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La confesión sincera, un problema y una comparación

La confesión sincera, un problema y una comparación

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En este documento se trata el tema de confesión sincera en el derecho procesal penal peruano. Se aborda el tema a partir de un problema de apreciación de la confesión sincera y se termina efectuando una comparación respecto a la regulación actual con del Código Procesal Penal de 2004.
En este documento se trata el tema de confesión sincera en el derecho procesal penal peruano. Se aborda el tema a partir de un problema de apreciación de la confesión sincera y se termina efectuando una comparación respecto a la regulación actual con del Código Procesal Penal de 2004.

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CAJAMARCA

ESCUELA DE POSTGRADO

MAESTRÍA EN DERECHO MENCIÓN EN DERECHO PENAL Y CRIMINOLOGÍA ACERCA DE LA CONFESIÓN SINCERA Y SU VALORACIÓN EN SEDE FISCAL MEDIANTE APELACIÓN DE SENTENCIA ARTÍCULO EN MATERIA PROCESAL PENAL Presentado por los bachilleres en derecho Sandra Maribel Bringas Flores y Mario Lohonel Abanto Quevedo CURSO DE DERECHO PROCESAL PENAL Dr. Pablo Sánchez Velarde

Cajamarca, 30 de mayo de 2008.

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Acerca de la confesión sincera  y su valoración en sede fiscal  mediante apelación de sentencia 
  Abg.da Sandra Maribel Bringas Flores  Abg.do Mario Lohonel Abanto Quevedo     
Sumario:  Advertencia  preliminar.  I.‐  Supuesto  problemático  y  justificación  de  la  discusión.  II.‐  Conceptos  preliminares.  2.1.‐  El  sistema  procesal  penal  vigente  en  el  Perú.  2.2.‐  Los  fines  del  proceso  penal  en  un  sistema  político  democrático.  2.3.‐  El  principio  de  inmediación. 2.4.‐ La posición del procesado con relación a la defensa  de sus derechos fundamentales. 2.5.‐ La sentencia condenatoria. III.‐ El  recurso de apelación como medio de impugnación. IV.‐ La sinceridad  de  la  confesión  en  la  normatividad  procesal  penal  peruana.  4.1.‐  La  confesión sincera en el nuevo Código Procesal Penal. V.‐ Las facultades  del  Fiscal  Superior  Penal  ante  el  caso  que  conoce  mediante  apelación  de  sentencia.  5.1.‐  Una  limitación  funcional  del  Ministerio  Público  y  propuesta  final.  VI.‐  Conclusiones  para  el  establecimiento  de  mecanismos de acción. VII.‐ Lista de referencias. 

    Advertencia preliminar      Para abordar el tema de la confesión sincera hemos creído por conveniente  tratar un problema que en el actual proceder judicial hemos identificado y que  se expresa como una limitación funcional del Ministerio Público, a partir de un  caso concreto que trataremos desde nuestra modesta posición, finalizando con  una alternativa de solución que proponemos.    I.‐ Supuesto problemático y justificación de la discusión      El  supuesto  problemático  sobre  el  que  se  construirá  la  propuesta  de  esta  breve ensayo, es el siguiente: si en el caso concreto, concluido un proceso penal  sumario  (en  el  que  no  hay  audiencia  ante  un  Tribunal  Colegiado  ni  acusación  oral)  y  pronunciada  la  sentencia  condenatoria,  los  beneficios  de  la  confesión  sincera han sido inaplicados por el juez de la causa y el sentenciado recurre de  esta  resolución  en  apelación,  ¿puede  el  Fiscal  Superior  Penal  pronunciarse  al  respecto?  La  respuesta  que  debe  darse  en  el  Perú,  actualmente,  debe  ser  negativa,  aunque  en  la  práctica,  dicha  impugnación  proceda.  Fundamentamos  esta afirmación en las líneas siguientes. 

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  Como puede apreciarse inmediatamente, la decisión condenatoria emitida  por  el  juez  y  contenida  en  la  sentencia,  que  inaplica  los  beneficios  de  la  confesión  sincera,  perjudica  al  condenado,  en  el  sentido  de  que,  pudiéndosele  imponer  una  condena  que  en  el  extremo  del  quantum  de  la  pena,  sea  más  benigna,  no  se  ha  hecho  tal  cosa.  Por  el  contrario,  se  ha  agravado  la  materialización  de  la  pretensión  punitiva  estatal,  en  tanto  esta  persona  va  a  cumplir un periodo más extenso en el establecimiento penitenciario, que aquel  que podría fijársele, pues apreciar esta circunstancia influye directamente sobre  la  determinación  de  la  pena,  en  atención  a  lo  prescrito  por  el  artículo  46  del  Código Penal y el artículo 136 del Código de Procedimientos Penales; y además,  por la naturaleza del derecho penal, sobre la que no se abundará aquí, por ser  ya bastante conocida.      En este caso no debe perderse de vista que los derechos fundamentales del  sentenciado  están  comprometidos 1   y  si  tales  derechos  resultan  lesionados,  es  porque en un proceso penal, éstos se hallan en la primera línea de defensa de la  persona  y  por  lo  tanto,  son  los  más  vulnerables  (derechos  fundamentales  procesales,  en  Burgos,  2002).  Así  ya  se  ha  evidenciado  en  la  historia  judicial  y  extra judicial del Perú, sobre todo, en la época nefasta de la violencia terrorista  que  asoló  este  país,  panorama  de  violaciones  a  los  derechos  humanos  que  ya  todos conocemos 2 .    II.‐ Conceptos preliminares      El tratamiento de este tema requiere de una rápida revisión de conceptos  que  sirven  de  marco  general  al  proceder  judicial  en  materia  penal,  por  lo  que  vamos  a  concentrarnos  en  tal  tarea  en  este  segundo  punto,  para  luego  entrar  directamente  en  el  tratamiento  del  supuesto  problemático  ya  enunciado;  sin 
1 Entre ellos y sólo por mencionar algunos, el derecho al libre desarrollo y bienestar, la libertad ambulatoria, el derecho de defensa y derecho al debido proceso. 2 De acuerdo al Documento de Estudio n.o 004-2004/JUS sobre la Política Democrática de Defensa Jurídica del Estado ante el Sistema Interamericano de los Derechos Humanos, elaborado por el Ministerio de Justicia se dijo: “En el 2004 fueron 345 y este año llegarán a 360. Un promedio de una por día”, señaló Santiago Cantón, Secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en relación a las denuncias que recibe este organismo por violaciones de los derechos humanos en nuestro país (Diario Perú 21, 11/09/05). (…) Estando al número de denuncias contra el Estado peruano, y al hecho que un número significativo -hasta 360- son casos actuales, es de anotar que ello podría ser reflejo del cuestionamiento y falta de legitimidad de la justicia peruana para procesar debidamente las peticiones en el ámbito interno, de un lado; y del conocimiento adquirido a nivel nacional sobre los mecanismos de protección de los derechos humanos, al parecer superior a la media existente en otros países de la región, de otro lado. Evidentemente, una verdadera reforma del sistema de justicia nacional, aunado a un trabajo profesional de las fiscalías y juzgados orientado a la búsqueda de la verdad y la solución justa de las controversias, contribuiría a poner las cosas en su verdadero estado y su exacta dimensión; de suerte que, con bastante probabilidad, disminuiría ostensiblemente la exposición del Perú ante los tribunales e instancias supranacionales de derechos humanos y nuestro récord no distaría mucho de cualquier otro Estado democrático. (García, 2005)

