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Vegetacion en La Zona Sur Del Lago de Maracaibo

Vegetacion en La Zona Sur Del Lago de Maracaibo

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Las Unidades de Vegetación en la Cuenca del Lago de Maracaibo, Venezuela.

Manuel Lujan* *Centro Jardín Botánico. Facultad de Ciencias. Universidad de Los Andes.

Introducción
En la descripción de los paisajes vegetales realizada por Duno et al (2003) y Huber (2008), se establece que la depresión del Lago de Maracaibo pertenece a la región y provincia fitogeográfica del Caribe, en donde existió, hasta no hace mucho tiempo, la formación vegetal de tierras bajas más importante del occidente del país. Esta región se caracteriza por la presencia de amplias llanuras sedimentarias de origen cuaternario (100.000 años atrás), de naturaleza coluvio aluvial, cruzada por los cursos inferiores de Fig. 1. Ubicación relativa de la los ríos nacientes en la Sierra de Perijá en la parte oeste y en cuenca del lago de Maracaibo, los Andes al este y al sur. Presenta un marcado gradiente en Venezuela. su régimen pluviométrico, siendo este árido al norte, semiárido a subhúmedo en el centro y superhúmedo en el sur y suroeste. Este gradiente estaba acompañado por una secuencia de tipos de vegetación que Huber & Alarcón (1988), Huber & Riina (1997) y Huber (2008) describen de la siguiente forma:

Parte norte y costera del Lago: comprendía grandes bosques de manglares ribereños al
norte. Estas son comunidades arbóreas generalmente de 3-12 m, asociada a suelos planos y fangosos, influenciados por las mareas y que soporta condiciones de relativa alta salinidad. Las especies dominantes son Rhizophora mangle, Avicennia germinans, Conocarpus erecta y Laguncularia racemosa. En este sentido Medina & Barboza (2006) señalan que se pueden identificar tres tipos de humedales en el sistema de lagunas costeras del lago de Maracaibo: 1. Humedales marino-costeros: ubicados en la costa occidental del Golfo de Venezuela, con salinidad elevada (35%), baja precipitación y formación de salitrales en la franja posterior del humedal. En estos, se pueden distinguir claros gradientes de salinidad desde la costa, donde domina Rhizophora mangle hasta el interior donde domina Avicennia germinans. Alrededor de los salitrales se encuentra una vegetación halófila dominada por Batis

maritima y Sesuvium portulacastrum. En la interfaz entre el salitral y el humedal existen Conocarpus erectus. 2. Humedales estuarinos, ubicados por detrás de las barreras de sedimentos que separan el cuerpo del lago del Golfo de Venezuela y caracterizados por salinidades por debajo del 35%, con amplias variaciones estacionales asociadas a la escorrentía terrestre y precipitaciones. Estos son dominados por especies de mangle, pero junto a ella crecen numerosas especies de menos tolerancia a la salinidad como Hippomane mancinella, Dalbergia ecastaphyllum, Hibiscus pernambucensis, Crinum erubescens, entre otras. Al salir del humedal y disminuir la influencia de la salinidad, se encuentra una vegetación xerófila dominada por leguminosas y cactáceas. 3. Humedales lacustres, de las costas del centro y sur del lago, están sometidas a menos estrés de salinidad, sin embargo existen densas bandas de mangle, esencialmente de Rhizophora mangle. Además, en las lagunas se pueden encontrar densas poblaciones de Tipha dominguensis y Acrostichum aureum. Desde la costa hacia el interior se pueden observar variaciones de comunidades dominadas por mangle, hasta pantanos herbáceos con varias especies que tienden a formar grandes poblaciones, o 1 bosques de pantano caracterizados por el dominio de especies como 2 Pterocarpus officinalis y Annona glabra. 4 4. La formación vegetal que sucede inmediatamente después de los manglares al norte, comprende una faja de arbustales xerófilos, constituidos esencialmente por espinares dominados por Prosopis spp (cují) Cercidium spp (yabo) Acacia spp y cardonales donde domina Stenocereus griseus. Además existen otros elementos leñosos como el olivo (Caparis spp.) el trompillo (Jacquinia frutescens) o el dividivi (Caesalpinia coraria).

