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Una Breve Historia de La Creatividad

Una Breve Historia de La Creatividad

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Diego Parra Duque nos cuenta como evoluciono el concepto de creatividad durante la historia (desde la Era Primitiva con los chamanes hasta la modernidad con la Psicología congitiva).
Diego Parra Duque nos cuenta como evoluciono el concepto de creatividad durante la historia (desde la Era Primitiva con los chamanes hasta la modernidad con la Psicología congitiva).

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Una breve historia de la creatividad

Diego Parra Duque La creatividad ha venido acompañando al hombre a lo largo de sus búsquedas, descubrimientos y realizaciones. Los seres humanos han desarrollado maneras de explorar lo desconocido o generar novedad en su vida, unas veces utilizando rituales, música o danza, y en otras ocasiones, cálculos, investigaciones, proporciones, cantidades y mediciones precisas. La historia se ha encargado de dejar el tema de la creatividad a la deriva durante mucho tiempo: hasta 1920 esta disciplina era estudiada como "el arte o la ciencia que trata sobre las personas fuera de lo común". La creatividad, que hasta entonces sólo era vista como una de las ramas de la historia del arte, o como parte de un recuento anecdótico sobre algunos de los más importantes inventos y descubrimientos científicos, basaba la mayoría de sus principios en las biografías de los grandes genios, pero no para emularlos o imitarlos, sino para ver lo lejos que estábamos de sus capacidades. En los últimos ochenta años, muchos estudiosos del tema de la creatividad han venido descubriendo de manera sistemática y científica que esta habilidad, como muchas otras, puede ser desarrollada. Con estos estudios se ha venido rompiendo el mito de los genios renacentistas, el paradigma dentro del cual se movían científicos y artistas, que consideraba la creatividad como un don atribuido a "unos pocos elegidos". De modo sorprendente, los estudios de estos psicólogos de la creatividad coinciden en la historia con los intentos de investigar la inteligencia humana. Lo mismo que el término "inteligencia", el término "creatividad" ha sido aplicado a lo largo de los años a una amplia gama de individuos, obras, procesos y productos. Este uso tan amplio hace necesaria una definición precisa. Antes de seguir adelante, quiero dar testimonio de la dificultad metodológica a la que me enfrento en este capítulo: la palabra y concepto de "creatividad" son recientes en la historia de las disciplinas humanas. La definición como tal se refiere a una herramienta de análisis de personas, productos, ambientes y procesos que han permitido al hombre llegar a cosas nuevas y diferentes. Esta definición pertenece históricamente al campo de la psicología, y no al arte o la ciencia. Los primeros en hablar de creatividad fueron los psicólogos cognitivos de mediados y finales del siglo XX. En uno de sus artículos sobre psicología de la creatividad, Teresa Amabile escribe: "¿Cuál es el origen de toda producción creativa? ¿Puede ser ésta atribuida enteramente a una habilidad específica, o a una constelación de rasgos combinados que posee el creador? ¿O, más bien, existen ingredientes especiales en el proceso creativo que hacen de un escrito o una pintura, una obra maestra?" Muchos otros autores de esta rama de la psicología se preocuparon por las condiciones y ambientes que hacían a las personas más creativas, por sus rasgos, por los procesos y productos creativos. Sin embargo, antes de la aparición de esta rama de la psicología llamada creatividad, existieron siempre grandes pintores y escultores, escritores, inventores y descubridores. En estas épocas fueron los biógrafos e historiadores quienes hablaron sobre los creadores de su tiempo y los secretos que utilizaban para llegar a concluir sus hermosos cuadros, sus valiosas esculturas, sinfonías o inventos que cambiarían el rumbo del hombre, el arte y la ciencia. Un ejemplo de estos primeros estudiosos del tema es el biógrafo

renacentista Giorgio Vassari. Este historiador invirtió una gran parte de su vida a contar los rasgos personales que hicieron que Miguel Ángel o Leonardo da Vinci se convirtieran en grandes creadores. Pero, por razones diversas, estos primeros "teóricos" de la creatividad nunca utilizaron tal término: hablaron de historia del arte, de las biografías de grandes genios, de las habilidades que desarrollaron los más grandes hombres de cada época y lugar, sin hablar nunca de creatividad. De antemano pido excusas al lector si en algún momento confundo el término moderno "creatividad" con los de "arte", "ciencia" u otros referentes a la historia de los descubrimientos. Trataré de ser riguroso en la utilización de cada uno de los conceptos anteriores e intentaré no mezclarlos indiscriminadamente. Lo que busco en este primer capítulo es que el lector me acompañe en un viaje a lo largo de la historia del hombre. Una travesía que nos permita ver cómo y por qué hemos venido creando obras maravillosas en los campos más dispares: la pintura, la escultura, la música, la técnica, las matemáticas, la ciencia. Intento con este viaje desmitificar a los grandes genios de la historia, pero no por ello dejar de emularlos; más bien intentar desentrañar los secretos que los hicieron personas especiales, los motivaron a vivir de una manera intensa y apasionante y los indujeron a sospechar continuamente de todo lo que los rodeaba. Porque aunque no lo creamos, todos en el fondo podemos ser creativos. No hay nada más sublime para el hombre que participar en un acto creador, por pequeño que sea: cuando creamos nos parecemos un poco a Dios o a la madre naturaleza, de la que todos venimos. LA ERA PRIMITIVA: FUENTES MÁGICAS Se estima que hace más de treinta mil años el hombre sufrió una serie de cambios sustanciales en su modo de vida: los seres humanos fabricaron sus primeras herramientas para cazar, crearon los primeros intentos de lenguaje hablado y al mismo tiempo desarrollaron sus primeras obras artísticas. La invención artística corno fenómeno humano está presente en los hallazgos de las primeras pinturas rupestres, datadas a partir del año 30.000 a.C. La actividad fundamental del hombre era la caza y, de manera complementaria, la recolección de alimentos. ¿Cómo y por qué creaba el hombre en estas épocas remotas? Una de las primeras artes del hombre primitivo consistió en transformar la expresión a través de las pinturas y las máscaras. Las máscaras fueron en realidad la primera manifestación artística del ser humano para conectarse con el mundo de lo desconocido. En un principio el arte y la creatividad se utilizaron para tener acceso a mundos menos lógicos, menos tangibles y crueles que los de la hostil realidad en que se movía el hombre primitivo. La máscara era un medio gracias al cual el hombre se apropiaba de una divinidad que le permitía dominar la naturaleza o los fenómenos que no comprendía. Las sociedades primitivas atribuían los sucesos y sus fracasos a fuerzas misteriosas y omnipresentes, y el hombre se revestía de máscaras para modificar su destino. Los antiguos creían que todas las cosas estaban animadas por espíritus. Dos figuras claves para entender estas primeras manifestaciones creativas del hombre son el tótem y el chamán. El tótem era un animal protector de la tribu. El chamán era un artista sacerdote, un individuo considerado como el mensajero de las fuerzas del otro mundo; el intermediario entre la comunidad y los espíritus de la naturaleza. A diferencia de los artistas griegos y romanos, que querían reproducir un ideal de belleza en la creación de sus obras, los artistas chamanes buscaban impresionar y transformar la conciencia colectiva a través de los rituales, sin importar cuan estética fuera su obra. Por ello el chamán esculpía grandes ojos,

