La niña llama a su padre «Tata, dadá». La niña llama a su madre «Tata, dadá».

Al ver las sopas la niña dijo «Tata, dadá». Igual al ir en el tren, cuando vio la verde montaña y el fino mar. «Todo lo confunde» dijo su madre. Y era verdad. Porque cuando yo la oía decir «Tata, dadá», veía la bola del mundo rodar, rodar, el mundo todo una bola y en ella papá, mamá, el mar, las montañas, todo hecho una bola confusa; el mundo, «Tata, dadá». Pedro Salinas. Presagios, 4. Muy interesante es observar el juego de la gallina ciega: ¿Cómo se comporta una persona con los ojos vendados? ¿Qué podemos decir de una lengua cuando ignoramos sus significados? [...] De esta manera nos percatamos aún mejor de que nuestra meta máxima consiste en la observación de la lengua en toda su complejidad. Parafraseando a Terencio, podríamos decir: “Linguista sum, linguistici nihil a me alienum puto”. Roman Jakobson “Antropólogos y lingüistas” En Ensayos de lingüística general, p. 15

“La historia en general, y la historia de las revoluciones en particular, es siempre más rica en contenido, más variada, más multilateral, más viva y sutil que de lo que incluso el mejor historiador y el mejor metodólogo pueden imaginar”. “Accidentes y coyunturas y curiosas yuxtaposiciones de eventos” son la sustancia misma de la historia, y la “complejidad del cambio humano y el carácter impredictible de las últimas consecuencias de cualquier acto o decisión de los hombres”, su rasgo más sobresaliente. ¿Vamos a creer verdaderamente que un racimo de simples e ingenuas reglas sea capaz de explicar tal “red de interacciones”? ¿Y no está claro que una persona que participa en un proceso complejo de esta clase tendrá éxito solo si es un oportunista sin contemplaciones y si es capaz de cambiar rápidamente de un método a otro? Paul Feyerabend. Contra el método, p. 11.

ÍNDICE ÍNDICE INTRODUCCIÓN CAPÍTULO 1: HIPÓTESIS Y MARCO TEÓRICO 1.1. 1.2. 1.3. 1.4. 1.4.1. 1.4.2. Hipótesis El conocimiento gramatical y las limitaciones del formalismo Naturaleza simbólica del lenguaje Semántica y cognición Saber lingüístico y extralingüístico en las teorías semánticas Semántica cognitiva: identidad entre el significado y la estructura conceptual Implicancias teóricas de la identidad entre saber lingüístico y extralingüístico Lingüística cognitiva y gramática cognitiva: aspectos fundamentales Lingüística cognitiva p. ii p. v p. 1 p. 3 p. 6 p. 17 p. 25 p. 26 p. 31

1.4.3.

p. 39

1.5. 1.5.1.

p. 42 p. 43 p. 43 p. 44 p. 48 p. 54 p. 55 p. 56 p. 60 p. 64

1.5.1.1. Orígenes 1.5.1.2. Importancia de la teoría de categorización por prototipos 1.5.1.3. Premisas fundamentales de la lingüística cognitiva 1.5.2. Gramática cognitiva

1.5.2.1. Definición de gramática 1.5.2.2. Habilidades cognitivas básicas para la gramática 1.5.2.3. Análisis gramatical y uso de gráficos 1.5.2.4. Alternativas a la distinción gramatical-agramatical: sanción cognitiva y eventos de uso

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1.6. Resumen y conclusión del capítulo 1 CAPÍTULO 2: LA DEFINICIÓN NOCIONAL DEL SUSTANTIVO 2.1. ¿Qué representa un sustantivo? El esquema conceptual detrás de la categoría gramatical Los rasgos de la delimitabilidad Contables frente a no contables: la estructura interna del esquema sustantivo Los casos no centrales y el cuestionamiento de los rasgos de estructura interna Conclusiones sobre la estructura de la distinción contable/no contable y su motivación conceptual ¿Qué clasificamos y cómo clasificamos al usar un sustantivo? Los sustantivos en tanto términos de clase Noción de clase o tipo como parte de la definición de los sustantivos Tipo e instancia Frases nominales predicativas, genéricas y abstractas Los sustantivos abstractos y los problemas de la determinación Resumen y conclusión del capítulo 2

p. 68 p. 71 p. 72

2.1.1. 2.1.2.

p. 79 p. 82

2.1.3.

p. 86

2.1.4.

p. 97

2.2.

p. 103

2.2.1. 2.2.2. 2.3. 2.4. 2.5.

p. 105 p. 108 p. 115 p. 119 p. 122 p. 125

CAPÍTULO 3: CONCEPTUALIZACIÓN, REFERENCIA Y DETERMINACIÓN 3.1. 3.1.1. 3.1.2. 3.2. 3.2.1. Conceptualización y referencia Llevando la noción de representación hacia la intersubjetividad Referencialidad y no-referencialidad en las frases nominales La determinación: lo cognitivo y lo pragmático Dimensión cognitiva de la determinación: introduciendo la definitud e indefinitud Dimensión discursiva de la determinación definida e indefinida Bases para la asignación de la referencia definida: conocimientos disponibles para el oyente frente al discurso

p. 125 p. 127 p. 132 p. 138 p. 139

3.2.2. 3.2.3.

p. 145 p. 146

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3.2.4.

Organización de la mente del individuo frente a la organización del diálogo: dos cuestiones fundamentales sobre la determinación La determinación y los modos proposicionales Modalidad fáctica, no-fáctica y referencia Formas lingüísticas, modalidades no fácticas y referencia

p. 152

3.3. 3.3.1. 3.3.2.

p. 155 p. 157 p. 161 p. 170

CAPÍTULO 4: FRASES NOMINALES DEFINIDAS, INDEFINIDAS Y NO DETERMINADAS: ANÁLISIS DE CASOS GENÉRICOS DESDE UNA PERSPECTIVA COGNITIVO-DISCURSIVA 4.1. Frases nominales definidas genéricas 4.1.1. Espacios mentales y la noción de contacto mental 4.1.2. 4.1.3. 4.2. 4.2.1. 4.2.2. 4.2.3. 4.3. 4.3.1. 4.3.2. 4.4. Definidos genéricos singulares Frase nominal plural definida genérica Frases nominales indefinidas genéricas La función del artículo indefinido y su origen diacrónico Indefinidos específicos frente a los no específicos Acerca de las restricciones en el uso de los indefinidos genéricos Frases nominales no determinadas Sustantivos contables singulares Sustantivos plurales y no contables Conclusiones del capítulo 4

p. 170 p. 170 p. 175 p. 185 p. 193 p. 193 p. 196 p. 203 p. 208 p. 209 p. 219 p. 231 p. 238 p. 244

CONCLUSIONES BIBLIOGRAFÍA

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INTRODUCCIÓN

El mundo puede considerarse un todo; y, paradójicamente, esto solo se descubre en la aprensiva segmentación que hacemos de él. Un lápiz no es un lápiz, sino todos aquellos objetos que lo conforman, sus partes. Ni siquiera una piedra o un grano minúsculo de arroz escapan de esta forma de aprehensión: ellos son sus bordes, límites, volúmenes, anversos y reversos y aun formas mucho más sutiles, pero no por eso menos reales a nuestro entender. Así, el mundo —esa bola confusa que rueda y rueda en el poema de Salinas que me sirve de epígrafe— se ilumina gracias a nuestra percepción y, preso ya del discernimiento, nos parece compuesto por una infinidad de objetos, más iguales o más distintos entre sí.

Tal es la forma en la que nos involucramos con el mundo: sabemos de un escritorio donde estamos sentados mientras escribimos, sobre él hay distintos lapiceros y, más allá, los cuadernillos de apuntes con los que he venido trabajando en este proyecto, que ahora se presenta de una forma que lejos de pretender ser definitiva, aspira, por lo menos, a la coherencia y explicitud. Me gustaría que mi tesis se viera como un aporte al mejor entendimiento de la relación entre la cognición y el lenguaje, y espero que semejante pretensión se vea refrendada por las ideas que he trabajado en estos cuatro capítulos que aquí presento. Solo podremos entender plenamente el lenguaje último si asumimos como punto de partida que la relación entre la gramática de una lengua y la cognición —es decir, las formas en la que los hablantes se representan la realidad— es constructiva. Hablar es hacer de la realidad una forma de conciencia y es, a la vez, interpretación, porque le sirve al otro, al oyente, para (re)crear en su conciencia la realidad que se le propone. La gramática es el mecanismo primario con el que tanto hablante como oyente construyen cualquier interpretación posible en el

mundo: mediante el hablar, gracias a la gramática que lo conforma, podemos llegar a un mejor entendimiento de la realidad como fenómeno psicológico y sus complejas manifestaciones.

Una vez que el lenguaje se ha instalado en nosotros —en buena parte por factores biológicos, y en igual medida por factores del entorno y la cultura— nos vemos ante una perspectiva distinta de la de los niños más pequeñitos. Si entonces era confuso ese afán de segmentación de la realidad que nos rodeaba en tantas formas individuales, iguales y distintas, ahora nos parece que el mundo no puede ser un todo, que su estado natural es la dispersión de formas caprichosa y sutilmente unidas entre sí por el vago recuerdo de la totalidad. La idea del mundo como un tótum revolútum parece salido de una ficción o artificio digno de Borges: preferimos ver la mano en sus cinco dedos y su palma antes que en el puño mismo. Sin embargo, el lenguaje no ha olvidado que es el todo lo que nos precede, y que es el pensamiento el que sobre aquel se extiende para representarlo. La conciencia de esta representación requiere de diversas formas que permitan distinguir cada una de las partes u objetos en los que se ha segmentado (y se sigue segmentando) la realidad. Este proceso parece seguir una escala como la siguiente:

1. El mundo se compone de cosas. 2. Las cosas se componen de partes. 3. Las cosas se parecen entre sí y esto las hace formar clases. 4. Las cosas se diferencian entre sí y esto permite distinguir individuos distintos dentro de la misma clase o, más en general, clases distintas. 5. Hay una distinción fundamental entre las cosas: hay algunas que se pueden contar por tener delimitación; otras, por carecerla, no se pueden contar. 6. Las cosas pueden existir con precisión en el mundo (son conocidas en tanto individuos). 7. Las cosas pueden existir sin ninguna precisión en el mundo (son conocidas en tanto ejemplares de una clase).

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8. El mundo puede ser concebido desde perspectivas diferentes: algunas más objetivas, otras más subjetivas. 9. Es posible pensar en la clase como un individuo; otras veces, como algunos individuos o partes que la representan. 10. Asumimos que aquello en que pensamos puede ser compartido con los demás: ellos pueden descubrir en nuestros enunciados no solo cosas, eventos y propiedades, sino la manera en la que pensamos la realidad.

Estas diez ideas son para mí hechos cruciales que un estudio de la definitud e indefinitud de la frase nominal debe tener en cuenta al querer explicar la construcción de frases nominales. En vista de que una teoría formalista no me permitía entender por qué el lenguaje parece recoger estos hechos en la interdependencia de forma y contenido, decidí que una teoría diferente podría ayudarme a alcanzar la explicación que buscaba. Gracias a las ideas propuestas por la semántica cognitiva y, específicamente, al modelo de Ronald W. Langacker, llamado gramática cognitiva, he podido enmarcar y justificar numerosas intuiciones que, de otra manera, pueden sonar como especulaciones sin mayor fundamento. Es probable que eso sea cierto: todo lo que he escrito son especulaciones que, peor aún, tienen la pretensión de mostrarse como una evidencia de la unidad entre el lenguaje y la cognición. Sin embargo, si el lector solo me concede la virtud de haber sido coherente, entonces este trabajo quedará justificado. Pero si lo planteado aquí se considera suficientemente inquietante y lleva a otro a atar los muchos cabos sueltos que debo de haber dejado, entonces mi trabajo habrá recibido la mejor recompensa.

Esta tesis quedará dividida en cuatro capítulos distintos. El primer capítulo presenta en extenso la fundamentación de una teoría lingüística no formal y no objetivista que no separe la semántica de otras partes de la gramática. Es decir, se necesita superar los dogmas de la arbitrariedad del signo lingüístico y la autonomía de la gramática (y más específicamente, la autonomía de la sintaxis). En

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vista de que una teoría así se encuentra, aún hoy en día, en franca contradicción con las asunciones más aceptadas entre los lingüistas, mi primer capítulo argumenta a favor de una concepción simbólica de la gramática. La suma de las partes siempre supera, en su contenido, la mera derivación que se logra a partir de las partes. Al tener el lenguaje propiedades gestálticas, se hace necesario buscar los fundamentos de la estructuración gramatical en los principios generales de la cognición. Si la semántica no es veritativa-formal, sino cognitiva-funcional, el paso siguiente es presentar una teoría gramatical que explote dicha hipótesis. Tal teoría es la gramática cognitiva.

El segundo capítulo entra en materia con el problema de la definición nocional del sustantivo. Una caracterización semántica de una de las categorías gramaticales más importante solo puede lograrse con un aparato descriptivo mucho más sutil que el usado por las gramáticas tradicionales. Si los sustantivos son palabras que hablan de cosas, entonces se necesita una concepción de cosa, un esquema conceptual, que permita representar tanto objetos contables como no contables (y formas abstractas derivadas de verbos o adjetivos). Una vez propuesto un esquema capaz de representar las distintas realidades “cosificables” para el intelecto, se necesita un esquema que ilustre las capacidades clasificatorias que están detrás de todo sustantivo: dichas palabras instauran una clase compuesta por ejemplares. Una teoría de conjuntos objetivista no bastará para entender cómo se forman las clases, pues somos sensibles al parecido entre las cosas que están incluidas en la misma clase. De este modo, no todas las clases son iguales y su comportamiento gramatical variará.

El capítulo tres discutirá cuestiones relativas a la relación entre conceptualización, referencia y la determinación de las frases nominales. En primer lugar, propondré que la referencia no está basada tanto en una relación con el mundo exterior como en una representación mental que identifica ejemplares únicos en ciertas formas de conocimientos disponibles para el hablante y el oyente durante el discurso. De este modo, la noción de referencia debe ser intersubjetiva, una construcción, antes que la selección de un objeto aislado e independiente en el mundo exterior. En consecuencia,

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las nociones de definitud e indefinitud, las principales formas de determinación, no se reducen a la referencia definida e indefinida, sino que se establecen en función de la clase a la que aluden (como se definió en el capítulo 2).

Por último, el capítulo cuatro es mayormente la aplicación de las ideas de los capítulos anteriores. El fenómeno que quiero examinar detalladamente es el de los sentidos genéricos de distintas frases nominales. Una vez que se entiende la importancia de ciertos entornos generales dentro de los que es posible la enunciación de referentes llamados espacios mentales se podrá llegar a explicaciones más satisfactorias para el fenómeno de las predicaciones genéricas. En particular, critico que se consideren iguales, por tener sentido genérico, frases nominales muy diferentes. Las frases definidas singulares, frases indefinidas singulares, frases definidas plurales, frases no determinadas singulares, frases no determinadas plurales y los sustantivos no contables determinados definidos y los no determinados representan el tipo al que alude una predicación genérica de maneras muy diferentes. Al final de ese capítulo, extenderé los diagramas langackerianos con los que se representó el sentido de clase propio de los sustantivos para explicitar las diferencias conceptuales entre todas esas construcciones. Mi objetivo es establecer qué zonas del esquema que permite la concepción de los sustantivos poseen mayor relevancia al producirse una interpretación genérica. Esto explica por qué ciertos contextos oracionales facilitan o prohíben esas interpretaciones para los sustantivos según estos sean contables, no contables o plurales, o según estén determinados de modo definido, indefinido o carezcan de determinación. En conclusión, hablar de sentido genérico esconde formas muy distintas por las que un sustantivo accede a su tipo o clase.

Esta introducción no puede estar completa sin agradecer a numerosas personas que han influido en mí a lo largo de los años. En primer lugar, agradezco a todos mis profesores, de quienes siempre intenté aprender lo mejor. Encabeza esta lista mi maestro, el Dr. Luis Jaime Cisneros, por influencia de quien, como muchos otros, he terminado dedicándole mi vida a las letras y a la educación.

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Espero que este trabajo esté a la altura de lo que él merece. En segundo lugar agradezco al Dr. Jorge Iván Pérez Silva: sin sus consejos, sin su insistencia tanto en lo teórico como en lo práctico no habría llegado hasta aquí (“Haz tu tesis, ya está lista, no le falta nada”, eran las palabras que tantas veces me repitió en estos años que he dilatado mi proyecto). Sinceramente, Jorge debe ser la persona a la que más le debo mi interés por hacer algo bueno y/o útil con mis conocimientos: la ponderación, el compartir y tratar de estar siempre cerca de las personas que requieren de ayuda o de una recomendación son actitudes que en Jorge Iván son la norma. Es un ejemplo para cualquiera que haya sido alumno (y amigo) suyo.

Tres personas que formaron definitivamente mi perspectiva sobre el lenguaje han sido los doctores Alfredo Arnaiz, Marcos Herrera y Liliana Sánchez. A Alfredo le debo el curso de sintaxis que me abrió los ojos acerca de la tremenda importancia del formalismo como parte del análisis gramatical. De Alfredo, de su peculiar sentido del humor, de sus diatribas cada vez que deslizaba alguna explicación funcionalista o semántica en sus legendarias asignaciones domiciliarias, siempre recordaré que me dijo que si una persona habla del lenguaje como objeto de estudio y no sabe gramática, pues está diciendo cualquier cosa. No fueron esas sus palabras exactas, los que lo conocen saben que ahí faltan un par de adjetivos más gruesos. Pero no deja de ser estrictamente verdad: he intentado ver la gramática como la medida de todos los hechos del lenguaje. Sé que no congeniará con el espíritu cognitivista y funcional de mi tesis, pero quiero decirle que él es responsable en buena parte de este interés por unir la sintaxis y la semántica.

Marcos Herrera significó, para un “semántico” como yo, saber que hay teorías serias y con un desarrollo pujante como la gramática cognitiva que brindan herramientas precisas para abordar problemas que el formalismo generativista no privilegiaba. A él le debo su apoyo en mi trabajo, su paciente lectura de mis primeros esperpentos en los que enfrentaba a Fodor con Lakoff y mezclaba Jackendoff con Langacker bajo la guía del texto de Frawley que trajo de su doctorado en Alemania.

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Gracias a él encontré mi lugar en el espacio teórico de la lingüística contemporánea. Sabe que lo aprecio enormemente y que le agradezco la confianza que me ha brindado en numerosas ocasiones. He intentado que este trabajo sea para él una muestra de lo que significa su presencia en la facultad: espero no defraudar esa ambición.

Liliana Sánchez es una de las personas más inteligentes, congruentes y trabajadoras que he conocido en mi vida. Un verdadero modelo de seriedad y compromiso para quienes llevamos con ella el Taller de Trabajo de Campo y luego el curso de Seminario de Adquisición de Segunda Lengua. Por ser ella una crítica tenaz de muchas de las ideas que estoy por presentar, esta tesis también la he escrito pensando en lo que me ha enseñado. De ahí que este trabajo sea también para ella, que nos cuidó firme pero discretamente a 3800 metros sobre el nivel del mar.

Asimismo, los doctores Rodolfo Cerrón-Palomino y Beatriz Mauchi en numerosas ocasiones me han mostrado interés y apoyo desinteresado en mi desarrollo profesional y académico. Espero corresponderles lo mejor posible con este proyecto de investigación. Para ellos todo mi agradecimiento.

Agradezco también a mis compañeros de especialidad: José Riqueros, Paola Cépeda, José Manuel Rodríguez, Aysa Mondoñedo, Omar Beas, Milagros Lucero y Carla Barrionuevo. Todos ellos siempre me han mostrado un aprecio que espero haber podido corresponder de la mejor manera posible.

Pero el agradecimiento más importante está reservado para mi familia. Mis padres, Norma y Raúl, me lo dieron todo, aun a costa de los sacrificios que ello implicase. Para mí han sido excelentes padres, como cualquier padre que ama a sus hijos. Ahora les ofrezco esto como resultado de muchos momentos, unos buenos, otros no tanto, por los que hemos pasado juntos en mi formación

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profesional. A mi Papá Mateo, el padre de mi mamá, le debo saber leer. Esta tesis es, en ultima instancia, la mayor consecuencia hasta el momento de ese maravilloso momento en el que las palabras tenían sentido en los papeles y carteles cuando era muy niño. Nunca podré agradecerle suficientemente ese don. Por último, mis hermanos, Alonso y Claudia, y mi sobrino, Sebastián, reciben también este trabajo como muestra de lo mucho que los quiero.

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CAPÍTULO 1 HIPÓTESIS Y MARCO TEÓRICO
Meaning is what language is all about; the analyst who ignores it to concentrate solely on matters of form severely impoverishes the natural and necessary subject matter of the discipline and ultimately distorts the character of the phenomena described. Ronald W. Langacker (1987a: 12)1

A pesar de lo que el título de esta tesis parece establecer, el tema de mi investigación no es, en sentido estricto, la semántica de la definitud e indefinitud de la frase nominal. Más bien, en este trabajo quiero proponer una explicación de la estructura de la frase nominal (circunscrita mayormente, eso sí, a los aspectos señalados en el título) distinta a las que se han venido presentando dentro de la corriente mayoritaria de investigación lingüística. Consecuentemente, este trabajo no hace “sintaxis”, si por sintaxis se entiende un proceso de derivación formal-algorítmico (cf. Chomsky 1986 y 1995). Tampoco se hace en él “pragmática”, si por esta se entiende un conjunto de reglas de interacción (conversacionales o de relevancia) dependientes del contexto, que en buena medida subvierten el sentido de las expresiones gramaticales lineales, o el “significado literal” (cf. Grice 1975 y Sperber & Wilson 1986). Inclusive, puede decirse que ni siquiera hace “semántica”, si por ella entendemos la relación que hay entre un enunciado y sus condiciones de verdad respecto de la situación del mundo que describe, así como una subordinación composicional de estas interpretaciones a la estructura sintáctica de la frase (cf. Chierchia & McConell-Ginet 1991).
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«El significado es todo acerca de lo que es el lenguaje; el analista que ignora esto para concentrarse únicamente en cuestiones de forma empobrece severamente el natural y necesario asunto central de la disciplina y definitivamente distorsiona el carácter de los fenómenos descritos» [Todas las traducciones de citas en inglés son mías].

Lo que sí hace esta tesis es proponer un análisis de la frase nominal donde se integra lo sintáctico, semántico y pragmático en una teoría que unifica el lenguaje con los demás aspectos de la cognición humana. Por esta razón, más que una tesis de semántica, es una tesis de gramática, porque ese es el término que no distingue los distintos ámbitos del saber lingüístico de los hablantes. No obstante, creo justo afirmar que es también una tesis acerca de la cognición humana, ya que se apoya continua y firmemente en las distinciones, procesos y organizaciones que dan cuenta de nuestro modo de concebir la realidad.2 En suma, el trabajo que se presenta aquí es una tesis de gramática cognitiva, nombre específico de la teoría lingüística de la que me valdré mayormente a lo largo de mi investigación.3

Esta opción no es gratuita: la hipótesis que propondré establece que la organización sintáctica de una frase debe explicarse a partir del contenido conceptual de las unidades lingüísticas que la conforman; y el contenido conceptual depende en gran parte de las situaciones de uso real. Dicho de modo simple, se busca entender la sintaxis no “por sí misma”, esto es, tan solo por sus sutilezas combinatorias, sus categorías vacías y sus patrones distribucionales, sino porque ella expresa algo: es una construcción simbólica. En cuanto tal, articula conceptos de nivel más complejo:
Sé que esta última afirmación puede sonar sumamente pretenciosa a las puertas de una tesis que debe someterse a la aprobación de un jurado. Más todavía cuando el autor probablemente no sabe nada acerca de psicología cognitiva, y no ha llevado ningún curso en el que se haya analizado al detalle los numerosos procesos cognitivos humanos. No obstante, puedo afirmar que las intuiciones que componen mi análisis se encuentran refrendados (como tantas otras tesis) por trabajos que han encontrado fructíferos resultados al motivar al lenguaje en los principios que ordenan el pensamiento como representación del mundo. La presentación definitiva de esta teoría (que en sus primeras formulaciones se llamó Space Grammar, cf. Langacker 1982, Tuggy 1981) se encuentra en los dos volúmenes de Foundations of Cognitive Grammar (Langacker 1987b y 1990). Con el paso del tiempo, esta obra se ha constituido, según palabras de Cruse (2000: 142), en «the ‘bible’ of the cognitive approach» (“la ‘biblia’ del enfoque cognitivo”). La gramática cognitiva es uno de los modelos que coexisten dentro de la tendencia teórica conocida como lingüística cognitiva (probablemente el más influyente, junto a la gramática de construcción de Goldberg 1995). El texto de fundamentación epistemológica unánimemente reconocido por los lingüistas dentro de esta corriente es Women, Fire, and Dangerous Things (Lakoff 1987). Otros nombres que pueden describir el tipo de tesis aquí presentado, si bien más neutrales en cuanto a lo teórico, son “semántica lingüística” (Frawley 1992) o, sencillamente, “semántica gramatical” (Saeed 1997 y Cruse 2000).
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esquemas o patrones simbólicos cuyo significado va más allá de la mera suma de los contenidos de las unidades léxicas sobre las que operan (i.e. las partes configuran una gestalt o representación emergente). Por consiguiente, y en tanto se asume que las estructuras semánticas son idénticas a las estructuras conceptuales, no tiene sentido separar la gramática y la semántica como componentes autónomos. Si la sintaxis y la morfología permiten una organización donde invariablemente el todo supera a la suma de las partes, ese modo de organización es también un símbolo, o dicho en palabras de Langacker, la asociación de una forma y un significado (1987a: 2.2.).

1.1. Hipótesis La hipótesis principal de esta investigación consiste en que las construcciones gramaticales con las que los hablantes expresan tanto la definitud como la indefinitud de una frase nominal (en adelante FN), así como los usos específicos o genéricos (que pueden considerarse derivados y complementarios de los primeros), no son mecanismos formales arbitrarios y aislados del resto de experiencias y procesos cognitivos humanos. Propongo, por el contrario, que la interpretación de la definitud o indefinitud del sustantivo se construye simbólicamente en las frases nominales. Para esto, es necesaria la interacción de las propiedades conceptuales que conforman la definición nocional del sustantivo y las condiciones cognitivo-discursivas (i.e. mentales y contextuales a la vez) de la determinación. Como manifestación fundamental de estas condiciones, se encuentran los distintos tipos de modalidades proposicionales, ya que es en el universo del discurso que un enunciado es definido o indefinido, referencial o genérico, etc.

El sustantivo se considera en este trabajo como una clase conceptual a la par que como categoría gramatical. Gracias a sus rasgos nocionales se construyen los sentidos definidos e indefinidos. Dicho en otros términos, el modo en que los hablantes representamos los sustantivos para que podamos hablar de ciertos elementos de la realidad a los que consideramos “cosas” es fundamental para poder entender la definitud o indefinitud de las frases nominales. Al mismo tiempo, es

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necesario indagar sobre la relación de la definitud e indefinitud en las frases nominales con sus usos específicos (llamados también, de modo poco preciso, referenciales) y los genéricos (o no referenciales, y que, erróneamente a mi entender, muchos confunden con las formas predicativas).

En lo tocante a la determinación, me centraré únicamente en sus manifestaciones que usan el artículo definido, el indefinido, así como en las FN no determinadas (conocidas también como “escuetas”). Por último, respecto de las modalidades proposicionales, se incidirá en la distinción fundamental entre usos referenciales y usos no referenciales de los enunciados lingüísticos dentro del discurso.

Uno de los principales problemas para la formulación de la hipótesis estaba en conciliar la información que proponen autores funcionalistas, en un sentido amplio del término,4 y otros más afines a la lingüística cognitiva. Los primeros sostienen la preponderancia de los contextos oracionales o los modos de predicación en los que aparecen las frases nominales. Los segundos hacen hincapié en que el lenguaje refleja en gran medida la cognición humana, de modo que, cualquier enunciado lingüístico debe construir su sentido mediante operaciones análogas (por no decir idénticas) a las que usamos para concebir la realidad, en tanto una representación mental.5

He decidido inclinarme más por la segunda propuesta; sin embargo, esta no es una decisión basada en que “una teoría es correcta y la otra no lo es”. Más bien, obedece a que la lingüística cognitiva puede integrar los problemas que los funcionalistas proponen al plantear que la mayoría de las

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Bajo el término “funcionalista” agrupo a los lingüistas que ven la gramática como la expresión sistemática de funciones comunicativas y representacionales. Dicho de modo más simple, un funcionalista es quien piensa que la gramática tiene que entenderse en relación directa con el uso que se hace de ella. Entre estos puede contarse con Coseriu (1989), Seiler (1976 (ed.) y 1986), Iturrioz (1986), Heine, 1997 y, sobre todo, Givón (1984, 1990 y 2001).

Una explicación general de los postulados y fundamentos de la lingüística cognitiva serán parte de la sección 1.3 de este capítulo.

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construcciones gramaticales, así como las discursivas, basan sus significados en principios cognitivos que operan, fundamentalmente, al nivel de las categorías gramaticales. Así, la preeminencia de los aspectos cognitivos frente a los discursivos se traduce en una cuestión más bien de orden: primero es necesario haber creado la representación de un mundo que pueda comunicarse. De inmediato, casi paralelamente a este proceso, se han de producir las estrategias más indicadas para transmitirlo al receptor. Este inicia un proceso de interpretación, ya que no es el caso que lo transmitido por el emisor llegue con su significado a la mente del receptor: siempre hay mucho más significado en lo comunicado que aquello que simplemente se ha codificado gramaticalmente, bien por la presencia del contexto (un modelo gramatical realista debe basarse en el uso), o por las múltiples interconexiones que se despiertan con nuestro conocimiento sobre cualquier categoría (un modelo gramatical debe basarse en una noción enciclopédica, antes que veritativo-formal del significado).6 De este modo, una explicación coherente de la semántica de la determinación no excluye lo discursivo, sino que le da el lugar que le corresponde en el orden de los hechos lingüísticos.

En resumen, a lo largo de esta tesis se irán examinando datos concernientes a distintos usos de los sustantivos en frases nominales definidas, indefinidas y escuetas. Algunos de estos casos se caracterizarán como centrales o prototípicos. Es decir, se organizan dentro de marcos cognitivos bastante homogéneos y básicos. Por el contrario, otros casos serán propuestos como marcados; es decir, que implican un mayor esfuerzo constructivo en el que diferentes marcos interactúan para producir un sentido cada vez más abstracto (y por ende, más sutil). Mi aporte será postular para esta diversidad de usos sus respectivos esquemas conceptuales, es decir, patrones que permitan al hablante / oyente categorizar los sustantivos como instancias definidas (El niño está llorando),
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Sobre este punto son especialmente importantes Langacker 1987: 161-166 (crítica a la “metáfora del conducto” como expresión del proceso comunicativo frente a la visión enciclopédica de la semántica), Lakoff 1987: 292-294 (propuesta del significado y el entendimiento como una construcción en la mente de los hablantes) y, en términos más generales, Palmer 2000 [1996]: 61-66 (relación entre el significado emergente, construido pragmáticamente, y el significado situado, codificado gramaticalmente).

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indefinidas (Nadie soporta ver un niño triste) o tipos genéricos (Nadie que tenga niño puede alquilar cuarto en este edificio). La caracterización de este esquema debe ser capaz de dar razón de los usos lingüísticos compartidos convencionalmente por una comunidad de hablantes. Por esta razón, la descripción del fenómeno debe enmarcarse en una perspectiva basada en el uso, que enlace lo sintáctico, lo semántico y lo pragmático dentro de un continuo. De este modo, puede decirse que una frase nominal debe entenderse como una representación simbólica que se construye y organiza más cercanamente a nuestro modo de ver la realidad de las cosas que nos rodean, y no tanto a partir de especificaciones puramente formales e inmotivadas.

En lo que sigue de este capítulo, mi intención es establecer que una teoría gramatical que analice los principios lingüísticos dentro del marco general de la cognición humana y de su interacción con la realidad no solo es posible, sino deseable. En este sentido, debo discutir, primero, por qué no considero suficientemente útiles las teorías formales; segundo, por qué la gramática debe entenderse como un sistema de construcciones simbólicas; y, tercero, por qué la semántica debe entenderse como idéntica a las estructuras que permiten el conocimiento humano. Luego de haber discutido los puntos anteriores, resultará más sencilla la exposición de los fundamentos teóricos de la lingüística cognitiva, en general, y de la gramática cognitiva, en particular.

1.2. El conocimiento gramatical y las limitaciones del formalismo Pienso que si se pretende analizar exhaustivamente cualquier fenómeno gramatical, el lingüista debería guiarse por lo que es el conocimiento de una lengua natural. En este sentido, me adhiero a una perspectiva mentalista de la naturaleza del lenguaje: este es una forma de conocimiento.7 No es suficiente —pero sí importante— una descripción empírica de las lenguas, ya sea como un inventario de unidades y reglas atestiguadas por la investigación de campo, o bien como acervo
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El sentido de conocimiento es “conocimiento inconsciente”, en la línea de la separación entre “saber qué” (consciente) y “saber cómo” (inconsciente) (cf. Chomsky 1986: cap 2).

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lingüístico compartido en una comunidad de hablantes (idea ya expuesta por Saussure). Es necesario que las descripciones conduzcan a las explicaciones. Dicho en términos de Chomsky (1970 [1965], 1986), una teoría que pretenda hacer explícita la capacidad de los hablantes para producir infinitos enunciados (creatividad lingüística), es una teoría sobre el conocimiento humano. De este modo, la gran mayoría de lingüistas sostenemos que una gramática mental debe verse como una teoría (un conjunto de principios que se abstraen a partir de los hechos observados y que logra predecir el comportamiento de estos) que quiere proponer de la manera más coherente y exhaustiva el porqué de la capacidad creativa de los hablantes en todas las lenguas naturales.

Si queremos resumir la historia de las ideas detrás de las teorías gramaticales, el mentalismo es la hipótesis dominante en los estudios lingüísticos desde la segunda mitad del siglo XX. No obstante, es una cuestión bastante controversial la naturaleza del conocimiento gramatical en la mente de los hablantes. De este modo, las teorías pueden dividirse en:

(a) Formalistas: que postulan un conocimiento lingüístico puro aislado y uniforme. (b) Funcionalistas: que asumen un conocimiento lingüístico indesligable de sus usos, tanto como representación cuanto herramienta comunicativa.

En general, sostener que el lenguaje es un conocimiento implica, dentro de cualquier perspectiva teórica, tres tipos específicos de habilidades en los hablantes-oyentes:

(i)

Conocen la estructura de su lengua (y, sirviéndose de este saber, construyen e interpretan palabras, frases y secuencias fonológicas aceptables)

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(ii)

Conocen los contenidos o conceptos que se asocian de modo no marcado con las unidades lingüísticas que emplean8 (una palabra o una frase puede interpretarse de modo nítido, al menos, asociándose con un valor convencional de los elementos léxicos).

(iii)

Conocen la separación o desviación posible entre los usos convencionales y las posibilidades creativas (metafóricas, figuradas, estilísticas o puramente situacionales) de sus mismos enunciados.

Las teorías lingüísticas que ven al lenguaje como un conocimiento autónomo, con principios propios no generales, y separado del resto de capacidades mentales humanas han decidido circunscribir su campo de análisis formal o estructural al conocimiento (i). La gramática generativa puede considerarse como el modelo más coherente y desarrollado del tipo de teorías lingüísticas ya mencionadas. Este modelo de investigación asume que los hablantes poseen un conocimiento cerrado, autónomo, capaz de operar impecablemente sobre un número cerrado de unidades representacionales:

[...] llamo gramática generativa a un sistema de reglas que de manera explícita y bien definida asigna descripciones estructurales a las oraciones. Es obvio que cada hablante de una lengua ha llegado a interiorizar y dominar una gramática generativa que expresa su conocimiento de su lengua (Chomsky 1970 [1965]: 10 Énfasis mío)

Los sonidos lingüísticos están en un área límite: la entonación y otros rasgos suprasegmentales son reconocidos por su contribución al significado de construcciones morfológicas y sintácticas (cf. Hilferty 2003). Pero, por otra parte, es obvio que, p. ej., una consonante aislada no tiene asociado ningún contenido conceptual. ¿Debe deducirse de ahí que la fonología es diferente? Es decir, ¿es un sistema de unidades y reglas intrínsecamente diferentes a las de la sintaxis o la morfología? Pienso que la diferencia entre la fonología y el resto de áreas de la gramática radica en que la primera no representa los conceptos básicos que manejamos (referentes, propiedades y eventos) y sus múltiples relaciones (labor más acorde con la sintaxis y la morfología), exceptuando los contados casos de iconicidad fonológica (p. ej. onomatopeyas). Su arbitrariedad es una cuestión intrínseca e indiscutible: se necesita de formas fonológicas mayormente inmotivadas para poder hacer un uso amplio de un sistema comunicativo con las especificidades del lenguaje. No obstante, en tanto que las unidades lingüísticas son conceptuales, puede afirmarse que la organización de estas representaciones fonológicas utiliza los mismos principios cognitivos generales (cf. Bybee: 1994 y Palmer: [1996] 2000).

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[...] subrayaremos de nuevo que el conocimiento de una lengua supone la habilidad implícita de entender infinitas oraciones. De ahí que una gramática generativa tenga que ser un sistema de reglas capaz de reiteración para generar un número infinito de estructuras. Este sistema de reglas puede ser dividido en los tres componentes principales de una gramática generativa: los componentes sintáctico, fonológico y semántico (Chomsky 1970 [1965]: 17 Énfasis mío). Chomsky observa que la irrelevancia de los criterios de tipo lineal es un hecho generalizable al estudio de cualquier fenómeno gramatical en cualquier lengua natural. El contenido de esta observación se puede expresar a través del denominado “Principio de Dependencia Estructural”. Podemos entenderlo del siguiente modo: «Principio de Dependencia Estructural: Todas las operaciones gramaticales dependen de la estructura» (Lorenzo 2001: 90. Énfasis mío) FL [facultad del lenguaje, considerada dentro del programa minimista] es un sistema especializado en el almacenamiento y manipulación de datos relacionados con el sonido, el significado y la organización estructural de los ítems léxicos manejados por los miembros de una determinada comunidad lingüística. Ahora bien, en opinión de Chomsky este módulo (FL) debe ser cuidadosamente diferenciado de de los módulos de la mente a cargo, respectivamente, de la articulación y percepción de sonidos y la formulación de pensamientos en términos conceptuales e intencionales. Chomsky considera a cada uno de estos módulos (a los que conjuntamente denomina “sistemas de actuación”) como “externos” a FL. Es decir, FL no tiene la capacidad de producir/captar sonido o pensamiento propiamente dichos. Lo propio de esta facultad mental consiste, más bien, en proporcionar secuencias abstractas de datos que “instruyen” a los sistemas de actuación. (Lorenzo 2001: 119-120. Énfasis mío)

Sintetizando el espíritu de estas citas al máximo, el lenguaje es un sistema gobernado por reglas específicas: su objetivo es organizar únicamente secuencias lingüísticas posibles en la mente de los hablantes y prohibir automáticamente aquellas combinaciones no posibles.

De este modo, el conocimiento gramatical de los hablantes puede reducirse exitosamente a un manejo de estructuras recursivas, para las cuales el conocimiento de las funciones comunicativas que realizan las unidades léxicas o las mismas construcciones gramaticales, a partir de sus significados, son irrelevantes (cf. Lorenzo 2001: 91). Así, para iniciar un análisis gramatical, basta que cualquier lingüista, en su condición de hablante-oyente ideal (Chomsky 1970 [1965]: 5-6), lleve a cabo un proceso introspectivo-evaluativo que ponga de lado cualquier situación contextual o interpretación general sobre lo que significan sus enunciados. Dicho de otro modo, lo que importa

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saber no es por qué hay ciertas oraciones en una lengua, sino cuáles son las reglas que, en la propia lengua, prohíben la elaboración de un número infinito de oraciones imposibles.

Por su parte, el funcionalismo —la teoría opuesta, que ve al lenguaje como un todo no separable de los conocimientos generales y las estrategias comunicativas— se vio arrinconada por mucho tiempo frente a los avances del generativismo. Explicar la estructura del lenguaje a partir de sus usos comunicativos parecía un contrasentido: los mecanismos gramaticales albergan un número de distinciones y sutilezas tan fuertemente inmotivadas que no parece haber relación de necesidad entre una forma lingüística y una función comunicativa.

Ente las numerosas reglas que inconscientemente empleamos los hablantes de una lengua como el español podemos nombrar: concordancia de género y número (las niñas lindas), concordancia de tiempo y modos verbales entre oraciones principales y sus subordinadas (que gobierna la diferencia entre Juan me dijo que irá y Juan me dijo que iría), la invariabilidad morfológica de adverbios etc. ¿Es necesaria la existencia de todas estas reglas para posibilitar la comunicación? En sentido estricto, la respuesta debe ser no. Los seres humanos podríamos comunicarnos sin la necesidad de reglas tan precisas y redundantes. Puede concluirse que la gramática posee rasgos fundamentales de organización tan intrínsecos que no es coherente guiarnos por su función de comunicar. Al parecer, la función primera del lenguaje es servir como un sistema representacional que sirva para transformar pensamientos en sonido y viceversa.

Así, pues, desde el formalismo generativista se han esgrimido muchos argumentos para fustigar las perspectivas funcionales. Con seguridad, los más críticos han sido el de la creatividad lingüística y, en especial, el llamado problema lógico de la adquisición del lenguaje.9 Si una teoría funcional

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En su momento, el argumento para la creatividad de las lenguas humanas a partir de mecanismos representables matemáticamente (un modelo) fue el punto central en la agenda del generativismo lingüístico.

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quiere competir exitosamente con el generativismo (u otras teorías formalistas actualmente presentes), tiene que poder dar cuenta de estas dos cuestiones.10

Puesto que mi interés se ubica ahora en la naturaleza de la gramática como un conocimiento creativo, me centraré en el problema de la creatividad lingüística. En las líneas que siguen sugeriré que una explicación formal para las estructuras gramaticales no consigue dar cuenta satisfactoriamente del conocimiento lingüístico de los hablantes. Como resultado de este análisis, pienso que quedará el camino abierto para proponer una gramática capaz de explicar la creatividad de usos de las lenguas naturales sin apelar a un modelo matemático autónomo; es decir, una gramática regida, más bien, por patrones simbólicos y construcciones antes que por reglas y principios y parámetros.

Para comenzar, es necesario hacer hincapié en los conocimientos (ii) y (iii). Estos pueden identificarse respectivamente como semántica y pragmática y se tienen por poco sistematizables. Por esta razón, dan la impresión de relacionarse solo externamente con el conocimiento (i), al que generalmente se le llama gramática, o más específicamente, sintaxis. Parecen estar ligados, en el mejor de los casos, a convenciones culturales que rigen la interacción; en el peor, a una suma de conocimientos enciclopédicos poco relevantes para un sistema gramatical (p. ej., a nadie le interesa saber que hay perros sin pelo en el Perú para saber que perro es un sustantivo).

Dado el auge de las posturas mecanicistas-conductistas en Norteamérica, los generativistas ya tenían suficiente trabajo tratando de demostrar que la sintaxis ofrecía regularidades notorias, tantas que se prestaba a una representación formal de su estructura y sus procedimientos derivativos. De ahí la premisa básica de postular modelos explícitos del conocimiento gramatical de los hablantes de una lengua. Por medio de estos se daría solución al viejo postulado de Humboldt sobre la creatividad lingüística: “la lengua es la forma de producir infinitos enunciados mediante medios finitos” (cf. Chomsky 1970 [1965]: 3). Posteriormente fue cediendo paso a lo que es hoy día el punto más importante de la agenda: el problema de la adquisición del lenguaje. El problema de la adquisición del lenguaje será tocado brevemente en la sección 1.5. Ahí puede verse la bibliografía sugerida que enfoca el problema sin apelar a un cerrado innatismo, como el que Bickerton ([1990] 1994), Lightfoot (1983) o Pinker (1995) propugnan siguiendo a Chomsky.
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En consecuencia, una de las técnicas favoritas para demostrar que la gramática debe ser independiente de este tipo de conocimientos es proponer un lenguaje en el que las palabras no sean reales, sino puros galimatías, aunque, eso sí, con marcas sintácticas bastante claras. Por ejemplo, tomemos esta oración del “español”:

(1)

La gela palata las amésitas golundamente por amblastes.

Cabe afirmarse que cualquiera que reconozca los rasgos sintácticos presentes dirá que gela es un sustantivo femenino; además, es definido y sirve de sujeto a esta “oración”. Ante la pregunta “¿por quién son palatadas golundamente por amblastes las amésitas?”, la respuesta inmediata será: “por la gela”. Todo apunta a que hemos operado vacíamente sobre elementos léxicos sin significado, y aun así hemos obtenido valiosa información gramatical respecto de la concordancia entre sujeto y predicado y la formación de voces pasivas. Por el contrario, una frase como “La amblastes amésita las por golundamente gela palataba” nos parece mal articulada, es decir, “agramatical” con respecto de las reglas de buena formación de la gramática castellana, es decir, el conocimiento (i).

¿Tiene alguien conocimiento de la lengua española si es capaz de reconocer que la oración (1) pertenece al español y además puede reaccionar mecánicamente ante preguntas por la pura estructura que ese enunciado muestra? Si revisamos las anteriores citas de Chomsky y Lorenzo nos veremos en la obligación de aceptar que este hablante domina la gramática generativa del español y posee juicios de gramaticalidad o intuiciones sobre las estructuras posibles de esa lengua. Supongamos, para beneficio de mi argumentación, que Chomsky y Lorenzo están absolutamente en lo cierto. ¿En qué momento sabemos de qué se trata una oración como (1)? Dada nuestra rapidez y seguridad para saber tanto sobre la sola estructura de las oraciones, parece necesario que los conocimientos sobre los que estas informan sean obtenidos en un momento posterior a la derivación puramente gramatical. Así, una vez que tenemos una estructura convenientemente armada, esta

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debe pasar a los conocimientos (ii) y (iii) para que allí ese “esqueleto” sea llenado de contenido. El argumento para los generativistas queda servido: hay una derivación sintáctica previa a lo “conceptual” como los pasos de diferentes procesos computacionales. Pero esto no puede ser así (o al menos, podría ser de otra forma).

Observemos otra oración, pero del español (sin comillas):

(2)

La cebra transita las praderas tranquilamente por temporadas.

Si comparamos (2) con (1), creo que todos notaremos que tienen la misma estructura. Ni siquiera podremos decir que el orden jerárquico que garantiza el principio de la teoría de X-barra (cf. Lorenzo y Longa 1996 Cap. 2) sea diferente en ambas. Pero cualquiera que sepa castellano sabe que (2) tiene efectos muy diferentes a los que tiene (1). Para comenzar, el más obvio: (2) representa algo; (1), nada. Esto no es, en lo absoluto, una perogrullada. Piénsese que la oración (3) también tiene la misma estructura que (1) y no es tan aceptable:

(3)

La niña castiga las monjas tranquilamente por momentos.

Para saber que (3) no es aceptable tengo que saber que las monjas son seres humanos animados y, por más inusual que suene que “una niña castigue monjas”, pues ahí definitivamente falta algo: la preposición a, con lo que queda: “La niña castiga a las monjas tranquilamente por momentos”, que sí es claramente aceptable. En consecuencia, la estructura de (1) es, por decir lo menos, engañosa como una forma que representa una oración del español. En efecto, representa menos de lo que una gramática realmente logra representar aun en oraciones tan sencillas como (3). Todo señala que esa carencia solo se subsana con el contenido de las palabras.

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En segundo lugar, nunca sabremos en (1) si hablamos de la gela como un individuo o como una clase completa de individuos. En cambio en (2), la cebra puede entenderse claramente como una cebra en particular o como la clase de animales africanos a los que llamamos “cebras”. Más aun, la frase preposicional “por temporadas” nos remite a un comportamiento constante, de modo que refuerza la lectura de la cebra como una clase de animales (si bien no impide la lectura particular). Nada de esto puede decirse de una “oración” como (1).

Todavía puede argüirse que la estructura preexiste a cualquier conocimiento de tipo semántico o pragmático, y que la prueba es que (1) siempre es intuitivamente, para los hablantes del español, una frase más cercana a esa lengua que, por ejemplo, al quechua. Ciertamente, eso es innegable; pero no es necesario que esta intuición obedezca al dominio de estructuras sintácticas abstractas y automáticas. Una combinación que se inicia con el artículo La, con una “palabra” terminada en –a con un “verbo” terminado en –aba entre otras marcas reconocibles y escrupulosamente ordenadas con el orden SVO (que es el no marcado) terminará invariablemente pareciendo la estructura gramatical de una lengua a la que llamamos español, pero eso no tiene que ser así. De hecho, podría ser una lengua x de tipo VOS con modificadores de distinto tipo movidos. En pocas palabras, reconocer un objeto como la combinación de “palabras” en (1) como miembro de una clase es un proceso de categorización a partir de algunas señales para llegar a una conclusión lo más convencional posible. Eso no puede ser prueba de una sintaxis autónoma.

Es necesario que los hablantes, para dominar su lengua y no permanecer en el nivel de las seudooraciones como (1), hagan uso simultáneo de (i), (ii) y (iii). El conocimiento de (i) en aislamiento solo garantiza maestría en un juego lógico, no en el conocimiento de una lengua natural.11 No se pueden dejar de lado los conocimientos (ii) y (iii) en una descripción del

Este postulado resulta ser el mismo que guía la famosa crítica del “cuarto chino” en Searle (1994 [1980]). En resumen, este filosofo se opone a la idea de que la inteligencia tiene como una base una codificación

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conocimiento del lenguaje en toda su complejidad. Decir que ellos son “fenómenos extralingüísticos” o parte de la “periferia de la gramática” (cf. Chomsky 1986: Cap. 2) con el fin de garantizar la creatividad lingüística sobre la base de la recursividad algorítmica de sus reglas solo puede considerarse un a priori difícilmente sostenible.

Por otra parte, los conocimientos (ii) y (iii) como entidades distintas tampoco se hallan exentos de críticas. En efecto, estos podrían subsumirse en un solo conocimiento: el conocimiento semántico es la base de los usos contextuales del lenguaje. No obstante, quisiera mantener esta separación por una cuestión de matiz (y no es este un matiz débil, debe decirse). En (ii) se afirma que el conocimiento de lo que significa una unidad lingüística (i.e. su contenido) suele entenderse como un valor estable o convencionalizado (si no como una suerte de lista de propiedades-rasgos necesarios y suficientes). En contraste, (iii) afirma que frente a estos valores más o menos fijos, existe toda una gama de variaciones admitidas por la estructura conceptual (base de cualquier proceso lingüístico). Estas desviaciones suponen un mayor esfuerzo constructivo (cf. Langacker 1987a: 57-58) y los hablantes de una lengua son en mayor o menor medida conscientes de dicho añadido.

Esta noción es, a mi entender, extremadamente importante para una teoría gramatical; pero no se ha considerado valiosa dentro del generativismo por la tendencia que el formalismo tiene a encontrar unidades lingüísticas universalmente válidas y nítidamente distinguibles. Las construcciones gramaticales pueden admitirse o no según el esfuerzo requerido para plantear la representación que las unidades lingüísticas reconocibles proponen. Por ejemplo, es claro que el esfuerzo constructivo para extraer un sentido de la expresión “la su estrella al vio hija norte” es intolerable y, muy importante, no hay contexto posible que la licencie. No obstante, existen muchos otros casos en los

estrictamente formal (una máquina de Turing). En resumen, para Searle, nuestro razonamiento no es solo “sintáctico”, es también “semántico”.

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que el esfuerzo constructivo permite “acomodar” los enunciados que desafían los usos convencionales.

Por este motivo, debe desecharse la concepción dualista de que las oraciones están bien o mal formadas (gramaticalidad o agramaticalidad), propia del generativismo (al menos en sus versiones preminimistas), por ser en extremo reduccionista. Los juicios de aceptabilidad de los hablantes (por los cuales el lingüista asigna un “ ” a cada secuencia prohibida por las reglas generativas de una gramática) no son una cuestión de “todo o nada”. La aceptación de una estructura gramatical puede verse más adecuadamente como un asunto gradual, que se corresponde con el particular juicio del hablante sobre lo que una combinación podría representar dentro de un posible uso convencional dentro de su comunidad lingüística. Por ejemplo, perro es prototípicamente un sustantivo contable, sin embargo, con un poco de esfuerzo constructivo (y una situación claramente descrita en el mismo enunciado) es posible licenciar su uso no contable:

(4)

El camión aplastó al pobre animalito... Era horrible ver que había perro esparcido por toda la calle.

Usando este esfuerzo constructivo podemos alterar las formas básicas o prototípicas. De este modo, podemos pasar de verbos intransitivos a transitivos (“La cometa vuela muy bien” / “En agosto los niños vuelan cometa en el parque”), de aspectos verbales perfectivos a imperfectivos (“Los soldados rodearon el castillo” / “El foso rodea el castillo”), etc.

En este sentido, las posibilidades de los hablantes para construir mentalmente una representación lingüística de cualquier hecho real pasarán por diversos eventos cognitivos (cf. Langacker 1987a: 100). Mientras más complejo sea este evento, mayor esfuerzo constructivo supone, con lo que la frase no resultará enteramente convencional, será más desviante de un patrón usual y recurrirá a un contexto cada vez más sutil para entenderse con naturalidad. En consecuencia, si el esfuerzo no

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produce una representación por lo menos acorde con la situación (o, en sus casos más felices, una representación que enriquece connotativamente lo denotado, como es el caso de la poesía), puede considerarse que la representación es un fracaso. Por ello, la diferencia entre lo gramatical y lo no gramatical está en la correspondencia entre una serie inagotable de enunciados y una serie muy amplia de situaciones. Habrá mejores situaciones para unos enunciados y peores para otros. A los primeros usos se les llamará prototípicos (no marcados) y a los segundos no prototípicos (o marcados).

1.3. Naturaleza simbólica del lenguaje Si se propone que el conocimiento lingüístico no es autónomo, sino un producto de los diversos procesos cognitivos con los que representamos la realidad, entonces queda abierta una cuestión crucial: ¿cuál es la naturaleza de la gramática? Para una mejor comprensión de las explicaciones que se presentarán a lo largo del trabajo —donde lo sintáctico, semántico y pragmático van de la mano—, es indispensable esbozar una concepción de la gramática construccionista y basada en el uso, que sirva de alternativa al formalismo.

Toda expresión lingüística es una construcción simbólica de tipo conceptual. Por ende, el saber gramatical es susceptible de descripciones y explicaciones basadas en una teoría de la conceptualización en la que la memoria, la percepción, la atención y la imaginación se integran para explicar el potencial creativo del lenguaje humano. De este modo, la gramática (sus unidades y sus estructuras) conforma una construcción gestáltica que se articula en el uso: ella requiere de un contexto y de un organismo capaz de verse rodeado de experiencias múltiples, antes que de solo unidades y reglas.12

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Este es, con seguridad, el principio epistemológico clave de la lingüística cognitiva: la hipótesis de la mente corporalizada (Lakoff y Johnson 1980, Lakoff 1987). Ella nos dice que los seres humanos pensamos solo gracias a la interacción del cuerpo con el entorno. Somos mentes corporalizadas: lo perceptual, guiado por la experiencia física, no se distingue radicalmente de los demás procesos cognitivos. Así, no es sostenible

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El lenguaje es, fundamentalmente, una forma de representación del pensamiento. En tanto que el lenguaje no es lo mismo que el pensamiento (en un sentido restrictivo y reduccionista como el de la hipótesis Sapir-Whorf),13 debe afirmarse que aquel evoca nuestras diversas ideas. He ahí la naturaleza simbólica del lenguaje. Quiero proponer, a continuación, los fundamentos para considerar que la forma en la que se organizan las unidades lingüísticas —i.e. la gramática— está en estrecha relación con los conceptos que representa. Por esta razón, las unidades gramaticales deben ser consideradas propiamente simbólicas; es decir, el lenguaje usa formas que simbolizan la realidad a la que se refieren, y aquellas no son ajenas a esta.

Las gramáticas están en la mente de los hablantes; pero estos no podrían utilizarlas para representar sus pensamientos si estas no poseyeran mecanismos adecuados para ello. Por definición, sea cual sea la teoría de la que uno provenga, se puede aceptar que hay dos formas de representación: las motivadas y las arbitrarias. Para el primer caso, hablamos de iconicidad, para el segundo hablamos de arbitrariedad de los signos o de las estructuras que los organizan en un sistema. No

la noción de mente desencarnada propia de la inteligencia artificial clásica y en sus manifestaciones modulares. De ahí que tome con reservas posturas como las del relativismo lingüístico. El lenguaje no puede ser aquello que dé forma al pensamiento; por la sencilla razón de que existe pensamiento no lingüístico y que muchos animales sin lenguaje puedan mostrar un grado notable de inteligencia e, incluso, representaciones conceptuales (cf. Pinker 1994, Cap. 5, Jackendoff 1994). Sin embargo, tampoco considero justo satanizar el relativismo desde la perspectiva formalista de Pinker, quien apela a la hipótesis fodoriana del “lenguaje del pensamiento” (1995: Cap. 5). El pensamiento, la cultura y el lenguaje se entremezclan lo suficiente como para postular, por lo menos, que la estructura gramatical es un producto de nuestro conocimiento (i.e. la suma de nuestros principios cognitivos y el uso cultural). A su vez, el lenguaje se constituye en una herramienta de intercambio de ideas que tiñe con sus particularidades los razonamientos cotidianos (a eso se le llama retórica, y es la contribución, subordinada por cierto, que hace el lenguaje al pensamiento: un relativismo débil). Al respecto, Lakoff (1987: Cap 18) presenta una ponderada evaluación de los aspectos positivos del relativismo lingüístico. Sin duda, un aspecto fundamental de las lenguas naturales es que nos permiten observar la organización conceptual de los hablantes (cf. Jackendoff 1994: Cap 14). Esto lleva a Lakoff, al comparar el sistema de preposiciones de lenguas indígenas norteamericanas (cora, mixteca y atsuwegi) con las del inglés, a la siguiente conclusión (a la cual me adhiero sin duda alguna): “[...] I view the organization of a conceptual system as part of what characterizes the system. For me, conceptual systems with different organizations are different systems” (“[…] Veo la organización de un sistema conceptual como parte de lo que caracteriza al sistema. Para mí, sistemas conceptuales con diferentes organizaciones son sistemas diferentes”).
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obstante, es necesario asumir un punto intermedio: las representaciones simbólicas. Dentro de esta clase se incluirán aquellas formas que encuentran una notable motivación en el objeto que quieren representar. Sin embargo, la representación tiene una carga clara de artificialidad, puesto que la relación no es directa sino construida convencionalmente dentro de una cultura. Dicho en términos más simples, hay muchos aspectos en los que uno puede motivar la representación, pero se eligen solo algunos, pudiéndose haber tomado otros.

Observemos, por ejemplo, la noción ‘paz’. Muchos concordarían en decir que una simbolización adecuada estaría en la ya tradicional imagen de la paloma blanca con una rama de olivo. Dicha imagen es analizable: la naturaleza del animal (su mansedumbre), su blancura, la rama misma de un árbol que se asocia con lo útil y el progreso de la civilización, o simplemente la historia bíblica de Noé que envía a una paloma blanca para saber si las aguas se habían calmado, etc. Por supuesto, no es necesario que uno sepa todo esto sobre la paloma blanca y la rama de olivo: el símbolo seguiría funcionando, pero ya arbitrariamente, es decir, como un signo. Sin embargo, para los que conocemos la relación entre los elementos del símbolo y otros conceptos relativos a la paz, pues resulta claro el lado motivado.

Ahora bien, pese a la ya aceptada adecuación de este símbolo, uno siempre puede preguntarse si no es que la idea de un animal implicaría la irracionalidad de la paz, o tal vez la costumbre de las palomas de ensuciar con su excremento las construcciones y monumentos pueda llevarnos a pensar que la paz es algo pernicioso y sucio, o tal vez la idea de la paloma como tórtola nos guíe por una concepción romántica y cursi de la paz. Es lícito hacernos estas preguntas, y en tanto son posibles, vemos que hay una cuota de arbitrariedad en las características señaladas, del mismo modo como hay una gran dosis de convención. Esto indica que el símbolo es también parcialmente arbitrario.

