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Velocidad de Escape_ Introduccion

Velocidad de Escape_ Introduccion

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Mark Dery, Introducción, Velocidad de Escape. La Cibercultura en el final del siglo.
Mark Dery, Introducción, Velocidad de Escape. La Cibercultura en el final del siglo.

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VELOCIDA E ESCAPE

LA CIBERCULTURA EN EL FINAL DEL SIGLO
MARK DERY
TRADUCCiÓN DE
RAMÓN MONTOYA VOZMEDIANO
Ediciones Siruela
El autor expresa su gratitud por el permiso para cita r las siguientes obras:
«A Sane Revoluti on», de The Complete Poems of D. H. Lawrence, copyright
([) . 1964, 1974 de Angelo Ravagli y C. M. Weekley, albaceas de Frieda Lawrence
Ravagli. Con permiso de Viking Penguin, una divisi ó n de Pengllin Books USA ,
Inc.; «All Watched Over by Machines of Loving Grace », de Tbe Pill versus
tbe Spril1gbill ¡1¡Jil1e Disaster de Richard Brautigan. Copyright © 1968 de Richard
Brautigan. Reimpreso con permiso; "New Mother », de il1achinery de MacKnight
Blúck. Copy ri ght © 1929 de Horace Liveright. Reimpreso con permiso de Liveright
Publishing Corp. ; «Baby Driver » copyright © 1969 de Paul Simon. Utilizado
con permiso del editor ; "Brand New Car " (M. Jagger / K. Richards): utilizad con
'permiso de Pr o l1lopub, B. V. ; las líneas de «she being Brand » pertenecen
a Complete Poems: 1901- 1962 de E. E. CUl1lmings , editado por George J. Firmage ,
con p e r 111 i s o deLi ver i g h t Pub lis hin g COl' p. C o p y r i g h t © 19 2 (" 19 ') 4, 199 1 d e
los albaceas del E. E. Cummings Trust. Copyright © 19H5 ele George James
Firmage; "Teachers» escrito por Leonard Cohen.Copyright © 1967 de Leonard
Cohen. Utilizado con permiso . Todos los derechos reservados. «The Becoming »
y «Happiness in slavery » reimpresos con permis o de Leaving Hope/ TVT Music.
"The Becoming» © 1994 Leaving Hope/TVT Music; "Happiness in Slaver)'»
© 1992 Leaving Hope/TVT Music . "Sin » y reimpresos con permiso
de TVT Music, Inc. <D 198 9 TVT Music, lnc .
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación
puede ser repr o ducida, almacenada o transmitida en manera alguna
ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óp tico,
de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.
El editor queda a disposici ó n de los propietari os de los derechos con l os cuales
no ha logrado ponerse en contacto, a pesar de los múltiples int en tos efectuados.
Título original: Escape Velocity .
Cyberculture at tbe End 01 the Century
En cubierta y contracubierta: El cortado/' de césped
([) New Line Proclllctions , Inc. , 1992, y Allied Vision / Lane Pringle
En págs . 1 y 2: lvJáqllina de información: motores ideológicos (199.3) ,
de D . A Therrien. <D Paul Markow/Southwest , Comfort/Contro!.
Diseño gráfico: G. Gauger & J. Siruela
<D Mark Dery , 199'5
([) De la traducción, Ramón Montoya Vozmediano
([) Ediciones Sirllela, S. A., 1998
Plaza de Manuel Becerra, 15. "El Pabellón »
2H02H Madrid. Tels.· 91 ,3555720 / 913552202
Telefax: 9 1 3'5'5 22 01
Printed and made in Spain
INDICE
Agradecimientos 9
Introducción 11
Enchufa, enciende y conecta: ciberdelia 27
Retrospectiva futurista: la contracultura 2 . 0 27
Los yippies toman el País del Mañana:
la era feliz de Mondo 2000 40
Comprender la «búsqueda submolecular
del a r e v e) a ció n c h a m á n i ca »: C i be r i a 4 8
Deux ex machina: tecnopaganismo 58
Metal Machine Music: el ciberpunk
y los sinterrockers de cuero negro 79
Elliot Sharp: músico de la mente 90
Nine Inch Nails: sexo, muerte, Dios y tecnología 93
Mitos sobre el origen 99
Agitpop 104
La guerra de los hojalateros:
espectáculo mecánico 115
Fabricando desacuerdos 115
Mark Pauline: teatro de la crueldad heavy metal 119
Chico MacMllrtrie: hacia una robótica ecologista 141
Brett Goldstone: alquimia en el cubo de la basura 147
El Reino mágico y el Psiquiátrico pirotécnico 154
Mecanismo ritual: el body-art cibernético 165
Stelarc: " Canto al cuerpo obsoleto » 165
D. A. Therrien: máquinas
para una nueva Inquisición 193
Robocopulación:
sexo por tecnología igual a futuro 209
Má quinas sexuales 209
La reproducción mecánica 213
Construida para el placer 218
El compañero casero de las señoras 224
Orgasmatrón 225
Montárselo en la Red:
sexo en un MUD, Net.Ligue y más allá 230
Ayudas visuales 232
El ci bersexo 236
Encuentro terminal 243
La política ciborg del cuerpo:
cuerpos obsoletos y seres posthumanos 253
He visto el futuro, y es un morfo 253
Constrúyeme una mujer 263
Promesas de monstruos 267
Transgresiones 271
El infierno de la· carne 272
Pecado _original 279
Miembros fantasma 282
Historias antinaturales 286
Los peligros del posthumanismo 319
La teología del asiento eyectable 335
Notas 351
Fuentes 389
Índice onomástico 391
A R DE 1J\11E TOS
Muchas comadronas han ayudado en el largo y laborioso parto de Veloci­
dad de escape.
Mi editor, Anton Mueller, se debatió contra las palabras esdrújulas hasta
conseguir un libro con muchas menos páginas, y por ello mucho mejor.
Gareth Branwyn fue mi Virgilio virtual por las zonas salvajes del ciberes­
pacio: mi capítulo sobre sexo y tecnología se benefició en gran medida de su cui­
dadosa lectura. A lo largo de nuestras exhaustivaS y excitantes conversaciones,
Scott Bukatman me llevó a nuevas conclusiones, advirtiéndome siempre del te­
mido «ciberbabeo» que ha convertido en papilla tantos textos sobre la ciber­
cultura. Chris Grigg mejoró vastamente mi capítulo sobre espectáculos robóti­
cos con sus críticas aceradas y muchas veces hilarantes. Además, su manuscrito
