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DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Enero 2006 Número 421

Feliz cumpleaños,
Wolferl ■


Roland de Candé se pregunta quién era Mozart
Norbert Dufourcq traza un apunte biográfico
A 250 años del nacimiento de ■ Stendhal se remonta a la infancia del músico
Wolfgang Amadeus Mozart ■ Peter Gay analiza a Mozart, el hijo
■ Yves y Ada Rémy narran cómo el dedo de dios
se posó en Salzburgo
■ Pere-Albert Balcells hace un “autorretrato” de Mozart
■ H. C. Robbins Landon presenta mitos y teorías sobre
la muerte del compositor
■ Carlos Prieto revisa el aparente desprecio de Mozart
por el violonchelo
■ Paul Henry Lang rastrea lo esencial de la música de Mozart
■ Jean Victor Hocquard explora la belleza mozartiana

■ Alexander Pushkin: Mozart y Salieri


■ Eduard Friedrich Mörike: Mozart en su viaje a Praga
ISSN 0185-3716

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Feliz cumpleaños, Wolferl Sumario
Perdurar 250 años no significa haber alcanzado la eternidad, ¿Quién era Mozart? 2
pero se le parece. Para alguien cuyo cuerpo apenas superó las Roland de Candé
tres décadas y media de vida, cumplir en plena forma un cuarto Obras de Mozart 3
de milenio es prueba de una vitalidad inusual. Es el caso de Un apunte biográfico 5
Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb Mozart, que Norbert Dufourcq
nació el día 27 de un mes como éste, en la austriaca Salzburgo. De la infancia de Mozart 6
Hoy es objeto en todo el mundo de celebraciones que no se Stendhal
constriñen a la música, pues su vida puede ser abordada desde Mozart, el hijo 7
la biografía, la psicología, el teatro, la novela, como hemos Peter Gay
querido hacer en este número de La Gaceta. Convencidos de El dedo de dios está sobre Salzburgo 10
que la música también suena en los libros, preparamos una se- Yves y Ada Rémy
lección de textos que presentan facetas diversas de la vida y la Autorretrato de Mozart 12
obra del prolífico, juguetón, atormentado compositor. Pere-Albert Balcells
Abrimos con dos selecciones de nuestro propio catálogo. El Mitos y teorías sobre la muerte de Mozart 16
libro escrito por Roland de Candé es un recorrido, mordaz y H. C. Robbins Landon
seductor, de la historia de la música. En pocos y sustantivos Mozart y Salieri 19
párrafos se presenta al niño, al joven, al casi maduro composi- Alexander Pushkin
tor, con chispazos de su irrepetible talento, y además se presen- Mozart: su aparente desprecio por el violonchelo,
ta un resumen de su nutrida producción musical, con unas el concierto para violonchelo perdido 21
cuantas recomendaciones. Al querer saber quién era Mozart, Carlos Prieto
de Candé esboza una teoría sobre la importancia del músico Mozart en su viaje a Praga 23
austriaco, estrategia semejante a la de Norbert Dufourcq en el Eduard Friedrich Mörike
brochazo biográfico con que continúa esta entrega. Casi tele- La incesante búsqueda de Mozart 28
gráfico, este fragmento da pistas sobre la evolución artística de Paul Henry Lang
Wolferl —el cariñoso nombre con que su familia lo llama- La belleza mozartiana 30
ba— y señala obras que marcaron hitos en su vida. Jean-Victor Hocquard
Deseosos de mirar de cerca al Mozart de carne y hueso, o a
lo que un escritor considera que es la carne y el hueso de un ser Roland de Candé es musicólogo y autor del Nouveau diction-
fuera de este mundo, reproducimos parte del texto con que naire de la musique ■ Norbert Dufourcq fue un destacado
Stendhal exploró la biografía de su admirado músico; es un organista y profesor de historia de la música ■ Stendhal
libro informativo tanto de quién fue Mozart como del modo en es autor, además de Rojo y negro y La cartuja de Parma, de
que lo escuchó el autor de Rojo y negro. La exploración de la Cartas sobre Haydn, Mozart y Metastasio ■ Peter Gay es
infancia mozartiana continúa con la obra de Peter Gay sobre la historiador cultural y fue profesor en las universidades de
relación entre Leopold y su hijo, vínculo sin duda amoroso Columbia y Yale ■ Yves y Ada Rémy, además de biógra-
pero con no pocos tintes malsanos, pues supuso el casi aniqui- fos de Mozart, son escritores de ciencia ficción ■ Pere-
lamiento de la propia vida musical del padre y la franca explo- Albert Balcells es músico y profesor de análisis musical y
tación del vástago. Para saber más sobre ese nexo, Yves y Ada piano en Barcelona ■ H. C. Robbins Landon es histo-
Rémy remontan un poco el río vital de Leopold para luego riador y musicólogo, estudioso de Haydn y el clasicismo
dejarse ir hasta la formación artística de ese niño excepcional. vienés ■ Alexander Pushkin es el autor de la novela en
Mediante el estudio de cartas y otros documentos de la época, verso Eugene Onegin ■ Carlos Prieto es violonchelista,
Pere-Albert Balcells quiso pintar un “autorretrato” de Mozart, autor de Cinco mil años de palabras ■ Eduard Friedrich
en el que sus propias palabras y la de sus allegados lo dibujan Mörike, alemán, fue poeta y escritor romántico ■ Paul
tal cual fue; aquí mostramos el proceso por el cual las notas Henry Lang fue profesor en la Universidad de Columbia
invadían su imaginación hasta convertirse en piezas del todo y editor de Musical Quarterly ■ Jean Victor Hocquard es
terminadas, que luego había tan sólo que copiar a la partitura. escritor y crítico musical, especialista en Mozart
Su muerte ha sido un fértil venero para el mito mozartiano.
Reproducimos en este número la explicación, en términos mé-
dicos, que uno de los mayores estudiosos del músico ha dado da de Las aventuras de un violonchelo, la parte final de esta entre-
por buena: H. C. Robbins Landon revisa los dichos y los hechos ga está formada por dos ensayos que aspiran a comprender la
para explicar las causas del precoz fallecimiento. Esa muerte, grandeza de Mozart, uno de Paul Henry Lang sobre la esencia
nimbada de la envidia de Antonio Salieri, es el germen para el de su música y otro de Jean Victor Hocquard sobre lo que
breve y apasionado divertimento teatral de Alexander Pushkin. constituye la belleza mozartiana. Aunque no pareció darse
En este juego de subjetividades, presentamos también un frag- cuenta, Mozart vivió en la época en que la Ilustración alcanza-
mento de Mozart en su viaje a Praga, pequeña novela del escritor ba su cúspide. Las figuras que acompañan esta entrega provie-
decimonónico Eduard Friedrich Mörike, en la que el músico nen de la obra maestra ilustrada: la Encyclopédie de Diderot, en
brilla con toda la luz de un buen personaje de ficción. particular del volumen dedicado a la “Lutherie”. Así cerramos
Además de ofrecer una rápida nota de Carlos Prieto, toma- este festejo de cumpleaños del joven Wolferl.

número 421, enero 2006 la Gaceta 1

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¿Quién era Mozart?
DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Roland de Candé

Directora del FCE Como texto introductorio al tema de nuestro número, este fragmento proviene
Consuelo Sáizar
de Invitación a la música. Pequeño manual de iniciación, que con el número 386
Director de La Gaceta forma parte de la colección Popular, que es además de un recuento histórico
Tomás Granados Salinas una guía para escuchar, y sobre todo disfrutar, el arte del sonido
Consejo editorial
Consuelo Sáizar, Ricardo Nudelman,
Joaquín Díez-Canedo, Martí Soler, “No estoy seguro de que los ángeles, cuando glorifican a dios, toquen música de Bach;
Axel Retif, Laura González Durán, en cambio, estoy cierto de que, cuando están solos, tocan a Mozart, y que a dios, en-
Max Gonsen, Nina Álvarez-Icaza, tonces, le gusta especialmente escucharlos.”
Paola Morán, Luis Arturo Pelayo,
Pablo Martínez Lozada, Geney Bel- ¿Sabéis quién escribió esto? ¿Un poeta? ¿Un loco? ¡No! Un teólogo muy serio y
trán Félix, Miriam Martínez Garza, muy célebre, el pastor Barth. Si se habla del “divino Mozart”, la gente culta sonríe al
Fausto Hernández Trillo, Karla Ló- oír semejante lugar común. Y sin embargo, el pastor Barth encuentra algo divino en
pez G., Alejandro Valles Santo To- este músico fuera de lo común. ¡Habla de él hasta en sus libros de teología!
más, Héctor Chávez, Delia Peña,
Antonio Hernández Estrella, Juan
Los más grandes espíritus deliran al hablarnos de Mozart.
Camilo Sierra (Colombia), Marcelo Wagner: “El más prodigioso genio lo elevó por encima de todos los maestros, en
Díaz (España), Leandro de Sagastizá- todas las artes y en todos los siglos.”
bal (Argentina), Julio Sau (Chile), Kierkegaard, filósofo y teólogo: “¡Inmortal Mozart! Tú, a quien le debo todo; tú, a
Isaac Vinic (Brasil), Pedro Juan Tucat
quien debo gratitud por haber encontrado en mi vida algo que lograra conmoverme.”
(Venezuela), Ignacio de Echevarria
(Estados Unidos), César Ángel Agui- Pierre-Jean Jouve, poeta: “Mozart cumplió un destino que no se ha repetido en el
lar Asiain (Guatemala), Rosario To- mundo.”
rres (Perú) E. Fischer, gran pianista: “Mozart es una piedra de toque para el corazón; nos
protege contra toda flaqueza del gusto, del espíritu y de los sentimientos.”
Impresión
Impresora y Encuadernadora Wolfgang Amadeus Mozart nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo, Austria.
Progreso, sa de cv Su padre, Leopold Mozart, es compositor y Kapellmeister en la corte del príncipe-
arzobispo de Salzburgo. Su madre es dulce y delicada, no muy inteligente. Su herma-
Diseño y formación na Maria Anna, a la que en familia llaman Nannerl, es cuatro años y medio mayor
Marina Garone
y Cristóbal Henestrosa que él: le enseñan a tocar el clavecín, y es una niña prodigio.
A los tres años, Wolfgang asiste a las lecciones de música de su hermana, y al punto
Ilustraciones busca en el teclado “las notas que se aman”, como dice él. ¡Ha descubierto la armonía,
Tomadas de Recueil de planches, sur les sin saberlo! Al darse cuenta de estos dones, Leopold Mozart decide abandonarlo todo
sciences, les arts libéraux, et les arts mé-
chaniques, avec leur explication para consagrarse a la educación de sus hijos.

La Gaceta del Fondo de Cultura Econó-


mica es una publicación mensual edi-
tada por el Fondo de Cultura Econó-
mica, con domicilio en Carretera Pi-
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ponsable: Tomás Granados Salinas.
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pedidos por la Comisión Calificadora
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0206. Distribuida por el propio Fon-
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2 la Gaceta número 421, enero 2006

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A los seis años, Wolfgang improvisa piecesitas que su padre arzobispo al que Mozart detesta. El joven músico, consciente
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anota minuciosamente (ya sabe leer música, pero aún no puede de su genio, no soporta que lo traten como a un empleado
escribirla correctamente). Tales son los Minuetos k.1, 2, 3, 4, 5.1 subalterno: comer en la antecocina, tener que someterse a una
Las primeras obras del pequeño Wolfgang no valen gran disciplina estricta. El príncipe-arzobispo es un prelado mo-
cosa, ¡pero hay que ser particularmente precoz (o “sobredota- derno, como hoy lo son algunos cardenales; desea reformar la
do”) para componer a los seis años! En los años siguientes, liturgia. Ahora bien, Mozart, poco cultivado, tiene una fe in-
compondrá una serie de sonatas para violín y clavecín. genua. Podría decirse que es del género “integrista”, y sigue
El mismo año en que Wolfgang cumple seis años, Leopold fiel a las “santurronerías” de su niñez. El príncipe-arzobispo
se lleva a sus hijos de gira: Munich, Linz, Viena. Los exhibe es inteligente, pero sin inclinaciones artísticas, y muy autori-
como si fueran perros de circo. Se pide al pequeño Wolfgang tario.
tocar sobre una tela que oculta el teclado. Debe decir los nom- Un buen día de 1781, Mozart discute violentamente con el
bres de las notas que otros tocan. Improvisa sobre temas que el terrible prelado, que lo echa a la calle. Es un acontecimiento
público elige, etcétera. Él se divierte con todo, salta al cuello de gran importancia en la historia de la música, pues Mozart
de la emperatriz, se sube a las rodillas de la gente simpática, decide no buscar otro cargo; y conservar su libertad. Es la pri-
como lo hacen los niños de su edad, y antes de sentarse al cla- mera vez que un músico sin fortuna elige ser independiente y
vecín pregunta: “¿Me quieren ustedes? ¿Me quieren de veras?” corre el riesgo de ser enteramente responsable de su vida.2
Toda su vida, Mozart necesitará amor, necesitará felicidad.
Los necesitará más que los demás: tener genio da sed de 2 Paraser enteramente exactos, digamos que los trovadores de la
amor… Al año siguiente, y después, Mozart sigue de viaje. De edad media eran relativamente independientes, pero en el marco de
los seis a los diez años, no se detiene: Augsburgo, Mannheim, un sistema social perteneciente a la organización feudal… Por cuanto
Maguncia, Francfort (donde deja maravillado al joven Goethe), a Gesualdo, príncipe de Venosa, su caso fue único en el siglo xvi.
Aquisgrán, Bruselas, París, Londres, La Haya, Amsterdam, Como era rico y poderoso, estaba por encima de las leyes comunes y
París, Dijon, Lyon, Ginebra, Zurich, Munich… Es aclamado no contaba con su música para vivir.
como un héroe, condecorado como un general, adorado como
un ídolo. El lector podrá decir que ésta es una mala educación,
pero el pequeño Mozart pasa por todo ello jugando, sin sufrir Obras de Mozart
la menor degradación de su sensibilidad.
Muy poco después, Mozart emprende una larga gira por Veinte óperas u óperas bufas (cuatro de ellas incon-
Italia. En la Capilla Sixtina, en Roma, escucha un bello Misere- clusas).
re para nueve voces de Allegri, perteneciente al repertorio ex- Dos serenatas y un ballet.
clusivo de la capilla pontificia: está prohibido copiar o tocar esa Nueve grandes misas (entre ellas el Requiem) y diez
música sin autorización especial y, naturalmente, no ha sido misas breves.
editada. De vuelta en su casa, ¡Mozart anota de memoria ese Muchas composiciones religiosas.
Miserere que lo ha impresionado mucho! Es una hazaña que Tres cantatas masónicas.
exige no solamente un “oído” (una atención auditiva) excepcio- Cincuenta y seis grandes arias de concierto con
nal, sino también una memoria musical fantástica. orquesta.
Todos los esnobs que se extasiaban ante las grandes proezas Treinta y dos lieder alemanes, dos arias italianas, dos
del pequeño Mozart no habían comprendido nada de su genio. arias francesas.
Por lo demás, no se interesan mucho tiempo en él. Todos los Cuarenta sinfonías.
salones parisinos querían recibirlo cuando llegó por primera Sesenta y cinco divertimentos, serenatas, marchas.
vez, a la edad de ocho años; no se hablaba más que de él, volvía Doscientas tres danzas.
locas a las damas de la corte. Cuando regresa en 1778, de vein- Conciertos para piano (veinticinco), violín (seis), dos
tidós años, París ya no se interesa en él: no reconocen al peque- violines (concertone), flauta (dos), corno (cuatro),
ño prodigio en el creador genial que ya ha compuesto trescien- para flauta y arpa, para clarinete, para fagot.
tas obras (entre ellas, al menos treinta sinfonías y diez óperas u Seis quintetos para cuerdas. Un quinteto con clari-
óperas bufas)… nete.
Sí, habéis leído bien: ¡a los veintidós años, Mozart ya había Veinticuatro cuartetos para cuerdas. Dos cuartetos
compuesto trescientas obras! Cierto es que nos dio sus prime- con piano. Cuartetos con flauta y oboe. Tríos,
ras obras maestras a los doce años: Bastien und Bastienne, las etcétera.
sonatas para violín y clavecín k.46, el Veni Sancte Spiritus k.47… Treinta y cinco sonatas para violín y piano.
Ésta es la época en que entra en el servicio del príncipe-arzo- Veinte sonatas para piano.
bispo de Salzburgo. Quince series de variaciones, cinco fantasías y cerca
El mundo se ha mostrado bastante severo con ese príncipe- de setenta piezas diversas para piano.

1 k.1,k.2, etcétera, significa Koechel 1, Koechel 2, por el apellido


No deje de escuchar:
de un musicólogo austriaco que en 1862 publicó un catálogo cro-
nológico de las obras de Mozart. Existen catálogos semejantes para Cantata masónica k.625
otros compositores. Los de Kirkpatrick para Scarlatti (k), de Hoboken Divertimento en trío k.565
para Haydn (h), “Bach Werke Verzeichnis” de Schmieder para Bach Ave verum k.618 G
(bwv), de Ryom para Vivaldi (rv), de Deutsch para Schubert (d).

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Para conservar la libertad, hay que poder defenderla… lo Mozart murió en la noche del 4 al 5 de diciembre… tal vez
a
que no es fácil para un compositor del siglo xviii. No basta de agotamiento. Al día siguiente, su cadáver es llevado a la
componer música genial. Hay que encontrar la ocasión de to- catedral para una breve ceremonia al aire libre, sin música, la
carla o de hacerla tocar en provecho propio. Y hay que vigilar ceremonia de los pobres. Constanze no está en condiciones de
al copista para que no copie por partida doble, pues el posee- asistir; la emoción la ha puesto enferma. Algunos amigos asis-
dor de un ejemplar podría dar audiciones y obtener así ganan- ten, soportando un frío terrible. Siguen el féretro hasta las
cias para su bolsillo: aún no había sociedades para la protección puertas de la ciudad, donde una tempestad de nieve los obliga
del “derecho de autor”. Mozart trabaja como un loco. a regresar. Así, el músico más grande de la historia fue enterra-
En 1782 (tiene veintiséis años), obtiene un triunfo con El do en la fosa común.
rapto en el serrallo y se casa con una joven cantante de diecinue- Mozart no se asemejaba a la imagen que nos hacemos del
ve años que lleva el mismo nombre de pila que la heroína de genio. Era de muy corta estatura, muy delgado, muy pálido,
su ópera: Constanze Weber. Esto no muy nervioso, con una abundante cabe-
careció de dificultades, pues el padre de La personalidad de Mozart es un llera rubia de la que estaba orgulloso.
Mozart se opuso a este matrimonio. tejido de contradicciones: entre la Extremadamente sociable, no le gustaba
Wolfgang hizo el voto de componer una felicidad y la angustia, entre la estar solo, salvo en los largos paseos a
nueva misa en Salzburgo si llevaba allí a agitación del personaje que siempre caballo que le aconsejaba su médico.
Constanze como su mujer… Es así tenía que estar representando y Cuando no cenaba fuera, invitaba gente
como compuso una de sus más grandes la concentración inaudita de a cenar en su casa. Esas cenas debieron
obras maestras, la Misa en do menor, que su música, entre la trivialidad de tener muchas cosas imprevistas pues
es ejecutada en la iglesia de Sankt Peter, de sus distracciones y su Constanze, tan infantil como su marido,
con Constanze como soprano solista. inspiración sublime era una pésima ama de casa. A Wolfgang
Podemos preguntar si Mozart creía le gustaban el billar, los bolos y todos los
en dios. A mí, eso me parece evidente. Las sublimes partes juegos de sociedad. Buen bailarín y buen mimo, sobresalía en
vocales del Et Incarnatus, de esta Misa en do menor, sólo parecen ese juego, muy conocido, en que todos, por turno, deben hacer
triviales a los auditores triviales: son cantos de amor divino, que los demás adivinen un título o una frase sin pronunciar
arabescos angélicos, como los aleluyas gregorianos y los cantos palabra, exclusivamente por medio de ademanes.
de pájaros de Messiaen… A primera vista, Mozart parecía seguro de sí mismo, pero
¡Ay!, a Mozart sólo le quedan diez años de vida. Diríase que tenía enorme necesidad de dicha, de amor, de ánimo. Lo in-
lo sabe: parece apresurado. Compone obras maestras a una quietaban su pequeña estatura, su salud, su reputación, la falta
velocidad extraordinaria: Las bodas de Fígaro, Così fan tutte, La de tiempo (dormía poco y se levantaba a las seis). Su persona-
flauta mágica, La clemencia de Tito, las seis últimas grandes sin- lidad es un tejido de contradicciones: entre la felicidad y la
fonías, una veintena de conciertos para piano, cuartetos dedi- angustia, entre la agitación del personaje que siempre tenía que
cados a Haydn y al rey de Prusia, etcétera. estar representando y la concentración inaudita de su música,
Se cuenta que la víspera del estreno de Don Giovanni, aún entre la trivialidad de sus distracciones y su inspiración subli-
no estaba escrita una sola nota de la obertura. Mozart se pone me. Este genio prodigioso hace bromas estúpidas, cuenta chis-
a trabajar por la noche. Como está fatigado por los ensayos, su tes vulgares, se divierte con la menor tontería.
esposa le sirve ponche mientras le lee cuentos de Perrault para Mozart es todo lo contrario de un intelectual: su inteligen-
mantenerlo despierto. De todos modos, se queda dormido. cia es mediana, su cultura es endeble, no siente el menor inte-
Pero a las siete de la mañana, ¡entrega la partitura al copista! rés por la literatura, la filosofía, la política de su tiempo… y sin
Nadie, ni siquiera Mozart, puede componer una obra orquestal embargo, vivió en la época de Goethe, de Kant, de Voltaire, de
de esta importancia en tales condiciones. Es probable que Mo- Rousseau, de la revolución francesa, de la independencia de
zart, aquella noche, no haya hecho más que transcribir la ober- Estados Unidos. Su genio es de la forma más elevada: la que per-
tura que ya había compuesto mentalmente y que conservaba en manece libre de toda ideología. Su música es una música de ánge-
su fantástica memoria. les para el que sabe escucharla: no sólo las grandes obras
En 1791, año en que Mozart compone sus dos últimas ópe- maestras compuestas para la iglesia o para el teatro, no sólo los
ras, un misterioso personaje que no quiere darse a conocer le conciertos para piano o los quintetos para cuerdas, cumbres de
encarga un Requiem. Mozart, siempre muy emotivo, agotado la música instrumental. También obras de apariencia más mo-
por el trabajo y las preocupaciones de dinero, cree que aquella desta, como el Divertimento en trío k.568 o el sublime Ave
es una señal del destino y se imagina que va a trabajar para su verum k.618. Semejante música se le escapa al que quiere ana-
propio funeral. En realidad el misterioso desconocido es un lizarla: no viola ninguna regla, no ilustra ningún sistema, no
rico aficionado a la música, que tiene la costumbre de encargar lleva el lastre de ningún pensamiento filosófico. Pero el que se
música en secreto, ¡para después hacerla tocar con su nombre! abandona simplemente a su perfección siente la emoción artís-
En septiembre, de regreso de Praga, donde presentó La tica más pura.
clemencia de Tito, Mozart llega al límite de sus fuerzas; pero El gran artista no es aquel del que admiramos la capacidad
logra terminar La flauta mágica. En octubre, se recupera como para superar dificultades, las proezas técnicas, sino aquel que
por encanto: en noviembre, vuelve a sentirse exhausto: compo- nos hace olvidar su habilidad, suprimiendo todo rastro de es-
ne la maravillosa Cantata masónica k.623, y luego se mete en fuerzo. Así es como Mozart alcanza la cumbre del arte, mien-
cama, para no levantarse más. Confía a su discípulo Süssmayr tras nos hace olvidar su arte superior… G
la tarea de terminar su Requiem, lo que éste hace con gran res-
peto y talento. Traducción de Juan José Utrilla

4 la Gaceta número 421, enero 2006

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Un apunte biográfico
Norbert Dufourcq

La Breve historia de la música es otra obra de la colección esposa, enferma, no estaba en condiciones de ayudarlo. Los
Popular, ésta con el número 43. Sus pocas páginas sirven obstáculos y los fracasos dificultan su carrera, pero podría de-
para introducir al lector en temas como el que aquí cirse que de ellos nacen otras tantas obras maestras: la Misa en
se presenta, de manera a la vez erudita y amena, gracias do menor (1783), las grandes sinfonías, los dúos para violín y
a lo cual los músicos aparecen como personas concretas alto, los cuartetos dedicados a Haydn (1785), música que a
veces gustó poco a los vieneses. Éstos reservaron sin embargo
un franco homenaje para Las bodas de Fígaro, obra maestra es-
Wolfgang Amadeus Mozart nació en Salzburgo. Su padre, crita sobre libreto de Da Ponte y que la ciudad de Praga acogió
Leopold (1719-1787), compositor y violinista al servicio del con entusiasmo (1786). Al año siguiente (1787) vuelve a triun-
arzobispo, como buen hombre práctico, advirtió rápidamen- far en Praga con el dramma giocoso y obra maestra en materia
te el partido que podía sacar de los jóvenes prodigios que le de ópera que es Don Giovanni, escrito al mismo tiempo que los
nacieron, en 1751 (Maria Anna, llamada Nannerl) y en 1756 dos quintetos (en do y sol menor) y la sonata a cuatro manos
(Wolfgang), obligándolos a presentarse ante el público en Mu- en do. Pero el matrimonio está en apuros. Mozart necesita
nich, Viena, Bruselas y París (1763). Mozart editó en París sus contar con sus fieles amigos, a pesar del título de músico de
primeras obras (sonatas para violín), fue a Londres (1764), cámara imperial que acaba de obtener. Tres sinfonías (en mi
donde su habilidad para tocar el clavecín le aseguró un éxito bemol, sol menor y do) —tres obras maestras— datan de 1788;
prodigioso y donde experimentó la influencia de Johann pero no remedian la miseria. Mozart intenta una última gira
Christian Bach, quien, a sus ojos, caracteriza el feliz equilibrio (Dresde, Leipzig, Potsdam): el pianista y organista improvisa-
entre el estilo italiano y el alemán. dor, que había profundizado su conocimiento de Bach, deja
Mozart volvió a Salzburgo en 1766 por La Haya y se en- estupefactos a los oyentes. Trae un poco de dinero de Berlín
cuentra en Viena en 1768, donde compone su primera ópera (1789). Su Così fan tutte (1790) sólo obtiene un éxito mediano
bufa (La finta semplice) y hace representar Bastien und Bastienne, en Viena. El año 1791, el de su muerte en Viena, ve aparecer
breve ópera cómica de estilo francés; esto le vale el título de La flauta mágica (ópera fantástica construida sobre libreto del
Concertmeister del arzobispo de Salzburgo. En 1769 va a Italia francmasón Schikaneder), Titus, un célebre Ave verum y “la
y durante dos años, en Milán, Roma y Nápoles, alcanza gran- conclusión simbólica de esta vida”: el Requiem, terminado por
des éxitos. En Roma (1770) se representa su Mitrídates. Des- un discípulo. Ese mismo año, Mozart había obtenido un pues-
pués de permanecer algunos meses en Salzburgo para escribir to de maestro suplente de capilla en la catedral de San Esteban
Betulia y toda una serie de sonatas para iglesia, regresa a Milán y escribió una última ópera: La clemencia de Tito.
para hacer representar Ascanio in Alba. El periodo 1771-1772 A menudo se ha escrito que Mozart fue “un milagro de la
fue de extraordinaria producción, aunque ya habían salido dos- música”. En efecto, poseyó tanto el genio de la sinfonía como el
cientas obras del cerebro del niño. del drama: agotó todos los géneros que elegía porque los llevaba
Se muestra todavía italiano en la cantata Il Sogno di Scipione; hasta la perfección. En él predomina la melodía, que es elegan-
pero después de la representación de Lucio Silla en Milán y de te, fluida y alada. No se le encuentra un contrapunto difícil, sino
los cuatro primeros cuartetos de cuerdas escritos en Bolzano, siempre de líneas amables y cantantes. Nunca hay nada de rígi-
deja para siempre la península. Vuelve a Salzburgo para escri- do en este hombre que tanto ha sufrido. Su música reposa sobre
bir cuatro sinfonías nuevas. Después, en Viena, se prenda de la bases de sana alegría, de buen humor y de razonado equilibrio.
música expresiva de Haydn y compone su primer concierto Por la concisión y la elegancia de su lenguaje es un clásico, aun-
para orquesta y piano (1773). En 1775, compone La finta giar- que ciertas páginas (Fantasía en do menor para piano) anuncian ya
diniera en Munich y en Salzburgo nuevas sonatas, conciertos, a los románticos. Es un clásico por la luz que se cierne sobre sus
aires de canto y divertimenti. Renuncia a la categoría de Concert- obras y por la frescura de la expresión. Es un clásico más huma-
meister cuando su patrono le niega un permiso para ausentarse no que Haydn y que resume admirablemente los dos siglos de
(1777). Se enamora de Aloysia Weber en Mannheim. En París, esfuerzos que, dentro de la historia de la música, terminan con
adonde ha ido con su madre y donde ésta muere (1778), oye él. Porque representa mejor que ninguno de sus contemporá-
con provecho la música de Grétry, Schobert y Gluck. A su re- neos o sucesores la síntesis cumplida entre la escuela de Mann-
greso, ocupa en Salzburgo un puesto de organista de la corte y heim (Stamitz), el arte de los franceses y el de Haydn, entre el
de la catedral (Misa de coronación). En 1780, el elector de Bavie- arte íntimo, concentrado y vigoroso de Bach y el arte infinita-
ra le encarga una ópera; será el Idomeneo, representado en mente flexible y joven de los napolitanos. “Sin dejar de ser clá-
Munich (1781). Wolfgang, quien rompe por segunda vez con sico, es decir sin dejar de ser cuidadoso y respetuoso del estilo,
su mecenas de Salzburgo, se instala en Viena. Se casa en 1782 dio atmósfera, facilidad y flexibilidad a los grandes géneros mu-
con la hermana de Aloysia, Constanze Weber. Escribe en sicales. Nos subyugan su regia facilidad, su naturalidad inimita-
menos de dos meses una ópera cómica (El rapto en el serrallo), ble y su irresistible evidencia” (R. Pitrou). G
seis sonatas para violín y entra en la logia masónica de Viena.
Pero comienzan para él la vida dura y la miseria, pues su Traducción de Emma Susana Speratti

número 421, enero 2006 la Gaceta 5

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De la infancia de Mozart
Stendhal

Dice Andrés Trapiello, a propósito de Vida de Mozart, ñarle, casi jugando, algunos minuetos y otros fragmentos de
que ninguna otra biografía supera “en pasión, encanto música; esta ocupación era tan agradable para el maestro como
y preclaridad a estas pocas páginas”. Hemos tomado para el discípulo. A Mozart le bastaba media hora para apren-
este fragmento de la edición que acertadamente puso en der un minueto, y apenas el doble para un fragmento de mayor
circulación la catalana Alba Editorial, en su colección de extensión. En seguida los tocaba con la mayor limpieza y per-
Clásicos. Agradecemos a los editores el permiso para fecta medida. En menos de un año hizo tantos adelantos que a
reproducirlo aquí los cinco de edad había inventado ya pequeños fragmentos de
música que tocaba a su padre, y que éste, por alentar el talento
naciente de su hijo, tenía la complacencia de escribir.
El padre de Mozart ejerció una gran influencia en el destino de Antes de la época en que el pequeño Mozart tomó afición
su hijo, cuyas aptitudes desarrolló y acaso modificó; es, pues, a la música, le apasionaban tanto los juegos de su edad suscep-
indispensable decir unas palabras sobre él. tibles de interesar un poco a su inteligencia que les sacrificaba
Leopold Mozart, padre, era hijo de un encuadernador de hasta sus comidas. En toda ocasión mostraba un corazón sen-
Augsburgo. Estudió en Salzburgo, y en 1743 fue admitido sible y un alma amante. Solía decir, hasta diez veces en un día,
entre los músicos del príncipe-arzobispo de Salzburgo. En a las personas que cuidaban de él: “¿Me quieres mucho?”; y
1762, fue nombrado subdirector de la capilla del príncipe. cuando por broma le respondían que no, las lágrimas asoma-
Como los deberes de su cargo no absorbieran todo su tiempo, ban a sus ojos. Desde el momento en que conoció la música,
daba, fuera de la corte, lecciones de composición musical y de se desvaneció su afición a los juegos y a las diversiones de su
violín. Hasta publicó una obra titulada Versuch, etc., o Ensayo edad o bien, para que tales juegos le agradasen, era preciso
sobre la enseñanza razonada del violín, que tuvo mucho éxito. que la música entrara en ellos de algún modo. Un amigo de
Estaba casado con Anna Maria Pertl, y se ha hecho notar, sus padres se entretenía a menudo en jugar con él; a veces le
como una circunstancia digna de la atención de un observador llevaban juguetes en procesión de un cuarto a otro, y enton-
exacto, que estos esposos, que dieron la existencia a un artista ces el que no llevaba nada cantaba una marcha o la tocaba al
tan privilegiadamente dotado para la armonía musical, eran violín.
citados en Salzburgo por su extraordinaria belleza. Durante algunos meses, el gusto por los estudios corrientes
De los siete hijos nacidos de este matrimonio, sólo vivieron de la infancia tomó tal ascendiente sobre Wolfgang que a ellos
dos: una hija, Maria Anna, y un hijo, éste de que vamos a ocu- se lo sacrificó todo, hasta la música. Mientras estudió aritméti-
parnos. ca, se veían siempre las mesas, las sillas, las paredes y hasta el
Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart suelo cubiertos de cifras que él trazaba con tiza. La vivacidad
nació en Salzburgo el 27 de enero de 1756. Pocos años después de su espíritu le hacía fácilmente apasionarse por todo lo nuevo
Mozart padre dejó de dar lecciones particulares, y se propuso que se le presentaba. Pero la música tornó a ser el objeto favo-
consagrar todo el tiempo que le dejaban rito de sus estudios; hizo en ella tan rá-
libre sus deberes en la corte del príncipe La vivacidad de espíritu de Mozart pidos progresos que su padre, aunque
a ocuparse él mismo de la educación le hacía fácilmente apasionarse por por estar constantemente a su lado podía
musical de sus dos hijos. La niña, un todo lo nuevo que se le presentaba. seguir la marcha de éstos, lo consideró
poco mayor que Wolfgang, aprovechó Pero la música tornó a ser el objeto más de una vez como un prodigio.
muy bien sus lecciones, y en los viajes favorito de sus estudios; hizo en ella La anécdota siguiente, contada por
que más tarde hiciera con su familia, tan rápidos progresos que su padre, un testigo ocular, probará lo que acaba-
compartiría la admiración que suscitaba aunque por estar constantemente a mos de decir.
el talento de su hermano. Acabó por su lado podía seguir la marcha de Un día en que Mozart padre volvía de
casarse con un consejero del príncipe éstos, lo consideró más de una vez la iglesia con un amigo, halló a su hijo
arzobispo de Salzburgo, prefiriendo la como un prodigio ocupado en escribir.
felicidad doméstica a la fama de un gran —¿Qué haces, mocito? —le preguntó.
talento. —Estoy componiendo un concierto
El pequeño Mozart tenía apenas tres años cuando su padre para clavicordio. Ya voy casi por el final de la primera parte.
comenzó a dar lecciones de clavicordio a su hermana, que a la —Vamos a ver esos preciosos garabatos.
sazón contaba siete. Mozart manifestó desde muy pronto sus —No, por favor, no he terminado aún.
asombrosas disposiciones para la música. Su gozosa diversión El padre, no obstante, cogió el papel y mostró a su amigo
era buscar terceras en el piano, y nada como su alegría cuando unos garabatos de notas apenas legibles a causa de los borrones
encontraba este acorde armonioso. de tinta; pero, en seguida, cuando Mozart padre hubo mirado
Voy a entrar en detalles minuciosos que supongo podrán aquello con atención, sus ojos permanecieron mucho tiempo
interesar al lector. fijos en el papel, y, por fin, se llenaron de lágrimas de admira-
Cuando cumplió los cuatro años, su padre comenzó a ense- ción y de alegría.

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a
—Ved, amigo mío —dijo con emoción y sonriendo—, todo muy difícil; lo que merecería admiración es tocar con un solo
a
está compuesto según las reglas; lástima que no se pueda hacer dedo.” Sin mostrar la menor sorpresa ante esta extraña propo-
uso de este fragmento, porque es demasiado difícil y nadie sición, el niño se puso inmediatamente a tocar con un solo
podrá tocarlo. dedo y con toda la limpieza y precisión posibles. Pidió luego
—Pero es que es un concierto —replicó el pequeño Mo- que le taparan con un velo las teclas del clavicordio, y continuó
zart—; hay que estudiarlo hasta que se consiga tocarlo como es tocando con un dedo y como si se hubiera ejercitado mucho
debido. Veréis. Esto es así. tiempo en hacerlo así.
Y comenzó a tocar, pero sólo lo consiguió en la medida in- Desde la más tierna edad, Mozart, animado del verdadero
dispensable para explicar sus ideas. amor propio de su arte, no se enorgullecía lo más mínimo por
Por esta época, Mozart niño creía firmemente que tocar un los elogios que recibía de los grandes personajes. Cuando se
concierto y hacer un milagro eran la misma cosa; así pues, la hallaba ante gentes que no entendían de música, ejecutaba so-
composición de que acabamos de hablar era un mundo de lamente insignificantes bagatelas. En cambio, en presencia de
notas combinadas con justedad, pero que ofrecían tantas difi- los inteligentes tocaba con todo el fuego y toda la atención de
cultades que hasta al músico más hábil le hubiera sido total- que era capaz; y a veces, su padre hubo de usar de subterfugios
mente imposible ejecutarlas. y hacer pasar por entendidos a los grandes ante los cuales debía
El pequeño Mozart asombraba de tal modo a su padre que presentarse. Cuando, a los seis años, el pequeño Mozart se
éste concibió la idea de viajar para que las cortes extranjeras y sentó al piano para tocar en presencia del emperador Francis-
alemanas compartieran su admiración hacia su hijo. Semejante co, se dirigió al príncipe y le dijo: “¿No está aquí el señor
idea no tiene nada de extraordinario en este país. En conse- Wagensei? Hay que mandarle a buscar, porque él entiende.” El
cuencia, cuando Wolfgang cumplió seis años, la familia Mo- emperador mandó llamar a Wagensei y le cedió su sitio junto
zart, compuesta del padre, de la madre, de la hija y de Wolf- al clavicordio. “Señor —dijo entonces Mozart al composi-
gang, hizo un viaje a Múnich. El elector oyó a los dos niños, tor—, voy a tocar uno de vuestros conciertos; tendréis que
que recibieron infinitos elogios. Este primer paso tuvo pleno pasarme las hojas.”
éxito en todos los aspectos. Los pequeños virtuosos, de regreso Hasta entonces, Wolfgang no había tocado sino el clavicor-
a Salzburgo y encantados de la acogida que recibieron, inten- dio, y la extraordinaria habilidad que mostraba en este instru-
sificaron aún más su aplicación y lograron tal maestría en el mento parecía descartar la idea de pretender que se dedicara
piano que resultaba extraordinariamente notable, aun sin tener también a algún otro. Pero el genio que le animaba se adelantó
en cuenta sus pocos años. En el otoño de 1762, toda la familia en mucho a cuanto se hubieran atrevido a desear de él: ni si-
se trasladó a Viena, donde los niños tocaron en la corte. quiera tuvo necesidad de lecciones. G
En aquella ocasión, el emperador Francisco I dijo bromean-
do al pequeño Wolfgang: “Tocar con todos los dedos no es Traducción de Consuelo Berges

Mozart, el hijo
Peter Gay

El Mozart de Peter Gay es un estudio, de corte injustificadas, de una serie de presuntos pecados por acción u
eminentemente psicológico, de diversas facetas omisión. “Pero permítame un solo ruego —le escribió con un
del músico austriaco: el prodigio, el sirviente, punto de patetismo en fecha tan tardía como es 1777, cuando
el autor dramático, el clásico. Como el Año Mozart estaba a punto de cumplir veintidós años—, ¡y es que no pien-
se origina en la fecha de nacimiento, extrajimos, se tan mal de mí!” Desde que era pequeño tenía claro a quién
con autorización de Random House Mondadori, le debía más: “Después de dios —parece ser que dijo en alguna
su editor en español, la porción dedicada a la amorosa ocasión— está papá.”
pero tensa relación entre Leopold y Wolfgang La conducta de Mozart era del todo convencional para la
época. En el siglo xviii, como en los anteriores, la autoridad
legal de un padre sobre sus hijos era poco menos que ilimitada,
Mozart era un buen hijo. Cuando se encontraba de viaje escri- al menos hasta que fueran mayores de edad. Sin embargo, y es
bía a casa con frecuencia y con afecto, y en ocasiones añadía evidente, la presión psicológica que ejercen los padres —sobre
posdatas a las cartas de su padre en las que, de paso, enviaba todo la presión paterna— no se detiene ante demarcaciones
decenas de miles de besos a su madre y saludos cordiales a su artificiales. Incluso cuando ya era mayor, Mozart prefirió siem-
hermana. Les aseguraba a ambas que las echaba de menos con pre la docilidad al desafío, aunque cada vez le tentara más la
toda el alma, y contribuía obediente e incluso jovialmente a rebelión. Pese a las dificultades para reafirmarse a sí mismo,
elevar el presupuesto familiar hasta poder permitirse comodi- someterse a los deseos de su padre le resultaba más una carga
dades nunca soñadas. Con paciencia y humildad conmovedo- que una obligación que pudiera asumir con gusto. En 1769,
ras, esquivaba las ásperas acusaciones paternas, casi siempre escribió a su casa: “Y la razón de que yo escriba a mi mamá es

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a
ningún biógrafo ha sido capaz de pasar por alto una relación
a
tan crucial. Fue su profesor, colaborador, consejero, enferme-
ro, secretario, representante, agente de prensa y principal y
más entusiasta seguidor. Pero la cuestión de si su influencia fue
beneficiosa o perjudicial, o si fue más bien una amalgama sobre
la que resulta difícil pronunciarse, sigue siendo un tema de
discusión aún candente doscientos cincuenta años más tarde.
Cuando Mozart tenía cinco años aproximadamente, su
padre se dio cuenta de que tenía en la familia la ocasión de
hacer fortuna. Lo cuenta Johann Andreas Schachtner, trompe-
tista profesional y buen amigo de los Mozart: cada vez que el
niño daba una nueva muestra de sus sorprendentes dotes mu-
sicales, como hacía con frecuencia, a su padre se le saltaban las
lágrimas. Schachtner las llamaba “lágrimas de embeleso y ma-
ravilla”, pero quizá fueran también lágrimas de gratitud ante la
imagen de los ducados que engrosarían las arcas de los Mozart.
Cuando se trataba del joven Wolfgang, el orgulloso padre y el
agudo empresario eran uno y el mismo.
En breve, como sólo sucede con los seres humanos, la rela-
ción de Leopold Mozart con su hijo estuvo gobernada por
motivos contradictorios. La ensombrecieron sus irracionales
preocupaciones financieras y la necesidad de controlar cual-
demostrar que conozco mis deberes”. Este pesado sentimiento quier movimiento de Mozart. Sin embargo, en sus lamentos
de responsabilidad filial fue desvaneciéndose sólo de manera también resuena un tono de preocupación sincera que se escu-
paulatina, y nunca llegó a abandonarle del todo. cha con más fuerza que la mendacidad manipuladora. Parece
Aunque la posición patriarcal de Leopold Mozart, sólidamen- además haber abrigado un sentimiento aún más peligroso,
te asentada en las tradiciones seculares, fue ejercida durante aunque nunca totalmente desplegado, destinado a perturbar la
años sin oposición, éste encabezaba una familia bastante moder- concordia entre padre e hijo: debió reconocer que Mozart lo
na para los tiempos en que vivió. No existen pruebas de que él, había superado con creces como intérprete y como composi-
o su esposa, para el caso, castigaran demasiado rigurosamente tor, en ambos casos con una facilidad pasmosa. Los psicoana-
a los niños, si es que los castigaban alguna vez. Habían sido listas han prestado mucha atención a los conflictos emociona-
educados en la autodisciplina estricta de manera suficiente- les de un hijo con sus padres, pero los de un padre con su hijo,
mente efectiva como para no necesitar apenas correctivos. mucho menos estudiados, en ocasiones perturban a las dos
Ante las contrariedades, Leopold Mozart prefería con mucho partes en idéntica medida. Sin duda, durante los cuatro años
el sarcasmo duro a la mano dura. No era, le comunicó a su que los Mozart vivieron en Salzburgo tras regresar de su tercer
esposa, uno de esos hombre “estrictos por partida doble”. Par- viaje a Italia en 1773, Leopold Mozart ya no pudo ahogar la
ticipaba en conversaciones amigables en casa o por correspon- desalentadora sospecha de que él no era más que el mero ayu-
dencia y firmaba, de manera cordial, “Tu viejo Mzt.” dante de uno de los mayores compositores que ha dado la hu-
No se debe pensar por ello que, pese a tener opiniones tan manidad.
avanzadas, fuese un demócrata en el ámbito doméstico: al igual Sin embargo, imaginar a padre e hijo continuamente enzar-
que cualquier otro hombre de su siglo, excepto algunos radica- zados en discusiones, o bien suponer que el primero explotaba
les como Defoe y Diderot, asumía que el varón era el señor de al segundo, equivale a subestimar la capacidad de Leopold
la creación. “No se debería uno cartear sólo con hombres — Mozart para el amor desinteresado. Se sentía, por lo menos de
comunicó a Frau Hagenauer con galante condescendencia a manera consciente, más orgulloso que celoso, puesto que se
principios de 1764—, sino que también debe uno acordarse del jactaba de los más recientes triunfos de Mozart casi nota por
encantador y pío sexo femenino.” Sin embargo, cuando encon- nota, y se deshacía en halagos. Dejando aparte el amor ciego
traba ocasiones para escribir a su esposa, que se había quedado que pudiera sentir por su hijo, estaba convencido de que era un
en Salzburgo mientras él y el pequeño Wolfgangerl estaban en genio. En 1764, en uno de sus estallidos característicos, escri-
el extranjero frecuentando a los aristócratas, dedicados a en- bió a Hagenauer: “Mi hijita es una de las intérpretes más dota-
grosar las arcas familiares, le enviaba boletines informativos en das de toda Europa, aunque sólo tenga doce años; para no ex-
absoluto condescendientes, en los que sólo omitía la informa- tendernos mucho, le diré que mi hijo, de ocho años, sabe tanto
ción más delicada sobre sus honorarios. No es que pretendiera como uno espera de un hombre de cuarenta. Resumiendo:
ocultárselo, sino que sentía una aversión fanática a que cual- quien no lo ve o no lo escucha, no lo puede creer.”
quier desconocido pudiera tener conocimiento de lo que él (o, De hecho, es el interés paterno, a conciencia, lo que marca
mejor dicho, su hijo) ganaba, así que reservaba tales revelacio- la conducta de Leopold Mozart, tanto al principio como más
nes para futuras conversaciones privadas. Además, hizo todo tarde. En marzo de 1765 dijo a Hagenauer desde Londres que
cuanto estuvo en su mano para potenciar la carrera de su hijo. había rechazado una oferta para establecerse en Inglaterra a
pesar de los espectaculares honorarios. Los Mozart habían in-
Wolfgang Mozart era un buen hijo, pero ¿era Leopold Mozart gresado “varios centenares de guineas” en menos de un año.
un buen padre? Su influencia fue tan notoria y persistente que No obstante, “tras madurarlo con ponderación y tras varias

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a
noches de insomnio”, llegó a la conclusión de que no quería guió componiendo al mismo ritmo vertiginoso que había esta-
a
criar a sus hijos en un lugar tan peligroso, donde mucha gente blecido a principios de 1760, con la misma intensidad de antes
carece de religión y donde allá donde vamos no encontramos aunque con nuevas peculiaridades. Siguió intentándolo con las
más que malos ejemplos”. Era un razonamiento extraño, habi- óperas. En 1770, con catorce años, había compuesto Mitrída-
da cuenta del preciso catálogo de iglesias, capillas, sinagogas, tes, rey de Ponto, una ópera seria por encargo del consistorio de
orfelinatos y escuelas gratuitas para los pobres que había envia- Milán, y un año más tarde, en otra actuación para la misma
do a Hagenauer desde Londres cuatro meses antes. Bien infor- ciudad, escribió Lucio Silla, otra ópera seria. Dicho género,
mado, como a él le gustaba considerarse, y a menudo con cuya popularidad estaba empezando a decaer, ponía en escena
razón, la coherencia no destacaba entre sus virtudes. De joven a protagonistas nobles, una acción heroica, un discurso elevado
le había tentado la herejía, pero abandonó sabiamente su radi- y, normalmente, finales felices gracias a la intervención del
calismo religioso y empezó a profesar —puede que a sentir— gracioso gobernante de turno; docenas de compositores —in-
una profunda devoción que procuró inculcar a sus hijos. cluido Mozart— utilizaban para ello los libretos del prolífico
La atención constante de Leopold poeta italiano Pietro Metastasio.
Mozart hacia sus hijos era especialmente La cuestión de si la influencia de Ambas incursiones juveniles fueron
compulsiva, y se convirtió en intromi- Mozart fue beneficiosa o perjudicial, bien recibidas en su momento. “Alabado
sión directa a medida que contemplaba o si fue más bien una amalgama sea dios —escribió triunfalista Leopold
la inevitable maduración erótica de su sobre la que resulta difícil Mozart a su mujer a propósito de Mitrí-
hijo. Ninguna otra cosa podía liberar a pronunciarse, sigue siendo un tema dates—, la primera representación de la
Mozart de su sumisión filial, así que de discusión aún candente ópera tuvo lugar el 26 [de diciembre]
nada podía causar una ansiedad tan doscientos cincuenta años más tarde ante el aplauso general del público.”
aguda al padre como pensar que su hijo Dos acontecimientos sin precedentes en
pudiera enamorarse o, muchísimo peor, casarse y fundar una la ópera de Milán, decía, tuvieron lugar aquella noche: aunque
familia propia. Cuando los Mozart se reunieron por fin en iba contra todas las costumbres que una prima donna repitiera
Salzburgo, el muchacho contaba diecisiete años de edad y era un aria en el estreno, sucedió en aquella ocasión; y tras casi
casi un hombre. Incluso en un siglo en el que la pubertad lle- todas las arias hubo “un sorprendente batir de palmas y abun-
gaba más tarde de lo que sucede en la actualidad, la edad de dantes vítores: Viva il Maestro, viva il Maestrino”. De modo
Mozart prácticamente es garantía de que empezó a sentir inte- parecido, el Lucio Silla del pequeño maestro tuvo una gran
rés por abrirse a las experiencias sexuales, por muy tímido que acogida en el primer mes, y pronto consiguió más de veinte
pudiera ser. Y Mozart no era nada tímido. No sabemos cómo representaciones a pesar de la involuntaria comedia que pro-
fue de intenso ese interés durante aquellos cuatro años, ni a porcionaron al respetable unos cantantes celosos e incompe-
quién pudo estar dirigido; puesto que la familia permanecía tentes. Actualmente es raro que se represente alguna de las dos
junta la mayor parte del tiempo, se escribieron pocas cartas, óperas; pero para Mozart supusieron el indicador de su paso de
ese material que suele ser sustento primordial para el biógrafo. la condición de aprendiz a la de maestro.
Lo único que se encuentra en las pocas que existen son refe- Hacia 1773 ya comenzaba a alcanzar su estilo característico;
rencias casuales y enigmáticas que Mozart hace sobre algunas ya no es posible confundir ninguna de sus composiciones con
bellezas salzburguesas a quienes su hermana debía transmitir las de otros autores. Aunque el crecimiento de Mozart como
sus saludos. compositor fue en muchos aspectos gradual, la Sinfonía núm.
Sus cartas refuerzan la teoría de que, en Mozart, la anima- 29 en do mayor (k.200) marca un salto cuantitativo a la madurez.
ción infantil que se mantuvo latente durante la adolescencia e Representa un cambio respecto a las influencias italianas que,
incluso más adelante era un eficiente sucedáneo de la explora- si bien no abandonadas por completo, habían dominado la ju-
ción sexual. Los Mozart eran bastante bromistas, y el hijo lle- ventud de Mozart en las oberturas para sinfonías. Se había
vaba la batuta. Sus mensajes a Nannerl eran explosiones desen- vuelto hacia la escuela alemana, deleitándose en sus texturas
frenadas de un humor primitivo. Le escribía cartas cambiando, orquestales mucho más elaboradas, en su libertad de expresión
en ocasiones en la misma frase, del italiano al alemán, al inglés, y uso del contrapunto. Como pupilo despierto y normalmente
al francés y hasta al latín; hacía chistes malísimos y forzados, receptivo a las experiencias musicales nuevas, estudió con espe-
usaba innumerables veces palabras clave como una especie de cial interés los ejemplos que habían dado los hermanos Haydn
puntuación humorística, inventaba palabras para hacer rimas y encontró que el poético Michael, aunque menos celebrado
absurdas, alababa con sarcasmo la sabiduría de Nannerl, escri- que su hermano Joseph, era especialmente compatible con él.
bía en los renglones unas veces para arriba y otras para abajo y Consideraba algunas de las composiciones de Michael Haydn
se extendía sobre las funciones corporales íntimas. De hecho, tan instructivas como para copiarlas. De este modo, siguiendo
la preocupación de Mozart por el ano y los productos anales a los instructores que había escogido libremente, Mozart se
jamás desapareció del todo. Esto no indica gran cosa acerca de permitió un tono profundo y emocional que comenzó a reso-
Mozart, aparte de que se solazaba más que muchos otros en el nar con belleza en sus composiciones. A pesar de que las doce
empuje regresivo de los impulsos primarios. Tampoco era todo sinfonías que compuso durante los cuatro años en casa son
esto pura idiosincrasia: ni su padre ni su madre dudaban a la meros prolegómenos de las obras maestras que escribiría una
hora de hacer chistes sobre la defecación. década más tarde, resultan más que promesas. Tienen valor
propio.
Anduviese Mozart haciendo el payaso o se mantuviera serio, Y lo mismo sucede con los más exquisitos de los cinco con-
estudiase italiano o se vistiera para una recepción, la música ciertos para violín que compuso en un ramalazo de inspiración
siempre era lo primero en su vida. El Mozart adolescente si- entre abril y diciembre de 1775. Son las obras de un hombre

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a
todavía joven, pero sobre todo el celebrado quinto de ellos, el ligera compuso varios divertimenti. Tanto en la corte salzbur-
a
“Turco” en la mayor (k.219), demuestra un derroche de imagi- guesa como en cualquier otro lugar, en estas décadas anterio-
nación que se convierte en la marca de un genio en desarrollo. res a la revolución francesa, se concebía un divertimento para
“La melodía se sustenta en la melodía —ha escrito el estudioso acompañar y dar esplendor a una celebración alegre, aunque
de Mozart H. C. Robbins Landon acerca de estos concier- Mozart dotó sus entretenimientos musicales de tanta profun-
tos—, y las nuevas ideas se suceden en dichosa despreocupa- didad que la coronación o la onomástica que les dieron nom-
ción por el resto o por cualquier patrón formal estricto. Lo que bre muy rara vez estuvieron a la altura. Su apetito compositor
cautiva inmediatamente al oyente es la elegancia incomparable era insaciable.
de la concepción y la ejecución, la suavidad de la orquestación En más de una ocasión comentó el padre de Mozart la fie-
(que incluso en esta edad relativamente temprana tiene esa reza e intensidad con la que su hijo escribía música durante
brillantez tan natural y tan característica del Mozart maduro) y tantas horas al día. “Componer —escribió Mozart a finales de
el deleite exquisito en la melodía pura.” la década de 1770— es mi única alegría y mi única pasión.”
Los progresos que hacía Mozart en otra forma musical que Pero ese adjetivo, única, repetido en esta resuelta declaración,
también había explorado antes no se quedan a la zaga: el Con- no parecía ser del todo sincero; siempre encontraba tiempo
cierto para piano en mi bemol (k.271), el noveno, apunta más a para jugar a las cartas o para una rápida partida de billar, o para
sus sucesores que a sus encantadores pero aún convencionales enviarle a su hermana chistes poco educados. Sin embargo, el
predecesores. Inspirado por Joseph Haydn, el padre del cuar- comentario de Leopold Mozart sobre la concentración total de
teto de cuerdas, también Mozart invadió este género, todavía su hijo era justo y pertinente. En 1771, Mozart informó a Nan-
en fase experimental, con una arrebatadora media docena de nerl desde Milán que “encima de nosotros hay un violinista,
muestras que se sucedieron con vertiginosa rapidez. debajo de nosotros otro, al lado un maestro de canto que da
No se detuvo ahí: escribió sonatas, conciertos para fagot y lecciones, en la última habitación frente a la nuestra alguien
oboe, una serie de misas cortas y arias de conciertos y otra que toca el oboe. ¡Así resulta divertido componer! Le da a uno
ópera, La finta giardiniera (La crédula jardinera), más comple- muchas ideas.” Más que cerrarse al mundo exterior, cuando se
ta que su predecesora, La finta semplice. Como el propio nom- sentaba ante su clave a componer, registraba los estímulos mu-
bre indica, la ópera bufa era, en oposición a la ópera seria, sicales externos y los convertía en propios. G
ópera cómica; a diferencia del Singspiel alemán, con diálogos
hablados, se basaban en canciones recitadas. En una vena más Traducción de Miguel Martínez-Lage

El dedo de dios está sobre Salzburgo


Yves y Ada Rémy

Un prodigio es inexplicable, pero su desarrollo, su curso de teología de la facultad de Salzburgo. En esta ciudad
conversión de mero milagro en algo que aproveche barroca, consagrada a la música, murió definitivamente la pre-
todo su potencial, sí la tiene. Sobre cómo Leopold, sunta carrera eclesiástica de Leopold. En efecto, dejando pron-
el maravillado padre, se dio a la tarea de nutrir, to los estudios teológicos, se matriculó en los de derecho, que
primero, y explotar, después, el talento de Mozart abandonó en seguida para dedicarse exclusivamente a su pa-
se ocupa este emotivo fragmento sión: iba a vivir sólo por y para la música.
¡Por el diablo que se oiría hablar de él!
Un criado-músico No se equivocó, pues todavía hoy se habla de Leopold Mo-
zart. Pero menos como autor de un famoso paseo musical para
El señor Johann Georg Mozart, maestro encuadernador en orquesta y campanillas de trineo, menos por su talento, que
Augsburgo, tenía seis hijos. Como el mayor, Leopold, demos- por haber sido el padre feliz de uno de los compositores más
traba una gran disposición para la música, no carecía de habi- excepcionales de todos los tiempos.
lidad, era trabajador, y su padrino, el canónigo Gabher, le Para ganarse la vida, buscó una plaza de músico. Y encontró
concedió su protección amistosa, se tomó la decisión de hacer- un empleo de ayuda de cámara en casa del conde de Thurn,
le entrar en calidad de corista en un colegio benedictino, en presidente del capítulo de la catedral de Salzburgo, que aceptó
donde aprendería el griego y el latín, el canto, el órgano y la sin amargura ni complejo, ya que tal era el sino de los músicos.
composición. De esa manera se libró de su ambiente un mozo Muchos nobles sostenían en sus casas orquestas particulares.
que por su nacimiento parecía destinado al hierro de dorar y al Los gastos hubieran sido excesivos de no haber tenido los pró-
masicote, pero del que nadie dudaba ahora que haría una ceres la ingeniosa idea de tomar ayudas de cámara que supiesen
buena carrera en las órdenes. manejar el arco o a flautistas capaces de trinchar las aves.
Pero ¡él sabía bien que adoraba cada vez más la música y que Una vez aseguradas la habitación y la comida, Leopold
no tenía la menor vocación sacerdotal! A los dieciocho años, compuso sus primeras obras, dedicadas, como es natural, a su
dejó a los benedictinos de San Ulrico para matricularse en el patrón. Como poseía un hábil y agradable golpe de arco, no

10 la Gaceta número 421, enero 2006

a
tardó en ser nombrado cuarto violín al
a
servicio del príncipe-arzobispo de la
corte de Salzburgo, Anton Firmian. Un
año más tarde, a los veinticinco de edad,
era maestro de violín. Dando algunas
lecciones aquí o allá, pudo aumentar sus
ingresos y casarse sin temor a arrastrar a
su mujer y a sus hijos a la negra miseria
de los artistas que tienen los bolsillos
vacíos, un abrigo raído, los zapatos rotos,
pero el cerebro lleno de notas para can-
tar o de patéticas estrofas para declamar.
Una vez seguro de que podría mantener
una familia, el sólido, el razonable, el
práctico Leopold, tomó mujer.
Nueve años más tarde, el domingo 27
de enero de 1756, al matrimonio de
Leopold Mozart y Ana Maria Pertl le
nació el séptimo hijo, bautizado con los nombres de Johannes ño Wolferl, que pasaba horas y horas buscando las terceras,
Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb Mozart, al que nada lla- cuyas armonías parecía saborear inocentemente? Leopold Mo-
maba a ser encuadernador. zart se divertía con ello, sin darse cuenta de que, en un clima
como el de su hogar, la música estaba a punto de convertirse en
Un allegro entre borrones una segunda naturaleza del niño. Regaló a Nannerl un Noten-
buch, es decir, un cuaderno de música, en cuya primera página
Leopold se acerca a la cuarentena. De los siete hijos que le escribió, en francés según la costumbre: “Pour le clavecin. Ce
diera su mujer, sólo le quedan dos: una niña, Maria Anna, lla- livre appartient à Mlle. Marianne Mozart. 1759.” Wolferl se
mada familiarmente Nannerl, de cinco años, y ese pequeño apoderó de él. Y Leopold pronto se vio obligado a educar si-
Wolfgang. Seguía, como siempre, dominado por la música. Su multáneamente a sus dos hijos, en vista de la viva impaciencia
fama de pedagogo había aumentado, e incluso había publicado del niño por aprender a tocar el clavecín.
con éxito un volumen titulado Ensayo de un método profundo de ¡Qué sorpresa! A los cuatro años, Wolferl es capaz de apren-
violín. Al año siguiente, fue nombrado compositor de la corte. der las piezas sin ninguna dificultad, con más facilidad aún con
En la católica ciudad de los príncipes-arzobispos, Leopold la que se toma la sopa. Las lecciones parecen un juego, tanto
Mozart figuraba ahora entre las celebridades musicales. para el padre como para el hijo. En medio del estupor general,
Y en Salzburgo, en donde se juntaban las casas medievales, el niño descifra pronto los mismos trozos que su hermana.
las iglesias barrocas y los palacios rococó, la música era siempre No obstante, la vida prosigue. El padre lleva a los niños a las
una diversión y un arte cotidiano. Cada casa señorial tenía su marionetas y al guiñol, en donde Hanswurst no se cansa de
orquesta propia, cuyos componentes, como Jano, mostraban hacer el bufón; la madre, que no ha olvidado sus orígenes cam-
dos caras: la del sirviente y la del músico. Y entre otros sitios pesinos, hace reinar en la casa un humor suave y risueño; el
más populares, cada cumpleaños, cada perro Pimperl se deja tirar del rabo y los
acontecimiento familiar, servían de pre- Leopold Mozart comprende de canarios se desgañitan. Como todos los
texto para una serenata. La música pronto cuál es su verdadero destino: niños, los del matrimonio Mozart albo-
triunfaba tanto en las iglesias como en ocuparse de ese hijo que parece un rotan cuanto pueden, pero el jovial chi-
la catedral, en donde oficiaba Eberlin, el regalo del cielo, renunciando a toda quillo vuelve siempre al clavecín. Sus
“Bach de Salzburgo”, y algunos años ambición personal. Ya conoce su progresos empiezan a hacerse tan ex-
más tarde, Michael Haydn, hermano de misión: proteger, cultivar, conducir traordinarios, que el propio Leopold es-
Joseph. En resumen, la música formaba hasta su pleno florecimiento a su cribe en el Notenbuch: “El minué y el trio
parte del aire de aquel tiempo. pequeño prodigio se los aprendió Wolfgang en media hora,
En casa de Mozart, reinaba como el 26 de enero de 1761, a las nueve y
dueña y señora. Desde que el sol salía hasta que se ponía, sólo media de la noche.” Wolfgang tiene, pues, cinco años. A pesar
se oían escalas y ejercicios para dar agilidad a los dedos, impro- de su edad, toca con limpieza y mesura. Posee también el don
visaciones y composiciones. Y después de cenar, no era raro ver de poder repetir en el teclado sin dificultad alguna, gracias a un
llegar a Schachtner, trompeta de la orquesta de la corte, a otros sentido musical extremadamente precoz y a una prodigiosa
colegas de Leopold y a algunos melómanos amigos, para hacer memoria, las melodías que ha oído en la iglesia o en el concier-
música de conjunto. to y le han gustado. Leopold observa también que su hijo está
Leopold vive en el número 9 de la Getreidegasse, con su dotado de un carácter vivo y sensible y, sobre todo, muy dócil
música, su esposa Ana Maria, todavía su música; la Nannerl, y paciente, lo cual contribuye a acelerar su formación musi-
que contaba ocho años; el Wolferl, a punto de cumplir tres, y cal.
siempre su música. Esperaba hacer músicos de sus dos hijos. Al entrever las excepcionales condiciones de su Wolfgang,
Pero por entonces sólo se trataba de Nannerl, a la que em- se consagra cada vez más a él. Hemos de decir que el pequeño
pezó a enseñar el clavecín. ¿Acaso prestaba atención al peque- no vacila en improvisar piezas todavía informes y a lanzarse a

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variaciones que su padre escucha maravillado. Quizás es en Wolfgang tenía seis años y Maria Anna once. El viaje duró
a
esta época cuando cambia la vida de Leopold Mozart. Este cerca de un mes. Sin duda, los pequeños artistas fueron muy
músico fecundo, a cuyas obras falta únicamente un poco de bien acogidos, puesto que, una vez de vuelta a Salzburgo, Leo-
sensibilidad, comprende de pronto cuál es su verdadero desti- pold no hablaba de otra cosa que de ir a Viena para presentar-
no: ocuparse de ese hijo que parece un regalo del cielo, renun- los a la emperatriz María Teresa.
ciando a toda ambición personal. Ya conoce su misión: prote- Entretanto, Wolfgang prosigue sus asombrosas pruebas.
ger, cultivar, conducir hasta su pleno florecimiento a su peque- No sólo toca cada vez mejor el clavecín, improvisa, inventa
ño prodigio. Como él había adquirido una sólida cultura, será variaciones, sino que se lanza a componer ante los ojos atónitos
su maestro en todos los aspectos del conocimiento. Además de de quienes le rodean. Sólo tiene seis años cuando Leopold
su padre natural, será su padre espiritual. anota su primera obra en el famoso cuaderno de Nannerl. Du-
Pero si Wolferl era un verdadero niño prodigio por su juego rante los meses siguientes, seguirá transcribiendo y fechando
tan valiente casi como el de un adulto, por su rapidez de lectu- allegros y minués. Parece que el niño es todo música. […]
ra y su ciencia musical, su hermana Nannerl era asimismo una Con entusiasmo y con fervor, Wolfgang descubre siempre
niña admirablemente dotada. Leopold no podía ocultarlos, más la música. A dios gracias, venera a su padre. Su docilidad,
pues hubiera habido algo de criminal en semejante actitud. Por su afán de saber, le ahorran las vicisitudes del aprendizaje. En
el contrario, sentía un deseo loco de exhibirlos y pronto ima- cuanto se sienta en el taburete del clavecín, nada puede dis-
ginó presentarlos ante el mundo. Bien pensado, la empresa no traerle. Al contrario, el menor ruido, la menor interrupción le
parecía irrazonable; podía incluso proporcionarle algún bene- irrita. Sorprende descubrir a un niño turbulento, bromista y
ficio, y la gloria de sus hijos favorecer al padre, que todavía goloso cuando vuelve a los juegos de su edad. No mucho des-
tenía que conquistar muchos galones en la capilla del arzobis- pués comienza a rascar un violín a propósito para su escasa
po. Como a los niños les encantaba la idea de engalanarse para talla. G
una exhibición pública, Leopold se dispuso a presentarlos en la
corte de Maximiliano III, en Munich. Traducción de Felipe Ximénez de Sandoval

Autorretrato de Mozart
Pere-Albert Balcells

La correspondencia dice mucho más que lo evidente: inventaba minuetos al teclado, que a los ocho componía sinfo-
entre líneas hay tanta sustancia como en las palabras que nías y que a los doce dominaba ya todos los géneros musicales
forman parte de lo escrito. Balcells reconstruye al músico de su época, desde la música para teclado hasta la música coral
de Salzburgo mediante el estudio de sus cartas y otros y orquestal de iglesia, pasando por la música de cámara, la
documentos de la época, como se ve en este fragmento, música sinfónica, la música concertante y la ópera. Pero es
tomado del libro con el mismo título que fue publicado igualmente cierto que, considerada únicamente en sí misma, la
por El Acantilado. Decimos gracias a los editores por el capacidad material de escribir estas obras no hubiera significa-
permiso para reproducirlo, compartiendo con más lectores do nada más que la anécdota curiosa propia de cualquier tipo
esa parte de su catálogo de don precoz. El auténtico “prodigio”, en su caso, se encuen-
tra en otra parte, y efectivamente, todos los testimonios de esta
Tengo la cabeza y las manos tan llenas del tercer acto época coinciden en hablar de la relación del niño con la músi-
que no sería nada extraño que yo mismo ca como de algo que, más allá del dominio técnico de unos
acabara transformándome en un tercer acto medios y de un lenguaje, le vinculaba de manera vital hasta
hacerle perder por momentos la apariencia de su condición
Cuando tenía cuatro años, su padre empezó a enseñarle, como si infantil. En la misma carta, Nannerl explica: “Se ponía furioso
se tratara de un juego, algunas piezas y minuetos al piano. Tanto al a causa del menor ruido durante una audición musical. En una
padre como al niño esto les costaba muy poco esfuerzo, y en una palabra, mientras la música sonaba, él era por completo músi-
hora aprendía una pieza y en media hora un minueto con tanta ca. Tan pronto como ésta terminaba, aparecía de nuevo el
facilidad que podía tocarlo entonces sin errores, con la más perfec- niño.”
ta nitidez y con las más precisa exactitud en el tiempo. Hacía tales Recuerdos que coinciden plenamente con aquellas explica-
progresos que con cinco años ya componía pequeñas piezas que ciones de Leopold a Wolfgang durante el viaje a París, referi-
luego le tocaba a su padre, y éste las ponía entonces por escrito. das a la actitud del niño ante la música: “muchas personas jui-
ciosas en distintos países mostraron su preocupación por tus
Nannerl recuerda así, en el año de 1792, las primeras manifes- posibilidades de una larga vida, a causa de la excesiva precoci-
taciones de la precocidad musical de su hermano. Es cierto que dad de tu talento y de las facciones siempre serias y reflexivas
Wolfgang acabó siendo uno de los niños prodigio más deslum- de tu rostro”.
brantes que ha dado la historia, un niño que a los cinco años No era pues de ningún modo trivial lo que la música signi-

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a

ficaba para Wolfgang, y por lo tanto, tampoco resulta acepta- ción prematura de determinadas habilidades, un talento dota-
ble que lo fuera el público. Schachtner responde en su carta do, ya a partir de los seis, siete y ocho años, de un inexplicable
una de las preguntas que le había formulado Nannerl: grado de madurez. Desde Londres escribe: “Mi hijo, a sus
ocho años, sabe todo lo que se puede exigir de un hombre de
¿Cómo se comportaba de pequeño ante los grandes personajes cuarenta. En una palabra, quien no lo ve y lo oye no puede
cuando éstos admiraban su talento y su arte musical? creerlo.”
Realmente, en estas situaciones no traicionaba en absoluto nin- Y realmente, escuchando obras de esta época se tiene a me-
gún tipo de orgullo ni de ambición, porque esto nunca hubiera nudo la impresión de que responden a lo que sería propio de un
podido satisfacerlo mejor que tocando delante de gente que hombre de cuarenta años, incluyendo el hecho de una expe-
entendiera poco o no entendiera nada de música, pero él no quería riencia vital ya avanzada y de una perspectiva temporal hacia el
tocar nunca a no ser que sus oyentes fueran grandes entendidos, o pasado que en la infancia no había tenido todavía espacio sufi-
al menos había que engañarle y hacerlos pasar por tales. ciente donde empezar a desplegarse. En el genio musical de
Mozart aparece también reflejada, como ocurría con el conjun-
Exigencia por lo que respecta al público, y también por lo que to de rasgos de su carácter, la condición de disponer espontá-
respecta a la preparación del intérprete. […] El sentido de exi- neamente de una experiencia global del tiempo. Y si eso se daba
gencia que Wolfgang aplicó desde el principio a todo lo que a escala del periodo entero de la propia vida, más fácilmente se
tenía que ver con aquello tan importante que era la música, no daba aún a escala de las cosas que evolucionaban dentro de él,
se vio en ningún caso defraudado por los métodos que empezó y de modo muy especial en todo lo que estaba relacionado con
a aplicar, también desde el primer momento, su indiscutible la percepción artística y con la actividad creadora.
guía y maestro. A punto de terminar la larga tournée infantil de Existe un curiosísimo documento en el que Mozart (cosa
Wolfgang por Europa, Leopold confiesa a Hagenauer: totalmente desacostumbrada) explica a un amigo cómo tenía
lugar en su mente el proceso de elaboración de una obra mu-
Cada momento que pierdo está perdido para siempre. Y si siem- sical. Es una larga carta, escrita presumiblemente en el año
pre he sabido lo valioso que es el tiempo para la juventud, ahora 1789 o 1790, cuyo manuscrito original no ha llegado hasta
lo sé más que nunca. Vos sabéis que mis hijos están acostumbrados nosotros, y que sólo conocemos a través de una copia publica-
al trabajo. Y si, con la excusa de que una cosa impide la otra, tuvie- da en 1815 por Friedrich Rochlitz, director de la revista Allge-
ran que acostumbrarse a tener horas de ociosidad, todo mi edificio meine musikalische Zeitung. En relación con algunas de las mu-
se derrumbaría. La costumbre es una camisa de hierro, y vos chas cosas que se tratan en ella, Rochlitz aporta datos erróneos,
mismo sabéis también cuántas cosas tienen que aprender mis y eso ha despertado serios interrogantes sobre la autenticidad
hijos, especialmente Wolfgang. del documento. Pero más allá de estas dudas, el interés de los
fragmentos dedicados a la descripción del proceso creativo se
Exigencia por parte de un padre enérgicamente decidido a no encuentran en su propio contenido, en la medida en que, pro-
permitir que se perdiera aquello que había percibido con toda venga o no de la mano de Mozart, este contenido corresponde
claridad: la presencia de un talento distinto de la mera apari- y explica a la perfección todas aquellas manifestaciones genia-

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les de lo que Leopold llamaba el “milagro nacido en Salzbur- Esta larga explicación da una panorámica inusitada sobre los
a
go”. En otras palabras, aunque Mozart no hubiera escrito estos mecanismos de funcionamiento que utilizaba el genio en su
fragmentos, el resto de datos que existen sobre su genio mues- caso. Al menos es un punto de partida bastante completo para
tran que lo que en ellos se explica tenía que ser necesariamen- explicar muchas de sus manifestaciones. En primer lugar está
te muy parecido a cómo funcionaba en realidad en su mente el la cuestión de cómo las obras eran “cocinadas” anticipadamen-
proceso de percepción y creación de una obra musical. El te en la cabeza. Después aparece el resultado, es decir, esta
amigo en cuestión es un barón aficionado a la música que le ha capacidad para capturar todos los momentos del tiempo en un
enviado algunas partituras compuestas por él para pedirle con- instante visual único y quieto, y finalmente aparece la pregun-
sejo. Después le pregunta cómo se las arregla él para compo- ta del barón sobre la quintaesencia de su estilo, a la que respon-
ner, qué método, qué sistema sigue: de con una bufonesca parábola. Realmente, Mozart no habla
mucho en las cartas sobre “su” música.
En verdad, sobre todo esto no puedo Escuchando obras de la juventud de En este sentido no hay duda de que se
decir más que lo siguiente, porque yo Mozart se tiene la impresión de que sentía mucho más predispuesto a escribir
mismo no sé más, ni podría explicar más responden a lo que sería propio de música que a escribir sobre ella. Pero sí
sobre ello. Cuando estoy solo conmigo un hombre de cuarenta años, que hace con cierta frecuencia comenta-
mismo y de buen humor, por ejemplo de incluyendo el hecho de una rios sobre lo que debería ser “la música”,
viaje en el coche, o paseando después de experiencia vital ya avanzada y de comentarios condimentados con ideas
una buena comida, o de noche, cuando una perspectiva temporal hacia el estéticas y críticas, que nacen general-
no puedo dormir, entonces me vienen las pasado que en la infancia no había mente de alguna circunstancia exterior,
ideas a chorros y del mejor modo. De tenido todavía espacio suficiente como la asistencia a algún concierto, o la
dónde y cómo no lo sé, tampoco puedo donde empezar a desplegarse incompetencia de algún libretista que no
hacer nada para saberlo. Las que me gus- le permite desarrollar la ópera a su ma-
tan las guardo en la cabeza, y me dedicó también a tararearlas, al nera. Y a través de estas opiniones dispersas, Wolfgang, sin
menos según me han dicho otras personas. Una vez que las tengo darse cuenta, va dando respuestas un poco más detalladas en
bien agarradas, me vienen en seguida una tras otra las ideas sobre relación con esta metáfora de la “nariz mozartiana”.
cómo utilizar estos trozos para hacer un guiso, de acuerdo con el
contrapunto, con el sonido de los distintos instrumentos et caetera, “En un instante, todo a la vez”
et caetera, et caetera. Esto me excita el alma, siempre que realmen-
te nadie me estorbe. Todo va haciéndose cada vez más grande, y Pero todo empezaba de momento en la cocina, donde tenía
yo lo voy haciendo cada vez más extenso y más claro. Y verdade- lugar la elaboración de aquel “guiso” musical que era percibido
ramente, la cosa queda ya casi lista en la cabeza por larga que sea, luego todo entero “en el espíritu”. Respecto de esta percepción
de modo que después la veo toda en el espíritu con una sola mira- final, las explicaciones son claras, y tan gráficas como sorpren-
da, en cierto modo como si fuera un bello cuadro o una bonita dentes. Una cosa que tiene lugar a lo largo del tiempo, en su-
figura humana, y la oigo en la imaginación, no de forma que una cesión, podía ser vista fuera del tiempo, “en un instante y todo
cosa vaya viniendo detrás de otra, como luego debe ser, sino en un a la vez”. Y esto “por larga que fuese”.
instante, todo a la vez. Esto es un festín. Todo lo que es encontrar Muchas de las actividades geniales de la infancia presupo-
y elaborar se produce en mí como un sueño bello e intenso, pero nen esta capacidad de abarcar globalmente el tiempo desde
el hecho de oírlo así, todo a la vez, es evidentemente lo mejor. Lo fuera. Entre ellas, la que debía resultarle más elemental era
que se ha formado de este modo no lo olvido fácilmente, y éste es aquella que tenía que desarrollar a cada momento, desde los
quizás el mejor don que nuestro señor dios me ha regalado. Cuan- seis años, en las continuas exhibiciones a lo largo de sus viajes,
do me pongo luego a escribir, tomo del saco de mi cerebro lo que y que consistía en leer a primera vista al piano cualquier cosa
antes, como ya he dicho, había quedado reunido allí. Es por eso que le daban. Nannerl lo recuerda años más tarde: “Tanto en
que entonces todo pasa bastante rápidamente al papel, porque al París como en Londres le presentaban piezas diversas y difíci-
fin y al cabo ya estaba listo, y raramente se transforma en algo les de Bach, Händel, Paradies y otros maestros, y él lo tocaba
distinto de lo que había habido en la cabeza. Por lo tanto, mientras todo, no sólo a vista, sino con el tempo y la nitidez pertinen-
escribo puedo dejar también que me distraigan, y a mi alrededor tes.” Esto debía parecerle incluso obvio, ya que en este caso, el
pueden ir ocurriendo todo tipo de cosas; yo continúo escribiendo “bello cuadro” ya estaba hecho, y sólo había que mirar para
a pesar de todo. También puedo ir hablando, por ejemplo sobre captarlo “con nitidez” en todos sus detalles.
gallinas y ocas, y cosas así. ¿Por qué, más allá del trabajo de com- El mismo Wolfgang explica años más tarde qué es para él
posición, mis obras adoptan precisamente la forma o manera que una lectura a vista digna de este nombre. Lo hace en una de las
las hace ser obras mozartianas, y no obras a la manera de cualquier cartas a su padre desde Mannheim, después de coincidir en una
otro? Con eso, simplemente, debe pasar como con mi nariz, que sesión de música con el Kapellmeister Vogler (el autor de aque-
al crecer y encorvarse precisamente en la medida en que lo ha lla misa que pocas semanas antes ya había hecho huir a Wol-
hecho, se ha convertido en una nariz mozartiana, y no en una fgang de la iglesia “tan pronto como terminó el Kyrie”):
nariz como la que pueden tener otras personas. Porque yo, la
singularidad, no la busco, y tampoco sabría describir la mía con Antes de comer chapuceó mi concierto a primera vista. El primer
más detalles. Pero es bien natural que las personas que realmente tiempo fue prestisimo; el andante allegro, y el rondó, verdadera-
se parecen tengan también un aire bien distinto las unas de las mente presti-ssi-ssimo. El bajo lo tocaba casi siempre distinto de
otras, tanto por fuera como por dentro. Lo que si sé, al menos, es cómo estaba escrito, y de vez en cuando hacía una armonía y una
que yo no me he dado a mí mismo ni una cosa ni la otra. melodía completamente distintas. Y es que no podía ser de otro

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a
modo a aquella velocidad. Los ojos no pueden ver, ni las manos hecho un gran honor, como oirás muy pronto. Absolutamente,
a
pulsar. Así pues, ¿qué es esto? Tocar así a primera vista y cagar debes dejar leer la carta por todas partes y hacer que Sus Altas y
para mí es lo mismo. […] Por otra parte es mucho más fácil tocar Principescas Gracias se enteren de ello.
una cosa rápido que despacio. En fragmentos difíciles se pueden
pasar por alto algunas notas sin que nadie lo vea ni lo oiga. Pero En este saco de memoria musical, aparentemente sin fondo,
¿es bonito? Con la velocidad pueden cambiarse cosas en la mano llegaban a caber, cuando era necesario, óperas enteras. Al año
derecha y en la izquierda sin que nadie lo vea ni lo oiga. Pero ¿es siguiente, en Milán, tuvo que quedarse en casa dos o tres días
bonito? ¿Y en qué consiste el arte de leer a primera vista? En esto: a causa de unos reumas de Leopold: “Hoy representan la ópera
en tocar la pieza en el tiempo correcto, el que debe ser, y en expre- de Hasse, pero como papá no puede salir, no puedo ir a verla.
sar todas las notas, ornamentos, etc., con la expresión y el gusto Por suerte me sé casi todas las arias de memoria, y así, desde la
pertinentes, tal como está indicado, de modo que la gente pueda casa, la puedo oír y ver en mi mente.” Y después de la experien-
creer que el mismo que toca es quien lo ha compuesto. Su digita- cia con el Miserere, Nannerl podía tener una idea bastante
ción es también miserable […], todas las escalas descendentes de precisa del grado de fidelidad de esta audiciones imaginarias.
la mano derecha las hizo con el pulgar y el índice. Pero si era posible guardar en la cabeza obras de otros au-
tores habiéndolas oído sólo una o dos veces, obras que habían
Pero además de que le permitía leer cualquier cosa, la capaci- tenido que entrar desde fuera, con más motivo tenían que que-
dad de fijar imágenes temporales también proporcionaba unas dar grabadas en la memoria las obras elaboradas dentro, como
dimensiones a su memoria auditiva que de otro modo no serían queda descrito en la carta al barón, y como explica también
explicables, ni casi creíbles. La famosa proeza relacionada con Constanze en una carta muy posterior de 1827:
el Miserere de Allegri, que Wolfgang escuchó en la Capilla
Sixtina a los catorce años, evidencia cómo en su caso audición Lo que se le podría reprochar a Mozart es que no era muy orde-
y grabación mental eran prácticamente lo mismo. Se trata de nado con sus papeles, y a menudo perdía lo que había empezado a
una pieza coral de Gregorio Allegri, compuesta hacia la mitad componer, y para no perder tiempo buscando, prefería escribirlo
del siglo anterior, y que desde 1640 se cantaba cada año, exclu- otra vez. Como consecuencia, muchas cosas aparecían dos veces,
sivamente en la Capilla Sixtina, los miércoles y los viernes de pero la nueva versión no era nunca distinta de la que había perdi-
Semana Santa. Nannerl, muchos años después, da algunos do, porque la idea que finalmente había decido adoptar, entre
detalles sobre este episodio inverosímil. Padre e hijo llegan a todas las que imaginaba, era sólida como un muro, y nunca era
Roma justamente el miércoles de Semana Santa: transformada, cosa que puede verse también en sus partituras,
escritas de forma tan bella, tan precisa, tan limpia, y en las que
El miércoles al mediodía se dirigieron en seguida a la Capilla Six- ciertamente ninguna nota está cambiada.
tina para oír el tan famoso Miserere, y como, según la leyenda, a
los músicos papales les estaba prohibido, bajo excomunión, dejar- Efectivamente, ésta es una de las cosas que más caracterizan a
lo copiar, el hijo se propuso oírlo y ponerlo luego por escrito. Y las partituras de Mozart, en relación con los manuscritos de
así lo hizo; al llegar a casa lo puso por escrito. Al día siguiente otros grandes compositores. Y la razón era precisamente que,
volvió, con su partitura guardada bajo el sombrero, para compro- en su caso, la partitura original era el cuadro elaborado en la
bar si lo había sacado o no. Pero cantaron otro Miserere. El Vier- mente, que resultaba ser, hasta el nivel del detalle, “sólido
nes Santo, en cambio, repitieron otra vez el primero. Cuando como un muro” (mauerfest), lo cual relegaba el primer manus-
regresó a su casa hizo aquí y allá alguna mejora, y con ello quedó crito a la condición de copia. Eso explica que el manuscrito,
listo. por un lado, resultara tan limpio, y en cambio, a la vez, se viera
a menudo abandonado a todo tipo de negligencias y olvidos, ya
Leopold se apresura a comunicar la proeza a su mujer: que, como copia que era, no constituía ningún objeto impres-
cindible para la conservación de la obra. […]
Wolfgang ya lo ha puesto por escrito, y lo habríamos enviado con Escribir era, pues, una actividad completamente distinta a la
esta carta a Salzburgo si para interpretarlo nuestra presencia no de componer, como textualmente hace constar él desde Muni-
resultara necesaria. […] por lo tanto lo llevaremos nosotros mis- ch dos años después, cuando estaba poniendo por escrito el
mos a casa, y como es uno de los secretos de Roma, no queremos tercer acto de Idomeneo: “Compuesto ya lo está por completo,
dejarlo en manos de terceros, ut non incurremus mediate vel imme- pero escrito todavía no.” Y gracias a eso podía dejarse “distraer”
diate in Censuram Eclessia. mientras escribía, o bien podía ir charlando sobre gallinas y
ocas. Pero parece que la carta al barón todavía se quedó corta
“Así no incurrimos ni directa ni indirectamente en la censura en este punto. En abril de 1782, Wolfgang envía a Nannerl un
eclesiástica.” Precisamente los periódicos de Salzburgo debían preludio y una fuga para piano, y se excusa de que, en la parti-
de abundar con especial insistencia en esta amenaza, por lo que tura, la fuga aparezca en primer lugar: “El preludio va primero,
unas semanas después Leopold recibe un artículo enviado por y luego sigue la fuga. El motivo de que esté escrito así es porque
su mujer: ya había terminado la fuga, y la escribí mientras ideaba el pre-
ludio.” El “muro” de la imagen creada era suficientemente só-
Los dos nos hemos reído mucho al leer el artículo sobre el Mise- lido como para soportar, mientras pasaba al papel, no sólo dis-
rere. Por lo que respecta a esta cuestión no hay que preocuparse tracciones circunstanciales, sino incluso el peso de la simultánea
en absoluto. En cualquier otro lugar se da mucha importancia a generación mental de otra obra. O bien no aguantaba peso al-
eso. Toda Roma lo sabe, y hasta el papa sabe que Wolfgang ha guno, y las dos actividades disponían de compartimientos pro-
escrito el Miserere. No hay nada que temer; eso más bien le ha pios donde poder funcionar sin perjuicio mutuo. G

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a
a
Mitos y teorías sobre la muerte de Mozart
H. C. Robbins Landon

En 1791. El último año de Mozart, publicado por Ediciones al drama del último año de Mozart; pero el italiano había sido
Siruela, Robbins Landon recorre los últimos meses una espina para Mozart durante la última década de su vida y
de la corta vida de Mozart. Agradecemos a la editorial con sus innumerables intrigas había conseguido que la vida
la oportunidad de compartir con nuestros lectores operística de Mozart fuera mucho más desdichada de lo ne-
este fragmento, en el que se hace una autopsia tardía cesario.
y se determinan las causas médicas que impidieron al En octubre de 1823, Ignaz Moscheles, un discípulo de
compositor concluir su poderoso Requiem Beethoven que estaba en Viena en aquel momento, decidió
hacer una visita al anciano Salieri, recién trasladado al Hospi-
tal General de Alservorstadt. Salieri, aparte de tener muchos
La repentina muerte de Mozart inmediatamente dio lugar a años, estaba muy enfermo; Moscheles tuvo que pedir permiso
toda clase de especulaciones sobre su verdadera causa, y en a la hija soltera del compositor y a las autoridades para poder
seguida empezaron a circular rumores de envenenamiento. Ya visitarle. “Fue un encuentro triste. Su aspecto ya me impre-
en la Nochevieja de 1791, un periódico de Berlín publicaba lo sionó, y no hacía más que hablar, con frases entrecortadas, de
siguiente: “Mozart ha muerto. Volvió a Praga sintiéndose en- su muerte inminente. Pero al final dijo: ‘Aunque ésta es mi
fermo; se pensó que tenía hidropesía y murió en Viena. Como última enfermedad, le aseguro bajo mi palabra de honor que
el cuerpo se hinchó tras la muerte hubo incluso quien pensó no hay nada de cierto en ese absurdo rumor; ya sabrá usted
que lo habían envenenado…” que dicen que yo envenené a Mozart. Pero no, es malevolen-
Al hijo de Mozart, Carl Thomas, le pareció extraño, quizá cia, pura malevolencia. Cuéntele al mundo, querido Mosche-
incluso sospechoso, que el cadáver de su padre se hinchara, les, lo que el viejo Salieri, que morirá pronto, acaba de con-
aunque su alusión al envenenamiento sigue siendo un tanto tarle.’”
oblicua. Con el paso del tiempo, sin embargo, la teoría del Al poco tiempo, en noviembre de 1823, Salieri intentó sui-
envenenamiento cayó en el olvido. Constanze no parece ha- cidarse. Beethoven siguió los sucesos de cerca mediante lo que
berle dado crédito en ningún momento, aunque afirma que le contaron algunos amigos por escrito en sus cuadernos de
Mozart sí tenía esta convicción (hecho que mencionó en sus conversación; Schindler, su amanuense, escribió: “Salieri está
conversaciones con los Novello). Sin embargo, en la década de otra vez muy mal. Está realmente deshecho. Tiene fantasías de
1820 un suceso dramático resucitó la teoría del envenenamien- ser el responsable de la muerte de Mozart y de haberle enve-
to de una forma especialmente sensacionalista; muchos años nenado. Esto es verdad —porque él quiere confesarlo…” En
después está idea constituiría la base de Amadeus, la hoy legen- otra anotación, ligeramente anterior, Johann Schick, un perio-
daria obra de teatro de Peter Shaffer, cuyo protagonista prin- dista vienés, añadía: “Apuesto cien contra uno a que la afirma-
cipal no es Mozart, sino Antonio Salieri. ción de Salieri es cierta. La forma en que murió Mozart lo
Salieri ya era Kapellmeister de la corte cuando Mozart llegó confirma.” En los cuadernos de conversación de Beethoven se
a Viena para instalarse allí en 1789, y a habla mucho del tema; parece como si el
diferencia de Mozart, que aún no había Lo curioso de Salieri es que, a pesar compositor meditase en ello a menudo.
comenzado su carrera operística en de sus éxitos, parece haber estado A principios de 1824 Schindler escribió:
Viena, Salieri era uno de los niños mi- realmente celosísimo de Mozart, “Vuelve a estar usted muy sombrío, gran
mados de la corte (sobre todo de José según atestiguan numerosas fuentes maestro. ¿Qué le ocurre? ¿Dónde ha ido
II), y por tanto del público aristocrático de la época; el italiano había sido a parar su alegría últimamente? No se lo
que asistía a las óperas. Al poco tiempo una espina para Mozart durante la tome tan a pecho, ¡así es el destino de los
de esto causó una profunda impresión última década de su vida y con sus grandes hombres! Aún viven muchos
en París con su opera francesa Les Da- innumerables intrigas había que pueden dar testimonio de cómo
naïdes (1784), que en un principio había conseguido que la vida operística de murió [Mozart], de si hubo síntomas [de
sido anunciada como obra conjunta de éste fuera mucho más desdichada de envenenamiento]. Él [Salieri] habrá
Gluck y su discípulo Salieri. Esta obra, lo necesario hecho, sin embargo, más daño a Mozart
que se ha repuesto con éxito en 1985, es con su denigración que Mozart a él.”
de lo mejor de Salieri. Pero lo peor de Salieri se caracteriza Incluso después de la muerte de Salieri, el sobrino de Beetho-
por su vulgaridad y no admite, por supuesto, comparación ven, Carl, escribió: “Siguen diciendo con gran convicción que
con Mozart. La popularidad de Salieri tardó sólo una genera- Salieri fue el asesino de Mozart.”
ción en debilitarse y desaparecer, pero en la década de 1781- El biógrafo italiano de Haydn, Giuseppe Carpani, defendió
1791 él y su música estuvieron en el primer plano de la vida ardorosamente a Salieri en septiembre de 1824, publicando
operística vienesa. Lo curioso de Salieri es que, a pesar de sus una extensa carta en un periódico italiano, donde decía:
éxitos, parece haber estado realmente celosísimo de Mozart,
según atestiguan numerosas fuentes de la época. En esta cró- ¿Mozart fue envenenado? ¿Sí? ¿Dónde están las pruebas? Es inútil
nica es necesario que Salieri ocupe un segundo lugar respecto preguntarlo. No hay pruebas y además es imposible encontrarlas,

16 la Gaceta número 421, enero 2006

a
porque Mozart contrajo una fiebre reumática infecciosa que no
a
sólo le atacó a él, sino que aniquiló a todos aquellos que la contra-
jeron durante aquellos días. Los esfuerzos y la experiencia de los
profesores de medicina más famosos, Closset y Sallaba, resultaron
inútiles, inútiles también las lágrimas de los hijos, los rezos de la
esposa y las esperanzas de toda la ciudad de Viena para el amado
maestro.

