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4 Benjamin Constant 1efeh . DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA. CON LA DE LOS MODERNOS* Del egspiritu : Discurso pronunciado de conquista en el Ateneo de Paris Estudio preliminar MARIA LUISA SANCHEZ MENA 7 “Teaduecion de M, MAGDALENA TRUYOL WINTRICH y MARCIAL ANTONIO LOPEZ sefios | P. Povitics % SERORES, . Me propongo hoy someter a vuestto examen al- ‘gunas distinciones bastante nuevas todavia entre dos _géneros de libertad, cuyas diferencias no han sido ad Vertidas hasta el di o al menos se ha dicho muy poco sobre ellas. La una es a libertad, cuyo ejerccio era tan amado de los antiguos pueblos; la otra, aquella ‘euyo goce ¢ particularmente precioso a las nacio= nes modernas. Esta indagacion ser interesante, si 0 ime engato bajo dos aspectos Primeramente, la confusion de estas dos especies de libertad ha sido entre nosotros, durante las épo~ cas mas célebres de nuestra revolucién, la causa de ‘muchos miales. Se ha visto a Francia fatigarse en en sayos imitiles,cuyos autores, iritados por su poco éxito, han intentado obligaria a gozar del bien que no queria, y le han disputado el que queria. En se- undo lugar, llamados por nuestra revoluciGn a g0- zar de ios beneficios de un gobierno representativo, ¢ curioso y iti el indagar por qué este gobierno, el 'inico a cuyo abrigo podemos encontrar alguna liber fe 66 BENJAMIN CONSTANT tad y tranquilidad, ha sido casi enteramente desco- nocido a las naciones libres de fa antiguedad. Yo sé Bien que se ha pretendido seguir de alguna manera las huellas de ciertos pueblos de la antieuedad, co- mo de la replica de Lacedemonia, por ejemplo, y de nuestros antepasados los galos, pero con muy poca exactitud El gobierno de Lacedemonia era une aristocracia monacal, y de ningtin modo un gobierno represen- tativo, La autoridad de los reyes estaba limitada, pero lo estaba por los éforos, y no por hombres investi- dos de una misién semejante @ aguella que la elec Gidn confiere en este tiempo a los defensores de nues- tras libertades. Aquellos magistrados, no hay duda, después de haber sido instituidos por los reyes, fue ron nombradas por el pueblo; pero no eran mas que cinco en mimero, Su autoridad era religiosa del mis- mo modo que politica; tenfan parte aun en la admi- nistracion del gobierno, es decir, en el poder ejecuti- vo; y en este hecho su prerrogativa. como la de casi todos los magistrados populares en las antiguas re- piiblicas, lejos de ser simplemente una barrera con- tra la tirania, llegaba a ser algunas veces ella misma una tirania insoportable. El regimen de los galos, que se parecia bastante a aguel que queria darnos cierto partido, era teocr’- tico y guerrero al mismo tiempo; los sacerdotes g0- zaban de un poder sin limites: la clase militar y la nobleza poseian privilegios muy insolentes y opresi- vos: y-el pueblo estaba sin derechos ni garantias. En. Roma los tribunos tenian hasta cierto punto una mi sin representativa; eran los orgafios de aquellos ple- beyos que Ia oligarguia (que en todos Ios siglos es la misma) habia sometido, al derrocar a los reyes a una dura esclavitud. El pueblo ejercia siempre di- eS de ee eee DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS. 67 rectamente una gran parte de los derechos politicos: Se reumia para votar las leyes, ¥ para juzgar alos pa- tricios procesadas: no habia, sin embargo, en Roma Sino débiles vestigios del sistema representativo. Este sistema es un descubrimiento de los m nos: y vosotras vereis, senores, que gl estado de la specie humana ca la ahtiauedadsno permitia que una “institucién de esta naturaleza se introdujera y se es- tableciese. Los antiguos pueblos no podian conocer sus necesidades ni sus ventajas: su organizacion so- ial los conducia a desear una libertad del todo dife- Fente de aquella que nos asegura este sistema: punto Gue demostraré con toda la exactitud qule me sea po- sible. Preguntemos desde luego lo que en este tiempo en- tienden un inglés, un francés 0 un habitante-de_los Estados Unidos de América por la palabra libertad. Ella no es para.cada uno de estos otra cosa que #i _iderechofic no estar sometido sing a las leves, no po- der ertetentdes al proses mi auetio, ni malvratado de mariera alguna por el efecto de la Voluntad all ‘aria de uno ruchos individuos: es el derecho inion, de excoger su industria de ejt yoner de'su propiedad, aun de al “Sar si se quiere, de iry venir a cualquier parte sin ne= cesidad de ‘hi de dar cuenta a nadie de suis motivos o sus pasos" es el derecho de reunirse Con otros individuos, sea para deliperar sobre sus in- iereses, sea para llenar los dias o las horas dela ma- hera més conforme a sus inclinaciones y caprichos: 5, ea fin, para 1od0s el derecho d o-en la administracion del gobierno, o-e8 el delgunos o de rodor fos Funcionarios, sea por wresentaciones, por peticiones © por consultas, que ~ff dutoridad esta mas o menos obligada a tomar en se qui fo BENJAMIN CONSTANT _consideracién. Comparad entre tanto esta libertad ton la de los antiguos. Esta consistia en ejercer colectiva nero directamente muchas partes de la soberania entera; en. deliberar plaza publica sobre la guerra y la paz; en con luir Con los extranjeros tratados de alianza; en vo- far las leyes, pronuneiar las sentencias, examinay las. cuentas, los actos, las gestiones de los magistrados, ‘acer compareéer ante odo e pueblo, {ue era todo esto lo que los anti tad, ellos admitian como compatible con esta liber- tad Golectiva la sujecin completa del individuaa la “gutoridad de la multitud reunida, No encontraréis en ellos casi ninguino de los beneficios y goces que he- mis hecho ver que formaban parte de la libertad en los pueblos modernos. Todas las acciones privadas estaban sometidas a una severa vigilancia: nada se ‘coneedia a la independencia individual ni bajo el con- cepto de opiniones, ni del de industria, ni de los otros Dienes que hemos indicado. En las cosas que nos pa- recen mas tiles, la autoridad del cuerpo social se in- terponia, y mortifieaba la voluntad de los particula- res. Terpandro no pudo entre los espartanos afadir una cuerda a su lira sin que los éforos se diesen por ofendidos. Aun en las relaciones domésticas