caras de colores extremadamente vivos y facciones exageradas, con el objeto de sugestionar a los espectadores y crear un efecto de trance. En sus inicios, la creatividad poseía un carácter esencialmente social y religioso; el artista o creador era un medio para llegar al más allá. La máscara es común en casi todos los ritos chámameos. En todos los pueblos se han encontrado representaciones de espíritus tanto con formas humanas como animales. Este arte simbólico arranca desde los orígenes de la humanidad hasta el presente. Las máscaras de animales son mucho más antiguas que aquéllas que representan figuras humanas. Tenemos ejemplos de este fenómeno en las pinturas rupestres de la era glacial en Francia y en el primer arte de las rocas de la región oeste de Norteamérica. En los rituales primitivos se mezclaron todas las artes: la pintura, la escultura, la música y la danza. Las manifestaciones creativas se integraban con el tiempo de la comunidad: crear era creer, era vivir, era darse cuenta de que lo desconocido era mucho más poderoso que lo conocido. Por eso era necesario utilizar el arte para tener acceso a la ayuda de otros mundos. El arte de los chamanes y los brujos primitivos se crea para ser compartido con la comunidad. El arte no se entiende: se practica de manera colectiva. Muchos antropólogos actuales consideran que el arte primitivo era utilizado para poder curar a todo un pueblo sin necesidad de llegar a dar explicaciones concretas. Las fiestas actuales tienen su origen en esos rituales arcaicos: la danza colectiva, la música y los rituales de iniciación forman parte de una sola unidad. La medicina se ejercía también en rituales con música, con máscaras, con danza, A través de los rituales, los miembros de una tribu podían comprender sus tradiciones y sus mitos, ser curados, prevenir enfermedades. La estética estaba en un principio en función de la ética: no importaba tanto la belleza de las obras, ni la exaltación de los artistas, sino la función social de la creatividad. Todo tenía un valor simbólico que se confundía con la vida diaria de los pueblos. No había tiempo para vivir y tiempo para crear, ambos se confundían: al cantar, al danzar, al participar en rituales, al recorrer y buscar sus sitios de caza, el ser humano cantaba, contaba y vibraba con sus actos creativos. Una de las grandes lecciones de la creatividad en la era primitiva era el hecho de involucrarse en rituales muy sencillos que permitían a los hombres volver a experimentar el acceso a lo desconocido. Aunque muchos de estos rituales han desaparecido y otros han sido mantenidos en secreto con el fin de preservarlos puros, hoy en día existen posibilidades de experimentar el espíritu creador de los pueblos primitivos. Ejercicio: Búsqueda de la visión En las culturas primitivas, se practicaba un ritual llamado "búsqueda de la visión", para aumentar el nivel de conciencia. Algunas culturas que persisten hoy en día continúan practicando este ritual como una manera de explorar lo desconocido. Los indios lakota lo llaman vision-quest y los aborígenes australianos, walkabout. La persona practica esta búsqueda en tiempos de crisis, cuando necesita dar una respuesta a una pregunta o problema, como rito de iniciación a la etapa adulta o simplemente como deseo de un mayor conocimiento de sí misma. Generalmente, parte sola hacia una zona salvaje, buscando algún indicio o señal que le revele una verdad o una respuesta a sus preguntas, o una serie de pistas que le sirvan para dar solución a un problema específico. En las versiones originales, las personas eran privadas de comida y abrigo, y a veces de agua y sueño durante algunos días,

