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el deseo dé Compartir a tea here: cia adventista del s6pimo dilgon una eva generacidn de nifis, la rehombrada ‘escrtora denominacional Miriam Hardinge nos refresca las emocionantes experiencias de Elena de Whitey de ots pioneros ad venstas. Estas historias tienen el propésito dde mostra cémo Dios gu las vidas de Py lo primers lideres advent, de ane W v {que puedan inspira a los ros Ete e849. ws Tie tes eoeueencst al Pl eiseihe cnmeris| Giigene bam eu ien| i 4 su fe poret resto de Sus vidas.) o0916e Historias a ee sync ot ‘Thulo del orginal: Long. ago Stoves, Misiam Hardinge 1986, Direccidn: Pablo M, Clavere “aduecion: Eel Mangold Diseio det intriory de la tpa: Nancy Reinhardt sracon dl iotrior yd a tapa:Shuterstock |MPRESO EN LA ARGENTINA Prine in Argentina Segunda edicin Mx -48 = propiedad, © 1986 Midam Herdinge 16 2005 ACES. (Queda hecho el depssto que mara la ley 1.723. ISBN 978.950.769.203-1 [regs on Te pr. ly ala ean de hte attending spite porta reseed Pei evi opr a Mart Se trmind de imprimir el 27 de enero de 2011 en falleres propios San Martin 4555, B16DSCDG Florida Oeste, Senos Ales roids la reproduccign toto pacial de extn publicacién tet, imégenes y dis), su manipulacén inortica y ttansisn ya sen eecrnie, mecinica, por fotocopia & ‘tot medies, sn permiso previo del eit. Contenido 2 22, 23, 24 ‘Aascada en el barr. Un accidente terible:. Elena regresa ala escuela... Un congreso y una sombyila. Tejiendo para esis EH suefo especial de Elena Elena visita a su pastor. Contemplando el cielo Viajando para Jes... “EI séptimo dia serd reposo” = Cuando Dios envi aliment0$ nn Un potro salvaje Un hogar para los White El bebé Henry sé enferma Viejo Charlie Salvados en un accidente de tren. Salvado de ahogarse wren Elena le habla a su estémago Cémo se enderez6 el pie de Charlie Satands trata de detener la obra de Elena Cruce del rio congelado. La media del dinero. Dos pequetias enfermeras. Un mensaje especial para tuna nifia especial... 15) ne A. 101 105 9 Atascada en el barro tuando Elena Harmon era una nifa, tenia areas asignadas pata realizar en la casa, asi ‘como se las asignan a ustedes. Ella sabra que se necesita la Cooperacién de todos en el ho- Bat, para hacer de este un lugar feliz, agradable para vivir. Una de sus tareas era bajar por la colina que se encontraba detrés de su casa cada tarde, abrir fa tranquera que daba lugar a los campos de pastura y lamar a Bossy, la vaca de la familia. Entonces, debfa guiarla hasta el galpén donde su padre la ordefiaba, para que la familia pudi~ ra tener leche fresca, manteca y queso para sus comidas. { Histrins de ayer pra cstrutar hoy ‘Aunque Béssy.no tenia un reloj mientras an- daba poralli, siempre parecia saberel momento cexacto’en que debia venira la tranquera y dén- de a estaria-esperando Elena, Un atardecer, Elena bajé la colina y se di- rigid fa tranquera: como era. su~costumbre, pero esta vez no estaba Bossy esperdndola, “Esto es extrafio’, pens6 para sf misma; “Bossy siempre esté aqui cuando vengo a bus- carla, Me pregunto qué le habré pasado”. Bossy, ven, Bossy -la-llamé Elena, pen sando que la vaca estaria detrés de alguno de los tboles del bosque. ‘Aguz6 sus ojos para mirar.y sus ofdos para escuchar alguna sefial de Bossy, pero no la pudo ver ni tampoco escuchar. ‘Ahora, Elena podria haberse: dado media wuelta y-regresar a la casa, diciendo: "Y bueno, no la puedo ver a Bossy; algiin otro tendré que ira buscarla”. Pero ella no lo hizo. Habia aprendido que cuando se le asignaba una tarea, su familia es- peraba que la hiciera bien “Me pregunto si estaré tomando agua en el arroyo", se dijo Elena. Ast que, caminé a través del bosque, lamando: ~iNen Bossy, ven! Esforzéndose para ver entre los érboles, es: pperé para escuchar ef muvu de Bossy. 6 ‘Aascada en el barro ‘Al comienzo no pudo escuchar nada; y en- tonces, mientras se iba acercando al arroyo que atravesaba el bosque, sus ofdos captaron el so- nido. Era un débil muuu. Elena se apresuré a avanzar en la direccién de donde provenia, y al fin pudo ver a Bossy. La vaca estaba parada en medio de la cortiente de agua. ~iOh, Bossy! ~exclamé Elena-. ;Aqui estés! Vamos! jTenemos que ir al galpSn! Paps estaré ‘esperando para ordefiarte! Pero la vaca no se movi6. Permanecié quie- ta, levanté su cabeza y respondié con un muuu. Entonces, Elena se dio cuenta de por qué la vaca no podta moverse. Las patas dé Bossy cestaban atascadas en el barro. “{Qué puedo hacer ahora”, se pregunté Elena. Podria haber pensado: “Oh, yo soy muy chica para sacar a Bossy de este barro. Voy a it a casa y decirle a papé que algin otro tiene que sacarla de aqui. Pero no lo hizo. En lugar de eso, pens6: “Es mi trabajo llevar a Bossy al galpén, Tengo que encontrar alguna forma de ayudarla a salir del barro” Mirando alrededor, vio un lindo pasto alto al lado del arroyo. Esto fe dio una “Ya sé", se dijo. “Voy a tentar a la vaca con algo de ese pasto”. Nistor de yor para cistrutar hoy ‘Arrancé un purtado, y regres6:adonde es- taba Bossy, Aqui, Bossy ~le dijo. Aqui tengo.un findo pasto. Y se lo extendi a la vaca.A Bossy le gusté el pasto. Entonces, Elena sacé otro pufiado y se lo extendi6, pero esta vez se lo puso fuera del alcance de la boca. Aqui, Bossy ~le dijo; mientras le ofrecta el pasto-. Aqui tienes algo més de este lindo pasto. ‘Vamos, alcdnzalo. “Muuu", respondié Bossy, como si dijera: “Muuu, yo quiero ese pasto. Sostenlo més cer- a, asi lo puedo alcanzar" Estiré su cuello para alcanzarlo, pero Elena lo ret un poquito més atrés, fuera de su alcan- ce. Otra vez, Bossy traté de llegar al rico pasto; pero, mientras lo hacfa, Elena la tomé de uno de fos cuernos con la otra mano tironeé con todas sus fuerzas. Bossy se estiré para alcanzar el pasto, y entonces salié. una pata afuera del barro, fa siguié la segunda pata, la tercera y, al fin, la cuarta, y Bossy queds parada a la orilla del arroyo. “Bien, Bossy —la palmoted Elena-. Ahora puedes tener el pasto, pero debemos apurarnos para ilegar al galpén, Y se pusieron juntas en camino, al ado de la corriente de agua, através del bosque.Arriba ‘tascada en el dato de la colina, el paps estaba esperdndolas. Flena habla terminado su tarea. Ella siem- pre cumplia con lo que se le habia asignado, Hacfa lo que se le pedia sin quejarse, usando su ‘cabeza para pensar cémo hacer las cosas que se esperaban de ella de la mejor manera, aunque fuera dificil Cuando tleg6 a ser una mujer adultay a tra- bajar por Jess, Elena tuvo que hacer muchas cosas dificiles, pero siempre decidia hacerlas lo mejor que podia. Nosotros pademos ser como Elena. En lugar de decir: “Yo no quiero hacer es0, 0 no puedo hacerlo”, podemos hacer nuestras tareas de la mejor forma posible. Un accidente terrible US tarde, tres nifias saltaban alegremente a través del campo en su camino hacia la casa desde la escuela. Dos de las niias eran mellizas. Sus nombres eran Elizabeth y Elena Harmon, y tenfan 9 afios de edad, De repente, escucharon unas voces enoja- das detrés de ellas y, déndose vuelta, vieron a tuna de las nifias més grandes de su escuela co- tiéndolas por ders. —iApurémonos para Hegar a casa! -dijo Eli- zabeth, tomando la mano de su herman, Las tres nifas corrieron tan répido como podian para alejarse de la nifia mas grande, stern de yer prs cote hoy pero ella las estaba alcanzando mientras co- menzaba a gritar otra vez. Elena se dio vuelta para ver cudn cerca de ellas se encontraba, y justo cuando lo hacia, la nifia més grande levants una piedra det sende- 10 y se la tird con todas sus fuerzas. La piedra golped a la pequefia Elena justo en la cara. Sin- 16 