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educabilidad y enseñabilidad

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LA EDUCABILIDAD Y ENSEÑABILIDAD INTRODUCCIÓN

Los temas de la Educabilidad y Enseñabilidad se han asentado en el escenario académico colombiano a partir de su reconocimiento como dos de los núcleos básicos y comunes del saber pedagógico en la formación de los docentes. Los Núcleos Básicos fueron propuestos en el Decreto 272 de 1998 en el que se establecieron los requisitos de creación y funcionamiento de los programas académicos de pregrado y postgrado en educación ofrecidos por las universidades y por las instituciones universitarias {en septiembre de 10 de 2003 el decreto 2566 derogo el decreto 272 y con la resolución 1036 del 22 de Abril de 2204 se reglamento lo mismo enunciado en el decreto 272}. Los requisitos 11 y 12 para la Acreditación Previa propuestos por el Consejo Nacional de Acreditación (CNA) indican que tanto la Educabilidad como la Enseñabilidad deben hacerse evidentes en los currículos de formación de los docentes. El propósito de incluir los núcleos de Enseñabilidad y Educabilidad –así como los demás núcleos- es el de lograr que las instituciones de educación superior adquieran un compromiso tanto en su organización como en sus proyectos educativos y en sus prácticas pedagógicas para que estos núcleos se conviertan en parte de su cotidianidad. Es decir, el CNA considera que las instituciones deben definir los lineamientos generales de su proyecto académico en forma tal que se cree una cultura institucional que le dé identidad a la formación docente a partir de estos núcleos fundamentales: cada carrera, programa o proyecto curricular deberá plasmar y moldear en políticas, estrategias pedagógicas y en su organización misma, la comprensión e interpretación de dichos núcleos de manera que se logren realmente los objetivos educativos y de formación previstos. La intención del presente documento es ofrecerle a las instituciones ideas, herramientas y criterios de valoración para constatar que los núcleos en mención hayan sido tenidos en cuenta en la planeación y desarrollo de sus actividades. De ahí la importancia de comprender sus significados y de conocer los criterios de evaluación. En particular, el decreto mencionado arriba plantea{ba} en {uno de} su{s} artículo{s} el siguiente enunciado: Sin perjuicio de la autonomía universitaria, los programas académicos en Educación se organizarán teniendo en cuenta los siguientes núcleos del saber pedagógico básico y común, los cuales podrán ser complementados con las que adicionalmente establezca cada institución.

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La Educabilidad del ser humano en general y de los colombianos en particular en sus dimensiones y manifestaciones según el proceso de desarrollo personal y cultural y sus posibilidades de formación y aprendizaje. La Enseñabilidad de las disciplinas y saberes producidos por la humanidad, en el marco de su dimensión histórica, epistemológica, social y cultural y su transformación en contenido y estrategias formativas, en virtud del contexto cognitivo, valorativo y social del aprendiz. El currículo, la didáctica, la evaluación, el uso pedagógico de los medios interactivos de comunicación e información y el dominio de una segunda lengua. La estructura histórica y epistemológica de la pedagogía y sus posibilidades de interdisciplinariedad y de construcción y validación de teorías y modelos, así como las consecuencias formativas de la relación pedagógica. Las realidades y tendencias sociales y educativas institucionales, nacionales e internacionales; la dimensión ética, cultural y política de la profesión educativa.

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PARÁGRAFO: El carácter teórico-práctico connatural a la formación de educadores y al desarrollo de sus actitudes y competencias investigativas estará presente, de manera continua, durante todo el

