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Libro Maltrato a Personas Mayores

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06/27/2015

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Durante el proceso individual e inevitable de envejecer, se producen modi-
ficaciones morfológicas y funcionales que, unidas a un mayor riesgo de padecer
enfermedades crónicas e invalidantes, hacen que, a pesar de la gran capacidad
de adaptación de las personas mayores, en ocasiones las limitaciones en su au-
tocuidado sean tan importantes que se pase de una situación de independencia
a otra de dependencia: familiar, servicios sociales y/o sanitarios. Por ello, se con-
sidera a la vejez como una etapa del desarrollo humano donde los factores de
riesgo de padecer maltrato aumentan al mismo tiempo que la edad.

Como se señala en el documento elaborado por la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y la Red Internacional para la Prevención del Maltrato
(INPEA), en uno de los documentos preparados para la II Asamblea Mundial del
Envejecimiento1

, el maltrato a las personas mayores empieza a cobrar interés
en los últimos veinte años, después de haber sido abordado el abandono y el
abuso infantil y con posterioridad el fenómeno del maltrato conyugal2

. Para T.
Bazo, no obstante, el tema de la violencia en las personas mayores es un ca-
pítulo más de un tema más amplio como el de la violencia doméstica, aunque
con características y connotaciones específicas3

.

21

1

“Voces ausentes. Opiniones de Personas Mayores sobre abuso y maltrato al mayor”, publicado en
la Revista de Geriatría y Gerontología, 2002, 36 (6), pp. 319-331.

2

La misma idea expresa M. D. Colón Pérez, en “Soluciones e intervenciones en casos de malos tratos”,
en Malos tratos en personas mayores, 2005 y Luz Barreto, “Maltrato y exclusión en las personas mayores,
una realidad oculta”, ponencia en el Congreso Internacional Sobre Maltrato Al Adulto Mayor, Perú.

3

T. Bazo, “Negligencia y malos tratos a las personas mayores en España”, en Revista Española de
Geriatría y Gerontología, 2001, 36(1), pp. 8-14, donde expone los resultados de una investigación
realizada en cinco ciudades españolas a personas que reciben servicios de ayuda a domicilio, financiada
por el Ministerio de educación y Ciencia.

Aunque casi todos los estudiosos del tema señalan que el maltrato a los an-
cianos es un problema que ha existido siempre, en todas las sociedades y cul-
turas, la novedad de los estudios que se vienen planteando recientemente está
en considerar que las personas mayores también son una población suscepti-
ble de recibir malos tratos y en ver este fenómeno como un grave problema so-
cial. Hoy se admite que el maltrato constituye un problema social y que no
forma solamente parte de la vida privada.

A pesar de que a una gran parte de la sociedad le resulta difícil compren-
der que el maltrato pueda ocurrir, y piensan que sólo se produce en institu-
ciones, rechazando la idea de que las personas mayores puedan ser maltratadas
en sus propios hogares, diversas investigaciones ponen de manifiesto que tam-
bién las personas mayores están sufriendo abandono y/o malos tratos en sus
propios domicilios o en los hogares de familiares cercanos.

Esto mismo señala T. Bazo4

cuando afirma que el maltrato a las personas de
edad fue detectado desde mediados de los años setenta, pero no es hasta la dé-
cada siguiente, y en los Estados Unidos, cuando se acuña el término de elder
abuse
. Se señala que el maltrato a las personas mayores es el último capítulo
de la violencia familiar y por lo tanto bastante desconocido en la actualidad
(Bennett, Kingston y Penhale, 1997: 1).

T. Bazo pone de manifiesto que el problema de los malos tratos a las personas
ancianas existe en todas las sociedades, ya que “la violencia en general y la vio-
lencia familiar en particular se producen como resultado de la capacidad de los
seres humanos para producir daño a otros, sea de forma voluntaria o involuntaria”.