un dolor agudo y, por un momento, no supo lo que habia pasado. El golpe la tiré al suelo. Cuando la nia mas grande vio lo que habia su- cedido, se asusis y salié corriendo en direccién opuesta, Elizabeth y su amiga ayudaron a Elena a le- vantarse, pero le chorreaba sangre de la nariz, donde la habfa golpeado la piedra. La llevaron a tun pequefio negocio que quedaba cerca, y Ele- na se senté en una silla y descans6 por un tiem- po. Le palpitaba la cabeza y se sentia marcada. EI duevio del negocio y otras personas se acercaron para ver lo que le habia sucedido, y fueron amables con ella. Un hombre, que tenfa un carruaje, dij: Déjame que te lleve a tu casa, Pero Elena sacudié su cabeza Gracias -le contest6-. Voy ia estar bien. Puedo caminar y, ademés, mi nariz.esté san- sgrando tanto, que no me gustaria que la sangre ‘ayera sobre su lindo carruaje, manchando los almohadones: R Un acidente tribe Asi que, el hombre se fue, y Elizabeth y su amiga ayudaron a la pobre Elena a caminar ha- Cia su hogar. No se habian alejado demasiado, sin embargo, cuando Elena se sintié débil y ma- reada, y habria cafdo al suelo si las nifias no la hhubieran sostenido hasta llegar a casa. En aquellos tiempos no existian las guardias cde emergencia donde pudieran curar la cara de Elena; habfa pocos médicos y enfermeras para ccuidar a fa gente cuando se lastimaba Co enfermaba. La Sra. Harmon hizo lo mejor que pudo para cuidar de su nifia, pero Elena apenas se daba cuenta de lo que ocurrfa a su alrededor. Algunas veces perdia el equilibrio y se cata de la cama, asi que la madre trajo un carpinte- ro para que le hiciera barandas, como si fuera tuna gran cuna. Su mamé la cuid6 sin descanso dia y noche. Los vecinos vinieron para cuidarla también, y algunos decfan: No podré vivir. Esté demasiado enferma y Otros vecinos, viendo su cara lastimada y su pobre nariz, decian: ~1Qué penal Ha perdido su linda cara! Todo el tiempo durante el cual permaneci en fa gran cuna, la mama de Elena la cuidé y oF6. Ella crefa en Dios y. estaba segura de que 41 sanaria a su pequefia hija, aunque estuviera muy enferma, i tera yer para dst hoy J Entonces \un: dia vio:que los ojos:de Elena estaban abiertos y. que estaba:mirandoia su al- rededor. ‘ tee \ “Oh, gracias a Dios xdjola Sra. Harmon Et ha escuchado, nuestras oraciones, y Elena se yaa mejorar :8 | “Lenfamente Elena fue mejratdo, pero: st cara tenfa cicatricesy su nariz no tenia més, la linda, forma: que: haba tenido-antes. del: acci- dente, Uniadespués de qye los ecinos fueron a Xisitarla'y dijeron:: {Qué penal?, Elena.le pre- sgumt6.a su mam : ~2Por qué dicen los amigos qué penal? Gon tristeza, suman le trajo un espejo de mano;.y lena se pudosver, Vio que su cara ha- bia cambiado y.que:no-era més.tan linda como loshabfa sido antes. Las égrimas comenzaron.a salir de sus ojos. »'-=aQuedaré ast para siempre? ~pregunt6. En aquellos. dias lejanos, la gente no, tenia médicos que pudieran cambiar las caras y las manos y otras partes del cuerpo cuando se las- timaban en accidentes, asi que Elena qued6 con las feas marcas en su rostro, EI Sr. Harmon, el papa de Elena, habia es- tado lejos de viaje cuando ocurrié el acciden- te, y cuando regresé.a casa estaba contento de ver a sus hijos otra vez. Los bes6 y abrazé a * Un acidente tersble todos ellos, y les pregunté qué habian estado haciendo mientras él no estaba. Entonces, miré alrededor de la habitacién, y pregunt6: Pero, gdénde esté Elena? Hlena estaba parada en un rincén de la pieza, pero el pap no la habfa. reconocido, No solo habia cambiado su ¢ara’sino también estaba més delgada,-después desi larga con- valecencia. Fl Sr. Harmon pens6 que era. una niffa de los vecinos, que habia venido a jugar: La’ Sra. Harmon puso su brazo alrededor de Elenavy la acercé al centro de la habitacién, donde estaba su paps. Esta es Flena dijo ella. EFSt. Harmon quedé estupefacto: Era esta ‘su preciosa y pequefia Elena® Pero, répidamente puso su brazo fuerte alrededor de’ella y fa acer 66 para besarla. Le dijo cudnto la amaba y cudn- to sentia escuchar acerca del terrible atcidente. Consolada; Elena se sinti6 agradecida de te- ner un papa y una mam tan amorosos. Elena regresa ala escuela medida que Elena comenzaba a sentirse mejor, deseaba mucho regresar a la escue- 1a con sus amigas. Querfa aprender a leer y a escribir bien. ~:Cundo pod regresar a la escuela? -pre- gguntaba todo el tiempo. Por fin 1leg6 el dfa cuando su mamd y su papi le dijeron que podria intentar regresar a la escuela otra vez. Contenta, Elena salié con zabeth. Pero la escuela no le resultaba tan facil ‘como pensaba que serfa 0 como Jo habs sido antes de que tuviera el accidente. ‘No podia respirar por la nariz, y tenfa mu- cha tos. Algunas veces se sentia débil y mareada isteras de ayer para dstratar hoy también, Cuando trataba de leer las letras pare- fa que se movian en las paginas, y le resultaba dificil distinguir una letra'de la otra. La maestra le pidié a la nifia grande que le:habja tirado la piedra a Elena, que la ayu- dara a tratar de’leer y escribir. Ahora estaba arrepentida: por lo que habia hecho. Y, cuan- do veia a Elena esforzindose’tanto para po- der leer las palabras en'su libro, sintid mucha pena por ella Cuando Elena trataba de: escribir, le tem- blaba la mano. Su-compatiera trataba de ayu- darla:poniendo’su mano fuerte encima: de la iano débil de Elena; pero aun asf le era dificil, ya menudo le cafa la transpiraci6n por su tabli- lia 0 sobre su libro de lectura mientras trataba de hacer sus tareas. Después de un tiempo, la maestra tuvo que hablar con el St. y la Sra. Harmon. Elena no esté suficientemente fuerte como para hacer las tareas en la escuela -les dijo-. Yo pienso que seria mejor si la retiraran de la escuela y la ayudaran a hacer sus lecciones en casa cuando se sienta bien. Quiz mas adelante estard suficientemente fuerte como para regre- sar ala escuela, Asi que, Elena tuvo que quedar en casa, y su mamé la ayudaba a leer y estudiar. Con la ayuda de sus padres, sus hermanas y su hermano, muy Elena eee al ecoela pronto pudo leer bien. Y Desde: que Elena era chica; siempre habia querido ser una macstra, Como no habia podi- do ira:la escuela como los-demds nifos, temfa ‘que nunca podria llegar 2 cumplircon su suefio: Pero, alifin, legéa ser una maestra. Ella les ‘ensefié a. muchas personas.acerca del amor de Digs por, todos nosotros; yes ensei6 cémo vie Vit vidas flices y-sanas:también. A través de la gran cantidad de libros que escribid. cuando fue mayor, también, nos ha. ayudado a nosotros a comprender mejor la voluntad de Dios. Pidele a.tu:mamé.o.a tu papa que te mues> tren algunos de_los libros que esctibié y que.te expliquen en qué forma loshan ayuidado altos, Un congreSo y una Sombrilla ce Elena era todavia una nia pequefa, asisti6 un verano con sus padres a un congre- 50. Estos congresos se parecfan de alguna mane- ra a los congresos que fenemios ahora, pero en ctros aspectos eran muy diferentes, ‘Actualmente, cuando ti asistes a estas reu- niones especiales, tienes tu propfo salén bien decorado, donde se Hevan a cabo reuniones para los nifios de tu edad. Cantan sus propios ‘cantos’y escuchan historias, y hacen cosas in- teresantes que puedes entender y disfrutar. Pe- ro, cuando Elena era una nifia, no habfa Yeu- niiones especiales para las diferentes divisiones de Cuna, Jardin de Infantes, Primarios o Inter: terns ds yer para astrutr hoy mediarios 0: para. j6venes, como. tas:tenemos hoy.en-dlaLos chicos tenfan que quedarse con sus padres en Ja reuniGn para los-grandes, y se cansaban de: escuchar. tratar:de entender. lo que.deeian los predicadores.. Asi-que; en