Carpani tuvo la suerte de dar con un médico, el canciller de la


corte Eduard Vincent Guldener von Lobes, a quien se había
consultado cuando la enfermedad y muerte de Mozart. Recibió
de él una carta en la que con indignación negaba cualquier
posibilidad de envenenamiento. Este médico también envió
una carta al discípulo de Haydn, Sigismund von Neukomm,
que entonces vivía en París, con el texto siguiente:

Con el mayor de los placeres, señor, me apresuro a comunicarle


todo cuánto sé respecto a la enfermedad y muerte del gran
Mozart. En el otoño de 1791 cayó enfermo de una fiebre inflama-
toria, tan prevaleciente en aquella estación que pocas personas
escaparon por completo a su influencia. En el momento en que se
requirieron mis servicios ya llevaba varios días sufriendo la enfer-
medad: pero yo estaba informado por el doctor Closset, que lo
atendía a diario. Consideraba peligroso el caso de Mozart y dijo
que desde la primera aparición de la dolencia ya se había temido
lo peor, es decir, que se le fijara en la cabeza. Sallaba me puso al
corriente de esto inmediatamente, y lo cierto es que Mozart murió
a los pocos días con los síntomas habituales.
Su muerte suscitó un interés muy generalizado, pero en ningún
momento se le ocurrió a nadie sospechar, ni de lejos, que su muer-
te hubiera sido ocasionada por un envenenamiento. Las atencio-
nes que le prestó su familia fueron numerosas, y por encima de
todo, tan escrupulosos fueron los cuidados y la vigilancia del res-
petado y experto doctor Closset, quien durante la totalidad de ese
doloroso periodo mostró más bien la solicitud de un amigo que la
atención de un médico, que es imposible que el más mínimo indi-
cio de algo violento, de algo semejante a un veneno, le pasara
inadvertido. La enfermedad siguió su curso habitual y el plazo de en este asunto. Rechaza la descripción del Registro de Defun-
duración fue el normal. El doctor Closset había observado el pro- ciones de Viena y del libro de Nissen, hitziges Frieselfiebe, o
greso con tanta atención que predijo el resultado a la hora. Un fiebre miliar aguda, como cosa de aficionados, bienintenciona-
buen número de los habitantes de Viena sufrían en aquel momen- da pero inadmisible desde el punto de vista profesional. “De
to la misma enfermedad, y el número de casos mortales, como el todos modos —escribe—, casi todos los casos terminales que
de Mozart, fue considerable. Yo vi el cuerpo después de la muerte resultan de una fiebre reumática tienen su origen en defectos
y no presentaba ningún síntoma diferente de los habituales en de tipo coronario.” Y después de sangrar a Mozart, “los resul-
tales casos. tados, teniendo en cuenta su pequeña talla y su condición
Eso es básicamente cuanto tengo que aducir respecto a la muer- cardiaca, sólo podían ser catastróficos”. El diagnóstico del doc-
te de Mozart. Nada me resultaría más gratificante o satisfactorio tor Bär está basado en información recibida a través de una
que tener la certeza de que este testimonio que doy es, al menos complicada cadena de circunstancias, pero que proviene del
en algún grado, capaz de contrarrestar esa horrible imputación médico de Mozart, el doctor Closset (que también consultó a
contra la memoria del excelente Salieri. Le ruego me perdone, otro colega, el doctor Sallaba). El rápido empeoramiento y la
señor, por no haber respondido a su petición tan pronto como corta duración de la enfermedad “no eran inusuales para aque-
habría sido mi deseo; sólo una grave indisposición pudo impedír- lla época”.
melo. Pero desde 1966, cuando el doctor Bär publicó su famoso
trabajo, ha habido un gran número de médicos y científicos
Pero si Mozart no fue envenenado, ¿de qué murió? La opinión dedicados a la difícil tarea de identificar no sólo la enfermedad
médica más generalizada hasta ahora es que Mozart murió de terminal de Mozart, sino las enfermedades previas que sufrió
Rheuma inflammatorium, o fiebre reumática, una enfermedad durante su corta vida y que desembocaron en las tres semanas
febril aguda, no infecciosa, caracterizada por inflamaciones y funestas de noviembre y diciembre de 1791. Es inútil que un
dolores en las articulaciones. El doctor Carl Bär, un médico profano en medicina entre en una discusión semejante, pero
suizo, ha escrito un libro que hasta hace poco era la autoridad todo parece indicar que la última palabra sobre el tema la ha

número 421, enero 2006 la Gaceta 17

a
dicho Peter J. Davies. Lo único que puede hacer un aficionado
a
Mozart había sufrido fiebre y sudores intensos. En los pacientes
en estas circunstancias es resumir todos los descubrimientos con uremia es frecuente que la muerte sea efecto directo de una
del doctor Davies y expresar su admiración ante una presenta- bronconeumonía que se presenta cuando el paciente está ya
ción tan lúcida. […] moribundo.

La enfermedad terminal Junto a la sensacionalista hipótesis de que Mozart fue asesina-


do aparecieron una serie de leyendas sobre sus relaciones con
El doctor Davies tiene una teoría interesante: que Mozart con- varias mujeres en esta última época de su vida. Hay un caso
trajo su enfermedad final mientras asistía a la logia masónica el repugnante, el de un amigo de Mozart y de su misma logia,
18 de noviembre de 1791 (en aquel momento había una epide- Franz Hofdemel, que atacó a su esposa embarazada, Magdale-
mia en Viena, según se afirma en numerosos textos). La hin- na, que recibía clases de piano del compositor. Esto sucedió al
chazón dolorosa de manos y pies “parece denotar una poliar- día siguiente de la muerte de Mozart y fue un baño de sangre
tritis”, y al extenderse y agravarse pudo producir edema. De la en el que Hofdemel hirió a su esposa en la garganta y en el
inmovilidad del paciente “se puede concluir que Mozart en rostro con una cuchilla, dejándola marcada de por vida y luego
aquel momento sufría una hemiparesia y tenía un lado del se suicidó.
cuerpo paralizado”. La conducta de Beethoven vuelve a proporcionarnos una
Como en aquellos tiempos no se conocía “la insuficiencia pista sobre los rumores que circularon en Viena. Se le pidió
renal crónica… es razonable que [el doctor Closset] sospecha- que tocara (improvisando) ante Magdalena Hofdemel, pero se
ra que Mozart tenía un tumor cerebral… En mi opinión, Clo- mostró reacio a hacerlo porque pensaba que ella había sido la
sset estaba desconcertado ante los síntomas recientes de fiebre, amante de Mozart (¡qué mojigato era Beethoven!). Pero no
hinchazón dolorosa en las articulaciones y erupciones cutá- hay absolutamente ninguna prueba de que la tragedia de los
neas, motivo por el que pidió consejo al médico del hospital, el Hofdemel se pueda relacionar, de forma directa o indirecta,
doctor Mathias von Sallaba… Sallaba diagnosticó hitziges Frie- con Mozart. La emperatriz María Luisa se interesó de inme-
selfieber [fiebre miliar aguda], que es lo que figura en el Regis- diato y personalmente por la situación de Magdalena, cosa
tro de Defunciones… Esto es totalmente inespecífico, y alude que difícilmente habría hecho si la corte hubiera considerado
a una enfermedad asociada con fiebre y exantema (erupción al futuro niño como hijo de Mozart. (El niño, Johann Alexan-
cutánea)…” En cuanto al diagnóstico de fiebre reumática der Franz, nació en Brno el 10 de mayo de 1792, por lo que
aguda que hizo el doctor Bär, el doctor Davies afirma que “es debió ser concebido en agosto de 1791, cuando Constanze
raro que se produzca exantema en un caso de fiebre reumática, Mozart acababa de traer al mundo a su último hijo, Franz
y ese diagnóstico no justifica la mala salud crónica de 1791, Xaver Wolfgang.) Tampoco parece verosímil que los masones
como tampoco explica un diagnóstico de fiebre reumática los asignaran a Hofdemel la tarea de envenenar a Mozart, como
síntomas neurológicos de la enfermedad mortal…”. se ha sugerido.
Finalmente, en una narración especialmente conmovedora También se ha dicho que una de las amantes de Mozart en
de la muerte de Mozart (la verdad a menudo resulta más im- 1791, fue su primera Pamina, Anna Gottlieb, que tenía enton-
presionante que la fantasía más cuidadosamente concebida y ces diecisiete años (había hecho su debut a los doce años repre-
ejecutada con la mayor delicadeza), el doctor Davies resume: sentando el papel de Barbarina en Las bodas de Fígaro). No
existen pruebas de que lo fuera, como proponen algunos discí-
Mozart murió de lo siguiente: infección estreptocócica, síndrome pula de Mozart, y mucho menos de que su relación fuera otra
de Schönlein-Henoch, insuficiencia renal, flebotomía(s), hemo- que la de un compositor y una intérprete bien dispuesta. Se ha
rragia cerebral, bronconeumonía terminal. dicho que a finales de 1791 o principios de 1792 ella perdió la
Contrajo una infección estreptocócica más mientras asistía a voz y se retiró de los escenarios como cantante, obteniendo un
una reunión de la logia el 18 de noviembre de 1791, durante una empleo como actriz en la compañía rival, la de Marinelli (en el
epidemia. La infección estreptocócica causó una nueva exacerba- teatro de Leopoldstadt). Es decir, que la muerte de Mozart le
ción del síndrome de Schönlein-Henoch y de la insuficiencia quebró el corazón… y la voz.
renal, que se manifestó con fiebre, poliartritis, malestar, hincha- Lo que sucedió en realidad es completamente diferente. Es
zón de las extremidades, vómitos y púrpura. La ulterior hincha- cierto que Anna Gottlieb pasó a la compañía de Marinelli, pero
zón del cuerpo, más generalizada, probablemente fue debida a siguió actuando y cantando, como ella y otros hacían con
una retención adicional de líquido y sales causada por la insufi- Schikaneder en el Freyhaustheater. Christopher Raeburn ha
ciencia renal. Se le practicaron una o más flebotomías, que pro- descubierto interesantes críticas coetáneas sobre su carrera
bablemente agravaron su insuficiencia renal y contribuyeron a su como cantante durante toda la década de 1790, y Anna conti-
muerte. El síndrome de Schönlein-Henoch causó un agrava- nuó cantando y actuando hasta bien entrado el nuevo siglo.
miento de la hipertensión, que contribuyó a los vómitos noctur- Por tanto, se trata de otra tradición mozartiana que puede ser
nos y le provocó un derrame. La parálisis parcial era una hemi- desechada como simple mito.
plejia (parálisis de un lado del cuerpo) debida a hemorragia Los mitos seguirán persiguiendo a Mozart. Amadeus, la obra
cerebral. Unas dos horas antes de morir tuvo convulsiones y de teatro y la película, ha creado otro de ellos, y puede resultar
entró en estado comatoso. Después, una hora más tarde, intentó difícil disuadir al público de la visión que nos da Shaffer del
sentarse, abrió mucho los ojos y cayó hacia atrás, con la cabeza compositor como un gamberro borracho, con un talento de
vuelta hacia la pared: tenía las mejillas hinchadas. Estos síntomas origen divino, perseguido por un Salieri vengativo. G
sugieren una parálisis conjugada ocular y del nervio facial, con
hemorragia cerebral masiva. En la noche anterior a su muerte, Traducción de Gabriela Bustelo y Beatriz del Castillo

18 la Gaceta número 421, enero 2006

a
a
Mozart y Salieri
Alexander Pushkin

Una de las primeras fabulaciones sobre el asesinato desata una borrasca y sólo un perro asiste a sus exequias. El
de Mozart a manos de Salieri se gestó en Rusia. más grande músico de todos los tiempos es arrojado a la fosa
Hemos tomado este breve drama de la edición que común.
la Universidad Autónoma de Sinaloa puso a circular El Requiem lleva el número 626 y final en el catálogo crono-
hace más de dos décadas, en traducción de un lógico de sus obras publicado en 1862 por Ludwig von Koechel
misterioso O. F., aunque la versificación corrió y revisado por Alfred Einstein entre 1937 y 1947. El catálogo
a cargo de José Emilio Pacheco se inicia con los minuetos compuestos a los 4 años y está urgi-
do de actualización pues hay muchos descubrimientos poste-
riores a 1947. Del Requiem nada más el Introitus y el Kyrie son
Durante varios años de éxito ininterrumpido, Amadeus —la autógrafos. Su discípulo Franz Xaver Süssmayr terminó las
obra de Peter Shaffer— ha actualizado la versión según la cual piezas restantes con base en los bocetos e indicaciones que dejó
Antonio Salieri (1750-1825) dio muerte a Wolfgang Amadeus Mozart, y compuso los últimos movimientos: el Sanctus, el
Mozart (1756-1791). En su biografía de Mozart, Wolfgang Benedictus, el Agnus Dei y la Communio.
Hildesheimer considera el envenenamiento una leyenda basa- Mozart murió sin conocer la verdad, pero la leyenda ro-
da en la animosidad de Mozart contra el compositor italiano. mántica del enlutado resultó un fiasco: se trataba simplemente
Salieri, dice Hildesheimer, “fue un hombre útil y en extremo del mayordomo de Franz von Walsegg, un conde que pagaba
conciliador serio en su actividad de músico y maestro. De en secreto a grandes compositores para componer las obras
todos modos, entre sus alumnos se cuentan Beethoven, Schu- que más tarde estrenaba como si fueran propias.
bert y Liszt.” Salieri, principal personaje tanto de Pushkin como de Sha-
Mozart (que sólo en broma empleó el “Amadeus” para fir- ffer, es una víctima o un villano, según la biografía de Mozart
marse “Wolfangus Amadeus Mozartus” y prefirió siempre la que se lea. Llegó a Viena en 1776. El emperador José II lo
forma francesa de su nombre, Amadé, a la alemana, Gotlieb) nombró maestro de capilla y fue hasta su muerte compositor
murió de un paro cardiaco, de acuerdo con las investigaciones de los Habsburgo. En 1787 el público vienés prefirió su ópera
médicas de hace veinte años. Adolescente, padeció una fiebre Tarara al Don Giovanni. Se dice que, en el doble infierno de las
reumática que debilitó su corazón. La enfermedad recurrió en intrigas de corte y escenario, el mediocre y rencoroso Salieri
1791 y el tratamiento a base de sangrías acabó con su resisten- encabezó la mafia italiana que hizo la vida imposible a los gran-
cia. des músicos alemanes, a Mozart lo mismo que a Franz Joseph
La verdad que todo se vuelve más incierto y misterioso Haydn (1732-1809). En cambio los defensores del autor de
mientras más información se acumula, y la bibliografía sobre Armida sostienen que Salieri fue un buen artista y un compa-
Mozart crece cada semana. Constanze Weber, su viuda, contó ñero exento de envidia y rivalidad. Un hecho indiscutible es
que en el lecho de muerte Mozart sospechaba que en efecto que enseñó contrapunto a Ludwig van Beethoven (1770-1827).
Salieri lo había envenenado. Al morir en Beethoven le dedicó sus Tres sonatas para
1825, Salieri confesó su crimen real o Constanze Weber, la viuda de violín, opus 12.
supuesto. Mozart, contó que en su lecho de Otras menciones de Mozart y Salieri
Pushkin leyó en un periódico vienés muerte éste sospechaba que en son las siguientes: según Pushkin,
la “confesión” de Salieri, acompañada de efecto Salieri lo había envenenado. Cristoph Willibald von Gluck (1714-
la anécdota que le atribuye haber silbado Al morir en 1825, Salieri confesó 1791) hizo renegar a Salieri de cuanto
el estreno de Don Giovanni. Su brevísi- su crimen real o supuesto había aprendido, porque en Orfeo y
ma obra Mozart y Salieri estableció la Eurídice (1762) Gluck sepultó a la vieja
leyenda al darle forma con la destreza de quien es el Mozart ópera y la convirtió en el drama musical que hoy vemos y es-
poético de la lengua rusa. Fue representada en 1832 y más cuchamos. Niccolá Piccinni (1728-1800) ha tenido la suerte de
tarde puesta en música por Rimsky-Korsakov. Stanislavsky in- Salieri, no la de Mozart, Haydn y Gluck. Pushkin alude al
terpretó en 1916 el papel de Salieri. En 1947 fue la única in- hecho de que la Ópera de París encargó a Piccinni y a Gluck
cursión de José Revueltas como director escénico en el grupo sendas obras en torno al mismo tema: Ifigenia en Táuride.
de La Linterna Mágica. Su entendimiento exige de nosotros los Gluck hizo en 1779 la que musicólogos y aficionados suelen
profanos en materias musicales algunas informaciones comple- considerar su mejor ópera. En 1782 Piccinni compuso la Ifige-
mentarias. En primer término, el antecedente que lo es tam- nia que conmueve aquí a Salieri. El público parisino se dividió
bién de Amadeus. en gluckistas y piccinnistas.
En julio de 1791 un personaje misterioso, vestido de luto, Por último, el disparador del desenlace en Pushkin es Pierre
encarga a Mozart un réquiem. Mozart cree que es un enviado Auguste Caron de Beaumarchais (1732-1799), que en 1784
de la muerte y que él va a componer para sus propios funerales. estrenó su comedia Las bodas de Fígaro. Lorenzo da Ponte la
El 30 de septiembre estrena La flauta mágica. Enseguida cae adaptó a drama per musica y sobre él Mozart compuso su ex-
enfermo. Empeora rápidamente y muere el 5 de diciembre. Se traordinario Fígaro. La ópera contribuyó a su ruina, pues,

número 421, enero 2006 la Gaceta 19

a
como había sucedido en Francia con la brillante comedia, Fí- —fascinantes, profundos, misteriosos—
a
garo ofendió a la nobleza. Beaumarchais fue el primero en ri- manso y humilde renegué de todo
diculizar en sus narices a los que sólo iban al teatro para ver lo aprendido y amado: aquella música
glorificada y adulada a su clase. Los nobles fueron justiciera- que antes supuse la verdad divina.
mente humillados por Beaumarchais, da Ponte y Mozart en un Seguí a Gluck con firmeza, ciegamente,
acto que se ha visto como precursor de la revolución francesa. como niño extraviado al que señalan
Antes de ellos los pobres sólo aparecían en el teatro y en la el único camino. Tesonero,
ópera para ser motivo de escarnio y desprecio. me esforcé hasta lograr lo ambicionado
Los restos de Mozart se disiparon (el universo entero es su en el arte sublime. En ese instante
monumento, diría un epigramista griego). Así, no se pueden la fama me sonrió, mis armonías
analizar como los cabellos que han demostrado que Napoleón encontraron espíritus afines.
fue envenenado en Santa Helena. Nunca sabremos si lo mató
Salieri o si la ponzoña sólo es una metáfora de la envidia y la Gocé feliz el fruto de mi esfuerzo.
ruindad humanas. En todo caso, Pushkin y Shaffer prueban que Mi gloria fue producto del trabajo.
acertó la célebre profecía de otro desdichado compositor No conocí jamás celos ni envidias.
que, como Salieri y Piccinni, no es hoy sino una nota al pie de Me alegró ver triunfar a mis amigos,
la gloria inconmensurable de Mozart: al escuchar al niño pro- hermanos en el arte más hermoso.
digio el músico Hasse exclamó “Questo regazzo ci fará dimenti-
car tutti”: “Este muchacho hará que nos olviden a todos.” No me dolí siquiera cuando, excelso,
Piccinni cautivó con sus acordes
Escena i a los salvajes bárbaros franceses.
Y vibré al escuchar por vez primera
Una habitación de Ifigenia la música tristísima.

Salieri Dicen que no hay justicia en esta tierra. Nadie osaría decir: “Pobre Salieri,
Tampoco habrá en el cielo. Para mí es un vil envidioso despreciable,
esto es más claro que la simple escala. una víbora abyecta, pisoteada
He llegado a este mundo amando el arte. que en bestial impotencia muerde el polvo.”
En la infancia brotaban de mis ojos Nadie podría llamarme bajo o ruin.
lágrimas si escuchaba los acordes
del órgano en la iglesia centenaria. Y sin embargo debo confesar
que a partir de hoy envidio. Me desgarra
Muy pronto abandoné las distracciones el tormento rabioso de la envidia.
y rechacé cuanto no fuera música Pido justicia al cielo. No hay derecho:
para entregarme todo a los sonidos. el don sublime, la sagrada llama
Arduos me fueron los primeros pasos, no son premio del rezo, la fatiga,
fatigoso el camino, y sin embargo los sacrificios, el trabajo duro.
pude vencer zozobras, contratiempos. No es justo, no lo es, que el don, la llama
iluminen radiantes la cabeza
Basé el arte sublime en el oficio. de un loco, un libertino… ¿Mozart, Mozart?
Me hice artesano. Di docilidad
y obediencia veloz a cada dedo; (Entra Mozart.)
perfecta afinación cobró mi oído.
Asesiné a la música y después Mozart Qué lástima. Intentaba sorprenderte
me puse a disecarla como a un muerto. con otra de mis bromas.
Con álgebra medí las armonías. Salieri ¿Hace mucho que llegaste a mi cuarto?
Y cuando me hice dueño de la técnica Mozart No, Salieri, acabo de llegar. Quería mostrarte
ya pude fantasear, libre y seguro. una cosita, pero en el camino
oí tocar en la taberna sórdida
Me oculté a componer. No ambicionaba a un violinista ciego. Interpretaba
la fama cruel ni recompensa alguna. Voi che sapete. Tú no te imaginas
A menudo, en mi celda silenciosa, qué gracia me causó escuchar mi obra.
sin comer ni dormir, compuse, ebrio No resistí: te traje al violinista.
de inspiración y goce, para luego Pase usted, amigo. Tóquenos ahora
quemar mis notas y serenamente algo de Mozart como sabe hacerlo.
ver convertirse en humo las ideas
y los sonidos que de mí brotaron. (Entra el Violinista Ciego y toca un aria de
Don Giovanni. Mozart ríe.)
Y esto no es nada: cuando Gluck, el grande,
nos reveló de golpe sus secretos Salieri No le encuentro la gracia francamente.

20 la Gaceta número 421, enero 2006

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Mozart Salieri, es imposible no reírse. Salieri Es un prodigio. ¿Cómo tú, insensato,
a
Salieri Jamás me río cuando el pintorzuelo pudiste entrar en la taberna inmunda
de brocha gorda imita la divina para escuchar a un pobre diablo? Ay, Mozart
Madona rafaelista, o un poetastro no eres digno de Mozart.
parodia al Dante. Lárguese usted, anciano. Mozart Di, ¿te gusta?
Mozart Espere, aún no se vaya. Le daré Salieri Cuánta profundidad y qué elegancia
para unas copas. Beba a mi salud. y audacia y armonía. Eres un dios
y no lo sabes, Mozart. Pero, en cambio,
(Sale el Violinista Ciego.) yo sé que eres un dios.
Mozart Probablemente.
Mozart Salieri, estás de malas hoy en día. ¿No te parece? Pero tengo hambre.
Mejor te digo adiós, vuelvo mañana. Es muy chistoso ser un dios hambriento.
Salieri ¿Qué me trajiste? Salieri En ese caso déjame invitarte
Mozart Una bagatela. a que cenemos en El León Dorado.
Anoche no dormí. Se me ocurrieron Mozart Me parece muy bien. Voy a avisarle
unas cuantas ideas y hace rato a mi mujer
las anoté. Se me antojó mostrártelas que cenaré contigo.
para que opines, aunque en modo alguno
quiero ser un estorbo. (Mozart sale.)
Salieri Mozart, Mozart,
siempre eres bienvenido. Toca, escucho. Salieri No puedo resistir a mi destino.
Mozart Yo, por ejemplo, un hombre enamorado… Fui el elegido para detenerlo.
Enamorado quizá no, tan sólo Si no lo hago perderemos todos
feliz con una niña o un amigo los sacerdotes del excelso arte,
—tú, por ejemplo— cuando en ese instante no sólo yo con mi pequeña fama.
todo se altera, surgen las tinieblas
y la visión macabra. Escucha, escucha. De nada servirá que Mozart viva
y ascienda cada vez cumbres más altas.
(Mozart toca.) No debe todo depender de Mozart.

Mozart: su aparente desprecio Quizá la razón estribe en que, en épocas en que nadie
por el violonchelo, el concierto componía sin que mediara un encargo destinado a un estre-
no inmediato, no haya habido violonchelista interesado en
para violonchelo perdido su música.
El rey Federico Guillermo II de Prusia, hijo de Federi-
Carlos Prieto co el Grande y violonchelista aficionado de alta jerarquía,
es acreedor de nuestro eterno agradecimiento por haber
A todos los violonchelistas nos intriga, tanto como lo encargado numerosas obras para violonchelo a los princi-
lamentamos, que Mozart haya “ninguneado” al violonchelo pales compositores de la época. Entre ellas se cuentan tres
—para usar un verbo mexicano elocuente e insustituible—, de las pocas obras concebidas por Mozart para ese instru-
máxime que compuso múltiples y prodigiosas obras para los mento: sus tres últimos cuartetos de cuerda, dedicados por
más variados instrumentos. Baste mencionar sus conciertos supuesto al rey, y en los cuales el violonchelo tiene una
para violín, la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta, parte de especial relevancia.
los dúos para violín y viola, y las sonatas para violín y piano La famosa Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta
a fin de suponer lo que hubiera podido componer para el fue concebida inicialmente como una obra en la que habría
violonchelo. también un violonchelo solista, como lo demuestran algu-
No podemos aducir como explicación la relativa novedad nos borradores, pero Mozart optó pronto por descartarlo.
del violonchelo como instrumento solista. Mozart, cuya Hacia 1782 inició un Andantino en si bemol mayor para
curiosidad estaba siempre abierta a todas las manifestaciones violonchelo y piano que abandonó a los 33 compases.1
musicales, habrá sin duda conocido las sonatas y conciertos Es sabido también que Mozart compuso un concierto
de Vivaldi y de Boccherini, los conciertos de su admirado para violonchelo y orquesta, k.206a. El manuscrito se per-
contemporáneo Haydn y el virtuosismo de violonchelistas dió y nada se sabe acerca de sus posibles ejecuciones en vida
activos en Viena, como Anton Kraft y su hijo Nicolaus Kraft. del compositor.2 G
También conocía la obra del hijo de Johann Sebastian Bach,
Carl Philipp Emanuel, por quien sentía una gran amistad y
admiración y que había compuesto estimables conciertos para 1 H. C. Robbins Landon, comp., The Mozart Compendium,
violonchelo. No conoció, en cambio, las suites de Bach, cuya Schirmers Books, Nueva York, 1990, p. 343.
música, considerada anticuada, había caído en el olvido. 2 Ibid., p. 355.

número 421, enero 2006 la Gaceta 21

a
a

En cuanto Mozart deje este planeta Escena ii


la música sin él se vendrá abajo.
El genio no se compra ni se hereda. Un reservado en la taberna. Un piano.
Él es un ángel. Trajo sus canciones Mozart y Salieri a la mesa
y despertó en nosotros los terrestres
ansias inalcanzables. Es preciso Salieri Mozart, te veo muy triste. ¿Qué te pasa?
enviarlo de regreso a las alturas. Mozart No te preocupes, no me pasa nada.
Salieri Sí, me parece que algo te atormenta.
Aquí tengo el veneno. Don postrero La comida y el vino fueron buenos
de mi amada Isidora. Cuántos años y estás huraño y triste.
lo he tenido conmigo. Cuántas veces Mozart Bien, de acuerdo:
he sofocado mi deseo de emplearlo Estoy muy preocupado por mi Requiem.
con los canallas que mi pobre vida Salieri ¿Trabajas en un Requiem? ¿Desde cuándo?
transformaron en llaga sin cauterio. Mozart Ya llevo tres semanas. Es un caso
extraño. ¿Te he contado?
Hondamente me hieren las ofensas. Salieri No me has dicho.
No soy hombre cobarde, y de la vida Mozart Escucha pues: hará unos veinte días
muy poco espero ya. Cuando las ansias regresé tarde a casa. Mi mujer
de morirme sentí, me dije siempre: me informó que había ido a visitarme
“¿Matarme? ¿Para qué? Tal vez mañana un ser todo enlutado. No dormí
me dará la existencia su alegría pensando en quién sería y qué buscaba.
o una noche inspirada y deleitosa.
Tal vez surja otro Haydn y disfrute Aquel hombre insistió sin encontrarme
de su perfecta música. O acaso una vez y otra vez. Pero una tarde
ofensas me caerán aún más hirientes, en que jugaba con mi hijo, el hombre
si lo quiere el destino que es cruel siempre. llegó a mi casa y pude recibirlo.
Entonces sí me servirá el veneno.” Vestía todo de luto. Saludó
cortésmente. Afirmó que pagaría
Mi intuición salió cierta: ya he encontrado por un Requiem. Cuando hubo hecho su encargo
al enemigo. Y ya un Haydn nuevo se fue tan misterioso como vino.
llenó mi alma de supremos goces.
Es hora ya, veneno, don de amor: Comencé de inmediato a hacer la música.
voy echarte en la copa del amigo. Jamás ha vuelto a verme el enlutado.
Te diré que me siento satisfecho,
no quiero separarme de mi Requiem.
Aún no te he dicho todo: yo… yo… yo…

22 la Gaceta número 421, enero 2006

a
Salieri Ya dilo de una vez. Mozart Salieri, ¿estás llorando? ¿Por qué? Dime.
a
Mozart El enlutado, Salieri Nunca antes he llorado en esta forma
el enlutado me persigue siempre. lágrimas a la vez dulces y amargas
De día y de noche como sombra sigue como el cansancio de un deber cumplido.
todos mis pasos. Aun en este instante Me parece que un arma bienhechora
siento que está invisible entre nosotros. un miembro enfermo me amputase.
Salieri Mozart, qué tontería. Por favor, Oh Mozart, no hagas caso: continúa.
no tengas miedo. Deja de pensar Y que mi alma se anegue con tu música.
en cosas tristes. ¿Sabes? Beaumarchais Mozart Ah, si todos sintieran como tú
solía decirme: “Fíjate, Salieri, el arte de la música… Imposible:
para ahuyentar los negros pensamientos el mundo acabaría. Nadie ya
los mejor es el vino o la lectura se iba a ocupar de asuntos terrenales.
de mi genial comedia sobre Fígaro.” La música iba a ser centro de todo.
Mozart Sí, fue tu gran amigo. Para él Somos pocos los grandes elegidos,
escribiste Tarara que me encanta. no abundamos los sumos sacerdotes
Tiene un pasaje fascinante. Adoro de la belleza. Imprácticos, dejamos
cantarlo siempre cuando estoy alegre. el lucro para otros. ¿No lo crees?…
Escúchame, Salieri: ¿será cierto
que Beaumarchais envenenó a un amigo, Salieri, no estoy bien. Algo me pasa.
a no sé quién en no sé dónde? Dicen. Me marcho a descansar. Adiós, amigo.
Salieri No, Mozart, es mentira.
Para ello seriedad y coraje le faltaban. (Sale Mozart.)
Mozart Beaumarchais fue genial. Tú y yo lo somos.
Crimen y genio son incompatibles. Salieri Mozart, adiós. Será tu sueño eterno.
Pero ¿es verdad lo que dijiste? ¿Son
(Salieri echa el veneno en la copa.) incompatibles genio y crimen? No:
¿y Miguel Ángel? ¿O será invención
Salieri Si así lo crees, bebe de esta copa. o engaño torpe del infame vulgo?
Mozart Brindo por tu salud, por la amistad
de Mozart y Salieri, grandes músicos. Acaso no mató nunca en su vida
el constructor del Vaticano. Acaso
(Mozart bebe.) no soy un genio como él y Mozart.
No pasaré a la historia por mi música
Salieri Espera que yo beba de la mía. sino por ser el que ha matado a Mozart.
Mozart No quiero beber más.
Voy a tocarte algo de lo que llevo de mi Requiem. Telón.

(Mozart se sienta al piano y toca.) Traducción de O. F.

Mozart en su viaje a Praga


Eduard Friedrich Mörike

Esta es una novela en la que no importa tanto la precisión no mucho más de treinta horas de Viena, en dirección noroes-
histórica como la conversión de Mozart en protagonista de te, al lado de Mannhardsberg y del Thaya alemán, en las cer-
un relato. Al bajarlo de su pedestal de genio de la música, canías de Schrems, donde ya casi se han traspuesto las bellas
Mörike juguetea con un personaje desvalido y soñador, dos colinas moravas.
cualidades que el tratamiento biográfico no siempre logra “El vehículo tirado por tres caballos de posta —escribe la
revelar y que la literatura revela en todo su esplendor baronesa T. a su amiga— era un vistoso coche amarillo y rojo,
propiedad de cierta generala de Volkstett, anciana dama que,
según parece, siempre hacia alarde de su trato con los Mozart
En el otoño del año 1787, Mozart, acompañado de su mujer, y de los favores que les prestaba.” Un conocedor del gusto de
emprendió viaje a Praga para estrenar Don Giovanni. los años ochenta podrá completar un poco la inexacta descrip-
Al tercer día de viaje, 14 de septiembre, a eso de las once de ción del carruaje en cuestión. El coche amarillo y rojo llevaba
la mañana, la pareja, que iba de muy buen humor, se hallaba a pintados en colores naturales, en ambas puertas, unos ramille-

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tes de flores; los bordes estaban adornados con angostos listo- frasquito de costoso perfume se había abierto y, sin que nadie
nes dorados, pero la pintura aún no tenía el brillo liso que tiene lo notara, había derramado su contenido sobre la ropa y los
la laca de los talleres vieneses de hoy. La carrocería tampoco cojines.
era muy abombada, aunque en la parte inferior se estrechaba —Debí imaginarlo —se lamentó ella—, desde hace rato se
coquetamente en una curva audaz; a esto se añade una capota siente fuerte el aroma. ¡Qué dolor! Un frasquito lleno de
alta y cortinas rígidas de cuero, que en ese momento estaban Rosée d’Aurore legítimo se ha vaciado por completo. Lo cui-
recogidas. daba como oro.
Acerca de la vestimenta de los pasajeros, anotaremos lo si- —Ah tontita —le respondió él para consolarla—, compren-
guiente: para preservar la ropa nueva de gala, guardada en el de que sólo así nos ha servido de algo tu delicioso perfume.
baúl, la señora Constanze ha escogido con modestia el traje de Antes estábamos como en un horno y de nada servía tu abani-
su esposo, un chaleco bordado de color azul desvaído, su acos- co; pero de pronto todo el coche pareció estar más fresco; tú lo
tumbrado gabán marrón, con una hilera de botones labrados atribuiste a las pocas gotas que me puse en la pechera, nos re-
de tal modo que a través de su tejido, en forma de estrella, animamos y seguimos conversando alegres, en vez de quedar-
brilla una capa de oropel rojizo; pantalones de seda negra, me- nos cabizbajos como carneros en carreta de carnicero. Ese
dias y zapatos de hebillas doradas. Hace media hora se ha bienestar nos acompañará ahora durante todo el camino. Pero
quitado el gabán a causa del calor, ya excepcional en ese mes, y ahora ven y vamos a hundir estas dos narices vienesas en la
en mangas de camisa, la cabeza descubierta, charla animada- espesura verde.
mente. Madame Mozart lleva un cómodo vestido de viaje de Tomados del brazo cruzaron la cuneta del camino y ense-
listas verde claras y blancas; sobre los hombros y la nuca cae, guida entraron en la penumbra de los abetos, que muy pronto
suelta a medias, la abundancia de sus bellos rizos castaño claro; se cerró en oscuridad, sólo traspasada de vez en cuando por un
nunca han sido afeados por el polvo; en cambio, el grueso ca- deslumbrante rayo de sol que caía sobre el musgo aterciopela-
bello de su marido, recogido en una trenza, está hoy más des- do del suelo. El fresco reconfortante, que repentinamente su-
aliñadamente empolvado que de costumbre. cedió al calor ardiente de afuera, hubiera podido ser peligroso
Habían remontado confortablemente una suave pendiente para el hombre desprevenido sin el cuidado de su compañera,
entre fértiles campos que interrumpía de trecho en trecho el quien a duras penas logró que aceptara el abrigo que ella le
extenso bosque, y habían llegado a su lindero. ofrecía.
—Cuántos bosques —dijo Mozart— hemos ya atravesado —¡Dios mio! —exclamó levantando la mirada hacia los altos
hoy, ayer y anteayer. No me había dado cuenta y menos aún se troncos—. ¡Qué magnificencia! Se está como en una iglesia.
me hubiese ocurrido poner pie en ellos. Bajémonos aquí, mi Me parece que nunca he estado en un bosque, y sólo ahora
amor, y recojamos de aquellas lindas campanillas azules que entiendo lo que significa decir: todo un pueblo de árboles, uno
crecen allá en la sombra. ¡Que tus animales respiren un poco, al lado del otro. No los ha plantado la mano del hombre, todos
compadre! han crecido por sí mismos, y allí se están, por la sola alegría de
Cuando se apeaban se descubrió un pequeño desastre que vivir y estar juntos. Ves, cuando era joven atravesé media Eu-
le valió una reprimenda al maestro. Por descuido suyo, un ropa de acá para allá; vi los Alpes y el mar, lo más grande y

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bello de la creación; y ahora por casualidad, el tonto que soy de la mano, cordilleras, valles y precipicios, y por el otro lado,
a
está en un vulgar bosque de abetos en la frontera de Bohemia, donde no llega el sol, la sombra que proyectan las montañas.
y se maravilla y se encanta de que tal cosa exista y no sea una Hace ya dos años que me propongo ir allá y nunca, ¡qué ver-
fizione di poeti como las ninfas, los faunos y seres por el estilo, güenza!, tengo tiempo.
ni tampoco un bosque de comedia, no, sino uno que ha brota- —Bien —dijo ella—, la luna no se nos irá; ya recuperaremos
do de la tierra, alimentado por la humedad y la luz cálida del algunas cosas.
sol. Aquí vive el ciervo con su prodigiosa cornamenta ramifica- Luego de una pausa prosiguió él:
da, la graciosa ardilla, el urogallo, el arrendajo. —¿Y no sucede lo mismo con todo? ¡Ah!, no debo pensar
Inclinándose arrancó una seta y celebró el suntuoso color en todo lo que uno se pierde, pospone y abandona, por no
rojo vivo del sombrerillo, las tiernas laminillas blanquecinas hablar de los deberes para con dios y los hombres; me refiero
del lado inferior; también se metió algunas piñas de abeto en al simple goce, a las pequeñas alegrías inocentes que a diario
el bolsillo. están a nuestro alcance.
—Cualquiera creería —dijo su mujer— que no has dado ni Madame Mozart no pudo ni quiso de ningún modo desviar
veinte pasos por el Prater,1 donde por cierto hay también tales el curso que iba tomando su sentimiento, fácilmente presa de
rarezas. la emoción, y lamentó tener que darle la razón cuando él con-
—¿El Prater? ¡Caramba! ¿Cómo se te ocurre siquiera men- tinuó con creciente calor:
cionar ese nombre aquí? ¿Quién puede ver algo ahí con tantas —¿Pude jamás gozar de mis hijos por un buen rato? Siem-
carrozas, uniformes de gala, trajes y abanicos, la música y todo pre sólo a medias y en passant. Montar alguna vez a los mucha-
el ruido del mundo? Y hasta los árboles, por mucho que se chos sobre mis rodillas, galopar dos minutos con ellos por el
quieran hacer ver, ¡qué sé yo!: las bellotas y hayucos caídos al cuarto, y ¡basta!, ya los suelto. No recuerdo una Semana Santa
suelo son ahí como primos hermanos de un sinnúmero de cor- o un Pentecostés en que pasáramos un día de campo, en un
chos usados. A dos horas a la redonda todo el bosquecillo huele jardín o en un bosquecito, o en una pradera, nosotros solos,
a mesoneros y salsas. bromeando con los niños y jugando con las flores para volver-
—¡Increíble! —exclamó ella—. ¡Así se expresa ahora el nos niños otra vez. Mientras tanto, la vida se va volando como
hombre para quien no hay mayor placer que comer pollos el viento. ¡Dios mio! Cuando uno se detiene a pensarlo, empie-
asados en el Prater! za a sudar de miedo.
La pareja regresó al coche. Después de seguir un corto tre- Con esta autoacusación, se inició sin querer entre ambos
cho llano, el camino descendió poco a poco hacia una región una conversación muy seria, íntima y cariñosa. No la referire-
risueña que se extendía hasta perderse de vista en las colinas mos en detalle, preferimos echar una mirada a las circunstan-
lejanas. El maestro, después de callar un rato, se lanzó de cias que constituían en parte el tema expreso y directo de la
nuevo a hablar: conversación, y en parte sólo formaban su fondo consciente.
—El mundo es verdaderamente hermoso, y a nadie se le De una vez se nos impone la consideración dolorosa de que
puede reprochar querer quedarse el mayor tiempo posible. este hombre ardiente, de una sensibilidad increíble a cualquier
Gracias a dios, me siento sano y vigoroso como nunca y dis- estímulo y a lo más elevado que le esté dado al alma anhelar, a
puesto a hacer mil cosas a las que les llegará su turno apenas pesar de lo mucho que le tocara vivir, gozar y dar de sí en el
esté concluida y estrenada mi nueva obra. ¡Cuántas cosas no corto espacio de su existencia, careció a todo lo largo de su vida
hay en el mundo y cuántas aquí mismo, cosas curiosas y bellas de un sentimiento simple y estable de satisfacción propia.
que ni siquiera conozco, milagros de la naturaleza, de las cien- Quien no quiera buscar las causas de ese fenómeno más allá
cias, de las artes y artesanías útiles! de donde es probable que se encuentren,
Aquel carbonerito al lado de su carbone- Este hombre ardiente, de una las hallará en primer lugar en aquellas
ra sabe de algunas cosas exactamente sensibilidad increíble a cualquier flaquezas del hábito, al parecer insupera-
tanto como yo, y anhelo tanto conocer, estímulo y a lo más elevado que le bles, que con tanto placer y no sin razón
y podría hacerlo, tantas otras cosas que esté dado al alma anhelar, a pesar de solemos relacionar casi necesariamente
no son precisamente las que me ocupan lo mucho que le tocara vivir, gozar y con todo lo que admiramos en Mozart.
todo el tiempo. dar de sí en el corto espacio de su Las necesidades de este hombre eran
—En días pasados —replicó ella— existencia, careció a todo lo largo de múltiples, su inclinación sobre todo por
encontré tu vieja agenda de bolsillo del su vida de un sentimiento simple y las diversiones en sociedad era inmensa.
85. Por detrás hiciste tres o cuatro ano- estable de satisfacción propia Por su talento incomparable, era apre-
taciones: la primera, “a mediados de ciado y solicitado por las familias más
octubre se funden los leones grandes en la fundición imperial”; nobles de la ciudad; raras veces o nunca rechazó invitaciones a
después, y subrayado dos veces, “visita al profesor Gattner”. fiestas, reuniones y excursiones. Satisfacía, asimismo, su propio
¿Quién es? gusto por la hospitalidad dentro del círculo de sus amistades
—¡Ah, ya sé!: el buen viejo del observatorio que de vez en cercanas. No quería prescindir de la velada musical de los do-
cuando me invita. Hace tiempo que quiero mirar contigo la mingos en su casa, habitual hacía tiempo, ni tampoco del al-
luna y su hombrecito. Ahora tienen allá arriba un inmenso te- muerzo informal con algunos amigos y conocidos, dos o tres
lescopio; dicen que en el enorme lente se ven, casi al alcance veces por semana en su propia mesa. A veces, sin avisar, para
espanto de su mujer, traía huéspedes de la calle, gente de valor
1 Parque de excursiones de Viena, ya en la época de Mozart muy muy desigual, aficionados, colegas artistas, cantantes y poetas.
concurrido; hoy en día es un parque de atracciones con muchos bares Le agradaba tanto el gorrón holgazán, cuyo único mérito era
y restaurantes. el constante buen humor, los chistes y las bromas un tanto

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fuertes, como el conocedor ingenioso y el virtuoso excelente. preferencia regalaba sin vacilar y siempre con una magnanimi-
a
Pero la mayor parte de su esparcimiento solía buscarlo Mozart dad sonriente, sobre todo cuando creía estar en la abundancia.
fuera de su casa. Día tras día, después del almuerzo, podía vér- Los recursos que exigía esta forma de gastar, agregados a las
sele jugar billar en el café, y muchas noches se le podía encon- necesidades regulares de su hogar, no guardaban ninguna pro-
trar en el restaurante. Le gustaba sobremanera ir al campo en porción con sus ingresos. Lo que cobraba en teatros y concier-
compañía, en coche o a caballo. Bailarín consumado, asistía a tos, de editores y alumnos, más la pensión imperial, en nada
bailes de gala y de máscaras, y varias veces al año se divertía a era suficiente, sobre todo porque el gusto del público en nin-
sus anchas en fiestas populares al aire libre, sobre todo en la gún modo se había decidido entonces sin reservas por la músi-
fiesta patronal de Santa Brígida, donde aparecía disfrazado de ca de Mozart. La belleza purísima, la abundancia y profundi-
Pierrot. dad de su música solían causar extrañeza por oposición a la
Estas diversiones, tan pronto disparatadas y turbulentas, tan música fácil, favorita de la época. Si bien, en su momento, los
pronto acordes con un estado de ánimo más tranquilo, estaban vieneses no se cansaban de Belmonte y Constanza a causa de sus
destinadas a dar el descanso necesario, después de enormes elementos populares,2 unos años después, en cambio, y no sólo
esfuerzos, a su espíritu mucho tiempo tenso; no dejaban de por las intrigas del director, Fígaro fracasó lamentablemente e
brindarle, además, por las delicadas y misteriosas vías por las inesperadamente ante Cosa rara,3 ópera amena, pero de menor
que el genio juega inconscientemente, las impresiones efíme- calidad; el mismo Fígaro que poco después fue recibido por los
ras que a veces lo fertilizan. Por desgracia, en tales horas, como habitantes cultos y sin prejuicios de Praga con tal entusiasmo
siempre había que agotar hasta el fin el momento feliz, nada que el maestro, emocionado y agradecido, decidió escribir para
entraba en consideración: ni razón, ni deber, ni la salud, ni el ellos su ópera siguiente. Sin embargo, a pesar de la hostilidad
hogar. Ni en el goce ni en la creación conocía Mozart medida de la época y de la influencia de sus enemigos, con un poco más
ni límite. Siempre dedicaba una parte de la noche a la compo- de tino y cuidado, Mozart hubiese podido obtener ganancias
sición. Muy de mañana, en la cama, la elaboraba durante largo muy considerables con su arte; pero aun las composiciones
tiempo. A partir de las diez hacía la ronda de sus clases, unas suyas que hasta la gran masas aplaudía, le producían pérdidas.
veces a pie, otras en un coche que le enviaban. Por lo regular, En suma, el destino, el carácter y su propia culpa se aliaron
esas lecciones le quitaban también algunas horas de la tarde. para no dejar prosperar a este hombre singular.
“Por cierto, trabajamos duro —escribe él mismo a uno de sus En vista de tales circunstancias, es fácil comprender la mala
mecenas— y a veces es difícil no perder la paciencia. Por ser un situación en la que se hallaba un ama de casa conocedora de su
clavecinista y profesor de música bien acreditado, carga uno misión. Constanze, a pesar de ser joven y alegre ella también,
con una docena de alumnos, y cada vez que acepta a otro sin como hija de músico y con sangre de artista, ya se las había
considerar si sirve o no, siempre que pague sus taleros contan- visto con las privaciones en la casa paterna, y mostró toda la
tes y sonantes. Cualquier húngaro bigotudo del cuerpo de in- buena voluntad del mundo para arrancar el mal de raíz, para
genieros, a quien el diablo incita a estudiar bajo continuo y acabar con muchas insensateces y para subsanar las pérdidas al
contrapunto sin motivo alguno, es bienvenido; asimismo la por mayor con economías. Sólo respecto de esto último carecía
condesita petulante que me recibe como al maestro Coquerel, tal vez de la habilidad necesaria y de la experiencia previa. Lle-
su peluquero, roja de ira porque una vez no toco la puerta al vaba la caja y el libro de cuentas; cada reclamo, cada aviso de
dar la hora.” cobro y todo lo desagradable iba a ella exclusivamente.
Y cuando, cansado por estos y otros trabajos profesionales, Entonces, es cierto, el agua se le subía a veces al cuello,
veladas, ensayos y cosas semejantes, ansiaba refrescar su ánimo, sobre todo cuando a esa angustia, a la estrechez, al apuro y al
por lo general sólo encontraba alguna exaltación nueva que temor a la deshonra pública, se añadía la melancolía de su es-
diera un falso estímulo a sus nervios agotados. Su salud fue poso, que se sumía en ese estado por días enteros, inerte e in-
minando en secreto; un estado de melancolía que se repetía de consolable, gimiendo y sollozando al lado de su mujer o mudo
tiempo en tiempo, si no se originaba, al menos se alimentaba en un rincón, rumiando obsesionado un único pensamiento
de esta situación, y asimismo, el presentimiento de una muerte sombrío: morir.
prematura, que terminó por acompañarlo, inexorable, en todo Constanze, sin embargo, raras veces perdía el ánimo y su
instante. Estaba acostumbrado a padecer cuantos pesares mirada lúcida casi siempre encontraba algún recurso y solu-
pueda haber, entre ellos el remordimiento, como amargo con- ción, siquiera provisionales. Pero, en lo esencial, poco o nada
dimento de cada goce; pero sabemos que también estos dolores mejoró. Cuando un día lo convencía, en serio o con bromas,
sublimados y puros confluían en aquel profundo manantial con ruegos y zalamerías, de que tomará el té con ella y disfru-
inagotable de melodías que, brotando de innumerables tubos tara del asado en la cena familiar sin salir después, ¿qué había
dorados, derramaba todo el martirio y toda la bienaventuranza conseguido? Es probable que algunas veces, turbado y de
del alma humana. pronto conmovido por las lágrimas de su mujer, él prometiera
Las malas consecuencias del modo de vivir de Mozart se cuánto ella le pidiese y aún más. En vano. Sin percatarse si-
manifestaban a las claras sobre todo en su economía doméstica. quiera de ello, volvía a las andanzas. Todo lleva a pensar que
Es natural que se le reprochara dilapidar el dinero en forma in- Mozart no podía proceder de otra manera y que forzarlo a
sensata y ligera, y este reproche de seguro se extendía también
a cualquiera de sus mas hermosos rasgos de generosidad. Cuan- 2 Belmonte y Constanza o El rapto en el serallo, estrenada en Viena el
do alguno de sus amigos, en situación de apremio, se le acerca- 16 de julio de 1782.
ba para pedir un préstamo o una fianza, solía saber de antema- 3 Una cosa rara, ópera ligera de Vicente Martín y Soler, que con
no que Mozart no preguntaría por la prenda o la garantía. Tal su éxito estruendoso opacó el primer recibimiento entusiasta de Las
precaución le era, en efecto, tan ajena como a un niño. De bodas de Figaro, la cual se estrenó en Viena el 1 de mayo de 1786.

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acatar otro orden distinto, el que a nuestro entender es conve- se acercaban a una aldea que ya habían divisado desde arriba y
a
niente y provechoso a la humanidad, habría aniquilado en su detrás de la cual aparecía, sobre una amena planicie, un casti-
esencia misma a ese ser maravilloso. llete de aspecto moderno, residencia de un tal conde de Schin-
Constanze, empero, alentó siempre la esperanza de que las tzberg. Se proponían dar de comer a los animales, descansar, y
circunstancias externas impondrían un cambio del todo favora- almorzar en el lugar. La posada donde pararon estaba aislada al
ble mejorando radicalmente la situación económica, cosa que extremo de la aldea, junto a la carretera, desde la cual una ala-
no podía tardar en vista de la fama creciente de su esposo. meda de unos seiscientos pasos conducía hacia un lado hasta el
Pensaba ella que si desaparecía la constante presión económica jardín del castillo.
que, en mayor o menor medida, también a él lo afectaba, que Cuando se apearon, Mozart dejó como de costumbre que su
si podía vivir por entero para su vocación verdadera en vez de mujer encargara la comida. Entretanto, pidió para sí un vaso de
sacrificar la mitad de su tiempo y de su fuerza en ganarse el pan vino en la sala de abajo, mientras ella sólo pedía un trago de
de cada día, que si su alma y su cuerpo podían aprovechar agua fresca y un rincón tranquilo donde dormir un rato. La
mejor los goces ya no robados sino disfrutados con la concien- condujeron escaleras arriba mientras el esposo la seguía alegre,
cia más tranquila, entonces su condición se haría más ligera, silbando y cantando para sí. En un cuarto encalado con pulcri-
natural y tranquila. Hasta llegó a pensar que sería posible cam- tud y que ventilaron rápidamente, había, entre otros muebles
biar de residencia y que él podría olvidar su preferencia incon- anticuados y de noble origen, traídos sin duda alguna vez desde
dicional por Viena, lugar que, según ella, no le convenía del las habitaciones ducales, una cama limpia y liviana cuyo dosel
todo. Pero el paso decisivo para la realización de sus deseos e decorado descansaba sobre delgadas columnas laqueadas de
ideas lo esperaba Madame Mozart del éxito de la nueva ópera verde y cuyas cortinas de seda habían sido cambiadas hace
que motivó este viaje. tiempo; ella corrió el pestillo detrás de él, que salió a buscar
entretenimiento en la sala común. Pero allí no había alma vi-
viente fuera del fondero, y como no le agradó ni su conversa-
ción ni su vino, sintió ganas de dar un paseo hacia el jardín del
castillo mientras se preparaba el almuerzo. Le dijeron que el
acceso estaba permitido a extranjeros decentes y que además la
familia había salido ese día.
Se marchó y pronto recorrió el breve camino hasta la puer-
ta abierta de la reja, atravesó luego una alameda de tilos altos y
viejos, en cuyo extremo a mano izquierda se le ofreció de pron-
to, a poca distancia, el frente del castillo. Era de construcción
italiana, pintado de claro con una doble escalinata muy salien-
La composición estaba ya bien avanzada. Algunos amigos te; el tejado de pizarra estaba adornado, a la manera usual, con
íntimos y entendidos, testigos del desarrollo de esta obra ex- algunas estatuas de diosas y de dioses y con una barandilla.
traordinaria, capaces de juzgar su naturaleza y su efecto, la Entre dos grandes jardineras todavía en plena floración,
celebraban con tal entusiasmo dondequiera, que aun muchos nuestro maestro se dirigió hacia la parte umbrosa del parque,
adversarios de Mozart se resignaban a que este Don Giovanni, pasó por unos bellos grupos de pinos oscuros, y caminó por
antes de que transcurriese medio año, iba a sacudir, poner de senderos sinuosos que lo iban acercando a la parte más alta,
cabeza, en fin, tomar por asalto todo el mundo musical de un hacia el vivo murmullo de un surtidor al cual pronto llegó.
extremo a otro de Alemania. Más prudentes, menos incondi- La alberca ovalada y bastante ancha estaba en el centro de
cionales, eran las voces benévolas de otros que, juzgando por una orangerie redonda cuyos naranjos, muy cuidados, estaban
el estado actual de la música, no esperaban un éxito rotundo y sembrados en macetas altas, entremezclados con laureles y
rápido. El maestro, por su parte, compartía en su fuero interno oleandros; le daba vuelta un camino suave de arena que llegaba
estas dudas demasiado bien fundadas. a un angosto cenador de rejilla. El pabellón brindaba el más
En cuanto a Constanze, se mantuvo en su buena confianza, placentero rincón de reposo; había una mesita delante de un
como lo hacen siempre las mujeres que, una vez que están bien banco, y Mozart se sentó en la entrada.
convencidas de lo que sienten y embargadas por el fervor de un El oído entregado plácidamente al chapoteo del agua, la
deseo justificado, no se dejan turbar, como suele suceder con mirada fija en un naranjo mediano que estaba fuera de hilera,
los hombres, por consideraciones de diversa procedencia. solo en el suelo justo al lado de él y cargado de las más hermo-
Ahora, en el coche, tuvo de nuevo la oportunidad de defender sas frutas, nuestro amigo se sintió de pronto transportado ante
su creencia. Lo hizo a su manera alegre y graciosa, con redo- esa visión meridional a un encantador recuerdo de su infancia.
blado empeño, pues el buen humor de Mozart había decaído Sonriendo pensativo alargó la mano hacia la fruta más cercana
notablemente en el curso de la conversación anterior, que no como para palpar su maravillosa redondez, su jugosa frescura,
podía llevar a nada y por eso había terminado de manera poco en la palma de la mano. Pero íntimamente vinculada a la esce-
satisfactoria. Le explicó a su esposo, con la misma serenidad y na de su juventud que volvía a presentarse ante él, asoma una
muchos detalles, cómo, de regreso al hogar, pensaba disponer reminiscencia musical hace tiempo borrada, tras cuya huella
de los cien ducados convenidos con el empresario de Praga por imprecisa deja vagar un rato su ensoñación. Ahora los ojos le
la partitura, para cubrir los gastos más urgentes, y también brillaban, paseaba la mirada de un lado a otro; le ha venido una
cómo, de acuerdo con estos fondos, esperaba tener lo suficien- idea a la que de inmediato persigue con ardor. G
te para el invierno venidero y la primavera próxima. […]
Mientras tanto, hacía tiempo habían descendido al valle, y Traducción de Ana María Gathmann

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a
a
La incesante búsqueda de Mozart
Paul Henry Lang

De la colección de ensayos Reflexiones sobre la música, res ha habido cuya música estuviera tan íntima y tan orgánica-
publicada por Debate en su variopinta colección mente vinculada a la de sus predecesores como la de Mozart.
Pensamiento, tomamos este texto de quien fuera En realidad, podríamos llamarle conservador pero conservador
profesor en la Universidad de Columbia, editor fresco y sin estropear. Es una juventud intocada, con los ojos
de Musical Quarterly y uno de los fundadores de iluminados por los primeros ideales. Su idealismo puede seguir
la American Musicological Society. Agradecemos siendo conservador porque es íntimo y, sin embargo, nada ex-
a los editores el permiso para compartir con nuestros puesto a la realidad; no hay ninguna cosa con la que pueda
lectores este penetrante estudio de lo mozartiano entrar en conflicto. El arte revolucionario nace cuando el ideal
está en conflicto con la experiencia. Pero la música del joven
Mozart no se preocupa de la realidad externa; en él no hubo
Puede decirse que hay compositores que se desarrollan salién- rebelión; como mucho, suspira, aunque su suspiro tarda en
dose constantemente de su marco y siguiendo nuevas direccio- concretarse en su música. Incluso en París, en el bullicio fasci-
nes. Porque continuamente se desarraigan, crecen errática- nante de la metrópoli, se queda a un lado como un niño mara-
mente y pueden quizá fracasar en el intento de conseguir su villado cuyos sueños caminan por regiones más elevadas y más
auténtica envergadura. Otros recorren sus dominios con sus puras. Esta música se origina antes de que la humanidad haya
primeros pasos y cada círculo les lleva a territorio conocido caído en pecado; es poesía angélica musical, puede que como
aunque cada círculo les otorgue nuevos descubrimientos y la poesía de Shelley. Pero si Shelley es un ángel con espada,
conquistas. Mozart es un ángel con arpa, aunque sus alas sean igual de
Mozart fue de estos últimos; siempre fiel a sí mismo. Inclu- poderosas.
so en sus primeras obras la mayoría de los “temas” de su músi-
ca ya están presentes y es fascinante observar cómo estos
“temas” reaparecen en obras sucesivas, siempre enriquecidos y
profundizados. Un compositor de este tipo no busca constan-
temente lo nuevo intentando “avanzar”: mantiene su posición
con mayor firmeza, se hace más fuerte; cada obra nueva signi-
fica un poco más que la anterior precisamente porque se con-
tenta con seguir su crecimiento natural. Cambiar, entrar en
territorios nuevos es siempre una aventura; para el artista crea-
tivo el único progreso seguro es avanzar en las profundidades
de su propia alma. Y ése es el camino más emocionante y más
difícil.
El lenguaje musical nace antes que las ideas que debe expre-
sar. También Mozart comenzó su profesión como usuario
competente del lenguaje musical y muy pronto lo manejó con
la habilidad de un virtuoso. Podemos recordar que también los
primeros poemas de Goethe dan la impresión de ser ejercicios Los elementos de la grandeza de Mozart están más allá del
de estilo y que, como él, Mozart adquirió la disciplina muy análisis y la discusión. Puede debatirse sobre otros grandes
pronto en una rigurosa escuela. Esa disciplina pronto le enseñó músicos pero la música de Mozart no ofrece ninguna abertura:
la vaciedad del virtuosismo externo y anheló un virtuosismo de es pura, sin fractura, acabada hasta el mismísimo final. En la
distinta clase, mayor y más difícil que el mero manejo del idio- historia entera de la música no hay otro fenómeno armonioso
ma. Su voz juvenil es tierna y discreta pero tiene un carácter semejante. La famosa mot de Baudelaire, “poeta sin trampa ni
definido; los clichés bien conocidos del idioma adquieren un cartón”, le sienta bien porque, sin duda, fue sincero y directo,
encanto individual y los giros tres veces familiares se hacen, fiel a su vocación, que era la de crear belleza a partir de la ma-
incomprensiblemente, más personales. En manos de cualquie- teria que hay, de la pequeña y triste materia de nuestra propia
ra de sus cualificados artesanos contemporáneos esas melodías vida. ¡Cuántas cosas decidieron su vida! Pero el compositor
o motivos son un lugar común; cuando los usa Mozart se hacen las transforma en noble belleza que se yergue por encima de las
sabiduría humana. De Homero en adelante, las más importan- circunstancias y que permanece, como los palacios de coral,
tes expresiones de poetas y músicos siempre han sido esos luga- incluso después de desaparecidos los seres vivos que reunieron
res comunes convertidos en algo propio. Redescubrir los lugares y edificaron los materiales. Y lo hace con la misma conciencia
comunes y atreverse a usarlos a la manera de uno mismo requie- que el instinto para los animales coralinos. Es el instinto autén-
re más coraje y juicio que buscar la novedad a cualquier precio. tico y antiguo del artista creativo. Habitaba en él, creando el
Con todo, este tono personal no supone nada extraordina- mundo individual de una belleza peculiar, a la vez feliz y trági-
rio o extravagante; por el contrario, pocos grandes composito- ca, a partir de la vida y siendo, sin embargo, más que la vida;

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a
porque la poesía de Mozart es siempre del más alto lirismo, veras terminan en frases personales, el ritmo tiene un aire di-
a
semejante a la belleza de la Grecia clásica incluso cuando canta ferente y en medio de la escritura más complicada aparecen los
a los barberos frívolos y a los aventureros bravucones. procedimientos homofónicos más sencillos, iluminando la tex-
A esta poesía noble y sin trampa, esta pura grandeza creado- tura con una inmediatez que puede parecer un apartamiento
ra que permaneció intocada por los desórdenes de la vida, la repentino.
posteridad la ha considerado un milagro porque la posteridad En las primeras obras de Mozart, algunas de las cuales eran
no ha entendido la personalidad del compositor. Es triste con- prácticamente paráfrasis de composiciones de sus mayores, no
templar que su música fuera creada por un compositor que no hay plan ni principio; el arte que se alimenta de sí mismo va de
era del todo de esta vida, que siempre fue un invitado, uno de flor en flor. Lo importante para el joven era disfrutar su propia
nosotros pero no del todo. No se trata de que este santo de la y naciente capacidad de manejar el idioma. El nuevo periodo
canción no percibiera el mundo con calor: como todos noso- empezó cuando se convenció de que no servían todas las flores,
tros, él estuvo ligado a esta vida terrena con un millar de lazos cuando descubrió que hay flores eternas. El placer inocente de
de deseo y de amor. Pero el deseo aban- jugar con modelos dio paso al deseo de
donó la lucha y el amor se convirtió en Los elementos de la grandeza de sentar principios serios, los principios de
el de un vagabundo que se sienta con- Mozart están más allá del análisis y la fidelidad a la forma y al estado de
tento a nuestra mesa pero que sabe que la discusión. Puede debatirse sobre ánimo. Contemplando esas obras poste-
no puede quedarse mucho tiempo. otros grandes músicos pero la riores se es consciente no sólo de lo que
Puede que las cosas terrenales le re- música de Mozart no ofrece ninguna Mozart conserva de su herencia sino de
sultaran más interesantes y tristes por- abertura: es pura, sin fractura, lo que ya no utiliza. Es disciplinado,
que sabía que debía dejarlas, o puede acabada hasta el mismísimo final nunca acepta lo que se ofrece abierta-
que no le parecieran ni tan serias ni tan mente, y prefiere el matiz a la solución
tristes como le parecían a otros. Para él era más sencillo con- fácil. Sus mayores triunfos los alcanza no en las obras que des-
vertirlas en belleza. La suya no fue una vida combativa sino cansan en una idea pregnante o en un único impulso sino en
contemplativa. Qué fantástica debe parecerle la vida a quien la aquellas en las que los secretos yacen en los detalles y en las
mira, por así decir, desde el exterior, como quien mira un país maneras que escapan al incauto. Así avanza hasta el manantial
extraño y exótico, vivir en el cual significa miserias y penas, del arte auténtico, sin frustrarse nunca ante las dificultades, sin
mientras que viajar por él provoca placer y nostalgia. Es ese llegar a componendas con el gusto imperante, y sin dejarse
apartamiento el que arroja sobre su música, sobre su perfec- perturbar nunca por la indiferencia que recibía. Se parece al
ción, sobre su composición segura y sin mácula, sobre su vir- mago del cuento que, sintiendo que se le acerca la hora de la
tuosismo técnico y sobre su control infalible. Hay una cierta muerte, vacía el saco de sus trucos. Un joven mago y, sin em-
obstinada decisión de perfección en la elaboración de cada bargo, anciano y sabio como todos aquellos a los que acecha la
línea y de cada detalle que para el no iniciado aparenta ser muerte.
alegría y ante la que incluso el iniciado puede sentir a veces que Por supuesto es la crítica romántica la que ve al artista crea-
la música está escrita más por el gozoso juego alegre de la ima- tivo a través de su destino, pero sería difícil entender a Mozart
ginación que por la progresión lógica y necesaria desde el ini- sin ese romanticismo. La muerte joven impregnó su vida, sus
cio. Algo hay de cierto en eso pero si la música tuvo alguna vez ideas, sus acentos y coloreó su música. Fue un hombre joven el
un orfebre celliniano, ése fue Mozart. que escribió a su padre: “Como la muerte, cuando lo pondera-
Así fue, rebosando canción y fuerza y atravesando el mundo mos en detalle, es el auténtico objetivo de nuestra existencia,
indiferente hacia su segura muerte. Pero a su paso nos abrió un he formado durante los años pasados unas relaciones tan estre-
mundo completamente nuevo. Su avance no fue lucha sino chas con la mejor y más verdadera amiga de la humanidad, que
pena y quizá fuera pena porque no fue lucha. Puede vencerse su imagen no sólo ya no me aterroriza sino que ¡verdadera-
cualquier fuerza menos una: la resignación. En el fondo de esta mente me aplaca y me consuela!” Se le arrancó de nuestro
música brillante y alegre arde el calor de un gran sufrimiento, mundo profano, se le salvó de futuras batallas y errores, se le
de un amor predestinado y de un deseo de vida que es más hizo sabio, incluso se le transfiguró, poeta de la resignación
cálido que la vida misma. Hay muchas personas que sobreviven heroica. Mozart no rogó por su vida, estaba familiarizado con
a su amor por la vida; sólo los artistas creativos viven menos la muerte.
que él. Así reciben una maravillosa incandescencia interior las El arte detiene el tiempo. Prolonga la vida tras la muerte e
melodías delicadamente trazadas por el orfebre, sus armonías ilumina la oscuridad. Para Mozart el arte era el aspecto de su
bellamente cinceladas, y esa incandescencia lo funde todo en vida al que no podía ser infiel, la fuerza, la esperanza y la rique-
un gran arte. De ese modo se convierte el orfebre en un gran za de la vida amenazada. Sufrió por no ser entendido por su
artista más allá de la acusación de alegría. Aquí se interrumpe arte; la perfección que perseguía interesó a pocos, puede que
la discusión a menos que queramos cuestionar el mismísimo sólo a su devoto y sabio anciano amigo: Haydn. El éxito pasó
principio de la poesía que crea belleza. de largo; otros menos completos y menos perfectos llamaron
la atención. Eso le hirió; pero todo era cuestión de tiempo, el
El alma tiene la capacidad de aprender de otra sólo lo que le es auténtico contenido de su vida estaba más allá del tiempo.
propio, lo que hay de ella misma en otra personalidad, algo que Haber rebajado hacia un término medio su arte habría signifi-
como un imán atrae a su propia clase de metal y deja intactos cado la pérdida de su única esperanza, la salud y la seguridad
el papel y la madera. Hasta las antiguas formas, ardides y giros secretas de un hombre enfermo.
del contrapunto contenían elementos que, de repente, se con- Hablamos del poeta sin trampa y, sin embargo, su grandeza
virtieron en mozartianas; pero no se sabe cómo, las líneas se- no reside ahí. La grandeza creativa no es algo tan negativo

número 421, enero 2006 la Gaceta 29

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como el no tener ni trampa ni cartón. Lo que hace grande al se ve absorto en esa magia, incluso aunque el mundo se vaya
a
arte no es la ausencia de defectos, no es lo que falta, sino lo que interesando proporcionalmente menos en él. Su música ya no
posee. es contemporánea. Con una coherencia casi obstinada va redu-
ciendo todo lo “moderno” y por todas partes no ofrece más
¡Qué cosa tan extraña e insondable la música! ¿Qué es lo que que lo que, a falta de mejor término, llamamos clasicismo
le proporciona su esencia y su valor? Desde luego no el conte- puro: el concierto para clarinete, el divertimento para trío de
nido. Bien sabemos que las grandes ideas no bastan para una cuerdas, Così fan tutte. Qué increíblemente feliz la música de
gran sinfonía; no pocas obras que contienen magníficas inven- este mago listo para afrontar la muerte, ofreciendo la magia de
ciones terminan por ser eruditas y descarnadas. ¿Podría tratar- una vida plena. Ahora todo está concentrado y encajado. La
se del sentimiento? No parece, porque algunas de las piezas intoxicación de la juventud no se ha quebrado aún cuando las
más cálidas y más profundamente sentidas son composiciones primeras ideas de la edad anciana, mucho antes de la anciani-
bien pobres. ¿Acaso la forma? Algunas de las estructuras for- dad, añaden nuevos temas a los primeros. El compositor em-
males más conseguidas nos sorprenden como un juego vacío pieza a contemplar su vida, a comprender su destino y su final.
con distintos modelos. ¿O será la suma de todo ello? Pero la Mira la cornucopia de su música, con modestia pero con orgu-
experiencia demuestra que puede faltar una de ellas y seguir llo. También piensa en la muerte. Se dedica a la música, a la
siendo grande esa composición. Entonces ¿qué? Es evidente secreta alquimia mediante la cual puede crear por sí mismo
que no somos más capaces de proporcionar una respuesta que alegría a partir de la desgracia. Se aferra a la música como a un
los muchos pensadores desde tiempos inmemoriales que tam- cordón umbilical y en esos últimos años produce obra tras
bién se sintieron desconcertados por este enigma. Sólo la pala- obra, sin pausa.
bra magia, tan estereotipada y sobreutilizada, sería apropiada y Puede que cada arte deba marcharse de este modo, como el
nosotros la usamos como el matemático utiliza la x, la incógni- sol que arroja sus rayos más fuertemente coloreados cuando se
ta, a la que no se puede nombrar pero que, por lo menos, pone. G
puede indicarse con un símbolo.
Cuanto más se acerca Mozart a su precoz tumba, tanto más Traducción de Francisco Páez de la Cadena

La belleza mozartiana
Jean-Victor Hocquard

¿Existe la belleza característicamente mozartiana? todos los grandes músicos; sí, pero lo que resulta asombroso en
Al cabo de su “biografía musical”, Hocquard el caso de Mozart es la variedad de lenguajes que se convirtie-
intenta capturar la esencia estética del compositor, ron, para él, en lenguas maternas.
para la que es imprescindible un tipo especial Una vez realizado este aprendizaje de los diferentes lengua-
de interacción entre la música y quien la escucha jes, Mozart no dudó en romperlos para ir hacia delante. El
ejemplo más chocante en este aspecto es el del cuarteto para
cuerdas. Sin embargo, no desecha ninguno de los lenguajes
Ahora podemos preguntar: ¿qué significa el adjetivo mozartia- que adopta. En 1791, en el apogeo de su arte, se le ve utilizar
no, cuando sirve para calificar lo que caracteriza la música del todos los estilos, sin incluir siquiera la forma galante en las
maestro? Variaciones k.613. Mozart no renegó jamás de su obra pasada:
1] Primero está la justa adecuación del lenguaje, calidad que en junio de 1791 no siente ningún escrúpulo en dar al maestro
se debe a la vez a un agudo tacto psicológico y a un perfecto de capilla de Baden, junto con el Ave verum que acaba de com-
dominio de la técnica musical. Cuando Mozart se propone poner, las partituras de las misas de 1777.
decir algo, sabe lo que tiene que decir, y sabe cómo decirlo. Soltura, seguridad. Lítote también, y economía de medios.
Desde su primera infancia hasta su muerte no cesó de La mesura en todo: ni demasiado, ni demasiado poco, el Mittel-
aprender. Siempre en busca de perfeccionamiento técnico, es- ding escribe, es decir el justo término medio. Sobriedad, rigor,
tudió todas las formas a las que podía tener acceso en su época. intensidad gracias a la transparencia. Ese equilibrio está ligado
En abril de 1783, escribe a su padre pidiéndole las partituras a la gran variedad de lenguajes que tiene a su disposición: no
del viejo maestro de Salzburgo: “Nos gusta acercarnos a toda duda, en un mismo fragmento, en pasar súbitamente de uno a
clase de maestros, modernos y antiguos.” otro, usando generalmente unas transiciones que son obras
Tengamos cuidado al emplear la palabra influencia. Mozart maestras de concentración.
sufrió la influencia de Schobert, Michael y Joseph Haydn, de Mozart no ha sido el maestro de un lenguaje o de varios
Johann Sebastian Bach y sus hijos. Pero no se trataba de imi- lenguajes. Ha sido el maestro de sus lenguajes: en eso consiste
tarlos: no captaba procedimientos, asimilaba formas estructu- la verdadera maestría.
rales para su propio provecho. Saber un idioma es pensar di- Concluyamos: en la utilización de la música como vehículo
rectamente en ese idioma. Se dirá que esto es verdad para expresivo Mozart realiza una incomparable adecuación y elige

