Volumen 48, Nº 2, 2016.

Páginas 295-305
Chungara, Revista de Antropología Chilena

GRAN MINERÍA Y LOCALIDADES AGRÍCOLAS
EN EL NORTE DE CHILE: COMPARACIÓN
EXPLORATORIA DE TRES CASOS1
LARGE MINING AND AGRICULTURAL LOCALITIES IN
NORTHERN CHILE: EXPLORATORY COMPARISON OF THREE CASES
Matías Calderón1, Catalina Benavides1, Javier Carmona1, 2, Damián Gálvez1, 3, Natalia Malebrán1,
Manuela Rodríguez1, Denise Sinclaire1 y José Urzúa1
Presentamos los resultados de un estudio exploratorio y cualitativo acerca de las transformaciones agrarias y los conflictos hídricos
que han emergido en las últimas tres décadas entre localidades históricamente agrícolas y grandes empresas mineras en el norte
de Chile. Investigamos en tres casos de estudio: Quillagua (comuna María Elena, Región de Antofagasta), Peine (comuna San
Pedro de Atacama, Región de Antofagasta) y Los Loros (comuna Tierra Amarilla, Región de Atacama). A partir del discurso de
los entrevistados, efectuamos una reconstrucción histórica de los cambios centrándonos en tres dimensiones interrelacionadas que
permiten abordar el problema: características de las actividades agropecuarias, presencia y vínculos con la minería, y situación
de los recursos hídricos.

Palabras claves: gran minería, localidades agrícolas, conflictos hídricos, norte de Chile.

We present the results of an exploratory and qualitative research about on the agrarian transformations and the water conflicts
that emerged the last three decades between localities historically agrarian and large mining companies in northern Chile. This
research consists of three case studies: Quillagua (Municipality of María Elena, Antofagasta Region), Peine (Municipality of
San Pedro de Atacama, Antofagasta Region) and Los Loros (Municipality of Tierra Amarilla, Atacama Region). Based on the
interviewees’s discourse, we elaborate a historical reconstruction of the changes, focussing on three interrelated dimensions that
tackle the problem: characteristics of agricultural activities, presence and ties to mining, and the situation of the hydric resources.

Key words: Large mining, agricultural localities, hydric conflicts, northern Chile.

El neoliberalismo2, impulsado desde mediados
de la década de 1970 en Chile y durante la de
1980 en el resto de América Latina, ha implicado
la intensificación de las exportaciones de recursos
naturales por parte de la región (Comisión Económica
para América Latina y el Caribe [CEPAL] 2012),
proceso manifestado en Chile en el aumento de
actividades frutícolas, silvícolas, acuícolas y
mineras. Esta última, principal exportación del
país desde el siglo XIX, experimentó entre 1990
y 2010 un crecimiento inédito basado en capitales
nacionales y extranjeros (Cantallopts et al. 2007;
Guajardo 2007).
La minería utiliza en su proceso productivo
volúmenes importantes de agua, con lo cual, su
incremento ha implicado dinámicas de conflicto

1

2
3

entre grandes empresas y actores locales por su
control, uso, almacenamiento y contaminación.
Disputas por el agua son observables en Chile
y otros países de América Latina, donde la
mayoría de los actores locales corresponden (o
correspondieron) a comunidades campesinas
(agricultura familiar), algunas de estas reivindican
con mayor o menor fuerza una identidad étnica
(Alimonda 2011; Bebbington et al. 2007; Castro
1997; Díez 2007; Fernández y Salinas 2012;
Gundermann 2013; Instituto Nacional de Derechos
Humanos [INDH] 2012; Larraín y Poo 2010;
Machado 2010; Molina 2013; Yáñez y Molina
2008). En Chile la mayoría de las faenas de la
megaminería se llevan a cabo en el norte del
país, área donde residen comunidades3 aymaras,

Grupo de Investigación en Ciencias Sociales y Economía, Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Condell 506, Santiago,
Chile. mcalderonseguel@gmail.com; catabenavides.a@gmail.com; nataliamalebran@gmail.com; mrodricareaga@gmail.com;
sindenise@gmail.com; josemiguelurzua@gmail.com
Fundación Desierto de Atacama, Santa Victoria 45, Santiago, Chile. javier.carmona.y@gmail.com
International Institute for Philosophy and Social Studies, Berlín, Alemania. damiangalvezgonzalez@gmail.com

Recibido: enero 2015. Aceptado: octubre 2015.
http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562016005000001. Publicado en línea 2-febrero-2016.

