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Doctrina Social Cristiana

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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE HONDURAS

VALLE DE SULA

DEPARTAMENTO DE CIENCIAS SOCIALES

CIENCIAS POLÍTICAS

LIC. GRACIA N. ALVARENGA
INFORME: DOCTRINAS POLÍTICAS: DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA
INTEGRANTES: MAURICIO ANDINO MOLINA ALFREDO HERNÁNDEZ 20001004737 00000000000

LUNES 5 DE JULIO DEL 2010
CENTRO UNIVERSITARIO

UNAH-VS
SAN PEDRO SULA, CORTES
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010

DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA:

INTRODUCCIÓN

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La publicación en 1891 de la encíclica Rerum novarum marca el inicio del desarrollo de un cuerpo significativo de doctrina social en la Iglesia Católica. Presentó las tres coordenadas de la promoción moderna de justicia y paz (personas, sistemas y estructuras) establecida desde entonces como parte integral de la misión de la Iglesia. Han habido numerosas encíclicas y mensajes sobre temas sociales en los años posteriores; se desarrollaron diversas formas de acción católica en distintas partes del mundo; la ética social comenzó a ser materia de estudio en escuelas y seminarios. Sin embargo, tuvimos que esperar hasta el Vaticano II y la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno para la declaración que representa un cambio en la actitud de la Iglesia referente a su presencia en el mundo, junto a una llamada a establecer el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, para ayudar a la Iglesia a responder a los desafíos en el mundo. Al mismo tiempo, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia indicaba que el laicado goza de un papel importantísimo en el cumplimiento universal de la tarea de ayudar al mundo a obtener su destino en justicia, en amor y en paz (LG #36). En el documento sobre la misión del laicado les fue dado a los pastores declarar claramente los principios relacionados al propósito de la creación y el uso de los bienes del mundo, y proporcionar apoyo moral y espiritual para la renovación del orden temporal en Cristo (AA #7). Después de la publicación en 1968 de la encíclica Populorum Progressio, el Consejo Pontificio condujo con el tiempo al establecimiento de muchas comisiones locales y al desarrollo dentro de las órdenes religiosas de una nueva conciencia de su misión. El Sínodo de Obispos en 1971 es otro hito en la comprensión de parte de la Iglesia de su misión. En este sínodo, bajo el título de Justicia en el Mundo, los obispos pronunciaron las ya a menudo citadas palabras "El trabajo de la justicia es una parte integral de la misión de evangelización de la Iglesia" (# 5). El Papa Juan Pablo II continúa reflexionando sobre este compromiso con varias encíclicas y numerosas declaraciones en todas sus visitas pastorales. En Centesimus Annus, el Papa Juan Pablo II hace el siguiente resumen: "Durante los últimos cien años la Iglesia ha expresado repetidamente su pensamiento, mientras seguía de cerca el desarrollo progresivo de la cuestión social. Ciertamente no ha hecho esto para recuperar antiguos privilegios ni para imponer su propia visión. Su único propósito ha sido cuidar responsablemente la humanidad, confiada a ella por Cristo... La única criatura sobre la tierra a la que Dios quiso por sí misma... No estamos tratando aquí de algo abstracto sino de hombres y mujeres concretos e históricos. Estamos tratando de cada individuo puesto que cada uno está incluido en el misterio de la Redención, y a través de este misterio Cristo se ha unido con cada uno y cada una para siempre. De ahí se sigue que... Esta humanidad es la ruta fundamental que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión... El camino trazado por el propio Cristo, el camino que lleva invariablemente por el misterio de la Encarnación y la Redención. "Hoy la doctrina social de la Iglesia se centra especialmente en los hombres y las mujeres puesto que ellos están comprometidos en una red compleja de relaciones dentro de las sociedades modernas. Las ciencias humanas y la filosofía son útiles para interpretar el lugar central de la persona humana dentro de la sociedad y para proveer un mejor entendimiento de lo que significa ser un ser social. Sin embargo, la verdadera identidad de una persona es revelada completamente a través de la fe, y precisamente es de la fe de donde comienza la doctrina social de la Iglesia. Si bien se sirve de todas las contribuciones hechas por las ciencias y la filosofía, la doctrina social de la Iglesia está apuntada a ayudar a la humanidad en el camino de la salvación" (Centesimus Annus, # 53-54).