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programa. La dedicación de ciertos momentos formativos para la realización de prácticas específicas se definirá de acuerdo con la propuesta académica del programa. Antes de concretar los conceptos de Educabilidad y Enseñabilidad se deben delimitar los conceptos de lo “pedagógico”, lo “básico” y el de “núcleo”, para contextualizar el contenido y sentido de los diferentes núcleos básicos. LO PEDAGÓGICO Aunque siempre ha habido enseñanza, no siempre se han dado procesos de reflexión sobre ella. Mientras las acciones educativas se cumplieron de manera consciente o inconsciente, no podemos afirmar lo mismo de “lo pedagógico” que requiere necesariamente ser producto de la conciencia analítica y reflexiva. En este sentido, la pedagogía no presenta la misma constancia como fenómeno social. Siguiendo a Carlos Eduardo Vasco se propone que considera la pedagogía no como la práctica pedagógica misma, sino como el saber teórico-práctico generado por los pedagogos a través de la reflexión personal y diagonal sobre su práctica pedagógica, en el proceso se convertiría en praxis pedagógica, partir de su propia experiencia y de los aportes de las otras prácticas y disciplinas que se interceptan en su quehacer. Sólo por medio de esta reflexión sobre su práctica y con el aporte de las demás disciplinas, se logrará que el maestro se concrete y perciba como profesional, como intelectual y que pueda fortalecer su imagen social y la percepción que él tiene de esa imagen, según lo propone Eloisa Vasco. Así mismo, el grupo de la Historia de la pedagogía liderado por profesores como Olga Lucía Zuluaga y Alberto Echeverri proponen la recuperación del saber de los maestros para hacerlo instrumento de reflexión explícita que enriquezcan las prácticas pedagógicas en el aula y la auto imagen del maestro. Y puesto que la pedagogía acarrea una posición política – en la acepción amplia del término que incluye una posición moral y ética- un tomar partido ante el papel de la educación frente a determinados ideales sociales, culturales y psicológicos; los hermanos Zubiría proponen que la pedagogía haga explícitas las escogencias en estos campos, el sentido que éstas tienen y las razones que las sustentan. Dado lo anterior, las instituciones deben tener la capacidad de demostrar que la reflexión pedagógica hace parte de su praxis, demostrada en revisión permanente de sus estructuras curriculares según la comprensión creciente de sus estudiantes, sus docentes y sus respectivos entornos culturales, en las funciones que se le asignan a los docentes, en el manejo del tiempo y del espacio, en los contenidos de los planes de estudio y, sobre todo, en las relaciones maestro-alumno-entornos que se establecen como consecuencia de los trabajos de investigación y de reflexión permanente. LO BÁSICO Y EL NÚCLEO El diccionario de María Moliner define lo básico como lo esencial, lo fundamental, lo primordial. Se aplica a lo que es indispensable para cierta cosa. También se aplica a los cuerpos que se comportan como bases. Base es, a su vez, apoyo, asiento y soporte. Cosa que se apoya o sin la cual no se puede empezar a construir o establecer la cosa de la que se trata. El mismo diccionario define núcleo como la parte más interna y que sirve de sostén a cierta cosa es la parte en que está más concentrada la cosa de que se trata y de la cual irradia o se comunica a otras. Es la parte que constituye el principio de algo, a cuyo alrededor se agrupan otros elementos para completarlos. De estas definiciones se puede deducir que los núcleos básicos del saber pedagógico son indispensables, son el fundamento, la base, el apoyo, el asiento y a la vez el principio de la organización curricular, pero no ella misma. El contenido curricular está determinado por los saberes específicos y las condiciones de dispensación. Siguiendo a Platón si se desea que una institución eduque en determinados valores y saberes. Lo básico y los núcleos constituyen, pues, la vía y las señales sobre las cuales se ubican y actúan los saberes; su dominio es indispensable para programar las experiencias educativas, para mediar en las relaciones formativas entre educador y educando, para encontrar las formas de motivar acerca del desarrollo del potencial humano y del conocimiento, para

