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LO MÁS IMPORTANTE CON LAS TECNOLOGÍAS NO ES LO QUE PASA

DENTRO DE ELLAS, SINO AFUERA


Carlos A. Scolari
Publicado en el Interlink Headline News - 1998

No todos los dispositivos que caracterizan la interfaz del libro nacieron y se


perfeccionaron en los siglos XV-XVI (o sea con el desarrollo de la imprenta a caracteres
móviles). Es más, la gran mayoría de ellos son anteriores. Por ejemplo los incipit y la
escritura en columnas aparecieron por primera vez en los rollos de papiro, que fueron
hasta el siglo V el principal soporte "liviano" para los textos escritos. La costumbre de
anotar el nombre del autor y el título de la obra en la parte superior de la página, en
cambio, proviene de los codex en pergamino. Podría decirse que la técnica del
"browsing" nació con este último soporte, que alcanzó en los siglos XII-XIII su mayor
expansión. Todos estos dispositivos que facilitaban la navegación del lector fueron
incorporados en mayor o menor medida en la interfaz del libro impreso.

También muchos fenómenos que a menudo vienen relacionados en una manera


esquemática con la tecnología de la imprenta -como la lectura individual y silenciosa-
comenzaron a florecer un par de siglos antes de Gutenberg. Ya en el XIII Hugo de San
Vittore impulsaba dentro los conventos agustinianos una reforma en el studium
escolastico que apuntaba a superar la clasica lectura murmullo que "rumiaba" los codex
en voz baja. Obviamente el libro impreso contribuyó en manera definitiva a la difusi-n
de una lectura individual y silenciosa, cada vez más lejana de la ruminatio medieval.

La publicación de imágenes fue un proceso que acompañó el desarrollo del libro


impreso desde sus comienzos; es evidente que en un primer momento se trabajó para
optimizar la tecnologia necesaria para la impresión de textos escritos (caracteres
móviles), pero no por eso se puede dejar de lado la importancia de los libros ilustrados
en los siglos XVI-XVIII, o sea antes de la expansión de la cultura de masas que se dio a
partir de la segunda mitad del siglo pasado. Gran parte del saber cientifico de la
Modernidad se pudo construir gracias a las imágenes que acompañaban las obras de
anatomía, zoología, botanica o astronomía. Tampoco podemos olvidar que este período
de la historia del libro coincide con los viajes de descubrimiento y exploración: gracias
a estas incisiones los cientificos europeos -y el público en general- pudieron conocer
especies y geografías hasta entonces desconocidas. La fidelidad de la imagen impresa
evitaba la deriva implícita en la reproducción manual de un dibujo, contribuyendo de
esa manera a la acumulación del saber.

Los últimos volúmenes de la "Encyclopedie" de D'Alembert y Diderot (siglo XVIII)


estaban dedicados a las imágenes. Estas incisiones no sólo constituyeron un primer
acercamiento a la narrativa (técnica) dibujada -las imágenes "desarmaban" y "armaban"
complejos dispositivos mecánicos industriales- sino que también se integraban
perfectamente dentro del orden enciclopédico proyectado por los filósofos franceses.
Una intrincada red de reenvíos conectaba estas imágenes a las diferentes voces de la
"Encyclopedie", en modo tal que se podía llegar a un texto a partir de una imagen, o
viceversa. Las imágenes eran un engranaje fundamental de esta máquina del saber.

Con estas breves notas nos interesa señalar que la historia social de una tecnología no
puede reducirse sólo a sus aspectos de ruptura: en toda transformación existen
simultaneamente elementos de continuidad que sobreviven y se reencarnan en las
nuevas tecnologías. En el campo de los medios de comunicación, el enfoque rupturista
encuentra en Marshall McLuhan a su principal exponente; otros investigadores como
Elizabeth Eisenstein tienden a señalar -en un evidente intento por diferenciarse del
profeta canadiense- no sólo los aspectos de continuidad existentes en toda revolución
tecnológica, sino también a presentar un cuadro más atento a la complejidad de las
relaciones entre tecnología, cultura y sociedad.

Aplicar la misma idea de hipertexto a la tecnología -como hace Pierre Lévy en "Las
tecnologías de la inteligencia"- puede ser una buena puerta de salida a la discusión entre
rupturistas y continuistas; la red sociotécnica se presenta como un inmenso hipertexto
en el cual, cambiando un elemento, se transforma el tejido que la contiene. "El
hipertexto -escribe Lévy- es una metáfora que vale para todas las realidades donde estàn
en juego las significaciones ....". Vistas desde esta perspectiva ni la Reforma Protestante
ni la Ciencia Moderna fueron consecuencia directa de la invención de la imprenta; la
máquina de Gutenberg fue sólo una de las condiciones necesarias para el desarrollo de
estos procesos.

Las interfaces nunca mueren, se reprocesan y se van conectando con otras interfaces:
este texto que Uds. están leyendo se "desenrolla" en sus pantallas como un papiro
vertical; clickando en algunos de sus links pasamos a una nueva página (web), como en
un viejo "codex" medieval. En los actuales hipermedia -al igual que en cualquier otra
innovación tecnológica- se concentra una buena parte de las interfaces precedentes,
provientes no sólo del mundo del libro sino de una multiplicidad de objetos de uso
cotidiano (por ej. palancas, pulsantes, luces, etc.).

Esta especie de metástasis de las interfaces constituye uno de los aspectos más
interesantes de las tecnologías. Cuando el sistema del automóvil superó su masa crítica
gracias a Henry Ford y su producción taylorizada, alcanzó una situación de relativa
estabilidad: había miles de autos en circulación, otros miles estaban saliendo de las
líneas de montaje, las carreteras cruzaban el país, una red de estaciones de servicio
garantizaba la provisión de combustible ..... A partir de ahí lo más importante pasó
afuera del sistema del automóvil, o al menos en sus zonas periféricas, donde se produce
el cruce con otras interfaces: los drive-in movies, los Mac Donald's que llevan la
hamburguesa hasta el vehículo, los túneles para lavar autos, etc.. Lo más importante con
las tecnologías no es lo que pasa dentro de ellas, sino afuera.

En este sentido no podemos que estar de acuerdo con Bruno De Vecchi Espinosa
cuando escribe que el hipertexto "responde a una reconfiguración de nuestras formas de
oír, de ver, de producir conocimiento, de vivir, a una reconfiguración de lo que nos une
y de lo que nos separa, de las clases, de los grupos de edades, de las profesiones".