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Fig. 2. Ubicación relativa de los arbustales xerófilos y bosques de manglar en la cuenca del lago de Maracaibo, propuestas por Huber & Alarcón (1988) y descritas por Medina & Barboza (2006): 1) Humedales marino-costeros; 2) Humedales estuarinos; 3) Humedales lacustres, 4) Arbustales xerófilos.

Parte media del Lago, costas oriental y occidental: en esta zona existieron distintas
formaciones de vegetación xerófila, decidua y semidecidua distribuidas diferencialmente según las condiciones de la ecología local. A continuación se describen desde la más seca a la menos seca.  Bosques xerófilos (> 5 meses secos al año): ubicados principalmente en la planicie de inundación del río Palmar y zonas adyacentes, tienen dosel de altura baja a media (12-15 m), con dos estratos arbóreos deciduos y un sotobosque bien definido. Esta formación, aunque caducifolia, es bastante rica en especies. Las especies arbóreas más importantes son: Bulnesia arborea, Bourreria cumanensis, Myospermum frutescens, Piptadenia flava, Acacia glomerosa, Copaifera venezuelana var. laxa, Gyrocarpus americanus, Ritterocereus greseus, Jacquinia pungens, Mapighia glabra y el cardón Stenocereus griseus. De Booy (1919) y Jones (1929) reportaban la existencia de una vegetación xerofítica dominada por cactus, divi-divi, algarrobas, ceibas y otros árboles y arbustos. El estrato herbáceo es generalmente muy pobre debido a las severas condiciones de sequía. Hoy en día esa faja esta sustituida en su mayor parte por arbustales xerófilos. Sabanas arbustivas: ubicadas en ambas riberas del lago de Maracaibo, bien en los alrededores de Mendoza, así como cerca de Villa del Rosario. Se encuentran dominadas por Curatella americana, Byrsonima crassifolia y Copernicia tectorum (palma llanera). Estas sabanas son posibles relictos pleistocénicos que persistieron en áreas reducidas. Bosques tropófilos (2-5 meses secos al año) piemontanos deciduos y semideciduos: ubicados en el centro de la cuenca hasta el piedemonte de la Sierra de Perijá, estos eran bosques densos, con muchas lianas y de altura media (10-20 m), la composición de especies arbóreas estaba dominada por Anacardium excelsum (mijao), Spondias mombim (jobo), Trophis racemosa, Calycophyllum candidissimum, Hertella triandra, Melicocca bijuga, Terminalia oblonga, Trichilia martiana, Trichilia pleena (suipo), Brosimum alicastrum, Trophis racemosa, Simira klugii, Cordia thaisiana, Bursera simaruba, Belencita nítida, Centrolobium paraense, Platypodium elegans, Maytenus karsteniana.  

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Fig. 3. Ubicación relativa de las formaciones vegetales en la parte media de la cuenca del lago de Maracaibo propuestas por Huber & Alarcón (1988): 1) Bosques xerófilos; 2) Sabanas arbustivas; 3) Bosques tropófilos deciduos y semideciduos.

Parte sur del lago: en toda la sección suroeste y sur del lago se extendían enormes ciénagas y
bosques altos, además el límite suroriental de la cuenca está definido por los bosques del piedemonte andino, definidos como bosques ombrófilos submontanos/montanos siempreverdes. 