mas ‘ocultas también intervenia la autoridad: un joven la- ‘cedemonio no podia visitar libremente a su nueva es posa: en Roma los censores escudrifiaban hasta el in- terior de las familias: las leyes regulaban las costuin- bres; y, como éstas tienen conexidn con todo, nada habia que aquéllas no pretendiesen arreglar. ‘Asi, enize los antiguos el individuo, soberano casi negocios publicos, era esclavo én todas sus Felasiones privadas. Como ciudad DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 69 imitado, observado y rept ‘movimientos; ‘como porcién del cu cuestionaba, destituia, condenaba, despojaba, des- terraba y decidia la vida de los magistrados 0 de sus superiores; pero como sometido al cuerpo colectivo podia llegar también la ocasion de ser privado de su estado, despojado de sus dignidades, arrojado del te- rritorid de la repiblica, y condenado a muerte por Ja voluntad discrecional det todo de que formaba par- te, Entre los modernos al contratio, el individuo, in- dependiente en su vida privada, no’es soberano mas que en apariencia aun en los Estados mds libres: su soberania esta restringida y casi siempre suspensa: y sien algunas épocas fijas, pero raras, llega a ejer- cer esta soberania, lo hace rodeado de mil trabas ¥ precauciones, y nunca sino para abdicar de ella. Mas debo aqui detenerme un instante para preve- nir una objecién que podria hacérseme. «En la anti- giiedad —se me dira— existia una repablica en la cual no habia, como acaba de pintarse, la esclavitud de Ia existencia individual del cuerpo colectivo: esta re publica es la mas celebre de todas, a saber, la de Ate- has.» Pero mas adelante explicaré la causa convinien- “do; como convengo, en la verdad del hecho. Alli ve~ remos por qué, de todas los Estados antiguos, el de Atenas es el que mas se parece a los modernos. Por todas partes la jurisdiccién social estaba alli limita- da, Los antiguos, como dice Condorcet, no tenian nocién alguna de los derechos individuales. Los hom- bres no eran, por explicarme asi, sino maquinas, cu- yos resortes ¥ ruedas regulaba y dirigia la ley. La mis- ma’sujecin caracterizaba a los buenos tiempos de la repiblica romana: el individuo estaba de alguna manera'como perdido en la nacién, y el ciudadano (apes 70. BENJAMIN CONSTANT “ena ciudad. Pero vamos ahora a remontarness af: zgenjde esta diferencia esencial entre los antiguos ¥ nosotros. Todas las repiiblicas de los primeros tiempos es- taban reducidas a limites estrechos. La mas pobla- da, la mas poderosa, la mas considerable entre ellas no era igual en extension al mas pequeio.de los Es- tados modernos. Por una consecuencia inevitable de su poca extensidn, el espiritu de esta repuiblica era belicoso: cada pueblo estaba continuamente rozan- yao 0 Incomodando a sus vecinos, o era incomodado “Spor ellos. Constituides asi por la necesidad, es de- 4 cir, los unos contra los otros, estaban combatiendo ‘0 amenazdndose sin cesar. Aquellos que no querian ser conquistadores no podian dejar las armas de Ia- vido so pena de ser conquistados. Todos compraban su seguridad, su independencia, su existencia entera al precio de ia guerra. Este era el interés constante, y la ocupacion casi habitual en los Estados libres de la antigiedad. Asi era que por un resultado igual- mente necesario de esta manera de existir, todos tos Estados tenian@: 5; y las profesiones mecs nicas, y aun en alguflas naciones, las industriales, es- taban confiadas a las manos cargadas de cadenas. EI mundo moderno nos ofrece un espectéculo com- pletamente opuesto. Los menores Estados de nues- tros dias son incomparablemente mds vastos que Es- arta o que Roma durante cinco siglos. La division misma de Europa en muchos es, gracias a los pro- gresos de las luces, mas bien aparente que real. Mien- tras que cada pueblo antiguamente formaba una fa miilia aislada, enemiga nata de otras familias, existe hoy entre nosotros una gran masa de hombres bajo diferentes nombres y bajo diversos modos.de orga- nizacion social, pero homogénea en su naturaleza. AD) DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS (71) Esta es bastante fuerte para no tener nada que te- mer de las hordas barbaras, y bastanté ilustrada pa- ra que la guerra pese sobre ella, porque su tendencia uniforme es hacia la paz, Esta diferencia me conduce a otra. La guerra es anterior al comercio; porque una y otro no son sino medios diferentes de conseguir el mismo objeto, que 1. es el de poseer aquello que se desea. El comercio no es sino un homenaje hecho a la fuerza del poseedor 7 por el que aspica a la posesion: es una tentativa para obtener de buena voluntad aquello que no se espera conquistar por la violencia. Un hombre que fuese siempre el mas fuerte nunca tendria la idea de co- ‘merciar. La experiencia es que probaindole que la gue- ra, es decir, el empleo de su fuerza contra la fuerza de otro, le éxpone a diversas resistencias y a diver- 50s choques, le inclina a recurrir al comercio o lo que es lo mismo, a un medio mas agradable y seguro de empetiar el interés de otro a consentir en lo que con- viene al suyo propio. La guerra es.el impulso, y el _comercio el eéleulos pero por esta razon debe llegar luna época en que éste reemplace a aquella, y es la gue nosotros hemos egado. ‘No quiero decir con esto que no haya habido pue™ bios comerciantes entre los antiguos; pero estos pue- bios hacian de algtin modo una excepcion a la regla general. Los limites de este discurso no me permiten indicar todos los obstaculos que se oponian enton- ces a los progresos del comercio; pero referiré uno _solo: la ighorancia de la brijula obligaba a los mari ‘nos de la antigtiedad a no perder de vista las costas sino lo menos posible. Atravesar las columnas de Hér- cules, es decir, pasar el estecho de Gibraltar, se con- sideraba como la empresa mas atrevida que podia ha- cerse. Los fenicios y cartagineses, que eran los mas f 72. BENJAMIN COr'STANT Jbiles en la navegacién, no se atrevieron a hacerlo ino muy tara vez, ¥ su ejemplo queds por mucho Hempo sin ser imitago. Sn. Atenas, dela que habla- Femos luego, el interés maritimo era de cerca del se- Senta por ciento, al paso que el interés ordinario no tra mis que del doce. ;Tanto infiuia la idea de una