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FUNDAMENTOS

IDEOLÓGICOS
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 Los temas de la economía, la globalización, el mercado, la iniciativa privada, el trabajo, la cultura no han sido ajenos a las preocupaciones de la Iglesia, que ha elaborado a través de su historia una Doctrina Social, un cuerpo sistemático que ilumina a quienes se interesen en estas cosas tan ligadas al bien común, y, por lo mismo, a la política. Juan Pablo II explica que la Doctrina Social de la Iglesia es el conjunto de principios y criterios que, como fruto de la Revelación y de la experiencia histórica, se han ido elaborando para facilitar la formación de la conciencia cristiana y la aplicación de la justicia en la convivencia humana. Estos principios y criterios son de muchos tipos. Por ejemplo, el amor preferencial a los pobres, con la finalidad de que alcancen un nivel de vida más digno; el cumplimiento de las obligaciones asumidas en contratos y convenios; la protección de los derechos fundamentales exigidos por la dignidad humana; el uso correcto de los bienes propios, que redunde en beneficio individual y colectivo, de acuerdo con el objetivo social que corresponde a la propiedad; el pago de los impuestos; el desempeño adecuado y honrado, con espíritu de servicio, de los cargos y funciones que se ejercen; la veracidad, tanto en la palabra dada como en los procesos y juicios; la realización del trabajo con competencia y dedicación; el respeto a la libertad de las conciencias; la universalización de la educación y de la cultura; y la atención a los inválidos y a los desempleados. Desde una perspectiva negativa, se pueden señalar, entre las violaciones de la justicia, la insuficiencia salarial para el sustento del trabajador y de su familia; la apropiación injusta de los bienes ajenos; la discriminación en el trabajo y los atentados contra la dignidad de la mujer; la corrupción administrativa o empresarial; el afán exagerado de riqueza y de lucro; los planes urbanísticos que se concretan en viviendas que, en la práctica, llevan al control de la natalidad debido a las presiones económicas; las campañas que violan la intimidad, la honra y el derecho a la información; las tecnologías que degradan el ambiente, etc. Por supuesto que la perspectiva de la Iglesia no puede ni debe ser excluyente, sino que ofrece la solución paradigmática del amor o de la caridad cristiana; por ello no se casa con ideologías, tan ligadas a circunstancias, sino que se inspira en principios y valores perennes, fundamentados en la persona de Jesucristo, primordial ejemplo de donación o gratuidad, de servicio para y con los demás. Ni capitalismo salvaje ni marxismo, sino una promoción de la creatividad humana: Si por «capitalismo» -expresa el Papa Juan Pablo II- se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de «economía de empresa», «economía de mercado», o simplemente de «economía libre». Pero si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa. La solución marxista ha fracasado, pero permanecen en el mundo fenómenos de marginación y explotación, especialmente en el Tercer Mundo, así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados; contra tales fenómenos se alza con firmeza la voz de la Iglesia. Ingentes muchedumbres viven aún en condiciones de gran miseria material y moral. El fracaso del sistema comunista en tantos países elimina ciertamente un obstáculo a la hora de afrontar de manera adecuada y realista estos problemas; pero eso no basta para resolverlos. Es más, existe el riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista, que rechaza incluso el tomarlos en consideración, porque a priori considera condenado al fracaso todo intento de afrontarlos y, de forma fideísta, confía su solución al libre desarrollo de las fuerzas de mercado. El hombre no puede estar supeditado sólo a su realidad material. Otra forma de respuesta práctica, finalmente, está representada por la sociedad del bienestar o sociedad de consumo. Ésta tiende a derrotar al marxismo en el terreno del puro materialismo, mostrando cómo una sociedad de libre mercado es capaz de satisfacer las necesidades materiales humanas más plenamente de lo que aseguraba el comunismo y excluyendo también los valores espirituales. En realidad, si bien por un lado es cierto que este modelo social muestra el fracaso del marxismo para construir una sociedad nueva y mejor, por otro, al negar su existencia autónoma y su valor a la moral y al derecho, así como a la cultura y a la religión, coincide con el marxismo en reducir totalmente al hombre a la esfera de lo económico y a la satisfacción de las necesidades materiales. 1

TOMADO DE: Temas de Actualidad, Cardenal Oscar Rodríguez, Octubre 2004, Publicaciones Oficiales Nunciatura Apostólica, Roma; Revisado por Pastor Gerson Patterson, Ministerios Agua Viva, Noviembre 2005, Social-Christian Life & Politics (Vida y Política Social- Cristiana).

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FUNDAMENTOS

TEÓRICOS
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 Como respuesta a la primera gran cuestión social, León XIII promulga la primera encíclica social, la « Rerum novarum ». Esta examina la condición de los trabajadores asalariados, especialmente penosa para los obreros de la industria, afligidos por una indigna miseria. La cuestión obrera es tratada de acuerdo con su amplitud real: es estudiada en todas sus articulaciones sociales y políticas, para ser evaluada adecuadamente a la luz de los principios doctrinales fundados en la Revelación, en la ley y en la moral natural. La « Rerum novarum » enumera los errores que provocan el mal social, excluye el socialismo como remedio y expone, precisándola y actualizándola, « la doctrina social sobre el trabajo, sobre el derecho de propiedad, sobre el principio de colaboración contrapuesto a la lucha de clases como medio fundamental para el cambio social, sobre el derecho de los débiles, sobre la dignidad de los pobres y sobre las obligaciones de los ricos, sobre el perfeccionamiento de la justicia por la caridad, sobre el derecho a tener asociaciones profesionales ». La « Rerum novarum » se ha convertido en el documento inspirador y de referencia de la actividad cristiana en el campo social. El tema central de la encíclica es la instauración de un orden social justo, en vista del cual se deben identificar los criterios de juicio que ayuden a valorar los ordenamientos socio-políticos existentes y a proyectar líneas de acción para su oportuna transformación. La « Rerum novarum » afrontó la cuestión obrera con un método que se convertirá en un « paradigma permanente » para el desarrollo sucesivo de la doctrina social. Los principios afirmados por León XIII serán retomados y profundizados por las encíclicas sociales sucesivas. Toda la doctrina social se podría entender como una actualización, una profundización y una expansión del núcleo originario de los principios expuestos en la « Rerum novarum ». Con este texto, valiente y clarividente, el Papa León XIII confirió « a la Iglesia una especie de carta de ciudadanía respecto a las realidades cambiantes de la vida pública » y « escribió unas palabras decisivas », que se convirtieron en « un elemento permanente de la doctrina social de la Iglesia », afirmando: Que los graves problemas sociales « podían ser resueltos solamente mediante la colaboración entre todas las fuerzas » y añadiendo también que « por lo que se refiere a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto ella regateará su esfuerzo » 1. El respeto de la dignidad humana Una sociedad justa puede ser realizada solamente en el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana. Ésta representa el fin último de la sociedad, que está a ella ordenada: « El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario » -El respeto de la dignidad humana no puede absolutamente prescindir de la obediencia al principio de « considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla

