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Charles Bergquist Los Trabajadores en La Historia a

Charles Bergquist Los Trabajadores en La Historia a

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Charles

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LOS TRABAJADORES
EN LA HISTORIA
LATINOAMERICANA
Estuüos comparativos
de Chile, Argentina,
Venezuela
y
Colombia
por
CHARLES BERGQUIST
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I %-¿"a'
-#
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I
I
I
JeanyJonnttltlaga
siglo veintiuno editores, sa
cEr¡o oEt AGUA 2¿8, MEXI CO 20, D F
siglo veintiuno_de españa editores, sa
c/Pta¡a 5, MAofto 33, €SPAXA
siglo veintiuno argentina editores, sa
siglo veintiuno de colombia, ltda
Av. 30. 17-73 Pn¡ ER PISO. ¡OGOIA, D.t. COIOTAüA
traducción del inglés de gabriel iriarte núñez
portada
de feüpe valencia
primera edición en español, abril de 1988
@
siglo XXI editores de colombia ltda.
ISBN 958-606-016-0
preparación litográfica, impresión
y encuadernación
tercer mundo editores
impreso
y hecho en colombia
printcd and made in colombia
,,gl-Eg/gf
a
Jeany Jonny
y Magola
INDICE
PRESENTACION
PROLOGO
PREFACIO A LA EDICION EN ESPAÑOL
CAPITULO I: HISTORIOGRAFIA LATINOAMERICANA MODERNA Y
MOVIMIENTO OBRERO
CAPITULO 2: CHILE
Singularidad de la historia chilena,4T; estructura de la economla exportado-
ra del salitre, 50; La vida y el trabajo en la pampa
salitrera, 66; la organiza-
ción obrera en el norte, 76
;
cristalización de un moümiento obrero marxis-
ta,90; trayectoria de la izquierda chilena, 102; la paradoja de la moderna his-
toria de Chile,
108
CAPITULO 3: ARGENTINA
El enigma de la historia de Argentina, 115; Argentina antes del auge exporta-
dor, 116
;
la promesa del desamollo económico argentino, 119; la primera gran
moülización obrera, 136; el curso anómalo de la historia argentina, 177; los
obreros de la carne y el ascenso del peronismo, 188;
persistencia
del
peronis-
mo,224
CAPITULO 4. VENEZUELA
Historiografla de un
pasado
turbulento, 235; petróleo y desarrollo, 249; la
creación de un proletariado petrolero, 260; organización de una industria y de
un
pals,273;
fundación de un orden liberal, 307; contornos de la historia con-
temporánea de Venezuela, 319
CAPITULO 5: COLOMBIA
Orlgenes de un sistema
polltico partidista, 335; desarrollo de una economla
cat'etera,349
;
los trabajadores del café y el destino del movimiento obre
ro,367; la Violencia y la civilización cafetera,4l9; sigtificado de la historia
contemporánea de Colombia, 430
CAPITULO 6: ACERCA DE LOS LIMITES DE ESTE ESTUDIO Y LA PRO.
MESA DEL ENFOQUE
t 7l
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I
%"¿'nt
ult
I
11
19
26
47
115
235
327
439
8
INDICE DE MAPAS, CUADROS Y GRAFICOS
MAPAS
4. 1.
5. 1.
2. t .
INDICE
131
t u
150
160
Chile, aprox. 19(X), campos de nitrato y principales puertos
de embarque de
niürato
Argentina, la región de la Pampa y
ubicación de los figolficos cerca de Bue
nos Ai¡es
Venezuela, la Cuenca de Maracaibo y
los principales
campos petroleros
Colombia, zona cafetera y
departamentos a comienzos del siglo XX
Exportaciones chilenas de nitrato y obreroa empleados en la industria del
nitrato, f880-f934
Inmigración neta a la Argentina, 1860-1970
Producción de petróleo crudo en Venezuela, 1918-?8, y
obreros empleados
en la industria peürolera,
1922-77
Exportaciones cafeteras de Colombia y precios
del café colombiano en el
mercado de Nueva York. 187G1970
52
117
24L
338
CUADROS
2.L. Propiedad de las compañlas productoras
de nitrato, segrln nacionaüdad,
1878, 1895 y
1926
Indicadores del crecimiento económico de Argentina, 1880-1913
Valor de las exportaciones argentinas promediadas
en
perlodos
de cinco
años. 1900-1954
Superficiedetierra dedicada a la producción
directa en la pampa, 1990-1954
Indice de salarios reales en Buenos Ai¡es, 1914-39
Indice de obreros empleados en la ciudad de Buenos Aires, 1gl4-89
Porcentaje estimado de desempleo obrero en la ciudad de Buenos Aires,
l9l4-30
Valor de las exportaciones petroleras
de Venezuela, 1920.72
Participación del ingreso petrolero
en el total del ingreso gubernamental
de Venezuela, 19l?-63
Propiedades cafeteras clasificadas segin número de árboles en los principa-
les departamentos productores
de café en Colombia, lg32
Propiedades cafeteras clasificadas segrin número de á¡boles en Cundinamar-
ca y Toüma, 1932 y 1939
Número y producción
de fincas cafeteras colombianas segrln tamaño, 1955
Porcentaje de fincas productoras
de café en Colombia segrln tipo de adminis-
tración
y
tamaño, 1955
Muertes atribuidas a la Violencia en Colombia, 1946.67,
y producción
cafete
ra, 1955, segrln departamento
Muertes atribuidas a la Violencia en Colombia, lg58-66, según departamen-
to
Parcelas abandonadas a causa de Ia Violencia en Colombia, 1946-G6, segln
departarnento
GRAFICOS
65
120
3. 1.
3.2.
151
253
254
354
356
3ó?
358
426
427
428
3.3.
3.4.
3.5.
3.6.
4. 1.
4.2.
5. 1.
5.2.
5.3.
6.4.
o.o.
5.6.
o. I .
2. t .
3. 1.
4. 1.
5. 1.
54
t24
252
351
INDICE
io
no*'
de
embarque
de
62
foe
frisortficos
cerca
de
Bue
h#":tl"";J,;'i1**
I
segrln
nacionalidad'
11?
24r
338
PRESENTACION
Aparecido eningás hace poco rnós de un año, este libro todauín no ha ad-
quirido el prestigio de ckisico que se úterece, y que alcanzaró con eI tiem-
po, pues
se trata de una obra de interés uniuersal que debe ser referen-
cia obligatoría para todo socialista. Bergquist ha escrito un libro extraor-
dirwrio, cuya reputación ya hnbría quedad,o
establecida, si prouiniera
de
un especialista en estudias europeos.
Muy pocos historia.dores de izquierda han podido
combinar de mane-
ra tan certera y poderosa la economía política
con Ia. hístoria social, den-
tro del contex,to del desanollo del capitalismo rnundial.
Los cuatro poíses trotados aportan ejemplos contrastantes para un
auténtico aruílisis cornparotiuo, algo que, paradójicarnente,
es raro en-
contrar en lns estudios latinoamericanos, a pesar
de todas l,as condicio-
nes históricas y culturales cor¿unes que deberían hacer de ln regün un
La.boratorio ideal para
el uso del método comparatiuo. Cada uno de estos
estudios es, a su rnanera, ¿z tour de force, que liga la exploración de la
estructura económica a las
fuerzas
socíales, que entreteje la nanatiua
política
con percepciones culturales y que se apoya en series estadísticas,
tratnas de nouelas, pbnteamientos de Ia teoría de la dependencin, tes-
timonios, mouimientos de precios mundiales o el significado de la letra
de un tango. El espíritu que unifica todos estos elementos es un respeto
profundo por
el intnenso coraje y Ia. tenacidad que han hecho de los diuer-
sos contingentes de trabajadores latinoamerica,nos lo que hoy son, aun
en medin de las pqores aduersidades.
Bergquist explica sus objetiuos y proced.imientos
con claridad ejern-
plar. Esta es uno historia teóricamente consciente que se nutre de uarias
fuentes
("aruilisis
del sistema eeonómico mundíaI", "historia desde aba-
jo"
y aruilisis económico cepalino), pero siempre con un espíritu indepen-
diente que produce
una síntesis sui
generis.
Es tarnbíén una obra de gran
erudición y a la uez ex,cepcional por su
franqueza
política,
en lns dos me-
jores
sentidos de la palabra. Ber{quist deja'el clnro no solo su cornpro-
tniso con el soci.alismo, y sus raíces, sino también su esperanza de que
algún día estudios corrro éste lleguen a aquellos sobre quí.enes
-y
en úlü-
'rnas,
para quienes- han sido escritos. Al mismo tiernpo, sin salirse de su
. t e
I
. 1880-1913
en
Pelodos
de
cinco
en
la
PamPa,
1930'1954
uáos
nires,
1914'39
i"'"it¿"¿
de
Buenos
Aires'
'i5',lffi*oernamental
de
árboles
en
los
PrinciPa'
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en
cundinamar-
rs
según
tamaño'
195ó
segtln
tiPo
de
admrnrs'
194&6?, Y Producción
cafete'
1968'66,
según
dePartamen'
en
Colombia,
194&66'
segln
emPleados
en
la
industria
del
,
1918'?8, Y
obreros
emPleados
65
r20
131
134
150
1ó0
151
253
254
354
356
35?
368
426
421
428
64
t24
262
del
café
colombiano
en
el
361
11,/
concepción
general fnarxista,
fnantiene
abiertos
tanto
eI discurso
cofno
las opcione
s políticas.
para
quien", tÁi"n d.e comprender
las d.istintas
situaciones
y tradi-
cianes d.e l/¿s
¡u"rri,
populares en lns
países d'e la región'
este libro es el
modeln
mds ualioso áe'inuestigación
de
que disponernos
por ahora.
PRESENTACION
PERNY
ANDERSON
PNOLOGO
Este libro es, onte todo, un vigoroso llama.do a Ia rectificaníón de Ins es'
quernas nentoleq
teórícos
y políticos que han conuertído l¿ hístoria l¿ti'
noomericano
mod¿rno en uru historia de
productos y mercados, sín
ogentes socialcs,
o en la cuol aporecen cosi
que exclusiuamente Corno es'
tructurodores
dc la,s sociedad,es nacionales los
grupos domínantes, lki'
fnens e terratenicnte
s, cop italis tos, o b urgue sías compradoras. B erg quis t
rediseña eI escenorio,
redefine lr,s papeles y nos inuita a uer esta larga
obro
-un
siglo de historía la.ünoamericana-
a traués de sus nueuos pro-
togonistas,los
productores directos,las
trubaia.dores. Han sido ellas, lns
trabajadores,
guienes con sus éxitos, tropiezos y
fracasos,
han moldeado
l¿s diuersas uariantes nacíanoles de I,a historia moderna de América La-
tina-
¿Por
qué, entonces, ese consuetudínario
osttacísmo aca.démico de los
obréros?
EI autor comí,enza deli¡nitando
los contornos de Io que pudiéra-
tnos denominor bs
prisiones intelectuales
que han condicionado el desa'
rrollo historiognifico del tema^ Se resaltan, en prímer lugar, lns efectos
perturbad,ores
qlte hon tenido los modelos ideológícos deriuad,os de las
tendencias históricas del capitolismo
occidental en épocas recí.entes y se
subrayacórno
su erpansün continua en las décadas de postgueta
gene'
tó una capapidad tol de osimila,ción
y domesticación d,el ¡nouimiento
obrero
y ae ta."
fuerzas
polítícas de izquierd.a,
que llegó incluso a decre-
torse la, ¡nuerte del marxisrno, a nombre del "cornpromiso histórico", o
coexistenci.a
pacífica del capital
y el traboio. Tal,es modelos de
pensa'
miento
fueron
traspla,nta.dos de manera mecónica al mundo dependiente,
o pesar de
que b aparentenente
ilimita.da acumulatün de capital se ha'
cía uíabl,e sola con bose en uno sobreexplotación creciente de la perife'
ria- En segundo lugor, se nuestro cómo
fueron
tatnbién esquemas con-
ceptualcs europeos los que institucionolizarcn
una
fragmentación
opro'
biosa de la close obrero latinoamericana,
al oponer' o meior conttflponer,
los trabojadores del sector industri,al-manufacturero,
portadores de to'
das las connotacianes de lo "modemo", Q las trabOiadores del sector
agrc-ex,por.-rdor, dzpositoríos d¿ todos los uicios
y representacianes de la
"iradicíonal". Ccmo tercer
foctor
explícoüuo del d'esfase entre el papel
protogónbo real d.e tos trobo,ia.dares en el proceso polltíco y el subdesa'
t
11
I
I
I
ii,
trl:,
12 PROLOGO
nollo del proceso de inuestígocün conespondíente, el autor señaha la. re-
ticencia de las entüades
financiadoras
de In inuestigacíón a cornprorne-
ter sus recursos técnícos y humanos en prograrnas y proyectos
cataloga-
dos como "polftícos",
por
contraste con los aceptados coÍno "académi-
cos", sin
que sean de subestímar tarnpoco los
perbdicas
decapítaciones
intelectuales que realizan los dictaduras en Ia regíón.
Danda por supuesto que el tercer punto no requiere m,ayor demostra-
cün, Bergquist uuelve sobre lr.s dos primeros y deuela las deformaciones
y mistificociones implícitos en ellos. Con respecto al
prímero, sostiene
que el imaginodn comprcmíso histórico entre capitol y trabojo, que con-
seruatizó a Ia close obreta orgoniaoda, ha co¡nenzado a traducirse en un
espejismo ante
fenómenos
colno el receso generalizada
de Ia. econornía ca-
pitalísta, el crecimí.ento del desempleo y el colnpso d,e la,s polfticas
euro-
peos del Wellfare State. Estas nueuas reaüdades, concluye, le estón
abriendo paso
al reencuentro d,el moui¡níento obrero con otros grupos y
mouimientos social¿s,
!
por sobre todn, con su
propia uocatíón reuolucio-
naria, y dc¡nocrotizadora de Ia soci.eda.d.. Frente al segundo punto,
el de la
parcelacün
del moui¡nicnto obrero, Bergquist
postul.a y rescata Ia uni-
dad de la clase obrera como tal y dedica la. mayor parte del libro a argu-
rnentar precisamente que La exclusün, conscíente o ingenua, de las traba-
jadores
uinculados o Ia estructura eÍ,portadora equiuale no sola a una,
mutiladón de buerw
parte de l,a historia de Ia clase en Améríca Latína
-
Ias últimas décadas del siglo XIX y las tres primeras del presente, por Ia
rnenos-, sino que,
a.derruis, nos priua de la posibiltdad
de descifrar el
pa-
pel estratégico dc estos trabqjod,ores en el desanollo económico y político
de bs cua.tro poíses
estudiados, a saber, Chile, Argentina, Venezuela y
Colo¡nbía^ Esto es lo desafíante tarea del libro.
Dentrc de esta nueuo perspectiua, la "externo" se canuierte en
factor
decisiuo de estructuración del ord,en ínterno, no tanto por el tipo d,e cla-
ses dominantes que engend.ro, aunque las rela,ciones con éstas tampoco
se rnenosprecían, sino por la especificidad de cosmovisiones obreras
que
se ua.n teji.end.o en sus intrinca.d,os redes y que el autor reconstruye con
gron
erudicün y perspicacia
a Io Inrgo del terto. Se reitera así Ia tesis
central: hon sido las trabajadores quienes
con su impulso, sus límitacio-
nes o equívocacíones, con su debilidad o con su
fuerza,
le han imprirnido
su portícularídad
a la.s díferentes
formaciones
socíales latinoamericanas.
Con esto nueua óptica, lo mirad,o de Bergquíst no se detíene exclusi-
uonente en las condiciones materiales de uida dc los trabajadores en los
centros de prod,ucción,
sino que la exti.end,e a todas las
facetas
de la coti-
dianidad Y l"a cotidia.nidad. del obrero es no solo Ia del sitío de trabajo, o
euentualrnente la del portid,o, sus
formas
organizatiuas y la prensa pro-
pía, síno tambíén Ia de la. casa, la del bar, le del centro d,e recreación, la
del lcnguaje, Ia, de su sexualídad, Ia de sus experiencías y percepciones
I
[,'
!'
p'
t,
üf
P"
F.
F
Irs
I
PROLOGO
18
cultura.les, en
fin,
lo de todo ese mundo d'e referentes extrabborwles
que
hacen leglümo lwblar d,e una cultura obrtna, enfrenta'da a Ia cultura do'
minonte.
Elrasgo co¡nún d.e los cuotro estudias de caso, Io que estó en la mira
de Bergquíst, es, pues, olgo osícomo la'i.dentificacün de una tipologfa dc
&¿s formaciones culturales obreras
que se ltan i.do
foriando
en el cruce di'
ruimico de los tend¿ncios históricos d,el capítalistno mundíal con el com-
plcjo de
fuerzas,
o ueces conuergentes
y o ueces antagónícos, dcl orden
nacbru.L Esto creo
yo, es la nueua y profnetedoro ruta sobre la cuol nos
ho puesto este nouedoso clásino de Ia' historiogrofla latinoamerícana.
No uoy, por tonto, oinsistir aquí sobre las efectos
globales de la,s eco'
nombs exporta.doros en las estructuros socio'les
y pollticos del subconü'
nente, toles como el despegue industrial deriuodo o cornplcmentario, la
nipída urbankación, el
fortalccímíento
de las recursos estatales, la' a¡n'
pliación de las redes de comuníarcün,
y muchos otros que son retomados
e ilustradps con obu¡\dante acopío de informacün
por parte dcl autor, y
que constituyen temas bien conocí.dos
por quienes estén
familiarizados
con Ia historio moderna latinoomericono
Quisiera
subrayar m'ós bi,en, a
portir del sugestiuo texto fu Bergquist, las porticularidades socío'cultu-
ral.es que se tejen en ese nudo de relacíanes.
En Chil,e,
par@ tonar el orden dc exposícün d'el anttor, la mouílidad.
geognifico y ocupacíonol de las obreros dcl salitre, primero, y del cobre
después; Io dispersión de las instala'cíones minetws y de la prcpiednd so'
bre los tnistnas; osí como las crisis clclicas de los productos ¡nenciona-
dos, creoron uno cultura obrera nomádica, de ímplicaciones
parad,óiícas.
Por un lado, su condíción de trashumantes los lncía, ,nenos dóciles a la,
disciplino de los potronos y mós erigentes en las contratacianes,
y por el
otro lodo
-forasteros
en todas
partes- no tenla,n otra alternaüua
que
construir su unidad y su autonomía de clase a partir d'e sí mismos. Lo hi-
cicron inuentóndase audaces
formos
de sociabilidad,
y resistencia^ Se
cohesionaroninicialmente
en torno a socíedades de ayuda rnu'tu,a, que lla'
m,onn filarmónicas;
posaron luego por otras mós sofística.das, /¿s man'
comunales
t
eue
a.dquiri.eron cel,ebri'd'ad continental con la masacre d.e
Iquíque en 1907; y, desernbocaron
finalmente
en las
formas
¡nós uniuer
sales de organízacün
gremíaly polltica,los sindícatos
y los partidos. Im'
buidos de un tniütante naciana.üsmo, coracterístico de los enclaues mine-
ros, conquistaron un sólído
presügia en otros sectores d.e l.a soci.edad
por
su capocidod de mouiliza¿ión
y en el resto de América Latina por su cul'
tura polítíco. Los condicíones ad,uersas de su surgimiento, maduraron y
transformaron a éste enuno d.e las mouimientos obwos rnds consci.ente'
mente articulad.os a niuel nacíanal. Se m.antuuieron en "equílibria cat@s'
trófiao" con eI capital hosta la gron trugedía de 1978.
El rumbo de Io close obrera en Argenüna
fue
mucho mós complcio
y
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1ir
14
PROLOGO
tortuoso. En bs sectotes monufacturero, dcl tronsporte, Ia construccíón
y bs servbios, subordindns o la ecotwmb exportadoro, y
en dond,e el
peso
dc las ertranjercs
(inmigrantes)
era rela.üuarnente muy olto,
predo-
minabo dcsdc combnzos dcl sigb un¿ cultura obr€ra cosmopolita, cayo
eje era La red portuario
de Buetns Aires.
Culturolmente
"desnacionolhadas"
e ideológícomente atados a ü-
uersos tendencías d¿l a¡wrco-sindicoüsmo, los inmigrantes d.e la primero
gerurucíón tenlon los ojos puestos
en Ia id,ea de un euentual retoma a Eu-
rcpa^ Corno consecuencb & ello, su luclw contro la clase capítalista no
estabo indísolublenente ügade al dcsmantela¡níento de sus erpresiones
pollticos ínternos. En h. pampa orgentínoo escenaria abíerto de la agroin-
dustrio exportadara dc lana, cereal¿s y especialrnente carnes, alH, con lo
excepción de bs zonas costetu,s en dande se prcdujeron
olgunos destellos
reu olucia nario s
(
Alco rta, 19 I 2
;
P atag onia, rc2A-2 I
),
e I de s garrotniento
cultural se haplo aún mós potétíco, puesto que
coeristfan conflíctíua-
rnente dos tipos de situaciones, La primero
era Ia. de una capa sígnifi"ca-
tíua compuesta tonbíén d,e obwos inmígrantes no calífícadns, con esca-
sa copací.d,ad orgonizotiuo y reiuind,icatiua, y por tanto,
fócilmente
sust¡-
tuiblcs por vornpehuelgas d¿ Estados Unidos, Australia, y Nueua Zelan-
da. La segunda situa.ción era la que cobijoba tanto a los obrercs na,cio-
nales califrcadas, uínculados al ernpaque de cames o a su
procesamíento
/frigortficos),
como a los trabajadores rurahs, dispersos en Ia potnpa,
da-
dos bs métodos e*tensiuos habituales en Ia crío d.e gonados.
Los traba-
ja.dores
d,e este úIümo conjunto, nacional¿s calíftcodos y rurales, solfan
ser lnstibs o los inmigrontes
(apodadas
"golandrinas"),
refroctarios a Ia
occión colcctiva y
con Htnites objetivos infranqueables para
forjarse
una
uisün autónomo de Ia sociedad. Se refugíaron en lo que podrí.atnos
canoc-
terízor corno uno cultura
gaucha,
mezcla, de una mentaüdnd indiuidua-
listo y compeüüua. con un nacionalísmo chauuínísta.
De esto contraposicün entre a¿¿ cultura obrera cosmopoliüa y
una
cultura obrera
gauch4
se deríuoron consecuencías perdurables para ln
socíedad, argenüna: desde eomícnzos del siglo, su unid.ad. interna estaba
roto- Este dramoínteríor es el que se expresa popularmente
en Ia melan-
colla y el
fotolismo
del tango. En el pl,ano pollüco
se expresó paradígrrui-
ticamente en el
peronistno,
cuyo ascenso y consolídacíón tuvo como so-
pofte
fundomental,
según Bergquíst, Ias obreros de Ia carne. Su conclu-
sün, segurarnente muy
Tiotémica"
es la, d,e
que
el
peronísmo
bloqueó el
pnoyecto polltico
burgu.és d,e Io postguerra, pero
ol mísrno tíempo
frustú
el potenciol
socíaüsta de Ia clase obrera^ En este mouitniento pendular,
el
míIitorísmo surgü corno meconísmo recurrente de reuersíón del ínestable
equilibrio o
favor
de b cb.se dominonte.
En Venezuel4 país que
desde las albores d.el sigla se lnbla. erigida en
el principol
exportodor d,e
petúl,eo
del mundo, y que Io síguíó síendo lns-
PROLOGO
PROLOGO
tolos oños setento, cunndo elMed,io Oribnte empezó odisputarlc dicb A-
deruzgo, eloccionar d.elmouimi.ento obrcrc estuuo dominado
por el temo
d.e la nacbnal Lo segregrcü'n)'que
prefurnhú hasto la na¿ionalizacün
en 1975, entre obreros uenezolanos, de un Indo, y administrodores, técni'
cos, copataces y prcrpí.etorias extranjeros, d.el otro, Le dío a las obretps
uno cierta uocería d¿ bs intereses de Ia nacün.
Pero, irónicamente, esta ecotwmlo, bosada en un prod,ucto
estraté-
gico para el moderno desarrollo industríal, que crcó un poderoso tnoui-
miento obrero de izquí,erda lleuó tombién a la afirmacün de una socíc-
dad. con uno erwrrne capaaifud íntegradoro que terminó neutrolízando
toda perspecüua reuolucionoria. Como
producto especlfico aflotó una
cr¡ltura obrera del
petróleo que, en un sentida üferente al que l¿ da el ou'
tor, pero
fundados
en su oruihsis, nos otreueríamos o definír corno un
complcjo artiaulada de
por Io menos tres conponentes bósicos: una in'
discutibl¿ sensibiüdad a la dependencia
y o la do¡ninacíón extranjera; un
rodicalismo
gremial que se rnueue dentro de los pardmetros dcl compro-
miso entre el copitol y el traboio, es decir, en l.a órbita del consumo y la
porticipación; y,
finalrnente,
una oceptacün de lo próspera socíedad ca'
pitalísta, en las términos
que Ie han sida diseñados
por el parti.do Accün
Democnitica
Por últitno, resulto porticulormente original ln, interpretacün
que nos
pnopone el autor del caso colambíano. En el capítulo sobre Cobmbia, al
iguol que en los onteriares, Bergquíst parte de Ia organízación socí.al que
ernerge de la llomada
fose
dc crecitníento "hacía ofuera"
y que constituye
el polo de consoli.d.acün de uru, econornín' nacipnaL Se trata en este caso
de ln expansíón cofetero d.e
fincs
del sigla
pasa'do y comienzos del
pre-
sente. El hilo conductor del anólisis son. Ios cultiua'dores del
grano que el
autor engloba bajo la. categoría
genérica dc trabaia.dores rutales, tnitese
de pequeños propietorios independientes, de anendatarias, aparceros o
jornolcros,
todos ellas dotodas,
por la demtis, de una extraordina.ria copa'
cidad paro soportor las crisis cíclicas del producto en el rnercado mun'
dinl. Dos tesis centtwles organízon el co4iunto. Lo
primera, relacíonada
con el pnoceso de colonízacün
y Ia' conformacün de la "cíuilkación de
uertiente", estipula, que la conquísta de tienas cultiuables
y la presün
demognifica contpronetícron o la masa de compesínos, anteríornente se-
ñalada, en un enfrentomíento sangriento, a ueces entre ellos mísmos y a
ueces con los terrotenicntes. Como resulta.do de esa lucha
fratrícída',
de
eso especie de hobbesianismo social, hístórícatnente explicado como un
tneconismo de resístencio a la proletarizocün, Ias campesinos salí.eron ai'
¡osos, en cuanto híci.ercn uoler su contrcl sobre Ia tíerra, pero perdicron
lo botol,la, estratégíco
por la transformación de Ia socíedad capitalista al
quedar sumidas en Ia peor otomízaaión socíal. Patu, contrarrestar lo ato'
mización surgid,a d.e esto plrrica uictoría'
-y
esta es la, segunda tesis-,
la, retwuada rnasa d.e
pequeños productores se uia
precisada a buscar
J.r;-t'
8'
9-*¿s-

la construccün-
,
y en
dond'e
-el
Áíy
olto,
Predo'
ol*t"
cosmopolita'
cuYo
ata'dPs
o
ü'
'ñTW"'"s
de
lo
Primero
i'"iíri"t*l
return?.
a Eul
i-t"
"tot,
caPitalista
no
íonto de
sus
efrPresiones
abi'erto
de
I'o
ogrotn'
le carnes,
ollí,
con-n
Án
oryunos
d'estellos
fi,
el
áesgort'omiento
-ol-
i ó,

t tía'n
c on
f
lic tiu
a'
:;L-d;
",*
caPa
significa'
lr,
*
calíficados'
con
esco'
'i",lli,
P"t!T":.t:
;:f:.
;;;;;"t;;
Y
Nueua
zetolt'
tonto
o
los
obrercs
"Y::
,l"i
o a su
Procesamiento
";:;;;;;;,i.ta
nomno'
-(. '
rfr't-ionoito
s'-
L.o
s trab
o'
"
rlur"rñi
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v'Y*f
: L::t:i:
'r;;J;
¡,"
r efra,ctorin
s o
la
l,r;obtes Pora
foriarse
una
*xtr#xr:;:rm
oUr.t"
cosmoPolita
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p"¿u'ábt"
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P"::-Y
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ine
stob
I¿
dct
siglo
se
lnbía
?ñ54'o
;;;;;
"
'iguió
sicnda
tws'
16 PROLOGO
apoyo
Inrv
sus múlüples estrotegios indiui.duales en los dos partüos
tra-
dbbnahq el liberal y el conseruadar, que
se ha,bla,n estructurado dcsdc
el siglo XIX. Se posó
asl de u¿ hobbeeianismo eocial o un hobbesianismo
polltico,
tributorio ful sectarisrno y
d,el cli,entelismo ancestral¿s. Lo con-
secucncb lógica e histórica d.e esta cr¡ltura hobbesiana
fue
no solo Ia de-
bilídad estructurol d¿lmouimiento obreto
y
de la ízquierda a él asociada,
sino tombün el proceso pollüco disüntiuo del
pals en eI contexto latitw-
arnericano.' La Violencia.
En sum.o, Io que Bergquist pftrpone
es un modelo interpretaüuo, cuya
fuerzo
h.eurlstica no se ogoto en los cuatro palses
estudiados. El rnismo
le da
pistos
claues al lector en los pógina,s
finales
sobre los llmítes y posí-
biMades de su ¡nodelo, y le índica en qué otros c@sos podria.
tener
fecun-
dos oplícocíones, en cu.ólcs estorla sujeto a modificatíones sustanciales, y
en cud.les símplemente tw tendtí.a ualídez alguna Un admirable sentidn
crltíeo,
Ttoco
usual en los medios académíeos, y que reuela al mis¡no tí,em-
po utr.o grun seguríd.ad, en Io que se ltace. Bergquist tiene Io uno y lo otro
porque se equipó de monera ínmejoroble paru realkar esa larga marcha
por América Lotina"
Urw empresa intelectuol de estas dimensianes requiere, en efecto, de
Ia oprcpbcün crítíco" efectíuamente lngroda,, de las auances del conoci-
micnto en por lo menos tres
planos
intenelnaíonados. El prírnero es el d,e
los auances d¿ b modemo histori.a social, y de la laboral en particular,
cuyos te¡nos constituyen los preocupaciones
centtales del libro: La
forma-
cün de una concíencía obma; el desmonte de cierto culto o Ia producti-
uidad. y al d.eterminismo tecnológico; las luchas obreras por la recupera-
cün del contrcl sobre el proceso ptoductiuo y sobre sus propí.as uidns. En
toda esto problcmúüco es posibla reconocer la influencia de antecesores
twtablcs, corno E.P. Thompson y Eric Hobsbawm, en Inglnterra, o Da-
uü Montgomery y Hury Brauerman, en Norteamérica, quienes no sola
lnn hecho hístoría sirw que han cambiada nuestro modo de hacerla^ Hay
que
onotor quc se trato, sígníficaüuoÍnente, de autores que han estado
uinculados, en algún nwmento, a la miütancia, polltica,
e. toreas educatí-
uas en centtps obreros y eventualmente, Ins dos últimos, d,e autores que
han trobojada ellos tnismos corno obreros, ol igual que la hízo Bergquíst,
ontes d.e dedicorse profesionalmente
o la hístoría"
El segundo ouonae, e&pWcüomente asimilada en este libro, y que el
lector íd,entifbaú, mó,s
ffuilmente,
es el de las teoña,s sobre el
funcíona-
micnto d.el sistemo económíco mundial, mejor conocídas eorno teorfas de
lo dependcnciq que
configuron lo ruis notabl,e y uniuersalrnente acep-
ta.d¿ eontribución de América Latina a las ci.encias socinlcs.
El tercerc es el d¿ bs üferencia.dos d.esarrcllas de la.s historiograflas
nacionales, tw sob con respecto oI terna especlfíco d.el mouimiento
obrero, sino con nespecto a Ia euolucün globol
de las sociedad.es aquí tra-
todos.
|i
I
PROLOGO
PROLOGO
L7
Esta empreso intelectual nos reuela también otra dirnensión de to po-
lítica, la del sober históríco. En efecto, eI rnensaje que
jalona
este deci-
siuo aporte a la hístoriografía latinoamericana podría
formularse
categó-
ricamente en los siguientes términos: sí Ia, clase obrera quiere apropinrse
de su
futuro,
üene que reapropínrse de su pasad,o.
Gonzala Sdnchez Gómez
Instituto de Estudios Pollticos y
Relaciones
Internacionales, Universidad Nacional de Colombia
Bogotá, manzo de 1988
Ju;*.
8"
!á-r,1"¡'o
-'lt
en
los
dos
Porti'do
s- tro'
ün estruciumdo
d¿sd'e
o un
hobbesianismo
oncestrolas'
Lo
con'
nafue
tw
solo
4 7* 'llá"¡r:no
o él asocia'da'
iAtZ"
el conterto
latino'
b
interPretaüvo,
cuYa
estud'iados.
El
mismo
sobre
los
llmites
Y
Post'
caso
s
Podia'
tener
.fecun'
trooniÁne s sustancia'le
s,
Y
Úi
od'rn¡rable
sentídn
'"
ái,
reuelo
al
mismo
tíem-
ío"¡tt
tiene
lo
uno
Y
Ia otro
liál¡"o,
esa
larga
marcho
nes
requiere,
en
efecto'
de
de
lns-ouances
del
con?c!'
Áo¿ot.
El
Prirnero
es
el de
a"-to
U\orál
en
Particulnr'
lenttalcs
dettibro:
la
forma'
íi i¡'rn"
culto
a la
Producti'
ws
obreras Por
Ia'
recuPer@-
Tiai
sus
ProPios
vidns'
En
Io
influencia
d'e
ontecesores
en
Inglaterra,
o
Da'
{uienes
no
29Io
ñ
Áoao
áe
hacerla
HaY
áLáuror"t
que han
e-stadP
irr-
p itm" o
@- t ar e os
.
e iluc
11i;
dos
últimos,
de
autores
que
lii"l
q"r la
hizo
Bergquist'
en
este
libro,
Y
que
el
-IÁ
teortot
sobre
el
funciorn'
ior cottocidos
corno
teorlns
de
y uniuersolmente
aceP'
cicncias
socinl¿s'
JlÁut" de
lr¿s
historiograflas
esoeclfrco
d'el
movimi'ento
I í,,
ui sociedad'es
oqul
ta'
¡
PREFACIO
A LA EDICION EN ESPAÑOI
Los trabajadores, sobre todo los
que
laboran en la extracción,
producción
y
elaboración de
productos para
la exportaciÓn, han desempeñado un
papel
determinante en la historia moderna de las sociedades latinoame-
ricanas. Su lucha
por
mejorar su vida material
y
su empeño
por
controlar
en mayor medida el ritmo de sus vidas
y
el
producto
de sus labores han
alterado de manera fundamental tanto la evolución
política
como el de-
sarrollo económico de los
países
de la región.
Esta afirmación, tesis del
presente
estudio, contradice en
Sran
medi-
da lo
que
me enseñaron l¡a experiencia
y
la educación formal durante mi
juventud
en Estados Unidos en las décadas de Ia
posguerra.
Contradice
asimismo el
grueso
de Ia üteratura dedicada al cambio
político y
econG
mico en Latinoamérica en el siglo XX. Me convencí de su validez
poco
a
ptro,
a medida
que
mi experiencia se ampliaba, mi investiSación
pro-
gresaba y
las tendencias intelectuales
que
moldean todo conocimiento
influenciaban mipercepcióny comprensión de la evidencia histórica.
Me crié en los años cuarentas
y
cincuentas en Seattle, Washington,
ciudad de la Costa Pacífica de Estados Unidos. Seattle era,
y
en cierta
medida todavía lo es, una especie nueia de
"company town". Alli una
empresa
gigante,
la Boeing, Ia burocracia militar
y
el Estado nacional se
combinaron
para
fomentar la
producción
aeronáutica en
gran
escala.
Había una
gran
demanda de trabajo, tanto
para
obreros especializados
como
para
empleados
y profesionales; los sueldos eran altos
y
durante
los cuarentas
y
cincuentas seguían en alza. Contaba
yo
con cinco años
cuando la legislación Taft Hartley,
que
resultó tan desastrosa
para
el
movimiento obrero clasista del
país,
comenzó a limitar el
poder
económi-
co
y político
de los obreros organizados. Pronto el movimiento obrero fue
purgado
de los militantes de izquierda
que
habian dirigido la lucha exito
sa
por
organizar la industria básica del
país
en los treintas
y
cuarentas.
En la Seattle de mi
juventud
incluso el recuerdo del
poderoso y
radical
movimiento obrero
que
habia enfrentado el Estado capitalista en Ias
pri-
meras décadas del siglo estaba
prácticamente
extinguido en la concien-
cia
popular.
Muy
pocos
sabían de las
primeras
lides de los Trabqiadores
Industriales del Mundo, fWW, en
pro
de la Iibertad de expresión, ni de
los valientes
y
explosivos esfuerzos de miles de obreros marítimos
y
fo-
restales
por
organizarse
y
construir sindicatos combativos. No sabian de
I l el
20
i
*
PREFACIO
la
gran huelga
general de 1919,
que paralizó seattle,
y permitió a los tra-
bajadores
asumir
el control
administrativo
y
económico
de
la ciudad
du-
rante cinco
tru.""rrá"rtales
días.
En la Seattle
de
la década
del
cincuen-
i;:-;i¡16;t"tt"rrto
oUr"ro se caracterizaba
por
un sindicaüsmo
comrpto
y
¡iirocratico,
simbolizado
por el
poderoso lider del sindicato
de los traba-
jadores
del transportr,
"i
infame Dave
Beck de los Teamsters.
Y en la
escuela
primaria, t;;;
áespués
en el colegio'
yo
aprendia
una
historia'
llamada
,,americana",
qu"^de algún
modo
logró transformar
la lucha
."igri*t"
y combativa'del
movimiento
obrero
estadounidense
en un
".r"ito
casi idílico.
Mis estudios
universitarios
en los sesentas,
aunque
trataban
material
mucho
más sofisticado,
conducían
a
la misma conclu-
sión ideolósi"",
,rrr;ienorancia
casi total del
papel central
del movimien-
to obrero
en la histáiá
moderna
del
mundo
occidental.
Hice
mi especia-
lización doctoral
en estudios
latinoamericanos,
con lo
que
aprendí
una
tesis de
moda
"" "rár
uñor,
que el movimiento
obrero
latinoamericano
era
prepon¿eranteÁLttt"
.oí.L*ador,
capita_neado
por
una
élite
pasiva
á" truU^:u¿o.",
inánrtiiales
que había
perdido su vocaciÓn
radical
v
re-
volucionaria.
Fue asi como,
mediante
la experiencia
concreta
y
la educación
for-
-ui
"pr.rr¿i
u a"r""¿á,
et
papei de los trabajadores
en la historia del
-"tiaó
moderno.
Pero al mismo tiempo
me iban influenciando
las
gentes
trabajadoras
que me rodeaban.
Ahora
me doy cuenta
de cómo ellos tra-
taron de inculcarme
los valores
más
profundos de una clase
desprovista
de organización
social
y
conciencia
poütica autónoma:
una
fe democráti-
ca en las capacidaá"r
i"t"f"ctuales
de todos
los hombres; un sentido
99
ia e"plotaci6" v
rul":usticia
social; un
recelo
profundo del capital
y
del
gobierno,
y
una comirensión
elemerttal
del
poder de
las fuerzas
materia-
les en la historia.
eprendi
el oficio de
mi tio, un techador,
y
antes
de con-
seguir
empleo
"o-á
historiador
enl972,
me
gané la vida desempeñando
,rrrá
g.u" variedad
de oficios.
Fui techador,
operario
-en
una
pequeña
i-prénta,
chofer
a" t*i
y
ambulancias,
obrero
_en
una. fábrica
de enlata-
áor,
"o"""ttero
de
produótos agricolas,
fumigador
de insectos,
cartero
y
estibador.
En
ning;uno de esos
puestos tuve contacto
directo
ni con
tra-
uu¡uaor"*
sindicaíizados
ni con-militantes
de
los
partidos de izquierda'
Tal
hecho
no debe causar
extrañeza.
Durante
estos años
Ia mayoría de
los trabajadores
ri"ái"utirudos
se limitaba a
los confines
de las
grandes
"-pr".u,
del sector
industrial.
Y la izquierda,
gracias a la ofensiva
pa-
;;;;"iy
estatal,
ui
"r"árd"lo
político áel macartismo,
había
sufrido
un
*fipt".uti
totai,lue,
"on
"*"Lpción
de la época
de Vietnam'
ha durado
hasta
nuestros
dlas.
Debe ,", oblriJirre
los valores de cada cual,
o mejor, su concepción
social del
mundo,

r" determinan
directamente
por
su
situación de cla-
;;,
;.t
el hecho,
verbigracia,
de tener
que vender
su
propia fuerza de
ioUu:o
para sobrevivirln
una sociedad
capitalista.
No. La comprensión
I
{
I
$
i
I
po
i,
p
h-
PREFACIO
de la naturaleza de una sociedad dada
y
la
posición
social de uno en ella
se desarrollan
por
medio de la experiencia material,
política
e intelectual
concreta. En mi caso, el avance hacia dicha comprensión fue lento.
Se
vio retardado por
las condiciones históricas de la sociedad en
que
me for-
mé como adulto,
y
limitado por
la
penetrante
influencia,
disfrazada de
sentidocomún, de una visión liberal del mundo, eficazmente propagada
por
las instituciones culturales dominantes de una sociedad capitalista
avanzada en expansión. Llegó tarde en mi vida
graciras
en
parte
a una
autopercepción, a veces más imaginaria que
real, de ocupar una situa-
ción
privilegiada,
lejos, en terminos
de clase,
geografia
y
ambiente cul-
tural, de la vida
y
lucha cotidiana de la clase obrera.
No obstante, aun en circunstancias desfavorables como las anterio-
res, es
posible progresar
hacia la comprensión del funcionamiento de la
sociedad capitalisüa. Cuatro factores contribuyeron a hacerme conscien-
te de esta verdad social: mi experiencia en Latinoamérica
-primero
como miembro de los Cuerpos de Paz asignado a un
pueblo
colombiano,
luego como investigador académico en varios de los
paises
de la re-
srón-,
donde las fallas del sisüema capitalista
y
sus mecanismos de ex-
plotación
social se revelian con más claridad de lo
que
suelen hacerlo en
las naciones ricas, de capitalismo avanzado, como Estados Unidos: mi
trabajo de
posgrado
con John Johnson, el
primer
historiador estadouni-
dense en ofrecer una interpretación
global y
materialista del cambio
po-
lítico latinoamericano a lo largo de este siglo; la influencia que
ejerció
sobre mí el análisis marxista,
que primero
llegó a mi conocimiento en la
época de la movilización universitaria en oposición a la intervención nor-
teamericana en la
guerra
de Vietnam
y,
finalmente, mi interpretación de
Ias circunstancias
que
rodearon el asesinato de César Cauce, antiguo
a\umno
mio enDuke University,
organizador sindical
y
activista del Par-
tido Comunista
de los Trabaiadores
(Communist
Workers Party),
quien
fue muerto,
junto
Con cuatro de sus compañeros' a manos de elementos
del Ku Klux Klan
y
el Partido Nazi Americano,
en la ciudad de Greens-
boro, Carolina del Norte,
en noviembre de 1980.
De esta manera
personal y particular, aspectos
de la historia de la
posguerra han impaétado
mi formación
poliüica e intelectual. Los he rela-
t¿ó
""
aleún detalle
porque,
según
lo evaluarán
los diversos
lectores,
simultáneamente
actúan
pára inspirar
y limitar cada aspecto del estudio
que
sigue.
Aparte estas consideraciones
ideológicas,
que influyen en mi
percep-
ción áe los datos historicos
y mi análisis del material, el libro encierra
otros aspectos,
tanto
positivos como negativos, relacionados
con el nivel
de desairollo
de los eÁtudios
históricos latinoamericanos
y
con el empleo
de la metodologia comparativa.
Aunque estoy convencido de
que
la tesis
desarrollada
a lo largo del libro constituye una
palianca poderosa para
la
interpretación de la hisüoria l¡atinoamericana,los
capitulos
dedicados a
2l
22
PREFACIO
cadapalsindividualapenassus' ielelsupotencialcgncr-eto.Elestudio
comparativo
aetpapei-ttelát
tt"¡qi"¿otesltt
h América
Latina
del siglo
XX se ve obstacufi"ráo
"o
solo
por
el subdesanollo
de la literatura
histó
rica sobre
estos
palses y
sobre sus
movimientos
obreros,
sino
también
;;;;i;li-a
poUlico-i"ór"Ño
prevaleciente,
sobre
todo cuando
hice la
investigación,
en algunos
paísesde la región
El enfoque
"o-ñ"i.tiu-o
puede set ei aspecto
más
positivo del
libro'
p"*
"i¡i"r,
t".ottu
ritil
pará dejar al descubierto
profundos int€rrogan-
L,
""rfiti"os,
y
si bien ayuda
a s"patat
y
sopesar
elementos
de la causa-
üdad
histÓrica,
necesariamente
conspira
al
mismo
tiempo
contra un c(>
nocimiento
protutt¿o á" una socieduá
htittoamericana
dada
y
de toda
la
literatura
existente
entorno
de ella. Los espeeiaüstas
que
coadyuvaron
a
üo¡".rtación
de miinvestigacióny
luego comentaron
el manuscrito,
me
permitieron atenuar,
no superar,
este
problema'
- -
sin
embargo,
""
el suúdesarrollo
mismo de
la historiografia,
junto
con
lias limitacione;q"" ;;n
sobre
la investigación
de la historia
labo-
;;i; 6
q""
"" "o-Uitiu
para
justificar
intentos
globales de interpretación
en las
presentes circuristantias'
Debido
a la magnitud
de la tarea
que
af ront ael pequeno*nodehi st ori adoresquet rabaj ansobreAméri ca
;;ti""l
"
iaslmplicaciónes
politicas de toda investigación,
no creo
que
nos
podamos dar ;i1ot
ü
proceder, sin
prioridades, a investigar
al
urur.
nrp"ro
en tal r"rriido
que este estudio
sirva, aunque
sea de Eranera
,rr.ry
pur"iul,
para estimulaiel
debate
sobre
esas
prioridades
y
fomentar
ulteriores
investigaciones
sobre
el movimiento
obrero.
Espero
¿sirnism!
q""1" ri.iO"
a"f
pu"uáo, resenada
de
manera
imperfecta
en estas
pági-
iur,
"y"á"
u itrrpiát.rttá
actividad
política inteligente
y
eficaz
por part'e
de la clase
obrera,
en su lucha incansable
por forjar un orden s<rcial
más
humano
en el mundo.
Gracias
a Ue"r,
á"1Social
Science
Research
Council
(en
el año acadé-
mico de lg77-7gl Vá"f
O"f." University
Council
(durante los meses de
verano
de lg?9
v
f"g80)
p"á"
adelantar
ósta investigación
en los archivos
;;ibü;t
";r
¿" Cftii"'y
Argentina,
Venezuela
y
Colombia.
Después,
en
1980
y
1981,
becas
aet Witson
Center
en Washineton
D'C'
y
del National
Humanities
center
en carolina
del Norte
me
permitieron dedicanne
a
una
lectura
detallada
de la Iiteratura
secundaria
y
a la redacción
del li-
bro. Muchas
personas comentaron
partes del
manuscrito.
Deseo
agrade-
cer especialmente
a John Johnson,
John
Wirth,
David
Bushnell,
Tulio
Hal perí nDonghi , ¡ot , t Wo-"ck, Paul Drake' JohnLombardi ' Ri chard
Wuit"r,
Gonzalo
Sátt"tt",,
Ariel óorfman'
Steve
Ellner'
Sandra
McGee'
Tico Braun,
catrrviecrurrd,
Daniel James,
Ronald
Newton,
Emilia
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T\rlchin,
James
Barrett,
Gonzalo
Fallabela,
David
ó;ili"t,
Stanley
Stlin
y
Brooke
Larson.
Entre
mis colegas
de Duke
quiero
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a J;hn
T;iáJ",
cu'ol-Smith,
Art¡rry
Valenzuela'
Gary
Geref-
fi, Larry
Cood*.vr,
gi'ólrlf",
John
Celi,
Bill Reddy, Jim
Epstein
y
Dick
PN.EFACtO
Fox. Pese a
que
no
pude
dar salida adecuada a todas las críticas
y
suge-
rencias de estos comentaristas, el estudio
que
sigue, del cual soy respon-
sable, es mucho mejor
gracias
a sus esfuerzos.
Dot Sapp
pasó y
volvió a
pasar
a limpio estas
páginas.
A
pesar
de dis-
poner
de un
procesador
de
palabras,
al final terminaron saüéndole tra-
bqiadores hasta
por los oídos. Empero, su dedicación
para que
este übro
fuera
publicado
jamás
flaqueó. Por ello,
por
su sentido del humor
y por
su
gran
calidad humana, le estoy aeradecido.
ch. B.
Durham, E.U.
Mayo de 198?
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CAPITUI,O 1. HISTOBIOGRAFIA LATINOAMERTCANA Y
MOVIMIENI1O OBNERO
La historiografia latinoamericana del siglo XX adolece de dos
graves
de-
ficiencias. Por una
parte,
no reconoce el
papel
decisivo
que
han desem-
peñado
las organizaciones sindicales
y
el movimiento obrero en la evolu-
ción de las sociedades de la región. Por otra, no ha logrado explicar las
muy disímiles trayeetorias ideológicas
y políticas
de los diversos movi-
mientos obreros de América Latina: marxistas en algunos
países,
neo-
fascista
por
lo menos en uno,
y
überales, al menos hasta el momento, en
otros. Ambas deficiencias tienen una raíz común: el no admitir, en toda
su
profundidad, las implicaciones sociales
provocadas por
las diferentes
formas de integración de l¡as economías latinoamericanas, a
partir
de
1880, al
proceso
de desarrollo del sistema capitalista mundial. Desde
entonces, la maduración de las sociedades industrializadas de la Cuenca
del Atlántico Norte
generó
cuantiosos recursos tecnológicos
y
de capital,
e imperativos sociales
y políticos
internos,
que
impulsaron una exporta-
ción masiva del capital europeo al resto del mundo. En América Latina,
las élites sociales supieron aprovechar estas circunstancias
para
trans-
formar sus
propias
sociedades. Una a una, las naciones de América Lati-
na fueron especializándose en la
producción
de uno o varios
productos
primarios
de exportación.
Humanistas
y
antropólogos latinoamericanos de la década de los
años treintas fueron los
primeros
estudiosos
que
advirtieron
y
evaluaron
la importancia de esta transformación orientada
por
la exportación. Sin
embargo, fueron los economistas estructuralistas, vinculados a la Comi-
sión Económica
para
América Latina, CEPAL,
quienes
analizaron con
mayor
profundidad
sus implicaciones
para
lo
que
ellos denominaban el
desarrollo económico dependiente, o reactivo, de la región. Durante las
décadas
que
siguieron a la Segunda Guerra Mundial, construyeron tipo-
logias sistemáticas de las economías exportadoras
y,
de manera muy lú-
cida, delinearon las implicaciones
que
cada una de eüas conllevaba
para
el desarrollo económico nacional de la
periferia
latinoamericana del sis-
tema capitalista mundial. Entre tanto, otros científicos sociales e histo-
riadores latinoamericanos analüaban l¡as dimensiones sociales,
políticas
y
culturales
provocadas por
la transformación económica del subconti-
[ 261
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26
LOS TRABAJADORES
EN LA HISTORIA
nente. Curiosamente,
sin embargo, en tdos estos trabajos se descuidó
el
papel
desempeñado
por
eI sindicalismo
y
el movimiento obrero
(1).
-
La tatta te"ulta
particularmente sorprendente
si se examina
la mar-
cha de los acontecimientos
históricos de Latinoamérica
en la
posguena.
El argumento,
que
en una época
parecia obedecer al sentido común, de
q.r" l,o. trabajadores del sector
industrial
pesaban
poco
en aquellas
sor
ciedades cuya función
primordial en el mundo moderno era Ia de
produ-
cir materias
primas para la exportación,
perdió su atractivo
lógico des-
pués
de 1945. Las
principales naciones latinoamericanas
surgieron
de Ia
crisis
provocada por Ia depresión
mundial
y por la
guelTa con economías
q,r"
ré industrializaban
rápidamente
y
con movimientos obreros organi-
zados, relativamente
poderosos. Durante
las décadas siguientes
se con-
virtieron en importantes
receptores de la inversión extranjera en la
manufactura
en los
países subdesarrollados.
Incluso a medida
que
el
sector manufacturero de estos
países iba opacando el sector
primario, la
mayoría de los estudiosos
latinoamericanos
insistía en
que
los trabaiado
res del sector
industrial constituían una fuerza insignificante
para la
transformación
historica de la región. Alegaban
que
estos trabaiadores
representaban un
gxupo privilegiado en los mercados nacionales del tra-
bajo. Sostenían
que los trabqiadores
industriales,
vencedores entre un
exóedente de trabajadores urbanos
que
competían
por
un reducido nú-
mero de empleos
generados,
dentro de la industria manufacturera,
por
una expansión muy lenta en capital
intensivo, conformaban
una aristo
cracia óbt"ta, conservadora
políticamente
y
conformista
en lo social. Tal
noción fue desarrollada sistemáticamente
por los latinoamericanistas
durante la década de los sesentas
(2) y persistió hasta bien avanzada
la
década de los setentas. Fue confirmada
por Ia mayor
parte
de los contri-
buyentes a una importante reseña de estudios sobre el movimiento
labo
ral regional
publicada en f977
(3).
1, De todos los trabajos
publicados por estos cientiñcos sociales humanistas, el ensayo del antro-
pólogo cubano fern¿ndo Ortiz, Contrapunto cubano del tabaco
y el azrícar, Nueva York, 1947,
pubñcado originalnente en 1g40, es el-más importante. Ios übros clÁsicos de los economistas
estructurales
latinoamericanos son: Celso f\rrtado en lhe Economic llevelopment
of L¡ti¡
America, cambridge,
Inglaterra, 19?0,
y
osvaldo sunkel, con la colaboración de Ped¡o Paz' El
eubde¡arrollo
y la teoríalel deearrollo, México, l9?1. De los otros trabajos a los que se hace
referencia, los de Fernando Henrique Cardoso
y Enzo Falleto, Dependencia
y deearrollo en
América l,atina,
(México, 19?9,
pubücado originalmente
en 1969,
y
de Tulio Halperin Donghi'
Historia c{nt€nporónea
de Améric¡ Latina, Madrid, l9?0, son los
mÁs
importantes.
2. Ias influyentes formulaciones de esta
poeición correeponden
a u!
P$
de übros de Claudio Vé-
lez, ObeLclee
to Change in Latin America, lpndres, 1965,
y lbe Politice of Conformity
iD Lati¡
America, Ipndres, f96?,
y
a las contribuciones de Henry landsburger,
especialmente
"The
Labor Eüte: Is it Revolutionary?'
'
,
en Ditee in Latin Americ¡, editado
por Seymour Martin
r
'ip-
set
y Aldo Solari, Lond¡es, fSé2. Ios trabajos de Robert Ale¡ander consütuyen
la ercepción a la
."gL. D""d" su
perspectiva überal
y anüicomunista,
ingiste
permanentemente en Ia importan-
cia-del movimi.oto
"iodi"d
en los dessroüos
históricos modernos de la región.
3. Rubén Katzman
y
José Luis Reyna, editores, Fuerza de trabaio
y movinieníoe
laboralee en
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HISTORIOGRAFIA LATINOAMERICANA
Para entonces, las sociedades más desanolladas de Ia región se en-
contraban francamente en crisis. La industrialización acelerada, bqio la
égida del capital extranjero, trajo consigo Ia desnacionalización
progresi-
va de la industria manufacturera doméstica. Creaba una creciente de-
pendencia
de tecnologia. Implicaba la importación de maquinaria avan-
zaday crecientes cantidades de materias
primas
industriales
y
combusti-
ble. Esta situación no tardó en crear
graves
dificultades en las balanzas
de
pago y
en
producir presiones
inflacionarias crónicas. Los
gobiernos
recurrieron a
préstamos internacionales en
gtran
escala, a fin de superar
tales
problemas y
construir así la infraestructura económica vital
para
la
expansión industrial. Luego, a medida
que
se vieron forzados a cumplir
condiciones cada vez más rígidas
para renegociar
y
ampliar los emprésti-
tos, adoptaron
mecanismos de austeridad diseñados
para
ser asumidos
principalmente por
la clase trabajadora.
Esa solución,
que
también era la más conveniente
para
los capitalis-
tas nacionales, condujo
gradualmente
a un enfrentamiento entre la clase
obrera
y
el Estado, revitalizó la izquierda
y,
en los sistemas
políticos
abiertos tipicos de los
principales países
latinoamericanos a comienzos
de la
posguerra, frustró la efectividad de los
programas
de austeridad.
Lejos de superar los
problemas
suscitados
por
la industrialización, las
nuevas restricciones muy
pronto
amenazaron la viabiüdad misma de
todo el
proceso
de expansión económico. Condujeron
progresivamente
aI
derrumbamiento de los sistemas
políticos
abiertos. Generaron una re-
presión masiva del movimiento obrero organizado
y
de Ia izquierda. Y
últimamente comprometieron el impulso hacia la industrialización mis-
ma. Este
proceso ya
era discernible a mediados de la década de los cin-
cuentas
y
sieuió su curso durante los sesentas
y principios
de los seten-
tas en las sociedades más avanzadas del Cono Sur
y
en Brasil. A media-
dos de los ochentas, amenazaba con afectar los sistemas
politicos
de na-
ciones tan importantes como México, Colombia
y
Venezuela
(4).
Por ende, la clase trabajadora se encontraba ostensiblemente en el
centro mismo de Ia crisis del desarrollo económico
y político
de América
Latina en la
posguerra.
Sin embargo, era tan
generalizado
el consenso
entre los estudiosos sobre l¡a relativa falta de importancia del movimien-
to obrero
y
su naturaleza conservadora,
que
durante mucho tiempo cen-
traron sus esfuerzos
por
explicar la situación de la región en todo menos
en la clase trabajadora. Hubo destacadas contribuciones
que
analizaron
Améric¡ Latin¡, Mérico, f9??. Las ercelentes contribuciones de f:lizabeth Jelin, Silvia Sigal
y
Juan Ca¡los Tone a esta obra, conforman lae excepcionee a dicha
generalización.
Sus trabajos
apuntan hacia las revaluaciones
que
siguem.
4. EI manuscrito inédito de Paul W. Drake, "Joumeys Toward Failure? Political Parties and La-
bor Movements Under Authoritarian Regimes in Souther¡ Cone and Brazil, 1964-83", 1983,
constituye un buen análisis
y
un resumen de la literatura
que trata sobre eete
pr@eso y sus
impücaciones para el movimiento siüdical.
28
LOS TBABAJADORES EN LA HISTORIA
los imperativos económicos de la "profundización" de la industrializa-
ción capitalista
y que
destacaban
los modelos de comporüamiento
de la
clase media
y los
grupos
tecnocráticos
(5).
Otros analistas exploraron la
dinámica del corporativismo
y
el Estado, o bien buscaron expücaciones
para
la crisis en el legado cultural e institucional del colonialismo
ibéri-
co
(6).
Tales contribuciones fueron importantes,
y
las mejores reconG
cían la importancia del movimiento sindical en su análisis. Y, sin embar-
go,
ninguna centró su estudio, bien sea a nivel teórico o empírico, en el
movimiento obrero como tal. Un
libro
que
sí lo hizo
-una
interpretación
importante de la historia sindical latinoamericana
pubücada
en 1977-
concluyó
que
el
papel
desempeñado
por
el movimiento obrero en Ia his-
toria regional era extremadamente débil
y
limitado
(7).
Las causas del desfase entre los desarrollos históricos
y la teoría de
las ciencias sociales son
por
si mismas dignas de investigación.
¿Refleja-
ba acaso la sociología de las ciencias sociales latinoamericanas
las condi-
ciones cadavezmás represivas
que
se
presentaban en el ámbito de I¡as
investigaciones en América Latina?
¿Las
prioridades
de las entidades
que
financiaban dichas investigaciones?
¿O
el
peso y prestigio
de los
progxamas investigativos
y teóricos
que
se
producian
en los
paises
in-
dustrializados?
Parece ser
que la última hipótesis ha sido
particul¡armente importan-
te. Para una
generación
de analistas de la
posguerra
en Occidente,
la
debilidad e irrelevancia del movimiento sindical resultaba una suposi-
ción
plausible.
Al finalizar la
guerra, los movimientos obreros combati-
vos
y
de orientación mamista
que
se habían fortalecido en todo Occiden-
te durante una década
y media de crisis en el orden mundial fueron rápi-
damente contenidos. País
por país, los sindicatos fueron transformados
en organizaciones
relativamente dóciles, complacientes
y
burocráticas,
integradas
plenamente, bajo el ojo supervisor
y regulador del Estado, a
la vida legal
y politica
de las respectivas sociedades. El éxito de la ofen-
siva
general
del capitaüsmo contra el movimiento sindical obedeció en
gran
medida a la abierta represión ejercida contra la izquierda, a la Mbil
manipulación del nacionalismo a medida
que la rivaüdad entre los
prin-
5. Guiüermo O'Donnell, Modernización
y autoritariemo, Berkeley, 1973.
6. Authorit¡¡ianism ard Corpor¡tivi¡m in L¡ti¡ Aneric¡, James Malloy, editor, Pittsburgh, 19?7,
da una buena visión
general de esta
posición.
7. Hobart Spalding, Organized lrbor iD Latin America, Nueva York, 1977. f¡ obra de Spalding, eI
mejor y más
reciente estudio sobre la historia del moviniento obrero de América Iatina, difiere
fundamentalmente del enfoque de eete übro. Hace énfasis en la forma como los cambiantes
vínculos externos, internacionales, afecdan la erperiencia común de los movimientos obreros de
la región, al contrario de mi insistencia en el significado de la
¡li¡Ámica
interna de las socieda-
des latinoamericanas
para el movimiento obrero. Se c€ntra en la cohesión rel¡tiva de las clases
dominantes más que en la erperiencia de los obreros
para
explicar las diferencias de los moü-
mientos obreros de América Latina. Más importante aún, subraya la rclaüva falta de influencia
de los obreros en la higtoria nacional, a tiempo
que yo
añmo su irnportancia decisiva.
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HISTORIOGRAFIA LATINOAMERICANA
cipales representantes del capitalismo
y
sociaüsmo, antaño aliados de
guerra,
degenerdba en una "guerra fría",
y
a la hegemonia en Occiden-
te, de los valores culturales
y
la ideología liberales
(8).
Sin embargo, el fundamento del éxito de esta ofensiva
y
la clave
para
la durabüdad de sus resultados radican en un compromiso histórico
que
se llevó a cabo entre el capital
y
el trabqjo. Los terminos de dicho com-
promiso
son bien conocidos ahora, si bien sus implicaciones a largo
plazo
requieren aún ser comprendidas en su totalidad. En
principio,
el capital
reconoció a los trabajadores el derecho a organizarse, a negociarcolecti-
vamente
y
a recurrir a la huelga en aras de obtener mejores condiciones
laborales. Por su
parte,
el movimiento sindical renunció explícita, como
en Estados Unidos
y gran parte
de América Latina, o implícitamente,
como en Europa Occidental
y
algunos
países
de América Latina, al obje-
tivo de la transformación socialista
y
se
plegó
a la lógica capitalista de la
revolución
permanente
de las fuerzas
productivas.
Particularmente, el
movimiento obrero cedió terreno en la cuestión del control de la organi-
zaciiln del trabajo a cambio de una mayor
participación
en las utilidades.
De este modo, el capital eliminó el obstáculo
principal y
más inmediato
para
su expansión durante el
período
de la
posguerra.
Domesticó los
movimientos obreros
poderosos y
conflictivos
que
amenazaban con mi-
nar el
proceso
de acumulación capitalista. En efecto, el capital convirtió
al sindicalismo en su socio. Los sindicatos se unieron a los administrado
res
para
disciplinar a los obreros y para
regular y reprimir los conflictos
industriales. A cambio, los trabqjadores organizados conservaron sus
sindicatos
y
vieron incrementar sus salarios reales
y
beneficios materia-
l es
(9).
l¿ restauración de la hegemonia cultural überal después de la
guerra
fue un resultado di¡ecto
delconflicto, delcualsdieronvictoriososlospoderes capitalistas überales. Pero solo se logró a
través de las concesiones ñlogóñcas y sociales que ee hicieron a
lqs
fuerzas
populares domésti-
cas engendradas durante la crisis mu¡dial. Y que Karl Polanyi identiñcó en lhe Great Tlan¡-
form¡tion, 1944. I¡ mÁs importante de todas fue el compromiso con el moviniento sindical, de
Io cual se habla más adelante. Al igual que las iniciativa¡ laborales,
las
contradicciones dentro
de todas Ias insütuciones sociales del Eetado capitalista de bienestar se han hecho manifiestas
y su futuro es incierto.
Ias perspectivas
de la importancia de este compromiso son desarrolladas por Charles Maier,
quien
destaca
que
una "ideologia de la productividad" ha sido la
$ria
principal
de Ia politica
intemacional de Estados Unidos
para restaurar el orden capitalista en Europa despuéa de la
guena, y por
David Montgomery,
quien
an¡li"¿ la importancira del control del lugar de trabajo
en las luchas de los trabajadores en la historia del movimiento obrero de Estados Unidos. Char-
les Maier, "IVo Postwar Eras and Conditions for $abüty in Twenüieth-Century Western
Europe", en Americ¡n Hiotoricd R¿view, No. 86, abril 1981, pp. 327-52; David Montgomery,
lüorlers' Conhol in Aneric¡, Cambridge, Inglaüerra, 1979. La relación del control sobre la
organización del trabajo y la lógica del desarrollo capitalista s6¡
¡n¡lizad¿s -Ás
en detalle por
Harry Braverman, L¡bor ¡nd Monopoly Capital Nueva York, l9?4. El concepto de "sociedad"
es desa¡rollado en el sugesüvo enlrayo de Giovanni A¡righi, "The l¡bor Movement in Twen-
tieth Century Western Europe", en L¡bor i¡ the World Socid Structure,
Inm¡¡usl
lryaUerstein,
editor, Beverly Hills, 1983, con el ñn de erpücar la transformación de loe movimientos obreros
er¡¡opeos.
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30
LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
Este compromiso historico ha estructurado en
gran
medida la histo
ria
posterior
del sistema capitalista mundial. Cómo lo logró es algo
que
aún no se ha comprendido a cabalidad. Sin embargo, es obvio
que
ha
revestido enortnes implicaciones económicas, sociales,
políticas
e inte-
lectuales, cada una con manifegtaciones diferentes según el tiempo
y
el
espacio dentro del sistema mundial.
La viabilidad del compromiso de la
posguerra
entre el capiüal
y
el tra-
bajo en Occidente dependia de la expansión continua del capitalismo,
tanto en el mundo como en cada una de las sociedades donde se hubiese
pactado
el compromiso. La
primera
condición, la expansión del sistema
en su conjunto, se Iogró en forma espectacular durante las tres décadas
subsiguientes. No obstante, el éxito de la
primera
condición comprome-
tía el logro de la segunda. Las repercusiones económicas nacidas del
compromiso con los movimientos sindicales en las sociedades desarrolla-
das
y
con altos niveles salariales, obligó al capital a trasladar la base de
sus operaciones de
producción hacia economías de bdos salarios en el
extrarf ero
(10).
Los efectos de ese
proceso, que
en última instancia dete-
rioró tanto el crecimiento económico como el compromiso con los traba-
jadores
en los
paises
desarrollados,
no se manifestaron durante muchas
décadas. Las sociedades desarrolladas, beneficiarias de los mecanismos
de acumulación de capital e intercambio desigual dentro del sistema in-
ternacional
(11)
v
capaces de desarrollar industrias
productivas y
de ser-
vicios intensivas en capital
y
de tecnología altamente sofisticada en una
división mundial del trabqio
ya
modificada, experimentaron un creci-
miento económico impresionante a lo largo de los años sesentas. EI cre-
cimiento fue
particularmente
acelerado en las economías desaroll¡adas
de Europa Occidental
y
en algunas
parües
de Asia Oriental, donde los
salarios eran mucho más bqios
que
en Estados Unidos
y
espectacular el
flujo de inversión norteamericana en la
producción
manufacturera. Sin
embargo,
ya
en los años setentas
los efectos estructurales del masivo
desplazamiento de la inversión
productiva en el sistema mundial comen-
zaron a revelarse en los
países
desarrollados,
primero
en la
principal
economía capitalista
y
luego en las restantes. A medida
que
la industria
manufacturera se trasladaba al extranjero
y
las industrias nacionales
perdían
su capacidad de modernización
y
se tornaban menos competiti-
vas en el mercado internacional, las sociedades desarrolladas de Occi-
dente vieron caer las tasas de crecimiento económico, surgieron los
pre
blemas crónicos en I¡as bal¡anzas de
pagos y
aumentaron el desempleo
y
la inflación.
f0. Alejandm Portes
y
John Walton, Labor, Clere ¡nd the Inten¡tion¡I Sy¡tem, Nueva York,
1981.
11. PaulBaran,LaecononJapolfticedelcrecinipnto,Mé¡ico,
1959;SamirAnin,t¡acumulacil¡
¡ esl,¡ mu¡di¡|, Mérico, 1974; Arghiri
Enmanuel,
B interc¡nbio deaigu¡|, Méúco, 1972.
HISTORIOGRAFIA LATINOAMERICANA
Las consecuencias sociales,
poüticas
e intelectuales del compromiso
histórico en el Occidente desarrollado no fueron menos dramáticas. El
eclipse de una izquierda poderosa,
anclada en una clase obrera organiza-
da, dejó al capital en
plena
übertad para perseguir
los fines del comprG
miso, virtualmente sin adversario alguno en casa,
y para
usar los recur-
sos del Estado con el fin de imponer sin contemplaciones sus objetivos
en el extranjero. En su esfuerzo
por
expandirse y proteger
sus inversio.
nes en el exterior, Estados Unidos,
particularmente,
no tardó en verse
implicado en una serie de empresas muy costosas. Estas iban desde el
financiamiento
púbüco
de seguros
para
inversiones en el extranjero has-
ta la coordinación de movimientos subversivos en otros
países,
desde
escuelas de capacitación
para
dirigentes sindicales extranjeros hasta
guerras
internacionales de
gran
envergadura. Aunque el costo de seme-
jantes
iniciativas no minó seriamente la hegemonía
política
e ideológica
del capital en Estados Unidos, cada una agravó significativamente los
problemas
económicos derivados del traslado de Ia industria
productiva
al exterior. Actualmente, es el legado de ese
proceso
económico el
que
está
generando
los
problemas
sociales
y politicos
más severos en los
pai-
ses desarrollados de Occidente. Por su
parte,
el movimiento sindical ha
visto disminuido el número de sus activistas
y
menguado seriamente su
poder
económico
y político.
En años recientes, los terminos del compre
miso histórico en la industria básica se han roto
por
completo. Aunque el
movimiento obrero en su conjunto no ha reevaluado
aún el compromiso
de la
posguerra
con el capitalismo, se ha sumado a una coalición de
gru-
pos
sociales en
procura
de la
protección
industrial
y
de
políticas que
in-
centiven la compra de
productos
nacionales. Obviamente, dichas
politi-
cas representan una amenaza tanto
para
los mecanismos de acumulación
capitalista en el sistema internacional como
para
la teoria überal de la
ventaja comparativa en el comercio mundial sobre la
que
descansa tal
sistema.
No obstante, es
preciso
hacer notar que
los
problemas que
aquejan
actualmente a los
paises
capitalistas desarrollados surgieron muy lenta-
mente. Hoy en dia son más evidentes,
gracias
a la mirada retrospectiva
que
se ha aguzado
por
las
presiones
sociales y políticas
desencadenadas
con el colapso del compromiso entre el capital
y
el trabajo, y
el estanca-
miento
general
de la economia de los países
desarrollados. Durante dos
muy dichosas décadas, la viabilidad del compromiso con el movimiento
obrero, su inevitabilidad, fue endosada
por
la opinión
pública y
acogida
con alborozo
por
las
principales
corrientes teóricas de las ciencias socia-
les. Los estudiosos reclamaban Ia "muerte
a la ideologia" y proscribian
la lucha de clases en sus teorías sobre el desarrollo en el mundo moder-
no
( 12) .
12. Ver Cha¡les Bergquist, Altcr¡¡tive Approocbee to the Problen of Developnent: A Selected
¡¡d Annot¡üed Bibüo$aphy, Du¡ham, f97E.
3l
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I
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l ,
LOS TRABAJADORESEN
LA HISTORIA
I
i
t,
t
I
I
En la actuaüdad,
tal
posición resulta insostenible,
incluso en el mun-
do desarrollado.
A medida
que
el crecimiento económico
internacional
empezó a tambalearse
y que
el compromiso
histórico entre el capital
y
el
trabqjo se rompió a comienzos
de los setentas, un
SXan
número de estu-
diosor
principi-ó a revaluar
el
papel
de los trabqiadores
en la historia del
mundo
mode-rno. Es este trabaio el
que ha esclarecido de modo tan
pro'
fundo los términos del compromiso de la
posguerra y nos
pennite
ahora
comenzar a determinar
tas implicaciones
de largo alcance
gue ha aca-
rreado. Esta revaluaciÓn
ha
producido en Latinoamérica
lo
que
un estu-
dioso denomina
un
pequeño
"b@m"
en los trabqjos sobre los movi-
mientos laborales
(13) y
un creciente
reconocimiento de
lo
que
es apenas
obvio: el movimiento obrero organizado
es decisivo
en la crisis de la
pos-
ggerTa
en los
países más importantes
de la región. Sin embargo, esta
ievaluación
no ha conducido aún a una revisión teórica de
las nociones
tradicionales acerca del
papel que
desempeña
el movimiento
obrero en
la histc¡ria del siglo XX
(f4).
Los latinoamericanistas
hemos desconocido
la importancia
historica
del
movimiento obrero, en
Sran
parte porque la hemos buscado en un
lugar equivocado.
Hemos aplicado, de manera acrítica,
enfoques
mar-
xistas
y
liberales ortodoxos a la historia del movimiento obrero'
que son
-ar upropiados
para
el desarrollo
histórico de las sociedades
centrales
del sistema capitalista
mundial. Hemos aceptado
una dicotomÍa
en los
estudios sobre
la clase
trabajadora,
que planteaba una serie de suposi-
ciones radicalmente
distintas acerca del comportamiento
social
y las ac-
titudes
políticas
de los obreros rurales, eonsiderados
comúnmente eomo
"campésinos
tradicionales",
y para los obreros industriales,
el "proleta-
riado moderno". De esta ¡nanera se separaba conceptualmente
y
se ex-
cluía a los trabajadores rurales
del "movimiento
obrero";
los trabqiade
res urbanos
-artesanos y proletarios de la industria manufacturera-
se
convirtieron
en el objeto de
la historia del sindicalismo. Sin embargo,
la
torpeza de dicha dicotomía
aplicada a los estudios
latinoamericanos
era
evidente
para
muchos.
¿Cómo
clasificar,
por
ejemplo, a los trabajadores
de los complejos azucareros
rurales de Cuba?
¿O
a los mineros de la sie-
rra del Peru,
quienes entraban
y
salían de la agricultura
tradicional?
Solo si se áeja de lado esta dicotomia conceptual
tan artificial
en el
enfoque de
la historia obrera de los
países periféricos y
se remplace
por
una
nueva categorla de análisis,
empezará a manifestarse
plenamente el
13. Ibomas E, Skidmore, "Workers and Soldierg: Urba¡ I¡bor Movementg and Elite f,esponses
inTrrentieth4entury
tatin Am€rbs", en Virginia Bemha¡d
(ed.)
Elit¿¡, Ma¡¡e¡ ¡¡d Moder'
niz¡Étron in Lrti¡ Anc¡tc¡. l860'l$m' Austin' l9?9.
f4. Hobaú Spalding
(Véage l¡ noüo ?l; Peter Winn, "Oral lfistory and tbe factory Study: New
Approachea to l¡bor History",
y
charles Bergquist, "wht is Beiag Done? some Becent
Sh¡dies of the Urban Worli¡g Cta¡s and Orga¡ized f¿bor in l¡tin A¡oerica", en l¡tin Aneri'
c¡¡ Bce¡¡cü B¿vicv, Vol. 16, No. l, 1980; Vol. 14, No. 2, 1979; Vol' 16, No' 2, 1981'
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I
I
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I
HISTORIOGRAFIA LATINOAMERICANA
significado de la historia laboral de América Latina. Los trabajadores del
sector exportador debeúan ser el objeto
primordial
de la historia del
movimiento obrero latinoamericano de
principios
del siglo XX. Fueron
estos trabajadores
-algunas
veces más "industriales"
y "urbanos",
otras más "agrarios"
y
"rurales",
otras asalariados
puros y
otras [o-,
una clase
que
se formó en respuesta a la expansión de un sistema capita-
lista mundial, en desarrollo a
partir
de 1880,
quienes más aporüaron a I¡a
creación de los movimientos obreros de América Latina. Y fueron las
luchas de estos trabajadores
y
de los vinculados a los sectores de trans-
porte y procesamiento, ligados al complejo exportador, las
que más in-
fluencia ejercieron sobre la trayectoria moderna de los üferentes movi-
mientos obreros nacionales de la región. A mediados de siglo,
y mucho
antes en
países
como Chile
y
México, esa trayectoria
ya
se habia institu-
cionalizado dentro de los sindicatos
y partidos
del movimiento obrero
y
dentro del
patrón
de las relaciones laborales sancionadas
por
el Estado.
En la mayoría de
paises,
siendo Cuba una notable excepción, la trayecto-
ria de los movimientos obreros nacionales, establecida a mediados de
siglo,
persiste
hasta nuestros dlas. De ahí
que
el destino de las luchas
obreras de la
primera
mitad de siglo haya influido
profundamente en el
patrón
mediante el cual sus sucesores de la
posguerra han afectado la
vida
política
e institucional de Ios diferentes Estados nacionales de la
región.
Resulta fácil demostrar lia validez de estas aseveraciones en terminos
lógicos,
pero
aún requiere ser confirmada
por
medio de estudios histÓri-
cos detallados. Los economistas estructurales latinoamericanos demos-
traron ampliamente
Ia enorme importancia del sector e:rportador
para
la
salud económica
y
el desarrollo capitalista en la
periferia latinoamerica-
na a
partir
de 1880. Dicho sector ofrecía las mejores oportunidades
para
la acumulación de capital. Determinaba el volumen de entrada de divi-
sas
y, por
ende, la capacidad de una economía cualquiera
para
absorber
la imporüación de bienes manufacturados, capital
y
tecnología. Genera-
ba, directa o indirectamente, el
gn¡eso
de los ingresos tributarios
guber-
namentales
y, por
consiguiente, su influencia era decisiva en el creci-
miento
y
el
poder
del Estado. Esta importancia de
gran
magnitud se
pro-
longó incluso hasta el
período
de industrialización en
gran
escala logrado
por
algunos
países
de América Latina a mediados del siglo XX. Al
pro-
veer divisas vitales, el sector exportador creaba condiciones
para
una
industrialización
por
sustitución de importaciones, en remplazo de una
industria de bienes de capital.
Obviamente,
no existían dos economías exportadoras iguales en ne-
cesidades tecnológicas, de capital
y
de fuerza de trabqio. Algunas de-
mostraron ser más vulnerables
que
otras a las fluctuaciones del mercado
internacional. En algunas, los medios de
producción
eran de
propiedad
extranjera, altamente concentrada; en otras, la
propiedad
era nacional
y
u
i
l.
i
LOS TRABAJADORES
EN LA HISTORIA
dispersa.
AlgUnas
requerían un
Slan
volumen de mano de obra, otras
una cantidadminima.
En alSUnas
economias
los salarios
eran altos, en
otras no. En algUnas
se
prducia casi exclusivamente
para
el mercado
externo,
en otras se desiinaba
la
producción tanto al mercado
nacional
como iniernacional.
Los economistas
estructurales
mostraron cómo estas
características
y muchas otras incidieron de manera radicalmente
dife-
rente en la acumulación
de capital
nacional, en la diversificación
de la
economía
y
en el desarrollo
de la infraestructura
de los diversos
países
Iatinoameiicanos
durante
el
periodo clásico del übrecambio,
antes de
1930. Mostraron
cómo cada característica
influyó en la capacidad de una
determinada
sociedad
para responder a las oportunidades
de industriaü-
zación durante
la crisis del orden capitalista
mundial
y
el colapso
parcial
de la división
internacional
del trabqio entre 1930
y
1945. Por último,
mostraron cómo estas diferencias
estructurales
continuaron
incidiendo
en el éxito de la industrialización
nacional dentro del marco de la división
internacional del trabaio,
ya
modificada,
que
se coru¡olidó
en la
posgUe-
rra.
Resulta
claro
que
este tipo de análisis
histÓrico estructural
puede
convertirse
fácihénte en un análisis
economista.
Al estudiar
el desarre
llo económico
separándolo
de las fuerzas humanas
que
tda transforma-
ción material desencadena
-clases
sociales,
ideas,
partidos
políticos-,
los economistas
estructurales
latinoamericanos
no solo tendieron a sim-
plificar en demasía
el
proceso, sino
que también, en últimas,
fueron
in-
"upr"""
de explicar adecuadamente
el
problema
que
s9 habian
propues-
to resolver:
por qué
algUnas
sociedades
latinoamericanas
alcanzaron
más éxito
que
otras en el logxo de su desarrollo
económico a medida
que
el siglo XX avanzaba
(15).
L]as dificultades
que los economistas
estructurales
encontraron
aI
explicar el desarrollo
económico de
la Argentina
mderna constituyen
ntta
prueUa
fehaciente
de lo anterior. Según sus análisis,
la economía
ugró*pottadora
de
ganado y
cereales
que
surgió en-Argentina
desde
fégO fu} extraordinariamente
propicia para
el desarrollo
económico
na-
15. He ercluido de esta discusión
los influyentes estudios de loe economistas
neomanistas
nor-
teamericanos
paul
Bara¡, Tbe Political Econony of Grwth, Nueva York, 196?,
y And¡é Gun-
der Frank, Capitalieio
y eubde¡¡¡ollo
en Amdrica Lctina, Méico, 19?8,
que surgleron
por.la
misrna época
qo"
"qo"ú*
de los economi.stas
egtructu¡ales.
Estos autores,
con razón, insis-
tían en ta ¿eUiti¿a¿ congÉnita del capitaliono
periférico e hicieton contribucionee
fundamen-
tales a la comprensión
de los mecanismos a través de los cuales el erc€dente
es eúrafdo de las
sociedades
pe-riféricas y canalizado
hacia el centro indugt¡ial del sisteDa
mundial. Pero en su
pr.o"op""id"
pot a"-órt"at el fracaso del degarrollo capitalista
en Anérica Latina
y su i¡sis-
L"cia mec¿"¡ca en la ineütabüdad de la revolución socialists, demoetra¡on
8er no meDos eco-
oo-¡"t t
y
detcrministaa
que los
egfucturales.
Al negar las oportunidades de
¿.otroUo a""t o Aa capiüüsDo
l¿tinoamericano,
loe neomanigtas fueton ircapacee de d8¡
cuenta de la complejida-d
y
diversidad
de la historia l¡tinoamericana,
de tal ma¡rera
que sus
trabajos son de
poca uülided en el estr¡dio de esas sociedades'
HISTORIOGRAFIA LATINOAMERICANA 35
cional. Puesto
que
se trataba de una economía de capital nacional, con
moderadas necesidades tecnológicas
y
de capital,
geográficamente
dis-
persa,
con salarios altos
y que
se vio
poco
afectada
por
las fluctuaciones
en la demanda internacional durante un largo
período
de tiempo, ésta
debia haber favorecido la acumulación de capital nacional, la diversifica-
ción económica
y
el crecimiento sostenido. Argentina debia haber sido el
mejor ejemplo del desarrollo en América Latina
y,
en efecto, lo fue hasta
cerca de 1945. Sin embargo,
poco
después, la economía comenzó a decli-
nar
y
el
país
se convirüió en la
primera
víctima de las contradicciones
suscitadas
por
la industrialización de la
posguerra.
Hasta el día de hoy,
Argentina ha sido incapaz de salir del marasmo del estancamiento eco
nómico, el conflicto social
y
la crisis
política que por primera
vez se ma-
nifestaron a mediados de siglo. Tal como veremos, la crisis del desarro-
llo de Argentina solo está indirectamente relacionada con la estructura
de exporüación; es una crisis
que
debe ser comprendida
primordialmente
en términos de un movimiento obrero
poderoso,
condicionado
por
esa
estructura
que,
desde 1945, ha obstaculizado el vigoroso desarrollo del
capitalismo argentino
y
ha obligado a los
grupos
dominantes a arrojar
por
la borda, una
y
otravez,los
principios
liberales.
Aunque el estructuralismo latinoamericano demostró ser
por
sí solo
inadecuado
para
esclarecer el desarrollo económico de La región, sí sumi-
nistró herramientas conceptuales fundamentales
para
el análisis. Al
combinarse con las
premisas
marxistas tradicionales sobre el
papel que
desempeña la lucha de clases en el cambio histórico,
particularmente
la
confrontación entre capital
y
trabqjo en la era moderna, tales herramien-
tas se convierten en un
poderoso
respaldo
para
el análisis no solo del
desarrollo económico de América Latina, sino también de su historia
moderna.
En
primer
lugar, los economistas estructurales nos advirtieron sobre
la abrumadora importancia de los trabajadores del sector exportador en
el conjunto de la clase trabqiadora latinoamericana. Al igual
que
los
pro-
pietarios
de los medios de
producción
en el sector de exportación, los
trab4iadores
poseían
un enortne
poder
económico
y poütico.
La contien-
da entre ambas clases sociales constituye un tema central en la historia
I¡atinoamericana de
principios
de siglo
y
tuvo
gran
injerencia en el
patrón
de cambio económico
y político que
se fue cristalizando a lo largo del si-
glo.
En segundo lugar, al señalar las variables
que
influyeron en el creci-
miento económico, los estructuralistas, sin notarlo, aislaron un abanico
de factores
que
alentaban o inhibían el desarrollo de la toma de concien-
cia
y
la organización de la clase trab4jadora. En el sector exporüador mis-
mo se conjugaban una variedad de factores. La localización
geográfica y
las condiciones climáticas no solo afectaron el fortalecimiento de los
vinculos sociales
y
culturales entre los trabdadores del sector exporta-
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
dor
y la sociedad en
general,
Bino
que
ayudaron también a determinar el
grado
en
que,
como trabqiadores asalariados, dependían de sus empleos
para giarantizar
su reproducción fisica. Los trab{adores chilenos del sa-
litre,
por
ejemplo, laboraban en minas
y plantas procesadoras
situadas
en un desierto aislado
y
deshabitado. Construyeron redes sociales infor-
males e instituciones culturales
y políticas propias para
una clase
que
se
encontraba alejada de las
principales
instituciones socializantes de la
sociedad chilena
y que
dependia totalmbnte de sus salarios
para
subsis-
tir. La nacionaüdad
y
el
erado
de concentración de la
propiedad
en Ia
industria exportadora contribuían a
que
los trabqjadores se
percibieran
a
sí mismos como una clase diferente
y
en conflicto con la de sus
patrones.
Los trabajadores del
petróleo
de Venezuela,
para
citar otro ejemplo,
identificaron rápidamente como enemigo de clase a un trust internacie
nal
que
manipulaba al
gobierno
a su antojo. La intensidad del capital
y
la
sofisticación tecnológica de la
producción y
el
procesamiento
del sector
exporüador influyeron en l¡a organización de los trabqiadores
y
ayudaron
a determinar el tamaño, la concentración, la calificación
y
el nivel sala-
rial de la fuerza de trabajo. En Colombia,
por
ejemplo, las módicas nece-
sidades de capital
y
la simplicidad de las tecnicas de
producción
emplea-
das en el cultivo
y pr@esamiento
del café les
permitió
hasta hace
poco
a
los
pequeños productores
competir exitosamente con los
grandes
capita-
listas cafeteros
y
mantener un control significativo sobre los medios de
producción y
el
proceso
de trabqio. La mayor o menor dependencia de la
producción
exporüadora
y
los salarios ante los ciclos de temporada o las
fluctuaciones de la demanda
y
los
precios
internacionales no solo afecta-
ba seriamente el bienestar material de los obreros, sino
que
moldeaba su
sentido de
justicia
y
la racionalidad de las relaciones sociales
que
los
rodeaban. Tales condiciones, fueron las
que
sentaron las bases
para
Ia
organización de la clase obrera cubana del sector azucarero. Todas estas
variables afectaban la capacidad del capital
para
controlar
y
"discipü-
nar" a la fuerza de trab4jo, aprovechando a los desempleados
y
trabaja-
dores marginales dentro
y
fuera del sector exporüador, durante los
perío
dos de militancia sindical. Así, resultaba fácil
para
la administración de
las
plantas
empacadoras de carne del
gran
Buenos Aires remplaz¿¡ ¿ les
obreros en huelga,
puesto que
había oleadas de inmierantes
y
trabajado-
res subempleados disponibles
para
ocupar los empleos no calificados.
Por último, la composición étnica
y
la nacionaüdad de los obreros del
sector exportador afectaban sus esfuerzos
por
lograr la unidad interna
como clase
y
determinaban en
gran
medida su capacidad
para
conciliar
los sentimientos nacionalistas
y patrióticos
con sus
percepciones
de cl¡ase
en el marco de una lucha colectiva
por
mejorar sus vidas.
El nacionalismo también influyó considerablemente en la relación
que
mediaba entre los obreros del sector exportador
y
el resto de los tra-
bajadores
y
otros
grupos
sociales. En aquellos lugares donde la
produc-
HIS.TORIOGRAFIA LATINOAMERICANA
ción exportadora entrañaba una dicotomía nacional
y
de clase, entre una
fuerza de trabajo nacional
y
el capital extranjero, los trabqjadores del
sector exporüador
podían
movilizar mejor el fuerte sentimiento
patriótico
fomentado
por
la cultura dominante en favor de sus intereses de clase.
En estas circunstancias, características de Chile, Boüvia, Venezuela
y
Cuba, entre otros, la relación de clase entre trabajadores
y
capitaüstas
en el sector exportador se resumía, en cierto sentido, en la relación
plan-
teada entre la sociedad
periférica
en su conjunto
y
el sistema económico
internacional. La
posibilidad
de aüanzas anticapitalistas entre los obre-
ros y
otros sectores sociales inherente en estas relaciones análogas,
aumentaba en
gxan
medida cuando el sector exportador demostraba ser
incapaz de estimul¡ar un desarrollo económico nacional sostenido
y
vige
roso.
Donde las condiciones estructurales se invertían, esto es, donde la
producción
exportadora comprometia capital nacional y
fuerza de trabajo
extranjera o al menos étnicamente distinta, era más fácil inculcar senti-
mientos
patrióticos y nacionalistas en contra de los trabqjadores. En ta-
les casos, cuyo ejemplo más extremo es el de Argentina,
y
hasta cierto
punto
el de todas las economías exportadoras de América Latina donde
el capital era mayoritariamente nacional, la dicotomía entre clases
y
na-
cionalidad
presente
en el sector exportador se invirtió al nivel análogo
del sistema internacional; y la
posibilidad
de alianzas anticapitalistas
entre los trabajadores del sector exporüador
y
otros
gxupos y
clases so'
ciales se redqjo apreciablemente. Dichas aüanzas se hacían aún más
improbables si la economía de exportación fomentaba directamente el
desarrollo económico nacional.
Sin embargo, de todas estas características estructurales, las necesi-
dades de capital
para
la
producción
exportadora eran las
que primaban.
Allí donde las necesidades eran altas, el capital extranjero resultaba fa-
vorecido sobre el capital nacional en la lucha
por
el control de los medios
de
producción,
las relaciones eapitalistas de
producción
tendian a
prede
minar sobre las
precapitalistas y
las unidades de
producción
concentra-
das
prevalecían por
lo común sobre las dispersas. Por ende, las variables
estructurales
que
definen las economías de exporüación e influyen en su
capacidad
para promover
el desarrollo económico tienden a combinarse
en forma normativa. Y dado
que
esas mismas variables estructurales
condicionan la organización de la clase obrera en el sector exportador
y
las alianzas de clase entre estos obreros
y
otros
g¡upos,
casi siempre in-
fluyen en el desarrollo de los diferentes movimientos obreros nacionales
de manera
predecible.
Así
pues,
condiciones estructurales como Ia
pro-
piedad
extranjera
y
la
producción
concentrada,
que
favorecen el desarre
llo de una autonomia cultural obrera
y
de organizaciones sindicales anti-
capitalistas entre los trabajadores del sector exportador, tienden, a su
vez, a inhibir el desarrollo vigoroso de Ia economía nacional. Y el fracaso
88
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
del desarrollo capitaüsta abre a su vez el camino
para
alianzas amplias
anticapitalistas dentro de la sociedad en su conjunto. También ocure lo
contrario. Variables estructurales como la
propiedad nacional, las de-
mandas tecnológicas
y
de capital limitadas
y
los sistemas de
producción
dispersos,
todas las cuales frenan la organización sindical de los trabaja-
dores del sector exportador, tienden simultáneamente,
por
medio de sus
efectos multipücadores sobre otros sectores de la economia, a
promover
el desarrollo económico
nacional. Y este desarrollo a su vez limita la
pe
sibilidad de consolidar alianzas de clase anticapitalistas
en la sociedad.
Si continuamos desentrañando
la causalidad histórica de esta nranera
clínica
y
abstracta, es
posible
ubicar las sociedades latinoamericanas a lo
largo de un continuo, definido
por
la estructura de exportación, sobre el
cual el
potencial para
un desarrollo económico vigoroso sea inversamen-
te
proporcional
al existente
para
la organización sindical
y
la fuerza de la
izquierda marxista. Las economlas de exportación, cuyas características
estructurales las tornan menos idóneas
para
estimular el crecimiento
y
la
diversificación
económica nacionales, se encontraúan a la izquierda del
continuo; a la derecha se situarlan aquellas
que
tienden a fomentar el
desanollo económico nacional. Un
país,
cuya economia de exportación lo
empde hacia la izquierda del continuo, debería
presentar
también un
movimiento obrero anticapitalista e históricamente fuerte;
pero
el
gue
se
halle ala derecha tendrla un movimiento históricamente débil e ideolóÉ
camente dependiente. Dicho de otra manera, los
países
ubicados
por
su
economía de exportación a la izquierda del continuo,
poseerán
una iz-
quierda política
fuerte
y
sus
posibilidades de transformación socialista
serán más
grandes.
Este crudo conjunto de relaciones
y predicciones
parece
tener, en efecto, bastante
poder
explicativo. Los lectores familia-
rizados con la historia de los
principales países
de América Latina reco-
nocerán
que
Cuba, Chile, Bolivia
y
Venezuela,
y quizá
México
(16),
se
encuentran históricamente a la izquierda del continuo, mientras
que
Argentina, Uruguay, Brasil
y
Colombia se hallan a la derecha.
El anterior ejercicio es útil como un
primer paso
del análisis. Sin
embargo,
por
varias razones oculta tanto como revela acerca de los movi-
mientos obreros de América Latina
y
su influencia en el desarrollo de sus
respectivos
países.
En
primer
lugar, a
pesar
de
que las variables estruc-
turales
que
definen las economías de exportaciÓn tienden a agxuparse,
dicho agnrpamiento no es absoluto en el mundo real. Por ejemplo, la
propiedad
extranjera
y
los altos requerimientos de capital
y
tecnologia,
factores intenelacionados
que
obstaculizan la acumulación de capital
16. Eeta interpretación de la historia mexica¡¡ no es obyia, mr¡cho menoe aceptada en
general,
pero véase el eggostivo enfoque soble l8 lovoluci¡ln Me¡ic¡na de Frangoia-)kvier G¡erra,
i.I¿
Révoluüon mé¡ic¡ine: D'¡bord une évolution miniére?", en A¡n¡le¡ E.S.C., No. 36,
sep.-oct. l98l,
pp. ?8ffi1{. Vuelvo a tonar erte
punto en la Co¡clusión.
t
I
HISTORIOGRAFIA LATINOAMERICANA
doméstico
y
la diversificación económica,
pueden
no combinarse con la
producción geográfica
concentrada
y
con una fuerza de trabqio reducida,
factores
que
también
guardan
implicaciones negativas
para
el desarrollo
económico doméstico. La economía de exportación azucarera de Cuba se
aproxima bastante a este caso. Por el contrario, la
propiedad
nacional,
los bajos requerimientos de capital
y
tecnología,
y
los sistemas de
pro-
ducción
geográficamente
dispersos, factores
que
alientan el desarrollo
de los sistemas de transporte nacional
y
el crecimiento de la agricultura
y
la industria con el fin de abastecer el sector exporüador,
pueden
no
combinarse conuna fuerza de trabajo bien remunerada
que
forüalezeala
creación de un mercado nacional
para
los bienes-salario de
producción
nacional. La economía cafetera colombiana se aproxima bastante a dicho
patrón.
En segundo lugar, una economía de exporüación
puede
revesti¡ ca-
racterísticas especiales de tan abrumadora imporüancia,
que
La tenden-
cia
previsible
de su impacto en el desarrollo económico
y
el movimiento
obrero, aunque siempre latente, se ve continuamente superada. La eco
nomia
petrolera
venezoliana ilustra bastante bien lo anterior. En termi-
nos de Ia mayoría de las variables mencionadas antes, dicha economía se
asemeja bastante a la del salitre
y
el cobre de Chile. Sin emlargo, a dife-
rencia de las exportaciones mineras de Chile, cuya demanda
y
cuyo
pre-
cio a nivel internacional han fluctuado intensamente
y por
lo
general
han
declinado en el trascurso de este siglo, el
precio
de las exportaciones
petroleras
de Venezuela aumentaron, hasta hace
poco,
en
progresión
casi
geométrica.
Inicialmente, el movimiento obrero venezolano se de-
sarrolló bajo un liderazgo mamista
y pronto
cimentó una amplia alianza
antimperialista con otros
gnrpos
sociales. No obstante, los avances se
vieron truncados después de 1945,
y nuevamente a comienzos de la dé-
cada de los sesentas,
por
reformistas liberales
que
después de lograr
apreciables concesiones de las compañías
petroleras,
las utilizaron
para
asegurar
y preservar
el compromiso con el movimiento sindical
y para
implantar significativas reformas sociales.
Finalmente, el hecho más importante radica en
gue
las dos variables
dependientes derivadas de la estructura de exporüación
-el
potencial
para
el desarrollo económico, de un lado,
y para
la organización sindical
y
el crecimiento de la izquierda, del otro- interactúan históricamente en
formas tan complejas e inesperadas
que
de hecho
pueden
llegar a inver-
tir la dirección de la conexión causal inicial, transformando la variable
independiente en una variable dependiente. La sutil
y
con frecuencia
trágica ironía de desarrollos históricos tan
paradójicos
solo
puede
ser
apreciada
plenamente
dentro del marco de un análisis histórico detalla-
do.
I
r
I
I
?
t
I
i
I
I
f
I
t,
i
{
t
1
l"
i :
v
li