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Es sencillo ver la naturaleza simbólica en figuras como la anteriormente analizada. Sin embargo, cabe preguntarse si hay alguna ventaja en suponer que el lenguaje emplee símbolos en vez de signos. En otros términos, ¿es posible que la gramática sea solo parcialmente arbitraria y que buena parte de su organización se motive en aquello que quiere representar? Tradicionalmente, la respuesta a esta pregunta ha sido un rotundo no: las principales teorías lingüísticas han abrazado la idea de que la gramática es un mecanismo esencialmente arbitrario. El estructuralismo saussureano lo hizo desde la noción de signo lingüístico y el sistema de oposiciones funcionales; el distribucionalismo bloomfildeano, desde la descripción estructurada del inventario de unidades lingüísticas ajeno a cualquier influencia de lo semántico; y, finalmente, el generativismo chomskiano, desde reglas y principios gramaticales estrictamente formales con base innata y universal. Perspectivas como estas han conducido invariablemente a asumir la especificidad y / o la autonomía de la facultad del lenguaje. Sin embargo, un análisis cuidadoso de la noción de símbolo y su relación con el lenguaje puede poner en entredicho esta creencia tan profundamente arraigada en la teoría lingüística.

Dentro del lenguaje, pienso que un símbolo debe verse como análogo a las onomatopeyas. Se nos dice en Saussure ([1916] 1964) que ellas son arbitrarias porque toman la forma sonora que es parte de una lengua, de modo que lo que debería representarse igual en chino, español o inglés, terminan teniendo palabras distintas (recordemos lo gracioso que es comprobar que en inglés el gallo canta cock-a-doodle-doo, pero en español hace quiquiriquí). Pero no podemos ignorar algo absolutamente incontestable: nos parece que así es como el lenguaje representa el sonido del canto del gallo, porque así es como puede sonar en nuestra lengua. No estamos traicionando al canto del gallo para hacer que tenga una forma ajena por completo a como se nos muestra perceptivamente: la acomodamos a lo que convencionalmente puede resultar análogo. Esto es lo que se hace en toda unidad lingüística; de este modo, las onomatopeyas no son una excepción dentro de las representaciones lingüísticas: son la regla.

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Sin duda, esta afirmación puede sonar no solo osada, sino totalmente errónea. Sin embargo, hay que reflexionar primero sobre lo siguiente: el canto del gallo es parte de la realidad tal y como la percibe el ser humano, y como tal ha recibido una representación que forma parte del lenguaje, de su gramática:

a. El gallo hizo quiquiriquí. b. Al tercer quiquiriquí el gallo sufrió un síncope y, en fin, ya no más quiquiriquís.

Si el quiquiriquí es tan cosa como las sillas, las personas, y a un nivel derivado, la sociedad o la democracia, ¿por qué decir, entonces, que el procedimiento que construye la respectiva unidad representacional para quiquiriquí es diferente al que se emplea en sillas, personas, etc.? Toda unidad lingüística debe considerarse una suerte de “onomatopeya mental” de lo que se percibe en la realidad (formas, colores, relaciones, etc.).

En este sentido, hablar de “onomatopeyas mentales” se refiere a una forma de representación que no es ajena a aquello que quiere representar, exactamente lo que se había definido anteriormente para la noción de símbolo. Por consiguiente, cada vez que se hable de símbolos como unidades lingüísticas, debe tenerse en cuenta su naturaleza afín a la de las onomatopeyas: no enteramente arbitrarias, sino más bien fuertemente motivadas dentro de las convenciones de una comunidad.

Analicemos el siguiente caso. Si vemos que un lobo se acerca a un cordero para comérselo, estamos construyendo, en la realidad que nos alcanza el campo visual, una figura que progresivamente se hace más próxima respecto de otra figura inmóvil. Además, damos a ambas figuras dos papeles convencionalizados: cazador y víctima. Estamos frente a una distribución de actores y eventos que resultan corresponder con aquello que entendemos como teniendo lugar ante nuestros ojos. ¿Cómo

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“dibujamos” esto en nuestra mente?14 En primera instancia, eso no lo podemos decir acá. El pensamiento es previo al lenguaje, de modo que el lobo que se acerca al cordero termina siendo esa “imagen” que todos podemos apreciar (o imaginar). Pero si así se quiere, ese pensamiento puede hacerse consciente mediante el lenguaje. De hecho, eso es lo que se está haciendo ahora. Leer una frase como El lobo se acerca al cordero ha desencadenado una imagen —bastante general, muy imprecisa, por cierto, pero reconocible como tal— en la mente. Si quiquiriquí recrea el sonido del canto del gallo, El lobo se acerca al cordero de alguna forma también crea esa situación posible de la realidad.

En tanto símbolo, la oración que analizamos debe tener propiedades que sean análogas o motivadas según lo que nos parece que compone el mundo que experimentamos y sobre el que razonamos. La realidad que podemos pensar es la única realidad de la que podemos hablar. Esto quiere decir que es posible tener un punto en común entre los objetos de la realidad y sus representaciones lingüísticas: ambos son formas conceptuales.15 De esta forma, los medios para construir la realidad en la mente, los principios cognitivos, son el aspecto no arbitrario que subyace a las unidades lingüísticas en su labor de representar el pensamiento. Por cierto, estos principios deben subyacer al

14

El término dibujar está usado deliberadamente en sentido figurado. No obstante, aun así, puede sonar “herético” a los seguidores de las teorías formalistas en semántica. Sin embargo, debe recordarse que un concepto es entendido como una representación; es decir, como una figura abstracta en la que confluyen numerosas características y sus interrelaciones, de modo que puede resultar una información suficiente sobre algún estado de la realidad tal y como la pensamos (cf. Barsalou 1992, Jackendoff 1990). Un dibujo, o una ilustración esquemática puede ser mejor representación muchas veces que un sistema formalizado de variables y operadores. Una buena defensa del uso de las imágenes como mecanismos descriptivos (y no reduccionistas: ¡nadie dice que haya “figuritas” en nuestras cabezas!) la brinda Tuggy (1981: Cap 1).

Este es el postulado de la representación mental de la realidad. Se rechaza, así, el acceso directo del entendimiento humano al mundo objetivo o realidad externa. La realidad tal y como se nos presenta, es decir, aquella a la que tenemos acceso es una construcción de la mente sobre los estímulos que nos brindan los sentidos. Esta postura puede considerarse “psicologista”, en tanto explica los fenómenos a partir de principios cognitivos innatos o primitivos conceptuales que guían la organización de los estímulos. Un detallado análisis de esta hipótesis, así como una crítica a otras posturas filosóficas, se encuentra en Jackendoff (1991).

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lenguaje, es decir, ser el pensamiento, ya que alguien que no puede hablar, puede darse cuenta de que un lobo se acerca a una oveja o algo similar.16

Pese a la motivación que haya en nuestras frases con respecto de lo que ellas expresan, hay que ser demasiado extremistas para decir que ellas son iguales a lo que representan. De hecho, en El lobo se acerca al cordero, se pierde el olor, la temperatura, la tranquilidad del cordero, el rostro hambriento del lobo, así como mucho de la tensión del momento (ya desde un plano más subjetivo), etc. Sin embargo, lo mismo ocurre con quiquiriquí. Esa palabra es la que, dentro de las unidades representativas convencionalizadas en nuestro lenguaje, mejor puede representar ese sonido que hace un gallo. Lo más curioso es que se parece a lo que canta el gallo (en gran parte, gracias a que es un sonido, y el lenguaje representa sonidos en su estructura fonológica). El parecido con lo representado es lo crucial para entender el valor de una expresión lingüística. Piénsese en una película en donde un lobo acorta distancias respecto de un cordero y alguien nos dice: “El lobo se aleja del cordero”, o “El cordero se acerca al lobo” o “Paola le da de comer a Daniela”, sencillamente diremos que esa oración no se parece a lo que vemos.17

La estructura lingüística puede simplificar la representación, y lo hace lo mejor posible, para darle a nuestras mentes otro objeto más sobre el que podemos operar con los principios cognitivos hasta darle una dimensión semántica que le haga justicia a lo que busca representar. Como expresan Fauconnier y Turner, dos destacados lingüistas cognitivos:
The world of human meaning is incomparably richer than language forms. Although language has been said to make an infinite number of forms available, it is a lesser infinity than the infinity of situations offered by the very rich physical mental world that we live in. De hecho, las ovejas, y muchos otros animales, carecen de lenguaje; pero pueden darse cuenta de que un lobo, o cualquier depredador, se acerca a ellas y pueden advertir su presencia o emprender la huida. 17 Deliberadamente hablo de parecido y no de adecuación a un valor de verdad, en tanto que la semántica que necesita esta teoría gramatical rechaza la noción de verdad o falsedad para la referencia de una expresión en un mundo posible como aspecto básico para determinar su significado. Por consiguiente, rechaza también el uso de la lógica como criterio de análisis válido (cf. infra. 1.4.).
16

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To see that, take any form, such as “My cow is brown,” and try to imagine all the possible people, cows, and shades of brown to which it may apply, as well as all the different uses of the phrase as ironic or categorical or metaphoric, including its use as an example in this paragraph (2002: 178).18

Así, para decirlo en palabras de Fauconnier: «[...] visible language is only the tip of the iceberg of invisible meaning construction that goes on as we think and talk. This hidden backstage cognition defines our mental and social life. Language is one of its prominent external manifestations» (1997: 1-2).19 Así, el lenguaje no es todo el iceberg, ciertamente, pero es parte del iceberg y representa con suficiencia todo el iceberg.

Sin embargo, las teorías lingüísticas más difundidas modernamente han partido de la creencia de que el lenguaje representa una realidad externa que es mayormente, sino por completo, ajena a las unidades lingüísticas y a su estructura. Del mismo modo, también consideran que todo en el lenguaje es arbitrario en vista de que su parte expresiva (significante, estructura fonológica, etc.) es inmotivada frente a su parte conceptual (significado, estructura de forma lógica, etc.). Sin duda, es fácil notar el parecido en las onomatopeyas genuinas, las sonoras, con lo que representan; pero es complicado verlas en otras palabras que quieren representar situaciones, movimientos, figuras, etc.

Así, pues, el divorcio entre la gramática y la representación mental de la realidad —es decir, la separación entre lo que representa y lo representado— llevó a la lingüística postsaussureana a enarbolar la arbitrariedad del signo, primero, y, luego, la autonomía de la gramática (y de la sintaxis) como una premisa irrefutable. Del mismo modo, la compleja naturaleza del lenguaje llevó
«El mundo del significado humano es incomparablemente más rico que las formas lingüísticas. Si bien se ha dicho que el lenguaje hace disponibles un número infinito de formas, es menos infinita que las situaciones ofrecidas por el muy rico mundo físico y mental en el que vivimos. Para ver eso, tome cualquier forma, tal como “Mi vaca es marrón”, y trate de imaginar todas las posibles personas, vacas y matices de marrón a los que esta se les puede aplicar, así como todos los diferentes usos de la frase sea irónico, categórico o metafórico, incluyendo su uso como ejemplo en este párrafo». “[…] el lenguaje visible es solo la punta del iceberg de la construcción del significado invisible que avanza conforme pensamos y hablamos. Esta cognición oculta entre bastidores define nuestra vida mental y social. El lenguaje es una de sus prominentes manifestaciones externas”.
19 18

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a privilegiar las soluciones formalistas, simplificaciones que no son más que la extensión de la premisa de la arbitrariedad. Consecuentemente, el siguiente paso de la argumentación será mostrar cómo la relación entre la gramática y los conceptos que representa corre por vías paralelas que se juntan únicamente en las llamadas interfaces (Chomsky 1995: Cap. 2).

Si proponemos que el lenguaje es una capacidad autónoma, distinta del resto de la cognición, tenemos que refutar primero la hipótesis contraria. Esta dice que el lenguaje, al ser una forma de representación de la realidad que se construye en la mente de los hablantes, debe guardar una relación muy estrecha —en pocas palabras, debe fundamentarse— en los mismos procesos constructivos con los que la cognición humana se acerca a la realidad. Esta es la hipótesis nula (Taylor 2003: 17): la idea de que no hay capacidades lingüísticas intrínsecas. Resulta una idea bastante simple y hasta obvia; tanto así que, por parecer una ilusión del sentido común, la lingüística formal la ha descartado. Solo si esta hipótesis falla en explicar los mecanismos con los que el lenguaje se organiza y permite la creatividad y el uso de cualquier hablante oyente en una situación real, no ideal, entonces podemos proponer que el lenguaje se compone de principios específicos y diferentes que el resto de los componentes de la cognición. Partiré pues, de la presunción de que gramática y cognición comparten, fundamentalmente, los mismos mecanismos representacionales. De este modo, al lado de un razonable grado de arbitrariedad, existe una gran motivación conceptual. Por consiguiente, la gramática es simbólica.

1.4. Semántica y cognición El punto anterior, en donde se propuso una concepción simbólica de la gramática, puede resultar sumamente polémico para muchos lingüistas. Al postularse que una teoría gramatical necesita motivarse de modo explícito en las representaciones conceptuales que transmite, se nos presenta una seria crítica. Si la estructura lingüística se entiende a partir de los conceptos que transmite, ¿no se cae en la imprecisión de pensar que los conceptos lingüísticos y los conceptos extralingüísticos

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(o el conocimiento sobre el mundo) son iguales? Para las teorías semánticas dominantes en nuestro medio académico —me refiero, directamente, a la semántica estructural y a la semántica formal o de “condiciones de verdad”— existe una división clara y necesaria entre categorización conceptual y categorización lingüística. Dicho de otro modo, lo lingüístico es una forma de conocimiento y organización que corre paralela a lo propiamente conceptual. Decir que ambos ámbitos confluyen o, mucho peor aún, que son iguales es sumirse en una descripción aleatoria de fenómenos, a imprecisiones y a una completa incapacidad de hacer generalizaciones sobre los aspectos más regulares del lenguaje (i.e. la gramática).

1.4.1.

Saber lingüístico y extralingüístico en las teorías semánticas

La distinción entre “lingüístico” y “extralingüístico” debe verse como la que se hace entre aquello que es “relevante en la organización del sistema lingüístico” y aquello que “solo es pertinente dentro del saber general sobre el mundo” o saber enciclopédico. La motivación que origina esta distinción, tanto para el estructuralismo como el generativismo, se puede trazar a partir de sus respectivas apuestas teóricas sobre la naturaleza del lenguaje y el campo de estudio propio de la lingüística.

La semántica estructural (como puede apreciarse en Coseriu 1981 [1977] o en Geckeler 1994) demanda que el sistema lingüístico sea diferente del conocimiento conceptual de los hablantes. En tanto un sistema oposicional, el significado es también un conjunto de diferencias organizadas en campos léxicos. De esta manera, la semántica es “lingüística” porque permite hacer distinciones entre los elementos del sistema, y no “cognitiva”, lo que significaría confundir lo lingüístico con el conocimiento de la realidad, amplio y asistemático (Coseriu 1998: 85-86).

Por su parte, la semántica formal considera que su estudio se centra en las relaciones que hay entre lo que los hablantes dicen (sus enunciados) y su correspondencia con la realidad a la que ellos

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aluden; justamente, estos enunciados pueden organizarse de modo general y sin ambigüedades gracias a las inferencias que se desprenden de sus condiciones de verdad (cf. Chierchia y McConell-Ginet 1991: Cap. 1). Visto así, es claro que la semántica formal está guiada por una perspectiva objetivista de los fenómenos lingüísticos, ya que se pueden relacionar unívocamente con la realidad. Esta relación referencial es la que brinda una sólida base para el estudio de la semántica,20 y permite relacionar composicionalmente este tipo de conocimiento con las derivaciones sintácticas sin suponer una intromisión en la autonomía de estas.

En franca oposición a las teorías previas, una semántica cognitiva propugna, en palabras de Langacker (2003: 252) que «[a]n expression’s meaning is not just a matter of the conceptual content it evokes, but is equally dependent on the construal it imposes on that content».21 Esta construcción cognitiva o conceptualización (construal) produce las representaciones que constituyen el contenido (o semántica) de las lenguas naturales. Sobre este respecto, el aporte fundacional de Talmy (1978) es muy valioso:

A sentence (or other portion of discourse) is taken to evoke in the listener a particular kind of experiential complex —here to be termed a "cognitive representation" or "CR". There appears to be a significant way in which different portions of the language input specify, or code for, different portions of the CR (1978:14). Our term “cognitive representation” is similar in purport to Fillmore's (1975) "scene" but is chosen over that more specifically visual term. The linguistically evoked complex can have much from other sense modalities (notably som/kinesthetic and auditory) as well as metamodal aspects (1978: 22, nota 1).22 Y es bien sabido que este campo ha recibido los denuestos de la lingüística estructural norteamericana por lo menos desde Bloomfield (1964 [1933]), y Chomsky (especialmente 1970 [1965]) no hizo mucho por remediar este vacío de investigación a pesar de haber retomado la perspectiva mentalista.
21 20

“El significado de una expresión no es solo cuestión del contenido conceptual que evoca, sino que es igualmente dependiente de la concepción [o construcción cognitiva] que impone sobre tal contenido” (énfasis mío).

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“Se considera que una oración (o cualquier otra porción de discurso) evoca en el oyente un tipo particular de experiencia compleja —que aquí se llamará una ‘representación cognitiva’ o ‘RC’. Parece haber una forma significativa en la que diferentes porciones del input lingüístico especifica, o codifica a, diferentes porciones de la RC”.

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Talmy propone que el significado o “representación conceptual” evocada por el oyente posee elementos de otros procesos cognitivos (específicamente el de la percepción y el movimiento). En consecuencia, la semántica de las lenguas naturales no puede reducirse a la caracterización objetiva de la situación descrita por el enunciado: involucra la posibilidad de los hablantes para construir una situación mentalmente y representarla lingüísticamente para los fines que requiera. El significado es un fenómeno mental, un proceso constructivo, que debe describirse como tal. Por esta razón, contra lo generalmente admitido, la semántica de las lenguas naturales, supera ampliamente, los modelos de base lógica.

Esta contraposición entre el significado lógico y el significado conceptual amerita, por lo menos, unas líneas algo más detalladas.23 Un importante motivo para sostener que la semántica de las lenguas naturales debe ser un conocimiento específico y analizable en términos exactos (como los de la lógica o cualquier otra descripción formal) es que la única alternativa aparente resulta antieconómica. Si el concomimiento semántico se basase en un conocimiento in extenso de la realidad, no habría límites para lo que se puede considerar propiamente el conocimiento semántico. En pocas palabras, el saber lingüístico de los hablantes estaría invadido por conceptos propios de sus profesiones, experiencias vitales, caprichos, etc. Por ejemplo, saber que “los perros orinan en los árboles” formaría parte de una lista de datos casi inagotable de nuestros particulares conocimientos sobre la palabra perro. Bajo este punto de vista, por extensión, se sostiene también

“Nuestro término ‘representación cognitiva’ es similar en propósito a la ‘escena’ de Fillmore (1975), pero está elegido a partir de ese término visual más específico. El complejo lingüísticamente evocado puede tener mucho de otras modalidades de sensación (notablemente de tipo somato-kinestésicas y auditivas), así como otros aspectos metamodales”.
23

El lector interesado puede encontrar en Frawley 1992: Cap. 2 una extensa y detallada discusión sobre las cinco principales formas de entender el significado dentro de la lingüística: significado como referencia, como forma lógica, como contexto y uso, como cultura, y como estructura conceptual. Pese a que este autor mantiene la distinción entre lo que es un saber sintáctico y uno semántico, sus conclusiones sobre la preeminencia de la noción del significado como estructura conceptual (inspirada mayormente en Jackendoff 1983) sirven como apoyo a la perspectiva teórica que aquí se propone.

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que los conceptos, en general, deben distinguirse claramente de los conceptos lingüísticos (o significados) en particular.

Contra esta idea, Zoltán Kövecses (1993: 258-259) —recogiendo las investigaciones de Fillmore (1985) y el desarrollo de Lakoff (1987)— sostiene que la semántica cognitiva no lleva a un tipo de conocimiento semántico inabarcable. Más bien, debe conducir a una descripción realista y maximalista del significado dentro de específicos parámetros cognitivos fundados en la experiencia, es decir, dentro de un modelo cognitivo idealizado (MCI). Dicho de otro modo, estos parámetros conforman un marco o bosquejo general contra el que se comparan las experiencias particulares con el fin de categorizarlas. No es una lista enorme de características puntuales, son más bien un número de condiciones especificadas, en palabras de Kövecses (1993: 258) por: «[…] not more and not fewer features than ordinary people use for the understanding of a given area of experience […] this number is neither minimal nor infinite, but occupies a region between the two (of course closer to the minimal end)».24 La idea de distintos marcos (frames) o dominios cognitivos —que son otros términos con los que se nombran los MCI— como organizaciones coherentes de la experiencia compartidos por miembros de una misma comunidad se aprecia en el análisis del concepto “madre” que hace Lakoff (1997: 74-76).

Una descripción basada en rasgos mínimos para entender (y usar lingüísticamente) el concepto “madre” requeriría de los siguientes rasgos: humano, femenino, adulto y procrea un descendiente. No obstante, Lakoff sostiene que para entender el concepto de madre se requieren de, al menos, cinco modelos:

“ […] ni más ni menos rasgos que los que la gente común usa para entender un área dada de la experiencia […] este número no es ni mínimo ni infinito, sino que ocupa una región entre los dos (de hecho más cerca del extremo de lo mínimo)”.

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(a) El modelo genético: una madre es el ser que contribuye con su carga genética a la existencia del niño. (b) El modelo de nacimiento: una madre es la mujer que da a luz a un niño. (c) El modelo del sustento: una madre es la mujer adulta que sustenta y cría a un niño. (d) El modelo genealógico: La madre es el más cercano ancestro femenino. (e) El dominio marital: La madre es la esposa del padre.

La “madre prototípica” será aquella que se ajuste al mismo tiempo a estos cinco modelos. Hay que recalcar que ellos no se han elegido al azar, es un todo estructurado que puede considerarse el “marco conceptual dentro del que se define el concepto ‘madre’”. Si hablamos de una “madre soltera”, una “madre que ha dado a su hijo en adopción”, una “madre desnaturalizada” que dejó morir de hambre a sus hijos, e incluso el hombre que se sube a los autobuses con un niño y dice “soy padre y madre de esta criaturita”, el concepto que nos formamos de madre para cada una de estas situaciones no cubre los cinco dominios mencionados. Pero, más importante aun, no se fundamentan en la definición mínima, y no podría entenderse el término si nos basamos en esa sola definición.

La noción de madre, entonces, se usa dentro de varios marcos que resumen lo que, dentro de una comunidad occidental, se cree que es el rol de una mujer como parte de la familia y como individuo con la capacidad de gestación. Incluso, estas creencias distintas, pero resumidas en los cinco modelos anteriores, explican las extensiones metafóricas de “madre”. Por ejemplo (Lakoff 1987: 76), decir La necesidad es la madre de la invención se funda en el modelo de nacimiento: la invención nace debido a la necesidad, lo que no es más que una metáfora de la relación causa (madre)-consecuencia (hijo).

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Podemos preguntarnos, en un afán de cuestionar todo lo que se ha venido diciendo acerca de la imposibilidad de separar los conceptos lingüísticos de modo definitivo de los conceptos en general, si este conjunto de marcos son realmente necesarios para poder usar la palabra madre. Definitivamente lo son si nos valemos del conocimiento asociado con las palabras para entenderlas dentro de cualquier enunciado lingüístico que forme parte de la experiencia. Pero es más importante aún cuando descubrimos que estos modelos cognitivos se fundan en capacidades de representación genuinamente humanas, corporalizadas y experienciales. Dentro de la visión langackeriana de la gramática, el conocimiento que forma parte de las unidades lingüísticas (llámense palabras, frases, oraciones o textos) puede ser visto como más central (es decir, compartido por un grupo mayor de hablantes) o más periférico (compartido por un grupo menor). No es esta una cuestión de conocimiento relevante o esencial frente a conocimiento irrelevante o accidental. Esta diferencia es muy importante, pues se funda en una variación gradual. En este sentido, se puede afirmar con Langacker que una gramática convencionaliza ciertos patrones abstractos, los cuales representan, hasta cierto punto, coordenadas de conceptualización comunes a una comunidad de hablantes lo más amplia posible (i.e. aquellos en los que el principio de mutua inteligibilidad se sostiene).25

1.4.2.

Semántica cognitiva: identidad entre el significado y la estructura conceptual

La relevancia de la semántica cognitiva —entendida como aquella que propugna que los contenidos conceptuales que transmite el lenguaje son los mismos que se encuentran en las estructuras conceptúales más generales— está en que abre una coherente y productiva visión sobre la naturaleza del lenguaje humano, al enfocar directamente su función más esencial: transmitir los pensamientos. Si se logra establecer plausiblemente que los contenidos transmitidos por el lenguaje no dependen tanto de condiciones de verdad o de restricciones propiamente lingüísticas, sino más bien de nuestra particular forma de concebir la realidad (una postura subjetivista), es posible,
En este caso mi definición de comunidad de habla no se fundamenta en un criterio histórico-cultural, si bien este juega un papel importante en la autoconcepción de los hablantes. Para una discusión desde la sociolingüística, que es compatible con la postura de la lingüística cognitiva, consúltese Hudson 1996.
25

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entonces, replantear la relación entre forma y contenido. No se requiere de una forma que se pueda utilizar arbitrariamente, sino de una forma que, en su mismo diseño, tiene marcados sus posibles usos, unos mejores (o más evidentes) y otros peores (o forzados).

Para entender mejor esta necesidad de una semántica cognitiva, será apropiado revisar un artículo de David Tuggy (1985) en el que se caracteriza un tipo de significado claramente cognitivo. Tuggy distingue en su artículo tres significados básicos (entre otros más) con los que nos vemos involucrados en nuestros usos cotidianos del lenguaje.

El primero es el significado funcional. Cada vez que uno emplea una expresión lingüística en una situación dada, existe otra que puede cumplir con dar a entender lo mismo de un modo más que aceptable. Por ejemplo:

(5) (6) (7)

Aventamos al agua a Pepe. Lanzamos dentro del agua a Riqueros. A la fuerza hicimos que el profesor de Teoría general del lenguaje en Estudios Generales Letras del horario 107 en el ciclo 2004-2 ingresara al agua.

Este tipo de significado va desde la identidad absoluta hasta una traducción aproximada. En las oraciones anteriores, Pepe, Riqueros y el profesor de Teoría general del lenguaje en Estudios Generales Letras del horario 107 en el ciclo 2004-2 representan al mismo individuo de la realidad, por tanto han de considerarse idénticas. Por su parte, las frases aventamos al agua, lanzamos dentro del agua y a la fuerza hicimos que [...] ingresara al agua son representaciones lingüísticas posibles de una misma situación, si bien existen matices distintivos (la violencia con la que se realiza el acto, el énfasis del hundimiento del cuerpo en el agua, etc.) que impiden decir que sean expresiones idénticas. Como apunta Tuggy (1985: 3), esta diferenciación obedece a una cuestión de grado y es relativa a la situación y el propósito.

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El segundo es el significado de valor de verdad. Toda expresión lingüística puede asociarse específicamente a un estado del mundo real: puede ser un enunciado verdadero o falso. El conocimiento semántico es el que permite reconocer cuándo un evento, cosa o situación objetiva es la misma para dos enunciados lingüísticos abiertamente distintos. Un ejemplo clásico es el de las oraciones activas y pasivas.

(8)

a. El niño golpeaba el tambor. b. El tambor era golpeado por el niño.

Según el significado de valor de verdad ambas oraciones tienen un idéntico significado, siempre y cuando, claro está, hagamos referencia al mismo niño y tambor. Ello obedece a que describen exactamente el mismo estado del mundo. El significado, entonces, se reduce a la referencia y la semántica se encargará de asignar valores de verdad a las expresiones sintácticas mediante inferencias. Así, las relaciones entre los contenidos (referenciales) de una lengua pueden describirse de modo general (universal) mediante modelos lógico-formales (cf. Frawley 1992: 14-18).

El tercer tipo es el significado imaginístico (imagic meaning). En este significado los hablantes construyen descripciones de la realidad a partir de un punto de vista subjetivo. Esto quiere decir que, si bien los usos lingüísticos sí pueden referir a entidades, eventos, propiedades o situaciones de la realidad, esto no ocurre como el reflejo de algo externo u objetivo, sino como una construcción interna o subjetiva. El que dos o más enunciados puedan describir un mismo objeto no los hace tener el mismo significado: solo comparten el mismo referente; y este se construye usando diversas estrategias. Tuggy lo pone en los siguientes términos:

Briefly, Imagic meaning takes into account not only reference but perspective, not only what entity is designated but what cognitive route was taken to arrive at that designation,

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not just what Thing or Event is viewed, but how it is viewed, what aspects of it are singled out and portrayed most saliently (1985: 5).26

Un ejemplo de cómo el significado es una construcción alternante sobre lo que se considera una realidad objetiva sería una expresión como:

(9)

Bush no ganó las elecciones: Gore las perdió.

Objetivamente daría lo mismo decir que Bush ganó o que Gore perdió, habida cuenta de que ambos competían por el mismo cargo y no puede haber más de un ganador en una elección presidencial. No obstante, no hay que ser muy avisados para darnos cuenta de que la victoria electoral no es responsabilidad del ganador, como suele ser el caso (“que gane el mejor”), sino del derrotado. De este modo, se consigue minusvalorar el triunfo de Bush y, de paso, se expresa el fastidio por la incompetencia de Gore. No cabe duda de que esta información está más allá de los valores de verdad asociados a (9).

Otro ejemplo notable que permite dejar sentada la cuestión del significado como construcción cognitiva es el de la distinción mostrada en (10):

(10) a. El vaso está medio lleno. b. El vaso está medio vacío.

Tal y como señala Tuggy (1985: 6-7), la cantidad de líquido que señalan ambas expresiones es exactamente la misma: se ha llenado el 50% de la capacidad del vaso y se ha dejado libre el 50% restante. Por ende, cada vez que sea verdad que algo esté medio lleno, debe ser verdad también que

“Brevemente, el significado imaginístico toma en cuenta no solo la referencia, sino también la perspectiva; no solo qué entidad es designada, sino también qué ruta cognitiva se tomó para llegar a esa designación; no solo qué cosa o evento es visto, sino cómo es visto, qué aspectos de este son elegidos y representados más salientemente”.

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esté medio vacío. Aparentemente, ambas expresiones son, entonces, sinónimos exactos. No obstante, no tienen el mismo significado porque existe un contraste semántico motivado por distintas construcciones mentales impuestas sobre una misma totalidad de contenido conceptual. Dicho en términos langackerianos, se perfilan distintos elementos desde la misma base (Langacker [1991] 2002: 5-7).27

En la figura 1 pueden apreciarse las diferentes zonas que se perfilan para cada expresión. El dibujo en la figura (a) representa el equivalente gráfico del análisis de condiciones de verdad en el que todas las partes de la imagen tienen el mismo estatus. Las figuras (b) y (c) grafican, por su parte, las construcciones cognitivas subjetivas de ejemplos (10a) y (10b), respectivamente. (a) (b) (c)

Figura 1. Significado imaginístico de medio vacío y medio lleno (Tomado de Hilferty: 2003)

Como puede verse, la frase (10a) destaca lo contenido en el vaso, mientras que (10b) prefiere enfocar la porción vacía. De ahí que, en términos de su significado imaginístico o conceptual, nos encontramos frente a dos frases claramente distintas. En resumen, afirmar que la semántica es imaginística es una manera muy sencilla y sugerente de decir algo mucho más crucial: la semántica

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La distinción entre perfil y base es, dentro de la gramática cognitiva, una habilidad cognitiva fundamental en la descripción de las estructuras gramaticales. Si bien se volverá sobre estos términos en la sección 1.5, puede adelantarse que la base es el dominio cognitivo dentro del cual es posible caracterizar un concepto, mientras que el perfil es una parte del dominio que posee una mayor relevancia o foco de atención.

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es cognitiva o conceptual. Así, los análisis funcionales o de valor de verdad (referenciales) del significado serán solo una parte de la construcción del sentido de los enunciados.

Así, pues, hablar de conceptos dentro de una “estructura semántica” exclusivamente lingüística y de conceptos en la “estructura conceptual” (llamada también “saber general o enciclopédico”) es un asunto, por decir lo menos, bastante cuestionable. Existen suficientes razones para considerar que la semántica de una lengua cualquiera toma sus contenidos y organización de la cognición general. Si hay que hacer una distinción entre ambas, esta no será una de naturaleza, sino solo terminológica. En palabras de Langacker (2002: 108-109):

I make a terminological distinction between “semantic structure” and “conceptual structure”. Conceptual structure is the ongoing flow of cognition: any thought or concept, whether linguistic or non linguistic. Semantic structure is specifically linguistic, referring to the semantic pole of linguistic expressions […]. Semantic structures are conceptual structures established by linguistic convention —the form thoughts must assume for purposes of ready linguistic symbolization. Thus semantic structure is conventionalized conceptual structure. (Énfasis mío)28

En tanto que está convencionalizada, la estructura semántica es idiosincrásica, esto quiere decir que, en gran medida, es específica para cada lengua. Esto se puede apreciar en el sencillo hecho de que las lenguas codifican estructuras conceptuales que describen realidades objetivamente idénticas usando imágenes distintas.29 Un claro ejemplo está en el siguiente par de oraciones, en inglés y español, respectivamente:
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«Hago una distinción terminológica entre “estructura semántica” y “estructura conceptual”. La estructura conceptual es el flujo continuo de la cognición: cualquier pensamiento o concepto, ya sea lingüístico o no lingüístico. La estructura semántica es específicamente lingüística, y se refiere al polo semántico de las expresiones lingüísticas […]. Las estructuras semánticas son estructuras conceptuales establecidas por convención lingüística —la forma que los pensamientos deben asumir para propósitos de una simbolización lingüística lista. De este modo, la estructura semántica es la estructura conceptual convencionalizada».

La noción de imagen debe entenderse como una representación en la que se ha optado por una manera, entre otras posibles, de estructurar una situación concebida. No se refiere a “figuras” o “dibujos”, por decirlo más directamente, como las únicas representaciones. De hecho, lo sonoro forma también una imagen, por ejemplo, en un concierto para violín, la orquesta construye una “imagen sonora de fondo” para contrastar con el instrumento solista (que configura una “imagen sonora relevante”).

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(11) Politicians never want to tell the whole truth. (12) Los políticos nunca quieren decir la verdad completa.

Ambas oraciones pueden considerarse idénticas en cuanto a la descripción que hacen de un hecho; no obstante, la forma plural de la FN sujeto en ambas oraciones difiere en que la primera no requiere de determinación; mientras la segunda, sí. Como se explicará más adelante (cf. capítulo 4, sección 4.3.2), la representación conceptual asociada con la pluralidad de los sustantivos no es la misma en inglés que en español; no obstante, esa ligera diferencia conceptual es suficiente para generar una diferencia en la estructura lingüística (aunque la descripción objetiva siga siendo, esencialmente, la misma).30

Sin embargo, no debe pensarse que la condición idiosincrásica de la estructura semántica justifica separarla de lo conceptual. Como bien expone Jackendoff (1983: Cap. 1 y 2), si una teoría semántica quiere tener un lugar en la parte interpretativa del conocimiento lingüístico de los hablantes, esta debe ser una teoría psicológica del “mundo mentalmente proyectado” o representación conceptual de la realidad. La razón está en que el contenido de las expresiones lingüísticas versa sobre una realidad a la que solo tenemos acceso dentro de los límites de nuestro específico modo de procesar las percepciones. Dicho más sencillamente, la realidad de la que se habla es el resultado de un proceso mental de construcción de la realidad al imponer inconscientemente sobre los estímulos varios principios de organización (Jackendoff 1983: 23-29).

Según el punto de vista de Jackendoff, es necesario que el lenguaje posea información compatible con la de otros sistemas periféricos (i.e. que permiten la interacción con el entorno) como la visión,
Y, de hecho, la distinta conceptualización que se hace del plural en inglés, es responsable de que “The politicians never want to tell the whole truth”, sea también semánticamente distinta (i.e. conceptualiza en inglés una imagen diferente) que la oración (7).
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la audición no verbal, la kinestesia, etc. Si no se contase con niveles que relacionen este tipo de conceptos con los lingüísticos, sería imposible hablar de aquello que percibimos o de cómo actuamos (1983: 16). Por ello, propone la hipótesis de la estructura conceptual: «There is a single level of mental representation, conceptual structure, at which linguistic, sensory, and motor information are compatible» (1983: 17, cursivas del autor).31

Es exactamente en este punto donde Jackendoff se separa de la ortodoxia generativista. Esta asume la semántica como un nivel autónomo-formal encargado de las inferencias lingüísticas deducibles composicionalmente desde la estructura sintáctica. La única relación que este nivel semántico tiene con las estructuras conceptuales (o “sistema conceptual-intencional”) se da mediante la pragmática. Por su parte, Jackendoff defiende la postura de que la semántica puede verse como un subconjunto de esa estructura conceptual general para toda la especie humana.32 Esto puede apreciarse claramente en la siguiente cita:

[...] There is not a form of mental representation devoted to a strictly semantic level of word meaning distinct from the level at which linguistic and nonlinguistic information are compatible. This means that if, as it is often claimed, a distinction exists between dictionary and encyclopedic lexical information, it is not a distinction of level; these kinds of information are cut from the same cloth. (Jackendoff 1983: 110)

La información semántica (que es información de la estructura conceptual) es la que permite realizar inferencias lingüísticas y hacer uso del lenguaje según el contexto (pragmática). A su vez, se relaciona con la sintaxis (un módulo independiente) por medio de un nivel de interface: las

«Existe un único nivel de representación mental, la estructura conceptual, en la cual la información lingüística, sensorial y motora son compatibles». Jackendoff sigue a Fodor y a Chomsky contra el constructivismo piagetiano: la experiencia es incapaz de formar capacidades cognitivas tan complejas en tan corto tiempo. De este modo, las “reglas para la buena formación de conceptos” (una suerte de sintaxis de los conceptos) deben tener un origen semejante a la de las reglas de la sintaxis: las dimensiones conceptuales de las que dispone el niño para ordenar los estímulos están disponibles desde que nace y se desarrollan (“crecen”), gracias a un rico entorno (un desarrollo bastante didáctico de esta postura, que incluye sus consecuencias para áreas extralingüísticas, es Jackendoff 1994) .
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“reglas de correspondencia”. Estas deberán seleccionar (“ajustar” sería un término más preciso) la información conceptual a los patrones sintácticos en gran medida inmotivados desde el punto de vista funcional. Esta arquitectura de la facultad del lenguaje coincide con los puntos de vista de Langacker y de Talmy en que la semántica de las lenguas naturales forma parte integral de las estructuras conceptuales generales que articulan la representación de la realidad. La diferencia radica en que Jackendoff mantiene la arquitectura modular, en la que los procesos se desarrollan estrictamente arriba-abajo (top-down);33 mientras que Langacker, Talmy (así como la mayoría de lingüistas cognitivos cf. Goldberg 1995, Hudson 2003 y Croft 2002) proponen que no hay una separación nítida entre las partes de la gramática: todas forman un continuo de relaciones que se influyen mutuamente (así, el procesamiento sería una combinación de flujo arriba-abajo y abajoarriba), y donde solo los casos extremos son perfectamente disociables uno de otro.34

1.4.3.

Implicancias teóricas de la identidad entre saber lingüístico y extralingüístico

El análisis que se ha presentado acerca del problema de la división entre el saber lingüístico (estructura semántica exclusiva autónoma) y saber enciclopédico (estructura conceptual general) muestra que tal separación es, a lo sumo, una cuestión de grado o convencionalidad, en términos de Langacker, una cuestión de grado más que de compartimientos estancos.35 Cada vez que se ha intentado sostener que existe un área específica del conocimiento que es relevante en sí y por sí para las construcciones gramaticales, no se ha logrado aislar por completo los valores gramaticales de aquellos de conocimiento del mundo o “enciclopédicos”.

Tradicionalmente representada como una serie de “cajas”, o conjunto de unidades y reglas, y “flechas”, o flujos de entrada (input) y salida (output) de información pertinente para cada nivel computacional. Ello hace a la lingüística cognitiva más afín con una arquitectura conexionista, tal como está propuesta por, Rumelhart y McClelland (1986). Cf. Bolinger 1965, Chafe 1970, Fillmore 1985, entre las críticas clásicas a las divisiones fijas; y Jackendoff 1994, Cruse 2000 y Hilferty 2003 para excelentes síntesis más actuales del problema.
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Para comenzar, es difícil hacerlo en las categorías léxicas, que son indispensables para la expresión lingüística; más aun, ni siquiera parece ser posible para las llamadas categorías cerradas o funcionales.36 El marco teórico en el que nos ubicamos, la lingüística cognitiva, nos advierte sobre los riesgos de la atomización del significado con el objetivo de convertirlo en un tipo de información lo suficientemente manejable para así justificar su presencia en una gramática simple que un infante pueda adquirir.

En principio, suponer que lo lingüístico es conceptualmente distinto a lo enciclopédico es proponer que existe una cognición específicamente lingüística y una cognición general. Esta propuesta, conocida como la hipótesis de la modularidad, se defiende dentro de modelos de la mente que se basan en la arquitectura computacional de Von Neuman y en las famosas máquinas de Turing (cf., Fodor 1983). A mi entender, proponer esta duplicidad de la cognición puede tener ventajas como la eficiencia de las computaciones, a partir de la especificidad de dominio, el encapsulamiento de la información y la velocidad (según las características más saltantes de los módulos o “sistemas de input” planteadas en el ya clásico trabajo de Fodor 1983).

Sin embargo, si existiese un modelo computacional capaz de describir el funcionamiento de la mente sin tener que apelar a esta multiplicidad de “niveles autónomos”, tendría una gran ventaja como hipótesis por ser más sencilla. Esta es, justamente, la hipótesis conexionista (Rumelhart y McClelland 1986). A partir de este modelo, los tipos específicos de conceptualizaciones no son más que asociaciones paralelas y masivas de nodos o “unidades mínimas de conceptualización”. Así, formar un concepto “enciclopédico” como “presidente de la república” utilizará más nodos dentro de un proceso asociativo que conceptos como “por” o “cual”, que son más estrictamente

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Sobre este respecto es iluminadora, aunque no exento de críticas, la postura de Hudson (1997): en ella se aboga por la desaparición de la noción de categoría funcional dentro de una cualquier descripción sintáctica a partir de la incompatibilidad de una categoría de este tipo con los principios más simples de la categorización humana.

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lingüísticos. Pero lo importante es que en ambos casos se han usado los mismos tipos de computaciones, lo que nos conduce a una diferencia de grado antes que a una distinción de tipos mutuamente excluyentes.37

En segundo lugar, una gran cantidad de investigación en lingüística cognitiva se ha empeñado en mostrar (con bastante éxito, según Fauconnier 1999) que cada vez que se cree que una estructura sintáctica puede explicarse tan solo en términos de un número fijo de características sintácticas, sencillamente numerosos conceptos fácilmente identificables como “saber sobre el mundo” o, dicho sin más, pragmáticos son cruciales para garantizar la “buena formación” de esos enunciados. En este sentido, Langacker, al igual que muchos otros lingüistas cognitivos, proponen que cualquier división entre semántica y pragmática es inútil:

The distinction between semantics and pragmatics (or between linguistic and extralinguistic knowledge) is largely artifactual, and the only viable conception of linguistics semantics is one that avoids such false dichotomies and is consequently encyclopedic in nature. (Langacker 1987a: 154. Énfasis del autor)38

Tal división solo se ve justificada si se asume una semántica no cognitiva, como la de condiciones de verdad. En ese caso, es necesario separar un tipo de conocimiento sobre el significado de uno que solo contemple los usos. Pero si vemos el significado como una estructura fundada en los conceptos, y a su vez, estos se basan en la experiencia y en relaciones de tipo metafórico y metonímico que apelan a la imaginación (Lakoff y Jonson 2000 [1980], Lakoff 1987), entonces no hay ningún motivo para separar semántica de pragmática. Una vez más, es solo una cuestión gradual entre lo que está más ligado a estructuras abstractas y aquello que lo está más a las

No es mi objetivo dilatarme en una revisión de temas que quedan en este momento bastante fuera de mi alcance (tanto por conocimientos como por acceso a la bibliografía). Sin embargo, baste esto como soporte primero para postular el mismo origen para los llamados conceptos lingüísticos y los enciclopédicos. “La distinción entre semántica y pragmática (o entre conocimiento lingüístico y extralingüístico) es mayormente artificial, y la única concepción viable de la semántica lingüística es la que evita tales falsas dicotomías y es consecuentemente enciclopédica en su naturaleza”.
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estructuras inmediatamente activadas en un acto lingüístico explícito. Visto esto, hacer distinción entre categorización conceptual y categorización lingüística es ocioso dentro de la lingüística cognitiva.39

1.5. Lingüística cognitiva y gramática cognitiva: aspectos fundamentales. En esta sección, con la cual concluye el primer capítulo, se presentará un lineamiento teórico que respalde las ideas que proponga sobre la definitud e indefinitud de la frase nominal castellana. Este lineamiento es el conocido como lingüística cognitiva. Si bien varias veces ya hemos aludido a este en páginas anteriores, he reservado esta última parte para exponer sus principios de modo más uniforme y con algún detalle.

Sin embargo, la lingüística cognitiva no debe considerarse un marco específico de trabajo; por el contrario, es la suma de varios postulados acerca de la relación entre la estructura lingüística (gramática), la cognición y sus múltiples usos. En este sentido, esta sección también se dedicará a proponer las características y terminología básica de la gramática cognitiva, propuesta inicialmente por Ronald W. Langacker. Esta teoría en particular me servirá de modelo para gran parte de mis análisis en los capítulos posteriores. Sin embargo, en más de una ocasión, y es justo reconocerlo desde el principio, muchas de las soluciones que se propondrán estarán inspiradas en teorías funcionalistas, especialmente la de Talmy Givón (1984 y 2001).

Y para la semántica conceptual de Jackendoff (1983, 1990 y 2002), más afín al programa generativista propuesto por Chomsky, suponer la distinción entre lo lingüístico y lo enciclopédico es también problemático y sin sentido. Tanto así que en su última obra (Foundations of Language, 2002) se propone un nivel de interface entre la sintaxis modular y el sistema conceptual (el depositario de la “semántica” y de todo el conocimiento representacional sobre la realidad) mucho más amplio: no solo hay reglas sintácticas, sino también construcciones al estilo de las propuestas construccionistas dentro de la lingüística cognitiva (sobre todo en el modelo de Goldberg 1995).

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1.5.1.

Lingüística cognitiva

1.5.1.1. Orígenes Como un conjunto de propuestas diversas, pero plenamente conscientes de su cohesión, la lingüística cognitiva aparece durante la segunda mitad de los años ochenta. Puede decirse que el punto de partida oficial, es decir, como un pensamiento ya maduro, está en dos obras fundamentales: Women, Fire and Dangerous Things de George Lakoff (1987) y Foundations of Cognitive Grammar Vol. 1 de Ronald W. Langacker (1987a).

No obstante, ya durante fines de los años setenta y principios de los ochenta, estos dos lingüistas, junto a otros más, de modo independiente, comenzaron a desarrollar un acercamiento al lenguaje en el que se respiraba una clara insatisfacción con las tendencias dominantes en el medio académico norteamericano. De modo particular, puede decirse que la lingüística cognitiva, tal y como la conocemos hoy en día, es el resultado de una larga reflexión sobre las relaciones entre sintaxis y semántica dentro de la llamada “teoría estándar” (Chomsky 1970 [1965]) y, especialmente, de la “teoría estándar extendida” (Chomsky 1973 y 1975). Las principales críticas que se levantaron contra la primera dieron origen al movimiento conocido como semántica generativa —cuyas principales cabezas fueron el mismo Lakoff, John R. Ross, James D. McCawley y Paul Postal—.

Una vez que la llamada “guerra de la lingüística” (cf. Newmeyer 1986 y Harris 1995) terminó con la “derrota” y desaparición de investigaciones dentro de la semántica generativa, muchos de los que abrazaron esa teoría decidieron moverse en direcciones opuestas. Sin embargo, como bien apuntan Cuenca y Hilferty (1999: 21), la idea de que la sintaxis no debía separarse de los elementos interpretativos, la tendencia a analizar los enunciados dentro de una “lógica natural” antes que una

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lógica formal y la concepción continua y no discreta de los fenómenos lingüísticos sirvió de germen para los lineamientos posteriores de la lingüística cognitiva.40

1.5.1.2. Importancia de la teoría de categorización por prototipos Uno de los elementos claves para entender la lingüística cognitiva es el desarrollo de la teoría de categorización por medio de prototipos. Esta teoría, trabajada principalmente por Eleanor Rosch (1975, 1977 y 1978), propuso en su momento una alternativa revolucionaria a la concepción clásica de categorización. En pocas palabras, mediante un conjunto de encuestas y experimentos, Rosch encontró que las categorías con que las personas organizan los elementos que forman parte de la realidad no se basan en criterios absolutos para asignar pertenencia o no pertenencia a una clase. Más bien, la organización de elementos dentro de una clase es un asunto de grado: existen ejemplares más centrales, o mejores; mientras que otros se consideran malos ejemplos o casos periféricos dentro de la categoría. A los casos centrales, Rosch los llamó prototipos. Estos se caracterizan por tener una relación más directa con las experiencias de los individuos, por compartir más características con el resto de los ejemplares de la clase y distinguirse más nítidamente de miembros de otras categorías.

Las consecuencias de esta teoría sobre la categorización humana fueron tremendas. En primer lugar, se puso en entredicho la tradición filosófica aristotélica que afirmaba que las categorías pueden definirse por una serie de rasgos necesarios y suficientes que determinan de modo preciso cuándo algo está dentro o fuera de una categoría. En efecto, no hay ningún patrón fijo o lista de atributos (tal y como en las categorías aristotélicas) por el cual un elemento de la categoría deba establecer su validez como miembro. En segundo lugar, dio a los lingüistas que estaban en desacuerdo con el generativismo lingüístico un fundamento psicológico para replantear la
Debe decirse que, dentro del mismo generativismo, la teoría estándar extendida sufrió una revisión radical. En pocos años, Chomsky y sus seguidores propusieron una nueva encarnación de la teoría: el modelo de principios y parámetros, con el que se dejaba atrás el modelo de reglas transformacionales.
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naturaleza de la semántica. Si las palabras expresaban categorías, ¿qué impedía que estas no estuviesen organizadas en torno a prototipos y no como unidades claras y distintas, perfectamente definibles de manera operacional?

No obstante, aún quedaban problemas con la teoría de prototipos que debían analizarse con mayor detalle. Los más importantes cuestionamientos estaban relacionados con la naturaleza de los prototipos. En primer lugar, ¿existen los prototipos como unidades en la mente de los hablantes? Como segundo punto, ¿todos los conceptos tienen que organizarse en torno a un prototipo?

Para la primera pregunta, Lakoff propuso que el reconocimiento de prototipos como mejores ejemplares es un efecto superficial que puede derivarse de muchos factores adyacentes. Por ejemplo, la categoría “hombre alto” es por definición difusa. Se necesita de un punto de referencia externo para entender quién es alto y quién no dentro de un grupo. Por ejemplo, podemos entender la ironía de que un hombre de 1.50 de estatura sea “el enano más alto del mundo” porque recurrimos a otro concepto (en este caso “enano” como “humano de baja estatura”) para establecer la inclusión de ese hombre en una clase particular de “hombres altos” (en este caso, la de los “enanos altos”) y no en una clase absoluta. En cambio, muchas clases naturales, como “pájaro” muestran condiciones más fijas para permitir a un elemento formar parte de esa clase. De ahí que el efecto prototipo, a diferencia del ejemplo anterior, se deba solamente a aspectos de la estructura interna de la clase “pájaro” (Lakoff 1987: 45).

Los factores adyacentes a los que se refiere Lakoff están articulados en teorías sobre la realidad. Estas teorías son modelos cognitivos idealizados (MCI) o esquemas de conocimiento simplificado. Son, dicho a grandes rasgos, bosquejos muy generales sobre cómo se organiza la realidad. De este modo, si algo encaja perfectamente en el modelo que tenemos sobre un aspecto de la realidad, podemos decir que ese elemento aparece a nuestro entendimiento como un prototipo. Mientras que

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los casos especiales, por la naturaleza enciclopédica de los MCI, aparecen como manifestaciones extrañas, que no encajan fácilmente en las coordenadas de dicho modelo. Si los modelos fueran específicos para cada tipo de concepto, entonces no se producirían los efectos de prototipicidad estudiados por Rosch.

La segunda pregunta, sobre si la categorización solo se realiza por medio de prototipos, ha tenido numerosas respuestas (cf. Barsalou 1992). Si la categorización de un elemento a partir de su semejanza con el prototipo de la clase a la que se quiere adscribir es, propiamente dicha, una extensión del prototipo queda todavía una cuestión de fondo: ¿cómo es que podemos llegar a abstraer los elementos comunes que subyacen a los miembros de una misma clase? Debe tenerse presente que tener un prototipo, como se señaló líneas antes, es tan solo una manifestación dentro de la compleja organización mental. Por esa razón, no puede dejarse de lado que a la vez que vemos los parecidos entre los miembros y el prototipo para formar categorías graduadas (i.e. en donde los miembros no participan dentro de una distinción estricta de lo que está “dentro” o “fuera” de la clase), existe también una especie de patrón abstracto dentro del cual el prototipo es solo el mejor ejemplo. Este patrón abstracto es lo que Langacker llama esquema; es decir, una estructura conceptual que, complementariamente con la categorización por prototipos, nos permite organizar diferentes elementos en cuanto a sus características comunes:

A schema […] is an abstract characterization that is fully compatible with all the members of the category it defines (so membership is not a matter of degree); it is an integrated structure that embodies the commonality of its members, which are conceptions of greater specificity and detail that elaborate the schema in contrasting ways. The two models of categorization [se refiere al modelo de categorización por prototipos y al que él propone por medio de esquemas] are nonetheless inherently related and describable as aspects of a unified phenomenon. (Langacker 1987a: 371)41
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«Un esquema […] es una caracterización abstracta que es totalmente compatible con todos los miembros de la categoría que define (de modo que la pertenencia a la clase no es una cuestión de grado); es una estructura integrada que incorpora los rasgos comunes de sus miembros, los que son, a su vez, concepciones de mayor especificidad y detalle que elaboran el esquema de maneras contrastantes. Los dos modelos de categorización están, no obstante, inherentemente relacionados y son describibles como aspectos de un fenómeno unificado».

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Un esquema es una herramienta de categorización. Debe entenderse, entonces, que los esquemas se producen a partir de la experiencia de diversos objetos. Poco a poco se van refinando los elementos comunes y se tiene una representación bastante general de una clase. Esta forma de clasificar es dinámica. Una vez que se tiene un esquema, este no se usa como un compartimiento en el que se incluyen elementos y se dejan fuera otros. Esto significa que un esquema no es coercitivo respecto de los elementos a los que puede incluir. Y tampoco podría serlo, puesto que es obvio que los datos que tenemos sobre los efectos de prototipicidad niegan la idea de que una clase es siempre perfectamente cerrada. De hecho, la idea del “parecido de familia” (cf. Wittgenstein 1953) que permite extender el alcance de una categoría hasta incluir miembros que muy poco tienen que ver con aquellos que se consideran más prototípicos negaría una concepción fija y exclusiva del esquema.

Más bien, el esquema obedece a una capacidad distinta, pero igualmente crucial: los seres humanos podemos imponer una clasificación en elementos que son diferentes. Podemos elegir ver algo de una forma o de otra según el esquema que le apliquemos. Esto es lo esencial de una forma dinámica de categorización: no tenemos las categorías tan solo para ir llenándolas según aquello que se parezca al prototipo; mucho menos para esperar pasivamente a que los objetos “muestren sus rasgos fundamentales” y que esta forma podamos sin el menor esfuerzo sumarlos a categorías preexistentes. Por el contrario, categorizar mediante esquemas es poder aplicar un concepto bastante abstracto sobre otros más particulares, de modo que podamos manipularlos dentro de las especificaciones de ese esquema. Justamente, la idea de especificidad es consubstancial a la de esquema. Un elemento más específico es una instancia o elaboración del esquema, que a su vez es siempre menos detallado que sus manifestaciones.

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The notion of schematicity pertains to level of specificity, i.e. the fineness of detail with which something is characterized. The notion always pertains, primarily if not solely, to precision of specification along one or more parameters, hence to the degree of restriction imposed on possible values along these parameters. A schema is thus abstract relative to its […] elaborations in the sense of providing less information and being compatible with a wider range of options […] The difference is akin to that between representing a structure by plotting it on a fine grid (where even minor features show up) and on a coarse grid (where only gross features are preserved). […] Our cognitive ability to conceptualize situations at varying levels of schematicity is undeniable. It is manifested, for instance, […] linguistically in the existence of terms for superordinate as well as subordinate terms […] The linguistic significance of this ability is hard to overstate. (Langacker 1987a: 132-135. Énfasis mío)42

Consecuentemente, como queda apuntado en la cita anterior, la importancia de la noción de esquema dentro de una teoría gramatical resulta indispensable, puesto que el uso lingüístico es por naturaleza una aplicación dinámica de conceptos (en este caso superordinados) sobre numerosos y muy diversos elementos más específicos (cosas, eventos, propiedades, etc.) con los que nos encontramos diariamente (i.e. los subordinados). Poder manipularlos de modo coherente implica poder disponer de estos dentro de un número fijo de coordenadas. Estas coordenadas vendrán dadas por las categorías gramaticales, a las cuales, dentro de la terminología de Langacker, se considerarán esquemas sumamente abstractos.

1.5.1.3. Premisas fundamentales de la lingüística cognitiva Luego de haber hecho una sucinta revisión de la categorización humana y reconocer su importancia para el desarrollo de una lingüística que motive las estructuras gramaticales en las facultades cognitivas, queda pasar revisión a las premisas que guían los trabajos de diversos investigadores.
«La noción de esquematicidad tiene que ver con el nivel de especificidad, i.e. la finura del detalle con el que algo es caracterizado. La noción siempre se relaciona, principalmente si no únicamente, con la precisión de la especificación a lo largo de uno o más parámetros, con lo que compete también al grado de restricción impuesto en posibles valores a lo largo de esos parámetros. Un esquema es así abstracto en relación con sus […] elaboraciones en el sentido de proveer menos información y ser compatible con un rango más amplio de opciones […] La diferencia es similar a aquella entre representar una estructura diagramándola en una cuadrícula fina (donde incluso rasgos menores aparecen) y en una cuadrícula amplia (donde solo los rasgos más gruesos se conservarán). […] Nuestra habilidad cognitiva de conceptualizar situaciones en varios niveles de esquematicidad es innegable. Se manifiesta, por ejemplo, […] lingüísticamente en la existencia de términos para términos superordinados así también como para subordinados […] Es difícil pasar por alto la significación lingüística de esta habilidad».
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Puede considerarse como premisa teórica fundamental de los estudios cognitivos la noción de mente corporalizada, llamada también experiencialismo psicológico (Johnson 1987; Lakoff 1987; Lakoff and Johnson 1980, 1999). Las categorías o conceptos no pueden considerarse puras abstracciones, ajenas a los cuerpos y experiencias humanas. Como muestran los procesos de categorización humana, entender la realidad y organizarla depende más de una disposición abierta, no fija sobre cómo pueden relacionarse los objetos. Ver el parecido entre dos cosas no es evidente, sino que depende de la utilidad, frecuencia, saliencia, etc. Es decir, una representación no puede darse aislada, como un símbolo puramente operacional. Es, más bien, una red de asociaciones de diverso tipo, pero que conservan entre sí un equilibrio o estructura ecológica. La eficiencia del procesamiento cognitivo humano, su adaptabilidad y consubstancial irregularidad, se fundamentan en la estructura global del sistema global, no solo en operaciones entre símbolos (Cuenca y Hilferty 1999: 15).

