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la economía en la colonia

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La Cultura en el Reino de Chile s.

XVII y XVIII Siglo XVII Iniciado el nuevo siglo y transcurridos ya 50 años desde el comienzo de la guerra de Arauco, se puede decir que Chile era otro territorio incorporado a la Corona. En el Chile del siglo XVII no solo hubo invasores y defensores como en el siglo anterior, sino que además encontramos en él los primeros indicios de una sociedad mestiza, racial y culturalmente, con un sello hispánico muchísimo más marcado y una desafortunada tendencia a subvalorar el aporte autóctono.

Religión

Una profunda fe en Dios, en el dogma católico, en la Virgen María y la corte celestial alumbró el mundo espiritual del conquistador y el criollo. Las creaciones espirituales y culturales reposaron también en una acendrada fidelidad al magisterio de la iglesia, que constituyó la fuente inspiradora de toda la vida intelectual y religiosa. La estrecha unión de ésta con el Estado confundió los fines de ambos que aparecieron, por así decirlo, actuando en un solo sentido. El saber tuvo una clara orientación religiosa, debía revelar la sabiduría humana para conducir el entendimiento a la fuente originaria de donde emanaba. El arte, en fin, encontró en esta temática su mejor medio de expresión y logró permanecer casi invariable en un corto período de tiempo. IGLESIA La iglesia estuvo presente en Chile desde los primeros momentos de la fundación del país. El papel fundamental de la iglesia en América estuvo centrado en la evangelización de los naturales, tarea a la que se dedicó con fervor. Se trataba así no sólo de cristianizar al natural, sino también de defenderlo frente al abuso, crueldad y prepotencia de españoles y criollos. Las crónicas y relatos de religiosos constituyen una rica vertiente para el conocimiento de las culturas precolombinas. Llegaron al país distintas congregaciones de clérigos como la mercedaria, los franciscanos, los dominicos, los agustinos y los jesuitas. De todas, fue la Compañía de Jesús la que rápidamente tomó el liderazgo en todos los aspectos, tanto confesionales como económicos y educacionales, llegando a convertirse en los propietarios más importantes de tierras en Chile. Van a

destacar por sus métodos eficaces y audaces, Luis de Valdivia y Diego de Rosales. Los jesuitas se preocuparon de aprender la lengua indígena e incluso editaron gramáticas y catecismos en el idioma nativo, como lo hizo el padre Luis de Valdivia. Los conventos tenían sus propias bibliotecas, destacándose las de los agustinos y jesuitas, que llegaron a tener 20 mil volúmenes. Las fiestas religiosas se hacen familiares, el santoral cada vez se tiene más presente, las festividades son cada vez más coloreadas, constituyendo un símbolo de la fusión de lo hispánico y lo aborigen. Los milagros y poderes de los santos se hacen ampliamente conocidos; cada familia, cada individuo tenía uno o más de su devoción. Se les rendía un homenaje en las procesiones; éstas eran numerosas y como toda institución, tenían un carácter mixto donde sus finalidades abarcaban el ámbito civil y religioso. La cultura y toda la vida misma de cada habitante de este país va a ser en este siglo, en cierto modo, el fruto de la acción evangelizadora. La evangelización tocó las raíces profundas de los chilenos, y podemos decir que a fines de siglo la Iglesia Católica se había hecho presente hasta en las zonas más inhóspitas del país. Logró entablar contacto con los mapuches más violentos y asumió el papel de intermediaria entre los dos bandos en guerra.