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perder  de  vista  que  constituye  el  camino  para  abordar  la  confesión  sincera  como tema asignado.    2.1.‐ El sistema procesal penal vigente en el Perú      Para  comprender  el  estado  actual  del  proceso  penal  peruano,  debemos  empezar  por  comprender  al  sistema  mixto,  que  amparó  el  Código  de  Instrucción Criminal Francés de 1808, que tuvo auge en Europa por el éxito de  las ideas propias de la Revolución Francesa y del dominio napoleónico. En este  sistema perduran dos postulados del sistema inquisitivo, a saber: la persecución  penal pública de los delitos, como regla, y la averiguación de la verdad histórica  como fin del proceso penal, a fin de sustentar con ello, la sentencia.      En  ese  sistema,  la  dignidad  de  la  persona  humana  cobró  notoria  importancia frente a los postulados del modelo inquisitivo, por  ello es que las  garantías  y  derechos  individuales  conforman  su  estructura.  Para  este  caso,  el  procedimiento penal se divide en tres etapas: investigación preliminar, a cargo  del  Ministerio  Público  o  del  Juez  Penal;  un  procedimiento  intermedio  (requerimiento  de  juicio  público  o  acusación,  o  sobreseimiento)  y,  el  juicio  o  procedimiento principal. En el decurso de este último se lleva a cabo un debate,  cuyas notas distintivas son la oralidad, publicidad, concentración, continuidad,  inmediación y defensa.      Este  sistema  fue  introducido  en el  Perú  por  el  Código  de  Procedimientos  en  Materia  Criminal  de  1920  y  se  mantiene,  con  algunas  modificaciones  en  el  vigente  Código  de  Procedimientos  Penales  de  1940 3 .  Ahora  bien,  el  estado  actual del desarrollo procesal penal peruano se circunscribe en el modelo mixto,  debido a la vigencia simultánea del Código de Procedimientos Penales de 1940  y del Código Procesal Penal de 1991, e incluso de algunos artículos del Código  Procesal Penal de 2004, además de la inconstitucional sumarización de nuestro  proceso  penal  en  virtud  al  Decreto  Legislativo  n.o  124  y  sus  posteriores  modificaciones  (Burgos,  2002,  p.  202).  Por  ello,  nuestro  sistema  acumula  una  diversidad de características que lo hacen singular, entre ellas tenemos:   

3 Entre sus características están: 1) la separación entre la función de acusar, instruir y juzgar, confiadas a órganos distintos, esto es al Fiscal, al Juez de Instrucción y al Tribunal con Jurado, respectivamente; 2) excepto para el Tribunal con Jurado, rige el principio de la doble instancia; 3) también rige el principio del Tribunal Colegiado; 4) el imputado es sujeto de derechos, le asiste la presunción de inocencia, el derecho de defensa y la aportación de pruebas en igualdad con el acusador; 5) la valoración de la prueba es libre; 6) la acción penal es indisponible y rige el principio de necesidad en todo el curso del procedimiento. La acción penal también es irretractable; y 7) la sentencia puede ser materia de revisión por la instancia superior.

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‐  El  proceso  penal  se  desarrolla  en  dos  etapas:  la  instrucción  (reservada  y  escrita)  y  el  juzgamiento (público y oral).  ‐  La  primera  etapa  de  la  instrucción  tiene  una  nueva  orientación  al  que  se  le  otorga  el  papel  indispensable  en  la  recolección  de  las  pruebas.  Desaparecen  los  jurados  y  se  incorporan los jueces profesionales.  ‐  Con  relación  al  juicio  oral,  éste  le  compete  a  una  Sala  penal,  en  donde  la  audiencia  es  dirigida  por  su  Presidente,  bajo  los  principios  procesales  de  oralidad,  publicidad,  inmediación,  libertad  de  declaración  del  acusado,  unidad,  continuidad,  concentración  preclusión y celeridad. 