30 la Gaceta número 421, enero 2006

a
15 de enero de 1786: “Wolfgang compu-
a
so un nuevo Concierto en mi bemol, del
cual (curiosamente) tuvo que volver a
tocarse el andante.” Se trata del arrolla-
dor andante en do menor del k.482.
Entonces, cuando decimos que esta
música, en lo que tiene de esencialmente
mozartiano, es una música solitaria, apar-
tamos de esta palabra todo lo que puede
significar rechazo de la sociedad o nega-
ción a la comunicación. La palabra de
Arthur Schuring es muy profunda: “Mo-
zart ha sido uno de los hombres más so-
litarios de los que han pasado por este
mundo: su música era toda para él.” Y
esta soledad, lejos de cerrarnos el acceso
a su música, lo abre, al contrario, inmen-
samente. Pues la belleza mozartiana no
los medios con perfecta mesura. Mesura que no es sequedad, nos alcanza más que en la medida en que nuestro poder de
discreción que no es insignificancia, variedad que no es disper- absorción coincide con el del maestro, poder que por decirlo
sión, soltura que no es dejadez, técnica que no es nunca forma- de alguna manera introdujo en sus composiciones y que reside
lismo. Ante todo, inteligibilidad. ahora en el corazón de sus obras.
Esto en cuanto se refiere a los lenguajes entendidos como Aquí encontramos un profundo rasgo del carácter de Mo-
medios de comunicación. En el término mozartiano está todo zart: el increíble poder de concentración en el trabajo. “Soy
esto que podría, si se quiere, ser calificado de clasicismo. Pero esto feliz —escribe—, porque tengo algo que componer, lo cual
no es más que la resultante de algo más importante, que aflora constituye mi única alegría.” A su padre, que le dice que dé
cuando Mozart ya no se preocupa por expresar lo que consti- lecciones para ganarse la vida, le responde desde París (31 de
tuye el orden de los conceptos o de los sentimientos. julio de 1778): “¡No penséis que es por pereza, no!, pero esto
se opone demasiado a mi espíritu. Sabéis que estoy inmerso en
2] Se diría que entonces el músico, en vez de dirigirse a al- la música (dass ich sozusagen in der Musik stecke), que me ocupo
guien, se repliega sobre sí mismo, en total “soledad”. de ella todo el día, que estudio, que reflexiono…” Sobre todo,
Uno tiende a ver en este aislamiento el efecto de la crecien- no veamos en ella un refugio, una evasión. La prueba es que,
te incomprensión con la que topa. A partir de 1782, su inspira- desde su infancia, manifiesta un increíble poder de concentra-
ción se desdobla en obras para el gran público y en piezas ción. Schachtner, hablando del niño de seis años, escribe: “No
destinadas a la intimidad. En este aislamiento no se debe ver le importaba lo que se le diera para aprender, se concentraba de
un retraimiento de tipo romántico, hecho de amor propio he- tal forma que olvidaba todo lo demás, incluso la música. Por
rido y de desprecio. Si Mozart tuvo tales sentimientos hasta el ejemplo, cuando aprendió cálculo, mesas, sillas, paredes y suelo
punto de sufrir, al final de su vida, manía persecutoria, fue sólo estaban cubiertos de signos escritos con tiza… Desde que em-
frente a sus compañeros mediocres, ce- pezó a entregarse a la música, todos sus
losos e intrigantes; pero nunca frente a La belleza mozartiana no nos sentidos permanecieron como muertos
sus oyentes. Al contrario, tenía una im- alcanza más que en la medida en frente a las demás ocupaciones.” Su her-
periosa necesidad de sentir la aprobación que nuestro poder de absorción mana Maria Anna lo confirma: “Nunca
del público. Pero la aprobación que de- coincide con el del maestro, poder había que obligarle a tocar o a compo-
seaba no era opuesta a su inspiración de que por decirlo de alguna manera ner: al contrario, a menudo había que
solitario: lo que quería era que sus oyen- introdujo en sus composiciones y distraerle. Si no, habría permanecido
tes participaran de su soledad. que reside ahora en el corazón de noche y día al piano o componiendo.”
Recordemos la carta del primero de sus obras O sea que, contrariamente a la leyen-
mayo de 1778, en la que cuenta la decep- da, era un trabajador infatigable. La
ción que le produjo la duquesa de Borbón. Recordemos tam- continuidad de su concentración era tal que, según el testimo-
bién que, en todas sus óperas, los momentos culminantes son nio de Niemetschek, pasaba días y noches componiendo e
aquellos en los que la acción escénica se abre sobre regiones de improvisando sin interrupción, hasta que, desmayado, había
inmóvil y profunda seriedad, las cuales, lejos de pedir el aplau- que transportarlo a su cama.
so, sumergen al oyente en una especie de estupefacción reco- En esto Mozart es igual a los genios científicos, enteramente
gida, a la cual él mismo llama der stille Beifall, refiriéndose a La absortos en su búsqueda. “Poeta científico”, así lo ha definido
flauta mágica. Daniel Lazarus, que ve en él a “un inventor musical, quizás el
También tuvo la audacia de introducir movimientos lentos único que haya tenido la música, un hombre de ciencia. Senti-
hasta en los géneros mundanos más superficiales. Fue así como mos que este hombre, que no dejo nunca de investigar en una
el público vienés se sensibilizó a sus conciertos que, por muy misma dirección, es el hermano, por su común genialidad, de
superficiales que fuesen, no dejaban de emocionar al auditorio. Pascal, de Newton, de Jean Perrin, de Einstein.” Y Daniel La-
Después de asistir a un concierto de su hijo, Leopold escribe el zarus admira esa “trascendental sencillez que alcanza sus fines

número 421, enero 2006 la Gaceta 31

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gracias a una irreprochable obligación interior, esa lealtad con- y composiciones sabias. Cuando se va de la madurez del maes-
a
sigo mismo, esa fidelidad a los medios empleados, que reco- tro hacia su juventud, a su infancia, se observa que lo esencial
mienza siempre de la misma manera, sin ser nunca lo mismo, está siempre presente. El profesionalismo, sin duda, se desa-
ese soberano discernimiento que carga de humanidad —justo lo rrolló continua y prodigiosamente. Pero lo verdaderamente
que hace falta— a los interpretes mecánicos del pensamiento”. prodigioso es que los progresos técnicos no sirvieran más que
Esta comparación con el trabajo científico es significativa. para una cosa: para intensificar, desnudándola, la simple poesía
Como la ciencia, esta música no busca evasión. Y por evasión musical.
entendemos no sólo la proyección de mundos imaginarios sino Escucho a Mozart. ¿Es una fusión?, ¿una comunión? ¿Con
también de la creación de ethos pasionales, destinados a ser quién?, ¿con qué? Estas palabras carecen de sentido. ¿Es una
comunicados por contagio con los oyentes. No existen ni si- invitación a olvidar? ¿a salir de sí mismo? Tampoco: ninguna
quiera en las óperas, “mundos mozartianos”. En él la música música exige tanta lucidez, tanta presencia. Hay que escuchar-
vuelve a encontrar su función esencial: las vibraciones se rigen la con los ojos abiertos. Sin nada de pasividad.
científicamente a partir de la idea. El ethos no es excluido pero Entonces, ¿tengo que hacer un esfuerzo? Tampoco. Esta
no parece más que como un eco periférico. No se le busca por música es tan fácil, tan familiar. Es tan evidente que al escu-
él mismo, mediante efectos contrastantes u oratorios, brutales charla me parece que soy yo mismo quien despliega y repliega
o insinuantes. La integridad excluye toda complicidad. “Las las ondas vibratorias de esta impalpable red sonora.
pasiones, sean o no violentas, no deben nunca ser expresadas E incluso no dudaría en decir que soy yo quien, escuchán-
hasta la saciedad, y la misma música, incluso en las situaciones dola, la compone… ¿Es vanidad el hablar de esta manera? Me
más horribles, no debe afectar nunca al oído, sino encantarlo remitiré al mismo Mozart hablando del violinista Fränzl, a
y, por consiguiente, debe ser siempre música” (26 de septiem- quien escuchó en Mannheim: “Toca cosas difíciles, pero sin
bre de 1781). que uno sospeche que lo son. Uno piensa que podría hacer lo
Así cuando el ethos se presenta en Mozart, obtiene toda su mismo en seguida, y ahí está lo verdadero…” (22 de noviembre
intensidad de la pertinencia musical, es decir del hecho de que de 1777).
la vibración profunda está conducida con total perfección rít- En supremo homenaje de gratitud, podríamos decir: lo que
mica. Uno puede equivocarse y no sentir más que la densidad en la música del maestro es propiamente mozartiano, es que
expresiva. Pero de hecho todo el encanto proviene de esta per- Mozart mismo desaparece… G
tinencia, que es propiamente mozartiana.
Traducción de Graziella Bodmer
3] También hay momentos privilegiados, sin ningún ethos, en
los que se borra incluso la idea de comunicación a través del
lenguaje. He aquí el canto por el canto.
Esto aparece un poco en todas partes en pasajes cortos, a
veces furtivos, generalmente únicos, no reanudados, no desa-
rrollados.
Recordemos las últimas notas del adagio del Concierto k.242
y del andante del 488, el desarrollo del allegro inicial de la
Sinfonía k.201 y la irrupción de la melodía en fa en el finale del
Concierto k.503. Subrayemos también la belleza de la mayoría
de las transiciones que son al mismo tiempo prodigios técni-
cos. En este sentido el ejemplo más asombroso es el centro del
adagio del Quinteto k.593. No olvidemos tampoco lo que se
llama “ritornelli” (Minuetto k.355 y Lied masónico k.623a).
Pero Mozart es capaz de prolongar durante un buen rato
esta coagulación de la pura belleza musical. Por ejemplo, en el
larghetto del Quinteto con clarinete k.581, el estado poético,
gracias a las pulsaciones rítmicas que alimentan constantemen-
te su carga, instaura un presente que escapa a la duración.
Entonces todo ethos está disuelto.
Se puede hacer la misma observación para los conjuntos
vocales (Quoniam y Benedictus de la Gran Misa, trío de las Más-
caras y sexteto del Don Giovanni, Brindis del Così).
Otro ejemplo, el arte de la coloratura, llevado por Mozart a
un grado de inusitada pureza y que sirve, en la mayoría de las
arias, para expresar el relajamiento personal: así la alegría que
le es inherente no pertenece a ningún ethos. Recordemos los
melismas (de fraseado tan sutil) del aria de doña Anna. Y recor-
demos sobre todo la maravilla de las maravillas: la cadencia del
Et Incarnatus de la Gran Misa.
En cuanto se es sensible a esto ya no se hará ninguna discri-
minación entre obras grandes y pequeñas, entre piezas galantes

32 la Gaceta número 421, enero 2006

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DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Febrero 2006 Número 422

Un paseo por el catálogo

■ Ignacio Padilla busca al diablo en la obra de Cervantes ■ Daniel Cosío Villegas plantea algunos
■ Margit Frenk mira leer a Cervantes problemas de América
■ José Luis Martínez confiesa su bibliofilia ■ David A. Brading recorre la América de Alfonso Reyes
■ Miguel León-Portilla nos acerca al Nican mopohua ■ Alfonso Reyes se pregunta por lo nacional
■ Enrique Krauze rastrea qué han dicho y lo fuereño en la literatura
los historiadores sobre Hernán Cortés ■ Juan José Arreola sugiere cómo homenajear a la amada
■ Octavio Paz describe cómo los tiros pueden ■ Julio Torri sabe de mujeres
salir por la culata ideológica ■ Carlos Monsiváis se aproxima a Carlos Pellicer
ISSN 0185-3716

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Un paseo por el catálogo Sumario
Hay buenas razones para ir de paseo por el catálogo del fce. A El manto de Hades 2
lo largo de sus más de siete décadas de actividad, el Fondo ha Ignacio Padilla
buscado atender una gran diversidad de necesidades de lectura, Cervantes, lector silencioso 6
por lo que su lista de autores y obras es larga y rica: el Catálogo Margit Frenk
histórico, 1934-2004, tomazo con unas 1 750 páginas, es un Bibliofilia 7
mapa de esa región a la que ahora haremos una visita, la cual José Luis Martínez
responde a una feliz circunstancia del comercio del libro en el [hospital de neurología] 9
mundo globalizado: en la próxima Feria del Libro de Londres, Cristina Rivera-Garza
que se llevará a cabo del 5 al 7 de marzo de este año, México Tonantzin Guadalupe 10
será el país invitado. En efecto, la London Book Fair eligió a Miguel León-Portilla
nuestro país como su Market Focus. La de Londres pertenece La espada y la cruz 12
al género de las ferias profesionales, pues su materia funda- Enrique Krauze
mental es el comercio de derechos de autor o la adquisición de Los problemas de América 15
grandes cantidades de ejemplares. La designación de México Daniel Cosío Villegas
como “mercado focal” pretende ser un estímulo al intercambio Tiros por la culata 18
libresco con el mundo de habla inglesa en particular. Hemos Octavio Paz
sintonizado este número con el esfuerzo de promoción que la Alfonso Reyes y América 20
casa hará a su paso por la capital del Reino Unido, tanto con la David A. Brading
presencia de algunos autores en la feria como con una exposi- Literatura nacional, literatura mundial 23
ción y venta de libros mexicanos. Alfonso Reyes
Abrimos con un texto de Ignacio Padilla, que suma a su obra Para entrar al jardín 25
un convincente ensayo sobre la presencia de lo diabólico en la Juan José Arreola
obra de Miguel de Cervantes. El autor de Amphytrion busca así Mujeres 25
un acercamiento refrescante al Quijote, tal como hizo Margit Julio Torri
Frenk en su estudio sobre la lectura a comienzos del siglo xvii, Almanaque de las horas 26
trabajo del que tomamos un fragmento. Lecturas minuciosas Julio Torri
como estas dos delatan el germen de la bibliofilia, grato pade- Carlos Pellicer: notas, claves, silencios, alteraciones 27
cimiento al que José Luis Martínez se ha entregado a lo largo Carlos Monsiváis
de su extensa y fecunda vida. La muestra que presentamos del
texto en que evoca cómo se hizo de ejemplares para su colec- Ignacio Padilla, narrador y ensayista, escribió Espiral de
ción personal puede contagiar al lector esa feroz pasión por el artillería ■ Margit Frenk es autora de Nuevo corpus de
libro en tanto objeto. A manera de transición, presentamos un la antigua lírica popular hispánica (siglos xv a xvii) ■ José
poema de Cristina Rivera-Garza, de quien circula ya Los textos Luis Martínez, crítico literario e historiador, dirigió
del yo. el fce entre 1977 y 1982 ■ Cristina Rivera-Garza es
Saltemos ahora a una sección de “infaltables”. De la vasta narradora y académica ■ Miguel León-Portilla es antro-
obra de Miguel León-Portilla reproducimos el texto introduc- pólogo, historiador, traductor, poeta ■ Enrique Krauze
torio a su versión en castellano del célebre Nican mopohua, ese es historiador y empresario cultural ■ Octavio Paz fue
texto híbrido que da claves sobre el trasvase de Tonantzin a el mayor autor mexicano de la segunda mitad del siglo
Guadalupe. Enrique Krauze, con un fragmento de su libro más xx ■ Daniel Cosío Villegas, fundador del fce y su direc-
reciente, revisa el modo en que el conquistador Hernán Cortés tor entre 1934 y 1947, fue historiador ■ David A. Bra-
ha sido estudiado —con veneración o con odio— por algunos ding, inglés, es historiador ■ Alfonso Reyes fue el mayor
de los principales historiadores de México. Heredero de éstos, autor mexicano de la primera mitad del siglo xx ■ Juan
Daniel Cosío Villegas plantea en el texto siguiente algunos José Arreola, narrador oral y por escrito, refrescó la lite-
problemas que han aquejado al continente latinoamericano ratura mexicana con su Confabulario ■ Julio Torri, autor
desde su conformación. En esa dirección, republicamos un de una obra parca pero gozosa, también fue maestro
artículo de Octavio Paz —y deliberadamente resistimos la ten- universitario ■ Carlos Monsiváis es periodista, crítico
tación de seleccionar los clásicos textos pazianos— en el que se literario, cronista crónico
trata de localizar y comprender un momento en que la culata
del marxismo dejó escapar más de un tiro.
Rematamos con una porción centrada en la que es ya litera- aferradas al terruño supieron hablarle al mundo, como se ve en
tura clásica del siglo xx mexicano. El historiador inglés David los textos incluidos aquí. Finalmente, del infatigable Carlos
Brading —que encarna por su origen y sus intereses el espíritu Monsiváis presentamos parte de su ensayo sobre Carlos Pelli-
de esta entrega— rastrea las ideas de Alfonso Reyes sobre cer, poeta que además fue hombre de acción política.
nuestro continente y el propio Reyes reflexiona a continuación Todo paseo es fragmentario. Requisito para disfrutar la visi-
sobre la necesidad de no confundir, en literatura, lo nacional ta a un lugar que se antoja interminable es convencerse de que
con lo puerilmente típico. Ejemplos de ese benéfico equilibrio tarde o temprano volveremos a él. Eso querríamos que hicie-
son Juan José Arreola y Julio Torri, quienes con los raíces bien ran nuestros lectores con el catálogo del Fondo.

número 422, febrero 2006 la Gaceta 1

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a
El manto de Hades
DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Ignacio Padilla

Directora del FCE Nadie duda de la existencia del diablo, al menos como personaje
Consuelo Sáizar
literario. Símbolo fértil, Satanás va y viene en los libros con
Director de La Gaceta preocupante comodidad. En El diablo y Cervantes, que empieza a
Tomás Granados Salinas circular en nuestra colección Letras Mexicanas y del que hemos
tomado parte del texto de introducción, Padilla logra —con
Consejo editorial
Consuelo Sáizar, Ricardo Nudelman, un buen humor que disimula la rigurosa investigación que lo
Joaquín Díez-Canedo, Martí Soler, sustenta— un acercamiento refrescante, y levemente aterrador, a
Axel Retif, Laura González Durán, la obra cervantina
Max Gonsen, Nina Álvarez-Icaza,
Paola Morán, Luis Arturo Pelayo,
Pablo Martínez Lozada, Geney Bel-
trán Félix, Miriam Martínez Garza, Las bodas del arte y Satanás
Fausto Hernández Trillo, Karla Ló-
pez G., Alejandro Valles Santo To- Hasta hace algunas guerras, Satanás fue el principal responsable de casi todos nues-
más, Héctor Chávez, Delia Peña,
Antonio Hernández Estrella, Juan
tros males y, cómo negarlo, de muchas de nuestras venturas. El escurridizo ángel
Camilo Sierra (Colombia), Marcelo caído se adjudicaba epidemias, promovía revueltas, comerciaba con lo trascendente y
Díaz (España), Leandro de Sagastizá- a menudo patrocinaba las artes. Si era invocado por escritores, favorecía la lucidez y
bal (Argentina), Julio Sau (Chile), la perdición; si por príncipes, dosificaba el poder terrenal; si por amantes, prometía
Isaac Vinic (Brasil), Pedro Juan Tucat
la voluntad del ser amado. Pero todo tiene un límite: en las postrimerías del siglo xix
(Venezuela), Ignacio de Echevarria
(Estados Unidos), César Ángel Agui- Lucifer comprendió al fin que su mayor destreza estaba en la invisibilidad. Desde
lar Asiain (Guatemala), Rosario To- entonces su poder es infinito, pues los hombres lo creemos inexistente.
rres (Perú) Nadie ignora que el cornudo Lucifer del cristianismo heredó muchos de los atri-
butos de sus ancestros grecolatinos, bárbaros y orientales. En esta herencia múltiple,
Impresión
Impresora y Encuadernadora lo más inquietante es el manto que hacía invisible a la deidad infernal de los griegos.
Progreso, sa de cv Frente a éste, sus demás características parecen simples variaciones de lo que natural-
mente nos aterra. Su cornamenta, sus ojos serpentinos y sus afiladas garras describen
Diseño y formación a la fiera que desde siempre amenaza al precario animal humano; su variable color,
Marina Garone
y Cristóbal Henestrosa usualmente negro o rojo, es reflejo del fuego que destruye o la noche que espanta; su
gigantismo o la irregular multiplicación de sus extremidades son deformaciones físi-
Ilustraciones cas con que intentamos describir su desconcertante monstruosidad ontológica.
Tomadas de diversas obras de Pero la invisibilidad de Satanás es infinitamente más compleja que sus rasgos físi-
nuestro catálogo infantil y juvenil.
Véase el recuadro en la página 16 cos. El manto de Hades es por contraste una alegoría intrincada, un inconsciente o
resignado homenaje al poder devastador de un Mal que no vemos ni comprendemos,
La Gaceta del Fondo de Cultura Econó- aunque indudablemente se encuentra entre nosotros.
mica es una publicación mensual edi- Revelador en su siglo y lugar común en el nuestro, Baudelaire aseguraba que la más
tada por el Fondo de Cultura Econó-
mica, con domicilio en Carretera Pi-
bella astucia del diablo es convencernos de que no existe. Años más tarde, Rougemont
cacho-Ajusco 227, Colonia Bosques lamentaría con alarma que la humanidad hubiese cedido a ese último y supremo en-
del Pedregal, Delegación Tlalpan, gaño de Lucifer. En los albores de la Gran Guerra, el diablo había dejado de estar de
Distrito Federal, México. Editor res- moda. De pronto pareció más sensato negarlo, entregarse a él confundiendo su invi-
ponsable: Tomás Granados Salinas.
sibilidad con su ausencia, renunciar a él como quien piensa ingenuamente que las
Certificado de Licitud de Título 8635
y de Licitud de Contenido 6080, ex- propias miserias desaparecerán cuando se destruya el espejo que las muestra.
pedidos por la Comisión Calificadora Dirán a todo esto los demonófilos que el milenarismo de los años noventa arreba-
de Publicaciones y Revistas Ilustradas tó su manto a Hades y volvió a hacerlo visible. Creo, no obstante, que este diablo
el 15 de junio de 1995. La Gaceta del edulcorado, media tizado y engrandecido con singular pobreza imaginativa no es ni
Fondo de Cultura Económica es un
nombre registrado en el Instituto la pálida sombra del temible personaje al que se referían Rougemont y Baudelaire,
Nacional del Derecho de Autor, con aquel demonio que diera tanto que pensar a los teólogos de la edad media y tanto que
el número 04-2001-112210102100, el escribir a los artistas que vinieron luego. El voraz Lucifer de Dante, el prometeico
22 de noviembre de 2001. Registro Satanás de Milton y los demonios diletantes de Marlowe ríen a pierna suelta ante los
Postal, Publicación Periódica: pp09-
0206. Distribuida por el propio Fon- olvidables homenajes del Heavy Metal o la pueril fantasía del adolescente vigesímico
do de Cultura Económica. enganchado en un juego de rol. En los despojos de la Unión Soviética, numerosos
santones recorren la estepa pregonando el retorno del Maligno, pero estoy seguro de
Correo electrónico que ninguno de estos epígonos del staretz Zosima quitarían jamás el sueño a Aliosha
gacetafce@fce.com.mx
Karamazov, el Bueno.
Recordar a ese antiguo demonio a través de la literatura es uno de los fines de El

2 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
diablo y Cervantes. Lo invoco porque ignorarlo nos empobrece fin, Salvador Elizondo ha propuesto separar en dos partes el
a
más de lo que nos tranquiliza. Porque este ser multívoco, es- elemento diabólico de la literatura de occidente: la que contie-
quivo y arteramente oculto me parece uno de los caminos más ne a Satanás como origen y la que lo contiene como tema. De
firmes para explorar las verdades del Mal, ese territorio que estas dos partes, me interesa más el diablo como tema que
Satanás ha compartido con los hombres desde que el mundo es como origen. Prefiero dejar a los devotos del malditismo el
mundo. escrutinio biográfico de aquellos autores que se aliaron tácita o
explícitamente con el Maligno para engendrar sus obras. Dejo
El creciente desprestigio de Satanás en nuestros días se explica asimismo a los teólogos la ingrata labor de atizar la eterna pes-
en buena parte por la insistencia de artistas y pensadores en quisa sobre el papel del Mal en el cosmos o la existencia en sí
considerarlo un mero producto de la superstición. La paradó- de Satanás. Parcial o perezoso, me atengo aquí al estudio de lo
jica tiranía de la razón moderna y su presunta incompatibilidad diabólico como figura literaria, lo abordo esencial aunque no
con la fe consiguieron descafeinar a Lucifer mediante el me- únicamente como alegoría, me aproximo a él como mudable
nosprecio generalizado de los hombres hacia lo inexplicable o significante de una serie de significados trascendentes que,
lo obtusamente explicado. para ser un día literatura, arrancaron primero de la perpetua
Pero el diablo, hay que decirlo, es sólo medio hermano de la preocupación de la humanidad por dar nombre y forma a los
superchería. Para mirarlo a la cara es accidentes que obstaculizan su camino
preciso entender primero que el con- hacia la plenitud del ser.
cepto diabólico, más allá de sus repre- Proponer el estudio de Satanás de
sentaciones, trasciende el universo de la esta manera sólo puede ser el principio
superstición para erigirse como elemen- de una delimitación necesariamente más
to fundamental de un sistema coherente estricta. Más que una camisa de fuerza,
de creencias. Coincido con Burton Rus- el carácter alegórico de las numerosas
sel cuando rechaza la suposición de que representaciones literarias del Mal es en
la creencia en el diablo está desfasada o sí mismo un universo. Tan digno de in-
es supersticiosa. Lo que hay que pregun- terés me parece el Mefistófeles de
tarse de cualquier idea —propone el Goethe, devoto del Mal aunque practi-
ilustre demonólogo— no es si está des- cante del Bien, como el tierno demonio
fasada sino si es cierta. Bien mirado, que siglos más tarde apareció sentado en
Lucifer se mueve incómodo en la larga el lecho de la novelista Marina Tzvetaie-
lista del seudosaber, sobre todo si toma- va. Tanto vale en este orden el diablo
mos en cuenta que los conceptos de su- beisbolista de Musil, que excita al cielo a
perchería o seudosaber responden a batir grandes récords, como los muchos
apreciaciones subjetivas de la Verdad, no satanases que habitan la vasta obra de
digamos del Bien. De igual manera re- Thomas Mann. Como el alma del gera-
sulta difícil entender al diablo bajo la seno bíblico, Lucifer es Legión en la li-
definición canónica de lo supersticioso, teratura, existe y emite significados nu-
es decir, como algo extraño a la fe religiosa o contrario a la merosos, cambiantes, contradictorios, rara vez acordes con los
razón: Satanás, digámoslo de una vez, no es alienable de la que proponen la teología o la ética. Su valor no puede estimar-
devoción, por cuanto nace de ella, menos aún de la razón, su se en términos de su compatibilidad con cánones que no sean
tantas veces aliada a lo largo de la historia. Incluso entre los los de la exégesis literaria, acaso el único sistema que tolera,
teólogos se impone hoy una amplia zona de indefinición entre aprecia y considera a cabalidad su mimetismo, su ambigüedad
lo que es y no es superchería. Y es precisamente en ese inte- y el hecho incontrovertible de que Satanás encarna los varia-
rregno donde el auténtico Satanás se libera, ya no como pro- bles temores, deseos e ideas del alma fieramente humana que
ducto de una presunta o impuesta desviación del sentido reli- decidió nombrarlo en un momento y espacio dados.
gioso, sino como reiterada expresión de uno o varios conceptos Hacia el final de Los hermanos Karamazov, el diablo se apa-
trascendentes y por ende legítimos. rece al delirante Pavel bajo la apariencia de un bondadoso ca-
Ante la insuficiencia de la razón para definirlo o suprimirlo, ballero. La charla que entonces entablan es un auténtico trata-
Satanás ha sido generosamente cobijado por el arte, bastión do de diabología literaria, un tratado que, fiel a su naturaleza,
último de la ambigüedad y de la eterna mutación como partes plantea más preguntas que respuestas. “Ni un solo instante te
inalienables de la verdad. Decía André Gide que no hay obra he tomado por una verdad real —grita el atormentado Kara-
de arte sin la colaboración del demonio. Lo recíproco, acota mazov—. Tú eres una mentira, una enfermedad, un espectro.
Jorge Cuesta, es igualmente cierto: no hay colaboración del Eres una alucinación mía. Eres la encarnación de mí mismo,
demonio sin obra de arte. Las bodas del arte y Lucifer no po- aunque, de todos modos, sólo de una parte: la de mis pensa-
dían ser más felices: proclives por naturaleza a reflejar, criticar mientos y sentimientos más asquerosos y estúpidos.” Mentira
y perturbar lo establecido, demonios y artistas se procuran o delirio, peste o espejo de nuestras vilezas, el diablo de Dos-
mutuamente como si en ello les fuera la existencia. toievski habla poco porque sabe que su función está en catali-
En el campo concreto de la literatura, la conspiración entre zar la angustia, la duda, esa atormentada discusión de la con-
Lucifer y los poetas ha sido especialmente prolija. Tal es y ciencia que conduce lo mismo a la luz que a la perdición.
sigue siendo la presencia del diablo en las letras, que se ha Plural, accesorio, proverbial y necesariamente equívoco,
vuelto imperioso matizarla para mejor comprenderla. Con este Satanás no podía menos que infestar la literatura, pues ésta,

número 422, febrero 2006 la Gaceta 3

a
amén de reconocerlo, lo embellece. Desde Dante hasta Bul- los donjuanes de Benet y Vila-Matas, Lucifer ha sido una in-
a
gakov, los escritores lo han sustraído del folclor y del púlpito dudable manía ibérica. Por sí sola, la literatura del Siglo de
para otorgarle un valor estético que no deja de ser inquietante. Oro constituye un auténtico catálogo de demonios, infiernos y
Ambiguos y ubicuos, los demonios literarios sirven a la belleza endemoniados, cuáles canónicos, cuáles extravagantes. En este
y son servidos por ella mientras claman por un papel protagó- sentido, la atendible propensión de los lectores por lo evidente
nico entre los recursos del artista para entender por qué los sitúa a Quevedo a la cabeza de una lista de escritores endiabla-
monstruos nos seducen tanto a través del arte. Bastaría acaso dos donde se cuentan también Calderón y Lope de Vega.
que Lucifer fuese la representación inmutable e inequívoca del Desde esta lectura meramente funcionalista, se diría que Mi-
Mal para que su carga significativa fuese digna de interés. El guel de Cervantes se halla muy lejos de figurar entre los auto-
diablo, sin embargo, es mucho más que eso: su riqueza está en res españoles claramente obsesionados por el tema diabólico.
la mutación constante, en esa infinita renovación semiótica que Esta impresión, sin embargo, es refutable incluso desde el
permite que lo ilumine todo, o casi todo, desde su infernal os- engañoso horizonte de las cifras. Disuelto en la profusa varie-
curidad. No dudo que la lectura diabólica dad temática de la suma cervantina, el
de una obra o conjunto de obras de arte Ante la insuficiencia de la razón Satanás de Miguel de Cervantes es más
pueda ayudarnos a entender la obra para definirlo o suprimirlo, numeroso y digno de consideración de
misma a través de Lucifer, pero creo Satanás ha sido generosamente lo que quieren los hispanistas. Sólo el
igualmente que la obra puede ayudarnos cobijado por el arte, bastión Diccionario de Cervantes, que en modo
también a entender mejor al diablo. Sa- último de la ambigüedad y de la alguno podría considerarse exhaustivo,
bemos que los hechos preceden la inter- eterna mutación como partes ubica en el Quijote un centenar de alu-
pretación, pero en este caso conviene inalienables de la verdad siones explícitas al diablo, los demonios,
reconocer que un proceso inverso es los endemoniados, las diabluras, lo en-
también admisible. Al menos en la literatura, el concepto puede diablado y lo diabólico. Y si a esto se añaden alusiones también
ser simultáneamente causa y efecto de la interpretación. De ahí explícitas al infierno y a los numerosos seudónimos de Satanás,
que ni siquiera parezca necesario que el autor entienda o crea la centena quijotesca llega sobradamente a duplicarse.
en Satanás para que éste pueda dar algún sentido a su obra. Por si esto no bastara para justificar un estudio del demonio
Invoco estos últimos argumentos para explicar mi empeño según Cervantes, así fuera solamente en su obra cumbre, cabe
en descifrar las reglas que motivaron la presencia del diablo y añadir que la presencia de Satanás no se limita a sus menciones
la elaboración de su sentido en la obra de un autor determina- explícitas en el Quijote. La intrincada red de signos diabólicos
do. Una vez hecho esto, expongo a continuación mis motivos en esta gran novela comprende todos los niveles del discurso,
para haber decidido que dicha obra no sea otra que la de Mi- como no podía ser menos en una obra intencionadamente pa-
guel de Cervantes Saavedra. ródica que abreva de inabarcables fuentes literarias, folclóricas
y teológicas en las que el diablo es de por sí importante materia
Carta de naturalización de reflexión. Episodios como el descenso a la Cueva de Mon-
tesinos, y personajes como el mono adi-
Si las literaturas fuesen países, Satanás vino Maese Pedro, han merecido ya no-
tendría ciudadanía española, si no por tables aunque breves lecturas a la luz de
nacimiento, al menos por naturaliza- sistemas de significación tales como el
ción. Su pasaporte, desde luego, sería infierno y el bestiario diabólico. No obs-
falso, pero eso no va en contra de su tante, el inventario de elementos quijo-
acentuada hispanidad. Que Don Juan o tescos susceptibles de una lectura demo-
Celestina, tan endiabladamente huma- nológica es mucho más amplio, pues
nos, sean asimismo tan españoles, se ex- comprende pasajes y personajes cuya
plica acaso porque pocas naciones como connotación diabólica sólo se hace evi-
España han gozado y padecido la ubicui- dente a través de una cuidadosa lectura a
dad de Lucifer. Pensadores tan notables la luz de la coyuntura religiosa e ideoló-
como Menéndez Pelayo, Caro Baroja y gica en que fueron concebidos. Indivi-
Flores Arroyuelo han demostrado ya duos como el cobarde Cardenio, objetos
cómo y por qué el diablo es un persona- como Clavileño o la cabeza encantada de
je sobresaliente en la historia de esa na- Antonio Morerio, animales como los
ción. A despecho de los santiaguistas, el gatos que protagonizan el espanto cen-
cristianismo peninsular es el hijo sobrea- cerril o el metafísico Rocinante, son sólo
limentado de las enseñanzas de Pablo de ejemplos de la numerosa caterva de ele-
Tarso, inventor no sólo de nuestra devo- mentos quijotescos que atañen al diablo,
ción, sino del diablo occidental. Si el arte, la historia y el pen- incontestable invitado en toda aquella fiesta que celebre y es-
samiento españoles conceden al Maligno un lugar de honor es carnezca al hombre desde el mundo del revés.
porque responden con ello a numerosos siglos de intenso apos- Las restantes obras de Cervantes multiplican exponencial-
tolado diabólico en suelo peninsular. mente la nómina de demonios presentes en el Quijote. Con
La literatura española es quizá la muestra más notable de excepción de La Galatea, ciertas comedias y algunas de sus
esta singular presencia: desde las novelas de caballería hasta los poesías sueltas, los libros del alcalaíno otorgan al diablo un
esperpentos valleinclanescos, desde la lírica popular hasta lugar preponderante que viene casi siempre aparejado con la

4 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
Por consideración con los lectores de estas páginas, me pa-
a
rece oportuno terminar este proemio con algunas advertencias
y delimitaciones que espero les ahorren, si no la lectura, sí al
menos alguna indignación.
Reitero en primer lugar que El diablo y Cervantes no preten-
de ser un tratado de moral, tampoco una ráfaga escalafonaria
de juicios estéticos sobre tal o cual obra cervantina. Se trata
más bien de un ejercicio de interpretación. Este libro no es más
que la lectura de un conjunto de obras del mismo autor a la luz
del tema diabólico. En tal sentido, mi finalidad es doble: por
un lado, procuro reflexionar sobre el concepto que de lo dia-
bólico pudo tener Cervantes; por otro, busco en el tema diabó-
lico nuevas rutas y luces para seguir iluminando la inabarcable
obra que me ocupa.
Aclaro asimismo que he procurado concentrarme en el
tema diabólico evitando, en lo posible, explayarme en el único
tema aledaño que, a mi juicio, ha sido ya ampliamente y sin
duda mejor tratado por el cervantismo, esto es, la brujería. Me
detengo en el trasunto brujeril cuando así lo exige el estudio de
la demonización de algunos personajes, animales y objetos de
los cuales trato en diversos epígrafes de este libro, particular-
mente en lo que atañe a la demonización de las mujeres en la
España filipina.
Por no cansar ni cansarme, he resuelto obviar algunas suti-
lezas que no pasarán inadvertidas para quienes conozcan la
materia de estas páginas. Evito, por ejemplo, recurrir a la dis-
tinción entre diabología y demonología, tan útil para leer a
Papini, pero excesiva para interpretar a Cervantes. De manera
similar, me detengo nada o muy poco en la presencia o uso de
Satanás en los innumerables modelos literarios del alcalaíno,
no porque el Maligno sea poco importante en ellos, sino por-
que hacerlo exigiría una auténtica enciclopedia sobre el diablo
en la literatura universal. Parejas razones me llevan a esquivar
conocida obsesión del autor por lo sobrenatural. Sus novelas temas como el Infierno y el Purgatorio, así como ciertas tradi-
ejemplares, las más de sus comedias y sus entremeses más céle- ciones y personajes folclóricos o históricos que sólo oblicua-
bres, y especialmente Los trabajos de Persiles y Sigismunda, trans- mente podrían ser vinculados con Satanás.
curren con frecuencia en las lindes o en el seno del universo En la preparación de El diablo y Cervantes he efectuado un
diabólico. La fidelidad de Cervantes a sus modelos dramáticos, amplio recorrido por la historia de la demonología desde sus
líricos y narrativos, plagados ellos mismos de alusiones demo- orígenes hasta nuestros días, así como del papel del diablo en
niacas, así como su inclinación discreta al espíritu de la Refor- el pensamiento y la vida de Europa en el turbulento siglo de
ma católica, hacen de su obra una constante reflexión sobre el Cervantes, con sus orígenes en siglos precedentes y algunas de
Mal y sus representaciones. De ahí que hoy parezca lícito afir- sus más notables secuelas después de 1616. Naturalmente, he
mar que el alcalaíno no sólo se mostró interesado en Lucifer, evitado ahogar al lector en una inútil bibliografía de libros
sino francamente atraído por él, fuera como valioso recurso históricos, filosóficos y aun de modelos literarios de Cervantes,
literario, fuera como punto de partida para una interminable la mayoría de ellos bastante obvios. El lector, no obstante,
discusión sobre los estragos de la superchería y la arbitrariedad podrá encontrar en la bibliografía el sustento debidamente
de la retórica eclesial, fuera simplemente como expresión de un acreditado que autores como Graf, Hope Robbins y Burton
legítimo dilema espiritual en un tiempo donde nadie tenía muy Russel dieron a este ensayo, así como una porción considerable
claro quién estaba de parte de Dios y quién de Satanás. de aquellos libros del cervantismo sin los cuales esta obra no
Para nadie es secreto que los cervantistas, regidos por valo- habría sido posible.
raciones estéticas que desde luego comparto, han preferido Ofrezco por último una disculpa a los lectores que puedan
siempre al Quijote por encima del resto de la obra cervantina. juzgar de elípticas o excesivas algunas de mis aproximaciones a
Como era de esperarse, esta preferencia se ha traducido en una temas, episodios, objetos, animales y personajes que a primera
notable desproporción bibliográfica que desalienta a quienes vista podrían parecerles por entero ajenos a la intención del
optan por adentrarse en la terra ignota de obras consideradas autor o poco vinculados con Satanás. En mi descargo apenas
menores. Creo, no obstante, que un estudio como éste, intere- puedo decir que este ensayo es en sí mismo la bitácora de una
sado en conceptos antes que en juicios estéticos, debe por exploración personalísima por un proceloso mar de conceptos
fuerza obviar estas limitaciones y extenderse a la integridad del y representaciones diabólicos, conceptos que probablemente
trabajo literario de Cervantes, especialmente al Persiles y a al- nunca quedarán del todo aclarados, para mayor gloria de la
gunas de sus novelas ejemplares. literatura. G

número 422, febrero 2006 la Gaceta 5

a
a
Cervantes, lector silencioso
Margit Frenk

También la lectura tiene su historia. No tras había tomado Cardenio la novela y comenzado a leer en
nos enfrentamos hoy a los textos como lo ella; y pareciéndole lo mismo que al cura, le rogó que la le-
hicieron nuestros antepasados y rastrear yese de modo que todos la oyesen” (1, 32).
sus prácticas no siempre es empresa fácil. 4. Cuando Teresa entrega las cartas, “leyólas el cura de modo
En Entre la voz y el silencio. La lectura en que las oyó Sansón Carrasco, y Sansón y el cura se miraron el
tiempos de Cervantes, cuya reedición se uno al otro, como admirados de lo que habían leído” (ii,
suma a nuestra serie de Lengua y Estudios 50).
Literarios, la obra del escritor alcalaíno 5. “No se le cocía el pan, como suele decirse, a la duquesa
sirve para detectar cómo los lectores se relacionaban con hasta leer su carta, y abriéndola y [habiéndola] leído para sí,
lo escrito mientras don Quijote cabalgaba junto a Sancho. y viendo que la podía leer en voz alta para que el duque y los
Presentamos aquí un par de fragmentos, sin las notas y circunstantes la oyesen, leyó desta manera” (ii, 52).
otras indicaciones académicas que posee el original 6. “Las cartas fueron solenizadas […] [y] la que Sancho envia-
ba a don Quijote, que asimesmo se leyó públicamente” (ii,
52).
Es muy probable que entre los que en el siglo xvi y el xvii te-
nían tratos continuos con los libros fuera frecuente la lectura Hay en el Quijote contextos que parecen indicar que leer, sin
silenciosa. Será cuestión de estudiarlo. Por ahora es poco lo más, es ‘leer en silencio’:
que puedo aportar en este sentido, y sólo me detendré en el
apasionante caso de Cervantes. Observa James Iffland con toda 7. Don Fernando, en i, 27, toma el papel que encuentran en el
justeza que en el Quijote todas las lecturas de textos “se llevan pecho de la desmayada Luscinda, y, sin que nadie llegue a
a cabo en compañía, desde la lectura de la ‘Canción desespera- saber lo que contiene, “se le puso a leer a la luz de una de
da’ de Grisóstomo hasta la lectura en voz alta de don Jerónimo las hachas; y en acabando de leerle, se sentó en una silla y se
a su compañero en la habitación de una venta en la Segunda puso la mano en la mejilla”.
Parte”, salvo las lecturas solitarias del propio don Quijote. Y 8. El cuadrillero, en i, 45, “quiso certificarse si las señas que de
frente al leer sonoro de tantos personajes, el Caballero de la don Quijote traía venían bien, y sacando del seno un perga-
Triste Figura evidentemente lee en silencio; “respresenta el mino, […] y poniéndose a leer de espacio, porque no era
‘nuevo’ lector, característico de la ‘galaxia Gutenberg’ […], el buen lector, a cada palabra que leía ponía los ojos en don
que lee a solas y en silencio”, dice Iffland. Y en silencio leía, Quijote, y iba cotejando”.
seguramente, Miguel de Cervantes.
En las dos partes del Quijote el verbo leer, cuando aparece sin Si, en el último pasaje citado, el cuadrillero hubiera. emitido
mayores especificaciones, normalmente se aplica a la lectura en algún sonido al leer, Cervantes lo habría puesto bien claro,
silencio. Cuando Cervantes quiere decir ‘leer pronunciando; el como en i, 3, cuando el ventero,
verbo va (o ha ido poco antes) acompañado de una fórmula que
hace explícita la oralidad de la lectura. Pruebas al canto: 9. “leyendo en su manual —como que decía alguna devota ora-
ción— […], en mitad de su leyenda alzó la mano y […],
1. Del papel con la Canción desesperada de Grisóstomo dice siempre murmurando entre dientes, como que rezaba’: O en i,
Ambrosio a Vivaldo (1, 14): “leedle de modo que seáis oído”; 40, a propósito del moro:
todos “se le pusieron a la redonda, y él, leyendo en voz 10. “Supe que sabía muy bien arábigo; […] le dije que me leye-
clara, vio que así decía” : Ya dentro de este contexto, le basta se aquel papel […]. Abrióle y estuvo un buen espacio mirán-
al narrador decir luego: “el que la leyó dijo que no le parecía dole y construyéndole, murmurando entre los dientes”.
que conformaba”, etcétera.
2. Don Quijote toma el “librillo de memoria” de Cardenio y Algo así habría escrito Cervantes a propósito del morisco alja-
“lo primero que halló en él escrito, como en borrador, aun- miado de Toledo, en caso de querer decir que éste no leyó en
que de muy buena letra, fue un soneto, que leyéndole alto, silencio:
porque Sancho también lo oyese, vio que decía desta mane-
ra” (1, 23). Poco después: “Lea más vuestra merced —dijo 11. “poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y
Sancho— […]. Pues lea vuestra merced alto.” Y leyéndola alto, leyendo un poco en él, se comenzó a reír. —Preguntéle yo
“vio que decía desta manera”. “Y hojeando casi todo el libri- que de qué se reía, y respondió […]” (i, 9).
llo, halló otros versos y cartas, que algunos pudo leer [‘des-
cifrar’] y otros no”. Así, se diría que para Cervantes el verbo leer, a secas, significa-
3. El cura y luego Cardenio empiezan a leer en silencio El ba leer como él mismo leía, o sea, por lo visto, con los ojos
curioso impertinente: “Leyó el cura para sí tres o cuatro ren- sólo. Quevedo también parece haber leído en silencio, si aten-
glones, y dijo: ‘[…] me viene voluntad de leella toda’. Mien- demos a la clara distinción que hace en el Sueño del infierno:

6 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
“¿Qué otra cosa oís en los púlpitos y leéis en los libros?” ¿Y luego reaparecerá en Calderón de la Barca —“retórico silen-
a
Lope? No puedo decir por ahora sino que, en sus últimos años, cio”— o en el soneto xxiii de Shakespeare: “O, let my books
en la Dorotea, cuando el verbo va solo siempre significa ‘leer en be then the elocuence / and dumb presagers of my speaking
voz alta’: “Este papel es de mi letra. Versos son […], quiero breast”. Las letras, en sí, eran mudas, aunque luego la voz hu-
leerlos”; “Lee essotro papel, Dorotea, que bien se ve que es de mana las hiciera hablar, como ocurría comúnmente en tiempos
versos”, etcétera, etcétera. Cuando la lectura no es en voz alta, de Nonno, o de san Isidoro, quien a su vez había dicho que las
Lope dice en esa obra leer para sí: “Toma y lee para ti, y luego letras “tienen tal fuerza, que nos hacen oír sin voz el habla de
nos ayudarás a comentarle”. los ausentes” (Etimologías, cap. iii).
En el siglo xvii español, Cascales escribirá sobre las letras y
Escuchar ya solo con los ojos contra ellas, diciendo (como Goethe, dos siglos después):
“¿Qué cosa más contraria a la naturaleza, la cual nos dio la
Por eso leer es ahora oír con los ojos: se oye, pero ya no se oye. lengua para el uso de hablar, y nosotros la metemos en la vaina
He aquí otra frase del gran Lope: “Aunque sea cosa tan exce- del silencio y damos sus oficios a las manos, al papel, a la
lente el oír, puedo yo con sola la vista oír leyendo y saber sin los oídos pluma?”.
cuanto ha pasado en el mundo.” El siglo xvii, y no sólo en Espa- En un pasaje memorable, como tantos, de su Carta a sor
ña, es muy dado a esta metáfora sinestésica, en que se cruzan Filotea, sor Juana Inés de la Cruz menciona el “sosegado silen-
la vista y el oído. Solía aplicársela a la experiencia amorosa, cio de mis libros”; en otro, el sumo trabajo que ha signi ficado
como lo hizo el propio Lope. En relación con la lectura, la para ella carecer de quien le dé instrucción, “teniendo sólo por
metáfora encontró su expresión más espléndida en el soneto maestro un libro mudo”. Con esa o semejante formulación, la
de Quevedo: idea está en Alejo Vanegas (prólogo: “los libros son como vnos
preceptores que, avnque no por palabras vocales, a lo menos
Retirado en la paz de estos desiertos, por señas hablan con los ausentes”), en Lorenzo Palmireno:
con pocos, pero doctos, libros juntos, “es cierto que los libios son Muti magistri”. Por eso “la verdad
vivo en conversación con los difuntos primero se aprende callando y después se predica hablando”,
y escucho con mis ojos a los muertos… como dice Jiménez Patón. Un edicto de la Inquisición condena
por esos años (1612) la doctrina de los herejes,
Más tarde, del otro lado del Atlántico, sor Juana Inés de la
Cruz escribirá a su Amado dueño ausente unas quejas que él ya que por ningún medio tanto se comunica y dilata como por el de
sólo escuchará con la mirada: los libros, que siendo maestros mudos, continuamente hablan y
enseñan a todas horas y en todos lugares, aun a los que no pudo
Óyeme con los ojos, llegar la fuerza de la palabra.
ya que están tan distantes los oídos,
y de ausentes enojos, Más allá de la repetición, a veces trivial, el lugar común puede
en ecos de mi pluma, mis gemidos; cifrar una inquietud y una nostalgia. Poco a poco la letra va
y ya que a ti no llega mi voz ruda, dejando de ser depósito de la voz. El libro habla cada vez más
óyeme sordo, pues me quejo muda. mudamente a un lector cada vez más sordo. Pero, ya lo sabe-
mos, el proceso tardará aún largo tiempo en consumarse. Y
Son paradojas que vienen de muy atrás y atraviesan los siglos. nunca, por fortuna, se consumará tan totalmente que no deje,
En Curtius encontramos varias de ellas: un poema de Nonno en medio del silencio, un resquicio a los esplendores de la
(siglo v) llama a la escritura “elocuente silencio”, oxímoron que voz. G

Bibliofilia
José Luis Martínez

La Feria Internacional del Libro de ¿El primer libro?


Guadalajara reconoció en 2002
el apetito bibliofílico de don José Luis. Con buena letra, anotó la fecha y el lugar, “23-iii-1936, Gua-
En 2004 la casa publicó este discurso, dalajara, Jal.” en uno de los primeros libros que compró, en
en una pulquérrima edición a cargo del una librería de viejo en la capital tapatía, un mozo estudiante
Taller Martín Pescador —ese fósil viviente de secundaria que entonces contaba dieciocho años y sólo dis-
que sigue componiendo textos con tipos frutaba los pesos que le enviaba su padre, el doctor Martínez.
móviles e imprimiéndolos a mano—, El libro o más bien los libros, pues se trataba de una obra en
obra que mereció el Premio Caniem 2005 al Arte Editorial, tres tomos, viejos de casi un siglo, eran Las poesías de Horacio,
en el género “De ensayo literario y lingüístico” traducidas en versos castellanos con notas y observaciones crí-

número 422, febrero 2006 la Gaceta 7

a
ticas por don Javier de Búrgos [sic], París, Librería de D. Vi- los tomos verdes de Platón, editados por Vasconcelos. Y como
a
cente Salvá, calle de Lille, no. 4, 1841, con los textos en latín y me parecía vergonzoso estar leyéndolos por primera vez, decía
en español, frente a frente. Impresos en buen papel, son tomi- que estaba releyéndolos. No creo que por entonces pasara de
tos empastados en cartoné negroverdoso, con letras y adornos la emocionante “Apología de Sócrates” y del “Banquete”, por
dorados, presentables y aguantadores del tiempo. Sólo muchos su tema amoroso. Algo más me acerqué al conocimiento de los
años más tarde me enteré de que me faltaba un tomo cuarto, Diálogos en el memorable curso que dedicó al filósofo el doctor
cuando lo hube, empastado éste en holandesa con tejuelo rojo, José Gaos.
que contiene las “Epístolas”, incluyendo la dedicada a Los Pi- Otro libro de estos años fue un tomito de Ortega y Gasset
sones y es el “Arte poética” de Horacio. No tiene ninguna llamado Notas, editado por la Revista de Occidente. Era una an-
huella de lecturas, sólo un extraño apuntito en el tomo dos, en tología de los ensayos del filósofo español, que fue nuestro guía
la “Oda a Ligurion”, que dice “Lo raro como argumento por intelectual por muchos años, y que me fascinaba. No lo con-
la condición efímera de la belleza”. servo, porque para corresponder a las mercedes de una mujer
El traductor Javier de Burgos no dejó huella en los diccio- a la que quise, se lo obsequié.
narios. El de Alianza sólo registra un homónimo, periodista y
dramaturgo popular, de Cádiz, que por sus fechas, 1842-19o2, El regalo del padrino
debió ser su hijo. El latinista cuya versión horaciana llegó a
Guadalajara, era un traductor fiel pero plano que no acertó a Yo vengo de un pueblo al sur de Jalisco, Atoyac, situado al
dar relieve a los aciertos del poeta latino. De hecho, mi aprecio margen de una laguna de temporal. Al otro lado de la laguna
por Horacio nació con la lectura de dos libros de los años se encuentra un pueblecito encantador, llamado Amacueca,
treinta, los de Gabriel Méndez Plancarte (Horacio en México, famoso por sus nogales, así como Atoyac se envanece por sus
1937) y de Octaviano Valdés (El prisma de Horacio, 1937), así pitayas y un jabón especial. Pues bien, el cura de Amacueca,
como en los estudios de Agustín Millares Carlo. don José del Carmen Méndez, fue mi padrino de bautismo y a
No fue el venusino un gran lírico pero este hombre “pe- su curato me llevaba el doctor Martínez, mi padre, a visitarlo.
queño y obeso, con su equilibrio y su conocimiento de los Recuerdo un caserón ruinoso asolado por los revolucionarios
hombres y del arte literario, no sólo dio forma a los ideales y en el cual vivía mi padrino. Debo haber visto en alguna mesa
conceptos de su tiempo, sino que, con un admirable dominio un librote que resultó ser la gran edición de las Obras espiritua-
de la lengua supo acuñar muchos de los sentimientos huma- les de san Juan de la Cruz. A pesar de mi corta edad y escasa
nos en fórmulas breves y perfectas que luego no hemos hecho instrucción, el libro me encantó. No creo haberlo pedido, pero
sino tejer y destejer” (me cito a mí mismo, un escrito de debo haberlo simplemente visto con tal codicia que mi padrino
1976). me lo regaló.
No deja de extrañarme que un muchacho de dieciocho Es un libro imponente, de 32.5 × 24 × 6 cm; lo imprimió
años, ignorante del latín, adquiriera estos tomos de Horacio, Francisco Lelfdall, en Sevilla, en 1703, y es una edición nota-
cuyo nombre apenas conocía y en versiones más bien opacas. ble porque en ella se recogen por primera vez toda la poesía y
Años más tarde, a Lydia, mi mujer, solía mostrarle algunos de las obras en prosa de doctrinas mayores de san Juan de la Cruz
los poemas que Horacio dedicó a otra Lydia. Y la mía se admi- (1542-1591), así como las alegorías dibujadas por el santo y
raba de mi fluente traducción hasta que le descubría la que iba poeta místico y sesenta láminas grabadas por Mathías Arteaga.
al frente. Pero, además de estas diversiones conyugales, debo El libro está encuadernado con modestia. Allá por los años
reconocer que estos Horacios eran sólo un adorno de prestigio cincuentas, en las librerías de viejo de la avenida Hidalgo, en-
entre mis primeros libros. contré otro ejemplar, bien conservado y encuadernado de esta
soberbia edición que regalé a mi viejo amigo, Alí Chumacero.
Primeras relecturas Espero que la conserve y la aprecie como yo lo hago con el
regalo de mi padrino de Amacueca.
No fueron estos libros los únicos que adquirí en aquellos años Un poco antes, en 1942, recordamos el cuarto centenario del
de la secundaria en Guadalajara. Entonces se usaba llevar bajo gran poeta místico español y en el Paraninfo Universitario pro-
el brazo, todo el día, el libro que leíamos. Y yo me proveí de nunciamos conferencias sobre san Juan de la Cruz, Octavio Paz
y el que habla, entre los que recuerdo.

El primer libro de un mexicano


impreso en Europa

Un ejemplar perfecto y completo del primer libro de un mexi-


cano impreso en Europa, la Rhetorica Christiana, Perugia, Ita-
lia, 1579, del tlaxcalteca fray Diego Valadés, se lo compré en
1978 a Neftalí Beltrán, que era mi amigo y, en sus visitas a
México, pues era diplomático, solía venir a saludarme en mi
oficina del Fondo de Cultura. Hice felizmente un apuntito de
los detalles del negocio. Pagué por el libro $16 mil —que era
como mi sueldo mensual—, y Neftalí me dijo que lo compró
en Milán, en 1977, en 620 mil liras que equivalían a 700 dóla-
res, y que me lo vendía en el mismo precio y aun perdía 100

8 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
pesos. Y como hacía Hernando Colón, ambos Neftalí y yo
a
firmamos para la posteridad el apunte —que guardé en el Otras obras de José Luis Martínez
libro—, el día de Reyes de enero de 1978. Es un ejemplar tan en el fce
perfecto que parece salido de la imprenta y tiene completas sus
ilustraciones que son notables y muy apreciadas.
Cuando estuve en el fce me empeñé en que se tradujera El ensayo mexicano moderno (dos volúmenes, Letras Mexi-
completa la Rhetorica Christiana, que está en latín y la había canas, 1958-1971)
estudiado el padre Palomera en un par de libros de Jus. Hice De la naturaleza y carácter de la literatura mexicana
que viniera a verme este sacerdote y le propuse que hiciera la (Tezontle, 1960)
traducción. Yo quería que se lograra una buena edición facsi- Nezahualcóyotl: vida y obra (Biblioteca Americana, 1972)
milar con el texto original y, enfrente, la versión española y que Documentos cortesianos (cuatro volúmenes, Historia, 1990-
estuviera lista para 1979, cuarto centenario de la obra. Habla- 1992)
mos con la unam que estuvo de acuerdo en pagar la traducción. Hernán Cortés (Historia, 1990)
Pero ésta fue larga y complicada y requirió un equipo de lati- El mundo privado de los emigrantes en Indias (Cuadernos
nistas que encabezó mi amigo Tarsicio Herrera Zapién, de la de La Gaceta, 1992)
Academia de la Lengua. En coedición con la unam, la obra se Pasajeros de Indias. Viajes trasatlánticos en el siglo XVI (His-
imprimió en 1989. Es un hermoso tomazo en edición facsimi- toria, 1999)
lar y bilingüe, frente a frente. Semblanza de académicos. Antiguas, recientes y nuevas (Vida
Una década más tarde, volvió a hablarse de Diego Valadés y y Pensamiento de México, 2004)
su obra en un folleto en el que intervino Salvador Díaz Cínto- Cruzar el Atlántico (Centzontle, 2004)
ra, otro colega en la Academia. G

[hospital de neurología]
Cristina Rivera-Garza

Tomado de Los textos del yo, que forma parte de Letras Mexicanas

Hay un hombre entre nosotros un mundo acechado por el azar de dios y rodeado
los que aguardamos la muerte, los que estamos de ventanales ilesos
despiertos ventanales impávidos
desde el alba hasta el advenimiento del alba muros de córneas bruñidas por la luz urbana de marzo
sobre sillas de plástico color naranja y los huesos rotos que todo lo aleja y todo lo difumina;
de tanto ir un mundo donde algunos visten de blanco y caminan
hacia el vidrio de la esperanza y otros muchos visten de negro y callan inmóviles
hacia la burla inminente de la esperanza porque alguien acaba de morir
hacia la crucifixión puntual de la esperanza. aquí donde son siempre ya las 3:20 de la mañana
y donde se muere en el sueño lógico de los sedantes
Alguien acaba de morir. Son las 3:20 de la mañana. y el no saber
que ya no habrá más, nada más, para nosotros
El hombre entre nosotros está sentado como nosotros los que esperamos con el pulso disminuido
con los codos sobre las rodillas y los ojos estancados de no querer sentir
en este afuera del mundo que es un mundo deseando con todos los dientes ese letargo suyo
antiséptico y claro de nunca saber
el residuo alrededor y abajo y atrás de todo lo que es: que nos quedamos aquí, hora tras hora, encendiendo
una burbuja de piel casi humana cruzada de sondas cigarrillos
amarillas bebiendo café negro, imaginando al hombre que está
por donde entra el aire y sale la súbita falta entre nosotros
de aire; dulce y voraz como ninguno
un mundo de isodine y yodo y otros olores sin olor encerrado en el cántaro de la sed y el cántaro
que borran el olor de los cuerpos en su propia del deterioro
malformación nuestro como el animal que llevamos dentro
sus propios errores, sus propios tumultos, sus propias que es inaccesible a nosotros los que sabemos de morir
y genéticas imperfecciones; y de soportar la sobrevivencia desde la medianoche
hasta el advenimiento de la medianoche. G

número 422, febrero 2006 la Gaceta 9

a
a
Tonantzin Guadalupe
Miguel León-Portilla

El 22 de este mes, el autor de este Desde luego que las aportaciones históricas de fray Bernardino
texto cumplirá 80 años. Su pertenencia de Sahagún y otros frailes como Andrés de Olmos, Alonso de
a El Colegio Nacional y a la Academia Molina, Juan Bautista, y sus colaboradores, discípulos suyos en
Mexicana de la Lengua; los más de el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, ocupan también un
diez doctorados honoris causa que ha lugar privilegiado entre estas producciones. Importa al menos
recibido; la obtención de reconocimientos recordar las transcripciones que hicieron de los huehuehtlahto-
como la medalla Belisario Domínguez, lli, expresiones de la antigua palabra, y la recreación prototípi-
el Premio Universidad Nacional ca de los diálogos o coloquios de los primeros franciscanos con
y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Historia, algunos sacerdotes indígenas sobrevivientes.
Ciencias Sociales y Filosofía, por no hablar del A todo esto deben sumarse los muchos escritos en náhuatl
caudal de obras en historia, antropología y literatura, de denuncia y petición dirigidos a alcaldes, gobernadores, oi-
son la sólida estela que nos viene dejando su dores, virreyes y al mismo soberano. No pocos de ellos son
pensamiento. Reproducimos aquí, en mínimo expresión de muy grande dramatismo y elocuencia. Son ejem-
homenaje, las palabras introductorias a su estudio plo de una literatura menos conocida, espejo fulgurante de in-
y versión en castellano del Nican mopohua contables aconteceres en la vida indígena. Para acabar de per-
suadir, a los poco o nada enterados, de la significación de esta
riqueza literaria, sólo aludiré ya a las maravillas del teatro ná-
Existe un espejo, con frecuencia olvidado, en el que se reflejan huatl, el misionero, el de las danzas de la Conquista y también
aconteceres innumerables en la vida del México novohispano. el de temas profanos, como la adaptación en esta lengua de
Lo tenemos en las expresiones de la palabra en náhuatl trans- algunas comedias de Lope de Vega. Y qué diré de los tocotines
vasada ya a la escritura alfabética a partir, por lo menos, de los que, en náhuatl, salieron de la pluma nada menos que de sor
años treinta del siglo xvi. En archivos y bibliotecas de este país Juana Inés de la Cruz.
y de varios otros se conservan millares de manuscritos en dicha En el contexto de esta gran literatura colonial en náhuatl,
lengua y también centenares de impresos en la misma. Varia- hay que situar al relato conocido como Nican mopohua en razón
dos son los géneros que cabe percibir en ese caudal de produc- de sus primeras palabras, que significan “Aquí se refiere…”
ciones. Acerca de dicha composición no es poco lo que se ha elucubra-
Hay cantos, discursos, narraciones, textos a modo de anales, do, bien sea para tenerla como testimonio fundamental en
adagios, oraciones y conjuros en los que puede identificarse la apoyo de las apariciones guadalupanas o para descalificarla
presencia del pensamiento y formas de decir prehispánicos. como carente de historicidad. No discutiré este tema, el de la
Hay, asimismo, composiciones que versan sobre una amplia historicidad de lo que refiere el Nican mopohua, por la sencilla
gama de cuestiones relacionadas con la actividad de los frailes razón de que lo sobrenatural y milagroso no puede ser afirma-
misioneros: sermones, confesionarios, libros parroquiales en
náhuatl, gramáticas y vocabularios para el aprendizaje de esta
lengua. Existen cartas de indígenas sobre un sinfín de asuntos; Otras obras de Miguel León Portilla
unas dirigidas a las autoridades reales y otras que tenían desti- en el fce
natarios también nahuas. Se conservan, asimismo, muchos
testamentos en náhuatl, varios de gran interés.
En conjunción con algunas de esas expresiones escritas con Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares
el alfabeto, que muchos nahuas aprendieron pronto de los frai- (Antropología, 1961)
les, perduraron pinturas y signos glíficos como en los antiguos Quetzalcóatl (Presencia de México, 1968)
códices. Ante tan copiosa riqueza documental, que integra una Toltecáyotl: aspectos de la cultura náhuatl (Antropología,
auténtica literatura indígena, podrá alguien preguntarse cuáles 1980)
son los escritos que sobresalen por el interés de su contenido o Huehuehtlahtolli: testimonios de la antigua palabra (Antro-
la belleza de su expresión. Querer dar una respuesta es tan di- pología, 1991)
fícil como riesgoso. Literaturas indígenas de México (Antropología, 1992)
A la mente se vienen de pronto no pocos cuicatl o cantares El destino de la palabra: de la oralidad y los códices mesoame-
en que el pensamiento indígena entra a veces en simbiosis con ricanos a la escritura alfabética (Antropología, 1996)
el llegado del Viejo Mundo. También son de obligada referen- Humanistas de Mesoamérica (dos volúmenes, Fondo 2000,
cia los relatos de testigos de la Conquista que integran el cuer- 1997)
po testimonial de la Visión de los vencidos, y los trabajos de tema La huida de Quetzalcóatl (Popular, 2001)
histórico de sabios como Hernando Alvarado Tezozómoc, Motivos de la antropología americanista. Indagaciones en la
Chimalpain Cuauhtlehuanitzin y Cristóbal del Castillo, que diferencia (Antropología, 2001) G
escribieron toda o la mayor parte de sus obras en náhuatl.

10 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
do o negado por la historia. Considero, eso sí, que este relato Quienes las prepararon, don Primo Feliciano Velázquez, mi
a
en el que la figura central es Tonantzin Guadalupe —como maestro el doctor Ángel María Garibay y el sacerdote Mario
aludió a ella fray Bernardino de Sahagún— merece particular Rojas Sánchez, gozan de merecida fama de conocedores del
atención. Tonantzin, que significa “nuestra madre”, según el náhuatl y en sus respectivos trabajos buscaron apegarse al con-
mismo fraile lo notó, era el nombre con que los nahuas llama- tenido del texto. Igualmente en los tres existió la intención de
ban a la madre de los dioses. Ella, Tonantzin, había sido ado- mostrar lo que a sus ojos es el mensaje cristiano del relato. En
rada precisamente en el Tepeyac, adonde desde mediados del modo alguno quiero contrariar o disminuir la importancia de
siglo xvi muchos seguían yendo en busca de la que comenzó a la que ha sido su intención. Reconozco incluso la relevante
llamarse Nuestra Señora de Guadalupe. significación que, a la luz de dicho enfoque, tiene el Nican mo-
La lectura y el análisis del Nican mopohua muestran que fue pohua. Sin embargo, mi propósito aquí es diferente.
escrito por un buen conocedor del antiguo pensamiento ná- Partiendo de los dos hechos antes expuestos, la belleza lite-
huatl con el propósito de dar cuenta de por qué y cómo surgió raria de esta composición y el papel primordial que se ha dado
en el Tepeyac la cada vez más grande en México a la Virgen de Guadalupe,
atracción ejercida por la Señora de Gua- El Nican mopohua, en el que la figura protagónica del relato, busco un
dalupe, allí donde por tanto tiempo se figura central es Tonantzin transvase al castellano en el que cuanto
adoró a Tonantzin. Y anticiparé aquí Guadalupe —como aludió a ella fray sobrevive allí de la antigua espiritualidad
algo a lo que luego atenderemos. Esa Bernardino de Sahagún— merece náhuatl sea más fácilmente perceptible.
nueva atracción que a muchos llevaba al particular atención. Tonantzin, que En modo alguno quiero poetizar el texto
Tepeyac escandalizó al provincial de los significa “nuestra madre”, según el en la traducción, lo que sería hacerle
franciscanos que predicó contra ella en mismo fraile lo notó, era el nombre agravio, ya que es poesía en sí mismo.
la temprana fecha de 1556 y al mismo con que los nahuas llamaban a la Ahora bien, afirmar que en este rela-
fray Bernardino de Sahagún que, veinte madre de los dioses. Ella había sido to —publicado por vez primera en ná-
años después, se opuso a la misma al es- adorada precisamente en el Tepeyac, huatl, sin traducción alguna, hasta 1649
cribir su Historia general de las cosas de la adonde desde mediados del siglo XVI por el bachiller Luis Lasso de la Vega,
Nueva España. muchos seguían yendo en busca de capellán del Santuario de Guadalupe—
Reiterando que no concierne a la la que comenzó a llamarse Nuestra hay vestigios del antiguo pensamiento y
historia demostrar o rechazar la existen- Señora de Guadalupe forma de expresión indígenas, supone
cia de milagros, apariciones o teofanías, esclarecer antes dos cuestiones princi-
y apartándome de la increíblemente prolongada polémica pales. Una se relaciona con su contenido, la fecha aproximada
entre creyentes guadalupanos y antiaparicionistas, señalaré en en que fue compuesto y lo concerniente a su autor. La otra
qué me parece está el interés del relato del Nican mopohua. tiene que ver con la identificación misma de esos vestigios de
Hay dos hechos que tengo por evidentes. Uno es que, además la visión nahua del mundo y de la estilística prehispánica,
de ser este texto una joya de la literatura indígena del periodo perceptibles en el relato. G
colonial, es también presentación de un tema cristiano, expre-
sado en buena parte en términos del pensamiento y formas de
decir las cosas de los tlamatinime o sabios del antiguo mundo
náhuatl.
El otro hecho, también insoslayable, es que la figura central
del relato, Tonantzin Guadalupe —más allá de la demostración
o rechazo de sus apariciones—, ha sido para México tal vez el
más poderoso polo de atracción y fuente de inspiración e iden-
tidad. Será suficiente recordar en apoyo de esto lo que significó
ella en los momentos de pestes, hambrunas y de afán de encon-
trarse a sí mismo en los tres siglos del México novohispano. De
la vida del país que alcanzó su independencia cabe evocar al
padre Miguel Hidalgo, que hizo bandera de su causa a la ima-
gen guadalupana, así como a José María Morelos, quien atri-
buyó a la Virgen de Guadalupe muchas de sus victorias. Casi
un siglo después, la guadalupana acompañó a Emiliano Zapata,
la más emblemática figura de la Revolución mexicana. Se con-
servan fotografías de sus hombres que enarbolan el mismo
símbolo.
Reconociendo el valor como creación literaria de este relato
y la importancia de Tonantzin Guadalupe en el acontecer his-
tórico de México, he preparado una nueva traducción de él al
castellano. Es cierto que existen varias versiones del Nican mo-
pohua en esta lengua muy dignas de aprecio. Además de la un
tanto libre publicada en el siglo xvii por el sacerdote Luis Be-
cerra Tanco y de otras inéditas en la centuria siguiente, men-
cionaré las de fechas más recientes.

número 422, febrero 2006 la Gaceta 11

a
a
La espada y la cruz
Enrique Krauze

La presencia del pasado es un recorrido sus ancestros: guiados por el conquistador indio Pedro Martín
por el modo en que diversos historiadores del Toro (a quien las pictografías otomíes del siglo xvii repre-
mexicanos se han ocupado del devenir de sentaban coronado y vestido a la usanza española) habían pe-
nuestra nación. Viéndolos reconstruir el leado en la “Gran Chichimeca” y fundado varias ciudades mi-
pasado, Krauze mismo lo reconstruye y neras en el corazón del país (Guanajuato, Sombrerete). Hacia
pondera la importancia de ciertas visiones, mediados del siglo xvi, los propios mexicas colaboraban con
fugaces unas, duraderas otras, a través los españoles en la guerra del Mixtón, en el occidente de Méxi-
de las cuales se ha relatado la historia co. De hecho, los críticos españoles de Cortés se sorprendían
patria. La edición del FCE, además, está profusamente del afecto mutuo que parecía existir entre los indios y el Con-
ilustrada, al punto de que esas imágenes constituyen un quistador: “dicho Don Fernando Cortés —testificaba uno de
ensayo gráfico de cómo se han concebido algunos hitos los fiscales en el juicio que se le entabló, en 1529— confiaba
del pasado. A continuación presentamos un trozo del mucho en los indios desta tierra… [y] los dichos indios querían
capítulo dedicado al polémico Hernán Cortés bien al dicho Don Fernando Cortés e facían lo que él les man-
daba de muy buena voluntad”.
La presencia del pasado Para fray Bartolomé de las Casas —su acérrimo enemi-
go— Cortés no era más que un “capitán tirano”, un usurpador
de reinos ajenos, un criminal que merecía ser decapitado, y su
Tras la atroz caída de su ciudad el 13 de agosto de 1521, los empresa de conquista, una abominación: “Desde que entró a
mexicas dejaron testimonios desgarradores (cantares, códices, Nueva España hasta el año de treinta… duraron las matanzas
pinturas, tradición oral) de su cósmica derrota. Ésa era la táci- y estragos que las sangrientas y crueles manos de los españoles
ta condenación de Cortés. El recuerdo de Cuauhtémoc lo hicieron continuamente… matando a cuchillo y a lanzadas y
perseguiría tanto en la vida como en la posteridad. Todas las quemándolos vivos mujeres y niños y mozos y viejos.” Sin ir,
crónicas de la Conquista, aun las del propio Cortés, rendirían por supuesto, tan lejos, algunos compañeros del conquistador
tributo al último tlatoani. Cortés había tenido que reducir Te- deploraron sus actos de crueldad, como la Matanza de Cholu-
nochtitlan a escombros, antes de lograr la rendición de su va- la. A la vertiente opuesta pertenecía, desde luego, el propio
leroso adversario: “es verdad y juro amén —escribió Bernal Cortés, autor (pro domo sua, como julio César) de las Cartas de
Díaz del Castillo— que toda la laguna, casas y barcas… estaban relación; estaba también la Historia de la Conquista de México
tan llenas de cuerpos y cabezas de hombres muertos, que yo no (1552) de su capellán, Francisco López de Gómara, que enal-
sé de qué manera lo escriba”, a pesar de lo cual Cuauhtémoc teciendo a grado tal a su héroe provocó la exasperación de
había dicho: “muramos todos peleando”. Reconociendo la Bernal Díaz del Castillo, moviéndolo a escribir poco después
grandeza de los derrotados, los propios compañeros de Cortés su célebre vindicación del carácter colectivo de la hazaña: la
le reprocharon el tormento, cautiverio y sacrificio de Cuauhté- Historia verdadera de la Conquista de Nueva España. Siguieron,
moc: “esta ejecución —agrega Bernal— fue demasiado injusta entre otras, la Historia general y natural de las Indias, de Gonza-
y censurada por todos los que íbamos en aquella jornada”. Pero lo Fernández de Oviedo (primera edición en 1535), la Historia
no sería entre los mexicas donde se refugiaría el espíritu com- general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del
bativo de Cuauhtémoc, sino en el Septentrión (la vasta tierra Mar Océano (1601, 1615), de Antonio de Herrera y Tordesillas,
de donde los propios mexicas provenían) y, sobre todo, en la y ya en la segunda mitad del siglo xvii, la Historia de la Conquis-
antigua zona maya, donde la Conquista no sería sólo el recuer- ta de México (1684), de Antonio de Solís, poeta y dramaturgo
do de una derrota sino una herida abierta que clamaba vengan- de altos vuelos que criticaba ferozmente la “demoníaca” cultu-
za. ra de los indios y a sus defensores (como Las Casas, quien a su
En el polo opuesto, las naciones indias que colaboraron en juicio “cuidó menos de la verdad que de la ponderación”). Pa-
el derrumbe de aquel imperio recordarían la Conquista como recía la consagración definitiva de Cortés, pero lo cierto es que
una época dorada. Sin la participación de los cempoaltecas, los propios monarcas siguieron la pauta reticente que en vida
huejotzincas y tezcocanos, pero sobre todo de los tlaxcaltecas, del conquistador había adoptado Carlos V. De hecho, las Car-
los quinientos hombres de Cortés hubieran sido derrotados. tas de relación, publicadas por primera vez entre 1522 y 1525, se
En pago a su contribución, los tlaxcaltecas obtuvieron trato de volverían a editar doscientos cincuenta años más tarde y no en
aliados libres, no de siervos: siguieron luchando al lado de los España, sino en la Nueva España.
españoles en la guerra contra los chichimecas, colonizaron el En la Nueva España, en efecto, la memoria de Cortés se-
norte del país y fundaron varias ciudades (Querétaro, Saltillo, guía siendo respetada. Para los franciscanos —cuya misión
San Luis Potosí), a las que imprimieron costumbres que eran propició desde el inicio— Cortés había sido el hombre de la
claramente visibles aún en tiempos porfirianos. Otra nación Providencia, nuevo Josué que guiaba al pueblo indígena desde
privilegiada había sido la otomí. A pesar de su pobrísima situa- las tinieblas de la idolatría hasta la Tierra Prometida de la re-
ción en 1910, su memoria colectiva retenía aún las hazañas de ligión verdadera. “Aunque, como hombre, fuese pecador —es-

12 la Gaceta número 422, febrero 2006

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vosotros una gente muy de lexos, gente muy robusta y esforzada,
a
gente muy antigua y diestra en el pelear, gente cuyo lenguaje no
entenderás ni jamás oíste su manera de hablar, toda gente fuerte y
ánimos, codiciosa de matar. Esta gente os destruirá a vosotros, y a
vuestras mujeres e hijos, y todo cuanto poseéis, y destruirá todos
vuestros pueblos y edificios…”

En su interpretación de la Conquista, fray Jerónimo de Men-


dieta adujo que Cortés había nacido el mismo día del año 1485
en que, según versiones, ochenta mil indios eran sacrificados
en el Templo Mayor de Tenochtitlan. Según Mendieta, el pro-
pio Creador, apiadado de tantas almas desgraciadas, había en-
viado en Su nombre a un nuevo Moisés para liberarlos. Fray
Juan de Torquemada ahondó en la semejanza del Conquistador
con el libertador del Éxodo: “Al propósito de esta similitud que
hemos puesto de Cortés con Moysén, no hace poco al caso el
haber Dios proveído (y podemos decir que milagrosamente) al
capitán Cortés, que era como mudo entre los indios, de intér-
pretes a su sabor y contento, el cual sin ellos no pudiera bue-
namente efectuar su intento; así como a Moysén que era bal-
buciente y tartamudo y no tenía lengua para hablar a Faraón,
ni al pueblo de Israel cuando lo guiase como su caudillo.” Y
aportaba otras pruebas de la intervención divina:

permitió Dios que pensasen que eran dioses a quienes ellos tanto
respetaban y que desde luego se atemorizasen con su entrada en
sus reinos; lo uno para que fácilmente unos de ellos se confedera-
sen con los españoles y fuesen contra los otros, y que éstos contra
quien venían ligeramente se acobardasen; lo otro para que así
desavenidos y discordes entrase el príncipe de paz Jesucristo con
su Evangelio, a soldar la quiebra hecha en las diferencias que entre
sí traían estas naciones.