Educación

Durante el transcurso del siglo XVII, la educación alcanzó un verdadero desarrollo, los estudios se podían dividir en tres clases: la escuela de primeras letras, las escuelas de gramática y las universidades pontificias. Las primeras se multiplicaron por todo el país y los maestros laicos continúan teniendo importancia. Los permisos los otorgaba el respectivo cabildo y las escuelas con más de 100 alumnos funcionaban en la casa del propio maestro. El texto en el cual se enseñaba a leer era la cartilla, impresa en Lima por el Hospital de Nuestra Señora de Atocha. Se usaban también planchas de metal sostenidas por un mango, con las letras del alfabeto grabadas. La enseñanza consistía en adiestrar para leer y escribir, contar y el catecismo. El Cabildo, regulador de la vida ciudadana, había desarrollado un verdadero reglamento para las escuelas de primeras letras (vigilando las escuelas, la idoneidad de los maestros, la disciplina y el nivel de estudio). Mañana y tarde, concurrían los niños a la escuela donde se les tomaba la lección, los días viernes debían concurrir al convento de los jesuitas a escuchar la doctrina cristiana. Llegaban hasta la Compañía en grandes procesiones y cantando letanías; por último, el sábado, aprendían a ayudar en la misa. Ese era el programa semanal de los estudiantes de primeras letras. Pero la enseñanza no se reducía sólo a entregar conocimiento, era más importante enseñar principios morales y cívicos. Diversas prohibiciones tenían los estudiantes, así debían andar quietos en las calles (sin correr) y debían saludar a sus mayores con corrección. No debían, so pena de azotes, echar maldiciones, mentir, jurar o decir palabras deshonestas. Junto con ello, tenían la obligación de rezar antes de acostarse, de quitarse el sombrero frente a los

mayores y repetir palabras de buena educación frente al estornudo de los demás. Al lado de las escuelas laicas, funcionaban las conventuales de primeras letras; mercedarios, franciscanos, dominicos y jesuitas las tenían. La educación de las mujeres se hizo en los conventos de monjas, ya desde el siglo XVI. En ellos se educaban las “señoritas principales”. En estos colegios conventuales se enseñaba a leer, escribir y contar, aunque en forma muy imperfecta. A ello se agregaban algunos ramos de adorno, destinados a preparar para la vida social y la vida del hogar, tales como “algo de baile, un poco de música, saber hilar, coser, tejer, cortar un vestido y hacer cuanto puede ocurrir en una casa bien gobernada”. La mujer del pueblo no recibía ningún tipo de enseñanza. Las escuelas de gramática están casi enteramente reservadas a las ordenes religiosas, que preparaban a sus novicios para los estudios superiores; a ellas también podían concurrir los seglares que lo desearan. Se enseñaba, además de los estudios de gramática o humanidades, cursos especiales de teología y filosofía moral. En las escuelas de gramática se aprendía el latín por el texto de Nebrija, geografía y geometría, estudios de retórica y métrica (a modo de complementación); filosofía abstracta y metafísica, que los dominicos enseñaron según Santo Tomás y los jesuitas según Luis de Molina. En estas escuelas, equivalentes a estudios de actual enseñanza media, se difundieron por el Reino. Los jesuitas abrieron las suyas en Concepción y La Serena y los dominicos en Concepción. El origen de los estudios superiores en Chile, radica en los cursos especiales que las escuelas especiales dictaban a sus novicios. En 1608 en el Colegio Máximo de San Miguel los jesuitas agregaron una serie de clases a fin de que sus novicios pudieran ordenarse, pero los estudios superiores no se podían terminar en el país. Los dominicos trataron por todos los medios de establecer una universidad pontificia. En 1619, Paulo V les concedió el privilegio, que también pidieron y alcanzaron en 1621 los jesuitas. Los alumnos de estas universidades, luego de terminar sus estudios, podían optar a los grados de bachiller, licenciado, maestro y doctor en facultades de arte y teología, el grado era conferido por el obispo. Los jesuitas tuvieron durante el siglo XVII en tal alto prestigio sus universidades que el Obispo de Santiago les concedió la educación de los alumnos del seminario eclesiástico. Lamentablemente, estas universidades carecían de cátedras de cánones y leyes; matemáticas y medicina; los chilenos debían continuar yendo a otros países a graduarse en derecho, ingeniería y medicina (debían ir a la universidad de San Marcos de Lima), que desde 1551, fecha de su fundación, era el centro indiscutido de la vida intelectual de la América meridional).

