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“Transeúntes del olvido”, por Jens Peter Jensen Silva (Velpister) ©2010 Velpister Prólogo por Vicente Muñoz Álvarez Epílogo por Alfonso Xen Rabanal Todos los derechos reservados. Editado digitalmente por Groenlandia con permiso del autor. Directora: Ana Patricia Moya Rodríguez Diseño: Luisa Fernández (Portada y Contraportada) \ Velpister (ilustraciones del interior) \ Ana Patricia Moya Depósito legal: CO 715-2010
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Córdoba, 2010

MUSICOPLASTIDRAMA
Lo que nuestras creaciones y obras pueden dar de sí (el rumbo que puedan tomar y el destino que puedan tener), es algo azaroso e imprevisible, que no termina nunca de depararnos agradables sorpresas. Buen ejemplo de ello es la historia de Cola para genocidio , el cuadro de Velpister que adorna una de las paredes del salón de mi casa. Todo comenzó hace algunos meses por una generosa proposición de intercambio: un cuadro suyo a cambio de algún libro mío. Inmediatamente dije que sí (conocía su obra a través de su blog y me entusiasmó la propuesta) y le envié algunos de mis últimos títulos, recibiendo pocos días después no uno, sino dos maravillosos cuadros cuidadosamente embalados. De todo ello di cuenta entonces en una entrada en mi blog: De cuadros intercambios y amigos o El fabuloso mundo de Peter. Y a su vez él de la lectura de mis libros en otra del suyo: Pura Vida: Leyendo a Vicente Muñoz Álvarez . Pero el asunto no terminó ahí. Sentado frente a

Cola para genocidio en el sofá, leyendo o ensoñando o videando viejas
películas al atardecer, mi cabeza no dejaba subconscientemente de buscarle al cuadro palabras, como queriendo ponerle subtítulos, y casi mecánicamente escribí para él un poema titulado del mismo modo: Cola para genocidio . Como nueva entidad, ya autónoma e independiente, cuadro y poema comenzaron a rular por la red, generando a su vez otras entradas y comentarios, hasta que algún tiempo después Velpister volvió a

sorprenderme con el siguiente correo:

Hola Vicente:

He montado un videopoema con tu poesía e imágenes del cuadro y una pieza que compuse hace tiempo para la serie de Cola para genocidio. llamarlo MUSIC OPLAS T IDRAMA . O PL AS Al resultante me gusta

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Y así nació otra nueva criatura, ente o videocreación compartida, con una banda sonora -

Vals

para

muertos

-

que

recuerda

al

mejor

cine

expresionista alemán y unos primeros planos del cuadro subtitulados con versos que se quedan grabados a fuego para siempre en la retina.

TRANSEÚNTES DEL OLVIDO

Aunque ése tampoco era el final de la historia. Más bien era sólo el principio, y lo he utilizado para introducir este poemario de Velpister,

Transeúntes del olvido , como carta de presentación y aval de su versatilidad
creativa: músico, pintor, narrador y poeta, además de videocreador, blogger, escenógrafo y artista relacional. Siempre he admirado a este tipo de creador total, capaz de cambiar a voluntad y según su estado de ánimo de campo y estilo, competente en diversos terrenos y ámbitos. Y no tengo ninguna duda de que Peter (Velpister) es uno de ellos. La literaria, sin embargo, ha sido la última de las facetas suyas que he conocido,

básicamente por su blog y por las colaboraciones que en los últimos meses me ha ido enviando para Hankover. Y ahora, siguiendo la telaraña y el juego, me veo escribiendo esta libro introducción impactante a y su primer poemario, y

Transeúntes

del

olvido ,

un

durísimo,

tremendo

demoledor, que no olvidaréis fácilmente. Poesía autobiográfica y narrativa, o realista y crítica, son los primeros adjetivos que me vienen a la cabeza tras su lectura. Pero también, inmediatamente después, traumática, visceral y catártica, en cuanto que parte de un trauma o experiencia amarga (escatológica incluso) y pretende, mediante su exteriorización, reconciliar al poeta (y de rebote también al lector) con el entorno y el mundo. En el cine , poema que abre el libro, ejemplifica a la perfección todo lo dicho: una infancia traumática, un entorno hostil y una experiencia humillante, grabada en la memoria del autor como una cicatriz, a modo de presentación del poemario. Y Carcajadas enfermas a continuación... Y declaraciones de

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principios tan contundentes como Nada, Malo Blues, No vaya a ser, De lo

doméstico, Saga... verdaderos puñetazos al corazón del Sistema . Así se
suceden uno tras otro los poemas, noqueándonos, descolocándonos por dentro y dejándonos un sabor amargo en la boca, pero también

deslumbrándonos por su intensidad y certeza y haciéndonos partícipes y cómplices de su propuesta.

UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO

Esa es la sensación que uno tiene al terminar de leer este libro: haber viajado al infierno de la mano de Peter. El infierno de la incomunicación y

el odio, de la solead y el miedo, de la mentira y de la hipocresía, de la frustración y el paro, del desamor y el tedio... El infierno, en suma, de la sociedad ( de bienestar , dicen algunos) en que vivimos. Aunque, no obstante y pese a todo, pese a los malos tragos y los sueños rotos, y lejos de victimismos o lamentaciones, ahí sigue el poeta: denunciando lo que ha visto y sufrido y dejando rastros ( Cuando tu hijo te diga papá, papaíto, / ¿a

que los reyes sólo les traen regalos a los niños buenos? / No le mientas, / no, / no lo hagas. / Dile la verdad: / no nene, / sólo les traen regalos a los niños ricos ),
previniendo y mostrando a los demás el camino, extrayendo del trauma belleza y del dolor poesía, a mi juicio buena, muy buena poesía.

Os toca ahora a vosotros disfrutarla y sufrirla, como acabo de hacer yo, para sacar después conclusiones

Será una estremecedora e inolvidable experiencia.

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A Susana, a quien odio y amo por igual.

A Vicente Muñoz por su confianza, a Xen Rabanal por su vehemencia y a mí mismo por no haber caído derrotado.
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PEOPLE

Hay ciertos detalles De los cuerdos

Que me inspiran Aversión:

Su mirada daltónica Y oblicua

Sus parcos proyectos

Su transfiguración

Y conformismo.

Vicente Muñoz Álvarez

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EN EL CINE

Te levantas. Te miras en el espejo. Ves tu cara. Te acuerdas de una tarde de verano. No recuerdas la película. Los gritos e insultos hacían imposible escuchar los diálogos. Los ojos clavados en la pantalla. Risotadas. La bizquera provocaba una imagen que exaltaba a los niños salvajes que se encontraban a tu alrededor. Insultos bestiales. Carcajadas. Te acuerdas de los escupitajos, de los objetos que volaban por los aires, latas de Fanta vacías, cacahuetes… ¡Monstruo, feo, birollo hostia, me cago en la puta, qué feo es! Risas, carcajadas enfermas. Recuerdas el calor. El frío del sudor. Procurabas de todos modos no perder detalle de la película. Pero no consigues recordar el título. Recuerdas aquella tarde. La oscuridad de la sala hacía que la luz de la pantalla reflejase con mayor crudeza la deformación y la fealdad. Poco a poco se iba calmando la multitud exaltada. Silencio. Pero a veces alguien repetía: ¡Feo, hostia!, y todos de nuevo volvían durante otros interminables minutos a gritar y a reírse. Lo recuerdas, fue una tarde agobiante. Recuerdas aquella tarde en concreto. No recuerdas la película. Hoy, mirándote al espejo lo recuerdas con claridad. Ves tu cara, tu cara fea, horrible, pero no deforme. 10

Recuerdas las risotadas. Tus risotadas. Insultabas y lanzabas latas vacías y escupitajos y te reías salvajemente, con carcajadas enfermas. No sabes por qué hoy te acordaste.

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CARCAJADAS ENFERMAS

No sé si sabré manejar esta barca. Me parece que siempre fui a la deriva. Estoy tan solo.