no publicado para su antiguía Negativilandia presenta las guías Rex Everything.
Primer volumen: Disneylandia fue un filón de información interna sobre el Rei­
no Mágico. Mi capítulo sobre ciberdelia es mucho mejor por las incursiones de
Erik Davis en el corazón de las tinieblas del tecnopaganismo. Mis análisis de las
novelas de Pat Cadigan se beneficiaron de su benevolente lectura. Glenn Bran­
ca y Elliott Sharp fueron mis Johnny Mnemonics en mi búsqueda de trivialida­
des sobre ciencia ficción: ambos compartieron generosamente sus conocimien­
tos enciclopédicos y sus prodigiosas bibliotecas. Otros ojearon sus agendas, me
ayudaron con problemas prácticos, o simplemente me animaron, especialmen­
te Mark Pauline y D. A. Therrien, seguidos de cerca por William Barg, Sioux
Z., de relaciones públicas Formula, Kiyo Joo, Jan E. Willey, Christian Waters,
.lonathan Shaw, el doctor Burt Brent, Bart Nagel y Rich Leeds. Siempre estaré
agradecido al WELL y al ECHO por sus valiosísimos pases de prensa virtuales
y a todos los corresponsales electrónicos, demasiado numerosos para nom­
brarlos (aunque Tiffany Lee Brown, Maxwell X, Delysid, Richard Kadrey, Jon
1 ,cbkowsky, Paco Xander Nathan, Rodney Orpheus, Howard Rheingold, R. U.
Sirius, Darren Wershler-Henry, Erika Whiteway y las legiones que respondieron
;1 mi cuestionario electrónico merecen una mención especial).
Tengo una deuda coñ todos los fotógrafos, cuya obra embellece estas pági­
nas y muchos de los cuales aceptaron una cantidad muy inferior a sus tarifas
9
y tengo una deuda, de una forma más general, con Bill Mullen, un crítico
hábil, amigo de muchos años y un adversario más duro que el acero más recio:
mi análisis del Manifiesto ciborg de Donna Haraway y mi capítulo sobre sexo
y tecnología fueron afilados por nuestro toma y daca. Además, las conversa­
ciones con Mike Davis, Stuart Ewen, Claudia Springer y Andrew Ross me ayu­
daron a formar mi pensamiento sobre la cultura en general y la cibercultura en
particular. Los ecos de sus ideas pueden escucharse a lo largo de estas páginas.
Finalmente, este libro sólo sería una realidad virtual si no hubiese sido por
los trabajos hercúleos de Laurie Fox y Linda Chester, mis incansables y com­
placientes agentes literarios de la agencia literaria Linda Chester.
Pero estos agradecimientos deben finalizar con Margot Mifflin, caja de re­
sonancia, compañera de entrenamiento, alma gemela y mucho más. Su cortan­
te rotulador rojo me salvó, una y otra vez, de mis peores excesos. Su optimis­
mo antihundimiento me guió durante las noches oscuras del alma; su apoyo a
lo largo de incontables e importantísimas tareas diarias me permitió alcanzar la
velocidad de escape.
INTR D CCION
I\dll c lt e ncia. en co so de éxtos i s mís tico es te coc he queda rá sin contro l
Pegati na e n a ut omóvil de integris ta cr i sti a no
La velocidad de escape es la velocidad en la que un cuerpo vence la a,tracción
gr;1VitatOria de otro cuerpo, como por ejemplo una nave espacial cuando aban­
dona la Tierra. La cultura de los ordenadores, o cibercultura, parece estar cada
VO. más cerca de ese límite en el que logrará alcanzar esa velocidad de escape.
Marshall McLuhan declaró en 1967 que los medios electrónicos nos han lanza­
do a un mundo difuso, entrecortado, de simultaneidad generalizada, donde la in­
formación se «vierte sobre nosotros instantánea y continuamente», abrumán­
donos a veces. Estas profecías parecen ahora más certeras que nunca l.
l
La vertiginosa aceleración americana de la postguerra se debe casi única­
mente al ordenador: ese motOr de información que nos ha arrojado de la edad
del capitalismo fabril a la era postindustrial del capitalismo de las multinacio­
nnles. En América, la producción está sufriendo ese cambio que Buckminster
hdler llamó del trabajo»: la reducción del trabajo hasta llegar
; \ lIlla manipulación computerizada que sustituya al proceso de producción.
1.:1S máquinas de la producción industrial han dado paso a una economía de
\;¡ ,información que produce bienes intangibles: éxitOs hollywoodienses, pro­
.1',1';\ 1\1 ,lS televisivos, parques temáticos de alta tecnología, modas de un minuto
() lr;1l1sacciones financieras que parpadean a través de haces de fibra óptica
h:\SI;l terminales de la otra punta del mundo. «Hoy en día sólo el 17% de los
tr;\h;ljadores lleva a cabo trabajos manufacturados, frente a122 %
I') XO», escribió Robert B. Reich en 1992
2
• Según el New York Times, las pelí­
(111:\S americanas «producen el segundo superávit comercial más importante
d(· 1; \ industria americana después de las ventas de aviones »l . Los bienes intan­
¡',i hk.s dominan también el mercado interno: un artículo reciente del Business
\\'/('l'/': señalaba que «el ocio y la diversión, no la sanidad o los coches, han
d;\do ('1 mayor empujón al consumo privado » desde 1991
4
Nos dirigimos, a •
\11\;\ velocidad vertiginosa, desde la tranquilizadora edad del hardware hacia
1;\ desconcertante y espectral edad ·del software, en la que el mundo que nos
rodea está cada vez más controlado por circuitOs demasiado pequeños para 10 11
ser vistos y códigos demasiado complejos para ser completamente entendidos.
z
/O
--j
La genealogía del ordenador puede remontarse hasta el ingenio analítico de
O
o Charles Babbage: un ordenador mecánico a vapor, programable, que fue dise­
e
n ñado en 1833 pero que nunca llegó a construirse. Sin embargo, fue Colossus el
()
primer . ordenador electrónico que funcionó y el antepasado directo de las

