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La formula de los numeros primos

La formula de los numeros primos

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Se intenta buscar la fórmula que origine los números primos. Para ello indagamos mediante la criba de Eratóstenes la forma de los primos. Esto resultará infructuoso. Luego, comenzaremos a construir la fórmula mediante cierto artificio. Finalmente, ante la fórmula y sus detalles criticaremos cierta circularidad presente en ella.
Se intenta buscar la fórmula que origine los números primos. Para ello indagamos mediante la criba de Eratóstenes la forma de los primos. Esto resultará infructuoso. Luego, comenzaremos a construir la fórmula mediante cierto artificio. Finalmente, ante la fórmula y sus detalles criticaremos cierta circularidad presente en ella.

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Published by: Rafael Mora Ramirez on May 31, 2008
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La Fórmula de los Números Primos

Por Rafael Mora

Resumen: Se intenta buscar la fórmula que origine los números primos. Para ello indagamos mediante la criba de Eratóstenes la forma de los primos. Esto resultará infructuoso. Luego, comenzaremos a construir la fórmula mediante cierto artificio. Finalmente, ante la fórmula y sus detalles criticaremos cierta circularidad presente en ella.

Palabras clave: Números primos, divisor, fórmula genérica, criba de Eratóstenes, Fórmula de Recurrencia Parcial, circularidad, principio débil de inducción matemática.

1. ¿Qué son los números primos?

Los números naturales conforman un conjunto. Este conjunto será nuestro dominio, y únicamente nuestras reflexiones se referirán a los números naturales. Un subconjunto de dicho conjunto está conformado por los números primos. Los números primos son aquellos números que tienen como únicos divisores a sí mismo y a la unidad. Será pertinente elaborar ciertas distinciones matemáticas que obedecen al esclarecimiento de estos términos técnicos. X será el divisor de Y si Y = ab y X = 1 ó X = a ó X = b ó X = ab. En términos formales: 1

p & (q ∨ r ∨ s ∨ t) → D(x,y). Es, decir, tomando en cuenta que los números son susceptibles de representarse en términos de operaciones de multiplicación entre otros números, los divisores resultan ser con respecto a un número x aquéllos otros números que participan en la operación de multiplicación que puede definir a ése numero x. ¿Qué pasa con el número 1 el cual resulta ser el divisor de todos los números? ¿Es o no primo? Dado que se divide a sí mismo de acuerdo al axioma mencionado, y que también es dividido por la unidad, podemos afirmar que es primo. Pero mejor volvamos a la definición del número primos y tratemos de reducirla aún más. No afirmemos que un número es primos si es dividido por sí mismo y la unidad. Dado que todos los números son divisibles por 1 o, dicho en otras palabras, que tienen al 1 como un divisor necesario, el que todo número primo pueda ser divisible por la unidad no resulta ser una propiedad característica sólo de los números primos. En cambio, si bien la propiedad de ser divisible por sí mismo se le puede atribuir a todo número, no todo número es el único divisor de sí mismo (estos serían números primos), existen los llamados factores. Los factores de un número w son aquellos números que se relacionan con otros números para producir ese número w. Por ejemplo, si A= fg, entonces f (entre otros) es un factor de A. Esto se desprende del llamado Teorema Fundamental de la Aritmética que afirma que cualquier número natural puede escribirse como producto de primos en forma única excepto por el orden en que se escriban los factores pues como sabemos el orden de los factores no altera el producto. (Peterson y Hashisaki, 1997, p. 68) Tomando en cuenta que un divisor será propio de n si m es un divisor de n y m ≠ 1 y, además, m ≠ n, (Peterson y Hashisaki, 1997, p. 167) llamaremos

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factor propio de w a todo número que sea diferente de uno y del mismo w. Ahora bien, definiremos al número primo como aquél número que no tiene factores propios (Peterson y Hashisaki, 1993, p. 167). Consideramos que la información adicional de que es divisible por sí mismo y por la unidad viene garantizada por la misma estructura axiomática de la aritmética y, además, es aplicable a todos y cada uno de los números naturales. Desde esta perspectiva el 1 no sería primo, puesto que si lo fuera, no tendría divisores además de los que tiene por necesidad, es decir, 1 y sí mismo (v. g. el 1 de nuevo). El uno es el elemento neutro multiplicativo, esto significa que si al uno lo multiplicamos por cualquier otro número y, esto da como resultado ese mismo otro número y. Formalmente, y.1=y. La sucesión de número primos 2, 3, 5, 7, 11, etc. está conformada por números que no tienen divisores diferentes del 1 y de sí mismos. El uno resulta que tiene como único divisor a sí mismo, esto implicará que lo podamos definir como noprimo habida cuenta de que aunque sólo tiene como divisores a sí mismo y a la unidad (estos factores propios resultan ser el mismo número 1), esta es una propiedad que pueden cumplir no sólo los números primos sino todos y cada uno de los números naturales. A partir de dos, la definición del número primo funciona puesto que el número resulta no tener factores propios además de los factores nopropios estipulados por la teoría.

