abandonar
el distrito; se conduce por la derecha, con un límite de 55 km/h. Aparecen los
grandes “banion”, compuestos exclusivamente de lianas, sin tallo propiamente dicho;
algún pino aislado. Terrenos para jugar al rugby y al balón-volea; de fútbol, ni
indicios. Para acceder a las playas se ha de pagar entrada (por persona, bicicleta,
moto, coche, autobús,…). Por los campos, todos machete en ristre, a usar como
cortacésped. Para saludarse desde los automóviles, dan el intermitente. La ruta de
aeropuerto a puerto está bien asfaltada, con puestos de venta de pescado en los

241
que cuelgan aparatosos y apetitosos pulpos. Los autobuses, abarrotados, con la
parte superior de madera, y sin cristales. No se ve mucho ganado, ni cultivar los
campos -¿de dónde sale el arroz?-.
La vivienda usual por toda Samoa consiste en varios palos que sostienen
una techumbre, ya en chapa. Nada más, eso es todo. Ninguna tiene pared, la mayoría
carece de divisiones, la luz es escasa y por ningún lado se vislumbra retrete o
bañera. Las más antiguas eran elípticas, después se alinearon los laterales y en el
presente ya se hacen rectangulares; aunque sus propietarios sean suficientemente
pudientes (¡hasta con televisor o nevera!), lo más que harán será acristalar el
perímetro y nunca, jamás, velarán sus interioridades a todo el que desee mirarlas.
Antaño esterillas vegetales y hoy simples trozos de tela multicolor enrollables,
sirven para abrir o cerrar todo el contorno. Dentro, carencias en diverso grado y
gente, bastante gente, más tiempo tumbados o sentados, en el suelo. Lo mismo en
mayor tamaño son los centros de reunión, con tarimas sobre las que conservar
mucho de lo humano y algo de lo divino. La etiqueta samoana proscribe el hablar en
pie dentro de las casas (así como el comer mientras se camina). Completamente
desproporcionadas en número y dimensiones, iglesias y más iglesias; la mayor
religiosidad que en Tonga conlleva la mayor pobreza, que llega a degenerar en
miseria -¡qué vergüenza!-; el estilo eclesiástico tiende a estructuras cuadradas,
con torres. Han desaparecido por completo los templos polinesios Heian (en otros
lados denominados Marae).
Como principal atractivo natural la Catarata de Papaseea, grandiosa,
estrecho precipicio de agua tumultuosa, altísima, cayendo al fondo de un anchísimo
cráter. El Parque Nacional, por coincidir en sábado, cerrado. Continuando por esta
parte central (el ancho de la isla está por los 25 kilómetros), otra Catarata,
Togitogiga, apetecible remanso de paz, con verde césped y posibilidad de baños en
el río. El hotel “Coco” parece ser el mejor, disponiendo de una playa pequeñita y
diversos servicios. No hay mucho más.
¡Sábado de noche! El hito crucial del ambiente nocturno es la discoteca del
hotel “Kitano”, con el acceso restringido y controlado, lo que no impide que la
concurrencia no dé cabida. ¡Igualito que en España! Como las poses también son
copias de las de las películas yanquis, pues,… ¡Igualito! No faltan los exhibicionistas,
ni los tímidos, los que se ponen de pie o acodados en la barra con el vaso en ristre,

242
quien perdone con la mirada, maricas,… hasta “calienta-pollas”. En vez de cabina
con “disc-jockey” una banda de “rock”, descansándose entre temas y tornándose
a la pista en el siguiente, con revoloteos. La alegría resulta más natural que en
antros semejantes de Europa. Los grupos de amigotes se sientan, venga cervezas,
cervezas y más cervezas, las botellas demostrativas encima de la mesa, y hasta que
el cuerpo aguante. La tradicional pulsera tatuada va siendo sustituida por relojes,
que además de más prácticos constituyen signos de distinción. Entre el personal,
los emisarios comunican la demanda del cliente a otro, servirá un tercero y cobrará
un cuarto; también varios ojeadores y controladores. En las facturas siempre
diferencian con ejemplar aparte lo correspondiente a bebidas alcohólicas, aunque
sea un único vaso de vino de la casa; en las comidas persiste la maldita manía de
atosigarte con servir la bebida antes, sin dar tiempo a elegir las viandas. Con ni
siquiera saludarnos, los blancos no dejamos de mirarnos y de tender a agruparnos.
La terminal del ferri, desastrosa, sin alcohol para aliviar la impresión,
abarrotada. Al igual que el aeropuerto, es donación de Japón, que a pesar de eso no
tiene representación diplomática; los Altos Comisionados de Inglaterra, Australia y
Nueva Zelanda son los más mandones. Funciona, mal que bien, una línea con la
Samoa de los U.S.A., Pago-Pago, pero las fuertes corrientes (a pesar de no ser muy
violentas las mareas) que bambolean el barco harían más aconsejable el avión. La
costa es muy peligrosa, con bajíos, navegándose únicamente por el día; las entradas
y salidas de puerto se señalizan con balizas. En el paquebote hay una asquerosa
sala común interior y los sucios asientos de la toldilla. Rumbo Savaii –desde luego,
el avión no resultaría tan típico-, se contemplan dos islas intermedias, que a pesar
de su exuberante vegetación no resultan bellas; la más lejana es el cráter abierto
de un volcán (con viviendas), al que se puede entrar.

SAVAII
Fue localizada por primera vez por La Pérouse y se la considera como la
legendaria Havaika, centro cultural y religioso de los polinesios antiguos. Su mayor
altura es el volcán Silisili, pero el que entró en erupción en 1.905 fue el Matavanu,
provocando fluyente emigración a la otra isla; aún se pueden contemplar los restos
de pueblos entre la lava. Indican como idílicos los pueblos de Falealuopo (al noroeste,
en el otro extremo de donde atraca el ferri) y de Papa. Unas cataratas Olemoe. Lo

243
mejor –a pesar de no ser personalmente partidario de ello y no practicarlo-, sin
duda alguna, adscribirse a la excursión que organiza el “Hotel Safua” (que es el
mejor, pero por hallarse completo me hospedé enfrente, en el “Savaiian”, nada
seguras casetas separadas y con extraños insectos –menos mal que las hormigas son
pequeñas-); también hay una agencia llamada ¡”Málaga”!
Lalomalava ostenta la capitalidad, constituyendo con Salelologa no una
unidad urbana, sino un conjunto desperdigado de construcciones bajas, ya en
cemento, ya en madera, entre las cuales hay hasta un banco y algunos comercios
poco surtidos. En el abierto y viejo Mercado poco más que nada alimenticios bulbos
para su parca alimentación. La carretera en perfecto estado. Algunos burros por los
bordes. Los poblados se van sucediendo, todos dominados por enormes iglesias.
Gran afición a los farrapos. El panorama es entretenido pero ha perdido toda
espontaneidad y naturalidad, dejando de emocionar al visitante. Los menudos, todos
uniformados, juegan al balón-volea y al béisbol en las parcas instalaciones de las
variadas instituciones religiosas -¡que hasta aquí que tan poco tiene se les explote
tanto!-. Restan algunas bases de viviendas con la primitiva forma circular -¡oh Dios
Sol, te han expulsado!-, también basamentos de piedra y tumbas aisladas, pero ya
todo lo invade el cemento (el ladrillo resulta desconocido, bloques siempre). Es de
pena, ya no viven hacia dentro, para ellos, sino hacia fuera.
Abandonado a la intemperie, discusión y regateo con los displicentes taxistas,
rebaja del 60 %, y carretera y manta, no sin previo “traspaso” de turismo a camioneta,
de hermano a hermano, que se solidarizaron en negarse a rodar por el norte (por
allí, catedral en Safolu y túnel de lava en Saleaula) alegando, descarados mentirosos,
el mal estado de la vía. Para acceder a las escasas calas, no muy bonitas, exigen
“peaje”. Zona de olas en acantilados que se levantan y suenan, pero no son nada
espectaculares pues la lava es reciente, agreste y dura, casi negra, sin agujeros.
Pirámide de Pulemelei. De la ya larga lista de fiascos viajeros que me he
llevado por todo lo redondo del Planeta, el mayor; causante directo, el gran viajero
catalán Jorge Sánchez, que en su publicación “ Mi viaje a los archipiélagos del
Pacífico” –lo único en lengua española hasta esto- la promociona como “… la
construcción más grande de los pueblos del Pacífico que ha sobrevivido al paso del
tiempo” (fueron más altos los “maraes” de las Islas de la Sociedad, pero no se
conservan en su forma original). Ni la vi… aunque la pisé. Sin que nadie le conceda

244
importancia ni la mayoría sepan de ella, queda dentro de la plantación de cocoteros
de Letolo, donde más parece aprovecharles el excelente ganado vacuno. Un riachuelo
impide pasar con coche y obliga a descalzarse. En la casa que a nada recuerda a una
mansión, una guapa chica de lejano mestizaje (subyugantes ojos marrón claro con
motas marrón obscuro) obliga a una ágil nativa a guiarme. Hora y media ida y
vuelta, a gran paso. El camino se estrecha, la vegetación aumenta, te empapas y
hasta te empantanas (la guía, descalza y sin sudar). Cuando se sube por trozos de
roca de lava, resulta que ya estás encima de la tal pirámide escalonada, que cuando
es limpiada (en semanas, vuelve a desaparecer totalmente) mide 80 por 65 metros
de base y 13 de altura. No se ve absolutamente nada, la jungla lo tapa todo; sólo,
perfecto, al sur, el mar. No valió la pena –como Samoa, en general-, pero también
es preciso saber lo que no hay que recomendar. Para colmo, de vuelta, como de ida,
lluvia torrencial -¡cómo será en su época si ahora es estación seca!-.
Despistado, perdido, cabreado, atontado, fui a dar con mis fatigas al extremo
noroeste, a Sataua; nada, un hotel modosito - ¡qué aberración de mal comer!- con
playa, de lo más tranquilo. En el correspondiente final de hoja de la libreta roja de
viaje se lee: “¿cómo saldré de aquí?

245
TUVALU
TRAZO VERDE DIFUMINADO EN AZUL. Ésta es la más exacta definición de
atolón que se pueda dar. Si sobre una inmensa pared de color azul trazamos con un
lápiz una mínima rayita, tendremos imagen perfecta de un atolón. No es otra cosa,
no hay nada más, ni horizonte, ni alturas, ni referencia, ni protecciones,… Quien
conozca muchas islas no puede hacerse idea de lo que representa un atolón, hasta
que lo pisa y conoce la auténtica dimensión del término indefensión. Nada. Precario.
Flotar sobre el magma primitivo. Insignificancia. Realidad.
9 de esos trazos, dispersos, constituyen la nación, el país, el estado de
Tuvalu. Nuestro Mendaña fue el primero que se topó con estas aberraciones de isla
en 1.568, llamándolas Islas de Jesús -¡Jesús, qué islas!-, y se atrevió a volver en
1.595. El siguiente contacto europeo -¿para qué, a qué?- no se produciría hasta
1.781. Estados Unidos envió una expedición exploradora –desde luego, debieron
“explorar” enseguida- en 1.841. Una optimista o necesitada Compañía Germana
intenta sacar lo que no hay en 1.860. Los primeros misioneros se arriesgan a “cazar”
los primeros escasos infieles cinco años después. ¡Darwin! Aparece en 1.896. La
marina U.S.A. atracó durante la Segunda Guerra Mundial, dejando alguna de sus
“reliquias”. El archipiélago está atravesado por una corriente marina conocida por
“El Niño”, pero quien atravesó y arrasó todo lo poco que había, en 1.972, fue un
“Bebé”, huracán. El “Britannia” –mis sobrinas tienen sendos cuchillos de plata
grabada robados por alguien a bordo- se llegó hasta aquí (lo que denota humor
inglés) en 1.982, y la reina Isabel de Inglaterra fue llevada en canoa por los nativos,…
pero a hombros, no por mar (como recuerdo, ambos reales cónyuges dejaron unos
retratos firmados -¡gracias!-). El último gran acontecimiento histórico –antes de mi
llegada- se produjo en 1.984, con la instalación del primer teléfono.
750.000 km. cuadrados de aguas marinas, 200.000 de ellos como zona
económica exclusiva, con pesca todavía abundante a pesar de la degradación del
coral. En la escasa tierra firme (1 % del total) se han detectado unos fosfatos y algo
de manganeso –que si se extrajera, ¡adiós atolón!-. Los pobladores (8.458 según
censo de 1.987, densidad de 400 por kilómetro cuadrado) descienden del mestizaje
de samoanos y tonganos, pero no han heredado ni sus facciones ni su corpulencia.
Las aves son en su mayoría migratorias o marinas, pocas de tierra –como no la hay-

246
y casi ninguna con canto. Un hidroavión servía de enlace, pero hubieron de prescindir
de él por el alto coste -¿quién va a pagar impuestos?-, por lo que el único modo de
salir de Funafuti rumbo al resto de “provincias”, es un pequeño carguero con pasaje
que, a veces, aparece por una de las tres posibles entradas al atolón- capital. La
auténtica Puerta de Tuvalu es la más antigua de las iglesias, en madera blanca -
¡qué lujo!-, que hay en el atolón de Vaitupu. Lo más mínimo, Niulakita, con medio
kilómetro cuadrado y diez viviendas. Lo más curioso –dentro de esta curiosidad
planetaria-, el atolón cuadrado de Nukufetau, del que sólo sobresalen las esquinas,
pues el atolón nunca emerge uniformemente, por lo que la rala y escasa vegetación
agarra en lo primero y parece que el resto desaparece cuando lo cierto es que está
a ras de agua.
¿Hay dónde aterrizar?... milagrosamente sí, ¡pero sin desviarse! (y son
pequeños aparatos a hélice, por descontado), pues la desviación máxima permitida
no llega a los veinticinco metros por lado, hasta las hileras de cocoteros. La pista
de aterrizaje es la carretera principal y principal avenida, que se prolonga hacia
arriba y abajo, norte y sur, a morir por sí misma. Pasmados se quedan si se les
pregunta por taxi u hotel (de aquello no hay, y de esto un único). A pie. Es requisito
previo tener plaza hotelera para poder adquirir pasaje aéreo, pero los 4 cuartos
eran tan infectos (al lado, China financia 15 habitaciones que prometen ser
habitables) que huí despavorido, yendo a caer en otro fonducho llamado “Susanne”
donde durante días y noches me desesperé, deshidraté, masturbé y adelgacé, pues
¡para colmo!, no hay más que dos vuelos semanales y ni la mínima posibilidad de
alquilar -¡o comprar! otro aparato. Realmente, la verdad es que Funafuti es horroroso.
¡Pero había que venir!
El banco, la policía, oficina del gobierno, correos,… son bloques sin recebar
mal pintados directamente, con los entrepaños en madera. Todo lo principal se
encuentra agolpado y por los aledaños se van esparciendo las viviendas (todas
rectangulares, alguna “moderna”), de vida comunal, abierta y asquerosa. Algunas
cabañas mayores para centros de reunión, “maneapas”. Basura amontonada en
muchos puntos. A los cocoteros les practican unas muescas que sirven como peldaños
para subir a por unas botellas en que se recoge el líquido de la sangría que servirán
como aceite; hay otro tipo de árbol –poco entiendo de botánica- con las raíces
aéreas, pues no le queda otro remedio; los troncos no son de madera, sino leñosos,

247
con compartimentos para el almacenaje de la escasa agua, completamente
inexistente en el suelo coralino, que la filtra cuando llueve. En el Hospital - ¡mejor
no caer en él!-, unos cartelones previenen contra S.I.D.A. y diabetes. ¡Universidad!,
delegación de la pomposamente denominada del Sur del Pacífico. No hay modo de
escapar, siempre te sientes controlado, pero a pesar de ello, más desconfiados que
ratas, exigen desabridamente el pago por adelantado, sin ni siquiera traerte o
abrirte la cerveza pedida si no la has abonado previamente; y venga facturas y a
firmar, aún encima. No se podría trabajar -¿en qué?-, y prohíben tajantemente salir
de la capital, hospedarse en casas particulares -¡quién se atrevería!- y cambiar de
dirección. Con tal panorama, el turismo no es muy abundante, no, ni parecen
desearlo. Estaba un neozelandés para obscuros negocios, siempre borracho y
torciendo la boca para farfullar, un técnico de radio, y un matrimonio encanecido
que parecía seguirme la estela –las conexiones aéreas son muy limitadas y los
compañeros se repiten, sobre todo en 1ª (cuando la hay)- y que eran retirados de
Washington con suficiente ánimo, humor y dinero para llevar ya más de un año
recorriendo mundo.
El ambiente del sábado por la noche no era nada recomendable; en el
único punto de reunión, bar del hotel, sólo hombres, muy animados y excesivamente
aficionados a cogerte la mano y no soltarla –la homosexualidad debe ser práctica
corriente-. Pasaba algún camión, pocos turismos y bastantes motocicletas (alguna
de cilindrada alta) cargados de juventud de ambos sexos que cantaba con flores en
diadema, a lo báquico -¿a dónde irán?-. Uno que se había animado a pescar paseaba
sus grandes túnidos en un carrito, vendiéndolos por trozos. La Iglesia Adventista del
7º Día y la de Jehová, nada rutilantes ni llenas. Si bien no se ve un televisor, hay una
cabaña en la que venden vídeos. ¿De dónde sacarán la gasolina?; los grandes buques
no tienen donde atracar, y los poco frecuentes aviones poseen escasísima capacidad
de carga. No muestran ningún aprecio al extranjero y aunque los niños saludan
pocos son los adultos que lo hacen con algo que suena “¡Jei!” (o “Falua” en lenguaje
tuvaluan). Pésima captación de ondas radiofónicas (imprescindible disponer de
ondas cortas y largas; las medias y moduladas, de adorno). Los mosquitos recrudecen
sus ataques al anochecer.
¿Y comer? Una quimera. En el hotel, tan repelente que dudaría en dárselo a
los perros –en el atolón no hay, se los habrán comido; Susanne no es mala cocinera,

248
pero le faltan materias primas y los medios más elementales; 2 o 3 cabañas ostentan
un deslucido “Restaurant”, pero suelen estar cerradas –o abiertas, ni me atreví a
traspasar el umbral-; no hay otra opción que buscar algo, lo que sea, por otro lado.
Si no tener con qué comprar comida debe ser triste, peor es llevar los bolsillos
interiores de las botas repletos de dinero -… que no lo sepa nadie- y no tener
comida que comprar; el que no tiene medios donde hay comida, puede aspirar a
ella en algún momento mejor, pero donde no hay comida de nada sirven los medios.
En el cruce neurálgico de la “avenida” del oeste hacia el norte está la principal
tienda de abastos, otro par merecería tal calificativo y el resto son tenduchos; ni
en unas ni en otros conocen lo que es un espárrago, una sardina, cacahuetes,
salchichas, aceitunas,… ¡ni se consigue queso! Nada; a lo más, genuinas raciones de
guerra (Made in U.S.A.) de las que matan más que las balas. Me hube de conformar
en intentar engañar a mi delicado y bien acostumbrado estómago con tarritos –
caducados- de papilla para bebés. La cocina es un invento moderno (al igual que
retrete o bañera) todavía no adoptado; si hay algo para preparar (lo usual, pescado
esmagado con trozos de lianas y algo de arroz), se hace ahumado en pequeñas
hogueras que suelen carecer de fogón o parrilla. Podrían pescar (no cultivar, por no
haber tierra, ni hierba, ni ríos, ni fuentes, ni nada), pero prefieren intentar quitar
algún dólar por algún lado y comprar latas de carne de Kentucky. Beber, posible
pero dificultoso. El monopolio del vino lo ostenta el hotel “Lagi” (el whiskey ni se
ve), el de la cerveza está poco más repartido, conllevando su papeleo. Si no
fueran tan vagos, podrían hacer “toddy-kaleve”, mezcla de la maceración de
ralladura de coco con el jugo que sacan en las botellas de los cocoteros. Como el
calor resulta antológico al estar plenamente expuesto a la reverberación de los
soles en los mares y a los vientos cálidos, las sudaderas son incontrolables, y se han
de compensar con bebidas heladas, pero todo lo extraído de congelador o nevera,
se recalienta en pocos minutos. De lo que no se libran es del tabaco –no mucho, por
falta de “posibles”-, y a las féminas les encanta. Lo de cobrar al o antes de servir,
parece tener su razón de ser, pues la lista de morosos en el “Lagi” alcanza 11 folios
mecanografiados con un total de 583 deudores, habiéndose registrado un solo pago
posterior.
Las mujeres, provocan. Por lo general, no valen nada (ni ellos tampoco).
Siempre, la primera pregunta es de dónde eres, y la segunda si estás casado; ¡pobre

249
del que diga que no! Es frecuente que al ir andando se te pegue alguna lugareña y
te formule las dos preguntas de rigor; si el extraño sigue su camino con el sombrero
y gafas calados sin demostrar grandes conocimientos de inglés –pero una me dijo
“¡hola amigo!”-, tornan a montar en su bicicleta y continúan su rumbo. Pero no
siempre es tan sencillo. Me encontraba apaciblemente sentado al borde de la poca
utilizada pista de aterrizaje, al amparo de una caseta que por ocultas razones era
esquivada por los voraces mosquitos, cuando una amplia sombra se proyecta sobre
mí; tenía aquel escondrijo para masticar unos zancos de pollo aceptablemente
digeribles que le compraba medio de contrabando a una señora que los preparaba
para los obreros que ampliaban el aeropuerto; levanto la vista y veo una joven,
gorda como todas, muy compuesta y hasta con bolso, a la que mi afirmación de ser
soltero excitó tanto que sacó un frasco ¡de perfume francés! y se puso a untarse allí
mismo, contoneándose, axilas, nalgas e ingles; desde abajo, con la boca abierta
goteando grasa y en la mano el pollo, contemplaba estupefacto la repelente
exhibición. En “Susanne”, no me dejaban tranquilo; la tal, traía a sus amigas y se
empeñaba en presentármelas y preguntarme si me gustaban (no le iba a decir que
la única que valdría era la rubia alemana que en tiempos vivió con el esposo en
Valencia). Peor cuando en mal momento se me ocurrió ensalzarle su bizcocho, pues
se puso a dar saltos, manosearse los pechos, rezongar como una leona en celo y
gritarme que su marido no estaba; cuando inicié prudente retirada a mi cuartucho
y corrí el pestillo, se fue al cuarto de al lado, delatando con sus gemidos lo que
estaba haciendo.
Se puede intentar recuperar un poco de cordura (y que te digan que allá no
hay hambruna) telefoneando a Europa, pero la espera es indefinida. Imposible
intentar evadirse con imágenes televisivas, pues no disponen de antena para captar
las ondas de satélite. Las mujeres suelen vestirse con “lava-lava”, pero pocos
hombres lo llevan, prefiriendo el pantalón corto y nunca metiéndose las manos en
los bolsillos (si los tuvieran). Ni asomo de muñecas, pistolas o algún tipo de juegos
para los niños a los que, no obstante, nunca se les oye llorar ni se les ve tristes ni
apagados sino, muy al contrario, vivarachos y alegres. No desprecian el calzado -
¡con qué ojos miraban para mis altas botas de cuero! (… ni que supieran lo que iba
dentro)-, pero prefieren ir descalzos. De noche portan linternas, a pie o en bicicleta,
esquivando charcos unos y baches los otros. Se dan masajes y se despiojan entre sí.