para producir estados alterados de conciencia. Esta mezcla de conciencia alterada y deseo de descubrimiento genera en el buscador de la visión las condiciones adecuadas para que se den vivencias o eventos significativos. Desde hace algún tiempo vengo desarrollando un ejercicio basado en este primitivo ritual, con mucho menor nivel de exigencia física que en las versiones originales. Los resultados han sido muy exitosos: ejecutivos de compañías multinacionales, profesores, artistas, investigadores y educadores han participado en estas versiones nuevas de un ritual antiguo, y comentan que han llegado a resultados muy interesantes. La tarea propuesta consiste en realizar una búsqueda muy corta y escribir sobre la experiencia. Dado que hoy en día los empresarios y ejecutivos tienen muy poco tiempo para explorar lo desconocido, han sido ellos los que me han ofrecido los comentarios más satisfactorios sobre la experiencia y sus resultados concretos. El presidente de un grupo empresarial con varias sedes en Latinoamérica tenía un complejo dilema que debía resolver. El dilema se relacionaba con las estrategias que debía seguir para sacar adelante los principales negocios de este grupo empresarial. En una de nuestras reuniones de trabajo, decidió buscar la solución utilizando las señales de la búsqueda de la visión. Más tarde nos comentó que había encontrado la solución de manera curiosa y sorprendente, que la respuesta había aparecido en el momento menos esperado, pues este dilema en el negocio le había exigido varios meses de enfoques erróneos y dilaciones en la resolución del problema. Las reglas básicas de la versión moderna de la búsqueda de la visión que utilizo actualmente están basadas en los estudios del psicólogo humanista John Suler, de la Universidad de Irder, en Estados Unidos. Estas reglas se pueden resumir así: prepárese para estar fuera de su sitio de habitación por un período de cuatro horas. Para ello, aliste un cuaderno de notas y una cantimplora de agua. Si el sitio que he escogido queda en medio de la naturaleza, la actividad funciona muchísimo mejor. Puede desarrollar el ejercicio solo o en un grupo de menos de diez personas. No planifique la dirección en la que va a ir. No vaya a ningún sitio en particular. Prepárese para estar caminando sin dirección ni rumbo. No busque rutas difíciles, simplemente camine en completo silencio. Procure no comer nada durante todo el ejercicio. El hecho de sentir un poco de hambre ayudará, pero tampoco ponga en peligro su salud. Cada hora del trayecto tiene una característica especial, que describo a continuación:

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Primera hora: Empiece a caminar y elija una pregunta que le interese sobre usted mismo. Algo que le gustaría saber. Puede ser sobre un proyecto de trabajo, una decisión que tiene en duda, o sobre lo que debe considerar como su principal fortaleza para el trabajo que recién le han asignado. Piense y tarde el tiempo necesario en elegir la pregunta, en completo silencio. Segunda hora: Observe todo lo que tiene a su alrededor. Busque señales que le den pistas sobre la respuesta a la pregunta que formuló en la primera hora. No importa lo que tarde en esta segunda hora, es muy importante copiar las señales. Recuerde que usted está en una búsqueda de la visión. Siga en completo silencio. De repente aparecerán señales que le brindarán respuestas a la pregunta que usted se ha hecho. Tercera hora: Comience a buscar un sitio para detenerse y descansar, en total silencio. Tómese el tiempo suficiente para elegir un sitio adecuado, de su completo gusto, o del grupo que lo acompaña. La elección también deberá hacerse en total silencio. Una vez elegido el lugar, siéntese, relájese

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y vuelva a leer tanto la pregunta como las señales que ha ido hallando a lo largo del trayecto. Escriba estas notas sólo para usted.

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Cuarta hora: Prepárese para regresar al lugar de partida. Una vez allí, puede compartir sus descubrimientos con el resto del grupo. Aunque no lo crea, la voz y el habla tardarán un tiempo en volver, pues el silencio durante el camino produce un estado muy especial de conciencia. La búsqueda de la visión es una forma de experimentar la creatividad de las tribus primitivas, la búsqueda consciente de respuestas en el mundo de lo desconocido.

LA ANTIGÜEDAD: NUEVAS CONCEPCIONES DEL ARTE Tres acontecimientos en la historia del hombre marcan un giro en su forma de crear; tres inventos que determinan en gran medida el inicio del arte en Occidente. Uno de ellos es la escritura. Otro, el papel. El tercero, las matemáticas como parte fundamental del saber en las culturas antiguas. La escritura apareció hace aproximadamente diez mil años, y produjo grandes cambios en la concepción del mundo. Puesto que en la actualidad ya hemos interiorizado la escritura de manera muy profunda, nos parece algo mucho más natural de lo que en realidad es. Incluso suponemos que es difícil considerar la escritura como una forma de tecnología, como por lo general lo podemos hacer con el teléfono, el fax o el computador. Sin embargo, la escritura constituye una tecnología que requiere de herramientas muy especiales: pinceles, plumas, tintas y pinturas, superficies cuidadosamente preparadas como el papel, pieles de animales o tablas de madera. Por tanto, la aparición de la escritura puede verse como uno de los cambios tecnológicos más determinantes en la historia de la humanidad. En contraste con el habla natural y la conversación, la escritura es completamente artificial. No hay manera de escribir "naturalmente", pues mientras la conversación oral fluye de manera inconsciente, el hecho de plasmar las palabras en una hoja de papel implica utilizar criterios lógicos y conscientes. Afirmar que la escritura es artificial implica no una condena sino un elogio para las artes literarias que recién aparecen en la edad antigua: la poesía, la oratoria, las rapsodias, los cantos épicos, todos son artes nacidas en el momento de tránsito entre la oralidad y la escritura. Se escribe y se crea para recordar, para poder hablar de manera memorable. La poesía en un principio tiene una función más técnica que estética, pues se trata de poder recordar lo que se dice, a través de la rima y la métrica. La aparición de la escritura genera mayores ' criterios de elaboración y un trabajo más intelectual y menos mágico. Ya no para conectarnos con otros mundos, o recibir respuestas de los dioses o de la madre naturaleza. Ahora se crea para recordar, para saber más, para entender mejor el mundo que nos rodea. El alfabeto, a través del cual los sonidos se convierten en símbolos precisos para ser leídos, es inventado por los habitantes del Oriente Medio y perfeccionado más tarde por los griegos. Es entre los griegos que la poesía adquiere una importancia crucial como actividad creativa, y la aparición tanto de la escritura como del alfabeto fonético juegan aquí un papel determinante. Desde la antigüedad hasta el presente la Odisea y la Ilíada han sido considerados como los poemas más inspirados, puros y ejemplares de la historia occidental. Estas maravillas surgen de forma oral en un principio; pero más tarde se convierten en largos poemas escritos en forma métrica y precisa, para poder ser aprendidos por futuras generaciones. El arte tiene ahora una función utilitaria y técnica: preservar el saber de los grandes poetas, sabios, políticos y oradores de la época antigua.