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2. La Criba de Eratóstenes.

Una vez hechas estas salvedades, podemos volver a la definición anterior con la advertencia de que el número 1 no es primo. Podemos definir por extensión el conjunto de los números primos. Este conjunto sería:

P = {2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23, 29, …}

Quizás se nos ocurra pensar que este conjunto tiene elementos que son posibles de generalizar con la ayuda de una fórmula de recurrencia que asocie la posición del elemento y su valor numérico. Podemos decir que la fórmula a la que debemos llegar se obtiene por inducción matemática, abstrayendo una forma común que si se da en el 1er, 2do, 3ro, y 4to caso se darán para todos los demás casos. Pero los resultados matemáticos oficiales sostienen que tal fórmula aún no ha sido hallada o que es inexistente. Podemos comprender esto utilizando el método de construir todos y cada uno de los primos representándolos en una cuadrícula de 10 por 10. Eratóstenes nacido en Grecia hacia el año 230 antes de Cristo, fue bibliotecario del Museo de Alejandría (o Universidad Alejandrina) e inventó un método para encontrar número primos: “La Criba de Eratóstenes”. Este es un método para construir la lista de números primos menores que uno dado N = k2. Primero se escriben el 1 y el dos, seguidos de los enteros impares hasta llega al N. Luego, se suprimen los múltiplos del primo 3 que estarán situados de 3 en tres. Enseguida, se suprimen los múltiplos restantes de 5 que estarán situados de 5 en cinco. Se prosigue de esa forma suprimiendo los múltiplos restantes de números 4

primos p que están de p en p; hasta haber actuado con todos los primos menores que k que en esta ocasión será 100. (Sánchez-Rubio & Ripollés Amela, 2000, p. 34) Conjeturo que quizás este método de la criba fue diseñado con el fin de ver si los números primos presentaban alguna regularidad colocando distribuciones de elementos de 10 filas por 10 columnas. Veamos algunos ejemplos.

PARES 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100

TRIPLES 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 5

20 30 40 50 60 70 80 90 100 QUÍNTUPLES 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100

HÉPTUPLES 1 2 3 4 5 6 7 8 9

PRIMOS 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 20 30 40 50 60 6

70 80 90 100 Los pares, los triples, los quíntuples o cualquiera de los múltiplos de cualquier número primo geométricamente guardan cierto patrón en su forma de aparecer en el cuadro de 10x10. Los pares conforman cinco franjas verticales de líneas rojas; los triples, franjas diagonales de color amarillos; los quíntuples, dos franjas celestes verticales; y los héptuplos, franjas diagonales verdes. Los números primos (en color morado), en cambio, no guardan entre sí ningún patrón de referencia que sea visible al menos hasta los 100 primeros números naturales. Su representación se parece mucho a un garabato. Tan sólo las columnas debajo de los números 1, 3, 7 y 9 parecen estar relativamente poblados. Sin embargo, puede decirse que conforme se va avanzando en la sucesión de números los primos se van volviendo cada vez más escasos. La conjetura es que dicho azaroso reparto de elementos del conjunto de los primos podría estar dependiendo de cierto patrón geométrico tan sólo verificable en una cantidad mayor de números, tal vez mediante tablas de 10x100 o de 100x100. Pero, dado que nuestro sistema es decimal, pensaremos en modificar la longitud de las columnas y no la longitud de las filas, es decir, la tabla deberá ser de 10xP y P>100. En vista de esta conjetura la investigación en torno a los números primos de más de 3 dígitos resulta más que relevante. Uno supondría que los primos no conforman una sucesión infinita, pues como hemos anotado, cada vez que se va aumentando el número de filas del anterior cuadro, la probabilidad de encontrar un primo se va acortando más.

