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Relaciones Interculturales entre Adolescentes Inmigrantes y Autoctonos

Relaciones Interculturales entre Adolescentes Inmigrantes y Autoctonos

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Tesis doctoral año 2009
Tesis doctoral año 2009

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Como ya se ha mencionado, el estudio de las actitudes intergrupales en el

campo de la Psicología comenzó ya entrado el siglo XX, una vez que empezó a

Capítulo I. Prejuicio y relaciones intergrupales en la adolescencia

39

considerarse que la superioridad de unos grupos sobre otros no estaba biológicamente

justificada, que las actitudes negativas hacia los grupos minoritarios no eran

respuestas naturales, sino prejuicios cuyo origen debería ser analizado para mejorar

las relaciones entre grupos en contacto. Sin embargo, durante muchos años los

estudios se centraron exclusivamente en las actitudes negativas que los grupos

mayoritarios manifestaban hacia los minoritarios y no se tuvo en cuenta la posibilidad

de que los prejuicios pudiesen también producirse en la dirección opuesta. Aunque en

la formulación de las teorías sobre el prejuicio comentadas en el apartado anterior no

se tuvo en cuenta específicamente la perspectiva minoritaria, muchas de ellas podrían

aplicarse a la explicación de prejuicios entre personas de grupos minoritarios hacia

grupos dominantes. A continuación se comentarán algunas de estas teorías, que

pueden resultar más adecuadas para abordar el fenómeno del prejuicio intergrupal

desde la perspectiva minoritaria.

En la Teoría del Conflicto Realista, por ejemplo, partiendo de la consideración

del estatus grupal como recurso escaso, puede considerarse que las diferencias de

estatus entre los grupos favorecen la aparición de un conflicto de intereses. De esta

forma, el bajo estatus del grupo subordinado provocaría un rechazo hacia el grupo de

alto estatus (Tajfel y Turner, 1986). Sin embargo, la investigación con grupos reales en

sociedades estratificadas no mostraba que esto sucediera así. Hinkle y Brown (1990)

resumen un buen número de evidencias de cómo los miembros de diversos grupos

minoritarios y subordinados tendían frecuentemente a menospreciar al endogrupo y a

expresar actitudes positivas hacia el exogrupo dominante. Este fenómeno,

denominado sesgo exogrupal, ha sido observado especialmente en estudios sobre

preferencia étnica de niños pertenecientes a minorías, como los ya clásicos realizados

por Horowitz y Horowitz (1938) y Clark y Clark (1947) con niños blancos y

afroamericanos en EEUU. En estos estudios pudo comprobarse cómo, ante la

presentación de muñecas blancas y negras, una mayoría de los niños de ambos

grupos preferían el estímulo blanco. Es decir, la preferencia por el endogrupo era

mucho menor que entre los niños del grupo dominante, lo cual suponía una cierta

ambivalencia en las actitudes de los niños minoritarios hacia su propio grupo étnico.

Estos resultados fueron replicados en otros estudios realizados en otros países (p.e.,

Lambert y Klineberg, 1967) y con estímulos diferentes (p.e., Brand, Ruiz y Padilla,

1974; Milner, 1983).

Desde la Teoría de la Identidad Social (Tajfel y Turner, 1979, 1986), se

considera que el inferior estatus conlleva una identidad social negativa entre los

Relaciones interculturales entre adolescentes inmigrantes y autóctonos

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miembros de los grupos subordinados, puesto que la comparación con el grupo

mayoritario supone una distintividad negativa. Para evitar que esto dañe la identidad

social de los individuos, éstos pueden seguir tres estrategias distintas: la de movilidad

social, que consiste en tratar de unirse de manera real o simbólica al grupo

mayoritario; la de creatividad social, en la que se recogen, entre otros mecanismos, el

de conseguir que los atributos grupales tradicionalmente considerados como negativos

comiencen a ser valorados de manera positiva por el grupo mayoritario, o el de

cambiar el exogrupo de comparación, tomando uno de estatus inferior al suyo; y la de

competición social, que generaría un conflicto intergrupal importante para desafiar la

estructura social existente en ese momento.

Los movimientos de defensa de los derechos civiles de las minorías y la

aplicación generalizada de políticas antidiscriminatorias han favorecido, a partir de los

años 70, la aparición de favoritismo endogrupal entre los miembros de grupos

subordinados. En la actualidad, las investigaciones suelen mostrar la existencia de

favoritismo endogrupal en las minorías étnicas, aunque su valor tiende a ser menor

que el expresado por los miembros de la mayoría (Hewstone et al., 2002). En España,

Rojas et al. (2003) han evaluado el favoritismo endogrupal en participantes autóctonos

e inmigrantes magrebíes y subsaharianos y han obtenido que, aunque las

puntuaciones de ambos grupos inmigrantes eran significativamente inferiores a las de

los autóctonos, también aquéllos mostraban una preferencia valorativa por sus

respectivos grupos.