Si esto es cierto, entonces, la mente no puede ser un “espejo de la naturaleza”, sino que sus construcciones deben estar fundamentadas en las restricciones propias de nuestro sistema perceptual y en la organización de nuestras redes nerviosas. Sin embargo, esto no es todo, puesto que el pensamiento es, además, imaginativo. Esto quiere decir que siempre podemos ir más allá de lo que percibimos —y de las relaciones de verdad lógicamente posibles— para encontrar relaciones no evidentes entre objetos, con las que podemos continuar organizando nuevas experiencias. El mejor ejemplo de esta capacidad es la importancia de la metáfora conceptual (Lakoff y Johnson [1980] 2000) como uno de los principios de estructuración del pensamiento. Como se verá a lo largo de esta tesis, la percepción, las creencias que tenemos acerca de cuán abstracto o cuán específico es un objeto, la capacidad de entender algo más general en vistas de algo más particular (analogía, metáfora) —en una palabra, la experiencia física y social— son cruciales para comprender el funcionamiento de las estructuras conceptuales implicadas en nuestros enunciados.

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El segundo punto central en la lingüística cognitiva es el rechazo a las teorías objetivistas del significado. Es decir, aquellas teorías que proponen un tipo de semántica ajena a los contenidos conceptuales generales y relacionada a la sintaxis en tanto una forma lógica. Sobre este punto ya se ha discutido lo suficiente en este capítulo, tanto en la sección 1.4. como en 1.5.1.2, de modo que no tendré que agregar nada aquí.

Finalmente, según Hudson (2003), las siguientes premisas pueden verse como asumidas en general por quienes practican la lingüística cognitiva, pese a la saludable diversidad de modelos que existen —y compiten— dentro de ese rubro:

1. El conocimiento del lenguaje no posee límites específicos frente a los demás sistemas de conocimiento. No hay formas exclusivas para el lenguaje en tanto que obedece a los mismos principios que organizan el conocimiento general. Las diferencias evidentes entre lo “lingüístico” y lo “extralingüístico” solo pueden ubicarse en los puntos más extremos de un continuo. 2. El lenguaje es una red de interconexión simbólica. Al igual que el resto de conocimiento, se organiza dentro de redes; pero estas no son distribuidas solamente, a la manera de las redes conexionistas, sino también son simbólicas. Quiere decir que para cada “nodo” o “punto” de la red se tiene un elemento lingüístico (una palabra, un morfema, un fonema, una característica conceptual simple o compuesta, etc.) y la activación de una activa otras, con lo cual se evocan los conocimientos (en este caso las representaciones lingüísticas y aquello que simbolizan). 3. El lenguaje está compuesto por categorías y estas muestran efectos de prototipo. Esto quiere decir que el sistema lingüístico no puede entenderse si no se reconoce en él la diferencia básica entre elementos típicos y otros atípicos. La organización del lenguaje debe

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dar cuenta de que los límites entre categorías es difuso y siempre es posible dar un paso hacia la variación de usos y creaciones novedosas gracias a esta propiedad de los conceptos. En resumen, las unidades del lenguaje no son bloques de construcción como en un juego de “Lego”, más bien deben concebirse como pedazos de plastilina (cf. Rosch 1975, 1977 y 1978) 4. El conocimiento del lenguaje no se debe al dominio de reglas para elaborar secuencias bien formadas, sino al de patrones abstractos o esquemas que unen el significado con la sintaxis, la fonología, etc. No se trata de conocer “procedimientos”, se trata de comparar patrones almacenados convencionalmente con aquello que queremos expresar. Así, establecemos cuál es el patrón que más se ajusta a aquello que pensamos y lo aplicamos. Gracias a este conocimiento declarativo, podemos entender que el uso del lenguaje muestra partes que encajan perfectamente con el patrón, mientras que otras encajan menos bien. Estos “desencajes” pueden producir efectos creativos. De hecho, los esquemas son representaciones simbólicas o gestálticas que modifican el significado —es decir, se pasa de lo prototípico a lo marcado (cf. Langacker 1987a, 2002: Cap. 4, Lakoff 1987: Book II, case study 3)—. 5. La gramática (morfología y sintaxis) no está separada del léxico. La tradicional separación entre estos se debe a una visión procesal del lenguaje (también llamada proceso derivacional). Se requiere de una fuente de elementos computables (el léxico) y de los respectivos procesos (los módulos gramaticales). Si se asume la postura declarativa basada en patrones y la organización de redes, la diferencia entre las unidades léxicas y las reglas gramaticales desaparece. Más todavía, distinguir entre gramática y léxico como la diferencia entre lo que puede derivarse regularmente por reglas y lo que es un listado de formas idiosincrásicas y por ende “excepciones” o “frases hechas” (idioms) en una lengua es insostenible. Todos los niveles del lenguaje están llenos de irregularidades, de creatividad y de unidades fijas. El léxico existe como una forma de tratar información

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lingüística (en particular como almacenamiento de datos); pero esto no lo convierte en un espacio cerrado frente a la morfología y a la sintaxis. En el fondo, ahí está lo más convencionalizado; pero en la gramática, como veremos, todo esta convencionalizado. Así que la diferencia no es de tipo, sino de grado (cf. Bates y Goodman 1997) 6. Conocer el significado de una palabra no difiere del concepto culturalmente establecido para dicho término. De este modo, puede argumentarse que todas las palabras (incluso las más “lingüísticas”, como conjunciones, determinantes o preposiciones) son conceptos culturales insertos en nuestro conocimiento general del mundo (i.e. es un tipo de saber idiosincrásico). De este modo, conocer una lengua depende mucho del conocimiento de la cultura, si bien haya elementos que parezcan no ser nada culturales, p. ej. el ligamiento de anáforas, etc. (No obstante estas ya han recibido explicaciones cognitivas no modulares. Cf. Langacker 2000: Cap. 9). 7. Finalmente, el lenguaje está basado en el uso. No hay conceptualización posible si no se atiende a las condiciones particulares y reales en las que puede producirse. Debido a esta premisa, la lingüística cognitiva es una teoría maximalista antes que minimalista (como es la gramática generativa). Desde la misma adquisición, nuestra relación con el lenguaje no es pasiva; no activamos o desarrollamos un “órgano mental” como sustentan Pinker (1995) o Lightfoot (1983). El cerebro es el único órgano mental, y el lenguaje es solo una de las funciones que este puede desarrollar. Aprender el lenguaje no es cuestión de imitación o de analogía (solamente), es más un proceso masivo de interconexión de datos de modo inductivo. No se niega que existan elementos genéticamente determinados que incidan en la rapidez de este desarrollo, pero es difícil establecer cuáles son estos y si producen patrones lingüísticos específicos. Sin embargo, se puede postular que el lenguaje es una facultad emergente, derivada de capacidades simbólicas y cognitivas específicas de la especie humana (cf. Bates 2003, Bates et. al 1997, Karmiloff-Smith 1994, Mac Whinney 2002 y en prensa).

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En conclusión, comprender que la gramática es simbólica debido a su indesligable relación con la cognición implica proponer una lingüística distinta a la que se ha practicado mayoritariamente desde el siglo XX. En particular, deben quedar de lado premisas como la de la autonomía de la sintaxis. Según esta, las representaciones sintácticas no tienen ninguna relación con el uso que reciben: son puros constructos formales, deducibles por principios innatos. De esta manera quedará garantizada la eficiencia computacional de la mente.

Sin embargo, eso no es del todo cierto. Es muy sencillo proponer que, en tanto no hay una relación clara entre la representación conceptual —variable e irregular en cuanto a los elementos que la componen— y la gramática guiada por reglas y entendida como un cálculo de símbolos abstractos sumamente eficiente, cualquier dato que evidencie tal relación será solo un “seudoproblema” o un “epifenómeno”.43 En cualquier ciencia, son los detalles incómodos que se decide enfrentar, aun a sabiendas de que pueden poner en riesgo la estabilidad de todo lo que se ha conseguido, los que hacen la diferencia entre el progreso y el estancamiento. Ver a toda la gramática como análoga a las onomatopeyas, es decir, como símbolos, no más como signos o como reglas inmotivadas debe replantear los términos de la investigación lingüística. A mi entender, la ventaja de la lingüística cognitiva es que permite dejar de ver fenómenos genuinamente lingüísticos como parte de la “periferia de la gramática”, como fenómenos “extralingüísticos” o como “incómodas excepciones que se esconderán debajo de la alfombra”, y brinda herramientas muy útiles para encararlos en un marco cohesionado.44

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Términos con los que se han despachado las intuiciones de los funcionalistas y de otras corrientes ajenas al dogma chomskiano (cf. Langacker 1990: 4-9).

El mismo Chomsky reconoce la importancia de los aspectos periféricos de la gramática para una completa comprensión de la facultad del lenguaje (cf. Lorenzo y Longa 1986: Cap. 2); es más, el programa minimista (Chomsky 1995) pone gran énfasis en las relaciones entre los llamados sistemas articulatorio-perceptual y el conceptual-intencional con sus interfaces, forma fonética y forma lógica, respectivamente. Sin embargo, el punto que critico es que la separación entre un tipo de sistema lingüístico, cuyas computaciones no son compartidas por los demás sistemas conceptuales, es tajante. La impermeabilidad de lo lingüístico frente a lo conceptual se ha justificado como una “adecuada delimitación del objeto de estudio” o como una

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1.5.2.

Gramática cognitiva

La lingüística cognitiva, y en particular el modelo llamado gramática cognitiva, han tratado de entender desde numerosos ángulos la relación de dependencia que hay entre la gramática y las estructuras conceptuales que dan forma y contenido al pensamiento. El aspecto más polémico de la teoría de Langacker es su propuesta de que la gramática refleja la cognición. Es decir, no hay aspecto gramatical que no pueda ser analizado desde una perspectiva conceptual. Si bien esto puede sonar extremo, en primer lugar, no resulta una propuesta más extrema que la de la gramática generativa (para la cual ninguna construcción sintáctica depende de la cognición general, sino de mecanismos lingüísticos autónomos); en segundo lugar, y espero que los siguientes capítulos sirvan de aval, permite explicaciones elegantes, motivadas en aspectos más amplios de la naturaleza humana y no simplificaciones reduccionistas (que pueden, inclusive, pasar por alto hechos tan obvios como que toda expresión lingüística es significativa, que está necesariamente atada a su contexto de uso y que su buena o mala formación es una cuestión de grado y no de una dicotomía entre “gramatical” y “agramatical”).

“idealización común a todas las ciencias naturales”. Como respuesta a esto, la crítica de Feyerabend se ajusta perfectamente. Solo basta cambiar la palabra historia por lenguaje: Tal y como hoy se conoce, la educación científica tiene este propósito [hacer la historia de la ciencia más simple, más uniforme, más monótona, más “objetiva” y más accesible al tratamiento por reglas “ciertas e infalibles”], que consiste en llevar a cabo una simplificación racionalista del proceso “ciencia” mediante una simplificación de quienes participan en ella. Para ello se procede del siguiente modo. Primeramente, se define un dominio de investigación. A continuación, el dominio se separa del resto de la historia [...] y recibe una “lógica” propia. Después, un entrenamiento completo en esa lógica condiciona a aquellos que trabajan en el dominio en cuestión para que no puedan enturbiar involuntariamente la pureza (léase esterilidad) que se ha conseguido. En el entrenamiento, un parte esencial es la inhibición de las intuiciones que pudieran llevar a hacer borrosas las fronteras. La religión de una persona, por ejemplo, o su metafísica o su sentido del humor no deben tener el más ligero contacto con su actividad científica. Su imaginación queda restringida e incluso su lenguaje deja de ser el que le es propio (2002 [1988]: 15).

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1.5.2.1. Definición de gramática Langacker define la gramática como un inventario estructurado de unidades lingüísticas convencionales organizadas como pares de forma y contenido (Langacker 1987a: 57-58). No se considera una descripción generativa que provee la enumeración de todas las frases, y solo las frases, bien formadas de una lengua natural; más bien, la productividad de la gramática queda garantizada por modelos esquemáticos (i.e. esquemas. Cf. 1.5.1.2) que representan patrones establecidos en el ensamblaje de estructuras simbólicas complejas (compuestas por otras unidades más simples) (cf. Langacker 2002: 16). Desarrollemos estos conceptos fundamentales.

La asociación simbólica entre las estructuras fonológicas y las semánticas (las que, ya se ha visto, son idénticas a las estructuras conceptuales) producen unidades simbólicas (figura 2). Este concepto incluye en la gramática cognitiva las estructuras léxicas y gramaticales (sintácticomorfológicas). El morfema es la unidad simbólica mínima, ya que en ella se combina una estructura fonológica con una semántica para formar un todo. Lo simbólico radica en unir sonidos y conceptos, una relación afín a la del signo lingüístico —significado y significante— de Saussure.

Figura 2. Unidad simbólica simple

Las unidades simbólicas más simples se combinan entre sí para formar otras más complejas. No obstante, estas combinaciones no son aleatorias, ya que la gramática no es una cuestión de azar: no toda combinación es representacional. Langacker plantea que estas obedecen a unidades simbólicas

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esquemáticas, que son el equivalente de los “patrones gramaticales”. Como ya se había señalado, los esquemas se distinguen de las demás unidades simbólicas no por su tipo, sino por ser más abstractas; es decir, cuentan con un menor grado de especificidad. En resumen, una unidad gramatical, sea una palabra, un morfema, una oración simple, compuesta o un texto entero, es simbólico en tanto que une dentro de una misma forma (estructura simbólica) a una expresión fonológica (polo fonológico) con ciertos contenidos semántico-conceptuales (polo semántico) que pueden construir diferentes conceptos complejos a partir de relaciones de esquematicidad.

Por ejemplo, para el término “cosa”, tenemos el polo fonológico /kosa/ y el polo semántico [COSA] (el concepto de lo que es una “cosa”),45 que en conjunto forman una unidad simbólica. Si esta apela o privilegia las características físicas de la cosa, su delimitación, etc., entonces construye un sustantivo. La noción de sustantivo, es, por ende, simbólica y máximamente esquemática: es una forma específica de entender el concepto de [COSA] (es decir, no equivale a todo lo que puede ser el concepto [COSA], pero necesariamente se basa únicamente en lo que sabemos sobre lo que es una “cosa”) que necesita, al mismo tiempo, de una forma específica de pronunciar /kosa/ para hacerla comprensible a un oyente.46

1.5.2.2. Habilidades cognitivas básicas para la gramática Puesto que hablar de la realidad a partir de nuestra capacidad para concebirla presupone una especie de ontología, Langacker asume tres clases fundamentales de objetos como partes de la representación mental de la realidad: regiones (cuyo esquema más abstracto sería [COSA], lo que definirá a los sustantivos), relaciones temporales (cuyo esquema [EVENTO] sirve para definir a
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La notación para estructuras conceptuales esquemáticas usa altas entre corchetes.

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Recuérdese que la relación de esquematicidad resulta igual a la que hay entre un nudo superordinado y uno subordinado en una taxonomía jerárquica; el primero es el esquema y el segundo es la instanciación o elaboración. Así, pues, la relación de esquematización entre unidades simbólicas es una forma de categorización complementaria a la extensión del prototipo.

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los verbos) y relaciones atemporales (que incluyen manifestaciones diversas, tales como adposiciones, adjetivos y adverbios).

Toda estructura semántica o predicación se encuentra caracterizada al interior de ciertos dominios cognitivos. Estos dominios son, básicamente, equivalentes a las nociones de marco y modelo cognitivo idealizado (MCI) que se presentaron al inicio de la sección 1.5.1.2. Así, cualquier noción básica o primitivo conceptual (p. ej., nuestra experiencia del tiempo o del espacio), cualquier concepto nuevo derivado de otros por medio de mecanismos metafóricos u otros, la experiencia perceptual e incluso un sistema de conocimiento completo pueden servir de dominio de una predicación.

Basado en una semántica conceptual, la gramática cognitiva se aboca a la posibilidad de reducir la gramática a configuraciones de estructuras simbólicas, entendidas estas como concepciones alternativas (construal) de una misma “realidad exterior”. En pocas palabras, la capacidad de manipular conceptos más básicos con el fin de crear una descripción mental cada vez más elaborada de una misma situación (como en el ejemplo del “vaso medio lleno” frente al “vaso medio vacío”) es fundamental para la construcción de enunciados que encierran esos cambios de punto de vista (cf. Langacker 1990: 6).47

Una de las capacidades cognitivas más importantes que permiten la alternancia conceptual mencionada en el párrafo anterior es la organización figura/fondo (Langacker 1987a: 120-121). Es bien sabido que la mente organiza dos objetos siguiendo un patrón de mayor relevancia o saliencia para uno de ellos (la figura) y otro de permanencia o contraste fijo para el otro. Por ejemplo, la
Langacker deja muy en claro que su teoría no quiere solo “explicar la sintaxis a partir de la semántica”, como muchos parecen entender, sino que la gramática es un conjunto de configuraciones simbólicas establecidas por el uso y la convencionalidad. La gramática es un mecanismo de representación que depende de los procesos de conceptualización. Así, una estructura semántica es una estructura gramatical cuando queda codificada fonológicamente, es decir, cuando es capaz de manipularse como símbolo.
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distinción entre los verbos ir y venir estaría en que ambos toman exactamente al revés las figuras y fondos. En el primer caso, ir, la figura es el objeto que se desplaza en contraposición con el punto de partida fijo, el cual sirve de fondo a la figura que se desplaza. Por su parte, en el verbo venir, la figura está en el punto fijo de llegada, es la persona que se encuentra en la meta, mientras que el fondo lo brinda el objeto que se aproxima. Una extensión dentro de esta distinción es la separación entre trayector (trayector) e hito (landmark) (cf. infra p. 60). El primero es la figura, pero en una relación dinámica con el fondo, que en tanto hito, posee solo una saliencia secundaria. De este modo, el contraste entre X está cerca de Y e Y está cerca de X se fundamenta en si X es el trayector (o figura relacional) y se ubica con relación a Y, o viceversa. (Langacker 1990: 7).

Otros conceptos afines a trayector e hito, y también centrales en la teoría, son base y perfil respecto de un dominio cognitivo. La base de una predicación es su dominio en general (es decir, las estructuras conceptuales que presupone); el perfil es una estructura secundaria que obtiene nivel distintivo o prominencia en tanto es la entidad que la expresión designa. Esto quiere decir que la base actúa como un contexto para el perfil. Por consiguiente, una expresión lingüística designa a una entidad gracias a los aspectos conceptuales más relevantes en esta, no por aquello a lo que se refiere en la realidad. Por ejemplo, las expresiones nacimiento y muerte comparten la misma base: puntos dentro del lapso de vida de un ser; pero perfilan distintos momentos; a saber, nacimiento, el inicial y muerte, el final.

Importante es también la noción de alcance de una predicación. Esta alude a la porción relevante de dominios específicos que se requieren para la caracterización de un concepto. Por ejemplo, las nociones de “barrio” y “urbanización” pueden compartir dominios físicos semejantes: un conjunto de viviendas ubicadas en una misma zona y, por extensión, sus habitantes, lo cual sería el alcance máximo de la predicación; pero se distinguen en que perfilan dominios distintos: en el primer caso es más importante el conocimiento de que las viviendas pertenecen a un área circundante así como

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el tener algún tipo de relación con los que por ahí viven (desde el simple saludo hasta la amistad); en el segundo ejemplo, lo que se perfila es una cuestión de división político-administrativa (por ejemplo, el lugar donde uno tiene su dirección dentro de un distrito y donde adquirió el terreno de una compañía urbanizadora). En consecuencia, ambas predicaciones se distinguen en el valor que le dan a sus dominios: para barrio el dominio primario48 es el área circundante y la relación entre los vecinos.

Es sabido ya que el proceso de abstracción —o agrupar conceptos diferentes gracias a un esquema que reduce las diferencias y resalta los rasgos comunes— tiene, para Langacker, preponderancia para dentro de las capacidades cognitivas que organizan las representaciones gramaticales. En este sentido, el principal objetivo de la gramática cognitiva es proponer una descripción gramatical que únicamente se base en aquello que está implicado en el concepto que transmite un enunciado cualquiera en un uso lingüístico real. Por ello, el polo semántico de las unidades simbólicas no es más que una construcción nocional basada en los principios cognitivos anteriormente señalados. Esta construcción o representación esquemática se aplicará sobre cualquier otro concepto que tenga propiedades afines a las que esta establezca (recuérdese lo dicho sobre la naturaleza dinámica de los esquemas).

Uno de los rasgos distintivos de la gramática cognitiva es que todo fenómeno sintáctico es explícito. No hay transformaciones a partir de movimientos, trazas, categorías vacías, principios de gobierno o comando de constituyente, elementos expletivos, filtros, restricciones semánticas, etc.

Es decir, el dominio primario será el aspecto más relevante entre los que conforman lo que sabemos acerca de un término. Cabe destacar que esta noción está plenamente justificada en la naturaleza enciclopédica de la semántica, de modo tal que no hay distinción relevante entre esta y la pragmática (cf. Langacker 1987b: 55).

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como forma de explicar la organización gramatical. Esto es apelar al mínimo indispensable de elementos (símbolos) y a la relación integral del lenguaje con el resto de los sistemas cognitivos.49

1.5.2.3. Análisis gramatical y uso de gráficos Como en cualquier teoría lingüística, la gramática cognitiva debe recurrir a una forma de representación clara para las operaciones que asume como fundamentales en la construcción de enunciados. La cognición humana es algo difícil de representar, en tanto que muchos de sus procesos son muy abstractos y, obviamente, tan sutiles como inconscientes. Langacker utiliza para sus análisis esquemas imaginísticos. Estos gráficos o bosquejos bastante generales quieren representar las relaciones entre las partes de un enunciado y el valor gestáltico que toman en cuanto conjunto. Para eso, han de hacer explícito el valor conceptual de cada elemento que participa en una construcción gramatical, así como servir de indicio para entender de qué manera se relaciona cada parte de un esquema complejo (que equivaldría a una frase o a una oración). De este modo, los gráficos no solo describen situaciones, sino que organizan explícitamente sus partes según los principios conceptuales que están involucrados para señalar lo que un hablante construye al momento de representar una expresión lingüística.

Por ejemplo, una expresión como el gato sobre el tapete (ignoraré el valor de los artículos para simplificar) se produce a partir de una representación esquemática que cuenta con los siguientes elementos: un trayector (trajector), que se encuentra encima y en contacto con otra entidad que le sirve de hito. Entre ambos queda definida la relación que esquematiza la preposición sobre. Esta relación queda esquemáticamente señalada por la figura 3, en donde la línea gruesa representa la

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Ha de considerarse, entonces, que la teoría cumple así con los principios de economía y naturalidad. Una cerrada defensa de esta postura como convenientemente científica y ajena a simplificaciones extremas de la realidad está en Tuggy (1981: Cap 1, 11-12, 16-18).

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posición de un elemento respecto del otro.50 Estos elementos, representados con círculos equivalen a entidades,51 las cuales se instanciarán, respectivamente, con los términos gato y tapete (ver figura 4).

Figura 3. Esquema de la preposición sobre

Aunque hay que señalar que la relación que establece la preposición sobre está muy lejos de ser tan simple como la que aquí se señala. Recuérdese que no es un problema para la teoría, dado que una categoría siempre alberga entre sus miembros formas que se desvían de lo que se considera el prototipo (en lo que se conoce como “relación de parecido de familia”), con lo que es más certero hablar de una categoría radial (cf. Lakoff 1987: Cap. 4 y case study 2).
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Entidad es un término máximamente esquemático que incluye a las nociones de “cosa” y “relación”. La primeras, como se verá al detalle en el capítulo 2, sirve de esquema a la categoría sustantivo; la segunda, a la categoría preposición, si no es una relación temporal, y a los verbos, si es una relación marcada temporalmente. Una presentación general al tratamiento de las categorías gramaticales en la gramática cognitiva se encuentra en Langacker 2000: 19-23.

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Figura 4. Esquema de la expresión El gato sobre el tapete (tomado de Grush 1995: 109)

La representación esquemática de la figura 4 puede parecer, por decir lo menos, extraña e incluso muy poco seria para quienes esperan un análisis lingüístico más profundo. Valgan verdades, esta representación podría ser mucho más compleja en tanto que estamos dejando de lado fenómenos como la presencia de la marca de género y las operaciones que establecen sobre los sustantivos los artículos definidos. No obstante, cumple con el propósito de sugerir una representación que puede emplearse exitosamente ante una relación entre dos objetos del tipo “el gato sobre el tapete”.

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Se suele creer que las relaciones y las unidades lingüísticas deben ser lo más formalizadas posibles, que deben expresarse en un lenguaje cuasilógico (como pueden ser los marcadores de frase de la teoría de X-barra) o explícitamente lógico (como en el cálculo de predicados empleado para describir la forma lógica de una oración). Sin embargo, los sencillos dibujos (figuras geométricas, bordes resaltados, flechas, etc.) que se emplean en la gramática cognitiva tienen la intención de ser un formalismo más adecuado a las premisas teóricas que la guían. En vista de que la gramática es simbólica y manipula las representaciones conceptuales siendo sensible al contenido de estas, pues de nada nos sirve despojarlas de sus contenidos y mostrarlas como puras relaciones jerárquicas (un marcador de frase) o como variables en un mundo posible (forma lógica). Necesitamos ver cómo están hechos estos conceptos para tener una idea clara de cómo se agrupan siguiendo los esquemas almacenados en el inventario gramatical.

Obviamente, soy consciente de que con dibujos las explicaciones tendrán límites infranqueables. Por ejemplo, la patria está sobre los intereses demanda un análisis similar al de gato sobre el tapete. Sin embargo, ¿cómo graficamos patria e intereses? Si bien los conceptos no son dibujos en las cabezas de las personas, ellos pueden emplearse como recursos mnemónicos para que en el análisis se resalten rasgos que pueden ser cruciales para entender las representaciones, es decir, los conceptos con los que contamos. Creo que el dibujo o esquema imaginístico para sobre resulta una mejor explicación para la relación espacial que esta preposición instancia que una descripción lógica en la que se establece una función entre dos elementos. Esto obedece a que el lenguaje parece estar diseñado a partir de aspectos análogos a los de la cognición visual: «Grammatically specified structuring appears to be similar, in certain of its characteristics and functions, to the structuring in other cognitive domains, notably that of visual perception». (Talmy 1978: 22)52

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«La estructuración gramaticalmente especificada parece ser similar, en ciertas de sus características y funciones, a la estructuración en otros dominios cognitivos, notablemente el de la percepción visual».

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Por consiguiente, cada vez que exista algo que no podamos dibujar y se considere que es relevante tener una imagen en la mente para comprender la estructura gramatical en la que participa; pues se recurrirá a otro recurso mnemónico, más engorroso quizá, pero de probada eficacia para evocar conceptos a lo largo de los últimos siete mil años: la escritura. Y al respecto, baste con la advertencia que Tuggy emplea en su tesis (la primera que se hizo dentro del marco de la gramática cognitiva):
In short, diagrammatic representations, with or without pictures, are another explanatory device (like verbal explanation or logical formulae) of the sort we should expect from SG [i.e. cognitive grammar]: useful for understanding but partial; representing better than other media certain important aspects of the structure under consideration but falling far short of an exhaustive accounting of it. They are not a sine qua non for SG analysis, but they are serious and important, and, I believe, helpful. The best representations of meaning are but shadows; I do not think that these are any worse, “if imagination mend them” (Tuggy 1981: 31)53

1.5.2.4. Alternativas a la distinción gramatical-agramatical: sanción cognitiva y eventos de uso Tal y como se ha presentado, el principio de esquematicidad es crucial para una teoría simbólica de la gramática. En primer lugar, permite dar cuenta de las relaciones de inclusión (taxonómicas) entre conceptos, con lo cual complementa una teoría de categorización por prototipos. En segundo lugar, sus manifestaciones más abstractas sirven de patrones de organización para símbolos más complejos. Las reglas gramaticales no son más que esquemas o modelos de composición de otros elementos abstractos que simbolizarán relaciones generales, tal como es el símbolo-frase gato sobre (el) tapete. Los esquemas pueden ser extremadamente complejos; pero siempre son estructuras

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«En breve, representaciones de diagramas, con o sin figuras, son otro mecanismo explicativo (como una explicación verbal o una fórmula lógica) del tipo que esperaríamos de la GS [gramática espacial, más adelante llamada gramática cognitiva]: útil para entender, pero parcial; representa mejor que otros medios ciertos aspectos importantes de la estructura bajo consideración, pero en mucho no alcanza una explicación exhaustiva de esta. Estos no son una condición sine qua non del análisis de SG, pero son serios e importantes, y, creo, útiles. La mejor representación del significado no es sino sombras; no pienso que estas sean peores, ‘si la imaginación las arregla’».

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convencionales dominadas por los hablantes a partir de su extensión sobre casos particulares (en donde lo que prima, una vez más, es la noción de parecido).

Obsérvese con cuidado que la esquematicidad determina que una expresión sea “bien formada” o gramatical; es decir, no se justifican juicios dicotómicos del tipo “gramatical vs. agramatical” basados en el cumplimiento estricto de los pasos de una derivación formal. La idea de límites borrosos que impregna la categorización humana, así como la naturaleza gradual de las clases son parte importante del uso de esquemas gramaticales: «[…] categorizing judgements either sanction them [grammatical constructions] as elaborations of schematic units or recognize them as departing from linguistic convention as currently established» (2002 [1986]: 16).54

Esto significa que durante un evento de uso el hablante se encuentra en la necesidad de representar lingüísticamente algún concepto. De este modo, busca entre las unidades convencionales y procede a emplear alguna que se ajuste lo más posible a aquello que busca dar a entender. Si la unidad simbólica empleada consigue abarcar la mayoría de características del concepto meta (target), podemos decir que esa categoría sanciona plenamente el concepto que representa. La sanción o adecuación de un concepto a una forma lingüística es un proceso de categorización por esquemas llevado a cabo por el hablante.

Hacer uso de una estructura simbólica pasa, muchas veces, por un proceso de automatización. Esto quiere decir que los hablantes dejan de percibir como relevantes las unidades simbólicas que componen a otras más complejas y bastante empleadas. La división entre unidades y no unidades no implica que dentro de cualquiera de estos conjuntos los componentes hayan de ser fácilmente

“[…] los juicios de categorización dejan establecidas [las construcciones gramaticales] en tanto elaboraciones de unidades esquemáticas o las reconocen como desviantes de la convención lingüística tal como actualmente se halla establecida”.

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distinguibles u homogéneos. Cualquier estructura lingüística puede apreciarse más realistamente como miembro de un continuo entremezclamiento (invasión mutua) en la organización cognitiva. No contamos con un punto de corte claro y no arbitrario para decidir cuándo es que las relaciones superpuestas entre las diversas unidades de una lengua se separan.

Vale la pena dejar sentado que el sentido del término técnico evento de uso implica más que la adecuación deliberada del hablante a usar su conocimiento lingüístico en situaciones novedosas para representar la realidad. En realidad, Langacker (1987a: 46-47) toma postura por una teoría gramatical en la que todas aquellas construcciones irregulares, usos metafóricos o de lenguaje figurado, frases idiomáticas, etc. encuentren un lugar al lado de todas las regularidades (es decir, “nada queda debajo de la alfombra” o nada entra en un cajón de sastre lleno de “excepciones” o “irregularidades”). No partimos de reglas en el análisis de las gramáticas: los enunciados particulares son la matriz de donde los enunciados generales (o reglas) son extraídos. En consecuencia, sostiene Langacker, en el conocimiento de los hablantes coexisten los enunciados particulares (formas específicas) y los enunciados generales (reglas que explican las anteriores). Es claro que los hablantes acumulan inmensas cantidades de expresiones específicas (y estas no son solo expresiones idiomáticas). Cualquiera se da cuenta de que aprender una lengua no pasa solo por el hecho de conocer las reglas, sino de memorizar y usar automáticamente las unidades convencionalizadas del repertorio gramatical. Las generalizaciones que pueden emerger de esa ingente cantidad de usos particulares es grande; pero no es suficiente para organizar homogéneamente todo el conocimiento gramatical de los hablantes: la irregularidad es innegable y universal. En consecuencia, asumir que la gramática se compone plenamente de reglas o principios universalmente aplicables se estrella con la evidencia de formas absolutamente idiosincrásicas y reglas de alcance limitado o contextual. Esto significa que la gramática cognitiva es una teoría absolutamente basada en el uso: no deja de lado el uso o actuación para promover reglas

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generativas, ni mucho menos postula la universalidad de estructuras lingüísticas a partir de las cuales todas las lenguas son “dialectos” de una “gramática universal”.

Volviendo a la discusión sobre las implicancias del proceso de sanción, se ha propuesto que las unidades simbólicas nos proveen de los medios para expresar lingüísticamente cualquier idea. Si una de estas coincide lo suficiente con la estructura semántica de una unidad simbólica, no se requiere de un mayor esfuerzo de construcción (constructive effort). Si no se cuenta con una estructura simbólica que permita la expresión de una idea, entonces se pone en marcha la búsqueda de una expresión novedosa que extienda el uso de los esquemas.

Una importante consecuencia sobre el alcance que pueden tener los contenidos de los esquemas gramaticales está basada en su naturaleza convencional. Al ser estos esquemas parte de un repertorio convencionalizado, Langacker sostiene que pueden incluir dentro de sus especificaciones aspectos propios del uso y del estatus de los hablantes. Esto se debe a que las unidades lingüísticas poseen una semántica relativa a muy diversos dominios cognitivos, así como una conceptualización enciclopédica.

Otro aspecto crucial del uso de los esquemas gramaticales es su aprendizaje dentro de un proceso de descontextualización (1987a: 63). Esto quiere decir que cualquier unidad posee valores básicos que persisten más allá de lo contextual. Me refiero a que una unidad lingüística posee una semántica suficientemente estable como para permitir regular distintas construcciones; pero al mismo tiempo tiene que ser suficientemente flexible como para permitir expresar la totalidad del pensamiento. Por esta razón, una gramática basada en construcciones que sirven como modelos de categorización esquemática es mejor que una generativa: se rige por los principios de agrupamiento por prototipos, que a su vez es producto de una experiencia corporalizada. No se puede acceder a la complejidad de las estructuras cognitivas que se quiere representar sin un contacto fundamental e

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integrado de estas: solo eso garantizaría la creatividad lingüística. Sin embargo, el uso de los esquemas no puede depender enteramente del contexto, i.e. no puede ser guiado solamente por este, porque eso impediría cualquier regularidad (es decir, no habría ninguna forma desviante).

1.6. Resumen y conclusión del capítulo 1 En conclusión, la gramática cognitiva es un modelo coherente que aplica de modo radical las propuestas de la lingüística cognitiva: el lenguaje es describible solo de modo explícito, sin reglas intralingüísticas, como un sistema integrado con el resto de la cognición humana o saber enciclopédico. En su afán de austeridad conceptual y naturalidad, esta forma de ver la gramática se restringe a los siguientes elementos: (i) estructuras semánticas, fonológicas y simbólicas (la unión de lo semántico y lo fonológico, en donde cada uno de estos polos tiene la función de evocar al otro), (ii) estructuras que sean esquemáticas para las mencionadas en (i); y (iii) relaciones de categorización (muy señaladamente las que se conocen como extensión del prototipo y más importante aún, esquematización) que involucren a las estructuras en (i) y (ii). La creatividad y productividad del lenguaje humano está en la mismísima creatividad y productividad de la mente humana para resolver problemas o imaginar relaciones analógicas basada en sus capacidades perceptivas, experiencia y finalidad guiada por el contexto. El siguiente diagrama (figura 5) pondrá en orden los elementos y relaciones entre los componentes de la gramática.

Las líneas puntuadas representan la correspondencia entre unidades distintas, mientras que las flechas continuas están por la relación de esquematización. Por su parte, las abreviaturas sim y cod están por simbolización y codificación. La primera es, como ya se dijo, la relación entre una estructura en el espacio semántico y otra en el espacio fonológico. La codificación tiene lugar entre la convención y el uso. Esto significa que uno codifica una estructura simbólica en relación con una estructura meta para sancionar su uso, dentro de un grado aceptable de tolerancia. Así, la codificación no es más que otro nombre para la aplicación del proceso de sanción.

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Espacio semántico

Gramática (convención lingüística) Unidad simbólica cod Conceptualización cod Evento de uso

Unidad semántica

...
Espacio simbólico Espacio fonológico

sim

sim

Unidad fonológica

cod Vocalización

Estructura sancionadora

Estructura objetivo

Figura 5. Unidad gramatical simbólica y su aplicación en un evento de uso (Langacker 1987a: 77)

A lo largo de estas páginas he presentado numerosas ideas sobre la naturaleza del lenguaje y la importancia de un enfoque integral del fenómeno lingüístico como parte de la cognición. Se ha asumido que la función representacional del lenguaje, manifestada en sus unidades y estructuras gramaticales, es indesligable de la percepción, la experiencia y la imaginación que usamos para crear esas mismas representaciones. Puede parecer, frente a las teorías formales sobre el lenguaje, que se está cayendo en una falsa concepción de lo que debe ser el lenguaje. Sin embargo, los análisis que los capítulos siguientes harán de la noción misma de sustantivo y, posteriormente, de su interacción con otros elementos dentro de la FN para establecer su definitud o indefinitud, así como

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el significado y esquemas que corresponden a los usos de frases nominales escuetas (i.e. las que no utilizan ningún determinante) servirán de evidencia en favor de una teoría cognitivo-funcional como la que aquí se ha sostenido.

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CAPÍTULO 2 LA DEFINICIÓN NOCIONAL DEL SUSTANTIVO

Todo concepto es una forma esquemática mediante la cual autorizamos a un objeto o evento de nuestra experiencia (los cuales, en el fondo, no son más que la interrelación de diversos tipos de entidades) a ser (re)conocido dentro de una clase. Sin embargo, al mismo tiempo, también lo incorporamos o ubicamos como parte de la red de nuestros conocimientos.1 Las categorías gramaticales no son la excepción a esto, ni tampoco tendrían por qué serlo. En efecto, la gramática cognitiva tiene como uno de sus presupuestos más firmes la naturalidad de la descripción del lenguaje. Por ende, cualquier estudio funcional, basado en los objetivos comunicativos del lenguaje, es plenamente compatible. En efecto, la labor de descripción de las lenguas es tan amplia que el funcionalista alemán Seiler (1976: 14) afirma que uno de sus objetivos debe ser: «the orientation towards a theory of language, not toward a theory of grammar».2

Una categoría gramatical es un esquema abstracto mediante el que se codifican las propiedades fundamentales de significación de todo un conjunto de palabras. De ahí que no se codifique
1

Una visión construccionista de la gramática es, al mismo tiempo, un compromiso con el postulado teórico de que la mente humana no es más que la suma de diversas rutinas cognitivas (expresadas en distintos estados neuronales) mediante las que se ponen en relación diversos elementos para formar unidades cada vez más complejas. Esto significa que la realidad es para los humanos un sinnúmero de partes y de relaciones, no solo en lo concerniente a lo concreto, sino también a diversos constructos culturales.

“la orientación hacia una teoría del lenguaje, no hacia una teoría de la gramática”. Esta declaración está claramente en pugna con los postulados de la gramática generativa, que se considera una teoría de las gramáticas posibles en cualquier lengua, por lo menos desde el Chomsky de Aspectos de la teoría de la sintaxis (1970 [1965]: cap. 1), hasta el de El conocimiento del lenguaje (1986: cap. 1 y 2).

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solamente el comportamiento gramatical, como proponen las teorías formales de la gramática, sino también lo que en términos generales una palabra puede expresar.

¿Por qué habría de ser importante postular una definición nocional de estas categorías? Sencillamente, porque, como se propuso en el capítulo anterior, el lenguaje es por naturaleza simbólico: asocia un plano fonológico y otro semántico para formar distintas unidades dentro de un continuo de formas morfológicas, sintácticas y discursivas. De este modo, una gramática se concibe como el conjunto estructurado de unidades lingüísticas convencionales. Entre estas se cuenta con numerosos patrones esquemáticos, algunos de los cuales corresponden a las categorías gramaticales. Estos esquemas, debe recordarse, no son distintos en tipo al resto de representaciones semánticas, especialmente las léxicas. La diferencia entre una categoría o patrón gramatical y una unidad léxica como flor es sencillamente el nivel de especificidad, menor en el esquema que determina la primera y mayor en el de la última. El objetivo de este capítulo es presentar, de la manera más exhaustiva que permite un trabajo de esta naturaleza, los elementos que conforman el esquema de la clase gramatical sustantivo.

2.1. ¿Qué representa un sustantivo? El esquema conceptual detrás de la categoría gramatical Todos hemos aprendido, gracias a las gramáticas de tipo tradicional, que algunas categorías gramaticales pueden tener una definición en la que es central el significado que se les asigna. De este modo, un sustantivo puede definirse como aquella categoría por la que se designa a una persona, animal, cosa o lugar. Entre los múltiples problemas que tiene una definición de este tipo se encuentra que no distingue el significado de la designación; es decir, entre aquello que se entiende por una palabra, el concepto al que esta nos remite, y el objeto de la realidad al que se nombra. Por otra parte, existen palabras que, siendo sustantivos, no encajan en ninguno de los términos que comprende la definición antes dada. Por ejemplo, pesadez o explosión no parecen

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representar a unas cosas en el sentido concreto que esta palabra tiene. Por esta razón, modernamente se ha venido diciendo que la caracterización de una categoría gramatical a partir de lo que esta representa es errónea, ya que no hay patrones semánticos constantes que se asocien a las funciones de morfemas, sustantivos, verbos y otros elementos de la gramática. De esta forma, se ha propuesto enfáticamente que una definición estrictamente formal es lo más justificado y teóricamente coherente (cf. Lyons 1977 y Newmeyer 1983). Así, pues, el sustantivo, al ser una pieza de la armazón sintáctica, puede definirse a partir de las otras categorías que coocurren con él: un sustantivo es la palabra que puede ser el sujeto de la oración (y por tanto se halla en concordancia con el núcleo de la frase verbal), o la que puede tomar como determinante a un artículo definido (como el y la).

Este punto de vista, tan aceptado entre los lingüistas, contrasta claramente con la premisa de que la gramática, y por ende sus categorías, deben describirse a partir de los conceptos que ellas representan. Al desecharse las definiciones nocionales de las categorías, se les cierra la puerta a explicaciones coherentes de varios fenómenos relacionados con la interpretación plena de enunciados. Sobre este respecto, Frawley (1992: 63) observa que, si bien un sustantivo no siempre es el nombre de una persona, animal, cosa o lugar, resulta que siempre una persona, animal, cosa o lugar se nombra mediante un sustantivo. Este hecho está más allá de ser una tendencia de uso, contrastada, como ya se mencionó, por excepciones aparentemente inexplicables para una definición nocional. Por el contrario, si se asume una caracterización semántica que emplee los principios cognitivos presentados en el capítulo anterior (p. ej., fondo/figura, perfil y base, dominios cognitivos, etc.) la separación radical entre significado y forma gramatical deja de tener sentido: la forma y los significados son mutuamente dependientes. Si los significados dependen más de procesos para elaborarlos que de un conocimiento estático sobre lo que significa algo, entonces, para que un concepto sea considerado un sustantivo, lo que

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hacemos es construirlo de una manera específica en la que prima el criterio espacial.3 A partir de esto será posible mostrar cómo la división entre los nombres contables (por ejemplo disco) y los no contables (como carne o harina) guarda estrecha relación con la marca gramatical de número: esta se explica a partir de la representación asignada a un sustantivo y no solo a motivaciones estrictamente formales.

Si bien se asume que los objetos físicos (como los ya mencionados personas, animales, cosas o lugares) son referentes prototípicos para la categoría sustantivo, es necesario notar que un esquema basado solo en los prototipos no se podrá aplicar a los otros miembros de la categoría (aquellos sustantivos que no se corresponden con entidades físicas) si es que no tiene modificaciones. Así, pues, la caracterización esquemática que incluya como sustantivos tanto a los casos centrales como a los que no lo son puede enunciarse de la siguiente manera:

Un sustantivo perfila una región en algún dominio cognitivo (un espacio conceptual). (cf. Langacker 1991: 15)

Por ende, un sustantivo cualquiera elabora un esquema sustantivo abstracto. Así, el sustantivo queda definido como una estructura simbólica que instancia un esquema abstracto de entidades; en términos más simples: un sustantivo designa a una cosa. Este último término se emplea de la manera más abstracta posible; no hace referencia solo a objetos físicos, sino que cubre todo aquello que puede concebirse o referirse: objetos, relaciones entre entidades, sensaciones,

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En contraste, cuando entendemos algo como verbo, lo que hacemos es darle una construcción temporal. Puede consultarse Frawley 1992, Cap. 2; Langacker 1987b pp. 68 y ss.; y, desde un punto de vista complementario, Jackendoff 1991.

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interconexiones, estados, puntos en una escala, ubicaciones en el campo visual, etc. (cf. Langacker 1987a: cap 5, 1987b: 58-63 y 1991: cap. 1).4

Esta definición de sustantivo supone el uso de un importante principio cognitivo: la conexión que se establece entre distintas partes que se asumen de algún modo relacionadas. Esto es lo que permite determinar una región, que es un rasgo principal de la caracterización de un sustantivo. Frawley (1992: 67), quien sigue a Langacker, indica que «the simplest way to think of a region is to imagine an array of points in “continuous extension along some parameter” a space of phenomenal continuity».5 Los principales criterios que mantienen unidas a las entidades que conforman una región son los de interconexión y densidad.

El primer criterio, interconexión, puede definirse como la simple coocurrencia de un conjunto de entidades que, de esta manera, definen el espacio que ocupan. Por ejemplo, disco puede referirse a un objeto físico (un conjunto de unidades físicas dispuestas en una superficie),6 del mismo modo que al contenido sonoro (o informativo) que este contenga en su extensión física (un conjunto de unidades a lo largo del parámetro de la música o la información). En términos de Langacker, la interconexión ocurre al momento que «the cognitive events that constitute them are coordinated as components of a higher-order event» (1987b: 61-62).7 Por ejemplo, mientras que

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El sentido del término designar dentro de la Gramática cognitiva no debe confundirse con la designación en las teorías de la referencia. Se usa este término como sinónimo de perfilar o dar relevancia cognitiva a una construcción o parte en contraste con su base o fondo.

«la manera más simple de pensar en una región es imaginar una agrupación de puntos en una “extensión continua a lo largo de algún parámetro”, un espacio de continuidad fenomenal».
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5

Al decir unidades físicas nos estamos refiriendo a las partes perceptibles de cualquier entidad. No hay aquí nada que exceda las creencias de una “teoría popular” (folk theory) sobre la física. Así, un objeto concreto puede tener partes perfectamente visibles y distinguibles (el borde del disco, un agujero en el centro si es un vinilo, o disco compacto, etc.). Sobre la importancia de las “teorías populares” en la formación y organización de categorías, cf. Lakoff 1987: cap. 8 y Palmer 2000 [1996]: 118-120. «los eventos cognitivos que los constituyen están coordinados como componentes de un evento de mayor orden».

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estrella designa a una entidad luminosa en el cielo nocturno, la noción de constelación asume la interconexión de estrellas, no por una motivación objetiva, sino porque el observador lleva a cabo un evento cognitivo por el que las estrellas conforman una entidad distinta: la imagen de varios puntos unidos en el diseño de un esquema cerrado. En alfabeto ocurre algo semejante, las letras se encuentran interconectadas mediante el conocimiento que tenemos de que una letra es seguida (o se sigue) de otra.

El segundo criterio que define una región, la densidad, se da gracias al nivel de cercanía entre los elementos que se conciben como parte de una misma región determinada en cualquier dominio. Esto se entiende como la cohesión que se percibe entre las partes de una región.8 Mientras más densidad tenga la región, el sustantivo que designe estará más cerca al prototipo. Por ejemplo, Langacker compara isla y archipiélago con el fin de hacer notar que el dominio que le corresponde al primero —un espacio geográfico rodeado de agua— es mucho más denso que el correspondiente al segundo, que designa (en el sentido de perfila) una región discontinua: un conjunto de islas que, no obstante, se conciben como una unidad gracias a la propiedad de interconexión. Así, el dominio primario en el segundo es una comunidad según criterios geográficos o geopolíticos. A pesar de que ambos términos tengan como base regiones de tierra rodeadas por agua, el primero es el que resulta siendo no marcado (es decir, el prototipo).9 En

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Si bien los objetos del mundo físico son las instancias prototípicas del esquema [COSA], nociones como densidad e interconexión pueden darse entre entidades muy lejanas a las concretas. Por ejemplo, en el concepto de [ABECEDARIO] las letras que lo componen poseen densidad en cuanto a región, puesto que suponen un ordenamiento bastante cerrado en el que es fácil establecer el inicio (la a) y el final (la z). En un sentido más complejo, pero para nada artificial, puede decirse lo mismo (y así se discutirá más adelante) de las regiones que esquematizan conceptos como [AMOR], [LIBERTAD], [FE], etc.

Entiéndase que la comparación entre isla y archipiélago sirve para señalar cuál de los miembros de la clase “cuerpos de tierra rodeados por agua (en el ámbito geográfico)” resulta más central o prototípico. Nadie diría que archipiélago es el ejemplo más característico, del mismo modo que continente cuerpo de tierra también rodeado de agua, tal y como se nota en cualquier mapa ni siquiera cuenta como miembro de esa clase.

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resumen, podemos considerar que una región es un conjunto de entidades interconectadas con un nivel mayor o menor de densidad.

No es posible entender por completo la definición nocional de un sustantivo si no consideramos que las regiones que estos determinan en un dominio cognitivo suelen estar delimitadas. Así, pues, la propiedad de la delimitación es central para la comprensión de un sustantivo, a tal punto que la clase más extensa de estos, los sustantivos contables, se define a partir de este rasgo:

Un sustantivo contable perfila una región que está delimitada dentro del alcance de predicación en su dominio primario.

En contraste, es posible presentar la definición de la otra clase mayor de sustantivos: los no contables:

Un sustantivo no contable perfila una región que no está específicamente delimitada dentro del alcance de predicación en su dominio primario.

La delimitabilidad consiste en la forma en la que una región es construida espacialmente; es decir, qué tan claros son los lindes dentro de los cuales concebimos a una asociación de entidades.10 En el caso de los objetos concretos, la delimitación parece imponerse naturalmente, ya que estos suelen estar delimitados dentro del espacio que ocupan. De este modo, así como las cosas concretas eran consideradas las instancias prototípicas de la categoría sustantivo, también lo son de la clase de los contables (p. ej., dame dos caramelos, alcánzame todos mis zapatos, etc.). No obstante, hay muchos otros sustantivos contables que se definen a partir de otros tipos de

Esto significa que la delimitación ocurre desde la perspectiva tomada en una escena, o lo que es decir, el alcance de predicación (cf. supra 1.5.2.2.).

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dominios. Por ejemplo, dice Langacker (1987: 58), momento, instante, minuto, etc. designan regiones delimitadas en el tiempo. Por otra parte, términos como calendario, semana, mes o año no están delimitados en el dominio estrictamente temporal, sino dentro de constructos abstractos concebidos como el ciclo del calendario.

En cuanto a los sustantivos no contables, estos son aquellos que designan una masa homogénea, una región cuya composición interna se concibe como uniforme. Al no presentar un límite preciso, dicha región se concibe típicamente no como un objeto, sino como una sustancia. Justamente por ser no contables, se caracterizan por no poder ser enumerados o precedidos por cuantificadores de tipo distributivo como cada. Compárese el uso del contable aceituna y del no contable mantequilla:

(1) a. Si le pones dos aceitunas más al pan puede ser demasiado. b. ?? Si le pones dos mantequillas al pan puede ser demasiado.

Los sustantivos no contables designan masas o sustancias que, como parece ser evidente, no están delimitadas dentro de un dominio espacial (aunque sí estén instanciadas en el espacio: la mantequilla es un objeto que ocupa un lugar en el espacio, por ejemplo, en una vasija). Sin embargo, una sustancia necesita de una forma de delimitación que permita diferenciarla de las otras. En ese sentido, cabe decir que una sustancia física o masa ocupa una región específica dentro de un espacio de cualidad. Por ende, aun cuando, por ejemplo, una sustancia como agua se manifieste en dominios físicos distintos y no necesariamente conectados (por ejemplo, en un vaso de agua, en un lago, en una gota de lluvia o en una lágrima), podemos notar que sus manifestaciones, por más discontinuas que sean están ligadas como partes de una misma región abstracta o espacio de cualidad (Langacker 1991: 17-18).

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2.1.1.

Los rasgos de la delimitabilidad

Para Langacker, la delimitabilidad también posee sus propias características (cf. Frawley 1992: 81-83). En primer lugar las entidades solo pueden estar delimitadas dentro de su dominio primario o el universo de discurso que es neutral al momento del habla (Frawley 1992: 81).11 El concepto “arroz”, como veremos más adelante, está delimitado cuando se habla específicamente de un grano de arroz. Uno puede decirle a su vecino en la mesa: oye, tienes un arroz en la solapa; pero cuando se habla del arroz en tanto componente de una comida ya preparada (es decir, el arroz ya cocido), se impone el empleo no contable:

(2) a. Me han servido muy poco arroz. b. ?? Me han servido muy pocos arroces.

Además, la delimitación puede ser tanto virtual como concreta. Por virtual entendemos la delimitación que tiene un término como pensamiento, el cual no es considerado como parte del mundo exterior y por lo tanto no está delimitado en ese ámbito, no obstante puede contarse (p. ej.: “una acción desinteresada puede ser más valiosa que mil pensamientos nobles”). Esto contrasta abiertamente con la delimitación que asumimos para silla, concepto que consideramos correspondiente a un objeto del mundo exterior, y que por tanto debe delimitarse de modo concreto. Cualquier tipo de delimitación virtual resulta ser un añadido a lo que suponemos previamente como la naturaleza intrínseca de una entidad. Así, pues, la noción de variedad (como una subclase) —respecto del espacio de cualidad en el que se manifiestan las diferentes sustancias concretas— es la que se suele derivar de la delimitación virtual que se impone sobre los sustantivos no contables. El sustantivo leche, en tanto sustancia, es considerado no contable. Compárese las siguientes oraciones:

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Por “neutral” se alude a la comprensión no marcada, esto en el sentido de que el dominio primario se deriva directamente de la situación en la cual nos encontramos hablando. He aquí una muestra del porqué de la imprecisión en los límites entre la semántica y la pragmática para la gramática cognitiva.

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(3) a. ?? En el desayuno mi hermano y yo nos tomamos algunas leches.12 b. Para hacer su arroz con leche, mi mamá necesita usar cuatro leches: evaporada, fresca, condensada y en polvo.

A diferencia de (3a), (3b) resulta aceptable sin necesidad de apelar a un proceso metonímico, pues las cuatro leches aluden a clases o tipos. Es decir, se añade la delimitación sobre una sustancia no delimitada; pero como esta no se fundamenta en lo que se concibe como la realidad del concepto leche (un no contable prototípico, como veremos posteriormente), entonces solo puede ser virtual.13

En tercer lugar tenemos que la delimitación (o su ausencia) es una propiedad inherente en las entidades, es parte de su conceptualización. En términos de Langacker: «[...] the bounding that defines a count noun cannot be merely the default-case limitation resulting from a limited scope of predication» (1987b: 59).14 Para comprobar esto, da un ejemplo muy efectivo (1987b: 60): supongamos que tenemos delante de nosotros, a unos cinco metros, un muro blanco con una mancha roja perfectamente distinguible. En este contexto es perfectamente posible decir: Veo una mancha roja en la pared. El alcance de predicación el campo visual incluye la delimitación de la mancha roja en contraste con la pared blanca. Si la delimitabilidad como característica semántica se desprendiera del alcance de predicación local coincidente con el campo visual que el
Es perfectamente aceptable si se asume que leche sustituye metonímicamente a la taza de leche o al vaso que la contiene, y estos últimos son considerados unidades de medida (de donde la interpretación sería igual a algunas tazas de leche). Compárese con Nos tomamos algunas cervezas, pero no muchas. Desafortunadamente, el uso del término variedad se asemeja a la acepción, mucho más abstracta, de los términos tipo y clase que usaré en este mismo capítulo. Téngase en mente, para evitar confusiones, que la variedad es una forma de tipo o clase al interior de una categoría ya dada. Es decir, para la categoría “leche”, hay varias clases de leche (evaporada, en polvo, fresca, de soya, etc.). No es una clasificación a un nivel superior, como lo que me permite distinguir entre “leche” y “agua”, por ejemplo, que es lo que se analizará más adelante al hablar de la relación entre la definición nocional del sustantivo y la categorización de clases concretas y abstractas. «[...] la delimitación que define a un sustantivo contable no puede ser solamente la limitación por defecto que resulta de un limitado alcance de predicación».
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verbo ver impone sobre el sustantivo en posición de objeto directo en Veo un(a) FN, entonces la siguiente situación debería también perfilar un contable.15 Si me acerco a la pared al punto de “darme de narices con ella” y estoy exactamente frente a la zona de la mancha roja, entonces será imposible decir: Veo una mancha roja en la pared. Más bien, uno dice: Solo veo (puro) rojo. La sensación de color rojo sí se ve limitada por el campo de mi visión; en efecto, el campo visual siempre establece un área mínima de visión, salvo cuando un objeto cae en el conocido “punto ciego”. No obstante, estar delimitado por algo, no es lo mismo que estarlo dentro de algo, lo cual es básico en la definición de los contables.

Por último, tenemos que la delimitación es difusa. Langacker lo enuncia de la siguiente manera: «[...] the bounding implied by a count noun need not be precise or sharply defined» (1987: 60).16 Esto es perfectamente esperable a partir de lo observado sobre las definiciones dentro de la semántica: las categorías son en general difusas y en gran medida pueden pasarse por alto. Por ejemplo, semana es una palabra cuyo concepto está claramente delimitado en el mundo occidental por siete días; pero temporada no posee especificación alguna sobre el punto hasta el que se puede extender, no obstante tiene un límite (que varía convencionalmente, claro está):

(4) a. Hace cuatro temporadas que no se había puesto la Sinfonía Fantástica de Berlioz. b. Hace cuatro temporadas el equipo es dirigido por el mismo entrenador.

Lo que puede apreciarse es que en (4a) y en (4b) temporadas no se refieren al mismo tipo de eventos: en el primer caso se refiere a la temporada de conciertos de música clásica; en el otro a la duración de un torneo deportivo. Más revelador sobre el grado de autonomía que tiene la
En adelante por contable y no contable haré alusión a los sustantivos contables y no contables respectivamente.
16 15

«[...] la delimitación que implica un sustantivo contable no necesita ser definida precisa o rigurosamente»

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construcción del significado sobre las especificaciones cerradas es la posibilidad que tenemos de dejar de lado el rasgo de delimitabilidad al concebirlo de la manera más difusa posible. Por ejemplo, si un camión repleto de botellas de gaseosa se voltea en medio de la avenida uno puede decir cualquiera de las siguientes oraciones:

(5) a. El camión repartidor se volteó y quedaron regadas puras botellas en la calle. b. El camión repartidor se volteó y quedó regada pura botella en la calle.

Hay que notar que (5a) evoca con más precisión que muchas de las botellas no se han roto, mientras que en (5b) es más probable la suposición de que estén rotas. “Botella” es una noción claramente delimitada, es un objeto concreto, de ahí que origine un contable prototípico; pero ni bien se pierde la delimitación esta se vuelve una sustancia homogénea, por tanto puede enunciarse como un no contable.17

2.1.2.

Contables frente a no contables: la estructura interna del esquema sustantivo

Tanto los contables como los no contables se han definido a partir de la presencia o ausencia del rasgo de delimitabilidad. No obstante, todavía es posible notar que entre estas clases de sustantivos hay marcadas diferencias con respecto a lo que se puede asumir como la estructura interna de las regiones. De este modo, junto al rasgo de la delimitabilidad, Langacker propone estos tres: heterogeneidad/homogeneidad, expansibilidad/contractibilidad y replicabilidad. Él afirma lo siguiente: «These factors are interdependent, and can, in fact, be regarded as

Es posible decir que al perderse la delimitación de botella en tanto objeto lo que queda es vidrio (“quedó puro vidrio regado”). En realidad el uso de botella como no contable obedece a que podemos construir un concepto como no delimitado y sigue siendo el mismo concepto: no es obligatorio que el no contable que se deriva de este proceso sea la sustancia que objetivamente hace una botella. Por otra parte, si decimos que en una fiesta había puro viejo o puro chiquillo no hay que suponer que esas personas se vuelvan una sustancia, sino que se consideran elementos iguales entre sí e indistinguibles que conforman una región cognitiva específica (los viejos o los chiquillos de la fiesta).