  2.2.‐ Los fines del proceso penal en un sistema político democrático      A  nuestro  entender,  el  proceso  penal  tiene  dos  finalidades  teóricas,  una  concreta y otra abstracta. Por la primera se persigue imponer una sanción penal  a  una  persona  natural,  ante  la  comisión,  activa  o  pasiva,  de  una  conducta  tipificada  como  delito,  con  finalidades  preventivo  especiales,  a  través  de  un  debido  proceso  penal,  con  las  garantías  del  contradictorio 4 .  Adicionalmente,  y  no menos importante, es la búsqueda que se hace, a través del proceso penal, de  la  reparación  del  daño  directamente  ocasionado  por  la  comisión  del  delito.  La  finalidad abstracta del proceso penal guarda estrecha relación con los fines de la  pena y así dependerá de la concepción político criminal que sobre el particular  adopte  cada  sociedad  organizada  para  la  composición  de  los  conflictos  de  mayor gravedad que acontecen en su medio social.      Sin  embargo,  el  cumplimiento  de  los  fines  de  la  pena,  que  desde  nuestro  punto  de  vista  son  los  fines  preventivo  general  y  especial,  en  el  aspecto  positivo,  se  lograrán  sólo  si  se  cuenta  con  un  adecuado  sistema  penitenciario.  Sistema  que  en  la  praxis  busque  la  realización  de  los  objetivos  que,  en  la  normatividad  peruana,  constan  en  el  Artículo  II  del  Título  Preliminar  del  Código de Ejecución Penal vigente, concordante con el artículo 125º y siguientes  de dicho código, pertenecientes a la Asistencia Post Penitenciaria, que tiene por  finalidad  apoyar  al  liberado  en  su  reincorporación  a  la  sociedad,  ya  que  sus  actividades  complementan  las  acciones  del  tratamiento  penitenciario 5 .  Es  por  todos  sabido  que  en  la  realidad  penitenciaria  latinoamericana,  el  logro  de  los  fines  de  la  pena  es  irreal.  En  el  Perú,  las  cárceles  son  centros  de  perfeccionamiento  delictivo,  de  degradación  moral  y  muestra  de  corruptela  institucional; que producen personas resentidas y rencorosas, que al recuperar 
En contra, Zaffaroni, Alagia y Slokar (2005, 5), desde una perspectiva negativa acerca de la legitimidad del sistema penal. 5 El derecho penal ha evolucionado desde los tiempos de la venganza hasta el de la rehabilitación. Véase el inciso 22 del artículo 139º de la Constitución Política del Perú de 1993 y el inc. 3 del art. 10 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del que el Perú es suscriptor: “El régimen penitenciario consistirá en un tratamiento, cuya finalidad esencial será la reforma y la readaptación social de los penados”.
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su libertad ambulatoria, enfrentan el desprecio y discriminación de la sociedad,  por la mácula que significa el haber estado interno en un penal (Zaffaroni 1991,  58). Sin contar, que muchos de ellos incluso perfeccionan su técnica “delictual”  por llamarla de alguna manera.      De esta manera, los fines del proceso penal en un sistema democrático, que  guardan  estrecha  relación  con  los  fines  de  la  pena,  se  tergiversan  inexorablemente,  conduciendo  al  sistema  a  su  deslegitimación  en  función  del  aseguramiento  de  las  libertades  individuales.  Las  etapas  del  proceso  penal  deben estar al servicio de la realización de las libertades individuales, a fin de  concretizar  las  garantías  materiales  y  procesales  de  las  que  gozan  los  ciudadanos  en  un  Estado  democrático  de  derecho,  aunque  éstas  se  diluyan  luego por las desgracias del sistema penitenciario (CEAS, 2005).    2.3.‐ El principio de inmediación      En  su  desempeño  jurisdiccional  y  funcional  todo  magistrado  debe  observar  los  principios  procesales  de  legalidad,  inmediación,  concentración,  celeridad,  preclusión,  igualdad  de  las  partes,  oralidad  y  economía  procesal,  y  sancionar  toda  contravención  a  los  deberes  procesales  de  lealtad,  probidad,  veracidad  y  buena  fe,  así  como  la  temeridad  procesal.  Sobre  el  particular,  nos  concentraremos  en  el  principio  de  inmediación,  por  ser  de  particular  importancia para el supuesto problemático planteado al inicio de este artículo.  Este  principio,  según  Roxin  (2000),  “importa  que  el  juez  debe  elaborar  la  sentencia de acuerdo con las impresiones personales que obtiene del acusado y  de los medios de prueba (…). Este principio rige sólo para el juicio oral; por ello  se debe tratar allí”. De la misma opinión es el Tribunal Constitucional Peruano  (Exp.  n.o  0290‐2002‐HC/TC),  cuando  opina  al  respecto  en  el  caso  Calmell  del  Solar:   
(…)  en  el  caso  no  se  ha  producido  la  infracción  del  principio  de  inmediación,  pues  sencillamente el proceso se encuentra en su etapa investigatoria a cargo de los jueces de  instrucción, (…) 

    A contrario de esta posición, creemos que los principios de inmediación y  contradicción  deben  aplicarse  también  durante  las  actuaciones  probatorias  preliminares en las que la figura del Juez y el procesado confluyan; y es más, en  un futuro no muy lejano, en función al principio de inmediación, el Fiscal Penal  también  debe  ser  facultado  a  pronunciarse  por  el  valor  probatorio  de  ciertas  actuaciones  en  la  que  éste  ha  participado  desde  el  principio,  pues  qué  duda  cabe,  no  es  el  Juez  quien  se  involucra  primero  con  el  imputado,  sino  los 

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miembros de la Policía, quienes realizan una sumaria investigación preliminar  que  dirige  el  Fiscal  Penal,  por  ello  es  que  la  posición  de  éste  con  relación  al  imputado  es  privilegiada,  incluso  respecto  a  la  confesión  y  más  aún  a  la  confesión sincera.    2.4.‐  La  posición  del  procesado  con  relación  a  la  defensa  de  sus  derechos  fundamentales      En este contexto debe afirmarse que el proceso penal sirve al procesado, al  agraviado  y  a  la  sociedad.  Así  pues,  respecto  al  procesado  y  en  virtud  de  la  garantía  de  no  incriminación,  éste  tiene  derecho  a  introducir  válidamente  al  proceso  la  información  que  considere  adecuada  a  la  realización  de  su  derecho  de  defensa.  Implícitamente,  esto  significa  que  también  puede  elegir  la  forma  para hacerlo. No es posible en un sistema procesal respetuoso de los derechos  humanos,  admitir  algún  coto  a  la  actividad  probatoria  del  procesado,  que  materializa su derecho de defensa, que en la Constitución Peruana ha quedado  reconocido en el Artículo 139, cuando se enumeran los principios y derechos de  la función jurisdiccional:   
( …)   14.‐ El principio de no ser privado del derecho de defensa en ningún estado del proceso.  Toda persona será informada inmediatamente y por escrito de la causa o las razones de  su detención. Tiene derecho a comunicare personalmente con u defensor de su elección y  a ser asesorada por éste desde que es citada o detenida por cualquier autoridad.  (…) 