z máquinas de hoy día. Era una monstruosidad descomunal que funcionaba con
dos mil tubos de vacío y que se programaba con cintas de papel perforado. En
1943 fue desarrollado por los británicos para descifrar los mensajes enemigos
codificados con la máquina alemana Enigma, siendo su éxito vital para el bando
aliado.
El ritmo galopante de la innovación durante la ha llegado a
reducir esos mastodontes cuyos tubos de vacío ocupaban una habitación, como
ENIAC (el primer ordenador electrónico completamenteprogramab1e, puesto
ert marcha oficialmente ,en 1946), hasta conseguir una máquina transistorizada
en los años cincuenta, una caja llena de circuitos integrados en los sesenta y una
microcomputadora controlada por chips en los setenta, al tiempo que su potencia
crecía exponencialmente.
A finales de los setenta los ordenadores estaban presentes en la mayoría de
las empresas, y un nÓmero cada vez mayor de consumidores compraba
ordenadores domésticos como el Apple 11, el TRS-80 o el Commodore PET. Aun
así, tuvo que pasar un poco más de una década antes de que la revolución digital
abandonara la esfera esotérica de los investigadores y los aficionados para
convertirse en un fenómeno de masas con la aparición del ordenador personal
de IBM, a finales de 1981, y el Apple Macintosh, a principios de 1984. Cuando
en enero de 1983 las ventas de PCs se dispararon desde unas veinte mil, durante
su primer año en el mercado, hasta las quinientas mil, la revista Time proclamó
en portada como «máquina del año » al ordenador personaP. Otto Friedrich
escribió: «Ahora, gracias al transistor y al chip de silicio, el ordenador ha dis­
minuido tanto en-tamaño y precio que resulta accesible a millon,es de personas ...
la "revolución de la información", que los futuristas han pronosticado desde
hace tanto tiempo, ha llegado ya»6.
Del mismo modo, el mundo de las telecomunicaciones, que ahora
frecuentan unos siete millv_\es y medio de familias, era desconocido para la gran
mayoría a principios de los noventa. La conciencia de los medios de comu­
nicación respecto a Internet alcanió su masa crítica en 1993: «De repente,
Internet es donde hay que estar», escribió en Time Philip Elmer-Dewitt. John
. Markoff del New York Times confirmó que la red global era «el lugar de en­
cuentro más de moda del mundo », un moderno «punto de reunión para millo­
nes de usuarios de todo el mundo»7.
Internet nació a partir de ARPANet, una red informática
desarrollada en 1969 en la Universidad de California en Los Ángeles por la
z
ARPA (Advanced Research Projects Agency, Agencia de Proyectos Avanzados
--j
/O
O
dI' Investigación) del Departamento de Defensa. Esta red debía asegurar las o
e
l olllllnicaciones militares en caso de un ataque nuclear empleando una técnica n
n
11 ;llllada «conmutación de paquetes ». Ésta consiste en descomponer los datos

('11 diferentes mensajes indicando su destino, transmitirlos por líneas de alta z
v('IOl:idad y recomponerlos justo antes de que lleguen. De esta forma, AI\PANet
hacía invulnerable a cualquier agresión: si una parte de la red quedaba
illlltilizada, automáticamente el tráfico seguía otra ruta. En 1983 ARPANet se
dividió en una red militar y otra civil (Milnet y Arpa Internet, respectivamente);
poco después, la National Science Foundation (NSF, Fundación Nacional para
la Ciencia) adquirió la responsabilidad de la administración y el mantenimiento
de las líneás y los equipos que constituían la columna vertebral de Arpa Internet.
Si bien el Departamento de Defensa restringió el acceso al sistema a las
instituciones subvencionadas por el Pentágono o la NSF, ésta permitió que la
red fuese utilizada por todos los profesores y alumnos de las instituciones
asociadas. Cuando las universidades, los centros de I+D (investigación y
desarrollo) y las oficinas del gobierno conectaron sus ordenadores al sistema de
la NSF, Arpa Internet se convirtió en una anárquica red global de redes conocida
progresivamente como Inten;.et (de internetworking).
Hacia 1990, ARPANet dejó de existir como entidad diferenciada, absorbida
por el crecimiento desenfrenado de Internet, o de la Red, como los cibernautas
han dado en llamarla. La Red de hoy día es una metarred global que incluye unas
diez mil redes, entre las que se cuentan servicios comerciales nacionales como
CompuServe, Prodigy, GEnie o America Online; instituciones privadas, acadé­
micas y gubernamentales entrelazadas por la NSFNet (la red de la NSF); y las
BBS regionales esotéricas (tablones de anuncios) como WELL (Whole Earth
'Lectronic Link, .0 Enlace 'Lectrónico Mundial) de Sausalito en California o
ECHO en Nueva York. Más increíble es que Internet forme parte a su vez de un
complejo aún más amplio de redes interconectadas que generalmente se denomina
la Matriz, que además incluye entre otras UseNet (un burbujeante caldero de
foros de discusión llamados «newsgroups »), FidoNet (una constelación de más
de veinte mil BBSs repartidas por seis continentes) y BITNet (Because It's Time
Network; una red académica).
En el moment? de escribir esto, unos treinta millones de usuarios de Internet
en más de 137 países recorren la geografía electrónica de lo que el novelista de
ciencia ficción Gibson ha denominado «ciberespacio » (un espacio ima­
ginario que existe únicamente dentro de los ordenadores), y su número .se está
incrementando en un millón 'al mes
8
• Basándose en la velocidad a la que las redes
construyen puntos de acceso a Internet, una predicción de 1993 12 13
situó su crecimiento en un asombroso 25% cada tres meses, una tasa delirante
-l
qüe no muestra síntomas de que vaya a disminuir') .
Z
Al
o
o Paralelamente a la efimerización del trabajo y a la inmaterialidad de los bienes,
e
n la cibercultura conlleva el desvanecimiento del cuerpo humano. Cada vez somos
n
más las personas que pasamos un mayor espacio de tiempo en el ciberespacio.