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manifestations of the same fundamental contrast» (1987: 64).18 El “contraste fundamental” al que se alude es el de la delimitabilidad o no delimitabilidad. A mi juicio, estos tres rasgos que Langacker menciona no dependen solo de la constitución interna de las entidades, sino que están subordinados a la presencia o ausencia de la delimitabilidad. Creo que estos rasgos tienen una función secundaria o más especializada, la cual mostraré más adelante, luego de proponer la reducción de estos tres rasgos a solo dos, diferentes de los que aquí se presentan, pero capaces de subsumirlos.

El rasgo interno de heterogeneidad típico de los contables es aquel por el cual se considera a una entidad delimitada como formada de distintas partes. Por su lado, los no contables se conciben con una estructura interna que no consta de partes; estas son irrelevantes o insignificantes como para poder distinguirlas: su composición es homogénea. Así, “cuaderno” es una noción donde las partes que la componen están claramente diferenciadas (la cubierta, las páginas, los renglones, etc.); mientras que “agua” no posee ninguna parte que se distinga de otra, es una sustancia homogénea: una gota de agua sigue siendo igualmente “agua”; en cambio un pedazo del cuaderno, como una de sus páginas, no es un “cuaderno”. Un caso interesante es el concepto relacionado al término arena: esta posee granos muy pequeños pero perceptibles, de modo que debería considerarse como compuesta de partes, pero estas son absolutamente irrelevantes en la conceptualización:

(6) a. ?? Luego de un paciente conteo, hay 248 arenas en la cama. b. Hay un poquito de arena en la cama. c. ?? Lo que más me disgusta de la playa es que haya muchas arenas. d. Lo que más me disgusta de la playa es que haya mucha arena.

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«Estos son interdependientes y pueden, de hecho, considerarse manifestaciones del mismo contraste fundamental»

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Como puede verse, arena cumple perfectamente con las características de los no contables: no puede enumerarse ni aparecer con marca de plural, a pesar de que podamos notar que es una sustancia compuesta por diminutos granitos.19 Es necesario decir que el rasgo de heterogeneidad no implica que las partes sean diferentes entre sí, más importante es que las partes sean separables con el mayor grado de precisión. Necesariamente, si las partes se ven distintas, como en “bicicleta”, la heterogeneidad es máxima; pero en el caso de “arena”, donde cada parte se ve igual y son muy pequeñas, la heterogeneidad es mínima (y la homogeneidad aumenta inversamente). De este modo, un objeto tiene partes distinguibles entre sí a partir de su visualización o de la interacción que se tenga con el objeto.

La expansibilidad/contractibilidad se sigue de la diferencia entre homogéneo y heterogéneo. Cuando la noción que está en juego es una homogénea (y comúnmente no delimitada) como barro, la única manera en la que esta aumenta es expandiendo su cantidad, exactamente como una masa. Un poco de barro más otro poco de barro no da dos barros, solo da más barro.

La replicabilidad se sigue de lo anteriormente presentado: la única manera en la que aumenta algo que se concibe como heterogéneo (y generalmente delimitado) es replicando los ejemplares. Cuando uno junta un gran número de automóviles lo que típicamente se tiene son varios automóviles y no ??mucho automóvil (sin embargo, la pérdida de delimitación elimina también la replicabilidad. Cf. supra n. 17). Las unidades delimitadas aumentan en unidades discretas porque ese rasgo sirve para demarcar a una instancia de otra. Es interesante ver que no es lo mismo hablar de más caramelo y de más caramelos. En el primer caso el caramelo es una sustancia no

Sin embargo, siempre es posible establecer una lectura de arena dentro de la delimitación virtual de clase o tipo. Así tenemos que “esta arena es la que más me gusta de las 248 en las que me he asoleado a lo largo del mundo” es perfecta con arena como contable (pero delimitada gracias a la noción de variedad).

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delimitada, en el otro es un dulce (que viene en su respectiva envoltura y que tiene una forma compacta). De este modo tenemos en (7) lo siguiente: (7) a. ¡Rápido!, ¡Ponle más caramelo a la crema volteada para que no se pegue al molde! b. ?? ¡Rápido!, ¡Ponle más caramelos a la crema volteada para que no se pegue al molde!

La única lectura que se permite en (7b) es algo absurda: hay que poner caramelos (los contables) para que no se queme el postre. En (7a) es claro que hablamos del líquido dulce que se hace calentando el azúcar con un poco de agua. Una vez más, la experiencia que tenemos del objeto caramelo como contable es la que se manifiesta en su concepto. Es contable por mostrarse en piezas separadas y con envolturas que distinguen cada elemento. Lo mismo ocurre con chocolate y chocolates, uno sustancia y el otro una pieza separada (como un bombón, por ejemplo. Cf. Wierzbicka 1985: 317-319).

Estas características de estructura interna determinarían lo que puede considerarse como la caracterización de los prototipos de contables y no contables. Paso a presentarlos:

El prototipo contable, es decir, aquel sustantivo que está delimitado dentro de una región en un espacio conceptual, queda bien representado por bicicleta. Se entiende por bicicleta un objeto compuesto por partes diferentes entre sí; cuando aumenta en número lo hace de manera discreta. Puede combinarse perfectamente con numerales (En mi casa hay seis bicicletas), y el cuantificador distributivo (Cada bicicleta fue reparada en el taller). Del mismo modo, acepta la marca de plural (Necesito más bicicletas para ejercitarme).

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El prototipo no contable, un sustantivo que no está específicamente delimitado dentro de un espacio cognitivo, puede representarse perfectamente por mantequilla. Entre los fenómenos gramaticales relacionados con la no contabilidad se encuentra el no poder tomar el artículo indefinido (“?? Una mantequilla es lo que quiero”); tampoco puede tomar numerales (“?? Si les pones dos mantequillas a tus tallarines quedarán mejor”) ni cuantificadores distributivos o partitivos (“?? Me demoré en recoger cada mantequilla que había manchado el mantel”).

2.1.3.

Los casos no centrales y el cuestionamiento de los rasgos de estructura interna

Si bien parece ser que los contables solo pueden llevar marca de singular o plural (según el número de entidades que se estén contando), y que los no contables solo aparecen en singular, aún pueden verse otros sustantivos que presentan variaciones en cuanto a la posibilidad de ser contables o no y cómo presentan la marca de número (una caracterización detallada de este tipo de sustantivos se encuentra en Wierzbicka 1985). Veamos, pues, cuáles son los casos que se consideran problemáticos para, de inmediato, a partir de la observación conjunta de ellos, proponer que la constitución interna de un sustantivo no se da por su homogeneidad, expansibilidad o replicabilidad, sino por la posibilidad de distinguir partes diferenciadas y establecer la igualdad o no de las partes que lo componen.

El primer caso no prototípico es el que proponen sustantivos como el inglés oats (avena). Es un nombre no contable que solo puede darse con forma plural (los que se conocen desde las gramáticas latinas como pluralia tantum). En español tenemos los siguientes no contables que cumplen con aparecer solo en plural: hojuelas, ravioles,20 heces, Andes, Apeninos, inmediaciones,

Si bien es cierto que la palabra hojuela y ravioles pueden usarse en singular (aunque en esta última eso no resulte tan claro), el sentido que aquí se propone es el de palabras que designan sustancias. Cuado se usan para señalar una cantidad indeterminada (y que no vale la pena determinar mediante enumeración) se privilegia su uso en plural, a pesar de que podrían ser análogas a otras sustancias como arena o arroz. De

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alrededores, vacaciones, condolencias, instrucciones y modales. Pruébese con modales el hecho de que no puede contarse: “?? Tu hermano tiene cuatro buenos modales a la hora de comer”. Pese a la evidente diferencia que hay entre objetos como ravioles y vacaciones, propondré que la estructuración de ambos conceptos y su manifestación lingüística en plural responden al mismo proceso.

Otro caso que debe explicarse es el de los no contables que pese a darse únicamente en singular no cumplen con las características de sus prototipos. Este es el caso de mobiliario, vajilla, gente, educación (y su equivalente instrucción).21 Estos sustantivos no pueden pluralizarse pese a que internamente son heterogéneos así como claramente separables. Nótese que en este caso el único de los rasgos de estructura interna al que hemos aludido es el de heterogeneidad, los otros sencillamente no pueden aplicarse porque se asume que, al no ser regiones delimitadas, no pueden expandirse en unidades discretas. La expansibilidad, por el contrario si es posible: si al mobiliario de mi sala le añado más y más sillas no tengo más mobiliarios, sino un mobiliario más grande, es decir más mobiliario.

En tercer lugar, existen contables que solo ocurren con forma plural. Tal es el caso de anteojos, gafas, esposas, y tirantes. No es lo más usual hablar de “?? un anteojo” o de “?? una esposa para sujetar al sentenciado”.

este modo, una caja de “hojuelas de maíz” o una bolsa de “habitas” no dicen hojuela de maíz o habita. En contraste, una bolsa de arena o de azúcar usan términos singulares: arena y azúcar. Por otro lado, es curioso que para el maní, las bolsas están rotuladas como maní. Al parecer es la forma plana de las hojuelas y las habas frente a la esférica del maní (que es análoga a la del azúcar y la arena) la que lleva a preferir el uso singular para este, como sustancia comestible, aun cuando se pueda contar (¿Cuántos maníes hay en esta bolsita?). Nótese que instrucciones es una forma plural no contable análoga a modales, que se analizará más adelante.
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El último caso es el de las sustancias con una unidad mínima. Esto significa que hay sustantivos no contables que designan cosas que pueden verse de maneras alternas: en un caso, aparecen como compuestas de pequeñas partes diferenciadas; en otro, se consideran como masas donde las partes son insignificantes y, por ende, no se distinguen.22 Sustantivos que cumplen con esta suerte de doble naturaleza son los siguientes: arroz, pelo, cabello, paja y grano.23 Muestra de esta doble conducta son las siguientes frases: Mi novia tiene cabello castaño/ cabellos castaños; Tienes el pelo muy lindo/Lo agarraron de los pelos. Sin embargo, sería un error considerar que todos estos sustantivos actúan de la misma manera.

Sustantivos como pelo, cabello, paja y grano pueden contarse en cuanto unidades y en número pequeños; p. ej., un pelo, dos cabellos grises, solo quedan tres granos en tu plato. Por otra parte, arroz, si se contabiliza, se prefiere hacerlo en cuanto unidad, y no se usa con otras formas plurales; p. ej. Hay un arroz en el mantel. Del mismo modo, si se usan diminutivos como arenita, tierrita, pelito o hierbita —es decir diminutivos de no contables compuestos por partes minúsculas, normalmente irrelevantes— se apreciará el mismo fenómeno. Por ejemplo: Me ha entrado una tierrita / ??? dos tierritas en el ojo, Se me ha metido una arenita / ??? dos arenitas a los ojos, ¡Me salvé por un pelito/ ???dos pelitos!

A mí parecer, los tipos de sustantivos presentados anteriormente no deberían existir si es que solo se necesitasen los tres rasgos de constitución interna (heterogeneidad, replicabilidad y expansibilidad) para definir a un sustantivo. Debe tomarse en cuenta que la replicabilidad no se
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La diferencia más importante entre estos sustantivos y los anteriormente presentados (p. ej. hojuelas o heces) radica en que los primeros, al aumentar su cantidad, se hacen masas singulares; mientras que los segundos actúan como masas plurales.

Debe recordarse que existen otros sustantivos estrictamente no contables que se perciben como sustancias compuestas por pequeñas entidades discretas. Por ejemplo, arena, pasto, hierba, grava, tierra, etc. Estas formas bien pueden considerarse como más cercanas al prototipo no contable mantequilla. Una explicación a preferir su uso puramente no contable es que son objetos que se presentan en contextos expansivos, como partes del terreno (Wierzbicka 1985: 330).

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aplica si es que se carece del rasgo de delimitabilidad; y la expansibilidad, tampoco, si aquel rasgo está presente. En conclusión, esto es algo que no tiene ninguna utilidad para entender los casos no centrales, ya que dichos rasgos internos no son más que corolarios del rasgo básico de delimitabilidad. Por el contrario, soy de la idea de que el rasgo de heterogeneidad resulta mucho más adecuado para explicar los casos no prototípicos mencionados:

1. Para sustantivos como hojuelas, ravioles, etc. (es decir, los equivalentes a oats), la heterogeneidad, entendida como clara diferenciación de las partes, se manifiesta visualmente en la superposición de partes distintas, con separaciones claras, pero siempre presentes como un mismo conjunto. Eso se aprecia en un plato de ravioles. Cada parte es suficientemente grande para ser vista como diferente a la otra, pese a que son virtualmente idénticas. Lo mismo puede decirse de las heces, los intestinos, los sesos y las hemorroides. Como objetos son masas con partes claramente visibles (circunvoluciones, por ejemplo), pero que no se separan nítidamente para ser contadas de algún modo (i.e. en la práctica, carecen de delimitabilidad).24 Por su parte, la no contabilidad en sustantivos como modales, alrededores y vacaciones obedece a que no están claramente delimitados: no puede saberse cuántos hábitos, lugares o actividades de descanso o diversión conforman de modo preciso unos modales, unos alrededores o unas vacaciones, respectivamente. Vistos de modo muy general, los elementos que conforman aquello que concebimos como modales deben ser heterogéneos (no sorber la sopa, ceder

24

Y en un sentido claramente afín, términos como Andes o Apeninos, a gran escala, o escaleras y gradas también designan objetos con clara heterogeneidad entre sus partes, pero escasa diferenciación y separación entre ellos. Por ejemplo, la idea de escaleras en plural alude mejor a una parte de un edificio; mientras que escalera contable se usa mejor cuando nos referimos a una escalera de tijera o de pared. En este caso, la idea de Wierzbicka (1985) de que somos sensibles a concebir de modo diferente objetos que están fijos en un mismo lugar, tendiendo a ver más claramente su composición múltiple, a la vez que su irrelevante contabilidad, se cumple. Esto se ve en una oración como Sube por las escaleras y alcánzame mi chompa. Solo hay una escalera en las casas y cuando hay más de una suelen ser de distinto tipo. Por eso, las escaleras fijas se ven como una sustancia compuesta por partes claramente distinguibles, pero inseparables (los escalones), con lo cual o hay una delimitación clara.

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el asiento a los mayores, no fumar mientras se baila, etc.). Así, la naturaleza de estos términos es inclusiva, pero difusa.

2. En el caso de mobiliario se vio que los miembros de este grupo de no contables no tenía partes homogéneas, tal y como sí ocurría con mantequilla, y que en este respecto se parecen más a bicicleta. Así, pese a haber una patente heterogeneidad en sus partes, todavía se considera no contable.

3. Para mobiliario y educación ya hemos adelantado la respuesta: son claramente objetos heterogéneos; pero no están delimitados. La educación de un individuo consta de numerosos conocimientos de muy distinto tipo; pero solo puede tener más o menos educación, no una o dos educaciones.

4. En cuanto a anteojos y esposas tenemos que, por el mero hecho de poder contarse, deben ser delimitados. Ahora bien, la forma en la que se componen sus partes internamente es heterogénea: uno puede distinguir partes en unos anteojos (las lentes, el marco, las patas con las que los colocamos en las orejas, etc.). Esto trae un grave inconveniente: si es delimitado y heterogéneo, entonces debería coincidir completamente con bicicleta y tener forma singular.

5. El caso de arroz, en tanto forma solo contable como unidad, es más complicado de establecer que todos los anteriores. Es un concepto que solo puede enumerarse una vez; es decir, solo es lícito decir algo como: “¡Ay de ti como me dejes un solo arroz en el plato: te lo comes todo!”. El concepto de “arroz” que se enumera solo puede ser el de un grano de arroz. Podemos considerar que es un concepto delimitado (puede anteponérsele el numeral uno), y por ello una sola unidad es diferenciable de todas las

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demás; pero su heterogeneidad es pobre (no tienen partes que se distingan claramente entre sí). Si comparamos un arroz con un guijarro, se tiene que la palabra guijarro resulta un perfecto contable (un guijarro, dos guijarros, etc.), pese a que tampoco posee una estructura interna claramente heterogénea. Sin embargo, la delimitación de cada guijarro se mantiene de modo más claro que para cada arroz: cada guijarro, uno junto a otro se mantiene como una instancia delimitada e independiente. Esto no ocurre con arroz. Basta poner un puñado de arroz para hablar de un poquito de arroz y nunca de ??diecisiete arroces o ??algunos arroces.

De lo que he venido mostrando hasta ahora, pueden extraerse dos conclusiones muy sencillas. (i) La delimitación es un rasgo anterior a cualquier otro que se proponga: por sí mismo determina que un sustantivo sea contable o no contable. (ii) El rasgo de

heterogeneidad/homogeneidad, si bien explica en algo los casos no prototípicos, no resulta suficiente para determinar el porqué del comportamiento de anteojos y arroz.

Según Frawley (1992), Wierzbicka propone que los casos no prototípicos pueden explicarse mediante lo que ella llama situación de incremento:

She shows (though not in these specific terms) that once the locale of incrementation is understood as the controlling property of singularity and plurality, not internal homogeneity per se or continuousness, then, the aforementioned irregularities disappear. (1992: 87)25

Por situación de incremento entiendo las características de las que depende cómo se incrementa un término y la propiedad de singularidad o pluralidad que posee. Quedan de lado cuestiones como la heterogeneidad/homogeneidad y la continuidad (que debe referirse a la ya descartada
25

«Ella muestra (aunque no en estos términos) que una vez que se ha entendido a la situación de incremento como la propiedad que controla la singularidad y pluralidad, y no a la homogeneidad interna per se o a la continuidad, entonces las irregularidades mencionadas anteriormente desaparecen»

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distinción entre replicable y expansible). Atendamos a la manera en la que se explica el caso de ravioles y modales (los equivalentes a oats en inglés).

La situación de incremento para este caso está determinada por la presencia de constituyentes distintos que no son relevantes para una distinción clara entre unidades. En el caso de ravioles y hojuelas tenemos sustancias que siempre se presentan como conjunto (por experiencia, en un plato), pero cada uno de sus elementos, por separado, no son relevantes para la percepción. Si uno ve un plato de ravioles o de hojuelas, puede notarse que las hojuelas son diferenciables unas de otras; pero todas se ven exactamente iguales, tienen la misma forma, el mismo tipo. Por eso la delimitación no se mantiene. En tanto que modales, vacaciones y alrededores son términos más bien abstractos, no es tan fácil notar esta idea. No obstante, aún puede verse que todos los componentes de estos conceptos pertenecen a lo que podemos llamar un mismo tipo de entidades: todo lo que hacemos en tanto que son modales responde a la misma idea de buenas costumbres y urbanidad. Es decir, en modales lo que se concibe es un conjunto de constituyentes individuales muy semejantes, pero todavía considerados lo suficientemente diferentes para distinguirse unos de otros. Al carecer un solo elemento de delimitación clara frente a otro por la concepción conjunta que prima sobre los diferentes componentes, la no contabilidad aparece.

Si utilizamos la palabra vacaciones, estamos designando un conjunto de acciones intrínsecamente diferentes; sin embargo, por más diferentes actos que sean, redundan en el descanso y la diversión (o en tres palabras: en no trabajar). Asimismo, por más que los alrededores se vean como lugares diferentes, todos ellos están circundando por igual una zona. De este modo, si la no contabilidad estaba en la no delimitación, la pluralidad se fundamenta en la individualidad de los constituyentes: «[...] plurality follows from their plurality-in-principle, because of the

92

unitization of their constituents, but mass follows from the basic irrelevance of actually counting the pieces» (Frawley 1992: 87).26

Lo más importante del modo en el que se ha enfocado el problema de modales es que Wierzbicka tal como lo muestra Frawley introduce la distinción entre los constituyentes que pueden distinguirse entre sí y aquellos que son del mismo tipo. Esto significaría que la heterogeneidad/homogeneidad no es una característica cerrada, sino que se relaciona intrínsecamente con la delimitación en tanto que ambas conforman la estructura interna de un sustantivo. De este modo, poder concebir las partes de un objeto cualquiera como diferentes requiere de una doble dimensión: una interna (cómo son las cosas individualmente) y una externa (cómo se relacionan con otras entidades iguales). Mientras más heterogénea es una cosa internamente, es más fácil distinguirla de las demás (es decir, delimitarla); y mientras más homogénea sea internamente, pues es más probable que no se pueda delimitar al estar en contacto con otras entidades iguales. Sin embargo, debemos añadir a esto que la interacción entre objetos viene determinada en gran medida por la forma de usarse. Los ravioles se usan de modo “masivo” varios a la vez, lo cual es aun más notorio para el arroz. Pero los ravioles, por separado, tienen más partes diferenciables que un simple grano de arroz.

Sin embargo, creo que tanto Frawley como el mismo Langacker no enfatizan mucho esta distinción al analizar los casos no prototípicos ni indagan por sus implicancias. Esto puede verse desde el momento en que plantea que la pluralidad depende exclusivamente de la primera de estas distinciones, es decir, de la heterogeneidad entre las partes. Veamos ahora la explicación que se da para el caso de mobiliario y educación, los no contables que tienen una estructura heterogénea.

26

«La pluralidad se sigue de su contabilidad-en-principio, debido a la singularidad de sus constituyentes, pero la no contabilidad se sigue de la irrelevancia básica que hay en contar efectivamente las piezas».

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Frawley señala que mobiliario es considerado como una entidad cuyas partes son marcadamente diferentes unas de otras: podemos distinguir entre las sillas, los sofás, las mesas, etc. Sin embargo, algo que no menciona Frawley es que los elementos también son funcionalmente diferentes. No usamos las sillas, mesas y cómodas para lo mismo, si bien las podamos incluir dentro del mismo grupo. Además, él indica que lo que Wierzbicka llama contabilización (i.e. el marcado numérico plural) se da mediante la enumeración de los constituyentes internos (es decir, que puedan diferenciarse entre sí) solo si estos son del mismo tipo. De este modo, la pluralidad no se debe solamente a la diferenciabilidad o heterogeneidad entre las partes (tal y como se dijo en la explicación de modales), sino también a que estas sean del mismo tipo. Así, mobiliario y educación no poseen unidades que sean del mismo tipo, es decir, no hay identidad entre las partes.27 En efecto: dentro del mobiliario, una silla es un tipo de mueble distinto a una mesa o a un sofá; por su parte, en la educación, los conocimientos sobre matemáticas se consideran de muy distinto tipo de los que tenemos sobre geografía. Por lo tanto, estos sustantivos solo pueden presentarse en singular.

En conclusión, luego de haber examinado las propuestas de Langacker, Frawley y Wierzbicka, puedo afirmar que lo que explica los casos no prototípicos no es el mero criterio de heterogeneidad, sino la posibilidad de incluir los rasgos de diferenciabilidad e identidad entre las partes junto al de delimitabilidad como los que componen el esquema abstracto sustantivo. De este modo, las explicaciones de las clases faltantes se hacen bastante más evidentes. Para el caso de anteojos lo que tenemos es un objeto que se concibe en principio delimitado, pero cuyas partes son consideradas diferenciables unas de otras; pero, al mismo tiempo, son vistas como del mismo tipo. En el caso de estos sustantivos resulta claro que pese a que poseen partes, estas se agrupan de modo tal que la impresión que nos queda es la de un objeto

27

Recuérdese que en el caso de modales se asumía que las unidades eran consideradas en última instancia como del mismo tipo, pese a ser efectivamente diferentes entre sí (cf. supra. p. 89)

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con dos partes simétricas e idénticas. Lo mismo puede decirse para esposas (dos brazaletes idénticos atados por una cadena). En vista de esto, la palabra anteojos debe estar en plural (tiene diferenciabilidad e identidad entre sus partes); y por ser delimitado puede contarse.

Acerca de arroz hemos visto que presentaba un problema distinto al de todos los demás casos: no podía decirse si fuera, en tanto un grano de arroz, un concepto que se caracterizase por algún tipo de homogeneidad o heterogeneidad. Ahora podemos presentar la siguiente caracterización para arroz: en tanto un único objeto, un grano puede concebirse como un todo compacto, es decir como perfilando una región con densidad máxima (cf. supra 2.1). Para que esto se vea así, es necesario que no posea ninguna diferenciabilidad en su interior y, a la vez, que no presente ninguna variación en la apariencia o las funciones que puedan cumplir los elementos que lo conforman. Esto quiere decir que no consideramos que las partes que pueda tener un grano de arroz sean de alguna manera relevantes.

Un arroz solo puede contarse en singular; y, si observamos entre los casos no prototípicos ya analizados, veremos que no es análogo a ninguno de estos. No obstante, eso no representa un problema cuando se piensa en la definición del prototipo no contable, mantequilla: es una sustancia que no está delimitada, no posee ningún tipo de diferenciabilidad entre sus partes (es imposible distinguir algún tipo de seccionamiento en la mantequilla, no parece tener ningún tipo de partes) y estas son en todo idénticas entre sí (un poco de mantequilla tiene el mismo sabor, color, olor y contextura que otro poco de mantequilla). Ahora descubrimos que el término arroz es, por la irrelevancia de sus partes, análogo a mantequilla, salvo por la delimitación en el primero y la ausencia de este rasgo en el segundo; en consecuencia, la singularidad que es inherente a los no contables también le pertenece.

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Por otra parte, uno puede percatarse de lo siguiente: si el criterio de densidad, tal y como se enunció en páginas anteriores, es el que permite distinguir a los contables prototípicos, entonces arroz (que posee una densidad extrema) también debería ser contable en todos sus aspectos. Pero esto no ocurre. Como posible explicación propongo que no es del todo cierto que a mayor densidad una entidad está más cerca del prototipo contable; por el contrario, demasiada densidad hace que en ciertos contextos de experiencia un objeto pueda perder su delimitación y se convierta en un no contable. Obsérvese que, en última instancia, aquello que se ha venido llamando delimitación a lo largo de este capítulo no solo se define por la interconexión y la densidad, como ya se ha planteado, sino que y apelando a una pizca de sentido común es fácil descubrir que también se define por la posibilidad de establecer suficientemente dónde termina una entidad y dónde comienza otra. Así, pues, decir que una entidad con densidad extrema es no prototípica pasa por establecer si es que a causa de esa densidad puede ocurrir que sea imposible establecer alguna delimitación que diferencie una entidad de otra del mismo tipo.

De esta manera, arroz se concibe típicamente como una entidad que posee un grado de delimitación tan precario, que apenas se encuentra en presencia de otro miembro de la misma categoría pierde su delimitación, con lo que se vuelve exactamente igual que un no contable prototípico: (8) a. Tienes un arroz en la barbilla, sácatelo. b. ?? Tienes muchos arroces en la barbilla, sácatelos. c. Tienes (mucho) arroz en la barbilla, sácatelo.

La oración (8a) muestra el caso de arroz como contable; (8b) y (8c) presentan cómo se ha pasado a concebir la misma entidad ahora sin ningún límite: el primer caso presenta la fuerte dificultad

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para pluralizar a un no contable; el segundo, la noción de arroz como una sustancia homogénea que puede cuantificarse mediante el indefinido mucho.28

2.1.4.

Conclusiones sobre la estructura de la distinción contable/no contable y su motivación conceptual

En la sección anterior del trabajo he planteado varias observaciones puntuales acerca de cómo debe estar constituida la estructura interna del sustantivo, de modo que se pueda dar cuenta de los casos no prototípicos y del extraño comportamiento que tiene la marca de número en dichos casos. Gracias a las observaciones de Wierzbicka (1985) y el análisis de Frawley (1992), en las que la pluralidad depende de qué tan diferenciables e idénticas sean las partes de una entidad, y a la definición básica que presenta Langacker (1987b) de los sustantivos (una región perfilada dentro de su dominio primario, que puede estar o no delimitada), ha sido posible desarrollar la siguiente lista que puede considerarse en sí misma una definición esquemática de la clase sustantivo:

a. Contable prototípico: bicicleta

+delimitabilidad +diferenciabilidad entre las partes - identidad entre las partes

b. No contable prototípico: mantequilla

- delimitabilidad - diferenciabilidad entre las partes +identidad entre las partes

c. No contable plural: modales

- delimitabilidad +diferenciabilidad entre las partes +identidad entre las partes

Compárese esto con ?? Hay un poco de bicicleta en el garaje, donde el contable no puede tomar un cuantificador indeterminado. En cambio, Hay pocas bicicletas alude siempre a un número plural.

28

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d. No contable singular: mobiliario

- delimitabilidad +diferenciabilidad entre las partes - identidad entre las partes

e. Contable plural: anteojos

+delimitabilidad +diferenciabilidad entre las partes +identidad entre las partes

f. Contable singular: arroz

+delimitabilidad - diferenciabilidad entre las partes +identidad entre las partes

En este cuadro llama la atención que los casos no prototípicos (de (c) a (f)) están obligados a usar un tipo de marcado numérico, más allá de que estos puedan o no enumerarse de modo efectivo. Este hecho es una evidencia de que un elemento como la marca de número puede explicarse a partir de una combinación de rasgos nocionales. Dado que sabemos qué estructura interna dar a las entidades que categorizamos mediante el esquema abstracto de sustantivo, parece ser que la singularidad y la pluralidad son reflejos gramaticales de ese tipo de conocimiento.

Con lo anterior no estoy afirmando que la marca de número tenga que darse obligatoriamente. Muchas lenguas del mundo carecen de dicha marca (en el quechua, sin ir muy lejos, el empleo del plural es muy relativo), lo que no quiere decir que en estas no se pueda dar cuenta de las distinciones conceptuales que aquí se han venido haciendo. Más bien, creo que emplear la marca de número como parte de las reglas de una gramática es parte de un mecanismo de selección arbitraria por el que se consideran a ciertos tipos de conocimientos como relevantes para la organización de los enunciados. En español y muchísimas otras lenguas más se ha elegido la marca de número como uno de los componentes de la estructura del discurso. Bien podría

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haberse elegido otro tipo de distinción;29 pero el hecho es que, fuera de la arbitrariedad en este tipo de elección, lo demás —es decir, la forma como empleamos y entendemos muchas distinciones lingüísticas— parece motivarse en lo que nocionalmente se asigna como el significado de un elemento lingüístico. Así, pues, la arbitrariedad no es del todo arbitraria, tal y como se postula en la lingüística formal a partir del principio saussureano de la “arbitrariedad del signo”.

Un análisis de los rasgos presentados como parte de la definición nocional del sustantivo y su distribución en la lista anterior me ha permitido llegar a las siguientes conclusiones, ausentes en las explicaciones de Langacker, Frawley y Wierzbicka:

a. El rasgo de delimitabilidad es el único que determina que algo pueda enumerarse o no. Por su parte, los rasgos de diferenciabilidad y de identidad entre las partes son los que mediante una combinatoria muy simple determinan la manera en la que ha de marcarse el sustantivo: si ambos signos son [+] se marca como plural, si son diferentes, se marcará singular.

b. Si bien pueden distinguirse estos rasgos gracias a la función que cumplen, ellos se encuentran fuertemente interrelacionados: la delimitabilidad es un rasgo definitorio, mientras que los otros dos son especificadores y, en cierto modo, derivados del anterior. Esto puede verse en que la enumeración (que es el mecanismo por defecto por el que se puede establecer que existe más de un ejemplar de una misma entidad) depende única y exclusivamente de la delimitabilidad. Por ejemplo, ¿cuál es la diferencia entre anteojos y modales? Sencillamente que el primero está delimitado y el segundo no, en consecuencia aquel puede enumerarse y el otro no. ¿Qué es lo que hace tan extraño a mobiliario? Pues que, si fuera solo por el parecido

29

Por ejemplo, la animación o no animación de las entidades, como en efecto se marca en el yagua (cf. Frawley 1992: 90).

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que tienen sus rasgos con los de bicicleta entonces debería poder contarse,30 tal y como ocurre en el contable anteojos, en el que también ha habido variación en un solo rasgo: este tiene [+] en identidad entre las partes, mientras que el prototipo no contable tiene [-]. No obstante, no es cuestión de que por parecerse más al prototipo, mobiliario se comportará más parecido a él: su falta de delimitación es la que determina que no pueda enumerarse de ningún modo, con lo que la combinación de los dos últimos rasgos se aplica obligatoriamente (pues son parte de la definición nocional de todo sustantivo), pero de manera vacía.

c. Puede pensarse que arroz (como grano) solo se enumerará hasta la unidad porque así lo establecen sus rasgos especificadores (que le señalan la marca singular). Esto queda de lado al considerarse que lo que hace que un arroz no pueda pasar a ser los arroces es que la delimitación es lo que se pierde al tener más de una instancia de la misma entidad. Una vez más es el rasgo básico el que tiene más relevancia que los especificadores.

d. El caso de arroz es idéntico al de mantequilla salvo por el rasgo de delimitabilidad. Una vez que este se pierde, la caracterización se hace idéntica, con lo que arroz (pasa a comportarse como un no contable (especialmente cuando nos referimos a la sustancia “a granel” o cuando ya está cocinada). Esto quiere decir que cada vez asumimos a una entidad en tanto sustancia hemos disuelto el rasgo de delimitabilidad (y ya dependerá de la especificación de su estructura interna el que sea más fácil o más difícilmente aceptada como un no contable).31

30

Nótese que únicamente los distingue el rasgo de delimitabilidad [+] en bicicleta y [-] en mobiliario. Compárense las siguientes oraciones: a. Se me volteó la olla y dejé los frejoles regados por el suelo (fácilmente podemos considerar a frejoles un guiso en el que las semillas son perceptibles o las semillas sin cocinar) b. Me echas poco frejol en el seco (donde el cuantificador indeterminado solo puede combinarse con un no contable, es decir el frejol como una sustancia no delimitada) c. El bulldozer vino y tiro las casas de la cuadra abajo: ¡solo había casa y más casa por todos lados! (la aceptación de casa como una sustancia depende de cuán dispuesto se está a aceptar el uso metafórico del término).

31

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e. Frente a lo anterior, el hecho de que mobiliario adquiera el rasgo de delimitabilidad no lo convierte en un sustantivo idéntico a bicicleta. Esto quiere decir que mientras perder el rasgo básico de delimitación puede hacer un perfecto no contable, adquirirlo tiene un costo marcado. En principio, es imposible enumerar mobiliario porque su delimitación no es fija (lo único fijo es que debe marcarse como singular). No obstante, puede obtener la especificación de su delimitación siempre y cuando pueda concebirse un espacio en el que mobiliario, vajilla o educación puedan expandirse solo hasta cierto límite. Por ejemplo, si concebimos el mobiliario de una habitación como parte integrante de un y solo un ambiente, diferente del de cualquier otro, podemos tener el siguiente enunciado:

(9)

El mobiliario de la sala estaba destrozado, igual que el mobiliario de mi dormitorio; así que hicimos arreglar los dos mobiliarios como si fueran uno.

El conjunto de muebles ahora está delimitado por el ambiente determinado donde cumplen sus funciones. No obstante, no se entiende por mobiliario en (9) lo mismo que por bicicletas en (10)

(10)

La bicicleta de mi vecina estaba destrozada, igual que la bicicleta de mi hermana; así que hicimos arreglar las dos bicicletas como si fueran una.

En (10) la noción de variedad no está presente; mientras que en (9) el mobiliario al que se alude conforma un juego de muebles. Así, “una buena educación y otra mala son dos educaciones muy distintas”, donde se sobreentiende que se habla de tipos de educación. El que se deba realizar obligatoriamente este tipo de interpretación y no una no marcada, como se da en bicicleta, se debe a que para delimitar aquello que no lo está hay que crear un espacio virtual que se superpone a la definición nocional básica. Creo que no es desencaminado afirmar que siempre es más costoso pasar de lo marcado a lo no marcado,

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que a lo inverso; es decir, es más difícil añadir un rasgo que antes no había, que perder uno que antes se tenía: el esfuerzo constructivo de este proceso se paga aquí entendiendo que contamos tipos y no unidades discretas.

f.

En el caso de los contables prototípicos, estos se enuncian por defecto en singular, lo que se explica por las diferencias en los rasgos especificadores. La pluralidad exige que ambos rasgos sean idénticos (ya que, de hecho, pueden contarse por estar delimitados). Creo que es fácil ver cómo se cumple esta exigencia de la identidad en los valores de los rasgos especificadores en bicicleta y en cualquier otro contable. Para que uno pueda tener más de una entidad como bicicleta, esta tiene que ser conceptualmente delimitada: sus partes deben ser diferentes y debe haber más partes del mismo tipo (si son dos bicicletas, habrá el doble de partes del mismo tipo; si son tres, el triple, y así). Dicho de otro modo, al tener dos bicicletas notamos un todo que delimita a dos regiones ya bien delimitadas en sí mismas; en cada una de ellas las partes son diferentes entre sí (es más, si consideramos a cada bicicleta como una parte de la región establecida por la suma de las entidades, ambas pueden distinguirse una de otra sin mayor problema); por último, las partes son todas del mismo tipo, ya sea si consideramos la comparación entre cada una de las partes de las entidades o si las comparamos en su conjunto: bicicleta es, por abstracción, una categoría que puede abarcar como miembros a toda clase de bicicleta. De lo anterior se desprende que el rasgo de identidad entre las partes, que para una sola instancia era negativo, se vuelve positivo cuando se comparan dos o más miembros de la misma categoría. De este modo, todo contable plural elabora el siguiente patrón de rasgos: • • • Delimitabilidad Diferenciación entre las partes Identidad entre las partes : : : + + +

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En conclusión, sostengo que los prototipos contables y no contables no son más que variaciones a partir de dos clases de rasgos que conforman la estructura interna de un sustantivo: el rasgo básico o definitorio de delimitabilidad y los rasgos especificadores de diferenciabilidad entre las partes e identidad entre las partes. Como creo haber demostrado, estas características pueden derivarse directamente de la definición nocional de sustantivo, más que de las características formales con las que se cree que puede definirse a esa categoría. Por consiguiente, existen dos clases mayores, según la presencia o no de la delimitación: los sustantivos contables y la de los no contables. Los casos no centrales, por su parte, pueden verse como derivados simétricamente desde los prototipos; el resultado de esta alteración será una marca específica de plural o singular. De este modo, la marca formal de número depende de la variación de la conceptualización de un sustantivo.

2.2. ¿Qué clasificamos y cómo clasificamos al usar un sustantivo? Los sustantivos en tanto términos de clase. Hasta el momento, los aspectos nocionales a los que se han apelado para la definición de sustantivo se han basado en principios generales de la cognición mediante los que construimos representaciones para las cosas. Esto es, justamente, un aspecto básico de cualquier uso de los sustantivos: nos permiten hablar de cualquier objeto (físico, mental o cultural) en el que se reconozcan interconectadas otra serie de entidades.32 Sin embargo, las propiedades de una región cognitiva tendrán que ser congruentes con el siguiente aspecto: la formación de clases. Al mismo tiempo que reconocemos que un objeto cualquiera tiene ciertas propiedades que responden a los rasgos de delimitación, diferenciabilidad e identidad de sus partes, también notamos que, al lado de un objeto existen otros más que se ajustan a esa misma descripción esquemática. Dicho

32

Justamente, esta función universal del lenguaje es lo que se expresa en el principio de APREHENSIÓN postulado por Seiler (1986): el lenguaje se vale de medios para objetivar la realidad; es decir, propone que la realidad se compone de unidades o partes, a la vez que nos presenta una organización de esas partes.

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de otro modo, usar un sustantivo es asumir que, por lo menos potencialmente, existen muchos otros elementos que serán abarcados dentro de ese concepto en tanto parte de una misma clase.

Es crucial para nuestro trabajo examinar con detalle en qué condiciones se da esa coexistencia de distintos elementos abarcables por un mismo concepto. En un sentido bastante inmediato, hemos visto que la presencia de más de un objeto de manera efectiva frente a un hablante desencadena la formación de una modificación en el concepto original: la formación de los plurales. Según Langacker (1987a: 302) un sustantivo plural debe entenderse como una sustancia replicable (replicate mass). En ese sentido, una de las primeras consecuencias de la presencia simultánea de varios elementos considerados iguales es que lo que en principio era un objeto con partes diferentes se convierte en una suma de partes iguales. La pluralidad es, entonces, un cambio de perspectiva: ya no aplicamos los rasgos de la definición nocional sobre una instancia aislada, sino que consideramos su pluralidad como el campo sobre el que debemos aplicar los rasgos. En este sentido, creo que debe entenderse la idea de sustancia replicable de Langacker: los plurales son una cosa única para el análisis, de la misma forma que lo es la mantequilla y las demás sustancias que se analizaron en la sección anterior.

De este modo, pienso que el análisis de los sustantivos como términos de clase implica un cambio de perspectiva sobre su definición nocional. Y el más importante aspecto de este cambio es el hecho simple y evidente de que una clase es, prototípicamente, un grupo de varias instancias o elementos considerados iguales. Dicho en términos de Langacker (1987a: 68-69), son instancias que se elaboran mediante el mismo esquema conceptual. Veremos a continuación las consecuencias y los problemas que tiene esta definición elemental de clase.

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2.2.1.

Noción de clase o tipo como parte de la definición de los sustantivos

Tal y como sugerí líneas arriba, es necesario añadir a la definición anterior un aspecto fundamental, sin el cual será imposible entender cómo esta categoría interactúa con los determinantes y otros predicados: los sustantivos designan una clase (o tipo) que se asume compuesta por distintas instancias. Esta ampliación no parece tener nada de especial; de hecho, toda expresión lingüística parece designar alguna clase (así, no es descaminado hablar de clases verbales, adjetivas, etc.). Más bien, lo que intento proponer es que la categorización lingüística supone específicamente para los sustantivos la existencia de instancias organizadas a partir de su semejanza u homogeneidad en respuesta al esquema que las representa (i.e. son objetos que se corresponden por semejanza con la región que puede agruparlas).

No considero necesario hacer extensas explicaciones en este punto, ya que esta noción es análoga a la de la teoría de conjuntos. No obstante, se distingue de esta en que las clases que se forman no son en absoluto arbitrarias, sino que están guiadas por los mismos principios que se usaron en la formación de regiones: interconexión, densidad y distancia cognitiva (Langacker 1987a: 177182, 200-203). Este último principio, si bien no mencionado antes, es muy importante para entender la relación entre determinación y sustantivos. La distancia cognitiva entre dos o más entidades es la medida que refleja el número y la semejanza de operaciones cognitivas necesarias para relacionar dos nociones. Esto se entiende más claramente como el grado de elaboración que demanda un esquema con respecto de alguna de sus instancias posibles. Por ejemplo, la distancia cognitiva entre [COSA] y [PERRO] es mucho mayor que la que se da entre [COSA] y [ANIMAL]. Este punto está emparentado con las nociones de categorías de nivel básico, superordinado y subordinado propuestas por Rosch (1975, 1977 y 1978) y desarrolladas tanto por Lakoff (1987: cap. 1 y 2), como por Taylor (2003: 48-53).

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En primer lugar, las diferencias entre contable y no contable influyen necesariamente en la formación de una clase. Si el sustantivo designa una entidad delimitada claramente (un sustantivo contable) entonces las instancias de la clase que este mismo sustantivo propone se consideran ejemplares; por otra parte, si las entidades no están delimitadas dentro de su dominio cognitivo (un sustantivo no contable), entonces las instancias ya no forman parte de la clase como ejemplares, sino como partes o fragmentos dispersos, unidos a una misma sustancia en virtud de su semejanza cualitativa con esta. Lo que tenemos, entonces, es que las clases formadas por los sustantivos contables son múltiples por defecto, mientras que las que forman los no contables son clases singulares. De esta manera, tenemos que, junto al esquema abstracto [COSA], un sustantivo también elabora un esquema para [CLASE]: todo sustantivo forma un grupo o conjunto. Si el sustantivo es contable, el conjunto está compuesto por múltiples instancias (o regiones consideradas iguales entre sí); si es no contable, será una clase singular (noción crucial para entender la naturaleza de los sustantivos abstractos).

En segundo lugar, debe notarse también que dentro de la definición de los sustantivos deben considerarse dos rasgos que se aplican tanto en el nivel de las regiones particulares o instancias como en el de la suma de regiones afines o clase: identidad y diferenciabilidad. Por el primero, como ya se ha visto, se entiende la semejanza o parecido que hay entre las entidades e instancias que conforman la región y, también, la clase, respectivamente. Por su lado, la diferenciabilidad es la contraparte, ya que, si bien las entidades o instancias se consideran suficientemente semejantes para agruparse dentro del mismo esquema abstracto, también es posible que las diferencias entre las entidades o instancias sean más que notorias. Sobre esto último tenemos, por ejemplo, el concepto [MOBILIARIO]. Este agrupa por un criterio de identidad distintas entidades (muebles); no obstante, la diferenciabilidad que muestran las partes es bastante grande (una silla y la mesa son evidentemente diferentes).

106

Si bien parece haber quedado demostrada la relevancia de la interacción de los rasgos de identidad y diferenciabilidad para la contabilidad y la marca de número, sería un completo error no ahondar en las implicancias que tienen estos rasgos dentro de la formación de clases. Sostengo que dichos rasgos se combinan en la conceptualización de una clase y producen un nuevo valor al que llamaré nitidez de la clase. Este valor es el que determina con qué grado de claridad una categoría se entiende como natural; es decir, como afincada en nuestra experiencia más inmediata.33 Si los ejemplares son semejantes y pueden distinguirse fácilmente entre sí —poseen límites claros— entonces se considera a su categoría como más nítida, frente a aquella en la que los miembros se agrupan siendo plausiblemente diferentes o menos idénticos entre sí. La nitidez es un valor que no puede aplicarse a los sustantivos no contables de masa, porque, tanto en el nivel de región como de clase, sus componentes no son diferenciables entre sí.34

La nitidez, en tanto un valor, permite medir —en un sentido siempre relativo y sin rigor matemático, se entiende— el nivel de abstracción que presenta una clase. Mientras menos nítida sea la clase (debido a la pérdida de semejanza entre los miembros) más abstracta será. De este modo, un sustantivo como rumiante posee menos nitidez que vaca, al mismo tiempo que incluye a esta última categoría.35 Esto tiene importantes efectos en la relación de los sustantivos con los

Entiéndase aquí que no estamos hablando de clases naturales como todo aquello que se corresponde con fenómenos reales con una constitución interna más o menos bien definida (por ejemplo, ave, oro, agua, etc.). De hecho, la idea de densidad de clase se aplica por igual a las llamadas clases naturales y a las clases nominales (o describibles analíticamente, como juguete, automóvil, etc.) (cf. Taylor 2003: 47). Los no contables que no son masas son llamados por Langacker sustancias abstractas (1987a: 207-208; 1990: 27-30). Su elaboración supone más eventos cognitivos que el de los sustantivos prototípicos (concretos contables): se concibe un conjunto de entidades distintas que a fuerza de alguna propiedad común forman una categoría homogénea, en donde la diferenciabilidad de las partes queda de lado. El mejor ejemplo de esta clase de sustancias abstractas es el ya visto mobiliario (al igual que los compuestos del inglés terminados en –ware, como footware, “calzado”): es un sustantivo no contable que se compone de partes claramente distinguibles, pero que gracias a su idéntica función tienden a verse como iguales. Como puede suponerse, estas sustancias abstractas son menos nítidas. La noción de distancia cognitiva (cf. supra p. 105) es bastante afín a la de nitidez que aquí he planteado. No obstante, la diferencia está en que la distancia cognitiva se aplica a la comparación entre clases relacionadas entre sí; mientras que la nitidez opera sobre la constitución misma de la clase.
35 34

33

107

determinantes y las interpretaciones genéricas y específicas: un sustantivo con menor nitidez difícilmente individualiza sus instancias, por lo que se emplean más a menudo como plurales o determinados indefinidamente.36 Así, frente a la naturalidad de una forma como La vaca tiene una de las digestiones más lentas del reino animal, la oración ? El rumiante tiene una de las digestiones más lentas del reino animal suena algo extraña. Por eso se prefiere usar en esos contextos formas como los rumiantes o un rumiante.

2.2.2.

Tipo e instancia

Siguiendo los términos de Langacker, dada su naturaleza esquemático-abstracta, un sustantivo, por sí solo, es una especificación de tipo (Langacker 1991: 53). Es la base por la que podemos identificar a varias entidades intrínsecamente diferentes como representantes de la misma clase. Es, en pocas palabras, el aspecto más abstracto que se conceptualiza en una expresión lingüística: el conjunto de condiciones o características por las que un objeto puede incluirse dentro de la categoría.37

Una vez que se forma una frase nominal, ocurre que un tipo se viene haciendo cada vez más preciso, hasta llegar a un punto en el que se instancia (otros autores, p. ej. Coseriu, hablan de actualización), con lo que se designa a uno o más ejemplares o instancias. La información por la que un tipo se instancia puede basarse, primero, en su cantidad; segundo, en su definitud o indefinitud; es decir, en la forma de realidad (o marco de referencia) en la que un individuo (o un grupo de estos) es patente para los participantes del discurso. A la segunda forma de instanciación, Langacker la llama cimentación (grounding) (Langacker 1991: 53). Por motivos
Más adelante se verá que no estoy afirmando que el uso de expresiones como el rumiante son imposibles: existen contextos en donde la identificación de un individuo permite usar el término menos nítido o, lo que es lo mismo, el más abstracto.
37 36

Esto no significa que me adhiera a cualquier visón cerrada de las categorías lingüísticas: soy consciente de que estas poseen límites difusos y que incluyen características propias del saber enciclopédico, antes que una lista de condiciones necesarias y suficientes.

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de comodidad, emplearé el término más común de determinación de una frase nominal para referirme a la cimentación. Básicamente, esto no afecta el modelo que sigo, simplemente “traiciona” la connotación espacial de ese término, afín a la definición nocional del sustantivo.

La instanciación de un tipo no debe confundirse con la determinación o la cuantificación: estas últimas conllevan efectivamente a la designación de una instancia particular. En otras palabras, no debe olvidarse que una instancia se desprende de un tipo sin necesidad de que haya pasado por una cuantificación o determinación antes. Sin duda, esto no debe resultar evidente por sí mismo; pero lo cierto es que la instanciación —es decir, la existencia de instancias— es solamente el requisito para la determinación o cuantificación de la entidad aludida. En principio, la instanciación de una FN no implica ningún caso específico; más bien, implica la existencia de un dominio de instanciación, o un espacio donde es posible una selección abierta de instancias distinguiéndolas. Langacker señala que esta noción es crucial para entender la diferencia entre tipo e instancia:

[it is] the domain in which the location of an entity is sufficient to establish it as an instance of a category distinct from other potential instances. For example, […] spatial location is distinctive for physical objects. Two objects at different locations at a given moment cannot be regarded as the same object, though they can of course be perceived as instances of the same object type. Objects viewed on different occasions can however be recognized as the same, even if they are not precisely identical. (1991: 57)38

En efecto, la idea de un dominio de instanciación es igual que la de dominio básico o matriz, que fue definido como un espacio cognitivo primitivo, en tanto que no puede caracterizarse en términos de otros dominios. Por ende, Langacker hace hincapié en que sin ese tipo de dominio no es posible definir un tipo así como tampoco una instancia. Cualquier tipo, en tanto una
38

«[este es] el dominio en el que la ubicación de una entidad es suficiente para establecerla como una instancia de una categoría distinta de otras potenciales instancias. Por ejemplo, […] la localización espacial es distintiva para los objetos físicos. Dos objetos en diferentes ubicaciones en un momento dado no pueden considerarse como el mismo objeto, aunque puedan, por supuesto, ser percibidos como instancias del mismo tipo de objeto. Los objetos vistos en ocasiones distintas pueden, sin embargo, ser reconocidos como lo mismo, aun cuando no sean precisamente idénticos».

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descripción esquemática, requiere inherentemente de un dominio básico. La descripción de tipo para una clase de objetos físicos no puede prescindir de la forma de estos objetos, y la forma solo es concebible dentro del dominio básico de espacio (Langacker: 1991: 57). Sería una equivocación, por tanto, suponer que las instancias son derivadas de la suma de un tipo y un dominio de instanciación en una circunstancia particular. Tanto los tipos como las instancias dependen del dominio de instanciación, pero de distinta manera: los primeros lo usan para poder describir una propiedad esencial de las entidades en cuanto clase; las segundas, para ubicar cada elemento de modo particular.

Por ejemplo, siguiendo con la explicación de Langacker, los términos gato (tipo) y un gato (instancia determinada indefinida) presuponen por igual el perfilamiento de una criatura que dentro del espacio físico muestra una forma y ciertos rasgos particulares. La diferencia, se encuentra en que la instancia (y no el tipo) se concibe como poseyendo una ubicación particular en el dominio de instanciación. Para tener una instancia se requiere de algo así como un sector dentro del dominio (ya que la totalidad del dominio le pertenece, potencialmente, al tipo). La figura 6, tomada de Langacker (1991: 58), representa la forma en que se instancia un elemento particular: la especificación de tipo posee la facultad de manifestarse en cualquier posición del dominio de instanciación (esta posibilidad se representa por las líneas discontinuas). Cuando ello ocurre, se concibe una instancia con una ubicación particular frente a otras posibles ubicaciones (representado por las líneas sólidas).39

El hecho de que una instancia se halle enclavada en una posición fija sustenta que podamos distinguirla de otras. En consecuencia, la instanciación es el acceso a un espacio para la determinación.

Esto no impide que el entorno de la instancia sea variable, con lo que se obtendrían las interpretaciones definidas y las indefinidas, tal como se explicará en su momento.

39

110

x

Especificación de tipo

Instanciación

x
Instancia

Dominio de instanciación

Figura 6. Tipo, instancia y dominio de instanciación De este modo, contamos ahora con tres nociones básicas para entender cómo se pasa de un esquema abstracto sustantivo —considerado en cuanto tipo— a una instancia particular. El diagrama mostrado en la figura 7 servirá para resumir lo visto en esta sección.

2.2.3.

Jerarquización entre tipo, subtipo e instancia: instanciación frente a elaboración

Los objetos de la experiencia pueden organizarse en varias clases, no solo en categorías generales, como “perro”, o en la únicas, como “Fido”. Así, un objeto particular instancia distintos tipos ubicados en diferentes niveles de abstracción. Esto no tiene por qué coincidir con taxonomías de tipo científico, lo que se quiere expresar es el simple hecho de que un objeto no solo instancia uno, sino varios tipos o clases abstractas. Por ejemplo, el presidente del Perú puede considerarse como una instancia de humano, hombre, sudamericano, peruano, profesional, etc. En este sentido, siempre es posible asumir una secuencia jerárquica donde cada tipo incluye implícitamente al siguiente como un subconjunto. Para nuestro ejemplo anterior, el presidente del

111

Perú instanciaría una jerarquía como esta: humano > político > funcionario de estado > presidente.

Más general

TIPO
Construcción abstracta que equivale a un concepto genérico (esquema)

Perfilamiento (profiling)

Elaboración (paso de esquema a instancia)

DOMINIO DE INSTANCIACIÓN
Dominio conceptual donde (a) una entidad reside o tiene su manifestación primaria, (b) dicha entidad coexiste con otras si bien no hay una delimitación precisa entre ellas. Es el ámbito que posibilita la coexistencia de elementos.

INSTANCIA DETERMINADA
Entidad concebida con precisión dentro del dominio de instanciación al establecerse la alusión que se hace de ella: referencial, no referencial, etc.

Determinación

Más particular

Figura 7. Diagrama del paso de tipo a instancia

Este hecho ha llevado a Langacker (1991: 61) a proponer que, respecto al proceso por el que se determina un tipo, puede distinguirse entre la relación tipo / subtipo y la relación tipo / instancia (o tipo / pieza). La primera se caracteriza por no tener un nivel alto de especificación: en primer

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lugar, hay una gran diversidad entre los subtipos que caben dentro del mismo tipo; en segundo lugar, cada subtipo representa una clase abierta de miembros. Por ejemplo, para el tipo profesional tenemos los subtipos albañil, matarife, economista, parapsicólogo, vedette, lingüista, etc., elementos que pueden llegar a tener muy poco en común.40

La segunda de las relaciones, tipo / instancia, tiene como punto de llegada un elemento cuya caracterización requiere de gran precisión. Si se asume que un nombre propio es el caso extremo de instancia, resulta claro que Alejandro Toledo (actual presidente del Perú) requiere para su uso de menos especificaciones conceptuales que político.

Con el fin de mantener esta distinción entre la concepción de un subtipo y la de un individuo específico, Langacker llama a la primera elaboración y conserva para la segunda el nombre de instanciación. No obstante, es fácil notar que ambos procesos son esencialmente el mismo, solo que realizado a distinto nivel, por lo que la instanciación es un caso más particular de la elaboración.

Así, la elaboración es un proceso por el cual se instancia un subtipo, por lo que, si seguimos la descripción hecha por la figura 6, es necesario decir que es posible que un dominio de instanciación se conciba como un espacio de tipos. En este caso, el dominio de instanciación del tipo mamífero será, al mismo tiempo, el espacio conceptual en el que se ubican elementos tales como ballena, perro, gato, vaca, etc. En la figura 8 —basada en Langacker (1991: 62 y 63)— se presenta la relación paralela que existe entre los procesos de elaboración (de mamífero a gato) e instanciación (de gato a un elemento único, por ejemplo Zapirón):

40

Por lo que conforman, según lo presentado líneas atrás, una categoría con poca nitidez.

113

Mamífero

x

(Elaboración)

a
b c

Gato

d y

e

Espacio de tipo (Instanciación)

z
Zapirón

Dominio de instanciación

Figura 8. Paralelismo entre elaboración e instanciación

Las líneas curvas punteadas simbolizan que tanto gato como mamífero son representaciones esquemáticas de una misma entidad más específica: “Zapirón” puede considerarse por motivos de comparación o categorización como gato o mamífero. Las líneas sólidas refieren a las relaciones específicas de elaboración e instanciación. Por último, el espacio de tipo, incluye las potenciales elaboraciones del tipo mamífero.

Se puede concluir que la gramática cognitiva ubica los usos de los sustantivos (en cuanto tipos) y los de las frases nominales (en cuanto instancias) dentro de los parámetros de las construcciones mentales. De este modo, la instanciación supera la mera referencia de un objeto en la realidad, ya que siempre podemos encontrarnos en el plano de la elaboración (que maneja subtipos, o instancias genéricas, en vez de referentes particulares) y, más importante aun, la concepción de tipo es inmanente a la concepción de una instancia. Los eventos cognitivos requeridos para el primero están subsumidos por el conjunto más elaborado de eventos responsables del segundo.

114

En lo que resta de este capítulo, quiero presentar brevemente algunas cuestiones relativas a los sustantivos abstractos. Pienso que para la mejor comprensión de la naturaleza de este tipo de sustantivos se debe reconocer qué tipo de relación hay entre un concepto abstracto y los usos predicativos y genéricos. Hago esto porque parece haber un punto de contacto entre estas formas: lo abstracto se opone a lo concreto, del mismo modo como lo predicativo y lo genérico se oponen a lo referencial. Creo que el análisis de los sustantivos abstractos a la luz de su paralelo con las formas no referenciales permitirá alcanzar, en los siguientes capítulos, una mayor precisión en la explicación de los procesos de determinación definida e indefinida mediante los artículos.

2.3. Frases nominales predicativas, genéricas y abstractas A manera de examen de la teoría sobre el uso de los sustantivos como términos de clase, emprenderé aquí un primer acercamiento al tema de las lecturas no referenciales o predicativas y las interpretaciones genéricas de los sustantivos en una FN. El objetivo inmediato será brindar una mejor caracterización de los sustantivos abstractos, usualmente tomados como contraargumentos para una definición nocional de los sustantivos.

En primer lugar, una frase nominal predicativa es aquella que no refiere, más bien presenta un sustantivo como un concepto genérico que posee las cualidades o condiciones por las que algo pertenece a una clase específica: la especie (Iturrioz 1986: 209). Por ejemplo,

(11)

Mi hermano es técnico.