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Pero, los números primos son infinitos. Esto ha sido demostrado mediante un argumento de tipo lógico formal. Examinémoslo brevemente.

Euclides un matemático griego nacido el año 300 antes de Cristo mostró que el número de primos es infinito. De acuerdo a su Teorema, no existe ningún número que sea el número primo mayor de todos los posibles. La argumentación desarrollada en la forma de una reductio ad absurdum, es la siguiente: Supongamos, en contradicción con lo que el teorema trata de demostrar, que existe un número primo máximo. Lo llamamos ‘x’. Entonces: 1. x es el número primo máximo 2. Fórmese el producto de todos los números primos menores o iguales a x y añádase 1 al producto. Esto da un nuevo número, y, donde y=(2.3.5.7. … x) + 1. 3. Si y es primo, entonces x no es el mayor número primo, ya que y es evidentemente mayor que x por ser diferente de cada factor de la productoria 2.3.5.7… 4. Si y es compuesto (es decir, no primo), entonces tampoco x es el mayor número primo. Porque, si y es compuesto, se puede escribir y=z.y’ y tendrá que haber un divisor primo z de y, y z tiene que ser distinto de cada uno de los números primos menores o iguales a x, es decir, tiene que ser diferente de 2, de 3, de 5, de 7, …, y de x; (esto se explica porque para los números de la lista de primos la división no es exacta: si dividimos y entre z, el resto es cero, pero si dividimos y por cualquiera de los primos entre 2 y x, se obtiene 1 como resto). Por consiguiente, z

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tiene que ser un número primo mayor que x. Y así Euclides encontró un nuevo número primo que no estaba en la lista. (Callejo, 1994, p. 266) 5. Pero y, o es primo o es compuesto. 6. Por consiguiente, x no es el mayor número primo. 7. Por reducción al absurdo, no existe ningún número primo que sea el mayor de todos. (Nagel y Newman, 2000, p. 55s) O, lo que es lo mismo, esto significa que no es posible elaborar una lista finita con todos los números primos, lo que concluye la demostración.

3. Buscando la fórmula de los primos.

Una de las maneras de definir conjuntos es: primero, enumerando en una lista todos y cada uno de los elementos que forman parte de tal conjunto y, luego, hallando la ley general o el significado de dicha agrupación de elementos. Sin embargo, dicha manera de proceder se revela como ingenua al creer que se está significando una estructura en su totalidad con todo lujo de detalles en cada uno de sus diversos ejemplares. Digamos que la proyección de cierta agrupación de elementos, su síntesis, su ley de formación por así decirlo, puede estar tan infectado de información innecesaria o insuficiente de tal manera que determine su aplicación a más cosas de las que pretendía, pero sin percatarse que esa misma agrupación-base-de-por-lo-menos-tres-elementos de la que se parte para escribir luego puntos suspensivos es común en varias interpretaciones. Por ejemplo, tenemos la sucesión 2, 4, 6, 8, … ¿qué nos priva de pensar que el número que le sigue al 8 es 11 y no 10 como podríamos imaginar de modo intuitivo? La sucesión 9

entonces podría ser 2, 4, 6, 8, 11, … Este tipo de sucesiones en el que parece haber una generalidad en los primeros 4 elementos pero no el quinto, (y probablemente no en los demás) puede ser tratada de un modo especial con un artificio. De esta misma manera trataremos de hallar la ley de formación de los números primos, mediante una regla de formación aplicada a los primeros dos elementos: supongamos que 2, 3, … es una sección explícita de la sucesión de números primos. Tratemos de hallar la ley de formación de estos primeros elementos. A primera vista parece que fuera aumentando de uno, de tal manera que la ecuación lineal que podría determinar su posible extensión es

tn * = n+1.

A esta formula la llamaremos Fórmula de Recurrencia Parcial. Verifiquemos lo hallado produciendo los primeros dos términos.

t1 * = 1+1 = 2 t2 * = 2+1 = 3

¿Qué pasará con el siguiente número primo que sabemos que es 5?

