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La Definicion Nocional Del Sustantivo y La Definitud e Indifinitud de La Frase Nominal (MA Thesis)

La Definicion Nocional Del Sustantivo y La Definitud e Indifinitud de La Frase Nominal (MA Thesis)

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Publicado porCarlos Molina Vital
My M.A. thesis on nominal phrase grounding using Cognitive grammar and Functional Syntax.

Mi tesis de maestría sobre definitud de la frase nominal usando Gramática Cognitiva y Sintaxis Funcional.
My M.A. thesis on nominal phrase grounding using Cognitive grammar and Functional Syntax.

Mi tesis de maestría sobre definitud de la frase nominal usando Gramática Cognitiva y Sintaxis Funcional.

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La distinción entre “lingüístico” y “extralingüístico” debe verse como la que se hace entre aquello

que es “relevante en la organización del sistema lingüístico” y aquello que “solo es pertinente

dentro del saber general sobre el mundo” o saber enciclopédico. La motivación que origina esta

distinción, tanto para el estructuralismo como el generativismo, se puede trazar a partir de sus

respectivas apuestas teóricas sobre la naturaleza del lenguaje y el campo de estudio propio de la

lingüística.

La semántica estructural (como puede apreciarse en Coseriu 1981 [1977] o en Geckeler 1994)

demanda que el sistema lingüístico sea diferente del conocimiento conceptual de los hablantes. En

tanto un sistema oposicional, el significado es también un conjunto de diferencias organizadas en

campos léxicos. De esta manera, la semántica es “lingüística” porque permite hacer distinciones

entre los elementos del sistema, y no “cognitiva”, lo que significaría confundir lo lingüístico con el

conocimiento de la realidad, amplio y asistemático (Coseriu 1998: 85-86).

Por su parte, la semántica formal considera que su estudio se centra en las relaciones que hay entre

lo que los hablantes dicen (sus enunciados) y su correspondencia con la realidad a la que ellos

27

aluden; justamente, estos enunciados pueden organizarse de modo general y sin ambigüedades

gracias a las inferencias que se desprenden de sus condiciones de verdad (cf. Chierchia y

McConell-Ginet 1991: Cap. 1). Visto así, es claro que la semántica formal está guiada por una

perspectiva objetivista de los fenómenos lingüísticos, ya que se pueden relacionar unívocamente

con la realidad. Esta relación referencial es la que brinda una sólida base para el estudio de la

semántica,20

y permite relacionar composicionalmente este tipo de conocimiento con las

derivaciones sintácticas sin suponer una intromisión en la autonomía de estas.

En franca oposición a las teorías previas, una semántica cognitiva propugna, en palabras de

Langacker (2003: 252) que «[a]n expression’s meaning is not just a matter of the conceptual

content it evokes, but is equally dependent on the construal it imposes on that content».21

Esta

construcción cognitiva o conceptualización (construal) produce las representaciones que

constituyen el contenido (o semántica) de las lenguas naturales. Sobre este respecto, el aporte

fundacional de Talmy (1978) es muy valioso:

A sentence (or other portion of discourse) is taken to evoke in the listener a particular kind
of experiential complex —here to be termed a "cognitive representation" or "CR". There
appears to be a significant way in which different portions of the language input specify, or
code for, different portions of the CR (1978:14).

Our term “cognitive representation” is similar in purport to Fillmore's (1975) "scene" but is
chosen over that more specifically visual term. The linguistically evoked complex can have
much from other sense modalities (notably som/kinesthetic and auditory) as well as meta-
modal aspects (1978: 22, nota 1).22

20

Y es bien sabido que este campo ha recibido los denuestos de la lingüística estructural norteamericana por
lo menos desde Bloomfield (1964 [1933]), y Chomsky (especialmente 1970 [1965]) no hizo mucho por
remediar este vacío de investigación a pesar de haber retomado la perspectiva mentalista.

21

“El significado de una expresión no es solo cuestión del contenido conceptual que evoca, sino que es
igualmente dependiente de la concepción [o construcción cognitiva] que impone sobre tal contenido” (énfasis
mío).