Llevo tanto tiempo solo que tus abrazos ya no me reconfortan. Tengo tanta sed.

Llevo tanto tiempo sediento que ya no puedo tragar. Soy tan mayor.

Llevo tanto tiempo siendo mayor que ya casi soy un viejo, con la deriva a mis espaldas.

Un faro, a lo lejos. Siempre lo vi.

No sé. No sé si alguna vez quise llegar hasta él.

Cerraré los ojos.

No.

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Aquí no hay paz ni alegría. No hay calor ni una sonrisa. Aquí sólo hay dolor y carcajadas enfermas.

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NADA

Estaba en la cola del supermercado. Llegó mi turno para pagar y me dí cuenta de que no llevaba la cartera. - ¡Ay!- le dije a la hermosa cajera. - Espera que me he olvidado la billetera en el coche. Ve pasando las cosas que lo tengo ahí mismo. Cuando salí fui a por el coche, pero cuando me iba acercando me dí cuenta de que no tenía, me dí cuenta también de que tampoco tenía cartera, de que no tenía con qué pagar, me dí cuenta entonces de que tampoco tenía casa, de que no tenía nada, de que por vivir, no vivía ni en la calle. Y poco a poco, casi sin asombro, me fui dando cuenta de que yo no era yo, ni tan siquiera era y fui desapareciendo. Hasta hoy. No soy nada, no soy nadie, no tengo apellidos ni enemigos. No se está mal así, aunque echo de menos algunas cosas. Dada mi situación lo que más añoro es un simple abrazo.

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FAMILIA FELIZ EN 25 PALABRAS

No es tema de chismorreo pero, de todos mis hermanos, si a mi madre le dijeran que un hijo ha muerto, desearía que fuese yo. 15

MALO BLUES
He sido malo malo muy malo. me han echado de la ciudad donde vivía por ser malo malo muy malo malo me han echado y ahora no tengo a donde ir porque he sido malo malo muy malo. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué? Ah, sí, pues se llamaba la ciudad Hija Puta. La más puta de todas las ciudades, la madre más puta de todas las ciudades putas. La ciudad Hija Puta. Ay, espera que no puedo hablar. Ahora, ya tragué el whisky de cuatro euros la botella que me quemaba. Cuidado, aprovecha esa gota que queda, de óleo, y también la de whisky. He sido malo malo muy malo.

( d e d ic a do a m i a nt i gu o t a l le r de l q u e fu i e ch a do)

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MI MEMBRANA ADORADA

Estábamos en aquel bar mugriento. A mí me gustaba, me gustaba el vino malo, el mareo que me provocaba. Pensaba que a ti también.

Estábamos allí. Tú, y después, mucho después, estaba yo.

Pequeño.

Nervioso.

Te contemplaba, te adoraba, te deseaba, te extrañaba. Me sonreías, no sabías muy bien qué querías. Yo te amaba. Siempre habías sido virgen de membrana, pero a mí ya no me importaba, de verdad,

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ya no me importaba. Si hubieses querido que sólo te metiese los dedos, lo hubiese hecho hasta la muerte, pero ya no querías ni siquiera eso. Meses atrás te hacía reír a cada paso. Me adorabas.

Virgen de membrana.

Teníamos que trabajarnos furtivamente en las esquinas, a veces encontrábamos un lugar mejor, algo más cómodo, pero igual de clandestino. Me encantaba besarte las tetas, tus pechos enormes y voluptuosos y turgentes y perfectos y suaves y míos, míos, sólo míos,

virgen de membrana,

mi adorada.

No estaba ocurrente, estabas tú, y a un lado estaba yo, aquel que en otras ocasiones te dominó casi por completo,

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excepto por lo de tu membranita de los cojones, que ahora estaba dispuesto a proteger y a comprender. Pero no, sólo era un encuentro de amigos, de putos amigos de los huevos, y uno de ellos empalmado hasta el cuello.

Me levanté, estaba haciendo todo lo posible por parecer duro e impertérrito, fui al servicio. Me metí dentro de ese lavabo infecto, pestilente y oscuro, había restos de caca en las paredes. Alguien, después de limpiarse el culo con los dedos se los restregó por la baldosa… “Lola puta”

Rompí a llorar. Sí, es cierto, lloré de amor, de rabia, de celos, de impotencia, de amor. De amor. Intenté mear, me costó. Tenía una erección de caballo. Mientras lloraba imploraba, deseaba, esperaba que volvieses conmigo. Estaba dispuesto a lo que fuera,

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a dejarlo todo. Dejaría, sí, dejaría lo que más amaba, dejaría el piano. Era un pianista con futuro, becas, altas calificaciones, posibles premios, estudios en los EE.UU. Renunciaría a todo por aquella virgen de membrana. Me repuse. Fue una ráfaga lacrimosa. Respiré los vapores inmundos, tosí, hice muecas para relajar el gesto.

Salí del wáter, seguía sentada, era una diosa voluptuosa, estaba hecha para ser amada, en aquel instante, en aquel tugurio repugnante, lleno de moscas muertas, con las paredes desconchadas y sucias, con los lavabos inundados de mierda. Me sonrió y se iluminó todo. Yo seguía en sombra. Caminé hacia ella,

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encogido, pequeño, con los ojos rojos, compungido, desvalido, aburrido, abandonado.

Dejé el piano. Jamás volví a tocarla.

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FAMILIA FELIZ
Cuando me muera hijo mío, mi hijo querido, quién, ¿eh? ¿quién te dará lo que yo te doy? ¿Eh, cariño? ¿Quién te dará, por ejemplo, estas pastillitas de color azul para que puedas dormir? ¿Eh, cabrón?

Cuando tú te mueras, mamá, mamaíta, nunca, nunca más necesitaré pastillitas para dormir. Por ejemplo.

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NO VAYA A SER

Cuidado. Que no se te escape como si fuera un arrebato infantil.

No vaya a ser.

No pidas nada a Dios. No vaya a ser que exista el hijo puta. y te lo quite todo.

Mira Haití, allí donde le rezan. Le rezan tanto que algunos obispos opinan que aquí estamos peor.

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LOS CERDOS, NUESTROS AMIGOS

Un olor nauseabundo. Debe ser la desesperación, la depresión, la miseria. Espero que no lo noten. Es tan fuerte que me aturde. Adelanto a un camión que transporta cerdos. Ah, bueno.

Pero nada cambia.

Ese se parece a un viejo amigo. Se parece en todo. Se los llevan apretados. Nos los comeremos a todos.

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MI MICROONDAS

Tengo un microondas viejo y malo. Calienta poco y por zonas. Antes de entrar en su casa, que ya no es la mía, la de mis padres, estoy como si hubiese estado cociéndome en el microondas triste y viejo de la pequeña cocina de mi casa escasa. Allí llego algo caliente, depende de por qué parte. Ellos tienen un gran microondas, muy potente, en su casa enorme y llena de cucarachas rubias. Como sus hijos. Rubios. (Rubitos de pequeños). Todo se puede quemar en su interior. Así me voy de allí, estropeado, quemado.

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DE LO DOMÉSTICO

Hay mañanas especialmente frías, demasiadas últimamente piensas. Procuráis permanecer silenciosos en diferentes puntos de vuestra casa escasa para no encontraros. Os cruzáis cuando no hay más remedio en total silencio,

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sin miraros a los ojos. Ninguno sabe el motivo del enfado, de vuestro enorme mal humor, de vuestras miradas esquivas repletas de odio, de hastío. De silencio. Después de realizar cada uno sus tareas domésticas aparecéis en el salón, os sentáis en el sofá viejo y sucio sin hablar. Silencio. Os reconciliáis con un polvo, como siempre. Folláis sin miraros a la cara. Ella se corre la primera, casi en silencio. Antes le pedías que gritase: ¡Grita zorra, grita más! Y tú empujabas salvajemente su frágil cuerpo. Ahora no. Siempre sabes cuando se va a correr y apuras el paso. Termináis con el trámite eyaculando en su barriga, también en silencio, cada vez más silencioso. Os incorporáis inmediatamente,

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cada uno en una esquina del sofá. Os miráis algo más a los ojos. No te preocupes. Dijo él. En cuanto encuentre trabajo me voy. De acuerdo. Dijo ella.