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M. Calderón, C. Benavides, J. Carmona, D. Gálvez, N. Malebrán, M. Rodríguez, D. Sinclaire y J. Urzúa

atacameñas, collas, diaguitas y quechuas, como
también población sin adscripción indígena.
Las contradicciones insoslayables entre la
explotación intensiva de recursos naturales a gran
escala y el resguardo de ecosistemas que permitan
la reproducción de la vida en condiciones óptimas,
configuran diversas interrogantes de máxima
importancia, por ejemplo, por las transformaciones de
los grupos humanos que han habitado históricamente
estos espacios en sus distintos ámbitos: modos de
subsistencia; arreglos sociales sobre gestión y uso
del agua (y otros recursos naturales); patrones de
organización sociopolítica; acciones de adecuación
o resistencia; y por las diversas formas en que
estos procesos se significan. En este estudio nos
preguntamos en concreto, ¿cuáles han sido los cambios
experimentados en los sistemas productivos?, ¿cómo
se han relacionado las localidades con las empresas?
y ¿de qué modo ha variado la disponibilidad de agua
y las formas de entender y gestionar el recurso?
Con este artículo pretendemos aportar mayores
antecedentes, desde lo local, como una manifestación
de lo general (Comas d’ Argermir 1998; Trinchero
et al. 2007; Wolf 2000), al necesario debate que
debe hacerse acerca del modelo económico,
fundamentalmente extractivista, que ha seguido
Chile y la mayoría de los países de América Latina.
Metodología
La recopilación de los discursos fue mediante
entrevistas semiestructuradas guiadas a partir
de los ejes temáticos del proyecto (actividades
agropecuarias, relación con grandes mineras y
situación de los recursos hídricos), las que fueron
aplicadas a informantes claves de cada localidad,
procediendo por el principio de saturación de la
información. Para abordar la situación actual lo
anterior se complementó con observación participante
y no participante.
El análisis sistematizó la información a través de
las categorías ya mencionadas, para luego efectuar una
reconstrucción de la historia oral de cada localidad
(complementada con fuentes secundarias), desde
años previos al neoliberalismo hasta el momento
del trabajo de campo (año 2013).
Los Casos
Son tres localidades rurales del norte del país,
cercanas a yacimientos mineros importantes, donde

su población ha subsistido históricamente a partir
de la actividad agropecuaria. Se ubican en tres
cuencas nortinas que se pueden visualizar en la
Figura 1; Quillagua, en el sector medio-inferior
del río Loa (comuna María Elena); Peine, en la
cuenca del salar de Atacama (comuna San Pedro de
Atacama), y Los Loros, en el río Copiapó (comuna
Tierra Amarilla). Las dos primeras se sitúan en la
Región de Antofagasta (norte árido) y la tercera en
la Región de Atacama (norte semiárido).
Son territorios con histórica presencia indígena,
reconocida formalmente por el Estado con la
constitución legal de las siguientes comunidades
jurídicas: Comunidad Indígena Aymara de Quillagua
(2003), Comunidad Indígena Atacameña de Peine
(1995), mientras que en los Loros se han conformado
tres: Comunidad Indígena Pacha Churicai (2001),
otra conformada por personas de Los Loros y
lugares aledaños –Comunidad indígena Colla Wayra
Manta Tujsi (2001)–,y la Comunidad Indígena
Colla Tata Inti, Pueblo Los Loros (s/i)4. Más allá
de las organizaciones legales, importa precisar que
–al menos al momento del trabajo de campo– la
adscripción étnica variaba en los distintos casos,
mientras en Quillagua y los Loros existe población
que no se autopercibe como indígena, en Peine
prácticamente la totalidad de sus habitantes se
identifica como atacameño, formando parte de la
comunidad jurídica.
Marco Legal
En Chile la legalidad neoliberal referente a los
temas tratados se ha expresado en el Estatuto de
Inversión Extranjera de 1974, el Código de Aguas
(CA) de 1981, la Nueva Ley de Concesiones Mineras
de 1982 y el Nuevo Código de Minería de 1983.
Las normativas vinculadas a la minería, junto con
el alza internacional de los precios del cobre, le han
otorgado un estímulo sin precedentes, expresado en
la abertura de nuevos yacimientos y en el aumento de
la producción de los ya existentes. Esto ha conllevado
diversos problemas medioambientales, donde los
relativos al agua cumplen un papel central (Folchi
2003; Guajardo 2007).
Además, el CA de 1981 ha generado la
privatización, desregulación y mercantilización
del agua, generando usos indiscriminados, escasez
y especulación (Bauer 2002; Castro 1997; Castro
y Quiroz 2011; Gentes 2004; Larraín y Poo
2010). Un reciente informe del Ministerio de

Gran minería y localidades agrícolas en el norte de Chile: comparación exploratoria de tres casos

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Figura 1. Mapa de localización de casos de estudio y aspectos relevantes (elaborado por Natalia Malebrán con apoyo de Paz Rebolledo).
Map of location of case studies and relevant aspects (prepared by Natalia Malebrán with the help of Paz Rebolledo).