EL OFICIO DE LAS LETRAS La crónica, mejor que ningún otro género literario, continuó expresando la sensibilidad literaria del reino: en ellas se recogen como en un gran mosaico las inquietudes y anhelos de los hijos de la tierra. Acá señalaremos a cuatro grandes escritores del siglo. Dos españoles, Alonso González de Nájera y Diego de Rosales. Y dos criollos, Alonso de Ovalle y Francisco Núñez de Pineda y Bascuñan. González de Nájera fue un militar de destacada actuación en la guerra de Arauco, lo que le permitió recoger sus impresiones en un extenso memorial titulado “Desengaño y reparo de la guerra de Chile”, en el que criticó duramente la forma en que se había llevado a la contienda y propuso diversos medios para concluirla. Diego de Rosales fue un sacerdote jesuita que llegó muy joven a Chile. Recorrió gran parte del territorio y se enamoró del paisaje y de su gente. El fruto de sus observaciones fue la “Historia General del Reino de Chile”, “Flandes Indiano”, en la que no sólo hizo un cuadro acabado de la vida chilena de su tiempo, sino que describió también el mundo origen y natural, al que dio particular realce. Ovalle, fue destinado por su orden a Roma. Allí lejos de su medio y con una gran nostalgia por la patria creó su “Histórica relación del reino de Chile”, que tuvo como propósito dar a conocer al país. El libro fue publicado en 1646 en la Ciudad Eterna y todo él es un elogio entusiasta a la vida del autor, que pareciera ser un nievo paraíso destinado a la felicidad de los humanos. Fue designado por la Real Academia Española en su diccionario de autoridades maestro del idioma castellano. Núñez de Pineda y Bascuñan, militar de profesión, fue el autor de “El cautiverio feliz y razón individual de las guerras dilatadas del reino de Chile”, extensa novela que cuenta sus experiencias entre los indios, para dar luego origen a una dura crítica contra el gobierno, los abusos y fraudes, la postergación que sufrían los criollos y las crueldades que se cometían contra los indígenas.

Arte

A las incipientes expresiones artísticas del siglo XVI siguió un desarrollo mucho más significativo durante el siglo XVII. El espíritu de la nueva corriente artística del barroco comenzó a hacerse presente desde fines de la centuria pasada. El arte barroco, definido como la expresión estética de la Contrarreforma, iluminó al siglo. Su dramatismo característico, manifestado en el claroscuro de impresionantes efectos y la libertad de movimiento que dio a sus modelos, tuvo rápida resonancia en América, donde al amparo de nuevos paisajes y antiguas culturas pudo crear una síntesis feliz que reflejó tanto la herencia como la indígena.

La necesidad de difundir y afianzar el sentimiento católico, facilitó la expansión de un arte fuertemente expresivo, que causase impresión en el espíritu de todos. Su temática fue esencialmente religiosa: las artes plásticas estaban al servicio de Dios y debían enseñar a los fieles los misterios del culto. Las grandes creaciones artísticas se concentraban en las iglesias, que eran verdaderos museos de la historia humana y divina. Incluso en Chile se alzaron espléndidos templos, de los que sólo a perdurado el de San Francisco de Santiago, cuya construcción se inició en el siglo XVI. Merecen recordarse, aunque hayan sido arrasados por incendios o catástrofes naturales, el de los agustinos, dominicos y jesuitas, particularmente este último, que, al igual que todas las clásicas iglesias de la Compañía, se inspiraba en cánones repetidos, pero a la vez originales. Tanto en las iglesias como en sus claustros se cobijaron notables colecciones de pintura que representaban generalmente la vida de algún santo. En Chile tuvo particular importancia la corriente pictórica que vino del Cuzco, ciudad en la que había surgido una escuela artística plena de expresión y dramatismo. De allí vino un grupo de artistas a decorar los patios de San Francisco, pintando una notable serie sobre la vida del santo. Dentro de estos maestros sobresalió Juan Zapaca Inga, el único de entre ellos que firmó algunas de las obras. Quito fue otro centro importante de actividad artística, que no sólo produjo pintura, sino también una imaginería policromada de espléndida factura y gran calidad. En el país, la pobreza dl medio impidió la existencia de grandes escuelas. Los pocos artistas locales siguieron las corrientes que emanaban de los lugares nombrados, que aspiraron, por lo demás, en estas materias a todo el continente ya fuera por importación directa de obras de arte o porques éstas de alguna forma servían de modelo a creaciones regionales. Otras expresiones artísticas destacables fueron los trabajos en madera, trabajos en platería, herrería y objetos de cuero; siempre asociados a la arquitectura religiosa y al culto, que aún hoy continúan deslumbrando por su calidad y belleza. REPRESENTACIÓN TEATRAL La más antigua representación teatral se realizó en Santiago, en cumplimiento de una orden real (1616), que mandaba que se celebrara el misterio de la Concepción de María. En la capital de Chile hubo diálogos sobre el misterio de la eucaristía. El gobernador Lazo de la Vega, con motivo de la mejoría de sus dolencias, celebró una fiesta pública, en ella “se representó una famosa mascarada, compuesta de gigantes y enanos; fuego, agua y tierra y las cuatro estaciones. Otro día se representaron once comedias, por capitanes y sargentos y nobles del Reino.