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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 dignamente ». Es preciso que todos los programas sociales, científicos y culturales, estén presididos por la conciencia del primado de cada ser humano. En ningún caso la persona humana puede ser instrumentalizada para fines ajenos a su mismo desarrollo, que puede realizar plena y definitivamente sólo en Dios y en su proyecto salvífico: el hombre, en efecto, en su interioridad, trasciende el universo y es la única criatura que Dios ha amado por sí misma. Por esta razón, ni su vida, ni el desarrollo de su pensamiento, ni sus bienes, ni cuantos comparten sus vicisitudes personales y familiares pueden ser sometidos a injustas restricciones en el ejercicio de sus derechos y de su libertad. La persona no puede estar finalizada a proyectos de carácter económico, social o político, impuestos por autoridad alguna, ni siquiera en nombre del presunto progreso de la comunidad civil en su conjunto o de otras personas, en el presente o en el futuro. Es necesario, por tanto, que las autoridades públicas vigilen con atención para que una restricción de la libertad o cualquier otra carga impuesta a la actuación de las personas no lesione jamás la dignidad personal y garantice el efectivo ejercicio de los derechos humanos. Todo esto, una vez más, se funda sobre la visión del hombre como persona, es decir, como sujeto activo y responsable del propio proceso de crecimiento, junto con la comunidad de la que forma parte. Los auténticos cambios sociales son efectivos y duraderos solo si están fundados sobre un cambio decidido de la conducta personal. No será posible jamás una auténtica moralización de la vida social si no es a partir de las personas y en referencia a ellas: en efecto, « el ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana ».A las personas compete, evidentemente, el desarrollo de las actitudes morales, fundamentales en toda convivencia verdaderamente humana (justicia, honradez, veracidad, etc. 2. Las tareas de la comunidad política La responsabilidad de edificar el bien común compete, además de las personas particulares, también al Estado, porque el bien común es la razón de ser de la autoridad política. El Estado, en efecto, debe garantizar cohesión, unidad y organización a la sociedad civil de la que es expresión, de modo que se pueda lograr el bien común con la contribución de todos los ciudadanos. La persona concreta, la familia, los cuerpos intermedios no están en condiciones de alcanzar por sí mismos su pleno desarrollo; de ahí deriva la necesidad de las instituciones políticas, cuya finalidad es hacer accesibles a las personas los bienes necesarios materiales, culturales, morales, espirituales para gozar de una vida auténticamente humana. El fin de la vida social es el bien común históricamente realizable. Para asegurar el bien común, el gobierno de cada país tiene el deber específico de armonizar con justicia los diversos intereses sectoriales. La correcta conciliación de los bienes particulares de grupos y de individuos es una de las funciones más delicadas del
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 poder público. En un Estado democrático, en el que las decisiones se toman ordinariamente por mayoría entre los representantes de la voluntad popular, aquellos a quienes compete la responsabilidad de gobierno están obligados a fomentar el bien común del país, no sólo según las orientaciones de la mayoría, sino en la perspectiva del bien efectivo de todos los miembros de la comunidad civil, incluidas las minorías. El bien común de la sociedad no es un fin autárquico; tiene valor sólo en relación al logro de los fines últimos de la persona y al bien común de toda la creación. Dios es el fin último de sus criaturas y por ningún motivo puede privarse al bien común de su dimensión trascendente, que excede y, al mismo tiempo, da cumplimiento a la dimensión histórica.35 Esta perspectiva alcanza su plenitud a la luz de la fe en la Pascua de Jesús, que ilumina en plenitud la realización del verdadero bien común de la humanidad. Nuestra historia el esfuerzo personal y colectivo para elevar la condición humana comienza y culmina en Jesús: gracias a Él, por medio de Él y en vista de Él, toda realidad, incluida la sociedad humana, puede ser conducida a su Bien supremo, a su cumplimiento. Una visión puramente histórica y materialista terminaría por transformar el bien común en un simple bienestar socioeconómico, carente de finalidad trascendente, es decir, de su más profunda razón de ser Nada se puede esperar de otros o delegar en las instituciones. A todos, particularmente a quienes de diversas maneras están investidos de responsabilidad política, jurídica o profesional frente a los demás, corresponde ser conciencia vigilante de la sociedad y primeros testigos de una convivencia civil y digna del hombre. 3. Destino universal de los bienes y opción preferencial por los pobres El principio del destino universal de los bienes exige que se vele con particular solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y, en cualquier caso, por las personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado. A este propósito se debe reafirmar, con toda su fuerza, la opción preferencial por los pobres: « Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia. Se refiere a la vida de cada cristiano, en cuanto imitador de la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes. Pero hoy, vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor ». La miseria humana es el signo evidente de la condición de debilidad del hombre y de su necesidad de salvación. De ella se compadeció Cristo Salvador, que se identificó con sus « hermanos más pequeños » (Mt 25,40.45). « Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que