22

“Se considera que una oración (o cualquier otra porción de discurso) evoca en el oyente un tipo particular
de experiencia compleja —que aquí se llamará una ‘representación cognitiva’ o ‘RC’. Parece haber una forma
significativa en la que diferentes porciones del input lingüístico especifica, o codifica a, diferentes porciones
de la RC”.

28

Talmy propone que el significado o “representación conceptual” evocada por el oyente posee

elementos de otros procesos cognitivos (específicamente el de la percepción y el movimiento). En

consecuencia, la semántica de las lenguas naturales no puede reducirse a la caracterización objetiva

de la situación descrita por el enunciado: involucra la posibilidad de los hablantes para construir

una situación mentalmente y representarla lingüísticamente para los fines que requiera. El

significado es un fenómeno mental, un proceso constructivo, que debe describirse como tal. Por

esta razón, contra lo generalmente admitido, la semántica de las lenguas naturales, supera

ampliamente, los modelos de base lógica.

Esta contraposición entre el significado lógico y el significado conceptual amerita, por lo menos,

unas líneas algo más detalladas.23

Un importante motivo para sostener que la semántica de las

lenguas naturales debe ser un conocimiento específico y analizable en términos exactos (como los

de la lógica o cualquier otra descripción formal) es que la única alternativa aparente resulta

antieconómica. Si el concomimiento semántico se basase en un conocimiento in extenso de la

realidad, no habría límites para lo que se puede considerar propiamente el conocimiento semántico.

En pocas palabras, el saber lingüístico de los hablantes estaría invadido por conceptos propios de

sus profesiones, experiencias vitales, caprichos, etc. Por ejemplo, saber que “los perros orinan en

los árboles” formaría parte de una lista de datos casi inagotable de nuestros particulares

conocimientos sobre la palabra perro. Bajo este punto de vista, por extensión, se sostiene también

“Nuestro término ‘representación cognitiva’ es similar en propósito a la ‘escena’ de Fillmore (1975), pero
está elegido a partir de ese término visual más específico. El complejo lingüísticamente evocado puede tener
mucho de otras modalidades de sensación (notablemente de tipo somato-kinestésicas y auditivas), así como
otros aspectos metamodales”.

23

El lector interesado puede encontrar en Frawley 1992: Cap. 2 una extensa y detallada discusión sobre las
cinco principales formas de entender el significado dentro de la lingüística: significado como referencia,
como forma lógica, como contexto y uso, como cultura, y como estructura conceptual. Pese a que este autor
mantiene la distinción entre lo que es un saber sintáctico y uno semántico, sus conclusiones sobre la
preeminencia de la noción del significado como estructura conceptual (inspirada mayormente en Jackendoff
1983) sirven como apoyo a la perspectiva teórica que aquí se propone.

29

que los conceptos, en general, deben distinguirse claramente de los conceptos lingüísticos (o

significados) en particular.

Contra esta idea, Zoltán Kövecses (1993: 258-259) —recogiendo las investigaciones de Fillmore

(1985) y el desarrollo de Lakoff (1987)— sostiene que la semántica cognitiva no lleva a un tipo de

conocimiento semántico inabarcable. Más bien, debe conducir a una descripción realista y

maximalista del significado dentro de específicos parámetros cognitivos fundados en la

experiencia, es decir, dentro de un modelo cognitivo idealizado (MCI). Dicho de otro modo, estos

parámetros conforman un marco o bosquejo general contra el que se comparan las experiencias

particulares con el fin de categorizarlas. No es una lista enorme de características puntuales, son

más bien un número de condiciones especificadas, en palabras de Kövecses (1993: 258) por: «[…]

not more and not fewer features than ordinary people use for the understanding of a given area of

experience […] this number is neither minimal nor infinite, but occupies a region between the two

(of course closer to the minimal end)».24

La idea de distintos marcos (frames) o dominios

cognitivos —que son otros términos con los que se nombran los MCI— como organizaciones

coherentes de la experiencia compartidos por miembros de una misma comunidad se aprecia en el

análisis del concepto “madre” que hace Lakoff (1997: 74-76).

Una descripción basada en rasgos mínimos para entender (y usar lingüísticamente) el concepto

“madre” requeriría de los siguientes rasgos: humano, femenino, adulto y procrea un descendiente.