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dirigir procesos de evaluación, en fin para crear, despertar, fortalecer y consolidar los valores y conocimientos que corresponde desarrollar a los procesos escolares. Al realizar cualquiera de las acciones mencionadas es indispensable que el educador tenga siempre presente en forma armónica: al educando como ser universal y a la vez único, con particularidades que deben ser reconocidas por el educador para ubicarlo en un lugar, en un tiempo y en una cultura. EDUCABILIDAD Y ENSEÑABILIDAD Sea lo primero dejar sentada una posición de corte gramatical con respecto a la significación del sufijo abilidad que remite a cualidad, característica, habilidad, propensión, nivel de abstracción. En todo caso, es una competencia que se consigue con iniciativa propia por interpuesta facilitación, sea de personas o cosas. También se podría homologar con transmisibilidad. Inclusive hay quienes consideran que no es necesario crear palabras cuando la lengua tiene en circulación las suficientes para designar lo que se quiere como es el caso de educable, enseñable o transmisible. EDUCABILIDAD Este concepto aparece en la introducción del texto Bosquejo para un curso de pedagogía, escrito por Juan Federico Herbart (Oldenburg, 1776 – Gotinga, 1841) para “evitar tener que dictar en la clase” 1 que regentó en Könisberg entre 1808 y 1837. En dicho texto la traducción al español comienza así: “El concepto fundamental de pedagogía es la educabilidad del alumno”. Y seguidamente hace una observación acerca del alcance del mismo: “El concepto de educabilidad (ductilidad, plasticidad) es de más vasta extensión. Se extiende casi hasta los elementos de la materia. Experiencialmente se le puede seguir hasta en aquellos elementos que intervienen en el cambio material de los cuerpos orgánicos. De la educabilidad volitiva se hallan rastros en las almas de los animales más nobles. Pero la educabilidad de la voluntad para la moralidad sólo la reconocemos en el hombre” 2. Tiene que ver, entonces con una disposición para la formación de la persona partir de potencialidades ínsitas en ella. Potencialidades que demandan realización. Estas han sido previstas en la pedagogía de Herbart. La pedagogía Herbatiana está fundamentada en la filosofía práctica, esto es, en la ética y en la psicología. La primera se ocupa del fin de la educación; la segunda proporciona los medios a la educación. El fin de la educación en Herbart está determinado por el cultivo de la virtud y de las ideas éticas, las cuales sintetiza en: “la libertad la plenitud o perfección, la benevolencia, el derecho y la equidad, pero en realidad, su último fin es la formación del carácter moral”.3 El maestro ha de proveer al alumno de una serie de experiencias que le permitan desarrollar y consolidar su personalidad. Pero sobre todo provocará el despliegue de sus intereses. “La verdadera educación, según Herbart, es aquella que promueve ricos intereses más que conocimientos específicos. Lo aprendido se disipa, pero el interés persiste toda la vida”.4 Herbart diferencia tres funciones o momentos esenciales en la educación: el gobierno, la instrucción y la disciplina. El gobierno se limita al mantenimiento del orden, al moldeamiento de la conducta externa de los niños. La instrucción (y este asunto de la psicología) tiene como fin despertar un interés múltiple dirigido a los diferentes sectores del conocimiento, y por último, la disciplina, que se encarga de la formación del carácter moral y se apoya sobre todo en el trato personal y en la adquisición de las ideas éticas. Flitner W. Sostiene que la “educabilidad recibe, a veces, el nombre de formatividad” 5 y tiene como referente un conjunto de disposiciones (adaptabilidad, asimilación, acomodación), que emparentan Personalización, Socialización y Desarrollo Humano. Inclusive este último lo desagregan en
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Pág. 7 Pág. 9 3 Luzuriaga Lorenzo. Antología Pedagógica. Edit. Lozada S.a., P. 115 4 Diccionario Enciclopédico Salvat. Tomo 12. Barcelona, 1972, p. 425 5 Citado por Paciano Fermoso E. Teoría de la educación. Edit. Trillas, 1990, p. 235 3