    Similares  disposiciones  han  sido  amparadas  por  las  Constituciones  de  Bolivia  (artículo  16),  Chile  (artículo  19,  inciso  3),  Colombia  (artículo  24,  inciso  10), Venezuela (artículo 49) y Ecuador (artículo 24, inciso 10 de la Constitución  de 1998).   
(…) el principio de no ser privado del derecho de defensa en ningún estado del proceso,  constituye  una  de  las  condiciones  indispensables  para  que  un  proceso  judicial  sea  realizado  con  arreglo  al  debido  proceso.  (…)  El  ejercicio  del  derecho  de  defensa,  de  especial relevancia en el proceso penal, tiene una doble dimensión: una material, referida  al  derecho  del  imputado  de  ejercer  su  propia  defensa  desde  el  mismo  instante  en  que  toma  conocimiento  de  que  se  le  atribuye  la  comisión  de  determinado  hecho delictivo;  y  otra  formal, lo  que  supone  el derecho  a  una  defensa  técnica,  esto  es,  al asesoramiento y  patrocinio  de  un  abogado defensor  durante  todo  el  tiempo  que  dure  el  proceso.  Ambas  dimensiones  del  derecho  de  defensa  forman  parte  del  contenido  constitucionalmente  protegido  del  derecho  en  referencia.  En  ambos  casos,  se  garantiza  el  derecho  a  no  ser  postrado  a  un  estado  de  indefensión.  (Tribunal  Constitucional  Peruano.  Exp.  n.o  2028‐ 2004‐HC/TC) 

 

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  Con  el  argumento  del  Tribunal  Constitucional  del  Perú,  se  fundamenta  también que la defensa del procesado, que le da derecho a introducir, desde que  tiene  conocimiento  de  la  imputación  que  se  le  formula  (entiéndase  a  la  imputación en sentido lato), la información pertinente para asegurar su libertad  o  una  mejor  posición  de  defensa,  incluida  la  confesión;  más  aún  si  esta  es  sincera, debe ser apreciada por una autoridad competente, que pueda asignarle  un valor a tal actividad del procesado, que finalmente pueda emitir una opinión  asignando valor a ese desempeño voluntario, que bien puede traducirse en una  atenuación de la pena por debajo del mínimo legal prescrito.    2.5.‐ La sentencia condenatoria      El  acto  de  juzgamiento  precisa  de  una  cabal  valoración  de  la  actividad  probatoria  desplegada  por  los  operadores  judiciales  para  arribar  a  una  sentencia condenatoria 6 . Ya es bastante conocido que sólo es posible condenar a  una  persona  cuando  no  quedan  dudas  acerca  de  su  culpabilidad,  es  decir,  cuando no hay razón que pueda sustentar siquiera la posibilidad de aplicación  del principio in dubio pro reo. Para que el juez llegue a este convencimiento, es  menester  interpretar  la  norma  penal  respecto  al  caso  concreto  y  tal  interpretación se aproxima a la corrección cuando menos se aleje de la vertiente  constitucional.  Así,  no  es  posible  únicamente  verificar  la  tipicidad  de  la  conducta  y  la  ausencia  de  elementos  negativos  del  delito  para  enviar  a  una  persona a la cárcel (responsabilidad objetiva proscrita), la norma penal debe ser  tan  flexible  como  lo  permitan  las  características  específicas  del  acusado,  las  circunstancias del caso y aún, la co‐culpabilidad de la víctima y la sociedad.      Por  ello,  la  realización  del  silogismo  aristotélico 7   aquí  es  inadmisible,  no  sólo  por  sus  inconsistencias  internas,  sino  por  que  el  método  del  cual  es 

6 Según Roxin (2000), la sentencia es “la decisión que pone fin a la instancia, dictada por el tribunal decisor sobre la base de un juicio oral”. La sentencia condenatoria establece la existencia de responsabilidad penal en el actuar del procesado, establece la graduación de la pena a imponérsele y la forma de su ejecución, también se pronuncia por el quantum de la reparación civil, y por las consecuencias accesorias del delito, de ser el caso. Por ello, su naturaleza es la de restringir derechos de la persona, como tal, el objeto de la sentencia es el objeto del proceso y en el medio procesal penal peruano, se fundamenta en la averiguación de la verdad histórica sobre la comisión del delito. 7 Aristóteles definió el silogismo como un argumento en el cual, establecidas ciertas cosas, resulta necesariamente de ellas, por ser lo que son, otra cosa distinta de las antes establecidas. Esta definición por ser tan general se puede aplicar a la inferencia deductiva general. También da pie a pensar que el silogismo es la forma principal o única de razonamiento deductivo, cosa más errónea. El silogismo es un tipo especial de inferencia en las cuales se establece un proceso de deducción que conduce a establecer una relación de tipo sujeto-predicado partiendo de enunciados que manifiestan asimismo la relación sujeto-predicado. En este proceso deductivo, además, se supone que la conclusión -que consta de dos términos- es inferida de dos premisas, cada una de las cuales tiene asimismo dos términos, uno de los cuales no aparece en la conclusión. (Olvera, 2005)

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tributario,  no  se  puede  aplicar  con  la  misma  pretensión  de  validez,  al  ámbito  del derecho y menos al derecho penal.      En atención a ello, reconocer la cualidad de sincera a la confesión del acusado  influirá  decisivamente  en  la  graduación  de  la  pena  a  imponérsele  a  éste  y  la  forma de su ejecución, también respecto al quantum de la reparación civil, y por  las  consecuencias  accesorias  del  delito,  de  ser  el  caso.  No  es  admisible  no  hacerlo si es que la confesión de ha producido, pues se estaría perjudicando al  acusado y este resultado lesivo, como producto marginal del proceso penal, no  es  compatible  con  la  defensa  de  la  persona  humana,  que  la  Constitución  peruana consagra en su artículo primero.    III.‐ El recurso de apelación como medio de impugnación      La  apelación  es  un  recurso  amplio  que  conduce  al  examen  fáctico  y  jurídico  de  la  sentencia  penal;  tiene  por  objeto  afectar  autos  y  sentencias,  buscando  su  revisión  ante  una  instancia  superior  de  mérito.  Para  Monroy  (2003),  su  fundamento  radica  en  que,  siendo  el  acto  de  juzgar  una  actividad  humana, es susceptible de error. Siendo así es necesario e imprescindible que tal  acto pueda ser revisado por otros seres humanos, teóricamente en mejor aptitud  para  apreciar  la  bondad  de  la  decisión  adoptada,  sea  para  ratificarla  (confirmarla) o desvirtuarla (revocarla).      El  procedimiento  de  apelación  en  procesos  sumarios,  según  el  caso  detallado  en  el  supuesto  problemático,  se  resume  así:  luego  de  que  el  Fiscal  Provincial Penal ha emitido su dictamen acusatorio, en el que únicamente opina  por la responsabilidad penal del procesado, el Juez sentencia, y si el sentenciado  apela  porque  se  han  inaplicado  los  beneficios  de  la  confesión  sincera,  el  Juez  dispone  el  traslado  de  los  actuados  a  la  Sala  Pena,  compuesta  por  tres  magistrados, quienes emitirán su resolución previa opinión del Fiscal Superior  Penal.  Es  en  este  momento  cuando  se  presenta  el  problema,  pues  el  Fiscal  Superior Penal recién toma conocimiento del caso, nunca antes había conocido  que  tal  proceso  existía.  Es  en  este  contexto  en  que  este  representante  del  Ministerio Público, tutor de la legalidad, debe pronunciarse, teniendo en cuenta  que  los  derechos  del  sentenciado  recurrente  dependen  también  de  la  decisión  que emita.    IV.‐ La sinceridad de la confesión en la normatividad procesal penal peruana      Aquí  trataremos  el  tema  asignado,  así  como  aquello  que  el  atribulado  Fiscal Superior Penal debe tener en cuenta para emitir su dictamen. La confesión 