El papel fue fabricado por primera vez en China hacia el siglo II a.C., y luego extendido por los árabes hacia el Oriente Medio y la Grecia Antigua, aproximadamente en el siglo VIII de la era cristiana. Este invento determina cambios importantes para el florecimiento de las ciencias y la transmisión del conocimiento. La geometría euclidiana y las matemáticas hacen que la creatividad plástica responda gradualmente a conceptos clásicos como el de las proporciones, que más tarde será importantísimo para los artistas, pintores y escultores del Renacimiento. Así, la estética comienza a formar parte fundamental de las actividades creativas en la antigüedad. La belleza comienza a tomar protagonismo en la manera como el hombre crea sus obras plásticas, musicales y literarias. Las artes son una forma de enseñar las proporciones, inherentes a aquello concebido por el hombre como lo bello, lo .bueno o lo verdadero; se vuelven cada vez más lógicas, más pensadas, menos irracionales. Platón, refiriéndose al arte, dice a sus contemporáneos que "lo bello es el resplandor de lo verdadero". De este modo la creatividad, sobre todo a través de la poesía, la pintura y la escultura, comienza a cumplir no sólo una función artística y colectiva, sino también intelectual y mucho más individual. La creatividad mágica de los antiguos chamanes comienza a ser desplazada hacia fines menos sobrenaturales. Los artistas comienzan a ser figuras públicamente reconocidas por su talento; se considera que ellos son los "elegidos", sus capacidades están muy por encima del resto de los mortales. Aparece entonces el concepto de la estética para regir al arte: la estética convierte principios naturales en formas, sonidos y colores equilibrados y bellos. Crear es pensar, es medir, es conectarse con el mundo de lo real. De esta manera el arte y la creatividad se dirigen lentamente hacia lo racional, lo mensurable, lo que podemos poner en palabras, números y proporciones. LA EDAD MEDIA: ALQUIMIA Y TRANSFORMACIÓN Supongamos que nos hallamos a principios del siglo XII, en algún lugar de Europa, en el laboratorio o la botica de un escondido convento medieval. En él se encuentra escribiendo un monje o clérigo, bien puede ser cristiano, templario o musulmán. La botica está atestada de alambiques, frascos, hornillas, crisoles, cucharillas y pinzas, morteros, retortas y fuelles. Estamos frente al nacimiento de una nueva disciplina en la que se mezclan la poesía, la religión y los principios de lo que más tarde será la ciencia de la química: la alquimia medieval. Durante la edad media, especialmente entre los siglos V y XI, la ciencia fue oscurecida por inquietudes religiosas. La alquimia comenzó a ponerse de moda en Occidente a mediados del siglo XII, época en que fue traducida del árabe al latín la obra conocida con el nombre de Turba philos ophorum (Turba de los filósofos). Fueron principalmente las cruzadas las que pusieron a Occidente en contacto con la civilización árabe y despertaron vivo interés por la ciencia oriental. Las traducciones del árabe aumentaron progresivamente y suscitaron en el siglo XIII una extraordinaria boga literaria de la alquimia. Los alquimistas consideraron los metales como cuerpos compuestos, resultantes de dos propiedades comunes: el mercurio, que era lo metálico, y el azufre, que era lo combustible. Los principios alquimistas sustituyeron durante la edad media a los elementos de la filosofía griega, atribuidos a los estudios de Aristóteles: el fuego, el aire, el agua y la tierra. La idea básica de la alquimia fue la posibilidad de conseguir la transmutación de los metales, mediante la combinación de ciertos principios secretos, guardados herméticamente gracias a un lenguaje increíblemente poético y velado para los no iniciados. Esta transmutación sólo podía ser factible en presencia de un catalizador al que se llamó piedra filosofal. La historia de la alquimia es básicamente la