Más ponderado, el jesuita José de Acosta refrendó la versión de


la Conquista como obra de la Providencia: “los pecados de
aquellos crueles homicidas y esclavos de Satanás, pedían ser
castigados del cielo”, pero destacó —como antes Motolinía, al
hablar de las “diez plagas” que azotaron también a los mexi-
cribió Motolinía—, tenía fe y obras de buen cristiano y muy cas— los pecados cometidos por los españoles.
gran deseo de emplear la vida y la hacienda por aumentar la fe
de Jesucristo, y morir por la conversión de estos gentiles.” Lo Es opinión de muchos que como aquel día quedó aquel negocio
conmovía recordar a Cortés “confesándose con muchas lágri- puesto, pudieran con facilidad hacer del rey y reino lo que quisie-
mas, comulgando devotamente y poniendo su ánima y hacien- ran, y darles la ley de Cristo con gran satisfacción y paz. Mas los
da en manos de su confesor”. En el mismo sentido, fray Ber- juicios de Dios son altos, y los pecados de ambas partes muchos, y
nardino de Sahagún encomiaba al “cristianísimo varón”, “fide- así se rodeó la cosa muy diferente, aunque al cabo salió Dios con
lísimo caballero”, “valentísimo capitán Don Hernando su intento de hacer misericordia a aquella nación, con la luz de su
Cortés… en cuya presencia y por cuyos medios, hizo Dios Evangelio, habiendo primero hecho juicio y castigo de los que lo
nuestro señor muchos milagros en la conquista de esta tierra… merecían en su divino acatamiento.
El primero fue la victoria que nuestro señor Dios dio… en la
primera batalla que tuvieron contra los otomíes tlascaltecas Aunque en la defensa de su “mexicano domicilio” exaltaban las
(que fue muy semejante al milagro que nuestro señor Dios virtudes de la historia antigua, los criollos de la Nueva España
hizo con Josué, capitán general de los hijos de la Israel en la no denigraron a Cortés. Por el contrario. Los descendientes de
conquista de la tierra de promisión).” Tenochtitlan, como la los conquistadores lo consideraban su caudillo histórico. En su
Jerusalén llorada por Jeremías, había caído por obra de sus Sumaria relación, Baltasar Dorantes de Carranza hizo a co-
pecados: mienzos del siglo xvii un recuento de las hazañas y el carácter
de Cortés: “Cosas hechas con grandes fundamentos y con
Aprovechara mucho esta obra para conocer el quilate desta gente grande ánimo ¿quién pudiera u osara fiallas todas de la fortuna,
mexicana, el cual no se ha conocido, porque vino sobre ellos aque- arrojándose en tantas aventuras que parece impusible el efecto
lla maldición de Jeremías de parte de Dios, fulminó contra Judea dellas en tan buenos fines y gloria de su nación, y acrecenta-
y Jerusalén: “yo haré que venga sobre vosotros, yo traeré contra miento de su casa, servicio y grandeza de su Rey, con tanta

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a
grandeza y hechos tan milagrosos.” En varios momentos de su decer y respetar aun de sus iguales.” El haber barrenado los
a
narración introduce el poema laudatorio de Francisco de Te- navíos le parecía prueba fehaciente de su “grandeza de alma”.
rrazas sobre la Conquista: Y aunque admite que su celo religioso “no era inferior a la
formidable fidelidad que guardó a su soberano”, señala que el
Valeroso Cortés, por quien la fama “esplendor de éstas y otras buenas cualidades” se “amortiguó
Sube la clara trompa hasta el cielo, con algunas acciones indignas de la grandeza de su alma”. Pero
Cuyos hechos rarísimos derrama la historia de Clavijero terminaba con una nota trágica. Lejos
Con tus proezas adornando el suelo; de las triunfales visiones del siglo xvi o de las vindicaciones
Si tu valor que el ánimo se inflama heroicas del xvii, entendía que la Conquista había sido tan
Se perdiese de vista al bazo vuelo; cruel como ineluctable, en términos humanos y divinos. Y
Si no pueden los ojos alcazalle desde su siglo ilustrado, volvía a tocar una nota bíblica, la ines-
¿quién cantará alabanzas a su talle? crutable justicia divina:

La Conquista, en definitiva, había sido un “regalo del cielo” Los mexicanos, como todas las naciones que contribuyeron a su
para “los hombres de esta tierra”. Vicios, pecados, “mendi- ruina, quedaron, a pesar de las cristianas y humanísimas disposi-
guez”; las “mil vergüenzas que les acarreaba la ignorancia y ciones de los Reyes Católicos, abandonados a la miseria, a la
libertad en que se criaban”, se había tornado en “compostura y opresión y al desprecio, no sólo de los españoles sino también de
cuidado”. los más viles esclavos africanos, y de sus infames descendientes:
Carlos de Sigüenza y Góngora fue aún más lejos en su vin- castigando Dios, en la miserable posteridad de aquellos pueblos,
dicación. El agravio apenas larvado de los criollos con respecto la injusticia, la crueldad y la superstición de sus antepasados:
a la Corona Española se proyectaba retrospectivamente en la ¡horrible ejemplo de la justicia divina y de la inestabilidad de los
figura de Cortés: “sujeto dignamente merecedor de mejor for- reinos de la tierra!
tuna que la que en su mayor soberanía lo despojó el Imperio”.
En su piedad heroica, Sigüenza hizo la historia del Hospital de “Desdicha es nuestra el que no tengamos siempre a la vista
Jesús para mostrar que la piedad de Cortés estaba a la altura de (para agradecérselo) a quien representa aquel Héroe incompa-
su heroísmo. La fundación del hospital, junto con la erección rable, a cuyo valor debemos las delicias y conveniencias con
de iglesias y la destrucción de ídolos, se debía a “la providencia que aquí se vive”, había escrito Sigüenza y Góngora. En las
de Don Fernando Cortés”. Para “ofrecerle a Dios conquistó su postrimerías del siglo xviii, el virrey Revillagigedo dispuso
brazo”. Ese empeño espiritual había sido “el norte de sus ac- trasladar los restos mortales de Cortés de la iglesia de San
ciones”. Francisco, donde estaban depositados, a un suntuoso sepulcro
mandado hacer por el propio virrey en el presbiterio de la
Si sobresalió más en piedad que en el valor el antiguo Eneas es iglesia de Jesús (adjunta al hospital). Descubiertos “los huesos
problema, que tiene por una y por otra parte para su ilustración envueltos en una sábana de cambray bordada de seda negra con
relevantes pruebas, y las mismas sirven para que en una y en otra encaje al canto de lo mismo”, el 2 de julio de 1794 se conduje-
virtud se le ladee en el templo de la inmortalidad el fortísimo y ron al Hospital de Jesús para colocarlos en el sepulcro. Duran-
piadosísimo Marqués del Valle. Llenas están las historias de lo que te la misa que se celebró en la magna ocasión, fray Servando
en él se competían la religión y el esfuerzo… Teresa de Mier (el precursor de la Independencia) pronunció
la oración fúnebre por Cortés y en ella lo elogió por haber
En el concepto de Sigüenza y Góngora, la ferocidad de la Con- “destruido la idolatría, los sacrificios humanos sangrientos y
quista no se debía a Cortés sino a la actitud de aquellos que traído y comunicado la luz del Evangelio a los que moraban en
“más por intereses de su codicia que por inmortalidad de sus las tinieblas de Egipto”. Ahora sus restos tenían un sepulcro
nombres, cooperaron mal contentos a sus empresas”. Y como digno en la Nueva España, pero ni ellos ni su memoria —liga-
testimonio concluyente de la piedad del Marqués, recurriendo da por siempre a la de Cuauhtémoc, y disminuida por ella en
a su testamento, Sigüenza señalaba que el lugar elegido para el la inevitable comparación— descansarían en paz. G
hospital, en la Calzada de San Antón, tenía un sentido simbó-
lico: por ahí había hecho Cortés su primera pacífica entrada a
Tenochtitlan, el 8 de noviembre de 1519; y en ese mismo lugar, Otras obras de Enrique Krauze
apuntaba Sigüenza, “empezó” la inundación durante el reino en el fce
del emperador Ahuítzotl. El sabio pensaba que Cortés había
escogido ese lugar para su hospital con el propósito de santifi-
carlo: “quién nos puede quitar el que ponderemos ser contin- Biografía del poder (Tezontle, 1987)
gencia digna de gran reparo, el que donde experimentó México 1. Porfirio Díaz, místico de la autoridad
en su gentilidad tan dolorosa ruina halle ahora para los católi- 2. Francisco I. Madero, místico de la libertad
cos que la habitan providencia caritativa, para restaurarles la 3. Emiliano Zapata, el amor a la tierra
salud perdida y remediar sus achaques”. 4. Francisco Villa, entre el ángel y el fierro
En su Historia antigua de Méjico, Clavijero (más atemperado, 5. Venustiano Carranza, puente entre siglos
más distante) concede a Cortés prendas de carácter: “Era un 6. Álvaro Obregón, el vértigo de la victoria
hombre de buen entendimiento, de singular valor y destreza, 7. Plutarco E. Calles, reformar desde el origen
en todo género de armas, de genio fecundo en arbitrio para 8. Lázaro Cárdenas, general misionero G
llevar al cabo sus ideas, de una rara habilidad para hacerse obe-

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a
a
Los problemas de América
Daniel Cosío Villegas

Editor, profesor universitario, fundador por definición, un claustro es una unidad autárquica en lo eco-
de instituciones, Cosío Villegas perteneció nómico, en lo político, en lo social y hasta en lo espiritual. En
a una generación de audaces y decididos fin, la mancha mayor pretende gobernar a las menores; pero
hombres de ideas y de acción. Hemos como cada una es un claustro, los hombres de un claustro ig-
tomado este fragmento de Extremos de noran por qué los del otro han de pretender dictar leyes o
América, obra que reúne ensayos y costumbres generales. Y las dictan, pero con violencia, grave o
artículos en los que el lector hallará leve, pasajera o permanente. Y es explicable esa ignorancia: si
pasión analítica y a la vez mesura, astucia el cuerpo humano reconoce primacía al corazón, es porque
literaria y hasta las bases para un programa político. sirve a todo el cuerpo: manda a cada una de las partes de éste
Actualmente circula una nueva edición, dentro de la sangre pura, la roja, y recoge de ellas la sangre envenenada,
la serie conmemorativa por el 70 aniversario de la casa la azul. El corazón gobierna porque en el cuerpo llena dos
funciones no sólo generales, sino sagradas, como se antojaría
llamarlas: alimenta y purifica. Pero ¿por qué un claustro dis-
Una cosa me ha llamado siempre la atención en la América tante y aislado ha de pretender gobernar a los otros claustros
Latina: el desapego, la lejanía en que el hombre vive respecto distantes y aislados? ¿Por qué, si sus gentes no conviven? ¿Sim-
de sus semejantes. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, dice plemente porque el uno es mayor o más fuerte, o porque está
la ley cristiana; pues bien, entre nosotros el prójimo no es ni situado en la posición dominante de la meseta o del litoral? Lo
está próximo: la distancia es grande y pequeña la similitud. cierto es que las comunicaciones, el poder, la fuerza, se concen-
En efecto, al hombre de América le ha venido siempre tran en el claustro mayor, y que éste pretende usar ese poder y
ancha la tierra de América: la tierra es ancha y ajena, ha podido esa fuerza en beneficio propio, y no para el beneficio de todos
decir el novelista peruano; el nuestro es un “continente vacío”, los claustros.
dice un escritor mexicano; y en la Argentina, la expresión “so- Es casi innecesario decir que si nuestro módulo demográfi-
ledad poblada” parece haber perdido ya su paternidad a fuerza co es el primitivo del claustro, existen razones, y bien serias,
de repetirse. para ello. Casi toda la tierra americana es ingrata, de modo que
Lo cierto es que los geógrafos hablan de que el módulo no hay país, con la posible excepción de Uruguay, en que la
demográfico común de la América Latina es el muy primitivo ocupación y aprovechamiento progresivos de la tierra sea tarea
del “claustro cerrado”: una mancha humana aquí, otra ahí, y fácil, y hacedera, como si dijéramos, con el simple transcurso
entre ambas, el vacío, la zona muerta en que el hombre no vive, del tiempo.
y menos convive. No es sólo que entre una mancha humana y En México, por ejemplo, la parte norte-central es desértica,
otra exista la nada, sino que cada una de esas manchas —cual- con poca o ninguna esperanza de compostura, aun desestiman-
quiera que sea su situación o su magnitud— es densa en su do el costo de las posibles soluciones artificiales; la gran altipla-
centro y se desvanece progresivamente al aproximarse a la pe- nicie central depende de lluvias insuficientes e irregulares; la
riferia. Esto quiere decir que, por ahora y durante muchos y región costera del golfo y la parte sur, hacia Guatemala, es
largos años, no hay esperanza de que una mancha se extienda trópico puro: caliente, húmeda, agresivamente feraz, malsana.
hasta llegar a tocar la más próxima, fundiéndose ambas en una El país, en realidad, sólo cuenta con valles pequeños, aislados,
sola y ampliándose así la zona de convivencia humana. Por eso en la gran altiplanicie central y con extensiones ricas en la zona
los geógrafos aseveran que en todo el territorio de Iberoamé- noroccidental. Y no hablemos de la maraña de sierras y mon-
rica hay apenas tres regiones de un crecimiento demográfico tañas que tajan al país, haciéndolo literalmente añicos. Esta
“sano”, es decir, zonas en las cuales el centro se robustece sin descripción geográfica de México es válida en su esencia para
sacrificio de la densidad de la población periférica: las tierras la América Central y el Caribe. Colombia, Ecuador, Perú y
de Costa Rica y Colombia, y los estados surianos de Brasil. Chile son víctimas de la colosal barrera andina, tema, eso sí, de
Muchas y muy curiosas consecuencias se derivan de ese una exaltación literaria continua. Y si el colombiano cuenta
módulo demográfico claustral. La primera ha sido señalada ya: con excelentes tierras altas y laderas que ocupa y trabaja con
el grado escaso o nulo en que los hombres de un claustro con- éxito lisonjero, lucha contra la montaña, que devora tiempo y
viven con los hombres de otros claustros. La segunda es que el esfuerzo para hacer circular al hombre y sus riquezas, y en su
país o la nación son entes en buena medida ficticios, o, si se suelo, en la parte noroccidental, el colombiano tiene una selva
quiere, realidades muy imperfectas, pues además de esa conti- tan densa que sobrecoge la idea de que alguna vez un ser hu-
nuidad territorial que los tratadistas de derecho público seña- mano pueda ser atrapado por ella. Brasil la tiene también; no
lan como una característica del estado, para la nación habría le falta el desierto, y, por añadidura, cubriendo su centro, está
que proponer la de estar poblada sin solución de continuidad, la tan justamente llamada “hoya” amazónica. Ecuador y Perú
para decirlo extremosamente. La tercera es que en cada man- cuentan asimismo con el trópico indomable y el desierto deso-
cha de población se crean, con manifiesto desperdicio de tiem- lado. La mitad del territorio chileno es desértico; en Argentina
po y esfuerzo, instituciones y servicios de toda índole, pues, no todo es pampa y menos pampa húmeda: hay también de-

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a
sierto y una Patagonia que sólo se deja habitar si el lobo huma- La ingratitud de la tierra explica en gran medida su ocupa-
a
no se viste de oveja. ción y dominio parciales; la ocupación y el dominio parciales
Y lo trágico es que en esas tierras inhóspitas se encuentra de la tierra explican el módulo demográfico primitivo del claus-
buena parte de la riqueza que el hombre de América necesita tro; y ese módulo, a su vez, explica en parte lo que más intere-
para vivir: el indio boliviano y el peruano han de encaramarse a sa: el grado limitado de convivencia que ha alcanzado hasta
cuatro mil metros de altura para arrancar a la tierra el estaño o ahora el hombre de nuestra América. Mas no podemos explicar
el cobre que venden a fin de sustentarse de maíz y trigo. Así, las así que la convivencia siga siendo limitada y defectuosa dentro
zonas geográficas ingratas obligan a la población a concentrarse de un claustro, llámese éste nación, provincia o caserío. Aquí
en las menos ingratas, aislando una zona poblada de la otra. intervienen razones igualmente obvias y profundas, pero de
Como ocurre siempre, no todo es desventaja en este creci- una índole bien diferente: no es ya la naturaleza quien separa al
miento demográfico de tipo claustral: grata a veces y tan útil hombre del hombre, sino el hombre mismo. Poco prudentes
siempre como es la convivencia humana, han de ser los hispanoamericanos si no
no debiera llegar a ser tan estrecha como Es casi innecesario decir que si han logrado convivir bien con sus seme-
en Europa lo es: allí el hombre la siente nuestro módulo demográfico es el jantes a pesar de que están condenados a
impuesta, lo obliga a vivir con sus seme- primitivo del claustro, existen hacerlo en claustros cerrados: es eviden-
jantes codo con codo, como si fuera en la razones para ello. Casi toda la tierra te que el monje recluido de verdad den-
cuerda rumbo al presidio o el destierro. americana es ingrata, de modo que tro de un claustro físicamente, material-
Una de las razones que decididamente no hay país en que la ocupación y mente cerrado, hace el mayor esfuerzo
hacen más saludable el clima humano de aprovechamiento progresivos de la imaginable para entenderse con quienes
América es que entre hombre y hombre tierra sea tarea fácil habrá de compartir su vida entera. Y sin
ha habido hasta ahora tierra bastante que embargo, como que el hombre hispano-
labrar y aire puro que respirar; desgraciadamente, la separación americano no lo ha intentado con toda la decisión que debiera,
es por ahora tan grande, que se convierte, como el desierto, en y si lo ha hecho, ha fracasado en muy buena medida.
estéril, y como el desierto, engendra soledad y desamparo. Bastaría para convencerse de ello echar una mirada a la es-
Claro que ha habido un avance enorme en el proceso de tructura social de cualquiera de nuestros países, y, por desgra-
ocupar y dominar la tierra: por ejemplo, es impresionante re- cia en esto no parece haber excepciones, siquiera de grado.
construir hoy en un mapa las zonas pobladas por los americanos Ninguno tiene una clase media (o, por lo menos, no la tiene
al hacerse el descubrimiento y la conquista: tres cuartas partes bastante numerosa y compacta) cuya existencia mitigue el con-
de ellos vivían en las limitadísimas franjas en que florecieron las traste tajante y doloroso entre una clase baja desmesuradamen-
grandes civilizaciones maya, azteca e incaica, y la menos avan- te pobre, y una alta, también desmesuradamente rica. Quizá lo
zada de los chibchas; el resto de nuestro enorme territorio no único en que estas dos clases coincidan sea en su espesa igno-
estaba poblado del todo, o lo estaba por tribus ralas y desorga- rancia; en lo demás, ni pueden ser más distintas ni estar más
nizadas. Hoy la población es mucho mayor, su agrupamiento distantes. E insisto en que no debemos disimular el desvío
más recio, y se han abreviado las distancias y los obstáculos que abominable que separa a nuestras clases bajas de las altas: el
separan a unos núcleos demográficos de otros. Y sin embargo, observador superficial tiende a ver la paja en el ojo ajeno, pero
ni la América Latina en su conjunto, ni ningún país de ella in- no la viga en el propio, de modo que es frecuentísimo que
dividualmente considerado, ha conseguido repetir la hazaña quienes proceden de países donde la indumentaria europea
norteamericana de poblar y dominar un territorio de gran mag- está generalizada, crean que las distancias sociales son menores
nitud en siglo y medio escaso; no sólo eso, sino que todos los en sus países de origen y mayores en los de población indígena,
países latinoamericanos están todavía muy lejos de hacerlo y en simplemente porque en éstos a la separación social se agrega la
algunos no se ve cuándo ni cómo podrían lograrlo. “nota de color” de una vestimenta pintoresca.
Claro que no hay sociedad moderna en que esas diferencias
sociales no existan y aun claramente visibles; pero las nuestras
Sobre las ilustraciones me parecen mayores y como más hirientes, como que envene-
nan más el cuerpo social todo, conduciéndolo a convulsiones
Las ilustraciones de este número provienen de diversas violentas de tiempo en tiempo, entre otras razones porque en
obras de nuestro catálogo infantil y juvenil. Esperamos nuestra América parece que debiera haber para todos mucho
que, al reproducirlas aquí —lamentablemente sin todo el espacio, mucho aire, mucha luz y comida y abrigo bastantes. Y
colorido que tienen en realidad—, despierten el interés no olvidemos al hablar de clases sociales ese fenómeno al que
por sus creadores: Juan Gedovius aparece en las páginas los sociólogos atribuyen tanta importancia: la capilaridad so-
3, de Trucas, y 11, de Columpios; Miguel Murrugarren en cial, o sea la mayor o menor facililad o dificultad con que el
la 4, de Animalario; Ricardo Peláez en la 5, de Historia de hombre de una clase inferior se desprende de su clase para
un niñito bueno. Historia de un niñito malo; Bruno Heitz en trepar a otra superior.
la 8, de Yoyo y el color de los olores; Magú en las 25 y 26, de En cuanto a nuestra clara y profunda división en clases,
El ratón del supermercado y… otros cuentos; Rodolfo Castro supongo que no es menester especular mucho para admitirla y
en la 28, de Un hombre de mar; Carlos Pellicer López en sentir su magnitud: bastaría pensar en un indio boliviano o
la 30, de Julieta y su caja de colores. Agradecemos a Miriam peruano, a un extremo, y en un señorito de La Paz o de Lima,
Martínez y su equipo la ayuda para difundir esta valiosa al otro; en un negro de la costa caribeana de Colombia, y en el
colección. G rico industrial antioqueño; en un roto chileno y en el dandy que
concurre al Club de la Unión de Santiago; entre un negocian-

16 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
te mexicano con casas de recreo en Cuernavaca, Taxco y Aca- ra, y, en consecuencia, tampoco podía ambicionar. Y el hombre
a
pulco, y un lacandón trashumante. Puede algún hispanoameri- mismo ha cambiado, él, por su cuenta o como resultado de una
cano ingenuo pensar que si las distancias sociales son grandes acción exterior; pero lo cierto es que el ser humano de este
en nuestra América, no lo son tanto como en la Europa occi- siglo no está dispuesto a seguir siendo pobre, ni a tolerar que
dental o en Estados Unidos, porque entre nosotros no hay una al lado suyo haya hombres iguales a él, excepto en la riqueza.
verdadera aristocracia ni un genuino proletariado industrial: la Durante muchos años, siglos, la religión cristiana ha podido
primera, una clase de verdad encopetada; la segunda se diría, ser un freno a los apetitos materiales del hombre, o una com-
no simplemente baja, sino subterránea. pensación de su pobreza; hoy, el cristianismo ha perdido para
Quizá nuestras clases altas sean, en efecto, menos altas que siempre esa función, reservándose la más modesta de dar un
la aristocracia tradicional europea o que aire inocente de simple buena suerte a la
el hombre inverosímilmente adinerado Ha de tenerse presente que riqueza adquirida quizá de mala ley.
de Estados Unidos, si bien no puede nuestra aristocracia gobierna o ha Pero hay un hecho que se olvida con
dudarse de que nada en el mundo hay gobernado nuestros países, y frecuencia al analizar las peculiaridades
tan bajo como un indio de la altiplanicie aun en aquellos en que ha sido de la estructura económica de nuestros
boliviana pero aun siendo cierto lo pri- batida, no acepta un papel social países, hecho que impide también una
mero, el hecho no nos favorece. Por una de mero ornato, sino que acecha la mayor convivencia entre los hombres de
parte, la aristocracia europea es menos oportunidad de retornar al poder. América: la coexistencia de formas e ins-
aristocrática de lo que comúnmente se De ahí que se la mire con recelo y tituciones económicas primitivas y de
supone y, en consecuencia, menos alta se la tenga por enemiga formas e instituciones ultra avanzadas.
de lo que aparenta; por otra, poquísimo Todos conocemos el brillante cartel de la
o nada representa en la vida colectiva, de modo que no ha de- Panagra: un monstruo del aire cruza el cielo del Perú o de
jado de ser punto de comparación social o fuente de envidia o Bolivia a una velocidad de 5oo kilómetros por hora y a una
rencor; de hecho, es un grupo social confinado. En todo caso, altura de 6 mil metros, mientras abajo, en el desierto calcinado,
y en la justa medida en que sea verdadera aristocracia, ha teni- unos indios con su tropilla de llamas lo miran pasmados. En
do tiempo para afinarse y pulirse. La nuestra, al contrario, es realidad, la Panagra, al fin vieja celestina del imperialismo, ha
tan reciente, se ha hecho tan a la vista de nosotros, está amasa- sido bondadosa con nosotros los hispanoamericanos, pues sin
da tan crudamente con el solo ingrediente del dinero, y su violentar la verdad, ha podido sustituir por la llama otro medio
fortuna se deriva de manera tan directa del despojo, del factor de transporte más primitivo, pero no menos general: el lomo
oficial o del azar, que no puede ser objeto de admiración, y a del indio mismo, en que se han acarreado por siglos, y se si-
veces podría regateársele hasta el olvido; a ello ha de agregarse guen acarreando, bienes y personas.
su falta general de buen gusto y de refinamiento. Muchos de No sólo en los transportes, sino en la vida económica toda de
los héroes de nuestra Independencia fueron caballeros adine- nuestra América, se comprueba la coexistencia de formas primi-
rados; en todos los países de América la clase media alta que tivas y de formas avanzadas, modernísimas. Al lado de la célebre
fue formándose en la segunda mitad del siglo xix, llegó a ser en fábrica de Carretones, en que el vidrio se sopla a pulmón limpio
ocasiones ilustrada, generosa y progresista; pero el rico de este para hacer esa singular cristalería de México, las modernas fac-
siglo no tiene perdón de dios por cualquiera parte que se le torías de vidrio plano de Monterrey; al lado del sarape o del
mire. Así, ha de tenerse presente que nuestra aristocracia, di- poncho tejido a mano o en el telar de pie, las grandes fábricas
recta o indirectamente, gobierna o ha gobernado nuestros textiles de Antioquia, São Paulo, Santiago o de Orizaba; y en
países, y aun en aquellos en que ha sido batida, no acepta un Buenos Aires, al lado del gran almacén en que se puede com-
papel social de mero ornato, sino que acecha la oportunidad de prar, según la fórmula consagrada, “desde un alfiler hasta una
retornar al poder. De ahí que, en el mejor de los casos, se la locomotora”, se ve el carro tirado por bestias que va a ofrecer a
mire con recelo, y en el peor, se la tenga por enemiga. diario verduras a las amas y sirvientas de la ciudad entera.
Nuestra estructura económica es, por supuesto, otro obstá- No es fácil la convivencia entre hombres que viven en mun-
culo formidable para que los hombres convivan más en nuestra dos económicos radicalmente distintos: ¿será fácil el entendi-
América. Si hemos aceptado que la estructura social se carac- miento entre el hombre que carga a cuestas su trigo o su maíz
teriza por profundas divisiones en clases, debemos suponer que para llevarlos al mercado, y el hombre que recibe por avión
gran parte de esas divisiones tienen su origen en la disparidad algún repuesto para la maquinaria de su fábrica? De hecho, es
de medios y de oportunidades económicas: a un extremo, gran- muy frecuente hallar en los países americanos grupos humanos
des riquezas invertidas en tierras, fincas y ahora en industrias, que viven en una economía de estricto trueque, mientras los
que permiten una vida fácil, de ocio y de despreocupación; al otros se mueven en una economía hija del capitalismo más
otro, un salario menguado e inseguro; de un lado el palacio con avanzado. La perla, de Steinbeck, no platea otro problema en
hipódromo privado, según se dice en Buenos Aires; del otro, el su dramática novela.
famoso “conventillo”. Y no se olvide que los vicios de esta or- Las diferencias sociales y económicas en nuestros pueblos
ganización producen efectos cada vez más generales y cada vez son tan grandes y tan macizas que no pueden aminorarse o
más sensibles: en manera alguna tiene la misma significación reajustarse de una manera normal, tranquila, diaria, mecánica,
ser pobre en el siglo xii que serlo en el xx, pues la industria diríamos; pues faltan o son pobres los medios y las oportunida-
moderna ha despertado la codicia del hombre al desplegar ante des para mudar de clase o grupo.
sus ojos, en tienda tras tienda, una variedad infinita de merca- Los medios y las oportunidades para adquirir, por ejemplo,
derías, de servicios, de satisfacciones y de placeres; en suma, una educación que compensara en algo un origen social humil-
cosas que el hombre de otras épocas no podía imaginar siquie- de o la pobreza económica, resultan trágicamente limitados en

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a
nuestros países: las escuelas son escasas; las que existen, se acu-
a
el país, sino sólo a las principales poblaciones, y en éstas se
mulan en los grandes centros urbanos y faltan en absoluto o otorga al que ya tiene fortuna y no a quien la inicia.
merman de prisa en los poblados pequeños y en las comunida- No sólo los medios son escasos; también lo son las oportu-
des rurales; la eficacia de sus enseñanzas es bien limitada, por nidades: sociedades tan rígidas, estáticas casi, como las nues-
su filosofia tornadiza, por sus métodos rutinarios, por la pobre- tras, apenas dan ocasión al individuo que quiere cambiar de
za de sus recursos, porque no sirven la vocación y los intereses posición. Compárense, por ejemplo, las oportunidades norma-
tan variados del hombre moderno y porque carecen de una les que brindan países como Estados Unidos y Canadá con las
inspiración superior, evangélica, a la altura de la tarea de salva- que existen en los países sudamericanos más parecidos a ellos,
ción que debieran acometer. Los medios económicos son quizá la Argentina o el Brasil. La historia cotidiana de Estados Uni-
todavía más limitados, pues a su acaparamiento en las manos dos está llena del limpiabotas o el voceador de diarios que se
de unos cuantos individuos debe agregarse la pobreza de los convierte en magnate; en nuestros países el caso más semejan-
países como países: el acervo de capitales es bien reducido, y, te sería el del demagogo o el bandolero que salta a gobernante
en consecuencia, el crédito es más restringido; no sirve a todo de la noche a la mañana. G

Tiros por la culata


Octavio Paz

La decena y media de volúmenes de mania ha sido dividida y los Estados Unidos son ahora la cabe-
las Obras completas de Octavio Paz, za de Occidente pero el modo de producción sigue siendo el
en edición del autor, son uno de los mismo (capitalismo) y los sistemas políticos no han cambiado
tesoros de nuestro catálogo. Ahí se reúne, en lo fundamental. En uno de los países con mayor y más pro-
además de los libros de poesía y ensayo, funda tradición marxista, predestinado por la teoría a ser uno
y de acuerdo con el orden definitivo de los primeros en donde estallaría una revolución proletaria,
que quiso darles el propio ganador Alemania, se produjo un cambio de signo contrario: Hitler y
del Nobel en 1990, su producción sus nazis. Otro tiro por la culata del marxismo. Nietzsche y
para diarios y revistas. El noveno tomo, primero Dostoyevski vieron más claro y más lejos que Marx: la gran
de Ideas y costumbres, contiene los cuatro artículos de novedad del siglo xx no ha sido el socialismo sino la aparición
“La libertad contra la fe”, publicados a mediados del Estado totalitario, dirigido por un comité de inquisidores.
de 1978, y que luego fueron acogidos por El ogro Vencido el nazismo, los países europeos han regresado
filantrópico. Recogemos aquí el primero de la serie, poco a poco a la democracia liberal burguesa y las últimas
cuya advertencia sobre el terrorismo conserva dictaduras —España, Portugal, Grecia— han desaparecido.
su trágica vigencia No obstante, a pesar de la prosperidad económica y de la exis-
tencia de instituciones democráticas —cada vez más deteriora-
das—, todos sabemos que Europa vive un “fin de época”. Si en
Malos tiempos los nuestros: las revoluciones se han petrificado algo no se equivocó Marx, fue en pensar que nuestra sociedad
en tiranías desalmadas; los alzamientos libertarios han degene- sufría un padecimiento mortal y que sólo un cambio radical en
rado en terrorismo homicida; Occidente vive en la abundancia los sistemas y las estructuras podría devolvernos la salud, es
pero corroído por el hedonismo, la duda, el egoísmo, la dimi- decir, asegurar la continuidad de la vida civilizada en Europa y
sión. El socialismo había sido pensado para Europa y su pro- en el mundo. Se equivocó en el remedio: no basta con cambiar
longación ultramarina: los Estados Unidos. Según uno de los el sistema de propiedad de los medios de producción ni es
principios cardinales del marxismo (el verdadero), la revolu- cierto que la estructura económica sea la determinante y el
ción proletaria sería la consecuencia necesaria del desarrollo resto —política, religión, ciencia, artes, ideas, pasiones—
industrial capitalista. Sin embargo, no sólo no se cumplieron meras superestructuras y epifenómenos. Marx no fue, por lo
las profecías del “socialismo científico” sino que ocurrió algo demás, el único que en el siglo xix vio la sociedad civilizada
peor: se cumplieron al revés. Hoy son “socialistas” dos anti- como un organismo gravemente enfermo. El tema de la “de-
guos imperios, el zarista y el chino —para no hablar de Cuba, cadencia de Occidente” comenzó muy pronto y se extendió y
Camboya, Albania o Etiopía. La Revolución rusa no tardó en creció a medida que transcurría el siglo xix. Es significativo
convertirse en una ideocracia totalitaria. Su desarrollo ha sido que para muchos de esos pensadores —Tocqueville y Henry
asombroso, no en dirección hacia el socialismo sino hacia la Adams entre otros— la revolución no fuese un antídoto contra
constitución de un formidable imperio militar. la decadencia sino uno de sus resultados. En fin, cualquiera
Aunque Occidente ha sido a su vez teatro de muchas con- que sea nuestro diagnóstico sobre la naturaleza de esos males,
vulsiones, ninguna de ellas ha modificado realmente las estruc- lo cierto es que después de la segunda guerra los intentos de
turas económicas, sociales y políticas. Gran Bretaña, Francia, los europeos por cambiar sus estructuras han sido más y más
Holanda y Bélgica han dejado de ser imperios coloniales, Ale- tímidos. ¿Por qué?

18 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
Las causas de la inmovilidad europea son, sin duda, múlti- que no un sentido, ¿tienen una dirección? ¿Cómo saberlo? Si
a
ples. Es evidente que el proletariado no ha sido la clase revolu- la historia es una pieza de teatro, hay que confesar que no tiene
cionaria internacional del mesianismo marxista; al contrario: pies ni cabeza. El texto, corrompido por actores infieles, ha
ha sido y es nacionalista y reformista. Pero el descenso del sido escrito por un loco cuyo perverso método de composición
temple revolucionario se debe también, en gran parte, a una se reduce a esmaltar sus improvisaciones con crímenes e in-
suerte de parálisis de los grupos y partidos que podrían haber coherencias. El siglo xix entronizó a la historia y la convirtió
emprendido esos cambios. Parálisis voluntaria, aunque no del en filosofía; los hombres, a través de ella, se adoraron a sí mis-
todo consciente y en la que ha sido determinante, sobre todo mos. Marx fue más allá: decretó la muerte de la filosofía. So-
después de 1945, la influencia del poderío de la Unión Sovié- brepasada por el materialismo histórico, la filosofía sería “rea-
tica. No hay ningún misterio en esta aparente paradoja: no es lizada” por la revolución proletaria. Para otros la historia fue la
fácil que ningún socialista europeo —ni, en su fuero interno, nueva Sibila de Cumas. Los pensadores positivistas, de Comte
ningún comunista lúcido— desee para a Spencer, descorrieron el velo del futu-
su país la suerte de Polonia o Checoslo- Si la historia es una pieza de ro y nos mostraron su rostro... distinto
vaquia. Desde el fin de la segunda gue- teatro, hay que confesar que no en cada caso. Ahora la historia, como
rra, Europa occidental vive en un forza- tiene pies ni cabeza. El texto, siempre, ha desmentido las predicciones
do statu quo: todo cambio alteraría el corrompido por actores infieles, del liberalismo, del positivismo y del
equilibrio en favor de la Unión Soviéti- ha sido escrito por un loco materialismo histórico. La refutación
ca. Este temor explica también la evolu- cuyo perverso método de más convincente de todas las filosofías
ción de los partidos comunistas occiden- composición se reduce a de la historia es la historia misma. Toda-
tales hacia esa forma híbrida que se esmaltar sus improvisaciones vía en 1930 Trotski escribe: “La fuerza
llama “eurocomunismo”. con crímenes e incoherencias del marxismo reside en su poder de pre-
La sombra que arroja sobre el conti- dicción”, frase que revela la enormidad
nente europeo la máquina militar de la URSS, la potencia más de esas ilusiones —y la magnitud del desengaño.
agresiva y expansionista en esta segunda mitad de siglo, es una Kant esperaba la llegada de un Newton de la historia, que
sombra venenosa que ha paralizado los movimientos socialistas descubriría las leyes del movimiento social como el otro había
en los países desarrollados. El “socialismo soviético” no sólo ha descubierto las que rigen las revoluciones de los cuerpos celes-
sido incapaz de encender la revolución europea, como espera- tes. El Newton de la historia no ha nacido ni es fácil que apa-
ban Lenin y Trotski, sino que ha impedido toda evolución rezca alguna vez sobre esta tierra. Mientras tanto, en los cam-
hacia el verdadero socialismo. Así, ha condenado a Occidente pos de la física y la astronomía otros descubrimientos y otros
a la inmovilidad en materia social y política. A su vez, la inmo- sistemas han restringido la validez de los de Newton. Pero las
vilidad de Occidente ha provocado, no en la clase obrera sino decepciones de la historia son más dolorosas que las de la cien-
en la clase media intelectual, un estado de espíritu que, del cia. Ante el fracaso de tantas predicciones, muchos intelectua-
desaliento a la exasperación, ha desembocado en el terrorismo. les se refugian en el escepticismo y el nihilismo; otros buscan
Otro tiro por la culata: el terrorismo, contra lo que creen sus en los antiguos cultos y religiones de Oriente y Occidente un
adeptos, es un proceso circular que, al desencadenar la repre- substituto de las ilusiones perdidas. Sin embargo, como procu-
sión, fortifica al Estado y consolida la inmovilidad social. En la raré mostrar en los artículos siguientes, nuestro tiempo nos
Unión Soviética la evolución ha sido aún más lenta que en pide a todos y especialmente a los intelectuales no el abandono
Occidente. Por más grandes que hayan sido los cambios des- sino el rigor. Sólo el renacimiento del espíritu crítico puede
pués de la muerte de Stalin, la URSS y sus satélites son esen- darnos un poco de luz en la gran obscuridad de la historia
cialmente lo que fueron desde su origen: ideocracias totalita- presente. G
rias. Tels qu’en eux-mémes enfin le marxisme-leninisme les change…
El contraste con los países subdesarrollados no puede ser
más grande. Esa realidad heterogénea y abigarrada que se de- Obras completas de Octavio Paz
signa con la inexacta expresión Tercer Mundo (¿qué tienen en
común Zaire y Argentina, Brasil y Birmania, Costa Rica y 1. La casa de la presencia. Poesía e historia
Etiopía?) vive en continuas revueltas, estallidos y trastornos. 2. Excursiones / Incursiones. Dominio extranjero
Casi todos los países asiáticos y africanos han alcanzado la in- 3. Fundación y disidencia. Dominio hispánico
dependencia pero muchos han caído bajo dictaduras nativas no 4. Generaciones y semblanzas. Dominio mexicano
menos injustas y con frecuencia más feroces que la antigua 5. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe
dominación imperialista. América Latina, un continente que es 6. Los privilegios de la vista I. Arte moderno universal
una porción excéntrica de Occidente, ha padecido también 7. Los privilegios de la vista II. Arte de México
sacudimientos. Todos ellos, sin excepción alguna, han termina- 8. El peregrino en su patria. Historia y política de México
do en dictaduras militares. Este tercio de siglo nos sorprende 9. Ideas y costumbres I. La letra y el cetro
por la proliferación de tiranías: Vietnam, Uruguay, Indonesia, 10. Ideas y costumbres II. Usos y símbolos
Chile, Angola, Argentina, Camboya, Libia, Irak, etcétera, etcé- 11. Obra poética I (1935-1970)
tera. Tiranías verdes, rojas, negras o blancas pero todas san- 12. Obra poética II (1969-1998)
grientas. 13. Miscelánea I. Primeros escritos
Un vistazo a la situación contemporánea revela que no es 14. Miscelánea II. Periodismo literario. Última década
posible discernir un propósito en todas estas agitaciones. El 15. Miscelánea III. Entrevistas G
mundo se mueve pero ¿hacia dónde? Esas idas y venidas, ya

número 422, febrero 2006 la Gaceta 19

a
a
Alfonso Reyes y América
David A. Brading

Circula ya la colección Capilla Alfonsina, llamó Reyes— ya fueran de la raza, la geografía o la política,
coordinada por Carlos Fuentes y publicada que impedían su progreso y que lo mantenían dependiente de
en conjunto por la Cátedra Alfonso Reyes, Europa occidental y de Estados Unidos. En particular, así lo
el Tec de Monterrey, la Fundación para señaló Reyes, la generación de su padre experimentó como una
las Letras Mexicanas, el Estado de Nuevo desgracia el haber nacido “en un suelo que no era el foco actual
León y el propio FCE. Con prólogos de de la civilización, sino una sucursal del mundo”. Reyes citaba a
Carlos Monsiváis, Juan Goytisolo, Bernardo la escritora argentina Victoria Ocampo, quien comentara que
Sepúlveda, Gonzalo Celorio, Margo Glantz los miembros de la generación anterior se habían concebido a
o José Emilio Pacheco, esta serie de breves volúmenes sí mismos como los “propietarios de un alma sin pasaporte”.
busca actualizar la presencia del polígrafo regiomontano. Todavía más: se trataba de una generación que conservaba el
Presentamos aquí un extracto de la introducción que viejo desprecio liberal hacia España y que la veía hundida en la
Brading, autor que realza nuestro catálogo, preparó para el decrepitud histórica. En cuanto a México, la sobrevivencia de
tomo sobre “América” las comunidades indígenas estaba condenada a representar un
obstáculo histórico para su progreso social. En efecto, se pen-
saba que todo lo que valía la pena venía de fuera y a todo lo
En El erizo y el zorro (1935), Isaiah Berlin cita un fragmento del autóctono, fuera nativo o criollo, se le tenía por atrasado. Y
poeta griego Arquíloco, en el que se dice: “El zorro sabe mu- todo lo anterior creaba un agudo contraste con el floreciente
chas cosas, pero el erizo sabe una gran cosa.” Berlin aplicó figu- poder industrial y la prosperidad de Estados Unidos.
rativamente estas “oscuras palabras” para dividir en dos grandes La paradoja de tal pesimismo, ejemplificada en El porvenir de
clases a una hueste de filósofos, poetas, dramaturgos y novelis- las naciones hispanoamericanas (1899) de Francisco Bulnes, esta-
tas. Dante, flanqueado, entre otros, por Platón, Dostoievski y ba en que América Latina, hacia 1870, según observara Alfonso
Proust, quedó al frente de los escritores a cuya obra la animaba Reyes en su Panorama de América (1918), comenzó a gozar de
“una sola visión central” que por sí sola daba sentido a todo lo “una nueva era de prosperidad material y de tranquilidad rela-
que ellos hubieran dicho o hecho. Shakespeare, flanqueado, tiva”. En todo el hemisferio las inversiones extranjeras en los
entre otros, por Aristóteles, Goethe y Joyce, era ejemplo de ferrocarriles, los puertos y en las minas habían producido una
aquellos escritores cuyos pensamientos son “esparcidos o difu- explosión de exportaciones, no tan sólo en minerales y petró-
sos, pasan de un nivel a otro y captan la esencia de una gran leo, sino también en la agricultura, tanto en la tropical como en
variedad de experiencias y de objetos para lo que son en sí mis- la de tierras templadas. En Argentina y en el sur de Brasil la
mos”, sin tratar de reducirlas a los límites de una “visión inter- expansión económica había provocado una inmigración masiva
na unitaria” Los del primer grupo eran erizos, los del segundo, proveniente del sur de Europa y el surgimiento de las grandes
zorros. De aplicar la clasificación de Berlin a los escritores ciudades, de modo que para 1910 la población de Buenos Aires
mexicanos, y en especial a los del círculo que fundó el Ateneo y de São Paulo era superior a la de la ciudad de México. Lo que
de la Juventud en 1909, de inmediato resulta evidente que José es más, esta novísima prosperidad enriqueció a los terratenien-
Vasconcelos (1881-1959) fue un erizo, toda vez que su vida y tes del campo y a los empresarios nacionales y les permitió a las
sus escritos estuvieron inspirados por la visión de sí mismo elites políticas establecer regímenes estables basados en las
como un avatar cultural, a ratos rey-filósofo y a ratos profeta, oligarquías parlamentarias o en las presidencias pretorianas. Si
elegido para redimir a su nación y a su raza. A diferencia de él, en México dio comienzo una revolución en 1910, en otros lu-
Alfonso Reyes (1889-1959), el “Benjamín” del Ateneo, fue un gares de América Latina la economía de exportación y las ins-
zorro, hizo las veces de diplomático, historiador literario, tituciones republicanas sobrevivieron hasta 1930, cuando la
poeta, periodista y presidente de un centro de estudios superio- Gran Depresión llevó a esta etapa a un rápido final.
res y sus escritos abarcaron una gran variedad de tópicos y gé- El ensayista y político uruguayo José Enrique Rodó (1871-
neros. Al mismo tiempo, el mayor de los dos influyó en el más 1917) fue quien invocó en Ariel (1900) la figura del Próspero
joven y en ningún lugar fue más grande esta influencia que en de Shakespeare como el autor de un discurso en el que él con-
la preocupación de ambos por la situación cultural de América trastaba la espiritualidad en la cultura y la acción desinteresada
Latina, o, como Reyes prefería decir, de “Nuestra América”. que representaba ante los sensuales impulsos egoístas de Cali-
Para comprender el origen de esta preocupación no hace bán. Convocó a la juventud de la América española a compro-
falta más que volver la vista a sus Notas sobre la inteligencia ame- meterse en tan alta empresa y a tratar de realizar la “plenitud
ricana (1936), en donde Reyes lamentaba que el plan de estu- de vuestro ser”. En particular, Rodó rechazó la materialista fi-
dios de la Escuela Nacional Preparatoria en la ciudad de Méxi- losofía utilitaria que entonces dominaba a Estados Unidos, un
co, en donde él estudiara, inculcó en todos sus alumnos un país que no obstante que exhibía una “grandeza titánica” en su
profundo pesimismo hacia la América española. Pues aquí apa- economía, estaba gobernado por una plutocracia vulgar y ani-
recía un continente que daba la impresión de estar encerrado mado por una “semicultura universal”. En contraposición,
en una jaula de hierro de determinantes —“fatalidades” las Rodó urgía a la juventud de la América española a que recha-

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a
zara la “nordomanía” y a que abrazara los valores clásicos y la Como una aportación a la recuperación de la tradición his-
a
contemplación de la belleza que floreció en la gran época de tórica de la América hispana, Reyes publicó una serie de ensa-
Atenas. El arte, sostenía Rodó, no sólo expresaba la mayoría de yos sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo, entre ellos
las facultades humanas, sino que también le permitía al hom- Capricho de América (1933), en el que decidió no celebrar el
bre concebir la ley moral como “una estética de la conducta”. singular papel de Colón, sino que en su lugar se demoró en las
Sobre todo insistía en que todas las distintas repúblicas de la acciones colectivas de los españoles en esa enorme aventura,
América hispana formaban una sola nación cultural y que su poniendo el énfasis, por ejemplo, en las hazañas de los herma-
lengua, historia y literatura eran expresión de una sola alma o nos Pinzón. En esa vena, sostuvo que Amerigo Vespucci fue
espíritu. “Tenemos, los americanos latinos,” declaró, “una he- mejor navegante que el explorador genovés. Sin embargo, lo
rencia de raza, una gran tradición étnica que mantener, un que fascinaba a Reyes era el papel del mito literario en los
vínculo sagrado que nos une a inmortales páginas de la histo- grandes descubrimientos, sosteniendo que el sentido de estos
ria”. En todo esto, además de la influencia obvia de Ernst hechos dependió tanto o más de la imaginación que de los
Renan, el teórico francés del nacionalismo, quien escribiera un meros hechos del caso. A fin de cuentas, lo que los hombres
drama filosófico bajo el nombre de Calibán, Rodó se basó en vieron al lanzarse a tierras desconocidas dependió de lo que
los Discursos a la nación alemana (1807-1808) de Johann Gott- esperaban encontrar o de hecho de lo que fueron capaces de
lieb Fichte y en De los héroes, el culto de los héroes y lo heroico en ver. En una frase sorprendente Reyes sostuvo que “América
la historia (1840) de Thomas Carlyle, sobre todo en la medida fue la invención de los poetas”, una fórmula que anticipó la
en que este último definiera al hombre de letras en los tiempos tesis de Edmundo O’Gorman según la cual nunca se descubrió
modernos como la “luz del mundo, el Sacerdote que le sirve de a “América”, sino que más bien la inventaron y construyeron
guía como sagrada Columna de Fuego en su tenebrosa pere- los mismos hombres que la conquistaron y los cronistas que
grinación a través del desierto del Tiempo”. José Vasconcelos definieron el significado de esa conquista.
siguió conscientemente las exhortaciones de Rodó y asumió la Al llegar a Buenos Aires en 1927, Reyes encontró un país
embriagadora concepción de Carlyle al sumergirse en el remo- que gozaba de un nivel de vida más alto que el de la Europa del
lino de la Revolución mexicana y al figurar más adelante como sur y que era un agitado centro cultural, idéntico a Barcelona
secretario de Educación Pública. en cuanto a sus publicaciones. En sus Palabras sobre la nación
No puede haber duda alguna en cuanto a la influencia del argentina (1929-1930) Reyes definió a México y Argentina
uruguayo en Alfonso Reyes, pues en 1908, a los diecinueve como “los dos países polos, los dos extremos representativos de
años de edad, convenció a su padre, el general Bernardo Reyes, los dos fundamentales modos de ser que encontramos en His-
gobernador del estado de Nuevo León y potencial candidato panoamérica”. Contó que en París conoció al poeta argentino
presidencial, de que publicara la primera edición mexicana de Leopoldo Lugones, quien lo desconcertara al declarar llana-
Ariel en Monterrey, aun cuando el filósofo literario al que él mente que México, más que Argentina, parecía un país euro-
más admiraba, como lo admitió su hijo, era Theodore Roose- peo, pues contaba con una larga historia, con muchas tradicio-
velt. La presencia de Rodó hizo crecer aún más la presencia en nes y con numerosos indios, añadiendo: “Sois pueblos vueltos
México del intelectual dominicano Pedro Henríquez Ureña de espaldas. Nosotros estamos de cara al porvenir: los Estados
(1884-1946), hijo de ex presidente y defensor del modernismo, Unidos, Australia y la Argentina, los pueblos sin historia,
el movimiento literario iniciado por el poeta nicaragüense somos los de mañana.” No es de sorprender que luego de este
Rubén Darío. Cinco años mayor que Reyes, mucho más viaja- encuentro Reyes le escribiera a Henríquez Ureña que “todo
do que él, Henríquez Ureña se convirtió en su mentor y en su mexicano suficientemente desinteresado sacará provecho de
amigo, unidos por el gusto mutuo de la hablar con un argentino: es una perspec-
literatura española, ya fuera medieval o En donde Europa no ofrecía un tiva opuesta”. Pero una observación muy
barroca, y por su compromiso con los modelo aplicable era en su práctica parecida ya la había hecho José Ortega y
clásicos de Roma y Grecia. Asimismo de la especialización profesional, Gasset, quien señalara que México era
compartían también el mismo desprecio pues en la América española los parecido a países del centro y del este de
por la gastada filosofía de Auguste Comte escritores con frecuencia se metían Europa, resultado de la conquista y en
y de Herbert Spencer, lo que llevó a en la política, actuando como donde se dio la lenta fusión de los victo-
contar zalameramente a Reyes que él “caudillos y apóstoles”. Reyes riosos y de los derrotados. Mientras que
había escuchado a Antonio Caso debatir sostenía que estos hombres ejercían “por el extremo argentino, el caso ame-
en un grupo de profesionales, en el que “la profesión general del hombre” ricano se da en toda su pureza; historia
hizo un “sabroso guiso de positivistas”. leve, problemas de raza casi nula, mezcla
Cuando a Reyes lo conmovieron El nacimiento de la tragedia de reciente de pueblos que se transportan con su civilización ya
Nietzsche y su exaltación del espíritu dionisiaco sobre la razón hecha, a cuestas”. Era el contraste entre la conquista justificada
apolínea, se volvió hacia Henríquez Ureña en busca de solidez por la imposición de una nueva religión y una colonización que
intelectual, la cual nunca llegó, cuando el dominicano le expli- concentró sus recursos humanos en la agricultura. En efecto,
có que tal distinción representaba un contraste entre la poesía Ortega y Gasset definía “América” como moldeada a la imagen
épica y la poesía lírica y que no era sino otra expresión de la de Estados Unidos y colocaba a México —y por implicación, a
conocida antítesis entre la filosofía y la literatura romántica y la zona andina— en un raro limbo que era la antítesis de lo que
clásica. Lo que también surgió en la correspondencia entre los el Nuevo Mundo significó para la mayor parte de los europeos.
dos hombres fue la influencia del gran historiador de la litera- Por su parte, Reyes se limitó en consignar el contraste, sin
tura y crítico, Marcelino Menéndez y Pelayo, una influencia añadir un comentario personal.
que Reyes admitía a la vez que la lamentaba. […] Sólo que Reyes provocó controversia en esta conferencia al

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a
declarar que en Argentina existía una peligrosa fisura que sepa- chazo a la Ilustración con su énfasis en las leyes de la ciencia
a
raba al patriciado hispánico de la plebe inmigrante y que en natural y la economía así como la afirmación común de todos
Buenos Aires se ejercía una fuerte presión para asegurar la ellos del poder creativo de la imaginación. Paz acentuaba que lo
conformidad con el modo de conducta patricio, con lo cual se que aquí estaba en juego no era un asunto de valores estéticos,
forzaba una “disciplina de apariencias”. A decir verdad, una sino más bien una elección de “una forma de ser” en la que la
dama conocida de Reyes le había explicado que para ella la vida, la historia y la poesía estaban unidas. En cuanto al mundo
“belleza” significaba “distinción”. Más aún, si el país de Esta- hispano, Paz despreció a los llamados románticos de la primera
dos Unidos, por fuertes que fueran sus obsesiones con el avan- mitad del siglo xix como “reflejo de un reflejo” y afirmó que el
ce material, había sido creado por las aspiraciones religiosas de modernismo, iniciado por Rubén Darío, era “nuestro verdadero
los puritanos, Argentina era “hijo de una aspiración cívica” y romanticismo”. En efecto, sólo entonces surgieron poetas y fi-
por la búsqueda del “bienestar económico”; por lo que “más lósofos cargados con la voz profética de un Wordsworth o de
que una nación de acarreo o depósito histórico”, ésta se deri- un Baudelaire, hombres a los que ya no les satisfacía escribir
vaba de una “creación voluntaria”. El resultado contemporá- imitaciones de Sir Walter Scott o Victor Hugo. En muchos
neo era un exagerado orgullo nacional, una prepotencia, que sentidos, el primer intelectual mexicano que se atrevió a asumir
llevaba a los periódicos a afirmar continuamente la superiori- todo el peso de una vocación romántica fue José Vasconcelos,
dad de Argentina frente a sus vecinos, pero lo cual, a pesar de quien adoptó el papel de profeta en La raza cósmica (1925) y más
la excelencia de su sistema educativo, sugería cierto malestar adelante pronunció una brutal jeremiada en contra de los co-
interior o falta de certidumbre. rruptos triunfadores de la Revolución mexicana. Más aún, en su
En sus Notas sobre la inteligencia americana, expuestas en Bue- Ulises criollo se identificó con el astuto héroe griego que evadie-
nos Aires en 1936, Reyes ofreció algunas reflexiones generales ra a Circe y cegara a Polifemo para volver a su Ítaca y encontrar
sobre la historia y la situación actual de “Nuestra América”, a su esposa Penélope sitiada por sus pretendientes, todos éstos,
afirmando que: “llegada tarde al banquete de la civilización sin duda, emblemas de su propia experiencia.
europea, América vive saltando etapas, apresurando el paso y Si bien es cierto que Alfonso Reyes estuvo obviamente in-
corriendo de una forma y otra, sin haber dado tiempo a que fluido por el romanticismo del modernismo, por temperamento
madure del todo la forma precedente...” Una vez dicho lo ante- era más clásico, filiación que se ve en su preferencia por Goethe
rior, no quedaba del todo claro que América debiera seguir el y Virgilio. Más aún, en su Discurso por Virgilio aparece un pasa-
ritmo de cambio europeo, sobre todo en tanto que la improvi- je, en el que escribe sobre Eneas, claramente autobiográfico:
sación siempre había dominado su historia, su política y su vida.
Aun así, “hoy por hoy existe ya una humanidad americana ca- En las aventuras del héroe que va de tumbo en tumbo salvando los
racterística, existe un espíritu americano”. A lo largo del siglo Penates sagrados, sé de muchos, en nuestra tierra, que han creído
xix se había dado una lucha entre quienes proponían una tradi- ver la imagen de su propia aventura, y dudo si nos atreveríamos a
ción autóctona y los defensores de los modelos europeos, sin llamar buen mexicano al que fuera capaz de leer la Eneida sin
embargo “nuestras utopías constitucionales combinan la filoso- conmoverse.
fía política francesa con el federalismo presidencial de los Esta-
dos Unidos”. Debido al dominio de la mezcla racial, el mestiza- En efecto, la caída del estado porfiriano y la muerte de su
je que diera principio con Hernán Cortés y doña Marina, “la padre, de quien muchos esperaban que fuera presidente, fue
inteligencia de Nuestra América” se topó con que resultaba para Reyes en su vida personal el equivalente de la destrucción
repugnante la segregación étnica que entonces prevalecía en de Troya, con él mismo como piadoso Eneas, vagando de una
Estados Unidos y con que por lo mismo percibía que Europa playa a otra, durante años sin domicilio fijo, pasándose un
era “más universal, más básica, más conforme con su propio cuarto de siglo en el extranjero antes de su regreso final a
sentir”. En donde Europa no ofrecía un modelo aplicable era en México en 1939.
su práctica de la especialización profesional, pues en la América
española los escritores con frecuencia se metían en la política, Traducción de Antonio Saborit
actuando como “caudillos y apóstoles”. En una frase predilecta,
Reyes sostenía que estos hombres ejercían “la profesión general
del hombre”. En una metáfora sorprendente, Reyes escribió: Otras obras de David Brading
“Nace el escritor europeo en el piso más alto de la Torre Ei- en el fce
ffel... Nace el escritor americano como en la región del fuego
central”. No obstante los retrocesos del momento, las repúbli- Mineros y comerciantes en el México borbónico (1763-1810)
cas americanas mantenían una “hermandad histórica” que las (Historia, 1975)
unía; eran internacionalistas en sentimiento; y como lo afirmara Caudillos y campesinos en la Revolución mexicana (Historia,
Vasconcelos, formaban la base de la futura “raza cósmica”, ins- 1985)
pirada por “el sueño de la utopía, de la república feliz”. Orbe indiano: de la monarquía católica a la república criolla,
Octavio Paz se identificaba a sí mismo en Los hijos del limo 1492-1867 (Historia, 1991)
(1974) como miembro, ya fuera como discípulo o como maes- Una Iglesia asediada: el obispado de Michoacán, 1749-1810
tro, de la “tradición moderna de la poesía”, un movimiento (Historia, 1994)
iniciado por los románticos alemanes e ingleses, que fuera re- Octavio Paz y la poética de la historia mexicana (Historia,
novado por Baudelaire y los simbolistas franceses y que encon- 2002)
trara su reformulación contemporánea más vital en el surrealis- Mito y profecía en la historia de México (Historia, 2004) G
mo francés. Lo que unía a todos estos movimientos era su re-

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a
a
Literatura nacional, literatura mundial
Alfonso Reyes

La obra de Reyes, reunida en una treintena les de Brasil y todo asunto humano y divino. Corneille, que
de volúmenes publicados por el FCE, es como hizo el Cid —motivo hispánico si los hay—, habría dado la
un gabinete de maravillas: por donde uno espalda a Francia. En nuestros días, Cunninghame Graham
se le acerque, encuentra piezas sobresalientes. sería desterrado de las letras inglesas por haber producido un
En el volumen sobre teoría literaria que Julio Ortega espléndido libro sobre los caballos de la conquista española en
preparó para la segunda entrega de la colección América, conquista que tan poca gracia les hacía a los británi-
Capilla Alfonsina, figura este texto en que cos. Y los escritores de sangre indefinida o que andan de pres-
con su talante usual, entre erudito y modesto, tado y con bandera de corso por una lengua —Joseph Conrad
don Alfonso clama por la libertad de ser influido en Inglaterra, Guillaume Apollinaire en Francia— sencilla-
por lo extranjero mente no habrían existido a pesar del rastro que dejaron. Los
helenistas, del Renacimiento acá, traidores a la patria. Los com-
paratistas, algo como unos dobles espías que merecen ser fusi-
Lo que yo haga pertenece a mi tierra en el mismo grado en lados. ¡Mal año para Jusserand que, siendo francés, escribió
que yo le pertenezco. Nada más equivocado que escribir en vista sobre Inglaterra y Estados Unidos! ¡Mala landre para Waldo
de una idea preconcebida sobre lo que sea el espíritu nacional. Frank, empeñado en que el norte y el sur encuentren la fórmu-
En el peor de los casos, esta idea preconcebida es una conven- la de amistad! No me hablen de Max Müller, faccioso alemán
ción o resultante casual de ideas perezosas que andan como metido en la filosofía indostánica. Mátenme al maestro Bal-
perros sin dueño. Y en el mejor caso —es decir: cuando la tal densperger, que domina como un águila todas las literaturas de
idea es resultado de una sincera y seria investigación perso- Europa. Pero basta ya, que los ejemplos son infinitos.
nal— será tan absurdo el someter a ella una obra por hacer, Así, pues, en México no podríamos trabar conocimiento
una obra en que no sólo van a trabajar la razón y la inteligen- con las matemáticas, porque no hay una manera mexicana de
cia, y ni siquiera la conciencia sola, sino también el inmenso multiplicar el dos por dos, ni puede sacarse otro producto que
fondo inconsciente (el individual y el colectivo de Jung), la el universal número cuatro. No podríamos escribir novelas,
sub y la superconciencia, el yo y el mí y hasta el trágico y fan- porque la novela es una importación tan extranjera como lo
tasmal ello de los últimos atisbos de Freud, como absurdo fue el verso endecasílabo en la España de Garcilaso. ¿Qué
sería decir, quien nunca haya conocido el amor físico: “En más? La lengua que hablamos nos ha venido de otra parte.
vista de lo que tengo meditado, decreto y resuelvo que voy a Cierto que nosotros también, en una apreciable proporción,
sentir esto y lo otro”, ¡en vez de entregarse a sentirlo santa- vinimos de otro mundo. Pero lo mismo pasa a todos los pue-
mente! La vulgar censura: “Esto pudo haber sido escrito en blos y razas, y de ello nadie se duele, ni nadie saca estorbosas
cualquier parte”, aunque niegue determinación geográfica, consecuencias para su literatura y sus artes. La naturaleza está
nada quita al valor artístico. Las obras de arte no son coorde- hecha de vasos comunicantes, y no hay que temer al libre cam-
nadas geométricas destinadas a fijar el domicilio del artista. Es bio en el orden del espíritu. El mayor timbre de México, hoy
frecuente esgrimir ese triste argumento entre los escritores en día, es el desarrollo de sus artes plásticas, que han alcanzado
americanos. ¡Como si el americano fuera un tipo humano un carácter nacional fuerte y evidente. Y cada vez que el tema
dialectal o morboso, sin derecho a participar como todos en el se atraviese, es bueno hacer saber a quienes lo ignoran, y re-
festín trágico de la vida! cordarlo a quienes lo saben, que la gran sacudida de la pintura
Así decía un joven americano, por el malecón de La Haba- nacional es un fruto de la cultura, de la disciplina, de la erudi-
na, una tarde, hace mucho tiempo, viendo cómo hasta los en- ción de nuestros mejores pintores contemporáneos, quienes
comios le llegaban medio arrepentidos. Y yo, que escuché sus comenzaron por absorber y digerir las enseñanzas universales
alegaciones, no he podido olvidarlas. de la pintura. El condimento mexicano —creedlo— es lo bas-
Creer que sólo es mexicano lo que expresa y sistemática- tante fuerte para que no nos alarme la adopción de una que
mente acentúa su aspecto exterior de mexicanismo es una otra liebre extranjera. Todo lo que venga a nosotros, por noso-
verdadera puerilidad. España conoce los horrores de la españo- tros será adoptado. Es ley de naturaleza. La tierra no tiene
lada: ¡aquella condenada pandereta que ha dado la vuelta al tabiques, mucho menos el pensamiento. Hay problemas que se
mundo! Nosotros, por ese camino, pronto llegaríamos a la resuelven con negarles la categoría y la dignidad de problemas:
mexicanada (“el jicarismo”, dice un pintor). Grosero error tal el que nos ocupa. Ríanse de mí, pero en este punto me
juzgar del carácter de una literatura sólo por sus referencias siento lleno de confianza. Lo cual no quiere decir que simpa-
anecdóticas. Pascal no sería representativo de un polo del pen- tice con cuanto venga y caiga. Sólo que aquí no estoy expo-
samiento francés, porque habló de cosa tan universal como niendo mis gustos, sino considerando el saldo social de una
dios, y dios —a pesar de la bonita traducción parisiense de literatura. No defiendo a nadie, ni a Javier ni a Héctor, ni a
Sieburg— dista mucho de ser francés. Montaigne tampoco Jaime ni a Germán: digo simplemente que no hay para qué
representaría el otro polo de Francia, porque hablaba de Rai- alarmarse. “No va a pasar nada”, como dice la gente. Nuestra
mundo Sebunde, la virtud de las mujeres romanas, los caníba- literatura seguirá adelante, rompiendo por las vicisitudes y

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a
hasta alimentándose con ellas. Lo único grave y amenazador
a
es un insulto para nadie: quiero con ella decir técnica o proce-
sería la ola de pereza, porque evidentemente la literatura se dimiento; toda expresión tiene una retórica.) Mas cuando el
acaba cuando dan los literatos en no escribir. En cuanto a mis afinamiento o desgaste llega a un punto exquisito, cuando ya
simpatías personales en la hora que vivimos —para que nadie parece que vamos a alcanzar el mundo de las formas puras, en
diga que me escabullo—, las doy equitativamente a todos los que sólo los dioses aguantarían la respiración, sobreviene una
bandos, dondequiera que hallo buena calidad. Y en cuanto a crisis. La crisis representa una ansia de objetividad, de nuevo
mis esperanzas para mañana —aun cuando se diga que yo en alimento terreno, una sed de contenido. Y resulta que sólo la
eso soy menos que mediano o que sólo sé hacer otra cosa, pues buena forma es capaz de captar el buen contenido, de suerte
éste sería otro cantar, y también puede suceder que el tenor que los dos estados se completan como las dos partes de un
suspire por ser barítono o viceversa—, mismo servicio espiritual, A veces, en
quiero ponerlas en los que procuran una Bienvenidas sean, pues, las crisis, sus manifestaciones parciales, los dos
expresión nacional bajo forma elevada y que nada tienen de común con la fenómenos conviven, se enciman uno
noble, fácilmente comunicable a todos muerte y que, si ciertamente traen sobre el otro, o se desgarran entre sí un
los pueblos. De ellos han de salir nues- peligros, son los peligros inherentes tanto. Pero el proceso no puede dete-
tros clásicos definitivos, los que nos den al mismo ritmo ascensional. nerse, por delicada, por hermosa que
un nombre de familia ante el mundo. Bienvenidas las crisis que tanto se sea una cualquiera de sus etapas. Bien-
Antes de oponer el menor obstáculo a parecen al madrugar del segador con venidas sean, pues, las crisis, que nada
quienes se agotan en tan hermoso inten- nuevo ánimo, cuando siente que la tienen de común con la muerte y que, si
to, yo rompería mi pluma. hoz está ya bastante afilada y las ciertamente traen peligros, son los peli-
Creía hasta hoy que lo mejor que se espigas bien maduras gros inherentes al mismo ritmo ascen-
puede hacer en materia de educación es sional. Bienvenidas las crisis que tanto
dar un buen ejemplo. Creí asimismo que la moda de los mani- se parecen al madrugar del segador con nuevo ánimo, cuando
fiestos, plataformas y programas estéticos es una inútil y aun siente que la hoz está ya bastante afilada y las espigas bien ma-
nociva intromisión de la técnica política en las letras. Aunque duras.
tal manía tenga su abolengo, estas declaraciones sólo sirven, El hecho de que entren y salgan influencias no tiene para
hablando a lo erudito, para fijar hitos y fechas, pero no para qué inquietarnos, y menos en literaturas todavía en estado de
inspirar a quienes las firman y propagan. Consideré que no fluidez. Si hay ansiedad en el ambiente, será la expectación por
habría mejor consejo para la juventud literaria que el ofrecerle los brotes inminentes que ya despuntan. ¿Queréis convenceros
el espectáculo (¡feliz aquel que lo realice!) de una vocación del movimiento? Sentaos a verlo pasar. Siga cada uno haciendo
constante y ardientemente desarrollada, a pesar de los contra- sus poemas, y dios escogerá los suyos. Porque, por muy cándi-
tiempos que en nuestro México y en nuestra época se hayan das que sean las intenciones, sólo ha de resultar escritor el que
atravesado en el camino del escritor, contratiempos que a cada de veras lo sea, caiga del lado que cayere. También Villegas, el
rato podrían desviarlo hacia las muelleces del abandono o las de los sandios sáfico-adónicos, el del traído y llevado “céfiro
pendientes del rencor —y, peor aún, de ese rencor que, por blando”, dijo que venía al mundo con la misión de regenerar
esconderse bajo el disfraz de “legítimo”, es el más avieso de la poesía española, ¡y se lo llevaron en las espuelas los verdade-
todos—. Pensé que las únicas leyes deben ser la seriedad del ros poetas, los que hacían poesía sin prometerla, y pegaban sin
trabajo, la sinceridad frente a sí mismo (no confundirla con la perder el tiempo en amagar! Lo que sí conviene es poner un
mala educación para con los demás), y —digan lo que quieran poco de respeto entre un creador y otro creador. Hay calle
las modas— una secreta, pudorosa, incesante preocupación del para todos. Nada más estéril que los comadreos entre capillas.
bien, en lo público y en lo privado. Tuve mano abierta para Nada más indigno de una joven literatura que el cultivar aque-
todas las tendencias artísticas, y manga ancha para todos los lla impotente rabia propia de los medios —no necesaria ni
tanteos, sean audaces o balbucientes, cuando respondían a una exclusivamente europeos— donde la mala higiene mental es-
necesidad. Admití que todo presta utilidad y todo rinde su torba la gozosa circulación de estilos y maneras variadas. Y, sin
adarme de provecho. Me ejercité —hasta donde puedo, que es duda, y por encima de todo, un sentido de continuidad. Dedu-
poco— en la inmensa fe de ya no negar nada. Deseé no clasi- ciendo la resta de los pasos perdidos, saquemos piadosamente
ficarme entre los “ismos”, porque me importa tanto el desnudo la suma de las conquistas hechas. El que pueda, que aproveche
como el traje con que se sale a la calle. Entendí —con el filó- el total. El que no pueda o no quiera, no pierda el tiempo en
sofo que la ha definido— que el reconocer por ahí una inclina- negar tradiciones que a él no lo estimulan: que simplemente
ción a la llamada “deshumanización del arte” no significa las deje a un lado, porque con negar no adelanta nada, y traiga
aplaudirla necesariamente como tal inclinación, pues el arte no también a cocer sus nuevos ladrillos en el horno común, que
se hace con inclinaciones, sino con obras, y lo único que inte- con todo ello ha de seguir construyéndose nuestro edificio. En
resa es que las obras sean buenas, inclínese para donde sea. suma: deje cada uno vivir al otro y, por su parte, procure hacer
Advertí, en la historia, que las literaturas nacionales se enrique- bien lo que tiene entre manos. Es el único precepto aceptable
cen más con la libre creación que con la creación de pie forza- en la materia, y lo demás es artificialidad que asfixia, tósigo que
do que pretendiera ajustarlo todo a una previa “sofistería” corroe.
teórica. Pero tampoco dejé de atender a un fenómeno cuya No sé si este sermoneo es oportuno ni si le importa a nadie.
ejemplar reiteración debe hacernos pensar un poco: “cuando la Se me vino a la pluma como un desahogo natural. Explíquen-
poesía se desencariña de las realidades circundantes, puede me mis amigos lo que pasa en México, no para que yo dé lec-
decirse que vive gastándose a sí misma, y así va afinando sus ciones, que no podría, sino para que, como siempre, los siga,
instrumentos en una atmósfera de pura retórica. (Retórica no los acompañe y los ayude. G

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a
a
Para entrar al jardín
Juan José Arreola

Si Jalisco fuera un país independiente, su literatura deje un margen de diez centímetros de cada lado para que ella
sería una de las más admiradas del mundo hispánico. pueda caber holgadamente. Usted sabe las medidas de memo-
El más alegre y desquiciado de sus autores, el malabarista ria: tanto más cuanto de pies a cabeza tanto menos cuanto de
del discurso, el enamorado perpetuo, el literato del ajedrez busto, cintura y caderas. No hace falta la tapa.
y el tenis de mesa, es una garantía para la relectura y una Acuérdese de los vendajes, porque ahora va usted a momifi-
sorpresa feliz para el que se acerca por vez primera a su carla sin embalsamamiento previo. Use la banda ortopédica
prosa sin tropiezos. Aquí tomamos de Palindroma un útil enyesada de cinco centímetros de ancho y conforme a las ins-
instructivo para convertir a la esposa en parte fundamental trucciones que vienen en el paquete humedézcala y empiece
del hogar. Saúl Yurkievich antologó y prologó en 1995 una por la punta de los pies siguiendo el método de la dieciochoava
selección de obras de Arreola publicada por el FCE o más bien decimoctava dinastía faraónica, procurando que el
conjunto quede lo más apretado posible: la crisálida en su ca-
pullo eterno que ya no podrá volar más que en su memoria, si
Tome en sus brazos a la mujer amada y extiéndala con un ro- usted puede permitirse ese lujo. Cuando el yeso esté comple-
dillo sobre la cama, después de amasarla perfectamente con tamente seco, lije toda la superficie hasta que casi desaparezcan
besos y caricias. No deje parte alguna sin humedecer, palpar ni los bordes superpuestos de las bandas. Déle una mano gruesa
olfatear. Colóquela en decúbito prono (ventral), para que no
pueda meter las manos y arañarlo. Incorpórese con ella cuando
esté a punto de caramelo, cuidando de no empalagarse. En el Mujeres
momento supremo, apriétele el pescuezo con las dos manos y
toda la energía restante. Julio Torri
Para facilitar la operación se recomienda embestir de frente
sobre la nuca para que no pueda oírse un monosílabo. Suéltela Tomados del insuperable De fusilamientos, los textos
y sepárese de ella cuando el corazón haya dejado de latir y no de esta y la siguiente página son un complemento
haya feas sospechas de necrofilia. Colóquela ahora en decúbito del texto arreoliano y una invitación a la obra de
supino (dorsal) y compruebe el reflejo de pupila. Por las dudas, unos los más parcos autores nacionales. Aparte de
auscúltela con el estetoscopio que habrá pedido prestado a su la obra mencionada, el FCE publicó La literatura
vecino, el estudiante de medicina. Ciérrele los ojos, sáquela de española, en la colección Breviarios, Diálogo de los
la cama y déjela enfriar, arrastrándola hasta el cuarto de baño. libros, en Letras Mexicanas y El ladrón de ataúdes,
Si tiene a mano un espejo, póngaselo sobre la cara y no la vea en Cuadernos de La Gaceta
más.
Previamente habrá usted diluido en agua tres partes iguales Siempre me descubro reverente al paso de las mujeres
de arena, grava (confitillo) y cemento rápido, de preferencia elefantas, maternales, castísimas, perfectas.
blanco, dentro de un recipiente apropiado, batiendo el todo Sé del sortilegio de las mujeres reptiles —los labios
hasta que forme una pasta espesa y homogénea. Si es preciso, fríos, los ojos zarcos— que nos miran sin curiosidad ni
pida el consejo de un albañil experimentado. Tome un molde comprensión desde otra especie zoológica.
rectangular de esos que pueden adquirirse fácilmente en el Convulso, no recuerdo si de espanto o atracción, he
barrio, o improvise usted mismo una adobera con tablas de conocido un raro ejemplar de mujeres tarántulas. Por
pino sin cepillar, porque resulta más barato. Sea precavido y misteriosa adivinación de su verdadera naturaleza vestía
siempre de terciopelo negro. Tenía las pestañas largas y
pesadas, y sus ojillos de bestezuela cándida me miraban
con simpatía casi humana.
Las mujeres asnas son la perdición de los hombres
superiores. Y los cenobitas secretamente piden que el
diablo no revista tan terrible apariencia en la hora mor-
tecina de las tentaciones.
Y tú, a quien las acompasadas dichas del matrimonio
han metamorfoseado en lucia vaca que rumia deberes
y faenas, y que miras con tus grandes ojos el amanera-
do paisaje donde paces, cesa de mugir amenazadora al
incauto que se acerca a tu vida, no como el tábano de la
fábula antigua, sino llevado por veleidades de naturalista
curioso G.