z Como el sabio ciborg de la novela de ciencia ficción Cismatriz, de Bruce Sterling,
estamos convencidos de que «hay un mundo tras esa pantalla» IIJ . Personas que
pierden su cuerpo electrónicamente envían correo electrónico alrededor del mun­
do, se lanzan mensajes en un tiempo real a través del chat y se arremolinan
alrededor de los temas de discusión de las BBS y de los foros de UseNet. Se espían,
se insultan y se declaran, hacen ROTFLOL (Rolling On The Floor Laughing Out
Loud), · intercambian GIF pornográficos (fotos digitalizadas) y quedan anónima­
mente para encuentros sexuales textuales, o ratonean alrededor de la última nove­
dad en la Red, la World Wide Web, un sistema hipertextual que permite a lectores
de todo el mundo saltar de un servidor multimedia a otro, rebotando de vídeos
digitales a cortes sonoros y pantallas de texto sin fin.
Cada vez más irresistiblemente están convencidos de que ahí hay un «ahí »
después de todo. Como señalaba en mi introducción a Flame Wars, una recopi­
lación de ensayos sobre la cibercultura,
Aq uell os qu e posan muc ho tiempo conectados por módem o espacios virtua­
les hablan con frecuencia de uno peculi a r sen sac ión de presencio . Pa sear se
de uno conferencio (electrón ico ) o otr o, escuchando otro s di scus i o nes 01
tiempo, se parece mis teri osa mente o vagar po r alguno mansión laberí ntico
asoma ndo lo cabezo o , uno ha bitación y o otro . «Uno de los aspec tos mós
impac tantes de W ELL», indis: ó un usuari o ll ama do loco , «es q ue real mente
c reo uno sensac ión de " l ugar " . Estoy mirando uno pa ntalla de o rdena dor, pe­
ro lo sensaCfó n es q ue se está efecti va mente "dentro" de a lgo, en al gún "si­
tio"» 1
El ordenador está revolucionando nuestras vidas intangibles a través de las
conexiones electrónicas, pero tilmbién está cambiando irreversiblemente nues­
tras vidas materiales. Los microprocesadores integrados, ordenadores del tama­
ño de una mota montados sobre copos de silicio, han convertido a los motores
de nuestros coches, hornos microondas, ascensores y cortadoras de césped en
máquinas mucho más inteligentes que sus precursoras. Y como saben aquellos
que están conectados, el increíble ordenador menguante acompaña ahora al
usuario prácticamente a cualquier sitio, en forma de portátil, de agen'da perso­
nal o de ordenador/comunicador de bolsillo, como el imitado Apple Newton.
14 Nos dicen que cualquier día estos aparatos llegarán a tener vida: animados por
«agentes inteligentes», esos programas software que ejercen las funciones de un
Z
asistente personal, preparan reuniones, responden al correo electrónico o reco­
-l
Al
O
rren Internet a la búsqueda de información.
o
e
La revolución digÍtal ha hecho que numerosas tecnologías sorprendentes
n
sean posibles al menos en teoría. Festejadas en artículos de los suplementos
n

dominicales o de Omni, algunas existen como software o hardware, otras no z
son más que «vaporware» (en la jerga de Silicon Valley, los productos que se
anuncian mucho antes de ser puestos a la venta y que muy bien pudieran no
llegar a salir nunca).
La realidad virtual, una tecnología de simulación que sumerge al usuario en
mundos tridimensionales generados por ordenador gracias a gafas con monito­
res y sonido cuadrafónico, captó brevemente con su brillo futurista la atención
de las urracas de la comunicación en 1991. La realidad virtual (RV) promete un
mañana en el que los buscadores de emociones fuertes virtuales, como Arnold
Schwarzenegger en Desafío total, recorrerán los mares rojos de Marte sin
levantarse de sus sillones.)Hoy en día la realidad virtual es un hito en la cultura
popular, desde los videojuegos dy RV como la gama Virtuality, de Horizon
Entertainment, hasta las atracciones de parques temáticos como Aladdin en el
Walt Disney World de Orlando, pasando por la serIe de la Fox VR.5 o la película
El cortador de césped. Un dentista de San Francisco proporciona a sus pacientes
un aparato de RV que los sitúa a la deriva en un mundo de ensoñaciones
generadas por ordenador mientras él trabaja, los estudiantes de medicina
operan cuerpos informáticos mediante un sistema de formación de RV creado
por Cine-Med, y los parapléjicos del Centro Médico para Veteranos del Bronx
escapan por una hora o dos de su confinamiento en la silla de ruedas matando
IlU)!1struos en las mazmorras sombrías de un juego de RV llamado Heretic
12

Nos aguardan otras tecnologías más allá dél horizonte de sucesos: K. Eric
I ll'ex!cr, el padre fundador de la nanotecnología, imagina la creación de máqui­
II.\S sllbatómicas autorreplicantes llamadas nanomáquinas. En teoría, estos dis­
11IIsitivos microscópicos podrían tragarse las mareas negras o aspirar nubes tó­
\ I(;IS, curar a los enfermos de sida eliminando los segmentos de ADN enfermo
dI' SIIS células, o reparar los estragos de la edad a nivel celular proporcionando
1111.1 inmortalidad.
IIn futuro aún más lejano, el teórico de la inteligencia artificial Hans Mo­
1;1"1'( ' nos asegura tranquilamef!-te que estamos a punto de entrar en un universo
., post hiológicO'» en el que formas de vida robóticas capaces de pensar y de re­
I¡!'I)( 1, Ici rse independientemente «se desarrollarán hasta convert'irse en entidades
(;"1 l'oJllplejas como nosotros ». Pronto, insiste, descargaremos nuestros deseo­
sos ('spirillls en la memoria' digital o en cuerpos robóticos y nos libraremos de
1111:\ ve'/. de la débil carne.
15
---i
La cibercultura está alcanzando claramente su velocidad de escape tanto en
Z
?O el sentido filosófico como en el tecnológico. Es una cámara de resonancia para
o
o . fantasías trascendentalistas sobre la eliminación de todas las limitaciones meta­
e
() físicas y físicas. Es irónico que sean la misma visión científica del mundo y la
()
imparable aceleración tecnológica, que para algunos han producido el vacío es­