homonización y humanización. La educabilidad se centra en la formación del hombre. Este es proclive a dicha formación, cualquiera que sea el enfoque desde el cual es comprendido. EL HOMBRE ES LA MATERIA PRIMA DE LA EDUCABILIDAD El hombre es un animal racional, según los griegos. Tal aserto pasó a configurar en la cultura occidental el pie de una teoría filosófica con resonancias psicológicas y que defina en principio la condición humana en una encrucijada: de una parte, la animalidad que tiene su expresión límite en las determinaciones instintivas. De otra, la racionalidad que linda con conciencia y libertad. El instinto viene en el equipaje corporal. Sólo tiene que desdoblarse obedeciendo la lógica del código genético y cumplir su cometido. Aquí no cabe elecciones, no hay lugar a dudas, y menos a sentimientos de culpa. Del despliegue instintivo no se deriva responsabilidad. La razón, en cambio, está al comienzo y el resultado en la construcción de lo humano, en la edificación del hombre. Ella, en la raíz, define al hombre. Le da la calidad de humano, lo incorpora a la humanidad. Aunque en la modernidad ha hecho carrera un movimiento crítico que con fundamento sospecha de la razón dados sus resultados en muchos sectores del acontecer, como el deterioro ambiental, la producción de armas, la guerra por territorios y mercados, el hombre, la manipulación de la vida, el desprecio por el mismo hombre. Sin embargo, con conciencia de ello, en Colombia, hoy falta mucha razón. Pero LA HUMANIDAD no aparece de sí y de suyo, espontáneamente. Es la culminación de una tarea esforzada, de un ascesis, de una lucha enconada de la conciencia contra el instinto. Allí tiene mucho que ver la coacción formativa por la vida de la educación y el despliegue de la moral o la ética. Desde el freno inhibitorio de la niñez, pasando por la necesaria contención de la adolescencia, hasta la autolimitación autotélica de la adultez, la condición humana se perfila al pasar por el estrecho margen de las escogencias y las renuncias con sus consiguientes responsabilidades. Humanidad significa ascenso en la conciencia, potenciación de la reflexión, triunfo de la razón en lo que tiene todavía de bueno: llevar a darse cuenta para obrar como se debe en la instauración de un desarrollo a escala humana. El animal racional, cercado por el aquí y el ahora, ambiguo, llamado a ser plenamente humano, deviene en persona, o sea, en el ser irreductible, en el individuo de la especie valioso per se, porque es, en el que cumple el encargo de llegar a ser él mismo. De allí se desprende su dignidad. Todo lo demás es accesorio, como la procedencia social, la limitación física, mental o sensorial, la edad, la estética, en fin, todas esas circunstancias que tocan la manera de aparecer, pero que no llegan hasta el centro inexpugnable del ser. “Amamos a ricos y pobres, nativos y extranjeros, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, no porque son pobres, ricos, hombres, mujeres, jóvenes o viejos, sino porque son ellos mismos.6 “Son personas”. Y las personas ya sean vistas con ojos griegos como animales racionales, con ojos de Descartes como seres que piensan, con ojos de Kant como seres que conocen, con ojos de Husserl como seres que reflexionan, con ojos de Sartre como seres que deciden, con ojos de Existencialistas como seres situados y fechados, con ojos de Ortega como seres circunstanciados, incompletos, contradictorios. En todo caso, con una vocación: ser más; ser plenamente humanos, vale decir, racionales, solidarios, comunicativos y responsables. EN EDUCACIÓN LAS PERSONAS SON EDUCADORES O EDUCANDOS Ricardo Nassif desde 1958 puso a circular una proposición que definió como condito sine qua non de la educación la existencia de dos actores: educador y educando. A los mismos les corresponden unas predisposiciones tanto fisiológicas como psicosociales muy precisas que tipifican el rol y las funciones de uno y otro y que, además, en la práctica escolar resultan complementarias. Al educador le sobreviene la educatividad, entendiendo por esta “al modo del ser propio del educador, a su aptitud

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Sánchez. Rivera Peiró. Juan M. Manifiesto de la nueva humanidad. Ediciones Paulinas. Madrid, 1978, p. 24. 4