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Obras Públicas (MOP) (2013) sincera que la
mayoría de las principales cuencas del país (con
actividad minera y otras actividades primarias) se
encuentran sobreexplotadas o con los derechos de
aprovechamiento5 sobreotorgados.
Antes del Neoliberalismo
Quillagua6 presentó desde inicios del siglo XX
hasta la década de 1970 su “edad de oro agrícola”
basada en la producción de maíz y alfalfa orientada
al mercado nortino macrorregional. Paralelamente,
su población extrajo y pescó camarones y pejerreyes
del río Loa, especies destinadas al autoconsumo e
intercambio. El comienzo de la centuria coincide
con el fortalecimiento de la articulación mercantil
con las salitreras de la región, las que cumplieron
un rol central en la consolidación de la agricultura
comercial. La alfalfa era comprada por arrieros
procedentes del noroeste argentino que viajaban
hacia las oficinas salitreras, mientras que el maíz
era vendido en mercados formales e informales de
la pampa (Odone 1995).
La inserción de Quillagua en circuitos
dinámicos de acumulación capitalista, junto con
el arribo de foráneos en busca de trabajo y mejores
oportunidades de vida, impulsó un acceso desigual
a la tierra entre algunos habitantes de la localidad,
lo que promovió vínculos salariales entre ellos,
como también, venta de fuerza de trabajo en fincas
forrajeras controladas por capitales extranjeros
residentes en el valle.
Las memorias sobre la “edad de oro agrícola”
hablan de disponibilidad de agua en abundancia. Esta
se administraba colectivamente bajo mecanismos
consuetudinarios, en específico, por medio de la
existencia de un “juez de agua” decretado por los
lugareños, quien debía velar por el cumplimiento
del orden, respeto y equidad del riego, aspectos
definidos en función de la propiedad (hectáreas
controladas) y necesidad de las familias (cultivos). El
recurso hídrico se distribuía a partir de dos canales
antiguos que permitían la irrigación mediante riego
por tendido. En este período los canales eran eje
de la práctica comunitaria económico-festiva de la
“limpia”, la cual –como se conoce– cumple un rol
relevante no solo por implicar el mantenimiento
necesario de la infraestructura productiva, sino que
en la vida social en general de los pueblos andinos,
ya que fortalece los vínculos comunitarios y con
las divinidades7.

Por su parte, durante el siglo XX la agricultura
en Peine8 estaba orientada a la producción de maíz
y alfalfa, y en menor medida a olivos y hortalizas,
junto a ganadería caprina, ovina, pastoreo de
camélidos y caza de chinchilla. La fracción
mayoritaria de esta producción estuvo orientada al
autoconsumo, a excepción de la caza de chinchilla,
cuyas pieles eran intercambiadas dentro y fuera
de la región, generando un ingreso monetario a
partir de la producción local (Benedetti, 2003). Los
vínculos con los mercados en la misma localidad
eran muy menores respecto de los que presentaban
los habitantes de Quillagua, dominando –por lo
tanto– relaciones de producción de tipo doméstico.
Quienes deseaban aumentar su ingreso monetario
emigraban para asalariarse en extracción de sal
en Argentina, en la construcción del ferrocarril
Salta-Antofagasta (Huaytiquina) y en la minería
en Chuquicamata (Núñez 2000).
En la década de 1960 se recuerda un aumento
de la minería en torno al Salar de Atacama
y consecuentemente una mayor demanda de
trabajadores. Esto acrecentó las posibilidades de
obtener un ingreso salarial cerca del poblado y
muchos hombres jóvenes postergaron el trabajo
agrícola para incorporarse al nuevo empleo. Esto
redujo la fuerza de trabajo agropecuaria afectando
parte de su capacidad productiva. Lo anterior fue
el punto de partida de un proceso que se ampliará
desde 1980, experimentado en general en el área
atacameña (Gundermann 2013).
Las fuentes de abastecimiento de agua han
sido históricamente dos vertientes (Wilte, cercana
a Peine y Tulán, próxima al espacio de cultivos de
Tilomonte). Se percibe un pasado que sin ser de
abundancia tampoco es de escasez, sin embargo,
las aguas de estas vertientes son salobres y con
alto boro, con lo cual, presentan problemas para el
consumo humano, existiendo recuerdos de períodos
donde la adquirían a camiones aljibe de la minera
Sociedad Chilena del Litio (SCL) (hoy Rockwood
Litio Limitada), que compraba agua a Toconao y la
vendía a Peine, estableciéndose de esta forma ciertos
vínculos de dependencia. La provisión de agua fue
solucionada en 1997 cuando la comunidad logra
erigir con apoyo de Rockwood Litio Limitada, luego
de diversos esfuerzos, un sistema de abastecimiento
desde la cercana laguna Miscanti.
En tiempos preneoliberales y actuales, el
uso del agua ha estado gestionado por el Consejo
de Agricultores (propietarios de tierras) quienes