z piritual y la fragmentación social que son campo abonado para las creencias
milenaristas, las que estén creando también una escatología propia: la teología
del asiento e'yecta ble.
Las reflexiones de los científicos, de los escritores de, ciencia ficción y de los
futurólogos tienen cada vez más un tono de misticismo milenarista. Moravec
predice la creación de una máquina inteligente al nivel humano para un
acontecimiento que provocará grandes avances en la evolución de los robots y
que llevará finalmente a un universo vigilado por máquinas semejantes a dioses.
En honor a los viejos tiempos puede que estos ciberdioses decidan digitaliz;:tr a
la raza humana y la mantengan en un mundo generado por ordenador, el equi­
valente en realidad virtual a la ciudad en conserva de Supermán en su Fortaleza
Polar. En la misma línea, el matemático y autor de ciencia ficción Vernor Vinge
piensa que el desarrollo cibernético dará lugar a «una inteligencia mayor que la
humana » entre el 2005 Y el 2030, momento en el cual la vida élrtificial ultra­
inteligente asumirá el control desu propio destino y producirá una descenden­
cia cada vez más inteligente a un ritmo cada vez más rápido. El resultado final
" para Vinge será la aparición de una posthumanidad superevolucionada y mejo­
rada tecnológicamente.
El físico Frank J. Tipler va aún más lejos al unir la física y la metafísica. En
La física de la inmortalidad: la cosmología moderna y su relación .con Dios y la
resurrección de los muertos, propone nada menos que «una teoría física que
demuestra la existencia de un Dios omnipresente, omnisciente y omnipotente
que, en un futuro lejano, resucitará a cada uno de nosotros para vivir en una
morada que se corresponderá con el paraíso judeocristiano»!3. Tipler postula la
existencia de un Punto Omega (término tomado del teólogo francés .Pierre
Teilhard de Chardin) de densidad y temperatura infinitas en el que el universo
se colapsará como en un Big Bang invertido, lo que él llama el Big Crunch. Se­
gún sus teorías, la energía prvJucida por esta implosión podría ser utilizada
para cargar un simulador cósmico de potencia infinita (como la sala de
los hologramas en Star Trek: la nueva generación). Desde luego eso bastaría
para devolver a la vida (virtual) a cualquier criatura que haya vivido alguna vez.
Las cavilaciones tecnotrascendentalistas de las regiones más remotas de la
física y la "inteligencia artificial se superponen a las profecías milenaristas de los
visionarios de la New Age, tan dados a emplear un lenguaje de ciencia ficción
apropiado a nuestros tiempos. El filósofo ciberdéfico Terence McKenna, here­
dero visible d€ Timothy Leary, ha creado un programa de ordenador llamado
Z
Onda Temporal Cero que escenifica su visión del fin del mundo (el 12 de diciem­
---i
?O
O
bre del 2012, para ser exactos) con la llegada de un mysterium tremendum qué o
e
él llama «el objeto trascendental del fin de los tiempos ». Este objeto trascenden­ ()
tal, un híbrido entre el enigmático monolito de la película 2001: una odisea del
()

espacio y el Punto Omega (la epifanía evolutiva que marca la llegada de la «Ul­ z
tra-Humanidad») de Teilhard de Chardin, es en palabras del propio McKenna
«una singularidad cósmica » , término de la teoría del caos que se refiere al punto
de transición entre u.\1 estado y otro en un sistema dinámico. Sus especulaciones
suponen que esta singularidad cósmica hará llegar un Jardín Cibernético de
Placeres Terrenales donde
todos los avances tecnológicos del mundo actual habrón sido reducidos hasta
el punto en que se habrán integrado [ en lo naturaleza] y es tar ón repartidos
como granos de areno por lo s playas de este planeta y todos vi viremos
desnudos en el paraíso, pero todo la in ter conexión cibernético y la capaci­
dad de prod ucc i ón físico y virtua l de nuestro mundo seguirán estando ahí , a
lo distanc ia de un pensamiento
1A
.
Mientras el milenIo se acerca, somos testigos de cómo convergen por un
lado lq que Leo Marx llamó «la retórica de lo sublime tecnologico » (esos
himnos al progreso «que emergen como la espuma de uI1:a marea de exuberante
introspección barriendo todas las dudas, los problemas y las contradicciones »)
y, por otro, la escatología que ha estructurado el pensamiento de Occidente a
lo largo de la historia bajo una forma u otra: la Segunda Venida judeocristiana,
el mito capitalista del progreso sin fin'o el predestinado triunfo del proletariado
sobre la burguesía 15.
Estados Unidos, al que este libro circunscribe su estudio, es la fuente de toda
('sta tecnoescatología. Desde sus orígenes ha sido el hogar de las utopías, la
sobre la colina » de John Winthrop. E:n Estados Unidos, la teleología
cristiana, las visiones de un mercado libre de expansión ilimitada y una fe per­
sistente en la tecnología se han entrelazado hasta formar una teología secular.
1-:] artista de la edad del maquinismo Charles Sheeler, famoso por sus cuadros
de la industria americana, meticulosamente realistas, observó una vez que <<nues­
tras fábricas son nuestros sustitutos de la expresión religiosa » 16.
En este fin del siglo xx, la retórica de la velocidad de escape nos seduce con
su promesa de hberarnos de la histor.ia yde la mortalidad humanas. ¿Quién no
querría creer que McKenna está en lo cierto cuando nos asegura que tendremos
hutacas de primera fila el día dél juicio final; dando a nuestras cortas vidas un
sigllificado cósmico? la' géneraGi ón la revelación del 17
Z
sentido del universo», predice. En nuestra transmigración desde lo mundano
-1
hasta el «hiperespacio», «tendremos el privilegio de ver lo que será probable- ' Al
o
o mente la mayor explosión de cambio acumulado desde el nacimiento del uni­
e
() verso »17.
()
Pero, tal y como nos recuerda Thomas Hine en Facing Tomorrow: What the