favegacion larga en ia del peligro "Ademas, siyo pudiera enttegarme a uns digresién aque habia de ser targa por necesidad, os manifesta- fia por el aspecto particular de las costumbres, de Tos habitos, del modo de trafiear de los pueblos an- tiguos comerciantes con Tos otros pusblas, que has- ta'su Comercio se hallaba impregnado, por decilo fst, del espiritu de la época, de la atmésfera de la + guerra y de la hostilidad que les rodeaba. El comer- Bio entonces era un accidente dichoso; hoy es el es- tao ordinario, cl objeto nico, fa tendeneia univer- salty la verdadera vida de las naciones, que apetecen ‘Unieamente el descanso, con él la comodidad, y co- ( mo origen de ésta la industria. La guerra es un me- ‘dio cada dia mas ineficaz de lenar estos deseos. Sus cambios no ofrecen yaa los individuos nia las na- @idnes bencficios que igualen a los resultados de un {abajo pacifico, yde unas mudanzas repulares. Ea- los antiguos una guerra vietoriosa sumentaba los fitlavos, los tributos y las Gerras a la riqueza pabli- FY particular. Entre los moderns la guerra mds unada cuesta infaliblemente mas que vale. En. . gracias al comercio, a la religion y a los progre- bos intelectuales y morales de la especie humana va nes europeas. Los hom=" El resultado de estas diferencias es mis facil de co- DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS. 73 nocer. La extensi6n de un pais disminuye tanto en importancia politica que da muy poca consideracion a la porcién de cada individuo por grande que sea, El republicano més rudo de Roma o de Esparta era, una autoridad, No sucede lo mismo con el simple ciu- dadano de Gran Bretafa o de los Estados Unidos: su influencia personal es un elemento imperceptible de la voluntad social cuando imprime al gobierno su direccién. En segundo lugar, la abolicién de la esclavitud qui- tala porcién libre todo el margen que le resultaria de que los esclavos estuviesen encargados dela ma- > yor parte de los trabajos. Sin la poblacién esclava Ge Atenas veinte mil atenienses no hubieran podido ir a deliberar todos los dias a la plaza: publica, En tercer lugar, el comercio no deja como la gue- rra.en los hombres sino intervalos de inactividad. El cjercicio perpetuo de los derechos politicos, la dis- cusion diaria de los negocios del Estado, las disen- siones, los concilidbulos, todo el séquito y movimien- to de las facciones, y las agitaciones necesarias (ocu- pacién precisa, si es que puedo hablar en estos tér- ‘minos, en la vida de los pucblos libres de la antigite- dad, que sin este recurso hubieran caido bajo el peso de una inaccion perjudicial), no hubiesen ofrecido: sino confusién y fatiga a las naciones modernas, en Jas que cada uno entregado a sus especulaciones, & sus empresas, 0 a los goces que obtiene 0 espera, no quiere ser apartado de todo esto sino momentinea- mente y lo menos posible, En fin, el comercio inspira a los hombres un vivo| amor por id independencia individual, coebers ene Gesidades y satistace sui 3 sin IntervenciGn de Fee athe monn aoe g0 casi y no sélo. SE OF qué digo casi yno sélo siempre, un trastorno_ TA BENIAMIN CONSTANT de él mismo y una mortificacién; porque, cuando el | poder colectivo quiere mezclarse en las especulacio- hes particulares ivcomoda a los especuladores; y | cuando los gobiernos pretenden hacer nuestros ne- | sosos, nos causan mas mal y mis dspendios sn om- paracién_que nosotros mismos, P8ife dicho antes que volveria @ hablar de Atenas, cuyo ejemplo podia oponerse a alguna de mis aser” ciones, para hacer ver que éste, por el contrario, va a afirmarlas todas. Atenas era, como insinué, de to- das las replicas griegas la mas comerciante; por lo mismo concedia a sus ciudadanos infinitamente mas ibertad individual que Roma y Esparta. Si yo pu- diese entrar en los pormenores historicos, haria ver ‘que el comercio habia hecho desaparecer de entre los atenienses muchas de las diferencias que distinguen alos antiguos de los modernos. El espiritu de los co- merciantes de Atenas era igual al de los de nuestros tiempos. Jenofonie nos dice que durante la guerra del Peloponeso salian sus capitales del continente del Atica, y los enviaban a las islas del Archipiélago. El comercio habia creado en ellos la circulacién; y lee- mos en Isécrafes ciertas especies sobre el uso de le- tras de cambio: de lo cual se infiere que sus costum- bres se parecian a las nuestras. En sus relaciones con las mujeres veréis, como dice ef mismo Jenofonte, vivir los esposos Satisfechos, cuando la paz y una amistad decente reinaban en el interior de la fami- lia; mirar con indulgencia alguna fragilidad que pu- diera ser efecto de la tirania de la naturaleza; cerrar los ojos sobre el irresistible poder de las pasiones, perdonar la primera debilidad y olvidar la segunda. En sus relaciones con los extranjeros se les veta ta bien prodigar los derechos de ciudadano a cualquie- ra que se trasladaba con su familia a vivir entre ellos, DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 15 estableciendo una oficina o una fabrica: En fin, se admiraré cualquiera de su excesivo amor por lain dependencia individual. En Lacedemonia, dice un fi- 1sofo, los ciudadanos corrian a auxiliar al magis- trado cuando éste los llamaba; pero un ateniense se habria desesperado si se le hubiese crefdo dependiente del magistrado. ‘Sin embargo, como existian en Atenas otras mu- cchas circunstancias que deciden del cardcter de las naciones antiguas; como habia una poblacién escla- va y un territorio muy limitado, no podian menos de tener vestigios de la libertad propia de las nacio- nes antiguas. El pueblo hacia las leyes, examinabal Ia conducta de [os magistrados, obligaba a Pericles ‘a dar cuenta de su administraci6n, y condenaba a muerte a los generales, como sucedié con los que ha- ian mandado en la batalla de las Arginusas. Al mis- mo tiempo el ostracismo, arbitrariedad legal alaba- da por todos los legisladores de aquella época; el os- tracismo, que nos parece y debe parecernos una ini quidad revolucionaria, prueba muy bien que el ind viduo estaba mucho mas esclavizado a la supremacia del cuerpo social de Atenas que lo esta en nuestros tiempos en un Estado libre de Europa. De lo que acabo de decir resulta que nosotros