Gran minería y localidades agrícolas en el norte de Chile: comparación exploratoria de tres casos

supervisan su uso mediante la designación de un
“celador de riego” que vela por una distribución
adecuada según extensión predial y tipo de cultivo.
El recurso es almacenado en tranques (Pailabote,
San Francisco y Tranque Chico) y distribuida
por una red de canales de tiempos inmemoriales.
El Consejo es la institución que se encarga hasta
hoy de la “limpia de canales”, una de las más
relevantes expresiones de la ritualidad agrícola
en la localidad.
Durante gran parte del siglo XX en Los Loros9 se
dedicaron a la chacarería para autoconsumo (melones,
sandías, granadas, tunas, tomates y cebollas), al
cultivo de cítricos orientados a mercados regionales
(mandarinas y naranjas) y a la ganadería caprina
para autoconsumo. Eran pequeños y medianos
productores con importante presencia de relaciones
de trabajo doméstico. Solo en la cosecha existían
vínculos asalariados entre los que poseían mayor
tierra y los que controlaban menos.
Estos tiempos se recuerdan como de mayor
solvencia económica en comparación a los actuales,
las naranjas tenían fama regional, siendo un
componente de identidad local. Los informantes
resaltan que algunos agricultores contrataban personal
para trabajar en sus parcelas como un indicador de
esa mayor capacidad productiva. En este sentido,
la llegada del ferrocarril en 1945 da cuenta del alto
flujo de mercancías agrícolas y pirquineras en la
zona (Griem 2003).
Hasta la década de 1980 los habitantes de
Los Loros no tenían problemas para acceder a
las aguas del río Copiapó, principal fuente de
riego. Son tiempos percibidos como abundantes,
destacándose sus usos recreacionales en la
ribera del río. Las aguas de riego provenían del
embalse Lautaro (Sandoval 2003), la irrigación era
efectuada mediante un sistema de canales donde
la distribución recaía en un “juez de aguas” que
lo hacía según necesidad de los agricultores en
función de las hectáreas controladas. En este caso,
no hay menciones a la limpia de canales como
una instancia festiva-ritual específica. Más allá
de este dato, al igual que en Quillagua y Peine,
la forma de organización del riego y los criterios
involucrados permiten inferir una concepción del
agua como bien comunitario a disposición de todos
los que lo necesitaran. Finalmente, es importante
destacar que no existen referencias a la pequeña
minería del río Copiapó como un elemento que
presionaba al recurso hídrico.

299

Transformaciones Neoliberales
Quillagua, luego de su vigoroso pasado, es hoy
la localidad que presenta el estado más crítico de las
tres en lo que respecta a la calidad y disponibilidad
de agua. Exhibe una fuerte crisis agropecuaria
junto con un consecuente despoblamiento, derivado
de acontecimientos ligados al impacto de la gran
minería en el territorio. La agricultura está al
borde de su desaparición y la disponibilidad de
aguas de regadío es prácticamente nula (Bustos,
2001), aspectos que evidentemente dificultan y
reducen la práctica agraria-ritual de la limpia de
canales. Los cultivos de orientación mercantil
junto con la extracción y pesca de especies del
Loa ya no existen, solo se practica una agricultura
residual, abastecedora del forraje del reducido
ganado local.
Desde mediados de la década de 1970 hasta
inicios del 2000 hubo una serie de episodios de
intervención y contaminación del río Loa, los
cuales son imputados como causantes de la merma
hídrica. Un evento relevado por los entrevistados es
la construcción del embalse Conchi (1975), cuyas
aguas serían almacenadas para las actividades
agropecuarias de la zona, pero según la percepción
local han sido derivadas hacia la gran minería.
También se evoca la anterior captación de Lequena
(1972) para consumo urbano y la aducción de
Quinchamale (1985) como intervenciones que
fueron reduciendo progresivamente la disponibilidad
hídrica. En las últimas décadas se enuncian dos
episodios de contaminación, acontecidos en 1997
y 2000. A nivel local estos se interpretan como el
“golpe de gracia” a la agricultura.
Vigente el CA de 1981 se denuncia que durante
la regularización de las aguas la mayoría de los
habitantes –desconocedores en ese entonces de la
nueva normativa– fueron engañados por agentes
del Estado, quedando con escasos derechos. Por
ejemplo, fueron atemorizados con futuros “pagos”
por el uso de agua, desvalorizándose el número de
litros usados según hectáreas. También, al haber
disponibilidad de agua en ese tiempo, la urgencia
de la inscripción de derechos no era vista como
imprescindible por los agricultores. En definitiva,
a diferencia de parte importante del siglo XIX y
XX, donde actividades mineras propulsaron la
articulación de Quillagua con mercados de la región,
hoy estas son concebidas como una “maldición”,
causa de la crisis agraria y demográfica.