i'
t
LOS TRABAJADORES
EN LA HTSTORIA
Los capítulos
que
siguen
exploran
la interacciÓn
entre
la estructura
¿"
"*pottución,
elimoviliento
óbteto
y
el desarrollo
histórico
de la iz-
q"iá.áu
"., ".rut.o
de los
paises latinoamericanos
más
grandes
y
avanza-
dos desde
el
punto de vista económico.
En
los dos
primeros se hace un
análisis
comfarativo
de Chile
y
Argentina;
en los dos
que
siguen'
de
ferr"ru"la
y
bolombia.
Aunque,cada
capítulo
pretende ofrecer una
inter-
pr"tu"io" de
la historia
naciónal desde
comienzos
del siglo
XIX hasta la
Ep*u
"ottt"mporánea,
cada uno
hace hincapié
en el
período del siglo XX
d^urante
el cual
la trayectoria
ideológica
e institucional
del
movimiento
o¡r".o
se cristalizu
ir"
persistente influencia
en la vida
nacional se defi-
ne claramente.
porLl
,l*6n, el capítulo
sobre Chile se centra
en los de-
sarrollos
anteriores
a 1930,
mienlras
que los dedicados
a Argentina,
verreruela
v
cotom¡ia
"rt*utr
el
período
que va hasta mediados
de si-
glo.
"--
Los análisis
sobre Colombia
y
Argentina
son más extensos
que los de
chile
y
venezuela.
Esto
no refleja
principalmente consideraciones
de-
mográficas,
"orqr"
Argentina
y
boiombia,
cuyas
poblaciones respecti-
'aJen lg83
eran de aproximadamente
28
millones de habitant€s,
son
-ár o menos dos veces-más
grandes
que
Chile,
con 12 millones,
y
Vene-
,""fu, con lG millones.
La
piofundidad en el tratamiento
refleja
primor-
áiur*""t"
el estado
de la üteratura
existente
sobre
los cuatro
países' La
historia sindical
de Ñgentina
y
Colombia
poca
atención
le ha
prestado al
sector
de la clase obreia
qrr"
ré destaca
en este estudio:
los trabajadores
de
la
producción
y las
plantas de
procesamiento del sector
exporüador'
Más aún,
Ia historiogruhu
g""""1áe Argentina
y
Colombi¿
ha eludido
la
iÁp.tt"""ia
de
los oir".o, d"l sector exportador
en la. evolución
del mo-
vimiento
obrero
y la historia
nacional. Por el contrario,
en los estudios
históricos
chilenos,
y recientemente
en los venezolanos,
se ha
prestado
una corrsiderable
aténciOn
a
los trabajadores
del sector
exportador
y
-se
ha reconoci¿o
"*pfia-ente
su influentia
en el curso de la vida nacional'
AI centrar
mi investigación
en los cuatro
países' agrupándolos
por
pur"ju"
para darles un tráhmiento
comparativo
y
secuencial,
he tratado
á" it rrt*t el
poder y
el alcance
de la estructura
interpretativa
esbozada
en este capítulo
intróductorio.
En aspectos
importantes,
Chile
y
Argenti-
,rr re apoiiman
a tipos
pol¡ares dentio
del contexto
latinoamericano'
Esto
es válido tanto ett ló
qué respecta a las estructuras
de exportación'
como'
hasta
hace
poco, a hLvolución
política del siglo XX. El Chile, cuya eco-
"á"riu "*poitudora
de salitre
y
cobre
ha
pertenecido al capital
extranje-
ro, el movimiento
sindical
evolucionó
bajo
la dirigencia
y
la ideología
márxistas.
La izquierda
pasó
a ser Ia más
poderosa de América
Latina'
Por el contrario,
en Argentina,
cuya economía
aSroexportadora
ha
perte-
,recido al capital
áomé-stico,
el movimiento
sindical
tomó una dirección
corporativista,
tanto en los niveles directivos
como en la ideología,
y la
d¿bil
izquierda
fue eclipsada
por
el nacionalismo
popular y
derecNsta
de
HISIORIOGRAFIA
LATINOAMERICANA
Juan Domingo Perón. Las diferentes trayectorias
políticas
de ta izquier-
da conllevan
paradójicas implicaciones
para
el desarrollo económico
y
|a
transformación social de ambos
países.
En Chile,
la
paradoja
fue más
agUda en términos
políticos, mientras
que
en Argentina lo fue en termi-
nos económicos. En Chile, el éxito
político
de la izquierda en un sistema
burgués
y
dernocrático
restringió el desarrollo capitalista
liberal a
partir
de 1950
y
fatalmente socavó la capacidad de la izquierda
para
llevar a
cabo Ia transformación socialista. En Argentina, el eclipse de la izquier-
da
y
el surgimiento del
peronismo
sofocaron, efectivamente, el
potencial
de transformación social
y
erosionaron severamente el otrora
SFan
pG
tencial de este
país para
desarrollarse
económicamente. De ahí
que
en
los años setentas ambas
naciones llegaran,
por
caminos distintos
y
en
parte por
razones diferentes, a un atolladero social
y político que
fue
"resuelto",
aI menos temporalmente, mediante la imposición de regí-
menes militares auto¡itarios,
la represión del movimiento sindical
y
Ia
adopción de
politicas
económicas liberales neoclásicas. Existe un fuerte
elemento de convergencia en estos desarrollos. Tal
y
como Guillermo
O'Donell
(1?) y
otros lo han demostrado,
los
países
más
Srandes
y
desa-
rrollados de América Latina han venido enfrentando desde los años cin-
cuentas
y
sesentas una serie de
problemas
económicos
y políticos
comu-
nes,
generados por
el agotamiento de la etapa "fácil" de la industriaü-
zacibnpor sustitución de imporüaciones. Sin embargo, el énfasis en los
mecanismos de convergencia contemporánea
no debe ocultar el legado
de una continua divergencia
histórica. Dicha divergencia ayuda a expü-
car las enormes.diferencias en cuanto a éxito
y
funcionamiento de los
regimenes autoritarios
en ambos
países y ha influido decisivamente en
el curso de sus transformaciones actuales.
Las economías de exporüación de Venezuela
y
Colombia divergen en
la misma dirección
que
}as de Chile
y
Argentina,
pero
cada una reviste
caracteústicas especiales
que
atemperan
y
complican su influencia en el
movimiento sindical
y
en la evoluciÓn económica
y politica.
Por lo tanto,
en un continuo definido
por
|a estructura de exporüación
y por
la evolu-
ción
politica
del siglo XX, Chile
y
Argentina tienden hacia los
polos,
en
tanto
que
Venezuela
y
Colombia se encuentran más hacia el centro, aun-
que
en lados opuestos. La economía
petrolera venezolana, de
propiedad
extranjera, ha experimentado un crecimiento estable, contrariamente a
otras economías de exportación minera, especialmente
la de Chile,
y
desde sus comienzos, en las
primeras
décadas de este siglo, ha
generado
ingresos c davez urayores al
gobierno.
La economía cafetera de Colom-
bia, de
propiedad nacional, ha
presentado,
a üferencia de las otras ecg.
nomías agroexportadoras
latinoamericanas, incluida la de Argentina,
1?. Véase Mi¡derniz¡cih
y
¡utoritrri¡no, citado en la ¡ota número 6.
4l
42
LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA'
unapropi edaddel osmedi osdeproducci Ónbast ant eampl i a. Así que
mientraslaestructurauasi"udelaeconomíadeexportaciónvenezolana
favoreció
ta autorrJJa
i"i"iuf
y la fuerza
organizativa
del
movimiento
obrero
y
la izquieri;;;;ldrid.ad
"rp""iul
uyoda
a esclarecer
el des-
ptazamiento
sufridJp;ü;Ñ;;a;
urlff¡
del surgimiento
de
sobiernos
Iiberales
reformistas
en los años
cuarentas
y cincrrentas'
Y mientras
que
la estructura
de
la-economíu
¿"
"*poJu"ión
colombiana.
obstaculizó
el
desarrollo
de
ta autJio-it
"ott""l
i
organiztl-9:
ll:tut"
trabaiado
ra, su característi"t
""p"áuf
!i'9
qo:."1-descontento
social
y
económico
se desplazara
por rár"""í"ur",
¿"
ru
poutica tradicional
y por la vía de una
guerra intraclasista
durante
los años
"""t""tut
y
cincuentas'
el
peúodo
de la denominada
iiolencia.
l,o"
compteios Brocesos
histÓricos
que cul-
minaron
de esra
-;;;;;;"aiua*
áet
risl,o
en ambos
países tuvieron
profundas
i-pticaJoi"t
putu el futuro'
En ambos
países desembocaron
en
movimie"tr,
;;;;;-org."iruao"
"ott
reivindicaciones
primordial-
mente
económicas,
sin los compronusos
poüticos dg
izquierda
o de dere-
cha de Ios movimiJ"ár
"i"¿i"ates
de C-hile
y
Argentina'
La debilidad
de
la izquierdu
"r,
u.,to,
p"i,"", más extremada
en Colombia
que en Vene-
zuela,
ha contrib"iJá
-f,i"¿"-entalmente
al
mantenimiento
de
regíme-
,r"" Uf"tufes
desarrollistas
relativamente
amplios
en la
posg'e''a'
Los
marxistas
ya habrán
notado
que al igporar
en
glal
medida
al
pre
Ierariado
industriil];;ñ;i.u¿i"io"ut
para el anáüsis
de
la historira
del
movimiento
oúleiá
tuii"o.-ericano,
só m"
podria acusar
de haber
arrojado
de la bañera
al bebé
junto
con
"i
uguu'
A lo largo
de la discusión
sobre
Ia estructura
de exportación
poco he mencionado
La caracteústica
quizámás imporü;tt Ñ"
distingue
una
economía
de exportaciÓn
de
otra, a saber,
f"
"*irt""iia
o no dé
relaciones
capitaüstas
de
producción
totalmente
desarrolladas
y la existencia
o no de trabajadores
asalariados
libres.
y
lo he hecho
no
porque considere
que este aspecto
carece^de
importanciu,
,irro
páiqfoá
i""riu
destacar
un
-punto
de
peso
que con fre-
cuencia
es obviadJ;;;
1u Éirto¡u
sindical
latinoamericana
de tendencia
mandsta
ortodoxa.
Los
marxistas
latinoamericanos,
muchos
de ellos activistas
sindicales
ypolíticosafiliadosalospartidoscomunistas,hanescritomuchos,yal-
gunos de los -"¡oi"r.óiudios
sobre
la historia
del
movimiento
obrero'
A diferencia
de sus colegas
del
mundo
académico,
estos
activistas
mili-
tantes
jamás p"rJi"-tt Je
vista
la relevancia
del
conflicto
de clases
y
la
importancia
histórica
del
movimiento
obrero.
Más
aún,
y
de
nuevo a di-
ferencia
de sus
""flg"t
académicos,
muchos
de ellos
reconocieron
intui-
tivamente
fu i-pá.tI"cia
que tienen
los trabaiadoresdel
sector
exporta-
dor
para
"t ",rrrfiáI-*Ññi""to
obrero
y
el desarrollo
histórico
de sus
HISTORIOGRAFIA
LATINOAMERICANA
respectivas
sociedades.
En efecto, era de las filas de los obreros del sec-
lát'L*po.tudor
de donde
con frecuencia
surglan
muchos de estos histo
riadorls de raigambre
rnarxista,
era hacia los obreros del sector exporta-
dor hacia donde ürieian sus energías
organizativas
y políticas,
y
era en
torno a los obreto"t"l
sector exporüador
como construían
sus anáü-
si s
(18).
Por
lo tanto, muchos de estos
historiadores
rechazaron
impücitamen-
te l¡ lategoria
de los obreros
industriales
como foco
primordial para la
historia dél movimiento
obrero de comienzos de siglo en sus respectivas
sociedades.
Sin embargo,
no
profundizaron lo suficiente
en el siSnifica-
do de la estructura
delxportación
en el éxito o fracaso de la izquierda
marxista en la organización
de estos trabqiadores,
en el desarrollo
de los
movimientos
obróros
nacionales
y
en su influencia sobre el curso de la
historia
nacional. Ello ha obedecido
er¡,parüe a la carencia
de un enfoque
comparativo
en sus trabaios, una especie de tara ocupacional
en la
que
incurren
los organizadores
y
activistas,
que
dependen
de conceptos ana-
líticos desarrollad6¡
por
otros
y,
en esüe caso'
por
individuos
qienos
a sus
ptopiur sociedades.
Los activistas
trabaiaban con la noción simplista del
'*uoi"-o
ortodoxo de
que
el capitalismo
engendra un
proletariado
gue'
bajo la dirección
del
partido comunista,
adquiere
Sradualmente
la con-
ciéncia necesaria
pata
d.tto"ar a sus opresores capitalistas
y
asi estable-
cer un
orden socialista.
Cuando dichos desarollos
parecían
ger
confir-
-uao"
por
el curso de la historia nacional, como en el caso de Chile,
los
marxistas
ortodoxos se felicitaban,
satisfechos
y
sin asomo de sentido
crítico. cuando
los acontecimientos
no se adecuaban
a dichas
prediccie
nes, como en Argentina,
los mamistas tendlan a atribuir
el fracaso a la
tactica
y
a la diriiencia,
a las conspiraciones
de la clase dominante
o a la
ióot"ti"iu de h óhse obteta. No exist'e ningún otro tipo de actitud
posi-
ble si el aspecto
principal
para
determinar
la trayectoria de los movi-
mientos obieros dó Am¿¡ca Latina
es la existencia de relaciones capita-
listas de
producción. Sin embargo, de hecho tales relaciones
se han de-
sarroiladó
más en Argentina
que
en Chile a lo largo de este siglo.
Como
veremos,
páÉiculsrrnente en el caso de Colombia,
las relacio
nes sociales de
producción en una economía de exportación
son funda-
mentales
para
eianÉüisis
de la historia del
movimiento obrero
y
del
papel
desempeiado
por la izquierda en América I¿tina. No obstante, dada la
existericia del t-rabqio asalariado
libre, son las diferencias
en la estructu-
ra de exportación
las
que mejor explican
la extraordinaria
disparidad de
18. I¡g trsbqios de Elfas l,8ferüe,
vtd¡ de u¡ comunbt¡, santi¡8o'
1961; Joeó Peter, Hl¡tori¡
y
Lr"U." ¿" oUn"-" de b cure, Buenos Ai¡es, 194?; Joeé Peter, Cbfufo.s
prolota¡i¡l' Buenos
^li""r, fS68,
y
Xodolfo Quintero,
La cultura del
peü,d|leo, h'
9:,
19f6' son ejemploe
relevrntes áé e*os bistoriadore¡ sindicales' En capttuloe
gubsiSrrientea
son tratodoo máe en
detalle.
LOS TRABAJADORESEN
LA HISTORIA
los movimientos
obreros de América
Latina
y la
gran
desigualdad
del
poder
de la izquierda en
países como Chile
y
Argentina'
En el último capituloexamino
con.mayor
profundidad la vaüdez del
enfoque
esbozado. Alli se
ponen
de reiieve las diferentes
modificaciones
q,r" i"q,r"riúa
este modelo interpretativo
para que pueda explicar
la
e'speciticidad
histórica de los cuatro
países comparados.
También
se ex-
;É;ñ
sama
de factores
históricos
que limitan la utilidad
del modelo
Ln h interñrehción
de las diversas
historias de otros
países
de
Ia región'
El capítulá hrmina con alsUnas
reflexiones sobre
Ias implicaciones
del
estudio en su conjunto.
Sostengo
que
éstas trascienden
lo específico
del
páp"l
¿"""mpená¿o
por los trabajadores
del sector exportador
en la
e-¿ti"u Latina del siglo XX. Al situar al movimiento
obrero en el centro
del análisis
histórico, el estudio suscita
interrogantes
conceptuales
y
metodológicos
importantes
para Ia interpretación
49
la historia
moderna
de otras
"ociedades,
incluso las del mundo desarrollado'
La construcción
de modelos abstractos
del tipo
que se ha
planteado
en este capitulo
puede
arudar a orientar la investigación
y
a
proveer
a
los historiadores
de elementos
que les
permitan seleccionar
casos de
estudio apropiados
para
los análisis
comparativos.
sin embargo,
la cons-
trucción áe modelos
por
si sola resulta ser un ejercicio
puramente mecá-
nico, abstraido artificialmente
de la vida
Y, Por
ende, incapaz de alcanzar
y
conmover a su temática
humana.
Con
razbnlos historiadores
se impacientan ante
modelos como éstos
porque, más
que la mayoría de los científicos
sociales, aprenden
por
medio del entrenamiento
y
la experiencia
a apreciar
la compleiidad
y
el
desorden de la realidad
y
el cambio
sociales. Los científicos
sociales
aprenden a cortar
la vida social en
porciones fáciles de manejar.y a espe-
ciiicar de la manera
más
precisa cómo varios factores se combinan
para
influir en ella
por medio áe
patrones construidos.
Por el contrgrio,
Ios
historiadores comparten
más
plenamente la convicción
de
que tales frag-
mentos no
pueden ser comprendidos
por
sepafado.
!1
diferencia
es'
por
supuesto, una cuestión
de
Sirado,
pero
conduce a tradiciones
metodolÓgi-
".,
bi"n distintas.
Los historiadores
han desarrollado
métodos de análi-
sis
y
modalidades
de exposición
que,
aunque
imperfectos,
deberian
ser
entóndidos
como respuestas a la magnitud de la labor comprensiva
que
se,,han impuesto.
Los historiadores
tratan de mantener
la experiencia
humaná cóncreta como centro de sus análisis,
compromiso
que
expüca
,., ."uá."rrcia
por las fuentes
primarias en los estudios
monográficos
y
su
confianza
en el método historiográfico
para realizar trabajos
interpretati-
*.
g"rr"rules. Tal método, usado
extensivamente
en este estudio com-
p.ratirro, toma como
punto
de
partida no las exiSlencias
simétricas
abso-
iutat d" un
modelo, en
ptocuta de confirmarlas
con datos
históricos, sino
más bien el dominio
crílico del conjunto de la literatura histórica,
escrita
sobre un lugar
y
un tiempo dados. Los historiadores
intentan escribir de
HISTORIOGRAFIA LATINOAMERICANA 45
manera atractiva
para
los legos
y
comparten una
predilección por
lia na-
rrativa
y
una
preocupación por
la
prosa.
Este método expositivo refleja la
suposición de
que
los
procesos
sociales
generales y
dialécticos se desci-
fran mejor poco
a
poco y
a medida que
se desdoblan en el tiempo, y de
que la interpretación debe dirigirse a una audiencia
general,
con una suti-
leza matizada, acorde con el esfuerzo
que
supone entender tal compleji-
dad.
Por todas las anteriores razones, la labor analitica más importante de
este libro es la de esclarecer los interrogantes
planteados por
el conjunto
de las dbras históricas escriüas sobre cada uno de los
países
comparados.
La medida de su éxito debe residir en la capacidad
que
tenga de expli-
car, en términos accesibles a todos, estos aspectos historiográficos, muy
diferentes entre sí,
por
medio de énfasis común en la experiencia huma-
na de los trabajadores del sector exportador.
CAPITT,JI,O 2. CHN,E
"I¿ anatomia
de Chile es fina
y arbitraria' En ima-
gen y realidad,
el norte es la cabeza de Chile'
¡Bella
y poaetosa cabeza, la de nuegtra
patria! Su erario
áependió,
magníficamente,
del sudor de los
'ripia-
doies'y
'paleros'de
Tarapacá, Antofagasta
y Taltal'
Chile sembró en sus
'rajos'.
Y en los
'rajos'
9e rehizo
el chileno, brotando una faz aguerrida".
s.-br." df;S::Hi:ll:
Santiago, 1955
SINGT'LARIDAD
DE LA HISI1ORIA CHILENA
Es costumbre
iniciar los estudios sobre Chile destacando
su singUlari-
dad. su
geog¡afia es única
y
SFandiosa.
con
más de 4 mil kilómetros de
largo, el
pais
tiene en
promedio menos de 180 kilómetros de ancho. Su
ecología, de
gran
variedad, va desde el árido desierto de Atacama, en el
norte. a través del clima mediterráneo del Valle Central
(en
donde habita
la mayoria de los chilenos),
hasta los bosques lluviosos del sur. Rodeado
por
el mar
y
el desierto,
Y Por
la
Sran
masa de los Andes, en el este, Chi-
ie es el
país latinoamericano
más alejado de los centros de civilización
occidental del Atlántico Norüe. No obstante, entre todas las naciones lati
noamericanas Chile
parece
haber experimentado
la evolución
política
que más se aproxima a los
patrones
establecidos en las naciones indus-
trializadas del área del Atlántico Septentrional.
De ahí el segundo
rasglo distintivo de Chile, destacado continuamen-
te, al menos hasta hace
poco, por
los observadores tanto chilenos como
extranjeros: su sistema
político
estable
y
democrático.
A diferencia de
las nuevas naciones del resto de Hispanoamérica,
Chile
pronto
se estabi-
Iizó
políticamente después de la Independencia,
y
durante el siglo XD(
desarrolló un Estado relativamente fuerte
y
un viSloroso sistema
parti-
dista. Se efectuaban elecciones
periffiicas y
se establecieron reglas
para
la trasferencia
pacífica
del
poder político.
Este
proceso politico
continuó
en el siglo XX. Mientras el sufragio se extendió lentamente, Chile desa-
rrolló un amplio espectro de
partidos políticos
con cierto apoyo
popular y
f
47l
48 LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
orientación ideológica, lo cual
permitió que
el
país gozara
de una reputa-
ción de
pluralismo
democrático. Por último, se distinguió en 1970 eü-
giendo
el
primer
jefe
de Estado marxista en el Hemisferio Occidental.
El
golpe
militar de septiembre de 1973,
que puso
fin a este notable
experimento democrático
y
destruyó las instituciones
politicas que
ha-
bían hecho
posible
la elección de aquel
gobierno, plantea
serios interro-
gantes
en torno a la supuesta singularidad de la historia polltica
de Chi-
le. Echando una mirada retrospectiva, los
golpes
e intentos de
golpe que
salpican la historia de Chile en los últimos 150 años se tornan hoy más
prominentes.
La
guerra
civil de 1891, con sus trágicos
paralelos
con los
eventos de 1973, asume una nueva significación, lo mismo que
el
perío.
do de intervención militar
y
represión
política
extrema e inestabilidad de
L924 aI932.
De hecho, aunque suene
paradójico,
lo
que
es realmente único en la
historia
politica
de Chile obedece en
gran par0e
a una importante carac-
terística del desarrollo social chileno, compartido
por
todas las naciones
latinoamericanas: su dependencia, desde el siglo XD(, de las exportacio
nes de bienes
primarios
a los
países
industrializados del Atlántico Norte.
Es esta característica común,
junto
al legado de la cultura occidental
y
el
colonialismo ibérico, lo
que
justifica
hablar de toda América Latina como
una unidad analítica en la época moderna
y
determina en buena
parte
cuáles elementos de la cultura occidental
(tales
como un Estado fuerte
y
un vigoroso sistema
partidista)
crecieron
y
se desarrollaron en Chile
y
cuáles
(como
las estructuras económicas
y
sociales)
permanecieron
atro-
fiados o distorsionados.
De modo
que,
con todo lo
que
insista la historiografia chilena en el
papel que
jugaron
los
grandes
hombres
y
la temprana imposición de ins-
tituciones
políticas
centralizadas en la estabilidad
politica y
el crecimien-
to económico del sislo XD(
(1),
la realidad es un tanto más
prosaica.
Pese
a
que
la herencia de la era colonial constituyó un factor importante, en
particular
la relativa homogeneidad cultural
y
étnica de la sociedad chi-
lena y la ausencia de
poderosos
intereses regionales fuera de la zona
central, el determinante
primordial
de la estabilidad
politica
de comien-
zos del siglo XD( fue el hecho de
que
Chile, entre todos los
países
hispa-
noamericanos, fue el único en desarrollar una economía exportadora via-
ble entre 1830
y
1860. Las crecientes exportaciones de
plata,
cobre
y
tri-
go
apuntalaron la comunidad de intereses en el seno de la clase domi-
l' En interpretaciones culturales
y raciales
mÁs
vulgareg, Ia eetabilidad
poütica
de Chile en el si-
glo
XD(, el crecimiento económico del
pais y
sua loglos mi¡itares son regultado de una feliz mez-
cla de selectas va¡iedades regionalee de sangre
y
cultura eepañolas, una reducida y orgullosa
población indigpna a¡aucana,
y los genes vigorosos y la concepción del mundo de los innigran-
tes de Europa septentrional. Ios descendientes bioculturales de esta dichosa unión se convi¡-
üeron en los "prusianoo" o loe "ingleses" de Suramérica.
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1
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'{
.*^/'Ñ
. . , ¿
n '
/ORESENLA
HISTORIA
zara de una
reputa-
tineuió en 1970 eli-
ferio Occidental.
so fin a este notable
nes
políticas que ha-
lantea serios interre
toria
políticade Chi-
tentos de
golpe que
se tornan hoy más
polltica de Chile en el si-
resultodo de una feliz mez-
u¡¡ reducida
y orgullosa
del mu¡do de los innigran-
üchoaa unión se convir-
CHILE
nante de exporüadores e imporüadores. Dicha clase, asentada en el cen-
tro del
pais,
se dividía en bandos contendientes en torno a cuestiones
secundarias
(como
eI
papel
de la Iglesia, una institución relativamente
más débil en Chile
que
en sus vecinos andinos),
pero permaneció
unifi-
cada alrededor de
puntos
básicos como la economía
política
liberal y
el
mantenimiento del statu
quo
social. El creciente comercio internacional
estimulado
por
las exporüaciones reforzó el consenso
y proporcionó
in-
gresos para
construir un Estado eficiente
y
fuerte
(2).
Luego, cuando se
alcanzaron los límites técnicos de la agricultura
y
Ia minería y
Ia econe
mía exportadora dejó de crecer
(crisis que
se agudizó mucho más al so
brevenir la depresión mundial de los años setentas del siglo
pasado),
Chile estuvo en capacidad de usar la fuerza
y
los recursos de su tempra-
no desarrollo
para proseguir,
entre 1879
y
1883, una
guerra
victoriosa
contra Peru
y
Bolivia, sus vecinos más débiles,
y
anexarse una nueva
y
explotable base de recursos
para
la exportación, los campos de salitre
del desierto de Atacama. Se registró entonces un enonne incremento en
el valor de las exporüaciones chilenas
y,
aunque
gran parte
de los medios
de
producción
de la industria del salitre
pasó
a
poder
de los británicos
después de la
guerra,
el Estado chileno, entre 1880
y
1930,
percibió
cuantiosos ingresos directa, mediante impuestos a las exporüaciones, e
indirectamente, a través de las aduanas, del comercio exterior
generado
por
la
producción
de salitre. Entre tanto, agricultores, comerciantes e
industriales se beneficiaban
generosamente
a medida
que
aumentaban
los ingresos oficiales
provenientes
del nitrato,
y
toda la economia, esti-
mulada
por
el crecimiento del sector minero, se expandió.
La economía exportadora de salitre transformó la dinámica de la
poli-
tica chilena. Discrepancias sobre el significado de la
pérdida
del control
chileno sobre las
propiedades
salitreras
y
sobre la destinación de los
ingresos salitreros
precipitaron
el rompimiento del consenso elitista
y
las
nonnas constitucionales en la breve
y
sangrienta
guerra
civil de 1891.
Pero la expansión de la economía salitrera también
garantizó
la estabili-
dad
y
dio forma a los arreglos
politicos que
resultaron de la
guerra.
El
Ejecutivo no desempeñaría un
papel
directo
y
desarrolüsta en la inver-
sión de los ingresos del nitrato, demasiado cruciales
para
la vida econG
2. No
ge
eetá alegando aqul que no eristiera¡ intereses económicos e ideológicos en conllicto den-
tro de esta red
-á"
amplia de clases. Asuntos como el übre comercio y
el
papel
del Estado en el
desarrollo económico también dividian a la éüte social
y,
como la cuestión de la lglesia,
provo-
caron varios intentos de obviar las nomas constitucionales y poüticas para
imponer prograrnag
y ganar
control sobre el
gobierao.
Mas tales divisiones no era¡r tan agudas ni tan partidistas
como en otros paiees latinoamericanos, en especial los que
ee tratan en es0e libro. I¿ controver-
sia politica se desa¡rolló en Chile dentro de un amplio y profundo
consenso elitista respaldado
por
la mayor legitimidad y la capacidad coercitiva del Eetado. Cada una de estas caracterlsticas
pollticas
distinüvag fueron fomentadas y mantenidae por
una economfa exportadora viable. Ia
cuestión s¿ s¡nmin¡ separadamente en cada uno de los capltulos de egte übro y
se trata de
mnn¿¡¿ más gsneral
en la conclusión.
49
,-fir;n'
E
9*¿e'
-í'
ografia chilena en el
imposición de ins-
olitica
y
el crecimien-
más
prosaica. Pese
bctor
importante, en
a de la sociedad chi-
hles fuera de la zona
d
política
de comien-
iirdos
los
países hispa-
bmía
exportadora
via-
de
plata,
cobre
y
tri-
no de la clase domi-
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
mica de la nación como
para
dejarlos a la discreción de un hombre, el
presidente,
o de los
partidos
representados
por
é1. Más bien, el control
del Estado
y
de sus ingresos fue conferido al Parlamento, donde todos
los sectores de la cl¡ase dominante
y
sus aliados foráneos, cuyo
peso
era
medido por
su habilidad
para
controlar las elecciones locales
y
formar
alianzas
partidistas, podrian
contender
por
la repartición y
destinación
del botín.
Las fuerzas sociales
y politicas
desatadas
por
la expansión de la eco
nomía del saütre en la media centuria
que
siguió a 1880
generaron
una
tercera caracteristica distintiva, la más imporüante de la historia moder-
na de Chile: el surgimiento de un movimiento obrero fuerte de izquier-
da. Las implicaciones de este acontecimiento son sistemáticamente igno
radas en l¡a historiografia liberal, pese
a
que
es el rasgo
que
más decisi.
vamente aparta el
país
de sus vecinos latinoamericanos¡.
El surgimiento
de un movimiento obrero de izquierda en los albores del
presente
siglo
destruyó la estabilidad
política y provocó
un rompimiento temporal del
sistema
partidista
en los años veintes. En los decenios
que
siguieron al
colapso de la economia del salitre, en 1930, en un ambiente condicionado
por
la explotación de un nuevo recurso mineral, el cobre, el movimiento
obrero chileno coadyuvó a reconstruir el sistema
partidista y
empujó
toda la
política
hacia la izquierda. Tal
proceso
no solo influenció decisi-
vamente el curso de la historia política
de Chile, sino
que
alteró de ma-
nera fundamental el
patrón
del desarrollo económico nacional.
En suma, es el surgimiento de un movimíento obrero mamista, pode.
roso e institucionalizado, lo
que
más nitidamente
distingue la historia
moderna de Chile. Si la temprana aparición de una economia exporüado
ra viable en el centro de Chile ayuda a explicar la singularidad política
del
pais
en el siglo xD(, las economías exportadoras de salitre
y
cobre
moldean dicho legado en el siglo XX. Es tomando el movimiento obrero
como
punto
de referencia que, por
un lado, se torna clara l¡a compleja
relación entre la estructura exporüadora y
el desarrollo económico
y polÍ-
tico de Chile
y, por
el otro, se revela el significado
profundo
de la ex-
traordinaria
geog¡afia
de Chile
para
la hisüoria humana contemporánea"
ESTRUCTURA DE LA ECONOMIA EXPORTADORA DEL SAI.TTBE
La acción de las frías corrientes de la Antártida, los vientos reinantes y
las elevadas temperaturas diurnas convierten en desierto una larga faja
de tierra de la costa central-occidental de Suramérica. En la zona más
seca de este desierto, los
700 kilómetros entre los 19
y
los
26
grados
de
Iatitud sur, está situada una vasta y
elevada
planicia
o
pampa.
Cerca de
la superficie árida de la
pampa,
en un área distante entre 20
y
80 kilóme-
tros de la costa, se encuentran discontinuos
Jr
poco profundos
depósitos
ENLAHISTORIA
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CHILE 61
de caliche, la materia
prima
de la cual se extrae el nitrato de sodio, un
fertilizante natural
(3).
Allí, muy lejos del
populoso
Chile central, emer-
gió
un enonne complejo minero e industrial en las últimas décadas del
siglo )ilX
(Véase
el Mapa 2.1).
Virh¡almente inexplotados hasta el siglo XD(, los depósitos de saütre
de Suramérica fueron desarrolladcr en respuesta a las necesidades
y
la
tecnología cambiantes de la industrialización europea. La expansión de
I¡as relaciones de
producción
capitalistas en la agricultura de Europa, el
desplazamiento de millones de
personas
del campo a la ciudad
y
las fá-
bricas, así como el aumento explosivo de la
población,
condujeron a una
agricultura cada vez más intensiva
y
cientifica
y
crearon una creciente
necesidad de fertilizantes. El
guano,
el excremento fosilizado de las
aves,
preservado
en las islas secas
y
de fácil acceso de la costa meridio
nal del Perú, empezó a aprovecharse en los años treintas
y
cuarentas del
siglo
pasado
con el
propósito
de satisfacer tal necesidad. Pero a medida
que
los abastecimientos se agotaban, la demanda continuaba creciendo
y
el conocimiento científico de la nutrición de las
plantas
se ampliaba, lias
cualidades fertilizadoras del nitrato de sodio llegaron a ser muy aprecia-
das. El salitre era mucho más costoso
que
el
guano.
Empero,
grandes
inversiones de capital
y
la aplicación de nueva tecnologia europea a los
sistemas de
producción y
transporte hicieron
posible
la explotación en
gran
escala de depósitos de saütre en los desiertos del sur del Peru, Boü-
via
y
el norte de Chile a
partir
de 1870. Aunque el
grueso
de la
produc-
ción de nitrato se empleó siempre como fertilizante, también sirvió
para
satisfacer otro requerimiento de las naciones imperialistas de Europa:
suministraba la materia
prima para
la elaboración de
pólvora y
explosi-
vos
(4).
La economía exporüadora de salitre, apropiada
por
Chile de manera
enérgica en 1880, influenció
profundamente
todos los aspectos de la so
ciedad chilena durante los siguientes 50 años. Parte de dicha influencia
puede
medirse estadísticamente. Las cifras de las exporüaciones ilustran
la expansión
y
la naturaleza cíclica de la industria, mientras
que
las ci-
fras sobre el empleo anual indican el númeroy l¡a nacionalidad de los tra-
bajadores involucrados en ella. Otros datos disponibles nos
permiten
a) estimar la contribución de la industria al tesoro nacional y
calcular la
incidencia de tales ingresos en Las
políticas
fiscales del
gobierno;
b) bos-
quejar
cómo evolucionó la estructura de
propiedad
de las instal¡aciones
3. Véase Javier Gandarillag
y
Orlando Ghigliotto
sala" (ed.),
L¡ inductr¡¡ del ¡¡lihe en Chile
por
Senper y Miclele, Santiago, 1908. Se trata de una traducción del informe detall,¡do y profusa-
mente ilugtrado de doe cientlñcoe enviadoe a Chile en 1903 bajo loe auspicios del
gobien
o ale-
món
y rrna
organización de
productores
de aaicar de remolacha. Ios orlgenee de la industria
del salitre se e-¡min¡n concienzudamente en Ia obra clÁsica de Oscar Bermúdez, Historia del
editre desde eus orÍgenee haeta l¡ Guerra del Paclfic.o, Santiago, 1913.
4. Mi¡ko Lamer, Ihe world fertilizer econony, $anford, 1967, C. 3.
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62
LOS TRABAJADORES
EN LA HISTOR¡A
Mapa 2.1 Chile
(
f 900). Explotacionee de nitrato y eua principales puertoe.
CHILE
de
producción;
c) calcular, mediante las cifras de costos de
producción y
ganancias,
la contribución de la industria al ingreso nacional; d) estimar
el
proceso
de acumulación de capital en Chile,
y
e) apreciar algunos de
los efectos del sector del saütre sobre otros renglones de la economía
chilena. El resto de esta sección
presenta y
evalúa la información sobre
éstos
y
otros rasgos estructurales de la economía salitrera
(5).
Solo te-
niendo muy en cuenta dicha estructura
podemos
empezar a examinar
sus implicaciones
para
el desarrollo social
y político
de Chile.
El Gráfico 2.1 brinda información acerca del crecimiento, la crisis
y
el
colapso definitivo de la economia exportadora del saütre en Chile duran-
te el
periodo
1880-1930. Podemos observar
que
las exportaciones de ni-
trato crecieron en forma impresionante, aunque no muy
persistente,
hasta la Primera Guerra Mundial. Las exportaciones,
que
estaban en 330
mil toneladas métricas en 18?5, subieron a un millón de toneladas en
1890
y
a dos millones en 1908. En 1913, en visperas de la
guetra,
llega-
ron a un máximo de 2.750.000 toneladas. La contienda mundial trastornÓ
seriamente el comercio de Chile con sus
principales
clientes
y
las expor-
taciones cayeron verticalmente en 1914
y
1915. Después de 1916, no obs-
tante, la demanda
generada por
la
guerra
sobre todo en Gran Bretaña
y
Estados Unidos,
que
habían sustituido a Alemania como
principal
mer-
cado del salitre chileno, llevó las exportaciones a un nivel superior al de
la
preguerra y para
1918
llegaron a
poco
menos de tres millones de tone-
ladas. En el decenio siguiente la industria experimentó un
periodo
de
demanda muy fluctuante,
provocada por
tendencias cíclicas en la econo
mia mundial
y por
los violentos cambios de la
posguerra
en el nivel de
las importaciones estadounidenses. Las exporüaciones disminuyeron a
804 mil toneladas en 1919, se recuperaron a 2.750.000 tonel¡adas en 1920
y
cayeron de nuevo durante la depresión de 1921-22, cuando
promedia-
ron apenas 1.250.000 toneladas anuales. Entre L923-25 experimentaron
otraalzadramática, con exportaciones de 2.500.000 toneladas en el últi-
mo de tales años. Luego de disminuir otra vez en 1926
y
1927, aumenta-
ron fuertemente en los dos años siguientes
para
situarse más o menos al
nivel máximo de 1918 al final de la década. Mas con el advenimiento de
la Gran Depresión la industria virtualmente se dem¡mbó. En el momen-
to cútico de la Depresión en Chile, hacia 1932, las exporüaciones de sali'
tre solo alcanzaron 244 mil toneladas, o sea, menos de 9Vo del nivel de
1929
(6).
En cierta medida, sin embargo, los datos mostrados en el Gráfi-
5. Buena
parte de la infomación
y el anáIisie ee tomada de dos e¡celentes estudios de Camen
Ca¡iola
y Osvaldo Su¡kel: "Chile", en Roberto Cortée Conde
y $anley J. Stein
(ed.)'
I¡6¡
America: A guide to economic hietory, f$O-fgm, Berkeley, l9?7,
pp. 273-36{}; y "Erpansión
salitrera
y transformaciones socio+conómicas en Chile: 1880-1930", manuscrito inédito. Deseo
agradecer al señor Sunkel
por enviarme egüe trabajo.
6. l¿ industria se recuperó lentamente luego de la Depresión
y en los añoe cincuentas la
produc-
ción llegú de nuevo a los dos millones de toneladae, nivel alca¡zado
por
vez
prinera
en 1908.
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GRAFICO 2.I
EXPORTACIONES CHILENAS DE SALTTRE
(EN TONELADAS METR¡CAS) Y OBREROS
EMPLEADOS EN LA INDUSTRIA DEL SALTTRE
(EN MILES)' I88O-I934
l.
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Fi|
F
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l.
ct)
rl
F
1885 1890 1895 l9o0 190á r9r0 1916 rv20 L926
Fue¡te: Arthu¡ Lawrence Stickell, "Migration and Mining Labor in Northern Chile in the Nitrate
Era, 1880-1930", disertación para Ph.D., I¡rdiana University, 1979, Apéndice A'
CHILE
co, basados en
promedios
anuales, disimul¡an la naturaleza extremada-
mente volatil de la economía del nitrato, en es¡recial después de 1913.
Las alzas
y
caidas durante los meses de cambio rápido fueron aún más
extremas.
Las tendencias a Largo
plazo
en la economia mundial de fertilizantes
actuaron como fundamento de estas fluctuaciones violentas
y
del colapso
definitivo de I¡a economía chilena del nitrato. Chile fue siempre la única
fuente comercial de nitrato natural de sodio. Pero hacia 1895 los cienüfi-
cos europeos lograron obtener nitrógeno
por
medios artificiales. Pese a
que
dicho
proceso
fue en un comienzo
prohibitivamente
costoso,
pronto
se desarrollaron técnicas nuevas
y
más baratas
y
la industria de los ferti.
lizantes
quimicos
se expandió rápidamente. Por último, debido a las
pre-
siones
poüticas y
económicas de la
primera guerra y
a la depresión mun-
dial,
primeroAlemania y
después Norteamérica
y
otras
potencias
indus-
triales recurrieron a
proveedores
domésticos de nitrógeno
para
satisfa-
cer sus necesidades
(7).
Las considerables fluctuaciones en la demanda mundial
y
en los
pre-
cios del salitre llevaron a los mayores
productores
chilenos, a
partir
de
1890, a conformar cárteles con el fin de limitar la
producción y
asegurar
ganancias
estables
(8).
A
pesar
de
que
estos esfuerzos chocaban con los
intereses del Estado chileno, cuyos ingresos
por
el salitre dependian del
volumen
y
no del valor de Las exportaciones, consiguieron algunos éxitos
a corto
plazo
antes de Ia Primera Guerra Mundial. Pero con la creciente
importancia de los fertilizantes sinteticos
y
la competencia fomentada
por
el cambio en las tecnologías de
procesamiento
en el seno de la indus-
tria chilena
-especialmente
cuando el capital
y
la tecnologia estadouni-
denses ingresaron a l¡a industria en los años veintes-, los esfuerzos de
los
productores por
moderar las bruscas fluctuaciones en la demanda
mundial fracasaron. No obstante
que
el
gobierno
chileno habia subsidia-
do reservas en
pr(rcura
de neutralizar los efectos de la contienda sobre la
producción,
fue solo con l¡a llegada de l¡a Gran Depresión
y
el colapso de
la industria cuando el Estado decidió asumir un
papel
importante y
di-
recto en la
produccióny
venta del nitrato.
Pero el nitrato
jamás
retomó su papel
central en l¡ economla. Luchando
por
coneervar su 5 7o de
participación en el mercado mundial de fertilizantes, la induetriia pudo
conkibuir relaüvamente
poco, p¡oporcionalmente,
al comercio erterior y
a los ingresos del
gobierno.
Entre tanto, la
mecanización recortó en la mitad las necesidadee de mano de obra.
7. CariolaySunkel, "Expansiónsalitrera"
(Véase
nota 5), Tabla 16, muestra la decreciente parti-
cipación de Chile en el mercado mundial de fertilizantee entre log años de 1913 y 194. Iamer,
World fertilizer ecolorny
(Véase
nota 4),
p.
38, describe l¡ cambiante tecnologla de los fertili-
zantes quimicos.
8, Ios
precios
del salitre chileno corrieron
paralelos
a los cambios en la dem¡nda mundial. Des-
pués
de los precios
ercepcionalmente altoe del ñnal de l¿ kimera Guerra, el
precio
de la tone-
lada métrica
(en
dólares norteamericanos de 1960) fluctuó entre loe US$40
y los US$90 en los
años subsigu.ientes. El más alto de todos loe tiempos fue de US$1,t4 en 1920. Cariola
y
Su¡kel,
''Erpansión
salitrera"
(Véase
nota 5), Cuadro 9.
66
I
I
i
I
I
l
I
ó6 LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
Ciertos aspectos de la
producción
de saütre en Chile la hicieron
parti-
cularmente sensible a los cambios en la demanda mundial
y
en los
pre-
cios. El salitre es un
producto
extremadamente voluminoso
y
la técnica
para
extraerlo era sumamente intensiva en trabqjo. Por consiguiente, en
vez de invertir en
grandes
instalaciones de almacenamiento,
las empre-
sas descubrieron
que
era más fácil
y
barato simplemenüe despedir a los
obreros
y
reducir o clausurar operaciones durante las caldas ciclicas.
Varias circunstancias facilitaron esta chsica respuesta capitalista. La
primera
fue la rapidez con la
que
los trabajadores chilenos respondieron
a las renovadas oporh¡nidades de empleoy mayores salarios en el sector
salitrero durante los auges de
producción.
Dada la falta de oportunida-
des de empleo en agricultura
y manufach¡ra
en el enclave del salitre, los
obreros despedidos
pasaban
a depender de
parientes
o amigos emplea-
dos o se concentraban en los
puertos para
aguardar nuevas
posibiüdades
de trabqjo. En épocas de mayor depresión, decenas de miles de obreros
se veían obligados a abandonar el norte
por
completo
y
a buscar trabejo
en el centro del
país.
Pero como la actividad de todos los sectores de la
economía chilena, según veremos, se veía afectada
por
la suerüe del sali-
tre, los
grandes
descensos en la
producción
salitrera limitaban el empleo
en todo el
país
-en
las obras
púbücas,
en la industria, en la
producción
de carbón e incluso en la agricultura. El desempleo nacional generalizado
y
los recortes salariales durante estos
períodos,
facilitaban el recluta-
miento de obreros en el centro de Chile una vez
que
la demanda de tra-
bajadores revivia en el norte. Además, el reclutamiento se faciütaba a
medida
que
el desarrollo de los ferrocarriles
y la navegación incrementa-
ron L¡a movilidad
geográfica
de los obreros. Los salarios reales eran más
altos en el enclave salitrero
que
en otros sectores de la economía chilena,
y
los obreros respondian con avidez a los esfuerzos de reclutamiento
adelantados
por
las compañías del salitre.
El Estado chileno desempeñó un
papel
activo
para garantizar
el ft¡jo
laboral, suministrando transporte
gratuito
a los obreros
y
sus familias
que
salían del norte durante las severas depresiones de la industria. Y a
medida
que
las fluctuaciones en la
producción
se agudizaban
y
la canti-
dad de
personas
implicadas aumentaba, el Estado empezó a
proporcio
nar aümento
y
vivienda a los desempleados en los
puerüos
salitreros
y
en
la capital del
pais.
Hacia 1913, el Estado se hallaba activamente empe-
ñado en reclutar obreros durante los auges
para
reubicarlos
y
emplearlos
durante l¡ns caidas.
Pero aunque el Estado estaba dispuesto a adoptar medidas
que
ase-
guraran
l¡a fuerza de trabajo a las compañias salitreras
y que
disolvieran
las tensiones sociales durante los tiempos dificiles, se rehusó, hasta
cuando aparecieron las reformas l¡aborales de 1924, a aplicar mecanis-
mos
que
trasladaran
parte
de la carga social,
producto
de l¡as depresie
nes, del trabajo al capital. Hasta el año indicado, no se les exigía a las
:
l i
I
l
CHILE
compañías
que
avisaran con antieipación a los obreros
que
iban a ser
despedidos, ni
que
les
pagaran
indemnización, ni
que
contribuyesen al
costo del transporüe al sur.
El costo humano del desempleo cícüco en la industria salitrera
puede
juzgarse
a la luz del Gráfico 2.l.La fuerza de trabajo oscilaba entre 3 mil
y
7 mil
personas
a
principios
de los años ochentas del siglo XD(; luego
aumentó hasta alcanzar un máximo de 13 mil en 1890. El empleo llegó a
ser superior a 22 mil en 1895, declinó a fines de la década
y
después su-
bió vertiginosamente hasta los 53 mil en 1913. Luego de descender nota-
blemente al comienzo de la Primera Guerra Mundial, la fuerza de traba-
jo
se elevó hasta casi 57 mil en 1918. El empleo disminuyó entonces en
forma
precipitada
durante la depresión de la
posguerra,
entre 1920
y
1922, cuando la fuerza laboral se redujo en más de la mitad. A
partir
de
ese momento, el número de trabajadores fluctuó bruscamente: el em-
pleo
superó las 60 mil
personas
en 1925, cayb a solo 36 mil en 1927
y lue-
go
se incrementó de nuevo, entre 1928
y
1929, cuando
promedió
cerca de
59 mil al año. Tres años más tarde, en 1932, apenas habia 8.535 obreros
trabajando aún en el enclave salitrero.
La inseguridad económica de la fuerza de trabajo en una sociedad,
atada a los ciclos de auge
y calda de la producción
de salitre, se agravaba
por
las
politicas
inflacionarios del
gobierno
durante la era del salitre. El
papel
moneda fue introducido
para
financiar la Guerra del Pacífico
y
re-
tenido
pese
a un intento abortado
por
retornar a una moneda respaldada
en metalico, en las
postrimerías
del siglo XD(. El
gobierno
expandió el
suministro de
papel
moneda de manera continua hasta fines de los años
veintes del
presente
siglo. Aunque los efectos económicos de la infla-
ción,
y
los motivos
que
animaban a los
grupos políticos que
controlaban
la
política
monetaria de Chile se debaten en la literatura
(9),
existe am-
plio
acuerdo sobre las consecuencias depresivas de la inflación modera-
da en los salarios reales de los obreros en todos los sectores económicos.
Las tasas de cambio fluctuantes
y
los salarios reales decrecientes
provG
caron algunas de las más significativas movilizaciones obreras,
particu-
larmente en el sector del salitre, en el
período
comprendido entre 1890
y
1925.
Al
paso que
se ampliaba la economía del salitre en los 50 años
poste-
riores a 1880, también lo hacian los ingresos del
gobierno
chileno. Antes
del estallido de la Guerra del Pacifico, las entradas del Estado ascendían
a menos de 20 millones de
pesos
anuales. A comienzos de los años
ochentas dicha cifra se había duplicado. Luego, después de multiplicar€e
9. La ortodoxia de
que
la inflación crónica de la era del salitre fue el senciUo resultado de una
poli-
tica nonolftica de los te¡Tatenientes que
controlaban el Estado fue desañada
por primera
vez
por
Albert O. Hirschma¡, "lnflación en Chile", en Estudioo eobre polftica
econdmic¡ en Amé-
úc¡ leti¡q Madrid, 196,4.
67
LOS
TRABAJADORES
EN LA HISTORIA
I
t ,
I
I
I
l r
t
1
dieciocho
veces
entre 1882
y
1912,
a más de ?50
millones
de
pesos' los
ingresos
estatales
d;;lú;";
drásticamente
hasta caer a 500
millones
de
p.-"." á"tunt€
la Primera
Guena
Mundial
y ¡a depresión
de la
posgue'
rra. En 1g22,
sin
"-Uui'o,
It cifra
había
retornado
a los niveles
anterio
res a la contienda, V
p"iiigZ¿ alcanzaron
un
mfurimo
de
mil millones
de
pesos. Incluso
tenien¿o
en cuenta
una
inflaciÓn
equivalente
a casi
la
mitsd
de este u"-"i6,
h expansión
real de
ras rentas del
gobierno du-
t""t" este
medio
siglo fue espectacular'
Tan
impresiona"nte
crecimiento
se debió
en
gran parte a
los impues-
t",
g"""iuaos
por üi"Justtia
del salitre.
Con
mucho,
la rnás imporüante
de
l¡as fuentes
¿ir."i""^á!-üsr"'""
fue et impuesto
alas exportaci_o1es
d9
salitre
y ydo,
"";"bnrJ*t"
del
procesamiento
del salitre.
Dicho
tri-
buto
se cuadruplicó-dutattte
la Guerra
del Pacífico
y,
al comienzo
de los
años
ochentar,
.pJrüt-u
utt"áu¿ot
de ZOVo
de l¡as
rentas ordinarias
del
;;bL;"".
1,.
pu*i"rpu"io" aumentó
rápidamente
en.los
siguientes
años
hasta
representat
;J;150-%
purula mayor
parte del
período 1890-1917;
luego disminuyÓ
al4ovo
o menos
cuandola
industria
entró
en un
prolon-
gadoperiododecrisisyagt,du"fluctuaciones.e.nlademandaenlaetapa
de
posgrrerra
(10).
oira
importante
fuente
directa
de
ingresos
fue el
i-p-"LJt"
"r"udo
i"*
"*t"r
ta adquisición
de tierras
salitreras'
Los
ca-
;iáñil
ufit-.Uu"¡u.
"U"t
invertidb
14
millones
de libras
esterünas
en
tales
adquisiciones
ha$ 1gl3;
lo anterior,
comparado
con
una inversión
de solo cuatro
*iÍ;;;;
pu"tas de
procesamiento
y menos de tres
-iilorr",
en ferrocarriles
e instalaciones
portuarias
(11)'
Además
¿"
""ü"
"ot
tiiUo"iott"s
direótas
al tesoro,
¡a expansión
de la
industria
a"r srrit[""-"ámurq
eitrecimiento
del comercio
exterior'
con
Io
qüf"" i""t"s aduaneras
pdr importaciones
se incrementaron
en forma
dramática.
Hu"t
iago
eigobierno
derivaba
mayores
ingtresos
de este
efecto
indirecto
¿"ll"rpuñsión
saütrera
que_de los impuestos
sobre
las
exportaciones.
y
duranie
La mayor
parte del
peúgdo,
que llega
hasta
1930,losi^po""to,uru' i*po' tacionessuministrabanentreunacuarta