búsqueda de la piedra filosofal, y los alquimistas, confundidos con magos y brujos, sufrieron largas persecuciones por parte de las autoridades religiosas. Los trabajos de los alquimistas de la edad media, aunque infructuosos en el descubrimiento de la piedra filosofal, produjeron indudables progresos en la química de laboratorio, puesto que prepararon nuevas sustancias, inventaron aparatos útiles y desarrollaron técnicas empleadas más tarde por la ciencia de la química. Pero tal vez lo más importante en la ciencia de la alquimia se derive del hecho de que por primera vez se mezclaron ciencia y religión, mística y poesía. Pese a la insistencia de los historiadores de la ciencia, la alquimia no fue nunca, excepto en sus estados más arcaicos, una química primitiva. La alquimia fue una ciencia a través de la cual los fenómenos materiales no eran realmente materiales, sino que representaban la condensación de las realidades espirituales del hombre. Nada más hermoso para entender la relación que existe entre creer y crear que los antiguos tratados de la alquimia medieval. Muchos de ellos permanecen sin descifrar todavía, pues condenen lenguajes y palabras llenas de conocimientos velados, extraños y sumamente misteriosos. La alquimia hace que la creatividad tome no sólo modalidades científicas, sino que sea una manera de hacer que el hombre se transforme hasta lograr versiones más evolucionadas de sí mismo. Como disciplina no sólo científica sino también mística, narra por primera vez la esperanzadora visión de que los seres humanos pueden "transformar el plomo en oro", y conseguir cambiarse a sí mismos. La historia de la alquimia coincide con una de las finalidades de este libro: invitar al lector a descubrir que la creatividad, retornando a las creencias de los antiguos alquimistas, puede transformarnos y cambiar nuestra forma de vivir. También nos muestra que es posible combinar el mundo de lo mágico con el mundo de lo científico. Algunos teóricos actuales de la creatividad consideran que ésta tiene mucho de espiritual, de ruta alquimista. El pintor surrealista argentino Jorge Kleinman, mi profesor de surrealismo en el máster en Creatividad Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, decía que la creatividad sigue los principios alquímicos de solve et coagula: disolver y coagular. Crear es disolver los metales y luego condensarlos; es tener una etapa inicial de locura o divergencia, para luego tomar las mejores ideas sacadas de este proceso caótico y loco y convertirlas en hechos y productos reales. Al crear nos convertimos en antiguos alquimistas, transformamos nuestro desorden interno en bellas obras de arte, en poemas, novelas o pinturas. Esto nos enseña la época medieval: que crear nos permite transformarnos, convertir sombras en luces. El RENACIMIENTO: LOS GRANDES GENIOS Nos encontramos caminando por la hermosa ciudad de Florencia, a orillas del río Arno, en el norte de Italia. Estamos en el siglo XV, el Quattrocento, como lo denominan los historiadores del arte; el siglo en que florece una nueva época en la historia de la humanidad: el Renacimiento. El hombre medieval, huésped transitorio por este mundo, da paso a un nuevo tipo de hombre lleno de curiosidad por la realidad, por el mundo material que lo rodea, por la naturaleza. Los artistas del Renacimiento son científicos consumados. Todo lo observan, todo lo estudian. Quieren imitar la naturaleza y su belleza tan precisa y fielmente como puedan. Todas las artes plásticas, desde la arquitectura y la pintura, hasta la artesanía, el diseño y la escultura se expresan en esta época de la manera más perfecta y completa. Los tonos sobrenaturales y celestiales de los cuadros medievales, por lo general con sus cielos dorados e irreales, son reemplazados por

ciclos azules y paisajes perfectos, casi como extractados de la misma realidad. La pintura plana de la edad media va siendo reemplazada por cuadros con tres dimensiones. Las perfectas construcciones renacentistas buscan la seguridad y la fe en la vida de este mundo; la arquitectura se vuelve funcional, sirve para el hombre y no sólo para alcanzar a Dios. Los pintores estudian las leyes que determinan el reflejo correcto de la luz, las medidas del cuerpo humano y la ciencia de la perspectiva. De esta manera, en los cuadros de los pintores de la época, las figuras más alejadas comienzan a volverse pequeñas para mostrar que están a una distancia mayor del espectador. Esta reducción aparente, la perspectiva renacentista, es el resultado de una observación minuciosa de la realidad y de un profundo estudio de las matemáticas. No contentos con esto, los pintores del Quattrocento estudian también la relación entre las dimensiones de la arquitectura y las del hombre. Con ayuda de la geometría, estos grandes genios hacen posible que las medidas del cuerpo humano correspondan a ciertos principios naturales que ellos, de manera precisa y calculada, llaman proporciones. Así, poco a poco, la creatividad comienza a cambiar radicalmente. Ya no es utilizada para transformarse y alcanzar con méritos el otro mundo. Ahora presta especial atención al trabajo razonado, al estudio erudito de la naturaleza y la realidad del hombre, centro mismo del mundo en la época renacentista. Si la obra de un pintor está al nivel de su razón, cuando la juzguemos será una triste señal. Si es mejor que su ratón, peor aun. Así sucede con el que se asombra de haber hecho algo bueno. Es buena señal cuando su ratón estopor encima de la obra terminada. Tal artista será seguramente un excelente trabajador; creará pocas obras pero, en cambio, serán tales que la gente se detendrá maravillada a contemplarlas. Estas palabras reflejan claramente el espíritu del hombre renacentista. Originalmente, están escritas en dulce lengua toscana, en uno de los manuscritos que se conservan de aquél que ha sido considerado uno de los más grandes artistas de todos los tiempos: Leonardo da Vinci. Este pintor florentino fue un genio autodidacta, un agudísimo observador de todo cuanto lo rodeaba. Un eterno curioso, ávido de vivir experiencias de todo tipo, con el fin de enriquecer su espíritu. Se dice que siempre llevaba consigo un librito de apuntes en el que anotaba todo cuando veía, todo lo que interesaba a su aguda inteligencia. Luego complementaba sus apuntes con detalladísimos dibujos. Sólo la colección de sus estudios anatómicos incluye 750 dibujos. Los criterios creativos básicos para el genio de Da Vinci eran la práctica, la experiencia y el experimento. Crea la naturaleza en raros casos seres humanos dotados de tal manera en su cuerpo y en su espíritu, que puede advertirse la mano de Dios al concederles sus mejores dones de gracia, genio y hermosura. De suerte que donde estén y donde se hallen, y hagan lo que hicieren, muestran su superioridad sobre los demás hombres. Y no parece sino que todo en ellos fue obra divina. Estas palabras sobre Leonardo da Vinci fueron escritas por Giorgio Vasari, arquitecto y pintor florentino, para muchos el iniciador de la moderna historia del arte. En su libro Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, fechado en 1549, Vasari comienza una disciplina que marca la época en que vive y que se encarga de ensalzar a los grandes genios poniéndolos muy por encima del resto de los mortales. La creatividad toma entonces un rumbo directo y exigente: mostrar a los lectores, a través de las biografías de los grandes genios, que existen personas muy superiores al resto de sus contemporáneos.