300

M. Calderón, C. Benavides, J. Carmona, D. Gálvez, N. Malebrán, M. Rodríguez, D. Sinclaire y J. Urzúa

Luego de los episodios de contaminación de 1997
y 2000, muchos de los lugareños fueron instigados
a vender sus derechos de aprovechamiento a la
gran minería, en particular a la empresa Sociedad
Química y Minera de Chile (SQM). Esto provocó
conflictos internos entre quienes deseaban conservar
sus derechos y los que daban todo por perdido. Los
primeros aún perciben que lo ocurrido constituye una
“traición” a la tradición agrícola, mientras que los
segundos aluden que ellos simplemente vendieron
“papeles secos”.
Es en este contexto que en 2003 –como parte
de un proceso mayor de emergencia de la identidad
aymara en Chile desde mediados de la década de
1990 (Gundermann et al. 2013)– es fundada por
algunos residentes la Comunidad Indígena Aymara
de Quillagua, cuya razón de ser y posición inicial
fue restituir a la localidad los derechos de agua
traspasados a la industria minera y formalizar la
inscripción de un amplio territorio bajo fundamento
de preexistencia y ocupación ancestral (McPhee
2010).
Un nuevo relacionamiento entre la comunidad
y la gran minería se genera el 2008 a partir de la
intención de SQM de desarrollar el proyecto de
extracción de yodo y nitrato Pampa Hermosa en el
Salar de Llamara, cuya propiedad es reivindicada
por la Comunidad Indígena (Barros 2010). Luego
de un enmarañado proceso de negociación y debates
internos entre la comunidad y la empresa, esta
última ofreció financiar un plan de desarrollo local,
en curso pero por ahora sin resultados visibles. Las
valoraciones negativas hacia los efectos de la gran
minería en la localidad, sin embargo, parecieran
ser matizados fruto de las expectativas respecto
del referido plan.
En Peine las prácticas agropecuarias aún
están difundidas al interior de la localidad, pero
complementan a las actividades asalariadas; parte de la
población en edad laboral ha relegado las actividades
agropecuarias por la creciente demanda minera desde
1960 en adelante (empleo directo o proporcionando
servicios). La agricultura solo se practica para
autoconsumo, cosechando principalmente maíz,
hortalizas, alfalfa y olivos. La ganadería, antes de
ovejas, cabras y pastoreo de camélidos, se limita
en la actualidad a la crianza caprina en corrales. Si
bien existieron instancias de emigración laboral en el
pasado, se recuerda a la agricultura y ganadería como
actividades que tenían la capacidad de proporcionar
bienestar por sí mismas.

Con todo, la disminución agropecuaria no
ha afectado su rol simbólico como articulador
colectivo mediante la limpia de canales, instancia
donde el “pago o convido” a los cerros y la
ceremonia del “Talatur” (se canta, baila y pide
por un provechoso ciclo agrícola), constituyen un
importante acontecimiento que no solo refiere a la
eficiencia productiva, sino también a prácticas que
conllevan cohesión y reafirmación comunitaria.
A pesar de que desde 1980 han aumentado las
operaciones mineras en las inmediaciones del salar
de Atacama –orientadas a la extracción de litio por
parte de Rockwood Litio Limitada y SQM, y cobre
por Minera Escondida10–, los informantes de esta
localidad no experimentan, ni perciben, una situación
crítica del agua en su poblado. Los discursos indican
que no existe disminución ni contaminación de
las fuentes hídricas, ya que los recursos utilizados
por las empresas se encuentran “bajo” el salar de
Atacama, mientras que los de Peine “sobre” este.
Sin embargo, saben de los efectos de las grandes
mineras en otras áreas, expresando preocupación
y alerta ante el riesgo constante. La inexistencia de
interés minero explícito hasta mediados de la década
del 2000 por las aguas que son de la comunidad,
hace que el CA de 1981 no haya significado un
episodio catastrófico como lo fue para Quillagua.
El agua de consumo doméstico es de libre
acceso para todos los habitantes de la localidad
quienes solo deben poseer el derecho inicial para
cada hogar. Derecho que en los primeros años de la
habilitación del sistema dependía del trabajo realizado
durante las faenas de canalización, actualmente la
entrega de nuevos derechos requiere de un pago
monetario único. La gestión del sistema de agua
dulce está a cargo del Comité de Agua Potable de
Peine. Si bien la canalización de agua significó su
disponibilidad, presenta deficiencias en su acceso
y distribución. Ejemplo de lo anterior son las
tensiones por la proliferación local de servicios
de hospedaje y alimentación incentivados por la
minería, que presionan al recurso en pos de un
beneficio particular, perjudicando en ocasiones al
resto de los habitantes.
Durante 2006 y 2007 se presentó un conflicto
hídrico abierto con la industria cuprífera que
involucró a Peine y otras localidades atacameñas.
Minera Escondida pretendía la realización de
un gran proyecto de extracción hídrica en la
zona de Pampa Colorada (emplazada al sureste de Peine en el altiplano, cercana también