hrcerá
parte de
los ingtresos
ordinarios
delEstado'
Lasnuevasf uent esdei ngresost ransf ormaronl ¡aest ruct uradel as
finanzas
ertatarc"áüÁüh
"-tu
del salitre.
Los
impuestos
sobre
Las ven-
tas interna",
fu ft"r"""iu
V
ü
p.opi"dad fueron
reducidos
o eliminados
en
l0.ElvalordelaserportacioneschilenagsubiódeSlmilloneadepe{8en1890a525mill¡nesen
1g20; las exportaciones
de salitre aportaron
entre eo
y eQz" dei valor total durante
ücho
perio-
do. Ios datos de r.r"ññ;is,rü;"-""t"r"r
qr" É" ¿-
""
eetos
pórrafos son tomados
de
Cariola
y Sunkel,
..irp'*"r0"-r"frtrera"
(Véase nota 5), Cuadroa6,7,22,25y
26'
11. Manuel
sata" r.".i,iiñ".ü;;;L["b"
pt""enLdo. al eupremo
gobierno de chile
por
l¡ conisión
co"rUüii"i
".ri"l
ó-ti"go,
190S,;.
606. IPs
pa8o6
por adouirgiciones
de terre-
nos salitreros
aparecen
oomo ing¡ego
ertraorJi;fio
en loe registroJ
prerupuestarios
de Chile;
el ingreso
"ttoor¿iiliá-noÑ--o"uo
¿" ti]t"*t|lp""il¿t
de virtualment¿
nada hasta
másáe h mit¿d delingreso
ordinario'
CHILE
69
los años noventas
y
aportaron contribuciones minúsculas a lias rentas
gubernamentales hasta la década de los veintes de este siglo. En 1916,
en
pleno
auge salitrero, solo AVo de las rentas del
gobierno provinieron
de impuestos internos, comparado con 6L.5Vo de los impuestos a las
exportacionesy 27.l%o de tributos
por
importaciones
(12).
Con crecientes
y
ahora sustanciales ingtresos a su disposición, el Es-
tado
podía
ampliar considerablemente su aparato coercitivo
y
su control
administrativo sobre el territorio chileno. Los
Sastos
mütares consumie'
ron de manera consistente alrededor del2}Vo del
presupuesto
a lo largo
del
peúodo.
Entre los
8n¡pos
de empleados estatales, el
que
mostró
mayor crecimiento después de 1900 fue la fuerza de
policía,
el brazo del
gobierno
encargado de
preservar el orden interno. Empero, la nómina
pública
se vio engrosada con cantidades considerables de
personal
admi-
nistrativo
para
atender las necesidades del sistema ferroviario estatal,
los telégrafos
y
la educación. Tal hecho destaca los significativos esfuer-
zbs del Estado
para
invertir los ingresos del salitre en una infraestruchr-
ra
que promoviese el desarrollo. Considerables sutltas se
gastaron
tam-
bién en obras
públicas,
especialmente edificios
Subernamentales.
Las
politicas
impositivas
y
de
gastos
del
gobierno,
así como la in-
fluencia de la expansión salitrera en los mercados nacionales
y
los siste-
mas laborales, se conjugaron
para promover
cambios importantes en el
desarrollo de la agricultura
y
la industria chilenas. Durante la era del sa-
litre aumentó
notablemente la tasa de urbanización. El auge del nitrato
alteró asimismo l¡a
proporción
de Ia
población que
habitaba en el norte.
En 1805, de acuerdo con datos censales, solo una
quinta parte
de los
1.819.223 chilenos vivía en núcleos urbanos de más de 2 mil habitantes.
En los setenta años siguientes el ritmo de urbanización fue lento,
y
en
18?5 apenas una cuarta
parte
de la
población
de 2.075.97L
personas
es-
taba compuesta
por
habitantes urbanos. Sin embargo, cincuenta
y
cinco
años más tarde, en 1930, casi l¡a mitad de los 4.287.445 chilenos vivia en
áreas urbanas. Entre tanto, las dos
provincias
septentrionales del nitra-
to, las cuales, dada la naturaleza de la actividad económica en el desier-
to,
prácticamente
deberían considerarse urbanas, más
que
duplicaron su
participación en la
población
nacional, de 3.5Vo en 1885 a 7.7Vo
en
1920
(13).
La influencia de lla expansión salitrera en el
proceso
de urbanización
fue
poderosa y
compleja. Evidentemente, el incremento de la actividad
económica en el norte, el crecimiento del comercio de importación
y
del
comercio costero, lo mismo
que
el flujo de ingresos del salitre a través de
una amplia burocracia estatal hacia obras
púbücas y
una infraestructura
12. Brian lovema¡, Ctile, Nueva Yort, 1979,
p.
230, Esta obn, la mejor interpretación en un vo-
lumen de la historia de Chile, contiene un ercelente egtudio de l¡ era del sslitre.
13. Cariola
y Sunkel, "E¡pangbn aalitrera"
(Véase
nota 6), 6\r¡dro 2.
I
I t
I
I
LOS TRABAJADOBES
EN LA HISTOBIA
humana
y
materiral, crearon nuevas oporh,rnidades
económicas
para los
migrantes rurales en las ciudades,
los
pueblos y
los
puertos del norte
y
el
centrode Chile. Además,
la demanda de combustible
para
el transpor0e
ferroviario
y
maritimo, asi como
para
las ciudades
y
las fábricas, estimu-
ló una impórtante
industria doméstica de carbón cerca del
puerto meri-
dional deboncepción
(14).
Pero el auge salitrero también afectÓ de ma-
nera compleja
la agricultura
y
la industria chilenas,
y
estimuló
y
al mis-
mo tiempo respondiÓ al
proceso
de urbanización.
Carmen Cariola
y
Osvaldo Sunkel
han desafiado
convincentemente
la
idea, largamente aceptada en la literatura económica sobre Chile, de
qn"
i. aericultura
se estancó durante
la era del salitre. Ellos
han demos-
tiado,
pór
el contrario,
que
durante el
período,
al me_nos hasta 1920,
la
agriculhrra
creció
y
se diversificó,
y
aumentó
la
productividad laboral.
Tál
proceso
fue el resultado de tina serie de efectos ínümamente
relacie
nados con la expansión del salitre. En
primer término, la agricultura
se
expandió
geoe¡áfic"mente. El fortalecimiento
del Estado
y
el desarrollo
dJredes de transporüe contribuyeron
a empujar a los indígenas arauca-
nos más hacia el sur,
y
abrieron
nuevas tierras al cultivo del trigo. En
segUndo
lugar, el crecimiento
de los mercados urbanos en el centro de
CÑte
y
l¡as áreas
mineras del norte estimul¡aron
l¡a diversificaciÓn
de la
agricultr¡ra
en el Valle Central. Finalmente,
la modernización
de la so-
"i"dud
en su conjunto fomentó la difusión de técnicas científicas
y
el
empleo de maquinaria aeúcola
en el campo'
La tecnifieación
y Ia mecanización
pueden
explicar en no
poca medi-
da la mayor
iroductividad
laboral en Ia ag¡icultura,
demostrada
por
Ca-
riola
y
Sunkel. Pero este incremento también
puede obedecer en
parte
a
cambios en los sistemas de tenencia
y
de trabajo. La competencia
labo
ral,
generada por las oportunidades
de empleo
para los trabajadores
rurales en la zona saütrera, en la industria
y
en los servicios en las ciuda-
des
grandes, pudo
haber forzado a los terratenientes
a adoptar
reliacio-
,r"r á"
producción más capitalistas
o más extensivas
en trabqjo. Se sabe
que muchos terratenientes
pasaron
de la ae¡icultura
a la
gAnadería en
lós comienzos del siglo. Tal respuesta
puede reflejar tanto el incremento
del
poder
de compra
(y
de consumo de carne) de aISUnos
sectores del
prolLtariado chileno, como la incapacidad de los terratenientes
de rete-
ner, sindarconcesiones
que
no estabandispuestos
a hacer, a sus traba-
jadores
agricolas. En los
primeros años del siglo el
gobierno
creó im-
14. Pero la demanda de cartón en la región salitrera misma no fue un esti¡nulo
particularmente
g¡ande para el crecimiento de la
producción doméstica. Ios barcos
que
transportaban
salitre,
i -"ooáo empleaban el ca¡bór como las,he en sus viajes de regreso de Europa. A comienzos
del siglo XX cerca de una
quinta parte
del ca¡bón congumido en el norte era chileno. Era de
baja áüdad
y
con frecuencia mezcl¡do con carbón importado. Mientras avanzaba el siglo' el
petróleo importado te-plazó el ca¡'bón en la región salitr€ra.
r l
it
li
li
li
ii
ii
il
ir
il
il
ll
i
i t
!
li
il
cHrLE
6l
puestos para
Ias importaciones de carne argentina a fin de
proteger
a los
ganaderm
chilenos. El impuesto a la carne se convirtió en una cuestión
política
explosiva alrededor de la cual los obreros de los sectores rranu-
facturero y
salitrero, así como los consumidores urbanos en
general,
se
movilizaron ampliamente durante las
primeras
décadas del sigloXX.
La relación entre la expansión del salitre
y
el crecimiento de la indus-
tria chilena en este
período
se comprende un
poco
mejor gracias
en bue-
na
parte
a l¡a obra
pionera
de Henry W. Kirsch
(15).
Al contrario de ante-
riores interpretaciones, que
sitúan la industrialización
del
pais
en los
años treintas o en la Primera Guerra Mundial, el autor arguye convin-
centemente
que
después de 1880 la manufactura chilena salió de la era
artesanal. En las décadas subskuientes, eI sector secundario se desarre
lló con rapidez
y
hacia l9l5 el número de
personas que
trabajaban en
esüablecimientos manufactureros con cinco o más empleados era de casi
53 mil. En 1924 la cifra subió a 85 mil.
TaI
proceso
se derivó de la demanda de bienes manufacturados esti-
mulada por
la Guerra del Pacifico, de la expansión misma del sector saü-
trero
y
su influencia sobre la tasa de urbanización,
y
del incremento de
una infraestructura de comunicaciones
que
integró
y
amplió el mercado
nacional. Kirsch hace énfasis en el consumo de la clase media como el
principal
mercado
para
la industria chilena; sin embargo, sus datos
muestran que
las mayores ramas de la industria suministraban articulos
como azítcar, cerveza, vidrio, zapatos, ropa
y
fósforos
para
el consumo
urbano masivo. Kirsch demuestra
que
el ritmo de la expansión industrial
estaba intimamente ligado al crecimiento
y
las fluctuaciones del sector
exportador del salitre. Indica cómo las pocas
industrias básicas
que
lo
graron
emerger en el
periodo (cementos y
locomotoras) encontraron sus
mercados en el sector minero o en la construcción de obras
públicas
cuya
realización
fue
posible gracias
a los ingresos del salitre.
Seeun Kirsch, las caracteristicas estructurales
que
definen la indus-
tria chilena en los decenios siguientes
a 1930 se
perfilaron
durante la era
del salitre. La industria nacional
producía primordialmente
bienes de
consumo ligeros y
durables
para
un mercado doméstico
protegido
de la
competencia foránea. Las firmas ligadas a la
producción
industrial se
tornaron altamente concentradas
y
algunas
prácticamente
ejercían me
nopolios. La mayoúa utilizaba tecnicas
productivas
intensivas en capital
y
dependia de bienes de capital
y
materias
primas
imporüados. Muchas
pertenecian
a extranjeros o eran financiadas
por
ellos. Asi, casi la mitad
de los propietarios
de las empresas manufactureras entre 1974
y
1925
había nacido en el extranjero
y
alrededor de un tercio de todo el capital
invertido en la industria era también foráneo.
15. lndu¡tri¡l developnent in a tr¡dition¡l ¡ociety, GaineeviUe, 1977.
f i
;
62 LOSTBABAJADORESENLAHISTORIA
La
poütica gubernamental
fomentó estas tendencias industriales.
La
politica
monetaria inflacionaria brindaba una
protección
a la industria
local, al hacer más costosas las importaciones.
La
politica
aduanera
pos-
terior a 1880, aunque
primordialmente
orientada a
producir
ingresos,
dio cierta
protección y
estableció tasas bajas
para
las importaciones re-
queridas por
la industria doméstica. La
política
crediticia del
gobierno
favoreció sistemáticamente las
grandes
empresas
productoras
de bienes
de consumo. A los
pequeños productores
e incluso a los
prósperos
fabri-
cantes de equipo
pesado,
como locomotoras, se les negaron el crédito
y
los incentivos. Protegida
y
favorecida
por
tales
políticas,
la industria li-
viana daba tasas de retorno sobre el capital invertido mucho más altas
que
la agricultura e incluso que
la mineria
y
el comercio. Kirsch no halló
evidencia de antagonismo estructural entre los intereses exportadores e
importadores nacionales
y
extranjeros, ni entre los agricultores
y
los
industriales.
El autor demuestra cómo frecuentemente estas
posiciones
estruch¡rales supuestamente distintas se combinaban en una misma
persona,
famiüa o
grupo
financiero. Estas entidades usaban su control
del Estado
para
maximizar
ganancias
a corto
plazo (16).
La expansión del salitre ejerció, de esta rnanera,
una
pderosa
in-
fluencia sobre el desarrollo económico de Chile anües de 1930. Mas dicha
influencia fue en
gran parte
indirecta, una consecuencia de los empleos
y
la demanda
que
surgieron en el norüe
y
de los
proyectos
oficiales
paga-
dos con ingresos del nitrato. A
pesar
de
que
el Estado consiguió captar
casi la mit¿d de las
ganancias generadas por
la
producción
de sali-
tre
(17),
el resto fue a
parar
en buena
parüe
a manos de capitaüstas forá-
neos
y
remitida al exterior. El campo de acción de la
propiedad
extra4je-
ra en la zona del nitrato socavó seriamente la contribución directa de Ia
producción
de nitrato a la acumulación de capital en Chile.
Contrariamente a lo
que
era de esperarse, l¡a anexión de la zona de
saütre en 1880 no condqjo al control chileno sobre la
producción.
Al co
mienzo de la
guerra,
el
gnreso
de la
producción
estaba localizado en el
interior de Iquique, en fábricas (llamadas
oficinas) de
propiedad perua-
na. La
política
chilena en los territorios recientemente adquiridos fue
diseñada
para
fomentar una
producción
inintemrmpida y para
maximi-
zar los ingresos de un Estado en
guerra.
Como resultado, las disposicio
nes legales
que
se establecieron
para
afrontar el
problema
de la
propie-
dad de las compañias salitreras
y
las reclamaciones de tierra saütrera en
He suprimido de egta discusióu el injusüiñcado énfasis de Kirsch en loe defectos culturales de
los emptesarios chilenos
para erplicar sst¡
di¡árrrica.
Ile hecho,
gua
datos y
anáüsie demues-
tran que los empresarioe ertranjeror ¡ctu¡ban como los chilenoe. Ambog respondian a las
oportunidades de m¡.imiza¡
gana¡cias que
el control del Egtado brindaba a una éüte econó-
mica impedida de seguir
pat¡ones de inverrión más comunee en las muy diferentes economias
de l¡ cuenca del Atlántico Norte.
Cariola
y
Sunlel, "Erpansión salitrera"
(Véase
nota 6),
p. 2?. t ?.
CHILE
las nuevas
provincias
de Tarapacá, antiguo teritorio
peruano, y
Antofa-
gasta, que pertenecia
a Boüvia, redundaron en beneficio de intereses
económicos con acceso a capital líquido
y
a los bonos con los
que
Peru
había compensado a los capitaüstas saütreros cuando nacionalizó la in-
dustria en vís¡reras de la conüenda
(18).
Tanto los capitalistas chilenos
como los britanicos tenían acceso a aquellos bonos. Los chilenos estaban
bien establecidos en la región del salitre
y
los bancos de Valparaiso fi-
nanciaron muchas de las compañías reorganizadas después de 1880. Los
capitaüstas chilenos también
gozaban
de acceso
preferencial
a la infor-
mación
y
contactos
personales
con funcionarios del
gobierno,
una venta-
ja
nada despreciable en el
proceso,
con frecuencia turbio, de la titulación
y
venta de las nuevas tierras de salitre. Las casas comerciales
y
los capi-
talistas británicos,
que
habían financiado el transporte
y
comercializa-
ción del
guano y
el saütre
peruanos,
también se hallaban en una situa-
ción
privilegiada.
En muchos casos, especuladores ingleses compraron
los muy depreciados bonos
peruanos.
Luego recunieron a sus conexio-
nes en los mercados monetarios de Valparaíso
y
Londres con el fin de
satisfacer los fuertes requerimientos financieros del
gobierno
de Chile
para
legalizarlos. AHred T. North, el famoso "rey del saütre" británico
que
dominó la
producción y
el transporte de la zona del salitre en los
años ochentas
y
noventas, fue el más
próspero
de dichos especuladores.
Sin embargo, el dominio británico sobre la industria salitrera hacia
1885 era no tanto el resultado de las adquisiciones hechas a comienzos
de los años ochentas, sino más bien una coru¡ecuencia del acceso al capi-
tal necesario
para
expandir
y
modernizar la
producción.
Un obstáculo
potencial
fue eliminado con la derrota
politica
de las fuerzas nacionalis-
tas
y partidarias
del estatismo en la
guerra
civil de 1891. De ese modo, el
éxito de los británicos no se debió a supuestos defectos culturales entre
los empresarios chilenos ni a una exagierada ignorancia o falta de
patrio
tismo
por parte
de los funcionarios chilenos
que
reorganizaron la indus-
tria luego de Ia Guerra del Pacífico. Por el contrario, fue el resultado lG
gico,
de una
parte,
de suposiciones acerca de la mejor manera de fomen-
tar la explotación capitalista en la región salitrera
y,
de otra
parte,
de la
posición privilegiada
de los empresarios britanicos en el mundo capita-
lista a fines del siglo XD(
(19).
18. El
gobierno p€ruano,
habiendo casi agotado el
potencial generador
de ingresoe de
gus
reser-
vas de
guano y muy preeionado por
sus aceedores británicoe para que pqgara tos smprésüitoe
prlbücoe,
habfa nacionalizado las oñcinas dentro de sus fronteras. Asimismo habl¡ fi¡mado un
tratado secreto de defensa con Bolivia, t€meroao de Ia reacción de loo capitalietas chilenos y
británicog. Estos inter€soa desempeñaron un
papel
importante en los eventoe que condujeron
a la ocupación de lquique
por parte
de Chile, lo que hizo estallar la
guerra.
19. Est,e aaunto ha generado
mucha conttoversia en la historiografia chilena. Una revisión recien-
te del debate, que
deearrolla la erplicacfuln
-á¡
perauasiva y
de s€ntido común del fracaso de
los capitalistas chilenos
por
controlar los medios de
producción
del encl¡ve
galitrero
deepués
de la guena,
es Itromas O'Brien, lhc ¡lbate lndusky a¡d Chile'¡ cn¡dal tr¡n¡ition: 1870-
1891, NuevaYork, 1982.
6Íl
U LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
El Cuadro 2.1 muestra el
patrón
cambiante de la
propiedad
en el en-
clave del salitre en La media centuria
que
comienza en l8?8. Hacia lSgb
los capitalistas ingleses habían desplazado ampliamente tanto a las com-
pañías peruanas
como a las chilenas, cuya
participación
combinada en la
propiedad
se redujo de74To a2IVo. Intereses británicos
y
de otros
paí-
ses extranjeros poseían
la mayoria de l¡as instalaciones para
la
produc-
ción de salitre durante el
período
de expansión de la industria, que
duró
hasta la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, al iniciarse el
presente
siglo,
y
en especial después de la contienda mundial, el capital chileno
recuperó una
parte
imporüante de la
propiedad.
Esta tendencia fue el
resultado de diversos factores. En el nuevo siglo la expansión de la in-
dustria no se dio en la provincia
más septentrional de Tarapacá, donde
predominaba
el capital inglés, sino en Antofagasta, donde los chilenos
ejercían más control. Además, la
guerra
sienificó la eliminación de la
propiedad
alemana
y
aceleró el decaimiento de la hegemonía
del capital
britanico en la economía mundial. Finalmente, la introduceión, en los
años veintes, de una nueva tecnología, intensiva en capital,
para
el
pro,
cesamiento de minerales de baja
gradación permitió
al capital estadouni-
dense, en
particular
a los intereses de Guggenheim, capturar una apre-
ciable
porción
de la
producción
saütrera.
En cierto modo, sin embargo, el énfasis en la cuestión de la
propie-
dad soslaya el
grado
de control
que
ejercieron los intereses foráneos
y
especialmente britanicos sobre la economia del nitrato durante todo el
periodo.
El capital inglés construyó y
de hecho r4anejó la mayoúa de los
ferrocarriles e instalaciones portuarias
del enclave salitrero y los barcos
britanicos dominaban el transporte de carga con Europa. Casas comer-
ciales alemanas e inglesas se encargaban de vender el salitre en el ex-
tranjero
y
financiaban la
producción
en Chile. Es más, empresarios y
tecnicos britanicos
y
de otras nacionalidades no solo administraban sus
propias
oficinas salitreras, sino también muchas de las
que pertenecian
a los chilenos
(20).
El único sector de la industria del salitre netamente dominado
por
los
chilenos fue el de la mano de obra. Incluso antes de la Guerra del Pacifi-
co, cuando la zona zalitrera aún
pertenecia
a Peru
y
Bolivia, la mayor
parte
de los obreros salitreros eran chilenos. La migración de los
pobla-
dores rurales de Chile hacia la región del salitre fue
parte
de un
patrón
histórico más amplio. Desde los tiempos coloniales, un
gran
segmento
de la fuerza de trabajo rural en Chile estuvo compuesto
por
trabajadores
migratorios, sin tierra,
que
iban detrás de las cosechas en el Valle Cen-
20. De nuevo, este
predominio
de administradores y técnicoa foráneoe refleja las realidades de la
dist¡ibución mundial del conocimiento técnico y comercial a fines del siglo )(D( y comienzos
del XX. En la década de los veintes habla muchos ¿rlministrsde¡ss y técnicos chüenos en las
oficinae.
CHILE
CUADRO2.T
PROPIEDAD DE LAS COMPAÑIAS PRODUCIORAS DE SALITRE,
SEGUN NACIONAUDAD,
18?8' 1895
Y
1926
Naciondidad
Peruana
Chilena
Ingleaa
Alema¡a
Otras
52Vo
22
t 2
I
Fuente: Adaptado de A¡thur Lawrence Stickeü, "Migration and Mining tabor i¡ Northern Chile
in the Nitrate Era, 1880-1930", disertación
para
Ph.D., Indiana University, 1979,
p. 27.
Note Stickell hizo el desglose basándose en diferentes tipos de datos: capacidad
productiva para
18?8; inversióntotalpara 1895;producciónrealpara 1926. Masapesa¡de los problemas de
comparación,
y ciertas inconsistencias internas de la tabla original, su desglose sugiere en
general los patrones cambiantes de la propiedad nacional en la zona salitrera durante el
pe-
rlodo cubierto.
tral. Durante el siglo XD( los chilenos emigraron a Peru
y
Bolivia a traba-
jar
en la construcción de ferrocarriles
y
en Ia industria del salitre, a Ar-
gentina
a laborar en la industria del
ganado y
a California a emplearse
en los campos auriferos. Observadores en el siglo
pasado,
igual
que
en
el
presente,
enfatizaban las abyectas condiciones de los trabajadores
rurales, fueran éstos aparceros, arrendatarios o migrantes sin tierra.
Teniendo en cuenta semejante miseria, es comprensible la
propensión
de los obreros rurales chilenos a miSrar a las ciudades
y
a las minas e
incluso más allá de las fronteras de su
país
en busca de mejores condicio
nes de vida. Asimismo se entiende mejor la alta incidencia de alcoholis-
mo entre la clase obrera
y
la impresionante tasa de mortaüdad infantil de
Chile. Ya en los años veintes de este siglo,
por
cada mil niños
que
nacian
250 morian durante el
primer
año de vida.
(Las
cifras comparativas son:
100
para
Argentina, 153
para
Venezuela
y
159
para
Colombia)
(21).
Arthur Lawrence Stickell ha estudiado concierzudamente la migra-
ción de los trabajadores chilenos a la zona del salitre. Sus datos revel¡an
que
a
pesar
de los esfuerzos de los
patrones por
discriminar a los chile'
nos
y
su
predilección por
reclutar boüvianos
y peruanos,
dispuestos a
trabajar
por
menos salario, los chilenos siempre constih¡yeron la mayG
úa de la fuerza laboral durante toda la era del salitre. Los extranjeros
estuvieron mejor representados en la
primera
década del siglo XX, cuan-
do abarcaban una cuarta
parte de la fuerza laboral salitrera
(22l.La
vas-
Arnold J. Bauer, Chilea¡ rurd ¡ociety fuom the Sp¡ni¡h conqueat to 1930, Iondres, 1975.
Nicoláe Sanches-Albonroz, The populatior of L¡ti¡ Amerlca, Berkeley, Calif ., 1974,
p. 2ffi.
A¡thur Lawrence $ickell, "Migration and mining labor in northem Chile in the nitrate era,
1880-f$0", disertación
para Ph.D., fndiana University, 1979. Este rico estudio es una hif¡-
66
l Vo
42
4l
16
8olo
13
60
8
11
2L.
22.
!
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r l
l ¡
i
r l
I t
66
LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
ta mayorla
de estos obreros
extranjeros,
entre el 80
y el 9ovo, eran voli'
üanoé
o
peruanos, mientras
que casi todos
los demás eran europeos'
mu-
chos de euos trabqiadores
calificados.
El número de obreros
extranjeros
declinó
lentamente
hasta
que en los años
veintes
los chilenos
Ilegaron a
constitr¡ir
más de
gOVo
deL fu"rru
laboral. La baia incidencia
de la in-
dustria del salitre en los trabqjadores
foÉneos
reflejaba
otro amplio
pa-
ito"
"""io"al'
A diferencia
de Argentina'
uru8uay
y
Brasil' chile
nuncS
irr.rá.rn
gran
contingente
de obreios
extranjeros
inmigrantes
en la agri-
cultura,
la manufactura
o la mineria.
LA VIDA
Y EL TRABAJO
EN LA PAMPA SALITRERA
Laruzdel
carácter
üstintivo
del movimiento
obrero chileno
consiste
en
iu e"pe¡encia
única de los trabqiadores
en la
producción de salitre
(23)'
i.r
"ottdi"iones
de vida
y
de trabaio
en la
pampa del salitre
eran
muy
diferentes
de Ias
que imperaban
en-las otras economías
exportadolag
d9
América
Latina. ta ubicaciÓn
del nitrato,
la estructura
de
la
propiedad,
iu d"-oerufia
de la fuerza
laboral,
la naturaleza
del trabaio
y las_condi-
"iorr".
dá vida en las oficinas
y
en los
puertos de norte,
todo ello tuvo
importantes
efectos
sobre
los obreros
y
creó en!r9 ellos
necesidades
y
oportrrridudes
extraordinarias.
Su capacidad
de definiruna
cultura
obre-
ra autónoma
y
de construir
instituciones
sociales
y politicas
progresistas
;;;;r"
clase,
refleja no solo su determinación
y
creatividad,
sino tam-
fi¿n el ambiente
único en el
que trabdaron
y vivieron'
uno
de los rasgos
más sorprendentes
de dicho ambiente
fue la movi-
ndaá
geágráfica d--e los obrerós
salitreros,
consecuencia
en buena
parte,
"o-o
," anotÓ antes,
de condiciones
que escapaban
a su
control' La
na-
irrr"t"ru
ciclica de d industria,
especülmente
después
de 1914,
fotzb a
¿e"".a,
de miles de obreros
salitreros
a dejar
la
pampa y a veces el norte
ria social de Ios trabajadores
del nitrato, baeado
en registros empresariales
y gubernanenta-
les hasta
"r"
-o-"oío ¿"sconocidos.
Sumi¡istra
muÁ¿ informaclSn
estadlstica
sobre el re-
clutamiento
y f" ¿"-ogtufrr ¿" ü-t""á¿e
trgbeio del salitre, sobre salarios
y precios en el
norte,
y soUre hs faciliáJÁ sanitarias
y la vivienáa
en la
panpa salihera'
Stickeü se lamenta
de la radicalización
de los obreros del nitrato
y trata de demostra¡
que, debido a
que la
9on{i-
ción de los obreros ñ;;";;;"j"ró,
dicho deearrollo
se hubiese
podido impedir'
Sobre la
politica ¿" i*ig,""ióo
d"iioUierno
"úil"oo
y.los programas de reclutamiento
de las compa-
ñias salitreras,
u¿r"" t"-Ui¿" MigUeI Monteón,
t'The
enganche^in-the
Chilean nitrate sec-
tor,,, Latin American
perepecüvea,
?:3, verano áe 19?9,
pp. 6&?9. Monteón
exemina
la res-
puesta de los oU*-" org";tados
a los eefuerzos de las empreaas
por socavar
la unidad obre-
ia
v
la capacidu¿ a"
""gilir"l¿"
estimulsndo
la inmigración
foránea
y doméstica
al norte.
23. El argumento
planteado aquí no niega la importancia
de otros sectores del movimiento
obrero
chileno. Tampoco *;;;;;;
dtr-iorrir
"t
rig"iñcado
de desarollos
snteriores,
del siglo xD('
en la organización
y L" u"tit r¿", de Ia clase obrera. Por el contrario,
llamn
l¿ atención
sobre
las caracteristicas
q"" dirtir,guen
la bistoria lsboral de Chile de la de ot¡os
paises laüinoameri'
ca¡ros.
I t
I
mismo
durante ros periodos
de crisis.
Empero,
aun en ros
buenos
tiem-
pos
los
obreros
eran
extraordinariamente
móviles
dentro
de la zona
del
saütre.
stickel, quien
estudió
los registros
¿e rrs
compañías,
reporüa
niveles
muv altos
de rotación
laboral.-El
ri¿".
,iui""t-Éxas
Lafertte
re
cuerda
en su autobiografia
que
en su:"u""tr¿-to"
"*pl"uao
en más
de
una docena
de trabqios
distintos
en otras
tanüas
oficinas
durante
un
pe-
úodo de tres años
a comienzos
del siglo
xx. E; epü".¿"
expansión
de
la industria
v
alta
{eganda
laboral,
lás obreros
;;i;;"ncia
solo per_
manecían
en un trabqiounos
pocos
días o r"**"
á"t",
¿" sarir
en bus_
ca de mejores
salarios
o condiciones
de ,id"-
i;;;;;i",
. menudo
se
lamentaban
por
la imposibilidad
de no poder
"o*"*uir"
fuerza laboral
y
argumentaban
que
sus problemas
provenían
de la
,,escasez
de bra_
zos".
Elaboraron
ingeliosos
erqu"-""
de crédito y
d" pugo,
y
a veces
requerían
depósitos
sobre las henamientas
en
un
"rro"rro
por
retener
a
los
trabajadores
haciéndoles
costoso
su desplazamiento.
A los
obreros
solo se les pagaba.una
ve_z
al mes y
entre pagoy
pago
se les hacían
avan-
ces crediticios
en forma
de retras
b n"rr", q:ue"p-"air"
á"rtarse en agua,
comida,
vestido,
herramientas
y
muchos
otros
artículos-en
er almacén
de
la compañía.
Las empresas
tesiringían
la enttaál
á"
"Jri"r"iuntes
foras-
teros y
rutinariamente-
esperaban que
tur
s";;"i;, ;; sus almacenes
sufragaran
alrededor
de
tTVo de los
costos laborales.
En algunas
ofici_
nas
tal
porcentaje
era mucho
más
alto.
Especialmente
en los primeros
años,
el recargo
en los
almacenes
sobre
ciertos
artícurÁ
áe consumo
bá_
sico tales
como el pan
era hasta
de 50 ó ffivo. r,or our"ios
soro podían
cambiar
sus fichas por
efectivo
en determinadas
¿p*ü-u
veces
con
un
descuenüo.
No obstante, Ios
fugadouirro,'¡r"
qrr"
¿'"Lrrrios
empresarios
a los obreros que
deserüaban
sin saláa,
sus cuentas)
eran frecuentes,
y
alto el número
de obreros que
cambiaba por
efectivo
las
fichas
de la com_
pañía,
aun con el descuento,
con el fin
de trasladarse.i"i",
mecanismos
crediticios-y
de
pago,
que
buscaban
retener
a los
obreros y que
servian
también
al capital (24),
fueron
una fuente
constante
de inconformidad
laboral y
un blanco
de ras protestas
obieras
durante
todo
el
período.
Al moverse
de empleo
en empleo,
los
obrero.
ru*úu'uent*ia
de una
serie
de condiciones
estructuratós
eí la zona
d;üil;:
En el desierto
septentrional,
los
capitalistas
no podian
aprovechar
en forma
inmediata
una reserya
de trabajadores
desempleados
y
;i
p;;;r.
virtualmente
24' Por ejemplo,
el uso del vale y
la e¡tersión
del crédito hacia
innecesario
el envío
de grandes
sumas
de dinero en efectivo para pagar
las nóm¡.a"
"rr-la"
ñ;"
"t"üas.
Loa depósitos
sobre las herramientas,-que
usuarmeñte
*ur"pr""u"o
"r
jr-rr
ai-t TJun
obrero, genera-
ban' especintmente
en,las oficinas
st*a"q dportantes
cantidades
ae capitar
de operación
libre
de intere""t'
¡¡¡lment¿,
ras .á"tricciáir*
-rl
*-"o.¡o-ü""rJr
Jiát""t
de los traba- jadores
con buhoneroe
v
com"trir"t
" "o
ü; p"bL.il;á;ü;;;.t:""rrministr¡dq¡ss
¿¿
las oñcinas
con frecuencia
denunciaban
"
loi ¡Lorr-s
como fuentes
de información
sobre
las condiciones
en otras
oficina" y
"o"á""to.
¿Jdeas
radicales.
68
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
todas las actividades en el norte estaban relacionadas con el saütre
y
todas eran relativamente bien remuneradas. Los capitaüstas del nitrato,
individualmente o
por
conducto de la Asociación de Productores del Sali-
fi.e, se dedicaban a reclutar
personal en el sur de Chile dr¡rante los
perlo'
dos de expansión de la industria. A comienzos del siglo XX, tal como
ya
vimos, obtuvieron recursos del Estado
para
dicho empeño. Pese al éxito
de estos esfuerzos, no todo el mundo
poseía
el vigor o
podia
adquirir las
habilidades
para
varios empleos en la
producción
de salitre
y
los capita-
listas
jamás
consiguieron saturar el mercado laboral durante los
perío
dos de expansión. Si los trabajadores
no lograb'an asegurar un empleo sa-
tisfactorio en el norte, tampoco
podían
ser absorbidos
por la agricultura
o las actividades
urbanas marginales en esa región. Las
gentes
iban al
desierto del norte
para hacer dinero; si fracasaban, solían regXesar tan
pronto como era
posible
al lado de sus familias
y
amigns en el sur, en
donde !a vida era menos costosa
y
las condiciones más beniSnas.
Debido a
que la mayoria de los obreros del saütre eran varones solte-
ros, tenían más libertad
para protestar
contra condiciones de trabajo in-
justas
o intolerables
y
una rnayor voluntad de desplazarse
en busca de
mejores condiciones. Tanto las compañias como, más tarde, los recluta-
dores del
gobierno, trataron de enganchar hombres con familia. Dicha
politica
apuntaba explícitamente a amalrar al trabajador a la oficina
y
a
reducir el valor de su
principal carta de negociaciÓn, consistente en su
capacidad de desplazarse a otro lugar en
procura
de
pagA y
condiciones
mejores. A
pesar
de ofrecer incentivos de vivienda
y
transporte
Sratuito
para las
personas
dependientes
(termino que
abarca aún más
que
la fa-
milia nuclear), tal
politica solo tuvo un éxito limitado. La Asociación de
Productores del Salitre informó
que
en los
primeros
cinco a¡1os de su
operación de reclutamiento, entre 1901
y
1905,
había traido a 4.567 hom-
bres, ?51
mujeres
y
276 niños al norte. Sitckell
investigó cuidadosamen-
te la demograh.adel
norüe
y
concluyó
que
en
promedio
cerca de Ia mitad
de la
población
de Ias oficinas del salitre eran varones solteros
y
apenas
una
quinta parte
mujeres adultas. Así, toda la estructura demográfica de
las
provincias salitreras, en los
primeros
años del sieloXX, fue distorsio
nada, con más o menos dos hombres
por
cada mujer. La
preocupación de
los obreros del salitre
por
la compañía femenina
y la
g¡atificación
sexual
halló expresión en un rico vocabulario regional. Andar al
palo significaba
estar o andar sin mujer. Casarse se usaba sarcásticamente en el sentido
de dormir con una mujer. Hacer la cosita rica se referia al
placer
de La
cópula. Hacer el favor expresaba la decisión de una mujer de tener rela-
ciones sexuales. Los mineros empleaban el verbo tirar en el sentido de
copular
y
carhrcho
para
referirse a la virginidad de una mujer. Los bur-
deles eran simplemente salones. El verbo capotear significaba violar a
una mqier entre varior¡ hombres
(25).
En fin, las
proporciones
sexuales
en el norte
y
el estado de soltería de la mayoría de los obreros del saütre
contribuyeron a estimular de dos formas los desplazamientos laborales:
hicieron menos
giraves
las consecuencias de dejar un trabajo
y
obligaron
a los hombres carentes de compañía femenina a buscarla en otra
parte.
Aparte de lo intenso del deseo de desplazarse, lo
que
hacia
prácticos
los traslados era la naturaleza competitiva
y
difusa de la
producciÓn
del
saütre. Aunque la
propiedad y
la
producción
se concentraron con el
tiempo, ambas estuvieron relativamente dispersas a lo Largo del
perío
do
(26).
Incluso al final de la era del salitre, en 1928, cerca de 69 oficinas,
pertenecientes
a más de 34 compañías distintas, seguían operando. En
arlos anteriores el número era más alto: cerca de 53 estaban funcionando
en 1895, ll3 en 1908
y
un máximo de 137 en 1925. Después de la Prime-
ra Guerra
la cantidad fluctuó considerablemente: 125 en 1919
y
53 du-
rante la depresión de 1922. La mayoría de las oficinas empleaba, des-
pués
de 1900, a algunos cientos de obreros; solo al final del
período
una
que
otra empleaba a algunos miles. La existencia de numeros¡os emplea-
dos compitiendo entre sí en un mercado laboral estrecho abría el campo
para
luchar
por
mejores condiciones de trabajo
y
de vida,
y
limitaba asi-
mismo la capacidad de los
propietarios
de disciplinar a los obreros,
quie-
nes
protestaban,
incumplian las normas o se unían con sus compañeros
para
conseguir reivindicaciones.
La natr¡raleza difusa de la minería salitrera obedecía en
gran parüe
a
la
geología
de los depósitos de caliche, Düy dispersos
y
de riqueza
y
tamaño variados. Hasta finales de los años veintes, cuando l¡as nuevas
tecnologías hicieron
posible
el
procesamiento
de depósitos de baja
g¡a-
dación, las oficinas a menudo tenían
que
cenar o reubicarse tan
pronto
como los depósitos más ricos se agotaban. Durante los
periodos
de baja
demanda mundial
y
bajos
precios,
los
productores
marginales simple-
mente cerraban
y
abrían de nuevo cuando el margen de
ganancia
lo
per-
mitía. En ambos casos los obreros se encontraban temporalmente sin
trabqjo
y
se veían obligados a trasladarse en
procura
de empleo.
La dispersión de las instalaciones
productivas
condujo al rápido de'
sarrollo de redes de comunicación en La
pampa
salitrera. Los ferrocarri-
les salitreros
privados
se extendian
por
cerca de 860 kilómetros en 1887;
en 1905 dicha cifra se había duplicado. Senderos
para
mulas
y
luego ca-
25. And¡és SobeUs, Senblanz¡ del noÉe cüileno, Santiagp, f 956.
26. Las firmas
productoras
de salitre
por
valor de
nós
de un millón de
quintales
abarcaban el 9%
del total de la
producción
en 1913
y
3@o en 1f129. Ioa
produc.tores
de entft) 500 mil y
un miüón
aportaban el 21 % del total de la producción en l9l3
y
el 3?% en 1929. Iaa enpreeaa media¡as
que producfan
entr,e 100 mil
y
5OO mil
quintalee generaban
el62% de la
producción total en
1913,
pero
apenas el26% en 1929. Ios
pequeñoe productores contribu¡¡n aolo con el 8% de la
producción total en 1913
y
el 1Vo et 1V29. Stickell, "Migration and Mining l¿bor"
(Véase
tota22l,pp.22Ly 219.
70
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
rreteras
para
camiones, buses
y
automóviles unieron las oficinas disper-
sas entre sí
y
con los
principales puertos.
Los obreros usaban esta red de
transporte,
pero
hasta los años veintes muchos simplemente caminaban
en busca de trabajo en los buenos tiempos
y
de alivio en los
puertos
en
las temporadas malas. Los obreros saütreros tomaron
prestadas
muchas
expresiones de los trabajadores
portuarios y
maritimos, con
quienes
for-
maron estrechas alianzas
personales y
organizativas,
para
expresar su
sentido de constante movimiento en la vasta
pampa.
A las barracas de
las oficinas l¡as denominaban buques; dormir, se decía, era doblar el
asta-
Los obreros del salitre desarrollaro¡ una red inforrnal de comunica-
ciones de amigos,
parientes y
compadres a lo largoy ancho de la
pampa,
y por
medio de ella com¡mraban las condiciones en las diversas oficinas.
Pese a
que
las condiciones de trabajo
y
de vida, como veremos, no eran
buenas en ninguna oficina, la voz corria cuando mejoraban en alguna.
Los empleadores mantenían lo más bajos
que podían
los salarios
y
los
g;astos
laborales; no obstante, se veían impedidos a sobrepasar ciertos
límites minimos
y
eran mhy conscientes de la naturaleza competitiva del
mercado laboral. Los salarios en la región saütrera eran rel¡ativamente
altos
y
los obreros, especialmente los varones solteros,
podían
acumuliar
en
poco
tiempo suficientes ahortos como
para
buscar un empleo alterna-
tivo. Libres de obügaciones familiares, log obreros solteros
podían
em-
pacar
sus vestidos
y
herramientas a la menor
provocación,
tan
pronto
como se enteraban de mejores condiciones en alguna
parte
o simplemen-
te
por capricho. Ellas Lafertte captó todas estas ideas en un
pasaje parti-
cularmente luminoso:
"Por aquel tiempo, el fenómeno más caract€rístico de la
pampa
era
precisañente
el
de emigrar de una en otra oficina. Nadie echaba raíces en un sitio
y era muy dificil
hallar, somo ocurre en los campos, a
gentes que han envejecido en el mismo sitio.
No, los
pampinos eran
gente trashumante
y
vagabunda,
que no duraba mucho en la
migma ofrcina. Afortunadanente había trabajo abundante
y aunque las compañías
sabían a
quienes
se despedla
por faltas
gtaves,
a los simplemente inquietos no se les
negaba el trabajo. La gente
se iba
por quftame
allá unas
pajas. Las oficinas abrlan,
se cerraban, volvfan a abrirse. Los pampinos se cambiaban
por ganar
unos
pesos
más,
porque les interesaba una mujer en una oficina a varios kilómetros de distancia,
porque hallaban mejores alojamientos o
porque la comida era mejor en otra
parte.
Si
a alguien se le hubiera ocurido hacer una encueeta, seguramente se habrla asombra'
do de saber el número de oficinas
que cada
pampino
conocla. Yo misno, a los veinte
años, habla trabajado en una larga cadena de centros salitr€ros"
(27).
Los obreros del salitre expresaban colectiva-"ttÉ la dura realidad
del trabajo ciclico
y la limitada independencia de la movilidad
geográfica
en el termino
que
escogieron
para
la aetividad
que
dominaba sus vidas.
2?. Elias Lúfertte, Vida de ua conunistr, Santiage, f96f
,
pp.
388Ó.
CHILE
7l
un empleo,
decían, era
una
pega.
El sustantivo
viene
del verbo pegar,
que
en Chile suele
signíficar
,,adherirse
livianament
;
ti8l.
El deseo e incluso
la compulsión
de ros obreros
dL uprou".har
la
oportunidad
de trasladarse
en
procura
de mejores
"orrJi"iorr"s
materia_
les,
asi como de descansg
{sico
y
espiritual,
fu" ,rrr.
pod".oru
indicación
de la naturaleza
sev_era
del trabájo
i
tu curhulpZriri"
l" h vida en las
oficinas
del salitre.
Los trabajadores
luchaban
á aiurio
con las
condicio
nes que
agotaban
su salud
ffsica
y
mental y
amenazaban
su existencia
misma.
En tan corrosivas
circunsüancias
los
traUa¡áorés
desarrollaron
actitudes
e instituciones,
primeropara
hacerles
fdt"
tiu"so
para
cam_
biar las condiciones
de sus vidas (29).
r.a oficina
típica era
un
poblado
industriar
ruidoso,
contaminado y
malolienüe,
incongxuentemente
rocalizado
en la serena inmensidad
del
desierto
de Aüacama.
vista desde cierta
disüancia,
a la iu,
del dia, la ofi_
cina debia parecer
como
una mancha insienificarrtr
"n
l¡a vasüa
exüensión
de pampa
y
cielo que
la rodeaba.
De nocÍe,
"i;
";b;rgo,
ras luces
eléc-
tricas y
el estruendo
de los
trituradores
del caucrre po¿i'a
percibirse
des_
de
grandes
distancias
a través
del aire seco
del desierto.
Entonces,
aun
desde lejos,
la oficina proyectaba
una imagen
de
poder
e importancia.
El núcleo
de la oficina
salitrera
era la-máq"i;;pl";h
de
procesa-
miento,
un negro laberinto
metálico
de chimán"u.,-tit"iudores,
calde-
ras, grandes
tanques
de
procesamiento
y
bateas
de secado.
puü
o" o¡
avezado,
la pila
de escoria
detrás
de la máquina
revelaba
la edad de la
oficina.
Detrás
de Ia planta
de
procesamiento
estaba
el área
para
alma-
cenar carbón y'
cerca de alli, la
'naestranza
o cuarto
de máquinas,
donde
obreros
calificados
re¡araban
el equipo pesado
de
procesamiento
y
de
ferrocarril y
afilaban las herrami"üi
de mano
d" ús ;;eros.
un
poco
más
adelante
estaba
el cam¡ramentq
unas viviendas
en forma
de barra_
cas
para
los
obreros
de
producción;
y
aún más
uttu, ,"g¡"gadas
de las
edificaciones
de los
obreros,
las mejór
construidas
viviJndas
del
perso,
nal técnico y
los administradores.
La
parte
central
de cada oficina
tam-
bién contenia
la pulpería,
o sea, el almlcén
de la comp*iu.
eU,rnas
ofi_
cinas tenían
asimismo
un- restaurante y
un ¡a, mnej^aJo, por
la empre_
sa, donde
los solteros podian
tomar
su alimenta"ió;;G;ida.
otras dis_
28. Ariel Dorfua¡
p¿
srrmini¡l¡{
est€ últimoEatiz
de siga.ificado.
29' Aunque las descripciones
!e
la üda y
el trabajo
"o
lá p"-p.
salitrera soü nume¡oaaa y varia-
das, descubrl que
las siguientes
*atro fu"ot"e anteriornente
ait ¿"" fueron las
-Ás
útiles
para
la preparación
dg eata
geccitn:
h autobiograffa
d!
E
fas ¡rr"rtt"
tv!""e nota 2?); er me-
fl6¡16r66 nen¡¿r
para
fuüuroa empreearioa
a"r '"ritrg.ag
úp".
tür"il;
(véa.se
noüa Br; el
informe
de la comisión parlanentaria
sobre l¡s conocio¡ee
e;a"""tli¡t
dopor
s¡r¡¡
l,¡-
vaqui (véase
nota rl), y
l¡ dissrt¡ción inádita
a" *¡*"u
iiJ;;;rr): También rscurrr
a
ot¡o i¡forme parlanentario,
publlcado
como ooml¡il¡ pri"-"ot"ni"
"l!."a"
de egtudiar
l¡¡ nee¡id¡de¡
dc l'provirciar
de Terapacl y
Aatofag;b,
S""Urg", ióü.
J.i-..
E 9*¿"a' á
72
LOSTBABAJADORESENLAHISSORIA
ponían
de una escuela de un solo salón, a veces financiado
por
la admi-
nistración. Solo un¿s
pocas
contaban con capilla
Adentrándq¡e en la
pampa,
más allá de la
planta
de
procesamiento
y
las viviendas,
quedaban las reservas de mineral de la oficina
y
los dese-
chos de las áreas explotadas. Las operaciones de minerla involucraban al
grueso
de la fuerua laboral,
y
los salarios de los mineros constih¡lan alre-
áedor de la mitad del total de los costos operativos. La explotación del
salitre comenzaba con el trabdo del bareterq
quien
demarcaba una
sección del depósito cavando una cuadrícula de hoyos bien espaciados en
la superficie de la
pampa.
El caliche se encontraba usualmente
entre uno
y
treá metros bqio la superficie
y
en
gieneral
era necesario hacer volar el
luelo del desierto
para
sacarlo a la luz. Empleando una variedad de ba-
rras de hierro afiladas o en forma de cuchara, el barretero abrla un agp-
jero
a través del depósito,
lo suficientemente ancho como
para que
un
niño
pudiera
deslizaise
y
abrir una cámara en la roca debqio del caüóhe a
fin de colocar una carga explosiva. "Abrir" un depÓsito de caliche impli-
caba establecer una línea de avance
para
lueSo explotar una serie de car-
gas y
abrir un raio o trinchera. Entonces el minero o
parücular
entraba
en la trinchera
para
separar,
quebrar y
cargar el caliche en un carro de
mulas
que
lo transportaba a la oficina. Allí se evaluaba la calidad del
mineral antes de llevarlo al triturador. Entre tanto, el balretero,
9ü€
arudaba a varios
particrrlares,
avanzaba alspnos metros
y
cavaba una
nueva línea de huecos
paralela
al rqio. Tan
pronto
como el
particular
ter-
minaba de remover el caliche expuesto
por
la detonación
previa,
coloca-
ba cargas en los nuevqt agqieros
y
el
proceso
de excavaciÓn em¡rezaba
de nuevo. Tanto los barreteros como los
particulares eran dueños de
algUnas de sus herramientas
y
fieuraban entre loe obreros mejor
paga-
dos de la oficina. Sus ingresos eran a destqio, con niveles
que
fluctuaban
de acuerdo con la dureza del suelo
y
la dificultad en la extracción del cali-
che. Eran frecuentes las üsputas entre estos trabqiadores
y
la adminis-
tración en torno a las tasas de remuneración
y
a la calidad
y
el
peso
del
mineral enviado a la oficina. Tener éxito en el agotador
y peligroso
tra-
beio de balreteros
y particrrlares implicaba mucho conocimiento
práctico
y
considerable destreza en el manejo de los explosivos,
Pgco
fiables,
que
se fabricaban en la oficina
y
se vendían a los mineros en el almacén.
Niños de diferentes edades, a menudo
parientes
de obreros adultos,
desempeñaban
importantes
papeles
en el
proceso minero. Fuera de los
destrazadores,
niños entre 8
y
10 años de edad
que
cavaban las cárnaras
para los explosivos, estaban los matasap(F, un
poco
mayores'
que
a¡ru-
daban a los
particulares
a romper
pedazos
de mineral demasiado
gf,an-
des
¡mra
ser levantados
y
cargados. Jóvenes
adolescent€s trabqiaban
como herramenteroe, llevando las herramientas a lomo de mula. Ado
lescentes de más edad
podlan
cargar o conducir los canos, o empezar a
hacer el trabajo de minería de los adultos. Todos los obreros
que
trabaia-
CHILE
ban en operaciones de minería en la
pampa
abierta,
y
a
pleno
sol, los
asoleados, como Lafertte los denomina,
reciblan su
pago
a destqio.
El
procesamiento del caliche implicaba triturar el mineral, üsolver
en agga el nitrato de sodio
que
contenía
y
luego dejar
que
la solución
cristalizara
y
se secara en el aire del desierto. A este
proceso
básico,
ya
conocido
por
el hombre en tiempos
precolombinos, la oficina aplicaba
energla mecánica, combustibles
fósiles
y
una tecnologla
que
incremen-
taba enormemente
la eficiencia del
proceso
de disolución. El agua
y
el
mineral eran cocidos en una serie de tinas llamadas cachuchos. Las ope-
raciones en la
planta
de
procesamiento eran, no obstante, muy intensi.
vas en mano de obra
(30):
los paleros echaban el caüche a los trituradores
a mano, los ripiadoreeentraban a las tinas calientes después
que
el agua
se había secado con el fin de remover las escorias, otros obreros voltea-
ban el
polvo
de salitre
que
se secaba al sol
y
lo metían en sacos de arpi-
llera tejidos
por
mujeres
y
niños
Y, Por
rlltimo, los cargndores llevaban
los increíblemente
pesados
sacoc¡ de 139 kilos a los vagones
para
ser des-
pachados (31).
Casi todos los trabqiadores de la
planta
de
procesamiento
eran también
pagados
a destqio; la destreza
y
la dificultad de la faena,
así como la
producción
de la
planta
en su cor{unto, determinaban el
monto del salario. Los ripiadores, cuya tarea debía llevarse a cabo a
gran
velocidad
y
en condiciones de extremo calor, eran
por
lo
general
los me
jor
remunerados. La mayoría de las
plantas
de
procesamiento
trabqjaban
24
horas todos los días del ar1o, excepto el l8 de septiembre, fecha de la
Independencia de Chile. Los hrrnos eran de doce horas, con dos
y
media
reservadas a la alimentación
y
el descanso. En ocasiones los obreros de
la
pl¡anta, quienes generalmente
trabqiaban en cuadrillas encargadas de
tareas específicas beio la dirección de un cp¡pataz,laboraban un medio
h¡rno adicional. Stickell descubrió
que
dichos obreros con frecuencia tra-
bqiaban largas horas en auténticos arrebatos de varios días
y
luego to
maban un dia o más
para
descansar. La mayoría, sin embargo, trabqiaba
un
promedio
de más de seis días a la semana.
En la
pampa
los horaric de trabqio
y
la supen'isiÓn eran menos rígl-
dos
que
en la
planta, y
los
particulares
eran más o menos libres de ir
y
30. Senper
y Michels erplicaron: "Se ¡echazan de o¡din¡rio instdlcioD€s Eocánicas
qu€ e@n<>
mizan brazoo,
porque debido al ¡lto
p¡ecio
del carbén, no se obt€ndria ninguna economia rea-
pecto
al trabajo manual
y porque en el Desieilo las inEt l¡cionos complicadas
pueden
dar lu-
ga¡
¡
perturbaciones perjudicialee
¡ la ma¡cha del trabqio". U¡p,t¡ca¡on I¡ inte¡¡idad l¡boral
de las operacionee mineras en l¡ Eisms forma, añadiendo
que lr naturatreza exteneiva del
pro-
ceeo
y
la superfcie a menudo bland¡ del desierto dificultaban el novimiento de máquinae.
Véage L¡ induetria del ealit¡e
(en
la not¿ 3)'
p. 4?
y pp.
80'81.
31. Sempery Michels anot¿ron
que parte del é¡ito or$nizativo inicial de loe estibadorca de lqui-
que
se derivó del simple hecho de
que pocros obr,eros
podtan con el
peoo
de loa bultoe de sdi-
tre. Continúan afiroando
que
a conienzoe del
giglo
XX el
peao
de loo bultos fue reducido a 100
tilo.
lI¡
i¡duúir del selltrc,
p. 90). En l9(X, si¡ emba¡gp, uncmité de trabqiadorea ee que-
jaba
a los investigadorea
parlanentarioo que ninntn bulto
peaaba menos de 120 kiloe
y que
aleunoshasta 1ó0
(Sal¡sl¡vaqui,
Tltbtios,
p. 588).
?8
74
LOSTRABAJADORESENLAHIStrORIA
venir como
quisieran,
trabqiando entre siete
y
nueve horas diarias. Los
su¡rervisores se
preocupaban primordialmente porque
el caliche fuera
extraído concienzudamente. Cuando el mineral era de beia caüdad o difi-
cil de explotar, los
particulares
a veces deblan ser contratados con base
en un
jornal
diario. Seeún un estudio del
proceso
de trabqio realizado
por
una compañfa consultora francesa en 1930, los obreros estaleclan ni'
veles de
producción informales
para
una
jornada
laboral
y
un salario
jus'
tos. Cuando se introdujeron tarjetas registradoras
para
medir la hora de
entrada
y
salida de los trabajadores, éstog so[an dormir un rato eu las
trincheras con el
propósito
de no exceder tales niveles.
El
procesamiento
del saütre era tan
peligroso
como su extracción;
también era insalubre, desa8iradable
y
fatigoso. Los obreros tenían
que
debbtirse en medio del
polvo pentranente
de los trituradores, el fango
del
proceso
de disolución
(Lafertte
llamaba a los obreros de la
planta
de
procesamiento los embarradc), los vapores nocivos
y
el constante calor
de las calderas, las líneas de vapor
y
el sol del desierto. La maquinaria a
menudo estaba en rnalas condiciones de mantenimiento
y
las normas de
segpridad
y
mecanismos de
protecciÓn
casi no existían. Una comisión
parlamentaria
envirada en 1904 a invesügar la sitr¡aeiÓn en el norte halló
especialmente aterradoras las condiciones de seguridad
y
salud en las
oficinas viejas. Mientras
que los mineros resultaban heridos
primordial-
mente a causa de dem¡mbes
y
el manejo de explosivos de mala caüdad,
los
que
laboraban en las
plantas
mostraban tma alta incidencia de infec-
ciones
pulmonares y
con frecuencia eran mutilados o
quemados
al ope'
rar las máquinas. Los servicios hospita}arios
y
médicos eran muy escasos
en la
pampa;
en efecto, en toda la región del salitre solo exisüa un hospi.
üal en 1912. En dicho año atendió 1.026
pacientes,
326 de los cuales ha-
bían sufrido accidentes industriales. De estos últimos, 83 eran
particula-
rcs
y
44 ripiadores. La rnayoría de los
pacientes
eran varones solteros
entre los l5
y
los 40 años. Los accidentes laborales no se reportaban
y
eran atendidos en
primitivas
instalaciones en las oficinas. Los obreros a
menudo tenían
que
contribuir con un
peso
al mes
para
tales servicios,
mientras
que la compenÉ¡ación de las empresas
por
accidentes era un
hecho
poco
común. Los trabajadores organizaron muy
pronto
sociedades
de aruda mutua a fin de sostener a los afiliados enfermos o heridos
y
de
manera consistente se opusieron a la tarifa de un
peso que
la administra-
cióndeducía de sus salarios.'La necesidad de una seguridad mínima, en
especial
parrillas protectoras
sobre los cachuchos, figuraba entre las
pri-
meras exigencias colectivas de los obreros del salitre.
En sus horas libres los trabeiadores
podían
aspirar a muy
poco.
Vi-
vían confinados en las miserables viviendas construidas
por
las compa-
ñias. En el
período
inicial tales estructuras eran usualmente cuchitriles
sin ventanas hechos de
piedra y
escoria metálica. Más tarde, se hicieron
comunes las viviendas construidas con hierro cormgado, mas dichas edi-
CHILE
76
ficaciones brindaban muy
poco
aislamiento en los dlas abrasadores
y
las
noches frías del desierto. Varios obreros solteros ocupaban una misrna
habitación,
y
los
que
tenían familia
por
lo
general
eran alojadc¡ en es.
truchrras de dos alcobas. En el campamento las instalaciones sanitarias
se limitaban a unas cuantas letrinas colocadas al final de cada hilera de
casas. Los obreros tenian
que
comprar el agua, usualmente suministra-
da en barriles
por la empresa.
Pese a
que
la comida
y
la bebida eran más caras en el norte
que
en el
centro de Chile,
los salarios reales eran allí rnás altos. Los solteros, en
particuliar, que
no tenian
que pagar
alquiler ni alimentar otras bocas,
podían
ahorrar cantidades significativas de dinero. Los trabqiadores del
salitre se alimentaban
mejor
que
la mayoría de los obreros chilenos. Por
lo
general
consumían carne dos o tres veces al dla,
y
Semper
y
Michels,
científicos alemanes
que
estudiaron la industria en 1903, creían
que
su
dieta era superior a la de los obreros de su
patria.
Los trabqiadores del salitre dependian casi totalmente del ingreso
monetario
para
su subsistencia. Incluso a aquellos hombres con farnilia
les estaba vedada la
posibilidad
de cultivar una huerta, aunque alSunas
familias criaban
gallinas y
cerdos,
que podían
llevar consigo cuando de-
jaban
la oficina. A menudo las mujeres suministraban la aümentación a
los mineros solteros,
pero
casi siempre era
pohtica
de la empresa
prohi-
birles abrir una
pequeña
üenda o un bar. Todos los factores menciona-
dos contribuían al'nomadismo de los obreros. "No hay habitantes del
norte atados al suelo
por
la
propiedad
de casas, huertas u otras razones
que
constituyen el amor
por
un lugar determinado", escribió el
gerente
de la Oficfura Humberstone en 1915. "En corx¡ecuencia, un obrero no tie-
ne más razones
que
su conveniencia
para
f[jar su residencia en una u
otra oficina"
1321.
A
pesar
de las duras condiciones de trabeio
y
de vida en la
pamlm,
los trabqiadores se las arreglaban
para
llevar una rica vida social. Vlaia-
ban fuera de las oficinas
para
visitar a
parientes y
amigps,
participaban
en funerales
y
asisüan a reuniones
políticas
en los
puerüos.
En las
pe-
queñas poblaciones de la
pampa,
esparcidas a lo largo de las [neas f6
rreas cerca de l¡as
grandes
oficinas, bebían,
jugaban,
visitaban
prostihr-
tas, compraban
provisiones
a los comerciantes
y
discutían sus necesida-
des comunes
y
aspiraciones. Era en tales
pueblos
donde muchos tenían
acceso a organizadores sindicales, con frecuencia no admitidos en las
propiedades privadas
de las oficinas.
En las oficinas también se desarrollaron imporüantes instituciones
sociales. Lafertte adquirió
-muchas
de las capacidades
que
requeriría
como sindicaüsta en clubes de depor0e, teatro, música
y
danza. No sabe-
mos mucho acerca de-est6 clubes ni en
qué
medida
participaban
los tra-
32. CitadoenStickell,"Mi$ationand-i' i' 8labor"(Véasenot¡22)' pp.296-296.
76
TOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
bqiadores en las actividades mencionadas
por
Lafertte; sin embargo,
aunque muchas
parecen
haber sido inspiradas
por
la administración
y
dominadas
por
empleados de cuello blanco, algunas fueron claramente
impulsadas
y
controladas
por
los obreros.
Las sociedades de ayuda mutua, a menudo llarnadas fil¡rménicas en
Chile, se extendieron del centro hacia el norte del
país
en el siglo XD(
y
existían en muchas oficinas. En ellas los obreros se enseñabán a tocar
instrumentos musicales
y
aprendían a bailar. Algunas filarmónicas tam-
bién ofrecían clases nocturnas de educación elemental. El hanquilo de-
coro de estos oasis cultur:ales
que
los obreros creaban
para
desarrollar
sus mentes
y
habiüdades sociales contrastaba fuertemente con el am-
biente ruidoso
y
agotador, así como con la atmósfera estr,epitosa e incul-
ta de los bares
y
burdeles en donde buscaban escalmr de la dura realidad
de sus vidas. El alcohol estaba
prohibido
en las filamrónicas e incluso la
instrucción de danza entre hombres trascunía en un ambiente de
gran
seriedad
y
formalidad. En 1904, un compasivo
periodista
de clase media
reaccionó con una mezcla de condescendencia
y
asombro a su baile con
un limpio
y
bien vestido miembro de una filarrrónica. "Mi
'compañera'
era extremadamente ceremoniosa,
y
de tan fuertes músculos,
que
en vez
de llevarla
yo,
me llevaba
'ellia'
como una
pluma" (33).
Algunos de estos
clubes eran numeros(xr, con varios centenares de afiliados en l¡as oficinas
grandes.
Los obreros contribuian con dos
y
hasta cinco
pesos
mensuales
a los fondos de aruda mutua, administradm
por
las filarmónicas
y
los
clubes de deporte
y
teatro. Tales fondos se empleaban en el sosteni-
miento de miembros lesionados'o enfermos, el
pago
de funerales
y
el
apoyo a las familias de los obreros
por
un corto
período
luego de la muer-
te del afiliado
(34).
Las organizaciones de este tipo eran esencialmente defensivas. Va-
liéndose de ellas los obreros
procuraban
sostenerse espiritual
y
material-
mente en tan destructivas condiciones sociales de vida
y
trabqio. Muy
pronto,
sin embargo, los obrerqt empezaron a foimar instih¡ciones
que
buscaban cambiar su situación como clase. Dichas instituciones eran
bulliciosas, creativas
y
combativas,
y
dejaron una rnarca
profunda
en el
registro histórico.
LA ONGANIZACION OBRERA EN EL NORIE
En toda América Latina, los intentos de los trabqiadores de los enclaves
exportadores
por
organizarse
y
mejorar su sihiración económica
y
social
33. Selas hvaqui, Tlú.iorfféüemta ll],
p.866.
34. Una orgrnización obrera de Tocopilta sr¡minist¡aba c'uid¡do
y
tratamiento a miembros lesiona-
doo o eaferuos en unas in*¡l¡ciones
propia¡ que contaban con "vatiEE
cam¡s"
y por
el año
l9(X atendla ebudedo¡ & die¡
p*ientes d Dss.
CHILE
enfrentaron una virulenta represión oficial
y privada.
Las razones son
claras. Dada la importancia del sector exportador
para
la salud económi-
ca nacional, la organización obrera, con todo su
¡rotencial
para
reducir la
acumulaciónde capital,
paralizar
la
producción
en el sector más dinámi-
co e importante de la economía
y
detener el
principal generador
de in-
giresos
del
gobierno,
tenía
que
ser impedida. No obstante, en el caso de
la economía del saütre en Chile, durante el
perlodo
1880-1930, uno des-
cubre
que,
a
pesar
de lo brutal e intenso de }a represión, los intentos de
los obreros
por
organizarse, aliiarse con otros sectores de su misma clase
y
construir un movirniento sindical
y político
eapaz de ejercer una consi-
derable influencia en la vida
política
nacional, resultaron asombrosa-
mente exitosos
(35).
Como en otras economías exportadoras laünoamericanas, en Chile
los
primeros
trabqiadores
que
se organizaron
y
forzaron concesiones
por
parüe
de sus
patronos
no fueron los vincul¡ados directamente a la
produc-
ción exportadora, sino los de la infraestruchrra de transporte
que
había
crecido al servicio de l¡a economia de exportación
(obreros
maútimos,
portuarios y
fenoviarios). Generalmente éstos eran más calificados
y
gozaban
de una mejor situación
rttaterial que
la rnayoría de sus herrna-
nos de cl¡ase. Adernás, eshrvieron expuestos relativamente
pronto
a
ideologías radicales de la clase obrera. Pero en Chile, al contrario de lo
que
ocurrió en muchos
países,
estos obreros del transporüe en breve fue-
36. En egtE s€cción he r,ecurrido
primordiaünente
a I¡s siguiente¡ obra¡
publicadae:
Hernán Ra-
mtrez Necoche¡, Hborb del novlnlolto oblero, ¡lgb
rrr,
Santiagp, 19ó6, y
Origer
y
fornr
cüln del Partüo Gomn¡i¡t¡ de 6tlle, Santi¡Up, 1.966; Julio @sa¡ Jobot, "Movimiento eoci¡l
obrero", en Universidad de Cbile, De¡¡¡¡ollo de Ctlle en lr prlnen ntt¡d del ¡iglo II, San-
tiago,n.d., 1963;JulioCós¡¡Job€tetü,editore¡, Obne¡cbct¡¡dGI¡¡¡Emlltof,oc¡brr¡en"
Santiago, 19f2; hris Vitale, IIiCorh dcl nwlnlcnto obrero, Santiago, 1912; Mich¡el P. Mon-
teón, Ctlle ln the nihrte er¡, Madison, Wicconcin, lg82, y
Peter De
Shezo,
fJ¡'!¡¡ vorters
¡¡d l¡bor ¡nions ln Ctlle, ltüz-lfi¿7, Madiron, Wiaconain, 1S3. t¡ obra de R¡mlrez Neco-
chea, Jobet
y
Vitale está b¡sed¡ en
prenrpuedos
maristaE clÁsicos ace¡ca de la trayectoria
revoluciona¡i¡ de los obrcroo chilenoe; dmuegba la
g¡an
i¡Iluercia del novimiento obrero,
especialmente de loo trabajadorea del aalih,e, ea la bi¡toria chilena del aiglo XX. Pero debido a
que,
como sotüuve de ma¡era móa
geueral
en el Capltulo 1, talee
ptcsupueetoo
eatán amplia-
mente conoboradoc en la hi¡0ori¡ chilena
y
debido a
que
dichoe autores no ae
preocupan
de
loe patrores
difsroDtes de otroc nwimientoe ob¡e¡oc de Amóric¡ l¡tin¡, no con€ten estas
aupoeicionse a un ¡¡áli¡i¡ hidórioo crftico. I¡ obra de Monteón, a difere¡ci¡ de la mla, enfati-
z¡ l¡ cultu¡a
' 'trarlidon¡l ' '
de loc obreros y la élite chilenoe
por
igual
y
denigra de loa logroe
y
eatrateghs de la izquisrdE de Chile. I¡ refre*a¡te inveeti&ción prina¡i¿
de De Sbazo acerca
de loe anarquirtee enel moviniento obrero urüano sirrre como correctivo ¡ log inforoeg e¡age-
redoe del
papel
de loe tra\iadoree del salitre
y
de loo s(Eirlisto!,
¡re¡o
no puede
erplicar lo
que tan drádicamente distingue el movimioto obrero chileno de otr,os como el de Argentina,
en el que el anarquioo fue tambión fuerte.
Clariücando mi
propio
¡rEr¡nento, t¡mblfn b¡Iló de mr¡ch¡ utilid¡d la dicert¡ción de J. Sa-
nuel Valenzuela, "hbor mwement fomation and
politica:
lbe Ghilean a¡d trlench cas€s in
oom¡rr¡ative
per¡pective",
Columbia Univeraity, l9?9. V¡bnzuel¡ erplica la trayec,tori¡ iz-
quierdieta
del novüniento obr¡¡o chile¡ro e trar¡ée de loa edrecboe lsnteE de la eetructun polt-
tica y la teorla org¡niz¡cio¡al reberia¡a. $¡ argumento ss
¡n¡lir¡ q
¡¡ys¡ det¡lle en la nota
{s.
77
78
LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
ron nespaldados
por
los trabaiadores del salitre, a los
que
al
punto
brin-
daron apoyo. El resultado fue una institución, netamente chilena, forma-
da
por
l¡a cl¡ase obrera en los albores del sislo XX, la mancomunal
En
parte
sociedades de ayuda mutua, en
parte gnrpos
de resistencia,
en
parte
vehículos
para
la creación
y
extensión de la culh¡ra de la clase
obrera, las mancomunales respondlan a las necesidades
y
aspiraciones
de los trabdadores del enclave saütrero. Estas organizaciones crecieron
rápidamente en los
principales puertos
de h región salitrera en los
pri-
mercr añoe del sigloXX. Construidas en torno a núcleos de trab{adores
porhrarios y
con frecuencia dirigidas en un
principio por
lancheros, cuya
labor consistía en transportar los sacos de salitre en
pequeños
botes des-
de los muelles hasta los trasatlánticos, las mancomunales
pronto
incor-
poraron
artesanos, empleados de los servicios
porhrarios,
ferrocarrile'
ras
y
lc obreros del salitre
que
laboraban en la
pampa misma.
Las rnan-
comunales también se ex¡randieron hacia el sur
y
se convirtieron en or-
ganizaciones poderosas y
muy militantes en la zona carbonífera, cerca
de Concel¡ción. Todas las
tqancomunales
eran organizaciones regionales
que reunian obreros caüficados
y
no calificados de diferentes actividades
con el fin de unir recursos
y
coordinar acciones.
Las actividades huelguísticas de estas organizaciones miütantes han
recibido considerable atención en la historiografra laboral de Chile. Julio
CésarJobet,
por
ejemplo, ha elaborado un buen resumen de las huelgas
realizadas
por
las rnancomunales después de 1900,
que
culminaron con
la huelea
general
masiva de 190? en la zona salitrera
(36).
Esa huelga
terminó el2l de diciembre de ese año, en la masacre de lqr¡ique, la
peor
de la historia sindical de Chile. En virtud de
que
la huelea de 1907 expre-
sa de manera tan cmda
y
dramñtica la naturaleza de las
primeras
luchas
laborales de Chile
y
la importancia del
proletariado
salitrero en el desa-
rrollo del movimiento sindical
y
de la izquierda,
y
debido a
que
se convir-
tió en el símbolo de la lucha del
pueblo
chileno contra el capital extrarÚe-
ro
y
las fuerzas domésticas conservadoras,
ha inspirado un raudal de
artfculos
periodísticos, historias, novelias
y
hasta
partihrras
musicales.
La
masacre y
la represión laboral
generalizada que
siSUieron a la huelga
de 190? virh¡almente destruyeron la organización sindical efectiva en el
norüe
y pusieron
fin a la era de la mancomunal
propiamente
dicha. Muy
pronto,
sin embargo,
instituciones
estruchrralmente similares resurgie-
non en la
pampa y
en los
puertos
salitreros. Tales organizaciones tam-
bién realizaron huelgas,
pero
se concentraron aún más en las actiüdades
culh¡rales, ideológicas
y
orgAnizacionales
que
tan
imFortante papel ha-
bian desempeñado
en los esfuerzos de las
primeras
¡nancomunales. Es-
g6,
"I¡s
primerao
h¡cü¡s obrpra¡ en Chils
y la Cmr¡n¡ de lquique", en Toqu¡to ü Tella
(ed.),
Eúrc*o¡rs dDdc.lo!, Buenoe Airee, 19@,
pp. 67-67.
CHILE
tas
actividades,
así como
las
dramáücas
movilizaciones
huelguisü@s,
constih¡ven
el mavor
reeado
d" br -";;;;;-";;;ái*i'itr"to
a ra histo
ria laboral
chilena.
r,a mancomrrt
ar.¡"-as
l"groéüüu"",
organizacio
nes
obreras
duraderas
a nivel
¿e tari¡á;ü;;ñr
y
hacer
avanzar
los
intereses
der
proletadad;;hile;9.
IIir;
uuo-*e.
i-porüante:
ayudó
a
los
obreros
a forjar
"* "ó"""p"iOiindependiente
y
autónoma
del mun_
do que
los ¡odeaba.
Las actividades
culturales
y
sociares
de las
mancó¡riú*lrp
del saütre
han parecido
pili:f:T:.tFá-p¿"ti"u"
u .i"-rtil'qbsérvadores
de tiempos
más recientes
(gz).
p""o
uiorrés
de
"rür-""iiri¿ades
creativas
y
a menudo
experimentales,
los
obreros
del sarihe
ésanolraron,
aun_ que
en forma
incompreta
e impetfecta,
instrum;;t*
u',itorro*o,
de orga_
nización
v
socializac_ión
que
qiáLái";
"l
p;;ó;üiürruru
de ra
clase
dominanre
chilena.
L", or."io-u"ule"
t
ñ;;;ililorr""
que
tes
su_
cedieron
en el norte,
continuaron
y
ampliaron"rrrGrr"io"es
de ayuda
mutua
de las primeras
organizaciones
o¡ie;;:-tr;
uii^ü¿*
contribuían
a diversos
fondos para
sosüenerse
a si mismos;;;;l"
lesión
o enfer_
medad y para
paFar
los
costos
de f"..t."""*!"";1"";r"hs
legales.
Sus programas
de educación
for¡nar
incruian
cüse;;;;;,
de técnicas
elementales
y
de tejido p"o
1""
t""¡"res.
Algunas
,iáL".iones
fueron
más
allá y
constituyeron
cooperativas
de conɡumo.
El
gnrpo
socialista
de
Iquique planüeó
la audaz
¡¿ea
¿e u"a
coo-perativa
de
producción
y
consu_
mo y,
durante
seis
meses,
antes
de su
fo"r"o
¿"Uiáol
u* guerra
de
frTj:X?mnT*iosint€rnos,sumini"tiá-s,ai;;¿derp;;;;;;:
Muchas
actividades
se ha[aban
encaminadas
específicamenüe
a se cavar
los valores
cultu-rales
¿.
ü ,oi"áil;ñ.
#"É_*.
de teatro
abordaban
temas
expricitam"nt
ii!"ürr"T"
H;
Escritas
en
s'an
parüe
por
anarqu
isüas
españ
otes.
Actvi"tu"-"rrii"-riüt"orrta¡an
campa-
ñas
de
prensa
y
org¿¡¿uu""
rr""ioi"s
púbücas
y
debaües para
desacre_
ditar
a los
capiraül!.q,
, d";;lr;;;
conseryadores
y
a tra
lelesia.
Se aprovechaban
de laindiferen"l"
a" *"gi;:.
ñ;-#;lrlu..rrn
ra hispa-
na
frente
a la
activüad
reügios"
i"*r"l y
t"Á¡il"ár"ür*"ooi"rrtes
anti. clericales
sancionada"
"r
"T*rrá
¿"'L
*rtura
domi¡ilit"
"on
el fin
de estimular
a los
obreros
a desechai
*h-"tol*
d";ú;ffi;a
para
los pro
blemas que
afrontau"".
rui ru-¡oi
,ái".irüu"
;;;il'de
l¿
limirada
presencia
de Ia
Igtesia
en ta.pampa
*ut**áJ;;;;;
se
hmentaba
un comisionadoparlamentario,
tos
sacerdote,
;;"or,
"i"rl"t"
muy
esca_
sos".
Aunque
la mayoría
de ló
ti"Uai1g*9s
albergaba
algrin
sentimien_
to refuioso,
muchos
empezaron
a ¡¿i"uriái;'ilffiLmente.
una
37'
Tal era
el peso
de loe
atequea-oontra
el ¡ec¡baneni¡no
la¡zadoo
en el eeno
del
partido
comu-
trf
ÍjfiHil"ffiTff
1;1;tüüA"tt,a""ñr;;;ñ;séencr¡enrra¡'eah
LOS TRABAJADORES EN LA HIST]OBIA
mSer,
que
a comierzos del
presente
siglo contó a un
periodista que
ella
era devota de la Virgen del Carmen, al
preg¡ntársele por qué
no exponía
la
itttagen
de la Virgen en su casa, explicó
que
la tenía escondida "por-
que
si me la ven los otros, se burlarían de mi
y
de mi marido"
(38).
A diferencia de anarquistas
y
anticlericales, los socialistas minimiza-
ron la cuestión de la Iglesia
y qás
bien se concentraron en redefinir el
concepto de
patriotismo.
Aprovechaban el hecho de
que
los obreros del
salitre no tardaron en
percibir y
hacer énfasis en la dicotomía estruchrral
entre el capital extrarfero
y
la clase obrera chilena. La organización
obrera de Tarapacá,
por
ejemplo, recordaba en 1904 a u¡ra comisiÓn
par-
lamentaria
que
en el norte "el capital en 8u totalidad es extraqiero". El
capital foráneo, insistían, achraba de manera sistemática con "una
polí-
tica altanera
y provocativa".
A continuación ligaban sus intereses de cla-
se con la cuestión del bienestar económico de Chile en el futuro.
"Es ¡rr hecho
gue la
p"'np¡ salitral debe a Chile arln nuchoe millones de
pesos, que
es¡¡eran ser atraldos
y transportadoe al ertranjero, si u¡ra legistción
patriota no
pone reparo a los muchos desperfectos
que privan al trabdador de obtener la
parte
de egos caudales,
que
ernigran sin traba alguna
y
muy rápidanente del
país'
'
(39)
.
Los socialistas elaboraron
y
sistematizaron estas concelrciones
y
las
llevaron a sus lógicas conclusiones. En un debate con un
periodista
con-
sen'ador, en 1913 ó 1914, en Iquique, el líder del naciente
partido
socia-
lista atacó a los capitalistas británicos
que
controlaban la economia del
salitre
y
tildó de antipatriotas a lc empleados
públicos
corn¡ptos
que
se
oponían a los trabqiadores. Eran los obreros
quienes producían
la rique-
za de Chile
y
los ingresos del Estado; ellos eran los verdaderos
patriotas,
concluyó. Apoyado
por
una audiencia repleta de obreros simpatizantes,
el sociralista, segúnLafertte, "ganó" el debate
y
fue sacado del salón en
hombros de obreros
que
lo ovacionqban.
En su
p¡ensa,
en manifestaciones
públicas y
en las reuniones senra-
nales de organización, anarquistas
y
sociraüstas traducían su oposición
doctrinaria al capitalismo en términos
que
los obreros
pudiesen
entender
mediante su experiencia diaria. Hablaban del abuso del sistema de
pago
con fichas
y
lo relacionaban con los males de la
propiedad privada.
Abo
gnban por
la abolición de las clases sociales mediante la reorganización
de la
producción
en cooperativas controladas
por
los obreros. Los socia-
listas
propugnaban la nacionalización de la economía del salitre
y,
de
ulanera
mÁs
inmediata, la redistribución del ingreso mediante impues-
tos
progxesivos y prog¡arnas
de bienestar social. Tanto anarquistas como
socialistas destacaban
las cuaüdades espirihrales de una nueva sociedad
en la
que
el amor
y
la libertad
prevaleceúan.
El teatro
y
,las canciones
38. Sclas lavaqui, Trabric
lVóare
noüa I I
),
p. 867.
39. lbiü,
p.662.
revolucionarias
reforzaban
estos üemas y
se volvieron parüe
inüeglral
de la
mayorla
de los actos
públicos
organizados por
los militantes
de izquier-
da.
Las actividades políticas,
sociales y
culturales
se unían en torno
a la
Prenga
obrera,
una institución
clave en el desarrollo
del movimiento
la-
boral chileno.
Ello fue
parüicularmente
cierto en lquique,
donde los
sG
cialistas realizaban
funciones públicas
en el
gran
edificio.que
albergaba
su
periódico.
El núcleo
del
partido,
militantes
de amboe séxos,
viviá en
el mismo edificio.
Manejaban
su
periódico
como una cooperativa y para
pagar
las cuentas
se valían más
de ürabajos
de impresión po,
""órgo
que
de la
pubücidad.
La relación
entre el
periodismo
y
la á"su"ir;6"
laboral
se ve con cl¡aridad
en la canera
¿é nis Emiüo
Reca-barren,
ei
hombre que
emergió
a comienzos
de los años veintes como el más
gran-
de [der del movimiento
obrero chileno.
Tipógrafo
de
profesión,
"rr-1g0g
Recabarren llegó
al norte como
un
joven
liberal reformista
a fundar uno
de los
primeros
periódicos
obreros que
circuló
en la región
del saütre. su
experiencia
en las mancomunales
lo radicalizó y pasoll
resto
de su vida
fundando
y
editando periódicos
obreros.
.,Recabarren
tenia la compul-
sión de fundar
periódicos",
escribió
Lafertte, quien
editó varios
de ellos.
La lista de casi una docena incluye
El rrabaio
(Tocopilla,
rg0g-05t
ñi
Proletario (Tocopilla,
rg04-05), El sociatist¡
iposteriormente El Comu-
nista; Antofagasta,
tgt6-27)
y
Justicia
(santiago,
lgz4-271. u más siái-
ficativoy
de mayor duración
fue El Despertar
de loe Trabaiadores (If,ui_
que,
1912-27l.El nomb¡e_levela
su
propósito
fundamentai.
El Des;er-
tar, como los demás
periódicos
obreros
de la zona
del salitre, suministra-
ba a los obreros
de los
puertos
y
las oficinas
una fuente
al0ernativa
de
información,
una visión
üstinta der mundo.
sus
pásinas
estaban reple
tas de denuncias de inaceptables
condiciones
ae vi¿i y
de trabajo, intor_
mación sobre huelgas y
actividades
cultural"r y
.ociul"s,
trascri¡rciones
de texto,s de anarquistas
europeos y pensadoreá
sociales,
así como resú-
menes
de los más imporüantes
discursos
de activistas
chiienos que
ataca-
ban los valores
culturales y
el monopolio político
de la clase dominante.
Algunos historiadores
han concluido que,
dada la alta tasa
de analfa-
betismo entre los trabajadores
del salitre, el énfasis
de los primeros
acti_
vistas laborales en los periódicos
estaba
mal encamin¿do.
io no creo que
lo estuviese.
Muchos
obreros del salitre
sabían leer y
los miütantes
loca-
les leian
envozalta
a sus amigos
o trasmitíatr
"tr
r,ré
propias palabras
la
información que
habían
recogido
en la
prensa.
Debidb ai respeto que
se
les inculca
a las
personas
iletrada"
o
pobt"mente
educadas por
lapala-
bra escrita y por
aquellos que pueden
usarla, ,r*
pr"*u
obrera lierre
que
haber sido üambién
un motivo
de orgullo (40).
¿b' h mismo podrta
deciree de la vegtimeatá
de Recabaren y
de otror activietas, tan criticada por
Mont¿ón. No vesdan como
mineros del saütre sino, al óntt"tio
{con
la etcepción parciaf
de
82 LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
Asimismo,
por
medio de la
prerx¡a
obrera los miütantes ampliaron
contactos más informales entre los trabajadores de los
puertos
salitreros
y
sus amigos
y parientes
nómadas de la
pampa.
Establecieron redes de
comunicación
periodística
a lo largo
y
ancho de la zona. Los
periódicos
contaban con representantes en algunas oficinas
y
agentes viqjeros radi-
cales llevaban
periódicos,
voliantes
y panfletos
a las oficinas
junto
con
sus mercancias. Militantes como Recabarren se valían de tales contac-
tos
para
organizar frecuentes
giras politicas por
la
pampa.
Los obreros a
veces caminaban2S kilómetros o más
para
escucharle
y
aprovechaban la
ocasión
para
hacerse a
periódicos
radicales
y panfletos
en exhibición. En
los
primeros
años del siglo, activistas como Recabarren viajaban con fre-
cuencia a caballo, con sus
periódicos y
su literatura de izquierda atados
en la
parüe
trasera de la silla. A mediados de los años veintes, los vi{es
se hacían en automóviles
que
desplegaban
gtrandes
banderas rojas. Por
entonces las manifestaciones se llevaban a cabo en la
pampa
abierüa, a la
entrada misma de las oficinas más importantes.
Con tales métodos,
y
sin duda cúr muchos otros
que
se han
perdido
en el registro histórico, las instituciones obreras de la zona saütrera su-
ministraron
gradualmente
a numerosos obreros las herramientas cultu-
rales, las capacidades organizacionales
y
la confianza
para
comprome
terse en una acción colectiva encaminado a cañbiar sus vidas. La
pro
fundidad del compromiso variaba. Casi todos los trab{adores, como la
mayoría de l¡as
personas
en cualquier
parte,
trataban de evitar los sacrifi-
cios
y
riesgos de una
participación plena;
sin embargo, lo
que
distingue
la historia de los obreros del saütre de la del resto de la clase obrera chi-
lena
y
de otras naciones es
que
surgieron significativas
y
crecientes le
giones
de obreros comprometidos.
Una indicación irrecusable de la creciente autonomía culh¡ral de los
obreros del nitrato es la forma como reaccionaban los
patronos
del centro
de Chile ante los trabqiadores del salitre
que
contrataban durante los
períodos
de crisis de la industria. Las actitudes de los empleadores frerr-
te a los
pampinoe quedaron
registradas en lias
quejas
escritas
que
se
archivaban en la Oficina del Trabqio, la cual trató de reubicar a millares
de obreros salitreros en las obras
públicas y
en Ia agriculhrra después de
1914. Stickell eshrdió las carüas
y
descubrió
que
muchos
patronos
se
Iafertte,
quien
confeea su debüdad
por
loa eombreros finos), usaban modestoo vestidog
oscl¡¡os, indic¡üvos de educaclln y cultura. Cualquiera
que haya visto fotograflae de obreroe
de aquella época en manüestaciones
prlbüc¡g
sabrá
que todo obrtro
que podia
ge
vestfa asf.
Tratar de vestirse como un miemb¡o de la cla¡e media edr¡c¿da significaba afi¡ma¡ su
propia
dignidad. Se
pueden halla¡ buen¡s fuenteg
pa¡a
fotografias de movilizacionee obreras en el
norte en la colección "Nogotros los chilenoe", eapecialnente Patricio Manns, Ias
grandee
m¡sec¡es, Santiago, l9?2, y Mario Bahamond S., Pempinoe y ¡alit¡ero¡, Santiago, n. d, Véase
también Enrique Reyes N., El deaor¡ollo de b co¡cie¡ci¡
proletaria
en Chile
(el
cido e¡litre-
ro), Santiago, n.d.
CHILE 83
mostraban incómodos con los inconformes, asertivos
y politicamente
radicales obreros del norte. Seeún su testimonio, los nortinos tendían a
rechazar los acostumbrados aneglos en materia de sal¡arios, alimenta-
ción
y
condiciones de trabqio. Los
patronos,
con frecuencia, expresaban
temores de
que
La fuerza de trabqio local se contaminara
políticamente.
A medida
que
se enfrentaban a este
problema,
los burócratas de la Ofici-
na del Trabqio se hallaban ante un
gran
dilema. El temor a los desórde-
nes masivos los obligaba a llevar al sur a los obreros del salitre sin traba-
jo;
pero
darles empleo allí implicaba el riesgo de
que
la fuerza laboral se
contaminara. Y dejarlos en hostales del
gobierno
en Santiago significaba
la
posible politización
de los desempleados urbanos
y
la
posibüdad
de
una alianza entre los obreros radicales del salitre
y
los miütantes sindica-
les de la capital
(41).
Otro indicativo, aunque
más problemático,
de La creciente autonomia
culh¡ral
y
el inconformismo
politico
de los obreros del salitre es el
pode-
rio expansivo de los
partidos
reformistas
y
de izquierda en el norüe. Es-
tos
partidos
-radicales,
demócratas
y
evenhralmente socialistas-
hallaron más apoyo en el norte. Y
pese
a
que
la mayoría de los obreros
del salitre no
podía
votar
y
muchos de los
que podían
lo hicieron
por
can-
didatos izquierdistas radicales
y
demócratas, el Partido Socialista
(Parti-
do Obrero Socialista), fundado en Iquique en 1912, logró elegir seis con-
sejeros municipales en l9l5
y
dos diputados nacionales en 1921. Des-
pués
de esta fecha, hasta la represión de lg26
y
Lg27,la fuerza electoral
y parlamentaria
del Partido Comunista
(sucesor
del Partido Socialista) se
expandió rápidamente. Buena
parte
del éxito se derivó sin duda de
pac-
tos electorales con radicales
y
demócratas,
que
se suscribían en las loca-
lidades
para
ampliar el
poder
de cada
partido
en los diferentes distritos
electorales. No obstante, los datos comiciales apuntan a La existencia en
el norte de centenares de militantes mamistas hacia mediados de los
a¡1os veintes
(42).
Por supuesto, es dificil
para
los historiadores descubrir en forma di-
recta lo
que penɡaba
}a mayoría de los obreros del salitre acerca de sus
vidas
y
sus esfuerzof¡
por
mejorarlas. Aun en1927 elffiVo de los trabaja-
dores de la industria no sabía leer ni escribir. De todas rnaneras, a üfe-
rencia de sus antagonistas de clase en las oficinas, los obreros no
pc
seian ni la tradición culh¡ral de registrar sus
problenras y
esperarrzas, ni
el tiempo necesario
para
hacerlo. Lo
que
más se aeerca a las memorias
de un obrero del salitre es la notable autobiograffa de EIías Lafertte. A
diferencia de las elaboradas autobiografias de los hderes sindicales
comunistas en otros
países,
el libro de Lafertte no intenta convertir la
experiencia de sus
primeros
años en la
pampa
salitrera en un recuento
$ickell, "Migration and mining labor"
(Véaoe
nota 22), C. 4.
Arturo Valenzuela, Po[tic¡l brolere in Chile, I]urham, 1976.
41.
42.
84
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
ideal
y lineal de
progresiva
radicalización
y
creciente conciencia de cla-
se. Su obra es honesta, compleja
y
rica en detalles. Sin embargo, la auto
biografia de Lafertte fue el
producto
de un líder marxista de la clase
obrera, un hombre letrado
y
altamente
politizado.
En efecto, todos los
escritos de izquierda de la época del salitre están expuestos a una cútica
que
sostiene
que las actitudes
que
reflejan son las de una
pequeña
mino
úa, apartada de los valores culturales, las
preocupaciones
sociales
y
las
conce¡rciones
políticas
de la rnasa obrera
que pretenden represen-
t ar
(43).
Por ello es mejor dejar de lado
por
ahora esas fuentes, retroceder en
el tiempo a los comienzos del siglo,
y
abordar el
problerna
desde un án-
gulo
diferente, examinando lo
que los obreros realmente hicieron
para
mejorar sus vidas. Ya hemos discutido dos estratesias iniciales desarro
lladas
por
los trabqjadores de la
pampa.
Se desplazaban en
procura
de
mejores condiciones
y
organizaban sociedades de ayuda mutua
para
en-
riquecer su vida intelectual
y protegerse
a si mismos
y
a sus familias de
las fuerzas naturales
y
humanas
que
escapaban a su control. Ambas acti-
vidades implicaban un conjunto de valores culhrrales
y
actitudes
que
empezaron a distinguir a los obreros del saütre de otros sectores del
pre
letariado chileno, en especial de los trabdadores rurales, a
quienes
re
43. J. Samuel Valenzuela, "L¿bormovement formaüon", lleva este
punto
hasta el extremo. Para
él la trayectoria de un determinado movimiento obrero resulta de las estructuras
pollticas y la
concatenación de eventos
pollticos, producto,
a su vez, de la voluntad de los obreroe y los llde-
res
politicos. Ias impücaciones de dichag suposiciones
para el a¡álisis bistórico se revelan cla-
ramente en la forma como trata el areglo de una importante huelga ferrovia¡ia en 190?,
pp.
4L9-26. De acuerdo con su interpretación, la huelga fue un evento fundamental en la secuen-
cia
poütica que condujo a la masacre de lquique a finalea de ese año
y
al eventual eclipse de la
dirección moderada socialdemócrata dentro del movimiento obrero chileno. Tales eventoe
per-
mitieron
que llderes y pa¡tidos mós
radicdes e izquierdistae llenaran el "espacio organizati-
vo" creado
por
el surgimiento del movimiento obrero. Valenzuela critica a los lídereg refor-
mistas de la huelga ferroviaria
por
no baber t¡atado con fi¡meza
gufciente
de "vender" un
arreglo
"favorable" a las basesde huelguistas. Dicho arreglo,
que era mucho menoe de lo que
los huelguistas e¡igian
y
fue rechazado
por la mayorla, lo coneidera f¡vorable
porque en los
aüoe aubaiguie¡tes la tasa de cambio del
peeo
chileno con la übra esterlina eetablecida
por
el
acuerdo habrla mejorado loa aalarios reales de loe obreroe ferroviarios. Tal a¡gunento no eol¡-
mente es ahiatórico. Io nismo
que toda la obra de Valenzuela, asume
que Ia erperiencia
pasa-
da de los otrreros, sus actuales concepciones
y
sus expectaüivas futuras fueron relativamente
s€cundarias
para
el desenlace;
que los sacrificios
y rieagos agumidos
por los huelguistas
pue.
den medirse y compensarse en términos en
gran part€
económicos;
que los sentimientos colec'
tivos de los obreros
pueden ser fácilmente alteradoo por llderes inexpertos de una amplia
gama
de sectores
pollticos; y que los lfderes marzistas de la época no eetaban mejor equipados ideo
lógic¡ y polfticamente que Ios reformadores moderados
para asumir los riesgos impücitos en
p€rlraneser
en linea co¡ lae bases militantes. I.o explicación
que
da Vale¡zuela de la forma-
ción del movimiento obrero chileno corre
paralela con au tratamiento del caeo argentino,
pp.
3ffi9. Atribuye el cr¡¡ao fundanentalnente disüinto de la higtoria laboral argentina a un he-
cho
poütico
fortuito, el
golpe
de 19Í|0. Dicho evento no ee erpüca dentro del contexto de la his-
toriaeconómica
y eocial argentina de comienzos del siglo XX, ni ee rel¡ciona con el
problema
central, ütal
p¡ra
comprender l¡ formaclln del n¡vimiento obreto argentino, de las conple-
jae
causas del curso anómalo del deganollo histórico argentino deepué¡ de 1930.
clutaban de
preferencia
los capitalistas salitreros. A través de su culh¡ra
nomádica, los obreros del salitre aprendieron
que podían
rechazar condi-
ciones inaceptables
y,
dentro de ciertos límites, desafiar con éxito la
autoridad. Aprendieron, de igual modo, a confiar en sí mismos, en sus
amigos
y
en sus
parientes
en su búsqueda de una vida mejor. En las so
ciedades de ayuda muhra los trabqiadores se acostumbraron a unir es-
fuerzos
y
manejar colectivamente asuntos tan serios como la educación,
la salud, la enfermedad
y
Ia muerte,
que
ningln individuo
podía
contro
lar solo.
Resulta irónico
que
el
primer planteamienb,
J
el más colectivo, en-
contrara aprobación e inclusive estímulo
por parüe
de
propietarios y
administradores de las oficinas, mientras
que
el
primero, que
era indivi-
duaüsta, enfrentó la decidida oposición de los capitaüstas. Como
ya
hemos visto, los empresarios del salitre diseñaron esquenras de
pago y
de crédito
-trabqjo
a destqjo,
pago
mensual con fichas, depósitos de
herramientas
y
crédito en los almacenes de la compañía- con el fin de
restringir la movilidad de los obreros
y
el
poder
de negociación
y
desafio
a la autoridad
que
ella implicaba. Empero, estos esquenras administrati,
vos nunca lograron
plenamente
su meta. Es más, cada uno üendía a in-
tensificar el conflicto entre obreros
y patronos y
a transformar las exi-
gencias
individuales obreras en
protesta
colectiva. Y aunque las socieda-
des de ayuda mutua
parecian
canalizar las energías de los trabqjadores
haeia objetivos culhrrales
y
sociales inocuos
(a
tiempo
que
asumían
gran
parte
de la carga de bienestar social
que
más tarde el capital se vería for-
zado a costear), las habilidades
y
la confiranza en sí mismos
y
en los de-
más
que
los obreros adquirieron, les ayudaron a
prepararse para
el
momento en
que
empezarían a trabajar colectivamgnte a fin de superar
las condiciones socirales
que
amenazaban su sustento
y
amargaban sus
vidas.
Los obreros del saütre se comprometieron en acciones colectivas en
gran
escala
ya
desde 1890. Muchas de las huelgas de las siguientes cua-
tro décadas comenzaron como
protestas
espontáneas contra los
procedi-
mientos
que
determinaban el
pago,
los descuentos sobre las fichas
(o
la
tasa de cambio del
peso
chileno con la libra esterlina)
y
los
precios
o las
balanzas adulteradas de los almacenes de las compañías. Un historiador
calificó estas
quejas
de los obreros como expresiones de un "liberaüsmo
enfurecido", mas lo eran solo en un sentido superficial. En Ia fatídica
huelga de 190? los obreros exigían la abolición del sistema de vales
y
la
reducción inmediata de fichas, sin descuento, en todas las oficinas. De-
seaban asimismo
que
las fichas fuesen cambiadas a una tasa superior a
La tasa de cambio internacional oficial de las libras esterlinas
y
los
pesos
chilenos. Pedían también "übre comercio", mecanismos adecuados de
seguridad, escuelas nocturnas
g¡atuitas y
dos senranas de
preaviso para
los obreros en caso de despido
por
cualquier razón. Por último, la lógica
86
LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
de su
protesta
los condujo a exigir inmunidad
para quienes
estuvieran
comprometidos en la acción colectiva, así como reconocimiento legal
y
público
de las organizaciones
que
habían formado
para presionar por
sus
demandas.
Cada una de estas exigencias, sin embargo, entrañaba un desafio a
los
principios
liberales de La empresa capitalista
y
a los arreglos específi-
c(x¡, a menudo no tan capitalistas,
por
medio de los cuales los
patronos
buscaban reforzar su control
y
explotación de la fuerza de trabqio en la
región del salitre. El intercambio universal
y
sin descuento de las fichas
por pesos
chilenos a una tasa
preferencial
no solo amenazaba un impor-
tante mecanismo utilizado
por
el capital
para
mantener en la
pampa
a la
fuerza laboral
y
socavaba el recurso de la inflación
para
disminuir los
gastos
del capital en salarios, sino
que
violaba también el
principio
übe
ral del
patrón
internacional de oro. El libre comercio en la
pampa ponía
en
peligro
la capacidad de los capitalistas de recupenar, a través de Ios
alrnacenes de las empresas,
parte
de sus
gastos
en salarios. También
negaba al capital, como declaró el
presidente
de la Asociación de Pro
ductores de Saütre ante la Comisión Parlamentaria de 1912, "el sagrado
derecho de
propiedad que
nos concede la Consührción Política". Este
documento, explicó, reconocía el derecho de los capitalistas a ejercer
"pleno dominio
[en]
nuestras
propiedades".
Los mercaderes itineran-
tes,
que
vendían ücor, se dedicaban a la
propaganda
subversiva
("a
Io
cual son muy dados") o intentaban son͡acar a los obreros de las oficinas
hacia otros empleos, debian ser tratadut con dureza
y
expulsados de las
oficinas. Pese a
que para
los capitalistas resultaba diffcil negar
púbüca-
mente l¿
irnportancia
de aparatos
para
evitar los accidentes industriales,
la capacidad de los obreros
para
decidir dónde
y
cuándo debían instalar-
se amenazaría la supreura autoridad de los
propietarios
de decidir la
mejor forma de invertir su capital'y dictar la manera como se debia orgn-
nizar el trabajo. En cuanto a las escuelas, éstas
podrían
suministrarse a
discreción de cada empleador,
pero
en realidad eran
problema
del Esta-
do,
y
no de la empresa
privada.
Finalmente, la insistencia en la inmuni-
dad de los huelguistas
y
el reconocimiento de las organizaciones obreras
desafi¡aba el más fundamental de todos los
principios:
la
"libertad
de
trab4io",
que
los capitalistas interpretaban como su exclusivo derecho a
comprar fuerza de trabqjo en el mercado
y
contratar como les
pareciera
con cada individuo
por
separado.
La lógica anticapitalista de lo
que para
una mentalidad de mediados
del siglo XX
podria parecer
como aspiraciones überales era inexorable.
Los capitalistas de inmediato se dieron cuenta de lo
que
estaba en
juego.
Rehusaron
hacer concesión alguna
por principio.
Trataron de romper las
organizaciones obreras a toda costa. Se valieron de espias
y
establecie
ron listas negras. Impedían la entrada de los obreros a las oficinas. Y
cuando todo esto fallaba acudían a las fuerzas del Estado
para proteger
sus intereses. Los carabineroe, la fuerza de
policia parcialmente
finan-
ciada
por
los capitaüstas del salitre, se ocupaban de las
protestas peque-
ñas, rompiendo huelgas,
allanando la
prensa
obrera o encarcelando
a los
obreros militantes.
Cuando la
protesta
se desbordaba y
la
poücía
no
pe
día manejarla,
se recurría
al Estado a fin de
que
transporüara a cientos
de trabajadores
fuera del norte o enviara el ejército
y
Ia marina
a "resta-
blecer el orden".
una
y
otra vez la fuerza
púbüca
cumplió dicho cometi-
do masacrando huelguistas,
en ocasiones decenas
y
centenares, y
al
menos en una oportunidad, de acuerdo con la izquierda, millares.
Poco a
ptro, quizá,
numerosoÉ¡ obreros también empezaron a com-
prender
lo
que
sus [deres anarquistas y
socialistas ya
sabían. sus mo
destos esfuerzos por
mejorar su situación contenían
principios
radicales
que
amenazaban las bases de la empresa capitalista. Diso
,.quiá",
por-
que
dados los inmensos riesgos implícitos en la
protesta
colectiva, los
obreros, asi como sus líderes, tenían
que
ser cautelosos
y prácticos.
In-
dependientemente de lo
que pensaran
acerca de las implicaciones
de sus
exigencias, debian envolver sus aspiraciones, inherentemente radicales,
en el lengude liberal de la cultura dominante. Tenían que
conseguir lo
que pudieran
sin
perder
sus trabqios, su übertad personal
o sus vidas.
Aunque los obreros
gradualmente
lograron concesiones en las oficinas
mediante acciones de
protesta
individuales y
colectivas, el
grado
de re
presión
al
que
estuvieron expuestos a lo largo del
período
talvez desco
razonb a muchos.
Pero radicahzó a muchos otros. El único documento
preparado por
una organización obrera
que
fue
publicado
en el informe
de la comisión Parlamentaria
de 1913, decl¡araba que
cinco minutos
de
descargas de fusilería aprobadas oficialmente en contra de los
pacíficos
huelguistas
de Iquique en lg0?, habían hecho más
para
destruir su
pa-
triotismoy su respeto por
lla autoridad
gubernamental
que
.,medio
siglo
de
propaganda
sistemática de mil anarquistas" (44).
A
pesar
de la fuerza atrincherada y
la atracción sutil
y
constante de
las concepciones liberales, así como el considerable riesgo que
significa-
ba
parücipar
en la
política
de izquierda,
cantidades significativas
de
obreros salitreros se volvieron anarquistas y
socialistas. Lo hacían por-
que
tales ideologias
anticapitalistas
coincidían con su
percepción
del
mundo y
ofrecían soluciones significativas
a sus necesidades y
aspiracio
nes
personales.
La sociedad en el norüe estaba dividida en dos cliases,
claramente distinguibles.
Una mandaba, la otra trabqjaba.
Una era rica,
la otra
pobre.
No sol¡amente eran l¡as clases étnica
y
culturalmente
distin-
tas, condición que
también se daba en la agriculh¡ra
y
la industria
chile-
nas, sino
que
el capital era extranjero, a tiempo que
la fuerza de trabqio
era chilena. En el norte el capital explotaba sistemáticamente
al trabqjo,
'14.
El informe de la comisión so cit¡ en l¿ not¡ 29; las citas reproducidas aquf
y
aüróe son de laE
pp.
8l€2 y 13?.
88
LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
como lo sabia cualquier obrero
que
hubiese valorado equivocadamente
su caliche, cambiado fichas con descuento, visto a un amigo mutil¡arse
con una máquina insegura o
pagpdo precios
exorbitantes
por
articulos
mal
pesados
en el almacén de la compañia. El capital
y
el trabajo habian
trabado una lucha sin fin en la cual el capital, asistido
por
el Estado, no
daba cuartel. Los obreros sabían
que
dependian totalmente de la ven'ta
de su fuerza de trabajo; ellos
y
sus familias no tenian cómo sostenerse
durante }as depresiones de la industria. Cualquier avance tendria
que
sobrevenir
por
medio de la
propia
acción colectiva. Los obreros
pdían
buscar mejores condiciones en los buenos tiempos,
pero
ningún capita-
lista los iba a sostener en los malos. Comisiones
parlamentarias eshrdia-
ron las condiciones
y
los congfesistas debatieron reformas,
pero
la situa-
ción en la región salitrera cambió muy
poco.
A fin de cuentas, el capita-
lismo era irracional. Un mes habia demasiado trabajo; al siSUientb, mi-
llares de obreros estaban desempleados, sin vivienda, totalmente de-
samparados. Mas el capitalismo
no solo era malo
para los trab4jadores;
era malo
para
Chile. Los extranjeros se alzaban con la irremplazable ri-
queza
del
país,
con enonne beneficio
para
sí mismos. Muy
poco
de lo
que
los obreros observaban en el enclave
pdia
decirse
que
contribuía al
bienestar de la nación.
Era en torno a este úlümo
punto,
asi como al
problema
de la acción
política por
recabar el apoyo del Estado
para
atender las necesidades de
la clase obrera, donde chocaban las ideoloelas anarquista
y
socialista'
Mientras los anarquistas
insistían en la unidad mundial del
proletariado,
los
primeros socialistas chilenos eran más
propelrs¡os
a enfatizar la uni-
dad entre l¡as aspiraciones de los trabajadores
y
las de otros chilenos
pa-
triotas. Dicha
posición permitió
a los socialistas aprobar la colaboración
con sectores
progtresistas
de otras clases en esfuerzos
por
mejorar la si-
tuación de la clase obrera
(45).
Los socialistas se aliaban en coaliciones
electorales con
partidos que
tenían aspectos
reformistas
y
nacionalistas
en sus
progralnas.
Buscaban
promover
soluciones legislativas
para
los
problemas de la clase obrera a nivel nacional. Por muy antitéticos
que
fueran la ideología
y
los
programas
socialistas
para
los
privilegios
de la
clase dominante, sus tácticas electorales les
permitían poner
aI servicio
de los
propósitOs
de la clase obrera l¡as normas sancionadas
por
la cl¡ase
dominante. En los años veintes la estrategia sociaüsta
parecia
a los obre-
ros chilenos mucho más efectiva
y
mucho menos
peügrosa que
la actitud
intransigente de los anarquistas.
Loe anarquistas se oponían inexorablemente tanto a las solicih¡des al
Estado como a formar
partidos politicos para
competir
por
el
poder
esta-
45. Esto es cierto
pese
¡ l¡
prohibicltn de realizar
pac'toa con
partidos "burgueeee" contenida en
la
plataforma del Pa¡tido Obrero Soci¡ligta en 19f2.
Quid
dichs
prohibicióu era un vano inten-
to
por
coniener lo que ya
era uno tcndencia lógica, dadás la estrategi¿ electoral
y
la
poaición
ideológica
gobre
el patriotismo en el eeno del
partido.
tal. Proceder así significaba legitimar el Estado capitalista
y
loe métodos
electorales de
que
éste se servía
para
vaüdar su monopolio sobre el
po
der
político.
Dado el hecho de
que
muchos mineros del salitre eran
prG
pietarios
de sus herramientas
y
conservaban un control significativo so
bre el
proceso
de trabajo, el énfasis de los anarquistas en la übertad indi.
vidual
y
la acción espontánea de las bases hallaba una audiencia natural.
Aún más, debidoa
gue
la mayoría de los mineros no
podía
votar,
y
a
que
abusos electorales como el fraude
y
la compra de votos estaban muy di-
fundidos en Chile a comienzos del siglo XX, no resulta sorprendente
que
los anaryuistas fueran inicialmente más fuertes
que
los socialistas en la
zona del saütre. Fueron los anarquistas,
por
ejemplo,
quienes
dirigieron
la
gran
huelga de 1907. Pero la represión sistemática
y
el fracaso rel¡ativo
de la acción directa, sumados al creciente éxito de la organización sindi.
cal
y
las estrategias electorales socialistas en los años veintes, llevó a
que
lentamente la influencia anarquista cediera el
paso
a Ia de los mü-
tantes socialistas
(46).
Si en el norüe el capitalismo hubiera conducido a un desarrollo econ&
mico diversificadoy al surgimiento de una compleja estructura de clases
intermedias; si hubiera
patrocinado
el aumento de los ingresos reales y
una
general parüicipación
de los obreros en la
propiedad,
l¡as nociones
liberales habrian
podido
ejercer una atracción más consistente. Los
obreros iban al norte a hacer dinero
y
a mejorar su
posición
en la vida.
Sus aspiraciones individualistas eran estimuladas
por
el sistema de
pago
a destqjo
y por
los valores dominantes de la sociedad chilena. Pero la
economia exporüadora del saütre no llevó a la acumulación de capital ni a
una economia diversificada en el norte. Las
ganancias
se remitian al ex-
terior o se üstribufan en el sur a través del Estado. Todas las comisiones
oficiales
que
visitaron el norüe concluían
que
muy
poco
de ese dinero se
invertia en mejoras en las
provincias
salitreras. Incluso en los
grandes
puertos
de la zona
que
albergaban las mansiones de los ricos
y
los lqjo
sos clubes sociales de la comunidad extrar{era, los servicios
púbücos
como el acueducto, el alcantarillado, la asistencia médica
y
el sistema
educacional eran crasamente deficientes. En las oficinas los ahorros de
los mineros no
podian
invertirse en
propiedades.
Las oportunidades de
educación eran exiguas. Las crisis
periódicas
de la industria consumian
los ahorros de los obreros
y
los dejaban desamparados, desempleados,
víctimas de fuerzas económicas
que
escapaban a su control.
46. I¡ inlluencia anarquieta fue mucho máa perdurable,
eapecialmente entre loe a¡teeanos de los
egtablecimientos nanufactureros de Santiago. En varias induetrias, en particular
en Ia de
zapatos, los anarquistas lograron crear organizaciones muy efectivas a nivel de
planta.
Aun-
que los
gocialistas
tuüeron algunos éxitoe organizando obreroe tefileros, de los tranvfas y
de
la construcción, los anarquistas
predominaron
en el movimiento obrero urbano hasta el final
de la era del ealitre, cono I)e Shazo lo ha denoatrado con tanta eñcacia. J. Samuel Valenzue-
la, en "Iabor movement fomation", elabora las impücacionee poltricas
del contragte entre la
organizacióD efectiva a nivel de
planta
en los sector€a de la minerla y
la i¡dust¡i¡ manufactu-
rera en Chile.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
Es cierto, como sostiene Stickell,
que hacia los años veintes las condi-
ciones de vida
y
trabeio en !a
pampa
habían mejorado, especialmente en
las oficinas
grandes y más recientes. Pero es improbable
que
las mejoras
cambiaran significativamente
las oportunidades
estructurales disponi-
bles
para
aquellos obreros con ambiciones
individuales. Sea como fuere,
las mejoras llegaron demasiado tarde. AlSunos trabajadores
ya
habían
desarroll¡ado una vigorosa
y
autónoma concepción del mundo
que
com-
peüa
exitosamente con la dominante
liberal. Los lideres anarquistas
y
Áociaüstas habían
puesto
a
prueba
su compromiso
y
su valor defendien-
do los intereses de la clase obrera a lo largo de tres décadas de represión
sistemática. Es más, los avances en la situación de los obreros se eviden-
ciaron cuando la economía exporüadora dejÓ de crecer
y
empezó a experi-
mentar Las violentas convulsiones
que radicalizaron todavía más a los
obreros
y
culminaron con el virtt¡al colapso de la
producción de saütre
después de 1930. Por último, La mayoria de Las mejoras sobrevino
en los
añoi veintes como resultado de la acción directa
y
la
política miütante de
institueiones
y partidos
nacionales de la clase obrera. El más importante
de estos órganos del movimiento obrero estaba dominado fisica e ideolG
gicamente por
líderes socialistas cuya base de
poder radicaba en el nor-
te. Dichas instituciones desempeñaron un importante
papel
en la insur-
gencia
de los obreros del salitre
y
el transporte, así como de trabaiadores
urbanos, estudiantes
y
empleados, en el
período que
siSpió a la Primera
Guerra Mundial. La insurgencia obligó a la clase
gobernante
chilena a
hacer concesiones
y
a adoptar una nueva estrategia de control laboral.
Enl924, a costa del dermmbe
total del sistema
político, la cl¡ase
gober-
nante chilena fue la
primera
de Suramérica
en abandonar
la fracasada
politica
de simple represión fisica de los obreros organizados' Trató, en
óambio, de contener el
potencial revolucionario de los obreros
por
medio
de mecanismos
legislativos, integrando sus sindicatos a la vida institu-
cional de la nación. Es a esta historia extraordinaria
y
a sus imprevistas
y
trágicamente irónicas implicaciones
para
la vida del
país
a |as
que pasa-
mos ahora.
CRIS"TAUZACION
DE TTN MOVIMMNTO OBRERO MARXIS1TA
Las fuerzas económicas e ideológicas desatadas
por
la Primera Guerra
Mundial afectaron
profundamente la fort"aleza
y
orientación de Ios movi-
mientos obreros nacionales en todo el mundo. El conflicto
por
la domina-
ción mundial entre dos bloques de
Srandes
potencias
capitalistas indus-
triales estimulóuna enonne demanda de máquinas, municiones, alimen-
tos
y
materias
primas.
Los obreros sacaron ventaja de las condiciones de
pleno
empleo
y
las organizaciones sindicales se expandieron
rápidamen-
ie. Con el armisticio de 1918
la contenida demanda civil hizo subir los
precios
con rapidez. Los salarios reales
quedaron
ala zaga
y
los obreros
91
respondieron
esgrimiendo
su recién
adquirida fuerza organizacional y
desencadenando
una oleada de huelgas
sin
preeedentes
por
su alcance
!
poderío.
Hacia 1920, sin embargo, la desmovilización
bélica
y
la decli-
nante demanda
de los consumidores
hundió la economía
capitalista
mundial en la depresión. A medida que
se extendía
el desemjleo, las
organizaciones
sindicales
a lo largo y
ancho del mundo perdieron
fuerza
y
su capacidad de lanzar huelgas
eficaces entró en declive.
La
guerra
que generó
estas tendencias
económicas
también minó los
fundamenüos filosóficos liberales y,
entre los obreros
,
ref.orzó las ideolo
gías
anticapitalistas
de Ia izquierda.
La
guerra
alz6 el telón
para
el es-
pectáculo
de las principales potencias
capitalistas,
esencia de la
,,civili-
zaci6n" occidental,
dedicadas
a movilizar
sus sistemas políticos
libera-
les, su nueva ciencia, su tecnología y
su
poderio
industrial para
aniquilar
a sus adversarios.
El comienzo
de la lucha en Europa creó una crisis
polí-
tica e ideológica
en el seno del movimiento
obrero mundial.
l,a unidad
del
proleüariado
se rompió
en virtud de exigencias y
lealtades
naciona-
les,
en especial entre los partidos
socialdemócratas
áe h Segunda Inter_
nacional.
Sin embargo, la
guerra
también permitió
que
en Rusia se con-
solidara la
primera
revolución
socialista.
A medida que
socavaba las con-
cepciones liberales,
el conflicto mundial
suministró
a los marxisüas
den-
tro del movimiento obrero, incluidos inicialmente
los anarquistas, inspi-
ración ideológica y
renovada
confianza en su capacidad
de forjar un fuiu-
ro socialista.
Tan volátil mezcla de condiciones
económicas
favorables y
fuerzas
ideológicas positivas
en la inmediata posguerra
se tradujo
en una masiva
movilización
de Ia izquierda.
creó la conce¡rción,
compartida igualmente
por
los llderes obreros radicales y por
la clase gobernante,
de que
Iarevo-
Iución social era inminente.
A medida que
los
grupos
revolucionarios
en
el seno del movimiento
obrero expérimentaban
nuevas formas de lucha
para
alcanzar dicha meta, las clases dominantes buscaban nuevos meca-
nismos para
alejarla.
chile, mucho má,s
o¡re
cualquier otra nación
suramericana, participó
de este drama mundial
de
guerra y
movilización
obrera.
su.economía
exportadora
de saütre, como ya
vimos, se vio íntimamente
afectada por
los
cambios en el comercio, la demanda
y
la innovación
técnic" qo"
-g"-
neró la contienda. Luego de la severa depresión de lgl4
y
lglb, ia pio,
ducción de salitre alcanzó un tope récord en el
perlodo
de 1916.a létg,
para
luego
caer en la desastrosa depresión de lglg-1923. En términos
de
las fluctuaciones
en la demanda
de trab4jo,
de la inflación
de
precios
de
la posguerra y
de la duración y
severidad
de la depresión, la economía
chilena
fue lesionada por
las
fuerzas económicas mundiales
más seria-
mente que
la de cualquier otro país
de Suramérica.
Debido a la estructura
de la economia
exporüadora
de Chile
y
al rela-
tivo
desarrollo del
pensamiento
anticapitalista y
las organizaciones
obre-
,f¿¿-..
8. %*¿-a- -1,
92 LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
ras, las fuerzas ideológicas desatadas
por
la
guerra
afectaron la vida
po-
lítica
y
el movimiento obrero de manera más
profunda
en Chile
que
en
cualquier otra nación del continente. Es difrcil, sin embargo, cuantificar
esta influencia. En la üteratura sobre Chile son muy discutibles las esta-
dísticas sobre actividad huelguística
y participación
en sindicatos
y parti-
dos radicales,
por
incompletas
y poco
confiables. Sin embargo, todos los
estimativos concuerdan en
que
una oleada de huelgas de
proporciones
sin
precedentes
envolvió los
principales puerüos y
ciudades de Chile
y
Ia
zona saütrera después de 1918
y
alcanzó su méximo auge a fines de 1919
y
comienzos de 1920. Los afiliados
que pagaban
cuotas en sindicatos
y
partidos políticos
de izquierda
probablemente
aumentaron varias veces
en las
postrimerías
de la década de los diez
y principios
de los veintes.
Mucho más importante
que
las cifras absolutas de tales activistas,
que
hacia 1920 bien
pudieron
llegar a 20 mil más o menos, eran las masas de
trabajadores diez veces más
grandes, que
fueron movilizadas
por
los
militantes organizados en manifestaciones
públicas y
huelgas
generales
en la época de
posguerra (47).
Todas las organizaciones obreras anticapitalistas crecieron en tama-
ñoy ampliaron su influencia sobre sectores del movimiento laboral chile-
no durante el
período.
Los socialistas dominaban las organizaciones
obreras en la región del salitre, los anarcosindicalistas
predominaban
en
Santiago
y
la rama chilena de los Trabajadores Industriales del Mundo
(Industrial
Workers of the World, fWW legó a ser
preponderante
en el
puerüo
de Valparaiso. Cada
grupo
ejercía, no obstante, considerable in-
fluencia en el área del movimiento obrero dominado
por
los otros. Y aun-
que
anarquistas, socialistas
y
sindicalistas com¡retían entre sí
para
ex-
pandir
su influencia entre los trab4jadores sindicalizados
y
los no organi-
zados, todos cooperaban de manera excelente en la movilización de la
clase obrera en su corúunto, en manifestaciones
públicas y
huelgas
ge-
nerales
(48).
Pero fueron los socialistas
quienes
lograron institucionalizar su fuer-
za e influencia en organizaciones obreras
y poüticas
de carácter nacio
nal. Para esta tarea eran los mejor
preparados por
ideologa
y
experien-
cia. Años de lucha en la región salitrera habían convencido a los sociaüs-
tas de
que
la solución a los
problemas
de la clase obrera tendría
que
ser
nacional, mediante el acceso al
poder
del Estado. La imporüancia de la
producción
de salitre
para
la economía nacional
y
la vida fiscal había sig-
4?. Tod¿s estes egtadlsticas,
que
van desde las cuentas oñcialee
pubücadao por la Oñcin¿ del Tra-
bajo hasta posteriores
estimativoa basadoe en habajos de investigadores oomo De Sh¡zo, es-
tán reunidas y
cuidadosam6¡l¿
¡n¡lir¿d¡¡
en J. Samuel Valenzuela, "I¿bor movement for-
m¡t i on", C. 7.
48. De Shazo, Urban sorlers
(Véas€
nota 361, da una
g!¡n
cantid¿d de información sobre estos
t€m¿8.
CHILE
nificado
una represión
tan severa
por parte
del capital
y.el
Estado, que
la
supervivencia
de organizaciones
duraderas a nivel de
planta
había sido
imposible en la zona del salitre.
Los socialistas
comprendieron cómo las
fluctuaciones
cíclicas de Ia economía del salitre creaban
problemas
na-
cionales de inflación y
desempleo, y
cómo la
propiedad
extranjera priva-
ba a todo el
pueblo
chileno de la riqueza generada por
el trabqio
en la
industria más importante
del
país.
Los lideres y
organizadores
sindicales
de la región salitrera, así como la fuerza de trabajo nómada
a la
que
se
dirigían, habían
construido redes de comunicación
personales
y pouticat
a lo largo y
ancho del centro
y
el norüe de chile. En los primeros
años del
siglo XX tales contactos se extendieron
al sur, a la zona
productora
de
carbón
y,
más allá, a los combativos enclaves de
pastores
de ovejas
y
empacadores
de carne del sur de Chile.
El vehículo empleado por
los socialistas para
construir
una organiza-
ción obrera nacional
fue la Gran Federación
de obreros de Chile. Esta
tímida
y
reformista
organización,
fundada
por
trabajadores fenoviarios
en 1909,
gozaba
de la tolerancia
de los funcionarios oficiales y poseía
rudimentos de una organización
nacional
descentralizada.
La creciente
combatividad entre los obreros de la base del sindicato, especialmente
en la regional de valparaíso, había conducido,
en 1916, a una encarniza-
da huelga y
a un cambio en la dirección nacional.
Al año siguiente, la
FoCh reaüzó
una convención nacionat y
abrió sus filas a todos los traba-
jadores.
Los delegados socialistas afiliaron las
decenas de organizacio-
nes que
controlabatr
X,
I lo largo
de los siguientes
años, la FOCh se
transformó
en una organización
combativa y
revolucionaria y
en la más
poderosa
central obrera del
país.
Este
gran
avance fue
potible por
}a
fuerza numérica y
la importancia nacional
de las agrupaciones o6reras
de la región
salitrera dirigidas
por
los socialistas; por
los contactos, las
capacidades organizativas y
la
prominencia
nacional
de la dirección so-
cialista,
y por
el atractivo y
la efectividad,
dentro del contexto del siste-
ma
politico
de Chile, de las hicüicas electorales
socialistas.
En la convención
de la Foch, de diciembre de lg2l, celebrada en
Rancagua, cerca de la nueva y gigantesca
mina de cobre de
propiedad
estadounidense,
El reniente, los delegados votaron por
afiliar L trldeta-
ción a la Internacional
Roja
y
vincular politicamente
a sus miembros
al
Partido obrero Socialista. Al siguiente mes, representantes
de ese mis-
mo
partido
aprobaron cambiar su nombre por
el de
partido
Comunista
de Chile
y
unirse a la Tercera Internacional.
La afiliación al movimiento
comunista internacional
causó cierüa disensión,
particularmente
entre
los elementos reformistas
en el seno de la FoCh.
pero
dada la trayecte
ria ideológica
de los sociaüstas y
el enorme prestigio
de
que
disfrutaba el
experimento
soviético
por
aquel entonces, la decisión
probablemente
era
inevitable.
La defección más seria que
sufrió h roch después de esta
reorganización
fue la de los sindicatos ferroviarios;
nras incluso
estos
%
LOSTRABAJADORESENLAHISTONIA
trabqjadores calificados
y
mejor
pagos
buscaron el ingreso a la Interna-
cional Roja después de la escisión
(49).
En el cambiante clima económico
y político
del
período
de
posguerra,
los socialistas
y
otras organizaciones obreras desarrollaron una variedad
de tácticas con el fin de ampliar su influencia
y
consolidar
y
defender sus
logros. Durante el
peúodo
de auge de las exportaciones de saütre
y
alto
empleo, inmediatamente después de lia
guerra,
los activistas sindicales
se concentraron en acciones en los sitios de trabajo
y
en labores organi-
zativas dentro de la clase obrera. En su estudio sobre los trabajadores
urbanos, Peter de Shazo descubrió
que los huelguistas de ese
período,
al
contrario de épocas anteriores, alcanzaban
el éxito con más frecuencia.
También encontró
que
las exigencias de las huelgas, más
que
en años
pasados,
se centraban en meüdas
para
establecer
y proteger
}as orgAni-
zaciones obreras
y
controlar el medio en el
que
se laboraba
y
la organiza-
ción del trabaio. Al mismo tiempo, los elementos militantes dentro del
movimiento obrero empezAron a crear contactgs con otros
grupos
urba-
nos, especialmente
los
que habían sido
golpeados por
la dislocación
eco-
nómica de la
poseuerra y por
ello eran
potenciales simpatizantes de las
corrientes ideológicas de izquierda.
La segunda estrategia adquirió
rnayor importancia después de 1919,
a medida
que la economia del salitre desfallecía
y,
en
particular
después
de 1920, cuando la depresión de la
posguerra principió
en serio' El cre-
ciente desempleo en el sector
privado y
los recorües en el
gasto público
no solo erosionaban
las
posibilidades de negociación de los obreros in-
dustriales,
sino
que
amenazaban
también a empleados
y profesionales.
La inflación de
precios,
estimulada
por
los avances de crédito en
papel
moneda del
gobiernó
a los
productores
de salitre
y por las emisiones de
pesos
destinadas a recuperar
para
el fisco las
pérdidas
de ingresos
prG
venientes del salitre,
perjudicaba
a todos los consumidores
(50).
A fina-
les de 1919,
por iniciativa de la FOCh,
los trabajadores organizados m6'
vilizaron una amplia coalición de
Snrpos
urbanos en un esfuerzo
por pre-
sionar al
gobierno
a
que
redqjera los
precios
de los alimentos
y llevara a
cabo reformas tributarias
y
educativas. Estos asuntos
resultaban vitales
para
un amplio espectro de sectores urbanos, los cuales se unieron en
masivas demostraciones caüejeras de 60
mil a 100 mil
personas, que
sacudieron a Santiago a fines de 1919
y
mediados de 1920. Si bien las
demandas inmediatas de estas coaliciones eran moderadas, los análisis
de la situación
planteados por
los oradores anticapitalistas
que
se diri-
49. En contraste con el argurnento aqul
presentado, Valenzuela
{"I¡bor
movement formation")
coloca más énfasig en la influencia
pereonal de Recabarren en la toma de la FOCh
por el Parti-
do Obrero Socialists, mientras
que Monteón
(Ctile
in tüe nitrete era) subraya el ca¡ácter divi-
sionista de las decisiones de afiliación.
60. lYank W. fetter, l¡inf¡cid¡ monet¡rl¡ en Chile, Santiago' 1937' C. 9.
gían
a las multitudes no lo eran. Entre tanto, empleados
y
estudiantes se
estaban organizando
y
tornando más combaüvos. Los maestros crearon
un sindicato en 1918
y
los estudiantes radicales
que
tenian vinculos con
los anarquistas de la IWW se organizaron en Santiago en lglg.
A tan explosiva situación se surnaron en lg21
millares de obreros
desempleados del salitre. Enfrentados a la creciente amenaza
que
signi-
ficaban Las masas de obreros desempleados en el norte, el
gobierno
al-
quiló
depósitos
y
abrió hostales en los
puertos
salitreros
y
en Santiago
y
trasladó a miles de trabajadores al sur. Según De Shazo, durante 1921
y
1922,
había en los hostales de Santiago unos 20
mil obreros desemplea-
dos del salitre
junto
con sus familias. La FOCh organizó sindicatos entre
estos obrerm
y,
a
pesar
de los denonados esfuerzos de los
funcionarios
del
gobierno y Ia
poücía (y
los informes de espías dentro de los hostales),
los obreros servian de fuerza de choque en las acciones huelguísticas
y
los mítines de
protesta.
Aunque l¡as actividades de este tipo extendieron la concepción radical
de anarquistas, sindicalistas
y
socialistas a otros sectores de la clase tra-
bajadora
y
a elementos de las cl¡ases medias urbanas, el ahondamiento
de la depresión
y l¡a creciente represión
púbüca y privada gradualmente
minaron la fuerza de las instituciones obreras. El Congreso aprobó una
ley de residencia, en 1919,
que
autorizaba a los funcionarios del
gobier-
no a negar la entrada o a expulsar a radicales extranjeros. Puesto
que
en
Chile, dada la limitada
presencia
de inmigrantes, había muy
pocas
de
tales
personas,
el
gobierno
recurrió
principalmente
a acciones
policivas,
poderes
de estado de sitio
y gnrpos paramilitares privados para
encarce-
lar activistas sindicales, romper huelgas, silenciar la
prensa
obrera
y
aterrorizar activistas obreros
y
estudiantiles.
Entre tanto, las organizaciones obreras, con coraje
y
creatividad, tra-
taron de defender los empleos de los trabajadores
y preservar
sus insti-
tuciones. Una enorme huelga
portuaria
en Valparaíso,
que procuraba
mantener un innovador sistema de trabajo compartido, creado
por
el sin-
dicato afiliado a la IWW, fue rota finalmente
por
los esquiroles
y la re-
presión
oficial. Una
prolongada
e intermitente huelga del carbón
para
impedir recortes salariales
y
despidos masivos en una industria
profun-
damente afectada
por
La baja en las compras de las oficinas de salitre
y
otros sectores de la economia, fue apoyada con fondos de ta FOCh
y
una
huelga
general
de solidaridad,
pero
finalmente fracasó. Los obreros saü-
treros despedidos de la Oficina San Gregorio en 1921 rehusaron la oferta
de la administración de un día de salario
y
el
pasqje
al sur
y
declararon
que
ellos mismos manejarían la oficina. Cuando la
poücía
trató de expul-
sarlos, asesinaron al
gerente y
amenazaron a los agentes uniformados
con dinamita. Dos dias después, una operación miütar en
gran
escala,
organizada desde la costa, los obligó a someterse. Fueron despojados de
96 IOSTRABAJADORES EN LA HISTORIA
sus
pertenencias por parte
de la tropa
y
ciento treinta atados
y
arrastra-
dos a lo largo de la
pampa
hasta la cárcel de Iquique.
Con el correr del tiempo, la represión conh¡vo la oleada huelguística
de la
posguena y
destruyó temporalmente las organizaciones obreras.
Mas con la recuperación económica de 1929, los obreros empezaron a
movilizarse de nuevo en los lugares de trab{o
y
en las calles. Los miem-
bros activos de la FOCh se dupücaron a más de l0 mil entre 1923
y
1925,
y
el número de trabdadores
que
la Federación dirigía e influenciaba era
varias veces mayor. La militancia anarquista
y
de los sindicatos de la
IWW, así como su influencia, también se expandió, especialmente en el
caso de la IWW, aunque los miembros efectivos de ambos eran segura-
mente menos
que
los de la FOCh. La acüvidad huelguística revivió del
nadir de 1922
para
alcanzar niveles sin
precedentes
en 1926. Ia Oficina
del Trabajo contabilizó 19 huelgas en1922,86 en 1924
y
ll4 en 1925.
A
juzgarpor
su fuetza
y
sus actividades en la zona del saütre, el me
vimiento obrero fue más
poderoso
allí en 1924-25
que
incluso en el
períe
do inmediato de la
posguerra.
En mamo de 1925 movilizaciones en
gran
escala
y
una ola de huelgas en el norüe desembocaron en el
primer
con-
trato colectivo en la industria del salitre,
que
mejoró sienificativamente
la
jornada
laboral
y los salarios, estableció condiciones de indemnización
altamente favorables
para
los obreros
y
reconoció h fOCh como el re-
presentante
legal de los trabqiadores. Por vez
primera
los sindicatos
ganaron
el derecho de celebrar reuniones dentro de las oficinas
(51).
Entre tanto, la influencia ideológica de las organizaciones sindicales
clasistas
penetraba
a otros sectores de la sociedad. Los trabajadores de
cuello blanco de la industria
privada, gue
se habían organizado inicial-
mente en el norte, realizaron una convención nacional en 1924
y
adopta-
ron unoɡ estatutos en
que
se definían como una "clase asalariada"
y
for-
mulaban un llamamiento a nacionalizar el comercio
y
la industria
(52).
Un
pas{e
de dicho documento revela la clara influencia de ideas marxis-
tas: "El
trabajo es la base del capital; la emancipación de los empleados
debe ser obra de los empleados mismos; el trabejo fisico
y
mental no
debe ser una simple mercadería; la explotación del hombre
por
el hom-
bre es un crimen"
(53).
Incluso organizaciones de médicos
y
maestros,
cuyos estatutos no eran formalmente radicales, ocasionalmente revela-
ban "una tendencia contraria a la organización
lsocia|
actual", advertía
el director de Ia Oficina Chilena del Trabajo en 1926.
51. El acuerdo, suscrito bajo los auspicios de funcionarioe del
gobienro,
fue
pronto
violado
por la
adminigtración; en seguida sobrevino una masiva ofensiva del
gobierno
contra la FOCh. El
Conunistr(Antofagpstaf
,
aarzn2ly 26 de l!25; El Ile¡pert¡r de loe Tlabaiado¡ee
(Iquique),
abril 19 de 1926.
52. R¿mirez Necochea, Origen
y fotnrlln
(Véas€
nota 35), pp. 102-3.
63. Egta cita
y las siguientea aon tom¡das de Moi¡és Poblete Troncooo, Ir organlzaclln sinücd
en Chlle
y otroe eetudios aode!e!, Santiagp, 1926,
pp.
óG62.
CHILE 97
A mediados de los años veintes, la influencia
política
del Partido
Comunista se expandió enormemente. El
partido
contribuyó a organizar
una coalición de
gnrpos
obreros
y
de clase media en una Asamblea Na-
cional de Asalariados, con el fin de
participar
en las elecciones
presiden-
ciales de 1926. Su
plataforma
demandaba reformas económicas
y
socia-
les fundamentales a corto
plazo y
contemplaba como una meta futura la
socialización de los medios de
producción
e intercambio. El candidato de
l¡a coaüción, un médico militar, consiguió el 307o de los votos, casi lo
mismo
que lograron coaliciones de izquierda similares hasta 1970. En las
elecciones
parlamentarias realizadas el mismo año, el Partido Comunis-
ta elisió cinco diputados
y
un senador.
Enfrentada con lo
que parecía
ser un desbarqiuste económico cróni-
co, amenazas al control capitalista en los sitios de trabqio
y
un desafio
creciente a su hegemonía ideológica
y polltica y
sus medios de control
social, la clase dominante de Chile comenzó a buscar soluciones efecti-
vas a lia insurgencia obrera a
principios
de los años veintes. Los capitalis-
tas se organizaron más eficientemente en el frente económico estable-
ciendo, en 1921, la Asociación del Trabajo de Chile. La organización tenla
como
propósito
coordinar la resistencia y la
propaganda
contra los traba-
jadores
radicales. El
gobierno, por
su
parte,
toleraba las actiüdades de
los
grupos paramiütares
antiobreros. El aparato represivo del Estado fue
fortalecido
y
sus
poderes
legales ampliados. Pero la simple represión
tenía sus límites. Cuando
había de usarse repetidamenüe
y
en tan
grande
escala como en Chile en el
período
de la
poɡguerra,
la represión surtía el
efecto de socavar la legitimidad de la clase dominante a nivel doméstico
y
a deslustrar en el extranjero la imagen, cuidadosamente construida, de
un Chile
progresista y
estable.
En los años veintes algunos líderes
políticos
influyentes empezaron a
considerar Ia
posibilidad
de encarar el
problema
obrero
por
medio de la
reforma. Ciertos miembros de los
partidos
tradicionales abogaron
por
nuevas leyes
que
neutralizaran la amenaza económica
y política
repre-
sentada
por
los obreros organizados,
por
medio de concesiones materia-
les e instituciones de control manejadas
por
el Estado. Otros
procuraron
alcanzar el mismo objetivo a través de nuevos
partidos
reformistas
que
aspiraban a
ganar
el apoyo de la clase media
y
los trab{adores. El más
importante de los nuevos
partidos
era la Alianza überal dirigida
por
Arturo Alessandri. Logró el control de la cámara b4ia del Congreso en
1918
y
la
presidencia
después de una violenta
y popular
campaña en
1920. Alessandri, llamado "el león de Tarapacá"
por
sus seguidores,
quienes provenian
abrumadoramente de las
provincias
saütreras, apeló
concertadamente a los obreros durante la campaña de 1920. Y si el redu-
cido número de obreros
que votó no definió su estrecha
y
fieramente dis-
putada
victoria electoral, las manifestaciones
populares
callejeras en su
favor
probablemente
aseguraron su
posesión.
Alessandri hizo de la re-
98
LOS TRABAJADORESEN
LA HISTORIA
forma laboral una
parte
importante de su campaña
y,
en 1921,
presentó
al Congreso un amplio
paquete
de leyes laborales. Tales
reformas, como
la mayoría de sus iniciativas económicas
y
sociales,
tropezaron con la
oposióiÓn de los elementos conservadores
del Congreso,
tanto de su
pro-
pia
coaüción como de los
partidos conservadores
que
se le oponían
(54).
lo,
"o6"*adores
estaban también alarmados
con la oleada de huelgas
y
lia creciente
influencia de las ideologias anticapitalistas
en el seno de la
óhse obrera
y,
en 1919,
en el clímax de la movilización
labural de
pos-
guetTa, habían introducidoun
paquete
de reformas de su
propia inspira-
ción.
Las
propuestas conservadoras
y
liberales
para
una reforma laboral
buscaban ambas
timitar el
poder
económico,
la autonomía
organizativa
y
el
potencial político revolucionario de los trabqjadores chilenos. Ambas
trataban de conseg¡ir esa meta otorgAndo a los obreros ciertas concesie
nes económicas
y
organizativas. Por ejemplo, ambas contemplaban
códi-
gps para mejorai hJcondiciones de trabajo,
prevelan la distribución
de
Éanancias
y reconocían el derecho de los trab{adores a organizarse
y
ú.""t huelsas. Las dos
propuestas
procuraban instih¡cionalizar
el con-
flicto
laborál a través de esquemas de conciliación
y
arbitraje.
Y ambas
trataban de colocar
los sindieatos
bajo la estrecha supervisión
y
el con-
trol del Estado
por medio de sistemas de inspección,
límites legales al
empleo de los fondos sindicales
y
condiciones
específicas a las huelgas
legales.
Sin embargo, los medios
quecada
propuesta planteaba para
alcanzar
las metas comunes eran filosóficamente
distintos
y procedimentalmente
diferentes
(55).
La
propuesta conseryadora se inspiraba en una filosofia
catóüca
y
corporativa,
y
favorecía abiertamente
al capital. Los sindicatos
serían entidades corporativas
formadas en cada empresa
y podrían parti-
cipar de |as
ganancias.
Una
vez
que
una determinada
proporciÓn de
obr"ro, en un establecimiento
votara
por
