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Tomás Zumalacárregui, ¿inventor de la tortilla de

patata?

Zumalacárregui permanece vivo en la memoria popular, pero actualmente más unido a la


tortilla de patata que a la historia. ¡Si al menos la gastronomía nos permitiera atraer a la
gente al personaje y a su época!.

Cuando en junio de 1835 falleció el general carlista Tomás Zumalacárregui, a la vez nació un
mito. Hasta que en otoño de 1833 la muerte de Fernando VII desencadenó la guerra entre
Isabel y Carlos, nadie conocía a este militar que en año y medio consiguió fama en toda
Europa. Su éxito consistió en aplicar las tácticas guerrilleras aprendidas 20 años antes contra
las tropas napoleónicas. Así lograba derrotar a un ejército en teoría muy superior con puñados
de campesinos mal armados y una excelente red de espionaje. Una herida y muerte
inesperadas no hicieron más que reforzar su imagen de héroe romántico que provocaba miedo
y admiración en amigos y enemigos.

Desde entonces, Tomás Zumalacárregui es uno de los personajes más conocidos de la historia
vasca y española. Su nombre es el primero que vendrá a la memoria de cualquiera que oiga
hablar de carlismo. Sin embrago, es muy poco lo que sabe la gene de él, y la mayor parte de
ese poco responde más a la leyenda que a la realidad. Entre la multitud de anécdotas, la más
viva y extendida actualmente es la de la tortilla de patatas.

Las diferentes versiones coinciden en lo fundamental: una noche llega nuestro personaje a un
caserío muerto de hambre, y la dueña de la casa le ofrece un revuelto de lo único que tenía a
mano, huevos y patatas, creando así la famosa receta. A Zumalacárregui le gustó el resultado
y lo comía cada vez que tenía ocasión.

Como suele ocurrir en semejantes casos, la fábula se entremezcla con la verdad en esta
"historia de la historia". Se non è vero è bene trovato: un hecho indemostrable cobra veracidad
por su contexto histórico. La patata, hasta entonces alimento para animales, había comenzado
a formar parte de la dieta humana en las primeras décadas del XIX, caracterizadas por la
escasez. Mezcladas con huevo, un artículo casi de lujo, se conseguía un plato que no sólo
llenaba el estómago, sino que resultaba muy agradable al paladar. ¡Qué más apropiado para
enriquecer el anecdotario de un personaje tan conocido por el pueblo!.

El paso del tiempo y la tecnificación de la sociedad no han disminuido la vitalida de la


anécdota, al contrario. Gracias a Internet está más extendida y viva que nunca por todo el
mundo.

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