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es  una  de  las  formas  en  las  que  el  procesado  puede  introducir  medios  probatorios  al  proceso  y  además,  efectiviza  de  esta  forma  su  derecho  a  la  defensa,  como  ya  hemos  referido trilladamente. El Código de Procedimientos Penales de 1940, artículo 136,  no conceptualiza qué es la confesión (es decir que no brinda un concepto legal),  como antaño sucedió con los códigos precedentes, pero sí detalla sus efectos, y  en  particular  los  de  la  confesión  “sincera”  cuando  ésta  ha  sido  “debidamente  comprobada”  en  su  contenido,  pudiendo  el  Juez  considerarla  para  rebajar  la  pena del confeso a límites inferiores a su mínimo legal 8 .      Pero,  ¿cuándo  la  confesión  es  sincera?  Pareciese  que  añadir  el  adjetivo  “sincera”  a  la  palabra  “confesión”  es  un  pleonasmo  que  sólo  puede  ser  admitido en la medida que refuerce su significado, pero en nuestro medio este  calificativo  adopta  algunas  características  específicas  respecto  al  instituto  procesal  de  la  confesión,  tal  como  detalla  Mixán  (1991,  59‐67)  en  seis  punto  específicos:  a)  la  confesión  es  una  declaración  personal  y  oral  del  imputado,  pues no hay confesión ficta; b) es una declaración libre y consciente, por lo que  siendo  voluntaria,  su  autor  no  debe  ser  presionado  o  inducido  psicológica,  mental  o  químicamente  para  prestarla;  c)  debe  ser  sincera,  en  cuya  virtud  el  imputado  debe  proferir  una  narración  veraz;  d)  debe  tener  un  contenido  razonablemente verosímil, por lo que el relato debe ser explicable, cognoscible y  no  contrario  a  una  ley  natural,  a  un  hecho  notorio  o  a  leyes  lógicas;  e)  la  confesión debe ser circunstanciada, es decir, el imputado debe proporcionar los  detalles  pertinentes  en  orden  a  su  intervención  delictiva  y  a  las  circunstancias  anteriores, concomitantes y posteriores, objetivas y subjetivas, del hecho y de su  comportamiento; y, f) debe aceptar simple o calificadamente la imputación.      Como  es  obvio,  estas  características  importan  un  elevado  contenido  subjetivo para lograr su apreciación, en otras palabras, la autoridad que reciba la  confesión  debe  estar  en  contacto  directo  con  el  imputado  y  actuar  de  manera  personalísima al evaluar la sinceridad de la confesión. No perdamos de vista que del  resultado de esta evaluación y de la corroboración con actuaciones probatorias  de su contenido, depende la aplicación facultativa del beneficio de reducción de 
8 En el caso del Código de Procedimiento Penal de Colombia, la parte pertinente de su artículo 40 establece fracciones de la pena que deberán disminuirse, en función del momento preliminar o procesal en que se realice la confesión: “Cuando las rebajas por confesión y sentencia anticipada concurran en la etapa de instrucción, la rebaja será de las dos quintas (2/5) partes y cuando concurran en la etapa de juzgamiento, será de una quinta (1/5) parte”. Algo parecido sucede en nuestro país, con lo dispuesto por el Decreto Legislativo n.o 901, Ley de beneficios por colaboración, cuando en su artículo cuarto, literal b) establece: “El que en el transcurso de la investigación policial o en cualquier estado del proceso penal por los delitos previstos en los Decretos Legislativos 895 y 896 hasta antes de la Acusación Fiscal, confiese su participación en el delito y colabore con la investigación; la pena a imponérsele podrá ser reducida hasta la mitad del mínimo legal. Lo dispuesto en este inciso no es aplicable a los casos de detención en flagrante delito.”