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MI VIDA EN EL INFIERNO

Uno confía siempre en que llegará el día. Todo saldrá bien, todo acaba saliendo medianamente bien. Aquí seguimos, ¿no? No nos ha partido un rayo, ni mi madre ha vuelto a casa convertida en una puta y cubierta de excrementos, tampoco he resultado ser un perro. Y todo a pesar de lo que yo pueda pensar. Aquí abajo vivimos bien dentro de lo que cabe. Otros están peor.

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SAGA

Su padre sufrió para alimentarlo. Creció raquítico, devorado por el hambre y la enfermedad. Se convirtió en un desconocido, un don nadie, padeció miserias, no tuvo paz, fue maltratado.

Tuvo un hijo, sufrió para alimentarlo. Creció raquítico y devorado por el hambre, padeció miserias. No tuvo paz.

Tuvo un hijo.

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LLUEVE

No deja de llover. Odio la lluvia, siento que todo se pega. Se pegan los recuerdos, el sudor, el dolor, el cansancio, el hastío. No encuentro atractivo en un cielo gris, oscurece la existencia, le da ese tono desagradable. Mis zapatos ya no consiguen achicar más agua por sus agujeros, y entonces, así, como suele ser todo, aparece una imagen, no muy luminosa. Hay un niño mirando por la ventana. Es un día como el de hoy, de lluvia, triste. O no, no triste, es otra cosa. Desolador. Abre la ventana, en su cara también hay aguaceros y nubarrones. Pero, es que es tan pequeño. Ha abierto la ventana y el aire choca contra su cara mojada. Se encarama ágil sobre el alféizar, fue un movimiento felino. Abre la puerta su madre. No lo encontró en la habitación.

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SIMPLIFICACIÓN DE VENUS

Suave, suave, susurraba Olivia mientras chasqueaba los dedos mirando a la nada. A un lado se encontraba Popeye, que se estaba metiendo una lata de hierba.

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ENTRE LA MIERDA UNA FLOR

Entre toda la mierda que me rodea, la que tengo dentro, la que se desarrolla y crece y se alimenta y me devora, la que será. Entre todo el caos y la porquería, las inmundicias, la suciedad y la falta de expectativas. Entre todo eso, aún se me ocurren cosas hermosas. Muchísimas.

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MI LADO TRISTE

Mi lado de la cama está sucísimo, apestoso y mohoso.

El tuyo, sin embargo,

está limpio, muy limpio y seco

y frío

y vacío.

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FELICES CHISMAS

Ahora que estamos en estas fiestas tan entrañables, tan riquiñas y adorables, ahora que pasamos todos por aquí, aunque no queramos, aunque no podamos, ahora vamos a dejar de contar mentiras. No mientas, no te mientas. No lo hagas en esta ocasión. Te mientes siempre: las fiestas no te gustan, no vas a dejar de fumar, como mucho cambiarás de marca, no dejarás de beber whisky malo, no serás mejor persona, no serás feliz como no lo has sido nunca, no te tocará, no te ha tocado, la lotería. No te gustará jamás tu trabajo, seguirás detestando a tus compañeros que no te entienden, no dejarás de intentar explicarte, no podrás evitarlo, no te gustan las reuniones familiares, los chistes de siempre, la pesadez de estómago, la borrachera fuera de lugar, los chismes, los malos recuerdos, las discusiones, la falta de cariño, la innecesaria pregunta de por qué todos los años lo mismo, para qué.

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Los reproches. Cuando tu hijo te diga papá, papaíto, ¿a que los reyes sólo les traen regalos a los niños buenos? No le mientas, no, no lo hagas. Dile la verdad: no, nene, sólo les traen regalos a los niños ricos. Que vaya aprendiendo, de esta manera comprenderá porqué los reyes pasan por el chino antes de dejar los regalos en su casa y no por el Corte Inglés. Todo esto lo pensarás, seguramente, mientras te tragas una botella de tinto venenoso que venía en la cesta de navidad de tu empresa, la única diferencia con el que bebes a diario es que este viene en vidrio, y lo bebes no con mayor placer, pero con la misma avidez. La cesta miserable de tu miserable empresa que no dudaría

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un segundo en mandarte al paro, que te recuerda, sin embargo, que es Navidad, que te da un sueldo miserable y hace que tu vida, un año más, sea también un poquito más miserable.

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MORBO POLÍTICAS MORBO Y ONANOS

Morbo, morbo y onanismo es lo que me producen algunas mujeres de la derecha. De la derecha española, que es tan peculiar, tan rancia, tan de toda la vida de Dios. Políticas y, especialmente, periodistas. Tienen esa cara tan limpia, tan dignas, tan bien peinadas, tan bien vestidas, de punta en blanco, tan aromáticas, tan virginales, sensuales, tan bien conservadas, conocedoras de cual es su sitio de mujer, de su argumentario,

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tan reaccionarias, su saber hacer, su resignación ante la adversidad masculina. Sí, es cierto, es una de mis fantasías. Una felación por una mujer de la derecha española. La fantasía puede ser aún más atrevida: me puedo imaginar una mamada en un trío con dos derechonas. Mientras me la churrepetean cantaré en éxtasis: ¡¡¡Ah!!! ¡¡Qué rico!! Chupad, ¡CHUPAD! Chupad al obrero, al artista, al rojo, ¡¡AL POBRE!! ¡¡Ah!! ¡¡Qué rico!! Y mientras me fumaré un canutillo. Estoy en éxtasis, no veo, mis ojos en blanco. El resto del hachís se lo venderé, a la salida del cole (del Opus), a vuestros hijos.

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¡¡¡HORROR!! ¡Haré que se conviertan en artistas, en intelectuales de izquierdas!

Gallinero

(óleo sobre tabla)

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¿CLIC? (autorretrato)

Estaba sentado en una silla, al sol enfermo de un mediodía de finales de Febrero. Tomaba un té con leche. Desde que dejé de fumar tomo té con leche y tengo los dientes mas sucios que cuando fumaba frenéticamente. Tomo té al calor del mediodía, tomo el aire y también tomo una pastilla para el dolor de cabeza. (Tengo una ligera resaca). Oí un clic, o más bien un clac, o quien sabe, creo que llevaba “r”. Sería un clarc. (Igualito que Brick en “La gata sobre el tejado de Zinc”). 42

Escuché de nuevo ese clic que ya conocía y de nuevo comprendí.

Jamás, pedazo de mierda, nunca. No serás feliz.

(Quizás).

Quizás algún minuto, un instante, algún momento que me llene los ojos de lágrimas, pero por lo demás, la felicidad está destinada a los triunfadores, los que tienen pelo, ropa variada que además les sienta bien, una bodeguita, qué sé yo, esas cosas que te hacen comprender lo feliz que eres y te hacen hablar de manera paternalista, mostrando la importancia de la propiedad, de la familia, de la integración social, de las buenas costumbres y todas esas cosas maravillosas y trascendentales que están destinadas a unos cuantos elegidos.

Pero, esos momentos de alegría.

(Ah, sííííííííí).

Recuerdo algunos. Recuerdo una tarde muy calurosa de verano, el olor de un canuto,

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serían las nueve y media de la tarde, una clara helada, recuerdo el olor del costo, era muy malo, petrolero, tenía plástico mezclado. Acabábamos acostumbrándonos y hoy lo echo de menos, echo de menos aquel olor nauseabundo.

(Recuerdo cuando escuché por primera vez a los Dire Straits).

Recuerdo aquella vez que volví del conservatorio con una obra nueva para estudiar. Una obra nueva era para mí un deseo cumplido, para mis compañeros era una nueva tortura. Recuerdo que era un preludio de Bach, me puse a llorar de placer al segundo compás.