No obstante, Lakoff sostiene que para entender el concepto de madre se requieren de, al menos,

cinco modelos:

24

“ […] ni más ni menos rasgos que los que la gente común usa para entender un área dada de la experiencia
[…] este número no es ni mínimo ni infinito, sino que ocupa una región entre los dos (de hecho más cerca del
extremo de lo mínimo)”.

30

(a) El modelo genético: una madre es el ser que contribuye con su carga genética a la

existencia del niño.

(b) El modelo de nacimiento: una madre es la mujer que da a luz a un niño.

(c) El modelo del sustento: una madre es la mujer adulta que sustenta y cría a un niño.

(d) El modelo genealógico: La madre es el más cercano ancestro femenino.

(e) El dominio marital: La madre es la esposa del padre.

La “madre prototípica” será aquella que se ajuste al mismo tiempo a estos cinco modelos. Hay que

recalcar que ellos no se han elegido al azar, es un todo estructurado que puede considerarse el

“marco conceptual dentro del que se define el concepto ‘madre’”. Si hablamos de una “madre

soltera”, una “madre que ha dado a su hijo en adopción”, una “madre desnaturalizada” que dejó

morir de hambre a sus hijos, e incluso el hombre que se sube a los autobuses con un niño y dice

“soy padre y madre de esta criaturita”, el concepto que nos formamos de madre para cada una de

estas situaciones no cubre los cinco dominios mencionados. Pero, más importante aun, no se

fundamentan en la definición mínima, y no podría entenderse el término si nos basamos en esa sola

definición.

La noción de madre, entonces, se usa dentro de varios marcos que resumen lo que, dentro de una

comunidad occidental, se cree que es el rol de una mujer como parte de la familia y como individuo

con la capacidad de gestación. Incluso, estas creencias distintas, pero resumidas en los cinco

modelos anteriores, explican las extensiones metafóricas de “madre”. Por ejemplo (Lakoff 1987:

76), decir La necesidad es la madre de la invención se funda en el modelo de nacimiento: la

invención nace debido a la necesidad, lo que no es más que una metáfora de la relación causa

(madre)-consecuencia (hijo).

31

Podemos preguntarnos, en un afán de cuestionar todo lo que se ha venido diciendo acerca de la

imposibilidad de separar los conceptos lingüísticos de modo definitivo de los conceptos en general,

si este conjunto de marcos son realmente necesarios para poder usar la palabra madre.

Definitivamente lo son si nos valemos del conocimiento asociado con las palabras para entenderlas

dentro de cualquier enunciado lingüístico que forme parte de la experiencia. Pero es más importante

aún cuando descubrimos que estos modelos cognitivos se fundan en capacidades de representación

genuinamente humanas, corporalizadas y experienciales. Dentro de la visión langackeriana de la

gramática, el conocimiento que forma parte de las unidades lingüísticas (llámense palabras, frases,

oraciones o textos) puede ser visto como más central (es decir, compartido por un grupo mayor de

hablantes) o más periférico (compartido por un grupo menor). No es esta una cuestión de

conocimiento relevante o esencial frente a conocimiento irrelevante o accidental. Esta diferencia es

muy importante, pues se funda en una variación gradual. En este sentido, se puede afirmar con

Langacker que una gramática convencionaliza ciertos patrones abstractos, los cuales representan,

hasta cierto punto, coordenadas de conceptualización comunes a una comunidad de hablantes lo

más amplia posible (i.e. aquellos en los que el principio de mutua inteligibilidad se sostiene).25

1.4.2. Semántica cognitiva: identidad entre el significado y la estructura conceptual

La relevancia de la semántica cognitiva —entendida como aquella que propugna que los contenidos

conceptuales que transmite el lenguaje son los mismos que se encuentran en las estructuras

conceptúales más generales— está en que abre una coherente y productiva visión sobre la

naturaleza del lenguaje humano, al enfocar directamente su función más esencial: transmitir los

pensamientos. Si se logra establecer plausiblemente que los contenidos transmitidos por el lenguaje

no dependen tanto de condiciones de verdad o de restricciones propiamente lingüísticas, sino más

bien de nuestra particular forma de concebir la realidad (una postura subjetivista), es posible,

25

En este caso mi definición de comunidad de habla no se fundamenta en un criterio histórico-cultural, si
bien este juega un papel importante en la autoconcepción de los hablantes. Para una discusión desde la
sociolingüística, que es compatible con la postura de la lingüística cognitiva, consúltese Hudson 1996.