250
Se escucha algún órgano, con buenos intérpretes. Algunos blancos, misioneros o
“en misiones”. Mucha hormiga y abundancia de ratas, como demuestran las
ingeniosas trampas, ¿serán para aportar proteínas a la escuálida dieta? Ni el entorno
ni la gente resultan auténticos, en todo lo percibido hay un trasfondo de falsedad.
Paseando –que no callejeando, pues calles no hay-, casi más muertos que
vivos; a la vera del camino, los enterramientos se agrupan, están solitarios o por
dúos, algunos con tejadillos; consisten en una amontonamiento de piedras coralinas
delimitadas por lajas o lápidas, algunas verticales con inscripciones recordatorias.
Frente a la Casa de Gobierno –nada rimbombante- dos tumbas reales en estado de
abandono junto al mayor “monumento” del atolón, tres gradientes rectangulares
que no alcanzan los tres metros. Las latas vacías se amontonan por todos lados;
plásticos, por no usarse, no muchos, afortunadamente. En los grandes charcos que
se forman en las depresiones del coral, pudrideros, perfecto caldo de cultivo para
enjambres de mosquitos. El agua de beber, de lluvia, se recoge en tanques de
cemento, a veces por complejos desagües de cinc desde los tejados. Acumulaciones
de deshechos de cocos, ideales para fermentar con malaria. Aunque las necesidades
fisiológicas de excreción suelen realizarse en el mar, el olor acusa de que en casos
perentorios se hacen donde cuadre. Al extremo sur se llega en menos de una hora.
De arena, nada; a lo más, mínimas franjas resultado del desmenuzamiento del
coral en la laguna interior y el inmenso océano exterior; la barrera emergente se
estrecha de manera progresiva y acaba por desaparecer bajo el agua, después hay
una zona intermedia de rocas. Nada que se asemeje, ni de lejos, a playa, pues la
costa no declina, sino que hay un nivel (de cortante coral poblado por peligrosas
criaturas marinas) unos pocos centímetros más bajo, constituyendo una plataforma
después de la cual viene, sin transición ni gradientes, el abismo marino. En ningún
lugar el atolón Funafuti llega a sobrepasar en 3 metros el nivel de pleamar.
El único banco siempre se encuentra abarrotado, pues dispone de una
excelente instalación de aire acondicionado; una docena, o más de empleados, ¡y
hasta computadora!; ni piden pasaporte ni nada para cambiar “traveller´s” cheques.
Los “handicraf´s” locales resultan tan pobres como todo lo del atolón; tejen con
tiras de corteza de cocotero, llamadas “taa”; la madera se usa poquísimo, por no
haberla; el colorido tiene que ser natural y poco variado: rojo del fruto n o n u,
amarillo obtenido de corales jóvenes raspados, negro del t o n g o y marrón del f a

251
l a (por cocción). La Universidad –donde me ofrecieron libros en francés cuando los
pedí en español: ¡tremendo sacrificio para un lector no viajar con libros (por el
peso)!- consiste en 2 aulas sin tabique intermedio, con 6 mesas cada una. Extraña
abundancia de buenos libros en la Biblioteca-Archivo (como la Enciclopedia Británica
o el “Quién es quién”); los más gordos, los usan los empleados como almohadas
para dormir profundamente allí mismo, en el suelo, tirados entre los estantes.
Atolón rumbo norte. El recubrimiento vegetal es tan escaso como en la
orientación contraria. Autobuses medianos, no viejos, recorren continuamente, a
lo largo, pues ancho no existe –exactamente, una única dimensión, pues tampoco
hay propiamente alto-; la velocidad está limitada a 30 km/h. (20 en los escasísimos
cruces). Volante a la derecha, pero poca importancia tiene por ser raros dos coches
a la vez. La “gasolinera” funciona a “bidonazos”. Con tan poco superficie habitable,
todo está lleno de tuvalenses -¿o tuvaleños?- que aunque no son anfibios –no les
vendría nada mal- parecen haber perdido la facultad de andar (y hasta de pescar, so
vagos); en cuanto pueden, se tumban en el suelo, ya que las camas son bienes de
lujo ciertamente escasos. Las pocas pertenencias personales consisten, más que
nada, en ropa, que se expone por el suelo, sobre esteras. Todo es carencia, miseria,
cochambre y abandono (poco limpian). El concepto de modo de vida es “abierto”.
A lo lejos, en el contorno redondeado del atolón, se ven islotes cubiertos de árboles
que semejan flotar. La masa coralina al sur cambia la dirección, hacia la izquierda,
al este. El borde que da a mar abierto, todo detritus de trozos grandes que parecen
y resuenan como huesos. Dentro del agua, con tal mimetismo que sólo se distingue
por las pintas negras, unos gusanos como chorizos que se contraen al ser tocados;
es de dudar haya algo de apariencia más asquerosa en todos los mares del mundo.
En dirección norte la longitud alcanza el doble que para el sur; recorrido
con algo más de hora y media. Pasada la iglesia mayor, de techos interiores de dos
niveles con vertientes en madera barnizada, los habitáculos habitacionales se repiten
en el mismo estilo –o sea, sin estilo-. Donde se acaba el escaso asfalto, la zona
portuaria. En los astilleros se trabaja sobre depósitos de carburante (“B.P.”). El
embarcadero es pequeño. Algunas ondulaciones subterráneas revelan dónde
estuvieron los hangares camuflados durante la guerra. Más árboles de raíces aéreas
(informan que es el “pandanus” –el famoso árbol del pan-). Alguna vivienda aislada
a continuación. Debe ser la parte más apropiada para sepultar a los difuntos, pues

252
los túmulos proliferan en promiscuidad total con los aún vivos (uno, está poniendo
encima de una todas sus pertenencias textiles a orear). Pequeños cercados a modo
de exiguas granjas para gallinas y cerdos. Casi al final, el mejor y mayor conjunto
de edificios, una “high school” religiosa con jóvenes de ambos sexos uniformados,
numerosos y bulliciosos. Fin; llega un momento en que el sendero se hace
impracticable y queda cortado. Por la parte interior, un poquito de arena y la mejor
vista en circular de toda la colonia de corales; por fuera, plataforma coralina,
como si siguiera creciendo.
Comienzan a escucharse potentes bocinazos; todo el que no tiene cosa mejor
que hacer, es decir, todos los isleños “atolondrados”, se dirige hacia la pista de
aterrizaje; fuera coches, gallinas, gente,… el pájaro de acero deja escuchar sus
hélices y aterriza con algún que otro bandazo; poco más de media hora y visto y no
visto, despega. Se ha cortado el cordón umbilical de Funafuti, Vaiaku, Tuvalu, con
todo el resto del mundo, que ignoran y los ignora. El acontecimiento se repite todos
los días, menos los jueves y el sagrado domingo, en el que ni siquiera te hacen la
cama. El cobertizo que sirve de terminal de aeropuerto no tiene mobiliario, ni
puertas, ni nada, ni siquiera un letrero pintado a mano. Sirve de aduana, juzgado,
iglesia y teatro. En tabla asentada sobre dos caballetes sellan los pasaportes, al
ponerle un par de libros encima es el solemne estrado, con un paño blanco se
sacraliza, y adosándole un par de colchas de colores, ¡el escenario! Además de 12
parlamentarios, tienen hasta Abogado del Pueblo. En sesión judicial, en principio
todos se reían, menos el fiscal, muy en su papel, y el único policía; el reo está
fuera, recostado en la baranda, y cuando lo llaman salta y se presenta, todo sonriente
–pues cárcel no hay, ya que aquello es, en sí, una cárcel-; 10 dólares de pena máxima.
Una noche, en tal recinto multiusos hubo sesión de teatro. El precio de la
entrada era algo mínimo, casi simbólico, pero los que no deseaban pagar atisbaban
entre las lonas que se habían colocado, sin que nadie se lo echara en cara. Actuaba
un grupo de jóvenes de otro atolón, de lo más auténtico, no para turistas (el de la
radio trabajaba, el matrimonio no se atrevió a ir, el neozelandés entró pero al estar
en su estado etílico habitual estuvo dormido todo el tiempo, y ni el que suscribe
consiguió aguantar el duro suelo durante las más de tres horas ininterrumpidas que
duró la hilarante función). El plató se delimitaba por una colcha tendida en una
cuerda; se corría y uno cualquiera anunciaba el siguiente número, alternándose

253
danza con comedia, invariablemente. El ambiente era excelente y natural, con
mucho niño modosito, las viejas chupando olorosos cigarros finos hechos en casa, y
las otras mujeres deshaciendo continuamente sus moños para, con suma maestría,
darles una revuelta hacia arriba y ajustarlos con un palito. Sólo aplaudían si les
gustaba el número, si no, no. En las situaciones equívocas de sexo, ridiculizaciones
de los turistas (siempre con gafas de sol) y hombres vestidos de mujer (la elección
de “miss”, de desternillarse), el aplauso se acompañaba de gritos desaforados y
ondular violento de los cuerpos, de atrás adelante y hacia los lados. Auténtico,
único. Cuando uno salió, todo serio, a romper un coco –difícil es lograrlo con un
martillo- los espectadores se lo tomaron como broma; al concentrarse el karateca,
risas de todos, pero al romper el coco de un solo golpe, el gran silencio; sin transición,
explosión de júbilo, maremágnum de berridos y expresiones corporales; al otro día,
todos por el atolón golpeando cocos y, muchos, con la mano vendada. Un número
en el que cuatro chicos representaban las ruedas de un automóvil que se iban
pinchando sucesivamente (para hincharlas, dedo por el culo) hasta que se tiran
todas a la vez, y otro en el que aquel que se acercaba a un poste eléctrico quedaba
pegado (incluyendo una embarazada), fueron de lo más antológico. Un disfrute.
A poco para partir de mi primer atolón, me siento interpelado ¡en español!;
tan inesperado resultaba en principio ni me di por aludido. Era el técnico de radio,
de la Bretaña francesa empleado de “Radio Melbourne”, que tenía que pasarse ¡18
días seguidos! enseñando cómo funcionaba el invento. Jean Gabriel Manguy se pasa
la vida efectuando el circuito docente por todo el Pacífico; aquí le reservan siempre
la única habitación con aire acondicionado. Fue inmenso y olvidado placer el poder
platicar en el idioma materno. Gracias.
En el mismo avión que ¡al fin!, me iba a sacar de aquel pobre oasis marina,
llegaba el Primer Ministro con la 1ª dama y séquito (muchos conservan la práctica
ancestral del tatuaje, aunque sólo sea el del propio nombre sobre la palma de la
mano -¡mejor que carné de identidad!-). Los recibieron un par de colaboradores y
cuatro policías y nadie les hizo ni el más mínimo caso, ni tan siquiera sartas de
conchas que se usan en la bienvenida y despedida. Metieron los paquetes en el
coche oficial, y para casa, sin nada de protocolo.
De los 40 asientos decrépitos del bimotor no todos son utilizables, pues
suelen necesitarse para amontonar los equipajes –por principio, me niego siempre

254
tajantemente a soltar mi única y voluminoso maleta-. Pintadas por la parte interior
del fuselaje y en lo que resta de tapicerías. No daban cerveza. Para aterrizar todavía
había sobrado algo de pista, pero para el despegue fue necesario coger carrerilla
desde la arena. Durante el tedioso viaje se pudieron contemplar a gusto algunos
otros exiguos trazos verdes difuminados en la inmensidad del azul.
A pesar de ser lo peor y más rastrero que conocí en mi vida, los recuerdos
gratos de la estancia han perdurado, y se nota por el número de páginas manuscritas
–realmente, volver a revivirlo- por sesión. De todas maneras, no volvería, ni se
puede recomendar a nadie que vaya.

255
KIRIBATI
Singular agrupación administrativa de 33 atolones de buen tamaño que se
encuentran muy diseminados, tanto a lo ancho como a lo largo (menos de 300 km.
de norte a sur, pero 3.218 de este a oeste); unos por encima del trazado teórico del
ecuador, otros por debajo y, lo que tiene que traer tremendos trastornos, unos
habitantes viven en un día y otros en el anterior o en el siguiente, pues ocupan las
dos bandas de la otra línea teórica que determina las 24 horas de cada día. Kiribati
pertenece a la Unión del Pacífico Sur, constituida hace algo más de una generación
y en la que también están Fiji, Cook, Salomón, Tonga, Tuvalu, Vanuatu y Samoa; tal
ignorado organismo internacional opera con las ayudas de otros países interesados
en cuotas de explotación, buscando a cambio cosas tan prosaicas como el voto en
la O.N.U. –que también tienen delegados, que también votan, y que tanto valen
como otro cualquiera, derechos de veto aparte-; KBB. se lo disputan,
destacadamente, China y Taiwán, y se nota que Corea está enraizándose.
Literalmente, transcribo estos apuntes de Jorge Sánchez: “Al norte de Tarawa
se halla un círculo radiactivo de 14 metros de diámetro, donde no existe la vida,
nada crece, y los pájaros al pasar por allí caen muertos… En Arorae está la tumba
con los huesos de Takoto, de 5 x 2´5 metros, el gigante legendario de Kiribati… en
Banreaba hay huellas de pies descomunales…”. (También vió unas piedras- “…bien
poco me dijeron como tales”-, supuestamente mágicas, de un granito totalmente
inexistente por estos pagos, dentro de la escuela mormona. La marea crece
centímetro por año y a la larga se lo tragará todo. España todavía no había reconocido
esta ignota república).
TARAWA, atolón capital, es distinto a otros, por ser toda su superficie arenosa.
Precioso. Se permite algo así como ilusión de hierba, pero es sólo ilusión, pues de
cultivar, ¡nada!. Curiosísima la nueva sensación de saber que te encuentras sobre
un organismo multicelular vivo, no sobre roca inerte; metafóricamente, los corales
son como árboles marinos que crecieran dentro del agua ansiando una superficie
con la que captar árboles terrestres, de los de verdad. Tan maravilloso atolón ha
adoptado la forma de una V. casi perfecta; el trazo de la derecha es más largo y se
abre hacia el oeste, resultando intransitable por lo fragmentado, con secciones no
hundidas, sino todavía no emergentes. El ala izquierda, de oeste a este, dispone de

256
unos 25 kilómetros asfaltados, desde el aeropuerto practicado en el distrito de
Bouriki hasta el extremo sur del de Biriki.
En la Oficina de Visitantes, donde hay que rellenar un cuestionario, ofrecen
abundante información, siempre de agradecer. Disponen de líneas aéreas propias.
“Tungaru” (se acaban de quedar sin el ingeniero que tenía y se recomendaba no
usarlas), pero no llegan a efectuar vuelos internacionales, e incluso para los
nacionales más largos (como a Kiritimati, tan recomendable) recurren a “Nauru”;
para animara a los más inconscientes, se ofrece un descuento del ¡75 por ciento! a
los estudiantes, y a las motocicletas se les tarifa el doble que a los pasajeros
humanos. En “Kiribas” son raros los huracanes y los mayores calores y lluvias se dan
de noviembre a abril. No se debe ni probar el agua; común la hepatitis. El mejor
hotel (40 habitaciones; no admite tarjetas de crédito) es el “Otintaai”; bueno el
“Kiribati” en el distrito de Betio; un par de moteles para los que no dispongan de
posibles. Además de los impresionantes restos bélicos, el destino turístico que más
destacan es el poblado de Buota, en el norte. Paraíso de pescadores de gran porte.
Las “Islas del Romance” fueron comenzadas a poblar por grupos provenientes
del suroeste asiático hará unos 3.000 añitos, vías islas Carolinas; 2.500 años más
tarde, siglo arriba o abajo, se les añadieron navegantes polinesios y micronesios
(en las Gilbert). Leyendas difuminadas en la memoria colectiva por el tiempo,
mencionan el dios samoano Nakeau, cuyo espíritu surcó los mares hasta tan lejanos
atolones. Los primeros europeos, españoles, como no; en 1.765 el comodoro John
Byron (sí, padre -¿o abuelo?- del escandaloso escritor Lord Byron), y el capitán
Thomas Gilbert inmortaliza su apellido en 1.788. En el atolón de Abemana vivió,
con su esposa, durante 1.889 el escocés Stevenson, que narra sus peripecias en “En
los mares del sur” (por tan magno hecho, se ha edificado un hotel, aprovechando
también otro atractivo, la tumba del jefe tirano Tem Binoka). Para que nadie faltara,
también estuvieron Melville y Ernesto Sabatier (“Astride the Equator”). Por aquella,
todavía quedaban fieros guerreros, predominando el caudillaje personal por el norte
y los consejos de hombres viejos hacia el sur.
Son tres los grupos atolónicos diferenciados, a saber, Gilbert, Phoekik y
Line, dibujándose con su contorno un largo martillo. Censo de 1.990: 72.298
habitantes. Los pobladores se llaman I-Kiribati, seres emocionales y sensitivos
incapaces de aceptar críticas en público. La relación social se basa en la reciprocidad,

257
por lo que el modo de cortarla es cesar las visitas de cumplido. El incesto no es
nada excepcional. La principal posesión, lógicamente, el suelo, transmisible por
herencia a cualquiera, sin cuotas. El poblado es una comunidad con una casa de
reuniones o Maneaba (en el “maneaba” nacional, 41 parlamentarios), donde se
designan las funciones y se adoptan las decisiones que afecten a todo el atolón. En
tiempos idílicos, la sociedad era igualitaria, manteniéndose los niveles según equidad,
sin mezclarse; inevitablemente las tradiciones se trastocan y dejan de lado cada
día más (uno aprendió a conducir, otro viajó, aquel trabaja en el hotel, éste ha
montado un tenducho), comenzando ya a rezumar la avaricia y la codicia, teniéndose
por único dios y amor el dinero en sí; desconfiados hasta resultar insultantes –por
todos los aledaños, no sólo en KBB-, son incapaces de perdonar un solo centavo. Le
echan la culpa de tan tentadores males a Australia y Japón. El anciano –se ven
pocos- “unimane”, posee especial dignidad y autoridad, estando, a los ojos del
pueblo, el poder decisorio en su manos. En las reuniones no se disiente, sino que
después de un monólogo el interviniente se vuelve a sentar; las decisiones se toman
mediante un intrincado proceso de consultas. Como signo de los tiempos modernos,
en las “maneabas” (en cuya erección ha contribuido la destreza mágica, considerada
un secreto) se están proyectando películas. Tradición que atañe a las féminas, la
“katekateka”, revistiéndose durante la primera menstruación camisas (la blusa
cotidiana sería la “tibuta”) vegetales absorventes en tres días durante los que no
come otro alimento que coco y no bebe otro líquido que agua; después, ¡fiesta,
fiesta! El saludo en I-Kiribati es “mauri”, la despedida “tia bo”, lo bueno “e raoiraoi”
y lo caro “bobobuaka”.
Tarawa es el principal de los 16 atolones del grupo Gilbert, con una sola
entrada amplia, un total de 70 kilómetros y 24, 598 pobladores fijos (en el grupo,
además del mencionado Abemama, restaría como interesante el cercano Abaiang,
por su casa común y la torre de la iglesia católica de Koinawa; se dispone de
alojamiento en el poblado de Tabontebike). En el trozo o distrito de Betio estuvo la
sede del mando marítimo japonés. El almirante Shibasaki llegó a decir que “los
americanos no podrían tomar esta fortificación, la más formidable del mundo, ni
con un millón de hombres en cien años” –se lució-. Gruesas empalizadas de concreto,
hormigón, cemento, hierro y acero, reforzadas con bloques tetraédricos, eran
defendidas por 25 cañones de entre 37 y 75 milímetros y 14 de más de 80 mm.

258
(fuera de Betio, quedan un par de grandes baterías y otra hacia Bairiki); casi
intactos y para uso están algunos de esos cañones y hasta unos cuantos tanques.
Los aviones de reconocimiento de la marina U.S.A. detectaron, por las salidas de
letrinas, el número de defensores (sobre 3.000) y los puntos vulnerables; fueron 3
días de incesante bombardeo sobre los “bunkers” durante noviembre de 1.943 y, al
cuarto, desembarcaron 18.600 “marines” en tres frentes contiguos; tras sufrir más
de tres mil bajas definitivas (mutilados y heridos aparte), capturaron a los últimos
17 soldados japoneses. Pero la vida siguió, y los “pandanus” y “pawpaw” volvieron
a crecer, el fruto del pan siguió alimentando, mal que bien, a unos aterrorizados
nativos que ya nunca podrían volver para atrás. Los vientos y pájaros siguieron
transportando semillas que vivificarían las lluvias, la vegetación lo invadió todo de
nuevo, los animales sobrevivientes permitieron la supervivencia de humanos en el
atolón. Y después, llegó el turismo.
Lo más sensacional tiene que ser Kiritimati (también llamado Christmas por
pasar en él la Navidad de 1.877 el capitán Cook). Es el atolón más grande del
mundo. Tiene la forma –curiosamente- de la garra emblema de mi antigua editorial
“XYZ”. Unos 400 km. cuadrados en total, de los que la mitad puede ser considerada
como de “tierra” (puede ser una largura máxima de 40 km. y unos 100 de perímetro);
multitud de fragmentaciones y cantidad de lagunas interiores. No llegan a 3.000 los
habitantes (son el 5 % del total nacional ocupando la mitad del suelo disponible).
Poca, poquísima lluvia. Paraíso renombrado para grandes pescadores. Varias áreas
protegidas, cerradas o prohibidas, intentando preservar las 17 especies de aves
marinas, entre las que hay fragatas y pelícanos. Los extremos enfrentados de la
garra recibieron los nombres de London y París; el hotel emblemático es, cómo no,
“Capitán Cook” (el otro, “South Pacific” –muy imaginativos). Es uno de los lugares
subrayados para mi Segunda Vuelta al Mundo, en el siglo XXI, en sentido inverso, a
favor de Sol. (Prevista para el 2.005, tras celebrar el fin del medio siglo de mi vida
en el Nilo. Y espero no hacerlo solo -¿eh Pablo? ¿eh Fernando?-).
En el aeropuerto de Otawa es donde he visto sudar más a nativos, ¡incluso
mujeres! El problema allí está no en los árboles, sino en acertar, pues si se desviaran
un poco las ruedas del asfalto, se hundirían en arena. Desde el aire se aprecia que
la amplia laguna interior no es uniforme ni toda profunda, con muchas parcelas
irregulares de arrecife. El aeródromo goza de un pobre edificio, con paredes y

259
puertas, en el que se ubican la aduana y un pequeño bar; al haber varios vuelos
diarios, pululan niños y mayores, tirados por allí; suele haber algún taxi, un autobús,
el del hotel y otros especímenes mecánicos. Los humanos, los lugareños, lucen
pintas de lo más desastrado imaginable y expresiones faciales de lo más hosco;
tienden a colarse en las ondulantes filas y algunos viajan con su esterilla –como si
les hiciera falta, si se tiran a dormir en donde quieren en cuanto pueden-. La
pronunciación es ¡totalmente española!, con las sílabas enteras y a, e, i, o, u como
las nuestras, como se escriben, sin nasalismos ni zarandajas. Entre los varios
negociantes que siempre hay en toda “sala” de espera, semejando enemistados,
como si compitieran entre ellos, formé –como suceso excepcional- sociedad con un
hindú barbudo llamado Vishwa Nand; incondicional mío desde que quedó pasmado
cuando acerté el tipo de uva y año de un vino blanco francés que nos servían tapado
con servilleta, se debió creer que era tan buen fotógrafo como catador –al revelar,
ya se daría cuenta de la verdad, ya-, y me paseó a lo largo del atolón (a lo ancho ya
sabemos que no es posible) fotografiando todos los montones de basuras, barcos,
residuos de guerra y hasta comercios y automóviles, pues se dedicaba al reciclaje;
a pesar de revueltas sospechosas, nadie nos metió por espías en prisión (que la hay,
prueba de tamaño y tráfico y de las precauciones antirrobo que se toman a pesar de
lo idílico, controlado y aislado de esto).
Es como vivir en el aire, pero en el mar, existir volátil y voluble como el
mismo éter -¿acaso no lo es la tierra con sus terremotos?-. Todo, en superficie,
arena, sobre arena, con arena en el interior que se agrupa en deliciosas playas,
islotes, bahías y lagunas interiores (de agua salada, pues la única dulce es la de la
frecuente lluvia). El distrito principal es Bikenibeu; en el canal que separa a Betio,
un puerto industrioso; del aeropuerto hacia el norte varias fragmentaciones de
extensión dispar y que podrían llegar a reunir sobre 30 kilómetros; Buariki sería el
final. Además de limitar la velocidad a 60 km/h. –el hindú, extrañado de no ver
vacas sagradas (¡si no hay hierba que comer!), lo respetaba escrupulosamente,
ante mi desesperación, pero si le tocaba de “co-piloto” no decía nada por el exceso-
, ponen abundantes bandas transversales vibradoras, como si el tráfico fuera denso
en vez de escasísimo. La parte más aislada, más auténtica, es la de arriba, con
recovecos de impresionante belleza que subyuga incluso al acostumbrado a ella.
Hacia abajo, sur, la capitalidad se nota por la proliferación de carteles, pero no por

260
las pobrísimas y elementalísimas construcciones de madera, pequeñas, que albergan
los servicios de policía, correos o teléfonos. Tiendas, de tamaños variados, en las
que al menos se encuentra de casi todo. No se reciben programas de televisión,
pero se anuncian los vídeos al uso. Las viviendas desperdigadas, a los lados de la
única vía, aquí y allá con algunos caminos hacia dentro cuando la anchura da de sí.
En un par de parajes, la barrera de coral se estrecha tanto que es sólo carretera, se
circula sobre el mar y dentro del mar –como Jesucristos motorizados-; en el tramo
final, para acceder a Bairiki, cobran un pequeño peaje; en algunos lados han tenido
que tender cortos puentes o reforzar el escaso terreno firme.
Dentro de su elementalidad, las viviendas no son del todo miserables. Todavía
–por falta de medios, que no por quererlo- predomina la construcción nativa, vegetal,
habiendo unas pocas de dos pisos, con altillo. Separado del habitáculo de dormir y
comer, pequeños “salones de reunión” y cobertizos para las lanchas. El trazado es
rectangular, los tejados altos, grandes e inclinados. Bastantes “casas de reunión”
de considerable capacidad con extensas techumbres vegetales por las que no se
cuela ni una sola gota. Las tumbas, por donde te muevas, sin concentrarse en
cementerios; en las de los más pudientes o recordados, guirnaldas estilo festivo
carnavalesco o navideño, una acristalada y, lo estrambótico, otra adornada en sus
esquinas ¡con globos! Al pasear, la impresión es de primitivismo, la sensación de
conservarse todavía lo auténtico. Gusta estar en “Kiribas”.
Los kiribateños tienen una tonalidad de piel un poquito más obscura que en
vecindades. Resultan tranquilos, amantes de la quietud y la contemplación –qué
remedio les queda; aunque quieran, tienen tan poco qué hacer-. No pueden estar
gordos (no hay qué comer; algún experimento agrícola no parece haber dado grandes
resultados-). Prefieren ir descalzos. Les gusta fumar, abundando los cigarros de
manufactura vegetal local, largos y obscuros. No son amigos de saludar ni observar
al visitante, del que no se preocupan en demasía, simplemente soportándolo. Los
letreros suelen ser bilingües, con la palabra “tabu” para las prohibiciones; cuando
tienen que hablar en inglés se les nota forzados. Niños, personas tiradas en sus
“saloncitos” completamente abiertos (sin luz eléctrica en la mayoría, a la sombra
de cualquier arbusto, solos o agrupados). Gente sin tener a dónde ir ni qué hacer,
siempre alguien; hay que olvidarse de la intimidad y de no ser observado. A veces
pescan, con redes, desde dentro del agua. También colocan alguna red, metálica,

261
en las cabañas, con lo que parecen estar en jaulas –todo el atolón no deja de serlo-
. Pocas hamacas. Sólo los más pequeñajos aparecen desnudos, el resto no se quita
la ropa ni para sumergirse en el mar -¿qué será una bañera?-. Los “bikinis”, tabú.
“Control de población, control de contaminación” -¡pero hay espumilla en las aguas!-
. Un caso de albinismo total (raros, otros dos en Salomón y Tuvalu). Son cochinos,
no cuidan mínimamente su entorno, ni orden ni concierto.
El paseo en el distrito o trozo-capital deja menor espacio hacia la laguna
interior, habiéndose elegido los ensanchamientos. Un par de oficinas bancarias
nacionales, dependientes del grupo “Westpae” –creo, neozelandés-. Varias escuelas
con muchos alumnos, todos uniformados; una es salesiana, dedicada a San Juan
Bosco. Iglesias bastante numerosas, espaciosas, con traza europea, torres y hasta
vidrieras cerradas, pero sin bancos, pues la madera no existe, al ser los árboles
blandos, más bien plantas gigantes que troncos auténticos (uno, mediano y aplastado,
da frutos como higos gigantes y otro, similares pero mayores y duros). Reunión
cristiana, de gran concurrencia, para tratar sobre el A.I.D.S. (en el bar del hotel,
letrero recomendando el uso de “condom”). Se conduce por la izquierda. En
autobuses y algún turismo, grafía china. Media docena de gasolineras, con el
combustible caro. Artesanía, mínima, en la Asociación de Mujeres; empleando
únicamente hojas de palma trenzadas, destacan el puñal con dientes de tiburón y
los abanicos. Apenas se captan emisoras de radio. A pesar del ruido de los coches
todavía se pueden escuchar y emocionarse con los cantos desde la penumbra, tanto
seniles como infantiles (extraño, nunca se ve a las madres dar de mamar, pero sí
bastantes biberones). Se comprueba encontrarse un poco por encima del ecuador
cuando el remolino del agua en los desagües es de derecha a izquierda. Milagroso,
ni moscas ni mosquitos. Anochece casi a una hora más tarde de lo habitual en los
trópicos –no será un horario industrial que no requieren-. ¡Ni un periódico! (nada se
sabe del mundo de afuera: igual que nosotros soñamos despiertos con estos mares,
ellos lo harán con nuestras tierras). Pocos hombres van ya con faldas. El mito de la
belleza de la mujer de estos pagos, a destruir; presentan la frente hundida, ojos
saltones, cuello grueso y ademanes bastos, con perpetua expresión de pasmadas y
vagancia innata.
El sábado, en KBS., como en todos lados, parece sólo instituido para beber
y más beber, se tengan ganas o no, hasta quedar obligatoriamente derrumbado;

262
con la bebida les cambia el carácter a todos y se saluda y se canta más; andan
hasta con baterías musicales de un lado para otro; llegan a ponerse pesados. Tienen
ritmo musical pero el sonido acaba por resultar repetitivo y monótono, siempre en
idioma local; los danzantes, sin gracia alguna. Los refrescos australianos, sean las
más exóticas frutas o la más elemental soda, pésimos todos ellos; de cervezas,
buena la “Classic” y la neozelandesa “Double Brown”. El centro elitista de jarana
es el salón del “Otintaai” –donde puede uno hincharse de langostas a precio asequible-
, pero la elegancia de los asistentes brilla por su ausencia, colocando todo el mundo
los pies descalzos encima de las mesitas y los sillones; los negociantes, mal vestidos,
a veces con bañador, no abandonan su maletín, discordante. Diferentes como somos,
los blancos que quieren o aparentan integrarse en las culturas locales no pasan de
“esnobistas”; a los nacionales se les nota claramente fuera de su medio, de su
ambiente, de sus costumbres. Hay un par de “Clubes” y locales con mesas de billar
tan deprimentes como es de suponer. Al menos algunos jóvenes se divierten con un
balón; uno distribuye el juego y hay que mantenerlo en el aire (usan mucho el
taconazo); dan palmas a cada acierto y si me cae, el del centro vuelve a empezar;
no hay eliminaciones ni competencia, es simple entretenimiento. Lo mejor es irse
a dormir, preparándose para partir.
Lo estoy haciendo, logrando lo sensacional. Ya queda menos, y en cierto
modo lo voy sintiendo.
“Bye, bye! Hasta cualquier año, linda Kiribati (¿2.005?).