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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 hayan hecho por los pobres. La buena nueva "anunciada a los pobres" (Mt 11,5; Lc 4,18) es el signo de la presencia de Cristo ». Jesús dice: « Pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre » (Mt 26,11; cf. Mc 14,3-9; Jn 12,1-8) no para contraponer al servicio de los pobres la atención dirigida a Él. El realismo cristiano, mientras por una parte aprecia los esfuerzos laudables que se realizan para erradicar la pobreza, por otra parte pone en guardia frente a posiciones ideológicas y mesianismos que alimentan la ilusión de que se pueda eliminar totalmente de este mundo el problema de la pobreza. Esto sucederá sólo a su regreso, cuando Él estará de nuevo con nosotros para siempre. Mientras tanto, los pobres quedan confiados a nosotros y en base a esta responsabilidad seremos juzgados al final (cf. Mt 25,31-46): « Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos ». El amor de la Iglesia por los pobres se inspira en el Evangelio de las bienaventuranzas, en la pobreza de Jesús y en su atención por los pobres. Este amor se refiere a la pobreza material y también a las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa. La Iglesia « desde los orígenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos. Lo ha hecho mediante innumerables obras de beneficencia, que siempre y en todo lugar continúan siendo indispensables ».390 Inspirada en el precepto evangélico: « De gracia lo recibisteis; dadlo de gracia » (Mt 10,8), la Iglesia enseña a socorrer al prójimo en sus múltiples necesidades y prodiga en la comunidad humana innumerables obras de misericordia corporales y espirituales: « Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios », aun cuando la práctica de la caridad no se reduce a la limosna, sino que implica la atención a la dimensión social y política del problema de la pobreza. Sobre esta relación entre caridad y justicia retorna constantemente la enseñanza de la Iglesia: « Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia ». Los Padres Conciliares recomiendan con fuerza que se cumpla este deber « para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de justicia ».393 El amor por los pobres es ciertamente « incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta » (cf. St 5,1-6). 4. La solidaridad como principio social y como virtud moral Las nuevas relaciones de interdependencia entre hombres y pueblos, que son, de hecho, formas de solidaridad, deben transformarse en relaciones que tiendan hacia una verdadera y propia solidaridad ético-social, que es la exigencia moral ínsita en todas las relaciones humanas. La solidaridad se presenta, por tanto, bajo dos aspectos complementarios: como principio social y como virtud moral.
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones, según el cual las « estructuras de pecado », que dominan las relaciones entre las personas y los pueblos, deben ser superadas y transformadas en estructuras de solidaridad, mediante la creación o la oportuna modificación de leyes, reglas de mercado, ordenamientos. La solidaridad es también una verdadera y propia virtud moral, no « un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos ». La solidaridad se eleva al rango de virtud social fundamental, ya que se coloca en la dimensión de la justicia, virtud orientada por excelencia al bien común, y en « la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a "perderse", en sentido evangélico, por el otro en lugar de explotarlo, y a "servirlo" en lugar de oprimirlo para el propio provecho (cf. Mt 10,40-42; 20, 25; Mc 10,42-45; Lc 22,25-27) ». 5. Solidaridad y crecimiento común de los hombres El mensaje de la doctrina social acerca de la solidaridad pone en evidencia el hecho de que existen vínculos estrechos entre solidaridad y bien común, solidaridad y destino universal de los bienes, solidaridad e igualdad entre los hombres y los pueblos, solidaridad y paz en el mundo. El término « solidaridad », ampliamente empleado por el Magisterio, expresa en síntesis la exigencia de reconocer en el conjunto de los vínculos que unen a los hombres y a los grupos sociales entre sí, el espacio ofrecido a la libertad humana para ocuparse del crecimiento común, compartido por todos. El compromiso en esta dirección se traduce en la aportación positiva que nunca debe faltar a la causa común, en la búsqueda de los puntos de posible entendimiento incluso allí donde prevalece una lógica de separación y fragmentación, en la disposición para gastarse por el bien del otro, superando cualquier forma de individualismo y particularismo. El principio de solidaridad implica que los hombres de nuestro tiempo cultiven aún más la conciencia de la deuda que tienen con la sociedad en la cual están insertos: son deudores de aquellas condiciones que facilitan la existencia humana, así como del patrimonio, indivisible e indispensable, constituido por la cultura, el conocimiento científico y tecnológico, los bienes materiales e inmateriales, y todo aquello que la actividad humana ha producido. Semejante deuda se salda con las diversas manifestaciones de la actuación social, de manera que el camino de los hombres no se interrumpa, sino que permanezca abierto para las generaciones presentes y futuras, llamadas unas y otras a compartir, en la solidaridad, el mismo don. 6. La justicia La justicia es un valor que acompaña al ejercicio de la correspondiente virtud moral cardinal. Según su formulación más clásica, « consiste en la constante y firme voluntad de
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 dar a Dios y al prójimo lo que les es debido ». Desde el punto de vista subjetivo, la justicia se traduce en la actitud determinada por la voluntad de reconocer al otro como persona, mientras que desde el punto de vista objetivo, constituye el criterio determinante de la moralidad en el ámbito intersubjetivo y social. El Magisterio social invoca el respeto de las formas clásicas de la justicia: la conmutativa, la distributiva y la legal.444 Un relieve cada vez mayor ha adquirido en el Magisterio la justicia social,445 que representa un verdadero y propio desarrollo de la justicia general, reguladora de las relaciones sociales según el criterio de la observancia de la ley. La justicia social es una exigencia vinculada con la cuestión social, que hoy se manifiesta con una dimensión mundial; concierne a los aspectos sociales, políticos y económicos y, sobre todo, a la dimensión estructural de los problemas y las soluciones correspondientes. La justicia resulta particularmente importante en el contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, a pesar de las proclamaciones de propósitos, está seriamente amenazado por la difundida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de la utilidad y del tener. La justicia, conforme a estos criterios, es considerada de forma reducida, mientras que adquiere un significado más pleno y auténtico en la antropología cristiana. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, porque lo que es « justo » no está determinado originariamente por la ley, sino por la identidad profunda del ser humano. La plena verdad sobre el hombre permite superar la visión contractual de la justicia, que es una visión limitada, y abrirla al horizonte de la solidaridad y del amor: « Por sí sola, la justicia no basta. Más aún, puede llegar a negarse a sí misma, si no se abre a la fuerza más profunda que es el amor ».En efecto, junto al valor de la justicia, la doctrina social coloca el de la solidaridad, en cuanto vía privilegiada de la paz. Si la paz es fruto de la justicia, « hoy se podría decir, con la misma exactitud y análoga fuerza de inspiración bíblica (cf. Is 32,17; St 32,17), Opus solidaritatis pax, la paz como fruto de la solidaridad ».449 La meta de la paz, en efecto, « sólo se alcanzará con la realización de la justicia social e internacional, y además con la práctica de las virtudes que favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir unidos, para construir juntos, dando y recibiendo, una sociedad nueva y un mundo mejor ». 7. La persona humana es el fundamento y el fin de la convivencia política Dotado de racionalidad, el hombre es responsable de sus propias decisiones y capaz de perseguir proyectos que dan sentido a su vida, en el plano individual y social. La apertura a la Trascendencia y a los demás es el rasgo que la caracteriza y la distingue: sólo en relación con la Trascendencia y con los demás, la persona humana alcanza su plena y completa realización. Esto significa que por ser una criatura social y política por naturaleza, « la vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental »,sino una dimensión esencial e ineludible.