para educar. Es la fuerza educativa, la capacidad para ejercer influencias. Aplicada al educadormaestro, designa su aptitud específica para contribuir al desarrollo de los seres inmaduros”.7 Al educando le sobreviene la educabilidad o sea la posibilidad de ser plenamente. Es como la primera piedra del edificio personal. La piedra angular que señala, un principio, el camino a seguir y que adicionalmente augura la solidez de la construcción final. La educabilidad, vista así, es como una promesa acerca de lo que el ser humano puede conquistar a partir de sus propias fuerzas, de las condiciones sobre las cuales domina. Es también una garantía de que con el triple concurso del hombre la naturaleza y las cosas, tal construcción puede arribar a buen puerto. El peso del concepto de educabilidad se ha puesto originalmente en la dimensión natural e individual. La idea privilegiada se asienta en una consideración del organismo humano como susceptible de maduración. Flitner introduce la educabilidad histórica o epocal. En su concepción “El concepto educabilidad” designa la disposición típica del hombre frente a las influencias educadoras con las que se enfrenta típicamente en un mundo histórico”8. El animal casi se hermana con el hombre por este solo concepto pero la conciencia del aquí y del ahora, la pertenencia y la identidad que agrega la segunda remite la educabilidad a la esfera puramente humana. Es una visión condensada se puede concluir que “la posibilidad de ejercer influencia es educatividad, la posibilidad de recibirlas es educabilidad”9. La educabilidad, pues, por la vía de la ductibilidad apunta, según el DRAE, a maleable, en sentido figurado, acomodadizo, de blanda condición, condescendiente. En cuanto plasticidad, alude a capaz de ser modelado, que forma o da forma. El concepto supone unas condiciones de sujeto que lo tornan susceptible de conformación, de configuración, de formación. Finalizando el siglo XX, ha aparecido un concepto vecino de todos ellos. El concepto de resilencia. Este término se ha tomado prestado de la Física en donde responde a una cualidad de los cuerpos que se manifiesta en la capacidad de estos para responder a los choques. Más técnicamente “es el número que caracteriza la fragilidad de un cuerpo... La fragilidad es tanto menor cuanto mayor es la resilencia”10. En el Webster’s New Encyclopedic Dictionary, edición de 1994, dice así: Resilience/Resiliency: “es la capacidad de un organismo o cuerpo para recuperarse, retroceder o reasumir su tamaño y su forma original después de ser comprimido, doblado o estirado. También se entiende como la recuperación, con facilidad, de la situación de fatiga y de la depresión”. El concepto ha pasado con éxito al terreno psicopedagógico. Allí es percibido como una posibilidad de inclusión en el horizonte del crecimiento sano. “Desde el punto de vista de la acción, la resilencia tiene dos componentes: a) la capacidad de resistencia frente a la destrucción, en situaciones difíciles. b) la capacidad de construir una vida positiva a pesar de las circunstancias desfavorables. La resilencia es un resultado. El conocimiento de los factores que contribuyen a la resilencia, y que pueden ser empleados en una intervención social, es esencial... la aceptación incondicional de la persona del niño por otra persona es probablemente el factor que más contribuye a la resilencia”11. Esta es una capacidad cuyo desarrollo más propicio ocurre en instituciones como la familia y la escuela. El escenario para su desarrollo se concentra, generalmente, entre estas dos instituciones. Reivindica el principio formativo (en su variante de reforma) dejando en firme la idea de disponibilidad del ser humano para ser y ser hecho. En inglés existe el adjetivo Educable o Educatable con el significado de “capable of being educated” o sea, con capacidad para ser educado. Con habilidad o condición para ser formado o conformado. Y esta es una característica típicamente humana. Los animales, por ejemplo, pueden ser entrenados, adiestrados, pero no lograrán superar la determinación instintiva, la información contenida en el código genético. El hombre, al contrario, puede ir mucho más allá. Y efectivamente va. Esto es posible porque despliega la razón, la voluntad y por encima de todo la cualidad por excelencia de la persona humana: la libertad. El hombre es sujeto de solicitaciones que se concretan en la educación y que conducen a la realización de su vocación: ser más humano o, mejor, ser plenamente humano. Y esto nos remite a un

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Nassif Ricardo. Pedagogía general. Edit. Kapelusz. Bs As. 1958, p. 134 Citado por Nassif Ricardo en Pedagogía General. P. 136 9 Nassif Ricardo. Ob. Cit. P. 134 10 Rutter Michael. La resilencia, consideraciones conceptuales. Journal of Adolescent Health, 1993, p. 690. 11 BICE. La infancia en el mundo. Vol. 5 No. 3, 1994, p.7 5