263
NAURU
21 Kilómetros cuadrados de superficie, en gran parte inexistente, por
horadada. 5 kilómetros a recorrer a pie (si no fuera por estarse en pleno ecuador)
por no haber taxi disponible. A falta de superficie, a carencia de extensión, peso:
pesar un centenar de kilos es estar delgado, señal de pobreza.
La motita que es Nauru, invisible en cualquier mapa, simple concretización
administrativa-política-bancaria de conveniencia, tuvo origen coralino, pero toda
ella generó, o degeneró, fosfatos. Nauru es sinónimo económico de extracción. En
Kiribati, la isla Banaba u Ocean fue acabada de desterrar hace unos cuantos años,
desapareciendo como entidad poblacional ¡por falta de suelo!, pero en Kiribati
quedaban más islas y atolones, aquí no; cuando en pocos años se extraiga el poco
fosfato que resta, en cuanto los últimos metros de suelo firme sean removidos,
¿qué?... el desaparecer. Gran Bretaña, Australia son los grandes destinos de los
grandes beneficios, pero un porcentaje revierte, inexcusablemente, sobre los
nauritanus –que no sobre Nauru, pues no hay dónde-. Por ser nativo, corresponden
25.000 dólares y 20.000 por año -¡no hay ningún impuesto!-; deben estar sobre los
cinco millares de nauritanos “puros”, pues si se casan con extranjeros pierden la
nacionalidad y los ingresos seguros. La elite local ha invertido en suelo extranjero,
a falta de propio. Allí no tienen ni cultivos -¿sobre qué?-, ni industrias -¿dónde?-, ni
tan siquiera el tan socorrido turismo –nada que ver ni aprender, a no ser la estupidez
humana, más patente que en otras naciones-. El expolio dura desde 1.919.
La antigua Pleasant se la tropezó, por primera vez, un barco ballenero
cualquiera, allá por los estertores del siglo XVIII. Sería un venezolano, Miguel Rojas,
el primer visitante, en 1.832. La independencia se ha firmado recientemente, en
1.967. Un español, por motivos de doble escala, era el único visitante ahora, sin
temor, incluso con cierto sentimiento de superioridad que produce ser el único
representante de la raza blanca europea (ex -colonizadora y siempre explotadora),
pero mirado por encima del hombro por los naturales, por delgaducho –”no debe
tener suficiente para comer”-.
Aéreamente, de un solo vistazo se contempla el islote. Cráteres, agujeros
adosados, deshechos de tierra plomiza, grisácea, empobrecida; poco queda de Nauru.
Completamente intransitable por el centro, vaciada la mayor parte del círculo, se

264
ha reducido a circunferencia, restando únicamente un cinturón vegetal en cuyos
bordes y hacia el mar están las construcciones. Aprovechando la única carretera, la
de circunvalación del absurdo, la terminal aérea, vulgarísima –por parte alguna se
verá la tan cacareada riqueza; una gallina por la pista asfaltada-. A los pasajeros en
tránsito se les obliga a bajar y pagar tasas de utilización, ¡el colmo de la hospitalidad!,
sin que nadie se atreva a negarse ante las facciones y proporciones gorileñas del
aduanero. Los semáforos destellan, las barreras se bajan, el tráfico queda cortado
el tiempo que haga falta, y ya tenemos un simulacro de aeródromo. ¡Cuidado con
ser pillado por un avión!, pues automóviles y gente pasan bajo sus morros, entre
sus ruedas; de noche quedan aparcados bajo los árboles. Con sólo dos vuelos ya se
acumulan grandes retrasos, pues uno ha de esperar a que el otro salga o llegue, no
habiendo ni pistas, ni torre de control, ni quien controle. “Air Nauru”, penosa, ni
del cinturón ni de poner el asiento vertical se preocupan; en 1ª –único pasajero-,
sin servilletas con cerveza caliente; el mecánico –también en 1ª, tumbado- de
vuelo llevaba el libro de reparaciones y su destornillador, en cada escala me bajaba
con él para ayudarle a revisar los reactores. Se observa cómo las nubes se agarran
a las islas, ¡pero nosotros no tenemos dónde agarrarnos!
Administrativamente la capital es denominada Yaren, pero por aquí todo el
mundo usa el topónimo Aiwo, hasta el único establecimiento hotelero. En obras,
como todo, lo único activo en recepción es una rata, el agua nunca sale caliente, el
comer (por el material y el servicio) resulta repugnante –menos malo, abastecerse
en la tienda de abastos anexa-, y una recomendación: si a pesar de todo alguien
tiene que ir y se atreve, que pida la carísima suite -¡pues cómo serán las habitaciones
vulgares!-. El mobiliario dispar, mezcla de épocas, estilos y colores, deprimente; el
baño inundado, hasta con arena, sin nadie que se digne limpiarlo –el tan útil
adminículo que denominamos “fregona” no se estila por estas latitudes-. Abandono,
displicencia. Había algo así como un taxi (trayecto aeropuerto-hotel-aeropuerto,
no corto, a pie, con maleta al hombro: ¡llevar sólo una!), pero nadie se quería
molestar en indagar por qué llevaba tanto tiempo parado; cuando un filipino, por
cierta afinidad, se decide a abrir el capó, se puede comprobar que falta la batería.
Hay robos, proliferan las rejas; en las oficinas de la compañía aérea, las planchas
de acceso de la caja fuerte estaban dobladas.

265
En su gordura, ademanes y altivez, resultan auténticamente grotescos; para
colmo, son bajos; algunos, de piel casi negra. Junto con el tragar sin parar (sólidos
y líquidos: porquerías), el otro gran signo de potencial económico –y eso no sucede
sólo en Nauru- es el tener medios de locomoción mecánicos, constituyendo el
desplazamiento a pie, aún en cortas distancias, presunta muestra de falta de poder
adquisitivo. Predominan los “Land Rover”, en su mayoría descapotados a la altura
de las puertas, tanto por el calor (el chocolate se derrite fuera de la nevera) como
por la necesidad de espacio para las grasas rebosantes; algunos “Ford” (aunque los
hay de gran tamaño, todos viejos), bastantes surtidores; las motocicletas deben
llevar amortiguación reforzada de origen, pues resultan aplastadas por semejantes
moles de carne humana. Los domingos nada de alcohol; la alimentación es casi
exclusividad de chinos. No se fuma mucho (tabaco “Alpine”). Cantidad de moscas,
grandes, obscuras.
Lo que puede tomarse por centro de la población, de la capital, de la nación,
está ocupado por una iglesia de tamaño medio, el “Centro Cívico del Pacífico Central”
(de un solo piso de altura) y diversas barracas en que los chinos venden de todo lo
que hay. La iglesia dispone de una pequeña torre con reloj, el Centro Cívico está
pintado de azul fuerte, y una de las barracas de cemento –deslavazada, como todo-
cobija la cerrada librería, pues los que funcionan son los vídeo-clubes. Todo
establecimiento u oficina cesa en su parca actividad a las cuatro de la tarde,
cerrándose también, ahí queda eso, de doce a una y media, para comer más. La
música a todo volumen, en ingles, por todas partes. Pocos niños se ven, ésta es una
raza a extinguir, por lo dificultoso de encontrarse y acoplarse los órganos sexuales
debido a la extrema gordura; serán abandonados cuando, próximamente, se acaben
los fosfatos y esta “época de prosperidad” quede como leyenda moderna del Pacífico
Central.
Para bañarse –nadie lo hace- disponen de un pedregal tachonado de lanchas
medianas con motores fuera-borda. La carretera discurre pegadita al mar, bordeada
de los depósitos y factorías de la “British Phosphate Commission”; insoportable el
ruido de la molienda. Siguiendo hacia el norte (la pista de aterrizaje delimita el
sentido sur), muestras de la pasada frondosidad que correspondería. Un puente,
barracones-viviendas y barracones-tiendas de chinos, algunas instalaciones
deportivas (tenis, baloncesto,…). Media vuelta. La radio emite mal y cuando quiere.

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Como paradigma de los “nuevos tiempos”, han sustituido los tradicionales centros
de reunión de madera y fibra por ¡camas elásticas! El cementerio de los muertos,
tan desorganizado como el cementerio viviente, lápidas descuidadas con
inscripciones verticales -¡pronto no tendrán ni tan siquiera donde ser enterrados!-
.
Dentro del desastre generalizado, ni se molestan en inspeccionar los
equipajes, al partir -¡cómo no te lleves un trozo de fosfato! (cero de artesanía)-. Mi
útil sombrero de pajilla para el calor, ala ancha y caída para el sol y lluvia, y
barbuquejo para el viento, se quedaba allá, pero retrasaron la salida del avión por
tal motivo. Con el sombrero y el mecánico a bordo, rumbo a otro exiguo aeropuerto,
el de Kosrae –justito, justito, entre palmerales y el mar-; un poco más holgado en
Ponape, donde hasta disponían de paraguas y se hartaron de inspeccionar los
equipajes. Pero eso ya es Micronesia, eso ya es otra cosa

267
MICRONESIA
De entrada, algo ya olvidado, atención y amabilidad, incluso con saludos de
la gente; buenos folletos informativos. Las pieles son más claras y hay rubios; patente
influencia filipina; mujeres preciosas, deseables; con la mistificación de facciones,
se ha difuminado casi totalmente el primitivismo, la brutalidad, resultándonos más
agradables a la vista a pesar de ser “falsificaciones”; no se tatúan. Se conduce por
la derecha, proliferando vehículos estilo deportivo (en zonas urbanas, límite de 20
millas/hora). El antiguo colonialismo U.S.A., siempre presente, en todo tipo de
consumos; afortunadamente, se ha copiado también el uso de bolsas de papel. Del
nuevo colonialismo japonés es la mejor muestra, junto con la redacción de la
propaganda, el que la Biblia de los hoteles esté editada en caracteres japoneses. Se
fuma bastante, si bien no demasiado. Si quiere saludarse, exclámese, sonoramente,
“Kasehlelie”; “kalahngan” para dar las gracias; si se pregunta un precio, “ia wen
pweine” y por si se precisa ayuda, “i anahne sawas”.
Contra lo temido, pues el pago es, rigurosamente, en dólares, esto no resulta
nada caro. La oferta hotelera es variada en precios y sobrada en calidad. Como
ejemplo, de tipo medio, el hotel “Penny”, nuevecito. Lo más caro (único que
aceptaba “Amex”), a 9 kilómetros de la capital en tranquilísimo paraje, pegadito
al mar, el “Hotel Village”; su restorán, sin el mínimo ruido, es una acogedora terraza
de madera con balcones al agua; un gato provocó la caída de una bandeja repleta
de bebidas, pero los camareros se rieron y ni le riñeron –al gato, no se sabe al
compañero-. Desusada la contundencia informativa oficial, sin subterfugios,
clasificando los locales de “caro”, “no caro” o “moderado”; del último grupo, se
recomienda únicamente el restorán “Palma Terrace”, pero es un comedor interior
donde las prometidas palmas están dibujadas por las paredes. Se ofrecen los típicos
suvenires, pero con más aderezos y adimentos.
Del mínimo saliente en que se asienta el aeródromo, se pasa a otro saliente
de mayores dimensiones que alberga a la capital de la isla, KOLONIA; en el
intermedio, jalonado de surtidores de gasolina, las Embajadas –desde luego, no
envían a los primeros de cada promoción- y el Mercado Público, con locales
independizados donde se entremezcla algo de todo (de pescados, parece haber
sólo atún). En las tan preciosas ensenadas, afeándolas, pecios semihundidos. La

268
aseveración de que no hay monos ni serpientes, con tanta jungla, parece mentira.
Cercadas por las arboledas y juncales, algunas iglesias viejas abandonadas y otras
todavía en uso, con torre; también, aisladas, extensas misiones. La mayor parte de
las construcciones no pasan de barracones de cemento más o menos repintados; en
uno de los mejores, Telecomunicaciones, bien servidas por los correspondientes
satélites. Una emisora de radio y otra de televisión. En la Oficina de Turismo, donde
ofrecen hasta libros, una tanqueta, recuerdo de la no tan lejana 2ª Guerra Mundial,
omnipresente por estos océanos.
A pesar de consistir en un único habitáculo, no muy grande y medio escondido,
el Museo tiene también, ineludiblemente, su sección bélica, en la que figura como
principal objeto un casco de un refresco japonés, el “MItsuya”. Quizás por tal detalle,
Japón coparticipó en la financiación con Australia en el año 1.992. Una barca fuera
de su medio, utensilios de lianas de palma, pocos restos líticos y artefactos de
conchas. Esto no da para más. Reproducción a tamaño natural de una “nahs” o casa
de reunión, con un solo estrado (las que, en este estilo antiguo, se observan desde
el mar, resultan amplias, de buen aspecto, con tejados grandes de inclinadas
vertientes, dando buena impresión de conjunto). No cobran, sólo debe uno
“retratarse” en el libro de registro.
Cercana, al noroeste, la capital de los estados federados, PALIKIR, mera
entelequia política y administrativa, sin vida propia, que consiste en un conjunto
de edificios de estilo mixturado que alberga las oficinas del gobierno y del primer
ministro; anexo, el Parlamento. En la ruta de acceso, dominando la bahía principal,
cual gigantescas almenas, unas altas rocas muy escarpadas conocidas por Sokehs
Dollap y Rock Hike; se puede subir, pero ya avisan de que es “extremadamente
peligroso” (además, lo usual es que el suelo esté mojado, pues éste es uno de los
lugares de más alta pluviosidad del Planeta). Siguiendo la carretera, un alto cono
montañoso muy regular y truncado, con las laderas estriadas; es el Punihsen Malek.
Emoción fuerte, peligro inminente, en exclusivo para audaces, Pwudoi.
Debería ser para ver pájaros y plantas, pero a los pájaros sólo se les oye y si hay
plantas no se pueden ni mirar, ya que hay que ir atentísimo al camino, no apto para
temerosos. Además del escondido aliciente de fauna y flora, otro arqueológico,
interesante, importante, pero casi completamente tapado por la jungla. Donde van
consiguiendo, de modo penoso, desbrozar el panorama, aparecen imponentes restos

269
líticos consistentes en columnas basálticas talladas; son muchas, dispersas, sin
posible ilación entre las laberínticas raíces de los grandes árboles. Para poder
contemplar esto, han ingeniado una senda aérea a poco más de un metro del fangoso
suelo; toda de palos (ya lisos, ya rugosos, siempre resbaladizos), presenta tramos
por inclinación y otros con peralte; por la altura nadie se mataría, pero el intríngulis
está en que por abajo todo se halla plagado de estacas -¿naturales o a propósito?-
puntiagudas, amenazantes, en las que nos quedaríamos seguramente clavados al
caer encima. ¿Cómo pueden consentir tal paseo para masoquistas?... tampoco obligan
a nadie a ir, pero una vez allí, despistado, tampoco es para volverse atrás; hacia
delante, se evita el resbalón probablemente mortal por estar los palos dispuestos
en horizontal, pero sí es probable caer de lado, ¡pues no hay ni barandilla!; no se
circula más que en una dirección, pues los cruces vendrían a ser peor, imposibles.
Para colmo, el precio de la entrada es alto, aunque te den plátanos; para antes o
después, el clan de empaladores dispone de variado surtido de bebidas alcohólicas,
a pagar aparte.
Para relajarse, próximo, por pista de tierra, Kemisih. La familia que vive
junto a una charca de medianas dimensiones, no para de abrir latas de pescado,
pero no para ellos, sino para otros pescados. Una vez la conserva en la roca, acuden
unas largas y gruesas anguilas –o similar-, que por el tamaño más semejan congrios
o morenas; llegan a reptar fuera del agua, por encima de las rocas. Como número
fuerte y culminante, un niño se mete dentro del agua y agarra tales paradójicos
especímenes, tan grandes como él. Es un espectáculo hinoptizante. Todavía no se
han organizado lo suficiente para tener recinto y cobrar entrada, pero merecen un
buen donativo –que es de temer no sea para el niño-.
El territorio isleño se encuentra dividido en 5 distritos, reminiscencias de
reinos de cercana constitución y recuerdo; Kolonia se ubica en Net, Palikir en Sokehs,
y al otro lado el reino de U; abajo, ocupando las mayores porciones y buena parte
de los 60 kilómetros perimetrales, los distritos Kitti (suroeste) y Madolenihmw, por
donde se accede al misterio de Nan Madol.
Pero antes de embarcarnos rumbo al mayor conjunto megalítico del Pacífico
(la misma palabra Pohnpei quiere decir “sobre el altar de piedra”), recordar que ya
el portugués Diego de Rocha (1.526) y el español Álvaro de Saavedra (1.529)
navegaron por entre estos peligrosos laberintos de coral. Quirós desembarcaría en

270
1.595, por lo que a la isla se la llamó en principio Quiroga, cambiándose pronto el
topónimo por Ascensión y en el siglo XIX por Senyavín (nombre del barco en el que
el científico ruso Fedor Lutké circunvaló el Globo).
Retornando de la historia al turismo, interrelacionados, se dispone de un
par de Centros Culturales, en los que hay que concertar la visita previamente.
Divertimento para el día completo lo ofrecen en Kitti (al sur), con el Parque Marino
Enipein. En el distrito oeste, la planta de procesamiento de productos del coco,
donde se puede adquirir champú, aceite y jabón, todo muy bien dispuesto en cestillos
de mimbre.
Entre los poblados destaca el de Kapingamarangi (al oeste), con gente
emigrada de un atolón a principios de siglo. Dentro del núcleo capitalino, a visitar,
de pasada, los restos de la misión que fundaron los seis monjes capuchinos llegados
con el primer gobernador hispano en 1.886 (los japoneses, claro, la destruyeron en
1.944, quedando poco más que una torre). La primera revuelta generalizada –todavía
les quedaban instintos caníbales- estalló en 1.887, provocando la implantación de
una fortaleza de la que son pobre muestra un centenar de metros de muralla
llamados, aún hoy en día, Muro Español. Los nativos, tan hostiles de aquella, se
rebelaron también contra los dominadores alemanes en 1.911, pero el pequeño
escenario del evento lo han estropeado con exceso de cemento; los cadáveres
alemanes se han podrido, tiempo ha, en un mínimo cementerio cubierto de hierbas
pero que conserva la alambrada. Recomendados, accesibles con bote, los atolones
Coral Negro, Joy, Ahnd y las islas del Arco Iris (“Rainbow”); también, pero por aire
(con la “Asociación de Misioneros del Pacífico” -¡toma ya apostolado!-) los atolones
Mwoakilloa y Pingelap.
NAN MADOL
Este inexplicable monumento megalítico, el más importante de los Mares
del Sur, está formado por 92 islotes artificiales, con una extensión de, nada más y
nada menos, 25 hectáreas. Demoraron unos 1.000 años en construirlos, acabándose
en su configuración presente en el 1.200 a. C. La laberíntica ciudadela marítima o
“lugar entre espacios” tuvo la antiquísima denominación de “coral del cielo”, Soung
Nan Leng, ciudad sagrada. Debajo de los restos actuales deben de existir otros de
ciudades que se podrían retrotraer hasta 50.000 años; la versión de los arqueólogos
convencionales se limita al siglo XII, como residencia de reyes y centro religioso. En

271
algunos islotes se ha detectado radioactividad. Han aparecido huesos humanos de
dimensiones gigantescas. El conjunto dejó de estar habitado en 1.930 (existe la
leyenda de que los que se quedan a dormir, mueren o desaparecen).
El inicio de la construcción, con fundamentos históricos, lo dirigieron dos
sacerdotes hermanos, Ohlosopa y Ohlosipa, a los que sucedieron nahumwarkis o
reyes sandeleurs, cada vez más crueles y degenerados; al último lo derrocó (en el
año 1.628) Isokelekel, que llegó de la isla de Kosrae con 333 guerreros. Tantos
millares de columnas de basalto con talla octogonal (las hay de 50.000 kilos) tuvieron
que ser transportadas por tierra ¡y por mar! desde las canteras de la isla; se usó el
ingenioso método de acarrearlas bajo el agua, atadas a balsas de bambú, para que
pesaran menos. De los 92, los islotes con mayor interés son los conocidos por Pahn
Kadira (la ciudad prohibida, el centro administrativo), Pahi (con las 333 piedras
mágicas de los sendos guerreros), Darong (túneles que pueden conducir a las otras
ciudades subterráneas -¿deshabitadas?-), Usendau (residencia de los sacerdotes) y
Nan Dowas (tumbas de los reyes). También en la jungla (en Kitti) y simultáneamente
a Nan Madol, se erigió la desaparecida ciudad de Kep Chakai (“tierra de rocas”),
cerca de la roca sagrada San Rakim, de basalto con coral incrustado.
El acceso a N. M. desde el islote Temwen sería en exceso complicado y
peligroso, por lo que la ruta usada es la marítima, tampoco exenta de peligros. Ya
se habla de una carretera que proporcione llegada directa, pero lo tradicional es
entrar por mar, tras una hora de entretenidísima travesía. ¡Ni ocurrirse la idea de ir
con lancha propia o alquilada!; es absolutamente imprescindible un barquero muy
práctico. El mío, jovencito y gordito, quiso lucirse con dos amiguitas suyas lindísimas
¡además hermanas!, pero toda la tentación desaparecía ante sus desabridos eructos
(costumbre, por otra parte, admitida y practicada por todos en todas partes
oceánicas), que se colaron de rondón. La lancha, larga, era de fibra, impulsada,
con potencia de sobra, por un fuera-borda de 40 caballos-vapor. Gas a tope entre
islas e islotes, habitados -¿de qué pueden vivir?-; sobrepasada la bahía que alberga
el puerto, aumenta el oleaje, la velocidad, los virajes por el aire y los topetazos
que amenazan arrojar a los navegantes fuera de la balsa. Lo peor estaba por venir
-¿haber dado ya casi la Vuelta al Mundo para ahogarse estúpidamente por un
exhibicionismo en la penúltima etapa?-, pues entre las masas de coral, casi
superficiales, han practicado canales estrechos cuya configuración está señalada

272
únicamente por palos que emergen, pero sin indicarse jamás si se han de tomar por
la derecha o izquierda, acercarse o separarse; la dirección y distancia dependen de
la memoria y habilidad del timonel. Al disminuir la velocidad, al irse acercando a la
ingente masa vegetal que denota la existencia de los islotes artificiales, no se ve
entrada alguna, pero el chaval sabe por dónde es.
En Nan Dowas vive gente, y cobran. El templo principal, de planta más o
menos cuadrada
–todo está desmantelado, desencajado, caído, abandonado, tapado-, mide
unos 50 metros de lado; entrada orientada hacia el oeste; lo rodea el agua y se
asienta sobre una plataforma que sobresale poco. Derrumbados, por todos lados los
bloques octogonales de basalto en desorden. La técnica de colocación consistía en
estibarlos (al modo como colocamos los troncos de leña), alineando las piedras
mayores y por el medio otras de menor tamaño en tres niveles, amplio el intermedio
y de relleno los otros dos. El muro exterior tendrá sobre 7 metros de altura. Las
columnas mayores alcanzan unos 3 metros con 20 cm. de grosor. La talla no era
uniforme, no redondeándola ni tampoco con aristas. Poseen una inclinación quizás
no antisísmica, sino para facilitar la sustentación. Tal muro ciclópeo goza de una
especie de ronda interior bastante despejada, pero con plantas y árboles; la calle
que se forma entre los dos muros queda bruscamente cortada por otra masa de
bloques.
Subidos tres o cuatro niveles, el segundo recinto aparece configurado
rectangularmente, más largo que ancho. Sin estar centrado, un habitáculo que
contenía los restos mortales de un rey ancestral; mide 3 metros de ancho por 2 y
medio de profundidad y 2 de alto; la techumbre consiste en más columnas a lo
ancho –parece que no querían cortar nunca el basalto en lajas o planchas-. Desde
arriba, se aprecia que el muro exterior tiene unos dos metros de ancho, y el interior
la mitad, que no es poco. Hubo una piscina sagrada, curativa, en una especie de
sanatorio. El lugar merecería horas y horas –y Micronesia, días y días-, pero las
mareas condicionan la visita, pues en las bajas el coral cortante se vuelve todavía
más peligroso para personas y barcas; los “peces diablos”, asesinos que atacan,
rondan también por parajes tan misteriosos, como guardándolos.
De propina, por si las emociones de ida, esotérica estancia y vuelta hubieran
sido pocas, el barquero –cual Caronte- se empeñó en meterse por la entrada de uno

273
de esos ríos sólo localizable para quien la conoce; la finalidad era, tras una corta
pero resbaladiza caminata, darse un baño vestidos, ellos tres, en un acogedor paraje
presidido por una original cascada, más que catarata. El lugar es conocido por
Kepirohi (también accesible por pistas de tierra) y una niñaja cobra el peatonaje.
Las rocas por donde cae el agua son como mojones que sobresalgan unos de otros,
escalonados, pulidos durante siglos, conformando el conjunto un gigantesco flan
pétreo con protuberancias; tras el baño, ducha lustral –y manual, y para mujeres:
pechos y entrepiernas- con el agua de un depósito adyacente, más sucia, lógicamente,
que la original. Rodeándonos, muy en lo alto, colinas inaccesibles por cuyas espesuras
a plomo se precipitan simples cursos de agua en caída libre; abundan esas cataratas
o saltos sencillos, pero el único al que se puede llegar por carretera (a 20 km. de la
capital, unas 2 horas) es Liduduhniap.
Se acabó. Al avión. ¡A España! (via Nauru, Fiji, Hawai, Los Ángeles); ¡toda
una Vuelta al Mundo!.