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a
de sellador instantáneo, con brocha de dos pulgadas, común y
a
Almanaque de las horas corriente. Después aplique con pistola de aire, o en su defecto,
(fragmentos) con brocha de pelo de marta, varias manos de laca epóxica, que
es dura como el cristal. Una vez que ha secado, gracias a sus
componentes, en cosa de minutos, cerciórese de que no quede
Julio Torri poro alguno al descubierto, de tela ni yeso. El todo debe cons-
tituir una cápsula perfectamente hermética, donde no puedan
En amor sólo hay dos situaciones: persigue uno a una entrar ni la humedad ni las sales del cemento.
mujer o trata de librarse de ella. Pero dentro de esta Llene ahora el molde hasta una tercera parte de su altura,
seca fórmula general, qué variedad cabe de embrollos, más o menos, y póngase a reposar un rato para que la masa
de incidentes; qué diversidad de sentimientos, qué repose también. Medite entonces si puede acerca de lo largo
prodigio de matices, desde el anaranjado del primer del amor y lo corto del olvido o viceversa. Cuando ella, usted
deseo —imperioso y desesperado— hasta el violeta y la pasta hayan adquirido la suficiente firmeza, coloque el
del último desengaño en que de nuevo tornamos al cuerpo dentro del molde con la mayor exactitud. Una vez calcu-
monólogo de siempre, al querelloso y grave monólogo lada la resistencia de los materiales empleados, vierta sobre ella
de siempre. el resto del concreto fresco, después de agitarlo muy bien.
(Aquí se recomienda arrodillarse y modular una canción de
u cuna con trémolo bajo y profundo, o el salmo penitencial que
más sea de su agrado.)
La mujer es una fuerza de la naturaleza, como el viento o Si es posible, hay que utilizar un vibrador eléctrico. Si no,
el relámpago, terrible desatada; para el que quiere pagar plana y cuchara. Antes de que ella desaparezca para siempre,
el hospedaje, necesarísima, sujeta a la inteligencia orde- usted puede, naturalmente, darle el último adiós. Sobre todo
nadora. O nos arrolla como al mísero des Grieux, o nos para comprobar que sus labios y sus ojos ya no le dicen nada,
saca como a tantos (a France, por ejemplo) del marasmo debidamente vendados y amordazados como están.
de la pereza y la vida estéril. Al igual que Odiseo ante las Cuando el molde esté a punto de desbordarse, déjelo a la
divinidades incógnitas, acerquémonos a ella temerosos intemperie y váyase a dormir bien abrigado porque tendrá que
si no sabemos la fórmula mágica que ata y orienta su madrugar.
incontrastable energía. Al día siguiente y antes de salir el sol, cave una fosa al ras del
suelo a la entrada del jardín, justamente en el umbral, y ponga
u en ella el lingote de cemento, sirviéndose para el traslado soli-
tario de plataforma, cuerdas y rodillos. Con piedritas de río o
Un día se hastiaron las sirenas de los crepúsculos mari- con teselas de mosaico italiano, puede hacerse una verdadera
nos y de la agonía de los erráticos nautas. Y se convirtie- obra de arte, según el gusto de cada quien: la palabra Welcome
ron en mujeres las terribles enemigas de los hombres. es la más aconsejable, siempre que esté rodeada de flores y
palomas alusivas, para que todos la entiendan y la pisen al
u pasar.
Precaución: procure, en la medida de lo posible, que la policía
La mujer, al salir de la juventud, pasa de la contempla- no ponga los pies sobre esta lápida amorosa, hasta que la super-
ción desinteresada de las cosas concretas a las gene- ficie esté completamente seca. Y si lo interrogan, diga la verdad:
ralizaciones, de la pasividad del instinto a la actividad Ella se fue de la casa en traje sastre color beige y zapatos cafés.
intelectual que todo lo ata y desata. Al principio es Llevaba una cara de pocos amigos, y aretes de brillantes… G
sólo ideal espectadora de la vida, en tanto que noso-
tros, al contrario, comenzamos por ser teorizantes
impenitentes y dados a todo género de abstracciones,
y con los años asistimos a la bancarrota de nuestras
ideologías.
Así, pues, en ellas es más espontáneo el desenvol-
vimiento de las facultades intelectuales, más natural y
libre la historia del espíritu. Tienen sobre nosotros la
superioridad de quien alcanza sus conquistas por modo
más lento y suave.
En los hogares firmemente edificados se descubre
en la esposa mayor comprensión para todo que en el
marido, más hondo sentido de los ritmos misteriosos
de la vida. Él es a su lado un instrumento de allegarse
medios para subsistir, un ser con funciones bien defi-
nidas; y tiene nada más la importancia transitoria del
macho en ciertas especies zoológicas de que nos hablan
los naturalistas. G

26 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
a
Carlos Pellicer:
notas, claves, silencios, alteraciones
Carlos Monsiváis

Los lectores mexicanos se han habituado al final, versos, demostración inequívoca de lo que se podía hacer
a leer a Monsiváis como comentarista con una lengua que se conocía y se amaba. Carlos nunca tuvo un
político y cronista de hechos medulares público más atento, más sensible, que llegó a venerarlo. Los otros,
de nuestra historia reciente, así como con mayor esfuerzo y menos eficacia, desempeñábamos igual
analista de la cultura popular. Pero tarea: enseñar a leer, preparar, imprimir, distribuir los clásicos de
su glosa de la vida y obra de nuestros la Universidad Nacional. […]
poetas es igualmente atractiva. Aquí
ofrecemos fragmentos de su ensayo Invitar al paisaje a que venga a tu mano
sobre Carlos Pellicer, incluido en Las tradiciones de la
imagen. Quien se interese en las ideas centrales de su En 1921 Pellicer publica su producción de 1915 a 1920, Colores
producción puede acercarse a Carlos Monsiváis. Cultura en el mar y otros poemas (“dedicado a López Velarde, joven poeta
y crónica en el México contemporáneo, de Linda Egan insigne, muerto hace tres lunas en la gracia de Cristo”) y ase-
gura en el prólogo: “Tengo veintitrés años y creo que el Mundo
tiene la misma edad que yo.” En este texto hay otras revelacio-
Vasconcelos y la toma de conciencia nes: el amor proclamado: “La mujer admirable por cuya admi-
ración se estremece este mar de páginas, vive en la provincia
José Vasconcelos es [entre 1921 y 1924] el nuevo secretario de cálida de los grandes ríos mexicanos… Amor único, primero e
Educación, opuesto por igual a la barbarie de los hacendados inmortal”; la religión asumida: “Soy cristiano y alabo al Señor
porfiristas y los militarotes. […] El proyecto de Vasconcelos es con alegría”; el reconocimiento de las tradiciones nuevas que
de ambiciones renacentistas: transformar la conciencia de un Ramón López Velarde encabeza: “Por los días en que este libro
pueblo con murales, lecturas de clásicos, misiones educativas, entró en las prensas, murió un gran poeta cuya influencia será
sensibilidad poética. Pellicer se incorpora a la empresa y, con inmensa. Algunos jóvenes lo reverenciamos y veneramos sus
Alfonso Taracena, edita una revista “para exigir la libertad ab- poemas. Su nombre, escrito en las puertas de este libro, es el
soluta de la República Dominicana”, lee poesía, recurre a la don más noble que han podido conseguir estas páginas prime-
oratoria, acompaña a Vasconcelos en sus giras por México y en ras.”
el viaje a Brasil. En su prólogo a Ensayos y notas, Daniel Cosío En Colores en el mar ya se localizan muchísimos de los ele-
Villegas recuerda esos años de “fe encendida, sólo comparable mentos propios de Pellicer: culto al paisaje, don para las imá-
con la fe religiosa” de los sectores ilustrados. El intento es genes, orgullo cosmogónico, “humanización” de los elementos
múltiple: poner al día el país infundiéndole el amor por la cul- naturales, sentido del humor que encauza la alegría. […] Hay
tura universal, alfabetizar para crearle su espacio necesario a la sentimentalismo y reiteraciones en abundancia en Colores en el
civilización, incorporar al indio, infundirle humanidad a los mar y, también, los pequeños poemas que afaman a Pellicer de
pobres. inmediato. […]
En 1924 Vasconcelos le prologa Piedra de sacrificios: “Nada
Y nos lanzamos —precisa Cosío Villegas— a enseñarles a leer… y en él [Pellicer] es turbio; su corazón se conmueve, pero sin
había que ver el espectáculo que domingo a domingo daba, por pasión perversa, y su mente es cristalina… Leyendo estos ver-
ejemplo, Carlos Pellicer. Su cuerpo bajo y menudo, aun su cabeza, sos he pensado en una religión nueva que alguna vez soñé
entonces con una cabellera bien poblada, no podían darle la predicar: la religión del paisaje, la devoción de la belleza exte-
estampa de sacerdote; pero sí aquella voz y esa feliz combinación rior: limpia y grandiosa, sin interpretaciones y sin deformacio-
de una preciosa veta religiosa y un instinto seguro de la escena y nes; como lenguaje directo de la gracia divina.”
el teatro. Carlitos llegaba a cualquier vecindad de barrio pobre, se Pellicer vive —como muchos— el anhelo de gigantoma-
plantaba en el centro del patio mayor, y comenzaba por palmear quia. La nueva época se concibe al cabo de las energías unifi-
ruidosamente, después hacía un llamamiento a voz en cuello, y cadas de la naturaleza, la historia y la raza. Esta idea se la debe
cuando había sacado de sus escondrijos a todos, hombres, mujeres Pellicer a un escritor entonces muy leído: “Manuel Ugarte me
y niños, comenzaba su letanía: a la vista estaba ya la aurora del abrió una nueva aurora, la comprensión de este mundo que a
México nuevo, que todos debíamos construir, pero más que nadie todos nos importa, de este gran mundo iberoamericano.” […]
ellos, los pobres, el verdadero sustento de toda la sociedad. Él, Una sensación y una realidad comprobable —“Pertenece-
simple poeta, era ave de paso, apenas podía servir para encarrilar- mos a Iberoamérica”— rompen con la tradición eurocéntrica
los en sus primeros pasos; por eso sólo pretendía ayudarles a leer de la cultura mexicana. Pellicer se propone anudar lo nacional
para que después se alimentaran espiritualmente por su propia y lo iberoamericano (incluye siempre a Brasil y las Antillas), y
cuenta. Y en seguida el alfabeto, la lectura de una buena prosa, y es creyente decidido de la independencia política (el rechazo al

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a
imperialismo yanqui) y del vigor del arte y la literatura. Al in-
a
vocarse la voz de dios, que sostiene el rugido del escritor, la
geografía se humaniza y exalta por obra y gracia del paisaje, y
por la poesía que purifica el idioma que esencializa a la raza.
Pellicer se desborda, levanta “la bandera optimista”, ve galopar
los océanos y crecer las montañas, e incluye en su teomaquia al
golfo de México y el mar Caribe, el mar Atlántico y el mar
Pacífico, el Popocatépetl y el Momotombo, el Chimborazo y
el Sorete, el Usumacinta y el Orinoco, el Amazonas y el Plata, el
Ecuador y los trópicos. Las realidades se tornan imágenes y en
el discurso poético concurren las loas del origen (los países
tutelares: España y Portugal), el panteón de los héroes (Cuauh-
témoc, Atahualpa, Caupolicán, Bolívar, San Martín, Sucre,
Morelos, Juárez, Artigas, Morazán, José Martí) y la pasión por cias. Animado por su bolivarismo y su vasconcelismo, Pellicer
los maestros ejemplares: Montalvo, González Prada, Varona, ve en América el espacio más genuino de la creación. Y esto lo
Hostos y, de un modo eminente, Vasconcelos. singulariza muy pronto. A los interesados en la poesía, un sec-
Sin unidad, Iberoamérica no detendrá la embestida impe- tor más vasto que el de los lectores estrictos, los entusiasman
rialista y cientos de miles de iberoamericanos distan de consi- la religión de los sentidos y la actitud democrática de Pellicer,
derar retórica la frase angustiada de Darío: “¿Tantos millones y esto lo resguarda de la furia antiintelectual que padecen sus
de hombres hablaremos inglés?” En la genealogía reverenciada compañeros de generación literaria.
por Pellicer, los dos ejes de la nueva actitud son Bolívar y la A Pellicer sus amigos literarios le parecen a veces demasiado
anfictionía, que simbolizan el afán de libertades políticas, y frívolos, sin arraigo en la realidad americana y muy injustos
Darío y los modernistas, que inventan la sonoridad que desalo- con su poesía. En una carta a José Gorostiza, escrita en Roma
ja al idioma opaco y mortecino. Los pensamientos de Darío el 12 de julio de 1928, desata su resentimiento contra ellos a
son “raza de relámpagos”, su credo de la esperanza “fundará la partir de la Antología de la poesía mexicana, a cargo de Jorge
democracia nueva de la América Latina” y es urgente compar- Cuesta, y recién publicada:
tir su rechazo sentimental a los Estados Unidos. […]
No sólo el poder de Estados Unidos, “fenicio romano”, Un señor que Cuesta mucho trabajo leerlo hizo por allí una Anto-
impide la propagación de la estrategia de “sublimaciones espi- logía sobre la que estoy escribiendo algo. Está hecha con criterio
rituales”. En la década de 1920 es mínima la conciencia ibero- de eunuco: a Othón, a Díaz Mirón y a mí, nos cortaron los güevos.
americana. Fruto de necesidades políticas y económicas y de Todo el libro es de una exquisita feminidad. La gracia y pondera-
procesos orgánicos, los distintos nacionalismos son en verdad ción de la dulce Francia luce sus discretos postizos en todas las
proyectos insulares y sólo una minoría intelectual y artística notas que preceden a los poemas, y las consabidas citas de Gide se
acoge con entusiasmo la idea de “América”, algo distinto y suceden con sabio reparto… Es un libro para leer en la cama,
opuesto a Estados Unidos, y que no acepta el ensueño de una atropellado por cualquier chofer. Es curioso: en el País de la
misma simbólica raza del Bravo a la Patagonia. Muerte y de los hombres muy hombres, la poesía y la crítica
Pellicer alaba el sueño de “la raza cósmica” anunciada por actuales saben a bizcochito francés.
Vasconcelos. Según él, la regeneración y la salud de la nación
dependen también del espíritu y la civilización clásica, de las El agravio y la crítica de Pellicer son en ese momento muy
raíces grecolatinas, de la beligerancia del humanismo. Y por profundos: “Mis caros colegas dicen horrores de mí, pero me
eso agradece a los forjadores de América en poemas como saquean: unos mis temas, otros mis imágenes; unos y otros mi
“Elegía ditirámbica” a Simón Bolívar o “Tempestad y calma en vocabulario.”
honor de Morelos”. […] A la distancia lo que se evidencia es el enorme respeto que
sus colegas le tienen. Y tan es así que pasado el enojo por la
Pellicer entre los “Contemporáneos” Antología… de Cuesta, la amistad de Pellicer con Novo, Cues-
ta y Villaurrutia será estrechísima, y él los admirará sin reser-
En rigor, Pellicer jamás se propone ser un “Contemporáneo”, vas. Pero la carta a Gorostiza expresa el doble filo del aleja-
es decir, actuar de acuerdo con el programa literario de la re- miento de México y de la sensación de ser víctima de una in-
vista de ese nombre, estar al día con lo más avanzado y refina- justicia crítica:
do de la cultura occidental, tal y como se postula en París o
Nueva York; sin embargo, es modernísimo y usa del impulso Tú sabes de sobra que lo cursi luce sus cretonas en uno de los
internacional. Tiene mucho y poco que ver con una revista en grupitos del “grupo sin grupo”… y en otros grupitos aussi. Litera-
la que apenas publica. Es amigo cercano de estos poetas (Jaime tura de kiosko de periódicos es la que se hace hoy en México: ideas
Torres Bodet, José Gorostiza, Salvador Novo, Xavier Villau- de veinticuatro horas, escandalitos, falsificaciones, imitación, imi-
rrutia, Enrique González Rojo, Jorge Cuesta, Gilberto Owen, tación, imitación…
Bernardo Ortiz de Montellano) y son poderosas las coinciden-
cias: trato frecuente, afinidades electivas (muy señaladamente La experiencia del fuego
con Gorostiza, Novo y Villaurrutia), creencia en la literatura
como segunda patria, fe en el papel supremo de la poesía y en En 1929 el régimen acaudillado por Plutarco Elías Calles dis-
la exigencia formal. También son muy visibles las discrepan- tribuye a sus opositores en las categorías clásicas: desapareci-

28 la Gaceta número 422, febrero 2006

a
dos, asesinados, exiliados, presos, marginados, asimilables. José escenificaciones de la ley fuga. Aferra su crucifijo y se muestra
a
Vasconcelos, candidato a la presidencia de la República, movi- sereno. El periodista José Alvarado evoca ese momento:
liza sectores muy amplios, colma las plazas públicas, galvaniza
a una generación de estudiantes que, antes de ocupar su sitio Cuando conocí a Carlos Pellicer estaba recién salido de la cárcel.
en las estructuras de gobierno, conocen una etapa de libertad, Fue la suya una celda sucia y oscura, helada, inmunda. Varias veces
conspiran, corren graves riesgos, creen tocar el fondo de la llegó hasta allí el ruido de botas y culatas. Se abría la puerta en la
voluntad o de la volubilidad del pueblo. oscuridad y unas voces sin rostro le mandaban salir al frío de la
Sin ser parte de complot alguno, Pellicer sí es un radical, madrugada. Quedaba la ciudad atrás, hundida en el sueño, y Car-
alguien ansioso de reemplazar a Huichilobos por Quetzalcóatl, los Pellicer era conducido a la orilla de un camino, junto a una
de canjear la barbarie por el régimen ilustrado. La “América barranca o frente a un matorral.
mía” requiere de profetas, de maestros que integren el medio —Ora sí, le vamos a dar su agua por hablador y jijo de la tizna-
(la palabra) con el mensaje (la civiliza- da.
ción), que en el aprendizaje de nación Una sensación y una realidad No lo mataron la primera vez, ni la segun-
conformen la autoridad moral. Pellicer, comprobable rompen con la da, pero ¿quién podía saber si la tercera o la
vasconcelista, con las palabras telúricas tradición eurocéntrica de la cultura cuarta? La quinta vez un general, borracho,
entonces de moda, le entrega su corazón mexicana. Pellicer se propone le preguntó:
a la verdad para ganarle a la barbarie. Y anudar lo nacional y lo —Pero, ¿por qué tales por cuales no dice
el ánimo de justicia se refuerza ante la iberoamericano, y es creyente nunca nada, muchachito lebrón?
impunidad de los pistoleros del callismo decidido de la independencia política El general lloró y, tal vez, fue el momento
que agreden, amenazan y asesinan para y del vigor del arte y la literatura del mayor peligro. Algo sucedió, sin embar-
destruir las alternativas al candidato del go, en la entraña del cobarde. Desde enton-
pnr, Pascual Ortiz Rubio. Acepten que será el presidente o se ces ya no volvieron los soldados a tocar la puerta con las culatas,
perderán los empleos y las seguridades mínimas y máximas. después de medianoche. (1957)

En un mitin en la plaza de San Fernando en la capital (20 de sep- “El jefe de los guardianes, homicida violento, lloró una vez de
tiembre de 1929) sucede una escena trágica. Germán de Campo, rabia, de asombro, acaso de arrepentimiento”, añade José Al-
el orador juvenil por excelencia del vasconcelismo, el lector infa- varado. Sólo una vez Pellicer consigna tal experiencia limite en
tigable de Sachka Yegulev, la novela de Andrriev sobre el martirio los tres sonetos de En prisión (en Práctica de vuelo). Allí la bru-
libremente asumido de los jóvenes antizaristas, habla fogosamen- talidad carcelaria y la proximidad de la muerte se subordinan a
te. De pronto, reconoce a un hombre que días antes lo asaltó y lo la reflexión mística en la “agonía de todos los sentidos”. […]
señala a la multitud, que lo atrapa. Al tanto de la consigna de Vas- El 14 de febrero, policías y soldados asesinan a 23 vascon-
concelos: “A nuestro paso no han de quedar cadáveres”, Germán celistas en Topilejo, por la carretera a Cuernavaca. Son estu-
pide que lo suelten y agrega su reflexión cristiana: “Que sean los diantes, viejos generales, obreros, profesionistas. Durante
otros quienes tiñan sus manos en nuestra sangre, caerá sobre sus meses, las madres, las hermanas, las hijas de estos desapareci-
cabezas, indeleble.” dos rondan por las oficinas gubernamentales y llevan fotos,
aguardan, entran a la penitenciaría y revisan las crujías. A Car-
El matón hace caso y acto seguido asesina a Germán de los Pellicer no se le localiza oficialmente. Taracena describe
Campo. una escena:
En el entierro —recuerda el imprescindible Alfonso Tarace-
na en La verdadera revolución mexicana— los estandartes dicen: En cambio, ahora saben contadas personas que el Secretario de
“Justicia o Venganza”. Uno, colosal, trae inscrito el nombre del Relaciones Exteriores, Genaro Estrada, fue a hablar por él al
cacique a quien todos señalan como asesino: Gonzalo N. San- general Calles: “Vea usted, expresó el Jefe Máximo, por quién
tos. El cortejo recorre diez kilómetros, de San Fernando al viene usted a interceder.” Y le extendió un expediente en el que
panteón de Dolores. Ante la fosa hablan Alejandro Gómez está incluida el acta que dictó el diputado Manuel Riva Palacio en
Arias y Carlos Pellicer, que reafirma su intransigencia: “Las el calabozo de Pellicer y por la que se venía en cuenta de que éste
causas que dejan tras de sí mártires triunfan siempre, siempre, salió a Europa hace pocos meses con la consigna de asesinar al
siempre… Salvaremos a México de las manos que lo están en- general Calles, al general Amaro, al ingeniero Ortiz Rubio y al
tregando al yanqui.” Concluye: “Del fondo de estas tumbas licenciado Portes Gil. Leyó todo don Genaro Estrada y exclamó:
jóvenes, brotarán corazones libres.” Con el brazo extendido se “Pues sobre estos papeles, yo atestiguo la honorabilidad de
jura: la sangre vertida no será estéril. Se canta el himno nacio- Pellicer. Se va a provocar un escándalo continental. Se trata de un
nal. En la noche, informa Taracena, en el departamento de gran poeta.” “Debe ser”, contestó el general Calles, que añadió:
Antonieta Rivas Mercado, Pellicer le cuenta a Novo: “Pedí en “Pues por ahora, se suspenden ciertas órdenes que hay contra él.”
el cementerio la cabeza de tu pariente, el doctor Puig y Casau-
ranc” (regente del Distrito Federal). Villaurrutia lo llama La cárcel es la salvación. Alejandro Gómez Arias presenta un
“aprendiz de conspirador”. […] amparo, y el regente Puig le dice: “Si está en Lecumberri, res-
El 11 de febrero de 1929 detienen a Pellicer; dos días des- pondo por su vida. Si no, no.” Allí están detenidos varios co-
pués, en el cuartel de San Diego, en Tacubaya, escucha movi- munistas, también sospechosos de auspiciar a la que Novo
miento aparatoso: a varios presos se les extrae de sus celdas. El llama “bala asnicida” contra Ortiz Rubio. Juan de la Cabada ha
“deporte” del simulacro: yo finjo que te fusilo y tú, sin fingi- relatado ese encierro, su actitud y la de sus camaradas Tina
miento alguno, te estremeces. Pellicer padece dos o cuatro Modotti, Isaac Rosenblum y Valentín Campa, su coexistencia

número 422, febrero 2006 la Gaceta 29

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pacífica con criminales y mendigos, su encuentro con Pellicer, desde las inmensidades del presidium. A Pellicer lo elevan la
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que entusiasma o enfurece a los presos comunes leyéndoles en bondad diáfana, la alegre solemnidad, la convicción antiimpe-
las noches, en voz muy alta, textos de Simón Bolívar. rialista, el cristianismo.
El 23 de febrero, al cabo de una campaña difamatoria, se Por su vitalidad y su interés en los demás, Pellicer se preser-
expulsa de México a Tina Modotti. En el penal de Lecumberri, va de la amargura y la frustración y no conoce el deterioro de
que Pellicer conoce por espacio de un mes (el 4 de marzo de algunos de sus coetáneos: ni se congela en la burocracia ni se
1930 es puesto en libertad, previa entrega de doscientos pesos), desvanece en el plastihumanismo ni se desintegra en el afán de
la población no es muy abundante y los presos políticos lo son ser aceptado socialmente. Hasta lo último, tras la fachada del
por tiempo breve. Los vasconcelistas detenidos van saliendo excéntrico, mantiene su vocación poética y su libertad. Así, por
luego de múltiples vejaciones y la entrega de dinero. Pellicer ejemplo, le declara a un reportero: “Colecciono ojos. Los
salva su vida porque al régimen no le conviene un escándalo en tengo en lugar secreto que no puedo revelar porque se va gas-
el exterior; a ojos gubernamentales, un tando la luz.” Senador de la república
poeta es un ser incomprensible pero in- Por su vitalidad y su interés en los por Tabasco, al preguntarle un reporte-
tocable. Luego de la experiencia vascon- demás, Pellicer se preserva de la ro de Siempre! por la posibilidad de su
celista, Pellicer se dedica a la enseñanza. amargura y la frustración y no ingreso póstumo a la Rotonda de los
Amaina su lucha política aunque, así no conoce el deterioro de algunos de Hombres Ilustres, contesta: “A mí me
lo exprese, jamás asimile del todo la de- sus coetáneos: ni se congela en la gustaría, compañero, que mis restos aca-
rrota del 29. burocracia ni se desvanece en el basen en el canal del desagüe.”
plastihumanismo ni se desintegra en Como me la imagino, la estrategia de
Pellicer y el programa de la nación el afán de ser aceptado socialmente Pellicer es impecable, así no sea del todo
voluntaria: para prevenirse del riesgo de
Pellicer cree en los componentes clásicos de la tradición nacio- tomarse muy en serio se inventa una solemnidad irónica; para
nal. Por ello admira, colecciona y promueve el arte indígena obtener el respeto a su vida personal, le entrega a la sociedad
prehispánico, ensalza a pintores como Joaquín Clausell y muy un personaje entrañable y patriótico; para distanciarse de las
especialmente José María Velasco, pregona la excelencia de rencillas del medio literario despliega a un poeta todo natura-
artistas populares como Posada, colabora con Carlos Chávez y leza. Gracias a esto, el autor de una gran obra disfruta, con
Silvestre Revueltas, rinde homenajes constantes a López Velar- ironía barroca, de los distintos papeles y realidades del cargo
de y Díaz Mirón. Y se aparta de Vasconcelos en un punto de gloria nacional, sin dejar nunca de ser autor de una gran
central: para Pellicer lo indígena no es el peso muerto del país, obra.
sino la aportación esencial que le da raíces y colorido a lo mexi- El mito está dispuesto. Que acudan ahora críticos, comen-
cano. […] taristas y público en general y surgirá el hombre sensorial, el
De ningún modo es gratuita la devoción de Pellicer por místico, la conciencia de Iberoamérica, el consignador de ha-
Diego Rivera y José Clemente Orozco. En el muralismo zañas, el amor diurno, el humor que desolemniza, la alegría
—como en las ideas estéticas y culturales de Vasconcelos, las encarnada, el creyente que encuentra a Cristo a través de una
novelas de Mariano Azuela y el nacionalismo musical de Car- fiesta de los sentidos, el copioso inventario de una naturaleza
los Chávez y Silvestre Revueltas— localiza un poderío seme- adjetivada y erguida en los poemas. Lo anterior se desprende
jante al de la Revolución mexicana y su capacidad declarada de su literatura y, con todo, resulta simplificador y parcial. La
(mito y verdad) de sacudir con trazos de energía portentosa la riqueza y la complejidad de la poesía y el trabajo cultural de
inercia de siglos. […] Carlos Pellicer trascienden los momentos culminantes de que
nos hemos servido para fijarlo y definirlo, y nos presentan a un
Los años de madurez ser excepcional que vivió con inteligencia y armonía y fue
siempre un escritor notable. “He olvidado mi nombre / todo
En 1937, por adhesión a la causa republicana, viaja Pellicer a será posible menos llamarse Carlos.” G
España al Congreso de Escritores en Valencia. Pero ya su etapa
militante ha terminado. Ingresa a la administración pública y
de 1942 a 1945 es director del departamento de Bellas Artes, y
reencuentra a su generación literaria en un momento en el que
se subrayan más las afinidades que las diferencias. ¿Por qué la
poesía de Pellicer no alcanza la difusión merecida, salvo unos
cuantos poemas?
En lo básico, ya se ha señalado, por un pésimo manejo edi-
torial, que sólo se corrige en los años recientes. Cierto, se le
prodigan las calificaciones de Poeta de América o Poeta de los
Andes, con la carga de anacronismo y pompa de estos epítetos,
pero escasean las ediciones accesibles. Pellicer, por lo demás,
se desentiende del asunto, se consagra a los museos, acepta ser
el dueño de la voz potente y las reverberaciones en endecasíla-
bo clásico. Al ver a Pellicer uno se sabe ante un poeta y, con
incomparable sentido dramático, él lo reafirma con frases ma-
ravillosamente extravagantes y el envío de la mirada al cielo

30 la Gaceta número 422, febrero 2006

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DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Marzo 2006 Número 423

Longevo Ben(emér)ito

■ Fernando del Paso: Juárez en Noticias del imperio


■ Victoriano Salado Álvarez: Dos episodios juaristas
■ Teatro de Franz Werfel: Juárez y Maximiliano
y Rodolfo Usigli: Corona de sombra
■ Ralph Roeder: Juárez y su México
■ Héctor Pérez Martínez: Juárez, el impasible

■ Benito Juárez: Apuntes para mis hijos


■ Juan de Dios Peza: “Las horas de mayor angustia de Juárez”
■ Andrés Henestrosa sobre Las supuestas traiciones de Juárez,
de Fernando Iglesias Calderón
■ Salvador Novo: “Juárez, símbolo de la soberanía nacional”
ISSN 0185-3716

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Longevo Ben(emér)ito Sumario
La añoranza patriótica que resuena en el danzón lo dice todo: Juárez en Noticias del imperio 2
Juárez no debió de morir. Si bien la ruda angina de pecho Fernando del Paso
acabó en 1872 con su existencia, en este mes en que cumple dos Dos episodios juaristas 5
siglos de haber nacido queda claro que el indio zapoteco más Victoriano Salado Álvarez
célebre de nuestra historia ha vivido mucho más que los 66 Juárez y Maximiliano 8
años que consignan las biografías. Símbolo de tenacidad nacio- Franz Werfel
nalista, ejemplo supremo de habilidad política, milagro de su- Corona de sombra 12
peración personal, Benito Pablo Juárez García transformó a Rodolfo Usigli
nuestro país en una escala suprahumana, confirmando dos ras- Juárez y su México 15
gos esenciales del México moderno: la soberanía nacional y la Ralph Roeder
laicidad del estado. No es difícil que el fce vea en esas dos Elevación 17
nociones un origen lejano pero indudable de su vocación autó- Héctor Pérez Martínez
noma, ecuménica, y no es difícil que La Gaceta sume este cohe- Apuntes para mis hijos 20
tón de papel a los jubilosos fuegos artificiales que invadirán los Benito Juárez
cielos mexicanos durante todo el año. Hemos organizado el Sobre Apuntes para mis hijos 21
festejo con textos que reafirman su carácter de personaje lite- Josefina Zoraida Vázquez
rario además de su condición de héroe histórico. Las horas de mayor angustia de Juárez 22
Fernando del Paso ofrece nuestro primer acercamiento al Juan de Dios Peza
Juárez de tinta y papel. Hemos tomado del segundo tomazo de Fernando Iglesias Calderón y la defensa de Juárez 23
sus Obras el recorrido biográfico con que, en Noticias del impe- Andrés Henestrosa
rio, Del Paso presenta a don Benito, personaje que adquiere Símbolo de la soberanía nacional 25
aún más corporeidad en los coloridos “episodios nacionales” de Salvador Novo
Victoriano Salado Álvarez con que continúa la entrega. Anec- Emancipador de la conciencia humana 27
dóticas y ejemplarmente narradas, esas dos viñetas presentan a Hidalgo y Juárez 28
un Juárez terrenal, humoroso a contracorriente de la evidencia José María Vigil
histórica. La dificultad para lidiar con un ser tan singular desde Juárez 30
el escenario se nota en las obras de Franz Werfel y Rodolfo Justo Sierra
Usigli, pues en ambas el oaxaqueño es sólo una vaga presencia, El camino de Damasco 30
un pivote en torno del cual gira la vida pero al que no se tiene Ángel Pola
acceso. Tal vez esa misma dificultad para aprehender al hombre
es la que evoca Ralph Roeder en el inicio de su monumental Fernando del Paso, escritor, recibió el premio Javier
biografía juarista, gran libro grande en que la narración vale Villaurrutia en 1966 por José Trigo ■ Victoriano Salado
tanto como lo narrado. Es la misma inspiración de Héctor Álvarez fue miembro de la Academia Mexicana de la
Pérez Martínez en su retrato de Juárez, el impasible, donde la Lengua y autor de Episodios nacionales mexicanos ■ Franz
palabra oportuna y entregada al vuelo lírico sirve para recons- Werfel fue poeta, novelista y dramaturgo checo, su nove-
truir (y embellecer) el pasado. la La canción de Bernardette fue llevada al cine ■ Rodolfo
Como la casa ha lanzado al mercado una nueva edición de Usigli compaginó sus actividades de dramaturgo con
Apuntes para mis hijos, el texto sobre sí mismo en que Juárez el servicio diplomático ■ Ralph Roeder, historiador
aboga sin proponérselo por la tesis de que infancia (y un poqui- estadounidense, dejó testimonio de su inclinación mexi-
to más) es destino, presentamos su parte inicial, con un par de canista en Hacia el México moderno ■ Héctor Pérez
fragmento de la prologuista, Josefina Zoraida Vázquez, y de Martínez, político y escritor, fue gobernador de Cam-
quien preparó esta nueva versión, Héctor Cuauhtémoc Her- peche de 1939 a 1943 ■ Benito Juárez fue presidente
nández Silva. También de ese volumen procede la bucólica de la república y Benemérito de las Américas, y además
aventura del niño convertido en involuntario navegante, en se convirtió en personaje literario ■ Josefina Zoraida
palabras de Juan de Dios Peza. Otra obra de nuestro catálogo Vázquez se ha ocupado de la historia política y diplo-
sirve para ponderar las polémicas en torno al legado juarista: en mática mexicana del siglo xix ■ Juan de Dios Peza fue
el texto introductorio a Las supuestas traiciones de Juárez, Andrés Ministro de la Guerra de Maximiliano y redactor de
Henestrosa —otro oaxaqueño ilustre— sintetiza los denuestos El eco de ambos mundos ■ Andrés Henestrosa, escritor,
de que el héroe de la Reforma fue blanco a comienzos del siglo ensayista y periodista, escribió Los hombres que dispersó la
pasado. Era tiempo de celebrar el primer centenario de ese 21 danza ■ Salvador Novo, además de ser poeta, cronista y
de marzo, fecha que no siempre ha sido tan bien aprovechada dramaturgo, fue profesor en las escuelas Nacional Prepa-
como en el discurso con que Salvador Novo encabezó los fes- ratoria y de Arte Dramático del inba ■ José María Vigil,
tejos en 1966. Cuatro textos cercanos en el tiempo al falleci- periodista liberal, fue director de la Biblioteca Nacional
miento del prócer permiten confirmar la conversión de Benito de México de 1880 a 1909 ■ Ángel Pola, periodista
Juárez, de astuto y severo político, en estatua de bronce o talla- chiapaneco, escribió en los periódicos El Nacional y El
da en piedra. Ojalá las páginas de esta gaceta sirvan para que Monitor del Pueblo
esas esculturas muestren una sonrisa con trasfondo humano.

número 423, marzo 2006 la Gaceta 1

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Juárez en Noticias del imperio
DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Fernando del Paso

Directora del FCE Las Noticias del imperio que Fernando del Paso transmite a sus lectores
Consuelo Sáizar
dicen mucho de Benito Juárez. Aunque no es el protagonista de la mayúscula
Director de La Gaceta obra delpasiana —que tampoco tiene por eje a Carlota sino a su locura—,
Tomás Granados Salinas el presidente de México entra y sale del libro como un demiurgo que
prepara el fatal destino de Maximiliano. Del capítulo en que se contrastan
Consejo editorial
Consuelo Sáizar, Ricardo Nudelman, las biografías del oaxaqueño y de Napoleón III hemos tomado las porciones
Joaquín Díez-Canedo, Martí Soler, dedicadas a la vida de Juárez, como introducción literaria a nuestro tema
Axel Retif, Laura González Durán, e invitación a la obra toda de Del Paso
Max Gonsen, Nina Álvarez-Icaza,
Paola Morán, Luis Arturo Pelayo,
Pablo Martínez Lozada, Geney Bel-
trán Félix, Miriam Martínez Garza, En el año de gracia de 1861, México estaba gobernado por un indio cetrino, Benito
Fausto Hernández Trillo, Karla Ló- Juárez, huérfano de padre y madre desde que tenía tres años de edad, y que a los once
pez G., Alejandro Valles Santo To- era sólo un pastor de ovejas que trepaba a los árboles de la laguna Encantada para
más, Héctor Chávez, Delia Peña,
Antonio Hernández Estrella, Juan
tocar una flauta de carrizo y hablar con las bestias y con los pájaros en el único idio-
Camilo Sierra (Colombia), Marcelo ma que entonces conocía: el zapoteca. […]
Díaz (España), Leandro de Sagastizá- Un día, Benito Pablo abandonó a los parientes que lo habían recogido, a sus ove-
bal (Argentina), Julio Sau (Chile), jas y a su pueblo natal de Guelatao —palabra que en su lengua quiere decir “noche
Isaac Vinic (Brasil), Pedro Juan Tucat
honda”— y se largó a pie a la ciudad de Oaxaca situada a catorce leguas de distancia,
(Venezuela), Ignacio de Echevarria
(Estados Unidos), César Ángel Agui- para trabajar de sirviente en una de las casas grandes, como ya lo hacía su hermana
lar Asiain (Guatemala), Rosario To- mayor, y más que nada para aprender. Y en esa ciudad, capital del estado del mismo
rres (Perú) nombre, y ultramontana no sólo por estar más allá de las montañas, sino por su mo-
jigatería y sumisión a Roma, Juárez aprendió castellano, aritmética y álgebra, latín,
Impresión
Impresora y Encuadernadora teología y jurisprudencia. Con el tiempo, y no sólo en Oaxaca sino en otras ciudades
Progreso, sa de cv y otros exilios, ya fuera por alcanzar un propósito en el que se había empecinado o
por cumplir un destino que le cayó del cielo, también aprendió a ser diputado, go-
Diseño y formación bernador de su estado, ministro de justicia y de Gobernación, y presidente de la re-
Marina Garone, Cristóbal
Henestrosa y Emilio Romano pública. […]
Vestido siempre de negro, con bastón y levita cruzada, don Benito Juárez leía y
Ilustraciones releía a Rousseau y a Benjamin Constant, formaba con éstas y otras lecturas su espí-
Tomadas de la reedición ritu liberal, traducía a Tácito a un idioma que había aprendido a hablar, leer y escribir
de Apuntes para mis hijos, de B. J.,
y de periódicos decimonónicos al mismo tiempo, como en el mejor de los casos se aprende siempre una lengua ex-
tranjera, y comenzaba a darse cuenta de que su pueblo, lo que él llamaba “su pueblo”
La Gaceta del Fondo de Cultura Econó- y al cual había jurado ilustrar y engrandecer y hacerlo superar el desorden, los vicios
mica es una publicación mensual edi- y la miseria, era más, mucho más que un puñado o que cinco millones de esos indios
tada por el Fondo de Cultura Econó-
mica, con domicilio en Carretera Pi-
callados y ladinos, pasivos, melancólicos, que cuando era gobernador bajaban de la
cacho-Ajusco 227, Colonia Bosques sierra de Ixtlán para dejar en el umbral de su casa sus humildes ofrendas: algunas
del Pedregal, Delegación Tlalpan, palomas, frutas, maíz, carbón de madera de encina traído de los cerros de Pozuelos o
Distrito Federal, México. Editor res- del Calvario. Pero para otros, para muchos, Benito Juárez se había puesto una patria
ponsable: Tomás Granados Salinas.
como se puso el levitón negro: como algo ajeno que no le pertenecía, aunque con una
Certificado de Licitud de Título 8635
y de Licitud de Contenido 6080, ex- diferencia: si la levita estaba cortada a la medida, la patria, en cambio, le quedaba
pedidos por la Comisión Calificadora grande y se le desparramaba mucho más allá de Oaxaca y mucho más allá también del
de Publicaciones y Revistas Ilustradas siglo en el que había nacido. Y por eso de que “aunque la mona se vista de seda mona
el 15 de junio de 1995. La Gaceta del se queda”, las malas lenguas le compusieron unos versitos:
Fondo de Cultura Económica es un
nombre registrado en el Instituto
Nacional del Derecho de Autor, con Si porque viste de curro
el número 04-2001-112210102100, el cortar quiere ese clavel,
22 de noviembre de 2001. Registro sepa hombre, que no es la miel
Postal, Publicación Periódica: pp09-
0206. Distribuida por el propio Fon- para la boca del burro;
do de Cultura Económica. huela, y aléjese dél… […]

Correo electrónico Águeda, la santa que sostenía en una bandeja sus dos pechos cortados, le enseñó al
gacetafce@fce.com.mx
niño Benito Pablo la letra “a”. Blandina mártir, que murió envuelta en una red, entre
las patas y los cuernos de un toro, la letra “b”. Casiano de Inmola, al que sus propios

2 la Gaceta número 423, marzo 2006

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discípulos dieron muerte acribillándolo con sus plumas de hie-
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rro, la letra “c”. Y a pesar de ello, a pesar de haber aprendido
el abecedario en Las vidas y martirios de los santos, gracias a la
paciencia y buenamor de su maestro, el lego pero casi fraile
Salanueva, que estaba siempre vestido con el sayal pardo de los
carmelitas descalzos, Benito Juárez, siendo ministro de justicia,
expidió una ley que llevaba su nombre, Ley Juárez, y la cual, al
poner término a la jurisdicción de los tribunales eclesiásticos
en los asuntos civiles, volvió a echarle leña al fuego de la vieja
rencilla entre la iglesia y el estado, y que en esos días provocó,
además de sangrientos combates, la expulsión de seis eclesiás-
ticos, entre los cuales se encontraba el obispo de Puebla, Pela-
gio Antonio de Labastida y Dávalos. Los angelopolitanos, que
así se llamaban los que habían nacido o vivían en Puebla de los
Ángeles, acompañaron por un buen trecho a sus obispos en su
viaje al destierro, jerimiqueando. A pesar también de haber
sido aplicado alumno del Seminario de Oaxaca cuando, antes
de decidirse por la abogacía deseaba ser cura, y de haber jurado naron hasta casi cuatro años después de consumada la indepen-
al protestar como gobernador de Oaxaca por dios y por los dencia mexicana, le había costado muchos millones a España.
santos evangelios defender y conservar la religión católica, Tantos, que cuentan que un día se le preguntó a uno de los mo-
apostólica y romana y de encabezar sus decretos con el nombre narcas españoles qué era lo que contemplaba, con su catalejo,
de dios todopoderoso, uno en esencia y trino en persona, Be- desde El Escorial y el rey contestó que trataba de ver el castillo
nito Juárez —a quien Salanueva le había enseñado lo mismo de San Juan de Ulúa: “tan caro le ha salido al tesoro español”,
los secretos del arte de encuadernar catecismos Ripalda, que el dijo, “que cuando menos deberíamos verlo desde aquí”. Trece
respeto y la veneración al nazareno del Vía Crucis que todas las años después de la retirada de los españoles, en octubre de
tardes de todos los días pasaba frente a su casa—, siendo presi- 1838, la fortaleza capituló tras haber sido bombardeada por
dente de la república confiscó los bienes de la iglesia mexicana, una escuadra francesa al mando del almirante Charles Baudin
abogó todos los privilegios del clero y reconoció todas las reli- y de la que formaba parte el príncipe de Joinville, hijo de Luis
giones. Por esta osadía, Juárez fue considerado por los conser- Felipe de Francia y tío de la princesa Carlota de Bélgica, y
vadores mexicanos y europeos, y desde luego por el Vaticano y quien reclamaba a nombre del gobierno francés una indemni-
por el Papa Pío Nono futuro creador del dogma de la infalibi- zación de seiscientos mil pesos en favor de ciudadanos france-
lidad pontificia, como una especie de anticristo. Por no saber ses residentes en el territorio mexicano, que se quejaban de la
montar a caballo, ni manejar una pistola y no aspirar a la gloria merma súbita o paulatina de sus capitales, debida a los emprés-
de las armas, se le acusó de ser débil, asustadizo, cobarde. Y por titos forzosos, o robos legalizados, que con demasiada frecuen-
no ser blanco y de origen europeo, por no ser ario y rubio que cia decretaban las autoridades mexicanas para financiar sus su-
era el arquetipo de la humanidad superior según lo confirmaba cesivas revoluciones y sus perpetuos desfalcos. Debido a que
el Conde de Gobineau en su Ensayo sobre la desigualdad de las entre estas reclamaciones figuraba la de un pastelero de Tacu-
razas humanas publicado en París en 1854, por no ser, en fin, baya que diez años antes dijo haber perdido sesenta mil pesos
siquiera un mestizo de media casta, Juárez, el indio ladino, en de mercancía en éclairs, vol-au-vent, brazos de gitano y babas-
opinión de los monarcas y adalides del viejo mundo era incapaz au-rhum, a este primer conflicto armado entre Francia y Méxi-
de gobernar a un país que de por sí parecía ingobernable. Es co se le llamó “La guerra de los pasteles”. En la defensa del
verdad que el ministro americano en México, Thomas Corwin, puerto de Veracruz, perdió la pierna izquierda un general
exageraba cuando en una carta al secretario de estado William mexicano a quien alguna vez Benito Juárez, en sus tiempos de
Seward le decía que en cuarenta años México había tenido criado de casa grande en Oaxaca, había servido la cena, el
treinta y seis formas distintas de gobierno, ya que en realidad mismo que ahora era el culpable de los maltratos sufridos por
era una sola, con raras y esporádicas excepciones: el militaris- el indio, y de su próximo exilio: Antonio López de Santa Anna,
mo. Y es verdad también que míster Corwin hacía mal las quien había sido ya presidente de México cinco veces y que,
cuentas cuando afirmaba que en esos mismos cuarenta años tras de que su heroica pierna fuera enterrada con honores y
México había tenido sesenta y tres presidentes, porque no sólo desfiles, con lágrimas y lápida conmemorativa y con salvas y fan-
habían sido menos, sino que entre esos menos hubo varios que farrias militares, sería presidente otras seis veces más. A veces
volvían una y otra vez a la presidencia, y que eran como una héroe, a veces traidor, a veces las dos cosas al mismo tiempo,
fiebre terciana que sufría el país. [...] Santa Anna se levantó un día capitán y se acostó esa noche te-
Tras más de dos meses de vejaciones durante los cuales se le niente coronel durante la guerra de la independencia de México.
confinó y expulsó en forma alternada de varios pueblos, ciuda- General a los veintisiete años y Benemérito de la patria a los
des y rancherías, el licenciado Benito Juárez fue llevado al cas- treinta y cinco, había sido condecorado por la flecha de un indio
tillo de San Juan de Ulúa. Construido con piedra múcar —una en su primera campaña contra Tejas, la provincia mexicana que
especie de coral— sobre el arrecife de La Gallega a la entrada deseaba transformarse en república independiente. Héroe ya
del puerto mexicano de Veracruz, en tierra caliente donde la desde entonces, Santa Anna se hizo un poco más héroe cuando
malaria y la fiebre amarilla eran endémicas, la fortaleza de San regresó a la provincia rebelde para tomar por asalto el fuerte
Juan de Ulúa, último reducto de los españoles que la abando- del Álamo y obtener un sangriento triunfo —remember Goliat

número 423, marzo 2006 la Gaceta 3

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donde pasó a todos los prisioneros a cuchillo y a pólvora—, y Unidos lo que en 1803 restaba en poder de Francia —los dos
a
un poco menos héroe cuando, vencido por las fuerzas de Sam millones trescientos mil kilómetros cuadrados de la cuenca
Houston huyó a caballo y a pie, cayó en manos del enemigo oriental del Mississippi— de ese gigantesco territorio llamado
tras el combate de San Jacinto y reconoció por miedo, por ob- la Luisiana en honor de Luis XIV, el Rey Sol. Así había crecido
tener la libertad o porque era sencillamente un hecho consu- Estados Unidos, pagándole a Napoleón seis dólares cincuenta
mado, la existencia de la república de Tejas. Vuelto al poder y seis céntimos por kilómetro cuadrado, y a México, once dó-
después de que su pierna fuera desenterrada y arrastrada en las lares con cincuenta y tres. Pero Juárez hacía cuentas: si se in-
calles por el populacho, y presidente de México dos veces en el cluía a la república de Tejas, que se había perdido sin recibir un
año de 1847 en el que culminó la invasión expansionista nor- solo centavo de indemnización, los once dólares y fracción se
teamericana con la cesión a los Estados Unidos de territorio reducían a seis. Bonito negocio.
mexicano con una superficie de más de un millón trescientos Una noche Juárez y sus amigos fueron a ver a una troupe de
cincuenta mil kilómetros cuadrados que incluía las provincias de minstrels que pasaba por Nueva Orleans, y que era un grupo de
Nuevo México y de la Alta California —y que, agregada Tejas músicos blancos pintados como negros, que se movían como
equivalía a la mitad del territorio nacional—, Santa Anna se negros, hablaban y cantaban como negros y como negros toca-
convirtió en el gran traidor tras dejar la presidencia en manos ban el banjo y los bones, que eran una especie de castañuelas
de un interno para ponerse al frente de las tropas, ser derrota- hechas con dos trozos de las costillas de un animal. “No en-
do por el general Taylor en Sacramento y abandonar el país, tiendo”, dijo Juárez. “Sí, el inglés es muy difícil de aprender”,
lavándose las manos, pasando sin ser molestado, como Pedro dijo uno de los mexicanos que no había entendido a Juárez.
por su casa, entre las propias filas del enemigo: Santa Anna, se Pero quien siempre sabía muy bien lo que Juárez quería decir
dijo, había recibido cuantiosas sumas de los norteamericanos era su amigo Melchor Ocampo, quien en algunas de esas tardes
para influir en la aprobación, por parte del congreso mexicano, húmedas de los domingos en que paseaban por los muelles en
del Tratado de Guadalupe Hidalgo, que además de ratificar la mangas de camisa, hacía gala de todas sus culturas, incluyendo
cesión del territorio, reafirmaba los viejos lazos de amistad que la política y la botánica. Ocampo el político proponía, como
unían a México y los Estados Unidos. Vuelto al poder a pesar remedio de los males de México, que se llevara a cabo la Re-
de todo unos cuantos años después y transformado en dictador forma iniciada en los primeros años de la etapa independiente
supremo y alteza serenísima, Santa Anna, si era posible, fue un del país con la ocupación por parte del gobierno de las fincas
poco más traidor todavía al firmar el Tratado de La Mesilla por destinadas a las misiones de las Filipinas y continuada por el
medio del cual México le vendió a los Estados Unidos otros presidente Gómez Farías sin éxito la primera vez, y con mejor
cien mil kilómetros cuadrados de territorio fronterizo […] fortuna la segunda, cuando decretó la incautación de los bienes
Allí, en uno de los calabozos de San Juan de Ulúa, a los que de la iglesia para reunir fondos que sirvieran en la lucha contra
llamaban “tinajas” porque estaban situados bajo el nivel del la invasión americana, y Ocampo recordaba y citaba ejemplos
mar y el agua rezumaba por los muros de piedra múcar para y antecedentes históricos que le venían a la memoria en desor-
evaporarse casi al instante, pasó once días incomunicado el li- den, como la nacionalización de los bienes del clero decretada
cenciado Benito Juárez, para ser llevado después a bordo del en España en 1835 por un primer ministro liberal, la confisca-
paquebote Avon donde los pasajeros hicieron una colecta para ción de los bienes de la iglesia en Bohemia en el siglo xv como
pagar su boleto hasta la primera escala, La Habana, de la cual resultado de la revolución husita —que al fin y al cabo sólo
se marchó poco después el licenciado rumbo a Nueva Orleans, benefició a la clase noble, decía Ocampo— la desamortización
la antigua capital de Louisiana donde conoció a otros mexica- llevada a cabo en Francia tras la revolución, y las medidas
nos liberales y entre ellos a Melchor Ocampo, discípulo como adoptadas por uno de los emperadores austriacos, José II, y que
él de Rousseau y además de Proudhon, que sería después uno en realidad no lograron sino cambiar el capital de un bolsillo a
de sus más cercanos colaboradores, y al que tanto admiró Juá- otro de la iglesia, dijo Ocampo, porque el producto del remate
rez por su clara inteligencia. Para ganarse la vida, Juárez torcía de casi la mitad de los conventos, fue destinado a los curatos,
tabaco. Ocampo elaboraba vasijas y botellones de barro. Otros con lo cual se comprueba que si José II no quería a los monjes,
paisanos exiliados trabajaban de meseros si bien les iba, o de sin duda no tenía nada, o poco, contra los curas. Y Ocampo el
lavaplatos en un restaurante francés. De pie frente al mar, Juá- botánico, amante de las plantas raras, a quien una vez se le vio
rez contemplaba la ancha desembocadura del Mississippi y hincarse y llorar ante unos lirios yucateros que crecían, solita-
esperaba al barco que le traería las cartas de su mujer y sus rios, en la estación de Tejería; cultivador de especies exóticas
amigos. Margarita se había ido con los niños al pueblo de Etla, en su finca michoacana de “Pomoca” —anagrama de su ape-
y allí la iba pasando con lo que les dejaba un pequeño comer- llido—, proponía, como remedio para la diarrea del Licenciado
cio. Los amigos le pedían a Juárez que tuviera paciencia, le Benito Juárez, una pócima de flores de cabello de ángel tritu-
enviaban a veces algo de dinero, le reprochaban, algunos, que radas en agua, o contaba cómo la pasión de la emperatriz Jose-
hubiera elegido a los Estados Unidos como lugar de exilio, le fina, la primera esposa del primer Napoleón, había sido una
juraban que Santa Anna caería pronto del poder, esta vez para flor de origen mexicano, la dalia excelsa, que ella había orde-
siempre. De espaldas al mar, Juárez seguía con la mirada el nado sembrar en los jardines de Malmaison y prohibió que
curso del Mississippi, el caudaloso río de los cuarenta tributa- nadie más la cultivara en Francia, y cómo, después de que al-
rios que nacía muy lejos, en la región norte de Minnesota, y guien robó unas plantas y la dalia mexicana comenzó a apare-
pensaba en una singular coincidencia: por la misma cantidad cer en otros jardines, Josefina dejó de interesarse por ella y
—quince millones de dólares— por la que México había cedi- la desterró para siempre no sólo de Malmaison, ¿que le pare-
do a los norteamericanos las provincias de Nuevo México y la ce? y excuse usted la rima, licenciado, sino también de su
Alta California, Napoleón el Grande había vendido a Estados corazón. G

4 la Gaceta número 423, marzo 2006

a
a
Dos episodios juaristas
Victoriano Salado Álvarez

El autor de los Episodios nacionales mexicanos era un prosista mente ingerido de prisa, y al verme dijo invitándome a sen-
ducho. Sus reconstrucciones noveladas de pasajes y tarme:
personajes de nuestra historia decimonónica son vívidas y —Entendía que el señor comandante La Llana estaba a las
felices. Presentamos aquí dos fragmentos, tomados de la inmediatas órdenes del señor Ministro de la Guerra y jefe del
reproducción facsimilar que publica el FCE Ejército Nacional.
Le respondí refiriendo brevemente la causa de mi presencia
en la siempre heroica, y al oír que llevaba cartas de Pancho
Con la familia enferma Zarco, me preguntó con sumo interés:
—Y ¿cómo está el señor Zarco? ¿No se ha resentido su
Tras la noche toledana, el primer grito que se oyó fue el de mi salud con la vida que se ve precisado a llevar?
estómago hambriento: “Desayuno”, pidió con tristes voces, Díjele que el valiente periodista rebosaba entereza; le conté
como el herido de muerte pide “confesión”. su escapatoria última, que aún no conocía, y le vi dar muestras
—¿Desayuno? —dijo mi hombre—. Lo tendrá usted en de grandísimo interés por la persona de mi amigo. Ya había yo
seguida. Pues qué, ¿cree usted que estamos en México, donde sacado del fondo de mis cepillos los pliegos que llevaba para el
a las siete u ocho de la mañana apenas se van levantando lega- presidente, y había él empezado a leerlos con suma atención,
ñosos y malhumorados los mozos del café? Aquí se hila más cuando se dibujó en la puerta la silueta de un hombre de me-
delgado; vamos a la fonda y verá que nada hace falta. Veracruz diana estatura, moreno, de cabellera negrísima que le rozaba
es una ciudad pequeña y México un pueblo grande. los hombros, de ojos chicos, nariz roma, boca enorme, pero de
Nos refocilamos, pues, modestamente; tomamos un cuarti- labios tan delgados que parecían una herida sangrienta en
to en el Hotel Diligencias, y me salí a la calle para ver de arre- aquel rostro de líneas acentuadísimas. Era don Melchor
glar el negocio principal que me llevaba. Ocampo.
Empecé por preguntar cuál era el palacio que habitaba Juá- Me levanté del asiento ensayando una reverencia. Juárez le
rez y a qué horas daría audiencia. Don León se me rió en las dijo alargándole un pliego de papel de seda:
barbas como si hubiera preguntado por la casa del sol. —Esto para ti, de parte del amigo Zarco.
—¿Palacio? Pero usted está delirando, compañero. ¡Qué Cogió don Melchor la carta y empezó a leerla en pie, acer-
palacio ni qué ocho cuartos! Juárez vive en una casa de tantas, cándose un poco a la ventana por donde se filtraba la claridad
en Puerta Merced, y allí entran y salen jarochas, comerciantes, insolente de una mañana primaveral.
negras de puro en boca, políticos y militares de todas clases. —Pancho —exclamó Juárez mirándome al rostro— dice
Aquí no hay las antesalas y los cumplidos del Palacio de Méxi- que es usted amigo de plena confianza y que le ha dado cono-
co, sino que cada cual entra, arregla sus asuntos y se marcha. cimiento de cuanto dicen las cartas de que fue portador.
Así pasaba en efecto. La casa era amplia, aseada, con sus —En efecto, señor —respondíle—; Zarco me estima, hace
balcones que dejaban penetrar toda la luz, sus cortinas albean- justicia a mi discreción y a mi decisión por la causa, y más
tes, sus baldosas de mármol, sus corredores amplios y su fuen- honor del que merecen mis modestas aptitudes… Por eso dis-
te que derramaba agua a chorros, derramando también vida y puso que leyera y si era posible tomara de memoria lo principal
bienestar. de las cartas que dirige a usted y a otras personas para el even-
Eran las siete cuando pasé nada más que a informarme de la to de que cayera la correspondencia en poder del enemigo y
hora más oportuna para hablar con el presidente. que yo pudiera salvarme.
—Ya está levantado su mercé, y voy a pasarle recado —me —Zarco no habría dado esa autorización a persona que no
dijo una negraza que después supe se llamaba Petrona y que lo mereciera.
era algo parecido a intendenta de aquel albergue. —Pancho —interrumpió a esta sazón Ocampo, que de se-
Juárez me recibió con perfecta amabilidad, tendiéndome la guro estaba en lo que hablábamos Juárez y yo—, Pancho opina
mano breve y bien formada y esbozando un amago de sonrisa por el auxilio americano, pues está seguro de que no implica el
que más bien sorprendí en sus ojos negros como capulines, que paso riesgo ninguno para la nacionalidad.
en sus mejillas y boca, pues le impedía el paso una cicatriz que —Pancho —contestó el presidente, y parece que le veo con
se avanzaba hacia el lado izquierdo comunicando al rostro, a el ademán verdaderamente solemne que tomó— es un joven
ratos, ligero dejo de burla, y a ratos seriedad mayor de la que lleno de prendas, pero joven al fin. Nuestra causa es justa y sólo
era natural en él. es materia de tiempo hacer que se enseñoree del ánimo de las
Una sola vez había visto al grande hombre (ahora le puedo gentes. ¿No hemos dicho mil veces dios y nuestro derecho?
llamar así, ¡ay!, sin que el mote parezca obra de adulación) y en Pues aguardemos a vencer sin más que esos dos elementos…
circunstancias tan críticas, que pensé no se acordaría ya de mí No hay para qué llamemos a nadie, con el riesgo de que des-
ni de mi nombre. pués nos exija el pago de su auxilio en cualquier forma humi-
Estaba don Benito sentado en un sillón cercano a una mesa llante… quizás en la de la pérdida de nuestra nacionalidad.
donde se encontraban restos de un frugal desayuno, segura- —No abundo en tus temores, bien lo sabes —repuso

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a
Ocampo—; pero ya que tienes esa fe que traspasa montañas y —Estudiando… humanidades —respondió Guillermo ba-
a
que tan firmemente crees en el triunfo de nuestra causa, cuen- jando los ojos.
ta conmigo para acompañarte a donde vayas. —¡Ah, perdido!
Miró don Benito a su ministro con cariño en que se confun- —¡Ah, pícaro!
dían los caracteres de jefe, discípulo, amigo y aliado, y dirigién- —Cabalmente acababa de llegar y de dormirme, soñando
dose a mí me dijo: que quitaba a una jarocha su cachirulo de oro, se lo pasaba por
—Señor La Llana, Zarco me asegura que usted cuenta con los crespos cabellos, y éstos se iban haciendo suaves, suaves
amigos en el seno de nuestro grupo. Busque a las personas que hasta llegar a ser como una seda… Luego se tornaban castaños,
le sean simpáticas y aguarde a que le llame… Entre tanto, ocu- después rubios, y al fin se volvían de color de oro, como el
pará un aposento en esta casa, pues no sería remoto que pron- propio cachirulo…
to le necesitara. —Éjate e cachirulo…
Me incliné, salí del cuarto, pregunté a la patrona por el cubil —Luego, peinándolos, salían oncitas de oro, centenes, me-
donde se aposentara Guillermo Prieto, y allá me dirigí dispues- dias onzas, escuditos, reales y medios, todo de oro… como el
to a entablar larga y cariñosa charla con aquel viejo y excelente cachirulo…
camarada. —¡Y dale!
A la puerta golpeaba un hombrecillo delgado de cuerpo, —Y con esos dinerales llenaba cajas y más cajas, pagaba
enjuto, moreno de rostro, bigote de cola de ratón, nariz delga- haberes atrasados, sobornaba generales, destruía ejércitos y
da y puntiaguda, melena que rebasaba la nuca y cuello largui- ponía la Constitución sobre toda la mochería… pues ya uste-
rucho. Por lo demás, el cuerpo, aunque no muy alto, era bien des saben que el dinero es nervio de la guerra.
formado; el pecho y los brazos mostraban, a través de la ropa, —¿Y cuando despertaste…?
convexidades que denunciaban a un Hércules, y los pies y las —No tenía más que el cachirulo de oro fino que me había
manos eran finos y elegantes. regalado una hembra de la Caleta… ¿Y al fin te marchas, ga-
Permanecí un rato mirando al muchacho aquel, que denun- chupín?
ciaba a leguas en su apostura el tipo de andaluz, y al cabo logré —Hoy a la dié.
reconocerle sin gran esfuerzo. Él también me vio con cara de —¿Y a dónde, se puede saber? La Llana es de confianza.
gozo y me dijo —Aunque no lo juera; llevo órdene reservada, que he de
—Uté e de Jalico, o en Jalico lo conocí. abrir en alta mar.
—De Jalisco soy y en Jalisco tuve la satisfacción de conocer —¡Caramba, qué misterioso anda el tiempo! Gachucito, no
al intrépido Antonio Bravo, el mismo que arrió la bandera del me jagas rir…
palacio de Guadalajara en aquella horrible jornada del año —Puej ya me verá en camino, y cuando el Dolphin sarga er
pasado. puerto, no deje de encomendarme a dios.
—¿Y don Santito? —Así lo haré aunque indigno… Y tú, La Llana, ¿qué te
—Ya usted lo sabe: trabajando sin cesar y levantando tro- haces? ¿Vienes a quedarte con nosotros?
pas… A bien que ustedes deben estar de eso más enterados que —Ve a saber; por de pronto, aquí me instalo; pero será sólo
yo, pues desde lo de Tacubaya no sé dónde anda nuestro jefe. mientras me despachan con la respuesta a los pliegos que traje.
Entre tanto, Bravo había dejado de golpear la puerta aque- —De modo que eres ahora…
lla; mas en los pocos instantes en que dejábamos descansar a las —Correo extraordinario.
lenguas, se oía desde dentro un ronquido que empezaba por el —Bien hayan lo mozo crúo y de arrejto.
fortíssimo y concluía en el largo-assai o en —Ojalá que te quedaras entre noso-
el morendo más lánguido. ¿Palacio? Pero usted está delirando, tros, Juanillo… Pero ¿qué digo? Ya tengo
—Ejte maldito e Guillermo no va a compañero. ¡Qué palacio ni qué plan para que nos acompañes.
tené aquí hajta el año prósimo… Misté ocho cuartos! Juárez vive en una —Dime el planecito.
que dormí a puerta cerrá en pleno junio casa de tantas, en Puerta Merced, y —Es mi secreto, como dicen en las
y en pleno Veracrú, ni al diablo se le allí entran y salen jarochas, novelas… Pero, en fin, si me prometes
ocurre. comerciantes, negras de puro en ser callado, y no ir con el cuento a Anto-
Entonces, perdiendo la paciencia, boca, políticos y militares de todas nio Bravo, te diré la cosa… ¿Tienes
gritó por la cerradura: clases. Aquí no hay las antesalas y buena letra?
—¡Guillermo, bruto!, ¡levántate o los cumplidos del Palacio de —Purísima, Torío.
tiro a mojicone tu puerta! México, sino que cada cual entra, —Y de ortografía ¿cómo te sientes?
Alguien contestó del interior cual- arregla sus asuntos y se marcha —Lo necesario para no escribir arroz
quier cosa que calmó la agitación de con hache y caracoles con ka.
Bravo, y a poco vimos salir a Guillermo Prieto con cara de —¡Espléndido! Ya está hecha tu carrera.
trasnochado, y diciéndonos de jovial talante: —¿Mi carrera?
—¡Habías de ser tú, gachuzo de los demonios!… ¡A las —Sí; has de saber que hace ocho días murió don Mateo
cinco me acosté y ya vienes a quitarme el sueño!… Juan Pérez Palacios, secretario privado de Ocampo, y está el pobre Mel-
de mi alma, seas bienvenido a esta heroica ciudad —y me es- chor que no halla a qué santo encomendarse.
trechó en sus brazos varias ocasiones seguidas. —Figúrense —Pues me convendría la placita.
ustedes —continuó Guillermo— que me he pasado la —Cuenta con ella, que si eso no puedo ofrecerte, no sé con
noche… qué te obsequie.
—¿Etudiando? —preguntó Antonio. —¿Y pa mí no habría un lugarcito así, gachó?

6 la Gaceta número 423, marzo 2006

a
agua; pero la mujerona, al ver un hombrecillo de mala traza, de
a
tez cobriza, de aspecto humilde y maneras corteses, se figuró
topaba con un individuo de la más ínfima servidumbre.
—¡Vaya —le dijo—, un indio manducón que parece el im-
prosulto! Si quiere agua, vaya y búsquela.
Juárez oyó impasible aquella letanía, y como se lo indicaba
la negra, fue a buscar el agua que no tardó en encontrar.
Poco después, la comitiva toda, que ese día empezó su vida
en común, aguardaba a Juárez. La negra procuraba saber quién
de todos aquellos caballeros era el presidente, y a todo el que
veía guapo, de estatura elevada o considerado de los demás,
le hacía reverencia poniéndole la jeta más linda que tenía a la
mano.
Por fin, sale don Benito de su cuarto, y todos los que se
encontraban formados a la puerta le hacen una inclinación de
cabeza en respuesta a la que él les dirigió. Petrona, que reco-
noció en aquel señor el mismo a quien había reñido, se confun-
dió y entró llamándose con todas las frases más feas que halló
a mano.
Sorprendidos los circunstantes, preguntaron la causa de
aquella confusión, y el señor Juárez refirió, riendo, la anécdota,
que sirvió para que distinguiera y favoreciera a la negrita an-
—¡Qué ha de haber! Tú estás malquisto por gachupín. dando el tiempo.
—Y e la verdá que don Melchó me ha cogío tema no ma que Volviendo al asunto de los preparativos de aquella mañana,
por gachupín. diré que la gente empezaba a llegar; pero sin que supiera qué
—Y a fe que no tiene razón, pues Quijotes tan sinceros embajador se recibiría, qué príncipe llegaría de visita ó qué
como éste no los habrá: camina buscando dónde se pelea por personaje determinaría acompañarnos en nuestro cálido des-
la libertad, para ponerse a servirla… Pero déjenme, que tengo tierro.
que desayunarme, que recoger el acuerdo y que acompañar a Los comentarios comenzaban y no acababan.
este mal sujeto para recomendárselo a los señores tiburones. —Es un americano que viene a ofrecernos dinero y ca-
Y allí se quebró una taza. ñones.
—Es un inglés que quiere conocer nuestras Leyes de Refor-
Hidalguía mexicana y nobleza española ma para aplicarlas en su tierra.
—Es un embajador de S. S. Pío IX.
En aquella mañana se aguardaban grandes novedades en la casa —Aquí no entran de esos.
de Puerta Merced. Se lavaba el mármol de los pisos, se sacu- —Será el loco Luis Terán, que viene de Oaxaca armado del
dían los muebles, se abrían balcones y ventanas, y la feroz Pe- certificado de hombre morigerado que le expidió la priora del
trona, la negra que había regañado a Juárez, repartía pescozo- convento de Ixtlán.
nes a diestro y siniestro. —Será don Nacho Mejía, que vuelve de recibir el mando de
¿No he contado eso de la regañada a don Benito? manos de Iniestra.
Pues aquí va, tal como me la refirió Fidel. —Será don Miguel Lerdo, que pide la venia para marcharse
Entró el gobierno constitucional a Veracruz una noche de a extranjis.
mayo, en medio del entusiasmo de aquel grande y generoso —Que hable el Tío Cualandas —decían algunos señalando a
pueblo. Las muchachas arrojaban flores desde los balcones, los Prieto y refiriéndose al saladísimo papel que redactaba mi
hombres gritaban vivas en las bocacalles, y una multitud entu- amigo.
siasta y delirante seguía al cortejo… Llegó la comitiva a la casa —Que hable Villalobos —y se dirigían a un sujeto delgadu-
que de antemano se había arreglado y se instaló luego que se cho, piocha de cuatro hilos, bilioso, cara de pájaro y ojos de
hubieron marchado Zamora y sus amigos, que un rato acom- víbora.
pañaron a don Benito y demás familia… enferma. Pero los dichos cesaron luego que hubo llegado el personal
Juárez era cuidadosísimo con su persona, como no se acos- del gobierno. A poco, introducido por Prieto y Ruiz, entró el
tumbraba en aquellos tiempos, en que se tenía como evangelio gachupincillo de marras, el bizarro Antonio Bravo, llevando en
lo de “la cáscara guarda al palo”, “de cuarenta para arriba ni te la mano una cachuchita y en el rostro un bochorno y una mor-
cases, ni te embarques, ni te mojes la barriga”, “vale más que tificación tan marcados, que me dio verdadera lástima verle.
digan: allí va un puerco y no allí va un muerto”, y otros axio- Don Benito, desde lo alto de la plataforma, explicó que el
mas de la tierra que servían para sistemar y arreglar la porque- gobierno estaba verdaderamente satisfecho del comportamien-
ría nacional. to de Bravo, que corriendo mil riesgos y con sacrificio de su
Don Benito, lo mismo entre el hielo en Paso del Norte que bolsillo había desempeñado una misión que se le había confia-
en el calor de Veracruz, acostumbraba levantarse a las seis y do, adquiriendo dinero, armamento y hombres en los términos
bañarse luego. La mañana siguiente a la de su llegada, salió a la que se le había dispuesto; que no pudiendo por entonces darle
azotehuela y pidió a una negra que por allí miró, le diera nueva una muestra de lo mucho en que se estimaban sus servicios,

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a
había determinado el gobierno recibirle públicamente, hacien- Bravo se había quedado parado y sin saber qué hacer, pero
a
do saber que la persona de Bravo le era particularmente grata. al oír aquello fue más grande su confusión. Trató de coger por
El ibero se turbó y nada pudo contestar a aquellas frases con sorpresa la diestra de Ocampo; pero éste, previéndolo, la es-
que él estimaba suficientemente pagados sus afanes. Subió, condió de nuevo y le dijo:
estrechó las manos a Juárez, y las habría besado si no las hubie- —Veo que es usted tan generoso que conviene en perdonar-
ra retirado a tiempo el presidente. me; pero yo no debo aceptar su perdón si no es público y
Quiso continuar por la derecha, estrechando las manos que claro… Dígame, si quiere complacerme: “Melchor Ocampo,
se le extendían y los pechos que le saludaban entusiasmados, yo te perdono.”
cuando se encontró con un rostro adusto y retraído. Antonio se resistía, buscaba fórmulas de acomodo, pero al
—Señor —dijo Ocampo, que era el que hurtaba sus manos fin hubo de transigir, y de pronunciar con voz de doctrino que
del contacto con las del héroe—, yo doy mi mano a mis ami- recita una lección: “Melchor Ocampo, yo te perdono.”
gos; pero sólo soy amigo de quien merezco serlo, porque le El grande hombre estrechó entre sus brazos al español, le
pago en moneda de afecto y consideración los que él me dis- dio muchas y muy cariñosas enhorabuenas y se ofreció su
pensa… Yo he sido lo suficientemente villano para hablar de un amigo para siempre.
hombre a quien no conocía, sólo porque me era antipático su El concurso aplaudía, lloraba y ponía en las nubes la lealtad
origen… Si usted quiere hacerme la merced de ser mi amigo, de Ocampo y la modestia de Bravo, declarándolos dignos el
antes me ha de hacer la de perdonarme. uno del otro por sus almas hermosísimas. G

Juárez y Maximiliano
Franz Werfel

¿Tanta fuerza dramática tendrá Juárez que no es fácil del mar a este basurero que nadie puede pronunciar,
ponerlo en la escena? En Juárez y Maximiliano, el indio Chi…
zapoteca es un espíritu al que se invoca pero que nunca elizea ¡Chihuahua! Pronúncielo usted como su Chicago.
aparece. Escuchemos qué se dice de él en la primera escena clark ¿Qué? ¿Este muladar? No hay nada en Chicago
como este agujero, ¿y por qué esta retirada? Bazaine
está a mucha distancia. No hay combates, no hay
Residencia del gobierno del presidente republicano Benito Juárez, en emociones, no hay aventura para nosotros. Estoy
Chihuahua, en el norte de México. Una oficina pública desnuda y luchando por obtener una entrevista para mi perió-
bastante maltratada que data del régimen español y tiene en la parte dico con el ciudadano presidente. ¡Una entrevista!
de atrás unas ventanas con arcos, altas y con mucho fondo, cuyos No puedo ni aun ver al señor Juárez, ni por amor, ni
vidrios rotos están remendados con papel. Las puertas están cubiertas por dinero, ¿Existe realmente semejante persona?
de cartelones, manifiestos y edictos que siempre terminan con el grito elizea El presidente quiere que lo dejen solo. Trabaja día y
de guerra en mayúsculas ¡viva la república! Hay a la izquierda noche.
una puerta cubierta con colchas arregladas precipitadamente y a la clark Oiga usted, mire. Mi jefe me está escribiendo cartas
derecha otra grande que da a un corredor exterior. Una mesa, es- amenazadoras. El público quiere acción en vez de
critorio oficial, ha sido colocada cerca de la luz y en ella está sentado descripciones de paisajes. Las noticias de las más
trabajando el abogado elizea, secretario del presidente. En el banco importantes batallas de nuestra guerra llegaron al
de madera donde la gente se sienta a esperar, está encogido y con la norte sin dificultad alguna. Y aquí estoy en México,
mirada fija, el diputado de la ciudad de Chihuahua. clark, corres- sin tener nada que comunicar. Puedo perder mi
ponsal de guerra de El Heraldo de Nueva York, se pasea a lo largo empleo si no me consigue usted esta entrevista,
de la pieza con toda tranquilidad. mister Elizea.
elizea ¡Paciencia! Todavía están los generales con el señor
clark ¡Con mil demonios, señor! Este ilustre y venerado presidente.
señor don Benito Juárez, parece ser un mito. (elizea clark Ya han estado con él dos horas y el gabinete estuvo
se encoge de hombros para indicar que no puede evitar- ahí el doble del tiempo.
lo. clark sigue con palabra clara y precisa.) Tengo las elizea Están tomando grandes resoluciones. El tiempo es
más urgentes cartas de presentación de Washing- corto y tienen que salir de nuevo hoy en la noche.
ton. ¡Como si yo necesitara recomendación alguna! Vienen desde muy lejos.
Son una mancha en mis quince años de honroso tra- clark ¿Desde dónde? ¿Quién lo sabe? De todos modos
bajo de reportero. Al principio todo lo vi muy fácil, este señor Juárez es un genio en retirada… ¿Por
pero ahora he tenido que andar siguiéndole la pista qué no sofocó la villana invasión de Veracruz en el
a este retiro secreto del gobierno legítimo. De San momento del desembarque? Volar los transportes,
Luis a Saltillo, de Saltillo a Monterrey, y de regreso destruir los caminos, quedarse donde estaba y dejar

8 la Gaceta número 423, marzo 2006

a
que los condenados franceses se pudrieran de fie- clark ¿Y qué diferencia hay?
a
bre amarilla. Eso hubiera sido un plan adecuado, diputado (Perplejo porque su cerebro elemental se ve forzado a
pero sólo desperdicia sus oportunidades, abandona una definición.) Los aztecas eran muy buenos pero
los fuertes de la bahía sin un disparo y deja la puer- la sangre de los zapotecas es diferente. (Se queda en
ta abierta a las hordas de pantalones rojos de Luis silencio, asombrado de su misma opinión.)
Napoleón y del orgulloso Habsburgo. elizea Sí, son los más implacables de nuestros indios.
elizea (Continuando con su trabajo.) Hay que dejar que diputado Tengo un amigo comerciante en el sur, que conoce
maduren las enfermedades. a una persona cuyo padre tenía empleado al señor
clark Sí, si se empeña usted en morir de ellas. La monar- Juárez como un dependiente en su tienda. (Suena
quía, mi ilustre abogado y amigo, es cosa peligrosa un timbre, elizea se levanta rápidamente y sale por la
para gentes sin cultura. Es tan endemoniadamente puerta de las cortinas.)
aparatosa. clark (Al diputado.) ¡Ah! Usted sabe cosas de la niñez de
elizea Hubo otro hombre que se creyó también bastante este grande hombre. ¿No es verdad?
grande para ser emperador de México. Las balas de diputado (Saca penosamente la historia de su propio silencio.)
siete soldados lo dejaron listo. Nuestro presidente es descendiente de unos pobres
clark ¿Iturbide? También era un militar aventurero, gente ganaderos. El encargado de la tienda le daba pan y
de fuera. Maximiliano, mi querido señor, es un trabajo. Más tarde lo mandó a la escuela, con los
Habsburgo, hermano o primo de cada uno de los padres. Tenía una inteligencia despierta y por eso lo
monarcas de Europa —¡que el diablo se los lleve!, quisieron preparar para obispo.
pero estas cosas producen una impresión aquí. clark ¿Qué? ¿Juárez, enemigo mortal de la iglesia, el
Deles usted solamente una apariencia de legitimi- hombre que dictó las leyes de reforma para confis-
dad y un poco de brillo cortesano. car las propiedades religiosas, Juárez, un teólogo?
elizea ¡Legitimidad! Moctezuma, verdadero emperador de diputado Conoce a sus demonios por todos los lados.
México, fue también muerto por las flechas de sus clark (Murmurando.) ¿Y éste es el hombre que no me
súbditos indios. dejan entrevistar?
clark (Deja de pasearse.) Don Benito Juárez es indio. ¿No diputado (Desde lo profundo de su dolorosa experiencia.) Donde
es verdad? ¿Azteca? está no hay cautiverio.
Elizea Azteca. Sí, eso es. Azteca puro.
el diputado de chihuahua (Que hasta este momento ha tenido (Pausa)
la vista fija al frente, se levanta y con devoción se opri-
me el sombrero contra el pecho. Es un viejo mestizo, (mariano escobedo, riva palacio y porfirio díaz, generales
intensamente moreno.) Perdonen ustedes señores, republicanos, entran por la puerta que da a la oficina del presidente,
nuestro presidente no es de raza azteca, sino de la seguidos de elizea. No llevan los brillantes y fantásticos uniformes
zapoteca. de los oficiales del Ejército Imperial de México, escobedo y riva

Franz Werfel es un poeta, novelista y dramaturgo judío purifica por su trascendencia universal; una piedad no por el
que nació en Praga en 1890; recibió buena educación en la caso accidental y efímero, sino por toda nuestra mísera vida,
capital bohemia; se interesó tempranamente en las letras y alienta en los personajes, vibra y relumbra y a veces atrue-
publicó dos libros de versos, uno en 1911 y otro en 1913, na y ensordece. Y dentro de esta piedad el relincho de los
antes de salir, durante la guerra de 1914, a pelear al lado de potros indómitos de una reivindicación social y la luz de la
los poderes centrales en el frente ruso. Escribió dos novelas: aurora de la esperanza de algo mejor. “El canto del macho
Verdi, novela de la ópera y El hombre que venció a la muerte. Es cabrío” es un símbolo revolucionario de fuerza potente y de
autor de tres dramas: El canto del macho cabrío, Taciturno, y ardimiento, y en las últimas palabras de la obra es piedad
Juárez y Maximiliano. para la madre y suprema esperanza, cuando en la creencia
Conozco solamente el primero y el último, que colocan de que todo se ha perdido de un hijo cuya monstruosidad
a Werfel entre los dramaturgos de más fuerza y mejor equi- física lo privó de todo derecho, una mujer dice: “Te equivo-
po dramático de los contemporáneos. Estas dos piezas han cas madre. Aún está en el mundo. Llevo un hijo suyo en las
sido presentadas en Nueva York por The Theatre Guild, entrañas.” Este monstruo es la fuerza que mueve el drama y,
asociación que tan inteligentemente y con tanto heroísmo sin embargo, no aparece en escena, como no aparece Juárez
ha logrado levantar el nivel intelectual y el gusto de los en Juárez y Maximiliano, a pesar de ser también la fuerza
públicos de la urbe fantástica. impulsora de la acción.
Caracterización humana y ampliamente católica; situa- La obra cuya traducción ofrezco, tiene la opinión euro-
ciones dramáticas poderosamente intensas; diálogo natura- pea actual sobre la tragedia del Habsburgo que comenzó en
lista, ágil y policromado; interés progresivamente creciente; Miramar y terminó en Querétaro. En materia de fidelidad
sensibilidad extraordinariamente fina; imaginación rica y histórica, por lo demás nunca exactamente comprobable a
tendencias revolucionarias, firmes y bien orientadas, son las pesar de que en casos como el presente la documentación
características de Werfel. ha sido meticulosa, la pieza se permite libertades episódicas,
Y sobre todas esas cosas una noble piedad que limpia y pero es honrada en el dibujo de los caracteres principales.

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a
palacio llevan simples uniformes militares con chaqueta larga, riva palacio ¿Quién se atreve a hablar cuando Porfirio Díaz
a
gruesos pantalones grises con tiras rojas y botas Wellington. Sola- está presente?
mente porfirio díaz lleva la camisa roja Garibaldi —que se ha clark ¿Van ustedes a incorporarse a sus tropas ahora?
vuelto también en México el símbolo de la revolución republicana—, díaz Puedo recitarle a usted de memoria la lista de mis
un cinturón y el sombrero nativo nacional. Es un hombrecito cente- tropas. Un capitán, dos subalternos, un trompeta,
lleante con facciones extremadamente recogidas y un fino bigote im- ocho hombres.
perial. Debe verse mucho más joven que riva palacio y que el clark Por el amor de dios, eso es una broma.
sombrío y barbado escobedo. Los generales se dirigen al frente del díaz Procedo con la más amarga sinceridad. Dígale usted
escenario. elizea, que ha entrado con los generales, introduce a la a los Estados Unidos que no estamos poniendo
sala de trabajo del presidente, guiándolo hacia la derecha, al dipu- en escena una interesante comedia, que estamos
tado. Vuelve inmediatamente y se retira al nicho de una ventana peleando por nuestras vidas.
con el reportero.) clark Pero caballeros, ¿y todas estas noticias sobre los
ejércitos republicanos?
riva palacio ¿Están ustedes agotados como yo, caballeros? El riva palacio El enemigo los llama rebeldes y bandidos.
cerebro del viejo es como una máquina. A mí me clark ¿No al ejército?
duele la cabeza. escobedo Los franceses acabaron con el último en Oaxaca.
díaz No me impresiona a mí en esa forma. Para mí es clark Dicen que han exagerado la fuerza de Bazaine y
como una mujer a la que uno teme y adora. Maximiliano.
escobedo Todos estamos orgullosos de usted, mi general, y lo díaz No, en absoluto. Tienen a su mando cuarenta mil
que es más, no estamos celosos. franceses, belgas y austriacos. Los mejor preparados
díaz Somos más admirados por la inspiración que nada oficiales de Europa para entrenar a nuestras gentes
cuesta, que por el precio de penas infinitas. Es una para la guerra de asalto.
de las ironías de la vida… clark No pueden estar las cosas tan malas. Los mejores
clark (Aproximándose a los generales.) Tengo el alto honor hombres están del lado de ustedes, excelencia. Los
de dirigirme a los más grandes generales de la repú- genios militares, los verdaderos patriotas, y además
blica. (Los generales lo ven hostilmente.) Los Estados la protección de los primeros revolucionarios del
Unidos y la Casa Blanca ven con amistad y fraternal mundo. La amistad de Garibaldi.
cariño la lucha heroica del pueblo mexicano contra díaz Está usted equivocado. Nuestros mejores estrate-
la invasión extranjera y la monarquía impuesta por gas, el general Uraga y el general Vidaurri, son los
la fuerza. ¿Me van ustedes a permitir algunas pre- amigos queridos de Maximiliano y los patriotas se
guntas, caballeros? Estoy seguro. Hay un clamor en están arañado unos a otros para obtener su Orden
Nueva York pidiendo noticias. de Guadalupe ¿Garibaldi? Sí, pero ¿dónde está
escobedo (Irónico.) Riva Palacio, usted es el ilustrado entre Garibaldi?
nosotros; contéstele. clark ¿De modo que el archiduque es popular?

El uso de uno que otro artificio melodramático no compro- Basch, la adoración lastimosamente candorosa de Mejía, la
mete la dignidad de la obra ni pone en peligro su integridad pérfida intriga política… y los campos llenos de sangre.
arquitectónica que no puede ser otra que la de todo drama Juárez era el hombre; Labastida, símbolo del clero
histórico, a saber, una sucesión panorámica de aconteci- católico, la ambición terrena, el mal que aplastó y mancilló
mientos previamente conocidos, que permite observar la lo que hubo de limpio y alado en los rasgos humanos de
acción del héroe sobre ellos y la de ellos sobre el héroe, para aquella loca aventura; pero de aquel bello archiduque, poeta
describir el carácter de éste. La unidad de carácter del héroe rubio y soñador, cándido como un niño, a veces soberbia-
es la unidad de acción de la pieza. mente malcriado, que quiere echar mano de una utopía
Werfel, de acuerdo con la verdad, pinta a Maximiliano paradójica y sentimental para salvar un imperio de cartón
como el hombre débil y a Juárez como el hombre fuerte. recortado en Francia y pegado con la goma del régimen
Siente piedad por los enamorados de Miramar, pero lo católico apostólico mexicano, y de aquella celeste consorte,
deslumbra la rígida entereza del hombre de ébano; aquellos fina y hermosa, cuya esterilidad encauza hacia otro rumbo
representan las ambiciones humanas ante una categoría de su ambición y quiere hacer de Maximiliano el hijo que de
la existencia: la libertad, simbolizada por Juárez. El conflicto él no pudo tener, de aquella pareja de amantes, tal vez pre-
se desarrolla entre estas dos fuerzas y vence la más fuerte, la gunten algunos con el poeta:
ineludible, la universal, Juárez. Maximiliano y Carlota desfi-
lan hacia la muerte y hacia la locura al son del alarido de pie- Y el ser bello en la tierra encantada,
dad del autor que sólo se acalla para dejar oír el estrépito del y el soñar en la noche iluminada,
mazo de la libertad que empuña el brazo poderoso del indio; y la ilusión de soles diademada,
y entre estas dos figuras y bajo el límpido cielo de México, y el amor…
la bajeza de Labastida, la grosería de Bazaine, la histeria de fue nada…¿nada?… G
Agnes Salm, la gallarda hidalguía de Porfirio Díaz, la cobar-
de traición de López, la venerable devoción de Herzfeld y Enrique Jiménez D.

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a
díaz (Honrado y sincero) La gracia y la
a
distinción siempre impresionan en
México.
clark ¿Dicen que es enteramente libe-
ral?
díaz Cuento de hadas europeo con el
cual cada príncipe borda su entra-
da en escena.
clark ¿Es verdad, señor general, que
Maximiliano le hizo a usted algu-
nas proposiciones?
díaz Cuando estuve prisionero. Primero
me invitó a una entrevista. Como
no fui, me envió su carruaje para
llevarme a una audiencia secreta.
La tercera vez se tomó la molestia
de venir a verme. Tres veces lo
rechacé, pero de todos modos me
honró con su retrato. El presiden-
te también recibió uno. Uno muy
grande con una dedicatoria. díaz Quietos, ciudadanos. Ustedes están seguros, uste-
clark ¿Qué cosa decía? des serán protegidos… no hay que temer… ¡Viva la
elizea “La sabiduría de la enemistad es la reconciliación” república! (Suavemente, a los generales.) Caballeros,
y luego “Maximiliano”, en grandes letras negras vamos a exhibirnos en las calles.
debajo. escobedo Bueno, vamos.
clark ¿Y Juárez? díaz ¡A la plaza, ciudadanos! ¡Viva la república!
elizea Le estudió la cara exactamente dos minutos. Lo
dejó y dijo: “El hombre se retrata”. (Intensos gritos.)
clark ¿Tiene el presidente republicano conciencia com-
pleta de su difícil posición? (Los generales, el DIPUTADO y los ciudadanos salen.)
díaz Más completa que la que tiene Maximiliano.
clark (Fija la mirada.) ¿Qué cosa va a hacer? (Gritos.) ¡Viva la república!
riva palacio Su pregunta es impertinente. Felizmente no clark ¿De nuevo a la frontera? Las cosas van muy mal.
podemos contestarla. Los generales partimos hoy elizea Usted y yo no podemos juzgar eso.
en la noche al sur, al este y al oeste. (Le enseña un clark ¿Pero…?
carta cerrada.) Vea usted estas órdenes selladas. elizea Un buen saltarín toma un gran impulso.
Cada uno de nosotros tiene uno de esos misteriosos clark Bastante impulso. ¿Dónde estaremos mañana? Mi
sobres. Lea usted éste. jefe habrá de tener paciencia. Primero haré un ensa-
clark (Lee.) “No se abrirá antes de llegar al puesto designa- yo sobre su carácter.
do”. elizea ¿Qué?
riva palacio Este sobre contiene el futuro de México. (Unas clark Ya tengo el título, “El brujo de la revolución”. ¿Qué
cuantas figuras ansiosas aparecen por la puerta grande.) le parece?
clark ¿No le espanta a usted, señor general, ser enviado elizea Bueno, pero inverosímil. El señor Juárez es el sen-
así a la incertidumbre y a un peligro desconocido? tido común mismo. Mire usted.
díaz Ésa es la gloria que tiene, hombre. Prefiero cabalgar clark (Se aproxima con curiosidad, mira a través de una
en la espesa niebla de la mañana que puede levan- rendija y se retira al frente del escenario violentamente
tarse sobre cualquier cosa. El pensamiento es de espantado y humillado. Servilmente.) Por dios, me
Juárez, la acción de los jóvenes. Por su calma, no miró.
hay locura que yo no cometiera. elizea No lo estaba viendo a usted.
clark Juventud, ¡América es tuya! clark Yo no tengo miedo, pero el corazón me late deses-
diputado de la ciudad (Entra, mortalmente pálido, por la puer- peradamente.
ta de la izquierda, que deja abierta.) Ya lo sabía yo. (A elizea No lo vio a usted, está descansando.
la gente que está esperando.) Estamos perdidos. Maña- clark ¿Con esos ojos fijos?
na se nos va el presidente. Él, el gobierno, todos se elizea No está dormido, ni está despierto, descansa. Como
van al norte, a la frontera. Nos abandonan a nuestra es su costumbre después de una gran tensión ner-
suerte. Los franceses vienen, se vengarán en noso- viosa.
tros, matarán a nuestros hijos. ¡Oh, oh! ¿Qué nos va clark Creo que me las tendré que arreglar sin la entre-
a pasar? vista.

