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SOLARI Historia de La Educacion Argentina

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HIstoria de la Educacion Argentina... el libro completo en formato PDF
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Creación del Consejo Nacional de Educación. La capitaliza-
ción de la ciudad de Buenos Aires determinó que las escuelas
primarias —que hasta ese momento habían dependido de la pro-
vincia y, por tanto, se regían por la ley provincial de 1875—
pasaran a la jurisdicción de la Nación. Esta situación hizo sentir
la necesidad de dictar una legislación para organizar la educación
primaria en el territorio federal.
Mediante el decreto de fecha 28 de enero de 1881, firmado por
Julio A. Roca y su ministro de Instrucción Pública, Manuel D.
Pizarro, se determinó que, hasta tanto se dictara una ley de edu-
cación para el territorio de la Capital Federal, continuarían vi-
gentes en ella las instituciones escolares de la provincia de Bue-
nos Aires. Pero, en reemplazo de los consejos escolares de distrito
que establecía la ley provincial, se creó un Consejo Nacional
de Educación,
al que se confió "la dirección facultativa y admi-
nistración general del distrito escolar de la Capital".

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MANUEL. HORACIO SOLARI

Este Consejo estaba formado por un superintendente general,
que lo presidía, y ocho vocales, con funciones de inspectores de
educación, todos nombrados por el Poder Ejecutivo.
Por expresa disposición del decreto de creación, el Consejo
tenía la misión inmediata de redactar un proyecto de ley de
educación, además de un informe especial y detallado sobre el
estado de la educación en el territorio federal. Este informe debía
comprender la estadística de la enseñanza primaria, métodos y
planes de estudios vigentes, así como la indicación de las refor-
mas que fuera necesario introducir.
Domingo F. Sarmiento fue designado superintendente general,
y como vocales de la nueva corporación fueron designados Mi-
guel Navarro Viola, Alberto Larroque, José A. Wilde, Adolfo
Van Gelderen, Federico de la Barra, Carlos Guido Spano, Juan
M. Bustillos y José A. Broches.
Breve y agitada fue la vida del Consejo, pues desde las pri-
meras horas de su existencia se produjeron discrepancias e inci-
dencias entre Sarmiento y el resto de los consejeros, las que
dificultaron la labor común. La situación se tornó insostenible
y llevó a la renuncia de la totalidad de los integrantes del Consejo.
En su lugar se creó una Comisión Nacional de Educación, formada
por un presidente y cuatro vocales, que fue encargada de organi-
zar el Congreso Pedagógico Sudamericano, cuya realización fue
proyectada por el Poder Ejecutivo.
Congreso Pedagógico de 1882. Por decreto de fecha 2 de
diciembre de 1881, el Poder Ejecutivo convocó a un "congreso
de profesores y personas competentes para tratar en conferencias
y discusiones pedagógicas, cuestiones relativas a la enseñanza
y a la educación popular, con el objeto de impulsarla y mejorarla".
Sus sesiones se iniciaron el 10 de abril de 1882, bajo la
presidencia del doctor Onésimo Leguizamón, y asistieron go-
bernantes, legisladores, autoridades educacionales nacionales, pro-
vinciales y municipales, directores de las escuelas públicas de la
Capital Federal y de las escuelas normales nacionales, represen-
tantes de naciones extranjeras e invitados especiales.
El Congreso, cuyas deliberaciones se prolongaron durante un
mes, consideró cuestiones técnicas, pedagógicas, económicas, ad-
ministrativas y políticas vinculadas a la educación primaria. Ana-
lizó el estado de la educación común en la República y las causas
que se oponían a su desarrollo; los medios prácticos que permi-

HISTORIA DE LA EDUCACION ARGENTINA

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tirían remover las causas retardatorias y, por ende, impulsar la
educación popular; la acción e influencia de los poderes públicos
en el desenvolvimiento de la escuela común; y la legislación esco-
lar vigente y su reforma.
Después de debatir cada punto, el Congreso formuló conclusio-
nes acerca de ellos, las cuales se referían a la obligatoriedad,
gratitud y gradualidad de la enseñanza, rentas escolares, formación
del magisterio, gobierno de las escuelas, educación de la mujer,
higiene infantil, atención de deficientes, construcción de locales esco-
lares, eliminación de castigos corporales, programas escolares, méto-
dos de enseñanza, etc. Las conclusiones que formuló acerca de cada
uno de estos problemas, en su mayoría fueron tenidas en cuenta
cuando se sancionó la ley de educación común.
La ley n° 1420. El origen inmediato de la ley de educación
común se encuentra en el mensaje elevado al Senado por el presi-
dente Julio A. Roca, solicitando la aprobación del decreto de
enero de 1881 que creó el Consejo Nacional de Educación. Des-
pachado favorablemente por el Senado de la Nación, pasó a la
Cámara de Diputados, en la cual la comisión de instrucción pública
lo reemplazó por un amplio proyecto de ley que organizaba la edu-
cación pública en toda la Nación. Rechazado por la Cámara fue
aprobado otro que legislaba solamente para la Capital y los terri-
torios nacionales, el cual fue sancionado como ley n° 1420 el 8 de
julio de 1884.