274
275
276
EL PODER
II

277
278
INTRODUCCIÓN
Acabo de leer “El Poder”, de releerlo.
Han pasado cerca de 12 años desde que se escribió, desde que lo escribió
Él.
Ahora, por expreso deseo, por orden, de Él, me toca a mí intentar describir
lo que sucedió en ese tiempo, sucesos tan tergiversados, deformados (de buena y
mala fe) y exagerados; siempre condenados.
Desde luego que no puedo pretender ni tan siquiera acercarme a los altísimos
niveles literarios del jefe mirífico –ensalzado, incluso, por filólogos-, pero sí he
intentado, al menos, pulir estilo y cotejar términos para no desentonar en demasía
con el contenido del título original.
En modo alguno voy a intentar justificar lo pasado, aquello en que también
he participado y cuya parte de culpa –si la hubo- asumo. Intentaré, con todas mis
fuerzas y escasos conocimientos, reflejar los hechos del modo más fidedigno, tal
como sucedieron, como los vi, como tuve el honor de vivirlos.
En “El Poder”, de un modo que retrospectivamente puede parecer
premonitorio, el Jefe, además de a sus dos mujeres (Nesea y Matia), al único que
menciona por su nombre –si es que Titín puede ser considerado nombre: pero no
quiero otro- es a mí, lo cual me llenó, ya entonces, de orgullo. Supongo que sería un
premio a mi fidelidad, igual que ahora lo es que pueda estar componiendo esto…
aunque hubiera preferido, ¡sin duda alguna!, compartir la condena. La congoja
vuelve a invadirme el ánimo, como cada vez que se me presenta, ¡siempre presente!,
lo ocurrido; no puedo evitar que lágrimas abundantes mojen este papel.
Para mí siempre fue y será El Je fe. Entré a trabajar para él entre tantos y
he llegado a ser el único depositario de su memoria, como único testigo. Si no fuera
por su predilección, hubiera pasado toda mi vida como fueron mis primeros años y
lo son de la inmensa mayoría: mediocridad, simple mediocridad vegetativa. Me
faltan algunos dedos, arrastro una pierna y tengo un trío de agujeros por el cuerpo,
pero eso es lo de menos, es pequeño tributo a lo grande, a la grandiosidad, pues
puedo presumir de ella aunque sea compartida, otorgada, sentida a través de El
Jefe. En realidad, yo iba para contable, figuraba en nómina como contable, pero
las ansias de agradar, de servir, de cooperar, me llevaron enseguida a formar parte,

279
como accesorio si, pero parte, de círculos y ambientes con los que ni se me había
ocurrido soñar. Mensajero, alcahuete, guardián, secretario, niñero, confidente,
tesorero, … de todo hice en aquella primera fase o parte de la historia, pero nunca
de mí ni para mí, sino como prolongación de la voluntad de quien mandaba. Por su
parte, ese que mandaba siempre lo hizo –igual que con los demás- con toda educación
y ecuanimidad, a veces incluso con muestras de cordialidad. Después, la segunda
parte, es otra historia, la que aquí intentaré narrar.
Cuando estas líneas se publiquen (pues hay medios para ello y los cauces ya
están establecidos), lo primero que se dirá es que son falsas, pues todos me tienen
por muerto. Aún como invención serán leídas, pues mucha es la fama de su actor
principal. Provocarán rechazo, llegarán a degradar aún más la memoria de aquel a
quién ya se condenó, pero ha sido su voluntad. Quizás hasta se intente localizar al
autor, pero pueden evitarse el trabajo, pues en cuanto escriba la última letra el
arma que tengo sobre la mesa cumplirá su función. Habré cumplido mi misión.

280
I

¿Quién no se acuerda de aquel juicio que estuvo durante tantos meses en


boca de todos?, Aunque cada vez sea mayor el aluvión informativo, con o sin interés
–este se crea-, las noticias presuntamente interesantes que los mismos que las
difunden dejan de considerar a los pocos días (aunque fuera entonces cuando
adquirieran utilidad), el caso de El Jefe fue tema principal de conversación, en
todos los estratos, más tiempo que cualquier otro de la época.
Por supuesto, me leía, devoraba, todo lo que se publicaba; oía cualquier
comentario, desde la calle al foro. Aunque no buscara el tema, me lo encontraría,
como todos. Que todo un personaje de la vida pública nacional, político con
aspiraciones, empresario de éxito, familia de lo mejor, a punto de dar su penúltimo
salto en el escalafón, apareciera un día, súbitamente, al lado de una mujer abierta
en canal, empapado de sangre seca, con un cuchillo ritual al lado, tan profundamente
dormido que la señora de la limpieza que primero lo vio ni logró despertarlo con sus
gritos, rompió los esquemas de propios y extraños y desató tormentas y tornados de
conjeturas.
Como es sabido, del presunto autor se dijo que no dijo ni una sola palabra.
Fuentes oficiales soltaron y filtraron que todas las pruebas circunstanciales apuntaban
a una flagrante autoría indubitable. Los medios periodísticos montaron gigantescas
investigaciones paralelas que no consiguieron ir mucho más allá del rumor, el indicio
y la incerteza.
Muy pocos, entre los que me podía contar durante los últimos tiempos,
conocían fehacientemente la índole de la relación del acusado con la víctima. Nesea
no tenía familia directa, ni amistades. Chóferes, escoltas, sirvientes y proveedores,
partes interesadas, no se avinieron abiertamente a declarar en contra de quien era
su auténtica base de sustento. Un amancebamiento -había mucho más!- prolongado
se dio por hecho, pero nunca por probado. Ni rastro de desavenencias, peleas,
amenazas, chantajes, celos o similares.
Todos estamos seguros de que si el presunto autor, a pesar de todos los
indicios inmediatos en contra, hubiera inventado cualquier galimatías o,
sencillamente, negado su autoría, se le hubiera aplicado -¡y más a él!- el principio

281
general de derecho “In dubio pro reo”, pero como no dijo ni “esta boca es mía”,
pues se le aplicó ese otro principio nada jurídico pero sí mucho más consuetudinario
de que “quien calla otorga”.
Detenido y encarcelado, no quiso recibir a nadie, a absolutamente nadie.
Legalmente, prescindió de abogado, pues él mismo lo era. Familiarmente, cortó
todo vínculo. En el ámbito empresarial, ni siquiera se molestó en pasar instrucciones
a sus gerentes. A los compañeros de política, ni bola. En el plano de la amistad, ni
un contacto. Como yo era quien desde hacía bastante, más tiempo pasaba a su lado
tanto en actividades públicas como, sobre todo, privadas, unos y otros comenzaron
a darme una importancia y a tener conmigo una consideración, de las que antes no
atisbara ni asomo.
La policía me interrogó, y aunque era prudente no negarme en redondo a
hablar, cuando lo hice proporcioné tan encontradas y dispares informaciones, que
no tardaron en dejarme por imposible; consecuentemente, me libré de testificar
durante el juicio.
Matia, pobre Matia, elegante y condescendiente Matia, intentó sonsacarme
a solas en más de una ocasión sobre aventuras amorosas de su esposo (que ella
conocía –como todas las esposas-, pero no las raíces y la duración de la que nos
ocupaba), pero como nunca me tuvo por muy espabilado, pronto dejó de intentarlo.
Eso sí, la vía libre que desde tanto tenía en aquella mansión, donde llegué a entrar
y salir sin necesidad de anunciarlo, quedó cortada. Lo sentí por los dos chavales, el
niño y la niña, a los que tan de cerca había visto crecer y que creo echarán de
menos algunas de las ñoñerías y bobadas con que los distraía de su vivir
excesivamente etiquetado. Según me comentaron criadas y profesores, estupor es
el mejor término que define su reacción –común a la inmensa mayoría-, acompañado
del de incredulidad y, en este caso por los pocos años, de la imposibilidad de captar
el significado de la situación.
Su suegro, su cuñado, primero conjuntamente y luego por separado.
intentaron muy seriamente amedrentarme, llegando a la amenaza, pero ni fu ni fa,
yo como si oyera llover; tampoco tardaron mucho en cansarse y dejarme también
por imposible.
Otros, simplemente me tomaron por tonto, ignorante o demasiado
insignificante en el amplio entorno del encarcelado, donde apellidos, cargos y

282
presencias ocultaban con su brillo el auténtico metal que sustentaba,
auténticamente, todo el entramado.
Ningún director general de empresas o de bancos, ningún líder político ni
alto cargo eclesiástico se dignó dirigirse a mí, ,al menos directamente, aunque fue
palpable que adiestrados adláteres fueron enviados tras mi rastro, que pronto se
volvió tan difuso que, o lo perdieron, o lo desecharon.
Aunque estaba en nómina y no había causa de despido, de seguido solicité
una excedencia indefinida alegando lo que nadie me preguntó. De problemas
económicos cero, pues por una parte no soy gastador ( y todos los gastos los tuve
siempre cubiertos), y por otra la conocida y demostrada generosidad de quien
mandaba me había proporcionado ya una cobertura suficiente para todo el tiempo
que hiciera falta.
Con los únicos que sí me mantuve en intermitente contacto directo, fue con
los que sabía hombres de absoluta confianza de nuestro Jefe; no éramos más de la
docena, pero seguros, por variadas razones y orígenes. Su chófer particular, un par
de capataces, otro contable, algún compañero de los inicios, el encargado de su
finca familiar,… no tenía la mínima duda de que cualquiera de ellos estaba dispuesto
a arriesgarlo todo en cuanto les fuera demandado, ordenado. Cualquiera de nosotros
justificaba y aceptaba por adelantado toda conducta por dudosa o inexplicable que
pareciera, de aquel que había sido, era y sería nuestro faro en la vida. Dispuestos,
preparados, deseosos, lo único que nos quedaba era esperar; estábamos totalmente
convencidos de que cuando el Jefe decidiera recurrir a alguien, sería a nosotros.
La reacción del resto de familiares, supuestos amigos, empleados, conocidos
y compañeros, fue variada –hasta el momento en que apareció “El Poder”, que se
homogeneizó- y oscilante. De impresiones directas, de lo que oí y de lo que me
contaron, pude colegir que eran sus padres los más profundamente afectados,
intentando aislarse de todo lo que no fuera su dolor; el padre, presa de temores
que siempre había alimentado ante la conducta nada ortodoxa de su vástago; la
madre, con las entrañas rotas por la separación forzada de su fruto. Su hermana,
en este caso, trocó completamente su conducta, pues aunque tenía fama de
mandona, se sumergió en el extremo opuesto refugiándose siempre ( y, al parecer,
para siempre) detrás de su marido, al que la brusca privación de su cuñado había
dejado sin el principal de sus apoyos en la vida, como cojo, carente, indeciso y
dubitativo en los pocos juicios que emitía con respecto al inesperado y, para él,
monstruoso acontecimiento.

283
El suegro, dignidad, dignidad que le provenía tanto de su edad como de su
ex – cargo judicial; parece ser que no movió ni un solo dedo por los entresijos de la
justicia, ni a favor ni en contra. Su hija intentó sin siempre conseguirlo, heredar
este aspecto de su padre, y cobijó a sus hijos como gallina a sus polluelos (es de
resaltar que jamás se rumoreó lo más mínimo sobre otras relaciones sentimentales,
ni entonces ni mucho después: más que fiel a su marido, creo que fue fiel a sí
misma). De los demás de esa rama familiar (el general, el ministro, el nuevo obispo,…)
se oyó, directa o indirectamente, todo tipo de versiones, desde el exabrupto a la
condescendencia.
Su partido político se curó en salud, ya de principio, expulsándolo, no sin la
íntima satisfacción y complacencia de sus principales rivales y posibles sucesores.
Desde el Gobierno se evitaron cuidadosamente todos los comentarios o noticias
comprometedores, pasándole la patata caliente a la justicia.
En el ámbito empresarial se obviaron tanto comentarios como decisiones
vinculativos, a la espera de lo que se sentenciara. Allá donde simplemente figuraba
en representación de otros o con cuotas mínimas, se prescindió nominalmente del
reo, pero en todos los sitios en que efectivamente ostentaba mando y/o capital, se
cuidaron muy mucho de tomar ni la más mínima iniciativa, ni siquiera de modo
nominal, pues todos conocían, por sí o por terceros, con quien se la estaban jugando
y ésta, en principio, no parecía la situación más comprometida de la que el Jefe
había sabido salir con bien ( y beneficiado) en su azarosa carrera.
A todo esto, aislado pero en medio del torbellino, el interesado ni palabra.
El juicio.
Público, abierto por imperativo de la ley (que no por ganas); sus sesiones
fueron tan puntualmente seguidas, difundidas y comentadas, que huelga toda
explicación.
A costa de influencias, sobornos y, en algunos días, horas de cola de espera,
conseguí asistir a la mayor parte de la vista. Nada me interesaba el proceso en sí,
mi interés se centraba exclusivamente en el procesado. No le quité, en todo el
tiempo, cada sesión, la vista de encima; por su parte, si se dio cuenta de mi presencia
–o cualquier otra-, no dio el más mínimo signo. Permanecía continuamente como
ausente, abstraído, como si no se estuviera decidiendo fatalmente sobre su vida o
su modo de vivir. Gesto imperturbable, mirada baja y fija, manos esposadas inmóviles

284
entre las piernas, un respirar que se denotaba rítmico y se intuía reflejo de un
ritmo cardíaco reposado. No se le vio inmutarse ante insultos provenientes de algún
exaltado –más bien, exaltadas-, ni ante algún grito de ánimo o apoyo(enseguida
acallado); nunca se volvió hacia los asistentes por los requerimientos, ya suplicantes,
ya exigentes, de alguno de sus más allegados. Llegó un momento en que todos los
presentes nos acostumbramos a su “ausencia”, y parecíamos asistir –jueces inclusive-
a un evento que nada tuviera que ver con aquella figura gris obscura custodiada por
guardianes que más semejaban postes o marco.
Estaba grueso, un poco hinchado (la buena mesa, moderadamente, siempre
le gustó, y esa prerrogativa, junto con abundantes libros y material de escribir, era
la única de que constaba hubiera hecho uso). El pelo, muy largo y pringoso, seguía,
no obstante, sin atisbo de canas. La barba, descuidada, se notaba que había sido
recortada burdamente en unos puntos (donde estorbaba)y en otros no. ¡Manos sucias!.
El poseedor de un vestuario suficiente para poner de lo más elegante a toda la sala,
se presentaba cada día con el mismo mugriento uniforme carcelario. Al llegar e
irse, arrastraba los pies, a pesar de no llevar grilletes.
Conforme el juicio se fue desarrollando, apareciendo hechos e indicios que
más que explicar embrollaban el caso, la actitud de la gente, en general, cambiaba.
Se distinguía claramente la opinión de los presentes y allegados de la de aquellos
que eran informados, mayormente, a través de noticiarios más o menos interesados
en una u otra versión, a cual más nocible. Entre los presente, estoy seguro que
nadie hubiera enviado al patíbulo a aquella imagen totalmente empobrecida de lo
que fuera un gran hombre. Los ávidos lectores oyentes dependían de sus fuentes, y
de éstas manaban tanto el odio como la insidia o la indulgencia. El aporte de pruebas
no influía en el ambiente que se respiraba en la sala, pero podía provocar una
marejada o toda una tormenta según quién y cómo lo interpretaran para terceros.
Pocos neutrales y aún menos independientes había; los medios de comunicación,
totalmente polarizados y obedeciendo a los intereses de quien pagaba, seguían
líneas divergentes llegando a confundir, que quizás era lo que pretendían. De todos
modos, unos y otros, aun los partidarios, daban al juzgado por física, profesional,
políticamente hundido.
En su derecho de defenderse a sí mismo, lo que hizo fue provocar ausencia
de defensa, como es sabido. De entrada, una de las escasísimas veces en que le fue

285
ineludible hablar –con voz ronca, sin ningún aliento vital-, comunicó a sus señorías
que sólo haría uso de la palabra cuando lo considerara conveniente, y nunca pareció
considerarlo.
-¿Se declara culpable o inocente?.
-Culpable.
La defensa no presentó ni un solo testigo o contratestigo, no aportó la
mínima prueba o contra-prueba, no interpeló ni contradijo al fiscal; cuando fue
interrogado, se acogió siempre a su derecho de no contestar preguntas
determinantes.
-Levántese el acusado.
-Este tribunal, considera al acusado reo del delito de homicidio y lo condena
a cadena perpetua.
-¡No!... la sentencia tiene que ser de muerte, ¡soy culpable!, ¡muerte!,
¡muerte!.

286
II

Habían pasado ya unos cuantos días desde la finalización del juicio,


encontrándome sin saber qué hacer -¿volver al trabajo?, ¿irme?... ¿seguir esperando?-
, cuando incluso antes de que lo publicara la prensa (por esos cauces indetectables
y, a veces, ni programados, pero que suelen ser los más eficaces y rápidos), me
enteré de que el Jefe había llamado a un acreditado abogado.
¡Al fin!.
Todos, al unísono, supusimos que iba a recurrir la sentencia, a luchar y
ganar, como había hecho siempre, desde sus inicios. Todo rebullía. A esa primera
cita siguieron otras, a ese abogado, asesores y principales empleados; nada de
familia ni visitas por iniciativa ajena, por deseo del recluso.
Ya estaba, el engranaje se había puesto de nuevo en marcha. Como siempre
me consideré una pieza, si no grande ni importante sí, con toda seguridad, básica
para la transmisión del movimiento en la maquinaria, la incertidumbre quiso dar
paso a la duda- ¿cómo no me llamaba a mí?...-, pero estaba tan acostumbrado a
verlo actuar (aunque en libertad) sin dar explicaciones, confiaba tanto en él, que
seguí -¿o empecé?- estando seguro que sabía lo que se hacía.
Este trajín legal y económico –que tampoco político- produjo dos corrientes
de opinión; unos, partidarios de que tras un período de obnubilación había vuelto a
la realdad y se iba a defender –entonces, ¿por qué se había declarado culpable?-;
otros, los más, a favor de la hipótesis que ya durante el juicio había ido tomando
cuerpo: que había estado ocultando a alguien o que había sido víctima de un complot
y que, finalmente, se decidía a hablar para no tener que pasar el resto de su vida
entre rejas -¿y hubiera preferido la muerte?-. A unos cuantos, los que más y de más
cerca lo conocíamos, esas opiniones nos parecían absurdas, y estábamos más bien
convencidos de que todo, desde el principio -¡pero yo sabía que amaba a Nesea!-,
quizás hasta con muerte incluida (pues no sería la primera vez), era un montaje,
una estratagema suprema para dar algún golpe definitivo a sus compañeros –y, por
eso, enemigos- de arena.
Lo que ya nadie, absolutamente nadie, lo consideraba, era desechado ni
fuera del panorama nacional.

287
Espectación, más especulaciones, hasta apuestas. Pero el plazo legal para
recurrir la sentencia pasaba y nadie se personaba en su nombre; escepticismo.
Acabó el plazo. Estupor.
La sentencia ya era firme e irrecurrible. ¿Se tendría que pasar todo lo que
le quedara de vida encerrado? Increíble.
Abogados, asesores y altos empleados siguieron desfilando en horas de visita
(se decía que también fuera de ellas); parecía que quería arreglar sus numerosísimos
y variadísimos asuntos; se supo de ventas, renuncias, donaciones y trueques varios.
Al convertirse en rutina, fue dejando de ser motivo de interés, tema de charla, y si
no olvidado, el asunto fue quedando sedimentado bajo las capas de los días y de
otros acontecimientos más inmediatos y novedosos que recababan la atención del
vulgo.
No sé cómo viviría el Jefe allá dentro (algún rumor se oía de que inactivo no
estaba), pero seguro que yo no lo hacía mucho mejor aquí fuera. Perviviendo, sin
objeto ni motivo para lo cotidiano ni para lo excepcional, no sé por qué no volví al
trabajo o como no me fui lejos. Tirado en el camastro, intentaba adquirir una
cultura y unos conocimientos de los que sólo me habían llegado retazos –por falta
de medios, que no de ganas-; tragaba cualquier cosa, por beber nunca se me había
dado y no iba a empezar, lloraba, un mínimo de sexo mercenario…; ¿seguía
esperando?... quizás no, pero tampoco hesitaba, seguía confiando, siempre. Sé que
suele suceder al revés, que cuando falla la confianza surge la esperanza, pero en
ese momento y más adelante, por mí y por otros, supe que cuando se pierde toda
esperanza, puede aparecer la confianza.
-Hola Titín, buenas noches.
-Buenas, buenas,…
-Creo que ya nos conocemos.
-Sí, sí, por supuesto, lo he visto en muchas ocasiones con el Jefe, en
reuniones.
-¿Puedo pasar?.
-¡Oh!, perdone. Es que estoy bastante sorprendido. ¿Quiere tomar algo?.
-No, gracias, tengo la misma prisa de siempre y sólo vengo a transmitirle un
mensaje; lo que no quería es que nos pudieran ver u oir.
-¿Un mensaje?.

288
-¿Se pregunta de quién?
-No, estoy seguro.
-Quiere verlo, le pide que vaya a visitarlo a la prisión.
Es un cambio radical, aun para los que estamos simplemente de paso, con
la posibilidad de darnos la vuelta en cualquier momento. Oprime, dejas de poseerte,
te absorbe. En las siguientes veces que visité la cárcel estatal experimenté los
mismos sentimientos angustiosos. Portón abierto, portón cerrado. Hombres armados
por todas partes, controles sin cuento. Todo aséptico, distante, frío aun con calor,
permanentemente agobiante, opresivo. ¡Y esto para las visitas!, ¿cómo será para
los recluso?!.
Iba en calidad de ayudante de quien era claramente visita habitual… y
generosa. Un poco antes de tener lugar el encuentro tan ansiosamente deseado y
esperado, mi acompañante se separó alegando otros quehaceres con algún cliente
distinto.
-Bien, Titín, ¿cómo empieza el día?.
Me dirigía el mismo saludo habitual, en el tono de siempre, la primera frase
que me había soltado cada mañana a lo largo de los años. ‘¡como si nos hubiéramos
despedido el día anterior con la seguridad del siguiente!. Sus labios con esa misma
distensión quasi perenne que no llegaba a sonrisa. ¡Y ya no era el del juicio!.
-Vamos hombre, para de llorar y dí algo.
Lo intentaba pero no lo conseguía; durante los primeros minutos no logré
pasar de los balbuceos; lo miraba. Él también me miraba a mí, condescendiente,
pero sus ojos, su mirada, no eran los mismos, la misma; de tonalidades claras,
habían semejado obscurecérsele cuando tomaba o comunicaba decisiones tajantes,
pero ahora su color se había vuelto más indefinido, como nebuloso. Guedejas y
desaliño habían desaparecido; el pelo estaba perfectamente cortado (aunque en
estilo muy distinto al habitual, de antes, y ya con asomo de canas) y la barba
rasurada -¿quizás el mentón más prominente?-; el terno carcelario, impecable, más
parecía de militar que de recluso.
-Jefe, cuanto me alegro,… aquí estoy, aquí estoy.
¡Y su cara!; curtida, ostentaba marcas y señales que antes no tenía, como
una ceja rota, un labio partido, media oreja machacada y ¡hasta la nariz un poco

289
torcida!. En conjunto, impresionaba, destilaba fuerza, transmitía temor para quien
lo contemplara.
-Escucha y no te preocupes de que nos puedan oír, todas las precauciones
han sido adoptadas ya hace tiempo; también aquí el dinero manda.
El cuerpo se adivinaba macizo, cenceño, más tosco y menos elegante de
movimientos, pero terso; toda la grasa había desaparecido, no debía de quedar ni
gramo. Los antebrazos se le habían ensanchado y los músculos restallaban. ¿Era
aquél mi Jefe?. ¡Era aquél mi Jefe!.
-Si te hubiera citado antes, llamaríamos la atención; al no recibir a nadie
tampoco te podía recibir a ti, ¡comprendes?. Más tarde, entre tanta visita profesional,
ya te puedo camuflar, y hay algunos encargos que sólo a ti te puedo hacer. ¿Cómo
están los otros chicos?.
Sabía a quién se refería, aquel grupito con el que al principio estuve en
contacto y dispuestos a lo que fuera, pero que las circunstancias disgregaron
espaciando o haciendo desaparecer las comunicaciones. Le dí el parte de los que
sabía, me cortó la información sobre un par de ellos –con mi gran extrañeza-, y me
preguntó sobre algunos otros con quien ni hubiera imaginado otras relaciones y
contactos que los estrictamente necesarios. Recibí instrucciones sobre dinero que
debía distribuirles, de dónde y cómo podía sacar y, lo más importante, indicaciones
sobre su misión como vigilantes de la ejecución de las órdenes que daba formalmente
a otros; todos debían informarme a mí y yo sería el contacto con la sub-realidad
exterior, pues no se fiaba en demasía de que todo lo que estaba ordenando se
ejecutara tal como lo disponía.
-Estaba completamente convencido de ser ejecutado por asesinato, por lo
que perdí todo interés por todo y todos. Me consideraba muerto. Al devolverme a la
vida, inmediatamente supe que me tenía que adaptar a ella, a esta nueva vida,
intramuros.
El tiempo de visita se acababa. Al percibir que tanto el carcelero como
quien me había servido de introductor se acercaban, bajó la voz.
-¡Ah una última cosa por hoy: que nunca falten flores en la tumba de Nesea.
-Perdón Jefe, pero de eso ya me he preocupado desde el primer día.