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la  pena  por  debajo  del  mínimo  legal.  Siguiendo  lo  expresado  por  San  Martín  (1999, Vol. II, 622‐623), la única confesión posible, en un sistema procesal inquisitivo,  es la prestada ante el juez del debate, en el acto oral, para que su actuación cumpla  con todos los requisitos propios de un acto de prueba, es decir, inmediación del  juez, publicidad del debate, información sometida a contradicción, todo ello con  observancia de los requisitos que se derivan del derecho de defensa 9 .    4.1.‐ La confesión sincera en el nuevo Código Procesal Penal      El  sistema  acusatorio 10   que  propugna  el  nuevo  Código  Procesal  Penal  de  2004, y sobre el cual nuestro país viene experimentando tanto en su aplicación  como  en  su  evolución,  nos  conduce  hacia  el  modelo  procesal  que  más  se  aproxima  al  sistema  de  “administración”  de  justicia  típico  del  common  law  o  anglosajón  (adversarial  system),  y  que  además  importa  necesariamente  un  retorno  hacia  los  principios  constitutivos  del  derecho  penal  y  procesal  penal,  que  legitiman  la  pretensión  punitiva  estatal  en  un  Estado  Democrático  de  Derecho, respetuoso de las libertades individuales, donde el papel del Fiscal es  protagónico, en resguardo de la legalidad y del debido proceso, pues, qué duda  cabe,  la  defensa  de  la  persona  humana  y  el  respeto  de  su  dignidad  son  el  fin  supremo de la sociedad y del Estado.   
9 Esta posición ha sido amparada por diversas ejecutorias en nuestro país, que en su conjunto integran una tendencia jurisprudencial sobre el tema (Gaceta Jurídica, 2005, 184). R. N. n.o 3694-2002-Callao, de fecha 28 de marzo de 2003: “El procesado ha reconocido su culpabilidad en los hechos que se le imputan a nivel policial, instrucción y juicio oral, narrando las formas y circunstancias en que se produjo el evento delictivo, encontrándose por lo tanto incurso en la atenuante procesal de confesión sincera contemplada en el artículo ciento treintiséis del Código de Procedimientos Penales, situación que no se ha tenido en cuenta al momento de determinar la pena.” Exp. n.o 1330-2000, de fecha 29 de septiembre de 2000: “El reconocimiento del encausado respecto a la actividad ilícita materia de la imputación, que se advierte tanto de su manifestación policial como instructiva, tiene los efectos jurídicos de la confesión sincera, no perdiendo dicha situación en mérito a la divergencia en cuanto a las circunstancias de su intervención, pues en lo sustancial existe concordancia entre la imputación y el reconocimiento.” 10 Respecto a la fase acusatoria de este nuevo sistema procesal, cabe resaltar las siguientes características: - La imposibilidad de que el proceso penal sea iniciado con prescindencia de una denuncia dirigida al órgano jurisdiccional: ne procedat iudex ex officio. - El ejercicio y mantenimiento de la acusación por un órgano distinto al juez, al que se añade la exigencia de una acción pública y popular: nemo iudex sine actore. La carga de la prueba corresponde a quien denuncia o acusa, a fin de desvirtuar la presunción de inocencia. - El juzgamiento y la sentencia se limitan a los términos de la acusación, salvo en el caso de la determinación alternativa. En cuanto a su faceta adversarial, extraída del modelo anglosajón, este sistema procesal penal tendrá las siguientes características al adaptarse a nuestro sistema procesal: Procedimiento marcadamente contradictorio entre las partes, acusador y acusado, ante un tercero imparcial (juez) únicamente con facultad decisora. - Igualdad funcional entre las partes, como garantía de la imparcialidad del juez, para presentar, sustentar y tachar el material probatorio que estime conveniente. - El juez tiene funciones de garantía de fallo en un sistema constituido sobre el adversarial system, debido a la imparcialidad que el sistema le garantiza. - Postula la presencia de mecanismos de solución al conflicto jurídico-penal, como por ejemplo, las negociaciones y las conformidades, y de esta forma se gana en economía procesal, ya que, los profesionales se benefician con la disminución de las exigencias técnicas y de la complejidad del trabajo.

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  Ahora  bien,  respecto  de  la  confesión  en  el  Nuevo  Código  Procesal  Penal  (Decreto  Legislativo  n.o  957)  la  encontramos  regulada  dentro  del  Título  II  dedicado a los medios de prueba; particularmente en el Capítulo I, artículo 160,  en  donde  se  establece  que  la  confesión  para  ser  tal  deberá  consistir  en  la  admisión de los cargos o imputación formulada en su contra por el imputado y  sólo tendrá valor probatorio cuando: a) esté debidamente corroborada por otro  u otros elementos de convicción; b) sea prestada libremente y en estado normal  de las facultades psíquicas; y, c) sea prestada ante el Juez o el Fiscal en presencia  de su abogado. En este punto, nos preguntamos ¿ante qué Fiscal, aquel condujo  la  investigación,  o  el  que  conoce  por  apelación  en  el  supuesto  del  problema  planteado? Al respecto, consideramos que es el Fiscal de la investigación, pues,  es quien, por el principio de inmediación, conoce directamente la conducta del  imputado, así como los elementos que condujeron a la respectiva formalización  de denuncia.      Seguidamente,  el  artículo  161,  regula  los  efectos  de  la  confesión  cuando  ésta es sincera (ya hemos expuesto las consideraciones jurídico‐procesales que  según Mixán tiene la confesión sincera) y en este sentido prescribe:   
Si  la  confesión,  adicionalmente,  es  sincera  y  espontánea,  salvo  los  supuestos  de  flagrancia  y  de  irrelevancia  de  la  admisión  de  los  cargos  en  atención  a  los  elementos  probatorios  incorporados  en  el  proceso,  el  Juez,  especificando  los  motivos  que  la  hacen  necesaria,  podrá  disminuir  prudencialmente  la  pena  hasta  en  una  tercera  parte  por  debajo del mínimo legal (el subrayado y resaltado es nuestro) 

    De  la  lectura  de  este  artículo,  se  refrenda  nuevamente  la  consideración  suprema que le otorga el nuevo sistema procesal a la libertad de la persona, y  aunque  se  consigna  en  condicional  esta  facultad  jurisdiccional  de  disminuir  prudencialmente  la  pena  al  confeso  “sincero”;  es  de  resaltar  que  el  instituto  procesal de la “confesión sincera” se torna en una herramienta por explotar en  aras de contribuir a una eficaz intervención de la función jurisdiccional.      Unido  ello,  se  advierte  que,  mediante  Ley  n.o  28122  (Ley  sobre  la  conclusión  anticipada  de  la  instrucción  en  procesos  por  delitos  de  lesiones,  hurto,  robo  y  micro  comercialización  de  droga,  descubiertos  en  flagrancia  con  prueba  suficiente  o  imputados  sometidos  a  confesión  sincera)  se  establece  la  posibilidad  de  proceder  a  la  conclusión  anticipada  de  la  instrucción  judicial,  cuando el imputado hubiese formulado confesión sincera ante el Juez conforme  al  artículo  136  del  Código  de  Procedimientos  Penales.  Con  ello  se  fortalece  la  necesidad de someter al imputado a un proceso rápido y eficaz, donde se valora  su  aporte  de  confesar  en  forma  veraz  las  circunstancias  y  asumir  su  responsabilidad con respecto a la comisión de los delitos que dicha ley describe. 