32

entonces, replantear la relación entre forma y contenido. No se requiere de una forma que se pueda

utilizar arbitrariamente, sino de una forma que, en su mismo diseño, tiene marcados sus posibles

usos, unos mejores (o más evidentes) y otros peores (o forzados).

Para entender mejor esta necesidad de una semántica cognitiva, será apropiado revisar un artículo

de David Tuggy (1985) en el que se caracteriza un tipo de significado claramente cognitivo. Tuggy

distingue en su artículo tres significados básicos (entre otros más) con los que nos vemos

involucrados en nuestros usos cotidianos del lenguaje.

El primero es el significado funcional. Cada vez que uno emplea una expresión lingüística en una

situación dada, existe otra que puede cumplir con dar a entender lo mismo de un modo más que

aceptable. Por ejemplo:

(5) Aventamos al agua a Pepe.

(6) Lanzamos dentro del agua a Riqueros.

(7) A la fuerza hicimos que el profesor de Teoría general del lenguaje en Estudios Generales
Letras del horario 107 en el ciclo 2004-2 ingresara al agua.

Este tipo de significado va desde la identidad absoluta hasta una traducción aproximada. En las

oraciones anteriores, Pepe, Riqueros y el profesor de Teoría general del lenguaje en Estudios

Generales Letras del horario 107 en el ciclo 2004-2 representan al mismo individuo de la realidad,

por tanto han de considerarse idénticas. Por su parte, las frases aventamos al agua, lanzamos dentro

del agua y a la fuerza hicimos que [...] ingresara al agua son representaciones lingüísticas posibles

de una misma situación, si bien existen matices distintivos (la violencia con la que se realiza el acto,

el énfasis del hundimiento del cuerpo en el agua, etc.) que impiden decir que sean expresiones

idénticas. Como apunta Tuggy (1985: 3), esta diferenciación obedece a una cuestión de grado y es

relativa a la situación y el propósito.

33

El segundo es el significado de valor de verdad. Toda expresión lingüística puede asociarse

específicamente a un estado del mundo real: puede ser un enunciado verdadero o falso. El

conocimiento semántico es el que permite reconocer cuándo un evento, cosa o situación objetiva es

la misma para dos enunciados lingüísticos abiertamente distintos. Un ejemplo clásico es el de las

oraciones activas y pasivas.

(8) a. El niño golpeaba el tambor.

b. El tambor era golpeado por el niño.

Según el significado de valor de verdad ambas oraciones tienen un idéntico significado, siempre y

cuando, claro está, hagamos referencia al mismo niño y tambor. Ello obedece a que describen

exactamente el mismo estado del mundo. El significado, entonces, se reduce a la referencia y la

semántica se encargará de asignar valores de verdad a las expresiones sintácticas mediante

inferencias. Así, las relaciones entre los contenidos (referenciales) de una lengua pueden describirse

de modo general (universal) mediante modelos lógico-formales (cf. Frawley 1992: 14-18).

El tercer tipo es el significado imaginístico (imagic meaning). En este significado los hablantes

construyen descripciones de la realidad a partir de un punto de vista subjetivo. Esto quiere decir

que, si bien los usos lingüísticos sí pueden referir a entidades, eventos, propiedades o situaciones de

la realidad, esto no ocurre como el reflejo de algo externo u objetivo, sino como una construcción

interna o subjetiva. El que dos o más enunciados puedan describir un mismo objeto no los hace

tener el mismo significado: solo comparten el mismo referente; y este se construye usando diversas

estrategias. Tuggy lo pone en los siguientes términos:

Briefly, Imagic meaning takes into account not only reference but perspective, not only
what entity is designated but what cognitive route was taken to arrive at that designation,

34

not just what Thing or Event is viewed, but how it is viewed, what aspects of it are singled
out and portrayed most saliently (1985: 5).26

Un ejemplo de cómo el significado es una construcción alternante sobre lo que se considera una

realidad objetiva sería una expresión como:

(9) Bush no ganó las elecciones: Gore las perdió.

Objetivamente daría lo mismo decir que Bush ganó o que Gore perdió, habida cuenta de que ambos

competían por el mismo cargo y no puede haber más de un ganador en una elección presidencial.