no podemos gozar de la libertad de Jos antiguos, la cual se componia de la participacidn activa y consiante del poder colectivo. Nuestra libertad debe componer: ‘se del gove pacifico y de la independencia privada ra parte que en la antigiledad tomaba cada uno en Ia soberania nacional no era, como entre nosotros, una suposicin abstracta: la voluntad de cada uno tenia una infl ‘teal; y el ejercicio de esta mis- ma voluntad era un placer vivo y repetid secuencia, los antiguos estaban dispuestos @ hacer a 74 BENJAMIN CONSTANT rmyichos sacrificios por la conservacién de sus dere- cetlos politicos, y de la parte que tenian en la adm | nibtracién del Estado; pues, conociendo cada uno con orgullo cuanto valia su suiragio, encontraba en este | mismo conocimiento de su importancia personal un Lamplisimo resarcimtento, Pero este resarcimiento no existe hoy para noso- tos: perdido en la multitud el individuo, casi no ad= vierte la influencia que ejerce; jamas se conoce el in- Tujo que tiene su voluntad sobre el todo, y nada hay que acredite a sus propios ojos su cooperacién. El ejercicio de los derechos politicos no nos ofrece, pus, Sino una parte de los goces que los antiguos encon= traban: y al mismo tiempo los progresos de ta civili- zacion, la tendencia comercial de la época, la comu- nicacign de los pueblos entre si han multiplicado y variado al infinito I jos de la fel cular a 7 De aqui se sigue que nosotros debemos scr més ‘adictos quelos antiguos a nuestra independencia in- | dividual; porque las naciones, cuando sacrificaban éstaa los derechos politicos, daban menos por obte- ner més, mientras que nosoiros, haciendo el mismo ; Sactificio, nos desprenderiamos de més por lograr El objeto de los antiguos era dividir el poder so- cial entre todos los ciudadanos de una misma patria | esto era lo que ellos lamaban libertad. El objeto de | los modernos es la seguridad de sus nodes privados; | ycllos aman libertad a las garantias concedidas por Jas instituciones de estos mismos gocen, He dicho al ‘Principio que por no haber advertido estas diferen- Gias unos hombres, bien intencionados por otra par- te, habian causado infinitos males durante nuestra larga y tempestuosa revolucidn. No permita Dios que DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 77 yo los cargue con amargas incentivas; su mismo error era excusable. No pueden leerse las mas bellas pagi- nas de la antiguedad, donde se expresan las acciones de los grandes hombres, sin experimentar no sé qué emocidn de genio particular, que no tiene nada de moderno. Los viejos elementos de una naturaleza an- terior a la nuestra, por decirlo asi, parecen excitarse en nosotros al tocar estos aspectos. Es muy dificil no echar de menos, y desear aquellos tiempos en que las facultades del hombre se desenrollaban en una direccion trazada anticipadamente, pero que produ- cla el valor de los individuos, un convencimiento de la superioridad de sus propias fuerzas, y un sentimien- to inconcebible de energia y de dignidad; por lo cual, siuno se entrega a semejantes emociones, es imposi- ble no querer imitar aquelio mismo. Esta impresién era profunda, sobre todo cuando viviamos con unos gobiernos abusivos, que sin ser fuertes eran opreso- Fes, absurdos en principios, y miserables en su ac- cion; gobiernos que tenian por recurso la arbitrarie~ dad, por objeto el menoseabo de la especie humana, ¥ que ciertos hombres, a pesar de todo, se atreven hoy a elogiar, como si jamas hubiésemos sido testi- 208 y victimas de su obstinacion, de su impotencia ¥ de su destruccion. El objeto de nuestros reforma- Gores fue sin duda noble y generoso. ,Y quién de en- tre nosotros no ha advertido que palpitaba su cora- z6n de esperanza al entrar en el camino que parece que iban a abrir? Nadie, y es imposible que tenga bue- nos sentimientos aquel que no advierta la necesidad de declarar que reconocer algunos errores de los co- metidos por los que nos guiaron al principio no es en manera alguna ni perjudicar su memoria, ni de- saprobar las opiniones que los ainigos de la humani- dad han profesado de tiempo en tiempo. 78 BENJAMIN Cor’sT4NT Pero estos hombres abian sacado muchas «sus teorias de las obras de los fildsofos, que haan ya confesado que sus doctrinas necesitaban las modifi- eaciones que la experiencia de dos mil alos habian ensenado al género humano. Quizé examinaré algu- ha vez el sistema del mis ilustre de estos fildsofos, que es Juan JacobotRousseai y manifestare que, transportando a nuestros tiempos modernos una ex: tension de poder social y de soberantacolectiva, que Pertenece 4 otros siglos, esfe genio sublime, a quien Animaba el amor més pura de la ibertad, ha Gado, no obstante esto, pretextos|muy funestos para esta. Blecer un género mas deciFanly A pesar de est me _ contentaré con censurar uiicamente aquello que es indispensable, y sere circunspesto en mi reFuracion, cvitando asi aumentar el nimero de los detractores de este gran hombre. No obstante, el interés de la verdad debe prevale- cer sobre las consideraciones que hacen sumamente poderoses el brillo de un talento prodigioso y la auto- Fidad de un renombre sin limites. Por otra parte, no ¢5 a Rousseau, como se veré, @ quien prineipalmen- te debe achacarse el error que voy a combatir; perte- nece mas bien a uno de sus sucesores, qui, aungue menos elocuente que él, no es, sin embargo, menos ustero,-e-si mil veces mas exagerador este, que es el abate Mably, puede ser mirado como el representante ,,de un sistema que, conforme a las maximas de la li | bertad antigua, quiere que los ciudadanos estén en- | teramente sujetos para que Ta nacién sea soberana, Yy que el individuo Sea esclavo para que el pueblo sea libre, (7. El abate de Mably, como Rousseau y otros mu- {chos, bia tomado del mismo modo que los ant \ gus la autsridad del cuerpo social por la libertad; DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 79 y todos los medios le parecian buenos para extender ia accién de esta autoridad sobre aquella parte re- calcitrante de la existencia humana, cuya indepen dencia deseaba tanto. El sentimiento que manifiesta, en todas sus obras es de que la ley no pueda exten- derse sino a las acciones: él habria querido que hu- biese comprendido