En el plano internacional, todavía no se dispone de datos suficientes sobre
incidencia y prevalencia, lo cual no implica que no exista este tipo de violen-
cia, sino sencillamente que se produce en el anonimato social y político más
cruel. Es decir, que se produce pero que no se reconoce, ni se ponen las me-
didas para evitarlo. Éste es el caso de España, señala Bazo, al igual que el de
otros países europeos donde existe poca o ninguna información sobre el pro-
blema.

La detección de malos tratos es siempre una tarea muy compleja. No resulta
fácil detectar un fenómeno que en muchas ocasiones permanece oculto y es

22

4

T. Bazo, “Incidencia y prevalencia del maltrato de los mayores”, en J. L. de la Cuesta Arzamendi
(ed.): El maltrato de personas mayores. Detección y prevención desde un prisma criminológico
interdisciplinar, San Sebastián, 2005, cap. 3, pp. 40 y ss.

escondido por sus propios protagonistas; es decir, por el agresor y por la per-
sona agredida. Para el “agresor” estos comportamientos pueden no ser tenidos
como maltrato, y para la persona mayor maltratada poner en conocimiento de
otras personas o denunciar la situación puede suponer un trauma, y por lo
tanto se intenta evitar. De todas formas, la relación que se establece forma parte
de los modelos culturales, por lo que cualquier conducta debe ser analizada
teniendo en cuenta esta referencia.

El porqué de la falta de detección obedece a múltiples causas, entre las
cuales podemos destacar el hecho de que se produzcan principalmente en la
esfera privada (añadiendo así cierta reticencia al conocimiento público).

Las barreras que obstaculizan su conocimiento responden a una clasifica-
ción según vengan dadas por la víctima, la persona responsable del maltrato,
los profesionales o por aspectos socioculturales.

23

Barreras que dificultan la detección de los malos tratos a personas mayores5

Quizás por incertidumbre en el ámbito administrativo y profesional, no es
infrecuente el silencio o la inhibición. El avance en el conocimiento y la asun-
ción de responsabilidades se hacen necesarios para evitar la complicidad.

Los profesionales han de ser conscientes de los obstáculos que pueden in-
terferir en su detección, para posteriormente ser capaces de reconocerlas y su-
perarlas cuando estén presentes, ya que esta labor es una necesidad además de
una responsabilidad profesional.

Por parte de la víctima

Negación y no reconocimiento de los malos tratos.

Temor a represalias.

Temor a causar problemas al responsable.

Sentimiento de culpa y vergüenza.

Chantaje emocional.

Sufrir deterioro cognitivo.

Miedo a no ser creído, a sentirse fracasado.

Estar socialmente aislado.

Normalizar los malos tratos.

Por parte de la persona
responsable

Negación de la existencia de malos tratos.

Impedir el acceso a los servicios sanitarios y/o sociales.

Temor al fracaso.

Rechazo de intervenciones.

Por parte de los profesionales

Carecer de formación, protocolos, tiempo y concienciación sobre la
problemática.

Incredulidad.

No querer involucrarse en cuestiones legales.

Desconocer recursos disponibles.

Temor al aumento de ira del responsable.

Actitud de reticencia, ambivalencia...

Por aspectos socioculturales

Actitudes desfavorables hacia las personas mayores por “menos
productivos” y asignación a los mayores de menos valor.

Insuficiente información y sensibilización.

Valores socioculturales que influyen en las formas de abordar los conflictos
en el seno de la propia familia evitando la intromisión de personas extrañas,
y por otra parte la tendencia de no entrometerse los vecinos, amigos o
profesionales como si los malos tratos fueran una cuestión privada.

24

5

Sobre este punto puede verse A. Moya Bernal y J. Barbero Gutiérrez (Coord.) (2005): Malos tratos
a personas mayores, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, IMSERSO, Madrid, pp. 89-94.