No obstante, no hay que ser muy avisados para darnos cuenta de que la victoria electoral no es

responsabilidad del ganador, como suele ser el caso (“que gane el mejor”), sino del derrotado. De

este modo, se consigue minusvalorar el triunfo de Bush y, de paso, se expresa el fastidio por la

incompetencia de Gore. No cabe duda de que esta información está más allá de los valores de

verdad asociados a (9).

Otro ejemplo notable que permite dejar sentada la cuestión del significado como construcción

cognitiva es el de la distinción mostrada en (10):

(10) a. El vaso está medio lleno.

b. El vaso está medio vacío.

Tal y como señala Tuggy (1985: 6-7), la cantidad de líquido que señalan ambas expresiones es

exactamente la misma: se ha llenado el 50% de la capacidad del vaso y se ha dejado libre el 50%

restante. Por ende, cada vez que sea verdad que algo esté medio lleno, debe ser verdad también que

26

“Brevemente, el significado imaginístico toma en cuenta no solo la referencia, sino también la perspectiva;
no solo qué entidad es designada, sino también qué ruta cognitiva se tomó para llegar a esa designación; no
solo qué cosa o evento es visto, sino cómo es visto, qué aspectos de este son elegidos y representados más
salientemente”.

35

esté medio vacío. Aparentemente, ambas expresiones son, entonces, sinónimos exactos. No

obstante, no tienen el mismo significado porque existe un contraste semántico motivado por

distintas construcciones mentales impuestas sobre una misma totalidad de contenido conceptual.

Dicho en términos langackerianos, se perfilan distintos elementos desde la misma base (Langacker

[1991] 2002: 5-7).27

En la figura 1 pueden apreciarse las diferentes zonas que se perfilan para cada expresión. El dibujo

en la figura (a) representa el equivalente gráfico del análisis de condiciones de verdad en el que

todas las partes de la imagen tienen el mismo estatus. Las figuras (b) y (c) grafican, por su parte, las

construcciones cognitivas subjetivas de ejemplos (10a) y (10b), respectivamente.

Figura 1. Significado imaginístico de medio vacío y medio lleno (Tomado de Hilferty: 2003)

Como puede verse, la frase (10a) destaca lo contenido en el vaso, mientras que (10b) prefiere

enfocar la porción vacía. De ahí que, en términos de su significado imaginístico o conceptual, nos

encontramos frente a dos frases claramente distintas. En resumen, afirmar que la semántica es

imaginística es una manera muy sencilla y sugerente de decir algo mucho más crucial: la semántica

27

La distinción entre perfil y base es, dentro de la gramática cognitiva, una habilidad cognitiva fundamental
en la descripción de las estructuras gramaticales. Si bien se volverá sobre estos términos en la sección 1.5,
puede adelantarse que la base es el dominio cognitivo dentro del cual es posible caracterizar un concepto,
mientras que el perfil es una parte del dominio que posee una mayor relevancia o foco de atención.

(a)

(b)

(c)

36

es cognitiva o conceptual. Así, los análisis funcionales o de valor de verdad (referenciales) del

significado serán solo una parte de la construcción del sentido de los enunciados.

Así, pues, hablar de conceptos dentro de una “estructura semántica” exclusivamente lingüística y de

conceptos en la “estructura conceptual” (llamada también “saber general o enciclopédico”) es un

asunto, por decir lo menos, bastante cuestionable. Existen suficientes razones para considerar que la

semántica de una lengua cualquiera toma sus contenidos y organización de la cognición general. Si

hay que hacer una distinción entre ambas, esta no será una de naturaleza, sino solo terminológica.