(Gritos y lamentaciones.) telón G

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a
a
Corona de sombra
Rodolfo Usigli

La frustrada emperatriz Carlota califica con estos términos entonces la pirámide crecía hasta llenar todo el
la condena anímica que le depara el destino. También en horizonte y cortar toda comunicación con el
esta obra, Juárez es sólo una presencia, un antagonista mar. Yo sabía que iba en uno de los barcos; pero
fantasma del Maximiliano que de algún modo lo estima también sabía que me había quedado en tierra,
atrás de la pirámide, y que la pirámide me sepa-
raba ahora de mí mismo.
Una como procesión de sombras, guiada por la luz de las velas encen- maximiliano Es un sueño extraño, general. ¿Podéis descifrar
didas, pasa de derecha a izquierda. Se ilumina la escena al entrar en su significado?
el salón de la izquierda, primero, un lacayo con el candelabro; detrás miramón Me pareció ver en este sueño, cuando desperté,
maximiliano, detrás miramón y lacunza. Otras figuras confusas el destino mismo de México, señor. Si la pirá-
quedan atrás. mide acababa con la iglesia, si el indio acababa
con el blanco, si México se aislaba de la influen-
maximiliano Buenas noches, señores. cia de Europa, se perdería para siempre. Sería la
vuelta a la oscuridad, destruyendo cosas que ya
El lacayo sale, las sombras pasan del centro a la derecha y desapare- se han incorporado a la tierra de México, que
cen. Se corre el telón parcial sobre el salón de la derecha. miramón y son tan mexicanas como la pirámide de hom-
lacunza se inclinan para salir. bres blancos que somos tan mexicanos como el
indio, o más. Acabar con eso sería acabar con
maximiliano No, quedaos, general Miramón. Quedaos, señor una parte de México. Pensé en las luchas intes-
Lacunza. tinas que sufrimos desde Iturbide; en la des-
confianza que los mexicanos han tenido siem-
Los dos se inclinan. pre hacia el gobernante mexicano; en la traición
de Santa Anna, en el tratado Ocampo-Mc Lane
miramón Su majestad debe de estar muy fatigado. Mañana y en Antón Lizardo. En la posibilidad de que,
habrá tantas ceremonias que… cuando no quedara aquí piedra sobre piedra de
maximiliano No sé bien por qué, general, pero sois la única la iglesia católica, cuando no quedara ya un solo
persona, con Lacunza, que me inspira confianza blanco vivo, los Estados Unidos echaran abajo
para preguntarle ciertas cosas. Ya sé que sois la pirámide y acabaran con los indios. Y pensé
leal —otros lo son también—; pero nunca les que sólo un gobernante europeo, que sólo un
preguntaría yo esto. (miramón espera en silencio.) gobierno monárquico ligaría el destino de Méxi-
Será porque sois europeo de origen como yo. co al de Europa, traería el progreso de Europa a
Bearnés, es decir, franco. Habéis sido presidente México, y nos salvaría de la amenaza del norte y
de México, ¿no es verdad? de la caída en la oscuridad primitiva.
miramón Dos veces, sire. maximiliano (Pensativo) ¿Y piensan muchos mexicanos como
maximiliano Y eso no os impidió llamarme a México para vos, general?
gobernar. miramón No lo sé, majestad. Yo diría que sí.
miramón No, majestad. lacunza Todos los blancos, majestad.
maximiliano ¿Por qué? (Pausa.) Os pregunto por qué. miramón Tomás Mejía es indio puro, y está con nosotros.
miramón Pensaba cuál podría ser mi respuesta sincera,
sire. Nunca pensé en eso. Hay motivos políticos maximiliano pasea un poco.
en la superficie, claro.
maximiliano ¿Aceptasteis la idea de un príncipe extranjero maximiliano Quiero saber quién es Juárez. Decídmelo. Sé
sólo por odio a Juárez? que es doctor en leyes, que ha legislado, que es
miramón No, sire. masón como yo; que cuando era pequeño fue
maximiliano ¿Entonces? salvado de las aguas como Moisés. Y siento den-
miramón Perdone Vuestra Majestad, pero todo se debe a tro de mí que ama a México. Pero no sé más. ¿Es
un sueño que tuve. popular? ¿Lo ama el pueblo? Quiero la verdad.
maximiliano ¿Podéis contármelo? miramón Señor, el pueblo es católico, y Juárez persigue y
miramón No sé cómo ocurrió, sire, pero vi que la pirá- empobrece a la iglesia.
mide había cubierto a la iglesia. Era una pirá- lacunza Señor, el pueblo odia al americano del norte, y
mide oscura, color de indio. Y vi que el indio Juárez es amigo de Lincoln.
había tomado el lugar del blanco. Unos barcos miramón Juárez ha vendido la tierra de México, señor, y
se alejaban por el mar, al fondo de mi sueño, y el pueblo, además, ama a los gobernantes que

12 la Gaceta número 423, marzo 2006

a
brillan en lo alto. Juárez está demasiado cerca no dejéis de contármelo, os lo ruego. Señor
a
de él y es demasiado opaco. Se parece demasiado Lacunza, quiero leer mañana mismo las leyes de
al pueblo. Ése es un defecto que el pueblo no reforma, y escribir una carta a Juárez. Buscadme
perdona. a Juárez.
lacunza Señor, el pueblo no quiere ya gobernantes de un
día, y Juárez buscaba la república. lacunza y miramón levantan la cabeza con asombro. maximiliano
miramón El mexicano no es republicano en el fondo, los despide con una señal, y salen después de inclinarse. Solo, maximi-
señor. Su experiencia le enseña que la república liano pasea un momento. Se oye, de pronto, llamar suavemente a la
es informe. segunda puerta izquierda. maximiliano va a abrir. Entra carlota.
lacunza El mexicano sabe que los reyes subsisten en
Europa, conoce la duración política de España, maximiliano ¡Tú!
y aquí, en menos de medio siglo, ha visto desba- carlota No podría dormir hoy sin verte antes, amor mío.
ratarse cuarenta gobiernos sucesivos. (En tono de broma.) ¿Vuestra majestad imperial
maximiliano Iturbide quiso fundar un imperio. está fatigada?
miramón Se parecía demasiado a España, señor, y estaba maximiliano Mi majestad imperial está molida. ¿Cómo está
muy cerca de ella. Por eso cayó. vuestra majestad imperial?
maximiliano Decidme una cosa: ¿odia el pueblo a Juárez, carlota Enamorada.
entonces?
Se toman de las manos, se sientan.
Los mira alternativamente. Los dos callan.
maximiliano ¿Satisfecha por fin?
maximiliano Comprendo. Juárez es mexicano. Pueden no carlota Colmada. Tengo tantos planes, tantas cosas que
quererlo, pero no lo odian. Pero entonces el te diré poco a poco para que las hagamos todas.
pueblo me odiará a mí. Ya no hay sueños, Max, ya todo es real. Verás
miramón Nunca, señor. qué orden magnífico pondremos en este caos.
lacunza El pueblo ama a vuestra majestad. Tendremos el imperio más rico, más poderoso
maximiliano ¿Me ama a mí y ama a Juárez? Eso sería una del mundo.
solución, quizás: Juárez y yo juntos. maximiliano El más bello desde luego. Me obsesiona el
miramón ¿Se juntan el agua y el aceite? El pueblo no os lo recuerdo del paisaje. He viajado mucho, Carla,
perdonaría nunca. pero nunca vi cosa igual. Las cumbres de Mal-
maximiliano Si el pueblo nos amara a los dos, ¿no sería posi- trata me dejaron una huella profunda y viva.
ble ese milagro? Sólo en México el abismo puede ser tan fasci-
lacunza Nunca, señor. nante. Y el cielo es prodigioso. Se mete por los
maximiliano Pero vosotros sois mexicanos y me aceptáis y me ojos y lo inunda a uno, y luego le sale por todos
reconocéis por vuestro emperador. Los que me los poros, como si chorreara uno cielo.
buscaron en Miramar también lo eran. ¿Os aleja- carlota Max, ¿recuerdas ese grito que oímos en el cami-
ríais de mí si Juárez se acercara? (Los dos hombres no? Yo lo siento todavía como el golpe de un
callan.) Si el pueblo odia a los Estados Unidos del hacha en el cuello: “¡Viva Juárez!” Por fortuna
Norte, ¿cómo puede amar a Juárez? Comprendo mataron al hombre, pero su voz me estrangula
bien: Juárez es mexicano. Pero si se acercara a aún.
mí, eso os apartaría. Luego entonces, vosotros, maximiliano (Levantándose) ¿Qué dices? ¿Lo mataron?
toda vuestra clase, que está conmigo, lo odia. carlota Oí sonar un tiro a lo lejos.
miramón No lo odiamos señor. No queremos que la maximiliano ¡No! ¡No es posible! Tendré que preguntar… Va
pirámide gobierne, no queremos que muera la a tirar de un grueso cordón de seda.
parte de México que somos nosotros, porque no carlota (Levantándose y deteniendo su brazo) ¿Qué vas a
sobramos, porque podemos hacer mucho. hacer?
maximiliano Como ellos. maximiliano A llamar, a esclarecer esto en seguida. ¡No, no,
miramón Yo no odio a Juárez, señor. Lo mataría a la pri- no! No es posible que nuestro paso haya dejado
mera ocasión como se suprime una mala idea. tan pronto una estela de sangre mexicana. ¡No!
Pero no lo odio. carlota (Llevándolo) Ven aquí, Max, ven, siéntate. Quizás
maximiliano Pero lo mataríais. No me atrevo a comprender estoy equivocada, quizá no hubo ningún tiro
por qué. Decidme, ¿por qué lo mataríais? —quizás el hombre escapó.
lacunza Porque Juárez es mexicano, majestad. maximiliano ¡Carla!
maximiliano Ése era el fondo de mi pensamiento: la ley del
clan. Adiós, señores. Se deja caer junto a ella, cubriéndose la cara con las
manos.
Los dos hombres se inclinan y van a salir.
carlota ¿Si no hubiera escapado oiría yo su grito aún?
maximiliano Me interesan mucho vuestros sueños, general Tienes razón, Max, no es posible. No puede
Miramón. Si alguna vez soñáis algo sobre mí, haber pasado eso.

número 423, marzo 2006 la Gaceta 13

a
maximiliano No, ¡no puede haber pasado! maximiliano (A media voz) “Massimiliano, non te fidare…”
a
carlota No sigas, ¡por favor!
Ella lo acaricia un poco; él se abandona. Pausa. maximiliano (Mismo juego, soñando) “Torna al castello de
Miramare”. (Reacciona.) No podemos volver,
carlota Max, escuché involuntariamente al principio, Carla. Tú tenías razón: nuestro destino está
deliberadamente después, tu conversación. ¿Para aquí.
qué quieres escribir a Juárez? carlota Si tú quieres volver, no me importará dejarlo
maximiliano (Repuesto) Éste es el país más extraordinario que he todo, Max.
visto, Carlota. Ahora puedo confesarte que todo maximiliano (Tomándole la cara y mirándola hasta el fondo de los
el tiempo, en el camino, al entrar en la ciudad, a ojos) ¿Quieres volver tú, renunciar a tu imperio?
cada instante sentí temor de un atentado contra Di la verdad.
nosotros. Hubiera sido lo normal en cualquier carlota No; Max. Hablemos con sensatez. Yo lo quería
país de Europa. Pero he descubierto que aquí no y lo tengo; es mi elemento, me moriría fuera
somos nosotros quienes corremos peligro: son los de él. Pero soy mujer y no quiero perderte a ti
mexicanos, es Juárez. Por eso quiero escribirle. tampoco, ¡júrame…!
carlota ¿Qué dices? maximiliano ¿Desde cuándo no nos bastan nuestra palabra
maximiliano Quiero salvar a Juárez, Carlota. Lo salvaré. y nuestro silencio? Sólo los traidores juran. (La
carlota Max, olvida a ese hombre. No sé por qué, pero acaricia.) Hace una noche de maravilla, Carla.
sé que lo odio, que será funesto para nosotros. ¿Quieres que hagamos una cosa? (Ella lo mira.) El
Tengo miedo, Max. bosque me tiene fascinado. Chapultepec, lugar de
maximiliano ¿Tú, tan valiente? La princesa más valiente de chapulines. Quisiera ver un chapulín: tienen un
Europa. ¿O conoces a otra que se atreviera a esta nombre tan musical… (Se levanta, teniéndola por
aventura? No, amor mío, no tengas miedo. Tú las manos.) Escapemos del imperio, Carlota.
me ayudarás. Nosotros salvaremos a Juárez. carlota ¿Qué dices?
carlota ¡Oh, basta, Max, basta! No he venido a hablar de maximiliano Como dos prometidos o como dos amantes.
política contigo, no quiero oír hablar nunca más Vayamos a caminar por el bosque azteca cogidos
de ese hombre. Olvidemos todo eso. de la mano. ¿Quieres? (La atrae hacia él y la hace
maximiliano Es parte de tu imperio. levantar.)
carlota Esta noche no quiero imperio alguno, Max. He carlota ¡Vamos! (Se detiene.) Max…
sentido de pronto una horrible distancia entre maximiliano ¿Amor mío?
nosotros: estaremos juntos y separados en el carlota He estado pensando. … No quiero perderte
trono y en las ceremonias y en los bailes; ten- nunca, de vista. ¿Sabes qué haremos ante todo?
dremos que decirnos vos, señor, señora. ¡Oh, (maximiliano la mira, teniendo siempre su mano.)
Max, Max! Nunca ya podremos irnos juntos de Haremos una gran avenida, desde aquí hasta el
la mano y perdernos por los jardín como dos palacio imperial.
prometidos o como dos amantes. maximiliano Es una bella idea; pero, ¿para qué?
maximiliano ¡Mi Carlota, mi emperatriz! carlota Yo podré seguirte entonces todo el tiempo,
carlota No me llames así, Max. Carla, como antes. Dime, desde la terraza de Chapultepec, cuando vayas y
Max, ¿no podremos ser amantes ya nunca? cuando vuelvas. ¡Dime que sí!
maximiliano ¿Y por qué no? maximiliano Mañana mismo la ordenaremos, Carla. Vamos al
carlota ¿No nos separará este imperio que yo he querido, bosque ahora.
que yo he buscado? ¿No tendré que arrepentirme carlota Con una condición: no hablaremos del imperio,
un día de mi ambición? ¿No te perderé, Max? te olvidarás para siempre de Juárez.
maximiliano (Acariciándola) ¡Loca! maximiliano No hablaremos del imperio. Pero yo salvaré a
carlota No. ¿Acaso no vi cómo te miraban estas mexi- Juárez.
canas de pies asquerosamente pequeños, pero de carlota (Desembriagada) Hasta mañana, Max.
rostros lindos? Todas te miraban y te deseaban maximiliano ¡Carlota ! Espera.
como al sol. carlota ¿Para qué? Has roto el encanto. Yo pienso en ti
maximiliano ¿Me haces el honor de estar celosa? Por ti acepté y tú piensas en Juárez.
el imperio, Carlota; pero ahora sólo por ti lo maximiliano No podemos separarnos así, amor mío. Vamos,
dejaría. Vayámonos ahora mismo, si tú quieres, te lo ruego.
como dos amantes. (Sonríe ampliamente.) Qué
cara pondrían mañana los políticos y los cor- Le besa la mano; luego la rodea por la cintura con un brazo. Ella
tesanos si encontraran nuestras alcobas vacías apoya su cabeza en el hombro de él. En la puerta de la terraza, Car-
y ningún rastro de nosotros. ¡Cuántos planes, lota habla.
cuántas combinaciones, cuántas esperanzas no
se vendrían abajo! ¡Sería tan divertido! carlota Quizás sea la última vez.
carlota Si hablas en serio, Max, vayámonos. Te quiero
más que al imperio. Me persigue todavía aquella Salen. La puerta queda abierta. Un golpe de viento apaga los velones
horrible canción en italiano… semiconsumidos. Cae el telón G

14 la Gaceta número 423, marzo 2006

a
a
Juárez y su México
Ralph Roeder

Juárez y su México, el colosal recuento biográfico de Ralph


Roeder que forma parte de nuestro catálogo, es no sólo una
biografía sino un estupendo relato, en que la prosa literaria
sirve tanto como la enumeración y el análisis de hechos.
Presentamos aquí el inicio de la obra

De repente el camino se empina. Subimos lentamente, apega-


dos a la espalda de la montaña, bordeando una barranca abrup-
ta y deteniéndonos dondequiera que brota un hilo de agua,
para refrescar al motor, ya al rojo blanco. La máquina humana
también pide un respiro: el indígena que maneja el viejo ca-
mión de carga, aunque acostumbrado desde los tiempos inme-
moriales a caminar sin descanso, no alcanza a vencer la resis-
tencia del motor y aprovecha la pausa para tragar, a su vez, el
agua que corre incansable por el muslo de la montaña. Pero
hay que llegar a las minas antes del anochecer; estamos apenas
al pie de la cuesta y seguimos arrastrándonos hacia arriba. Los
compañeros respaldan el ascenso con su silencio: cada palabra
pesa, y ni una se pronuncia hasta ganar la cumbre. Entonces el
panorama nos corta la voz. Los indígenas nos invitan a despe-
dirnos de Oaxaca. Allá abajo, en la profundidad del valle, ape-
nas si las cúpulas de la ciudad lejana evocan un vago recuerdo
de la vida humana que va perdiéndose en el horizonte; y al nos acompañan y nos abandonan, bajando y buscando uno tras
volver la vista hacia adelante, se perfila, no menos profundo y otro la soledad propia que cada quien conoce en algún rincon-
vago, un laberinto de valles y montañas multiplicándose en con- cillo suyo de la sierra; y seguimos la vía solitaria, tierra adentro,
fusión caótica, donde las peñas se encumbran hasta mostrarse hacia la meta invisible. Sólo la palpitación del motor surca el
inaccesibles: la cuna del hombre cuyo origen venimos buscan- silencio, y al llegar al fondo del valle, hasta ese jadeo sordo se
do y cuyas huellas han dejado en su tierra una impresión tal calma y se acalla poco a poco, y el pulso del presente se pierde
que a toda esta región se le llama la Sierra de Juárez. en la pasividad impenetrable del pasado. Una vez, nos detene-
Aquí, en la cumbre, el camión corre entre dos mundos: mos para entregar víveres a una mujer que se despide de un
aquel de la convivencia humana queda atrás; el otro que se hombre en el camino. El hombre se aleja rápidamente, rumbo
aproxima parece despoblado, pero ya se vislumbra nuestra a Oaxaca, sin mirar atrás, y la mujer se queda llorando allí
meta y los indígenas nos señalan, perdido entre las mil vertien- mismo, indiferente al encargo depositado a sus pies. A la sierra,
tes de una serranía lejana y visible sólo para sus ojos, algo que tan pobre, le falta un hombre más, y ella, mientras pueda, de-
será San Pablo Guelatao. Nos miran sin curiosidad. No com- tiene sus recuerdos.
prenden por qué vamos allá, mas como somos gente de razón, Al cabo de seis horas de peregrinación por montes y valles,
suponen que será para conocer la laguna Encantada. La laguna nos toca el turno de pisar la tierra taciturna. Al atardecer, el
Encantada es una de las mil maravillas de la región; no así el camión nos descarga en una aldea desierta y sigue subiendo
hombre. Tan poco les importa la memoria de aquel que nació hacia las minas que son su destino. No hay nadie a la vista y, al
ahí o de hombre alguno que pasó ya a mejor vida, que al evocar vagar a nuestro antojo, nos damos cuenta con sorpresa de que
su nombre, se callan: claro que lo conocen, pero sólo como un la tierra conoce al hombre. De entre las casas brotan los mo-
remoto coterráneo de los muertos, y volviéndonos la espalda, numentos: aquí, un plinto; allí, una estatua; en la sala munici-
se olvidan luego de su presencia y de la nuestra, lo mismo que pal, el retrato del presidente: todo nos habla tácitamente del
de todo lo ignoto entre la cuna y la tumba. hijo de Guelatao, menos los vecinos, ahuyentados al parecer
Así cruzamos la cumbre y bajamos al otro mundo. El cami- por su presencia. Poco a poco, sin embargo, los vecinos apare-
no huye cuesta abajo en las sombras de la selva tupida, serpean- cen, de regreso de sus labores en el campo, y al enterarse del
do como un arroyuelo seco entre las vertientes oscuras, orillan- objeto de nuestro viaje, nos dan la bienvenida y nos presentan
do de vez en cuando un caserío desierto, casi indistinguible del con sus descendientes, que no alcanzan a comprender qué in-
lodo y de la vegetación que lo reclaman, y desvaneciéndose terés tengamos en su parentesco con el antepasado de tanto
luego en el vacío que lo devora. La vastedad del mundo que renombre. ¿Recuerdos? Nos miran atónitos. “Pero… no está-
nos envuelve nos empequeñece y nos aleja de nuestros seme- bamos en el mundo entonces”, protestan en un tono no exento
jantes: de convivientes que fueron se vuelven viandantes que de reproche. Descendientes de Juárez sí lo son; pero de la sexta

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a
generación y de una rama colateral; y en esta existencia monó-
a
las tinieblas. Antes de retirarnos, nos despedimos de la estatua.
tona e invariable, sin novedad, sin memoria, no les queda ni un Ahí está, la única autoridad competente que nos dice la última
tenue hilo de tradición familiar que les ligue con aquel parien- palabra: “Saber es ser”. Aquí donde empezó a ser, no queda del
te remoto que se fue con los tiempos idos y que acaba de re- hombre más que el molde vacío: la sustancia viva se ha escurri-
gresar hace poco a su tierra, sobre un pedestal, transformado do para siempre. El camino a San Pablo Guelatao no conduce
en estatua. La ignorancia conserva la continuidad y la curiosi- a ninguna parte, y sólo al emprender el viaje de regreso a
dad rompe la liga frágil. Hace más de un siglo que el tiempo ha Oaxaca y seguir sus huellas en sentido contrario, tendrá razón
intervenido, y más que el tiempo, la estatua, tan extraña como el recorrido y la vía recordará al viandante.
nosotros y casi tan intrusa, mirando al
horizonte como un solitario turista de Descendientes de Juárez sí lo son; Como la biografía es una amalgama de
bronce. Ya lo sabemos: el culto es algo pero de la sexta generación y de una los conceptos que tiene el protagonista
importado por los de afuera e impuesto rama colateral; y en esta existencia acerca de sí mismo y de los que se for-
a un pueblo que tiene con la efigie sólo monótona e invariable, sin novedad, man de él los demás, seria menester
una relación fortuita y ficticia. sin memoria, no les queda ni un iniciarla con una página en blanco a no
Mortificados por su ignorancia y des- tenue hilo de tradición familiar ser por un fragmento autobiográfico
concertados por la nuestra, los ancianos que les ligue con aquel pariente compuesto por Juárez para la ilustración
nos mandan a la escuela. La escuela con- remoto que se fue con los tiempos de sus hijos. El valor de esta memoria
memora al hombre mejor que la estatua, idos y que acaba de regresar hace —que quedó trunca— consiste menos
perpetuando con un retorno vivo el an- poco a su tierra, sobre un pedestal, de los datos que nos proporciona que de
helo del muchacho que huyó de su pue- transformado en estatua aquella revelación íntima que, tratándo-
blo en pos del saber: hoy en día sesenta se de cualquier hombre y sobre todo de
jóvenes de la sierra concurren a las aulas; los anima el mismo un hombre tan discutido, será siempre la verdad más verídica.
afán de conquistar con los conocimientos el dominio de la vida; Pero los Apuntes para mis hijos son las reminiscencias del hom-
pero por sus mismos adelantos la escuela señala, tan terminan- bre hecho, que desde tiempo atrás había perdido contacto con
temente como la estatua, el vuelo irrevocable del tiempo. su origen en la sierra, y que revivía su niñez con el desprendi-
Claro que los jóvenes conocen a Juárez, pero de la misma ma- miento de la madurez: relación escueta de los datos, la revela-
nera que nosotros, embalsamado en los libros, y con mayor ción íntima se desprende de la narración breve y reticente de
razón les parece peregrina la idea de venir de tan lejos para los hechos mismos.
buscar su presencia aquí. ¡Si todo el mundo conoce a Juárez! Dos fechas perduraron en su memoria. La primera la tomó
—De nombre, sí, pero ¿el hombre? prestada de las partidas del libro parroquial. Su nacimiento el
—Pues, ahí está, en el jardín. día 21 de marzo de 1806 hubiera pasado inadvertido, si el niño
—Pero ¿antes de transformarse en estatua? se hubiese despertado del sueño prenatal, al igual que cual-
—¡Hombre! ¿Quién sabe? quiera otra criatura del campo, sin otro testigo que el equinoc-
—¡Muchacho como ustedes! cio de primavera; pero al día siguiente su padre, su madrina y
—¿Como nosotros? ¡Ay, señor! ¡Cosas del otro mundo son su abuelo paterno lo llevaron cuesta arriba, hasta Santo Tomás
éstas! Ixtlán, donde el párroco lo bautizó y lo registró en el Libro de
Sin embargo, siendo jóvenes, nada les parece imposible y de la Vida con el nombre de Pablo Benito Juárez. Reconocida la
repente recuerdan que efectivamente hay algunos datos de su condición legal de nacido, los demás datos materiales que si-
niñez conservados en el archivo del pueblo. Arrastrados por un guieron al baño bautismal quedaron también fuera del alcance
impulso de curiosidad colectiva, los muchachos, el maestro y de sus recuerdos. […] Conoció su nación y el ciclo normal de
los vecinos nos acompañan a la sala municipal, donde intenta- la vida indígena —nacer, morir; bautismo, entierro; dispersión,
mos el último recurso. Ya es noche, pero para complacernos el adopción—, pero dentro de la órbita inmemorial nacía ya el
alcalde enciende una vela, saca el registro y busca la cuartilla en anhelo de superarla, y con el despertar de ese afán se inician sus
que un anciano dejó constancia por escrito, hace cuarenta años, propios recuerdos.
de lo poco que por tradición oral se recordaba todavía del mu-
chacho, en 1902; no tiene, pues, nada de nuevo ni de original La exactitud de su memoria queda plenamente confirmada
nuestra obsesión; ya otros han explorado el plácido olvido de —salvo en un pequeño detalle— por los recuerdos de los
San Pablo Guelatao y dejado sus hallazgos para satisfacer o para ancianos, recogidos en el registro municipal. Centenarios o
acallar para siempre a sus sucesores. Sentados a la mesa y rodea- casi centenarios, se acordaban de que aún en aquella remota
dos por la concurrencia silenciosa y respetuosa, leemos los época el pueblo tenía una escuela, regida por un indígena,
breves renglones que encierran las reminiscencias de su niñez, y que el muchacho asistía a las clases todos los días antes de
todavía insepultas en aquel tiempo; y convencidos al fin de que salir al campo; pero si hay alguna discrepancia respecto a la
con nuestra quimérica curiosidad no logramos más que minar escuela, no hay ninguna respecto al educando. “Muy dedicado
las nubes, nos levantamos, dispuestos a confesar que, en verdad, al estudio —dice el registro—, demostró aplicación y prove-
hemos venido a la sierra para conocer la Laguna Encantada. cho en las letras. Su carácter fue obediente, reservado en sus
Camino a la escuela, donde nos invitan a pernoctar, pasa- pensamientos, y en general retraído; tuvo amigos, pero muy
mos un pequeño charco oscuro, que ya habíamos visto de día pocos; y demostraba con ellos formalidad y cordura.” Hasta en
sin sospechar que fuera una maravilla, pero que resulta ser la el campo siguió ensayando su vocación, y con tanta asiduidad
laguna legendaria. No nos atrevemos a investigar el misterio que no le extrañaba a nadie verlo “subir a un árbol y arengar al
que encierra; a los misterios hay que respetarlos y dejarlos en rebaño en su lengua natural zapoteca”.

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a
Pero su vocación siguió muy eventual, y la oportunidad de la pena que le costó abandonar a su pueblo y a su tío quedó
a
llegar a ejercerla en la ciudad se retrasaba siempre. Su tío era siempre viva.
hombre de pocos recursos: “Sus intereses se reducían —según El registro municipal conserva otra versión de la calamidad.
el registro municipal— a un pequeño rebaño de ovejas y a un “El día 16 de diciembre de 1818, distraído con sus amigos de
solarcito junto a la laguna.” Sin más ocupación que contar o infancia, descuidó el rebaño, y éste habiendo causado daño en
acrecentar su rebaño, la ambición más insomne cabeceaba, y el una sementera ajena, le detuvieron para la respectiva indemni-
muchacho era obediente. Los años pasaron sin novedad y la vida zación de él. Asustado el joven Juárez por esto, no quiso hacer-
hubiera seguido siempre igual, a no ser por la proximidad de la se presente a su tío, por lo severo que era; ausentándose desde
Laguna Encantada. […] Vigilando y evangelizando a sus ovejas luego de la población con rumbo a la capital del estado, sin más
sin provecho, veía transcurrir los días monótonos, los meses tras- elementos que sus mismos presentimientos; pero amoroso como
humantes, los años interminables, sin vislumbrar el otro mundo era, quiso regresar varias veces a su hogar, impidiéndolo su
ni en el trasfondo de la laguna, ni en las ramas de un árbol. carácter enérgico y resuelto, por lo que continuó su viaje a
A los doce años no estaba más cerca de Oaxaca. Su tío no solía Oaxaca, refugiándose con una hermana suya, Josefa Juárez, que
separarse de él, ni el muchacho tampoco de su tío; y si sólo de servía en la casa de don Antonio Maza, de origen español.”
ellos se tratase, tal vez nunca se hubiera dado con una solución Ambas versiones llevan el sello de la misma verosimilitud.
del problema; pero cierto día les vino en su ayuda una oveja. Los ancianos comprendieron tanto sus sentimientos como sus
La segunda fecha que se perpetuó en su memoria quedó presentimientos, y con éstos termina también su testimonio.
grabada imborrablemente en su conciencia: no sólo el año, “Éstos son los únicos datos que se han podido recoger de la
sino el mes, el día de la semana y la hora del día. “Era el miér- tradición. Sus demás datos biográficos son generalmente co-
coles 17 de diciembre de 1818. Me encontraba en el campo, nocidos y apreciados en la Historia.” Por eso el alcalde puso al
como de costumbre, cuando acertaron a pasar, como a las once pie del relato tres palabras que sintetizan todo lo anterior:
del día, unos arrieros conduciendo unas mulas rumbo a la Sie- Guelatao de Juárez. La misma brevedad del relato basta para
rra. Les pregunté si venían de Oaxaca; me contestaron que sí, revelar, en ambos casos, la verdad de sus años verdes. Su tierra
describiéndome, a mi ruego, algunas de las cosas que allí vie- no era más que el fondo de su vida, y el transcurso de sus pri-
ron.” ¡Curiosidad fatídica! Pasada la recua, de repente se dio meros doce años, el preludio al día en que, obedeciendo al
cuenta de que le faltaba una oveja y, peor aún —ya que los encanto de la ruta, siguió huyendo por montes y valles, fuera
males no suelen venir solos—, se acercó “otro muchacho más de la inmensidad avasalladora de las montañas, fuera de la so-
grande y de nombre Apolonio Conde. Al saber la causa de mi ledad sin resonancia de los valles, hacia la ciudad soñada
tristeza, refirióme que él había visto cuando los arrieros se donde, en una sociedad nueva y desconocida, se descubrió a sí
llevaron la oveja.” No faltaba más, y pensando en la cara del mismo y nos conoció a nosotros. Para la biografía, San Pablo
tío, “ese temor y mi natural deseo de llegar a ser algo, me de- Guelatao es el punto de origen; para la Historia, el punto de
cidieron a marchar a Oaxaca”. Con el transcurso de los años, partida es Oaxaca. G

Elevación
Héctor Pérez Martínez

En Pérez Martínez se amalgaman política y literatura, Por uno de estos caminos, entre San Pablo Guelatao e
pues a su carrera política hay que sumar una obra literaria Ixtlán, una tropa alza polvo de plata. Tres indios: levantados de
elegante y perdurable, como comprobará quien siga alas los sombreros de palma; zamarra de manta cruda; blancos
leyendo Juárez, el impasible, biografía que a más calzones anudados a los tobillos. Por la frente descienden, en
de 50 años de haberse publicado conserva su garra pequeños chorros, los cabellos negros sobre la piel negra. A la
espalda, el machete providencial; en bandolera, un calabazo
lleno de agua. Marchan incansables, con ese paso del indio,
La mañanita brinca sobre la sierra y rueda al plan; se tiñen los entre trote y huida.
caminos de un azul gaseoso. El cielo descubierto, profundo. Atrás se anuncian, por el rojo de las enaguas, las mujeres.
Olor de rocío que se levanta de la selva, y en el aire húmedo y Tres mujeres; una de ellas, anciana ya, repite y sostiene el trote.
quebradizo, el silencio. La más joven, sobre la espalda, en medio del paréntesis negro
Los caminos bajan al valle. Por las mañanas claras se atisba, de sus trenzas, carga un bulto movedizo y bullente. Lo lleva
a lo lejos, un vago perfil de torres. Los caminos suben a la sie- amarrado al pecho y a la cintura. Ella se inclina en la carrera y
rra. La sierra de Ixtlán, en Oaxaca, inextricable, majestuosa. el bulto se hace perpendicular. Silencio. El silencio de los in-
Hacia levante, por leguas, la costa. Hacia adentro, por leguas dios se agudiza cuando bajan al pueblo.
también, la selva. Los escarpes, las laderas, organizan el paisaje. En el camino se enfrentan con bandadas de arrieros. Enton-
Y por entre laderas y barrancas, suaves, azules aún, los caminos ces los indios se lanzan hacia la cuneta; sostienen en el filo del
se inician lentamente. camino rápidos equilibrios, y pasan los carros y las recuas entre

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a
restallidos de látigos, bárbaras tracciones de las mulas y una caperuza. Aire frío y violento. Un pueblo de indios, un pueblo
a
canción soez. familiar para los Juárez y los García: mugre en los jacales y
Los indios no hablan; los indios no miran; los indios esca- hambre en las bocas. Paz. La paz de los pueblos indígenas que
pan con su trote y su silencio. Amanecido ya llegan a Ixtlán. esperan la voz de los dioses viejos, rotos, desaparecidos, no
Les reciben las calles polvosas y los laureles del atrio parro- olvidados. Los dioses que velan en la sangre.
quial. Una llamada de campanas vuela sobre el caserío. Alguna San Pablo Guelatao, para una descripción sentimental,
beata discurre por los callejones empuñando su breviario. Los huele a azahar y tiene cerca una laguna: la Encantada; carriza-
indios se santiguan, se descubren; las indias se santiguan y se les y patos en el día. Amianto y plata por las noches. San Pablo
cubren. Blancos calzones y rojas enaguas entran a la casa de Guelatao, también, está en la montaña, y de la montaña Benito
dios. La menor de las indias desata el lienzo que une a su cuer- será hijo predilecto. La sierra penetra en él; la hosquedad, la
po el bulto de la espalda; es cuando un llanto incontenible abruptez se adueñarán de este niño que no oye nunca una can-
pone azoros en el beaterio y sonrisas indulgentes en el rostro ción, que se despierta en medio de la más auténtica naturaleza,
de santo Tomás, patrono de Ixtlán. Los indios respiran el humo sin las prerrogativas de su infancia, sucio de pobreza.
del copal y recuerdan, de modo inconsciente, las brutales cere- La vida se arrastra para el niño en el patio del jacal, en com-
monias de su culto; ceremonias que vivirán latentes en ellos pañía de un perro de orejas mansas, canelo él. Marcelino Juá-
por los siglos de los siglos. Alguien desgarra un amén en los rez rompe primero el alba; desata en el corral su yunta y va tras
labios. La iglesia se puebla rumores. El más anciano de los in- los bueyes que, sabedores del camino, trepan los senderos del
dios sube al presbiterio y habla tímidas y misteriosas palabras pueblo rumbo a la milpa. Brígida García pone a hervir el maíz,
con el sacerdote. Vuelve a poco a su querencia. Y el sacerdote, tuesta el café, y a la inminencia del canto de las gallinas, hurga
ido un instante, regresa con su estola y su libro, su cirio y su la paja de los nidos, buscando, gambusina, el grande grano de
gravedad. La más joven de las indias deshace el bulto por com- oro dentro del cascarón de los huevos.
pleto. Un indito negro, un pequeño ídolo abre los ojos y la Benito pasa así tres años, amparado contra la sierra por el
fuente del llanto. Llora con ese llanto rabioso y sin márgenes ambiente de su choza; pero una tarde sus ojos sorprenden un
de los niños; un lloro que se apaga para reanudarse en una nota drama. Marcelino, que no ha salido con la luz, que permanece
más alta; que declina y sube y, de improviso, cesa. El sacerdote quieto sobre los petates, gime con voces opacas. Brígida quema
baña la mínima testa con el agua de un Jordán ideal; pone en pociones en la lumbre y las comadres cruzan el jacal pronun-
los labios, abiertos por el grito, un poco de sal graciosa; úngelo ciando voces de conjuro. Por la noche los hachones dan un
al fin. tinte sombrío al cuadro. Bajo una estampa de la Guadalupana
Mágicas palabras aseguran a los indios que el ídolo es ya un se consume una velilla. Y al tramontar la noche, los lloros de
cristiano. Y en un revuelo de linos y alpacas, el vicario, acom- las mujeres subrayan la presencia de la muerte.
pasado, va a la sacristía. Sobre una página en blanco de su re- Benito, iniciado ya en la lengua zapoteca, debe haber com-
gistro, la pluma, meticulosa, rasguea un acta “En la iglesia pa- prendido el turbión de lamentos de su madre. Las hermanas,
rroquial de Santo Tomás Ixtlán, en veintidós de marzo del año Josefa y Rosa, empequeñecidas, negras como él, dentro de los
mil ochocientos seis. Yo, don Ambrosio Puche, vicario de esta huipiles de manta. Brígida enmudece luego, pero acaricia con
doctrina, bauticé solemnemente a Benito Pablo, hijo de Mar- manos doloridas su vientre abultado.
celino Juárez y de Brígida García, indios del pueblo de San Después del entierro todo se reanuda igual para el niño.
Pablo Guelatao, perteneciente a esta cabecera; sus abuelos Sólo falta la sombra del indio grande y el roce de sus labios en
paternos son: Pedro Juárez y Justa López; los maternos, Pablo los cabellos hirsutos del infante.
García y María García; fue madrina Vienen los abuelos al jacal. Juárez no
Apolonia García, india casada con Fran- San Pablo Guelatao, para una adivina el misterio de esos silencios pro-
cisco García, y le advertí su obligación y descripción sentimental, longados de sus familiares, ni las miradas
parentesco espiritual, y para constancia huele a azahar y tiene cerca angustiosas que dirigen al vientre de su
lo firmo con el señor cura. Mariano Cor- una laguna: la Encantada; madre. El perro renueva sus saltos.
tabarría. Ambrosio Puche”. carrizales y patos en el día. Otro cuadro, todavía de más miseria,
Los indios, entretanto, temblorosos y Amianto y plata por las noches. le sorprenderá pronto. Inútil, el niño va
aturdidos, cruzan el atrio, no sin haber San Pablo Guelatao, también, con las hermanas por las calles de San
reforzado el cepo de las Animas con una está en la montaña, y de la montaña Pablo Guelatao en un deambular sin fin,
moneda de plata. Frente a la iglesia está Benito será hijo predilecto sólo por alejarlo de la casa materna, en
el mercado. Marcelino Juárez compra y donde Brígida está en trance, y al llegar al
envuelve en su pañuelo unos granos de sal. Acaso Josefa Juárez, jacal, esa tarde, en que como ninguna otra el sol mañoso em-
su hija, hermana mayor de Benito, desee aquellas cuentas ver- borronaba de rojo los montes, su abuela, sarmentosa y trágica
des. Brígida García, la madre, lleva en sus brazos, dormido, al en sus lágrimas, recibe a los niños en sus brazos. Un vagido
idolillo negro. anuncia un nuevo ser. El llanto denuncia a un ser menos.
Los callejones en pendiente; el cabo de pueblo: una cruz ador- La orfandad de Juárez se inicia con un reparto. Josefa, Rosa
nada con papeles y colorines; piedrecillas al pie de la cruz para y Benito se quedan con los abuelos. María Longinos, la nueva
que el genio de los caminos alivie la andadura. Y la tropa vuel- hermana, es entregada a Cecilia García.
ve a remontarse a la sierra. “Tuve la desgracia —escribirá Juárez en Apuntes para mis
San Pablo Guelatao les acoge señero, miserable. Nada ha hijos— de no haber conocido a mis padres, indios de la raza
cambiado —nada cambiará— en él. Los caminos, en esta hora, primitiva del país, porque apenas tenía yo tres años cuando
descoloridos, grises. Sobre las montañas las nubes dibujan una murieron, habiendo quedado con mis hermanas María Josefa y

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a
tor siente lo recio del amor; cantos armoniosos cuando es el
a
sol padre del paisaje, y canciones aromáticas y tristes al decli-
nar la luz.
Juárez utiliza la flauta como un vehículo de expresión más
que como a una compañera. Las ovejas le rodean en esos atar-
deceres que influyen en el indio e imprimen en la música algún
ritmo animal, elevado en una línea que parte el aire y se desva-
nece en él.
Para construir sus flautas, el pastor abandona un día sus
ovejas y se acerca al borde de la laguna Encantada, donde cre-
cen los carrizos. Corta una caña y se sienta en la tierra húmeda.
Con la navaja rompe el barniz del cilindro vegetal y marca
luego el sitio en que los agujeros vendrán más tarde a hacer
sonoro el aire.
Y así no se da cuenta de cómo el viento baja de la monta-
ña impetuoso. Los carrizales, tejidos en compactas murallas,
oponen a la violencia del aire la misma superficie obstinada de
un velamen, y una porción de tierra, la misma en que el niño
talla su flauta, se desprende de la ribera y se hace lago adentro
llevada en las olas como una barca.
El niño acaricia el canuto musical. Lo lleva a los labios y
ensaya primero una escala. Sus dedos se despegan para abrir
los agujeros, ágilmente. Las notas rompen la ya serena soledad
del lago. Los últimos vuelos del aire se llevan, valle arriba, estas
notas iniciales, desajustadas, falsas acaso, pero que en los oídos
de la naturaleza acechante cautivan el paisaje.
Entonces el infantil artista ataca sus melodías monorrítmi-
cas. La inspiración le brota no del fondo de la carne, sino del
alma de su raza que vela en la profundidad del cuerpo. Es un
indio: panteísta. Según que su mirada atraviesa las capas de la
atmósfera azul, o bien se detiene en los picachos de la sierra,
la canción se aligera o brutaliza, se hace diáfana, ondula; notas
Rosa al cuidado de nuestros abuelos paternos Pedro Juárez y agudas, casi acuáticas, dicen que el indio vuelve los ojos al lago,
Justa López, indios también de la nación zapoteca. Mi herma- y notas desgarradas, sollozantes, anuncian que el niño se cobi-
na María Longinos, niña recién nacida, pues mi madre murió ja en su desgracia.
al darla a luz, quedó a cargo de mi tía materna, Cecilia García. Cuando el poema musical se agota el niño se alza y se con-
A los pocos años murieron mis abuelos; mi hermana María templa prisionero de un milagro. El islote está anclado a media
Josefa casó con Tiburcio López, del pueblo de Santa María laguna. Con la tarde, las ovejas se destacan en el llano, peque-
Tahuiche; mi hermana Rosa casó con José Jiménez, del pueblo ñitas y blancas; y por los cerros, en un vago prestigio de plata,
de Ixtlán, y yo quedé bajo la tutela de mi tío Bernardino Juárez, sube la luna, cuando el sol rueda en el horizonte.
porque mis demás tíos: Bonifacio Juárez había muerto, Maria- El azoro desnuda de sonrisas la boca del niño. La realidad
no Juárez vivía por separado con su familia y Pablo Juárez era de su situación le hace soltar la flauta tras la que vuela la mano
aún menor de edad.” instantáneamente, tomándola en el mismo gesto de asirse a un
Se traza así el destino. Bajo la tutela, Benito se ve compelido amuleto. Los ojos se le entrecierran; el rostro, impasible. Y el
a la lucha: “como mis padres no me dejaron ningún patrimonio niño es testigo de cómo el campo se tiñe en los colores magos
y mi tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de de su crepúsculo, cómo las nubes desparecen, cómo van salien-
razón me dediqué a las labores del campo.” do las estrellas, cómo la laguna se llena de murmullos, cómo,
Estas labores se concretan al pastoreo. Se arma al niño de implacable, adviene la noche.
un látigo y se le entregan las ovejas serreras. Un perro y el Benito se lanza sobre la tierra en un abrazo enternecido,
paisaje serán sus amigos hasta que descubra ese instrumento pero sin lágrimas; muerde la flauta de tiempo en tiempo, y el
musical, emblema de los pastores: la flauta. Entretanto, en su aire modula notas aisladas y dramáticas. Tal serenata le ador-
lengua nativa, subido a un árbol, dirige largos discursos a las mece.
bestias y se le abre el corazón a la naturaleza. Cuando la sole- Culmina la noche sensual de las zonas templadas. Los ner-
dad del llano pesa sobre él, su inteligencia, tan primitiva como vios de la naturaleza estallan en lo negro. En el campo, las
realista, buscará algo en que entretener sus largas evasiones. Y ovejas tiemblan de soledad.
así da con la flauta, y entonces el diálogo ya no se dice en pa- Pero la mañana le sorprende. Un vientecillo tempranero
labras, sino en fugas de notas. impulsa el islote hacia la ribera. Salta el niño a tierra firme, y
El niño inventa una música de raíces religiosas: un canto a camino de su hato una alegría desconocida, de libertad primi-
los elementos que presiden su vida; cantos, también, epitalá- tiva, le inspira una canción al sol, vieja como el mundo.
micos, cuando los borregos acometen a las hembras y el pas- Ese día Benito prueba la amargura del látigo. G

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a
a
Apuntes para mis hijos
Benito Juárez

Empieza a circular con nuestro sello una nueva edición de particulares a condición de que los enseñasen a leer y a escribir.
este texto autobiográfico, con prólogo de Josefina Zoraida Éste era el único medio de educación que se adoptaba general-
Vázquez y trabajo de edición y compilación de textos de mente no sólo en mi pueblo sino en todo el distrito de Ixtlán,
Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva, María del Carmen de manera que era una cosa notable en aquella época, que la
Berdejo Bravo y Eugenio Reyes García mayor parte de los sirvientes de las casas de la ciudad era de
jóvenes de ambos sexos de aquel distrito. Entonces, más bien
por estos hechos que yo palpaba, que por una reflexión madu-
En 21 de marzo de 1806 nací en el pueblo de San Pablo Gue- ra de que aún no era capaz, me formé la creencia de que sólo
latao de la jurisdicción de Santo Tomás Ixtlán en el estado de yendo a la ciudad podría aprender, y al efecto insté muchas
Oaxaca. Tuve la desgracia de no haber conocido a mis padres veces a mi tío para que me llevase a la capital; pero sea por el
Marcelino Juárez y Brígida García, indios de la raza primitiva cariño que me tenía, o por cualquier otro motivo, no se resol-
del país, porque apenas tenía yo tres años cuando murieron, vía y sólo me daba esperanzas de que alguna vez me llevaría.
habiendo quedado con mis hermanas María Josefa y Rosa al Por otra parte, yo también sentía repugnancia de separar-
cuidado de nuestros abuelos paternos Pedro Juárez y Justa me de su lado, dejar la casa que había amparado mi niñez y mi
López, indios también de la nación zapoteca. Mi hermana orfandad, y abandonar a mis tiernos compañeros de infancia
María Longinos, niña recién nacida, pues mi madre murió al con quienes siempre se contraen relaciones y simpatías pro-
darla a luz, quedó a cargo de mi tía materna Cecilia García. A fundas que la ausencia lastima marchitando el corazón. Era
los pocos años murieron mis abuelos; mi hermana María Jose- cruel la lucha que existía entre estos sentimientos y mi deseo
fa casó con Tiburcio López del pueblo de Santa María Yahui- de ir a otra sociedad nueva y desconocida para mí, para pro-
che; mi hermana Rosa casó con José Jiménez del pueblo de curarme mi educación. Sin embargo, el deseo fue superior al
Ixtlán y yo quedé bajo la tutela de mi tío Bernardino Juárez, sentimiento y el día 17 de diciembre de 1818 y a los doce años
porque de mis demás tíos, Bonifacio Juárez había ya muerto, de mi edad me fugué de mi casa y marché a pie a la ciudad de
Mariano Juárez vivía por separado con su familia y Pablo Juá- Oaxaca a donde llegué en la noche del mismo día, alojándo-
rez era aún menor de edad. me en la casa de don Antonio Maza en que mi hermana María
Como mis padres no me dejaron ningún patrimonio y mi Josefa servía de cocinera. En los primeros días me dediqué a
tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de razón me trabajar en el cuidado de la grana,1 ganando dos reales dia-
dediqué, hasta donde mi tierna edad me lo permitía, a las labo- rios para mi subsistencia mientras encontraba una casa en qué
res del campo. En algunos ratos desocupados mi tío me ense- servir. Vivía entonces en la ciudad un hombre piadoso y muy
ñaba a leer, me manifestaba lo útil y conveniente que era saber honrado que ejercía el oficio de encuadernador y empastador
el idioma castellano, y como entonces era sumamente difícil de libros. Vestía el hábito de la Orden Tercera de San Francis-
para la gente pobre y muy especialmente co y aunque muy dedicado a la devoción
para la clase indígena adoptar otra carre- El deseo fue superior al sentimiento y a las prácticas religiosas era bastante
ra científica que no fuese la eclesiástica, y el día 17 de diciembre de 1818 despreocupado y amigo de la educación
me indicaba sus deseos de que yo estu- y a los doce años de mi edad me de la juventud. Las obras de Feijoo y las
diase para ordenarme. Estas indicacio- fugué de mi casa y marché a pie epístolas de san Pablo eran los libros fa-
nes y los ejemplos que se me presenta- a la ciudad de Oaxaca a donde voritos de su lectura. Este hombre se lla-
ban de algunos de mis paisanos que sa- llegué en la noche del mismo día, maba don Antonio Salanueva, quien me
bían leer, escribir y hablar la lengua alojándome en la casa de don recibió en su casa ofreciendo mandarme
castellana y de otros que ejercían el mi- Antonio Maza en que mi hermana a la escuela para que aprendiese a leer y
nisterio sacerdotal, despertaron en mí María Josefa servía de cocinera a escribir. De este modo quedé estable-
un deseo vehemente de aprender, en cido en Oaxaca en 7 de enero de 1819.
términos de que cuando mi tío me llamaba para tomarme mi
lección yo mismo le llevaba la disciplina para que me castigase El camino de la educación
si no la sabía; pero las ocupaciones de mi tío y mi dedicación al
trabajo diario del campo contrariaban mis deseos y muy poco En las escuelas de primeras letras de aquella época no se ense-
o nada adelantaba en mis lecciones. Además, en un pueblo ñaba la gramática castellana. Leer, escribir y aprender de me-
corto como el mío, que apenas contaba con veinte familias y en moria el Catecismo del padre Ripalda era lo que entonces forma-
una época en que tan poco o nada se cuidaba de la educación ba el ramo de instrucción primaria. Era cosa inevitable que mi
de la juventud, no había escuela, ni siquiera se hablaba la len- educación fuese lenta y del todo imperfecta. Hablaba yo el idio-
gua española, por lo que los padres de familia que podían cos-
tear la educación de sus hijos los llevaban a la ciudad de Oaxa- 1 Se refiere a la grana cochinilla, insecto que se cría en las nopale-
ca con este objeto, y los que no tenían la posibilidad de pagar ras y de donde se saca un color rojo (grana) para tintes. Era la indus-
la pensión correspondiente los llevaban a servir en las casas tria colonial oaxaqueña más importante.

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a
ma español sin reglas y con todos los vicios con que lo hablaba Entretanto, veía yo entrar y salir diariamente en el Colegio
a
el vulgo. Tanto por mis ocupaciones, como por el mal método Seminario que había en la ciudad a muchos jóvenes que iban a
de la enseñanza, apenas escribía, después de algún tiempo, en la estudiar para abrazar la carrera eclesiástica, lo que me hizo re-
cuarta escala en que estaba dividida la enseñanza de escritura en cordar los consejos de mi tío que deseaba que yo fuese ecle-
la escuela a que yo concurría. Ansioso de concluir pronto mi siástico de profesión. Además, era una opinión generalmente
ramo de escritura, pedí pasar a otro establecimiento creyendo recibida entonces, no sólo en el vulgo sino en las clases altas de
que de este modo aprendería con más perfección y con menos la sociedad, de que los clérigos, y aun los que sólo eran estu-
lentitud. Me presenté a don José Domingo González, así se diantes sin ser eclesiásticos, sabían mucho, y de hecho ob-
llamaba mi nuevo preceptor, quien desde luego me preguntó en servaba yo que eran respetados y considerados por el saber que
qué regla o escala estaba yo escribiendo. Le contesté que en la se les atribuía. Esta circunstancia, más que el propósito de ser
cuarta… “Bien —me dijo—, haz tu plana que me presentarás a clérigo, para lo que sentía una instintiva repugnancia, me deci-
la hora que los demás presenten las suyas.” Llegada la hora de dió a suplicarle a mi padrino (así llamaré en adelante a don An-
costumbre presenté la plana que había yo formado conforme a tonio Salanueva porque me llevó a confirmar a los pocos días
la muestra que se me dio, pero no salió perfecta porque estaba de haberme recibido en su casa) para que me permitiera ir a
yo aprendiendo y no era un profesor. El maestro se molestó y estudiar al Seminario, ofreciéndole que haría todo esfuerzo
en vez de manifestarme los defectos que mi plana tenía y ense- para hacer compatible el cumplimiento de mis obligaciones en
ñarme el modo de enmendarlos, sólo me dijo que no servía y su servicio con mi dedicación al estudio a que me iba a consa-
me mandó castigar. Esta injusticia me ofendió profundamente grar. Como aquel buen hombre era, según dije antes, amigo de
no menos que la desigualdad con que se daba la enseñanza en la educación de la juventud, no sólo recibió con agrado mi pen-
aquel establecimiento que se llamaba la Escuela Real, pues samiento sino que me estimuló a llevarlo a efecto diciéndome
mientras el maestro en un [cuarto] separado enseñaba con es- que teniendo yo la ventaja de poseer el idioma zapoteco, mi
mero a un número determinado de niños, que se llamaban de- lengua natal, podía, conforme a las leyes eclesiásticas de Amé-
centes, yo y los demás jóvenes pobres como yo estábamos rele- rica, ordenarme a título de él sin necesidad de tener algún pa-
gados a otro departamento bajo la dirección de un hombre que trimonio que se exigía a otros para subsistir mientras obtenían
se titulaba ayudante y que era tan poco a propósito para enseñar algún beneficio. Allanado de ese modo mi camino entré a estu-
y de un carácter tan duro como el maestro. diar gramática latina al Seminario en calidad de capense,2 el
Disgustado de este pésimo método de enseñanza y no ha- día 18 de octubre de 1821, por supuesto, sin saber gramática
biendo en la ciudad otro establecimiento a qué ocurrir, me re- castellana, ni las demás materias de la educación primaria.
solví a separarme definitivamente de la escuela y a practicar Desgraciadamente, no sólo en mí se notaba ese defecto sino en
por mí mismo lo poco que había aprendido para poder expre-
sar mis ideas por medio de la escritura aunque fuese de mala
forma, como lo es la que uso hasta hoy. 2 Alumno externo de los colegios religiosos.

Sobre Apuntes para mis hijos que Juárez era “indio”, lo que soslaya sus cualidades perso-
nales y sensibilidad que le permitieron transformarse para
estar a tono con las ideas de su tiempo. Por sus propias
Josefina Zoraida Vázquez palabras, sabemos de su procedencia indígena, pero para el
momento en que escribe sus Apuntes, es indudable que se
A diferencia de otros países, en México son pocos los polí- considera un liberal mexicano. […] El papel fundamental
ticos que escriben memorias, lo que impide que podamos que tuvo ha hecho que su figura nunca haya dejado de cau-
entrar en el mundo que vivieron y conocer la razón de sus sar controversia. Sus principios liberales y su permanencia
decisiones. Los Apuntes para mis hijos escritos por don Beni- de 14 años en la presidencia le ganaron enemigos. Nosotros
to Juárez son muy breves para ser memorias, pero dan una tenemos que juzgarlo como estadista. No fue el héroe de
idea clara de trayectoria humana y política del hombre que bronce de las estatuas, sino un hombre con grandes virtu-
contribuyó a la consolidación de la república. des y muchas pasiones, cuya voluntad le permitió sobresalir
Benito Juárez, al darse cuenta de lo extraordinaria que entre sus contemporáneos. Su gran ambición era ver un
había sido su experiencia, se decidió a describirla en sus México obediente de las leyes y en goce de sus libertades.
Apuntes para subrayar la importancia de la educación como Aunque por la foto que se reproduce siempre, parezca
medio para transformar la vida de los seres humanos, un insensible, don Benito como nativo de la sierra oaxaqueña
buen ejemplo para sus hijos y para otros mexicanos. Él era alegre y gustaba de la música y el baile. Pero era austero,
sabía que la enseñanza le había permitido desafiar el destino como persona que conocía la pobreza de la mayoría de los
que prometían las condiciones precarias en las que había mexicanos. Por su correspondencia podemos saber que era
nacido, aunque para lograrlo había necesitado de voluntad buen padre y esposo, al que el destino le permitió disfrutar
y tenacidad. En un lenguaje sencillo y directo, los Apuntes pocos momentos de paz en ese ambiente sencillo de clase
nos relatan los principales acontecimientos de su vida y los media que vemos en sus habitaciones de Palacio Nacional.
obstáculos que tuvo que vencer, al tiempo que nos trasmi- Lo importante para la historia es la firmeza con que sorteó
ten la imagen que don Benito tenía de sí mismo. momentos muy difíciles en la vida de México, lo que hace
Escritores, historiadores y políticos subrayan siempre importante, la lectura de los Apuntes para mis hijos. G

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a
los demás estudiantes, generalmente por el atraso en que se requerían instrucción y capacidad; y se les llamaba “Larragos”,
a
hallaba la instrucción pública en aquellos tiempos. porque sólo estudiaban teología moral por el padre Larraga.
Comencé pues mis estudios bajo la dirección de profesores, Del modo que pude manifesté a mi padrino con franqueza este
que siendo todos eclesiásticos, la educación literaria que me inconveniente, agregándole que no teniendo yo todavía la edad
daban debía ser puramente eclesiástica. En agosto de 1823 suficiente para recibir el presbiterado nada perdía con estudiar
concluí mi estudio de gramática latina, habiendo sufrido los dos el curso de artes. Tuve la fortuna de que le convencieran mis
exámenes de estatuto con las calificaciones de Excelente. En ese razones y me dejó seguir mi carrera como yo lo deseaba.
año no se abrió curso de artes y tuve que esperar hasta el año En el año de 1827 concluí el curso de artes habiendo sos-
siguiente para empezar a estudiar filosofía por la obra del padre tenido en público dos actos que se me señalaron y sufrido los
Jaquier; pero antes tuve que vencer una dificultad grave que se exámenes de reglamento con las calificaciones de Excelente ne-
me presentó y fue la siguiente: luego que concluí mi estudio de mine discrepante,3 y con algunas notas honrosas que me hicieron
gramática latina mi padrino manifestó grande interés porque mis sinodales.
pasase yo a estudiar teología moral para que el año siguiente En este mismo año se abrió el curso de teología y pasé a
comenzará a recibir las órdenes sagradas. Esta indicación me estudiar este ramo, como parte esencial de la carrera o profe-
fue muy penosa, tanto por la repugnancia que tenía a la carrera sión a que mi padrino quería destinarme, y acaso fue esta la
eclesiástica, como por la mala idea que se tenía de los sacerdo- razón que tuvo para no instarme ya a que me ordenara
tes que sólo estudiaban gramática latina y teología moral y a prontamente. G
quienes por este motivo se ridiculizaba llamándolos “padres de
misa y olla” o “Larragos”. Se les daba el primer apodo porque 3 Frase en latín que significa sin discrepancia, por unanimidad, es
por su ignorancia sólo decían misa para ganar la subsistencia y decir, que no hubo desacuerdo entre los profesores que le examinaron
no les era permitido predicar ni ejercer otras funciones que para aprobarlo.

Las horas de mayor angustia de Juárez


Juan de Dios Peza

Aún estaba el águila en el nido. El hombre que más tarde había niño indio cortaba las cañas, y algunas tardes se entretenía en
de culminar en nuestra historia como salvador de nuestra se- arrancarles, para arrojarles al agua, las verdes y carnudas
gunda independencia, era un chiquillo que hablaba en idioma hojas.
zapoteco y vivía en la humildísima cabaña donde pobre e igno- Alguna vez se internó en el macizo de verdura, tratando con
rado naciera. infantil codicia de cortar la caña más larga y más delgada que
Cerca de su jacal se extendía un lago que retrataba el diá- cautivó sus ojos.
fano y azul cielo que cobija la sierra de Ixtlán en el estado de El carrizal yacía sobre una gruesa capa de tierra y era mo-
Oaxaca. vible como las antiguas chinampas de que nos hablan los his-
En el lago, adherido a la orilla, surgía un carrizal, donde el toriadores.

Este texto fue publicado en 1904 por Juan de Dios Peza científica. Político y literato, Juan de Dios Peza fue una de
en la obra Epopeyas de mi Patria, que el escritor dedicó a su las mejores plumas del país y digno miembro del primer
hijo al sentir la “obligación de [hablarle] algo del pasado en grupo de preparatorianos que egresaron de aquella casa de
que surgieron, se sacrificaron y murieron en defensa de la estudios.
causa del pueblo muchos hombres dignos de ser imitados y La mayoría de los pasajes de Epopeyas de mi Patria tratan
enaltecidos”. sobre Juárez y las luchas de los liberales contra sus enemigos
El autor provenía de una familia conservadora que apoyó políticos. El propósito pedagógico de instruir por medio de
el gobierno de Maximiliano. A la muerte del emperador la ejemplaridad histórica es evidente en cada una de las
y triunfo de los republicanos la familia se exilió; el joven páginas labradas por el escritor, donde la admiración por
Peza, fiel a sus convicciones ideológicas, permaneció en el aquellos dirigentes, su entereza y responsabilidad ante la
país y recibió con júbilo el triunfo del partido encabezado nación, a costa incluso de su vida, son subrayados para que
por Benito Juárez, quien se convirtió en su máximo héroe y los miembros de las nuevas generaciones (como su hijo) no
ejemplo íntegro de lo que debía ser un servidor público. sólo recordaran los eventos trascendentales, sino también
Peza tuvo la fortuna de conocer a su ídolo y de reci- los imitaran y asumieran el compromiso que tenían ante la
bir apoyo directo de él para continuar sus estudios en la realidad de su país y el progreso de la sociedad. G
Escuela Preparatoria, institución remodelada por el régi-
men de Juárez para desarrollar una educación liberal y Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva

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a
Divertíase el chicuelo en tronchar el carrizo que más le gus- Las primeras luces de la mañana lo encontraron en la misma
a
taba, cuando uno de esos vientos huracanados que sacuden los actitud en que se quedó ante el último crepúsculo.
pinos en las serranías agrestes, empujó aquella chinampa hacia El niño sentía hambre y sed, y de vez en cuando mascullaba
el centro del lago, con tal velocidad que, cuando el niño quiso algún tierno cogollo de cañaveral y lo escupía sobre el lago,
librarse del peligro de saltar en tierra, le fue imposible porque mirando al distante punto negro, el jacal, que hoy la república
ya se encontraba muy lejos de la orilla. guarda como un monumento de gloria.
Midió con sus ojos brillantes y negros la inmensa distancia, Y corrieron las horas; el sol llegó a la mitad de su carrera y
y convencido de que todo esfuerzo para salir de su extraña declinó hasta hundirse de nuevo en el horizonte.
barca era inútil, siguió con estoica indiferencia arrancando una En plenas tinieblas sopló de nuevo un viento fuerte, y cuan-
tras otra las verdes hojas de la caña codiciada. do el indio niño miró en su derredor, estaban por todas partes
El viento, cada vez más fuerte, impelió la chinampa hasta el retratadas en el lago las estrellas del cielo.
lejano y opuesto lado de aquella laguna; pero allí era imposible Sintió, después de algunas horas, que el carrizal se detuvo
bajarse, porque sólo había pantanos inmensos. contra algo macizo y firme; permaneció quieto; esperó la albo-
Caía la tarde, y desde el sitio donde encalló la chinampa, el rada y entonces con júbilo, saltó a la orilla.
niño logró ver su jacal nativo como un pequeño punto negro ¡Estaba salvado!
perdido en el horizonte. El jacal quedaba a larga distancia, pero llegó a él corriendo
Todo era soledad y silencio. y refirió en su dulce lengua zapoteca su triste aventura.
Se hundió el sol tras las crestas de la sierra, reinó la oscuri- “Ésas fueron las horas de mi mayor angustia”, decía el gran
dad de la noche; el aire frío y húmedo rizaba apenas las aguas Benito Juárez a su hermano político don José Maza, que fue
del lago, y el chiquitín, de pie entre las cañas, ni encontraba quién me refirió esta historia… “Pues dios miró con ojos de
lugar donde acostarse, ni el sueño le cerraba los ojos, ni el piedad a nuestra patria —respondió don José—, porque si el
miedo le contraía el semblante, ni un grito de desesperación se carrizal no vuelve impelido por los vientos, acaso no habría
escapaba de su pecho. habido leyes de Reforma ni segunda independencia.” G

Fernando Iglesias Calderón y la defensa de Juárez


Andrés Henestrosa

El FCE cuenta en su catálogo con Las supuestas traiciones de —Yo soy el presidente de México —dijo sereno Porfirio
Juárez, de Fernando Iglesias Calderón: este fragmento del Díaz—. Y he venido a pedirle que responda al libro de Fran-
prólogo sirve para explicar en parte el fuego que, a cisco Bulnes, pues sólo usted puede hacerlo con acierto y con
comienzos del siglo XX, cruzaron quienes querían demoler verdad. Su condición de historiador, de patriota, de liberal y de
toda estatua de Juárez y diversos historiadores liberales hijo de José María Iglesias, así lo acreditan y lo hacen esperar.
—Pero yo no soy empleado suyo, ni su escribano, ni su
amanuense, ni nada… Si lo hiciera, sería cosa mía, cuando
Si está escrita, no recuerdo haberla leído. La conozco referida
por José E. Iturriaga, quien la oyó del propio Fernando Iglesias
Calderón. La anécdota es hermosa, y es ejemplar: transparenta
y define a sus protagonistas: dos hombres a quienes la historia
y el destino conduce a subordinarlo todo a dos máximos amo-
res: el amor a la patria y el amor a la Verdad. Y los dos salen
engrandecidos de la dramática cita de la historia y del destino.
Cuando estaba recién publicado el libro de Francisco Bul-
nes, se presentó en casa de Fernando Iglesias Calderón —calle
de Atenas núm. 24—, sin anuncio ni cita, el general Porfirio
Díaz. El sirviente le abrió la puerta. Dio aviso de que en la sala
se encontraba el presidente de la república, Iglesias Calderón
trabajaba a esas horas en su biblioteca, en ropas caseras. No
sólo encontró inusitado el caso, sino que le produjo una violen-
ta contrariedad. Y vestido como estaba, sin cuidarse de su
desaliño indumentario, se dispuso a afrontar el desagradable
encuentro.
—¿Qué hace usted en esta casa? —preguntó Iglesias Calde-
rón—. Le ruego que la abandone en el acto —agregó con fir-
meza.

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a
creyera oportuno hacerlo, y no a petición, sugerencia y orden Eso evitó que este volumen de sus “Rectificaciones históri-
a
suya. cas” apareciera como eran los deseos del autor, el mismo día de
—Con eso me basta —respondió Porfirio Díaz, al tiempo la celebración del centenario del natalicio de Juárez, 1906, sino
que abandonaba la casa de Fernando Iglesias Calderón. un año más tarde, 1907, pero sin que por ello perdiera su ca-
Es el remoto origen de Las supuestas traiciones de Juárez. rácter de homenaje centenario. Más aún: lo ratifica en el pró-
La obra de Bulnes, El verdadero Juárez y la verdad sobre la logo. “Me complazco —dice— en ratificarlo al escribir estas
intervención y el imperio, fue publicada en 1904, con el avieso, líneas, hoy, primer aniversario, dentro de su segunda centuria,
aunque a la postre frustrado propósito, de reducir las glorias de del natalicio de tan gran patriota.”
Juárez, cuando faltaban dos años para el centenario de su naci- Fernando Iglesias Calderón fue hijo de José María Iglesias.
miento. La reacción que produjo entre amigos y enemigos fue Era nieto, hijo y sobrino de soldados y civiles republicanos. Las
enorme y ruidosa, lo que a más de asegurar su difusión acrecen- diferencias entre Iglesias y Díaz determinaron la conducta del
tó la fama de un autor que de ese modo se atrevía con una de las hijo, que se mantuvo hasta el final contrario al general Díaz y
glorias nacionales, si no era que con la máxima gloria nacional. a su sistema político, como lo atestiguan la anécdota referida y
La polémica, casi toda ella reducida en los primeros días a el hecho de haberse negado a formar parte de la comisión en-
injurias, declaraciones, diatribas, insultos, permitió a Bulnes cargada de organizar los actos de homenaje a Juárez en el
fáciles victorias y ocasión para burlarse de los progresos de lo centenario de su nacimiento. En compensación, apresuró la
que él llamó la idiotez nacional, a la vez que su libro afirmaba edición de su libro, que, como ya está dicho, formó parte de
la apariencia y calificación de irrefutable y de historia verdade- aquellos homenajes.
ra. “Propúseme —dice Fernando Iglesias Calderón— esperar En la refutación a Bulnes y a todos sus partidarios, secuaces,
a que la polémica que se anunciaba pusiera de manifiesto los epígonos, concurren muchas circunstancias favorables, que
errores contenidos en dicho libro y en la injusticia de los car- explican y propician su eficacia y su venturoso éxito. Iglesias
gos hechos a Juárez con fundamento en los tales errores; y sólo Calderón era un historiador, un amante de la verdad, un patrio-
en caso de que la polémica resultara deficiente, terciar en el ta, que tenía legítimo orgullo de las hazañas y glorias de su
debate, como constante defensor de la verdad.” pueblo. Era hijo de uno de los hombres cuyas responsabilidades
Poco tiempo después, el editor Santiago Ballescá planeó no podían ser ajenas a la acción de Juárez durante el periodo a
la edición de un libro en el que en una serie de monografías, que se contrae la historia por él escrita. No sólo a Bulnes, sino
de una manera razonable y completa, se refutara a Bulnes. a los demás enemigos de Juárez, de México y de su padre, dio
Para ello invitó a historiadores y literatos, en esa hora los más respuesta y refutó con pasión, elemento también válido y nece-
distinguidos, entre ellos a Iglesias Calderón, Carlos Pereyra y sario al historiador, con tal de que la sepa gobernar y sea aque-
Victoriano Salado Álvarez. En el reparto de los temas, le fue lla pasión fría que dijo el filósofo. “Mis ‘Rectificaciones’ —es-
asignado a Iglesias Calderón el de las supuestas traiciones. cribió, en efecto— están inspiradas en la verdad y gobernadas
El proyecto de Ballescá no tuvo efecto, pero los tres autores por la razón.” En el proceso que levanta a Bulnes ante el tribu-
referidos escribieron las monografías que a cada uno se había nal de la historia, se ve impelido a contradecir, reducir y aun a
encomendado. Acaso pudiera agregarse a esos nombres el de negar la autoridad de historiadores y escritores tenidos por ar-
Genaro García, aunque Iglesias Calderón no lo mencione y dorosos liberales y maestros consagrados. “Quita un laurel mal
cuyo libro, Juárez. Refutación a Francisco Bulnes (1904), tiene puesto y nadie logra de nuevo colocarlo”, escribió Manuel
las características que el editor Ballescá Márquez Sterling.
señaló para las monografías que se pro- No quería Iglesias Calderón, No fue fácil, sin embargo, para Igle-
puso. y en eso coincide con Carlos sias Calderón reducir la cuestión a sus
Fue esta la circunstancia que llevó a Pereyra, que fueran la admiración términos históricos. Mucha tinta y
Iglesias Calderón a publicar Las supuestas ciega, la adhesión partidista, el mucho papel se habían consumido en la
traiciones de Juárez, en forma de cartas, instinto a que aludió Bulnes, contienda. En su contra se habían aliado
antes que el libro, en El Tiempo, que di- los que releven de culpa a Juárez, los enemigos naturales de Juárez, así
rigía Victoriano Agüeros, periódico y sino la crítica histórica, el fallo como algunos antiguos juaristas, ahora
escritor de tendencias marcadamente de la historia, armados y fundados colocados en la nueva administración,
opuestas a Juárez, y en algunos otros en documentación científica. No el cuando no desertores de las filas libera-
periódicos liberales de la capital, como documento solo, sino el criterio les desde antes del triunfo republicano,
El Diario del Hogar, de Filomeno Mata, y con que se maneja, pues suele cuando las disensiones entre Juárez y los
luego reproducidas en otros de provin- ocurrir que siendo verdaderos los generales Jesús González Ortega y Por-
cia: El Correo de Jalisco de Guadalajara, documentos, la historia resulta falsa firio Díaz. Para defenderse, para justifi-
El Correo de Sotavento de Tlacotalpan, La car su deserción, o por error de entendi-
Voz del Norte de Saltillo y El Espectador de Monterrey. miento, se pusieron del lado de Bulnes, acaso sin proponérselo
Mientras tanto, la discusión crecía y se embrollaba. La apari- deliberadamente.
ción de Juárez y las revoluciones de Ayutla y de Reforma (1805), en Tampoco pasó por alto los errores, debilidades y omisiones
que Bulnes agregaba a los cargos anteriores otros nuevos, si po- de los amigos, compañeros y partidarios de Juárez. Lo hizo con
sible más graves, relacionados con los incidentes de Antón Li- Guillermo Prieto, que era su padrino de bautismo, y sin quitar-
zardo y el Tratado McLane-Ocampo, presentándolos en forma le honradez, fama y gloria, condenó aquella su funesta y mal-
aparatosa e impresionante, hizo que Iglesias Calderón amplia- hadada inclinación de confiarlo todo a su memoria. Con toda
ra el plan de su libro, pues los cargos, por su propia índole, valentía lo dijo todo, y consignó los documentos probatorios,
quedaban bajo el tema de las supuestas traiciones. en briosos, severos, inclementes y gallardos razonamientos,

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a
en alegatos muy bien armados. Lo hizo con Ignacio Mariscal sublevan y remueven sus naturales impulsos de levantar la voz,
a
y con Matías Romero, embajador de Juárez en Washington. o proferir malas palabras. Pero se contiene: hace la guerra
Como Mariscal se dejara decir en el brindis del Auditorium porque no la puede rehuir, la hace señor de sus pasiones, y
(Chicago, iii, 1899), que la derrota de la Intervención se debió hasta pudiera decirse que la hace con alegría. La figura paterna
a la benéfica influencia y al auxilio de los Estados Unidos lo preside todo. A ella se vuelve cuando el enemigo, empeñado
—cosa completamente falsa, como lo reconocieron entonces, como él en ganar la partida, parece que gana terreno y le asiste
después y ahora, no sólo publicistas nacionales, sino también la razón. Y esto es apurar los recursos de la lógica, aprovechar la
ilustres norteamericanos, lo mismo políticos que historiadores, erudición que con los años y los estudios ha acumulado, para
literarios y biógrafos—, Iglesias Calderón escribió, para refu- salvar, de la aparente victoria del sofista, los fueros de la verdad,
tarlo pormenorizadamente, El egoísmo norteamericano durante que es su arma ofensiva y defensiva: su espada y su escudo. […]
la intervención francesa (1905). En el fragor del proceso, en el El libro en que se funda toda la fama de Bulnes, El verdade-
lúcido arrebato, siempre encuentra el testimonio que busca. ro Juárez y la verdad sobre la intervención y el imperio, contiene
Una cita de Luis Pérez Verdía, historiador irrefutable, parece entre líneas más de un juicio acerca de la era porfiriana, o por-
resumir esa parte de la discusión. “No fue la diplomacia ame- firiato, y acerca de la clase conservadora, tan graves como los
ricana —vino a decir Pérez Verdía—, sino el cañón de Sadowa, cien que creyó acumular contra Juárez y sobre la causa de la
el que dio al mariscal Bazaine la orden de retirada de las tropas república, que es la del progreso en nuestros días. Pero la clase
francesas.” […] que le pagaba se lo perdonó, sólo porque por su pluma tomaba
No quería Iglesias Calderón, y en eso coincide con Carlos desquite y desahogo. Porfirio Díaz, conocedor profundo de los
Pereyra, que fueran la admiración ciega, la adhesión partidista, hombres y las cosas de su tiempo y de su pueblo, no; y es fama
el instinto a que aludió Bulnes, los que releven de culpa a Juá- que le dijo a Bulnes cuando éste le ofreció un ejemplar del fa-
rez, sino la crítica histórica, el fallo de la historia, armados y moso panfleto, que esperaba que alguna vez escribiera otro que
fundados en documentación científica. No el documento solo, se llamara El verdadero Díaz. En efecto, Bulnes lo escribió. Y
sino el criterio con que se maneja, pues suele ocurrir que sien- ¿no hemos visto ya que Porfirio Díaz pidió a Fernando Iglesias
do verdaderos los documentos, la historia resulta falsa. Y eso Calderón que lo refutara, porque era el único que podía hacer-
fue lo que Iglesias Calderón y otros historiadores hicieron para lo con verdad?
invalidar la aparatosa argumentación de Francisco Bulnes: ma- El verdadero Juárez produjo una conmoción nacional, insis-
nejar con criterio histórico los documentos. timos. Centenares de artículos, folletos, libros, libelos, panfle-
Mucha insidia, mucha argucia, todos los recursos de la fala- tos, salieron de nuestras prensas para atacar, sin lograrlo, aquel
cia y la sofistería se han usado para dar a la mentira apariencias sacrilegio: un estado de ánimo previo y latente, el resentimien-
de verdad en la lucha por derribar a Juárez del pedestal que le to de la clase vencida, encontró en las páginas de Bulnes su
ha levantado la gratitud nacional. Los partidarios y defensores confirmación, aunque en la fila opuesta no causaron mella: la
de Juárez, y más que sus defensores y partidarios, los amantes de devoción juarista se afirmó, la estatua del héroe creció más de
la verdad, esto es, los historiadores, han tenido que desplegar un palmo y se multiplicó al recibir del propio gobierno de Por-
una mayor habilidad, vigilia y entendimiento para atajar la firio Díaz consagración nacional. Y se puede decir que el héroe
falsedad y la patraña tan espectacularmente urdidas. Uno de y el patricio, el iconoclasta y el panfletario, quedaron frente a
ellos, tal vez el que mejor aprovechó el monte de papeles escri- frente: el uno, con la Constitución y la bandera en las manos,
tos al respecto, fue Fernando Iglesias Calderón. […] y en los labios el himno; y el otro, con su libro en la mano. Al
Iglesias Calderón sólo por excepción pierde la compostura. grupo, agréguese a Fernando Iglesias Calderón, autor de Las
A lo largo de centenares de páginas se mantiene ecuánime, supuestas traiciones de Juárez, a la que jamás objetó Bulnes de
respetuoso de la dignidad de los hombres, de su derecho a manera sistemática, ni se confesó vencido, pese a la declaración
discrepar y a pensar libremente, aunque en el ejercicio de esos de que lo haría si la victoria no quedaba de su parte. Y no
sagrados derechos yerre. La mentira deliberada, la mala fe, lo quedó. G

Símbolo de la soberanía nacional


Salvador Novo

Éste es un discurso pronunciado en el palacio nacional el 19 figura de Juárez no necesariamente entraña en quien lo haga la
de julio de 1966, con motivo de las anuales, y no siempre vocación del panegírico, ni la dudosa felicidad de la elocuencia.
tan afortunadas, exaltaciones de la memoria de Juárez No exige el patricio las nubes de un incienso que instale entre
él y quien eleve la mirada a la claridad imperturbable, de su
perfil, una distancia que los divorcie, mientras aroma su rela-
Si consciente de mi carencia de dotes oratorias, he aceptado el ción con perfumes de muerte. Ni acercarse a él presupone la
honor de pronunciar hoy lo que en mis labios no podrá alcan- jactancia de que al cúmulo de brillantes exégesis que el respeto
zar la altura de un discurso, es porque siento que acercarse a la y la admiración universales han allegado al estudioso de nues-

número 423, marzo 2006 la Gaceta 25

a
tra historia para documentar la minuciosa disección de su vida en cualquiera de los ramos del saber humano. El deseo de
a
y de su obra, pudiera una voz débil y una pluma modesta agre- saber y de ilustrarse es innato en el corazón humano. Quíten-
gar un elogio que ya no se haya dicho, o contribuir un dato que se las trabas que la miseria y el despotismo le oponen, y él se
no sea conocido. ilustrará naturalmente, aun cuando no se le dé una protección
Fechas, libros y estatuas: si bien, en su estatismo, son ger- directa.”
men y votivas lámparas que preservan y delegan de una en otra Hoy, el gobierno de la revolución ha llevado hasta sus últi-
generación de mexicanos el culto y el recuerdo; si son el atala- mas consecuencias este temprano pensamiento de Juárez. El
ya y el ejemplo de una existencia cumplida y cimera, no cons- señaló el primero causas y males; y en la medida de los escasos
tituyen ciertamente la única perdurable presencia de Juárez recursos de su tiempo, acudió a remediarlos. Es clara ahora la
entre nosotros. Son como las coronas fúnebres depositadas supervivencia cumplida de su esquema de redención, cuando
sobre el mármol de su reposo. Son concreción y símbolo del de acuerdo con las leyes —el arma invencible que él esgrimió
amor que los mexicanos de ayer le tuvieron; de la admiración siempre, después de forjarla con el acero de su inteligencia y de
que los extranjeros le profesaron. Se le tributan —en la cere- su intuición, en el yunque de la voluntad popular—; cuando
monia, en el panteón o en el plúteo de las bibliotecas—; son en de acuerdo con las leyes de una constitución que es hija robus-
las fechas cívicas como llamadas de honor; y se apagan los dis- ta de la de 1857, el hombre, el ciudadano, ya no carece de lo
cursos, o se empolvan los libros, mientras nos reintegramos a preciso para alimentar a su familia, ni ve como un bien muy re-
una vida que, en apariencia, al restituirnos a un siglo que Juá- moto la instrucción de sus hijos, ni éstos alquilan su débil tra-
rez ya no alcanzó, le instala en un pretérito reverenciado y bajo personal. En la Ley del Trabajo; en el Seguro Social; en la
muerto. protección de la infancia; en la diversificación de la enseñanza
Pero ¿es así? ¿No está Juárez aún vivo y presente en la patria y en su tecnificación, se realizan hoy, como en el árbol frondo-
que hoy lo recuerda, entre nosotros, que visitamos su recinto? so se multiplica y cumple el sueño críptico de la milagrosa se-
Pienso, al contrario, que nos es imposible, en 1966, diso- milla, los ideales de Juárez.
ciar el presente nuestro y el pasado suyo, que en nuestros días Cuando hoy vemos a la mujer compartir derechos y deberes
asume una clara, vigorosa continuidad; que es marcha acelera- cívicos y sociales con el hombre, estamos también asistiendo a
da y sin tregua en el camino que él desbrozó para México: el la realización de un programa suyo de gobierno, que preconi-
camino que él recorrió, trazando al hacerlo la configuración zaba “formar a la mujer, con todas las recomendaciones que
material y espiritual, eterna por ende, de la patria. exige su necesaria y elevada misión, es formar el germen fecun-
Indio zapoteca: de la raza que labró en piedra los milagros do de regeneración y mejora social”.
de Mitla y de Monte Albán, podemos imaginarlo como el des- Cuando aún no extendía hasta la capital de la república el
pertar, como el surgimiento de la más antigua y auténtica si- trazo de la patria, nacida en su persona en la sierra de Guelatao
miente racial: como al mexicano que por sangre, lo es más que y asentada para una primera floración en el almácigo de Oaxa-
los iniciadores de una Independencia criolla y mestiza. Nacido ca, ya desde ahí y desde entonces percibía la necesidad de inte-
en los montes, como las fuerzas mágicas de la naturaleza: como grar, de las partes, el todo de un país a la sazón escindido por
los dioses —los trece dioses zapotecas— en quienes el niño alcabalas, distanciado por falta de caminos, y ajeno a un mundo
pastor ya no creía, porque se apresuraron a revelarle otros. en el que debía conquistar un sitio. “Yo veo que es fácil —es-
Cuando el niño va a pie desde la sierra hasta la ciudad —desde cribió— destruir las causas de esa miseria. Facilitemos nuestra
Guelatao hasta Oaxaca—, la patria ha comunicación con el extranjero y con
dado con él el primer paso en configu- De nuevo, a partir del 31 de mayo los demás estados de la república, abrien-
rarse en la mente y en el corazón del de 1863, el mapa de México va do nuestros puertos y nuestros caminos;
estudiante, del abogado, del gobernador. a trazarse bajo las ruedas del dejemos que los efectos y frutos de pri-
Allí permanece, madura, toma concien- carruaje en que peregrina su mera necesidad, de utilidad, y aun los de
cia de sí mismo y de sus deberes. soberanía: San Luis, Saltillo, lujo, se introduzcan sin gravámenes ni
Cuando hoy hallamos natural y plau- Monterrey, Paso del Norte. Nada trabas; y entonces lo habremos logrado
sible que la educación impartida por el más dramático ni grandioso que todo.”
estado se complemente con los desa- la imagen de este indio adusto e Pero si su intuición le hacía avizorar
yunos escolares, estamos ya lejos, y por irreductible, símbolo y encarnación desde la provincia las magnitudes de la
paradoja, cada vez más cerca, de una de la soberanía nacional, seguido patria y los horizontes del mundo; y en
realización que se inspira en sus lúcidos en su éxodo por su gabinete la provincia poner a prueba la bondad de
raciocinios. Es el gobernador oaxaqueño y por un puñado de leales su visión de estadista, no tardaría en
quien primero percibe que el atraso no ampliarla hasta la capital: en vincularse a
puede cancelarse con la instrucción, si ésta no se acompaña con los latidos del corazón liberal con que los constituyentes del 57
la abolición de la miseria: “El hombre que carece de lo preciso se esforzarían en galvanizar la inercia rígida de un México, si
para alimentar a su familia, ve la instrucción de sus hijos como libre ya de las cadenas políticas, aún aterido por las espirituales:
un bien muy remoto, o como un obstáculo para conseguir el un México que aún no se encontraba a sí mismo: que aún no
sustento diario. En vez de destinarlos a la escuela, se sirve de aprendía a distinguir a los hombres perecederos y mutables, de
ellos para el cuidado de la casa o para alquilar su débil trabajo los programas, que sólo depurados en leyes son capaces de
personal, con que poder aliviar un tanto el peso de la miseria conjugar las duras experiencias del pasado, asentarse en ellas y
que lo agobia. Si ese hombre tuviera algunas comodidades; si erigirse en faros asomados al porvenir.
su trabajo diario le produjera alguna utilidad, él cuidaría de La Constitución del 57 irradia como un sol nuevo a ilumi-
que sus hijos se educaran y recibieran una instrucción sólida nar los ámbitos de una patria convulsa y desangrada. Los años

26 la Gaceta número 423, marzo 2006

a
siguientes van a integrarla. Y será Benito Juárez quien, al reco- de consolidar, unificada, la patria republicana, perdurable,
a
rrerla, la engrandezca con su presencia, y se engrandezca al digna y capaz de realizar los más altos sueños del hombre
contacto errabundo de la dispersión de esa patria. Jalapa, la austero que había señalado con dedo inflexible las rémoras
prisión de San Juan de Ulúa, La Habana —y Nueva Orleans—. que la frenaban; y que había estipulado la firmeza de los prin-
Es el destierro; pero es también el contacto con otro país, ve- cipios que habrían de superar, en paz y en concordia, aquellas
cino, empeñado asimismo en consolidarse, y amigo reconcilia- rémoras.
do. La patria se amplía y delimita, mirada a la distancia de la “En estas circunstancias —confía el benemérito en una
esperanza. A ella se puede regresar y servirla humildemente carta a don Basilio Pérez Gallardo— una sola cosa puede con-
desde Acapulco hasta el triunfo liberal. Pronto vuelve Juárez a solarme… y es el convencimiento de que no pasarán ya perdi-
peregrinar, y con ello, a llevar consigo el escudo y la espada de das para los mexicanos las lecciones de la experiencia; y que
la legalidad: a Querétaro, a Guanajuato, a Guadalajara, a Coli- unidos como hermanos por el vínculo poderoso de las ideas,
ma, a Manzanillo. Las puertas que pedía que se abrieran, lo sabremos utilizar con acierto la enseñanza de lo pasado al pen-
reciben en Veracruz —y las leyes de reforma son promulgadas: sar en el porvenir.”
las que serán cimiento inconmovible del México soñado en Así lo ha hecho el México en que Juárez pervive —raíz del
Oaxaca. árbol que la revolución fortaleció, sin adulterarlo, con su san-
De nuevo, a partir del 31 de mayo de 1863, el mapa de gre—. Nuestro México no olvida su pasado cuando avanza,
México va a trazarse bajo las ruedas del carruaje en que pere- firme, hacia el porvenir.
grina su soberanía: San Luis, Saltillo, Monterrey, Paso del “Cátedra insigne de México” —llamó a Guelatao de Juárez
Norte. Nada más dramático ni grandioso que la imagen de este el candidato Díaz Ordaz al visitarla el 14 de enero de 1964.
indio adusto e irreductible, símbolo y encarnación de la sobe- Cátedra, en efecto, permanente, de legalidad, fórmula interna-
ranía nacional, seguido en su éxodo por su gabinete y por un cional de convivencia: El señor presidente de la república cifró
puñado de leales. A las torpes ambiciones locales que habían en aquella ocasión el concepto que hoy he intentado dirimir
antes dividido al país, se sumaba ahora la agresión extranjera, ante ustedes al invitarles a asomarnos, a percibir en el aire de
con todos los recursos materiales del triunfo, a enajenarlo. “Y libertad y de progreso que respiramos, la vigencia de Juárez.
pues lo tenéis todo, falta una cosa: dios” —pudo exclamar mu- Dijo entonces el señor Presidente —y yo no podría expre-
chos años después el poeta—; Juárez, errabundo, sabía que sarlo mejor para concluir—: “Juárez y México están fundidos
Napoleón III lo tenía todo; pero que faltaba el único dios en para siempre. Pronunciar el nombre de uno implica pronun-
quien él creía: la ley, la legitimidad, la soberanía emanada de la ciar el nombre del otro. México, antes de Juárez, no era sino
voluntad popular. un alboroto de facciones; después de Juárez, fue simplemente,
Y la ley se impuso y triunfó. Y a su conjuro, obró el milagro la patria.” G

Emancipador de la conciencia humana


El Federalista

Hemos recuperado este y los siguientes textos de La prensa personalidades más completas de la historia; Juárez fue un
valora la figura de Juárez, estudio y compilación de Carlos hombre necesario. Fue un corolario obligado de una de esas
J. Sierra que la Secretaría de Hacienda publicó en 1963. grandes leyes que rigen el desarrollo social de la especie huma-
Este artículo se atribuye a la redacción El Federalista, diario na, leyes misteriosas, cuya vaga analogía con las leyes físicas
en el que apareció el 18 de julio de 1874 percibimos tan sólo, pero que, teniendo por el eje el espíritu
del hombre y por perímetro la perpetua transformación de las
cosas y la inanidad de la muerte, sólo nos revelan por algunas
Las grandes ideas, para convertirse en grandes realidades, ne- series de realidades concretas, como el infinito espacio en el
cesitan encarnarse en alguna de esas individualidades podero- cual nos sentimos vivir, pero que no alcanzaremos a percibir
sas que aparecen de tiempo en tiempo en la historia, y que son, jamás.
por decirlo así, guías más bien que servidores de la causa eter- La teoría de los hombres necesarios, en la cual creemos con
na del progreso humano. Uno de los fenómenos históricos más la misma inquebrantable convicción que en el progreso final
raros es el de la concentración en un solo hombre de estas dos de los pueblos, sólo puede inducirse de los hechos innegables.
misiones, con una de las cuales basta para sobrepasar el límite Los gérmenes de las ideas modernas en México datan sin duda
de las fuerzas morales de una personalidad sola: la iniciación y de la formación misma de la sociedad actual en el siglo xvi;
la ejecución de un movimiento político, social o religioso. pero qué lenta, qué laboriosa ha sido esa marcha, y cuán lejos
Uniendo los dos extremos de la vida pública de Benito Juá- estábamos de una organización definitiva de esos principios,
rez se palpa este resultado: inició, sancionó y consumó la vic- cuando estalló 1a revolución de Ayutla. Esta revolución
toria de la emancipación de la conciencia humana en su país, misma, que parecía ser un sacudimiento incontrastable de
como Guillermo de Orange, como Jorge Washington, las dos nuestra secular apatía y que respondía a uno de los movimien-

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a
tos más profundos de la opinión de que hay ejemplo en nues- ciencias abdicaran en la conciencia de un solo hombre; bastaba
a
tros anales, amenazó ruina al otro día del triunfo, gracias a un que todas las libertades abdicaran en la libertad de un tirano
defecto de nuestro carácter nacional, el espíritu de transac- solo (y este era el dogma religioso y social de la época), para
ción, hecho carne en el hombre desgraciado que regía enton- que la colisión fuera inevitable, para que la dignidad humana
ces nuestros destinos. despertase un día en el corazón de los siervos; y aquel día de
Era preciso, y parecía imposible, que se levantara de entre incontrastable fuerza debía ser el último del régimen colonial,
aquel génesis de un nuevo periodo, un gran carácter, una inte- prolongado mucho más acá de nuestra independencia.
ligencia que concibiera simplemente el derecho, que no supie- ¡Qué papel el de Juárez en esas horas supremas! Y cómo,
ra distinguir un término medio entre el deber y la convenien- cuando llegó a un llamamiento de la reacción en agonía el
cia, y una voluntad que fuera una con- auxilio de aquel que por desgracia de la
ciencia ¡Qué papel el de Juárez en esas Francia llevó al trono imperial el espíri-
Tal fue Juárez. horas supremas! Y cómo, cuando tu esencialmente aventurero y rapaz de
Esta inquebrantable firmeza, que al- llegó a un llamamiento de la su familia, la personalidad de aquel in-
gunos, no sin probabilidades de acertar, reacción en agonía el auxilio de dígena sublime creció a la altura de un
consideran extraña al temperamento aquel que por desgracia de la mito! Era que el espíritu de nuestra na-
peculiar de nuestra raza, había de re- Francia llevó al trono imperial el cionalidad despertaba; era que latía por
presentar un papel decisivo en nuestros espíritu esencialmente aventurero y vez primera el corazón de una patria,
destinos. rapaz de su familia, la personalidad bajo la mano austera y firme de Juárez,
Ahora ya podemos empezar a juzgar de aquel indígena sublime creció a la sí, por la vez primera, porque entonces
de aquella situación. Ya nos separa de altura de un mito! la patria no significaba un mote encu-
ella mucho tiempo, y sobre todo, mucha bridor de nuestro raquítico orgullo, sino
sangre; podemos ser imparciales, puesto que hemos vencido. que era la frase simbólica del derecho humano en combate con
No encontrarán eco en la cavidad de esa tumba augusta las de- todos los ultrajes; por vez primera, porque era aquella la gran
clamaciones banales que nos pintan a la república de enton- batalla de la reforma, convertida en guerra de independencia;
ces como una Babilonia clerical: mucho de eso había, porque era la defensa del trabajo libre, convertida en defensa del te-
el hombre que puede dominar y no necesita trabajar, es decir, el rritorio; era la bandera de un partido que se convertía en es-
fraile, se encuentra obligado fatalmente a todas las torpezas y tandarte de una nacionalidad; era que el sostén de una nacio-
a todas las corrupciones; pero aun cuando así no hubiera sido; nalidad era la expresión de la eterna lucha por la libertad del
aun cuando aquellos soldados hubieran sido honrados y bravos hombre.
como unos espartanos; aun cuando aquellos clérigos hubieran Todas nuestras esperanzas, nuestra fe, nuestro intenso dolor
llevado la santa vida de Vicente de Paul, la lucha debía venir; formaron un pedestal gigantesco y sombrío, como si hubiera
era aquella la lucha por la vida: no se trataba de una autonomía sido hecho con las rocas ensangrentadas de nuestras montañas,
precaria, mantenida gracias a la mayor o menor utilidad de un a la figura serena de Juárez; en la hora del triunfo, cuando un
vecino formidable, ni de vestirnos de un nacionalismo jactan- destello del sol reverberó sobre aquella base indestructible,
cioso, que más parecía inspirado por una suerte de provincia- sobre aquella frente de bronce, comprendió el mundo lo que
lismo de campanario, que por el culto santo y puro de la patria; ese hombre era, lo que esa personalidad significaba; la repúbli-
no: se trataba de asimilarnos las condiciones de progreso de la ca recogió como en un haz divino todos los destellos de su
moderna vida social; se trataba de quitar trabas a la inteligen- alma, y los dispersó en derredor de aquella cabeza augusta.
cia, para que no muriera atrofiada; se trataba de quitar trabas En medio de ese apoteosis, entre aquella fulguración inten-
a la conciencia, para que no pereciera en la asfixia; se trataba sa, la misión de Juárez, como representante de la humanidad,
de emancipar al hombre como instrumento de producción, de concluyó. Ni un solo recuerdo amargo se evoca hoy en derre-
trabajo y de libertad; para eso no necesitábamos que los opre- dor de su sepulcro. Le vemos bajar entre aquel triunfo inmen-
sores fueran más monstruosos; bastaba con que todas las con- so, no a la tumba, sino a la memoria inmortal de la patria. G

Hidalgo y Juárez
José María Vigil

El Monitor Republicano albergó una columna El domingo último tuvo lugar la inauguración del monumento
de José María Vigil, que el 18 de julio de 1880 decretado a la memoria del ilustre ciudadano Benito Juárez.
la dedicó a los pilares de la independencia mexicana. Fiestas de esta naturaleza honran grandemente a los pueblos
En el sumario respectivo daba cuenta de la en que tienen lugar, porque indican que en el fondo del cora-
“Inauguración de un monumento. Merecido zón humano existe inextinguible el sentimiento de la gratitud,
tributo de gratitud popular. Principio y fin que se manifiesta de mil maneras hacia los hombres que han
de la revolución mexicana. Hidalgo y Juárez” consagrado su existencia en bien y mejora de sus semejantes.