hasta los pensamientos y accio- nnes mas pasajeras, y que hubiese perseguido al hom- bre sin interrupcida alguna y sin dejarle siquiera un asilo en donde pudiese escapar de su poder. Apenas advierte que en este u otro pueblo, sea el que quiera, hay una medida opresiva, cuando ya cree haber he- cho un descubrimiento, y lo propone como modelo: detesta la libertad individual como se detesta a un, enemigo personal; y cuando en Ia historia encuentra, una nacién enteramente privada de ella, y en la que no hay ninguna libertad politica, no puede menos de admirarla. Se extasfa cuando habla de los egipcios, porque entre ellos todo, como él dice, estaba arre lado por la ley: hasta sus desahogos, hasta sus ne- cesidades, todo se hallaba bajo el imperio del legis- lador; en cada uno de los momentos del dia estaban ‘ocupados por alguna obligacién; el amor mismo se hallaba sujeto a esta intervencidn respetada, y la ley era la que abria o cerraba las puertas de la camara nupcial. Esparta, que reunia las formas republicanas para esclavizar a sus individuos, excitaba en el espiritu de este fildsofo un entusiasmo mas vivo todavia. Aquel territorio, que propiamente podia llamarse un vasto convento, le parecia la mejor idea de una replica perfecta. Por Atenas sentia el mayor desprecio; y, Segiin creo, hubiera dicho, de esta nacién, la prime. rade Grecia, lo que un académico gran sefior decia dela Academia francesa: «jQué espantaso despotis- Celeron mo! Todo el mundo hace aqui lo que quivre>s y es de-advertir que este gran senor hablaba de Ia Acade- mia tal como estaba hace treinta aos. Cmomtasquieipdo.ado de un espiritu mAs conser- vador, pordu tenia una cabeza menos acalorada, no Cayo del todo en los mismos errores. Se admiraba de las diferencias que acabo de contar, pero no con- fundié su verdadera causa. Los politicos gr:egos, que vivian bajo el gobierno popular, no reconocian, di- ce él, otra fuerza que la de lasirtud, Los de hoy no hos hablan sino de manufacturas, de comercio, de fentas, de riguezas y aun de lujo, Atribuye esta dife- rencia‘ la republicay a la monargula; pero esto con Siste en el espiritu opuesto de los tiempos antiguos ¥ modernos, Cludadanos de las republicas y sUbdi- fos de las monarquias, todos quieren gozar de cierta Clase de bienes y Gomodidades, y ninguno puede de- far de quererlos en el estado actual de las socieda des. El pueblo més adicto en nuestros ticmpos a st libertad, antes que Francia obtuviera la sua, era tam bien el pucblo ms adicto a todos los goces dela vi- daz laraz6n principal de amar la libertad era prin- } cipalmente porque veia las garantias de aquellos mis- ‘mos goces que él tanto queria. Antiguamente, en don _de habla libertad podian soportarse las privaciones; ‘pero hoy, donde se encuentran étas es nevesatia la sclavitud para resignarse. Hoy seria més factible ha ‘eer de un pueblo de exclavos uno de espartanos, que formar a los espartanos para [a libertad. ‘Los hombres que por la diversidad de aconteci- ‘mientos se encontraban a la cabeza de nuestra revo- ucién estaban imbuidos, por una consecuencia ne- cesaria, de la educacién que habian recibido y, con ella, de ciertas opiniones antiguas e ideas falsas que hhabian presentado con otro caracter los filésofos de DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 81 gusts nablado, La metatsica A€ROUEED. en mex dio dea cual aparecian como reldnipagos cietas ver- Gades sublimes y los pasajes de una elocuencia en- Santadora, Ia avsteridad de Mably, sa intolerancia, Strodio contra todas las pasiones humanas, su ansia por esclavizarlas todas, sus principios exagerados so- bre la competencia de Ja ley, sus declamaciones con- tra las riquezas y aun contra la propiedad, todas es- tas cosas debian entusiasmar a fos hombres ya aca- Torados por una victoria reciente, y, como conquis- tadores del poder legal, deseaban extenderlo sobre todos los objetos. Asi, era para ellos una auioridad preciosa el que dos exeritores desinteresados en la Evestion, pronunciando anatemas contra el despo- tismo de los hombres, hubiesen reducido a axioma Eltoxto de la ley, Quitieron, por consiguiente, ejer- Sitar Ia fuerza piblica de la misma forma que, se- fin sus maestros, se habia ejercido en los pueblos Iibres. Creyeron que todo debia ceder en presencia de la voluntad colectiva, y que todas las restricci nes indviduales serfan ampliamente compensadas por la participaciOn en el poder social. Biblica es todos lo que de esto ha resultado: las instituciones libres apoyadas sobre el conocimiento del espiritu de siglo hubieran podido subsistir; pe- £16, a pesar de todo, el edificio renovado de los anti- guos ha caido, no obstante los esfuerzos ¥ muchos Sctos heroieos que tienen derecho a ser admirados; y esto consistié en que el poder social heria en todo Sentido la independencia individual sin destrur las necesidades. La nacion no encontraba que la parte ideal de una soberania abstracta valiese los sactti- cos que se le exigian. En vano se le repetia con Rous- Seau que wlas leyes de la libertad son mil veces mas usteras que el duro yugo de los tiranos», porque éta 82 BENJAMIN CONSTANT no queria semejance austeridad; y, reducida al can- sancio, crefa algunas veces que seria preferible aquel mismo yugo. Dare la experiencia ha venido adesen- gaarle, porque ha visto que la arbitrariedad de los hombres era peor todavia que las malas leyes, pues étas, siquiera, tienen algun limite 7. St he llegado a convencer sobre ia diversidad de la libertad de los modernos y de los antiguos por me- + dio de los hechos que acabo de referir, no podrd me. nos de reconocerse conmigo la verdad de los princi pios siguientes. «La independencia individual es la primera necesidad de los modernos; por consiguiei te, no se puede pedir of sacrificio de ella para est Diecer la libertad politica. », De esto tambien se sigue ‘que «ninguna de las muchas instituciones tan decan= tadas que en las republicas antiguas oprimian de al- gun modo Ta ibertad individual, © admnisible et los tiempos modernos» Me parece éuperfiuo establecer sta verdad? muchos gobiernos en nuestros tiempos no parecian inclinados a imitar a las reptiblicas de la antigiiedad: sin embargo, por muy poco afecto que hayan tenido a las