Gran minería y localidades agrícolas en el norte de Chile: comparación exploratoria de tres casos

a Socaire, Camar, Talabre y Toconao). En
oposición a ello las comunidades indígenas se
coordinaron e impulsaron asociatividad y pujaron
con movilización social y por la vía legal por el
rechazo del proyecto; lo que finalmente se logra
(Azócar 2015; Bolados 2014).
Lo anterior es destacado por los informantes
como un gran logro atacameño de organización y
movilización que debe ser replicado. A partir de
ello se formalizan vínculos entre Peine y algunas
de las más importantes empresas mineras de la
zona, estableciéndose así una relación donde la
comunidad ha expresado su capacidad de negociación
y exigencias, destacando el cumplimiento de
compensaciones, regulación de externalidades
negativas y participación de las empresas en diferentes
proyectos. Este vínculo se ha materializado en un
convenio entre la comunidad indígena y las grandes
empresas con alcances sin precedentes en Chile de
acuerdo con sus exigencias de cumplimiento de los
principales instrumentos normativos nacionales e
internacionales en materia indígena.
A diferencia de Quillagua y Peine, la gran
minería en las cercanías de Los Loros surge en el
relato de los sujetos solo para las décadas recientes.
Son dos las empresas que fueron señaladas por
los informantes como influyentes en su territorio:
Candelaria y Caserones. La primera opera desde
inicios de la década de 1990, la segunda está aprobada
desde 2008 y comenzaría a operar el 2014, siendo
un proyecto que durante su instalación ha generado
resistencia por parte de la población.
Las transformaciones de las actividades
agropecuarias de Los Loros ocurren por procesos
del propio agro, articulándose con la minería en
la década de 1990. La vigencia del CA de 1981
se presenta en paralelo a un proceso de reducción
de la agricultura familiar, quienes por necesidades
económicas o seducidos por la posibilidad de obtener
una suma considerable de dinero comienzan a
vender sus tierras a grandes empresarios agrícolas
para el cultivo de vid de exportación, actualmente
la pequeña agricultura es casi inexistente en la
localidad.
La desaparición de la agricultura familiar estuvo
acompañada de una creciente proletarización de la
población. Esto quiere decir que los habitantes de
Los Loros venden su fuerza de trabajo de modo
estacional a las empresas exportadoras de uva de
mesa de la región. Mantienen la posibilidad de
obtener un ingreso monetario en la zona, pero ahora

301

no por medio de la introducción de sus propios
productos en el mercado.
La alta demanda de mano de obra implica
importantes movimientos de trabajadores y
trabajadoras que llegan y se van según el ciclo
agrario en todo el valle de Copiapó (Valdés 2012).
En Los Loros esto ha generado que muchos de ellos
en vez de retornar a sus lugares de origen hayan
optado por quedarse en la localidad levantando
viviendas informales en la parte alta del pueblo.
Esto no solo ha configurado un problema social a
partir de la existencia de sectores de la población en
precarias condiciones, sino que también conflictos
internos entre los habitantes históricos e inmigrantes
temporeros por recibir beneficios sociales del
municipio y mineras.
La pérdida de la tierra y su consecuente
desvinculación con el agua para fines productivos
hizo que en Los Loros no hayan experimentado
conscientemente la implementación del CA de 1981.
En paralelo a la privación de la propiedad de la
tierra, ocurre de modo oculto a la percepción de los
habitantes la privatización del agua. Simultáneamente
la agricultura empresarial se expande a los cerros
y se posiciona en espacios circundantes al río que
anteriormente eran de libre acceso, hoy privados
y de ingreso restringido, que se ocupaban para
actividades de esparcimiento.
Con el comienzo de las grandes operaciones
mineras en la zona se inicia un traspaso de derechos
de aprovechamiento desde la agricultura capitalista
a la gran minería. Parte de los exportadores agrarios
optan por vender sus derechos y se trasladan a otras
cuencas; esto reduce la producción agrícola y la
demanda de trabajadores. La disminución del empleo
agrícola impacta directamente en el ingreso local,
tanto en los históricos habitantes que vendieron sus
tierras como en los inmigrantes que llegaron en el
ir y venir de temporeros. Es recién con esto que se
evidencia para la población la lógica mercantil y
privatizadora del agua. Los informantes reflexionan
respecto del descenso de la agricultura y expresan una
mezcla de incertidumbre, pesimismo y resignación.
En esta localidad, la minería, al menos por el
momento, no ha abierto nuevas fuentes de empleo.
Los vínculos de la población con la gran minería
tienen un carácter dual. Se ha señalado que personas
de la capital comunal Tierra Amarilla tienen una
relativa percepción positiva de la mina Candelaria,
ya que ha generado empleo, capacitaciones y
beneficios. Pero en Los Loros no han sido mayormente