este congreso, Elend: se;sent6, con sus padres y-escuch6 fos sermones para los adultos. Un sermén que siempte recordaba era acerca.de fa reina Ester y-descudn.valiente ha- bifa sido al presentarse delante del gransrey para hacer su\pedido: Elena aprendi6 de ese'sermén, ue-deberos ser valientes para ira Jests en ora: Oh, eso es lo'que siempre dices -repi esposa, mientras salfa enojada de la habitaci istoras de ayer para datrutar oy {Se dan cuenta? Ella no tenfa la fortaleza de fe que poseia su esposo. José se sents en susilla, a la mesa. No sabla ccémo harfa el Sefior para proveerles lo que ne~ ccesitaban; pero se sentia seguro de que lo h: de alguna manera. De pronto, salté de su silla on el fuerte sentimiento de que tenia que it al correo, Estaba seguro de que al tuna carta para él. Asi que, sali. Buenos dias, St! Drew ~saludé al encar- ¢gado del corteo-.:Tiene una carta para mi hoy? ~Si, hay una -le contest6 el Sr. Drew=. Aqui esté; pero me debe pagar cinco centavos antes de que se la pueda entregar El capitan Bates se sinti6 triste. No tenfa ni siquiera un centavo... ini qué decir de los cinco que necesitabal =St. Drew -le dijo al hombre+, no tengo nada de dinero. ~Oh, esté bien “le contesté el encargado del correo se la voy a dar, y la préxima vez que venga, me puede pagar. EI Se. Drew sabia que el capitén era un hom- bre honest: =No ~contest6 el capitén Bates~; no seria lo correcto, Pero tengo una idea. Usted abra la carta; tengo la sensacién de que debe contener dinero. Si es asf,-usted se cobra los:cinco cen- tavos, y entonces me da el. cambio.con la carta: ncontrarfa 56 ‘Cuando Dios env alimentos EI St. Drew estuvo de acuerdo, Abr el so- bre y sacé su contenido. ;Adentro habia un bi- Hlete de 10 délares! Colocando el billete en su caja, ret 9,95 délares de cambio y se los al- canz6 junto con la carta.que habia venido en el sobre. El capitén Bates se sonri6. El Sefior habia provistol ‘Ain sonriendo, se dirigid hacia la casa, Pero primero pas6 por el almacén, donde encargé un barril de harina, una bolsa de azticar, papas y otros articulos. Le pidié al encargado de los en- vios que lo dejara en el porche de su casa. Pro- bablemente, la Sta. Bates le iba a decir que no le correspondia esa mercaderia, pero el hombre debia dejarlo ali de todas maneras. Como todavia le sobraba dinero, se dirigié una imprenta con el propésito de hacer los arreglos para imprimir su libro; y también com- Pr algo de papel y tinta con lo cual terminar su ‘manuscrito. Finalmente se dirigié a su casa. Al itse acercando, pudo ver el barril de harina jun; to-con el esto dels mercaderis el porche del frente Cuando ented, se encontré con su esposa muy emocionada. Ella le conté lo que habia pasado con todas esas provisiones que habian traido del almacén y cémo ella habia tratado de expticarle que 50 no les pertenecia, por a stern yer para astrutar hoy que ellos no tenian dinero para pagarle; pero el mandadeto habia insistido en dejarlas ali ~2De dnde salié todo eso? —le pregunt6 ella, -Lo envié et Sefior -le respondié su esposo. Oh, t6 siempre dices eso! -replicé la se- Bueno, mi querida ~dijo el capitan Bates-, tan solo lee esta carta. ¥ le alcanzé la carta que acababa de retirar del correo. La Sra. Bates ley6 la carta. Sus ojos se tle- naron de lagrimas. Entonces, era cierto; el Sefior provey6. Entonces, le dijo a su esposo cusn arre- pentida estaba por haber dudado de que el Se- flor pudiera ayudarlos en su hora de necesidad. Poco después, un amigo del capitén Bates recibié algo de dinero que no esperaba, y de- Cidi6 utilizar para pagar lo que aquel le deba al impresor. Los libros se distribuyeron por todas partes, y muchas personas enviaron dinero para ayudar a pagarlos y para distibuir el mensaje acerca del sabadbo. Un pot salvaje. prs y Elena viajaban a muchos lugares para ayudar a la gente a entender mejor la Biblia, para orar y para enseftarles a prepararse para el pronto regreso de Jests No tenian un auto, por supuesto, porque vivieron mucho antes de que se fabricaran au- tos. Ni siquiera tenfan un carruaje, un carro 0 tun caballo, porque eran tan pobres, que no les alcanzaba el dinero para comprarlos. Asi es que algunas veces iban en diligencias, que eran ‘como émnibus trados por caballos, otras veces lo hacfan en tren, y también sus amigos los lle~ vvaban en sus carruajes. 9 seria de ayer para astrutar hoy Una vez, mientras estaban visitando a un granjero, se estaban preguntando cémo ha- rian para llegar al siguiente lugar al que de- bian viajar. {0 sét ~dijo el granjero-. Tengo un caba- llo, aqui, que pertenece a alguien que vive jus- to en el pueblo al que ustedes desean ir. £1 ne- cesta el animal, y nosotros podriamos prestar- les un care. ~iQué buena idea! ~acepts Jaime. Pero alguien de la casa lo interrumpi6. jOh, nol, no usen ese potro. Es tan arisco y malo, que nadie quiere montarlo. ;Por favor, no lo usent Cuando este caballo era potrilo, habia sido muy maltratado por algunos muchachos. Esto lo transformé en un caballo nervioso y asustadizo cuando se le acercaba cualquier persona ~No estoy acostumbrado a los caballos -le explicé Jaime al hombre-. He domado muchos pottos. Estoy seguro de que voy a poder mane- jarlo, no importa cudn salvaje sea Asi que, el granjero acept6 que Elena y Jai- me, junto con otros dos hombres, uno de los ‘cuales era el capitan Bates, fueran con ef animal que debian devolver. Descubrieron muy pronto’ que el animal era realmente muy arisco. Jaime apenas pudo asegurarlo al carruaje. Cuando estuvieron listos o Un pote sie para salir, alguien sostuvo la cabeza del caballo, y Jaime ayudé a Elena a pisar en el estribo del carruaje y sentarse al lado del conductor. Jaime se senté en el asiento del conductor, y pronto estaban viajando. Pero le costaba controlarlo. Et animal queria correr solo. Era otofio, el paisaje del campo era her oso, con las hojas de los érboles en tonos do- rados y rojizos. Mientras iban avanzando, Ele- nna hablaba de cudn hermoso se veia todo y de udinto més hermoso era el cielo que habia visto De pronto, exclamé: ~iGloria! ~y otra vez, aunque no tan fuer- te- ;Gloria! Luego, casi en un susurro, dijo otra vez: ~iGloriat | Siempre que hacia esto significaba que es- taba recibiendo una visi6n de Dios. Inmediatamente et brioso potro qued6 pa- rado inmévil y baj6 su cabeza como siestuviera ‘orando. Elena se incorporé del asiento, apoyé su mano en el costado del animal y comenz6 a bajarse. =iOh no! -exclamé José Bates desde: el asiento de atrés~. Fl potro fa va a matar de una patada. No permitan,que lo toque. Pero Jaime, que habfa visto a Elena en vi- sin muchas veces, declaré: istered ayer pare cstrutar hoy El Seftor esté a cargo de él ahora. No deseo intererir. Entonces, Elena bajé del carro, caminé ida y wuelta sobre el. césped a la olla del cami- ‘no durante unos minutos, y miré hacia arriba al Cielo. Jaime sabia que Dios le estaba dando una visién y que Elena les contaria mas tarde de qué se trataba. Todo ese tiempo el potro permaneci6 per fectamente quieto. En cierto momento, Jaime tomé el létigo y lo golpes suavemente. jl ani- mal ni se movid! En cualquier otro momento hubiera pateado y sacudido su cabeza aloca- damente. Otra vez Jaime le dio un latigazo, un poquito més fuerte esta vez, pero ni aun asf se movi6. Entonces probé una tercera vez, y to- davia el animal no salié corriendo. jEstaba bajo el poder de Dios! Cuando termin6 la visién, Elena caminé de regreso al carro, y una vez més se apoyé en el caballo para subir. Este no se movi6, pero des- pués de que ella se hubo sentado al lado de su espos0, el animal doblé su cabeza y comenzé a andar a gran