P. 1
"CARTA POSTUMA A MI AMIGO QUE ACABA DE MORIR"

"CARTA POSTUMA A MI AMIGO QUE ACABA DE MORIR"

|Views: 7.587|Likes:

More info:

Published by: María José Mogollón on Jun 06, 2010
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOC, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

06/19/2013

pdf

text

original

Querido Luis, Aunque algunos imaginábamos el desenlace, siempre nos resistimos a creer en la inminencia de tu partida.

Es que siempre nos preparamos para vivir y para aceptar la vida. Nunca estamos listos para la muerte y sus estertores. Los implacables dictámenes médicos, solo lograban redoblar nuestra esperanza. Los pronósticos desalentadores nos permitían atisbar ese lindero tenue entre la ciencia y la fe. En el fondo sabíamos que donde la una termina, la otra comienza y al ir descartando soluciones en manos humanas, finalmente nos quedamos con la fe y en manos de Dios. Ese fue un umbral en el que nos movimos durante meses, tratando de estar a pie juntillas para que su sombra no deje de acogernos. Y es que era duro aceptar esa realidad que se había aproximado súbitamente a nuestras vidas y nos hacía entender la fragilidad de la existencia. Si una compañera tiene la vida, esa es la muerte. Andan por allí juntas y al acecho. Pero nuestro principal instinto es el vivir, desde el momento mismo en que somos concebidos, y por eso nos resulta tan doloroso el aceptar tu muerte prematura, ahora que la vida te sonreía, ahora que estabas pintando mejor que nunca, ahora que tus hijos habían crecido, ahora que el amor se había agolpado en las entrañas de tu matrimonio. Ahora que nos cogiste tan desprevenidos, tan distraídos, pensando en cualquier cosa menos en esa cruel realidad de la muerte que ronda y levanta avisperos por donde pasa. Pero no solo que nos despertaste del letargo. También has provocado que nos unamos como nunca antes en estos casi 26 años de graduados y has puesto a prueba nuestros afectos, nuestros abrazos a veces ausentes en la distancia, pero crujientes por sobre los horizontes. Y nos has movido a estar juntos calladamente, sin armar directivas ni buscar liderazgos, todos aportando en un solo propósito, todos caminando en una misma dirección, casi asustados, pero vehementes y tiernamente solidarios. Por allí asoma el compañero que no habíamos visto hace años, por allí aparece la víctima de nuestros apodos, por allí el trasnochador y bohemio, o el serio y circunspecto, por allí irrumpe la vida buscando filtrarse como un rayo de luz en la conciencia de todos, por allí los expatriados, por allí los poetas frustrados, uno que otro desempleado, por allí los empresarios exitosos, en fin, por allí los Spellman del 84 con todas sus anécdotas a cuestas. Y por allí también todo nuestro dolor, este infatigable dolor que nos quema las entrañas y que nos ha halado de las orejas para que atisbemos el camino. Si estuvieras aquí, seguramente nos dirías vamos muchachos, prepárense para la vida, lo mío es tan solo un viaje y volveremos a vernos. Es que leo los partes mortuorios y me lleno de bronca al punto que prefiero imaginarte tomando el pincel en tus manos para

desencadenar tus fantasías, recogiendo en tu regazo a tus hijas, tejiendo a pulso nuevas esperanzas que se levanten airosas por sobre los extraños designios de la muerte.

Qué lección ha sido para nosotros el pararte firme frente a las adversidades y mostrarte en toda tu dimensión de hombre de bien que no se doblega ni se humilla. Verte sonriente abrazándote de la vida, luchando más allá de cualquier esfuerzo posible. Y nosotros más que ayudándote, ayudándonos para no desfallecer. Hoy podríamos hacer con el dolor, un telar entero. Qué lección de amor las de tus hijo e hijas en el día de tu sepelio. Qué lección de entereza y voluntad la de tu esposa, con su mano temblorosa en el micrófono, con la voz entrecortada, recordando a su Luigi, a su esposo, a su amigo, a su compañero. Qué lección de ternura la de tu madre todavía tambaleante por los embates de la pena, posando su mano sobre el féretro. Pero qué lección la tuya, si la tuya mi querido amigo, la de no sucumbir ni desconcertarte, la de elegir el mar para pasar las horas finales con tu familia, la de decirnos sin palabras que debemos continuar por el derrotero, sin temores, con la determinación suficiente para alcanzar nuestros sueños que encarnan una parte de los tuyos, para amar a nuestros hijos porque en sus miradas está una parte de los ojos de tus hijos, para aprovechar cada instante que generosamente la vida nos depara. Alguna vez leí que la única medida que menos le sirve a la felicidad es el tiempo: siempre le cantamos en el recuerdo. Lo mismo que la salud cumple su destino siendo olvidada, la felicidad toma cuerpo cuando se la añora ante el hueco que dejó a nuestro lado. Y aquí estamos hoy, codeándonos con tu ausencia, sabiendo que en el cielo necesitaban un artista de urgencia, y te eligieron a ti, a un padre amoroso y honesto que fuera ejemplo en la vida y en la muerte, y te llevaron a ti. Hoy eres parte de las flores que pintaste y que engalanan el jardín del infinito. Hoy te has ido como quien se queda, para no dejarnos solos en la misión de vivir a plenitud.

Hoy te siento, como la última vez que te vi: armado de dignidad hasta los dientes.

Hasta siempre compañero y amigo.

Andrés Páez Benalcázar 4 de junio de 2010

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->