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ATOLÓN

No anochezcas, los gestos izados me obligan a evitar la


muerte. Las niñas trapecio dejaron el reino, sus vestidos de
bocas gritantes, sus soplos de fetos en la vergüenza,
alcanzarán la única muerte habitable tras el dulce deterioro
de la memoria.

No en ti nuestra alma.

Hubiera querido repartir mi cuerpo en medio de todas las


apariciones, revelarme allí. Pero ya ves, los ojos del tiempo
han maniatado las distancias. Han hecho inconfesable este
tormento estéril y glacial.

Lucha para que el reino te desvirgue en espinas y


lamederos. Naufragio en lucidez cautiva. Permite la
adoración intacta. El regreso a los confines. No ésta muerte
aglutinada entre las sobras.

Respirando mis pulmones.

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Lenin Santiago Márquez S.
Del libro inédito: “Los Jardines Neuróticos 2009”