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¿DONDE ESTÁ LA CREATIVIDAD?


¿DONDE ESTÁ LA IMAGINACIÓN?
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Se oye como un mantra ajado y añejo en las oficinas de planificación, en las direcciones de obras, en las salas de
reuniones de los asesores municipales, en los pasillos de las inmobiliarias y en las mesas de dibujo de nuestros
arquitectos:

Departamentos, hoteles, malls. Departamentos, hoteles, malls. Departamentos, hoteles, malls. Ad nauseam. Sin
ritmo ni razón, especialmente esta última. Incluso nuestra vecina Valparaíso ha caído en el influjo devastador, mal
llamado modernidad, del mantra que asola ciudades que alguna vez tuvieron una identidad, un encanto que las hacía
diferentes de todas las demás.

Hoy nuestras ciudades padecen de gigantismo, esa enfermedad que aqueja a aquellas entidades, ya sea geográficas o
humanas que se desarrollan inorgánicamente, sin freno ni armonía y sin consideración a las capacidades de carga de
suelos o esqueletos.

Viña del Mar hace rato que sufre de este mal, insidioso en su inicio, manipulador de voluntades en su desarrollo,
ocultador de realidades en su apogeo depredador. Malls donde se concentran las artimañas diseñadas para separar al
sufrido trabajador de lo que habría sido su cuenta de ahorro. Hoteles que se crean para un público que no sólo no
crece sino que disminuye año a año. Departamentos para gente que no vive en ellos y que no participa de la
dinámica social y económica de la ciudad.

¿Dónde está la creatividad? Dónde la imaginación? ¿Es que no se les ocurre otra cosa a aquellos genios del autoCAD
y de la planilla Excel? Cada vez que un terreno se libera, se encaja a presión en él un edificio de departamentos. Cada
vez que viene un inversionista desprevenido se piensa en hoteles 5 estrellas. Cada vez que una inmobiliaria ruge, se le
ofrece un pedazo de la ciudad para erigir sus armatostes de cemento.

Tomemos el terreno de las petroleras. ¿No sería mejor para la ciudad toda que en aquél se erigiera un centro de
eventos de características arquitectónicas y tecnológicas comparables en su diseño a lo que es el Teatro de la Opera
de Sydney, obra maestra que cambió para siempre la cara de una ciudad y también de un país? ¿No habrá por ahí un
arquitecto chileno aburrido de diseñar espacios cuadrados, que sueñe con dejar volar su imaginación y cree algo que
no sólo se vea desde lejos, sino que a través de una programación de primer nivel, durante todo el año, atraiga a ese
público esquivo que hoy se agolpa de a miles en la capital a ver espectáculos que sólo se dan en Santiago porque a
Viña le faltan ideas, espacios y voluntad de cambio?

¿Dónde están los parques de diversiones para niños, las pistas de skateboard, la piscina municipal de antaño, de
tamaño olímpico, con su gran plataforma de saltos? ¿Es que no podemos crear nada más complejo que
polideportivos y juegos de plaza?

Hoy vivimos en una ciudad ahogada por la insuficiencia, la falta de imaginación y una falsa idea de desarrollo.
Reaccionemos antes que sea tarde y la ciudad, de bella, se siga transformando en bestia.