proceso que hoy es conocido como de la formación integral. Nuevamente nos encontramos con la casa y la escuela de todos los niveles como ámbito privilegiado para el cumplimiento de tal proceso. Entre 1870 y 1880, coincidiendo con la llegada al país de los educadores pestalozzianos se instaura, con muchas vicisitudes, el sistema de la educación elemental que habría de durar hasta bien entrada la década de los sesenta del siglo XX. Con base en las intuiciones pedagógicas de Juan Enrique Pestalozzi (Zurich 1746 – Brugg 1827) tal sistema se reduce a trabajar con los niños tres grandes conceptos, a saber: palabra, número y forma. Pero lo más importante es la consigna que recoge el ideal pedagógico para este largo período: en educación se trata de formar cabeza, corazón y manos. Es decir, la persona toda. A finales del siglo XX y, como una derivación de la acción educativa práctica, se vincula la educación al desarrollo humano. En efecto, en la Revista de Instrucción Pública de Colombia (Bogotá, agosto de 1893, año I, No. 8), aparece en la sección oficial, el Reglamento para las Escuelas Normales. Es un desarrollo del Decreto 429 del 20 de enero de 1893. Pues bien, en el capítulo II se trabajan las tres clases de enseñanza escolástica normal y la enseñanza metodológica y de dirección de escuelas o profesional. Esta última comprende tres asignaturas: Ciencia de la Cultura Humana, Arte de Enseñar con Métodos Apropiados y Dirección de las Escuelas. La Ciencia de la Cultura Humana, es la exposición metódica de los principios, métodos y procedimientos destinados al desarrollo humano. En la escuela normal se estudiará la naturaleza y modos de funcionar cada facultad del alma, así como el tiempo, los medios y métodos necesarios para su desarrollo. La psicología es, pues, la base de la cultura humana: en el curso elemental no se estudiarán más que simples rudimentos; pero en los cursos adelantados la investigación debe ser crítica y completa. Se barrunta allí lo que al finalizar el siglo XX se admite para los educandos de todos los niveles como formación integral. Esta se constituye en objeto de la educabilidad que se propone asesorar o facilitar al niño, al joven, al adulto que han devenido en alumnos, en su proceso de convertirse en personas competentes o en su afán de ajustarse armónicamente al ideal social. LAS CARACTERÍSTICAS DE LA EDUCABILIDAD Hay por lo menos cinco aspectos que hacen posible la realización de la educabilidad, según Paciano Fermoso. Helos aquí:

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“La educabilidad es personal, es decir, es una exigencia individual inalienable e irrenunciable, que surge del manantial de la personalidad y la hominidad. La educabilidad es intencional, es decir, la posibilidad no está a merced de unas leyes naturales, sino que el sujeto es dueño de sí mismo, y dirige el sesgo y el viaje, de acuerdo con unas metas o ideales que se autofija. La educabilidad es referencial, porque no es una fuerza ciega, sino una capacidad ilustrada, que sabe hacia donde se dirige; en otras palabras, es teleológica. La educabilidad es dinámica, pues la realización del programa existencial de cada hombre supone actividad y dotación de potencialidades que buscan pasar el acto. La educabilidad es necesaria, pues sin ella el hombre se vería privado de posibilidades de autorealización, de personalización y de socialización”12.

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Lo que cuenta es toda persona y todas las personas. La legislación escolar ha recogido, con fortuna, este prospecto. El artículo primero de la Ley 115 al definir su objeto lo consagra con claridad: La educación es un proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos y de sus deberes.

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Paciano Fermoso. Ob. Cit. P. 2236 - 237 6