115

posee la frase nominal técnico con sentido predicativo, ya que sirve para expresar que las características por las que algo se considera miembro de la clase “técnico” están siendo instanciados por mi hermano.

Por otro lado, junto a esta forma de sustantivos no predicativos se encuentran aquellos que no expresan la especie (como condición), sino al grupo o clase como si fuera un ente perfectamente referible dentro de un universo de tipos. Por ejemplo en El león come carne la FN definida el león puede aludir no solo a un león específico, sino a todos los leones en tanto miembros de la misma clase.

Ahora bien, cabe la posibilidad de creer que una lectura genérica que exprese la especie equivalga a una forma de abstracción. Debemos distinguir entre las frases nominales genéricas presentadas y la nominalización de un predicado verbal o adjetivo, que son las formas típicamente consideradas abstractas. Por ejemplo, consideremos los siguientes términos: hombre, humano y humanidad. Mientras el primero es claramente un sustantivo, el segundo no parece comportarse estrictamente como un adjetivo, pues puede ser el núcleo del sujeto (como en El humano que mata a otro humano es un criminal). Sin embargo, se comporta como adjetivo en tanto permite la derivación que forma un sustantivo abstracto: humano (adj.) > humanidad (sust.) (igual que ocurre en, por ejemplo integro > integridad). No obstante, con construcciones gramaticales adecuadas podemos hacer que los términos individualizados hombre y humano lleguen a cubrir el sentido del término abstracto humanidad. Basten las siguientes oraciones para notar los límites de una supuesta equivalencia entre estos términos:

(12) (13) (14)

El hombre desciende del mono. El humano desciende del mono. La humanidad desciende del mono.

116

(15) (16) (17)

Ese mono es tan inteligente que parece hombre / humano. ??? Ese mono es tan inteligente que parece humanidad. Este ser tan extraño que ustedes ven aquí, es, aunque no lo crean, hombre/ humano / ??? humanidad.

Que los sustantivos contables —en términos de Iturrioz: sustantivos individuativos— posean un significado genérico es una cuestión de semántica léxica; es decir, de aquello que puede entenderse por un sustantivo a partir de la clase que forma. Se necesita, entonces, establecer qué lugar tiene el sustantivo en la jerarquía de clases para determinar si puede tener un significado genérico o no. Por el contrario, en lo que concierne a la referencia, esta debe entenderse como la posibilidad de designar individuos (dentro de los espacios disponibles en el dominio de instanciación) y se manifiesta de modo inmediato en los procesos de determinación definida; y, solo de modo secundario, con la individuación o determinación indefinida.

Los sustantivos en nuestra lengua permiten designar un conjunto, el tipo, e individuos particulares. Esta variedad de usos solo puede deberse a que los sustantivos incluyen en su concepto la idea de individuos miembros de una clase (en el dominio de instanciación, como ya se propuso) y las distintas condiciones por las que esos individuos pueden hacerse miembros de la clase (por ejemplo, las partes que los componen como instancias y la relación que hay entre estas: ya sean funcionales o cualitativas). Esto quiere decir que la versatilidad referencial o no referencial con la que se usa un sustantivo depende de la definición nocional (los esquemas de [COSA] y [CLASE] o [TIPO]) que se han propuesto a lo largo de este capítulo.

Como ejemplo para este último punto, tomemos otras formas genéricas como las FN definidas plurales (Iturrioz 1986: 212):

(18)

Las abejas pertenecen al orden de los insectos.

117

(19)

Los delfines son mamíferos.

Ambos casos no se refieren por sí mismos a objetos específicamente abstractos tales como clases o propiedades generales. Existen sustantivos que claramente se refieren a este tipo de conceptos: por ejemplo, mamífero refiere a una clase en un sentido de agrupación de entidades claramente diferentes; por otra parte, belleza alude a una propiedad bastante difícil de especificar de modo absoluto. Por su parte, la interpretación genérica de sustantivos contables y concretos como abeja o delfín solo se construyen mediante procedimientos por los que un enunciante propone este tipo específico de abstracción a la que llamamos (un poco ampliamente) interpretación genérica. En este sentido, las formas plurales de (18) y (19) están expresando a todos los ejemplares de la clase, de modo que solo en el contexto en el que se esté hablando de la clase, es posible que las abejas o los delfines logren expresar un sentido genérico. Si bien se ha postulado que todo sustantivo es naturalmente una clase; no puede afirmarse que lo sean en el mismo sentido que humanidad. Este término alude específicamente a una noción genérica: “la condición por la que un individuo es humano”.41 En consecuencia, si humanidad establece una clase, esta será una clase única; es decir, una que posee un solo elemento (“la humanidad”). Los sustantivos abstractos como humanidad se oponen a los individuativos (contables y concretos) en tanto que no son clases naturales (p. ej. tigre, caballo, etc.) sino clases nominales derivadas de otros términos lingüísticos (p. ej. adjetivos o verbos).

2.4. Los sustantivos abstractos y los problemas de la determinación Para Langacker (1991: 27), los sustantivos abstractos deben analizarse bajo los mismos términos que los sustantivos no contables. Como ya se ha presentado, estos se distinguen por poseer una uniformidad cualitativa. Esto significa que las variadas instancias de un tipo de masa o sustancia se reconocen como idénticas a partir de una ubicación común en un espacio de cualidad, que es
41

Por extensión metonímica el término humanidad termina por designar al conjunto de individuos que poseen esa condición: los seres humanos. Lo mismo pasa con realeza.

118

análogo al dominio de instanciación de los sustantivos contables (cf. supra 2.1.). Las nominalizaciones como comprensión se caracterizan con referencia a un proceso: una suma de estados o fases que se desarrollan en el tiempo; de modo que el tipo “compresión” se instancia en nuestra mente cada vez que alguien (o algo) se vea involucrado en el proceso de comprender. En tanto que no es posible determinar instancias individuales, independientes y diferenciables, que pertenezcan a la clase “comprensión”, debe asumirse que es un no contable. De este modo, resulta una especie de sustancia abstracta que se encuentra distribuida dispersamente dentro del dominio temporal-procesal que compete a un sustantivo deverbal como comprensión.

Ahora bien, ¿qué puede ser lo que constituye a un sustantivo como comprensión? Sabemos que sus instancias son no contables y distan mucho de tener las características de concreción de otras entidades. No obstante, podemos decir que su uniformidad cualitativa está garantizada por los estados internos representativos que se extraen de la ocurrencia del proceso (verbo) comprender. Quiero apuntar lo siguiente como corolario de la propuesta de Langacker: los sustantivos abstractos pueden explicarse muy bien a partir de su derivación o analogía (no estoy seguro de cuál sea la mejor forma de llamarlo, confío en que, al menos, la idea sea clara) con los verbos. Un proceso no posee una realidad concreta del mismo modo que una piedra o el arroz.42 No obstante, no podemos negar que algo de concreción tenga a partir del eje temporal donde ocurre. Esta concreción es reconocible por nuestro entendimiento al mostrársenos alteraciones (en el proceso y en los resultados, para las acciones y los estados, respectivamente) en los participantes del suceso. Estas “alteraciones” son las llamadas predicaciones relacionales dentro de la gramática

Al respecto, son importantes los aportes de Seiler (1986: 28-29) para una definición de abstracción basada únicamente en la naturaleza relacional de los verbos (algo que se afirma comúnmente dentro de estudios funcionales o cognitivos). Las relaciones entre los argumentos que supone el predicado nominalizado necesitan de un tipo de construcción nocional diferente (pero explicable dentro del esquema propuesto inicialmente), definitivamente más alejada del prototipo concreto contable. Sin embargo, esta propuesta en particular me parece sumamente específica y, por lo mismo, difícil de conciliar con la discusión sobre clases abstractas en la que vengo siguiendo no solo a Langacker, sino también mi propia intuición.

42

119

cognitiva. En el caso de comprender, la relación se establece entre el sujeto de la comprensión, un proceso mental de aprehensión intelectual y el objeto aprehendido (que posee ciertas cualidades relacionadas con lo intelectivo). Cada vez que estas relaciones se dan en el tiempo hablamos de comprender; pero si las mismas relaciones no se quieren ver dentro de un plano temporal en tanto secuencia (o sucesión de las relaciones como diferentes estados o fases), entonces el tiempo se hace un espacio o un dominio de instanciación en el que las relaciones pueden agruparse dentro de una región. Las entidades que conformen no se considerarán de modo funcional (en el sentido del uso de las cosas) dentro de una región —como es el caso de libro y bicicleta—, sino de modo cualitativo; es decir, como participantes de rasgos comunes a una misma sustancia. Esta distinción entre funcional y cualitativo es complementaria a la de delimitado y no-delimitado: las instancias de una sustancia abstracta pueden aparecer en cualquier momento o lugar y ser reconocibles como parte de dicha sustancia, sin que eso signifique (gracias al rasgo de nodelimitación) la aparición de un nuevo ejemplar.

Por consiguiente, creo que la noción de sustancia abstracta posee las características de un arquetipo: instancias distintas participan del arquetipo y se reconocen como parte de él, de modo que toman su identidad (por ejemplo, un poco de agua o 1 m3 de agua es agua). Si se lleva esto a un extremo, como en el caso del sustantivo abstracto castidad, ¿cómo podría identificarse lo que compone esta noción, ya que no se ha derivado de ningún proceso? Castidad, se deriva del adjetivo casto, que es también una predicación relacional, solo que atemporal (cf. Langacker 1987a: 71-72). De este modo, es perfectamente posible postular para esta noción un espacio cualitativo. Mientras que para comprensión este espacio era el dominio del hecho de comprender, en castidad tenemos un dominio para la condición de casto.

¿Existen sustantivos abstractos que no sean derivados de una sustancia abstracta resultante de la extrapolación de las relaciones propias de un proceso (verbo) o relación atemporal (adjetivo)? A

120

mi parecer, tales casos pueden entenderse como “entelequias”. Por entelequia entiendo un tipo de sustantivo abstracto como, por ejemplo, fe, amor, caridad, libertad, etc. Estas, al igual que los demás sustantivos abstractos designan a una instancia única con diversas manifestaciones dentro de un espacio de cualidad.43 Probablemente el término no sea muy adecuado, si uno define “entelequia” filosóficamente como una cosa real que incluye en sí misma el principio de su acción y que tiende por sí misma a su propio fin; o, más sencillamente, como algo que por ser imaginario, ideal o perfecto no puede existir en la realidad concreta. No obstante, creo que la definición que propongo aquí es la de una entidad cuya naturaleza es en extremo diferente a lo concreto. Este concepto es el que definirá a esta subclase de sustantivos abstractos.

Así, pues, una entelequia y un sustantivo abstracto derivado son intrínsecamente idénticos, si bien no provienen del mismo tipo de conceptos. Por ejemplo, entelequias como fe y caridad pueden asignarse difícilmente a una emoción o sentimiento individual; más bien aparecen como genuinos arquetipos que algunas tradiciones culturales han establecido: existen en tanto virtudes. Sin embargo, a pesar de que a simple vista no parecen basarse en un espacio cualitativo espaciotemporal reconocible —como sí ocurre con sus contrapartes derivadas— de hecho lo están. Las manifestaciones o instancias de fe o caridad no están delimitadas como elementos distinguibles el uno del otro, tal y como pasa con las instancias para comprensión o castidad. El comportamiento, por lo tanto, es idéntico en ambas clases de abstractos:

(20)

Mi comprensión del álgebra es muy distinta a tu comprensión de la misma.

43

La unicidad de una entelequia o de los abstractos derivados de verbos o adjetivos no tiene que ver con el sentido único de lo que designa un nombre propio —que señala a un elemento simple, lo que es el máximo polo referencial posible (Seiler 1986: 21-22)—. Los sustantivos abstractos son, en tanto clase, un conjunto unitario. Debe recordarse que en 2.2.1. postulé que los sustantivos no contables instauran una clase singular. En este sentido, es lógico proponer que los sustantivos abstractos y los sustantivos de masas comparten un misma naturaleza: son elementos únicos (las sustancias no contables fueron explicadas como diversas manifestaciones de un mismo espacio de cualidad). Por lo tanto, sustancias concretas y entelequias son clases singulares (o conjuntos unitarios).

121

(21) (22) (23)

La castidad de Tomasa es mucho más notoria que la de Rigoberta. Mi fe en Dios es muy distinta de tu fe en el mismo. La caridad de Tomasa es mucho más notoria que la de Rigoberta.

Del mismo modo, no tenemos frases contables como ?cinco fes, o ?cinco comprensiones; y cuando esto ocurre, tenemos que surge la interpretación de variedad vista para las sustancias concretas: cinco tipos de fe o cinco formas de comprender.

En conclusión, los abstractos (derivados de relaciones o entidades abstractas puras o entelequias) y los no contables enfatizan la unidad intrínseca dentro del espacio de cualidad para sus múltiples manifestaciones (clase singular); mientras que los sustantivos contables privilegian la distinción de instancias individuales (clase múltiple).44 Así, pues, el uso del artículo indefinido (individualizador) no es posible para los abstractos: no hay “una comprensión” o “una fe”, salvo con el mismo sentido de variedad que “una mantequilla”, porque no hay individuos que distinguir: solo existe una instancia. Por ende, tenemos que las formas no marcadas en estos casos usan el artículo definido, como en la comprensión, la fe, al igual que la mucho más concreta la mantequilla.

2.5. Resumen y conclusión del capítulo 2 En este capítulo he presentado dos temas diferentes pero indesligables: la definición del sustantivo a partir de un esquema abstracto de [COSA] y de uno de [CLASE]. Ambas formas coexisten, como las dos caras de una misma moneda, en la definición nocional del sustantivo. El
Una observación importante es que no deben confundirse los sustantivos abstractos con otros sustantivos comunes que designan un conjunto unitario. Tal es el caso, a mi entender, de palabras como sol, luna, universo, etc. Estos términos son concretos y por cuestiones de la naturaleza (solo hay un sol y una luna) son tratados como únicos. Podría decirse lo mismo, en el nivel de la percepción, sobre términos como hambre y sed, ya que solo son experimentados por un individuo. Sin embargo, en tanto que pueden generalizarse (como en la frase El hambre azota África) o individualizarse (p. ej. Mi hambre es mayor que la tuya) es mejor considerarlos como entelequias.
44

122

primer esquema guía la sanción con la que un hablante determina que un objeto cualquiera forma parte de la clase sustantivo. El segundo permite entender cómo los sustantivos cumplen su función de organizar en clases las múltiples manifestaciones que forman parte del mundo concreto (p. ej. sillas, perros, barro, amoblado, etc.), así como las diversas abstracciones que hacemos sobre fenómenos no objetivos que, no obstante, consideramos también parte de la realidad (como fe, caridad, destrucción, etc.).

En particular, he propuesto que el esquema [COSA] no solo debe ser visto como una región delimitada o no delimitada en un dominio conceptual específico. Es indispensable, para entender cabalmente los casos no prototípicos de sustantivos contables y no contables, añadir las nociones de diferenciabilidad e identidad entre las partes. La posibilidad de explicar coherentemente los usos de sustantivos como arroz y anteojos, así como la formulación de una combinatoria de rasgos de delimitabilidad, diferenciabilidad e identidad con la que se explica la aparición de la marca de plural en los sustantivos del español, sugieren que esta hipótesis, ausentes en los análisis de Langacker, Frawley y Wierzbicka, se encuentra bien fundamentada.

Por otra parte, la idea de que los sustantivos se definen también mediante los rasgos de diferenciabilidad e identidad entre las partes permite entender mejor las diferencias que hay en las clases que los sustantivos especifican en tanto tipos. En primer lugar, los sustantivos contables establecen conjuntos compuestos por múltiples instancias (o cosas consideradas iguales entre sí); por el contrario, si es no contable, establecerá una clase singular o conjunto unitario, con lo que se explica la naturaleza de los sustantivos abstractos (uno de los puntos débiles de las teorías que definen nocionalmente esta categoría gramatical).

En segundo lugar, las clases nominales no se comportan objetivamente, es decir, no pueden ser analizadas desde una teoría de conjuntos. El motivo principal para descartar un análisis de este

123

tipo es la importancia del valor producido por la combinación de la diferenciabilidad y la identidad entre las partes dentro de una clase. Ese valor, al que he llamado nitidez, permite entender por qué lo que deberían ser clases objetivamente iguales, compuestas de elementos individuales (como lo serían, p. ej., la clase “vaca” y la clase “rumiante”), tienen un comportamiento gramatical distinto. La diferencia más notoria entre cada miembro de la clase “rumiante” y el mayor parecido entre los que conforman “vaca” se refleja en el esfuerzo cognitivo mayor para darle al primero un sentido genérico. Estamos camino, entonces, a examinar en los capítulos que siguen cómo la influencia de lo conceptual, entendido como un proceso constructivo desde nuestra experiencia, y los principios generales de la cognición son determinantes para la definitud e indefinitud de la frase nominal.

124

CAPÍTULO 3 CONCEPTUALIZACIÓN, REFERENCIA Y DETERMINACIÓN

3.1. Conceptualización y referencia Quizás la pregunta más básica, y a la vez más simple, que nos hacemos los lingüistas cuando nos toca asumir una postura teórica sobre la semántica de las lenguas naturales es: “¿cómo hacemos para que el lenguaje describa la realidad?” La complejidad de la respuesta comienza a entreverse con el solo objeto de la descripción de las lenguas: la realidad. La descripción del mundo desde el lenguaje puede abarcar dos grandes campos: la conceptualización y la referencia.

Por conceptualización, se entiende la forma en que se concibe o representa mentalmente la realidad; dicho de otro modo, la descripción de esta no es objetiva, sino guiada por las estructuras mentales innatas a la especie humana y convencionalizadas culturalmente dentro de nuestros lenguajes. Una aproximación teórica dentro de estos presupuestos es la que Saeed llama representacional (1997: 25). La realidad que se encontraría detrás de la relación entre lenguaje y mundo sería —según términos de Jackendoff (1983: 30-31)— básicamente la que conforma el mundo mentalmente representado.

El segundo campo, la referencia, posee una larga tradición filosófica que pasó a la lingüística a inicios del siglo XX. Saber el significado de una expresión lingüística es, entre otros contenidos, saber en qué situación del mundo (real o posible) es verdadera o falsa. Así, el criterio veritativo es fundamental para establecer cómo las palabras se ponen en relación directa con el mundo al cual

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aluden. Bajo ese punto de vista, la referencia consiste en la facultad que posee un hablante para establecer una relación entre sus enunciados y los objetos presentes en el mundo real.1 Sin duda alguna, las lenguas están diseñadas para permitirle al hablante/oyente entablar contacto con los objetos —de hecho, la presencia de demostrativos en todas las lenguas es suficiente prueba de ello—; pero lo crucial en esta forma de ver el significado es la pertinencia de los valores de verdad como el criterio validador o medida por la que se establece que un enunciado efectivamente significa aquello que refiere.

No obstante, es bien claro que las lenguas naturales utilizan el mismo tipo de codificación cuando refieren a objetos en el mundo real y a objetos que claramente no pertenecen a ese mundo. Por ejemplo, Givón (2001: 438) plantea la comparación entre frases como Ayer monté un unicornio y Ayer monté un caballo. Ambas utilizan exactamente la misma FN indefinida con interpretación referencial (“existe un unicornio/caballo que monté”). Debe recordarse que la comunicación se refiere a estados, eventos o individuos construidos dentro del intercambio comunicativo entre hablante y oyente. En efecto, el punto de partida debe ser el conjunto de representaciones mentales disponibles para una comunidad; y en este caso, la representación de lo que es un unicornio es tan referencial como la de un caballo, a pesar de que el primero no sea parte del mundo real (aunque sí es parte del universo del discurso, ya sea en un cuento de hadas o en una mentira muy imaginativa). De este modo, la asimetría entre el mundo real y el universo del discurso no es ningún impedimento para que el lenguaje cumpla con las funciones referenciales que exigen ciertas proposiciones y

Cabe añadir que la precisión del termino referencia como un fenómeno que enlaza elementos de un mundo real-experimentado con las expresiones lingüísticas definidas, debe distinguirse de lo que se conoce como denotación. En el sentido de Lyons (1977), quien es seguido por Cruse (2000), denotar es establecer la relación entre un término y la clase que representa. Así, el término perro denota a la clase de los perros, y la denotación de perro es la ya mencionada clase (Cruse 2000: 306). Una precisión debe hacerse: la denotación es un fenómeno “semántico” antes que “pragmático” (si nos amparamos en la discutible separación entre semántica y pragmática). De este modo, un término, en tanto parte del conocimiento léxico del hablante, posee denotación; pero la referencia, al ser un hecho que depende de la intención del hablante en una situación particular, requiere de construcciones gramaticales más complejas (p. ej. las expresiones definidas).

1

126

ciertos argumentos.2 Es posible hablar de un unicornio o de un caballo de modo perfectamente referencial en ambos casos, aunque todos sepamos que en el mundo real no hay unicornios, pero sí caballos. Dada la base representacional de la semántica, uno habla de lo no existente en términos perfectamente referenciales, ceñidos a las reglas con que la gramática establece lo referencial. No obstante, la noción de representación todavía amerita algunas precisiones en su relación con la referencia.

3.1.1.

Llevando la noción de representación hacia la intersubjetividad

¿Cómo se relacionan las representaciones conceptuales con la referencia? El principal problema para una teoría en la que las representaciones mentales se identifican con el significado es cómo explicar las clases naturales en tanto entidades mentales. El punto es que una clase natural (por ejemplo, agua, oro y puma) no se define a partir de una intensión; es decir, no hay una forma específica de descripción que almacenamos en nuestra mente para dichos términos. Más bien, si seguimos a Putnam (citado por Sinha 1993: 231), el significado será una relación entre el lenguaje y el mundo fundada en las circunstancias biológicas e históricas dentro de las que nos relacionamos con los objetos.

De ser así, entonces la representación mental con la que identificamos el significado de una expresión debe incorporar la intersubjetividad con la que actuamos hablantes y oyentes al interpretar enunciados. Ahora bien, si decimos que la relación entre hablante y oyente es intersubjetiva y que ello garantiza la interpretación, entonces las clases naturales se estarían considerando como clases nominales (por ejemplo, soltero, jefe, etc.). Por ende, habría un saber convencional, la intensión de un término, por el cual se determinan las extensiones. Y esto resulta

2

Aquí Givón se refiere a las modalidades proposicionales y la modalidades referenciales, a saber, las fácticas y no fácticas, y las definidas e indefinidas, respectivamente. Sobre estas volveremos cuando analicemos las condiciones que rodean la determinación indefinida (cf. infra 3.3.2).

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claramente contradictorio: las clases nominales terminan siendo iguales que las clases naturales, aun cuando (como se ha propuesto en el capítulo 1) sabemos que una lista de rasgos que conformen la intensión de modo preciso es insostenible. Sin embargo, debemos ser capaces de alcanzar una comprensión mutua sobre la base de alguna forma de representación, pues es evidente que las personas se entienden al hablar (y es evidente que también se desentienden, pero eso sería el costo de un método de representación imperfecto, no como el propuesto por una serie fija de rasgos). Sinha (1993: 235) quiere resolver esta contradicción proponiendo la siguiente definición de representación:

To represent something —a scene, an event, an object, an interest, etc.— is to cause something else to stand for it, in such a way that both the relationship of “standing for”, and that which is intended to be represented, can be recognized.3

Es notable que esta definición sea análoga a las propuestas de la teoría de la relevancia (cf. Sperber & Wilson 1986), pues de lo que se trata es de que exista una intención de informar —o hacer claro un contenido para los oyentes—, así como la intención de comunicar —o mostrar un comportamiento ostensivo que permita al auditorio notar que el hablante posee la intención de informar—.

La representación, así expresada, depende de los signos, ya que se habla de la relación de “estar en vez de otra cosa”; pero no se reduce a la función de los signos en general. Para que haya representación propiamente dicha, se requiere, como se ha expresado líneas atrás, que el emisor tenga la intención de (i) hacer notar que busca representar algo y (ii) hacer reconocible lo que quiera que intente representar (Sinha 1993: 236). Es decir, si bien puede haber significación sin

3

«Representar algo —una escena, un evento, un objeto, un interés, etc.— es causar que otra cosa más esté en el lugar del primero, de modo tal que tanto la relación de “estar en el lugar de” como aquello que se intenta representar se puedan reconocer».

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representación,4 no puede haber representación sin signo. El signo es el soporte material que permite a cualquier representación ser aprehensible.

A continuación se sintetizan las condiciones de la representación y la diferencia entre este proceso y el de significación, que es más general (Sinha 1993: 236-237):

(i)

(ii) (iii)

“mental representation” is first and foremost inter-subjective, and the cognitive and linguistics capacities of individuals derive from their appropriation of sociallyconstituted, discursive representations (the Principle of the Intersubjectivity of Representation); discursive and conceptual representations depend upon “embodied” or “material” structures and practices (the Principle of Materiality of representation); anything having the character of a sign may be employed for the purposes of representation, and all representation employ signs, but not all signs are representations (the Principle of the Asymmetry of representation and signification).5

De la propuesta de Sinha puede desprenderse que la representación se fundamenta en una codificación intersubjetiva de aquello que se quiere dar a entender (el contenido), mientras que en la significación hay una apertura de posibilidades mayor, debido a que se dejan “pistas” que el oyente solo puede (y nunca de modo preciso) interpretar a partir de un proceso constructivo. Por ende, es necesario diferenciar representación de significación, pues la última puede incorporar elementos paralingüísticos que contribuirán con el significado en general.

Por significación debe entenderse la función de los signos para hacer que algo esté en el lugar de otra cosa. En este sentido, un caso de significación sin representación, en los términos vistos, sería el clásico ejemplo de los indicios, como en el caso de humo significa fuego.
5

4

(i) la “representación mental” es primero y principalmente intersubjetiva, y las capacidades lingüísticocognitivas de los individuos se derivan de su apropiación de representaciones discursivas socialmente constituidas; (ii) las representaciones discursivas y conceptuales dependen de estructuras y prácticas “corporalizadas” o “materiales”. El principio de la materialidad de la representación). (iii) cualquier cosa que tenga el carácter de un signo puede emplearse para los propósitos de la representación y todas las representaciones emplean signos, pero no todos los signos son representaciones (el principio de la asimetría de la representación y significación).

129

En consecuencia, Sinha (1993: 238-239) sostiene que una teoría del significado debe abarcar el carácter representacional de aquello que se comunica y la función significativa (i.e. el uso convencional de signos para transmitir esa representación a otro oyente). En el campo del significado, caen no solo aspectos representacionales, sino también cuestiones como los gestos, la entonación (no la interrogativa, sino la que muestra la actitud, por ejemplo), rasgos dialectales que sesgan la comprensión del oyente por motivos sociales (formas marcadas negativamente), etc. Es decir, hay aspectos con significado en la interacción cotidiana que de alguna manera deben formar parte de lo que damos a entender. El significado será, entonces, una propiedad general de los sistemas de signos (representaciones lingüísticas) y del uso de signos (el contexto en el que los signos se emplean). De este modo, tendremos el significado representacional y el significado contextual (todos aquellos aspectos no representacionales en una situación donde hay significación). Ambos son parte del significado e interactúan de modo tal que explican la contradicción entre clases naturales y nominales: si la representación es aquello que almacenamos en nuestras mentes para relacionarlo con una expresión lingüística de modo transparente, pues en el mismo momento en que forma parte de una red de signos, la significación multiplica lo representado al relacionarlo con otros elementos posibles, otros significados virtuales que contribuyen a definir mejor lo que habíamos representado. Esta interacción paradigmática (usando términos saussureanos) solo se resuelve con la negociación pragmática, expresada en la intersubjetividad de las representaciones (Sinha 1993: 240-241).

En resumen, la propuesta de Sinha me permite refinar la relación que hay entre lo conceptualizado, lo representado lingüísticamente y aquello a que referimos. Su idea de representación como una conceptualización constructiva de los elementos que forman parte de nuestra experiencia, solo puede lograrse dentro de un entorno de uso comunicativo. Este entorno se rige por principios de cooperación y relevancia pragmáticos que sostienen la construcción conjunta del significado. Si hay un significado en la mente de un hablante, este significado debe ser de naturaleza tal que alcance a

130

producir una conceptualización en la mente de un oyente. No es simplemente cuestión de que los significados estén marcados por una relación arbitraria entre los signos lingüísticos. No es tan solo decir que la interpretación de lo significado (i.e. obtener una representación a partir de lo dicho) se obtenga por procesos intralingüísticos (como plantearán los formalistas), sino que la realidad socialmente modelada es la que permite acceder a la representación. Teniendo esto en claro, podremos aceptar la reformulación que Sinha hace de las siguientes definiciones clásicas:

a. Sentido: El sentido de un término es su contenido como un concepto en el discurso, y eso es lo que le permite llenar, en el discurso, las condiciones de la representación. El sentido de un término o expresión es así su significado representacional. b. Valor semántico: Equivale al significado léxico de un término o su sentido que se relaciona con otros sentidos (dentro de un discurso) en un lenguaje. Es el valor que gobierna la distribución léxico-gramatical de un término. c. Denotación: La denotación de un término es aquel aspecto de su sentido que lo relaciona con los procedimientos de reconocimiento asociados con lo que es definitoriamente, canónicamente o prototípicamente representado por el término. Esta relación se da entre los objetos del mundo y el lenguaje, así sean predicados nominales o naturales. d. Referencia: La referencia a un término, para un intérprete en una ocasión dada del discurso, es aquello que se identifica mediante el término gracias al cumplimiento de las condiciones de la representación. e. Significado: El significado, para un intérprete en una situación discursiva, es el significado representacional de un término más el significado contextual. (Sinha 1993: 241-242)

Todos los términos, sean de clases naturales o nominales, actúan igual en el discurso: poseen una estructura dual, lo representacional y lo significativo, que en conjunto forman su significado. El sentido o significado representacional de las clases naturales está disponible para cualquier clase de

131

hablante (experto o no), ya que ellos ubican las representaciones en el léxico en tanto valores semánticos. No importa que este tipo de representación sea imprecisa, pues el valor semántico con el que los hablantes relacionan las clases naturales que usan al hablar puede provenir de experiencias básicamente semejantes y se enriquecen en el intercambio comunicativo (Sinha 242243).6

3.1.2. Referencialidad y no-referencialidad en las frases nominales Mucho se ha dicho sobre el estatus de los sustantivos y las frases nominales (FN) en tanto que dichas formas son las que poseen la más clara función referencial: designan entidades en la realidad. Es decir, si bien la referencia es un acto que depende del hablante, los sustantivos deben poder referir dado que poseen una denotación, o extensión sobre la cual un término puede designar directamente en la mente de un hablante. Debe observarse, no obstante, que no todas las formas nominales toman un uso referencial; es decir, existen usos en los que una FN no selecciona a un ente concreto que haya estado en contacto con el conocimiento del hablante (cf. supra 2.3). Típicamente, se asume que las expresiones no-referenciales son las que reciben interpretaciones genéricas. Saeed propone los siguientes ejemplos para mostrar que una FN puede recibir independientemente la interpretación referencial y la no-referencial (1997: 26):

(1) (2)

Ellos realizaron una colecistectomía esta mañana. Una colecistectomía es una intervención grave.

Aquí, la oración (1) es claramente referencial: el enunciante ha tenido conocimiento de un caso específico de colecistectomía y reporta que este tuvo lugar en la mañana. Por el contrario, (2) recibe
En el mejor de los casos, la analizabilidad de los predicados nominales es una convención metalingüística que, en ciertos casos y en ciertos contextos discursivos, permite a los hablantes y oyentes convenir que el valor semántico (o el significado léxico expresado en rasgos intralingüísticos) es lo que establece la denotación. Por ejemplo, si la palabra hogar tiene tantas denotaciones posibles en el mundo real, que es imposible fijar de modo exacto su referencia, eso no quiere decir que el término hogar sea una realidad mental no relacionada de un modo observable con alguna experiencia corporal, así como con la intencionalidad o función de los objetos.
6

132

una interpretación genérica que indica que cualquier caso de colecistectomía (sin preferencia por alguno en particular entre todos los que pueden existir) se caracteriza por ser una intervención quirúrgica grave.

Creo que el término genérico es bastante amplio e inexacto para englobar aquellos usos muy precisos en los que un hablante propone una situación donde no se establece una relación directa entre alguna palabra y algún objeto específico del mundo. Dicho en otros términos, las expresiones genéricas son seudorreferenciales y esto incluye distintos sentidos. En efecto, la

seudorreferencialidad de colecistectomía en (2) es diferente a la de (3) y (4):

(3) (4)

La colecistectomía es una intervención seria. Las colecistectomías son (unas) intervenciones serias.

La aparición de colecistectomía en todos los casos anteriores no coincide nunca con una expresión referencial. Los casos (3) y (4) pueden creerse idénticos a (2); no obstante, basta con un análisis cuidadoso del sentido más preciso de las expresiones en cuestión para notar que establecen distintas concepciones sobre la realidad de una colecistectomía. Propongo que (2) alude a cualquier colecistectomía entre otras más debido a que es imposible (dentro del predicado nominal que la contiene) establecer de modo fijo un caso particular de colecistectomía. Por otro lado, entiendo que (3) propone que, entre todas las intervenciones que pueden realizarse, existe un tipo específico y único llamado colecistectomía. Por último, la oración (4) propone que todos los miembros (conocidos o no) de la clase colecistectomía se caracterizan por ser intervenciones serias. Pese a ser bastante sintéticas, estas afirmaciones son prueba de que el término genérico es, cuando menos, bastante inexacto para los propósitos del análisis semántico. Existen todavía otras formas no-referenciales que es necesario presentar:

133

(5)

Observen, estudiantes, al doctor Matasanos: ¡cuánta destreza con el bisturí! ¡Esto es colecistectomía! No lo que otros medicuchos hacen.

(6)

En esta clínica solo hacen colecistectomías.

Como puede desprenderse de los ejemplos anteriores, las frases nominales no determinadas (i.e. aquellas en las que no se aprecia la presencia de determinante alguno) son también “genéricas”; pero en un sentido bastante diferente de los vistos anteriormente. En el primer caso (5), el doctor Matasanos está realizando un conjunto de acciones cuyas características particulares se ponderan de modo tal que conllevan a predicar su pertenencia a un tipo de entidades llamado colecistectomía. Dicho en términos más simples, el enunciante está llamando la atención de los estudiantes sobre los rasgos que caracterizan una colecistectomía. De este modo, la suma de cierto número de rasgos visibles en los actos del doctor Matasanos puede identificarse (en un sentido arquetípico, claro está) con un tipo o categoría abstracta que se conoce como colecistectomía.7

Respecto de (6), el término en cuestión carece de un sentido único debido a la pluralidad; no obstante, mantiene relación con (5) en tanto que alude a una categoría abstracta: no específicamente al tipo —que es, como ya se ha visto en el capítulo 2, un conjunto donde ubicamos a todos los miembros que comparten aproximadamente las mismas características—; sino a una variedad no determinada de entidades que se ajustan a los rasgos de la clase colecistectomía. Estas entidades pueden ser bien individuos particulares, o bien subtipos o clases. De este modo, (6) nunca se

7

En este sentido, podemos observar ahora que un sustantivo por si solo puede perfilar distintos sectores del esquema sustantivo sin que ello aluda a un elemento referencialmente específico. Por ello, este tipo de uso nominal es abstracto solo en el sentido de no referencial, y no en el que se discutió al final del capítulo 1. La explicación sobre qué partes del esquema sustantivo se ven enfocadas con el uso de distintas formas genéricas estarán en el capítulo 4, 4.1.3 y 4.3.2.

134

entiende como todas las colecistectomías, sino más precisamente como cualquier (clase de) colecistectomía.8

Una vez observado el panorama de la no-referencialidad, me parece necesario resaltar que este fenómeno posee numerosas aristas que competen claramente al plano estrictamente conceptual. Es decir, los sentidos que toman las expresiones nominales dependerán estrechamente de qué modo de existencia se le asigne a la entidad mencionada. Como ya se ha dicho en repetidas ocasiones, la referencia como una relación objetiva entre lenguaje y realidad expresable en condiciones de verdad no puede ser el eje del análisis semántico. El lenguaje no debe estudiarse como un objeto que reifica la cognición humana; así como la referencia no puede ser tan solo la relación entre palabras y cosas. Más bien, pienso que los fenómenos concernientes a la relación específica que un hablante establece entre una expresión lingüística y un objeto de la realidad son únicamente una parte más de los procesos de conceptualización, y más específicamente, aquellos que tienen lugar cuando un individuo le habla a otro y que se ubican en el campo de la pragmática. En este sentido, una entidad mencionada puede existir no solo como un individuo reconocible por sí mismo, sino como miembro de una clase en donde queda concebido. El modo en el que queda representado en su clase es una forma de existencia.

Cuando hablo de “modos de existencia” estoy asumiendo que lo que entendemos por existencia no es en ningún caso algo puramente objetivo. Lo extremo de esta afirmación se justifica en una postura psicológica de la realidad. Cualquier contacto con lo que asumimos como el plano concreto, físico o, en una sola palabra, real está severamente matizado, guiado y ordenado por patrones

Otra forma de entender este uso no referencial de la FN plural en (6) puede ser: “el conjunto de objetos que se hacen en el hospital caen dentro de la clase de la colecistectomía”, donde el plural es no totalizante, porque no se han realizado todas y siempre pueden realizarse más (de ahí la indeterminación). A su debido momento (capítulo 4) ahondaré más en la cuestión de la pluralidad y la determinación.

8

135

cognitivos.9 Por esta razón, hablar de referencia, en términos exclusivos, como la capacidad de designar mediante el lenguaje, es mantener una desatinada distinción entre un uso lingüístico anclado en la realidad y otro en las representaciones mentales. Cómo bien nota Saeed (1997: 32) — y como ya se planteó en 3.1.1—, un sustantivo obtiene su capacidad de denotar, es decir, relacionarse con el conjunto de entes a los que puede referir, “porque está asociado a algo en la mente del hablante/oyente”. La referencia —y no debemos perder esto de vista al hacer semántica— depende de las representaciones mentales: procesos análogos a los que producen las expresiones nominales no-referenciales son los que producen aquellas que sí refieren. Hablar de algo —ya sea en la realidad, en los sueños, en cuanto un ente indefinido, en cuanto una clase, un tipo, etc.— es siempre un proceso de alusión a una representación mental, un concepto intersubjetivo. Pienso que será conveniente ahondar un poco en este respecto.

Mucho de la actividad cognitiva humana, en especial la formación de creencias, está relacionada fuertemente con la expresión de enunciados, por ejemplo, juicios acerca de la pertinencia y fundamentos que tienen las creencias de algunas personas. Cuando al referir mencionamos algo a alguien para establecer un intercambio comunicativo, lo que hacemos explícita o implícitamente es comunicar ciertos aspectos de nuestras creencias sobre ese algo. Más aun, cada vez que elegimos el medio para referir a las cosas estamos tomando en cuenta aquellas creencias que nos parecen relevantes para el oyente (Geiger 1993: 268). Cuando referimos, entonces, evaluamos instantáneamente varias condiciones que rodean muestro enunciado, el objeto referido y el oyente al que nos dirigimos.

9

Sobre la construcción psicológica de la realidad y las habilidades cognitivas generales y su relación con la semántica de las lenguas naturales pueden consultarse Jackendoff 1991, 1994: Parte IV, Langacker 1987a: Cap. 3 y Lakoff 1987: Cap. 3. En particular, como se hará claro en el capítulo 4 (especialmente las figuras 1016 en la sección 4.4.), los modos de existencia son distintas maneras de perfilar sectores de los esquemas conceptuales que permiten el uso de los sustantivos como clases.

136

Siguiendo a Geiger (1993), es posible establecer parámetros de análisis tales como perspectiva, recursividad y gradación. Estos muestran que la teoría clásica de la referencia —un término refiere si y solo si describe adecuadamente para un oyente un estado de la realidad— es insuficiente para explicar por qué al hablar dependemos tanto del modo de concebir nuestra intención comunicativa, de las expectativas o conocimientos del oyente y de la mayor o menor precisión referencial que asignamos a los términos que empleamos.

La perspectiva alude a que cada vez que un individuo analiza la referencia de un enunciado, lo hace como hablante u oyente. Esto se nota claramente en casos como la diferencia entre ir y venir. Cada vez que el hablante asume su perspectiva la palabra que describe el movimiento que se aleja de él será ir; mientras que venir requiere del oyente como punto de referencia desde donde algo inicia su movimiento. En términos objetivos se ha realizado en mismo movimiento, sin embargo la perspectiva determina la precisión de la referencia. Por su parte, la recursividad da a entender la posibilidad que tenemos los hablantes para evaluar la forma en la que los oyentes han analizado la referencia de nuestros enunciados. Por ejemplo, el empleo de algunas de las llamadas “muletillas” como bueno, ya, etc. sirven para que hablante y oyente confirmen sus conocimientos comunes en algún punto del diálogo. Esto puede verse claramente en el siguiente caso:

A: B: A:

¿Te acuerdas de la chica que estaba con Mario en la fiesta, la de cabello rizado…? Ya, la que tenía un vestido verde. Bueno, esa había sido la prima de Luis.

El uso de estos marcadores apunta a que la referencia es una construcción conjunta en la que se requiere de información sutil, pero explícita, de que estamos entendiendo lo que el otro tiene en mente. Por último, la gradación aparece cuando los enunciados refieren mejor o peor a un objeto de la realidad; es decir, la evaluación de la referencia está dentro de una escala antes que en una distinción bipolar. Uno de los estudios más importantes sobre este fenómeno se resume en la teoría

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de los “lindes” (hedges) de Lakoff (1987: 122-124). Los hablantes y oyentes pueden evaluar positiva o negativamente el valor referencial de los enunciados. Esto incluye la alusión a creencias populares sobre la ciencia (folk theories) para validar un enunciado (Técnicamente el delfín es un mamífero y no un pez) o a la precisión referencial de un término por su propia definición (Fujimori encabezó una mal llamada democracia).

De este modo, resulta innegable la preponderancia de la interacción entre hablante y oyente y las consideraciones cognitivas que envuelven el contexto donde esta se realiza. Así, si el lenguaje, como ya se dijo, alude a alguna entidad, entonces las condiciones de existencia de dicho elemento vendrán dadas por el contexto en el que se establece la alusión. En conclusión, en un sentido no restrictivo o puramente objetivo, referir es aludir a un ente patente a nuestro conocimiento dentro de un espacio mental; este puede considerarse como el mundo exterior concreto o como el universo del discurso (donde el último incluye al primero, pero no viceversa). Así, pues, si asumimos que la realidad en la que se da la referencia es otra forma más de construcción mental, entonces no hay necesidad de darle a aquella la condición de medida de los fenómenos empíricos que estudia la semántica, tal y como lo hace todavía la semántica formal (cf. Chierchia & McConell-Ginet 1991: Cap. 1).10

3.2. La determinación: lo cognitivo y lo pragmático Como se ha podido apreciar, el empleo de frases nominales para aludir a entidades con distintos modos de existencia (“real-referencial” o “genérica”, notando la amplitud del último término) necesita de un mecanismo gramatical que establezca dichos modos de existencia. La determinación de cualquier sustantivo (o la falta de esta, como se verá más adelante) es el medio con el que las lenguas representan la condición en la que un ente existe para el hablante. En lo que
Sobre la noción de espacios mentales se volverá en el capítulo 4 (4.1.1) al discutirse la noción de contacto mental. Para una crítica a la noción de “mundos posibles” por no fundamentarse en procesos cognitivos, cf. Fauconnier 1994: Preface.
10

138

sigue, gracias a la definición nocional de la categoría gramatical sustantivo, podré plantear que los determinantes son “ajustes” que se hacen sobre concepciones previas bastante abstractas. De este modo, esta parte servirá para dejar en claro la función de la determinación con respecto de la formación de clases, específicamente en lo concerniente a la definitud y la indefinitud de las instancias ahí elaboradas.

3.2.1.

Dimensión cognitiva de la determinación: introduciendo la definitud e indefinitud11

Un buen marco para introducirnos en este tema lo brinda Coseriu. Él afirma (1989: 291-292) que hay dos formas de determinación: primero, la que actualiza un signo virtual (lo cual resulta equivalente a lo que, siguiendo a Langacker, se ha venido llamando instanciación); segundo, la que guía la referencia (es decir, la que permite delimitar, orientar y precisar la referencia de un signo). Gracias a estas ideas, creo posible apuntar hacia una doble función de la determinación: esta define la realidad de un elemento virtual (o un tipo), o bien introduce una noción en el flujo del discurso.

El mismo Coseriu (1989: 292) señala cuatro tipos de operaciones para la determinación nominal: actualización (hacer a una FN referencial), discriminación (fijar una entidad como única frente al resto de su clase), delimitación12 e identificación (la función pragmática del determinante, la que le permite al receptor tomar contacto con un elemento que el emisor le presenta en el discurso). De ellas, dice este autor, solo la última puede asignarse plenamente al campo de lo pragmático. No

Para una mejor comprensión de esta sección es indispensable tener muy en claro los conceptos de tipo e instancia tal y como fueron presentados en el capítulo 2, sección 2.2.2. Ahí se estableció la noción de dominio de instanciación, concepto clave que une la definición nocional del sustantivo en tanto esquema con los elementos que componen la clase que dicha categoría gramatical designa. Los llamados delimitadores modifican las posibilidades designativas del signo. En pocas palabras, realizan las modificaciones especificativas propias de los adjetivos, aposiciones, etc. (i.e. todos los modificadores postnominales). Esto es lo que se ha llamado, siguiendo a Langacker, especificación de tipo (type specification): es decir, la forma en la que se especifica la base para identificar varias entidades como representativas de la misma clase, pero sin incluir a ninguna instancia específica de la clase. Estas distinciones se alejan de las funciones de los determinantes gramaticales definidos e indefinidos, por lo que no abundaré en más explicaciones.
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obstante, en concordancia con lo sostenido a lo largo de este capítulo, plantearé lo problemático que resulta separar lo conceptual de lo pragmático en una teoría sobre la determinación. Sostengo que lo conceptual precede siempre a lo discursivo; sin embargo, no estoy diciendo que sea más importante o que estén disociados, sino que es tan solo la base que, necesariamente, tendrá en su contexto el complemento indispensable para dar sentido a un enunciado. Por consiguiente, asumiré como punto de partida la siguiente definición:

Definición de determinación • La determinación es el proceso por el que se particularizan los conceptos sustantivos dentro de coordenadas existenciales específicas.

Por coordenadas existenciales quiero dar a entender que la variación de lo concreto (FN referenciales) y lo abstracto (FN con interpretaciones genéricas, análogas a la noción de tipo) son solamente modos de existencia o de realidad dentro de los cuales se ubican las entidades aludidas.13

Uniendo esto con lo presentado sobre la distinción entre tipo e instancia (cf. supra 2.2.2), debe decirse que el proceso de determinación presupone el proceso de instanciación: una entidad está perfilada dentro de su dominio de predicación, de modo tal que ocupa patentemente un lugar en dicho dominio y puede distinguirse de otras posibles instancias del mismo tipo (debe tenerse en cuenta que el dominio implica la existencia de una clase). Dicho de otro modo, mediante la

En cierto modo, estas condiciones de existencia deben considerarse análogas a las que se codifican mediante el modo verbal, específicamente la distinción indicativo/subjuntivo (o la más básica de real/irreal). Sin embargo, no podemos afirmar que las condiciones en las que se establece la realidad de los eventos (los cuales se codifican lingüísticamente como verbos) sean las mismas en las que se establece la realidad de las cosas (que se codifican, respectivamente, en sustantivos). Baste decir que por el hecho de que los verbos se entienden como relaciones dentro de un tiempo de proceso su semántica no permite establecer para ellos el esquema de [CLASE] del mismo modo como se deriva para los sustantivos. Los verbos obtienen su realidad prototípicamente en su realización dinámica (por ello su dependencia en el tiempo); mientras que los sustantivos tienen garantizada —prototípicamente, claro está— una existencia espacio-temporal independientemente de factores externos.

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determinación se asume un tipo de existencia para los objetos mencionados según su potencial ubicación y entorno dentro del dominio de instanciación. Esta puede ser básicamente de dos tipos: definida e indefinida.14

En consecuencia, propongo que la determinación definida debe entenderse como la fijación de la atención sobre un elemento único o específico de la clase que designa un sustantivo. Es decir, cada vez que se usa una forma de determinación definida estamos estableciendo contacto con una instancia individual separada por completo de cualquier otra instancia posible dentro de la clase (como ocurre, por ejemplo, en No pude ver la película que me recomendaste).15 Por esta razón, la determinación definida se entiende, por defecto, como claramente referencial. En efecto, Givón (2001: 441) no duda en considerar la determinación definida (o simplemente definitud, en términos más cortos) como una subespecie de la referencia.16 Por su parte, Cruse (2000: 306-308) propone los siguientes como rasgos propios de la referencia definida, que equivale a lo que hemos llamado determinación definida:

(a) El objetivo referencial que se tiene en mente es necesariamente una entidad particular (si bien pueden cometerse errores, como asumir un referente diferente al que realmente corresponde), que pueda ser en principio identificada de modo único por el hablante. El objeto referido debería ser conocido de modo suficiente por el hablante: él lo distingue del
La noción de determinación se ha visto especialmente atada a la de definitud, lo cual es una cuestión que debe aclararse. La determinación es el proceso general y la definitud solo sería una de sus manifestaciones. No todo lo que está determinado tiene que ser definido, ya que algo puede determinarse en tanto no preciso, es decir, de modo indefinido.
15 14

Los conceptos de especificación y determinación definida guardan una relación tan estrecha que pueden confundirse más de una vez. La determinación definida debe considerarse una forma de actualización de la especificación, de modo que el hablante presenta al oyente lo que ha pensado: una entidad sobre la que posee plena conciencia de su naturaleza singular, claramente destacada entre otras entidades del mismo tipo. Sin embargo, la especificación, si bien es representada directamente por la determinación definida, no es más que una condición previa del conocimiento del hablante. Si el hablante piensa en un individuo específico, puede ser que opte por presentarlo con una determinación indefinida por los motivos que se verán en 3.2.3: facilitar el reconocimiento de los términos en una interacción comunicativa. Los casos de usos genéricos —o no referenciales para los análisis lógicos de la referencia— como en El león es un animal salvaje son considerados por Givón como referenciales en el sentido amplio definido al final de 3.1.2., ya que refieren a un tipo o una clase. Sobre esto se ahondará en el capítulo 4.

16

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resto de objetos del mundo. No obstante, la definitud puede deberse a una experiencia limitada y pobre, aunque suficiente para caracterizar una entidad. (b) El hablante busca que el objetivo referencial sea también identificado de modo único por el oyente. La información mediante la que el oyente identifica el referente no tiene que ser detallada, puede ser mínima. (c) El acto de referencia trae consigo para el oyente la garantía de que este tiene suficiente información para identificar de modo único al referente. Esto se funda en el contenido semántico de la expresión referencial (u otras propiedades de la expresión que limiten el campo de búsqueda), y a la información disponible del contexto, situación del entorno ambiental, lingüístico o mental (memoria y conocimiento). (d) Las condiciones de emisión y audición de la señal lingüística son las normales (nada obstaculiza la mutua comprensión de los dialogantes). (e) El acto de referencia nunca se da por sí mismo, sino dentro de un acto de habla que lo subsume. Una expresión referencial por si sola no refiere: debe estar dentro de una oración. (f) El hablante busca que el oyente pueda reconocer su intención de referir por medio de haber producido el enunciado en cuestión. (g) Prototípicamente, la parte del enunciado que se produce con el objetivo de referir debe tener una forma que convencionalmente lleve a cabo dicha función. Esto quiere decir que los elementos argumentales (sustantivos) antes que los predicativos (verbos, adjetivos, preposiciones) son los llamados a usarse referencialmente.

Por otro lado, sostengo que la determinación indefinida asume que dentro de la clase existen otros elementos potencialmente idénticos entre sí. De este modo, cuando se selecciona una instancia, se asume que al lado de esta existen otras más. Esto permite dos formas de indefinitud: una instancia coexiste potencialmente con las demás, siendo esta distinguible (por cuestiones de atención derivadas de modalidades proposicionales) o no es distinguible de las demás. En el primer caso tendremos las FN indefinidas referenciales (como en Tengo una noticia muy importante para ustedes); mientras que en el segundo, las FN indefinidas no referenciales (como en ¿No tienes ganas de tomarte una cerveza?).

Por su parte, Cruse dirá sobre la referencia indefinida (o determinación indefinida referencial) que es una forma de hablar de un referente, cuya identidad es clara para el hablante. Sin embargo, se distingue de la determinación definida en que no son relevantes para el mensaje los rasgos que

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particularizan a dicha instancia. Es decir, nada depende de las características individualizadoras del referente, solo los rasgos de clase que se indican son relevantes. Este hecho, por consiguiente, se encuentra más allá de la identificación única del referente: es una forma más cercana a la construcción plena del contenido conceptual elaborado por un sustantivo. Esto se explica porque, al no haber una selección única y exclusiva de una instancia, los demás miembros que forman parte de la clase deben considerarse presentes de algún modo, con lo cual el sentido genérico (referencia a la clase) queda licenciado (como se observa en la frase Hoy compré una manzana indefinido referencial y me la definido referencial comí).

En conclusión, un hablante puede elegir nombrar algo de modo indefinido a partir de la clase a la que pertenece por medio de la presencia de los individuos que la componen (con lo que se accede a sus rasgos más universales o generales); también puede nombrarlo de modo definido, es decir, como un objeto específico o un individuo particular (lo cual asume un conjunto de rasgos que singularizan al objeto hasta hacerlo lo más referencial posible). Pero en ambos casos lo que tiene en frente es el mismo objeto, único y discernible. La figura 9 ilustrará el sentido de la determinación definida e indefinida con respecto a la noción de sustantivo como clase. No obstante, debe tomarse en cuenta que la representación de una clase, a partir de las condiciones cognitivas que impone la definición del sustantivo, es más compleja (cf. supra fig. 6 y 7). Los conjuntos que se proponen como clases son solo simplificaciones del dominio de instanciación donde se elabora la especificación de tipo o esquema sustantivo abstracto. Por esa razón, el cuadrado que encierra las X representa el perfilamiento de una instancia. Las líneas discontinuas en el caso c (determinación indefinida no referencial) señalan que el perfilamiento no tenía ningún elemento específico predeterminado: cualquier instancia valdría por igual.

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Sustantivo X

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X XXX X X X X XXX X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X XX X X X X X XX X X X X

Determinación sobre un único individuo que anula la existencia de los demás

Ejemplo: Compré la casa.

A. Determinación definida (por defecto referencial)

Sustantivo X

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X XX X X XX X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X XX X X X X X XX

Determinación sobre un único individuo que mantiene la existencia de los demás, pero sin resaltarlos.

Ejemplo: Compré una casa.

B. Determinación indefinida referencial Determinación sobre un individuo no único, cualquier otro puede ocupar la misma posición, entonces su existencia se considera exactamente igual que la de los demás. Ejemplo: Necesito una casa.

Sustantivo X

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X XX X X X X XX X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X

C. Determinación indefinida no referencial

Figura 9. Formas de determinación de un sustantivo

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3.2.2.

Dimensión discursiva de la determinación definida e indefinida

A pesar de lo intuitivamente adecuada que resulta la definición de determinación a partir de la noción de clase que se asocia con los sustantivos, es necesario adoptar un punto de vista complementario: la determinación también establece, fundamentalmente, la relación que habrá entre una instancia y los participantes del discurso (Langacker 1991: 96). De este modo, también puede decirse que la determinación obedece a la necesidad de los hablantes por precisar un referente o caracterizarlo para el interlocutor. Bajo esta perspectiva ha trabajado Givón (1982; 1984: Cap 11; 2001: Cap. 10), a quien seguiré en esta parte para dar una idea más completa de una visión que privilegia el uso dialógico del lenguaje como modelador de los aspectos gramaticales de la determinación.

El problema de la definitud y la referencia (¿todo lo que se refiere está definido?, ¿hay FN definidas que no refieran?, etc.) solo puede resolverse si se escapa de los límites de las relaciones intra e interproposicionales privilegiadas por los estudios lógicos, para dar cabida a la interacción entre el hablante y el oyente. La solución propuesta por Givón es asumir plenamente el acuerdo comunicativo como factor constitutivo de la estructuración gramatical: un hablante asume que el oyente conoce o bien es reacio a discutir, por cualquier razón, ciertas proposiciones (1984: 398).

Como ya se ha mencionado antes, Givón considera la definitud como un subtipo de la referencialidad. Esto concuerda con lo que se propuso dentro de la definición cognitiva de definitud e indefinitud: ambas son coordenadas en las que se establece el tipo de existencia que se le asigna a una entidad. Así, cuando la existencia es única, la referencia es inmediata o directa. Sin embargo, durante los primeros estudios lógicos, no se distinguía entre lo “definido” y lo que tiene “referencia exacta”. De hecho, la clásica frase El rey de Francia es calvo no afirma que exista un rey de Francia (como proponía Russell 1905), más bien la presentación definida (con el artículo el) quiere decir

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que el hablante y el oyente comparten el conocimiento de su existencia (como sugería Strawson 1950).

De este modo, los determinantes, y específicamente los que son el tema de este trabajo, los artículos, realizan claramente una función pragmático-discursiva. Un grupo de estos últimos, los definidos (el, la, etc.), se usan cuando se asume que la entidad nombrada se encuentra presente en la conciencia del oyente (y por lo tanto es el objeto al que se alude en el discurso). El otro grupo, los indefinidos (un, una, etc.), permiten nombrar a una entidad que no se considera presente de modo específico en la conciencia del oyente; así, pues, no puede aludirse a ella como si fuera un objeto evidente. De este modo, la definitud y la indefinitud son “modulaciones” de la identidad referencial con la que dialogan (mediante la presuposición) tanto el hablante como el oyente. Todo depende de la posibilidad de asignar una referencia única. Por consiguiente, se proponen estas definiciones:

Definición de definitud e indefinitud Indefinido: Los hablantes codifican una construcción nominal como indefinida si piensan que no están autorizados a asumir que el oyente pueda —por cualesquiera medios— asignarle a aquella una única identidad referencial. Los hablantes codifican una construcción nominal referencial como definida si piensan que están autorizados a asumir que el oyente puede —por cualesquiera medios— asignarle a aquella una única referencia. (Givón 1984: 398399)

Definido:

3.2.3.

Bases para la asignación de la referencia definida: conocimientos disponibles para el oyente frente al discurso

¿Cómo accedemos a la referencia definida cuando, paradójicamente, cabe la posibilidad de que innumerables instancias diferentes puedan ocupar el lugar de aquella que entendemos como la instancia definida? Por ejemplo, los siguientes diálogos (Cruse 2000: 314) muestran que la

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comprensión de un referente único se logra a pesar de la posibilidad de que pueda haber muchos referentes más: A. ¿Has visto Orgullo y prejuicio? B. No, pero he leído el libro.

La información dada en la respuesta solo dice que el referente pertenece a la clase de los libros, la cual abarca millones de instancias. No obstante, entendemos que es solo un libro específico (i.e. aquel que leí y que tenía por título Orgullo y prejuicio).

Obsérvense los siguientes ejemplos: A. (en un restaurante) Yo no quería masa gruesa en mi pie de manzana. B. Pues debería de habérselo dicho a la mesera. A. (durante el desayuno en un hotel de Lima) ¿Qué vamos a ver hoy día? B. Creo que deberíamos ir a ver la catedral.

En estos dos casos tampoco se da información suficiente sobre la identidad única de los referentes aludidos por la mesera o la catedral; no obstante, tanto hablante como oyente poseen información o conocimientos suficientes para caracterizar la referencia de modo único. Detrás de esto está la cuestión de qué tanta información necesita dar el hablante para que la referencia definida sea obtenida con éxito.

Givón (2001: 459) señala que la accesibilidad de la información que el hablante propone al oyente se logra a partir de una forma preexistente de representación mental en la mente de este último. Una FN definida se hace básicamente referencial, entonces, por la facilidad de su accesibilidad mental. Estas formas de conocimiento del oyente son el desarrollo de la noción de universo del discurso; es decir, la interacción comunicativa presenta un discurso sobre el cual el oyente tiene nociones preconcebidas que lo ayudan a organizar el flujo de información presentado por el hablante, quien, a su vez, presupone que el oyente puede ubicar lo dicho dentro de esas representaciones mentales.