institueiones republicanas, hay ciertas costumbres de esta clase hacia las cuales fian experimentado, sin poderlo remediar, cierta especie de gusto, y es muy doloroso que sea precisamente por aquellas que permiten el destierro, el despojo, etc. Me acuerdo que en 1810 se propuso en una ley, que trataba de los tribunales especiales, un articuio que introducia en Francia el ostracismo griego: y son muy notables los discursos de unasmusltitud de elo- ak (wentes oradores que para hacer admitir este articu Io, 1o cual no consiguicron, nos hablaron de la liber- tad de Atenas y de todos los sacrificios que los indi- viduos debian hacer para conservarla. Por la misma razén, en una época bien reciente, y cuando las auto- DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 83 ridades lenas de temor procuraban dirigir con ma- no timida las elecciones a su antojo, un periddico, que no es tachado de republicanismo, procuré ha” cer revivir la censura romana para alejar a los can- didatos peligrosos. Creo no empeniarme en una di ‘gresion inutil sien apoyo de mi asercién digo algo de estas dos instituciones de que tanto se ha habla- do. El ostracismo en Atenas se fundaba en la hipéte-| sis de que la sociedad tiene una autoridad absoluta sobre sus miembros. Seguin esta hipdtesis, podia ser justificado de alguna manera, en un pequeno Esta- do, el que la influencia de un individuo de mucho crédito, de su clientela y de su gloria inclinara mu- chas veces el poder de toda Ia masa. En tal caso, el ostracismo podia tener alguna apariencia de utilidad. Pero entre nosotros los individuos tienen ciertos de- rechos que la autoridad debe respetar; y la influen- cia individual se pierde de tal modo, como ya tengo observado en otra parte, en una multitud de influen cas iguales 0 superiores, que toda vejacién motiva, da sobre la necesidad de disminuir esta influencia es inutil y, por consiguiente, injusta. Ninguno tiene de- recho a desterrar a un ciudadano si no estd conde- nado legalmente por un tribunal regular en virtud de una ley formal que designe la pena de destierro a la accidn de que él se ha hecho culpable. Ninguno tie- ne derecho a arrancar al ciudadano de su patria, al propietario de sus bienes, al negociante de su comer- cio, al esposo de su esposa, al padre de sus hijos, al escritor de sus meditaciones estudiosas, y al viejo de sus habitos o costumbres. Tado destierr0 es un aten- tado politico, todo destierro pronunciado por una asamiblea por pretendidos motivos de salud publica es un crimen de esta asamblea contra la misma sa- M4 Md JAMMIN CONSTANT | uiblica, yue no consiste sino en leyes, en ta odservancia de las formulas, v en soste- las warantias. ‘4 censura romana suponia contra el ostracismo un poder diserecional, En una republica, en la que todos los ciudadanos, mantenidos por la pobreza en una sencille7 extrema de costumbres, habitaban en Ja misma ciudad, no ejercian profesién alguna que desviase su atencién de los negocios del Estado, y eran continuamente espectadores y jueces del uso de! po- der publico; la censura podria, por una parte, tener mids influencia y, por otra, la arbitrariedad de los cen- sores estaba contenida por una especie de inspeccién ¥ Vigilancia moral que se ¢jercia hacia ellos; pero en 1 momento en que la extensién de la republic, la complicacién de las relaciones sociales y el refina- miento de la civilizacién quitaron a esta institucién quello que le servia de base y limite a un mismo tiem- 1po, la censura degenerd aun en Roma; porque no era ésta la que habia creado las buenas costumbres, si- no que lo que constituia su poder y eficacia era la misma sencillez de las costurnbres. > En una nacién como la nuestra; una institucion tan arbitraria, cual es la censura, seria, al mismo tiem- po que ineficaz, intolerable. En el estado presente de Ia sociedad las costumbres se componen de ciertos matices muy finos y flexibles, que se desnaturalizan de mil maneras si se intenta darles la mas minima pre- cisién: s6lo a la opinion le es licito Hegar a ellas; y ésta sola es la que puede juzgarlas, porque es de la misma naturaleza; y se sublevaria'sin duda alguna contra toda autoridad positiva que quisiese refrenarla de algin modo. Si el gobierno de un pueblo moder- no quisiese, como los censores de Roma, perjudicar aun ciudadano por una decision discrecional, la na- DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 85 ci6n enters reclamaria contra esta decision, y no ra- tificarfa de modo alguna las detsiones de a auto dad. Lo que scabo de decir dela transposicin de la een: sura alos tiempos modernos se aplica a otras mas has artes Gel onganzaion soll, sobre sc ese ctaa ln autoridad mds fresuesiemence 9 con mucho mds énfasis. Tal es la education, por ciem- lo. ,Qué nose nos dice de la metesidad de permits {ue el gobierno se apodere de las naciones nacienes para formariasa su modo?.-« ;Cuanias nolas eu Es no ve traen para apoyar cia teorla?. Loe pet sas, lo egipclos, los gulos, Orecia «lalla se nos po. ten como ejemplo que dcbemos lia; pero ch ter dad queno somos ni persassometidos aun despots, ni egipcios subyugados por sus sacerdotes, ni Gales para poder ser sacrificados por sus dratdasni cn fin Frise al romanos,a quieter in parte de is acter dad social consolaba de la esclavitud privada. No: fotros somos modernos aye ie) tivamente de nuestros derechos; desenvolver cada uno nestrasfacultades como mejor nos pgerca,sin ho cer dato a oir0; velar sobre el desarrollo de estas fa- _“suades en fos Hjos gus a uaturarn confia pues oma Nugtfad Cuante due els Sorel eid, por lo mismo: totiees meee ae Sbforidad sino para obtener los medios enerales de Instrucein que puede reunir ala manera que os vi jeros aceptan de ella os grandes caminos,sin.que se dengan tan materiaimente a ellos, que ao vayan uando quieren por otras sendas particulars, Descolfiemos, puss, de ia admiacion que natu- talmntetenemo® por erias Taeuerdoy San “Bue que Voy on as beeen eben Faia bated convenient Bele MARIS aT 86 BENJAMIN DONSTANT bajo un régimen monarquico, se hace py oriso no to- mar de las reptiblicas antiguas los medios de opri- mirnos. La lilertad individual, repito, he aqui la ver dadera Tberiad moderna: Ia libertad politica es la