Z Future Has Been, What the Future Can Be, los futuros como el de McKenna no
son más que cuentos sobre el presente que nos contamos a nosotros mismos:
«un intento de dar a nuestras vidas un significado y una teatralidad que tras­
ciendan la inevitable degradación y muerte de la persona. Queremos que nues­
tras historias nos lleven a alguna parte y lleguen a un final satisfactorio, pero
no todas lo hacen»18. Poner nuestra fe en un deus ex machina de finalde siglo
que haga innecesario enfrentarse a los problemas sociales, políticos, económi­
cos y ecológicos que claman por jugada final peligrosa. Cada
vez estamos más ciegos a los acuciantes problemas de nuestro entorno a' causa
del resplandor metafísico que despiden los futuros de alta tecnología de los filó­
sofos ciberdélicos, de los futurólogos corporativos, de los programas de divul­
gación científica como «Más allá del año 2000» del Discovery Channel o de
anuncios como la campaña «Lo harás» (You Will) de AT&T.
En los anuncios televisivos de AT&T todo es luz y dulzura. «¿Alguna vez
has abierto puertas con tu voz? », pregunta una voz cálida sobre una sintonía
campestre que recuerda los amplios territorios abiertos de la frontera electró­
nica. «Las abrirás.» Una mujer joven sale de un ascensor llevando paquetes y
la puerta desu apartamento se abre a sus órdenes. El descansillo del ascensor
es llamativamente parecido al de Rick Deckard en Blade Runner, pero éste es
un futuro más amable. El simpático tono ronco de Tom Selleck ha sustituido a
la indiferente y monótona voz de Harrison Ford, y la penumbra wagneriana de
Blade Runner ha sido aclarada e iluminada.
El fututo que presenta AT&T, la madre de todas las compañías de
telecomunicaciones, es, en la mejor tradición de las utopías tecnológicas, un
lugar luminoso no muy lejano. «Puedo ver el futuro y es un lugar a 70 millas al
este de aquí, allí donde hay más recita Laurie Anderson en su canción «Let
X=X». La luz dorada que inunda los espaciosos interiores de los anuncios, una
luz hecha visible mediante máquinas de humo, sentimentaliza los sueños corpo­
rativos de interconexión y nublq ,los ojos del espectador. Incluso le da un toque
trascendente a la visión tiene AT&T del futuro, apoyándose en la ecuación
que asocia lo luminoso con lo metafísico. Una ecuación que es, por lo menos,
tan antigua como la evocación que de la realidad virtual suprema, la otra vida,
hizo el poeta del siglo XVII HenryVaughan (<< ¡Todos han partido hacia el mundo
de la luz! »), y tan reciente los luminosos alienígenas de Encuentros en la
Tercera Fase. Finalmente, también nos recuerda que la tecnología es cada vez
Z
más etérea, que se transforma en lo que la crítica de cultura Donna Haraway
-1
llama «máquinas hechas de luz solar ... nada más que señales, ondas electromag­
;;Q
o
o néticas»19. En este mismo momento la información parpadea a través de cables
e
n de fibra óptica, codificada como impulsos luminosos, e investigadores de los
n
laboratorios Bell asientan las bases para una tecnología que hará posibles orde­

z nadores que funcionen con fotones, las partículas de masa nula que constituyen
la luz.
Extrañamente, la transformación de las oscuras forjas satánicas del capita­
lismo en las postindustriales «máquinas hechas de luz solar» no ha aligerado
nuestros trabajos. En un mundo en el que «todos estamos conectados», según la
New York Telephone, la oficina se entromete en nuestras vacaciones y la jornada
laboral se alarga hasta la noche: las pantallas, los teléfonos y los conectores para
portátiles cada asiento del nuevo Boeing 777 en una oficina aérea; los
buscas y teléfonos portátiles que proporciona una estación de esquí de Vail, en
Colorado, convierte el tiempo de bajada en el telesilla en horario de trabajo.
«Si no le cierras la puerta a tu trabajo», dice Peter G. Hanson, autor de
Stress (or Success, «éste invade el resto de tu vida, haciendo difícil que dediques
toda tu atención a cualquier cosa, especialmente al tiempo libre»20. En los anun­
cios de «Lo harás», un joven ejecutivo se conecta a una videoconferencia desde
lo que parece una cabaña al borde del mar: «¿Alguna vez has estado en una
reunión descalzo? Lo harás. Y la empresa que lo hará posible será ... AT&T».
._ AT&T ya ha hecho posible el videoteléfono y el comunicador personal ina­
lámbrico (una combinación de ordenador, fax/módem y teléfono portátil). En
cuanto al callejero electrónico, el peaje automático y la cerradura que reconoce
la voz llegarán supuestamente en unos pocos años. Pero el País del Mañana de
ocio eterno que se suponía que iba a llegar con estas maravillas ya ha pasado,
suplantado por un futuro corporativo en el que siempre estamos pendientes del
busca y en perpetuo movimiento, con demasiada prisa como para preguntar por
una calle o para frenar y pagar el peaje. Una madre yuppie en viaje de negocios
hace carantoñas a su bebé desde la pantalla de un videoteléfono: «¿Alguna vez
has mimado a tu bebé desde una cabina telefónica? Lo harás». El «hambre de
tiempo» que padece la insomne masa laboral contemporánea alcanza nuevas
cotas de absurdo en un futuro en el que la esencia del acto maternal-mimar a
un bebé- se hace por videoteléfono, con Mamá Bell como madre sustituta.
Algo tan insustancial como un anuncio de televisión debería crujir baj'o un
análisis riguroso, pero la acogida popular de la campaña de AT&T sugiere que
otras personas han percibido significados similares. El imperioso «Lo harás»
parece haber dado en la diana con su tono perentorio, excluyente de cualquier
alternativa distinta del futuro corporativo de la marca AT&T. Adbusters es una
20 revista canadiense de crítica a los medios que recientemente publicó una hábil
parodia de esta campaña. Su sátira nos recuerda que las tecnologías de monito­ Z
-1
;;Q
("i"ación, como 'el sistema de localización global del callejero electrónico de
O
AT&T, pueden permitir que los vendedores a domicilio y las oficinas del gobier­ o
e
no conozcan nuestro paradero exacto en cualquier punto del planeta. «¿Algu­ n
()
na vez te has sentido oprimido o manipulado por la tecnología?», pregunta la