velocidad. A Jaime le cost6 con- trolarlo, Todos se dieron cuenta de que habia. ocu- rrido algo maravilloso, y de que Dios estaba al control de todas las casas mientras Elena recibia tun mensaje del Cielo O c Un hogar para los white U dia tibio de verano, algo especial les su- cedié a los White: nacié su primer hijo, un bebé varén, jlaime y Elena estaban muy con- tentos! Lo llamaron Henry, y le dieron todo et amor y los cuidados que pudieron. Por supuesto, querfan mostrérselo 2 sus amigos, como les gusta hacer a todos los pa- dres. Cuando Henry tenia alrededor de 2 me- ses fueron a visitar ala familia Howland. Ellos vivian en una casa grande no muy lejos de Por tland, Maine, donde habia crecido Elena, 10h, que hermoso bebecito! ~exclamé la Sra. Howland cuando vio a Henry. istoras ch ayer para distor hoy Entonces se qued6 pensativa por un mo- mento; se le estaba ocurtiendo algo important. Susurr6 algo a su esposo. El asintié con su cabe~ a mientras ella le hacia una pregunta Elena, Jaime -les dijo ella, volviéndose en tonces hacia los White-, ano les parece que se- ria bueno que tuvieran un hogar propio, ahora que tienen un bebé para cuidar? {Un hogar propio!”, pens6 Elena, “eso es lo que siempre quise. Pero, ic6mo podrfamos tener uno? Somos tan pobres’ Bueno, Elena dijo la Sra. Howland-, no- sottos tenemos esta casa grande aqui, y no hay raz6n por la cual ustedes no puedan utilizar una parte para vivir. “Pero, pero -tartamudes Elena-. Muchas gracias por la amabilidad al ofrecemos esto. Pero no creo que sea posible. gSaben?, nosotros no tenemos muebles. No se preocupen por es0 -aiiadié la Sra Howland-. Vayan de regreso a Portland y bus- {quen sus cosas, y regresen aqui: la pieza grande de arriba es para ustedes. Jaime y Elena pensaron cudn amables eran los Howland, pero no sabjan qué iban a hacer sin muebles. Se fueron de regreso a la casa de los padres de Elena por unos dias, y empacaron sus pocas pertenencias. No eran muchas, iy te- nfan tan poco dinero! « Un hogar para los White Mientras estaban ausentes, la Sra. Howland se puso a trabajar. Comenz6 a recorrer las casas de sus vecinos adventistas y les explicé de qué manera fos White necesitaban un hogar y cémo ellos les habjan oftecido una habitacién, pero ‘que no tenfan muebles. ~Déjeme ver -le dijo fa primera vecine-. Si tengo una mesa que no estamos usando, y tiene dos sillas que la acompafian. Estaré contenta de aque les siva, Nosotros tenemos una cama de més le dijo otro vecino a ta Sra. Howland-. Nos ale- agraria poder darsela a los White. Bueno, nosotros tenemos una cuna ~dijo tn tercer vecino-; Les va a venir bien para el bebé. Yo no la necesto mas, porque mis jos ya son todos grandes. Nosotros podrfamos prescindit de aquella ‘mecedora -4lijo otro vecino, t ~Yo no tengo ningtin mueble de sobra —afia- di6 una vecina més-, pero tengo ollas y fuentes. Estoy segura de que les van a venir bien YY asi siguieron apareciendo platos y articu- los para la cocina, toalias y sdbanas. Por diti- ‘mo, alguien les regalé una cocina a lefa, y otro hombre, que no tenfa otra cosa para dar, haché lefia para que tuvieran cémo cocinar. Cierto dia, llegaron los White. Suban -los invté la Sra. Howland, y vean 6 terns yer porate hoy su nueva habitacién. Jaime acarreé por la escatera los pocos bul- tos que tenfan con sus cosas que habfan traido de Portland, ~jOh, oh! ~exclam6 Elena, mientras la Sra. Howland abria la puerta, ~sDe dénde aparecieron todos estos mue- blest. —pregunté: Jaime, casi demasiado: sor- prendido como para hablar. La Sra, Howland les conté de la amabilidad de los vecinos y cémo les habfan donado, uno la cama, el otro la mesa y las sllas, otro la coci- na y los demas objetos. —;Cuén amablest jRealmente, qué genero- sost ~decfan Elena y Jaime mientras miraban a su alrededor asombrados. ‘Asf fue como al fin los White tuvieron un hogar en el que pudiera criarse el pequeiio Henry. Agradecieron a Dios por lo que é habia hecho por medio de los Howland y sus amables Asi que, por un tiempo, los White vivieron en un sitio que podtan considerar como propio. Jaime tenfa. que trabajar duro para ganar dine £0; hubo momentos en que se cansaba mucho, porque tenia-un pie lisiado que le hacia més di ficil el trabajo de acarrear piedras y hachar lefia, Algunas veces la’ gente para la cual trabajaba no le pagaba a tiempo, y no tenéan dinero para Un hogae para los White comprar comida por algunos dias. Atravesaron por momentos diffciles, pero Dios siempre pro- vey6 de alguna manera para sus necesidades; y su fe se fortalecié més y més, mientras dia a dia confiaban en que él tendria cuidado de ellos El bebé Henry Se enferma Ave Jaime y Elena tenfan poco dinero para comprar las cosas que necesitaban, eran felices y tenfan su propio lugar donde vi- vir en la casa de los Howland. El bebé Henty los llenaba de alegria, y se sentian contentos de permanecer en Topsham para poder cuidar lo, Algunas veces, les llegaban cartas por co- rreo en las que la gente los invitaba a ir a sus villas 0 pueblos para estudiar la Biblia con ellos, pero ellos les contestaban que no podian ir en ese momento. Ténfan un bebé para cular y, ademas, no tenfan dinero para pagar los boletos de tren que necesitarfan para viajar a estos lu @ terns de ayer para cistrutar hoy ares alejados. Un dia, cuando Jaime regres6 del trabajo, Elena le dijo: Henry ha estado molesto todo el dia. Es- pero que no tenga nada malo. El esposo fue hacia la cuna para observar a Henry, que realmente parecfa estar un poco enfermo, ~Oh, se va a mejorar pronto ~dijo Jaime; pero en su corazén no se sentia tan seguro de allo. ‘Aquella noche, el bebé se pas6 llorando todo el tiempo. Elena fo tenia que alzar y acu- nar. A la mafiana siguiente, no hubo mejoria. Jaime ~dijo ella, con una mirada preocu- pada en su rostro-. jTe diste cuenta de cud raro estd respirando Henry? No me gusta nada, Jaime observé al bebé en la cuna, y fruncié el cefo, ~Si—dijo lentamente-. Esta respirando muy rapido, y su respiracién es pesada. Necesitamos salir en busca de ayuda. Voy a ir a ver a la Sra. Howland -le dijo Elena-. Quizds ella conozca a alguien que pue- da vera Henry, y decimos qué mas podriamos hacer por él ¥, diciendo esto, se encaminié hacia la parte de la casa donde se.encontraba la Sra. How: land. 0 El bebe Henry seenferma En respuesta a la pregunta de Elena, la Sra. Howland le dijo: Si, hay una mujer que vive cerca, que sa- bbe cémo atender gente enferma. Déjenme ver si esti en la casa, En unos pocos minutos, la enfermera vino a vetlos. Ella revis6 al bebé enfermo; sintié su cabeza caliente, nots su respiracién lenta y pe- sada, y sacudié fa cabeza Ustedes tienen un bebé muy enfermo aqui ~les dijo con preocupacién-. No sé si podré mejorar, Elena y Jaime se miraron, mientras las Ii grimas comenzaban a deslizarse por las mejillas de Elena ~Oremos otra vez -dijo ella Mientras se arrodillaban al lado de fa cuna, Elena pens6 acerca de las veces en que habian dicho a las personas que no podian ira estudiar Ja Biblia con ellos por tener que cuidar al bebé. “Tal vez", pensé ella, “deberfamos ir. Tal vez el Seftor nos esté diciendo que debemos iry dar el ‘mensaje a todos. Tal vez tendriamos que estar dlispuestos a dejar a Henry con otras personas" Jaime -dijo ella-, digimosle a Dios que inemos dondequiera y cuandoquiera que é1 nos Hiame. Asi que, se entregaron una vez més al Seftor y le prometieron que irfan a predicar y ensefiar ” istoras de syer para dsutae boy fen cualquier momento, a cualquier lugar donde el Sefior los necesitara; y que confiarfan en que 41 cuidarfa de Henry-en su lugar. Cuando se levantaron de sus rodillas:des- pués