t3 * = 3+1= 4

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Sucede que el tercer término, debió habernos salido 5 y no 4. Aquí hay un exceso. ¿Qué hacemos ahora? Ahora tomemos tres términos de la susodicha sucesión 2, 3, 5, … . A la formula de recurrencia anterior vamos a agregarle un polinomio que se anule o que no funcione para los dos primeros valores de n (es decir: 1 y 2) y que empiece a trabajar para n=3. El término al que me refiero tendrá que ser de la forma: (n-1) (n-2) para que pueda valer cero para n = 1 y n = 2, pues si reemplazamos:

n = 1 → (n-1) (n-2) = (1-1) (1-2) =0 n = 2 → (n-1) (n-2) = (2-1) (2-2) =0

Pero seamos más estrictos, y en lugar de (n-1) (n-2) coloquemos:

k (n-1)(n-2)

que como se puede comprobar se anula para n = 1 y n = 2. Entonces tendremos la Fórmula de Recurrencia Genérica que se distingue de la parcial por tener dos astericos: tn** = tn * + k (n-1)(n-2) tn** = n+1 + k (n-1)(n-2)

Luego para hallar k, sabemos que para n = 3 → t3** = 5, entonces:

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tn** = n+1 + k (n-1)(n-2) t3** = 3+1 + k (3-1)(3-2) = 5 k = 1/2

Como ya determinamos el valor de k, la Fórmula de Recurrencia Genérica será:

tn** = n+1 + (1/2) (n-1) (n-2)

Si hacemos n=3, tendremos que t3** = 5, pero si hacemos que n = 4 en esta última fórmula obtenemos que t4** = 8. Aquí hay otro exceso. Nuevamente, tendremos que considerar el procedimiento anterior para obtener el verdadero cuarto elemento de la sucesión de números primos que es t 4*** = 7. (Zevallos, s.a., pp. 318-324)

Recordemos lo que es un factorial de x. Según el primer tomo del Consultor Matemático “al producto de n factores que van decreciendo en una unidad desde n hasta el 1 se le llama n! y se lee “n factorial”.” (Galdós, 1998, p. 47). 1 Ahora bien, considerando lo anterior, podemos constatar una fórmula “generalizable” (pedimos a los matemáticos se encarguen de averiguar esto) al menos para los primeros 10 números primos:

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El factorial fue una palabra introducida por Arbogast para designar el producto de los n primeros números naturales. Se representa por n!. Por ejemplo: el factorial de 4 será 24, es decir, 4!=1.2.3.4. Formalmente: n! = n . (n-1) . (n-2) . (n-3) … .3.2.1 (Vera, 1959, p. 263)

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tn = 2

( n − 1)! ( n − 1)! (n − 1)! (n − 1)! 3( n − 1)! + + + − + + 1!( n − 1)! 1!(n − 2)! 2!(n − 3)! 3!(n − 4)! 4!(n − 5)!

9(n − 1)! 23(n − 1)! 53(n − 1)! 67(n − 1)! 195(n − 1)! + + − + + − 5!(n − 6)! 6!(n − 7)! 7!(n − 8)! 8!(n − 9)! 9!(n − 10)!

Tal vez la forma de los coeficientes de cada fracción de factoriales pueda tener una forma generalizable. Tomemos en cuenta que si quisiéramos hallar la fórmula

para los 11 primeros elementos tendríamos: t11 = tn + K11

(n − 1)! , donde t11 es el (n − 11)!

11.mo número primo y K11 es el coeficiente del 11.mo fracción de factoriales, y además tn es la fórmula genérica que funciona para los primeros 10 primos. Si despejamos K11 podemos obtener K11=

(t11 − t n )(n − 11)! ( n − 1)!

y de modo general

podemos asumir que Kα=

(tα − t n )(n − α )! (n − 1)!

Por último, tenemos que hacer una aclaración de orden algebraico. Sabemos que (n-1)! = n-1.n-2.n-3…y también sabemos que (n-2)!=n-2.n-3.n-4… Esto implica el que nosotros podamos dividir (n-1)! entre (n-2)! para obtener n-1,

es decir,

(n − 1)! = n − 1 . Sin embargo, si en esta última formula hacemos que n=1, (n − 2)!

tendremos que

(0)! = 0 , y el divisor será un factorial de un número negativo. Esto ( −1)!
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último es inaceptable, por ello antes de proceder a reemplazar constantes por variables haremos todo lo posible por simplificar la formula todo lo que se pueda.

Y por indentidad (n − 1)! será reducible a n-1. Con esto podemos concluir que (n − 2)! todos los cocientes en el que el divisor es un factorial de un número negativo son iguales a cero.