302

M. Calderón, C. Benavides, J. Carmona, D. Gálvez, N. Malebrán, M. Rodríguez, D. Sinclaire y J. Urzúa

destinatarios de ellos, se han creado ilusiones pero
que en la práctica no se concretan y que por ello, a
fin de cuentas, genera impactos negativos. Ante los
problemas de disponibilidad de agua, la empresa ha
fomentado la instalación de pozos para los pequeños
agricultores que aún subsisten; con ello aseguran
un vínculo de dependencia, y, además, crean un
inhibidor de acciones públicas de descontento.
Las valoraciones sobre Caserones son
abiertamente contrarias. En un primer momento
existió la esperanza de que se abrirían nuevos
puestos de trabajo, algo que ocurrió en faenas de
construcción cuando se erigieron los campamentos,
pero luego los vínculos laborales se detuvieron. En
su reemplazo han existido vínculos a través de fondos
concursables y algunos aportes a la infraestructura
local. A pesar de este tipo de relaciones, no hay
conformidad con la presencia de la mina considerando
el impacto en la reducción del empleo agrícola.
Sin tener una alternativa laboral, el efecto de los
proyectos sociales se minimiza.
Hasta el momento del estudio de campo, la
dimensión indígena había jugado un rol menor
en los conflictos. Informantes entrevistados se
posicionaban desde su identidad colla para erigir un
discurso que reivindicaba la recuperación del agua,
pero aún no se había materializado en organización y
acciones contestatarias. De lo anterior es importante
considerar que desde la década de 1990 en Los
Loros se produce un proceso de identificación étnica
bastante acelerado y complejo, como en toda la
población colla (Molina 2013; Quiroz y Jeria 2010).
Aunque no todos los habitantes de la localidad se
identifican como indígenas y este componente
aún no está en el centro de las prácticas y visiones
críticas, los vínculos existentes entre mineras y
otras comunidades colla de la zona (Molina 2013)
posibilitan su fortalecimiento.
Conclusiones
Los datos expuestos constatan los contradictorios
procesos de cambio social forzado que experimentan
las poblaciones de los territorios donde el capitalismo
neoliberal penetra, profundizando las dinámicas
orientadas a la acumulación bajo un esquema
extractivista dominado por grandes corporaciones
que operan con un marco legal favorable.
La situación hídrica en cualquier territorio de
Chile, incluyendo estos tres casos, está relacionada
con la privatización del agua. La “mercantilización

de todas las cosas” (Wallerstein, 2003), tendencia
capitalista radicalizada con el agua, va en directa
contradicción con la subsistencia de mediano y
largo plazo de los grupos humanos que habitan
los territorios donde operan las grandes industrias
extractivas.
Sin embargo, la trayectoria, el entorno y las
características de las poblaciones afectadas toman
caminos divergentes. Los factores específicos
promueven impactos y respuestas diferentes a la
presencia de las grandes mineras. En este sentido,
la dimensión étnica en un contexto de identidades
emergentes y creciente respaldo institucional (Ley
19.253, Convenio 169 de la OIT y Declaración de
la ONU sobre derechos de los pueblos indígenas)
sugiere presentar algunas potencialidades para que
los actores locales puedan fortalecer su control en
el territorio y sus recursos, rechazando o regulando
el extractivismo, como también disputando parte
de los beneficios de su presencia.
La concepción del agua como recurso transable
fue una imposición estructural de la dictadura cívicomilitar (1973-90), lo que implicó progresivamente un
reajuste conflictivo en los sistemas de significados
que los propios actores tenían respecto de sus
dinámicas y vínculos con el medioambiente.
Acontece un diálogo asimétrico por el agua, acervo
de una variedad amplia de matices y configuraciones
complejas e incluso contradictorias que pueden
transitar y conjugarse desde una concepción mercantil
orientada a la rentabilidad, hasta una visión sagrada,
integral y conducente a reproducir el ciclo de la
vida (Vargas 2006).
En los casos de estudio, antes del neoliberalismo,
y más allá de la presencia étnica, el agua era pensada y
utilizada desde códigos no mercantiles, era entendida
como un bien comunitario. El agua como mercancía
es en un primer momento un lenguaje y condición
inimaginable, casi impracticable de un recurso que
históricamente había estado a libre disposición. En
este marco, los efectos de la privatización hídrica
son disímiles, en Quillagua fueron engañados y
despojados; en Peine, debido a su organización,
pudieron llevar a cabo un convenio; y en los Loros
aconteció una venta prematura y podría vislumbrarse
un incipiente proceso de organización.
A la par que se intensifica la idea mercantil
del agua en los territorios y se da una progresiva
reconfiguración de prácticas y concepciones
a este esquema, se producen dinámicas de
desmercantilización de algunos ámbitos, como

