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María Claudia Lucio Vargas

Número de Afiliación: 0104-69-0015-3


Sujeto obligado: Sociedad Panamericana de Estudios Empresariales, A.C.
Edad: 38 años
Teléfono casa: 55546666
lucioclau@hotmail.com

México D.F. a 2 de agosto del 2007

Instituto Mexicano del Seguro Social


Presente.

Asunto: SOLICITUD DE INCAPACIDADES

Pongo a su consideración la situación de salud que viví en los pasados meses, para que
ustedes perciban lo difícil que fue para mi familia y para mi ver más allá que la situación
en que estaba viviendo y la razón por la que solicito a ustedes puedan ayudarme para
obtener un periodo de incapacidad. Anexo a la presente carta, un documento realizado
por mi neuróloga donde especifica, y justifica mi incapacidad del 11 de enero al 31 de
mayo del presente año –Ver Anexo 1-.

Primeramente quiero que sepan que estoy consciente del hecho de que no fue apropiado
de mi parte el no haber seguido el procedimiento para la obtención de incapacidades.
Pero les comento que, por un lado, estaba asustada del diagnóstico que pudieran darme
y el tiempo fue pasando sin que me diera cuenta. Y por el otro, se debe a que toda mi
vida he trabajado por honorarios, por lo que el poco tiempo que llevo trabajando bajo el
sistema de “nómina” me ha sido difícil adaptarme a todas sus implicaciones –Anexo 2,
hoja de inscripción-. Además, por ese motivo desde hace muchos años he contratado un
seguro de gastos médicos mayores con el que cubro parte de mis gastos médicos.

Intentaré entonces explicarles lo más brevemente posible lo que he vivido en estos


últimos meses, dándoles los antecedentes pertinentes para su evaluación. Desde el año
de 1999 me detectaron epilepsia de difícil control, con hasta 4 convulsiones diarias,
más ausencias y demás tipos de crisis. Desde entonces he tenido que aprender a vivir
con ella, con todo lo que ello implica, puesto que su control ha sido bastante difícil,
sobretodo cuando alguna “variable” se añade, como puede ser una gripa, calentura,
desvelos, menstruación, dolor excesivo, estrés o exceso de trabajo.

Bajo este antecedente, el 11 de enero de 2007 me hospitalizaron por una neumonía. Por
el rápido avance en la enfermedad y las elevadas temperaturas me hospitalizaron para
tratamiento y para evitar convulsiones. Me hicieron una broncoscopía para detectar el
microorganismo que la causaba, que como comentó el Dr. Raúl Rodríguez Fuentes (el
neumólogo que me atendió en ese momento) era una bacteria que estaba adherida al
tejido pulmonar. Salí del hospital el 17 de enero –Anexo 3: última incapacidad que emitió
el Dr. Rodríguez-. En todo este tiempo participó activamente la Dra. Norma C. Aréchiga
Ramos (mi neuróloga). El Dr. Rodríguez me siguió atendiendo hasta el 6 de febrero que
lo vi por última vez porque, a pesar de que las placas de Rayos X indicaban que mis
pulmones estaban limpios –Anexo 4 Informe radiológico del 1 de febrero 2007-, mi
capacidad pulmonar y oxigenación eran bajas (50% y 75% respectivamente); además,
percibí que él no sabía qué más hacer.

Acudí con el Dr. Rodrigo Quezada, neumólogo. Tuve varias citas con él y en cada una
identificó que mi capacidad pulmonar y oxigenación disminuía, llegué hasta 30% y 60%,
respectivamente –Anexo 5, muestra una de las muchas mediciones de capacidad
pulmonar que me realizó-. Entre los estudios que me solicitó están el de Gasometría
Arterial y Tomografía Computada de Tórax con Contraste –Anexo 6 y 7-. Su diagnóstico,
en palabras coloquiales, fue que pulmonarmente no había gran problema, que mi
problema era algo muy grave y que seguramente el origen era neuromuscular. Durante
este mismo periodo pedí la opinión de varios médicos más: el Dr. Abel Pérez Rosales,
también neumólogo (que me pidió un estudio de Anticuerpos para Acetilcolina –Anexo
8-), el Dr. Eduardo Ayala Riestra, médico internista y el Dr. Marcos Cano, médico
internista y mi endocrinólogo desde hace 15 años (me encargó un estudio de Cortisol
matutino y vespertino –Anexo 9-). Todos coincidieron en que el problema podría tener un
origen neuromuscular, que sería difícil su diagnóstico y que estaba muy grave
considerando, además, lo mal que yo me sentía.

En particular, el 21 de marzo, el Dr. Eduardo Ayala me envió al Instituto Nacional de


Neurología con un escrito dirigido al Instituto explicando mis síntomas –Anexo 10-. Fui
ahí, los médicos (en total 3) concluyeron que estaba muy grave pero que no sabían el
origen, que corría gran riesgo con la epilepsia, puesto que se habían desencadenado
varias crisis de diferentes tipos. Me mandaron hacer la misma serie de estudios que
todos los médicos anteriores me habían pedido –Anexo 11 a 13- y me canalizaron al
INER –Anexo 14-. En el INER, el 30 de marzo, el Doctor que me atendió no tuvo tiempo
para escuchar, ni ver los estudios que le llevaba y me diagnosticó en menos de 5 minutos
que mi problema era Asma –Anexo 15-.

