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Nunca pensé encontrarme con el abogado del Diablo!

Carlos A. Scolari

Publicado originalmente en el Interlink Headline News / 2004

La cosa pasó así, de improviso. Paso a relatar los hechos: cada dos años se organiza en
Barcelona “Kosmópolis”, un evento con muestras y conferencias dedicado al mundo de
la literatura. Hace dos años Borges (la “ciudad de Borges”) fue uno de sus
protagonistas. Este año, además de una muestra de fotografías, cartas y fotos de Julio
Cortázar, Kosmópolis incluye una exposición sobre el hipertexto y una conferencia de
Ted Nelson. Allá vamos, a la sede de Kosmópolis en el Centro Cultural de Barcelona, a
la vuelta del MACBA, en pleno Raval.

¿Qué decir de Ted Nelson? ¿Que a mediados de los ’60, siguiendo las huellas del
Memex de Vannevar Bush, imaginó una red infinita de documentos que bautizó como
“hipertexto”? ¿Que ha sido uno de las mentes más inquietas del mundo digital?
Mientras todos caían rendidos de frente a la interfaz gráfica y los programadores nos
llenaban el escritorio virtual con iconos, post-its y demás “cositos” para alimentar la
metáfora del desktop, Ted Nelson criticaba la “ideología de la metáfora” y, por si
quedaban dudas, remataba: “el business de la metáfora ha ido demasiado lejos”. Y
cuando todos saludaban con beneplácito la llegada de un formato casi universal para
transferir documentos –el Acrobat de la empresa Adobe-, Ted Nelson salía a criticar un
sistema conceptualmente anclado en el texto impreso y no secuencial.
Nelson, un abogado del Diablo que nunca se cansó de repartir palos a los que anteponen
la tecnología al hombre, abrió su conferencia en Kosmópolis con una referencia a
Orwell y la guerra civil. Minutos después empezó a descargar su munición pesada.
Además de los tópicos que antes mencionamos, que Nelson recorrió puntualmente, el
inefable apóstol de la hipertextualidad desnudó la marca de fábrica de la metáfora del
escritorio de una manera que nunca habíamos imaginado: por qué el desktop, a pesar de
significar un paso adelante en las formas de interacción, siguió estructurando la
información de manera jerárquica? Por qué esos informáticos del Xerox PARC, a
mediados de los ’70, no diseñaron estructuras más flexibles para organizar la
información? Por qué hicieron oídos sordos de una tradición que iba de Vannevar Bush
a Ted Nelson, pasando por los prototipos de hipertexto de Douglas Engelbart? Por qué
tanto énfasis en construir sistemas WYSIWYG (What You See Is What You Get)?

La respuesta es simple: porque el negocio de Xerox era el papel impreso. La ideología


profesional de la mayor parte de los investigadores del Xerox PARC –que después
pasarían a trabajar en Apple, Adobe o Atari- estaba centrada en el soporte material del
texto y no en su estructura hipertextual. Lo importante era que las nuevas máquinas
digitales pudieran representar fielmente el papel en sus pantallas (What You See ...) y
que las manipulaciones del usuario en el texto salieran de las impresoras tal cual (... Is
What You Get). La idea pasó de Xerox a Apple, quién la difundió exitosamente en el
mercado en 1984 con el primer Macintosh. Según Nelson los actuales sistemas fueron
evolucionando a partir de esta concepción original basada en el texto secuencial e
impreso. Para Nelson –y aquí deja de ser “apóstol” para convertirse en
“fundamentalista”- la interfaz gráfica, los iconos y las ventanitas son puro “packaging”,
lo importante es la estructura que está detrás, o sea, la organización del texto que
“dialoga” con nuestras asociaciones mentales.

Algunos han creído ver en las ideas de Nelson un adelanto de la World Wide Web.
Nada que ver: Nelson dispara también contra el invento de Tim Berners-Lee, un sistema
poco flexible que se basa en “páginas” organizadas en estructuras jerárquicas. También
desconfía de la “web semántica” y otros inventos de moda. Después de la conferencia
queda flotando una idea: el desafío de Vannevar Bush -construir una máquina que
extienda las facultades asociativas de la mente- sigue pendiente. El sistema diseñado por
Nelson en lo ’60 –el mítico Xanadú- nunca fue totalmente desarrollado (la historia de
sus sucesivas versiones daría para una novela); actualmente Nelson está desarrollando
algunos prototipos mucho más flexibles para organizar la información.

Una vez concluida la conferencia, nos acercamos con Mon y Alex para intercambiar
algunas palabras con Nelson. La charla derivó en café con el matrimonio Nelson
(mientras el apóstol nos mostraba algunos prototipos en su portátil) y terminó
degenerando en una suculenta cena en “Les 7 portes”. Como buen programador, Alex
procesaba información a mil tratando de traducir en líneas de código las reticulares
ideas de Nelson. El dialéctico Mon dio rienda suelta a sus elucubraciones discursivas
donde Rorty se mezclaba con Peirce, la semiosis ilimitada y el vino blanco. Yo me
acoplé a la payada con algunos versos de inspiración semiótica y algunas anécdotas
sobre la Eco-logía semio-hipertextual italiana. Nelson preguntaba, volvía a la carga con
sus apasionadas ideas, tomaba notas en su libretita, cambiaba cada tanto el cassette
(tiene un micrófono en la solapa y graba TODO lo que pasa a su alrededor) y hacía
panorámicas de la escalivada con su cámara de vídeo.

El Apóstol de la Hipertextualidad (o abogado del Diablo en el Paraíso Digital) se pierde


con su esposa en la noche de Barcelona, en un taxi rumbo al hotel. Mañana partirá
rumbo a Oxford, donde se desempeña como Fellow en el Oxford Internet Institute.
Nosotros, santos inocentes, nos volvemos a Vic rumiando las ideas de Nelson durante
68 kilómetros. Próxima parada: la conferencia de Howard Rheingold en la Universitat
de Vic, el viernes 29 de octubre, durante la “eWeek – Setmana Digital a Vic”.