La ley de educación ha sido el fruto de la prolongada acción de
Sarmiento que, aunque no intervino directamente en su sanción,
la hizo posible con sus años de lucha contra las fuerzas negativas
de la anarquía y del caudillismo. Ella, además de recoger las con-
clusiones del Congreso Pedagógico de 1882, se inspira, por un lado,
en la ley de educación de la provincia de Buenos Aires de 1875, en
la que es sensible la influencia de la pedagogía norteamericana
introducida por Sarmiento; por otro lado, se inspira en la ley
francesa de 1882, que surgió como consecuencia del movimiento
democrático y liberal que intentó retornar a la política educacional
de Condorcet y de la Revolución. Estas fuentes de inspiración extran-
jera no restan ningún mérito a la ley, pues la búsqueda de inspira-
ción en fuentes foráneas obedeció al deseo de dar a nuestra educa-
ción primaria la mejor estructura posible.

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MANUEL. HORACIO SOLARI

Cuatro principios fundamentales —enseñanza obligatoria, gra-
tuita, gradual y neutral— han servido de base para la organización
de la escuela primaria argentina.
La obligatoriedad de la educación primaria, es impuesta a los
padres, tutores o encargados de los niños comprendidos en la edad
escolar, pero no implica la concurrencia de éstos a la escuela, pues
puede cumplirse en establecimientos educacionales, públicos o pri-
vados, o en el hogar de los niños. La gratuidad, consecuencia directa
del establecimiento de su obligatoriedad, tiende a asegurar la difu-
sión de la educación primaria, poniéndola al alcance de todos. La
grádualidad impone una educación progresiva, desde el punto de
vista de las dificultades que pueden presentar los distintos conte-
nidos educativos.

La neutralidad en materia religiosa, que establece la ley 1420,
fue una solución intermedia entre las dos tendencias que se enfren-
taron al discutirse la ley: una que aspiraba desterrar de la escuela
toda enseñanza confesional y otra que quería incorporar a la edu-
cación la enseñanza de la religión católica. Por eso, como solución
conciliadora, la ley de 1884 no estableció, en rigor, la escuela laica
y resolvió el problema colocando al Estado en posición neutral
frente a las distintas creencias, a fin de impedir que la escuela
se convirtiese en un lugar de proselitismo religioso. La ley no
impide la enseñanza religiosa, pero la limita a los niños que ya
tienen una religión determinada y la pone a cargo de los ministros
autorizados de los diferentes cultos, sin que en ella tenga la
menor intervención el cuerpo docente. Además, establece que la
enseñanza religiosa debe ser dada fuera de las horas de clase,
antes o después de ellas; por consiguiente, no la considera inclui-
da entre las asignaturas ordinarias de la enseñanza.
La ley 1420 constituye una completa y orgánica legislación
de la educación primaria, cuyos destinos ha regido con indiscu-
tible eficacia durante más de ochenta y cinco años.
La ley Láinez. La concurrencia de la Nación al desenvolvi-
miento de la educación primaria en las provincias, fue reforzada
con la sanción de la ley n° 4874, proyectada por el senador
Manuel Láinez con el fin —decía— de entregar al poder grande
de la Nación el medio de nivelar en toda la República la cultura
nacional por la diseminación de la educación primaria.
El texto de la ley, sumamente breve, autoriza al Consejo Nacio-
nal de Educación a establecer escuelas elementales, mixtas y rura-

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Ies, en las que se dé el mínimo de instrucción establecido por la
ley de educación común, en las provincias que lo soliciten. El
decreto reglamentario de la ley detalló las condiciones a que
debían sujetarse las provincias que quisieran gozar de sus benefi-
cios, determinando que ellas debían indicar las localidades donde,
a su juicio, era más conveniente establecer las escuelas nacionales.
La aplicación de la ley Láinez ha servido para la difusión
de la escuela primaria, y en este sentido su aporte ha sido suma-
mente valioso en la tarea de combatir .el analfabetismo. Pero
también es exacto que nunca dio los resultados que podrían
haberse alcanzado, porque desde el comienzo fue desvirtuada en
su aplicación.

En efecto, de acuerdo con el pensamiento de Láinez, las escue-
las nacionales debían establecerse en las campañas de las provin-
cias, "en aquellos puntos en los que el analfabetismo se hubiera
hecho más sensible". Pero, contrariando la letra y el espíritu de
la ley y de su decreto reglamentario, no tardaron en establecerse
escuelas nacionales en sitios donde ya funcionaban establecimien-
tos provinciales, y aun en las capitales de provincia o sus alrede-
dores. Por eso, la mala ubicación de las escuelas nacionales en
provincias —que en la mayoría de los casos respondió a exigen-
cias de la política— impidió que la ley de 1905 tuviera toda la
influencia benéfica que de ella podía esperarse. Más aún, tal
aplicación de la ley a menudo fue contraproducente para la acción
educacional de las provincias, pues hizo surgir una competencia
entre la escuela nacional y la provincial, competencia que más
de una vez determinó la clausura de la sostenida con los recursos
provinciales.

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