2. PRINCIPALES MODELOS TEÓRICOS APLICADOS EN EL ESTUDIO DE LOS
MALOS TRATOS

La búsqueda y el análisis que se pueda realizar en una investigación social
depende, sin duda, del modelo y enfoque teórico que se elija. Es por ello que
en el tema de los malos tratos a personas mayores abordar y plantear con cla-
ridad el modelo teórico resulta básico para poder realizar la búsqueda de las
causas y factores que explican o ayudan a comprender el porqué de este fe-
nómeno, cada vez más preocupante, en nuestra sociedad.

No obstante, como señalan casi todos los estudiosos del tema, un primer es-
collo lo encontramos en la falta de una definición consensuada y válida sobre
lo que se entiende por “malos tratos”, por “violencia”, por “abusos” hacia las
personas mayores. Utilizar unos y otros términos no es una cuestión mera-
mente semántica, sino que refleja, en parte, la opción y la valoración que se
quiere hacer sobre el tema.

Podemos pensar que las diferencias entre violencia y abusoestán en la
forma de hacer presente la relación de poder entre la víctima y el agresor; desde
el punto de vista de la tolerancia social, el abusoes un comportamiento sobre
el que se tiene mayor permisividad que sobre la violencia. Ahora bien, el límite
que separa un comportamiento de otro es muy difícil de precisar de manera ob-
jetiva, ya que cada situación depende de una gama amplia de factores perso-
nales, culturales, de comportamiento, relacionales o sociales.

Hablar de vulnerabilidad, de fragilidad, de dependencia, es hablar de los
posibles escenarios que favorecen comportamientos violentos o abusivos, per-
petrados hacia las personas mayores por algunos familiares, cuidadores, pro-
fesionales... que de manera esporádica o de manera más frecuente mantienen
algún tipo de relación con las personas mayores, y por causas varias rompen
la frontera del respeto, de la relación social y humanamente establecida. Ello
no quiere decir que, cuando una persona mayor esté en esta situación de fra-
gilidad o dependencia, necesariamente se produzcan los abusos o malos tra-
tos. No se trata de una relación causal, sino de una situación que añade un plus
de riesgo hacia esos comportamientos cuando la persona que los propicia no
sabe mantener un equilibrio o controlar las situaciones que le producen estrés
o malestar, ya sea por déficits de personalidad, por falta de información, por
problemas personales o de carácter o por el propio deterioro que supone asu-
mir tareas de cuidado sobre personas mayores cuando también se es mayor y
se tienen carencias y dificultades.

25

Muchos analistas (McCreadie, 1991, Muñoz Tortosa, 2004) ponen de mani-
fiesto que en torno a las personas que cometen abusos se aprecian algunas di-
ferencias referidas fundamentalmente a la estructura de edades y a las
características entre las personas dependientes y los cuidadores, ya que el so-
breenvejecimiento que se ha alcanzado en los países desarrollados hace que
muchos cuidadores sean también personas muy mayores que a su vez pueden
tener problemas de salud, falta de preparación, déficits culturales, falta de in-
formación, etc. Incluso la relación que se mantiene entre estos mayores puede
ser una relación deteriorada con anterioridad (Fulmer y O´Malley, 1987).

Diferenciar con claridad las causasdel maltrato de los factores de riesgoes suma-
mente difícil, dado el carácter pluridimensional del tema. Los factores ambientales,
culturales, psicológicos, tanto de la persona que sufre el maltrato como de la persona
que los propicia, ya sea en el ámbito doméstico o en el ámbito institucional, hacen di-
fícil marcar las fronteras entre causas y efectos, sobre todo si tenemos en cuenta que el
maltrato se da en todas las clases sociales, en personas con diferentes niveles sociales,
culturales y económicos y que, en relaciones similares, no todas las personas se com-
portan del mismo modo ni se producen necesariamente situaciones de maltrato, de
abuso o de violencia. Por ello pensamos que el análisis causal no es adecuado para el
estudio del fenómeno; más bien, habrá que establecer y diferenciar las situaciones de
riesgo o los factores predisponentes a situaciones de abuso o maltrato.