parodia. «LO SERÁS. En un futuro próximo, no importa dónde estés, los z
vendedores, encuestadores e infobots te tendrán al alcance de la mano»21 .
En WELL los usuarios expresaron sus temores respecto al mundo conectado
de AT&T. El escritor ciberpunk Bruce Sterling disparó la primera salva de una
serie de certeros disparos:
¿¿ALGUNA VEZ.. tus charlatanes compañeros de trabajo te han perseguido sin piedad
hasta la * playa * insistiendo en que tomes decisiones vitales pdrQ la empresa aunque
estés hasta arriba de mojitos?? ¡TE PERSEGUIRÁN!22
Ross Stapleton-Gray lanzó otra pulla,
¿ALGUNA VEZ tu .. canguro ha redirigido el circuito cerrado de televisión de tu casa a
la red local de su escuela y retransmitido tus «placeres vespertinosl>2 ¿O un error de un
bit ha lanzado la barrera del peaje sobre el parabrisas de tu [Mazda] Miata a 100
[millas por hora]?
¡TE SUCEDERÁI 23
Y Mitch Ratcliffe añadió:
¿ALGUNA VEZ has infentado vivir en un mundo concebido por una gran multinacional?
Si a eso lo llamas vivir, LO HARÁS24 .
En sus ácidas imitaciones de los anuncios de AT&T, Sterling y resto de
sus compañeros de WELL le devuelven al futuro borroso de AT&T la dimen­
sión esencial que le faltaba. Detrás de sus banales chistes se esconden proble­
mas vitales como la alarmante facilidad con que la intimidad puede ser violada
en la era informática o las desastrosas consecuencias de los errores de progra­
mación y de introducción de dato!) en una cultura cada vez mas digitalizada.
Todos estos comentarios están atravesados por un fuerte resentimiento por la
creencia tácita en un futuro que será (está siendo, incluso mientras lees esto)
delimitado por compañías multinacionales en vez de ser concebido colectiva­
mente por todos los que un día vivirán en él. '
A medida que aumenta eLabismo abierto entre el luminoso mundo de la
realidad virtual y los hechos palpables de la desigualdad económica yla depreda- 21
z
ción del medio ambiente, muchos han empezado a poner en duda la creencia

AJ
impuesta en el poder tecnológico. Tal y como señala Gary Chapman, ex director
o
'0 ejecutivo de Profesionales del Ordenador para la Responsabilidad Social:
e
n
n
Los defensofes de lo revol ución di g ital expli can mucho s veces que ell os están

z en lo cr esta de lo 010 de lo mayor tran sformac i ó n soc ial contemporá neo y
que los demás los alca nzarán finalmente cuando los resultados del juego
tec no lógi co se filt r'en ha sta el gran públi co co nvertidos en bienes produc id os
en maso o en reorga nización socia l y económico. [pero] exi ste uno d iscre­
panc ia obvio entre los dec la rac io nes un iversali stas de lo gente que ha sido
recompensado o inspira do por lo revol ución di gi tal y el aj uste efec ti vo de lo
soc iedad fren te 01 impacto de esto tec no logía
25
,
Simultáneamente, la teología del asiento eyectable, que predica una fuga
ciega hacia un Paraíso Perdido arcaico o un Paraíso Recuperado futurista, se
hace más insostenible cada día que pasa. Las arcadias de los románticos del
siglo XVIII o: de la contracultura de los sesenta no son alternativas viables para
la gran mayoría de la cibercultura, que no tiene ningún deseo de volver a una
vida pretecnológicade trabajo agotador, escasez 'crónica y enfermedades des­
controladas. Al mismo tiempo, los relucientes futuros que propugnan las fanta­
sías tecnófilas -desde el aerodinámico Futurama de Norman Bel Geddes en la
Feria Mundial de Nueva York en 1939 hasta la era espacial del País del Mañana
de Disney pasando por la tecnoescatología de moda- parecen cada vez más
antipropiedades privadas.
Al dar por hecho que la tecnología es uno de los elementos que configuran
la trama de nuestras vidas, casi todas las subculturas de la era informática que
se describen en Velocidad de escape rebajan al mismo nivel a los tecnófilos y los
tecnófobos. La mayor parte considera el ordenador -que actualmente es ya una
metonimia para cualquier tecnología- como una máquina de Jano, una máqui­
na de liberación y un instrumento de represión. Todos participan en la actividad
inherentemente política de expropiar la tecnología a los científicos y a los direc­
tores generales, a los políticos y a los creadores de opinión que tradicionalmente
han determinado las aplicaciones, la disponibilidad y la evolución de unos apa­
ratos que modelan nuestras vidas cada vez más.
Algunas subculturas, como los diseñadores de robots underground y los
.artistas del cibercuerpo descritos en los capítulos «La guerra de los hojalateros:
espectáculo mecánico» y «Mecanismo ritual: el body-art cibernético», llevan
estas ideas a la práctica y lanzan una mirada crítica sobre el conglomerado
militar-industrial-ocio al reanimar tecnologías obsoletas o rechazadas en perfor­
/
IILllh'CS pnversas y muchas veces subversivas. Otros, como los primitivos post­
z
Illot!nllOS analizados en el capítulo «La política ciborg del cuerpo», lucen

AJ
O
Lllll:1jt.:!) ·, hiomecánicos » de máquinas o microcircuitos, reutilizan y dan nuevas '0
e
IlIlIá)ll(' s i1 los signos y símbolos, mitos y metáforas de la cibercultura. n
A S;l hiendas o no, todos ellos constituyen una prueba viviente de la máxima
n