En palabras de Langacker (2002: 108-109):

I make a terminological distinction between “semantic structure” and “conceptual
structure”. Conceptual structure is the ongoing flow of cognition: any thought or concept,
whether linguistic or non linguistic. Semantic structure is specifically linguistic, referring to
the semantic pole of linguistic expressions […]. Semantic structures are conceptual
structures established by linguistic convention —the form thoughts must assume for
purposes of ready linguistic symbolization. Thus semantic structure is conventionalized
conceptual structure.
(Énfasis mío)28

En tanto que está convencionalizada, la estructura semántica es idiosincrásica, esto quiere decir

que, en gran medida, es específica para cada lengua. Esto se puede apreciar en el sencillo hecho de

que las lenguas codifican estructuras conceptuales que describen realidades objetivamente idénticas

usando imágenes distintas.29

Un claro ejemplo está en el siguiente par de oraciones, en inglés y

español, respectivamente:

28

«Hago una distinción terminológica entre “estructura semántica” y “estructura conceptual”. La estructura
conceptual es el flujo continuo de la cognición: cualquier pensamiento o concepto, ya sea lingüístico o no
lingüístico. La estructura semántica es específicamente lingüística, y se refiere al polo semántico de las
expresiones lingüísticas […]. Las estructuras semánticas son estructuras conceptuales establecidas por
convención lingüística —la forma que los pensamientos deben asumir para propósitos de una simbolización
lingüística lista. De este modo, la estructura semántica es la estructura conceptual convencionalizada».

29

La noción de imagen debe entenderse como una representación en la que se ha optado por una manera,
entre otras posibles, de estructurar una situación concebida. No se refiere a “figuras” o “dibujos”, por decirlo
más directamente, como las únicas representaciones. De hecho, lo sonoro forma también una imagen, por
ejemplo, en un concierto para violín, la orquesta construye una “imagen sonora de fondo” para contrastar con
el instrumento solista (que configura una “imagen sonora relevante”).

37

(11) Politicians never want to tell the whole truth.

(12) Los políticos nunca quieren decir la verdad completa.

Ambas oraciones pueden considerarse idénticas en cuanto a la descripción que hacen de un hecho;

no obstante, la forma plural de la FN sujeto en ambas oraciones difiere en que la primera no

requiere de determinación; mientras la segunda, sí. Como se explicará más adelante (cf. capítulo 4,

sección 4.3.2), la representación conceptual asociada con la pluralidad de los sustantivos no es la

misma en inglés que en español; no obstante, esa ligera diferencia conceptual es suficiente para

generar una diferencia en la estructura lingüística (aunque la descripción objetiva siga siendo,

esencialmente, la misma).30

Sin embargo, no debe pensarse que la condición idiosincrásica de la estructura semántica justifica

separarla de lo conceptual. Como bien expone Jackendoff (1983: Cap. 1 y 2), si una teoría

semántica quiere tener un lugar en la parte interpretativa del conocimiento lingüístico de los

hablantes, esta debe ser una teoría psicológica del “mundo mentalmente proyectado” o

representación conceptual de la realidad. La razón está en que el contenido de las expresiones

lingüísticas versa sobre una realidad a la que solo tenemos acceso dentro de los límites de nuestro

específico modo de procesar las percepciones. Dicho más sencillamente, la realidad de la que se

habla es el resultado de un proceso mental de construcción de la realidad al imponer

inconscientemente sobre los estímulos varios principios de organización (Jackendoff 1983: 23-29).

Según el punto de vista de Jackendoff, es necesario que el lenguaje posea información compatible

con la de otros sistemas periféricos (i.e. que permiten la interacción con el entorno) como la visión,

30

Y, de hecho, la distinta conceptualización que se hace del plural en inglés, es responsable de que “The
politicians never want to tell the whole truth”
, sea también semánticamente distinta (i.e. conceptualiza en
inglés una imagen diferente) que la oración (7).

38

la audición no verbal, la kinestesia, etc. Si no se contase con niveles que relacionen este tipo de

conceptos con los lingüísticos, sería imposible hablar de aquello que percibimos o de cómo

actuamos (1983: 16). Por ello, propone la hipótesis de la estructura conceptual: «There is a single

level of mental representation, conceptual structure, at which linguistic, sensory, and motor

information are compatible» (1983: 17, cursivas del autor).31

Es exactamente en este punto donde Jackendoff se separa de la ortodoxia generativista. Esta asume

la semántica como un nivel autónomo-formal encargado de las inferencias lingüísticas deducibles

composicionalmente desde la estructura sintáctica. La única relación que este nivel semántico tiene

con las estructuras conceptuales (o “sistema conceptual-intencional”) se da mediante la pragmática.

