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Era una madrugada normal, nos preparábamos para hacernos a


la mar en una jornada en que el frío nos traspasaba las ropas,
enredaba nuestras redes y hacía más pesado el bote y sus remos.
Solo alumbraba la luna, que comenzaba a desaparecer tras aquellas
nubes negras que venían desde el norte.

Mis cuatro compañeros y yo cumplíamos con la rutina de


esfuerzo que siempre realizábamos para obtener una pesca que nos
diera lo suficiente para llevar el sustento a nuestro hogar.

Después de unas dos horas en el mar, en medio de la nada, las


nubes cumplieron el objetivo de tapar la luna. El mar comenzó a bailar
de una forma inesperada. Tratábamos de mantener nuestro equilibrio
y nuestros materiales de cualquier forma.

Comenzó a llover de una manera tan fuerte que las gotas caían
con tanta fuerza que nos cegaba la vista.

El mar se movía con fuerza y nos empezaba a embargar un


estado de pánico, nuestro pequeño bote volaba sobre las grandes olas
que empezaron a aparecer. Nuestras redes se perdían y sólo nos
preocupaba el sobrevivir y llegar a salvo a alguna orilla de la playa
porque ni siquiera sabíamos a qué distancia o que tan lejos estábamos
de nuestra caleta.
No podíamos ver, ni siquiera entre nosotros, apenas escuchaba
a mis compañeros, sólo vislumbraba, entre la lluvia, las olas y el
viento, unas siluetas amarillas que tropezaban y decían no sé qué
cosa.

En eso estaba cuando algo me pegó en la cabeza« De ahí no


recuerdo más. Sólo recuerdo mi despertar en una cama, no se
escuchaba ningún ruido, era un lugar que parecía un camarote de un
barco, pues eso era. La tormenta se había detenido ya que el reflejo
de la luna entraba por las escotillas.

Me levanté, salí a cubierta y había personas que ni siquiera me


miraban, o me hablaban, sólo cumplían sus funciones, caminaban
lentamente y parecían no verme, me acerqué a unos cuantos y ni
siquiera me respondían, solo cumplían sus labores de aquí para allá
dentro del barco de transporte.

Me acerqué al puesto de mando y pude distinguir entre los


marineros del barco a su capitán, era un señor grande, espigado y de
bigote muy delgado. No daba instrucciones, solamente estaba
apoyado mirando el horizonte.

Traté de acercarme a él y solo recibí como respuesta sus señas


que me hacía con sus brazos y su mirada apuntándome que debía
tomar un bote de salvataje que estaban bajando de aquel barco.
Tomé los remos y bogué muy rápidamente.-³que rara esa gente,
ni siquiera pude agradecerles el haberme salvado, quizás sean de otro
país´, pero al alejarme del gran barco de transporte pude ver que
flameaba su bandera de nacionalidad chilena, era un barco chileno y
ahí estaba su nombre ³Valparaíso 2´, su nombre parecía recordarlo,
pero estaba tan extenuado con lo que me pasó que ni siquiera me di el
tiempo de pensarlo, ya que frente a mis ojos aparecía la caleta. Mi
caleta y parecía que todos me esperaban.

Empezaba a amanecer y el sol me guiaba hasta mi destino.

Cuando llegué, estaban mis compañeros y contaban que me


había caído al mar. Y cuando conté mi aventura y sobre el barco que
me salvó, nadie lo creyó, decían que me había pegado fuerte en la
cabeza, que había perdido mi conciencia y dormido lo había soñado.
Pregunté porque no me creían y sólo me dijeron que el ³Valparaíso 2´
había naufragado en una tormenta como la de anoche, hace 10 años
atrás, en estas costas y que habían muerto todos sus tripulantes,
incluyendo su capitán, y que nunca se habían encontrado sus restos ni
el barco.

Pero la historia para mi es real y sé que el ³Valparaíso 2´ existe


y está por ahí navegando y salvando las vidas que ellos no pudieron
salvar a sí mismos.

Fin

Autor: Adrián Díaz Bustamante, Chileno, 2005.