I ihnpuJlk de William Gibson: «La calle encuentra sus propios usos para las z
I IlSOS», un leitmotiv que se repite a lo largo de todo este libro. Sea literal o meta­
I (lricamente, su apropiación de la tecnología y los significados complejos y
(' ( mtradictorios que la rodean trasladan el debate público desde los pasillos del
poder hasta la calle (metafórica) de Gibson; desde tecnócratas, ejecutivos de la
industria y miembros de los subcomités del Senado hasta voces
heterogéneas en los límites de la cultura digital.
«Nos contamos historias para poder vivir», esta frase ini<:ial del White Al­
bum de Joan Didion es una de las ideas clave de Velocidad de escape. Este libro
trata menos de tecnología que de las historias que nos contamos a nosotros
mismos sobre tecnología y las ideologías que se ocultan en . esas historias: la
política del mito. Los ciberhippies, tecnópaganos y defensores de la New Age
de las «tecnologías de la conciencia » del capítulo «Enchufa, enciende y conecta:
ciberdelia » le dan un alma a la nueva máquina, llevando lo sagrado al
ciberespacio. También se unen a la lucha cultural por la propiedad de los años
sesenta: al reprogramar el trascendentalismo de la contracultura como ciber­
cultura de los noventa, suprimen su aspecto lúdico y la consagran a las prome­
sas de la tecnología. A este respecto los ciberrockers y escritores ciberpunk del
capítulo «Metal Machine Music: el ciberpunk y los sinterrockers de cuero
negro » pelean por la legitimidad de su reivindicación de los despojos de la
rebelión adolescente. Al hacerlo, resaltan la naturaleza esencialmente ciberpunk
de la música rock, una forma de rebeldía de baja tecnología posible gracias a la
interfaz hO{11bre-máquina. Los tecnólogos delincuentes y artistas cibercorpora­
les antes mencionados organizan tecnoespectáculos en los que robots enloque­
cidos, y humanos amenazados por maquinaria pesada, dramatizan las ansieda­
des populares respecto a la obsolescencia humana y a la creciente autonomía de
las máquinas intelígentes, especialmente en el caso de las armas. En el capítulo
«Robocopulación: sexo por tecnología igual a futuro » veremos a cibernautas
sin inhibiciones practicar sexo por medio de los textos escritos en pantalla (sexo
textualista o text-sex) y a hackers fantasear sobre robo-muñecas anatómica­
mente c.orrectas, lo que nos permitirá entender la política entre sexos en la cultu­
ra del ordenador y la obsesión estadounidense por mecanizar el sexo y sexuar
las máquinas. Finalmente, en el último capítulo, veremos algunos exponentes
postmodernos de lo que David Cronenberg llama «la carne incontrolable»: un
«morfo» hecho a sí mismo cuyo cuerpo, fruto de la cirugía de vanguardia, es su 22 23
Z
forma de expresión: una transexual que se ve a sí misma como la «tecnomujer
---1
de los noventa », culturistas que se petrifican como iconos de la edad de las /O
o
o máquinas, cirujanos plásticos que sueñan con alas humanas; en fin, profetas de
e
n · la evolución posthumana. Todos ellos y otros miembros de la cibercultura
n
entretejen fábulas milenarias sobre el momento de transición y el incierto futuro

z del cuerpo en este final de siglo.
Las subculturas que se exploran en Velocidad de escape actúan como pris­
mas, refractando las cuestiones centrales que atraviesan la cibercultura, como
la intersección literal y metafórica de la biología con la tecnología o la men­
guante relevancia de los sentidos corporales al ser reemplazados por la simula­
ción digital. Cada una de ellas intenta encontrar un significado, o un sinsentido,
a la dialéctica que enfrenta a los tecnófilos de la New Age, ejeinplificados por
el director de Wired, Kevin Kelly, que piensa que la tecnología es «absolutamen­
te, al cien por cien, positiva», y a los tecnófobos del juicio final como John Zer­
zan, el teórico del anarquismo que sostiene que la tecnología está «en el corazón
del mal crónico que es la sociedad»26. Cada subcultura sigue una trayectoria en­
tre el escapismo y la implicación, entre el tecnotrascendentalismo y las políticas
realistas dentro de la cibercultura de cada día.
Lo más importante es que la cultura digital alternativa desplaza nuestro
debate sobre la tecnología desde el «allí y entonces » hasta el «aquí y ahora »,
enlazándolo con las relaciones de poder y corrientes sociales de nuestro
momento histórico. Nos recuerda la advertencia de Donna Haraway acerca de
que cualquier «trascendentalista » que prometa «una forma de esca­
par a la historia, una forma de... negar la mortalidad», contiene la semilla de
un apocalipsis. Según ella, lo que necesitamos más que nunca es:
un sentido profund o e inevitable de la fra g ilidad de la vida que l levamos; de
que realmente morimos , de que nos herimos mutuamente, de qu e la Ti erra es
realment e finit.a , de que no hay planeta s conocidos alió fu era en los que
podamos vivir, de que la velocidad de esc ape es una fant asía letal
27
La retórica de la velocidad de escape es un híbrido entre la ciencia ficción
ciberpunk y la creencia pentecostalista en un éxtasis apocalíptico que termina
con la historia y en el que los creyentes se reúnen en los cielos. Las visiones de
un ciberéxtasis son una seducción mortal que aleja nuestra atención de la
destrucción de la naturaleza, de la descomposición del tejido social y del abismo
.cada vez mayor entre la elite tecnocrática y las masas con salario mínimo. El
peso de los problemas sociales, políticos y ecológicos hará que el despegue
posthumano que deje atrás la biología, la gravedad y el siglo xx acabe estrellán­
24 dose de nuevo contra la Tierra.
Mientras nos precipitamos hacia el tercer milenio, divididos entre el éxtasis
tecnológico y la disgregación social, entre el País del Mañana de Disneylandia
y Blade Runner, haríamos bien en recordar que, al menos en un futuro próximo,
estamos aquí para quedarnos en nuestros cuerpos y en este planeta. La esperan­
za errada de que renaceremos, como se leyó en Mo ndo 2000, convertidos en
«ángeles biónicos» es una interpretación del mito de Ícaro terriblemente equi­
vocada, porque cifra nuestro futuro en unas alas hechas de cera y plumas.
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