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Por consiguiente, cada vez que el oyente se enfrenta a los referentes presentados por un texto o enunciado específico, será capaz de relacionarlo con alguna instancia preexistente dentro de las representaciones mentales disponibles para este fin, las cuales son, según Givón (2001: 459-460), las siguientes: a. Modelo mental de la situación de habla actual (current speech-situation) compartida por los dialogantes. Este se fundamenta en la “memoria de trabajo” o el foco actual de atención. b. Modelo mental del conocimiento léxico-genérico (generic-lexical knowledge)

permanente. Este se fundamenta en la memoria semántica permanente, llamada también saber enciclopédico. c. Modelo mental del texto actual (current text). Este se basa en la memoria episódica mayor duración.17

En primer lugar, la definitud lograda mediante la situación de habla actual se logra gracias a la disponibilidad deíctica que un objeto tiene dentro de su entorno inmediato. Tanto el hablante como el oyente pueden acceder a un objeto único presente en un espacio o tiempo compartidos. Esta forma de disponibilidad no se manifiesta específicamente en frases nominales, sino más bien en términos pronominales o deícticos que están en permanente actualización durante el flujo del diálogo. Es bien sabido que los referentes que se dan a términos como yo, tú, este, este, aquí, ahí, allá, ayer, hoy, ahora, entonces, más tarde, la semana pasada, la próxima semana, etc. están en constante cambio según el punto de vista y el entorno inmediato que rodean tanto al hablante como al oyente. Por ejemplo, este viejo chiste muestra la inestabilidad de las formas pronominales: A. (Respondiendo a alguien que toca la puerta) ¿Quién es?
17

Givón la llama específicamente long term memory. Esta memoria de largo plazo no es igual que la memoria permanente o la memoria de trabajo. Es, tengo la impresión, un nivel intermedio en el que se retienen los conceptos durante un periodo mucho mayor que en la memoria de trabajo, pero no tanto como en la permanente, lo cual resulta ideal para mantener establecer con claridad la referencia de las FN durante una conversación más o menos extensa.

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B. Soy yo. A. ¿Quién es yo? B. Usted.

En segundo lugar, la definitud alcanzada mediante el conocimiento léxico-genérico puede entenderse como el producto de un archivo permanente en la mente de los hablantes (Givón 1984: 399-400). La gran mayoría de datos que caben en ese archivo son fundamentalmente genéricos; es decir clases abstractas o tipos —en el sentido dado por Langacker—. Sin duda, este saber léxico compartido no es idéntico dentro de la misma comunidad de habla. Sin embargo, el hablante asume, con buenas bases, que una persona en su misma comunidad, con la que puede entenderse hablando, deberá compartir con grandes probabilidades los mismos significados asignados a las palabras que usan diariamente. A pesar de su carácter mayoritariamente genérico, algunos elementos léxicos se asumen con referentes específicos. Entre estos se incluyen entidades globalmente accesibles, es decir, únicas desde el punto de vista físico o cultural. Por ejemplo, “el Papa”, “el congreso”, “la bandera”, o “el sol”, “la luna”, “el mundo”, “la ciudad”, etc. son entidades para las que, en un diálogo se asume un referente definido, tal y como el artículo muestra. También se entienden como referencialmente específicos en una comunidad los nombres propios asociados a personas o lugares singulares.18

El conocimiento léxico-genérico todavía puede dar paso a formas de referencia definida que utilizan, al mismo tiempo, acceso a la situación de habla actual o a la memoria episódica con la que entendemos los referentes en un texto actual. Esto quiere decir que estamos frente a un sistema híbrido: los referentes pueden definirse por la presencia inmediata en el contexto del habla de uno de sus participantes y/o por una conexión anafórica con su antecedente dentro del texto actual y, al

18

En el caso de los nombres propios, es claro que el entorno dentro del cual es relevante el conocimiento del nombre es muy variable; pero comienza con nuestros intereses particulares, y desde ahí un nombre de ese tipo puede ser importante para nuestra familia, el trabajo y la vida como país (por ejemplo, el nombre del presidente).

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mismo tiempo, por relacionarse con conocimientos genéricos sobre el mundo (Givón 2001: 461). Por ejemplo, si alguien dice: Ayer fui al médico porque me dolía la cabeza, estamos frente a un caso donde automáticamente sabemos que existe una instancia particular, yo, que enuncia la frase (y por ende se usa el sujeto tácito), la cual, por la situación actual del habla, está siempre definida. Por extensión, sabemos de modo genérico que el cuerpo humano, asociado al hablante, posee una parte llamada cabeza, que es también única, por ello no necesita del artículo indefinido para presentarla.

Otro caso puede verse en una oración como Llegué tarde al trabajo hoy, el autobús se me pasó. Como se vio en el párrafo anterior, la definitud de el trabajo se obtiene por el emisor (yo) y el conocimiento genérico de que las personas trabajan en un lugar. No obstante, el autobús obtiene su definitud, pese a no haber sido mencionado antes, gracias a que se ha mencionado la FN el trabajo antes (referente anafórico dentro del texto actual) y por el conocimiento genérico de que normalmente se trabaja fuera de casa y de que hay que movilizarse en algún vehículo para llegar al centro de labores. En general, cualquier relación todo-parte permite, una vez presentado el todo, asumir la definitud de las partes. Por ejemplo, cuando se habla de un auto específico, es posible hablar directamente de el embrague, los frenos, el timón, etc.; o bien, si se habla de una casa, entonces la puerta, las ventanas, el patio, etc. no necesitan del determinante indefinido para ser introducidos.

En tercer y último lugar está la fuente más usual e importante para lograr la definitud: el conocimiento del texto actual. En general, este tipo de representación mental permite atar un referente de modo anafórico con una traza presente en algún punto anterior del mismo discurso. De ahí que Givón propusiera que esa forma de accesibilidad referencial «emana de los contenidos de comunicaciones específicas, es decir, de la información efectiva que pasa de hablante a oyente» (Givón 1984: 401). El contexto comunicativo permite que un archivo activo —i.e. el conjunto de conocimientos que mantienen presentes el hablante y el oyente para producir e interpretar un

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discurso particular— tenga contacto con los conocimientos del archivo permanente, de modo que la definitud a lo largo de un diálogo depende de la accesibilidad referencial que brinda la combinación de ambos archivos.

Las dos formas de conocimiento anteriormente propuestas por Givón basan la definitud en cuestiones ajenas a los contenidos de un discurso específico. Sin embargo, así como es necesaria la existencia de un conocimiento léxico-genérico que garantice la accesibilidad definida de algunos miembros del “mundo representado” por los hablantes, también se necesita que la información que se viene presentando continuamente en la conversación esté almacenada en un archivo activado con el fin de mantenerla fluida (esta información incluye el número de referentes, extensión del discurso, profusión de coherencia, protagonismo de los individuos mencionados, etc.). Así, para lo que más concierne a los artículos, el conocimiento del texto actual es una selección de sustantivos que aparecen progresivamente en el discurso sobre los que hay algún tipo de asunción respecto a su existencia (individual, genérica, etc.).

No obstante, es necesario reconocer que la preeminencia del conocimiento del texto actual no radica solo en que da cuenta de la mayoría de las formas referenciales en un diálogo, sino en que toma información de las otras dos formas de conocimiento. En efecto, el conocimiento del texto actual se superpone al léxico-genérico de dos maneras (Givón 1984: 401):

a. La información específica que el discurso comunica puede hacerse parte del archivo permanente. Por ejemplo, un accidente o un viaje sufrido por una persona, si poseen una gran relevancia (digamos, por sus consecuencias) en la vida de esta, puede convertirse en algo definido (P. ej. en la frase Luego del accidente nunca volvió a ser el mismo).

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b. Los términos en el texto actual que son referenciales y específicos tienen el mismo estatus que los elementos específicos o globalmente accesibles del archivo permanente. Dicho de otro modo, el archivo activo puede tomar elementos del permanente. Puede pasarse libremente de uno al otro. Así, los términos del archivo permanente se recogen en este con el fin de mantener clara la modalidad referencial.

Por último, la accesibilidad referencial de los sustantivos que ingresan al texto actual no se mantiene idéntica a lo largo del desarrollo de un discurso particular. Influyen en esto cuánto conocemos del texto actual y la extensión efectiva del discurso particular (hay restricciones de memoria: los elementos que no se refuerzan tienden a perder su definitud); el grado de especificidad estructural del conocimiento del texto actual (es decir, la forma en la que se da la coherencia referencial en un texto, presencia de términos específicamente referenciales, sinónimos, etc.); y por la importancia o referencialidad de un referente en el discurso (su ubicación como tópico).19

3.2.4.

Organización de la mente del individuo frente a la organización del diálogo: dos cuestiones fundamentales sobre la determinación

Las apreciaciones de Givón sobre el papel del universo del discurso y los tres tipos de conocimiento disponibles para lograr la accesibilidad referencial han sido útiles para comprender discursivamente el fenómeno de la definitud y la indefinitud. No obstante, todavía es posible pensar que, si bien
19

Como complemento a lo presentado por Givón, creo conveniente mencionar el orden que Cruse (2000: 315) sugiere como el que sigue el oyente al buscar el referente definido de una expresión: i. el discurso inmediatamente anterior al segmento que contiene la FN definida referencial (búsqueda dentro de la memoria de corto y largo plazo). ii. situación inmediata (comúnmente el espacio que está disponible a los sentidos). iii. situación más amplia (episodios previos o eventos precedentes si bien no en un tiempo contiguo al momento de la enunciación del hablante). iv. memoria/conocimiento general del mundo. Según este autor, es más lógico preferir el ámbito discursivo y dejar la presencia del conocimiento general en último lugar, lo cual resulta una conclusión compatible con los postulados de la teoría de la relevancia (Sperber y Wilson 1986).

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cualquier hablante tiene expectativas sobre lo que el oyente conoce, estas son posteriores al hecho de que los hablantes enuncian desde lo que ellos sí conocen. El no haberse señalado esto puede conducir a una suerte de conflicto en la definición de los determinantes: ¿esta obedece a una cuestión representacional; es decir, a la concepción que un hablante particular hace de una entidad según sus conocimientos (la elaboración de una instancia a partir de un tipo)?; ¿o más bien, la definición se funda en el proceso comunicativo; es decir, en la situación especifica en la que se enuncia y las suposiciones que los hablantes hacen considerando el conocimiento que tienen los oyentes sobre las entidades que se presentan en el discurso?

Creo que la primera opción, que enfatiza lo representacional y al hablante, podría tildarse, de modo algo extremo, por cierto, como solipsista. Por ejemplo, si un hablante habla de un perro, este animal bien puede no estar como definido en su conocimiento léxico-genérico, ni haber sido evocado con anterioridad dentro del texto actual. Por consiguiente, el hablante piensa en el perro como no definido —y a continuación lo presenta de ese modo: un perro—. Esto significaría que la indefinitud y la definitud podrían no basarse en una consideración a los oyentes, sino en una particular disposición del conocimiento sobre un objeto que nos lleva, como hablantes, a expresarlo de una de esas dos formas.

Por otra parte, la segunda opción para definir la determinación propone un punto de vista dialogicista. Bajo esta consideración, todo acto de habla supone un destinatario cuyo conocimiento esta siempre en consideración de aquel que habla. El hablante solo puede suponer desde una aproximación a lo que hay en la mente del que escucha. Por lo tanto, considerando que el lenguaje no puede ser ajeno a su función comunicativa, los hablantes disponen de formas precisas para introducir elementos en sus discursos: el determinante definido se emplea para lo que se asume como conocido por el auditorio en tanto un individuo fijo, y el indefinido para aquello que recién se pone a consideración de la conciencia del auditorio.

153

Es necesario evaluar cuál es el papel que les corresponde a estas definiciones. Como ya se presentó a lo largo de este capítulo, ninguna teoría sobre la determinación puede estar completa si no se considera la naturaleza comunicativa del lenguaje. No obstante, es también indispensable tener en cuenta el papel que cumplen la cognición de un individuo, que es también parte central de la naturaleza del lenguaje. Por ejemplo, considérese que nombrar a una entidad dentro de un intercambio comunicativo es diferente que estar reflexionando o “hablando con nosotros mismos”. Por ejemplo, si pienso:

(7)

Un perro me mordió, así que será mejor ir al médico por si hay que vacunarme contra la rabia.

entonces, yo, que sé muy bien que ese perro posee una referencia única, lo concibo en tanto miembro de una clase que incluye otros perros, con lo cual se presupone al género (cf. figura 9b); desde ahí asumo que cualquier miembro de la clase puede poseer la propiedad de infectar la rabia.

Por otra parte, si le cuento a alguien que no sabe nada de lo que me ha pasado últimamente lo siguiente:

(8)

Un perro me mordió ayer.

A pesar de que yo tenga un referente fijo y único en mi conocimiento para ese individuo, sé que mi interlocutor debe identificar al animal a partir de mis palabras, pues es seguro que no lo tiene presente. Por este motivo, propongo que el proceso de identificación de cualquier ente pasa, en caso de que uno suponga que no está en la mente del oyente, por proponer primero el género y luego el individuo. Esto significa que la identidad de un ente se presenta desde el entorno de existencia que lo rodea (un perro es una instancia x de la clase perro). Esta lectura genérica (en este sentido de

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clase y no en el que se criticó en el punto 3.1.2) concuerda con la definición cognitiva del artículo indefinido. Desde allí, ya hay bases firmes para pensar en un individuo preciso (que será presentado sucesivamente como “el perro”, “ese perro”, etc.).

En conclusión, el problema del “solipsismo” —o, mejor dicho, la preeminencia de la organización conceptual en la mente del individuo— frente al dialogicismo se resuelve desde una perspectiva conjunta más realista y menos extrema: la base de cualquier acto lingüístico es cognitivorepresentacional; inmediatamente después se hace uso de esas representaciones en una situación comunicativa específica. Esto último obedece a que ciertas formas cognitivas son sumamente adecuadas para las situaciones en las que se da la comunicación. Por ejemplo, la aparición de una entidad en la mente del que escucha no puede darse desde un ente fijo y único, ya que a él se llega desde la especificidad de la singularidad referencial. Hay que proponer primero el género al que ese individuo pertenece, de este modo el hablante puede construir la forma de identificación básica de cualquier individuo: es una instancia de un tipo abstracto. Este conocimiento siempre está en la mente como parte del léxico, según lo visto en la definición nocional del sustantivo.

De este modo, las consideraciones de los determinantes en una postura dialogicista son el resultado predecible del uso inmediato que se da a un enunciado en la comunicación: poner algo a conocimiento del que oye. El uso es siempre una posibilidad favorecida por la forma (de modo que no hay arbitrariedad, sino por el contrario pura motivación).

3.3. La determinación y los modos proposicionales Como última parte de este capítulo se presentará la relación entre las modalidades proposicionales y la determinación, especialmente la indefinida. Es importante notar que la noción de modo proposicional alude a la relación que hay entre toda una oración (o proposición, en términos lógicos) y los posibles estados del mundo sobre el que ella habla. Tradicionalmente, estas relaciones

155

se establecían mediante valores de verdad. De esta forma, una oración/proposición podía expresar una verdad, una falsedad o una posibilidad;20 es decir, una proposición puede ser una afirmación, una negación, o una forma condicional. No obstante, si privilegiamos una visión del lenguaje en la que las proposiciones están enmarcadas en un discurso, y este se guía por las expectativas, presuposiciones e interacción del hablante y el oyente, esta visión de las modalidades proposicionales deberá variar.

Las modalidades, según Givón (1984: 253) pueden ser parte de un contrato epistémico establecido por hablante y oyente al comunicarse. De esta manera, antes que una verdad o falsedad, los hablantes dialogan a partir de actitudes sobre la información que transmiten sus oraciones, ya que estas están dentro de un contexto informativo más amplio (situacional y cognitivo). De esta manera, la siguiente formulación de las modalidades proposicionales es capaz de subsumir los distintos tipos de verdad: Modalidades proposicionales a partir del acuerdo comunicativo a. Conocimiento indiscutido (incluye verdad necesaria, analítica y presupuesta): una idea no necesariamente expresada se concibe como necesaria por acuerdo previo. b. Conocimiento real afirmado (incluye verdad factual/sintética): (i) Afirmativo: Una idea se afirma fuertemente como verdadera. (ii) Negativo: Una idea se afirma fuertemente como falsa. c. Conocimiento irreal afirmado (incluye verdad posible/condicional): Una idea se afirma débilmente como posiblemente verdadera.

Así, la idea de modalidades proposicionales para estos tres tipos incluirá como una actitud el grado de fuerza con el que el hablante cree lo que afirma, así como las consecuencias que esto tiene para el interlocutor (este puede compartir las mismas creencias, necesitar pruebas o simplemente dudar
20

La noción de verdad en términos tradicionales estaba dividida de la siguiente forma (cf. Givón 1984: 252): a. Verdad necesaria (o verdad analítica en términos kantianos) b. Verdad factual (o verdad sintética en términos kantianos) c. Verdad posible (o verdad condicional en términos kantianos)

Ninguna de las anteriores se relaciona con la noción de falsedad, que es, en sentido estricto la contrario de cualquier afirmación que se tiene por cierta.

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de la realidad de lo oído). Para simplificar estos términos, Givón (1984: 255) llamará al primer tipo de modalidad presuposición; el segundo será aserción real (afirmativa) y aserción negativa; mientras que el último quedará como aserción irreal. Si no se requiere de una distinción para analizar las aserciones reales e irreales, sencillamente la distinción se hará entre presuposición (no aserción) y aserción.

3.3.1.

Modalidad fáctica, no-fáctica y referencia

Como ya se ha propuesto, las modalidades proposicionales de las lenguas naturales pueden ser divididas en cuatro: a. Presuposiciones. b. Aserciones reales c. Aserciones negativas d. Aserciones irreales

No obstante, es natural asumir que (a) y (b) pueden agruparse en una categoría más general, la de la modalidad proposicional fáctica (FACT), mientras que (c) y (d) caben dentro de la modalidad proposicional no fáctica (NO-FACT). Esta división resultará sumamente adecuada, pues permite ver cómo la referencialidad o no referencialidad de una FN indefinida (forma de ambigüedad que recibe el nombre específico de opacidad referencial) depende estrechamente de las modalidades proposicionales.

Es posible establecer una regla general para la relación entre la referencialidad de las FN y las modalidades proposicionales que las contengan. De este modo, al interior de una oración donde predomine la modalidad fáctica, las FN solo pueden ser referenciales (así sean indefinidas). Por su parte, dentro de una oración con modalidad no fáctica, las FN pueden ser referenciales o no referenciales. Los ejemplos que Givón da son los siguientes (1984: 391):

157

1.

Presuposición (FACT): María lamenta que haya visto un águila [implica que Maria vio un águila particular que el hablante asume como existente] Aserción real (FACT): María vio un águila [implica que el águila que María vio es particular y existente] Aserción irreal (NO FACT): María verá un águila. i. [...porque en ese lugar hay un águila que hace su nido. Implica que María verá un águila particular sobre la que el hablante afirma que existe] ii. [...si va por ahí, porque en ese lugar hay bastantes águilas. No implica que María vaya a ver un águila específica, sino a cualquier miembro de la clase “águila”]

2.

3.

4.

Aserción negativa (NO FACT): María no vio un águila en todo su viaje a Estados Unidos. [Implica únicamente que no existe un águila particular que María haya visto; es decir, no vio ningún miembro de la clase “águila”]

Para el autor, las modalidades fácticas son neutras, mientras que las no fácticas son marcadas. Es decir, las primeras son asumidas “por defecto”, mientras que las segundas requieren de especificaciones contextuales más detalladas. Givón (2001: 442) enuncia así esta regla de marcado: «Nominals may be interpreted non-referentially only if they are under the scope of some non-fact modality. Otherwise, they must be interpreted referentially» [cursivas del autor].21

Esto, a mi juicio, significa que lo marcado (o si se quiere, lo no prototípico) es una extensión contextualmente determinada de una forma suficientemente abstracta: el esquema que produce la clase sustantivo como, básicamente, una clase de objetos antes que como individuos específicos. La más importante de las consecuencias del carácter marcado de las modalidades no fácticas es que la referencialidad o no referencialidad de las FN debe especificarse de modo ordenado: el entorno pragmático o contextual es más explícito (da más información) para las FN no referenciales, de lo que se deduce que las FN referenciales son las que usan por defecto en los demás casos.

«Las construcciones nominales pueden ser interpretadas no referencialmente solo si están bajo el alcance de una modalidad no fáctica. De lo contrario, deben interpretarse referencialmente».

21

158

Si bien esta división me parece adecuada, se muestra muy rígida con el trato a las aserciones negativas. Según Givón (1984: 332), las aserciones negativas eliminan la interpretación referencial no definida para las FN, que era posible tanto en la modalidad fáctica como la no fáctica. Más adelante (1984: 333), matiza esta afirmación diciendo que si bien la gran mayoría de lenguas posee la restricción antedicha, todavía existen algunas como el inglés —y el español como ejemplificaremos aquí— que pueden usar frases negadas con FN como expresiones referenciales indefinidas:

(9)

Estoy molesto porque en esa librería tan famosa no encontré un libro. i. No hay un libro que buscaba con interés (indef. ref.) ii. No hay un solo libro en esta librería. (indef. no ref.)

(10) Estoy molesto porque no encontré ningún libro. (indef. no ref.)

Aquí se muestra un claro contraste: (9) puede aludir a un libro específico —hace referencia a un objeto particular—, mientras que (10) no alude a ningún objeto preciso, exactamente la interpretación que Givón asume para los oraciones negativas.22 No obstante, para precisar estos conceptos, hay que notar que (9) posee clara opacidad referencial por porque el verbo encontrar tiene un contenido fáctico inherente reforzado por la presuposición: “si encuentras algo es porque lo has buscado”. De modo que, si bien la negación impone la modalidad no fáctica, el verbo posee una fuerza fáctica que supera la imposición de la negación.

Adviértase que la forma indefinida negativa ningún es “más fuerte” como no referencial que un simple indefinido (un). En efecto, la no referencialidad de (9) se entiende como la ausencia de un ejemplar cualquiera, por extensión, es la ausencia de cualquier ejemplar. Puede notarse, además, que la negación de una FN con artículo indefinido se aproxima mucho a una lectura con el numeral uno. Por ejemplo, el numeral puede acentuarse para enfatizar la cantidad: Te dije que trajeras DOS libros, no uno solo. La negación en (9) admite (yo creo que incluso prefiere) el énfasis en el artículo, con lo que en realidad estaríamos frente a un numeral: Fui a esa librería tan famosa y no encontré UN libro [ni uno solo]. No obstante, estamos frente a un caso límite, en el que la intuición tiende a entender por momentos un indefinido (con la lectura de cualquiera ya propuesta) o la lectura de un numeral enfatizado (aunque sea levemente). Aquí solo me queda decir que el lenguaje está lleno de puntos que se parecen a las ilusiones ópticas o al vaso “medio vacío” o “medio lleno” que se discutió en el capítulo 1. Cf. infra, sección 4.2.1, para un breve análisis diacrónico de la relación entre el numeral uno y el artículo indefinido.

22

159

Si a continuación observamos (11) y (12), veremos cómo influye en la interpretación referencial y en la no referencial la presencia de una frase relativa que modifica y que sirve como contexto de interpretación para la referencia de una FN (además, dichas frases son también formas de determinantes en un nivel conceptual. Cf. Seiler 1976: 308 y ss.):

(11) Estoy molesto porque no encontré un libro que quería leer en mis vacaciones. (Ref. indef.) (12) Estoy molesto porque no encontré un libro que valga la pena para leer en mis vacaciones. (No ref. indef.)

Como puede notarse, en ambos casos la presencia de la frase relativa aumenta la facilidad con la que reconocemos la referencialidad o no referencialidad de la FN. En efecto, el uso de un verbo indicativo (modalidad fáctica) en (11) parece responder a que el hablante considera que un libro es referencial; mientras que, al usar el verbo valga en modo subjuntivo (modalidad no fáctica), se esta asumiendo la FN como no referencial.

Respecto de los alcances de la modalidad negativa sobre la referencia, Givón (1984: 333) sostiene que pragmáticamente, una frase negativa aparece una vez que ya se ha discutido una forma afirmativa (o bien está presupuesta o es familiar en el entorno). De este modo, si los argumentos presentes en las afirmaciones que anteceden pragmáticamente a la negación son referenciales (ya sean definidos o indefinidos), una posterior aparición de estos, ya dentro de una frase negativa, no puede ser como una forma referencial indefinida. Hay que recordar que la definitud aparece por defecto una vez que el oyente está familiarizado con los participantes del discurso, y la aparente necesidad de una afirmación previa a la negación garantiza está condición. No obstante, contra lo que Givón cree, la negación no tiene que ser una construcción que presuponga siempre una afirmación, si bien ese comportamiento es el más común y general en cuanto a su uso.23 La

Sin embargo, es evidente que si el presupuesto está presente, entonces, la aserción negativa no aceptará una FN referencial indefinida, por ejemplo:

23

160

negación puede introducir información totalmente nueva en el discurso, sin negar presupuesto alguno: la negación es un hecho “positivo” (si cabe tal modo de expresión), tal y como muestran las oraciones (9) y (11). Basta que el hablante tenga en mente la ausencia de un elemento específico para poder introducirlo como una FN referencial indefinida, como en este diálogo. A. Vamos a perder esta batalla: ¡el imperio galáctico nos destruirá! B. No lo creo, no. Ellos no tienen una cosa ref. indef.: ¡el cañón protónico!

3.3.2.

Formas lingüísticas, modalidades no fácticas y referencia

Distintas formas lingüísticas contribuyen a establecer modalidades no fácticas en los enunciados y esto influirá decisivamente en la posibilidad o imposibilidad de interpretaciones no referenciales en las FN. A continuación, siguiendo la descripción que hace Givón (1984: 393-397, 2001: 442-449), presentaré un inventario de las más importantes formas lingüísticas relacionadas con modalidades proposicionales que influyen en la referencia: tiempo y aspecto, verbos implicativos y sus complementos, complementos de verbos de percepción y cognición, operadores modales, cláusulas adverbiales irreales, predicados nominales y actos de habla no declarativos.

a. Mientras que el tiempo pasado de aspecto perfectivo (i.e. el pretérito indefinido) y el presente perfecto y el progresivo son representantes de la modalidad fáctica, las formas en futuro y las construcciones verbales habituales son modos no fácticos. Esto último ocurre porque dichas formas crean un espacio “irreal” (lo habitual se basa en una generalización a partir de repeticiones múltiples, de modo que no es absolutamente cierto que lo habitual ocurra siempre de hecho). Por ejemplo, decir El está comiendo un plato de lentejas solo puede admitir la lectura referencial de la FN objeto directo; por el contrario, la forma simple del presente, que

—¿María escribió un cuento? —No, María no escribió un cuento. [Solo puede ser la interpretación no referencial]

161

tiene interpretación habitual, permite la opacidad: Él visita a un amigo cada vez que viene al pueblo.

b. Si bien la mayoría de verbos transitivos exige la presencia de un objeto directo con interpretación definida; existe un grupo de verbos llamados no implicativos que, siendo transitivos, admiten como objeto directo (OD) una FN indefinida y no referencial. Son verbos como buscar, querer, imaginar, soñar, que actúan como una modalidad irreal/NO FACT respecto de las FN que están bajo su alcance. Esto se debe a que estos verbos pueden “crear” mundos diferentes del real (lo cual se puede entender como espacios mentales irreales. Cf. infra 4.1.1). Por ejemplo, en Manuel está buscando un alicate ref. indef./ no ref. indef. el OD posee opacidad referencial.

c. Los verbos modales presentan también la distinción implicativo-no implicativo. Esto afectará del mismo modo la interpretación referencial o no referencial de las FN indefinidas. Con un verbo modal implicativo como consiguió se tiene una modalidad fáctica para la oración, con lo que la lectura referencial es la única permitida: Lupe consiguió deshacerse de una plaga ref. indef.. Por el contrario, con un verbo modal no implicativo caben los argumentos no referenciales en su complemento. Por ejemplo, Rocío quiere comer una hamburguesa
ref. indef./no ref. indef.

no

presupone que ella haya comido alguna hamburguesa. Al no ser una expresión que dispare presuposiciones, su modalidad es NO FACT. Por eso, la hamburguesa en cuestión puede ser una particular o cualquiera.

El mismo hecho se da con verbos de manipulación. Mientras que el uso de uno implicativo establece la modalidad FACT y, con eso, la interpretación referencial, el uso de uno no implicativo produce la modalidad NO FACT y las consecuencias ya conocidas. Por ejemplo, la diferencia entre (13) y (14) está en que hacer es un verbo de manipulación implicativo,

162

mientras que pedir es uno no implicativo (puede haberse referido a una hamburguesa en particular o haber sugerido que coma cualquiera).

(13) Isabel hizo que Víctor se comiera una hamburguesa ref. indef. (14) Isabel le pidió a Víctor que se comiera una hamburguesa ref. indef./no ref. indef. Por extensión, los operadores modales —verbos auxiliares— que presentan un hecho como probable o en tanto una obligación (poder, deber, haber de, etc.) impondrán la modalidad irreal, por ende NO FACT. Del mismo modo, los adverbios o frases preposicionales oracionales que señalan la probabilidad de los eventos de una proposición (probablemente, tal vez, quizás, etc.) imponen esa misma modalidad. Esto puede verse en frases como:

(15) Ella puede comerse un plato de lentejas. i. el que he dejado sobre la cocina ref. indef. ii. porque hay lentejas y puede prepararse uno no ref. indef. (16) Quizás hoy encuentre un billete de 100 dólares. i. el que perdí en mi cuarto ref. indef. ii. porque mi horóscopo dice que hoy tendré dinero inesperadamente no ref. indef. d. Los verbos de percepción y cognición poseen también distintas modalidades. Los de tipo factivo, como saber, lamentar, etc., disparan presuposiciones, por lo que tienen modalidad real/ FACT e impiden la aparición de FN no referenciales. Por ejemplo, en Liliana lamentó haber leído una carta, la carta solo puede ser una específica y no cualquiera. En cambio, los de tipo no factivo imponen la modalidad irreal/NO FACT a sus complementos. Tenemos el caso de Ella piensa que él ha leído una carta, donde puede tratarse de una carta específica o una entre muchas que están dentro de, por decir, el escritorio de alguien.

e. Las cláusulas adverbiales pueden estar bajo el alcance de presuposiciones (FACT), modos irreales o negación (NO FACT). En el primer caso, tenemos cláusulas temporales (cuando,

163

mientras, etc.) con verbo en pasado y aspecto perfecto; cláusulas concesivas (aunque, a pesar de que, aun cuando, etc.); y cláusulas causales (porque, debido a que, etc.). Por ejemplo, en la oración (17) tenemos que un disco solo puede ser uno específico por hallarse dentro de una cláusula temporal.

(17) Cuando Pedro trajo un disco ref. indef. para la fiesta, ya todos se habían ido. No obstante, debemos notar que la combinación de distintas formas que disparan modos proposicionales contrastantes puede entrar en juego. Por ejemplo, (18) es análoga a (17) pero introduce un verbo no implicativo (buscar), el cual dispara la modalidad irreal/NO FACT; sin embargo, la lectura no referencial no se sostiene tan bien, con lo que prima el alcance de la cláusula temporal.

(18) Cuando Pedro buscó un disco desordenado.

ref. indef./?? no ref. indef.

todos se dieron cuenta de que era un

i. Un disco que quería poner de todas maneras en la fiesta. ii. ? Un disco cualquiera, porque la música ya estaba aburrida.

Con respecto al segundo caso, las formas irreales, tenemos cláusulas temporales para oraciones principales en futuro, las cláusulas condicionales con si, y cláusulas de finalidad (para que, a fin de que, etc.). Es notable que bajo estas formas, las lecturas no referenciales sean las más fuertes. Esto obedece al carácter marcadamente no referencial de los elementos que, representados por una FN, se consideran posibilidades (no objetos claramente disponibles) para obtener algo. Además de que es bastante difícil usar una cláusula subordinada como medio para introducir un argumento (medio por el cual las formas indefinidas referenciales aparecen más fácilmente).

(19) Cuando tengas un sueldo propio no ref. indef., te irás de la casa y vivirás solo.

164

(20) Si estudias una carrera técnica no ref. indef., podrás encontrar trabajo más fácilmente. (21) Para que tengas un buen sueldo no ref. indef., tendrás que prepararte muy bien. Si analizamos el caso de las cláusulas condicionales, se podrá apreciar que estas impiden en gran medida la lectura referencial indefinida de una FN de modo mucho más claro que la negación, como proponía Givón. Por ejemplo, apoyados por un verbo implicativo como encontrar (sobre el cual ya he propuesto características especiales al analizar la oración (9) en este capítulo) tenemos las siguientes oraciones:

(22) Si José Manuel encuentra un libro no ref. indef., lo va a botar. (23) Si José Manuel encuentra un libro, se lo va a regalar a ustedes. i. uno que hace tiempo quiere sacar de su colección (ref. indef.) ii. uno que el crea que ustedes pueden querer (no ref. indef.) En (22) el OD un libro es no referencial;24 pero en (23) podemos notar que nada impide que el hablante sepa que hay en la colección de José Manuel un libro en particular que hace tiempo quiere regalar porque no le gusta. Creo que (23) es más marcada que (22), lo que quiere decir que la forma referencial indefinida es mucho menos natural en la prótasis de las oraciones condicionales: se necesitó de mucho más contexto y, más aun, de un conocimiento muy preciso de parte del hablante.

f.

Los predicados nominales o atributos son un contexto gramatical que dispara una modalidad irreal/NO FACT. Dentro de estos predicados caben formas referenciales definidas, referenciales indefinidas, no referenciales. Sobre la última forma habrá que plantear una pregunta

Si bien soy consciente de que parece posible interpretar un libro en (22) como “un libro que el odia desde hace tiempo”, me inclino por entender dicha lectura como muy débil. Me parece intuitivamente más natural asumir la no referencialidad en este caso.

24

165

importante: ¿hay solo una forma de ser no referencial, es decir, no referencial indefinido? Obsérvese las siguientes oraciones:

(24) Mi primo es el pintor. (ref. def.) (25) Mi primo es un pintor [del que te hablé muchas veces]. (ref. indef.) (26) Mi primo es un pintor. (no ref., ¿uso atributivo?) (27) Mi primo es pintor. (no ref. uso atributivo)

Comúnmente, la interpretación con artículo indefinido en (26) se llama atributiva (cf. Givón 2001: 448). No obstante, no es claro si debemos considerar a (27) una forma atributiva al mismo nivel que (26) basándonos en que “no referencial” quiere decir que no podemos referirnos a un objeto preciso de la realidad. En efecto, un pintor en (26) representa un objeto particular: el artículo un señala la existencia de un individuo entre muchos otros idénticos, un miembro de la clase. Por esa razón, la imprecisión de ese objeto, no puede compararse con la referencialidad de (25), donde un pintor del que te hablé muchas veces refiere de modo más específico al mismo individuo que la FN mi primo, un individuo distinguible entre los demás. Por su parte, el uso predicativo de (26) no tiene el nivel de no referencialidad de (27): en este último, el sustantivo no se interpreta como algún individuo —conocido o desconocido, único o alguno de los posibles entre los demás miembros de la clase—, más bien señala una forma abstracta que no parece estar dentro del dominio de instanciación: el tipo.

Estos casos, ya anticipados en la discusiones sobre las FN predicativas (cf. supra 2.3) y las imprecisiones del término genérico (cf. supra 3.1.2) deberán analizarse en el siguiente capítulo bajo la luz del tipo de predicación que establece un verbo como ser y el tipo de sustantivo que es pintor.

166

g. Por último, los actos de habla no declarativos son también enunciados que caen dentro de la modalidad NO FACT. Los imperativos y las oraciones interrogativas de tipo sí/no guardan semejanza con frases con verbos de manipulación (cf. oraciones (13) y (14)), en tanto que exigen una conducta o respuesta que no está todavía presente en la realidad (de ahí su irrealidad, por proyectarse hacia el futuro). No obstante, hay que distinguir que los imperativos, junto con las peticiones y las exhortaciones son auténticos actos de habla manipulativos incluidos en la modalidad deóntica (Givón 2001: 446-447), mientras que las preguntas están dentro de la modalidad epistémica. En una frase interrogativa sí/no podemos ver que caben formas referenciales y no referenciales indefinidas.

(28)

— Dicen que Claudia y Ernesto quieren comprar un departamento no ref. indef.. — ¿Quieren comprar un departamento no ref. indef.? — Hoy operaron a Fabio y le sacaron un coágulo ref. indef.. — ¿Le sacaron un coágulo ref. indef.?

(29)

Hay que notar que en estas formas interrogativas la irrealidad que se asume para algo cuya existencia no conocemos (y por ende, es sobre lo que preguntamos) se matiza frente a las presuposiciones. En (28) vemos que la pregunta se dispara frente a una afirmación donde un departamento es preferiblemente no referencial (lectura reforzada por la forma impersonal dicen que), por lo que en la pregunta se mantiene dicha no referencialidad. No obstante, en (29), la pregunta es más bien una sorpresa, no busca verificar la existencia de una información que, por la naturaleza implicativa de sacar, se considera real. De este modo, la interrogación recoge una forma referencial y así la mantiene.

Por su parte, la forma del imperativo acepta nítidamente todas las formas de modalidad referencial de las proposiciones NO FACT:

167

(30) Tráeme el libro de física (ref. def.) (31) Tráeme un libro de física que dejé abajo. (ref. indef.) (32) Tráeme un libro de física [pero que no sea muy complicado]. (no ref.)

Como podemos notar, en (31) los usos ref. indef. necesitan más contexto explícito; no obstante, son posibles en un acto de habla normal.

Con respecto de las otras oraciones interrogativas, las que usan palabras interrogativas, debe tomarse en cuenta que, así como en las preguntas sí/no, la presencia de presuposiciones y la naturaleza irreal del acto de habla interrogativo hacen variable la interpretación de las FN. De este modo, si tengo casos como (33) y (34), es más plausible la interpretación referencial de la FN, mientras que un caso como (35) la interpretación no referencial es la preferida.

(33)

— ¡Mira, lo que nos trajo el jardinero…. ¡ — ¿Y cuándo trajeron un pavo ref. indef.?

(34) ¿Dónde compró Arnaldo una camiseta tan bonita ref. indef.? (35) ¿Cómo consigo un ticket no ref. indef. para este concierto? En los casos de (33) y (34) estamos frente a situaciones donde la referencialidad está sujeta a la evidente presencia de los objetos a los que nos referimos. En una, se asume que hay un pavo frente a ambos interlocutores; mientras que en la otra, la camiseta es única pues es la que Arnaldo compró (y este verbo es fuertemente implicativo por la noción de propiedad asociada con ese tipo de evento) o es una que lleva puesta. Por su parte, (35) con un verbo no implicativo como conseguir y la pregunta que asume la irrealidad del ticket (no tener el ticket es condición para preguntar cómo se consigue uno) permiten que la lectura no referencial sea la preferida.

168

En conclusión, muchas veces el alcance FACT o NO FACT de las modalidades proposicionales, tal como se han analizado aquí, nos muestran la necesidad de combinar criterios, antes que seguirlos como fórmulas restrictivas. La sintaxis de las frases nominales indefinidas se encuentra condicionada por numerosos factores que pueden resultar contradictorios. Como hemos visto, podemos tener frases interrogativas (que disparan una situación irreal), pero estas contienen formas verbales que asumen modalidades reales; o bien podemos tener una negación, que dispara un modo marcadamente irreal, pero podemos asumir enunciados previos que elicitan formas referenciales. Dicho de otro modo, los significados asociados con las formas léxicas se combinan con las modalidades en las formas oracionales, las que, a su vez, se inscriben dentro de presuposiciones o situaciones contextualmente evidentes. Todo esto conduce a una sutil combinación de valores que favorecen a veces la lectura referencial y otras la no referencial. En el siguiente capítulo se analizarán los usos genéricos de frases nominales con artículo definido, indefinido y no determinadas con el objetivo de dar una explicación conceptual que asuma la evidente importancia, complementariedad y hasta contraposición de los diversos factores propuestos en 3.3.2.

169

CAPÍTULO 4 FRASES NOMINALES DEFINIDAS, INDEFINIDAS Y NO DETERMINADAS: ANÁLISIS DE CASOS GENÉRICOS DESDE UNA PERSPECTIVA COGNITIVO-DISCURSIVA

4.1. Frases nominales definidas genéricas 4.1.1. Espacios mentales y la noción de contacto mental En el capítulo anterior hemos seguido las ideas de Givón (1984, 2001) para proponer qué tipo de conocimientos posee el oyente para entender una FN como referencial o no referencial, dentro de la definitud o indefinitud que proponen los artículos definido e indefinido, respectivamente. Sin embargo, no se ahondó más en el tipo de construcción mental dentro del cual se asume que una instancia es definida o indefinida. Dicho tipo de construcción ha de ser una forma elaborada de concepto afín a los MCI de Lakoff (1987) (cf. supra 1.4.1).

Sobre este punto, Langacker (1991: Cap. 3), siguiendo a Fauconnier, señala que entender la definitud e indefinitud de la FN requiere de una teoría mentalista sobre la referencia de los sustantivos. Esta propuesta se desarrolla bajo el marco de los espacios mentales (Fauconnier 1994: Cap. 1). Un espacio mental es una situación (real o figurada) de distinto grado de complejidad que comprende un conjunto de elementos, roles, propiedades, estrategias y las relaciones de inclusión o identidad que se dan entre estos. La producción e interpretación del discurso se da mediante la construcción de redes jerárquicas de espacios mentales. Uno de los postulados básicos de la teoría de Fauconnier es que el lenguaje no transmite el significado, sino que lo guía (1994: xxii). Por ende, las oraciones deben considerarse formas subespecificadas que empujan a los oyentes a elaborar significados apropiados, a partir de diversos conocimientos previos y del contexto.

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Típicamente, son los morfemas gramaticales los que se consideran las instrucciones para la construcción de espacios, la introducción de elementos dentro de estos, la distribución de conocimientos sobre los espacios dados, el establecimiento de relaciones y enlaces entre ellos y la accesibilidad al conocimiento dentro de un espacio a partir de otros espacios. Sin embargo, los espacios mentales no se forman solo mediante expresiones léxicas o morfológicas como, por ejemplo, los verbos de actitud proposicional (o verbos de cognición y percepción estudiados en 3.3.2 d), los determinantes, etc.; también debemos considerar dentro de esta lista los medios pragmático-discursivos, culturales y contextuales (Fauconnier 1994: xxxiv).

Para caracterizar la definitud de un artículo se necesita un espacio del discurso actual (Langacker 1991: 97). Este espacio mental comprende los elementos y sus relaciones construidos de manera compartida por el hablante y el oyente como base de la comunicación en algún momento dado del flujo comunicativo. Las entidades que constituyen el espacio discursivo encajan en lo que se entiende como la discusión presente y son inmediatamente disponibles para la conciencia del hablante y el oyente. De este modo, la realidad presente o el contexto físico inmediato pueden considerarse el espacio del discurso por defecto, aunque siempre ocurran cambios según se desarrolle el discurso o se trasladen sus focos de atención y sus supuestos.

Estrechamente relacionada con lo anterior, se presenta la noción de contacto mental.1 Este se define como la selección que se hace de una entidad para su conocimiento consciente e individual dentro del actual estado psicológico del que conceptualiza. Es muy importante resaltar que el objeto con el que se toma contacto mental puede no estar en la realidad, sino en cualquier otro

1

Puede considerarse esta noción como análoga a la de conocimiento del texto actual o archivo activo que propuso Givón (cf. supra 3.2.3). No obstante, el contacto mental apela más al conocimiento que poseen incluso de modo independiente tanto el hablante como el oyente, y no solo a lo extraído del discurso.

171

espacio mental.2 Tampoco es necesario saber nada específico de él, basta con que se mencione al objeto para que un oyente tenga contacto con el concepto correspondiente.

Mediante esos términos, unidos a la noción de tipo e instancia, Langacker propone la siguiente caracterización del significado de un artículo definido:

El uso del artículo definido con el tipo T en una construcción nominal implica que (1) la instancia designada ti de T es única y máxima en relación con el actual espacio del discurso; (2) el hablante tiene contacto mental con ti; y (3) el oyente tiene contacto mental con ti o la construcción nominal es suficiente para establecerlo. (Langacker 1991: 98)

Esta forma de ver el artículo definido unifica con precisión sus aspectos cognitivos y discursivos: primero, el artículo selecciona una instancia de modo único y separado de las demás de su clase; segundo, existen condiciones discursivas hondamente ligadas al conocimiento de los objetos referidos que permiten el acceso a una instancia única. En consecuencia, el artículo permite que tanto hablante como oyente tomen contacto mental con la misma instancia representada por un sustantivo, no importa qué tan distinto sea el conocimiento que tengan sobre esa entidad. Lo fundamental es que ambos ya se encuentren conscientes de la existencia de la instancia aludida. De este modo, la oración (8) en 3.2.4 del capítulo anterior puede ampliarse aquí del siguiente modo:

(1) Un perro me mordió ayer. Creo que el perro tenía rabia.

Tanto hablante como oyente tienen contacto mental con una instancia particular perro; el primero lo trae a la mente desde su género (como parece ser por estrategia discursiva, cf. supra 3.2.4), y el

Por ejemplo, citando a Fauconnier (1994: 4-8) (quien a su vez toma el ejemplo de Jackendoff) una frase como: La chica de ojos verdes tiene ojos marrones es contradictoria; no obstante, en un espacio mental distinto, disparado por la FP En el cuadro de Jorge, es posible sostener una relación de identidad entre dos espacios mentales distintos: el cuadro y la realidad que incluye el referente de la modelo, pero no el de la representación gráfica. Así, En el cuadro de Jorge, la chica de ojos verdes tiene ojos marrones no representa una contradicción.

2

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segundo toma contacto mental solo por la primera oración en (1) (sabe únicamente que es el perro que mordió al hablante).

No obstante, la noción de contacto mental está manejada por el hablante, quien es el que dispone de la enunciación, si bien asumiendo ciertas expectativas o conocimientos previos del oyente, como se explicó en el capítulo anterior. Por esta razón, debe destacarse que el entorno que el hablante asume como próximo o inclusivo respecto del oyente es suficiente para suponer que este posee automáticamente contacto mental con los objetos instanciados en el discurso. Así, mientras que la simple forma ¡¡una serpiente!! es suficiente para presentar un objeto antes ignorado a la conciencia del oyente en una situación de alerta, es menos normal decirle a alguien, con el mismo fin:

(2) ?? ¡¡Cuidado con una serpiente!!

si el animal está delante del oyente. No obstante, uno puede decir sin mayores problemas y con el mismo tenor de advertencia:

(3) ¡¡Tienes una serpiente cerca de ti!!

Mientras que, si la serpiente aparece sorpresivamente y nadie sospechaba que esta podría aparecer, la siguiente forma es extraña:

(4) ?? ¡¡Tienes la serpiente cerca de ti!!

En este caso, puede sostenerse que una expresión como cuidado con implica la máxima conciencia del oyente respecto al entorno. De este modo, a partir de un acto de habla de alerta, queda

173

licenciado cualquier uso del artículo definido, pese a que el oyente no haya tenido ningún contacto mental previo con el objeto sobre el que se advierte.

Por otra parte, la forma cuidado con puede encabezar una recomendación (situación muy distinta contextualmente a una alerta). En este caso, está claro que es más difícil encontrar un entorno inmediato que justifique el uso del artículo definido para introducir a una entidad no conocida. Por ende, tendremos formas con el artículo indefinido:3

(5) Cuidado con un lobo que puede atacarlos cuando vayan por el camino.

Por su parte, expresiones con el verbo tener como (3) y (4), si bien pueden usarse como “señal de alarma”, no han convencionalizado en su significado la noción de contacto mental inmediato con el entorno, ya que no deja que el artículo definido instancie lingüísticamente a cualquier objeto próximo.

Así, pues, si bien el objeto sobre el que se advierte en una situación de peligro no está con anterioridad en la conciencia del oyente, el mero hecho de que esté en presencia de aquel y que sea considerado muy importante justifica para el hablante (quien es el que a partir de sus supuestos estructura la semántica del enunciado) el uso del artículo definido.4

El conocimiento léxico-genérico combinado con la noción de espacio del discurso permite, por ejemplo, que la mamá de Caperucita le advierta (no que la alerte, en el sentido ya expuesto) sobre el lobo que la abordará en el bosque. Así, cuando le dice a su hija: “Cuidado con el lobo”, sabemos que habla de lo que puede ocurrirle en el bosque y, suponemos por el espacio discursivo, que tanto la madre como la hija son conscientes de que por ahí hay un lobo específico.
4

3

En este punto se ha ingresado a una discusión sobre los usos del artículo definido con entidades que no son propiamente específicas por no haberse tenido un contacto mental previo. Para complementar esto, creo necesario exponer, si bien marginalmente, algunas ideas sobre la interpretación de las FN definidas que iluminarán la comprensión de la importancia del tipo de espacio mental en el que se realiza la determinación de un sustantivo. En un interesantísimo artículo, Epstein (2002) llama la atención sobre ciertos usos no referenciales del artículo definido que han pasado largo tiempo desapercibidos para la mayoría de investigadores. Por ejemplo, señala que dichos artículos se emplean para “crear” entidades, antes no existentes, que ingresan en el discurso por primera vez; es decir sin que hayan tenido un contacto mental

174

4.1.2.

Definidos genéricos singulares

Parece un contrasentido hablar de formas definidas que sean, al mismo tiempo, genéricas. Es necesario recordar que ni siquiera las formas definidas no genéricas, es decir, las referenciales son exclusivamente usadas para objetos concretos y singulares. Las apreciaciones de Coseriu (1989), una vez más, serán de gran ayuda para abordar este tema.

Para este autor, cualquier expresión referencial alude al lado objetivo del significado; pero ello abarca tanto lo conceptual como lo real-concreto: «un nombre puede ser tanto denominación de un concepto como denotación de un objeto» (1989: 196). El determinante, en consecuencia, actualiza el significado en la denotación, pero no solo en objetos presentes en la realidad donde se hace la referencia, sino también en objetos abstractos. Sin embargo, más adelante Coseriu sostendrá la

previo. A veces permiten destacar la importancia de algunos elementos frente a otros; establece algunos referentes como roles, y otros como valores; permite la construcción de referentes desde distintos puntos de vista, etc. En pocas palabras, Epstein sustenta de modo muy convincente que el artículo definido no solo permite la identificabilidad referencial única. En efecto, un par de ejemplos bastarán para notar a qué se refiere con este tipo de usos. En primer lugar, la prominencia o importancia de un referente justifica su uso definido sin que aluda a una instancia conocida para el oyente o que sea única. Por ejemplo, si un comentarista deportivo dice Ese fue el tiro del partido, sabemos que hubo muchos tiros, pero ese al que se refiere tiene algo especial que lo hace único. Del mismo modo, si alguien comienza su conversación diciendo Ayer estuve en EL (enfático) restaurante: ¡tienen que ir! no hay ninguna instancia de restaurante en nuestra mente, pero el énfasis con el que se enuncia ese lugar parece hacerlo único por una razón: su importancia (2002: 45-49). En segundo lugar, cuando hablamos, pensamos los elementos a los que referiremos dentro de ciertos marcos conceptuales (que a su vez son partes de los MCI). De este modo, es posible mencionar un sustantivo definido en tanto que elabora un rol definido dentro del marco aludido. En ese sentido, si una persona entra en un edificio público puede preguntar directamente ¿Dónde está el baño?, pues sabe que cualquier baño que se le señale está solo como un valor más del rol específico que cumple en un edificio público: ser el baño (2002: 60-65). En conclusión, Epstein señala que la accesibilidad de un referente único puede estar fuera de un espacio mental que represente el mundo exterior o mundo real. Al contrario, pude ser que el hablante use el artículo definido en contextos donde su intención explícita sea destacar cierta información para el oyente, aun cuando esta no se relacione con una referencia única que trae a la mente en un plano puramente objetivo. De este modo, concluye su artículo (2002: 76) diciendo que cuando los hablantes escogen una forma de determinación, en este caso el artículo definido, eligen coordinar la referencia, pero, al mismo tiempo, están buscando que el oyente acepte estos referentes de la manera en que aquel considera que se presentan desde su punto de vista (referencial o meramente subjetivo). De este modo, un mundo no real puede ser el que se encuentre en la perspectiva puramente subjetiva del hablante, y mediante las marcas gramaticales —en este caso el artículo definido— se debe sugerir al oyente la construcción de un espacio mental de tal tipo.

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diferencia entre el objeto y el concepto de modo tajante: «Por lo tanto [un concepto], solo puede relacionarse y no identificarse con un “actual”. Y es, justamente, esa relación la que se revela en la denotación» (1989: 296).

Sin embargo, la diferencia entre estos no es tajante. Los objetos concretos o “actuales”, como los llama Coseriu, son construidos mentalmente. Poder pensar activamente esta percepción solo se logra cuando la hemos reconocido como análoga a una categoría mental. Este proceso, en términos de Langacker (1987: 69-70) se llama sanción; es decir, la relación de adecuación que hay entre una estructura cognitiva y una estructura externa (ya percibida) que quiere representarse. De este modo, lo concreto y lo conceptual que distingue Coseriu no están separados: son dos formas de abarcar el mismo concepto, recogido a su vez en un sustantivo. En el uso lingüístico más común, el referencial, una frase nominal determinada actualizará lo conceptual; pero en la base hemos realizado operaciones cognitivas específicas sobre el mismo concepto “virtual”: aquellas que están comprendidas por el contacto mental con una entidad reportada en el discurso como parte de la realidad concreta. Entonces, ¿qué forma de contacto mental se establece cuando no hablamos de una entidad dentro del mundo concreto, sino de una noción más general y no específica?

Cuando hablamos de formas definidas genéricas pensamos en ejemplos como los siguientes:

(6) El león es el más fuerte de los animales. (7) La caza indiscriminada casi ha eliminado al león.5

5

Esta oración es claramente mejor que […] ha eliminado el león. Debe notarse que los objetos directos que tienen la preposición a delante parecen ser no solo humanos, sino referenciales con una identidad clara. Esto se nota cuando se tiene la forma Busco a un profesor frente a Busco un profesor, la primera es referencial indefinida, mientras que la segunda se conoce como no-referencial.

176

La falta de diferenciación entre lo genérico y lo no-referencial ha llevado a creer a muchos lingüistas y filósofos que las formas definidas genéricas son, al mismo tiempo, no referenciales, exactamente en el sentido lógico de un predicado cuantificado universalmente (que se refiere a todos los objetos que cubre el sustantivo). No obstante, ya se ha discutido (cf. 3.3.1) que la no referencialidad incluye también a individuos (Busco un profesor de matemáticas para mi hijito), y a las formas llamadas atributivas, que no caen dentro de lo individual ni lo grupal (Pepe es un profesor o mejor Pepe es profesor). Sin embargo, las formas genéricas definidas no son, en definitiva, diferentes a las formas propiamente referenciales.

Givón (1984: 406; 2001: 466-467) propone que las FN definidas genéricas son también referenciales. Sin embargo, no lo son porque refieran a un miembro individual de una clase, sino que más bien refieren al tipo mismo (o lo aluden, si se prefiere reservar el término referencia para lo concreto). Esta forma de referencia que no toma un elemento del dominio de instanciación requiere de la construcción de un espacio de tipo, tal y como se propuso anteriormente siguiendo a Langacker (cf. supra 2.2.2., especialmente fig. 8).6

En efecto, contra lo que puede creerse, el que estas FN no aludan a un individuo en particular no es impedimento para que su comportamiento sea idéntico al de las FN referenciales definidas. Por ejemplo, Givón (1984: 406) indica que los genéricos definidos se emplean únicamente en contextos comunicativos donde el referente se asume familiar o accesible al oyente, según todas las reglas de la accesibilidad referencial. La única diferencia es que la referencia no se da sobre individuos, sino sobre tipos, que ingresan al conocimiento del texto actual en tanto tipos, bien por el discurso específico (por ejemplo, cuando hablamos de las propiedades de la clase) o por clara disponibilidad
Por ejemplo, si alguien llega a su casa y le dicen: El perro se ha enfermado, hay que llevarlo al veterinario, esta forma referencial es idéntica a la que se encuentra en la siguiente expresión: El perro es el mejor amigo del hombre, por eso queremos honrarlo en su día. Aquí, la referencia se hace a la clase, gracias a los mecanismos de abstracción (accesibilidad del tipo en un dominio superior al de las instancias) expuestos antes.
6

177

deíctica. En el caso de la oración (6), tenemos un sujeto genérico definido gracias a que el tipo “león” ya está presente en el conocimiento actual del texto, y por eso tiene accesibilidad referencial. Dicho en otros términos, nadie habla de un león de modo genérico si antes no se ha estado hablando de “los leones” (p. ej., en un programa de “National Geographic”) como una forma de establecer las características de la clase de modo general. De este modo, podemos adelantar que un contexto (oracional o discursivo) en el que se predique sobre las características generales de una entidad permite usar una FN definida genérica.

Por consiguiente, siguiendo lo presentado anteriormente, la referencia en las FN definidas en situaciones concretas alude a los miembros de un universo de elementos (como en el caso de las descripciones definidas El gorro de mi tío o El anillo que te puse ayer); mientras que, en las FN definidas y genéricas, la referencia tiene que ver con un universo de tipos, donde estos actúan como si fueran las piezas del universo de elementos. Ambos son niveles diferentes en los que se hace la referencia. De hecho, como es fácil de notar, esta propuesta es plenamente congruente con la que hemos presentado de Langacker sobre tipos e instancias.

Como se recordará, es posible tener dominios de instanciación no concretos. Uno de los más compatibles con el espacio de tipos es el espacio mental que representa la concepción canónica de la realidad. Por concepción canónica de la realidad se asume cualquier espacio mental en el que se haga una generalización máxima de las propiedades de un individuo hasta sostenerlas para el resto de la clase (por ejemplo: “Los autos tienen motor”). Este dominio abstracto de instanciación incluye los subtipos en condición de instancias de otra categoría jerárquicamente superior. De este modo, el término libro puede considerarse un subtipo de cualquier categoría más general X (llámese cosa, papeles, publicación, obra, bien cultural, etc.). Por este motivo, una frase como (8) puede tener una interpretación ajena de la referencia concreta:

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(8) El hombre es un animal social.

Observamos que el término hombre no se refiere a ningún ser en particular; por el contrario, al estar unido mediante un verbo copulativo con la FN un animal social, se predica que ambas entidades pueden considerarse idénticas (i.e. coinciden en sus dominios de instanciación).7 El dominio de instanciación de animal social es jerárquicamente superior al que le corresponde a hombre. En él se incluyen otros subtipos tales como chimpancés, orangutanes, abejas, lobos, etc. De esta forma, el subtipo hombre puede considerarse una instancia única y, por lo tanto, miembro del conocimiento actual del texto de cualquier hablante. De esta forma, recibe sin ningún problema el artículo definido sin que ello conlleve a ninguna referencia concreta.8

Como ya se ha venido viendo, el sentido genérico de una frase nominal definida genérica no se debe a que el artículo definido seleccione directamente a la clase entera de elementos que forman parte de una cierta clase; más bien facilita que las relaciones de un sustantivo con predicados del tipo extensional puedan mantenerse (Iturrioz 1986: 217).9 Dicho de otro modo, lo no marcado es que el león haga referencia a un individuo específico, su uso referencial; pero si la frase lo permite, puede seleccionarse ya no a uno de los ejemplares, sino al conjunto como un ejemplar dentro de un universo de tipos.10 Analicemos ahora varios casos en los que una FN definida no puede referir a la clase misma:

7

El sentido de “idéntico”, no obstante, debe verse matizado. El clásico ejemplo César Vallejo es el autor de Trilce puede intercambiar el orden de las FN porque hay identidad plena entre ambas frases nominales (refieren al mismo elemento específico). En el caso de (8), se está diciendo que el hombre forma parte de la clase de animales sociales como uno de sus elementos.