Por su parte, Jackendoff defiende la postura de que la semántica puede verse como un subconjunto

de esa estructura conceptual general para toda la especie humana.32

Esto puede apreciarse

claramente en la siguiente cita:

[...] There is not a form of mental representation devoted to a strictly semantic level of word
meaning distinct from the level at which linguistic and nonlinguistic information are
compatible. This means that if, as it is often claimed, a distinction exists between dictionary
and encyclopedic lexical information, it is not a distinction of level; these kinds of
information are cut from the same cloth. (Jackendoff 1983: 110)

La información semántica (que es información de la estructura conceptual) es la que permite

realizar inferencias lingüísticas y hacer uso del lenguaje según el contexto (pragmática). A su vez,

se relaciona con la sintaxis (un módulo independiente) por medio de un nivel de interface: las

31

«Existe un único nivel de representación mental, la estructura conceptual, en la cual la información
lingüística, sensorial y motora son compatibles».

32

Jackendoff sigue a Fodor y a Chomsky contra el constructivismo piagetiano: la experiencia es incapaz de
formar capacidades cognitivas tan complejas en tan corto tiempo. De este modo, las “reglas para la buena
formación de conceptos” (una suerte de sintaxis de los conceptos) deben tener un origen semejante a la de las
reglas de la sintaxis: las dimensiones conceptuales de las que dispone el niño para ordenar los estímulos están
disponibles desde que nace y se desarrollan (“crecen”), gracias a un rico entorno (un desarrollo bastante
didáctico de esta postura, que incluye sus consecuencias para áreas extralingüísticas, es Jackendoff 1994) .

39

“reglas de correspondencia”. Estas deberán seleccionar (“ajustar” sería un término más preciso) la

información conceptual a los patrones sintácticos en gran medida inmotivados desde el punto de

vista funcional. Esta arquitectura de la facultad del lenguaje coincide con los puntos de vista de

Langacker y de Talmy en que la semántica de las lenguas naturales forma parte integral de las

estructuras conceptuales generales que articulan la representación de la realidad. La diferencia

radica en que Jackendoff mantiene la arquitectura modular, en la que los procesos se desarrollan

estrictamente arriba-abajo (top-down);33

mientras que Langacker, Talmy (así como la mayoría de

lingüistas cognitivos cf. Goldberg 1995, Hudson 2003 y Croft 2002) proponen que no hay una

separación nítida entre las partes de la gramática: todas forman un continuo de relaciones que se

influyen mutuamente (así, el procesamiento sería una combinación de flujo arriba-abajo y abajo-

arriba), y donde solo los casos extremos son perfectamente disociables uno de otro.34

1.4.3. Implicancias teóricas de la identidad entre saber lingüístico y extralingüístico

El análisis que se ha presentado acerca del problema de la división entre el saber lingüístico

(estructura semántica exclusiva autónoma) y saber enciclopédico (estructura conceptual general)

muestra que tal separación es, a lo sumo, una cuestión de grado o convencionalidad, en términos de

Langacker, una cuestión de grado más que de compartimientos estancos.35

Cada vez que se ha

intentado sostener que existe un área específica del conocimiento que es relevante en sí y por sí

para las construcciones gramaticales, no se ha logrado aislar por completo los valores gramaticales

de aquellos de conocimiento del mundo o “enciclopédicos”.

33

Tradicionalmente representada como una serie de “cajas”, o conjunto de unidades y reglas, y “flechas”, o
flujos de entrada (input) y salida (output) de información pertinente para cada nivel computacional.

34

Ello hace a la lingüística cognitiva más afín con una arquitectura conexionista, tal como está propuesta por,
Rumelhart y McClelland (1986).

35

Cf. Bolinger 1965, Chafe 1970, Fillmore 1985, entre las críticas clásicas a las divisiones fijas; y Jackendoff
1994, Cruse 2000 y Hilferty 2003 para excelentes síntesis más actuales del problema.

40

Para comenzar, es difícil hacerlo en las categorías léxicas, que son indispensables para la expresión

lingüística; más aun, ni siquiera parece ser posible para las llamadas categorías cerradas o

funcionales.36

El marco teórico en el que nos ubicamos, la lingüística cognitiva, nos advierte sobre

los riesgos de la atomización del significado con el objetivo de convertirlo en un tipo de

información lo suficientemente manejable para así justificar su presencia en una gramática simple

que un infante pueda adquirir.