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Siendo así, consideramos que es un avance y que abre la posibilidad de seguir  incorporando  a  otros  delitos  la  posibilidad  de  concluir  con  el  proceso  si  el  acusado  acepta  ser  autor  o  partícipe  del  delito  materia  de  la  acusación  y  responsable de la reparación civil.    V.‐ Las facultades del Fiscal Superior Penal ante el caso que conoce mediante  apelación de sentencia      Es obvio que estando a los requisitos de validez de la confesión sincera, a  que  la  potestad  de  administrar  justicia  se  ejerce  por  el  Poder  Judicial  y  sobre  todo  al  principio  de  inmediación  procesal,  en  virtud  del  cual  el  juez  se  encuentra en relación directa con el objeto procesal y es con su intervención que  transcurre  la  actividad  probatoria,  sólo  éste  es  el  facultado  a  pronunciarse  respecto a la aplicación de los beneficios de la confesión sincera, y siendo esto  así, tal facultad deviene en individual y exclusiva.      Esto  apareja  la  consecuencia  de  que  la  apelación  sobre  este  extremo  carezca de objeto, pues el Fiscal Superior Penal no puede pronunciarse sobre el  tema, más aún, teniendo en cuenta, además, que en el proceso penal ordinario  quien  interviene  en  la  investigación  preliminar  y  la  instrucción  (reservada  y  escrita) no es él, sino el Fiscal Provincial. Aquí se evidencia el cuestionamiento  que  debe  hacerse  respecto  a  la  falaz  presunción  que  prima  en  los  procesos  ordinarios,  a  la  luz  del  derecho  material,  de  que  la  actividad  probatoria  se  incorpora válidamente al juicio oral a través de su oralización, en los cargos que  verbalmente  formula  el  Fiscal  Superior  en  la  audiencia  y  que  componen  su  acusación ante los miembros de la Sala Penal y la defensa de acusado.      Sin embargo, el Fiscal Superior Penal, en los procesos ordinarios, pero no  en  los  sumarios,  sí  puede  exigir  dos  elementos  de  la  sentencia,  respecto  a  la  confesión. En primer lugar, ésta debe contener la exposición detallada del Juez  acerca  de  la  confesión,  la  concurrencia  o  no  de  los  elementos  necesarios  para  considerarla “sincera”, la aplicación o inaplicación de sus efectos y los motivos  que han sido considerados en uno u otro caso, alternativamente. Tal exigencia  se  funda  en  el  deber,  constitucionalmente  prescrito,  que  tienen  los  jueces  de  motivar las resoluciones judiciales, deber enunciado expresamente en el inciso  quinto del artículo 139 de la Constitución Política de 1993, no siendo admisible  únicamente el sólo hecho de motivar, sino que se entiende que esta motivación  debe ser la adecuada para asegurar los derechos sustanciales y procesales de las  partes  involucradas  en  un  debido  proceso  penal.  Esto  concuerda  con  el  tenor  del artículo 280 del Código de Procedimientos Penales de 1940.   

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5.1.‐ Una limitación funcional del Ministerio Público y propuesta final      El  Ministerio  Público  peruano  fue  creado  como  un  organismo  autónomo  por  la  Constitución  Política  del  Perú  de  1979,  manteniéndose  en  la  actual  Constitución Política del Estado, y bajo el amparo de su Ley Orgánica Decreto  Legislativo n.o 052, aprobada el 16 de marzo de 1981. Sin embargo, ésta siempre  se  ha  encontrado  presente  en  nuestro  ordenamiento  jurídico,  aunque  primigeniamente formara parte del Poder Judicial.      La actual separación del Ministerio Público del Poder Judicial, se basa en la  búsqueda  del  mejoramiento  y  modernización  del  Sistema  de  Impartición  de  Justicia,  (llamado  actualmente  Administración  de  Justicia),  es  decir  crear  una  estructura  al  interior  del  denominado  Tercer  Poder  ‐según  la  doctrina  de  la  División de Poderes propugnada por Montesquieu‐ y que ha sido superada por  la  Teoría  del  Constitucionalismo  Moderno  o  Contemporáneo.  Si  logramos  asimilar  esto,  y  para  que  se  pueda  garantizar  la  plena  vigencia  de  un  debido  proceso  en  un  Estado  de  Derecho,  es  necesario  esta  separación  de  funciones;  por lo que el Ministerio Público es una Magistratura particular que colabora con  el Poder Judicial en la Impartición de Justicia, y en la cual nadie tiene injerencia,  ni en su organización ni en su funcionamiento, es decir es autónomo.      Una  de  sus  principales  funciones  es  la  de  conducir  desde  el  inicio  la  investigación  del  delito  (art.  159  inc.  4  de  la  Carta  Magna).  Ésta  se  basa  en  la  necesidad  de  separar  las  funciones  de  investigación  de  las  del  juzgamiento,  pues  es  incompatible  con  el  Sistema  Acusatorio  Garantista.    En  consecuencia,  partiendo de esta premisa, se tiene que el Ministerio Público tiene exclusividad  en  el  ejercicio  y  la  disposición  reglamentada  de  la  acción  penal,  como  sucede  con  el  principio  de  oportunidad.  Ergo,  el  Ministerio  Público  está  ligado  a  la  abolición  del  Proceso  Inquisitivo,  porque  busca  separar  la  función  de  persecución  y  la  función  de  decisión  en  dos  organismos  diferentes.  Esto  es  saludable, por cuanto se garantiza que no existan arbitrariedades por parte del  Poder  Judicial,  ya  que  éste  no  puede  ser  Juez  y  parte  al  mismo  tiempo;  recordemos  pues  que  la  función  jurisdiccional  es  juzgar  y  hacer  ejecutar  lo  juzgado.  La  instrucción  por  un  Juez,  es  una  instrucción  netamente  inquisitiva,  incompatible con el proceso penal propio de un Estado de Derecho, el cual y de  acuerdo  a  las  nuevas  tendencias,  exige  la  más  amplia  vigencia  del  principio  acusatorio.  El  Ministerio  Público  debe  de  limitar  de  manera  eficaz  los  amplísimos  poderes  investigadores  del  Juez,  acercando  más  bien  la  figura  del  Juez instructor, al papel de árbitro.   