Como veremos en su momento, la expresión un animal social es indefinida, ya que lo que perfila es una instancia ligada, por coexistencia dentro del mismo tipo, a las demás (cf. 3.2.1).
9

8

O dicho en términos de espacios mentales: un artículo es una forma gramatical que no especifica nada; simplemente sugiere una forma de construcción del significado a partir de ciertos espacios mentales disponibles para el oyente donde se realiza el contacto mental. En este caso, el espacio mental es el del “comportamiento canónico”.

Una prueba de que el sentido de tipo es abstracto, es decir, está en un dominio jerárquicamente más alto que aquel donde se manifiestan las instancias concretas contables, está en la dificultad de entender el sentido

10

179

(9) (10) (11) (12)

? El aeropuerto es un lugar muy atareado. ?? La casa suele tener más de una habitación. ?? El primate es más grande que el crustáceo. ? El rumiante tiene las pezuñas hendidas.

Existe, al parecer, una restricción sobre el tipo de sustantivo que aparece en la posición del sujeto para una FN definida genérica singular (nótese que todas las oraciones anteriores pueden tener lectura genérica en plural). Una primera explicación a esta restricción sería que una FN definida no debe referir a clases tan generales de entidades. Es decir, mientras más alto se encuentre un sustantivo dentro de la jerarquía de clases,11 mientras más clases de instancias podamos ubicar en su interior, será más difícil establecerla como una entidad única, como un tipo.12 Este caso es particularmente interesante, porque permite mostrar la crucial relación entre la definición nocional del sustantivo y la función del artículo definido como elemento que guía la referencia a partir de la determinación.

genérico para la siguiente frase: ?Me encanta observar al tigre. No hay duda de que puede entenderse que el placer que se siente es por observar a ese tipo de animal; no obstante, la semántica de observar está en primer lugar ligada a una experiencia física, concreta. “Observar al tigre” requiere de un esfuerzo constructivo ligeramente mayor para alcanzar la lectura genérica. Este costo desaparece si se dice: Me encanta estudiar al tigre. La semántica de estudiar se relaciona primeramente con una actividad de evaluación intelectual más afín al tipo. Una vez más, la semántica, conceptualmente entendida, rige sutilezas de la combinación de elementos gramaticales.
11

Sobre esta particular forma de categorización, cf. capítulo 1, sección 1.5.1.2.

12

Otra explicación es la que da Bolinger (citado por Iturrioz 1986: 218): una FN definida genérica tiene como función principal definir un subconjunto; de modo que, si el subconjunto está suficientemente definido, es posible el uso del artículo definido. Este subconjunto no puede ser de cualquier tipo, ya que tiene que estar unido a un concepto genérico, a otro conjunto como una instancia subordinada. Gracias a que puede establecerse la relación entre un término y una clase superior, es que las FN definidas expresan un sentido genérico: se habla de una especie o tipo (cf. Iturrioz 1986: 218-220). No obstante, postular la relación de conjuntos y subconjuntos como clases y especies (separadas jerárquicamente) me parece secundario: siempre será más económico motivar el comportamiento de los sustantivos frente a sus determinantes a partir de los rasgos de su definición nocional.

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Parece ser que una clase compuesta por instancias sumamente heterogéneas no admite un sustantivo prototípico. Soy de la idea de que los términos de (9) a (12) deben considerarse como formas demasiado genéricas en tanto que abarcan subtipos muy diferentes.13 Analicemos el término que mejor parece resumir estas cualidades: si alguien dice El primate subió al árbol asustado por los leones, la frase es nítidamente referencial y el uso de primate parece licenciarse gracias a que hemos venido hablando de algo más particular. Por ejemplo, “un chimpancé”. En cambio una frase como (11) resulta algo extraña. ¿Qué hace, después de todo, un artículo definido? Su función principal es establecer una instancia sobre la que se realiza una referencia específica y única. Esto significa que, cuando una persona escucha la FN el primate, está en condiciones de establecer con precisión a cuál de las instancias se refiere este enunciado. El problema es que primates hay muchos y su parecido entre sí no es evidente.14 Si bien todos los sustantivos establecen una clase, primate es uno cuyo significado está excesivamente marcado por la noción de clase como generalidad. Así, pues, ante tanta expansión conceptual, no es fácil elegir al primate en cuestión. Observemos el siguiente diálogo:

(13)

—Por el tipo de heridas que recibió la víctima sospecho que un primate ha sido lo que la atacó.

En el caso de las formas menos raras, el aeropuerto y el rumiante hay que señalar que, en el primer caso, es bastante extraño postular una clase múltiple para aeropuerto dentro del conocimiento léxico compartido. El aeropuerto suele ser un lugar único; no hay muchos de su clase en una ciudad. De hecho, en una sociedad como la nuestra, el aeropuerto es solo el aeropuerto internacional Jorge Chávez por su importancia. Así que ausencia de una noción de multiplicidad hace un poco más difícil el sentido genérico. Por su parte, el rumiante parece ser más homogéneo como clase que el primate: se compone por animales que realizan una doble digestión (y por tanto vuelven a masticar sus alimentos: rumian). Pese a que las ovejas, las vacas y las cabras se ven diferentes, son consideradas iguales en solo esa característica y, además, por ser mayoritariamente animales de granja. Eso permite superar ligeramente la heterogeneidad; pero la dificultad de la lectura genérica es evidente.
14

13

A esto hay que sumar que primate en tanto término científico crea una clase bastante general que, ex profeso, agrupa seres con bastantes diferencias específicas (de hecho, lo que técnicamente incluye son otras especies bastante amplias: lemúridos, társidos, simios y homínidos). Esta explicación no quiere decir que una persona tenga que saber zoología para usar el término primate, sin embargo, el uso de un término técnico que abarca elementos tan diferentes entre sí tiene un costo: no es fácil determinar un único tipo aislable.

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—¿Y usted cree que (? el)/(?este)/(ese) primate vuelva a atacar en esta zona?15

En la segunda frase es extraño el uso de el primate; es preferible una forma un poco más “alejada” deícticamente: ese primate. El efecto obtenido es que el hablante reconoce que no puede establecerse con la exactitud deseable el referente de la FN definida (dentro del espacio de tipos); por eso apela a una forma referencial, pero no suficientemente precisa.

Por otro lado, el sentido genérico tampoco es fácilmente interpretable. Cuando se habla de El primate con este sentido, se necesita de un tipo fácilmente identificable. Por ejemplo, el león, como una clase de animal, está perfectamente bien representado por cualquier león en particular. Si las FN definidas no son las que crean el sentido genérico, sino el contexto de la frase, entonces, ¿por qué con un sentido genérico tan específico como el de “el primate es más grande que el crustáceo” tenemos tantos problemas? Porque el contexto no lo es todo: se necesita también de la semántica de los sustantivos. En este sentido, la cuestión que resuelve este problema gramatical es: ¿qué hace el con león que no puede hacer con primate para obtener un sentido genérico?

Se dice que el león selecciona a la clase en tanto tipo, es decir, como un grupo más homogéneo que heterogéneo. Es esa homogeneidad entre los miembros lo que facilita un predicado de tipo canónico. No obstante, para seleccionar un tipo, no puede pasarse por alto a los elementos presentes en la clase. Como ya hemos discutido, dichos elementos pueden caracterizarse por su nitidez o la posibilidad de distinguir a los ejemplares, a la vez que se les reconoce más semejantes (cf. supra 2.2.1).

Nótese que la opción el primate es algo rara; no necesariamente imposible. Como vimos, una de las ventajas de trabajar en un marco maximalista como la gramática cognitiva (o el mismo funcionalismo) es que no hay distinciones tajantes entre “bien formado” y “mal formado” (cf. supra 1.5.2.4).

15

182

Observemos, en primer lugar, cómo funciona la nitidez con los sustantivos no contables. Este rasgo no se aplica a esos sustantivos, pues carecen de delimitación entre las partes que conforman ese tipo de categoría. Si recordamos, uno puede hablar fácilmente en un sentido genérico de El agua como en El agua es inodora. Cualquier muestra de agua posee esa cualidad. No obstante, también se puede hablar referencialmente de el agua, como en El agua está rara, pruébala. Se sobreentiende que el agua de la que se habla no es el pleno de la sustancia, sino alguna cantidad más o menos delimitada por un vaso, una copa, una jarra, etc. Esto significa que una sustancia puede ser tomada referencialmente o genéricamente. De hecho, nos parece sumamente directo cualquier predicado genérico sobre los no contables: ellos interrelacionan a cualquier parte de la masa, dondequiera que se encuentre, a partir de un espacio de cualidad (i.e. si comparte las cualidades por las que reconocemos que algo es, en este caso, agua, entonces no dudamos en llamarla agua). En contraposición, la referencia se realiza más indirectamente, ya que apelamos a una delimitación extra (el recipiente o la magnitud en general) para hablar de instancias más específicas (cf. supra 2.1).

En consecuencia, propongo aquí que los sustantivos contables funcionan exactamente del modo opuesto: lo más directo es la referencia, pues las instancias se encuentran delimitadas en la clase como ejemplares; mientras que para hablar de la clase como un todo homogéneo o tipo se necesita crear un espacio de cualidad. En otras palabras, se tiene que convertir a una clase con miembros delimitados en una especie de sustancia abstracta de la que se pueden predicar propiedades más universales. Así, el espacio de tipo propuesto por Langacker es una forma de espacio de cualidad.

Para lograr esto se necesita, primero, una clase con ejemplares lo suficientemente homogéneos (es decir, una clase nítida); luego, se elimina el rasgo de delimitabilidad. El resultado es una clase con instancias que no se consideran distinguibles entre sí y básicamente idénticas (un león puede considerarse fácilmente igual, o muy semejante, a otro león). Lo que queda es una sustancia para la

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que cualquier entidad delimitada (un ejemplar de león) será una instancia que se reconoce cualitativamente incluida en esa región no delimitada. Así, decir el agua hierve a cien grados centígrados es genérica del mismo modo que el león tiene motas en la piel cuando es cachorro. En ambos casos lo que se dice es que cualquier instancia que sea reconocible como agua o león recibirá estos predicados genéricos. De hecho, este tipo de construcción no contable no es inusual para entidades a las que se les tiene básicamente por contables. Por ejemplo, uno puede ir a un safari y encontrar solo leones, cuando esperaba ver elefantes, cebras y otros animales más, y a raíz de eso decir: Este safari fue una estafa, mucho león y nada de lo demás. Así, pues, propongo que para establecer el uso adecuado de una FN definida genérica singular no basta con asumir el contexto de predicación canónico, sino que hay que asumir la básica diferencia entre contable y no contable (que aquí muestra un claro comportamiento asimétrico) y la necesaria distinción de nitidez propia de las clases contables.

Por su parte, Iturrioz (1986: 218) propone que en una clase de zoología esta oración es totalmente aceptable: El primate será el principal objeto de estudio en esta clase. Esta frase no constituye un problema para la explicación que he propuesto anteriormente, ya que la predicación que establece iguala al primate con un concepto bastante más delimitado: el principal objeto de estudio de esta clase. En estos términos, es claro que primate se concibe como un objeto único: un tema, el cual no necesita ser estrictamente homogéneo.

En conclusión, no se puede tener un sentido genérico si no se puede concebir a los miembros de una clase como partícipes de una región no delimitada cuyos ejemplares se replican, no en tanto ejemplares, sino como partícipes de una misma sustancia abstracta: el espacio de tipo.16

Un probable contraejemplo a esta explicación estaría en una frase como El juego es pernicioso. Pero esta afirmación, definitivamente, no se refiere a todos los miembros de la clase juego, que son extremadamente diversos y, por ende, más difíciles de concebir como una sustancia abstracta en su conjunto, sino solo a los juegos de azar que constituyen una clase más limitada (y nítida) que la de que juego en general. Es normal

16

184

Otro caso interesante dentro de las restricciones para una FN definida singular genérica es el de la presencia de adjetivos u otros modificadores del sustantivo. Estos contribuyen a la especificación de la instancia. De este modo, a menos que se identifique la FN modificada con una especie o tipo, la lectura genérica se impide o dificulta:

(14)

?? El ave [sentido genérico] con plumas rojas que vive en la calle de al lado construye nidos muy bonitos. El ave [sentido genérico] que migra mucho no construye nidos muy bonitos.

(15)

La especificación de (14) refuerza la alusión a un individuo particular, de modo que no conforma una clase con elementos suficientes como para constituirse una sustancia abstracta. En cambio, (15) posee una FN que sin modificación habría resultado anómala (? El ave construye nidos); pero, al ver reducido su espectro de clase, gana más nitidez. La característica de migratorio es decisiva para homogenizar los miembros de la clase y así postular una sustancia abstracta (como puede verse en este uso no contable: Por estos días puedes ver pura ave que migra /migratoria porque se acerca el verano).

4.1.3.

Frase nominal plural definida genérica

Las FN plurales definidas genéricas pueden considerarse análogas a sus formas singulares genéricas. Sin embargo, en vista de que diferentes formas sintácticas implican distintas funciones o construcciones semánticas distintas, no debemos considerarlas sinónimas. Los siguientes ejemplos modifican (6) y (7) :

que los representantes socialmente más reprobables de una clase terminen expresándose elípticamente. Por ejemplo, la bebida está por las bebidas alcohólicas; incluso las mujeres, en el contexto indicado señala a las “malas mujeres”: Por las mujeres, la bebida y el juego dilapidó rápidamente su fortuna.

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(16) (17)

Los leones son animales peligrosos. La caza indiscriminada casi ha eliminado a los leones.

Las frases plurales definidas (basadas en sustantivos contables, se sobrentiende) también muestran interpretaciones genéricas. No obstante, es interesante compararlas con las formas equivalentes del inglés. En dicha lengua, los plurales genéricos aparecen sin determinante alguno y se consideran formas no referenciales: Lions are dangerous animals / Indiscriminate hunting has almost eliminated lions (“Los leones son animales peligrosos”/”La caza indiscriminada casi ha eliminado los leones”). Esto es imposible en español. Propondré más adelante (cf. infra 4.3.2) que los sustantivos plurales se consideran en inglés de distinta manera que en español con respecto de su posibilidad de aparecer en una posición de sujeto. Por ahora, será mejor concentrarse en el sentido que le corresponde a este tipo de construcciones nominales. Comencemos revisando estas oraciones:

(18) (19) (20)

Los árboles producen dióxido de carbono por la noche. Los peruanos comen cebiche y toman Inca Kola. Todos los peruanos comen cebiche y toman Inca Kola.

En un primer momento podemos sentirnos tentados a decir que una FN plural definida equivale exactamente a la totalidad de los elementos que conforman una clase. Esta idea se ve sostenida, bastante coherentemente por lo siguiente: si la pluralidad de cualquier sustantivo contable establece un grupo compuesto por más de un ejemplar, y no existe ningún termino de cuantificación que establezca el número preciso de los ejemplares, el artículo definido operará sobre lo que esté disponible como ejemplares específicos de una clase. En este sentido, sin ningún alusión previa a un número fijo, es posible extender la determinación a la totalidad de las instancias que componen la

186

clase. Esto parece entenderse cuando se analiza (18): el producir dióxido de carbono durante la noche es una propiedad predicable de uno y cada uno de los miembros de la clase “árbol”.

Sin embargo, una frase como (19) no parece predicar sobre los peruanos del mismo modo que sobre los árboles en (18). Nos parece que la generalización debería alcanzar a todos los peruanos efectivamente o, por lo menos, a la mayoría de los peruanos. Langacker (2000: 255) indica que todo es una forma de cuantificación proporcional.17 Un tipo nominal posee, por su naturaleza de clase, una masa de referencia (es decir, el total de instancias sobre las que puede elaborarse, que es, esencialmente lo mismo que la masa replicable con la que se definió a los plurales). Al usarse un cuantificador proporcional se determina un conjunto sobre esa masa. El cuantificador todo, como se ve en (20), obviamente establece que el conjunto es igual a toda la masa de referencia; la mayoría, muchos, algunos representan, en ese orden, una disminución progresiva del alcance de dicho conjunto. ¿Qué proporción deberá indicar, entonces, el solo uso del artículo definido?

En principio, un artículo no es un cuantificador; de modo que su función no es establecer una cantidad específica o proporción dentro de la masa de referencia. Sin embargo, sirven para seleccionar entidades con las que se tenga un contacto mental previo o que estén disponibles de modo inmediato a la conciencia por un conocimiento permanente. Esto quiere decir que, si bien no de modo especializado, también pueden seleccionar una cantidad. Si un texto comienza con la oración (19), no hay forma de establecer un contacto mental con una instancia previa ya sea precisa o imprecisa (p. ej., Once peruanos que trabajan en el Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Georgia, o unos peruanos, respectivamente). Por consiguiente, el conocimiento sobre las clases nominales contables nos fuerza a entender que un plural sin número es o bien el mínimo plural indispensable (mayor o igual a dos elementos) o el máximo plural posible (todos los

17

La cual contrasta con la cuantificación por instancia representativa (que usa las formas cada, algún y un).

187

elementos).18 En vista de que no hay un número dado (que señala un conocimiento efectivo de la cantidad de instancias presentes) aparentemente, el hablante asume una forma absoluta, ya que en ella la cantidad es irrelevante. De esta forma, si algo se define a partir del artículo plural sin un número exacto, lo que queda definido debe ser la totalidad de instancias. Esto se logra gracias a nuestro conocimiento de que las clases contables poseen elementos y que la suma de todos ellos forman el total. No obstante, esta forma es siempre una suposición del total, ya que no tenemos información efectiva sobre la cantidad de la que estamos hablando.

En este sentido, propongo que la diferencia fundamental entre una FN plural definida y una FN con cuantificador universal es la que hay entre una forma imprecisa y una forma rigurosa de hablar. El efecto del cuantificador universal es hacer que, de modo explícito, absolutamente todos los elementos de la clase establecida por un sustantivo caigan dentro del alcance de predicación. Hay en eso el supuesto de un conocimiento exacto de la cantidad. Por su parte, una FN plural definida apela al uso no cuantificado del plural en un contexto general para producir el efecto de que deben de ser todos los elementos de la clase los que caigan dentro de la definición propia del artículo; sin embargo, no hay ninguna garantía de que esto deba ser así: es una forma de hablar sin un compromiso de precisión.19

Intuitivamente, nos parece que frases como (19) son menos discutibles que frases como (20): siempre podemos replicar que no todos tienen esas costumbres culinarias. Sin embargo, el uso del plural definido no cuantificado debe asumirse como una forma carente de certeza. Equivaldría, en
18

La posibilidad de que el plural no determinado sea entendido como “mayor o igual que dos” no queda descartado por el uso del plural como la totalidad de la clase (en un sentido no absoluto). En la última parte de la tesis se verá que el contexto de predicación puede influir en el modo en que se tomará esta doble posibilidad abierta para la noción de plural y su relación con los sustantivos no contables.

19

Tal vez podríamos traducir este tipo de comportamiento en términos de la distinción marcado y no marcado. Así, las FN definidas plurales determinan el total de elementos que componen una clase de manera no marcada; las que usan el cuantificador todo son formas marcadas sobre la totalidad. No obstante, prefiero apelar a una distinción conceptual para entender mejor el contenido de ambas formas de expresar totalidad.

188

este caso, a “hasta donde alcanzan mis conocimientos sobe el sustantivo peruano, puedo decir que sus instancias comen cebiche y toman Inca Kola”; pero eso no significa que efectivamente todos ellos hagan eso.

Sin embargo, a pesar de esta explicación del porqué de los usos genéricos de la FN plural definida, queda todavía por analizar cómo es que existen usos que parecen contradecir la idea de “totalidad relativa” que propuse anteriormente. Obsérvense las siguientes frases:

(21) (22) (23)

Los españoles trajeron las armas de fuego a América. Los franceses boicotearon la constitución europea al no ratificarla en el referéndum. Todos los franceses boicotearon la constitución europea al no ratificarla en el referéndum. La mayoría de franceses boicotearon la constitución europea al no ratificarla en el referéndum.

(24)

Parece que frases como (21) y (22) exigen replantear todo el razonamiento previo. Cuando se dice que fueron los españoles los que trajeron las armas de fuego, es imposible asignar a las FN plurales definidas un sentido genérico que aluda a la totalidad de los miembros de la especie. De modo bastante similar, los franceses en (22) no parece ser afín a la frase todos los franceses en (23), sino que tiene una relación más clara con la mayoría de franceses en (24).

En el caso de (21), es claro que se alude a un tipo de personas (los españoles) quienes trajeron un tipo de cosas (las armas de fuego); y en un sentido análogo, (22) afirma que un tipo de personas, “los franceses”, son los que boicotearon la constitución europea. Tenemos, pues, una especie de dilema: el sentido genérico se obtiene por la totalidad de los elementos o por el tipo que los contiene. En principio, no parece haber problemas al decir que oraciones como (18) y (19) pueden también tener un sentido genérico como tipos (“los árboles son un tipo de cosa que produce dióxido

189

de carbono”, “los peruanos son un tipo de persona que come cebiche y toma Inca Kola”). Sin embargo, si la comparamos con (21) y (22), intuimos que el sentido de los árboles y los peruanos es menos el de tipo y más el de “todos los árboles” o “todos los peruanos” (con el sentido relativo de totalidad ya explicado). En el caso de (21), traer las armas a América es algo que ocurrió en un periodo específico de la historia y solo lo realizaron unos españoles. Una explicación de este hecho debe asumir que ambas interpretaciones, tipo y totalidad relativa, son, no solo posibles, sino esperables, debido al tipo de construcción que establece una FN plural definida. Todo sustantivo establece tanto los criterios por los que ciertas instancias reconocibles en la realidad pueden agruparse, como la noción de una clase virtual compuesta de instancias.20

Asumiendo lo anterior, es sencillo entender que haya dos formas de considerar una clase: primero, la forma intensiva, que determina un tipo (toma en cuenta los criterios por los que los miembros se agrupan); y, segundo, la forma extensiva, que alude al conjunto por la totalidad de sus miembros. Estas dos formas no se oponen en lo absoluto, son complementarias. Si bien la definición nocional del sustantivo es esquemática, es decir, una forma intensiva, solo puede desarrollarse en la mente de los hablantes mediante las experiencias particulares con diversas instancias, es decir, mediante una forma extensiva. En consecuencia, una clase es tanto los miembros que la componen como las características por las que estos se agrupan.

En el caso de (21) y (22), se aprecia un proceso metafórico. Mediante este proceso, es posible que el tipo (lo más abstracto, conceptual) se represente por la totalidad relativa de sus miembros (lo más concreto). En el caso específico de (22) se nota, incluso, el sentido tendencioso de la información.

Claro está que esto permanece en un nivel conceptual. Si uno habla de “los árboles” o “los peruanos” no lo hace porque haya tenido alguna experiencia concreta con todos y cada uno de estos individuos, sino porque tiende a establecer que las características reconocibles para varios de los ejemplares conocidos pueden aplicarse a cualquiera que pueda ingresar en dicha clase (y ese es el sentido de totalidad relativa: la clase completa con el número que sea que la pueda conformar).

20

190

Si bien es claro, cuando se lee la noticia, que no todos los franceses, sino la mayoría, votaron contra la constitución europea, la lectura de (22) nos hace aplicar la metáfora “el todo es el tipo”, por no haber ninguna entidad mencionada antes que pueda relacionarse con los franceses. Pero, en tanto el todo de una FN plural definida no es uno absoluto, sino relativo, el titular Los franceses boicotearon la constitución europea al no ratificarla en el referéndum no nos parece evidentemente erróneo, solo es tendencioso.

De esta forma, puede notarse que la necesidad de aplicar la metáfora (es decir, efectuar una operación mental con el consiguiente esfuerzo constructivo) para cambiar el sentido de totalidad al de tipo debe ser el que nos induce a pensar como más simple (y más natural) decir Colón trajo el caballo a América; mientras que ? Colón trajo los caballos a América resulta más difícil —pero no imposible, claro está— de entender en el sentido genérico.21

Otro aspecto que debe resaltarse es el uso de verbos en presente y en pasado. Observemos las siguientes formas, que se basan en ejemplos anteriormente trabajados:

(25) (26) (27)

El peruano come cebiche y toma Inca Kola. ? El español trajo las armas de fuego. ?? El francés boicoteó la constitución europea al no ratificarla en el referéndum.

Mientras los verbos en presente se asocian casi siempre con comportamientos habituales y no explícitamente delimitados en el tiempo, los verbos en pretérito indefinido siempre se asocian con un evento terminado o perfecto. Esta distinción también afecta los usos de FN definidas singulares y plurales con uso genérico. Como muestra la oración (25), con verbos en presente simple casi
21

Aunque también parece ser que el rasgo de nitidez de clase favorece que las clases más nítidas como “caballo” usen formas genéricas singulares frente a clases menos nítidas como “armas (de fuego)” (p. ej. ?? Los españoles trajeron el arma de fuego a América).

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siempre se acepta singulares o plurales genéricos: tanto el sentido de tipo (como se estableció en 4.1.2) y el de totalidad relativa se combinan a la perfección con un predicado no delimitado temporalmente como el que muestra el sentido habitual.

Sin embargo, un verbo en pretérito indefinido tienen un significado temporalmente preciso. Por ejemplo, los OD de estos verbos están dentro de una modalidad fáctica, por lo tanto, tienen una interpretación referencial precisa (cf. supra 3.3.2.a). Al parecer, este tipo de alcance fáctico influye también en el sujeto de dichos verbos en pretérito, como muestran (26) y (27). Al proponer directamente el tipo, mediante el acceso a un individuo único en el espacio de tipos, estamos accediendo a una forma conceptual básica. Esto quiere decir que predicados sobre la generalidad de esa clase deben ser considerados aplicables a cada miembro a lo largo del tiempo, sin que sea relevante un límite. Decir, p. ej., El español comercia armas se puede entender como un español específico o como una costumbre habitual, cuya extensión pasada es irrelevante, que actualmente es distintiva de ese tipo. Una vez que se predica algo que no parece ser habitual, y que específicamente está delimitado en el tiempo, pues no resulta una propiedad que quepa dentro de la forma conceptual básica. Por ello, para alcanzar el sentido genérico, se ha de usar una forma plural, sobre la que se aplica la metáfora: “el todo es el tipo”. En efecto, decir El español traficaba armas acepta el sentido genérico de tipo con más facilidad por usar un verbo con aspecto imperfectivo. Por otra parte, en (27) me parece que el uso de la FN singular es peor, porque en esta oración se habla de un evento singular, boicotear, que difícilmente se repetirá de modo continuo. Por esa razón no es aceptable para ser predicado directamente sobre el tipo “el francés”.22

Cabe recordar que en el caso de ?? El árbol produce dióxido de carbono por la noche la dificultad de acceder a la interpretación genérica está por la poca nitidez de esa clase (cf. supra 4.1.2, especialmente las oraciones (9)-(12)). Por su parte, una oración como Los primates son más grandes que los crustáceos resulta más aceptable porque no se busca específicamente un tipo representativo en una clase tan dispar como la de los primates. Por el contrario, estamos asumiendo la totalidad relativa de los primates (en la que no interesa cuán homogénea sea, pues es una generalización bastante informal) y, sobre esa totalidad, aplicamos la metáfora “el todo es el tipo” con la que logramos una lectura genérica que las formas singulares (primate y crustáceo) no nos permitían.

22

192

En conclusión, el sentido genérico se fundamenta, en principio, en la posibilidad que tiene el determinante definido de seleccionar la totalidad relativa de los miembros de una clase; y, en segundo lugar, gracias a la metáfora conceptual: “el todo es el tipo”.

4.2. Frases nominales indefinidas mediante artículo 4.2.1. La función del artículo indefinido y su origen diacrónico

Según se propuso en el capítulo 3, un artículo indefinido selecciona un individuo de modo no exclusivo y permite al oyente llegar a un individuo partiendo de la clase en general (cf. supra 3.2.1. y 3.2.2). Dicho en términos de contacto mental, puede decirse que la determinación mediante un artículo indefinido da a entender que las construcciones nominales que encabeza son incapaces de poner al oyente en contacto mental con una instancia única, aislada de las demás, de algún tipo (Langacker 1991: 103). Esto significa que el hablante concibe una entidad solo en presencia de las demás que forman parte de su tipo. Así, la indefinitud pasa también por un acercamiento múltiple por parte del enunciante hacia un objeto nombrado (nunca se puede aislar el objeto instanciado de su entorno en el dominio de instanciación).

¿Por qué la forma un, que claramente parece ser solo la forma clítica del numeral uno, es la que cumple con esas funciones de determinante indefinido? De hecho, una frase como Vinieron unos cuatro estudiantes a consultarte muestra que unos no puede ser un numeral, función que ya cumple cuatro en la oración. Para Givón (citado por Heine 1997: 79) un numeral como uno es el medio ideal para realizar dos tareas aparentemente conflictivas: introducir nuevos argumentos como referenciales o existentes (“hay un X”) e identificarlo por sus propiedades de tipo o genéricas (“X es uno de los miembros de la clase X). Si bien hay fascinantes cuestiones histórico-tipológicas acerca del paso de un numeral como uno a un artículo indefinido como un, creo que bastará con sintetizar las ideas de Heine (1997: 71-74) acerca del origen diacrónico de los indefinidos por considerarlas

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de interés para su mejor caracterización. Este puede rastrearse en las lenguas, según dicho autor, mediante una “secuencia evolutiva” que pasa de unidades léxicas a otras más gramaticales (i.e. unidades de inventario abierto a otras de inventario cerrado):

a. Estado 1: Numeral El numeral para la unidad es el único elemento que se posee para la modificación. El sentido indefinido se obtiene mediante ese numeral (en ciertos contextos) o con la ausencia de marca alguna.

b. Estado 2: Marca presentadora Aquí el artículo introduce un participante que se supone es desconocido para el oyente; de modo que, en adelante, se le tome como conocido dentro del discurso. Las lenguas que poseen un artículo de este tipo lo utilizan únicamente para presentar a los participantes al inicio de un enunciado o narración. Estos participantes poseen gran importancia como tópico en el discurso, por lo que se presentan una sola vez.

c. Estado 3: Marcador específico (de no conocimiento del oyente) Este caso es idéntico al estado anterior; pero la diferencia fundamental radica en que el artículo se emplea para cualquier instancia que se asuma desconocida para el oyente sin importar si es que se la va a considerar en el subsiguiente discurso. El hecho no es el de presentar y luego dar por conocido; sino el marcar que el oyente no conoce a un individuo particular. Por eso, por ejemplo, en hebreo vulgar, el artículo indefinido pertenece a este estado, ya que no puede emplearse para FN genéricas y no referenciales. La falta de artículo indefinido se aprecia en dicha lengua cuando se dice, por ejemplo, aludiendo a la clase y no al individuo: Ba vino hena aquí ísh hombre etmol ayer, lo

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no

isha mujer, [Aquí vino ayer hombre, no mujer], que traducimos con artículo indefinido:

“Aquí vino un hombre no ref. indef. ayer y no una mujer”.

d. Estado 4: Marcador no específico El artículo se emplea en este nivel para introducir un sustantivo cuyo referente no es conocido ni por el hablante ni por el oyente. Este es el caso de oraciones como: Compra un periódico o dibuja un perro. No se sabe cuál es la identidad del referente de la FN. Esta forma de uso se restringe a las formas contables singulares, no se utiliza con plurales o sustantivos no contables.

e. Estado 5: Artículo generalizado Ya en este estado el artículo puede acompañar a cualquier clase de sustantivo. Las excepciones son los sustantivos ya marcados para definición (los nombres propios de personas o comunidades étnicas o laborales).23 Para Heine (1997: 73), el castellano. portugués y catalán son ejemplos de este nivel, ya que puede extenderse a los sustantivos no contables (con el consabido valor de variedad, como un vino [tinto]) y los plurales (unos amigos vinieron).

De esta forma, en nuestra lengua, el artículo indefinido es una forma desgastada del numeral uno que ha llegado a ser la contraparte exacta del artículo definido el. El desgaste al que nos referimos va desde una forma de determinación relacionada con un aspecto concreto de la realidad (la cuantificación mediante un número cardinal) hacia una forma de cuantificación en un plano
23

A excepción, claro está, de aquellos casos en los que un nombre propio se emplee con el valor de uno común. Por ejemplo, si un individuo llamado Tomás va a visitarme para devolverme un libro, pero nadie en mi casa lo conoce (no lo identifican por el nombre de Tomás) es perfectamente posible que se me informe de que “Vino un Tomás a dejarte tu libro”. Ello quiere decir que el individuo en cuestión aparece categorizado como “un hombre que responde al nombre de Tomás”, con lo cual el nombre propio abandona su función de identificador singular para ser una característica de clase: “las personas que se llaman Tomás”.

195

distinto del concreto: el plano de las instancias que forman una clase o tipo de entidad. La gramaticalización de un elemento puede considerarse la sofisticación de su significado; es decir, el paso de un sentido concreto (más ligado a la realidad observable) hacia un sentido mucho más sutil, el que codifica aspectos intrínsecos de la estructura de lo real según las posibilidades del mundo mentalmente proyectado.24 El artículo indefinido posee las cinco propiedades que Heine ve en este tipo de palabras (y que determinan sus etapas evolutivas); pero, principalmente, introducen la determinación por indefinitud (o la existencia de un objeto en un contexto múltiple) antes que por cuantificación o magnitud (como es el caso los otros indefinidos: muchos, pocos, varios, bastantes, algún, ningún, etc.).

4.2.2.

Indefinidos específicos frente a los no específicos

Como ya se ha examinado en el capítulo anterior, las FN indefinidas pueden ser referenciales o no referenciales. En el primer caso —que quiero examinar con algo más de detalle en esta sección—, un tipo se instancia de manera indefinida (es decir, sin un contacto mental exclusivo para el oyente y en presencia de otras instancias para el hablante), pero se asume que existe un elemento fijo capaz de licenciar la referencia anafórica determinada. Así, decir:

(28)

Llegó un hombre. El hombre vestía muy cuidadamente.

posee, en primer lugar, una instancia fija o específica (“el hombre que llegó”), aunque se le presente junto con las demás potenciales instancias únicas de la clase (ese hombre era, al mismo tiempo, un hombre como hay tantos otros). En cambio, (29) muestra una interpretación de la FN

24

El alcance de mis afirmaciones sobre el campo de la gramaticalización de significados más concretos no quiere decir que una lengua sea mejor que otra por haber alcanzado un grado mayor de “sofisticación” en su codificación. Es solamente posible, no obligatorio, que las lenguas desarrollen artículos indefinidos o definidos. Es bien sabido que solo una minoría de lenguas llegan hasta el estado 5 (por ejemplo el latín clásico carecía de artículos definidos e indefinidos). Sin embargo, todas las lenguas son capaces de codificar mediante sus elementos las sutilezas de la representación de la realidad (cf. supra 1.4).

196

para la que no hay posibilidad de fijar ningún individuo indefinido (i.e. en presencia de todos los demás), por lo que se tiene una interpretación no específica:

(29)

¿Tienes una bolsa para darme? [Dicho al momento de comprar unas cosas en la bodega]

Hay que advertir claramente que la definitud no debe estar en la precisión o exactitud al fijar una instancia específica, pues esto se puede lograr sin ningún inconveniente tanto con formas definidas como indefinidas —como puede notarse por los ejemplos anteriores—. De hecho, ambas formas son usadas por los hablantes para señalar un individuo. La diferencia está en cómo y dónde señalan a ese individuo. Mientras el artículo definido resalta de modo tal a una entidad que las demás dejen de ser relevantes a su lado, el artículo indefinido solo la selecciona como un representante más entre otros (lo cual reduce la saliencia del individuo en los usos indefinidos referenciales y, obviamente, la anula en los usos indefinidos no referenciales) (cf. figura 9). Si el artículo definido opera sobre un espacio mental que sea “el mundo real” el resultado de esa forma de saliencia es la identificabilidad referencial única (cf. supra n. 4).

Ahora bien, ¿en dónde opera el artículo indefinido para que el individuo seleccionado pueda ser reconocible únicamente o específico? Según Langacker (1991: 104), el problema de la especificidad o no especificidad de las FN indefinidas se reduce a una básica unicidad o no unicidad de lo instanciado desde la perspectiva del hablante y del espacio mental dentro del cual haya establecido la instancia indefinida. Como se presentó anteriormente (cf. 4.1.1), un hablante puede enunciar desde diversos espacios mentales que serán reconstruidos por el oyente a partir de ciertas marcas que guiarán la interpretación, pero no la determinan explícitamente. Entre estas marcas se tienen los tiempos verbales, formas modales o situaciones bastante precisas (es decir, los factores gramaticales presentados en 3.3.2 al explicarse las modalidades proposicionales). Por ejemplo, (30) muestra un verbo que construye espacios mentales y proporciona un contexto ambiguo u opaco para

197

establecer la especificidad de “una rubia”: esta puede ser una instancia específica o, por el contrario, una instancia arbitraria.

(30)

Pepe quiere casarse con una rubia.

Por el contrario, la oración (31) muestra un contexto no ambiguo que facilita la interpretación de “una rubia” como específica:

(31)

Pepe está enamorado de una rubia.

Una FN específica con un posee una existencia previamente asumida: hay un contacto mental independiente de la situación real inmediata que rodea el acto de habla.25 Por el contrario, si no hay más existencia que la que se desprende inmediatamente del acto de habla, entonces se tiene la lectura no específica. Para Langacker (1991: 104), un ente no específico es “conjurado” solo para un propósito particular y no tiene existencia independiente fuera del espacio mental ahí creado.

Considero que la explicación de Langacker necesita de algunas precisiones. Cuando se habla de “propósitos particulares” estamos dentro de lo que se considera una modalidad irreal de predicación (cf. supra 3.3 y 3.3.1). Por consiguiente, si se habla de un elemento como no específico, solo puede hacerse esto en un contexto de predicación irreal.26 Dentro de este tipo de contextos, un elemento solo es accesible desde la forma de realidad más básica: su esquema de clase.

De lo contrario, uno está forzado a utilizar el artículo definido por disponibilidad deíctica inmediata, por haber sido parte del discurso previo o cualquiera de los conocimientos propuestos como bases para la asignación de la referencia definida (cf. supra 3.2.3).
26

25

En este sentido, las modalidades proposicionales que hemos visto en el capítulo 3 pueden proyectar mundos irreales sobre los que no es posible ningún contacto mental directo.

198

Si se quiere armonizar la noción de modalidad irreal y la teoría de espacios mentales, debe decirse que una estructura lingüística puede constituir un espacio mental irreal diferente y paralelo a otro espacio más general y básico (llamado “mundo padre”) que, a su vez, lo incluye. Por defecto, o prototípicamente, el mundo padre es considerado el mundo real. Esto no tiene nada de sorprendente, en tanto que la función primaria del lenguaje es la referencial: hablar de aquello sobre lo cual tenemos algún tipo de experiencia y que juzgamos que está en el mundo. Reportamos desde nuestra experiencia y conocimientos, los cuales se basan en episodios únicos con participantes también únicos. Sin embargo, es también sabido que el lenguaje no se agota en la función referencial. Es posible hablar de situaciones no experimentadas, sobre las que solo poseemos un conocimiento virtual o genérico; es decir, hablar de un mundo irreal. Siendo más preciso, podemos hablar de algo en un espacio irreal porque no necesitamos establecer siempre alguna forma de contacto mental con un concepto previo: basta tan solo con la presencia del concepto en nuestra mente, como parte del léxico.27 Basándome en la definición de artículo definido de Langacker (1991: 98) citada en 4.1.1,28 definiré los usos no específicos del artículo indefinido de la siguiente manera:

Una FN determinada con un puede proponer la existencia de una instancia ti del tipo T solo para un propósito particular y limitado, por lo que no tendrá mas permanencia fuera del contexto creado como un mundo irreal (p. ej. el escenario de supuestos, el comportamiento canónico, o de cualquiera análogo).29

No está de más decir que mundo irreal debe tomarse como un término técnico: es el espacio no real en el que se predica sobre instancias sin haber tenido alguna forma de contacto mental previo con ellas. Dicho más sucintamente, es el ámbito de lo no fáctico. Nótese que no son irreales otras formas de realidad: los sueños, las pinturas, las películas, etc. Son mundos ficticios. Estos configuran otro tipo de espacios mentales donde, a diferencia del mundo irreal, se aplican las mismas formas de referencia y determinación definida que en el mundo real. Repito la cita aquí: «El uso del artículo definido con el tipo T en una construcción nominal implica que (1) la instancia designada ti de T es única y máxima en relación con el actual espacio del discurso; (2) el hablante tiene contacto mental con ti; y (3) el oyente tiene contacto mental con ti o la construcción nominal es suficiente para establecerlo».
29 28

27

Esta misma definición debe considerarse como la que une a los determinantes indefinidos en general (algún, alguien, cualquier, etc.). Cf. infra 4.2.3.sobre la diferencia entre un y algún.

199

En conclusión, en un mundo irreal, la existencia puede ser de dos tipos: específica y no específica. En la primera, es posible identificar un individuo a partir de un contacto mental previo. Pero en la segunda, suponemos que una entidad existe porque asumimos que existen unidades que conforman el dominio de instanciación. En el segundo caso, tenemos la forma más básica de existencia, la más marcada: algo existe porque debe existir en una clase, no porque lo conozca de algún modo. En pocas palabras, un espacio paralelo al real da opción de elegir individuos existentes por sí mismos o existentes por medio de la clase.

De esta forma, el verbo querer dispara un espacio mental de deseo. Si este se considera subordinado o parte del mundo real, tendremos una lectura específica: existe una conexión evidente entre la rubia de la oración (30) y los participantes en el “mundo padre”. De este modo, si la rubia posee una existencia en el “mundo padre” dentro del cual se predica el deseo, entonces existe una rubia y Pepe desea casarse con esa rubia (algo bien diferente a que la rubia sea solo un deseo de Pepe). Si se considera como un mundo irreal aparte, bien puede albergar a una rubia no específica, ya que ella solo existe en las esperanzas de Pepe. Ello significa que dicha instancia carece de alguna otra conexión con el hablante o con alguna otra fuente desde la que pueda establecerse que Pepe desea casarse con una rubia. Un espacio de este tipo, por consiguiente, solo puede incluir una generalidad: Pepe desea casarse con cualquier mujer con tal de que ella sea rubia.

Sin embargo, tal como se ha planteado, los fenómenos gramaticales son complejos por la interacción de construcciones conceptuales diferentes que favorecen ciertas interpretaciones en desmedro de otras. Un interesante caso de esto nos lo ofrece el siguiente hecho: la lectura no referencial (la no específica, se entiende) de la FN una rubia, en (30), tiene un comportamiento suficientemente “referencial” como para servir de antecedente al pronombre ella en una oración como (32). Por el contrario, la lectura referencial de la misma FN indefinida, una rubia [que yo le presenté], no sirve como antecedente de ella en (32); pero sí en (33).

200

(32) (33)

Ella ?? referencial/no referencial tiene que ser alta, adinerada y hermosa. Ella referencial/?? no referencial es alta, adinerada y hermosa.

Sabemos que (30) propone dos mundos posibles dentro de los cuales se encuentra el concepto de una rubia: uno es un mundo real y el otro es un mundo irreal, el “mundo del deseo”. Dada la ambigüedad de esa frase, (32) y (33) deberían ubicar el antecedente en ambos mundos. No obstante, es claro que hay preferencias. (32) no acepta la forma referencial de ella porque tiene que ser alta […] establece condiciones para seleccionar a una persona. En una predicación modal del verbo ser, los sujetos que cumplan con esa descripción son los que por coincidencia presentan los atributos requeridos. Cualquier rubia, sin que se lo proponga, puede ser la que Pepe quiera para casarse. Es a costa de un gran esfuerzo constructivo que podemos pensar en ella como referencial en (32), porque si es una rubia específica, pues será una que tenga que ser alta, adinerada y hermosa. Tal vez uno pueda proponerse ser adinerado y hacer todo lo posible por serlo; pero es más difícil lograr ser hermosa y aún más difícil ser alta. La idea aquí es que un estado como ser bajo el alcance de una modalidad deóntica como tener que es extraña como predicado de un individuo específico. Sin embargo, la preferencia por un sujeto no específico desaparece si a (30) le sigue (34):

(34)

Ella referencial/? no referencial tiene que viajar a Italia para estudiar cine.

De hecho, la lectura no referencial es un poco extraña. Una acción como viajar puede entenderse como realizada por un individuo específico; pero también, aunque con un mayor esfuerzo constructivo por el sentido de posterioridad que tiene tener que con una acción, como la condición que cualquiera debe cumplir para casarse con Pepe, además de ser rubia, claro está.

En el caso de (33), la oración con el verbo ser en presente indicativo puede indicar un comportamiento habitual característico de cualquier miembro de la clase —el comportamiento

201

canónico— o propiedades específicas de una instancia particular. Es fácil notar que una rubia que es alta, adinerada y hermosa no corresponde muy bien a una descripción canónica de las rubias como clase. Es más claro referirnos a una rubia específica que tiene al mismo tiempo esas características. Así, pues, tenemos que la descripción de una rubia en (33) se relaciona mejor con la opción específica que con la no específica.

En este análisis se ha mostrado que la correferencia puede obedecer a preferencias conceptuales determinadas por la semántica de los verbos ((32) y (34)) o por la congruencia entre espacios mentales (como se vio para (33)). Sobre la congruencia entre espacios mentales, Langacker (1991: 107) afirma que esta es central para establecer la correferencia entre distintas oraciones: esta se logra por establecer conexiones entre espacios mentales compatibles. Por ejemplo, en (35) el espacio de la suposición (establecido por piensa) establece fuertemente un mundo irreal —de hecho, la lectura referencial es más difícil que en el espacio creado por verbos como desear—.

(35)

Luis piensa que (mundo de la suposición) un loro i tiene solo plumas verdes (comportamiento canónico). ?? Este i no tiene plumas de otros colores (mundo canónico).

Si comparamos (35) con (36), en la que no hay ninguna dificultad para establecer la correferencia, se aprecia que el espacio de la suposición afecta el espacio del comportamiento canónico: los contenidos dentro de este último son falsos o irreales.

(36)

Un loro i tiene solo plumas verdes (comportamiento canónico). Este i no tiene plumas de otros colores (mundo canónico).

Por eso, sería mucho mejor si en (35) la segunda oración fuera Este no tendría plumas de otros colores. El modo hipotético genera un mundo irreal compatible con el espacio de suposición.

202

Otra incompatibilidad más directa se ve en (37), donde una FN indefinida no específica dentro del espacio de la “concepción canónica de la realidad” no puede servir de antecedente de otra expresión ubicada solo en el espacio del “mundo real”:

(37)

Un perro i come carne (comportamiento canónico). ?? Él i se robó (mundo real) el bistec la semana pasada.

La conclusión es que un análisis formal de la correferencia pierde de vista las implicancias de los espacios mentales como reguladores de las relaciones entre instancias con diversas concepciones reales o irreales. Este último fenómeno no se nota en la estructura de la frase, sino en los significados (como construcciones conceptuales) asociados con ciertos elementos de distinto tipo (aspecto verbal, tiempo, distinción entre supuesto y real, etc.). Y esto desnuda las insuficiencias de una sintaxis anclada en la proposición.

4.2.3.

Acerca de las restricciones en el uso de los indefinidos genéricos

Ya hemos visto en la sección anterior que las lecturas no específicas requieren de la creación de un mundo irreal. Asimismo, se han analizado con detalle las condiciones distintas en las que las lecturas específicas y no específicas se prefieren o son incompatibles a partir de algunos casos de correferencia en distintas oraciones. Sin embargo, las restricciones en los usos de las FN indefinidas genéricas solo se entienden comparando dichas formas con las FN definidas genéricas. Como ya se mencionó anteriormente, una de las formas de referencia genérica para una FN se logra haciendo referencia a una proporción de la clase completa (cf. supra 4.1.3, análisis de oraciones (18)-(20)). Palabras como todos, mayoría y algunos indican distintas proporciones de la clase; a su vez, el uso del artículo definido se postuló como un marcador de totalidad relativa. La otra forma de referencia genérica para una FN es predicar algo de los miembros de la clase como instancias representativas (cf. supra n. 16). La primera forma de interpretación genérica se conoce como lectura colectiva; la segunda, como lectura distribuida. El uso del artículo definido prefiere

203

claramente las lecturas colectivas, mientras que el indefinido, por mantener a las demás instancias presentes al lado de la seleccionada, prefiere las lecturas distribuidas (Cruse 2000: 311).

Esto lleva a la pregunta sobre cómo se distinguen las formas indefinidas un y algún. Como se ha venido viendo líneas atrás, el espacio mental irreal admite la imposibilidad de haber tomado conciencia previamente sobre un objeto específico, de modo que la instanciación se realiza sobre cualquiera de los objetos en el campo de instanciación, al lado de los potenciales elementos que forman la clase. En ese sentido —y solo en ese— un es idéntico a algún. No obstante, la diferencia es bastante evidente: el primero solo indica que se instanciará un ente entre todos los demás (y su especificidad o no especificidad se deriva del espacio mental real o irreal donde se ubique ese elemento); mientras que el segundo siempre selecciona arbitrariamente entre el conjunto de instancias posibles, no hay lectura específica posible. Así, no es lo mismo decir Un hombre puede sacarse la Tinka —donde se alude a cualquier hombre o a uno en particular, como “el famoso adivino Kalimán, capaz de predecir el futuro”—, que decir Algún hombre puede sacarse la Tinka —donde solo puede darse a entender que cualquiera podría ser el afortunado—. El valor referencial de la determinación indefinida mediante un estaría ubicada en un nivel superior en comparación con algún (y obviamente, algún está por encima ningún).

Una FN determinada de modo indefinido que alude a un objeto no específico lo ubica en un espacio abstracto. Este espacio es el dominio de instanciación, una de las partes del esquema [CLASE] que instaura todo sustantivo.30 Debe ser claro que lo aludido por dicha FN es un objeto en un espacio abstracto: basta con adquirir un concepto de una cosa para que de inmediato, si intuimos que posee contabilidad o multiplicidad de instancias, podamos pensar en ella como un ejemplar y hablar sin

La otra parte es el tipo, el punto superior de dicho esquema conceptual (cf. 2.2.2). Como expliqué en la sección 4.1.2, la creación de un espacio de cualidad para los sustantivos contables es el proceso por el que se llega al espacio de tipos donde la predicación genérica para una FN definida singular es posible.

30

204

tener una experiencia específica de esta. En consecuencia, una interpretación de este tipo es ideal para usarse en expresiones de sentido universal o genérico. Ahora podemos ver con claridad que el sentido genérico no es el mismo si se obtiene desde un tipo, un ejemplar o, inclusive, desde un plural definido; con lo cual la crítica hecha en la sección 3.1.2 acerca de la vaguedad detrás del simple uso del término genérico se ve justificada.

Sin embargo, hay también restricciones para el uso de las FN indefinidas con sentido genérico. Es bien sabido que si una oración exige que el uso distribuido involucre necesariamente al conjunto de los elementos o a varios de sus elementos, entonces el uso genérico de un queda de lado por ser incompatible con el sentido colectivo que este tipo de frases privilegian. Los siguientes ejemplos son tomados de Cruse (2000: 312)

(38) (39) (40)

La computadora revolucionó las prácticas empresariales. Las computadoras revolucionaron las prácticas empresariales. ?? Una computadora revolucionó las prácticas empresariales.

La interpretación de una computadora en (40) no parece ser compatible con el sentido genérico. De hecho, no parece claro que (39)-(40) puedan considerarse capaces de crear espacios irreales. Por su parte, Iturrioz (1986: 213) propone que una FN genérica con artículo indefinido solo puede darse con predicados que también permitan la interpretación específica o referencial. En efecto, esto debe considerarse un aspecto derivado de crear tanto un espacio que se considere parte del mundo real, como uno irreal paralelo al anterior. Por ende, lo que se predique de una FN indefinida genérica también es predicable sobre los individuos singulares.

Es bueno recordar que, del mismo modo como lo singular se opone a lo plural, una FN definida plural tiene sentido genérico si lo que se predica sobre ella puede aplicarse solo a la clase como

205

totalidad. De este modo, las interpretaciones genéricas colectivas o logradas proporcionalmente son compatibles con las propiedades de clase; mientras que las distributivas o logradas por instancias representativas lo son con las propiedades individuales. Esta diferencia debe hacernos pensar, una vez más, en la diferencia entre extensivo e intensivo. Mientras que los predicados extensivos implican una referencia al número total de ejemplares de una clase o especie dada, los intensivos incluirían las aseveraciones que se constatan en cualquier individuo de la clase.31 Compárense las siguientes oraciones que pretenden un sentido genérico:

(41) (42) (43) (44) (45) (46)

Los dodos están extintos. ?? Un dodo está extinto. Los dodos eran poco abundantes a fines del siglo XVI. ? Un dodo era poco abundante a fines del siglo XVI. Los dodos comían granos y frutas. Un dodo comía granos y frutas.

En estas oraciones tenemos que propiedades como estar extinto o ser poco abundante solo pueden entenderse con relación a todos los dodos, a la clase dodo, tal como lo expresan (41) y (43). Es extraño hablar de “un dodo extinto”, salvo que aludamos a una variedad de la familia dodo. En todo caso, hablaríamos de “un dodo muerto”, ya que morir es un predicado que se aplica a los individuos de la clase de modo particular. Lo mismo puede argüirse de “un dodo poco abundante”: la abundancia solo se entiende tomando en cuenta a la totalidad de la clase. Sin embargo, para

Se apeló a esta misma distinción básica cuando comparábamos la diferencia entre interpretación genérica con FN definida singular por acceso al espacio de tipos frente a la que se logra con una FN definida singular. En todo caso, sabemos que cada ejemplar del dominio de instanciación está ubicado ahí porque elabora el tipo (que contiene el esquema específico del sustantivo), de modo tal que por medio del ejemplar conocemos el todo. Este proceso es absolutamente común en el proceso de conocimiento humano. Conocemos instancias y, según lo que observamos en ellas, pensamos que todas las demás se comportarán o se verán iguales: “una vez que has visto a uno los has visto a todos”. Prejuicios que construyen nuestra vida diaria y contribuyen a regular la gramática con la que hablamos (cf. infra 4.1.2).

31

206

entender mejor por qué (42) parece más extraña que (44) necesitamos entender que tipo de espacio se crea en cada oración.

Aparentemente, (42) expresa una propiedad universal sobre los dodos, y esto nos pone en una situación difícil: un espacio de comportamiento canónico, irreal por definición, no permite una lectura no específica de dodo. Sin embargo, (42) no crea un espacio canónico porque utiliza el verbo estar. La semántica del verbo estar es extremadamente problemática y habría que escribir otra tesis para poder hacerle justicia a su complejidad. No obstante, ya desde las gramáticas tradicionales (cf. Seco 1967) estar se distingue de ser por introducir propiedades pasajeras, accidentales o no pertinentes para la esencia de un concepto.32 De este modo, cuando decimos (41) proponemos una situación que no caracteriza a los dodos como especie: no se necesita que algo esté extinto para poder saber qué es. Puede ser importante saber que un dodo esté extinto o no,33 pero eso no ayuda a saber qué es un dodo. En síntesis, estar no introduce un espacio irreal canónico: carece del sentido de permanencia o duración propio del sentido habitual que tiene ser.

Por su parte, (44) resulta más aceptable porque el verbo ser está en una forma imperfectiva (era) y eso permite construir la habitualidad de un comportamiento más permanente (“ser abundante”). Podemos acceder a un espacio irreal canónico. No obstante, la restricción temporal que impone a fines del siglo XVI hace toda la afirmación menos universal. De hecho, si la frase fuera Un dodo era

Obviamente, la idea de “esencia” está reñida con la naturaleza difusa de los significados defendida en el capítulo 1 de este trabajo, por lo que la idea de predicar sobre propiedades más permanentes, frente a otras menos permanentes, parece ser más adecuada para distinguir ser y estar. Sin embargo, en tanto que los significados se basan en diversos MCI, es relevante el hecho de que los seres humanos asumamos la metáfora del recipiente como una teoría básica sobre las palabras. Según esta metáfora, las palabras se “llenan” de contenidos y estos equivalen a lo que es una cosa, a su esencia. De ahí que sea tan aceptada y difícil de criticar la idolatría al diccionario que profesan muchas personas. Decir que las palabras significan más que lo que ellas “tienen dentro” de modo bien definido es ir justamente contra una idea del sentido común. Como un comentario al margen, es interesante notar que, curiosamente, en la oración Puede ser importante saber que un dodo esté extinto tenemos un espacio irreal generado por el modal, con lo que la lectura no específica queda garantizada.
33

32

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abundante antes de que el hombre lo cazara por diversión la extrañeza frente a la frase se reduce aun más. No obstante, debe reconocerse que a pesar de que el espacio irreal justifica la existencia de la lectura indefinida no específica, esta es más natural cuando, como sostiene Iturrioz, no se trata de un predicado colectivo.

Oraciones como (45) y (46) tienen un sentido muy semejante, en tanto que aluden a la clase de los dodos. No obstante, si bien la primera afirma que los dodos (el conjunto en pleno como totalidad relativa) comían granos y frutas, (46) afirma algo diferente: cualquier individuo de la clase dodo, cualquier ejemplar tomado al azar, comía granos y frutas porque este es un comportamiento canónico que permite definir mejor a un dodo: puede considerarse más como una propiedad permanente de cualquier dodo, aun cuando no hayamos tenido contacto específico con ellos para verificarlo.

En conclusión, las formas indefinidas genéricas necesitan de un espacio irreal lo menos restringido posible. Una de las principales restricciones, fuera de la temporal que se tocó en (44), es la de predicados generales que asuman a la totalidad de los miembros y no puedan predicarse de cada uno de los ejemplares. Por ejemplo, propiedades que solo se confirman empíricamente como estar extinto y, en general, los atributos introducidos por estar no se consideran básicos para permitir la elaboración de un tipo mediante una instancia. Así, en la instancia no podremos encontrar una propiedad de ese tipo, con lo que se restringe (pero no se impide totalmente) una expresión genérica.

4.3. Frases nominales no determinadas Para finalizar con este trabajo, analizaré y propondré una explicación de los casos más usuales de frases nominales no determinadas o FN escuetas. En principio, sabemos que las FN sin determinante aparecen en la posición de predicativo (predicado nominal) o atributo luego del verbo

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ser (cf. supra 3.3.2.f) y como objeto directo (OD) de cualquier verbo transitivo cuando sus sustantivos se hallan en su forma plural o pertenecen a la clase de los no contables. Sin embargo, no dejan de presentarse casos en los que es notorio que un sustantivo sin determinación alude directamente a un tipo:34 estos casos presentan sustantivos singulares y los verbos transitivos con los que pueden aparecer se reducen a unos cuantos. Comenzaré por analizar los singulares y concluiré con los plurales y no contables, no sin explicar, para los últimos, los motivos por los ambos se comportan tan parecido.

4.3.1.

Sustantivos contables singulares

Si observamos las siguientes oraciones, notaremos que hay fuertes restricciones para el uso de sustantivos en singular no determinados:

(47) (48) (49) (50)

Tengo coche. ??? Coche está malogrado. Las casas de este vecindario tienen techo. ??? Techo tiene tejas muy coloridas.

En primer lugar, la posición de OD parece ser muy relevante para aceptar un sustantivo no determinado, al punto que no hay en castellano sujetos no determinados. Una posible explicación a este hecho sería que los determinantes definidos e indefinidos han sido convencionalizados en español como indispensables para marcar la estructura de tópico de las oraciones (que, como es bien sabido, se realiza en la posición extrema de la izquierda, que generalmente coincide con el sujeto). Sin embargo, hay algunas FN no determinadas explícitamente que pueden ocupar la posición de sujeto: los nombres propios (p. ej., Christy está trabajando en Italia) y las expresiones metalingüísticas (p. ej., Perro es un término que designa al canino doméstico). No existe la
34

En el sentido que se sugirió en 3.3.2.f para oraciones como Mi primo es pintor. Sobre estos casos y la forma particular en la que aluden a un tipo cf. infra 4.3.1.