290
En mi segunda visita, convenientemente espaciada, tenía delante un fajo
de hojas recosidas manualmente y que me pasó de inmediato tras el intercambio
de saludos ritual.
-El día empezó como siempre, Jefe, amaneciendo.
-Esto es un esquema de mi vida, también lo que sucedió al final, y digo final
porque entonces morí y resucité, pero no en el mismo sitio, si no en otro diferente,
en otra vida. Quiero que se publique, después te diré lo que tienes que hacer, a
quien dirigirte. Ya lo tenía todo escrito y decidido que se publicara tras mi ejecución,
pero al serme usurpada ésta y como nunca pensé siquiera en suicidarme, ya no
corrió mayor prisa, ni la hay ahora, ¡aunque vaya a ser una buena carnaza para
tiburones!... y demasiado bocado para otros peces. Lo escribí y lo publico porque
estoy seguro que hay quien lo digerirá.
Leí el manuscrito antes de entregarlo en imprenta; me gustó objetivamente,
me subyugó subjetivamente : ¡ahora podía comprender aquellas sombras en una
vida aparentemente tan luminosa!.
El escándalo. Tal fue el impacto que en ninguna parte se oía hablar de otra
cosa. Los citados, los afectados, maldijeron una y mil veces –”¡cómo se ha atrevido!”-
, Que una persona pública se desnudase públicamente –”¿para qué va a mentir si lo
tiene todo ya perdido?”- es tan poco habitual que rompió muchos esquemas y
prejuicios de la época. Lástima que no se buscara beneficio –éstos fueron, íntegros,
para una pequeña editorial, de esas que publican los libros que casi nadie lee pero
que alguien debe de pasar a caracteres – y que el autor se hubiera negado a
versionarla para teatro, pues hubiera sido el éxito de la temporada.
Con independencia de los directa o indirectamente afectados por hechos u
opiniones, el contenido del libro-confesión (no relevante a efectos penales pues ya
era cosa juzgada, con sentencia inmodificable) no fue asimilado por casi nadie;
demasiado pendiente está la mayoría del sustento y del día a día como para captar
disquisiciones teóricas sobre lo que , probablemente, nunca habrán sentido.
Incomprensión; en su doble sentido de no aprehensión intelectual de calificación
moral, es lo que puedo deducir de comentarios públicos y privados. Me dio la
impresión de que quien lo asimilaba, se lo callaba, mientras que los juicios emitidos,
a alta voz, iban por el sendero trillado de los convencionalismos más al uso. Que
“¡teniéndolo todo acabe así!”, un “degenerado”, o “a esta gente no hay quien la

291
entienda”, eran las frases sueltas que repetidamente se podían escuchar por doquier.
El protagonista, como siempre, se negó en redondo a recibir o comunicar con
cualquier rórgano informativo - ¡ni los propios!-.
-Mira, Titín, en su momento elegí una opción, consciente y voluntariamente,
con todas sus consecuencias; que esas consecuencias, ¡desgraciadamente!, no hayan
sido las esperadas, en cuyo caso no estaríamos hablando aquí, no cambian, en
modo alguno, mis ideas y sentimientos de cuando elegí la opción.
-Pero, Jefe, si lo hubieran llevado al cadalso sería lo peor.
-No era lo mejor, lo esperado, lo deseado, lo calculado, pero fallé y ahora
hay que seguir adelante.
-Pues recupere todo lo suyo, retome otra vez todos los hilos.
-No, eso es lo que te decía hace un momentito, expresaba en voz alta ideas
que no tendría por qué explicarte, pero a fin de cuentas ahora eres mi cordón
umbilical, e igual que cuando estás al otro lado del cordón umbilical renuncias al
mundo anterior, asi lo he hecho yo.
-Me han dicho que los niños siguen preguntando por su padre, que Matia…
-No, nada de eso, te prohíbo expresamente el tema; a la familia, según su
concepción de vida, les he fallado absolutamente, por tanto no deben sufrir más
por un contacto que ni creo deseen.
-¿Y todos los demás?
-Únicamente la curiosidad, más bien la morbosidad, les incitaría a traspasar
esos gruesos muros exteriores.
-¿Y sus intereses?.
-No me interesan y, a fin de cuentas, lo que he perdido no es tanto, en
comparación con lo que estamos salvando. Que los gusanos se disputen las migajas
de aquellas tajadas que ya no me son útiles, del mundo que he abandonado por
propia voluntad.
-¿Y su mundo está ahí, tras esas rejas?.
-Sí, aquí, a este lado, otro día te lo explicaré.
Iba al recinto carcelario, si no con la frecuencia que hubiera deseado, más
que cualquier otro; el Jefe siempre me indicaba al final de cada visita cuando debía
volver; si alguien interesado se percató de mí asiduidad (que no periodicidad),
quien no se percató nunca de ser vigilado fui yo, y no es del todo imposible que

292
hubiera conseguido pasar desapercibido, como uno más, entre las bastantes
entrevistas de ámbito profesional que se producían.
Simultáneamente, siguiendo instrucciones estrictas, coordinaba un equipo
paralelo, un conjunto de controladores de ejecutores; cuando en los medios
financieros se empezó a detectar cierta extrañeza, no pude dejar de comentarlo.
-Normal que se extrañen, ¡ni buscándolo dejaría de sorprender a todos!.
Que mis instrucciones se sigan al pie de la letra, gusten o no, parezcan adecuadas
o lo contrario.
-Lo que parece absurdo, a mí incluido, tengo que decirlo, es lo cuantioso de
las donaciones.
-El dinero sólo sirve para conseguir lo que no se puede conseguir de otro
modo; yo, si me hubieran matado, hubiera “conseguido” lo que quería, por tanto
no necesitaba, obviamente, dinero en modo alguno ni para nada. Al no haber dejado
ni testamento y estar todo legalmente embrollado, el lío que se hubiera formado
no era más que una parte de mis carcajadas desde la tumba.
-Pero ahora es distinto.
-Sí distinto pero no tanto como parece. El dinero, al tener por razones
obvias menos posibilidades reales y concretas de gastarlo, sigue sin interesarme;
en cierto modo, forma parte de lo dejado atrás, de aquello que no quise.
-Aún así, no es para regalarlo a manos llenas.
-No lo estoy regalando, lo estoy asignando a fines concretos, de investigación,
caridad, difusión cultural,…Digamos lo he sacado de un sitio, a unos pocos, para
ponerlo en otro, permitiendo que lo disfruten quienes normalmente no lo tienen.
-Los porcentajes del total que estamos ocultando me parecen bajos.
-Lo parecen y hasta lo son, pero hecha cuentas, que debe seguir siendo lo
tuyo, y te darás cuenta que la mayoría de transferencias se han hecho
condicionalmente y con reserva de control, de modo que si interesara, en momento
dado, detraer una buena parte del conjunto, sería factible; de todos modos, es
simple precaución, pues no pienso hacerlo y en mi modus vivendi actual, dentro de
lo posible, he prescindido del vil metal.
-Pero el dinero siempre será el dinero.
-En todas partes, incluso aquí, podría estar sacando mucho dinero de aquí
mismo si ello me interesara. Además, aunque las probabilidades de no salir nunca

293
sean del 99,9%, no se puede desechar estadísticamente ese 0,1 %, y siempre hay
que tenerlo previsto, por si acaso. Mi “hucha” sigue intacta, tengo dinero, oro y
joyas escondidos en diversos lugares secretos, secretos que me llevaré a la tumba
si el Destino no dispone otra cosa.
En una ocasión en que me personé para la casi rutinaria visita (casi desde el
principio noté que me trataban con cierta deferencia, sin haber hecho nada por mi
parte pues, sin fundamento, consideraba a aquellos funcionarios casi enemigos),
me quedé de piedra al serme comunicado que el preso estaba en la celda de castigo;
¡el colmo!, que lo encarcelen a uno dentro de la propia cárcel.
-Bien, Titín, ¿cómo empieza el día?.
-El día empezó como siempre, Jefe, amaneciendo. Aunque ya es por la
tarde.
-Sí, hemos cambiado la sesión matutina por la vespertina, debido a la
interrupción que ya sabes; no conseguí que me soltaran y te avisaran hasta esta
misma mañana.
-Me parece increíble que a usted, a usted…
-Con tu discreción habitual, que es una de tus muchas cualidades que más
aprecio, nunca me has preguntado por mis varias cicatrices, y te aseguro que no me
las hice en el gimnasio.
-A pesar de ellas, permítame decirle que su aspecto es inmejorable,… quiero
decir que mejor que antes,… ¡oh!, perdón…
-No, no, has dado en el clavo. ¡Y no sólo por fuera estoy mejor!, si no
también por dentro. Por increíble que suene, me siento más auténtico dentro que
fuera. Soy un hombre más completo en esta nueva vida.
Poco a poco, por sus confidencias o por las de otros – no exentas de
admiración-, me fui enterando de toda la historia. ¡Bravo Jefe, eres el más grande!.
Resulta que al ingresar, como no, todos sabían quien era, por lo que los
principales clanes carcelarios le ofrecieron su protección, la cual fue educadamente
rechazada, a unos y otros. En esa primera fase, de independencia, los rechazados
pasaron de la presunta protección a la extorsión pura y simple, con exigencias. De
entonces es de cuando provienen la mayoría de las cicatrices, aunque no las más
llamativas pues, por principio, el requerido se negó a lo exigido y lo hubo de pagar
de otro modo, con su sangre. Contaba con la ventaja de haber tenido excelentes

294
maestros en defensa personal –en última instancia, aunque tenía ineludiblemente
que confiar en muchos, el Jefe no se fiaba más que de sí mismo, incluso para
protegerse-, maestros de un jaez que en modo alguno se habían podido permitir sus
oponentes (ni otro tipo de maestros, tampoco); su desventaja, que estaba
empezando a salir de su marasmo físico (y mental) y tardó bastante en coger su
mejor forma, con aquel aspecto casi salvaje que me había impresionado tanto en
un principio. Entre muchos golpes dados y bastantes recibidos, el luchador observaba.
De los distintos bandos entre los reclusos, escogió al que lideraba “el Negro”;
por relativamente reciente formación (controlaba, casi exclusivamente, el suministro
de “artículos indeterminados”), ni eran los más numerosos –aunque tampoco los
más pequeños- ni los más poderosos, pero su cohesión interna de grupo era mayor,
precisamente por no haber tenido todavía tiempo a relajarse por tamaño o fuerza.
Lo que sí tenía, y con clara ventaja, era el líder más grande, lo que hizo que el Jefe
le cambiara el alias por el de “Blancanieves” y los enanitos. Curiosamente, este
logro “intelectual” devino en la primera aceptación generalizada de la inusual
personalidad del reciente –ya- compañero de reclusión.
La aceptación psicológica era inevitable, pues ¿a quién iban a recurrir para
redactar una petición o reclamación?, a ¿quién preguntar, como árbitro, sobre
cuestiones baladíes o profundas, constantes temas de discusiones?. El siguiente
paso también era inevitable, pues nadie más podía prestar mucho dinero a bajo
interés, y las prórrogas en las devoluciones –o, en otros casos, su expedita
reclamación violenta- creaban obligaciones, adhesiones y hasta simpatías. Aquello
produjo las inevitables represalias de los usureros que hasta entonces controlaban
todo el cotarro, y otra colección de cicatrices y alguna estancia más o menos
prolongada en la enfermería, daban fe de cuán dura y cruenta había sido la batalla.
Hasta entonces, lo racional; pero para lo puramente instintivo, físico, animal,
en aquella jaula de bestias sólo existía un camino, y el Jefe lo sabía. Cuando se
consideró preparado, cuando decidió que era el momento oportuno, aumentó su
aureola hasta el mito enfrentándose en pelea unipersonal con el Negro, hazaña que
nadie se había atrevido a afrontar; aunque no se dio vencedor oficial, la consecuencia
del enfrentamiento –oreja y nariz irrecuperables aparte- fue patente para todos: el
nuevo y Blancanieves (en cuyo favor hay que decir que jamás hizo distinciones de
piel –al contrario de otros- por lo que en su facción había gente de todos lo colores

295
–y no sólo de piel-), los dos, se pasaban buena parte del tiempo juntos, en perenne
cabildeo, y aunque el gigante siguió impartiendo las órdenes directas con su vozarrón
imposible de ignorar, para todos estaba claro quien las inspiraba.
Conseguido el control de una parte, llegar al control del todo no fue más
que cuestión de tiempo y de aplicar la siempre vigente divisa del “divide y vencerás”.
La aceptación del tenue pero a la vez firme liderazgo se vio acelerada y facilitada
por la capacidad organizativa y financiera que nadie más podía ostentar en aquel
medio. La sección de “artículos indeterminados” llegó a tomar tal incremento que
los propios familiares ¡y hasta los carceleros! acabaron abasteciéndose, puertas
adentro, de lo que era muy difícil o costoso puertas afuera. Desde la bebida alcohólica
hasta la asignación de puestos de trabajo, desde la prostitución (de reclusos) hasta
el tabaco o el juego, nada quedó sin la supervisión y mejora interesada del nuevo
amo, que hogaño domeñaba completamente su entorno.
Súmesele a todo lo dicho que, por no necesitarlo en modo alguno, el cabeza
de la pirámide dejaba el total de las ganancias para escalones intermedios (de los
que no estaban excluidos, por descontado, los funcionarios –director de prisión
incluido-), y se comprenderá cómo en mis últimas visitas ya ni firmaba en registro
ni nada – las llaves de la cárcel no me las dieron porque no las pedí, digo –los
guardianes me saludaban con un “adelante señor Titin, está usted en su casa, el
Jefe le espera”.
No todas, pero –bastantes- de las directrices exteriores también resultan
válidas en la trena. El director oficioso de todo aquello se presentaba siempre con
uniforme (tenía varios, a medida) impecable, almidonado los domingos y fiestas de
guardar; sus acólitos destacaban por lo pulcro de la indumentaria y lo cuidado de
los ademanes. Aunque jamás corregía a nadie por su habla o sus gestos, el nuevo
árbitro seguía con su inveterada costumbre de no recurrir a exabruptos ni blasfemias,
con lo que cualquier apóstrofe o subida de tono le confería muchísima mayor eficacia;
en cuanto al gesto, siempre mesurado y conciso, por lo que su aceleración producía,
rápidamente, la electrización en su entorno. A sus elegidos, a los más próximos, el
Jefe les permitía tatuarse abarcando la tetilla izquierda el mismo motivo o distintivo
que él llevaba; una especie de garra, de bordes difusos, con un a modo de
prolongación o asidero. El Jefe se había convertido, subrepticiamente, en el jefe

296
de su cárcel, y allí decidía, a pesar de los conciliábulos, con mayor autonomía y
autoridad, hasta poder, que en lo que él llamaba su vida anterior.
-A partir de ahora las visitas se espaciarán. El proceso del reparto y aplicación
de haberes se puede considerar concluido.
-Pero Jefe, quedan muchos cabos sueltos, cantidades grandes que aún se
podrían recuperar.
-Démoslas por perdidas, gastos de gestión, no importan. Fundaciones,
depósitos bancarios y similares ya están bien delimitados. ¿Sabes cuál es tu función
desde este momento?
-Pues no.
-Seguir vigilando a los que vigilan.
Y seguí, y la vida siguió, y por fuera todo funcionaba, con pequeñas
desviaciones pronta y expeditivamente corregidas por quien correspondía.
Ciertamente había sido una pena –más que nada, desde mi punto de vista contable-
no reclamar cuantías que quedaron en manos indebidas (la iglesia, sobre todo),
mas lo hecho bien hecho estaba, y diferentes personas y organismos, en algunos
casos ignorándolo, gestionaban bienes y capitales de un condenado a cadena
perpetua.
La labor benéfica, social y cultural fue inmensa, orientada con absoluta
preferencia, siguiendo rígidos estatutos, a aspectos y estratos marginales. Aunque
la fuente de los recursos era anónima, es imposible evitar filtraciones y rumores, y
como algo se sabía y mucho se suponía, la fama del criminal mejoró. Las primeras
lejanas campanas sobre la posibilidad de un indulto en el futuro empezaron a oírse.
Entre una cosa y otra, conocido el intríngulis, el miedo guardaba la viña.
Otoño, invierno, primavera,… Ritmos de la vida, ciclos del existir. Sol, lluvias,
vientos. Muertes, nacimientos, fiestas. Planes, proyectos, realizaciones. Una flor
que se abre. Rutina, un árbol cae. Ideas, hechos, pasiones, sueños.
-Bien, Titín, ¡cómo empieza el día?.
-El día empezó como siempre Jefe, amaneciendo. No hay grandes novedades,
todo sigue por su curso. De todos modos, me gustaría venir más a menudo.
-No es necesario, el resto del equipo aún aparece por aquí menos que tú. Si
no fuera porque sé que si regalo todo el dinero no se van a cumplir las obligaciones

297
que conlleva y también por cierta precaución, prescindiría de todo contacto con
vuestro mundo, tú incluido.
-No me diga eso, por favor. Empiezo a estar seguro, y no soy el único, que
algún día no lejano podremos volver a cazar por esos campos.
-No me tientes. Jamás. No quiero. Nunca aceptaría un indulto parcial o
rebaja excepcional de pena, y los indultos generales no nos alcanzan a los condenados
a cadena perpetua. Estoy casi perfecto así.
-Desde luego, su aspecto sigue siendo inmejorable.
-No me cambiaría por el que fui. No hecho en falta más que una cosa de mi
mundo anterior: mujeres.
Verano. Preocupaciones, llantos, juego, amor. Canta una cigarra. Humo,
niebla, rosas. Subir, bajar, seguir. El agua. El poder de lo inevitable, la levedad de la
ilusión. Aquí, allá, entonces…
No había problemas contables, nadie se extralimitaba más de lo previsto y
progresivamente todos iban olvidándose, al menos en apariencia, de quien estaba
apartado de ellos. Dentro de su mundo el preso 6.954 se mantenía en su lugar.
Todo bien, dentro de lo que cabe, hasta el día en que creí que el Jefe se
había vuelto loco.
-Que pasa, ¡Jefe!, ¿no me pregunta cómo empezó el día?.
-Nesea ha estado aquí.

298
III

No podía evitar temblar como un azogado.


Cuando, alelado, salía de la visita más corta jamás hecha en aquel centro
penitenciario (el Jefe, tras su desvarío, no dijo una sola palabra más y únicamente
me pasó un papelito –de letra menuda, casi infantil- con una dirección); sin ver, sin
mirar, sin oir, sin enterarme, me topé de bruces con uno de los muchos carceleros
que ya casi me consideraban de la familia.
-Mire por donde va, señor Titín.
-Si,… no; ya.
-¡Parece que hubiera visto usted a un fantasma!.
-No,… si; yo.
-Al Jefe le ha ocurrido lo mismo. ¡y eso que usted no vio a la mujer!.
-¡La mujer!... ¿qué mujer?.
-La que nos dejó a todos con la boca abierta, como al Jefe y a usted.
-¿Cuándo?,… ¿Quién?.
Hace dos o tres días; ¡qué extraño!, no es la primera vez que una mujer
intentaba verlo, pero sí la primera a la que él se lo consentía; ¡aunque ella bien se
lo merecía!.
-¿Ella?.
-Sí, la mujer, la chica, ¡quién fuera!. No provocaba, hasta iba muy tapada,
pero era toda una provocación. ¡Y cómo se quedó el Jefe!.
-¿Te fijaste en ella?.
-¡Y quien no!; todos le hicimos un buen repaso visual, dentro de lo poco que
se dejaba ver.
-¿Cómo era?.
-Los labios, muy rojos a pesar de no tenerlos pintados, ¡quién pillara aquella
boca!; los ojos, tan obscuros como para no negarles nada. ¡Qué hembra!.
-¿Qué más?.
-Hombre, poco se podía ver, y uno está a lo suyo, a vigilar. No vestía muy
bien ni ajustado, pero daba gusto verla andar, lenta y segura como si toda su vida la
hubiera pasado entre asesinos. Debe ser joven pero traía un pañuelo que casi le

299
tapaba toda la cara; cuando se lo quitó ante el Jefe, pude ver que su pelo era
negro, muy negro y muy largo.
-¿Dijo su nombre?.
-Sí, pero era raro, algo así como Nosea.
No sé como llegué a casa; sentado en mi sillón, miraba y remiraba el trocito
de papel, lo leí varios cientos de veces, lo puse en todas las posiciones posibles por
ambos lados y hasta lo contemplé largamente al trasluz, como si en el pudiera
encontrar alguna respuesta para lo que no tenía ninguna explicación.
¿Era una broma?. No, porque un engaño o broma al Jefe, hombre equilibrado
donde los haya –excepto cuando mató a la propia Nesea y cuando se empeñó en que
lo ejecutaran- no le hubiera afectado de aquella manera.
¿Era una alucinación colectiva?. Je,je.
¿Era un sueño?.
¡Los muertos –ni las muertas- no resucitan!
¿Era otra?... ¡pero si la descripción que me dio aquel imbécil era clavadita
a la Nesea que tantas veces me sonrió! – la amante ( o segunda mujer) me trataba
todavía mejor que la primera o legítima-.
¿Una hermana gemela?, ¿una hija?, ¿sobrina?. Imposible, si no yo, el Jefe, al
menos, tendría que saberlo.
Nunca le he concedido excesiva importancia a la comida, pero aquel día la
olvidé totalmente. Por primera vez tuve como una necesidad de beber algo realmente
fuerte (y en abundancia), aunque no lo hice, quizás por no levantarme de aquel
sillón donde seguí postrado durante no sé cuantas horas.
Finalmente, y con la tinta casi borrada de tanto manoseo –aunque ya me
sabía la dirección de memoria y nunca se me pudo olvidar-, acabé por caer en la
cuenta de que si el Jefe me la había dado, era para que fuera; ¡no! si, no quedaba
otro remedio para mi estulticia.
Ni que fuera yo al cadalso, se me hubiera hecho el camino tan corto, y eso
que era bastante lejos, en un suburbio para gente acomodada pero sin pretensiones.
El número correspondía a una casita como las demás, que no destacaba en nada.
Pasé de largo cuatro o cinco veces, para un lado y para otro, recorría los laterales,
miré por detrás, volví a pasar ante la verja baja, de madera en punta pintada en
blanco. Cuando ante alguna mirada inquisitiva vecinal no me quedó otra alternativa

300
que empujar la cancilla, me pareció que pesaba como la losa sepulcral encima de la
cual depositaba todas las semanas las mejores flores del mercado.
Temblaba todavía más.
Llegué ante la puerta no sé si en un instante o en una eternidad. Tragué
saliva, sorbí el sudor, conseguí que mis manos temblorosas asieran el llamador.
-Hola.
-Ne…,Ne…, Nesea.
-Sí soy yo, y tú debes ser…
La voz profunda y sensual; ella!.
-Ti, Ti, Ti,… Titín.
-Claro, pasa, te estaba esperando. Mi padre me dijo que vendrías.
¡Al fin!; sus palabras consiguieron sacarme del túnel del tiempo en que me
hallaba metido. Seguro que al Jefe le había ocurrido lo mismo, pero a él -¡que
había tenido todo aquel tesoro y lo consideraba perdido!- le era lógicamente más
difícil salir del túnel.
Cuando la obscuridad en que la mirada de sus negros ojos de azabache me
había sumido comenzó a aclararse, cuando pude apartar m mirada opaca de sus
rojos labios de diosa, comencé a darme cuenta de que era, pero no era. Había
dicho padre, por tanto tenía que ser hija de la otra Nesea.
-Usted, tú, eres hija de…
-Mi pobre madre, ¡cuánto gozó y cuánto sufrió!.
-¡Pero eres igualita!.
-Claro, para eso soy la hija de la Nesea que tú conociste, pero cuando hoy ví
a mi padre por primera vez, a pesar de estar algo distinto al de las fotografías,
también reconocí rasgos míos de él.
Era cierto, a pesar de que era una reproducción o copia casi exacta de su
madre (de muy joven, como ahora podía apreciar pasada la primera terrible
impresión), también había rasgos de el Jefe, no tanto concretos como realzando a
los propiamente femeninos de su bella hija. ¿Hija?.
-El Jefe nunca dijo que tuviera una hija de Nesea.
-Nunca lo supo. Hasta hoy.
No me hubiera despegado de aquel asiento ni con una espátula, y ella tenía
ganas de hablar, de contárselo a alguien que nunca le había sido ajeno (a través de

301
las cartas y conversaciones de su madre) y respecto a quien su padre había conseguido
darle las suficientes indicaciones.
Había sido fruto de los albores de la relación, cuando ambos eran estudiantes.
Nesea logró ocultar el nacimiento por tener lugar al final del interludio veraniego.
Nunca quiso volver a tener hijos. No quiso que se supiera de éste por no condicionar,
al principio, ni obstaculizar, posteriormente, la trayectoria del amado.
En sus primero años, la niña fue cuidada por unos parientes lejanos; más
tarde ingresó en un prestigioso internado laico donde pasó incluso las vacaciones,
hasta que alcanzó la mayoría de edad, hacía poco.
Su madre iba a verla siempre que podía, no perdía ocasión ni tenía ninguna
otra obligación. Muchísimas veces la había llevado yo a la estación, cuando el Jefe
se ausentaba por un tiempo o cuando la incitaba a que hiciera algún viaje por su
cuenta para distraerse de la casi reclusión en que también vivía; ni visitas a familiares
y amigos ni largos viajes (que después nos relataba meticulosamente, seguro que
hechos a través de los libros) al extranjero, a lo único que dedicaba todo el tiempo
que no dedicaba al Jefe, era a su hija Nesea.
¡Qué bien estoy sin complicarme la vida con mujeres!. Aquella nos había
conseguido engañar a todos, ¡incluido al Jefe!.
-¡Que temporadas más felices cuando venía mi madre!. No me quedaba en
el colegio, fuera la época que fuera, ¡bastante tenía el resto del año!; nos íbamos
juntas por ahí, las dos, y siempre hablando de lo mismo, de mi padre.
-Y tú, ¿nunca quisiste conocer a tu padre?.
-Sí, desde siempre. No recuerdo otro anhelo desde niña; él fue mi único
dios. Pero mi madre me tenía rigurosamente prohibida toda llamada o carta, no
sólo a él, si no a ella misma; nunca me he puesto en contacto con ella, ni sabía
donde vivía.
-¿Pero si estabas enferma o algo así?.
-En un par de ocasiones que tuve que guardar cama durante cierto tiempo,
la avisaron desde el internado y acudió a mi lado en seguida.
-¡Qué vida!.
-Fue mi vida; no conocí otra. No me quejo. Tuve una gran madre, digamos
que a tiempo parcial. He recibido la mejor educación posible. Y, ahora, tengo un
padre.