Hewstone y Ward (1985) explican estos resultados aludiendo a la percepción

de amenaza, el temor y la ansiedad que experimentarían los grupos minoritarios en su

relación con el mayoritario, que llevarían a querer evitar el conflicto con éste a través

de un favoritismo tenue. Una explicación alternativa es aportada por Shelton (2000),

quien en el contexto de las relaciones de género, justifica la aparición de un menor

favoritismo en el grupo subordinado del siguiente modo: los miembros de estos grupos

experimentan, por un lado, cierto resentimiento ante el grupo dominante, aunque por

otro lado, dependen de él para conseguir estatus; además, sienten admiración hacia él

y respeto por los rasgos positivos estereotípicamente asociados a ese grupo. Así, los

aspectos negativos se compensan en cierta medida con otros positivos, lo cual no

ocurre entre los miembros del grupo dominante.

Recientemente, basándose en la Teoría de la Identidad Social, una serie de

autores (Branscombe, Schmitt y Harvey, 1999; Schmitt y Branscombe, 2002) han

Capítulo I. Prejuicio y relaciones intergrupales en la adolescencia

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desarrollado un modelo que trata de explicar cómo se enfrentan los miembros de los

grupos minoritarios a la percepción de prejuicio y discriminación. En el Modelo de

Rechazo-Identificación (Branscombe et al., 1999), el incremento de la identificación

psicológica con el endogrupo subordinado es el mecanismo fundamental que atenúa

los efectos negativos del prejuicio sobre el bienestar ya que, según estos autores,

conduce a la puesta en práctica de dos de las estrategias grupales propuestas por

Tajfel y Turner: la creatividad social y la competición social. De este modo, los

miembros de grupos minoritarios y subordinados pueden restablecer la positividad de

su identidad amenazada. Por otra parte, del incremento de la identificación con el

endogrupo se derivan apoyos sociales y emocionales de otros de sus miembros, lo

cual contribuye a proteger el bienestar psicológico del individuo (Schmitt y

Branscombe, 2002).

La relación entre la atribución de un resultado negativo al prejuicio del

exogrupo y el incremento de la identificación endogrupal ha sido probada en diferentes

contextos reales (p.e., Jetten, Branscombe, Schmitt y Spears, 2001). Asimismo, la

identificación con el endogrupo minoritario aparece ligada a varios indicadores de

bienestar y ajuste psicológico, como niveles bajos de depresión, una autoestima más

positiva o un bienestar psicológico general (p.e., Phinney, 1990; Romero y Roberts,

2003).

Por último, destacaremos la Teoría de la Amenaza Integrada (Stephan et al.,

2002), ya que une varias perspectivas teóricas que tienen en común la idea de que los

miembros de un endogrupo se sienten amenazados por el exogrupo,

independientemente del estatus de cada uno de ellos. Los autores de esta teoría

integradora han realizado investigaciones con diferentes grupos subordinados y en

contextos variados (Corenblum y Stephan, 2001; Stephan et al., 1999) en los que han

medido el prejuicio afectivo hacia el grupo dominante (canadienses de origen europeo

y estadounidenses blancos), así como los diferentes tipos de amenaza recogidos por

la teoría (realista, simbólica, ansidedad grupal y estereotipos grupales). Los resultados

obtenidos arrojan diferencias y semejanzas entre grupos mayoritarios y minoritarios.

Así, la variable que mejor predice las actitudes negativas de ambos tipos de grupos es

la ansiedad inergrupal. Por otra parte, observaron que los grupos minoritarios

presentaban puntuaciones más altas tanto en prejuicio como en los cuatro tipos de

amenaza. Los autores explican este resultado en relación con la presión normativa

que impide a los miembros del grupo dominante, pero no a los de los grupos

minoritarios, expresar actitudes negativas hacia el exogrupo (Corenblum y Stephan,

Relaciones interculturales entre adolescentes inmigrantes y autóctonos

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2001). Además, los miembros de los grupos minoritarios tienen muchas más razones

que los mayoritarios para pensar que éstos suponen una mayor amenaza que

viceversa (Corenblum y Stephan, 2001; Stephan et al., 2002).

2.1.4. Estudios sobre prejuicios hacia grupos inmigrantes: las jerarquías étnicas

Una de las estrategias adoptadas por los investigadores en el campo de las

actitudes intergrupales en contextos en los que coexisten diferentes grupos étnicos ha

sido la de comparar las actitudes manifestadas por un grupo hacia diferentes

exogrupos y analizar las diferencias existentes en función de características sociales e

históricas de los diversos exogrupos.

Muchos de estos estudios en los que se establecen jerarquías étnicas

pertenecen al campo de las actitudes que la población autóctona mantiene hacia

inmigrantes de distintos orígenes nacionales. En este tipo de estudios, salvo alguna

excepción como los trabajos de Berry y Kalin (1979) y Kalin y Berry (1996) donde se

consideró el punto de vista de diferentes grupos étnicos presentes en la sociedad

canadiense, las actitudes que se han tenido en cuenta han sido exclusivamente las del

grupo mayoritario o autóctono. En esta Tesis se utilizará la estrategia de la jerarquía

étnica para analizar las actitudes de los participantes tanto del grupo mayoritario como

del minoritario.