Por eso, el nuevo maestro que responda a un encargo de tales proporciones, ha de ser un excelso conocedor del proceso de constitución del ser humano; un avisado intérprete del contexto socio político donde tiene ocurrencia la construcción del sujeto y sus competencias; un dominador (preparado ex profeso para ello) de la educación, la pedagogía y la didáctica (ésta última sesgada al saber por enseñar y a los niveles etéreos); un investigador y un profundo conocedor del saber por enseñar. En consecuencia, se podrían tener en cuenta grandes áreas de formación para favorecer la educabilidad como el desarrollo humano y social - enfatizando lo socio-político - las tendencias y enfoques sobre educación e investigación que propenden por el conocimiento del alumno y de su cultura, y por todas las prácticas, rituales y eventos conducentes a lograr una calidad de vida y un sentido de desarrollo, de sentido de identidad y pertenencia de los actores involucrados. ENSEÑABILIDAD El Ministerio de Educación concibe la enseñabilidad como una característica de la ciencia a partir de la cual se reconoce que el conocimiento científico está preparado desde su matriz fundamental para ser enseñable aportando los criterios de confiabilidad, validez, universalidad e intersubjetividad que porta en sí. En esta perspectiva, la enseñanza de las ciencias al articularse con el conocimiento objeto de enseñanza ha de hacerlo a partir de su historia y epistemología. Comenzando allí, la pedagogía y el pedagogo tienen la posibilidad de convertir las ciencias en potencial y en contenido de formación para los niños, jóvenes o adultos cuya educabilidad está condicionada por factores socio-culturales diversos y por los fines de la educación históricamente determinados. En este campo, que corresponde a las didácticas específicas, se generan los métodos, medios y procesos de enseñanza. Según Rafael Flórez O., es una dimensión del conocimiento científico y no un quehacer externo, especie de malabarismo comunicativo. “La enseñabilidad hace parte del estatuto epistemológico de cada ciencia”13. El conocimiento objetivo, coronación de un proceso de investigación sometido a una vigilancia estricta y cumpliendo con todas las garantías procesales del método científico exige de sí y de suyo la competencia comunicativa, pues un acumulado de saber de tales características sólo completa su propósito en cuanto se difunde o proyecta dando satisfacción a una necesidad humana práctica o especulativa. En el ámbito académico, escolarizado, la comunicación de este resultado se hace con arreglo a la organización de dicho campo. En efecto, “se puede afirmar que la educación necesita estar abierta en el orden teórico a cualquier idea que tenga bases razonables y, en el orden práctico, a cualquier actividad que de un modo u otro pueda ser útil” 14. Por eso, las mencionadas ideas y actividades son enseñables, cumplen con la cualidad de enseñabilidad. En inglés se conoce el término teachable con el significado de capacable of being que traduce capaz de ser enseñado. Specially: apt and willing to learn (especialmente: propenso, inclinado y de buena voluntad para aprender). Well adapted for use in teaching (bien acomodado o adaptado para usar en la enseñanza). Teachability. Es como la otra cara de la moneda. La que señala a los sujetos humanos como portadores de la cualidad de la enseñabilidad, en razón de la posesión de aquello que les es más prototípico y definitorio de la especie como el lenguaje. No olvidemos que el lenguaje como decía Heidegger es la casa del ser. En su vivienda habita el hombre 15. Y no hay realidad, pues, que escape a su incardinación en el lenguaje y a la inevitable condición del ser comunicada, esto es, enseñada y aprehendida. San Agustín se lo planteó desde la antigüedad clásica a través de su obra de Magistro. “Este libro comienza así: ¿Qué te parece que pretendemos al hablar?. Esta pregunta marca la dirección del diálogo. Es su tema central. La respuesta agustiniana es que el lenguaje transmite la verdad desde el exterior, mediante palabras que suenan en el exterior, pero el discípulo siempre recibe la verdad en el interior, lo que lleva a Agustín a desarrollar su célebre teoría de la iluminación para efectos gnoseológicos: conocer es ser iluminados por Dios. Pero en medio de este problema: con el lenguaje tendemos a enseñar o a aprender, el diálogo vuelca sus baterías en torno al lenguaje y a la palabra”16.
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Flórez Ochoa Rafael. Hacia una pedagogía del conocimiento. Mc Graw Hill. Bogotá, 1994, p. 77 García Hoz Víctor. Pedagogía Visible y Educación Invisible. Ediciones Rialp S.A. Madrid, 1987, p.182 15 Soto Posada Gonzalo. Diez aproximaciones al Medioevo. Editorial Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, 1998, p.11. 16 Soto Posada Gonzalo. Ob. Cit. P. 14 7

