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RED NAILS

Sarah, una joven mesera de una cafetería en medio de una desierta carretera, se encontraba en sus
comunes labores de siempre. Barriendo aquel sucio y viejo local y tendiendo a sus pocos clientes,
mientras sonaba una canción country muy popular en una destartalada rock-ola. Era un día normal
en aquel apartado lugar donde paraban los viajeros y transportadores a tomar algún descanso. El
local pertenecía a una mujer ya entrada en años, llamada Fernanda, o Señora Fernanda como se
hacía llamar por “respeto”. La señora Fernanda había acogido en su “hogar”, una pequeña casa
rodante que permanecía detrás de la cafetería, a Sarah, hacia ya unos años. Desde entonces Sarah se
pagaba la estadía y la comida trabajando como mesera para la señora Fernanda. Este día hubiese
seguido su costumbre normal y “tranquila” si Sheila no hubiese puesto sus ojos allí. La canción en
la rock-ola comenzó a sonar entrecortada, Sarah se asomo por el gran ventanal empolvado para
observar el hermoso carro que se parqueaba frente a la cafetería. La mujer que bajo del auto estaba
vestida con botas de tacón largas rojas y un vestido corto y con escote exagerado, también rojo.
Traía una cartera de cuero rojo donde guardo las llaves después de cerrar la puerta de su
extravagante vehículo negro, que contrastaba magníficamente con el color de su atuendo. Su piel
era blanca y su cabello totalmente liso y negro. Sus ojos, de un extraño color vino tinto, se fijaron
en Sarah, la miraron con odio y repugnancia mientras una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro,
aquí venia Sheila a causar estragos. Sarah desvió su mirada hacia la rock-ola que aun sonaba con
interferencia, y unas uñas color rojo sangre giraron la perilla de la puerta. Sheila entro a local y en
ese mismo instante la música volvió a sonar normal. La mujer de rojo sonrió abiertamente mientras
las personas que estaban en la cafetería la observaban atónitos. Se sentó en la mesa más cercana a la
puerta. Sarah se acerco a ella luego de que la señora Fernanda le hiciera señas para que fuera a
atenderla. Se detuvo frente a la mesa, tragó saliva y dudó un momento antes de preguntar -¿Se le
ofrece algo, señ…?- Sheila miraba a la mesera con una expresión arrogante, Sarah tomo aire y
terminó la pregunta de otra forma -¿…Dama?- Sheila la reto con la mirada. –Una cerveza- le dijo
con una voz muy musical, Sarah anotó en una libreta y le pregunto -¿Algo más?- Sheila respondió
con un seco “No”. La mesera estaba a punto de retirarse cuando Sheila la detuvo –Disculpe, se me
olvido aclararle: que la cerveza este caliente- Sarah la miro incrédula, pero no protesto, asintió con
la cabeza y se retiro a la cocina. Al pasar por la caja registradora la señora Fernanda la cogió del
brazo y le hizo un gesto que reflejaba total incredulidad. Sarah levanto los hombros y sacudió el
brazo. Mientras tanto Sheila contemplaba la pareja que almorzaba en una mesa en uno de los
extremos de la cafetería. Casados hace más bien poco, analizó Sheila, y una de sus diabluras se
pinto próxima. La cerveza humeante llego a la mesa, la mesera le entrego la cuenta y se fue. Sheila
bebió la cerveza de un solo sorbo mientras miraba el hombre de la mesa de la esquina que la
contemplaba sin prestarle atención a lo que su esposa le estaba diciendo “Que mal esposo” pensó
Sheila “Debería prestar atención a su mujer, pero parece que es más interesante mirarme a mí. A
pesar de eso no deja de comer…” La diabólica mente de Sheila se carcajeo. Esta era la oportunidad
para otra de sus diabluras, la mujer del hombre le pateo por debajo de la mesa luego de seguir la
dirección de su mirada y darse cuenta que no le estaba prestando atención. Sheila pasó sus manos
por su garganta y señalo al tipo. En ese momento el hombre se ahogo con la comida que pasaba por
su garganta en ese preciso instante. Comenzó a toser estrepitosamente mientras su mujer lo
reprendía. Sheila la miro con una ceja levantada “La mujer bien pudo haber provocado a su marido
el ahogamiento con una de sus patadas y aun así se atreve a regañarlo. Creo que ella también
merece un poco de mi maldad” La demonio se miro las uñas y señalo a la mujer. En ese instante
ella estaba tratando de desatorar a su marido. Sus uñas, pintadas con un suave francés, sonaron
contra la espada de su esposo y dos de ellas se partieron dolorosamente. –¡¡Aw, aw, aw!!- Grito la
mujer –Ves lo que has hecho- culpó a su marido, el cual se estaba recuperándose ya de su ahogo –
¿Qué yo cause qué?- Dijo enojado –Tú fuiste la salvaje que quería matarme a golpes- Su esposa
bufó –Disculpa entonces por tratar de salvarte la vida...- La mesa se convirtió en un pequeño campo
de batalla. Los esposos discutían muy disgustados mientras Sheila sonreía complacida. Se levanto
de la mesa y se acerco a la rock-ola, inserto una moneda y una canción, que curiosamente no estaba
en los discos, comenzó a sonar. Era una canción que “abusaba” mucho de la batería y la guitarra
eléctrica. Los labios de Sheila se curvaron en una sonrisa retorcidamente diabólica. Se pasó las
manos por el cabello y se lo acomodo detrás de los hombros. Se acerco contoneándose de vuelta a
su mesa y al pasar por frente a los esposos se carcajeo. Miro a la otra esquina de la cafetería, donde