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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 La comunidad política deriva de la naturaleza de las personas, cuya conciencia « descubre y manda observar estrictamente » el orden inscrito por Dios en todas sus criaturas: se trata de « una ley moral basada en la religión, la cual posee capacidad muy superior a la de cualquier otra fuerza o utilidad material para resolver los problemas de la vida individual y social, así en el interior de las Naciones como en el seno de la sociedad internacional ».778 Este orden debe ser gradualmente descubierto y desarrollado por la humanidad. La comunidad política, realidad connatural a los hombres, existe para obtener un fin de otra manera inalcanzable: el crecimiento más pleno de cada uno de sus miembros, llamados a colaborar establemente para realizar el bien común, bajo el impulso de su natural inclinación hacia la verdad y el bien. La comunidad política encuentra en la referencia al pueblo su auténtica dimensión: ella « es, y debe ser en realidad, la unidad orgánica y organizadora de un verdadero pueblo ». El pueblo no es una multitud amorfa, una masa inerte para manipular e instrumentalizar, sino un conjunto de personas, cada una de las cuales « en su propio puesto y según su manera propia » tiene la posibilidad de formar su opinión acerca de la cosa pública y la libertad de expresar su sensibilidad política y hacerla valer de manera conveniente al bien común. El pueblo « vive de la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales... Es una persona consciente de su propia responsabilidad y de sus propias convicciones ». Quienes pertenecen a una comunidad política, aun estando unidos orgánicamente entre sí como pueblo, conservan, sin embargo, una insuprimible autonomía en su existencia personal y en los fines que persiguen. Lo que caracteriza en primer lugar a un pueblo es el hecho de compartir la vida y los valores, fuente de comunión espiritual y moral: « La sociedad humana... Tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual: que impulse a los hombres, iluminados por la verdad, a comunicarse entre sí los más diversos conocimientos; a defender sus derechos y cumplir sus deberes; a desear los bienes del espíritu; a disfrutar en común del justo placer de la belleza en todas sus manifestaciones; a sentirse inclinados continuamente a compartir con los demás lo mejor de sí mismos; a asimilar con afán, en provecho propio, los bienes espirituales del prójimo. Todos estos valores informan y, al mismo tiempo, dirigen las manifestaciones de la cultura, de la economía, de la convivencia social, del progreso y del orden político, del ordenamiento jurídico y, finalmente, de cuantos elementos constituyen la expresión externa de la comunidad humana en su incesante desarrollo ». A cada pueblo corresponde normalmente una Nación, pero, por diversas razones, no siempre los confines nacionales coinciden con los étnicos. Surge así la cuestión de las minorías, que históricamente han dado lugar a no pocos conflictos. El Magisterio afirma que las minorías constituyen grupos con específicos derechos y deberes. En primer lugar, un grupo minoritario tiene derecho a la propia existencia: « Este derecho puede no ser tenido en cuenta de modos diversos, pudiendo llegar hasta el extremo de ser negado
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 mediante formas evidentes o indirectas de genocidio ». Además, las minorías tienen derecho a mantener su cultura, incluida la lengua, así como sus convicciones religiosas, incluida la celebración del culto. En la legítima reivindicación de sus derechos, las minorías pueden verse empujadas a buscar una mayor autonomía o incluso la independencia: en estas delicadas circunstancias, el diálogo y la negociación son el camino para alcanzar la paz. En todo caso, el recurso al terrorismo es injustificable y dañaría la causa que se pretende defender. Las minorías tienen también deberes que cumplir, entre los cuales se encuentra, sobre todo, la cooperación al bien común del Estado en que se hallan insertos. En particular, « el grupo minoritario tiene el deber de promover la libertad y la dignidad de cada uno de sus miembros y de respetar las decisiones de cada individuo, incluso cuando uno de ellos decidiera pasar a la cultura mayoritaria 8. La componente moral de la representación política Quienes tienen responsabilidades políticas no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación, que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales. En esta perspectiva, una autoridad responsable significa también una autoridad ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio (paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad); una autoridad ejercida por personas capaces de asumir auténticamente como finalidad de su actuación el bien común y no el prestigio o el logro de ventajas personales. Entre las deformaciones del sistema democrático, la corrupción política es una de las más graves porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y las normas de la justicia social; compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones. La corrupción distorsiona de raíz el papel de las instituciones representativas, porque las usa como terreno de intercambio político entre peticiones clientelistas y prestaciones de los gobernantes. De este modo, las opciones políticas favorecen los objetivos limitados de quienes poseen los medios para influenciarlas e impiden la realización del bien común de todos los ciudadanos. La administración pública, a cualquier nivel nacional, regional, municipal , como instrumento del Estado, tiene como finalidad servir a los ciudadanos: « El Estado, al servicio de los ciudadanos, es el gestor de los bienes del pueblo, que debe administrar en vista del bien común ». Esta perspectiva se opone a la burocratización excesiva, que se verifica cuando « las instituciones, volviéndose complejas en su organización y pretendiendo gestionar toda área a disposición, terminan por ser abatidas por el funcionalismo impersonal, por la exagerada burocracia, por los injustos intereses privados, por el fácil y generalizado encogerse de hombros ». El papel de quien trabaja en la