a- Fantia ¥, por consipuiente, es indispensable. Pero pre- tender de los pueblos en nuestros tiempos que sacri- fiquen, como los antiguos, la totalidad de su libertad individual a la politica, es el medio mas seguro de apartarlos de una para quitarles bien pronto la otra. He aqui cémo mis observaciones no se dizigen de mo- do alguno a disminuir el precio de la libertad politi- “ca No deduzco de Tos hechos que he puesto a vues ‘ra consideracién las consecuencias que algunos hom- bres, a saber, «que habiendo sido libres los antiguos, yno pudiendo nosotros serlo como ellos, estamos des- tinados a ser esclavos». Ellos quieren’ constituir el nuevo Estado social con un pequeiio numero de ele- mentos, que dicen son los dnicos que pueden apro- piarse ala situacién del mundo actual, los cuales son las preocupaciones para intimidar a Ios hombres; el egoismo para corromperlos; la frivolidad para ador- mecerlos; los placeres groscros para degradarlos, y cl despotismo para conducirlos; pero seria la cosa més disparatada si fuese tal el resultado de cuarenta si- glos, durante los cuales la especie humana no ha he- cho otra cosa que conquistar los medios morales y fisicos de perfeccionarse; por lo cual estoy muy le- jos de convenir en semejante absurdo, concediendo \inicamente el que de las diferencias que nos distin- guen de la antigiiedad puecien sacarse consecuencias del todo opuestas. Asi, no necesitamos debilitar Ja garantia, sino extender los goces; no se necesita se. nunciar ala libertad politica, sing que debe estable- cerse la civil con otras formas en la politica. Los go- biernos no carecen menos que otras veces del dere- DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 87 cho de abrogarse un poder que no es leg{timo: la di- versidad que hay es que los que parten de un origen quc lo es tienen menos que antiguamente el derecho de ejercer sobre los individuos una supremacia arbi-, traria. Hoy nosotros poseemos todavia los que en to- do tiempo se han tenido, a saber, los eternos de con. sentir en las leyes; de deliberar sobre nuestros inte reses, y de formar una parte del cuerpo social de la | que somos miembros. Pero los gobiernos tienen nue- | vos deberes; los progresos de la civilizacién y las mu- danzas que han producido los siglos prescriben a | autoridad més respeto por las costumbres, por aque- | Ho que mas amamos y por la independencia de los individuos; por cuya razén debe mirar todos estos objetos con mucha mas prudencia y detencidn. Esta reserva de la autoridad, que se contiene en los deberes estrictos, esta igualmente en los intereses | bien entendidos; porque, si la libertad que conviene / a los gobiernos actuales es diferente de aquella que convenia a los antiguos, el despotismo que era posi ble entre éstos no Io esen aquellos. De estar noso-| tros muchas veces més distraidos de lo que podian estar los antiguos acerca de la libertad politica, y me nos apasionados por ella, puede seguirse el qile al- guna vez despreciemos equivocadamente las garan- tias que ella nos asegura. Pero al mismo tiempo, co- mo estamos més ligados que los antiguos a la liber- tad individual, también la defenderemos, si llega 4 set atacada, con mucha mas destreza ¢ insistencia, teniendo infinitamente mas medios para-esto que los antiguos, El gomerci}, por otra parte, hace mas opresiva que antiguamenté la accion de la atbitrariedad sobre nues- tra existencia, porque, siendo mas variadas nuestras especulaciones, deben también multiplicarse las me oy 7 88 BENJAMIN CONSTANT didas arbitrarias para observarlas; peo al mismo tiempo presta el comercio muchos mas medios para eludir esta arbitrariedad, porque cambia la natur: leza de la propiedad, la cual, en virtud de esta ope- “racion, viene & haceive imperceptible y exenta de ser ‘materialmente tomada por nadie. Otra cualidad nue- va que da a la propiedad el comercio es la citcula- sion, porque sin ella la propiedad no es mas que un Usuftucto, sobre el cual puede siempre influir la auto- tidad, porque puede privar de su goce; pero la cir- culacién pone un obstaculo insuperable e invisible a esta accién del poder social Todavia se extienden mas los efectos del comer- cio, porque no solamente da libertad a los individuos, sino que, creando el crédito, hace a la autoridad de- endiente en cierta manera. “ET dinero, dice un autor “Francés. & alatina thls peligrsa del despotiemos pero al mismo tiempo es su mas poderoso freno: el cred to esta sometido a la opinidn; la fuerza es init; el dinero se oculta o se pierde; todas las operaciones del Estado quedan entonces en suspenso.» No tenia tanta influencia entre los antiguos el crédito: sus g0- biernos eran mas fuertes que los patticulares, al pa- 0 que éstos lo son mas ahora que los poderes politi- cos de nuestros dias; la riqueza es un poder mas dis- ponible en todos los instantes, mas aplicable a todos los intereses y, por consiguiesite, mucho mas real, ¥ mejor obedecida: el poder amenaza; la riqueza re- compensa: es facil escapar del primero enganando- 10; pero para obtener los favores de la segunda es ne- cesario servirla, (7 Por una consecuencia de estas mismas causas, la_ bis individual esté menos embebida en la bo- | “liticay Los individuos trasladan lejos sus tesoros, y evan consiga todos los goces de la vida privada; el be LA uineeran Dé Los ariove€ #9) comercio ha aproximado a las naciones entre si dan- doles habitos y costumbres casi del todo semejantes; de lo que se sigue que los jefes pueden ser enemigos ene sI, pera los pueblos son siempre compatriotas. Resignese, pues, e] poder: lo que nosotros necesi- | tamos es la libertad, 1a cual conseguiremos indefec. tiblemente; pero como la que precisamos es diferen- tee la de los antiguos, es necesario que se dé a aqué- lla una organizacién diferente, y la que podria con- venir a Ia libertad antigua; en ésta, el hombre, cuan- to més consagraba el tiempo y su fuerza para el lercicio de los derechos politicos, mas libre se creia por el contrario, en | S0tros somos susceptible, cuanto mds tiempo fos de. |! ~ Je para nuestros intereses privados el jereciOGeTOS ‘erect polos, snds preciosa Serd para NOSStToS {a misma libertad. 