Mientras tanto, desde enero hasta ese entonces, mediados de mayo, mi neuróloga la
Dra. Aréchiga, en ningún momento dejó de atenderme. Ella estuvo en constante contacto
con varios de estos médicos, intercambiando opiniones. Entre otros estudios, ella me
solicitó la Prueba de Estimulación Repetitiva a Baja Frecuencia, la de Fibra Única y el de
Creatin fosfo-kinasa –Anexos 9, 16 y 17-.

Como ustedes sabrán, ante esta nueva enfermedad y con la serie de medicamentos que
me recetaron en este periodo de mi serio problema de salud, la epilepsia se ha
agravado bastante, con ausencias, convulsiones y crisis parciales. Desde enero hasta
finales de mayo, los médicos en forma generalizada, me dieron la indicación de
que no debía ver televisión, utilizar computadora, que debía
estar en reposo casi absoluto, leer moderadamente y no hacer
nada de ejercicio, en pocas palabras sin poder trabajar.

Varios de los estudios que me realizaron se encaminaron a detectar “esa” enfermedad


neuromuscular, que los médicos estaban seguros era la causa de mi extrema
debilidad y agotamiento, de mi falta de capacidad pulmonar, de mi poca
fuerza para hablar por falta de aire, del dolor del tórax y extremidades y
la disminución de mis capacidades motoras como resultado de cualquier
actividad física realizada. Con estos síntomas y otros más, todos los médicos
suponían que yo tenía Miastenia Gravis, pero los resultados de los estudios eran inciertos
y me comentaban que existen otras muchas enfermedades neuromusculares que pueden
causar estos mismos síntomas, pero que requeriría realizarme muchos, muchos más
estudios y que, por tanto, el siguiente paso era una biopsia.

La Dra Aréchiga decidió que era mejor realizar una prueba terapéutica con el
diagnóstico de la Miastenia Gravis. Así que desde el 17 de mayo del 2007 inicié el
tratamiento con el MESTINON –Anexo 18-, con la esperanza que fortaleciera mis
músculos. Al parecer, el medicamento me está funcionando, he aumentado mi actividad
física a 15 minutos diarios, no más. Nada más. Ya puedo hablar durante todo el día,
aunque todavía tengo varios síntomas desagradables.

Ante esta mejora, a finales de mayo (puedo decir que el día último del mes) decidí
abandonar toda visita y estudio médico pendiente. Me reincorporé lo más que pude a mi
trabajo (sin hacer mayor mención de lo que me sucedía) y he intentado no poner atención
a los síntomas de la Miastenia Gravis y a los problemas de la Epilepsia. Por tanto, a pesar
de que mi salud sigue considerablemente deteriorada, puedo poner como fin de este
difícil periodo por el que he pasado, por decisión propia, el 31 de mayo del presente
año.

He aquí la descripción de estos meses que he pasado, en los que cada semana creí que
“ya era la última” en que estaría enferma, pero que al pasar el tiempo y sumando todas,
se hicieron meses. Meses que ante la paciencia de mis empleadores nunca hicieron
hincapié en mis incapacidades, suponiendo que algún día yo se las haría llegar. Meses en
los que mi familia y yo hemos estado sumidos y sometidos en un constante estrés entre
posibles diagnósticos y opiniones que no nos permitieron pensar en nada más allá que en
saber qué tenía.

Por otro lado, ustedes saben que una persona con epilepsia le es muy difícil trabajar en
una empresa y más aún ser eficiente, como cualquier trabajo lo exige. Más cuando se
trata del tipo de epilepsia que tengo. Hasta el momento nunca he dejado mi trabajo y lo he
intentado hacer lo mejor posible, contrario a las indicaciones que he recibido de los 4
neurólogos que he tenido en el periodo de 9 años y de aquellos más que he consultado
en busca de opiniones, que me dicen que no debo trabajar. Se que soy una empleada
apreciada en mi trabajo y que soy buena. Pero estoy segura de que si no puedo justificar
estos meses en que no he entregado resultados, por razones más que justificables, corro
el peligro de perder mi trabajo, cosa que sería para mi más que insoportable, puesto que
además de las dificultades naturales del mercado laboral, me vería en una seria
desventaja con mi situación de salud. Y como todos, dependo de mi ingreso para vivir,
para comprar mis medicamentos y demás gastos médicos.

Concretamente y en consideración a los antecedentes descritos, solicito de ustedes, de la


manera más atenta y con base en los comprobantes anexos, se sirvan autorizarme como
periodo de incapacidad del 11 de enero al 31 de mayo del presente año, a fin de
comprobar la ausencia tan prolongada que padecí por mi enfermedad.

Gracias por su apoyo.

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