de hacer su promesa a Dios; se sintleron mejor. Entonces; fueron a mirar en la cuna al pequefio Henry otra vez. ~Parece estar mejor, su respiracién no esté tan pesada -dijo Elena Creo que tienes raz6n. El Sefior esté res- pondiendo nuestras oraciones ~acord Jaime. El bebé se mejord, no repentinamente, sino gradualmente. Y Jaime y Elena no olvidaron la promesa que hicieron a Dios. Poco después, les Hlegé una carta en la que les pedian que fueran a unas reuniones de los adventistas en otro Esta- do. Esta vez, no dijeron “no”, aunque no tenfan dinero para viajar. Respondieron: "SI, Sefior, va~ ‘mos aie” Y Dios les demostré cugnto los amaba y culinto confiaba en ellos, envidndoles el dine- ro que necesitaban. EI hombre para quien Jaime estaba traba- jando le debia dinero por su trabajo. Jaime se Girigi6 a él y se lo pidid, y este se lo dio. Con cl dinero, pudieron comprar un poco de ropa nueva para reemplazar sus ropas gastadas. Elena remend el viejo sobretodo de Jaime, y todavia les quedé suficiente dinero con que pagar los bo- letos para la mitad del viaje que debian hacer. R El babe Heme seenerma La Sra. Howland se oftecié para cuidar a Henry. Flla lo queria mucho y lo cuidé muy bien. ‘Asi que los White salieron para hacer la pri- mera parte de su trayecto. Ellos no sabfan cémo conseguirian el dinero para terminar el largo viaje, pero confiaron en Dios. ‘Alo largo del camino, se hospedaban en las casas de algunos amigos. Antes de que partieran por [a mafiana, la sefiora de la casa colocé si lenciosamente un billete de cinco délares en la mano de Jaime; era justo lo que necesitaban para comprar los boletos del tren para el resto del viaje, {Dios habfa provisto una vez mas! Ahora podrian terminar el viaje y ser de ayuda para la gente que se habfa reunido para cl gran congreso. Y, lo mejor de todo, estaban contentos de estar haciendo la obra de Dios otra vez Viejo. Charlie D: damas estaban susurrando en Id parte de atrds del salén en el que estaban por comen- zar una reunin. Jaime y Elena White acababan de llegar después de un largo viaje desde su ho- gar, para ensefiar y ayudar a la gente. Siento pena por la hermana White -co- rmenté una de fas sefioras. ~Si-asintié la otra en un susurro~. Se la ve muy cansada y pélida, yno es cierto? =iNo es para menos! ~respondié la prime- ra-. Han hecho un viaje tan largo para llegar hasta aqui; y no es facil viajar, especialmente en diligencia, Lo que ellos necesitan -aftadié la otra es B itoring de ayer par strutar oy tener su propio coche ligero de un solo caballo, Pero, sabes, ellos no tienen dinero para ccomprarlo ~agreg la otra dama~. Todo lo que el pastor White gana lo gasta para comprar pasajes en tren, en barco 0 en diligencias, afin de poder viajar a diferentes lugares y ayudar a la gente Una de las sefioras le susurré algo a su es- poso. Ya sé jo 6l-. Por qué no colaborarmos entre todos con lo que cada uno pueda y com- ppramos el coche de un caballo para los White? Entonces no tendrn que viajar en esas diligen- cias grandes. No tendrén que bajarse en cada pueblo pequefio para cambiar los caballos. Y no tendran que perder tiempo en salas de es- pera ruidosas y llenas del humo de cigartillos. Si, pongamos entre todos lo que cada uno pue~ da para comprarles su propio coche. Alguien ofrecié su sombrero y. la gente lo ppas6 alrededor. Algunos tenian solo un poco de dinero para dar; otros tenian més y varios escri- bieron promesas en pedazos de papel de lo que darian mas tarde. Alguien conté el dinero y las promesas que habia en el sombrero, y sumaba entre todo 175 délares; lo suficiente como para comprar un lin- do coche cubierto, para protegetios de la tluvia y del sol caliente, Los White quedaron sorpren- didos cuando les contaron del maravitloso rega- % Viejo Charlie lo que aquella gente amable y considerada les habia hecho. Pero necesitaban un caballo que tirara del coche; eso no era ningiin problema, porque va- rios de los hombres tenfan caballos. Se pusieron de acuerdo en que llevarian los caballos a cierto campo en un cruce de caminos, y los White po- drfan elegir el caballo que més les gustara. ‘Aquella noche, Elena tuvo un sue. En su suefio, vio a un dngel y a un grupo de hombres que sostenian tres caballos. El primer caballo era nervioso y movedizo. El angel le djo a Elena: Este no, EI segundo caballo era grande yigris, pero era torpe y lento. Aquel tampoco -le indicé el angel. El tercero era un hermoso caballo martén ‘con manchas blancas sobre su lomo; un her- oso animal Este es para ustedes ~dlijo el angel. A la mafiana siguiente, después de que Ele- na tuvo el suefio, fos White fueron al’ campo en el cruce de caminos. Alli vieron a los hombres con los tres caballos, y uno por uno ellos los guiaron hasta donde estaban los White para que Jaime y Elena pudieran miratlos y elegir el que rms les gustara Primero vino el caballo vivaracho y.net- vioso, tal como Elena lo habia visto en su sue- 0 ‘ister de ayer para clstrutas hoy fio; luego el torpe caballo gris; y, por ditimo, un hombre trajo el hermoso caballo marrén. Jaime, que conocia mucho acerca de ca- baallos, épidamente eligid el tercer animal y Ele- na asintié con su cabeza; ese era el que el Angel le habia aconsejado que debian llevar. Pronto estaba enganchado al hermoso co- che que la gente habia comprado para los Whi te, y regresaron a'su casa en él, Estaban felices de tener un buen coche propio, y un caballo que lo tirara, Ahora no necesitaban viajar mas en una gran diligencia y bajarse:mientras los conductores cambiaban los caballos. Jaime y Elena podian llegar adonde debian ir mucho mas rapido, Cuando Elena se cansaba, podia hacer un alto en el camino. Jaime extendia una manta sobre el pasto debajo de un érbol,y ella podia descansar por un rato. Le pusieron por nombre, a su caballo, Viejo Charlie. Era un hermoso animal, ademés de ser manso, y sirvi6 @ los White por muchos afios. Le gustaban las manzanas, y siempre se de- tenfa cuando vela algunas debajo de un érbol Entonces, Jaime le permitia darse una buena fiesta de esa rica fruta Viejo Charlie llevé a los White @ muchos lugares, y ayud6 a llevar las buenas nuevas del evangelio cerca y lejos de su hogar. Salvados en un accidente de tren ena y Jaime se encontraban lejos de su hogar, y se hospedaban con unos amigos que vivian en el Estado de Michigan, —Debemos ir a Wisconsin ~anuncié Jaime a su esposa un dia ‘Wisconsin es un Estado que es vecino a Mi- chigan. ‘Asi que, Elena comenz6 a prepararse para el viaje. Jaime empacs libros para llevar a las reuniones en Wisconsin; libros que ayudarian a la gente a entender la Biblia ~{Sabes?, Elena -le comenté Jaime mientras se encontraban ocupados empacando las co- sas-. He tenido un extrafio sentimiento todo el » iteras de ayer para dotruter oy dia en relacién con este viaje. Casi desearia que ro tuviéramos que ir, pero la gente nos esté es- perando, y debemos ir. Terminaron de preparar su equipaje aquella noche y se dirigieron a la planta baja. —Reundmonos todos antes de partir -pidi6 41-y tengamos una oraci6n especial. Asi que, el pastor White, su esposa y los amigos con quienes se hospedaban, todos, se arrodillaron en un citculo y oraron por las reu- niones en Wisconsin, y pidieron a Dios que los protegiera en ese viaje. Se sintieron mejor después de haber orado. La hermana White dij: Ahora estoy lista para ir, porque sé que el Sefior cuidard de nosotros. Entonces se dirigieron a la estacién con sus bolsos, paquetes y el bail leno de libros, para abordarel tren que los llevaria durante la noche hasta Wisconsin, Se ubicaron en un coche cer- ‘ca de la parte delantera del tren, pero Elena se