se encontraba un camionero comiendo una hamburguesa con papas fritas. El hombre la miraba
boquiabierto mientras tanteaba con sus manos sobre la mesa en busca de los frascos que contenían
las salsas. “Glotón” pensó Sheila que se detuvo frente a la barra y pidió otra cerveza caliente. Sarah
tomo su pedido y se retiro inmediatamente a la cocina. Sheila siguió su camino y se sentó de nuevo
en su mesa, pero dando la espalda a la pareja que había sido víctima de su maldad, para
concentrarse en su nuevo objetivo. El hombre había encontrado las salsas y tenia los frascos vueltos
sobre la comida. Sheila puso los codos sobre la mesa y comenzó a acomodarse el escote. El hombre
pasaba saliva. La cerveza llego a la mesa de Sheila y esta la bebió de nuevo rápidamente. El hombre
no le había quitado la mirada de encima, pero tampoco había quitado los frascos de salsas. Sheila le
sonrió y luego miro con asco la hamburguesa totalmente cubierta de salsas, y con un aspecto nada
apetecible. El hombre bajo la mirada y noto su estropeada comida. Trato de retirar las salsas con las
manos y levanto el plato para verlo de frente, pero como sus manos estaban engrasadas no pudo
sostenerlo y el plato cayó sobre él. Sheila rió, cada daño o disgusto que provocaba le complacía.
Sarah corrió a ayudar al hombre mientras la señora Fernanda se reía a escondidas. Sheila la miro
con petulancia. “Vieja bruja” pensó y sonrió al imaginar su próxima travesura. Se pasó la mano por
la nariz y señalo a la señora Fernanda, que estaba carcajeándose aun. En ese momento su risa se
detuvo porque unas grandes gotas de sangre caían al piso desde su nariz. Cogió unas servilletas del
aparador y se fue al baño. Sarah corrió a ver que le pasaba, pero Sheila la detuvo –Hey- le gritó.
Sarah le respondió con cordialidad, Sheila se estaba desesperando por ese comportamiento,
considero la idea de hacerle una travesura a ella también, pero la descarto al instante, ella había sido
buena, repugnantemente buena- y “no merecía” una diablura, además ya tenía bastante con tener
que lidiar con la cafetería como estaba ahora. Sheila se desconcertó ante esos pensamientos de
bondad. –Tráigame otra cerveza- le pidió. Sarah le trajo otra cerveza calentada. Sheila la bebió
despacio esta vez, pero sin separar la boca del tarro en ningún momento. – ¿Desea algo más?- le
pregunto la mesera. Sheila negó con la cabeza. –Aquí esta su…- Antes de que Sarah le entregara la
cuenta, Sheila había puesto un billete demasiado grande sobre la mesa –Quédese con el cambio- le
dijo. Se levanto de la mesa y miro alrededor. Sonrió al ver su obra. Esa tranquila cafetería era ahora
un pequeño infierno. Salió del local pensando en esto y subió a su auto. Desde allí contemplo las
desgracias que había causado. El camionero trataba de quitarse la salsa de encima mientras
intentaba rescatar algunos pedazos de comida. La pareja de esposos ya no discutían, pero se
miraban el uno al otro con desprecio e ira. La señora Fernanda había vuelto a la caja, en una mano
sostenía una servilleta y trataba detener la hemorragia en su nariz, mientras que con la otra mano
limpiaba el piso manchado de sangre. Todos habían sido víctimas de Sheila. “Me felicitaran” pensó,
pero entonces vio a Sarah, que se dirigía ahora hacia la rock-ola a cambiar la canción. Ella había
salido bien librada. Sarah puso de nuevo la canción country y comenzó a limpiar la rock-ola. En ese
momento Sheila vio algo que la dejo atónita. La verdadera razón por la que Sarah no había sufrido
sus impertinencias. Un ángel extendía sus alas sobre ella. Sheila siseaba y un humo con tinte rojizo
salía de su nariz. -¡¡Estúpida mesera!!- gruñó. El manubrio temblaba bajo sus manos. Una neblina
infernal llenó el auto. Puso una mano sobre la manija de la puerta. -Se acabo mi compasión. Ésta
meserita conocerá la verdadera Sheila, la demonio en toda su expresión- Sheila se disponía a salir
cuando el ángel puso su mirada sobre ella. No podía batallar, perdería indudablemente. Nunca había
peleado contra un ángel, pero conocía todas las historias sobre estas batallas. Siempre triunfaba el
bien, y las demonios que se había atrevido a dar la lucha habían desaparecido quemadas por la luz
de la bondad, o se habían convertido en humanas. Humana, la simple idea le hizo estremecerse.
Amaba tanto el mal. Debía huir de allí si quería conservar su condición de diabla. Había perdido su
tiempo. Aunque había disfrutado el mal que había causado no podía revelarlo para obtener algún
tipo de crédito, porque inmediatamente sería llevada ante los señores para cuestionar su cobardía
ante el ángel y perdería su nivel. Giro las llaves y gruño al tiempo que el motor se encendía. Debía
alejarse pronto de allí, antes que otra diablesa se acercara y viese lo sucedido. La cafetería
comenzaba a recuperarse de los ataque de Sheila a medida que ésta se alejaba y Sarah trataba de
ordenar el caos. El pequeño local recuperaba poco a poco su tranquilidad. Luego de unas horas
nadie creería que por allí paso una demonio, ni que hizo de las suyas en aquella apartada parada en
medio de la carretera.

Johanna Moreno Cáceres

PLAYLIST

- Fire in my eyes (Fireflight).

- Ring of fire (Johnny Cash).

- Stockholm syndrome (Muse).

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