En el contexto europeo existen diversos trabajos en los que se analizan las

actitudes del grupo mayoritario hacia diferentes grupos étnicos, como el trabajo sobre

preferencias intergrupales de Hagendoorn (1993) en diferentes países de la antigua

Unión Soviética o los citados en el resumen de Sabatier y Berry (1996) en Francia. En

estos estudios se observa, en general, que los grupos procedentes de Europa o de

países desarrollados son mejor aceptados, los asiáticos ocupan posiciones

intermedias y en las posiciones menos valoradas se encuentran los gitanos y los

magrebíes.

Resultados similares han sido obtenidos en Canadá (Sabatier y Berry, 1996),

donde los grupos de inmigrantes que provienen de Europa son generalmente

valorados de modo más favorable que el resto, los procedentes de zonas de influencia

india, los árabes y los negros de las Antillas son aceptados menos positivamente,

mientras que los chinos ocupan una posición intermedia.

Capítulo I. Prejuicio y relaciones intergrupales en la adolescencia

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Por lo que se refiere a nuestro país, muchos de los estudios sobre jerarquías

étnicas publicados se han realizado en zonas caracterizadas por la acogida a

inmigrantes de diversas procedencias, pero especialmente del continente africano.

Así, en Andalucía, distintos estudios con adultos (Rueda y Navas, 1996; Navas,

Molero y Cuadrado, 2000), niños y adolescentes (Cuadrado, Molero, Navas y García,

2003; García, Navas, Cuadrado y Molero, 2003) muestran que el prejuicio es mayor

hacia los inmigrantes magrebíes que hacia los subsaharianos. En el estudio realizado

por Navas y Cuadrado (2003) en Almería con adultos españoles, se encontró que de

entre los tres exogrupos considerados (magrebíes, gitanos y africanos subsaharianos),

el colectivo peor evaluado por los participantes españoles era el magrebí, seguido de

los gitanos y los africanos subsaharianos. El grupo magrebí era el que más emociones

negativas y menos positivas despertaba y al que se asignaban más rasgos negativos y

menos positivos. Además, se le atribuían las mayores diferencias con respecto al

endogrupo y su presencia en la zona era considerada mucho más saliente. De esta

manera, el grupo gitano, que tradicionalmente despertaba las peores actitudes entre la

población mayoritaria, había sido desbancado por el grupo magrebí y además, los

prejuicios hacia este grupo habían aumentado en los últimos años. Los autores

explican estos resultados en relación con la exageración de las diferencias con que la

población autóctona percibe a los magrebíes en cuanto a sus valores, creencias

religiosas, hábitos de higiene, costumbres, etc., y el hecho de que el contacto con los

miembros de ese colectivo sea limitado, lo cual puede explicar la generación de

estereotipos negativos y una creciente percepción de amenaza que lleve a la

formación de actitudes negativas. Esta peor evaluación de los magrebíes coincide con

los resultados obtenidos en otros estudios en Europa citados en Sabatier y Berry

(1996).

En Murcia, Ramírez y Rodríguez (2005) también encontraron un nivel muy

superior de prejuicio hacia el grupo magrebí, tanto en los aspectos afectivos como

cognitivos evaluados, respecto de los grupos subsahariano, europeo del este y

latinoamericano. Las diferencias entre estos tres grupos eran escasas, mientras que

las actitudes manifestadas hacia los magrebíes eran claramente las más negativas.

En Canarias, Rodríguez, Betancor, Delgado, Rodríguez y Pacios (2008),

observaron cómo la percepción de amenaza es mucho mayor por parte de tres

colectivos poco presentes en el contexto social pero muy salientes en los medios de

comunicación (marroquíes, negros, gitanos) que entre otros cuya presencia es mayor

(ingleses, alemanes o peninsulares). Explican esto en relación con la percepción de

Relaciones interculturales entre adolescentes inmigrantes y autóctonos

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amenaza producida, no tanto por la pérdida de recursos (puesto que los europeos son

más “peligrosos”, al ocupar puestos de trabajo tradicionalmente desempeñados por la

población autóctona), sino por una amenaza simbólica a la identidad del grupo

mayoritario. Esta amenaza sería mayor entre los grupos marroquíes, negros o gitanos,

que son percibidos de un modo más homogéneo que los ingleses, alemanes o

peninsulares y que, por tanto, cuentan con mayor entidad grupal.

En los escasos trabajos en que se ha tenido en cuenta el punto de vista de

diferentes grupos presentes en un contexto concreto hacia determinados exogrupos

minoritarios se ha encontrado que existe un acuerdo implícito entre todos los grupos

en cuanto a qué colectivos son valorados más positivamente y cuáles lo son más

negativamente (Berry y Kalin, 1995).

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