(Stendhal hubiese vomitado, pero yo lloré).

Recuerdo a alguna chica. Sí. A alguna sí. A más de una. A casi todas. A todas. (¡Oh! Qué desgraciado me siento). De alguna de ellas me enamoré perdidamente. Era tan torpe, tan estúpido, tan mudo, tan inútil. A menudo recordándolo me masturbo con rabia.

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Podría correr como Edgar (Allan) hacia ellas de una en una, llorando pusilánime a pedirles que vuelvan conmigo,

por qué me abandonasteis, me dejasteis y ahora estoy aquí, solo, con las manos manchadas por mi imaginación solitaria. ¡SIJ!

(Recuerdo la furia de mi adolescencia).

Recuerdo una interpretación de Chopin, un cuadro terminado, una conversación, un pitillo, un bocadillo de queso, un paseo, un polvo, una canción, una actuación, una carcajada… Tal vez la felicidad sea cuestión de los recuerdos. De algunos. De todos. Yo escuché ese clic que me hizo comprender que jamás sería feliz y aún así, no dejo de recordar.

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AMOR SORDO

Es evidente que no te oye. ¿Verdad? Preguntas. Ella asiente. Sí, sí, ya, ya, seguís con vuestra charla inútil. No oyes lo que te dice, pero también confirmas. Cuando estáis afuera nunca os ponéis de acuerdo en vuestras conversaciones. Peleáis a menudo, así que vais a otro sitio para asentir a lo que os decís. Allí os sonreís con ternura, os besáis de vez en cuando, os reís de vuestras ocurrencias,

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bebéis y continuáis profundizando en vuestra relación perfecta. De nuevo en la calle camináis agarrados, en silencio, hasta el siguiente tugurio.

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LOCO

Idiota, palurdo. Ese es imbécil. Loco. Mira que cerdo. Hubo que sufrirlo de por vida. No se sabe si lo escuchabas. El silencio, cuando entrabas en algún lugar. Tu presencia. Dabas miedo. Estúpido. Feo. Anormal. Piltrafa. Eras escoria.

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Un parásito de la sociedad. Un artista. Tu mal olor, tu mirada franca. Ellos eran muchos y tú estabas solo. Ellos, gente anónima, transeúntes del olvido. Todos tenían la misma cara, la del desconocido, la del desdén. Tú eras idiota Vincent, pero ellos ya no existen. Inexorablemente. Todos muertos. Muertos. Ya no existen.
(p ara mi admirado e inefab le Va n Gogh)

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RECUERDO MADRID

Durante los años que viví en Madrid, esa ciudad que aún odio, viví en una buhardilla diminuta en la calle Antonio Grilo, número 9, 5º interior derecha. Durante unos meses ocupó mi casa un artista titiritero. Titiritero de verdad. Su vida era desastrosa, pero manejaba de manera magistral los hilos de sus muñecos, que cobraban vida de manera mágica. Una vida mil veces mejor que la suya, y que la mía. Se quedó en el salón

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que era la mayor parte de la buhardilla. Yo me reduje al dormitorio, donde había que acceder a gatas y a los espacios comunes es decir, el pasillo, donde estaba la cocina y el baño sin puerta, uno de los sillones y el breve espacio de mi piano. Deshizo mi desorden, se apoderó de mi soledad de mi desesperación. Hacía tanto frío, tanta desolación, tanto agotamiento que cuando volvía apático de la calle, al entrar, un golpe de desaliento 51

con tufo a comida escasa y a caries me empujaba hacia afuera.

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HAY UN VIEJO SENTADO AL PIANO

Viejo, decrépito, con el pelo grasiento y canoso mal recogido en una coleta. Canta canciones horribles de manera espeluznante y aporrea un piano eléctrico para acompañarse. Su voz tiene un vibrato caprino propio de su edad, y del alcohol y del tedio y del odio y del tiempo. Grita con tanta soltura que pareciera que siempre cantó así. Una cerveza a un lado, al otro un cenicero repleto de colillas apuradas hasta quemar la uña, no hay glamour ni bohemia, ni siquiera sordidez, sólo cutrez barata. Le faltan muchos dientes de abajo, se nota cuando acaba una frase con “a” o con “e”, los que quedan son marrones, horribles, parecen colmillos, bailan a cada alarido. Los de arriba no se ven, los tapa el bigote. Larga barba y bigotes blancos manchados de nicotina. Fumador compulsivo, tiene artrosis en los dedos amarillos. Viejo, decrépito, pobre anciano sentado al piano que no me da pena. Qué habrá sido de él todos estos años. Joder, no me da pena. Me lo pregunto cuando paso por la cristalera de la cafetería insulsa donde trabaja. Le veo desde la calle. Tiene el volumen del piano y del micro demasiado alto, 53

parece que molesta a los clientes. Jamás entraría. Una pantalla de plasma al fondo, algunos están pendientes del fúrbol, otros se le acercan borrachos, babeando el título de alguna canción. No me gusta, no me gusta nada. Me molesta. No le desprecio, pero me pregunto quién soy, o digo, quién es. Una buena amiga un día dijo a alguien: - Es un artista de verdad, de los que no pasan por el aro. Iba pensando en esto cuando vi al anciano del piano. Pues me cago mucho en la puta. Decidme: ¿qué coño es eso del aro, y dónde está? ¿Dónde está el aro? Pasaré, no tengo miedo, pasaré, cada vez tengo más canas, aún no termino las frases cantadas como una cabra vieja, pero algún diente ya se me mueve. Por favor, ¿dónde está el aro? A lo mejor no puedo más. Hay un hombre sentado al piano, y le da la espalda. (...) Fue un momento de pánico

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(…)

Abro los ojos. No reconozco. No sé dónde. No sé quién. Me concentro. Parpadeo con fuerza. Me agito perplejo. (…) Ah, ya.

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YO NO ESTOY

Suena el teléfono. Ya no me produce ninguna reacción.

Vivo sin expectativas.

Hace tiempo no era así. Siempre descolgaba ansioso.

Alguien lo coge. No es para mí.

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LA BOCA SECA

Muchas veces me despierto, no importa la hora que sea, con la boca seca, pensando en un instante de mi vida. Entonces ya no puedo seguir durmiendo.

A veces son recuerdos antiguos, muy antiguos. Otros son de ayer. Ya no puedo dormir. De todos modos yo no sueño, sólo tengo pesadillas.

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NEW YORK

Tengo una amiga. Me dijo que se iba de viaje a New York, a pasar una semana. Visitaría a sus viejos amigos, volvería a pasear por Central Park y recordaría los viejos tiempos.

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Llenó sus días de una intensa vida social. Quedó agotada, me contó. Si yo hubiese vuelto a New York, a esa ciudad llena de oportunidades perdidas, a esa ciudad donde nunca estuve, seguiría igual de solo.

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UN ADULTO

Me recuerdo imberbe atravesando este pasillo.

Caminaba ágil y en silencio por la madera pulida.

Hoy mi caminar resuena en el parqué cansado.

Mi respiración no es silenciosa. Soy un adulto y el suelo cruje.

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EL ALBAÑIL ABSURDO

Construyo mi vida a base de puertas ciegas, muros inútiles, pasadizos absurdos, escaleras cortadas, ventanas que miran a los muros inútiles, puertas que llevan a los pasadizos absurdos, pasadizos absurdos que acaban en puertas ciegas y sigo construyendo y construyendo. Hasta el cemento lleva demasiada arena, cuando haya acabado se desmoronará todo, por culpa del mortero. Así de frágil, así de expuesta es mi vida.

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ANACORETA

No quiero encontrarme con nadie, con ningún antiguo alumno que, quizás, en su momento sintió alguna admiración por mí. Yo era más joven, estaba lleno de expectativas, de sueños, mi voz estaba viva. No, no quiero que me vean, después de tantos años, con el mismo chubasquero, los mismos zapatos, los mismos pantalones agujereados y sin botones. Casi sin pelo, ni esperanzas, ilusiones, casi sin sueños,

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sólo pesadillas.