302
-Sí, encerrado.
-Eso, ya lo arreglaremos.
La casita era alquilada, con detallitos recientemente añadidos que denotaban
una cierta opulencia (no era de dudar que su madre le hubiera asegurado el futuro
económico). A los retazos de la niña recién dejada de ser, se entremezclaban los
signos de la gran mujer que empezaba a ser. Dentro de un primoroso mueble portátil
primorosamente taraceado, distribuidas ordenadamente en secreteres, pude ver
cientos de cartas –de su madre, únicamente de ella- de las que dijo que sólo me
dejaría leer la última.
“Mi queridísima y recordada hija:
“Estoy mordisqueando las últimas frutas que me quedan de las que
compramos juntas, en aquel pueblecito de casas tan blancas y pulcras, entre las
que tu lindo vestido de flores destacaba como la eclosión primaveral que tu misma
eres. Espero que hayas repartido entre las compañeras los frutos que te llevaste y
que no te los hayas comido todos tu sola, ¡golosa!.
Acabo de leer un magnífico libro de historia novelada que creo te gustará,
por lo que te lo adjunto con la presente; como siempre, una vez leído entrégalo a la
biblioteca del colegio.
Sé de sobras que no te hace falta, pero vuelvo a insistirte en la necesidad
de aplicarte al máximo, no sólo en las materias académicas, sino en todas las
actividades complementarias y opcionales de las que me has dicho que disfrutas.
Por mi parte, como siempre, tan contenta y feliz; ¡algún día conocerás el
inmenso placer de entregarte por entero a alguien como tu padre!. Poseer por ser
poseída; esclavizar siendo esclava. Amar. En el auténtico amor no hay sufrimiento,
pues hasta éste se recibe con gozo, por el amado. Te lo he explicado muchísimas
veces y no dejaré de repetírtelo; ¡ámalo como yo lo he amado! ¡entrégate a él
como yo me he entregado!. Él te ha engendrado en mí (sin saberlo), para tener una
recompensa sólo por los dioses soñada: revivir idéntica pasión dos veces (y yo también
la reviviré a través de ti; mía).
Últimamente, conforme sus planes van para adelante, según sus previsiones
se cumplen, al ir alcanzando una a una todas las metas que desde adolescente -
¡casi cuando nos conocimos! (poco mayor que tú era yo de entonces)- se propuso, lo
noto menos satisfecho, por extraño que parezca, más vacio.

303
Aunque no alcanzo a comprenderlo del todo, y ya lo hemos comentado
ambas en varias ocasiones, noto instintivamente (y ya desde el lejano día de su
boda con Matía) que quisiera conseguir sus logros de otra forma, directamente,
como por la fuerza. El tener que dar algo de sí para tener algo ajeno lo va vaciando
según más tiene. Lo llenaría el que los demás se lo dieran por propia iniciativa, por
naturaleza, por inclinación natural al reconocer innatamente su superioridad, incluso
por lucha, como vemos en otras sociedades animales y aun en algunas humanas
primitivas. En fin, es tema trillado y que nunca alcanzaremos a entender de todo un
par de almas femeninas como nosotras.
Lo que hice desde el principio, y sigo y seguiré haciendo, es paliar esa
desazón en todo lo posible. Darle todo sin que me tenga que dar nada… y por eso
me ha dado más que a nadie, pero sin necesidad de vaciarse. Esto mismo es lo que
tú tienes que hacer.
Sigo con los mismos difusos malos presentimientos que te comentaba hace
unos días, sentadas las dos -¡nos tomaban por hermanas y hasta nos soltaban piropos!
: cómo nos regocijamos- en aquella cálida terraza, junto a aquella rumorosa
fuentecilla de piedra. No quisiera preocuparte, pero tampoco puedo ocultártelo,
como nunca lo he hecho, al igual que tampoco tú me has ocultado nunca nada.
Noto, sé, que él quiere algo más de mí y no sé lo que es: quizás quiera todo.
Si algo ocurriera, ni tan siquiera se te pase por la imaginación culpar a tu
padre; no condenes lo que no entiendas : deja que él te lo explique, entre sus
fuertes brazos (o, mejor, nunca pidas una explicación).
¡Pero todo son imaginaciones mías!. En la próxima carrera a caballo
conseguiré ganarte. Te llevaré esa joya tan bonita que hace tiempo encargué para
la más bonita de las chicas del colegio, del país y del mundo todo ¡mi niña!. Besos,
besos y besos.
Y se los auspicios se cumplieran, si el hado te parece adverso, mantente
todo lo firme que eres. En el colegio y en el banco tienen, desde siempre, todas las
instrucciones pertinentes. Cuando dentro de poco seas mayor de edad, decide por
ti misma y no me defraudes.
Búscalo. Él es yo.
Por siempre. Tú amantísima madre.
Nesea”.

304
-Aunque al principio me lo quisieron ocultar, y después intentaron disfrazarlo,
era inevitable que me enterara de todo. Mi madre había muerto destripada por mi
propio padre, al parecer.
-¿Seguiste el juicio?.
-Sí, claro, también era inevitable, estaba por todas partes, en todas las
conversaciones.
-¿No pensaste en ir al juicio?.
-Pues no, y aunque hubiera querido tampoco me habrían dejado.
-¿Y escribirle?
-No era el momento.
-¿Lo odiaste?
-¡En modo alguno!. Nunca. Yo también tenía mis propios presentimientos, a
partir de los de mi querida madre. Como ella, estaba preparada para todo. Ni
quería ni podía juzgar lo que no comprendía más que difusamente. Empecé a
comprender un poco cuando se publicó “El Poder”, y ahora, al verlo por primera
vez, comprendo algo más, al menos a mi madre.
-¿Y cómo viniste a dar aquí?.
-Es lo que tenía que hacer. Esperé pacientemente, como en una nube, ¡echaba
tanto de menos a mamá y sus cartas!, a que acabara el tiempo de mi minoría de
edad.
-¿Cómo no recurriste antes a mí?.
-Quien primero tenía que saber de mi existencia era él. Como te decía,
abandoné aquel internado que en los últimos tiempos se me había llegado a hacer
odioso por separarme de él; realmente pensaba que los dos estábamos encarcelados
y que yo me fugaría primero para después ayudarlo a fugarse a él.
-Pero tú no te habrás fugado.
-No hace apenas dos meses que soy mayor de edad. El mismo día de mi
cumpleaños, ¡querían hacerme una fiesta sin saber que mi única fiesta era la
libertad!, dejé lo que siempre fue mi casa, sin mirar atrás. Fui de inmediato a
donde mi madre me había indicado, sus abogados, arreglé y firmé todo lo
concerniente al banco y resto de asuntos pendientes, y salí en canto pude para
aquí. ¿Sabes al primer sitio que fui?.
-Sí, lo sé por las flores; entonces no imaginaba quien podía haberlas llevado.

305
-También a mí me extrañó tanto que alguien más llevara flores, pues familia
apenas tenemos y los pocos familiares nos despreciaban, que…
-¿Ningún familiar se puso en contacto contigo después de, …de…?.
-No, ninguno; se habrán imaginado que podía ser una carga para ellos.
Además, casi ni me conocían ni sabían donde estaba.
-Me contabas lo del cementerio.
-Sí, me extrañó tanto ver otras flores aún frescas que volví y espié para
saber quien era; te reconocí de inmediato por las descripciones de mi madre; ella
siempre decía que a pesar de tu aspecto legalista, seguro que te hubiera gustado
más cuidar de la ilegítima que de los legítimos.
-Seguro, aunque lo cierto es que los hecho muchísimo de menos.
-¿Preferías a mi madre a Matía?.
-Desde el principio.
-¿Estabas enamorado de ella?.
-Como todos; era imposible no estarlo.
-Y…
-Perdona. Algo que no entiendo. Nunca volví a ver otras flores sobre la
tumba de tu recordada madre.
-Por miedo a encontrarme contigo; me hubieras reconocido nada más verme,
aun de lejos. Soy clavadita a mi madre. ¡Aún recuerdo tu cara de pasmo al abrirte
la puerta!.
-No me lo recuerdes. Estaba temiendo encontrarme con un fantasma y al
verte tuve la seguridad.
-Pues soy de carne y hueso.
-No hay duda. Oye, tardaste bastantes días en ir hasta la cárcel.
-Tenía que cobijarme antes. No se encuentra un sitio tan bueno, tranquilo y
discreto como éste a la primera. Después lo acondicioné un poco y me dediqué a
estudiar el terreno hasta optar por una visita directa y de improviso.
-Me imagino la sorpresa del Jefe.
-¡Más que la tuya!. Que ya es decir.
-¿Y nadie más te ha visto?.
-Hombre, verme sí que me han visto, aunque digamos que “me disfrazo”.
Pero, ¿quién sabe de mí?. Sobre profesores y abogados es sobre los únicos que

306
podríamos tener algún recelo, y ya me he preocupado de borrar bien las posibles
pistas; además son grandes profesionales a los que lo único que les preocupaba
eran sus honorarios y, quizás, meterme en su cama, si yo me hubiera dejado.
-Y a todo esto, ¿qué es lo que piensas hacer?.
-Antes, contéstame a una pregunta, que no por innecesaria debemos eludir,
como formalismo ritual.
-Dime.
-¿Me vas a ayudar en todo lo que te pida?.
-Mi vida es primero de tu padre y después tuya.
-Quiero liberar a Padre.
Nesea, por elemental precaución nada fútil (llamaba la atención en demasía),
nunca más volvió a ver a su idolatrado progenitor. Para los carceleros no pasó de ser
una anécdota, así como lo fue el que volvieran a incrementarse antiguas visitas –las
mías incluidas, por supuesto- e, incluso, que hubiera alguna nueva.
-Al tomarle las manos, he vuelto a encontrar aquello que me faltaba, todo
lo que daba por perdido para siempre.
-Es curioso, ella me ha dicho algo muy parecido; dijo que fue como estar
otra vez con su madre.
-Eso es lo que sucedió, a ambos. A través de esta hija viva nos hemos
reencontrado los muertos, pues yo también lo estaba. Y ahora, ¡quiero vivir!.
-Pero ya hace tiempo que usted se ha construido una nueva vida, ahí dentro.
-Sí y no. Hasta verla, tuve que vivir por no poder estar muerto, como hubiera
querido. Después de saber que existe, ya no me explico haber querido estar muerto,
ya no tengo que vivir, quiero, ¡elijo vivir!.
-Me alegra; nunca lo ví tan ilusionado, ni siquiera en los mejores tiempos.
-¡Los mejores tiempos aún están por venir!.
Y los mejores tiempos comenzaron. Profesional y personalmente. En lo
profesional porque pude ¡al fin!, desplegar todos mis conocimientos y habilidades
en propio beneficio –del Jefe-. A nivel personal, el olor de la sangre me impregnó,
también, de la sensación de poder.
¡Al carajo con todos!. Volvimos a por nuestro dinero. Que se jodan. A mayores
de las acertadas disposiciones precautorias que nos habían sido indicadas, los
hombres en la sombra con mayor apego al Jefe –ninguno de nosotros se había llegado

307
a creer que se fuera a pasar el resto de su vida en la puta cárcel- y yo mismo,
habíamos diseñado los nuevos cauces monetarios con la mayor maniobra de retorno
posible. En los puntos clave de las vías en que se movían los haberes (para un
contable de alto nivel la circulación monetaria es similar a la circulación viaria), en
los principales “cruces” y en los lugares de depósito (aparcamientos) y de destino,
habíamos introducido controles más o menos patentes pero evidentemente eficaces;
ya habíamos hecho pruebas de ralentización y aceleración del tráfico, tocaba
desviarlo; otra vez hacia nuestro bolsillo, de donde había salido.
Crecí, a mis ojos. Si desde un principio aquel gran hombre a cuyo pairo fui
ascendiendo por los entresijos de la vida política y empresarial, me otorgó una
confianza que a mí mismo me pareció desmesurada, en la nueva conjura llegó a
poner su vida en mis manos. Su vida, gran parte de su fortuna y su mayor tesoro,
Nesea.
Nesea, por quien se hacía todo, no podía hacer nada. Permaneció aquella
temporada, siguió, tan enclaustrada como su padre, pero tan paciente como él;
había heredado su temple. Cuando me era posible, con la mayor discreción, le
llevaba instrucciones y recogía su devoción hacia aquel que le había dado el ser. Le
hubiera gustado – y más adelante demostró estar muy, muy capacitada- hacer algo
más que esconder y custodiar (rodeada de fieros perros: aún no sabíamos de su
puntería infalible con un arma en la mano) las pesadas cajas que de vez en cuando
le llevaba y cuyo contenido se imaginaba pero no preguntaba. Todavía no había
llegado su momento, pero no tardaría.
Llegué a ser asiduo practicante de todas las técnicas de disfraces faciales,
mímicos, corporales y de vestimenta, además de hábil falsificador de firmas, sellos
y documentos, experto en camuflajes y prestidigitador sin par. Los que vemos
pasar mucho dinero por nuestras manos, aunque no sea nuestro, le cogemos cierto
apego y somos reacios a dárselo a terceros; casi parece como si nos quitaran algo
propio. ¡Lo que había sufrido!, enfermos, literatos, deportistas, actores, putos
poetas, músicos, los que viven del cuento, investigadores y yo que sé quien más,
estaban disfrutando, por su cara bonita, de lo que tanto tiempo y esfuerzo nos
había llevado acaparar. ¡A la mierda!. Lo que disfruté entonces sólo se vería superado
por lo que disfruté después.

308
El Jefe, por su parte, también alcanzaba sus mejores cotas organizativas,
también superadas por él mismo más adelante. El plan total únicamente figuraba
en su mente. Tenía que disponer dentro y fuera; dentro por sí mismo (con su ya
incondicional “Blancanieves” y, ¡oh sorpresa!, un carcelero que se pasó por propia
iniciativa a nuestro bando y al que acertadamente rebautizó como “Cerbero”);
fuera, a través de mí y algún otro de probadas fidelidad y confianza. Un auténtico
líder nunca se equivoca al elegir a sus lugartenientes, algunos soldados iban a
desertar, pero la “guardia pretoriana” nunca le fallamos.
En no muchas semanas, con las pertinentes ayudas (incluyendo en el lote
engaños, sobornos y hasta amenazas o simples y llanos robos directos), sin mayores
problemas ni resistencias, arrebañé todo lo que pude. ¡Las sorpresas que muchos se
iban a llevar cuando quisieran seguir viviendo de la sopa boba!; segurísimo que
algunos pagaron por desfalcos y otras trapisondas de las que iban a aparecer como
autores.
¡Lo que reímos!. ¡Hala!, a investigar, cantar, correr o curarse a otro lado.
No te jode…
La selección de compañeros de fuga que efectuó el promotor, siguió
directrices no por lo que los condenados habían hecho, si no por lo que no podían
dejar de hacer. Con acceso a los expedientes, distinguió entre los que
circunstancialmente habían cometido un crimen (de la clase que fuera, no
importaba), y los criminales crónicos (patológicos o costumbristas), todos ellos
desechados de principio. El siguiente criterio sería cuantitativo: cuanto más larga
la pena, mejor (condenados a muerte, ideales). Otro, familiar. Eligió a gente que
no pudiera dar marcha atrás y que no quisiera mirar atrás.
Extramuros, entre no condenados, la adhesión se presentaba más dificultosa,
pues hombres libres tenían –teníamos- que pasar a ser, primero, encubridores, y a
continuación cómplices. La norma de exclusión fue triple: sin apego familiar, con
anteriores pruebas de lealtad y que no hubieran hecho en los últimos tiempos como
San Pedro al cantar el gallo.
La parte financiera es la que estuvo antes dispuesta –mérito mío: a algunos
les conseguí quitar (legal o ilegalmente) más de lo que les habíamos dado; je, je,-
. Prácticamente la totalidad del dinero no gastado fue convertida en metales y
piedras preciosas. Disponíamos de un arsenal (lo último en armas, explosivos,

309
accesorios,…) y un equipamiento como para desencadenar una revolución en serio.
Aparte, por algunas ausencias mal justificadas de Nesea deduje que su padre le
había revelado los escondrijos de lo que él denominaba su “hucha”, con lo que
nuestro fondo secreto debía haberse incrementado notoriamente. Lo uno y lo otro
fue escrupulosamente dividido y encubierto en lugares diferentes y seguros, por
aquello de los huevos en varios cestos.
La parte humana también quedó cerrada a continuación. Algunos de los de
toda la vida y otros con quienes no había tenido tanto trato, prestaron tácitamente
su juramento de fidelidad y recibí, por poderes, su compromiso con aquel del que
esperaban una vida, a ser posible, mejor o, por lo menos, distinta. Quién más me
extrañó, al extremo de tomarlo al principio por infiltrado hasta que lo llevé a un
punto del que no tenía retorno (perpetró un robo con homicidio –circunstancial-),
fue un antiguo compañero de oficinas que perspicazmente dedujo algo gordo de los
últimos tejemanejes en las cuentas bancarias; debí imaginar que en su soledad y
aparente apatía cultivaba otras ansias y afanes; ¡como tantos!. Hecho un recuento
somero, se preveía que la sección penitenciaria duplicara a la nuestra. En conjunto,
teníamos elementos para hacernos de temer.
Una de las mayores dificultades era conseguir el transporte adecuado. Se
logró, subrepticiamente, con ayuda de la alta jerarquía eclesiástica. Debieron de
ser los que más cerca estuvieron de sospechar la verdad, pero aplicaron secreto de
confesión para incrementar el cepillo; además, quedaban pendientes cuentas
(económicas) anteriores para las que preferían tener lejos a cerca al acreedor.
Todo estaba dispuesto. Quedaba fijar la fecha de la asonada. Amaneció
lánguidamente, como otro día cualquiera, pero no sería un día más; quedaría marcado
a fuego en el recuerdo de todos.
El incendio no se sabe cómo comenzó, pero pronto se hizo pavoroso. Parecía
haberse originado en la sede legislativa, pero pronto se vio que los poderes judicial
y ejecutivo también tendrían que buscarse otras tribunas. El pánico prendió en la
masa descontrolada. ¡Fuego!. De vez en cuando, explosiones inesperadas aumentaban
la confusión. Todas las dotaciones policiales y de bomberos acudieron a la zona.
Todos corrían de un lado para otro, en la turbamulta, sin saber a dónde ir o acudir.
Fuego en otra parte. Entre gritos, nadie se explicaba nada. Primeros muertos,

310
bastantes heridos irrecuperable. Se evacuaron zonas. Comenzó el pillaje. El aquelarre
estaba en todo su apogeo.
El motín en la penitenciaría nadie se lo esperaba. Distraídos y atentos a las
espantosas noticias exteriores, los guardianes cayeron masacrados en menos tiempo
del que se necesitaría para contarlo. Odios, rencillas, venganzas, el lado animal
más salvaje, afloraron a los ojos ensangrentados y a las gargantas enronquecidas.
Los candados saltaron, las rejas se abrieron y los muros perdieron su eficacia. Entre
el rebumbio, nadie sabía dónde estaba su compañero. ¿Muertos o vivos?. Holocausto.
Confusión total. Por todas partes.
Sólo dos pequeños grupos parecían ajenos a todo aquel girigay. Trajinaban
independiente pero sincronizadamente. Convergían siempre en el casi desierto
puerto, en el punto más alejado de los focos turbulentos. Entre susurros, cargaban
todo tipo de bastimentos.
Otro grupo, más numeroso, apareció mucho después desde la dirección donde
se localizaba el último incendio. Sus componentes parecían huir de algo o alguien,
pues no cesaban de correr y de mirar cautelosamente en derredor. Sus vestimentas
eran estrafalarias. Rápidamente, subieron y se soltaron las amarras.
Sin llamar la atención a nadie, con todos nosotros a bordo, el gran barco
partió.

311
IV
Durante mucho tiempo después –ya no ahora-, no paré de preguntarme por
qué todo aquello. El Jefe podía haber organizado las cosas de cien modos distintos,
y lo hizo a la tremenda. Lo más lógico parecía –entonces, no ahora- una fuga individual
y rumbo a algún refugio discreto con su hija. ¿Por qué de esa manera brutal?.
Pero en aquel momento, uno de los sublimes, la acción apaciguaba al
pensamiento, dedicándome únicamente a contemplar el grandioso espectáculo. Lo
mismo hacían todos los que no tenían que enfrascarse en tareas marineras. Sublime.
El negro se veía perforado por el rojo más vivo en diversos puntos, al unísono, cual
erupciones volcánicas. Los gritos llegaban a nosotros, como suplicantes condenados,
aun en la progresiva distancia. De vez en cuando, estallidos.
No se oían otras voces que, intermitentemente, las de mando. Todo reflejo
adoptaba un tono cárdeno. Nos deslizábamos. Adiós. Hasta nunca.
El dolor, el miedo, la muerte, quedaban atrás. La catástrofe también había
sido obra mía. Fue la primera vez que también me sentí poderoso.
-No, me niego terminantemente a poner ese rumbo.
-Capitán, cuando lo contrataron ya le dijeron que tendría que ir hacia donde
le indicara una persona que aparecería a última hora, y que soy yo.
-No puedo arriesgar mi buque en…
-Lo que usted llama “su” buque, resulta que es de mi propiedad.
-Usted es, simplemente, el armador; quien manda una vez hechos a la mar
es, siempre, el capitán, y el capitán soy yo.
-¿Y qué más le da un rumbo que otro?.
-No, usted más que un rumbo me indica una dirección, la dirección de aguas
más peligrosas, y cuya continuación nos llevaría a otras casi desconocidas, nunca
surcadas por mí.
-¿Tiene miedo, capitán?.
-Nunca; no tengo miedo a lo que conozco, pero usted tampoco me indica
tiempo probable de la travesía, cuando es la vuelta,…
-Ya recibió, por adelantado, una parte de su paga que debe equivaler a lo
que gana en años.

312
-No es esa la cuestión. Ignoro quienes son ustedes y hasta de donde han
salido. Incluso no me extrañaría fueran los causantes del terror de ayer. Tengo la
obligación de velar por mis hombres.
-¿Es su última palabra?
-Sí, lo es.
-Seguro que lo fue.
Nadie supo cómo surgió aquella pistola en la mano del Jefe. La sangre nos
salpicó a los más cercanos. Seguro que un capitán con la cabeza agujereada no
puede seguir un rumbo.
-Segundo oficial, ¿quiere tomar el mando?.
-Si,… señor; …a sus órdenes.
-Siga el rumbo indicado.
¿Hacia dónde nos llevaba aquél que en pocas horas acababa de demostrar,
por segunda vez, que no se detendría ante nada ni ante nadie?. No nos lo había
dicho ni por aproximación. ¿Lo sabría él mismo?. A los compañeros de prisión nada
habría tenido que prometerles, pues bastante era escapar a una reclusión prolongada
o perpetua y, en la mayoría de los casos, a la propia muerte. A los de fuera, a
nosotros, menos todavía, pues todos éramos incondicionales. Unos y otros nos
habíamos embarcado, nunca mejor dicho, a la aventura. Prácticamente nos
jugábamos todo a una sola carta. De la tripulación, a más o menos la mitad le era
completamente indiferente a donde fuéramos; era su profesión (muy bien pagada,
en este caso).
El ambiente en nuestro pequeño mundo era de bastante armonía, a lo que
contribuía, en no pequeño grado, lo muy amplio y confortable del buque y la bonanza
de los primeros días, circunstancias que asemejaron aquel inicio al de un crucero
de placer. No faltaba de nada; incluso en la cocina varios se disputaban el uso de las
perolas y el aplauso de los agradecidos comensales. Hay que tener en cuenta que
una gran parte estaban embriagados por su recentísima libertad recuperada (curioso
que Cerbero, el ex - guardián, fuera de los más contentos: ya ni antes había tenido
mayores problemas con sus ahora compañeros).Como resulta inevitable en tales
situaciones, se formaron grupitos y camarillas, pero llamaba la atención su
heterogeneidad, pues desde el principio nos entremezclamos voluntarios, fugados
y gentes de mar, agrupándose más por afinidades personales que por orígenes o

313
condiciones. Los conatos de pelea se dejaron llegar a su fin, sirviendo de distracción
general y válvula de escape. Las presencias del supremo Jefe (a su espalda, siempre,
quien ya lo había estado durante años y, en tercer término, yo mismo), del
voluntarioso nuevo capitán, de Blancanieves y de un silencioso contramaestre de
aspecto brutal, evitaban todo atisbo de indisciplina.
¿Y Nesea?. Un par de días antes de la partida la había introducido, a
escondidas, en el camarote de su padre, donde a nadie se nos hubiera ocurrido tan
siquiera la idea de entrar. Los tres que lo sabíamos, ella incluida, también sabíamos,
sin margen de duda, que su presencia conllevaría problemas, y de los gordos. Muchos
de aquellos hombres (si había homosexualismo no era tan notorio como para ser
comentado), de pocos o ningunos escrúpulos, sólo habían visto a una mujer en
sueños, desde hacía años; les hubiera valido cualquiera, y Nesea no era una mujer
cualquiera.
Algún día tenía que ocurrir. A pesar de todas las precauciones, era casi
imposible no detectar una presencia a mayores en tan relativamente pequeño
espacio. Quizá alguien oyó la voz, quizás atisbaron por una rejilla de ventilación;
puede que ella o el Jefe se descuidaran aunque no creo. Cesaron algunas risas.
Comenzó el susurro “alguien escondido”. Se fruncieron muchos labios. Se convirtió
en el clamor “hay una mujer”. Se enturbiaron todas las miradas.
Antes de que el Jefe decidiera hacer algo al repecto, mientras atendía
asuntos en el otro extremo del buque, media docena de desesperados intentaron
forzar la puerta del camarote que de pronto se imaginaban obsesivamente harén.
Alguien dio la voz de alarma y precipitadamente intentamos los más allegados y
fieles formar una barrera humana de contención, pues todo el mundo parecía estar
allí, apretujados, vociferantes y sudorosos.
De los gritos, de las exigencias, de las amenazas, ya estaba a punto de
llegarse a las manos, o a las armas. Algunos ni sabían lo que sucedía, pero todos
empujaban.
Cuando la situación se volvía ya insostenible, la recia puerta del camarote
se entreabrió e, instintivamente, todos, defensores y atacantes, dejamos el vano
libre, dentro de lo que lo exiguo del espacio permitía.
Apareció. Solemne, muy lentamente, serenísima. Nadie pudo mantener la
boca cerrada, aunque nadie emitió un sonido.

