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Miedo. O por lo menos aquello me pareció raro.

Llevaba mucho tiempo


preparando aquel viaje y ya había llegado. Estaba en Los Ángeles, California; la
cuna del cine, de las modas… El lugar donde nacen las nuevas tendencias, los
deportes… Es obvio que aunque iba de intercambio, y para aprender inglés,
esto había influido mucho en mi elección. Siempre había querido viajar allí, y sin
embargo, al estar allí sentía miedo. Pero es lógico; no me enteraba de nada. Me
hablaban y parecía un zombie. No había viajado antes a otro país, y además el
acento que conocía no era igual al inglés americano. Por eso sentí un gran
alivio gracias a la ayuda de muchos de los compañeros españoles que viajaban
conmigo, y que había conocido brevemente durante el viaje en avión. – "Can
you bring me some water, please?" – creo que fue lo primero que logré
balbucear en inglés.. Con ayuda de Rubén.
Al llegar allí conocimos a los organizadores de la experiencia, y todos los
compañeros españoles nos quedamos a dormir en un hotel (puesto que era
demasiado tarde para ir con nuestras familias de acogida); y fue donde
empezamos realmente a conocernos. El miedo, como por arte de magia se
había convertido en buen rollo; y en espíritu aventurero. La verdad es que no
había que tener miedo, porque con un poco de sentido común, te enteras de
todo, y si lo das por imposible, busca a un Mexicano, eje.
El día siguiente fuimos a conocer la escuela, y también a nuestras familias
de acogida. Normalmente, por las mañanas íbamos a la escuela, o a alguna
que otra excursión; y por la tarde con nuestras respectivas familias.
¡Mi familia era increíble!. –"So.. You are Francisco?" – me dijo Steve (mi
padre de acogida) al verme. Lo dijo un tanto extrañado, porque no me parecía
en nada al chaval de la foto que les envié. Cuando nos vimos, me invitó a subir
al coche. –"Judy is waiting us, so… Hurry up!"–. Al llegar a casa me di cuenta de
que era una típica casa americana de película. Techos altos, un precioso jardín
y la típica cochera que siempre queda entreabierta. Los Kasprisin tenían hijos,
pero ya eran mayores y no vivían en casa. Es más, la hija vivía en Iowa, y el hijo
en Nueva York, más o menos a 5 horas en avión. Otros compañeros tenían
"hermanos de acogida" en casa, pero yo no. Sin embargo, Thomas (un
simpático estudiante austríaco), estaba también conmigo. Y me ayudaba a
enterarme de un montón de cosas. La familia nos daba libertad absoluta para
hacer todo lo que quisiéramos. Además nos dijeron que si queríamos ir a algún
lugar, ellos nos llevarían sin problemas. Nos llevaron al cine, a la feria, a pescar,
a montar a caballo… ¡E incluso a algunos compañeros los llevaron a Las
Vegas!.
A diario íbamos a la escuela, y los días festivos o fines de semana nos
quedábamos con las familias. Por la mañana temprano, cogíamos el típico
autobús amarillo de la escuela. Ese era el momento en el cual nos reíamos de
todo lo extraño que nos pasaba con las familias.
En la escuela estábamos todos los compañeros españoles, austríacos,
alemanes y chinos; y se daban clases de inglés y cultura americana. Ellos eran
los que organizaban los viajes, y nos llevaban por ejemplo a San Francisco,
San Diego, Venice Beach, Huntintong Beach, Disneyland, Universal Studios…
¡Todos los compañeros y profesores eran muy majos, y nos hicimos amigos muy
pronto!. Barbacoas familiares, picnics, concursos de talentos… Todas las
actividades eran "de película", y nunca mejor dicho. Estábamos en el escenario
viviente que es la ciudad de Los Ángeles.
Al final, cuando nos dimos cuenta el mes había pasado. El último día
estábamos todos en el autobús, cargados de regalos y llorando a lágrima viva.
Nos despedíamos de nuestros nuevos "padres", "madres" y "hermanos", que
nos habían acompañado durante todo este mes en esta experiencia tan
maravillosa. Ahora todo esto se puede resumir en muchísimas fotos y recuerdos.
Muchos recuerdos, que son sin embargo el vestigio de esa maravillosa
experiencia; en la cual aprendimos no solo a desenvolvernos en otra cultura y a
ser un poco más maduros, sino que se puede aprender pasándolo bien y
divirtiéndose. Sergio, Maite, Andrea, Eder, Inés, Andrés, Paula, Andrew,
Clemens, Thomas, Jure, Aisha, Vicky… Son los nombres de esas personas con
las que pasé uno de los mejores meses de mi vida. Y son mis amigos de
California.