A mediados del siglo se representan auto sacramentales; los más conocidos fueron: Las Tres Marías, El Juicio, La Epifanía, La Danza de la Muerte. También se generalizó la representación de verdadera piezas teatrales: Algunas hazañas de Don García Hurtado de Mendoza, El diablo predicador, Arauco domado, Los españoles en Chile, El hércules chileno (Caupolicán). LA COLONIA (1600 a 1810) Concepto: Se denomina así a uno de los periodos más largos de la historia de Chile, también el concepto es extensible a la Historia General de América. La colonia podemos dividirla claramente en dos siglos: A). Siglo XVII, entre 1600 y 1699 con la muerte del último rey de la Casa de Habsburgo o Austria, Carlos II, denominado el hechizado. Esta etapa ve la decadencia del imperio forjado por los Reyes Católicos , Carlos V y Felipe II. Durante el Siglo XVII, la mayoría del continente americano esta subyugado y esta bajo la administración del Real Consejo de Indias y del Derecho Indiano. B). El Siglo XVIII, ve la llegada de los reyes Borbones de origen Francés, siendo el Primero de Ellos Felipe V, llegando España durante el reinado de Carlos III (1759 – 1788), a alcanzar un sitial casi tan importante como durante el siglo XVI. Durante este etapa hay un importante cambio administrativo, los problemas de América, los ve ahora la Secretaria de Marina e Indias. Durante este periodo se producen a nivel mundial la revolución de las ideas, lo que se llamo el siglo de las luces, como así también la Revolución de Independencia de Estados Unidos, 4 julio de 1776, colonia de Inglaterra. Además la Revolución Francesa el 14 de julio de 1789. Con ello llegan tímidamente a América ideas de libertad e igualdad. Podemos decir que es en la Colonia cuando Chile, define su ser nacional. Este breve resumen ha dejado afuera algunos aspectos importantes como la cultura, la educación, el arte, la literatura, las relaciones con otros países, la llegada de piratas, corsarios y otros viajeros, no podemos olvidar que el gentilicio chileno, se debe precisamente a la denominación que dieron los corsarios europeos a los indígenas del sur de nuestro país, cuando intentaron durante el siglo XVII, hacer una alianza para derrotar a los españoles. Economía: En cuanto a la economía imperial, durante el siglo XVII esta la manejaba La Casa de Contratación ubicada en Sevilla y luego en Cádiz. El sistema económico era el del monopolio, que tenía su expresión en el sistema de Flotas y Galeones, que venían dos veces al año y traían todos los productos que los americanos necesitaban, y compraban los productos que desde aquí se producían, claro que el precio de compra y ventas lo ponía España. Durante el Siglo XVIII este monopolio viene a romperse, primero con la introducción de productos de contrabando ingleses y franceses, luego con el sistema de Navíos de registro del Cabo de Hornos, en 1740. Luego vendría el decreto de libertad de comercio dictado por Carlos III en 1778. En Chile fue la Hacienda la principal Unidad Económica, durante el siglo XVII, fue el periodo ganadero, usandosé la carne y especialmente el sebo y el cuero. Durante el siglo XVIII, fue el periodo de la agricultura, exportándose el trigo en especial al virreinato del Perú. Además se comienza a desarrollar ya fuertemente la minería. La Guerra de Arauco: Esta mantuvo toda su dureza durante todo el siglo XVI y parte del XVII, Desde 1601 se había instalado por parte de Alonso de Ribera el Río Bío Bío, como frontera permanente, se había formado un ejercito regular y para ello se había conseguido el financiamiento real, mediante un impuesto llamado Real Situado, que era enviado desde el Perú. Luego hubo distintos