Y ellos parecen valer tanto. Y se parecen tan poco a mí.

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EL MEDIDOR

Siempre midiendo las palabras, aceptando lo inaceptable. Callando. Escuchando pequeñas mentiras o enormes. Sonriendo, haciendo como que no escuchas, tragando, callando, envenenándote, recibiendo consejos.

Sonreír.

Hasta que un día estallas. Entonces te quedas solo, completamente solo y comprendes que nada ha cambiado.

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MUERTO

Estaba sentado en un banco en el parque dejando pasar el tiempo

muerto

esperando

un viejo en otro banco del parque dejaba pasar el tiempo

muerto

esperando

pasó caminando una chica guapa muy guapa con un cuerpazo

no soy tan diferente pensé de aquel viejo asqueroso decrépito 65

muerto.

También yo miré babeante el culo de aquella adolescente.

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QUE CUNDA EL EJEMPLO*

Mujer soltera madre trabajadora da papilla a la niña como siempre corriendo sin tiempo para carantoñas casi los cariños y los mimos vienen comprimidos entre cucharada y cucharada distraída en la TV, una noticia sorprendente fotografían hombre de mediana edad corbata calvo alto cargo gobernante con aspecto tranquilo feliz satisfecho con bebé en brazos conciliando trabajo y vida familiar (...) bebé en brazos una criadora detrás y flashes dando fe del ejemplo para madres y padres del mundo por eso lleva a su bebé al trabajo con la criadora dice que necesita pasar más tiempo con él qué bonito qué bonito también tu madre quisiera pasar más tiempo contigo niña linda niña linda pero mierda de trabajo y sueldo lo impiden come niña linda come

* (Leer muy rápido y sin respirar; (...) indica respiración)

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MUY MACHO

Es curioso. Todos los machos machotes que he conocido (no demasiados y siempre obligado por las circunstancias) tarde o temprano, han demostrado ser unos auténticos cobardes. Lo que ellos llamarían unas nenazas.

Yo no soy nada machote, soy tan poco macho-man que a veces me han tomado por gay. Pues aún así, han sido muchas las veces en que el macho en cuestión se ha escondido tras de mí con los inmensos cojones encogidos, muerto de miedo y temblando (las circunstancias pueden ser innumerables).

Eso sí, con el paso del tiempo la escena siempre cambia al recordarla, y cuando escucho al hombrón contando su versión de los hechos, allí vuelvo a estar yo para cubrirle. 68

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UN CUADRO QUE ILUSTRA UNA POESÍA QUE EXPLICA UN CUENTO QUE QUIERO CONTAR SOBRE A LG O Q U E P A S Ó H A C E T I E M P O

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LA POESÍA

UN VIAJE

Estaba solo en la sala de espera de aquel lujoso hospital. No me dejaron entrar. No insistí. La enfermera salió con una bolsa de plástico negra. Yo sé qué había en su interior. La veía. Veía a la enfermera con la bolsa negra de basura. Intentaba esconderla detrás de sus piernas pero yo podía verla. Días atrás el médico inútil negligente cobarde no se atrevió a decírnoslo después de seis meses de consultas. Nos mandó a urgencias y desde allí emprendimos un largo viaje 71

en secreto. Ahora estoy aquí solo lejos de todo. Cuando entré en la habitación Susana tenía la mirada perdida. Parecía un cuadro de Munch. Fue un parto repetía fue como un parto. Nos abrazamos. Lloramos.

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EL CUENTO
UNA HISTORIA REAL

Aquella fue una mañana fría. Seguramente no más que otras, pero la recuerdo especialmente fría. Susana me contó una pesadilla. (Soñé que era un monstruo sin brazos y sin piernas. Qué horror). Las cosas no nos iban bien. Nada bien. Pero estábamos felices ante el acontecimiento. Mi carácter optimista siempre me inclinaba a mirar hacia adelante. No teníamos casi alumnos, no vendía ningún cuadro, ni nos salía ningún concierto, ni posibilidades de ganar algún dinero. Pero yo trabajaba frenéticamente, no paraba de pintar, eso me sostenía. Había olvidado pronto la pesadilla. Susana la desterró de su memoria. Días después teníamos la revisión de las 24 semanas. (Seis meses). Aún no teníamos nombre porque no sabíamos si sería niño o niña. El doctor Michelena se jubilaba al día siguiente. Esta vez estuvo mucho tiempo con la ecografía. (Demasiado tiempo). Cuando terminó, como si no pasara nada, nos mandó a la residencia para que hiciesen una más precisa. Escribió: “especial atención a miembros”. (Él ya lo sabia) - Id mañana y volvéis por aquí. (También sabía que no volveríamos, lo sabía. Cobarde) Susana quiso ir enseguida. No querían atendernos por considerar que no era una urgencia. Tenían prisa por irse a sus casas, o por otra cosa cualquiera. Insistimos.

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La ginecóloga también se llamaba Susana, lo recuerdo perfectamente porque después de hacerle una ecografía vaginal, ya sentados frente a frente, en la mesa de la consulta le dijo: - Bueno Susana. Yo también me llamo Susana. Efectivamente el bebé viene sin brazos y sin piernas. Entonces… Entonces... Recuerdo... Un revoltijo. Recuerdo mi aliento. Un viaje a Madrid (desde Ourense). El espanto. Como en una huida, como delincuentes, en secreto. (Si no había suerte, Barcelona, París). Mi aliento. Ella esperaba que fuese un error. (Siempre lo esperó). Solos. Miedo, horror, espanto, (espanto). Recuerdo. Lágrimas. Es lo mejor. Se acariciaba. (Silencio, no se lo digáis a nadie). Mi aliento. Es lo mejor, repetía. Desidia. Lágrimas. Recuerdo mi aliento pestilente durante días. Es lo mejor, (repetía mientras acariciaba su barriga). Espanto. Prisa. Silencio. Horror. (No era un error). Más lágrimas. Secreto. Impotencia. Ilegal, (ilegal). Ya sin lágrimas. Solos. Rotos. Recordé. No podíamos. Recordé sus pataditas de las que nos reíamos. Sólo podían ser cabezazos. Sus pataditas. Cabezazos.

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SÓLO TENGO UNA COSA QUE DECIR

Aquella esquina absorta de mis pensamientos de la que escribía cuando tenía veinte años sigue intacta. Me quedaba ensimismado en la esquina de una pared. Cuando era un niño también me ocurría y recuerdo que me despertaba súbitamente el hijo de la gran puta del profesor con una colleja y gritando: ¡ESTÁS EN BABIA!

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LA VIDA BOHEMIA

La vida bohemia es muy complicada. Hay que realizar diferentes trabajos para subsistir. Soy, entre otras cosas, repartidor. Reparto libros de un conocido círculo literario. Se gana poco (casi nada), pero cualquier cosa vale.

En una ocasión una clienta me trató como a un perro. No entraré en detalles, sólo añadiré que no tenía dinero y le pareció mal que yo no le dejase la mercancía. No tenía ganas de decirle que no la conocía de nada, que sólo cobraba unos céntimos por cada libro repartido, que era muy fácil que se olvidase de pagar y que por lo tanto yo tendría que hacerme cargo del contante… Da igual, no me pareció que mereciese la pena discutir, pero lo que ocurrió me hizo pensar en una cosa.

Si yo no fuese un simple repartidor (con este aspecto, además, que tengo), si fuera alguien que iba, por ejemplo,

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a destrozarle la vida, eso sí, bien trajeado, qué sé yo,

un inspector de Hacienda a requisarle todos sus bienes, un político mentiroso que la amenazase o la chantajease, un alistador a llevarse a su hijo a la guerra, un hombre rico que mirase con desprecio como se arruinaba, un médico negligente.