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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 administración pública no ha de concebirse como algo impersonal y burocrático, sino como una ayuda solícita al ciudadano, ejercitada con espíritu de servicio. 9. Instrumentos de participación política Los partidos políticos tienen la tarea de favorecer una amplia participación y el acceso de todos a las responsabilidades públicas. Los partidos están llamados a interpretar las aspiraciones de la sociedad civil orientándolas al bien común ofreciendo a los ciudadanos la posibilidad efectiva de concurrir a la formación de las opciones políticas. Los partidos deben ser democráticos en su estructura interna, capaces de síntesis política y con visión de futuro. El referéndum es también un instrumento de participación política, con él se realiza una forma directa de elaborar las decisiones políticas. La representación política no excluye, en efecto, que los ciudadanos puedan ser interpelados directamente en las decisiones de mayor importancia para la vida social. 10. Información y democracia La información se encuentra entre los principales instrumentos de participación democrática. Es impensable la participación sin el conocimiento de los problemas de la comunidad política, de los datos de hecho y de las varias propuestas de solución. Es necesario asegurar un pluralismo real en este delicado ámbito de la vida social, garantizando una multiplicidad de formas e instrumentos en el campo de la información y de la comunicación, y facilitando condiciones de igualdad en la posesión y uso de estos instrumentos mediante leyes apropiadas. Entre los obstáculos que se interponen a la plena realización del derecho a la objetividad en la información, merece particular atención el fenómeno de las concentraciones editoriales y televisivas, con peligrosos efectos sobre todo el sistema democrático cuando a este fenómeno corresponden vínculos cada vez más estrechos entre la actividad gubernativa, los poderes financieros y la información. Los medios de comunicación social se deben utilizar para edificar y sostener la comunidad humana, en los diversos sectores, económico, político, cultural, educativo, religioso: « La información de estos medios es un servicio del bien común. La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad ». La cuestión esencial en este ámbito es si el actual sistema informativo contribuye a hacer a la persona humana realmente mejor, es decir, más madura espiritualmente, más consciente de su dignidad humana, más responsable, más abierta a los demás, en particular a los más necesitados y a los más débiles. Otro aspecto de gran importancia es la necesidad de que las nuevas tecnologías respeten las legítimas diferencias culturales. 11. Lucha contra la pobreza Al comienzo del nuevo milenio, la pobreza de miles de millones de hombres y mujeres es «la cuestión que, más que cualquier otra, interpela nuestra conciencia humana y
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 cristiana». La pobreza manifiesta un dramático problema de justicia: la pobreza, en sus diversas formas y consecuencias, se caracteriza por un crecimiento desigual y no reconoce a cada pueblo el « igual derecho a sentarse a la mesa del banquete común ». Esta pobreza hace imposible la realización de aquel humanismo pleno que la Iglesia auspicia y propone, a fin de que las personas y los pueblos puedan « ser más » y vivir en « condiciones más humanas ». La lucha contra la pobreza encuentra una fuerte motivación en la opción o amor preferencial de la Iglesia por los pobres. En toda su enseñanza social, la Iglesia no se cansa de confirmar también otros principios fundamentales: primero entre todos, el destino universal de los bienes. Con la constante reafirmación del principio de la solidaridad, la doctrina social insta a pasar a la acción para promover « el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos ». El principio de solidaridad, también en la lucha contra la pobreza, debe ir siempre acompañado oportunamente por el de subsidiaridad, gracias al cual es posible estimular el espíritu de iniciativa, base fundamental de todo desarrollo socioeconómico, en los mismos países pobres: a los pobres se les debe mirar « no como un problema, sino como los que pueden llegar a ser sujetos y protagonistas de un futuro nuevo y más humano para todo el mundo». 12. La deuda externa El derecho al desarrollo debe tenerse en cuenta en las cuestiones vinculadas a la crisis deudora de muchos países pobres. Esta crisis tiene en su origen causas complejas de naturaleza diversa, tanto de carácter internacional fluctuación de los cambios, especulación financiera, neocolonialismo económico como internas a los países endeudados corrupción, mala gestión del dinero público, utilización distorsionada de los préstamos recibidos . Los mayores sufrimientos, atribuibles a cuestiones estructurales pero también a comportamientos personales, recaen sobre la población de los países endeudados y pobres, que no tiene culpa alguna. La comunidad internacional no puede desentenderse de semejante situación: incluso reafirmando el principio de que la deuda adquirida debe ser saldada, es necesario encontrar los caminos para no comprometer el « Derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso ».