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a
El señor Juárez es uno de esos hombres excepcionales, cuyo y obedeciendo a un instinto que no los engaña, precipitan la
a
nombre se haya identificado con los acontecimientos más im- marcha de los acontecimientos, imprimiéndoles la dirección
portantes de nuestra historia. De humilde origen, como la más adecuada al fin que se proponen.
mayor parte de los héroes de la humanidad; de una raza que Dos figuras presenta nuestra historia que parecen vaciadas
lleva todavía sobre sí el profundo sello que imprimió la mano en el mismo molde, pues ofrecen una grande analogía en los
del conquistador, supo por la sola fuerza de su genio alzarse a rasgos prominentes de sus caracteres respectivos. Esas dos figu-
una inmensa altura, en que dominando las tempestades revolu- ras son Hidalgo y Juárez. Ambos consagrados a tareas pacíficas,
cionarias, sin sentir vértigos ante los no había motivo para aguardar de ellos
insondables abismos que a sus plantas se esa energía indomable, ese valor heroico
abrían, no temió desafiar las iras de los que se necesita para encabezar los gran-
poderes tradicionales que dominaban la des movimientos sociales. Almas de
sociedad, ni afrontar el empuje de na- bronce, en vano se cebaron en ellas la
ciones poderosas, que habían resuelto envidia, el odio, todas las pasiones viles y
destruir en nuestro país la libertad repu- rastreras que no temen vaciar su veneno,
blicana, comprometiendo gravemente al verse profundamente heridas por un
el principio de la independencia. poder que son incapaces de comprender
Juárez tenía una vasta inteligencia, y de medir. Superiores a las preocupa-
pero no fue ese su principal mérito. El ciones de su época, alzaron sin vacilar la
secreto de su gloria se encuentra en la frente en medio de la oleada que amena-
incontrastable fe de su corazón de pa- zaba sumergirlos, y cuando más tremen-
triota, en esa especie de intuición que das rugían las tempestades a sus plantas,
poseen ciertos hombres sobre los altos fijaban de hito en hito la mirada de águi-
destinos que tienen que llenar, y que los la en el sol de justicia eterna que inunda-
conserva serenos en medio de los mayo- ba su inspirada frente. Hidalgo y Juárez
res peligros, cual si una voz misteriosa son el principio y el fin, el alfa y el omega
les dijera que ningún temor deben abrigar, porque han venido de la revolución mexicana, y al través de medio siglo se dan las
al mundo con una misión que nada les impedirá cumplir. César manos como dos genios gemelos que nacieron de la misma idea
tranquilizando con su fortuna al barquero en medio de la tem- y encarnaron el mismo sentimiento.
pestad; Napoleón penetrando en medio de los combates con la No es, pues, de extrañar que Hidalgo y Juárez sean los dos
seguridad de no haberse fundido la bala que le había de herir, hombres más queridos del pueblo mexicano, que ve en ellos
son notables ejemplos de esa fe que tiene algo de fatalismo, que sus representantes más fieles, las personificaciones más acaba-
acompaña siempre a los hombres superiores, al acometer y das de sus deseos, de sus sufrimientos y de sus esperanzas; y
consumar las grandes empresas que una vez han concebido. no es de extrañar tampoco que las clases privilegiadas, las fac-
Diríase que esos seres privilegiados, que reúnen a la vez el ciones que enarbolaron en todos tiempos la bandera del retro-
valor del caudillo, la fe del apóstol y la abnegación del mártir, ceso y del absolutismo, no puedan pronunciar aquellos nom-
reconcentran en su alma como en inmenso foco, todas las as- bres sin sentir los calambres del odio, las contorsiones epilép-
piraciones legítimas de la sociedad en que viven; que escuchan, ticas del rencor que no olvida ni perdona. Esas clases jamás
interpretan y encarnan las quejas de las clases desheredadas, los olvidarán ni perdonarán a Hidalgo, que haya lanzado el grito
derechos desconocidos por los felices de de rebelión contra el derecho divino
la tierra, las esperanzas que sonríen en Almas de bronce, en vano se que mantenía aherrojada a la colonia, ni
un porvenir lejano, y las cóleras que cebaron en ellas la envidia, el odio, a Juárez que haya roto el último eslabón
hierven en las esferas sociales donde todas las pasiones viles y rastreras de la cadena que ligaba a México con las
sólo se ha sabido padecer y sufrir duran- que no temen vaciar su veneno, tradiciones de la edad media. Hidalgo y
te una larga serie de generaciones. al verse profundamente heridas por Juárez continuarán, pues, siendo el tema
Hombres de sentimiento y de acción, un poder que son incapaces de de estudios apasionados en que se em-
tal vez ignoran ellos mismos la magni- comprender y de medir. Superiores plearán preferentemente plumas empa-
tud de las empresas que llevan a cabo. a las preocupaciones de su época, padas en la hiel del despecho y de la
Naturalezas esencialmente sintéticas, alzaron sin vacilar la frente en medio impotencia.
abarcan en su conjunto las situaciones, de la oleada que amenazaba En cambio, la gratitud de los pueblos
descubren y generalizan las causas más sumergirlos emancipados, de los siervos convertidos
ocultas, y salvando los límites de la lógi- en ciudadanos, de las multitudes resti-
ca y del tiempo, llegan de un salto a sus resultados más tras- tuidas al goce de derechos inalienables, fijará una mirada en-
cendentales, como sí una fuerza interior los impulsara fuera de ternecida en esos dos astros de primera magnitud que brillan
las vías comunes que trabajosamente recorren el político y el en nuestro cielo político; y en las épocas de duda, de oscuridad
estadista. y abatimiento, el pueblo mexicano pronunciará los nombres de
Mientras que el sabio pesa, analiza y descompone en el si- Hidalgo y de Juárez como los de dos genios tutelares, que
lencio de su gabinete los grandes problemas sociales, perdién- desde las regiones de ultratumba velan sobre los destinos de la
dose a menudo en las quimeras que forja su propia inteligencia patria e inspiran a sus buenos hijos la fe, la constancia y la ab-
y echando por el camino menos verosímil, los hombres de negación que ellos poseyeron en grado heroico, a fin de que su
genio como Juárez remontan el vuelo a regiones inexploradas, obra sea llevada a feliz término. G

número 423, marzo 2006 la Gaceta 29

a
a
Juárez
Justo Sierra

Biógrafo apasionado de Juárez, Justo Sierra publicó correr a torrentes por los canales respiratorios de sus cordille-
el 21 de julio de 1872, en El Federalista y con dedicatoria ras de oxígeno generador de la fiebre de la libertad; el día bri-
a Emilio Castelar, este panegírico, en que el dolor llaba tanto en América, que empezaba a iluminar las tinieblas
personal se funde con la estimación histórica europeas. Era nuestro cenit, una aurora en ultramar. Y tembla-
ron los asfixiadores del género humano.
La marea de la invasión subió amenazadora; todo quedó
El más grandioso periodo de nuestra historia nacional acaba de hundido, todo, exceptuando la rompiente en que se abrigó el
cerrarse con el mármol de un sepulcro. ¡Juárez ha muerto! arca santa de la república; todas las frentes se inclinaron, todas,
Intérpretes de la juventud liberal que ama en vuestra voz la exceptuando la frente de Juárez, que permaneció, ante el hun-
personificación más elocuente de las democracias latinas, dimiento de nuestra autonomía, erguida como sólo puede er-
hemos querido asociarnos al duelo del país entero, hemos que- guirse la conciencia ante la fatalidad.
rido que, al pasar definitivamente a la posteridad, el nombre Y de ese escollo jamás quebrantado, tras la invasión que
del patricio sellase vuestra carta de ciudadanía mexicana, y para huía, de campanario en campanario, se precipitó nuestra águi-
nuestra gloria y para vuestra honra, colocamos sobre esa frente la anidando en los picos volcánicos de nuestra sierra, sublimes
de gigante vuestro laurel de bronce. campanarios de los Andes americanos.
Vos lo sabéis: el que ha muerto encarnó en México el adve- Vos lo sabéis, vos que lo habéis proclamado así en la tribuna,
nimiento de las ideas redentoras de nuestro siglo; su impasible al par que Victor Hugo en Patmos, y en Caprera, Garibaldi, el
figura se destaca en el horizonte matinal de la Reforma, como Ruy Díaz de la era nueva.
un dedo de granito escribiendo la profecía de muerte en medio Y por eso Juárez ha conquistado el derecho de hacer de la
de la orgía lúgubre de la reacción. Cuando ese raquítico soña- bandera mexicana su paño mortuorio.
dor del mal (Napoleón III), que concibió desde su trono bizan- Mañana se levantará en Europa, contra ese gran recuerdo,
tino el designio de desenterrar el cadáver de la tradición mo- la grita de los asalariados del odio. Os damos, tribuno, la pala-
nárquica de su tumba impura, profanó con sus legiones nuestra bra en defensa nuestra. Decidles que tenemos mucho amor a
tierra americana, Juárez tuvo la suerte de representar el princi- nuestra patria, para no santificar las virtudes del que ha muer-
pio de las nacionalidades, reconquistadas por el derecho y to, y mucho orgullo para no arrojar sobre sus faltas el manto
conservadas por la libertad, contra el hombre que si pensaba de nuestras glorias.
restaurarlas por el pueblo quería guardarlas para los césares; Entretanto, al cerrar de la tumba junto a la cual suenan con
fue el derecho de América a vivir, a respirar libre y soberana, eco tan solemne las palabras constancia y fe, hacemos ardientes
desde donde engarzasen congelados cristales el eje imantado votos por la república española, que será hija de vuestra fe y de
de los polos, hasta su cíngulo tropical, bordado por las conste- vuestra constancia.
laciones y cerrado por el sol; tierra peligrosa era la que dejaba Salud y fraternidad. G

El camino de Damasco
Ángel Pola

El 18 de julio de 1902 apareció en El Imparcial, de la ciudad Municipal, el panteón y un portal, donde están las escuelas de
de México, este artículo que no es tanto una celebración niños y de niñas y la biblioteca pública. En el centro del pobla-
juarista como un intento por explicar el cambio do hay un jardín, y junto, una laguna de 80 metros de diáme-
profundísimo en la imagen que el modesto niño zapoteco tro, cuyas aguas límpidas y serenas cambian de colores por
tuvo de su propio destino quién sabe qué artes: unas veces son claras; otras negras; otras
coloradas; otras de color café; en fin, pasan y repasan por mil
matices. Por esto la denominan laguna Encantada. Frondosos
San Pablo Guelatao es un pueblito asentado en la rama Orien- y altos fresnos ciñen sus riberas y hacen delicioso el lugar,
tal de la Sierra Madre, a 55 kilómetros de la ciudad de Oaxaca. donde las familias celebran días de campo y verbenas, y discu-
Su perímetro mide 20 950 metros y el número de sus habitan- rren en los de fiesta al toque de la música del pueblo.
tes asciende a 354. Sus casas son de adobe y teja; y sus edificios El clima es tropical y templado. Se producen el limón, el
principales dos iglesias de arquitectura moderna, el Palacio naranjo, el mango y la caña; el durazno, la pera y otras frutas.

30 la Gaceta número 423, marzo 2006

a
Sus habitantes viven de la agricultura y la horticultura. Cose- de Oaxaca. Iba el pobrecillo con sólo su ropa en el cuerpo:
a
chan maíz, frijol, arveja, lechuga, rábano, tomate, cebolla, ajo sombrerito de palma, camisa y calzoncitos de manta y cacles.
y col. Siembran en primavera y en otoño, pero la primavera A trechos, parecía detener el paso para escuchar la voz de su
siempre es de regadío. El acueducto llega al río Hiloovetoo, conciencia en la lucha sostenida entre el amor a su hogar y el
afluente del río grande de Ixtlán. temple de su carácter. Así, con estas tempestades en su alma,
En este pueblito hay dos cosas, que son las más grandes: una hermosa y pura, llegó a la ciudad y paró en la casa de don An-
choza, en contraste con lo demás del caserío, situada a 50 me- tonio Maza, español y amo de su hermana Josefa. Éste fue su
tros del palacio municipal, y una estatua, que destaca en el camino de Damasco.
jardín. La estatua representa a un indio que nació en la choza: A poco de transcurrir tiempo, Josefa le puso a servir con
a Pablo Benito Juárez. don Antonio Salanueva, tercero descubierto de la 3a orden de
De este indio, ejemplar peregrino de energía, cuyos padres San Francisco y encuadernador de libros. Cerca de este buen
fueron Marcelino Juárez y Brígida García, quedan de pie toda- hombre completó su instrucción primaria, y en seguida se
vía gentes de su sangre: María Ruiz, de edad 100 años, mujer matriculó en el colegio Seminario, en que había dos cátedras
de Justo Juárez, primo hermano de Marcelino, y sus hijos de gramática, una de filosofía, una de teología moral y otra de
Ruperto, Juan y Anastasio, que cuentan respectivamente 50 teología dramática.
y 65 años. Vive también Felipe García de 90, primo de Pablo El 8 de enero de 1827 abrió sus puertas el Instituto de cien-
Benito Juárez. Dice Felipe que éste su primo, quedó huérfano cias y artes del estado, y él fue uno de los primeros alumnos:
de padres cuando rayaba en los ocho años; Marcelino falleció se inscribió en la 8a. aula, que era la de derecho natural y civil,
en el portal del palacio de gobierno de Oaxaca, en una de sus desempeñada por el licenciado José María Arteaga.
idas para vender fruta, y descansa en el Patrocinio. Brígida, en La noche del jueves 30 de julio de 1829, en el instituto, de-
Guelatao y yace en uno de los templos. fendió en acto público estas tesis de derecho:
No le dejaron recurso alguno a Benito, sino su trabajo, que 1] Los poderes constitucionales no deben mezclarse en sus
fue siempre su sostén. Entonces buscó refugio en el hogar de funciones.
su tío Bernardino, de índole recta y severa, que tenía por inte- 2] Debe haber una fuerza que mantenga la independencia y
reses un solar contiguo a la Laguna Encantada y un rebaño de el equilibrio de estos poderes.
ovejas. El huérfano dedicóse a su cuidado. Antes del pastoreo, 3] Esta fuerza debe residir en el tribunal de la opinión pú-
entraba en la escuela particular de Domingo García, nativo del blica.
lugar. Después, arreaba a sus animalitos. A veces, trepado a un El 12 de agosto de 1830, en el mismo plantel, sostuvo pú-
árbol, les peroraba en su lengua, en zapoteco. blicamente estas otras conclusiones:
Un día, el miércoles 16 de diciembre de 1818, por andar ju- 1] La elección directa es más conveniente en el sistema re-
gando con uno de sus amiguitos de infancia no advirtió que su publicano.
rebaño había entrado a saco en una sementera. El propietario 2] Esta elección se hace tanto más necesaria cuanto más
tomó en rehenes a las ovejas, en tanto no le fuese reparado el ilustración haya en el pueblo.
daño. Perdido de ánimo el pastorcito y puesta su considera- ¿Todo esto no revela al pontífice impasible y perseverante
ción en la severidad de su tío, huyó del pueblo y tomó camino de la república y la reforma? G

número 423, marzo 2006 la Gaceta 31

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DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Abril 2006 Número 424

Sergio Pitol,
nuestro Cervantes
■ Daniel Leyva premia la generosidad
de Sergio Pitol
■ Margo Glantz pregunta a Sergio Pitol
cómo escribe sus novelas
■ ¿Cómo leen franceses y alemanes
a Sergio Pitol?

■ Sergio Pitol sobre Henríquez Ureña


y sobre Joseph Conrad
■ Un fragmento de El corazón de
las tinieblas, de Joseph Conrad,
traducido por Sergio Pitol
■ Dos textos autobiográficos de Sergio Pitol:
Autobiografía precoz e Iván, niño ruso
■ Hacia occidente: un cuento
de Sergio Pitol

■ A diez años de la muerte de


Jaime García Terrés: “Las librerías de viejo”
ISSN 0185-3716

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Sergio Pitol, Sumario
nuestro Cervantes Sergio Pitol o la generosa generosidad 2
Daniel Leyva
No es que la euforia nos haya trastornado el juicio: nadie puede Diálogo con Sergio Pitol 4
atribuir a un escritor vivo la inmortalidad literaria de que goza Margo Glantz
el autor del Quijote. Pero decir que Sergio Pitol es nuestro Cer- Henríquez Ureña visto por sus discípulos 8
vantes dice lo obvio y algo más. El próximo 23 de abril, de Sergio Pitol
manos del rey de España, el novelista poblano recibirá el premio Autobiografía precoz 12
que esta vez cumple 30 de haber sido entregado por primera Sergio Pitol
ocasión (Jorge Guillén inauguró en 1976 la nómina de quienes Iván, niño ruso 15
han recibido el “Nobel de la lengua española”). Pero al llamar Sergio Pitol
“nuestro” a este Cervantes reivindicamos la nacionalidad del Conrad, Marlow, Kurtz 16
más foráneo de nuestros narradores así como el honor de contar Sergio Pitol
en el catálogo del Fondo con su obra reunida, que abarca ya El corazón de las tinieblas 20
cuatro volúmenes. La fecha en que recibirá el galardón recuerda Joseph Conrad
el día de 1616 en que falleció el manco lepantino, jornada en Hacia Occidente 22
que también arrojaron su último aliento el Inca Garcilaso y Sergio Pitol
Shakespeare, aunque éste según el calendario juliano; ese día ha Praga la misteriosa 23
sido convertido por la Unesco en Día Internacional del Libro. Gérard de Cortanze
Arrancamos con dos textos emanados de la amistad. De Malintencionada y jubilosa 24
entrada, Daniel Leyva subraya la calidad humana de Pitol con Frédéric Vitoux
un testimonio agradecido que va más allá de lo estrictamente El mexicano 26
personal, pues lo que se predica de don Sergio podría enun- Fabrice Gabriel
ciarlo más de uno. Margo Glantz rescata una conversación con Una marcha dominical con bombo y platillos 27
quien hace 20 años aún se encontraba preparando la obra que Florian Borchmeyer
lo llevaría a ganar el multicitado premio; ese diálogo tras bam- Las tenazas del destino 28
balinas, tan mordaz como la propia narrativa pitoliana, presen- David Wagner
ta aspectos medulares de su quehacer artístico. De la edición Librerías de viejo 30
con que la filial española del fce se suma a los festejos, toma- Jaime García Terrés
mos buena parte de un ensayo sobre Pedro Henríquez Ureña,
el dominicano que tanta influencia tuvo en los círculos cultu- Daniel Leyva, subdirector del inba, es autor de Crispal,
rales mexicanos de la primera mitad del siglo pasado. que recibió el premio Xavier Villaurrutia ■ Margo Glantz
Dos estampas sirven para asomarse a la vida de nuestro ho- es académica de la unam y autora de Historia de una mujer
menajeado. Con un fragmento de su Autobiografía precoz y con que caminó por la vida con zapatos de diseñador ■ Sergio Pitol
el fulgurante repaso del momento en que nació su devoción nació en Puebla en 1933 ■ Sergio Pitol fue consejero
por la cultura rusa, Pitol se presenta ante sus lectores con la cultural en Francia, Hungría, Polonia y la Unión Soviéti-
transparencia de su prosa evocativa, su habilidad para actuali- ca, y embajador en Checoslovaquia entre 1982 y
zar lo remoto y hacer de la experiencia propia algo compartido. 1987 ■ Sergio Pitol ha colaborado en Revista de la Univer-
Hombre de certezas estéticas y congruencias duraderas, su sidad, Revista de Bellas Artes y Letras Libres, y en los suple-
lectura de autores como Conrad ha sido no sólo dilatada sino mentos México en la Cultura, La Cultura en México, Sábado,
íntima, como se ve en su ensayo sobre autor y personajes de El La Jornada Semanal y Hoja por Hoja ■ Sergio Pitol ganó el
corazón de las tinieblas, y en la traducción de esa desoladora no- Premio Xavier Villaurrutia en 1981, el Nacional de Lite-
vela. Pero no vaya a confundirse el lector: la escritura de Pitol ratura y Lingüística en 1999, el de Literatura Latinoame-
es sobre todo alegre, delicadamente irónica, con filo para pe- ricana y del Caribe Juan Rulfo en 1999 ■ Joseph Conrad,
netrar en las contradicciones de esos seres más que humanos escritor inglés de origen polaco, conoció el terror en el
que habitan su prosa, como los que habitan el relato que cierra Congo ■ Sergio Pitol es el tercer mexicano que recibe el
esa porción de este número. Asomémonos por último a lo que Premio Cervantes, después de Octavio Paz (1981) y Car-
en la prensa francesa y alemana se ha dicho sobre don Sergio. los Fuentes (1987) ■ Gérard de Cortanze, ensayista,
Como dijimos al comienzo, en este mes se celebra el Día poeta y traductor francés, ha colaborado en Le Nouvel
Internacional del Libro. Por otro lado, al cabo de este abril se Observateur y Le Monde ■ Fabrice Gabriel, crítico literario
conmemora el primer decenio de la muerte de Jaime García francés, es autor de L’Homme ouvert ■ Frédéric Vitoux es
Terrés. En alegre intersección de esas fechas presentamos su colaborador de Le Nouvel Observateur ■ Florian Borch-
remembranza de las librerías de viejo. (Y entre paréntesis ha- meyer, crítico literario y periodista alemán, es especialista
cemos un mea culpa por la confusión genealógica en que incu- en la obra de Jorge Luis Borges ■ David Wagner, alemán,
rrimos en nuestro número anterior: el Juan de Dios Peza que es historiador del arte y crítico literario ■ Jaime García
fue Ministro de la Guerra con Maximiliano tenía como segun- Terrés fue hombre de letras: poeta, ensayista, traductor,
do apellido “y Fernández de Córdoba” y fue padre del poeta editor de revistas y director del fce entre 1983 y 1988
que nos presentó “Las horas de mayor angustia de Juárez”.)

número 424, abril 2006 la Gaceta 1

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Sergio Pitol
DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
o la generosa generosidad
Directora del FCE
Consuelo Sáizar
Daniel Leyva
Director de La Gaceta
Tomás Granados Salinas Sergio Pitol, el escritor, ganó el Premio Cervantes. Sergio Pitol, el ser humano
bondadoso y solidario, ganaría trofeos a la amistad y al estímulo a sus colegas.
Consejo editorial
Ésa es la emotiva tesis que un beneficiario de su generosidad, convertido hoy
Consuelo Sáizar, Ricardo Nudelman,
Joaquín Díez-Canedo, Martí Soler, en literato de sólida trayectoria, plantea en estos párrafos
Axel Retif, Laura González Durán,
Max Gonsen, Nina Álvarez-Icaza,
Paola Morán, Luis Arturo Pelayo, Hay dos formas de abordar a un escritor. Por sus obras, los conocerán, y por sus actos,
Pablo Martínez Lozada, Geney Bel-
trán Félix, Miriam Martínez Garza, los juzgarán. ¿O acaso es al revés? Por sus obras, los juzgarán, y por sus actos, los co-
Fausto Hernández Trillo, Karla Ló- nocerán. Sea como fuese, en Sergio Pitol es lo mismo ya que a través de sus obras y de
pez G., Alejandro Valles Santo To- sus actos, sus lectores y sus amigos, en ocasiones no son los mismos, se han beneficiado
más, Héctor Chávez, Delia Peña, de sus libros y de sus acciones, ambas, obras y actos, libros y acciones, fruto de la ge-
Antonio Hernández Estrella, Juan
nerosidad, la generosidad del escritor con sus palabras y del amigo con sus consejos.
Camilo Sierra (Colombia), Marcelo
Díaz (España), Leandro de Sagastizá- Permítaseme iniciar estas páginas abordando no la generosidad del autor, lo haré
bal (Argentina), Julio Sau (Chile), más adelante, sino la generosidad del hombre. Por razones que no importan en este
Isaac Vinic (Brasil), Pedro Juan Tucat texto yo vivía en París a principios de los años setenta y ahí me tocó conocer a Sergio
(Venezuela), Ignacio de Echevarria Pitol antes de haberlo leído. Fue Guillermo Landa, fino poeta originario de Huatus-
(Estados Unidos), César Ángel Agui-
lar Asiain (Guatemala), Rosario To-
co sur Mer y agregado cultural de México, quien me lo presentó como su sucesor.
rres (Perú) Durante el tiempo que Sergio Pitol estuvo en París yo asistí más de una vez a las
fiestas o cenas que brindaba a sus amigos que lo visitaban en su apartamento cercano
Impresión a la Maison de la Radio, en donde conocí a la queridísima y entrañable Vilma Fuen-
Impresora y Encuadernadora tes, y Pitol frecuentaba mi estudio en el Barrio Latino, en donde oíamos boleros de
Progreso, sa de cv
Agustín Lara cantados por Toña la Negra.
Diseño y formación Fue Sergio Pitol quien me presentó con el embajador Carlos Fuentes. Fue Sergio
Marina Garone, Cristóbal Pitol quien me alentó a escribir mi primera novela. Fue Sergio Pitol quien me con-
Henestrosa y Emilio Romano venció de no renunciar al Premio Xavier Villaurrutia diciéndome que ese dinero sería
lo único que ganaría como escritor y además se corría el riesgo de que el gobierno
Ilustraciones
Tomadas de Gods’ Man. A Novel desapareciese el premio y con ello se perjudicase a otros autores. Fue Sergio Pitol
in Woodcuts, de Lynd Ward quien me envió a Barcelona con el manuscrito de mi primera novela. Fue Sergio
Pitol quien me invitó a colaborar en la Dirección de Literatura del inba cuando volví
La Gaceta del Fondo de Cultura Econó- a México, invitación que no pudo concretarse por el famoso despido de Juan José
mica es una publicación mensual edi-
tada por el Fondo de Cultura Econó-
Bremer de la Dirección General del inba. Fue Sergio Pitol quien, finalmente, me dio
mica, con domicilio en Carretera Pi- el que fue mi primer trabajo en México en la Secretaría de Relaciones Exteriores.
cacho-Ajusco 227, Colonia Bosques Y toda esa generosidad con un joven que al inicio ni lo había leído. Toda esa ge-
del Pedregal, Delegación Tlalpan, nerosidad incluso con un joven que no formaba parte de su círculo estrecho de ami-
Distrito Federal, México. Editor res- gos. Por eso estoy convencido de que en Sergio Pitol la generosidad es un reflejo
ponsable: Tomás Granados Salinas.
Certificado de Licitud de Título 8635 natural, como natural y generosa es su escritura, que he gozado como lector a lo largo
y de Licitud de Contenido 6080, ex- de los años, otro regalo, dádiva, gracia o beneficio que he recibido con derroche y
pedidos por la Comisión Calificadora hasta despilfarro, si derroche o despilfarro puede haber en la buena literatura.
de Publicaciones y Revistas Ilustradas Todos sabemos que el autor de Juegos florales es un literato muy particular. Con
el 15 de junio de 1995. La Gaceta del
siete libros de cuentos que van de Victorio Ferri cuenta un cuento a Nocturno de Bujara,
Fondo de Cultura Económica es un
nombre registrado en el Instituto con cuatro novelas que vienen de El tañido de una flauta a La vida conyugal y con una
Nacional del Derecho de Autor, con serie de libros de ensayos como el más reciente El mago de Viena, Sergio Pitol ha
el número 04-2001-112210102100, el cumplido un periplo sobresaliente, un extraordinario viaje, ¿podría ser de otra forma
22 de noviembre de 2001. Registro en un autor dedicado a viajar, dedicado a soñar?, en donde predomina la experimen-
Postal, Publicación Periódica: pp09-
0206. Distribuida por el propio Fon-
tación, la novedad, el asombro y, sobre todo, el gusto por escribir.
do de Cultura Económica. Sergio Pitol nos ha propuesto otra manera de leer la novela, de disfrutar el cuento
y de entender el ensayo. Esa propuesta de escritura, que deviene otra lectura, en su
Correo electrónico momento no fue entendida. Tendrían que venir otros lectores, más allá de las fronteras
gacetafce@fce.com.mx de lo formal, para que esta literatura novedosa en un escritor mexicano nos alcanzara.
Tanto así que es en el extranjero, y sigue siéndolo, donde Sergio Pitol ha encontrado

2 la Gaceta número 424, abril 2006

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el pleno reconocimiento a su obra, obra como pocas se han visto divertidas y divergentes. La literatura de Sergio Pitol nos exalta,
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en las letras mexicanas. Se sabe que el género en el que se inició nos pone fuera de sí, nos vuelve excéntricos. Es una escritura
Pitol fue el cuento, hubo poemas pero de eso no quiere acordar- lanzada como trompo que, donde caiga, siempre da en el centro,
se, y fascinado por la lectura de Jorge Luis Borges se dio a la como ese trompo del poema de Octavio Paz.
tarea de comenzar comunicándose con estructuras narrativas No contento con esto, Sergio Pitol nos ofrece, a través del
complejas que no fueran las del cuento clásico, si bien sus incur- ensayo y con tres libros capitales como lo son El arte de la fuga,
siones narrativas tuvieron la combinación de lo clásico y de lo El viaje y El mago de Viena, otro tipo de escritura gozosa en el
moderno, tal y como ha sido desde entonces su perfil literario. que la crónica, la narración y la autobiografía se mezclan en una
Esta modernidad clásica Sergio Pitol la pudo explorar en la escritura heterodoxa, sin género en que pueda ser encasillada
novela, mismo espacio lingüístico en donde encontraría un te- por un purista historiador de la literatura. Por último, Sergio
rreno fértil, en donde trabajaría más cómodo para exponer sus Pitol añade a sus generosidades la que tal vez sea la mayor que
teorías y sus historias. El Tríptico del Carnaval fue su propuesta un escritor pueda tener, la de traductor. Autores ingleses, rusos,
y reto. Estas novelas, integradas por El desfile del amor, Domar a centroeuropeos y eslavos encuentran en la generosidad de Ser-
la divina garza y La vida conyugal, son la muestra fehaciente del gio Pitol el español necesario para que los podamos leer.
logro artístico a través de la palabra utili- ¿De qué tipo de escritor estamos ha-
zada con imaginación. No es suficiente En Sergio Pitol la generosidad es un blando entonces cuando abordamos a
saber que esta trilogía está sostenida teó- reflejo natural, como natural y Sergio Pitol? De un escritor que goza
ricamente por el crítico ruso Mijaíl Ba- generosa es su escritura, que he antes de escribir. De un escritor que
jtín, en lo que se refiere desde luego a la gozado como lector a lo largo de los convierte los sucesos cotidianos en ele-
explicación del desarrollo carnavalesco y años, otro regalo, dádiva, gracia o mentos artísticos. De un escritor que
paródico de una narración, sino que esa beneficio que he recibido con sabe la importancia de los libros y de la
propuesta narrativa implica una partici- derroche y hasta despilfarro, si escritura. De un escritor que a través de
pación del lector en lo que al plantea- derroche o despilfarro puede haber la palabra nos hace felices. De un escri-
miento se refiere. en la buena literatura tor que intenta renovar estilos anquilo-
Para Sergio Pitol la tragedia no es el sados y conceptuales. De un escritor que
núcleo de sus historias. Con maestría y conocimiento de causa es libre en todas las acepciones de la palabra. De un escritor
el escritor va introduciendo la parodia de esa tragedia. La iro- que ha sabido ser generoso con sus amigos y con sus lectores.
nía va ganando terreno a esa impostación trágica y es aquí en Por eso no debe extrañarnos que Sergio Pitol sea, también,
donde el lector debe participar: ¿es verdad tanta algarabía? Ya una biblioteca. Y no una biblioteca cualquiera, no. Una Bi-
desde su primera novela, El tañido de una flauta, encontramos, blioteca Cervantes. Y no cualquier Biblioteca Cervantes, no.
aunque tamizada, esa parodia. No sería sino hasta el llamado Una Biblioteca Cervantes ubicada en Sofía, la capital de Bul-
por los estudiosos de la literatura el Tríptico del Carnaval garia. En el centro del mapamundi afectivo de Sergio Pitol. En
donde se expondría con toda su vehemencia la algarabía orgá- el centro del universo literario de Sergio Pitol. En el corazón
nica de la ironía. Sergio Pitol se defiende desde el lado no tan mismo del mismo corazón de Sergio Pitol porque Sergio Pitol
académico del asunto afirmando que lo único que ha intentado es el escritor nacional más internacional que tenemos. Es el
es presentar y representar historias de personajes excéntricos o escritor mexicano más universal de nuestras letras. Siempre
esperpénticos, es decir, fuera del centro de lo común. vigente y siempre leído. Siempre reconocido y siempre admi-
Los lectores sabemos, por la amplia cultura del narrador, rado. En suma, siempre querido.
que la fuerza de lo paródico radica en la buena manufactura de Si al fin de cuentas Sergio Pitol es una biblioteca, como
su construcción. En las novelas de Sergio Pitol nada está fuera Alfonso Reyes, como Jorge Luis Borges o como sus queridos
de lugar. No hay nada que no haya sido planeado con argucia. Gogol o Chéjov o Verne o Dickens, es también toda una
No hay nada que no haya sido paladeado con fascinación. literatura. G
Desde los planos narrativos hasta los planteamientos de las
historias, todo ha sido tan fríamente calculado que no se nota
el trabajo de tejido fino de lo textual. Esta escritura, ajena al El Fondo de Cultura Económica cuenta en su catálogo
lector acostumbrado a los clichés y a las estructuras anuncia- con las siguientes obras de Sergio Pitol:
das, hizo que Sergio Pitol permaneciera exiliado de la mayo- La casa de la tribu, Letras Mexicanas (1989) y Biblioteca
ría de los lectores, tal y como él lo hacía físicamente del país. Cervantes (2006)
Pero esta aparente desventaja tuvo sus frutos que ahora cose- De la realidad a la literatura, Cuadernos de la Cátedra
cha, pues Sergio Pitol es, sin duda, uno de los escritores que Alfonso Reyes (2002)
han renovado la prosa no sólo en México sino en la lengua Obras reunidas i. El tañido de una flauta, Juegos florales,
española. Podría sonar excesivo si el autor no lo demostrara Tezontle (2003)
con claros ejemplos que no se circunscriben a un solo libro Obras reunidas ii. El desfile del amor, Domar a la divina
sino al conjunto de su obra. garza, La vida conyugal, Tezontle (2004)
Ya mencioné que la narrativa de Sergio Pitol es gozosa por Obras reunidas iii. Cuentos y relatos, Tezontle (2004)
lo esperpéntico e irónico de sus historias. Pues bien, ese esti- El mago de Viena, Letras Mexicanas (2005)
lo, que en México se ejerce de modo efímero en pequeños Obras reunidas iv. Escritos autobiográficos, que contiene
ambientes, no se ha explotado lo suficiente en nuestra literatu- Autobiografía precoz, El arte de la fuga, El viaje, Tezon-
ra. Quién iba a pensar que un escritor fascinado con los libros tle (2006)
de sus admirados Henry James o Virginia Wolf tiene historias

número 424, abril 2006 la Gaceta 3

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Diálogo con Sergio Pitol
Margo Glantz

Casi podría considerarse legendaria la amistad entre Glantz o condenado. Muchas veces los presento cuando son persona-
y Pitol, basada desde luego en el afecto, pero sobre todo jes ya condenados, ya derrotados, y retrocedo al pasado, hasta
en las afinidades literarias, en la mutua atención creativa, en el instante en que jugaron la carta falsa. Estoy totalmente de
algunos estrechos paralelismos vitales. Esta conversación acuerdo cuando señalas que en mi literatura se plantea casi
sirve para imbricar la hebra del análisis literario, en voz de como una obsesión el tema de la bifurcación: el hombre y la
Margo, con un hilo por momentos confesional de Sergio, mujer que prometen mucho en la juventud y que en un deter-
que comparte con el lector su modo de construir novelas minado momento son aniquilados por fuerzas que no manejan,
que provienen del exterior. En el momento en que ceden, se
transforman en un desecho de la naturaleza, en esos tipos que
Hacia finales de 1982, Sergio Pitol y yo sostuvimos un diálogo, andan con los zapatos rotos, con los dientes podridos, o bien
parecido a los que solíamos tener a menudo; por alguna razón en esa especie de sepulcros blanqueados, que son quienes ge-
que no recuerdo, éste se grabó y quizá —no lo registro— pudo neralmente resultan más maltratados en mis relatos; gente que
haberse publicado en alguna parte. Ahora lo reproduzco, creo suprimió sus deseos, mutiló toda vida individual, eliminó su
que viene al caso ahora que mi querido amigo recibirá el Pre- verdadero lenguaje, todas las caracteristicas que pudieron
mio Cervantes, el más alto galardón que se le concede a un hacer de sí mismos gente real para convertirse en triunfadores
escritor de lengua española. En este diálogo sostenido antes de de salón y de oficina.
que Sergio publicara los llamados Tríptico del Carnaval y Tríp- En cuanto el otro tipo de personaje por lo menos intentó
tico del Viaje se prefiguran varios de sus futuros libros, como jugarse algo, responder a algunos desafíos, enfrentarse a retos
por ejemplo y para empezar El desfile del amor, y ¿por qué no?, y fue vencido por el sepulcro blanqueado que por lo general
luego, El arte de la fuga. relata su historia. La escritura se realiza a través de los proble-

Margo Glantz: Parecería, a primera vista y de manera super-


ficial, que tus narraciones mantienen constantemente una ob-
sesión: la que indaga y habla de dos tipos de personajes, los que
prometían mucho al iniciarse su vida y luego son un fracaso
total, y aquellos que simulan ser extraordinarios y son un mero
fraude, como tanta gente de la que tratamos. La creatividad se
agota y se enfrenta al problema del fracaso. Yo creo que en el
ejercicio de tu escritura hay una preocupación vital —corrijo,
más que preocupación es una obsesión—, una maldición per-
petua, un terror ante la posibilidad de pérdida de los dones
creativos, de su desperdicio, que puede detectarse en un senti-
do bifurcado. Por una parte, un personaje que toda su vida
promete ser genial y lo único que hace es degradarse como ser
humano, tanto física como mentalmente, para acabar como un
desecho, un paria, un vagabundo en quien se notan las huellas
del fracaso, desde la ropa hasta los dientes; o aquel que en apa-
riencia ha triunfado socialmente pero no es más que, como tú
constantemente afirmas, un sepulcro blanqueado, un personaje
que simula ser y no es en absoluto lo que pudo haber sido, aun
cuando, antes de ser un fraude, tuviera una cierta autenticidad,
un deseo de ser algo. La creatividad, con todo, no se define por
el hecho mismo de conseguir el triunfo, sino como una identi-
dad verdadera en relación con el arte. Esta búsqueda, esta au-
tenticidad, se traduce siempre en un intento por definir la es-
critura como teoría y como práctica, ¿estás de acuerdo?

Sergio Pitol: Algunos críticos han comentado reiterativamen-


te que me deleito en la descripción del fracaso. No creo que las
cosas sean tan simples: ni me deleito en la descripción de una
agonía, de un derrumbe, ni me interesa el fracaso en sí. En lo
que intento detenerme es en el momento de opción al que se
enfrentan mis personajes; momento que pudo haberlos salvado

4 la Gaceta número 424, abril 2006

a
mas de un personaje escritor o artista. Esto se debe a que los
a
problemas formales de la creación me interesan muy vivamen-
te. Pocas cosas me apasionan de tal manera como el proceso de
la creación: el esfuerzo de un pintor, un fotógrafo o un nove-
lista por seleccionar y manejar el material que la naturaleza le
ofrece, e individualizarlo a través de la forma apropiada. Pre-
fiero desarrollar esto en la novela, no en el ensayo, y convertir-
lo en un elemento vivo del relato.

Margo Glantz: Hace unos días hablábamos de una reciente


relectura mía de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. Al leer
de nuevo la novela pensé en Juegos florales. Reflexionando, ad-
vierto que hay una relación evidente entre ambas, sobre todo
cuando la novela se medula sobre una narración vicaria, en la
que un personaje —en Brontë, la criada— observa y narra a los
personajes principales, cuya fuerza vital es tan absoluta que no
necesita describirse, simplemente es. Aparte de los quehaceres
domésticos, la ocupación de la criada es el voyeurismo frente a
una vida tan auténtica, tan extrema, que parece una blasfemia;
una vida tan total que produce envidia, envidia filtrada entre
las rendijas y cerraduras desde donde se espía.

Sergio Pitol: Cumbres borrascosas es en mi formación una obra


decisiva, el modelo perfecto para estructurar una novela, una
escritura oblicua. Cuando la leí, me interesó extraordinaria-
mente esa forma de construir una novela a través de un labe-
rinto de relatos, de filtros, que le impiden al lector saber con
exactitud qué es lo que está ocurriendo. En Cumbres borrascosas,
hay siempre una persona que cuenta a otras una historia. Éstas ni tú mismo sabes, ni quieres saber, qué ocurre en ella. En la
a su vez se la narran a la criada, quien nunca posee la historia novela policiaca uno tiene pistas para ir descubriendo al asesi-
por completo y además carece de los no, y en tus novelas, aunque se suelen
elementos intelectuales para poder cap- En lo que intento detenerme es en dar pistas, nunca se descubre totalmente
tarla en toda su amplitud, mucho menos el momento de opción al que se el enigma. Quizá podamos poner como
descifrarla. Tampoco posee la objetivi- enfrentan mis personajes; momento ejemplo a Patricia Highsmith, a quien
dad suficiente para hacerlo porque ha que pudo haberlos salvado o hemos estado leyendo y comentando
conocido y amado a los personajes, ha condenado. Muchas veces los estos últimos tiempos. No hay necesidad
sido como una excrecencia de ellos, ha presento cuando son personajes ya de descubrir al asesino porque la novela
estado implicada en sus pasiones. condenados, ya derrotados, y está escrita desde ese mismo punto de
retrocedo al pasado, hasta el instante vista. Lo que falta es averiguar y perse-
Margo Glantz: Como la criada de uno en que jugaron la carta falsa guir los motivos interiores, las conse-
de tus primeros cuentos, “Los Ferri”, cuencias del crimen, los hechos mismos,
que quiere y odia a la familia a la que sirve, intenta vengarse y pues el autor te muestra el asesinato en el momento en que se
acaba derrotada, pero muriendo… comete y al asesino cuando ejecuta el crimen.

Sergio Pitol: Me entusiasma que hables de Cumbres borrascosas. Sergio Pitol: Sobre todo, las reacciones que el asesinato va a
Nadie ha señalado su relación con mis cosas. Emily Brontë va desencadenar en algunos personajes.
creando una novela a través del esfuerzo de alguien por contar
lo que otros han vivido. En mis novelas también trato de desa- Margo Glantz: Y sin embargo se la considera novelista poli-
rrollar la manera en que un escritor se decide a escribir algo cial. Tú también lo eres, ¿no? Como en Cumbres borrascosas, se
sobre sucesos que le fueron narrados o que leyó en alguna parte, parte de un núcleo oscuro… ¡Caramba parezco disco!
y eso me permite crear los distintos filtros y distanciamientos,
esos espacios entre quien cuenta y las posibles variantes que Sergio Pitol: Mira, Margo, en mi obra la novela policial ha
puede adoptar la narración, las diversas posibilidades de com- sido una influencia decisiva. Así como ciertos relatos de Henry
prender el hecho que ha sido relatado. Para mí es fundamental James que están muy cerca del género. Uno de mis primeros
tener una trama sólida, pero más que la novela quede abierta de cuentos, “Amalia Otero”, parte de un hecho oscuro que nunca
tal modo que un lector más o menos adiestrado pueda irla in- se le aclara al lector: la relación entre la esposa de un hacenda-
terpretando, armando, hasta crear su propia novela. do de una pequeña población veracruzana con un general lle-
gado al pueblo con las fuerzas revolucionarias, la decisión
Margo Glantz: Siempre hay, sin embargo, una zona que per- posterior de la mujer de encerrarse en una casa de la que no
manece oscura, quizá porque la enredas a placer tuyo o porque saldrá sino muchos años después. Nunca se sabe exactamente

número 424, abril 2006 la Gaceta 5

a
qué ocurrió, si él se suicidó, si ella lo mató, qué lazos los unían; esas muertes y a esa riqueza sospechosamente adquirida. ¿Se
a
se alude vagamente a algo que un juez le contó a un vecino que trata de una venganza? ¿Quién pudo haber cometido esos crí-
puede implicar una relación incestuosa entre Amalia Otero y el menes?, ¿cuáles podrían ser los motivos? Me interesa poquísi-
militar, pero nunca queda claro; se narra toda una serie de mo descubrir las relaciones de causalidad (aunque como autor
actos cotidianos con aparente precisión y objetividad, cuando debo tenerlas claras), lo que me importa es la atmósfera que
se cierra el relato se impone esa zona de oscuridad que lo veló pueda desprenderse, la creación y desarrollo de una forma lite-
durante todo su desarrollo. raria sugestiva.

Margo Glantz: A mí me parece también que ese relato se Margo Glantz: Esa preocupación que circula en torno a he-
aproxima de alguna forma al cuento llamado “Red Roses for chos reales que se van despojando de su realidad porque no
Emily”, de William Faulkner, otro de tus autores preferidos y tienen una concreción definida o, porque, por el contrario, son
que mayor influencia tuvieron en tu obra. demasiado definidos, nos acerca a otro elemento que siempre
aparece en los intersticios del relato: el mal. Ese mal que cir-
Sergio Pitol: Tal vez ése sea de los ras- cunda las cumbres borrascosas —como
gos fundamentales de lo que escribo: Para mí es fundamental tener una quería Bataille— o el mal subrepticio de
tengo que partir siempre de un misterio. trama sólida, pero más que la novela James, o el mal de la belleza de Mann,
Ahora pienso en una próxima novela: La quede abierta de tal modo que un mal del que tú también participas, aun-
plaza Río de Janeiro. En una antigua casa lector más o menos adiestrado que en tus novelas haya también otros
de ladrillo rojo en los años cuarenta su- pueda irla interpretando, armando, ingredientes malignos concretos, los li-
ceden dos o tres asesinatos, suicidios tal hasta crear su propia novela gados con la brujería, la superstición o el
vez, aunque todos los elementos indican mal de ojo, sobre todo en Juegos florales,
que se trata de crímenes. La familia en cuya casa ocurren estos verdadera novela gótica como señaló Jaime Valdivieso. El fra-
sucesos ha vivido en la embajada de México en Berlín en los caso produce aquí algo diferente, no es tanto el abismo como
años del nazismo, hasta el momento en que por motivo de la en El tañido de una flauta (aunque existe) sino la destrucción de
declaración de guerra rompimos relaciones con Alemania. Po- la prepotencia, la apertura del sepulcro blanqueado, la vanidad
siblemente voy a trabajar algunos personajes que ya comienzo de una rubia extranjera que se siente valquiria frente…
a vislumbrar: un personaje que se enriquece sospechosamente
durante su estancia en Berlín. Todo el relato girará en torno a Sergio Pitol: …a los nacos.

Margo Glantz: Sí, frente a los nacos, con los que sin embargo
se mezcla y a los que elige como compañeros. Esa prepotencia
se destruye ante la aparente humildad y el brillo de unos ojos
verdes en la cara índigena de la criada vuelta personaje de la
mitología griega con ribetes cómicos, Circe que domeña pája-
ros y valquirias y que puede trastornar y destruir la vida de los
demás…

Sergio Pitol: El mal, ¡qué tema tan difícil! Juegos florales,


dices, está asociado con elementos de la brujería. Yo por lo
general trabajo un microcosmos con un número de personajes
muy reducido. Decía Conrad que la sociedad está construida
sobre el crimen y que una de las fuerzas básicas de la sociedad
en que vivimos es el mal. Para mí el mal encarna fundamental-
mente en esa serie de sepulcros blanqueados a los que te refe-
rías al principio. Esas personas que aparecen colmadas de
prestigios ante los ojos de los demás y que por lo general ocul-
tan una sed de poder, una rapacidad mortal, una actitud impla-
cable hacia los débiles, los niños, los viejos, los desvalidos, los
pertenecientes a una minoría racial o sexual, son el mal. Sí,
ellos son los promotores y la encarnación del mal.
En mis relatos el mal reviste siempre un cáracter social; se
nutre en esa zona del organismo social que ahoga los implusos
creadores; contra él luchan los adolescentes y en muchísimos
casos sucumben. Paralelamente se vislumbra una fuerza más
primitiva, aunque a menudo retorcida, que relaciona al hom-
bre con lo desconocido, aparece en El tañido de una flauta en-
carnada en el marido de Paz, en la venezolana de Juegos florales
que anda en busca de mediums a través de los cuales insultar a
su marido muerto y, sobre todo, en la indígena de Papantla, a
quien la protagonista culpa de todos sus males. Pero también

6 la Gaceta número 424, abril 2006

a
cuentan historias de otros personajes y recuerdan hechos pasa-
a
dos o ilusionan sus futuras glorias; pero al mismo tiempo es la
posibilidad de descubrir el mundo exterior a través de esos
diálogos, de esa fuerza social que sería la maldad en el sentido
de lo mezquino, de lo convencional, del oropel que triunfa en
apariencia.

Sergio Pitol: Entre los enemigos de esa promesa que puede


ser un joven o una joven llenos de dotes y posibilidades, que
aman la vida, la cultura, que quieren desarrollarla, que desean
transformar la sociedad y ampliar los límites de la literatura, las
artes, la conducta; entre esos enemigos hay dos siempre al ace-
cho, uno, la vuelta al seno materno, el otro, la ruptura absolu-
ta del cordón umbilical que presenta el riesgo de la desintegra-
ción. Debido a esta oscilación emocional y no por un afán de
cosmopolitismo es que nacen los ámbitos en que se mueven
mis personajes. Bueno, también por circunstancias personales,
si he vivido veinte años en el extranjero no puedo dejar de re-
gistrar el marco, imposible constreñirme únicamente a recuer-
dos de niñez y adolescencia. Pero la ampliación del marco en
que los personajes se mueven responde sobre todo a esa inten-
ción de intensificar la vuelta a lo materno o, en su caso, la
ruptura del cordón umbilical. Los personajes se salvan o con-
denan de acuerdo al equilibrio que puedan guardar ante estos
dos movimientos. Y ahí es sólo la intuición, o una calidad es-
pecial de alma, la que puede librarlos de convertirse en esos
poetas desdentados y harapientos que buscan un precipicio
desde el cual despeñarse. Hay también como una inocencia
primigenia en mis personajes jóvenes que los imposibilita para
allí hay un distanciamiento necesario. Yo jamás afirmo que esa conocer a sus pares, para identificarse con otros iguales, para
mujer haya hechizado a Billie Upward, ni alejado a su marido detectar al enemigo. Una especie de soledad radical los carac-
o asesinado a su hijo, todo está visto a través de la protagonista, teriza. Son muchachos envueltos en algo como el papel celo-
una mujer a quien su racismo ha desequilibrado, que no desafía fán, que se mueven un poco a ciegas, a tientas. Su registro del
convenciones como pretende sino que trata de afirmarse en mundo es por lo general muy inocente, viven los riesgos sin
ellas y que en esa fuerza primitiva que representa la indígena darse cuenta de ellos. Entran por azar en un bar brutal y pre-
de Papantla cree ver el signo destructor destinado a aniquilarla, sencian escenas brutales con la misma naturalidad que si fueran
y ante la cual cede por esa necesidad de expiación que también a tomar el café con unas tías. Encuentro verdadero placer
se da en el mundo de los sepulcros blanqueados. Tal vez Billie cuando describo esa inocencia con la que se mueven por luga-
acaba adquiriendo grandeza al despeñarse en ese mundo para res siniestros. El narrador de Juegos florales nunca logra expli-
encontrar algo mucho más profundo, primitivo y generoso que carle realmente al lector cuál es su actitud frente a Billie
sus antiguos valores. Upward. Lo que sí queda claro es que
Hay también como una inocencia Billie termina aniquilándolo. El único
Margo Glantz: Tu mundo novelístico primigenia en mis personajes diálogo verdadero que entre ellos se es-
está montado sobre un número de per- jóvenes que los imposibilita para tablece en la novela es a través de sus
sonajes que deambulan de un lado a otro conocer a sus pares, para relatos, el de la infancia de él en un inge-
del universo, se detienen en las ciudades identificarse con otros iguales, para nio veracruzano y el relato veneciano de
más importantes del mundo, como detectar al enemigo. Una especie de Billie. Entre ambos mundos se produce
Roma, Barcelona, Varsovia o Londres; soledad radical los caracteriza una especie de encuentro.
digamos, ésas son las metas de los sepul-
cros blanqueados, porque ir a Londres o a Roma vale la pena, Margo Glantz: Sí, porque es el relato de una joven que va a
y sin embargo los personajes acaban en Jalapa —lugar despre- nacer al mundo y que todavía está con sus posibilidades intac-
ciado por ellos, ya que ni siquiera es la capital de México, sino tas y al mismo tiempo en peligro absoluto de destruccción; es
una ciudad de provincia—, o en algún pueblo veracruzano. Y decir, su futuro está abierto en cualquiera de los dos sentidos,
ese deambular de los personajes por el mundo, unido al hecho porque es la inocencia, la ingenuidad, la verdadera vida. El
de que el mal tenga un carácter social, hace que el microcos- niño en Potrero y la jovencita en Venecia son totales, viven,
mos se convierta en algo épico. De una pequeña comunidad no necesitan espiar a los demás, ni agazaparse detrás de las
que ni siquiera es comunidad sino un grupo de amigos o de ventanas o mirar por las cerraduras de las puertas, nunca son
parejas de amigos, se salta a una visión mucho más global del espías…
mundo y de las formas sociales que lo rigen, aparentemente se
trata de discusiones y diálogos banales donde los personajes Sergio Pitol: Como lo somos tú y yo cuando escribimos… G

número 424, abril 2006 la Gaceta 7

a
a
Henríquez Ureña visto por sus discípulos
Sergio Pitol

Cada año, la Universidad de Alcalá y la filial madrileña del correspondencia con Alfonso Reyes y varios estimulantes ensa-
FCE expanden la Biblioteca Premios Cervantes con un yos sobre su obra, además de algunos testimonios de amigos y
volumen en homenaje al ganador de ese reconocimiento, alumnos sobre las circunstancias de su vida y sus trabajos.
que el rey de España entrega el 23 de abril, fecha Hace cincuenta años, en mi juventud, leí con fervor, subra-
en que se conmemora la muerte del autor del Quijote. yando casi todas las páginas, uno de sus libros publicado pós-
Sergio Pitol decidió reeditar la colección de ensayos tumamente: Las corrientes literarias en la América hispánica, unas
La casa de la tribu. Reproducimos en seguida parte de conferencias leídas en inglés en Harvard y traducidas al caste-
un texto que no estaba incluido en la primera edición llano por Joaquín Díez-Canedo. Aquella lectura me convirtió
—de 1989, en Letras Mexicanas—, fechado en Xalapa, con pasión y para siempre a las cosas de América.
en abril de 2001. Nos sirve además para rendir homenaje A Henríquez Ureña se le identifica con el ideal americano,
al descomunal Henríquez Ureña, que en mayo próximo hispanoamericano concretamente, convertido en una utopía:
cumplirá 60 años de haber muerto la utopía de América. Fue ese uno de los ejes centrales de su
vida intelectual y a esa causa apasionante aproximó a Alfonso
De simetrías a asimetrías Reyes, a Ernesto Sabato, a Ezequiel Martínez Estrada, a Enri-
que Anderson Imbert, a buena parte de sus amigos y discípu-
La física cuántica —aseguran sus intérpretes— ha logrado pro- los. También, a través de la distancia física, a dos jóvenes,
bar sin demasiado esfuerzo, que el mundo, desde su creación convertidos después en excepcionales ensayistas, quienes si-
hasta hoy, se ha movido a través de un complejo sistema de guieron con fervor su lección y la continuaron: el venezolano
asimetrías. Mariano Picón Salas y el colombiano Rafael Gutiérrez Girar-
La vida del universo, la de sus tres reinos y la infinita varie- dot, quien, hasta donde entiendo, fue el primer escritor de
dad de especies que los pueblan, es el resultado de un juego de nuestra lengua que publicó un libro sobre Alfonso Reyes y,
difícil comprensión para los legos pero definitivamente cierto también, autor de uno de los estudios más lucidos, emociona-
y rigurosamente comprobado de formas asimétricas, de fugas dos y rigurosos de la obra de Henríquez Ureña.
de energía hacia lo desconocido; son saltos brutales, aterrori- Pedro Henríquez Ureña nació en la ciudad de Santo Do-
zadores, pero cualquier efecto de este tipo se desliza al ritmo mingo, en 1884, en el seno de una familia notable tanto en la
de una cámara lenta. No nos asustan gracias a la demora de su cultura como en la política de su país, hijo de un presidente de
realización. Pasarán un sinnúmero de generaciones hasta que la república y de una madre literata y pedagoga. Su formación
alguien —un sabio, desde luego— descubra que ha ocurrido un inicial se nutrió en los clásicos universales. Entre los ocho y los
salto importante en la naturaleza. Se requerirán siglos, miles de nueve años sus lecturas predilectas fueron el Quijote, de Cer-
siglos quizá, para tener la seguridad de que una asombrosa vantes, y los dramas y comedias de Shakespeare. El conoci-
operación ha tenido ya lugar. miento de lenguas clásicas y contemporáneas fue parte de su
¿Quién ha presenciado la metamorfosis del dinosaurio a la educación.
lagartija o la transición del oscuro balbuceo que por primera Padres, familiares y amigos de la casa se desvivieron por
vez emitió un homo sapiens, más impaciente o menos obtuso cultivar a aquella criatura afortunada. Su precocidad se demos-
que sus congéneres, al idioma milagroso con que Borges nos tró cuando a los cinco años publicó en una revista sus primeros
revela su contemplación de El Aleph? No sé si a todos los hom- textos literarios. Alea jacta est! Por ingenua que fuera esa escri-
bres de letras les resultan tan incomprensibles como para mí tura, la suerte estaba echada y el destino se entretuvo en trazar
esos misterios. Tal vez para los jóvenes, aleccionados ahora sus caminos. De ahí en adelante aquel niño cultivaría las letras
desde el jardín de niños en las novedades tecnológicas y bioquí- e ilustraría a los hombres. A eso dedicó con fervor su vida hasta
micas, les parezca un juego infantil. Porque, debo confesar, mi que la muerte le sorprendió en la Argentina a los sesenta y dos
generación se formó en el culto de la simetría. Veo, por ejem- años.
plo, unas láminas en color de las pinturas rupestres de Altami- Su periplo cubrió unas cuantas ciudades, no demasiadas,
ra y al instante me saltan visiones de Picasso, de Matisse, de aunque lo pareciera por algunas reiteraciones. Como Bello,
Malevich, de Toledo o de Tamayo. Me entretengo en encontrar Hostos, Darío, Martí y tantos otros grandes latinoamericanos
concordancias entre las formas mayas y las esculturas de Arp, de su siglo, fue un peregrino perpetuo, un avanzado de la civi-
Bárbara Hepworth o Henry Moore; entre los muros de Cacax- lización y del progreso al servicio de las nuevas repúblicas.
tla y los colores de Francisco Toledo; entre el estilo de Lauren- Santo Domingo, La Habana, Nueva York, México, Minnesota,
ce Sterne y el de Virginia Woolf; la liga entre Borges y Marcel Madrid, Harvard, La Plata y Buenos Aires fueron sus espa-
Schwob y la mutua correspondencia entre las obras de Henrí- cios. Muy pronto descubrió que su patria verdadera estaba
quez Ureña y Alfonso Reyes. Pensar en formas simétricas derramada en el idioma, la literatura, la filosofía, la historia y,
equivale en mí a pasear por los senderos del edén. sobre todo, en una cátedra donde pudiera enseñar lo que sabía.
Durante las últimas semanas he leído algunos libros del do- A los veinte años, sus amigos lo consideraban como un
minicano Henríquez Ureña, más el apasionante volumen de su mentor de la talla de Sócrates, una nueva versión de Quetzal-

8 la Gaceta número 424, abril 2006

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cóatl reaparecida en el Anáhuac para volver a iluminar a su rrollo, le fue necesario para descubrirse. México fue el crisol
a
gente. Sin embargo, fuera de un cenáculo de elegidos, a menu- que lo transformó. Esa experiencia lo revitalizó y también re-
do en el transcurso de su vida fue vejado por los hombres del vitalizó a nuestra cultura.
subsuelo: los mediocres, los mezquinos, los frustrados, los pe- El joven dominicano apareció en nuestro país provisto de
rezosos, los incapaces de comprender las lecciones del maestro. un sorprendente cargamento de saberes: hablaba y leía inglés y
Nunca le perdonaron el ser un gigante frente a ellos. Al respec- francés, podía leer textos en latín y orientarse en alemán; de
to, escribe Alfonso Reyes en “La educación de Pedro Henrí- hecho, cuando a los 16 años salió de su país, el trazo de su
quez Ureña”, un texto que leyó en el Palacio de Bellas Artes en cultura estaba ya esbozado: la literatura española del medievo
el homenaje a su amigo poco después de hasta el presente, Shakespeare y los dra-
su muerte: A Henríquez Ureña se le maturgos isabelinos, los rusos del xix, en
identifica con el ideal americano, especial Tolstoi, los dramas de Haupt-
Por su resistencia, por su atracción o su hispanoamericano concretamente, mann, que fuera del orbe alemán eran
desvío ante el sondeo que Pedro ejecuta- convertido en una utopía: la utopía casi desconocidos, la literatura escandi-
ba hasta el fondo de las conciencias, de América. Fue ese uno de los ejes nava más reciente, en especial el teatro
podían juzgarse las calidades. Aceptaba la centrales de su vida intelectual y a de Ibsen, autor a quien rindió culto apa-
misión patética de enfrentar consigo esa causa apasionante aproximó a sionado.
mismo a cada hombre. Sólo los mejores Alfonso Reyes, a Ernesto Sabato, a La capital lo deslumbró y él deslum-
soportaban la prueba, los demás huían Ezequiel Martínez Estrada, a bró a los jóvenes literatos mexicanos. En
escandalizados acaso para entregarse a Enrique Anderson Imbert, a buena la oficina de la revista Savia Moderna,
espaldas suyas, como si así huyeran de sí parte de sus amigos y discípulos donde colaboró con algunos ensayos,
mismos, a mil conciliábulos de odio y de estableció los primeros contactos. Al-
miseria. Difícil encontrar figura más semejante a la de Sócrates, fonso Reyes, sin duda su amigo más entrañable en el transcur-
hasta traía, como éste, la Atenea oculta en el sileno y también tuvo so de toda la vida, como lo atestigua su íntima comunicación
su cicuta. epistolar, lo conoció en aquel lugar. Años más tarde Reyes
evocaría emocionado ese momento:
Hacia 1901 Pedro estaba en Nueva York para seguir cursos
universitarios. Él y sus hermanos conocieron tiempos de hol- Cuando lo encontré por primera vez en la redacción de Savia
gura y otros de estrecheces, por lo que tuvieron que trabajar en Moderna me pareció un ser aparte y eso es lo que era. Su privile-
mediocres oficios comerciales que les quitaban tiempo y los giada memoria para la poesía, cosa tan de mi gusto y que siempre
apartaban de sus intereses. Su amor por el teatro, por la músi- me ha parecido la prenda mayor de una verdadera educación lite-
ca, por la ópera conoció tiempos de inmensa expansión. Acu- raria, fue en él lo primero que me atrajo, poco a poco sentí su gra-
dió a las temporadas de Sarah Bernhardt y de Eleonora Duse. vitación imperiosa y al final me le acerqué de por vida. Algo mayor
Vio obras de Shakespeare actuadas por las mejores compañías que yo, cinco años, lo consideré mi hermano y a la vez mi maestro.
inglesas y oyó a algunos de los mejores músicos y cantantes del La verdad es que los dos nos íbamos formando juntos pero él
mundo. A pesar de las tribulaciones económicas y los aterra- siempre unos pasos más adelante.
dores horarios laborales, no abandonó el programa estricto de
lecturas que se impuso desde su llegada a la metrópoli. En sus El recién llegado debió haberse quedado estupefacto al leer,
memorias describe este programa: un drama clásico o moder- poco después de ese encuentro, un ensayo de aquel muchacho
no cada día y quince libros al mes que podían ser novelas o de apenas 19 años que mostraba una agudeza excepcional y una
ensayos. En esa época se inició en el estudio de los griegos. elegancia perfecta, se trataba de “Las tres Electras del teatro
De 1904 a 1905 vivió en La Habana donde publicó su pri- ateniense” dedicado precisamente a él.
mer libro: Ensayos críticos, aparecido poco antes de partir para Otro encuentro por aquellos días con dos jóvenes filósofos
México. El índice incluye algunos textos sobre autores latinoa- de la época, Antonio Caso y Ricardo Gómez Robelo, le descu-
mericanos contemporáneos: Darío, Rodó y Hostos, además brió el grado de ilustración que poseían algunos jóvenes mexi-
de poetas modernistas de Cuba, y todos los demás se referían canos. Gómez Robelo tenía entonces 22 años, la misma edad
a novedades europeas de que nuestro mundo sabía poco o, a que el dominicano, y ya en la primera ocasión que conversa-
veces, nada: Gabriele d’Annunzio, Oscar Wilde, Arthur Wing ron, según las memorias de Henríquez Ureña, le habló con
Pinero, Bernard Shaw y dos ensayos sobre la reciente músi- familiaridad de los griegos, de Goethe, de Ruskin, de Wilde,
ca alemana: la de Wagner y la de Richard Strauss —el nombre de Whistler, de los pintores impresionistas franceses, de la
de este último apenas comenzaba a deslizarse fuera del mundo música americana, de la nueva música alemana y de Schopen-
germánico. Era un libro impregnado de aromas desconocidos, hauer. Advirtió que había anclado en un espacio más provoca-
un reto a la tradición hispanoamericana encajada casi exclusi- dor que todos los conocidos hasta entonces. En aquel mundo,
vamente en las letras francesas y españolas. imantado por la curiosidad y la inteligencia, descubrió su capa-
cidad magisterial, puso de golpe a estudiar a todo el mundo, a
Un peregrino convertido en apóstol traducir, a escribir, a preparar conferencias, a pasar con natu-
ralidad de la filosofía alemana al humanismo renacentista, a
Vivió en nuestro país situaciones extremadamente complejas Wilde, a Bernard Shaw, al barroco del Siglo de Oro peninsular
pero también exaltantes al espíritu. Su primera estadía transcu- y al de la Nueva España, a Sor Juana, a Juan Ruiz de Alarcón,
rrió entre 1907 y 1914, y la segunda entre 1920 y 1924. De los a muchas otras instancias para arribar siempre a Platón y a la
espacios que habitó, México fue el fundamental para su desa- sabiduría helénica.

número 424, abril 2006 la Gaceta 9

a
Con el tiempo, el permanente convivio hizo que todos se Han comenzado los motines, los estallidos dispersos, los primeros
a
convirtieran en maestros y alumnos al mismo tiempo. Llegó pasos de la revolución. En tanto, la campaña de cultura comienza
a México como positivista, su profeta era Augusto Comte, a tener resultados. ¡Insistamos, resumamos nuevamente sus con-
como el de todos los espíritus fuertes, los mexicanos y los del clusiones! La pasión literaria se templaba en el cultivo de Grecia,
universo entero. Bastó un año para que sus inquietudes se redescubría España, nunca antes considerada con más amor ni
transformaran. Sus jóvenes colegas mexicanos lo iniciaron en conocimiento, descubría Inglaterra, se asomaba a Alemania sin
experiencias: Nietzsche, Bergson y William James, los pen- alejarse de la siempre amada Francia. Se quería volver un poco a
sadores más aborrecidos por los filóso- las lenguas clásicas y un mucho al castellano;
fos del porfiriato. En sus memorias es- El joven dominicano apareció en se buscaban las tradiciones formativas, cons-
cribe: nuestro país provisto de un tructivas de nuestra civilización y de nuestro
sorprendente cargamento de ser nacional. Rota la fortaleza del positivis-
En 1907 tomaron nuevo rumbo mis gus- saberes: hablaba y leía inglés y mo, las legiones de la filosofía, precedidas
tos intelectuales, la literatura moderna francés, podía leer textos en latín y por la caballería ligera del antiintelectualis-
era lo que yo prefería; por la época de las orientarse en alemán; de hecho, mo, avanzaban resueltamente. Se había dado
conferencias le pedí a mi padre que me cuando a los 16 años salió de su país, una primera sacudida en la atmósfera cultu-
enviara una colección de obras clásicas el trazo de su cultura estaba ya ral. En regiones muy diferentes y en profun-
fundamentales y algunas de crítica: los esbozado: la literatura española del didades muy otras pronto se dejaría sentir en
poemas homéricos, los hesiódicos, Esqui- medievo hasta el presente, todas partes el sacudimiento político.
lo, Sófocles, Eurípides, los poetas bucóli- Shakespeare y los dramaturgos Aquella generación de jóvenes se educaba,
cos, Platón, la historia de la literatura isabelinos, los rusos del XIX como en Plutarco, entre diálogos filosóficos
griega de Müller, los estudios de Walter que el trueno de la revolución había de sofo-
Pater sobre la filosofía platónica, los pensadores griegos de Gom- car. Lo que aconteció en México el año del centenario fue como
pers, la historia de la filosofía europea y algunas otras más me un disparo en el engañoso silencio de un paisaje polar, todo el
convirtieron definitivamente al helenismo. Como mis amigos círculo de glaciales montañas se desplomó y todas fueron cayendo
Gómez Robelo, Acevedo y Alfonso Reyes eran ya lectores asiduos una tras otra. Cada cual, asido a su tabla ha sobrenadado como ha
de los griegos, mi helenismo encontró ambiente y pronto ideó podido, y poco después los amigos dispersos en Cuba o Nueva
Acevedo una serie de conferencias sobre temas helénicos que nos York, Madrid o París, Lima o Buenos Aires y otros desde la misma
dio ocasión de reunirnos con frecuencia a leer autores griegos y México renovaban las aventuras de Eneas salvando en el seno los
comentarlos. dioses de la patria. Adiós a las noches dedicadas al genio por las
calles de quietud admirable o en la biblioteca de Antonio Caso que
Más que en las revistas y periódicos, los jóvenes afirmaron su era el propio templo de las musas. Preside las conversaciones un
presencia en una serie de conferencias, primero en una librería busto de Goethe del que solíamos colgar sombrero y gabán con-
célebre en su tiempo, la de Gamoneda, y después en el Ateneo virtiéndolo en un convidado grotesco y un reloj en el fondo va
de la Juventud fundado por ellos en 1909. El éxito de aquella dando las horas que quiere y cuando importuna demasiado se le
iniciativa fue una inequívoca señal de que algo nuevo comen- hace callar, que en la casa de los filósofos, como en la del pato
zaba a forjarse en aquel tiempo, una manifestación de hastío de salvaje, de Ibsen, no corre el tiempo.
sus circunstancias, el fastidio ante un pensamiento filosófico Antonio Caso lo oye y lo comenta todo con inmenso fervor
caduco, una insatisfacción social, un rechazo a la forma autár- y cuando a las tres de la madrugada, Vasconcelos acaba de leernos
quica con que México era gobernado y un anhelo de utopías. sus meditaciones sobre el Buda, Pedro Henríquez Ureña se opone
Un año después se inició la revolución, llegó el triunfo de a que la tertulia se disuelva porque, alega, la conversación apenas
Madero, luego el golpe de estado de Victoriano Huerta, los comienza a ponerse interesante.
años del terror, la posterior caída del dictador, la presidencia de
Carranza. Una época de dispersión y de persecuciones. Algu- La participación del dominicano en la primera década de este
nos ateneístas tuvieron que desterrarse: Alfonso Reyes a ocu- siglo fue inmensa. Su acción permitió dar un salto monumen-
par un mínimo puesto diplomático en París, José Vasconcelos tal, sin él nuestra cultura sería otra, nuestro desarrollo, segura-
y Martín Luis Guzmán, a la revolución y después al destierro. mente más lento. José Luis Martínez considera que su influen-
Antonio Caso, Julio Torri y los otros, los que permanecieron cia produjo un cambio sustancial de tono en la formación
en México, mantuvieron hasta donde fue posible sus activida- personal, y otra manera de entender el oficio intelectual y la
des. Continuaron con empecinamiento sus lecturas de filosofía creación literaria. Entregados a la bohemia sólo quedaban los
antigua y contemporánea, de los clásicos universales, revisaron cursis y algunos borrachines ya muy deteriorados.
el legado hispánico y se lanzaron a descubrir lo que de impor- Esta primera estancia de ocho años fue decisiva en su vida,
tante había en la América Latina. el vértigo de la época lo transformó. Por senderos laberínticos
En los momentos en que las tinieblas se disiparon, a la caída que le permitieron hacer estancias en la Hélade, tocar suelo
de Huerta, se creó de nuevo la universidad y una escuela de seguro en Kant y escalas en Nietzsche y Schopenhauer, se
altos estudios, en cuya organización Henríquez Ureña partici- transformó en otro. Sin prescindir de lo ya ganado descubrió
pó de modo muy importante. América e intuyó la utopía a la que posteriormente dedicaría
Dejo que sea el propio Reyes quien, con un lenguaje perfec- muchas páginas memorables.
to y eminentemente visual, haga la crónica de aquellas veladas Su primera salida de México, en 1914, fue lamentablemen-
irrepetibles celebradas en los lindes de la revolución y la pos- te penosa, indigna de nosotros. Al final de la dictadura de
terior dispersión del grupo. Huerta y al triunfo de Venustiano Carranza, Pedro Henríquez

10 la Gaceta número 424, abril 2006

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Ureña se recibió como abogado y fue designado para dictar Américo Vespucio u otros navegantes que pusieron pie en La
a
una conferencia inaugural en la escuela de altos estudios titu- Española, esa misma isla que por más de un siglo fue el esce-
lada “La cultura de las humanidades”. La soez campaña de nario de algunas maravillosas y desvariadas utopías soñadas por
prensa desatada en su contra sólo por recibir aquella distinción las mentes más erguidas de Europa: Moro, Campanella, Bacon,
lo hizo apartarse por muchos años del país. Erasmo, Montaigne, Cervantes, Shakespeare, tantos otros.
Algunos poetastros, manipulados por intereses poderosos Lugares que nunca existieron pero que proporcionaron alien-
bastante repugnantes, manejaron día con día una espesa cam- tos y ennoblecieron el alma de sus creadores y sus lectores.
paña, no exenta de racismo, contra “el negrillo haitiano”, “el Hacia 1925 Pedro Henríquez Ureña estaba convencido de que
ignorante negro que se había apoderado de las cátedras sin era posible luchar por convertir a América en una tierra de
poseer ninguna cultura, el literato fracasado carente de título utopía perfeccionada con los avances de la época.
profesional”, “el escritor sin aliento de vida y de belleza”, “el “El ideal de justicia está antes que el ideal de cultura, es
reaccionario que se prestaba para atacar a los hombres de ideas superior el hombre apasionado de justicia al que sólo espera su
nuevas surgidas de la revolución”. Es decir, le reprochaban con propia perfección intelectual —sostiene—; pero sin prescindir
grosería inaudita todo lo que él no representaba, lo que le era —no hubiera podido hacerlo— de sus estudios, de sus cursos,
antitético. La grosería de los insultos y la ausencia de sus ver- de su pasión por el saber.”
daderos amigos mexicanos desparramados por el mundo, lo En dos textos de ese periodo se concentra su pensamiento
decidió a abandonar el país. “Tenía yo ya demasiado éxito”, le utópico; en “La patria de la justicia” afirma:
escribió a Alfonso Reyes, “y ante eso no me quedó otra posibi-
lidad sino escapar”. Si nuestra América no ha de ser sino una prolongación de Euro-
Comienza o continúa su vida errante, siempre, por fortuna, pa, si lo único que hacemos es ofrecer suelo nuevo a la explotación
fructífera: La Habana, luego Minnesota, en cuya universidad del hombre por el hombre y, por desgracia, esa es ahora nuestra
se doctora en 1918 con la tesis La versificación irregular de la única realidad; si no nos decidimos a que esta sea la tierra de pro-
poesía castellana, una investigación filológica que le abre muchas misión para la humanidad cansada de buscarla en todos los climas,
y espléndidas puertas, entre ellas las del Centro de Estudios no tenemos justificación, sería preferible dejar desiertas nuestras
Históricos de Madrid a petición de Ramón Menéndez Pidal, altiplanicies y nuestras pampas si sólo hubieran de servir para que
donde pasa 1920 y la mitad de 1921, vuelve a México por se- en ellas se multipliquen los dolores humanos, no esos dolores
gunda vez llamado por José Vasconcelos para salir de mala que nada alcanzará a evitar nunca, pues son hijos del amor y la
manera acosado otra vez por la mezquindad del medio pelo y muerte, sino los que la codicia y la soberbia infligen al débil y
en 1925 se marcha a Argentina invitado por la universidad de al hambriento.
La Plata. Asiste a congresos en algunos países de América, Nuestra América se justificará ante la humanidad del futuro
nunca más en México, y dicta en Harvard las conferencias que cuando, constituida en magna patria, fuerte y próspera por los
después fueron publicadas con el título de Las corrientes litera- dones de la naturaleza y por el trabajo de sus hijos, dé el ejemplo de
rias de la América hispánica. En 1945 comenzó a pensar en exi- la sociedad donde se cumple la emancipación del brazo y de la
liarse de la Argentina debido a la intervención peronista en las inteligencia. En nuestro suelo nacerá entonces el hombre libre, el
universidades. Tenía una invitación mexicana, la muerte no le que hallando fáciles y justos los deberes, florecerá en generosidad
permitió aceptarla. y en creación.
Su llegada a Argentina en 1925 coincide con la publicación Ahora no nos hagamos ilusiones, no es ilusión la utopía, sino
de algunos de sus grandes ensayos “La patria de la justicia” el creer que los ideales se realizan sobre la tierra sin esfuerzo y sin
y “La utopía de América”, entre otros. En ese último refugio, sacrificio. Hay que trabajar. Nuestro ideal no será la obra de uno
Argentina, en la plenitud de sus capacidades, estuvo rodeado o dos o tres hombres de genio, sino de la cooperación sostenida
de amigos ilustres: Alejandro Korn, el viejo pensador socialista llena de fe de muchos, de innumerables hombres modestos. De
y su círculo; los escritores y filósofos Ezequiel Martínez Estra- entre ellos surgirán, cuando los tiempos estén maduros para la
da, Francisco y José Luis Romero, y Enrique Anderson Im- acción decisiva, los espíritus directores. Si la fortuna nos es propi-
bert; años después Jorge Luis Borges y José Bianco, y el círcu- cia, sabremos descubrir entre ellos los capitanes y timoneles y
lo entero de Victoria Ocampo en cuya revista Sur colaboró echaremos al mar las naves.
como miembro de la redacción desde el primer número. Entre tanto, hay que trabajar con fe, con esperanza todos los
días.
Aparición de la utopía Amigos míos: a trabajar.