sentia incmoda Jaime -Ie dijo ella-, no podlemos viajar en este vagén. Busquemos un asiento en otro va~ {g6n, que esté alejado de la focomotora. Fst bien ~respondid su esposo~; si eso es lo que te parece, hagémoslo, ‘Asi que, se dirigieron de nuevo a otro va- 1g6n, en el que encontraron un asiento libre » Salads en un acidente de ven Muy pronto el guarda hizo sonar la cam pana de la locomotora, y el tren comenzé a an- dar en la oscuridad de la noche. Bang! jBang! ;Bang! El tren comenz6 a hamacarse hacia atrés y hacia adelante, y a sa- cudirse para un lado y para el otro. "Qué ha sucedido?”, se preguntaban todos. Los White fueron a mirar por la ventana. Po= dian ver uno de los vagones del tren parado en un extremo, y mas all estaba la méquina, caf da sobre un costado, fuera de las vias. La gerite gritaba y gemia. Algunos estaban llorando. jHa- bian sido heridos en el accidente! Los White y toda la gente del vagén en el {que viajaban salieron y miraron el terible cua- dro del tren accidentado. Todos Ios vagones, excepto el que habian ocupado los White, se encontraban descarrilados. Los otros vagones estaban todos destruidos. Muchas personas es- taban heridas, y unos pocos habfan muerto. Jaime alz6 a Elena y la llevé a través de un arroyo y de un campo a una casa cercana, y la dejé alli mientras iba a buscar un doctor para que atendiera a la gente herida y para ver qué mis podia hacer para ayudar. Entonces regre- 86, y alquil6 un carruaje y un caballo con los aque viajar hasta la casa de algunos adventistas que vivian a una distancia cercana, para pasat la noche. istoras de ayer para datutar hy A la mafiana siguiente, regresaron al lugar del accidente. Algunos les dijeron que un buey grande se habia atravesado en las vias y que la méquina habia chocado contra el animal. Esto era lo que habia causado el accidente. Los hombres todavia estaban tratando de descubrir cémo el vagn en el que habjan via- jado.los. White no se habia salido de lasivias como tos demés. Entonces, descubrieron algo extrafio: el gran pero y la cadena que conec- taban ese vagén con el que se encontraba jus- to adelante se habian desenganchado y se en- contraban en la plataforra del vagdn. Nadie {que viajara en el tren fo habia tocado, y no se podian imaginar cémo habfa sucedido, Pero Elena y Jaime sabian quién lo habfa hecho: un dngel fo habfa desenganchado, pa- fa que el vagén no se descarrilara como habia sucedido con los demas. Satands saba que Elena y Jaime tenfan una ‘obra importante que hacer, y habia tratado de matarlos en este accidente. Pero Dios envid su “ingel para salvar sus vidas, as{ como habia sal- vado la vida de Elena del accidente cuando era tuna pequefia nifia Dios es mas fuerte que Satands, él ha pro- rmetido enviar a su Angel para proteger a aque- Hos que lo aman y son suyos. Jaime se preguntaba qué habria sucedido Salvaids en un acedente de wen con el baal Hleno de libros, que estaban llevan- do a las reuniones de Wisconsin. Se dirigié al vagén del equipaje. El accidente lo habia des- trozado, pero el baiil con los libros se encon- traba intact. Los White pudieron tomar otro tren para lle- {gar a Wisconsin. Muchas personas en la reunién aprendieron acerca de Jesiis y de su pueblo, y muchos se convirteron. {No es de sorprenderse que Satands hubiera querido quitar fa vida a los White! Salvado de ahogarSe ‘0s White tuvieron cuatro niios varones, pero uno de ellos murié cuando era todavia un Debecito, y eso puso muy tistes a Jaime y a Elena, El mayor de los varones era Henry, lue= 40 le seguia ef pequefio Edson y por iltimo el bebe Will. Cuando Willie tenia alrededor de 2 atfos, cra como cualquier nifito de su edad. Le gus- taba corter por los alrededores buscando algo interesante que hacer. : Un dia, habia mucho alboroto y bulliclo en la casa de los White. Las visitas permanece- rfan por pocos dias. Se estaba por llevar a cabo una gran reunién, y muchas personas estaban Nisteras de ayer por dite iy Hegando a Battle Creek, donde en ese tiempo vivian los White y muchas otras familias adven- tists. Haba pocos hoteles en la ciudad y no al: ccanzaban los lugares pare hospedar a los her- manos, asf que les pidié a todos los que pudie~ ran recibir visitas en sus hogares, que lo hicie- ran Varias personas se hospedarfan en la casa de los White, asi que la hermana White y sus dos ayudantes, Carissa y Jenny, estaban arman- do camas, limpiando la casa, cocinando ali- 'mentos y preparando todé lo necesaro. En la cocina tenfan una tina grande, llena de agua jabonosa para fregar el piso. £1 peque- jo Willie estaba disirutando a sus anchas todo el movimiento que habia en la casa, Cuando detecté la tina con agua jabonosa, vio la opor- tunidad de disfrutar un buen juego con ella. ‘Tomé un pequefio palo y comenz6 a darle vuel- tas adentro de la gran tina de agua, diciendo, mientras lo empujaba en el agua: Bote de palo, bote de palo. Jenny, una de las dos ayudantes,salié al pa- tio para conseguir algunas astillas con las cuales ccomenzar el fuego en la cocina a lefia, Cuando regresé a la casa, se pregunt6 dén- de estarfa Willie. Fue a la cocina. El nifio no se encontraba allf; al menos, eso es lo que le Salado de ahogare parecié a ella. Entonces, miré hacia la tina con agua, y se horrorizé al ver un pequefio pie que asomaba. Mientras escuchaba. un sonido de *glugli", corri6 hacia la tina y, tomandolo del piececito, ;sacé a Willi! =jOh, oh! -grt6 ella-. {Willie se ha ahoga- do! {Willie se ha ahogado! La Sra. White, que estaba trabajando en la sala, vino corriendo, tomé a su pequefio hijito y lo abraz6 contra su pecho. Su carta estaba morada... y temi6 que estuviera muert. ‘arte, Jenny! ~exclamé ella. Corre y la- ma répido al doctor y al pastor White para que vvengan enseguida La mamé sali6 al patio con Willie en sus brazos, le sacé las ropas y comenzé a hacerlo rodar por el césped. Le comenz6 a salir agua jabonosa por la boca. Una y otra vez lo hizo gira. Pasaron un minuto, dos, cinco, diez, quin~ Ce, veinte minutos mientras ella lo hacia rodar hacia atrds y hacia adelante. Los vecinos salieron de sus casas para ob- EI bebé esté muerto ~decian horrorizados. —Alguien debiera sacarle ese bebé muerto a la Sra, White -murmuré una de las vecinas, pero Elena sigui6 haciéndoto rodar. i —Déjenta tranquila -ordené el pastor White, que se encontraba parado allf cerca~. Ella sabe Nisteriae ah ayer para disutar oy lo que esté haciendo, Elena alz6 al pequefio Willie, lo sostuvo cerca de ella y bes6 su carita fia =jOh, oh! ~exclamé, mientras se le ilumi- nba el rosto de alegria-. Mi bebé esté vivo! Habia visto que uno de sus parpados pes- tafiaba un poquito y, mientras lo besaba, se dio cuenta de que estaba tratando de besarla a ella también, Llevandolo adentro, lamé a Jen- ny para que trajera algunas frazadas calientes, y lo envolvié en ellas, cambiéndolas tan pron- to como se enfriaban. Pronto, el nifio abrié sus ‘ojos y sonri6. No tenian mas dudas. jEstaba completamente a salvol Durante el resto def dia, la hermana White hamacé a su pequefio y lo mantuvo abrazado cerca de ella. Elena estaba agradecida por tener vivo a su hijito, y murmuré una oracién de gra- titud a Dios por salvarlo de haberse ahogado. ‘Aquelia noche, mientras estaba sentada en la mecedora con Willie en sus brazos, escuché ‘que se elevaba un grito: Se ha perdido un nifio! Estaban llamando voluntarios para que sa- Hieran a buscar al nifio perdido. La hemana White sostuvo a Willie més cerca atin, mientras oraba por el nifio perdido, {Qué terrible habria sido que su hijo se hubiera perdido y ahogado! Salado de ahogarse Finalmente, escuch6 la noticia tan esperadaz ~Aparecié