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DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA: MARCO

TEMÁTICO &
BIBLIOGRÁFICO

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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 ANTROPOLOGÍA DEL HOMBRE A) Dignidad del ser humano, imagen de Dios y y y y y y y y y Divinis Redemptoris, 30 y 32-33 Mater et Magistra, 219-220 Pacem in Terris, 31; 28-34 y sobre todo 44 Gaudium et Spes, 31 Ecclesiam Suam, 19 Libertad Cristiana y Liberación, 20, 34 Laborem Exercens, 4-9 Orientaciones, N° 31 Catecismo, 355-379; 1700-1709

B) El hombre, vía de la misión de la Iglesia y y y Gaudium et Spes, 1 y 3 Evangelii Nuntiandi, 29,31,33,35,36,38 Redemptor Hominis, 13-14

C) Anhelo humano de libertad y Instrucción sobre la libertad cristiana y la liberación, 1 y 38

D) El hombre y la mujer como personas solidarias y y y y Mater et Magistra, 218-219; 59-67 Pacem in Terris, 31 Gaudium et Spes, 24-25 Libertad Cristiana y Liberación, 73

E) Igualdad fundamental de todas las personas Gaudium et Spes, 24 y 29 F) Primacía de las personas sobre las estructuras Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación, 73,75 Gaudium et Spes, 31
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 Redemptor Hominis, 14 Reconciliatio et Poenitentia, 16 G) Estructuras de pecado GS 13,25 Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación, 75 Sollicitudo Rei Socialis, 36-37 Centesimus Annus, 38 Catecismo, 1878-1889 DERECHOS HUMANOS A) Violación de los derechos humanos Gaudium et Spes, 27 Octogésima Adveniens, 23; cfr. RH,17 Sollicitudo Rei Socialis, 15,26,33 B) Panorama de derechos fundamentales Pacem in Terris, 143-144, 11-34; 75-79 GS, 27, 79,29, 60, 52, 75,71, 67, 68, 65, 69, 59 Octogésima Adveniens, 23 Puebla, 3890-3893 Redemptor Hominis, 17 Sollicitudo Rei Socialis, 26, 33-34 C) Derechos humanos, una exigencia evangélica Puebla: Discurso de inauguración Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación, 65 EL BIEN COMÚN Mater et Magistra, 65, 71, 78-81; Pacem in Terris, 53-66,136 Gaudium et Spes, 26, 74
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 Populorum Progressio, 54 Octogésima Adveniens, 46 Redemptor Hominis, 17 Sollicitudo Rei Socialis, 26, 33-34 Centesimus Annus, 9, 37-38, 47 Catecismo, 1897-1912 SOLIDARIDAD Y SUBSIDIARIDAD A) Definición, correlación y fundamento Gaudium et Spes, 32, 80 Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación, 73 Orientaciones, 38 Catecismo, 1883-1884, 1939-1942, 2437-2440 B) Solidaridad Pío XII, Radiomensaje navideño de 1952, 26-27 Pacem in Terris, 98 Sollicitudo Rei Socialis, 38-40 Centesimus Annus, loc, 33, 41d, 51 C) Subsidiaridad Quadragesimo Anno, 79-80 Mater et Magistra, 51-52, 54-55, 57-58 Pacem in Terris, 140-141 Laborem Exercens, 17 D) Participación social Mater et Magistra, 91-92 Gaudium et Spes, 31, 55, 59, 63, 68 Octogésima Adveniens, 22,24, 46-47 Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación, 86, 95 Orientaciones, 40 Sollicitudo Rei Socialis, 45
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 Centesimus Annus, 33 Catecismo 1913-1917 DESTINO UNIVERSAL DE BIENES Gaudium et Spes, 69-71 Populorum Progressio, 22-23 Libertas Christiana, 90 Centesimus Annus, 30-32 PROPIEDAD PRIVADA RN 3 12-16 QA 44-52 MM 104-121 GS 69-71 PP 19, 22-24 LE 14 SRS 28,42 PROPIEDAD PUBLICA RN 23-35 QA 105-110 MM 51-67 GS 70-71 PP 23-24, 33-34 LE 14 SRS 15 TRABAJO Y SALARIOS A) Reflexión sobre el trabajo humano RN32
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 MM 82-103 GS67 LE 1,3,4-10,18-19,22-27 SRS18 B) ¿Salario familiar o salario personal? RN 32-33 QA71 LE 19 C) ¿El sistema salarial reduce a las personas a una categoría comercial? QA 64-68 MM 75-77 LE 19 D) El problema práctico: el monto RN32 QA 70-75 MM 68.71 HUELGAS RN29 QA94 GS68 OA14 LE 20 SINDICATOS RN 34-40 QA 34-38, 81-97 MM97-103 GS68 PP38-39yoa14 LE 20 SRS15
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS GS 73,76 OA 3-4, 48-51; SRS 47-48 COMUNIDAD CIVIL Y POLÍTICA A) Característica GS74a B) Autoridad PT 46-52 GS74b-e EL PODER POLÍTICO A) El Estado: una organización política MM 20-21,44,52-53,104,201-202 PT 68-69, 72, 75-79,130-131 GS 73-75 OA46 B) Regímenes políticos PT 52; 68; 73 GS 73; 74; 75 RH 17 SRS41 COMPROMISO SOCIOPOLITICO DE LOS CRISTIANOS A) Antes de la Populorum Progressio (Deberes de propietarios y trabajadores) RN 14-16; QA 50-51; 63-64; 78; 141-142;
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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 MM 51; 82-84; 91; 122; GS 65-70 B) Después de la Populorum Progressio Concerniente al subdesarrollo y el desarrolló: PP 14; 19-21; 43-51; 56-59; OA 24-25; 37; 46-51; SRS, 27-39 Concerniente a la acción en la sociedad: PT 146-152; GS 36; 75-76; OA 3-4; 48-51;. SRS 47-48 Concerniente al pluralismo político de los cristianos: OA 50-51 C) Principios animadores de una política humanística Verdad, Justicia, Amor, Libertad: PT35; GS26c, 27-28; OA23,45. Igualdad y Participación: PT73; GS75; OA 24-25, 47 Liberación: Discurso de Juan Pablo II en la Inauguración de la CELAM, III, 5 y 6; III Sínodo de Obispos, Justicia en el mundo 50-51 D) Ideologías y Utopías: OA 25-37
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LA COMUNIDAD INTERNACIONAL A) Fundamentos GS84 B) Relaciones internacionales PT 86-108; 120-125; GS 85-90; PP, 78; CA21;27; SRS 14, 16, 43; 45 VIOLENCIA SOCIAL A) Tipología de la violencia social Violencia estructural Violencia revolucionaria: y y y PT 161-162; PP 30-31; LE 11-13