Muchas de las teorías que se han elaborado para el análisis de la violencia o los
malos tratos en personas mayores han tratado de poner de manifiesto estos factores
predisponentes tanto en el agresor como en la persona agredida. Los conceptos de
“víctima” y “verdugo” parece que están bastante claros, al menos en la forma en la
que se han realizado algunas investigaciones. Se presupone que la persona mayor,
debido a su deterioro personal, cognitivo, nivel de fragilidad o dependencia es siem-
pre la víctima en una relación de desequilibrio de poder, mientras que el que pro-
picia el maltrato o abuso sobre la persona mayor es el verdugo que impone desde
una posición de fortaleza un comportamiento no adecuado, ni ética ni moralmente.

Desde esta perspectiva se han tratado de poner de manifiesto los rasgos per-
sonales de los “verdugos” y de las “víctimas”, los factores contextuales, cultu-
rales, económicos, educativos, etc., de ambos. Así, se han planteado
investigaciones basadas en enfoques diversos, entre los que señalamos el en-
foque psicológico, el enfoque sociológico o el enfoque ecológico.

Aunque la mayor parte de los estudios se centran en la figura del “maltra-
tador” poniendo de manifiesto los déficits o circunstancias personales, psico-

26

lógicas, sociales o ambientales que ayudan a comprender su comportamiento,
también hay estudios que ponen de manifiesto los factores que inducen al mal-
trato teniendo en cuenta las características de la persona mayor.

Algunos trabajos que han estudiado el maltrato analizando la conducta de
la persona mayor han puesto de relieve que también la “víctima” puede contri-
buir a que se susciten en el “agresor” determinados comportamientos violentos
o abusivos. Entre otros factores citan la discapacidad, el deterioro cognitivo, la
dependencia, la condición de género (Clark, 1999), la edad, la mala salud física
y mental. Desde la perspectiva relacional se señala que la propia conducta del
anciano puede provocar o mantener las situaciones de abuso.

Basándonos en la síntesis que recoge Muñoz Tortosa6

(2004), presentamos

a continuación los principales planteamientos de estas teorías o enfoques.

Modelo Psicológico

Modelo Sociológico

Modelo Ecológico

Características

La causa de la violencia se
encuentra en las característi-
cas patológicas del cuidador
(trastornos neuróticos o psi-
cóticos, drogas), dependen-
cia económica, alcoholismo,
enfermedad mental...

Dificultad para controlar
los impulsos.

Estados de ansiedad altos.

Baja autoestima.

Escasa empatía con la
persona que cuidan.

Afectividad negativa hacia
la persona que cuidan.

Depresión y estrés.

Las condiciones sociales,
valores, prácticas culturales,
como factores que estimulan
la violencia social y el
maltrato a los mayores.

El estrés social o laboral en
interacción con factores
culturales, ambiente familiar
o institucional se suman
hasta propiciar un
comportamiento agresivo.

Los factores económicos, la
pobreza social o personal, la
precariedad laboral.

El aislamiento social o la
falta de apoyos sociales del
cuidador.

La violencia es el
resultado de la acción
recíproca y compleja de
factores individuales,
relacionales, sociales,
culturales y ambientales.

El modelo ecológico
explora la relación entre
los factores individuales y
contextuales y considera
la violencia como el
producto de muchos
niveles de influencia sobre
el comportamiento.

Perspectivas
teóricas

Teoría del “aprendizaje
social
”.

Teoria del apego.

Cognición social.

Interaccionismo: teoría de
la reciprocidad
desequilibrada.

La teoría de la desventaja
social
.

La sobrecargadel cuidador.

El aislamiento socialo
empobrecimiento de redes
sociales.

Teorías sobre la violencia
doméstica
basadas en la
perspectiva de género, en el
patriarcado, en el
“edadismo”.

Modelo teórico de
Bronfenbrenner:
microsistema,
mesosistema, exosistema,
macrosistema.

Modelos de interacción
social
.

27

6

J. Muñoz Tortosa: Personas mayores y malos tratos, Ediciones Pirámide, Madrid, 2004, pp. 41-59.

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