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  En  este  contexto,  siendo  una  de  las  características  del  modelo  procesal  mixto,  la  separación  entre  la  función  de  acusar,  la  de  instruir  y  la  de  juzgar,  confiadas a órganos distintos, esto es al Fiscal, al Juez Especializado en lo Penal  y  a  la  Sala  Penal,  respectivamente,  corresponde  al  juez  (o  jueces)  decidir,  finalmente,  por la pena. Respecto a ella,  en los procesos sumarios  el papel  del  fiscal provincial se limita a una opinión, que de ninguna manera vincula al juez.  Para  el  caso  que  nos  ocupa  en  este  ensayo,  esto  concuerda  incluso  con  la  redacción  in  fine  del  artículo  136  del  Código  de  Procedimientos  Penales  peruano:  “La  confesión  sincera  debidamente  comprobada  puede  ser  considerada  para  rebajar  la  pena  del  confeso  a  límites  inferiores  al  mínimo  legal.” (El subrayado es nuestro) Y esta potestad discrecional, que descansa en  el convencimiento de la sinceridad de la confesión y de la concurrencia de sus  características,  anotadas  ut  supra, sólo puede  ejercerla quien finalmente decide  sobre la pena, la reparación civil y, de ser el caso, otras consecuencias accesorias  como  la  inhabilitación  o  la  prescripción  de  tratamiento  terapéutico,  es  decir,  únicamente el Juez.      La  propuesta  final  de  este  ensayo  es  que,  implementándose  el  nuevo  sistema procesal penal en el Perú, se establezca explícitamente la improcedencia  de  la  apelación  de  la  sentencia,  con  vista  del  Fiscal  Superior  Penal  (Ministerio  Público), por haberse denegado la apreciación facultativa de los beneficios de la  confesión  sincera;  o  en  su  defecto,  que  se  establezca  la  vinculación  del  Juez  respecto  a  la  apreciación  de  la  confesión  sincera  que  haga  el  Fiscal  Provincial  Penal. En la situación planteada se hace palmaria la necesidad de superar una  de las limitaciones del Ministerio Público en un modelo procesal mixto como el  que  actualmente  rige  la  actividad  procesal  del  Perú.  Si  se  opta  por  la  inaplicación  de  los  beneficios,  el  juez  debe  motivarse  tal  decisión  en  la  sentencia, en concordancia con el mandato constitucional contenido en el inciso  quinto del artículo 139 de la Constitución Política, a fin de garantizar un debido  proceso penal y salvaguardar los derechos materiales del imputado.    VI.‐ Conclusiones para el establecimiento de mecanismos de acción      Desde  un  punto  de  vista  que  considera  únicamente  el  aspecto  legal  del  proceso  penal,  el  Fiscal  Superior  Penal  no  puede  pronunciarse  respecto  a  la  aplicación  o  inaplicación  de  los  beneficios  de  la  confesión  sincera  para  el  sentenciado,  pues  esta  autoridad  no  ha  participado  en  la  conformación  del  proceso,  entendiendo  a  ésta  desde  el  conocimiento  de  la  notitia  criminis  por  parte del Fiscal Provincial Penal, hasta la sentencia dictada por el Juez Penal.   

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  Esto es así en tanto que en el desempeño funcional del Fiscal Superior no  halla oportunidad para aproximarse a alguna situación parecida al principio de  inmediación procesal, que sí se le reconoce al Juez en un sistema procesal mixto  como  el  que  impera  en  el  caso  peruano.  No  obstante  ello,  el  Fiscal  Superior  Penal, en tanto defensor de la legalidad, sí está obligado a exigir que el Juez se  pronuncie por la confesión y sus circunstancias particulares en el caso sometido  a su conocimiento, pronunciamiento que debe estar correctamente motivado, de  acuerdo a la Constitución Política y el Código de Procedimientos Penales. 
 

  Dependiendo de su participación real, que debe ser desde el principio de  la  investigación  preliminar,  esto  es  en  sede  policial,  el  Fiscal  Provincial  Penal,  quien  emite  su  dictamen  opinando  por  la  responsabilidad  o  irresponsabilidad  penal  del  procesado,  el  quantum  de  la  pena  y  reparación  civil,  sí  podría  también  opinar  por  la  procedencia  de  la  aplicación  de  los  beneficios  de  la  confesión  sincera.  Debe  recordarse  pues  que  los  medios  probatorios  actuados  con  presencia  del  fiscal  en  la  etapa  policial,  mantienen  su  valor  probatorio  en  sede jurisdiccional, razón por la que esta posición encuentra respaldo. 
 

  En necesario potenciar el trabajo del Ministerio Público y de los Fiscales a  fin  de  que  los  efectos  de  la  confesión  sincera,  sobre  los  que  opina  el  Fiscal,  vinculen al Juez para su aplicación. Esto sólo será posible durante la evolución  que el nuevo sistema procesal de nuestro país vaya experimentando ya con la  vigencia del nuevo Código Procesal Penal. 
 

VII.‐ Lista de referencias 
  Burgos  Mariños,  Víctor.  (2002).  El  proceso  penal  peruano:  una  investigación  sobre  su  constitucionalidad.  (Tesis  de  Magíster  en  ciencias  penales,  Universidad  Nacional  Mayor  de  San  Marcos).  CEAS. Comisión Episcopal de Acción Social. Perú: Informe sobre la situación penitenciaria. Lima,  Editorial ROEL S.A.C. Primer edición, marzo de 2005.  Consorcio Justicia Viva Sentencia del Tribunal Constitucional peruano en el caso Calmell del Solar. En  www.justiciaviva.org.pe/  jurispu/Camell%20del%20Solar.doc  consultada  el  09 de  setiembre de  2005.  Gaceta Jurídica (2005). Diálogo con la Jurisprudencia (Vol. 81). Lima: El Búho E.I.R.L.  García Carpio, Sofía (2005). Perú: el país con más denuncias por violaciones a los derechos humanos.  Consultado en Setiembre, 30, 2005 en www.justiciaviva.org.pe.  Mixán Mass, Florencio. (1991). La prueba en el procedimiento penal. Lima: Ediciones Jurídicas S.A.  Olvera González, J. Antonio M. s/a. Comparaciones entre algunos modos del silogismo y las reglas de  inferencia  lógica.  En:  http://www.filosoficas.unam.mx/~Tdl/00‐2/000831_olvera.htm  Consultada  el 09 de setiembre de 2005.  San Martín Castro, César Eugenio. (1999). Derecho Procesal Penal. Tomo II. Lima: Editora Jurídica  GRIJLEY E.I.R.L.  Zaffaroni,  Eugenio  Raúl.  La  Filosofía  del  Sistema  Penitenciario  en  el  mundo  Contemporáneo.  ILANUD‐IIDH, Buenos Aires, Argentina; 1991. Pág. 58. Mimeo, ICCPG. 

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