Hay una variante intencional, cargada de voluntad, acerca de la enseñabilidad que pone todo el peso de ésta en la iniciativa magisterial. A ella alude el último informe sobre la educación en el mundo publicado por la UNESCO, cuando patentiza que “el trabajo del docente no consiste tan solo en transmitir información ni siquiera conocimientos, sino en presentarlos en forma de problemática, situándolos en un contexto y poniendo los problemas en perspectiva, de manera que el alumno pueda establecer el nexo entre su solución y otros interrogantes de mayor alcance”17. En la escuela de todos los niveles, cada vez más, se incorpora el modelo de la educación personalizada que pone en todos y en cada uno el ánimo para llegar a ser plenamente humano. Trabaja con la idea central de promoción de la persona que admite ser aleccionado (ser enseñado) para acceder a un estatuto en el que se conjugan con sentido, como bien lo ilustra la pedagogía actual, la formación de la persona íntegra, el inteligente, el ciudadano cabal, y el diestro, el competente. “El concepto de persona lleva implícita la idea de sujeto de atribución o principio de actividad. El hombre es persona en la medida en que tiene capacidad y libertad para comprender, decidir y orientar los actos de su vida, en otras palabras, ser dueño de su vida misma. Más el ser humano es dueño de la propia vida sólo en sentido limitado; nunca la posee de un modo completo; la tiene que ir construyendo a lo largo del tiempo. Solo será suya la vida si responde a un proyecto que él mismo haya diseñado. La educación personalizada se puede entender como anudar para formular el propio proyecto personal de vida y adquirir la capacidad para realizarla.18 En tal condición y por doble partida, la persona es susceptible de educabilidad y enseñabilidad”. “Si la enseñabilidad perfecciona lo específicamente humano, quiere esto decir que las capacidades de pensamiento – inteligencia, razón... – y de volición son la explicación última de esta posibilidad humana, lo que explica el poder de adquisición de saberes y de perfecciones éticas o virtudes. El nuevo maestro habrá de desarrollar enseñabilidad, si domina el proceso de constitución científica o disciplinaria del saber o asignatura por enseñar; tiene altas competencias en lectura y escritura de la lengua materna y de una lengua extranjera, haciéndolas pertinentes al saber por enseñar; posee capacidad para ubicar, acceder y usar información acumulada en libros, revistas científicas, bases de datos y redes, con referencia al saber por enseñar; ha adquirido hábitos de vida y trabajo enmarcados en la voluntad de cambiar, en la persistencia y en la reiteración con sentido. En consecuencia se puede proponer grandes áreas de formación para garantizar la enseñabilidad. Por ejemplo, la historia de la ciencia o disciplina respectiva con su respectivo debate epistemológico; la “nueva retórica” relacionada con la enseñanza de una asignatura o saber atendiendo a la maduración del aprendiz, al estado de su desarrollo afectivo y cognoscitivo y al contexto social que da sentido a su percepción y acción; la incorporación de nuevas tecnologías para la enseñanza y, por último pero de la mayor importancia, la educación de la moral, la voluntad y la afectividad. También resulta plausible la creación de ambientes de aprendizaje a lo largo y ancho de la institución y en el cruce de relaciones humanas que faciliten el acceso al conocimiento y al dominio de los procedimientos tendientes a su efectiva comunicación, al manejo de los eventos motivacionales, al cultivo de la vocación y en todo caso a todo aquello que posibilite la organización de ambientes de aprendizaje.

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FLÓREZ, R. (1995). Hacia una Pedagogía del Conocimiento. Ed. McGraw Hill, Santafé de Bogotá, cap. V. FLÓREZ, R. (1999). Evaluación Pedagógica y Cognición. Ed. McGraw Hill. Santafé de Bogotá. ZULUAGA, O. y ECHEVERRI, A. (1990). El Florecimiento de las Investigaciones Pedagógicas, en Pedagogía, Discurso y Poder, comp. Mario Díaz. Ed. CORPORDIC, Santafé de Bogotá. Pgs. 175 y ss.

El concepto de enseñabilidad liga las particularidades de la enseñanza de las ciencias a la vez a la estructura conceptual de la pedagogía y la especificidad de los objetos de enseñanza que se
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Delors Jacques et al. La educación encierra un tesoro. Santillana. Ediciones UNESCO, 1998, p.166. García Hoz Víctor. Ob. Cit. P. 173-174 8

construyen en cada ciencia. La enseñabilidad explica por qué ha de enseñarse la matemática de manera diferente a la Historia, está referida a los rasgos de racionalidad, de sintaxis, de contenido teórico y experiencial que caracteriza a cada disciplina para que pueda enseñarse. De este modo se realiza la aspiración de T. Herbart de que el maestro debe saber tanto de Pedagogía como de la ciencia que enseña. El diseño didáctico de una disciplina requiere en la actualidad fundamentarse en al menos tres dominios de conocimiento: ♦ Condiciones de enseñabilidad de cada disciplina. ♦ Enfoque o teoría pedagógica. ♦ Identificación y descripción de las condiciones psicosocioculturales del alumno respecto del aprendizaje de la materia. El resultado de conjugar estos tres dominios produce el diseño de la enseñanza que incluye la construcción de objetos de enseñanza y el plan didáctico de ejecución de la misma. Tomado de: La Educabilidad y La Enseñabilidad Documento elaborado por: Vladimir Zapata V. (Universidad de Antioquia) Alfonso Claret Zambrano (Universidad del Valle) Fanny Forero Rodríguez (Universidad Pedagógica Nacional) Rosario Jaramillo Franco (Secretaría de Educación de Bogotá) Pedro Pinilla (consultor) Esperanza Vera (Secretaría de Educación de Bucaramanga)

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