Entonces, seguramente, me habría tratado con respeto. Con mucho respeto.

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PUTAS Y SECRETOS

No. Que no lo sepa nadie. Nadie. A lo hecho pecho. Sin excusas. Yo también estaba. Allí. Así que no pondré excusas. Que no lo parezca si digo que flipé, que me asqueé, y no de las putas. Que no parezca una excusa, pero no sabía nada de las putas. Es cierto que soy muy observador, y aquella noche observé a las putas. Ofrecían simpatía, cariño y amor aparentemente, a aquellos hombres. A cambio de tan poca cosa como dinero. Quiero contarlo tal y como ocurrió. Nada grave pero, y que no parezca una excusa, 78

yo no animaba, no me lo pasé bien, no disfruté. Ni siquiera me empalmé. Fue una juerga de pijos, una despedida de soltero. Se le pagaba una puta al novio si nos quedábamos todos mirando. Que nadie se entere decían algunos a la salida de la función en el Puticlub asqueroso de carretera. Que no parezca una excusa, pero nunca me importó que se supiera. A mí no, pero otros se preocuparon, no de que se enterase la novia, que lo supo enseguida. No. Sino de que se supiese que ellos estaban allí jaleando como animales, como bestias babeantes y, que no parezca una excusa, yo observaba y pensaba por ejemplo en un poema. También pinté un cuadro, por si sirve como excusa.

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LA CASITA DE TAMALLANCOS

La casita de Tamallancos estaba rodeada de excrementos de vaca y asediada por moscas y pulgosos gatos asilvestrados. Era una casita de piedra encajonada en una esquina hedionda y escondida. Y así y todo, era una casita de cuento. No sé qué me pasó allí. Allí abandoné toda razón, habrá sido la piedra. El Radón. Avancé en mi intención de convertirme en un artista, ya para siempre, maldito. Atravesé esa línea que no permite dar vuelta. Acepté todas las penurias que hubiesen de venir. Acepté también las breves intenciones de claudicación. 80

Allí. Encerrado en mi estudio de piedra de la casita de Tamallancos, seguramente contaminado por las radiaciones emitidas por el granito de sus paredes, acepté la incertidumbre, acepté mi obra. Me acepté. Allí. También recuerdo aquellos tomates. Teníamos una pequeña huerta de tierra durísima que alguna vez saché a pleno sol. Allí. Satisfecho. Cerveza, canutos, óleo, tablas, mi piano de cola de antes de la transformación, nada de paz, las primeras poesías guarras. Y tú, mi dulce Susana.

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LA MATILDA

Así se llamaba el personaje más peculiar y pintoresco de Bemposta, la Ciudad de los Muchachos.

Siempre estaba presente, vigilante y expectante.

Su silueta típica del desierto, ocre rojizo, chocaba violentamente contra el paisaje de Galicia verde intenso.

Era un ser libre, seguramente uno de los más libres que habitaba aquel penoso lugar.

En realidad era un dromedario, pero para nosotros era la Matilda, la camella de Bemposta.

A veces se iba de paseo a la ciudad, Ourense, que estaba a unos diez Km.

Siempre que ocurría

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me imaginaba la cara de los conductores que se la encontraban por la carretera, parsimoniosa y sin prisas.

¡Un camello por la carretera, un camello en la ciudad!

Otra de las cosas que recuerdo era su gusto por el papel, si le dábamos un folio, se lo comía lenta y placenteramente.

También recuerdo que no se le podía tocar el cuello. Si se le ponía una mano ahí, atacaba. Por lo demás no era peligrosa.

No sé qué fue de ella.

Yo me fui de aquel lugar, afortunadamente, un día.

Hasta años después, unos cuantos más, no volví a tener más contactos con ningún otro camello.

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RAZONES DE MÍ

Hace años acudí a un curso de grandes intérpretes de piano. Sí, de grandes intérpretes se hacía llamar y, salvo excepciones, así era. Los profesores eran importantes pianistas de la escena internacional. Acudí a este curso con una carta de recomendación de uno de los profesores del mismo. Acudí porque en ese momento de mi vida se ve que tenía tintes de futuro gran intérprete del piano. Sí, así es. Gran intérprete del piano. Pero algo ocurrió. No sé si quiero o puedo explicármelo pero, seguramente, por eso tengo diarrea crónica, dermatitis seborreica que se acerca a la soriasis, blefaritis, es más, blefaro-conjuntivitis, alergia peri-anal que me obliga a ingerir pastillas cada dos o tres días (depende del grado de tormento de la semana) y también por eso, supongo, 84

pinto lo que pinto, toco lo que toco y escribo lo que escribo. Toda esta enumeración de calamidades porque aquello no cuajó, porque el fracaso forma parte de mi vida.

Ya no me pesa (aunque sí me pica), y, si no, ¿cómo te explicas que me acabe de desnudar ante ti que seguramente no te conozco ni te conoceré nunca de nada?

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NO SIN DOLOR

Cada tropiezo, cada caída, cada golpe. Todos y cada uno de ellos tienen una traducción al idioma mezquino. Imbécil idiota jodido mediocre ¡a dónde vas! iluso capullo payaso loco. Y yo sigo encajando cada uno cada uno de ellos no sin dolor ¿eh?. 86

MI TRAZO

Me preguntaban, más bien me reprochaban, acerca de mi trazo. Es cierto, yo no tengo trazo. Del mismo modo en que nada tiene orden ni sentido en mi vida cuando, por ejemplo, pinto una serie de líneas paralelas en un cuadro, no guardan ningún sentido ni cumplen más función que la de reafirmar el caos consiguiente. Queda confirmado además por la inutilidad de mi existencia.

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MIERDA Y SARDINAS

Se llamaba Chucho. No era su nombre definitivo porque todos morían tarde o temprano, así que les poníamos a todos el mismo hasta que cumplían dos años. Entonces tendría el que sería su nombre para siempre, pero eso nunca ocurrió. Estaba tan famélico que cuando encontraba mierda en el suelo la comía con avidez. En una ocasión vimos como comía una caca suelta, no descompuesta, pero cremosa. La lamía parsimoniosamente con la lengua que cuando sacaba mostraba los restos y estaba impregnada de un color ocre rojizo que me recuerda a mis mejores óleos. Parecía contento. Poníamos cara de asco, pero al mismo tiempo daba la impresión de que el perro disfrutaba de un suculento aperitivo. A continuación íbamos al comedor donde nos servían, como todos los días, empanada de sardinas caducadas. Cuando teníamos hambre parecíamos aquel perro. Sacábamos la lengua y estaba impregnada de sardinas en mal estado. 88

Poníamos cara de asco, pero al mismo tiempo, si nos viera Chucho pensaría que estábamos disfrutando de un delicioso manjar. De ahí las cagadas semi-descompuestas que hacíamos en el monte, lugar mucho más limpio que los wáteres a nuestra disposición. y éstas eran las que después los perros sin nombre fijo se comían. Y así pasaban algunos días en Bemposta. Ciudad de los Muchachos.

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TE LLAMO

Aún es hoy el día en que me cuesta creerlo. Me lo dijiste así, como si nada, como si fuéramos amigas, ni siquiera amigos, ni siquiera ex-novios, como si yo aún no te quisiera, como si tú no lo supieras, como si nada.

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Que ibas a estar esa noche con otro. Con el otro, toda la noche. Así, como si nada. Cuando me acosté derrotado, pensé que sería imposible dormir, pero lo conseguí a fuerza de whiskys y de hachís.

A las pocas horas me desperté y supe lo que estabas haciendo en ese mismo instante con toda claridad. Supe hasta donde llegaba tu lengua hasta donde tu mano izquierda. Lo supe con toda claridad en carne del otro.

Desde entonces no puedo dormir. y aún es hoy la noche en que me despierto con la boca seca llamándote.

Te llamo zorra.