Con esta salvedad podemos utilizar la anterior fórmula para derivar todos y cada uno de los 10 primeros primos.

tn =

2

( n − 1)! (n − 1)! (n − 1)! (n − 1)! 3( n − 1)! + + + − + + 1!( n − 1)! 1!( n − 2)! 2!(n − 3)! 3!(n − 4)! 4!(n − 5)!

9(n − 1)! 23(n − 1)! 53(n − 1)! 67(n − 1)! 195(n − 1)! + + − + + − 5!(n − 6)! 6!(n − 7)! 7!(n − 8)! 8!(n − 9)! 9!(n − 10)!

Si n=1, t1=2+0+0+0+0+0+0+0+0+0=2. Si n=2, t2=2+1+0+0+0+0+0+0+0+0=3. Si n=3, t3=2+2+1+0+0+0+0+0+0+0=5. Si n=4, t4=2+3+3-1+0+0+0+0+0+0=7. …

4. La fórmula de los primos no es inductiva sino circular.

¿Refleja la fórmula hallada la forma genérica de la tan misteriosa fórmula de recurrencia de los números primos? Si los primos fuesen sólo 10, entonces sí, esa 14

fórmula representaría la sucesión de primos. Pero, lo cierto es que los primos son infinitos como lo demostró Euclides. Sin embargo, la fórmula anterior puede seguir creciendo en extensión al considerar más y más primos. La fórmula no puede dar con todos los primos a priori, para ello necesitamos saber cuáles son los primos y luego forzarlos a que formen parte de una sucesión. Por ejemplo, digamos que tengo un primo de cuatro cifras y la fórmula de recurrencia parcial hasta ese primo. Es posible que logre saber cuál es el siguiente primo, mas esto será por suerte o por casualidad que alguna otra cosa. Lo primero que se hace, es averiguar cuál es el siguiente primo para después aplicarle la fórmula y enseguida corregir los excesos o los defectos. Por ello, la fórmula anterior tal y como es presentada será circular. Pues, el problema de hallar la fórmula de recurrencia general para todos los números primos, alterando una y otra vez la fórmula de recurrencia parcial evidencia cierto tipo de circularidad, puesto que se supone que la fórmula de recurrencia general tiene que aplicársele al siguiente primo sea cual sea y por lo tanto solo se trata de aproximarnos cada vez más y más a ella. La generalización de la fórmula a la cual siempre se le agrega un polinomio que se anula para los elementos precedentes de la sucesión, nos provee de cierta esperanza de haber hallado la fórmula de los números primos no solo para los elementos de la sucesión que hemos considerado hasta el momento, sino para todo elemento de la sucesión por una inducción matemática improbable. Sin embargo, si seguimos a Luis Piscoya, podemos enunciar el principio de inducción matemática débil de la siguiente manera: “Si un teorema es válido para el número 1 y se demuestra que es verdadero para n+1 siempre que lo sea para n, será verdadero para todos los números enteros”. (2000, p. 151) Pero, el teorema debe guardar la misma forma 15

tanto para 1 como para sus sucesores. Por este motivo, aunque podemos construir la fórmula de los primos esta tendrá que mutar cada cierto tiempo ante el descubrimiento de nuevos números primos que se puedan hallar en el futuro. No existe una fórmula de números primos, lo que existe es una fórmula de números primos que se puede aplicar hasta cierto primo determinado. En este sentido, tampoco puede probarse por inducción matemática que existe una fórmula de números primos. Bibliografía

CALLEJO, María Luz. (1994) Un Club Matemático para la Diversidad. Madrid: Narcea. GALDOS, L. (1998) Consultor Matemático. (t. I) Madrid: Cultural. NAGEL, E. (&) J. NEWMAN. (2000) El teorema de Gödel. Madrid: Tecnos. PETERSON, John (&) Joseph Hashisaki. (1993) Teoría de la Aritmética. México: Limusa. PISCOYA HERMOZA, Luis. (2000) La Inducción Matemática. En: Tópicos en Epistemología. Luis Piscoya, 2000, UIGV, pp.143-167. SÁNCHEZ-RUBIO, Cristobal & Manuel RIPOLLÉS AMELLA. (2000) Manual de Matemáticas para preparación olímpica. :Universitat Jaume. VERA, Francisco. (1967) Matemática; lexicón Kapelusz. Buenos Aires: Kapelusz. ZEVALLOS GARCÍA, Óscar. (s.a.) Razonamiento Matemático. Curso Integral. 6ª ed. Lima: Centauro.

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