el nifo. Todos dejaron escapar una oracién de gra- titud a Dios. Elena pens6 en la historia que Jess conté acerca de la oveja perdida, y cémo el pastor fue a buscarla hasta que la enconte: *Yo también debo ir y buscar a aquellos que estin perdidos en ef pecado”, reflexion6 para si misma. Willie crecié para llegar a ser un muchacho fuerte y itil. Cuando lleg6 a ser un hombre adul- to, ayudé a su madre en todas sus ocupaciones. Vivié para mostrar a la gente cmo amar y servir a Dios i Una vez mas, Satands habfa tratado de tar la vida de alguien que sabia que llegaria a set un ayudante de Dios. Pero, una vez més, no tuvo éxito frente al omnipotente Sefior. El pobre Edson apenas se movia mientras ya- fa en brazos de su madre, Su carita estaba pali- day hablaba débilmente. Habia estado enfermo con una fiebre muy alta. Elena y Jaime hablan orado para que se recobrara de su enfermedad. Dios habia escuchado sus oraciones habla me- jorado al nifio, pero ahora se encontraba muy débil. Cuando su madre trataba de alimentarlo con algo de leche o caldo con una cuchara, é ddaba vuelta la cara. No queria comet 9 itera de ayer para dtr hay Elena miré a su esposo, que estaba de pie asulado. ~2Qué haremos, Jaime? -le pregunté ella-. Debemos hacer ese largo viaje. La gente en las iglesias nos esté esperando, y yo tengo mensajes de Dios para darles. Edson esté demasiado en- fermo como para llevarlo con nosotros, pero no me gusta la idea de dejarlo con otras personas tras se encuentra tan deébil i debemos ir, Elena ~replicé Jaime-; pero es dificil saber qué hacer con Edson, Jaime miré pensativamente: ~Oraremos al Sefior para que nos gute ~concluyé al fin, y su rostro se ilumin6; ise le habia ocurrido una idea! ~Ya sé -le dijo a Elena-. :Por qué no acor- damos que si entre ahora y el momento de nuestra partida acepta algo de alimento, toma- remos es0 como una sefial de parte de Dios de que debernos ir? -S{ dijo Elena animada-, hagamos eso. Al dia siguiente, Edson se rehus6 una vez més a ingerir cualquier alimento. Pero un dia después de esto, cuando Elena le ofrecié un po- uito de caldo, abrié su boca y lo tomé, ~2Viste eso, Jaime? ~exclamé Elena alegre- mente-. Edson acepté algo de caldo. Eo signi- fica que Dios desea que vayamos y que lo lle- vernos con nosotros. ~ Salad de ahogore Asi que, se alistaron para el largo viaje. me uncié el caballo al carruaje, y Elena subié y colocé a Edson con una almohada sobre su falda, ‘Aquella tardecita se hospedaron en la casa de algunos amigos, para pasar la noche. AI lle- gar la mafiana, se preguntaron sino debian re- gresar a su casa; Edson todavia estaba palido y enfermo. Pero no, Dios les habla mostrado que debian ir seguirian vigje. La gente en cuya casa se habian hospedado sacudia sus cabezas mientras se despedian: Van a enterrar a ese pobre nifio junto al ‘camino se lamentaban ellos. Pero Elena y Jaime sabfan que se encontra- ban al cuidado de Dios, y siguieron adelante. Elena estaba cansada. Habia: pasado mu- cchas horas levantada durante las noches cuando Edson estaba enfermo, y se le cafaila:cabeza de suefio. Necesitaba dormir. “Jaime ~dijo ella~, estoy tan sofiolienta que tengo miedo de quedarme dormida, y que Ed- son se caiga de mi falda y se lastime. Lo voy a atar a mi cuerpo, por si me quedo dormida, Asi que, tom6 una cuerda y at6 al nifio manteniéndolo junto 2 ella Ella se durmié y también Edson se durmi6 Desde el asiento del conductor, Jaime observa- ba a los dos, madre e hijo, durmiendo tranqui- itera d ayer para cist hey lamente. £1 los amaba mucho, y estaba agrade- Cido a Dios por haber escuchado sus oraciones y por mejorar a Edson de su terrible fiebre. sCrecerfa el muchacho para llegar a ser un obrero para Dios? ;Habian hecho todo lo que debian para enseflarle acerca del amante Sal- vador y de su promesa de la segunda venida? Entonces, pens6 en ottos nifios. :Qué estaban haciendo para ensefiara los nitios y alas nifias? Jestis habia dicho: “Dejadlos venir a mi”. ‘As{ como los discipulos que trataron de apartar a los nifios de Jestis, algunas personas habfan dicho que no era importante hacer al- go para los mas pequerios de la iglesia. Jesus vendria pronto, decia la gente, y ellos debian compartir con todos las buenas nuevas; pero no habian hecho nada por los pequefios de la iglesia. No tenian divisiones de Cuna, Infantes, Primarios 0 Intermediarios, ni siquiera folletos para las lecciones de los nis. iso no esta bien! ~decidi Jaime mientras le daba un golpecito suave al caballo~. No, no std bien. Tenemos que hacer més por nuestros nifios. de esta manera nacié una nueva idea! ‘Aquel largo viaje les llevé muchas semanas mientras los White iban de una iglesia a otra ‘A veces debian detenerse para descansar tan- to ellos como los cabalios. Jaime extendia una Salad de shoppe frazada, y Elena y Edson descansaban all. En- tonces, él se sentaba sobre un banquito con ta caja de la merienda o su sombrero grande sobre sus rodillas y escribfa lecciones e historias para los nifos. El estaba haciendo que su suefio se hiciera realidad. ‘Asi que, desde ese momento en adelante, Jos nifios tuvieron sus propias lecciones de Es- ccuela Sabitica. A partir de allt, la gente en las iglesias organiz6 clases especiales para los ni- fos y mas adelante se hicieron las diferentes di- visiones infantiles: Cuna, para los mas chiquitos, yy ademas Infantes, Primarios e Intermediarios. iA los nifios les gust6 mucho! Era mejor que tener que sentarse todo el tiempo con los grandes y escuchar sus lecciones dificiles. Al principio, debian compartir con los jévenes el folleto que Jaime habja impreso. Pero, ms tar- de, tuvieron sus propios folletos.&! Amigo de fos nifos fue el prime folleto que se imprimié para los pequefios. Y a los nifios y las nifas todavia les gusta recibir ese folleto especial, el folleto con el que Jaime so’ hace tantos afios, cuando observaba a sv hijo enfermo durmiendo, Elena le habla a Su estdémago | principio Elena y Jaime no cuidaban muy bien de sus cuerpos. Para empezay, trabaja- ban demasiado y no descansaban lo suficiente. Habian aprendido de José Bates qué algunas cosas no eran buenas para su Cuerpo: cosas ‘como beber licor y fumar; més adelante, des- cubrieron que beber té y café no era bueno tampoco, asi que dejaron de beberlos Pero ellos no pensaban que fuera impor tante lo que comian. Comfan cualquier cosa que tuvieran ganas de comer, aunque no fue! se la haa de las comidas. Ademiés, cocinabatl mucha came, porque pensaban que os haria fuertes. También comian solamente pan blanco! % itoras de ayer para distur oy Les gustaban mucho los escabeches con vinagre para acompaar sus comidas, y consumian mu- ‘hos alimentos con condimentos fuertes. Para el postre les gustaban las tartas dulces, las tortas y las gallettas hechas con mucho azticar. Algunas veces, sus habitos incorrectos de salud les pro vocaban enfermedades. Entonces, un dia, Elena recibi6 una visién en fa que se le indicaba que comer cosas per- judiciales no es bueno para el cuerpo; como tampoco les hacia bien trabajar exagerada- mente y no descansar lo suficiente. Entendi6 que se sentirfan mejor si tenfan buenos habitos de salud. Ella aprendié que los alimentos saludables eran las frutas y las verduras, las nueces y el pan integral, ademas de un poco de leche, cre- ma y unos pocos huevos. Descubrié que tan- to ella como Jaime debian beber agua y usarla para ayudar a fa gente cuando contrafa enfer- medades. Estos habitos de vida y alimentacién eran muy diferentes de lo que estaban acostumbra- dos; la idea de que comer saludablemente los ayudarfa a ser buenos cristianos era una nove dad para ellos. Pero