314
-¿A qué viene tanto ruido?. No se puede dormir aquí. Si lo que queréis es
sexo, soy lo bastante mujer como para complacer a todos los que lo deseen.
-¡A que no, nena!.
-¿Lo dudas?, pues prueba tú primero.
-¡Allá voy!, puta.
Un gesto imperioso del Jefe impidió que su cohorte empeñáramos de
inmediato nuestras vidas; hubiera sido una lucha sin cuartel, la catástrofe, el fin.
Entre un silencio hosco, entre hombres sudados y desencajados, el más audaz o
desesperado de los sublevados traspasó el umbral; la puerta se cerró y se oyó correr
el cerrojo. El más directamente afectado, el Jefe (por supuesto, nadie se había
enterado de que era su hija –ni se enteró después, nunca, nadie), era el único que
permanecía impávido, apenas con el ceño algo fruncido.
Se oyeron unos golpetazos secos, unos gritos apagados y, tras poco tiempo,
la puerta se abrió de nuevo.
Cesaron los susurros, las mandíbulas se encajaron, todos los ojos se salieron
de las órbitas. El sudor se tornó frío.
La mujer estaba quieta, erguida, completamente ensangrentada; en su mano
diestra asía un chorreante cuchillo, con la siniestra los órganos sexuales del osado.
-Siguiente.
Dos furias desencadenadas (un marinero y un evadido), más por
compañerismo que por pasión, se precipitaron rugiendo desde la segunda fila; como
saltaron completamente descontrolados, nos fue fácil a los más cercanos
(Blancanieves y yo) clavarles sendos puñales, en el cuello y el abdomen,
respectivamente. Lo único que sentí en mi primer muerto a sabiendas, era que no
moría instantáneamente, pero pronto lo arregló el propio Negro -¿había sido
matarife?- con otro tajo al cuello.
Nadie dijo una palabra más. Nadie inició otra acción que no fuera la de
retroceso. En segundos desapareció el tumulto. Nesea volvió a cerrar la puerta y
nunca volvió a salir; en realidad tampoco había salido, ni tan siquiera había
traspasado el marco, lo que quiero decir es que nadie (excepto su padre, claro)
volvió a verla y nadie hizo nada por verla.
Sin ningún tipo de ceremonias, pero con todos los ojos fijos en las masas
sanguiñolentas seguro que pensando que pudieron ser ellos o que podían ser los

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próximos, nos dispusimos a arrojar los despojos humanos al mar. Cuando el primero
ya se hundía, un vozarrón bramó desde arriba.
-¡Esperad!.
El contramaestre, ciclópeo, comenzó a bajar las escalinatas de madera, sin
necesidad de agarrarse, bamboleándose con práctica, portando un machete y con
la otra mano rozando el pistolón.
-Esos hombres no merecen irse así al agua.
El estupor era total, pues ya, unos y otros, dábamos la situación por
controlada y apaciguada. Además, aquel hombretón casi nunca hablaba si no era
para impartir acertadas y cortas órdenes.
Se acercó a los cadáveres, capó a ambos, envainó su machete, pegó un par
de patadas a los cuerpos chorreantes, se dio la vuelta, subió la escalerilla de acceso
al puente y en el último escalón encaró a todos los atónitos espectadores, con los
brazos en alto, con un rojo trofeo en cada mano.
-Al próximo que no sepa mantener la disciplina, sea o no marinero, juro que
se los cortaré yo mismo, pero en vivo.
Tras la tempestad, vino la calma, pero tras la calma que, más o menos,
hasta entonces habíamos tenido, vino la tempestad.
Fueron dos.
Una, se gestó durante días y hasta nos permitió prepararnos, aunque la
mayoría, novatos en el mar, no sabíamos lo que se nos venía encima. La aparición
de cabrillas en superficie, cada vez más blancas, nos pareció, al principio, una
novedad deseada en tan bonacible travesía. El cabeceo, al que tantas vomitonas
había costado acostumbrarse, se convirtió en balanceo, pero balanceo longitudinal,
lateral y transversal, a veces todos a la vez; se reanudaron, con más virulencia, los
vómitos. Viento, más bien rugido, a rachas todavía empeorando; imposible
mantenerse mínimamente seco si te atrevías a salir de tu camarote. Visibilidad
nula, ¿a dónde nos empujaba Neptuno?. Palos y trinquetes tremolaban; la jarcia se
tornó incontrolable, los cabos sueltos se convirtieron en peligrosos látigos; algún
crujido de la obra muerta nos hacía temer no ser sepultados en tierra. La perspectiva
recta u horizontal no existía; todo y todos estábamos en la dimensión del temblor.
Miedo. Bautismo de agua salada.

316
La otra, la segunda, ni siquiera se anunció; surgió de súbito de cielo y mar.
Tifón. Pilló a todos desprevenidos y aún con la resaca de la anterior (tanscurrieron
pocos días, entre nubes y claros, entre una y otra). Pánico. Confirmación de sangre.
Perdimos dos hombres, uno arrebatado directamente por las olas y otro a
consecuencia de un golpe. Los fanales que habían sobrevivido, acabaron de hacerse
añicos. Nos daba la impresión de girar; remolinos de agua, viento y lluvia quitaban
toda eficacia a los vehementes esfuerzos de nuestra veterana y destrísima
tripulación. Era como ir perforando muro tras muro. Las únicas voces humanas que
se oían eran de blasfemia y de oración, simultáneamente. Cesó toda actividad,
todo horario; estábamos solamente pendientes no ya de la supervivencia, si no de
cuándo llegaría el fin. Nadie inició maniobra de salvamento ni preparó botes ni hizo
otra cosa que agarrarse a donde pudiera, pues todo parecía ser tan inútil e incertísimo
como haber intentado aquel maldito viaje. Todos apestábamos a vómitos y
defecaciones; la mayoría se agruparon por rincones y otros elegimos morir en soledad,
atados a una litera. La estructura, además de crujir retumbaba, como si la
martillearan mil némesis. La calidad de los materiales y la coincidencia afortunada
de no estar cerca de tierra o escollos, nos salvaron.
Amortiguada la furiosa tremolina, asustados espectros nos palpábamos unos
a los otros, no creyéndonos. Si alguien conseguía articular palabras eran rezos
exangües. Nadie presumió de valentía. A nuestro magnífico barco lo rebautizamos
como “Bravo” y pasó a ser lo que todos más queríamos en el mundo (sin que nadie
diera la orden, lo primero que hicimos, sin siquiera pensar en comer, fue empezar
a limpiar y ordenar todo, hasta la punta del mástil más alto, hasta el último agujero
de la sentina).
¿Dónde estábamos?. Persisitía una niebla agrisada que temíamos fuera
nuestro único sudario y que nos obligaba a reducir la marcha a límites prudenciales.
Hasta los poco duchos en el arte de navegar nos habíamos dado cuenta de que
derivábamos hacia los trópicos: el progresivo acaloramiento y el igualamiento entre
duraciones de día y noche lo demostraban palpablemente.
¿A dónde íbamos?: Si no moríamos antes, a algún lugar lejos de toda
civilización, indudablemente. Abandonadas, bordeadas y evitadas masas
continentales, lo único que habíamos entrevisto, brumosamente, eran costas isleñas
supuestamente deshabitadas. Nos cruzamos con tres barcos (acontecimientos que

317
provocaban la visión fija y el silencio durante horas) a suficientemente poca distancia
como para interesarnos unos por otros, pero el único que lo hizo no obtuvo
contestación. Jamás tocamos suelo firme; en un par de ocasiones se arrió una
chalupa para reaprovisionarnos de agua, sin incidentes. Durante varias semanas no
vimos más que agua. Estábamos en Hydros.
Un atardecer escuchamos, incrédulos, pájaros; vimos extrañas aves de un
tamaño muy superior al normal. Los turnos de cena estuvieron más alegres de lo
habitual. Dormitamos inquietos. Estaba claro que el barco volvía a aminorar la
marcha, por primera vez en mucho tiempo. Al amanecer, claro, rosado, fuimos
subiendo a cubierta como hipnotizados, ¡hasta Nesea! (por primera vez; algunos se
llevaron un susto al verla, pues hasta casi la habían olvidado).
Semejaba flotar más que surgir del abismo azul y verde. Tres pináculos
centrales, redondeados, de similar altura, se desparramaban por sucesivos niveles
frondosos hasta la orilla arenosa, casi blanca. A la izquierda, una cadena montañosa
en sierra con algunos puntos pelados languidecía hasta una depresión poco por
encima del nivel del mar, volviéndose a elevar el perfil para conformar lo que todos
comparamos con el pecho femenino; detrás de la gran depresión, otras montañas
hilvanadas, de caprichosas cúpulas, anunciaban un gran valle o bahía. Hacia la
derecha, tras un intervalo altiplano y otro otero mamiforme (pequeño, púber), un
tajo que se adivinaba profundo servía de proscenio al conjunto montañoso de más
altura, que acababa bruscamente sobre el mar, casi a pico.
Isla. Isla de Liba. Liba.
Excepto Nesea -¡cómo me recordaba a su madre en ocasiones parecidas!-,
que contemplaba orgullosamente al que todos tenían por amante y que nadie más
que yo sabía padre (al poco, supe, sin extrañarme ni escandalizarme, que también
era lo primero), los demás sólo teníamos ojos para aquella preciosidad surgida del
océano, y sonrisas de alivio, de triunfo y de esperanza fueron apareciendo sobre los
bordes de cubierta.
Uno cualquiera empezó a chillar, lo siguió otro y de inmediato todos
estábamos gritando, saltando, llorando y abrazándonos. Sin que nadie lo dijera,
todos sabíamos que habíamos llegado a nuestro destino definitivo.
Forzando las pupilas, apartando las lágrimas y poniendo las manos como
pantalla pues el Sol nacía entre la triple ondulación central, como una trinidad, los

318
de ojo más agudo dijeron, excitados, que en la playa los puntitos móviles eran
seres humanos (algunos hasta juraban que mujeres ¡y bellas!). Convencidos todos
de ellos, lo que sí vimos, claramente, con excitación, fue acercarse una barca
salida de no se sabía muy bien dónde, que se dirigía raudamente impulsada hacia
nosotros.
Entre codazos, exclamaciones y saltos intentábamos comunicarnos nuestras
vívidas sensaciones, pronto dominadas por la estupefacción, sin saber si mirar más
al personaje de proa o de popa.
Si esperábamos una canoa indígena de las que habíamos visto en grabados o
de las que nos describían los marineros que ya habían navegado anteriormente por
los aledaños de aquellos mares, lo que venía hacia nosotros dejando una ancha
estela gracias a seis remos diestramente jalados, era una chalupa no muy diferente
de la que, algo destrozada, llevábamos en el “Bravo”. Cuando pudimos leer el
nombre, resultó estar ¡en nuestro idioma!, y ser tan poco salvaje como “Pacífica”.
El mascarón de proa estaba en popa, pues aunque debía ser humano semejaba
madera por su total inmovilidad y el color cobrizo de la piel de lo único que se le
veía, la cara; todo el resto eran plumas y más plumas, estallido de colorido
(predominado lo gualdo y lo zarco) que jamás habíamos visto y que al moverse con
la brisa hacía contrastar, en su hieratismo, más al que parecía personaje principal
entre todos los demás.
Seis bustos, sincronizadamente móviles, sin el mínimo adorno y del mismo
color (algo más lustroso, incluso) del pájaro real, se prolongaban en doce musculados
brazos que se aferraban con nervudas manazas a los historiados remos. Cantaban
en sordina.
Delante, agitando los brazos como para hacer señales aunque sin banderitas,
el otro personaje que se disputaba nuestro estupor con el de atrás, por motivo
opuesto. Si del extraño canto de los remeros no entendíamos nada, las pocas palabras
que nos llegaban del adelantado las comprendíamos perfectamente. Lo poco de sus
facciones que dejaba ver la barba también nos era cotidiano, y su color de piel no
parecía diferir del nuestro –del de la mayoría, pues entre los del barco había más de
un color-. ¡Y su vestimenta! : aún con llamativos complementos (como la pluma en
la gorra), no se diferenciaba mucho de la de cualquier oficial de la marina mercante.

319
Casi hay peleas para lanzar las estachas, poner la barca al pairo y colocar
las escalerillas de cuerdas; todos nos agolpábamos. Los remeros se hincaron de
hinojos y la bola de plumas pasó por encima de ellos; el supuesto oficial paisano se
apartó y se inclinó respetuosamente. La oronda bola, agitándose cual cien arcos
iris, trepó precedida de la otra bola color cobre (pues aquel quien fuera, tenía
todo el cráneo perfectamente rasurado –o era calvo total-). Le hicimos un pasillo.
Se acercó hacia donde estaba nuestro jefe (que mientras mirábamos para los recién
llegados, se había puesto una llamativa capa fucsia y un no menos llamativo sombrero
alto añil, ambas piezas de terciopelo). Se siguió acercando. El Jefe bajó los ojos ¡y
se prosternó!. El ser emplumado soltó una jerga incomprensible y giró en redondo.
Infautado, volvió a pasar por el pasillo de incrédulos sin dignarse ladear la cabeza
calva -¿o rapada?-. Desapareció por la borda.
Las miles de plumas fueron sustituidas por una sola; la seguía el resto del
uniforme. Se acercó al Jefe –ya incorporado y sonriente-, le hizo una inclinación de
cabeza, le alargó la mano y oímos.
-Bienvenido a Liba, Jefe.

320
V

No había habido –ni había sido pedida- ninguna explicación hasta


encontrarnos en tierra firme, la cual todos besamos nada más pisarla. Entonces,
sentados en la arena en un triple círculo, el Jefe se explayó por primera vez desde
la noche trágica.
-Entre los muchos negocios en que estaba metido, tenía ciertos intereses
en una compañía naviera que operaba por estos mares, además de surcar todos los
otros océanos. Os preguntaréis en que puede estar el negocio por estos andurriales
del planeta, pero os aseguro que el aceite de copra, los animales exóticos, ciertas
semillas y frutos que se pueden secar, sin olvidarnos del tráfico de esclavos para las
gigantescas plantaciones de otras islas relativamente próximas y grandes, dieron y
dan pingües beneficios.
-Así es.
-Quien acaba de hablar lo sabe bien. Lleva por estos mares desde que empezó
a navegar, de adolescente. Cuando entre otros muchos expedientes de l a naviera
estudiaba el suyo, ya figuraba como primer oficial, con aspiraciones a capitán…
hasta que le ofrecí convertirse en factor.
-¿Qué es un factor?.
-Los factores son los valientes, o los locos, o los desesperados con ambas
cualidades que se avienen a permanecer en las pocas bases terrestres que las diversas
compañías tienen desparramadas por aquí, allá y acullá.
-Y los que tenemos algo que esconder también, Jefe, todo hay que decirlo.
-¿Quieres que lo cuente?.
-Por supuesto; no sé por qué me parece que muchos de los llegados también
tienen mucho que ocultar, y para que ellos me cuenten lo suyo, creo que primero
tienen derecho a saber lo mío.
-Bien, os diré únicamente lo esencial, pues imagino que nuestro valiente
factor os contará los detalles, ya que debe estar deseando hablar en su idioma tras
tantos años de poco lenguaje con paganos.
-¡Desde luego!.

321
-Aquel primer oficial con fundadas ambiciones de llegar pronto a mandar
un barco, tuvo el sospechoso comportamiento, para sus jefes, de defender a unas
nativas violadas, lo que le costó a la compañía un par de buenos marineros, que
andaban bastante escasos. Cuando lo elegí, estaba a punto de ser expulsado de su
puesto y denunciado a las autoridades, pues el segundo oficial había visito lo ocurrido
de lejos, y aunque simuló aceptar la versión distinta de su inmediato superior, por
otros cauces lo delató a los prebostes de la compañía, con la indudable esperanza
de sustituirlo en su puesto.
-¡Ese cabrón ya no denunciará a nadie más!.
-Como era mi principal candidato, aproveché la coyuntura para utilizarlo a
avenirse a mis proyectos y le envié aviso antes de que desembarcara en la central
y fuera preso. Como él mismo acaba de decir, antes de poner pies en polvorosa se
ocupó del chivato. Este hombre, aunque hoy se haya puesto un uniforme que ya no
le corresponde para recibirnos solemnemente, también ha cruzado la raya, como la
mayoría de nosotros; también tiene las manos manchadas de sangre y es otro
proscrito.
-Como casi todos.
-Así es.
-Sí.
-Incluida su mujer, la chica.
-Incluida ella.
-Espero que nadie vaya a llorar ahora, maricones.
-Oiga, mencionó usted antes que había elegido a éste y que tenía proyectos,
¿qué quiso decir?.
-La vida que llevaba, que la mayoría conocéis, aunque aparentemente llena
de éxitos y logros, no me llenaba, nunca me satisfizo plenamente… quizás ello sea
imposible.
-¡Ojalá la hubiera llevado yo!.
-¡O yo!.
-¡Y yo!.
-En apariencia, repito, y yo sabía que había otras vidas, otros modos de
vivir, otras tierras con otros hombres en otros mares que había que cruzar.
-Por bien poco no los cruzamos.

322
-Pero aquí estamos.
-Sí.
-Dejar de interrumpir y que continúe.
-Eso, que tengo gazuza.
-Y yo.
-Y nosotros.
-Os extrañará que nuestros anfitriones no nos hayan traído viandas y que ni
siquiera nos hayan ofrecido un desayuno al tocar tierra, pero creo que el factor nos
lo podrá explicar.
-En efecto, ya habréis observado que su poblado no lo tienen aquí, si no
tierra adentro en lo alto, donde me han dicho que nos esperan para la recepción
oficial en el nadir.
-¿Dónde?.
-En su poblado.
-No me refiero a ese sitio último que dijiste.
-No dije ningún sitio.
-Sí hombre, una palabra muy rara.
-¡Ah!, el nadir.
-Eso, eso.
-No es donde, si no cuando, no es un lugar, es una hora.
-Cómo empecemos con palabras nativas estamos jodidos.
-No es un término local es de tu idioma.
-Nunca oí tal cosa, a nadie.
-Seguro que los marineros sí; disculpar que me haya olvidado de que también
hay gente de tierra adentro. El nadir es lo opuesto al cénit, al mediodía, o sea, el
ocaso, el anochecer, momento en que me han dicho que nos esperan.
-¿Te lo dijo aquel espantapájaros?.
-Me lo dijo el Cumes, sí.
-Y eso qué coño es, ¿otro término marinero?.
-No, éste sí es vocablo local, pero lo digo para que os vayáis acostumbrando,
ya que cumes es como se llama a su hechicero.
-¿El hechicero?.
-Eso es.

323
-¿No era el rey?.
- No Jefe, ya me di cuenta de que usted lo confundía al postrarse ante él.
-¿Y por qué tenemos que arrodillarnos ante nadie?.
-Es la costumbre local.
-Yo no pienso inclinarme ante ningún salvaje.
-Lo harás, como todos, pero ya trataremos de eso.
-Sí, ya hablaremos.
-¡Así que no era el rey!.
-No, pero se sintió un rey cuando, sin esperárselo, lo vio a usted, ¡con su
capa y su sombrero!, a sus pies. Aunque no es tipo que deje traslucir sus emociones,
noté su inmensa satisfacción. Segurísimo estoy de que se ha ganado usted un amigo
incondicional, lo cual no es fácil, en él. ¡Lo debe estar contando en todo el poblado!.
-Me alegro, no podía esperar mejor entrada.
-¡Pues a mí me parece una vergüenza!.
-Oye, oíd todos y que esto os quede claro. Consideraos, por decirlo así,
como invitados en esta isla. Observaremos, respetaremos todos y cada uno de sus
usos y costumbres, aun cuando no nos gusten o incluso nos parezcan humillantes.
-¡De eso nada!.
-No tenemos tiempo para tratar de ello ahora, pero es una orden tajante y
cualquier falta contra cualquier nativo, nativa o sus bienes, la consideraré falta
contra mí.
-¡No me humillaré ante ningún salvaje!.
-¡Lo harás!. Lo haré yo y todos los demás, cuando sea conveniente.
¿Entendido?.
-…Bueno.
-No tengo por qué dar explicaciones; es una orden.
-¿Tienen armas?.
-Por aquí todos tienen, tenemos, armas.
-¿De fuego?.
-Una de las normas básicas inquebrantables que le di al factor y que acabaré
de explicaros si me dejáis, era precisamente sobre eso: jamás armas de fuego a los
nativos. Y os lo digo ahora: ni una sola pistola, aunque os den toda la isla a cambio.
-¿De quién es la isla?.

324
-De ellos, por supuesto, que han nacido aquí, como todos sus antepasados.
-¿Y cómo no la conquistamos si no tienen armas?.
-Hemos dicho de fuego, tienen otra armas cuya eficacia esperemos no tener
que comprobar.
-¡No les tengo miedo!.
-Sólo has visto un puñado de ellos; espera ver al resto.
-Da igual los que sean.
-Exacto, da igual los que sean, no importa si muchos o pocos. No es esa la
clave. Se acabó el tema por ahora. Pensar sólo en que en una tierra desconocida no
sobreviviríamos sin la ayuda de los nativos, como no hubiera sobrevivido nuestro
factor, que es de quien hablaba, además de hablar de mis planes iniciales.
-Siga con la historia, por favor.
-Sigo y el resto de cuestiones ya lo trataremos en nuestro poblado, y después
de comer.
-¿Nuestro poblado?.
-Exacto. Eso forma parte de la historia que no me estáis permitiendo
proseguir.
-Siga, por favor.
-Como decía antes, sabía de otros modos de vivir que quizás me fueran,
incluso, más adecuados. Imposible me era, en mi situación, estudiarlos in situ durante
tiempo suficiente.
-¿In dónde?.
-In situ, en su propio sitio, con ellos.
-No creo que haya nada que estudiar.
-Sobre todo hay que estudiar, y si no es posible, repito, in situ, para eso
están los libros y los viajeros, o mejor los viajeros estudiosos que escriben libros.
-No deben haber venido muchos por aquí.
-No muchos, pero sí algunos. Todo lo que se escribió sobre estas gentes y
lugares ha quedado en mis bibliotecas, ya leído hace mucho. Por otra parte,
interrogaba discretamente a empleados de la susodicha naviera y escrutaba todos
los informes sobre estas zonas. Finalmente, al darse la circunstancia de poder
disponer de alguien para empezar mi proyecto, así se hizo.
-El factor.

325
-Acá presente.
-El mismo. Él era el punto clave. Conocía cientos de islas de las que en
nuestra tierra ni habíamos oído hablar, que ni tan siquiera venían en los mapas, ni
nombre tienen.
-¡Y cientos de mujeres!.
-Ya lo oís; no es que quiera presumir, me consta.
-¿Son guapas?.
-Ya las veréis.
-¿Son fáciles?.
-Ya lo comprobaréis.
-Alto, alto, si empezamos con el mujerío sí que no acabamos nunca con el
principio de la historia que nos ha traído hasta aquí.
-¡Callaros de una puta vez!.
-Eso, que continúe.
-Avante toda. Encuentro al hombre, le cuento mis planes y acepta encantado.
-¿Cuáles eran?.
-Crear un refugio, un punto fijo, una reserva, no para la compañía, sino
para mí, con mi dinero, por descontado. Escogimos Liba tras considerarlo mucho,
en teoría y práctica.
-¿Por qué?.
-No está en las rutas habituales, no es tampoco ni muy rica ni lo
suficientemente poblada, por tamaño y orografía, para despertar codicia. Hay otras
consideraciones y motivos que no vienen al caso.
-Y yo ya había estado aquí.
-Correcto. Era esencial tener ya contactos previos y saber si eran pacíficos,
dentro de lo que cabe.
-¿Lo son?.
-Dentro de lo que cabe.
-Prosigo. Escogido el sitio y el hombre, lo demás no fue difícil. Pertrechamos
un barco, no tan grande como el “Bravo”, con todo lo que consideramos preciso
para iniciar el asentamiento y contentar a los lugareños, y rumbo.
-¿Y dónde está ese barco?.