En principio, suponer que lo lingüístico es conceptualmente distinto a lo enciclopédico es proponer

que existe una cognición específicamente lingüística y una cognición general. Esta propuesta,

conocida como la hipótesis de la modularidad, se defiende dentro de modelos de la mente que se

basan en la arquitectura computacional de Von Neuman y en las famosas máquinas de Turing (cf.,

Fodor 1983). A mi entender, proponer esta duplicidad de la cognición puede tener ventajas como la

eficiencia de las computaciones, a partir de la especificidad de dominio, el encapsulamiento de la

información y la velocidad (según las características más saltantes de los módulos o “sistemas de

input” planteadas en el ya clásico trabajo de Fodor 1983).

Sin embargo, si existiese un modelo computacional capaz de describir el funcionamiento de la

mente sin tener que apelar a esta multiplicidad de “niveles autónomos”, tendría una gran ventaja

como hipótesis por ser más sencilla. Esta es, justamente, la hipótesis conexionista (Rumelhart y

McClelland 1986). A partir de este modelo, los tipos específicos de conceptualizaciones no son más

que asociaciones paralelas y masivas de nodos o “unidades mínimas de conceptualización”. Así,

formar un concepto “enciclopédico” como “presidente de la república” utilizará más nodos dentro

de un proceso asociativo que conceptos como “por” o “cual”, que son más estrictamente

36

Sobre este respecto es iluminadora, aunque no exento de críticas, la postura de Hudson (1997): en ella se
aboga por la desaparición de la noción de categoría funcional dentro de una cualquier descripción sintáctica a
partir de la incompatibilidad de una categoría de este tipo con los principios más simples de la categorización
humana.

41

lingüísticos. Pero lo importante es que en ambos casos se han usado los mismos tipos de

computaciones, lo que nos conduce a una diferencia de grado antes que a una distinción de tipos

mutuamente excluyentes.37

En segundo lugar, una gran cantidad de investigación en lingüística cognitiva se ha empeñado en

mostrar (con bastante éxito, según Fauconnier 1999) que cada vez que se cree que una estructura

sintáctica puede explicarse tan solo en términos de un número fijo de características sintácticas,

sencillamente numerosos conceptos fácilmente identificables como “saber sobre el mundo” o, dicho

sin más, pragmáticos son cruciales para garantizar la “buena formación” de esos enunciados. En

este sentido, Langacker, al igual que muchos otros lingüistas cognitivos, proponen que cualquier

división entre semántica y pragmática es inútil:

The distinction between semantics and pragmatics (or between linguistic and extralinguistic
knowledge) is largely artifactual, and the only viable conception of linguistics semantics is
one that avoids such false dichotomies and is consequently encyclopedic in nature.
(Langacker 1987a: 154. Énfasis del autor)38

Tal división solo se ve justificada si se asume una semántica no cognitiva, como la de condiciones

de verdad. En ese caso, es necesario separar un tipo de conocimiento sobre el significado de uno

que solo contemple los usos. Pero si vemos el significado como una estructura fundada en los

conceptos, y a su vez, estos se basan en la experiencia y en relaciones de tipo metafórico y

metonímico que apelan a la imaginación (Lakoff y Jonson 2000 [1980], Lakoff 1987), entonces no

hay ningún motivo para separar semántica de pragmática. Una vez más, es solo una cuestión

gradual entre lo que está más ligado a estructuras abstractas y aquello que lo está más a las

37

No es mi objetivo dilatarme en una revisión de temas que quedan en este momento bastante fuera de mi
alcance (tanto por conocimientos como por acceso a la bibliografía). Sin embargo, baste esto como soporte
primero para postular el mismo origen para los llamados conceptos lingüísticos y los enciclopédicos.

38

“La distinción entre semántica y pragmática (o entre conocimiento lingüístico y extralingüístico) es
mayormente artificial, y la única concepción viable de la semántica lingüística es la que evita tales falsas
dicotomías y es consecuentemente enciclopédica en su naturaleza”.

42

estructuras inmediatamente activadas en un acto lingüístico explícito. Visto esto, hacer distinción

entre categorización conceptual y categorización lingüística es ocioso dentro de la lingüística

cognitiva.39

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