sistemas de Guerras, la defensiva, propuesta por el jesuita Luis de Valdivia, y la de esclavitud, que consistía en hacer esclavos a los indios mayores de 9 años y a las india mayores de 8 años, este fue el sistema favorito de los españoles, ya que así lucraban con la guerra. También se ensayaron los Parlamentos, que eran grandes conversaciones intercambio de presentes y se firmaba la paz, este no tuvo mucha validez, por la fragilidad política de los mapuches. Pero, lo cierto es que desde mediados del siglo XVII se estableció una relación de frontera, primero de tipo económico y luego social, amical e incluso familiar, que modero mucho la guerra. Sociedad: Por Sociedad podemos entender el conjunto de personas que forman el tejido social, y como estos se organizan para poder desarrollar su vida. En ocasiones la sociedades pueden ser de clase, casta , educación u otro factor. El siglo XVII vio constituir una sociedad Pigmentocrática, es decir basada en el color de la piel. En el vértice de esta pirámide social, se encontraba el grupo blanco, compuesto por peninsulares y criollo, luego el grupo moreno donde destaca los mestizos, que ya son un grupo demográfico de gran importancia, también aquí se cuentan los pueblos originarios, como también los mulatos y los zambos, por último también estaban los negros, que en Chile fueron bastante minoritarios, por lo caro de su internación al país. Podríamos decir que el siglo XVIII mantiene una estructura similar. Aquí aparece un grupo que a la postre se convertirá en fundamental para el proceso de independencia, la unión de los vascos con los criollo chilenos, Francisco Antonio Encina, acuño el concepto de Aristocracia Castellano Vasca, para denominar a este grupo. Lo cierto es que este grupo formo la oligarquía criolla y fueron ello el grupo más dinámico en los procesos de independencia. La consolidación del Derecho Indiano: La colonia representa el momento histórico de mayor duración, por lo que es la etapa de la historia americana donde se acrisolan la mayoría de las costumbre y tradiciones de nuestra cultura. En este contexto el Derecho indiano, concebido como el conjunto de leyes y normas jurídicas que rigen y regulan la vida de las colonias, adquiere su mayor expansión y se enraizaran en nuestra tradición jurídica, hecho que se ve reflejado posteriormente en todo el aparataje constitucional, político y legal de Chile y de la mayoría de los países de habla hispana. EL CABILDO ABIERTO DEL 18 DE SEPTIEMBRE DE 1810: PRIMER PASO EN UN LARGO PROCESO A LA INDEPENDENCIA. Introducción: Como abordar correctamente y desde una perspectiva histórica los trascendentales sucesos del cabildo abierto del 18 de septiembre de 1810. Antes que nada enfatizar que esta fecha no representa la separación política definitiva de la sujeción española, pero si que es el primer y fundamental paso en un largo proceso que nos llevará a la consolidación de la independencia 18 años después. De allí que Jaime Eyzaguirre, hablara de este hito como el de la Revolución autonomista, ya que no se buscaba la independencia sino que el derecho a autogobernarse, derecho negado por mucho tiempo. Es posible afirmar que este hecho representa la conjunción de la tradición y del deseo de reformas políticas. El 18 de septiembre de 1810 los criollos abrían tímidamente la puerta a la libertad de Chile. Los Antecedentes: Podemos hacer aquí una generalización afirmando que los antecedentes del cabildo del 18 de septiembre, son similares y se enmarcan en el proceso de formación de Juntas de Gobierno que vive toda América Latina. Debemos recordar que fue en Chuquisaca, actual Ciudad de Sucre en Bolivia,