326
-En el fondo del mar, con todos sus tripulantes dentro, si aún no se los han
comido los peces.
-¡Vaya!.
-Era imprescindible que no se propagara la noticia y sólo había ese modo de
evitarlo para no fastidiar todo, pus esta zona está comenzando a ser muy codiciada,
no tanto por sí misma, si no como punto de paso y aprovisionamiento, como zona
de influencia política. Predicadores de diversas religiones y sectas ya han comenzado
a hacer prosélitos y los comerciantes llevan mucho más tiempo. Las anexiones ya
son práctica habitual, sustituyendo a las colonias; en otros casos, se crean estados
títeres. Pronto no quedará nada independiente. Convenía, y nos conviene aún más
en el presente, pasar desapercibidos.
-¿Hay muchas islas?.
-Muchísimas, miles, no las daríamos recorrido todas nosotros en todas
nuestras vidas aunque visitáramos una cada día.
-Ya será menos.
-Son más, pero eso no nos importa en demasía, si no que Liba reunía las
condiciones requeridas, que se hizo lo que se tenía que hacer y por eso estamos
ahora aquí, donde nadie debe molestarnos. Es obvio, aunque la justicia de nuestro
país supiera con toda seguridad donde estamos, que no se iba a embarcar, nunca
mejor dicho, en una dudosa y peligrosa expedición para capturarnos, logro por otra
parte no fácil.
-¿Por eso venimos acá?.
-¿Y a dónde íbamos a ir?. ¿A escondernos como ratas en otro lugar?. En Liba
podemos vivir libremente. No teníamos muchas más opciones. Y gracias que ya lo
teníamos organizado.
-Pero usted no podía prever, cuando estaba en la cumbre, que lo
encarcelarían, que escaparía,…
-No; ja, ja; desde luego que no lo hice con esa intención, ni siquiera lo
suponía de aquella. Esto estaba previsto como un posible lugar de, digamos,
jubilación, lugar que quizás ni llegara a visitar jamás, pero me gusta tener todo
previsto y preparar las cosas con antelación.
-¿Pero cómo sabía que todo había salido bien?. Si aquel barco hubiera
naufragado o al factor lo hubieran matado…

327
-Aunque desde luego, no hay ninguna facilidad para las comunicaciones, os
extrañaría saber cómo estas se efectúan. Desde palomas a barriles. Todos los
habituales conocen puntos en los que todo barco que pase recoge cartas y paquetes
con la costumbre, convertida en obligación, de hacerlos llegar al destinatario
indicado, por muy lejos y por mucho que tarde. En los naufragios, no es la última
impedimenta que se intenta salvar, en algunos casos antes del tópico ¡sálvese quien
pueda!. Por su parte, los nativos aunque por imposición nuestra e interés propio
muestren la tendencia contraria, tienen sus propios modos inimaginables de
comunicarse. Antes de que el hombre blanco hiciera su aparición, hubo imperios
insulares más grandes que algunos de los clásicos por nosotros conocidos. El caso
es, que de una u otra forma, con intermitentes noticias que a grandes intervalos y
por distintos medios me habían ido llegando, al partir tenía la firme y total convicción
de que se nos esperaba, como así ha sido.
-¡Pero era un gran riesgo!.
-Una vida sin riesgo, no merece ser vividas. Vosotros sois hombres de riesgo.
Además, ¿a alguien se le ocurrió o se le ocurre algo mejor?.
-…
-No teníamos otra salida factible. Quiero agradecer, a todos, a mi gente de
siempre, a mis compañeros de prisión, a los oficiales y marineros que han hecho
posible la travesía, a mi querida Nesea que siempre me dio su apoyo, a todos,
vuestra confianza y entrega; a todos, aun a los disidentes, que tiene que haberlos,
aun a los que han protestado y protestan y ponen pegas, pues ello nos servirá para
mejorar. Gracias, gracias a todos. Aquí estamos. Aquí quedaremos. Ésta es la historia.
Ahora, comamos, y bebamos, regocijémonos; disfrutemos de esta primera comida
copiosa en tierra tras tanto tiempo de bamboleo incesante. Después, partiremos
hacia mi casa, hacia vuestro hogar; allí, ya instalados, descansaremos mientras
nuestro factor, al que debéis considerar como mi lugarteniente local y obedecer en
todo lo concerniente al trato con los nativos, nos contará la segunda parte de la
historia. Descansaremos, y antes de que desaparezca este sol que nos alumbra, los
tambores de nuestros anfitriones nos llamarán al baile con el que hemos de festejar
el comienzo de un mañana que os aseguro, y sabéis que no miento, plenamente
dichoso y, sobre todo, ¡libres!.

328
Nesea miraba a su padre, a su amado, pasmada pero con orgullo; los que ya
le habíamos oído otras soflamas, casi olvidada su capacidad oratoria, su entonación
hipnotizante, recordamos al de los mejores tiempos; los nuevos, que no habían
tenido ocasión de apreciarlo hasta entonces, ni pestañeaban. Al finalizar la perorata,
todos, sin una sola excepción, tal como el discursante perseguía, nos pusimos de
pie aplaudiendo y vitoreando, con fervor, con admiración, con entrega, con
sentimiento, cariño y agradecimiento. El Jefe, en el centro, sonriente, rodeado de
tan variopinto auditorio enfervorizado, me pareció más satisfecho de sí mismo que
cuando lo había visto dirigirse a otros auditorios mucho más numerosos, selectos y
distinguidos, en lugares muy, muy distintos.
Los estómagos no supieron agradecer en la medida que debían el ser llenados
sin estar en movimiento; entre risadas, con cierta pesadez, iniciamos el camino
hacia el norte, hacia la derecha, el lado más fresco, frescor relativo que se agradecía
pues la brisa marina no lograba ni disipar la calima ni amortiguar debidamente la
chicharra que ya nos hacía sudar a todos a chorros, más después de lo comido y
bebido y yendo cargados como burros. Un pequeño retén quedó en el barco y el
resto comenzamos, derrengados, factor en cabeza, la suave ascensión.
El aire era como más pesado, a todos nos costaba más de lo habitual hacerlo
llegar a los pulmones y expelerlo. Los primeros árboles con que nos topamos tras la
estrecha franja de arena, palmeras, se inclinaban hacia ésta, como anhelando el
mar; sus penachos se mecían, muy suavemente. A un lado, una maraña de lianas
con agua pantanosa; al otro, un pequeño declive salpicado de matas con vivos
colores. Seguimos por un a modo de soto, poblado de gruesas y altas lanzas; eran
cocoteros, y a la mayoría nos extrañó que sus voluminosos frutos fueran verdes.
Tras el ascenso, tocó descender, pero por encima del nivel de costa. Era
zona de vegetación media, con poca arboleda, también mediana. Vislumbramos
algunos pajarracos a los que el hechicero o lo que fuera todavía no había podido
arrancarle las plumas; también avecillas de tonos más apagados, carmesíes, y que
nos parecieron, aunque desconocidas, comestibles. Un riachuelo, un desvío, otro
curso de agua más ancho. Alguien preguntó si en la isla había serpientes venenosas,
provocando la respuesta negativa varios suspiros de alivio; el gracioso de turno,
que nunca falta, se descolgó con que entonces no había mujeres (es difícil pero
cierto que aun con Nesea delante la mayoría de hombres se comportaran como si

329
no estuviera: había heredado, también, la cualidad de su madre de no molestar con
su presencia).
Parecía imperar el más absoluto silencio, más allá de nuestras pisadas y
observaciones, pero si te concentrabas lo suficiente, percibías rumores,
deslizamientos, sonidos mal articulados, vida en derredor. Comenzó lo duro, ya sin
zonas intermedias de cierto descanso. Tanto al cruzar los riachuelos como cuando
había un claro, habíamos notado que la ruta no se retomaba en el punto que le
correspondía al otro lado, si no sesgadamente; ahora más de lo mismo, pues en las
diferencias de nivel podíamos descender ( y viceversa), cuando al tomar el nivel
superior sería lo que nos llevaría menos tiempo; resultaba evidente que la ruta
había sido diseñada para , aún cuando las sendas se trillaran por uso de muchos,
ocultar, despistar y dilatar el acceso de posibles extraños.
La vegetación, más densa, y la arboleda continua, más alta, nos impedía la
visión del mar y del resto de la isla. No fue una caminata demasiado larga, pero se
nos hizo demasiado dura, esperábamos que sólo por ser la primera vez e ir tan
cargados. Cuando más de uno, exhausto, ya protestaba por haberse hecho más
estrecho y peligroso un último pasadizo umbroso, en cabeza se oyó, regocijada, la
voz del factor.
-Bienvenidos al hogar, compañeros.
Quedamos boquiabiertos, en modo alguno nos habíamos esperado algo como
aquello. Se había desbrozado, y en parte empedrado, un amplio claro en la selva;
las varias construcciones, dispersas pero siguiendo un ordenamiento, tenían amplias
bases y líneas estructurales asimismo en piedra, y todas las partes en madera estaban
pintadas con colores relucientes; ¡las ventanas con vidrios!, dorados en las puertas,
faroles; todo elegante y pulcro como para revista. Una pequeña cascada provocaba
un pequeño lago donde algunos ya se bañaron de inmediato; se nos dijo que podíamos
beber tranquilamente de cualquiera de las dos fuentes bellamente esculpidas, pues
eran potables.
Hasta aquí llegó la primera impresión¡-A veinte semanas vista!!
Pasmados, empezamos a espiar, no sin tomar precauciones para no manchar,
el interior de lo que sin ningún género de dudas era la vivienda principal. Si bien
resultaba evidente que la mayoría de los muebles habían sido fabricados con
materiales locales y por artesanos no muy prácticos, el acabamiento y pulido lo

330
compensaba, y los complementos y detalles (¡hasta plata!) traídos de muy lejos
realzaban el conjunto, por contraste. Los altos cortinajes, los brocados y damascos
-por la mayoría, nunca vistos-, fueron los que más llamaron la atención.
-Qué, Jefe, ¿está todo como usted quería?.
-Sí, exactamente según los planos que se te entregaron. Como es lógico,
esto fue concebido para mí y un pequeño séquito, no para toda la panda que hemos
venido. De inmediato os pondréis, junto con los nativos que ya hay aquí y otros que
procuraremos que vengan, a construir alojamientos apropiados para todos; mientras
tanto, habilitar los almacenes y aprovechar partes intermedias colocando lonas.
¿Hay algún problema de agua?.
-Ninguno; como estamos en una zona intermedia, los niveles freáticos son
óptimos y nunca falta. Los desagües y fosas sépticas tendrán que ser ampliados,
pero tampoco darán problemas.
-Se te ha acabado disfrutar solo de este paraíso y de mi casita.
-Estaba deseando tener compañía. He de confesarle que cuando me propuso
todo esto lo tomé por capricho de rico, y que nunca aparecería. No obstante, lo
tuve todo dispuesto, tal como me indicó, ¡además de que me permitía vivir a mí
como nunca lo soñé!.
-Esto ha sido una especie de emergencia. Ya te han contado algo y te
contaremos el resto. ¡Venga!, dejar de curiosear, acomodaros donde se os indique y
a descansar que nos espera otra caminata mucho mayor.
A pesar del tremendo cansancio, la mayoría se dedicó a recorrer el perímetro
y todos los aledaños, descubriendo que había un par de terrazas naturales que
permitían otear un entrante en el mar y todo el panorama del lado opuesto al que
habíamos venido. El otro gran foco de atención eran los habitantes de aquella finca
selvática. Los primeros siete ejemplares de fauna humana local con que nos topamos,
habían desaparecido en seguida en dirección contraria a la nuestra, por lo que no
nos dio tiempo de observarlos detenidamente, lo que sí podíamos hacer ahora con
tres viejos (uno, hembra), siete hombres, cinco mujeres y seis niños (dos proyecto
de mujer).
Los pechos de las mujeres –no el de la vieja- eran los que concitaban toda la
atención y los pensamientos y comentarios más obscenos; ¡esperábamos que todas
fueran con tan poca ropa!. Lo que menos gustó fue la envergadura y fortaleza de

331
los hombres –viejos incluidos-; ¡esperábamos que no todos fueran así!. En dos de los
niños y una de las niñas se patentizaba la intervención del factor.
Él, el factor, fue requerido tan pronto nuestros músculos parecieron
recuperados del sobreesfuerzo, para que nos contara la parte de la historia que le
correspondía.
-No fue nada fácil llegar hasta aquí, pues únicamente había estado en una
ocasión y las cartas marinas no son nada de fiar. Hubo suerte. El capitán del barco
arribó bastante convencido de que habíamos venido para establecer una nueva
factoría fuera de los circuitos habituales, aunque no dejara de extrañarle. Por
supuesto, no tenía ni idea de quien era yo y para quien trabajaba, pero no le di
mucho tiempo, ni a él ni a sus marineros, de hacerse demasiadas preguntas al ir
viendo el contenido del flete.
-¿Cómo conseguiste deshacerte de todos ellos?.
-No pienso dar detalles; es un secreto local que guardo para otro momento
oportuno. Si os interesa, os puedo indicar exactamente donde está hundido el barco
y se lo preguntáis a ellos, o a lo que quede de ellos.
-¿Y no temías quedarte solo con todos estos salvajes?.
-Más temía a los otros, a los civilizados. Para mí Liba no era la única opción,
pero me había parecido la mejor. Desde que casi siendo un niño comencé a viajar
por esta latitudes, me han gustado estas gentes y sus costumbres.
-¡Que tipo más raro!.
-Por eso estoy aquí, por eso no tuve mayor problema para reanudar la relación
establecida la primera y única vez con el rey de ellos, al que llaman Hinxer. Le rendí
vasallaje y lo colmé de regalos, con lo que no puso inconveniente en aceptarme
como súbdito y a que me estableciera donde eligiese.
-¿Su súbdito?.
-Sí, su súbdito, aunque le dejé bien claro que era ya vasallo de otro rey, de
muy muy lejos qe quizás algún día viniese, en son de paz y que también le rendiría
vasallaje. Por eso, aunque tanto os extrañara, nuestro jefe le rindió vasallaje al
cumes, al brujo, pensando que ¡con tanta pluma!, que era el rey.
-¿Su rey aún lleva más plumas?.
-Ni una.
-¿Y que lleva?.

332
-Conchas. Las plumas vienen a ser el poder divino, las conchas el poder
humano.
-El poder lo dan las armas.
-Sólo un ignorante puede hablar así, pero no es el momento de disquisiciones
sobre el poder y autoridad; a lo que vamos, que me dediqué a buscar un sitio
adecuado según las instrucciones recibidas, que conseguí mano de obra (no son
muy trabajadores, más bien holgachones) para edificar todo esto, ¡y que me pegué
la gran vida esperando lo que nunca creí que llegaría!.
-Hasta ayer.
-Ayer, a pesar de lo bien que he estado, fue el día, mejor dicho la noche,
que fue cuando vi las señales del fanal convenidas para saber que era el Jefe, pues
sino me hubiera escondido, fue el día, o la noche, más feliz desde mi arribada, pues
a pesar de lo muy bien que me encontraba, me sentía un extraño, y aunque vosotros
también tenéis pintas bien extrañas, ¡sois de los míos!. Y nuestro jefe es quien me
ha dado la vida y esta buena vida.
-¡Que bien hablas para llevar tanto tiempo sin hablar!.
-Sin hablar no, pues ya sabía bastante de su idioma por mis viajes anteriores,
y aunque en casi todas las islas chamullan distinto, todos los dialectos deben tener
un tronco común. Por otra parte “hablé” con muchos sabios, muertos y vivos, pues
ya habéis podido ver que traje unos cuantos cientos de libros que me entregó el
Jefe, y os aseguro que no me han quedado muchos sin leer, y que con alguno ya voy
por el tercer repaso.
-¡A mí nunca me verás con un libro de esos!.
-Eso, tú y los que sean como tú os lo perderéis.
-Preferimos “estudiar” mujeres.
-Hay más que libros; podréis comprobarlo si dejamos la cháchara y cruzamos
la isla hacia el poblado principal, donde ya deben estar con todos los preparativos
para la gran fiesta.
-De acuerdo.
-Vamos.
-¡En marcha!.
En el campamento quedaron un par de vigilantes, pues aunque Factor insistió
en lo pacífico de los indígenas, el Jefe tenía como norma de actuación, en todo,

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tomar todas las medidas precautorias y preventivas posibles, sin permitir el más
mínimo descenso en la dedicación en circunstancia alguna. Nesea tampoco vino,
pues no sabía el efecto que causaría (en la arribada había pasado desapercibida,
camuflada, como uno más), precaución que más adelante se reveló como totalmente
innecesaria –al igual que los vigías en nuestra base: no por ello pudieron dejar de
esta siempre alertas, las 24 horas de los 366 días de cada año bisiesto-, innecesaria
debido a que aquellos monos cobrizos tenían el gusto cambiado, y en sus posteriores
miradas a Nesea sólo se apreció curiosidad y hasta cierto desprecio, pero no lujuria.
A la expedición se unieron, sin que nadie los invitara, un par de hombres y
un par de mujeres que vivían allí permanentemente; también un viejo, de aspecto
provecto salido de nadie sabía donde, al que en ningún momento conseguimos dejar
atrás, aun acelerando a propósito la marcha. Sus intenciones quedaron claras al
retorno, cuando aparecieron con toda su parentela, pero Factor seleccionó a los
más convenientes (que únicamente doblaron el número primitivo), ya que otra de
las normas del Jefe fue que jamás los nativos nos sobrepasaran en número bajo
techo.
El itinerario fue distinto, más interior, sólo indicado para iniciados
(acabaríamos descubriendo, con ayuda, cómo se marcaba una ruta, imperceptible
para posibles ojos ajenos), llegando a la altura del punto de partida inicial en
menos tiempo que antes; en otro tanto, aparecieron los primeros indicios
estructurales, decorativos y humanos de que nos acercábamos a la capital isleña.
El lugar. Limpio, también, extraña e inesperadamente limpio, no sólo en
cuanto a escombros, desechos y basuras, si no también en lo que respecta a
construcciones, pues éstas eran simples palos que sostenían techumbres, nada más,
nada de nada. Dispersión total, sin aparente orden ni concierto. La intimidad que
no podían dar unas paredes inexistentes (después comprobaríamos que había
esterillas enrollables que en nuestro honor se habían levantado totalmente), la
daba la vegetación, pues aquello era un laberinto en cuyas salidas interiores te
topabas con agrupamientos de cuatro a siete tejadillos vegetales, sedes de
interrelaciones familiares: cuando alguien de la familia se acercaba, recitaba
estridentemente para advertir de su presencia inmediata.
La gente. Siameses de los que ya habíamos visto. Genotipo y fenotipo iban
de la mano, endémicos y endogámicos. Nunca llegaríamos a distinguirlos totalmente,

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sin dificultades y con mucha atención. Nos disgustó la complexión de los machos,
ebúrneos y bruñidos, y nos entusiasmó la vestimenta (su falta) femenina. Gorgojeaban
en su extraño idioma y se inclinaban ante nosotros, pero no con cabezadas y
reverencias, sino balanceando todo el tronco, ya para adelante, ya para atrás, ya
de lado, incluso en aspa. No contaban entre sus usos y costumbres con los modismos
sociales, tan en boga de donde veníamos, de dar la mano, abrazos o besos -el único
beso era ritual, en la frente, zona sagrada; el sensual iba a consistir en frotar
bocas, mejillas y narices, y nunca conseguiríamos que lo dieran con la boca abierta
(temían se les escapara su espíritu o les penetrara el ajeno). No parecían ser muy
numerosos, y eso que supimos que habían venido, peripuestos, los principales
personajes de las aldeas más cercanas.
El único “barrio” con una gran explanada era el del “palacio real”, cabaña
con tan pocas divisiones (ninguna) como todas las demás, si bien bastante mayor,
de tejado puntiagudo y con todos los postes de sustentación primorosamente tallados.
Claramente, era el punto de reunión asamblearia y festiva. En él, no había otro
sitio, tuvo lugar la recepción oficial.
Sobre una pequeña tarima (en toda ocasión especial o significativa, el rey o
lo que fuera tenía que permanecer algo por encima de los demás), su Hinxer
aguardaba impávido, los ojos fijados en los de nuestro Jefe, que se había traído,
como no, la capa y el sombrero para la ocasión. Nuestra pequeña comitiva, ataviada
con sus mejores trapos, no despertó la mínima consideración ni atención y fue
detenida a la altura del último círculo interior de nativos. El supuesto rey foráneo
avanzó, solo, hacia su homólogo local. Se apagaron todas las voces y murmullos; en
el silencio no se oían más que los chisporreos de las carnes asándose al espeto. Nos
llevamos las manos a las armas, atributo del que no habíamos ni siquiera pensado
desprendernos (ellos, los otros, tampoco, equiparando con su número su clarísima
interioridad). Se notó aumentar la tensión. En nuestro grupo, nadie más que Factor
estaba tranquilo. Los nativos, que nos rodeaban por todas partes, ni nos miraban,
todos ellos con la vista fija en nuestro corifeo. El rey venido por mar se prosternó
ante el rey de aquella tierra. El Hinxer comenzó un prolongado balanceo, con cierta
cadencia y solemnidad. La masa humana se balanceó al unísono, gritando
ensordecedoramente; no pudimos dejar de movernos y gritar también. Cuando su
jefazo dejó de menearse, todos pararon simultáneamente, callaron, y se dirigieron

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raudamente a atender los numerosos fogones. Ya los chiquillos se agolpaban a nuestro
alrededor, los hombres nos observaban de reojo y las mujeres nos lanzaban
prometedoras sonrisas.
Al parecer, habíamos sido aceptados.
Nos hubiera gustado un rey también emplumado, pero ni una. En vez de
plumas, conchas, lo que tampoco estaba nada mal. Resultaba que para ellos la
espiritualidad residía en el cielo y la legitimidad de la autoridad en el mar (de
donde, en tiempos muy lejanos, habían surgido sus antepasados); la tierra,
comparativamente tan exigua, era apenas un soporte. Los cuatro jefes locales o
reyezuelos que habían llegado a tiempo (los otros siete aparecerían al día siguiente
o en días sucesivos), tenían su respectivo complemento inseparable,
convenientemente emplumado. A más importancia, más conchas y más plumas,
estaba claro. El Hinxer las llevaba colgadas del cuello en múltiples bandas, alrededor
de cintura, muñecas y tobillos, incluso colocadas sobre la cabeza e incrustadas en
orejas y nariz; como las había de todas formas y tonos, parecía un museo marítimo;
siendo ya bastante mayor, para poder moverse con semejante peso (a diario se
aligeraba, considerablemente) tenía que ser ayudado por dos de sus mujeres –nada
viejas, por cierto-.
Su obsequio de bienvenida y buena voluntad, entregado tras el que recibió
de vasallaje, consistió, como no, en una tira de seleccionadas conchitas que nuestro
jefe no dejó de ponerse en todo acto “oficial”. Desde luego, nadie, absolutamente
nadie aparte de los antedichos, podía llevar ni tan siquiera tener plumas o conchas
(si, excepcional o casualmente se las encontraban a otros, pasaban a poder de su
correspondiente líder material o espiritual: así no valía la pena buscarlas). El que
recibió, le hizo erguirse todo lo que pudo dentro de aquella montaña calcárea, pues
una de las tajantes instrucciones que Factor había recibido y cumplido
escrupulosamente, era la de no proporcionar armas de fuego (sí cuchillos y
herramientas de acero) a aquella gente, bajo ningún concepto. Cogió con reverencia
la carabina, la acarició con veneración, la puso torpemente en posición (como
había visto hacer), disparó casualmente con pleno acierto; la bala le entró a uno
que andaba por allí justo por debajo del pectoral derecho. Al ser de un solo tiro y no
haber recibido balas con ella –ni sabía que hacían falta-, aunque repitió punto por
punto el ritual bélico en múltiples ocasiones, nunca logró el efecto del primero ( ni

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pidió explicaciones por vergüenza o soberbia), lo cual no fue óbice para que siempre
la llevara consigo y para que todos los que estaban a su alrededor se tiraran de
inmediato al suelo en cuanto hacía amago de magia.
¡Fiesta, fiesta!.
Sin otros prolegómenos, entramos en materia. Sin ceremonia, balanceándose
algo como solía hacer, nos iban trayendo las viandas de distintos suministradores.
Todos estaban empecinados en que probáramos su producto estrella. La monotonía
de la alimentación a bordo durante la luenga y peligrosa travesía, nos había
predispuesto a engullir todo lo que fuera variación sin demasiados remilgos, pero
cuando detectábamos claramente insectos, larvas o gusanos o cuando nuestra
pituitaria decía peligro, rechazábamos lo más amablemente posible lo ofrecido;
por lo demás, olores y sabores solían ser apetitosos e intensos. Asimismo, desbordados
por las cantidades, nos fue imposible atender convenientemente todas las solicitudes,
denegaciones que provocaban murmullos de decepción en los alrededores, todo lo
contrario que si se nos ocurría asentir repetidamente con la cabeza en señal de
conformidad o gusto, en cuyo caso podíamos llegar a provocar un griterío con visos
de tumulto. Tanto los comedores de bichos como los que habían ofrecido tarde, nos
dejaban sus preparados cerca, con evidente intención de que los comiéramos después
o nos los lleváramos.
Como fuentes y platos (incluso como “tarteras” para el cocinado) se
utilizaban hojas de diversos tamaños y consistencias. Como cubiertos, los dedos, y
para servilletas, las partes superiores de los cubiertos. Lo mejorcito, el servicio,
pues parecía ser que exclusivamente servían las mujeres, y las más apetitosas,
auténticos guayabos; ¡ellas sí estaban para comérselas!. Una panda de hombres,
brutales en su mayoría, condenados por violación más de uno, tras abstención forzosa
(de años, en casos), no podía dejar de bramar ante ojos incitadores, labios
susurrantes, manos tendidas, pechos erguidos (otros, caídos) y caderas apenas
tapadas por faldillas vegetales permitiendo adivinar acogedoras nalgas y vulvas.
Todos nos mostrábamos como aventajados discípulos de Príapo. Para colmo de la
provocación, las “camareras” sonreían y asentían ante las proposiciones más procaces
que, obviamente, no entendían pero sí comprendían. Roces y toqueteos tampoco
tenían otra respuesta que risas. Si algo amortiguaba la pasión, eran los sonoros
eructos que todas y todos se permitían –al igual que los pedos- sin el más mínimo

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disimulo. El estar en gran inferioridad numérica y las anteriores advertencias y
actuales miradas reprimidoras de nuestros mandos, consiguieron mantener la
situación en un grado de ebullición que no llegaba al desastre.
El Hinxer, en su tarima, no comía mucho, pero bebía demasiado, lo cual fue
nefasto para algunos de nosotros. El Jefe ocupaba el lugar más cercano al estado
(todos, por el suelo), obsequiado por un Cumes que se deshacía en atenciones y
soportaba aquel calor de noche tropical con hogueras como si nada, dentro del
asadero que tenía que ser su disfraz. Distribuidos en torno, por proximidad según
ostentaciones conchíferas y plumíferas, el resto de altos cargos; ni asomo de guardia
de honor ni de escoltas, pero nadie se desprendió de sus armas, nosotros menos. El
pueblo, por donde podía, tal vez por agrupaciones familiares cerca de los rescoldos
y sahumer