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De Séneca a Castro: La historia de un milagro

Séneca llegó un día a mi oficina dentro de una caja de cartón, uno de los
trabajadores lo encontró abandonado en su parcela. Aunque al principio andaba
asustado, pronto se acostumbró al ruido de las máquinas y campaba a sus anchas por
todas las instalaciones de la fábrica, ganándose el cariño de todos lo que allí
trabajábamos.

Toda la nave industrial era su territorio pero su sitio favorito eran las oficinas.
Cada mañana me esperaba sentado en la puerta y en cuanto abría, subía corriendo las
escaleras, daba un salto hasta mi mesa y se preparaba para supervisar todo mi trabajo:
facturas, albaranes, cartas comerciales,…También atendía las visitas, sin dudarlo se
subía al regazo de cualquiera que viniera a visitarnos, lo mismo daba un comercial que
un director de banco. Séneca era el mejor relaciones públicas de la empresa.

Un día, tras una noche de parranda, Séneca apareció con una pata destrozada. Lo
llevamos urgentemente al veterinario, allí nos confirmaron que tenía la pata delantera
rota por dos partes. Como entonces en Albacete no se podía realizar ese tipo de
intervención, mi jefe se encargó de que lo operaran en Murcia, allí le colocaron dos
clavos y le castraron, para evitar más juergas nocturnas. Meses después Séneca estaba
perfecto, aunque con una ligera cojera. Así pasó unos años muy tranquilos, vigilando el
trabajo en la fábrica y manteniendo a raya a los ratones, hasta que un día desapareció.

Pasados casi dos años, una tarde de invierno al ir a coger mi coche al parking oí
su característico maullido, Séneca había vuelto!!! Sucio y flaco pero bien. Era el año
2007; para entonces mi jefe se había jubilado y a los encargados actuales no les
entusiasmaban los gatos. Como temía por el futuro de Séneca, hablé con una voluntaria
del Arca y empezados a gestionar su adopción pero…no llegamos a tiempo. A la vuelta
de uno de mis viajes de trabajo, Séneca ya no estaba, nunca volvió. Meses después yo
dejé mi trabajo y no volví a saber de él.

Hace poco llevé un gato al albergue y al ir a visitarlo me fije en uno de los gatos
del módulo, sonriendo le dije a mi marido: “¿Te has fijado como se parece ese gato a
Séneca?”. El corazón casi se me para cuando empezó a andar y reconocí su particular
cojera. Fui corriendo a cogerlo en brazos para buscar el trocito de clavo que unido a su
clavícula, se notaba por debajo de la piel. No podía ser….era Séneca!!! Tres años
después y con unos 10 años a sus espaldas había sobrevivido hasta llegar allí.

Un trabajador del albergue me contó que lo habían llevado unos chicos que le
ponían de comer, vivía en la calle y cuando llegó al albergue tenía una herida muy fea
en la pata. En la clínica se encargaron de él y le pusieron de nombre Castro.

Hacía mucho tiempo que yo no iba por el albergue y quiso el destino que fuera
por allí precisamente ahora, para que supiera qué había sido de aquel gato que tantas
horas compartió conmigo y al que tanto quise. Solo espero que pronto encuentre un
hogar y pase el resto de sus días entre cuidados, mimos y cariño, porque os aseguro que
este gatete se ha ganado el paraíso.

Gema López
Socia y voluntaria de la A.P.A “El Arca de Noé”