Entre todos los genios estudiados por Vasari, Leonardo es él más grande. Leonardo da Vinci nace en la ciudad de Florencia, a orillas del río Arno, en 1452. Ya desde su infancia da muestras de gran curiosidad y avidez por todo tipo de conocimiento, tanto de las ciencias, como de las artes, así como de la naturaleza y su observación minuciosa, todo de manera autodidacta. Anota Da Vinci en uno de sus cuadernos: Estuve vagando por el campo en busca de respuestas a las cosas que no entiendo. Por que hay conchas en las cimas de las montañas, junto con huellas de corales y de plantas y de algas que usualmente se encuentran en el fondo del mar. Por qué el trueno se demora más que aquello que lo causa y por qué en el momento mismo de su creación el rayo se vuelve visible al ojo en tanto que el trueno necesita tiempo para llegar. Cómo se forman varios círculos de agua alrededor del punto donde ha caído una piedra y por qué se sostiene un pájaro en el aire. Estas cuestiones y otros extraños fenómenos ocupan mi pensamiento a lo largo de mi vida. Pintor, escultor, científico, músico y fabricante de instrumentos, diseñador de armas de guerra, anatomista y botánico, pocas veces se puede llegar a alcanzar tal nivel de curiosidad en la vida de una sola persona. Leonardo estaba interesado en los asuntos más diversos y saltaba de uno a otro con gran facilidad. Se entretenía por igual, durante largo tiempo, en preparar sus colores con aceites, hierbas, minerales y tierra, que en hacer disecciones de animales, construir aparatos para el vuelo del hombre, o cantar y componer versos (era un músico privilegiado y muy respetado por sus contemporáneos). En tiempos en los que pensamos que ya todo está inventado, Leonardo nos enseña que la curiosidad y la observación constantes son la fuente principal del ser creativo. Que las preguntas sobre aquello que no es fácil de ver y entender y la necesidad de buscar nuestras propias fuentes de conocimiento son principios básicos de la creatividad. Ejercicio: La escalera del conocimiento Frecuentemente discuto con estudiantes, compañeros de trabajo y participantes en mis talleres sobre el papel de la curiosidad como fuente primordial de nuevos procesos, productos e ideas creativas. Para desarrollar nuestra propia curiosidad, y de esta manera acercarnos aunque sea un poco a los genios del Renacimiento, recomiendo aplicar un ejercicio que utilizo continuamente en mis talleres de creatividad. El ejercicio consiste en crear una "escalera del conocimiento", que nos revela grandes sorpresas sobre lo que sabemos, lo que no sabemos y los campos en los cuales podemos llegar a desarrollar nuestros propios conocimientos. La escalera está conformada por cuatro peldaños: el primero es el de aquellas cosas que uno descubre (en el último año, por ejemplo) que "no sabía que no sabía". Hace unos años un médico amigo mío, con quien estábamos investigando sobre la escalera del conocimiento, descubrió que "no sabía que no sabía" nada sobre el tema de la medicina china y sus aplicaciones como práctica preventiva y de diagnóstico rápido. Cuando uno ya "sabe que no sabe" sobre un tema especifico, entonces puede comenzar a investigar y a ganar aprendizaje sobre el mismo. Éste es el segundo peldaño de la escalera del conocimiento. Es la entrada al acto de aprender y descubrir, es la fuente de la curiosidad, son las preguntas que constantemente se hacía el genio florentino. Es "saber que no se sabe" sobre un campo específico del conocimiento. Después de leer libros, de realizar entrevistas con médicos tradicionales, de participar en cursos tanto aquí como en el extranjero y de investigar por cierto

tiempo, mi amigo médico me contó con entusiasmo que estaba muy satisfecho, pues ya tenía cierto dominio sobre su nuevo campo de estudio. Compartió conmigo sus aprendizajes sobre el yin y el yang, sobre el chi de la energía China, sobre los cinco elementos y los doce meridianos que funcionan como principios ordenadores de la medicina china tradicional. "Ahora ya sé que sé un poco sobre el tema", me comentó emocionado. El tercer escalón es precisamente éste: cuando las personas ya "saben que saben" y tienen las bases del conocimiento sobre un tema o campo de conocimiento concreto. Con el paso del tiempo, algunos comenzaron a considerarlo como una persona respetada en la aplicación de esta antigua disciplina oriental. Algunos decían que ya "no sabía todo lo que sabía". Este peldaño final de la escalera del conocimiento se da cuando el saber de las personas pasa a ser casi inconsciente, cuando el conocimiento se aplica de forma casi automática. Pongamos el caso de un niño a quien la mamá le ata los cordones de los zapatos todos los días. El niño "no sabe que no saben atárselos por sí mismo. De repente, un día su mamá le dice que se los trate de amarrar sin su ayuda. El niño, con mucho trabajo, intenta una y otra vez, y se da cuenta de que la operación no es nada fácil. El niño acaba de darse cuenta de que no sabe. Al poco tiempo, y después de muchos esfuerzos, el niño puede concentrarse y amarrarse los cordones de los zapatos sin necesidad de ningún adulto. El niño ya "sabe que sabe". Después de algunos años, ya se puede atar los cordones de sus zapatos mientras conversa con sus compañeros del colegio. En esta etapa, el conocimiento ya es improvisado, el niño ya "no sabe que sabe". A continuación, lo invito a desarrollar su propia escalera del conocimiento. Puede hacerlo tomando en cuenta un período de un año:

1. Aspectos sobre los que yo "no sabía que no sabía" (y descubrí este año). 2. Aspectos sobre los que yo ahora "sé que no sé" (y me gustaría profundizar). 3. Aspectos sobre los que yo ahora "sé que sé" (y me gustaría aprender
todavía más, pues son parte de mis fortalezas).