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MALO

Qué extraño todo lo que me concierne. Cuando tenía que haber sido malo, muy malo, cuando tocaba, era tan bueno, tan buen chico. Tan guapo y tranquilo, agazapado entre las sombras. Estaba en esa nube. Nada mitigaba mi desdén. Era tan responsable. Parecía un adulto con cargas.

Y ahora parezco un niño.

Ahora que debería ser bueno, 92

muy bueno, que ya toca que debería estar integrado, que debería ser más ordenado, vestir mejor. Ahora que debería llevar a mis hijos a los centros comerciales donde se guarecen los progenitores con sus crías esperando a que pase el día donde se sienten acogidos arropados por todas las cosas que adoran, todas juntas, y que yo detesto porque soy malo ahora que debería ser bueno.

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Ahora que no debería, ahora cada vez soy más rebelde cada vez menos cuerdo, cada vez veo más doble y cada día más malo. ¡Malo! ¡Malo! Como decía mi madre. Cada día más cabrón.

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FIN

Y ya está. Ya se acabó la euforia. Sólo quedan los rastros de mi baba en la que ahora me ahogo y nadie viene a salvarme.

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Alguna vez lo vi, sí, Peter... Allá a lo lejos... Aunque más tarde supe que estaba cerca, muy cerca... Era una luz que aparecía y desaparecía según las olas te tragaran o te escupieran... Alguna vez, sí, un faro a lo lejos en la deriva, perdido hasta de mí mismo... Aunque no sabía si quería llegar hasta él... No creo en las casualidades, no existen las casualidades, y no es casual que un titular en el que los de siempre nos insultan con prepotencia me haga pensar en Velpister... Leo que los bancos han ganado quince mil millones en el peor, eso dicen, año de la crisis... Y pienso en un artista que lucha, que lleva luchando toda la vida como un auténtico luchador: primero contra uno mismo en una sociedad que te castra y te arrastra en la miseria, y que ahora, conociéndose, ya está preparado para arrostrar al contrario y tumbarlo, pues ha salido victorioso de la lucha más importante, esa en la que pocos, muy pocos, han tenido los arrestos suficientes para afrontar... Y pienso que este primer poemario de Peter es eso: una crónica de una deriva en la que, aun sin pretenderlo, y muchas veces alejándose de los vientos, la resaca le ha llevado a él mismo, pese a esa prepotencia de los que dicen tener razón y sus acólitos adocenados, los que trazan un estilo de vida que intenta capar al que busca tener una voz propia,

lo que más año r o e s un s imple abr a z o
s e r é l mis mo, luc hando co n t r a la s e ns ac ió n de l f r ac as o que r e co r r e la v ida de un ar t is t a... L a s e ns ac ió n de f r ac as o que t e inc ulc an pr ime r o los que más ce r c a t ie ne s, los que s ó lo t e que man y e s t r o p e an... L a s e ns ac ió n de f r ac as o que t e ha de hace r r e ne gar de t o do, t an s ó lo p ar a in t e n t ar e s c uc har un gr i t o aho gado, e s e que s ie mpr e ha s ido r e pr imido, e s e e n e l que in t u y e s que lo único que que da de s pué s de la de mo lic ió n, y que s ur ge de lo más pr o f undo, e n t r e e l p o l v o y las las c as de l de r r umb e: e r e s t ú... É s e, e l gr i t o...

* Ya que has llegado hasta aquí, creo que no te puedo explicar lo que has leído si no sabes transcribirlo desde tus adentros. Considero, ya que he sido amablemente invitado a ello, que este escrito que va al final, no puede cumplir ni hacer las veces de un prólogo, pues éste ya está admirablemente hecho por Vicente Muñoz Álvarez. Cuando cierras un libro, o acabas de leerlo en un medio virtual, lo que queda, el epílogo etimológico, encima de esas palabras que, sin faltar a la congruencia, se razonan desde el alma, no es el final; ni tan siquiera lo es esto que estás leyendo, no, tampoco es el final. Lo que queda son tus ojos mirando con ensoñación, paladeando mentalmente lo que acabas de leer, engarzándolo con tus experiencias, con tus notas y tus silencios. Y si consigues lo que ha conseguido Peter en mí, esto que lees, una fuga inspirada en sus versos, construida con sus versos, integrándolos en mí, todo esto, a mi modo de ver, adquiere sentido... El sentido que da el pensar que nada tiene un fin, tan sólo una transformación. Lo que has leído.

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e l que y a s e ale ja de las e n t r añas que lo amp ar ar o n pudr ié ndos e, que e s co mo una v ar iac ió n, una f uga e n e s t e c as o a v ar ias v o ce s pue s v ar ias s o n las f ace t as ar t í s t ic as que t ie ne Ve lpis t e r de e x pr e s ar lo, gr i t o que e l ar t is t a in t u y e en o t r as en la f ugas, pie l en de o t r as Van v idas, en en un un mo v imie n t o do nde de B ac h, son

me t ié ndos e

G o gh,

B lue s,

t o do

v ar iac io ne s, do nde s e impr o v is a in v e n t ando e n e s as no t as que s ur ge n la de r i v a, que de s co no ce n hac ia dó nde v an, aunque no imp o r t e, pue s e s e s e e l mo me n t o, qui z á e l único mo me n t o e n e l que t e s ie n t e s libr e, que e r e s ple name n t e t ú, e n e l que t e de s gajas de t o da la mie r da s e c a que impide t u a v ance, la que s e de s pr e nde jus t o an t e s de dar t e la hos t ia al r e gr e s ar al p e n t agr ama... E l que o r de na las no t as... A unque e n e s e mo me n t o c r e as s ab e r que jamás s e r ás f e li z... Pe r o e s a s o nr is a, e s e br illo e s p e c ial e n los ojos e s lo único que nos lle v amos, los r e c ue r dos... L a lib e r t ad de l c r e ado r, la t u y a, Pe t e r, la que nos r e c ue r das... L a de r i v a... D e t ugur io e n t ugur io, e l p ac t o de dos manos s o r das e n t r e las luce s, e n las s o mbr as, las de de uno mis mo, e l s ile nc io e n t r e las no t as, la de r i v a de los lo cos e n t r e s us luce s ar t i f ic iale s y nue s t r as s o mbr as v e r dade r as,

¿D ó nde e s t á la l í ne a de l ho r i z o n t e? ¿S o mos b e s t ias do me ñable s que han de p as ar p o r e l ar o?
No, e n pr inc ipio y a t e ne mos b as t an t e co n nue s t r as luc has in t e r nas, co n t o dos los mur os que nos aho gan en el úl t imo r e duc t o de nue s t r a

co nc ie nc ia... Po r e s o, p e s e a las p e s adillas que s ab e mos que no c alma e s t a s o c ie dad, e x is t e quie n libr e me n t e ha de c idido no s e guir las l í ne as

pun t e adas, los t r a z os pr e de f inidos, co mo e n los in f an t ile s c uade r nos de v ac ac io ne s, que t e da e s t a s o c ie dad... Y aunque t e co n v ie r t as e n un alb añil abs ur do, e r e s e l au t é n t ico c r e ado r... E n un mundo line al e n e l que los que s ue ñan lo hace n admir ando a Van G o gh, a G aud í, pr e c is ame n t e p o r e s o, p o r que qui z á f ue r o n alb añile s abs ur dos que e n t r ar o n e n los lab e r in t os de s í mis mos, aje nos a las v idas de de co r ado y v e lo c idad, p ar a e ngañar al e ngaño