Violencia guerrera: y y y y PT 109-116; GS 77-82; PP53;78; SRS 10; 20;23-24; 39

B) No-violencia activa y y y GS 79; Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación, 77-79; Catecismo, 2306

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CIENCIAS POLITICAS: DOCTRINAS POLITICAS 2010 PAZ A) La realidad de la guerra y y y y PT, 109-117; GS,79-80;82; CA, 14b; 17 a, b; 19a; Catecismo 2307-2317

B) El escándalo de los armamentos y el desarme y y y y y PT 109-112; GS81; PP53; SRS 23-24; CA28c

C) La ética de la paz La paz ante todo: PT El trabajo de todos por la paz: GS 78-82; Catecismo, 2302-2305 Desarrollo, nuevo nombre para la paz: PP76 La paz, fruto de la justicia y la solidaridad: GS78, SRS26;39; CA 5c; 23c; 28c; 29a LA FE CRISTIANA Y LA CULTURA GS, 53-62 PP, 12ss;40;41;42; CA, 32ss;38-41;50-52
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MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL A) Actitud cristiana ante los medios de comunicación social: OA,20 Valores a perseguir: comunión y progreso (CP), 14-17 Riesgos que evitar: CP, 58; 80; SRS, 22 B) Un problema concreto: Información: CP, 33-47; 75-76 Propaganda: CP,23; 30; 59-62 Opinión pública: CP, 26-32; 114-125 ECOLOGÍA MM, 196-199; OA, 21; RH8yl5; LE 4; SRS, 26; 29; 34; CA, 37-38 Mensaje de Juan Pablo II por el Día Mundial de la Paz(l-l-1990): Paz con Dios Creador, paz con toda la creación Catecismo, 299-301; 307; 339-341; 344; 2415-2418

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CONCLUSIONES

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1. Expuesto como tal, esta doctrina social no pretende convertirse en una tercera vía, ni como una metodología impositiva e imperativa. A los ojos de la iglesia y sus prelados, la doctrina social es una herramienta fundamental que debería ser indexada en nuestro código moral y civil propio, llevándolo a la práctica en nuestro ejercicio y desempeño de actividades familiares, civiles, políticas, económicas, financieras y sociales. 2. Esta doctrina se ve reforzada y alimentada por los sucesos y acontecimientos del diario vivir político, económico y social de los pueblos de América latina y otras regiones tercer-mundistas. 3. La iglesia y su doctrina, buscan mediar el amplio estrecho que separa y divide las clases sociales, adoctrinar sobre conciencia y responsabilidad social. 4. Las estructuras sociales y políticas actuales enmarcadas dentro del capitalismo, no proveen una solución definitiva a los conflictos humanos y económicos; en cambio, esta doctrina no propone soluciones definitivas e inmediatas, no, sino que re direcciona nuestra atención y accionar hacia nuevos rumbos. 5. Los grandes paradigmas sociales no son tratados de forma ligera, sino con una conciencia social superior y funcional. 6. La doctrina social cristiana no es una utopía, en el sentido de un proyecto social imposible de alcanzar. No se propone describir un paraíso en la tierra en el que la humanidad pueda alcanzar la perfección. 7. A pesar de todo esto, la doctrina social cristiana se enfrenta seriamente con las realidades y estructuras existentes, y los desafíos de la humanidad para buscar soluciones a las situaciones sociales, políticas y económicas, dignas de la dignidad humana, de manera que se cree un sano grado de tensión entre las realidades temporales que encontramos y el ideal del Evangelio. 8. Las enseñanzas sociales cristianas no son una doctrina estática y fijada, sino una aplicación dinámica de la enseñanza de Cristo para cambiar las realidades y circunstancias de las sociedades y culturas humanas. Por supuesto, los principios fundamentales no cambian, porque están profundamente enraizados en la naturaleza humana. Pero sus aplicaciones y juicios contingentes se adaptan a las nuevas circunstancias históricas según los tiempos y lugares.

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ANEXOS

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