4. Aspectos sobre los que yo "no sé todo lo que sé". (Para llenar este peldaño,
es recomendable consultar a un par de amigos o conocidos, pues en estos aspectos por lo general no tenemos conciencia nosotros mismos.) EL SIGLO XX: SURREALISMO, ARTE E INCONSCIENTE A partir de un fenómeno artístico cultural denominado "dada", el surrealismo vesu nacimiento en París, en 1924. Allí, el escritor francés André Bretón publica el Manifiesto surrealista, en el que asegura que la situación histórica de posguerra exige un nuevo arte que se esfuerce por indagar en lo más profundo del ser humano. A partir de los descubrimientos científicos, filosóficos y psicológicos de Einstein, Heisenberg y Freud, que inauguran una nueva concepción del mundo, de la materia y del hombre, Bretón ve la necesidad de esta nueva forma de arte. Las nociones del relativismo universal, la ruina de la causalidad y la omnipotencia del inconsciente imponen una óptica nueva en la concepción del arte. Estudiando las doctrinas de Frcud, fundador del psicoanálisis, Bretón entiende que la palabra escrita sucede tan de prisa como el pensamiento, y que las ensoñaciones y asociaciones verbales automáticas pueden ser los mejores métodos para la creación artística. El surrealismo trata de plasmar el mundo de los sueños y de los fenómenos subconscientes en la manera de hacer el arte. Los sectores más recónditos del pensamiento humano son considerados por los surrealistas los más aptos y fértiles para la creación de sus obras. En su manifiesto, Bretón afirma: "Creo en el

encuentro de dos estados, en apariencia tar\ contradictorios, como son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, de surrealidad". El surrealismo no sólo afecta al mundo de la pintura, sino también al cine, la fotografía, el teatro, la poesía. El resultado es un mundo aparentemente absurdo, ilógico, en el que los fenómenos del subconsciente escapan al dominio de la razón, pero brindan los impulsos iniciales para las mejores creaciones artísticas de la ¿poca. El surrealismo también se interesa por la expresiónde colectivos a los que apenas se había prestado atención en el pasado: El arte de los pueblos primitivos, el arte infantil, el arte de los dementes y de las gentes de la calle son muy valorados en ese entonces. Su duración es ciertamente niuy extensa, desde 1924 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Su capacidad de promoción es excepcional y sus exposiciones se celebran en todo el mundo, tanto, que ha dejado su marca hasta nuestros días. El surrealismo no fue considerado por sus creadores como una escuela. Más bien como un medio para el conocimiento de regiones novedosas que hasta el momento no habían sido Sistemáticamente exploradas: el subconsciente, lo maravilloso, el sueño, la locura, los estados de alucinación. La importancia del surrealismo es crucial para el posterior estudio de la creatividad, ya que nos muestra algo que hasta entonces no había sido estudiado en el campo de las artes: que nuestro inconsciente es el campo más fértil para el desarrollo de nuevas concepciones sobre nuestras propias realidades. LO QUE AHORA SABEMOS: LA PSICOLOGÍA DE LA CREATIVIDAD A lo largo de este capítulo hemos visto cómo la creatividad ha venido acompañando al hombre en todas sus búsquedas, descubrimientos y realizaciones. En este último aparte vamos a ver cuáles han sido los principales resultados de los estudios académicos sobre el tema de la creatividad. Primeros desarrollos: inteligencia y creatividad Gracias a la revolución de la psicometría (la medición de la inteligencia de las personas), el concepto de inteligencia fue asociado rápidamente con el concepto de coeficiente intelectual, atribuido al psicólogo Alfred Binnet. Este psicólogo francés ideó la prueba del coeficiente intelectual para medir objetivamente la comprensión y el razonamiento de las personas. A partir de estos estudios se creyó que la gente poseía cierta cantidad de inteligencia, tal vez innata. Sin embargo, estudios posteriores mostraron que la inteligencia podía mejorar significativamente con entrenamiento adecuado. En los años cincuenta, un importante psicólogo norteamericano, Joy P. Guilford, reclamó la atención de la comunidad científica al demostrar que algo muy parecido ocurría con la creatividad. Esta habilidad, que caracterizaba a los más exitosos artistas, empresarios e inventores, podía ser desarrollada. El mito de los grandes genios comenzaba a derrumbarse. Muchos años más tarde otro psicólogo norteamericano de la Universidad de Harvard, el profesor Howard Gardner, demostró que la creatividad no es necesariamente una mayor cantidad de inteligencia atribuible a un individuo, sino más bien "otros tipos de inteligencia". La teoría de Gardner plantea que cada uno de nosotros tiene, en mayor o menor grado, al menos siete tipos de inteligencia diferentes: la lógico-matemática, la lingüística y verbal, la mecánica y espacial, la musical, la kinestésica y corporal, la social e interpersonal y la de autoconocimiento o intrapersonal. La teoría de las inteligencias múltiples es aceptada de manera casi global hoy en día, y es aplicada