Ciénagas: el complejo deltaico del río Catatumbo incluyó en algún momento un sistema de herbazales y extensos bosques de pantano con Pterocarpus officinalis, Erythrina glauca, Annona glabra, Euterpe oleracea y comunidades mixtas de Hibiscus pernambucensis y Rhizophora. En todas las lagunas costeras, el borde interno está dominado por Rhizophora y en áreas con fuerte deposición de sedimentos se instalan densas comunidades de Tipha dominguensis que alcanzan más de 2 m de altura. Dentro de estas comunidades se observan árboles pequeños de Rhizophora, lo cual indica el establecimiento de manglares. No se observan poblaciones de Avicennia o Laguncularia debido principalmente a que el régimen de inundación permanente y profunda no es tolerado. Actualmente estas ciénagas desaparecieron en su mayoría debido principalmente al drenaje de los terrenos para el aprovechamiento agropecuario. Bosques ombrófilos siempreverdes: restringidos a la zona suroccidental del lago, son bosques muy altos (30-40 m), muy húmedos (precipitación anual > 2000 mm, con 0-4 meses secos al año) que contienen algunas especies endémicas. Principalmente siempreverde, pero con una apreciable reducción del follaje en la estación seca. Gran densidad de árboles con diámetro > 1 m y sotobosque rico en arbustos y hierbas. Flora muy rica y variada según las regiones, donde las principales familias son Bignoniaceae, Bombacaceae, Euphorbiaceae, Moraceae, Sterculiaceae, Lauraceae, Vochysiaceae, Sapotaceae, Lecythidaceae, Leguminosae, Combretaceae, Anacardiaceae, Rubiaceae, etc. Steyermark (1979) propuso la existencia en esta zona de un refugio pleistocénico denominado Catatumbo, el cual representa un importante refugio y centro de dispersión en la región, con bosques que se desarrollan por debajo de los 1100 m y generalmente entre 100-300 m de altitud. Este refugio se sitúa específicamente entre el área de drenaje del río Catatumbo en las laderas más bajas de Perijá y en la base de las laderas noroeste de la cordillera de Mérida. Algunos endemismos como Anthurium praemontanum, Philodendron mesae, Rhodospatha perezii, Spathiphyllum perezii y Besleria ornata son conocidos para Catatumbo, pero el elemento relictual es especialmente notorio, encontrándose un número de taxa que se conocen para la Amazonia Brasilera, Peruana o Colombiana. Este es el único lugar del norte de los Andes donde existen elementos remanentes de la flora Amazónica, un buen ejemplo de esto es Faranea capillipes. La relación del refugio del Catatumbo con otras regiones de tierras bajas en Colombia se evidencia por la presencia de elementos como Ochoterenaea colombiana, Aphelandra impressa, Miconia mocquerysii, Palicourea buntingii y Vochysia lehmannii. Jones (1929) reportó que la zona sur del lago presentaba un aspecto muy distinto al de la zona norte, ya que consistía en una selva lluviosa tropical con una gran diversidad de especies que se 

presentaban en gran densidad lo cual, junto con la presencia de indios, dejaba muy pocas tierras para cultivar.  Bosques ombrófilos submontanos/montanos siempreverdes: ubicados en la vertiente oeste de la cuenca de la cordillera de Mérida y la vertiente este de la Sierra de Perijá, aparece entre los 800 y 2500 msnm y son bosques húmedos (<2 meses secos al año), mesotérmicos, donde se forman comunidades densas de altura media a alta. En su aspectos varía desde un bosque siempreverde submontano hasta una selva nublada rica en palmas, helechos arborescentes y epífitas. Especies arbóreas características: Chimarrhis perijaensis, Cinchona pubescens, Posoqueria coriacea, Micropholis crotonoides, Huertea granadina, Matayba arborescens, Cupania rubiginosa, Pseudolmedia rigida, Ficus dugandii, Psychotria erythrocephala, Cyathea divergens, C. meridensis. Steyermark & Delascio (1985) describen que la vegetación en la Sierra de Perijá presenta grandes afinidades con las de la Cordillera Oriental en Colombia y la de la Cordillera de Mérida, aunque presenta menos endemismos que otras cordilleras, uno de estos endemismos es Bathysa perijaensis.

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Fig. 4. Ubicación relativa de las formaciones vegetales en la parte sur de la cuenca del lago de Maracaibo propuestas por Huber & Alarcón (1988): 1) Ciénagas; 2) Bosques ombrófilos siempreverdes; 3) Bosques ombrófilos submontanos/montanos siempreverdes.