la formaciÓn de un sindicato,
la
afiliación a éste sería obligatoria
para
todos. El voto
para
elegir dirigen-
tes sindicales seria calificado, teniendo los antiSuos empleados
el doble
de votos
que
los nuevos. La conciliación, a cargo de dos representantes
54. I¡ apa¡ición de estos
partidos y grupos reformistae en Chile fue
parte
de un fenómeno regio-
nal,
-un
producto de una complejidad
social más
grande generad¡ por la erpansión intemacio-
nal del conercio, la inversión ertranjera, l¡ trasfersncia tecnológica
y la inmigración erüopea
"
p""t¡t a" 1880. Todo el
proceso ss Ánelizado
y tratado conparaüivamente
en el contefo lati-
nümericano en el estudio clásico de John J. Johnson, Polttic¡I üange in Ldin A¡nerica: the
rise of the middle sector¡, Stanford,
1968. De la coalición de Alessand¡i, Johnson afir:na:
' 'Los
objetivoe de loe üderee variaban. Unos cuantos eran reformistas dedicados' Algunoe sentl¡n
q"" f,rUl" U"gado el momento en el cual era oportuno
pollücamente tom¡¡ medidag reformis-
tas. Otros de;aban simplemente
ganar puestos coneiguiendo
máa vo'üoo
que l¡ a¡istocracia de
latie.traysu"aliadot.Ltpt"o"opibam.uypocoytenln¡pocafe-enels€c' torobrero"
1p' 771'
55. Está discusión de loe
proyectos liborales se halla en Jamee O. Morris, Eütes, inteIectusls snd
Gonsenaua, Nueva Yort, 1966.
F
s
f
a
CHILE
de los obreros
y tres del capital, también sería obligatoria, así como el
arbitramento en caso de
que
los trabajadores rechazaran el compromiso
de la conciliación
y
optaran
por
la huelga. Los fallos de arbitramento, a
cargo de un organismo
gubernamental,
seúan definitivos. Los obreros
que no aceptaran sus determinaciones serían despedidos sin indemniza-
ción. El capitalista
que no las acatara
podría
ser castigado,
pero
si creye-
se
que
el arreglo era económicamente
perjudicial para
sus actividades,
podría
ignorarlo
y
declarar el cierre
patronal.
El
presidente
de la nación
podúa
disolver cualquier sindicato culpable de violar el derecho al traba-
jo
o alterar el orden
público.
La
propuesta liberal era más sutil
y más favorable a los trabajadores.
Combinaba los
principios
individualistas
y
estatistas de modo
que
deja-
ba traslucir la transformación filosófica con la cual el liberaüsmo decimo-
nónico respondia a las
presiones
del siglo XX. La afiliación a los sindica-
tos seria voluntaria. Un sindicato
podría
ser formado
por
obreros o
por
empleados
que
desempeñaran labores similares o relacionadas entre si.
Se autorizaba la formación de federaciones sindicales
para
negociar la
contratación colectiva. A los empleados
públicos,
no obstante, les estaba
prohibido
organizar sindicatos. Los dirigentes serian elegidos
por
las dos
terceras
partes
de los afiüados. Los sindicatos
podúan
ser disueltos
por
el
presidente
del
pais por
las mismas razones de la
propuesta
conserva-
dora. La
participación en las
ganancias
iria a los individuos, no al sindi-
cato. La conciliación
y el arbitramento eran voluntarios. Para
que
una
huelga fuese legal, el sindicato tendría
que pasar por
un
prolongado pro-
ceso de reuniones en
que las alternativas de mediación y
arbitraje fuesen
sopesadas.
Muchos observadores han comentado la naturaleza híbrida de la re-
forma laboral acordada
por
un comité
parlamentario
especial a fines de
I92I
y
aprobada como ley bajo
presión
de los militares en septiembre de
1924. Es cierto
que
el resultado obtenido contenía rasgos corporativos
y
liberales,
pero lo que más sorprende es advertir cómo combinaba habil-
mente los aspectos más restrictivos de cada una de Ias
proposiciones
ori-
ginales.
De este modo, los rasgos corporativos del sindicalismo obligato-
rio, el voto valorado de los obreros fnás antiguos, el arbitramento obliga-
torio
y la
prohibición
de las federaciones de industria, contenidos en la
propuesta
conservadora, se combinaban con la
prohibición
de los sindi-
catos de empleados
públicos, la división de los trabajadores en sindica-
tos separados de obreros
y
empleados,
y
el meticuloso control estatal de
las elecciones sindicales, las finanzas
y los
procedimientos
huelguísti-
cos, de la
propuesta liberal.
A
pesar
de lo oneroso de los controles económicos
y políticos que
sobre los trabajadores establecía esüa reforma laboral, algunos de los
cuales, de manera totalmente imprevista, contribuiúan a los
propósitos
organizativos de la izquierda en años subsiguientes, la legislación otor-
99
l OO LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
gaba
concesiones al movimiento obrero
que
los capitaüstas individuales
y
sus
grupos
de interés eran reacios a hacer, a más de implicar riesgos
que
no deseaban asumir. El Congreso debatió el asunto,
pasó
las
pro
puestas
a las comisiones
y
finalmente no hizo nada. La represión
y
la
depresión de 1921-23
parecian
haber roto la columna verüebral de la
pro
testa obrera
y
de las organizaciones sindicales. Pero la renovada militan-
cia del movimiento obreroy la necesidad de aplicar de nuevo una severa
represión enl924 volvió a
poner
sobre el tapete la cuestión de la reforma
laboral. El Parlamento demostró una vez más
que
no era capaz o no de-
seaba actuar con relación al
proyecto
laboral
y
otras reformas comple-
mentarias, incluido un
proyecto
destinado a neutralizar la creciente mili-
tancia de los trabajadores de cuello blanco concediéndoles una serie de
medidas de bienestar social. Finalmente, en septiembre de 1924, los mi-
litares intervinieron
y presionaron
al Congreso
para que
aprobase la le-
gislación
laboral.
Eran complejos los motivos de los oficiales
que
intenrinieron en
poli-
tica en L924
y que, gradualmente,
bajo el liderazgo de Carlos lbétñez,
consolidaron su control sobre el
gobierno
chileno después de 1925. Los
oficiales buscaban
promociones
individuales
y
mejor
pa8a,
equipo mo
derno
y
más
prestigio para
el ejército. Estaban escandalizados con la
comrpción
y la ineficiencia del sistema
político
chileno. Pero fundamen-
talmente, se mostraban alarmados
por
el
papel
represivo
que
se veían
obligados a desempeñar con el fin de mantener aquel sistema
y
temian
que las organizaciones obreras dirigidas
por
mamistas destruyeran el
sistema social chileno
y
el monopolio de fuerza de los militares. Hacia
mediados de los años veintes, un
general
fiel a Ibárñez escribía
que
la in-
fluencia comunista, especialmente en la región salitrera, había conse-
guido pervertir
"todas las conciencias obreras, despertando en ellas
sentimientos de codicia
y
venganza, removiendo los bajos instintos de
las masas
populiares y
el
proletariado
chileno estuvo a
punto
de alzarse,
semejante al de Rusia, a derribar a sangxe
y
fuerza el régimen social de
la República"
(56).
Resulta sintomritico de las
preocupaciones
colectivas
de los militares
que
fuera Carlos Ibérñez
quien
consolidara el control
polí-
tico dentro del movimiento castrense después de f925. Ibanez estaba
íntimamente consciente del
problema
del control interno representado
por
el movimiento obrero. Había dirigido la Escuela de Carabineros en
1918
y
dejó este
puesto para
servir como
prefecto
de Iquique entre 1919
56. Carlos Harme Espejo, Iae
grendee problenre de l¡ zo¡¡ norüe de Ctile, Santiago, 1930,
p. 134. "Afortunadamente", continrla Eepejo, "la m"g.a reform¡ egtn¡ctural" de los
gobier-
nos militares ha impuesto la cooperación entre el capital
y el trabajo, deteniendo asf "el
carro de la nación en el borde mismo del
precipicio,
eüta¡¡do
que cayera al abismo". Sobre la
ideologla de los militares chilenos en
general, véage Ctena¡o Ani¡ga Herrera, El pensaniento
pollticode loe nilltereq Santisgp, n. d.
CHILE
l 0l
y
1920. Alü se vio obligado a luchar contra los obreros militantes en el
corazón de la zona del salitre durante las tumultuosas movilizaciones
sindicales de los años de
posguerra (57).
Ni el movimiento obrero ni el capital estaban satisfechos con la legis-
lación laboral impuesta a ellos
por
los militares en Ig24
y la mayoria de
las reformas fue letra muerta durante varios años. Los anarquistas de-
nunciaron la idea de institucionalizar el movimiento laboral
dentro del
aparato del Estado capitalista. Pero los comunistas,
que
controlaban la
FOCh, aconsejaron a los militantes obreros sacar ventaja de los benefi-
cios de la ley y
trab4jar
para
cambiar o abolir los aspectos negativos de la
reforma (58).
Los beneficios incluían el compromiso legal de mejorar las
condiciones de trabajo, el derecho legal de organización y
de huelga, la
posibilidad
de un sistema de deducciones salariales
para
sufragar las
cuotas sindicales,
y
la
participación
de los sindicatos en las
ganancias.
Sobre las respectivas
actitudes del capital
y
de los trabajadores hacia la
nueva legislación, el director de la
Oficina de Trabajo sostenía en 1g2G
que
los
propietarios
estaban empezando a reconocer la necesidad de Ia
organización obrera. Existe un importante elemento, escribía, en favor
de nuevas leyes sociales, "especialmente
del sindicato industrial, que
elimina, dentro de la industria, al sindicato semirrevolucionario y
libre".
No obstante, anotaba, Ia actitud de los obreros era "curiosa",
pues
con-
tinuaban
perteneciendo
a los sindicatos semirrevolucionarios
pero,
al
mismo tiempo, apoyaban los sindicatos legales para
obtener los benefi-
cios de la nueva legislación. En 1926, afirmaba, 200 nuevos sindicatos
habian sido organizados
(59).
Los
proponentes
de la legislación laboral habian asumido
que
la
FOCh se opondria a ésta. En cambio, el Partido Comunista creó aüanzas
con
grupos
de empleados
privados para presionar por
una aplicación
selectiva de las nuevas leyes. Esta movilización y
los éxitos electorales
izquierdistas posteriores
contribuyen a explicar La actitud represiva del
gobierno
militar desde mediados de 1925. Durante los siguientes dos
años, a medida que
el control del
gobierno pasaba
de manera más
plena
a manos de Ibráñez, la represión contra los obreros
y
sus organizaciones
militantes
por parte
del ejército
y la policia
se hizo más sisternitica
y
concienzuda.
La ofensiva contra el movimiento laboral mamista, la más severa
y
eficaz hasta ese momento en Chile, empezó en la región del salitre en
junio
de 1925
(60).
Allí los obreros organizados en la FOCh amenazaron
67. Emesto Wurth Rdas, lbóúez: Ceudillo enigmdtico, Santiago, 1g68, p. 18.
58. hresto
que
erigte cierto debate eobre este
punto,
véaee El Deepertar de loe llabajedorce,
ju-
nio 2 de Ll25,y Ju¡üci¡, marzo 2 de lg{12.
59. Poblete Troncoso, Organizaclfn ¡i¡dic¡l
(Véase
nota 63), pp.
?&,??.
60. Cono
parte
de los preparativos,
el
gobierno
creó una Oñcin¿ Cenhal de Servicio de Informa-
cionee Sociales. El nuevo sent¡cio de inteligencia dio inst¡r¡ccioneg a loe funcionarios de
poli-
I
I
102 LOS TRABAJADORES EN LA HTSTORIA
con suspender la
producción
si no se
ponían
en
práctica
los términos del
contrato colectivo
pactados
tres meses antes. Los
propietarios
reacciona-
ron con despidos masivos de obreros militantes. Enfrentados a la
posibi-
üdad de otra huelga
general
en la zona, el
gobierno
opto
por
la repre-
sión. El4 de
junio
de 1925 se lanzó una operación militar en
gran
escala
contra los obreros salitreros de La Coruña. Los estimativos del número
de obreros asesinados en Ia última de Las
grandes
masacres de trabaja-
dores del salitre son del orden de los centenares. Cientos más, la mayG
ría militantes anarquistas
y
comunistas, fueron encarcelados o enviados
al exilio, muchos de ellos a las remotas islas chilenas del Pacífico.
En los años subsiguientes, Ibitñez trató de aplicar Ia nueva legisla-
ción laboral recurriendo a medios corporativos formales. Creó una cen-
tral obrera
gobiernista,
instaló amigos en las
posiciones
directivas de los
sindicatos controlados
por
el régimen e inüentó asegurarse la lealtad de
los üderes
y
de las bases otorgándoles beneficios maüeriales palpables.
Comparados con el alcance de similares esfuerzos realizados por
Perón
en Argentina veinte años más tarde, los de Ibáñez
parecen
modestos y
carentes de entusiasmo
(61).
Pero en el ambiente creado
por
la represión
política y
l¡a expansión económica
garantizada por
los
préstamos
extran-
jeros,
que
hicieron de la inversión norteamericana en Chile la más
gran-
de de Suramérica hacia 1930, la
política
laboral de lbáñez
parecía
ser
efectiva.
Para 1928 la izquierda había sido derrotada
y
sus otrora
poderosas
organizaciones sindicales y políticas
virtualmente destruidas. Pocos hu-
biesen
podido predecir que
en el lapso de una década la izquierda crea-
ría una central sucesora de la FOCh aún más
poderosa,
construiria dos
partidos
marxistas de masas cuya influencia sobrepasaúa la del Partido
Comunista a mediados de los años veintes
y
entraria a conformar una
coalición de centreizquierda llamada Frente Populiar,
que
lograría el
control del
gobierno
en 1938.
TNAYECTORIA DE LA IZQI'IERDA CHILENA
Un repaso de las
propuestas
de reforma laboral de los años veintes,
así
como de los tumultuosos doce años, entre 1919
y
1932, en los
que
aqué-
Ilas fueron redactadas, combinadas,
promulgadas
e impuestas, revela
clas locales
para que enviagen üstas de todag las organizaciones que participaran
en "actos
sociales, huelgas o movimientos obrcros", aei como de todos los miembros y
dirigentes de
tales organizaciones "con indicación erpreea de loe que
sean ertranjerns y
de los que
se dedi-
quen
a la propaganda
de ideas contrarias al orden establecido haciendo indicación especial de
los sindicalistas revolucionarios, de loe anarquistas, sovietistas rusos
y peruanos,
etc.". El
Deepertar de los Trabaiadoree, mayo 14 y 31 de 1925.
61. René Montero Moreno, Confeeiooea pollticas,
Santiago, 1959,
pp.
53-54.
cómo la insurgencia de los trabajadores chilenos en la
posguerra
forzb a
la clase dominante a otorgar dolorosas concesiones
y
a redefinir los cana-
les y los límites de la lucha de clases. Dicho
proceso
implicó una ruptura
total del sistema
político
"democrático" de Chile, la
promulgación
de
una nueva Constitución
que reforzb considerablemente el
poder
ejecuti-
vo
y la creación de una serie de nuevas instiiuciones laborales. Dentro de
los límites del nuevo orden institucional, se desarrollaron lias cuatro dé-
cadas de historia chilena
que
culminaron en 1973. La lucha entre el capi-
tal
y
el trabajo, codificada en la legislación laboral de los años veintes,
desembocó en un compromiso histórico que ninguno de los bandos con-
troló
plenamente y
cuyas consecuencias nadie
pudo predecir.
Aunque
cada
parte
logró aprovechar elementos del acuerdo en
provecho
de su
propia
clase, cada una estaba comprometida en una forma
que
solo se
pondría
en claro mucho más tarde.
Dos tendencias
principales
definen los cuatro decenios de historia
económica chilena después de 1930, cada una
profundamente
influencia-
da
por
cambios acaecidos en el sistema capitalista mundial
(62).
Prime-
ro, la depresión mundial
y
la
guerra
destruyeron la economía del saütre
y luego contribuyeron a consolidar en su lugar una nueva economía ex-
portadora
de minerales, estructuralmente similar, alrededor del cobre.
Segundo, la ruptura de la división internacional del trabqjo en el
período
de 1930 a 1945 estimuló el
proceso
de industrialización nacional en Chi-
le. Para el final de ese
período,
la manufactura se había convertido en el
sector más importante de la economia doméstica. Los dos cambios seña-
lados ocurrieron dentro de un rnarco de estancamiento agrícola, una ca-
racteristica de la economia chilena
que
daüa de la década de los veintes,
si no de antes. Durante los dos
primeros
decenios del
periodo,
hasta
1950 más o menos, el valor de la
producción
exportadora
y manufacture-
ra se recuperó lentamente del nadir de la Gran Depresión. Para 1950 la
producción y
el consumo
per
cápita sobrepasaron finalmente el nivel al-
canzado en las
postfimerías
de los años veintes. En las dos décadas si-
guientes,
entre 1950
y
1970, en la medida en
que
la
población
continuaba
creciendo, la economia en su conjunto se estancó. Las exportaciones de
cobre se nivelaron y la industria manufacturera solo registró un leve cre-
cimiento. Tales tendencias revelaron la incapacidad de la economía chi-
lena
para
responder favorablemente a una nueva fase de la evolución del
sistema capitalista mundial
(63).
Después de la Segunda Guerra la eco-
I.os cambios estructurales en el sistema económico mundial a
parti¡
de 1930
-y
las tendencias
sociales,
poüticas e ideológicas que
a nivel mundial los acompañamn- son tratados en forma
más sistemática en el capítulo sobre Argentina y, con
ñÁs
detalle, en los capltulos sobre Ve-
nezuela y
Colombia. En estos
palses
el movimiento obrero del sector erportador ejerció su
má¡ima influencia sobre el curgo de la vida nacional a
partir
de 1930.
Pa¡a la i¡formación económic¿ de egta sección me he basado en
gran part€
en Anlbal Pinto
62.
t
t,
104
LOSTRABAJADORES
EN LA HISTORIA
nomía mundial ingresó en una era de expansión sin
precedentes,
acaudi-
llada
por
el capital de Estados Unidos. Surgió una nueva
y
más compleja
división internacional del trabajo. Mientras
que
las corporaciones indus-
triales multinacionales establecieron
plantas
subsidiarias en l¿s econG
mias
periféricas para
suministrar bienes de consumo a los mercados
domésticos, estas economías siSUieron dependiendo de las exporüacio
nes
primarias para proveer
divisas destinadas a imporüar bienes de.capi-
tal, tecnología, materias
primas
industriales
y
alimentos. Las exportacio-
nes
primarias también
garantizaban el
pago
de cuantiosos
préstamos
extranjeros
que
Lils economias
periféricas necesitaban
para
cubrir sus
déficit crónicos en la balanza de
pagos y para
suministrar l¡a infraestruc-
tura material
y humana
que requerla el
proceso
de desarrollo capitaüsta.
Por último,
las exportaciones
primarias
sigUieron
generando
una
parte
considerable de los ingresos
públicos que permitían
al
gobierno
expan-
dirse a fin de coordinar una economía cada vez más compleja
y proveer
servicios sociales a una sociedad civil cada vez más urbana
y
organizada.
Las cuatro décadas
pasteriores
a 1930 definieron asimismo un com-
pleto periodo hisüorico en lia evolución del movimiento obrero chileno.
Toda la etapa se caracterizÓ
por
el resurgimiento de organizaciones
obreras marxisüas
y por
el creciente avance electoral de los
partidos
de
izquierda. Dichas
tendencias
poüticas
fueron moldeadas
por
cambiantes
corrientes
politicas
e ideológicas en el seno del sistema mundial. Como
en la esfera económica, se desarrollaron
en dos fases distintas, separa-
das
por
la línea divisoria histÓrica de mediados del siglo.
En
la
primera
fase, la organización
obrera se extendió bajo
las res-
tricciones
y
oportunidades de Ia compleja estructura institucional
im-
plantada
en Ios años veintes. En
general,
dicha estructura demostrÓ ser
efectiva
para limitar eI
poder
econÓmico del movimiento obrero chileno,
primordialmente a través de leyes
que
restrinSían, al nivel de empresas
individuales, Iia organización
y
Ia contratación colectiva, separaban a
obreros
y empleados en diferentes tipos de sindicatos
y limitaban el re-
curso legal de la huelga. Esta debilidad en la esfera económica
privada
obligó a los trabajadores a buscar compensación
en la esfera
poütica
pública,
una estrategia
que
se hizo cada vez más viable
por
los éxitos
ólectorales de los
partidos
de izquierda' Al mismo tiempo
grupos
organi-
zados de marxistas comprometidos
en el seno del movimiento laboral
manipularon varios aspectos
corporativos de la legislación
laboral con el
fin de ampliar
la base organizativa de los trabqiadores
y
asegurarse el
control delos sindicatos. La sindicalización
obligatoria' una vez
que hu-
biese votado a favor elííVo de la fuerza
laboral en una
planüa
determina-
Sl¡nta Cruz, Chile, un c¡¡o de dea¡r¡ollo Éustrado, Santiagp,
1969;
y
Ma¡&og J' l'{emal¡ki¡,
lte
growtb and ¡tructu¡e olthe Gtilecn econon¡ New Haven, 1976.
CHILE
da, los descuentos salariales
para
sufragar las cuotas sindicales
y
la
par-
ticipación en las
ganancias
contribuian a la expansión de la organización
sindical. La votación en bloque
y
calificada
para
las
posiciones
directivas
favorecían el control de los sindicatos
por parüe
de
grupos
de obreros
organizados
y
disciplinados. Estos logros organizacionales
y políticos
del
movimiento obrero
y
la izquierda implicaron, sin embargo, algún costo
para
la militancia de los lideres y
de la base. El compromiso con un com-
plejo
sistema de relaciones industriales introdujo a los obreros en un
vasto
y
burocrático sistema de leyes laborales,
procedimientos
e institu-
ciones. El manejo exitoso de tal sistema requeria
un conocimiento deta-
llado de la ley,
paciencia y
tacto, requerimientos que
menguaban las
energías
y los recursos de los sindicatos, los tornaban dependientes de la
pericia
de los
profesionales
de clase media de los
partidos
marxisüas y
favorecían el surgimiento de líderes reacios a innovaciones tales como el
control obrero. Esta última tendencia
probó
ser fatídica cuando final-
mente hubo oportunidades
para
innovar bajo el
gobierno
marxista que
llegó
al
poder
en 1970
(64).
Entre tanto, consecuentes con las tendencias
geopolíticas
e ideológi-
cas vigentes en el mundo después de 1930, los
partidos
marxistas se
aliaron electoralmente con elementos de la burguesía nacional y las cla-
ses medias. El
programa
del Frente Popular
y
sus inmediatos sucesores
giraba
en torno al apoyo del Estado al crecimiento industrial y la expan-
sión de los servicios sociales. Durante una década, a
partir
de 1938, los
partidos
marxistas disfrutaron de una
participación
minoritaria en el
gobierno.
Inicialmente,
pudieron
utilizar dicho acceso al
poder
del Esta-
do
para
ampliar la base institucional de los trabajadores organizados y
promover
el desarrollo de la industria nacional y
el bienestar material de
su electorado urbano de obreros y
elementos de la clase media. El núme-
rode sindicatos se elevó de cerca de 635 a 1.880 entre 1935
y
1940,
y
los
afiliados
pasaron
de 78 mil a 162 mil en el mismo lapso. En 1939 el Fren-
te Popular logró establecer una corporación de desarrollo estatal,
CORFO,
para
coordinar y promover
el desarrollo económico. La CORFO
fue concebida y
respaldada por
la izquierda, mas la idea original de favo
recer la industria pesada y
financiar la entidad con impuestos al cobre
fracasó
por
la oposición de Estados Unidos
y
financiación
prestada por
el
Export-Import Bank. El apoyo
gubernamental
al alza de salarios
y
la
ampliación de los servicios sociales
para
los sectores urbanos arudó a
expandir el mercado interno
para
la industria nacional durante los
pri-
meros
años de la década de los cuarentas.
64. Eeta evaluación de los efectos de la legislación sigue de cerca la de Alan Angeü, Partidoe poli.
ücoe y movinbnto ob¡ero e¡ Chile, Mérico, l9?4. Sobre el control obrero bajo el
gobierno
de
h Unid¿d Popular véaee Jua¡ G. Eepinosay And¡es S. Zimbdist, Econonic democracl': Wor-
Ler partieipaüon in Chile¡¡ l¡duetry, 1yf0-1973, Nueva York, 1978.
105
r06 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
Los
partidos
mamistas alcanzaron tales metas, sin embargo,
pagan-
do un alto costo ideológico,
polÍtico y
económico. En la medida en
que
competían entre sí, se comprometian con una
politica
de coaliciones,
manipulaban el sistema de
prebendas y
sucumbían a la tentación de
puestos en el
gobierno,
empañaban sus credenciales
y
su atracüivo revo-
lucionarios. Empezaron sacrificando los intereses de los trabajadores
rurales,
que por la época era todavía el sector más
grande
de la clase
obrera chilena. En 1939, bajo
presión
de sus socios conservadores y más
fuertes de la coalición electoral, detuvieron un importante impulso orga-
nizativo en eI campo. Terminaron
por
comprometer los intereses mate-
riales de sus
propias
bases electorales a medida
que
Ia distribución del
ingreso empeoró en los años cuarentas. Esta fase culminó con la ofensi-
va
poütica
e ideológica del capitalismo a escala mundial en la
posguerra
contra los trabajadores organizados
y
la izquierda. Dicha campaña divi-
dió las insütuciones sindicales
y políticas
marxistas de Chile
y culminó
con la represión sistemática del Partido Comunista en 1949
(65).
Durante el segundo
peúodo,
la izquierda reconstruyó su base institu-
cional
y recuperó su impetu revolucionario en lo político y en lo ideolósi-
co. Modificó su compromiso con las limitantes legales del sistema de
relaciones laborales
y las huelgas ilegales sobrepasaron con creces las
legales. Muchos empleados
públicos
fueron organizados, desafiando la
ley.
La izquierda conservó su compromiso con la industrialización
y
el
camino electoral hacia el socialismo,
pero
se abstuvo de compromisos
fundamentales con los sectores dominantes del sistema capitalista. Ac-
tuó vigorosamente en
procura
de la organización del
proletariado
rural
y
empezb a enfatizar Ia imporüancia de la transformación agrícola
para
alcanzar sus metas desarrollistas
y
redistributivas.
La nueva combatividad de la izquierda chilena impidió el desarrollo
vigoroso del capitalismo dependiente, amparado
por
la inversión extran-
jera,
después de 1950. Las compañías de cobre de
propiedad norteameri-
cana, enfrentadas a sindicatos manristas
que
constantemente incremen-
taban sus exigencias
por
salarios
y
beneficios complementarios,
y
aboca-
das a niveles cadavez más altos de impuestos estatales directos e indi-
rectos insistieron en un "nuevo trato" como condición
para
realizar nue-
vas inversiones. En'los años cincuentas, las
políticas gubernamentales
tendientes a suavizar lia carga impositiva de las compañías del cobre se
convirtieron en un explosivo asunto
público.
En los sesentas, a medida
66. Mucha de la información polltica
de esta sección es tomada del impresionante estudio de Paul
Drate, Socidi¡m and
populiem in Chile, lg32-52, Urbana, 1978. Brian loveman, Struggle in
the countryeide, Bloomington, 19?6, desarolla el tema del sindicalismo rural con
particular
intengid¡d. Una convincente slntesis de la ofeneiva de
posguera-, dirigida
por
Estados Uni-
doe, contra el movimiento obrero ma¡¡igta en América l¿tina es Hobart Spalding, Organized
l¡bor i¡ l¡tin Anerica, Nueva York, 1977, C.6-
CHILE
r07
que
aumentaba
la
presión
de la izquierda
por
la nacionalización de Ia
industria del cobre, las empresas empezaron a mostrarse dispuestas a
vender
parte
de su capital ante las
generosas
ofertas del
gobierno
ten-
dientes a establecer un control conjunto,
púbüco y privado,
o sea, la
"chilenización".
Mientras tanto, el sector industrial de la economía tam-
bién se estancaba. La izquierda organizó manifestaciones masivas
y
huelgas
generales con el
propósito
de
proteger
o incrementar los salarios
reales de los trabajadores en una economía estancada e inflacionaria,
y
recbazar las
políticas
dictadas
por
entidades monetarias internacionales
como condición
para nuevos empréstitos foráneos. Ante la fulminante
ofensiva
política
e ideológica de la izquierda contra el capitalismo
y
en
especial contra los capitaüstas extranjeros,
los inversionistas se llevaron
su dinero a otra
par0e (66).
En Ia medida en
que la combatividad de los obreros organizados
y los
partidos marxistas
ponía
en
peligro
el desarrollo del capitalismo depen-
diente, aquéllos
ganaban
cada vez más respaldo
para
sus
politicas
entre
los trabajadores
y
el electorado. Durante los años sesentas, Ios marxistas
empujaron más hacia Ia izquierda todo el espectro
político
de Chile. En
1970 dominaron
la coalición de la Unidad Popular
que
consiguió elegir al
socialista Salvador
Allende a la
presidencia.
Tal victoria les
permitió
lle-
var a la
práctica muchos aspectos del
programa estatista, nacionaüsüa
y
de bienestar social inicialmente formulado en los años treintas. Los mar-
xistas estimularon la sindicalización, sacaron adelante un alza significa-
tiva en los sal¡arios
reales
y
ampliaron
considerablemente los servicios
sociales. Nacionalizaron el sector exportador de minerales, las
grandes
empresas
manufactureras
y los bancos. Dichas medidas estimularon la
producción e incrementaron notablemente el bienestar material del
gnreso
del
pueblo
chileno. Pero la demanda creciente superó la capaci-
dad
productiva
del
país
en la medida en
que
los capitaüstas locales y
ex-
tranjeros sacaban su dinero o saboteaban
la
producción, y las exigencias
66. Un estudio realizado a ñnes de los años s€eentaa concluía
que el estancamiento económico de
Chile a
partir de 1950 no era
principalmente el resultado de un mercado reducido, una severa
inflación, la falta de capital, el control de
precios o las regulaciones bu¡ocráticas. Todos estos
factores contribuye¡on,
p€ro la raíz del agunto era que "los hombres de negocios chilenos ac-
túan sobre Ia base de
que el eistema de empreea
privada
(capitalismo)
e¡td luchando por so-
breüvir". Stanley M. David, "The politics of organizational underdevelopment: Chile", en
Stanley M. Davis
y
louis Wolf Goodman, compiladores, !9orker¡ and managers in Loti¡ Ane-
rica" I¿rington
,
L972,
p,286. Sobre los obreros del cobre véase eepeci¡lmente Jorge Barria
S., Loe sirdicstos de la grcn ninerl¡ del cobre, Santiago, 1970; sobre la polftica cuprifera véa-
se Theodore Moran, Multin¡üond cor¡roratione and the politice of dependence, Princeton,
19?4. El
papel del movimiento obrero destacado en este
párrafo está amplinmente documenta-
do en la üteratura contemporánea sobre Chile, aunque
pocas
veees ha sido expücitamente
reconocido. Hacerlo hubiera sido impoütico
y hubiera implicado ¡omper un tabú implicito en
la Nstoriografia dominada
por la izquierda chilena
y sus sinpatizantes en el extranjero,
quie-
nes han
preferido culpar de manera exclusiva a log antagpnistas de clase del movimiento obre-
ro
por
el fracaso económico de estas décadas.
LOS TRABAJADORES ENLA HISTORIA
de los obreros
por
aumentos salariales, control sobre el
proceso
de traba-
jo
y
acceso a la tierra trastornaban la
producción.
Cuando
los problemas
de distribución e inflación erosionaron el apoyo
popular
del
gobierno,
éste se encontró cercado
por
la derecha, minado
por
la división interna y
atado
por
los obstáculos constitucionales, legislativos y
judiciales
a sus
iniciativas (67).
Pero la mayoria de la dirección marxisüa se aferró hasta
el fin a los
preceptos
de la legalidad constitucional. Sus antaglonistas de
clase no lo hicieron. EI
gobierno
fue denocado
por
un
golpe
militar, en
septiembre de 1973, apoyado
por
elementos de todos los
partidos
no
mamistas, los capitalistas nacionales
y
extranjeros, el
gobierno
de Esta-
dos Unidos
y
una buena
parte
de la clase media chilena. En una forma
tan trágica
parecen
haber culminado cuatro décadas de historia chilena,
alü donde empezaron bajo el
gobierno
de Carlos IbÉrñez: la dictadura mi-
litar, la violenta represión a la izquierda
y
el retorno a las
políticas
econG
micas y
sociales del überalismo ortodoxo.
LA PARADOJA DE LA MODERNA HISTORIA DE CHN,E
Una reseña de las tendencias económicas
y poüticas
desde 1930 nos
muestra, entonces, una
paradoja
central de la historia moderna de Chile.
Fue la fortaleza misma del sindicalismo marxistay de la izquierda lo
que
engendró
y
nutrió su
g¡an
debiüdad: el compromiso con un orden legal e
institucional burgués
y
la creencia en una vía electoral al sociaüsmo. Los
términos de la
paradoja
estuvieron enmarcados
por
las fuerzas humanas
que generó
la estructura exporüadora.La economía del saütre
permitió
a
los obreros vinculados a la
producción
exportadora forjar una concepción
autónoma
y
clasista del mundo en el
que
vivían. Al mismo tiempo, dicha
concepción se hizo llamativa
para
otros sectores de la sociedad chilena.
Fue el atractivo de esta concepción, materializada en un
poderoso
e in-
surgente movimiento obrero, lo
que
obligó al capital a hacer imporüantes
concesiones
y
lo
que provocó
la restrucüuración de las instituciones
polí-
ticas del
país
entre L924y 1925. Durante el siguiente medio siglo, el sin-
dicalismo marxista
y
la izquierda cifraron todas sus energias en voltear
ese compromiso histórico a favor de la clase obrera. Persistieron en este
formidable empeño
porque,
a
pesar
de todos los compromisos
y
todos los
reveses, finalmente lo lograron.
El éxito del sindicaüsmo marxista
y
de la izquierda dependió de su
capacidad de colocar al servicio de los intereses organizativos e ideológi-
6?. El
gobierno
de la Unidad Popular ha sido objeto de centena¡eg de libroe y
artlculos,
pero qui-
zás el más exitoeo en captar los logros, el estilo
y
las debüdades del rÉgimen fue uno de log
prineros:
New Chile,
publicado por
el North A¡nerican Congress on latin Anerica, NACLA,
Berkeley, l$Jt. $us¡6g
¡náli¡is
de los factores que rodearon el auge
y ta cairla del
gobierao
se
halla¡ en Arturo Valenzuela y
J. Samuel Valenzuela, ediüores, Ctile: Poüücs a¡d eociety, New
Brunewich, 19?6.
CHILE
cos de la clase obrera las tendencias económicas
y políticas posteriores
a
1930. Cuando el colapso de la economía del nitrato, después de 1930,
hundió a Chile en la depresión más seria
que
hubiese sufrido cualquier
nación del hemisferio
(68),
la izquierda montó una eficaz ofensiva ideolG
grca y poütica
contra la heglemonía del
pensamiento
liberal
y
la tegitimi-
dad de los partidos
tradicionales. En 1932, como Paul Drake lo ha docu-
mentado tan
persuasiva y
concienzudamente, todo el cuerpo
político
de
Chile inició un
giro
fundamental hacia la izquierda. Incluso los lideres de
los
partidos
Conservador, Radical
y
Liberal
proclamaron
su "sociaüs-
mo", un término
que
empleaban vaga e índiscriminadamente
para
ex-
presar
la bancarrota del
pensamiento y
las
políticas
überales con rela-
ción a la crisis, asi como un compromiso
general
con los
principios
de
estatismo, nacionalismo económico
y
bienestar social
que
adaptaron de
la filosofia
y
el
programa
de la izquierda. Entre tanto, los activistas e in-
telectuales de la clase media fundaron nuevos
partidos
"socialistas" de
izquierda
y
de derecha, algunos de los cuales se fusionaron en 1933 en
un nuevo
partido político
destinado a desempeñar un importante
papel
en la historia de Chile. El Partido Sociaüsta adoptó una explícita ideolo
gia
marxista y
un radical
prograrna
de nacionalismo económico
y
refor-
ma social aunque, como Drake ha demostrado, fuertes corrientes ideolo-
gicas
corporativas,
y
estilos
y
estrategias "popuüstas" caracterizaron a
la dirección del
partido
durante los años cuarentas. Movimiento de clase
media, en un
principio,
con respaldo significativo entre los militares, el
Partido Socialista amplió su base obrera apoderándose de muchos de los
sindicatos legales débiles
que
había formado Ibáñez
y
atrayendo a sus
filas a muchos lideres obreros anarquistas
y
comunistas desafectos. Des-
pués
de 1950, a medida
que
la represión contra la izquierda se intensifi-
caba
y la economia se estancaba, el
partido
derrotó a los elementos re-
formistas
y
corporativistas en su seno
y
adoptó una
posición
nr¡is consis-
tentemente marxista, lo que
a menudo lo colocó a la izquierda del Parti-
do Comunista.
El colapso de la economía exporüadora de salitre
provocó
una consi-
derable radicalización del movimiento obrero chileno; socavó Ia legitimi-
dad
y la viabilidad de los sindicatos legales y
corporativos
que
Ibáñez
habia formado; arrojó a millares de radicalizados mineros a las explosi-
68. Pa¡a 1932 el valor de las erportaciones chilenas atcanzó r¡n octavo del nivel de 1929 y
sus irn-
portacionea
una quinta parte
de dicho nivel. Solo el valor de lae erportacioneg de salitre cayó
de rrós ds
mil
millo¡ss de
pesos (a
40
por
übra esterlina) en 1929 a menog de 60 millones de
pesos
en 1932.
r+s
exporüaciones de cobre,
que habhn aumentado desde la Primera Guerra
Mundial hasta llegar a
-ás
de I¡ mitad del valor de las erportaciones de salitre a ñnes de los
años veintes, cayer¡on a comienzos de los años heintas a
rrna
cua¡ta
parte
de los niveles ante-
riores a la Depresión. Un cuidadoso estudio de l¿s tendenciss económicas, fiscales
y
noneta-
rias dwante la década de 1930 es P. T. Ellsworth, Chile: A¡ eorrnomy in traneiüon, Nueva
YorL, 19{5.
r09
ITO LOSTRABAJADORESENLAHISTOBIA
vas filas de desempleados obreros
y
de clase media del centro de Chile.
Dado el desorden en
que
h fOCh
y
sus sindicatos afiliados surgieron de
la represión de la dicüadura
y
los desesperados aprietos económicos en
que
se hallaban los obreros, el trabajo organizado tuvo muy escasa
parti-
cipación directa en los tumultuosos eventos
poüticos
de
principios
de los
años treintas,
que
die¡on
paso
a una república socialista de corta vida.
Tan
pronto
como empezó la recuperación económica, sin embargo, las
organizaciones obreras revivieron
y
los trabajadores entregaron los
puestos
directivos a marxistas militantes.
La recuperación de la depresión,
ya
en camino hacia 1935, fue apun-
talada
por
la expansión de las exportaciones de cobre
y
del sector manu-
facturero. El
primero
de estos fenómenos reforuíla ideología radical
y
el
legado institucional de la era del salitre; el segundo amplió considerable-
mente la importancia del
proletariado
industrial urbano en la vida econG
mica
y política
de la nación. En muchos aspectos fundamentales la in-
dustria del cobre era estructuralmente similar a la del saütre. Muy inten-
siva en capital
y
dependiente de una tecnología altamente sofisticada
para procesar
minerales de baja
eradación,
la industria del cobre estaba
aún más dominada
por
el capital extranjero
que
antaño La
producción
de
salitre. También se hallaba más concentrada. En los decenios
posterie
res a 1930, tres minas de
propiedad
norüeamericana controlaban alrede-
dor de 9OTo de las exporüaciones chilenas de cobre. En el mismo
peúodo,
las exportaciones del mineral aportaban más de la mitad de las divisas
y,
directa o indirectamente, cerea de una cuarta
paÉe
de los ingresos del
gobierno.
Luego de tenaces luchas dirisidas
por
la FOCh en los años
veintes
y por
los militantes socialistas
y
comunistas en los treinüas, los
obreros del cobre lograron organizarse en sindicatos
poderosos,
dirigi-
dos
por
marxistas. Desde fines de la década de 1930, los obreros del ce
bre han desempeñado un imporüante
papel
en el movimiento obrero
y
en
la vida
poütica
del
país.
Los
partidos
marxistas también usaron muy eficientemente la in-
fluencia radicalizadora de La economia exportadora de cobre
para
llegar
a otros sectores. Al ieual
que
la economía del salitre, la del cobre consti-
tuía un caso clásico de enclave extranjero
que
extraia mineral, explotan-
do
y
exportando un recurso natural no renovable. Ejercía asimismo muy
escasa influencia
positiva y
directa sobre el
proceso
de desarrollo econG
mico. Debido a su naturaleza intensiva en capital, a la
propiedad
extran-
jera
y
a una fuerza laboral relativamente reducida, no
promovía
la acu-
mul¡ación de capital ni la diversificación económica de Chile. Lo
que
hubo
de acumulación de capiüal
y
diversificación económica se debió al
grava-
men de las
gpnancias
de la industria
por
medio de esquemas tributarios
del
gobierno,
impulsados
por
las coaliciones
poüticas
influenciadas
por
la izquierda. En vista de
que
el capital extranjero reaccionó a estas impo-
siciones sobre sus
ganancias
recortando la inversión
y
exigiendo conce-
I
I
l
l l 1
siones económicas de los
gobiernos
chilenos, la solución nacionalista y
socialista a la crisis del desarrollo de Chile,
propuesta por
los marxistas
desde los años veintes, se hizo más lógica
y
atractiva
para
un amplio
espectro de la sociedad.
Esas tendencias ideológicas
y poüticas
fueron estimuladas
por
el cre-
cimiento del sector manufacturero después de 1930
y por
su estanca-
miento después de 1950. La izquierda mamista sacó ventaja de tales
hechos
para
ampliar, intensificar y
radicalizar el movimiento obrero or-
ganizado.
Mientras
que
la fuerza de la FOCh en los veintes radicaba en
la unidad de los obreros del salitre
y
el transporte en el sector exporta-
dor, las sucesivas etapas de la unidad
y
el
poderío
laborales condujeron
primero
a los obreros manufactureros y
finalmente a los empleados al
movimiento obrero organizado. De esta manera la CTCCh, Confedera-
ción de Trabajadores Chilenos, a finales de los años treinüas y
los cua-
rentas ligó a los mineros
y
a los transportadores con el movimiento obre-
ro del sector manufacturero en crecimiento. Por último, Ia CUTCh, Cen-
tral Unica de Trabajadores de Chile, fundada en 1953, vinculó a numerG
sos sindicatos de empleados, especialmente del sector
público,
expandió
la organización en la minería y
la industria manufacturera y,
en los años
sesentas, empezó a incorporar a los obreros rurales.
Los logros organizativos del movimiento obrero chileno a
partir
de
1950, asi como los éxitos electorales de los
partidos
mamistas, se debían
en
parte
al fracaso de la economía exportadora en
promover,
aun indi-
rectamente, lia expansión capitalista
y
el desarrollo económico. Puesto
que
la
producción
exportadora se estancó
y
se alcanzaron los limites de
la industrialización por
sustitución de importaciones, proceso que
reflejó
directamente el
poderío y
los
propósitos
mamistas del movimiento obre-
ro organizado y
la izquierda, más
y
más
grupos
sociales fueron
predis-
puestos
a compartir la concepción mamista de los
problemas
nacionales.
Dichas
percepciones
fueron reforzadas por
el creciente control foráneo
del sector manufacturero
de la economía chilena a
partir
de 1950. Como
resultado, cuando el
gobierno
de la Unidad Popular
propuso
la nacionali-
zaciiln de la industria del cobre como
primer paso para
recuperar el con-
trol nacional sobre la economía y
fomentar el desarrollo económico. el
consenso de respaldo al
plan
fue tan
grande y
ampüo,
que
no hubo un
solo senador en una cámara todavía dominada
por partidos
no marxistas
que
se atreviera a depositar un voto negativo. Y cuando el
gobierno pro
cedió a nacionalizar una
parte
sustancial del sector manufacturero. obtu-
vo considerable apoyo
popular.
Fue así como, después de 1930, la izquierda logró manipular los com-
promisos y
concesiones institucionales de los años veintes en beneficio
político
de la clase obrera. En esta forma ¡ninó la hegemonía del
pensa-
miento económico liberal y
menguó el
potencial
del desarrollo capitaüsta
dependiente de Chile. Sin embargo, todo esto lo consiguió a costa de
II2
LOSTRABAJADORESENLAHISTORIA
apuntalar
la legitimidad del sistema democráticoliberal
y
de su
propia
participación en é1.
-
Mucho
se ha escrito acerca de las fallas del
gobierno
de la Unidad
Popular
entre 1970
y
19?3.
Las críticas de la izquierda enfatizan su mal
manejo de la economia, su rígido compromiso con l¡as normas constitu-
cionales
y
su incapacidad
para
avanzar en asuntos
como la
plena partici-
pación
dómocratica
y
el control
obrero. En un sentido
histórico, las fallas
estan
relacionadas
y
todas
juntas
constituyen
el
precio pagado por la
izquierda
por
su éxito en voltear, en favor de Ia c}ase obrera, el compre
miso históiico de Lg24-25.
En su
propósito por
asegprar
el futuro electe
ral
y
efectuar
Ia transformación
sociaüsta dentro de las normas constitu-
cionales,
la Unidad Popular adoptó una
política económica a corto
plazo
que retribuía materialmente a la clase obrera a costa de sumir en eI caos
el conjunto de la economía
nacional. Las mismas
preocupaciones, así
como i. *tg" de una burocracia
partidista y
sindical orgullosa de sus
logros
y
celosa de su
poder, hicieron al
gobierno mortalmente
hostil a los
exlperimentos
de
participación
y
control obreros, especialmente
en la
vital industria del cobre. En un sentido más
profundo, sin embargo, ta-
les debilidades
revelan el
precio ideológico
pagado por
}a izquierda des-
de 1930: aceptación
sin cútica de la ortodoxia mamista
que
sostenía
que
el capitaüsmo,
al engendrar al
proletariado, inevitablemente asegpraba
la transformación
sociaüsta de la sociedad. De hecho, como la historia de
otros
países y
de Chile, desde 19?3,
lo demuestra
tan claramente,
esto
noes óierto, al menos en el corto lapso de tiempo en el
que los activistas
politicos tienen
que trabqjar. La visión mamista,
que
demostró ser tan
compatible con la experiencia de los obreros en la
producción
de minera-
les
y
tan atractiva
para
otros sectores de la sociedad chilena'
no era un
t"rúltudo ni natural ni inevitable del desarrollo
capitalista en sí. Fue la
consecuencia
de
percepciones sociales de un conjunto único de circuns-
tancias ecológicas, económicas
y políticas
condicionadas
por
el
peculiar
desarrollo,
orientado a la exportación, de Chile. En vez de
probar el sig-
nificado cultural universal
de tan exce¡rcional experiencia
histórica
y
es-
forzarse
por
hacerlo comprender
en la
práctica
a todos los obreros, la
izquierda simplificó
las razones de su atractivo
histórico
y
fue incapaz de
apieciar
plenamente los costos de su éxito histórico. En este sentido, fue
una malainterpretación
de su
pasado lo
que
llevó a la izquierda a la tra-
gedia
de 19?3.
sin embargo, al fracasar, la izquierda obligó al capital a echar
por
|a
borda el sistema überal en
politica y
relaciones industriales
gue,
a falta
de un desarrollo económico sostenido,
era la
principal
fuente de legitimi-
dad de la clase dominante.
Dio así un
paso
decisivo, aunque
incierto, en
la consecución de la transformación social
prevista por pequeños
8¡upos
de obreros
miütantes del saütre en los
primeros
años del siglo. En sep'
tiembre de l9?3
quedó
al desnudo, de manera trágica, la
gran paradoja
, t '
CHILE
del desarrollo del movimiento obrero chileno. Pero al mismo tiempo esa
paradoja
fue eliminada. Si la
principal
debilidad de la izquierda chilena
la condujo a una trampa suicida, l¡as razones estruchrrales de la
gran
fuerza histórica de la izquierda
quedaron
intactas. Pese a
que
Ia indus-
tria del cobre es manejada ahora
por
una entidad capitalista del Estado,
el control foráneo de la economía chilena se ha intensificado en cierto
modo. Desde 1973 las
políticas
económicas del liberalismo ortodoxo apli-
cadas
por
la dictadura militar han fomentado un incremento masivo del
endeudamiento del
pais
con bancos multinacionales y
agencias
presta-
mistas internacionales.
En los años ochentas, el destino de la izquierda chilena dependerá,
como en el
pasado,
de su habilidad
para
utilizar el
poderoso
legado cul-
tural e institucional de los obreros de la era del salitre
para
moldear las
fuerzas económicas
y políticas
domésticas en beneficio de la
gran
mayG
úa del
pueblo
chileno. El éxito de este
gran proyecto
dependerá en
par-
te, al igual que
en el
pasado,
de la salud
y
la estructura del sistema capi-
talista mundial. A comienzos del decenio de 1980, la salud de dicho sis-
tema se
ponia
seriamente en duda,
y las tendencias estructurales habían
convertido, en cierto modo, el conjunto de l¡a economia chilena en una
empresa agobiada
por
las deudas, análoga en muchos sentidos a los en-
claves minerales del
pasado.
Es en este sentido
que,
aunque comentaris-
tas ahistóricos
y
elitistas
predicen
un futuro desolado
para
el
proyecto
democráticosocialista de La clase obrera chilena
y
los
partidos
de iz-
quierda,
los estudiosos de la historia del movimiento obrero chileno en el
contexto del sistema económico mundial se
pueden permitir
ser más
optimistas
(69).
69. Estas üneas, asl como eI
grueso
de este ensayo, fueron escritos en 1981 y
circularon como
"Exports, Labor, and the Left: An Essay on Twentieth-Century Chilean History',, Working
Paper No. 9?, The Latin American Program, The Wileon Center, Washington D.C. En 1988, a
medida que la crisis económica mundial y chilena se
profundizaban,
los obreros del cobre lle.
varon a una ampüa coalición de gn:pos sociales a desafiar masiva y prlbücamente
a la dictadu-
ra miütar implantada en 1973. En momentos en que
este libro va a la imprenta, parece que
el
actual régimen castrense, con sus polfticas de ortodoxia económica überal y de represión, será
repudiado al igual que la dictadura de Ibáñez media centuria atrás y que
la izquierda chilena,
luego de otro prolongado
eclipse, renacerá.
113
I
CAPITUW 3. ARGENTINA
•• Sr. Buelde,.: Puesto que Argentina. anda en problemas, comienzo preguntándole:
¿hay algo, señor Borges, distintivamente argentino en tales problemas?
"Sr. Borges: Bueno. no sé. Conozco muy poco de polltica. pero pienso que ahora
tenemos el gobierno apropiado. un gobierno de caballeros, no de rufianes. No creo
que estemos maduros para la democracia todavia. Quizá en cien afi,os o más...
"Sr. Bueldey: ¿Por qué? ¿Es algo distintivo de los argentinos? ¿Distintivo del He­
millferio? ¿Distintivo de qué?
"Sr. Borges: No puedo declrselo, puesto que conozco mi propio Pals y estoy muy
desconcertado por él. Desearla comprender mi pala. Solo puedo f1IIl8rlo. Hago lo que
puedo por él. Pero no pretendo comprenderlo. No soy historiador" .
1
Entrevista en FiriDg Line.
Buenos Aires. febrero lo. de 1977
EL ENIGMA DE LA HISTORIA ARGENTINA
Dos grandes eniimas preocupan a los estudiosos de la·historia moderna
de Argentina. El primero radica en la paradoja del desarrollo económico
del pais: ¿Cómo y por qué la economía de mas rápido crecimiento y mas
desarrollada de América Latina a comienzos del siglo XX prácticamente
dejó de expandirSe a partir de los años cincuentas? El segundo concierne
a la evolucibn politica de Argentina. El enigma se expresa de diversas
maneras, pero siempre se pentra en los origenes y durabilidad del pero­
nismo. Este movimiento popular, corporativista y nacionalista de dere­
cha ha afectado todos los aspectos de la sociedad argentina desde los pri­
meros años de la décadá deJos cuarentas. El peronismo distingue de
manera radical la historia politica·de Argentina de las de todos los demás
paises latinoamericanos (y, en efecto, de -18, de Occidente, en su conjun­
to) en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Ambas cuestiones se hallan tan íntimamente interrelacionadas, que
ninguna de las dos puede ser comprendida por separado. Sostengo en
este ensayo que una plena comprensión de cada una, así como de los
vínculos que las unen, debe empezar con un examen de la evolución de
un movimiento obrero moldeado por la estructura única de la economía
exportadora del ganado y los cereales.
[ 115 ]
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 116
ARGENnNA ANTES DEL AUGE EXPORTADOR
El área que se convertiría en el corazón de la moderna economia exporta­
dora de Argentina -la plana y fértil pampa que se extiende hacia el
interior desde el puerto de Buenos Aires por cerca de 500 kilómetros
(Véase Mapa3.1)- no fue colonizada hasta finales de la época colonial.
Durante millones de años la acción del viento y de las aguas depositó
lentamente el sedimento -en Buenos Aires con más de 300 metros de
profundidad- que cubrió la base graIÚtica de una de las más antiguas
masas de tierra del planeta y fonnó la vasta planicie sin árboles que los
españoles "descubrieron" en el siglo XVI (1). Habitada solo por peque­
ños grupos de indígenas combativos y nómadas, y por las manadas de
caballos salvajes y cabezas de ganado cimarrón descendíentes de los ani­
males traídos al Nuevo Mundo en los barcos españoles, la pampa resistió
las débiles incursiones de los hispanos hasta fines del siglo XVIll. La
colonización española se limitó durante el período colonial a lo que hoy
constituyen las provincias noroccidentales de Argentina. Alli crecieron
granjas y poblados que suministraban alimentos, mulas y manúfacturas
para las minas de plata del Alto Perú. Tan solo cuando la economía mun­
dial pasó del capitalismo mercantil al industrial, a comienzos del siglo
xvm, con los reajustes geopolíticos que dicha transición produjo, la re­
gión central de Argentina se tornó estratégicamente importante para los
europeos. A medida que el poderio comercial y marítimo de Inglaterra
socavaba el mercantilismo español en el Nuevo Mundo, el puerto de
Buenos Aires, situado en la desembocadura de la cuenca del Río de la
Plata, se benefició del reordenamiento de las rutas comerciales. Entre
tanto, las regiones del interior respondían al creciente mercado mundial
de productos ganaderos (2). Tan importantes cambios económicos halla­
ron política, primero, cuando la corona española decidió en
1776 crear el Virreinato de la Plata, con Buenos Aires como su centro
administrativo, y segundo, cuando los importadores y exportadores del
puerto aprovecharon la declaración de Independencia en 1810, y la pro­
longadá guerra que resultó en el establecimiento de la hegemoIÚa britá­
nica sobre toda la economía del Atlántico a partir de 1815 (3).
Después de la Independencia, el poder económico y político de los
exportadores e importadores liberales de Buenos Aires demostró ser
1. Una buena introducci6n a la geografía argentina, asi como a la de otros países reseñados en
estellbro, es el estudio clásico de Preston James, Latin America, 3a. ed., Nueva York, 1959.
2. Entre éstos se destacaban pieles y sebo, despachados a las economías industriales del Atlántico
Norte, y carne cecina para alimentar a los esclavos que producian azúcar en Brasil y el Caribe
para los mereados europeos.
3. Para el impacto del reordenamiento de la economía mundial en el siglo xvm ycomienzos del
XIX en las colonias iberoamericanas en general y en el virreinato de La Plata en particular, véa­
se Tullo Halperín Donghi, Historia contemporáDea de Latinoamérica, Madrid, 1970¡ y Richard
Graham, Independence in Latin America, Nueva York, 1972.
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Mapa 3.1. Argentina. Ubicación del territorio de la pampa y la zona de los frigoríficos
cerca de Buenos Aires.
118 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
insuficiente para ejercer control sobre el resto del antiguo virreinato. Las
áreas periféricas se separaron y se convirtieron en las naciones indepen­
dientes de Paraguay, Uruguay y Bolivia. En el área restante, la Argenti­
na moderna, las diferentes economías regionales entraron en un largo y
penoso período de ajuste a los imperativos y oportunidades de la econo­
mía capitalista mundial, que poco a poco tomaba forma bajo la hegemo­
nía británica. La pérdida de los tradicionales mercados del AltoPeru y la
competencia de importaciones de manufacturas baratas canalizadas a
través de Buenos Aires desde el Atlántico Norte, sumieron el noroeste y
el centro de Argentina en un prolongado período de decadencia econó­
mica, dislocación social e inestabilidad política que convulsionó el país
hasta mediados del siglo. Las luchas políticas y mílitares no se resolvie­
ron completamente sino con la nacionalización del puerto de Buenos
Aires, en 1880 (4).
El complejo, prolongado y a menudo sangriento proceso del reajuste
político de Argentina al nuevo orden mundial, en la primera mitad del
siglo, contrasta agudamente con la consolidación relativamente suave
del consenso entre las clases dominantes y de un gobierno estable y cen­
tralizado que se operó en Chile en el mismo período. En la base de este
proceso político, ,que el gran polemista liberal argentino del siglo XIX,
Domingo Faustino Sarmiento, inmortalizó como una lucha épica entre
las fuerzas de la "civilización" y la "barbarie" por el control del destino
de la nueva nación (5), habiados rasgos estructurales de la economía po­
lítica argentina que no se dieron en Chile. El primero fue la existencia de
una economía regional en el interior, incompatible con la división inter­
nacional del trabajo que surgía en la economía mundial; el segundo fue
la incapacidad de la economía costera, atada al nuevo orden, para desa­
rrollar la capacidad exportadora de Argentina en la primera mitad del
siglo XIX. La integración de la economía argentina y el fortalecimiento
de la hegemonía cultural y política de una clase dominante unificada
sobre el resto de la sociedad dependian del desarrollo de una economía
exportadora dinámica. Mas dicha economía tendría que aguardar a que
evolucionaran los mercados y sistemas de transporte del Atlántico Nor­
te, se materializaran las trasferencias masivas de capital, tecnología y
mano de obra desde Europa, y surgiera un fuerte Estado liberal capaz de
preservar el orden interno y cumplir con las obligaciones financieras in­
ternacionales. Después de la Independencia, los comerciantes y los pro­
ductores y procesadores de ganado de Buenos Aires y las provincias cos­
4. Estos procesos, descritos de manera muy general aquí, son cuidadosamente analizados en
obras especializadas por Myron Burgin, Economic Asped8 of Argentine Federalism, 1820·
1852, Cambridge, USA, 1946, Y Tullo Halperín Donghi, Politics, Economics, and Society in the
Revolutionary Period, Cambridge, Inglaterra, 1975.
5. En Facundo, Santiago, 1845.
ARGENTINA
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ARGENTINA 119
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político para cumplir con tarea tan formidable. Es más, Gran Bretaña
estaba inicialmente interesada solo en los mercados y en la inversión
especulativa. Solo cuando el proceso de industrialización hubo madura­
do en la nación capitalista dominante, la acumulación de capital, el de­
sarrollo tecnológico y la reorganización de la economía interna hicieron
posible el desarrollo del potencial exportador de Argentina. Mientras,
según palabras del eminente historiador argentino Tulio Halperin Don­
ghi, hubo "una larga espera" (6).
Desde mediados del siglo, sin embargo, primero lentamente y luego
con creciente rapidez e ímpetu, Argentina comenzó a realizar su enorme
potencial exportador. La "Civilización" triunfó y la pampa argentina fue
escenario de un proceso de crecimiento económico y desarrollo sin pre­
cedentes en cuanto a alcance y duración en América Latina. Dicho proce­
so transformó la estructura económica, demográfica, social y política del
pals. Modificó el lenguaje y la cultura del pueblo argentino. Y creó las
condiciones estructurales para el desarrollo, en el siglo XX, del más
grande movimiento obrero organizado de América Latina.
LA PROMESA DEL DESARROLLO ECONOMICO ARGENTINO
Durante ochenta años, a partir de 1850, la economía argentina experi­
mentó un periodo de crecimiento económico, dinamizado por la exporta­
ción, con muy pocos paralelos en la historia. Carlos Díaz Alejandro, cuya
obra Essays on the Economic History of the Argentina Republic, es la
fuente más importante de información y análisis sobre la economía ar­
gentina moderna, estima que durante la parte más dinámica del periodo,
la media centuria que precedió el estallido de la Primera Guerra Mun­
dial, el producto nacional bruto pudo haber crecido a una tasa promedio
anual de 5% o más (7). Infortunadamente no se dispone de estadísticas
agregadas confiables. Pero el historiador económico argentino Roberto
Cortés Conde ha acumulado información que indica la magnitud y la es­
tructura de la expansión antes de 1914. Después de crecer muy lenta e
irregularmente en las décadas de 1820 y 1830, las exportaciones argenti­
nas de cueros, sebo, lana y carne empezaron a expandirse rápidamente a
6. La frase es el titulo del Capitulo S de su BJs10ria contemporánea, citada en la nota 3.
7. Carlos Diaz Alejandro, E_J.on ibe Economic Hi8tor:v of ibe Argentine Republie, New Haven,
1970, pp. 2-3. La dimensión económica de este capitulo se basa mucho en la obra citada, esti­
mulante y rica. Constituyen útiles reseñas del desarrollo económico argentino, desde 108 tiem­
pos coloniales hasta los modernos, Aldo Ferrer, La economía argentina, México, 1963, y Ricar­
do M. Ortiz, Historia económica de la Argentina, Buenos Aires, 1974. Tullo Halperin Donghi
tiene una introducción critica a la literatura sobre la historia econÓmica del periodo 1850-1930,
en Roberto Cortés Conde y 8tanley J. Stein, editores, Latin America: A guide to Economic His­
tory, 1830-1930, Berkeley, 1977, pp. 44-162.
120 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
fines del decenio de los cuarentas y comienzos de los cincuentas. Luego,
entre 1854 y 1874, las exportaciones totales, casi todas representadas en
derivados del ganado, aumentaron siete veces. A partir de 1880, cuando
las expediciones militares limpiaron la pampa de indigenas hostiles y
ampliaron considerablemente la superficie disponible para la explota­
ción, el veloz ritmo del crecimiento exportador se mantuvo y dio un salto
cualitativo. Entre 1880 y 1913 el valor de las exportaciones argentinas se
incrementó nueve veces. Entre tanto, la participación de los bienes agri­
colas en tales exportaciones (trigo y maíz, yen menor medida lino) creció
en más de 10% en 1883, más de 25% en 1890 y más de 40% en 1913.
Tan sorprendente crecimiento se vio acompañado de una rápida expan­
sión de la red ferroviaria, muy altos niveles de inmigración extranjera,
inversiones foráneas públicas y privadas en grande escala y el creci­
miento y consolidación del Estado argentino (8). El Cuadro 3.1 brinda
una idea de la velocidad y el alcance de tales cambios.
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INDICADORES DEL CRECIMIENTO ECONOMICO DE ARGENTINA, 1880-1913
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Importaciones (pesos oro) 45.536.000 142.241.000 103.039.000 496.227.000
Ingresos del gobierno (pesos oro) 19.594.000 29.144.000 62.404.000 153.692.000
Deuda externa pública (pesos oro) 17.388.000 161.391.000 381.083.000 308.855.000
Población 2.493.000 3.778.000 4.872.000 7.482.000
Area cultivada (has) 1.156.000 2.996.000 9.115.000 24.091.000
Fuente: Adaptado de Roberto Cortés Conde, The First Stalles of Modemization in Spanish Ame·
rica, Nueva York, 1974, Tablas 6-20 y 6·21, pp. 145-46.
En términos estructurales, la economía exportadora de trigo y pro­
ductos ganaderos era el polo opuesto de la economía minera de Chile
descrita en el capitulo anterior. La principal diferencia radicaba en la
nacionalidad de propietarios y trabajadores en la producción exportado­
ra. Aunque la propiedad de la tierra en manos de extranjeros no era in­
significante en la pampa, e incluso, probablemente aumentó al comienzo
del siglo, los argentinos poseían la gran mayoría de las enormes estan­
cias que producían el grueso de las exportaciones del país. Los censos
argentinos no contribuyen mucho a elucidar la nacionalidad de los pro­
pietarios de las haciendas ni arrojan mucha luz sobre el problema de la
concentración de la propiedad (9), pero todos los estudiosos y observado­
8. Roberto Cortés Conde, The First Stages of Modemization in Spanish Ameriea, Nueva York,
1974, pp. 121, 123.
9. Por ejemplo, el director del Censo Nacional de 1914 dijo que el censo ganadero reveló un grado
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ductiva estuvieron concentradas en manos de un número relativamente
pequeño de familias argentinas durante los siglos XIX y XX. En la pro­
vincia de Buenos Aires, cuyo tamaño tisico es casi el doble del de Ingla­
terra y que abarca más de la mitad de la pampa, cerca de una tercera
parte de la tierra pertenecia, en 1928, a un poco más de un millar de fa­
milias (lO). Las causas de tan extremada concentración de la tierra si­
guen todavia en debate. Algunos historiadores económicos la atribuyen
a fuerzas geográficas y económicas impersonales. Según otros, fue el
resultado de las maquinaciones de la élite terrateniente que controlaba
efectivamente el proceso legal de distribución y venta de tierras públicas
a medida que la frontera se expandia durante el siglo XIX (11). Tales
posiciones no son contradictorias. Cualquiera que sea su importancia
relativa, parece cierto que el patrón de concentración de la propiedad de
la tierra, asi como la subordinación de los intereses agrícolas a los gana­
deros (algo que se examinará más adelante), se estableció muy pronto,
antes de la gran expansión de la producción exportadora de la pampa.
Dicho patrón ha continuado hasta hoy sin cambios fundamentales (12).
significativo de subdivisión de la tierra y un ereeimiento de los pequeños propietarios a partir
de 1901. Sin embargo, una lectura atenta de su interpretación de los datos muestra que él in­
tercambia 108 términOlt propiedades y explotadODeL Tercer Cenao Naekmal, Buenos Aires,
1916-17, Vol. 6, p. Iv. Los datos del censo revelan cantidades considerables de propietarios
extranjeros de unidades de producción ganadera, asi como un incremento en el número de
pequefías unidades; empero, no correlacionan la nacionalidad de la propiedad con el tamafto
del área poseida. Véanse pp. 677-91 del mismo volumen.
10. Jacinto Oddone, La burpesía terrateuieme argeDtina, 2a. OO., Buenos Aires, 1975, pp. 167­
69.
11. Estas dos posiciones van más allá del énfasis inicial en los valores culturales tradicionales de
la élite latifundista argentina, que supuestamente hacia a los grandes propietarios más intere­
sados en adquirir tierra y estat.us que en tomar dec;isiones económicas y politicas racionales
para favorecer sus interese económicos. La primera posición, desarrollada por Cortés Conde
enel libro citado en la nota 8, atribu)llna evolución de la gran hacienda a la abundancia de tie­
rra de buena calidad y a la esc:aael,.de capital y fuerza de trabajo durante la mayor parte del
siglo XIX. Sostiene que esta eombinación de factores racionalizó e hizo virtualmente inevita­
ble la ganaderla en gran escala. Jacinto Oddone es el más destacado proponente de la segun­
da posición. Cortés Conde ba afirmado su argumento en una forma más extrema e intentado
reforzarlo con detallada investigación de primera mano en su reciente libro El progreso argeD­
tino, Buenos Aires, 1979. Dicba obra arroja mucba luz sobre el desplazamiento de la ganada­
rla a la agricultura en la provincia de Buenos Aires, y sobre el crecimiento de las pequeñas
unidades de producción explotadas bajo contrato de arrendamiento. También suministra evi­
dencia para demostrar un vigoroso mercado de tierras a fines del siglo XIX. No demuestra que
alguno de estos procesos baya difundido considerablemente la concentración territorial a lo
largo del perlodo.
12. Véanse los cuidadosos y detallados estudios históricos de Tullo Halperln Donghi, Manuel Be­
jarano, Haydée Gorostegui de Torres y Ezequiel Gallo en la Parte I de Torcuato Di Tella y Tu·
Iio Halperin Do,oghi, editores, Loe fragmentos del poder, Buenos Aires, 1969. La contribución
de Gallo tiene que ver con la princlpaly transitoria excepción a la regla, o sea, el patrón relati­
vamente difuso de la propiedad de la tierra en la provincia de Santa Fe. Para una concepción
disidente, que sostiene en la pampa la propiedad de la tierra se hizo menos concentrada y
122 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
Aunque los estancieros argentinos poseian los medios de producción
del sector exportador, los capitalistas extranjeros ejercían control
dominante pero no exclusivo, sobre el transporte, el procesarmento y la
de los productos de exportación. El capital británico
había construido y poseía la mayor parte de la extensa red ferroviaria
que comunicaba la pampa con la costa. El capital extranjero habia finan­
ciado y era propietario de muchas instalaciones y plantas de procesa­
miento que elaboraban los productos argentinos y los empacaban para la
exportación. El control foráneo fue especialmente pronunciado, a partir
de 1900 en el procesamiento de la carne, cuando enormes y modernas
plantas 'de empacado, llamadas frigorífICOS en Argentina, desplazaron
los saladeros y graserías, más pequeños y menos eficientes, que habían
procesado los productos ganaderos para la exportación durante el siglo
XIX. El capital extranjero controlaba el embarque y la distribución inter­
nacional de la mayoria de los bienes de exportación, participaba en el
lucrativo comercio de importación, invertía en los sistemas de alumbra­
do público y comunicaciones, establecía bancos y entidades asegurado­
ras y, en la medida en que el desarrollo avanzaba, en la
tria manufacturera. La penetración en gran escala del capItal extrallJero
en la economía argentina implicó una considerable salida de excedentes
hacia el Atlántico Norte. No se dispone de buenas estadísticas sobre este
importante asunto. Diaz Alejandro estima que a finales de los años
tes casi una décima parte de todo el ingreso -exceptuados los salanos­
se remitía al extranjero.
No obstante, el capital argentino también desempeñaba un papel
importante en la mayoría de las actividades económicas no rurales. Par­
ticipaba en menor medida incluso en la industria intensiva en capital del
empacado de carne, controlaba una porción sustancial del procesamien­
tode granos y el comercio de importación y dominaba la banca. La salu­
dable participación del capital argentino en estas actividades fue posible
gracias al control nacional sobre el proceso primario de acumulación de
capital en la economía de exportación. Al contrario de Chile, la apropia­
ción argentina de excedentes generados en la producción exportadora se
logró principalmente no por medio de los impuestos estatales, sino con
los mecanismos normales del mercado capitalista. Pese a que un porcen­
taje considerable de esta riqueza se dilapidó ostensible y notoriamente
en consumo suntuario por parte de la clase dominante argentina (13),
la producci6n más diversificada en la primera mitad del siglo XIX, véase Jonatban C. Brown,
A Socioeoo1lomie HIa*ory of Arge1ltiDa, 1776.1860,Cambridge,lDglaterra, 1979.
13. Acomienzoa del siglo, los europeos acuiiaron la frase "tan rico como un argentino" para des­
cribir a quien tuviera una gran riqueu personal y hábitos de Por su los
argentinos imitaban a la aristocracia europea. En la pampa apareclan mcongruentes de
mansiones rurales inglesas y floridos chalets 8\lizos; un revoltijo de lujosas casas veramegas,
construidas en los más heterogéneos estilos arquitectónicos, testimoniaban la riqueu y el
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ARGENTINA 123
buena parte fue reinvertida en el sector exportador y en empresas co­
merciales y financieras. Mientras tanto, el Estado argentino se limitaba
a gravar el creciente volumen de importaciones generadas por el desa­
rrollo exportador. Empleaba tales impuestos, que golpeaban más fuerte­
mente a los consumidores de las clases obrera y media y representaban
más de la mitad del total de los ingresos estatales, para sufragar los
enormes empréstitos públicos extranjeros que contrataba con el fin de
construir ferrocarriles y otras obras públicas, y financiar una creciente
burocracia civil, especialmente del sector educativo, y militar.
Sin embargo, si bien el capital en la producción exportadora era ar­
gentino, una proporción muy alta de los obreros, de nuevo en contraste
con Chile, eran extranjeros. Al comienzo del auge exportador, la pobla­
ción argentina se hallaba muy dispersa. El crecimiento económico y la
diversificación generados por la expansión exportadora crearon cientos
de miles de empleos, muchos ocupados por inmigrantes. La producción
ganadera, especialmente la cria de ganado, requeria muy pocos trabtija­
dores, pero a partir de 1880, con la gran expansión de la producción ce­
realera en la pampa y el desarrollo de las nacientes economías urbanas
de la costa, la corriente de inmigrantes se convirtió en una inundación.
Entre 1857 y 1930 Argentina recibió una inmigración neta de quizá tres y
medio millones de personas. Antes de la Primera Guerra Mundial más
de la mitad eran italianos y cerca de una cuarta parte españoles. En
1914, en la mayor parte de la pampa los extranjeros superaban a los ar­
gentinos en una proporción de dos a uno. En el mismo año, tres cuartas
partes de la población adulta de la ciudad de Buenos Aires había nacido
en el extranjero (14).
El Gráfico 3.1 muestra la inmigración anual neta a Argentina entre
1860 y 1970 Y comprueba la sensibilidad de los inmigrantes potenciales a
los cambios en las condiciones económicas de Argentina y a las tenden­
cias y las crisis del sistema capitalista mundial. Las caídas se dieron en
periodos de depresión internacional (fines del decenio de 1870 y comien­
zos de 1930), durante las crisis de la economía doméstica de Argentina
(1890-91 e intermitentemente a partir de 1950) y durante las dos guerras
mundiales. Los aumentos ocurrieron en periodos de expansión de las
gusto de la burguesla argentina en el centro turlstico de Mar del Plata. La escala y la solidez
de los edificios públicos y privados, erigidos durante los aAos dorados del crecimiento econó­
mico de Argentina, todavla dan el tono arquitectónico de la ciudad de Buenos Aires. Las fotos
de las mansiones de la élite latifundista adoman las lustrosas páginas de la mamotrética. Enci­
clopedia eomereial, publicada por la Cámara de Comercio Británica y Latinoamericana. Lon­
dres, 1922. Sobre Mar del Plata, véase Juan José Sebrelli, Mar del Plata, el ocio represivo,
Buenos Aires, 1970; sobre Buenos Aires, puede empezarse con James R. Sobie, BuellOS
Aires, del ceDtro a los barrios, 1870-1910, Buenos Aires, 1977.
14. James R. Scobie. AqeDtiDa, 2&.. ed. Nueva York. 1971. Este libro, abundante en información
social y económica. es la mejor historia del pala en un volumen, desde los tiempos coloniaJes
basta el presente.
124 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
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ARGENTINA 125
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da que precedió a la Primera Guerra Mundial, los años veintes y el lustro
posterior a la Segunda Guerra Mundial. Debido a que la mayoría de los
inmigrantes que llegaban al país eran hombres, en Argentina hubo
mucho más varones que mujeres entre 1860 y 1960. La fuerte inmigra­
ción entre 1880 y 1930 también significó que la estructura de edades se
vio distorsionada en favor de los adultos productivos, circunstancia que
benefició el desarrollo económico.
Resulta difícil exagerar la influencia de la inmigración sobre la socie­
dad argentina durante lo que el historiador e intelectual argentino José
Luis Romero apropiadamente denominó la "Era Aluvial" (15). Aunque,
por ejemplo, el número absoluto de inmigrantes a Estados U nidos antes
de 1930 fue mucho más alto, la importancia relativa de los inmigrantes,
dada la reducida población inicial de Argentina, fue aproximadamente el
doble de grande. Aún más, los datos sobre inmigración no expresan ple­
namente la naturaleza del proceso migratorio. Por cada inmigrante que
permanecia en Argentina otro retornaba a Europa luego de una estadía
de semanas o años. La economía exportadora de Argentina atrajo a cien­
tos de miles de obreros temporales (golondrinas) de Europa meridional,
primordialmente durante los meses de verano en el Hemisferio Sur. Mu­
chos trabajaban unas cuantas semanas o meses en la cosecha de granos
para regresar luego a Europa. El predominio de inmigrantes en la fuerza
de trabajo de la producción exportadora y las econonúas urbanas de la
costa durante las primeras décadas del siglo XX influenció todos los as­
pectos de la sociedad argentina y afectó de manera decisiva el desarrollo
del movimiento obrero.
La estructura de la economía exportadora argentina también difería
de la de Chile en otros sentidos. Mientras que la producción de salitre
estaba confinada a un enclave, bastante apartado del centro del país, la
pampa argentina se convirtió en el centro efectivo del país. Fuente de
prácticamente todas las exportaciones argentinas, la pampa contenía
asimismo la gran mayoría de los ferrocarriles de la nación y sus indus­
trias manufactureras y de servicios. Hacia 1914, la pampa albergaba dos
terceras partes y la provincia entera, incluida la ciudad de Buenos Aires,
e146% de la población.
La concentración de la actividad económica yde la población en la
pampa y sus puertos reflejaba la importancia de lo que los economistas
llaman "vínculos delanteros" de la economía exportadora argentina: el
transporte, el procesamiento y los servicios relacionados con el embar­
que de los productos para ser enviados al exterior. Díaz Alejandro ha es­
timado que tales actividades representaban más o menos dos terceras
16. José Luis Romero, A 1&*017 of A.qeDt.iDe Politieal Tboullht, Sta:nford, 1963.
I
.
126 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
partes del valor agregado de las exportaciones argentinas (16). La econ(}­
mía exportadora argentina fue menos exitosa en promover •• nexos trase­
ros y horizontales": la producción de los bienes necesarios para la pr(}­
ducción agrícola y ganadera y la satisfacción de la demanda de bienes
manufacturados por parte de los consumidores. A lo largo del período de
la eXPansión exportadora, hasta 1930, con la excepción parcial de los
años de la guerra mundial y la depresión de posguerra, la economía ar­
gentina mostró una gran propensión a importar sus bienes manufactura­
dos. Sin embargo, aun antes de 1914 el desarrollo de la industria manu­
facturera en Argentina ya era significativo. El crecimiento fue más nota­
ble en la confección y los muebles, asi como en la elaboración de mate­
riales de construcción, donde para 1913 el país satisfacía alrededor de
tres cuartas partes de su consumo. En 1913 cerca del 37% de los alimen­
tos procesados consumidos porlos argentinos se producía en el país. Sin
embargo, salvo unas pocas grandes empresas empacadoras de carne y
textileras, la mayor parte de la industria argentina estaba a cargo de
pequeños establecimientos, muchos de los cuales empleaban menos de
diez personas y se clasifican más apropiadamente como artesanales. En
1913 el censo reportó 48.779 establecimientos manufactureros que,
sumados, empleaban a 410.201 personas. Más de la mitad de estas em­
presas y sus trabajadores estaban localizados en la ciudad y la provincia
de Buenos Aires (17).
El pobre historial de la sustitución de importaciones en Argentina
antes de 1913, o si se quiere antes de 1930, no puede ser explicado, como
si puede serlo en el caso de algunas econolIÚas exportadoras de América
Latina, por falta de capital nacional o demanda insuficiente. La propie­
dad nacional de los medios de la producción exportadora aportaba sufi­
ciente capital para la inversión industrial. Las relaciones capitalistas de
producción en la pampa, la estructura salarial relativamente alta de la
economía argentina, cuya existencia se muestra indirectamente por el
alto nivel de inmigración internacional temporal y permanente, y el
número creciente de consumidores urbanos empleados en el transporte,
las actividades de procesamiento y las labores de la construcción pública
y privada se conjugaron para· crear un gran mercado interno para bienes
manufacturados. Que la industria doméstica no se expandiera para satis­
facer estas necesidades fue una consecuencia de un profundo y bien fun­
damentado consenso entre la mayoría de los consumidores argentinos,
·10 mismo propietarios que obreros: que en la economía argentina de al­
tos salarios las manufacturas extranjeras eran más baratas y de mejor
calidad que los productos nacionales artificialmente protegidos. La falta
16. Diu Alejandro, Eaeay.... , Cuadro 22, p. 423.
17. AdoHo Dorfman, EvoIud6a iDduatrIaIu¡e.tbaa, Buenos Aires, 1942, pp. 11-23.
ARGENTINA
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ARGENTINA 127
relativa de protección para la industria argentina durante la era clásica
del liberalismo económico en la economía mundial no fue simplemente,
como muchos han sostenido, la expresión de los intereses de clase de los
terratenientes, quienes monopolizaron la política nacional hasta 1916.
Tampoco obedeció primordialmente a la limitada influencia política de
los empresarios inmigrantes que dominaban las filas de la burguesia
industrial. Incluso los partidos Radical y Socialista, que se apoyaban en
la clase obrera urbana y consiguieron una parte considerable del poder
político a partir de 1912, adhirieron firmemente a una posición de libre­
cambio. Y los anarcosindicalistas, que lograron el respaldo de millares
de trabajadores urbanos organizados a comienzos del siglo XX, guarda­
ron silencio en tomo a la cuestión del proteccionismo industrial. Los sin­
dicatos no apoyaron la protección de la industria nacional sino a fines de
los años treintas. Todas las clases sociales de la pampa se beneficiaban,
como consumidores, de la posición comparativamente ventajosa de Ar­
gentina en la división internacional del trabajo prevaleciente hasta 1930.
Los costos inherentes al patrón de desarrollo económico de Argentina,
aunque numerosos, no deben imputarse al fracaso del desarrollo indus­
trial antes de 1930.
Una característica distintiva final de la economía exportadora de
Argentina se halla relacionada con su relativa inmunidad a las fluctua­
ciones violentas en la demanda mundial. Al contrario de las exportacio­
nes chilenas de minerales, las exportaciones ganaderas y cerealeras de
Argentina contaron con una demanda relativamente alta y estable, inclu­
so durante la Gran Depresión. Aunque la demanda y los precios de bie­
nes individuales fluctuaban como resultado de los cambiantes gustos y
necesidades de Europa, de los incrementos en la tecnología de la pro­
ducción y el transporte, y de los ciclos económicos y desarrollos políticos,
los productores argentinos fueron capaces de adaptarse a tales cambios.
La producción de lana fue la coyuntura que permitió el crecimiento
sostenido de la economía ganadera a partir de 1860. Antes de esa fecha
la carne cecina se exportaba a las economías esclavistas de la América
tropical, mientras que los cueros y el sebo se enviaban a las economías
industriales de Europa en expansión. A partir de mediados del siglo, sin
embargo, el crecimiento de las industrias de alfombras y tejidos en Fran­
cia y Bélgica crearon un mercado en aumento para la lana, y la cria de
ovejas pronto se convirtió en la principal actividad económica en las pro­
vincias costeras de Argentina. A mediados del siglo había apenas cerca
de cinco millones de ovejas en la zona costera de la pampa; para 1875
solamente la provincia de Buenos Aires poseía alrededor de 46 millones
de ovejas. Las exportaciones de lana durante el mismo lapso pasaron de
un promedio anual de 6 mil toneladas en los años cuarentas a 120 mil
toneladas en los ochentas. En esta última década la lana representó más
de la mitad del valor de las exportaciones argentinas.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 128
Sin embargo, fue tan solo con la revolución en el transporte, el desa­
rrollo de la tecnología de la refrigeración y la expansión de la demanda
europea de alimentos, a partir de 1880, como la producción de la pampa
adquirió su forma moderna. La producción ganadera se adaptó, a partir
de aquel año, a la creciente rentabilidad de las exportaciones de carne a
Europa. En un principio los embarques de ovejas y reses vivas y de cor­
dero congelado dominaron el mercado de la carne; empero, a comienzos
del siglo XX la carne de res congelada se había convertido también en un
importante articulo de exportación. Pocos años después el chilled beef, o
carne de res refrigerada, mucho más atractiva para los consumidores
británicos que compraban casi todas las exportaciones de carne de Ar­
gentina, se convirtió en el artículo de más rápido crecimiento en el co­
mercio exportador argentino.
El giro hacia las exportaciones de carne, especialmente la carne de
res, exigió una revolución en las técnicas de cría y engorde, y cambios
drásticos en el uso de la tierra y los sistemas de trabajo en la pampa. Se
importó ganado de pura sangre de Europa con el fin de mejorar los reba­
ños, la pampa fue surcada con alambre de púas, y pastos de
superior calidad remplazaron los pastos naturales. Tales cambIOS estu­
vieron relacionados con el crecimiento de la agricultura de la pampa.
Como se anoro anteriormente, las exportaciones agrícolas, principal­
mente trigo y maíz, aumentaron rápidamente a partir de 1880, para al­
canzar en 1913 casi la mitad del valor total de las exportaciones. Pero el
desarrollo agrícola siempre estuvo subordinado a los intereses de los
grandes terratenientes y productores de ganado, especialmente vacuno.
En los decenios de 1880 y 1890 los latifundistas empezaron a ceder par­
tes de sus enormes haciendas a arrendatarios inmigrantes, que las dedi­
caron a la producción de granos. Los términos de los contratos limitaban
seriamente la diversificación agrícola y la tenencia de tierra por parte de
los arrendatarios. Por norma general, a las familias de arrendatarios les
era permitido sembrar cereales (se les prohibía estrictamente cultivar
otrOs productos) en grandes pedazos de tierra durante tres años. Al final
se les exigía déjar la tierra sembrada con alfalfa y luego abandonarla. En
un principio, muchos de los contratos eran arreglos de aparcería, pero a
comienzos del siglo se generalizaron los contratos con pago en dinero.
Casi la mitad de las necesidades de mano de obra se satisfacia de la
manera indicada; la fuerte demanda de fuerza temporal de trabajo para
la cosecha se resolvía con trabajadores migrantes provenientes de las
ciudades costeras y las poblaciones de la pampa, así como del sur de
Europa. Por medio de este sistema de contratos temporales de arrenda­
miento y mano de obra migratoria, los terratenientes argentinos estaban
en capacidad de participar en las ganancias de la agricultura, evitar la
pérdida de una tierra que incrementaba velozmente su valor y transfor­
mar gradualmente sus tierras incultas en pastizales apropiados para la
ARGENTINA
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ARGENTINA 129
producción de la carne vacuna de alta calidad que tanto gustaba al con­
sumidor británico. La naturaleza extensiva de la producción ganadera, y
la subordinación de la agricultura, retardaron el crecimiento de la pobla­
ción rural. Al mismo tiempo, las condiciones onerosas de trabajo y de
vida y el acceso limitado a la propiedad de la tierra tendían a empujar a
los trabajadores rurales hacia las ciudades costeras, en donde las oportu­
nidades económicas eran mejores y la calidad dé la vida superior (18).
La expansión de la economía exportadora de Argentina fue interrum­
pida solo temporalmente por la Primera Guerra Mundial. El comienzo de
la contienda redujo la navegación internacional y afectó seriamente el
volumen de las exportaciones e importaciones argentinas. El pronuncia­
do descenso de la economía invirtió la dirección del flujo de capital y de
la migración internacional a medida que los británicos se aprestaban
para la guerra y decenas de miles de trabajadores retornaban a Europa.
Para 1917, no obstante, la economía principió a beneficiarse de la de­
manda bélica. Las exportaciones de carne crecieron rápidamente y Ar­
gentina empezó a vender bienes manufacturados tales como mantas de
lana a los Aliados. La guerra también estimuló la sustitución de importa­
ciones y promovió el crecimiento de unidades productivas más grandes
en la industria. Pero la expansión industrial se vio limitada, al igual que
durante la Segunda Guerra Mundial, por la escasez de bienes de capital
y materias primas industriales en un mundo en guerra.
Después de la contienda, la expansión exportadora de Argentina con­
tinuó y su estructura permaneció básicamente intacta. Hacia finales de
los años veintes el valor de las exportaciones casi había duplicado los
niveles de la preguerra. La inmigración en gran escala revivió, pese a
que apenas alcanzó la mitad del nivel logrado en el decenio anterior al
conflicto. La construcción de ferrocarriles disminuyó, así como el flujo de
nueva inversión extranjera. Ambas tendencias reflejaban el fin de la
expansión física de la superficie de tierra dedicada a la producción ex­
portadora en la pampa; hasta cierto punto también revelaban el decli­
nante poder económico y financiero de la metrópoli británica, a la cual la
economía argentina habia estado tan estrechamente ligada. El sector
manufacturero siguió creciendo, mas no se vio mucha sustitución de
importaciones. Un hecho nuevo fue el surgimiento en los años veintes de
18. Las etapas de la producción rural argentina durante el siglo XIX, resefiadas en los párrafos
anteriores, se describen en Ortiz, HIstoria ecoDÓmica (Véase la nota 71. Los datos sobre los ci­
clos económicos, 1876-1952, están resumidos en Guido Di Tella y Manuel Zymelman, Loe ci·
clos ecoDÓmicos argentinos, BueDOs Aires, 1973. Un análisis detallado, basado en materiales
de primera mano, sobre la transformaciÓn de la producción rural en la provincia de Buenos
Aires a partir de 1880 es Cortés Conde, El progre80 arlentino... El estudio clásico de las im·
plicaciones sociales y culturales de los patrones de tenencia de la tierra y los sistemas de tra­
bajo que surgieron en la pampa con el advenimiento de la agricultura es James R. Scobie,
Revolutionon ibe Pampas, Austin, 1964.
¡. "
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
130
una industria petrolera dirigida por el Estado. Pero hasta los años trein­
tas, la tendencia de la economía argentina a importar bienes complejos,
como maquinaria, e incluso algunas manufacturas relativamente sim­
ples como las textileras no cambió significativamente.
En 1930, al final de los 80 años de crecimiento económico orientado a
las exportaciones, Argentina era una de las sociedades periféricas capi­
talistas más desarrolladas en el mundo. En verdad, el desarrollo argÉmti­
no siguió un patrón histórico de desarrollo capitalista distinto al de Euro­
pa Occidental: lo más sorprendente era la ausencia de un sector indus­
trial grande e integrado; Pero comparada con otras sociedades periféri­
cas, incluidos otros países de reciente colonización como Australia y
Canadá, la Argentina de 1930 se veía bastante bien. Sea que se tomen en
cuenta indicadores económicos como el ingreso per cápita, o los niveles
salariales, o indicadores sociales como el alfabetismo y la mortalidad
infantil, para 1930 Argentina había tomado una considerable ventaja a
sus vecinos latinoamericanos, excepto Uruguay, y se hallaba no muy le­
jos de Canadá y Australia. Buenos Aires, que el británico Lord Bryce
describía en 1912 como una feliz mezcla del bullicio y el dinamismo eco­
nómico de Chicago y el refinamiento de París, se había convertido en
una de las grandes ciudades del orbe. Sus amplias avenidas estaban re­
pletas de automóviles, sus teatros presentaban las más recientes óperas
y obras de teatro, y sus innumerables restaurantes, almacenes y salones
de té se colmaban con elegantes clientes. Aunque la mayoría de los ar­
gentinos no disfrutaba de estas comodidades, la distribución del ingreso
probablemente no era mucho más desigual que en sociedadescapitalis­
tas industriales como Estados U nidos, y la clase media argentina era la
más grande de Latinoamérica. En 1930 la clase obrera urbana gozaba
probablemente de un nivel de vida, especialmente con relación a la die­
ta, superior al de la mayoria de los trabajadores de la Europa continen­
tal, aunque en términos de vivienda y comodidades materiales sin duda
se encontraba por debajo de sus colegas de Estados Unidos, Canadá y
Australia (19).
La crisis del capitalismo mundial, a partir de ·1930, y la ruptura de la
división internacional del trabajo que ella trajo consigo, detuvieron el
crecimiento de la economía exportadora de Argentina pero no la llevaron
al colapso. Al contrario de lo sucedido en Chile, en Argentina el volumen
de las exportaciones permaneció casi en los niveles anteriores a la De­
presión; y aunque los ingresos por exportaciones declinaron rápidamen­
te hasta 1932, aumentaron significativamente a partir de entonces. El
Cuadro 3.2 muestra el incremento de los ingresos por exportaciones has­
19. Diaz Alejandro. EIi88y5. ..• presenta alguna evidencia cuantitativa sobre muchos de estos pun­
ARGENTINA
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Fuente: Comisión Económil
tos comparativos.
Ciudad de México,
---
ARGENTINA 131
ta 1929, su notable estabilidad durante la Gran Depresión y su disminu­
ción a partir de 1940.
Contrariamente a lo que afirmaron tiempo después muchos marxis­
tas y peronistas, la Depresión en Argentina fue relativamente suave y la
recuperación, basada en la continuada viabilidad de las exportaciones y
el dinamismo del sector manufacturero a partir de 1935, fue rápida y sos­
tenida. Si Chile fue el pais latilloamericano más fuertemente golpeado
por la Gran Depresión, Argentina salió de ella quizá con heridas más
leves. El Producto Interno Bruto real de Argentina declinó en cerca de
14% entre 1929 y 1932, para luego rebotar; para 1939 era 15% más alto
que en 1929. En palabras de Díaz Alejandro, la economía argentina res­
pondió •• muy elegantemente" a la Depresión.
La recuperación estuvo dirigida por el sector manufacturero. Los es­
fuerzos gubernamentales por sortear la crisis económica general, inclui­
dos la devaluación de la moneda, las restricciones al uso de divisas ex­
tranjeras y el aumento de las tarifas aduaneras, estimularon la industria­
lización. A partir de 1935 y hasta el comienzo de la guerra, en 1939, el
crecimiento de la industria, casi siempre con base en la sustitución de
importaciones, fue impresionante. La gran industria, en buena parte de
propiedad extranjera, empezó a producir considerables cantidades de
bienes de consumo durable. Proliferó la pequeña industria, de propie­
dad nacional, productora de bienes ligeros de consumo. El economista
argentino Adolfo Dorfman ha demostrado que mientras que el número
de establecimientos industriales creció en 1.400 entre 1914 y 1935, entre
esta última fecha y 193Tse incrementó en8.700. El aumento de la fuerza
de trabajo industrial fue un poco menos impactante: 204 mil personas
incorporadas entre 1914 y 1935; y 144 mil entre 1935 y 1937. Tan pronto
CUADRO 3.2
VALOR DE LAS EXPORTACIONES ARGENTINAS PROMEDIADAS
POR PERIODOS DE CINCO A ~ O S , 1900-1954
(en d6lares de 1950)
Periodo
1900-1904
1905-9
1910-14
1915-19
1920-24
1925-29
Valor de las
expon.ciones
583.000.000
807.200.000
896.000.000
920.300.000
1.278,600.000
1.582.700.000
Periodo
1930-34
1935-39
1940-44
1945-49
1950-54
Valor de las
exportaclones
1.481.000.000
1.479.400.000
1.192.500.000
1.180.100.000
937.100.000
Fuente: Comisi6n Econ6mica para América Latina, El desarrollo económico de la Argentina,
Ciudad de México, 1959, Parte 1, Cuadro 14, p. 115.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 182
como estalló la guerra, los problemas familiares propios de aquellos
tiempos volvieron a afectar la industria argentina. Sin embargo, ésta
continuó creciendo, aunque más lentamente, y para 1945 aportaba cerca
de una cuarta parte del Producto Interno Bruto, sobrepasando a la agri­
cultura y a la ganaderia combinadas (20).
De esta manera, en contraste con la violenta crisis económica y social
experimentada por Chile a partir de 1930, el impacto de la Depresión en
Argentina fue relativamente suave en términos económicos. Y la adapta­
ción del pals a las oportunidades industriales presentadas por la crisis
mundial fue impresionante. Tan afortunada respuesta se vio condiciona­
da por cuatro clases de circunstancias, cada una íntimamente relaciona­
da con la naturaleza de la economía exportadora que impulsó el desarro­
llo argentino antes de 1930. La primera fue la demanda internacional de
alimentos argentinos, que se mantuvo incólume. La conservación del
complejo económico que giraba alrededor de las exportaciones aseguró
una continua acumulación de capital, sostuvo la mayoria de los empleos
y generó, aunque a niveles levemente reducidos, las divisas vitales para
la capacidad importadora del país. Dicha capacidad era crucial, a su vez,
para expandir la industria de sustitución de importaciones. Es cierto que
los exitosos esfuerzos de la élite terrateniente, particularmente los pro­
ductores de ganado, por preservar la participación argentina en un mer­
cado británico de carne en proceso de reducción implicaron concesiones
al capital inglés que en cierto modo obstaculizaron el desarrollo de la
industria argentina. Como se verá más adelante, sin embargo, el princi­
pal efecto de tales acciones en el curso del desarrollo econbmico de Ar­
gentina fue de carácter político y a largo plazo. Se reveló solo con .el as­
censo al poder de los peronistas, después de la Segunda Guerra Mun­
dial.
En segundo lugar, a diferencia de Chile, ·Argentina consumía los
mismos productos que exportaba (21). Antes de la crisis mundial los
argentinos consumían casi la mitad de la carne de vaca y el trigo del
país, y dicha proporción aumentó después de 1930. El consumo domésti­
co de una cuota importante de la producción disponible para exportar
actuó a modo de tapbn contra la crisis en el sector exportador y sirvió
para estimular la recuperación económica de los años treintas. Esta ven­
taja se tornó en un arma de doble filo con las políticas de redistribución
del peronismo, en los años cuarentas, pues aunque la ampliación del
20. Dorfman, EvollldOn. .. , p. 148; Di Tella Y Zymelman. Loa cldo8. ..• p. 285, n. 2.
21. La carne de res '1 el trigo eran los art1cuIos básicos de la dieta argentina. En los años veintes '1
treintas los argentinos conlJUDÚall alrededor de 250 libras de carne por habitante cada año. En
Estados Unidos las cifras comparables del consumo total de carne, no solo de res, era de 150
libras por habitante. cada año. Otros productos ganaderos y agricolas, particularmente cueros
ARGENTINA
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22. El pobre desempeiio de Al
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de México, 1959. Véase 98J
tina para aumentar la pm
José Alfredo Mutinez de
y lana, eran absorbidos por la industria argentina.
1860, Buenos Aires, 1967,
ARGENTINA 133
consumo popular benefició considerablemente a la clase obrera, limitb el
volumen de las exportaciones, especialmente de came,.y redujo el ingre­
so de divisas, vitales para el esfuerzo industriaJúador de los peronistas.
En tercer lugar, el recorte de la inmigración internacional suavizó el
impacto de la crisis sobre la clase obrera argentina. El desempleo abier­
to era relativamente bajo a comienzos de los años treintas. A medida que
avanzaba la recuperación, volvió a darse una modesta migración interna­
cional, mas las oportunidades de empleo en las nuevas industrias de las
ciudades costeras fueron aprovechadas por migrantes de las regiones
deprimidas del interior, en su mayoria mujeres. Muchas de estas perso­
nas, que no pertenecían a partidos políticos ni a sindicatos establecidos,
se convirtieron en importantes seguidores del régimen peronista.
Por último, y de manera más general, la economía exportadora de
Argentina, a diferencia de la chilena, contribuyó directa y muy amplia­
mente al desarrollo del centro económico y demográfico del país. A pe­
sar de sus imperfecciones, la impresionante red ferroviaria construida
antes de la crisis sirvió,a partir de 1930, para crear un mercado nacional
unificado para la industria doméstica. Todas las actividades manufactu­
reras y de servicios, estimuladas por un patrón de desarrollo orientado a
la exportación, que generaron una sociedad urbana de consumo con al­
tos salarios, pudieron adaptarse para producir y distribuir lo que antes
se importaba. Las capacidades de la gran fuerza urbana de trabajo y el
alto nivel de educación del pueblo facilitaron la adaptación a unaecono­
mia más compleja e industrializada. Fue así como el éxito del desarrollo
.• hacia afuera" de Argentina antes de 1930, éxito sin paralelo en el resto
de América Latina, hizo más fácil su ajuste a una nueva fase de desarro­
llo industrial •• hacia adentro' 'en los años treintas y cuarentas.
Pero el éxito de la industrialización por sustitución de importaciones
en los treintas y cuarentas no corrió a la par con la expansión del sector
exportador. En las décadas que siguieron a 1930, los estancieros argenti­
nos poco a poco empezaron a poner más énfasis· en la producción gana­
dera. Dicha tendencia se acentuó a partir de 1940 y continuó a costa del
área dedicada a la agricultura, como lo ilustra el Cuadro 3.S.Este giro
hacia un uso más extensivo y menos productivo de la tierra, sumado a los
fracasados esfuerzos por incrementar la productividad agricola y la cria
de ganado, explica en gran parte el virtual estancamiento de la produc­
ción rural argentina en décadas recientes (22). Tal estancamiento, en el
22. El pobre deeempefto de Argentina en este campo recibe sostenida atención en el informe de la
Comi.l!IÍÓn Económica para América Latina, El cIesarroDo ec!OIIÓJDkO d. la AJ'xentiDa, Ciudad
de Méxieo, 1959. Véase especialmente Parte 1, Cuadro 21, p. 23. El fracaeo relativo de Argen­
tina para aumentar la productividad de granos y bienes pecuarios exportables es tratado en
José Alfredo Martinez de Hoz; La agricultura '1 la ganaderia arpntma en el período 1931).
1960, Buenos Aires, 1967, C. 6.
I
134
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
ARGENTINA
CUADRO 3.3
SUPERFICIE DE TIERRA DEDICADA A LA PRODUCCION
DIRECTA EN LA PAMPA, 193()"1954
Periodo Apicultura
Crúa de 'lIDado
1980-84
1935-39
1940-44
1945·49
1950·54
15.149
16.013
15.056
13.058
11.524
31.572
32.373
84.360
36.570
39.336
.....__....
Fuente: Comisión Económica para América Latina, El dealllTOUo económieo de Ar,entina,
Ciudad de México, 1959, Parte 11, Cuadro 11, p. 16
contexto de una población en crecimiento y, en ciertos periodos, de altos
niveles de consumo doméstico, ha representado una disminución cuanti­
tativa de las exportaciones y menos divisas. Desde los años cincuentas,
las limitaciones cambiarias han obstaculizado la capacidad de la eeo,no­
núa argentina para importar bienes de capital y materias primas indus­
triales necesarios para lograr el desarrollo de la sustitución de importa­
ciones y de la industria básica. Se ha constreñido por consiguiente la
tasa de crecimiento del conjunto de la economía y ha habido muy peque­
ños incrementos, pese a las reducidas tasas de crecimiento demográfico,
del Producto Interno Bruto per cápita.
En la literatura sobre el desarrollo económico argentino se acepta
casi al unisono que el fracaso del sector rural por expandir la producción
es la base· del lamentable desempeño económico de Argentina en déca­
das recientes. Pero existe acuerdo sobre las causas del estancamiento
rural. Carlos Diaz Alejandro recurre a la teoria económica neoclásica y a
un cuidadoso empleo de la información económica histórica para recha­
zar las explicaciones culturales, sociales y económicas que predominan
en la literatura. La evolución de la gran hacienda, sostiene, fue una fun­
ción natural de las fuerzas del mercado que operaban en el contexto de la
geografla argentina. Según él, el cuadro de una clase terrateniente moti­
vada por valores culturales tradicionales, más interesada en la renta de
la tierra y el estatus social que en utilizar racionalmente los recursos eco­
nómicos y los métodos empresariales, no concuerda con los hechos. La
élite argentina respondió acertadamente a las oportunidades económicas
que se presentaron por la cambiante demanda europea de productos
rurales. Si prefirieron la hacienda y las actividades financieras a las
empresas industriales fue porque, dada la ventaja comparativa de Ar­
gentina en una econonúa mundial de libre comercio, la explotación de la
tierra ofrecía el mayor retomo del capital invertido. A los alegatos de
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ARGENTINA 135
que la concentración de la tierra y los sistemas de trabajo perjudicaban
la eficiencia de la producción rural, Diaz Alejandro demuestra con datos
que la productividad argentina se equiparaba con la de sus competidores
internacionales, incluido Estados Unidos, por lo menos hasta los años
veintes. ¿Por qué, entonces, se rezagb Argentina tan rápida y dramáti­
camente en la productividad rural y el crecimiento de la producción a
partir de la Depresión? Las respuestas de Diaz Alejandro son básica­
mente dos: el impacto de las politicas peronistas en los precios de los
bienes rurales, en los sistemas de trabajo rural y en los arreglos de te­
nencia de la tierra en el período de la posguerra; y el ftacaso del gobier­
no argentino por suministrar servicios técnicos a los productores rurales
antes, yen especial después, de 1930 (23).
Ambas explicaciones del estancamiento en el campo sonpoliticas. Y
ambas son convincentes hasta cierto punto. Pero el ascenso del peronía­
mo y el fracaso de los gobiernos argentinos por fomentar la moderniza­
ción de la producción rural a lo largo del presente siglo no constituyen
las variables exógenas que Diaz Alejandro supone. Por el contrario, se
hallan directamente relacionadas con la naturaleza de una economia
exportadora cuya forma básica fue definida antes de la Primera Guerra
Mundial. Estudiar cómo esta estructura exportadora, por su influencia
sobre el movimiento obrero, contribuye a explicar el ascenso del peronia­
mo es materia del resto de este ensayo. Aquí puede esbozarse breve­
mente cómo contribuyó a contener la modernización agrícola, incluidos
los servicios técnicos del gobierno -para el productor rural.
El problema implicito en la explicación de Diaz Alejandro radica en
que antes del ascenso del peronismo la élite terrateniente era el gobier­
no. Incluso durante el período de 1916-30, cuando el Partido Radical,
que representaba mucho más que los intereses de los terratenientes,
controlaba el Ejecutivo, y los diputados socialistas y radicales eran nu­
merosos en el Congreso, la élite de la tierra poseia el poder poJíticoe
ideológico para sabotear todos los intentos por modificar los sistemas
rurales de tenencia de la tierra y de trabajo. Durante el periodo que va
hasta la Primera Guerra Mundial, el gobierno aplicó politicas tributa­
rias, tarifarías, monetarias, crediticias y laborales que beneficiaban ex­
clusivamente los intereses de los grandes terratenientes. Que estos inte­
reses no movilizaran ni siquiera modestas cantidades de dineros públi.
cos para fomentar la investigación científica sobre la agricultura y la
ganadería y los servicios técnicos de extensibn, mientras ponian en mar­
23. DIaz Alejandro, EMay8, C. 3. Este resumen DO puede hacer justicia a la riqueza informativa y
anaUtiea que eonduce a DIaz Alejandro a estas conclusiones. Vn diagnóstico similar fue logra­
do por Martinez de Hoz en un ensayo publicado por vez primera en un volumen de la casa edi­
torial argentina Sur; ArlenÍÚYi,lt30-1980, BueDOB Aires, 1961, pp. 189-210; Y luego amplia­
do en el libro citado en la nota 22.
>, ,
~
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
136
cha costosas politicas públicas como el subsidio a la construccibn de fe­
rrocarriles, se explica no por su supuesto tradicionalismo cultural, que
Díaz Alejandro descarta correctamente, sino por el hecho de que no se
encontraban bajo una efectiva presibn econbmica, social, ideolbgica o
politica para modernizar la produccibn. Los impuestos sobre la tierra y
aun sobre la riqueza eran núnimos. La organizacibn sindical del campo,
como veremos, se veía entrabada, y las fuerzas politicas nacionales, an­
tes de Perbn, nunca pusieron en peligro la posicibn de clase de la élite
rural.
El fracaso de las fuerzas populares por ejercer una presibn significa­
tiva sobre la élite latifundista antes del advenimiento de Perbn explica
en gran parte la ausencia relativa de modernizacibn y el estancamiento
de la produccibn rural. El espectacular crecimiento de la econonúa ar­
gentina dependib de la expansibn, hasta la Primera Guerra Mundial, en
las tierras virgenes y por lo general ricas de la pampa. Aunque hubo
algunos progresos técnicos, tanto en la cria y el levante del ganado como
en la agricultura, las relaciones sociales de produccibn que subordina­
ban la agricultura a la ganaderia y le negaban a la fuerza de trabajo mi­
gratoria la seguridad en la tenencia no podian sostener ni hacer avanzar
el proceso de modernizacibn rural. El aumento de la produccibn agrope­
cuaria continub hasta los años veintes y probablemente hubiera prose­
guido por un tiempo mayor de no haber intervenido la depresibn mun­
dial. Mas el fracaso modernizador antes de Perbn, como queda ilustrado
con la negligencia frente a la investigacibn y los servicios técnicos para
los productores rurales, era congénito a la estructura de la econonúa
exportadora de Argentina. Quienes trabajaban la tierra no teman opor­
tunidades ni incentivos para modernizar y los que la poseían no necesita­
ban hacerlo.
La ironia de la historia argentina ha querido, dado el poder de las
fuerzas humanas generadas por la produccibn exportadora, que los mis­
mos rasgos estructurales que demostraron ser tan conductivos para el
desarrollo econbmico capitalista en la primera mitad del siglo XX alber­
garan implicaciones políticas tan destructivas para el desarrollo econb­
mico de la segunda mitad. La historia del movimiento obrero argentino,
al que nos referiremos ahora, une las tramas del desarrollo econbmico y
la evolucibn politica. Al hacerlo, revela las dimensiones plenas de la cri­
sis que ha paralizado no solo la econonúa de la nacibn sino el conjunto de
la sociedad argentina desde mediados del siglo.
LA PRIMERA GRAN MOV1LlZACION OBRERA
La historia del movimiento obrero argentino en el siglo XX comprende
dos periodos diferentes de movilizacibn de masas y fuerza organizativa.
El primero alcanzb su apogeo al final de la Primera Guerra Mundial bajo
ARGENTINA
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ARGENTINA 137
el liderazgo de los anarcosindicalistas. El segundo se desarrolló durante
la Segunda Guerra Mundial y fue canalizado hacia un movimiento corpo­
rativista y nacionalista de derecha. acaudillado por Juan Domingo Pe­
rón. Ambos periodos estuvieron separados por un intervalo de veinte
años. A partir de 1920. el movimiento obrero pronto perdió su ímpetu y
su autonouúa ideológica. La organización obrera decayó y las organiza­
ciones restantes más y efectivas aceptaron la legitimidad del
orden social y económico. El primer movimiento obrero. con todo y su
vitalidad inicial. no pudo obtener importantes concesiones ideológicas e
institucionales de la clase dominante. Dejó una impronta ideológica e
institucional muy poco profunda en la vida de la nación. Por el contrario.
la segunda época de la movilización obrera cambió el curso de la historia
moderna de Argentina. Dejó un legado pol1tico. institucional e ideológi­
co que domina hasta hoy el movimiento obrero argentino e influye pro­
fundamente en toda la vida nacional.
La trayectoria del movimiento obrero argentino es. entonces. funda­
mentalmente distinta de la de su contraparte en Chile. En este país. el
movimiento obrero pronto forjó una concepción clasista. anticapitalista y
antimperialista de su posición en la sociedad. A lo largo del siglo arras­
tró más y más grupos sociales hacia la concepción marxista del mundo y
la solución socialista a los problemas nacionales. En Argentina. al con­
trario, el más grande movimiento obrero anticapitalista de Latinoaméri­
ca a comienzos del siglo XX se atrofió a partir de 1920. Cuando reapare­
ció como una fuerza importante de la vida nacional. lo hizo bajo la bande­
ra de un movimiento popular antimarxista unido a una ideologia que
asuuúa la armonía de clases y aceptaba las instituciones básicas del or­
den capitalista .
Es alrededor de este patrón de desarrollo discontinuo y de metamor­
fosis ideológica que giran los problemas anaJiticos centrales de la histo­
ria del movimiento obrero argentino. Hay que elucidar la considerable
influencia y la fortaleza inicial del anarcosindicalismo y, al mismo tiem­
po. explicar la fragilidad. la rápida declinación y el permanente eclipse
de esta primera gran movilización de la clase obrera argentina. Hay que
explicar dos decenios de conformismo ideológico. debilidad organizativa
e inactividad colectiva del movimiento laboral y, al mismo tiempo. escla­
recer la rápida movilización de comienzos de los años cuarentas y la faci­
lidad con la que se aceptó -y se ha defendido- un orden ideológico e
institucional que, en términos marxistas, se contrapone teóricamente a
los intereses fundamentales de los trabajadores como clase. Hacerlo no
resulta una tarea simple. La investigación académica sobre estos asun­
tos apenas empieza y el grueso de la literatura existente es descriptiva y
polémica (24). En esta sección y en la siguiente hago un repaso de la his­
24. He recurrido a narraciones escritas por activistas de la época Yque represen­
;
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 138
tona en las dos fases del movimiento obrero argentino moderno. He tra­
tado de demostrar cómo muchos de los enigmas que pesan sobre el de­
sarrollo del movimiento obrero argentino pueden clarificarse en el marco
delas tendencias económicas y sociales reseñadas en la sección anterior.
Sostengo que el precoz desarrollo del movimiento obrero argentino, su
foco urbano, su composición social y tendencias ideológicas, su tenue
fortaleza en la posguerra y su colapso súbito, todo ello refleja las espe­
ciales caracterlsticas estructurales del veloz crecimiento de la sociedad
"
periférica capitalista de Argentina en las décadas posteriores a 1880.
A diferencia de sus compañeros de Chile, los trabajadores argentinos
del sector exportador enfrentaron obstáculos virtualmente insuperables
en sus esfuerzos por forjar instituciones obreras y una concepción autó­
noma de la sociedad. Los métodos extensivos de producción, inherentes
a la crla de ganado e impuestos por los grandes terratenientes a una
fuerza de trabajo inmigrante en el cultivo de cereales, impidieron el de­
sarrollo de comunidades rurales estables y socavaron el potencial orga­
, ,
nizativo de los trabajadores del campo. Aislados en la vasta pampa, pri­
vados de la propiedad sobre la tierra o sin acceso permanente a ella, los
obreros rurales no podían construir ni siquiera instituciones rudimenta­
rias de vida colectiva. Como lo demostró James Scobieen una obra clási­
ca, el desarrollo de escuelas e iglesias,e inclusQ de pequeñas aldeas, fue
impedido en la pampa ganadera y cerealera (25). Tal anemia institucio­
nal reviste una importancia fundamental. Fue mediante este tipo de ins­
tituciones como otros trabajadores rurales, por ejemplo, los de Estados
Unidos, crearon poderosas instituciones obreras y sostuvieron movi­
mientos agrarios masivos capaces de influir y amenazar las instituciones
económicas y políticas de grandes Estados nacionales (26).
tan cada una de las principales corrientes ideológicas en el desarrollo del movimiento obrero
,1
argentino. Dichas obras, todas las cuales muestran los puntos fuertes y débiles discutidos en
, .
el primer capitulo, incluyen Diego Abad de SantillAn, La roRA, Buenos Aires, 1933 (anar·
quista,; Sebastián Marotta,El movimiento siDdieal 8I1Ieatlno, 3 Vola., Buenos Aires, 1960,
1961, 1970 (sindicalista); Jacinto Oddone, Gremialismo proletario 8J1I8DtIno, Buenos Aires,
1949 (socialistal; Rubén Isearo, Origen y desarroUo del movimiento sindical argentino, Bue­
nos Aires, 1958 (comunista'. Las contribuciones peronistas se anotan más adelante. Los inten­
tos de los especialistas por explicar los principales puntos de ~ e en la historia del movi­
miento laboral argentino se discuten a medida que el análisis avanza.
25. Scobie, Revolution on tile Pampas•..
26. Lawrence Goodwyn ha desarrollado estas ideas en una importante revaloración del movimien­
to populista de Estados Unidos a fines del siglo XIX,Tbe Populist Moment, Nueva York, 1978.
Carl Solberg aporta mucha información acerca de la fragmentación y la vida abyecta de la cia­
se obrera rural argentina en "Fann Workers and the Myth of Export-Led Development in
Argentina", en Tbe Americas21:2, octubre de 1974, pp. 121-138.
ARGENTINA
La principal excel
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1971, pp. 18-52.
ARGENTINA 189
La principal excepción a este patrón de organización social en la pam­
pa fue la zona meridional de la provincia de Santa Fe. Los movimientos
rurales de protesta surgidos en esta región a comienzos del siglo XX sa­
caron ventaja de la herencia social y política de los pequeños propieta­
rios inmigrantes, quienes se establecieron como productores de trigo en
la provincia entre 1870 y 1890. Pese a que la región habia evolucionado
hacia un patrón de concentración de la propiedad territorial y de tenen­
cia agrícola capitalista típica de la pampa, a comienzos del siglo XX con­
taba con una población más de.nsa, una agricultura más intensiva, espe­
cialmente en el cultivo del maiz,una estructura social más compleja y un
mayor pluralismo en su estructura politica partidista que las otras regio­
nes de la pampa.
AUi, cerca de la población de Alcorta, en junio de 1912 los arrendata­
rios efectuaron el movimiento agrario más exitoso de la historia argenti­
na del siglo XX (27). Apremiados por la inestabilidad de los precios in...
ternacionales de los granos, las cosechas irregulares y el·incremento de
la renta de la tierra, y alentados por la reciente elección de una adminis­
tración·provincial de corte reformista radical, los arrendatarios se lanza­
ron a exigir rentas más bajas y contratos a largo plazo. Estos pequeños
agricultores capitalistas, la mayoría de los cuales al parecer eran·aparce...
ros italianos, consiguieron foIjar una alianza con los comerciantes inter­
mediarios que vendian su grano a las grandes firmas exportadoras y les
otorgaban crédito. Llevaron. su movimiento más allá de la provincia· de
Santa Fe y sus líderes aseguraban que el número de huelguistas había
llegado a 100 mil antes que el paro de dos meses fuese arreglado gracias
a la mediación gubernamental y a ciertas concesiones hechas por los
terratenientes. La organización fundada por los arrendatarios de Santa
Fe, la Federación Agraria Argentina, y su periódico, La Tierra, sobrevi­
vieron a la huelga y continuaron agitando consignas en pro de reformas
agrarias moderadas en los años diez y veintes.
Fue en esta misma región y en el sur de la provincia de Buenos Aires
donde los trabajadores sin tierra, organizados en incipientes sindicatos
rurales de orientación anarcosindicalista, realizaron una gran huelga
que se extendió a lo largo y ancho de la pampa durante la agitación labo­
ral de 1919. La huelga, sin embargo, enfrentó la oposición tanto de los
terratenientes como de los otrora radicales miembros de la Federación
27. Estas observaciones sobre el movimiento agrario que se inició en Santa Fe en 1912 se derivan
de la rica pero retorcida historia de Plácido Grela, El Grito de AIoorta, Buenos Aires, 1956,1
siguen el cuidadoso examen de las condiciones estructurales que precipiCa1'on·la protesta en
An1bal Arcando, "El conflicto agrario argentino de 1912", en Desarrollo Eeooómieo, 20:79
oct.-dic. de 1980, 351-381. Carl Solberg esboza los términos del conflicto agrario en la pampa
en losl1Ílos subsiguientes en su articulo pionero "Rural Unrest and Agrarian Policy in Argen­
tina, 1912-1930", en "ouma! 01 Interameriean St0die8 and Wodd Affairs, No. 12, enero de
1971, pp. 18-52.
:
140
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
Agraria Argentina, y fue violentamente reprimida por parte de la policía
provincial luego de cinco semanas de lucha. Durante los años veintes, la
pequeñoburguesa F AA se inclinó rápidamente hacia la derecha. Según
lo ha demostrado Carl Solberg, La Tierra simpatizaba con las iniciativas
agrarias de Mussolini y atribuia la situación de los jornaleros sin tierra a
la indolencia de los individuos. En 1928 estalló en la provincia de Buenos
Aires y en el sur de Santa 'Fe otra huelga de trabajadores sin tierra que
buscaban reconocimiento a su organización y aumentos salariales. Esta
vez la F AA también se opuso y el movimiento fue rápida y brutalmente
reprimido por parte de las tropas despachadas por el gobierno radical.
Fue más allá de la pampa, en los lejanos parajes de la Patagonia,
donde entre 1920 y 1921 los anarquistas dirigieron la otra gran huelga
rural de la historia moderna de Argentina. Organizada por artesanos
urbanos del puerto de rio Gallegos, movilizó la fuerza de trabajo predo­
minantemente chilena de las grandes estancias ovejeras del territorio de
Santa Cruz. La huelga fue finalmente aplastada por el ejército, que eli­
minó sistemáticamente a cientos de trabajadores rurales y los sepultó en
fosas comunes. Osvaldo Bayer, quien inmortalizó la huelga en su histo­
ria de tres volúmenes Los vengadores de la Patagonia trágica, revela
cuán diferentes eran las condiciones organizativas en la Patagonia y en
el centro de la econonúa agroexportadora. En las vastas, áridas y poco
pobladas planicies de la Patagonia, los capitalistas no disponían tan fá­
cilmente de esquiroles ni del aparato coercitivo del Estado. Sus trabaja­
dores, principalmente varones solteros, vivían en barracas comunales en
cada rancho. Durante la catastrófica depresión de la posguerra en la'eco­
nonúa internacional de la lana, estos obreros no tenían literalmente a
donde ir, ni alternativa alguna de trabajo en las estancias ovejeras para
ganar su sustento. En la Patagonia los obreros vivían aislados de las
principales instituciones culturales de Argentina, en una estructura so­
cial compuesta por dos clases, sin grupos intermedios. Su capacidad
para identificar a sus antagonistas de clase y adelantar acciones colecti­
vas exitosas quizá también se veía favorecida por el hecho de que la
mayoria eran chilenos, mientras que los propietarios eran capitalistas
argentinos o europeos ausentistas (28).
Estas notitbles movilizaciones de trabajadores. rurales en el sector
exportador, reseñadas esquemáticamente aqui, constituyen las excep­
ciones. En la vasta pampa, núcleo de la econonúa exportadora, las condi­
ciones estructurales levantaron formidables obstáculos para una efectiva
organización laboral. El) la pampa la naturaleza de los sistemas de te­
nencia y de trabajo tendía incluso a limitar la concentración de las gentes
y a sofocar el desarrollo de formas rudimentarias de vida comunitaria.
28. Osvaldo Bayer, Los vengadores de la PatalJonia trágica, 3 Vols., Buenos Aires, 1972-74.
ARGENTINA
En vez de fomel
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30. Recientes estudios euro
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exp.Jica la dinámica de la
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protesta laboral anarqui
décadas del siglo XX.
ARGENTINA 141
En vez de fomentar el desarrollo social del campo, las relaciones so­
ciales de producción en el centro del sector exportador tendían a empu­
jar a los obreros hacia las ciudades. Allí, gracias al crecimiento rápido y
sostenido de la industria manufacturera y de construcción, los servicios y
las actividades burocráticas y profesionales, todos estimulados por el
impresionante desarrollo de la producción exportadora, los trabajadores
manuales, los oficinistas y los pequeños empresarios, muchos de ellos
inmigrantes europeos, hallaron las oportunidades económicas y sociales
que faltaban en el campo. En la medida en que el mercado urbano crecía
en una econoIlÚa de salarios altos, las actividades urbanas se alimenta­
ban a sí mismas (29). Surgió una gran econoIlÚa urbana para alimentar,
vestir, dar techo y divertir a las clases urbanas del pals. Asimismo, las
necesidades de transporte y procesamiento de una econoIlÚa basada en
la exportación de voluminosos artículos ganaderos y agricolas crea'JOn
miles de empleos para obreros, principalmente en los puertos de la pam­
pa yen especial en Buenos Aires. En 1914, la clase obrera de la capital
sumaba casi medio millón de personas.
La estructura económica de Argentina durante la época dorada del
desarrollo exportador moldeó, así, una estructura de clases diferente de
la que apareció cuando el capitalismo se extendió en las econoIlÚas in­
dustriales del centro del sistema mundial. El núcleo del proletariado
urbano argentino en los inicios del siglo XX no estaba cqruormadopor
obreros industriales divorciados de la propiedad de los medios de pro­
ducción y progresivamente despojaaos del control sobre la concepción y
la ejecución del trabajo (30). Exceptuando las considerables y muy im­
portantes cQncentraciones de obreros en el empaque de.came y el trans­
porte, la mayoría de . los trabajadores manuales del pals eran artesanos
empleados en la construcción urbana y en pequeños establecimientos
manufactureros, que utilizaban materias primas domésticas paOl pro­
veer de mercancías baratas el mercado doméstico. Los artesanos califi­
cadosde la construcción y la manufactura, organizados en gremios de
albañiles, herreros, tipógrafos, carpinteros, sastres, ebanistas, conduc­
tores de tranvia, panaderos, zapateros, etc., formaban el grueso del
movimiento obrero organizado a comienzos del siglo XX. Tales artesanos
29. El l D ~ i o desigual, de Arghiri Emmanuel, México, 1972, desarrolla un poderoso argu­
mento te6rico e histórico para demostrar el potencial de desarrollo capitalista diversificado de
las economias periféricas que, como la de Argentina, poseen una estroctura salarial relativa­
mente alta.
30. Recientes estudios europeos y norteamericanos sobre la historia del movimiento obrero han
demostrado convincentemente, al contrario de las concepciones marxistas tradicionales, que
es la resistencia a la proletarización, y no las consecuencias de BU realización, lo que mejor
explica la dinámica de la protesta obrera en Europa y Estados Unidos en el siglo XIX. Aunque
se carece de estudios sistemáticos, dicha resistencia probablemente está en la esencia de la
protesta laboral anarquista y sindicalista de Europa Meridional y Argentina en las primeras
décadas del siglo XX.
I
I
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 142
lograron movilizar apreciables cantidades de trabajadores no calificados,
quienes hacían las labores pesadas y sucias en una economía urbana en
que las herramientas de mano y el trabajo fisico aún no habian empeza­
"
do a ser remplazados por la maquinaria y los combustibles fósiles (31).
Solo hacia el final del primer periodo de movilización obrera se unieron a
estas organizaciones los trabajadores sindicalizados del transporte, los
empleados de los servicios y los jornaleros. Los obreros maritimos y
,.
ferroviarios lograron un notable grado de organización efectiva luego de
,
una serie de huelgas prolongadas y duramente luchadas, entre 1916 y
1918.