Elena siempre habia obe decido lo que se le mostraba en las visiones, y estaba decidida a hacerlo aunque echara de ‘menos los alimentos a los que estaba acostum- % lena le habla a su estomago brada y fuese dificil cambiar sus habitos de ali- mentacién. Aceptaba que fo que Dios le indica- ba era lo mejor. Los White estaban lejos de su hogar cuando ella recibié esta vision acerca de los habitos de vida. Cuando Hlegaron a casa, ella llamé a su cocinera, a su familia y sus amigos, y les conts acerca de la visién que Dios le habia presenta- do acerca de la forma correcta de alimentarse. ~Tendremos que hacer grandes cambios en lo que cocinamos y comemos le anuncié Elena ‘su cocinera-, No consumiremos mas jamén; ccatnes o escabeches en vinagre; pondremos me- nos sal de la que hemos estado utilizando y no ‘consumiremos tanto azticar. Debemos ingerir abundantes verduras y frutas, y conseguiremos harina integral para hacer el pan. Asi que, su ayudante le dijo que haria to mejor que podta ‘Al dia siguiente, ella preparé algunos ali- mentos saludables. Hizo un pan integral sabro- 50, cociné verduras y colocé un plato con nue- ‘ces en la mesa junto con una linda fuente llena de frutas. Jaime y Elena se sentaron a comer esto; su primera comida con el cambio de alimentacién, La comida no tenia jamnén ni escabeches con vinagre: tampoco habfa pasteles dulces, todo to que le gustaba comer a Elena. Pero tenfan a storia ds ayer para dstuter hay verduras, papas asadas y una hogaza de pan in tegral grande. Elena observé todo. No deseaba ‘comer esta clase de alimentos, especialmente el pan integral. Jaime se sirvié de todo y Io disfruté. Pero lena dij: Fermiso, Jaime, no tengo deseos de comer. Jaime estaba sorprendido de que ella se fue- ra de la mesa. Ala siguiente comida, se sent6 a comer otra vez con Jaime. Elena tenia mucha hambre des- pués de haber omitido una comida, Otra vez rmiré todo lo que habia en la mesa, Su estémago parecia que reclamaba las cosas a las que esta ba acostumbrada: el cerdo, fas conservas con vinagre, cares y jamén, pan blanco y paste- les dulces. Especialmente se qued6 mirando el pan integral: “Nunca podré comer esa clase de pan“, pensé. “Me parece que no quiero comer ~dijo una vez més, y pidié permiso para retirarse de la mesa Luego de pasar dos comidas sin probar na- da, ahora estaba realmente hambrienta. Ella sa- ba que debia aprender a gustar de la comida saludable, sin embargo; y la siguiente vez que vino a fa mesa, colocé sus manos sobre su est6- imago y le hablé: ~Estmago, tendrés que esperar hasta: que Elena le habla a su extomago aprendas a comer pan Era lo que Dios deseaba que hiciera, y ella debia aprender a hacerlo. Asi que, comenz6 a comer un poquito de los alimentos saludables ‘que se encontraban sobre la mesa, y gradual- mente aprendié 2 gustar de ellos. Muy pronto le ustaban mas que la carne y los alimentos con especias y vinagre. Y ysabes qué? No solamente aprendié a ‘ustar de los alimentos sanos, sino también co- menz6 a sentirse mucho mejor y més fuerte Elena ya no se sentia cansada todo el tiempo. Ahora dormia mejor y no se enfermaba tan a menudo, St, Dios sabe cuales son los alimentos que nos hacen bien y sabe que esto nos ayudara a ‘mantenernos sanos. 1 desea que mantengamos ‘nuestros cuerpos limpios y saludables. Comer Jos alimentos correctos y vivir en una forma sa~ ludable nos ayuidard a ser nifios y nifias cristia- ‘90s mejores y més fuertes. Cémo Se enderezd el pie de Charlie a Sra. Andrews fruncié el cefio mientras ob- [eerie el pie de su pequeiio muchacho. Co- menzaba a dar sus primeros pasos, y estaba dis- frutando de poder moverse de un lugar a otro sin que su paps y su mamé tuvieran que tlevar- lo, Pero la Sra. Andrews estaba preocupada al ver su pie derecho. Parecia torcerse demasiado hacia afuera “Juan -le dijo a su esposo un dia, observa cl pie derecho de Charlie. Yo creo que tiene un defecto, El pastor Andrews lo observé de cerca: Si, tienes razén —le dijo; pero tal vez se cenderece solo a medida que vaya creciendo, ‘01 stern de yer para strata hoy aunque serfa mejor llevarlo al meédico. ~aPodemos hacer algo para solucionarlo? ~pregunté el preocupado padre al doctor. Bueno, no; me temo que no ~respondié el médico. Asi que, los padres ilevaron tristemente a su pequefio nfo a casa, sin una solucién. Justo en ese tiempo, Elena de White habia recibido una visi6n en la que Dios fe mostraba que deberfamos vivir de una forma més salu- dable. Una de las cosas que ella aprendié era aque los tratamientos con agua pueden ayudar a le gente cuando esté herida 0 enferma. Ella ‘compartia con todos estas instrucciones. ~Probemos esos tratamientos -resolvié el pastor Andrews cuando se enteré acerca de ellos. “Me parece muy bien, vamos a intentarlo ~estuvo de acuerdo la Sra. Andrews. ‘Asi que, ellos hicieron lo que acababan de aprender. Calentaron una gran olla con agua y, ‘cuando estaba bien caliente, introdujeron en el agua un pedazo de una frazada vieja doblada, 1a estrujaron bien y la colocaron sobre el pie de Chatlie. Le calentaban muy bien el pie. Entonces, cuando se enfriaba, le colocaban tn pao frio y luego usaban et pao que habian remojado otra vez en el agua caliente. Hicie- ron esto tres veces. Entonces, suavemente en- m2 Camo se enderex el pie de Charlie derezaron el pie, después de haberle hecho el tratamiento con agua. Le hicieron este tratamiento durante varios dias, y gsaben lo que sucedi6? Gradualmente su pie comenz6 a enderezarse hasta quedar pronto igual que el otto pie. Cuan felices se sentian Charlie y sus pa res! Juan Andrews recordé que la hermana Whi- te habia ensefiado que fa gente deberia cambiar sus habitos de alimentacién y debiera comer frutas, verduras, nueces, pan integral y cereales en abundancia. ~Creo que deberfamos cambiar nuestros hé- bitos de alimentacién también -dijo él Asi que, ellos hicieron lo mismo que los esposos White habfan hecho. Como resultado, todos gozaron de mejor salud. Dejaron de te- ner dolores de estémago, de cabeza, de estar cansados, padecer gripes y toses, como solia sucederles antes. Satanas trata de detener la obra de Elena pastor y la Sra. White fueron a una reunién en un lugar distante, desde su casa, La reunién se llevaba a cabo en una escuela. Aquella tarde, hubo en la escuela un funeral, de un hombre joven, Pidieron al pastor White que predicara el sermén en el servicio. Después de que hubo predicado, la hee mana White se levant6 y hablé acerca de las cosas maravliosas que aquellos que aman al Sefior disfrutardn en el cielo, Repentinamente, se detuvo y dijo: “Gloria!” muy fuerte y clara- mente, Entonces, repitié nuevamente “;Glorial”, ‘istorinsde ayer parm asrutar hay pero no tan fuerte esta vez. Por tercera ver dijo *(Gloria!", y su voz soné como si se enconirara muy lejos. Cuando ella decfa “;Gloria!” de esta manera, significaba que estaba teniendo una vi- si6n, El pastor White le explicé a la gente que se encontraba en el funeral acerca de las visiones due recibia Elena, y ellos la observaron con in- terés mientras ella miraba hacia arriba y levan- taba sus manos hacia el cielo. Al principio se fa vefa feliz, y después de un tiempo su rostro se puso triste como si estuviera observando que estaba sucediendo algo terrible. Luego, una vez mds se la vio feliz Fue una visién prolongada, pero la gente permanecié alli, y luego Hlevaron el atatid con el hombre joven para enterrarlo. Dos dias mas tarde, los White comenzaron su largo viaje de regreso 2 casa. Se detuvieron «a pasar fa noche en el hogar de unos amigos, y alla hermana White se enfermé mucho. Todos ‘oraron por ella y se mejor6 un poquito; pero to-