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e n e l que c a y e r o n aque llos que y a e s t án ine f able me n t e mue r t os... y mir a que p ar e c í an que v al í an t an t o, t ú... M ir a que hablab an... Nadie e s t á e x e n t o de la c ulp a, ni t an s iquie r a de e s a c ulp a que t e e ndilgan los que nunc a ap os t ar o n p o r s í mis mos, que e n s í s o n los que e t e r ni z an un s is t e ma de c as t r ados... Nadie e s t á e x e n t o de los co n t r apun t os do lo r os os, aunque ne ce s ar ios, que s o n las t r aic io ne s, los mie dos que t e hace n e s co r ar e n la de r i v a, a v e ce s co ns t r u y e ndo is las co n o t r os c imie n t os, qui z á no los pr o pios, que s o n c an t os de s ir e na que t e e mb e le s an, c r e y e ndo que apue s t as p o r t i a t r a v é s de o t r os... Pe r o no e x is t e n o t r os, pue s s ó lo bus c an hundir t e s al t ando a o t r o b ar co c uando e l v ó mi t o t e aho ga e n una b ar r a s o li t ar ia... Nadie... Pe r o s ó lo unos p o cos s ab e n v e r, aun de jándos e la c ab ez a e n mur os pr o pios y aje nos, que de t o da la mie r da nace la f lo r, la que e s la únic a v e r dad, la de s nuda... L a ide n t idad no y a p e r dida y s í e nco n t r ada, p o r f in, c uando s e in t e gr a e l t r í t o no e n la p ar t i t ur a, e l libr e, e l que llama a la c ar ne a lo os c ur o y p ar a los de más e s dis o nan t e, la S o mbr a, y s ur ge e l ar t is t a s in mie dos, s ie ndo, p o r f in, é l mis mo... E n un p o e ma de s nudo...

Navega, Peter, pues hoy el océano lo construyes tú, tuyas son las sirenas y las tormentas...

Ya sabes, lo sabes:

ningún Telémaco al rescate... Nadie...

Sólo tú en la deriva, tío grande...

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VELPISTER (Jens Peter Jensen Silva, 1970) Gallego nacido en Barcelona, de padre danés. Toda su vida la recuerda unido a la misteriosa influencia de la contemplación, la lectura, la música, la pintura y todo tipo de obsesiones artísticas y sexuales. Llegó tarde a todo. A los 15 años decide comenzar la carrera de piano, realiza casi todos los cursos en muy pocos años y poco después se va a Madrid a continuar los estudios pianísticos y a estudiar Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense. La carrera no le gustaba nada, en realidad había empezado Geografía e Historia en Ourense, pero conoció a una chica que vivía en Madrid y decidió dejarlo todo por ella. Sólo volvió a verla una vez, a partir de ese momento se encerró y odió esa ciudad inmunda. Allí conoce a otra chica que, aunque casi lo mata, hizo que se quedara durante varios años en la capital, estudiando y perdiendo el tiempo y la salud. Más adelante se enamora de otra chica que estuvo a punto de transformarlo en un ser abyecto; aquella hizo que se volviera a Ourense. Allí fundó un conservatorio y llevó una vida anodina y burguesa durante seis larguísimos años. Llevó a cabo una intensa labor pedagógica mientras continuó sus estudios superiores de piano en A Coruña. Durante este tiempo fue alumno de destacados pianistas de la escena internacional como Luiz de Moura Castro, Badura-Skoda, Gª Abril y otros. Entonces a los 30 años cono ció a otra mujer y sin saber cómo abandonó su cómoda y algo adinerada vida y decidió dejarlo todo para dedicarse a la pintura de manera profesional. Llegaron años de penuria máxima y felicidad extrema. Ahora sigue con aquella mujer y sin abandonar la música y la pintura ha decidido añadir a sus frustracio ne s la literatura. Ha realizado exposiciones por diferentes lugares de Europa, le ha ido mejo r que a Van Gogh en lo que a las ventas se refiere. En las exposiciones siempre incluye recitales de música y poesía, juntos o por separado. En sus concie rtos de piano me zcla re pertorio clásico y sus propias composiciones e improvisaciones, decorando el escenario con sus creaciones pictóricas. Acompaña con el piano a poetas de muy diferentes tipos y condiciones. Ha codirigido y coordinado dos espectáculos multidisciplinares que mezclaban música, danza, teatro y pintura, dirigiendo a un elenco de más de una docena de artistas. En esto s espectáculos, además, participó como pianista so lista y de cámara, encargándose asimismo de la escenografía. Actualmente trabaja en diferentes proyectos, destacando un

espectáculo que está montando y que mezclará poesía, pintura y videocreación, el MUSICOPLAST IDRAMA (si no hay trabajas administrativas, ni otras dificultades, saldrá de gira por la geografía gallega durante 2010 y 2011).

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Transeúntes del olvido o el universo oscuro de Peter (prólogo de Vicente Muñoz Álvarez)

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CARCAJADAS ENFERMAS

En el cine Carcajadas enfermas Familia feliz en veinticinco palabras Malo Blues Mi membrana adorada Familia feliz No vaya a ser Los cerdos, nuestros amigos Mi microondas De lo doméstico Mi vida en el infierno Saga Llueve Simplificación de Venus Entre la mierda, una flor Mi lado triste Felices Chismas Morbo políticas morbo onanos

10 12 15 16 17 22 23 24 25 26 29 30 31 32 33 34 35 38

TRANSEÚNTES DEL OLVIDO

¿Clic? (Autorretrato) Amor sordo Loco Recuerdo Madrid Hay un viejo sentado al piano (…)

42 46 48 50 53 55

100

Yo no estoy La boca seca New York Un adulto El albañil absurdo Anacoreta El medidor Muerto Que cunda el ejemplo Muy macho

56 57 58 60 61 62 64 65 67 68

RAZONES DE MÍ

Un cuadro que ilustra una poesía que explica un cuento que quiero contar… La poesía, un viaje El cuento, una historia real Sólo tengo una cosa que decir La vida bohemia Putas y secretos La casita de Tramallancos La Matilda Razones de mí No sin dolor Mi trazo Mierda y sardinas Te llamo Malo Fin

70 71 73 75 76 78 80 82 84 86 87 88 90 92 95

El pacto entre las luces (epílogo de Alfonso Xen Rabanal) Sobre el autor

96 99

101

Figuras (óleo plastificado sobre tabla, 100x120) Gallinero (óleo sobre tabla, 110x120) La mala madre (óleo plastificado sobre tabla, 120x110) Flores (óleo sobre tabla, 100x156) Rojo y verde, mapa del infierno (óleo plastificado sobre tabla, 115x110) Simplificación de Venus (óleo sobre tabla, 110x150) Autorretrato (óleo plastificado sobre tabla, 60x50) Vals Mephisto (óleo sobre tabla, 110x80) La ciudad de Dite II (óleo plastificado sobre tabla, 120x110) Maternidad (óleo sobre tabla, 120x110) Los adúlteros (óleo sobre tabla, 100x80) Mujer (óleo sobre tabla, 121x83)

2 11 15 21 26 32 42 52 58 70 77 90

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“Un

libro

impactante

y

durísimo,

tremendo

y

demoledor, que no olvidaréis fácilmente. Poesía autobiográfica y narrativa, o realista y crítica, son los primeros adjetivos que me vienen a la cabeza tras su lectura. Pero también, inmediatamente

después, traumática, visceral y catártica, en cuanto que parte de un trauma o experiencia amarga (escatológica incluso) y pretende, mediante su

exteriorización, reconciliar al poeta (y de rebote también al lector) con el entorno y el mundo” (Vicente Muñoz Álvarez)

“Este primer poemario de Peter es eso: una crónica de una deriva en la que, aun sin pretenderlo, y muchas veces alejándose de los vientos, la resaca le ha llevado a él mismo, pese a esa prepotencia de los que dicen tener razón y sus acólitos

adocenados, los que trazan un estilo de vida que intenta capar al que busca tener una voz propia, / lo que más añoro es un simple abrazo / ser él mismo, luchando contra la sensación del fracaso que recorre la vida de un artista...” (Alfonso Xen Rabanal)

VELPISTER

(Jens

Peter

Jensen

Silva).

Artista

polifacético (músico, pintor, poeta, videocreador, narrador y escenógrafo). Ha expuesto sus pinturas en diversos países donde europeos se y ha la organizado danza, la

espectáculos

mezclan

música, el teatro y la pintura. “Transeúntes del olvido” es su primer poemario.

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