Está en la página 1de 3

Carta de un padre muerto

Perdona, mi hija, no haberte guiado. Mucho te amé, pero siempre


supe que la guía familiar es la madre, aunque a mí me guió mi padre.
Ahora que conozco mis errores puedo ser mejor consejero. Por eso
te escribo desde el limbo, donde estoy, para decirte lo que debí
inculcarte desde niña.
Siempre supe que eras persona excepcional y confiaba que podrías
sacar de los errores enseñanzas para normar tu vida y la de la familia
que habrías de tener para criar, proteger y educar, porque la sociedad
solo puede ser mejor cuando hay conciencia de la importancia que
tiene el hogar en la formación de hijos, nuestros sustitutos como
ciudadanos, para que internalicen valores sociales y éticos, y
siempre pensaba que eres capaz de hacerlo.
La sociedad en que me crié me hizo creer que la violencia era la
solución de todo con la perenne guerra contra cualquiera cosa. Por
eso, había que extirpar de un zarpazo a opositores, no conformistas,
delincuentes, criminales, y hacer culpables de nuestros errores a
lacras de antisociales que eran tales solo por ser diferentes a
nosotros.
Ahora que solo puedo observar me he dado cuenta de que las cosas
en que basaba mi vida, todos esos valores en que creía, de nada te
sirven, pues ahora sé que la violencia solo genera venganza, que el
odio solo genera odio, que el castigo solo produce resquemor y
venganza, que el desamor solo conduce al olvido y a la
desconsideración.
Aprendí ahora que la buena guía se funda en el amor y la
comprensión, que el cariño se expresa en consejos y entendimientos,
que cada persona aprende cuando infante un idioma suyo que los
padres tienen que aprender y comprender para poder comunicarse,
que vociferar una orden hace solo logra su rechazo y, como no se
internaliza siempre es violada, que esas clases de intercambios
transforman el alma libre incultivada, capaz de aprender amor,
entender normas e internalizarlas, en vocera de odio y venganza.
Todo cuanto menciono arriba es parte de la conducta que se exhibe
diariamente en tu hogar. Eso no solo me preocupa sino que me hace
sentir culpable. Me hiere esa culpabilidad de mi descuido como el
guía que no fui, a pesar de haber recibido mis valores de mi padre.
Así que desde donde ahora estoy ahora pretendo entregarte estos
consejos para que procures cambiar las relaciones en tu hogar y así
logres entregar a la sociedad buenos ciudadanos.
Hijos tuyos capaces de hacer aportes a la sociedad, sean científicos,
literarios, artísticos, sociales u otro género, respetuosos del derecho
de los demás, sin odio étnico, que funden en el amor y la
comprensión sus relaciones con los demás.
Para lograrlo, en tu rol de guía tienes que ser dulce, amorosa y
comprensiva, pero firme para que pueda percibirse el orden que
enmarcan los consejos y el desvalor de las desviaciones. No debes
jamás recurrir a órdenes vociferadas sino a instrucciones bien
explicadas, pues de lo contrario, habrás conseguido convertir en
adversario a quien necesitas tener de aliado eterno.
No escatimes amor, ni tiempo, ni dedicación, para hacer comprender
tu objetivo. No olvides que tus hijos deben desarrollar sus
capacidades para hacer mejor que tú sus roles en la compleja
sociedad que se avecina.
Espero, mi hija que perdones mi falta. Yo te pido un perdón que
espero no tengas tú la necesidad de solicitarle a los miembros del
hogar tuyo.
Marcos R. Taveras es consultor empresarial

Intereses relacionados