donde se formó la primera junta el año 1809, a la que le siguió Quito, Caracas, México, Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810, y finalmente Santiago. Para explicar estos sucesos podemos afirmar que hay 2 antecedentes que dan razón de lo ocurrido: 1. Antecedentes Políticos, Administrativos e Ideológicos. Tiene que ver en una primera instancia con el manejo y la marcha de la administración colonial, en lo referente a la desigual repartición del poder y responsabilidades en los cargos de la administración pública, ya que estos recaen solo en españoles, esto provoca fuertes divergencias entre peninsulares y criollos, estos últimos sienten que han sido injustamente desplazados, a esto se debe agregar que España vive un momento decadente en especial por el papel jugado por Carlos IV, que ha dejado el gobierno en manos de su favorito Manuel Godoy, lo que exacerbaba al pueblo y en especial a los americanos, por último mencionar el efecto negativo que tuvo en algunos países como Chile, la política económica española. Mención especial debe hacerse, sobre la influencia que tuvo en los criollos las ideas audaces y libertarias de la Ilustración, ( Rousseau, Montesquie, Voltarire, Diderot, entre otros), y como hecho validante de estas ideas se presentaba la Independencia de Estados Unidos, lo que ponía en jaque la lealtad y devoción a la corona. 2. Antecedentes Inmediatos: Que duda cabe, que el hecho que agudiza las tensiones y adelante el proceso independentista en América y Chile, es la invasión de Napoleón a España ( 1808). Este Hecho provoca el surgimiento de Juntas de resistencia en España, La Junta Central de Sevilla y luego el Consejo de Regencia de Cádiz, los cuales invitan a los americanos a tomar en sus manos este momento histórico: " Desde este momento españoles americanos, os veis elevados a la dignidad de hombres libres" ( Proclama del Consejo Regencia de Cádiz). Estos sucesos dejaban en evidencia, que era necesario actuar ante los hechos. En Santiago, por su parte, comienzan a circular ciertos escritos referidos a los deseable y pertinente que sería ser parte no solo de las tareas, sino que también de la decisión política. ( Un ejemplo de ello son las Proclamas de Quirino Lemachez, el Catecismo Político Cristiano, El Dialogo de los Porteros). Desde este instante se comenzaba a transitar por los caminos que llevaría a chilenos y americanos a la independencia La economía en la Colonia Las condiciones económicas de la Colonia eran muy difíciles. Lo inmediato era el comercio con el Virreinato del Perú, con el que Chile hacía intercambio de su oro en polvo por mercaderías europeas reexportadas desde Lima. El oro en polvo había alimentado los primeros sueños de riqueza del conquistador que descubriera Chile, pero muy pronto se tuvo conciencia de que serían la tierra y el trabajo la principal fuente de prosperidad de la Colonia. El yacimiento de Valdivia venía siendo explotado desde mediados del siglo XVI y hasta comienzos del XVIII no comenzó a explotarse el de Copiapó, fundamentalmente trabajado por mestizos pobres del Norte Chico. La guerra de Arauco y la destrucción de Valdivia obligaron a suspender la más célebre explotación minera del país.