Gran minería y localidades agrícolas en el norte de Chile: comparación exploratoria de tres casos

intensificación en la mercantilización de otros. Por
ejemplo, en Quillagua los productos agrícolas dejan
de concebirse y tratarse como intercambiables.
En Peine, mientras las actividades agropecuarias
pierden importancia, se experimenta una creciente
proletarización vinculada a la minería y actividades
anexas. Por su parte, en Los Loros se consolida
completamente la noción del trabajo humano como
mercancía mientras se devela la lógica mercantil
del agua, que en un primer momento quedó oculta.
En el ámbito hídrico-ritual es posible sostener
que están íntimamente ligados a los procesos
agrícolas orientados a la producción del mundo
material y del universo simbólico en los cuales se
circunscriben. En el caso de Quillagua, el despojo
del agua ha disminuido la actividad agrícola y así
los lazos sociorreligiosos emanados de la limpia
de canales. En Peine, debido a la manera en la que
pudieron defender sus intereses y las actividades
relacionadas con el cuidado de la infraestructura
hídrica, se ha fortalecido el respeto por los vínculos
sociales y el culto a las deidades. En Los Loros, a
pesar de los altos grados de proletarización, ciertos

303

sectores de la población colla construyen discursos
relativos al agua que apuntan a sus dimensiones
supraterrenales. Otro sector, de tradición cristiana
no indígena, estima que el origen del recurso es
divino, por lo cual es necesaria su preservación.
Finalmente, los tres casos muestran las
múltiples relaciones (y direcciones) entre historia,
medio ambiente, sistemas productivos, clase social,
política e identidad. Por lo tanto, no existe un
procedimiento inequívoco que permita deducir sin
investigación cuál de los factores mencionados será
el preponderante frente a un conflicto, o cómo se
conjugarán en la práctica. La única certeza, por tanto,
es una antropología que imbrique indisolublemente
estos elementos en contextos históricos, sociales
y territoriales dinámicos que, no puede olvidarse
ni omitirse, se desenvuelven como expresiones
concretas del capitalismo global.
Agradecimientos: A todas las personas de
Quillagua, Peine y Los Loros que colaboraron con
nosotros. De igual modo, a los evaluadores anónimos
por sus valiosas sugerencias.

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Notas
1

2

3

Proyecto “Minería, agricultura y la dimensión cultural
de los conflictos territoriales por las aguas” (responsable
Miguel Bahamondes), Concurso de Núcleos Temáticos
de Investigación, Universidad Academia de Humanismo
Cristiano.
Siguiendo conceptualizaciones previas (Calderón et al.
2013), entendemos el neoliberalismo como una fase del
desenvolvimiento capitalista sobre la base de ciclos de
expansión y crisis dentro de un esquema global centroperiferia. Frente a la crisis que comienza entre 1967/1973,
el neoliberalismo es la reacción del gran capital para
posicionarse ventajosamente. Como modelo económicopolítico implica una reducción del Estado de la vida
económica mediante privatizaciones y flexibilización de
mercados.
Debe distinguirse entre la “comunidad jurídica” –figura
de comunidad indígena impuesta por el Estado chileno
mediante la Ley 19.253– y la “comunidad sociológica”,
forma histórica de organización colectiva andina, institución
social, económica y política que articula las relaciones al
interior de los poblados y el acceso a los recursos por medio
de unidades familiares emparentadas entre sí (Gundermann
y Vergara 2009).

4

El año de constitución legal de esta comunidad no ha
sido identificado. Analizando bibliografía actualizada su
conformación debería ser posterior al 2011 (Molina 2012;
Quiroz y Jeria 2010).
5
En el CA de 1981 las aguas son bienes públicos, empero se
crean a favor de los privados los derechos de aprovechamiento,
los cuales son entregados gratuitamente por el Estado,
permitiendo su uso y comercialización con plena libertad,
homologándolos al derecho de propiedad (Gentes 2004).
6
Acerca de la problemática en Quillagua ver Carmona (2013,
2014).
7
Para este amplísimo tema en Chile y el mundo andino ver
Castro et al. (1992), Castro y Martínez (1996), van Kessel
y Larraín (1997) y Yáñez y Molina (2011).
8
Respecto de la problemática en Peine ver Benavides y
Sinclair (2014a, 2014b).
9
Concerniente a la problemática en Los Loros ver Malebrán
y Rodríguez (2014).
10 Actualmente la de mayor producción en el país superando a la
estatal Chuquicamata. El 2012 produjo 1.075.825 toneladas
mientras Chuquicamata alcanzó 355.000. El total de las
ocho operaciones de CODELCO fue de 1.646.000 toneladas
(COCHILCO 2012 en Benavides y Sinclaire 2014a).

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