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La Libertad

Introducción:
La idea prevalece que el hombre está libre para escoger la religión que
le guste, y que cuando él esté satisfecho que Dios automáticamente estará
satisfecho también. Pero tal cosa no es cierta. El modo de pensar de Dios es
muy distinto al modo del hombre (Isa. 55:8, 9). Muchos hombres piensan que
la libertad cristiana les da licencia para hacer todo que les guste. Vemos el
error de esta posición cuando entendemos:
I. ¿De qué somos librados?
A. No de toda ley. Aun los libres tenemos restricciones.
1. Los libres también son siervos - Rom. 6:18
2. Los libres son los que se sujetan a una ley - la ley de libertad -
Sant. 1:25
B. No de obligaciones morales y sociales - 1 Cor. 7:21, 22
C. Sino del pecado - Rom. 6:18; Rom. 8:21
D. De la ley del pecado - Rom. 8:2
E. De la ley de Moisés - Gál. 5:1
F. De creencias y supersticiones erróneas - 1 Cor. 8:4
II. ¿Cómo hemos de usar esta libertad?
A. Hay que usar nuestra libertad del pecado para llegar a ser siervos de
justicia - Rom. 6:17, 18
B. Hay que usar nuestra libertad de la ley para servir los unos a los otros
y no como una ocasión a la carne - Gál. 5:13
C. No podemos usarla para ofender o escandalizar a un hermano - 1
Cor. 10:23-33
D. No como cobertura de malicia - 1 Ped. 2:16
III. ¿Qué nos libra?
A. La verdad - Juan 8:32
B. La ley de la libertad - Sant. 1:25
C. La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús - Rom. 8:2
D. Cristo - Gál. 5:1
IV. ¿Cómo nos libramos? ¿Cómo se obtiene esta libertad?
A. Hay que conocer la verdad - Juan 8:32
B. Para conocerla es preciso que seamos enseñados - 1 Ped. 4:11; Juan
6:44, 45
C. Hay que creer la verdad - Rom. 10:13-17
D. Hay que obedecer la verdad - 1 Ped. 1:22; Rom. 6:17, 18