l'
La naturaleza de la clase media moldeada por la expansión exporta­
dora de Argentina a partir de 1880 también se aparta del patrón clásico
que surgió a medida que la industrialización avanzaba en el Atlántico
Norte. El desarrollo económico fortaleció en Argentina a la clase terrate­
niente, no a una burguesia industrial. El gran conglomerado de rentis­
tas, profesionales, empleados de cuello blanco y propietarios de estable­
cimientos manufactureros que se consolidó en Buenos Aires en los dece­
nios posteriores a 1880 se mostró más interesado en la democratización
poJitica y en el acceso a.la educación y a la burocracia estatal que en bus­
car una concepción organízativa, social y económica diferente de laque
defendian la clase dominante argentina y los capitalistas foráneos alia­
dos con ella. Las aspiraciones de estos sectores medios, la mayoria de
cuyos integrantes, con excepción de los industriales, habia nacido en
Argentina, presentaban a la élite de la tierra un serio desafio poJitico,
aunque no social. Como veremos, la solución a dicho reto, queabriria el
sistema poJitico a todos los ciudadanos varones adultos a partir de1912,
tuYO importantes consecuencias para el desarrollo del movimiento obre­
ro y para la evolución poJitica de la nación durante el siglo XX (32).
31. Jacinto Oddone. GremialieDlo, ..• pp. 276-77. trae una ilust.raclón gráfica de quiénes eran estos
trabajadores en su lista de organizaciones obreras de la capiial. representadas en la conferen­
cia de fusión de los sindicatos anarquistas y socialistas efectuada en Buenos Aires en 1906.
Aquéllos inclulan talabarteros, marmoleros. mo2lO8, carpinteros de ribera, gráficos, herrado­
res, escultores en madera, pintores, torneros en madera lrepresented by Oddonel. obreros del
puerto, fundidores tipográficos, mosaiquistas, maquinistas de calzado, modistas, conductores
de carros, conductores de veh1culos, propietarios de 1 y 2 carros. galponistas y escaleristas,
a.yucIQtes y peones de cocina, fundidores y modelistas, IIUtl'es, planchadores, constructores
de carruajes. cortadores de calzado. maquinistas, pechereros. plateros, metalúrgicos rurales,
vidrieros. obreros ferrocarrileros. obreros en construcción. empleados de tranvia, herreros de
obra, electricistas, dependientes de comercio, albalWes, conductores de carros; empleados,
fotógrafos. tabaqueros, zapateros, fraguadores, obreros de frigorlfic¡os, escoberos, sombrere­
ros, mecánicos. aJ.palgateros, moldeadores, domésticos, obreros navales, peones de comercio,
horneros, empapeladores, panaderos y aserradores.
32. Las tendencias politicas de la clase media, en especial las que se evidenciaron en las relacio­
nes del Partido Radical con el movimiento obrero, son cuidadosamente examinadas en David
Rock, PoUtice in Argentina, 1 8 9 0 ~ 1 9 3 0 . Cambridge.lnslaterra, 1975. El trabajo pionero de los
historiadores y cient1ficos sociales argentinos presagiaba muchas de las ideas y conceptos
ARGENTINA
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ARGENTINA 148
En este marco social y político, condicionado por el rápido crecimien·
to de la economia exportadora, se desenvolvió la historia del movimiento
obrero en los inicios del siglo XX. Como sucedió en Europa y otras socie­
dades latinoamericanas, los obreros argentinos se organizaron primero
para protegerse a si mismos de la enfermedad y la muerte. Las socieda­
des de ayuda mutua, organi.tadas a menudo siguiendo las líneas étnicas
de la fuerza de trabajo inmigrante, ya eran numerosas a fines del siglo
XIX y su cantidad, sus miembros y sus recursos de capital aumentaron
velozmente a principios del siglo XX. Robert Shipley, quien ha escrito un
valioso estudio sobre· el tamaño, la estructura y las condiciones materia·
les de la clase obrera en la ciudad de Buenos Aires durtUlte el perlodo,
anota que en su apogeo, alrededor de 1913, las sociedades de ayuda
mutua agrupaban en sus filas a cerca de la mitad de la clase obrera de la
capital, 266.634 personas. Para entonces reportaban un capital de mis
de once millones de pesos y distribuian casi tres millones de pesos anua­
les en beneficios (33).
Al lado de estas instituciones defensivas, los obreros también empe­
zaron a organi.tar colectividades denominadas sociedades de resistencia,
que combinaban las funciones de las sociedades de ayuda mutua con la
voluntad de lanzar huelgas a fin de arrancar concesiones a los patronos.
Sin embargo, a diferencia de las m&neomunales del norte de Chile, las
sociedades de resistencia estaban divididas por gremios, principalmente
por artesanos urbanos calificaqos. Los obreros argentinos también trata­
ron de combinar su fuerza y coordinar las actividades de resistencia por
medio de huelgas de solidaridad y de centrales sindicales. Difundian
concepciones obreras del mundo a través de mitines de masas, grupos
de teatro y periódicos propios. La prensa obrera denunciaba los males
del capitalismo, daba a conocer. la visión obrera de las noticias y compe­
tía entre si para promover diversas tácticas y aportar soluciones ideológi­
cas a los problemas que afrontaba la clase trabajadora.
En desarrollo de todas estas actividades, pero especialmente con re­
lación a la ideología y las tácticas, el movimiento obrero argentino, en
gran parte compuesto por inmigrantes, reflejaba la poderosa influencia
desarrollados por Rock. Véanse especialmente Ezequiel Gallo y Silvia Sigal, "La formación de
los paxtidos poIitieos contemporáneos: La vea(1890-1916)", ~ n Torcuaio Di TeDa et al., Ar·
,entiDa, IOdedad de mlUlU, Buenos Aires, 1966, pp. 124-76. La evaluación clásica de estos
asuntoll de la historia argentina es John J. Jolmson, La Ú'IUlsformación poIídea en América
LatiDa, Buenos Aires, 1961, C. 6.
33. Robert E. Shipley, "On the Outside Looking In: A Social Hiatory of the Portefto Worker Du­
ring the Golden Age of Argentine Development, 1914-1930", disertación para Pb.D., Rutgers
Vniversity, 1977, pp. 233-34. Me hé apoyado extensamente en esta disertación para buens
parte de la información cuantitativa de esta sección. Hobart Spa.I.diDg, La cIaM trabajadora
argenUaa. Documentos para su bistoria, 1890·1912, Buenos Aires, 1970, es una buena intro­
ducci6n a la historia del movimiento obrero durante este periodo y reproduce decenas de
documentos de primera mano que expresan la tónica del movimiento sindical antes de 1912.
I
i
JiQf
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
de Europa. Predominaban tres corrientes ideolbgicas. Una era el socia­
lismo, que en Argentina aceptó inicialmente la idea marxista de la lucha
de clases e hizo hincapié en la necesidad de la organizacibn en el lugar
de trabajo, pero que pronto se desvib hacia una estrategia reformista y
electoral. La segunda era el anarquismo, que abogaba por la accibn es­
pontánea de masas en pro de reivindicaciones y aspiraba a destruir el
orden capitalista explotador y la tiralÚa del Estado por medio de una
gigantesca huelga general. La tercera era el sindicalismo, que, sin re­
nunciar a la concepcibn de los anarquistas, empezb a subrayar la impor­
"
tancia de la organizacibn no sectaria en el lugar de trabajo a fin de conse­
guir tanto la destruccibn del capitalismo como la construccibn de una
nueva sociedad de productores libres en donde prevalecerian la libertad,
la abundancia y la igualdad social (34).
Aunque desde .1890 los socialistas ganaron influencia entre pequeños
grupos de obreros calificados, en el siglo XX no pudieron desarrollar una
base obrera de masas. Los anarquistas, por otro lado, lograron movilizar
a los obreros urbanos en acciones masivas contra empresas individuales,
asi como en grandes huelgas generales; por más de una década, a partir
de 1900, dominaron el movimiento obrero argentino. No obstante, a par­
tir de 1915, los sindicalistas ganaron el control de la principal central
obrera argentina y fueron ellos quienes dirigieron las huelgas claves que
llevaron al movimiento obrero a un cJimax en los tumultuosos años que
siguieron a la Primera Guerra Mundial.
El atractivo de la ideología anarquista y sindicalista para los obreros
argentinos en este periodo se atribuye con frecuencia a los origenes
europeo-meridionales de numerosos inmigrantes. Esta explicacibn, cul­
tural y difusionista, es correcta hasta cierto punto. Empero, deja de lado
las condiciones estructurales concretas que hicieron aparecer la ideolo­
gis anarcosindicalista especialmente atractiva a los ojos de los obreros
en los primeros años del siglo XX. Los trabajadores argentinos, al igual
que sus colegas de Europa meridional, hallaron en el anarquismo, y pos­
teriormente en el sindicalismo, una visibn del mundo y un programa de
transformacibn social que validaban y explicaban su experiencia diaria y
encarnaban sus necesidades y aspiraciones. En cambio, dados los obs­
84. Todos estos grupos tenian estrechos vineuloa con movimientos europeos similares: los socia­
listas con los socialdemócratas franceses y alemanes; los anarquiaias con los anaJ'quiatas
espafloles e italianoa; loa sÍDdieaJistas con obreros afines en estos últimoa paises y en Francia.
Muchoa militantes argentinoa eran inmigrantes que hablan sido ad.iviatas en Europa. Loe li­
deres anaJ'quistas, especia1mente, t r a ~ b a n en amboa lados del AtJántieo. Aceres de la
cuestión general de las influencias ideológicas europeas durante la formación del movimiento
obrero en América Latina, véase Hobart Spalding, 0rpaJzed Labor ID lAtiD Ameriea. Nueva
York, 1977, C. I. Sobre los anarquistas argentinoa y sus conexiones con Europa, Wanse Ri­
chard A. Yoaat, "The Development of Argentine Anarchiam: A Soclo-Ideologic AnaIysia",
disertaci6n para Ph.D., University of WiacoDSÍD, 1975, y Iaacov Oved, El anaJ'quJamo ea el
movimieaw obrero ea AqentiDa, Ciudad de Mézico, 1978.
ARGENTINA
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ARGENTINA 146
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lidad de la vida, la mayoría de los obreros argentinos hall6 inadecuadas,
si no irrelevantes, la ideología y la táctica de los socialistas.
En Argentina los socialistas abogaban por la reforma de las relacio­
nes capitalistas de producci6n. Luchaban por conseguir una legislaci6n
que creara normas de seguridad, compensara los accidentes, establecie­
ra una jornada laboral más corta y regulara el trabaijo de mujeres y ni­
ños. Los socialistas también procuraron con tes6n salvaguardar el poder
adquisitivo de los obreros urbanos. En forma consistente defendieron el
libre comercio y se opusieron a la creación de una industria doméstica
"artificial". En 1904 loS' socialistas habían logrado una diputaci6n en el
Congreso, pero fue a raíz de la reforma electoral de 1912 cuando eligie­
ron un buen número de funcionarios públicos. Mediante estos esfuerzos
electorales y legislativos, pero, más importante aún, lanzando combati­
vas acciones en el lugar de trabaijo y huelgas generales dirigidas por so­
cialistas, anarquistas y sindicalistas, duranté las primeras décadas del
siglo, pudieron cristalizarse una serie de leyes de corte reformista sobre
jornada laboral, trabajo de mujeres y niños y pensiones. Shipley ha
demostrado que cuando fue convertida en ley la jornada de ocho horas,
en 1925, el obrero promedio en Buenos Aires ya había conquistado un
día de trabaijo ligeramente más corto.
Por lo que sabemos de los sindicatos baijo su control y por los análisis
de los resultados electorales de Buenos Aires a partir de 1921, resulta
claro que el Partido Socialista gozaba de gran respaldo entre los obreros
calificados y los empleados nacidos en Argentina. Sistemáticamente
derrotó al Partido Radical y les sac6 aún más ventaija a varios partidos
conservadores en los distritos obreros que se concentraban alrededor del
costado meridional de Buenos Aires. Empero, el grueso de la clase obre­
ra y casi todos los inmigrantes eran abstencionistas. En 1914 solo una
pequeña porci6n de inmigrantes, un poco más del 2% , había adoptado la
ciudadanía argentina; la mayor parte de los inmigrantes iba a Argentina
a hacer dinero para luego regresar a su país de origen. Muchos de los
que se quedaban tal vez pensaran que los beneficios de la ciudadanía
argentina, particularmente el derecho a votar, eran menores que obliga­
ciones tales como el servicio militar. Los funcionarios argentinos no faci­
litaban el proceso burocrático de la naturalización, pero incluso cuando a
los extranjeros se les permiti6 votar en las elecciones municipales de
Buenos Aires, en 1917, apenas algo más de 11 mil inmigrantes decidie­
ron aprovechar la oportunidad (35).
36. Con la apertura del sistema politieo a partir de 1912, los socialistas se convirtieron en una
fuerza electoral muy importante en la ciudad de Buenos Aires. Los vot.os IlOciaIistas provelÚall
principalmente de la clase obrera. Un. buen estudio cuantitativo de la dimensión clasista de la
fuerza electoralllOcialistaen la capital en el periodo 1916-22 es Richard Walter, "Elections in
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 146
ARGENTINA
Por el contrario,el pensamiento y las tácticas de los anarquistas reso­
naban profundamente en el seno de la clase obrera argentina. Los anar­
quistas organizaron y dirigieron la mayoría de los sindicatos de la cons.
trucción, la industria y los servicios, que dominaron el movimiento obre.
ro del país a comienzos del siglo XX. Los sindicatos anarquistas solo con­
taban en este período con varios miles de miembros, mas tales trabaja­
dores y sus lideres consiguieron movilizar decenas de miles de obreros
en grandes huelgas generales, especialmente en 1902 y 1909.
De acuerdo con el estado actual de la investigación, solo podemos
especular acerca de las razones de la generalizada influencia del anar­
quismo (36). El activismo anarquista prometía la comunidad, mejoras
materiales inmediatas y retribuciones espirituales extraordinarias para
una clase obrera marginada de las instituciones tradicionales de control
social. Ni la familia, la Iglesia o la escuela, ni los partidos politicos tradi­
cionales ejercían gran influencia sobre una clase obrera urbana en la que
predominaban los varones inmigrantes solteros, muchos de ellos vetera­
nos de las luchas anarquistas en Europa. Los anarquistas destacaban la
solidaridad revolucionaria internacional y el carácter cosmopolita del
proletariado contra una clase capitalista nativa que antes de 1912 deten­
taba el control del gobierno. A los obreros que hablan venido a América
con el fin de hacer rápidamente dinero, el anarquismo también les ofre.
cía acciones laborales eficaces. Las tácticas anarquistas - basadas en
huelgas de solidaridad y paros generales de masas para conquistar las
demandas de los trabajadores- demostraron su efectividad en el marco
de la veloz expansión económica y la inmigración masiva. Aun en condi­
ciones de pleno empleo, el número creciente de inmigrantes recién lle­
gados, que buscaban desesperadamente trabajo, amenazaba el éxito de
las huelgas lanzadas en un solo sitio de trabajo. Esa táctica, frecuente­
mente utilizada por los socialistas, solo era eficaz entre obreros altamen­
te calificados. Las movilizaciones generales de masas, en cambio, con­
tribuian a intimidar y a persuadir a los esquiroles. Y las huelgas de gran
envergadura organizadas por los anarquistas no solo estaban diseñadas
para promover la unidad del proletariado, fortalecer el movimiento obre­
ro por medio de "gimnasia revolucionaria" y lograr reivindicaciones
theCity of Buenos Aires". en Hispanie AmerieaD HiBtoric:a1 Revlew, 68:4, nov. de 1978, pp.
596-624. Del mismo autor. The SociaJist Pariy of ArlJeáibul, Austin, 1977. es un estudio espe­
cializado en tomo al desarrollo del partido. Grem1eu.....o, de Jacinto Oddone, cubre el mismo
campo desde la perspectiva de un activista socialista. La evolución filosófica de los fundadores
y las figuras principales del partido puede seguirse en Dardo Cúneo, editor, Obras de Juan B.
Juto, Buenos Aires, 1947. Una critica izquierdista properonista del partido es Jorge Spilim­
bergo, Juan B. Juto., el socialismo cipayo, Buenos Aires, 1974.
36. Un grupo de jóvenes historiadores 8Ociales, 8.IIOCÍado con el Programa de Estudios de Historia
Económicay Social Americana en Buenos Aires, está investigando la cultura popular que acla­
rará esta cuestión.
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ARGENTINA 147
colectivas como la libertad para los activistas encarcelados y el rechazo
de la legislación represiva. También concatenaban las luchas obreras
particulares por la organización y la mejora de salarios y las condiciones
de trabajo en determinados oficios y establecimientos manufactureros.
El éxito de dichas tácticas resultaba evidente para los obreros urbanos,
tanto por la expansión y la creciente efectividad de los sindicatos como
por el aumento del salario real durante la primera década del siglo XX.
Por último, el anarquismo ofrecía una visión de la dignidad humana en·
carnada en la lucha revolucionaria. Predicaba la libertad individual y las
relaciones sociales democráticas, así como valores seculares, científicos
y racionales, a una clase obrera que aún poseía sus propias herra:tnien·
tas, mantenía su patrimonio sobre las destrezas industriales y ejercía un
significativo control sobre el proceso de trabajo (37). '
Al principiar el siglo, el movimiento obrero dirigido por los anarquis­
tas fue víctima de una represión gubernamental permanente y a menudo
violenta. Si bien la reacción estatal inicialmente pareció confirmar a
muchos militantes en las concepciones anarquistas sobre la naturaleza
del poder bajo el capitalismo, su alcance y efectividad socavaron gra­
dualmente el atractivo de las tácticas de acción directa. El gobierno es­
grimió decretos represivos -la Ley de Residencia, de 1902, y la Ley de
Defensa Social, de 1910- con el propósito de decapitar periódicamente
al movimiento obrero deportando a extranjeros supuestamente subversi­
vos. Tales medidas fueron complementadas con frecuentes declaratorias
de estado de sitio; con base en ellas la policía silenciaba la prensa obre­
ra, disolvía mitines de trabajadores y encarcelaba a centenares de acti­
vistas. Los grupos paramilitares de derecha, con frecuencia tolerados
por los funcionarios del gobierno y la policía, complementaban la repre­
sión oficial. Bandas de civiles aterrorizaron los distritos obreros en 1910.
Esta acción, sumada a la persecución generalizada del gobierno en res­
puesta a la huelga general organizada por los anarquistas en vísperas
del centenario de la Independencia, desembocó en una abrupta decaden­
cia de la actividad sindical y huelguística a partir de aquel año.
La masiva represión politica del anarquismo en 1910 coincidió pronto
con el trastorno económico y el declive de la emigración precipitados por
la Primera Guerra Mundial. Cuando el movimiento obrero revivió en
1916 y creció con fuerza en 1917 por la creciente demanda de trabajo a
causa de la guerra y la caída drástica de los salarios reales, la influencia
anarquista se vio eclipsada por el éxito organizativo de los sindicalistas.
El sindicalismo combinaba en Argentina la ideología y las tácticas de los
socialistas militantes y de los anarquistas pragmáticos. En teoría respal­
37. Diego Abad de Santillán, El DlOYImieDto uuquiata ea la ArpatiDa (Deede •• eomie_
h8IIia 191., Buenos Aires, 1930.
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LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
148
daba la concepción anarquista de la revolución social, mas perseguia
dicha meta por medio de organizaciones poderosas establecidas en los
lugares de trabajo y la unidad obrera amplia y sin sectarismos, concreta­
da en una central nacional de trabajadores. Los sindicalistas también
asumieron una posición pragmática con relación al gobierno en la cam­
biante situación política que siguió a las reformas electorales de 1912. El
gobierno radical que llegóal poder en 1916 buscó apoyo tanto de la clase
media como de la clase obrera. Los líderes sindicalistas se mostraron
dispuestos a negociar con el nuevo gobierno y procuraron ganarse la
ayuda del Estado, o asegurarse al menos la neutralidad estatal, en la
lucha entre el capital y el trabajo.
La estrategia sindicalista y su relativo éxito parecen reflejar dos cam­
bios estructurales en la composición de la clase obrera organizada. El
primero fue la organización de los trabajadores del transporte. En 1917,
luego de ganar trascendentales huelgas bajo la guia de los sindicalistas,
los trabajadores ferroviarios se convirtieron en el rector más numeroso
del movimiento obrero argentino, mientras que los trabajadores marlti­
mos empezaron a mostrarse como los más efectivos. Estos
serian la columna vertebral de la central obrera orientada por los sindi­
calistas, la Federación Obrera Regional Argentina, FORA, la más pode­
rosa confederación de trabajadores antes de los años cuarentas. El se­
gundo cambio fue demográfico y cultural. En los años veintes, las perso­
nas nacidas en Argentina, muchas de ellas hijos e hijas de inmigrantes
que habían estado afluyendo desde los años ochentas del siglo pasado,
conformaban un destacamento numeroso entre los obreros. La interrup­
ción del flujo de inmigrantes y el retomo de muchos trabajadores tempo­
rales a Europa durante la guerra aceleró el·proceso. A diferencia de sus
padres, esta segunda generación estaba compuesta de ciudadanos deci­
didos a permanecer en el pals y muchos habían asistido a escuelas públi­
cas argentinas. Como grupo, se hallaban más integrados que sus padres
a la sociedad argentina y eran más susceptibles a la influencia de las ins­
tituciones y los valores culturales. El jefe de la FORA al final de la Pri­
mera Guerra Mundial, Sebastián Marotta, personifica y simboliza estos
dos cambios acaecidos en el movimiento obrero argentino. Hijo de inmi­
grantes italianos, era pintor de vagones ferroviarios (38).
Bajo la dirección de los sindicalistas, el movimiento obrero alcanzó.
un dramático clímax en el periodo de la posguerra. David Rack ha reco­
pilado estadfsticas que indican la magnitud y el rápido colapso de esta
38. Las ideas contenidas en este párrafo son de88.1'l'Olladal: con gran claridad en Samuel L. Baily,
Lafior, NailoDaliam, IIIld Polities iD Ar,enihla, New Bnmswick, 1967. Baily también anota que
a fines de la década de 1910, aunque con muy irregular fortuna, grupos de obreros de cuello
blanco (empleados de la banca y el comercio, trabaJadores de los telégrafos y los correos) tra­
taron de organizarse en sindicatos.
ARGENTINA
notable movilización
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mitad de 1919. En 191
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ARGENTINA 149
notable movilización de los obreros urbanos. El número de huelgas en
Buenos Aires subió a 138 en 1917, a 196 en 1918 y a 259 en la primera
mitad de 1919. En 1917, 13S mil obreros participaron en huelgas en la
capital; en 1918 lo hicieron 133 mil y en 1919 309 mil. Entre tanto, la
FORA pasó de ser en 1915 una modesta organización de 50 sindicatos
con algo más de 21 mil miembros cotizantes, a una central obrera que en
su mejor momento, 1920, contaba con 734 sindicatos afiliados con más
de 68 mil miembros cuyas cuotas estaban al dia (el número real de
miembros bien puede haber sido el doble). trascurrido un año,
la cantidad de miembros cayó en más de 50% ya fines de 1921 la FORA
se disolvió. El número de huelguistas en Buenos Aires disminuyó de
más de 300 mil en 1919 a poco más de un tercio de dicha cifra en 1921 y
1921, para caer a solo 4. 737 en 1922.
Algunos remanentes importantes de la otrora poderosa FORA sobre­
vivieron en los años veintes, a tiempo que pequeñas centrales rivales,
dirigidas por socialistas, anarquistas y comunistas, contendian por con­
trolar el movimiento obrero. Pero mientras que la FORA en su momento
de auge bien pudo haber abarcado una cuarta parte de la fuerza de tra­
bajo masculina de Buenos Aires, en 1922 apenas una vigésima parte per­
tenecía a sindicatos (39). Con excepción de un sindicato reformista de los
obreros ferroviarios, dirigido por socialistas, en los años veintes la orga­
nización sindical no creció de manera significativa y las huelgas fueron
poco frecuentes. En 1922 y por mucho tiempo, el movimiento obrero
argentino estuvo al borde del colapso.
Tan extraordinaria movilización, como también el catastrófico colap­
so, parecen estar relacionados con las tendencias en los salarios reales y
el desempleo. En el Cuadro 3.4 se muestran datos ilustrativos de los sa­
larios reales en Buenos Aires. Estos indican que después de 1914 los
salarios reales cayeron drásticamente hasta 1918, para después subir en
forma continua hasta la Depresión. El Cuadro 3.5 revela que durante la
primera parte del periodo, entre 1914 y 1917, el nivel de empleo en la
ciudad disminuyó también considerablemente. Luego, elnivel de em­
pleo se incrementó rápidamente hasta 1919, cuando la suave depresión
de la posguerra (1919-22) la hizo estabilizar y luego declinar un poco. A
partir de 1922, el indice de empleados creció velozmente
hasta casi el final de la década.
Las estadisticas revelan la notable sensibilidad de los obreros argen­
tinos a las tendencias económicas básicas durante los periodos de la gue­
rra y la posguerra. Entre 1914 y 1921 los percibieron de
39. Todos eatosestimativ08son tolUdos de Rock, Politiea iD ArpntiDa. .. , especialmente Cuadro
6, p. 160. Rock se basa en la información obtenida en diversas publicaciones oficiales y no ofi­
ciales. Lo mismo que con datossimi.1ares de Chile, las cifra.a absolutas pueden ser cuestiona­
bJes,. mas las tendencias sonclaras.
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150
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
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CUADRO 3.4
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(1929: 100)
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1926 90 1935 49
1936 42 1927 95 95
1919 1928 101 1937 57 96
1920 1929 100 1938 59 96
1921 73 1930 91 1939 97
1922 84 1931 98
Fueute: República Argentina, Ministerio del Interior, DepartamentoNacional del Trabajo,
División de Estadistica, Iuvestigaciones Sociales, Buenos Airee, 1940, p. 38.
1 CUADRO 3.5
"
INDICE DE TRABAJADORES EMPLEADOS EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES,
.. 1914·39
"
(1929: lOO)
Indica Afto A60 Indlce AIo
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61 1926 113
1918
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1917 70 1936 120
1919
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1928 74 101 1937 126
1920 75 1929 1938 130
1921
100
76 1930 101 132
1922
1939
75 1931 98
Fueate: República Argentina, Ministerio del Interior, Departamento Nacional del Trabajo,
División de Estadistica, Investigaciones SocIales, Buenos Aires, 1940, p. 46.
manera correcta su situación objetiva en la cambiante economía del país.
Tan pronto como los niveles de empleo favorecian su lucha, los obreros
se lanzaban a recuperar el poder adquisitivo perdido. Una vez que los
niveles de empleo se volvían en su contra y los salarios reales continua­
ban aumentando, desistían de la costosa batalla por mejorar su situación
a través de acciones laborales colectivas.
Mas ¿cómo puede explicarse la continuada inactividad del movimien­
'.
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ARGENTINA
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ARGENTINA 151
da por la información sobre los cambiantes niveles de empleo: la existen­
cia de altas tasas de desempleo en la ciudad de Buenos Aires durante
toda la guerra y la posguerra. Robert Shipley ha utilizado las estadísticas
del Departamento del Trabajo, reunidas con otros fines, para calcular el
nivel de desempleo en la ciudad entre 1914 y 1930. Sus hallazgos se re­
producen en el Cuadro 3.6. Dichos estimativos son sumamente altos,
pero aun si los cuidadosos procedimientos de Shipley, que incluían che­
queos cruzados de diferentes conjuntos de datos, dejan pasar algunos
errores, otras evidencias, en particular la historia de las principales
huelgas, confirman que el nivel de desempleo en Buenos Aires·fue muy
alto durante el periodo.
CUADRO 8.6
PORCENTAJE ESTIMADO DE DESEMPLEO OBRERO EN LA CIUDAD DE
BUENOS AIRES, 1914-30
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desempleo desempleo desempleo
1914 15.3% 1920 16.8% 1926 16.5%
1915 18.0 1921 18.2 1927 11.7
1916 24.8 1922 20.6 1928 9.2
1917 30.1 1923 17.5 1929 11.6
1918 20.8 1924 15.1 1930 15.6
1919 17.5 1925 17.1
I
Fuente: Robert E. Shipley, "On the Outside Looking In: A Social History of the PorteAo Worker
During de Golden Age of Argentine Development, 1914-1980", disertación para Ph.D.,
Rutgers University, 1977, Apéndice 111. pp. 846-53.
Un recuento de las principales huelgas muestra que la dinámica de la
lucha entre el capital y el trabajo, e inclusive el destino del movimiento
obrero argentino de comienzos del sigloXX, giraba en torno a la existen­
cia de un gran contingente de obreros desempleados en las densamente
pobladas áreas costeras de la pampa. Las más importantes fueron ade­
lantadas por los trabajadores del transporte y los empacadores de carne,
ambos vitales para la salud del sector exportador que impulsaba el de­
sarrollo económico del país. Las huelgas de los obreros del transporte
fueron inicialmente exitosas, lo que permitió a la FORA ampliar la orga­
nización más allá del núcleo de trabajadores urbanos de la industria
manufacturera y de los servicios, que habían formado la base del movi­
miento obrero anarquista. en la primera década del siglo. Las luchas de
los obreros de la carne en el sector industrial más moderno e importante
de la economía argentina terminó siendo, no obstante, un fracaso. Tanto
el éxito inicial de los trabajadores del transporte como la amarga derrota
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LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 152
de los obreros de la carne obedecieron a una dinánúca definida por la
gran debilidad estructural del movinúento obrero argentino en esta épo­
ca: su vulnerabilidad ante la amenaza del
La organización masiva de los obreros del transporte después de las
exitosas huelgas de 1917-19 fue posible gracias a una tenue alianza entre
calificados y no calificados. Grandes cantidades de obreros
ferrocarrileros y marítimos no calificados y senúcalificados, dirigidos por
sindicalistas revoluciBnarios, formaron alianzas con grupos pequeños y
cohesivos de obreros más conservadores, altamente calificados y por lo
tanto imprescindibles en esas mismas industrias. En el caso de los traba­
jadores ferroviarios, estos últimos eran ingenieros y fogoneros; en el de
los marítimos se trataba de capitanes de barco, oficiales y técnicos. Los
frutos organizativos de tales alianzas se vieron reforzados en parte por la
neutralidad inicial del gobierno radical recientemente elegido. Preocu­
pado por su futuro electoral y vagamente comprometido con la justicia
social y la armonía de clases, este primer gobierno elegido popularmente
en Argentina rehusó en un conúenzo emplear la policía y el ejército para
quebrar las actividades de los sindicatos y proteger a los rompehuelgas.
Sin embargo, el régimen siempre fue hostil a las tendencias revoluciona­
rias anarquistas y sindicalistas en el seno del movinúento obrero. Y en la
medida en que la presión del capital organizado aumentó tanto sobre el
gobierno como sobre los trabajadores, y el movinúento obrero se expan­
dió en la etapa de posguerra, las autoridades se lanzaron decididamente
a reprinúr a los elementos revolucionarios y a fortalecer la dirección sin­
dical refornústa.
En el caso de los trabajadores marítimos, la alianza entre obreros ca­
lificados y no calificados fue más sólida y la tolerancia del gobierno más
duradera. Luego de ganar la extraordinaria huelga de 1916, la Federa­
ción Obrera Marítima, FOM, pudo ejercer un riguroso control sobre el
mercado de trabajo en su jurisdicción. Los organizados por
la FOM comprendían no solo marinos mercantes y capitanes, sino esti­
badores y otros obreros en los principales puertos argentinos. la
combativa dirección de los sindicalistas, la FOMse dedicó con gran dis­
ciplina y sacrificio a ampliar la organización sindical durante todo el pe­
ríodo de la posguerra. Su arma más eficiente era el boicot de solidaridad,
una poderosa herramienta en una economía tan dependiente del comer­
cio exterior. Pese a que la FOM perdió una importante huelga portuaria
en mayo de 1921, no fue sino en 1924, después que el movimiento obrero
núlitante hubo sido quebrado y la FORA dispersada, cuando la alianza
entre trabajadores marítimos calificados y no calificados fue destrozada
definitivamente y toda resistencia de la FOM a los rompehuelgas se
derrumbó (40).
40. Shipleyenfatiza el éxito de la FOM por controlar el mercado laboral; Rock subraya la impor-
ARGENTINA
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ARGENTINA 163
La alianza fue menos sólida y la neutralidad del gobierno más corta
en el caso de los ferroviarios. La cooperación entre ingenieros y fogone­
ros altamente calificados y los miles de obreros semi o no calificados ocu­
pados en el mantenimiento de vías, en las estaciones y en los talleres de
reparación, ya era tirante incluso antes de su resonante victoria en la
huelga contra la Argentine Central Railroad en agosto de 1917. Ingenie­
ros y fogoneros habían estado organizados por mucho tiempo en un sin­
dicato pequeño, moderado y altamente centralizado, llamado La Frater­
nidad. El grueso de los obreros ferroviarios, luego de una prolongada
campaña organizativa por parte de los anarcosindicalistas, acababa de
formar la poco estructurada pero combativa Federación Obrera Ferrovia­
ria,FOF. Las fricciones entre los socios de·la alianza se tornaron inten­
sas cuando la presión de las bases militantes y los lideres revolucionarios
dentro de la FOF llevaron a la recién confoi'mada alianza intersindical a
una huelga ambiciosa que involucró toda la industria ferroviaria en sep­
tiembre de 1917.
La importancia de estas huelgas contra las compamas británicas,
propietarias de los medios de transporte claves de la economía exporta­
dora de Argentina, provocaron una intensa participación del público y
causaron una gran preocupación al gobierno. Durante la huelga de agos­
to, que se extendió desde Rosario, el segundo puerto de· la pampa,hasta
Buenos Aires, los obreros echaron mano de todos los medios disponibles
para bloquear el tráfico. Descarrilaron y prendieron fuego a trenes de
carga. Pararon trenes de pasajeros, pusieron en ridículo a los ocupantes
y los hicieron salir de los vagones. En una ocasión, el único pasajero bri­
tánico de un tren expreso entre Buenos Aires y el distrito de El Tigre fue
asesinado por los huelguistas quienes', según se dijo, declararon que se
trataba de "un representante del imperialismo británico". Los coman­
dantes del ejército, que habiansido llamadós por el gobierno para con·
trolar la situación, con órdenes de no abrir fuego, expresaron su senti­
miento de impotencia frente a la movilización masiva de los obreros. Un
oficial notificó a sus superiores: "Ahora debe haber 12 mil hombres o
más. La huelga se torna más sediciosa con cada hora que pasa. Anoche
fueron incendiados seis vagones de ferrocarnl y esta mañana loshuel­
guistas continuaron con su labor de destrucción, levantando earrileras,
incendiando cañerlas, apedreando estaciones y destruyendo seña­
les. ( ... ) El número de soldados es insuficiente para cubrir las necesida·
des. No bien la tropa ha desalojado de las lineas a los huelguistas, cuan­
do otros ocupan de inmediato su lugar ( ... ) y mujeres y niños duermen
todo el tiempo sobre las carrileras" (41). Los anarcosindicalista.s revolu­
tancia electoral que para el Partido Radical tenian éstos trabajadores concentrados en el distri·
to obrero de La Boca, enBuenos Aires,
41. La información de este párrafo proviene principalmente de Heidi Goldber. "Railroad Unioni·
r
I
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
154
i
ARGENTINA
,:ionarios ,lograron apoyo popular paraestas huelgas y, al fina­
lIzar septIembre de 1917, mformaron con gran desparpajo al ministro del
Interior que si las compañías no negociaban, la FOF estaba dispuesta a
conducir los trenes por su cuenta. Finalmente las compañias fueron obli­
t
gadas a someter el conflicto a la mediación del gobierno. Pero en los tér­
minos del arreglo, el gobierno recompensó hábilmente a los elementos
l.
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conservadores de la dirección sindical y contribuyó a desacreditar a los
sindicalistas revolucionarios. Ingenieros y fogoneros. consiguieron una
reforma de los códigos de trabajo muy atractiva para ellos y fue así como
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La Fraternidad se apresuró a levantar la huelga. Los líderes de la FOF