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posibilidad de establecer un tópico fuera de las FN referenciales o, mejor, específicas a partir de alguna forma de contacto mental (ya sean estas entidades concretas o abstractas). De hecho, en (47), coche ni siquiera puede considerarse una forma indefinida: no hay alusión a una instancia al lado de las demás en la clase. Más adelante se propondrá qué alude al tipo directamente, sin apelar a un espacio de tipo alguno análogo al dominio de instanciación. Nótese que oraciones como la mencionada no pueden tener una FN sin determinar en posición de tópico mediante una dislocación a la izquierda. Así, no hay algo como (51) o (52):

(51) (52)

??? Coche lo tengo. ??? Carta mando tu mamá

Las formas deben ser: El coche lo tengo / Un coche tengo y La carta la mando tu mamá / Una carta mandó tu mamá, respectivamente. Esto significaría que la ausencia de determinantes explícitos en español acarrea que no se licencie la frase por motivos de un tópico no denotativo. (Y, dicho sea al pasar, esto sería una prueba más de que, como bien señalaba Givón (1984: 406), las llamadas FN referenciales y las no referenciales son extremadamente parecidas.) 35

La discusión respecto al porqué de la restricción de las FN no determinadas a la posición del OD y su no ocurrencia en el sujeto no ha dado una razón “lógica” o, mejor, “de estructura” para que en nuestra lengua se haya convencionalizado que toda FN sujeto debe ser determinada explícitamente. Debemos recordar que, por lo planteado en el capítulo 1, existe una parte arbitraria inherente a todo lenguaje por ser simbólico. En inglés, por ejemplo, solo los singulares abstractos (bien sean entelequias o derivados, cf. supra 2.4) pueden aparecer sin determinante alguno siendo claramente tópicos y específicos: — Love i makes everything look better to the eyes of the lover. It i means the ultimate reason for living. (“El amor i hace todo mejor a los ojos del enamorado. Ø i significa la razón definitiva para vivir”) — Education i seems to be the key for development. It i gives confidence to anyone to face challenges. (“La educación i parece ser la clave para el desarrollo. Ø i le da confianza a cualquiera para enfrentar desafíos”) De este modo, en tanto que el amor es un instancia única —si bien con manifestaciones concretas como los objetos amados— puede resultar redundante utilizar el artículo si se quiere hablar de ellas como conceptos generales, con lo que en inglés se reserva la aparición del artículo cuando se trata de formas específicas: — The love you have given me is beautiful. (“El amor que me has dado es hermoso”) — The education of Mr. Baker seems to have reached the development we have been waiting for. (“La educación del Sr. Baker parece haber alcanzado el desarrollo que hemos estado esperando”)

35

210

No obstante, es también claro que solo unos cuantos verbos transitivos parecen aceptar FN no determinadas en su OD:

(53) (54) (55) (56)

Este libro incluye fascículo coleccionable Esta cocina viene con regalo. Creo que me saco (obtengo) diploma por las notas que obtuve. ? Mira, Lucho, la dirección general de transporte urbano mandó multa para ti (es decir, tienes multa). ?? Sebastián escribe trabajo para el profesor de religión. ??? Regina piensa mucho respuesta antes de decirla. ??? Cristina pregunta mucho hora. El Ministerio de Industria y Turismo creó trabajo para más de 15000 personas el último mes (15000 personas son tienen trabajo desde el último mes). ? Hago trabajo para la parroquia de mi barrio (la parroquia es dueña de mi trabajo). ??? Mario hizo cuarto con la ayuda de dos albañiles más.

(57) (58) (59) (60)

(61) (62)

En todos los casos anteriores que son más o menos aceptables está presente la noción de posesión; ya sea mediante el verbo tener como en (47) y (49), o mediante otros verbos que comparten el sentido de posesión en algún grado (los ejemplos de (53) a (56)). Incluso si hay un poseedor que se deriva indirectamente del verbo principal puede licenciarse el uso no determinado de la FN, como muestran (60) y (61). Para poder llegar a una explicación satisfactoria, será necesario examinar el

Pero no hay nada que impida que, por ser formas únicas y coincidir con la definición del artículo definido, siempre tengan artículo en algunas lenguas, tal y como las respectivas traducciones al castellano muestran. Es más, es posible que las lenguas determinen convencionalmente, a lo largo de la historia (ese factor tantas veces ignorado en los estudios de sintaxis formal) que los nombres propios, por ser también instancias únicas, son perfectamente compatibles con la función de los artículos definidos. En consecuencia el uso simultáneo de estos dos se hace convencional, tal como pasa en el griego (y, sospecho, ese parece ser el camino que sigue el español de Lima). Por esta razón, es posible asumir que el español convencionaliza que toda FN, salvo los nombres propios, debe estar explícitamente determinada en la posición de sujeto.

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comportamiento de las que podríamos considerar las formas más usuales de sustantivos singulares no determinados: los predicados nominales o atributos. Observemos los siguientes ejemplos:

(63) (64) (65) (66) (67) (68)

Rubén es el filósofo que se casa en enero. Alfredo es un lingüista. Alfredo es lingüista. Esto no es libro, es revista. Fíjate bien. ¡Esto es vida! El gatito que te encontraste en tu safari no era gatito: ¡era león!

Las construcciones copulativas (con ser) colocan a un argumento en una relación de identidad con otro término: bien puede ser una identidad referencial, como (63), o una identidad de clase, es decir, inclusión en una clase, como (64) (cf. supra 4.1.2 oración (8) y nota 7). Sin embargo, es posible notar una forma más de identidad que puede considerarse como información caracterizadora, como sería el caso de (65) a (68). Gracias a esta forma de identidad, es perfectamente normal que muchos adjetivos ocupen la posición del atributo. En efecto, Wierzbicka (citada por Croft 1990: 122-123) sostiene que los adjetivos, cuando sirven para señalar atributos de un referente, enriquecen la imagen que evoca el sustantivo. Mientras que los sustantivos crean categorías estables, los adjetivos añaden características o rasgos sin crear categorías nuevas.

Es bien sabido que un sustantivo puede tener un valor predicativo antes que argumental. Si recapitulamos todo lo visto acerca de las FN genéricas, podemos decir que el factor común en todos los usos es el acceso, por un modo u otro, a la noción de tipo o clase. Del mismo modo, he discutido a lo largo de la tesis, a veces explícitamente, otras de modo implícito, los problemas de la noción de referencia (cf. supra 3.1, 3.1.1 y 3.1.2). Pero si una conclusión puede proponerse, sin duda sería que referir —en el sentido más estricto del término: usar una FN como argumento— solo se hace dentro

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de un espacio mental considerado parte del mundo real, con el cual tenemos un contacto mental fundado en la experiencia o distintas formas de conocimientos que permiten especificar o individualizar a una entidad. Sin embargo, ese mismo proceso puede darse en mundos irreales. Y siendo irreales, se ha visto, muestran un comportamiento referencial idéntico a las FN llamadas argumentos. ¿Cuándo es entonces un sustantivo realmente predicativo y no solamente un uso genérico?

Cuando se usa un sustantivo y se determina de modo definido o indefinido se está proponiendo que ese concepto es una categoría independiente, un individuo. La única forma de no usar un concepto como un individuo (por defecto, el sustantivo prototípico) es como un evento (un verbo) o como una propiedad (lo que se definió para los adjetivos). Por ende, un sustantivo es predicativo cuando sirve de atributo a otro sustantivo (al que consideramos un individuo). Esto significa que en el predicativo se da una forma de alusión al tipo donde no hay ninguna forma de individuación posible.36 Parece ser claro entonces que las oraciones (64)-(68) están ligadas en tanto que sus sustantivos resaltados no son argumentos en esos usos. Sin embargo, (64) es bien distinta a las demás ya que lo resaltado podría ser referencial o genérico; mientras que de (65) a (68) lo resaltado solo puede ser una forma predicativa.

Trazaré la diferencia entre (64) y (65). La primera apela a la lectura genérica del indefinido: Alfredo nombra a una instancia determinada que puede considerarse una instancia no específica que cumple con las características propias del tipo lingüista junto a otras más no definidas. Así, en sentido estricto, con un lingüista no estamos refiriéndonos a ningún lingüista específico, más bien aludimos
Un adjetivo es una categoría que no tiene instancias, tiene manifestaciones distinguibles en otras instancias. Por esta razón tienen un punto en común con los sustantivos de masa: sus instancias son realmente manifestaciones. La diferencia fundamental es que los sustantivos de masa siempre establecen una región, lo cual les da una autonomía básica. Uno interactúa con las masas mismas: Pisé el barro y ensucié el agua. Uno no interactúa con adjetivos a menos que los delimite como sustancias: Pon más rojo en esa pintura; Falta más dulce en tu mazamorra; o que los derive como sustantivos abstractos no físicos: Mi tranquilidad no tiene precio; La estupidez de nuestras autoridades no tiene límites.
36

213

a una entidad no particular o arbitraria para poder identificar a Alfredo (como se aprecia en la figura 9b). Por su parte, (65) contiene un predicado nominal que también es no referencial; pero, a diferencia del caso anterior, no alude a ningún ente, por más arbitrario que sea: alude solo al conjunto de características como una propiedad, no a algún individuo que las instancie. Así, Alfredo se identifica como un individuo compatible de un modo u otro con las características que se asumen para el tipo llamado lingüista; es decir, alguien que cumple las respectivas condiciones que establece la clase, pero no con una instancia de la clase. En resumen, la diferencia entre un lingüista y lingüista radica en que en el primer caso estamos ubicados en el dominio de instanciación de la clase “lingüista” para ubicar a un ejemplar representativo con el cual identificamos a Alfredo; pero en el segundo caso, lingüista solo se considera un conjunto de rasgos que sirven para caracterizar al sujeto de (64).37

Las demás oraciones, (66)-(68), se entienden de modo análogo a lo expuesto para (65). (66) y (67) llaman la atención del oyente sobre un objeto con disponibilidad deíctica inmediata (mediante el demostrativo esto) con el fin de establecer una comparación. Esta no apela al otro objeto (el predicado nominal) en tanto individuo, sino como fuente de características que representen un tipo que, a su vez, se considere identificable con el sujeto de la frase (el cual es un concepto complejo;

Cabe señalarse que los usos predicativos de los sustantivos enfatizan su función de clasificación. Una forma de probar es comparar las siguientes oraciones: a. b. c. Juan es pintor. ??? Juan es pintor bueno. Juan es buen pintor.

37

Mientras algo es “pintor”, se tiene clara la idea de a qué tipo de clase pertenece. Pero con un adjetivo valorativo o cualquiera cuyo significado sea relativo se necesita una comparación implícita o un campo de valoración. La única forma de proponer este campo es dejando visibles a los demás elementos de la clase. Por eso, el artículo indefinido provee de ese campo y licencia Juan es un pintor bueno. En el caso de (c), el uso del adjetivo como epíteto, como se sabe desde las gramáticas tradicionales y manuales de figuras literarias, no necesita de un espacio de comparación: la cualidad se asume inherente al concepto donde se aplica. Además, si usamos otros adjetivos no valorativos como internacional, o incluso otros más específicos como radial podremos tener FN no determinadas: Mario es locutor radial, Paquita es periodista internacional; pero ?? Mario es locutor pésimo y ??? Paquita es periodista alta.

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es decir, un conjunto de eventos y relaciones, delimitados como una sola región: “nadar, tomar sol, beberse una piña colada al borde de la piscina” es vida). En cuanto a (68), los sustantivos no determinados están encaminados específicamente a proponer al oyente el verdadero tipo que instancia el gatito particular que aquel encontró en un safari: no gatito, sino león.38

Si volvemos la mirada sobre las oraciones (47), Tengo coche, y (49), Las casas de este vecindario tienen techo, notaremos que la falta de determinante hace que en el predicado no se señale tan solo la posesión de un objeto; más bien hay una fuerte alusión a las características de la clase a la que pertenece el objeto mencionado y cómo afectarán al sujeto (cf. King y Suñer 1999: 148-149). Esto sugiere la noción de modificación inherente a los adjetivos y atributos.

Es evidente que en (47) y (49) no encontramos expresiones referenciales en el OD, a pesar de que el hablante presuponga el coche específico del que es dueño, para la primera, y el techo específico que cada casa de su vecindario posee, para la segunda. No obstante, esas FN poseen un significado muy cercano a una conceptualización basada solo en las características por las que un ente X puede considerarse coche o techo, así que lo que se informa es de las implicancias de tener dicho objeto. Para saber de las implicancias de “tener coche” o “tener techo” (más que el coche/el techo o un coche/un techo) hay que notar que los significados se determinan por un saber enciclopédico (cf. supra 1.4.1), que incluye numerosas especificaciones de nuestro conocimiento general sobre las categorías en cuestión (y no tan solo la forma en la que dichos rasgos se cotejan en un objeto al que nos referimos de modo específico). Por ejemplo, si un inspector del municipio quiere verificar si las casas de un vecindario están preparadas para soportar las lluvias de la estación, pues le bastará
38

Apelando una vez más a las distinciones clásicas, puede decirse que estos usos atributivos de las FN no determinadas singulares pueden ser considerados connotativos: el sustantivo resulta una cualidad (relacionada, por lo tanto, con las aposiciones). Esto se contrapone a los usos denotativos, ya sea en el sentido de referencia concreta singular o los “seudorreferenciales” (que incluye los distintos tipos de interpretaciones genéricas determinadas, las cuales, nunca está de más remarcarlo, actúan igual que las formas referenciales; por eso el prefijo seudo-).

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escribir en su informe Las casas del vecindario tienen techo para que se entienda que dichas propiedades pasan por el estado de poseer techo con lo que ello implica respecto de las lluvias.

Sostengo que las semejanzas entre los verbos copulativos y los estativos de posesión, como tener, son las responsables de que los objetos directos de los últimos puedan actuar como los predicados nominales de los primeros. En principio, tanto ser como tener perfilan una relación temporal estativa: lo que se predica mediante los verbos se considera una propiedad del sujeto, ya sea propiedad en el sentido de característica o en el sentido de posesión.39 Por otra parte, es bien sabido que tanto en el latín como en el griego clásico el sentido de posesión puede obtenerse mediante una construcción con verbo copulativo:

sujeto (nominativo) + verbo copulativo + atributo (dativo).

Así una frase como Yo tengo amigos podía expresarse en dichas lenguas con una forma como Los amigos son para mí (en latín: Sunt mihi amici; cf. Estébanez 1995: 71).

Parece que el “parentesco” entre la predicación de posesión y la predicación nominal es lo que explica el uso, para ambos casos, de un OD y un predicativo —respectivamente— sin determinante. En las oraciones que van de (53) a (56), aquí repetidas, los verbos tienen conceptos muy cercanos al de pertenencia.

(53) (54) (55)
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Este libro incluye fascículo coleccionable Esta cocina viene con regalo. Creo que me saco (obtengo) diploma por las notas que obtuve.

Eso fue discutido anteriormente al hablarse de la distinción entre ser y estar (cf. supra 4.2.3, análisis de la oración (42)). Sin embargo, habría que añadir que hay una relación de semejanza muy grande entre los predicados nominales y los OD del verbo tener: Estar con gripe/Tener gripe; Ser padre/Tener hijos; Estar triste/Tener tristeza; Ser rubio/Tener cabello rubio; etc.

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(56)

? Mira, Lucho, la dirección general de transporte urbano mandó multa para ti (es decir, tienes multa).

Las frases (53) y (54) se interpretan dentro del campo de la inclusión (X incluye Y es semejante a X tiene Y). (55) usa el verbo sacarse como obtener, cuyo significado es aproximadamente “lograr tener”. Por su parte, (56) emplea el verbo mandar con un sentido que bien puede entenderse como una advertencia de lo que implica “tener una multa”. La gradación que muestran las frases respecto de su aceptabilidad o no depende, como he venido proponiendo en todo mi trabajo, del esfuerzo constructivo que enfrentan el hablante y el oyente para construir y entender, respectivamente, una noción cercana a la de posesión. Por otra parte, las oraciones desde (57) hasta (59) no parecen tan claras en su relación con tener:

(57) (58) (59)

?? Sebastián escribe trabajo para el profesor de religión. ??? Regina piensa mucho respuesta antes de decirla. ??? Cristina pregunta mucho hora.

En (57), Sebastián ha escrito un trabajo, por lo tanto “tiene el producto”; pero el destinatario es el “profesor de religión”, con lo que la idea de modificación se diluye. En (58) y (59) la idea de posesión está totalmente ausente; por lo que es imposible usar una FN no determinada. Las oraciones restantes también pueden analizarse mediante la relación de posesión sugerida o ausente en sus verbos:

(60)

El Ministerio de Industria y Turismo creó trabajo para más de 15000 personas el último mes (15000 personas son tienen trabajo desde el último mes). ? Hago trabajo para la parroquia de mi barrio (la parroquia es dueña de mi trabajo). ??? Mario hizo cuarto con la ayuda de dos albañiles más.

(61) (62)

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Sin embargo en (60) tenemos el caso de un verbo como crear que toma una FN no determinada debido a que el destinatario se ve claramente afectado (favorecido) por ella. (61) no es tan buena por la misma razón que (57): no es fácil identificar un único poseedor y un solo afectado por el trabajo realizado. En (62) no se puede determinar si Mario es solo el que produce algo, sin tener propiedad sobre el objeto; pero la expresión con dos albañiles así lo sugiere, por lo tanto, no se permite la lectura predicativa de la FN no determinada de cuarto.40

Una última observación es que las FN no determinadas en posición de OD no están obligadas a presentarse siempre en singular. El uso atributivo de estas no se basa únicamente en los contenidos de su esquema conceptual. Como he señalado líneas antes, el saber enciclopédico es crucial para justificar los usos no determinados del sustantivo como una forma de caracterización. En efecto, el conocimiento enciclopédico determinará si los tipos se manifiestan normalmente en singular o en plural (y se sigue el MCI para determinar esto). En los ejemplos que se han elegido, los sustantivos no determinados aparecen en singular porque comúnmente aparecen singularmente en los contextos creados por las oraciones. Por ejemplo, la gente suele tener un auto y manejar uno solo por vez; asimismo, las casas tienen un techo, sería inusual que tengan más de uno. Pero tener amigos/manos con que trabajar/pies para caminar, etc. se asumen normalmente como más de uno y, para las extremidades, como dos. De esta forma, decir que tener y otros verbos con sentido de posesión se usan con un sustantivo singular, es una afirmación parcial; ya que sus usos obedecen al

Otros ejemplos interesantes, que solo refuerzan el análisis propuesto para las FN singulares no determinadas incluyen verbos como sentir o vender. En efecto, los sentimientos se expresan como propiedades que pueden “tenerse” (como muestra la pregunta ¿Qué tienes?, que se hace cuando alguien parece estar triste, enojado, etc.). De este modo, queda perfectamente licenciado el uso de oraciones como Siento pena de verte así o Siento alegría de terminar este trabajo. Por su parte, el verbo vender también se expresa comúnmente, en ciertos contextos, con tener. Por ejemplo ¿Vende lapicero? equivale a ¿Tiene lapicero (para vender)?. Por consiguiente, una frase como En mi tienda vendo perro, gato, loro, iguana y cualquier animal que se te ocurra usa los sustantivos no determinados para implicar la variedad que hay en la tienda por la acumulación de tipos tan diversos de la clase “animal”.

40

218

modelo cognitivo idealizado, que forma parte del saber enciclopédico, dentro del que se entiende un sustantivo al usarse como predicativo o atributo.41

4.3.2.

Sustantivos plurales y no contables

Se concluyó la sección anterior proponiendo que la singularidad de los sustantivos no determinados como OD de verbos de posesión (o con un significado afín a este) no es obligatoria, pues hay también sustantivos plurales con el mismo sentido atributivo (p. ej., ¿Tienes amigos?). Sin embargo, las FN no determinadas en plural o con sustantivos no contables se comportan de una manera bastante distinta a lo visto previamente, lo cual justifica sobradamente que enfoque este problema por separado. Si bien la restricción que hace que solo se presenten en la posición de predicado nominal o la de OD sigue vigente, ahora los verbos transitivos son muchos más (excediendo largamente lo dicho sobre la relación entre ser y tener):

(69) (70) (71)

Hoy comí puré y tomé jugo de piña. Por la tarde, vimos películas y luego jugamos juegos de mesa. Durante la semana empujo autos para hacerlos arrancar fuera del taller donde trabajo. También busco clientes y los llamo para que prueben platos típicos en el restaurante de mi tía. Eso hago los fines de semana.

En primer lugar, es necesario recordar la relación que hay entre los plurales y los no contables. Ambas formas comparten en su conceptualización un rasgo muy importante: se conciben como conformados por partes idénticas (cf. 2.1.4 conclusión f). Un sustantivo no contable como mantequilla se concibe en tanto una sustancia en la que todas sus partes son idénticas (e

En el caso se los sustantivos predicativos que siguen a un verbo copulativo, estos tienen específicamente indicado que deben concordar, al igual que cualquier otro adjetivo. Son la parte caracterizadora de una forma de predicación de cualidad directa, con un matiz temporal y aspectual introducido por el verbo copulativo. En tanto que los verbos de posesión no son copulativos, la concordancia es irrelevante; pero se produce el fenómeno de ambigüedad en la cuantificación distribuida. Así, en Los chicos tienen carros, puede entenderse como que existe un solo carro para todos los chicos o uno para cada uno, e incluso más de uno para cada uno.

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indistinguibles entre sí).42 Por su parte, cualquier sustantivo plural obtiene ese rasgo gracias a la replicación de instancias: dos bicicletas se conciben como un todo (el conjunto determinado por la cuantificación) compuesto de dos partes idénticas, ya que las bicicletas, por más distintas que sean entre sí, pertenecen a la misma clase conceptual. Langacker (1991: 80 n. 11) considera a los plurales una sustancia abstracta o sustancia replicable (cf. supra 2.2).

Como consecuencia de lo anterior, la posibilidad de expandir indefinidamente su tipo es lo que hermana a plurales y no contables. La instanciación de un no contable, es decir, la posibilidad de establecer miembros discretos dentro de esa clase, parecería una contradicción, ya que, por definición, estos sustantivos carecen de partes discretas. No obstante, la determinación se da cuando una cantidad (o expansión) de sustancia se concibe poseyendo una ubicación particular en el dominio de instanciación.43 Esto significa que uno habla de la mantequilla cuando sus límites dependen de su ubicación, como por ejemplo en un paquete o una vasija (y no de su materialidad misma, porque allí no tiene delimitación). De este modo, al seleccionarse el artículo definido, el sustantivo no contable puede tomar no solo el valor genérico propio del espacio de tipo (cf. supra 4.1.2, p. 183) sobre el que se predica en comportamientos canónicos (La mantequilla proviene de la leche, La mantequilla es rica en grasas), sino también el de una instancia específica —una muestra— de dicha sustancia (La mantequilla que compraste estaba rancia; La mantequilla apareció debajo de la refrigeradora ¿quién la puso allí?, etc.).

Otro aspecto común entre los sustantivos plurales y los no contables se relaciona estrechamente con una diferencia entre lenguas como el español y el inglés. Tal como se señaló a inicios de la sección
Como se propuso en el capítulo 2, sección 2.1, esto lleva a la imposibilidad de establecer una delimitación dentro de su dominio primario de predicación. Este dominio es donde se obtienen las nociones indispensables para formar el concepto de mantequilla. Así, creo que la noción de “materia pura” o, tal vez, “crema” pueden bastar para ese dominio.
43 42

Este es el espacio mental dentro del cual se realiza la designación, elaborar un elemento desde el tipo. Esto es posterior a la concepción del tipo, para lo cual se requiere del dominio primario que define al concepto.

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4.1.3, el inglés no usa obligatoriamente artículos para sus sustantivos plurales, tanto en posición de sujeto, como en la de objeto. Se dijo en esa parte de nuestro trabajo que el plural en español, cuando está determinado por el artículo definido señala una forma de totalidad relativa. Esto significa que todos los elementos que conforman la clase (aún cuando no se sepa exactamente cuántos son estos) deben caer dentro del grupo definido por esta clase de artículo. Sin embargo, esta explicación no es suficiente para decir por qué en nuestra lengua se hace obligatorio utilizar un artículo con lectura específica (sea el definido o el indefinido) cuando en inglés, para dar el mismo sentido de totalidad relativa, no se emplea ningún determinante.

La solución a esta aparente contradicción es la misma que propuse en la sección anterior, 4.3.1: en español, por convención, no puede haber una posición de tópico sin determinante. Apunté que solo los nombres propios y las expresiones metalingüísticas pueden aparecer sin artículo en el sujeto porque se las toma como inherentemente únicos, de modo que es redundante darles un artículo. En español, entonces, cualquier otra forma que use siempre artículo en el sujeto debe considerarse como menos susceptible de ser considerada inherentemente específica. Una de las definiciones del plural era la totalidad relativa, y se ha enfatizado que su lectura como “todos los miembros de la clase” está matizada por la incertidumbre de no saber cuántos miembros efectivamente tiene una clase. En este sentido, el plural sin cuantificación deja abiertas dos posibilidades. En primer lugar, algunas lenguas (en este caso, el inglés) asumirán convencionalmente que la totalidad relativa, que alcanza a todos los potenciales miembros de la clase es una forma inherentemente definida, por lo tanto, puede usarse como cabeza del sujeto sin determinante. En segundo lugar, otras lenguas (como el español) asumirán que esa forma de totalidad no basta para ser una expresión inherentemente

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definida, así que siempre la marcará con algún artículo que permita interpretar el concepto plural de modo específico y lo licencie en posición de tópico.44

Ya esclarecida esta cuestión, puede proponerse que los sustantivos plurales y los no contables son ambiguos al momento de instanciarse sin una delimitación específica (por cantidad o magnitud): hay contextos en los que dan a entender la totalidad de la clase; en otros, solo una porción o unas cuantas instancias de esta.45

Ya se había señalado antes (cf. supra n. 18) que los plurales no cuantificados no poseen solamente el sentido de totalidad, aunque esta sea relativa. Como propuse en la sección 4.3.1, es posible concebir que un plural sin cuantificación explícita no sea solo la totalidad de la clase, sino el mínimo plural indispensable; es decir, una cantidad cualquiera mayor o igual a dos. De este modo, habrá contextos de enunciación en los que no se necesita del sentido universal de los plurales; basta con asumir que refieren a algunas entidades que representan el tipo al que pertenecen. En vista de que no alude a la clase completa, este tipo de plural no cuantificado no usa artículo definido (y si está en sujeto, utilizará el indefinido plural unos o algunos).

En el caso de los sustantivos no contables, por definirse a partir de un espacio de cualidad, cualquier manifestación o muestra de la sustancia puede estar en representación directa de toda la sustancia. De este modo, si el contexto no requiere de alguna forma de delimitación física evidente, uno puede

44

Sobre la naturaleza simbólica del lenguaje y la posibilidad de establecer diferencias que modelos formales solo llamarían “parámetros” y que no explican la fuerte motivación conceptual que se oculta detrás de los fenómenos lingüísticos, cf. supra n. 35.

Langacker (1991: 101) lo presenta como una ambigüedad respecto de la definición o indefinición de plurales y no contables. Me parece que no es la mejor manera de presentar esa característica común a plurales y no contables. De hecho, he propuesto que “definido” e “indefinido” no son iguales que “específico” o “no específico”, ya que siempre puede haber formas indefinidas específicas y no específicas; y en el caso de los plurales en español, incluso es posible considerar que sus usos genéricos son también no específicos. La idea que está detrás de las palabras de Langacker debe ser la misma que se ha defendido aquí: en ocasiones el plural o el no contable aludirán a una totalidad relativa; en otras solo a una parte o instancias de la clase.

45

222

hablar, p. ej., de mantequilla en un sentido total o universal. Sin embargo, también habrá contextos donde, mediante la sola mención del sustantivo no contable, sin determinante alguno, se sobreentiende una porción no determinada que representa a su tipo.

De lo visto hasta ahora sobre la relación entre plurales y no contables puede extraerse una importante conclusión: las formas no determinadas de este tipo de sustantivos son la forma neutra para expresar su indefinitud. Dos o más instancias cualesquiera pueden ser sugeridas como los elementos a los que alude un plural no determinado, del mismo modo como una magnitud cualquiera se deja entender con un no contable no determinado. No obstante, en español, si un sustantivo plural o no contable se interpreta como el total de la clase, tiene que estar determinado mediante el artículo definido. Esto ocurre porque en castellano, la totalidad (relativa) de la clase se refuerza con la determinación explícita del artículo, con lo que se le tiene como un conjunto único que representa al género.

Apliquemos estas ideas a las oraciones (69) a (71), aquí repetidas:

(69) (70) (71)

Hoy comí puré y tomé jugo de piña. Por la tarde, vimos películas y luego jugamos juegos de mesa. Durante la semana empujo autos para hacerlos arrancar fuera del taller donde trabajo. También busco clientes y los llamo para que prueben platos típicos en el restaurante de mi tía. Eso hago los fines de semana.

En (69) debe ser claro que puré y jugo de piña se entienden como “el tipo de cosa que comí y tomé”. Esto no implica pensar en “todo puré” o “todo jugo de piña”; pero tampoco es “cualquier puré” o “cualquier jugo de piña” interpretaciones que requieren de un espacio con instancias

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distinguibles.46 En efecto, una porción cualquiera de una sustancia está definida por el espacio que la contiene. Más bien, la indefinitud está en que puede ser que puré y jugo de piña en (69) aludan a una cantidad que puede ir desde una partícula o gota hasta cualquier otra cantidad mayor Sin embargo, al ser una sustancia una región no delimitada, sabemos que cualquier parte de esta, es suficiente para representar al tipo. Puesto que el contexto de (69) es el mundo real, el hablante solo puede referirse a una cantidad limitada de dichas sustancias; nunca al total de la clase. En consiguiente, la indefinitud de puré y jugo de piña se entienden como una muestra suficiente para pensar en el tipo. Así, de la misma forma como se propuso, para explicar el caso de las FN plurales definidas en 4.1.3, la existencia de la metáfora “el todo es el tipo”, se puede proponer que en estos casos la metáfora aplicada es “la muestra es el tipo”.47

En el caso de (70) y (71) ambas oraciones hablan de algunos miembros de la clase, pero no todos dentro del contexto del mundo real. Así, películas y juegos de mesa en (70) dan a entender el tipo de cosa que se vio y el que se jugó a partir de una muestra indeterminada, que, por ser plural y no estar determinada, se entiende como mayor o igual que dos. Es perfectamente análogo al sentido de muestra que se propuso para los no contables: una fracción de la sustancia replicable que es un plural permite evocar el tipo completo. Del mismo modo, (71) presenta una serie de eventos que forman parte de lo que habitualmente hace una persona. Como ya se ha visto, lo habitual puede expresar un espacio canónico si con este se predica características fundamentales que permiten distinguir un tipo. Sin embargo, este no es el caso: la experiencia del emisor es demasiado específica para que, muy difícilmente, se considere como canónica de un tipo. Así, autos, clientes y

En ese caso, (cf. supra 2.1.1) tendríamos una lectura de “clase de puré” y “clase de jugo de piña”, como en, p. ej., Comí un puré fabuloso en la casa de mi tía (que debe ser diferente de algún modo al resto de tipos de puré que he comido).
47

46

Si se hubiera querido dar a (69) un sentido genérico el resultado sería una oración absurda. ??Hoy comí el puré y el jugo de piña implican que una persona es capaz, en el mundo real de comer la totalidad de las clases “puré” y “jugo de piña”. Por eso, a pesar de sugerirse el tipo mediante la muestra, la idea de totalidad (también asociada con el tipo) no está implicada en estos usos no determinados de un sustantivo.

224

platos típicos son solo un número indeterminado, no una totalidad, que sirve para entender el tipo de actividades que el emisor realiza.

El uso de las FN no determinadas plurales solo se podrá entender si estas se explican en contraste con sus usos determinados de modo definido. Los primeros serán usos indefinidos donde se habla de una cantidad variable; mientras que en los segundos la definición de la clase se alcanza mediante la totalidad de los elementos en la clase. Para que estas distinciones sean efectivas, se requiere de la interacción de los sustantivos con el contexto creado en la oración. Observemos los siguientes casos:

(72) (73) (74) (75)

Christy adora los gatos. ?? Christy adora gatos. ? Christy adora observar los gatos. Christy adora observar gatos

Todas estas oraciones se encuentran dentro de una modalidad real creada por un verbo de percepción-cognición (cf. supra 3.3.2 d) como adorar, que presupone fuertemente la existencia de sus complementos. Por la misma individualidad del sujeto, no pueden construir un mundo irreal de tipo canónico. En el caso de (72), es importante notar que adorar, por dar a entender un sentimiento que implica conocer al objeto, necesita de individuos sobre los que se ha tenido o tiene un contacto mental claro (entidades conocidas) o, por extensión, a todos los miembros de la clase. Si comparamos (72) con (73) notaremos que adorar solo toma un objeto genérico si la FN es capaz de expresar la totalidad de la clase como un conjunto único, y por extensión metafórica —“el todo es el tipo”— se llega a la idea de tipo. Por el contrario, (73) con el plural escueto gatos no satisface la necesidad de una instancia que pueda considerarse específica en algún plano. Si alguien “adora gatos” propone que el objeto directo de adorar tiene una naturaleza indefinida en lo relativo a su

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cantidad: puede tratarse de cualquier cantidad, muy pequeña o muy grande, y los individuos que la conforman no tienen ninguna especificidad. Por consiguiente, no existe forma para que un plural no determinado pueda ser referencial, ni siquiera como tipo o totalidad de la clase. Tal sentido es incompatible con la semántica de adorar.48

Por su parte, la oración (74) presenta dos formas verbales. Si bien la forma adora sigue siendo un verbo psicológico y establece un estado, aquello que se adora hacer es una acción: observar. Si bien (74) no es una oración del todo mala y permite entender el sentido genérico de los gatos casi como en (72), existen algunas dificultades. La experiencia física directa es parte preponderante del significado de observar (cf. supra n. 10); de modo que no es claro que se pueda observar algo en tanto totalidad de una clase. Por este motivo, los gatos, al no tener ninguna mención previa que active ese concepto en la mente del oyente, solo puede ser la totalidad de la clase y no un referente específico. Como puede esperarse, el uso de la preposición a ayudará a que la lectura referencial prevalezca: Christy adora observar a los gatos alude más claramente a un grupo de gatos conocidos. De igual manera, contribuye a precisar la clase como una unidad identificable (dentro del espacio de tipos, claro está), con lo que el sentido genérico de los gatos se hace más compatible con observar.

La oración (75) parecería contradecir lo visto para (72) y (74). ¿Cómo puede ser que observar acepte una forma indefinida con plural escueto si por esa misma indefinitud no debería servir para el sentido físico requerido por dicho verbo? Más aun, ¿cómo obtiene (75) su sentido genérico
48

Llama la atención que en (72) la FN definida plural los gatos no aluda a un grupo de gatos conocidos, por ejemplo a “los dos gatos que Christy tiene en su casa”. Solo puede entenderse el total relativo de los gatos, el conjunto de estos. Para enfatizar que existen identidades específicas (y no solo un tipo específico alcanzado mediante la pluralidad como todo), el español introduce esos referentes en el OD mediante la preposición a (cf. supra n. 5). Decir Christy adora a los gatos puede referir a “sus dos gatos” y a todos los miembros de la clase “gato”. Esto nos prueba que los sentidos genéricos son idénticos en comportamiento a los referenciales, pero, por el contrario, hay formas de referencialidad específica que, por necesitar de la identidad de los referentes, no funcionan en contextos permitidos para los genéricos. Esto sugiere fuertemente que comprender plenamente el problema de la referencia demanda distinguir entre distintos niveles conceptuales que pueden servir de contexto o de tema mismo de enunciación.

226

(“Christy adora observar un tipo de animal: el gato”)? Esta última pregunta es más fácil de responder: como se ha explicado párrafos atrás, la forma en la que el plural no determinado es indefinido equivale a la noción de muestra con la que se reconoce el tipo. Por eso, gatos permitirá entender una alusión a la clase completa.

Por otro lado, la relación entre el plural no determinado y el sentido físico, más concreto, de observar requiere proponer otra explicación, complementaria a la anterior. El contexto más claro para hablar de un número indefinido de instancias, cuya identidad no sea relevante, es el de un evento en el cual se ha tenido contacto concreto con estos elementos; pero no consideramos necesario abundar más sobre estos, por lo que serán un plural no determinado. Dado que adora observar gatos predica una conducta habitual que se repite en el tiempo, se está presentando una suma no determinada de distintas instancias del tipo “gato” que efectivamente ella ha observado y que potencialmente podría observar. Así, pues, gatos es una forma de indefinido no específico que no hace ninguna afirmación sobre la cantidad de instancias involucradas en el evento (como sí sería el caso de algunos).49

En las oraciones analizadas anteriormente, desde (69) hasta (75), el contexto de enunciación preponderante ha sido el del mundo real. ¿De qué manera un espacio dentro del mundo irreal

En efecto, la falta de definitud que es inherente al uso de una FN plural no determinada puede considerarse extremadamente flexible respecto de lo que se puede contar como parte de la muestra a la que se alude. Por ejemplo, una persona puede haber visto un tigre por primera vez en su vida, sin saber si algún día los volverá a ver y puede decir: (He descubierto que) adoro observar tigres. En términos concretos solo ha visto un tigre; no obstante, puede asumir que la clase a la que pertenece esa instancia es contable y por ende múltiple, de modo que la pluralidad está sobreentendida y puede predicar sobre ella de ese particular modo genérico. Por otro lado, una persona podría decir una frase como En esta tienda venden perros, aun cuando no quede más que un solo animal en la tienda. Aun en esa situación, donde es evidente que no hay ni siquiera dos perros, se puede sustentar el uso plural indefinido. Esto se justifica porque la noción de plural por sí sola asume que las instancias que pueden aparecer serán dos o más. Si es evidente que el objeto observado es contable, entonces puede asumirse potencialmente plural, con lo que se licencia la expresión Venden perros y, de paso, sugerir el tipo.

49

227

afectará la diferencia entre los plurales no determinados y los determinados? Observemos, primero este par de oraciones:

(76) (77)

El león come cebras. ?? El león come las cebras.

Ambas pueden entenderse ubicadas en el espacio del comportamiento canónico, un mundo irreal donde se predica de tipos y sus relaciones con el mundo, las cuales permiten definirlos o caracterizarlos universalmente. En la segunda oración, la forma plural definida las cebras es extraña, mientras la forma sin determinación cebras aparece como más natural. A pesar de que, para ambas oraciones, la FN el león alude a un elemento dentro del espacio de tipos, su alimentación es una actividad concreta. En otras palabras, comer es una actividad que, en un espacio canónico o no, involucra un número de objetos que pueden comerse. De este modo, el problema con (77) radica en que el león no puede, ni como tipo ni como individuo, consumir la totalidad de la clase “cebra”. Tan solo puede comer instancias de la clase, un número no determinado de instancias cuya identidad específica es irrelevante: basta que sean cebras. Por esa razón, incluir un artículo definido fuerza la lectura donde la totalidad se ve implicada, y eso crea un contrasentido en el espacio de comportamiento canónico.50

Ahora analicemos las siguientes oraciones:

(78)
50

Colón llevó caballos a América.

Sin embargo, cabe observar que el uso de la preposición a en el espacio de comportamiento canónico ayuda a reforzar la idea de conjunto como una unidad definida, sin que esto muestre en un “primer plano”, es decir, sin que se perfilen, cada uno de los elementos que potencialmente son la totalidad de la clase. De esa manera, ? El león come a las cebras posee un sentido genérico que, sin embargo, sigue siendo algo extraño. En cambio, si se estuviera usando (77) como parte del mundo real, se tendría que un león específico habitualmente devora unas cebras específicas de las que ya teníamos alguna noticia, las cebras (de esta reservación africana, p. ej.,). Por esa misma razón, al ser un hecho habitual, no puede comerse a las mismas cebras ya identificadas, con lo que ?? El león come a las cebras es marcadamente mala.

228

(79) (80) (81)

Colón llevó los caballos a América. Colón llevó oro a España. Colón llevó el oro a España.

En (78) un individuo, Colón, llevó caballos a América, y estos caballos solo eran aquellos que él llevó. Estamos, pues, frente a una afirmación particular sobre un hecho pasado. Es decir, caballos solo expresa una muestra del tipo “caballo” y no permite entender: “Colón trajo un tipo de cosa llamada caballo a América”. El primer sentido que se obtiene de un plural no determinado es el de muestra, la noción de tipo sale de la aplicación posterior de una metáfora conceptual. Esta se aplicará cuando el contexto de la oración así lo permita (p. ej. en las oraciones (75) y (76)). Debido a que Colón no expresa un tipo, entonces no es posible justificar que caballos también sea un concepto de esa clase. Además, la noción de América es solo el escenario a donde se llevaron los caballos mencionados, no hay nada semejante a un objeto dentro de un espacio canónico aquí.

Comparada con (78), (79) describe una situación que excede el carácter particular de un hecho relativo a un individuo, Colón, y a un lugar América. Al decirse que Colón trajo los caballos a América no solo se está describiendo un hecho del pasado; más bien se dice que un individuo trajo un tipo de animal a una región, la cual, en adelante, tendrá dicho tipo de animal como parte de ella. En ese sentido América no es solo un lugar, es un beneficiario. Luego de Colón, América pasa de ser un “continente sin caballos” a “uno con caballos” y esa diferencia afecta de modo general al continente.51

51

En efecto, una forma con objeto indirecto en (79), Colón le llevó los caballos a América es gramaticalmente posible, si bien con un mayor costo constructivo: el continente es asumido como un participante capaz de beneficiarse del OD los caballos en tanto un tipo.

229

Así, propongo que en oraciones como (79) se crea un mundo irreal que será el espacio de estructuración de la realidad. Este es un espacio semejante al del comportamiento canónico, con la diferencia de que no presenta un mundo dado de modo estable o natural, sino un mundo creado o modificado de modo más o menos duradero.52 ¿Qué elemento disparó la construcción de esta forma de espacio mental? El artículo definido en los caballos. La primera interpretación, la totalidad de la clase, queda descartada porque es imposible que Colón haya traído todos los caballos a América. Por consiguiente, la totalidad de la clase debe interpretarse a través de la metáfora “el todo es el tipo”. Esta se justifica porque es posible que el tipo del que se habla no existiera en el lugar mencionado; de modo que América no es un participante no afectado por la llegada de los caballos: cambia y su realidad queda modificada. Ese tipo de cambio solo se llega a interpretar en una oración como (79) si se mantiene el sentido de clase a partir de la totalidad marcada por el plural definido en el sustantivo caballo. Tal y como propuso Fauconnier (1994: Cap. 1), un solo elemento gramatical es capaz de desencadenar la creación de un espacio mental.

Habiéndose explicado lo anterior, la diferencia entre (80) y (81) debe resultar evidente por ser perfectamente análoga a la que hay entre (78) y (79). El término oro, por ser masa, sugiere que cualquiera que haya sido la cantidad de oro que Colón llevó a España, un tamaño indeterminado de muestra, siempre será verdad que lo que llevó se encuentra en el especio de cualidad que establece la noción oro. Por eso, por la particularidad de ese tipo de evento, no puede producirse un sentido más general que implique fuertemente la totalidad de la clase, con lo que solo se ha aplicado la metáfora: “la muestra es el tipo” (como pasó en la oración (69). Cf. supra n. 46). Por el contrario, Colón llevó el oro a España podría tener una interpretación más general como la que propuse para el espacio de estructuración de la realidad. Sin embargo, por nuestro conocimiento del mundo,
En ese sentido, decir El león vive en África y Los leones viven en África no parece tener mayor diferencia; pero El león actúa en el circo no es tan claramente genérica como Los leones actúan en el circo. La clave de esto último radica en que “actuar en el circo” es algo que el león como tipo no hace naturalmente; pero, al existir un número significativo de leones que realizan esa actividad, podemos extender la pluralidad en el sentido de totalidad relativa hacia el tipo mediante la metáfora “el todo es el tipo”.
52

230

sabemos que en España ya había oro, y que de hecho, los españoles viajaron a América para proveerse de más oro. Por lo tanto, solo es posible una interpretación específica, donde el oro refiere a una cantidad mencionada antes, con la que ya se tiene un tipo de contacto mental.53

4.4. Conclusiones del capítulo 4 En este último capítulo, el tema central ha sido cómo entender los sentidos genéricos en distintos usos de sustantivos singulares, plurales y no contables, determinados con artículo definido (el/la), indefinido (un/una) y no determinados. Al lado de la noción de espacios mentales de tipo real e irreal, con la que se entiende mejor la especificidad o no especificidad de las FN, se han utilizado nociones relativas a la definición nocional de los sustantivos y teorías sobre la metáfora, referencia, discurso y cognición que, a lo largo de los tres capítulos anteriores, he presentado críticamente. Sin embargo, también he procurado enfatizar ideas propias que, así lo he creído, pueden contribuir a una mejor caracterización de la definitud e indefinitud de la frase nominal.

Por consiguiente, considero útil —luego del extenso análisis de casos aquí presentado— ofrecer una serie de ilustraciones que clarifiquen la manera como los artículos y la no determinación operan para alcanzar la interpretación genérica en el esquema de clase que se propuso para todo sustantivo en el capítulo 2. Debe notarse que los sustantivos, tal y como están representados en el esquema [CLASE], pueden ubicarse en un espacio mental real o uno irreal, que, como ya se sabe, favorecen ciertas clases de lecturas genéricas. Esta diferencia no está representada explícitamente en el gráfico, sino que queda sobrentendida. La flecha sólida que parte del tipo hacia el dominio de instanciación, o hacia el espacio de tipo/espacio de cualidad representa la relación de elaboración/instanciación. Su ausencia, obviamente, señala que no hay tal relación para el sustantivo referido. Además, puede señalarse una selección única de la instancia (determinación
53

Por ejemplo, esto puede verse en el siguiente párrafo: “Los indios le dieron a Colón algunas pepitas de oro y mucha orfebrería i. Así que Colón llevó el oro i a España y los reyes estuvieron muy felices; así que mandaron a matar más indios para obtener más oro j”.

231

definida) o una selección arbitraria (determinación indefinida). La primera se representa encerrando el elemento seleccionado dentro de una línea negra sólida; el segundo, encerrándolo en una línea discontinua delgada. Finalmente, si no hay instancia seleccionable, se selecciona la zona del esquema que brinde la información relevante para interpretar el uso efectivo que se hace con el sustantivo.

En primer lugar, tenemos la figura 10, el esquema para las FN definidas singulares genéricas. Como debe resultar claro, aludir al león como un tipo pasa por la creación de un espacio de tipo en el que podemos ubicar una instancia virtual capaz de subsumir la totalidad de la clase león. Esto significa que una clase con miembros delimitados se representa como una sustancia abstracta en la que cualquier parte o ejemplar es valido para una predicación universal.

LEÓN

x

Tipo

(Elaboración) El León

X
Espacio de tipo

(Instanciación)

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X
Dominio de instanciación

Figura 10. Definidos singulares genéricos: El león vive en África.

232

En segundo lugar, la figura 11 presenta las FN definidas plurales genéricas. En estas, la falta de número exacto para el plural permite la interpretación de una totalidad relativa (el hablante asume sin certeza que toda la clase está comprendida en esa FN). Una vez que se tiene la totalidad del dominio de instanciación perfilado, se aplica la metáfora “el todo es el tipo” con la que se produce la interpretación genérica.
LEÓN

x

Tipo

(Elaboración)

Espacio de tipo (Instanciación)

Los leones

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X

X X X X X X X

Dominio de instanciación

Figura 11. Definidos plurales genéricos: Los leones son peligrosos.

La figura 12 representa a las FN indefinidas singulares genéricas. Estas son las FN indefinidas no referenciales que adquieren sentido genérico dentro de espacios mentales irreales, sobre los que no es necesario tener una experiencia directa para poder predicar algo sobre una instancia. En vista del carácter no real de dichas afirmaciones (por ejemplo, en un sentido de comportamiento canónico), es posible tomar un ejemplar cualquiera como ejemplo del comportamiento general de toda la clase. De ahí que se necesite que los predicados sean aplicables a cada uno de los individuos y no a la totalidad en su conjunto.

233

LEÓN

x
Tipo

(Elaboración)

Espacio de tipo (Instanciación)

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X
Un león Dominio de instanciación

Figura 12. Indefinidos singulares genéricos: Un león ataca a la menor provocación.

Por su parte, la figura 13 representa el uso “connotativo” de las FN no determinadas singulares. Es decir, no existe un proceso de instanciación, pues nunca se llega a seleccionar elemento alguno dentro del dominio de instanciación. Más bien, el tipo mismo, en tanto esquema [COSA], es la suma de propiedades que permiten caracterizar a la FN con la que tienen una relación atributiva (mediante el verbo ser) o de posesión (mediante el verbo tener o cualquier otro que sugiera propiedad). Una observación sobre este tipo de uso genérico radica en que no necesariamente se usarán sustantivos singulares: es posible que el MCI que sirve para comprender el tipo establezca un uso plural para la FN (cf. tengo amigos, así que me pueden ayudar).

234

TECHO

x
Tipo (Elaboración)

Espacio de tipo

(Instanciación)

X X X X X X X X X X

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X
Dominio de instanciación

Figura 13. Sustantivo contable singular no determinado: Las casas tienen techo.

La figura 14 muestra el uso genérico de las FN plurales no determinadas. En tanto que la falta de determinante impide el perfilamiento de todo el dominio de instanciación, estos plurales no determinados solo toman algunas instancias distintas, sin que sea relevante su identidad o cantidad total, como muestras al interior de una clase. Una vez que se ha hecho esto, se aplica la metáfora conceptual “la muestra es el tipo” con lo que se construye un sentido genérico.

De otro lado, la figura 15 presenta una situación análoga a la anteriormente explicada. Un sustantivo contable no determinado es también una muestra dentro del espacio de cualidad donde se elaboran los sustantivos no contables (masas y abstractos). Por ser una cantidad no determinada y de identidad irrelevante, cualquier sector del espacio de cualidad sirve para representar convenientemente al tipo. Por consiguiente, aquí también se aplica la metáfora “la muestra es el tipo”.

235

LIBRO

x
Tipo (Elaboración)

Espacio de tipo (Instanciación)

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X
libros Dominio de instanciación

Figura 14. Sustantivo contable plural no determinado: Alexis publica libros.

AGUA

x

Tipo

(Elaboración)

agua

Espacio de cualidad

Figura 15. Sustantivo no contable no determinado: Hoy tomé agua.

236

Por último, la figura 16, que representa a las FN no contables definidas, es análoga a la figura 11, pues representan el mismo fenómeno. La presencia del artículo definido obliga, en español, a que se perfile la totalidad relativa de la clase si no se tiene una cantidad precisa sobre la que se vaya a predicar. Con predicados de tipo universal (como los de comportamiento canónico o de estructuración de la realidad) es posible tomar a toda la clase como un reflejo del tipo, a partir de la metáfora “el todo es el tipo”.

AGUA

x
Tipo

(Elaboración)

El agua

Espacio de cualidad

Figura 16. Sustantivo no contable definido: El agua es indispensable para vivir.

237

CONCLUSIONES

a. Por la evidencia analizada, puede afirmarse que la gramática es simbólica. Debe considerarse que las estructuras lingüísticas están motivadas en lo que ellas representan. Sin embargo, queda espacio para la arbitrariedad debido a que existen muchas opciones distintas con las que se puede sugerir una misma clase de conceptos (lenguas que usan el plural para marcar los sustantivos frente a otras que no los marcan y solo anteponen el numeral o determinante indefinido) o por la ambigüedad con la que algunos conceptos pueden definirse (p. ej. la inherente ambigüedad del plural o de los no contables hace que en inglés no se determinen, pero que en castellano siempre se les determine en posición de sujeto). De este modo, al lado de un razonable grado de arbitrariedad, existe una gran motivación conceptual en la estructura de las lenguas.

b. La noción de esfuerzo constructivo con el que se concibe la interpretación de un enunciado debe reemplazar a la dicotomía gramatical/agramatical, por su carácter gradual y sensibilidad al contexto y saber enciclopédico, características más naturales y menos formales.

c. Una semántica formal no es la más adecuada para articular los contenidos de las expresiones lingüísticas dentro de construcciones más complejas que llegan al nivel del discurso e interactúan con el llamado “saber extralingüístico” y el contexto de enunciación. Una semántica cognitiva, que iguala los contenidos del lenguaje con los principios

238

cognitivos que nos permiten pensar la realidad e interactuar con ella, está mejor capacitada para describir el lenguaje en la real complejidad de su uso.

d. La contabilidad o no contabilidad de los sustantivos se deriva de las características con las que organizamos la realidad más básica de las cosas. Los objetos que conforman la realidad pueden ordenarse mediante (i) su delimitabilidad, (ii) la diferenciación entre las partes que lo componen y (iii) la identidad de dichas partes. Tan solo el primero de estos rasgos garantiza que estemos frente a objetos separables como individuos (representados en el lenguaje mediante sustantivos contables) o frente a masas continuas (representadas, a su vez, por los no contables).

e. Los casos no prototípicos de sustantivos contables y no contables se explican por la presencia de la diferenciabilidad y la identidad de las partes. Estas propiedades pueden combinarse de diversas formas. Por ejemplo, una entidad puede tener partes diferenciables (en tanto distinguibles) pero que se consideran idénticas entre sí. Esto ocurre con anteojos donde las dos partes distinguibles en el objeto son idénticas entre sí; lo cual lo hace un contable plural sin forma singular.

f.

Los sustantivos abstractos deben considerarse no contables: son sustancias de naturaleza no física. Pueden ser derivados de conceptos relacionales (adjetivos y verbos) o pueden ser entelequias (formas no observables como realidades físicas independientes).

g. Los sustantivos por sí solos se consideran tipos. En cuanto tales, subsumen nuestro conocimiento de las características con las que se puede categorizar una entidad cualquiera dentro de la clase que el sustantivo representa. Una vez que se han determinado y son frases nominales, estos deben considerarse en cuanto instancias: ejemplares o muestras que

239

pueden encontrarse en la realidad (o en algún espacio mental diferente) como elaboración de un tipo.

h. La noción de definitud e indefinitud puede entenderse esquemáticamente: está construida simbólicamente en las frases nominales. Básicamente, el artículo definido aísla un individuo: lo hace único a fuerza de separarlo de todos los demás, mientras que el artículo indefinido solo selecciona una unidad: esta se encuentra en compañía de las demás instancias dentro del espacio de instanciación. De este modo, definido significa en aislamiento respecto de los demás miembros de la clase, e indefinido significa en presencia simultánea con los demás miembros de la clase.

i.

Depende de la noción de contacto mental dentro de distintos tipos de espacio mental (real o irreal) que los sustantivos nombrados sean específicos o no específicos. Por ello, específico significa que se ha tenido algún tipo de contacto mental con un individuo capaz de distinguirse de los demás, mientras que no específico significa que no se ha tenido un contacto mental previo con una instancia de la clase mencionada. De este modo, no deben confundirse estos términos con definido e indefinido.

j.

La instanciación, sea definida o indefinida, se considera por defecto, o más naturalmente, en el mundo real objetivo. Sin embargo, la mera referencia de un objeto en la realidad puede ser superada, ya que siempre podemos pensar en una instancia como un ejemplar del espacio de tipo o como la totalidad de la clase, lo que determina usos menos concretos. Esto es licenciado por expresiones que elaboran modalidades irreales o espacios mentales irreales de distinto tipo. Entre estos tenemos el espacio de comportamiento canónico y el espacio de estructuración de la realidad.

240

k. Por lo anterior, es normal o no marcado (prototípico) para las FN definidas ser referenciales en el sentido de señalar a un individuo específicamente identificable. Pero esto no es obligatorio. El espacio mental dentro del que se enuncia puede ser tan subjetivo o universal que la identificabilidad del individuo por contacto mental en circunstancias concretas se hace imposible o de un tipo diferente: referencial y genérico al mismo tiempo (como, por ejemplo, en El león vive en África).

l.

A partir de lo anterior y de mucha más evidencia, la diferencia absoluta entre referencial y genérico es errónea. Los sentidos genéricos son formas de referencia en espacios mentales más complejos o irreales. Muchas veces hemos visto que actúan gramaticalmente del mismo modo en lo relativo a la correferencia (p. ej., Christy adora observar a sus sobrinos
i;

siempre los i mira largo rato es referencial específica y se comporta igual que Christy
i

adora observar gatos i; siempre los conclusión (j).

mira largo rato). Esto se complementa con la

m. Por su parte, las FN indefinidas pueden ser específicas o no específicas con una variabilidad más notoria: los espacios irreales son los únicos que justifican las interpretaciones no específicas (pero permiten las específicas, con mayor o menor dificultad según la fuerza del sentido irreal que se privilegie en el enunciado).

n. La noción de “genérico” solo es un término comodín para los usos de una FN que no refiere a un individuo, sino a la clase o tipo. No se toma en cuenta que acceder a la noción de tipo depende del espacio mental irreal en el que se ubica el elemento del que se habla, de las zonas del esquema [CLASE] instaurado por todo sustantivo que son seleccionadas por los artículos y de metáforas conceptuales por las que un número de elementos de la clase pueden considerarse como la clase misma (“el todo es el tipo” o “la muestra es el tipo”).

241

o. Como se sugirió en las conclusiones (i) y (j), los definidos singulares genéricos son producto de la selección de un tipo dentro de un espacio más abstracto llamado espacio de tipo. Este se elabora como el reverso del espacio de cualidad que permite la instanciación de los no contables (sin instancias independientes, sino delimitadas adicionalmente por un contenedor o una cantidad convencional).

p. Los indefinidos singulares genéricos se producen porque, sin un contacto mental que señale una instancia identificable específica, una unidad será solo una instancia. Un instancia es reconocible como parte de una clase compuesta por múltiples elementos iguales. Por ende, el uso del artículo indefinido establece la forma más abstracta de contabilidad: la unidad dentro de la clase. A partir de esto asume que lo que se predique para uno de los individuos también se puede predicar para cualquiera de ellos. Sin embargo, hay predicados que, por aplicarse al colectivo o conjunto completo, no pueden predicarse de un individuo.

q. Los plurales genéricos se comportan de manera ambigua. En su interpretación definida equivalen a la totalidad relativa de la clase que designan. Este sentido máximo no se considera inherentemente definido en español, de modo que siempre se marca con artículo en la posición de sujeto. Además, por acceder a la totalidad del conjunto puede, metafóricamente, entenderse como el tipo. Este, al ser único, toma el artículo definido. En la otra interpretación, no determinada, solo se indica una cantidad indefinida de elementos sin ninguna identidad específica que sea relevante en la predicación. Al no poder concebirse como una unidad o individuo no aceptan ningún tipo de artículo. De este modo, por unos elementos o muestra, puede entenderse el tipo del que se habla.

242

r.

Los sustantivos no contables tienen una construcción conceptual análoga a los plurales (por lo que se llaman también masas replicables). De este modo, la ambigüedad señalada en (q) también se manifiesta. La sustancia designada por el no contable puede entenderse como la totalidad de la sustancia (y, al ser un conjunto único, usa artículo definido). Igualmente, puede aludirse a una porción diferente del todo, pero no determinada en su cantidad o identidad, por lo que no usa ningún artículo y se entiende como una muestra. Por los procesos metafóricos señalados en (n) (“el todo es el tipo” y “la muestra es el tipo”) se llega a diferentes interpretaciones genéricas.

s. Los casos de plurales y no contables definidos genéricos son evidencia de que los espacios mentales se construyen a partir de marcas gramaticales y de la semántica del resto de los participantes de un enunciado. Dichos plurales guían la creación de un espacio de estructuración de la realidad a partir de la suma de elementos. Así, el comportamiento de las estructuras lingüísticas es gestáltico, ya que la suma de las partes supera al del todo, y la marca del artículo definido plural establece el disparador que articula ese espacio mental irreal.

t.

Por último, los sustantivos no determinados singulares son formas predicativas, las cuales se distinguen de las formas genéricas al no tomar al sustantivo como una forma referencial (en el sentido de un individuo o un conjunto de individuos al que se puede aludir), sino como un concepto independiente: se alude directamente al tipo (sin tener que recurrir a la creación de un espacio de tipo). En este caso, el tipo solo puede ser una fuente de características que sirven como atributo de otro individuo (lo que se aprecia en Juan es policía) o como objetos cuyo significado asociado afecta al sujeto que lo posea como una característica antes que como un argumento (como es el caso en Tengo carro (podemos llegar más rápido)).

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