Chile no podía competir con los yacimientos de plata del Perú y del altiplano boliviano, ni con la producción de oro de Nueva Granada. Sin embargo, el desarrollo de las grandes poblaciones mineras de la zona de los Andes centrales generó la demanda de productos para su abastecimiento, demanda bien pagada con la plata extraída de sus entrañas. Los fértiles valles chilenos estaban en buenas condiciones de proporcionar vino y derivados cárnicos: sebo, cueros, tocino, manteca, carne salada y cerdo. También ocuparon un espacio destacado el cáñamo, las manzanas, el trigo y el aceite. Perú era la verdadera mina chilena. La complejidad de las comunicaciones con la metrópoli, realizadas por mar a través del Pacífico después de cruzar Panamá y seguir por el Atlántico hasta Sevilla, una ruta larga y una travesía arriesgada y costosa, propició la creación de una red comercial interregional en el eje andino de creciente importancia. Los precios agrícolas de las producciones chilenas resultaban mucho más ventajosos que los de procedencia española. La Serena concentraba la mayor parte de la plantación de olivos. En la región de Valdivia se cultivaban manzanas y cereales. Las vides se plantaron en Chile central, siendo Concepción centro de este cultivo. Ovejas, cabras, vacuno y porcino constituían la ganadería más extendida. La cría de muías para el transporte en las rutas andinas se convirtió en una actividad de gran provecho. Hacia 1614 el hinterland de Santiago reunía un centenar de chacras dedicadas al cereal y a la producción de vegetales, y unas 350 estancias ganaderas. Unas y otras eran trabajadas principalmente por indígenas encomendados, esclavos mapuches capturados en la guerra e indígenas trasandinos. La principal exportación chilena al Perú la constituía el sebo, producto necesario en la fabricación de velas, que serían empleadas en la minería. Tras el terremoto de 1687, que destruyó las zonas agrícolas de la sede del virreinato, se extendió la producción de trigo en el territorio de Chile. En definitiva, la economía chilena desde la segunda mitad del siglo XVI se había estructurado en torno a las demandas centrales del sistema andino, originadas en los núcleos urbanos y mineros, y secundariamente en una demanda subsidiaria. La inexistencia de un mercado estable, sustituido por otro de carácter compulsivo, espontáneo y disgregado, en el que los circuitos interiores desempeñaban un papel poco relevante, así como el control excesivo ejercido por comerciantes muy especulativos, han sido considerados un factor negativo para el desarrollo económico chileno en esta etapa colonial. La crisis de la segunda mitad del siglo XVII, cuando cayeron los precios en Perú, vendría a confirmar la debilidad de un sistema que a largo plazo resultaba más favorable para esta última plaza. La provincia importaba manufacturas procedentes de El Callao, yerba mate de lejanas tierras trasandinas, coca en menor proporción para el consumo indígena en las minas y tabaco, artículo de gran expansión hasta constituir en el siglo XVIII la primera renta de la Hacienda Real en el país. La hegemonía de la actividad comercial En Chile serían la propiedad de tierra y la producción de alimentos el principal soporte de la élite local, reforzado por el acceso a los cargos públicos. Sin embargo, los comerciantes consiguieron imponerse a los productores y orientaron el crecimiento hegemónico de Santiago sobre el de La Serena y Concepción, de modo que resultase más fácil controlar la relación con el exterior. El crecimiento de Santiago por encima de las restantes ciudades supuso también la creación de un mercado de bienes de consumo en torno a la capital.