Durante los años terribles, los del huertismo, sus cartas se car- La utopía, Reyes y Henríquez Ureña
gan de desesperanza, de incertidumbre, de cólera, de incom-
prensión, de fastidio y encono hacia ciertos aspectos de nues- Para Henríquez Ureña y para Alfonso Reyes, la utopía no tiene
tra idiosincrasia y de añoranza por los amigos dispersos: Alfon- sentido negativo, es una fuerza de la historia, es la que impulsa
so Reyes, José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán. Todos los a romper el continuo de la historia —en palabras de Benja-
días oscila en contradicciones y quizás eso mismo despierta en min— esa fe en la utopía parecerá hoy ingenua y en muchos
él al escritor. Descubre lo que va a ser ya por el resto de su vida, puntos algo patética; pero vale la pena revisar lo que ella dejó,
el apologista de la utopía americana, tarea en la que en ocasio- porque lo que ella dejó tiene una considerable porción de pro-
nes lo acompañó Alfonso Reyes. Se trata de un encuentro entre fecía y de admonición.
esa misteriosa y hasta entonces oculta simetría que liga su na- La utopía de que hablaba Henríquez Ureña no es solamen-
cimiento con los apuntes de bitácora trazados por Colón, por te una determinación histórica y antropológica del ser huma-

número 424, abril 2006 la Gaceta 11

a
no, no es una utopía general, sino una meta de América.
a
La realización de la utopía en América, la realización históri-
¡Nuestra utopía! ca de la magna patria, sería, además, la contribución del nuevo
Y esto en un doble sentido, porque su realización es nuestra mundo al viejo mundo y al actual. […]
realización humana e histórica, y porque América misma es La lección más importante que nos da la amistad entre Al-
históricamente utopía. Si en América —escribe en “La patria fonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Martín Luis Guzmán,
de la justicia”— no han de fructificar utopías, ¿dónde encon- Julio Torri, José Vasconcelos es la del esfuerzo, la de comen-
trarán asilo? zar a trabajar y a estudiar a cualquier edad. También la de crear
Creación de nuestros abuelos espirituales del Mediterráneo; vasos comunicantes entre distintas artes y disciplinas: la arqui-
invención helénica contraria a los ideales asiáticos que sólo tectura, la pintura, la filosofía, la historia, la música, el teatro,
prometen al hombre una vida mejor fuera de esta vida terrena, la literatura, la vida. Hacer de la cultura parte integrante de la
la utopía nunca dejó de ejercer atracción sobre los espíritus vida, del pensamiento, del acontecer diario. Evitar, huir del
superiores de Europa, pero siempre tropezó allí con la maraña pensamiento único, del pensamiento monológico. Abrirse a
profusa de seculares complicaciones. Todo intento para desha- todos los pensamientos. Respetar las ideas, cultivar la toleran-
cerlas, para sanear siquiera con notas de justicia a las socie- cia y perfeccionar el oficio.
dades enfermas, ha significado —significa todavía— convulsio- Eso es lo que nos dejan por herencia estos grandes hombres
nes de largos años, dolores incalculables. del pasado. G

Autobiografía precoz
Sergio Pitol
A mi abuela Catalina Buganza de Deméneghi

No por arbitraria resulta menos interesante la autobiografía —lo que ni siquiera logra darnos un cuadro de época, porque
escrita por encargo. Si rememorar la propia vida es ejercicio los juegos curiosamente son reacios al tiempo y admiten pocas
peligroso, porque las falencias de la memoria todo lo variaciones—, con la descripción del vestido que usaron para
distorsionan, hacerlo cuando la mitad de la vida aún asistir a tal o cual fiesta escolar, o nos internan en una sinies-
aguarda delante de uno es una osadía de la que sólo un tra galería de tíos, primos, padrinos, vecinos, compañeros de
narrador franco y hábil sale bien librado, como se ve en este escuela, sirvientes, que por lo general nos escamotean el senti-
fragmento autobiográfico que Sergio Pitol escribió en 1966, do esencial de la infancia, ofuscado y oprimido por un caudal
a sus entonces escasos 33 años, y que forma parte del inagotable de anécdotas triviales o insensatas. Hasta hace poco
cuarto tomo de sus Obras reunidas me inclinaba a pensar que una buena biografía debía recoger
sólo los datos verdaderamente fundamentales de todos los pe-
riodos anteriores al contacto de quien la escribe con la crea-
Los libros autobiográficos de los autores ingleses —los maes- ción; la auténtica biografía empezaría en el momento en que
tros del género— abundan en tediosas y egolátricas enumera- alguien se convierte en aspirante a escritor, a pintor, a político,
ciones, crónicas y sagas familiares. Se nos alecciona a través de etcétera.
interminables capítulos que los antepasados del autor en las Sin embargo durante un mes, desde el día en que recibí la
cuatro, cinco o seis generaciones anteriores por lo menos, carta de don Rafael Giménez Siles solicitándome esta especie
constituían ya el cogollito que hacía posible el suceder de la de sinopsis de mi vida y en los posteriores, mientras efectuaba
historia en Inglaterra, y por ende, del universo entero. Como un viaje cargado de incidentes por las márgenes del Danubio,
no cuento entre mis familiares ni próceres, ni varones ilustres, no dejaba de pensar en qué forma debería estructurar este tra-
ni santos, ni excéntricos, he de resignarme a cortar por lo sano bajo. Mientras se excitaba mi vanidad sentía el regusto de la
este capítulo, señalando sólo que tres de mis abuelos llegaron frustración, ¿no obedecía a una especie de triste grafomanía el
de Italia, los Pitol, los Deméneghi y los Sampieri; como tam- hecho de escribir una biografía a los treinta años sin haber lo-
bién mi bisabuelo materno, Buganza, y se instalaron en las grado realizar nada memorable, sin ser una persona que supie-
tierras barrialosas de la colonia Manuel González, cerca de ra dar una clara idea o testimonio de su tiempo, ni un escritor
Huatusco, Veracruz, donde se dedicaron a rememorar la patria que logre trascender la culta, elegante y refinada, pero insigni-
perdida y a cultivar café. Todos ellos procedían de la Italia sep- ficante, minoría de sus amigos? Acabo de recibir hace unos
tentrional, del Véneto y la Lombardía. Gente laboriosa y es- cuantos días las fotografías tomadas en el viaje al que me he
forzada a la que indudablemente debo mi admiración por el referido y advierto, con sorpresa, que en esos días no llegué a
trabajo constante y riguroso. Admiración que sin embargo no ver nada; tengo que preguntar cuáles corresponden a Viena,
ha logrado inducirme al proselitismo. cuáles a Praga, a Bratislava, a Budapest y a Pecz. ¿Qué es cada
Otro tema cuyo tratamiento resulta a menudo excesivo es el lugar? ¿Se trata del parlamento de Budapest o de un palacio de
de la infancia. Los escritores, más cuando se hallan muy lejos de Praga? ¿Dónde vimos tal iglesia? El hecho de vivir esas dos
ese periodo, se regodean con toda presencia o vislumbre de su semanas sumergido en una intrincada y apasionante especie de
niñez. Debemos ingerir innumerables páginas por las que des- educación sentimental, al no dejarme escapar de mí mismo, me
filan las más mínimas peculiaridades de sus juegos infantiles estimulaba a bucear en el pasado, a reflexionar en los diferentes

12 la Gaceta número 424, abril 2006

a
momentos o anécdotas que tendría que elegir para llenar el
a
número de cuartillas requeridas. La carta de don Rafael me
había llegado unas cuantas horas antes de la salida de Varsovia,
y entre pensar y recordar y asombrarme ante ciertos recuerdos,
resultó que iba a parar indefectiblemente en la infancia, pues
algunas constantes que aparecían en mis cuentos o se repetían
en mi vida se encontraban allí de manera embrionaria; que la
acción del tiempo y del mundo se había encargado sólo de
decantarlas y pulirlas; a veces, de deformarlas.
En la infancia, por ejemplo, descubro mi pasión por la lec-
tura, nacida casi por accidente. No tendría aún cinco años.
Acababan de morir mis padres. Vivía yo con mi tío Agustín
Deméneghi y mi abuela Catalina Buganza. Empezaba apenas a
reconocer el nuevo terreno. Recuerdo que el lugar me deslum-
braba: naranjos, la cantidad de flores nunca vistas, las casas
rodeadas de jardines, comunicadas por estrechos senderos. Era
imposible perderse; salía con toda tranquilidad de casa porque
todos aquellos jardines eran sólo para nosotros los “de aden-
tro”: no había peligro de algún accidente, los automóviles te-
nían garajes a un lado de ese oasis. Una tarde caminé unos cien
metros, llegué al prado del edificio del Club de damas; algunas
personas tendidas en sillones de lona tomaban refrescos y ob-
servaban a un grupo de rapaces de mi edad o ligeramente ma-
yores, quienes corrían tras un balón. Me acerqué y me coloqué
junto al grupo de espectadores. Cuando supieron que era el
hijo de la hermana del doctor que días atrás se había ahogado
en el río, me acogieron con simpatía, como es lo usual en esos
casos, me ofrecieron un poco de pastel y me convidaron a jugar
con los demás. Me explicaron que había que patear el balón de
un lado para el otro. Con excepción de mi hermano y mi her-
manita menor, que también acababa de morir, no recuerdo do el abecedario. Cuando me preguntaron por qué no aprove-
haber jugado antes con nadie. Aquello me resultaba novedosí- chaba una tarde tan hermosa para ir a jugar con los demás
simo. La sensación de libertad, los gritos, ese aullar al correr niños, comenté, lo que los impresionó y por varios años me
tras un balón, darle con el pie, rechazar a los contendientes. De valió su buena opinión, que ya había jugado durante bastante
pronto alguien cayó sobre la pelota, otro más, todos nos tren- tiempo y prefería aprender a leer. En efecto, aprendí rápida-
zamos en un nudo, nos revolcamos en el suelo. Entre gritos, mente. Gato escaldado no vuelve por agua: no me atreví a re-
jadeos, piernas magulladas, brazos torcidos, nos movíamos incidir en el mundo agitado y jubiloso de mis contemporáneos,
como mejor podíamos para apoderarnos del balón. En un mo- conformándome con el más apacible de la sirvienta que me
mento determinado alguien lanzó un enseñaba a leer y me llevaba a hacer lar-
grito y comenzó a llorar. Era uno de los Hasta hace poco me inclinaba a gos paseos, siempre preñados de maravi-
niños menores del grupo. Los padres pensar que una buena biografía llas, de descubrimientos, a orillas del río
llegaron inmediatamente y rescataron a debía recoger sólo los datos Atoyac. Gran parte del tiempo lo pasaba
la criatura que aullaba estruendosamen- verdaderamente fundamentales de rumiando las tiras cómicas dominicales,
te y mostraba en el brazo las huellas de todos los periodos anteriores al recortando sus personajes y creando con
una soberbia mordida. contacto de quien la escribe con la ellos nuevas fantásticas historietas total-
—¿Quién lo mordió? —preguntó el creación; la auténtica biografía mente imaginarias.
padre, encolerizado. empezaría en el momento en que Creo que aquel fallido comienzo de
Uno de mis vecinos me señaló y afir- alguien se convierte en aspirante a mi vida social me creó una vida diferen-
mó tranquilamente. escritor, a pintor, a político, etcétera te, distinta, porque me acostumbré a
—El nuevo. pasar largas horas de soledad frente a los
Antes de que se hicieran otras averiguaciones sentí un golpe libros de relatos infantiles que más que un hábito se convirtie-
en el brazo y oí las palabras de indignación del padre ofendido. ron en una pasión; de tal manera que cuando un año después
Salí de allí, medio muerto de vergüenza, pasé frente a la hilera llegó mi hermano Ángel, de Puebla, donde había estado vi-
de señoras tendidas en las sillas de lona que me miraban con viendo con unos tíos paternos para reintegrarse a nuestra vida
reprobación, caminé atontadamente hasta llegar cerca de mi familiar y me arrastró a nuevos juegos con nuestros vecinos, ya
casa, me senté en una piedra y comencé a llorar a gritos. Más nunca dejé de pasar una buena parte de mi tiempo leyendo y
que la infamia de la acusación y el castigo inmerecido me dolía cultivando mi propia vida fantástica en la que se mezclaban
el rechazo, el acto de ser separado ignominiosamente de la historias y personajes creados por mi imaginación con los mu-
grey. Al poco rato llegaron a casa mi abuela y mi tío y me en- ñecos recortados del periódico y las revistas que representaban
contraron sentado juiciosamente al lado de la criada, repasan- a mi padre, a mi madre, a mí mismo. Todo aquello ocurría en

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a
medio del trópico, en el ingenio de Potrero, Veracruz. Mundo Enormes plantíos de café, ranchos de nuestros parientes, que
a
con características muy especiales en aquellos años de 1937 a se llamaban El Olvido, La Reforma, El Refugio, El Castillo,
1945. Las clases estaban muy fuertemente marcadas. Existían sensación en aquellas efímeras vacaciones de pertenecer a una
dos categorías: “los de adentro” y “los de afuera”. Esta diferen- amplia comunidad familiar, ya que toda la gente que llegaba a
cia se establecía según la parte en que se viviera en relación con caballo o en camiones los domingos para asistir a la misa y al
la alta barda que separaba el casco del ingenio, el barrio donde mercado eran primos o tíos nuestros, no importaba que uno no
vivía el gerente y los empleados de con- los conociera, ni hubiera oído antes
fianza, del resto de la población. Allí, Lo que después he sido, lo estoy mencionar sus nombres, ellos estable-
adentro, había un club social, hotel, jar- siendo ahora, tiene sus raíces más cían el parentesco.
dines, la casa de los gerentes y los chalets profundas en aquellos mundos, el —¿Así que son éstos los hijos de
de los funcionarios, estadounidenses, del ingenio, el de la colonia de Ángel y Quiti?
muchas conversaciones en inglés, ele- italianos perdida en el corazón de Y podían extenderse largamente y
gancia en el club de damas las noches de Veracruz, en los paisajes siempre contar una anécdota tras otra sobre
año nuevo o la fiesta del fin de zafra. desbordantes, en el contacto de la nuestros padres, abuelos, bisabuelos. Me
Afuera estaba el mundo de los obreros, naturaleza y sus misterios, en el fascinaba aquel mundo patriarcal donde
las huelgas, el sindicato, la cooperativa, continuo asombro ante las los ancianos hablaban italiano, sus gran-
las calles que eran lodazales, en fin, la complicadas relaciones humanas de des casonas idénticas a las que muchos
mugre. Los únicos transeúntes naturales la gente que jugaba por las tardes al años más tarde conocí en las márgenes
entre ambos mundos éramos nosotros, cricket, al tennis y por las noches a del Po, donde se comía la polenta, las
los niños, porque la única escuela queda- las cartas y el mundo más menestras, la mortadela y los quesos
ba del lado de afuera. Allí, en la escuela pintoresco, más abigarrado, pero a la preparados exactamente igual que en los
Carlos A. Carrillo, aprendí a cantar la vez más deslucido que se agrupaba pueblos de Italia abandonados mucho
Internacional y a recitar odas revolucio- en las casas de afuera de la muralla tiempo atrás.
narias que recomendaban quemar la Lo que después he sido, lo estoy sien-
casa del patrón y que eran estrictamente tabú en el lado de do ahora, tiene sus raíces más profundas en aquellos mundos,
adentro. Hacía con mi hermano y mis amigos largas excursio- el del ingenio, el de la colonia de italianos perdida en el cora-
nes, paseos a pie o a caballo, nadábamos y trepábamos monta- zón de Veracruz, en los paisajes siempre desbordantes, en el
ñas. El mundo se desarrollaba en una especie de saltos, de an- contacto de la naturaleza y sus misterios, en el continuo asom-
tagonismos vencidos o invencibles. Observaba con insaciable bro ante las complicadas relaciones humanas de la gente que
curiosidad a los amigos de la familia cuando llegaban por las jugaba por las tardes al cricket, al tennis y por las noches a las
noches a nuestra casa a jugar al rommy o que nos acompaña- cartas y el mundo más pintoresco, más abigarrado, pero a la
ban en los días de campo al naranjal de mi tío. Disfrutaba vez más deslucido que se agrupaba en las casas de afuera de la
muchísimo con la conversación de mi abuela; algunas de sus muralla. El mundo estaba constituido por una serie de jerar-
anécdotas me hacían reír hasta la locura. Estoy seguro de que quías. En Potrero, los de adentro y los de afuera; en la colonia
nunca ha tenido mejor público que yo, y aunque a veces, por Manuel González, los italianos y los mestizos. Tales categorías
reacción, aparentaba yo no dar mucha importancia a lo que me resultaron siempre incomprensibles; existían, pero yo las
decía, sus relatos se me clavaban en alguna parte y allí se que- violaba constantemente.
daban incrustados. En mis cuentos a menudo surge la relación Cada quien puede describir y elegir retrospectivamente la
niño-abuela o niño-abuelo. El hecho de no haber logrado en- infancia que desee. Porque en esa época el tiempo no cuenta.
gañarla jamás, o, mejor dicho, de que cualquier cosa que le Es una dimensión abierta en la que todo ocurre; los aconteci-
intentara ocultar resultaría inútil pues de antemano, por alguna mientos se desbordan como en cataratas. Se puede entretejer
forma de intuición que siempre he admirado, ella lo sabía todo, con ellos un rosario y otro y otro más, y aunque los resultados
hacía que me pareciera un personaje casi sagrado. Aquel era el sean opuestos serán siempre coherentes. Podría relatar de va-
côté Deméneghi-Buganza de la familia. rias formas mi niñez, sería real, casi más real que ésta, una in-
El año culminaba con un viaje, en las vacaciones de diciem- fancia arrasada por la enfermedad, un paludismo durante largas
bre a la casa de mi abuelo Pitol. Era la aventura para la que mi temporadas, de los ocho a los doce años. Fui a la escuela, pero
hermano y yo nos preparábamos durante todo el año. El viaje irregularmente, hice paseos pero no todos los que hizo mi
que hoy se puede efectuar desde Potrero hasta la colonia Ma- hermano. Sería fastidioso recordar todo aquello, aunque debo
nuel González en unas tres horas nos llevaba en aquellos tiem- decir que la larga enfermedad fue la verdadera madre de mis
pos un día entero y a veces más, debido a la intransitabilidad de lecturas. De cualquier manera todos sabemos que hay ciertos
los caminos. Era un viaje que hacíamos mi hermano y yo solos. momentos que se grabaron para siempre y nos conformamos
El tren nos llevaba hasta Camarón, y de allí seguíamos rumbo de tal o cual manera. Se trata nada menos que del descubri-
a la colonia en lo que encontráramos, camión de redilas o algún miento y de la posesión del mundo, y el niño, de cierta malig-
desbarajustado automóvil, con veinticinco años de uso por lo na manera, está consciente de ello. Sabe también que un día
menos, que hacía el servicio de pasajeros a Huatusco. Todo ese será como sus padres, sus abuelos, sus tíos; sabe que su única
mundo ha desaparecido completamente. En nuestros países, superioridad sobre ellos estriba en eso, en el hecho de aún ser
donde los fenómenos sociales no están aún estratificados, cada niño, porque al serlo no comprende muchas cosas y eso no le
generación tiene la impresión de ser la única que ha disfrutado perturba, en cambio cuando sea mayor tendrá que tratar de
—o sufrido— un mundo con características irrepetibles. Así comprenderlas y eso —intuye— puede producirle más de un
me ocurre con la bucólica colonia, con el mismo Potrero. grandísimo fastidio. G

14 la Gaceta número 424, abril 2006

a
a
Iván, niño ruso
Sergio Pitol

La imaginación es el vehículo por el que viajan los


sedentarios. Esos periplos mentales dejan recuerdos
tan nítidos como los que recaba el paseante real.
En este redondo relato sobre su infancia —tomado del
tomo cuarto de sus Obras reunidas—, Pitol muestra
la génesis de su vocación por el viaje, por lo exótico,
por la fabulación como requisito para estar vivo

Mi madre había muerto unos meses atrás; yo comenzaba a ir a


la escuela, una modesta casa privada donde éramos ocho o diez
alumnos. Aún no me había atacado la malaria, de modo que
podía hacer una vida más o menos regular. Cantábamos casi
todo el tiempo, pero también aprendimos a contar, a leer, a
dibujar. Todos éramos allí felices, me parece. La maestra se
llamaba Charito, era muy gorda, pero maravillosamente ágil
para bailar y lo hacía con frecuencia. Mi abuela me pasó un
libro para que practicara en casa la lectura; lo más posible es
que haya sido de mi madre, cuando niña. En la primera página
había una plana con algunos rostros, cada uno enmarcado en
un cuadro y con unas palabras de identificación. La página
tenía como título Razas humanas, y contenía fotos o dibujos de
niños de distintos lugares y diferentes razas. Una de esas cria-
turas tenía labios abultados y pómulos salientes, rasgos que le
daban un aspecto animal, y ese carácter lo potenciaba un espe-
so gorro de piel que le cubría hasta las orejas y que yo suponía
era su propio pelo. Al pie se leía: Iván, niño ruso. Por las tardes,
cuando la casa se sumergía en el sueño, hacía yo una larga ca-
minata. Era la temporada muerta, esos largos meses de inacti-
vidad inmediatamente posteriores a la zafra; la enorme fábrica
quedaba entonces vacía, salvo, tal vez, durante algunos días chico, unos cuatro años mayor que yo, un absoluto extraño.
en que revisaban la maquinaria. En la tarde no había ningún Era Billy Scully, recién llegado a Potrero. Billy era hijo del
trabajador, sólo uno que otro vigilante. Si me preguntaban qué ingeniero en jefe del ingenio, y se convirtió, desde el primer
hacía allí ineludiblemente respondía que en mi casa se había momento, en un caudillo nato, pero jamás un tirano, a quien
descompuesto el reloj y mi abuela me todos admiramos al instante. Ante la
mandaba a consultar el reloj de la fábri- Era yo un niño bastante loco, muy firmeza de sus movimientos y la libertad
ca. Y entraba. Atravesaba el cuerpo cen- solitario, muy caprichoso, me que emanaba de todo su ser, me sentí
tral del ingenio, recorría sus diversas parece. Los problemas de mitomanía aún más disminuido. Me preguntó quién
naves, salía de los edificios y caminaba me duraron unos cuantos años, era yo, cómo me llamaba.
hasta un monte de bagazo de caña que se como defensa ante el mundo. A —Iván —respondí.
secaba bajo el sol. No logro saber de qué veces, más tarde, con unas copas —¿Iván qué?
modo llegué a conocer ese sitio solitario volvían a surgir, lo que me —Iván, niño ruso.
ni quién me enseñó a orientarme en encolerizaba y deprimía a un grado Por intuición, presiento que mi rela-
aquel laberinto obstruido a cada mo- desproporcionado ción íntima con Rusia se remonta a esa
mento por máquinas gigantescas. Una lejana fuente. Por supuesto, Billy no me
vez allí, me sentaba o tendía sobre el bagazo tibio. Desde una creyó, pero no logró hacerme rectificar. Era yo un niño bas-
altura regular contemplaba una cañada que terminaba en un tante loco, muy solitario, muy caprichoso, me parece. Los
muro de árboles de mango. Sabía yo que detrás de esos árboles problemas de mitomanía me duraron unos cuantos años, como
corría el río Atoyac, el mismo en donde, unos cuantos kilóme- defensa ante el mundo. A veces, más tarde, con unas copas
tros más abajo, se había ahogado mi madre. Nadie pasaba por volvían a surgir, lo que me encolerizaba y deprimía a un grado
ese lugar, o en el caso de que alguna rarísima vez sucediera eso desproporcionado. La única excepción fue la de mi identifica-
me enroscaba en el bagazo, creyendo que me mimetizaba ción con Iván, niño ruso, que aún a veces me parece ser autén-
como las iguanas y me volvía invisible. Un día apareció un tica verdad. G

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a
a
Conrad, Marlow, Kurtz
Sergio Pitol

Hemos tomado de Adicción a los ingleses. Vida y obra de diez los diarios añaden aclaraciones. Entre penumbras se deduce
novelistas, colección de ensayos que en 2002 publicó que buena parte de las actividades del joven polaco transcurrió
Lectorum —editorial a la que agradecemos el permiso para al margen de las buenas costumbres y a veces de la ley. No es
compartirlo con nuestros lectores—, parte del texto que difícil imaginar el sentimiento de exultación de Conrad, cuya
Pitol dedicó a su admirado Conrad. Fechado en su versión niñez se deslizó, junto con su familia, en un riguroso exilio
definitiva en Xalapa, durante el mes de abril de 1998, político en las heladas regiones del norte de Rusia, en la llanu-
parte de este ensayo sirvió de introducción a la edición de ra ucraniana y en la Galitzia polaca, al sentirse libre por prime-
la UNAM de Nostromo ra vez de tutelas familiares y acechanzas policiacas en un puer-
to del Mediterráneo y, poco más tarde, entrar en contacto con
Una cruzada del progreso la sensualidad del Caribe y la atmósfera exótica del archipiéla-
go malayo, puertos, comunidades, usos, sitios tan distintos a
En septiembre de 1876, la Asociación Internacional para la los de su infancia como si pudieran ser los paisajes y costum-
Explotación del Alto Congo celebró en Bruselas una impor- bres de otro universo. La vida de Conrad posee la misma in-
tante conferencia, auspiciada por el rey Leopoldo de Bélgica, tensa fascinación que el mejor de sus relatos. A primera vista
el accionista principal de las empresas comerciales del Congo. parecería que cada etapa forma parte de la existencia de un
Allí, con solemne pompa, se proclamaron los altos principios en hombre diferente. Como si varias personas realizaran un des-
que se inspiraba la exploración de esa zona del África: “Abrir a tino común: el niño exiliado al lado del padre enfermo, el
la civilización la única parte del globo aún no penetrada, disol- aventurero adolescente inscrito en la marina francesa, el con-
ver las tinieblas que envuelven a poblaciones enteras, es, debe- trabandista de armas en España, el marinero inglés, el respeta-
mos atrevernos a decirlo, una cruzada digna de este siglo de ble ciudadano británico, el hombre de letras, autor de una de
progreso.” las más memorables obras narrativas de la literatura inglesa.
Por las mismas fechas, un marinero polaco de diecinueve Hay ciertos hilos profundos que unen esas etapas; uno de ellos,
años, matriculado en un barco francés, hacía su segundo reco- el estado permanente de postración o irritación nerviosa (su
rrido por el golfo de México y el Caribe y tocaba algunos correspondencia nos entrega la imagen de un individuo ago-
puertos de la costa venezolana, uno de ellos, Puerto Cabello, biado desde la niñez hasta sus últimos años) y el sentimiento de
se convertiría treinta años más tarde —cuando el marinero soledad, de “extranjería” ante el mundo y frente a sus semejan-
Jozef Konrad Nalecz Korzeniowski había dejado de existir para tes que nunca habría de abandonarlo. Un episodio fundamen-
transformarse en el novelista inglés Joseph Conrad— en Sula- tal une varios cabos sueltos y cristaliza los datos dispersos de su
co, el escenario de Nostromo, una de sus obras fundamentales. personalidad: la estancia en el Congo. De hecho, el año que
El periodo comprendido entre octubre de 1874, fecha de su sobrevivió allí decidió acabar pronto con la marina —realizaría
salida de Polonia, y su ingreso en la marina mercante inglesa, ya sólo dos viajes a Australia, a sabiendas de que el mar había
en abril de 1878, es el más oscuro de la dejado de interesarle— para iniciar su
vida de Conrad. Por las noticias que A los treinta años, Conrad embarcó vida de escritor.
conocemos al respecto —contradicto- rumbo al África. Permaneció un Por supuesto que cuando a los dieci-
rias, fragmentarias— provenientes de la año en el Congo, conduciendo nueve años Conrad desembocó en Puer-
correspondencia con sus familiares, un vapor de la ruta Kinshasa- to Cabello no podía imaginar que aquel
donde nunca se mencionan ciertas ver- Léopoldville. Al volver a Europa lugar iba a transformarse en el escenario
dades, de sus desvaídos libros de memo- era casi un cadáver. A eso de una novela suya, Nostromo, y ni si-
rias donde también evita tratar asuntos contribuyeron las fiebres tropicales quiera que algún día habría de conver-
íntimos, publicados muchos años des- y la disentería. Pero el golpe tirse en un gran escritor. Tampoco podía
pués, y de algunos pasajes narrativos en decisivo fue de índole moral adivinar que su tía, Margarita Paradows-
que aprovecha experiencias personales ka, residente en Bruselas, movería todas
de su juventud, sólo logramos saber que obtuvo el consenti- sus influencias para incorporarlo como capitán de navío a la
miento de su tutor para marcharse a Marsella e ingresar en la Sociedad Anónima Belga para el Comercio del Alto Congo, aun-
marina francesa; que fue un periodo de inestabilidad; que viajó que esto pudiera caber más en el campo de sus posibilidades y
un par de veces a puertos antillanos; que hizo contrabando de aspiraciones.
armas en España; que su vida no fue distinta de la de cualquier Para un joven capaz de imaginar y disfrutar una aventura, el
marinero adolescente residente en Marsella; que sus familiares continente africano ofrecía perspectivas prodigiosas. Las cró-
se desesperaban ante las deudas contraídas y las noticias alar- nicas de las exploraciones de Stanley excitaban la imaginación
mantes que recibían de Francia, y que, al fin, una grave depre- de una multitud de lectores. ¡El corazón del África había sido
sión nerviosa y un intento frustrado de suicidio dieron fin a esa al fin tocado! La civilización se introducía en regiones que
etapa. Son datos que conocemos con extrema vaguedad o tan habían permanecido cerradas y anunciaba la posibilidad de
escuetamente que de verdad no dicen casi nada; ni las cartas ni iluminar a la humanidad entera. Los riesgos por correr hacían

16 la Gaceta número 424, abril 2006

a
en sí tentadora la empresa y los beneficios compensaban cual- toda victoria moral significa a la vez una derrota material. El
a
quier eventual tropiezo. La gran riqueza del Congo no era héroe conradiano triunfa sobre sus adversarios haciéndose añi-
entonces, como hoy, el uranio, sino el marfil. Europa abría a la cos o permitiendo que algún ser despreciable lo haga añicos. Su
navegación uno de los ríos más caudalosos del mundo, catequi- recompensa, su victoria, consiste en haberse mantenido fiel a sí
zaba tribus, obsequiaba a los nativos con idiomas y costumbres mismo y a unos cuantos principios que para él encarnan la ver-
superiores; como premio obtenía toneladas de precioso marfil, dad. Jamás se deja tentar por la mentira ni por la vulgaridad; por
uno de los más supremos lujos en esa época que aspiraba a fu- lo mismo es siempre un blanco fácil para los dardos de la mo-
sionar la moral con la pasión estética y la rralla humana, el medio pelo, esa mez-
obsesión de la riqueza. Sin sentimentalismos de ninguna quina y ruidosa turba que vive sostenida
En 1890, a los treinta años, Conrad especie, es más, con una por la falacia, el oportunismo, la sumi-
embarcó rumbo al África. Permaneció dignidad y estoicismo ejemplares, sión, la oquedad, las trampas, las engañi-
un año en el Congo, conduciendo un Conrad nos revela en sus novelas fas sociales, la venalidad y la moda.
vapor de la ruta Kinshasa-Léopoldville. el carácter trágico del destino Tres párrafos extraídos de la corres-
Al volver a Europa era casi un cadáver. A humano, añadiendo que pondencia de Conrad ejemplifican la
eso contribuyeron las fiebres tropicales toda victoria moral significa liga entre sus convicciones literarias y
y la disentería. Pero el golpe decisivo fue a la vez una derrota material. morales:
de índole moral. La cruzada proclamada El héroe conradiano triunfa
por el gobierno de Bélgica y las grandes sobre sus adversarios haciéndose Una obra de arte muy rara vez se limita a un
potencias europeas enmascaraba tartufa- añicos o permitiendo que algún único sentido y no tiende necesariamente a
mente las formas más primitivas de ex- ser despreciable lo haga añicos una conclusión definitiva… A medida que la
plotación. Las tinieblas que había men- historia se aproxima al arte adquirirá un
cionado el rey Leopoldo se convertían en oscuridad total. El mayor halo simbólico… Todas las grandes obras de la literatura
hombre enlistado en aquella cruzada del progreso se transfor- han sido simbólicas, y, de ese modo, han ganado en compleji-
maba con sorprendente rapidez en fiera peligrosa dispuesta a dad, poder, profundidad y belleza.
destruir a cuantos obstaculizaran su enriquecimiento inmedia-
to. Testimonio de aquel año es El corazón de las tinieblas (1902). Mi preocupación fundamental reside en el valor ideal de las cosas,
Conrad, igual que el narrador de la historia, Marlow, un per- los acontecimientos y las personas. Sólo eso. En verdad son los
sonaje que se interna hasta el más remoto de los campamentos valores ideales de los actos y gestos humanos los que se han
del Congo en busca de Kurtz, el soñador, el profeta, el civili- impuesto a su actividad artística… Tengo la convicción de que el
zador, va descubriendo dentro de sí esa mundo descansa en unas cuantas ideas, muy
fuerza que nace al contacto con la barba- sencillas, tan sencillas que deben ser tan vie-
rie. Esa experiencia creó en Conrad la jas como las montañas. Descansa, sobre
convicción de que al ser humano se le todo, en la fidelidad a uno mismo.
presentan sólo dos opciones: adherirse
al mal o soportar estoicamente la desdi- El crimen es una condición necesaria a la exis-
cha. Al margen de un contexto civiliza- tencia de una sociedad organizada. La socie-
do, toda institución creada por el hombre dad es esencialmente criminal… La madurez
para coexistir en armonía: leyes, cos- de una sociedad, su aseo moral, la elimina-
tumbres, modales, cultura, moral, forma ción del elemento criminal en su conforma-
una película endeble, pronta a rasgarse a ción, sólo puede ser obra del individuo. Por
la menor provocación para abrir paso al remota que parezca su realización, creo en la
elemento salvaje, primario, indómito, nación como un conjunto de personas y no
hasta encontrar el fondo oscuro de la de masas.
naturaleza humana. Enfrentado a la na-
turaleza circundante, Kurtz, el protago- Una novela de Conrad es, en su aspecto
nista, reconoce la suya, la de animal de más visible, una historia de acción, col-
presa. mada de aventuras, situada en escenarios
Vuelve a Europa convertido en otro exóticos, a veces verdaderamente salva-
hombre, como le había ocurrido a Ché- jes. Lo normal en ese tipo de relato es
jov al regreso de la isla de Sajalín, visitada para conocer los contar una historia de modo lineal, con una cronología sin
campos penitenciarios de la policía rusa. Ambos conocieron el fracturas, y hacerla fluir capítulo a capítulo hasta el desenlace.
infierno y descendieron a sus círculos más tenebrosos. Imposi- Pero para Conrad, eso habría sido una crasa vulgaridad. Él
ble regresar de esas experiencias tal como salieron de casa. podía iniciar el relato a la mitad de una historia o aun comen-
Conrad confesaría en una carta que hasta el momento de su zarlo poco antes del clímax final, en fin, donde le diera la gana,
viaje al Congo había vivido en plena inconsciencia y que sólo y hacer que el relato se moviera en un complicado zigzag cro-
en el África había nacido su comprensión del ser humano. nológico, logrando fijar el interés del lector precisamente en
Chéjov, en otra carta, se expresa de manera casi idéntica. ese sinuoso laberinto, en la ambigüedad de lo narrado, en el
Sin sentimentalismos de ninguna especie, es más, con una lento reptar de la trama por las fisuras de un orden temporal
dignidad y estoicismo ejemplares, Conrad nos revela en sus que él se ha esforzado en destrozar. Las continuas digresiones,
novelas el carácter trágico del destino humano, añadiendo que ésas que permiten a los personajes reflexionar sobre moral u

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a
otros temas anexos, en vez de entorpecer el ritmo dramático comenzará a trabajarlo: la fascinación de lo abominable. “Po-
a
del relato potencian su intensidad y cargan a la novela de una déis imaginar —dice Marlow a sus contertulios— su deseo de
vigorosa capacidad de sugestión. Lo que parecía un borroso escapar, su impotente repugnancia, su claudicación, su odio.”
bosquejo se convierte en una historia misteriosa, donde más En la evocación de ese pasado remoto, se encierran todos los
que certezas hay conjeturas; en fin, un enigma que puede in- temas de El corazón de las tinieblas. Hay allí un poder imperial
terpretarse de distintos modos. Eso, entre otros atributos, ca- que no cesa de anexarse nuevos territorios, hasta entonces inac-
racteriza el arte narrativo de Joseph Conrad. cesibles. Fuerza bruta, conquistadores, y entre ellos un joven
Pero para que ese tortuoso hilo narrativo pueda alcanzar su sensitivo aterrorizado, viviendo en su interior una lucha deno-
plenitud, Conrad tuvo que inventar a Marlow, su alter ego, el dada para al fin ceder ante lo abominable, una lucha donde el
personaje a quien confía la narración de la historia. Marlow, odio hacia los demás se entrevera con el odio a sí mismo. En-
como su creador, es un hombre de mar, un caballero, una per- capsulado en una nuez, junto al tema de la conquista imperial
sona con ideas propias y una curiosidad se halla otro más individual, el de la fra-
humana reñida con cualquier manifesta- La degradación humana de la que gilidad del hombre, su ansia de vincular-
ción de moral cerrada. Todas esas cuali- Conrad es testigo en el Congo ha de se al mundo primigenio, la añoranza
dades y su concepto personal de toleran- atribuirse en parte a las brutales adánica que rechaza la tenue capa de ci-
cia lo convierten en un perfecto refrac- prácticas coloniales y otra, también vilización que lo envuelve y lo lanza a
tor de la realidad, para beneficio de poderosa, al influjo insano de la vivir experiencias salvajes. La historia del
Conrad su creador, y de nosotros, sus selva. La selva transforma y joven romano trazada en unas cuantas
lectores. Marlow es el testigo que nos enloquece a quienes la mancillan, líneas prefigura el destino de Kurtz, el
refiere las circunstancias precisas de un aunque sea con su presencia joven brillante enviado de Bélgica dieci-
acontecimiento por ser el hombre que nueve siglos más tarde al corazón del
realmente estuvo donde la acción tuvo lugar. Aparece como África como avanzado del progreso, y su atroz transformación.
relator en varias novelas, en Juventud, Lord Jim, Azar; pero en En tiempos de Conrad los términos imperialismo y colonialis-
El corazón de las tinieblas rebasa su calidad testimonial para con- mo eran meros tecnicismos para designar la relación entre las
vertirse en un actor de la historia, en un protagonista activo de grandes potencias y el resto del mundo. La connotación peyo-
quien depende la estructura y la trama de la obra. rativa es posterior. En la literatura inglesa, hasta la primera
Uno de los temas fundamentales de Conrad es la pugna guerra mundial, la saga imperial se describe en términos heroi-
surgida entre la vida verdadera y los simulacros de vida. En El cos. El corazón de las tinieblas, publicada en 1902, es uno de los
corazón de las tinieblas esa contradicción es titánica y extraor- primeros libros desacralizadores de las hazañas imperiales,
dinariamente sombría, ya que la encarnan dos adversarios de aunque por lealtad a Inglaterra, que le ha otorgado su ciudada-
estatura desigual. Por una parte el hombre, o, mejor dicho, la nía, se abstiene de mencionar al imperialismo inglés. ¡Da lo
frágil consistencia moral del hombre y, por la otra, la todopo- mismo! En el transcurso del narrador —porque Marlow pasa
derosa, la invulnerable, la majestuosa de pronto del legionario romano de ini-
naturaleza: el mundo primigenio, lo cios del milenio a sus propias experien-
aún no domado, lo amorfo, lo profun- cias en el Congo— su barco al deslizarse
damente bárbaro y oscuro con todas sus por el litoral africano pasa frente a cen-
tentaciones y asechanzas. […] tros comerciales llamados Gran Basam o
Little Popo:
La fascinación satánica
nombres que parecían pertenecer a alguna
El inicio de El corazón de las tinieblas es farsa representada ante un telón siniestro…
extraordinario por la audaz simetría que En una ocasión nos acercamos a un barco de
prefigura. Marlow, sentado en la cu- guerra anclado en la costa. No había allí ni
bierta de un barco anclado en el Táme- siquiera una cabaña, sin embargo disparaban
sis, espera a que cambie la marea para contra los matorrales. Había un aire de locu-
poder zarpar. Es de noche. Unos cuan- ra en esa actividad, su contemplación produ-
tos amigos lo rodean. De pronto, inicia cía una impresión de broma lúgubre. Y esa
uno de esos vagos, larguísimos relatos a impresión no desapareció cuando alguien de
los que sus amigos seguramente están ya acostumbrados. Se abordo me aseguró con toda seriedad que había un campamento de
trata de una evocación del bosque extendido frente al río donde aborígenes —¡los llamaba enemigos!— oculto en un sitio fuera
está anclado el barco, diecinueve siglos atrás, cuando en aquel de nuestra vista… Hicimos escala en algunos otros lugares de nom-
país reinaba la más absoluta oscuridad y a donde en un cierto bres grotescos donde la alegre danza de la muerte y el comercio
momento llegaron las legiones de Roma. Marlow imagina a un continuaban desenvolviéndose en una atmósfera tranquila y terre-
joven legionario arrancado de cuajo de los refinamientos roma- nal, como en una catacumba ardiente, a lo largo de aquella costa
nos, plantado de repente en un escenario primitivo; imagina informe, bordeada de un rompiente peligroso, como si la misma
también la sensación de espanto sufrida por aquel joven ante la naturaleza tratara de desalentar a los intrusos. […]
vida primaria y misteriosa que se agita en la selva y en el cora-
zón del hombre. “¡No hay iniciación posible para enfrentarse a Conrad creyó en su juventud en [la hazaña civilizadora em-
esos misterios!” Aquel muchacho tendrá que vivir en medio de prendida por el rey Leopoldo de Bélgica]. Hizo todo lo posible
lo incomprensible, y en ello encontrará una fascinación que por incorporarse a ella y en 1890 lo logró. Fue la experiencia

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a
más desastrosa de su vida. Posteriormente, en un artículo,
a
“Geography and Some Explorers”, calificó la empresa colonial
belga como “la acción de rapiña más vil que jamás haya desfi-
gurado la historia de la conciencia humana y la exploración
geográfica”.
La degradación humana de la que Conrad es testigo en el
Congo ha de atribuirse en parte a las brutales prácticas colo-
niales y otra, también poderosa, al influjo insano de la selva. La
selva transforma y enloquece a quienes la mancillan, aunque
sea con su presencia. La literatura hispanoamericana ha produ-
cido un clásico a este respecto: La Vorágine, del colombiano
José Eustasio Rivera, donde se narra la lucha desigual entre el
hombre y la naturaleza avasalladora. Todo es enorme y majes-
tuoso, las plantas y los animales, menos el hombre que va dis-
minuyéndose con su contacto, hasta acabar siendo devorado
por la jungla. Otro colombiano, Álvaro Mutis, en La nieve del
almirante, pone en boca del capitán de una lancha estas pala-
bras: “La selva tiene un poder incontrolable sobre la conducta
de quienes no han nacido en ella. Los vuelve irritables y suele
producir un estado delirante no exento de riesgo.”
Kurtz, el misterioso protagonista de la novela conradiana,
llena el libro con su leyenda y casi al final, en una breve parte,
con su aparición y su muerte. Su figura aparece fragmentada y
los fragmentos casi nunca concuerdan. Se nos dice que es uno
de los avanzados del progreso, instalado en una estación de
recolección del marfil en el corazón del Congo. Un joven bri-
llante a quien se le augura en Bélgica un futuro extraordinario.
Se le concibe como un joven ardientemente idealista capaz de
introducir la civilización, la prosperidad y el progreso hasta los
pliegues más recónditos de ese continente aún no conocido
por entero. Un cruzado de las causas más nobles, un fiero cau- low es el único en solidarizarse con el despojo humano que a
dillo de la filantropía, y, a la vez, el director de la estación co- duras penas puede subir al barco, sobre todo por el desprecio
mercial que ha producido los más extraordinarios resultados que le produce la pandilla de rapaces depredadores que envi-
económicos. diaban la fortuna amasada por Kurtz, pero que jamás se hubie-
Marlow, el testigo de su final, ha sido contratado como ca- ran atrevido a vivir las aventuras de aquel espíritu atormentado,
pitán de un vapor que debe recorrer las distintas estaciones que jamás conocerían el horror, la embriaguez, la comunión
comerciales a lo largo del río Congo. La primera misión que le con las fuerzas telúricas que él había conocido, paladeado y
es encomendada es buscar a Kurtz, sobre cuya salud corren sufrido. “En realidad yo había optado por la selva, no por el
alarmantes rumores, y, en caso de ser necesario, transportarlo a señor Kurtz”, explica Marlow.
la costa. El viaje es pospuesto durante varios meses. Cuando al Kurtz, como arquetipo junguiano, encarnaría el papel de un
final el vapor lo recoge, Kurtz es casi un cadáver. La novela, ya ángel rebelde, a cuya fascinación satánica es difícil resistirse.
se ha dicho, está permeada por entero por el fantasma de Kurtz. Desde ese punto de vista la historia se convierte en un viaje
Algunos lo admiran, otros lo aborrecen, y siempre por razones nocturno al subconsciente, un contacto con las energías crimi-
diversas y contradictorias. Hacer coherentes estos informes nales que permanecen latentes en el ser humano y que la civi-
fragmentarios resulta una labor imposible; lo es para Marlow, lización no ha logrado reprimir. Por momentos, Marlow se
y, desde luego, para nosotros sus asombrados lectores. identifica con Kurtz en el sueño de poder aún integrarse a un
Marlow nos describe el efecto que le produce contemplar, a mundo germinal, bárbaro, y conocer intensas ceremonias ini-
través de su catalejo cuando el vapor se aproxima a la casa de ciáticas. Algo aún podrá vislumbrarse aunque la oscuridad,
Kurtz, las estacas que la rodean rematadas con cabezas huma- parece pensar Marlow, nunca revele las fuentes últimas de ese
nas en distintos estados de putrefacción. Algo de lo demás, misterio. Y allí aparece ya el sustrato remoto de un inconscien-
pero no demasiado, lo vamos sabiendo atropelladamente a te colectivo que de tiempo en tiempo se reactiva: el reencuen-
partir de ese momento. Por ejemplo, que en la región es res- tro con el mundo conocido por el hombre millones de años
petado como un rey, adorado como un dios, que ha participado atrás e irremisiblemente perdido. El deseo de volver a ese
en ritos innombrables, en orgías descomunales, presididas por tiempo inicial no obstante saber que la oscuridad se vengará de
el sexo y la sangre. Ha vivido una experiencia inimaginable cualquier transgresión cometida en sus dominios.
para un europeo. Los comerciantes belgas que van en el barco El corazón de las tinieblas es un relato poseedor de un miste-
lo tratan con odio, por considerar que ha ido demasiado lejos, rio inagotable. De ahí nace su poder literario. Podemos estar
que sus métodos han arruinado la región para la recolección seguros de que este libro mantendrá un núcleo inescrutable
del marfil, que ha acostumbrado mal a los nativos, y por lo defendido para siempre. Cada generación tratará de revelarlo.
mismo durante largo tiempo nadie podrá reemplazarlo. Mar- En ello consiste la perenne juventud de la novela. G

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a
a
El corazón de las tinieblas
Joseph Conrad

Se traduce a un autor por admiración, por complicidad Yo pasaba los días en el punto extremo de aquella cubierta,
—para ser su voz en otra lengua—, por curiosidad junto a la puerta. De noche dormía, o trataba de hacerlo, sobre
—¿cómo se logra tal o cuál efecto?—, por mera diversión. el techo. Un negro atlético procedente de alguna tribu de la
Pitol se cuenta entre los ejemplos sobresalientes costa, y educado por mi desdichado predecesor, era el timonel.
de escritores que se ponen al servicio de un colega Llevaba un par de pendientes de bronce, una tela azul lo en-
idolatrado: al encarnar a Conrad en español, volvía de la cintura a los tobillos, y tenía una alta opinión de sí
don Sergio no busca el de las tinieblas sino el corazón mismo. Era el imbécil menos sosegado que haya visto jamás.
de la luz literaria Guiaba con cierto sentido común el barco si uno permanecía
cerca de él, pero tan pronto como se sentía no observado era
inmediatamente presa de una abyecta pereza y era capaz de
“Aquello tuvo lugar, por decirlo así, dos horas después de que dejar que aquel vapor destartalado tomara la dirección que
se levantara la niebla, y su principio, aproximadamente, fue quisiera.
una milla y media antes de llegar a la estación de Kurtz. Preci- ”Estaba yo mirando hacia el palo de sonda, muy disgustado
samente acabábamos de ser sacudidos en un recodo, cuando vi al comprobar que sobresalía cada vez un poco más, cuando vi
una isla, una colina herbosa de un verde deslumbrante, en que el hombre abandonaba su ocupación y se tendía sobre
medio de la corriente. Era lo único que se veía, pero cuando cubierta, sin preocuparse siquiera de subir a bordo el palo, se-
nuestro horizonte se ensanchó vi que era la cabeza de un am- guía sujetándolo con la mano, y el palo flotaba en el agua. Al
plio banco de arena, o más bien de una cadena de pequeñas mismo tiempo el fogonero, al que también podía ver debajo
porciones de tierra que se extendían a flor de agua. Estaban de mí, se sentó bruscamente ante la caldera y hundió la cabeza
descoloridas, junto a la superficie, y todo el grupo parecía estar entre las manos. Yo estaba asombrado. Después miré rápida-
bajo el agua, exactamente de la manera en que puede verse la mente hacia el río, donde vi un tronco de árbol sumergido.
columna vertebral de un hombre bajo la piel de la espalda. Unas varas, unas varas pequeñas, volaban alrededor; zumbaban
Podíamos dirigirnos a la derecha o a la izquierda. Por supues- ante mis narices, caían cerca de mí e iban a estrellarse en la
to yo no conocía ningún paso. Ambas márgenes tenían el cabina de pilotaje. Pero a la vez el río, la playa, la selva, estaban
mismo aspecto, la profundidad parecía ser la misma. Pero en calma, en una calma perfecta. Sólo podía oír el estruendoso
como me habían informado de que la estación estaba situada chapoteo de la rueda, en la popa, y el zumbido de aquellos
en la parte occidental, tomé naturalmente el paso más próximo objetos. ¡Por Júpiter, eran flechas! ¡Nos estaban disparando!
a esa orilla. Entré rápidamente en la cabina a cerrar las ventanas que daban
”No bien acabábamos de entrar, cuando advertí que era a la orilla del río. El estúpido timonel, con las manos en las
mucho más estrecho de lo que había previsto. A nuestra iz- cabillas del timón, levantaba las rodillas, golpeaba el suelo con
quierda se extendía, sin interrupción, el largo banco de arena, los pies, y se mordía los labios como un caballo sujeto por el
y a la derecha una orilla elevada y abrupta, densamente cubier- freno. ¡El muy imbécil! Estábamos haciendo eses a menos de
ta de maleza. Los árboles se agrupaban en filas apretadas. Las diez pies de la playa. Al asomarme para cerrar las ventanas, me
ramas colgaban sobre la corriente, y, de cuando en cuando, el incliné a la derecha y pude ver un rostro entre las hojas, a mi
gran tronco de un árbol se proyectaba rígidamente en ella. Era misma altura, mirándome fija y ferozmente. Y entonces, súbi-
ya por la tarde, el aspecto del bosque era lúgubre y una amplia tamente, como si se hubiera removido un velo ante mis ojos,
franja de sombra caía sobre el agua. En esa sombra bogábamos descubrí en la maleza, en el seno de las oscuras tinieblas, pe-
muy lentamente, como ya pueden imaginar. Dirigí el vapor chos desnudos, brazos, piernas, ojos brillantes. La maleza her-
cerca de la orilla, donde el agua era más profunda, según me vía de miembros humanos en movimiento, lustrosos, broncea-
informaba el palo de sonda. dos. Las ramas se estremecían, se inclinaban, crujían. De ahí
”Uno de mis hambrientos y pacientes amigos sondeaba salían las flechas. Cerré el postigo.
desde la proa, exactamente debajo de mí. Aquel barco de vapor ”‘Guía en línea recta’, le dije al timonel. Su cabeza miraba
era exactamente como un lanchón con una cubierta. En la con rigidez hacia adelante, los ojos giraban, y continuaba le-
cubierta había dos casetas de madera de teca, con puertas y vantando y bajando los pies lentamente. Tenía espuma en la
ventanas. La caldera estaba en el extremo anterior, y la maqui- boca. ‘¡Mantén la calma!’, le ordené furioso. Pero era igual que
naria en la popa. Sobre todo aquello se tendía una techumbre si le hubiera ordenado a un árbol que no se inclinara bajo la
ligera sostenida por vigas. La chimenea emergía de aquel acción del viento. Me lancé hacia afuera. Debajo de mí se oía
techo, y en frente de la chimenea una pequeña cabina de tablas un estruendo de pies sobre la cubierta metálica y exclamacio-
delgadas albergaba al piloto. Había en su interior un lecho, dos nes confusas. Una voz gritó: ‘¿No puede dar la vuelta?’ Percibí
sillas de campaña, una escopeta cargada, colgada de un rincón, un obstáculo en forma de V delante del barco, en el agua. ¿Qué
una pequeña mesa y la rueda del timón. Tenía una amplia era aquello? ¿Otro tronco? Una descarga de fusilería estalló a
puerta al frente con postigos a ambos lados. Tanto la puerta mis pies. Los peregrinos habían disparado sus winchesters,
como las ventanas estaban siempre abiertas, como es natural. rociando de plomo la maleza. Se elevó una humareda que fue

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a
avanzando lentamente hacia adelante. Lancé un juramento. Ya y agitado, apareció en el umbral. ‘El director me envía…’ co-
a
no podía ver el obstáculo. Yo permanecía de pie, en la puerta, menzó a decir en tono oficial, y se detuvo. ‘¡Dios mío!’, dijo,
observando las nubes de flechas que caían sobre nosotros. Po- fijando la vista en el herido.
dían estar envenenadas, pero por su aspecto no podía uno ”Los dos blancos permanecíamos frente a él, y su mirada
pensar que llegaran a matar a un gato. La maleza comenzó a lustrosa e inquisitiva nos envolvía. Les aseguro que era como si
aullar, y nuestros caníbales emitieron un grito de guerra. El quisiera hacernos una pregunta en un lenguaje incomprensi-
disparo de un rifle a mis espaldas me dejó sordo. Eché una ble, pero murió sin emitir un sonido, sin mover un miembro,
ojeada por encima de mi hombro; la cabina del piloto estaba sin crispar un músculo. Sólo al final, en el último momento,
aún llena de humo y estrépito cuando di un salto y agarré el como en respuesta a una señal que nosotros no podíamos ver,
timón. Aquel imbécil negro lo había soltado para abrir la ven- o a un murmullo que nos era inaudible, frunció pesadamente
tana y disparar un Martini-Henry. Estaba de pie ante la venta- el rostro, y aquel gesto dio a su negra máscara mortuoria una
na abierta y resplandeciente. Le ordené a gritos que volviera, expresión inconcebiblemente sombría, envolvente y amenaza-
mientras corregía en ese mismo instante la desviación del dora. El brillo de su mirada interrogante se marchitó rápida-
barco. No había modo de dar la vuelta. El obstáculo estaba mente en una vaguedad vidriosa.
muy cerca, frente a nosotros, bajo aquella maldita humareda. ”‘¿Puede usted gobernar el timón?’, pregunté ansiosamente
No había tiempo que perder, así que viré directamente hacia la al peregrino. Él pareció dudar, pero lo sujeté por un brazo, y él
orilla donde sabía que el agua era profunda. comprendió al instante que yo le daba una orden, le gustara o
”Avanzábamos lentamente a lo largo de espesas selvas en un no. Para decir la verdad, sentía la ansiedad casi morbosa de
torbellino de ramas rotas y hojas caídas. Los disparos de abajo cambiarme los zapatos y los calcetines. ‘Está muerto’, exclamó
cesaron, como yo había previsto que sucedería tan pronto aquel sujeto, enormemente impresionado. ‘Indudablemente’,
como quedaran vacíos los cargadores. Eché atrás la cabeza ante dije yo, tirando como un loco de los cordones de mis zapatos,
un súbito zumbido que atravesó la cabina, entrando por una ‘y por lo que puedo ver imagino que también el señor Kurtz
abertura de los postigos y saliendo por la otra. El estúpido estará ya muerto en estos momentos’.
timonel agitaba su rifle descargado y gritaba hacia la orilla. ”Aquel era mi pensamiento dominante. Era un sentimiento
Vi vagas formas humanas que corrían, saltaban, se deslizaban a en extremo desconsolador, como si mi inteligencia compren-
veces muy claras, a veces incompletas, para desvanecerse luego. diera que me había esforzado por obtener algo que carecía de
Una cosa grande apareció en el aire delante del postigo, el rifle fundamento. No podía sentirme más disgustado que si hubiera
cayó por la borda y el hombre retrocedió rápidamente, me miró hecho todo ese viaje con el único propósito de hablar con
por encima del hombro, de una manera extraña, profunda y Kurtz. Hablar con… Tiré un zapato por la borda, y percibí que
familiar, y cayó a mis pies. Golpeó dos veces un costado del aquello precisamente era lo que había estado deseando…, ha-
timón con la cabeza, y algo que parecía un palo largo repique- blar con Kurtz. Hice el extraño descubrimiento de que nunca
teó a su lado y arrastró una silla de campaña. Parecía que, des- me lo había imaginado en acción, saben, sino hablando. No me
pués de arrancar aquello a alguien de la orilla, el esfuerzo le decía: ahora ya no podré verlo, ahora ya no podré estrecharle
hubiera hecho perder el equilibrio. El humo había desapareci- la mano, sino: ahora ya no podré oírlo. El hombre aparecía
do, estábamos libres del obstáculo, y al mirar hacia adelante ante mí como una voz. Aquello no quería decir que lo disocia-
pude ver que después de unas cien yardas o algo así podría ra por completo de la acción. ¿No había yo oído decir en todos
alejar el barco de la orilla. Pero mis pies sintieron algo caliente los tonos de los celos y la admiración que había reunido, cam-
y húmedo y tuve que mirar qué era. El hombre había caído de biado, estafado y robado más marfil que todos los demás agen-
espaldas y me miraba fijamente, sujetando con ambas manos el tes juntos? Aquello no era lo importante. Lo importante era
palo. Era el mango de una lanza que, tras pasar por la abertura que se trataba de una criatura de grandes dotes, y que entre
del postigo, lo había atravesado por debajo de las costillas. La ellas, la que destacaba, la que daba la sensación de una presen-
punta no se llegaba a ver; le había producido una herida terri- cia real, era su capacidad para hablar, sus palabras, sus dotes
ble. Tenía los zapatos llenos de sangre, y un gran charco se iba oratorias, su poder de hechizar, de iluminar, de exaltar, su pal-
extendiendo poco a poco, de un rojo oscuro y brillante, bajo el pitante corriente de luz, o aquel falso fluir que surgía del cora-
timón. Sus ojos me miraban con un resplandor extraño. Estalló zón de unas tinieblas impenetrables.
una nueva descarga. El negro me miró ansiosamente, sujetan- ”Lancé el otro zapato al fondo de aquel maldito río. Pensé:
do la lanza como algo precioso, como si temiera que intentara ‘¡Por Júpiter, todo ha terminado! Hemos llegado demasiado
quitársela. Tuve que hacer un esfuerzo para apartar mis ojos de tarde. Ha desaparecido… Ese don ha desaparecido, por obra
su presencia y atender al timón. Busqué con una mano el cor- de alguna lanza, flecha o mazo. Después de todo, nunca oiré
dón de la sierra y tiré de él a toda prisa produciendo silbido tras hablar a ese individuo.’ Y mi tristeza tenía una extravagante
silbido. El tumulto de los gritos hostiles y guerreros se calmó nota de emoción igual a la que había percibido en el doliente
inmediatamente, y entonces, de las profundidades de la selva, aullido de aquellos salvajes de la selva. De cualquier manera,
surgió un lamento trémulo y prolongado. Expresaba dolor, no hubiera podido sentirme más desolado si me hubieran des-
miedo y una absoluta desesperación, como podría uno imagi- pojado violentamente de una creencia o hubiera errado mi
nar que iba a seguir a la pérdida de la última esperanza en la destino en la vida… ¿A qué vienen esos resoplidos? ¿Les pare-
tierra. Hubo una gran conmoción entre la maleza; cesó la llu- ce absurdo? Bueno, muy bien, es absurdo. ¡Cielo santo! ¿No
via de flechas; hubo algunos disparos sueltos. Luego se hizo el debe un hombre siempre…? En fin, denme un poco de
silencio, en el cual el lánguido jadeo de la rueda de popa llega- tabaco.” G
ba con claridad a mis oídos. Acababa de dirigir el timón a es-
tribor, cuando el peregrino del pijama color de rosa, acalorado Traducción de Sergio Pitol

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a
a
Hacia Occidente
Sergio Pitol

Fechado en enero de 1966, en Varsovia, este relato donde debía protocolizar los convenios; por supuesto, se apre-
—que está incluido en el tercer volumen de sus suraron a informarle, se trataba sólo de un trámite formal. Un
Obras reunidas— es una síntesis de las obsesiones alto dirigente del comercio exterior que debía firmar los acuer-
pitolianas: el viaje, con sus sinsabores y misterios; dos no estaba por el momento en la capital, pero había mani-
la lectura, con el entusiasmo o el tedio que nos aguarda festado antes de partir su especial interés en recibirlo personal-
libro adentro; el exotismo, que nos seduce y repele mente y cambiar impresiones sobre posibles transacciones fu-
turas, mientras tanto sería huésped de una asociación para el
para Bárbara Jacobs incremento comercial con los países de Asia, África y América
Latina, que consideraba un placer poderle ser útil y mostrarle
Todo se había convertido en permanente descalabro desde el los sitios característicos de Pekín, así como los progresos logra-
día en que conoció a aquella su paisana y a la pareja de jóvenes dos por el pueblo chino en los últimos años. Y allí dieron co-
venezolanos. Antes también, aunque al menos estaba prepara- mienzo aquellas jornadas abrumadoras que sólo tocaron a su
do y resignado: sabía con quiénes trataba. Pero Elisa y los dos fin con la firma de los acuerdos y que le hicieron ansiar como
muchachos lo habían tomado desprevenido, habían miserable- nunca aquellas merecidas vacaciones que Elisa y el joven ma-
mente abusado de su buena fe y acabaron por embarcarlo en la trimonio le presentaban como sumamente apetecibles.
presente tortura que parecía no tener fin. Comenzaron por La verdad, aquello no había sido vida. ¿Dónde la China le-
describirle las maravillas de aquel viaje por tren; atravesaría gendaria y misteriosa?, ¿dónde las inolvidables noches de
toda la Siberia, un viaje ya clásico, ¡piénselo nomás cinco mi- Shanghai con las que toda juventud ha soñado? Indudablemen-
nutos, el transmanchuriano, el transiberiano! Los jóvenes ha- te había encontrado una China misteriosa, pero de qué otra
bían hecho ese viaje (decían haber hecho ese viaje) unos meses manera a la anhelada, y las noches de Shanghai resultaron in-
atrás y lo comentaban como una experiencia decisiva en sus olvidables por lo siniestramente tediosas y fatigantes; sus in-
vidas. Las palabras fluían a la vez que los cuatro daban fin a la separables guías lo habían conducido a un local gigantesco
botella de aquel rasposo licor coreano en cuyo fondo se enros- donde había ópera, títeres y teatro, y cuando harto y fastidiado,
caba una serpiente. pues aquellas dichosas musiquitas eran las mismas que lo ha-
—Ándele, lic, anímese, ya se ha dado usted aquí una buena bían perseguido implacablemente durante todo el viaje por el
talla, el viaje por avión no hará sino fatigarlo más, tómese estas país, sugirió que salieran y buscaran un sitio más excitante o en
vacaciones, bien se las merece. Serán tan reposantes como un caso contrario lo devolvieran al hotel, lo llevaron a otra sala del
viaje por mar con la ventaja de contar con permanente desfile mismo edificio donde sentado en una pequeña butaca de ma-
de paisajes: un día el desierto del Gobi, otro Mongolia donde dera, como escolar en medio de centenares de escolares, vio a
legiones de camellos corren a lo largo del ferrocarril, luego el una mujer de edad madura girar enloquecidamente en medio
Baikal, más que un lago un encrespado océano, y las varias del escenario, la cual a la par que lanzaba al público miradas
repúblicas soviéticas, cada una llena de mil curiosidades; ade- oblicuas y socarronas se metía la mano en el escote como para
más es muy importante que usted que se dedica a las finanzas iniciar un strip-tease, cuando creyó que al fin aquello iba a ca-
observe con sus propios ojos, ¡que nadie le cuente luego que lentarse un poco, la mujer empezó a sacar de entre las ropas
esto es esto o aquello!, el estado real en que se encuentra la eco- botellas, cacerolas, jarros y hasta sillas como si su magro cuer-
nomía de estos países; piense un poco en mí y compadézcame, po fuera un almacén ambulante. Con los orientales nada podía
hundida entre estos chales con quienes no logro entenderme ni preverse ni saberse a ciencia cierta, la prueba era que cuando le
a la de diez —y los paisajes comenzaron a desfilar: lagos, bos- comentaba al industrial japonés, su compañero de comparti-
ques, desiertos, ciudades perdidas en mitad de densísimas fo- mento (porque la cabina individual había sido como la ducha,
restas, un restaurante chino y otro europeo, cabinas con baño como los dos vagones restaurantes, los viajeros cosmopolitas,
individual, varios días en que nada turbaría su descanso, el los paisajes variados, el desierto del Gobi, la Mongolia y sus
paisaje, sí, pero, a través de la ventanilla, mientras él, tendido manadas de camellos, las distintas repúblicas, un ensueño sin la
en su litera con una botella de escocés al lado se repondría de menor relación con la realidad), sus impresiones sobre China,
la excesiva joda del viaje por China. Había asistido con una advirtiéndole que no deseaba adentrarse en la situación políti-
delegación a la feria industrial de Cantón y concluido algunos ca, pues si relatara sus impresiones dejaría a mucha gente esca-
negocios excelentes, aunque de aquello parecía que hubiesen ya lofriada, que sólo deseaba referirse al aspecto económico, el
pasado siglos: los arreglos fueron muy fáciles, cambio en exce- que a él estrictamente, como hombre de negocios, le concer-
lentes condiciones de substancias químicas y materiales preela- nía, el japonés demostraba que el asiático a fin de cuentas re-
borados por excedentes de algodón, henequén, mercurio y se- sulta ser siempre uno y el mismo —con él todo se reducía a
milla de linaza. Sistemas de compensación muy favorables. sonrisas y a entender el inglés sólo cuando le viniera en gana
Parte de la operación pagada en libras esterlinas. Los otros de- y a ofrecerle cigarrillos o una de las naranjas que comía cons-
legados salieron rumbo a Indonesia, desde allí volarían a Euro- tantemente con gran avidez—, y cuando trataba de hacerle
pa; él, en tanto, tuvo que dirigirse a Shanghai, luego a Pekín entender sus experiencias en Pekín mientras aquellos fulanos

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le retenían los documentos, cuando más que guías o auxiliares de florilegios y de lugares comunes veinte mil cosas que no
a
se convirtieron en sus verdaderos torturadores, llevándolo ora venían al caso, para terminar concluyendo que aquella visita
a ver un interminable museo de la revolución cuyo recorrido debía hacerse porque obedecía al programa trazado, y cuando
duraba siglos, ora otro donde se acumulaban en desorden total a aquél le declaraba que estaba allí sólo en espera de la firma de
tesoros sorprendentes, manojos de perlas gigantescas arraci- unos documentos que por alguna maquiavélica razón no le eran
mados en una tumba helada en las inmediaciones de Pekín, a entregados y no para hacer turismo, que para eso había lugares
veces una presa, luego visitas a la Gran Muralla o a una comu- más apropiados, que entendieran que cada día que pasaba allí
na popular donde con minuciosidad indescriptible lo hacían perdía dinero, que en Occidente el tiempo tenía otra función y
recorrer el terreno palmo a palmo, luego a una librería, un otro uso, de ahí el progreso alcanzado, que si el jefe de la dele-
templo, un palacio, un mercado, un parque, y fábricas y más gación mexicana había dicho que podía esperar todo el tiempo
fábricas, a pesar de sus declaraciones de que en nada le intere- necesario se trataba sólo de una manera de hablar, una frase
saba todo aquello y cuando hastiado exigía los papeles y se hecha, y no para que se perpetrara este abuso, el tipo salía en-
negaba a hacer una más de aquellas excursiones que estaban tonces sin perder la sonrisa, hablando, hablando, siempre ha-
acabando con su energía y sus nervios y se irritaba con el guía, blando, y al rato aparecía el joven guía, ése sí muy serio acom-
éste salía para aparecer al poco rato acompañado de algún otro pañado de un tercer personaje que recitaba un discurso idénti-
personaje, que se sentaba, servía el té, le ofrecía un cigarrillo, co al anterior sólo que más largo, recalcando de vez en cuando
sonreía de nuevo y explicaba en un discurso larguísimo colmado que las visitas a la fábrica de tractores, a la cárcel modelo, o a

Praga la misteriosa

Gérard de Cortanze

“El México de hoy se parece cada vez menos al México de asignado de 1983 a 1988—. La respuesta, Sergio Pitol
ayer”, sostiene con razón Adolfo Castañón. Esta mutación, piensa encontrarla en su diario —como hace siempre antes
en las estructuras del propio país, es igualmente visible en el de empezar un libro—, “para revivir la experiencia inicial,
terreno de la literatura. El viaje, última obra de Sergio Pitol, la huella primigenia, la reacción del instinto”. Recorrió
entra perfectamente dentro de la categoría de esa sensibili- varios cuadernos, centenas de páginas. En vano: “Nada, sí,
dad creadora que, conservando las virtudes del alma mexica- nada que pudiera servirme para escribir un artículo, mucho
na, sabe tocar lo universal. Diplomático de carrera —ocupó menos un texto literario.”
puestos importantes en Varsovia, Budapest, París, Moscú y Entonces comenzó una larga deriva, un paseo en una
Praga—, Sergio Pitol pertenece a la gran tradición de esos ciudad amada que se desliza suavemente hacia la novela, a
escritores latinoamericanos que siempre han tenido un pie la ficción, a la historia de un diplomático mexicano que deja
en la política y otro en la literatura. Novelista, cuentista, crí- Praga para ir a Georgia, por Moscú, por Leningrado, por
tico literario, traductor de James, de Gombrowicz y de Jane Tbilisi. Estamos en 1986, en plena glasnost. Los grandes
Austen, varios de sus libros han sido traducidos al francés: El nombres de la cultura rusa desfilan bajo nuestros ojos, vie-
desfile del amor, El tañido de una flauta, Juegos florales. nen a nuestro encuentro como los fantasmas del Nosferatu
Actualmente, con más de 70 años, Sergio Pitol ocupa un de Murnau, o como los árboles del bosque de Birnam que
lugar singular en la historia de las letras mexicanas. Hasta el caminan hacia Dunsinane. El último capítulo del libro se
fin de la segunda guerra mundial, la cultura mexicana vivió, llama “Iván, niño ruso”. El diplomático se acuerda de cuan-
en gran parte, del imaginario revolucionario. Para luchar do aprendió a leer. Su abuela le había dado un libro extraño.
contra lo que consideraban un nacionalismo asfixiante, un Razas humanas, con fotos e ilustraciones de niños de diver-
realismo tradicional y reductor —eso que el pintor José sos lugares y razas. Uno de esos niños tenía labios gruesos
Luis Cuevas bautizó como la “cortina de nopal”—, varios y pómulos salidos. Un “aspecto animal”, sus orejas estaban
jóvenes escritores buscaron, en el umbral de los años sesen- cubiertas por un sombrero de piel que el pequeño lector
ta, nuevas vías. Sus nombres: Juan José Arreola, Carlos creía su cabellera. Al pie de la foto se podía leer: ‘Ivan, niño
Fuentes, Salvador Elizondo, Gustavo Sainz y Sergio Pitol. ruso’. “Por intuición, presiento que mi relación íntima con
Éste último fundó una nueva corriente que su traductor, Rusia se remonta a esa lejana fuente”, concluye el autor al
Claude Fell, califica con justicia como “más hilarante, más final de su libro.
internacional, universo del desprecio y la crueldad”. Mis- ¡Ahí está! El rizo está rizado. El viaje geográfico no era,
mas cualidades que se encuentran en El viaje. en suma, más que un viaje a la memoria, un paseo por el
En una “introducción” a la vez elegante y precisa, diver- futuro del pasado. En el transcurso del libro, la deuda que
tida y feroz, Sergio Pitol muestra el tono del libro y las el autor creyó haber contraído con Praga se reveló como
razones —verdaderas y falsas—que lo llevaron a escribirlo. una deuda de infancia, una deuda de honor con ese perio-
“¿No te fastidia —se pregunta él— volver siempre a temas do imperfecto de nuestra vida que nos permite escribir
tan manidos: tu niñez en el ingenio de Potrero, el estupor libros. G
de la llegada a Roma, la ceguera en Venecia?” ¿Por qué no
hablar nunca de Praga? —ciudad a la que el autor estuvo Traducción de Kenya Bello

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la comuna Estrella Roja estaban anotadas en el programa y no que otro pudiera aunar tanta sabiduría y generosidad en el
a
era correcto suspenderlas, hasta que al fin casi enloquecido, modo de brindar hospitalidad a los visitantes, que cada vez que
salía a visitar el centro de artes populares para ver durante partía de China se iba muy gratamente impresionado, desean-
horas a alguien recortar papeles de colores o hacer vasijas y a do tan sólo tener la oportunidad de realizar una nueva visita,
recorrer después varios kilómetros de otra comuna y visitar la así como también deseaba viajar algún día a México y que se-
cárcel y escuchar en todas partes discursos kilométricos que guramente encontraría la ocasión, ya que sus negocios, etcéte-
bien visto podían ser omitidos por resultar siempre lo mismo, ra, etcétera…
y si se disculpaba por razones de salud, como había sucedido en ¡Qué iba uno a hacer! Eran dos mundos. Uno pertenecía
una ocasión, la cosa era peor porque iba a dar al hospital y irremisiblemente a Occidente; la mañana en que abandonó
después de tres o cuatro días de someterlo a inyecciones y ex- Pekín lo había sentido más agudamente que nunca; devolvía
tracciones de sangre resultaba que ni siquiera se había ahorra- las llaves de su habitación en el hotel cuando le entregaron
do la excursión, que únicamente había sido pospuesta, “porque una tarjeta postal llegada en ese mismo instante, un saludo
así estaba escrito en el programa”, el japonés sonreía bonacho- de Ramos desde París; le anunciaba que la delegación iba ya de
namente como si nada entendiera y respondía que sí, efectiva- regreso a México. Al contemplar la hosca estructura de Notre
mente se trataba de un gran pueblo y que dudaba mucho de Dame se sintió reconfortado, más que por las palabras afectuo-
sas de Ramos, ante la visión de aquella mole bellísima que se
erguía iluminada bajo un azul que sólo el cielo de París es
Malintencionada y jubilosa capaz de lucir; subió al tren con la tarjeta en la mano, y la co-
locó en la mesita junto al lecho, luego bajó a recoger los ridí-
culos ramos de flores con que lo despedían y a darle un abrazo
Frédéric Vitoux a la compatriota y a los dos muchachos, aquel trío que lo había
rescatado en los últimos días y que le hizo más agradable la vida;
Es comprensible que se aprecie moderadamente el título le habían explicado una infinidad de cuestiones sobre la excen-
de la novela de Sergio Pitol, Domar a la divina garza,1 tricidad de aquella gente y sus experiencias en la escuela donde
que tiene un aire un poco vulgar en la provocación. Por enseñaban español, le habían hecho reír nuevamente a carcaja-
el contrario, sería incomprensible no apreciar inmodera- das como ya hasta creía haber olvidado, mientras bebían el
damente, por sí mismo, el libro de este novelista mexica- licor de culebra que tanto le gustaba a Elisa; a ella la había
no, nacido en 1933, que fue por mucho tiempo diplomá- enamorado por pura nostalgia de la tierra y más que nada por
tico, traductor en sus ratos libres, y cuya obra sigue sien- la necesidad de mujer, le había regalado un anillo con una perla
do mal conocida en Francia. Desde esa perspectiva, es rosada que compró en el último día en casa de un anticuario, y
lamentable que el prefacio de Antonio Tabucchi prefiera a la postre había resultado la peor embaucadora del mundo, lo
las vanas cabriolas intelectuales a la simplicidad pedagó- había metido en esa especie de gran jaula donde se sentía enlo-
gica que haría más familiar a su autor. ¡Pero regresemos quecer, y los días transcurrían con una monotonía inimagina-
a esa “divina garza”! ¿Qué epítetos convocar en primer ble sin que pudiera ver otra cosa que no fuera la nieve, una
lugar? Delirante, erudita, cómica, alocada y barroca, sin nieve constante que se cuajaba en los cristales e impedía la más
duda. Sería muy astuto el que supiera resumir esta nove- mínima contemplación del paisaje. No podía remediar el des-
la. Digamos que su autor, en una breve obertura, declara fallecimiento cuando pensaba que podría estar ya en Bélgica,
que quiere tomar a la fiesta como triple tema: en el senti- tomando el avión rumbo a México en vez de estar aún a tres
do mágico y ritual del término, su amor por Gogol, y un días con sus respectivas noches alejado de Moscú. Esa mañana
curioso símbolo de mujer, una antropóloga monstruosa y cuando el industrial japonés le recordó que se quedaría en Ir-
erudita que obsesiona al protagonista de este libro, un tal kutsk y que de allí haría el resto del viaje por vía aérea, creyó
Dante de la Estrella, patético imbécil hinchado de una que el cielo se le abría; quiso también hacerlo pero se lo impi-
suficiencia incrementada por sus excesos etílicos. Agre- dieron; le explicaron que era imposible por no tener billete de
guemos que ese Dante de la Estrella necesita de toda una avión; el japonés en cambio lo había comprado desde Pekín;
velada y de algunos licores fuertes para explicar a sus visi- carecía, además, de la visa adecuada; dos rusos bien fornidos y
tas suficientemente importunadas un catastrófico viaje a la mujer monumental que le llevaba el té por las mañanas y le
Estambul, en su juventud, donde esa dama lo ridiculizó. aseaba la cabina lo detuvieron por los brazos cuando en pleno
Lo que en el libro lleva al colmo de la felicidad son sus frenesí trató de descender; regresó postrado a su cubil, se ten-
relatos que se apilan, esa ironía en la ironía, ese jubilo dió en la litera y contempló la fotografía de Notre Dame,
puro que inspira algunas veces el acto de escribir —o de pensó que tampoco entonces, lejos de la frontera china, estaba
consolarse de la banalidad de la vida. G en su mundo, que el suyo era sólo aquél, el de la foto, pero en
ese instante tuvo la impresión de que en los días de encierro el
Traducción de Kenya Bello cielo se había vuelto más oscuro, Notre Dame aparecía bajo
una luz que jamás le había visto, un efecto absurdamente artifi-
1 El título en francés de la novela de Pitol es Mater la divine
cial; le pareció que el fotógrafo