a los estudios de la pedagogía y al desarrollo de formas nuevas de motivar a los estudiantes en las escuelas y universidades. Estudios en esta misma línea comenzaron a identificar la creatividad como la habilidad de desarrollar otros tipos de pensamiento diferentes del pensamiento práctico y tradicional, que por lo general es el que utilizamos mayormente. Dentro de la escuela del pensamiento creativo, podemos destacar al maltes Edward de Bono, creador de las modernas teorías sobre el pensamiento lateral, y a Tony Buzan, quien estudió y desarrolló el tema del pensamiento irradiante y la utilización de mapas mentales para promover su uso adecuado. Dos fases de un proceso creativo: divergencia y convergencia Una de las características más importantes de los procesos creativos fue definida por Guilford y algunos discípulos suyos. Según ellos, la creatividad de los individuos pasa por dos momentos o etapas decisivos: la divergencia y la convergencia. Durante la fase o etapa divergente, las personas posponen el juicio, llegan a gran cantidad de ideas y no existen criterios de selección o eliminación de estas ideas. Este clima inicial de aceptación y no censura permite que las personas logren mirar más allá de lo convencional y dejen de identificar los problemas con las soluciones rutinarias de todos los días. La fase convergente es aquélla en la cual los individuos vuelven a utilizar el pensamiento práctico, seleccionan las mejores ideas y las llevan a cabo. Creatividad en la era del cerebro Varios de los resultados científicos más importantes de las últimas décadas se relacionan con los modernos estudios sobre el cerebro humano. En los últimos treinta años se ha sabido más sobre el cerebro, que en el conjunto de todas las investigaciones sobre el tema durante el resto de la historia. En 1981 el médico cirujano Roger Sperry recibe el premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos relacionados con los hemisferios cerebrales. Sperry descubre que en el cerebro conviven dos mundos diferentes, dos hemisferios con características y usos complementarios y distintos. Cada uno tiene un énfasis especial: el hemisferio izquierdo es verbal, secuencial, lógico, lineal, racional y analítico. Es el hemisferio del pensamiento práctico, el hemisferio que más hemos desarrollado gracias a la educación, la cultura y los patrones sociales tradicionales. El hemisferio derecho no es verbal, piensa de manera simultánea, es imaginativo, no funciona de manera lineal, es intuitivo y establece mecanismos de asociación. Es el hemisferio mayormente relacionado con las actividades creativas. Existen hoy en día técnicas modernas dedicadas a fomentar el uso adecuado de los dos hemisferios cerebrales. Algunas de ellas van a ser desarrolladas también a lo largo de los próximos capítulos. Algunas barreras a la creatividad De acuerdo con el libro A Whack on the Side of the Head, del psicólogo holandés Roger Van Oech, las principales barreras que una persona se autoimpone en el desarrollo de su propia creatividad son las siguientes:

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Buscar únicamente una respuesta correcta. La mayor parte de nuestra vida hemos estado acostumbrados a encontrar la respuesta correcta, por lo que tenemos poca práctica y entrenamiento en generar una cantidad significativa de posibles respuestas. Cuando investigamos múltiples respuestas, normalmente tenemos más probabilidades de generar ideas creativas.

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Tener demasiada fe en la lógica. Aplicar la lógica demasiado temprano en el proceso de generación de ideas hace que las personas cierren los caminos a los pensamientos que pueden producir ideas inusuales y creativas. Seguir siempre las reglas. Las reglas son importantes, pero ocasionalmente necesitan ser puestas a un lado para que los pensamientos e ideas fuera de lo común puedan generarse y aparecer. Ser demasiado prácticos. Ser prácticos significa tener mucho juicio. El juicio anticipado es la muerte de las ideas. Algunas ideas que aparentan no ser prácticas, muchas veces son transformadas en resultados y ganancias imprevistas si no son eliminadas demasiado temprano. Evitar la ambigüedad. Cuando las ideas o hechos son ambiguos o poco claros, la mente trabaja probando nuevas conexiones y patrones. Este proceso conduce a nuevas ideas y descubrimientos, razón por la cual es mejor no evitarlo. Creer que errar es incorrecto. Si usted tiene miedo de cometer errores, no asumirá ningún riesgo. La creatividad requiere de un salto en el espacio desconocido, que a menudo lleva a fracasos. Los errores no deben ser temidos, sino considerados como pasos intermedios para llegar a las mejores ideas. Pensar que jugar con un problema es un asunto inútil. Jugar con ideas, pensamientos o cosas es una parte básica del proceso creativo. Pensar que un asunto está por fuera del propio campo de conocimiento. Grandes descubrimientos han tenido lugar cuando alguien jugaba con ideas, en áreas nuevas que no eran de su competencia.

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Características de las personas creativas La creatividad como rama de la psicología moderna viene ganando cada día más adeptos. Esta ciencia se dedica hoy en día al estudio de cuatro aspectos fundamentales: las personas, los procesos, los productos y los ambientes creativos. Diversos científicos de varias universidades del mundo han dedicado la mayor parte de su tiempo al estudio de la creatividad. Robert Sternberg, Daniel Goleman, Howard Gardner, Tony Buzan y Mihaly Csikszentmihalyi, en Norteamérica, y los doctores David de Prado, Manuela Romo y el psicólogo español Aníbal Puente son algunos de los nombres de personas que hoy en día vienen estudiando el tema de manera científica y detallada. Según los estudios de algunos de estos autores, generalmente las personas creativas se distinguen por rasgos esenciales de personalidad:

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Logran desarrollar fluidez —un gran número de ideas— antes de llegar a identificarse con la solución a un problema específico. Son flexibles en la aproximación a los problemas. Esto quiere decir que son capaces de mirar el problema desde múltiples ángulos y puntos de vista. Logran redefinir sus problemas para llegar a múltiples versiones del mismo antes de darle una solución concreta.

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Buscan la originalidad, entendida como la íntima necesidad de distinguirse de los demás. Su motivación es intrínseca, lo que quiere decir que no depende de ambientes o estímulos externos. Son tolerantes a la ambigüedad, lo que equivale a decir que son capaces de sentirse cómodos trabajando en varios campos o disciplinas a la vez.

Algunas de estas características van a ser retomadas y trabajadas en el siguiente capítulo, a través de consejos, herramientas y ejercicios para que el lector pueda desarrollarlas con el esfuerzo, concentración y dedicación necesarios. Los resultados de los estudios sobre la creatividad en los últimos ochenta años han sido optimistas y certeros; nos demuestran que esta capacidad puede ser desarrollada. Que la magia se puede mezclar con la ciencia para poder explorar lo desconocido y acertar. Que tenemos varios tipos de pensamiento e inteligencia que podemos desarrollar para obtener resultados maravillosos, y ser capaces de llegar a formas de pensar hasta ahora impensables, utilizando todo el potencial de nuestro cerebro. Pero vayamos al grano, veamos cómo es posible desarrollar todo nuestro potencial creativo. Estudiemos cuáles son los secretos que nos permitirán llegar a lograrlo.

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