La creciente influencia de los grandes comerciantes en el siglo XVII, convertidos en abastecedores y exportadores, no se tradujo en la independencia de una clase mercantil, sino que todavía aquéllos entendían su actividad como un paso transitorio que podía elevarles a la aristocracia. La subordinación a la carrera administrativa y a la burocracia colonial queda ejemplificada en la subordinación de Valparaíso a Santiago. La verdadera concentración de tierras no se produjo en Chile hasta el siglo XVIII, después de que la baja de precios arruinara a una parte de los propietarios. Las transacciones con el norte se realizaron conformando una ruta marítima basada en el cabotaje, la navegación costera que seguía la línea del litoral trazando una vía de comunicación e intercambio. De esa forma se sorteaban los inconvenientes de las largas distancias por tierra que debían cruzar desiertos y cordilleras, y se accedía a un medio de transporte, siempre de mayor capacidad que el interior basado en la carga de animales. La dependencia del transporte naval concedió gran importancia a los comerciantes propietarios de embarcaciones. Pero los intercambios sólo se podían efectuar si se garantizaba la seguridad en los mares. La presencia corsaria, además del peligro que suponía para la integridad de la Colonia y de los quebrantos que comportaban los saqueos de los puertos y de sus pobladores, implicaba la interrupción del comercio marítimo, quedando los productos del país sin salida. La amplia condición marítima del país, que hallaba en la costa su principal vía de comunicación, alentó la fundación de astilleros en los que se construían pequeñas embarcaciones y fragatas destinadas al tráfico con el Perú. En torno a esta actividad se desarrolló la fabricación de jarcias, del mismo modo que la exportación de vino condujo a la producción de botijas en el país que sirvieran de envase. De los cueros del ganado se fabricaban cordobanes y badanas, la mayor parte de las cuales eran destinadas al ejército, como también fue éste el destino de los paños salidos de los primeros obrajes. El sostenimiento del ejército de Arauco desde comienzos del siglo XVII proporcionó unos ingresos anuales de 293 000 pesos procedentes del Perú, un caudaloso y constante flujo de dinero que desde el exterior alimentaba la bolsa de gobernadores, funcionarios, oficiales, asentistas, comerciantes y hacendados. La presencia de este ejército financiado con cargo a la Hacienda Real se convirtió, por lo tanto, en un factor de prosperidad de la Colonia. La mayor parte del situado peruano destinado a la soldada llegaba a Chile en especies, después de que los funcionarios y comerciantes de Lima hubieran descontado adelantos y beneficios. Las mercancías eran cambiadas por productos del país, que serían suministrados a la intendencia militar o se repartirían entre los soldados como paga, siendo los comerciantes quienes acababan realizando el negocio. Para sostener ese ejército existían también haciendas de titularidad real en las que se criaba ganado. La sociedad colonial Las costumbres del Chile colonial, en cuanto al vestir y al comer, identificaban a las clases sociales y les imprimían un carácter propio. En la imagen, un español de Chile. Al frente de la jerarquía social de la Colonia se situaban los descendientes de los conquistadores que en los repartos habían recibido encomiendas. El

sistema de encomiendas, empero, fue agotándose y en el siglo XVII alcanzaron preeminencia los propietarios de haciendas y de los limitados obrajes abiertos en Chile y los funcionarios llegados de España o bien del Perú. La propiedad y dedicación a oficios mecánicos, como los obrajes, no fueron motivo de desdoro en la sociedad criolla. Con frecuencia los conquistadores, desde luego sus capitanes, pertenecían a familias hidalgas e incluso eran segundones de casas nobiliarias que buscaban en América la oportunidad de dar origen a una nueva familia principal instituyendo un mayorazgo, esto es, creando un vínculo con los bienes adquiridos que serían transmitidos íntegramente al primogénito. Las condiciones americanas hicieron que la institución del mayorazgo fuera perdiendo una fuerza que en Chile siempre fue escasa, incluso en tiempos de los conquistadores. Eso significa que los distintos descendientes tuvieron acceso al patrimonio familiar. Las familias principales enlazaron entre sí, creando linajes endogámicos que permitieron distinguir una serie de apellidos al tiempo que se favorecía la formación de uniones patrimoniales. Las familias dominantes, unidas por relaciones de parentesco, crearon en Santiago, La Serera y Concepción una red de apoyo y protección mutua destinada a mantener dicha jerarquía, subrayada por el control de los cabildos. La presencia de un ejército profesional permanente hizo de los oficiales, hidalgos muchas veces curtidos en las campañas de Flandes e Italia, elementos distinguidos de la sociedad y candidatos a ser casados con las hijas de la naciente oligarquía criolla. La inmensa mayoría de los pobladores españoles de Chile eran originarios de la Corona de Castilla, y dentro de ésta, de las regiones meridionales: castellanos nuevos y andaluces. Tampoco faltaron extremeños y vascos, aunque en medida mucho menor que los anteriores. Las costumbres del Chile colonial, en cuanto al vestir y al comer, identificaban a las clases sociales y les imprimían un carácter propio.

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