fueron de las negociaciones finales y, luego de tratar desespe­
t
radamente de prolongar la huelga a fin de conquistar.mayores,concesio­
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nes, fueron forzados a capitular y a aceptar un moderado aumento de

salarios. Después de la ruptura de la alianza, la FOF, aliada con la
I .;
realizó otras huelgas, cada una de las cuales enfrentóunarepre­

SIon VIolenta por parte del gobierno y se vio condenada al fracaso. A Pat:­
tir de 1919, el sindicato fue incapaz de evitar los despidos de centenares
de sus miembros más combativos y el mayor afiliado de la FORA fue
reducido gradualmente ala impotencia.
los obreros,de la·alianza de trabajadores calificados y
no calIfIcados fue mas dlfícIl de lograr que entre los marítimos y ferro­
carrileros. Pese a la heroica huelga que abarcó las plantas empacadoras
de carne más c.ercanas a Buenos Aires entre 1917 y 1918, los obreros no
lograron conquistar ni siquiera concesiones mínimas y temporales de los
Tampoco podrían alcanzarlas después. Los fracasos organiza­
tlVOS de los obreros de la carne constituyen un aspecto esencial, aunque
de la historia del movimiento obrero argentino (42) . Estos .tra­
baJadores afrontaron en forma extrema los obstáculos estructurales que
impedían la organización de otros sectores del movimiento obrero urba'­
no a del siglo XX. Su fracaso revela la debilidad congénita de
un mOVImIento obrero que no pudo desarrollarse más allá de los sectores
manufacturero y del transporte durante la época dorada del desarrollo
exportador. Como veremos en la siguiente sección, los obreros de la car­
ne desempeñaron un papel central, en la segunda gran movilización de
los trabajadores argentinos que llevó a Perón al poder al final de la Se­
gunda Guerra Mundial. Su incapacidad para organizarse durante las
..
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zation in Argentina, 1912-1929: The Limitations of Working-C1ass AIIiaDce" disertación para
Ph.D., Yale Univenity, 1979. La cita es de lap.170y
42. gran de los de la came en es prácticamente ignorada en las histo­
c:ornentes del movumento obrero argentino. Ello se debe en parte a que los historiadores
actiVlStas prefieren presentar una crónica de éxitos progresivos del movimiento obrero. El fra­
caso de la huelga de 1917-18 y el desalentador balllnce de los subsiguientes esfuerzos de los
obreros de la came por organizarse y lograr concesiones del capital hace de éstos y de sus de­
rrotas huelguisticas un tema poco atractivo.
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ARGENTINA 155
tres décadas anteriores a los años cuarentas los hizo eSpeCialmente re­
ceptivos a las oportunidades y ventajas que ofrecían las políticas labora­
les de Perón. Debido a la importancia de los obreros de la carne para la
economía argentina, sus esfuerzos por construir sindicatos incidieron
grandemente en el desenlace de las luchas laborales y políticas de los
dos períodos de movilización obrera en la historia argentina del presente
siglo.
La industria empacadora de carne se expandió rápidamente a partir
de 1890. Durante la primera década del siglo XX, cuando los principales
competidores de Argentina demostraron su incapacidad para proveer el
creciente mercado británico de carne vacuna, las plantas de empaque
asumieron la importancia capital que mantendrían en la vida económica
del país hasta los años cincuentaS. Australia y Nueva Zelanda eran de­
masiado distantes como para sacar ventaja de dicho mercado; las expor­
taciones desde Estados Unidos, que habían abastecido el mercado britá­
nico antes de 1900; estaban siendo eliminadas debido a la creciente
demanda interna. He aqUÍ la razón principal de la súbita expansión hacia
Argentina de las grandes firmas empacadoras de carne de Chicago, co­
mo Swift, Armour, Moms y Wilson. Estas empresas adquirieron casas
empacadoras argentinas ya existentes, las modernizaron y las amplia­
ron. En1914 controlaban casi el 60 % de las exportaciones argentinas de
carne. Las empresas empacadoras británicas, y una firma empacadora
en la que el capital nacional logró conservar una posición dominante,
modernizaron y extendieron la producción durante el misDlo período. Sin
embargo, en 1914 las empresas británicas solo aportaban: cerca de 30%
de las exportaciones de carne del país, a tiempo que los intereses argen­
tinos retenían apenas el 10% (43).
A comienzos del siglo XX, la industria de empaque de carne ya pre­
sentaba formas de organización de la producción que se tomarían típicas
en otras industrias con el paso del tiempo. El trabajo estaba racionaliza­
do de acuerdo con una línea continua y mecánica de desmontaje que di;.
vidía sistemáticamente. el proceso laboral en grupos de operaciones sim..:
pIes y repetitivas. En Chicagoya se había logrado el perfeccionamiento
de tal sistema al principio del siglo y se exportó a las más modernas y efi­
cientes plantas construidas en Argentina por Swlft y Armour en los pri­
meros años de la centuria.
43. Además de Ortiz, Hiséoria eoonÓmiea. .• se hallan útiles reseftÚ de la evolución inicial de la
industria argentina de la came en Antonio M. Poz Costra, Loe friaorifleoa, Buenos Aires,
1918; Sociedad Rural Argentina, Comercio exterior de carDes, Buenos Aires, 1927; y James
Tronbridge Critchell y Joseph Raymond. A History of Che Frozen Meat Trade, Londres, 1912.
La historia del más exitoso de los pr:i:lneros frigorlficos argentinos puede leerse en (Compaiúa
Sansinena) "La Nepa" en IUS cincuenta &608, 1891·1941, n.p., n.d. El banquero Ernesto
Tornquist fue el primer presidente de su junta directiva.
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LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
156
El eminente historiador sindical norteamericano, John R. Commons,
describió el proceso de trabajo en el empaque de carne y destacó sus
implicaciones para la organización laboral luego de una fracasada huelga
en Chicago en 1904:
"Seria dificil hallar otra industria en donde la división del trabajo haya sido tan inge­
niosa y microscópicamente elaborada. El animal ha sido examinado y extendido
como un mapa, y los hombres han sido clasificados en más de treinta especialidades
y niveles salariales, que van desde los 16 hasta los 50 centavos por hora. Los que
ganan 50 centavos están reservados para utilizar el cuchillo en las partes más delica­
das de la piel o el hacha para romper .el espinazo. Y, dondequiera que un hombre
menos calificado pueda introduciree por 18, 18 1/2, 20, 21, 22 1/2, 24 6 26 centavos,
se le encuentra un lugar y se disefia una ocupaci6n. Solo para trabajar la piel existen
nueve posiciones, con ocho diferentes sala:rlos. El de 20 centavos arranca la cola, el de
22 1/2 se encarga de quitár otra parte en donde la piel salga fáci1mente y el euchiUo
del hombre de 40 centavos corta una textura diferente y posee un 'tacto' diferente del
hombre de 50 centavos. Las habilidades se han especializado de acUerdo con la anato­
mia.
Así, en Qll grupo de 230 hombres, que dan muerte a 106 cabezas de ganado por hora,
apenas hay alrededor de once hombres que devengan 50 centavos la hora, y tres con
45, mientras que los de 20 centavos y más son 86 y los que ganan menos de 20 centa­
vos son 144".
Commons continuó explicando lo que ganaba el capital con estadivi­
sión del trabajo. "Hombres más baratos '-fuerza de trabajo no caUfica,;.
da e inmigrante- podian ser empleados en grandes cantidades' , . Entre
tanto, a los obreros calificados se.les podía garantizar salarios altos y
empleo permanente. "Si la compañia hace deseables estos empleos cali­
ficados y vincula a los hombres a ellos, bien puede volverse indepen­
diente de los cientos que laboran en trabajos no calificados". El capital
también obtenía más trabajo y más rápido de una fuerza laboral que reci­
bia menos salario en su co:qjunto. Commons citó el ejemplo típico de los
encargados de romper el espinazo. "Enel año de 1884, cinco de ellos en
un grupo determinado recibían 800 animales en 10 horas, osea, 16 por
hora para cada uno, con un salario de 45 centavos. En 1894habia aumen­
tado la velocidad, de modo que. cuatro obreros reciblan 1.200 en 10 ho­
ras, o sea, 30 por hora para cada uno, un incremento de casi 100% en
diez años. Los salarios, con excepción de contados obreros calificados,
fueron reducidos a 40 centavos por hora". El aumento de la velocidad de
la producción fue, de acuerdo con Commons, la causa primordial de la
huelga de 1904. Esta fue derrotada cuando los trabajadores calificados
se pusieron del lado de la administracibn y cuando los esquiroles del
enorme contingente de obreros inmigrantes no calificados de Chicago
remplazaron a los huelguistas (44) .
44. Job R. Commons, "Labor Conditions in Meat Packing and the Recent Strike", en The Qaar·
terIJ.JournalofEeonomies, No. 19, nov. de 1904,1-82. Í.ucita88Ol1delaspp. 3,4, tiy7. Ade-
ARGENTINA
Tal fue el desenlace
carne en Estados Unido
cadas del siglo XX. En
oleadas de inmigrantes
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en el decenio posterior a 1936. 11
elsindkato de 108 obreros de la
del movimiento laboral norteaml
ARGENTINA 161
Tal fue el desenlace de todo intento por organiar a los obreros de la
carne en Estados Unidos y Argentina a lo largo de las primeras tres de­
cadas del siglo XX. En' Estados Unidos el capital se aprovech6 de las
olQadas de inmigrantes para quebrar los 'impulsos."organizativos de los
obreros de la came en 1886, 1894, 1904 Y 1917-18. Los irlandeses etan
utilizados para que hicieran esquirolaje contra los carniceros alemanes;
los polacos y los lituanos para romper las huelgas de obreros alemanes e
irlandeses. Después de la Primera Guerra Mundial las empresas echa­
ron mano de negros y por último de mexicanos y perfeccionaron SUB poli­
ticas tendientes a promover la animosidad racial 'a fin de dividir a los
obreros en el trab.go y en las comunidades donde vivían. Cuando dichas
politicasamenazaban con derrumbarse ante la solidaridad obrera forja­
da en los sitios de trabajo, los ·empresarios recurrieron a medidas extre­
mas. Durante las huelgas prolongadas, contrataban ttenespara traer
esquiro!es a sus empresas directamente de Ellis Island o de los estados
sureños. Los esquiroles eran alojados y alimentados dentro de las gran­
Il, des empacadoras. EI.capitalempleaba ejércitos privados de detectives
m
Pinkerton y llamaba a la policia y al ejército con el prOpbsitode romper

piquetes y reuniones sindicales. Estableció, además, un eficu·sistema
de espionaje en las plantas y reteníadepbsitos de dinero de los obreros,
que solo eran reembolsados en caso de que éstos no hubiesen participa­
do en actividades huelguisticas y simlicales, y hubiesen dado aviso opor­
tuno al separarse de la compañía (45).
más de la organización trabajo que adoptaron, las firmas de car­
ne otras tendencies en'la evolución de la empresa tapitaliata.· a
escala mundiallna sistemas de producción1 de la
y, periódicamente, se divi.d1an el mercado entre si. Empleaban la publicidad para el
consumo de Uneas de productos (salchichas de Frankfiut, jamones y carnes en
un principio desconocidas o inaeept.ablee para la maTOña de10e eoDawnidores.AProveeba:ron
la qu1mica para conservu la carne y aaear ventaja de eada una de las partes delanim4l, desde
loa párpados de loa cerdos huta las peZll1ia8 de las reses. Artlculos como élltoBelWltransfor­
mados en cientos de 8U8tancias y productOs, muchos de elloa muy remotos de los productos
comestibles de came que formaban el núcleo de las operaci&nea de empaque y generaban tres
cuanu parte8.de las ventas totales.
4&. Estas táctieas son descritas en forma exhaustiva por Alma Herbst en BU monosrafla.cljsica
The NepoIn ibe Slaughterlng 8lld Meai·PaekIng IndWlÚ'JIa Chkago, Cambri<fge, 1964, Y en
James RogeraHolcomb, "Thé UDion Policles of Mea&Paekere, 1929-1948", dis8rtaclónpara
Pb..D., of IlIinois, 1957. Lqs obreros de la carn& una granorgeni"""*,, en,
Chicago a partir de 1917, bajo el liderazgo del de la 1WW, Foster, ,la
cual se desbarató a causa de la depresión de la posguerra y el Hnico Rojo que aplaStó el movi­
miento obrero anticapitalista de Estados Unidna. Finalmente, luego de varios aftos de un pe­
clent8 trabajo organizativo de lna comunistas en loa dos treintas, loa obreros de la carne nor­
teamericanos consiguieron el reconocimiento de las empresas, as1 como importantes mejoras
salariales y en lascondiclones de trabajo, durante la SepndaGuerra Mundial. Estas victorias
fueron parte de la gran movilisaclón obrera que bajo la cUrecci6n de la CID apróVec:hó la legis­
lación laboral del New Deal en BU lucha por organizar lalndWlCria btsica de los Estados Unidos
en el decenio posterior a 1936. Después de la guerra y de la purp del ala kquiei:da de la eIO,
el sindicato de los obreros de la carne adoptO la poeiei6n de pan., mantequfllá earac:terIstica
del movimiento laboral norteamericaDo en el periodode la p08I11erra. .
------------ -_.- .- .-._­
,
\,.
168 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
Cada una de estas tácticaS antisindica1es fue empleada también en
Argentina. En las populosas provincias costeras de Buenos Aires, Santa
Fe y Entre Ríos, como en Chicago y Kansas City, los empresarios apro­
vecharon el gran contingente de obreros inmigrantes no calificados para
renovar su fuerza de trabajo durante las huelgas. Enfrentado a la solida­
ridad de los obreros de la carne y los sectores organizados del movimien­
to obrero urbano, el capital reclutaba obreros en los conventillos y en las
poblaciones rurales y trata esquiroles de Uruguay. Las compañias de­
pendian de las fqerzas del gobierno para proteger a estos· trabajadores
de los piquetes de huelga y recurrian a la caballerla para disolver reunio­
nes y manifestaciones sindicales. Antes de las huelgas, las compañias
empacadoras trasladaban hamacas y grandes cantidades de comida a las
plantas, de modo que los esquiroles no tuvieran que aventurarse por las
barriadas obreras cercanas.a las empresas. Las compañías elaboraban
listas negras y sistemas de espionaje. En 1921, si no antes, Swift usaba
un contrato en por lo menas una de sus pIRntas, en el remoto rio Galle­
gos, que obligaba a los obreros a depositar en la compañía 30 pesos men­
suales, cerca de una semana de paga. Si el trabajador renunciaba o era
despedido por cualquier razón, osi contribuía ,. directa o indirectamente
a disturbios u obstaculizaciones·del trabajo", cedia por derechas a la
compañía todo el dinero depositado. El trabajo era estacional en esta
planta: solo abria para atender el sacrificio de ovejas durante los meses
de verano (46).
Al igual que sus compañeros de Estados Unidos, los obreros argenti­
nos de la carne eran particularmente vulnerables a las tácticas antisindi­
cales debido al alto porcentaje de trabajadores no calificados, muchos de
ellos inmigrantes, mujeres y niños. El censo de 1914 muestra que dos
terceras partes de la fuerza de trabajo en la industria eran inmigrantes.
Sintomático delcrecido número de empleos no calificados en las plantas
era el hecho de que I8s mujeres y los niños, ambos con· salarios· mucho
más bajos que los hombres, comprendian casi una sexta parte de la fuer­
za de trabajo en 1914. Con el tiempo este porcentaje aumentó, de modo
que en 1935 más de una cuarta parte de los obreros empacadores de car­
ne eran mujeres y niños menores de lB años (47).
La organización del trabajo en el empaque de carne abria unaconsi­
derable brecha entre' obreros calificados y no calificados, que la adminis­
tración podía explotar por medio de pagos diferencialés y políticas deli­
"
46, En Bayer. Lon_lradores de IaPaíqODla trágiea. ... VoI.2. a partir de la p. 96, ae reproduce
una copúulel contrato usado en la planta de Swüt en Rio Gallegos. El contrato tal vez no era
Upico: Swift afrontaba aerios problemas para controlar a sus trabe,jadores en la remota y poco
habitadapatagonia.
47. República Argentina, Tercer CeJUlO NadoaaJ, Buenos Aires, 1916-17, Vol. 7. p. 353; Repúbli­
ca Argentina. Ministerio de Hacienda, CeD80 induatriaI de 1935, Buenos Aires, 1935, p. 58.
ARGENTINA
beradas para profundi
extrarUeros no califia
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cional. los dirigentes de los o
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ARGENTINA 169
beradas para profundizarlas düerencias étnicas. Muchos de los obreros
extralijeros no calificados en los frigorlficos eran los
grupos menos favorecidos de la comunidad inmigrante. Crónicas perio­
distieas de las primeras huelgas enfatizan· el papel de activistas forá­
neos, especialmente "turcos", término genérico que incluía inmigrantes
de todos los Balcanes e integrantes del Imperio Otomano en el Medio
Oriente. Estas personas eran consideradaalas más indeseables e igno­
rantes entre la clase obrera argentina. Italianos, españoles y "eslavos"
(europeos del Este provenientes de Rusia, Polonia y Lituania) también
estaban presentes en las plantas en cantidades considerables. A menudo
los obreros eran segregados según criterios étnicos y sexuales en el pro­
ceso de producción; por ejemplo, laS.mujeres trabajaban en la elabora­
ción de latas y embutidos, y los polacos se localizaban con frecuencia en
las cámaras fria¡. Tales divisiones impedían la comunicación entregru­
pos de trabajadores y dificultaba a los activistas la construcción de orga­
nizaciones a nivel de planta. Quizá el obstáculo más serio para laorgani­
zación efectiva era el hecho de que numerosos empleos calificados, espe­
cialmente los que exigían gran destreza con el cuchillo, eran ocupados
por nativos. Mientras que los inmigrantes europeos a menudo pOSeían
habilidades artesanales e industriales que les permitían dominar la
mayor parte de las ramas de la manufactlH'a argentina de comienzos del
siglo XX, los obreros nativos, herederos del legado cultural de una fuer­
za de trabajo rural dedicada a la producción gaDadera por más de dos
siglos, podían dominar los puestos calificados en el empaque de carne..
Es tal vez comprensible que muchos de los obreros Dativos bien re­
munerados desaprobaran alos trabajadores extranjeros no calificados y
mal pagos y nosimpatizarancon los esfuerzos organizativosy las accio­
nes laborales. Tales actitudes, resultado lógico de la organizaciÓn del
trabajo, eran cultivadas por la administración y reforzadas por los va.lo­
res culturales diwlgados por las principales institúciones ..·'argentinas.
Los inmigrantes, se afirmaba, eran responsables de la agitación social y
de los conflictos laborales; la fuerza de trabajo criolla debiaaspirar a los
valores del legendario gaucho, el vaquero independiente con el
cuchillo al cinto, a quien íos Dacionalistas culturales buscaban convertir
en la quintaesencia del argentino. Los obreros calificados nativos que
dominaban el trabajo en las playas de matanza resultaban
para la acción laboral. Estaban a cargo del animal en el comienzo del
proceso productivo, y si suspendian el trabajo, toda la operación se para­
lizaba. Si se negaban a parar, era dificil cerrar la planta sin una solidari­
dad muy amplia entre los demás obreros (48) .
48. Tal como se indica en la siguiente sección, en 1939, en una peticl6n diricida al CoagreIO Na­
cional,loe dirigentes de los obreros de lacame denunciaron la táctica empresarial de emplear
trabajadores que "por su poco conocimiento .461 idioma aceptan más fácilmente condiciones
LOS TRABAJADORES EN LkHISTORIA
160
: .,t- A pesar de tan formidables obstáculos para la organización. los tra­
bajadores de la carne lanzaron importantes acciones colectivas tendien­
tes a mejorar las condiciones en que laboraban. Diversas fuentes dan
cuenta de huelgas en frigoríficos individuales en 1894, 1915, 1917-18,
1920, 1921, 1925, 1928 Y1932. De todas, la más prolongada, poderosa y
promisoria ocurrió entre 1917 y1918. Abarcó cuatro de los cinco grandes
frigoríficos cercanos a Buenos Aires. Se trataba de las enormes plantas
Swift y Armour en Berisso, cerca de la capital provincial de La Plata. si­
tuada a unos 60 kilómetros de Buenos Aires, "La Blanca" (de Moms­
Armour) y "La Negra" (de Sansinena, una compañía de capital argenti­
no y extranjero), ambas ubicadas en Avellaneda, el suburbio industrial
situado al sur de la ciudad de Buenos Aires. Por la época de la huelgade
1917-18, cerca de 11 mil obreros estaban empleados en las plantas de
Berlsso, y unos 4.500 en las de Avellaneda. Las exigencias de los obreros
durante la huelga ayudan a comprender las bases de la solidaridad pro­
letaria en el sector del empaque de carne. La evolución misma de la
huelga demuestra con cuánto sacrificio y energia creativa trataron estos
obreros de superar los tremendos obstáculos que se atravesaban en su
camino(49).
Cualquiera que fuera su paga o función en el proceso de trabajo, ro­
dos los obreros de la carne compartían la experiencia común de laborar
en empresas capitalistas avanzadas. Un personaje de una novela sobre
trabajadores de la carne, un carpintero calificado, describía lo que' era
ejercer su oficio en la cajonería de las plantas de empaque. "1Recorchos!
bochomOllll8 .,.re. el trabajo". En consecuencla,.1as empre888 hadan al t:rabe,iador
exb'm:Qero como utI enemigo del trabajador nativo" e iinpedlan la OrpDizácl6n en las plantas.
CáDwa de Diputados, Diario de fIé8icmes de 1939, VoL 3, ppdl8-21:'La bnportancia de la
eiDic:idad en la orglUlizacjón del trabajo en 10lJ t'rigotifkoe doc:uulelltada, para comienzos
del siglo XX, en la lIlOI1o¡rafia de HerblJt, op.cit.• Yen el revelador clásico de Vpton SiDclair
The JUDgle, Cambridge. 1971, 1a.ed., 1904. Aquélla fue confirmada para la Argentinll¡ de 108
dos euaréntas por entrevistas que'reaJicé con obreros de la eame en 1978. La iinportaJícla de
las concentra.cioneaétnicas en lastli.venas partelt del proeellO productivo para la organizaci(m.
obrera en general se examina enPeter Friedlander, The "qeace oh U4W. Local. 1938­
1939, PiUaburlfh; 1975. La importancia estratégica de los obreroscalificadOlJ en las playaS de
matanza está bien documen&ada en la Hteratutaestadounldense y confirmada para Argentina
en José P.r"CJróaIcM proletaria8,Buenos Aitee, ·1_.p. 39.Ladiripnte aibdieal Stella
Nowicki describió, a comienzos de los dos cuarentas, UI\&lsitu8ción en laplanta de Annour. en
Chic:ago que se aparta de la tipic:a'historia argentina. Alli•. UD grupo fuertemente uqldo de
t ,.'
obreros negros éalificad08 de la playa de matanza usabo !!jl poder paradismiDuir el ritmo o
parar la produc:ei(m, buscando impulsar las demandas del sindicato. Véase Stella Nowic:ki.
' ..
"Beck of the Yarda", en Alic:e Lynd y Staughton Lynd, (ed.), RaDk 8DdF1le. Boaton, 1973,
p.87.
49. La información sobre la huelga de 1917-18 proviene de la lectura de la prensa obrera (La Vo·
pulldiay La Protesta) y del periódico en len¡ua inglesa The Bevlew ofthe River PIste 'loa tres
publicados en Buenos Airesl. El recuento más detallado de la huelga basta ahora publicado es
1tock. PoIltle& ID Aqentina. ..• Apéndice S. toa obreros del tercer frigOr1fic:o de Avellaneda, el
"ADgIo" ,perteneciente a Wilsonl mmc:a se unieron a la huelga. El personal de una segunda
planta SanaiDena,1Jituada en el puertomeridional de BahI8: BJanca, silo hiZo.
ARGEN'J'INA
Para ser un Carpintero,
en las manos una gad
explicaba:
"Efectivamente, alli no 111
nada llUÍs. Llegaban las ti
uniendo aquellas tablas, 1
clavaban matemátic:a:mell
trabajo que el de cuidar ql
Aquello era un trabajo de
En los frigoríficos oc
actividad creadora y los
turnos. Debido a la form
raleza de la tarea, las lal
más duras,súcias,monl
a la naturaleza irregular
montaje y procesamient
joven en las plantas eml
de construir durante do
describió luego lo desag
pequeñas, algunas sucia
dores en línea a una misr:
"Sucede a menudo que epa
mé,s cuidado que se tenga
capa de piel que los
ojos, y hay tiempo
es.a materia repugnante. Al
bunda y asquerosa, en un al
mones con el aire infecto
sis" (51).
50. BernardoGonzálezArrili, to.,
51. Peter, Cróaicu Proleíarias. ..•
de Sinclairsobre l08rieagos yi
los c:amic:eros y loa enearpdoe
Dos que usaban euc:hillos, llpIiIl
pues continuamente la base del
ne conla c:uaJ. el operario preak
( ... 111OteJúan 1dIas. bah_del
ehados que los dedos se eliencl
c:ocinu, en medio del vapor '1'
gérmenes de la tuberculosis poi
hora. (, .. 1 Habia quienes trabaj
reumatismo. ( ...1Estaban 108811
ya que la piel de las ovejas
debla ser arrocada con las mau
tada; sus moos también estaba
ARGENrINA 161
Para ser un carpintero aquí no hace falta saber cepillar, ni haber tenido
en las manos una garlopa nunca. ¿Carpinteros? ¡Ja, ja!" El novelista
explicaba:
"Efectivamente, alH no se trabajaba la madera ni poco ni mucho; se haclan cajones y
nada más. Llegaban las tablas cortadas, cepilladas f••• }en fardos. A máquina se iban
uniendo aquells;ls tablas, unas maquinitas que pareclan relojes por lo exactas, y que
clavaban matemáticamente sus cinco clavos sin que el que la manejara tuviera otro
trabajo quee1de cuidar que las tablas fueran quedando 'a escuadra' bajo el martillo.
Aquello eta un trabajo de chiquillos" (50).
En los frigoríficos ocurria lo mismo. El trabajo estaba desprovisto de
actividad creadora. y los obreros repetían la misma tarea a lo largo de sus
tumos. Debido a la forma como estaba organizado el trabajo y a la natu­
raleza de la tarea, las labores en el empaque de carne figuraban entre las
más duras, sucias, monótonas y peligrosas. Parte del problema obedecía
a la naturaleza irregular y orgánica de la materia prima sometida a des­
montaje yprocesamiento "científicos". Jose Peter, quien ingresó muy
joven en las plantas empacadoras, ya entrados los áftosveintes, y trató
de construir durante dos décadas una organización obrera comunista,
describióluego.lo desagradable del trabajo. Alli, las ovejas grandes y
pequeñas, algunas sucias y llenas de espinas, pasaban.ante los trabaja­
dores en línea a una misma e intolerable velocidad.
"Sucede a menudo que aparecen animales con tumores y granos llenos de pus, y por
más cuidado que se tenga, es dificil evitar que el·filo del cuchillo traspase esa fina
capa de piel que los cubre, y con frecuencia ese pus salta a la cara, toca la boca y los
ojos, y hay tiempo apenas para pasuse la mano ensangrentada y sucia.para apartar
esa materia rtlpugnante. Al cansancio, a los dolores, se agregá esa materia nausea­
bunda y asquerosa,e1i un ambiente cargado de malos olores que se meten en los pul­
mones con el aire infecto de microbios de toda clase, de tuberculosis, de brucelo­
sis" (51).
60. Bernardo González Arrlli, Los cblll'C08 rojos. Buenos Aires. 1927. p. 76.
61. Peter. CróDieu prvIeiariu. ..• pp.5fi-57. CompÁreSe la descripción de Peter con la discusión
de Sinclairsobrelos riesgos y las enfermedades ocupacionales en TIte JUDgIe, p. 98: "Entre
los camieeros y los encargados delsacrifieio, los deshuesadoretl ydesbutadores y todos aque­
llos que WIIlban cuchillos. apenas podia hallarse una perflOfta que pudiera emplear su pulgar.
pues continuamente la b8se del dedo sufrla cortadas hasta quedar reducido a una masa de car­
ne conlacual el operario presionaba el cuchillo para sostenerlo. Las manos de estos hombres
( ... ) no tenian ufias, habiandesaparecldo arrancando las pieles; sus nudillos estaban tan hin­
chados que los dedos se extendian como un abanico. Habla individuoá que trabajaban en las
cocinas. en medio del vapor y los 01ore8 nauseabundos, con luz artificial; en estos sitios los
gérmenes de la tuberculosis podian vivir hasta dos dos. mas el suministro era renovado cada
hora. i ... ) Habla quienes trabajaban en lo. cuartos frioe.· cuya enfermedad más común era el
reumatismo. ( ... 1Esiaban los esquiladore. de lana, cuyas manos estaban hechas pedazos. i ... )
ya que lá piel de las ovejas tema que ser impregnada de ácido para soltar la lana que luego
debla ser arrancada con las manos. i ... ) Estaban los que hadan la hojalata para la came enla­
tada; SUB mano. también estaban llenas de cortadas y cada cortada representaba el peligro de
.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 162
ARGENTINA
Fotografias del interior de las plantas, tomadas a principios. del siglo,
confirman las descripciones de Peter. Muestran a
manchados de sangre y descalzos hacinados en las húmedas y sanguino­
lentas playas de matanza o trabajando, mal vestidos, en las cámaras
frías y en los congeladores (52). Entre las primeras demandas de los
obreros de la carne figuraban el suministro de agua potable fresca y ade­
cuadas facilidades para que los trabajadores se lavaran, asic6moprovi­
sión de camisas, mantas e impermeables Pllra usar en las faenas. En
1917 los huelguistas también pedían un día de paga para los obreros le­
sionados en el trabajo. Si un operario resultaba incapacitado, exiglan
que fuera compensado con una pensión equivalente a la mitad del salario
diario promedio devengado en las dos semanas anteriores. al acciden­
te (53).
Todos los obreros sufrían asimismo con el ritmo del trabajo, el abuso
de los capataces enatrgatios de los niveles de producción y las exaccio­
nes de las multas aplicadas para garantizarla" disciplina". en el lugar de
trabajo y prevenir daños a la materia prima. En 1917 los huelguistas ex¡"
glan mayor respeto de los capataces y, en un esfuerzo por ganarse a los
operarios calificados de las playas de matanza para la causa del paro,
solicitaban poner fin a las multas y a los despidos de carniceros que mar­
caran o cortaran las pieles. En 1917 dicha táctica fue evidentemente exi­
tosa. Trascurridas tres semanas de la huelga, 170 obreros de la Swift,en
Berisso, que procesaba ganado vacuno, enviaron una reveladora decla­
ración a la prensa socialista. Afirmaban su apoyo pleno a t(Kbu; las exi­
genciasde la huelga y anotaban con placer que "la completa unión y la
solidaridad que existe actualmente en nuestro gremio resta todo valor a
las cartas que en un momento de inexplicable confusión le fueron dirigi­
das aisladamente por varios compañeros; los que hoylarnentan haber
obrado asi, en prueba de lo cual firman la presente"(54). '.
El salario de las diferentes categorías en el sector de la carne era
comparable al de otras industrias urbanas, pero las labores en las plan-
envenenamiento de la $8DI'l'$••• " Al evaluar estas descripciones deben teaenNt en t:UeDta el
e8t.ilo e:uJtado de Siuclair y la naturaleza de IIWJ compromilloe polWtos .,loII ü,Pet.er. Ea Quizá
revelador del tono diferente de la vida politica y 80cial deArgentiDa el queninguDa novela
ugentina iul.ya alean.zapo la notorie4ad y el. impadode.la. flunoaa dénUDGia de Sinclair. Empe­
ro, cualesQuiera Que 8QS mériWs literarios, la no.vela oort.a de Gom:ále$ Auili sobre una
de las primerashuelgu en 1011 frigorIficos de Avellaneda {citado en·.nokl5O.).p,re8entaa 1011
obreros de la carne con mayor sutileza y IlUS vidall máII complejidad Que ..... JaqIe•.
52. La parte 3 de la edición de pasta dura de Rubén Isearo,...... lIÜuIieal¡eBue­
DOII Aires. 1973, contiene reveladorall fotografias de las p!antu y de los obreros durante este
periodo.
53. Lu demandas de la. huelga no eran ell:8Ctamente las mismas en las diferentes plantas en con­
flicto en 1917-18. Las flue formularon.loll trabajadores.de Swift y Armour aparecen en La Van­
¡puIrdia. nov. 27 de 1917,p. 3; las de los obreroe de "La Blanca" Y"La.Negra", en Avellane­
da, en La Protesta, diciembre 16 de 1917.
54. La VanguanIia. diciembre 17 de 1917, p. 2.
tas eran confrecuen
Argentina no sufria d
en Estados Unidos, 1
mente y los obreros e
veces lostmbajadolef
se con que no eran ne
horas. Las demand8J
más altos y, en 1917,
para los obreros peor
eliminación de la prác
trabajador empleado
mínimo de medio dia
níanque cuando no hl
tia rotarse entre todo
gran huelga sacudió Pi
los obreros de la carne
vindicación que en 191
en un salario y medio
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ARGENTINA 163
tas eran confrecuencja irregulares. Aunque el empaque de carne en
Argentina no sufrla de grandes fluctuaciones estacionales, como sucedía
en Estados Unidos, la demanda y el suministro vanabanoonsiderable­
mente y los.obreros eran reclutados a menudo sobre una base diaria. A
veces los trabajadores hacían el viaje hasta la· planta solo para encontrar­
se con que no eran necesarios o con que solo podían trabajar unas pocas
horas. Las demandas huelguisticas sistemáticamente pedian salarios
más altos y. en 1917, exigían incrementos porcentuales mucho mayores
para los obreros peor pagados, la abolición del embargo de sueldos y la
eliminacibn de la práctica de contratarlos por solo un cuarto de dia. Todo
trabajador empleado por cualquier parte de la jomada debía recibir un
mínimo de medio dia de paga. Los huelguistas de 1917 también propo­
manque cuando no hubiera suficiente trabajo en las plantas, éste debe­
rla rotarse entre todos los.obreros. Al menos desde 1916, cuando una
gran huelga sacudió por vez primera el frigorlfico de la Swift en Berisso,
los obreros de la carne ventan demandando la jomada de ocho horas, rei­
vindicación que en 1917 también fue primordial, sumada a la insistencia
en un salario y medio por tiempo extra y dominicales, así como el esta­
blecimiento del lo. de mayo como feriado remunerado.
En todas las huelgas de los frigorlficos, hasta los años cuarentas, la
demanda más sensible era el reconocimiento de los sindicatos y la rein­
corporación de lQ8 organizadores y militantesdespedid()S anteriorme.nte
por las compañías. Pero Jos patronos se mostraron intransigentes. En
1917, en Swift, la compañía empacadora más poderosa desde el punto de
vista económico,: los representantes de la administración sencillamente
hicieron pedazos la en la cara de lOs (ielegados obreros yse ne­
garon a discutir con éstos durante la huelga. Los ejecutivos de ArmQUr
se mQtitraron más dispuestos a escuchar las demandQS de los trabajado­
res en esa misma huelga. Tan pronto como los obreros cerraron práctica­
mente la nueva ,planta de la compañia en Berisso por casi tres semanas,
la administración ofreció tentativamente algunas concesiones . económi­
cas siempre y cuando los obreros retornaran al trabajo. Sin eQlbargo" los
funcionarios de la empresa fueron inflexibles y rehusaron someterse a la
exigencia del comité de huelga de .que los términos del proyectado
acuerdo estuviesen sujetos a la redacción y la firma de los representan­
tes de la compañía y el sindicato (66).
Hasta los años cuarentas, el desenlace de las huelgas en los frlgorifi­
cos dependió de los esquiroles. Los obreros de la carne entendian mejor
que cualesquier otros lo que significaban los .rompehuelgas para la lucha
colectiva. Ellos, al igual que todos los obreros argentinos, llamaban a los
55. En Estados Unidos las compai'úas también se negaron a reconocer los sindicatos. Los grandes
yeftmeros logros de 1917-18 se dieron gracias a la intervenc:i6n de UD gobierno preocupado
por la producción en tiempos de guerra.
i
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 164
esquiroles borregos y carneros. Tales términos poseen una aplicación
universal, pero tenían un significado especial en una economia exporta­
dora de productos pecuarios, particularmente para quienes laboraban en
las plantas empacadoras. En los frigorificos las ovejas abandonaban la
lucha por la vida con una ingenuidad colectiva y una docilidad mistica
incomprensible para los seres humanos racionales. El ganado, con sus
cráneos hechos añicos por los golpes de martillo de la •• aldaba". caía
dando coces y bramando en las playas de matanza. Los cerdos sacudian
,
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las paredes con su atroz protesta mientras eran transportados mecánica­
mente, suspendidos de una pata, hacia el hombre encargado de cortarles
el pescuezo. Las ovejas, en cambio, como lo indica un novelista,
"eran la antitesis de los barulleros cerdos. Las tomaban de las cuatro patas y coloca"
ban boca arriba en unas arqueadas tarimas de hierro, con la cabeza suspendida sobre
una canaleta de latón. En esta posición quedaban como sesenta o setenta. animalitos,
sin que se quejara ni uno. Tres hombres iban colocándolos. y uno solo degollándolos.
Se dejaban degollar b1blicamente: sin chistar. Movían unos minutos sus paUtas
. mientras se desangraban y miraban con ojos de dulce sorpresa a los hombres que las
mataban. Eso era todo. Al instante estaban sobre otros taburetes, siempre patas
arriba, sin piel, dejándose revisar por 108 veterinarios" (561.
Durante el cese de 1917-18, los huelguistas dedicaron toda su ener­
gía creativa a derrotar a los rompehuelgas. Calcularon la hora cero de la
huelga, declarada en Berisso el 28 de noviembre y en Avellaneda el 6 de
diciembre, de modo que coincidiera con la disminución del contingente
de desempleados en las ciudades a raiz del comienzo de la cosecha ce­
realera en la pampa. Recurrieron a mitines de masas para conseguir y
mantener la solidaridad con la huelga. En BerisBo y Avellaneda, millares
de obreros se reunían casi a diario en lotes desocupadas, en los salones
de otros sindicatos y ocasionalmente en teatros públicos para deliberar
sobre las peticiones y estrategias, compartir información y aplaudir y cri­
ticar las concepciones revolucionarias y las estrategias huelguisticas
expuestas por orádores sindicalistas, anarquistas y socialistas que rivali­
zaban entre si. Desplegaban cientos de piquetes de huelga para intimi­
dar y ridiculizar a los esquiroles. Realizaban campañas en los vecinda­
rios obreros con elfin de conseguir respaldO para la huelga y educar a
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rompehuelgas potenciales. Descarrilaban y desenganchaban trenes que
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.. transportaban obreros y ganado a las plantas. Ello. de diciembre, cerca
de Berisso, una muchedumbre de huelguistas abordó un tren de pasaje­
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ros e hizo salir a los administradores, los contadores y "otros altos fun.;.
".
cionarios" que viajaban hacia las plantas. Cuando los empleados se re­
husaban y los trabajadores procedian a expulsarlos, la policía intervenía
56. La cita es de González Arrili. Los charcos.... pp. 80-81.
ARGENTINA
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ARGENTINA 165
y ordenaba salir del tren a todo el mundo. En la plataforma, mientras la
policía requisaba a todos los pasajeros en busca de armas, los obreros
obligaban a los empleados a quitarse el sombrero y unirse a ellos en los
vivas a la huelga (57).
Los militantes también dedicaban especial atención a las mujeres
obreras, quienes figuraban entre los trabajadores menos calificados y
peor pagados. Eran las más vulnerables al esquirolaje y las menos capa­
citadas para sobrevivir sin trabajo. La prensa socialista informaba que
del 40% de operarios que aún estaban trabajando en la planta de Ar­
mour en Bemso al final de la primera semana de huelga, la mayorla
eran mujeres. Los peri6dicos obreros destacaban la asistencia de las
mujeres a las manifestaciones, los discursos de oradores femeninos en
los mítines, las acciones ejempláres y heroicas de las obreras en las con­
frontaciones con la policía y los rompehuelgas. A comienzos de diciem­
bre las mujeres decidieron organizar una Sección Femenina especial en
Berisso para promover la solidaridad femenina con la huelga (58).
Durante la huelga de 1917-18, los obreros de la carne lograron el apo­
yode la FOM y la FOF, asi comO de otros afiliados a la FORA. Los traba­
jadores marltimos de la FOMcontrolaban el ingreso de rompehuelgas a
Buenos Aires y porlo menos en una ocasión interceptaron a obreros re­
clutados en Montevideo, los convencieron de sus deberes proletarios y
los alojaron en sus salones sindicales hasta cuando pudieron conseguir
empleo o retomar a casa. La FOM boicoteó a las compafiias que suminis­
traban combustible a los frigorlficos y se negaron a pilotear barcazas que
transportaban carne a los trasátlánticos refrigerados. Los sindicatos fe­
rroviarios contribuyeron con grandes sumas de dinero al fondo de huelga
de los obreros de la carne. La FORA, por primera vez en la historia del
movimiento obrero argentino, expidió bonOs de huelga a sus afiliados
para conseguir dinero destinado a contribuir a alimentar a los huelguis­
tas despedidos y sus familias.
Todas estas manifestaciones de solidaridad eran reseñadas exhausti­
vamente en la prensa obrera. Quienes contribuian a la causa, como los
barberos sindicalizados que ofrecian afeitadas, gratuitas a los huelguis­
tas, eran honrados en listas públicas. Lo mismo ocurria con los comer­
ciantes locales 'que donaban viveres u otorgaban crédito a los huelguis­
tas. Otras listas denunciaban a ,los esquiroles y a los comerciantes ,. trai­
cioneros" que suministraban provisiones a las plantas empacadOras. Los
comerciantes eran blanco de boicots declarados por consumidores y
obreros organizados, y en un momento dado, el sindicato de panaderos
se negó a suministrar pan a los comerciantes infractores. Incluso parte
57. Revlewofíhe IUver PIaie, diciemb,., 7 de 1917, p. 1896.
58. La Vanguardia, diciemb,., 6 de 1917, p. 1; diclemb,., 6 de 1917, p. 1; diciembre 18 de 1917,
p.2.
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LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 166
del personal de supervisión de los frigorlficos declaró su respaldo a la
lucha de los trabajadores. El 16 de diciembre, el periódico socialista La
Vanguardia informó sobre una segunda reunión de supervisores, capata­
ces y empleados de las plantas de Berisso, quienes ratificaron una reso­
lución en el sentido de "no hacer, en el actual conflicto, causa común con
los capitalistas y evitar ponerobstáculos al logro de las aspiraciones pro­
letarias" . Con este apoyo del movimiento obrero organizado y elementos
de la clase media, las tácticas huelgulsticas de los trabajadores de la car­
ne empezaron a dar frutos. Para la segunda semana de diciembre, los
obreros hablan conseguido detener virtualmente la producción en Bens­
so y Avellaneda.
Los obreros alcanzaron esta meta pese a la hostilidad del gobierno
radical. Tan pronto como los trabajádoresvotaron el cese de actividades,
el gobierno despachó escuadras de policia, la cabal1erla del ejército y
unidades de la marina a proteger las plantas. Técnicos del ejército ayu­
daron a mantener en funcionamiento los equipos de enfriamiento con el
fin de conservar la carne almacenada en los frigorlficos. Personal de la
marina piloteó y remolcó las barcazas que transportaban la came proce­
sada a los trasatlánticos refrigerados. Bajo la protección de la fuerza
pública, las empacadoras y sus pequeñas comunidades de esquiroles
residentes fueron convertidas en campos armados. La policía y los solda­
dos se unieron a las fuerzas de seguridad de las compaftias e instalaron
ametralladoras en .las ventanas y reflectores en los techos. La tropa a
caballo dispersaba los piquetes, disparaba sobre los obreros que ataca­
ban a los camioneros cuando tratan ganado a las plantas e irrumpía en
las sedes sindicales y en las. manifestaciones, hiriendo con· sus sables a
decenas de trabajadores y a miembros de sus familias.
Los hechos más violentos .se presentaron en Swift·la noche del 3 de
diciembre. La administración y la prensa liberal informaron que los
obreros primero habían cortado los cables eléctricos del distrito de Beris­
so. Luego, en medio de la oscuridad, centenares de huelguistas asalta­
ron la planta. La carga, de acuerdo con los reportes, había sido dirigida
por un hombre a caballo que tocaba una corneta. La prensa obrera negó
vigorosamente dicha versión y sostuvo que la administración y la policia
hablan fabricado la historia para encubrir una operación destinada a
sembrar el terror en los vecindarios obreros que rodeaban la planta. Lo
que si parece ser cierto es que hubo un apagón y una descarga de fusile­
rla desde la planta y que la policla invadió los barrios obreros. Sacaron a
la fuerza a decenas de obreros con sus familiares, los apiñaron en recin­
tos cercados de la planta y los interrogaron durante horas antes de pa­
sarlos a los militares y a los jueces para ser procesados. Incluso la proca­
pitalista Review of the River Plate publicó una versión obrera de los he­
chos, la cual sostenia que de las 101 personas arrestadas (la mayorlade
ellas "decían ser turcos"), 67 tenian heridas de sable o daga supuesta-
ARGENTINA
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ARGENTINA 167
mente causadas por policías y marinos durante los interrogatorios. Un
parlamentario socialista instauró una demanda suscrita por 23 personas
que protestaban por la brutalidad policial durante estos eventos. Todos
los firmantes, aseveraba el congresista, "excepto dos ciudadanos naci­
dos en Berisso, son de nacionalidad rusa o turca. Varios de ellos no tie­
nen nada que ver con los frigorificos: son comerciantes" U;'9).
A medida que progresaba la huelga, el gobierno radical sufria las
presiones de la administración de las plantas, los terratenientes, los
ganaderosy la prensa liberal para que garantizara la • 'libertad de traba­
jo" Las compañias empacadoras amenazaron con cerrar sus plantas
y trasladar sus operaciones a Uruguay y Brasil. La Sociedad Rural alertó
sobre la amenaza que representaba la huelga para toda la economía na­
cional. Y la Review oí the River Plate insistía en que la huelga era un
complot de agentes alemanes encaminado a· trastornar el esfuerzo bélico
de los Aliados. Para un gobierno radical comprometido con la preserva­
ción de la estabilidad social y preocupado por su futuro electoral, otra
fuente de presión residia en la potencial interrupción del suministro de
carne a la región del Gran Buenos Aires. El gerente del frigorifico "La
Negra" , el mayor proveedor de carne para la capital, aludió' a dicho peli­
gro en un telegrama al interventor nacional, quien actuaba como gober­
nador temporal de la provincia de Buenos Aires, el 15 de diciembre. El
gobierno, insistía, debe dar protección adecuada a aquellos que desean
trabajar. "De modo que, al mismo tiempo que se harán efectivos los
sagrados derechos proclamados por la Constitución, Su Excelencia evita­
rá que sea necesario cerrar nuestro establecimiento, una medida extre­
ma, cuyas consecuencias, tan graves para él suministro de carne a los
numerosos centros de población de la Provincia como para la Capital
Federal, no pueden escapar a la inteligente comprensión de Su Excelen­
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En un esfuerzo por contr&rrestardichas presiones sobre el gobierno
radical,la FORAexigió públicamente que se·pusierafin a la parcialidad
oficial en la huelga, basándose en una· votación de sus afiliados. La
59. Reviewoftbe RiYerPlate, diciembre 8de 1917, p. 1463; La Vuguardla, diciembre 11 de 1917.
60. El desbrozador estudio de Peter Smitb, PoHda _d Beefin ArtentiDa, Nueva York, 1969, con­
tiene mucha información sobre las fuerzas politicas que actuaron en la economia exportadora
durante la primera mitad del siglo XX. Me he apoyado en la obra de Smith a lo largo de este
enasyopara la obtención de mucha de la información sobre la poRtica nacional y la industria
de la carne. Acerca de la hueJgade 72-73.
61. Review 01 tbe RiVef Plate, diciembre 21 de 1917, p. (a) 1529. La cita ha sido retraducida al
español. En el mismo periódico, enero 4 de 1918, p. 9, aparece, en un aviso publicitario, una
larga lista. de las carnicerías locales suministrada por •'La Negra". Los otrosfrigorificos tam­
bién vendian una parte significativa de su producción en Argentina. Albert Hirschman me
alertó acerca de la posibilidad de que la prodUcción para el COJlSWtlo doméstico, en combina­
ción con la de exportación, pudiera haber tenido importantes consecuencias para el destino de
la organización obrera en Argentina.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 168
FORA notificaba que, si el hostigamiento a los piquetes pacificos y el
apoyo técnico de la fuerza pública en las plantas y las barcazas no termi­
naban, organizarla una huelga nacional en respaldo a los obreros de la
carne. Cediendo temporalmente a esta presión, el gobierno se reunió
con delegados de la FORA y a finales de diciembre ordenó el retiro de
plantas y barcazas, del ejército y la marina, y dio instrucciones a la poli­
cía para que mantuviese una actitud neutral y circunspecta frente a los
huelguistas.
Sin embargo, en pocos días, el gobierno renunció a este compromiso.
Sea que este cambio obedeciera a. la creciente presión de la Sociedad
Rural y BUS aliados extranjeros, como sostiene Peter Smith, o a la preo­
cupación del gobierno por su futuro electoral, como afirma Rock, la
anunciada huelga general de la FORA no se materializó. Aunque la di­
rección de la Federación jamás ofreció una explicación satisfactoria, su
incapacidad para organizar la huelga general reflejaba el debilitamiento
del paro y la consecuente escalada de divisiones entre partidarios de sin­
dicalistas, anarquistas y socialistas entre los líderes de la huelga (62). En
la última semana de diciembre, los esquiroles ya habían derrotado vir­
tualmente la huelga en Berissoy, tan pronto como estas grandes plantas
reanudaron la producción, la huelga en Avellaneda se vio seriamente
comprometida. Pese a que el paro continuó durante un mes más en este
último sitio, a finales de enero los huelguistas, desesperados y desilusio­
nados, empezaron a regresar por centenares al trabajo.
Cuando culminó el movimiento, incluso los anarquistas, quienes
regularmente atribuían las derrotas obreras a la falta de valor y compro­
miso de los trabajadores individuales, rindieron tributo a los huelguis­
tas.
"Cincuenta y siete dlas de pelea contra la avaricia burguesa y sus aliados, hizo que
los trabajadores se rindieran ya en.el frlgorifico 'La Blanca'. La resistencia fue impo­
sible por más tiempo. { ... ) Hablar de esta derrota da rabia y vergüenza; yo la siento.
camaradas, pero es asi. , .. ~ ) Sin embargo, he de decirlo, no fue por cobardes o porque
se hayan traicionado a si mismos; cayeron vencidos por impotencia, bajo la fuerza
brutal de la reacción burguesa. Eso es todo" (63).
62. Véanse la vaga discusión en Marotta, El movimiento aiDdieaI. ... (citado en nota 241. Vol. 2,
p. 213, Y la historia de la huelga. escrita por José Ellas NicJison, un inspector del Departamen­
to Nacional del Trabajo, en el Boleiín del DepartameDto Nacicmal del Trabajo, No. 40. febrero
"
de 1919, y No. 41, Clbrilde 1919.
63. La Protesta, enero 29 de 1918, p. 3, Pocos dlas después, el mismo escritor evocó la capitula­
ción de los huelguistas que hablan laborado en "La Negra": "La Negra": "Escribo bajo la
impresión de la derrota. Vi cómo se rindieron vencidos, este grupo de leones. C.. ) Fueron
momentos en que el alma de la multitud allí reunida pareda romperse. Ni una queja. Ni una
voz. Solo después he visto llorar de rabia y dolor. Eran hombres". La Protesta, febrero 3 de
1918, p. 2.
ARGENTINA
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ARGENTINA 189
La evaluación hecha por los sindicalistas de la FORA, contenida en
una circular enviada a sus afiliados, entraba más en detalles sobre el
nificado de la derrota. "En la historia de la lucha de clases en la Argenti­
na, la huelga de los frigoríficos se destacará como uno de los más emo­
cionantes episodios de la vida sindical. Los obreros tuvieron en su contra
todo género de enemigos. Y es que esta huelga, debido a la índole de la
industria en conflicto, ligada intimamente a los intereses de una clase
que domina económica y pol1ticamente al país, ha provocado contra sus
actores la más brutal de las reacciones" (64).
Pero fue la Review of the River Plate la que señaló, sin proponérselo,
a fines de diciembre, la causa estructural de la derrota. "Las huelgas de
los obreros de los establecimientos de Swift y están fracasando
rápidamente. Swift tiene en este momento entre 4 mil y 4.500 hombres
trabajando, un contingente más o menos normal, aunque ocasionalmen­
te ha tenido que emplear hasta 6 mil hombres. ( ... ) La mayoria de los
brazos empleados en las factorlas Armour son nuevos y están
dos de haber podido conseguir trabajo. Es significativo saber" , concluia
el articulo, "que las condiciones de trabajo tanto en Swift como en Ar­
mour son las mismas de antes de la huelga" (65).
Entre 1917 y 1918 los obreros de la carne enfrentaron una cauda de
"enemigos" mucho más poderosa que la que se atrincheraba en los
demás sectores de la clase obrera urbana. El frente del capital agrupaba
las firmas empacadoras internacionales, con su gran poder económico y
su enorme experiencia en las técnicas rompehuelgas, aprendidas en
Estados Unidos; la Sociedad Rural, el gremio más poderoso de Argenti­
na, cuya influencia y participación de alto nivel enlos diferentes gobier­
nos hasta los años treintas ha sido ampliamente documentada por Peter
Smith; y el gobierno radical mismo, el cual, aunque vaciló brevemente
ante la amenaza de huelga general, utilizó alas fuerzas armadas para
evitar que las empacadoras sufrieran pérdidas económicas y empleó a la
policia para proteger a los esquiroles. N o obstante, fue el contingente de
obreros sin empleo el que infundió a estos" enemigos" su fuerzacolecti­
va. Los obreros de la came combatieron valerosamente para superar
este obstáculo estructural ante el que eran trágicamente vulnerables, lo
mismo que la mayor parte de los obreros urban.os de Argentina (66). Su
incapacidad para frenar la marea de esquiroles presagiaba la derrota, al
64. Boletúl del Departamento Nacional del Trabajo, No. 41, abril de 1919, p. 63.
65. Reviewoftbe lUverPlate, díciembre28 de 1917, p. 1569.
66. También puede ser cierto Que debido a que muchos obreros de la came eran extranjeros re­
cién llegados, tenlan menos posibilidades Que la mayoria de los trabajadores urbanos de ha­
llar recursos financieros entre la familia Y la comunidad para mantener una huelga prolonga­
da. Esta consideración puede ayudar a explicar la mayor resistencia de los huelguistas de
Avellaneda, una comunidad más antigua y establecida Que BerisllO.
170 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
ARGENTINA
igual que la de todo el movimiento obrero argentino en el periodo de la
posguerra.
Pocos meses después de su victoria sobre los obreros de la carne, los
capitalistas se organizaron con el fin de aprovechar la masa de trabaja­
dores desempleados de una manera más racional y eficiente. El objetivo,
quebrar el espinazo de todas las organizaciones obreras militantes. En
mayo de 1918, un prominente estanciero y magnate naviero citó a los
capitalistas extranjeros y nacionales a una reunión respaldada por la So­
ciedad Rural y que se efectuó en la Bolsa de Valores de Buenos Aires.
Entre los asistentes figuraban representantes de las empacadoras de
carne, los ferrocarriles, el transporte maritimo y los exportadores de gra­
no. De la reunión surgió una organización denominada Asociación Na­
cional del Trabajo, cuyo propósito consistía en frustrar la posibilidad de
una huelga general y proteger la "libertad de trabajo". Con fondos de
las organizaciones afiliadas (cada una debía contribuir con el 1 % de su
nómina total), la asociación creó una Bolsa del Trabajo, destinada a su­
ministrar obreros a las empresas que necesitaran fuerza laboral sumisa.
Shipley ha documentado la magnitud de las actividades de la Bolsa en
los años subsiguientes. Decenas de miles de obreros eran colocados a
través de sus oficinas y muchos contratados para remplazar a los militan­
tes despedidos por actividades sindicales. Todas las industrias se vieron
afectadas por los servicios de la Bolsa del Trabajo, que logró destruir la
base militante de la FOF y, luego, romper el control de la FOM sobre el
mercado laboral del sector maritimo (67).
A tiempo que los capitalistas extranjeros y domésticos se organiza­
ban de manera tan eficiente para manipular en provecho propio el mer­
cado laboral, también contribuían a orquestar una amplia ofensiva políti­
ca e ideológica contra el movimiento obrero y la izquierda. Tan pronto
como la movilización obrera de posguerra alcanzó su nivel más alto, esti­
mulada por una severa inflación doméstica, las noticias de la Revolución
Bolchevique en Rusia y los rumores acerca de huelgas masivas en Euro­
pa Occidental, se intensificaron la represión oficial y las actividades
antiobreras de los grupos derechistas paramilitares y propagandísticos.
A comienzos de enero de 1919, cuatro obreros metalúrgicos fueron aba­
leados por la policia, lo cual desencadenó motines en gran escala en Bue­
nos Aires. La FORA llamó a la huelga general para protestar por el inci­
dente, mas los acontecimientos pronto escaparon a su control. Durante
"-J-'tf
•,
varios días bandas de obreros anarquistas y jóvenes trabajadores no
organizados combatieron contra la policía y las tropas y saquearon alma­
':."
cenes. Estos disturbios, conocidos como la semana trágica, desemboca­
ron en la peor represión obrera vista hasta ese entonces en A:gentina.
67. Shipley. "On tbe Outside Looking In". C. 10.
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Politiea in Argentina. .• , p. 1
Obl"ll8 completas, Buenos Air
ARGENTINA 171
lA
la
Centenares de obreros fueron muertos o heridos y millares encarcela­
dos. Cuando empezó la represión, grupos civiles de derecha se unieron a
los
las fuerzas gubernamentales para asolar distritos obreros y atacar sedes
la-
sindicales, periódicos obreros e inmigrantes, especialmente judíos ru­
sos. El restablecimiento del orden público y el arreglo de la huelga no
'0,
En
pusieron fin a la represión. En los meses siguientes, bajo presión de la
tos
derecha, el gobierno invocó las leyes sobre extranjeros y sedición para
lrrestar y deportar a centenares de activistas sindicales sospechosos,
So·
es.
anarquistas (68).
de
Tal como a principios del siglo, la exitosa represión del movimiento
fa­
obrero en el período de la posguerra hizo innecesarias las concesiones a
los trabajadores organizados a través de una reforma laboralcorporati­
de
vista. Ya en 1902, luego de la gran huelga general dirigida por los anar­
de
quistas ese mismo año, se había propuesto una legislación encaminada a
su
dicho fin. Redactada por el ministro del Interior del gobierno conserva­
su­
dor, Joaquín B. González, la reforma laboral propuesta era similar en su
isa.
alcance e intenciones a las leyes promulgadas en Chile entre 1924 y
en
1925. Hubiera establecido las bases legales para la regulación oficial de
ISa
las condiciones de trabajo, los sindicatos y los conflictos entre el'capital y
an­
los obreros. Los sindicatos cuyos estatutos se atuviesen a los lineamien­
ron tos diseñados para garantizar actividades no revolucionarias y modera­
da
das, serían reconocidos legalmente y elegibles para obtener subsidios
eel del gobierno a fin de mejorar la educación y el bienestar material de sus
miembros. Las huelgas debían ser manejadas mediante. unos procedi­
iza­
mientos de mediación y un arbitraje prolongados y complejos, adminis­
aer­
trados por cortes laborales tripartitas compuestas por representantes del
fliti­
capital, el gobierno y los obreros. El incumplimiento del arreglo arbitral
Jnto
se castigaba con multas. La legislación preveia la inspección guberna­

mental de las condiciones de trabajo y seguridad en las plantas, y estipu­
¡:ión
laba indemnizaciones por accidentes y planes de pensiones. Aunque el
uro­
código laboral de González fue respaldado por dos presidentes argenti­
tdes
nos, los capitalistas y los obreros organizados lo repudiaron y nunca se
COSo
debatió en el Congreso. En 1919 una reforma similar fue llevada al Par­
lba­
lamento por elementos del Partido Radical. Pese a que esta iniciativa

también recibió el apoyo del presidente, fue rechazada de igual modo
Inci­
por el movimiento obrero y pronto cayó en el olvido, cuando cedió la
linte
oleada de huelgas de la posguerra (69).
!I no
bna­

68. Una buena narración que enfatiza el componente insurrecciona! anarquista de la huelga es

Julio Godio, La Semana Trágica de enero de 1919, Buenos Aires, 1972; David Rock, "Lucha
Una.
civil en Argentina", en Desarrollo Económico, Nos. 42-44, julio de 1917-marzo de 1972, pp.
165-215, resalta la debilidad de la organización obrera en su análisis de los hechos.
69. Iscaro, Historia. .. , parte 3, pp. 123-24, 185-86; Spalding, La clase trabajadora. .. , p. 554; Rock,
PoUtic8 iD Argendna. .. , p.I98. El texto de la legislación aparece en JoaquiD V. González,
Obras completas, Buenos Aires, 1955, Vol. 6, pp. 401-578.

I
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
172
ARGENTINA
No obstante, los gobiernos radicales de los años veintes sí se enten­
dieron por separado y en una forma corporativista con aquel sector del
movimiento obrero que habia alcanzado significativos éxitos.organizati­
vos y demostrado su importancia estratégica y su potencial revoluciona­
rio: los obreros ferroviarios. A raíz del arreglo de la gran huelga nacional
de 1917, el gobierno promovió asiduamente el liderazgo reformista en
los sindicatos ferroviarios y concedió beneficios legales y materiales, a
cambio de la disciplina obrera y la moderación politica. Tales iniciativas
fueron posibles gracias al nuevo espíritu de compromiso de los propieta­
rios y administradores de los ferrocarriles, calmados ya por la magnitud
de sus pérdidas durante las huelgas de 1917 y 1918 Y alarmados ante la
perspectiva de una dirección revolucionaria en un sindicato nacional. Las
iniciativas recibieron eventualmente buena acogida entre las bases obre­
ras, en parte por la eficacia de la continuada represión oficial a partir de
1917 y por el éxito de los patronos, con la ayuda de la Bolsa del Trabajo,
en la destrucción de la base militante de la FOF.
Las anteriores condiciones consolidaron un nuevo sindicato reformis­
ta de obreros ferroviarios, la Unión Ferroviaria. Esta se benefició de un
típico intercambio corporativista, cuidadosamente analizado en estudios
complementarios por Paul Goodwin y Heidi Goldberg. Gracias a inicia­
tivas gubernamentales, los ferroviarios gradualmente consiguieron me­
jores salarios, pensiones, vacaciones, pago por enfermedad y represen­
tación legal ante las empresas y los grupos especiales de arbitramento
del gobierno. Las compañías ferroviarias, con la aquiescencia del gobier­
no, fueron autorizadas para descargar en el consumidor los nuevos cos ..
tos laborales. Asimismo se beneficie ron de una fuerza de trabt:ijo disci­
plinada por el mismo sindicato, que logró destruir la toma de decisiones
descentralizada y la discusión libre y vigorosa que tanto había cuidado la
vieja dirección anarcosindicalista de la FOF. La Unión Ferroviaria impu­
so funcionarios de tiempo completo pagados con cuotas sindicales obli­
gatorias, estrictos procedimientos burocráticos, control sobre las comu­
nicaciones internas, censura del periódico sindical, castigos para los
disidentes y una centralización extrema en la toma de decisiones. Disfru­
tando de su estatus legal y en capacidad de conceder beneficios materia­
les tangibles a los obreros, la Unión Ferroviaria aumentó el número de
sus miembros cotizantes a 70 mil a mediados de los años veintes. A fina­
les del decenio, sus afiliados comprendían casi dos terceras partes de
toda la fuerza de trabajo organizada de Argentina (70).
La legislación para los ferroviarios fue, sin embargo, una excepción
dentro de la ley laboral del país. Pese al continuado compromiso formal
70. Paul Goodwin explora con cuidado la cambiante relación entre los sindicatos ferroviarios, el
gobierno radical y las compañias ferrocarrileras inglesas en su Los ferrocarriles británicos y la
UCR, Buenos Aires, 1974. La historia institucional de Goldberg, op. cit., sigue la transforma­
cióndesde el interior de los sindicatos ferroviarios.
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ransforma-
ARGENTINA 173
de elementoiS del Partido Radical con una legislación laboral amplia des­
tinada a refrenar el potencial clasista del movimiento obrero e integrar a
éste, en forma eorporativista. a la estructura legal e institucional de la
nación, no fue sino en los años cuarentas, bajo el liderazgo de Perón,
cuando dicha legislación se hizo realidad (71).
Resulta obvio, entonces, que la respuesta institucional a la organiza­
ción obrera en Argentina fue, a comienzos del siglo XX, muy distinta de
la de Chile. El contraste no ilustra, sin embargo, como algunos quisie.­
ran, la naturaleza progresista de la élite politica chilena o el carácter
reaccionario de la clase dominante argentina. Por el contrario, revela la
debilidad congénita del movimiento obrero argentino en sus comienzos.
A pesar de su precoz desarrollo, el movimiento laboral argentino jamás
se extendió a los sectores más vitales de la economia. La organización
obrera nunca amenazÓ seriamente el proceso primario de acumulación
capitalista en la producción exportadora rural presidido por la clase do­
minante. Tampoco pudo crear organizaciones duraderas en la principal
industria de la economia exportadora, las plantas extranjeras de proce­
samiento de carne. Durante las dos primeras décádas del siglo, con la
excepción parcial y temporal de los obreros del transporte, la organiza­
ción sindical se vio confinada a las actividades urbanas de importancia
secundaria para la economia nacional. Alli, el vigor y la fuerza numérica
de los sindicatos era innegable; perola permanencia de la organización
obrera en su conjunto fue profundamente socavada en virtud de ciertos
rasgos estructurales de la sociedad argentina· que la clase dominante
logró manipular con éxito para mantener su abrumadora ventaja.
Este repaso histórico del movimiento obrero argentino hasta los años
veintes ha hecho énfasis en la debilidad especifica de aquellos elementos
de la fuerza laboral susceptibles de forjar una visión autónoma de su
misión en la sociedad y de construir organizaciones colectivas podero­
sas. A falta de posibilidades organizativas en la producción rural expor­
tadora, los trabajadores urbanos constituyeron la columna vertebral del
movimiento obrero. Pero debido al atractivo que representaba la econo­
mia urbana para los migrantes trasatlánticos e intemos,gentes que
afluian a las dinámicas ciudades costeras de la pampa en busca de traba­
jos relativamente bien remunerados, incluso el potencial organizativo de
este sector de la clase obrera se hallaba fatalmente comprometido.
Pero la combatividad politica y la autonomia cultural de la clase obre­
ra urbana también estaban minadas por aspectoiS culturales y materiales
71. Alfredo N. Morrone, El dereeho obrero 1 el Presidente Yrigoyen, Buenos- Aires, 1928, se la­
mentaba de la falta de dicludegislaclón (pp. 110-11): "Es notoria, la aUBencla de un estatuto
que rija las organizaciones gremiales entre nosotros. No hay una ley, que (,lOIltemple la fisoDo­
m1a propia, peculiar de estas asociaciones... (No hay unaley] que les dé autoridad, personeria
y responsabilidad" .
174 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
más generales. Aunque los obreros de las grandes ciudades costeras vi­
vian segregados como una clase distinta en vecindarios miserables, esta­
ban rodeados por la impresionante evidencia fisica del progreso material
del país. Tenian acceso a instituciones culturales y a periódicos obreros,
pero a diario eran bombardeados por la información, los análisis y los
valores propagados por la prensa liberal, las escuelas públicas y la Igle­
sia Católica. Los obreros argentinos luchaban por la subsistencia en una
economía urbana plagada de desempleo crónico; pero las familias em­
prendedoras podian invertir sus ahorros en finca raíz, comercio y servi­
cios. En esta economía en continua expansión resultaba factible la movi­
lidad social que, por ejemplo, era casi inexistente Em el norte de Chile. A
menudo los obreros argentinos eran despedidos 'por trasgredir indivi­
dual o colectivamente las • 'prerrogativas" del capital; mas en Argentina
las caídas cíclicas nunca fueron severas y se podia hallar trabajo, no
importa qué tan desagradable, en las vastas y diversificadas economías
urbanas de la costa. La vulnerabilidad colectiva de los obreros en un
mercado capitalista irracional, tan obvia en la zona salitrera de Chile y,
por extensión, en toda la sociedad chilena, se atemperaba en Argentina.
El infortunio individual, por lo tanto, podia explicarse plausiblemente en
términos de desadaptación personal. Esta era precisamente la explica­
ción sobre la que insistía la cultura doIninante.
A tiempo que se esforzaba por racionalizar y legitimar su posición
creando y manipulando valores culturales ampliamente compartidos, la
clase dominante argentina se apropiaba del concepto de patriotismo y
lo volvía contra la clase obrera revolucionaria, en su mayoría inmigrante.
Carl Solberg ha demostrado cómo, a diferencia de lo que ocurrió en Chi­
le, en Argentina el nacionalismo se desenvolvió siguiendo lineas cultura­
les en vez de econóInicas. En Argentina los grupos establecidos y ciertos
elementos de la clase media culpaban a los extranjeros por todos los
males sociales que dañaban la imagen del desarrollo y el progreso del
pals. Tales acusaciones se volcaron sobre el moviIniento obrero. El esta­
blecimiento argentino contemplaba a los trabajadores revolucionarios
con estudiada incredulidad y' agresivo patriotismo. Los obreros anticapi­
talistas eran irracionales, irresponsables, antiargentinos, pues gozaban
de oportunidades virtualmente ilimitadas. Su inconformidad revolucio­
naria era una herencia de los problemas sociales de Europa y de ideolo­
gías inadecuadas para la realidad de Argentina. En Chile, ya en las pri­
meras décadas del presente siglo ciertos elementos de la clase dominan­
te y de la clase media publicaron libros - por ejemplo, Nuestra inferiori­
''1<
dad económica, Santiago, 1912, por Francisco Encina; y Chuquicamata,
estado yankee" Santiago, 1926, por Ricardo Latcham- que cuestionaban
el patrón y la viabilidad futura del desarrollo económico y social de Chile
y hacían hincapié en los peligros y abusos que representaba el capital
extranjero para los trabajadores del sector minero. Aunque el estableci-
ARGENTINA
miento argentino. ha]
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A ARGENTINA 175
miento argentino había empezado a dudar de su propia capacidad para
!l-
controlar la nueva sociedad que sus políticas habían contribuido a mol­
al
dear, aplaudía el clásico libro del expresidente Carlos A. Pellegrini, es­
s,
crito en 1911, La Argentina en el siglo XX. Según él, el país poseia la
)S capacidad de convertirse en •'una de las grandes naciones de la Tierra" .

Al parecer, el único obstáculo que se oponía al progreso era la inconfor­
la
me, antipatriótica y revolucionaria clase obrera inmigrante. Para salvar­
Il­
lo, en nombre del patriotismo y el progreso material continuo, las élites
ti­
dominantes de Argentina hallaron en las leyes sobre extranjeros y sedi­
ri..
ción una poderosa y eficaz herramienta (72).
En suma, el crecimiento y desarrollo espectaculares y en buena me­
A
,¡.. dida ininterrumpidos de la economía argentina reforzaron la hegemonía
na
cultural e ideológica de la clase dominante. Resultaba difícil criticar el
no
éxito obvio de su dirección. La clase media no lo hacíá. El Partido Radi­
as
cal nunca desafió los principios de la economía política liberal defendi­
¡¡n
dos por la clase dominante y sus aliados extranjeros. Sus impulsos hacia
18 reforma laboral y la justicia social fueron bien pronto dejados de lado
J,
la,
ante la presión de los capitalistas y la realidad de la política electoral, en
en
18 cual no contaban los votos de la clase obrera insurgente. Pero incluso
:1-
las organizaciones obreras revolucionarias tropezaron con dificultades al
querer universalizar su condena del capitalismo. Los obreros ferroviarios
ón
alcanzaron cierto éxito temporal al proYectar sus exigencias en términos
18
nacionales más amplios, pero aun ellos eran vulnerables a la critica de
.y
que sus acciones amenazaban con alterar la suave marcha del desarrollo
te.
nacional, o • 'matar la gallina de los huevos de oro", como afirmó un apo­

logista del statu quo. Es decir, debido a razones estructurales, la concep­

ción anticapitalista de la clase obrera revolucionaria ofrecía escaso atrac­
t.os
tivo para otros elementos de la sociedad.
los
La dependencia cultural de los obreros argentinos, reforzada por la
del
estructura y el éxito de la economia exportadora, se percibe fácilmente
ta­
en la ideología reformista y en las actividades del Partido Socialista en
ios
pro de los consumidores. Es significativo, y en agudo contraste con los
¡pi-
socialistas chilenos, que solo una pequeña fracción de los socialistas
l8ll
argentinos se separara del partido en 1918 y se uniera a la Tercera Inter­
do­
nacional. Fue la mayoria reformista socialdemócrata la que heredó el
do­
control del principal sindicato argentino que sobrevivia en los años vein­
,ri- tes, la Unión Ferroviaria. Y fue el reformista Partido Socialista. y no el
~ n ­
recién formado Partido Comunista,' el que, hasta cierto punto sobre la
¡,ri·
lia,
,an
72, Carl Solberg, I:nmigratlon aDd Nationali8lP, ArgentiDa aDd Chile, 1890-1914, Austin. 1970.
úle
Gladys S, Onega, La inmigración en la literatura argentiDa, Buenos Airee, 1969. Shipley reúne
una masa de información cuantitativa para ilustrar la brecha entre el "mito" del desarrollo
ital
económico y social argentino y la realidad de las condiciones materialee y sociales afrontada
~ i -
por la cJase obrera en los decenios anteriores a 1930.
I
176 LOS TRABAJADORES EN LA lUSTORIA
base del voto obrero, se convirtió en la mayor fuerza electoral de Buenos
Aires durante dicha década.
En la evolución del tango, la más famosa expresión de la cultura
popular porteña del Río de la Plata, se pueden hallar pistas sobre la de­
pendencia cultural de la clase obrera. El tango ha conservado los ritmos
y algo de la instrumentación de las formas originales que los trabajado­
res crearon en bares y barriadas desde principios del siglo. Cuando su
letra empezó a ser escrita y grabada después de la Primera Guerra Mun­
dial, el tango preservó también, a menudo en forma altamente poética,
el dialecto de la clase obrera, el lunfardo, que italianos y demás inmi­
grantes habían creado, con base en el español, para expresar sus valores
y percepciones colectivas. El tango nunca perdió el aura de melancolia
que llevó a Enrique Santos Discépolo, su más grande compositor, a defi­
nirlo como' 'un pensamiento triste que se baila". Pero la letra de los tan­
gos, a diferencia de la del jazz, música con la que son comparados a
menudo, revela escasamente la conciencia de los obreros como clase.
Los temas del tango han conservado una preocupación por la madre y la
amante, el significado de la vida y la muerte, la perfidia humana y la
venganza. Exudan una nostalgia por el lugar y el tiempo, y por la otrora
incomparable vida nocturna de Buenos Aires. Todos estos temas tienen
que ver, al menos en parte, con la experiencia de la comunidad de inmi­
grantes, compuesta principalmente por varones solteros, que se asentó
en las grandes ciudades de Argentina y Uruguay y creó la música de tan­
go. Pero el tema del trabajo y la percepcibn de clase se halla virtualmen­
te ausente. El tango es pesimista acerca de la condición humana y fata­
lista en torno al desenlace de los problemas sociales. Al menos en su le­
tra, a partir de 1920 el tango refleja la emasculación de la clase obrera
urbana de Argentina: sus formas proletarias finalmente apropiadas y
adaptadas por las clases alta y media después que hubieron sido previa­
mente aprobadas en París; su más grande intérprete, Carlos Gardel,
exhibido como una especie de Horacio Algar musical (78).
73. La literatura sobre el tango -después de la carne V8C11D.ll, el más famoso producto de exporta­
ción argentino- es vasta. La preocupaci.6n argentina por el tango, lo mismo que por el gau­
cho, constituye en si una medida de una cultura nacional profundamente fragmentada. Quizá
el mejor ensayo sobre la materia es Ernesto SAbato. Togo, diseuaióu J dPe. Buenos Aires,
1963. Darlo Cantón clasifica los temas de los tangos de Gardel en "El mundo de 108 tangos de
Gardel", en Revista LatiDoamerieana de Sociología, 69:3, noviembre de 1969, pp. 341-362.
Los tangos de· Discépolo están a la mano en Enrique Sotes Diacépolo c:aDcloDero, Buenos
Aires, 1977. Hasta ahora los historiadores no han querido explorar la relaci6n entre el tango y
la cultura Yla polltica de la clase obrera. Judith Evans sugirió las posibilidades de tal análisis
en una estimulante presentación oral en la Reunión Anual de la American HistoricaI Associa­
tion, Washington, D.C., 1980.
ARGENTINA
La historia del mOVÍmiE
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I&nPde
··341-362.
LBuenos
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dauálisis

ARGENTINA 177
La historia del movimiento obrero argentino entre 1900 y 1930 es única y
especifica, pero sus rasgos, evidentes en la década de 1920, no son ex­
cepcionales. En otras sociedades capitalistas, como Estados Unidos, la
etapa "heroica" de la movilización obrera fue seguida, luego de la re­
presión de la inmediata posguerra, por un período de relativa inactividad
sindical y de aparente conformismo ideolÓgico con relación a los valores
culturales dominantes (74). En sociedades como la argentina, donde
después de la guerra se vivió un vigoroso crecimiento económico y donde
la izquierda era débil, los gobiernos liberales lograron contender con la
amenaza del sindicalismo apelando a paulatinas reformas corporativis­
taso En dichas sociedades el movimiento obrero no forzó una ruptura de
las instituciones políticas o de la estabilidad y no consiguiÓ mayores con­
cesiones institucionales. En Suramérica, Chile fue la principal excepción
a esta norma antes de 1930 .
Sin embargo, con el comienzo de la Gran Depresión surgieron por
vez primera indicios de la excepcionalidad histórica de Argentina y, en el
curso del siguiente medio siglo, un patrón de eventos históricos dejó al
país al margen de las corrientes dominantes del sistema capitalista mun­
dial. La excepcional historia argentina a partir de 1930 está cargada de
ironía y culmina en una tragedia. El movimiento obrero desempeña el
papel principal.
EL CURSO ANOMAW DE LA HISTORIA ARGENTINA
A partir de 1930, la evolución política de Argentina no guardó relación
con las tendencias básicas del sistema capitalista mundial. En los años
treintas, los gobiernos capitalistas en todo el orbe se vieron obligados a
abandonar formalmente los principios del Iaissez faire de la economía
política liberal y a otorgar concesiones a la clase obrera (75). En América
Latina llegaron al poder nuevas coaliciones po1íticas que representaban
74. Hobart. Spalding ha demostrado las similitudes generales entre el desarrollo del movimiento
obrero en Europa, Estados Unidos y América Latina en el siglo XX. El ténnino "heroico" es
suyo. A pesar de las diferencias fundamentales en la estructura y la funci6n econ6micas en el
sistema capitalista mundial, Estados Unidos y Argentina compartlan dos importantes caracte­
rIsticas en el periodo de expansión capitalista anterior a 1930: un dramático desarrollo econ6­
mico y social y una gran inmigraci6n extranjera a la fuerza de trabajo. Ambas caracteristicas
minaron el desarrollo de la conciencia de la clase obrera y su organización sindical efectiva.
75. Tal como se anotó en el primer capitulo, Karl Polanyi fue el primero en recónocer el alcance y
en desarrollar las implicaciones culturales de este cambio crucial. Véase Tbe Great Traasfor·
matioD, Nueva York, 1944.
'
i
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
178
grupos e intereses sociales más amplios que los representados por la re­
ducida élite exportadora e importadora, predominante en la política an­
tes de 1930. Los nuevos regimenes se deshicieron gradualmente de los
principios del libre comercio y la ventaja comparativa. Progresivamente
trataron de solucionar la crisis domésticá en lo económico y. social me­
diante programas de bienestar social e intervención estatal en la econo­
mía a fin de promover el desarrollo iñdustrial. Aunque en la práctica los
gobiernos argentinos de los años treintas no fueron inmu?es a
de estas tendencias, particularmente en la esfera econóIIl1ca, sus polítI­
cas formales, en especial con relación a las cuestiones políticas y sOCIa­
les, marcharon decididamente en contra de la corriente histórica de Oc_o

La crisis económica mundial y la naturaleza de las políticas del go­
bierno argentino a partir de 1930 desataron la segunda gran moviliza­
ción obrera e influenciaron considerablemente su dirección ideológica y
política en los años cuarentas. La forma que asumió la integración del
movimiento obrero a la vida nacional bajo Perón, precisamente en la
segunda posguerra, aseguró, a su vez, que Argentina participaría solo
de manera marginal en la gran expansión del capitalismo mundial en los
decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El sindicalismo pe­
ronista obstruyó el proyecto capitalista de la posguerra impulsado por la
clase dominante de Argentina y sus aliados foráneos. Pero, al mismo
tiempo, frustró el potencial socialista de la clase obrera: resultado,
dolorosamente evidente en los años sesentas, fue un VICIOSO estanca­
miento presidido por la fuerza militar.
La comprensión del último medio siglo de la historia argentina debe
empezar con el golpe civico-militar de septiembre de 1930, el cual depu­
so al gobierno radical yen breve devolvió el poder político, por primera
vez desde 1916, directamente a aquellos que controlaban la economía
exportadora. En aspectos muy importantes tales acontecimientos hicie­
ron retroceder el reloj de la evolución política y social del país. Con el
propósito de mantenerse en el poder, en los años treintas, los regimenes
conservadores se vieron forzados a recurrir al fraude electoral en gran
escala. Durante casi veinte años, antes de 1930, miembros de la clase
media urbana utilizaron el poder electoral del Partido Radical en un Es­
tado democrático para influir sobre algunas áreas de la política pública.
Más aún usaron el voto con el objeto de ganar acceso a puestos guber­
namentaies, en una burocracia que el partido se esforzaba por ampliar
constantemente. A partir de 1930 este acceso a la política fue cortado de
raíz. También fue negado a la clase obrera urbana, que comprendia por
esa época cientos de miles de ciudadanos argentinos y votantes. Más
significativo para los obreros fue, no obstante, el impacto de las políticas
sociales del régimen, en una era de crisis económica. Muchos trabajado­
res, que en los años veintes hablan aprendido a contentarse con mayores
ARGENTINA
salarios reales y con las
Ha" en una economia cal
tales arreglos. Pero en la
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ARGENTINA 179
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itica an­
lla" en una economia capitalista en expánsión, ahora veian amenazados
de los
tales arreglos. Pero en la medida en que crecia la incoformidad, los re­
vamente
gímenes conservadores desempolvaron las medidas represivas perfec­
lCial me­
cionadas en años anteriores y empezaron de nuevo a aplicarlas vigorosa­
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mente contra los militantes obreros.
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Los reaccionarios procedimientos politicos y sociales de los gobiernos
ninguna
argentinos en los años treintas se vieron complementados con un desca­
us pol1ti­
rado intento de los intereses exportadores e importadores por mantener
,y soMa­
los acuerdos económicos internacionales que habian
:a de Oc-'
tacular desarrollo económico de Argentina en las décadas anteriores a la
Depresión. La piedra angular de tales esfuerzos, el Pacto Roca-Runci­
s del go­
roan de 1933, buscaba conservar el mercado británico para la carne vacu­
moviliza­
na argentina haciendo extravagantes concesiones oficiales al capital in­
ológica y
glés. Las manufacturas y los combustibles británicos recibieron un acce­
ación del
so preferencial al mercado argentino, y a los inversionistas ingleses se
ate en la
les otorgaron garantías y oportunidades· especiales. En realidad, este
laria solo
compromiso formal con la antigua división internacional del trabajo fue
lial en los
desvirtuado por otro tipo de gubernamentales que buscaban
lismo pe­
proteger y promover ..intereses económicos argentinos más amplios en un
ldo por la
mundo en crisis. Pol1ticas tales como .e,l abandono del patrón oro, la de­
al mismo
valuación de la moneda, el establecimiento de tasas de cambio múltiples
'esultado,
y la extensión de crédito para la diversificación agrícola e industrial
I estanca-
constituían respuestas prácticas a la depresión mundial tendientes a ser­
vir a los intereses de la élite pampeana. Pero también contribuyeron a
,tina debe
transformar la estructura de la economia argentina al promover el proce­

so de industrialización por sustitución de importaciones. El notable cre­
11' primera
cimiento de la industria argentina en los años treintas y comienzos de los
'economía
cuarentas condujo a una migración rural-urbana en gran escala y aumen­
il.tos hide­
tó la importancia y la influencia de los intereses manufactureros naciona­
ls. Con el les y extranjeros (76).
regimenes
uen gran
76, El Roca-Runciman es analizado dentro del amplio contexto del comercio británico-argentino
le la clase
en Jorge G. Fodor y Arturo A. O'Connell en "La y la economla atlántica en la pri­
en un Es­ mera mitad del siglo XX". en Desarrollo Económico, 13:49, abril-junio 1973, pp. 3-66. En un
a pública.
ensayo estimulante, "Crecimiento industrial y alianza de clll8es en la Argentina, 1930-1940".
Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero sostienen que una vez que el Roca-Runciman hubo
tos guber­
dado protección a los intereses básicos de los ganaderos más poderosos en el seno de la clase
ampliar
latifundista, dichos productores utilizaron el control del Estado para promover una moc!esta

política de industrialización. La industria ayudarla a levantar el sector exportador deprimido y
contribuiría a la salud general y al buen funcionamiento de todil la economla nacional durante
iendía por
la crisis mundial. La principal oposición a estas iniciativas surgió inicialmente entre los lati­
BteS. Más
fundistas y los productores de ganado provinciales, cuyos intereses no estaban protegidos por
El pol1ticas
las concesiones hechas a los británicos para proteger el mercado de carne fria. Dicho ensayo
aparece en sus Estudios sobre los orígenes del peronismo, Buenos Aires, 1971, pp. 3-55. He
trabtijado­
aquí una importante pista que conduce a los orígenes sociales y económicos de la crítica nacio­
11 mayores
nalista del liberalismo cosmopolita hecha por los conservadores disidentes (entre ellos, los
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
180
Sin embargo; tan importantes cambios econbmicos y sociales no se
vieron reflejados en reformas politicas e institucionales complementa­
rias. A este respecto, las politicas gubernamentales argentinas de los
años treintas se convirtieron en una anomalia en el mundo occidental.
En otros países, los regimenes politicostuvieron que capear la frustra­
cibn popular con soluciones de origen estatal para la crisis social y politi­
ca del orden capitalista. Dichas soluciones, nominalmente liberales,
como en Estados Unidos, o formalmente corporativistas, como en los
regimenes fascistas de Europa, entrañaban concesiones reales a los tra­
bajadores organizados, y encontraron eco en los principales países lati­
noamericanos, excepto en Argentina. Allila clase dominante recurrib
cada vez más a la accibn del Estado para promover sus propios intereses
econbmicos. Por ejemplo, creb juntas reguladoras con el objeto de limi­
tar la produccibn de bienes rurales y elevar el precio doméstico de la car­
ne, los cereales, el azúcar y el vino. Mas en todo momento se abstuvo de
hacer mayores concesiones ideolbgicas, politicas o sociales a las fuerzas
populares a lo largo de la crisis mundial.
Esa actitud no era clnica ni recalcitrante. Por el contrario,reflejaba la
indiscutida hegemonía ideolbgica y politica de una clase que habia presi­
dido el fenomenal desarrollo de la economía periférica de Argentina an­
tes de 1930. Tal hegemonía permanecib intacta durante los años treintas
debido a la dependencia ideológica y a la desbandada institucional de
las fuerzas populares al inicio de la crisis, reforzada por la continuada
viabilidad y adaptabilidad de la economía exportadora argentina durante
la Depresibn.
Una medida de la debilidad ideolbgica e institucional de las fuerzas
populares argentinas antes de 1930 es la suerte del Partido Radical, tes­
tamento del precoz desarrollo del país. Su ascenso al poder, en 1916,
separb a Argentina de las demás naciones latinoamericanas. Su compo­
sicibn social, basada en la clase media, atestigua la creciente diferencia­
cibn de la sociedad urbana argentina, fomentada por la expansibn de la
economía exportadora. Su ideología y sus politicas defend1an formas po­
liticas democrático-liberales, pero revelaban una estudiada renuencia a
desafiar los valores e intereses fundamentales de la clase dominante.
A partir de 1916 el Partido Radical actub principalmente como ve­
biculo de acceso de los profesionales urbanos y los empleados a una bu­
'"
rocracia estatal en expansibn. Financiado primordialmente con impues­
proUficos hermanos lrazusta) y demócratas progresistas (cuyo vocero era Lisandro de la To­
rre). El nacionalismo económico de derecha de los conaervadores, que halló su inspiración en
el pensamiento corporativista católico, es desarrollado de manera convincente en la influyente
obra de Julio y Rodolfo lrazusta, La Argentina '1 el imperiaUsmo británico, Buenos Aires,
1934. La valiente cruzada parlamentaria de De la Torre contra lo que él veÚl como la alianza
impÚl tras la organización del mercado de la carne está resumida en su libro Las carnes argen­
tinas '1 el monopoHo eItrujero, Buenos Aires, 1947.
ARGENTINA
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ARGENTINA
tos indirectos que gravaban fuertemente el consumo de la clase obrera,
el crecimiento de la burocracia fue tolerado por la clase dominante a lo
largo del prolongado periodo de prosperidad económica anterior a 1930.
Muchas funciones de la burocracia civil y militar, sobre todo su papel en
la socialización de la juventud y la represión del descontento, servían
directamente a los intereses del capital. Mientras las iniciativas radica­
les no amenazaran los intereses básicos de los terratenientes (las espas­
módicas alusiones a la reforma agraria no lo hacían), o afectaran las pre­
rrogativas de los inversionistas extranjeros (solo en el campo de la poli ti­
ca petrolera, en especial en las postrimerías de los años veintes, ello
pareció posible); mientras el gobierno radical conservara el orden públi­
co y mantuviera a raya a los obreros organizados, tarea que aprendió
muy eficazmente en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial,
era tolerado por la clase dominante. En efecto, el hecho de que goberna­
ra un partido "reformista", "popular" y "democrático", ayudaba a le­
gitimar el sistema político y los arreglos sociales del capitalismo que
aquél dirigia. Y la separación relativa de la élite económica de las dispu­
tas y la corrupción de la política cotidiana contribuía a preservar su pres­
tigio ideolÓg¡co y social.
Empero, con el advenimiento de la crisis mundial en 1929, las necesi­
dades de los terratenientes cambiaron y el gobierno radical se convirtió
en blanco de la frustración social general provocada por la Depresión.
Resulta significativo que dicha frustración atacara la ineficacia política
del gobierno radical; no implicó una revaluación critica de los principios
económicos liberales que con tanta fortuna habian promovido el desarro­
llo de Argentina antes de 1930 bajo gobiernos tanto conservadores como
radicales. La crisis exigia una acción concertada para enfrentar la caida
de los ingresos del gobierno y de las exportaciones. El gobierno radical
reaccionó con su acostumbrada falta de claridad ideológica, confusión
política e inercia burocrática. Y a medida que aumentaba la oposición
pública al gobierno, las limitaciones presupuestarias socavaban la base
clientelista del partido, fuente de su apoyo tradicional (77) .
77. Estas consideraciones ayudan a explicar la controversia sobre el supuesto personalismo y la
senilidad del presidente radical Hipólito Yrigoyen. La mejor introducción al golpe en si es el
número especial de la Revista de HiBtoriadedicado a éste, 8, 1958. Particularmente valiosos
son los articulos de Roberto Etchepareborda, "Aspectos pollticos de la crisis de 1980", pp. 7­
40, Y de Ricardo Ortiz, "El aspecto económico-social de la crisis de 1980", pp. 41-72. Peter
Smith descarta el impacto económico y fiscal de la Depresión a favor de una explicación poli­
tica en ArgentiDa and the Fallure 01 Democracy, Madison, 1947. Sin embargo, la crisÍs eco­
nómíca y fiscal fue signíficativa y la oposición de la Sociedad Rural al gobierno radical fue
importante. El valor de las exportaciones argentinas cayó de 953.748.939 pesos oro en 1929 a
614.104.180 en 1980; las importaciones disminuyeron de 861.997.355 pesos oro a 739.182.744
en el mismo periodo ¡Gran Bretaña, Departament of Overaeas Trade, Economic Conditions iD
ihe Argentine Republic, 1931, Londres, 1932, Apéndice V, p.l40). Mientras que los gastos
federales aumentaron en 22% entre 1928 y 1980, los ingresos gubernamentales declinaron en
10% en el mismo periodo; el resultado fue un creciente déficit presupuestal: 214.9 millones de
182 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
Entonces, a diferencia de lo sucedido en la mayorla de los paises lati­
noamericanos, en Argentina la crisis mundial debilitó y desacreditó a un
partido supuestamente reformista de clase media y no a los tradicionales
vehlculos conservadores de una clase dominante que controlaba la
nomía exportadora. La hegemOIúa cultural y política de la clase domi­
nante argentina sobrevivió intacta al golpe inicial de la Depresión. El
Partido Radical fue desacreditado y obligado a cargar con la culpa de la
crisis internacional. Cuando los radicales caYeron del poder la clase
minante no tuvo que afrontar mayores obstáculos en su camino para re­
cuperar el manejo político directo de la sociedad argentina.
Ningún elemento del movimiento obrero estaba en capacidad de
ofrecer una resistencia efectiva a las políticas antidemocráticas y a las
medidas económicas liberales de la élite argentina durante los años
treintas. El Partido Socialista, al igual que los radicales, protestaron con­
tra la represión política y las medidas sociales de los gobiernos conserva­
dores. Sin embargo, ambos partidos eran prisioneros ideológicos de los
principios cosmopolitas del liberalismo económico, que seguian siendo
eficientemente utilizados durante los años treintas para justificar las
líticas de los gobiernos conservadores. Los principios liberales -la
creencia en la ventaja comparativa de Argentina y en su potencial
nómico ilimitado en una división mundial del trabajo,
como la fe en los beneficios que para la nación representaba el flujo inin­
terrumpido de capital, de fuerza de trabajo y de tecnologia extranjeros­
coincidian plenamente con los intereses de clase de los terratenientes
argentinos y sus aliados foráneos. Pero el crecimiento de la economía
exportadora de carne y cereales había promovido asimismo el rápido
desarrollo económico de la sociedad argentina y mejorado gradualmente
las condiciones materiales de la mayorla de sus miembros. Era tan am­
plio y profundo el consenso en tomo a los principios económicos libera­
les, que ningún sector social fue capaz de desafiar los fundamentos
lógicos de los gobiernos reaccionarios a comienzos de la década de 1930.
y en tanto la validez de la teorla económica liberal siguió siendo incon­
pesos en 1929 y 357.0 en 1930 (República Argentina, Dirección General de FinaDzas, El ajuste
de losresuHados fiIlanclerosde losejereiclos de 1928 a 1936, Buenos Aires, 1937, p. 351. Enla
apertura de la exposición ganadera anual de la Sociedad Rural, el 31 de agosto de 1930, el
ministro radical de Agricultura fue saludado con sUbidos y rechiflas y no pudo terminar SIl dis­
curso. Una de las razones de esta hostilidad era la resistencia del gobierno radical a nombrar
embajador en Estados Unidos, en momentos en que los intereses ganaderos tenían grandes
esperanzas en desarrollar el mercado estadounidenae para la came argentina. Estos asuntos
pol1ticos y económicos generales existian por encima del papel más concreto, mas aún borro- .
so, que desempeñaron en el golpe los intereses petroleros norteamericanos y sus aliados entre
los conspiradores argentinos. Un agudo análisis reciente, apoyado en nuevas investigaciones
sobre este problema es Carlos A. Mayo, Osvaldo Andino y Fernando Garcia Mollna, Diploma­
cia política y petróleo en Argentina, Buenos Aires, 1976. Véase también Carl Solberg, Petró­
leo y DaCionatismo en la ArgendDa, Buenos Aires, 1982.
ARGENTINA
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ARGENTINA 183
trovertida, su contenido de clase permaneció oculto y, en las cambiantes
circunstancias de la crisis mundial capitalista, sus implicaciones antina­
cionales y contrarias al desarrollo fueron disimuladas.
Pero el establecimiento argentino no podía confiar por mucho tiempo
en que el conjunto de la sociedad argentina viera la crisis mundial con el
estrecho lente de los intereses de la clase dominante. En realidad, la
capacidad de adaptación de la economía exportadora a la crisis mundial
protegió inicialmente a las élites dominantes de ser criticadas a fondo
por preservar, a costa de un gravoso esfuerzo para el país, su posición
económica. Mas la lógica de dicha adaptación y la naturaleza de los es­
fuerzos pusieron finalmente en entredicho la hegemonía ideológica de la
teoría económica liberal y dejaron al descubierto su contenido de clase.
En contraste con lo que pasó en muchos países, no fue el movimiento
obrero el que llevó a cabo esta crucial tarea. Su autonomía ideológica, su
trayectoria politica independiente y su fuerza organizativa habían sido
destruidas a comienzos de los años veintes. Pese a que facciones rivales
dirigidas por socialistas y sindicalistas se unieron poco después del gol­
pe de 1930 para formar una nueva central obrera, la Confederación Ge­
neral de Trabajadores, CGT, dicha organización desempeñó, a lo largo
del decenio de los treintas, un papel secundario y claramente defensivo
en la vida del país. Dominada por la dirección moderada de socialistas y
sindicalistas de las organizaciones ferroviarias, la CGT trató de preser­
var los logros organizativos y materiales conquistados en los años vein­
tes por medio de un acomodamiento entre los patronos y el gobierno. Pe­
ro cuando cesó la construcción de ferrocarriles, aumentó la competencia
con el automóvil y el camión, y las compañías ferroviarias empezaron a
despedir empleados durante la Depresión, la acomodaticia dirección fir­
memente enconchada en la Unión Ferroviaria vio cómo su estrategia
economista se desmoronaba como un castillo de naipes. El liderato sindi­
cal fue forzado a aceptar una concesión tras otra hasta perder el respaldo
de la mayor parte de las bases. No obstante, hasta comienzos de los años
cuarentas la dirección sindical ferroviaria siguió dominando las politicas
de la CGT. A pesar de la progresiva actitud crítica de algunos de sus
nuevos afiliados, muchos de ellos dirigidos por socialistas y comunistas,
más combativos, el liderato moderado de la CGT se negó a adoptar du­
rante la Depresión politicas agresivas con el fin de organizar el creciente
ejército de los obreros industriales. Entre tanto, la dirección de la Cen­
tral contribuía a contener la expansión de las ideologías marxistas en el
seno del movimiento obrero. Privados del apoyo material y moral de la
CGT, los activistas revolucionarios fueron víctimas propiciatorias de la
represión oficial. Además del continuo hostigamiento contra las organi­
zaciones sindicales militantes -cierre de sedes sindicales, encarcela­
miento de lideres-, los gobiernos conservadores aplicaron las leyes
sobre extranjeros y sedición para deportar hasta 400 activistas obreros al
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 184
año a mediados de los treintas. Solo hacia el final del decenio, los decidi­
dos esfuerzos de las organizaciones militantes, en especial las dirigidas
por los comunistas, comenzaron a dar frutos organizativos (78).
A diferencia de lo ocurrido en Chile durante la crisis mundial, en
¡
Argentina los graduales compromisos ideol6gicos e institucionales que
pusieron fin a la movilizaci6n obrera después de la Primera Guerra Mun­
dial conspiraron contra los esfuerzos de los lideres sindicales y los parti­
~ .
dos marxistas en los años treintas. Mientras que la izquierda chilena
cápitalizó las leyes laborales corporativistas de la década de los veintes y
las puso al servicio de la clase obrera, los dirigentes sindicales marxistas
de Argentina afrontaron una ardua lucha contra una legislación nacional

que de manera eficaz represaba sus esfuerzos organizativos y contra una
t
,
..... ',.· ·.... ·.;
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.' direcci6n sindical oportunista que se negaba a respaldarlos.
, ~ Las barreras institucionales enfrentadas por la izquierda argentina
1
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fueron tan efectivas por causa de las restricciones estructurales, econ6­
j:r;"",
.. ' .• ~ •.. '."'
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micas e ideol6gicas, que se levantaban contra los organizadores sindica­
~ .
, ,
¡ ,
les marxistas. Aunque el problema del desempleo no era tan grave como
en Chile al comienzo de la Depresi6n, gracias en parte a la suspensi6n
temporal de la inmigraci6n de obreros extranjeros a causa de la crisis, la
caída de la actividad econ6mica y el consecuente desempleo conspiraban
efectivamente contra las acciones laborales. No fue sino con la recupera­
ci6n de la actividad econ6mica, a mediados del decenio y, en particular,
en los años de auge de la demanda de guerra y de inflaci6n posbélica,
que la actividad huelguistica alcanz6 de nuevo proporciones considera­
bles.
Dificil de medir, pero quizá más importante que el fracaso de los es­
fuerzos organizativos e ideol6gicos de los marxistas, fue la vigente hege­
moma de los valores liberales, que pesaban sobre la clase media y buena
parte del movimiento obrero y condenaron al fracaso los intentos de los
activistas politicos y sindicales por crear las alianzas de clase vitales para
la lucha de los trabEÓadores. Mientras que en Chile importantes sectores
de empleados y profesionales llegaron a adoptar una concepci6n antica­
pitalista de los problemas nacionales, en Argentina tales grupos perma­
necieron cautivos de los valores culturales de la clase dominante y de la
economia politica liberal. Antes de 1930, en Argentina algunos miem­
bros de estos sectores se mostraron receptivos al nacionalismo cultural
de derecha; sus frustraciones sociales y sus sentimientos patri6ticos no
se encauzaron hacia una evaluaci6n critica de la sociedad capitalista sino
que se enfilaron contra las perturbadoras y anticapitalistas organizacio­
78. Buena parte de este aDálieis está basada en 108 detallado8 estudios de Horosehi Matsushita,
Movimiento obrero argeDtino 1930-1945, Buenos Aires, 1983, y David Tamarin, "The Argen­
tine Labor Movement in an Age of Transition. 1930-1945", disertación para Ph.D.• University
of Washington, 1977. El estimado de deportaciones aparece en Tamarin, p. 166.
ARGENTINA
nes de· la clase obrera i:
del nacionalismo econl
puso al descubierto UIlI
enChile.
A diferencia del na
marxista entre otros SE
XX, el que surgi6 lenta
pitalista. N o emergi6 d.
los sindicatos y los pal
sucedi6 en Chile. E11U
critica no en la base S<l
legitimidad de la oligru
politico sobre la socieda
amplia tradici6n del n
popular e influyente fuE
desafectos de la clase n
les que éstos fundaron ¡:
convertirlo en un velúcu
influencias extraIÚeras (
El nacionalismo ecor
de los acontecimientos p
sentaba las necesidade:
marginada de la polltica,
para otros, sectores socu
principales clases de la
arrogantes políticas de b:
logias alternativas y orgl:l
79. Sobre la cuestión general del
nes culturales y corporativist
varro Gerassi, Los naciollllli8
nacioaalismo argentino, 2 vol
Irazusta y sus seguidores al p
explora el atractivo social e id
1930 en "The Social Origins ,
Ph.D., University of Florida.
se unió en 1935 alrededor dI
FORJA. El recuento que sigu,
co de este grupo se basa más
Nationalism on the Eve of Per
de la FORJA, Arturo JaUllltc.t
grupo en su libro FORJA 1la
caciones que escribió en las d
ció al grupo fue el novelista, J
tu que sentia en los inicios dE
1 espera, Buenos Aires, 1931
rriles argentinos, Buenos .Air1
1965.