1190, el cual no es otra cosa que una organi”aeiomcon Suyo auxilio una nacion-se-descarga sobre algunos /\ individuos de dquello que no quiere o no puedene. ‘1 “Gar por st misma. Los eidividuos pobres hacen per STinisiTOs Sus NeGocios; os ricos nombran apodera- indchea dos: ésta es la historia de las naciones antiguas y de? Jas modernas, Fl sistema representativo es una pro- curacion Gadd a-UN siertg mimiero de Rombres por Ta masa del pueblo que quiei 5 Sean “Mefendidos, y que, sin enibargo, no iene siempre el tiempo nf la peeTblidad de detenderles Bor Sm mo. Pero Tos hombres ricos, que nompbran a sus apo derados, sino son unos insensatos, examinan con atencién y severidad si éstos hacen su deber ystson negligentes, corruptibles o capaces; y, para juzear de la gestidn de estos mandatarios, los comitentes que tienen prudencia examinan interiormente los nego- ye © sensamun covsran cios cuya administracién han confiado. Del mismo modo, los pueblo: que con el objeto de gozar la li- bertad que les conviene recurren al sistema represen- “[alivo, deben cjercer una vigilancla activa y constante Sobre sus representantes para ver si cumplen ears “mente con si" encargo-y si defraudan a sus votos ¥ deseos. ‘Pero en el hecho de diferenciarse la libertad anti gua de la moderna se halla ésta también amenazada de un pelifto de diferente especie. El de la antigua consistia en que los hombres, atentos solamente a ase- gurar la divisiOn del poder social, hiciesen muy buen uso de los derechos y goces individuales; pero el pe- ligro de la libertad moderna puede consistir en que, idonos demasiado en el goce de nuestra in. dependencia privada y en procufar nuestros intere: ses particulares, no renunciemos con mucha facili e tomar parte en el gobierno polit- ‘<0, Los depositarios de ia autoridad no dejaran de | exhortarnos a que dejemos que suceda asi, porque estan siempre dispuestos a ahorrarnos toda especie \de trabajo, excepto el de obedecer y pagar; ellos nos \diran: «;Cual es el objeto de vuestros esfuerzos, el motivo de vuestros trabajos y el término de vuestras esperanizas? {No es la felicidad? Pues dejadnos a no- sotros este cuidado, que nosotros os la daremos.» Pe- ro no, no dejemos que obren de este modo: por gran- de que sea el interés que tomen por nosotros, supli- | quémosles que se contengan en sus liniites, y que és- | tos sean los de ser justos: nosotros ios encargare- | mos de hacernos dichosos a nosotros mismos. .Y podriamos serlo por medio de los gaces si éstos es- tuviesen separados de las garantias? z¥ dénde en- contrariamos estas garantias si renuncidsemos a la libertad politica? ; Ah! Esto seria una locura, seme- DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS 91 jante a ta de un hombre que bajo el pretexto de no habitar sino un primer piso, pretendieee eaficass0- bre fa arena un edificio sin eimientos, Por otra parte, ges tan verdadero el que un géne- ro sélo de felicidad, sea éste el que quicra, pueda ser } €l objeto sinico de ia especie humana? En tal caso | huestra carrera seria muy estrecha, ¥ poco sublime hiestro destino. No hay’ clertamente tno de noso- tros que qulsiese bajar tanto, restringir sus faculta- deg morales, rebajar sus descos y abjusar de la act- ‘dad, a gloria y las emociones generosas y profun- {as No, yo certifio la existoncla de la pare mejor | de nuestra naturaleea; de esia noble inguetud que tos persigue y nos atormenta; de este ardor de x tender nuestras hucesy desarollar nuestrasfaculta- | des; todo nos dice que no esa un punto de felicidad Sélo w lo que se dirigen, sino a lt perfeccion « que, nuestro destino nos lamas yfalibertad polities cer- | tamente x el mas poderoroyeneeico modo dep | feecign que el cielo nos ha dado entre los donet te- trenos, Ella, sometiendo a todos los ciudadanos sin excepeidn el examen y estudio de sus ms sagrados interescs, agranda su spirit, ennoblece sus pense mientos ¥ establece entre todos ellos una especie de Tgualdad intelectual, que hace la gloria el poder de un pueblo. 7 ‘Avi, observad emo una nacién se engrandece con ? la primera institueZdn que le concede el cjerciciore-( ular de la ibertad politica, Ved a nuestros conclu. | Gadanos de todas clases de todas las profesiones ( Gite salfendo de la estera de sus trabajos habituates Jide su industria privada, se encuentran de repent Enel nivel de las funcones importantes que a cons ( titutén les confia; que hacen las elecciones con ds-| Cetnimientos que fesisten con energia; que descon-( t | 92 sexsasa consranr ' preh eissnranlon tos anaes) i alfestacion de sus opiniones y, formindoles de este modo por la prdctfea a estas funciones elevadas:dar-_ i se0 y la Facultad de po- {ciertan las intrigas; se burlan de las amenazas, y re- ise noblemente a la seduccion. Ved el patriotis- imo puro, profundo ysincero rlunfante enuesros Duelo, y que vivifica hasta nucsras chore, aos Ecaviesanuestios tales, feanima nucares canine 4 penetra del sentimients de nucstion dencohon 9 ae In necestdad de is garaniae al expire susto ete del cultivador il ¥ del aegoctamts industrious hals, natuldos en ia historia de los malse gue hea Suid, y no menos istrados sobre tos remedion gue exigen estos males, abrazan con ua sola miata Francia enterazy,dispensadores del reconociuients taciona,revompensan con sus cufragion,deopuss de trenta ahos. la fielidad alos principio: en as pot fonas de los mas ilustres defensores de i iberind Ios de nosotros pus. fencer a inne de ui especies de lbetad de que NehabInde Eee “ato SSS he denioaiado agen Secretar Taina Con a gua cla mstiucores Goes TE ebro autor de la Hiotoria de las republcas de fs Edad Media, deben cummplis os desizon deh cope, y cie humana? y-aleanzan tanto’ mejor sa: objedee, Suanto que evan el mayor numere posible de con. Sludadanos a la mas aie aigntded moral -pa.ghia de Jeubladar po es completa cuando pa aadooenetncuidads unpucsioaunewan | do éxe contento, falta todavia mucho por hacer Ea. ascesarjo dus lai nathucionse asain is eaucaciey ’ ‘moral de los cudadanos- Respetande sus dersshes Halvidusies mantener cee bando sus ocupaciones, debe, sin embargo, procu= ‘arse que consagren su influens llc ‘bleasslamarles a que concirran con tus erm” Thacionés y sulragios al ejercicio d2l poder; garanti zarles un derecho de vigilancia por medio de la Tha