Estado de conservación de la vegetación en la cuenca del lago: aunque existen 5
zonas protectoras en la cuenca del lago de Maracaibo (ver fig. 5), la intensa intervención humana en toda la zona durante los últimos 50 años, ha generado que hoy en día sólo queden remanentes de esta rica flora zuliana (Huber, 2008). Según la Evaluación del estado de conservación de las ecorregiones terrestres en América Latina y el Caribe (Dinerstein, 1995 citado por Duno et al, 2003) los bosques húmedos del Catatumbo encabezan la lista de las áreas amenazadas en Venezuela, siendo catalogado como crítico su estado de conservación con solo 4% de remanente. Así mismo, Romero & Monasterio reportan que para el año 1996, en la zona Sur del Lago, la cobertura de bosques era de Fig. 5. Ubicación relativa de las zonas protectoras de la cuenca del apenas 3,7%. En este sentido, lago de Maracaibo las autoras señalan que la transformación de los sistemas naturales hacia sistemas agroproductivos, se dio en dos etapas. La primera, la deforestación de la era agroexplotadora, de menor impacto, circunscrita al establecimiento de haciendas de cacao y caña de azúcar. Y la segunda, más reciente, de gran impacto y ligada a la expansión de las fincas ganaderas. Se estima que para el periodo 1975-1988 la tasa de deforestación anual fue del 7,5%. El avance ganadero redujo la cobertura boscosa a una mínima expresión y convirtió el paisaje en una extensa matriz de pastizales arbolados, interrumpida por franjas de cultivos de plátano y otros frutales, así como pequeños relictos de 1 selva original, generalmente bosques de galería muy intervenidos. Por otro lado, muchos de los sistemas costeros del lago han sido prácticamente devastados debido a las actividades de la industria petrolera, granjas camaroneras y a los procesos inherentes a la urbanización (represamientos, dragados, deposición de desechos) (Medina & Barboza, 2006).
Fig. 6. 1) Ubicación relativa de las zonas de producción agropecuaria en la cuenca del lago de Maracaibo, propuestas por Huber y Alarcón (1988).

El evidente empobrecimiento de la biodiversidad en la región ha significado la pérdida de un patrimonio fundamental, que va mucho más allá del valor utilitario de las especies o de los ecosistemas ya que tiene profundas raíces biológicas y culturales.

Sin embargo, las políticas de gestión en materia ambiental requieren de argumentos que justifiquen las acciones de conservación. Por esta razón se resalta la importancia de la conservación de la biodiversidad como factor fundamental para el mantenimiento de la estabilidad de los ecosistemas y consecuentemente, la preservación de los servicios que ellos prestan, entre los cuales se enumeran: Procesos de ciclaje y filtración Purificación del aire Procesos de preservación Mantenimiento de la polinización en cultivos Estabilidad de los flujos de agua Conservación de hábitats Purificación de aguas frescas Mantenimiento de la dispersión de semillas Detoxificación de suelos y aguas Secuestro de Carbono Recreación y estética Mantenimiento de fertilidad en Amortiguamiento del efecto Preservación de la diversidad suelos de tormentas marinas genética
Tabla 1. Algunos de los servicios que prestan los ecosistemas (Chivian, 2002)

Procesos de estabilización Control de posibles pestes y enfermedades Mitigación de inundaciones Control de la erosión

La conservación de la biodiversidad como objetivo primordial en la gestión ambiental implica detener o controlar aquellos factores que la amenazan, incluyendo la pérdida de hábitat, contaminación, invasión de especies exóticas y el cambio climático. Este último factor puede ser de importancia capital en el futuro de los bosques tropicales, ya que se estima que un aumento en la temperatura mundial de 2°C o 3°C expondría al riesgo de extinción al 20% o 30% de las plantas vasculares, sin embargo las estimaciones del aumento de temperatura de los bosques tropicales superan las de la media mundial (Bodegom et al, 2009). Es muy probable que incluso unas pérdidas moderadas de biodiversidad provoquen grandes cambios en los servicios de los ecosistemas de los bosques tropicales (Seppälä et al, 2009). En este sentido Chivian (2002) propone, entre otras, las siguientes estrategias de política ambiental: -Incrementar las áreas destinadas a la conservación -Reducir los subsidios económicos a las actividades altamente destructivas y cambiarlos por compensaciones por actividades ambientalmente amigables -Diversificar las actividades económicasy fomentar la producción de varios rubros -Mantener los servicios ecosistémicos que funcionan bien y restaurar aquellos que estén degradados

-Cesar las prácticas forestales insostenibles -Mejorar la prevención de la introducción accidental de especies exóticas Aunque está claro que el fin último de estas políticas debe ser la protección del ambiente, es necesario resaltar que no se debe pretender aplicar un mismo formato de gestión en diferentes regiones ya que cada una posee características únicas, por ejemplo, la pérdida de biodiversidad ha sido mayor en países con una distribución de ingresos en la población muy desigual, que en países con menor desigualdad. Razón por la que las más recientes comunicaciones de los organismos que debaten sobre el medio ambiente mundial, emanadas entorno a la cumbre de Copenhague, destacan que las gestiones ambientales deben ser cónsonas con las características y demandas locales y no pretender la implementación de un plan con aplicabilidad universal.

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