ARGENTINA 185
nes de la clase obrera inmigrante. A partir de 1930, el creciente atractivo
del nacionalismo económico entre ciertos elementos de la clase media
puso al descubierto una düerencia más sutil con desarrollos comparables

enChile.
A düerencia del nacionalismo económico düundido por la izquierda
marxista entre otros sectores de la sociedad chilena a lo largo del siglo
XX, el que surgió lentamente en Argentina no era una ideologia antiea­
pitalista. No emergió de la lucha de la clase obrera ni fue propagado por
los sindicatos y los partidos políticos del movimiento obrero, tal como
sucedió en Chile. El nacionalismo económico argentino concentraba su
critica no en la base social del poder de la clase dominante, sino en la
legitimidad de la oligarquía cosmopolita liberal que ejercía el dominio
político sobre la sociedad. Varias corrientes se desarrollaron dentro de la
ina amplia tradición del nacionalismo económico argentino, pero la más
nó­
popular e influyente fue articulada en los años treintas por intelectuales
iC8.­
desafectos de la clase media y difundida por las organizaciones cultura­
IDO
les que éstos fundaron para revitalizar el programa del Partido Radical y
món
convertirlo en un velúculo capaz de forjar una Argentina nueva, libre de
t, la
influencias extranjeras (79).
Dan
El nacionalismo económico de Argentina expresaba el curso anómalo
ua­
de los acontecimientos políticos durante la década de los treintas. Repre­
lar,
sentaba las necesidades sicológicas y materiales de una clase media
jea,
marginada de la política. Su creciente atractivo para esta clase, asl como
para otros sectores sociales, reflejaba la gran düerencia de poder de las
principales clases de la sociedad argentina durante la Depresión. Las
1e8- arrogantes políticas de la clase dominante, libres del contrapeso de ideo­
Ilge­ logías alternativas y organizaciones populares, aportaron al nuevo nacio­
lena

79. Sobre la cuestión general del naciona.lismo de derecha en Argentina, incluidas sus expresio­
tmra
nes culturales y corporativistas anteriores a 1930, véase la excelente smtesis de Marysa Na­
¡ores
varro Gerassi, Loe nacionalistas, Buenos Aires, 1968. El libro de Enrique Zuleta Alvarez, El
ítiea­
nacionalismoargendDo, 2 vola., Buenos Aires, 1975, enfatiza la contribución de los hermanos
lrazusta y sus seguidores al pensamie:pto y la politica naclona.li¡!tas de derecha. Sandra McGee
nna­
explora el atractivo social e ideológico de las organizaciones nacionalistas de derecha antes de
ie la
1930 en "The Social Origina of Counterrevolution in Argentina, 1900-1932", disertación para

Ph.D., University of Florida, 1979. La comente nacionalista sobre la que se hace énfasis aqui
se unió en 1935 alrededor de la Federación de Orientación Radical de la Joven Argentina,
tural
FORJA. El recuento que sigue acerca de los orlgenes sociales, la ideologla y el impacto politi­
)1 no
co de este grupo se basa más que todo en el sofisticado estudio de Mark Falcoff, lO Argentine
sino
Nationalism on the Eve of Peron", disertación para Ph.D., Princeton University, 1970. Ellider
de la FORJA, Arturo Jauretche da una muestra de las actitudes, las actividades y el estilo del
ado­
grupo en su libro FORJA '1 la década infame, Buenos Aires, 1962, una de las numerosas pu'i)li­
caciones que escribió en las décadas de 1960 y 1970. El intelectual mAs distinguido que se aso­
ció al grupo fue el novelista. luego convertido en historiador, Raúl Sealabrini Ortiz. El males­
tar que sentia en los inicios de los años treintas se exprese en su obra El hombre que está eoIo
'1 espera, Buenos Aires, 1931; sus libros de historia más famosos son Historia de los ferroca­
rriles argendDos, Buenos Aires, 1940 y Política británica en elRio de la Plata, Buenos .mes,
1965.
186
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
nalismo económico su materia prima y sus ideas más penetrantes. La
subordinación ideológica y la debilidad organizativa de la clase obrera la
libraban de competidores populares y le permitían ignorar al·movimien­
to obrero en su plan de reorganización nacional.
Impulsados por su percepción de la realidad política argentina en los
años treintas, los nacionalistas económicos de la clase media crearon una
interpretación muy sofisticada del desarrollo del país. Para ellos éste fue
fundamentalmente distorsionado por la integración histórica a un siste­
ma capitalista mundial como productor de bienes primarios. Dicho pra­
ceso, sosteIÚan. había atado al país a la producción agropecuaria y atro­
fiado el desarrollo industrial; había conducido a una dependencia extre­
ma del capital foráneo. el cual repatriaba el excedente económico' habia
instalado en el poder a terratenientes vendepatria y cipayos
subordinados al capital extranjero, corrompiendo así el proceso
crático; habia pervertido la cultura criolla; habia ignorado las legitimas
reivindicaciones sociales de la mayoría del pueblo argentino; habia em­
pobrecido las provincias en beneficio de Buenos Aires; habia echado a
perder, en suma, el gran potencial del pais para convertirse en nación
líder de América Latina.
Esta reinterpretación fundamental de la historia argentina desafiaba
la hegemoIÚa ideológica liberal de la clase dominante. Como en forma
tan elocuente y convincente racionalizaba y universalizaba la situación
de la clase IUedia, resultó especialmente atractiva para estudiantes, inte­
lectuales, profesionales, militares y empleados. Pero en últimas también
ganó adherentes entre otros grupos sociales: terratenientes y hombres
de negocios que no se beneficiaban directamente de las políticas guber­
namentales, en una economía que estaba sufriendo un cambio radical
pero que crecia muy lentamente; trabajadores desilusionados con la efi­
cacia de las tácticas oportunistas o de confrontación de sus líderes.
En la lucha por el dominio ideológico sobre la sociedad argentina
nacionalismo económico de la clase media disfrutó de ventajas conside­
rables. No desafió en forma directa la ideología capitalista de la clase
dominante sino s?lo aquellos aspectos del liberalismo cosmopolita que
se habían convertIdo en blancos vulnerables durante la crisis del sistema
mundial. Tampoco era susceptible al cargo -infatigable y efectivamen­
te manipulado por el establecimiento contra la izquierda marxista- de
que se trataba de una ideología foránea, importada por inmigrantes anti­
patrióticos y agentes soviéticos, inapropiada para la realidad argentina.
Los nacionalistas económicos de clase media esgrimieron esta acusación
para desacreditar tanto a la izquierda marxista como a Jos elementos li­
berales y los fascistas de la derecha. Dada la adhesión del Partido Comu­
nista Argentino a las violentas oscilaciones políticas del Comintern en
los años treintas -y el hecho de que luego de la invasión alemana a la
Unión Soviética ésta se alió con las potencias liberales capitalistas que
ARGENTINA
controlaban sectores
menguó notablemen1
entre los obreros jla
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en 1935 el partido PUS<J

ARGENTINA 187
¡es. La
controlaban sectores vitales de la economia argentina-, esta acusación
J,'era la
menguó notablemente el atractivo ideológico de la izquierda comunista
imien­
entre los obreros y la clase media argentinos. Empero, también fue usa­
da con éxito contra los liberales mismos. En detallados estudios históri­
:.en los
cos, los nacionalistas económicos rastrearon las implicaciones antinacio­
onuna
nales y contrarias al desarrollo de las políticas cosmopolitas liberales a lo
ste fue
largo de todo el período nacional. Afirmaban que tales políticas no eran
lsiste-
consecuencias infortunadas del pensamiento equivocado de hombre éti­
110 pro­
cos de Estado, sino el resultado de un proceso venal en el que los libera­
'yatro­
les entregaron el país en beneficio propio. El escrutinio de las políticas
l extre­
económicas de los regímenes de los años treintas -el período que los
, había
nacionalistas económicos popularizarían como la "Década Infame"­
I8tivos,
confirma este análisis histórico. ¿De qué otra forma podría interpretarse
demo­
el tratado Roca-Runciman; las nuevas concesiones otorgadas a los britá­
gítimas
nicos a raíz de su renovación en 1936; las políticas complementarias que
)Ía em­
dieron al capital inglés desmesurada influencia en las nuevas entidades
iliado a
estatales de finanzas, comercio y control de cambios, creadas durante la
nación
Depresión; y los acuerdos firmados por los gobiernos conservadores que
inexplicablemente concedían monopolios a los extranjeros sobre las faci­
safiaba
lidades portuarias y los servicios públicos?
l forma
Por último, los nacionalistas de la clase media criticaron el corporati­
wación
vismo hispánico de los nacionalistas culturales como una ideología reac­
inte­
cionaria, antidemocrática y inspirada en modelos fascistas ex­
IIlmbién
tranjeros. Aunque, la verdad sea dicha, algunos de los más prominentes

pensadores de los nacionalistas económicos tomaron prestadas no pocas
t guber­
ideas del corporativismo europeo, y siempre se aliaron con activos corpo­
(;radical
rativistas y nacionalistas económicos de derecha, se cuidaron de insistir
n la efi­
en los orígenes americanos de su pensamiento. Decían tener una afini­
l.
dad con la filosofía del nacionalista peruano Haya de la Torre y admira­
Itina, el
ban el nacionalismo popular del régimen mexicano de Lázaro Cárdenas.
;onside­
Ya diferencia de la mayoría de sus contendores ideológicos, basaban sus
>la clase
prescripciones políticas para la futura grandeza de Argentina no en la
tita que
supremacía teórica de un modelo abstracto de organización social, sino
sistema
en lecciones deducidas del análisis concreto de la historia argentina.
ivamen­
Los nacionalistas económicos de la clase media, sin embargo, fueron
lta- de
más afortunados en crear las herramientas ideológicas para socavar el
tes anti­
predominio de la economia política liberal y la legitimidad del régimen
Jentina.
conservador que en organizar un mecanismo politico que aplicara su pro­

grama para una nueva Argentina. En cientos de conferencias y reunio­
antos li­
nes callejeras, en periódicos, panfletos y estudios históricos, propagaron
)Comu­
su concepción nacionalista. Entre tanto, concentraron su actividad políti- .
itern en
ca en reformar el Partido Radical y conquistar su dirección, esfuerzo en
ana a la
el cual sufrieron una amarga decepción. Fiel a su trayectoria histórica,
Itas que
en 1935 el partido puso fin a la abstención electoral que había proclama­
I
.
188 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
do luego del golpe de 1930 y se convirtió en socio menor de las fraudu­
lentas políticas de la restauración conservadora. El grueso de la direc­
ción del partido nunca abandonó su compromiso ideológico con los prin­
cipios cosmopolitas de la economía politica liberal. A comienzos de los
años cuarentas, cuando las esperanzas de los nacionalistas por influir en
el curso del Partido Radical se desvanecieron, muchos empezaron a fijar
su atención en el ejército, otra institución de la sociedad argentina recep­
tiva a las tribulaciones de la clase media. Alli, especialmente entre la
mediana y la baja oficialidad, su propaganda encontró una audiencia
entusiasta. Cuando en junio de 1943 los militares decidieron poner fin a
la era de la restauración conservadora, los elementos más cohesionados
y dinámicos del nuevo régimen, .encabezados por Perón, compartían los
preceptos del nacionalismo económico. En efecto, muchos de losintelec­
tuales que habian articulado y difundido esta nueva concepción de la so­
ciedad argentina, ocuparon importantes posiciones de poder en el nuevo
gobierno.
Los nacionalistas económicos de la clase media suministraron asi las
herramientas culturales que socavaron la legitimidad de la clase domi­
nante argentina y bosquejaron el programa del régimen militar que tomó
el poder en junio de 1943. Los acontecimientos mostrarían, sin embargo,
que mientras dicha herramienta no estuviera firmemente colocada en la
poderosa mano de un movimiento obrero en pie de lucha,la destrucción
del viejo orden liberal sería temporal y el proyecto de los nacionalistas
para una nueva Argentina se malograría. Entre 1943 y 1945, un resur­
gente movimiento obrero obligb a los nacionalistas de la clase media a
incorporar importantes reformas laborales y sociales a su programa por
una nueva Argentina. A su vez, sin embargo, el movimiento obrero fue
llevado a respaldar una ideologia y un programa originalmente diseña­
dos para satisfacer las necesidades de otra clase. Aunque los obreros
argentinos lograron modüicar esa ideologia y ese programa en beneficio
de sus intereses inmediatos, lo hicieron comprometiendo su indepen­
dencia ideológica y politica y su potencial estratégico para transformar la
sociedad.
LOS OBREROS DE LA CARNE YEL ASCENSO DEL PERONISMO
A mediados de los años cuarentas un renaciente movimiento obrero
solidó el patrón de la excepcionalidad argentina, que se habia hecho evi­
dente por vez primera a partir de 1930. Si la debilidad de los trabajado­
res permitió a las élites dominantes llevar adelante las politicas liberales
y oponerse a las reformas nacionalistas populares durante la crisis del
capitalismo mundial, el creciente poder del movimiento obrero a comien­
zos de los años cuarentas consolidó la reacción nacionalista contra dichas
ARGENTINA
politicas. El movim
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de reformas económ
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En consecuencia, 1
etapa que va de 1943 t
189 ISTORIA ARGENTINA
fraudu­ políticas. El movimiento obrero obligó a los gobiernos argentinos a se­
l direc- guir en la posguerra un camino de concesiones a las fuerzas populares y
00 prin­ de reformas económicas nacionalistas que reñían con la economía políti­
I de los ca liberal del orden mundial de la posguerra. Desde una perspectiva
fluir en mundial, la naturaleza del gobierno peronista que llegó al poder sobre la
ll.afijar
base del apoyo obrero en 1945-46 aparece como un curioso anacronismo,
lrecep­
un régimen neofascista y desarrollista nadando contra la corriente de la
la
historia mundial. No obstante, para la mayoría de los argentinos, el pe­
lCliencia
ronismo constituía una progresista respuesta nacionalista a un anacro­
!Sr fin a
nismo anterior: el liberalismo no reconstruido de los regímenes de los
ionados
años treintas. El desarrollo del movimiento obrero suministra las claves
tían los
interpretativas para comprender ambos anacronismos y sintetiza la rela­
intelec­
ción dialéctica entre ellos. Cómo el movimiento obrero determinó el cur­
le la so­
so de la nación a partir de 1945, que la llevarla en contramarcha de la
,lnuevo historia mundial y que culminarla en un callejón sin salida, es un fenó­
meno difícil de desentrañar. El enfoque más adecuado consiste en exa­
11 así las minar la suerte corrida por el más importante sector de la fuerza de tra­
e domi­ bajo industrial, los obreros de la carne.
uetomb Los trabajadores de la carne eran a la vez un destacamento típico del
'llbargo, proletariado industrial argentino en los años cuarentas y, en un se.ntido
da en la estructural e histórico, el sector más importante. Al igual que la mayorla
tt'ucción de los obreros de las nuevas y pujantes industrias surgidas con la susti­
fnalistas tución de importaciones, los obreros de la carne no estaban organizados
n resur­ al comenzar la década. La historia de su movilización y organización, a
media a
comienzos y mediados de los años cuarentas, revela un proceso no muy
lma por
diferente del que experimentaron los trabajadores en las industrias nue­
rero fue
vas del país durante el mismo perlodo. Pero debido a su posición dentro
. diseña­ de la economía exportadora, los obreros de la carne poseían un inherente
obreros
poder económico y político, mucho más grande que el de otros sectores
eneficio
de la clase obrera industrial. Dicho poder se veía reforzado asimismo por
Ddepen­
la importancia simbólica que estos obreros representaban para los nacio­
la
nalistas opuestos al control extranjero de la sociedad argentina. Las lu­
chas organizativas de los obreros de la carne desafiaban de manera di­
recta los intereses del sector más privilegiado de la clase terrateniente y
sus aliados extranjeros, los capitalistas que poseían las plantas empaca­
doras y controlaban el comercio de la carne. Combatian la "alianza im­
pía" que había perpetrado el tratado Roca-Runciman, y que cargaba con
ero con­
la responsabilidad de toda la panoplia de políticas antínacionales y reac­
!ello evi­
cionarias de la "Década Infame". En suma, los obreros de la carne se

enfrentaban a la punta de lanza de las fuerzas antiargentínas que, a jui­

cio de los nacionalistas económicos, habían pervertido el curso del desa­
risis del rrollo nacional por más de un siglo.
¡comien­ En consecuencia, no resulta sorprendente que a lo largo de la crucial
adichas etapa que va de 1943 a 1946 la historia de las luchas organizativas de los
'. o
,1 f "t
; '"
190 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
obreros de la carne se encuentre íntimamente ligada a los acontecimien·
tos políticos del país y al destino histórico del régimen nacionalista de
Perón·. Los trabajadores de la carne desempeñaron un papel fundamen­
tal en el proceso mediante el cual el movimiento obrero insurgente obli­
gó a los nacionalistas económicos argentinos a adoptar el programa de
reformas sociales y laborales que convirtió a la facción peronista en el
elemento preeminente dentro del gobierno militar (junio de 1943 - octu­
bre de 1945), salvó luego el experimento peronista de la destrucción por
parte de la reacción liberal (octubre 17 de 1945), y finalmente consolidó
el dominio peronista sobre la vida política del país (febrero de 1946).
Mientras tanto, las organizaciones de los obreros de la carne, así como
otras del movimiento laboral, fueron primero despojadas de su liderato
marxista, un desenlace que culminó a principios de 1945, y luego lenta­
mente privadas de su independencia ideológica y política, un doloroso y
prolongado proceso que solo vino a cristalizar al final de la década.
Los trabl\iadores de la carne, al igual que otros obreros argentinos,
prestaron estos indispensables servicios al gobierno peronista a cambio
de un efectivo apoyo estatal a sus esfuerzos colectivos por mejorar los
salarios y las condiciones de trabajo, así como la calidad de sus vidas
fuera de las fábricas. A tiempo que combatían por lograr estas metas,
manipulaban las herramientas ideológicas disponibles para concebir una
visión nacionalista y radicalmente reformista para toda la sociedad ar­
gentina. Trataron de utilizar su nuevo poder y su acceso al Estado para
sacar avante esa visión. La historia de su fracaso pone de relieve la inca­
pacidad congénita de la solución nacionalista y corporativista del pero­
nismo para solucionar los problemas del desarrollo del país. Y, al mismo
tiempo, reseña la emasculación de la clase más progresista de la socie­
dad argentina.
La historia de la organización de los obreros de la carne contradice
asi las explicaciones comunes acerca del proceso por medio del cual el
movimiento ol,>rero argentino fue organizado, institucionalizado y "pero­
nizado" en los años cuarentas. Hasta hace poco, casi toda la historiogra­
fía del período -peronista, marxista y liberal- hacía énfasis en el acti­
vo papel de la dirección peronista en el proceso y función esencialmen­
te pasiva de las masas obreras (80). N o hay duda de que los líderes pero­
nistas aspiraban a sacar partido del poderío latente del movimiento obre­
ro en beneficio de un proyecto político más amplio y que se sirvieron exi­
tosamente del poder estatal para alcanzar dicho objetivo. Perola historia
de la crucial etapa de 1943-46 nos muestra más bien una dirección pero­
nista débil ya menudo vacilante. Prisioneros de una filosofía social reac­
cionaria, los peronistas temían el poder independiente de la clase obrera
80. Murmis y Portantiero, "Crecimiento industrial", rompen decididamente con esta tradición.
ARGENTINA
y, sin embargo, necesi
rales que cerraban fiJa
vista. De tiempo en ti.
lentes líderes peronist
riales, mucho más gra:
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El ascenso y consol
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York, 1951, y George 1. Blan
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obrera. Una transformación
ARGENTINA 191
:nA
y, sin embargo, necesitaban de él para superar las potentes fuerzas libe­
en­
rales que cerraban filas en contra de su proyecto nacionalista y corporati­
de
en­
vista. De tiempo en tiempo los obreros forzaron a los tímidos y ambiva­
lentes lideres peronistas a otorgarles concesiones organizativas y mate­
:>li­
riales, mucho más grandes de lo que el peronismo juzgaba conveniente.
de
Que los peronistas entregaran tanto, sin mayor perjuicio para ellos, obe­
1 el
:tu­
deció más al poder de la economía nacional en las postrimerías de la
guerra mundial y a la bancarrota del liberalismo argentino en los años
por
cuarentas que a un decidido compromiso con la justicia social o a la via­
idó
bilidad inherente de la economía politica corporativista (81). Con toda la
16).
mo
libertad que estas coyunturales condiciones económicas e ideológicas les
daban, los dirigentes peronistas a menudo tuvieron que ser presionados
'ato
fuertemente para que otorgaran concesiones institucionales y materiales
Ita­
al movimiento obrero. Hubieron de ser forzados a practicar la filosofía
10y
social que decían profesar y a tomar el poder que decían ambicionar pero
que casi siempre ejercieron con timidez. Los trabajadores fueron el
lOS,
agente que llevó a los peronistas a asumir tales posiciones.
Ibio
El ascenso y consolidación del perorusmo se explica de manerasim­
los
plista en buena parte de la historiografía argentina como la obra de un
das
gran hombre, concebido por los peronistas como un nacionalista ilumi­
tas,
nado y por la oposición como un inescrupuloso politico oportunista (82).
una
af­
También se explica como consecuencia de la tradicional cultura politica
lafa
de los inmigrantes de origen rural, convertidos en obreros industriales,
que se congregaron bajo la bandera peronista (83). Pero ninguna de es­
lca­
ero­
smo
81. Tales asuntos se discuten de manera sistemática en la sección final de este ensayo.
~ c i e - 82. Por ejemplo,la interpretación peronista está ilustrada en las siguientes obras tempranas: Par­
tido Peronista, El movimiento perODista. Buenos Aires, 1964, y Enrique Pavón Pereyra. Pe­
rón, preparación de una vida para el mando, 9a. OO., Buenos Aires, 1963. Los lectores ingleses
dice
fueron abrumados con una serie de interpretaciones antiperonistas a comienzos de los aflos
uel cincuentas; entre las más influyentes figuran Robert J. Alexander, Tbe Peronlst Era, Nueva
York, 1961, y George I. Blankston, Perón's Argentina, Chicago, 1953.
ero­
83. Esta visión es desarrollada ampliamente en la obra de los investigadores liberales. Un plan­
~ ­
teamiento maduro por su más influyente y recursivo exponente es Gino Germani, "El surgi­
reti­ miento del peronismo: El rol de los obreros y de los migrantes internos", en Desarrolló Econó­
mico, 13:51, oct.-dic. 1973, pp. 435-489. El impresionante estudio histórico de Samuel Baily,
len­
Labor, Nationalism, and PoUtics, tiene la misma suposición cultural. Estudios revisionistas
ero­
recientes han desafiado efectivamente la insistencia de Germani en la importancia de los mi­
,re­
grantes internos en el ascenso del peronismo, pero han dejado sus suposiciones culturales en
lo fundamental intactas. Estos estudios han mostrado que tanto los obreros organizados como
exi­
los no organizados se convú:1;ieron en decididos partidarios del peronismo y que las primeras
bria
victorias electorales de éste en realidad dependieron más de los votos de los distritos obreros
n-o­
establecidos que de los recién formados. La reseiia más sistemática de esta literatura es Mat­
lac­ sushita, Movimiento obrero ... El último estudio, como el de Tamarin, está enfocado hacia la
polltica de los sindicatos ferroviarios y de la COT y demuestra que hacia finales de los ai\os
era
treintas los más prestigiosos lideres sindicales hablan adoptado una actitud económica y poli­
tica más nacionalista que la de sus predecesores e ido más allá del énfasj,s sindicalista en el
predominio de las soluciones económicas sobre las politices para los problemas de la clase
obrera. Una transformación similar de las politicas de los dirigentes de varias organizaciones
5l:.
.
,; ...
"
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
192
tas explicaciones puede esclarecer a cabalidad la dinámica de los aconte­
cimientos. Los obreros argentinos y no un gran hombre fueron quienes
hicieron la historia de aquellos años cruciales. Lo hicieron como seres
humanos realistas y racionales que trataban de solucionar los viejos pro­
blemas organizativos, culturales y materiales que afrontaban como cla·
se. N o es necesario asumir los valores culturales premodernos de los
inmigrantes rurales para explicar la "peronización" de los trabajadores
argentinos. La gran debilidad·cultural del movimiento obrero no radica ..
ba en supuestos defectos culturales de los inmigrantes llegados del cam­
po, sino, paradójicamente,en los modernos valores capitalistas y libera­
les inculcados a los obreros, tanto rurales como urbanos, desde cuando
fueron destruidas, a comienzos del siglo XX, la autonomia cultural y la
fuerza organizativa del movimiento obrero. La historia del ascenso y con­
solidación del peronismo se concibe mejor como la lucha de los obreros
por reconquistar la autonomía y la fuerza perdidas. Ningún grupo ilustra
mejor todo el proceso que los trabajadores de la carne, ni contribuye tan·
to a su resolución.
En vísperas del golpe mílitar de junio de 1943, luego de más de un
cuarto de siglo de fracasos colectivos, los obreros de la carne parecían
estar a punto de lograr un avance organizativo espectacular. Parecían
estar a punto de consolidar, bajo la dirección del Partido Comunista,
poderosos sindicatos en la industria. Antes de 1930, el Partido Comunis­
ta había sido una fuerza menor en el seno del movimiento obrero argen­
tino y un organizador poco atractivo para los trabajadores de la carne.
Creado en 1919 a raíz de un desgajamiento minoritario del Partido Socia­
lista, el partido se unió a la Tercera Internacional y luchó infructuosa­
mente durante los años veintes contra las facciones más numerosas de
socialistas, sindicalistas y anarquistas por el control del quebrantado
movimíento obrero argentino. Sin embargo, en 1932 la Federación Obre­
ra de la Industria de la Carne, FOIC, orientada por los comunistas, orga­
nizó y dirigió la huelga más importante que se lanzó en las plantas em.pa·
cadoras desde el fracaso de 1917·18. Dicha huelga cerró la más grande y
moderna planta empacadora de carne del mundo, el Frigorífico Anglo,
que los británicos habian construido en Avellaneda en 1927. A pesar de
que se extendió brevemente a las otras plantas de Avellaneda y algunos
obreros pararon en Berisso, la huelga se vino abajo en menos de quince
días.
El paro de 1932 puso al descubierto una vez más la magnitud de los
problemas organizativos que enfrentaban los sindicalistas en la industria
obreras se demuestra en Joel Horowitz, "Adaptation and Change in the Argentine Labor
Movement, 1930-1943: A Study of Five Unions", disertación para Ph.D., University ofCali·
fornia, Berkeley, 1979. Dicha transformación, parte de un proceso histórico mAs amplio anali­
zado en este ensayo, hizo más fácil que los obreros organizados aceptaran las iniciativas de los
peronistas .
ARGENTINA
de los frigoríficos. Las e
huelga eran básicamente.
tegro de los trabajadores
cimiento del sindicato; m
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años censales de 1914 y 1!
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ritmo de trabajo (84).
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moderada en sus esfuerz(
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campaña nacional, basada
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obreros en los frigoríficos.
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84. Las demandas están reprodueKl
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Aires, La Nación, mayo 24 de U
el recuento de Peter en CróDicít¡
rificos incluidos en el censo mdt:
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ARGENTINA 198
troRIA
de los frigoríficos. Las exigencias expresadas en las peticiones ·de la
tienes
huelga eran básicamente las mismas de la gran huelga de 1917-18: rein­
¡Seres
tegro de los trabajadores despedidos por actividades sindicales; recono­
lB pro­
cimiento del sindicato; mejores salarios, especialmente para . los opera­
lO c1a­
rios no calificados; y paga de medio dia garantizada para quienes fueran
!lelos
llamados a presentarse al trabajo. Los huelguistas fracasaron por los
ldores
mismos obstáculos estructurales que quince años antes habían obstruido
lídica­
su organización: los esquiroles ocuparon pronto los puestos de los huel­
Icam­
guistas; la policía rompió los piquetes, dispersó reuniones y manifesta­
fibera­ ciones callejeras, cerró a la fuerza las oficinas centrales de la FOIC y
Dando
arrestó a cientos de militantes sindicales. El respaldo de la clase obrera

se derrumbó muy pr.anto. Los continuados esfuerzos de los empresarios
!ycon­ por' 'perfeccionar" la organización del trabajo en las plantas empacado­
breros
ras hacían 'especialmente vulnerables a los obreros frente a todo intento
ilustra
de destruir la agremiación sindical. Los principios tayloristas fueron for­
,e tan- malmente introducidos en las plantas a fines de los años veintes y el por­
centaje de mujeres en la fuerza laboral creció sustancialmente entre los
¡de un años censales de 1914 y 1935. Tales cambios desembocaron en 1932 en
¡recian
dos nuevas exigencias que se convertirían en la piedra angular de la po­
¡recian
sición de la FOIC durante el resto del decenio: salario igual para trabajo
Ilnista,
igual y eliminación del sistema !' estándar" que utilizaba cuotas de tra­
Itnlnis­
bajo a destajo y primas con el fin de incrementar en forma constante el
argen,.
ritmo de trabajo (84).
,carne.
A partir de 1935 los comunistas adoptaron una posición táctica más
íSocia­
moderada en sus esfuerzos por organizar las plantas empacadoras. A
ctuosa­
tiempo que la FOIC difundia pacientemente su mensaje organizativo

entre los obreros en asados y picnics, buscaba y a veces conseguía pe­
aotado
queñas mejoras en las condiciones de trabajo. Además, orquestó una
campaña nacional, basada en moderadas demandas legalistas,· para con­


vencer a la opinión pública argentina, a los funcionarios del gobierno y a
orga­
la dirección de la CGT de la necesidad de mejorar la situación de los
'empa­
obreros en los frigOríficos. En 1939 la F,OIC logró comprometer formal­
lIffide y
Anglo,
mente a la moderada dirección socialista de·la CGT para que·se organi­

zara prioritariamen,te a los obreros de la carne. Ese mismo año, la FOIC
¡lgunos
dio el paso sin precedentes de solicitar ayuda al gobierno nacional en la
;quince
lucha por poner fin a los abusos contra los trabajadores en los frigorífi­
. de los
84. Las demandas están reproducidas en La Van8Wll'fÜ" mayo 23 de 1932. La continuada il:npor­
dustrla
tanda de los obreros extranjeros ("polacos y lituanos"), el papel central de las mujeres enlos
esfuerzos por conseguir apoyo para la huelga, el fracaso de las huelgas de solidaridad y la
iné Labor
magnitud de la represión policial se encuentran en el reportaje del principal diario de Buenos
:tofCali­
Aires, La Nación, mayo 24 de 1932, p. 5,Sobre el sistema "standa,rd" y la huelga en sl, véase
;ijoanali­
el recuento de Peter en Crórdea.s proletaria&. .. , pp. 143-11. De los 23.200 obreros de los frigo.:.

rlflCOS incluidos en el censo industrial dé 1935, 4.9'78, más de una quinta parte,eran mujeres o
niños menores de 18 años. CeIUlO indllltrlal de 1936, p. 58.
194
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA_
coso Apoyada por la representacibn parlamentaria. del Partido Socialista
y redactada por el secretario general de la FOJC, José Peter, la peticibn,
llevada a la Cámara de Diputados en 1939, se proponía mostrar la situa­
cibn de los trabajadores de la carne como una desgracia nacional. Peter
partía de la premisa de que "todo cuanto se refiere a la produccibn e
industrializacibn de la carne ( ... ) se vincula con las cuestiones econbmi­
cas, sociales y políticas más profundas de la Argentina". La forma como
las compañías empacadoras extranjeras se burlaban de la ley resultaba
un caso ilustrativo. Sus tácticas antisindicales violaban la Constitucibn
Nacional, cuyo Artículo 14 concedía a los argentinos la libertad de aso­
ciacibn. Sus prácticas laborales incumplían la legislacibn nacional que
regulaba el trabajo de mujeres y de (Ley 11, 317), estipulaba horas
de y por tiempo extra (Ley 11, 544) y establecia compen­
aCCidentes y enfermedades industriales (Ley 9, 688). Resul­
taba ubmco,anotaba Peter, que no obstante la considerable importancia
de los obreros de la carne para la salud econbmica del país, éstos se en­
contrasen entre los asalariados peor pagados y menos saludables. Los
frigorificos extranjeros también se negaban a acatar la legislacibn sobre
indemnizacibn por despido, vacaciones anuales y licencia por enferme­
dad (Ley .11,729). Empero, aseveraba Peter, "quizás por sus caracteris­
ticas, ninguna otra industria obligue tanto, por su sistema de trabajo, al
goce de vacaciones, y la licencia en caso de enfermedad". Por último
Peter afirmaba que las mismas políticas contractuales que minaban
intentos organizativos de los obreros de la carne lesionaban los intereses
econbmicos de la nacibn en su conjunto.
"Las empresas ocupan a obreros extranjeros especiahnente seleccionados entre
aquellos que por su poco conocimiento del idioma y del pats aceptan más fácihnente
bochornosas el trabajo. Con esto hacen aparecer al trabajador ex­
tranJe:o ( ... ) como un enemigo del trabajador nativo, ya que pareciera ser el causante
de la disminución de los salarios y la desmejol'8 de las condiciones de trabajo. Asf es
creada una odiosa y artificial división entre los 'criollos' y los 'gringos' que constitu­
ye un de Per:o lo más grave es que para conseguir tan mezqui­
nos? perJudiCiales fmes, los frigorlflCOS han restado a nuestra agricultura centenares
y de braz?s aptos, ya que todos esos trabajadores extranjeros que ocupan,
han Sido expenmentados campesmos en sus paises de origen" (85).
NO es sorprendente que la Cámara dominada por los conservadores
la legislacibn socialista que tenía como propbsito
tratar las mquletudes expresadas en las peticiones de los trabajadores
de la carne.
85. Cámara Diputados, Diario de sesiones de 1939, Vol. 3, pp. 118-21. El proyecto presentado
por diputados socialistas para encarar las condiciones planteadas en la petición aparece en
el IIUBmo volumen, pp. 49-53.
ARGENTINA
Sin embargo, las táCl
adoptaron en su esfuerz·
fines de los años treintas
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ces, al contrario de los a
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las empresas. José Peter, H
pp. 68-69. La diligencia de la
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competencia con los 8indieatc
ARGENTINA 195
,ta
Sin embargo, las tácticas moderadas y legalistas que los comunistas
>n,
adoptaron en su esfuerzo por organizar la industria de los frigoríficos a
la­
fines de los años treintas les permiti6 aprovechar el nuevo ambiente para
ter
la organizaci6n tan pronto como empez6 la guerra mundial. Para enton­
1 e
ces, al contrario de los alegatos formales de Peter, el disociador asunto
ni­
histórico de los inmigrantes extrarUeros dentrode la fuerza laboral de los
:no
frigoríficos indudablemente había perilido importancia. Aunque los cen­
,ba
sos del período ya no discriminan la fuerza de trabajo industrial según
Ión
nacionalidad. el virtual cese de la inmigraci6n internacional a la Argenti­
go­
na al comienzo de la depresi6n mundial y más de una década de migra­
[ne
ción rural-urbana, habían disminuido quizá la importancia de las divisio­
ras
nes nacionales y lingüisticas, si no étnicas y culturales, entre los trabaja­

dores de la carne. Más aún, la gran demanda para las exportaciones
ul­
durante la guerra y el surgimiento de nuevas industrias en el país habían
cía
dejado de lado el mayor obstáculo histórico para la' organizaci6nen los
m-
frigoríficos: la existencia de grandes cantidades de obreros desemplea­
.os
dos en las populosas provincias del litoral. Por último, la creciente con­
)re
ciencia popular sobre las implicaciones antinacionales de las políticas
le­
conservadoras de los años treintas habia' creado la base para alianzas
lS­
amplias en respaldo a las luchas de los obreros de lacame contra los ca­
,al
pitalistas foráneos que controlaban los frigoríficos. Las condiciones de la
no,
guerra también permitieron que los empresarios, ávidos de cosechar las
los
cuantiosas ganancias que implicaba el cumplimiento de los contratos con
ses
los Aliados, se tornaran más conciliatorios con los trabajadores. A medi­
da que progresaba la contienda, se desarro1l6 una inc6moda sociedad
entre los dirigentes sindicales comunistas y los capitalistas británicos y
!tre
estadounidenses: los dos grupos estaban comprometidos en la produc­
ínte
'ex,
ción ininterrumpida de un bien que era vital para el esfuerzo bélico de
íBte los Aliados. Durante 1941 y 1942, la FOIC logr6 remediar quejas meno­
hs
res de los operarios de las plantas; asimismo, en tales años cedi6 la re­
itu·
presi6n empresarial contra las actividades sindicales y el número de afi­
a
ui

liados a las organizaciones creci61entamente (86).
~
Todos estos factores estucturales actuaron en favor de la lu.cha· de los
l' .'
obreros de la carne y a fines de 1942 la FOIC obtuvo su primeraconquis­
ta importante y dio salida a una de sus viejas reivindicaciones: Luego de
varios meses de negociaciones, las compañías aceptaron acogerse a la
~ s
loo
'es
86. Más tarde Peter dijo mucho más: que él sindicato consiguió una garantia efectiva de 60 horas
de trabajo quincenales para cada obrero, aumentos salariales, leche gratis para aquellos ope­
rarios que desempei1aban trabajos insalubres y alguna ropa de protección suministrada por
las empresas. José Peter, Historia y luebasde loe obrel'Oll de la came, Buenos Aires, 1947,
~ o
pp. 68-69. La dirigencia de la FOIC sostendrla luego que la cooperación de la compaftia con el
len
sindicato en este perlodo no fue lo suficiente como para mantener la lealtad de las bases en la
competencia con los sindicatos pro-peroDistas.
i
196 LOS TRABAJADORES EN LAHISTORIA
legislación nacional y otorgar vacaciones pagadas. El lo. de.enero de
1943 Peter se unió a millares de obreros, funcionarios empresariales y
representantes del gobierno provincial de Buenos Aires en una gran ce­
lebración pública por este logro, acto que tuvo lugar en Avellaneda., cer­
ca del nuevo· frigorífico ., Anglo", en el Muelle Sur. Dicho evento coronó
más de una década de lucha de la rOIC luego de la desastrosa huelga de
1932 y marcó el inicio de una nueva era. De un solo golpe el sindicato,
cuyos afiliados, según estimativos de la misma rolC, apenas represen­
taban en 1942 el 20% de la fuerza de trabajo de los frigoríficos, demostró
a la masa obrera su efectividad y consiguió el reconocimiento tácito de
los funcionarios de las empresas y del gobierno (87).
El prestigio y la fuerza crecientes de las organizaciones comunistas
en la industria de la carne eran típicos de los avances marxistas en el
movimiento obrero argentino a fines de los años treintas y comienzos de
los cuarentas,.; A partir de 1935, las tácticas de frente popular del partido
y el resurgimiento de la economia argentina se conjugaron para favore­
cer el éxito de las acciones sindicales dirigidas por los comunistas. En
diciembre de ese año los comunistas organizaron y dirigieron una impor­
tante huelga en la industria de la construcción de Buenos Aires. Respal­
dada por un cese general de actividades que paralizó la ciudad durante
dos días, en enero de 1936, la huelga triunfó. Esta victoria dio mucho
prestigio a los comunistas entre los trabajadores e inició un proceso que,
en pocos años, los convertiria en la fuerza más dinámica del movimiento
obrero.
Durante esta etapa, los cOlllunistas, al igual que . sus colegas de la
CIO en Estados Unidos. adoptaron nna agresiva política de sindicalismo
de industria, concentrando sus esfuerzos en los obreros de las ramas de
alimentos, textiles y metalurgia. La federación que tratar,on de construir
entre los obreros de los alimelltos ilustra el alcance de sus planes y de
sus esfuerzos organizativos. La fe<!eración iba a ser organizada alrede­
dor de un núcleo de obreros de la caTne e incor,poraría los sindicatos en
los molinos, las cervecerías y las panaderías. sindicatos industria­
les se ligarían, a su vez, con organizaciones de obreros rurales del sector
agroexportador y de las industrias nacionales de azúcar y vino. Aunque
los comunistas estuvieron muy lejos de conseguir tales objetivos, con­
quistaron una reputación de sacrificio y dedicación por la causa obrera
que sobrepasó a la de sus adversarios Los comunistas orga­
nizaron y dirigieron prácticamente todas las huelgas que hubo en el pais
entre 1936 y 1943 y, a pesar de que fueron más las derrotas que los triun­
87. El significado de la victoria de la rOlc está enfatizado en la prensa comunista contemporánea
yen infonnes posteriores de miembros del partido: La Hora, enero 10 de 1943; Iscaro, Histo·
ria, parte 4, p. 69; Peter, CróDlc:a8 prole*-rias..., pp. 198-99. La evidencia del creciente presti­
gio de la rOlc se aprecia en los acontecimientos de 1943, tratados más adelante.
ARGENTINA
fos, sus avances orgal1Í2i
los de sus rivales, fueron
David Tamarin ham
organizaciones sindicale
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18% entre 1936 y 1941,
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En la medida en que
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197 ,imlRIA ARGENTINA
de
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y
los de sus rivales, fueron impresionantes.
Pince­
David Tamarinhareunido información que ilustra los logros de las
Ia•.eer­
organizaciones sindicales comunistas durante el periodo. Mientras que
,coronó
el número de miembros de las organizaciones obreras creció en cerca de
!dga de
18% entre 1936 y 1941, el número de afiliados a sindicatos entre Jos
ldieato,
obreros industriales casi se duplicó; Las agremiaciones comunistas die­

ron cuenta de la mayor parte de dicho avance. El crecimiento de los cua­
guostró
tro más importantes sindicatos de industria dirigidos por los comunistas
[cito de
contribuyó con cerca del 95% de la expansión total de la afiliación sindi­
cal entre 1936 y 1941. Aunque estos logros organizativosapenas exce.­
bDistas
ruan la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo industrial del país,
indican las tendencias que se tornaron explosivas a medida que progre­
"en el

saba la guerra mundial. No obstante la severidad de la represión del

gobierno, la dislocación económica y el creciente desempleo precipitado
!favore­
por el estallido de la guerra, todo lo ,cual dificultaba las actividades sindi­
taso En
cales y huelguísticas, entre 1939 y 1942 se duplicó el número de huelgas
rUnpor­
y huelguistas registrados en las estadisticas oficiales (88). La guerra
Respa!­
también neutralizarla la oposición y 18 represión de la clase dominante

contra la izquierda comunista, ya que el esfuerzo bélico de los Aliados
¡mucho
así lo exigía.
!BOque,
En la medida en que la organización comunista avanzaba entre los

trabajadores de la construcción, los textiles, la metalurgia y los alimen­
tos, los socialistas extendían su influencia en gremios de obreros califi­
lsde la
cados y empleados. Dichos avances alentaron a socialistas y comunistas

a conformar, en marzo de 1943, una coalición para combatir a la direc­
tmas de
ción moderada de la CGT. El intento por hacerse al control de la central
r '.
onstrUlr
obrera resultó infructuoso y precipitó un gran cisma que dividió la CGT

en dos organizaciones separadas. Sin embargo, rompió el predominio de
¡alrede­
los lideres moderados y pasivos de la Unión Ferroviaria en la principal
:atas en
central obrera de Argentina. Fue así.como se eliminó el mayor impedi­
tlustria­
mento institucional que se oponia a la expansión de la .influencia marxis­
sector
ta en el movimiento obrero. Ello significó que en visperas del golpe mili­
Aunque tar de junio de 194,3, coaliciones de socialistas y comunistas que respal­
98, con­ daban a los Aliados controlaban las organizaciones sindicales más diRá ..
¡.obrera micas del país (89).
!lS orga- Las explicaciones sobre el golpe militar de junio de 1943 por lo gene­
1el país ral se centran en la profundidad de la crisis ideológica y politica del régi­
)S triun­
88. Tatnarin, "The Argentine Labor Movement", p. 243. La movilización de los obreros argenti­
nos en los años inmediataménte anteriores al golpe de junio de 1943 está subrayada en Mur­
empodnea
mis y Portantiero, "El movimiento obrero en los orígenes del peronismo". en Estudios sobre
_, Histo·
los origeDeIl del peronismo, pp. 59-126.

89. Tamarin, "The Argentina Labor Movem.mt". suminisira unreeuento detallado de los. oríge­
nes y desenlace de la división de la CGT.
198 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
men conservador en un mundo en guerra. Una década de abiertadomi­
nación de clase, denunciada implacablemente por los nacionalistas eco­
nómicos, había socavado sin remedio la legitimidad del gobierno. El ali­
neamiento de las grandes potencias en la guerra· mundial colocó a la cla­
se dominante argentina ante un angustioso dilema que dividió a los sec­
tores conservadores que manejaban el Estado. Si bien los tradiCionales
lazos económicos y culturales de los latifundistas hacían que éstos se in­
clinaran hacia la causa de los Aliados liberales y capitalistas, su posición
social y política reaccionaria los hacía simpatizar con el proyecto fascista
de los poderes del Eje. Entre tanto, el curso inicial de la contienda, que
parecía apuntar hacia una victoria del Eje, alentó a ciertos elementos del
ejército argentino, quienes compartian la ideología militarista, naciona­
lista, corporativista y desarrollista de las potencias fascistas, a tomarse
el poder político (90). Los conspiradores contaron con el apoyo de diver­
sos sectores civiles no pertenecientes a la clase obrera, unidos por el
repudio a las políticas económicas liberales cosmopolitas y a las fraudu­
lentas prácticas electorales de la restauración conservadora.
No obstante, estas explicaciones dejan de lado un elemento de la po­
lítica argentina, crucial para entender el golpe y el patrón de los eventos
subsiguientes. A juzgar por las políticas iniciales de la junta militar, el
temor a un insurgente movimiento obrero de orientación marxista cons­
tituyó una poderosa fuerza motivadora en la mente de los conspiradores.
Pocos días después de haber tomado el poder, clausuraron las sedes de
los sindicatos comunistas· y arrestaron y encarcelaron a los principales
sindicalistas comunistas. Pero la represión del sindicalismo de izquierda
no pudo contener la movilización obrera y la capacidad de las agremia­
ciones marxistas para lanzar costosas y masivas huelgas. El alcance de
las políticas laboralescorporativistas fonnuladas en los meses siguientes
por la facción peronista'dentro de la junta militar debe ser comprendido
a la luz de este hecho. A su turno, el éxito de dichas' políticas consolidó a
Perón en el poder y dio al pals las instituciones y el alineamiento político
que hicieron tan excepcional su historia en la posguerra. Fuera del mar­
co de un movimiento obrero insurgente bajo una tenue direcciónmarxis­
ta, la lógica de esta secuencia de sucesos, y la renuente aceptación de su
desenlace por parte de la clase dominante argentina, resulta difícil de
entender.
El mismo Perbn nunca ocultó su temor a un movimiento obrero con
conciencia de clase; y fue muy honesto con los trabajadores en torno a la
naturaleza corporativista de su filosofía y al significado de su programa.
Resumió sucintamente sus puntos de vista en el primer número delórga­
no de la Secretaría de Trabajo y Previsión, la agencia establecida por
90. Un sesudo estudio de la politica de 10$ militares durante este Periodo es Robert A. Potash, El
ejército y la política en la Argentina: de Yrigoyen a Pel'ÓJI, Buenos Aires, 1971.
ARGENTINA,
Perón en octubre de 194
ral (91). "Anhelo para 1
corazón, que la lucha de
ellas". Tal objetivo PodJ
zante de "el capitalisll
vastos recursos de Arge
tativamente entre el pu
embargo, un ataque COl
monio legítimamente a(
Por el contrario, la proI
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argentina sea presa del
ya un llamado a su COI1
fomentar sus disolvenú
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los traidores a la patria
vaga advertencia acerca
rativistas no se aplicaba
crecer el odio en el cora:
que consienta gobiernos
distributiva! ¡Pobre del j
ducir hacia la buena a n n ~
Lo que Perón afirmab
en víspera$ del golpe mi:
detalles en un discurso p
mara de Comercio de BUI
do Perón, "no cuenta con
res para que piensen en
argentinas, y cuál podría
porcentaje se encontraba
militar, afirmó Perón, sel
ra el poder que las fuer.!
obrero estaban planeand(
dió la huelga y ahora estal
tra el capitalismo y el 0004
consigo de manera inevitl
minar el "grave peligro"
con el pueblo en las can
91. La agencia fue establecida ~
que habla ayudado a impleJDeI
enfoque sobre el movimiento
Buenos Aires, 1943.
92. Revista de Trabajo y Prevjsicl
ARGENTINA. 199
Per6n en octubre de 1943 con el fin de llevar a la práctica su política labo­
ral (91) .• , Anhelo para mi patria, con los más vehementes de.seos d ~ mi
corazón, que la lucha de clases sea .sustituida por la armonia entre todas
ellas" . Tal objetivo podía conseguirse evitando la influencia deshumani­
zante de "el capitalismo tentacular internacional", desarrollando los
vastos recursos de Argentina y distribuyendo la nueva riqueza más equi­
tativamente entre el pueblo. Ninguna de estas políticas implicaba, sin
embargo, un ataque contra "el esfuerzo acumulado en forma de patri­
monio legitimamente adquirido, esencia viva de la propiedad privada".
Por el contrario, la propiedad privada necesitaba "el más decidido am­
paro del Estado". "No permitiremos, advertía a los obreros, que el alma
argentina sea presa delcomunismo". "A los extraviados ( ... ) he hecho
ya un llamado a su coraron. A los recalcitrantes, a cuantos aspiran a
fomentar sus disolventes teorías y pretenden seguir envenenando el
alma de los argentinos, se les hará sentir el rigor con que la ley castiga a
los traidores a la patria". Per6n concluía este planteamiento con una
vaga advertencia acerca de lo que podría suceder si sus políticas corpo­
rativistas no se aplicaban exitosamente: "¡Pobre del pals que permita
crecer el odio en el coraz6n de las masas trabajadoras! i Pobre del país
que consienta gobiernos que no cuiden de la administraci6n de la justicia
distributiva! j Pobre del gobierno que abandone el tim6n que ha de con­
ducir hacia la buena armonía entre el capital y .eltrabajol" (92).
Lo que Per6n afirmaba que estaba sucediendo de hecho en Argentina
en VÍsperas del golpe militar de junio de 1943, lo especific6 con lujo de
detalles en un discurso. pronunciado el 25 de agosto de 1944 ante laCá­
mara de Comercio de Buenos Aires. qEl pueblo por Si'f, comenz6 dicien­
do Per6n, "no cuenta con dirigentes. Y yo llamo ala reflexi6n a los seño­
res para que piensen en manos de quiénes estaban las masas obreras
argentinas, y cuál podría ser el porvenir de esa masa, que en un crecido
porcentaje se encontraba en manos de comunistas". La policia secreta
militar, afirmó Per6n, se enter6 tres meses antes de que el.ejército toma­
ra el poder que las fuerzas revolucionarlas en el seno del movimiento
obrero estaban planeando una huelga .general. El gobierno militar impi­
di6Ia huelga y ahora estaba en condiciones de enfrentar la amenaza con­
tra el capitalismo y el orden social que el fin de la guerra mundial traería
consigo de manera inevitable. Solo había un método adecuado para eli­
minar el ' 'grave peligro" , continu6 Per6n, puesto que tener que pelear
con el pueblo en las calles "repugna", "cosa que.solamente se hace
91. La agencia fue establecida bliQo la orientación de José Figuerola, un ideólogo oorporativista
que habla ayudado a implementar la pol1tiea laboral de Primo de Rivera. Figuerola resumió su
enfoque sobre el movimiento obrero en su libro lA eolaberadón lIOdaI ea lbipaaoamériea,
Buenoe Aires, 1948. .
92. Revista de Trabajo y Previsión, 1: 1, 1944, pp. m-xi.
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200 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
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cuando no hay más remedio y cuando la gente quiere realmente la
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rra civil' Ese método consistia en que el Estado organizara a las masas
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y aplica} .... un programa real de justicia social, sin dar demasiado, ya que
ello causarla un cataclismo económico, ni muy poco, lo cual conducirla a
un cataclismo social. La autoridad del Estado podrla, entonces, controlar
a las masas "para que cuando estén en su lugar nadie pueda salirse de
él, porque el organismo estatal tiene el instrumento que, si es necesario,
por la fuerza ponga las cosas en su quicio y no permita que salgan de su
cauce". "Se ha dicho, señores", prosiguió Perón, "que yo soy un
migo de capitales, y si 'ustedes observan lo que les acabo de decir no
encontrarán ningún defensor, diriamos, más decidido qué yo". Una
: -,
semana más tarde Perón leyó el mismo discurso en una reunión de dele·
gados sindicales. Añadió que si los capitalistas se oponían a él; tal como
lo estaban haciendo,no retrocederla ni una pulgada en su programa so­
cial (93).
Entre los sindicatos marxistas que más preocupaban a los peronistas
en la junta militar se hallaban los de los trabajadores de la carne. Asi
como otros sindicatos comunistas y Socialistas afiliados a la CGT marxis·
ta, la FOIC fue ilegalizada de inmediato por el nuevo gobierno castrense.
En menos de una s.emana sus sedes sindicales de Avellaneda y Berisso
fueron allanadas y clausu.radas y arrestados sus más prominentes lide.
res, encabezados por Peter. Peter fue desterrado a Neuquén, una remo­
ta aldea del interior, donde permaneció hasta cuando se inició la gran
huelga general de los frigorificos, en septiembre de 1943.
La huelga fue cuidadosamente preparada por los militantes de la
FOIC. En julio organizaron una serie de manifestaciones de masas en
Avellaneda, Berisso y Rosario con el propósito de plantear las quejas de
los obreros y formular las exigencias de la huelga. Estas inc1uian liber·
tad para los dirigentes sindicales,respeto a las actividades de los sindi·
catos, aumento general de salarios, pago igual por trabajo igual y treinta
horas garantizadas de trabajo semanal para todos los trabajadores. Las
compañías se negaron a negociar y finalmente, a mediados de
bre, la FOIC se consideró suficientemente fuerte como para conv«ar a
98 . .Juan Domingo Perón, El pueblo quiere sal;er de qUé le trata, Buenos Aires, 1944, pp. 157-69.
No es verdad, como múeboe han 808tenido. que PelÓn era simplemente un oportl:ilWlta que
decia cosas distintas a grupos diferentes. Como cualquier buen pollt.ioo. enfatizaba diferentes
partes de su programa para atraer a distintos grupos sociales: justicia social a los obreros;
fuerza militar al ejército; desarrollo manufacturero a los industriales; la amenaza del movi­
miento obrero manista a los capitalistas; antimperialismo a los nacionalistas econ6micos.
Pero el corporativismo y el antimarxismo integrales que daban el fundamellto·flloe6fieo· a su
pensamiento y a su programa se expresaban en pr6cticamente todos ilU8 diaeursoe importan­
tes. ApaIte cuán diferente fuera su base social de la de loe regúnenea fuclstas europeos clési­
cos, el peronismo encuadra dentro de la tendencia filoaófica hacia el fueiamo. tal comolo defi­
ne la obra capital de Emellt Nolte, Three F.... 01 PueIsm, Nueva York, 1986.
ARGENTINA
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ARGENTINA 201
la huelga. Por primera vez desde 1917-18, los obreros de la carne logra­
ron cerrar de manera efectiva las grandes plantas de Avellaneda y Beris­
so. El gobierno militar declaI:ó ilegal la huelga y recurrió a la policía para
defender la "libertad de trabajo". Más cuadros de la FOIC fueron arres­
tados y decenas de piquetes llevados a la cárceL Pero la huelga siguió
adelante y la producción en las plantas se paralizó. Por último, a fines de
septiembre, Perón pudo convencer a sus colegas del gobierno de que lo
autorizaran a traer a Peter a Buenos Aires para negociar.
En el arreglo alcanzado entre losperonistas del régimen y la direc­
ción de la FOIC, el3 de octubre., cada parte trató de utilizar a la otra para
conseguir lo que en realidad eran objetivos organizativos e ideológicos
antagónicos. A cambio de las promesas del régimen de respetar los de­
rechos del sindicato y de respaldarlo en próximas negociaciones con las
compañías, la FOIC aceptó levantar la huelga. Más tarde Peter publicó
dos libros en los que recapituló esta crucial coyuntura de la historia labo­
ral argentina; empero, en ningún momentose refirió a los motivos que
llevaron a la FOIC a tomar aquella determinación. Quizá la FOIC, escar­
mentada por los fracasos anteriores, abrigaba serias dudas acerca de su
capacidad para sostener una huelga prolongada y obtener concesiones
directamente de las empresas. Más probablemente, la FOIC estaba
constreñida por la posición del Partido Comunista y renuente a trastor­
nar la economia argentina e interrumpir los envíos de carne a los Alia­
dos. Sea como fuere, el acuerdo demostró ser un desastre táctico para la
FOlC. Los acontecimientos que siguieron revelaron que a fines de 1943,
las debilidades estructurales que en el pasado habían impedido la orga­
nización de los obreros de la carne ya no eran suficientes para evitar que
las bases fueran a la huelga en procura de sus históricas demandas co­
lectivas. Si la FOIC no dirigía la lucha, militantes.independientes lo ha­
rían con o sin el apoyo de los peronistas (94).
94. Ws libros de Peter son los citados anteriormente, Crónicas proletarias e Historia J lucba8 de
108 obreros de la carne. El relato de Peter en Crónicas reproduce el acuerdo aceptado por la
"Asamblea General Extraordinaria" de 108 obreros de la carne en Avellaneda. Alli, en vista
de las seguridades dadas por el gobierno, la asamblea resolvió (p. 207): "1) Volver al trabajo
el4 de octubre para facilitar la intervención del gobierno en la solución del conflicto. 2' Pasar a
cuarto intermedio para considerar la respuesta de las empresas al gobierno y a la FOIC.
31 Mantener constituidos los Comités de Huelga de los distintos frigoriflcos hasta que se solu­
cione el conflicto. 4) Nombrar una amplia Comisión de los obreros de los distintos frigoriflcos,
presidida por el compañero José Peter, para que intervenga en la consideración de los petito­
rios de mejoras" . Que la dirección de la FOIC contaba con que las empresas harían concesio­
nes en aras de la solidaridad con los Aliados fue confirmado a comienzos de 1945 por repre­
sentantes diplomáticos norteamericanos que m8ntenlan estrechos contactos con lideres sindi­
cales en la clandestinidad. Para entonces, dirigentes properonistas manteruan un firme control
de los poderosos sindicatos de las plantas empacadoras, y la misión estadounidense trataba
desesperadamente por todos los medios de detener a Perón en su intento por consolidar su do­
minio pol1tico sobre la naciÓn. Eduard Raed escribió, ello. de febrero de 1945, al Secretario de
Estado norteamericano: "Parecla suficientemente claro, desde un principio, que los lideres de
'
LOS TRABAJADORES EN LAHISTORIA 202
Resulta más claro el razonamiento adoptado por los peronistas. Co­
mo nacionalistas corporativistas, querían demostrar a los elementos tra­
dicionales del ejército en el gobierno, así como a sus críticos liberales,
tanto la magnitud de la amenaza del movimiento obrero marxista como
su propia capacidad para controlar y canalizar dicha amenaza. Haciendo
una evaluación retrospectiva, el negociador de Perón con los obreros de
la carne, coronel Domingo A. Mercante, declaró que el acuerdo con la
FOJC había sido "nuestro primer triunfo". Mercante asistió ala mani­
festación masiva convocada por la FOJC en el Muelle Sur, el3 de octubre
de 1943, para conseguir el respaldo de las bases al acuerdo de levanta­
miento del paro. Su descripción del evento enfatiza el tamaño y el entu­
siasmo de la multitud, as! como el gran prestigio de que disfrutaba Pe­
ter.
"Cuando llegamos nos sorprendió la multitud. Alrededor de seis mil ooreros vivaban
a Peter. lo abrazaban, lo apretaban, lo llevaban en andas. Peter tuvo que dar varias
vueltas por la cancha para satisfacer las efusiones; después habló, y la huelga se le­
vantó alli mismo.
Aunque Peter no mencionó la circunstancia de que su libertad se debla a Perón, éste
fue un detalle que no escapó al conocimiento de los trabajadores. Yo caminé entre
ellos, vestido con mi uniforme y nadie me molestó, pese a que me miraban con
odio" (95).
Cipriano Reyes, el hombre destinado a desempeñar un importante
papel en la organizaci6n de los obreros de la carne y en las relaciones con
Perón, relató luego de manera muy distinta el desenlace de la huelga.
Según él, los delegados de las plantas de Berisso se opusieron al levan­
tamiento de la huelga a cambio de la liberación de Peter y las vagas pro-
la role estaban decididos a aprovecharse de las condiciones planteadas por la guerra para lle­
var a las empresas a negociar en tomo a la cooperación, lo cual seria equivalente al reconoci­
miento y un paso hacia el control sindical sobre la contratación del trabajo. También parecia
claro que, con la aparición de Perón con su esquema de dictadura, agregando al control del
movimiento obrero el control de las fuerzas armadas, los lideres de la rolC tenian grandes
esperanzas de hallar a los empresarios menos tercamente opuestos a ellos. Pensaban que la
oposición a Perón seria algo que tendrian en común con los administradores de l ... ) las ofici­
nas matrices de los paises democráticos. Pensaban que la lucha contra los enemigos de las
democracias podria tomarse tan en serio como para hacer posible un frente común entre enos
y los adxninistradores de los frigorlficos, en oposición a los enemigos locales de las democra­
cias. Pronto se dieron cuenta de que para estos empresarios el esquema de Perón, aunque
maligno, en realidad era el menor de los dos males". U.s. National Archives, Department of
State, 835.5045/2-145Ide ahora en adelante, USNAlDS).
95. El tan citado informe de Mercante fue publicado en una entrevista en PrImera Plana, No. 146,
agosto de 1965, pp. 24-30. Posteriormente, Mercante elevó su estimativo del tamaño de la
multitud ("20 mil o 30 mil personas") y amplió su evaluación del significado de la huelga ("el
comienzo de una huelga general contra el gobierno"). Félix Luna, El 45: CróBica de UD BAo
decisivo, Buenos Aires, 1969, pp. 118-19.
ARGENTINA
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96. Cipriano Reyes, Yo hice ell;
proletarias, p. 207.
ARGENTINA
mesas del gobierno. Reyes sostuvo que él mismo arrebatb el micrófono a
los líderes comunistas y exhortb a los obreros a continuar la huelga. El
relato de Peter, por otra parte, concuerda con el de Mercante. Afirma
que la misma tarde millares de trabajadores se reunieron frente a la sede
de la FOIC en Berisso y apoyaron la decisión de levantar la huelga (96).
La verdad exacta de tales testimonios importa menos que las conse­
cuencias del levantamiento de la huelga por parte de la FOIC. Cuando el
sindicato demostró ser incapaz de obtener concesiones en posteriores
negociaciones con el gobierno y las empresas, y cuando los dirigentes de
la FOIC rechazaron las ofertas oficiales de dinero y lujosos edificios para
sus sedes a cambio de cooperar con los planes gubernamentales, el régi­
men militar desató la más severa represión contra el sindicato comunis­
ta. El 22 de octubre, sus sedes sindicales fueron de nuevo allanadas y
sus líderes encarcelados. Peter fue mantenido virtualmente incomunica­
do durante seis meses y finalmente deportado al Uruguay luego de ha­
ber pasado más de año y medio en cárceles argentinas. En noviembre de
1943, los fondos de la FOIC fueron oficialmente trasferidos a dos miem­
bros disidentes que antes habían sido expulsados del sindicato. Entre
tanto, la lucha de los obreros de la carne por sus demandas colectivas y
por la organización en los frigoríficos siguió adelante. Pero fue bajo la
dirección de Reyes y no de la FOIC como los trabajadores de la carne lan­
zaron las huelgas masivas que forzaron a las empresas a hacer concesio­
nes mayores y, por último, consiguieron el apoyo cauteloso y condicional
de la dirigencia peronista.
Al igual que Peter, Reyes había nacido en un hogar pobre de provin­
cia y, lo mismo que Peter, de joven había trabajado en la pampa como
jornalera agrícola itinerante antes de hallar empleo en los frigoríficos
británicos río arriba de Buenos Aires. Pero a diferencia de Peter, quien
se afilió al Partido Comunista a finales de los años veintes y se dedicó a
lo largo de la Depresión a la lucha por organizar los frigoríficos de A ve­
llaneda, Reyes pasó la mayor parte de los años treintas tratando infruc­
tuosamente de dejar atrás la vida proletaria y establecerse como perio­
dista. Aprendió de su madre las primeras letras en los ratos libres que le
dejaban las presentaciones de un pequeño circo que manejaba su padre
en las aldeas de la pampa. Cuando el circo fracasó, durante la Primera
Guerra Mundial, siendo Reyes aún niño, se vio obligado a ganarse la
vida con sus propias manos. Pasó de aprendiz de carpintero a jornalero
agrícola migrante, de las cuadrillas de trabajadores de carreteras a obre­
ro no calificado en un frigorífico. Mientras tanto, siguió leyendo y, a fi­
nales de los años veintes, ya publicaba pequeños cuentos y poemas en
96. Cipnano Reyes, Yo hice el 17 de octubre, Buenos Aires, 1973, pp. 107-127; Pater, Crónicas
proletarias, p. 207.
204
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
periódicos locales. Con el tiempo descubrió salida a sus talentos comer­
ciales y publicitarios, los cuales debió aprender al lado de su padre en los
días del circo. Por ejemplo, después de haber tomado un empleo en una
panaderia de Castelli, un pequeño pueblo,a fines de los veintes, logró
crearse una posición distribuyendo productos cocidos al horno en los al­
En 1930 se trasladó al puerto de Necochea, en donde escribió
para el periódico local, apoyó una exitosa huelga de los
marltimos y fundó un club de fútbol que pronto lo eligió como presiden­
te. Algo más tarde, alcanzó un éxito notable como escritor de un periódi­
co provincial independiente que dedicaba la mayorla de sus páginas a
cubrir eventos deportivos. Por último, fundó lo que él denominó • 'Publi­
cidad Moderna" . Equipó una furgoneta con micrófonos y empezó a tra­
en las pequeñas poblaciones de la pampa presentando un espec­
táculo que combinaba la música con la publicidad para los comerciantes
locales. En 1940 partió para Buenos Aires con la esperanza de conseguir
el patrocinio de un banquero porteño que había conocido durante sus
viajes. Esperaba emplearse en una revista importante o en una estación
de radio. Comoquiera que estos planes fracasaron, trabajó por un tiempo
en calidad de ayudante de cámara de unjuez. Esa experiencia, dirla más
tarde, le creó amargura en contra de la burguesía porteña. Tiempo des­
pués renunció al trabajo y se unió a unos parientes que habían migrado
al suburbio industrial de Berisso. Allí, a comienzos de los años cuaren­
tas, tomó un empleo en el frigorlfico Armour, donde pronto principió a
aplicar sus talentos especiales al problema -y el potencial- de la orga­
nización de los obreros de la carne (97).
Reyes ingresó a la planta de Armour en momentos en que las condi­
ciones para la organización laboral se tornaban ideales y logró emplear
sus habilidades organizativas y de comunicación para colocarse a la ca­
beza de la gran movilización de los obreros de la carne entre 1943 y 1946.
Consiguió un en la planta eléctrica del frigorlfico, donde descu­
brió lo que más tarde llamó el Huevo de Colón de las acciones laborales
en las plantas empacadoras. Con la progresiva mecanización de los fri­
gorlficos después de la Primera Guerra Mundial, la planta eléctrica su­
peró a las playas de matanza como talón de Aquiles de todo el proceso
productivo. Reyes se dedicó a construir el núcleo de la organización de
los obreros de la carne en tomo a estos estratégicos trabajadores. Tam­
bién fue uno de los primeros líderes sindicales de Argentina que com­
prendió el poder de las huelgas de brazos caídos y la disminución del rit­
mo de trabajo para conquuistar las reivindicaciones obreras. El proleta­
riado industrial de todo el mundo empezó a usar estas técnicas revolucio­
97. La información sobre Is vida y actividades organizativas de Reyes en éste y los párrafos si­
guientes está tomada de su libro citado en la nota 96. Debe interpretarse con especial cuidado:
el talento de Reyes para autoPromoverse es evidente por todas partes.
ARGENTINA
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205 ;IA ARGENTINA
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también entendió pronto que la ideología comunista era un importante
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obstáculo para ganar el apoyo público para las demandas obreras. Por
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ello siempre recurrió a la retórica del nacionalismo y la justicia social
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para presionar las peticiones de las huelgas. Consiguió el respaldo de la
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Iglesia Católica y de sus hasta entonces fracasadas organizaciones sindi­
cales con el fin de dar legitimidad y apoyo material a sus esfuerzos orga­
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nizativos. Por último, Reyes captó el papel de la comunicación interna en
la
las huelgas. Durante las grandes huelgas de Berlssoen 1944 y 1946, se
Iti- escondió con su máquina de escribir y su mimeógrafo en las· pequeñas
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islas frente a Berisso. Así evitó ser arrestado, mantuvo la dirección de
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las huelgas y distribuyó un flujo constante de noticias acerca del movi­
;es miento que ayudaron a levantar la moral del sindicato y a contrarrestar
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los perjudiciales informes de los diarios de circulación masiva.
,us Después de la represión de que fue víctima la FOIC en octubre de
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1943, Reyes desempeñó un papel central en la violenta lucha que siguió
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por el control de las bases insurgentes del proletariado de la carne. Los
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militantes independientes, dirigidos por Reyes en aliaMa con los peronis­
do
tas, triunfaron en la primera fase de la lucha. Su victoria no fue fácil y
costó mucho a todos loscontendores. Todavía bien entrado 1944, la in­
fluencia de los comunistas seguia siendo fuerte en las plantas, especial.
mente en Avellaneda. Los cuadros comunistas, obligados a tratar de
sobrepasar a los militantes independientes, apoyaban sistemáticamente
las acciones laborales y procuraban introducir sus principios políticos y
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organizativos en las reivindicaciones que los independientes concebían
inicialmente en términos puramente económicos. Al mismo tiempo, los
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bases movilizadas, demostraron una combatividad, una voluntad de ir a
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ellos en realidad no eran comunistas. Sin embargo, los peronistas final­
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los militantes independientes. La alianza entre los peronistas y los sindi­
catos independientes de los frigoríficos fue, entonces, un matrimonio de
lt.­
conveniencia. A lo largo del período entre 1943 y 1946 las dos partes

maniobraron constantemente por conseguir ventajas y lograr el predo­
D-
minio. Los peronistas del régimen alternativamente estimulaban y repri­
mían, mimaban y constreñían a los sindicatos independientes. Estos res­
pondían aplicando sus propias presiones.
La amplia legislación laboral y social que los peronistas pusieron en
206 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
práctica para dar cuerpo a su plan corporativista en el movimiento obre­
ro estimuló a los independientes. También las politicas especificas dise­
ñadas especialmente para enfrentarlos a los problemas particulares de
los trabajadores de la carne. Los peronistas implantaron una maquinaria
para reconocer y controlar las organizaciones laborales y otorgar impor­
tantes beneficios a los sindicatos legales y a sus miembros. Los trabaja­
dores gozaban de libertad de organización mientras el objetivo de sus
sindicatos no fuese "contrario a la moral, las leyes y las instituciones
fundamentales de la nación" (98). De hecho, los sindicatos legales tam­
bién tenían que recibir la bendición de los peronistas que controlaban la
Secretaria de Trabajo y Previsión. Los sindicatos legales calificaban para
descuento de cuotas sindicales, subsidios para construcción de sedes y
mediación del gobierno en los conflictos industriales. A través de sus
sindicatos legales, los trabajadores podian tener acceso a programas de
seguridad social y conseguir la aplicación de leyes relativas a cuestiones
como protección en caso de accidentes, pensiones e indemnización. Ade­
más de esta legislación laboral y social, los sindicatos de obreros de la
carne oficialmente reconocidos conseguían del gobierno que sus huelgas
fueran declaradas legales, y de la policía la neutralidad e incluso el res­
paldo, lo mismo que una mediación favorable de los funcionarios en las
negociaciones con las compamas empacadoras. Eventualmente, obte­
nían cuantiosas subvenciones gubernamentales para reponer los salarios
que perdían en las huelgas y compensar a los obreros despedidos. De
otro lado, la represión y la coacción de los peronistas contra sus aliados
en los sindicatos independientes eran frecuentes y a veces agudas. Iban
desde el encarcelamiento de los lideres que se negaban a cooperar, las
incursiones policiales contra sus sedes sindicales y sus piquetes, hasta
las exhortaciones públicas y privadas pidiendo moderación en las de­
mandas y las tácticas de los trabajadores.
Pero las presiones en el seno de la alianza de peronistas y sindicalis­
tas independientes corrían en ambas direcciones. No fue sino mucho
después de que los peronistas lograran el control total del Estado, des­
pués de las elecciones presidenciales de febrero de 1946, cuando éstos
pudieron implantar, por medio de la coerción y de importantes concesio­
nes adicionales, el dominio indiscutido sobre los sindicatos de los obre­
ros de la carne. Luego de que la intervención oficial les ayudó a solucio­
nar en su favor una gran huelga en junio de 1944, los sindicatos indepen­
dientes suscribieron un acuerdo con el gobierno, redactado en un len­
guaje corporativista, en virtud del cual se abstenían de ir a la huelga por
un año. A cambio obtuvieron aumentos salariales y las 60 horas quince­
98. La cita es del decreto que regulaba las asociaciones "profesionales" , finnado a comienzos de
octubre de 1946, y que gui6la politica laboral de la junta militar a lo largo de su administra­
ción.
ARGENTINA
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ARGENTINA 207
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dise­
ocho meses antes. No obstante, seis meses después los sindicatos inde­
de
pendientes desencadenaron una oleada de huelgas que les valieron nue­
narla
vas concesiones de los empresarios y el gobierno. Las huelgas comenza­
¡¡por­
ron con un paro en toda la industria, en enero de 1945, organizado para
baja­
obligar a las compañías a cumplir acuerdos previos y conquistar mejoras
• sus
adicionales en las condiciones de trabajo. Las compañías aceptaron la
iones
mediación del gobierno, que desembocó en nuevas concesiones a los tra­
taro­
bajadores. Pero aquéllas pronto contraatacaron con un plan coordinado

para reducir los crecientes costos laborales, deshacerse de los militantes
sindicales y responder a los inciertos mercados de la posguerra. Actuan­
des y
do de manera concertada, en marzo de 1945 las empresas decidieron
sus

despedir a 17 mil obreros de la carne, cerca de una tercera parte de su
-.s de
fuerza laboral. Era ésta una perspectiva que ni los peronistas ni los sin­

dicatos podían tolerar. Estos últimos respondieron con una huelga, con
rAde­
la sanción legal del gobierno, en abril de 1945, que paralizó la industria
.de la
de empaque de carne durante tres semanas y generó importantes conce­
¡elgas siones para los trabajadores. Los sindicatos no pudieron impedir la ma­
,1 res­
yoría de los despidos, pero en esta huelga y en posteriores acciones ile­
en las
gales que convulsionaron la industria entre mayo y septiembre, los obre­
:obte­
ros lograron la garantía de 86 hQras de trabajo por quincena, grandes
darlos
incrementos salariales, paga de ocho horas por seis de trabajo en las
De
cámaras frías, mejoras en las condiciones sanitarias y suministro de ves­
liados
timenta protectora. Al mismo tiempo, el Estado se comprometió a pagar
Iban
a los obreros de la carne los días perdidos en actividades huelguísticas
ll",las
legales y a entregar tres meses de compensación salarial para los 12.600
basta
operarios despedidos entre enero y abril de 1945.
;S de-
Durante estas huelgas la dirección peronista trató en repetidas oca­
siones de persuadir a los obreros para que regresaran a sus puestos con

la promesa de que arreglaría sus problemas. Cada vez que el régimen
pucho
incumplía, aquéllos atacaban de nuevo. Miles de obreros marcharon a la
des­
oficina nacional del trabajo para presionar a los funcionarios y desafiaron
I éstos
las exhortaciones radiodifundidas de Perón para que retornaran al traba­
!.Cesio­
jo.Aunque el gobierno declaró ilegal la huelga en mayo de 1945. ésta se
I obre­ mantuvo hasta el2 de julio, cuando fue levantada ante renovadas prome­
t)lucio­ sas gubernamentales en torno a la solución de las demandas. Luego se
lepen­ reorganizaron e impulsaron eficaces paros seccionales y disminuciones
ID len­
del ritmo de trabajo que forzaron a las empresas a aceptar negociacio­
ga por
nes, presididas por Mercante en septiembre de 1945. Finalmente, el 22
lUÍDce-
de septiembre, tales negociaciQnes abrieron el camino a la primera con­
vención colectiva en la industria de la carne, suscrita por delegados sin­
r
dicales y funcionarios de las compañías. Con este acuerdo, que estable­
jenzos de
ció procedimientos formales de quejas entre representantes del sindica­
hmústra­
to y de la empresa (comités paritarios) t los sindicatos de los obreros de la
.
"
,
.'
"
, .
"
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
208
carne obtuvieron reconocimiento legal de las compañías y formalizaron
las conquistas que habían alcanzado durante los dieciocho meses previos
de lucha (99).
De este modo, entre 1944 y 1945, la alianza entre los sindicatos no
marxistas y los funcionarios peronistas del gobierno liquidó la influencia
comunista entre los trabajadores de la carne. Las bases obreras compa­
raban los términos de la lucha y medían el alcance de los beneficios bajo
'el régimen militar dominado por los peronistas y bajo los gobiernos con­
servadores que le precedieron. En la industria de la carne, así como en la
mayoría del sector manufacturero argentino, las organizaciones dirigi­
das por los comunistas fueron demasiado débiles, sus vidas demasiado
cortas y los beneficios materiales demasiado modestos como para consti­
tuirse en un competidor serio en la lucha por ganar la lealtad de las ba­
ses frente a sindicatos capaces de aprovechar el acceso de los peronistas
al Estado y la cantidad de beneficios que éste brindaba. Pero allí donde
los sindicatos comunistas se habían implantado con anterioridad, como
en la construcción y, en menor medida, en los textiles, los sindicatos
peronistas tuvieron poco éxito antes de 1946.
Una vez que los líderes y las bases de los sindicatos independientes
sellaron la alianza con el Estado peI'onista, la dinámica del acuerdo con­
tribuyó a minar su poder independiente. Perón podía culpar a las empre­
sas cuando no lograba dar término a las huelgas y atribuirse el mérito
cuando conseguía hacerlo. Poco a poco los sindicatos independientes
fueron avasallados por un aparato estatal expansivo y por las leyes que
canalizaban los beneficios solamente hacia aquellos sindicatos que con­
taban con la aprobación gubernamentaL Eliminada la alternativa mar­
xista, los sindicatos independientes aliados con los peronistas solo po­
dían presionar sus aspiraciones colectivas volviéndose más peronistas
que los peronistas mismos: más nacionalistas, más distribucionistas,
más radicalmente reformistas. Llevaron a cabo esta fatídica estrategia
con determinaCÍóny éxito considerable a lo largo de 1945 y 1946.
Si a la larga la alianza entre los sindicatos independientes de obreros
de la carne y la dirección peronista resultó ser costosa para los primeros,
para los peronistas fue casi fatal a corto plazo, Su política laboral corpo­
rativista y el alcance de las concesiones a los trabajadores, indispensa­
bles para asegurar el éxito de aquélla, contribuyeron a consolidar una
99. La censura gubernamental hace dificil seguir las huelgas de 1944 y 1945 en la prensa. Me he
basado primordialmente en el informe de Reyes y en los archivos laborales del Departamento
de Estado, Record Group 835.504. Los términos de la compénsación del gobierno a los obreros
de la came están detallados en el decreto 9.024 del 24 de abril de 1945 y ampliados y extendi­
dos en los decretos 20.185 de agosto 31 de 1945 y 24.097 de octubre 5 de 1945, así como en el
decreto-ley 6.363 de febrero 28 de 1946. Véase Revisia de Trabajo y Previsión, No. 5. enero­
junio de 1945. pp. 162-65; Nos. 7-8. julio-diciembre de 1945. pp. 738-39, Y No. 9. enero-marzo
de 1946, pp. 130-32.
ARGENTINA
coalición
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Estado. octubre 4 de 1945.
ARGENTINA 209
coalición antiperonista doméstica, tan extraña como la alianza interna­
cional entre las naciones capitalistas liberales y la Unión Soviética. Co­
munistas y socialistas unieron sus fuerzas con los partidos conservado­
res tradicionales, con el grueso de la dirección del Partido Radical y con
los representantes diplomáticos de Estados Unidos en Argentina con el
objeto de derrocar a los peronistas y restaurar los principios politicos y
económicos liberales que habian guiado el desarrollo del pais hasta
1943. As!, los partidos de izquierda se unieron con lo que ellos mismos
denominaban sus teóricos enemigos de clase, los terratenientes y los
capitalistas extraI\ieros responsables de la Década Infame, para oponer­
se al programa nacionalista, reformista y corporativista del peronis­
mo (100). Entre tanto, los peronistas, cuyo programa era más apropiado
frente 'a la crisis del capitlismo mundial en los treintas y los primeros
años de la guerra que a las condiciones de los años cuarentas, se encon­
traron a la defensiva una vez que los Aliados surgieron victoriosos en los
frentes de batalla y empezaron a diseñar los perfiles institucionales de la
posguerra. A lo largo de 1945 los peronistas se vieron obligados a aco­
modar lo mejor que pudieron sus politicas y principios al emergente or­
den liberal de la posguerra. Pero al obrar de esa manera, por ejemplo,
accediendo finalmente a las condiciones de Estados Unidos y declarando
a última hora la guerra al :Ede, comprometieron su prestigio politico y su
integridad ideológica. Cuando las fuerzas liberalesorgani2aron demos­
traciones públicas y utilizaron su control sobre los principales periódicos
para desacreditar al régimen, el gobierno militar se vio forzado a suavi­
zar la represión contra sus opositores politicos y a acomodarse a las con­
cepciones liberales de la politica argentina de la posguerra. Febrero de
1946 fue la fecha fijada por la junta para celebrar elecciones que rempla­
zaran el régimen militar de facto, levantaran la censura de prensa y pu­
sieran en libertad a muchos de los prisioneros políticos encarcelados en­
tre 1943 y 1944. Arrastrado por la corriente de un liberalismo en auge en
el mundo de la posguerra, en octubre de 1945 el experimento pet'onista
parecia estar a punto de expirar. E19 de octubre, oficiales liberales del
100. Dustrativa de esta asociación fue la estrecha relación de trabajo que se desarrolló entre el Ji­
der sindical comunista José Peter y el embajador estadounidense en Argentina, Spruille Bra­
den. Por solicitud del presidente del United Packing House Workers of America, el sindicato
norteamericano. Braden urgió a los funcionarios argentinos pára que pusieran a Peter en li­
bertad. Peter habla sido deportado a Uruguay el 21 de julio de 1945. Braden al Secretario de
Estado. Buenos Aires. junio 6 de 1945. USNAlDS 835.504/6-646, Y julio 24 de 1945. 835.504/
7-2445. Poco antes de regresar a su pais. en septiembre de 1945. Braden tuvo una entrevista
con Peter; y una vez en Estados Unidos, sugirió al presidente de la Swift International que la
empresa podrta tratar con elUder comunista a fin de contrarrestar la influencia de los sindi·
catos oficiales properonistas en las plantas. Memorando de Conversación, Departamento de
Estado. octubre 4 de 1945. 835.00/10-445.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 210
ejército forzaron la renuncia de Perón y lo pusieron bajo arresto. El adve­
nimiento de un régimen liberal parecía inevitable (101).
Pero la clase obrera dijo la última palabra, el17 de octubre de 1945,
en lo que resultó ser el principal punto de viraje de la historia argentina
del siglo XX. Ese dia, mientras un Perón indeciso vestido de pijama per­
manecía bajo arresto nominal en un hospital militar de Buenos Aires,
decenas de miles de obreros de los suburbios industriales de Avellaneda
y Berisso abandonaron el trabajo y marcharon hacia la ciudad. Donde­
quiera que el gobierno bloqueaba las carreteras o erigía barreras, los
trabajadores se enfrentaban con la policía o hallaban otro camino. Por la
tarde ya se habian paralizado el trabajo y el transporte en la capital.
Enormes multitudes de obreros, engrosadas por miles de simpatizantes
locales y por contingentes de trabajadores de Rosario y el interior, reco­
rrían las calles de Buenos Aires y se concentraban en lugares estratégi­
cos: el hospital al que habia sido trasladado Perón; el principal centro de
transporte en la Plaza Once; y la sede principal de la política nacional, la
Plaza de Mayo, en donde se halla la residencia presidencial, la Casa
Rosada. A medida que caía la noche, el poder y la determinación de los
obreros parecían aumentar. Bajo la vacilante luz amarilla de miles de
improvisadas antorchas de papel periódico, los cánticos de quizá un
cuarto de millón de hombres y mujeres reverberaban por la ciudad, sa­
cudiendo literalmente las paredes de los principales edificios del gobier­
no (102). Finalmente, justo antes de la medianoche, los obreros consi­
guieron su propósito: Perón fue liberado y se dirigió a la multitud. Una
fuerza nueva y poderosa habia hecho su debut en la política argentina.
La siguiente tarea de Perón consistia en tratar de controlarla.
Recientes evaluaciones del 17 de octubre hechas por especialistas
han subrayado la naturaleza espontánea de la acción colectiva de los
obreros (103). Ahora parece innegable que la cúpula de la dirección pe­
ronista desempeñó un papel marginal. El mismo Perón aceptó su derrota
,l·
después del 9 de octubre. Yen el cautiverio concentró su atención en sus
problemas personales. Planeaba limpiar su nombre y casarse con la ac­
triz Eva Duarte, con quien había compartido su vida durante su ascenso
al poder. Por su parte, Mercante se reunió con algunos líderes sindicales
101. Este Yel siguiente párrafo dependen de la cuidadosa reconstrucción de Félix Luna en El 45.
102. Luna suministra este cálculo conservador del número de trabajadores implicados.
103. Por ejemplo, Luna, El 46, Y Tamarin, "The Argentine Labor Movement.". Estos estudiOlil
contrastan con relatos anteriores y amaftados como el de Reyes, Yo hice, y Eduardo Colom,
El 17 de octubre, Buenos Aires, 1955. Angel Perelman, Cómo hicimos e117 de octubre, Bue­
nos Aires, 1961, y Alberto Belloni, Del anarquismo al perol1Í8mo, Buenos Aires, 1960, son re­
latos de participantes que subrayan la espontaneidad de la movilización. Sobre la creación del
mito de que Eva Peron desempeñó un papel importante en estos acontecimientos véase
Marysa Navarro, "Evita and the Crisis 0117 October 1945: A Case Study 01 Peronist and
Anti·Peronist Mythology", en Joumal ofLatin American Studies, 12:1, 1980, pp. 127-38.
ARGENTINA
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104. Citado en Tamarin, "TI
publicadas en Pasado 1
ARGENTINA 211
peronistas para analizar la situaci6n, antes de ser arrestado el dia 13,
pero no se elaboraron planes concretos. Influyentes lideres sindicales
properonistas, entre los que se destacaba Cipriano Reyes, exigieron que
el comité ejecutivo de la CGT se reuniese para convocar una huelga ge­
neral que lograra lalibertad de todos los presos politicos, incluido Per6n.
Yen dicha reuni6n, celebrada el 16, los seguidores de Per6n finalmente
se impusieron sobre los delegados de la Uni6n Ferroviaria y la huelga se
fij6 para el 18. N o obstante, cuando la CGT lanz6 su convocatoria al paro,
las bases obreras ya estaban resueltas a cerrar sus plantas y a salir a las
calles. Un funcionario sindical de los obreros de la carne en Rosario eva­
lu6 de manera precisa la situaci6n prevaleciente durante las deliberacio­
nes de la CGT:
"Si este organismo no se resuelve a convocar una huelga general, déjenme asegurar­
les que no podrá contener la huelga que resultará del volátil estado de los obreros. O
sea, que si no encabezamos este movimiento éste se dará de todos modos. ( ... ) Los
obreros Bolo esperan instrucciones de la CGT a fin de que se dé en forma coordinada;
pero les aseguro que si no votamos la huelga, en Rosario saldrán de todas mane­
ras" (104 l.
En efecto, ya ei 15 muchos obreros de la carne y otros trabajadores
de Berisso habían realizado una gran marufestación de apoyo a Per6n.
en la que la idea de marchar hacia la capital fue recibida con entusiasmo.
El 16 los obreros abandonaron sus puestos en el frigorífico Anglo en
Avellaneda y, tentando el agua, marcharon hacia Buenos Aires. Los tra­
bajadores de la carne, como la mayor parte de los demás obreros argen­
tinos, habían disfrutado con Per6n de los beneficjos de la organización,
el incremento de los salarios reales y la legislación social. Por primera
vez se sentían parte del proceso político nacional y comprendian muy
bien lo que estaba en juego con el inminente retorno al liberalismo. Los
sindicatos y sus dirigentes properonistas contribuyeron a guiar la movili­
zación, pero tuvieron que esforzarse por permanecer a la cabeza de las
bases.
Luego de los cruciales acontecimientos del 17 de octubre, los lideres
sindicales properonistas actuaron con rapidez en procura de un instru­
mento capaz de traducir el poder recién adquirido del movimiento obrero
en una fuerza política efectiva e institucionalizada. A finales de octubre
anunciaron la formación del Partido Laborista y, en los meses siguien­
tes, convirtieron el partido en una poderosa fuerza política. Cuatro me­
ses después de su creación, el Partido Laborista aportó la mayoría de los
votos que llevaron a Perón a la Presidencia de la República. La elección,
'104. Citado en Tamarin, "The Argentine Labor Movement", p. 93, de las minutas de la reunión
publicadas en Pasado 1 Presente, Nos. 2-3, julio-diciembre de 1973, pp. 403-423.
212 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
una de las más limpias de la historia de Argentina, dio también a los la­
boristas el control de las dos cámaras del Congreso.
El Partido Laborista estaba estructurado en tomo a los sindicatos
simpatizantes del peronismo. Su dirección estaba compuesta por funcio­
narios sindicales y muchos de sus candidatos electorales también eran
hombres y mujeres vinculados a las organizaciones obreras. El partido
adoptó una actitud de apoyo critico hacia el gobierno peronista y articuló
un programa radical de refonnas. Entre ellas figuraban la extensión de
la previsión social; la nacionalización de las más importantes industrias,
el transporte y los servicios públicos, y una refonna agraria fundamen­
tal. Los vigorosos e independientes sindicatos properonistas aportarían
la base de todos estos avances y desempeñarían un papel de primera
importancia en el manejo de las industrias y de la nación misma (105).
Es verdad· que la filosofía y el programa del Partido Laborista eran
aún vagos a comienzos de 1946, que su estructura organizativa era em­
brionaria y débil y que las lealtades de la mayoria de quienes votaron por
sus candidatos estaban más con la persona de Perón que con el partido.
Sin embargo, las tendencias dentro de la dirección sindical del partido
hacia refonnas económicas y sociales fundamentales, así como la idea de
algunos dirigentes laborales de un sindicalismo que compartiera el po­
der político y económico en el gobierno, fueron percibidas por los líderes
peronistas como una gran amenaza a su posición política y a sus planes
corporativistas. Una vez que Perón hubo consolidado el control del go­
bierno, se dedicó a emplear los recursos del Estado para eliminar la re­
cién creada fuerza organizativa independiente del movimiento obrero.
Lo que resulta extraordinario en la lucha que siguió no es que Perón
haya logrado su propósito, sino lo difícil y costoso de la victoria.
El papel decisivo de los trabajadores de la carne y de sus sindicatos
en los acontecimientos de octubre de 1945 se reflejó en su influencia so­
bre el Partido Laborista. Reyes, quien ayudó a fundarlo, se convirtió en
su vicepresidente. De los 52 miembros del comité organizador del parti­
do, cinco eran del sindicato de los trabajadores de la carne, la represen­
tación más fuerte de todos los sindicatos. Dado el tamaño del sindicato
de los trabajadores de la carne, su poder económico y su destacada re­
presentación en el seno del Partido Laborista, no resulta· sorprendente
que fuera en tomo a sus luchas económicas y a sus pretensiones políticas
como se desarrollaran, en 1946, las más importantes confrontaciones
entre el sindicalismo independiente y el Estado peronista. Lo anterior
salió a flote durante la gran huelga de industria que se efectuó entre sep­
tiembre y noviembre de 1946. La huelga tenía un propósito doble. Bus­
105. Walter Bevraggi Allen<le. El Partido Laborista, el fracaso de Perón y el problema argentino,
Montevideo, 1954.
ARGENTINA
caba forzar a las compa
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ARGENTINA
213
los la-
caba forzar a las compañias a cumplir el decreto gubernamental de di­
ciembre de 1945, que otorgaba a los trabajadores de la carne aumentos
icatos
proporcionales de salarios y estipulaba un mes adicional de pago des-'
IIncio­
pués de un año de servicio (106). Asimismo trataba de conseguir aproba­
ción parlamentaria para un acuerdo maestro, el' 'Estatuto dé la Indus­
tetan
ílrtido
tria de la Carne", que regularla, para satisfacción de los sindicatos, to­
!tieuló
dos los·aspectos de las relaciones laborales e industriales en las plantas
Ibnde
empacadoras: clasificación de empleos, jornada mínima, pago extra,
strias,
jubilación, traslados,·dee.pidos, vacaciones, seguridad y procedimíentos
amen­
de indemnización.
tarían
La huelga empezó espectacularmente con una disminucibn del ritmo
mera
de trabajo durante dos semanas, que recortó en 90% la producción de
.
los frigorlficos. A comienzos de octubre, lascompañias respondieron"con
• eran
un cierre patronal de la industria. El acto puso de relieve una vez más el
raem­
poder de los propietarios de la industria más importante del país e infla­
Dnpor
mó la opinión pública contra las compañias. Los parlamentarios del Par­
trtido.
tido Laborista, encabezados por Reyes} aprovecharon la oportunidad
li.ltido para presentar al Congreso un proyecto de nacionalización de toda la
clea de
industria, que desató un violento debate dentro y fuera del Congreso.
el po­ Una minorla parlamentaria, compuesta por elementos del Partido Labo­

rista y la facción del Partido Radical,que había apoyado la candidatura de
pl8.nes
Perón, respaldó el esquema de nacionalizaciones y las demand8.s de los
lel go­
trabajadores de la carne en huelga, Y aprovecharán la ocasión para desa...
la re­
fiar las políticas laborales y las credenciales nacionalistas revoluciona­
>brero.
rias del gobierno peronista y de sus seguidores en el Congreso. Entre
'Perón
tanto, fuera de los salones del Parlamento estallaban sangrientas con­
frontaciones entre grupos de trabajadores de la carne que apoyaban·a
liícatos
sus funcionarios sindicales y partidarios de Perón que se les oponían. La
lCia so­
profundidad del desacuerdo en torno al movimiento que había llevado a
roóen
Perón al poder estuvo simbolizada, a medida que progresaba la huelga,·
Iparti­ en las celebraciones separadas que tuvieron lugar en elahiversario del
tresen­
17 de octubre. Reyes y una buena parte de la· dirección sindical de los
I1dicato trabajadores de la carne efectuaron una manifestación y los seguidores
!Ada re­ de Perón otra. Por último, el9 de noviembre Mercante impuso un acuer­
hdente do que concedía aumentos salariales y garantizaba seguridad en el em­
oliticas pleo a los obreros. Mientras, la Cámara de Diputados. aprobó .una ver­
sión del acuerdo maestro, apoyada por los paronistas, yla ley fue trasfe­
1nterior rida al Senado para un mayor estudio. La solución del confliCto puso al
resep­ descubierto la debilidad de la facción dirigida por Reyes dentro del blo­
Bus-
que parlamentario del Partido Laborista. Casi todos los diputados del
!lltD
tiDo
,
106. El bono extraordinario de fin de año o aguinaldo se concedió a numerososobreroB en esta
etapa. Para muchos llegó a simbolizar la generosidad de Pel'Ón para con los trabajadores.
214 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
partido adoptaron obedientemente la posicibn de compromiso dictada
por Perbn. Empero, el poder independiente de los sindicatos estaba muy
lejos de ser En efecto, los trabajadores de la carne rechazaron
del arreglo del 9 de noviembre y continuaron en huelga cin­
co días más, hasta que Mercante negocib términos un poco mejo­
res (107) ..
A lo largo de 1947 y 1948, los sindicatos de los frigorificos siguieron
trastornando la produccibncon el propbsito de asegurar el cumplimiento
de los acuerdos anteriores, mejorar los salarios y las condiciones de tra­
bajo y presionar al gobierno la aprobacibn del acuerdo maestro y la na­
cionalizacibn de las empresas empacadoras extratVeras. Reyes utilizb su
base tradicional en los sindicatos de Berisso y su curul en el Congreso
para estorbar al gobierno y agitar la nacionalizacibn de la industria, asi
como pará impulsar una reforma agraria. Durante la gran huelga de fi­
nales de 1946, el personal diplomático de Estados Unidos estaba conven­
cido de que Reyes se hallaba en contacto con agentes de la Unibn Sovié­
tica. Sea como fuere, durante 1946 y 1947, Reyes y sus partidarios esta­
blecieron una alianza con los restos de la FOIC, que desde su disolucibn
a comienzos de 1945 habia ordenado a sus militantes "perforar desde
adentro" los sindicatos oficiales properonistas. Ambos grupos impulsa­
ban demandas radicales de los trabajadores y mantenían a la defensiva a
los lideres sindicales moderados fieles a Perbn. Por ese entonces los fun­
cionarios peronistas quizá llegaron a compartir la evaluacibn de la perso­
nalidad y las politicas de Reyes, registrada por un alto empleado de Es­
tados Unidos durante la huelga de 1946. "Lo que Reyes en realidad bus­
ca es crear una especie de bloque laboral en la Cámara de Diputados.
Usted (Spruille Braden) conoce suficientemente sobre Reyes y sus ante­
cedentes como para que yo tenga que hacer comentarios especiales.
Cualquiera que sea la actitud de las gentes aquí con relacibn al gobierno,
incluso aquellos que se oponen a Perbn no desean que Reyes llegue a
cop.trolar los sindicatos. El es quizá un individuo tan radical como cual­
quiera en Argentina y fácilmente podria superar incluso a los comunis­
tas" (1OS). En 1947 Reyes sobrevivib a por lo menos un atentado contra
107. El acuerdo final fue publicado en La Prensa, Buenos Aires, noviembre 20 de 1946. Los repre·
sentantes diplomáticos de Estados Unidos interpretaron la huelga como una lucha inconclusa
de poder entre Reyes y Perón por el control de los sindicatos de la carne. Uno óe ellos reportó
que la embajada había sido informada, •• bajo la más estricta reserva" , por un funcionario de
un frigorlficg, que Perón mismo habia dicho a las compañias que "si lograran no ceder ante
las demandas de los obreros, el Gobierno aseguraba que la huelga fracasaría y las operacio­
nes normales podrían reiniciarse". Livingston D. Watrous al Secretario de Estado, Buenos
Aires, octubre li y diciembre 13 de 1946, USNAlDS 835.504 y 112·1346. Las citas correspon­
den al primer despacho.
108. George S. Messersmith a Spruille Braden, Buenos Aires, octubre 28 de 1946, USNAlDS
836. 504311()..2846.
ARGENTINA
su vida. Finalmente fue
por un supuesto complo
hasta después de la caid
Sin embargo, Reyes
tento de los obreros de
los años cuarentas, mili!
sobre los lideres peronú
ros eran endémicos en
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de asegurar el acuerdo 1
conflicto entre los funcio
norma que garantizara e
adoptada en 1948 tamb:
Finalmente, aunque los
presionando la nacionali:
tra los propietarios de
Enfrentado al descon
gobierno peronista conci
los lideres de los sindics
seguir las directrices del
proyectaron la idea de fo:
dos en las plantas. El ob;
ducir en los sindicatos ei
para frenar la militancia (
tes de los diferentes frig(J
vamente por la Federacil
disidentes, con frecuenci:
Al final, la Federacibn C1
. '
romzada" y dbcil CGT hl
afiliada a la central obret
posicibn independiente al
peribdico de la FederacibJ
109. En los primeros meses de 194
formó sobre cinco de tales int¡
dirigencia de la Federación, l
mostraron una gran confonni
la lucha en el seno del sindica:
ta en "La tendencia peronistl
ne", en Aportes, No. 19, ene!
110. La mayor parte de la informa
este periódico, fundado bajo 1
doso dejó el periódico a comie
Polonia. Deseo agradecer al.
co, por presentarme a otros fI¡
ras explicándome la naturalel
ARGENTINA 215
Í()RIA
su vida. Finalmente fue silenciado en 1948 cuando el gobierno lo arrestó
etada
por un supuesto complot para asesinar a Perón. Permaneció én la cárcel
!muy
hasta después de la caida de Perón, en 1955. '
Ulron
Sin embargo, Reyes apenas fue la expresión más visible del descon­
tcin­
tento de los obreros de la carne con las políticas peronistas. A fines de
pejo­
los años cuarentas, militantes de la base continuaron ejerciendo presión
sobre los líderes peronistas de los sindicatos de los Los pa­
ieron
ros eran endémicos en la industria y los obreros exigían ,aumentos de
¡ento
salarios y nuevas mejoras en las condiciones de trabajo. La imposibilidad
e tra­
de asegurar el acuerdo maestro se convirtió en un importante motivo de
11 na­
conflicto entre los funcionarios sindicales peronistas. La ausencia de una
Izó su
norma que garantizara el derecho de huelga en la Constitución peronista
Ifreso
adoptada en 1948 también creó una gran crisis ideológica entre ellos.
a, así
Finalmente, aunque los sindicatos de la carne y sus líderes continuaron
de fi­
presionando la nacionalización de la industria, el gobierno no actuó con­
nven­
tra los propietarios de los más grandes frigorificos extranjeros.
5ovié­
Enfrentado al descontento de la mayoria de los obreros de la carne, el
resta­
gobierno peronista concibió ingeniosos métodos para asegurarse de que
jpción
los líderes de los sindicatos de la carne fueran individuos dispuestos a
desde
seguir las (lirectrices del régimen. Durante 194710s seguidores de Perón
pulsa­
proyectaron la idea de formar sindicatos conjuntos de obreros y emplea­
I8iva a
dos en las plantas. El objetivo, nunca revelado públicamente, era intro­
í8 fun­
(.)erso­
ducir en los sindicatos elementos más conservadores de la clase media
¡leEs-­
para frenar la militancia de las bases. Entre tanto.. los líderes recalcitran­
tes de los diferentes frigorificos eran a menudo sustituidos administrati­
dbus­
vamente por la Federación Nacional de Trabajadores de la Carne, y los
tados.
disidentes, con frecuencia tildados de comunistas, eran purgados (109).
I ante­
Al final, la Federación, cuya tradicional autonomía frente a la más •• pe­
ciales.
ronizada" y dócil CGT había sido mantenida' hasta 1950, fue tomada y
liemo,
afiliada a la central obrera. A partir de entonces,toda evidencia de una
.gue a
posición independiente ante el gobierno desapareció de las páginas del
cual­
periódico de la Federación, El trabajador de la Carne (110),.
rnunis­
¡contra
.
109. En los primeros meses de 1948, el perl6dieo El Trabajador deJa Carne, de Buenos Aires, in­
formó sobre cinco de tales intervenciones. Enjulio de 1948 se efectuó una gran división en Ja
dirigencia de la Federación, y los nuevos funcionarios que asumieron después de esa fecha

mostraron una gran conformidad con las poUticas del gobierno. Walter I.Jttle ha examinado
jc:onclusa
la lucha en el seno del sindicato entorno a la cuestión del respaldo critico al régimen peronis­
!treportó
ta en "La tendencia peronista en el sindicalismo argentino: El caso de los obreros de la car­

ne", en Aportes, No. 19, enero de 1971, pp. 107-124.
liíder ante
110. La mayor parte de la información de este párrafo y el siguiente está basada en la lectura de
¡operado­
este periódico, fundado bajo la dirección de Eleuterio Cardoso, ello. de enero de 1948. Car­
" Buenos
doso dejó el periódico a comienzos de 1949 para desempefw el cargo de agregado laboral en
Dr!'espon-
Polonia. Deseo agradecer al señor Cardoso por prestarme su colección personal del periódi­
co, por presentarme a otros funcionarios y miembros de su sindicato y por pasar muchas ho­
ras exp6cándome la naturaleza del trabajo en los frlgorificos y el atractivo del peronismo en
216 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
En estos mismos el flujo de beneficios materiales del Estado
hacia los obreros continuó. Es significativo, sinembargo,que los gran­
des incrementos en los salarios y mejoras en las condiciones de trabajo
logrados entre 1943 y 1947 no fueron superados en los años posteriores.
Los salarios de los trabajadores de la carne se quedaron rezagados con
relación al aumento del costo de la vida por largos periodos de tiempo,
los planes de distribución de ganancias fueron archivados y las nuevas
mejoras en las condiciones de trabajo no se materializaron. El gobierno
trató de apaciguar a los trabajadores de la carne y asegurar la lealtad de
sus lideres mediante programas extralaborales y subvenciones del Esta­
do. A fines de 1947, Mercante, actuando como gobernador de la provin­
cia de Buenos Aires,. abrió un crédito de dos millones de pesos para au­
ministrar atención médica El los trabajadores y sus familias. En 1950 és­
tos ya tenían acceso a un programa de "turismo social" que Mercante
haMa creado con la expropiación, según palabras del órgano de la Fede­
ración de Trabajadores de la Carne, de "una gran cantidad de chalets en
las zonas. balnearias", entregados a los sindicatos para que los obreros
pudieran ir de vacaciones "en lugares antes reservados para las clases

.'
adineradas", Los subsidios gubernamentales y los préstamos con intere­
"
ses bajos de los bancos controlados por el régimen hicieron posible que
la Federación comprara un elegante edificio de siete pisos en el corazón
del distrito comercial de :Suenos Aires, donde funcionarian sus cuarteles
generales. Los sindicatos de 1& carne recibieron una ayuda similar del
gobierno para establecer sus respectivas sedes en los alrededores de los
principales frigorificos. Los dirigentes sindicales peronistas fueron invi­
tados a banquetes de gala ofrecidos por Mercante y Eva Perón para cele­
brar las pasadas victorias de los obreros de la carne. El 21 de octubre de
1949. por ejemplo, funcionarios sindicales reservaron el reluciente y
otrora coto cultural de la élite porteña, el Teatro Colón de Buenos Aires,
para rendir homenaje a Perón, Eva y Mercante. Originalmente habían
planeado invitar a las bases obreras, explicó a medias el Trabajador de la
los años cuarentas, y después entre los obreros de la carne. Cardoso empezó a trablijar en el
frigorlfico ,. Anglo" a comienzos de la década de 194Q siendo aÚD joven. Desempefió un acti­
vo papel en la gran movilización de los obrerolil de la carne a partir de 1943,1a cual se descri­
be en este ensayo. Con la caida de Parón, se convirtió en un destacado I1der de la reai$tencia
sindical a las politkas antiobrerasy de los !
civiles. Como secretario general de la Federación de Trab8Jadorelil de la Carne, dirigió la últI­
ma gran huelga de la industria en 1962. Para entonces la industria.de exportación de carne se
hallaba en crisis y el número de empleos en la industria disminuia. La huelga de 1962 duró
cien dias y culminó con la capitulación del sindicato. En décadas recientes, los grandes trigo­
rificos integrados de Argentina, como los de Estados Unidos, han sido remplazados por plan­
tas dispersas geográficamente, más pequeñas y. especializadas. Desde los ados se­
sentas, los trabajadores de la carne han desempefiado un papel relativamente menor en el
movimiento obrero argentino.
ARGENTINA
Carne, pero desistieron I
lugar con capacidad para
Este cambio en la nat
ros de la carne y sus dÍril!
laborales del peronismo
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y quizá no sea otra cosa".
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Virgen Maria. El titular, (
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su pasión por la causa de F
los años cincuentas la
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sindicatos properonistas el
dos de Perón. Trató de sus
con conciencia de clase Po)
111. Las citas de este párrafo y del
1950, pp. 2 y 6, septiembre de
junio de 1952, p. 1. A medida
Estado y la burocratización y c
riódico era publkado con meoo
importante en la implementad
plementaban sus eficaces esfw
ARGENTINA 217
Carne, pero desistieron cuando se dieron cuenta de que ., no existía un
lugar con capacidad para 60 mil o 70 mil obreros" .
Este cambio en la naturaleza de los beneficios concedidos a los obre­
ros de la carne y sus dirigentes a partir de 1947 fue típico de las politicas
laborales del peronismo durante el periodo y prefiguró las tendencias
que se tornarian más pronunciadas desde 1950. El gobierno peronista
recurrió progresivamente a medios simbólicos y rituales para perpetuar
su influencia y control sobre el movimiento obrero argentino. Esta estra­
tegia se encuentra ricamente documentada en las páginas del Trabaja­
dor de la Carne. A los obreros se les quiso hacer ver los logros alcanza­
dos en la lucha como un maravilloso regalo de Perón.
"Cuando nos detenemos a reflexionar acerca de la evolución experimentada en las
condiciones de vida y de trabajo del proletariado argentino en el último lustro y las
comparamos con las que regían los cinco años inmediatamente anteriores quedamos
sencillamente maravillados. Ha sido tan portentoso el cambio operado por la revolu·
ción justiciaüsta. tan profundas las reformas económicas y sociales y se han produci­
do tan rápidamente que a veces nos parece un suefio. ( ... 1(La Revoluciónl ha venido
a materializar la!> aspiraciones de las clases laboriosas como por arte de encantamien·
to, ya que se pasó sin transición de la os.curidad a la luz, sin el menor sacrificio, sin
haberles reclamado un esfuerzo extraordinario. Parece un milagro operado por la fe,
y quizá no sea otra cosa".
Se les exhortó a tener fe en una trinidad compuesta por Perón, Mer­
cante (' 'el dilecto amigo de los trabajadores de la carne") y la ., excelen­
tísima señora doña Eva Perón, incansable defensora de los intereses
gremiales". A mediados de 1952, cuando Eva Perón se encontraba al
borde de la muerte, la primera plana del periódico de los trabajadores de
la carne traía un dibujo que la mostraba en una pose que evocaba a la
Virgen Maria. El titular, que tenía el propósito de servir a modo de epi­
tafio oficial, también resumia de manera clara el empuje de la politica
laboral del peronismo: "Su infinita bondad, su amor por los humildes y
su pasión por la causa de Perón hacen que su nombre sea venerado". En
los años cincuentas la politica laboral del peronismo era una caricatura
de lo que había sido. Había transformado los independientes y vigorosos
sindicatos properonistas en pasivos instrumentos, obedientes a los dicta­
dos de Perón. Trató de sustituir el reformismo radical de un proletariado
con conciencia de clase por la lealtad mística a la persona dellider (111) .
111. Las citas de este párrafo y del anterior provienen de El Trabajador de la Carne, marzo de
1950, pp. 2 Y 5, septiembre de 1949, p. 9, marzo de 1950, p. 5, enero de 1951, pp. 6-7 Y enero­
junio de 1952, p. 1. A medida que disminuia la independencia del sindicato con relación al
Estado y la burocratización y centralización de la autoridad en su interior aumentaba. el pe­
riódico era publicado con menos frecuencia. A partir de 1946 Eva Perón desempefió un papel
importante en la implementación de la polltica laboral del régimen. Dichas actividades com­
plementaban sus eficaces esfuerzos por organizar el ala femenina del partido peronista. Las
'. ,
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
218
A mediados del siglo, la politica laboral peronista, y de hecho todo el
experimento peronista, estaba en pleno desbarajuste. El gobierno se
hallaba en una posición en la que ya no podía apoyar o incluso mantener
la continua expansión del nivel de beneficios materiales conquistado por
los trabajadores en los años cuarentas. Los .salarios reales, en especial
los de los obreros no calificados, que habían aumentado dramáticamente
entre 1947 y 1948, empezaron a caer sistemáticamente a partir de enton­
ces. En 1955, al derrumbarse el gobierno, habían alcanzado aproximada­
mente los mismos niveles de 1943, cuando los militares tomaron el po­
der (112). En la raíz de estos hechol;l estaba el comienzo de una crisis
económica estructural, precipitada en buena medida por las politicas
económicas y sociales del gobierno mismo, de la cual el país no ha podi­
do salir aún 35 años después. La crisis económica llevó a los peronistas a
abandonar la politica nacionalista, desarrollista y redistributiva que los
había conducido al poder y que caracterizó sus primeros años de gobier­
no. Desde 1950 el régimen empezó a sustituir la retbrica por la realidad
de sus politicas anteriores y a recurrir a la manipulación, la coerción y la
venalidad para mantener en el poder un gobierno originalmente estable­
cido con el apoyo espontáneo y democráticQJie la mayoría del pueblo
argentino.
La desnaturalización del peronismo no fue, en esencia, el resultado
de insolubles problemas económicos causados por las condiciones mun­
diales después de la guerra, como ciertos apologistas han dicho. Tampo­
co fue en lo fundamental, una consecuencia de los defectos personales
de.un individuo, como muchos críticos liberales sostienen. Su fracaso era
inherente a la econonúa politica corporativista puesta en práctica por el
peronismo. Basada en los mitos duales de la armoIÚa de clases y la viabi­
lidad de un "tercer camino" entre los extremos del capitalismo y el so­
cialismo, la econonúa politica peronista se hundió en sus propias contra­
dicciones.
contradicciones entre el pensamiento y las actividades de Eva Perón han sido reveladas en
importantes estudios recientes: J. M. Taylor, Eva Perón, Mytlutof a Woman, Chieago, 1979,
y Nicholas Fraser y Marysa Navarro, Eva Perón, Londres, 1980. Los beneficios concedidos a
las mujeres por el gobierno peronista están destacados en Nancy Caro Hollander, "Si Evita
viviera" • en Latín American Perspectives, 1 :3, otofto de 1974, pp. 42-57.
112. Las cifras están adecuadamente resumidas en Spalding, Organized Labor ... , Cuadros 17 y
18, pp. 169 Y 175. Por supuesto, dadas la expansión de los programas de bienestar social fue­
ra del trabajo y la mejorla en las condiciones laborales, en varios sentidos los obreros estaban
aún mucho mejor al final del régimen de Perón que al comienzo. Los obreros perdieron pro­
porcionalmente mucho menos, después de 1948, que otros grupos sociales: su participación
en el ingreso nacional aumentó en los años cincuentas.
ARGENTINA
Los peronistas llegE
núa argentina babia el
Gobernaron, inicialmeI
de la guerra y la pOSgl
precios altos para las el
la industria nacional de
lumen de las exportaci(
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producción industrial 9
primeros años en el poo
restringidas, reservas I
durante la guerra. Utili2
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blicos de propiedad en
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nómico, los prograInaS s
civil y militar (114).
Al principio estas po]
la viabilidad de la econo
gobierno lograra sus mel
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de la clase dominante ni ~
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Todas estas politicas •
les problemas de reajusl
cambiante economía capi
mente la capacidad de COI
113. Estas cifras son tomadas de
Peronism", en Rack (ed.I, )
221.
114. Para 1948 los oficiales del ej4
tamaño del ejército fue redu
más que se doblaron entre 1!
Marvin Goldwert, Democrae;
1972,pp.l02-103y83-84.
ARGENTINA 219
Los peronistas llegaron al poder en un momento en el que la econo­
mia argentina había empezado a crecer a una tasa anual de casi 10 % .
Gobernaron, inicialmente, durante un periodo en el cual las condiciones
de la guerra y la posguerra en Europa y Estados Unidos determinaron
,1
precios altos para las exportaciones agropecuarias del país y protegieron
e
la industria nacional de competidores foráneos. Entre 1945 y 1948 el vo­
ir
lumen de las exportaciones permaneció más o menos constante pero su
Ir
valor se duplicó con creces. Durante la misma etapa el volumen de la
II
producción industrial se incrementó en una tercera parte (113). En sus
e
primeros años en el poder, Perón pudo aprovechar las enormes, aunque
1-
restringidas, reservas en libras esterlinas reunidas en Gran Bretaña

durante la guerra. Utilizó tales fondos para cancelar la deuda externa del
r
país, comprar los ferrocarriles británicos y los principales servicios pú­
is
blicos de propiedad extranjera, y promover la industria nacional. Para
lS
ayudar a financiar estos proyectos de desarrollo y generar ingresos para

sufragar las amplias medidas de bienestar social, los peronistas estable­
a
cieron el monopolio- sobre la venta de los principales bienes de exporta­
>S
ción. La IAPI, la agencia estatal encargada de administrar dicho mono­

polio, permitía al gobierno vender estos productos a los altos precios in­
ld ternacionales del momento, pagarles a los productores un precio "jus­
la to" pero mucho más bajo que de todas maneras les dejaba un pequeño

beneficio, y emplear !as gigantescas ganancias del Estado en el cubri­
,lo
miento de los crecientes gastos gubernamentales para el desarrollo eco­
nómico, los programas sociales y la numerosa y bien pagada burocracia
do
civil y militar (114).
ill­
Al principio estas políticas económicas y fiscales parecían confirmar
lO­
la viabilidad de la economía política peronista. Hicieron posible que el
leS
gobierno lograra sus metas nacionalistas e impulsara una gran redistri­
Ira
bución de la riqueza en favor de la clase obrera, sin amenazar la posición
el
de la clase dominante ni el principio de la propiedad privada. A su vez, la
bi­
redistribución de la riqueza estimuló la demanda interna para las nuevas
tO­
industrias argentinas y para sus productás de origen rural.
ra-
Todas estas políticas eran en parte una respuesta racional a los difíci­
les problemas de reajuste económico enfrentados por Argentina en la
cambiante economía capitalista mundial. La guerra había afectado seria­
f
mente la capacidad de compra de Gran Bretaña, el más importante y tra­
,en
J79,
tia a
113. Estas cifras son tomadas de la p. 187 de la buena síntesis de David Rock, "The Survival of
rita
Perorusm", en Rock led.), Argentína ín ibe Twentieib CeDtury, Pittsburgh, 1976, pp. 179­
221.
1'1 y
114. Para 1948 los oficiales del ejército flI'gentino eran los mejor pagados del mundo. Aunque el
rue­
tamaño del ejército fue reducido bajo Perón, la policla fue expandida. Los gastos militares
ban
pro­
más que se doblaron entre 1941 y 1946 hasta representar el 44% de los gastos del gobierno.
Marvin Goldwert, Democracy, Militarism, andNationalismin Argentín,ll, 1930·1966, Austin,
OOn
1972, pp. 102-103 Y83-84.
220 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
dicional cliente de Argentina. Al mismo tiempo, el país halló cada vez
más dificil balancear su comercio con Estados Unidos, la nación líder en
el sistema capitalista de la posguerra. Las exportaciones argentinas de
grano competían en el mercado mundial con las de Estados U nidos, y los
productores norteamericanos de carne cabildearon exitosamente contra
las importaciones de la mayoria de los productos de carne argentina.
Estas consideraciones contribuyen a explicar tanto las estrategias econó­
micas particulares del gobierno peronista -corno la decisión de utilizar
libras esterlinas bloqueadas para cubrir el alto precio del viejo sistema
ferroviario británico-, como la política general de favorecer la industria
nacional frente al sector rural en el periodo de la posguerra (115).
Muchos criticos han sostenido que la raiz del fracaso de las políticas
peronistas reside en la decisión de gravar el sector rural para promover
la industria en momentos en que los términos internacionales de inter­
cambio eran particularmente favorables para las exportaciones tradicio­
nales de Argentina (116). En consecuencia, el país perdió una magnífica.
oportunidad de ampliar al máximo su ventaja comparativa en el comer­
cio mundial y modernizar la producción rural. Al contrario, se compro­
metió con un sector ineficiente de industria ligera que se limitó a rempla­
zar la tradicional dependencia de importaciones de manufacturas extran­
jeras por una nueva dependencia de importaciones de bienes de capital,
materias primas industriales y combustibles. A medida que la exporta­
ción de bienes tradicionales disminuia en la posguerra, la econonúa ar­
gentina, incluida su industria, empezó a ser estrangulada por el consi­
guiente cuello de botella de las divisas. El estancamiento de la produc­
ción agraria e industrial, evidente a comienzos de los años cincuentas¡
fue el resultado.
El anterior argumento tiene sentido desde el punto de vista teórico,
pero, corno Jorge Fodor lo ha demostrado, puede exagerar la capaciqad
real de Argentina para vender sus exportaciones tradicionales en el
mundo de la posguerra, en el que sus clientes europeos no estaban en
capacidad de pagar en monedas convertibles. En todo caso, el objetivo
de las políticas económicas de Argentina no era muy distinto.del de las
otras grandes naciones de América Latina después de la guerra. En to­
115. Jorge Fodor, "Peron's Policieefor AgricuJ:tural Exports, 1946-1948: Dogmatism or Common­
sense?", en Rock (ed.), Argentina iD the Twentieth Century, pp. 135-61, reúne una cantidad
significativa de evidencia circunstancial (en oposición a la rigurosa información sobre la for­
mulación real de poUtica) para respaldar el argumento de que las iniciativas peronistas eran
simples reacciones a las fuerzas económicas mundiales.
116. Buenos ejemplos son Eprime Eshag y Rosemary Thorp, "Economic and Social Consequen­
ces of Orthodol: Eoonomic Policies in Argentina in lbe Postwar Years", en BuIletia of the
Oúord UDivemty IDatitute ofEeonomies lUId Stadstica, 17:1, febrero de 1965, pp. 3-44; Diaz
Alejandro, &...,..... YColiD Lewis, "Anglo-Argentine Trade, 1945-1965", en Rock led.),
Argentma iD the TweDtleth CeJdury, pp. 114-34.
ARGENTINA
das partes, y con resuli
biernos trataron de usaJ
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la propiedad rural, y gr&1
polí ticas peronistas acaba
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do- mercadointerno de c
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Las políticas peronistal
rificos extranjeros, tradici1
117. En este sentido, el rechazo de
dro de la economis politica per
ca UÍla interpretación funciam«
C?mo se ~ a en este ensaye
cia1es, politica8 e ideológicas •
gentina.
ARGENTINA 221
das partes, y con resultados inmediatos mucho menos costosos, los go-.
biernos trataron de usar los recursos del Estado para proteger y fomen­
tar la industria por sustitución de importaciones.
Las desastrosas implicaciones de las poiíticas económicas peronistas,
a corto y largo plazo, no se debieron tanto al hecho de que la industria
hubiera sido promovida a costa del sector exportador tradicional como a
los medios empleados por losperonistas para alcanzar esta meta en el
mundo capitalista liberal de la posguerra. La economia política de los
peronistas, en particular sus política laborales, perjudicaron seriamente
el potencial de desarrollo del país y, sin embargo, no lograron una alter­
nativa viable a la economía política liberal (117).
De mayor importancia para el futuro desarrollo económico del país
fue la manera como las políticas peronistas afectaron el antiguo proble­
ma de la productividad rural. En general, las iniciativas peronistas ten­
dieron más a intensificar que a aminorar dicho problema. La IAPI privó
a los productores rurales de las grandes ganancias del mercado interna­
cional de granos en los años de la posguerra. Las políticas laborales en el
campo, empezando con el "Estatuto del Peón", en 1944, afectaron se­
riamente el costo y la disciplina de la fuerza de trabajo al establecer un
salario minimo para los trabajadores agrícolas y estimular su organiza­
ción en sindicatos aprobados por el gobierno. Los subsidios para la in­
dustria ligera orientada al consumo estimularon la migración de obreros
rurales a las ciudades, mas no pudieron producir la maquinaria agrícola
necesaria para que Argentina se pusiera al.día con los incrementos en la
productividad rural registrados en Estados Unidos, Canadá, Nueva Ze­
landa y Australia después de la guerra. Aldejar intacta la estructura de
la propiedad rural, y gravar el comercio antes que la tierra misma, las
políticas peronistas acabaron con el incentivo de los productores capita­
listas pero no lograron poner en peligro la base de su podería económico.
En consecuencia, los productores rurales se negaron a modernizar e in­
tensificar la producción y continuaron desviando la producción de la
agricultura hacia la ganadería. Esto último les ayudaba a resolver sus
problemas laborales, les permitía participar en el creciente -y subsidia­
do- mercado interno de carne y les facilitaba eludir el "impuesto" de la
IAPI sobre los productos de exportación.
Las políticas peronistas también perjudicaron seriamente a los frigo-.
ríficos extranjeros, tradicionales e importantes generadores de las divi­
117. En este sentido, el rechazo de Fodor de la afortunada caracterización que hace Diaz Alejan­
dro de la economlá polltica peronista como "una respuesta retrasada a la Depresión", impll­
ca una interpretación fundamentalmente erronea de la historia argentina. Dicha respuesta,
como se afirma en este ensayo, fue el resultado de la compleja interacción de comentes so­
cIáles, pollticas e ideológicas generadas por el éJito inicIál del desarrollo exportador de Ar­
gentina.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 222
sas vitales para la salud de la economía argentina. Para 19471a industria
estaba en crisis y en los años cincuentas entró en una etapa de rápida
decadencia. Las medidas del gobierno les crearon tres problemas a las
empresas empacadoras. Primero, contribuyeron a elevar el precio del
ganado de sacrificio. Segundo, impusieron restricciones en el sistema de
cambios que interferían la remisión de utilidades y las trasferencias de
capital. Y tercero, aumentaron considerablemente el costo de la nómina
a tiempo que debilitaban la capacidad de las empresas para controlar la
organización del trabajo y el tamaño de su fuerza laboral. El primer pro­
blema derivó de la creciente demanda interna y, a la vez, fue producto
de la significativa redistribución del ingreso nacional hacia la clase obre­
ra a partir de 1945. El gobierno intentó proteger a los consumidores ur­
banos de la inflación resultante subsidiando las operaciones 'de los pro­
veedores domésticos de carne, quienes fueron estimulados entonces a
pagar precios altos por el ganado de los productores rurales. En conse­
cuencia, los frigoríficos extranjeros tuvieron que cubrir precios elevados
por un artículo cada vez más escaso. El hecho de que los argentinos
empezaran a consumir parte de la carne que antes exportaban, contribu­
yó a la escasez de divisas. A fin de racionalizar el uso de las divisas dis­
ponibles y prohibir la exportación de los excesos de utilidades, el gobier­
no recurrió al control de cambios, que limitaba considerablemente la li­
bertad de las corporaciones multinacionales de la carne para trasferir
capital entre sus subsidiarias y remitir utilidades. Finalmente, y aún
más importante, la tolerancia y apoyo de los peronistas a los sindicatos
de los obreros de la carne, así como los esfuerzos oficiales por impedir
los despidos en una industria con problemas económicos, golpearon el
corazón mismo de la empresa capitalista: la capacidad de contratar mano
de obra en un mercado libre y en las· cantidades que juzgara necesarias.
De igual modo, obstaculizaron seriamente la capacidad del capital para
disciplinar la fuerza de trabajo.
Enfreptada a este "clima para la inversión" decididamente desfavo­
rable y a la disminución de utilidades en sus plantas sindicalizadas,
Swift International informó en 1947 que por primera vez desde el esta­
blecimiento de la compañia en la Bolsa de Nueva York, en 1918, habia
suspendido el pago de dividendos. Mientras tanto, el valor promedio de
sus acciones en la Bolsa de Nueva York cayó de US$30-US$35 en 1946 a
menos de US$U a fines de 1948. De acuerdo con el presidente de la com­
pañía, los infortunios de Swift con las políticas económicas y laborales de
Perón no solo habían creado" gran incertidumbre en la mente de nues­
·'
tros accionistas, sino una desfavorable atmósfera general respecto a las
inversiones de Estados Unidos en Argentina" . Swift International, seña­
ló, era la única corporación argentina cuyas acciones estaban inscritas y
eran negociadas en las bolsas de Estados Unidos. Desde 1918 "inversio­
nistas, corredores, banqueros y asesores norteamericanos consideraban
ARGEN1'INA
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flejaba las condiciones de
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La crisis de la industria
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la Standard Oil, que anulab;
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.
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118. ¡oseph O. Janson, presidente de
de Asuntos de las Repúblicas
835.5043/12-1848.
119. Lewis, .. Anglo-Argentine Trade'
estancamiento de la producción J
Argentina a part.ir de 1950.
ARGEN1'INA 223
el mercado de nuestras acciones como una especie de barómetro que re­
flejaba las condiciones de los negocios en Argentina y las relaciones eco­
nómicas con ese país" (118). Para 1949, Swift International habia retira­
do sus oficinas principales de Argentina y, l:¡lunque Swift y las otras com­
pañías empacadoras extranjeras continuaron operando alli, dejaron de
modernizar e invertir en sus plantas argentinas. Entre 1948 y 1952, el
volumen total de las exportaciones de carne disminuyó en más de la mi­
tad (de 684.000 a 294.000 toneladas), pese a que el volumen de ganado
sacrificado, para consumo doméstico y exportaciones, permaneció más o
menos igualo declinó apenas un poco. Entre tanto, el consumo domésti­
co de ganado pasó de 69% del total sacrificado en 1938 a 77% en 1949 y
a87% en 1953 (119). Durante los años cincuentas el volumen de exporta­
ciones de carne manejado por los frigorificos extranjeros disminuyó fuer­
temente yen la dééada siguiente, una tras otra, dichas empresas cerra­
ron sus puertas para siempre.
La crisis de la industria empacadora, lo mismo que la crisis económi·
ca general de la que formaba parte, revela cómo las medidas de los pero­
rustas socavaron la lógica del mercado capitalista sin presentar una eco­
nonúa política alternativa capaz de promover el desarrollo del país. La
magnitud y las 4nplicaciones de esta contradicción básica inicialmente
fueron disimuladas por el dinamismo de la economia argentina en la pos­
guerra, por las enormes ganancias obtenidas en el comercio internacio­
nal a fines de los años cuarentas y por la bonanza de reservas extranjeras
heredada por los peronistas. Sin embargo, en 1950 se puso de manifiesto
el alcance del fracaso del régimen. Enfrentado a una economia estanca­
da y a crecientes limitaciones fiscales, el gobierno dio marcha atrás <en
todos los aspectos de su programa inicial. A partir de 1950 marchó en
direcciÓn de la ortodoxia económica del liberalismo cosmopolita que de­
a
cía aborrecer. Intentó atraer a los inversionistas foráneos y negoció un
empréstito con los Estados Unidos. Suscribió un importante acuerdo con
la Standard Oil, que anulaba la vieja tendencia, surgida en los años vein­
~
1,
tes, hacia un mayor control nacional de la industria petrolera. DejÓ de

lado sus aspiraciones a una política exterior independiente apoyando las
ia
iniciativas hemisféricas de Estados Unidos. A medida que caían los sala­
le
rios reales, desde 1950, la disciplina laboral y la productividad se convir­
a
tieron en las consignas de la CGT a sus sindicatos. El gobierno se dedicó
1-
a mimar a los latifundistas con subsidios, créditos e incentivos en los
le
precios en un desesperado esfuerzo por estimular la producción rural.

lB 118. Joseph O. Janson, presidente de Swift International, a Paul C. Daniels, director de la Oficina
de Asúntos de las Repúblicas Americanas, Chicago, diciembre 13 de 1948, USNA/DS

835.5043/12.1348.
y
119. Lewis, "Anglo-Argentine Trade" ... , pp. 121·22. Lewis también aporta documentos sobre el

estancamiento de la producción rural en general y sobre la calda del comercio exterior de
m
Argentina a partir de 1950.
224 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
Lo mismo que con su política laboral a partir de 1950, el gobierno tra·
tb de sustituir la retórica ylos símbolos por la realidad de sus medidas
económicas. Públicamente continuó culpando a los imperialistas y a los
oligarcas nacionales de los fracasos económicos del régimen. Sin embar·
go, en la práctica empleaba incentivos económicos para estimular a estos
mismos grupos a invertir y promover el crecimiento económico por me­
dios capitalistas ortodoxos. Tal estrategia culminó en el fracaso. Los ca­
pitalistas extranjeros y nacionales, con su poder económico en buena
parte intacto por las reformas económicas peronistas, sus problemas
laborales agravados debido a las iniciativas sociales del gobierno y su
confianza menguada por la retórica del régimen y la realidad de su base
poJítica, prefirieron evitar el riesgo y optaron por invertir en otro lado. A
partir de 1950, la progresiva crisis económica poco a poco comprometió
la hegemolÚa ideológica y la legitimidad poJítica del gobierno peronista.
Los excesos del régimen -el culto a la personalidad, la patológica aten·
ción prestada a la preservación del cadáver de Evita Perón, la tortura de
disidentes y el alcance de la corrupción de la burocracia- son todos de
este periodo. Cuando en 1955 los elementos liberales del ejército final­
mente actuaron en forma decisiva para derrocar el gobierno, pocos ar­
gentinos estaban dispuestos a defenderlo. Aunque algunos dirigentes
sindicales solicitaron 8. Perónque armara a los obreros para defender el
régimen, incluso dicha alternativa se hundió en la contradicción de la fi­
losofia social corporativista de la armolÚa de clases.
PERSISTENCIA DEL PERONISMO
Si las poderosas fuerzas liberales -los latifundistas pamperos y los in­
dustriales, banqueros y comerciantes nacionales y extranjeros- que
regresaron al poder en 1955 hubiesen gobernado con moderación y res·
taurado el crecimiento vigoroso de la economía bajo principios liberales,
Argentina se habria podido ahorrar el trauma del siguiente cuarto de si­
glo (120). Que no pudieran hacer ni 10 uno ni lo otro se debió en gran par­
te a la existencia de poderosos sindicatos industriales, que sobrevivieron
al eclipse poJítico de la dirigencia peronista, y a sus combativas y conso.
120. Para gran parte de la infonnaci6n de esta sección final me he basado en dos importantes es­
fuerzos de sintesis y análisis: Guillenno O'Donnell, "Estado y alianzas en la Argentina,
1 9 ~ 1 9 7 6 " , en Desarrollo EeoDÓmko, 16:64, enero-marzo de 1977, pp. 524-54, Y David
Rock, "The Survival and Restoration of Peronism", en Rock (ed.), Argentina in tbe Twen­
tietb Century.... pp. 179-222. Sobre el movimiento obrero espeelficamente. véanse Daniel
James. "Power and Politics in Peronist Trade Unions" , en Journal Of Interamerican Studies
and WorldAffaira, 20:1. febrero de 1978. pp. 3..s6; Juan Carlos Torre, "El movimiento obre­
royelúltimogobiemoperonista (1973-1976'''. en Cntiea & Utopía, No. 6,1982, pp. 99-134,
y Edward C. Epstein, "Control and Cooptation of tite Argentine Labor Movement". en Eeo­
aoll1Íe Development auCultural Change, 27:3, abril de 1979. pp. 445-465.
Chüe. Casino en una salitrera.
Chüe. Mina de cobre El Te
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Chile. Casino en una salitrera.
Chile. Mina de cobre El Teniente
I
Chile. Trabajadores de las salitreras se congregan en Santa María de Iquique. en 1907, poco
antes de la matanza.
Chile. Soldados que participaron en la represión violenta de Santa María de Iquique, en 1907.
Chile. Desfile de la Federación
s: PULPERO
k71'rI;;J( OI/tr¡'Ut

-.<
Ficha de pago para comprl
veIntes.
Chile. Desfile de la Federación Obrera de Chile. FOCH. en tiempos de Recabarren.
Chile. Ficha de pago para compra de víveres y abasto en las pulperías salitreras, en los años
veintes.
m 1907.
Chile. Niños trabajadores en la industria salitrera, a comienzos del siglo XX.
Argentina. Vista aérea del Frig(
Chile. Mural, durante el gobierno de Allende, antes de la nacionalización.
Argentina. Vista aérea del Frigorífi
Argentina. Vista aérea del Frigormco Anglo. Berisso.
Argentina. Vista aérea del Frigorífico Arroour, AveUaneda.
¡
!
, '
Argentina. La policía ocupa los frigoríficos durante las huelgas de los afios veintes.
Dos vistas del trabajo E
Arnba: Frigorífico La Negra, 1919 ..
Argentina. Procesamiento de la carne en una sección de un frigorífico argentino.
Argentina. Dos vistas del trabajo en la sala de sacrificio de ganado de un frigorífico argentino.
Arriba: Frigorífico La Negra, 1919. Abajo: Frigorífico Anglo, 1950.
Argentina. Sección de córte en un frigorífico.
,lI
Argentina. Sacrificio de ovejas en el Frigorífico La Negra, años cuarentas.
Argentina. Corte y empaque de Cl
Argentina. Carga de cosacos -nOJ
rmcos en los años veintes.
Argentina. Corte y empaque de cuartos en la cámara fría del Frigorífico La Blanca, 1906.
Argentina. Carga de cosacos -nombre que se dio a la caballería- contra huelguistas de los frigo­
ríficos en los años veintes.
Argentina. La represión en la fue particularmente violenta.
\
Argentina. Comedor del Hotel de Inmigrantes.
Venezuela. Mitin sindical de los trabajadores petl1
Argentina. Cena en un restaurante porteil.o de
lujo, en los años cuarentas.
Venezuela. Mitin sindical de los trabajadores petroleros de Venezuela, en los ail.os cuarentas.
••
Colombia. Caturral en la :¡o;ona cafetera, años setentas.
Colombia. Campesinos de la rona el
Colombia. El "país político" frente al "país na­
cional", los dos polos de que hablaba el líder
liberal Jorge Eliéeer Gaitán.
Colombia. EsCogedoras de eafé, 1940.
Colombia. Campesinos de la zona cafetera.
Colombia. Escogedoras de café. 1940.
I
Colombia. Colonos en la región del
Sumapaz, estudian los títulos de
de sus parcelas, por la
estatal de reforma agrana, ellncora, 1 .
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ARGENTINA
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121. Es&osasuntos se discuten de maJ
ARGENTINA 226
lidadas bases. Esta clase obrera organizada, que se expandi6durante el
régimen peronista desde cerca de medio mill6n a 2.5 millones de perso­
nas, constituía un obstáculo tremendo pata los planes capitalistas de los
liberales victoriosos.
Los objetivos de los liberales que tomaron el poder en Argentina en
1955 estaban determinados por las realidades de la economia mundial de
la posguerra. El nuevo orden liberal era una modificaci6n del anterior:
se adaptaba exitosamente a los principales cambios económicos, socia­
les, ideol6gicos e institucionales surgidos en quince años de crisis econ6-­
mica y guerra mundial. A nivel doméstico, en todos los paises capitalis­
tas dichos cambios implicaron una transformaci6n en la relaci6n·entre el
capital, el Estado y la sociedad civil. Durante la crisis el Estado asúmi6
un papel cada vez más destacado en la preservaci6n' de la sociedad capi­
talista en su conjunto: regulando Ia economia y tratando de fomentar· el
crecimiento, manejando el descontento social y laop'osici6n engendra­
dos por la crisis y, en las sociedades capitalistas del centro, organizando
todos los recurSos sociales en una guerra por la hegemonía mundial. . A
nivel internacional, como hemos visto,la crisis condujo a Un rompimien­
to parcial de la divisi6n internacional del trabajo yterminb con el flujo
sin restricciones de capital, tecnologia y bienes, caracteristico del siste­
ma liberal clásico anterior a 1930.
Dos aspectos de estos cambios conllevaron problemas estructurales
especialmente dificiles y duraderos para el capital del centro del siste­
ma, cuando la guerra lleg6 a su fin (121). En los paises industriales avan­
zados, la crisis permiti6 que los obreros se organizaran en la industria
básica, folZÓ un aumento en el nivel de ingresos de los trabajadores y
extendi6 considerablemente el alcance de los programas de bienestar
social administrados por el Estado. En América Latina, la crisis fomentó
la industrializaci6n de los principales paises y gener6 un consenso, res­
paldado por una amplia coalici6n de grupos sociales, en tomo al apoyo
estatal al desarrollo de la industria. El primero de estos hechos amena­
zaba la economía polltica liberal y ponia en peligro la acumulaci6n capi­
talista en el centro industrial del sistema mundial. El segundo minaba la
teoria liberal clásiCa de la ventaja comparativa a través del comereio en
el contexto de una divisi6n internacional del trabajo, colocando seria­
mente en peligro la expansi6n continuada del capitalismo mundial basa­
da en la acumulaci6n en el centro por medio de inversiones extranjeras y
comercio con la periferia.
Ambos obstáculos fueron superados temporalmente con la trasferen­
cia de producci6n de las cerporaciones industriales del centro a la perife­
rla. Dicho proceso aportó varias ventajas al capital del centro y racionali­
121. Estos asuntos se discuten de manera más general en el primer capitulo.
;1
,
'·1
'l, "
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 226
zó el sistema en su conjunto. Permitió al capital invertir aprovechando
los bajos salarios y la limitada organización de los trabajadores en'la
mayoría de las sociedades periféricas. Hizo posible que el gran capital
participara en los mercados protegidos de la periferia y obtuviera subsi­
dios, crédito y préstamos de sus gobiernos. Facilitó que el capital se
beneficiara, junto con el grueso de la población del centro, de un sistema
mundial ampliado de comercio basado .en una nueva y más compleja di­
visión internacional del trabajo. Las economías industriales avanzadas
cambiaban tecnología, servicios, sofisticados artículos industriales y bie­
nes de capital por materias primas y bienes de consumo ligeros y dura­
bles cada vez más baratos. Por último, permitió al capital del centro
mantener el proceso de acumulación doméstica e impedirla agitación
social de masas y las amenazas a su hegemonía ideológica. El capital
pudo preservar y aun expandir los sistemas domésticos de bienestar so­
cial, tolerar o evitar los sindicatos en las industrias más en la
medida en que los crecientes beneficios para los obreros estuvieran vin­
culados a los aumentos en la productividad, y, a largo plazo, los
sindicatos en las industrias de trabajo más intensivo, las cuales se veían
afectadas por el colapso de los mercados de exportación y, más tarde,
por la competencia. de importaciones más baratas.
Lo que el capital en las metrópolis y en el sistema mundial en su con­
junto no podía aprobar era altos niveles salariales y poderosos sindicatos
de industria en la periferia. En esto Argentina, al igual que Chile, se
separó de los otros países latinoamericanos grandes en la posguerra.
Debido a razones históricas específicas, analizadas en los casos de Vene­
zuela y Colombia en los siguientes capítulos, en los otros países de la
región el capital logró disciplinar a los trabajadores industriales e impo­
nerles, después de la guerra, acuerdos liberales aceptables. Estos países
fueron capaces de atraer un flujo masivo de capital extranjero y expandir
velozmente sus economías en los años posteriores a 1945. Argentina,
atada allegado laboral del régimen peronista, no pudo hacerlo.
En consecuencia, la eliminación de los sindicatos peronistas y la re­
ducción del bienestar material de la clase obrera se convirtieron en el
principal objetivo de las fuerzas liberales que derrocaron a' Perón en
1955. Durante un decenio, después de la guerra, el capital habíasido
despojado en Argentina de las ventajas' derivadas' de la asociación con
las nuevas instituciones en auge del orden capitalista mundial. La des­
trucción de las instituciones peronistas, en especial los sindicatos,rea­
bríría los mecanismos de la acumulación capitalista doméstica y crearía
los prerrequisitos para una inyección de capital extranjero que dinamiza­
ra la economía y la integrara al sistema mundial en expansión. Incluso
los industriales argentinos querían entusiastas abrir las puertas al capi­
tal extranjero. Cualquiera que fuera el apoyo brindado por algunos' a las
anteriores políticas de desarrollo y distribuciOJ). del peronismo, dicho res-
ARGENTINA
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ARGENTINA 227
wdo paldo desapareció cuando los limites a la expansión de la industria se

hicieron evidentes a mediados de los años cincuentas. Tal como lo hicie­
ron sus colegas en toda América Latina, la mayoría de los industriales
dieron la bienvenida a la oportunidad de asociarse con las corporaciones
tIll se
manufactureras extrarijeras. Al convertirse en socios menores de dichas
itema firmas, esperaban extender sus negocios y ganancias, y reducir los ries­
ia di­
gos. También ganaban acceso a la tecnología, la maquinaria y los proce­
sos avanzados y disfrutaban del prestigio -y·a veces la movilidad geo­
ybie­ gráfica- de trabajar para grandes empresas internacionales (122).
,d\lra­ Las precauciones con las que el régimen militar que derrocó a Perón
(entro se aproximó inicialmente a los sindicatos y a las cuestiones fundamenta­

les creadas por la economia politica peromsta expresaban el temor al
;apital
poder de los sindicatos y a la posibilidad de una guerra civil. Pero cuan­
do los sindicatos organizaron una fracasada huelga general para protes­
tar contra las primeras iniciativas gubernamentales, el régimen lanzó
¡n vino
UIla gran ofensiva contra los obreros. Siguiendo el consejo del economis­

ta argentino Raúl Prebish, el gobierno trató de estimular el sector rural
con la devaluación y los incentivos de precios para la agricultura. Elimi­
tarde,
nó los subsidios estatales que mantenían precios bajos en los alimentos
básicos, abolió los contratos colectivos negociados bajo Perón y, a medi­
con­ da que la inflación se disparaba, congeló los salarios. El gobierno asumió
meatos el control de la CGT, revocó elestatus legal de numerosos sindicatos y
tille, se
arrestó a centenares de. dirigentes sindicales peronistas. Estimulados
guerra. por el gobierno, socialistas, comunistas y sindicalistas independientes
Vene­ trataron de conseguir el control de los sindicatos.
lB de la
Estas pollticas no alcanzaron las metas económicas de los liberales,
eimpo­
pero consiguieron lo que éstos más temian: aseguraron la supervivencia

y restauraron el prestigio del peronismo. Muchos obreros podían mos­
J,pandir
trarse desilusionados por el curso de la politica y las instituciones pero­
rentina,
nistas a comienzos de los años cincuentas. Pero la magnitud del ataque
contra su bienestar material y sus instituciones de clase, a partir de
yla re­
1955, hizo que la época de Perón, con sus conquistas laborales, pareciera
11 en el
como una era dorada. Las purgas de dirigentes obreros peronistas abrie­
en
,,'
ron el camiJ10 a un movimiento de renovación desde la base que revitali­
bíasido
zó los sindicatos y los convirtió en gremios independientes y militantes.
con
Pronto mostraron éstos su capacidad de resistencia a la ofensiva liberal
'La des­
contra sus salarios y organizaciones. En el exilio, Perón siguió dirigiendo
Jps, rea­
el movimiento. Pero a medida que trascurrían los años, sus partidarios
(crearía
se hacían más monoliticamente proletarios y muchos elementos dentro
lnamiza­
, Incluso
t al.capi­
122. Osvaldo Sunkel. "Transnational Capitalism and National Disintegration in Latín Amenea" ,
.n08a las
en Social and EcoDomic Studies, 22: 1, marzo de 1973, pp. 132-176; Richard Bamet y Ronald
lichores-
Müller, Los dirigeDtelldel mllDdo, Barcelona, 1976.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 228
del· movimiento sindical definieron de nuevo un programa de
radical para la sociedad argentina.
Durante los años sesentas se demostró la capacidad de los sindicatos
de trastornar la economía y echar atrás Jas medidas liberales en lo econó­
mico yen lo político. Los regímenes liberales, militares o civiles, ensaya­
ron en vano todas las tácticas concebibles en sus esfuerzos por reprimir,
dividir o sustituir desde arriba el movimiento obrero peronista. quesa­
boteó sistemáticamente todas las iniciativas liberales en el frente econó­
mico. A partir de 1955 la economía argentina sufrió auges y caídas es­
pasmódicas, formidables periodos de inflación y deflación, crisis cróni­
cas en la balanza de pagos, repetidas devaluaciones y creciente desem­
pleo estructural. En todas estas agudas fluctuaciones una cosa fue cons­
tante: el lento crecimiento, si no el virtual estancamiento. de la econo­
mía. A pesar de la baja tasa de crecimiento demográfico qe Argentina, el
ingreso percápita creció de manera lenta e irregular. La participación de
los obreros en la riqueza nacional y el ingreso personal de las clases tra­
bajadoras y medias se vieron golpeados considerablemente; ambos dis­
minuyeron en términos absolutos a lo largo de prolongados perio­
dos (123).
El punto muerto entre el capital y el trabajo en la esfera económica se
repitió en el frente polí.tico. Los peroDistas fueron proscritos de la partici­
pación política. Sin embargo, ningún gobierno, elegido o impuesto por la
autoridad militar, pudo gobernar eficazmente sin su colaboración. La
fuerza electoral potencial de los peronistas, cerca de una tercera parte
del electorado nacional a fines de los años cincuentas, aumentó a medida
que seguían en pie las económicas liberales. A comienzos de los
años setentas, los peroDistas estaban a punto de lograr una mayoria ab­
soluta, gracias a que sectores significativos de la clase media se pasaron
a sus fijas.
Desde la caída dePerón en<1955, la sociedad argentina ha sido dividi­
da en dos campos rivales, cada uno con una interpretación exclusiva y
sectaria del pasado y un programa intransigente para el futuro. Otras
sociedades latinoamericanas .habían asimilado la experiencia histórica
del liberalismode librecambio anterior a 1930 y el nacionalismo econó­
mico y las políticas de bienestar social de la época de la Depresión. Los
argentinos, atados al curso anómalo de su historia nacional,no lo logra­
ron. Provenientes de un desfase con los desarrollos mundiales, tanto el
123. Los estimativos del crecimiento argentino son controvertidos porque las diferentes series de
estadisticas oficiales están en conflicto. Las más optimistas apuntan a 1 Ó 2 por ciento de cre­
cimiento en el producto nacional bruto per cápita a partir de 1955. Incluso estas cifras, sin
embargo, confirman el estancamiento del ingreso, en la forma de sueldos y salarios, en bue­
na parte de este periodo. Véase Clarence Auvekas, Jr., "Economic Growth and Income Dis­
tribution in Postwar Argentina", en Inter-American EconoDlÍc Affain, 20:3, invierno de
1966, pp, 19-38.
ARGENTINA
liberalismo de Ja Década
crearon amargos sentimi
tina, los cuales permane
ción ideolÓgica negó a lo
medida de consenso y lef!
zo.
La frustración nacioDJl
lítico a partir de 1955, ha
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Argentina debían haberle
del país a comienzos del;
población reforzaron en b;
culturales y raciales ema
. ,
ongen del progreso econ<
se identificaba con Europl
noamericanos "menos cul
Sin embargo, desde 1955
estereotipos prevaleciente
económica y la inestabilida
los otros países grandes de
yado impotentes cómo lo q!
Impulsó a su principal riva
a una posición de hegemon
Enfrentados a una inCi
racionales sobre su infortUl
cos han recurrido cada vez
del fracaso nacional. Puest
suficiente poder económico
del estancamiento de la 00
adoptó estrategias más OpOl
pasado.
La manifestación más 01
proliferación de grupos SU
1960. Las guerrillas, vagam
de clase media, reflejaban.
en una sociedad capitalista E
E: de Jas táctiCiaS gu
VivenCIa del peroDismo. Erf
izquierda, despojada por el J
124. Una exposición .tipica de esta visi(
Economist, enero 26 de 1980, pp.
mos temas en su mordaz análisis (
The Retum or Eva Perón, Nueva '\
ARGENTINA 229
liberalismo de la Década Infame como la reacción peronista de 1945-55
crearon amargos sentimientos en amplios sectores de la sociedad argen­
tina, los cuales permanecieron en su conciencia histórica. La polariza­
ción ideológica negó a todos los gobiernos posteriores a 1955 una cierta
medida de consenso y legitimidad, vital para trazar politicas a largo pla­
zo.
La frustración nacional, fomentada por el atolladero económico y po­
litico a partir de 1955, ha sido enorme. En parte ha sido alimentada por
la percepción general de que los considerables recursos naturales de
Argentina debían haberle asegurado un destino grandioso. El desarrollo
del país a comienzos del siglo XX y el· origen europeo del grueso de su
población reforzaron en las mentes de muchos argentinos presúpuestos
culturales y raciales, emanados de Europa y Estados Unidos, acerca del
origen del progreso económico y politico. La mayoria de los argentinos
se identificaba con Europa y se consideraba superiot a sus vecinos lati­
noamericanos "menos culturizados", "tropicales" y de piel más oscura.
Sin embargo, desde 1955 Argentina parece haberse aproximado a los
estereotipos prevalecientes en el Primer Mundo en tomo a la ineptitud
económica y la inestabilidad p6litica del Tercer Mundo, incluso más que
los otros países grandes del continente (124). y los argentinos han obser­
vado impotentes cómo lo que se concibió como un "milagro" económico
impulsó a su principal rival, el Brasil, racialmente mixto y semi tropical,
a una posición de hegemonía regional.
Enfrentados a una incapacidad colectiva para hallar explicaciones
racionales sobre su infortunio, los argentinos de todos los matices poli ti­
COs han recurrido cada vez más a teorias conspirativas para dar' cuenta
del fracaso nacional. Puesto que ninguna coalición politica pudo 'reunir
suficiente poder económico, social o ideolÓgico para superar la inercia
del estancamiento de la economía y' la sin salida política, cada partido
adoptó estrategias más oportunistas e inclinadas a la violencia que en el
pasado.
La manifestación más ominosa de estas tendencias generales fue la
proliferación de grupos guerrilleros y paramilitares en la década de
1960. Las guerrillas, vagamente marxistas y con una composición social
de clase media, reflejaban la frustración de estudiantes y profesionales
en una sociedad capitalista estancada, impermeable al cambio evolutivo.
El recurso de las tácticas guerrilleras revelaba otro aspecto de la super­
vivencia del peronismo. Era un indicio de la impotencia política de la
izquierda, despojada por el peronismo de sus tradicionales banderas de
124. Una exposición tipica de esta visión es "POOl Little Rich Boy, Argentina: A Survey", en Tbe
Economist, enero 26 de 1980, pp. 2-26. Como era de esperarse, V. S. Naipaul enfoca los mis­
mos temas en su mordaz análisis de lo que él considera como la patologia cultural argentina,
Tbe Retum oC Eva Perón, Nueva York, 1981.
;
I
I
230 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
ARGENTINA
j; •
..
I
nacionalismo económico y justicia social y aislada de su base natural, la
clase obrera industrial, por los sindicatos peronistas.
Después de 1955 el movimiento obrero siguió siendo antimarxista en
lo fundamental. Esta actitud reflejaba .solo en parte la influencia de los
dirigentes peronistas conservadores y la aceptación, por parte de las
bases obreras, de las concepciones corporativistas tradicionales elabora­
das por la propaganda oficial del peronismo. La acusación común que los
peronistas lanzaban contra la izquierda marxista fue confirmada en la
conciencia popular por el curso mismo de la historia de Argentina desde
los años cuarentas. Los partidos marxistas, en alianza con la clase domi­
nante liberal, se habían opuesto a Perón en 1945 y 1955. El peronismo, y
no la izquierda, era asociado con las grandes victorias organizativas y
materiales de la clase obrera. La ironía radicaba en que la historia pare­
cía confirmar la viabilidad de la economía política peronista. El primer
gobierno de Perón había coincidido con una coyuntura fortuita de ten­
dencias económicas nacionales, y excepcionales condiciones mundiales.
Su fracaso, después de 1950, era simplemente atribuido, no a sus contra­
dicciones internas, sino a "enemigos" que sabotearon las politicas na­
cionalistas y distributivas de Perón.. Dado el creciente prestigio del pero­
nismo después de 1955, incluso la izquierda marxista se vio obligada a
contribuir a esta visión mítica, interpretándolo como una fuerza viable y
revolucionaria. La experiencia histórica y la lealtad de las bases obreras
no dejaban otra alternativa a los marxistas. Al igual que los lideres sindi­
cales properonistas e independientes, los marxistas tuvieron que volver­
se, a partir de 1955, más peronistas que los peronistas mismos. Mientras
los peronistas y los marxistas combatieron a un enemigo liberal común,
esta estrategia resultó efectiva; mas el retomo de los peronistas al po­
der, a comienzos de la década de 1970, significó un desastre para la iz­
quierda.
Es cierto que algunos dirigentes obreros marxistas, quienes lograron
disociarse del estigma del movimiento internacional comunista, actua­
ron en posiciones de poder en el movimiento obrero argentino en··los
años sesentas. Tal fenómeno ocurrió especialmente dentro de las organi­
zaciones de la ., nueva" clase obrera industrial, o sea, los sectores desa­
rrollados bajo la égida del capital extranjero en la década de los sesentas
y en los que el legado peronista se vio amortiguado. Los marxistas inde­
pendientes también lograron ganarse la dirección de algunos sindicatos
peronistas tradicionales. Dichos marxistas emplearon su base sindical
para hacer avanzar los objetivos de la izquierda, pero solo mientras sus
actividades no comprometieran la administración eficiente de los asun­
tos sindicales o afectaran negativamente los beneficios materiales de la
base. Esto no fue posible tan pronto como los peronistas regresaron al
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ARGENTINA 231
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poder a comienzos de los setentas (125). Finalmente, un importante
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movimiento de izquierda, inspirado por las teorías marxistas de la lucha
de clases, surgió como una posición minoritaria en el seno del movimien­
en
to laboral peronista y las juventudes del partido mismo. Estos peronistas
!los
nominales pagaron un alto precio en sangre una vez que el partido retor­
las
nó al poder: muchos fueron asesinados sistemáticamente y los restantes
pra­
purgados del partido después que Perón volvió al país en 1974.
los
Empero, la debilidad y el potencial limitado de la izquierda peronista
n la
y sus aliados marxistas no eran tan obvios a fines de los años sesentas.

, . La actividad guerrillera aumentó en alcance y efectividad en aquellos
pnu­
años y, en 1969, una alianza explosiva de estudiantes y obreros organizó
y
una gran insurrección en Córdoba, la segunda ciudad de Argentina. Los

insurgentes, orientados por los marxistas, tomaron control de partes de
,are­
la ciudad durante varios días antes de ser aplastados en una gran opera­
jmer
ción militar.
ten­
Vistos en retrospectiva, es claro que los sangrientos hechos de Cór­
ales.
doba no son indicativos de condiciones favorables para la movilización

de masas y la insurrección popular en Argentina. Córdoba era un lugar
sna­
único: el cordobazo, como llegó a denominarse la abortada insurrección,

fue un evento excepcional (126). Principal centro de educación superior
a
del país, desde comienzos de siglo, Córdoba contaba con una alta pro­
bley
porción de estudiantes en su población y una larga y gloriosa tradición
rems
de activismo estudiantil. También era el núcleo de la industria automo­

triz de Argentina, la más importante de las "nuevas" industrias desa­

rrolladas en el país a partir de 1955 por las corporaciones multinaciona­
ptms
les extranjeras. Los obreros, organizados en combatiyos sindicatos, en­
ínún,
cabezaron las huelgas que precipitaron el cordobazo. Algunos de ellos
¡¡ po­
eran estudiantes de medio tiempo; otros vivían en vecindarios estudian­
,la iz­
tiles. Reivindicaciones regionales ampliamente compartidas completa­
ban los rasgos excepcionales de Córdoba: todas las clases estaban resen­
tidas por la discriminación del gobierno central contra la ciudad. El costo
iraron
de vida era más alto, la, vivienda más escasa y los servicios públicos
lctua­
mucho más deficientes que en la capital del país. En el resto de Argenti­
los
na, sobre todo en la provincia dominante de Buenos Aires, donde la tra­
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dicional dirigencia peronista de la clase obrera estaba sólidamente esta­
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blecida, los marxistas y la izquierda peronista luchaban contra djficulta­
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des mucho más grandes en sus esfuerzos por construir una coalición
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125. Martha Iris de Roldán ha analizado el destino del más conocido de estos líderes, Agustin Tos­
'asun­
co, en su libro Sindicatos y protesta social en la Argentina (1969·19741. Un estudio de caso:
I'de la
El sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, Amsterdam, 1968.
al 126. Sobre el cordobazo véanse Elizabeth Jelin, La protesta obrera, Buenos Aires, 1974, y Fran·
cisco Delich, Crisis y protesta social: Córdoba, Mayo de 1969, Buenos Aires, 1970.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 232
Irónicamente, el cordobazo de 1969 precipitó no la revolución social
que habían previsto sus líderes, sino la reacción política que culminó,
cinco años después, en el ascenso de Perón al poder y la virtual aniquila­
ción de la izquierda. La insurrección y su sangrienta represión compro­
metieron decisivamente la legitimidad del gobierno militar y sacudieron
la confianza de sus partidarios liberales. La oposición concertada a las
ineficaces políticas económicas del régimen y a la represión,anteslimi­
tada a los sindicatos y las guerrillas, se extendió ahora a buena parte de
la clase media. El partido peronista consiguió beneficiarse de la crecien­
te oposición al régimen castrense. El partido no solo habia encabezado la
oposición desde 1955, sino que había logrado presentarse a una nueva
generación de argentinos como un movimiento popular revolucionario
capaz de transformar la economía, restaurar el orden social por medio de
la justicia social y llevar de nuevo al país a los principios de la democra­
cia electoral.
De este modo, el cordobazodio comienzo al paradójico proceso en
virtud del cual los enemigos históricos de Perón poco a poco llegaron a
abrazarse con él. Obligado a recurrir al uso masivo de la fuerza para con­
tener las disensiones internas, atemorizado por la evidencia del crecien­
te poderío de la alianza revolucionaria de estudiantes y obreros, yaban­
donado por la opinión pública que pedía a gritos reformas y elecciones
libres, el régimen militar y sus aliados liberales iniciaron una serie de
negociaciones y compromisos mutuos con los que llevaron de
nuevo el partido al poder en las elecciones libres de 1973. Solo entonces
quedaron en claro la debilidad de la izquierda marxista y la naturaleza
atípica de la alianza obrero-estudiantil que se había dado en Córdoba
cinco años atrás.
El peronismo regresó para repetir, esta vez con una rapidez insólita y
una devastadora determinación, las lecciones históricas de su primer
ascenso al poder. La influencia marxista en el movimiento obrero fue
destruida y el ala izquierda del peronismo eliminada. Las modestas ini­
ciativas económicas y sociales, constreñidas ahora por una coyuntura
internacional mucho menos favorable paralas políticas sociales de nació­
nalismo económico y redistribución, no pudieron revitalizarla economía
y provocaron,en cambio, la más severa inflación vista hasta entonces en
Argentina. Después de la muerte de Perón, en 1974, la coalición peronis­
ta se desintegró rápidamente. Las políticas económicas y sociales de sus
sucesores, bajo el liderazgo nominal de su nueva esposa, la;vicepresi­
denta Isabel Perón, viraron radicalmente hacia la derecha. Tal como
sucedió entre 1950 y 1955, el retorno a la ortodoxia económica liberal no
logró convencer al capital y distanció a los Obreros. La retórica y una or­
gía de corrupción oficial hicieron que el gobierno solo se mantuviera en
el poder por un tiempo muy corto. En 1976, la ya conocida coalición de
fuerzas liberales y jefes militares de derecha se tomó el poder una vez
ARGENTINA
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127. Un primer indicativo del pa)
za del apoyo que le dio al go
1
ARGENTINA 233
más. Dada la fuerza del movimiento guerrillero, el cual había sido esti­
mulado por la represión peronista contra los marxistas y el ala izquierda
de su propio partido, el alcance y la naturaleza de la represión que siguió
no tuvieron precedentes. Los grupos paramilitares respaldados por el
gobierno complementaron las actividades del ejército y la policía secreta
en su guerra interna por "preservar la civilización occidental y cristia­
na". U na horripilante lucha de tres vías entre el gobierno, la guerrilla
llamada marxista y los peronistas,que mantenían el :control de los sindi­
catos, desbarató la estructura institucional de la nación. Finalmente el
gobierno derrotó a las guerrillas, pero durante dicho proceso destruyó
también los derechos civiles del grueso del pueblo argentino y sistemáti­
camente le negó el uso social de sus facultades criticas.
Marx dijo alguna vez que la carga del pasado yace como una pesadilla en
el cerebro de los vivos. El horror particular de la moderna historia de
Argentina consiste en que ésta empezó en las mentes de la gente como
un sueño sin complicaciones, un sencillo cuento bucólico. Pero el éxito
minó el vigor económico de la sociedad argentina y durante décadas des­
truyó su promesa democrática. El desarrollo social del país condujo, de­
bido a la debilidad del movimiento obrero y de la izquierda, al callejón
sin salida del peronismo, cuyo término solo hasta ahora es visible.
El siglo de historia argentina que se puso en marcha con la expansión
de la economía de exportación agropecuaria ha llegado ahora a su fin.
Esta época se edificó sobre la premisa, compartida acriticamente por
muchas personas, de que las instituciones económicas del capitalismo
liberal garantizarian el desarrollo exitoso del país. Las experiencias del
peronismo y de los gobiernos liberales represivos que le sucedieron han
puesto de relieve la falacia de tal premisa. Lejos de resolver la crisis de
posguerra de la sociedad argentina, las soluciones corporativistas y libe­
rales capitalistas puestas en práctica por regimenes autoritarios solo la
intensificaron. La clase obrera argentina desempeñó el papel central en
la conducción del país al terrible atolladero de las décadas recientes. N o
forjó la historia moderna de la nación,. tal como hubiera deseado. Las
perspectivas muestran, sin embargo, que hallará su futuro papel más
adecuado a sus talentos y más acorde con su naturaleza. Formada por
una comprensión critica de su paradójico pasado, la próxima etapa de la
historia argentina deberá tener un desenlace diferente y más progresis­
ta (127).
127. Un primer indicativo del papel futuro más progresista del movimiento obrero fue la naturale­
za del apoyo que le dio al gobierno durante la guerra de 1982 con Gran Bretafta. Dicho respal­
1
234 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
do estuvo condicionado por un llamamiento al regreso a las normas pollticas democráticas.
Los extremos a los que el régimen argentino estaba dispuesto a llegar en tal conflicto eran en
si una consecuencia, al menos en parte, de la creciente oposición interna, encabezada por los
sindicatos, al programa económico y social liberal del gobierno y a 8Ú politica represiva. La
derrota obligó a los militares a entregar el poder en las elecciones democráticas de fines de
1983. Los peronistas no lo hicieron tan bien como muchos analistas lo predecian, y el candi­
dato radical emergió victorioso. Varios lectores de este ensayo, terminado en 1982, expresa­
ron su sorpresa por el optimismo de este último párrafo. Afortunadamente, el tono y el análi­
sis de las tendencias a largo plazo que sugiere se ven confirmados por los eventos recientes.
Dado el alcance de la actual crisis económica, la magnitud del problema de la deuda externa
y la naturaleza sensitiva de los esfuerzos gubernamentales por controlar a los militares, la
situación, sin embargo, sigue siendo extremadamente inestable.
CAPITULO 4. VENEZ
HISTORIOGRAFIA DE UN PA
Los deterministas raciale
al interpretar la historia
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CAPITULO 4. VENEZUELA
EL PELIGRO NO ES NEGRO SINO BLANCO
"El peligro está en los musiús blancos, en los impe­
rialistas que están exprimiendo a nuestro obrero y al
obrero [como el antillano negro) que venga de cual­
quier parte. El imperialismo y .sus aliados nacionales
son nuestros principales enemigos".
De.l periódico obrero de Maracaibo
Petróleo, agosto 29 de 1936.
HISTORIOGRAFIA DE UN PASADO TURBULENTO
Los detenninistas raciales y geográficos anglosajonessol1an regodearsé
al interpretar la historia de Venezuela, pues ésta parec1a confinnar sus
cómodas suposiciones acerca del mundo en que vivian. Maldita por un
clima tropical no apto para el hombre blanco, indicaban aquéllos en su
análisis , Venezuela emergió del perlodocolonial· como una sociedad indis­
ciplinada, ignorante y miserable, inclinada a la indolencia y la violencia.
Después de la Independencia, las naciones más favorecidas de Suraméri­
ca, con clima templado en la región meridional del continente,'como Ar­
gentina y Chile, lograron poner sus casas pol1ticamenteen orden, "blan­
quear" sus poblaciones y sumarse al progreso que emanaba de los cen­
tros europeos de civítizaciónoccidental. Venezuela no lo consiguió. Al
igual que las naciones hermanas del tróPico -Colombia es un buen ejem­
plo-, Venezuela se sumió en un mar de inestabilidad política, caos social
y estancamiento económico a lo largo del siglo XIX. Caudillos militares,
con ejércitos merodeadores de chusma compuesta por antiguos esclavos,
mestizos y mulatos, se enfrentaban en una violenta e intenninable lucha
por el poder. Una vez en el poder, estos "generales" semianalfabetos se
I
proclamaban pomposamente "Salvadores de la Patria't, "Resta.uradores
i
,.
de la Ley" o "Regeneradores de la Nación". De heCho, saqueaban el teso­
ro público y se burlaban de la ley. No pocos usaban el poder para satisfa­
cer colosales apetitos sexuales y sensuales. No obstante, los acreedores
europeos finaltnente se cansaron de la grotesca irresponsabilidad de los
lideres políticos venezolanos. A comienzos del siglo XX, convencieron a
sus gobiernos para que enviaran escuadras navales a bombardear las ciu­
[235 ]
I
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 236
dades costeras de Venezuela y amenazaran con invadir el pais para ase­
gurar el pago de los empréstitos extranjeros y hacer respetar el capital
foráneo. En parte como resultado de estas amenazas, Venezuela final­
mente consiguió la estabilidad política y se convirtió en un miembro res­
ponsable del concierto de las naciones. Pero este avance, y el progreso
económico que trajo consigo, solo se alcanzaron con la férrea dictadura
personal de Juan Vicent,e Gómez, que gobernó a Venezuela entre 1908 y
1935. Gómez impuso el orden, protegió el capital y cumplió religiosamen­
te las obligaciones financieras internacionales del pats. Aunque su dicta­
dura fue terriblemente corrupta y brutal, brindó a Venezuela grandes
esperanzas de progreso.
Interpretaciones de este tipo eran comunes a comienzos del siglo XX,
y han seguido influenciando a los especialistas e inspirando la sabiduria
convencional de algunos venezolanos y muchos norteamericanos hasta
nuestros dias. Un expo:nente tipico de estas ideas en Estados Unidos, en
los años veintes, fue el distinguido geógrafo económico R. H. Whitbeck.
Aunque jamás visitó Venezuela, presuntuosamente decia a sus alumnos
de la Universidad de Wisconsin y a los lectores de sus influyentes libros
de texto que la turbulenta historia política y el atraso económico de Ve­
nezuela eran atribuibles a la raza y el clima. "El clima", escribió, "impo­
ne al pals todas las desventajas del continuo calor y las enfermedades
tropicales. ( ... ) La gran preponderancia de gentes no blancas en la pobla­
ción (al menos de 10, al) es, hasta cierto punto, consecuencia de la acción
selectiva del clima. Afortunadamente, los frios vientos alisios, que so­
plan desde el mar la mayor parte del año, combinados con una considera­
ble área de tierras altas, proporcionan un clima apto para el hombre blan­
co en una zona de la sección septentrional delpals. ( ... ) Si Venezuela ha
de ser desarrollada por su propio pueblo, la energia y la iniciativa debe­
rán provenir de las tierras altas" U). '
Similares interpretaciones racistas yetnocéntricas de la historia de
Venezuela y Latinoamérica en general predominaron hasta bien entrados
los años cuarentas enIos circulos académicos de Estados Unidos. A co­
mienzos de la década de 1930, Charles E. Chapman, quien ayudó a elltre­
nar una generación de historiadores latinoamericanos en Berkeley, expli­
caba la historia política de América Latina en el siglo XIX como una con­
secuencia de la retrógrada, cultura hispánica y la perniciosa influencia de
la raza y el clima (2). Una década más tarde, el decano de los historiado­
.'
res diplomáticos norteamericanos, el profesor de Yale Samuel Flagg
Bemis, dedicó el primer capitulo de su gran historia de las relaciones de
1. R. H. Whitbeck, Economic Geograpby ofLatin Ameriea, NewYork, 1926, pp. 59y 60.
2. Véase, por ejemplo, Cahpman, "The Age of the Caudillos", en HispaDic American Historical
Review, No. 12, agosto de 1932, pp. 281-300.
VENEZUELA
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4. Latín America in Caricature. A
VENEZUELA 237
Estados Unidos y América Latina a un examen de lo que él llamó "ener­
gia climática" (3). La evidencia gráfica y la penetración de tales concep­
ciones han sido recientemente exploradas por John J. Johnson en un fas­
cinante estudio histórico de las caricaturas políticas de Estados Unidos
sobre América Latina (4). Resulta revelador que cuando los gobiernos
latinoamericanos imponían el orden y protegían el capital foráneo, los
caricaturistas estadounidenses tendían a blanquear a sus personajes lati­
noamericanos, representándolos con cuerpos altos y rasgos claramente
anglosajones. Por el contrario, cuando un pats latinoamericano se toma­
ba inestable, su gobierno adoptaba una actitud antinorteamericana o en
su seno surgían grupos revolucionarios, los personajes latinoamericanos
eran mostrados como pequeños y exuberantes niños negroides.
A lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, los mismos intelectua­
les latinoamericanos. estaban profundamente. influenciados por las teo­
rías racistas y climáticas que emanaban de Europa y Estados .Unidos.
Debido a que muchos de ellos pertenecían a la élite social blanca, una cla­
se cada vez más vinculada a los intereses del capital internacional, mu­
chos aceptaban esas teorías sin beneficio de inventario. La mayoría, sin
embargo, rechazaba el determinismo inherente a ellas. Puesto que la raza
y el clima eran esencialmente inmutables, aceptar su influencia determi­
nante era renunciar a la posibilidad de cambiar la propia sociedad.
mismo era negar las perspectivas futuras de la cultura hispánica, la reli­
gión católica y las lenguas española y portuguesa. Aceptar las explica­
ciones anglosajonas de la inestabilidad política y el atraso económico de
América Latina era, entonces, darle el visto bueno a la idea de la futura
hegemonía política y cultural de Estados Unidos en la región, y abrir la
puerta a la potencial disolución de la patria misma. Por estas razones, el
pensamiento de la mayoz;a de los intelectuales latinoamericanos,
considerablemente influenciado por las corrielltes europeas
y estadounidenses, era por logeneral más progresista. Más que los impe­
dimentos climáticos y raciales, los pensadores latinoamericanos destaca­
ban los temas culturales, especialmente la herencia del colonialismo ibé­
rico. La mayoría, como el escritor argentino Domillgo Faustino Sarmien­
to, subrayaba la importancia de la educación de masas como la clave del
progreso. Otros desarrollaron la idea de que el progreso material en sí
podría superar el legado del pasado. Elpensamiento del positivista mexi­
cano Justo Sierra muestra tanto la naturaleza progresista como las im­
plicaciones paradójicas de esta posición. Un decidido apologista de la
dictadura de Porfirio Diaz que precedió a la Revolución Mexicana de
1910, Sierra sostenia que solo mediante la educación de masas y la pro­
3. &muel Flagg Benies, ... dependencia de Estados UDid08 en la América ...tina, M&xico, 1944.
4. t.tin America in Caricature, Austin, 1981.
238 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
tección de la inversión extranjera podrla salvarse su país de las implica­
ciones darwinianas de la historia mexicana y mundial. La educación inte­
grarla la cultura indígena a la nacional y prepararla a las clases bajas
para participar en política y en la vida económica moderna. La inversión
extranjera, incluida la estadounidense, en ferrocarriles, minas y fábricas,
si era adecuadamente supervisada por la élite mexicana, unificaría la
nación y la harla suficientemente fuerte y vigorosa para evitar ser engu­
llida por su poderoso vecino del norte. Finalmente, algunos pensadores
excepcionales, como el gran escritor brasileño Euclides da Cunha, solían
voltear el determinismo racista y climático del pensamiento europeo. La
gran epopeya de Da Cunha, Os sertoes (1902), es formalmente ambiva­
lente en estas cuestiones. Pero su poderoso mensaje subjetivo es claro.
+
El libro exalta la superioridad física y moral de los ignorantes y mestizos
habitantes del interior del Brasil, un pueblo perfectamente adaptado a
un inhóspito ambiente americano. En Da Cunha incluso el énfasis en la
, .
educación adquiere un giro novedoso. Es el Brasil "civilizado" y urbano
el que se revela como verdaderamente bárbaro y necesitado de ilustra­
ción (5).
El principal apologista del régimen de Gómez en Venezuela, Laurea­
no Vallenilla Lanz, nunca consiguió la reputación internacional de sus
ilustres predecesores lati.noamericanos. Su vida y obra no muestran ni el
profundo compromiso de Sarmiento con la educación, ni el nacionalismo
paradójico de Sierra, ni el progresista darwinismo social de Da Cunha.
Sin embargo, era un estudioso serio de la historia venezolana y sus expli­
caciones de las turbulencias políticas y sociales y la falta de progreso ma­
terial del primer siglo de existencia del país evitaban el simplista deter­
minismo racial, cultural y climático de los observadores norteamericanos
de su época. En realidad, Vallenilla Lanz flirteaba con explicaciones ra­
ciales y culturales de la inestabilidad política de Venezuela.' Empero, por
sobre todo subrayaba los factores geográficos que podían ser modifica­
dos por el hombre. Para Vallenilla Lanz el mayor obstáculo para la esta­
bilidad política era el regionalismo Inducido por la geografía. Más perni­
ciosa era la influencia de las hordas de llaneros, aquellos incultos e indis­
ciplinados vaqueros de las planicies del rlo Orinoco que durante el siglo
, . XIX se lanzaron una y otra vez sobre el populoso norte de Venezuela
para turbar el orden nacional y frustrar el progreso material. Su solución
para los problemas de Venezuela era rotunda: el de una
autoridad central fuerte aseguraría el progreso matenal; éste, a su vez,
promovería el orden político y crearla las condiciones sociales para una
democracia real.
5. Las obras más influyentes de Sanniento, Sierra y Da Cunha se han traducido al inglés y hay
varias ediciones en español. '
,
,
VENEZUELA
"Modificando el medio social
carreteras y de las vias férrea
pea; es decir, haciendo lo que
amparo de un gobierno fuerte
sus deberes, quien como otro:
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El desarrollo económico I
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Estas mismas fuerzas soc
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6. Este pasaje, tomado del libro de v.
estA citado en Hani80n Sabin Howar
la, Caracas, 1976, p. 88. Es parte de
de Vallenilla, en la cual defiende ard.
original interpretación de la historia.
6ca la dictadura de Gómez.
VENEZUELA 289
IlSTORIA
"Modificando el medio social por el desarrollo económico, por la multiplicacilm de las
,implica­
carreteras y de las vias férreas, por el saneamiento, por la inmigración de gente euro­
ión inte­
pea; es decir, haciendo lo que se está haciendo en Venezuela desde hace doce lUlos al
amparo de un gobierno fuerte, dirigido por un hombre de Estado, por un patriota de
es bajas
sus deberes, quien como otros grandes Caudillos de América representa la encarna­
nversión
ción misma del poder y mantiene la paz, el orden, la regularidad administrativa, el
rábricas,
crédito interior y exterior, estamos preparando el pats para llegar a la situacilm en
icaria la
que se hallan hoy otros pueblos de nuestra misma estructura geográfica, y los cuales,
ter engu­
atravesando las mismas vicisitudes y sometidos también a reglmenes absolutamente
semejantes a los nuestros, han encontrado al fin el camino que los va conduciendo a
asadores
la práctica de los principips democráticos inscritos en las constituciones desde los
18., sol1an
primeros dias de su vida independiente" (6).
apeo. La
'ambiva­
Por este camino, en cierto modo más progresista. Vallenilla Lanz lle­
es claro.
gó a las mismas conclusiones poUticas de sus colegas académicos de Es­
mestizos
tados Unidos: apoyo incondicional a la dictadura de Juan Vicente Gó­
aptado a
mezo Todos proyectaban sobre la historia venezolana del siglo XIX una
Isis en la
interpretación que justificaba los intereses de las clases capitalistas que
urbano
más se beneficiaban de las pol1ticas de Gómez. Vallenilla Lanz sirvió
eilustra-
como ideólogo de los latifundistas y comerciantes favorecidos por el libe­
ralismo económico ortodoxo d,e Gómez y las drásticas medidas de repre­
Laurea­
sión social y polftica.Sus colegas académicos del extranjero suministra­
al de sus
ban la racionalidad filosófica para la enorme expansión del capital nor­
ttan ni el
teamericano en América Latina a comienzos del siglo XX. Con Gómez,
bnalismo
los intereses petroleros de Estados Unidos y Europa disfrutaron de acce­
1.\ Cunha.
so barato y prácticamente librea las gigantescas reservas petroleras de
!rus expli­
Venezuela. Gracias al incomparable clima para las inversiones creado por
Jre8oma­
Gómez¡ ya para 1928 el capital foráneo hizo de Venezuela el principal
deter­
exportador de petróleo crudo del mundo.
bericanos
El desarrollo económico basado en el petróleo, fomentado por la dic­
Irlones ra­
tadura de Gómez. generó fuerzas sociales que, como lo veremos endeta­
¡pero. por
11e en el resto de este ensayo, progresivamente transformaron la sociedad
!modifica­
venezolana en el siglo XX. La producción de crudo hizo surgir un podero­
ra la esta­
so proletariado en los campos petroleros y una numerosa clase media en
lás perni­
las ciudades. Las nuevas clases irrumpieron en la escéna pol1tica en 1935, '
e indis­
después de la muerte del dictador. Desde entonces, a veces actuando
re si siglo
coordinadamente ya veces enfrentadas y con objetivos opuestos, logra­
Venezuela
ron una notable restructuración de la sociedad venezolana.

Estas mismas fuerzas sociales también han producido una revolución
:ro de una
en la forma de pensar de los venezolanos sobre su pasado. En décadas
a su vez,
"para una
6. Este pu¡Qe, tomado del horo de Vallenilla cnue.. de ablceridad J esadhud. Caracas, 1921,
está citado en Hanil101l Sabin Howard¡ Rómulo GaJIepB J la I8vo1ac:Wn buque... en Venezue­
la, Caracas, 1976, p. 88. Es parte de una polémiea, dirigida a loIJ crlticoeliberaleIJcolombianois
de Vallenilla, en la cual defiende ardorosamente su obra prineipel, Cesarismo demomltlco, lUla
original interpretación de la historia de Antérica Latina y Venezuela que explIca y a la vez justi­
Iin¡lés y hay
fica la dictadura de Gómez.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA 240
recientes, los especialistas venezolanos han sugerido una nueva interpre­
tación más compleja y decididamente más democrática de la historia del
siglo XIX. Entonces, en cierto sentido el desarrollo democrático de la
sociedad venezolana a partir de 1935 parece confm:nar la visión y las pre­
dicciones de Vallenilla Lanz,lo que explica la ambivalente fascinación de
los modernos historiadores venezolanos con su trabajo (7). En un sentido
más profundo, sin embargo, los historiadores venezolanos revi:;ionistas
han repudiado y trascendido la interpretación qúe hace Vallenilla del
pasado, asl como la visión más determinista y etnocéntrléa de sus con­
temporáneos en el mundo desarrollado.
La nueva historiografía venezolana, en buena parte marxista, posee
el gran mérito de hacer hincapié en las dimensiones de clase (8). Rechaza
la concepción de que el tumultuoso primer siglo de vida politica indepen­
diente era la resultante. de defectos raciales y valores culturales premo­
demos de la población. Niega que,el siglo XIX pueda ser comprendido
como una simple consecuencia del clima y la geografia del pats. Por el
contrario, el siglo XIX venezolano se entiende como un doloroso y pro­
longado proceso a través del cual una sociedad colonial única experimen­
tó una masiva .restructuraciÓD . a medida que· sus principales clases se
adaptaron a 10s'Ílllperativos yopottunidades cambiantes de un sistema
capitalista mundial en evolución.
Aunque la historiografía del siglo XIX venezolano sigue estando
mucho menos desarrollada que la de los otros tres paises contemplados
en este libro (9), el perfil básico del enfoque revisionista es claro (lO). Ca­
rente de los metales preciosos y la densa población indígena que hicieron
de las tierras altas de Nueva Espafía (México.) y el Perú el núcleo del
{,
imperio mercantil español en el Nuevo Mundo. Venezuela fue·una colonia
espafíolaperiférica y sin importancia hasta el siglo XVIII (El Mapa 4.1
muestra los principales rasgos ffsicos de la parte de la gran colonia espa­
7. Véase, por ejemplo, el volumen publicado bajo la dirección editorial d$ Germán ClIJ'I"ara Damas
y escrito por Carlos Salaz y M. Caballero, El eoucepto de la hiatoria ~ ValJeJdllaLuz. Caracas,
1966. .
8. Germán Carrera Damas es quien más ha hecho por fomentar el desarrollo de la nueva historio­
grafta; concentra su atención en el estudiod$l siglo XIX. Véase su lIWorlopafia lIl8I'ÚIta ve­
nezolana y oUos temas, Caracas, 1967.. .
9. Tal como lo aclara el resumen que sigue, el legado de una guerra de independencia inusual­
mente destructiva, la consolidación tardía de una moderna eeonomia e ~ d o r a viable y la
forma dictatorial represiva que asumió laeonsoUdaci6n en Venezuela comprometieron seria­
mente el desarrollo inicial de 108 estudios históricos venezolanos. Sin embargo, en décadas re­
cientes, la disponibilidad de dinero proveniente del petróleo para niveles más altos de educa­
ción y el mantenimiento de la hDertad académica han permitido un avance de estudios hi8t6ri­
C08 profesionales quizá más acelerado qUé en los otros tres paiees tratados en estos ensayos.
10. Lagula más práctica y actualizada de la historiografia venezolana es el ensayo bibliográfico en
John V. Lombardi, VeDezuela: Tbe Searcb for Order, The Dream of Progre.., New York,
1982. El horo mismo, que abarca desde los tiempos coloniales hasta los modernos, es la mejor
historia del pais en un volumen.
VENEZUELA
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I
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
242
ñola de la Nueva Granada que se convirtió en la moderna Venezuela).
Hacia 1700, no obstante, los comerciantes españoles y los latifundistas
criollos empezaron a aprovechar la mano de obra de esclavos africanos,
los mercados expansivos atlánticos, los ricos suelos yel clima de las pla­
nicies costeras y los valles andinos para extraer grandes beneficios de la
producción y venta de bienes tropicales. El más importante era el
un árbol originario del Nuevo Mundo cuyas semillas, molidas y combina­
das con especias y azúcar, llegarian en forma de chocolate hasta las me­
sas de las gentes acomodadas de Europa en los siglos xvn y XVIII y
formar1an parte de la dieta del proletariado industrial europeo en el siglo
XIX. El otro producto era el café, un arbusto de origen africano cuyo cul­
tivo se difundió a través de la Cuenca del Caribe durante los siglos
XVIII y XIX. Un poderoso estimulante, el café, lo mismo que el cacao y
el azúcar. en un principio era consumido en Europa por los ricos. Sin
embargo, a medida que progresaba la industrialización, se convirtió en
articulo fundamental de la dieta obrera. El café con crema de leche y azú­
car, al igual que el chocolate, suminstraba estimulantes calodas fáciles
de preparar y de consumo rápido, cualidades importantes para las fami­
lias obreras, que estaban obligadas a adaptar sus patrones de consumo a
los requerimientos de la vida fabril y al trabajo femenino fuera del hogar.
Las pol1ticas imperiales estimulaban la producción de cacao y, en menor
medida, de café en la Venezuela colonial. La Corona autorizó a los lati­
fundistas la adquisición de esclavos africanos para que cultivaran estos
productos y concedió el monopolio comercial del cacao a una casa mer­
cantil vasca. En consecuencia, la producción, particularmente de cacao,
se extendió rápidamente a lo largo de la costa septentrional de la colonia
durante el siglo XVIII. En esta región se desarrolló una típica sociédad
de plantación del Nuevo Mundo: grandes haciendas poseidas por una
minoria blanca y explotadas por una fuerza de trabajo principalmente
esclava. Al mismo tiempo, en las vastas llanuras del do Orinoco, en el
sur, surgió una economia ganadera, estimulada por la demanda de cueros
de la industria europea y de carne en las economias esclavistas del Cari­
be. No obstante, los ranchos ganaderos de los llanos venezolanoserElll de
indole primitiva. Enormes rebaños pertenecientes a unos pocosganade­
ros vagaban libremente en las planicies, atendidos por una pequeña fuer­
za de trabajo compuesta por vaqueros independientes y nómadas, mu­
chos de los cuales hablan huido de los sistemas coercitivos de trabajo del
norte de la colonia (las grandes extensiones de tierra al sur de los dos
Apure y Orinoco nunca fueron pobladas, efectivamente, en la época colo­
nial y en la actualidad siguen siendo muy escasamente ocupadas y poco
desarrolladas ).
La lucha entre las principales potencias europeas por el control de
una econom1a atlántica en transición de un capitalismo mercantil a otro
industrial, lucha que se intensificó a fines del siglo XVIII y alcanzó su
VENEZUELA
c11max y desenlace en 181:
tos arreglos coloniales y
conflicto internacional dE
nias y obligó a los latifun
mia cacaotera y cafetera
cantes de esclavos y cont
nom1as de Holanda Gra
diversas clases e
inquietantes fuerzas ideol
largo periodo de cambio e
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súbditos con el fin de fina
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de estas revoluciones -e
los Estados Unidos, en Fr
y por último en la
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esclavos que destruyó la
embargo, poco después dE
Ibérica comprometiera la 8
de la élite criolla de Venez
Suramérica hacia la inde}M
productores de cacao en ,
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clales demasiado escasos
El, de
pnnclplO, tanto en una guel
Los miembros de las otl
y pardos de sangr.
lar haCIa la lucha de indepel
ron de manera distinta las .
ban de las grandes revoluci
11. Buena parte del material de esú
ensayo de Carrera Damas "Para
el movimiento nacional de indep
Historiografía IDaI'Ilsta (Vé_la
VENEZUELA 243
RJA
cl1max y desenlace en las guerras napoleónicas, trastornó seriamente es­
¡la).
tos arreglos coloniales y culminó con la independencia de Venezuela. El
Itas
conflicto internacional deterioró la red comercial de España con sus colo­
lOS,
nias y obligó a los latifundistas y comerciantes que controlaban la econo­
pla­
mia cacaotera y cafetera de Venezuela a ampliar su comercio con trafi­
.ela
cantes de esclavos y contrabandistas que operaban en las dinámicas eco­

nomias de Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos. Entre tanto, las
iDa­
diversas clases sociales de Venezuela se por adaptarse a las
m.e­
inquietantes fuerzas ideológicas y politicas desencadenadas durante este
Uy
largo periodo de cambio económico y politico en el mundo. Los esfuerzos
ligIo
de las principales potencias europeas por gravar más fuertemente a sus
cul­
súbditos con el fm de financiar la lucha por la hegemonia mundial, preci­
glos
pitó las grandes revoluciones sociales y politieas de la época. Cada una
Iloy
de estas revoluciones -en las colonias británicas que más tarde serian
Sin
los Estados Unidos, en Francia, en Sto Domingue (posteriormente Haiti)
6 en
y por último en la América española y portuguesa- obedeció a una lógi­
azú­
ca social diferentes y cada una tuvo distintos significados para la élite
Íilles
criolla que organizó el movimiento independentista en Venezuela. Las
ami­
ideologias liberales del republicanismo y el librecambio prometian liberar
iQOa
a los comerciantes y latifundistas venezolanos del control politico y las

politicas comerciales de España. Sin embargo, una guerra de indepen­

dencia podría liberar las fuerzas sociales e ideológicas que habian puesto
'latí­
en peligro la vida y la propiedad en Francia y precipitado la revuelta de

esclavos que destruyó la clase esclavista y terrateniente de